Blog

  • Comida

    Comida

    Me acordé de la película que vimos. La que empezaba con la mujer que enrollaba el sushi en aquella verga… Después de eso decir que si tu polla fuera un postre sería arroz con leche suena soez.

    La última vez te embadurné toda la polla de Nocilla antes de comerte la polla. Unas pinceladitas con el dedo. Bien lamidas. Algunas más. Otra lamida. Me la metí entera en la boca, hasta que mis labios tocan tus huevos y la punta se encaja en el fondo de mi paladar. Me agarraste la cabeza con las dos manos y empiezan a moverse tus caderas. Adentro y afuera. Adentro y afuera. Adentro y afuera. El sonido a humedad y la saliva. Me saqué la polla de la boca para añadirle un poco más de chocolate. Una capa espesa esta vez Tan espesa que pude dibujarle las líneas de la corteza de un árbol, como los troncos de Navidad. Y arriba del todo un gran fresón.

    Y mis pechos, ¿qué serían si fueran comida? Quizás fruta madura. Blanda y sabrosa. Manzanas dulces que regaliman con tu saliva. Y las cerezas que las coronan. Brillantes y duras que puedes chupar y chupar. Y retorcer. Pero quizás esta vez podrían ser dos bollos calentitos. Empiezas a amasarlos, magreando y apretando la masa. Estrujándola hasta que se escapa entre tus dedos. Juntándola otra vez, separándola en dos bollos perfectos. Hay que amasarlos bien para que salgan esponjosos. Y probar si la masa está bien de sal. Sigues amasando y amasando, con mis gemidos de fondo. Me acaricias las tetas para darles forma. Cada vez los frotas con más y más pasión, más y más rápido. Para que cuezan bien y salgan altos y esponjosos. Y luego solo queda probarlos. Devoras uno entero de un solo bocado, lo chupas con fuerza, casi lo masticas. El otro pecho lo magreas con la mano. Hay que asegurar que se coció bien, ¿hm? Dejas que la teta salga de la boca para poder respirar. Lames las dos con fuerza, bailan como flanes. Los bollitos quedaron apetecibles. Dos gotitas de miel para coronarlos.

    Ahora ya se pueden rellenar. Rellenar con tu chocolatito caliente. Ven y pon tu chocolatito entre los bollitos. Bien apretadito, que no se escape. Aprieto los pechos con las manos y masajeo tu polla. Suavecito. El chocolate se embadurna en mi piel. Comienzas a follarte mis tetas. Mueves las caderas con más y más energía. El chocolate me ensucia hasta la barbilla. Tus dedos se mojan en la miel y retuercen mis pezones. Otra embestida y tu fresón llega hasta mis labios. Se llenan también de chocolate. Tu glande los golpea hasta que los abro y metes todo el fresón dentro. Dulce y ácido me llena de mejilla a mejilla. Lo lamo cuando te vuelves para atrás. Y otra vez envistes y me penetras la boca. Dejas atrás mis bollitos embadurnados y te dejas caer para que toda tu polla me entre en la boca. Y la mamo con gusto. El dulce de tu fresón y el chocolate que todavía te embarra. Cuando la sacas mi saliva marrón salpica todo.

    Otra vez entierras tu falo entre mis tetas enrojecidas. Y sigues follándolas. Tu glande asoma y vuelve a golpearme los labios. Los abro otra vez y lo lamo. Empiezo a catar el relleno dulce como leche condensada. Un poco más, solo un poco más y derramas todo el dulce de tu leche en mi carita encendida.

  • Mi padre me ayuda en mi entrenamiento para puta

    Mi padre me ayuda en mi entrenamiento para puta

    Esta es la segunda parte de mi historia. Mi idea es hacer una serie de relatos de mi vida en el mundo del sexo. El primer relato lo tienen en mi perfil. Dicho esto comencemos.

    Mis padres están separados desde que tengo memoria, mi madre vive en una casa pagada gracias a sus «servicios» y mi padre vive en un piso en la parte más rica de la ciudad( aunque su casa es de las pequeñas). Siempre ha tenido parejas, más que novias yo las llamaría folla amigas.

    Después mi primera experiencia sexual con mi madre no he dejado de follar todos los findes de semanas he ido haciendo nuevas amigas en las discotecas que me acompañan en tríos y orgías. Eso hace que todos los viernes nada más salgo del laburo me entren unas ganas insoportable de follar. Tanto que a veces no pongo límites de con quién lo hago.

    Era viernes por la noche estaba leyendo un libro en el piso de mi padre cuando se abre la puerta. Era él con una de sus… folla amigas. Para qué negarlo mi padre tiene buen gusto con las hembras. Él es atlético; tiene 39, la misma edad que mi madre y cuando lo veo en bañador o paseando con ropa interior por la casa también veo que tiene buenos «atributos» debajo de la ropa.

    Yo los saludé a los dos, él me presento a su nueva pareja y fueron directos a su habitación. Desde que entraron a casa hasta que se escuchó el primer gemido pasaron exactamente unos 2 minutos. Por los gemidos que se escuchaban la chica lo debía de estar gozando.

    Cerré el libro y me empecé a tocar. Deslice suavemente la mano por debajo de mis bragas e hice círculos con los dedos por el clítoris. Ahora yo gemía bajito de forma simultánea con esa de la habitación. Me quite el jersey y con la otra mano me masajeaba las tetas. Desde que perdí la virginidad no llevo sujetador por casa por lo que se me ven las areolas. Algo que note el primer día por las miradas de deseo que me empezó a lanzar mi padre. Me metí los dedos pensando en su cara y en el bulto que se le ve cuando anda semidesnudo por la casa.

    Tras 20 minutos de intensa masturbación los gemido comenzaron a subir el volumen, ahora eran gritos de placer de una perra en celo. A estos gemidos se le añadieron una segunda voz que comenzó a gritar toda clase de insultos y gritos de placer. Me encantan los hombres que gimen, aunque claro yo ya sabía que mi padre lo hacía nunca he sido sorda siempre he escuchado como empotraba a toda mujer que entraba en esta casa, excepto a mi.

    Finalmente acabaron pero yo no y no podía con mi excitación por lo que me fui a mi habitación a terminar con la faena. Cuando cerré la puerta escuche otra abrirse mi padre salió al pasillo.

    -Pues no ha estado mal la zorra, buen coño, buenas tetas, que pena que se haya dormido nada más empezar -logre oír. Parece que él también se ha quedado con ganas de más. Pues selo daré.

    Él se metió a la ducha. Yo salí de mi habitación y me puse en frente del baño. Reflexione sobre lo que estaba a punto de hacer y sus consecuencias y pensé en dar un paso atrás pero luego recordé que mi coño seguía húmedo y abrí la puerta. Ahora estaba desnuda frente al cuerpo de mi padre detrás de una cortina.

    -He escuchado todo has dejado a tu hija caliente, mereces un castigo

    -Si, lo sé, he sido un padre muy malo. Merezco un castigo.

