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  • La chica de la piruleta

    La chica de la piruleta

    La casualidad de que fuera amiga de una compañera de trabajo me llevó a conocerla, aunque yo ya me había fijado en ella porque la había visto caminando por la ciudad. Parecía muy agradable y casi siempre tenía una piruleta en la boca. Se podría decir que era una autentica adicta a esa golosina. De pelo moreno, liso y bastante largo, solía pensar al verla, que con esa carita y esos labios estaba para comérsela con su dulce favorito incluido.

    Fue también gracias a una casualidad que tuve la oportunidad de pasar una tarde a solas con ella que se alargó inesperadamente.

    Era un día de mucho frio en pleno invierno y la “chica de la piruleta” entró a la red de mensajería que todos utilizábamos en esa época. Yo estaba conectado y tranquilito en mi casa, disfrutando del calor de la calefacción y de buena música, o al menos lo que yo consideraba como tal. Inmediatamente después de que accediera a la aplicación se abrió una conversación.

    Era estimulante conversar con Ana, así que no pensaba hacerla esperar.

    Noté enseguida que aunque me preguntaba que tal me iba y hablaba de cosas cotidianas, parecía estar dando un rodeo y pronto iba a pedirme algo.

    Tal y como pensaba. Al parecer necesitaba un libro sobre Diseño Gráfico porque quería hacer un regalo a un amigo y no sabía cómo crearlo. Por lo visto había escuchado que existían programas de ordenador milagrosos que te permitían pintar dibujos con acabados de pintura muy interesantes, pero no tenía ni idea de cuales ni cómo usarlos, así que le dije que podía hacerlo yo, ya que tenía algo de tiempo libre. Insistió, sin embargo, en que prefería aprenderlo, quizás para futuras ocasiones o simplemente porque era una chica curiosa y práctica. Así que quedamos en que se pasaría por mi casa a buscar el libro un rato después de desconectarse.

    Y ver su desconexión me puso tremendamente nervioso.

    Me sentía como cuando estas apunto de vivir un acontecimiento muy importante en tu vida, y me invadió la necesidad de arreglarme un poco y colocar mi cuarto dejándolo apto para visitas.

    Al cabo de un rato llamaron al timbre, pero las primeras veces no me di cuenta porque en mi casa se escuchaba tan bajo que había que afinar bastante el oído, así que fue al tercer timbrazo cuando finalmente me percaté y bajé corriendo a abrir la puerta, donde Ana, muerta de frio, con los brazos cruzados y con el abrigo abrochado hasta arriba, estaba plantada mirándome con cara de indignación por hacerla esperar.

    – ¡Creí que me dejabas tirada en la calle! – me dijo.

    – Lo siento, es que entre que este timbre se oye poco y yo estaba distraído pensando en que sabor tendría la piruleta que traerías hoy, no di cuenta de que estabas llamando a mi puerta.

    Según entraba sonreía y me comentaba que acababa de comerse una de sandía. Yo mientras tanto, la miraba encantado de tenerla tan cerca y la invitaba a pasar al calor del hogar.

    Accedió observando cómo era mi casa y comentando que le parecía grande. Ciertamente mi casa de aquel entonces lo era, pero le dije que después le haría una visita guiada, así que fuimos directamente hacia las escaleras que conducían a mi cuarto y finalmente llegamos a él, luego se sentó en la cama, aun con el frio en el cuerpo, tratando de acomodarse a la calefacción mientras yo buscaba el libro que me había solicitado entre los de una colección que guardaba en mi querida estantería llena sobre todo de discos de vinilo.

    Como soy tan ordenado para estas cosas no tardé en encontrarlo y se lo acerqué para que pudiera hojearlo en busca de ese truco que necesitaba usar para crear su original regalo, mientras yo me sentaba en una silla en frente de ella, no sin antes proponerle que se quitara el abrigo y se relajara.

    Al ayudarle a deshacerse de él, recuerdo que me llegó un aroma de su pelo de lo más agradable y tras disfrutar de cómo su increíble figura, aunque muy tapada por el frio invierno, hacía acto de presencia con unas curvas de infarto, lo dejé colgado detrás de la puerta.

    Ana, que parecía haber entrado ya en calor, hojeaba mi libro cuidadosamente mientras me contaba que era lo que quería hacer por si yo conocía la página exacta en la que se explicaba algo parecido y en ese momento tuve una breve pausa para recorrerla con la mirada de los pies a la cabeza, aunque debería decir más bien a los labios, porque cuando llegué a los labios sentí algo en el estómago, y al levantar la vista me encontré con sus ojos que estaban mirándome con extrañeza.

    – ¿Mathew? – me dijo llamando mi atención.

    – Ah sí, perdona, es esta página. – contesté finalmente.

    Me senté a su lado en la cama para mirar el papel y al ir a señalar un detalle en una imagen mi mano se rozó con la suya.

    Noté algo que me encantó.

    Pero seguimos hablando del tema, porque a ella le resultaba algo complicado y tenía que explicarle la técnica y teniendo en cuenta que no soy muy buen profesor nos llevó bastante tiempo, la verdad. Además, durante la explicación me quede a veces contemplándola embobado. En ciertas ocasiones ella volvía su mirada hacia mí y al encontrarse nuestros ojos nos daba por sonreír y enrojecernos

    Al menos las primeras veces.

    Las sensaciones que tenía al estar en mi habitación con aquella chica me hicieron buscar un momento en el que, de mirarla a los ojos pasé a mirarla a los labios, y justo después, a acariciar su mejilla con una mano, con miedo pero decidido, esperando una reacción que notaba en el ambiente que me sería favorable.

    Puso su palma sobre la mía y me dedicó un una sonrisa tímida, así que ya no pude evitar intentar acercarme para besarla, por lo que fui cerrando los ojos durante el camino hacia su boca mientras continuaba acariciándola.

    Nuestro primer encuentro fue corto y suave.

    Descrito a cámara lenta su labio superior quedo entre los míos y se unieron hasta el punto de que parecían haberse fundido, de modo que cuando volvimos a separarnos, se despegaban como si lo hicieran molécula a molécula.

    Por supuesto quedé con ganas de repetir, por eso fui en busca de una versión más larga de aquel primer acercamiento.

    Se trataba de besos aun suaves, que empezábamos a darnos el uno al otro. Calmados. Sin una intención clara más allá de disfrutar el momento. Y pude saborear el sabor a sandía de aquella piruleta que me había dicho que se acababa de comer hace poco y que me supo increíble. De nuevo retenía su labio entre los míos, dejando que se deslizara hasta que se agotara su superficie y entonces tuviera que volver a empezar para no tener que pasar un segundo sin notar su boca. Unas veces lo hacía con el superior, otras repetía chupando despacio el inferior, habiendo también otras, en las que inclinaba la cabeza para dejar que ambos labios rozaran lentamente sobre los del otro.

    Cómo disfrutaba de aquello…

    Jugar a aquel juego con Ana y ver que ninguno tenía prisa, me hacía sentir increíblemente bien, por eso seguimos besándonos, alternando todo con mordiscos suaves, roces y travesuras en los que no tardaron en participar nuestras lenguas. La mía rodeaba la suya, las juntábamos, las enredábamos…

    Fuera de su boca traté de atraer su lengua hacia mí para poder cogerla y chuparla, succionándola con suavidad, mientras empezaba a sentir un enorme deseo y mis manos ya acariciaban su cintura, sus costados o sus muslos.

    Comencé a saborearla también en el cuello.

    Ella inclinaba su cabeza para dejarme espacio y me acariciaba el pelo atrayéndome hacia sí misma, en tanto que yo estaba tan concentrado mientras recorría su piel con mis caricias orales que podía escuchar su respiración acelerarse. Instintivamente me guiaba como diciéndome que era lo próximo que debía hacer para que se sintiera a gusto, y yo me movía con mi boca húmeda deslizándome por todas las zonas de su nuca y su garganta y oía sus suspiros para tratar de averiguar qué zonas eran más sensibles para prestarles mayores y mejores atenciones.

    Fui succionando suavemente cerca de su nuez, recorriéndola con mi lengua por ambos lados de su cuello y respirando sobre ella… Todo aquello mientras empezaba a acariciar su pecho, aun por encima de la ropa. Trepaba con mis besos hacia su barbilla y aproveché ese momento para volver a saborear su boca, mientras comencé a rebuscar con mi mano bajo su camiseta hasta encontrarme con su excitante sujetador negro, el cual tenía excitantes adornos de encaje y fuertes tirantes con los que sostener los generosos pechos de mi amiga. La acaricie un poco por encima para sentir su tacto, con los ojos cerrados y jadeando aceleradamente, pero no tardé en apartarlo para poder sentirla de forma directa, sin nada que no fuera su epidermis en erótico contacto con mis dedos. Y pude por fin sentir sus pezones en mitad de aquel masaje. Los cogía entre mis yemas y los acariciaba suavemente haciendo que se endurecieran. Luego, los rodeaba y los rozaba con la punta, despacio, centrándome primero en uno y después en el otro, disfrutando de las sensaciones que llegaban a mi cuerpo a través aquel esponjoso tacto y las que llegaban también a través de mi boca en húmedo contacto con la de Ana.

    Llegado cierto momento sentí la necesitad de levantarle la camiseta y mirarla a los ojos fijamente, fue aquel el momento perfecto para extender con la punta de mi lengua un poco de saliva alrededor de una de sus areolas para después, con mis labios, chupetear su correspondiente pezón.

    Ella se mordía el labio mientras miraba como disfrutaba gozoso de comerme sus tetas.

    Besé también su escote, despacio, y por supuesto me recree en llenarme bien la boca tratando de juntar sus senos, tan deliciosamente manejables, y probarlos a la vez.

    Ya estaba absolutamente descontrolado.

    Pero aun deseaba paladear un poco más el fresco sabor a sandía que su golosina favorita le había dejado anteriormente en los labios, así que volví a dedicarme un poco más a ellos.

    Mientras acariciaba su pelo fui bajando la cremallera de su pantalón, muy despacio, y después desabroché el botón. Volvía a besar su cuello y los lóbulos de sus orejas al mismo tiempo que metí mi mano para acariciar su sexo por encima de su ropa interior. Deslizaba mi dedo índice de abajo hasta arriba, presionando un poco y luego describiendo pequeños círculos sobre su zona más sensible, hasta sentir que mojaba el tejido con facilidad. Todo esto, mientras permanecía tumbado junto a ella en la cama, explorando su piel.

    En ese momento le quite el pantalón, bajándolo con mis manos al tiempo que acariciaba o probaba sus muslos también con la lengua, haciendo dibujos imaginarios. Aparté su tanga hacia un lado, sin deshacerme de él, y por fin pude tocar su clítoris y notarlo sin que nada me lo impidiera, presionándolo, frotándolo, mimándolo… Describiendo a veces pequeños circulitos y otras ejerciendo fricción de abajo a arriba, mientras la boca se me hacía agua y ya tramaba comérselo todo.

    Acumulaba saliva para humedecer la punta de mi lengua y cuando no pude aguantar más el deseo la saqué de mi boca y la paseé despacio por esa parte de ella que tanto estaba disfrutando de mis caricias, añadiendo más humedad a sus jugos para poder lamerla toda y extenderlo por toda su vulva. Luego coloqué mis labios lo mejor adaptados que supe a su clítoris y chupé con una intensidad progresiva, mientras lo tenía bien sujeto y añadía insistentes lametones a la ecuación.

    Me tome un respiro para acariciarla un poco más con mis yemas en ese instante en que todo se sentía mucho más resbaladizo y así, pude entretenerme en pasar también mi lengua plana, usando toda su extensión, por los labios de su sexo, meterla luego un poco dentro de ella y jugar a rebuscar en su interior.

    Mi amiga, tumbada sobre la cama y prácticamente desnuda, se movía y acariciaba mi pelo con la excusa de sujetarme la cabeza y guiarme para que siguiera el compás de sus jadeos. A la vez que yo disfrutaba de tener su clítoris entre mis labios y poder saborearlo tan mío en mis papilas gustativas. Lo rozaba de forma insistente, buscando que Ana se volviera loca y levantara sus caderas para tratar de notar más como me la comía.

    Después, mientras se lo empezaba a chupar de forma cada vez más acelerada empecé a tener un capricho que de momento no quise que supiera, pero me propuse trabajar duro para satisfacerlo. Mis dedos jugueteaban en la entrada de su sexo humedeciéndose y avisando la intención de entrar dentro de ella, mientras yo ya había pasado de besar y mimar su clítoris, a devorarlo prácticamente, lamiéndolo como si se tratara de un delicioso caramelo que quisiera desgastar.

    Introduje por fin mi índice dentro de ella, moviéndolo, acariciando las paredes de su interior para tratar de encontrar el placer más intenso que pudiera proporcionarle y así, compensar el que a mí me daba mojarme los labios al practicarle aquel delicioso cunnilingus.

    Tras jugar un rato con mi índice, acompañe los movimientos también con el dedo corazón, moviéndolos dentro y fuera de ella, al principio despacio, luego enérgicamente, mientras mi lengua seguía trabajando en busca de todo el placer que pusiera conseguir para Ana.

    Me tome un pequeño respiro para alargar el placer de sentirla y dándome otro pequeño capricho, me puse de pie y despacio, me desabroche el pantalón liberando mi miembro para rozarlo un poco contra su clítoris. Quería que sintiera la punta hinchada, enrojecida y caliente, acariciarla solo como tentación, jugando, mientras me acercaba a su oído con su sabor aun en mis labios, y le preguntaba, no sin algo de vergüenza, si se sentía tan a gusto como para que siguiera hasta que pudiera correrse con las caricias de mi boca.

