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  • Mi suegra es mi mujer (capítulo 1)

    Mi suegra es mi mujer (capítulo 1)

    Mi esposa y yo nos conocimos en New Jersey, poco después de que llegué a Estados Unidos procedente de Colombia. Había llegado buscando una mejor vida, como todo inmigrante, y aunque la vida se me hizo muy difícil, tuve la suerte de encontrar trabajo en un taller mecánico a los 2 meses de llegado. No ganaba mucho, pero me sostenía. Ahorraba para poder montar mi propio taller y el poquito que me sobraba lo mandaba a mi familia en Colombia para que mejoran su situación.

    Cuando estaba por cumplir el año en Estados Unidos, conocí a Estrella, una chica costarricense joven y hermosa, con 20 años recién cumplidos. Para mí, no había nadie en el mundo más perfecto que ella, aunque con el tiempo me daría cuenta que estaba muy equivocado. Yo tengo 28, casi 8 años más que ella pero la verdad es que cuándo la conocí deje de buscar y me propuse conquistarla.

    Como siempre los meses de noviazgo fueron idílicos, de los más felices de mi vida. Me imagino que la soledad y la distancia de mi tierra me hicieron aferrarme a ella como si fuera lo más importante.

    Nos casamos pronto y yo puse todo mi empeño en darle todo, una vida feliz, una casa y tal vez con el tiempo una familia. Desafortunadamente, creo que ella tenía otros intereses que me ocultó muy bien.

    Cuando mi suegra entró esa noche, yo estaba sentado en la oscuridad, con la vista perdida y los ojos secos de tanto llorar. Encendió la luz pero yo no me pude mover del sofá. Dejó su maleta cerca de la puerta y se me acercó preocupada –¿Qué pasó yerno? –me preguntó angustiada. Yo no pude decir nada, solo le extendí la nota que había encontrado en la mesita de la cocina. Ella se sentó en el sillón, se puso los anteojos y la tomó con cuidado, leyéndola en silencio. –¡Maldita estúpida! –fue todo lo que exclamó cuándo la terminó de leer.

    Doña Marcela, mi suegra, había venido a este país con Estrella, la menor de sus hijas. Se casó poco después de llegar al país con un gringo, y vivía a unos 40 minutos de nuestra casa. Se había metido muy poco en nuestras vidas, a diferencia de la típica suegra latina, y por eso yo le estaba agradecido.

    Nos visitábamos poco, para el Thanksgiving o la Navidad, si acaso. Y sin embargo, ahora, en este momento de dificultad, había sacado el tiempo para resolver este asunto de su hija. Mi suegra arrugó la nota, que solo decía “No me busque” y me dijo –Estese tranquilo, yo le voy a ayudar. –mientras se pasaba al sofá y me tomaba la mano para consolarme.

    Ese fin de semana casi no salí de mi habitación. Apenas acepté un café aunque mi suegra insistía en que comiera algo. No podía digerir la noticia de que mi mujer, mi amada mujercita, me hubiera dejado. Yo le había entregado todo mi amor y todo el sacrificio de mi trabajo para darle la mejor vida posible y ella lo había despreciado. No entendía si ella, por inmadurez o por estupidez, despreciaba a un hombre decente que la quería con sinceridad. La rabia y la frustración se mezclaban en mi mente y la nublaban.

    Al lunes siguiente, me levanté temprano y me preparé para volver al taller. Cuando salí de la habitación quedé sorprendido. La casa estaba preciosa, impecable. Mi suegra se había pasado el fin de semana poniendo orden y limpiando, haciendo las cosas que hasta ese momento me daba cuenta que mi esposa no hacía.

    Desayuné con ella, como no hacía con su hija, quien usualmente dormía a la hora en que yo salía para el trabajo. Ella estuvo siempre sonriente y se empeñó en darme ánimos y hacerme olvidar el trago amargo por el que pasaba. Me aseguró que no tenía porque sentirme mal, que no era mi culpa y que ella se iba a encargar de que nada me faltara. –Doña Marcela, no me tome a mal por lo que le voy a preguntar, pero ¿y su marido no se extraña de que haya pasado este fin de semana aquí? –le pregunté mientras me preparaba para salir al trabajo –Para nada. Ese gringo pendejo solo debe estar extrañando que no le hagan la comida. Le apuesto a que se quedó todo el fin de semana viendo el futbol y tirándose pedos en el Lazyboy.

    Cuando regresé a la casa ese lunes por la noche, mi suegra tenía la cena lista. Había puesto la mesa y comprado vino, había flores y todo se veía fresco y limpio. Me sentía extraño porque ese sentimiento de tristeza que me producía el abandono de Estrella, se desvanecía en ese ambiente tranquilo de “hogar” que mi suegra estaba construyendo.

    La cena estuvo deliciosa y el cansancio del trabajo se me desvaneció pronto. Supongo que por el vino me fui relajando y dejando de lado la tensión que me había aprisionado desde que leí la carta de despedida de Estrella. Doña Marcela es una excelente conversadora y me tuvo entretenido, y sobre todo distraído, mientras me atendía y se aseguraba de que comiera bien. Poco a poco, con las copas y con la charla fui dándome cuenta de otras cosas. Doña Marcela estaba muy atractiva. Estaba maquillada y peinada, arreglada como si fuera a salir.

    Tenía una falda que resaltaba su figura y usaba pantymedias y tacones, que sin duda le favorecían, y me hacían olvidar que era varios años mayor que yo.

    Mientras conversábamos, no dejaba de agarrarme las manos sobre la mesa y mirarme fijamente cada vez que quería que entendiera que hablaba en serio. De esa manera me dijo que la desgraciada de Estrella no merecía mi sufrimiento, que su hija, por mucho que le doliera, era una malagradecida y que esperaba que yo entendiera que ella me consideraba un hombre y un yerno excelente. Su manera afectuosa y latina de decirme “mi amor” y “papi” me confundía. Me llenaba de sentimientos que no debería tener para mi suegra, una mujer casada, pero en ese momento me parecieron apropiados.

    Cuando empezó a hablar de que ella vería con buenos ojos que yo me buscara otra mujer, traté de cambiar el tema y le dije en broma –Le estoy muy agradecido por todo, pero ¿su marido no la estará extrañando? –Ella solo se rió y me dijo – Tranquilo papi, a él no le hago falta –y me apretó la rodilla. A mi se me erizó la piel y creo que tuve una erección.

    Cuando nos levantamos de la mesa ya nos habíamos terminado dos botellas de vino y la verdad estaba borracho.

    Me trasladé a la sala y me senté en el sillón. Era más cómodo y pensé que se me pasaría el mareo antes de irme a dormir. Mi suegrita se fue al baño y regresó unos minutos después. Traía una cara de mala que no podía con ella. Puso música suave en el equipo de sonido y se quedó allí de pie. Pude apreciarla en toda su belleza. Sus ricas tetas se marcaban a través del vestido, y las piernas aún firmes y esbeltas se revelaban claramente. Se veía muy bien en tacones y con el pelo recogido. La miré unos minutos como embobado hasta que me interrumpió –Papi, que canción más linda!, venga y saca a una vieja a bailar, no sea malo –No tuvo que insistir mucho, me paré, un poco mareado pero muy excitado y le ofrecí mi mano.

    Bailamos muy apretados al ritmo de una canción romántica, y cuando terminó, seguimos pegados, esperando la siguiente canción. Continuamos danzando.

    Ella recostaba su cabeza contra mi pecho y podía sentir sus ricos pechos contra mi abdomen. Me abrazaba fuertemente mientras yo olía su cabello y le acariciaba la espalda. –Que rico mi amor, hacía tiempo no bailaba así. –me dijo ella mientras volvía a pegarse a mí. No pude evitar erectarme. Sabía que ella se daría cuenta pero no me importó.

