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  • Mientras estoy de viaje, mi mujer goza

    Mientras estoy de viaje, mi mujer goza

    Mi matrimonio con Rudy ha estado lleno de muchas experiencias que he decido contar a través de relatos que se quedan conmigo y tú, quien me sigues y compartimos el morbo de estas experiencias abiertas.

    Esta vez voy a escribir lo que Rudy me relató en la noche cuando ya regresé de mi viaje de trabajo.

    Para comenzar… tuve un viaje de negocios a la ciudad de Quito y me ausenté tres días. Mi esposita me fue a dejar en el aeropuerto y de allí no supe de ella hasta cuando me recogió a mi regreso. Rudy me dijo que se había ido al supermercado a realizar unas compras y que se había encontrado con su amiga de faenas Fernanda.

    Desde ahora voy a relatar como si fuese Rudy.

    Me encontré con Fer en el super y me dijo que me invitaba a comer en su casa en la noche. Nos pusimos de acuerdo que llegaría a eso de las seis de la tarde. Más tarde hablé con tus padres y acordamos que se quedarían con nuestros hijos ya que se encuentran de vacaciones.

    Tomé una ducha a eso de las 5 pm y me vestí con una falda y blusa, cabello recogido y tacones. Salí tome el carro y me dirigí a la casa de Fer, al llegar toque el timbre y me recibió Miguel con un beso en la mejilla… nada fuera de lo normal.

    Entramos y mi amiga estaba en la cocina… luego de unos instantes cenamos y conversábamos de trabajo, política y aspectos familiares. Miguel destapó un par de botellas de vino y empezamos a platicar más a fondo temas eróticos de cada pareja. Me contaban como hacían el amor, posiciones y demás cosas. Fuimos a la sala y yo ya estaba un poco mareada por el vino. En un momento Miguel me dice: te contó tu marido como hicimos un trio con mi Fer? Yo respondí que no supe de ello y que nuestra relación es liberal y que disfrutábamos de nuestros encuentros con otras parejas, pero que no me había platicado nada al respecto.

    Miguel se levantó y fue al baño… En esas Fernanda me dice que quería bailar y así lo hicimos. Bailamos durante un momento y luego ella empezó a besarme y a tocarme las nalgas…seguido empezó a sacarse la ropa y empezó a acariciarse las tetas. En eso siento un falo atrás mío y empiezan a besarme el cuello; era Miguel totalmente desnudo quien me apretaba con su verga. Empecé un beso fuerte con Naty mientras su marido me sacaba el calzonario, la blusa y finalmente el brasier quedando con la falda y los tacones.

    Miguel nos hizo arrodillar y nos obligó a mamarle el pene. Su miembro era de unos 15 cm aproximadamente pero la cabeza era desproporcionadamente grande. Mis labios y los de mi amiga se unían en el contacto con el cuerpo erecto del mástil de su marido.

    Seguido de eso me tomó del brazo y me dijo que quiere penetrarme… Fer se acostó en el sofá y empecé a mamarle la chepa, subí hasta las tetas y a sus labios… su marido me acomodo de a perrito situándose atrás mío. El hijueputa me abrió las nalgas y empezó a clavarme lentamente… Pude sentir como su glande iba abriendo mis paredes vaginales e iba acomodándose hasta el fondo; empezó a bombear duro mientras me besaba con su mujer.

    Miguel metía su verga en mi vagina, sacaba y se lo metía en la chepa de su mujer. Así cogimos durante un buen rato hasta que Miguel se acostó en el sofá con su verga empinada queriendo más. Fer su mujer se trepó y empezó a cabalgar mientras yo me acerqué y le puse al cerdo mi chepa en su boca para que me mame el clítoris. No tardé ni 2 minutos y empecé a venirme en su boca mientras el puerco estrujaba mi clítoris con su lengua… y se tragaba la mayor cantidad de mis jugos… En ese momento Fer también empezó a terminar mientras subía y bajaba de la verga de su marido.

    Me retiré de la boca de Miguel y me dirigí donde su mujer y empezamos a besarnos y a frotarnos las tetas… ella seguía cabalgando a su marido y abrimos la piernas en una posición que podía sentir su coito. Después de un momento ella se hizo a un lado y Miguel me hizo una señal de que era mi turno. Me subí en su pene y empecé a cabalgarlo duro; el me mamaba las tetas y me cogía de las nalgas sobando de vez en cuando mi ojete. No veía a mi amiga por unos instantes y mientras tanto seguía culeando a su marido… cuando en un momento, aparece ella con un arnés y un pene de silicona… Se puso a un lado y me ofrece para mamarlo… era grande y estaba totalmente lubricado ese trozo muy realista.

    Sabía las intenciones de Fernanda cuando se colocó atrás mío… Apoyo sus piernas y me abrió las nalgas colocando el pene en la entrada de mi ano. Empezó a bombear en mi ojete dilatado y en un momento ya lo tenía adentro lanzando yo un tremendo grito. Este matrimonio cerdo empezó a culearme por los dos huecos; yo terminaba una y otra vez exitada por las embestidas que me daban… hasta que Miguel ya no aguantaba más y empezó a terminar dentro de mi vagina… pude sentir como estallo su semen dentro de mi mientras yo me movía más y mas. Fer sacó el pene de goma de mi culo y me abrió las nalgas para mamar los líquidos de su marido y yo.

    Cuando terminamos, procedí a colocarme la ropa pero antes Miguel me ordenó que me ponga en cuatro y me abra las nalgas… Le pregunté el porqué y me respondió que me iba a marcar… yo reí y le dije que no me haga nada porque a mi marido le molestaría si me daba huellas de golpes o algo en mi cuerpo… Me dice tranquila confía en mí! En efecto me puse en cuatro y le abrí mis nalgas y el muy desgraciado empezó a orinarme en el ojete y toda la cepa del culo hasta la chepa. Esto me excitó mucho porque sentía su orina caliente que me entraba en mi ano dilatado y en el orificio de la chepa. Cuando finalizó, Fer me limpió con su lengua y luego Miguel me escupió en el ojete y me dice ahora puedes ponerte la ropa zorra. Deje de abrirme las nalgas y empecé a cambiarme de ropa. Nos despedimos pero siento que me quedé marcada por ese cerdo para siempre.

    Esto fue la experiencia de Rudy mientras estaba yo fuera de la ciudad. Si quieren más relatos de nosotros, no duden en dejar sus comentarios o escribirnos a: [email protected].

  • Disfrutando de un vecino mirón junto a mi sumiso

    Disfrutando de un vecino mirón junto a mi sumiso

    Este verano ha sido bastante movido, a pesar de que inicialmente los dos queríamos tomarnos nuestra semana en Benalmádena para descansar y disfrutar uno del otro. Y pensándolo bien, es lo que hemos hecho… aunque con matices.

    Los primeros dos o tres días fueron parecidos a los de cualquiera de nuestros veranos. Nos despertábamos a media mañana, follábamos o disfrutaba de ti usándote de mil formas, luego bajábamos a la playa, comíamos en el Maracas, nuestro chiringuito de referencia, y por la tarde solíamos quedarnos en la piscina tomando el sol, charlando y leyendo… para subir al apartamento sobre las 7 o las 8 de la tarde. Ducharnos juntos, follar y disfrutar de ti hasta la madrugada, y a por el día siguiente.

    El miércoles por la mañana me desperté especialmente excitada, sin saber muy bien por qué. Tiré de tu collar que tenía atado a mi muñeca y no te hizo falta nada más para acercarte y empezar a lamer mis pies. Lo hacías exactamente como te había enseñado hacer. Con calma, sin prisas… haciendo que mis sentidos fueran despertándome poco a poco. Estabas lamiendo centímetro a centímetro mis pies, cuando un nuevo tirón de la correa te indicó cuál era tu siguiente movimiento.

    Abrí ligeramente las piernas a modo de invitación y subiendo lentamente lamiendo mis piernas, llegaste a mi coño. Comenzaste a besarlo y acariciarlo despacio, con tu maravillosa lengua, y yo empecé a excitarme cada vez más. Gemía al sentir tu lengua y tus dedos darme placer, y no tardé demasiado tiempo en correrme por primera vez. Fue un orgasmo pausado, calmado… pero muy intenso. Gemí, grité… quizás demasiado, porque en uno de los movimientos que hice en la cama, pude darme cuenta que había un vecino en el balcón fumándose un cigarro y mirando descaradamente.

    “Cariño, nos están viendo. ¿Te importa abrir bien las cortinas y también las ventanas? Vamos a hacerle disfrutar, ¿no te parece?”

    Con un apenas audible “Como desees”, te levantaste e hiciste lo que te ordené. El chico se quedó mirándote y nos saludó con la mano. Yo me reí y te dije que me limpiaras, así que inmediatamente olvidaste al mirón y te dedicaste a limpiar mi corrida con calma y cariño. Besabas mi coño y lo lamías con calma. Yo no dejaba de excitarme y decidí quedarme mirando al vecino, hasta que te dije:

    “Mi amor, trae el strapon con el dildo rosa. Luego colócate con medio cuerpo asomando por la ventana. Voy a follarte para nuestro amigo”

    Obedeciste inmediatamente. Me ayudaste a ponerme el strap y te colocaste en la posición que te había ordenado. Tu culo expuesto para mí es siempre una tentación, de la que no soy capaz de dejar de disfrutar, así que después de escupirte descaradamente en el culo, comencé a follarte. Mientras lo hacía, te preguntaba si te gustaba que te vieran así de puta, siendo follado por mí, y tú, entre jadeos, contestaste:

    “Sí, Ama. Me gusta que sepan que soy tu zorra. Que soy la puta de Laila”

    Yo seguí follándote fuerte, cada vez más excitada. Mirando al vecino, te pedí que ladraras como mi perra hasta que yo te ordenase parar, y comenzaste a hacerlo. Tus ladridos todavía me excitaban más. Te estaba escuchando toda la urbanización, pero no podía dejar de follar tu culito tragón hasta que me corrí en un orgasmo increíble. Después de hacerlo, me tumbé boca arriba en la cama y tú, sin decirte nada, te acercaste a mí, retiraste el strap con el dildo rosa y volviste a limpiar mi corrida durante un buen rato.