    Contestó que era lo que más le apetecía en ese momento.

    Baje de nuevo, dispuesto a tomarme muy en serio mi objetivo y, mientras volvía a tomar su clítoris con mis labios, la cogí de las manos para que se sentara en la cama y me mirara a los ojos como la saboreaba sin dejarme un solo milímetro sin probar, sin compasión, introduciendo mis dedos y moviéndolos rápidamente.

    No tardó en correrse. Aunque no me avisó, pero me di cuenta por que levantó sus caderas y hundió mi cabeza entre sus muslos para que no me apartara por nada en el mundo, al tiempo que yo la sujetaba firmemente sus muslos y agarraba su trasero para que ella tampoco tuviera escapatoria al orgasmo. Y respiró aceleradamente mientras me confesaba que estaba disfrutando ese momento y me lo ofrecía con un: “Si, tómalo todo”.

    Supongo que era algo psicológico, pero me supo increíblemente dulce.

    Finalmente la chica de la piruleta se quedó reposando tranquilamente en la cama, exhausta, mientras yo serpenteaba por su cuerpo con pequeños piquitos, hacia sus labios. Para abrazarla, besarla, tranquilizarla y también para seguir disfrutando del enorme placer que era acariciar su piel.

    Entre mimos y risas, ambos nos calmamos… de momento, porque sabíamos que venía una segunda parte en que podría sentirme completamente dentro de ella.

    Evidentemente la visita guiada por mi casa hubo de esperar a otro día y tuve que ayudar a Ana para que acabara su regalo a tiempo por habernos distraído más de la cuenta. Pero mereció la pena.

    Además, por si alguien se lo está preguntando, yo también tuve mi parte de caricias íntimas orales. Y a Ana, su adicción a las piruletas le daba mucho morbo y excelentes habilidades.

    Claro que… eso ya sería otra historia para contar.

  • Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (4)

    Calvin mi nuevo hombre de pene grueso (4)

    Salimos del baño bien limpio y para empezar a follar como locos, me pongo una hilo muy diminuto, ya me aplique mi aceite de coco en todo mi cuerpo para estar listo y recibir todo su pene grande grueso y rico.

    Calvin empezó a jugar con mi culo, dándole placer a mí ano, estaba en cuatro y a disposición para él, observó mi culote todo depilado, fue a buscar un plug (dildo), para dilatar mi ano y poder aplicar todo el placer que necesito, solo hacíamos esto jugamos con nuestros sexo, para que sea más emocionante, al rato nos levantamos y fuimos a la cocina, teníamos muchas energía, me preparó jugo de fresa muy rico y espeso, me sirvió en una copa, estábamos muy excitados, logre ver qué su pene estaba en su máximo esplendor, y su glande lo tenía muy húmedo, diría bastante, empieza a masturbar su pene grande, y le ayudo para que sea más emocionante, cuando lo vi que le jalaba todo su prepucio estaba lleno de líquidos preseminal, lo empecé a lamer era muy delicioso, y lo combiné con mí saliva, la baba que salía de su pene ere muy espesa, lo tomé con mis dedos y lo lleve a mi boca, lo mejor que pude tragar.

    Luego comenzamos la faena de follar como locos, estaba listo para tener ese hermoso pene en mi boca, empecé a pasar mi lengua por su cabeza, que rico estaba muy húmedo, le daba mamadas lentas y con suavidad, empezó a destilar fluidos preseminales, lo lleve a mi boca y luego lo devolvía con saliva espesa para que fuera un complemento más espeso, tenía mis dos manos en su gran miembro, lo miraba, lo besaba y lo lamía, estuve un buen rato disfrutando de ese rabo,

    Después de darle una hermosa y rica mamada, me coloque de espalda y le dejé a su disposición toda mis nalgas y mi culo para que meta todo su pene grande grueso y rico dentro de mi, lo tomo y empezó a escupir entre mis nalgas, llenándolas de saliva, rozaba su miembro entre mis nalgas, se sentía muy rico.

    Vi de reojo que masajeaba su pene y la cabeza la tenía toda roja lista para entrar en mí culo, coloco la punta de su pene en la entrada de mi ano, logrando entrar solo la cabeza de su pene grande, emito un gemido de placer sintiendo espeso porque entro con facilidad su glande, fue más accesible la entrada de su pene en mi culo, su miembro entraba con facilidad, sin darme cuenta tenía la mitad de su rabo dentro de mi ano.

    Le pedí que meta todo su rabo hasta que sus huevos choquen con mis nalgas, lo hizo con mucho cuidado, sentía con tocaba mis órganos y me gustó mucho, lo hizo con mucho cariño, y luego empezó el movimiento de entrar y salir, así estuvo un buen rato, hasta que acabó dentro de mi culo, sentí toda su leche en mi culo, saco su pene grande grueso y rico dentro de mi ano, al instante sentía que salía su esperma dentro de mi, logrando tomar con mi mano y llevarla hasta mi boca y tragar toda su leche.

    Nos quedamos acostado un rato y aproveché en limpiar su pene con mis labios dejando todo su sexo limpio.

    Descansamos un poco más, para recuperar energías, dormimos juntos el resto de la tarde hasta que se hizo de noche, me subí sobre su cuerpo quedando frente a su boca, le di muchos besos ricos, hasta empezar a chupar su lengua, mientras nos besamos, lo llene de saliva y le pedí que me la pasará con la suya, una vez que termine de besarlo, nos fuimos hasta la sala y aprovechar el espacio que tenemos con más comodidad, le pedí que me colocará su pene grande grueso y rico en mi boca, y que escupiera mientras mamaba su cabeza, me lleno de mucha saliva que su pene entraba casi completo hasta mi garganta…

    Continuará…

  • Con el masajista Germán

    Con el masajista Germán

    Amanecí con un dolor fuerte en la espalda y en mi cuello, en lo primero que pensé al notar las dolencias fue en el masajista llamado Germán que mi amiga me recomendó diciéndome que es buenísimo quitando dolores mediante sus masajes.

    Toqué la puerta y en unos segundos me encontré de frente con un hombre vestido con su uniforme blanco de masajista.

    El hombre era muy atractivo, tez morena, cabello medio rubio y ojos verdes.

    -Pase señorita- me dijo amablemente mientras me dejaba pasar.

    -Hola, me presento mi nombre es Valentina.

    -Hola Valentina, yo soy el masajista Germán- se presentó y luego me llevo a una sala donde había una camilla y un estante lleno de cremas.

    -Dime ¿qué te anda pasando?- dijo con una sonrisa.

    -Hoy he amanecido con un fuerte dolor en el cuello y en la espalda- le respondí.

    -Bueno, ponte cómoda y acostate en la camilla.

    -Antes de que te acuestes, necesito que te quites tu remera y tu sostén.

    -¿por qué?- le pregunté.

    -Para poder colocarte bien la crema y que mis manos hagan contacto directo con tu dolencia, no tengas vergüenza, si quieres me doy vuelta.

    -No hace falta, quedate donde estás- decir esto me sorprendió mucho, pero me gustaba que él me viera los pechos antes de empezar.

    Me quite lo que me pidió, pero siempre sosteniéndole la mirada a ese atractivo masajista.

    Cuando termine de quitarme la ropa se quedó viendo fijamente mis senos, se acercó a mí y me dijo: -Quiero asegurarme de que tus pechos no sean parte de tu dolor de espalda- y para mi sorpresa tomo ambos de mis senos.

    -Son de buen tamaño y suaves, me parecen hermosos- la caricia se volvió más sensual y dejo de ser profesional.

    Hasta se tomó el atrevimiento de besarme las tetas.

    -Disculpame- me dijo.

    -No te disculpes, me gusto que hicieras eso.

    -Pero tú viniste por tu masaje- dijo mientras señalaba la camilla.

    Me acosté en la camilla antes de que él me comiera los pechos antes de tiempo.

    Me puso una crema en el cuello la cual me dio un efecto de frío instantáneo y sus mágicos dedos empezaron a hacer efecto, pues, era un verdadero espectáculo la técnica de masaje que tenía ese hombre, luego con movimientos lentos, pero firmes a la vez fue bajando hacia mi espalda para aplicar fuerza en la zona del dolor, pero en el recorrido me toco los pechos.

    Se volvió a poner crema en sus manos y esta vez me la aplico en la espalda, sentí frío y luego un calor abrazador que me excitaba mucho mientras él me frotaba, el frotamiento era tan rápido que ya sentía como mis tetas se movían en las sábanas de la camilla.

    Sin querer empecé a gemir y sentí que él sonrió atrás mío.

    Dejo de frotarme y con un sorpresivo movimiento me quito la falda, solo quede con mi tanga y él atacó a besos los cachetes de mi culo mientras me hacía suaves masajes ahí también.

    Me quito la tanga y luego fue a buscar aceite en la estantería.

    Pero esta vez no se puso aceite en sus manos, sino que la aplico en ambas de mis nalgas dejándome el culo lleno de aceite, pero eso me ha encantado.

    Luego me volvió a acariciar el culo mientras me ponía más aceite, me metió tres de sus dedos y empezó a hacer un masaje suave y circular adentro mío.

    Se sentía todo bien rico, ya que el aceite, sus masajes y sus dedos me estaban llevando al cielo mientras yo hacía movimientos con mi cadera hacia atrás para que sus dedos penetraran más profundo.

    Cuando quito sus dedos de adentro mío, puso ambos manos en mi cadera y me dio vuelta para poder mirarnos a los ojos.

    -¿cómo la estás pasando mi amor?

    -Excelente.

    Me sonrió y se desnudó.

    Mis ojos fueron directamente hacia su pene.

    -¿Lo quieres?.

    Asentí con la cabeza.

    Él se acostó en la camilla encima de mí, yo estire lo suficiente el brazo para tomar su verga y me la metí entera en la boca lo cual me provoco un estremecimiento en la garganta porque ni siquiera la chupe antes, pero a mí me gustan las cosas directas.

    Él me miro con una cara de asombro por mi acto, pero a su vez le gusto.

    Hizo una embestida violenta con su pija aun dentro de mi boca y me agarro del cuello aplicando la suficiente presión para que sea excitante.

    Cuando su pene estuvo bien profundo en mi boca lo empecé a chupar.

    Le hice unas suaves caricias alrededor de todo el pene y en la cabeza también, pero el ritmo de mi chupada era rápido, por lo tanto hacía movimientos con mi lengua de arriba hacia abajo y los circulares en su gruesa cabeza.

    Él me soltó el cuello para agarrarme las tetas fuertemente y masajearlas también porque se había quedado con ganas de manosearme los pechos hace unos minutos.

    Saco su pene de mi boca, estaba húmedo y aprovecho para darme un suave golpecito en el rostro con esa maravilla de pija.

    Luego fue a buscar otras dos botellas más de aceite, se ve que su intención era dejarme toda aceitosa.

    Vacío las dos botellas de aceite por todo mi cuerpo, pero en las partes que más coloco el aceite fueron en las tetas y en mi vagina.

    Me miro completamente maravillado y me dijo: -Ahora sí que estás perfecta para ser cogida.

    Y con una sola embestida tomándome de mi cintura me penetro hundiendo su pija dentro de mí lo bastante profundo y con mucha dureza.

    Se empezó a mover y yo con mis piernas le aferre su cadera mientras le acariciaba la espalda y él todavía me seguía tomando de las caderas para poder clavarme mejor.

    Yo creí que íbamos a permanecer en esta posición, pero Germán con un movimiento de sus manos hizo que yo quedara encima de el para que pudiera tomar el control y moverme a mi antojo, aproveche esa oportunidad y me moví rápido, en movimientos circulares, también salte encima de su verga lo cual a él le dio la oportunidad de ver mis senos en acción y acompañe los movimientos de su pelvis con los míos, ambos éramos una sincronía perfecta respecto a los movimientos del sexo.

    Y mediante esa sincronía también se hizo presente un perfecto orgasmo de parte mía y de él.

    Luego me puso en cuatro y me coloco un líquido aceitoso en el agujero del culo que me hizo dar un estremecimiento delicioso.

    Me tomo un pecho que estaba lleno de aceite como ustedes ya saben, empezó con sus embestidas y al mismo tiempo con su mano libre me acarició la vagina.

    Por lo tanto no sabía en cuál placer concentrarme más, si en el de su pene destrozándome el culo o en las caricias que le daba a mi vagina que eran iguales de rápidas que las embestidas.

    Por lo tanto me entregué completamente y disfrute muchísimo.

    Esa fue mi primera sesión de masajes y la mejor tarde de mi vida.

  • El novio mecánico de la sirvienta

    El novio mecánico de la sirvienta

    Hace algún tiempo mi esposo me dio permiso de estar con el negro, no una si no dos veces!!! Ahora ya le había comentado que la muchacha que nos ayuda tiene un novio norteño alto y muy dotado, lo sabemos por qué hay una cámara escondida en su habitación!

    Resulta que un fin de semana mi esposo salió por trabajo, eso sí antes de irse me dio mi buena cogida… Se despidió temprano y al día siguiente se fue!

    En la mañana mandé a esta niña a comprar el desayuno, cuando sonó el timbre era su novio, yo estaba con un shorts de licra y una blusita sin sostén, salí a ver quién era y me dijo que le había llevado una pertenencias que si podía entregárselas, estaba vestido de mecánico; deje entreabierta la puerta y camine a la mesa de centro a dejar el paquete de su novia, claro que me estaba viendo las nalgas y las tetas, sentí su mirada morbosa, como ya había visto su cosota en video me dio escalofríos, le dije puedes retirarte, yo se lo entrego!