    Cuando mi suegra sintió mi miembro erecto contra su abdomen, solo se separó de mi pecho y me miró con picardía. Sostuvo una mirada endiablada durante más de un minuto, hasta que no pude más y me incliné a besarla. ¡Fue increíble!

    Ella se dejó ir y me besó con una pasión increíble. Sus labios húmedos se abrían y su lengua buscaba desesperada la mía. Le correspondí lamiendo su boca y chupando su lengua. ¡Se sentía tan bien! No tuve mas pensamiento que la excitación intensa que esa mujer pequeña y madura me producía.

    Mis manos la recorrieron de arriba abajo mientras la besaba. Le acaricié el cabello, la espalda y las nalgas. Se las toqué, las apreté y la empujé contra mi pubis mientras examinaba las marcas de su lencería a través de la delicada tela del vestido. Seguí el contorno de su tanga hasta que se perdía entre las nalgas.

    Ella me correspondió acariciándome las nalgas con una mano y bien pronto me buscó la verga con la otra mano.

    La palpó por encima del pantalón y puede sentir que se estremecía de placer entre mis brazos mientras la apretaba y la sentía entre su pequeña mano.

    Desesperada buscaba el cierre del pantalón. Yo la dejé hacer lo que quisiera mientras disfrutaba de la sensación.

    Finalmente liberó mi verga y mis pantalones se escurrieron hasta las rodillas. Inmediatamente ella se puso de rodillas y liberó mi miembro erecto del boxer y se lo metió en la boca con verdadero amor.

    Me mamó la picha deliciosamente, tragándosela toda y succionando con desesperación. No tardé mucho en desesperarme y levantarla para besarla nuevamente en la boca. Me puse detrás de ella y comencé a apretarle las tetas mientras buscaba como desnudarla. Ella se detuvo, se separó de mi, y con un delicioso y erótico acto de striptease se terminó de quitar el vestido, hasta que quedó en medias y calzones. Llevaba un portaligas negro, increíblemente sexy. Se quitó el calzón, una diminuta tanga y se echó en el sofá, con las piernas bien abiertas. Se frotó el coño mientras me invitaba a acompañarla.

    Llenó de excitación, me terminé de desnudar y enseguida me arrodillé entre sus piernas para mamar su deliciosa vulva. Mamé como un desesperado mientras ella me acariciaba el pelo y gemía de gozo. Sin mucho problema lamí su clítoris varios minutos hasta que tuvo un orgasmo violento.

    Quería seguir mamando pero ella me jaló del pelo hasta que pude verla a los ojos –Papi, ahora lo que quiero es que me meta esa verga deliciosa –me dijo con amor.

    Yo no me hice de rogar, estaba medio borracho y muy excitado, así que la puse en posición y llevé mi glande hasta su vulva. –Métemela toda mi amor. Dame picha. – me dijo casi suplicando. Aún me quedaba un poco de conciencia y me preguntaba si era conveniente traspasar esa barrera. Pensaba que la locura que habíamos hecho se podía excusar con la borrachera y mi situación, pero si la penetraba ya no podría regresar atrás.

    Ella me miraba con tanto deseo que no pude resistir más. Le hundí la verga hasta el fondo y ella pegó un grito de placer increíble. La callé con un beso profundo y poco a poco empecé a bombear ese coño maduro y mojado. Metía y sacaba la verga lentamente mientras ella se enloquecía de placer. Abría las piernas aún más para darme oportunidad de penetrarla hasta el fondo. Conforme aceleraba el ritmo podía sentir mi glande golpeteando contra el cuello del útero. Por un instante recordé que por esa misma vagina apretada y deliciosa había sido parida la puta de mi ex esposa y empecé a bombear con más rapidez y violencia. Mi suegra gemía loca de placer mientras alcanzaba un segundo y tercer orgasmo.

    Me abrazaba suavemente mientras la culeaba y alternaba sus gemidos con besos de lengua vulgares y desesperados. Finalmente, de manera inesperada, empecé a sentir la inminencia de la eyaculación y casi por instinto traté de sacar la verga. Mi esposa, que siempre había tratado de evitar que la embarazara, me exigía el condón o que eyaculara afuera. Pero mi suegra en cambio, apenas notó que estaba cerca de llenarla con mi semen, arrolló sus piernas alrededor de mi cintura y me abrazó fuerte.

    Eyaculé adentro de su vagina como nunca lo había hecho. Me relajé completamente y dejé ir toda la carga adentro de su coño delicioso. Los espasmos de mis genitales eran acompañados por sus besos y caricias, hasta que la última gota de semen me abandonó.

    Mi respiración empezó a recobrar su ritmo normal. Podía sentir nuestros cuerpos sudados pegados el uno al otro. A pesar del enorme alivio que sentía, en mi mente se empezaron a acumular pensamientos confusos. Sabía que había roto un tabú y me sentía confundido. Haber llegado tan lejos con la madre de mi legitima esposa me llenaba de inquietud.

    No supe que hacer después. Me levanté, sacando mi verga flácida y aún lubricada con semen de su vagina.

    No quería ofenderla ni hacerla sentir mal, pero no sabía que decir. Solo le dí un beso en la mejilla y me fui a mi habitación. Me acosté desnudo y exhausto y poco después me dormí profundamente.

    A la mañana siguiente, no sabía muy bien si lo que había pasado era un sueño o qué, pero traté de no pensar en ello. Me bañe y me vestí como de costumbre, pero apenas llegue a la cocina, mi suegra me esperaba, fresca y hermosa, con un desayuno completo en la mesa. Ella no desayunó, solo se sentó a acompañarme sin decir nada, pero su sonrisa me confirmaba que lo que había pasado era real.

  • Mi tía me invitó a su nuevo departamento y lo estrenamos

    Mi tía me invitó a su nuevo departamento y lo estrenamos

    Lo que les quiero contar sucedió cuando yo tenía 21 años. Mi tía siempre fue un gran morbo para mis fantasías, a sus 45 años actuales se mantiene muy bien, su culo es grande y delicioso, ya sea usando vestidos o leggings, se le marca una cola que me hace suspirar de calentura de solo mirarla cuando la visito.

    Es de piel blanca y cabello largo oscuro, piernuda, hace poco separada de su pareja por lo que acudió a mí a pedirme ayuda cuando decidió mudarse a su nuevo departamento.

    Aquel domingo de verano me llamó al celular temprano y me pidió si podía ayudarle con los últimos detalles de la mudanza que eran unas cajas llenas de mucha ropa y algunos accesorios de su cuarto, ella actualmente vive sola, no tiene hijos y se entretiene con sus dos gatos durante el día mientras no está en su trabajo.

    Cuando llegué a su casa me recibió con un abrazo apretado del cual me permitió sentir sus tetas en mi cuerpo, una vez me soltó pude observarla con un rico leggings negro donde se le marcaba a la luz solar su tanga blanca metida en su cola por lo que tuve que disimular mi enorme erección, además llevaba un escote muy ajustado, donde le podía ver sus tetas apretadas y bien puestas, sin embargo rápido tome conciencia que debía ayudarle a sellar unas cajas y trasladarlas a un camión de mudanzas.

    Durante esa tarde conversamos sobre todo tipo de cosas, recordábamos las veces que habíamos dormido juntos pero que nunca pasó nada, también cómo fue que terminó con su pareja y que ya se sentía lista para conocer personas nuevas.

    Cada cierto rato, cuando movíamos cajas, se me acercaba mucho con esa cola y se agachaba, me daba un rico placer imaginar que realmente me las pusiera en la cara por lo que debía acomodarme mi verga disimuladamente de lo dura que estaba, también se agachaba de frente y sus tetas quedaban colgando unos segundos para luego verle a través del leggings su tanga por delante y cómo podría tener de rica esa concha que tanto ha estado en mis fantasías.

