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  • El amigo de mi hijo me coge mejor que mi esposo

    El amigo de mi hijo me coge mejor que mi esposo

    Me llamo Carmen, vivo en Lima (Perú). Tengo 54 años, casada con Carlos de 59 años que trabaja como minero en Cajamarca y tengo un hijo Manuel que trabaja en Cuzco en un hotel.

    Esta historia ocurrió hace 2 años cuando recibí una llamada de España era Aurora madre de Martin el mejor amigo de mi hijo quien me decía que Martin venía a Lima a visitar familiares y amigos me dijo que no me preocupara que iba listo para el hotel. A los dos días de la llamada oigo el timbre de la casa y era Martin que venía a visitarnos por suerte ese día estaba mi esposo y lo recibimos pregunto por mi hijo, pero le dije que estaba trabajando en cuzco y no podía venir por el trabajo y me dijo que no importaba que después hablaba con él. Nos pusimos a conversar y le dije que si se iba a quedar en el hotel yo le dije que si quería se podía quedar con nosotros que podía dormir en el cuarto de visitas y él me dijo que no había problema.

    Al siguiente día llego con la maletas y cenamos esa noche mi esposo y yo con era la última noche de mi esposo ya que se iba a trabajar a la mina y no volvería hasta dentro de15 días, cenamos y Martin salió un rato por ahí me dijo que pronto regresaba. Esa noche cuando estaba haciendo el amor con mi esposo vi una sombra debajo de la puerta y le dije a mi esposo que parara me sentía incomoda. Al siguiente día Martin y yo quedamos solos y le dije que quería de almuerzo, pero Martin me dijo que no me preocupara que íbamos a almorzar a un sitio donde sus padres iban a comer, yo le dije que si quería íbamos a un restaurante menos caro, pero el insistió que no había problema entonces entramos al restaurante y almorzamos, luego nos fuimos a comprar algunas cosas.

    Transcurrieron los días normalmente hasta que un día estaba lavando las cosas para el almuerzo cuando siento que alguien me abraza por detrás y era Martin, al instante sonó el teléfono y al contestar era mi esposo para preguntar si todo estaba bien y le respondí que no había ningún problema.

    Al colgar el teléfono me besó Martin y lo separe que dije que no era posible que seguramente estaba confundido. Intente detenerlo y negarme por completo, pero me resultaba imposible ignorar las caricias de Martin, luego nos fuimos a mi cuarto y le dije que solo una vez lo íbamos a hacer, así que me quite el vestido y, Martin también sé que quito la ropa y quedo con el bóxer, así que me senté en la cama nos empezamos a besar y él me quito el brasier y las pantaletas y metió su lengua en mi vagina y empezó a pasarla por todo los labios vaginales y me hacía soltar varios gemidos duro unos minutos era la primera vez que experimentaba eso.

    Luego me dijo que se lo chupara no supe ni que decir. Me dio pena decirle que yo nunca había chupado un pene, así que, me le acerqué, lo tomé con la mano; ¡no me cabía!, y eso que estaba aún todo flácido!

    Empecé a jugarlo en mis manos, hasta que sentí que me empujaba la cabeza y entonces, procedí a besarlo, a meterlo en mi boca, tengo que admitir que su pene se veía muy duro y más grande que el de mi esposo. Y comencé a bombear suavemente de vez en cuando la sacaba de su boca y lo acariciaba y besaba el tronco de su verga hasta que me la metió hasta la garganta y me hizo hacer unas arcadas, luego la saco y seguí chupando su verga hasta que no aguanto más y eyaculo en mis senos.

    Luego me coloqué a cuatro patas mirando al cabecero de mi cama. Martin se incorporó de rodillas por detrás e introdujo su pene pegue un grito de dolor, pero disfrutaba luego comenzó a moverse rápido mientras apretaba mis senos y me nalgueaba una y otra vez, se agarraba de mis caderas y aumentaba la velocidad de sus penetraciones me estuvo perforando por un largo tiempo, hasta que le dije que ya no podía, que estaba agotada, que ya terminara y él, agarrándome de las caderas una vez más, empezó a bombearme con fuerza, diciéndome que ya se iba a venir.

    Luego me acostó de ladito y tomándome de mis senos me penetraba, era despacio y sensual, nos besábamos, el acariciaba mi clítoris y levantaba mi pierna para meter sus dedos en mi ano, eso me encanto, eso me hacía gritar y gemir duro varios minutos. Inmediatamente, se colocó encima de mí, me abrió las piernas e introdujo en mi vagina su pene, aaag, grité desesperadamente, mientras que le colocaba mis piernas en su espalda, ofreciéndole mi sexo abierto, y grité – que rico.

    Luego me abrí de piernas poniendo mi coño encima de su pene, luego con la mano la dirigí dentro de mi coño, sentí como se abría paso llegado a lo más hondo, después de la primera vez comencé a ir más rápido y más y más sintiendo como su pene me atravesaba entera. Martin por su parte me sobaba las tetas, los pezones, me metía los dedos en la boca, no tardé en correrme mientras que él aguantaba aún si llegar.

    Después de un rato me fui a bañar. Todos los días a partir de esa fecha lo hicimos sin parar. Martin me grabo en pleno acto sexual en varias ocasiones, en un inicio no sabía eso lo descubrí más tarde. Una noche le dije a Martin que dije que borrara esos videos y a cambio podía hacer lo él quisiera conmigo mientras terminaban sus vacaciones.

    Me dijo que lo quería hacer en la cama de mi hijo como hice el trato no puede negarme y lo lleve al cuarto de mi hijo y me empujo a la cama le dije que si tenía condón pero Martin me dijo que le gustaba al pelo porque la primera vez sí lo hizo pero ella entonces le dije que se corriera fuera, se lo empecé a chupar el pene y me lo metió hasta garganta, luego lo saco y lo volvió a meter y empezó a introducirlo más rápido mientras sostenía mi cabeza y se corrió en mi boca.

    Luego Martin comenzó a besar y acariciar con ternura mi abdomen, muslos y el área circundante de mi vagina, su aliento generaba una sensación placentera sin llegar a tocarme, mi vagina estaba toda mojada y temblorosa.

    Abrió mis labios vaginales y empezó a darme suaves lengüetazos, lentos apenas tocando mi clítoris, yo me sentía desmayar cerré mis ojos y me deje llevar por su lengua, lentamente fue aumentado la intensidad de su lengua, lamio todo mi interior atrapando mi clítoris entre sus labios y chuparlo suavemente pero con fuerza.

    Mis gemidos fueron aumentando mientras mi cuerpo se estremecía a cada lengüetazo que me daba y sin más termine explotando en la cara de Martin mi orgasmo fue tan fuerte que termine mojando hasta la cama, Adrián continuó lamiendo mi vagina hasta que deje de correrme.

    Martin se acostó a mi lado y con su miembro muy duro me dijo que me subiera arriba, me coloque sobre el guiando con mi mano su pene a la entrada de mi vagina que ya estaba toda mojada, con solo sentir su glande mi vagina se sacudió, Martin me tomo de mis caderas y sin dificultad su pene resbalo hasta lo más profundo de mi interior. El enorme placer que me estaba dando a través de mis gemidos, mis pechos no dejaban de rebotar mientras mi vagina era atacada por el duro miembro de Martin.

    Su miembro comenzó a palpitar y dándome un beso pasional y desesperado, su pene exploto dentro de mi llenadme cada rincón de mi vagina con su semen.

    Al cabo de una hora y nos metimos a bañar, con agua caliente lavando nuestros cuerpos volvió a tener otra erección y me volvió a poseer ahora desde atrás, después se vistió y me beso antes de irse a arreglar los papeles antes de viajar.

    Ese día llego mi esposo y no pudimos hacer nada. Al siguiente día mande a mi esposo a comprar algunas cosas al supermercado mientras él estaba allá yo le daba la despedida a Martin. Martin me montó en la mesa de la cocina y me desnudó toda, me puso en cuatro y me empezó a coger durísimo por el culo. Me sentí toda irritada, adolorida y muy excitada, adoraba la sensación que estaba teniendo.

    Luego de unos 10 minutos se aburrió de mi culo y comenzó a perforarme la vagina, ya estaba toda mojada y fue demasiado divino sentir como mi vagina me quedó partida después de tanto sexo. Yo gemía fuertemente y no me importaba nada en ese momento estábamos a punto de corrernos, empecé a sentir un chorrero de leche y mi vagina está llena, se desbordaba todo ese semen.

    Luego se fue para el cuarto y luego listo para irnos al aeropuerto no sin antes anotar mi whatsapp en su teléfono y decirme que nos mantendríamos en contacto. Mi esposo y yo lo llevamos al aeropuerto y antes despedirse me dijo le enviara saludos a mi hijo y que espera volver.

  • De la fantasía a la realidad con mi vecina

    De la fantasía a la realidad con mi vecina

    Hola seguidores, después de unos días largos de trabajo puedo subir mi segunda parte de la historia.

    Después de haber tenido esa conversación de muchas fantasías con mi vecina, coincidimos en una fiesta de una amiga en común (No teníamos idea que nos veríamos ahí).

    Cuando la vi, no tuve palabras; no sabía cómo iniciar la conversación. Lo único que sabía era que tenía poca imaginación por las fotos que me había enviado hace unas semanas.

    En la fiesta estuvimos con los mismos grupos de amigos, nos pusimos a beber y fumar. Hasta que en una canción salimos a bailar; no negaré que al inicio quería tocarla un poco pero no quería hacerlo en ese momento porque quería generarle una intriga y deseo que la pueda tocar.

    Las horas pasaban y pasaban en la fiesta, nosotros seguíamos disfrutando la fiesta y por las altas horas de la noche; cuando nos tocaba bailar ya era baile más pegado y ella podía sentir el tamaño de mi verga; ya que después de tan cerca que estábamos simplemente era imposible no tener una erección.

    En uno de los momentos sentí mucha calentura, decidí salir de la disco un rato y poder fumar un cigarro. A los 5 minutos salió ella, me dijo «Pusieron una canción y quería bailarlo contigo»; le comenté que sentía mucha calentura y que por eso decidí salir un rato.

    Nuestras miradas en ese momento generaron un poco de morbo, ya que ambos queríamos tocar el tema de la conversación que habíamos tenido; pero ninguno de nosotros tuvo la iniciativa de hacerlo (Hasta en ese momento), ya que en broma le dije «No sentí tanto calor desde aquella noche que tuvimos esa conversación», ella sonrió y empezó a reír de una manera pícara.

    Se me acercó un poco más y nos besamos, ese beso se sintió la suma de una noche de una conversación fantasiosa y de una noche de baile excitante; era imposible no tener una erección en ese momento. Después de un largo beso, nuestras miradas se conectaron y en una sola idea fue «Vámonos a cumplir el antojo que tuvimos en esa noche de conversación».

    Llegamos al hotel, ambos estuvimos de una manera fogosa; nos besamos y empecé a recorrer todo su cuerpo, noté que estaba muy mojada en ese momento; empecé a besar y lamer su concha para poder disfrutar de sus jugos. Al rato tuve uno de los mejores orales que me dieron en mi vida; se notaba que estaba muy excitada y que anhelaba que llegara ese momento; lo único que quería en ese momento era ponerla encima de la cama y poder hacerle todo lo que le había escrito.

    Estuvimos unos salvajes los primeros minutos, la facilidad con la que le penetraba y el goce mutuo que teníamos era casi perfecto. Tuvimos unos cuantos rounds, cuando me percato de la hora ya era hora de tener que trabajar.

    Antes de irnos, tuvimos un round más; pero le tuve una petición. Que pudiera darme ese ano que tanto me había movido en esa noche, para mi sorpresa su petición era hacerlo sin condón; estuvimos haciéndolo y haciéndolo; le dije que falte a su trabajo y podamos gozar más tiempo el hotel. A lo cual accedió y nos quedamos.

    Antes de poder irnos, tuve un último deseo de que la pueda bañar de mi semen en su cara y verla con toda mi leche en su cara; me dio tanta excitación, pero ya no tenía suficiente energía y leche para poder darle otro round y ella tampoco tenía energías para poder tener otro round; decidimos irnos del hotel y con un beso pudimos irnos cada uno para su casa.

  • El amigo de mi novio me desvirgó el culo

    El amigo de mi novio me desvirgó el culo

    Este relato es corto, porque no hay mucho que contar. Simplemente poner en contexto y directo al grano, o en este caso al ano.

    Mi novio, sus amigos, las novias de algunos de ellos y yo; fuimos de vacaciones a un pueblo con costas sobre el mar y poca gente. Queríamos unos días de tranquilidad.

    Por más de ser jóvenes, el estrés del trabajo y la universidad era muy grande. Hartos de la ciudad, fuimos a este hermoso lugar.

    Nada interesante ocurrió, hasta una noche en la que los muchachos se quedaron hasta tarde tomando y jugando cartas. A mi me ganó el sueño y me fui a acostar temprano.

    Un rato después, cuando estaba por conciliar el sueño, siento que alguien abre la puerta de la habitación y se acuesta a mi lado. Creí que era mi novio.

    Sentía las manos del que pensaba que era mi novio tocando mis muslos, luego mi culo, pasaba por mis tetas; todo me gustaba. Pero me llamaba la atención, sentía manos más grandes y fuertes que las de mi novio.

    Todavía haciéndome de la dormida, le apoyé el culo —estaba detrás de mi— y sentí una verga muy dura, pero más grande que la de él. De vuelta, pensé que era percepción mía.

    Esas manos anónimas se metieron debajo de mi blusa, para manosearme mejor las tetas; mientras yo frotaba el culo contra esa pija dura como un mármol.

    En un momento sentí que me sacaba la tanga, luego la blusa y quedaba desnuda.

    Fue ahí que me di la vuelta y vi que el que me estaba manoseando era José, uno de los amigos de mi novio. Me quedé en shock.

    Me tapó la boca, ya que mi primer reflejo fue gritar, después me tomó del cuello muy fuerte y me dijo «ahora vas a ser mía».

    No sé por qué, pero así como una parte de mi estaba aterrada, otra parte se dejó o al menos no opuso resistencia.

    Él desenfundó un enorme miembro, como de 19 centímetros, muy duro y venoso. Me hizo chupársela toda. Realmente la disfruté bastante. Solo paré una vez, para decirle que era muy peligroso, que mi novio podía entrar en cualquier momento.

    Su respuesta fue una fuerte bofetada, seguida de un «me importa un carajo», al que siguió que me meta toda la pija hasta la garganta, empujando mi cabeza con su mano.

    Luego me puso en cuatro y me penetró muy fuerte, la sentía hasta el fondo. Era un momento de confusión, pero a la vez mucho placer.

    Mientras me daba de perrito, en un momento siento que me empezaba a meter un dedo en el culo. Nunca había tenido sexo anal y siempre me llamó la atención, pero mi novio no quería.

    A ese dedo lo siguió otro más, mi ano se dilató un poco y la sensación sumada a las fuertes embestidas, me encantaba.

    Eso sí, me sentí confundida por un segundo, cuando me apretó una almohada contra la cara; pero lo entendí perfectamente cuando instantes después, sin mediar palabras y con apenas un poco de saliva; me penetró el ojete. La almohada fue clave para tapar el alarido de dolor que pegué, fue tremendo.

    Me dolía muchísimo, comencé a lagrimear, mientras mi violador anal nocturno me susurraba que era una puta, que ahora soy suya y que me iba a destrozar el ojete (lo estaba haciendo).

    Me cogió con una fuerza descomunal mientras me estiraba el pelo y me daba nalgadas muy fuertes. Al cabo de unos minutos, sentí como me eyaculaba en lo más profundo del culo.

    Y así, sin más ni menos, me la sacó de adentro y se fue. Volvió a la reunión como si nada.

    Yo por mi parte, estaba tirada en la cama, con el culo lleno de semen y un dolor que supo convertirse en placer.

  • Mi amiga del colegio ¡tú tendrás un hijo mío!

    Mi amiga del colegio ¡tú tendrás un hijo mío!

    En la universidad, nos comisionaron a una investigación de campo para supervisar un terreno del cual la institución había alquilado, por lo que los mejores alumnos de entre ellos yo, habíamos sido elegidos para supervisar el avance de la siembra de ciertos productos, y de la reacción de ciertos animales a la comida que nosotros habíamos desarrollado. Cuando llegamos al lugar, me destinaron a mí y a mi grupo, a la zona de los animales, durante toda la mañana de ese primer día estuvimos trabajando como era que teníamos que hacerlo.

    Ya después del almuerzo, nos dejaron ver los alrededores, fue ahí cuando la vi, era ella. Me acerqué y la saludé, ella tal y como la recordaba siempre alegre, me correspondió de la misma manera. Le llamé por su nombre, o por lo menos por el nombre que recordaba de ella, ella se sorprendió, y me dijo que como lo sabía, fue cuando le dije quien era, ella pasó de dudar a emocionarse, al darse cuenta quien era, me dijo que no lo podía creer y que estaba cambiado y más guapo, gentilmente le dije: Tu también has mejorado. Ella hecho a reír.

    Me llevó a donde era su casa temporal, una especie de rancho en medio de la granja y el campo, ahí la puse al día de todo, me había casado, tenía dos hijos, pero aún pensaba en tener más, pero mi esposa estaba dudando. En tono de broma me dijo: Bueno, ¿Y para qué están las amigas? La mire por unos instantes y le respondí: No sería mala idea, después de todo, tus pechos serían muy útiles para dar de lactar. Se puso algo colorada, y rio.

    Ella por su parte, desde que salió del colegio, nunca tuvo ningún tipo de relación, como que incluso las evitó, no logrando congeniar con nadie. Tras unos minutos de conversación, me dijo que la esperara un momento. Mientras la esperaba escuché como que algo se cayó a lo lejos. Ella desde lo que parecía su cocina, me pidió ayuda. Según me dijo y por como la encontré, se había tropezado y una jarra de agua le había caído encima, por suerte era agua fría y no caliente. Le ayudé a quitarse su polo, ella un poco avergonzada se tapó con un mantel, que luego simplemente dejó a un lado, como queriendo incluso que le viera los pechos.

    Me dijo entonces que le dolía la pierna derecha, pues al tropezarse se había golpeado ahí, pidiéndome que le sobara. Yo accedí, en medio de lo que parecía algo creado, como realmente ocurrido sin intención de nada. Luego me dijo que le acompañara a uno de los ranchos donde tenían algunos animales, que ahí en una zona guardaban ropa, que si le podía ayudar porque no podía caminar bien. La cargué para salud de ella, y me dirigí hasta allí, como estaba casi oscureciendo, no nos vio nadie.

    La llevé a donde estaban los animales, ahí, en un apartado había una zona donde guardaban alguna ropa y otras cosas, había algo de paja que comían los animales, se quitó la falda que tenía puesta y la puso sobre el suelo, se recostó sin miramientos de cual pierna era la que supuestamente estaba mal, dándome a entender que todo había sido una patraña para estar solos, mientras ella se acomodaba y por la escasa ropa que llevaba puesta, yo que estaba tan solo con mi short y polo, no me fue difícil quitarme la ropa e ir tras de su preciado tesoro, sin darle tiempo de reacción, y como ya estaba en cuatro, le bajé su ropa interior y se la metí de frente por el coño, sus gemidos se mezclaban con la de los animales, mis pelotas rebotaban sobre su vagina, y mis crecientes ganas de dejarla preñada aumentaban con cada embestida.

    Mi pene se abría paso una y otra vez dentro de ella, y ella no paraba de gemir por el placer que sentía. En un momento dado de consciencia me dijo: Deberías ponerte preservativo. A lo que le conteste en medio del placer que sentía: ¿Para qué? Si la razón por la que vine hasta aquí por ti, fue para inseminarte y dejarte preñada, ya que tú serás la madre de uno de mis hijos, después de todo estos pechos no se pueden desaprovechar más.

    Ella quiso protestar, pero mis embestidas le evitaron la comisión de alguna protesta. La manoseaba a más no poder, le quité el sostén que escondían sus enormes pechos, mientras seguía metiéndosela una y otra vez sin descanso, si no fuera por lo animales, creo que todos afuera nos habrían escuchado, pues por lo menos yo me contenía, pero ella gritaba como una verdadera perra en celo.

    Seguía dándole sin parar, hasta el momento en el que me sentí venir, mis manos estaban en sus caderas sujetándolas para que no se moviera, en el último momento mi cuerpo hizo presión sobre el de ella, mis dos brazos presión sobre su abdomen, y mis manos a sus tetas, que no dejaban de rebotar con cada embestida que le daba, las aprete fuerte al punto en el que el dolor por ello, se mezcló con el placer de sentir como cierta calientita abruptamente le llenaba toda.

    Desde mis pelotas mi leche recorrió hasta la punta de mi pene, llenando todo su útero sin parar, tres potentes chorros de mi semen caliente inundaron su interior, seguido de otros menos potentes. Sin embargo, era obvio que yo no iba a parar ahí, así que sin pensarlo dos veces, y aun teniendo mi pene dentro de su vagina, continué el vaivén de penetración en ella, ella ahora a diferencia de antes, pedía más y más, después de todo sabía que ya de nada le servía quejarse, después de tremenda corrida que me había dado dentro de ella, lo más obvio es que iba a quedar embarazada, si es que ya no lo estaba.

    La di vuelta y la tuve frente a frente, su cuerpo entero estaba lleno de sudor por la fuerte embestida que le había dado, y sin darle tregua de que dijera nada, la bese profundamente sujetándola con una de mis manos desde su cuello, en el mismo instante que la penetraba de nuevo en su vagina, con mi pene aún con semen, dispuesto a seguir rellenándola aún más. El vaivén continuó por casi 1 hora, donde sin dejar pasar oportunidades, no solo le di sin parar con mi pene que cada vez sentía más magullado, sino además con mis manos y mi boca, me deleitaba con su sexo totalmente.