    Se fue y me quedé pensando en lo bien que la pasaría con él y mi marido! Resulta que tenía muchas actividades por hacer y no arrancó mi camioneta!

    Llegó la muchacha y le comenté lo que pasó, me dijo mi novio era mecánico, le voy a hablar, resulta que tenía mucho trabajo y que al día siguiente temprano vendría a ver qué pasó!

    Al día siguiente mandé a la muchacha muy temprano por el mandado, a pagar la luz, el internet y varias cosas!

    Antes de que llegara me puse un top escotado y una falda muy corta y pegada, le había avisado a mi esposo y me dijo que si se daba que lo aprovechara, cuando llegó no podía ni hablar de lo nervioso que se puso al verme, me dio los buenos días y me dijo que me veía muy bonita y que verificaría la camioneta; como a la hora estaba ya casi terminado y me habló para que fuera, estaba abajo de la camioneta y me pidió que conectará la batería, yo traía una tanga transparente y al empinarme sobre la camioneta tenía que ponerme de puntitas, el tipo aprovecho para morbosearme toda, sentía casi su lengua en mi ya casi mojada rajita, el me decía meta la cabeza en el hueco, casi me decía lo que en realidad pensaba hacer conmigo, a fin de cuentas lo hice el salió y me dijo le daré marcha a ver si arranca, así sucedió y mi falda estaba más arriba de lo normal, casi se me veían las nalgas al aire pero ya me estaba calentando con el tipo!

    Le ofrecí algo de beber y me dijo si tenía alguna cerveza le dije que si y yo me tomé un caribe, me pido permiso para lavarse las manos y que si le ponía jabón, yo me agache para ponérselo en las manos y mis tetas casi se salían para ser chupadas por sus carnosos labios, me dijo que guapa y hermosa es usted, me preguntó del regalo de su novia y se me olvidó entregárselo, me dijo que era algo erótico y que a mí se vería espectacular, le dije ya joven me sonroja!

    Pero en realidad quería que me diga más cosas atrevidas, le pregunté que si cuánto era y me dijo que si le pagaba con modelarle el conjunto de su novia, le contesté que no, pero por dentro ya me estaba calentando más y más, me siguió rogando hasta que le dije que si, era un conjunto de sirvienta jajaja, así que me lo puse y me dijo que me veía espectacular y se me acercó inmediatamente, yo están de espaldas y sentí como su enorme bulto ya estaba al 1000.

    Empezó a acariciar mis brazos y no sé qué me pasó pero poco a poco comencé a menear mis caderas y agarre su verga, era dura, gruesa y muy viril, me di la vuelta y su lengua se atoro por mi garganta, con una maestría incrustó su mano por una de mis tetas y la otra en mi peluda pucha, hambrienta de esa enorme verga, le dije ven vamos al cuarto de tu novia, quiero que me lo hagas como a ella.

    Entonces me puso de perrito y sentí su lengua por mi apretado culo, sentía como pasaba de mi panocha a mi culo y viceversa, hasta que me dijo mira lo que te vas a comer, me di la vuelta y oh sorpresa ahí estaba un monstruo esperando ser liberado, ya que aún tenía el bóxer lo saque como poseída y era grueso, venudo con una cabeza de panque, se la mame como un becerro hasta que me dijo basta puta ahora te voy a parchar como lo zorra que eres, más caliente me ponía.

    Me dijo ven siéntate solo te meteré la punta, yo toda boba creyendo en él, metió la cabeza y sentí como se atoraba dentro de mi apretado coño, solo me dio un abombada y a la segunda la metió sin piedad, yo gemía como loca por tremenda verga atorada por mi pucha, así estuve un rato hasta que vi todo el flujo que me saco, era blanco y espeso parecía nata, me decía ya viste putota te hace falta una buena cogida, siguió con su bombeo hasta que termine, después me puso de perrito y me la dejo ir una y otra vez, yo no podía hacer nada solo aceptar la tremenda verga del tipo ese que apenas conocía y era el movió de la sirvienta!!

    No paraba de decirme vulgaridades, ya viste puta, eres una sirvienta sucia, puerca y etc más me calentaba, de pronto sentí como uno de sus dedos comenzó a dilatar mi culo, hasta que le dije no por ahí no ni lo pienses.

    Me hizo venir y le dije que se fuera por qué su novia vendría, el muy desgraciado le hablo para preguntar dónde está, ella toda boba le dijo que le faltaba mucho para regresar a la casa, así que empezó a calentarme nuevamente, volvió a voltear me y empezó a lamer mi culo, metía sus dedotes por mi panocha ye calenté nuevamente, metió un dedo por mi culo y succionaba mis jugos vaginales, el muy puerco me hizo venir, y me dijo vamos putita ahora tú chúpamela con todo y huevos así me tuvo un buen rato hasta que le dije métemela estúpido antes de que venga la sirvienta.

    Lo hice enojar y me volteo, empezó a pasar su cabeza por mi panocha y yo entregada quería que me la meta pero el muy cretino cambio de posición y logro meter la puntita por mi culo, le dije para idiota eso no es tuyo, él me contestó que eso estaba por verse y magistral hizo movimientos que se fueron convirtiendo en dolor con placer así estuvo unos momentos hasta que me dijo ahora sí zorra quién es la sirvienta, le dije yo papacitooo ah tan rica que la tienes, quién es la puta que me la guanta por el culo? Yo mi rey ah ahh no pares así hasta que me la metió toda ya era un frenesí de calentura.

    Yo para ese momento ya quería hasta la verga de mi marido en la boca en la panocha en el culo igual, así estuvo muy bien rato hasta que me volteo y se vino en mis tetas y mi cara, ya vez putita quién es la sirvienta, así me pagas el trabajo con tu cuerpo y me sentí cachonda y extasiada, cuando el momento paso el regreso a la normalidad y se bañó se vistió y me dijo que ya se iba que su patrón lo esperaba y que lo disculpara si algo hizo mal!

    En realidad fue buen amante, aún pienso en como convencerlo para hacer un trio con mi marido, me harían gozar entre los dos ya que mi marido es muy puerco conmigo y eso me excita, espero volverlo realidad y pronto escribirles como me fue.

  • A veces el sexo gratis no es ciertamente el mejor ¿o sí? (2)

    A veces el sexo gratis no es ciertamente el mejor ¿o sí? (2)

    Capítulo 2: Anfitriona.

    Desde ese día que ella nunca llegó, digamos que me tomé un par de semanas de vacaciones de tratar de follarme a alguien, tenía que despejar mi mente y la verdad, esos días si me sirvieron. Cuando pasó el tiempo de “relax”, y al ver a una compañera con otros ojos, esas vacaciones terminaron. Pero, tomando como antecedente fatídico lo sucedido a mis preciadas pelotas, lo pensé con mucha atención, la cosa estaba realmente mala, no era tan fácil follar con alguna compañera de la universidad después de todo. Quizá no era tan difícil, pero luego de aquella experiencia, mi “modus operandi” debía de cambiar radicalmente, para solo si una relación se viera próxima sea el objetivo secundario, lo principal a partir de ahora sería si o si, follarlas, cueste lo que les termine costando a ellas, así sea ¿Su vida?

    Ella era de tez blanca, senos grandes y una cadera espectacular, una mujer de gimnasio, no dudo que quizá más de uno la tendría ya fijada en su radar, para aprovechar la mínima oportunidad y tratar de follársela, o como mínimo de lograr un cariñito por parte de ella. Yo, por mi parte me las ingenié para conseguir que ella necesitara algo de mí, sabía que ella estaba mal en matemáticas, curso en el que yo era un trome, pese a que ella era de dos ciclos superior al mío, el docente que le enseñaba era el mismo que a mí, logré que el docente me hiciera su asistente temporal, mientras el suyo había viajado para una especialización a otra ciudad.

    Eso hacía que, para comunicarse con el docente, previamente lo hicieran conmigo, y ella, por lo que pude ver, necesitaba mantener un promedio mínimo para no perder su beca, y este curso era el que podía generar que la perdiese. El docente me dijo que oportunidades como exámenes orales no daba, por la naturaleza del curso, sin embargo, me dijo que, ya que yo era bueno, si algún alumno necesitaba ayuda alguna, yo le ayudará a repasar dichas clases.

    Esa idea me cayó a pelo, pues significaba que existía la posibilidad casi del 100% de que ella se pusiese en contacto conmigo, para que la ayudara a repasar, y eso me daría a mi cierta ventaja para conseguir algo con ella. Si bien, no era la única que necesitaba ayuda, para mi suerte, tampoco es que fueran muchos, de las cinco aulas que enseñaba el docente los que la necesitasen, o por lo menos los que habían solicitado, tan solo tres solicitaron ayuda, de entre ellos la chica.

    A los otros dos, los apoyaba durante la mañana o en la tarde, ella, sin embargo, me dijo que trabajaba casi todo el día, y solo le daban permiso para asistir a sus clases, lo que le daba casi poco tiempo para hacer sus tareas, y que tendría tiempo solo en la noche. Mi oportunidad de lograr follármela, estaba cada vez más cerca. Me dijo que, si podía ir a su cuarto que tenía cerca, luego de que ella salía de clases, que era como a las 10 de la noche.

    Le dije que no tenía ningún problema, siempre y cuando donde viviese dejaran entrar a otras personas a tan altas horas de la noche, yo haciéndome el serio y respetuoso, para que ella se sintiera segura, pero muy en mis adentros pensaba: Ni bien me encuentre dentro de su cuarto, y ella se de vuelta, me bajo el pantalón y se la empotro hasta el fondo. -Tenía que mantener un porte para verme centrado, eso por lo que vi, a ella le gustó.

    El día llegó, quedamos en encontrarnos en el parque que se encontraba a tres cuadras de la universidad, y desde allí ella me llevaría, le dije que no había problema. En efecto, cuando llegué, ella estaba allí, caminamos hasta su cuarto, entramos y la verdad, me sorprendí al ver su cuarto, ya que, a diferencia de los cuartos simples de estudiante, este se notaba que tenía algunas comodidades.

    Le pregunté entonces, y solo por curiosidad agregué: Disculpa, si este es un cuarto de estudiante ¿A qué te dedicas? Ella sonrió y dijo un poco apenada y dijo: Bueno, yo soy da…, se quedó un rato en silencio y dijo: Anfitriona. Entonces le dije: Que bien, según sé ahí se gana bien. Ella asintió. Le dije entonces: Pero no nos distraigamos, hay que aprovechar cada minuto para repasar, después de todo mañana de seguro debes estar temprano trabajando. Ella dijo: Bueno, mañana tengo día libre, pero quiero hacer otras cosas, no te molestas por eso. Le contesté: Ya estamos acá, solo hay que repasar, siéntate.

    Ella hizo eso y yo comencé a explicarle de la forma más simple que pude, ella se notaba al principio como que entendía lo que le decía, pero luego me dijo: Para. Yo la miré sorprendida, y dije: ¿Qué pasa? Ella me miró y me dijo: La verdad es que no soy capaz de comprenderte. -Si gustas te explico de nuevo, le dije. no tengo problema. Me dijo: Mejor sigamos otro día. Le dije, pero tendrás práctica pasado mañana, sino estudias o como mínimo comprendes vas a jalar de nuevo. Y según sé, tienes una beca que mantener.

    Ella me miró apenada y dijo: Y ¿No hay otra forma de solucionarlo? Cuando dijo eso, la verdad en mi cabeza se me ocurrían mil formas de solucionarlo, todas ciertamente tenían que ver con mi pene introduciéndose en algún agujero de ella, y eyaculando a chorros mientras ella gemía de placer. Sin embargo, le contesté: Por la naturaleza del curso, el docente no toma otro tipo de exámenes, pero… E hice un silencio. Ella me miró dijo: ¿Hay alguna otra forma?

    La verdad es que sí, y sería colocarte en el registro una nota aprobatoria, ya que el docente me permite hacer eso, hay posibilidad de que no lo revise, podrías aprobar sin estudiar, pero claramente eso podría traernos, si se sabe, sanción a los dos, y no me quiero arriesgar. Ella me dijo: Dame un momento. Se levantó de la silla y se fue a lo que parecía un cajón, sacó unos papeles y volvió. Colocó entonces sobre la mesa lo que no pensé que colocaría, eran cierta y no falsamente 2 mil en billetes de 100 en efectivo. Me dijo: Tómalos, son tuyos, solo por favor apruébame.

    La verdad, pese a que era un montón de dinero, sabía que, a mi edad, si aparecía en casa con tanto dinero, y sin tener trabajo, parecería demasiado sospechoso además de que no lo podría ni gastar de a pocos, ya que mis propinas ni en un año alcanzarían tanto dinero. Eso se lo hice saber. Ella frunció levemente el ceño. Sin embargo (Era mi oportunidad, podría proponérselo, a lo máximo me sacaba de su cuarto, si le decía algo al docente este no le creería porque según sabia, ella había mentido una vez anterior con una propuesta sexual de un docente y era mentira, así que no tenía nada que perder) le contesté: Bueno, hay otra cosa que puedes hacer. Y ¿Qué es? Contestó. Bueno, tiene que ver, le dije, con el verdadero trabajo que tienes.