    Terminamos de sellar las cajas y nos fuimos en el camión de mudanzas a su nuevo departamento. Cuando llegamos allá los señores de la mudanza tenían casi todo el trabajo hecho así que no entendía bien por qué requería mi ayuda con tan pocas cajas que me pidió que le hiciera el favor, recorrimos la casa, me mostró su cuarto y ordené unos últimos detalles sacando ropa y acomodándolas entre otros accesorios.

    De un momento a otro mi tía entra a su nueva pieza en donde yo estaba y se quita el leggings frente mío, solemos tener confianza para todo tipo de cosas así que lo hizo sin más, sin embargo yo quedé congelado y caliente, e inevitablemente se me puso dura y se me notaba ya que estaba de pie, yo entre bromas ya no supe que decir y ella solo sonrió y me dijo mi sobrino querido es normal que te suceda y que no le molesta que se me pare si la veo, parecía no darle mucha importancia al asunto y me dijo que se iba a tomar una ducha y que volvía rápido, ya había llegado la noche y supongo que pensaba que le diría que debía irme.

    Cuando me acerqué a la puerta del baño de curioso, pude escuchar que gemía, rápido puse mi cara en la puerta del baño y podía escuchar muy claramente cómo se daba placer, imaginaba que se estaba metiendo uno o dos dedos mientras que con el chorro de la ducha se estimulaba su clítoris, no podía ver nada pero estaba tan caliente que saque mi verga y empecé a tocarme, sin embargo rápido cerró la llave del agua y creo que se dio cuenta que estaba en la puerta oyéndola.

    Cuando volvió de la ducha estaba solo en ropa interior, un conjunto de color verde que hizo que se me volviera a poner dura, en ese momento ella se sentó al lado mío y me preguntó muy directamente si me gustaba su cuerpo, mientras me miraba el pantalón y toda la erección que tenía, yo sentado junto a ella le dije que se conservaba muy bien, tanto que me ponía caliente mirarla con su conjunto, apenas me creía lo que mis palabras decían pero yo ya a esa punto hablaba desde la misma calentura y la adrenalina que sentía, a lo que ella me dice que me saque la verga para ver qué tan cierto es lo que yo le digo.

    Un tanto nervioso y excitado me baje el pantalón y posteriormente el bóxer, dejando al descubierto toda mi verga parada, ella comenzó a observarla y una de sus manos me la agarró, podía sentir cómo subía y bajaba mientras toda mi verga se iba mojando al tiempo que ella se iba tocando su concha con su otra mano por encima de su panty verde.

    Me preguntó si me gustaba y cuando le mencioné que sí, comenzó a hacerlo más rápido, pero al mismo tiempo se acercó a mí y se puso de rodillas, teniendo toda mi verga a centímetros de su cara se la metió a la boca y comenzó a darme la chupada de mi vida, toda esa lengua moviéndose por toda la cabeza de mi pene mientras yo le agarraba el pelo con mis manos, sentía cómo le entraba todo a su boca mientras me miraba hacia arriba estando yo de pie, apenas me creía que tenía a mi tía chupándomela.

    De un momento a otro puso mi verga entre medio de su brasier, podía sentir cómo de rico era que me pajeara con sus tetas, le dije que me escupiera entre medio y puso mucha más saliva para sentir sus tetas apretadas, luego se puso de pie y nos besamos con el sabor de mis fluidos y me dijo que quería sentirme dentro de ella, ahí fue que se puso en la cama en cuatro con una mirada de calentura que no dude en ponerme detrás y estrujar toda mi cara en sus nalgas mientras las besaba y le corría el tanga hacia un lado para pasarle toda mi lengua en su rico y poder sentir su aroma.

    A medida que le chupaba su cola bajé hacia su conchita que estaba un tanto depilada y me puse a besarla como si de su boca se tratara, estaba muy mojada y ese sabor a sus fluidos de concha madura provocaron en mí una sensación de adrenalina y morbo muy delicioso.

    Mi tía comenzó a decirme que se lo metiera, que quería sentirme, así que rápido me quité todo el bóxer y comencé a pasar mi verga por fuera de ella, rozando sus labios mayores y su cola, hasta que ella misma agarró mi verga y se la acomodó.

    En ese momento ella empezó a moverse muy delicioso hacia adelante y hacia atrás, sus nalgas chocaban con mis caderas, ambos escuchábamos lo rico que sonaba, la agarré firme de la cintura al tiempo que le metía un dedo dentro de su cola, mi tía me decía qué verga más venosa tengo dentro de mí, lo cual me causaba aún mayor excitación.

    De pronto nos detuvimos, le pedí que se sentara encima mío, a lo que ella accedió rápido y me tumbé en la cama, abrió sus piernas, se sentó encima mío teniendo todo su cuerpo frente a mí mientras le observaba sus ricas tetas y me dio una brincada muy galopante, también se movía hacia adelante y hacia atrás, me daba vueltas en círculo, mis manos estaban en sus nalgas grandes que tanto había deseado, mientras volvía a meterle un rico dedo en su colita, para posteriormente meterlo a mi boca y sentir su rico sabor, a ella esto le causaba mucho morbo y le pregunté si podía metérselo por detrás, ella se me acercó y nos dimos un rico beso de lenguas y estando encima mío, empezó a meter mi verga en su cola.

    A medida que iba entrando por detrás podía ver que su cara cambiaba a dolor y placer, también se mordía los labios y me decía qué rico que tienes esa verga venosa sobrino mío, al tiempo que se acercaba con sus tetas a mi boca y me las metía, las succionaba y les pasaba mi lengua, me gustaba escupírselas y apretar sus pezones, me causaban mas calentura, mi verga estaba muy apretada en su culo y mi tía seguía moviéndose muy rico, ella tocándose su clítoris de forma vigorosa, mientras se escupía los dedos para seguir haciéndolo.

    De un momento a otro su cara cambio a un estado de máximo placer, de pronto cerró sus ojos, abrió su boca y comenzó a gemir fuerte, sentía como se iba chorreando, dejándome un tanto mojado, hasta que noté que estaba teniendo un delicioso orgasmo, encima mío y con todo mi pene dentro de su culo, ella me decía que le diera más duro y así fue que lo hice.

    Cuando mi tía se corrió, sacó mi verga de su cola y le pedí que me la chupara para poder acabar en su boca, yo tenía una sensación de máxima calentura y me daba un terrible morbo imaginar mi leche en su cara, ella me dijo claro que si mi sobrino, agarró mi pene y comenzó a succionarlo con el rico sabor de su cola pasándole la lengua y ahogándose con él , sus palabras eran muy ricas, pues me pedía leche, dame leche sobrino quiero que me dejes la boca y la cara con leche calentita! Hasta que no aguanté más y me salió un gran chorro hacia su cara, mientras ella iba tragando lo que le caía en su lengua, me mostraba su boca con leche y luego como se la había tragado toda sin más, también como con su dedo todo lo que le quedaba en su cara se lo llevaba a la boca para terminar tomándose todo lo que salió de mi pene.

    Rápido se volvió a poner encima mío y nos besamos deliciosamente con lengua, compartiendo un poco de mi semen unos minutos hasta que me dijo que había sido una experiencia muy morbosa pero que debía quedar entre nosotros, a lo que yo le mencioné que por supuesto, que de eso no se preocupara, mientras en mi mente apenas me creía que su cuerpo había sido mío, y mi leche había terminado en su boca.

    Durante los siguientes minutos ella se puso un pijamas, se acostó y nos dormimos juntos, para posteriormente levantarme e irme al trabajo muy temprano, no sin antes despedirme de un rico beso de lenguas y que el próximo fin de semana la volvería a visitar, pero sin excusas de mudanza.