    Te agarré del collar y te acerqué a mis labios. Nos besamos apasionadamente y después de hacerlo te pregunté:

    “¿Estás excitada, puta?

    “Sí, Ama. Estoy muy salida. He disfrutado mucho de tus orgasmos y de la humillación que he sentido al ser observado por ese tipo”

    “Mira, cariño… sigue allí, sin inmutarse. ¿Qué te parece si te pones de rodillas mirando a la ventana y te masturbas para mí, preciosa? Yo creo que le va a gustar que lo hagas, y a mí más todavía”

    Sin esperar un segundo (como haces siempre que te doy una orden) obedeciste. Te colocaste de rodillas con la cara pegada al cristal y comenzaste a masturbarte. Mientras lo hacías, te pregunté quién eras, y tú, contestaste:

    “Soy la puta de Laila”

    Sonreí y te ordené que no dejaras de hacerlo hasta correrte sobre el cristal del ventanal, y eso hiciste. Me excita tanto escucharlo. Me excita tanto saber que eres mi zorra obediente, que estuve tentada de masturbarme mientras tanto. Pero no me diste tiempo, porque casi inmediatamente, sentí que repetías con la voz entrecortada:

    “Soy laaa puttaaa de Laila, soy laaa puta deee Laiiila… soy…”

    Y sentí que un orgasmo increíble recorrió todo tu cuerpo mientras veía tu leche manchar el cristal de la ventana. Al terminar me diste las gracias y levantándome desnuda hacia ti, sin dejar de mirar al vecino, te susurré al oído:

    “Gracias a ti, zorra. Ahora limpia el cristal con la lengua. Lo quiero perfecto. Te espero en la ducha”.

    Después de ducharnos, bajamos a la playa. No logro acostumbrarme al placer que me da tumbarme en la toalla y ordenarte que me eches la crema de sol por todo el cuerpo, ante las miradas de la gente y tu más que evidente erección, a pesar del ridículo tamaño de tu pollita. Estuvimos un buen rato en la playa, y en vez de comer en el Maracas, preferimos ir al bar de la urbanización y tomar unos nachos en las hamacas.

    Después de pedir la comida y las bebidas, me pediste permiso para ir al baño. Durante esos escasos tres minutos en los que te ausentaste, me acerqué a la barra para esperar la comida, y entonces escuché como alguien carraspeó a mi espalda. Me giré despacio y reconocí al mirón del bloque de enfrente, que sin cortarse un pelo, y en un torpe castellano, me dijo:

    “Tú muy guapa. ¿Gustaría tomar cerveza con mi?”

    Antes de contestarle, vi que estabas saliendo del baño y que te dirigías a donde yo estaba, así que esperé un segundito para que estuvieras más cerca y sonreí. Sonreí descaradamente. Coqueteé con ese extranjero en tu cara y cuando estuviste al lado, te dije:

    “Mi amor, mira quién está aquí. ¿Le reconoces, verdad?”

    Inmediatamente sentí que te ponías rojo de vergüenza, y sin esperar nada, te dije:

    “Dice que soy guapa y me está pidiendo tomar una cerveza, cariño. ¿Qué te parece?”

    “Me parece genial, mi amor… pero acabamos de pedir la comida y las bebidas. Si quieres podemos tomar algo con él por la tarde/noche”.

    “Ya, tienes razón. Pero es que estoy un poco cachonda, ¿sabes zorra? Vamos a hacer una cosa. Nosotros nos tomamos los nachos y las bebidas, y tú pides algo para ti. A partir de ahora, quiero que te coloques a mi lado y no quiero escuchar ni una palabra de tu sucia boca de zorra. ¿Vale mi amor?”

    Por respuesta, asentiste con la cabeza y te colocaste a mi lado. Fue divertido ver cómo le pedías una cerveza con señas al camarero, que nos miraba a los tres sin terminar de entender bien lo que estaba pasando.

    Estuve un rato charlando con el vecino. Era alemán, y hablaba un inglés básico, pero no me importó demasiado. Debía medir cerca de dos metros, lo que me hacía sentir una niña a su lado con mi escaso metro cincuenta y ocho. Pero sabes que adoro follarme a hombres que me doblan en tamaño y ponerlos a mis pies para hacer con ellos lo que quiera. A medida que la conversación avanzaba, nuestro amigo fue lanzándose más y más. No se cortaba al acercarse a mí para susurrarme cosas al oído mientras se pegaba a mí, y creo que le sorprendí deslizando una mano a su entrepierna.

    Te quedaste mirando y apretando la mandíbula. Pude ver la excitación que te provocó ver mi mano apoyada en su ingle. Te quedaste mirando la mano sin moverte ni un centímetro, y entonces, sonriéndote la metí debajo de su bañador y comencé a palpar su polla. Estaba morcillona, pero tenía un buen tamaño y riéndome, te dije:

    “Mi amor… tengo muchísimas ganas de follármelo. Vete subiendo al apartamento. Te desnudas y arreglas bien la habitación. Cuando esté todo perfecto, quiero que te quedes de rodillas en la puerta, con tu collar de perra en la boca esperando nuestra llegada. ¿Todo claro, preciosa?”

    Bajaste la mirada por respuesta y apurando la cerveza que habías pedido, subiste al apartamento para cumplir mis órdenes al pie de la letra. Pasados diez o quince minutos entramos en el apartamento. Ulf, que así se llamaba nuestro vecino, se quedó quieto al verte de rodillas, pero yo, sin decir nada y sin mirarle, te coloqué el collar y sin tener que darte ninguna orden, comenzaste a lamer mis pies, apoyando tu cabeza contra el suelo.

    Me encanta sentir tu lengua en mis pies, pero estaba muy cachonda y tenía ganas de follarme a ese alemán de casi dos metros de altura, así que te dije que lo desnudaras para mí. De rodillas frente a él, le quitaste primero el bañador y pudiste ver a escasos centímetros de tu cara una enorme polla a media asta, apuntando a tu boca. Después de ver tu expresión, no pude evitar sonreír y decirte:

    “Menuda polla, ¿no mi amor? Me muero de ganas de probarla. No te preocupes por la camiseta. Yo se la quito. Vete a por un condón y prepáramelo”

    A cuatro patas te dirigiste a la mesita de noche y volviste con un condón en la boca. Yo le indiqué a Ulf que se tumbara en la cama, dejando las piernas fuera, y los pies todavía en el suelo. Él no puso ningún impedimento, y se colocó como le había dicho. Entonces me subí a la cama y me senté en su cara… dejándole el coño a la altura de la nariz, mientras mis manos estaban apoyadas en sus muslos. Era una vista maravillosa. Venía cómo le colocabas el condón, y desenroscabas vuelta tras vuelta hasta llegar al final.

    Entre gemidos por el buen trabajo que Ulf estaba haciendo con su lengua, te susurré:

    “Vamos, cariño. Cómete esa polla para mí. Sé que lo estás deseando. La quiero bien dura, porque me muero de ganas de follármelo. No tardes o tendré mi primer orgasmo en su boca. Agggh. Joooder qué bien me lo come, mi amor. Lo hace mejor que tú, zorra”.

    Sentí tu orgullo herido. Te encanta ser el mejor en todo, y te humilla ver que otro me da placer igual o mejor que tú. Te veía comerle la polla y no pude evitar correrme en la cara de Ulf, mientras le decía:

    “Don’t stop until I tell you to stop”

    Nuestro vecino emitió una especie de afirmación gutural mientras seguía comiéndome el coño y yo te veía esforzándote por tragarte toda su polla. Pero no podías. Era muy gruesa, aunque no especialmente grande (obviamente más grande que tus ridículos 11 cm), así que en un momento dado te dije:

    “Pedro. ¿Me ayudas a follármelo, preciosa? Ahora. No quiero esperar un minuto más”

    Mientras masajeabas su polla para que no perdiera su firmeza, sentiste como moví mi cuerpo de su cara a su cintura, siempre dándole la espalda. Agarraste su polla y la introdujiste en mi coño quedándote a escasos centímetros. Pudiste ver en primicia como su polla desaparecía por completo dentro de mi coño, mientras no pude evitar soltar un gemido.

    “Ohhh… mi amor. Es súper ancha… mmm… me encanta, cariño. Disfruta de este polvazo, zorra. Te lo dedico. No te muevas ni un centímetro de donde estás”.

    Estuve follándomelo más de veinte minutos. Apenas cambié de postura. Adoro poder mirarte mientras me follo a otros hombres. Siento perfectamente cómo aprietas la mandíbula mientras escuchas mis gemidos, mientras ves mis ojos en blanco. Siento cómo te humilla, pero también cómo disfrutas de mi placer. Adoras verme follar con otros. Me lo has dicho muchas veces, y esa tarde estaba dispuesta a disfrutar de nuestro nuevo amigo.