    Me sentí venir nuevamente, y esta vez con ella queriendo más, sus piernas me sujetaron a si misma, yo con ambas manos bajo su cabeza besándola, y ella abrazándome, me corrí por segunda vez dentro de ella, a diferencia de lo que hubiera pensado, esta vez, y por el morbo de lo que estábamos haciendo, sentí cuatro chorros ser disparados desde mi miembro a sus adentros, ella también lo sintió, y como tal, no pudo parar de gemir por el placer que sentía.

    La verdad, ni yo me daba crédito a lo que había sido capaz de hacer, sin lugar a dudas, esto era lo mejor que yo había hecho en mi vida. Sabía que después de tremenda follada, ella obviamente iba a quedar embarazada, pero también sabía que esto debía quedar entre ella y yo, pues mi esposa no debía enterarse de esta situación, incluso así ella también me hubiera sido infiel con uno de sus amigos del trabajo.

    Ella entendió cual era su lugar desde el principio, y como tal, me dijo que no me preocupara, ella no iba a decir nada sobre quien era el padre producto de su embarazo, pero que yo tampoco debía descuidarla. Eso me tranquilizó. Al otro día, el estudio del campo y la granja ya había culminado, yo volví con los chicos del grupo de investigación, y ella se quedó con su familia. Mantuvimos comunicación por el siguiente medio año, donde ella me comunicaba el avance de su embarazo, y de como estaba feliz por que nazca su hijo.

    Hasta que ya no recibí más comunicación de ella, fue entonces que…

  • Comiéndome a mi jefe

    Comiéndome a mi jefe

    Soy una mujer de 27 años de 1.60 de estatura de cuerpo voluptuoso, cabello negro y un lunar junto a mi boca. Pero sin duda alguna lo que más destaca en mi es mi gran trasero.

    Trabajo en una entidad estatal, pero mi trabajo es sobre todo territorial, por ese motivo siempre mantengo bastante ocupada en muchas reuniones y los ratos para divertirme son muy pocos.

    Es importante mencionar que vivo con mi esposo hace más de 10 años y llevamos una relación abierta, entonces nos gusta experimentar cosas nuevas.

    Cómo lo mencioné anteriormente siempre mantengo recorriendo Bogotá que es la ciudad en la que vivo y ese día por algún motivo no tuve reuniones en horas de la tarde y pensé… ¿Por qué no divertirme un rato?

    Entonces le escribí a mi jefe que si me iba a invitar a comer onces en su apartamento… Con él ya habíamos tenido encuentros sexuales, pero hace mucho no pasaba nada y ese día tenía ganas de que me comiera muy rico.

    Bueno… Entonces me retoqué un poco el maquillaje y me puse mucha crema en las piernas y casualmente ese día llevaba una falda larga que deja al descubierto una de mis piernas.

    Mi esposo me dejó en el apartamento de él y decidió esperar en el carro mientras yo me comía a mi jefe.

    Entonces llegué a su apartamento y me recibió con un besote y me agarró el culo con mucha fuerza, entonces me senté en el sofá y “Sin querer” le mostré la ropa interior, entonces él se sentó a mi lado y empezó a acercarse mucho a mí y me apretó con fuerza lo que me hizo excitar mucho, luego me dio otro beso muy largo y me hizo sentar sobre él y sacó mis tetas y me las chupó de una manera muy apasionada mientras tanto con la otra mano me iba masturbando.

    Decidí hacerme un poco la difícil, entonces me alejé y le dije que yo había ido era a tomar onces… Mientras él alistaba todo yo seguía siendo muy insinuante con mis tetas prácticamente por fuera de la blusa.

    Nos tomamos las onces él mientras yo lo miraba con muchas ganas y sacaba pecho para que no pudiera desviar su mirada de mis tetas. No aguantó las ganas y empezó a acercarse a mi… yo abrí mis piernas para que él me viera la ropa interior.

    Entonces no aguanto las ganas y se fue para la silla en la que yo estaba y sin mediar palabra se abalanzó sobre mí y me beso muy agresivamente y mientras me besada con una mano me tenía la cabeza y con la otra me cogía la cuca muy rico y muy agresivamente lo que me hizo mojar en cuestión de segundos.

    La excitación de los dos era tan grande que le dije que subiéramos a su habitación y mientras subíamos las escaleras intencionalmente me levanté la falda para que me viera el culo… Llegando al segundo piso me dio una nalgada muy rica.

    Ya en el cuarto de él me volvió a sacar las tetas de la blusa y me las volvió a chupar las tetas muy rico lo que me hizo enloquece bastante y empecé a desnudarme… Me chupo las tetas muy rico entonces me quité el brasier y él con una mano me volvió a coger la cuca muy agresivamente y eso me puso todavía más arrecha.

    Entonces me terminó de quitar la falda y me puso de espaldas contra él para poder apreciar mi culo detalladamente mientras rosaba su verga ya parada contra mi culo.

    Luego de eso lo tiré en la cama y le chupe las huevas de una forma muy rica y de una sola me metí toda su verga en la boca y le hice unos remolinos con la lengua muy ricos en la punta de la verga haciéndolo estremecer.

    Finalmente me puse de espalda contra él y le batí el culo de una forma muy rica hasta que me dejó llenita de su leche.

    Cuéntenme si les gustó para seguir compartiéndoles mis aventuras.

  • Mi novia se cogió a mi papá y me gustó

    Mi novia se cogió a mi papá y me gustó

    Durante un tiempo, por problemas familiares, mi novia vino a quedarse a la casa de mis padres, donde yo también vivo, soy hijo único así que nunca tuve problemas en darles estadía a los demás.

    Por ese entonces con mi novia llevábamos 4 años juntos, ella conoce muy bien a papá ya que él es carismático, siempre preguntando por ella aunque nunca me imaginé el porqué de su excesiva amabilidad hasta que lo descubrí con mis propios ojos.

    Para contextualizar un poco, yo actualmente tengo 30 años, mi novia tiene 28, los tiene muy bien puestos, un culo que sin ser muy grande lo tiene parado y con cualquier leggings o falda se le resalta demasiado, buenas piernas que las tiene bastante bien trabajadas a la vista y piel blanca, cabello castaño oscuro y ojos negros, sus tetas son normales pero muy ricas cuando sus pezones se le ponen duro. Mi papá ya es un hombre de 58 años, en la semana muy trabajólico pero en el descanso del fin de semana, suele salir con sus amigos y llegar un tanto ebrio.

    Durante ese fin de semana con mi novia habíamos ido a un bautizo familiar en donde mis padres habían asistido también pero nosotros dos nos vinimos más temprano porque estábamos muy cansados, nos acostamos y poco antes de dormir mi novia me menciona que cuando despertara, le hiciera el amor muy salvaje porque estaba en sus días de mucha calentura, yo le dije que por supuesto así que nos dormimos.

    Pasaron alrededor de dos horas y mis padres llegaron, para variar papá había bebido más de la cuenta así que se sentó en el sofá y mi madre se fue a la cama a descansar, sin embargo él prendió el televisor y esto hizo que despertara a mi novia, por lo cual ella decidió levantarse e ir a la sala para decirle que el sonido le estaba interrumpiendo el sueño.

    Mi novia suele usar pijamas de tipo bata corta, de muchos colores, esta vez llevaba uno color blanco transparente donde se le marcaba todo su tangas blanco y bien metido en el culo y a la luz sus pezones pero ella no le prestó mucha importancia a cómo se veía y se levantó.

    Papá cuando vio a mi novia de pie delante de él tuvo una erección inmediata, no lo disimuló con su pantalón ajustado y una camisa azul de botones, mi novia un tanto sonrojada mirando que a mi papá se le puso dura por su cuerpo le pidió que se fuera a dormir pero lejos de hacerlo él se paró y la abrazó diciéndole que necesitaba un vaso de agua, así que lo acompañó hasta la cocina para servirle.

    En ese momento, papá se le acercó de espaldas mientras ella también se servía un poco de agua y le empezó a decir al oído, susurrando, lo rica que le queda esa bata y que sus piernas se ven muy relucientes y suaves, mi novia empezó a sentir lo duro que estaba papá, cómo le aplastaba con esa verga la bata por la parte de su culo, comenzó a darle cierto morbo la idea además porque estaban los dos solos en la cocina y como papá estaba bebido, podría terminar creyendo al otro día que todo fue un sueño o tener muchos problemas para recordar lo sucedido, con lo cual ella aprovechó de dejarse llevar mientras él le acariciaba con sus manos sus piernas y le susurraba lo delicioso que se sentían en sus manos.

    Mi novia para ese momento ya sentía que su clítoris le palpitaba de morbo y calentura así que se subió su bata y dejando toda esa cola con una rica tanga blanca muy metida, se la empezó a rozar por los pantalones de papá mientras ella se mordía los labios y él empezaba a suspirar de placer y calentura.

    En ese momento yo desperté, me di cuenta que mi novia no estaba al lado mío así que decidí levantarme sigilosamente sabiendo que podía estar mi papá dormido en la sala y evitar meter ruido, pero cuando di unos pasos hacia la cocina en medio de la oscuridad y la poca luz que llegaba de la calle por la ventana, me puse a observar algo impensado.

    Un tanto escondido me puse a mirar cómo papá estaba agachado con todo el culo de ella en su cara, mientras él lo estaba gozando mucho, podía ver cómo se tocaba mientras le pasaba la lengua a sus nalgas. Cuando miré la cara de mi novia ella estaba observando cómo papá le comía toda la cola, lo cual provocó en mí una sensación como de rabia e impotencia, pero a la vez debo confesar que de mucho morbo, sentí un golpe de calor de mucha adrenalina, no sabía bien qué hacer o si intervenir o quedarme ahí, observando qué iba sucediendo.

    De pronto papá se sienta en una silla que hay en la cocina, ella se da vueltas cuando escucho que le dice que le dará un regalito pero no entendí a qué se refería hasta que mis propios ojos lo veían, le estaba bajando el bóxer, se arrodilló en el suelo, agarro su verga y se la metió en la boca, al tiempo que ella misma se tocaba su tangas por encima, papá le agarraba toda la cabeza, podía ver cómo ella le pasaba toda la lengua de un lado a otro, luego se la escupía y se la volvía a tragar, ya para ese momento mi verga estaba muy dura y mojada, mi calentura hizo que me quedara ahí, a escondidas metiéndome la mano dentro de mi buzo de pijama y tocarme, me daba un placer y a la vez un morbo, mi mente solo pensaba en verla con su cara llena de leche de papá o verla brincarle y hacerlo disfrutar de su cuerpo que tanto era deseado por él.

    Mi respiración comenzaba a agitarse, intentaba contener mi excitación, pero quería ver más, de pronto pase de la rabia y frustración a una morbosidad muy grande, fue ahí cuando mi novia se le sienta encima, le agarra la verga a papá y comienza a meterla dentro de su rica conchita, al tiempo de que ella empezaba a gemir suave, como susurrando, sus manos estaban en la cabeza de él y las de papá en las nalgas de mi novia, veía cómo se las apretaba, lo veía tan caliente que me daba aún más placer, miraba a mi novia como disfrutaba la verga de un madurito y cómo de rico le estaba saltando, haciéndolo suave pero hasta el fondo.

    Ella se bajó la bata y le puso las tetas en la cara, papá no dudó un segundo en metérselas a la boca, succionar sus pezones y pasarles la lengua de una manera muy deliciosa. Escuchaba que mi novia susurrando le decía qué rico que tenía la verga de dura y qué era lo que sentía mientras la penetraba, a lo cual papá le dijo que sentía una máxima calentura, que realmente la deseaba y que no aguantaba más porque sentía que se iba a correr de lo deliciosa que le brincaba y se movía, a lo que mi novia le dijo que era muy rico saberlo y que quería ver que se corriera en ella pero él le dijo que quería acabar en su boca y así fue como sucedió.

    Ella salió de encima de papá, se puso de rodillas y le agarró su verga, comenzó a darle la chupada de su vida, mirándolo a los ojos y diciéndole que quería de su leche calentita, hasta que pude ver cómo empezaba a salirle leche a papá y cómo mi novia abría la boca, ella daba algunos gemidos y se tocaba su rica concha intentando tragarse todo lo que él estaba botando.

    Mi verga ya estaba en un punto de máxima explosión y terminé corriéndome mirando todo ese espectáculo dejando mi mano llena de mi propia leche, observando cómo ella se había tragado toda la leche de papá y cómo seguía masturbándose hasta que de un momento a otro ella también comenzó a correrse con la verga aún en su boca, gimió suave y su mano comenzó a moverse muy rápido por encima de todo su clítoris, vi su cara explosiva de placer y morbo por papá y lo rico que acababa, hasta que terminó y dio un suspiro muy rico y satisfactorio. Luego sacó sus manos de su conchita y se puso de pie, se subió la bata y le dio un beso a papá en la boca con lenguas, compartiendo el rico semen que ella le había logrado sacar con su cuerpo y con su boca.

    Rápidamente me fui a la cama y me acosté recordando toda la situación con una sensación de morbo, pensando en cómo pudo haber ocurrido esto, pero deseando que volviera a pasar. A los pocos minutos mi novia llegó y se acostó muy disimulada creyendo que yo dormía, se acomodó de espaldas e intentó dormir luego de dar un suspiro, cuando despertamos ella me lo confesó, y le pedí que me contara todos los detalles para poder escribirlo y si lo había disfrutado, quería escucharlo desde sus propias palabras. Quedamos en que volviera a hacerlo, y que esta vez me avisaría para estar observando y tocándome viendo como papá volvía a disfrutarse con su cuerpo.

  • Cásate conmigo

    Cásate conmigo

    En una cama sucia y desaliñada, la rubia Isabel recibía los embistes de un hombre musculoso que había conocido menos de media hora antes en la panadería donde solía comprar. Todo sucedió muy rápido: una barra de viena que se desliza hacia el suelo, una mano apresurada que la recoge en el aire y roza sus tetas, un «Ay, perdón», un «No pasa nada»… Isabel salió de la tienda y esperó; el hombre la vio cuando cruzaba el umbral: ella, coqueta, se ajustaba el tirante de su vestido, dejando ver el nacimiento de sus frondosas tetas; él, simplemente, se llevó la mano a su entrepierna hinchada. Se fueron juntos a la casa de él. Y ahí, sin más, él la tomó en brazos y la tumbó en la cama. Sólo le quitó las bragas, el volante de la falda lo subió hasta el ombligo de ella, y la penetró bruscamente, cosa que a Isabel encantó.

    «Oye, pero ¿sin condón?», quiso saber su amiga Inés por teléfono; «No, se puso uno», respondió Isabel; «Ah, bueno…, oye, pero qué ligona estás últimamente», comentó la morena Inés; «Ya, no me puedo quejar, con mis kilitos de más, en fin, una hace lo que puede…»; «Oye, y cómo…», rio Inés; «Ya sabes, chica, los tíos están salidos, enseñas algo de carne y ya los tienes empalmados», rio también Isabel; «Claro, oye…, bueno, te dejo que viene mi jefe, luego te llamo, chao»; «Chao».

    Isabel se tumbó en su cama después de la llamada. Estaba desnuda tras la ducha fría que había tomado luego de haber ido a la panadería y haber follado con el desconocido. Isabel vivía sola. Así que no tenía que preocuparse de nada: podía ir en bolas por su casa si le apetecía, siempre que tuviese echados los visillos, porque desde el edificio de enfrente podía alguien sorprender su desnudez. «Me apetece polla», pensó.

    El jefe de Inés llegó y rompió el hielo con el personal de la sala diciendo: «Este mediodía vamos a liarla parda». Todos rieron. En el fondo sabían que ese «vamos a liarla parda» significaba que iban a tener más mesas reservadas de lo normal para un día de septiembre con tanta calor, es decir, que se iban a hartar de trabajar. Pero se lo tomaron con filosofía y siguieron preparando la sala como siempre. Inés oyó el sonido de una notificación de WhatsApp en su móvil, el cual sacó del mandil para leerla. «Me apetece polla. 13:24», leyó. Inés sonrió y miró a su alrededor contenta. Le encantaba el positivismo de su amiga Isabel. A ella, sin embargo, más apocada, sólo le apetecía echarse una siesta. Eso sí, si fuese en compañía de su jefe… pues mejor: tan enamorada estaba de él… Y todo por un revolcón. Sí. El día de la inauguración del restaurante. Ebria de alcohol consintió los tocamientos de su jefe y todo acabó con ellos dos follando como locos en el almacén del negocio sobre una de las mesas de plástico que iban a servir para la terraza. El culo de Inés apretado en la mesa amortiguaba los embistes de su jefe que, inclinado, sujetado a los muslos abiertos de ella, con los pantalones bajados hasta los tobillos, no cesaba en su empuje: «Oh, oh, Inés, qué buena estás», le decía en voz baja mientras mordisqueaba y babeaba las tetas; «Ah, sí, sí, sigue, Miguel», gemía Inés con el rostro contorsionado de placer; «Oh, oh, Inés, me co-rro, me corro-ooh»; «Córrete, ah, sí, córrete, aahh». Miguel sacó la polla del coño de Inés y se masturbó hasta que el semen salió impulsado sobre el vientre de Inés, que suspiró satisfecha. No obstante, Inés dejó ese trabajo, y no supo ni quiso saber nada más de su jefe.

    Isabel se paseaba en braguitas por su casa, retocando esto, limpiando lo otro, cuando sonó el timbre. Cogió una camisa del perchero que tenía junto a la puerta, se la puso y abrió. «Buenos días, señora», le dijo un hombre vestido de técnico de algo; «¿Qué quieres?», interrogó Isabel. No le cabía duda a Isabel de que sus tetas habían cautivado a aquel hombre; claro, se había abotonado la camisa con prisas y media teta al menos se le veía. Después de unos prolegómenos en los que las asentadas insinuaciones de Isabel habían calado en el ánimo del «técnico de algo», éste entró en la casa y se quitó el uniforme en el saloncito. Ahí, desnudo y de pie, se quedó esperando a que Isabel se arrodillara frente a él. Esta engulló la polla; la sintió endurecerse en su boca; y mamó. Se deshizo de la camisa Isabel y tomó las manos del hombre para guiarlas hasta sus tetas, para que se las acariciase entretanto ella chupaba. Se metió ella los dedos bajo la telita de sus bragas para masturbarse, y chupaba. La habitación se llenó de quejidos y gemidos: roncos los de él; finos los de ella. La polla se hinchaba más y más. Isabel sabía que este hombre se iba a correr y aumentó el ritmo de su cabeceo: «Mmm, mmm, mmm», mamaba Isabel; «Oohh, oohh», rugía el hombre. El semen salió disparado hacia la garganta de Isabel. Ella miró a la cara del hombre, escupió el abundante semen en la palma de su mano y lo saboreó con su lengua diciendo: «Uff, chico, qué buena corrida».

    De las dos amigas, elegí a Inés. Fue en una fiesta de fin de verano que se celebró en un chiringuito frente a la playa. Yo bailaba solo cuando ellas me miraron. Quizá les llamó la atención mi corte de pelo estilo militar; o quizá mi torso peludo vislumbrado en mi camisa abierta. Isabel iba muy provocativa con un kimono transparente sobre su ropa interior; Inés llevaba una camiseta de los Lakers y unos pantaloncitos cortos. El cuerpo de Isabel era voluminoso, en cambio el de Inés era fino como el de una delicada figurita de porcelana. Inés y yo congeniamos pronto. Ella pidió a Isabel las llaves de su casa y nos fuimos para allá. En cuanto llegamos, Inés y yo nos duchamos juntos: quedé maravillado ante su desnudez: la noche prometía: las medianas tetas con sus areolas morenas, la modelada cinturita, el vientre acogedor y el coño bien triangulado me excitaron desde el principio. Metí mi polla en su cuerpo entusiasmado más tarde en la cama. Inés gemía lánguida con mis avances. Inés besaba mis hombros y mi pecho estando debajo de mi cuerpo mientras yo la follaba. Yo miraba su gesto extasiado y me decía: «Bien, sigue, le está gustando». Decidí sacar la polla y ponerme un condón; para ello tuve que ponerme de rodillas sobre el colchón frente a ella y sacar el condón, momento que aprovechó Inés para, elevando su torso, chupármela a fin de que mantuviese mi erección. Ah, sí, qué bien: ahora sí me correría a gusto. «Uf, Inés, Inés, oh, oh, oohh». Y me corrí. Luego me abracé a Inés y le dije al oído: «Cásate conmigo», entretanto que ambos oíamos gritar a Isabel en la otra habitación teniendo un orgasmo.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (32)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (32)

    Sin apuntar, da en el blanco.

    Escasamente me da tiempo a pensar la mejor respuesta que le puedo ofrecer a su invitación. O es… ¿Un desafío? En todo caso Mariana con bastante tranquilidad, se desplaza descalza hasta el costado izquierdo de la cama y de medio lado acomoda por completo nalga y muslo derecho, –este último a medio descolgar– sobre la colcha de fresco algodón; el resto del peso de su cuerpo lo descarga en la pierna izquierda, extendida y apuntalada al suelo de cerámica por su desnudo pie, asemejando un esforzado paso de ballet.

    Dando un corto sorbo al tequila, coloca el vaso de cristal sobre el nochero, –al mejor estilo art-déco– y con paciencia retira los dorados pendientes de sus orejas. El derecho primero y el izquierdo después. Ya me conozco este ritual. Ahora los tendrá que colocar donde los pueda ver, evitando que se le olviden. Es decir justo al lado del interruptor de la innovadora lámpara de noche, amurallados por las pulseras de plata y las gargantillas de oro. Así lo hacía en nuestra casa, retirando todo lo artificial de su piel, menos la alianza matrimonial. En este caso como en sus muñecas no las lleva puestas, utilizará con seguridad su smartwat… ¡Ja, lo sabía!