  • Pigmalión para Marisa (primera parte): Preescolar

    Pigmalión para Marisa (primera parte): Preescolar

    Alicia y yo somos amigos «con derecho a roce», también llamados por algunos «follamigos». No sistemáticamente: es normal reunirnos, tomarnos un café, contarnos nuestras vidas en los últimos días o semanas –es raro que pase un mes sin vernos- y después de un par de horas, cada mochuelo vuelve a su olivo. Pero otras veces, salimos a cenar y a tomar unas copas y eso casi siempre acaba en la cama… o en la cocina, en el baño, o donde nos pillemos. También, de vez en cuando, nos perdemos por ahí un fin de semana y ahí el programa es variable: podemos pasar el día viendo paisajes y monumentos y por la noche darnos unos revolcones apetitosos; o bien nos puede dar por meternos en la habitación, poner el letrerito de «no molestar» y pasarnos el finde follando alegremente en plan «non stop». Todo ello, sin exclusivas ni historias raras: fuera de nuestros encuentros, cada cual lleva su vida con quien le da la gana y lo que «nos da la gana» a veces nos los contamos y a veces no. No hay normas, no hay reglas, más allá del respeto personal.

    En una de estas, echando un casquete en su casa, Alicia me salió con una rara petenera…

    – Oye, Manu… ¿te acuerdas de Marisa?

    Claro que me acordaba de Marisa: una tía ya mayor, andaría por los cincuenta y bastantes -nosotros éramos cuarentones frescos- que trabajaba de administrativa no recuerdo si en un bufete o en una gestoría. De vez en cuando salía con nuestra tropilla -Alicia, tres o cuatro amigos y amigas más y yo- pero poco, porque era muy recatada y a nada que nos acercásemos al tema sexual, aunque fuera muy tangencialmente, a ella se la notaba sumamente incómoda. Por lo demás, era una señora gris y anodina y si me pregunta alguien por qué forma parte -aunque sea ocasional- de nuestra pequeña pandilla, no sabría qué contestarle: a veces, las cosas vienen así, sin más, y nunca llegas a saber por qué.

    – Sí ¿qué pasa con Marisa? -contesté.

    – Ayer estuvimos hablando por teléfono y me dio mucha pena. Está muy sola, apenas tiene más compañía que nosotros… cuando la llamamos.

    – Cuando la llamas tú, no me jodas…

    – Bueno, vale: cuando la llamo yo. Ha llevado una vida muy perra: está acorralada por las creencias radicales que le inculcaron sus padres y, encima, su única… ¡su única!… experiencia sexual fue con un bárbaro que la medio violó cuando ella tenía dieciséis años. Un desfloramiento sumamente traumático. Está hecha polvo, en este aspecto… y, claro, en muchos más.

    – Una pena. ¿Y?

    – Que estaba yo pensando… Manu, cariño… ¿por qué no te la tiras?

    – ¿¿¿Qué??? -de un brinco, me quedé sentado en la cama- ¿Te has vuelto loca?

    – No, espera y verás. Cálmate y escúchame: Marisa necesita mucho más que un polvo; si sólo fuera eso, podríamos contratar a un gigoló bien guapo y que él se hiciera cargo, pero no se trata de eso, se trata de irla introduciendo poco a poco, con mucho tacto, en el mundo del sexo hasta que fuera… ¿Cómo te diría yo? Autosuficiente.

    – Si no fuera porque he visto que apenas has bebido, pensaría que llevas una cogorza de capitán general. ¿Cómo se te ocurre? ¡Menudo embolado! Mira, incluso para un gigoló guapísimo, la cosa no puede ser más difícil: lograr que esa tía se meta en la cama con alguien es una proeza de las de salir en el periódico. Está completamente cerrada al sexo y solamente de pensar en él se le bloquean hasta las pestañas; pero incluso aunque por milagro se lograra algo (y ya no hablo de la cama, sino simplemente de un morreo o un sobe en un pecho), al minuto siguiente estaría llorando su sentido de culpa con unos lagrimones como para llenar una piscina en diez minutos. No, ni hablar. Ni lo sueñes.

    – Por eso te he dicho antes que no es cuestión de gigoló, sino de un tío delicado, inteligente, amable, empático, paciente, de buen ver… Y ese tío eres tú.

    – No me hagas la pelota. No soy un instructor sexual, y menos con esa tía.

    – No te la hago, tú eres así y tú eres precisamente lo que hace falta. Además, le haces tilín. Yo he visto como te mira y no te mira igual que a Luis o a Paco. A ti te pone ojitos.

    – ¿Qué dices?

    – Que sí, hazme caso. Esos detalles no se le escapan a una mujer cuando otra revolotea sobre su amigo. Anda, cielo, dime que sí

    Alicia me conoce perfectamente, también en mis debilidades, así que empezó a masajearme la polla. Sabe que, cuando lo hace, mi fuerza de voluntad cae a mínimos; añadió al asunto un dedo caracoleando con el vello de mi pecho y una lengua y unos dientes aplicados a mis tetillas y mi derrota fue total.

    – Está bien, vale. Lo intentaré ¿Cómo lo hacemos?

    – Ya está hecho. Resulta que una de las cosas que me dijo es que tiene su ordenador hecho polvo; yo le dije que tú entendías de estas cosas y le di tu teléfono para que te llamara. Lo hará mañana y así de naturalmente podréis quedar en su casa.

    – Tú no tienes vergüenza. Eres una manipuladora.

    – ¿Verdad que sí, cariño? -musitó con voz sarcásticamente lastimera- Espera, déjame que te manipule un poco más.

    Se metió mi polla en su boca y ahí acabaron mis protestas y mis objeciones.

    _______________

    Huelga decir que le formulé a Alicia cuatro mil prevenciones y diez mil exenciones de responsabilidad ante sendos posibles incidentes, más la advertencia final de que si la cosa se liaba demasiado, yo me retiraba, sin más, y ya no volvería a hablarse de la cuestión. Alicia aceptó, pero poniendo tal cara de circunstancias que adiviné sus dedos cruzados, real o virtualmente.

    Al día siguiente, efectivamente, me llamó Marisa, y estuvo diez minutos -de reloj- explicándome todos los síntomas y catástrofes acaecidos al ordenador de marras, de modo que, sobre todo para que no me diera más la tabarra, quedamos para la tarde del mismo día. Dudé sobre mi atuendo: por una parte, las corbatas ponen muchísimo a las mujeres -a muchas, les gusta más desanudarlas que abrir una bragueta- pero, por la otra, me convenía un atuendo de fácil quita y pon, así que, aprovechando que estábamos en julio y no desentonaba, elegí una camisa blanca de algodón fino y unos pantalones de lino de color crema, unos zapatos náuticos sin calcetines y unos calzoncillos de color claro (la ropa interior transparentada queda fea en los hombres). Como los pantalones me ajustaban bien, con la camisa por fuera no iba a necesitar cinturón: un estorbo menos. De modo que metí unos cuantos trastos en la mochila urbana y me fui a casa de Marisa.

    La sensación inicial no pudo ser peor. Iba vestida con una falda que no había conocido mejores tiempos porque eso era imposible; llevaba un jersey de lana fina (¡en julio!) abotonado por delante y debajo un sostén (le vi el tirante por la abertura del cuello de la prenda) y unas chanclas realmente asesinas. Lo único que llevaba arreglado era el pelo, eso sí, debía haber ido a la peluquería: era morena natural -aunque, claro, llevaba teñidas las canas-, con media melena y, bueno, en otra mujer hubiera sido seguramente un peinado bonito. El mobiliario de la casa era como ella, vulgar y anticuado, aunque todo estaba limpio y ordenado, menos mal.

    Me recibió con cordialidad y sonriente y nos saludamos con dos teóricos besos en la cara o, más realmente, dos livianos roces en las mejillas. A medida que me conducía al comedor, que hacía, además, las veces de sala de estar y de estudio, la fui mirando. Era de estatura media para una mujer de su edad y generación, no mediría más de 1,60 y era algo más que regordeta, una obesidad incipiente ya empezaba a asomar la patita por su barriga y por su culo; nada exagerado aún, nada que una vestimenta adecuada no pudiera disimular, pero cierto y patente. Por delante, aparecía un busto algo abundante, pero sospeché que sin el sujetador aquello sería el «monumento a los caídos».