    Creo que me corrí seis o siete veces antes de que él llegara al orgasmo por primera vez. No salió de mí ni un instante. Estaba encantada del aguante del alemán, y cuando por fin se corrió, me levanté un poco y le quité el condón. Hice un nudo y con una seña te llamé para que te acercaras. Sin decir una palabra, abriste tu boca y deposité el condón con mi sabor y su leche caliente en tu boca. Estaba agotada y me tumbé en la cama, abriendo mis piernas de par en par. Obediente como eres, te acercaste para limpiar mis orgasmos, pero te agarré la cabeza y te dije:

    “No, mi amor. Se lo ha ganado nuestro amiguito, ¿no te parece? Me ha hecho disfrutar muchísimo, y quiero regalárselo a él. Vete al baño y prepara el jacuzzi. Iremos para allá en un ratito. Cuando esté todo listo, te quedas de rodillas esperándonos”.

    Afirmaste, visiblemente dolido por no poder limpiarme, pero obedeciste sin rechistar. Adoro tu obediencia, te ordene lo que te ordene. Ulf estuvo limpiándome con su lengua un buen rato, y a punto estuvo de provocarme otro orgasmo. ¡¡Estaba tan sensible y tan excitada!! Cuando me pareció que ya era suficiente, le cogí del pelo y me puse de pie a su lado. Intentó besarme, pero le esquivé, y le dije que nada de besos. Como compensación, le agarré suavemente de los huevos y le traje conmigo hasta el baño, donde estabas esperándonos de rodillas.

    Nos metimos en el jacuzzi y te pedí que nos trajeras dos copas de vino blanco de la nevera. Al volver te encontraste con su mano en mi entrepierna otra vez. Apretaste la mandíbula y nos entregaste una copa a cada uno. Te ordené que nos enjabonaras a los dos y fue lo que hiciste, con una cara que te llegaba hasta el suelo. No me gustó verlo, y agarrándote el pelo te di una sonora bofetada con todas mis fuerzas.

    Te quedaste quieto. Apretaste la mandíbula y me miraste con fuego en la mirada. Volví a pegarte. Instantáneamente bajaste la mirada, pero volviste a subirla con prepotencia y un toque de odio. Volví a pegarte otra vez. Y otra. Y otra. Cada vez que te pegaba volvías a mirarme con fuego. No dabas tu brazo a torcer, y decidí que era más que suficiente.

    “Ulf, go away from the shower”

    “Pedro, seca a Ulf y cuando hayas terminado quiero que vayas al salón y te pongas a cuatro patas en el sofá”

    Lo hiciste, pero tenías la mirada perdida. Sabías que me habías retado, y además lo habías hecho en público. Pensaba hacértelo pagar de un modo u otro. Con movimientos furiosos salí del jacuzzi, apuré la copa de vino y después de secarme abrí el baúl de juegos. Al rato apareciste en el salón y sin decir nada te colocaste a cuatro patas en el sofá.

    Me acerqué a ti y te coloqué una mordaza con polla en el interior. Eran apenas 10 cm, pero más que suficientes para que te provocaran arcadas constantemente. Pensé que era un buen comienzo. Después até tus manos entre sí, y las conecté con tus tobillos, de modo que tenías que sujetarte con la cabeza sobre el sofá para no perder el equilibrio. Pero poco me importaba. Estaba furiosa y no pensaba en cariñitos para ti. No después de la forma en la que me habías retado. Zorra estúpida.

    Me coloqué el arnés y ajusté el dildo más grande que teníamos en Benalmádena. Sin ningún cuidado entré en ti y comencé a follarte con violencia. Tus gemidos quedaban ahogados por la mordaza y pude escuchar varias arcadas mientras intentabas respirar. De hecho vomitaste algo sobre el sofá, pero no pensaba parar. Estuve follándote hasta que no pude más. Estaba agotada. Entre Ulf y los veinte minutos que estuve sodomizándote, me había quedado sin fuerzas, así que miré a nuestro invitado y acercándole un condón, le señalé tu culo.

    Entendió perfectamente y después de colocárselo, comenzó a follarte. Tus gemidos de dolor se escuchaban en toda la casa, y para humillarte más, abrí las ventanas de la habitación para que también la urbanización te escuchara gemir. Zorra estúpida. Merecías no poder sentarte en unos días. Ulf siguió follándote un buen rato, y agarrándote de las caderas, se apoyó en tu espalda y se corrió dentro de ti. Ambos estabais sudando, y yo estaba satisfecha y muy excitada. Le quité el condón, hice otro nudo y después de quitarte la mordaza, lo coloqué al lado del otro. Después te puse una máscara negra de látex y cerré la cremallera de los ojos y la boca. Te agarré con violencia y te até a las patas de la mesa.

    El resto de la tarde no paré de follar con Ulf, que se comportó como un auténtico toro y me dio mucho más placer del que esperaba. Cada vez que se corría, volvía a anudar el condón y a depositarlo en tu boca, abriendo y cerrando la cremallera de la máscara. Tú no te moviste del suelo, y pude sentir perfectamente tu rabia y frustración a través de la máscara, con todos los condones en la boca.

    Cerca de las diez de la noche, despedí al vecino y fui a darme una ducha. Necesitaba calmarme un poco y reordenar mis ideas. Estaba molesta contigo, pero también me había excitado muchísimo tu prepotencia y orgullo. Me gustas tanto…

    Al salir de la ducha estaba más animada. Había disfrutado mucho de una tarde de sexo. Me había corrido decenas de veces, y estaba segura de que habías aprendido la lección, así que te quité la máscara y retiré seis condones de tu boca. Después de hacerlo te desaté y cogiéndote de la mano te hice poner de pie. Nos besamos. Un beso dulce. Un beso de redención. De agradecimiento. Entonces, te escuché:

    “Lo siento, mi amor. Me he comportado como un imbécil”

    “No cariño, no te preocupes… en todo caso, te has comportado como mi imbécil. He disfrutado mucho humillándote. ¿Estás bien, preciosa?”

    “Sí, Lai. Lo siento, preciosa. Lo siento mucho”

    Y quitándole importancia sonreíste y me llevaste a la ducha. Nos duchamos juntos y después de ver algo en la tele, nos fuimos a dormir. Esa noche dormiste a mi lado. Te lo habías ganado.

  • Un deseo oculto (2)

    Un deseo oculto (2)

    El tiempo pasó y más de un año transcurrió desde aquella noche de autodescubrimiento fallido. Pero el deseo volvió a invadirme, más fuerte que nunca. Como una tentación que me acosaba, especialmente en las noches, cuando la imaginación me llevaba a preguntarme qué pasaría si me atreviera a intentarlo de nuevo. Con algo más de experiencia y conocimiento, creía que podría manejarlo de manera diferente esta vez. Sin embargo, la culpa me envolvía como un manto oscuro. Temía que el deseo se saliera de control y llegara a oídos de mi familia, lo cual sería considerado inmoral por ellos. Una vez más, me alejé de aquella parte de mí.

    Los años pasaron, y aunque el deseo continuaba presente de vez en cuando, aprendí a resistirlo. Algunas noches, sentía que el deseo se apoderaba de mí por completo. Me levantaba de la cama, tentado a volver a explorarlo, pero lograba tomar consciencia de mis emociones y recuperaba el control de mis acciones. Mantenerme alejado se volvió una batalla constante entre la represión y la aceptación de mi propia identidad.

    Luego de un largo viaje de trabajo, regresé a casa y sentí la dicha de mi hogar. Me acosté en la cama y, una vez más, los deseos regresaron con más fuerza que nunca. Esta vez, decidí compartir mis luchas internas con un nuevo amigo que había conocido recientemente. Para mi sorpresa, en lugar de juzgarme, él me alentó a explorar ese lado oculto de mí mismo. Impulsado por su apoyo, decidí intentar jugar con mi anito una vez más, así fue como empecé con los masajes suaves y lentos con las yemas de mis dedos. Me sentía más seguro y confiado en mi experiencia previa, me sentía relajado y me gustaba. Poco a poco intentaba meterme un dedo, de modo que cada intento me daba más claridad, pero la culpa seguía acompañándome. Una vez más, me alejé, sintiendo que estaba traicionando mis propios valores.

    Pasaron un par de meses, y el deseo persistía en mi mente. En las últimas ocasiones, noté que realmente disfrutaba de esas travesuras. Los golpes de culpa ya no me dolían tanto como aquella primera vez. Armado de valor, decidí intentarlo una vez más, esta vez determinado a llegar al límite y explorar hasta dónde podía llevarme. Me duché y casi con desespero me metí a la cama con un lubricante que había comprado con anterioridad para usarlo con mi novia, unos condones que escondí debajo de la almohada y mis deseos que poco a poco eran incontenibles, de tan solo pensar en lo que iba a hacer me tenía caliente con mi miembro erecto como un tronco. Lubriqué mi pequeño orificio y cogí el condón y poco a poco metí un dedo, al inicio sentí irritación pero el gusto era mayor que no me importaba. Empecé a jugar con mi anito y me encantaba, poco a poco el gozo se hacía más intenso que comencé a gemir tal cual una puta en celo, no quería parar nunca, metía y sacaba casi con desespero. Por momentos imaginaba que alguien me penetraba, sin embargo, aquellos alucinaciones regresaban la culpa a mi mente, empecé a sentir el dolor, una vez más me hacía excedido un poco.