    Entonces me levanté de la silla en donde estaba, caminé hacia el otro lado donde estaba ella aún sentada, y comencé a desabrocharme el pantalón. Ella me miraba algo sorprendida, pero lo hizo más cuando saqué mi pene al descubierto, el cual, pese a que no estaba del todo parado, medía ya cerca de 16 cm, y su grosor según la última vez que lo había medido, era de 4.5cm. Le dije entonces: ¡Tú decides! Ella, y por fin luego de todo lo que había tenido que pasar, tomó mi pene ya erecto con su mano, y lo introdujo a la perfección toda mi polla dentro de su boca. Lo sacó brevemente y dijo: Hazlo a la velocidad que quieras cariño.

    Empecé despacio, para luego comenzar un mete y saca brutal que, sin pensarlo dos veces, y sujetando su cabeza levemente, mientras mi pene estaba dentro de su boca, sentí como me corría fuertemente, fueron cuatro grandes chorros de leche los que sentí salir por mi glande hacia el interior de ella. Al sacar mi pene, ella no dejaba de toser, por lo fuerte que se lo había hecho.

    Obviamente, pese a que estaba a nada de haber terminado, no podía solo guardar mi pene e irme, tenía que disfrutar al máximo esa noche con aquella mujer. Ella quizá pensó que con una sola mamada bastaría, pero en menos de lo que pudo darse cuenta, estaba sobre su cama boca abajo, yo ya sin pantalones, y quitándole a ella sus pantalones mientras ella de estar boca abajo se colocó boca arriba. Dejándome ver su coño al descubierto, pues no tenía ropa interior.

    Ella abierta de piernas sobre su cama, me miró mientras yo me quitaba mi camiseta, mi cuerpo semi marcado por el gimnasio, provocó en ella placer según pude notar por sus labios. Aunque claramente ella al ser un “Anfitriona” podría estar solo fingiendo.

    Ella intentó cerrar sus piernas cuando con mi verga ya de 19 cm que, se dirigía directo a abrirse paso por su útero, no pudo sino solo sentir como de un solo golpe mi pene se introdujo dentro de ella, 19 cm le entraron a la perfección, aunque se sentía algo estrecha, fue fácil ingresar, mis pelotas incluso tocaban sus labios vaginales, mientras yo en la gloria sentía como mi polla con algo de leche aun saliendo, estaba introducida sin ningún tipo de protección dentro de aquella mujer. El breve shock de tener tremendo material dentro de sí, hizo que me diera tiempo a quitarle su camiseta a ella, quedando ambos completamente desnudos en la pose del misionero, ella sobre la cama abierta de piernas, y yo sobre ella a punto de iniciar su respectivo bombeo hasta desfallecer.

    Esa noche no pudo terminar sino, bien. Recuerdo luego de ello, estar follando con ella por casi una hora, al final como era de esperarse, le rellené casi al completo su útero con mi semilla, me dijo que no me preocupara por este fabuloso “creampie” que le había hecho, ella pese a no estar acostumbrada, sabía que hacer, y realmente me lo merecía. Me dejó quedarme con ella hasta el otro día, pero si me dijo que debía irme antes de las cinco, porque si no alguien podría verme, y ella se metería en problemas.

    Pese a que tenía que irme temprano, nadie me quitaba mi victoria, yo había logrado no solo lograr que una mujer me la mamara, sino que además de ello, logré eyacular dentro de la vagina de una mujer y posiblemente preñarla, si no fuera porque sabía que eso ella no lo permitiría. Si bien, no tuve en este caso que usar alguna artimaña para follarla, sin sentí como que fue algo forzado, pues de lo contrario, yo como su única salvación, ella no hubiera podido aprobar, cosa que en efecto hice.

    Tras ese episodio con aquella mujer, volvería a realizarlo unas tres veces en lo que restó del ciclo, cada dos semanas casi tuve sexo asegurado, incluso con una de sus amigas que solo de verme el rabo se quedó algo embobada. Ella me hizo hacer un trio con una de sus amigas, realmente increíble. Sin embargo, pese a que había conseguido sexo “gratis”, algo dentro de mí, consideraba que si el sexo con una mujer, no era realmente forzado, este no valía tanto la pena.

  • ¿Complejo de Electra? (padre-hija)

    ¿Complejo de Electra? (padre-hija)

    Históricamente, la convivencia en casa transcurría en un marco de paz y armonía, hasta que en un punto no precisado de nuestra historia familiar, Roxana, nuestra hija menor, entró en cortocircuito con su madre, mi esposa. Pensando que era propio de la rebeldía adolescente, dimos comienzo a un plan que parecía sacado de una película policial, policía bueno, policía malo. Mi esposa me adjudico el papel del bueno, mientras ella marcaba, limites, yo cedía en parte para suavizar la situación.

    Cuando Roxana te miraba con esos ojos, a los que el cielo le había prestado su celeste, me derretía.

    Estando en la flor de la vida, esa rebeldía contrastaba con su figura, imagen de ternura personificada. El oro de sus cabellos, claro contraste con el ébano de su piel, mezcla rara si las hay.

    Pasado el tiempo, algo había mejorado nuevamente en casa. Cuando ya cumplido sus diecinueve años y a puertas del cumpleaños de su madre, se le ocurrió una genial idea, como cambiaba de década, hacerle de regalo un crucero que ofertaban, ocho días saliendo de Buenos Aires, con escalas en Montevideo e Ilhabella con llegada a Rio de Janeiro. Me pareció muy buena idea, así que nos pusimos en campaña para conseguir su pasaje.

    El día posterior al cumpleaños zarpo el gran barco que la llevaría a descansar por una semana, quedamos que a su regreso la estaríamos esperando.

    – Bueno pa, espero que descanse y vuelva renovada.

    – Si Ro, necesita descansar, pero luego me vas a tener que organizar uno para mí, estos días que voy a ser amo de casa me van a agotar.

    – Tranquilo papito, yo voy a ser la mujer de la casa, no te va a faltar nada de nada. (susurrando culmino con) nada de nada.

    Ese mismo viernes de la partida, preparo una cena espectacular luego de haber hecho el aseo en la casa, pidiéndome permiso para que en la cena del sábado pudiera tomar algo de alcohol, lo que yo quisiera, no encontré falla en lo propuesto, accediendo.

    Me voy a saltear el día, para llegar directamente a la noche.

    – Pa, yo ya me bañe, te prepare la ropa en el baño, cuando gustes podes ir a hacer lo propio, mientras termino la cena.

    – Gracias señorita, que amable.

    – Todo lo que sea porque vos también descanses y estos días lo pases espectacular.

    – Gracias mi vida, porque desde que tu hermano se fue a ese viaje de estudios no logro relajarme.

    – Tranquilo, él está bien, y aquí está tu acompañante terapéutico.

    Mientras iba rumbo al baño escuchaba su voz de canario y su risa cantarina, que siempre fue un bálsamo para mi alma.

    Al salir, ya la mesa estaba en condiciones y se sentía un delicioso aroma a comida recién horneada.

    La cena transcurrió con total naturalidad, entre charlas sobre la vida y copas de vino.

    Debo decir que me di cuenta lo madura que se forjo, a parte lo hermosa que estaba, enfundada en un vestido de falda corta, creo, la tela se llama lycra, que dejaba ver todas sus redondeces, por su parte superior, dos pechos bien torneados, con pezones bien marcados y definiendo su ubicación. Cola parada, la transparencia del vestido dejaba ver como en su entrepierna, tímidamente la tanga formaba un triángulo en la parte delantera y se perdía entre los glúteos por detrás.

    Mientras yo, tenía un animal entre las piernas que quería salir del pantalón, formando un bulto apreciable a la distancia, que, me parece Roxana se dio cuenta cuando recogió los platos.

    No sé qué me pasa, no puedo excitarme con mi hija, trataba de sacarlo de mi cabeza, pero no lo lograba, ignorando el motivo, ¿el alcohol? ¿Su cuerpo? O, que en varia oportunidades, paso por detrás de mi apoyando sus senos en mi nuca, o cuando llevo el plato que había usado, apoyo su hermoso trasero muy cerca de mi cara.

    Roxana se acerca con dos copas más de vino en sus manos.

    – No hija te agradezco, ya estoy suficientemente mareado.

    – Dale papi, compartimos una más y te vas a dormir.

    – Bueno hijita.

    Se agacho, me dio un beso rozando los labios, su boca la sentí como una fruta fresca, sentándose a mi lado, trate de disimular lo más posible mi erección, no sé si lo logre.

    Apuramos el trago y me acompaño a la cama, ayudo a desvestirme, arropándome con las sábanas, salió de cuarto y me dormí.

    No puedo especificar la hora, en la habitación brillaba la luz plateada de la luna, escucho su voz, al igual que siempre, era un bálsamo para mi alma.

    – Perdón mi amor, pero mi deseo de estar con vos puede más que cualquier tabú impuesto por esta sociedad pacata.

    En mi miembro siento la humedad y calor de algo que se me hacía conocido, cosa que al acostumbrar la visión a la poca luz reinante confirme, Sarita, mi niña, tenía la endurecida y venosa verga dentro de su cavidad bucal, con una de sus manos la tomaba mientras que la que estaba libre acariciaba mis testículos, dándole por momentos unos pequeños apretones. Instintivamente quise correrla, se resistió, pero la lujuria que me invadía prevaleció, dejándola hacer.

    Cuanto tiempo que no sentía las miles de sensaciones que experimentaba en ese instante, la deje hacer, ese pasajero húmedo que salía de su boca reptando sobre mi pene ponía cada centímetro de mi piel erizada, mi corazón bombea velozmente, siento que palpita, un calor me recorre por el interior, mi semen esta presuroso por salir de su encierro, hasta que siento su recorrido hacia la salida, salta presuroso, impactando en su garganta, siento que apura el trago para no desperdiciarlo.

    Sigue saboreando por unos instantes más, va subiendo hacia mi boca con unos delicados besos que pasan por mi abdomen, pecho y cuello, quiere fundirse en mis labios.

    Largándome a llorar le digo:

    – Perdón hija, lo que hemos hecho no tiene nombre.

    – Silencio pa, no lo hemos hecho, lo hice, lo busque, lo deseaba desde hace mucho tiempo, estoy tan enamorada de vos, que no te imaginas, no te sientas mal, disfrutemos el momento.

    – No está bien, somos padre e hija.

    – Anhelaba estar en esta cama con vos, pero siempre la ocupa mama.

    – ¿entonces lo del viaje?

    – Si, se me ocurrió a mi quería estar con vos, necesitaba ser tuya, necesito ser poseída por vos, quiero que seas mi primer hombre.

    – Por favor decime que estoy soñando.

    – No papi, estas bien despierto.

    Sello mi boca con la suya, no sabía qué hacer, la sorpresa me anulaba, pero ella si sabía…

    Siguió jugando con mi cuerpo como si fuera una profesional, debo reconocer que hasta ahora en cuanto a iniciativa se refiere, le gana a su madre.

    Sus caderas comenzaron a subir hacia mi boca, casi a centímetro de ella, reparo que estaba totalmente depilada, poso su vagina en mis labios, mi lengua recorrió los inflamados pliegues alrededor de la abertura vaginal, separándolos para poder beber sus jugos agridulces, busque con avidez llegar al clítoris, mientras con mis manos me aferraba a sus pechos, los que quería tener entre mis labios, le pellizque con ternura sus pezones oyendo los leves suspiros que salían de su boca.

    El olor de su virginal sexo me embriagaba, luego de dar pequeñas mordiditas a sus muslos, mi lengua subió por los húmedos labios vaginales, subía y bajaba por ellos, hasta llegar a la presea dorada, ese tan deseado clítoris, lo aprisione entre mis labios succionando de la manera que se lo haría a sus negados pezones por la posición.

    Suspiraba, gemía, sus caderas habían tomado un ritmo lento de pequeños movimientos, me tomo del pelo jalando hacia adentro, diciendo…

    – Seguí por favor no pares, me gusta, me llevas al cielo.

    Su orgasmo fue tan intenso que me pareció escuchar su salida, introduje mi lengua para beber ese flujo de jugos virginales.

    La deje reposar, que se reponga, estaba ya en una etapa que no podía dar marcha atrás, la pasión y la lujuria nos había invadido.

    Pensaba que era su primera vez y como tal su experiencia tendría que ser para que la recuerde siempre, más allá de ser yo quien iba a poseer su virginidad. Estábamos por dar el paso al siguiente nivel.

    Mientras le daba ese tiempo de reposo, con la excusa de ir al baño, tome un frasco de lubricante (tengo para hacer sexo anal con mi esposa) pensando en que es su primera vez, aunque me demostró la capacidad de lubricarse que tiene.

    Regreso a la habitación y ahí estaba ella, su estilizado cuerpo reposando sobre las ya revueltas sábanas blancas, sus zafiros mirándome fijamente, sin perder esa lujuria inicial, entre sus labios se veía unas blancas perlas cada vez que sonreía, extendió sus brazos para tomar mis muñecas, atrayendo mi cuerpo al suyo. Me recuesto a su lado abrazando su cuerpo, se pone de lado, mis manos toman sus pechos duros impunes debido a su edad, mientras la redondez de su culo se apoya en mi miembro que había comenzado a erguirse nuevamente, beso su estilizado cuello recorriendo el camino hacia el lóbulo de su pabellón auricular, dando un pequeño mordisco que la hizo estremecer.

    De repente se giró ordenándome.

    – ¡¡¡De espaldas!!!