    En fin me acerqué al ordenador y desmonté la caja. No soy profesional de la informática, pero he trabajado con ordenadores desde mi edad escolar; de jovencito, llegué a hacer algún dinerillo montando clónicos para una tienda algo piratilla y tengo nociones, en algún caso amplias, de programación. La visión del interior de su PC fue dantesca. Aquello era el imperio de la polvareda y todo era antiquísimo; ese ordenador debía tener quince años de antigüedad y no me extrañaría que fueran veinte o incluso veinticinco; que hubiera vivido operativo hasta la semana pasada era un desafío a la lógica. No le pasaba nada extremadamente grave, a primera vista: se había quemado la unidad de alimentación, una pieza barata que se cambia en un pispás… Pero a saber qué más pasaría si se cambiaba la alimentación y el ordenador se encendía o se intentaba encender.

    La miré con cara de médico que dice «hemos hecho lo que hemos podido, pero ha muerto». Nos sentamos en el sofá y yo lo hice lo más cerca de ella que pude, de modo que nuestras caderas se tocaran. Allí sobre la mesita le hice una gráfica en una hoja del bloc explicándole esquemáticamente qué función tenía esa unidad estropeada y cómo estaba estructurado el montaje de lo demás, procurando mantener mi cara cerca de la suya… dentro de lo posible.

    – En definitiva, yo creo que te saldrá más a cuenta comprarte otro ordenador. Por muy poco dinero, puedes adquirir un portátil de gama baja que, baja y todo, decuplicará fácilmente la potencia de ese trasto y, además, apenas lo notarás, se guarda en cualquier sitio. Pongamos, dependiendo de si hay ofertas o no, unos trescientos o cuatrocientos euros.

    – Pues no es tan poco dinero

    – Bueno, claro, hablo en términos relativos. Cuatrocientos euros por un ordenador es poco dinero. Si no te va bien gastarte esa cantidad, puedes pagarlo a plazos: tienes un trabajo fijo y no habría dificultad ni para que te concedieran el crédito ni, creo, para pagarlo.

    Ella se recostó en el sofá como presa de una silenciosa desazón. Mi «radar de tiro» hizo sonar un «bip»; la tomé de una mano, se la acaricié muy suavemente y la consolé:

    – Oye, no te lo tomes así. Si tienes alguna otra dificultad, los del grupo podremos ayudarte. Yo mismo: eso es una fruslería, si quieres, te presto ese dinero.

    – No, si no es el dinero. No me viene muy bien precisamente ahora, pero tener, lo tengo, no van por ahí los tiros.

    – ¿Entonces?

    – Pues que tengo una mierda de vida, todo me sale mal. Y ha sido así siempre. Ahí me tienes: soltera, sola, sin hijos, claro… ¿Quieres creer que no he salido nunca con un hombre?

    – ¿Nunca? ¿No has tenido relaciones nunca?

    – Una sola vez y fue un desastre como no te puedes llegar a imaginar. Un medio novio que tenía, una noche de verano, se empeñó en que quería hacer el amor y yo me negué al principio. Insistió mucho y yo tenía mucho miedo de que me dejara plantada así que acepté que me tocara un poco mientras yo le masturbaba. Me dio mucho asco, pero no quería perderlo, temía por mi autoestima. Así que nos metimos en un sótano, nos tumbamos sobre unos sacos, el empezó a tocarme… los pechos… y se sacó el pito del pantalón. Yo se lo empecé a tocar… ¡Dios qué repugnante! Además, le olía mal. Pero no tuvo bastante: me bajó las bragas y me empezó a tocar ahí abajo. Le dije que ahí abajo no, pero él se subió encima mío y me penetró a lo bestia. Me causó un dolor horroroso.

    – Vaya -musité sinceramente compungido-. Una violación en toda regla. ¿Y qué pasó después?

    – Pues después, el tío se levantó, se metió el pito dentro de la bragueta, se subió la cremallera y se largó. Ni se despidió. Y si te he visto, no me acuerdo. No lo volví a ver más.

    – ¿Y tú qué hiciste?

    – ¿Qué iba a hacer? Me recompuse como pude, me fui a casa, me di una ducha y me callé. ¿Qué iba a decir? ¡Menudos eran mis padres! Encima la puta iba a ser yo…

    – Bueno pero… ¿no pediste ayuda, no fuiste a un médico, a un psicólogo, no sé… algo?

    – Manu, estoy hablando de hace cuarenta años, las cosas no eran como ahora. La única suerte que tuve es que él se calló, no dijo nada a nadie, cosa rara porque es de esos a los que les gusta alardear de sus hazañas, pero si dijo algo a alguien lo llevaron con mucha discreción, porque en el pueblo -aquello era un pueblo- nadie dijo ni pío: ni una mirada, ni una insinuación, ni un mal gesto… nada.

    Le rodeé el hombro con un brazo. Ella pareció estremecerse un poco, pero no se resistió. No dije nada, sólo la acaricié un poco en el brazo.

    – ¿Y no has vuelto a salir nunca con un hombre? ¿Con ninguno?

    – Con ninguno

    – ¿Y no te ha gustado nunca ninguno, alguno con el que pudieras recomponer el desastre?

    – Quizá alguno, pero sólo de pensar en aquella noche en el sótano… No, no, siempre he descartado la idea.

    – Pero, Marisa, eso no es natural. No todos los hombres somos como aquel animal, ni siquiera la mayoría. Si ahora mismo te asomaras a esa ventana, por simple probabilidad estadística, uno o dos hombres de los que están pasando ahora mismo sería capaz de hacerte feliz, cuando menos en una relación pasajera o provisional.

    – Soy incapaz de pensar eso. Yo creo que llegado el momento… se me aparecería la imagen de aquel entonces y… no, no podría. ¡Si jamás he visto a un hombre desnudo! ¡Ni siquiera a aquel hijo de puta!

    – Bueno, eso podemos arreglarlo fácilmente -me lancé.

    – ¿Qué dices?

    – Que me voy a desnudar aquí y ahora y así verás a un hombre desnudo.

    – Ni se te ocurra, ¿eh? Te echo de casa.

    – Mira, vamos a hacer esto. Me voy a desnudar completamente y me voy a sentar a tu lado. Y ya está, nada más. Seguiremos charlando tranquilamente de lo que quieras, de ordenadores, de cine, de tu trabajo, del mío, de lo que quieras. Y nada más. Y llegada la hora en que tenga que irme o que tú me pidas que me vaya, me vestiré y me iré. Sin más. Ni siquiera te tocaré.

    – No lo hagas. No, por favor

    – Escucha –yo ya me había puesto de pie- estás moralmente hundida, aplastada por una educación brutal y por una experiencia tremenda, pero todo eso pasó hace muchos años. Tienes que recuperarte. Por supuesto, la forma de hacerlo no es lanzarse a follar a lo loco, hay que ir poco a poco, pero tienes que ir normalizando lo que para todo el mundo es ya normal, no puedes vivir tan ajena a todo.

    – ¿Y qué va a decir Alicia?

    – Alicia no va a decir nada -yo ya me estaba desabrochando los botones de la camisa- porque no somos propiamente una pareja; más allá de nuestra relación de amistad y sexo ocasional, somos libres.

    Me saqué la camisa y ella me miraba como si no creyera lo que estaba viendo. Después me descalcé y me quité los pantalones. Cuando iba a bajarme los calzoncillos ella dio un leve chillido:

    – ¡No, por favor! ¡Por favor! -y ocultó la cara entre sus manos.

    Yo me quité los calzoncillos y me quedé como mi madre me trajo al mundo. Tuve suerte de que ella era poco o nada atractiva y que la situación era de todo menos excitante, con lo que mi polla permaneció en «descanso»; si se hubiera puesto tiesa hubiera causado seguramente un buen problema. Seguidamente, tal como le había anunciado, me senté a su lado, igual que antes, con mi costado pegado al suyo.