    Después de una semana de haber sentido verdadero gozo y pasión, la culpa volvió a invadirme. Pasé el resto de los días sumido en la angustia. Al despertar, solo sentía una sensación de calma superficial. Comencé a cuestionarme si valía la pena adentrarme aún más en esto, si los momentos de gozo fugaz justificaban la culpa que le seguía.

  • Fotos para mi novia, sexo con mi amante

    Fotos para mi novia, sexo con mi amante

    Hola me llamo Dani, tengo 20 años, soy de piel morena, delgado, cintura un poco apretada y culo grande por el ejercicio que hago. Mi compañero tiene 25 años, es gay, alto y de piel oscura y con músculos pues va mucho al gym.

    Tengo una relación de 3 años con mi novia donde somos sexualmente activos y cumplimos los fetiches del otro. Una mañana estábamos hablando por teléfono y me pidió unas fotos de mi verga pero que fueran diferentes a las fotos comunes así que busque algunas poses en internet y me quite la ropa.

    Tome una silla de mi cuarto y la puse frente al espejo donde me subí y con las piernas en el aire mostrando mi pene y un poco mi ano, estaba grabando como me tocaba y en eso entro mi compañero de apartamento, al verlo cerré mis piernas y grite, el hizo lo mismo y antes de cerrar se regresó y me preguntó que estaba haciendo, le dije de las fotos para mí novia y durante la explicación veía como me miraba de arriba a abajo.

    Al terminar de explicar me miró sonriendo y me ofreció ayuda para tomar las fotos y que se vieran más sexys, me dio algo de vergüenza pero finalmente acepte, él seguía en su pijama de bóxer y una camiseta, en esa misma posición subió más mis piernas dejándolas expuesto mi ano, me preguntó porque las tomaba así y le comenté que mi novia había desarrollado un fetiche a ver mi culo y tocarlo.

    Me miró sonriendo cuando dije eso y me siguió ayudando con las fotos, en su tiempo libre estaba en temas de fotografía así que confiaba en él y si las fotos salían excelentes hasta que en una yo estaba en el suelo con el culo hacia el espejo y al acomodarme pego su entrepierna a mi rostro durante unos segundos, se dio cuenta y se separó pidiendo disculpas, yo estaba sonrojado no por tocarlo si no por sentir su verga bajo su bóxer en una erección.

    Note que me estaba viendo mientras yo seguía mirando fijamente su entrepierna, puso suave su mano en mi cabeza y las volvió a juntar frotándose, iba a decir algo pero justo bajo su bóxer y sacando su verga negra, larga y dura la pego a mis labios, me sonroje mucho en ese momento y estaba excitado a la vez así que saque suave mi lengua para empezar a lamerlo, veía su rostro de placer así que seguí con el oral esperando a que acabará rápido pero entre más me movía en su verga más me iba gustando.

    No había chupado una verga antes así que solo me movía como mi novia lo hacía conmigo, parecía funcionar pues su rostro era de placer, llegando a la punta presiono suave y entro a mi boca, tener su verga dentro de mi boca me ponía más nervioso pero igual más caliente y así podía saborear toda moviendo mi lengua desde la punta hacia abajo sin sacarla, vi como se quitó la camiseta quedando desnudo.

    Después de un rato así saque su verga y estaba lamiendo la punta de forma suave y que sacaba un poco de pre semen, baje a las bolas y lamer el resto de su verga que no había tragado antes, estaba muy concentrado en lamer que no me importaba que el resto se frotara en mi rostro, estuve varios segundos así hasta que él me separó y ayudo a levantarme, lo vi algo sonrojado y sin decir nada nos empezamos a besar, él tenía una mano en mi cintura y otra en mis nalgas y durante el beso podía sentir como su verga era más grande que la mía.

    Me llevo a mi cama y me acostó boca abajo ahí, tomo mis caderas y las levanto empinando mi culo, iba a levantar mi cabeza pero me dijo que me quedara así, pensé que la iba a meter yo y estaba algo tenso pero en su lugar sentí su sexy lengua pasar por mi ano, solté un pequeño gemido y el volvió a lamer repetidas veces saboreando mi culo, mi novia me había comido el culo un par de veces antes pero él lo hacía más rico en especial por el piercing en su lengua.

    Era muy rico sentir como su lengua se movía en todas direcciones e incluso bajo más a lamer mi pene que estaba igual de duro, estuvo así un buen rato hasta que se separó y empezó a frotar su verga en mis nalgas, ya no estaba nervioso estaba muy caliente y realmente deseaba tener algo dentro de mi así que abrí mis nalgas y le pedí que metiera su verga, tomo un lubricante que estaba sobre mi mesita de noche y vacío en su verga y mi culo.

    Me dijo que respirara y lo hice mientras veía a la cama, sentí como la punta hizo presión en mi y comenzó a entrar suave y dura, soltaba pequeños gemidos y mis ojos subían excitados, él fue delicado al momento de meterla hasta que llegó a la base, el me acariciaba un poco mientras me iba acostumbrado mientras yo pensaba en como estaba tan profundo dentro de mi y daba apretones, se movía suave y ante cualquier movimiento empezaba a gemir.

    Se empezó a mover y sus movimientos no fueron muy piadosos pues sacaba casi toda su verga para meterla de nuevo en mi de forma rápida, mis gemidos eran muy fuertes y eso le gustaba más, cada que sentía la base de su verga tocarme mi mente se ponía en blanco, después de unos minutos llegó la primera nalgada, personalmente no me gustan las nalgas pero en ese momento subieron mi calentura, en toda la habitación se escuchaban mis gemidos y el chocar de mis nalgas con él, me sentía muy puta al entregarme de esa manera pero me gustaba hacerlo.

    Tomo mi cintura con ambas manos y me jalo hacia el bajando mis pies de la cama para apoyarlos en el piso, el resto de mi cuerpo seguía en la cama y por lo mismo volvió a acelerar, mi pene se metió entre mis muslos mientras toda la cama se movía por sus empujones, mientras se movía así saco mi pene de mis piernas y lo empezó a masturbar al ritmo de sus embestidas mientras me hacía gemir mucho y poner mi mente en blanco cada que la metía.

    Siguió con sus movimientos un buen rato y en un momento por un descuido se salió su verga y él se frotaba en mis nalgas, yo lo veía excitado y sonrojado y le dije «por favor métela de nuevo papi» él ni siquiera tuvo que pedirlo, lo dije por mi cuenta y me cumplió regresando su verga dentro de mi, en ese momento me di cuenta cuánto gozaba ser el sumiso en el sexo, en especial de un hombre como él que me llenaba de besos el cuello y algunas mordidas.

    Sin sacarla me volvió a levantar y volví a estar en 4 sobre la cama mientras que él también se subió tocando toda mi espalda y llenando de nalgadas mi culo, volvió a tomar mi pene y lo masturbo de la forma más rápida posible igual que sus caderas, yo estaba gimiendo bastante y tenía unos espasmos por la excitación, él sabía bien que venía así que metiendo toda su verga hasta el fondo y moviendo más su mano vio mis ojos subir y mi pene disparar cargas de semen en mi vientre y sobre la cama, durante el orgasmo mis piernas o aguantaron más y caí boca abajo sobre la cama.

    Estaba completamente acostado boca abajo y él tenía su mano manchada de mi semen, me dio varias nalgadas con la misma, podía sentir todo su cuerpo sobre del mío, estando inmóvil, chocando uno con el otro, hasta que dio un fuerte empujón y me lleno el cuello de besos y caricias sintiendo su verga palpitar y soltar semen dentro de mi, con cada chorro sonaba un suave gemido salir de su boca.

    Al terminar se acostó unos segundos más sobre mí mientras me acariciaba el rostro y nos besábamos, se levantó y saco despacio su verga aun crecida pero ya no dura, se acostó a mi lado y me acarició suave las nalgas, me acostó de tal forma que estuviéramos de cucharita pero en su lugar me voltee para estar de enfrente, estaba sentado y lo vi algo sonrojado mientras bajaba mi cabeza a su verga, la volví a chupar, el sabor era muy raro pero la punta tenía semen y era lo que quería probar.

    Al sentir eso él tomo mi cabeza y dejando la punta dentro se empezó a masturbar muy rápido, tuvo unos espasmos y gemidos y su verga dio unos chorritos más semen dentro de mi boca, saco suave la punta de mi boca con su mano en mi barbilla y me dijo «trágalo perra», había saboreado lo suficiente su semen y con algo de esfuerzo lo trague, me subí de nuevo en él y ahora sí me acosté a su lado, nos besamos un poco mientras me acariciaba la cabeza y luego puso una cobija sobre los dos para dormimos, fue la primera vez que dormí así con un hombre y me gustó mucho.

    Desde ahí formamos una sexy relación donde a él no le importa que tenga novia pues son mis momentos de ser dominante pero al momento de estar con él me hago sumiso, me alegra al fin contar esto, espero que le guste y si algún hombre gay o bisexual puede darme algún consejo se lo agradecería mucho, chaooo.

  • Satisfaciendo fantasías

    Satisfaciendo fantasías

    Las mujeres también tenemos fantasías, caprichos, deseos; quizás somos más discretas; pero nos gusta imaginar.

    Desde que comencé mi vida sexual activa, traté de cumplir las fantasías que podía imaginar; pero, hubo una en particular que sigue ayudándome a alcanzar el orgasmo cada vez que la recuerdo.