    Me acerqué a la ducha y abrí la cortina. Ante mis ojos vi a un hombre musculoso, guapo, con el pene semi flácido y con la mirada fija en mi.

    -Veo que ya eres toda una mujer. Eres muy guapa no sé por qué quieres hacerlo con un viejo como yo.

    -La razón es que deberían ser los padres los que enseñen a sus hijas el arte de la reproducción. Debería ser su falo el primero en llegar a mis entrañas.-Mientras decía esto me metí en la ducha y empecé a deslizar mi mano desde su pecho hasta su pene, que cumplía con las expectativas hasta estando flácido.

    Empecé a masturbarle mientras comenzamos a tener contacto visual que duró dos minutos que parecieron segundos. Cuando me quise dar cuenta note que ya sentía su buen «ánimo» allí abajo por lo que empecé a agacharme buscado su pene con mi boca.

    Cuando lo vi erecto por primera vez no pude pensar en nada era simplemente descomunal el más grande que había visto. Ahora entiendo por qué embarazo a mi madre con 18 años y por qué las hace gemir tanto. Para qué os hagáis comparativa estando flácido es grande y es del team sangre. 20 cm de largo, una anchura descomunal, simplemente indescriptible.

    Lo empecé a besar y lamer con mis labios, sabía a coño y a semen. Así que le gusta hacerlo al natural y no se corta. Seguí con un intento de garganta profunda, un grado error. Me agarró de la coleta y empezó a empujarme la cabeza hasta él. Notaba como me atragantaba cómo me empezaron a salir lágrimas por la falta de aire. Intenté empujar para que me soltara y tras varios segundos libere mi boca de su polla. Cuando me creía libre me soltó una cachetada.

    -Te pego porque eres mi hija y no sabes ni mamarla bien. No sé quién te ha enseñado así. Ahora levántate probaré tu coño. Me levante mirándole y llorando. Levantó mi pierna izquierda y puso la cabeza de su pene en mi concha.

    -Veo que ya estás húmeda, normal eres hija de la zorra de tu madre.- Me la metió entera de un empujón solté el grito de placer más fuerte de mi vida. No podía pensar en nada solo en que me acababan de meter 20 centímetros por mi vagina. Peor fue cuando se empezó a mover tenía orgasmo tras orgasmo y creo que se me oía en todo el bloque. Tal vez por eso decidió cerrarme la boca metiéndome su lengua entre mis dientes. Hasta eso metía bien el cabron.

    Salimos de la bañera y me puso contra la pared. Me empezó a penetrar desde detrás como si fuese una perra en celo (que lo era). Tras 10 minutos así se corrió llenando todo mi útero con su semen. Yo a estas alturas ya estaba loca de placer pero el me llevo a su habitación y antes de que la gravedad expulsase a sus espermatozoides de mi cuerpo me puso a cuatro y me la metió otra vez. Se corrió dos veces más en mi útero llenando todo mi ser de mis hermanos. Hasta que lo saco y me lo metió en mi boca.

    – Está es tu segunda oportunidad, aprovéchala.

    Le empecé besando sus testículos hasta subir al glande luego me lo intente meter toda en mi boca y se la empecé a masajear con mi lengua. Empezó a soltar sus característicos gemidos antes de la eyaculación así que yo ya me preparaba para lo que venía y cuando salió mi boca lo recibió con buen gusto.

  • Como (capítulo 1)

    Como (capítulo 1)

    Soy Andrés y en este relato les contaré como Pilar y yo comenzamos nuestra historia juntos.

    Desde el comienzo, mi vida había estado marcada por relaciones fugaces y aventuras pasajeras. Como gerente de finanzas en una empresa exitosa, mi tiempo y enfoque siempre habían estado en mi carrera. Más de alguna mujer en la oficina había tratado de llamar mi atención, me resistía a caer en distracciones que consideraba efímeras. Había una parte de mí que anhelaba algo más profundo, algo con más significado.

    Fue en ese entorno que nuestra historia comenzó a tomar forma. Pilar, una joven ejecutiva, entró a trabajar a la empresa unas semanas antes de que tuviera lugar el retiro ejecutivo anual en un resort cerca de la costa. Desde el momento en que la vi, supe que ella no era una empleada más. Inmediatamente noté que Pilar era una mezcla intrigante de inteligencia y ambición con una chispa única de inocencia en su mirada, lo que me atrajo de inmediato.

    Mientras avanzábamos en los preparativos para el retiro, mi fascinación por Pilar solo crecía. Su enfoque en el trabajo y su forma de abordar los desafíos eran notables, pero lo que realmente me llamaba la atención era su presencia. Cada vez que estaba cerca, algo en mí se encendía, una conexión magnética que no podía ignorar.

    Esa atracción se intensificó cuando la vi disfrutar de la tarde recostada tomando sol al costado de la piscina en el resort. El traje de baño que llevaba, aunque conservador en diseño, dejaba al descubierto una figura asombrosa que había estado inexplicablemente oculta bajo la ropa de oficina. Lo que más me llamó la atención de su cuerpo, fueron su trasero grande y redondo y sus piernas contorneadas y firmes. No pude evitar sentir un deseo creciente al imaginar lo que había debajo de esa tela, y la imagen de Pilar en ese momento quedó grabada en mi mente.

    Desde aquel día y ya de vuelta en la oficina, Pilar y yo nos hicimos cada vez más cercanos, quedando claro que la atracción no sólo era mutua e intensa, sino que también, nuestro vínculo iba mucho más allá de una simple aventura de oficina.

    Los siguientes dos años estuvieron llenos de pasión y crecimiento en nuestra relación. Pilar era mucho más que una compañera; era alguien que me desafiaba y me inspiraba a ser mejor en todos los sentidos. Descubrí en ella una conexión profunda y auténtica, algo que trascendía lo laboral, algo que impregnaba cada aspecto de nuestras vidas.

    Un día soleado luego de una tarde romántica junto al mar, me arrodillé frente a Pilar y le propuse matrimonio. La emoción en sus ojos y la sonrisa que curvó sus labios confirmaron que habíamos tomado la decisión correcta. Decidimos casarnos, unir nuestras vidas en una promesa de amor y devoción eternos.

    Nuestro camino juntos, que comenzó como una atracción entre dos compañeros de oficina, había evolucionado en una historia de pasión y crecimiento compartido. Sabía con seguridad que quedaban muchos capítulos por escribir, y estaba emocionado por cada una de las páginas que Pilar y yo añadiríamos.

    Continua en capítulo 2.