    – ¿Ves? No pasa nada. Tienes sentado en el mismo sitio al mismo hombre de hace unos minutos. Bien, no llevo ropa. ¿Y qué? ¡Mira, no te reprimas! No pasa nada por mirar: si no quisiera que me vieses desnudo no me hubiera desnudado. ¡Mira y disfruta! Y suéltate, no te reprimas. Mira lo que te guste, todo el tiempo que te apetezca.

    Poco a poco ella fue levantando la cara, miró a la mía como catatónica; luego fue bajando la mirada hacia mis pectorales, mi vientre y cuando llegaba a mi pubis, giró súbitamente la cabeza.

    – Marisa -le dije todo lo dulcemente que pude y supe- debajo de mi ombligo sigue habiendo Manu, sigue habiendo hombre. No te detengas, Mírame todo. Y cuando me hayas mirado bien, me levantaré para que me veas de espalda. Es importante que no te cortes, que no te dé vergüenza. Para mí es natural: si tú te desnudaras yo te miraría sin cortarme.

    – ¡Eso no va a pasar!

    – Ni yo te pido que pase. Simplemente estaba haciendo una metáfora. Yo me voy a limitar a estar aquí y tú me vas mirando. Tranquilamente, sin disimulo, con interés, si lo tienes, con detenimiento. Disfruta, las chicas dicen que no estoy mal, que tengo un tipo agradable…

    – Sí, sí que lo tienes…

    – Pues adelante…

    Estuvimos… no sé, diez o quince minutos en silencio, mientras ella recorría mi cuerpo con la mirada, cada vez más aparentemente confiada. Ella había cambiado de postura para mirarme mejor: la cosa iba bien. Pasado ese tiempo, me di la vuelta para que ella pudiera verme de espaldas; lo hice arrodillándome en el asiento del sofá, dando frente al respaldo y procurando que el culo quedara a una distancia prudencialmente cercana a su cara. Procuré respirar profundamente: el movimiento de la respiración es excitante –a mí me encanta ver el subeybaja del vientre de una mujer cuando respira- y confiaba, así, en ir aumentando su interés.

    De pronto, pasó algo que yo no hubiese esperado en absoluto en aquellas circunstancias: noté cómo pasaba su mano acariciándome la espalda hasta llegar a tocarme los primeros centímetros de culo y… ¡mi polla se puso tiesa como una vara! Ella lo notó y se puso histérica.

    – ¡Ya lo sabía yo! ¡Todos sois iguales!

    – Marisa, esas cosas no se pueden controlar, viene y… vienen.

    – ¡Cállate y vete! ¡Vete! ¡Vístete y lárgate!

    _______________

    Llamé a Alicia por teléfono para contarle la batalla y el desastre final.

    – ¡Casi lo consigues! Qué pena…

    – Bueno, conseguir, no sé lo que conseguí…

    – Casi nada: primero te quedas en bolas delante de ella y no te echa de casa a escobazos. Y después… ¡logras que te meta mano en el culo!

    – Bueno, tanto como meter mano… Yo creo que simplemente se pasó de frenada. En fin, aquí se ha acabado la cosa porque esa tía no querrá verme ya ni en pintura.

    – Ya, es una pena. Oye, ladrón, cuéntame: ¿qué valores ocultos tiene la dama para conseguir ponerte palote con un sólo roce? -y estalló en una risa estentórea.

    _______________

    Tanto Alicia como yo dimos por terminado el intento de devolver a Marisa -si alguna vez estuvo- a la normalidad sexual. Pero nos equivocábamos.

    Continuará en:

    “Pigmalión para Marisa (segunda parte): primaria”

  • De fiesta con mi cuñada

    De fiesta con mi cuñada

    Han pasado como seis meses desde la noche que pasé con mi cuñada Camila. Desde entonces todo siguió normal, creo porque no habíamos tenido oportunidad de quedar de nuevo solos y tampoco es que hayamos tratado de vernos a escondidas. Todo estaba tranquilo hasta hace un mes.

    El sobrino de mi esposa se casaba, y como no podía ser de otra manera, teníamos que ir mi esposa, mi cuñada Camila, su hija y yo. La recepción era en la tarde del sábado, y se extendería hasta la media noche. Ya esperaba con ansias ese día, quería ver a mi cuñada con su vestido nuevo. Las fechas de fiesta me encantan por eso, mi cuñada y mi esposa les gusta vestir siempre un vestido nuevo. Y como ya saben, aunque Camila tiene ya 41 años, tiene un cuerpo bien cuidado.

    El día esperado llegó, mi esposa y Camila llevaban sendos vestidos de gala, con escote bien pronunciado ya que a ambas les gusta relucir esos atributos que comparten en común. El de Camila me gustó mucho más ya que tenía puesto un brasier que al parecer era de talla menor y sus senos explotaban por encima del escote.

    Durante el evento aproveché cuando podía para ver los grandes senos de mi cuñada, y no creo que fuera el único ya que se notaba las miradas que otros hombres que le daban a ella y a mi esposa, algo que me hacían sentir alagado ya que en mi mente decía «mírenlas, pero solo yo he comido esas tetas, a ambas». A eso de las 7pm mi esposa ya tenía que ir a trabajar, como es enfermera le tocó el turno de velada. Fui a dejar a mi esposa y luego debía pasar llevando a mi cuñada y su hija.

    Al llegar de vuelta Camila me dice que su hija se fue con sus amigas a la discoteca, así que nos quedamos solos. Estuvimos un rato más en la fiesta, bailamos y nos tomamos unos tacos de tequila y whisky. Camila ya estaba un poco mareada, más que yo porque yo debía manejar y me controlaba en eso. Camila tomó una botella y salimos, me dijo que era aburrido que no tomáramos iguales y que nos fuéramos a su casa a terminar la botella. Como prácticamente nuestras casas son juntas daba igual a dónde ir.

    Ya en su departamento nos tomamos dos tacos de tequila y Camila puso música para bailar. Yo tenía en mente que solo era un entremés a lo que ambos deseábamos. Empezamos a bailar y ya estando juntos la abracé cada vez más fuerte, podía sentir sus tetas grandes contra mi pecho, y con mis manos sostenía sus caderas. Nuestras mejillas se rozaban y lentamente junté mis labios con los suyos, empezamos a besarnos suavemente, y mientras tanto con mis manos bajaba hasta tener sus nalgas y apretarlas contra mi cintura. Los besos cada vez eran más húmedos, nuestras lenguas se buscaban, se chupaban. Me separé de ella y fui besándola por el cuello hasta llegar a sus tetas, las saqué del escote y empecé una por una a chuparlas, lamerlas y morder suavemente sus pezones negritos.

    – Así Mati, así cuñadito, chúpame las tetas… que rico.

    – Me encantan tus tetas, me las pasaría chupando toda la noche

    Mientras le comía las tetas a mi cuñada ella ya tenía desabrochado mi pantalón, con mi pene en sus manos intentaba masturbarme:

    – Mati, es mi turno…

    Con las tetas afuera del vestido Camila se arrodilló y metió mi pene en su boca para darme una mamada bien ensalivada, estaba como loca, me chupaba las bolas una a una y me masturbaba. Se chupaba mi pene y se lo metía lo que más le entraba en su boquita, cuando se atragantaba era cuando más rico sentía, tenía bien mojadito mi pene con su saliva.

    Mientras Camila seguía chupando mi pene yo aproveché para bajar el cierre de la espalda de su vestido y dejarla con su hilo y sostén, a lo que Camila se levantó y me dijo:

    – Quiero que lo hagamos en mi cama, ayer soñé que lo hacíamos ahí…

    – Vaya que tus sueños se hacen realidad.