    Y justo en este instante, como si tuviese que espantar el ataque de un enjambre de abejas, Mariana va a revolcar sus cabellos con los diez dedos, desde su frente hasta la nuca, en ambos parietales, y echando la cabeza hacia atrás. Cuando viví con ella y mantenía hasta la cintura su melena azabache o después desafortunadamente tinturada, ella con fuerza lo lanzaba todo hacia adelante ayudándose con la palma de sus manos, –formando una secuencia de Fibonacci al admirarla desde mi posición– y comenzaba a peinarlo arañándolo con sus dedos nuevamente desde la frente hasta llegar a las puntas, repetidamente y engibada, revisaba de tanto en tanto los extremos buscando no encontrar las apocalípticas horquillas.

    Hasta que por alguna rendija, –que se formaba al pasar sus dedos por entre el torrente de sus cabellos– se percataba de que recostado contra el cabecero de nuestra cama yo estaba mirándola embobado, y juguetona me preguntaba con voz ronca, « Loco. ¿Qué tanto me miras?» y enseguida se venía juguetona hacia mí, caminando encorvada y emitiendo gruñidos, con sus cabellos ocultándole la cara y actuando como la niña misteriosa de la película de terror. Y reíamos bastante, provocándonos cosquillas para terminar haciéndonos el amor.

    Pero hoy, como lo lleva corto hasta los hombros, desconozco que va a suceder. Debe haber desarrollado otro protocolo más eficiente y serio en mi ausencia. Me intereso por conocer esa nueva manía y no ceso de observarla. Efectivamente echa su cabeza hacia atrás, –como antes– pero ahora la mueve rápidamente de un lado para el otro con rapidez, como si estuviese rezongando por algo, pero se detiene para acomodar la onda de los mechones hacia la izquierda con la mano derecha.

    Se levanta de la cama, al parecer satisfecha, y me mira. Sonríe pues es consciente de que me gusta verla y que me encanta –como siempre– dejarme hechizar por ese par de ojos azules, seductores y atractivos. De nuevo toma su vaso y mientras se me acerca, termina de beber en dos sorbos seguidos, lo poco que le falta.

    En mi dirección su brazo se alarga con el envase de cristal desocupado en la mano, con el mismo gesto de siempre, –el de niña consentida– me lo entrega, achinando los ojos y arrugando su respingada nariz. Se lo recibo para dejarlo sobre la bandeja y de soslayo la observo flanquear la cama por el lado izquierdo. No está haciendo calor pero con el dorso de la mano zurda limpio un poco el sudor que humedece mi frente, en tanto que en la diestra mantengo el vaso con tequila y el hielo ya hecho líquido, pero eso ahora es lo que menos me importa.

    Mi atención, toda, se centra exclusivamente en observar los gráciles movimientos al detalle, regodearme en admirar la belleza de su cuerpo mientras se desviste, para nunca olvidarla, para recordarla por siempre. ¡Por si no puedo perdonarla y por si las moscas nos dejamos de ver!

    Los dedos de sus manos desbaratan sin prisas el sencillo nudo del cordón que entalla su cintura. Mariana, frente a la puerta del baño se agacha para recoger el ruedo del vestido por delante a dos manos cruzando los brazos; arremanga la tela hasta llevarla más arriba de las rodillas, –meneando un poco las caderas– y termina por subírselo hasta la altura de su cabeza, retirándolo de su cuerpo sin despeinarse demasiado. Lo sacude con fuerza y sobre la cama lo extiende cuidadosamente.

    Me mira, sonríe, me guiña el ojo derecho; sabe bien Mariana que me encantaba verla desnudarse, e irremediablemente ahora espero lo mismo. Quiero verla desprenderse del top blanco que le aprieta los senos, y deseo que esos cucos negros que atraen mi atención hacia el centro de su alba figura, se descuelguen por sus muslos sin que alguna rodilla imprudente se cruce y no alcance el entelado aroma de su intimidad, a descender hasta sus tobillos.

    Deja de mirarme y se concentra en rascarse la nalga derecha. Gira sobre sus talones un cuarto de vuelta y veo como introduce por los costados, los pulgares bajo el encaje encauchado de sus panties y estira hacia abajo la íntima prenda, pero mis ojos la pierden de vista cuando ingresa al baño. «Me deja viendo un chispero», y en mi mente apenas retengo la imagen convexa de sus muslos, sumado a la ideal proporción de su culo con forma de melocotón, y la atractiva «S», que estilizada avanza desde su cintura recorriendo vertebra tras vertebra la espalda hasta el estirado cuello que sostiene su cabeza. ¡Puff! Necesito otro trago, tal vez Mariana también. ¿Y un cigarrillo para los nervios? ¡Claro, puede ser!

    En razón a nuestra cotidiana familiaridad, me deshago del vestido frente a Camilo y noto en el brillo de sus ojitos marrones, que su admiración por mi cuerpo no ha declinado a pesar de nuestros meses separados. Desde nuestro noviazgo siempre ha sido de esta manera. Su actitud de enamorado voyeur no decae a pesar de todo lo que el pobre ha soportado, y eso… ¡Eso es un síntoma claro de que para nada me ha olvidado! Quisiera desnudarme ante él por completo, y otorgarle nuevamente el disfrute de su tiempo adorándome con su mirada. Pero temo que al hacerlo pueda llegar a pensar que tan solo intento seducirlo para que me perdone a cambio de sexo. ¡Y ese sería otro error imperdonable por mi parte!

    Que pecadito con él, pero debo dejarlo con las ganas. Mejor me hago la loca y entraré al baño para lavar mis cucos y luego darme un renovador duchazo. Pero no voy a cerrarle la puerta, ya que no somos un par de extraños, aunque por ahora lo parezcamos. No seré yo quien se atreva a romper este relajante silencio invitándolo a pasar, pero si gusta o si así lo desea y se atreve, pues que siga y se deleite con mi completa desnudez. Mmmm, ¡Que disfrute un poco!… Antes de tragarse el sapo que le aguarda con lo que quiere saber y que yo realmente no quisiera tener que recordar.

    Me he quedado solo, como suspendido en el limbo de sus recuerdos dentro de esta habitación, –mientras termino de agitar los dos cocteles– pensando que hacer. ¿Ingreso con ella al baño para seguir escuchando sus memorias y poderla ver completamente desnuda después de tanto tiempo? Pero… ¿Y si se me entiesa esta cabeza que no piensa, y me entran furibundas por las venas, las ganas de hacerla de nuevo mi mujer? Ah, carajos. ¡No sé qué hacer! Definitivamente necesito un cigarrillo.

    De nuevo como ayer, casi a la misma hora, observo ante el espejo a una Mariana ya más calmada, sin el llanto que aguaba mis ojos, ni la vacía expectativa que me trajo hasta aquí. Curiosamente, a pesar de lo complicado que ha sido revelarle mis deslealtades, al parecer estoy curada de la migraña, metida entre estas cuatro paredes casi desnuda, emparamando de líquido jabón mis panties, –juntando el tejido entre mis dedos– delicadamente refregándolo contra el bolsillo de algodón para cuidar mi higiene, enjuagándolos con agua un poco más que tibia para ponerlos a secar en…

    — ¡Oops, lo siento! Creí que ya estabas en la ducha. —Le digo a Mariana desde el vano de la puerta, con un coctel en cada mano y entre mis labios apretado mi rubio tabaco con su retorcida humareda elevándose deforme hasta el cielo raso.

    Había escuchado el grifo derramar su torrente y me imaginé que mi mujer ya se encontraría dentro de la cabina, protegida su desnudez un poco, por el vapor que debería de empañar los salpicados cristales. Más no es así, y me la encuentro frente al ovalado lavamanos de cristal, lavando sus cucos, con su desnudez de cintura para abajo, –atrayendo mi mirada– ya que mantiene puesto todavía su apretado top.

    —No te preocupes, cielo. No vas a ver nada diferente a lo tienes más que visto. —Le respondo sin inquietarme. Por el contrario, siento agrado por su atrevimiento.

    —Ya casi termino. –Le digo mirándolo a través del reflejo en el espejo. – ¿Pero sabes una cosa? Quítate la ropa y pásame tu bóxer para lavarlo. Debe estar igual de sucio y lleno de arena como mis cucos. —Camilo duda. Mudo ante mi propuesta, no se atreve.

    — ¿Estás hablando en serio? ¿Y si no se secan que me pongo? —Me responde después de analizarlo.

    —No te preocupes por eso. Tenemos tiempo para que se oreen en el balcón. Y si no, pues echaré mano del secador de cabello. Mientras tanto te vas adelantando. ¡Anda! –Sin querer le ordeno. – Te das un duchazo y vamos hablando. ¿Te parece?

    —Humm, está bien. —Le respondo con desgano pero le hago caso y dejó los dos cocteles sin probar sobre el mueble de madera, más mi cigarrillo continua atrapado entre mis dientes.

    Primero suelto los tres botones que juntan mi camisa y en seguida aflojo el botón de la bermuda y bajo la cremallera. El que caigan al piso las dos prendas y permanezcan esparcidas a mis pies no me preocupa, tengo la certeza de que Mariana las recogerá, como antes, como siempre. Pero lo haré yo, para cubrirme un poco cuando termine de quitarme mis interiores.

    —Vamos cielo, pásamelos ya. Dame ese pucho para tirarlo y la camisa y tus bermudas para alisarlos un poco con la mano, mientras te bañas. Y deja la bobada que no te voy a morder las nalgas. —Lo apuro. ¡Aunque ganas no me faltan!

    — ¿Y entonces Mariana? Me decías que ibas con el irresistible siete mujeres en su corcel blanco, –burlonamente le pregunto mientras abro el grifo de la ducha. – y le diste el gusto. Excelente copiloto se consiguió. Auto para piques, moto clásica y… ¡Jueputaaa! ¡Está helada!

    —La caliente es el grifo de la izquierda, cielo. —Debo cubrir con rapidez mi boca con la mano para que no escuche que me rio de su torpeza, pero la sonrisa se me está borrando en este mismo instante, pues forzosamente debo recordar que…

    —Sentí una súbita presión sobre mi muslo izquierdo y sobresaltada le pregunté… ¡¿Qué haces?! —Ni me miró, mucho menos respondió, pero si sonrió con malicia. Su mano era pesada y sin embargo la movía suavemente hacia arriba unos centímetros, hasta por debajo de la tela de mi falda, –sin ascender más– para luego bajarla mansamente muchos milímetros hasta acariciar mi rodilla.

    — ¡Me encanta la suavidad de tu piel! —Aquella posterior apreciación suya me pareció sincera y dejé que la mantuviera allí.

    —La cabina de su destartalado Honda, –desprovista de paneles y tapizados– retenía el calor de la mañana y aun así, la tibieza que desprendía su palma al frotarla contra mi muslo me acaloraba más que la temperatura exterior. Nacho la retiraba de vez en cuando para cambiar de marcha, pero tan pronto como podía, volvía a posarla casi en el mismo lugar y con gran familiaridad. Y yo continuaba mirando hacia mi derecha por la ventanilla, como si realmente me interesara observar el paisaje, pero en realidad seguía pensando en ti e imaginando los posibles escenarios que se me presentarían cuando por fin pudiéramos vernos y a solas, hablar para aclarar las cosas.

    —Detuvo el auto en un parador a la vera del camino, –justo después de girar a la derecha dejando atrás Tocaima–, según él, para comprar algo y beber pues tenía demasiada sed. Y era verdad cielo, pues aquella mañana estaba muy soleada. Descendió y yo me quedé dentro, sentada y sujetada por cuatro correas rojas que se unían en el centro por debajo de mi esternón. Me fijé en como Nacho rodeaba el auto por el frente, haciendo gala de sus dotes físicos. Con los lentes cromáticos sobre su cabeza a modo de balaca, el amarillo pollito de su camisa llamando la atención y su caminadito sobrador, sabiéndose encantador.

    —Uhumm, me lo imagino, Mariana. ¿Y entonces qué? —Intervengo mientras que me enjabono las pelotas.

    —Se acercó hasta la entrada del pequeño local y las dos muchachas que estaban por delante de las vitrinas se codearon entre si al verlo llegar y comiéndoselo con la mirada se alcanzaron a tropezar por el afán de atenderlo. Ciertamente que José Ignacio tiene una apariencia varonil y atractiva…

    —Uhum, si claro. Todo un playboy de playa. ¿Y?

    —No escuché lo que les dijo pero una de las muchachas volteó sus ojos hacia mí y enseguida volvió a mirarlo, prestándole atención de nuevo y se rieron los tres. Regresó al auto con dos botellas de agua helada en las manos y su sonrisa picaresca antecediendo sus pasos. Ubicándose por mi costado apoyó los antebrazos sobre la parte inferior de la ventanilla y su mirada se clavó en mis piernas. En un acto reflejo las junté. Se sonrió con malicia para luego inclinarse y meter por completo la cabeza dentro de la cabina girándola hacia mi rostro. Como hipnotizada observé brillos o chispas en sus ojos color avellana y vi sus labios entreabrirse, en cámara lenta dirigiéndose hacia mi boca y… Perdóname, pero ante la inminencia del beso me estremecí por vez primera. —Camilo rezonga algo inentendible.

    —Con rapidez interpuse entre su boca y la mía, mi mano colocándola de canto. Se rió, más no dijo nada, pero el que es perro es perro y donde le han servido vuelve a comer, así que dejó caer sobre mis muslos una de las botellas de agua y aquel contacto con el frio, me hizo reaccionar, erizándome la piel y abrir la boca. La suya, abierta también, reclamó para sí la victoria apoderándose de la mía. –De izquierda a derecha, la cabeza de Camilo niega o al menos me lo parece. – Sentí la presión de sus labios, su lengua explorando mi paladar y reaccioné con la mía húmedec… ¡Acepté su beso! Lo besé, Camilo. Nos besamos por algunos segundos, como él tanto deseaba que yo lo hiciera. ¡Tal cual como me vio besar a K-Mena!

    — ¡Suficiente! —Le dije, tras apartarle la cara con mis manos.

    —En verdad que besas, ¡Deli, deli! —Alabó mi buen hacer, y finalmente sacando el medio cuerpo que había metido, dio la vuelta por detrás y orondo se subió en el auto.

    —Espera, no arranques todavía y hazme el favor de liberarme de este arnés. —Le ordené y aunque extrañado, en un santiamén ya me había soltado el cinturón y abrí la portezuela para bajarme. Me dirigí hacia el mostrador de cristal, donde las dos «peladitas» me miraban con cierta prevención y sin saludar les pregunté…

    — ¿Las «achiras» están frescas?

    — ¡Sí señorita! Recién amasaditas. –Me respondió la de cabello castaño claro. – ¡Entonces me llevaré dos paquetes!

    — ¿Y los «alfandoques» también son de hoy? —Al ver los paquetes colgando de la viga de madera, les indagué sin dirigirme en especial a alguna de ellas.

    —También señorita. –Me respondió la más gordita y bajita, con poca amabilidad. – Al igual que los «resobados», las mantecadas y los «cotudos». Las «totumas» de arequipe, los bocadillos «Veleños» y las brevas en dulce, igualmente.

    —Mmmm, entonces empáqueme en una bolsa, dos de cada cosa que me nombró. —Y sin más le extendí un billete de cien. Recibí mi gastronómico pedido, percibiendo eso sí, la mala gana de atenderme en las dos. La vueltas las guardé en mi monedero, pero antes de girarme y darles la espalda, con una sonrisa amable en mi rostro les dije…

    — ¡Niñas! Las apariencias engañan. Ahí donde lo ven, no besa bien. Tiene mal aliento en las mañanas, le sudan demasiado los pies y además no le pone demasiado empeño al pichar. Ahh y otra cosa queridas… ¡La envidia es mejor despertarla que sentirla! —Mirando sus caritas de asombro, me reí en sus caras y sin demora me subí al Honda.

    — ¡Listo, ya hice las compras! ¿Podemos arrancar? —Le hablé con autoridad.

    — ¡Claro, claro! El viejo truco de llegar con el pan bajo el brazo a la casa, para que al güevón de tu marido se le pase el «empute». —Me respondió mientras rastrillaba las llantas al arrancar. Y de paso se carcajeaba.

    —Recordé nuestro noviazgo, nuestras nerviosas y torpes primeras veces y ofendida le respondí…

    — ¡Mi esposo es el mejor hombre del mundo! Es el mejor amante que he tenido, mi maestro y la mejor elección que he tomado en mi vida. ¡Y no está enojado! —Le mentí.

    —Ehhh, que bueno Meli. ¿Y como que cosas te enseñó? —Me preguntó y tomándome unos segundos para responder, llevé a mi boca un nuevo cigarrillo y oprimí el encendedor de su auto. Mientras esperaba a que el resorte lo hiciera saltar ardiente para prenderlo, le dije…

    —Ufff, si supieras querido. ¡Demasiadas!

    —Y recordé que decidimos hacerlo todo juntos, aprender el uno del otro, enseñarnos… ¡Complementarnos! Le dimos el sí, a la masturbación compartida y la enseñanza de las maneras en que debíamos hacerlo para satisfacernos, mirándonos detenidamente, y mostrándonos los sitios donde acariciar para hacernos explotar, casi a la vez. Y de aquel reconocimiento de la superficie de nuestra piel, pasamos a la clase de sexo oral para variar en intensidad los estímulos físicos, antes de que desesperada por el placer a medias que me proporcionaba tu boca, te lo pidiera yo… —« ¡Píchame ya, por favor, mi cielo!» O con esas venas palpitando en el grosor de tu verga, afanado lo hicieras tú al rogarme… —« ¡Quiero culiarte ya, mi amor!».

    —Y estando en ello, probamos y disfrutamos más unas que otras poses, intercambiando después de los gemidos y jadeos, nuestras opiniones entremezcladas con apasionados besos mientras me invitabas a cenar en la calle, perros calientes o las ricas «arepas de choclo» con queso, y brindar con un par de bebidas gaseosas bien frías, en la esquina opuesta a la entrada del motel.

    — ¡Y todo eso, nuestra historia, tu intimidad y la mía!… ¿La resumiste para él? —Le grito a Mariana, con mi cabeza cubierta de espuma y mis ojos cerrados para que el jabón no me los haga arder.

    — ¡Pues sí! El caso cielo, es que continuamos el camino y en un rato de silencio, bostecé. Y al hacerlo, él, por estar mirándome hizo lo mismo.

    — ¿Tienes hambre Meli? No desayunaste por salir como una loca, corriendo a los brazos del esposito para que no la regañe más. ¿Cierto? —Me dijo y yo ensimismada no le refuté.

    — ¿Sabes una cosa bizcochito? Conozco por aquí cerca un buen lugar para desayunar. Donde veas que paran los camioneros y los autobuses a comer… ¡Ese es el lugar! —Me aseguró, con sus ínfulas de correcaminos conocedor.

    — ¿Pues sabes algo, querido? Yo también he viajado por esta zona lo suficiente y saliendo de Anapoima, por la central, te diré dónde vamos a detenernos para desayunar. ¿Ok?

    —Levantó ambas manos del timón unos segundos, y luego sin replicarme continuó conduciendo, hasta que llegamos al restaurante aquel, donde solemos almorzar porque te fascina la sazón con la que preparan las carnes, y además porqué a Mateo le encanta después del postre, dar un corto paseo a caballo. —Observo a través de la multitud de gotitas que difuminan la imagen de su cuerpo en el húmedo cristal, como Camilo apoya sus manos en las baldosa frente a él, fijando la vista en el piso con la cabeza agachada, dejando que escurra el agua al suelo desde sus cabellos y recorriendo toda su ancha espalda.

    —Nos sentamos a desayunar y empezamos a hablar mientras preparaban nuestro pedido. –Le sigo relatando tras ver que se endereza. – Nos pusimos al día comentando sobre lo sucedido en la fiesta, analizando a quienes se habían comportado bien y a los que se habían pasado de tragos; nos burlamos de los disfraces, riéndonos al recordar lo graciosa que se veía la señora Carmencita con su disfraz de La Chilindrina, o el de sacerdote que se colocó su amigo Sergio y a él… ¡Le pareció muy ridículo el tuyo!

    —Así que entre mordisco y masticada, llegamos al tema de nuestras vidas. Y es que José Ignacio, ya a solas los dos en la poca intimidad de nuestra mesa, me mostró otra faz, un rostro melancólico por aquella relación a distancia que sostenía con su novia. No me contó mucho, es verdad, escasamente me la describió a grandes rasgos como una mujer hermosa, inteligente y adinerada. Yo con mi curiosidad a cuestas le indagué por cómo y donde habían coincidido por primera vez.

    —Escuetamente comentó que se habían conocido en un evento publicitario organizado por la constructora para festejar el lanzamiento del proyecto de vivienda de interés social, al sur de la capital, y la llegada del nuevo año, de eso ya casi, veintiún meses atrás. Fue un flechazo en toda regla, para ambos. Tórrido romance los primeros meses, pero después se fue calmando por las ocupaciones laborales de los dos. El perro que me viste saludar y consentir aquella noche, Amarok, fue un regalo que él le hizo a su novia, pero esa mujer aunque no lo rechazó en un principio, se lo vino devolviendo, según ella, por no poder ocuparse de su cuidado. Y la motocicleta, una obra de arte desarmada que adquirió pensando en él y su personalidad aventurera, en una subasta por internet. Me confesó que la tal Grace últimamente le pedía tiempo para terminar con algo que le quedó pendiente por gestionar en el exterior y eso les impedía seguir avanzando en su vida afectiva y sexual. No era del todo feliz ni tan libre como aparentaba serlo.

    — ¡Pobrecito el «guambito»! Me alcanzas shampoo. ¿Please?