    Obedeciendo, lo hice. Se sentó a horcajadas sobre mi pelvis, tomo mi miembro guiándolo por toda la extensión de sus labios vaginales, de arriba hacia abajo, en su clítoris daba giros pequeños, mientras yo sentía la humedad bajar por el prepucio. Ubico la punta en la entrada vaginal y comenzó a introducirlo. Le dije que espere, que lo iba a lubricar para que no le doliera, no hizo caso, centímetro a centímetro se perdía en su interior hasta hacer tope en el himen, subía y bajaba hasta ese punto, en una de las bajadas descargo todo el peso de su cuerpo introduciéndola toda, hasta el fondo. Ahogo un grito, abrió su boca grande, sus ojos se pusieron en blanco, su cabeza se inclinó hacia atrás y se detuvo, parecía estar disfrutando el momento.

    – Mi cielo, ¿duele?

    – Shhh.

    Instantáneamente comenzó una suave cabalgata, espectador privilegiado, veía como mi miembro se desnudaba y volvía a enfundarse dentro de ella.

    Su movimiento era de arriba hacia abajo y cuando nuestras pelvis se tocaban, adelante y atrás, arriba, abajo, adelante, atrás, por momentos su cadera daba unos giros y repetía el ciclo.

    Breve fue el tiempo en que tuvo su primer orgasmo producido por una relación sexual, gimiendo, suspirando y hasta a veces gritando alcanzo otro orgasmo. No aguantaba más, yo también quería acabar, se lo hice saber.

    Mi poder de comprensión estaba nulo, pues no sabría definir qué fue lo que hizo arriba mío, tarde segundos en depositar mi simiente en su interior, inundando su cavidad vaginal. Al escucharme gemir, ella apuro su cabalgata teniendo otro tremendo orgasmo intenso, sentí en mi miembro una sensación como si no paraba nunca de palpitar, las contracciones vaginales eran interminables.

    Saque mi miembro de su estrecha vagina donde quedaban vestigios de lo ocurrido con unos hilos bermellón a lo largo del falo, y una fugaz mancha escarlata en la sabana como testimonio de lo ocurrido en ese lecho.

    – Gracias papa, a partir de hoy soy la mujer más feliz de la tierra.

    – Hija esto fue una locura.

    – No, fue amor.

    – Sos mi hija…

    – Y vos mi padre, mi hombre, mi amante. Los tiempos cambiaron, ya a los jóvenes no nos asustan los tabúes, basta de cielo e infierno. Basta de pacatería.

    – ¿te gusto?

    – Si.

    – ¿la pasaste bien?

    – Si.

    – Decime que en algún momento no me deseaste.

    – Sí, pero…

    – Nada de peros, disfrutamos nuestros cuerpos, disfrutamos de nuestros sexos, probamos de nuestros jugos, ese que me diste vos, lo disfrute mucho pensando que fue el que me concibió.

    – Pero tu madre…

    – No tiene ni va a enterarse, este es nuestro secreto, nuestro amor secreto, antes que empieces con la cantinela, despreocupate que embarazada no voy a quedar, desde que planee esto comencé a tomar anticonceptivos, no quería un plástico de por medio.

    Mi querida hija va por todo, me comento que su rebeldía se debe a que su madre ocupa el lugar de esposa y no ella, por eso la rivalidad/rebeldía.

    Hablamos mucho sobre el tema y llegamos a un acuerdo, pues yo entendí un montón de cosas que me explico y ella razono las mías aceptando. A partir de ese día seriamos amantes secretos.

    Los días que restaban para que vuelva mi esposa hicimos el amor todos los días, a cualquier hora, cualquier lugar y mil formas diferentes que yo ni conocía, pero Roxana investigaba en internet para ponerlas en práctica.

    Llegada de su viaje, retomamos el ritmo habitual, siempre que podemos hacemos el amor, en casa, en el auto, un hotel o donde se pueda tener un poco de intimidad, no sospecha nada, pero siempre dice, que cambiada esta la nena desde que regrese.

    ¿Será mi amor que ambas necesitaban distanciarse unos días?

  • La despedida de soltera de mi hermana

    La despedida de soltera de mi hermana

    Una despedida de soltera es algo que todo el mundo toma como si fuese un gran jolgorio, donde el sexo está siempre a la orden y las mujeres sacamos nuestro lado más oscuro, aunque yo realmente no esperaba demasiado de la fiesta que se daría para la «última noche de libertad» de mi hermana mayor.

    Ella con 27 años, una relación de hace mucho tiempo y siendo siempre una chica aplicada, no me daba esperanzas de que su despedida sea algo fuera de lo común y tranquilo. Más aun siendo que la fiesta sería en casa de mi «tía» Rebeca, y digo tía entre comillas ya que no nos une ningún lazo de sangre, simplemente la amistad que tiene con mi mamá desde que eran muy pequeñas.

    La tía Rebeca era un ama de casa abnegada, la típica «esposa trofeo» de un empresario exitoso y de mucho dinero. Madre de dos hijos, 45 años bien llevados y con un comportamiento siempre tranquilo y noble. Nada hacía esperar como terminaría la noche.

    Yo con 18 años recién cumplidos y pocas esperanzas, acompañé a mi mamá además de la tía Rebeca y unas 6 amigas de mi hermana al festejo.

    Todo pasaba con cierta normalidad y dentro de lo que esperaba: música, muchos tragos y anécdotas que eran graciosas solamente para el grupo de amigas de mi hermana. Mi madre decidió irse temprano, pero yo decidí quedarme ante la insistencia de mi hermana.

    A eso de las 2 de la madrugada, la tía Rebeca empezó a mostrar la primera capa de su —hasta esa noche— oculta personalidad.

    «Bueno chicas, les tengo una sorpresa» dijo, antes de que se apaguen las luces de la sala de la casa e ingrese un hombre muy alto y fornido, vestido de policía. Era un stripper.

    El joven comenzó a bailar y sacarse la ropa, ante el griterío y las risas de las presentes. Yo miraba de lejos, tomando mi vodka con jugo de naranja y admirando esa maravillosa masa de músculos que se movía al son de la música.

    No llegó a desnudarte por completo, solo se quedó en tanga, jugueteó un rato con las invitadas y terminó su show. «Ya está, fue todo» pensé.

    Él fue al cuarto de servicio a cambiarse, mientras una de más amigas de mi hermana sugirió seguir la fiesta en una discoteca. Se fueron todas, pero yo elegí quedarme. Mi casa quedaba cerca y además, una idea local me pasó por la cabeza.

    Las chicas se fueron y la dueña de casa acomodaba las cosas, yo con la excusa de ir al baño, fui hasta el cuarto de servicio donde estaba el stripper. Cabe resaltar que ya estaba bastante borracha. También que venía de pasar por mi primera ruptura amorosa con mi novio de hacía 3 años y me sentía vulnerable pero también aventurera.

    Entré a la habitación y lo vi. Tenía puesto un pantalón de jean y se estaba abotonando una camisa blanca, pero todavía se veían sus hermosos abdominales.

    Me miró asustado y me preguntó qué hacía ahí, le respondí que quería probar su pistola; mientras lo miraba con deseo y me lamía los labios. Él se rio. No habrá sido la primera vez que una joven borracha le hacía una propuesta indecente, tampoco habrá sido la primera vez que posterior a la propuesta, la zorra sedienta de pija se le ponga frente a frente, se le arrodille y empiece a manosearle el bulto.

    Intentó pararme, pero seguí. Sentí como se ponía dura esa poronga ante mi tacto y él se dejó llevar. Le desabroché el pantalón y se lo bajé, él reía. Con los dientes le bajé los boxers y su verga se posó en mi cara.

    Era bastante grande, calculé unos 18 centímetros. Se veía muy bien.

    No medié palabras y empecé a chuparla, movida por el deseo de probar algo nuevo y además la sensación de sucia que me invadía. Jamás había estado con otro hombre y menos un desconocido.

    Él se sentó y yo seguí chupándosela, con más ganas que nunca y cada vez más caliente. El sabor de esa pija amarga, dura y venosa me encantaba. La metí hasta lo más profundo de mi garganta, me daba arcadas pero conseguí meterla entera.

    Algo que siempre me decía mi ex era que la chupaba muy bien y creo que esas habilidades quedaron demostradas cuando tras unos 5 minutos, la pija del stripper me explotó en la boca, llenándomela de semen calentito que tragué sin dudar.

    Ni bien terminé de deglutir la descarga seminal del extraño al cual le acababa de hacer un tremendo pete, escucho que se abre la puerta. Era la tía Rebeca, con una botella de vodka en la mano.

    «Pero mira vos a la putita esta jajaja la dejas sola un rato y le come la pija al primero que se le cruza».

    No tuve tiempo a reaccionar, me quedé inmóvil. Ni pude prestar atención al momento en que el asustado stripper salió corriendo. Mis ojos abiertos se fijaban solamente en mi tía, a la que miraba desde el suelo.

    Ella era de piel blanca, cabello oscuro y un cuerpo escultural. Tetas enormes, cintura pequeña y grandes nalgas firmes. Se veía imponente, por si altura y aparte siempre tuvo una presencia que genera algo de intimidación.

    «Vení acá, pendeja. Te voy a corregir. Venis a mi casa y andas de trola? Ahora vas a ver lo que es bueno, putita». Me decía, mientras me levantaba del brazo y me llevaba hasta la sala.

    Pensé que iba a llamar a mi mamá, que le contaría lo que hice y que me castigaría. Al final de cuentas, a pesar de mis 18 años, aún vivía con mis padres y estaba por terminar el colegio.

    Sus uñas pintadas de rojo se clavaban en mis brazos, los pasos de sus tacones retumbaban en la enorme sala con piso de mármol. Me tenía a mi en un brazo y la botella en la otra mano. Me hizo sentar en el sofá y se paró frente a mí, con los brazos cruzados.

    «A ver, decime. Qué te pasa, pendeja? Pensas que yo voy a poner mi casa para que una puta callejera como vos venga a chuparle la pija a un extraño?»

    No podía responder, estaba en shock. Me puse a llorar.

    Ella continuaba: «Ah, ahora te pones a llorar, puta. Hasta hace un rato le estabas tomando la leche a un desconocido y ahora te haces de la mosquita muerta».

    Entre sollozos le pedí que no se lo cuente a mi madre y le pedí perdón. Levanté la cara lentamente para mirarla y al hacer eso, lo que vi fue su mano viniendo velozmente hacia mi cara. El golpe seco del bofetón que me pegó lo escucho hasta ahora en mi consciencia.

    «Te voy a dar tu merecido, zorra» me dijo, mientras me agarraba de la oreja y me hacía subir las escaleras.

    Me metió a su habitación, encendió las luces y trancó la puerta. Se sentó en la cama y me dejó parada frente a ella.

    Me ordenó que me saque la ropa. Yo le dije que no, que por favor me deje ir. Ella, sin levantar la voz y con una mirada fría y penetrante insistió.

    Comencé a desnudarme hasta quedar totalmente al natural. Me ordenó que gateara hacia ella y obedecí.

    Abrió sus piernas, subió la parte de abajo del vestido blanco que llevaba y se quitó la ropa interior, cuando estuve frente a ella, me agarró con fuerza de la nuca y me forzó a que le haga sexo oral.

    Jamás había experimentado con una mujer y me sentía aterrorizada y sorprendida por toda la situación.

    «Dale, pendeja. No sabes donde está un clítoris? Dale, carajo. Comete esa concha. Te voy a educar, puta barata».

    Hacía lo que podía, hasta que entendí que la única forma de zafar rápido era hacerlo bien. Ubiqué el clítoris y empecé a lamerlo y alternaba con succiones.

    «Bien, así. Bien, putita. Ves que no es tan difícil».

    Creo que ella tuvo un orgasmo, porque pegó un grito de placer y le temblaron las piernas. Pensé que se acabó, que me dejaría ir; pero no.

    Se desnudó y dejó ver su hermoso cuerpo, yo la seguía viendo desde el suelo mientras la veía caminar hasta un enorme ropero, del cual sacó un baúl. Recordaba como siempre la veía admiración, ya que siempre me pareció hermosa.

    Del baúl sacó unas esposas, un látigo, un cinturón con un pene postizo y un enorme consolador negro de unos 30 centímetros.

    «Me voy a divertir contigo, pendeja. Vas a aprender que mi casa se respeta».

    Me esposó las manos, se puso el cinturón con la pija postiza y me hizo chuparla.

    «Dale, como al stripper. Dale, puta. Hasta el fondo».

    Sentía el miembro de plástico entrar y salir de mi garganta con fuerza, me dolía y me hacía salivar muchísimo.

    Luego me subió a la cama y me puso en cuatro, comenzó a nalguearme mientras repetía los insultos que ya me había dicho.

    Nunca nadie me había llamado «puta, perra, zorra, basura, etc.»; estaba recibiendo todos en esa noche y con golpes incluidos.

    Luego sentí que algo frío comenzaba a penetrarme y al darme vuelta, vi que me estaba metiendo la botella de vodka que tenía cuando me trajo.

    «Encima le das al trago como camionero, pendeja de mierda. A ver si así también te gusta».

    Me metió todo el cuello de la botella, no entraba más.

    La sacó y procedió a penetrarme con el cinturón y la pija de plástico, mientras me abofeteaba, me escupía, me ahorcaba y me seguía insultando.

    En ese momento empecé a gemir bastante, es que ya hacía un largo rato que la situación dejó de parecerme aterradora y comencé a disfrutar muchísimo. Gemía y gemía, veía sus ojos cargados de rabia y ese miedo se transformaba en un placer que no había sentido nunca. Un orgasmo, dos orgasmos, tres orgasmos; perdí la cuenta. Uno tras otro, me temblaban las piernas.