    En el cuarto Camila me acostó en su cama, se quitó el sostén y la tanga y a gatas se acercó a mi pene para seguir chupándolo.

    – Que rica verga que tienes, y esto se come mi hermana…

    – Lo puedes comer cuando tú quieras

    – Y si mi hermana se entera?

    – A ella le gusta compartir las cosas contigo

    – Yo no compartiría esta verga ni con mi hermana

    Después de decirme eso Camila me dio una última chupada y se montó en mi pene y empezó su cabalgata. Sus tetas preciosas se movían de lado a lado y se inclinaba para que las chupara:

    – Chúpame las tetas, están ricas verdad… más ricas que las de mi hermana?

    En eso tenía razón, Camila tenía las tetas más grandes y los pezones pronunciados, como es de blanquita se nota claramente la aréola de cada teta. No tardó mucho y Camila dio un grito y gemido, su movimiento se hizo lento y sentí como mi pene se humedecía. Luego volvió a la cabalgada desenfrenada, la tomé de las nalgas y moví su cuerpo de arriba y abajo:

    – Que rico cuñadito, méteme tu verga, más duro, no pares. Vente tu arriba.

    Se bajó y enseguida se puso en cuatro. Al frente de la cama tenía un espejo donde podía ver el perfil de Camila en cuatro, con sus tetas colgadas. Mi pene estaba más duro e hinchado por la mamada que me dio que cuando se la metí sentí cómo le fui abriendo la vagina a mi cuñada. Sin más delicadezas empecé mi embestida, viendo en el espejo cómo esas tetas se movían de lado a lado y luego regresaba a ver ese gran culo de mi cuñada:

    – Que rico culo cuñadita, y tu panocha está apretadita.

    Camila solo gemía y mordía la almohada. Saqué mi pene y empecé a juguetear alrededor del ano Camila, estaba bien lubricado que despacito se lo fui metiendo. Primero la cabeza y luego poco a poco se lo mandé todo, sentía como su ano empezaba a dilatarse. Aun así, me pene entraba muy apretado:

    – Mi culito, me lo vas a romper. ¿A mi hermana también le das por el culito?

    – Sí, a ella le encanta que le rompa el culo.

    Fue unos minutos dándole a Camila por su culito y me vine dentro. Le mandé toda mi leche en ese culito. La tuve en cuatro con mi pene en dentro de su culito hasta que de nuevo se pusiera duro y se seguí bombeando hasta eyacular de nuevo.

    – Mati, te has pegado dos y sin sacar de mi culito.

    – Ese culito es mío, el de tu hermana y el tuyo, ambos culitos son míos.

    Después de esa faena con mi cuñada nos dimos un rápido baño porque ya casi era medianoche y pronto volvería su hija:

    – Mati eres un bandido. Te comes a mi hermana y a mí…

    – Somos familia y hay que compartir

    – Ya dime, cual es mejor en la cama, ella o yo

    – Ya te dije, ambas son un complemento. Lo ideal sería tenerlas a las dos… al mismo tiempo

    – Estas loco, crees que mi hermana va a querer

    – Y tú? ¿Lo harías?

    – No sé…

    En ese momento ya fui tanteando el terreno por si algún momento se da mi gran deseo de tener a mi esposa y mi cuñada en un trío. Lo que no sabía era que pasaría al siguiente fin de semana.

  • Historia de una hotwife: Mañanero con el señor del gas

    Historia de una hotwife: Mañanero con el señor del gas

    Hola soy tu hotwife favorita Ishtar Flores, ese es mi nombre artístico, así me encuentras en las redes sociales, soy una tremenda milf, el sueño de jóvenes y señores. De antemano agradezco el que leas mis relatos y apoyes, la página de CuentoRelatos, para que siga enviando mis experiencias sexuales a través de un rico relato. Sin más preámbulo, iniciamos.

    Mi cornudo digo esposo y yo teníamos varias semanas sin tener relaciones sexuales, esto debido a las presiones de su trabajo ya que estaban en plena campaña por promocionar un nuevo producto y llegaba muy tarde y cansado a casa, pero éste viernes yo estaba decidida a estar con él en Intimidad, el maestro Eduardo, me había cogido, y eso lejos de calmarme aumento mi celo, aquel día, y tenía que saciar mi lujuria, decidí que ahora la calmaría con mi señor. así que lo esperé en la sala con solo un baby doll transparente color vino y una diminuta tanga a juego en forma de triángulo también transparente dejando traslucir mi vello púbico y mis inflamados labios vaginales sostenido únicamente por dos tiritas de cada lado dejando ver todo mi lateral y apenas cubriendo la parte de atrás la mitad de mis nalgas.

    Cómo mis hijas salieron con sus novios, en consecuencia, estaba sola en casa y me puse cómoda en la sala con una copa de vino y unas aceitunas mientras mi erotismo y excitación aumentaba con la ansiada espera de mi marido. Al fin llegó se quitó el saco y la corbata arrojándolos sobre el sillón diciendo: ¿todavía despierta mi amor? ¡¡¡Ya te hacia dormida!!! ¿Te estaba esperando mi vida, quieres acompañarme con una copa? Y diciendo esto me levanté para sacar un vaso y servirle un whisky solo, inclinándome para coger la botella dejando que viera mis nalgas escasamente cubiertas por mi diminuta y sexy tanga.

    Me acerqué a darle su vaso y me senté en sus piernas diciendo: salud amor… hoy estamos solitos y quiero disfrutar contigo… es viernes! Me besó en la boca acariciando mi espalda y el interior de mi muslo. Yo entreabrí mis labios y comencé a desabrochar su camisa, nuestras lenguas se juntaron, subió su mano derecha a mis senos por dentro de mi baby doll y su mano izquierda descendió por mi espalda hasta mis nalgas acariciándolas deliciosamente, nuestras respiraciones fueron aumentando al ritmo de nuestras caricias, ¡¡¡yo sentía en mi muslo derecho cómo iba creciendo su pene dentro de su delgado pantalón de casimir y lo presionaba con mi muslo sintiendo su palpitar!!!

    Joel, cerró los ojos y esperó que yo entrara a la cocina y regresara con un delicioso manjar. Pero se equivocó en eso. Lo que hice fue arrodillarme frente a mi esposo y comencé a abrirle los pantalones. Él inmediatamente abrió los ojos cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo. -¡Ay, cariño, sigues sorprendiéndome! Primero desabroché su cinturón, luego los botones de los pantalones y le bajé un poco los calzoncillos, liberando así su delicioso pene. Joel ya estaba notablemente excitado, porque su pene ya era como una vara tiesa y erecta, a pesar de que su miembro es normal, me gusta mucho. Comencé a acariciar suavemente la punta de su verga con mis labios, haciendo círculos con la punta de la lengua.

    Él lentamente comenzó a gemir. Realmente le gustaba lo que le estaba haciendo. Acaricié el pene y los testículos de Joel con mis manos, luego lentamente dejé que se deslizara dentro de mi boca. Lentamente, muy lentamente, centímetro a centímetro desapareció en mi cálida boca. No era difícil desaparecer su miembro pues es de tamaño, podía mantenerlo en mi boca por varios instantes. Lo llevé adentro una y otra vez. Primero despacio, luego más y más rápido mimando sus partes con mi lengua. Después de unos minutos, detuve la felación no quería que terminara tan rápido.

    Nos levantamos y nos fuimos a la recámara, ahí comenzamos a desvestirnos uno al otro sin dejar de besarnos y diciéndole lo mucho que lo necesitaba; él me decía lo mismo, pero agregó: solo un momento cariño porque mañana voy temprano a la oficina para entregar el proyecto de publicidad del nuevo producto. Otra vez iras el sábado, si amor, tú sabes que así son los negocios, quiero obtener un ascenso, espero mi jefe me lo de, incluso los domingos si es necesario, porque deseo ese ascenso.