    —Era más que evidente que necesitaba compartir con alguien todo aquello y… –Ten, aquí lo tienes. – al escucharlo, una vez que terminamos el desayuno y salimos al estacionamiento para fumar, yo mi Parliament y él su cachito de marihuana, recostó a la tercera o cuarta calada, su cabeza en mi hombro y casi, cielo, pude percibir en su aura la verdadera soledad que le rodeaba y cuanto necesitaba de una buena compañía, y que no solo eran sus ganas de llevarme a su cama para alardear con los amigotes, de haberse «culiado» a una nueva casada engatusada.

    —Algo de agobio le aparecía en el rostro cada que tocábamos el tema de aquella mujer. Pero todo cambió en él, al terminarse su porro y nos quedó pendiente concluir con la terapia de soltar la lengua y recibir abrazos, pues tan pronto como reiniciamos el camino, se convirtió de nuevo en el caprichoso hombre de siempre y que no podía quitarse de la cabeza su obsesión por verme, o al menos saber, que viajaba a su lado con mi entrepierna al aire libre, exponiéndome a algo más grave que un resfriado.

    —Meli, no seas malita, dame el gusto de verte sin esa tanguita blanca. Regálamela, que la quiero para completar mi colección.

    —Pero por supuesto Nacho, lo que tú digas. Sin embargo yo tampoco soy de piedra, querido, y a mi igualmente me dan ganas de ver la herramienta que te gastas. Así que si tú también te los bajas, yo lo haré al tiempo y todos felices como las lombrices. ¿Es justo o no?

    Caigo en cuenta que Camilo ha cerrado las llaves de la regadera. ¿Tan rápido se bañó? ¡Y yo sin terminar de restregar su bóxer! Debo darme prisa en terminar de lavar a mano y… ¿Qué es lo que acaba de decir?

    —No te escuché con claridad, cielo. ¿Me repites, por favor? —Y pego mi oreja al cristal de la cabina.

    — ¿Pero qué estupidez fue esa? ¡O tal vez no!, y solo era un deseo tuyo, íntimo y reprimido. —Y el agua dentro de la ducha vuelve a escucharse caer, su voz a callar y yo acusada, dispuesta a responder.

    —Sí, lo sé. Fue un desacierto retarlo cielo, lo lamento. Pero en verdad no creí que ese estúpido fuera a cometer semejante desatino. Bajarse los pantalones en plena vía pública, además conduciendo y no precisamente a baja velocidad. No, eso no lo haría nadie con cinco dedos de frente. Pero a él, que le encanta el riesgo y la aventura, le pareció un divertido juego.

    — ¡No me digas, ala! En serio que donde uno menos piensa, salta la liebre. No eras tan «morronga» como parecías. ¡Jajaja! Pero listo bizcochito, que carajos. ¡Va pa’ esa! Me saliste más caliente que una oreja colorada. Pero al menos ayúdame a desabotonar el pantalón. ¿O conduces tú? —Me respondió de inmediato, sin cortarse para nada, dicharachero y quizá relajado tras consumir la marihuana.

    Con mi mano abierta, despejo de humedad el vidrio y comprendo el porqué del repentino silencio. Veo a Mariana semi desnuda, despegarse con pereza del marco de la puerta del baño y se acerca como una locomotora fumando, para tomar asiento sobre el inodoro y darle un rápido sorbo a su coctel.

    Arquea la espalda para descolgar su cabeza, cruzar los brazos y mirar pensativa, hacia el piso embaldosado. Con seguridad comprende en parte, lo mucho que me va a hacer sufrir, y sin más, desplazo hacia un costado la mampara de vidrio templado, para alcanzar la toalla y comenzar a secarme la cabeza. Mariana desde su bajo panorama, apenas se da cuenta de mis pies mojados y continúa con su relato.

    —Existió en su rostro triunfal, una exagerada contracción mandibular a causa de mí ladeada posición, y su novel curiosidad al observar mis dedos desapuntándolo, entremezclándose con la satisfacción por lo venidero, y causando espasmos en su vientre, se le alteró la excitación a él, que se creyó vencedor.

    — ¿Y en tu rostro, Mariana? ¿Qué clase de gesto se formó? ¡Cualquiera menos el de la culpa por la traición! Eso seguro. —Un tanto alterado, con la toalla enrollada a mi cintura, voy dejando húmedas huellas por el frente de sus pies, y que parecen huir del baño buscando superficies nuevas y secas. En realidad estoy buscando mi encendedor y un poco de nicotina nueva.

    —En la mía, –de soslayo mirándolo hacia arriba– es probable que Cha… Que Nacho advirtiera la intención cauta con la que los dedos peregrinos de mi mano diestra, comenzaron por liberar el botón y deslizaron hacia abajo con torpeza, la cremallera de su corto pantalón de lino, mientras con la otra por el contrario imprudente, –por debajo de la elástica tela de su pantaloncillo– me apoderaba por la cabeza del semi-erecto botín. —Así le respondo a Camilo, sincera pero tenue el brillo de mi voz porque comprendo que es difícil para él digerir la información que le estoy suministrando.

    —Eso es bizcocho. ¡Bájamelos del todo! —Casi me rogó, y lo hice.

    —Él levantó el pie del acelerador y tanto los pantalones cortos de lino, como sus pantaloncillos sin costuras, cayeron por su empeine hasta el tapete de caucho. Lo mismo sucedió con el izquierdo, y así quedó expuesta la parcial desnudez de cintura para abajo.

    — ¡Ahora es tu turno! Y si tienes palabra, Meli, creo que me debes algo. —Y me miró a las piernas con morboso deseo, esbozando su singular sonrisa primero, y luego con su lengua al interior de su boca, abombó el cachete derecho en una clara alusión a lo que pretendía que yo le hiciera.

    —Levanté un poco mis caderas, arremangué otro tanto la tela que entallaba mis muslos, y sin pretender mostrarle demasiado, de un lado primero y del otro después, me bajé lentamente la tanga blanca causante de sus delirios, deslizándola hasta mis tobillos y allí me la dejé.

    — ¿Satisfecho? —Le pregunté y me estiró la mano, abierta pretendiendo que se la entregara. – ¡Ja! Ni los sueñes querido. No voy a descompletar mis conjuntos solo por darte gusto. –Él se lo tomó a broma haciendo pucheros de resignación. Y la sorpresa que pretendía darte, me la llevé yo al olvidarme de ti.

    —Desvestido su pene del material sintético y yo de mis prevenciones, –extiendo la revelación de mis andanzas– luego de su victorioso chiflido, aquel blanquecino órgano adormilado, comenzó a crecer solitario ante mis ojos y luego al estirar mi mano segundos después, terminó encarcelado tras los frágiles barrotes de solo tres de mis cinco dedos, –y en otro de ellos la falsa alianza bruñida de mujer casada– sobresaliendo el rosáceo champiñón, y qué en su imaginario y conquistador transcurrir, era el premio mayor para la compañera más reacia y caprichosa. Más en mi realidad, dimensión desconocida para él, era yo la mujer casada más experimentada en infidelidades.

    —Con un gesto lento que me pareció muy sexy, –tras tenerla débilmente envuelta entre el pulgar y los dos dedos siguientes– le guiñé un ojo segundos antes de acercar mi boca a la porción de pene que sobresalía de la remangada piel, finalizando mi lujuriosa travesura con un delicado mordisco a la esponjosa textura de su bálano. Alargó el brazo para con la palma de su mano acariciar mi cabeza, arremolinando con sus dedos mis cabellos, en una caricia que se me antojó muy familiar y para nada desconocida, pues eso lo hacías igualmente tú cuando te lo chupaba.

    La he dejado hablar, recordando Mariana con su cabeza gacha y el cigarrillo casi consumido entre sus dedos tras pocas aspiradas, las escenas de la primera mamada que le dio a su amante. Pero ahora aquí frente a ella, a unos pocos centímetros mi dedo gordo del pequeño y encaramado meñique de su pie, aturdido, nervioso y expectante, espero oírla hablar de la impresión que se llevó. El duro momento de las comparaciones ha llegado. ¡Y Mariana por fin se pone en pie!

    —Incomoda por la posición, de manera un tanto brusca comencé por subir y bajar mi mano, y él a su vez con la mano libre cambiaba con tranquilidad el dial de la radio, buscando alguna emisora que en su matutina emisión, emitiera una canción que nos ambientara el momento. Se lo apretaba con tanta fuerza que llegué a pensar que le hacía daño con las uñas, pues en un momento dado me pareció escucharle susurrar un… — ¡Me lastimas, espera un momento!», y levantó un poco su trasero para acomodarse las pelotas, sin quitar el pie del acelerador y yo, mi mano de su verga y la punta de mi lengua, que no alcanzó a rodear la circunferencia de aquel poco ensalivado glande.

    — ¡No la quites, déjala sonar! —Le espeté desde mi recostada pose. Quien cantaba era Donna Summer con su voz exquisitamente erótica y los orgásmicos gemidos de «Love to Love You Baby». En su rostro la transformación de la nada al placer era evidente. Concentrado sus ojos en la ruta, transformados y engreídos mantenía sus cachetes sonrosados, y el relieve anguloso de su quijada, petulante y altivo como el mármol pulido de una efigie romana. Ardiente se sentía bajo mi palma la carne, retraído y suave su prepucio, cárdeno el glande y babeante el ojal de… De su champiñón.

    Guarda silencio y la escucho sollozar mientras se deshace de la colilla en la caneca plástica, y apura de un sorbo su tequila. Lagrimeando y apenada, no es capaz de sostenerme la mirada y se da media vuelta levantando por fin la tela que cubre, su torso a medias. Calladamente Mariana ha estado llorando mientras hablaba. A las claras, ella tambien sufre con lo que recuerda. ¿Con el mismo nivel de dolor que lo hago yo?

    Y allí está de nuevo ante mis ojos. Un obsequio que se hizo. También para mí, según ella, pero sabiamente oculto por unos días, a pesar de tener su espalda pegadita a mi pecho finalizando enero, cerca de su cumpleaños. Y es que Mariana no me advirtió, quisquillosa por mi reacción, esperó a que lo descubriera dos semanas después y le preguntara.

    Mientras ella ingresa a la ducha, sin decir nada más, recuerdo perfectamente que fue una noche no tan fría, cuando durmiendo separados por alguna pelea más, –de las tantas por sus llegadas tarde– en un descuido de su parte ingresé segundos después de ella al vestier mientras se cambiaba de ropa, y yo no encontraba una camisa. Y me llevé la sorpresa como ahora, que la observo de espaldas.

    …«Un diseño estéticamente bien logrado advertí, mientras ella me obsequiaba una visión desnuda de su espalda de alabastro. Un tallo fino, –todo teñido en negro– asciende a lo largo de las vértebras de su columna, desde el centro del rombo que forman sus pozos de Venus, hasta concluir en una acuarelada flor de Liz, por igual ennegrecida, unos centímetros antes de su nuca. En perturbador gusto gótico, letras diminutas ascienden formando dos frases separadas. Bellamente decorada la redonda A del comienzo, anguladas, estrechas y en punta, las demás, salvo la hermosa esfericidad de la “S” final, todo escrito aparentemente en latín. Una frase que al principio no comprendí, pero que me causo gran curiosidad.

    Días después, –no recuerdo exactamente cuándo– en otro descuido suyo por la mañana, tomé una fotografía de su espalda mientras se duchaba, para poder traducirla luego con tranquilidad. Pero la calma no me duro mucho y se convirtió al rato en una borrasca de pensamientos, pues al trasladar palabra por palabra al castellano, mi mente urdiendo ideas, me encelaba aún más y apremiaba a tomar, –aparte de un buen trago de aguardiente– una seria decisión. “Me darán su amor y el placer de tenerlos. Yo por ti ardo y en ellos me consumo”». Y fui yo quien terminó más que ardido y muy confundido, sospechando de su lealtad, más sin pruebas para inculparla.

    —A las claras continuamos el camino, –le hablo de nuevo a Camilo– sin saber a ciencia cierta por dónde íbamos, de vez en cuando fijándome en los números anaranjados del reloj digital en el centro de la consola, midiendo el tiempo disponible para llegar a casa y por otro lado, para alargar su sufrido gozo. ¡Y era temprano para ambos escenarios! El que me ocupaba la mano y a veces la boca, y la que ya despreocupada, me esperaba kilómetros más adelante al llegar a Bogotá.

    Los chorros de la regadera, –más tibios que con los que juagué nuestra ropa interior– me mojan la cara y debo apartarla un momento, pues de nuevo me siento ahogar. Al parecer la prueba no estaba superada para mis dos personalidades. La infiel Melissa la superó con creces, y la agobiada Mariana por el contrario sigue manifestando el mismo temor. ¡Mierda! ¿Será que no cambiaré? En fin, debo proseguir, enjabonándome y haciéndonos sufrir… ¿A partes iguales?

    —José Ignacio daba pequeños saltos sobre su silla sin preocuparse por contener sus gemidos, haciéndole coro a los de la erótica canción, y yo semi-recostada apretando o soltando rítmicamente aquel pistón de carne, aleteaba despacio con la lengua su enrojecida uretra y eso lo enloquecía. Me decía infinidad de barbaridades y golpeaba con la palma de su mano izquierda la madera barnizada del volante. Atenta a su mirada y al movimiento de mi mano, pasaba de sus ojos a su pene con la misma destreza que el hacia los cambios de marcha. — ¡Mierda, se me ha caído el jabón y yo con los ojos cerrados!

    —Estaba cansada de estar recostada con la palanca del freno de mano quizás ya tatuándome las costillas, pretendiendo que se viniera rápido, pero eso supondría tal vez que perdiera el control de su Honda y termináramos accidentados dando volteretas por la vía, hasta culminar con las llantas de para arriba en algún precipicio solitario o en una polvorienta cuneta. ¡No! Me detuve de repente, aflojando un poco el agarre de mi mano al sentir que sus venas ya palpitaban desbocadas, y tal como me enseñaste, con mi pulgar y el índice anillé la base del glande y apreté con todas mis fuerzas, hasta sentir que se detenían las pulsaciones, atrincheradas por mi mano en el verticalizado eje de carne, y por su parte Nacho, jadeante y sudoroso, como conductor lo hacía con el automóvil unos metros más adelante.

    — ¡A carajo! Al menos te serví para algo. —Me grita Camilo tras la división de cristal empañado que nos separa.

    —Al enderezarme y recomponer mi blusa metiéndomela bajo la pretina de mi falda de mezclilla, comprobé que mi mano estaba muy mojada, mucho más que mi vagina que sin dudas y sin mentirte, ya la tenía lubricada. Y que el olor que desprendía aquel flujo transparente y viscoso era diferente al tuyo. Como su tamaño y grosor, quizá más delgado pero evidentemente más rosado que el tuyo, de pronto desde la base más angosto y ligeramente curvado hacia la derecha. —Cierro el grifo con mi mano izquierda y entre abro la puerta para observar a Camilo sentado en el piso, reclinando su espalda contra el marco de la puerta.

    —Es lo que querías saber, ¿No? ¡Si lo tenía más grande que el tuyo! ¿Si eso lo hacía más hombre que tú? Y que yo… ¿Por eso, me encamé con él? —Sus ojitos cafés continúan nadando en el mar de sus lágrimas, pero hallan refugio en el fondo circular y vacío de su vaso de cristal, y sin responderme con palabras, el movimiento de su cabeza oscilando de atrás para adelante me lo confirma. ¡Continúa llorando, sufriendo por mi culpa!

    —Lo lamento mucho mi vida, pero sí, obviamente los comparé en ese instante. Del tuyo lo conocía todo, en extensión y grosor, en olor y sabor; flácido orinando o palpitando tan tieso como para partir panela, eructando su miel. Con ese lo había probado todo. El de él, la verdad casi nada y eso cielo… Esa novedad fue el detonante para permitir que… — ¡Puff! Mierda, mierda. ¡Lo estoy matando, Dios! Necesito un trago y si se deja, abrazarlo.

    Envuelta en la bata de baño hotelera de afelpado algodón, Mariana levanta un pie y luego el otro para sortear el obstáculo de mis piernas estiradas –y en ellas los seísmos ocasionados por la rabia y mi hijueputa sensación de impotencia– a la salida de estos escasos metros cuadrados, con sus aromas a pétalos de rosa y vapores de cálida humedad, mezclándose con la atmosfera mucho más fría y ligera de la habitación.

    Frente al pequeño escritorio, mi mujer pensativa se prepara otro coctel. Nada aparte de lo que piensa la desconcentra. No se ha secado bien y de sus cabellos lacios todavía se descuelgan infinidad de gotas, para terminar mojando el cuello de su inmaculada bata. Tras un pequeño sorbo, decide salir al balcón y tras de ella, vuelan mis dudas.

    — ¿Entonces así fue? –Le pregunto tras tomar su lugar en frente de la bandeja y con una de las servilletas, absorber mi llanto. – ¡¿Tan fácil y simple fue tu entrega y ese olvido de mí?!

    No hay respuesta. Solo el rumor de las olas, empecinadas en pasar por encima del elevado malecón, y al acercarme a la mesa para encenderme un cigarrillo, la veo reclinada sobre el poste de madera esquinero mirando hacia las lejanas luces de algún madrugador crucero. Siempre, desde que la conozco, cuando se sentía ofendida por alguna discusión perdida, o regañada por algún error que creía exclusivamente suyo, buscaba recomponerse en el primer rincón que encontraba, ya fuera en la cocina o la sala, incluso tras las cortinas de nuestra habitación.

    —No quería recordar nada de esto Camilo, y mucho menos tener que detallarlo para cumplir con tu masoquista deseo. Me duele tanto saber que sufres y te haces daño al imaginar lo que te cuento. —Le digo, tan pronto como por el rabillo del ojo observo que relampaguea su encendedor.

    —Ni yo mismo me entiendo Mariana, pero es una necesidad. Lo ha sido desde que me enteré que me habías puesto los cachos con él. Busqué en nuestro pasado las posibles razones. Mi amor y mis atenciones la tenías. Una familia con las comodidades que muchas otras no tenían, también. Tu herencia a salvo, bien administrada por tus hermanos. No hallé que pudo hacerte falta, en todo lo analizado, cariño te sobraba, así que no supe en que te fallé. Por lo tanto como conclusión, puse en dudas mi hombría. Mi ego masculino estaba lastimado y como no supiste responderme nada cuando llegué a la casa para confrontarte, lo más lógico fue suponer que lo habías hecho porque finalmente te enamoraste de ese hijueputa Don Juan de vereda. Por su apariencia de modelo de revista, muy acorde a tu belleza física, y con seguridad por sus dotes en la cama. ¡Yo que sé!

    —No me enamore de él, ya te lo he dicho. Y sí, es un tipo de hombre muy bello, sumamente atractivo, pero tú mi vida, no te le quedas atrás. ¿Dotes? Pues si hablamos de virtudes, cielo, en verdad que en eso tú lo superas.

    —Será que después de todo, yo… ¿Te puedo creer?

    — ¡Ok! Entonces para confirmar lo que te estoy diciendo, vamos a tener que soportar un rato más, yo lastimándome con mis pensamientos y tú, agonizando al conocer cada momento. ¿Estamos, cielo? —Y Camilo asiente, mientras expulsa una gran bocanada de humo, que se eleva hacia el cielo raso de madera, y yo regreso con mi mente al punto exacto donde me quedé.

    —José Ignacio había estacionado frente a la entrada de un motel al lado de la carretera, pocos kilómetros antes de las casetas del ultimo peaje. Con su sonrisa de machito presumido me miró sonriente, y yo solo atiné a levantar mis hombros. ¿Por qué no? Pensé, pues era apenas lógico que se diera esa situación. Nos hicieron seguir hasta una cabaña ubicada al fondo del complejo de aparta suites y al ingresar con el auto al garaje y descender, la chica que se encargó de indicarnos las comodidades del lugar, al verlo a él semidesnudo, mostró un gesto de sorpresa.

    — ¡Cómo te das cuenta, tenía un poquitico de afán y he comenzado antes! —Intervine a modo de broma para aliviar la tensión del momento, y su sonrisa plena de complicidad le ilumino el rostro. Pedimos un par de cervezas y un cuarto de aguardiente. Dos hamburguesas y bastantes papitas a la francesa pues ya teníamos hambre. Sí mi vida. ¡Esa clase de hambre!

    —Tras quedarnos solos sucedió prácticamente lo mismo que ya te conté…

    — ¿Qué me contaste de él? No lo recuerdo. —Extrañado le pregunto a Mariana, interrumpiéndola momentáneamente.

    —Pues lo de K-Mena, cielo. Fue tan similar a lo que ella y yo imaginamos, que mientras él me empujaba contra la puerta de la habitación, encerrándome con su abrazo, besándome la boca muy apasionado, y estrujándome las nalgas de paso con su otra mano, mentalmente me carcajee. Igual de brusco en sus caricias, torpes sus manos al querer arrebatarme la ropa y afanado en poseerme.

    —Me aparte de él, sin mi blusa ni mi falda de jean puestas. Obviamente sin la tanga blanca que se quedó tirada en el tapete derecho de su automóvil, al igual que sus pantaloncillos del otro lado. Le dije que me daría una ducha y me encerré en el baño para escribirte un mensaje, como siempre a la hora habitual, para preguntar que hacías y como estaban, mi hombrecito y mi hombrezote.

    —Un te amo en letras mayúsculas, y tras esas cinco letras un corazón rojo titilando en la pantalla. Finalizaron el mensaje. ¿Qué sentí al terminar de escribir y ver que lo habías leído, pero pasaban los minutos y no me respondías? Molestia primero y después mientras me bañaba… ¿Inquietud? Sí, un poco. Por lo que había hecho y lo que estaba por hacer.

    —Por eso decidí bloquearte de mi mente y colocar en vibrador mi teléfono, pues analicé la situación. Contigo tenía una charla pendiente, donde al anochecer te pediría excusas, dando mi brazo a torcer, y tenía en marcha un plan que no podría fallar. ¡Es solo sexo! Me dije a mi misma, mientras salía a su encuentro con mi brasier deportivo puesto y la toalla atada a mi cintura. No voy a hacer el amor, volví a pensar, para auto convencerme y justificar mi traición. ¡No con este tipo que ahora me besa la nalgas! —De seguro que a Camilo se le estarán hinchando las pelotas de solo escucharme, aunque beba y fume al mismo tiempo que lo hago yo.