    «Tía, soy una puta de la calle. Corregime. Tratame mal», le dije con la voz temblorosa.

    Ella sonrió y siguió cogiéndome mejor de lo que mi ex alguna vez hubiese siquiera imaginado. En un momento me la saca de adentro y empieza a masturbarme metiéndome los dedos y estimulando con violencia mi punto g. Sentí ganas como de orinar y me dejé llevar. El resultado: un «squirt» digno de una película porno.

    Salía y salía ese líquido, ante mi sorpresa y su risa casi endemoniada.

    «Si puta de mierda ves como te gusta que te maltraten. Sos mía carajo, mira como te tengo puta» gritaba ella a todo pulmón, mientras le regaba la habitación con mis fluidos.

    Me sentía cansada de tantos orgasmos, golpes, ahorcadas y squirts. Vi que ella agarraba el enorme consolador y le ponía lubricante, se acercaba a mi y me acariciaba.

    Me susurró al oído si me gustaba, asentí. Nos besamos apasionadamente. Volvió a ponerme de cuatro, yo no la miré. Pensé que me metería el consolador por la concha o que haría algo con más delicadeza, ya que había pasado de la brutalidad total a la ternura.

    No sé cómo explicar lo que pasó de otra forma: me empaló. Sentí la punta mojada del consolador entrar en mi culo y no pude atinar a decir nada más, porque me lo metió entero de golpe. Me rompió el culo, lo sentía desgarrado.

    Ella se mataba de la risa, mientras volvía a gritarme y escupirme en la cara.

    «Sos mía, puta. Voy a hacerte lo que quiera».

    Me metía y sacaba el consolador del culo, mientras a la vez me penetraba con el cinturón.

    Cuando me desmayé del dolor, creo que siguió por un rato hasta darse cuenta y luego paró. Recobré la consciencia y ya no estaba esposada, pero seguía en su cama. El cuarto estaba vacío. Nuestra ropa estaba tirada en el suelo, aún se veían en la alfombra, los muebles, las sábanas y las paredes las manchas de mi squirt.

    Me di la vuelta y mire a la ventana, ya estaba amaneciendo. Dormité y desperté cuando ella me tiró un vaso de agua fría encima.

    «Dale, putita. A tu casa, fuera de acá. Pero acordate que desde ahora sos mía».

    Antes de que me vaya, me secó la cara y tomó uno de sus labiales; me escribió «PUTA» en la frente. Luego me ordenó que baje. Quise recoger mi ropa, ella dijo que no con la cabeza, me di la vuelta y bajé por las escaleras. Ella me seguía.

    Llegué a la sala y volteé a mirarla, ella se había quedado a mitad de la escalera y desde ahí me dijo «Qué sos?»

    «Una puta», respondí.

    «No, sos MI puta», replicó.

    Y continuó «ahora te vas a ir desnuda por la calle y vas a entrar así a tu casa. Si alguien te pregunta qué pasó, le decis que sus una puta y que te corrigieron y te gustó. Y que lo tuviste bien merecido».

    Asentí y me fui.

    Por suerte no había nadie en la calle y pude caminar las 3 cuadras hasta mi casa sin más problemas que el terrible dolor en el culo que me tenía caminando apenas.

    Todo el mundo dormía en casa cuando entré y fui directo a mi habitación. Me duché y dormí.

    Al día siguiente fue la boda. Cuando vi a mi tía Rebeca fue muy incómodo mirarla en la misa. Luego también fue incomodo mirarla en la fiesta.

    Pasaron un par de días y no fue tan incómodo cuando le escribí desde mi celular, diciendo que era mi mamá y que le escribía desde mi teléfono porque el suyo se había roto y que la invitaba a merendar.

    Ahí si, no fue para nada incómodo cuando la vi entrando a mi casa y yo la esperaba en la sala, arrodillada y con la palabra «PUTA» escrita en la frente.

  • Que maravilla de mujer (capítulo 1)

    Que maravilla de mujer (capítulo 1)

    Escribí este relato después de leer otro de los que se publican en esta página de relatos eróticos, pensé que podía darle un giro más interesante al anterior relato leído, creo que prácticamente no se parecen en nada más que en su base de partida, que por supuesto aquí está narrada de otra manera. Espero que sea del agrado de aquellos que lo lean, si es así me gustaría saber si lo he logrado.

    Capítulo 1.

    Para empezar a contarles este relato debo decir que me llamo Carlos; cuando sucedieron los hechos que voy a narrar yo tenía 20 años y estaba estudiando informática, tengo dos hermanos, el mayor Luis, nacido 10 años antes que yo, y Pedro que me lleva 7 años, todos somos una familia que a falta de mi madre fallecida hace muchos años, entonces vivíamos en Tenerife, porque todos somos naturales de esta tierra, aunque mi hermano mayor Luis estaba más tiempo en Madrid que aquí con nosotros, debido a que trabajaba en esa ciudad desde hace varios años. Mi padre era un empresario hotelero al que le iban muy bien los negocios, teníamos un hotel de cuatro estrellas con 140 habitaciones, por lo que nuestra situación económica en aquellos tiempos era bastante desahogada, en casa para atender nuestras necesidades de cocina y limpieza de la casa teníamos dos mujeres que se ocupaban de todos esos quehaceres domésticos, y a mi padre solo le veíamos cuando al final del día llegaba a casa para cenar.

    La historia que os cuento comienza cuando mi hermano mayor Carlos que estaba trabajando en Madrid desde hacía tres años, vino a pasar las vacaciones con nosotros en el mes de agosto, como hacía hasta ahora todos los años, pero en esta ocasión nos dio la gran sorpresa, porque vino acompañado de una preciosidad de mujer que nos presentó como su novia.

    Cuando nos la presentó nos dejó a todos alucinados con el bellezón tan tremendo de mujer que vimos, Luis dijo que se llamaba Eva y que ya estaban pensando en casarse. Yo no había visto en mis 20 años mujer tan sensual y tan bella como Eva, cuando la contemplé me quedé hipnotizado mirándola, venia vestida con unos leggins muy ajustados en el que se le marcaban hasta la hendidura de su chochito, llevaba una camiseta de hombreras que dejaba buena parte de unos pechos bien grandes asomando por su escote, recuerdo que tuve una erección que no pude evitar cuando al besarme ella me rozó con ellos.

    En ese momento, perdí la noción del tiempo mirándola, vi que era preciosa de cara, con unos ojos verdes almendrados que el mirarlos me hipnotizaban, sus grandes pechos se le marcaban perfectos en su forma a través de la camiseta, y ella los dejaba balancearse cada vez que se movía porque se notaba por esto y porque se le marcaban los pezones, que no llevaba sujetador. Su pelo era una larga melena que le llegaba casi hasta su cintura, y acentuaba la perfección de su figura una cintura estrecha que le hacía resaltar más el ancho de sus caderas, y para acentuar esa belleza erótica poseía un culo perfecto en su forma y más bien respingón.

    Además, lo tenía todo la jodìa, porque era simpática y agradable a mas no poder, y tenía una sonrisa contagiosa en su expresión que la hacía doblemente bella, esa sonrisa acompañada de su belleza me hizo quedarme prendado inmediatamente de ella.

    Desde el primer momento en que la vi envidié a mi hermano por ser el amante de tamaño monumento de mujer, ya que, aunque esté mal decirlo y pensarlo, desde el primer día deseé tenerla desnuda entre mis brazos. Cuando Eva vino darme dos besos, creo que pude ser un poco descortés con ella, porque me quedé casi sin palabras, la verdad es que yo estaba en ese momento bajo el impacto brutal de verme frente a una belleza de mujer, como yo no había visto nunca.

    Si a todos nos sorprendió la noticia de su noviazgo y que nos comunicara que ya tenían previsto casarse en el mes de octubre, más aún nos sorprendió saber que él era dueño de una empresa de publicidad en Madrid, con más de 30 empleados, que Eva era modelo fotográfico y como es lógico estaba muy demandada profesionalmente.

    MI hermano nos dijo que como siempre hacía, se quedarían todo el mes en la isla con nosotros, pero que por sus asuntos de su trabajo él tendría que seguir haciendo viajes cortos a Madrid de vez en cuando, y contándonos esto, a mí me encomendó que cuando él no pudiera estar presente le enseñara a Eva las maravillas que teníamos en Tenerife, y que cuidara que en esos días ella tuviera una estancia agradable.

    Esto me lo dijo delante de Eva que vi que me sonreía y se mostraba contenta con el encargo de mi hermano.

    –¿Así que tú vas a ser mi nuevo hermanito? ¡!Me encanta!! Ya verás, nos llevaremos muy bien.

    Y me dio un abrazo y dos besos que hizo que yo notara otra vez sus pechos apretándome, cosa que al instante sentí que me provocaban otra vez, una erección involuntaria que traté de disimular lo mejor que pude.

    –¡!Claro Eva te cuidaré lo mejor que sepa!! Si mi hermano tiene que irse, te prometo que te lo pasaras muy bien con nosotros.

    Y mi hermano me dijo:

    –Mira el primer día que yo me tenga que ir, llévala a esa calita que tú y yo conocemos ¿vale?

    –Claro eso está hecho.

    En una semana no aparecieron por casa durante el día nada más que para venir a cenar, en esos días, después de la cena, yo aprovechaba para conversar en el salón con mi futura cuñada, hablándole sobre las cosas tan maravillosas que teníamos en la isla, luego hablando sobre nosotros, ella me comentó que mi hermano había tenido un golpe de suerte en su profesión con un par de campañas publicitarias, que esos trabajos le habían encumbrado de tal manera, que en menos de un año había conseguido fundar una empresa, y que hasta ahora le iba muy bien porque cada vez tenían más clientes.

    Luego cuando le pregunté a Eva por su profesión, y me explicó que era modelo de lencería y de cosmética, fue entonces cuando me dijo que ella tenía 22 años, y me enseñó un book que llevaba de sus fotos, en las que en todas ellas a ella se la veía tremendamente sensual.

    Los dos congeniamos enseguida y descubrimos en nuestras conversaciones, que los dos teníamos aficiones muy afines. La verdad es a mí el tiempo se me hacía muy corto con Eva cada vez que conversábamos, siempre después de cenar mi hermano se retiraba a ver la tv. Eva y yo nos quedábamos en la mesa charlando todas las noches, porque ambos siempre teníamos temas de conversación sobre los que sentíamos interés, y la verdad es que nos lo pasábamos genial contándonos cosas sobre cualquier tema que nos surgía hablar.

    Pero yo seguía sufriendo cuando Eva estaba a mi lado por lo buenorra que está, viéndola tan cerca, cada vez que ella coqueteaba conmigo y me dedicaba una de sus sonrisas, ya me ponía muy alterado, sobre todo ella me ponía a cien cuando nos sentábamos en el sofá del salón conversando agradablemente, y de vez en cuando hacia algún movimiento, o ponía alguna postura que hacía que su ropa se abriera un poco más mostrándome un poco más de piel, o en otras ocasiones cuando paseaba por la casa con tan solo una camiseta muy corta y un tanga por única vestimenta.

    Entonces yo podía admirar la belleza de sus piernas y de sus pechos y me daba cuenta de que sus pezones estaban casi siempre muy puntiagudos, como si estuviera excitada siempre que yo estaba mirándola, y a mí eso ya me ponía que ni os cuento.

    Llego un momento en que yo ya no me molestaba en disimular y cuando la tenía enfrente de mi tan cerca, la miraba directamente a sus tetas, cosa que observé que le parecía agradar, entonces ya me ponía muy violento sintiendo que me estaba empalmando, trataba de que nadie y por supuesto tampoco ella, se dieran cuenta de mis erecciones; por eso trataba de tranquilizarme y de no mirárselas, pero no sé si en alguna ocasión pude disimular lo alterado que ella me ponía, yo me daba cuenta de que mi corazón latía más deprisa al verla sus pechos y su cara tan bonita estando tan cerca de mí.

    En la primera ocasión que mi hermano tuvo que hacer un viaje por un par de días a Madrid, me recordó el favor que me había pedido de cuidar que Eva no se aburriera.

    Yo había pedido dos días libres en mi trabajo para poder dedicarme a esta misión por entero, así que Eva y yo planeamos como aprovechar esos días para mostrarle las maravillas de Tenerife, y decidimos que, en el primer día, daríamos una vuelta por las calles más típicas de la ciudad, y para eso, quedamos en salir de casa en las primeras horas de la mañana.

    Y cuando la vi salir de su dormitorio para empezar ese paseo, vi que seguía vistiendo provocativamente, que en esta ocasión eligió una blusa de blonda blanca, muy calada junto a una falda de raso de color crema que le llegaba a menos de la mitad del muslo, además calzaba unos zapatos de altísimo tacón, de por lo menos 10 centímetros y del mismo color, y… ¡¡No se puso sujetador!! sus tetas y sus pezones se entreveían a través del calado de su blusa y hacía más excitante la visión de su delantera.

    Empezamos el recorrido por las calles del lugar, ella iba cogida de mi brazo, y yo observaba que su cuerpo al pasar levantaba miradas, y hasta me di cuenta de que más de uno se daba la vuelta para quedársele mirando, y así comenzamos nuestro paseo llegando hasta el puerto y visitando la piscina natural del Complejo de Lago Martiánez.

    Le estuve explicando el funcionamiento de esas piscinas naturales y haciendo un recorrido por entre las diferentes isletas que lo componen. Ambos caminábamos unidos del brazo o de la mano como una pareja de novios, charlando en todo momento y riéndonos los dos por cualquier tontería.