  • Me llenaron de leche en el boliche

    Me llenaron de leche en el boliche

    El otro día me encontraba en el boliche, bailando como de costumbre. Llevaba puesto un top ya que hacía un poco de calor. Una mini falda muy corta. Me encontraba en medio baile, perreando cuando de repente me agaché y un chico me agarra de la cintura y toca mí vagina con su bulto muy duro. Eso hizo que me calentara y por eso no lo detuve. El chico empujaba y yo movía mí culo de arriba abajo y me pegaba hacia él. Cada vez lo sentía más duro y también me iba empapando de lo cachonda que estaba. Quizá fue la adrenalina de la música o el alcohol, pero terminé sacándome el top.

    Mientras algunas personas me hicieron un círculo y me grababan, yo me manoseaba las tetas. Acto seguido me quite la braga y luego la falda, quedando totalmente desnuda.

    Se acercó a mí más gente, me rodearon y entre todos comenzaron a manosearme. Me manoseaban las tetas, la vagina, me sacudían el clítoris, me metían los dedos, me tocaban el culo, ponían su verga en mí boca y yo les hacía sexo oral. Tenía como 6 celulares en mí vagina grabándome.

    La música subió y se encontraban metiéndome una botella vacía en la vagina, entre 2 me separaron las piernas, hasta que llegó uno de los cuidadores y nos dijo que tenía una habitación especial pero con la condición de que el me penetrara primero, y así fue. Me llevaron a una habitación al cuál solo el personal tenía acceso, una habitación vacía sin función alguna, pero siguió la fiesta.

    Con la música de afuera seguimos con lo nuestro, volvieron a separarme las piernas y se turnaron entre todos para darme duro. Para cuando terminaron ya tenía la concha llena de leche que me brotaba hacia afuera y podía sentir la leche caliente caer de mí vagina al piso.

  • En club Roshell

    En club Roshell

    Soy de la CDMX y ser travesti y no haber ido a Roshell es como ver la tele apagada.

    El lugar es muy bonito y literal es acogedor jeje te tratan de maravilla y te la pasas increíble.

    Yo siempre acudía con mi pareja y era ella quien me ayudaba a maquillarme y a elegir el vestuario el cual siempre era demasiado de puta. Este día del relato llevaba minivestido peluca rubia y zapatillas de plataforma transparente y me veía y me sentía súper puta.

    Llegamos y cosa rara no había muchas chicas travestis y muchos hombres los cuales no paraban de sonreír con esas sonrisas cargadas de lujuria y morbo.

    Mi pareja me dijo que era mi día de suerte y total que seleccionamos a un grupito de cinco hombres, les pedimos que se lavaran las manos y bien cumplidos lo hicieron, en momento dado los reuní en círculo y les bailé poquito y luego les pedí que se acercaran.

    Fue increíble la sensación de sentir sus manos recorrer mi cuerpo, luego me metieron el dedo y se turnaban. Luego les pedí que yo misma les iba a poner el condón con la boca y así lo hice. Se las mamé a todos por turnos mientras me acariciaban y me tomaban de la cabeza delicioso.

    Ya no pude resistir más y nos fuimos al cuarto obscuro y me pusieron una cogida memorable, algunos se vinieron luego y otros duraban más, algunos repitieron, mi pareja me cuenta que algunos que entraron al cuarto oscuro también se animaron, ella revisaba que se pusieran el condón para no perder el control de higiene.

    Me nalguearon, me dijeron cosas súper sucias, me cogieron en todas las posiciones posibles, y yo les pedía que se vinieran en mi pecho y estómago, el olor a semen me fascina, bueno también me gusta su sabor pero con desconocidos no lo hago.

    No sé cómo anti tiempo pasó pero de repente nos dijeron que ya iban a cerrar el lugar, eran las 2 de la mañana, es decir me cogieron durante cinco horas!! Que buen culo tengo jajaja.

    Algunos me dejaron dinero, otros me dieron sus números para contacto, y cuando salimos los hombres me veían con cara de morbo, con sonrisas ladinas cosa que me encanta.

    Espero te haya gustado el relato. Mi correo es [email protected] puedo reunirme contigo (gratis por supuesto) y puedo hacer tu quehacer solo te pido discreción, soy de la CDMX.

  • Mi amigo Nico, cornudo

    Mi amigo Nico, cornudo

    Muy a pesar de ser latina, e incluso, de tener sangre cubana, la cuestión de la ‘‘diversión’’ en rumbas, o fiestas, o bailes, o como se le quiera denominar, no era lo mío. En lo personal, me gustaba más salir con amigos a comer, o ir a dialogar durante la noche en la playa a la luz de una fogata, pero no los bullosos encuentros en discotecas y bares.

    A Nicolás lo había conocido en la secundaria. Fue mi mejor amigo durante aquellos últimos años de escuela, y cómo no era de mi preferencia tener amigas, sino amigos, pude consolidar una amistad fuerte y duradera también con sus amigos de toda la vida: Arturo, Santiago, y Daniel. Nicolás siempre fue un mujeriego y todos lo sabíamos, le encubríamos las infidelidades, y nos reíamos de sus andanzas. Él es muy guapo, alto, acuerpado, moreno, y tiene unos lindos ojos cafés, además de una expresión de chico malo que encantaba a las sardinas que con él se toparon; se rumoraba incluso que el hombre era muy bien dotado allí abajo, y que en la cama, era un semental.

    La cosa es que poco antes de la graduación, conoció a Michel, una pibita con plata, pero que por una razón extraña había llegado a parar a un colegio público de una comuna de mal nombre. Ella no era como nosotras, no era el prototipo común de belleza que imperaba en esa institución caótica, más bien era de tez muy blanca, un cabello largo y rubio, y unos ojos cafés de infarto. Y si esto no fuera poco, su cuerpo casi era escultural. La atención de todos los chicos se fijaba en ella cuándo tomábamos clases de educación física: la pantaloneta pequeña y ajustada, delineaba muy bien la figura de sus muslos y la redondez de su trasero, y su vientre, plano y algo bronceado, invitaba rápidamente a quien la mirase a dirigir la vista a sus senos jóvenes y firmes. Hasta a los profesores los cacharon más de una vez mirándola de más.

    Como era de esperarse, rivalizó la recién llegada con Jazmín, que antes tenía el trono de la más bonita. La atención de todos era, en esos momentos, restringida únicamente a esa joven mujer, no obstante mi amigo Nico, nunca la prefirió, ni la buscó. Cuándo la escuela terminó, toda la clase se distanció, y lo último que supe fue que mi querido Nicolas se marchó al ejército a prestar el servicio obligatorio, y que poco más de un año después, consiguió el corazón de la famosa Michel. Supe también, por chismes, que irónicamente Jazmín y Michel, eran más cercanas… que esa rivalidad se había esfumado.

    Pero el 12 de octubre del año pasado recibí una llamada de Santiago. Me dijo que Nico había vuelto a la ciudad hace unos meses y que su familia celebraría su cumpleaños en su casa, con una buena fiesta. Aunque, como indiqué al principio, estos tipos de eventos no son para mí, accedí por él, porque anhelaba ver al chico con quien durante tiempo había pasado mi infancia; ahora, todos éramos mayores de edad. De tal manera que luego de ponerme lo más bonita que pude, me puse en camino a la casa de mi amigo.