    —Me empujó de espaldas sobre la cama –prosigo sin darle un respiro– y su boca hizo tránsito desde mis pies hasta la parte interna de mis muslos y los dedos de sus manos separaron mis nalgas, posando su boca en cada uno de ellos, con lamidas y mordiscos tiernos, hasta que su lengua hizo blanco sobre mi ano. Allí duró una eternidad, chupando y catando el sabor de mi asterisco, hurgando con su pulgar. Sí, sentía delicioso, pero esa parte de mi cuerpo era una parcela vedada, donde él no podría sembrar. Así que me giré completamente y con mi mano sobre su cabeza, le indiqué lo que tendría que hacer.

    —Una situación tan cotidiana en mi vida de casada, era a las claras diferente. No me sentía cómoda con la manera en la que su barba de dos días me causaba picores en el pubis y la lengua, exploraba bruscamente por mi vulva y fisgoneaba muy poco en mi vagina. Inexperto saltándose pliegues, falto de tacto apretando cuando no se debe, y acelerado para meterme al inicio en vez de uno, dos de sus gruesos dedos.

    —Me tuvo a punto, después de indicarle como hacérmelo, recordando tu experta manera de comerme el chocho y pasarle a él la información, moviendo mis caderas o halándole de la melena su cabeza, todo a modo de manual de instrucciones, pero por apresurado y desobediente no me llevó a un mísero orgasmo. Solo tenía en su mente follarme y lo intentó, al acomodar su cadera y guiar con la mano su falo endurecido para clavármelo.

    — ¡Vas muy rápido querido! Parece que no supieras que a la yegua primero se le acaricia el lomo para calmarla antes de ensillarla. Y además no me has preguntado si me estoy cuidando para darte vía libre de metérmelo sin condón. ¿Así eres con todas? ¡Pufff! Qué peligro culiar contigo. — Le fustigué por su ego de macho dominante, y eché hacia arriba mi cuerpo retirándome a tiempo, evitando que su verga que ya se deslizaba entre la humedad de mi raja, se deslizara dentro de mí.

    — ¡Mejor hazte acá, boca arriba y deja que termine con lo que empecé! —Le dije y él sorprendido por mis palabras, sumiso se acostó en la cama tal cual se lo ordené.

    Es momento de sentarme, no sé si de frente o en diagonal a Camilo. Ya no llora, tampoco su cara la veo consternada. No está a gusto con mi descripción tan meticulosa, es evidente, pero aguanta con valentía el ardor con el que mis palabras, quizá demasiado honestas escenificando los hechos, se le clavan como dagas en su pecho. ¡De frente me sentaré!

    —Indudablemente estaba excitada, igual o más que él. Me monté encima de su cuerpo al contrario, con su cabeza a la altura de mis rodillas y para sus ojos avellanas el regalo de tener más cerca todo el panorama de los labios de mi vulva hinchados por las ganas, babeantes por el flujo que sentía escurrir desde el interior de mi vagina. —Camilo prácticamente sorbe las ultimas gotas en su vaso, y en el cenicero presiona con fuerza la colilla de su «Marlboro». Le choca mi confesión, tanto como a mí, relatársela.

    —Decidí comenzar suave la paja con mi mano, y luego escupiendo abundante saliva sobre su miembro, incrementé la frecuencia del sube y baja. Se relajó, jadeó y gimió. Aminoré el ritmo de mis zarandeos manuales y apoyé en la apertura de su uretra el dedo pulgar para amontonar todo lo que Nacho había lubricado hasta ese instante. Me regodee torturándolo, suavemente acariciando en forma de espiral su glande, y tal cual como lo hag… Como lo hacía contigo, recogí su flujos raspando con la uña para llevármelo a la boca y chupar, como me sucede con los envases de yogurt griego, cuando recojo con el dedo lo poco que queda en la tapa de aluminio y las paredes, antes de llevármelo a la boca. —Un gesto de asco y repugnancia percibo en el rostro de mi esposo, a pesar de que lo quiera disimular al ponerse en pie y pinzar entre sus dedos ambos vasos huérfanos de tequila y jugo de naranja.

    —Aprovechó para sujetar mis piernas con sus manos, esforzándose por abrírmelas. Paulatinamente fui cediendo, las abrí más para él y para sus dientes, que mordían con mesura la parte interior de mis muslos. Yo, después de lamerme el dedo, lo paseé por mi raja, untándolo de mi excitación y lo llevé a su boca entreabierta, mientras le estrujaba los testículos con la otra y hasta le metí un poco mi dedo corazón en su culito. –Voltea su cabeza para mirarme y por eso está regando el jugo por fuera de mi vaso– Lo había visto hacer varias veces en las películas porno que veíamos juntos, pero por guardar contigo una imagen más puritana, jamás lo intenté hacer. Pero con él, tan ajeno a mí recatada vida matrimonial no, y me atreví.

    —Escupí dos veces más en mi mano y se la sujeté, temiendo a que se me resbalara de las manos, –como si fuera arena fina de estas playas– y se la apreté con fuerza con la izquierda. Lo hacía mejor, ya no le hacía daño. Y sin embargo aún sentía un poco de miedo y por otra parte una especie de… ¿Piedad? Humm, sí, eso era. Misericordia al tenerlo entre mis manos. Un pedazo de palpitante carne viva, entregado e indefenso, como el pollito que nos regalan de niños en la granja, y tememos que al resguardarlo entre nuestras pequeñas manos, lo terminemos por aplastar.

    —Aflojé un poco el agarre y deslicé mi mano hacia abajo, hasta la base y de vez en cuando mientras lo pajeaba me fijaba en su rostro y en sus redondos ojos desorbitados y abiertos. Luego cerrados, con sus curvas pestañas negras y espesas, tan imponentes como las mías, trazando una línea divisoria entre sus párpados arrugados. Lo tenía a mi entera disposición, seducido por las yemas de mis dedos y la humedad caliente de mi boca, rendido y derrotado en su atrevimiento por dominarme. Te confieso que para mí, supuso un esfuerzo titánico aguantarme las ganas de cambiar de postura y acaballada sobre su cintura, incrustármelo para saciar mis ganas de verga… ¡Y las suyas de mi cuca!

    —Pero no quise asumir el riesgo de perderlo, –Camilo me mira como un culo, extrañado y ofendido– si me le entregaba por completo y ser una más, como lo has pensado, de sus conquistas. Demasiado fácil lo vería él, y mi apuesta por apartarle de la tentación que suponía, tras los últimos alcances sexuales de K-Mena, la perdería tras pocos orgasmos.

    Camilo caballeroso me alcanza el vaso. Antes de probar como le quedó el coctel, quiero prenderme un nuevo cigarrillo. ¡Buaghh! –Te ha quedado un poco fuerte. ¿No crees, cielo?– Le reclamo sonriente pero tan solo enrolla hacia abajo su labio inferior y me levanta los hombros. ¡En fin, muchas gracias!

    —« ¡Probando de a pequeños mordiscos, se disfruta más el sabor, la textura y la preparación de las carnes!». —Recordé que era tu frase favorita cuando te apuraba a almorzar. Y creí oportuno hacerle conocer a Nacho que yo no formaría parte de su colección y que por el contrario sería la obra de arte deseada pero casi inalcanzable. Sabia por su mirada que mis tetas era su obsesión, aunque dijera a los cuatro vientos que le parecían un par de huevos fritos, y que mi culo era el durazno al cual le gustaría darle un buen mordisco. O sea cielo, que tenía con qué mantenerlo interesado y quizás, hasta de provocar que se enamorara de mí.

    —Escuché un quejido de placer escaparse de su garganta cuando le estrujé los testículos, y en la palma de mi mano, la presión en sus arterias y venas, me indicaron la proximidad de su orgasmo. – ¿Te quieres venir tan pronto, papacito?– Con seductor sarcasmo le pregunté, acariciando levemente su babeante meato.

    —Ufff, sigue Meli. ¡Aghhh! Sigue bizcocho, que ricooo… Estoy a punto de… ¡Me vengooo! —Y explotó en un poderoso orgasmo que le hizo alzar las caderas, tensionar los músculos de las piernas y juntar sus pies, refregando uno sobre el otro, para terminar expulsar su semen usando mi mano como si fuese una lanzadera de cohetes, alcanzando a salpicar mi mejilla y precipitarse en gruesos goterones sobre el marcado vientre y otro tanto en su pubis.

    — ¿Y yo qué? —Le inquirí, sin pretender llegar a nada más. ¡Te lo juro! Solo se lo mencioné para hacerlo sentir mal.

    —Déjame descansar unos minutos, bizcocho. Verás cómo me repongo y te picho por delante o por detrás. —Me respondió como siempre, –sin caballerosidad ni decoro– removiendo con su pulgar el viscoso goterón de su corrida, que se había estrellado sobre el lampiño vientre.

    Camilo enciende uno de sus rubios, bebe su coctel hasta dejarlo a la mitad y toma distancia, hasta hacerse en la otra esquina, dejando tras de sí una espesa humareda. Se cruza de brazos, resguardando tras de ellos la desnudez de su pecho y suspira profundamente. ¡Debe tener aparte de dolor, algo de frio!

    —Mientras Nacho permanecía reposando del clímax alcanzado, –pensando quizás en hundirme más tarde su verga en mis entrañas– salté de la cama y fui por la cerveza y un cigarrillo.

    —Que rico me ordeñaste la verga, Meli. ¡Eres incomparable! —Fue lo único que mencionó y suspiro para luego cerrar sus ojos.

    —Me recosté del otro lado de la cama y bebí con sorbos cortos pero seguidos para calmar mi sed. Fumé despacio tomando conciencia del contexto de la situación y del paso que había dado. ¿Oportunidad por aprovechar a mi favor o craso error para joder mi matrimonio? Fuese como fuera, José Ignacio se acomodó de medio lado, echándome su pierna derecha por encima de las mías, y su brazo descansó sobre mi vientre.

    Veo a mi esposo pasear la mano derecha semi cerrada por su frente, entre dos de sus dedos se desplaza igualmente su cigarrillo, y en su mente por el gesto, con seguridad se estará diciendo… « ¡Eso lo hacía con ella, exclusivamente yo!».

    —Era medio día cuando ingresamos a la habitación, y me desperté sobresaltada, mirando por el resquicio que las cortinas por la mitad dejaban observar al exterior, la tenue claridad de la luz que huye, anunciando el anochecer. Me enderecé de un salto, asustada y mi corazón latiendo desbocado. Me había quedado dormida y junto a mi estaba él, mirándome embelesado la teta derecha y sus dedos girando sobre mi areola, rozando el pezón, apoyado en su antebrazo. , Volvía a habitar en mí, tu santa Mariana vistiéndose en un santiamén, pellizcándole el culo al hombre con el que Melissa había pecado.

    —Me puse en pie como un resorte y me metí a la ducha para asearme y Nacho se acercó con otras intenciones. Lo empujé para que me dejara bañar a solas y el sorprendido me dijo…

    — ¿Pero qué pasó bizcochito? ¿Acaso nos vamos a marchar sin culear?

    —A ver cómo te lo explico, querido. –Le respondí mientras me juagaba el cabello con rapidez. – Desaprovechaste tu oportunidad y te quedaste dormido. Al parecer eres de esos hombres que son puro polvo de gallo. Y además, ¡Roncas como una foca! Apúrate a vestir y pagar el rato, que tengo el tiempo justo para llegar a recoger mi auto. —Resignado y bastante malhumorado, salió del baño.

    Camilo continúa alejado y pensativo, –su mirada perdida en las trazas de claridad de su horizonte– con sus manos sobre la baranda de madera y la colilla sofocada, consumida como debe estarlo su alma; sostiene con dos dedos, el vaso de cristal desocupado, y patiabierto permanece semi recostado, con el nudo de la toalla peligrosamente flojo en su cintura.

    —Mientras recorríamos los pocos metros faltantes para llegar a la salida del motel, –le digo mientras me voy acercando– tomé mí bolso y revisé mi teléfono móvil. Una llamada perdida de Diana, dos mensajes de texto de K-Mena y de ti, cielo, ni una palabra, menos aún alguna llamada perdida por la cual preocuparme.

    —Otra mujer en mi situación, –pensé– quizá se hubiera alegrado de pasar inadvertida para su marido, pero para mí si fue una evidente señal de que te había molestado mucho mi comportamiento en esa fiesta, y que afligido, con tu confianza destrozada, permaneciste todo un fin de semana despreocupado por mí, la amada mujer de tu vida. Así que pensé que llegar a casa para pedirte perdón, no era ya la mejor solución a… ¡Mis putas cagadas!

  • El cabrío semental de mi suegro viene a visitarme

    El cabrío semental de mi suegro viene a visitarme

    Antes de comenzar este relato quiero darle las gracias a la página Cuentorelatos, porque han publicado mis experiencias sexuales a través de relatos eróticos, en verdad lo agradezco un beso de su cougar Ishtar.

    Aquel viernes de agosto, estaba a punto de dormir, era poco más de media noche, había regresado de una cogida fenomenal con un cliente, mis hijas aun no llegaban, habían prometido venir a dormir, pero siendo el inicio de semestre supuse que irían a la fiesta de bienvenida. Justo en ese momento, mi marido llega y me dice amor, mis papas vinieron a quedarse este fin de semana, sorprendida, solamente digo ok, y me dice duérmete yo los instalo en el cuarto de inquilinos.

    En ese momento recordé que tenía que salir fuera de la ciudad con su socio y dijo si amor, ya me voy, solamente instalo a mis padres, ya no bajes, mañana los saludas, era la 1am, mi mamá está en la sala dijo que esperaría a las niñas, una media aproximadamente y antes de conciliar el sueño, escuche abrir la puerta eran mis hijas, quienes me avisaron que ya habían regresado de la fiesta. Si has seguido mis relatos, en nuestra gran página cuentorelatos.com, sabes que mi suegro es mi amante y tengo los mismos años de casada que de amante.

    Me levante tome agua y metí en la cama, al tiempo que dude si debía cerrar con pasador la puerta de mi dormitorio. Sabía que don Ezequiel, intentaría venir por mi esa noche, pero estaban mis hijas y mi suegra, mi primera reacción fue colocar el pasador. Ya en la cama, me costaba conciliar el sueño, seguía acalorada, agitada… no paraba de moverse en la cama. Esto se debe a los calores súbitos, también conocidos como sofocos, que son un síntoma común de la transición menopáusica. A mis 50 años, seguía menstruando, pero mi ginecóloga me decía que estaba transitando a la pre menopausia. Estos calores súbitos son incómodos, se traducen en una repentina sensación de calor y de ansiedad que provoca un aumento del flujo sanguíneo en la piel del cuello, la cara y el tórax con sudoración y palpitaciones, lo que produce un malestar importante.

    Cuando ocurren en la noche, se les llama sudores nocturnos. Algunas mujeres encuentran que los calores súbitos interrumpen sus vidas cotidianas. Sin embargo, a mi me han dejado llevar mi rutina normal y he sentido que aumentan mi libido sumado a esto, mi mente calenturienta revivió nuevamente el pensamiento en la daga del semental de mi suegro, y sin poder contenerme comencé a masturbarme colocando mis dedos dentro de mi vagina.

    Aquello me enceló más… pero, notaba que no me relajaba… y volví a recordar las escenas de mi suegro poseyéndome en mis bodas de plata (ya conté esa historia). “Al diablo… estoy completamente loca” me dije. Y sin más, me levante y retire el pasador de la puerta. Mire la hora y era más de las 3 de la madrugada y yo estaba como perra en celo, me levante y me puse una sexi bata de encaje color negro transparente, lucia elegante, me sentía sexi y comida con esta hermosa bata de encaje transparente con mangas de mariposa, un mini largo, una mini tanga negra y un cinturón de satén.

    Excitada me retire el sostén quedando mis tetas totalmente desnudas bajo aquella sexi bata. Aquella madrugada me encontraba tremendamente excitada. Miraba mis desnudos pechos y veía como mis pezones de ponían de punta. Era evidente que mi ovulación y la presencia en la casa del semental de mi suegro, me tenía fuera de sí. Era una leona enjaulada. Después de un instante y cuando las luces de la casa estaban apagadas, escuche como se abría la puerta de mi dormitorio. Alguien entraba y colocaba el pasador de la puerta.

    En la penumbra de la habitación verifique la figura de mi suegro, don Ezequiel. En el fondo necesitaba su presencia, pero, por otro lado, sabía que aquello era una verdadera temeridad. Sin embargo, no reaccione. Mi suegro se fue acercando hasta la cama, mientras yo me hacia la dormida, aunque a través del espejo, aún con la escasa luz que podía penetrar por la ventana, pude constatar como aquel veterano hombre procedía a desnudarse por completo, dejando sus atributos al aire y procedía a meterse en la cama conmigo. -pero… que haces. ¿Estás loco?… ¡puede escucharnos mis hijas y tu esposa! – le conteste con mayor agitación al comprobar las manos de mi suegro acariciando mis nalgas.

    -Vamos putita. Seguro que me estabas esperando. Uf … veo que estas bien caliente. ¿Estás acalorada?… Eso es que necesitas mi verga. Me decía mi suegro sin dejar de acariciar mis nalgas y vagina. -Quería hacerme la señora decente, don Ezequiel. Por favor… no más. “no podemos tener sexo, porque estoy ovulando”. No podemos volver hacerlo. Le conteste sin mucha convicción. Ja ja ja, soltó la carcajada, ovulando a tu edad, le dije con enojo, si estoy en mis días fértiles, a mis 50 años, aun sigo menstruando, todavía no he entrado a la menopausia, y en los últimos meses he ido con mi ginecóloga, me ha comentado que es poco probable pero no se descarta un embarazo a mi edad, es algo complejo de explicar y entender, incluso para mi no es fácil asimilar, por lo tanto he decidido cuidarme, al menos hasta que la naturaleza me diga que ya no puedo embarazarme.

    Nuevamente soltó una carcajada, no me has reír, no te creo, encendió la luz y me vio con aquella bata sensual, y dijo, si es así porque estas tan sexi, hasta para dormir eres una puta elegante, la ovulación te tiene mas caliente de lo normal, además perra no bajaste a saludarnos, eso merece un castigo. Y me dio una bofetada y volvió a apagar la luz, abrió la ventana y solamente nos iluminaba la luz de la luna, era algo romántico y a la vez prohibido.

    Pronto el semental de mi suegro alcanzó mis pechos y, al comprobar que no llevaba sostén, se excito aún más. –Uh putita. Está claro que me estabas esperando… ¡Pero que pedazo de tetas tienes Sandra Verónica! Al tiempo que no solo las manoseaba, sino que con sus dientes desabrocho el cinturón de satén. Tirando dejando mi vientre descubierto. Su boca comenzó a devorar nuevamente aquellos suculentos manjares que por 25 años ha probado pero que nos siguen volviendo locos como la primera vez, concentrándose en mis pezones, los cuales se mantenía completamente tiesos. -oh por favor… no lo hagas.

    Ezequiel fue bajando, besando mi rico y plano abdomen, notando los gemidos y agitación de la mujer de su hijo, al tiempo que se acercaba hasta mi mini tanga. Paso su lengua sobre ella, para luego tirar de los laterales y terminar de sacármela por mis piernas. Mi suegro, ni corto ni perezoso, metió su cabeza entre las piernas de su amante, sin dejar de acariciar sus pechos, y, al momento volvió a alcanzar mi vagina y se dio cuenta de que su nuera estaba súper humedecida. Esta hembra estaba muy caliente y necesita verga, dijo a mi oído. Tomo el coño de la misma en la boca, y para luego proceder a introducirme la lengua dentro de él. –oh Ezequiel, mi amor… ooo otra vez ooooo… si cabron comételo… estaba de nuevo entregada al padre de mi esposo y abuelo de mis hijas, y con las rodillas flexionadas, comencé a gruñir como una autentica putita. El señor acariciaba mis tetas y cada vez que apretaba mis pezones me daba un pequeño mordisquito en el clítoris, después volvía a lamer todo el coño y regresaba al clítoris para lamerlo de abajo arriba, hacia los lados y alrededor:- oh me matas cabron.

    No paso mucho tiempo, hasta que con mi vagina latiendo bajo la lengua de mi amante, eche la cabeza hacia atrás, arquee mi cuerpo, y comencé a convulsionarse de placer, al tiempo que me corría estrepitosamente en la boca de mi suegro, gruñendo una y otra vez —ooosiii… me vengo… siiii, mi suegro tapo con mi mano, mi boca, cállate puta, quieres que nos escuchen, en ese momento ya no me importaba si mi suegra o hijas, me escuchaban, mis líquidos inundaban la boca de mi suegro, mmm, mordí la mano de mi suegro en señal de placer. Sin aún recuperarme, observo como mi suegro se incorpora, separa mis largas piernas y se coloca entre ellas acercando su pene a los labios ahora hinchados y lubricados de mi vagina. Comprobé de nuevo el enorme manubrio de don Ezequiel y me estremecí. Aun deseando que entrara en mí, hice un último intento de aparentar un reproche, diciendo: – oh Ezequiel… no debemos. Pero antes de que continuara el semental maduro ya estaba dentro de mi ooo si cabron me partes oohh. No termine de hablar, ya que mi suegro me ensartó sin contemplaciones sus casi 18 cm de verga en toda mi vagina. Nuevamente me volví a sentir llena y plena.