    Yo no podía evitar el que mi aparato estuviese en posición en todo momento, y sobre todo ahora me sentía más excitado yendo ella y yo caminando tan juntos, en la calle íbamos cogidos del brazo pegando Eva sus caderas a mí, propiciando así el roce frecuentemente con sus muslos y que sus enhiestos melones fuesen notados por mí con su roce continuo, y yo veía que algunos hombres la miraban hasta con deseo, y ella, que yo sabía que no tiene un pelo de tonta, se daba cuenta, y me sonreía con un gesto de complicidad, en un momento en el que ambos estábamos parados contemplando un paisaje, Eva con una sonrisa cautivadora, me echó su brazo por encima de mis hombros y atrayéndome cariñosamente hacia ella, me besó en mi mejilla con un sonoro beso diciéndome:

    –Qué suerte que tengo de tener un cuñado tan guapo.

    –Perdona cielo, la guapa y preciosa eres tú.

    –Y tú también eres muy guapo cuñado, y te digo que te quiero mucho más de lo que tú crees.

    Hablando y paseando nos paramos delante del escaparate de una tienda de modas, y Eva se decidió a que entráramos, y una vez dentro estuvo escogiendo ropa interior y ropa de dormir, la vi como escogía un tanga de tamaño mínimo, de color rojo, y luego después de ver varios más, escogió un babydoll muy transparente y dijo de ir a probárselo y que yo la acompañara.

    Entró en el probador y yo me quedé lógicamente fuera, pero observé que ella no había cerrado totalmente la cortinilla, por lo que yo podía verla si no totalmente, al menos bastante bien desde donde yo estaba.

    Miré con disimulo que alguien no me viera fisgando, y vi cómo se quitaba la ropa quedándose con unas braguitas blancas muy pequeñas, extremadamente pequeñas para agrado mío, porque por detrás esas braguitas, eran tan solo un pequeño triangulito que desaparecía entre sus glúteos, y entonces pude admirar por vez primera la belleza de unos pechos perfectos en tamaño y forma, muy erectos y con areolas pequeñas en los que sobresalían unos pezones puntiagudos que me dejaron hipnotizado. Cogió la prenda y se embutió por su cabeza ese babydoll, después de contemplarse en el espejo y hacer unos cuantos giros viendo como le quedaba, Eva abrió un poco más esa cortinilla, se volvió hacía mi mirándome con una sonrisa cautivadora y me pregunto:

    –¿Qué te parece, te gusta?

    Fue como verla casi desnuda porque podía ver con la transparencia de la prenda su sensual cuerpo casi desnudo, tan solo tapado por esas braguitas tan pequeñas, tuve que tragar saliva para poder contestarla con la mayor naturalidad que en ese instante pude tener:

    –Estas sensacional Eva, mi hermano va a disfrutar cuando te pueda ver con ese babydoll tan atrevido.

    –¿A ti te gusto?

    La pregunta echa tan directamente me dejó un instante parado, sin saber que decirla, hasta que disimulando lo mejor que pude la dije:

    –Joderr, claro que me gustas estas tremenda de buena así, cuñada.

    –Gracias cielo me lo voy a llevar.

    Y al salir de la tienda Eva me besó fugazmente en los labios dedicándome una de sus sonrisas más sugestivas diciéndome:

    –Tú también me gustas mucho Carlos y estoy muy contenta de poder estar a tu lado.

    Sobre las 10 de la noche regresamos a la casa e inmediatamente dijo que íbamos a cenar, pero me sugirió que ambos nos pusiéramos cómodos, que, si me parecía bien, podía ponerme en pijama ya que no íbamos ya a salir. Así lo hice, y cumpliendo sus deseos me quité mi calzoncillo y me enfundé uno de mis pijamas, todo lleno de nervios pensando en si ella sería capaz de ponerse esa prenda que había comprado o alguna otra prenda por el estilo, cuando la vi en el salón no llevaba eso, sino una camisola bastante transparente sin abotonar por la que yo podía seguir admirando esos pechos tan bonitos que tiene, la camisola apenas le tapaba sus muslos, y claro para mi agrado podía seguir contemplándola casi desnuda.

    Ya no me extrañó la reacción que sentí dentro de mí pijama, y es que esta vez estaba más que justificada.

    Estuvimos conversando mucho tiempo esa noche, y yo apenas podía dejar de mirar sus pechos haciéndome ella perder el hilo de la conversación en muchas ocasiones con sus posturas, parecía como que lo hacía de manera descarada para mostrarme cada vez que se movía la oscilación de sus tetas mientras hablábamos, y mientras ella me hablaba yo estaba sintiendo el deseo de cogérselas entre mis manos y magreárselas.

    Al final cuando ella y yo decidimos retirarnos a descansar ya era bastante tarde, cerca de la una de la madrugada según vi por mi reloj, y quedamos en llamarla yo a su habitación cuando yo estuviera listo al día siguiente, para irnos a darnos un baño a esa calita de la que tanto habíamos hablado, la misma que mi hermano me había aconsejado, y al despedirnos para ir a la cama, me pareció que ella coqueteaba conmigo, y yo ya llevaba una soberana erección.

    Al ponernos de pie Eva me miró el bulto en mi pantalón y sonriéndome de manera burlona, me abrazó pegándose a mi cuerpo al tiempo que sus labios se encontraban con mi boca en un suave beso, y ella tuvo que notar claramente como mi dureza la oprimía entre sus piernas.

    –Te quiero mucho Carlos eres un amor.

    –Y yo también te quiero Eva, además te repito que me gustas mucho.

    –Y tú a mi cuñado, pero dime pillín… ¿Tú quieres mucho a tu cuñada o deseas a Eva?

    – Yo prefiero Eva que te quedes solo con que te quiero, que es verdad.

    Al día siguiente nada más terminar el desayuno, Eva se cambió rápido, y enseguida cogimos mi coche para irnos a esa pequeña playa que yo conozco que es muy solitaria, porque la conocía muy poca gente, cuando llegamos, vimos que solo había dos parejas, y las dos a más de 70 metros de nosotros, tendimos las toallas en la arena entre dos pequeños montículos con algunas matas de cañizo, donde podíamos quedar fuera de la vista de las otras parejas cuando estuviéramos tumbados.

    Cuando nos quitamos la ropa, yo me quedé alucinado cuando vi que Eva se quitaba el bikini quedándose totalmente desnuda a mi lado, me quedé petrificado cuando le vi ese cuerpo tan sensualmente bello, esa vulva preciosa y esas tetas tan perfectas con unos pezones que apuntaban hacia arriba de forma desafiante a la gravedad, al instante noté un soberano empalme y no supe que hacer para disimularlo, me puse doblado intentando que no me viera la tremenda tienda de campaña en mi bañador, pero ella enseguida se dio cuenta.

    –Jajaja ya te la he puesto dura cuñadito jajaja, venga cielo no pasa nada quítate el bañador que yo no te miro.

    Ya no tuve escapatoria y me lo tuve que quitar, y vi como mi polla saltó derecha y tiesa como un palo, la miré para ver que hacía, y la sorprendí mirándome de reojo y de pronto ella al ver mi turbación soltó una carcajada.

    –Jajaja, Joderrr cuñado que cipotón tienes cariño, perdona ya no te digo nada jajaja, perdona, perdona cariño es que no he podido aguantarme.

    –No si ya da igual, ya me has visto, pero es que yo no me esperaba ver que tú te ibas a desnudar del todo, por eso me he empalmado.

    –¿Y tanto te gusta lo que ves?, bueno que pregunta tan tonta jajaja, no pasa nada cielo, bueno, si tu estas violento me pongo el bikini.

    –Nooo, joderr si es que estas buenísima Eva, no es necesario que hagas nada, no te preocupes por mí.

    Y creo que en mi forma de decírselo ella entendió clarito que en realidad lo que quería es que no se tapara nada. Y ya me atreví a mirarla más claramente, y me fijé en su pubis y en los labios de su vulva que estaban muy cerraditos y eran perfectos como los de un bebé sin el más pequeño pelito, pero por donde sobresalía el botoncito de su clítoris.

    –Oye tú también estas muy bien cuñado, tú también me gustas mucho, y además tampoco me esperaba ver que estas tan bien dotado jodio, jajaja. Joderrr que cipote te gastas machote.

    –No te rías de mí, so víbora.

    –¿De verdad que yo te gusto tanto Carlos?

    No la quise contestar, pero yo me sentí hinchado de orgullo al oír lo que me decía sobre el tamaño de mi polla, y ahora ya estaba un poco más relajado por sus comentarios, pero como vi que mi erección no bajaba le sugerí ir a bañarnos ya mismo.

    –Venga, ¿nos vamos ya al agua?

    –Vale Superman, aunque solo sea para que se te baje eso jajaja.

    Y tal como estábamos sin ponernos el bañador fuimos a bañarnos.

    Cuando estábamos en el agua, empezamos a jugar y acabamos entre risas y juegos por darnos bromas y aguadillas, luego ella se subía en mi espalda para saltar desde mis hombros, y yo sentía sobre mí el roce de sus tetas preciosas, y yo ya sentía el morbo del deseo y al mismo tiempo me daba corte rozarla con mi erección, al principio, pero llevado de las confianzas que el juego me otorgaba, empecé a rozarle su cuerpo, la cogía de su culo para lanzarla al agua, le tocaba sus tetas disimuladamente, y hasta llegué a rozarla varias veces en su culo con mi dureza, ella no se quedó corta y metidos en el juego, creo que en venganza, me hacía lo mismo frotando su culo contra mi pene mientras se reía provocándome, mi barrote no tardó nada en ponérseme aún más duro, hasta el punto de que ya notaba un señor calentón de huevos.

    En un momento del juego me miró y echándome sus brazos al cuello me acercó su boca, me miró a los ojos y me dio un piquito en los labios diciéndome:

    –No te preocupes cielo que eso que te pasa es lo normal en un hombre.

    Yo quise abrazarla aprovechando su gesto, pero ella se retiró al instante de mi lado, y no quise preguntarla si es que estaba acostumbrada a verlo porque me pareció una grosería, pero me dejó mosqueado tanta naturalidad en ella, y en ese instante por sus palabras, decidí rozarla con mi erección con más atrevimiento.

    En un momento de nuestro juego, una ola le hizo perder el equilibrio, la vi trastabillar tratando de no caerse, yo la enlacé por la cintura y arriesgándome de forma atrevida, la abracé por detrás cogiéndola un pecho con mi mano como queriendo sujetarla, pero lo hice además apretándome contra su culo y poniéndole mi erección contra sus piernas, ella se quedó quieta sin hacer nada por querer escapar de mi presa durante unos segundos, y luego volvió su cara para mirarme cuando sintió mi rabo queriendo meterse entre sus muslos, y lo que hizo fue apretarlos dejándome aprisionado mi barrote mientras se reía burlonamente.

    –Donde vasss, bribón, quieto ahii. –Me dijo riéndose.

    Pero como Eva no hizo nada por rehuir mi contacto, entonces empecé a mover mi erección con fuerza, como queriendo escapar de su presa, y enseguida conseguí entrársela mejor y moverla despacito por entre sus muslos, pensé que de un momento a otro ella se iba a revolver enfadada para pegarme un tortazo por mi atrevimiento, pero en vez de eso, volvió su cara, me miró a los ojos y me dio un beso en los labios corto pero sensual, que me supo a sexo descarado.

    Entonces ella hizo como que trataba de escaparse sin hacer mucha fuerza, y yo ya envalentonado, la sujete tratando de que no se escapara de mis brazos y cuando ella se quedó quieta un momento, continué apretando mi vientre contra los globos de su culo, haciendo resbalar mi barrote y sintiendo que ya lo estaba haciendo cerca de los labios de su vulva, en esos momentos me pareció ver que ella se estaba excitando porque apoyó su cabeza en mi hombro y la vi cerrar sus ojos durante unos segundos, entonces intenté buscar con la punta de mi dureza la entrada de su vagina, pero de pronto Eva se soltó de mí, y se fue corriendo hasta la toalla.

    Yo la seguí, y vi que, al llegar, ella se tendió en la toalla boca arriba con las piernas semiabiertas mostrándome su vagina mientras me miraba a los ojos, me pareció como que estaba ofreciéndoseme, y me tendí a su lado en la misma toalla poniendo una pierna entre las suyas y mi brazo por debajo de su cabeza, y decidido acerqué mi boca a sus labios y la besé en ellos con deseo.

    Eva correspondió a mi beso de forma sensual, y sentí que su mano me tocaba mi barrote y me hacía unos breves movimientos de masturbación, entonces me subí encima de su cuerpo dejando mi erecta dureza aprisionada entre nuestros vientres, busqué su boca otra vez y la besé buscando con mi lengua que ella me diera paso entre sus labios, al mismo tiempo yo deslizaba con suavidad mi polla arriba y abajo buscando llegar hasta su grieta, cuando note que estaba entre los pliegues de su vulva, continué allí resbalándola intentando buscar paso suavemente, enseguida noté como los labios de su vulva se me abrían canalizando mis movimientos, y ya deslizándome entre ellos, busqué su entrada del amor, vi que ella cerraba sus ojos en un gesto de placer, y al instante me abría sus piernas acogiéndome entre ellas dándome paso libre a mi ariete.