    Así que por fin lo vi, y lo saludé, ya estaba él algo tomado, y la música, rebotaba fuerte en los pilares y paredes de la casa. Lo más común en cuanto a géneros, era reguetón, evidentemente, y salsas, merengues, y estilos tropicales. Reconocí a todos, y confirmé también la presencia de su novia, y para mi sorpresa, también la presencia de Jazmín. No sé porque estaba ella allí, ya que después de charlar un rato con Nicolás, él me manifestó que no le caía muy bien… Todo andaba raro, y supuse dos cosas; primero, que probablemente Yazmin se follaba en secreto a uno de los amigos de Nico, o que ella cubría las espaldas a Michel, mientras ella lo engañaba con algún otro compañero de su novio.

    Todo era confuso, y eso no me dejaba tranquila. Casi que me quedé toda la noche sentada y sin tomar mucho, y ellas, por supuesto, no hablaron conmigo. Todos estaban tomando demasiado excepto las chicas, quienes poco a poco se marchaban del lugar. Mientras esto pasaba, noté aún mayor complicidad entre las dos mujeres que mencioné, y esto hacía arder mi corazón, pues no toleraba la idea de que ambas tratasen de ocultar algo a mi querido amigo; sin embargo, no podía deducir que era. Y más aún, a medida que las botellas de ron se vaciaban, más podía comprobar un aire melancólico en mi viejo compañero.

    A eso de las doce, quedamos tres mujeres y cinco hombres: ellas dos, algunos amigos de Nicolás y él, y yo. Pero como algunos de los chicos estaban ya tumbados en el sofá, empezaron a bailar las dos. Pasaron las horas, y yo estaba ahora adormilada, y los demás muchachos ya divagaban y poca atención prestaban a lo que pasaba en la pista. Me despertó, no obstante, como de improviso, mi canción favorita, una de Eddie Santiago: Mia. Acá todo comenzó. Jazmín se levantó y llevó a Michel al centro del salón; empezaron a bailar. Las miré.

    Me sorprendió como tan pronto avanzaba la canción, los cuerpos de ambas se juntaron mucho más, e incluso, danzaban con una extraña ternura y cercanía. Atribuí el hecho a que probablemente estaban ebrias. La mano de Yazmin se posaba en la baja cintura de Michel, y esta otra la abrazaba con cierta fuerza en sus manos. Se movieron por donde yo estaba, y entonces pude ver algo que me dejó en shock. Sonaron ciertas líneas que Michel escuchó con una sonrisa mientras su vieja rival se las susurraba al oído: mía, aunque estés con él tú sabes que eres mía. Mía, porque le mostré a tu piel lo bella que es la vida; y tú sabes bien que es así… Tragué saliva y una rabia me consumió, pero, queriendo quizás no exagerar los hechos, al terminar esa canción, me retiré a dormir.

    Eran las 2:30 am y una prolongada sed, me fue despertando del sueño. Y creí que algo gracioso pasaba. De no muy lejos, empecé a oír ciertos aullidos apagados… ¡Ahh…! Se oía de pronto y se apagaba la voz. Luego de nuevo, otra vez, quizás más fuerte… ¡Ohh… uh…! Y a medida que los minutos corrían, la situación era más intensa… ¡Sigue así mi amor, no pares! Decía la voz de una mujer. Pensé y reí, ¡Un par de calenturientos se metieron a coger aquí!… ¿Y quién será? Acerqué mi oído a una puerta sellada que daba al otro cuarto conjunto. Se oía delicioso el sonido de un orgasmo. Tuve mucha curiosidad, y empecé a calentarme. Me levanté, y salí descalza de la habitación, no quería alertar a los tórtolos. Caminé unos metros, y me acerqué a ver por la puerta del cuarto que estaba entreabierta.

    Eran dos amantes, eran dos mujeres, ya no existía sospecha alguna, y yo miraba. Con una pasión abrumadora, Jazmin y Michel juntaban y devoraban sus bocas. Sus lenguas se recreaban en cada comisura de sus bocas y de las paredes de su paladar. Los ojos de ambas, permanecían cerrados, y solo cuándo se avecinaba un orgasmo, Michel abría los suyos de par en par. Estabas desnudas ambas, una encima de otra, sus cuerpos desnudos como uno solo, y Yazmin, tenía su índice derecho jugueteando abajo en la vagina de la novia de Nicolas. Me sorprendió cómo ese movimiento circular, y a veces fuerte, de penetración dura, sonaba por la humedad del sexo de la dominada. Yazmin bajó pronto a besar su cuello, a devorarlo, chuparlo, y su amante, se mordía los labios, evitando gritar de placer. Llegó así su recorrido a los senos, firmes y hermosos, y los pezones de Michel se perdieron en la boca de la otra. Así continuó, pasando por el abdomen de la chica, hasta su vagina, que pronto se corrió en la boca de la otra.

    Más que evidente era el disfrute de ambas. Se levantó Michel, y se dio la vuelta, puso su rostro en capa, y elevó su trasero en pompa ante el cielo… como si Yazmin lo entendiese como una simple señal, sonrió, e inclinó su rostro hacia ese corazón generoso que Michel invitaba a besar. Recorrió pues, la boca de Yazmin, el culo de la infiel, y lo devoró, dejándolo todo húmedo y ensalivado, y esto, excitaba más a la desgraciada. ¡Sigue, no pares! Le decía, y por un momento, cesaron toda actividad. Yo las veía, pero ellas no me notaban. Sacó entonces Yazmín un pene falso con una correa que sujetó a su cintura, y pronto, empezó a penetrar a esta chica. Y como se gozaba ella, como disfrutaban las dos. Los gritos estallaron, y la pelvis de la mujer chocaba y sonaba en el trasero redondo de la otra. Pronto, acabaron por fin, y regresé a mi cuarto con emociones extrañas.

    Tenía mucha rabia e inquietud. Al final se quedaron las dos juntas, en la cama, y abrazadas, y mi amigo, todo lo ignoraba. Quería contarle pero no sabía cómo, aunque primero deseaba confrontarlas. Pasaron los días, y no tuve el valor para hacer lo uno ni lo otro, pero la rabia, una emoción extraña, me irritaba. Casi todas las noches pensaba en ese día, en esa fiesta, en lo injusto de ese desliz, de que Nico pasara por algo así. Aunque pronto, lo más común fue recordar la imagen de ellas, ambas ahí, haciendo de todo, cochinadas, tal vez… Lo pensaba más y más a menudo, constantemente, hasta que por fin, terminé por masturbarme. Las recordaba a ellas tumbadas ahí, y me tocaba… pensaba dentro de mi: ¡Pero que rico que hacían el amor, estas dos! ¡Qué deliciosas estaban, estas lesbianas! ¡Oh, si! exclamaba; ¡Estaban enamoradas, se amaban! Me gustaba la idea de que Michel encontrará más placer en otra mujer que en su marido. ¡Que se sigan viendo! pensaba, ¡que sigan teniendo orgasmos juntas! Porque el amor entre dos mujeres es superior al escaso que los hombres pueden brindar.