    El semental comenzó a entrar y salir de aquella cavidad tan jugosa, como si fuera un verdadero pistón en movimiento. –oh putita que buena estas… te voy a dar lo que mereces… ¿la necesitabas verdad? Estás bien caliente… me estabas esperando putita… lo sé. -si cabron… oh… dame más… Reviéntame el coño… Estaba tan deseosa que a los pocos minutos alcance un nuevo orgasmo. Pero mientras me convulsionaba, mi suegro no dejó en ningún momento de bombearme, viendo como su pene volvía a crecer dentro de la vagina de la mujer de su hijo, y al ver como emergía su semen, sin más comentario comenzó a descargar dentro de la vagina -oh cabrona que buena oo siiii me vengo oooo… te voy a llenar.. -Oh…. Otra vez … me vas a preñar ooo siiiii la siento. -Estoy ovulando, podrías dejarme embarazada.- le dije cada vez más convulsa y agitada, viendo la intención de mi suegro de llenarme. – “estas loca tu ya no puedes quedar embarazada”.

    Mi suegro a pesar de ser un gran semental era obvio que no sabía nada sobre la fertilidad en las mujeres, añadió, Me da igual. Pero hoy recibirás otra vez todo mi semen. Uf putita ya me viene… oohhh siii… ahí te va, uff. Al momento, sentí un calor intenso que inundaba mi vagina, signo inequívoco de que Ezequiel se estaba corriendo dentro de mi. Los sentimientos entrecortados afloraron dentro de mi. Por un lado me encantaba sentir la leche de aquel macho bañando mi dulce coñito, pero, por otro, era el padre de mi esposo, sumado a lo de mi menstruación y pre menopausia, me hacían eco en mi cabeza. -oooo nooo lo estás haciendo. Me vas a desgraciar …oh Dios como te estas corriendo… ooo. Sentía los lechazos de semen chocar contra las paredes de mi vagina, y la potencia con que lo hacia el semental más me excitaba. No pudo calcular cuánto tiempo mi suegro se estuvo corriendo dentro de mi, pero sí que fue suficiente para que le inundara el mismo.

    Tras salir de mi, ambos quedamos rendidos sobre la cama, y mi semental se quedó dormir a mi lado, ambos desnudos y entrelazados. Así pasaron más de cuatro horas. Ya en la mañana, observe como los rayos de luz iluminaban la habitación. Mi maduro amante dormía plácidamente a mi lado, a pierna suelta, despatarrado sobre la cama que compartía con su hijo. Observé los atributos de mi suegro, y comprobé por enésima vez a conciencia, lo bien dotado que esta. Aun en reposo, su daga aparecía gruesa y grande. Nada que ver con la de mi esposo. Viendo la hora que era, nerviosa y temerosa de que pudieran venir mis hijas o mi suegra, lo desperté: – Ezequiel. Por favor, debes irte a tu cuarto. Mis hijas o tu esposa pueden vernos, que le vas a decir a tu señora. Ya es casi de día. El, con cara de sueño, entreabrió los ojos, y tras recordar donde se encontraba, dirige su mirada hacia mi cuerpo también desnudo de la mujer de su hijo, que a la luz del día permitía visualizar con bastante nitidez, y me sonríe. Luego me dice:- ¿has dormido bien? Joder Verónica…, serás la mujer de mi hijo, “pero estas como un tren”. Sonrió por la ocurrencia, y alagada por las alabanzas de mi suegro, contestándole: – ya. Pero ahora debes volver a tu cuarto.

    El semental de mi suegro había comprobado que la sola mirada del cuerpo desnudo de aquella hembra le había vuelto a despertar su deseo sexual. Por supuesto esa circunstancia fue igualmente constatada por mí, mientras un escalofrió recorría nuevamente mi cuerpo viendo como el miembro de mi amante se endurecía. -Oh Ezequiel… no me digas que… Mi amor, Sandra Verónica. Ver el cuerpo de una hembra como tú, se le levanta hasta un muerto. – me dijo sonriendo. Mi semental se colocó ésta vez boca arriba, al tiempo que observo como el pene del mismo había crecido, y se mostraba desafiante como un mástil, escuchando que decía:- vamos preciosa. Monta este caballo. Sé que eres una buena jineta…

    Sin poderlo evitar, me colocó a horcajadas sobre ese macho cabrío, flexionando mis rodillas, hasta ir acercando la vulva de mi vagina hasta el capullo de aquel enorme pene. Así, poco a poco fui descendiendo, constatando como aquel vástago se incrustaba en mi vagina hasta terminar de una sentada totalmente dentro del mismo. – oh… Ezequiel… ¡cómo me llena! Apoyó mis manos en los brazos de mi macho e inició los movimientos de subir y bajar, manteniendo siempre como eje la tranca de aquel potro. Los jadeos de la hembra en celo, no se hicieron esperar y pronto comencé a cabalgar como si de una autentica montura se tratara. Mi suegro igualmente se excito al ver como la mujer de su hijo disfruta ser penetrada, estábamos disfrutando el clásico mañanero, yo ascendía y bajaba sobre ese pene, al tiempo que rebotaban ante el los hermosos pechos de su nuera. Las continuas subidas y bajadas de la misma sobre su tranca me propinaron unos calambrazos que hicieron crecer aún más su pene, si es que aún podía crecer más. – vamos Verónica. Veo que eres una buena jineta… venga… necesito ver cómo te corres…

    Como la loba que soy, instigada por aquellas palabras, no me hice de rogar, y las cabalgadas sobre el pene de mi suegro se intensificaron hasta el punto de que pronto, no pude más, y entre en trance alcanzando un tremendo orgasmo… Oo siii me vengo, mmm aaaa. Que rico orgasmo estaba teniendo, mordí fuerte mis labios para no gritar y despertar a mis hijas y suegra, para terminar apoyando mi cabeza y pecho sobre el torso desnudo de Ezequiel, totalmente agostada. Pero, como cabía esperar, Ezequiel no se conformó con ello, sino que, dándome la vuelta, sin sacarme el pene de mi vagina, e invirtiendo la posición, ahora era él quien, en esa posición ventajosa, penetraba sin piedad, insertando una y otra vez su daga en la caliente vagina de su nuera.

    Con cara de lujuria, comencé a mirar el rostro de mi suegro, viendo como me excitaba contemplar las expresiones que se reflejaban en la hermosa cara del progenitor de mi esposo, mientras me tensaba antes de iniciar una vez más la descarga de su semilla dentro de mi. Esta vez no se lo impedí, en el fondo deseaba sentir de nuevo la leche caliente del maduro semental que tenía encima. Bastante semen había recibido en la madrugada, por lo que había perdido todo sentido volverme a preocupar. En cuanto sentí los primeros lechazos, le dije: Vamos préñame… Eres un cabronazo… oo sii lléname otra vez… ooo como siento tu leche…

    Mi suegro lanzo nuevamente su carga dentro de la mujer de su hijo, extrañándose el mismo de la gran cantidad que había expulsado. En pocas horas y a pesar de su edad (65 años), su depósito de semen se había recuperado maravillosamente. Tras ello quedo nuevamente relajado, y se dejó caer sobre mi, para luego salir de su cavidad y volver recostarse a mi lado, extenuado sobre la cama. Nuevamente mi concha totalmente empapada del semen de aquel maduro. ¡Sabía a ciencia cierta, que de estas cogidas podía quedar embarazada! Estaba aún ovulando, ya que lo presentía por el calor intenso de su cuerpo, recordaba las palabras de mi ginecóloga, que a pesar de mi edad y aun sin llegar a la menopausia, existía una ligera probabilidad de embarazo. Luego Ezequiel, tras darme unas palmadas en el trasero, optó por marcharse a su habitación ante las recomendaciones insistentes de mi persona. Pero antes de salir por la puerta de la habitación, Ezequiel se gira y le dice: – después regreso por ese culito. No lo olvides.

    Estremecí de deseo al escuchar aquellas palabras: “el cabron de mi suegro pretendía sodomizarme”. Mientras reflexionaba sobre lo ocurrido, mientras pensaba el por qué mi suegro me estaba volviendo totalmente loca. Había sido infiel nuevamente a mi marido con su progenitor, además lo había hecho en mi propia casa, en mi lecho matrimonial, con mis hijas en ella y con mi suegra. Y encima, era muy probable que hubiera quedado preñada del mismo. Después de unos instantes recogí mi cabello en forma de chongo, entre a la ducha, aseándome bien, especialmente mi ano, iba a rasurarme mi monte venus, el agua caliente, me estaba relajando cuando escuche que entraban a mi cuarto había olvidado ponerle el pasador, abrieron la cortina del baño y era mi suegro, «Pero, ¿Qué haces aquí? Estás loco… como te atreves» le pregunte asustada y sorprendida «Tu qué crees putilla, he venido a follarte otra vez» y se acercó comenzando a besarme la cara y el cuello, una vez más, trate de evitarlo pero sabía que era imposible.

    Aquel semental era más fuerte que ella, tranquila Ishtar, ese es tu nombre de meretriz, mi mujer aun duerme y las niñas también, tengo tiempo de reventar tu culo, ya me tomé mi viagra. -tranquila… ¡sabes que tienes un culito maravilloso! Mi suegro, continuo manoseando al mismo tiempo tomando fluido de mi vagina para introducirlo como lubricante en el trasero de la señora de su esposo. Pronto un dedo se incrustó dentro de mi. Fui reculando hasta llegar cerca del mueble o encimera donde se encontraba el lavabo y el espejo del baño: no por favor… métela por delante… por atrás no… le dije, porque un día antes había tenido tres encuentros y los tres habían sido anales, por aquello de mi periodo menstrual, pero mi suegro, dijo- sabes que te voy a dar por el culo hasta reventártelo.

    Y con decisión, colocó a la mujer de su hijo, mirando hacia el espejo, haciéndola que se inclinara hacia delante, colocando ella las manos sobre el lavabo. El untó en su miembro saliva y lo acercó al ano de la señora de la casa. Proteste, pero, pronto con la saliva, el grande y una parte del miembro entró. “ya estaba dentro de mi ano”. El esfínter de la mujer de su hijo, ya había cedido. Entonces el suegro comienza acariciar las tetas pellizcando los pezones de su nuera, viendo como aquello excita a la hembra y haciendo que su ano se dilatara. Ante ello presionó con fuerza, lo que motivo que le incrustara más de la mitad de su tranca en aquel delicioso trasero: ooh nooo cabrooon sácala… me haces daño oooo.

    Para este momento yo ya estaba como en otro mundo, no me lo creía: estaba en mi propio dormitorio mientras su suegro le estaba desvirgando el ano. A escasos metros de las habitaciones de sus hijas y suegra. Ezequiel había comenzado un mete y saca lento, mientras apretaba las nalgas de la señora de la casa fuertemente. Mi suegro estaba sumamente excitado al contemplar como su verga comenzaba a entrar bien el trasero de aquella hembra. Quería disfrutar al máximo de esas hermosas nalgas, así que se tomó su tiempo. Sacaba su verga, se quedaba quieto unos instantes y después la volvía a meter. No entraba más de la mitad pero era suficiente. Tampoco quería forzarla más. Sin embargo, pasado un tiempo, insistió y pudo meterla toda, di un grito desgarrador, no pude contenerme, cállate puta, nos van a descubrir. Después había quedado quieta pero no dejaba de sollozar. Sentía un gran dolor en mi ano, ya que la tranca del semental no era para menos. Me sentía llena… me iba a romper. Gimiendo le decía: salte ya por favor… Me duele… -caya putita. Disfruta… El maduro señor, fue acelerando sus embestidas, procuraba metérmela cada vez más, se movía un poco hacia los lado con la verga dentro, como pretendiendo ensanchar el ano de la señora, al tiempo que me daba unas nalgadas.

    Estábamos gozando como locos, cuando tocaron en la puerta de mi habitación y ambos sentimos un escalofrió excitante, dije quien; buenos días Vero, ya estas despierta, discúlpame, era mi suegra, respondí; señora me estoy bañando que desea, y contesto mi suegra, hija, quería preguntarte si no has visto a tu suegro, no suegra, a lo mejor fue a correr, ya ve que a él le gusta, mientras decía esto, mi suegro seguía empalándome, agarrándome las tetas y mordiendo el cuello, tienes razón, tardaras mucho en salir, le dije, si apenas me metí, y dijo mi suegra, bueno en lo que voy al parque a ver si veo a Ezequiel, gracias Vero. De nada señora, respondí mordiéndome los labios, escuchamos que salió de la casa y al poco instante una de mis hijas salía de su habitación, ya teníamos que terminar la fornicación.

    Él continuó ensartándome su verga sin piedad, mientras yo le decía al odio cachondamente. —¡Ay que rico papi! ¡Sí, méteme la verga bien duro! ¡Así, papi, así! ¡Más rápido! ¡Rómpeme mi culo! ¡Que rico! ¡Ay! ¡Así! Parecía que el casi descubrimiento de mi suegra e hija, nos excitaban mas, aumentaban la adrenalina. Él lo hacía brutalmente me causaba dolor y yo lo gozaba, era un objeto de placer para él, con el que estaba satisfaciéndose como un animal. Sentí que me ardía el culo como si tuviera cortadas, sabía que ya estaba teniendo mi sangrado anal que había deseado tanto, pues me da una sensación de dolor y placer ya que la sangre me genera fricción y me arde, lo que me excitó más y le grité mientras gemía.

    —¡Ay amor, que rico! ¡Así, me duele mucho! ¡Que rica verga mi cielo! ¡Desgárrame el culo! ¡Que rico me sangra el culo! ¡Sí! ¡Así! ¡Cógeme más profundo! —¡Que rica estás zorrita! —Me dijo muy excitado. Me abrazó y apretó mis senos con fuerza lastimándome y pellizcando mis pezones, me beso el cuello, en ese momento comencé a llorar entre dolor y de sentimiento femenino, sentía mucho calor en mi vientre y mi piel erizada y sensible pues ese hombre duro mucho penetrándome y me sentí muy vulnerada eso fue algo que estúpidamente me hizo sentir querida, ese hombre había gozado de mi culo, me había cogido con todas sus fuerzas desquitando sus ganas conmigo.

    En ese momento un calor arrobador envolvió mi cuerpo, me sentí plena. Cuando mi suegro saco su verga manchada de sangre y aun erecta de mi culo, sentí como se escurrió su semen mezclado con mi sangre anal entre mis piernas. —Ay zorrita que rico se te ve ese agujero bien abierto. —Sí, así se me queda abierto cuando me penetran analmente. —Hasta me dan ganas de chupártelo. —Me ruboricé al escuchar tal halago. Dijo, no me voy a quedar con las ganas me beso y chupo el ano y luego la boca, llevando una mezcla de sabores, semen, líquidos anales y sangre.

    Verónica mi amor, podría cogerte diario, no sé cómo el estúpido de mi hijo, trabaja mucho, teniendo una puta como tú, nos bañamos, y después me cargo me dejo dulcemente en la cama, y dijo, te traje dos regalos, un nuevo puti vestido, era de mi color favorito, negro, me dijo ven voy a vestirte, era muy sexi, demasiado atrevido, Ezequiel como crees que voy a ponerme este puti vestido, -Verónica no te hagas la decente, siempre usas puti vestidos- si amor, pero este es más atrevido, no es para andar en casa- mi suegro, dijo pretextos, y comenzó a vestirme ese puti vestido, entallado, me llegaba hasta a la mitad de mis muslos, el mini vestido de cuello estilo halter, es decir la parte de adelante atado a mi cuello, que dejaba mis brazos, hombros y espalda descubierta, estaba muy ajustado como me gusta, sin embargo la parte delantera era la más atrevida, dicho mini vestido, tenía abertura delantera que se abrochaba con aro O, dejaba prácticamente mi vientre descubierto, eran cuatro agarres de aro, el primero arriba de mis senos, el segundo justo a la altura de mis pezones que dejaban la mitad de mis senos a la vista, el tercero debajo de mis senos y el cuarto unos centímetros arriba de mi ombligo, en consecuencia mi ombligo, iba descubierto, era muy sexi, parecía que iba a reventarlo de lo ajustado, -uff, amor estas de infarto, dijo mi suegro, y como perro en celo, se abalanzo, quiero cogerte con ese puti vestido, estaba sacando su miembro cuando escuchamos abrir la puerta de la calle, ya salte, luego fornicamos, te lo prometo, oímos salir a mis hijas, por lo que mi suegro tuvo que salir, con cautela y yo permanecí en mi recamara, terminando de vestirme ya arreglarme.

    Minutos después, mi hija Estefani, me hablo: mamá, ya vamos a desayunar, ven, y respondí, hija espérame unos minutos. Dude un momento, en bajar con ese puti vestido, pero mire mi armario, y siendo sincera tenía muchos puti vestidos, así que no le di importancia, elegí unas sexis medias color blanco de muslo elegantes, semitransparentes con encaje, acompañada de una tanga blanca trasparente y unas zapatillas color negro muy elegantes. Me maquille usando un billet rojo intenso, sin olvidar mis aretes y por último mi cabello suelto.

    Al ir bajando las escaleras, mi suegro quedo impresionado no pudo disimular, su asombro y deseo, mi hija Ana dijo-wow, mamá luces increíble, no te había visto ese vestido, cuando lo compraste, la semana pasada dije, mi suegra no disimulaba su disgusto pues nunca le ha gustado que use vestidos tan provocativos, pero desde que me conoció sabe que es mi forma de vestir, mi hija Estefani, parecía apoyarla y dijo -mamá, te arreglaste como para una fiesta, y solamente estaremos aquí, y Ana, me defendió, ya sabes que mamá, siempre es elegante. Mi suegro seguía anudado y dijo, te ves bien hija, vamos a desayunar, dejándome una indirecta.

    Nos sentamos en la mesa, y dije; don Ezequiel siéntese, aquí, era el lugar de mi esposo Joel, y el respondió, no, hija, como crees, el lugar de mi hijo no puedo tomar, mejor me siento aquí, y se sentó a mi lado, que descaro no tomar el lugar de su hijo en la mesa pero si en la cama, procedimos a desayunar. La presencia de mi suegro cerca de mí, me iba calentando poco a poco, pensaba que era una pena no poder estar a solas con él para agradecerle el regalo y hacerle disfrutar. Mi sorpresa fue muy grande cuando noté que don Ezequiel, tocaba mi pierna con su mano, miré a mis hijas, pero estaba muy ocupado hablando con mi suegra, yo estaba muy nerviosa por lo que decidí hacer como si no pasara nada. Mi suegro, seguía sobando mi muslo, mientras hablaba conmigo, poco a poco fue subiendo mi puti vestido hasta que mi piel notó su mano, esto me puso al cien, y mi tanga empezó a mojarse, muy despacio casi sin darme cuenta, su mano se posó encima de mi vagina y poco a poco fue apartando el tanga hasta tocar mis labios vaginales que en ese momento estaban hinchados y muy mojados.

    Yo estaba hirviendo de lujuria, y al ver que nadie se daba cuenta, decidí facilitarle el trabajo a mi suegro, tapé mis piernas con el mantel metí mi mano derecha debajo de la mesa tome mi tanga y con dos dedos le aparte, dejando mi concha abierta a los deseos de Ezequiel, él se dio cuenta e introdujo un dedo en mi cueva ardiente, el dedo se metió hasta dentro sin ninguna dificultad por lo que decidió sacarlo y meter dos, yo no sabía lo que hacer ni a quien mirar, mi suegro me estaba dedeando delante de mis hijas y suegra, esto me ponía cada vez más y más caliente, me mordí los labios para no gritar de placer, y en ese momento una oleada de calor recorrió todo el cuerpo, me estaba corriendo, agarré la mano de Ezequiel y saqué sus dedos de mi coño, él se llevó los dedos a su boca y poniendo una servilleta por delante los chupo mirándome a la cara. Como pude, arreglé mi tanga y mi puti vestido, y me levanté para ir al baño, mis hijas platicaban y reían con su abuela, por lo que no percataban de lo sucedido, y dije con permiso, y fui al baño, me lave la cara y pude comprobar que mi tanga ya tenía fluidos, por lo que me limpie.

    Regrese a la mesa, y ahora eran los pies de mi suegro que se acercaban, sin embargo, esta vez mis hijas, le hicieron la plática a él y era mas complicado seguir el cachondeo. En ese momento, sentí un escalofrío al escuchar la pregunta de Estefani, ¿Te encuentras bien mama? Te noto algo acalorada- me pregunto algo preocupada mi hija. -¿Cómo?… ¿acalorada…? No sé. Será quizás este tiempo. – conteste bastante nerviosa al constatar que mi propia hija se había dado cuenta del estado de agitación de mi cuerpo. Inconscientemente mire hacia la cara de mi suegro, constatando la sonrisa del mismo. Bueno… ¿queréis postre? Dije para poder evitar continuar con aquella situación tan comprometida.

    Claro, dijo mi suegro, quiero comerme un postrecito, nuevamente una indirecta. Minutos después de terminar de desayunar, mi suegro como un caballero dijo, vayan a la sala y vean tele, yo lavare los trastes, yo dije, no señor, ustedes son visitas, yo lo hare, y mi suegra inocentemente dijo, deja Verónica que Ezequiel lo haga, o bueno que te ayude para que no te sientas mal. Ok, respondí y mis hijas fueron con su abuela, iban saliendo de la cocina cuando dijo, Ana, mejor vamos al cuarto de juegos, y yo dije, ok, en lo que veo que preparo de comer, y mi suegra, dijo, ayúdale Ezequiel, como castigo de que en la mañana te fuiste sin avisar, ok amor. Ambos sabíamos que teníamos un instante de adrenalina y nuestra pasión podíamos desbordarla.