    Yo solía masturbarme mientras escuchaba a mis padres coger; los gemidos de mi madre, los bufidos de mi padre, el golpeteo de la cama, los murmullos apagados, la exhalación al alcanzar el clímax por parte de ambos; cerraba yo los ojos y me perdía en aquellos sonidos, acariciándome lentamente, sintiendo mi vagina escurrir, hasta llegar a mi propio paroxismo.

    Mis padres se divorciaron tiempo después, mi padre se fue a vivir solo; mientras, yo me quedé con mi madre.

    Cierta ocasión, visité a mi padre. Estaba tenso, de mal humor. Decía que su trabajo lo estresaba y no podía terminar. Le ofrecí prepararle un trago y platicar para relajarlo. Después de un generoso whisky, se relajó. La platica y el whisky hicieron su magia; y descubrí a mi padre mirándome las nalgas y las tetas. Me pidió que me fuera porque quería descansar.

    Me acerque a despedirme con un beso, mis pechos se apretaron con su cuerpo y baje sus manos a mis nalgas. Su boca bajó a besarme el cuello, mientras sus manos masajeaban mis nalgas. Yo suspiraba, sintiendo su falo endurecido apretarse en mi vientre.

    Mis manos buscaron el cierre del pantalón y liberaron una verga erecta que buscaba alivio. Baje lentamente y chupaba lentamente, mis ojos buscaban sus ojos; me excita ver la cara embriagada de placer de un hombre al recibir una mamada. Lo oía gemir y bufar, aumentando mi deseo, sintiendo mi vagina palpitar y escurrir.

    Me comencé a desnudarme sin dejar de chupar; sus manos buscaron mis pechos, pellizcando suavemente y estimulando mi pezón; me hizo gemir, teniendo su verga dentro de mi boca.

    Me levantó y me besó, queriendo mostrar en mi boca, toda la pasión, el deseo y la necesidad de un hombre; sus manos exploraban cada centímetro de mi cuerpo; metió sus manos entre mi panty y mis nalgas, esas manos estaban calientes, ardientes; su fosas nasales se abrieron al aspirar el aroma de hembra que salía de mi entrepierna.

    Me acostó sobre el sofá, me quitó la panty con una mano; sus dedos se empaparon con mi néctar. Al verme desnuda, subió mis pies a sus hombros y hundió su boca en mi entrepierna; su lengua recorrió mis labios vaginales de abajo hacia arriba juntando todo el jugo que salía de mi; saboreaba todo lo que salía; yo sentía que el jugo salía a borbotones, el no dejaba escapar nada. Después, su lengua se concentró en mi clítoris, mientras introducía 2 dedos. Su lengua se movía rápidamente; lo tomé de los cabellos, empujándolo hacia mí, mientras movía mis caderas buscando llegar al orgasmo.

    Bufé fuertemente cuando llegué al orgasmo, mi cuerpo temblaba sin control; él se bajó el pantalón, yo no me terminaba de recuperar; se metió dentro de mi lentamente; cada centímetro que entraba en mi, prolongaba el orgasmo que estaba teniendo.

    El bombeo era fuerte, se acostó sobre de mi para chuparme los pechos mientras me cogia; él estaba muy excitado, no tarde en sentir cómo su verga se hinchaba a punto de explotar.

    El primer chorro llegó con palpitaciones fuertes de su verga dentro de mi; los estertores del falo golpeaban directamente mi clítoris, provocándome otro orgasmo, enterré mis uñas en su espalda, mientras lo oía jadear en mi oído.

    Se salió de mi, la leche chorreo fuera de mi, llegando a mi culo; esa leche era caliente.

    Nos vestimos en silencio. Le di un beso en la mejilla y me fui.

    La fantasía de cogerme a mi padre se cumplió… ahora quiero que me rompa el culo…

  • La noche que fui a Pinar de Rocha

    La noche que fui a Pinar de Rocha

    Esa vez no mostré mayor interés, pero tampoco rechacé del todo su propuesta.

    Varias veces yo le había contado a mi pareja que me encantaba bailar. Pero cada vez que él me proponía ir a un boliche, me negaba por temor a incomodarlo.

    Él nunca fue una persona celosa, ni mostró síntomas de ser un hombre posesivo. Al contrario, siempre me animó a vestirme como a mí me gustaba y creo que eso fue lo que me inspiró para aceptar su invitación.

    Meses atrás, mi pareja me había regalado un vestido floreado ajustado al cuerpo, pero aún no se había presentado la ocasión para ponérmelo. Así que esa noche aproveché la ocasión para estrenarlo.

    Si bien yo soy algo petisa, tengo muy buenos atributos de ida y de vuelta y cuando me vio con el vestido me comió con su mirada.

    Mi pareja tiene una discapacidad y está en silla de ruedas, pero siempre que podemos salimos a tomar algo.

    Pinar de Rocha es un boliche que queda entre Haedo y Ramos Mejía Buenos Aires, por lo que, a nosotros, nos quedaba relativamente cerca para ir en un Uber.

    Al llegar al boliche nos sentamos en una de las mesas que estaba cerca de la pista de baile, para que él pudiese disfrutar mejor.

    A los pocos minutos, empezó a sonar un clásico de Elton John “Sacrificio” y lentamente comenzaron a bajar las luces.

    Algunas parejas subían a la pista para bailar. Poco a poco la magia de la música se iba apoderando del lugar y las personas se movían casi hipnóticas al ritmo de los lentos.

    La velada se presentaba apacible y se extendía sin mayor apuro, así que pedimos algo de tomar para irnos poniendo en situación.

    Siempre que salimos con mi pareja, la gente cree que soy su hermana y eso da pie para que muchos hombres me miren.

    Al rato un hombre con una hermosa mirada se acercó a nuestra mesa. Yo creí que quería preguntarnos algo, pero muy discretamente se puso hablar conmigo. Gire levemente la cabeza para ver a mi pareja, pero él estaba entretenido hablando con unos amigos. Además, él nunca se molestó cuando yo hablaba con otros hombres.

    No sé cómo empezamos a charlar, pero lo cierto es que la charla se volvió cada vez más interesante… Hablamos un poco de todo… De películas, de música. Le conté que amaba bailar, pero como mi pareja no podía acompañarme debido a su condición, yo había dejado de hacerlo para no incomodarlo. El me comentó que estaría unos meses en Buenos Aires por trabajo y que a él también le encantaba bailar.

    El hombre era bien parecido, tez blanca y unos labios carnosos que me encantaban.

    En un momento de confianza, el hombre me propone bailar, yo me negué diciendo que estaba con mi compañero. Pero luego de varias insistencias, accedí.

    La verdad es que moría de ganas por bailar y como vi que mi pareja estaba hablando con unos amigos acepté subir a la pista.

    Comenzamos a bailar un tema de Michael Bolton When a Man Loves a Woman. Debo confesar que al principio nos costó entrar en confianza. Pero a medida que pasaban los lentos, fuimos relajándonos y nuestras manos fueron encontrando el ritmo de la música vibrando en nuestros cuerpos.

    Luego de bailar un par de temas, empezamos a mirarnos profundamente a los ojos y algo cambió en nosotros. Comencé a sentir levemente sus manos descender sobre mi cintura. Lo volví a mirar a los ojos, esta vez con cierta discreción. El ritmo de la música nos iba alejando cada vez mas de los ojos de mi pareja. Sinceramente yo quería volver a la mesa, pero el perfume de su cuerpo me atraía muchísimo y entonces lentamente me dejé llevar.

    Nos hicimos lugar por entremedio de la gente y entonces puse mis brazos sobre su cuello y lentamente comenzamos a bailar abrazados.

    Era una situación rara, lo sé, pero me gustaba. No había bailado hacia años, sin embargo, mi cuerpo respondía al estímulo mágico de la música.

    En un momento me hace girar y quedo de espaldas a él. Sentí su miembro crecer entre mis nalgas. Lo sentía muy duro y fantaseaba en mi mente con tenerlo dentro de mi cuerpo, pero estábamos en el medio de la pista de baile. Quería impregnarme del perfume que brotaba por su cuerpo. Quería desnudarnos y coger ahí mismo, en esa pista, frente a todos.

    Después volvimos a la mesa, no sin antes pasarnos el número de WhatsApp.

    Ese fue el inicio de mi relación extramatrimonial intensa, mágica que iré contando…

  • Cogí a escondidas con el hijo del jardinero

    Cogí a escondidas con el hijo del jardinero

    Tenía 34 años y dos hijos cuando a mi esposo lo trasladaron a Arequipa. Era un importante ascenso en la empresa en la que trabajaba. Asumiría la jefatura de la región sur y el puesto incluía casa, gastos, y muchos otros beneficios. No me hacía mucha gracia dejar Lima, pero acepté pues económicamente era una oportunidad grande para la familia y, además, para su carrera un salto importante.

    Arequipa nos encantó. La casa donde nos instalamos, alquilada por la empresa, era enorme, con un jardín muy grande en la parte posterior. Demasiado grande para una familia joven aún de 4 miembros y ni bien la vi me asusté de cómo podría mantenerla. Pero, para mi suerte, el acuerdo incluía una señora para limpieza, otra para que labores de cocina y apoyo con los niños y, además, un jardinero que iba cada 15 días.

    Nos trasladamos en febrero. En marzo los niños empezaron colegio y todo ya estaba ordenado. Me quedaba demasiado tiempo libre y me aburría en casa mientras mi esposo trabajaba. Estaba pensando empezar a trabajar en cualquier cosa o estudiar algo para matar el rato. Evaluar opciones me mantenía entretenida. No necesitaba trabajar por dinero, sólo por hacer algo útil, así que decidí que eso haría. Estudiar me daba pereza así que descarte esa opción.