  • El primer polvo con la flaca

    El primer polvo con la flaca

    Te contaré sobre «La flaca» y un poco la historia de nuestra relación y un encuentro que no puedo sacar de mi mente.

    Le diré la flaca no porque esté muy delgada, ella es de complexión gruesa, pero no se nota mucho porque es alta para la estatura promedio de nuestra zona, ese será su apodo porque cada día lo que hace al llegar a la oficina ve que va a encargar para almorzar y siempre lo primero que hace después de encargar su almuerzo es la primera canción que se escucha en la play list.

    La flaca tiene más tetas que nada, eso y su manera de ponerse sus gafas siempre me han atraído.

    Tiene una carita tierna e inocente, de esas que uno quisiera ver como se transforma al momento del orgasmo, de esas que pagarías por ver cómo con cada embestida qué le das se va transformando tierna hasta convertirse en puro vicio y placer.

    Es una romántica compulsiva amantes de los detalles, siempre quiere tener todo bajo control y eso es un poco estresante.

    Su oficina y la mía están una al lado de la otra, así que si ella se truena un pedo yo la escucho y viceversa, eso le dio un poco de intimidad a nuestra relación laboral. Eso y las charlas intramuros qué mantenemos casi toda la jornada laboral.

    Ella tiene ganas de comprar su primer juguete sexual, la descubrí mientras buscaba en línea porque dejó el navegador abierto. No es que ella sea virgen ha tenido diferentes parejas a lo largo del tiempo que hemos coincidido nada serio al igual que yo, solo encuentros donde el sexo es lo único luego por lo regular no te vuelves a ver, pero la flaca por una u otra cosa nunca ha tenido un juguete para la tardes de soledad o para aderezar algún encuentro.

    Lejos de intimidarse me pidió consejo, pasamos viendo la web analizando varias opciones.

    -Nooo!!! cómo crees que ese, está muy grande para empezar.

    Luego de no llegar a ninguna opción que le satisficiera dejamos el asunto para otro día.

    Le pasé los contactos de un par de tiendas online para juguetes de adultos donde yo he comprado algunas veces.

    Eso le añadió un poco de tensión sexual a nuestra relación, algo que nos llevó a coquetear un poco más fuerte e íntimamente en el día a día. Al final me contó que había elegido una verga de plástico con una ventosa para poder pegarla donde sea, le puso mi nombre en su honor así que su primer juguete sexual se llamó Alonso

    Yo tenía cada vez más ganas de follarla, y al parecer ella también se moría de ganas por un encuentro conmigo, pero teníamos un poco de miedo de afectar nuestra relación laboral y sobre todo la amistad.

    Luego de un par de semanas jugando y fantaseando con un encuentro decidí invitarla a un concierto, y luego si la química entre nosotros seguía también fuera de la empresa iríamos a pasar el rato de una forma más divertida.

    Tenía un par de boletos para ir a ver

    La gala internacional del mariachi y la charrería. Cuando los compre pensaba llevar a una amiga con la que me divierto mucho y tiene el plus qué tenemos una excelente química al follar. A pesar de que la música vernácula no es la preferida de la flaca (es más de rock y pop) decidí invitarla,

    Ella al principio se la pensó por el tipo de música pero al final aceptó, ambos sabíamos que esa noche lo más probable era que follaríamos como un par de animales salvajes.

    Me gusta la música de mariachi porque cuando la música empieza a soñar nos hace vibrar, se te llena el pecho de orgullo cuando las cuerdas empiezan a cobrar vida y las trompetas gritan sus notas y más si hay extranjeros presentes. La piel se pone de gallina cuando suena la bikina o la de México en la piel.

    Llegue por ella a su departamento, estaba radiante con una chaqueta blanca a juego con los pantalones también blanco y blusa azul rey.

    Salimos hacia la gala arriba de mi motocicleta y disfrutamos de tres horas de música, cantos a todo pulmón y bailes en nuestros lugares.

    Cuando salimos del recinto estaba comenzando a llover, subimos a la motocicleta y salimos con dirección a su departamento.

    Cuando llegamos ya estamos totalmente mojados, era un loft pequeño para solteros o una pareja sin niños.

    Al abrir la puerta te encuentras con una cocina empotrada en la pared izquierda y enfrente el baño, un baño amplio y elegante, después el espacio se abre en una sala-habitación y al final un balcón a la avenida.

    Me invitó a pasar para lavar y secar mi ropa mientras nos bañamos y secamos.

    Nos desnudamos mutuamente en medio de jadeos, besos y caricias qué subían de tono. Dejamos la ropa tirada mientras el agua de la regadera comenzaba a caer sobre nuestros cuerpos. Fue un baño intenso donde comenzamos a descubrir por completo nuestros cuerpos.

    Al salir subí a su cama y me recargue en la cabecera con las piernas estiradas. La flaca busco el mejor ángulo para el celular y luego le puso a grabar, subió detrás de mí con una sonrisa y como una pantera al acecho se acercó hasta quedar a pocos centímetros de mí, se sentó sobre sus piernas y sin decir nada comenzó a acariciar mi cuerpo, sus manos jugaban en mi piel, jugueteaban con los vellos de mis piernas por la parte interna de mis muslos acercándose cada vez más a mi falo y poniéndome cada vez más duró, eleve mis caderas invitándole a comerme por completo.

    En cuanto quede libre llevó su boca a la parte baja de mi vientre y comenzó a besarme. La deje hacerlo a su ritmo, el mejor oral que me han dado. Lo disfruté, mientras una mano buscaba acariciar su teta la otra presionaba su cabeza intentando que se metiera toda mi verga en su boca.

    Su boca sobre mi falo fue magia pura…

    La detuve antes de perder el control y la invite a sentarse con su espalda pegada a mi abdomen, se acomodó con mi verga erecta entre sus nalgas.

    Le dije al oído que la quería ver masturbándose para mí. Ella sonrió antes de llevar sus manos a su sexo, podía escuchar su humedad golpeando contra sus dedos.

    La bese en la nuca, en la oreja, en el cuello al mismo tiempo que mis manos buscaban su cuerpo; una pellizcaba su pezón y la otra acariciaba su espalda, una metía un dedo en su boca y la otra rasguñaba su pierna. Le susurraba lo caliente que me tenía esa escena o le decía alguna palabra soez que ella aceptaba, le pedí probar sus jugos y en más de una ocasión puso su dedo húmedo en mi boca. Cuando llegó su orgasmo grito de placer, nos dimos unos segundos de respiro antes de que ella se recostara boca arriba en la cama y me dijera te necesito dentro.