    Inmediatamente se fueron, rápido lavamos los trastes, vi que mi suegro cerro con cuidado la puerta de la cocina, ¡Estaba yo comiéndome unas papas, cuando sentí un abrazo por atrás!! ¡Siente como me pusiste!! Ezequiel estaba detrás re pegándome su bulto, yo solo lancé un suspiro y una enorme excitación me invadió, me di la media vuelta y mirándolo fijamente lo empecé a besar! ¡él no solo me besaba si no que sus manos acariciaban mis tetas y apretaban mis nalgas! Su boca bajo a mi cuello, yo metía mis manos por debajo de su playera, ¡sentía su cuerpo y me mojaba cada vez más! ¡Oh!! ¡Cómo te deseo!! ¡con ese puti vestido resaltan más tus ricas nalgas! Después llevo su lengua a mi abdomen yo cerraba los ojos, ¡me olvide de donde estaba y que mis hijas y suegra estaban en casa! ¡el escote del puti vestido, facilitaba el que me chupara los pezones de una manera tan rica que no pude evitar gemir! Mis pezones se ponían aún más duros! ¡Se metió uno de mis pechos a la boca… -Que par de tetas mamita! ¿la metió en su boca, succiono y luego dijo, todo esto se come mi hijo? -mmm yo solo gemia. Me tomo de mi mini cintura, y me subió en la mesa que estaba en la cocina. -Abre las piernas!

    Me ordeno, y así lo hice, me abrí bien de piernas hizo mi tanga a un lado, y bajo su cremallera y salió su larga verga la cual ya estaba babeando, al igual que mi vagina. – Estas mojada mami, que delicia!.- Empezó a juguetear con mi clítoris que en ese entonces lo tenía súper duro eh hinchado, le daba vueltas con su dedo y lo aplastaba, al mismo tiempo que chupaba mis pechos, la mano que tenía libre la subió y metió dos dedos a mi boca, yo agarre su brazo y empezó a mamar sus dedos imaginándome que era su verga, les pasaba mi lengua, los metía a mi boca mientras sentía su mano en toda mi conchita y sus labios aprisionando mis pezones, después. ¡me lamia desde mi pantorrilla a mis entrepiernas con su boca mi tanga y luego fue a devorarme enterita! ¡Tu concha es excepcional! ¡Ah, no pares! Le apretaba su cabeza mientras su lengua me daba un gran placer, sus dedos nuevamente recorrían mi ano, sus dientes mi clítoris, yo gemía, ¡el volumen de la televisión opacaba mis gemidos!

    Me acostó en la mesa, con mis piernas totalmente abiertas a la orilla de la mesa, se puso frente a mi conchita, agarro mis piernas y las abrió aún más, le dio un golpe a mi panochita, este hiso que la abriera y la enrojeciera aún más, empezó a cogerme con los dos dedos que antes había estado chupando, mientras que son su lengua le daba vueltas a mi clítoris, en ese mismo momento me moje toda, ya me había corrido una vez con ese sobeteo de pezones que me estaba dando, y ahora que tenía sus dedos cogiéndome con mas razón! Sentía que era un rio de tanto líquido que goteaba de mi panochita, pero aun así no se detuvo ni me dejo descansar, intento introducir en mi tres dedos, pero me negué a hacerlo. Se enojo por ese hecho y agarro mi mano fuertemente, y metió uno de mis dedos a mi cosita y uno de sus dedos, estaba sintiendo en mi conchita mi dedo junto al suyo penetrándome a lo salvaje, ¡no aguante y me volví a mojar como una puta! Saco mi dedo al principio y me hiso una seña que se lo metiera a la boca y así lo hice, sentí su lengua limpiando mi dedo de todos los líquidos que tenía por la excitación.

    Ya no aguantaba quería que me penetrara, lo deseaba, que rico se sentía -Te va a entrar toda mamita!!.- Me grito mientras me metía toda su verga de un solo golpe, arquee un poco mi espalda porque la verdad me dolió! Pero mas que nada lo disfrutaba al máximo, mi querido suegrito me estaba penetrando muy rico, sentía su verga adentro de mí, sentía como salía y entraba de mi experimentada vagina, sus huevos chocando con mi piel por las envestidas que me estaba dando, sus manos apretando mis adoloridos pero erectos pezones, ¡era la gloria! De la nada me volvió a sacar su pene, me agarro de los pechos y me paro de la mesa, puse mis manos sobre la mojada mesa y mi culito bien paradito, con mis piernas bien abiertas, comenzó a meter su mano entre mis piernas aplastando toda mi concha, ¡que rico! Mojo uno de sus dedos con mis flujos y lo fue metiendo en mi culito, le daba vueltas mientras lo sacaba y lo metía, ¡que rico me cogía ese cabronaso! Volvió a meter su verga adentro de mi y ahora me cogia por ambos lados, con su mano libre me agarro de uno de mis pechos y se movía salvajemente, ¡me moje una vez mas de manera bestial!

    El me volvió a sentar de piernas abiertas en la mesa, se masturbo unos segundos y me lleno la panochita de su rica lechita!! Quedamos pegados por un instante cuando escuchábamos que alguien se acercaba le dije yo voy al baño y tu al patio, en lo que se bajan los calores, era mi suegra; donde están, respondió mi suegro, yo estoy aquí en el patio, vine a barrer, y Verónica hace tiempo que fue al baño. Yo estaba excitada, mojada y con un celo increíble, nos habíamos salvado y eso aumentaba la lujuria, tuve que limpiarme bien los restos de su semen y mis líquidos internos.

    Una vez pasada la situación, en la tarde, mis hijas nos invitaron a su abuela y a mí, a ir de compras, pero yo argumente que tenía que ir con mi amiga Paty, para dejarle el pago de unas zapatillas que ellas fueran y nos veíamos en una hora, mi suegro entendió la señal y dijo yo saldré por una cerveza, ustedes saben que las compras son para mujeres y yo me desespero mucho, ok amor, dijo mi suegra, mis hijas dijeron regresamos como en una hora, justo antes de salir sonó el teléfono de mi suegra, es Joel, dijo emocionada, hola hijo, como te va, puso el altavoz, estamos todos, hola mamá, hola a todos, les aviso que llegare hoy en la noche, terminamos el proyecto antes de lo acordado, en mis hijas y suegra se dibujó una sonrisa y en mi suegro y yo, se borró. Creí que tendríamos una noche de adrenalina y sexo duro, como la anterior. Al cabo de unos minutos salieron mis hijas, y mi suegro con ellas, regresamos a las 7 pm dijeron, era obvio que yo no iría con mi amiga era una táctica, al cabo de unos minutos mi suegro regreso.

    Entro a la sala, me vio y se bajó el pantalón y su trusa de golpe, no tenemos mucho tiempo y ambos lo entendimos, ¡le sobaba su verga mientras nos besamos de lengua! ¡Ahora bajete nena! ¡Me arrodillé como toda una puta y comencé a hacerle sexo oral! Llevaba mi lengua de sus testículos velludos a su glande, la metía de un solo golpe, mis dedos acariciaban mi clítoris, eso me dio más placer, ¡él me tomaba la nuca y follaba mi boca y mis dedos me estimulaban aún mejor! Así nena, cómetela, uhm, ¡cómetela!! Después me levanto y comenzó un rico faje, nos besábamos y manoseábamos, -que rica estas, Verónica, sabía que ese puti vestido, era digno de una ramera como tu- después me pego a una mesa que tenía ahí en frente, me tomo de la cintura, ¡se inclinó un poco, subió el puti vestido y con sus dientes bajo mi tanga y empezó a introducirla! Mis nalgas pegaban en la mesa fría que se calentaba al rozar mi piel, él me tomaba de la cadera y me embestía con velocidad, me encantaba tenerlo así, ¡abierta de piernas parada y sintiendo su dureza! No pares, uhm, ¡no pares! ¡Que rico coges uhm!!! Tomo una silla que estaba cerca y se sentó, yo me di vuelta y me dejé caer de sentón en su pene erecto. Así mamacita que rico, uhm, ¡que rico! Estas bien sabrosa, ¡cómo me encantaría tenerte siempre! ¡Por ahora solo cógeme nene!

    Me apretaba los muslos, yo me dejaba caer y me movía en círculos, sus dedos entraban en mi concha a jugar mi clítoris, ¡me tenía a full y me hizo tener otro orgasmo! ¡Ah!! ¡Que rico, uhm, ah!! Eres la mejor, ¡uf!! Con fuerza me levanto y me empujo en la mesa, me reclino sobre la mesa y me abrió las nalgas y con violencia me la ¡metió en el ano! ¡Toma, uhm, tómala! ¡Ah!! ¡Me lastimas! Cállate y ábrete más, ¡uhm!! Me dolía pero que rico sentía como entraba, me tapaba la boca y se empujaba más, sentía como mi ano era destrozado, ¡que rico! ¡Que rico es tenerte aquí así y que tu marido este fuera de casa!! ¡Uhm, me duele, uhm!! ¡Que rico culo, es el mejor!! Pártemelo suegro, cógeme duro, ¡soy tuya destrózame el culo!!!

    Como toro en brama Ezequiel se movía tan fuerte y a la vez tan rico que no aguantaba el placer, sacaba lágrimas de mis ojos, sentía que vomitaría, babeaba como san Bernardo, qué momento. Ah, me vengo uhm, ¡me vengo!! Eso, uhm, sácame la leche, ¡te llenare tu culito nena!! El me apretaba salvaje, sentí como se inflaba, ¡entonces me moví como perra loca y lo hice acabar dentro de mi culo! ¡Uf, tómala, ahí está mi leche!! ¡Ah!! Que rico, mas, ¡dámela toda!! Me la saco y su leche escurría por mis muslos, me di vuelta y me agaché a mamársela, ¡Mámale, ¡así que rico! ¡Soy tuya!! ¡Una vez terminada la acción, me limpie me acomode y serví unos tragos de tequila, me dio una nalgada y me beso!

    Después de un instante, dijo me voy a tomar otra pastilla de viagra, después de un instante y al tener efecto me le colgué de su cuello, me cargo y subimos a mi recamara, me dejo en la cama y me dijo que rica te ves con el puti vestido que te regale, luces espectacular, eres una meretriz de lujo, le respondí: gracias amor- Ezequiel menciono: desde que vi en la tienda ese mini vestido te imaginaba con él, cogiéndote.

    Se acerco y me besaba mientras me manoseaba, mis nalgas y mi concha, se sentó en la cama y me invito a que lo montara, mientras me mordía el cuello, ya sentía su pene tremendamente duro, rozando mi zona vaginal, -eres un mango Sandra Verónica- te amo, chupaba mis dedos de las manos y yo los suyos, nos besábamos, me daba unos ricos arrimones en su verga, me mordía muy rico mi clavícula, mientras sus manos se adentraban en el puti vestido. Inmediatamente nos levantamos, y subió mi vestido hasta la cintura, comenzó a besar mi tanga, metía sus dedos con todo y tanga a mi vagina y ano, así lo hizo varias veces, yo ya estaba mojadita, con delicadeza besaba mis muslos, -aaa Ezequiel —y procedió a bajar mi prenda intima bajo hasta las zapatillas, beso mis tobillos para después lamer las zapatillas, que rica estas puta, besaba y mordía con lujuria mis medias de encaje,- se metió la tanga en su boca y me la paso en mi boca, después la dejamos en la cama.

    Y después me dijo serio, sigues menstruando, claro le respondí, ya te dije he ido con la ginecóloga porque siento que estoy cerca de la menopausia, y sentencio te pondrás más caliente. Añadí, por eso en mi vagina no me eyacules, ja ja ja, claro que te seguiré eyaculando en cada encuentro.

    El viagra y había hecho efecto y comencé con una rica felación, tuve que abrir bien mi cavidad bucal para albergar el grosor de aquel pedazo de pene, -oh si Verónica. ¡Que boca tienes!… ¡oh sigue… vamos mamita!… continua así ooo, después de unos instantes, le retiró el pene de la boca, y tomándome me puso a cuatro patas sobre la cama, pero dejando que mi trasero quedara justo al borde de la misma y a una óptima altura para su envarada verga.

    Excitado, sin preámbulo, dirigió su verga hasta volver a clavar íntegramente en aquella posición, la totalidad de su pene en el frondoso ano de su nuera, sentía como sus testículos colisionaron con el trasero de su hembra. Oh despacio oooo… ¿Me abres ¿oh Ezequiel… otra vez no?. -Vamos mami. ¡Necesitabas volver a tenerla dentro! ¿no lo niegues? Uf… ¡sigues aún bien caliente Verónica! ¡estas ardiendo! Hacia un cambio infernal, penetrando ano y vagina, fue cuando le volví a decir, -Ya te lo he menciona.

    Aún estoy ovulando, Por ello no debemos seguir. Oh joder como me abres, mientras hacía esfuerzos por aguantar los empujes del semental. -Ya lo se mamita. ¡Pero eso no va a impedir que te siga cogiendo ¿la sientes verdad?… ¿sientes cómo me tienes mamita? ¿sientes como mi vergota invade tus orificios? Oh si desgraciado… ¡la tienes bien dura!… oo siii ooo- exclame, era evidente que en ese momento el que llevaba el mando era aquel veterano semental. Ezequiel, pletórico de nuevo, plenamente recuperado, y con la tremenda fortaleza que le proporcionaba el viagra, comenzó a follar a la mujer de su hijo, con autentico frenesí e intensidad, viendo como el estrecho coño y ano de su nuera se abrían al máximo, facilitando el acceso del vástago hasta el mismo fondo.

    Se percató que, aquella postura, era perfecta para penetrar totalmente a la mujer de su hijo. ¡El coño y a no de su nuera se tragaba la totalidad de su falo hasta la misma empuñadura! ¡Oh mamita como te entra mi pene!… oh si así, ¡hasta el fondo! ¡oh me revientas oooo… Despaciooo! Exclamaba, viendo como el miembro estaba pletórico y desaparecía en mis orificios.

    .-Si mamita. ¡Te voy a dejar de nuevo bien abierto ese tus agujeros! Uf me tienes como un toro. Mientras me comenzaba a propinar unas palmadas en el trasero, al tiempo que me empujaba la totalidad de su verga, excitando aún más a la mujer de su hijo. Luego al constatar como se salían de aquel puti vestido y colgaban mis ricos pechos, alargó sus manos, y comenzó a manosearlos y tocarlos, apretándolos e intentando aparcarlos completamente en sus manos.

    Eso me estimuló aún más ya estaba tan caliente y excitada que alcances otro orgasmo, mmm aaaa, ufff. No obstante, mi suegro continuó clavándome sin parar, metiéndole verga una y otra vez, con dureza, sacando su pene hasta fuera para luego volver a ensartársela nuevamente, abriendo la vagina y ano hasta límites insospechados: ¡Oh mi amor… me estas matando de placer! Me sentía en la gloria. ¡Estaba enamorada de la verga de mi suegro! Cuando por fin terminó de convulsionarme de placer, casi agotada, constate que mi suegro seguía con la misma energía metiendo su pitón candente dentro de mi ardiente coño y ano. Nunca he llegado a comprender el tremendo poderío de mi suegro, y la vitalidad del mismo, ya que su pene continuaba entrando y saliendo de mi dilatada vagina y ano, con la misma entereza después de casi 25 años de conocerlo, si bien el viagra le ayuda es mucha su vitalidad.

    Pero, todo tenía un límite, y pronto me doy cuenta que aquel semental estaba propenso a venirse. En ese momento dudo, pero sin embargo me digo, ¿no puedo permitir que se vuelve a correr dentro?, por lo que le digo: Oh suegro… ¡debes hacerlo fuera.! ¡No puedes volver a venirte dentro!! ¡sabes que no podemos!… pero mi suegro no estaba dispuesto a cooperar quería volver a correrse dentro de su nuera. Quede sorprendida, al escuchar como el progenitor de mi marido me decía: ¡Por supuesto que voy a correrme dentro mami. ¡quiero volver a llenarte! ¿sé que lo estas necesitando? Tienes ese coño como un volcán en ebullición.

    Yo sabía que era cierto. Que en el fondo quería que se corriera dentro. Que me volviera a llenar. No debía, pero “si lo necesitaba”. ¡Ansiaba volver a sentir el batir del semen del maduro dentro de mi ardiente vagina! No obstante, me hice la decente, exclamando: -Pero ¡me puedes dejar embarazada! Mas sorprendida quedó al escuchar las palabras de mi suegro: -“Anoche permitiste que me corriera dentro de ti”. ¡No te hagas la decente, otra vez quiero! Añadiendo con gran morbosidad ante mi incredulidad: “Además mamita, así garantizamos que quedes bien preñadita”. Si mamita… Creo que ya me viene… o siii… te voy a dejar bien llena. -¿Estás loco? ¿de verdad pretendes preñarme? -Oh mamita ¡sueño con verte con una barriguita y por follarte como hace 20 años cuando estabas embarazada de tus hijas! Me manifestó el semental sin parar de penetrarme, mientras se preparaba para volver a descargar dentro de su nuera.

    -¿Estás loco?… oh Ezequiel, no vuelvas hacerlo… oh nooo… ooo. Eres un sinvergüenza lo has vuelto hacer… Ooo… ¡me quieres preñar de verdad! Y mi suegro cumplió lo dicho. Al instante un torrente de espeso semen volvió a ser inyectado en el coño de la mujer de su hijo. Como la vez anterior, la penetración fue bastante profunda, al igual que profundo fue el lugar donde descargó su semilla: a las puertas de mi útero. -Oh amor… Me vas a llenar otra vez… oh cabronazo ¡oh como te siento…

    La venida de mi suegro fue igualmente sustanciosa, regando plenamente el coño de su nuera, quedándose dentro de mi durante unos instantes, ante de salirse. En el momento en que extrajo su verga, se quedó mirando la tremenda abertura vaginal, y los restos de su semen. Tras ello, me echó sobre la cama, volví a mirarme mi vagina, observando, agitándome al ver el enorme boquete abierto por la verga del padre de mi esposo, y fluir de los restos de semen. Oh, amor, Ezequiel. ¡estas decido a embarazarme!… Oh carajo ¡me has vuelto a llenar!

    El semental de mi suegro me tomó y me obligó a recostarme con el mismo sobre la cama, besándome ardientemente, descansando durante más de 30 minutos. Tras lo cual decidí levantarme, ya casi eran las 7pm, mis hijas y suegra estaban por regresar. Sin embargo, mi suegro me sujetó y colocándome abierta de piernas sobre la cama, me montó y me volvió a encajar su enorme verga. Nuevamente me vi empalada por mi suegro. Oh… Otra vez noo… ya van a venir las niñas y tu mujer.

    Pero, pese a mis protestas, Ezequiel me comenzó a penetrar, logrando que yo comenzara a colaborar, copulando de forma ardiente, alcanzando nuevamente un nuevo y enésimo orgasmo. En ese momento, lo mire y le pregunte: ¿seguro que pretendes volver a correrte dentro verdad? -¡Por supuesto mamita… te voy dar mucha lechita! -Oh amor, Ezequiel. Vas a preñar a la mujer de tu hijo. ¡que degenerado! Le dije sonriendo. Ya nada me importaba, fui yo misma la que incitó al semental de mi suegro a venirse dentro de mi.

    Ezequiel no se lo pensó dos veces, y ante la incitación de su propia nuera, comenzó de nuevo a descargar dentro, llevando a cabo una eyaculación tan copiosa como la anterior. Yo, sentía el fluir del caliente semen de mi amante, dentro de mi vagina, y estaba vez lo disfrute mas. Era consciente que esta vez no se iba a escapar. Mi suegro me iba a dejar preñada de una vez por todas. Oh sii ¡te siento… oh me llenas Ezequiel…! Y mirando a los ojos a mi suegro, le incite: ¡vamos Ezequiel… lléname bien! Termina de preñar a la mujer de tu hijo! Vamos semental “hazme un hijo”… ooo si así ooo.

    Cuando acabaron, le mire y le dije: Oh Ezequiel. Esta vez creo que no me escapo. ¡seguro que me ha embarazado! Me has follado y llenado durante los dos mejores días. El me acarició y me beso nuevamente, diciéndole: Oh mamita. ¿es que estas tan buena?… Me encantaría verte con una pancita, como hace 20 años ¿Seguro que estarás igual de buen para darte una buena cogida? Lo mire y sonrojada y excitada, le dije: ¿estás pensando en follarme embarazada?… -te aseguro que no te escaparás mamita. Me comentó mi suegro sonriendo. Después de varios minutos, recuperamos la fuerza, mi hija me llamo diciendo que venían en camino con pizzas, bajamos a la sala, y justo a los 10 minutos abren la puerta era mi esposo, entro y sorprendido nos vio a su padre y a mi, buenas noches, que hacen ahí solos, y las niñas y mi mamá.

    Ya vienen fueron de compras y pizza, justo en ese momento abren mis hijas, y mi suegra dice que tienen que irse después de cenar, porque ha surgido un problema con en el terreno que disputan con otra familia no me lo tomaran a mal, dijo mi suegra, claro que no. Cenamos y al despedirnos como pude subí a la recamara, bien cogida y cargada de semen y de un ¿niño o niña?

  • Somnámbulo (capítulo 6): La zombificación de Scott

    Somnámbulo (capítulo 6): La zombificación de Scott

    Para David todo lo que ocurrió en esas últimas ocho semanas era un sueño vuelto realidad. Desde que conoció a Scott, le quiso con locura. Verdaderamente lo deseaba, le ansiaba, se enamoró por completo de él y al fin lo había conseguido. Scott Sería suyo para siempre y no de la estúpida de Karen. “¡O sí, sería él quien disfrutaría de aquel semental para toda la vida!”.

    Esas semanas con el norteamericano resultaron grandiosas. En cuanto sacó a Scott de Estados Unidos, decidió pasar con él un par semanas en el Hotel Winsor Copacabana en Río de Janeiro.

    David disfrutó de unos días inolvidables. Se pasearon juntos por las principales playas. Ipanema, Copacabana, Botafogo. David gozaba del modo en que las mujeres se comían a Scott con lujuria, los gays con avidez de cogérselo como si no hubiera un mañana.

    “¿Y cómo no?”