    Estaba en la búsqueda de empleo cuando un martes me avisa la señora de limpieza que el jardinero quería hablar conmigo. Cada dos semanas iba a la casa, pero nunca me había pedido hablar. Su sueldo lo pagaba directamente la empresa en la que trabajaba mi esposo, por lo que me sorprendió el pedido. Pero igual acepté.

    Bajé a recepción y lo encontré con un joven muy atractivo al lado. Me dijo que era su hijo que me pedía autorización para traerlo para que aprenda a trabajar con él. Le dije que, si era mayor de edad, de mi parte no había problemas. Me respondió que tenía 19 años y con eso quedó todo resuelto.

    Desde la habitación podía ver el jardín. Ni bien se puso a apoyar a su papá se quitó la camiseta y quedó al descubierto un cuerpo joven y vigoroso mientras trabajaba. No un cuerpo de gym, sino de alguien acostumbrado a trabajar duro y tonificado por el esfuerzo físico de cada día.

    La mañana me resultó muy placentera mirándolo y terminé, luego que se fue, masturbándome sobre la cama imaginándolo dentro mío. A los quince días volvió y como aún no tenía empleo, me deleité viéndolo desde mi ventana. Salí un rato al jardín para verlo mejor y luego me masturbé mientras lo miraba por la ventana, sentada sobre el sillón que teníamos en la habitación.

    Conseguí empleo, en una oficina en el centro de la ciudad. Medio tiempo, de 8 am a 1 pm. Vivíamos cerca, así que caminando podía ir y regresar. Salía de casa luego que la movilidad recogía a mis niños y antes que mi esposo saliera a su oficina, que quedaba algo lejos, pero donde ingresaba a las 8.30 am. Retornaba a casa poco después de la 1 pm y me dedicaba a dejar todo en orden para cuando llegarán mis niños, hacia las 3 pm. Mi esposo siempre retornaba pasadas las 8 pm.

    Poco después de un mes de empezar a trabajar, al salir, caminando por la calle Mercaderes rumbo a casa, me encontré con el hijo del jardinero. Escuche a alguien llamando “señora Lucía, señora Lucía” voltee y era él. Me saludo con respeto, pero a la vez no podía evitar el deseo al mirarme. Me consultó que hacía por allí y le dije que estaba trabajando cerca. Me comentó que él también trabajaba cerca. Terminó diciéndome que estaba “muy guapa señora Lucía” y se despidió pues volver a su trabajo. Me sentí bien con el piropo y al llegar a casa me desnudé en la habitación, me acosté y me masturbé pensando en él.

    Los siguientes meses nos encontrábamos con una cierta frecuencia, un par de veces al mes quizás y tras su “piropo”, al volver a casa terminaba masturbándome sobre mi cama.

    Algunos meses después. Por el cumpleaños de una de las chicas de la oficina. Quedamos en salir a tomar algo, chicos y chicas. Yo era con larga distancia la más mayor, pues todos tenían entre 20 y 25 años. Me invitaron tan amablemente y además, me llevaba tan bien con ellos, que acepté. Le consulté a mi esposo y me dijo que perfecto, que me haría bien ir.

    El viernes en el que quedamos salir, luego de trabajar volví a casa. Me alisté, falda corta, blusita coqueta y un chaleco ligero. Hacia las 8pm, la hora que habíamos quedado encontrarnos, fui al bar en la calle San Francisco donde habíamos coordinado ir. Era una casona con varios bares alrededor de un patio. Muy de jóvenes, me sentí un poco desubicada, pero ya estaba allí y la idea era pasarla bien. Conversando y tomando se hizo un buen ambiente. Luego de un rato necesité ir al baño y me indicaron donde era.

    En el segundo patio de la casona había pequeño pasadizo que llevaba hacia los baños. Eran privados y unisex. Entre a uno, que por la hora estaba limpio felizmente. Resultó obvio que eran usados para sexo al paso, no soy tan sana como para no darme cuenta que eran ideales para que las parejitas se descarguen rápidamente. Imagine que los diseñaron así para eso o quizás no fue intencional, quien sabe.

    Al salir del baño me encontré con el hijo del jardinero. Ni bien me miró me dijo “señora Lucía, que guapa esta”. El deseo en sus ojos se acrecentaba con el alcohol que seguro ya había tomado. Yo tenía unas copas encima y luego de salir de ese pequeño baño, en el que estaba segura que otros cogerían esa noche me sentía muy caliente. Le agradecí con mi mejor sonrisa y le respondió algo así como “con una mujer como usted donde sea está bien”, como diciendo que era bueno verme, pero también se podía entender como “hacerlo donde sea” y ese donde sea era el baño del que salía.

    Llegué inquieta al grupo. Al rato me llamó mi esposo, preguntándome si quería que me recogiera, le dije que sí, que lo hiciera hacia las 12.30 am. Sabiendo que él me recogería, me relajé y comencé a tomar algo más suelta, en poco rato estaba más que mareada. De hecho, todos lo estábamos.

    Hacia las 11.30 pm volví a necesitar ir al baño. Me fui fantaseando hacerlo con el hijo del jardinero, pero tampoco lo buscaría. Llegué al baño, salió una chica. Entré y cuando estaba por cerrar la puerta siento que la empujan. Era el hijo del jardinero. Me miró con deseo y medio ebrio me preguntó si podía entrar.

    Caliente como estaba acepté. Era seguro la mujer de mayor edad en cualquiera de los locales, donde casi todos eran veinteañeros y seguro todos de menos de 30. El momento se me hacía intenso y me provocaba un morbo indescriptible. Sabía que no tenía mucho tiempo, además siendo él tan joven y ebrio, seguro eyacularía muy rápido.

    El ímpetu con el que entro al pequeño baño se borró estando adentro. Volvió a ser el joven de 19 que había espiado. De cuerdo fornido, pero simple y sin mayor desenvolvimiento. Sin decirle nada, le desajuste el cinturón. No intento besarme, no le busqué los labios. Me olfateaba el cabello, el cuello, los hombros.

    Su verga estaba flácida. Con mis caricias en pocos segundos se puso muy tiesa. Una buena verga de joven. Buen tiempo que no probaba una. El espacio era mínimo. Me di vuelta y me pegué a una pared lateral. Separé las piernas y con su verga aún en mi mano, lo jalé hacia mí. El seguía olisqueándome el cuello. Yo me sentía demasiado excitada.

    Le dije penétrame.

    Le solté la verga. El con sus manos subió un poco mi falda, dejándome con las nalgas al aire, solo protegida mi concha por la tanguita que llevaba. Frotó su pene entre mis nalgas. Yo misma me puse la tanga de costado. Me quebré lo más que pude.

    Le volví a decir, penétrame.

    Con mi tanga de costado. Quebrada como estaba. Mi concha le quedaba a disposición. Me penetró en un solo empujón. Sentí como todos sus centímetros iban llenando mi concha casi siempre insatisfecha. Sentir ese pene, más grueso y más largo del que tenía en casa, me puso a gozar deliciosamente.

    Él me decía “señora Lucía, señora Lucía”, no atinaba a decir nada distinto, pero el “señora” asociado a mi nombre, en un baño de bar me ponía muy caliente. Quise cambiar de posición, pero el espacio. Era muy limitado. Mi opción era arrodillarme en el inodoro, pero lo veía muy sucio. No había ni lavabo para inclinarme sobre él. Por la calentura quería ser su perra, completamente, con papel higiénico que tenía en la cartera, sin dejar de ser penetrada, limpie la tapa del inodoro. Por la calentura brutal me arrodillé encima y me quebré lo más que pude. Era su perra ya.

    Empezó a darme así. Sentía más fuerte su verga llenándome. Tuve un orgasmo y él seguía y seguía. Tuve un segundo orgasmo. Empezó a decirme “tómesela señora Lucía”. Me levanté. Me puse en cuclillas y eyaculó en mi boca. Por suerte, sin derramar nada.

    Le pedí que saliera. Me quedé dentro. Oriné. Me limpie bien la concha y las nalgas con papel higiénico y pañitos húmedos. Me limpie el rostro también con pañitos húmedos.

    Cuando salí ya no estaba. Volví al grupo. Nadie había prestado atención a mi ausencia larga. Al rato llegó mi esposo. Mientras lo besaba sentía la culpa de hacerlo con labios que habían probado otro pene y con una lengua que había recibido semen de un amante eventual. Como había seguido bebiendo, no se dio cuenta alguna.

    Terminé la noche cogiendo en casa con mi esposo, fingiendo un orgasmo que lo hizo muy feliz.

  • Infidelidad en una ciudad imaginaria

    Infidelidad en una ciudad imaginaria

    La ciudad va apagando las luces una a una, lentamente. Ella mira desde donde está, de pie, a un lado de la cama. Piensa que ya va llegando la noche y debería estar en otra parte, pero a pesar de ese trueno que le llega a la mente con rapidez y de la vibración de su teléfono en la mesa de noche, no quiere moverse. Quiere seguir mirando por la ventana, imaginando lo que va a pasar en los minutos siguientes:

    Se imagina las manos de él, sudando por los latidos del corazón. Un beso en el cuello que se prolonga hasta que ella siente que los muslos le empiezan a temblar. Sutilmente en un inicio, pero con más fuerza a medida que él va moviendo los labios hacia sus mejillas. Y con una mano la hace voltearse. Ella se dibuja sonriendo en ese juego mental y entiende perfectamente que es lo que quiere.