    Eleve sus piernas por los tobillos hasta ponerlas sobre mis hombros, no la tomé al instante jugué con mi falo sobre sus labios sin llegar a entrar en ella todavía, estaba tan mojada que resbalaba fácilmente, finalmente la penetre lentamente mirando sus ojos la lleve al orgasmo poco a poco, sin moverme muy rápido, sintiendo cada vez que entraba en ella, se aferró a las sábanas y sentí el deseo de probar de nuevo su sabor. Salí de ella y puse mi cara entre sus piernas: besé, lamí, succioné y probé sus mieles hasta que me exigió de nuevo que la penetrara.

    —Por favor te necesito dentro.

    La gire en el colchón y admire ese culo perfecto que tiene, le di una nalgada… Ya no había espacio para nada más, yo quería correrme, ella me quería dentro, en un solo movimiento abrí sus piernas con mis rodillas y me clave fuerte en ella. Supe que le gustó y sorprendió el movimiento por el gemido que dejó escapar. Esta vez fui duro y fuerte, fue solo cuestión de un par de minutos y estaba listo para acabar sobre sus nalgas.

    -No pares por favor

    -Flaca que si sigo me corro

    -Vente dentro

    Su frase fue como quitar el freno de mano y en el instante sentí mi falo endurecer y brincar mientras la descarga de leche inundaba la concha de la flaca.

    Con el último empujón ella logró apenas llegar luego nos reímos y dejé caer mi peso sobre su espalda.

  • Sin duda eres tú

    Sin duda eres tú

    Sylvia me despertó comiéndome la polla. Daba lametones en el tronco y me chupaba el glande y el prepucio. Se la metía luego toda en la boca con glotonería y cabeceaba. Así durante más de diez minutos. «Sylvia, me voy a correr», avisé en voz baja; «Córrete», dijo ella sacándose mi polla de su boca unos segundos, y continuó. Me corrí muy a gusto en su boca húmeda y cálida. Fue el segundo polvo con el que ella me obsequiaba: el primero tuvo lugar antes de dormirnos: después de besarla profusamente y acariciar su coño, pulsando su clítoris para tenerla a punto, me subí sobre Sylvia y le metí la polla profundamente: Sylvia gemía y suspiraba por cada uno de mis embistes: «Ah, sí, ah, sí, ah, sí»; hasta que se corrió dando un grito: «Aahh»; y yo me fui después.

    Fuimos a Tejeringos a tomar café y comer churros para desayunar. Sylvia vestía un mono corto a rayas azules y blancas con escote y calzaba unas sandalias con correa y hebilla en el tobillo de las que sobresalían por la puntera unos dedos finísimos con las uñas pintadas de rojo. La piel de Sylvia era muy blanca, en contraste con la mía, tan morena. «¿Te he gustado?», me preguntó Sylvia; «Mucho», le respondí, «¿cuánto tiempo te quedarás?», pregunté; «No sé, depende del trabajo», dijo; «Te llevará tiempo pintar ese retrato», aseguré; «No creas, cuando me llamó hace unas semanas para que se lo hiciese me planteó hacérselo en un par de días…, luego, claro está, vendrán los retoques, el acabado, calculo que en una semana lo tendré listo y volveré a mi país». Sylvia era una pintora a la que se le daban bien los retratos y había sido reclamada por una señora de la ciudad para que la inmortalizase, según me había contado ella la noche anterior en el Lemmy, el bar en que nos conocimos. Sylvia era un talento joven y se la rifaban. No era su afán el ganar dinero, pero si le pagaban, y le pagaban bien, pues… «Espero no enamorarme de ti», le dije en tono alegre; «No seas tonto», me reprochó ella también alegremente, «bueno, me tengo que ir, me espera la señora…, tengo tu teléfono, te llamaré». Nos dimos un ligero beso en los labios y nos despedimos.

    Yo no trabajaba en esos días, así que fui a la playa a relajarme. Llegué a La Caleta y me quité la ropa. Remedios me esperaba impaciente en la orilla. Remedios rozaba la cincuentena, sin embargo lucía un físico espectacular: unas tetas redondas y firmes, un culo sabroso y un coño enorme. «Hombre, ¿dónde te metes?», me inquirió nada más verme; «Chica, ando muy ocupado últimamente», sonreí; «Ya, claro», me soltó, a la vez que acariciaba la tela del bañador sobre la polla. Me empalmé. Nos bañamos juntos. Remedios era una mujer separada que no había renunciado a disfrutar de sus orgasmos. Remedios era una mujer caliente y activa con la que, si me lo proponía, podía tener sexo en cualquier momento; y ese momento se dio en la playa. Aprovechando la poca afluencia de gente, tumbada a mi lado de costado sobre una toalla, abrió sus muslos, sacó mi polla del bañador y se la metió en el coño apartando la telita. «Vamos, hombretón, mueve las caderas», me susurró al oído, tan cerca de mi su cara. Y yo las moví. Follamos así durante casi media hora. Yo iba despacio para que los que por allí pasaban no sospecharan, aunque Remedios me tuviese tapado con uno de sus muslos. Remedios daba suaves grititos ahogados mientras yo la follaba, y me besaba la cara y el cuello. «Uff, Remedios, oohh, me voy»; «Sí, ah, vente, ah, córrete dentro, acabo de tener la regla»; «Uff, oougg».

    «Tengo que irme, hombretón», me dijo Remedios, «tengo una cita…, he encargado que me hagan un retrato…, seguramente la pintora ya esté esperándome…, en fin, llego tarde…, debo hacerme la interesante», informó Remedios indolente mientras se componía el bañador y se levantaba de la toalla. «Un retrato», pensé. «¿Quién te pinta?», pregunté; «Una tal Sylvia…, no es de aquí, se anuncia en internet y tiene cierta fama…, de hecho, algunas de mis amigas se han hecho retratar por ella y a mí no me han disgustado los resultados…, la verdad, la chica pinta bien». «Sylvia», pensé, «también es casualidad…».

    Vi a Sylvia de nuevo esa noche. Otra vez en el Lemnny: a ambos nos gustaba ese bar con esa música tan rockera. Sylvia rompió el hielo: «Mi clienta me ha contado lo de este mediodía en la playa»; «¡Qué!»; «Sin duda eres tú»; «¡Qué!». No, lo estaba soñando. Me había quedado dormido por la tarde. Era de noche cuando desperté. Tenía una llamada perdida. Era la de un posible trabajo. Pero no estaba interesado en trabajar, no todavía. Sonó el timbre. Abrí la puerta: era Sylvia. «Perdona por no haberte llamado antes…, pensarás que tengo mucha cara…, pero he pensado en quedarme contigo a vivir mientras completo mi trabajo…, me da pereza buscar alojamiento»; «¿Y tu equipaje?»; «Nunca llevo…». Me quedé pensativo un momento, luego la dejé entrar. Sylvia se acomodó en el sofá. Llevaba una carpeta. Supuse que serían unos bocetos. «¿Me lo enseñas?», le pedí cuando andaba hacia el sofá. Ella asintió y abrió la carpeta. Me senté junto a Sylvia. Me mostró sus dibujos. Era tan bello el retrato… «¿Quién es ella?», pregunté; «Bah, una señorona, se llama Remedios, pienso que se quiere enrollar conmigo, que el retrato es una excusa…, ha debido ver mis fotos en internet y le he gustado…, bueno, mientras me pague…».