    Las torneadas piernas de Scott, sus brazos musculosos, su rostro varonil, espalda ancha y piel perfecta, eran todo un agasajo para cualquiera.

    A David le encantaba descubrir como las miradas los seguían con envidia y no eran capaces de entender el modo en que Scott lo observaba con adoración, sumisión y lujuria, sin importarle nada más en el mundo que él; que escuchar su voz y complacer sus deseos.

    “¡Estúpidos!”. Ninguno imaginaba que aquel guapísimo hombre ya no era dueño de su voluntad, de su mente, de su cuerpo, de su vida. David controlaba cada uno de los pensamientos, acciones y deseos del norteamericano. Scott no era consciente de nada, de nada de lo que sucedía a su alrededor. Todo gracias a las drogas, hipnosis y magia negra que David aprendió a dominar en sus constantes viajes a México, Haití, Cuba y Colombia.

    En cuanto aterrizaron en Brasil, David se dedicó a implantarle sugestiones para que disfrutara las drogas, la hipnosis, el sonambulismo. Indujo en él un trance más profundo, uniforme y sobre todo, estableció en Scott la idea de que todo aquello le causaba placer, de que era sonámbulo, un autómata.

    David colocó en él comandos posthipnóticos para llevarlo al trance en caso de que despertara o se librara de las drogas de alguna forma. Utilizó algunos audios subliminales, pócimas y en especial, creó en Scott la sugestión de que disfrutaba aquel trance, aquella hipnosis, aquel sonambulismo y de que él, era la fuente de placer.

    Una tarde mientras se bañaban en el yacusi en el hotel en Copacabana, David le suministró una fuerte dosis de droga a Scott, y al tiempo que le propinaba un masaje relajante en el cuello y espalda, se avocó a implantar dichas sugestiones.

    -Tú placer más grande es estar drogado, dormido, sonámbulo e hipnotizado, a mi lado, yo soy la fuente de tu placer. Soy el Amo de tus sueños.-

    Instruyó David.

    -Ssí… Mi placer más grande es estar dormido… Drogado, sonámbulo e hipnotizado… A tu lado… Tú eres la fuente de mi placer… Eres el Amo de mis sueños… Yo lo disfruto mucho…-

    Afirmó Scott.

    -En trance eres mi esclavo, eres mi novio, eres mi amante, eres homosexual, eres un autómata, eres un zombi, eres de mi propiedad y yo soy tu Amo y Señor.-

    Instruyó David.

    -En trance soy tu esclavo… Soy tu amante… Soy tu novio… soy homosexual… Soy un autómata… Soy un zombi… Soy de tu propiedad… Eres mi Amo y Señor…-

    Repitió el norteamericano sin inflexión.

    -Cada vez que yo te diga Somnámbulo, caerás en trance. Te volverás sonámbulo y estarás bajo mis órdenes, harás todo lo que yo te diga, mande y lo disfrutarás.-

    Continuo David.

    -Ssí, cada vez que pronuncies la palabra somnámbulo caeré en trance… Me volveré sonámbulo… Estaré bajo tus órdenes… Haré todo lo que digas… Todo lo que mandes… Y lo disfrutaré…-

    Admitió Scott.

    -Cuando te diga duro como tablón, todo tu cuerpo se volverá rígido, duro como una roca y caerás en trance, sentirás todos los efectos de las drogas de golpe, no importa que estés despierto, caerás hipnotizado nuevamente. E hipnotizado serás un autómata, un zombi.-

    Indicó el fotógrafo mientras sobaba los hombros de Scott.

    El norteamericano gruñó en conformidad y estrujó la verga de David entre sus manos. -Ssí, cuando me digas duro como tablón caeré en trance, no importará que esté despierto, sentiré todos los efectos de las drogas de golpe y caeré hipnotizado… Regresaré al trance… En trance seré un autómata… Un zombi…-

    David gimió a causa del placer que las manos del norteamericano le provocaban en ese momento. -Esas manos son maravillosas, manos de hierro. Si consigues despertar, y escuchas Sonambulismo de hierro, volverás al sonambulismo y lo disfrutarás.-

    Señaló el perverso cuñado hipnotista.

    -Ssí… Sí consigo despertar… Y escucho Sonambulismo de hierro volveré a dormir… De inmediato… Seré un sonámbulo…. –

    Reconoció Scott la instrucción.

    -Bien, muy bien. ¿Qué debes hacer si escuchas “Sonambulismo de Hierro”, o “Duro como tablón”?-

    Inquirió David, mientras lavaba la espalda de Scott y masajeaba la zona lumbar.

    -Yo… Yo… Si estoy despierto o logro despertar… Y escucho “Duro como tablón”… O “Sonambulismo de hierro”… Volveré al trance… Volveré a la hipnosis… Volveré a dormir… Seré un zombi… un autómata… Un sonámbulo…-

    Confirmó Scott.

    -Exacto. ¿Y mientras estés dormido, sonámbulo o hipnotizado que debes hacer?-

    Preguntó David, al tiempo que besaba el cuello del indefenso y escultural Scott.

    -Drogado… Hipnotizado… Sonámbulo… Cuando esté en trance… Yo debo ser tu esclavo… Ser de tu propiedad… Ser tu amante… Ser tu novio… Hacer todo lo que digas… Cumplir tus órdenes… Hacer lo que mandes… Y obedecer… Tú eres la fuente de mi placer… Ser un autómata… Ser un zombi… Obedecer… Ser tu esclavo… Tu novio… Tu amante… Ser homosexual…-

    Admitió el comando el hipnotizado norteamericano con completa satisfacción.

    Así David reforzó pues, todos los comandos que desde Usa consiguió fijar en la heterosexual mente de Scott, pero que aún encontraban cierta resistencia. El norteamericano se opuso después del suceso de la cocina, pues en aquella ocasión el alcohol ayudó a la destrucción de sus barreras mentales y morales. David tuvo que duplicar las dosis de drogas y volverlo prácticamente un autómata, pues de lo contrario hubiera resultado imposible sacarlo de Estados Unidos.

    Una vez logró dominar mediante aquellas inducciones su mente, comenzó a experimentar con él múltiples sesiones de sexo, en las cuales le enseñó el placer gay. Le instruyó acerca de posiciones y juegos sexuales, a través de los que consiguió suprimir su heterosexualidad y fortalecer su lívido gay, su apetito por él.

    “O sí, su heterosexualidad”. Desde el intento de fuga del hotel Winsor Copacabana, Aniquilar la rebeldía heterosexual de Scott se volvió una prioridad. David se concentró en adiestrar a Scott en su nueva vida de esclavo, novio y amante. Para ello se llevó al norteamericano a su finca privada en Angra Dos Reis, donde experimentó con mayor libertad las drogas, los rituales de vudú y magia negra, al tiempo que Le inculcó el gusto por vivir con poca ropa, a estar todo el tiempo casi desnudo, sólo con leotardos como su única prenda.

    En pocas palabras, transformó a aquel ardiente norteamericano en un zombi, un zombi homosexual, con la mente en blanco, totalmente sumiso, complaciente, pero todo un semental en la cama.

    David utilizó a Scott para sembrar y cultivar las amapolas, raíces del diablo y otros hongos que empleaba en las drogas que lo mantenían esclavizado, a la vez que aceleraba el proceso de su Zombificación.

    Y ahora estaban allí, Scott de rodillas y él con el humo producto de aquella mezcla, con el poder total sobre él, y a punto de convertirlo en un zombi por completo.

    -Yo te tomo como mi Amo… Tú eres mi Bökor… Ahora soy tu zombi… Tu sonámbulo… Tu Esclavo… Yo obedezco tu voluntad… Tu voluntad es la mía… Un zombi soy… Mi Amo… Mi mente… Mi cuerpo… Mi alma… Te pertenecen… Ahora y por siempre… Amo… Soy un autómata… Un zombi…-

    Dijo Scott arrodillado a los pies de David.

    David lo vio extasiado y acarició su rostro. -Levántate, levántate, levántate.-

    Ordenó David.

    Scott obedeció y se colocó de pie delante del fotógrafo, con sus ojos completamente rojos y la mirada fija en los ojos de David. -Ordena a tu zombi mi Bökor… Eres la fuente de mi placer… Soy tu esclavo… Novio y amante… Y obedeceré todas tus órdenes… Soy un autómata… Un esclavo y obedeceré…-

    -Bésame, bésame y duerme más, bésame y duerme más, conviértete totalmente en un zombi. En un autómata. Destruye toda la heterosexualidad.-

    Mandó el fotógrafo.

    Scott acató la instrucción y se abrazó a su Amo, al tiempo que lo besaba con apetito, fogosidad y deseo. -Duermo más… Duermo más… Duermo más… Yo soy un zombi… Lo disfruto… Soy tuyo… Soy un autómata… Soy homosexual… Disfruto ser tu novio… Ser tu esclavo… Ser homosexual… Ser tuyo y ser un zombi… Ser tu amante… Mi Amo de los sueños… Mi Bökor… Estoy drogado… Dormido… Sonámbulo… Hipnotizado… En trance… Y en trance soy gay por completo… Un objeto de placer… Tú me atraes… Nada más importa… Sólo tu voz… Sólo lo que tú digas… Mandes y ordenes… Mi Amo y Señor…-

    Dijo Scott, mientras se abrazaba con su torso desnudo a David.

    -Bien, muy bien. ¿Quién eres ahora?-

    Cuestionó David.

    -Yo… Soy Scott el zombi… Soy tu esclavo… Tu novio… Un sonámbulo… Un esclavo… Soy homosexual… Un autómata… Un zombi… Un sonámbulo… Te pertenezco por completo… Mi Amo…-

    Respondió el norteamericano.

    -Bien dicho mi esclavo. ¿Te gusta tener sexo conmigo?, ¿te gusta dormir en mi cama?, ¿Te gusta que nos vean como pareja?, ¿te gusta que fajemos delante de todos?-

    Cuestionó el fotógrafo a su zombificado cuñado, mientras le rompía los leotardos y lo dejaba totalmente desnudo.

    -Sssi… Me encanta que me has transformado en homosexual… Disfruto ser tu novio… Disfruto exhibirme… Disfruto que nos vean como pareja… Me gusta fajar contigo en público… Yo soy de tu propiedad… Y tú debes exhibirme mi Amo… Soy un objeto para tu placer y para tu servicio… Eres la fuente de mi placer… Quiero que sepan que tú me dominas y que te pertenezco… Que este cuerpo sólo existe para cumplir tus órdenes Amo…-

    Afirmó Scott, sin dejar de acariciar y besar a David.

    -¿Cuáles son tus deberes como mi novio?-

    Inquirió David.

    -Yo… Yo debo ocupar tu cama… Debo complacerte y satisfacerte sexualmente siempre que quieras… Debo tratarte como mi pareja en público… Toda mi concentración, atención y deseo debe estar en ti… Y sólo en ti… Tú eres lo único que importa… Lo único que existe… Mi Amo… Debo estar cada vez más enamorado de ti… Debo fajar y salir contigo a todas las actividades que me pidas… Los demás deben ver mi amor… Mi fervor… Mi devoción por ti… Yo soy tu novio esclavo y zombi… Tu autómata… Tu zombi… Mi Amo… Te deseo… Te adoro… Soy tuyo… mi Bökor-

    Respondió Scott con la boca pegada a la de David.

    -¿Y tus deberes como mi esclavo?-

    Preguntó David.

    -Debo permanecer semidesnudo para ti… Debo sembrar y cultivar las plantas que me mantienen zombificado… Debo servirte y atenderte como tú mayordomo zombi… Complacerte en todo… Y debo mantenerme hipnotizado y drogado… Todas las noches debo levantarme sonámbulo y tener sexo contigo… Buscarte… Desnudarte sensualmente… Recorrer la mansión desnudo sin cansarme… También debo complacer tu voluntad sin importar que me ordenes hacer… Y ser cada vez más gay…-

    Dijo Scott, con las manos en los glúteos de David.

    -Ven vamos adentro, quiero coger contigo. ¿tú también quieres verdad?-

    Cuestionó David.

    -Ssí… Mi Amo… Concédeme ese privilegio… Déjame tener sexo contigo… Déjame complacerte como tu novio y esclavo… Es el deber de un zombi… Es mi deber como esclavo… Hacerte el amor y disfrutar contigo… Y tener sexo contigo me zombifica… Lo disfruto… Disfruto ser zombificado…-

    Verificó Scott.

    David lo llevó del brazo a través de la finca. Cruzaron los terrenos y rodearon un pequeño lago que allí estaba. Después continuaron por un camino de adoquines hasta una gran mansión en medio de los terrenos.

    David abrió la puerta y volvió a besar a Scott.

    Cárgame, llévame hasta nuestra alcoba. Cárgame que voy a zombificarte.-

    Ordenó el fotógrafo.

    Scott tomó por la cintura a su señor y lo cargó en brazos con gran facilidad, pues el norteamericano era bastante fuerte. -Ssi… Amo…-

    Subieron las escaleras al otro lado del recibidor y Scott llevó a David a través de un largo corredor hasta una gran habitación. Empujó la puerta e ingresó con David en brazos, quien no perdía la oportunidad para pellizcar los pectorales del norteamericano, que estaban erectos y duros.

    -En la cama, en la cama. Colócame en la cama y después acuéstate conmigo. Quiero que me cumplas como mi novio. Como mi hombre. Quiero coger. ¿y tú lo quieres también?, ahora eres mi zombi y eres homosexual, estás en trance. Quiero que me hagas el amor.-

    Dijo David.

    -Sssi… Yo también quiero tener sexo contigo… Soy tu novio… Soy tu hombre… Soy un zombi… Estoy en trance… Estoy drogado… Estoy hipnotizado… Estoy sonámbulo… Soy tú esclavo… Soy tu novio… Tu amante… Debo cumplirte en la cama… Soy un autómata y quiero tener sexo contigo… Quiero coger con mi Amo… Quiero tener sexo con mi novio… Eso me da placer y lo disfruto… Coger contigo me zombifica… Me hace disfrutar… Me hace más sonámbulo… Soy un autómata… Y yo te cumpliré… Me hace caer más en la hipnosis… En el trance… Y mientras más cojo contigo… Más feliz y homosexual soy… Mientras cojo contigo, me zombifico más… Cógeme y ayuda a Zombificarme… Cógeme y hazme totalmente un Zombi…-

    Dijo Scott con una increíble erección.

    -Me encanta tu entrega, me encanta tu devoción. Ahora eres un zombi y eso es perfecto.-

    Dijo David, mientras lo sujetaba del rostro

    Scott se acostó por completo sobre David, mientras se apoderaba de la boca de su Amo. -Yo soy por completo tuyo… Soy un zombi… Soy un autómata… Un esclavo… Soy tuyo… Tu novio… Eres mi Amo… Soy tu esclavo homosexual… Te amo cada vez más… Te deseo… Soy un objeto para tu placer… Tú eres la fuente de mi placer… Yo te pertenezco…-

    Repitió el zombi.

    Scott entrecruzó sus piernas con las del fotógrafo, se montó encima de él y mientras lo mordisqueaba, besaba y chupaba, descendió para darle un beso negro.

    La lengua de Scott comenzó a dilatar el culo de David, al tiempo que con poderosas lengüetadas recorría en círculos el culo de Scott. Tocó la próstata del fotógrafo y David gritó víctima del deseo.

    -¡Eso, eso!, ¡Eso!, ¡Quiero sentir los dedos . Tus dedos zombi en mi culo, ¡Ya sabes lo que te enseñé!, ¡Mi próstata, estimúlala!-

    Ordenó David.

    Scott obedeció y introdujo sus poderosos dedos en el culo de David, los mojó con saliva y lubricante, mientras empezó a masajear despacio la próstata de David. -Un zombi complace… Un sonámbulo obedece… Un autómata, sirve para complacer… Yo soy tu novio, y debo dilatar… Debo complacer… Debo hacerte mío… Para ser tuyo por completo… Prepararte para el sexo me vuelve zombi… Me hace homosexual… Mis dedos son de hierro… Mis dedos son los de un zombi… Yo debo dilatar… Masajear… Siente los dedos de tu novio… De tu zombi… Mi Amo… Mis dedos complacen… Mis dedos son de hierro… Mis dedos me zombifican… Tu culo me zombifica…-

    Admitió Scott.

    David gruñó al sentir aquella fuerte e intensa estimulación, los dedos de Scott se habían tornado expertos. El norteamericano alternaba sus dedos en movimientos circulares y de penetración, masajeaba de arriba abajo y después rompía para volver a introducir su lengua.

    -Mi lengua es la lengua de un zombi… La lengua de un zombi sirve a su Amo… Mis dedos son de hierro… El culo de mi Amo me hace disfrutar… Me hace zombi… El culo de mi Amo me hipnotiza… Yo soy tu novio… Tu esclavo… Debo cumplirte en la cama…-

    Aseveró Scott.

    -Exactamente, mi culo te vuelve un zombi, mi cuerpo te zombifica.-

    Mandó David.

    -Tu culo me zombifica… Me vuelve un zombi… Tu cuerpo me zombifica… Yo soy un Zombi… Soy un autómata… Soy tu esclavo… Esclavo… Esclavo…-

    Aseveró el norteamericano, mientras proseguía el masaje.

    La erección de David era increíble, y la de Scott era aún más impresionante. Scott salivaba de placer y gruñía a cada momento, mientras David lo empujaba con sus piernas.

    -Penétrame, eres mi novio y debes satisfacerme, tener sexo conmigo te vuelve un zombi, te esclaviza, te hace disfrutar, te hace ser mi novio esclavo homosexual por completo.-

    Ordenó David.

    Scot sentó a David sobre sus piernas y lo ensartó en un solo movimiento, mientras comenzaba a girar sus caderas para golpear con su poderoso pene todo el culo de su Amo.

    -Tener sexo mi Amo, tener sexo contigo es lo mejor… Tener sexo me transforma en un zombi… En un esclavo… En un autómata… Soy tu novio homosexual y debo cumplir… Estoy drogado… Sonámbulo… Hipnotizado y debo complacer… Tener sexo me zombifica… Estoy siendo zombificado… Zombificado… Disfruta el pene de tu esclavo… Mi verga es la de un zombi… Y la verga de un zombi debe ser de hierro… Yo soy un zombi… Amo y señor…-

    Afirmó Scott, al tiempo que clavaba una y otra vez su verga sobre la próstata de David y lo aferraba de los hombros.

    David movía el culo en círculos para que todo el glande de Scott se introdujera de lleno y ambos pudieran disfrutar más y más.

    -¡YO SOY UN ZOMBI, SOY UN ZOMBI,SOY UN ZOMBI!, ¡MI VERGA ES LA DE UN ZOMBI!, ¡MI VERGA ES DE HIERRO!, ¡ESTOY DROGADO, HIPNOTIZADO!, ¡SOY UN ZOMBI!, ¡UN AUTÓMATA!, ¡SOY TU ESCLAVO!, ¡Y MI VERGA Y YO TE PERTENECEN!, ¡YO TE PERTENEZCO!, ¡SOY TU NOVIO!, ¡MI OBLIGACIÓN ES COMPLACERTE Y CUMPLIRTE COMO HOMBRE!, ¡DISFRUTA AMO, DISFRUTA MI ESCLAVITUD!, ¡YO DISFRUTO SER ZOMBIFICADO, SER ESCLAVIZADO!, ¡SOY TUYO!, ¡SOY TUYO!-

    Gritó el norteamericano mientras atraía a David sobre él y lo penetraba con toda violencia, al tiempo que lo aferraba con la fuerza de sus piernas y ponía sus manos en el miembro de David, para masturbarlo con fuerza.

    La fricción, el golpeteo y la masturbación hicieron explotar al fotógrafo y a Scott en el mismo momento y los dos eyacularon con vigor. El norteamericano con la mente totalmente en blanco, sólo cargada con las instrucciones y el placer, mientras cada chorro de semen llenaba el culo de David, y el fotógrafo con una potente descarga que impregnaba las manos de Scott.

    -Un zombi come semen… El semen de mi Amo me vuelve zombi… Me hipnotiza… Me hace disfrutar…-

    Dijo el hipnotizado Scott, al tiempo que llevaba sus manos embadurnadas por el semen de David hasta su boca y lo chupaba todo.

    -Estoy siendo zombificado… Zombificado…Zombificado…-

    Murmuró Scott.

    -“Somnámbulo”, “Sonambulismo de hierro”, “Duro como tablón”.-

    Dijo David, mientras se daba la vuelta y besaba a Scott.

    El norteamericano introdujo la lengua en la cavidad del fotógrafo y compartió un largo beso.

    -Yo disfruto el sexo gay… Soy homosexual ahora… Soy un zombi… Soy tu novio… Un autómata… Eres mi Amo… Soy tu esclavo… Estoy sonámbulo… Estoy hipnotizado… Soy un zombi… Estoy drogado… Y disfruto ser un sonámbulo… Un autómata… Un esclavo… Un Zombi… Y sólo tú eres lo más importante para mí… Nada más existe… Nada más que tú… Mi Amo… Mi Señor… Te amo… Te deseo… Y ser tuyo es mi placer… Me satisface… Yo soy un zombi ahora… Un zombi… Un zombi… Sólo vivo para ti y por ti… Amo… Mi Amo… Mi Amo…-

    Afirmó Scott totalmente subyugado por David.

    -¿Te quieres volver mi marido esclavo?, ¿Quieres casarte conmigo y ser un zombi totalmente?-

    Preguntó David.

    -Yo… Hmmm…. Ssí… Quiero ser un zombi totalmente y para siempre… Quiero casarme con mi Amo… Yo soy un esclavo… Soy tu novio… Y debo cumplirte… Complacerte… Hazme tu marido y zombifícame totalmente… Hazme tu marido y vuélveme un zombi… Un Zombi… Un Zombi… Cásate conmigo Amo… Y déjame ser tu marido Zombi…-

    Propuso Scott ya sin posibilidades de ser libre nunca más.