    Los dos se acercan y se besan, saboreando la carne de los labios. Las lenguas se unen en una batalla de fuerzas. Él desliza su mano por la cintura de ella y viaja por la blusa y por la falda hasta encontrar el doblez en el que acaba la prenda inferior. La levanta suavemente con los dedos. Ella lo deja explorar la parte de atrás de sus piernas desnudas. Imagina que esos dedos gruesos suben hasta su culo y lo aprietan en una señal de cariño y lujuria.

    En su mente, ella lo empuja sobre la cama y le abre la camisa blanca y elegante. Se posa sobre él con las piernas abiertas y la falda invertida en sus muslos gruesos y morenos. No necesita saber que el cinturón de ese hombre ya está suelto y que el pantalón y la ropa interior han sido quitados para desbloquear ese miembro.

    Se corre el panty a un lado y se sienta sobre el pene, que está esperando por ella. Él le desprende los botones de la blusa y descubre las tetas con los pezones erectos. Los toma entre las palmas y suavemente las cierra, mientras con las caderas entra en ella.

    Su imaginación se convierte en un baile, en el que ella se mueve rítmicamente, sintiendo el miembro del hombre adentrándose más y más. Él, por su parte, entra y sale en movimientos rápidos y fuertes que la hacen temblar y gemir. Los dos gimen.

    Ella lo quiere dentro y él con fuerza empuja una y otra vez, hasta que el sudor de los dos se va a evaporando. Es un juego peligroso.

    Ella siente ese empujón una vez más y sabe que todo ha terminado, porque pierde el control de su cuerpo. Se echa para atrás. Su corazón deja de latir. Sus párpados se cierran. Y su garganta se rompe en un grito, un gemido.

    Abre los ojos, vuelve a la realidad. Él ha desaparecido, pero la sensación se queda. Siente su mano entre la ropa interior, húmeda.

    Una voz débil la llama:

    —Ya está la comida, amor.

    Quisiera huir y estar con él. La última luz de la ciudad se apaga cuando ella sale de la habitación.

  • Vecinos sin saberlo (1)

    Vecinos sin saberlo (1)

    Hola, como están todos, hace rato no escribo por distintas cosas que no vienen al caso, pero quería comentarles algo que me pasó.

    Hace un tiempo vivo en el conurbano sur y me manejo bastante seguido por Caba, después de hacer varios trámites en microcentro voy a plaza San Martin a sentarme un rato y a disfrutar el estar tranquilo, al rato de estar así se acerca un pibe de unos 24 o 25 años, se sienta al lado y me dice algo que no escuché ya que tenía puesto los auriculares, me los saco y le digo:

    Yo: disculpa, no te escuché, tenía los auriculares puestos.

    El: todo bien, te consultaba porque no se llegar a Av. Córdoba, tengo que llevar unos papeles y no me ubico.

    Yo: es acá a unas cuadras, te acompaño que justo voy para ese lado.

    Y nos fuimos, íbamos charlando de cualquier cosa, me comenta que también es de zona sur y que tenía que llevar unos papeles de los padres que estaban haciendo un viaje de varios días, llegamos y le digo esta es Córdoba, me agradece y nos despedimos, yo voy tranquilo ya con todo realizado para volver a casa, estoy en la parada del colectivo y veo que el pibe viene llegando.

    Yo: y pudiste entregar los papeles

    El: si por suerte ya terminé todo, así mis viejos están tranqui y lo pasan bien, ahora ya voy a casa

    Yo: que colectivo tomas

    El: este, parece que vamos para el mismo lado

    Yo: si, ahí viene

    No sé porque cuando llegó el colectivo lo deje subir primero, saca su boleto y veo que tiene un culo bastante notorio, no le di más importancia, como venía vacío se sienta en los asientos de 2 y me siento al lado, nos ponemos a charlar de todo, me cuenta que está estudiando, que los padres se fueron a recorrer el norte casi 10 días y que se estaba encargando de todo, y cuando me comenta por dónde vive, da la casualidad de que es a unas cuadras de casa.

    Yo: estamos ahí nomás, somos vecinos, nunca te había visto en el barrio

    El: no soy de salir mucho, hace unos meses nos vinimos a vivir acá y somos nuevos en el barrio, antes vivíamos en otra zona pero nos mudamos por trabajo y otras cuestiones.

    Yo: (esas otras cuestiones me sonaron raro, pero no quise ahondar mucho) todo bien, el barrio es tranquilo y la gente es muy piola, lo que necesites habla con cualquiera de los vecinos y te van a dar una mano, los conozco a todos.

    El: que bueno, yo no conozco a nadie, me tenés que presentar a algunos, no sé ni quien vive al lado de mi casa.

    Yo: dale, cuando quiera tomamos unos mates y te los voy presentando así los conoces

    El: gracias, si eso estaría bárbaro

    Bajamos del colectivo y al toque llegamos a la casa de él, mi casa está a 2 cuadras, me despido y le digo que después arreglamos para tomar algo y hago que conozca a los vecinos, y me dice si no tenía nada que hacer ahora que me quedé a tomar algo, acepte porque no tenía nada que hacer y entramos, charlamos de todo y le voy hablando de cada vecino mientras tomamos unos mates, la verdad fue todo muy ameno, me comentó que estudiaba bellas artes y que estaba haciendo un curso de masajes.

    Yo: que bueno, eso es fenomenal, no sabes lo bien que me vendrían unos masajes (lo dije en joda)

    El: si querés te hago, la verdad te lo mereces (me sonó algo raro) hoy me ayudaste un montón y sos re agradable

    Yo: te parece, no te estaré jodiendo

    El: para nada, sácate la camisa que te descontracturo en un ratito

    Así lo hice y empezó a masajearme, empezó suave por el cuello y los hombros, realmente estaba contracturado, cuando estaba masajeando los hombros baja un poco hasta el pecho y realmente no sé que me hizo en las tetillas que fue como que me hubiera caído un rayo, tire la cabeza para atrás, di un pequeño gemido y la pija se me puso como un garrote, realmente no sabía cómo disimular, trate de tranquilizarme así se me bajaba la pija y pueda irme sin que se diera cuenta, después de un momento le digo que ya era hora que me vaya que había dejado alguna cosas sin hacer, a lo que me dice.

    El: ahora no te podés ir, te vas a contracturar mucho más si no termino (y me da una explicación que no entendí nada).

    Yo: bueno, pero vamos a apurar así hago tiempo de hacer las cosas (aunque en verdad no tenía nada que hacer, solo quería salir de esa situación)

    El: dale, vamos a la camilla así te masajeo mejor y más rápido

    Yo: bueno (no muy convencido pero fui)

    En su habitación tenía una camilla de masajes y me dice que me quedé en bóxer y me acueste, me empieza a masajear las piernas y la espalda, y luego me pide que me dé vuelta y sigue con su trabajo, cuando vuelve a llegar a la parte del pecho repite la operación que les había contado y me ocurre lo mismo, pero esta vez no podía ocultar mi pija, a lo que instantáneamente da una pequeña sonrisa y sigue con su labor, yo no sabía que hacer, y nuevamente me masajea las tetillas que esta vez hace que esté a punto de explotar.

    Yo ya estaba entregadísimo, y como todo un experto con una mano me vuelve a masajear la tetillas y con la otra baja mi bóxer y me la empieza a chupar muy lentamente, la sensación era increíble, yo solo dejaba que el hiciera lo que quisiera, subía y bajaba con su lengua por mi pija, y de golpe la tragaba haciendo garganta profunda, era un verdadero experto en el sexo oral, no dejaba ni un milímetro sin lamer y chupar, se acomodó entre mis piernas y tuvo toda mi pija a su antojo, pero esta vez con el agregado de chupar y lamer mis huevos, lo que hacía con mucha suavidad y destreza.

    Realmente me estaba llevando a la gloria, cada movimiento de su lengua era puro placer para mí, en algún momento se sacó el pantalón, porque de repente empezó a subir sobre mi y estaba sin ropa, al principio se restregó sobre mi y luego agarro mi pija que estaba a full y empezó a acomodarla en la entrada de su ano, con movimientos suaves y continuos fue entrando con mucha facilidad (se ve que había tenido una cogida reciente) llegaba hasta la mitad y la volvía a sacar, me estaba dando un placer total, en todo ese mete y saca sentía que cada vez se la metía un poco más, hasta que llegó a metérsela toda.

    Que placer ese ano que devoraba y apretaba toda mi pija, subía y bajaba con gran maestría, después de un rato estar así, gira y queda sentado mirando mis piernas y empieza a moverse sin sacar un milímetro de mi pija de su cola, que hermosa sensación de que te estén cabalgando de esa manera, después de varios minutos ya no aguantaba mas y le aviso que estoy por acabar, no fue más que escucharlo para que se baje de mi pija, se puso al costado de la camilla y empezó a pajearme esperando que saliera toda la leche que el ansiaba y que fue a parar a su boca y garganta, ya que al ver que estaba por explotar comenzó a chupar como poseído, creo que nunca había largado tanta leche, ni con una mujer.

    Y así siguió chupando y lamiendo hasta que mi pija comenzó a bajar, yo exhausto y deslechado le digo:

    Yo: no pensé que íbamos a terminar así, hoy a la mañana ni te conocía y ahora somos vecinos

    El: yo ni bien te vi ya quería que me cojas, no pensé que vivíamos tan cerca, pero ahora me vas a venir a visitar más seguido ¿no?