    En ese instante sentí como empezaba a penetrarla, noté el calor y la suavidad de su interior, hice varios movimientos para entrar y salir rozándome en sus paredes, y al darme cuenta que ella subía su pelvis para venir a mi encuentro en cada uno, empujé para metérsela toda, y Eva dejó escapar un gemido junto a mi oído.

    –Aaaah nooo, nooo.

    Pero su cuerpo decía todo lo contrario, me decía que sí, y yo sentía como ella me recibía empujando y abriéndome sus muslos, y lo hacía moviendo al mismo tiempo su vientre entre pequeños estremecimientos.

    Yo empecé a moverme entrando y saliendo de un coño, que sentía suave y ardiente y que notaba como me recibía en cada penetración hambriento de polla.

    Y empujé con más fuerza clavándosela hasta el final, notando que tenía mi polla totalmente enterrada hasta mi raíz dentro de ese delicioso coño, y ya comencé a moverme entrando y saliendo de ella clavándosela hasta el fondo en cada acometida, y mirándola a los ojos vi que Eva cerraba los suyos poniendo en su cara un claro gesto de placer.

    –Aaaah que chocho tan ricoo. –Dije sin pensarlo.

    De pronto abrió sus ojos mirándome fijamente como asustada, se puso muy seria, me echó a un lado sacándose mi intruso de su interior y dijo:

    –Vámonos ya, que, si no… no se te va a quitar ese problema que tienes.

    –No si es que ya tengo hasta dolor de huevos.

    –Tú te lo has buscado, desahógate en casa haciéndote una paja. –Y diciendo esto vi como ella se vestía apresuradamente.

    Yo me vestí lo más rápido que pude y salí detrás de Eva que vi que no me esperaba, al llegar a su altura le pregunté que le pasaba, pero no obtuve respuesta de ella, y así en silencio llegamos a casa y cada uno se fue a su habitación.

    Continuará.

  • Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (5)

    Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también (5)

    Hola a todos soy Lore la mami incestuosa de nuevo, hoy voy a contar mi última experiencia con mi hijo y mi sobrina, nuevamente agradezco muchísimo que publiquen mis relatos y muchas gracias a todos los que los leen sin más demora comienzo.

    Como sabrán los que hace tiempo leen mis relatos mantengo una relación incestuosa con mi hijo Lucas a la cual también hemos sumado a mi sobrina Ludmila, hace pocos días concretamos un nuevo encuentro, ella práctica hockey deporte que le permite verse muy bien sobre todo en sus piernas y culo, llego un sábado y fui a verla jugar, ya teníamos acordado que luego del partido iría conmigo a casa a quedarse a dormir y el domingo iríamos juntas a votar ya que hubo elecciones en Argentina y sería su primera vez votando.

    Luego del partido esperé que se cambiara y salimos juntas a comprar unas cosas y luego nos dirigimos a mi casa, Lucas no sabía que ella iría así que era una sorpresa el hecho que esa noche seguro saldría un encuentro caliente ya ponía mi raja caliente.

    Llegamos y Lucas estaba en casa había llegado hace poco ya que él había trabajado y vaya su grata sorpresa al ver a su prima se dieron un abrazo grande y se notaba a ambos gustosos de verse, nos ayudó a acomodar las cosas que habíamos traído y nos pusimos a cocinar algo rico entre los tres, charlamos y bromeamos bastante tenemos mucho trato especial aparte de los sexual también hay una conexión muy fuerte entre los tres, Ludmila es mi ahijada también y cuando se encuentra en casa ella me llama Ma o Mami cosa que me genera mucho gusto.

    Luego de la cena y de hablar muchísimo yo me dirigí a mi habitación y detrás mío Ludmila mientras Lucas se daba una ducha, yo me acosté con una camiseta larga y sin ropa interior solo debajo y detrás mío antes Ludmi con un short diminuto casi como una bombacha y una camiseta igual de pequeña, «Que miras Ma», me pregunta » Una película cielo, veni acostate que ya tu primo termina y viene junto a nosotras «, mi princesita se recostó a mi lado a ver el film y en unos minutos entre Lucas bañadito con un rico perfume en bóxer solamente, se acuesta y bromeando dice «A ver hagan lugar» y se acuesta, se notaba su paquete ya duro bajo ese bóxer elastizado que le quedaba hermoso.

    Mi sobrina había quedado en medio de los y sus piernas estaban medias enredadas con las mías, Lucas haciéndose el tonto le mete una mano bajo su camiseta a su prima tocando sus pechos «Ayyy Lu sos inquieto ehhh» le dijo ella con una sonrisa cómplice gustosa de que su primo la toque, Lucas metió más mano y ya directamente masajeaba los pechos de su prima que empezaba a suspirar mientras él le daba lamidas, besos y chupones por su cuello y oreja llegando a la boca de ella y comiéndosela en cuanto le dio una oportunidad.

    Lucas guio mi mano a la entrepierna de Ludmi y yo empecé a sobar la conchita de ella mientras solita separaba sus piernas cediendo ante mis manos, Lucas ya le quitaba su camiseta y directamente abajo no tenía corpiño, sus pechos quedaron listos para ser chupados por mi boca, Lucas metió sus manos por debajo del short apretando ese culo firme producto de tantas horas de deporte, yo ya metía mis dedos en su raja húmeda, ella se retorcía mientras nosotros dos no dejábamos de manosearla toda yo me quité mi camiseta y Lucas se quitó el bóxer dejando saltar su verga ya dura y la arrimó a la boca de Ludmi que recibió enseguida el biberón.

    Lucas le introducía su chorizo en la boca y yo terminaba de bajar la tanga de mi sobrina e iniciaba con mi boca una rica chupada de concha, Ludmi quería gemir pero Lucas se lo impedía con su verga, mi boca mi lengua y mis dedos se hacían un festín con esa raja que ya largaba juguito y un perfume delicioso, Lucas empujaba más su poronga dentro de la boca de Ludmi sin dejarla respirar casi atorándola de carne.

    Después de un rato así le digo a Lucas que se acueste y yo me saco el corpiño dejando mis tetas al aire, Ludmila sigue mamando la verga y yo me dedico a sus bolas y también chupo el culo de Lucas cosa que últimamente hago seguido y él recibe gustoso, mi hijo jadeaba como loco ante el servicio que ambas les dábamos, estaba en el cielo siendo complacido por las putas de su madre y prima.

    Cuando su pija estuvo bien babeada era hora de meterla, yo me quité la tanga que era lo último que me quedaba, Lucas colocó en 4 a Ludmi y le metió verga por la concha, ella empezó a gozar y gemir como perra, yo me abrí de piernas ante la cara de ella y con cada embestida Lucas hacia llegar la boca de ella directo a mi concha y no tenía alternativa a chupar mi concha «Daleee putita chupa la concha de mami dale asiii» le ordenaba a Ludmi y ella gustosa obedecía y yo recibía la lengua de mi sobrina.

    Yo tomé la cabeza de Ludmi y la hundía en mi concha mientras oía el golpeteo de las bolas de Lucas contra el culo de ella, era algo increíble que placer que delirio de los tres dándonos placer, Lucas daba unos gemidos que se estaba volviendo loco mientras le bombeaba más y más a Ludmi.

    Sacó la verga y puso a Ludmi de costado y le abrió las nalgas para metérsela en la cola, ella dio un pequeño grito «Ay Luqui ayyy» cuando le metió la cabeza de su pijota en su agujero trasero y empezó el bombeo anal, yo saque mi juguetito y arrimándome bien de frente a ella se lo metí en la concha para que gozara por ambos hoyos, ella daba unos gemidos increíbles y yo los ahogue comiéndole la boca luego me dirigí a sus pechos que eran una piedra a esa altura.

    Lucas me hizo quitar el juguete para volver a cogerla por la concha, yo bajé a chupar acompañando sus metidas dando doble placer a esa raja que era un manantial de jugos, por momentos salía la verga yo daba unas chupadas y volvía a meterla.

    Lucas sacó el chorizo y me dice «Abrite ma que te cojo a vos» y yo obedecí al macho que sin demoras ya estaba dentro mío metiendo duro y le dice a ella «Ludmi sentate en la cara de mami así chupa» y mi princesa puso su raja en mi boca, ahora era yo quien recibía toda la atención, Lucas me cogia como loco así lo hace cuando está bien caliente, Ludmi gemía mucho con mis chupadas, después de unos minutos así nos colocamos en 4 ambas y ahí nos cogia por un minuto a mi y luego a ella.

    A Ludmi le empezó a meter y se siente un gemido bárbaro de ella y Lucas siente que ella se corre «Ay acabaste putita ayyy» y se la saca para agarrarme a mi y empezar a cogerme como loco yo estaba que llegaba y no pude más y tuve un orgasmo que me moría y Lucas seguía metiendo hasta luego de que me hiciera acabar me descargó su leche bien adentro, que placer por favor una cogida de novela nos dimos, a los tres nos faltaba el aliento, quedamos por unos minutos recuperándonos.

    Esa noche no quedó ahí y lo hicimos de nuevo, dormimos como unos ángeles luego de aliviar nuestra calentura, a la mañana siguiente juntas fuimos a votar y luego a dar una vuelta, volvimos a casa y esa noche Ludmi se quedó nuevamente en casa y obviamente repetimos lo anterior, Lucas esta vez nos cogió en el sofá y a mi sobrina la agarró hasta de parado, fue un fin de semana increíble de los mejores que hemos disfrutado.

    Ojalá les haya gustado este nuevo relato, como siempre les agradezco muchísimo a todos por los mensajes y comentarios les repito que son muy importantes para mi, les dejo mi correo para todos aquellos que quieran compartir historias y vivencias [email protected].

    De nuevo muchísimas gracias a todos y les envío un beso gigante.

  • Mi mejor polvo

    Mi mejor polvo

    Yo soy un hombre heterosexual y siempre me voy a considerar así, sin embargo, he mantenido relaciones sexuales con un amigo mío. Sucede que como hombre no me puedo resistir a ciertas cosas que a mi me encantan y a las cuales no les puedo decir que no.

    Yo tengo un amigo gay que gustaba mucho de mi y que para tratar de conquistarme me decía cosas bastante subidas de tono. Entre las cosas que me decía había una que a mi en cierto modo me calentaba mucho. A mi me encanta que las mujeres me practiquen sexo oral, me fascina que me la chupen y el todo el tiempo me decía que quería chupármela. Entonces ocurrió que un día le dije que si y les puedo asegurar que fue la mejor mamada de la historia.

    Él como loquita me la devoró por completo, era como una putita en celo con mi poronga en su mano, me la succionó tanto que hasta el alma mía se tragó. Estaba tan trola aquel día que la bofeteaba con mi poronga en la cara una y otra vez para que se calmase pero él no lo hacía. Entonces por ser muy puta le agarré fuertemente de su cabeza y se la metí por completo durante varios segundos. Fue tan rico esto para mi que realicé un tremendo gemido que retumbó por todo mi departamento.

    Al sacar todo mi miembro de su boca me la encontré toda mojada y pegajosa por culpa de su saliva, estaba asquerosa y eso a él no le importó. Volvió agarrar mi poronga con su mano y nuevamente se la llevó a la boca. Entonces el muy hijo de puta me hizo gozar de placer con su lengua como nunca en mi vida. La sabía usar perfectamente, era una maravilla como me lamía la cabeza de la poronga.

    Él para que yo le acabe en la boca me masturbó tan fuerte con sus manos que fue como una explosión de leche cuando me vine, no solo acabé en su boca sino que también le manché toda la cara con semen. A partir de este día él se convirtió en mi puta secreta, nadie sabía que él me tiraba la goma y no quería que nadie lo supiera porque como les dije al principio no me considero homosexual. Entonces él cada vez que venía a mi departamento me la chupaba hasta sacarme la última gota de leche, se hizo adicto a mi poronga y yo a sus mamadas.

    Una noche mientras me chupaba la pija me preguntó si yo tenía ganas de «hacerle la colita» a lo que le respondí que si. Entonces ambos fuimos a nuestra habitación, ambos nos desnudamos por completo y él como toda una puta se colocó en 4 patas sin antes chupármela para dejármela lubricadita. El inicio de la garchada fue raro ya por el solo hecho de que me estaba cogiendo a un hombre, pero cuando mi pija se acomodó a su culo y empecé a embestirlo más fuerte él comenzó a gritar como si fuese una mujer y eso me hizo sentir como en casa.

    Me excité tanto que pensé que estaba con una mujer, entonces le cacheteaba el orto, me agarraba de su cabeza para embestirlo más fuerte, le decía todo tipo de groserías y para mi sorpresa me encantó agarrar su pene mientras me lo cogía en posición de perrito.

    Luego llegó el turno de que se sentara arriba de mi poronga y lo hizo primero de frente a mi y luego de espalda y terribles sentones realizaba el hijo de puta, mi pija desaparecía dentro de su culo cada vez que caía sobre mi, era muy excitante ver aquello. Después de esto volvimos a coger en posición de perrito pero esta segunda vez fue muy distinta ya que ahora yo me encontraba subido en la cama junto con él y no parado afuera. Lo que quiero decir con esto es que literalmente me monté encima de él como si fuese un verdadero perro, hice que apoye su cabeza contra el colchón y me lo cogí tan fuerte que no me detuve cuando tuve el orgasmo así que le llené el culo de leche.

    Esa noche es recordada por mi porque fue nuestro mejor polvo ya que fue el primero de los tantos que hubo después y quiero terminar diciendo que no importa si es hombre o mujer, lo importante es disfrutar y yo disfruto cogerme a mujeres como también disfruto cogerme a mi amigo.