    De noche me acosté con Sylvia y la follé. Su cuerpo tan fino y pálido se movía con soltura cuando se subió sobre mí. Se alzaba y descendía su coño ensartado por mi polla y mi placer aumentaba por momentos oyendo sus quejidos de satisfacción. Sus tetas colgaban y recibía entre mis labios sus oscuros pezones y los lamía. «Ah, sí, bésame las tetas», me pedía. Y yo alzaba un poco más la cabeza y mordía su carne tibia. «Ah, aahh, aaahhh», se corría Sylvia. Aumenté el ritmo y se corrió del todo; luego me corrí yo.

    Insistió tanto Sylvia, que accedí. La mañana siguiente fui con ella a casa de Remedios. «Vaya, hombretón», me saludó Remedios nada más verme junto a Sylvia, «así que tú y la pintora sois amantes, qué bien, me encanta…, venid, sentaos…, he preparado café y bollos». Nos sentamos alrededor de una mesa redonda de madera con un mantel a cuadros rojos que había en el estudio donde Remedios estaba siendo retratada. Había un diván en la habitación y una estantería con libros, además de los utensilios de Sylvia, que andaban por ahí desperdigados. «Os he citado juntos por una simple cuestión», dijo Remedios, «ojo, no soy celosa», dijo mirando fijamente a ambos amantes, «es más, yo misma me acuesto con quien quiero desde que me separé de la birria de marido que me tocó…, sólo quiero que sepáis algo, creo…, sinceramente, que estáis hechos el uno para el otro…, en fin…, y me gustaría…, me gustaría casaros… aquí, en este estudio, me hace ilusión». Sylvia y yo nos miramos confundidos. «A ver, no soy ministra de la Iglesia, ni jueza ni nada de eso, pero…, os quiero casar»; «No entendemos», dije mirando a Sylvia, que tenía los ojos muy abiertos, y a Remedios alternativamente. «Quiero», dijo Remedios, «que os desnudéis y folléis en ese diván…, esperad, avisad en el instante del orgasmo y yo me acercaré a vosotros y os convertiré en esposos».

    El chorro de semen cayó sobre los labios de Remedios, húmedos del flujo de Sylvia. El sabor de ambos se había mezclado en una sola boca, en un solo cuerpo, testigo de nuestra unión.

  • Desflorando a mi hija

    Desflorando a mi hija

    Mi nombre es Javier, tengo 40 años y mi hija 20. Lo que voy a narrar a continuación sucedió hace 2 años, justo en el cumpleaños 18 de mi hija.

    Nunca conviví con la madre de mi hija, pero siempre estuve al pendiente de ella, tanto económicamente como en otros aspectos, nuestra relación padre e hija siempre fue excelente. La veía varias veces a la semana y l casi todos los fines de semana ella iba a dormir a mi apartamento. Cuando cumplió 18 años su madre estaba de viaje en Estados Unidos con su novio, por lo que mi hija estaba conmigo. Ese día la desperté con un desayuno en la cama y unas flores, luego al medio día la llevé a un restaurante. Ya entrada la noche ella se fue a compartir con unas amigas, pero a eso de las 11 me llamó y me dijo que si podía pasar por ella que estaba algo aburrido el sitio donde se encontraba, fui y al saludarme me dijo que no quería ir a la casa, que si íbamos a otro sitio y le dije que escogiera el lugar y me dijo que quería ir a ver strepers.

    Lo pensé un rato y accedí. Entramos y nos ubicamos en un sofá y yo me sentía algo incómodo pues no estoy acostumbrado a ver hombres desnudos, pero ella la pasaba bien. Le dije que si quería ir a un privado con alguno de los chicos yo pagaba, pero se me acercó al oído y me dijo que era virgen aún. Le di un beso en la frente y no le dije nada más, ya luego me dijo que nos fuéramos a casa, llegamos y nos sentamos en la sala y destapé una botella de vino y me preguntó que si ella era una mujer bonita, pues le era difícil encontrar novio. Yo le dije que ella era hermosa, que ya llegaría el indicado.

    Ella es alta 1.82, tiene unos senos un poco pequeños y un culo redondo y lindo, tiene unas piernas muy torneadas y su piel es trigueña y suave.

    Yo le dije que pudiera lo que quisiera de cumpleaños y me dijo que ella quería operarse las tetas y yo le dije que así estaba bien que eran lindas. Entonces me dijo ¿Cómo sabes si no las has visto? Entonces le dije que por lo que veía con ropa y entonces dijo «míralas y me das tu opinión» y de inmediato se quitó su blusa y sostén dejando al aire libre sus bellas tetas un poco más grandes que una pelota de tenis. Yo me quedé mudo y reaccioné cuando me dijo «papi qué tal» entonces le dije que eran muy lindas y me dijo que las tocara. Yo le dije que no estaba bien, que yo era su padre y me dijo que nadie lo sabría y entonces tomé una de sus tetas en mi mano y su pequeño pezón color café oscuro se puso duro.

    Ella me preguntó ¿Papi si yo no fuera tu hija me harías el amor? Yo le respondí que si. Entonces me dijo, «ese es el regalo que quiero, que me hagas mujer, quiero darte mi virginidad» yo le dije que era imposible y le dijo «todo quedará entre tu y yo, solo será esta noche» se puso de pie y me dijo «te espero en mi habitación si llegas con ropa sabré que no quieres, si llegas desnudo yo seré toda tuya» se fue, subió las escalas al segundo piso y yo me quedé ahí. Lo pensé unos minutos y me decidí, me quité mi ropa y comencé a subir, al entrar a la habitación ahí estaba ella acostada boca abajo completamente desnuda.

    Me acerqué a la cama y comencé a besar sus pies, subiendo por sus piernas y llegando finalmente a sus nalgas, las lami despacio y las abrí con mis manos. Allí estaba la entrada de su culito rosado y muy cerrado. Comencé a lamerlo mientras acariciaba su espalda y nalgas. Le di vuelta y me acerqué a su boca, besé su cuello y luego sus labios y nos besamos de manera suave. Mientras nos besamos ella tomó mi pene con su mano, yo la orienté con mi mano para que me masturbara.