    Creo que no hace falta decir que lo visite los 10 días que los padres estaban de vacaciones, y cuando llegaron me los presento y tenemos muy buena amistad, también me comentó cuál fue el motivo por el cual se mudaron, que terminó siendo una obsesión para mí.

    Pero si quieren que les cuente, manden mensaje y háganmelo saber, así saben cómo siguió esto.

  • Mi primer encuentro, la chica de la universidad

    Mi primer encuentro, la chica de la universidad

    Estando en mi primer año de universidad me la pasaba siempre sumergido en los libros tratando de sacar buenas calificaciones por lo demandante que era la carrera y la verdad si bien me llamaban la atención algunas compañeras no me había dado la tarea de tratar de conquistar a alguna, también que desde siempre he sido un poco tímido para eso sumado a algunos temas de inseguridad que me perseguían en ese entonces.

    Al cierre del primer año decido tomar unas materias de verano ya que no iba a viajar a ningún lado y decidí adelantar un poco la carrera. En esos meses la universidad se quedaba un poco vacía y solo quedaba el personal necesario para atender a los que se quedaban.

    El primer contacto con la chica de mi relato, se da en nuestra primera clase juntos de verano, ella justamente llegó tarde y al entrar pude notar su cara de vergüenza por interrumpir, mostrándose sonrojada, algo que me encantó al verla, agachaba su mirada mientras se abría espacio entre las filas de los puestos. De contextura media, usaba lentes, unos jeans ajustados a su figura, zapatos deportivos y una camisa no tan ajustada, pero lo que me encantó en ese momento fue su cara, unos labios carnosos, brillantes, un lunar cerca de su ojo que contrastaba con sus lentes y la hacía excitante y esa mirada de joven respetuosa, quizás sumisa se venía a mi mente.

    De allí en adelante traté de acercarme, fuimos teniendo contacto por las clases, buscaba de coincidir en actividades en equipo y así fui conociéndola un poco más, en ese espacio pude distinguir su delicioso culo que estaba bien dotado y unos pechos que sin ser muy grandes tenían el tamaño perfecto para hacer gozar a cualquier inexperto.

    Cada día fantaseaba más con ella, comencé a propinarme unas buenas sesiones en la ducha imaginándola toda para mi, aprovechaba cualquier acercamiento para llevarme alguna imagen que me sirviera de musa en cada encuentro platónico en los confines de mi baño. Ufff que recuerdos aquellos.

    Día tras día comenzamos a estudiar más juntos, a este punto sin señal de ninguna de las partes, la relación era muy profesional, estudio y beneficio mutuo. íbamos a algunas salas de estudio de la universidad y dedicábamos horas de práctica, junto con otro compañeros.

    Un día, estábamos en la sala de estudio y comenzó a caer un diluvio que se prolongó por varias horas y empezaba a dar hambre, entonces me ofrecí a ir en mi auto a conseguir algo de comer y ella inmediatamente se apuntó para acompañarme. Durante la ida conversábamos de temas triviales, de las clases, etc. Luego en el retorno le comento que me encanta la lluvia y el frío que está haciendo a lo que ella afirma lo mismo y posa su mano sobre mi cuello. En ese momento mi corazón empezó a acelerarse y obvio mi entrepierna sintió sus primeros destellos.

    Manejé lo más rápido que pude de regreso y estacioné el auto algo retirado de donde estábamos porque no había muchos puestos cerca y decidimos esperar a que la lluvia bajara la intensidad, como un reflejo como si nuestras mentes estuvieran conectadas fuimos al encuentro ambos, nuestras bocas se fundieron en un apasionado beso, con frío, bajo la lluvia, y el calor de nuestros cuerpos comenzaba a aumentar.

    Me mantuve cauteloso, no quería dañar el momento, o más bien no sabía qué hacer, ella por lo visto tampoco, seguimos comiéndonos la boca, dos novatos sin experiencia. Me besó el cuello y con su mano acarició mi pierna, yo seguí sus movimientos imitando cada paso que ella daba. Me abrazó y volvió al encuentro de mi boca, pude sentir sus senos, y en este punto ya me empezaba un dolor en mi zona genital como si hubiese osado mucho tiempo sin orinar. Ella reclinó su asiento y me invitó a seguir con el juego, yo aproveché de besar y tocar esos senos que me habían atrapado. Duramos así un buen rato, pero había que mantener cierta distancia por el lugar en el que estábamos, la lluvia fue bajando lentamente y decidimos regresar a la sala de estudio. Cada uno con una sonrisa de oreja a oreja por lo que había ocurrido, un encuentro lujurioso de dos personas inocentes que estaban descubriendo los placeres del deseo mutuo.

    Luego vinieron muchos encuentros del mismo tipo, ninguno daba un paso más, todo terminaba en besos, caricias, ya empezábamos a rozar nuestros sexos con un poco más de confianza pero todo se quedaba allí. Uno de los más significativos fue cuando nos quedamos hasta lo más tarde que podíamos en la universidad y buscamos un lugar poco iluminado donde solían estar unos casilleros y comenzamos a besarnos de pie, aproveche para sentir sus nalgas, bien ricas, mi mano ya entraba como por instinto dentro de su pantalón, jugaba con su culo mientras ella me besaba y acariciaba mi espalda, le di media vuelta, y la pegué contra los casilleros, apoye mi miembro en su culo sobre el pantalón y ni mano entró a su vagina por encima de su panty, intente tocar mientras le besaba el cuello, mi otra mano buscaba sus tetas, y en ese vaivén de excitación ella suelta su primer gemido, yo no aguanto más y estalló dentro de mis bóxer, conté 4 chorros, prominentes, que humedecieron todo mi pantalón y un poco el de ella. Yo seguí en lo mío, moviendo y tratando de darle placer hasta que un sonoro quejido y algunas contracciones note en su cuerpo. Se volteo con esa cara de vergüenza, roja, mirando hacia el piso, con una risa nerviosa, como el día en que la conocí.

    Un fin de semana nos pusimos de acuerdo con varios amigos para repasar en la universidad para unos exámenes que teníamos y pues por supuesto ver si podíamos tener nuevos encuentros. Yo había estudiado cada aula de la universidad, cada espacio transcurrido o no para seguir disfrutando y conociendo estos placeres que no había tenido hasta ahora. Había in aula que tenía una especie de depósito atrás, donde guardaban algunos materiales que usaban durante presentaciones y exhibiciones. Llegado el momento la guíe y nos dirigimos a dicho espacio. Estando allí comenzamos a besarnos como de costumbre sobándonos de esa manera tan divina que habíamos aprendido a hacerlo, ella sin pensarlo se aferró a mi pene que ya sin vergüenza le posaba en cualquier parte de su cuerpo.

    Bajo mi pantalón y de forma nerviosa fue llevándolo a su boca, apenas lo beso me sentí en las nubes, jamás había sentido esa sensación y ella comenzó a saborear de a poco moviendo su lengua a todos lados, chupando como un caramelo que nivel de excitación estaba sintiendo. Bruscamente le pedí que detuviera que ya me podía correr y me dispuse a hacer lo mío, quería descubrir por primera vez un cuerpo de mujer ante mis ojos. Lo primero que hice fue descubrir sus tetas, tenía una camisa blanca de tiritas por lo que no fue muy difícil bajarla, allí estaban, ricas y listas para mi, una más grande que la otra eso lo descubrí en ese momento. Luego baje su pantalón, y tenía esa panty mojada con sus fluidos, cubierta de pelos, excitantes.

    Baje mi cara y fui a su encuentro, la bese, la lamí, la mordí, mientras mis manos s aferraban a su culo, que sabor, que olor, hacían que se me parara más el pene. Comencé a usar mi lengua, creo que bien porque ella empezó a disfrutar, a moverse, me agarraba la cabeza y hacia fuerza para acercarse mas a mi, sentía que se estrujaba su sexo contra mi cara y yo me dejaba llevar, comencé a pajearme mientras la comía, no aguantaba no darme placer y al cabo de un rato me levante y le llene todo el cuerpo de leche, bote como nunca antes y ella solo trataba de probar como con un poco de miedo.

    Mi pene seguía erecto, y ella quería ir por mas. Se volteo y se empinó y con su cara de niña buena me insinuó que me acercara. Se lo acercó a su totona, y empezó ella a moverse de a poco, se quejó mientras entraba, se veía que le dolía pero fue ajustándose, moviéndose y al cabo de unos minutos empezamos un mete y saca espectacular, mi cadera se movía a su encuentro, mis bolas chocaban con su sexo y me aferré a sus nalgas, vi su culito inmaculado y empecé a jugar con él, acaricie toda su espalda, sus piernas, sus tetas, quería tocarla toda.

    Ella aceleró los movimientos y empezó a gemir producto de su orgasmo que se acercaba llegaron los espasmos, poco a poco se fue quedando inmóvil, y sacando mi pene de su vagina, noto mi erección y comenzó a masajear con sus manos, se arrodilló y se puso sus lentes, mientras me pajeaba me miraba con esa carita de inocente, se mordía los labios, sacaba su lengua para humedecerse y no aguante mas! Me vine en su cara y sus tetas, abrió su boca y ya sin ningún temor lo lamió dejándolo brillante sin un resto de mi esperma.

    Cuando caímos en cuenta ya había pasado una hora de nuestra desaparición, nos vestimos y salimos a seguir estudiando. Salimos súper bien en el examen y por supuesto en el verano, había un incentivo adicional que nos hacía dar la milla extra para podernos escapar.