    Le pregunté si alguna vez había chupado y me dijo que solo había visto en videos porno. Entonces se puso entre mis piernas y comenzó a lamer mis testículos y mi pene ya estaba muy duro, tomó mi pene con su mano y puso sus labios en la cabeza de mi ya muy duro pene, lo lamió y por último lo metió su boca, le iba a decir cómo y ella me dijo «shhh papi, déjame» y comenzó a moverse de arriba a abajo junto con el movimiento de su mano, lo escupía y seguía mamando y para ser su primera vez lo hacía de maravilla. Cuando sentí que me venía lo iba a sacar y me dijo «no papi, quiero tu leche, quiero que esta noche sea inolvidable y que te sientas muy bien, hoy soy tu mujer» y entonces un gran chorro de leche inundó su boca, se la tragó todita, me miró y sonrió.

    Se recostó boca arriba a ahora yo me puse entre sus piernas para disfrutar de aquel delicioso manjar de su coño muy húmedo y peludo. Lo lamí con locura y poco a poco metí mis dedos y al principio brotó un delgado hilo de sangre, no me importó y seguí, ella gemía muy duro, también metí uno de mis dedos en su culo y ella me pedía más y más. Aceleré el ritmo con mis dedos y lengua y de repente se retorció y dejó salir un gran gemido y una buena cantidad de fluido salió de su coño. Era su primer orgasmo.

    Fui subiendo por su vientre, luego chupé sus bellas tetas y finalmente estábamos de nuevo en un gran beso. Abrí sus piernas y suavemente metí mi polla en su coño hasta tenerlo todo dentro y comencé a moverme mientras ella gemía y arañaba mi espalda, me beso, tomó mi cara y me miró, me dijo «soy tuya papi, toda tuya y quiero seguirlo siendo» yo la besé y le dije «eres mi mujer, eres mía perrita hermosa» «si papi, soy tu perra, tu puta personal, rómpeme el culo también, quiero dejar de ser virgen por todos lados» entonces la traje hasta el borde de la cama, levanté sus pies.

    Ella estaba demasiado mojada, sus fluidos sirvieron de lubricante en su culo y poco a poco metí mi verga. Dejó salir un grito de dolor y le dije que si paraba «si paras te mato papi, dale duro a mi culo» ya con todo dentro lo comencé a mover lentamente y fui acelerando el movimiento mientras le daba nalgadas «dame duro papi, culeame así, soy tuya» luego de un rato lo saqué y lo metí de nuevo en su concha, cuando estuve a punto de llegar lo acerqué a su boca y nuevamente se tragó mi leche.

    Nos fuimos a la ducha y allí nos besamos mucho.

    Dormimos desnudos y al despertar lo hicimos varias veces más. Al lunes siguiente fuimos al médico para que le aconsejara un buen método de planificación pues ella quería seguir teniendo sexo conmigo, pero recibirlo dentro.

    Ella ya me visitaba con mucha más frecuencia y siempre teníamos sexo, hasta que se decidió a irse a vivir conmigo. Vivimos como marido y mujer. Ella no consiguió novio y yo no conseguí novia. Ya llevamos dos años así y estamos pensando seriamente en irnos a vivir a otro país y ser una pareja abiertamente, en próximos días le vamos a contar la familia que estamos enamorados y somos pareja.

  • Tras una noche sin levante me masturbé en una charla virtual

    Tras una noche sin levante me masturbé en una charla virtual

    Mi esposo había viajado a Lima temprano por la mañana. Ese día cumplía años una de mis amigas del trabajo. Tendría una reunión el viernes a la que iría con mi esposo. Durante el día surgió la idea de salir con la cumpleañera y una amiga más a tomar algo. Al terminar de trabajar fui a casa.

    Le comenté por teléfono a mi esposo la idea y estuvo de acuerdo. Cené con los niños y los dejé a cargo de la señora que nos apoyaba. Me duché y salí. Informalita nomás, jean, blusa y una casaca.

    Nos encontramos en la Plaza de Armas de Arequipa a las 8pm. Decidimos ir al Farren’s, un bar rockero en el pasaje de la Catetral. Estuvimos un par de horas. Pronto nos dimos cuenta que esa noche estaba lleno de gays. Todos los chicos lindos, regios, hermosos, vestidos genialmente, pero ninguno para nosotras. Nos dedicamos a mirar y mirar y realmente cada uno estaba más lindo que el anterior.

    Hacia las 10 pm decidimos ir al Frogs. Es una disco para jóvenes, pero bueno, mis dos amigas pasaban recién los 20s, yo ya por encima de los 30s pero no iba a ser aguafiestas. Mientras caminábamos me llamó mi esposo para preguntar como estaba todo. Mientras charlábamos escuché una voz femenina que le decía “¿Alonso terminaste?”. Se embarró en su mentira y dijo que había oído mal. Le corté y no le volví a responder. Tuvo cinco llamadas perdidas. Para ser sincera, no me importaba mucho.

    En el Frogs se nos juntaron tres jóvenes. Estaban bien para bailar y reírse, pero, en mi caso, para nada más. Poco antes de las 12 pm los dejé. Les dije que tomaría un taxi en la puerta y salí. Tenía algo de calentura entre las piernas y decidí ir al Retro, un bar rockero que me gustaba mucho. Llegué y me senté en barra. Pedí un daiquiri. Había hombres maduros y atractivos por acá y por allá. Se me juntó uno que estaba guapo, pero que me resultó muy desagradable. Terminé mi daiquiri y como tenía hambre, caminé al Turco. Pedí un shawarma. Mientras lo comía se me juntó otro desagradable. Lo mande a volar rápido. Salí y tomé un taxi a casa.

    Al llegar le mandé un mensaje por WhatsApp a mi esposo, informándole que había llegado. Me respondió, pero yo no.

    Estaba muy caliente y entré a un face “privado” que tenía por aquellos años. Encontré a un amigo en línea, le dije hola y no me respondió. Pensé que era mi noche de mala suerte. Lo dejé conectado igual. Me desnudé y en ese momento mi amigo me respondió.

    Fui directo al grano y le dije que quería masturbarme. Puse el celular en la almohada, junto a mi cabeza. Activé video llamada y él comenzó el juego. A decirme groserías, humillarme, decirme que era la más puta, que mi esposo era el más cornudo, mientras con saliva en los dedos jugaba con mis pezones cada vez más tiesos.

    Dejé mi mano izquierda, la menos hábil, jugando con mis pezones duros y bajé la derecha a mi concha. Me dijo que separara mis piernas. Que llene de saliva dos dedos. Lo obedecí. Me penetré mientras él seguía tratándome como la más puta, me iba calentando mucho y muy rápido, en dos o tres minutos estaba por explotar. Me ordenó meterme los dos dedos al culo. Los ensalivé más, levante algo las piernas y mientras él guiaba mis dedos con sus palabras sucias, me fui penetrando el culo, metiendo y sacando mis dedos de mi culo llegué.

    Le colgué y fui al baño a lavarme las manos. Tras una noche larga, divertida, pero sin éxito, tuve una rica llegada en casa, con mis dedos y la voz guía de mi amigo virtual.