    Lo vi resignada pero dispuesta a disfrutar con él un buen rato, seguí desvistiéndolo, él me levantó y arrojándome a la cama se puso sobre de mí, ambos solo con calzones y comenzó a devorar mis senos y recorrer mi cuerpo con sus manos, yo oprimía su cabeza contra mis senos disfrutando como la mía y los mordía levemente mientras recorría mi pierna hasta llegar a mi intimidad acariciando mi vulva, pasando su dedo entre mis labios vaginales dándome un gran placer y mojándome toda, fue bajando besando mi vientre, con sus dedos en los de mi tanga, me la fue bajando besando mi pubis y con su lengua separaba mis labios vaginales y lamía mi excitado clítoris, flexione mis piernas y las abrí haciendo una gran M con ellas y mi marido poniéndose entre ellas comenzó a darme mucho placer con su lengua en mi vagina, entraba y salía de ella besaba y succionaba mi clítoris, la pasaba desde ahí hasta mi ano un y otra vez uuuff!!! ¡¡¡Cogí su cabeza con mis manos y la apreté contra mi vulva teniendo un delicioso orgasmo!!!

    Lo jale hacia arriba para que ya me penetrara pero él quería recibir el mismo trato que me daba y se colocó en posición invertida sobre de mí quitándose su bóxer, quedó colgando su pene erecto frente a mi cara, pasé mi lengua entre sus testículos, los olí y lamí el tronco hasta llegar a su mojado glande, absorbí el líquido pre semanal que lo hacía brillar, me lo metí en la boca casi completamente y sobaba sus testículos mientras movía mi cabeza de atrás hacia adelante haciéndole una rica felación!!

    De pronto se zafó de mi y girándose me penetró de una sola embestida, encajándolo por completo que sentí su escroto golpear entre mis nalgas una y otra vez, así continuamos aproximadamente una hora, hasta derramar su simiente dentro de mí, ¡¡¡eyaculando copiosamente!!! Tres fuertes disparos inundaron mi vagina, yo lo abrazaba con mis piernas y brazos levantando mi cadera para sentirlo hasta el fondo y moviendo mi cuerpo para disfrutarlo y tratar de llegar a mi orgasmo antes de que su flácido pene abandonara mi caliente vagina pero no lo logré quedándome al borde del mismo, lo besé mientras él salía de mí y se recostaba a mi lado sudoroso y satisfecho acariciando mi muslo, se quedó dormido agotado.

    Si eres mi fan y has leído mis relatos, sabes que soy multiorgásmica y que me encanta el sexo de 2 a 3 rounds, pero mi marido quedo exhausto y al siguiente día debía ir a trabajar, por lo tanto, me voltee y también me dormí con la esperanza de sentirlo nuevamente en la mañana pero no pudo ser, cuando desperté él ya estaba vestido y salía a su oficina a entregar el nuevo proyecto y dándome un rico beso en los labios se despidió diciendo: trataré de regresar temprano para continuar lo de anoche mi amor.

    Le sonreí y le dije: te espero poniendo mi mano entre mis piernas al sentir palpitar mi vagina de deseo. Me levante y me dirigía a bañarme, cuando recordé que no había gas desde hace dos días, el señor que nos surte, no había tomado nuestra llamada, y no respondió los mensajes, mi marido aún no había visto a otro gasero, fue cuando me quede dormida, con el rastro del semen en mi cuerpo, hasta que escuché el timbre.

    Un poco molesta por despertarme, me levanté y cogiendo una bata salí a abrir, era una pequeña bata de baño que me queda bastante corta, apenas unos cinco dedos por debajo de mis nalgas; cuando iba a mitad del patio, escuché decir, el gas, al abrir la puerta, estaba un joven, de estatura media, moreno, y complexión media, poco agraciado. -buenos días señora, la compañía me envío para llenar los tanques- le respondí, tajantemente, el gas lo pedimos, desde antier, -señora yo apenas ingresé a trabajar y me asignaron esta área- ok, dije.

    Pude notar, que aquel joven fijaba su vista en mí busto ya que por lo justo que me quedaba se veía gran parte de mis senos al no traer brassier, pues solo traía el baby doll transparente y mi tanga igual y encima mi corta bata de baño. Comprendí que no era su culpa, el que nos hubieran dejado sin gas y trate de ser amable, Lo conduje a dónde estaba el tanque de gas, diciendo con voz coqueta y mis manos sensualmente puestas una sobre mi desnuda pierna y otra en mi vientre: qué bueno que vino porque ya casi no hay gas y apenas voy a bañarme!!

    Ahorita lleno el tanque y se lo conecto para que se ponga más guapa me contestó sonriendo y repasando todo mi cuerpo con su mirada, solamente le sonreí, me dirigí a la lavadora para sacar la ropa, pude ver por el reflejo del vidrio de la puerta que al estar inclinada sacando ropa para lavarse le estaba enseñando todas mis piernas y parte de mis nalgas al tener solamente una pequeña tanga. Posteriormente, me metí a la cocina y calenté agua para tomar mi café.

    Me subí en un banquito para alcanzar el azúcar ya que como mi marido por su sobrepeso la tiene prohibida acostumbro ponerla hasta arriba en la alacena para evitarle antojos; así estaba estirada para alcanzar el tarro de azúcar cuando regresó el gasero quien ya había llenado el tanque y sentí su mirada, voltee a verlo y me dijo: que hermosas piernas tiene señora… y todo lo demás!!! Estaba totalmente endiosado conmigo.

    ¡¡¡Me sonrojé y puse mi mano atrás notando que mi corta bata dejaba ver todas mis piernas y la redondez de mis nalgas ya que se subió al grado de dejarlas a la vista!!! Me tapé y le dije: ¡¡¡ay que pena!!! ¡¡¡Pena porque señora, está usted muy bien!!! Y descaradamente se tocó el paquete que ya se notaba bastante y salió a conectar el gas, yo seguí preparando mi café y me senté a disfrutarlo cruzando mi pierna izquierda sobre la otra.

    El joven me llamó: ¿señora, tendrá una esponja y jabón para checar que no haya fuga? Al voltear a verlo y decirle que ahora se lo daba, vi el reflejo de mis piernas en el cristal de la puerta y se alcanzaba a ver parte de mi nalga y el borde de mi transparente tanga y eso me excitó aún más de lo que ya estaba, cogí una bandeja con espuma de jabón y una esponja y salí al patio y se la di, él puso el jabón y yo me quedé parada a cierta distancia observando su bulto que se notaba de muy buen tamaño, él se dio cuenta y sonrió diciendo: parece que aquí hace burbujas venga a ver en lo que yo le aprieto.

    Me acerqué e incliné para ver dónde me dijo y el cogió la llave y apretó un poco más diciendo: ya está, al tiempo que se enderezó y por unos segundos su paquete quedó muy cerca de mi cara, a escasos centímetros, ¡¡podía oler su aroma de hombre!! Me enderece y fui a la cocina a dejar la bandeja, cuando me giro para ir a sentarme a terminar mi café y choque sintiendo entre mis nalgas su duro bulto, él puso su mano en mi cintura, diciendo: perdón señora, me permite pasar a su baño y apretándome un poco restregó su duro miembro entre mis nalgas!!! Sí, pase le contesté señalando la puerta del baño; entró y se oía el chorro de su orina muy fuerte y eso sin saber porqué me excitó bastante aunado al haber sentido su pene erecto!!!

    Mi marido me había dejado a medias, y mi celo crecía y crecía. Voy por el dinero… dije Luego me pagas, mejor invítame un café me contestó y acercándose a mi por detrás me abrazó haciéndome sentir su paquete entre mis nalgas. Lo prefieres con azúcar? Besó mi cuello y acariciando mis senos punteando mis nalgas con su pene me decía al oído: te prefiero a ti linda e desabrochó mi bata.

    Ya no pude resistirme más y me abandoné al placer que me pudiera dar éste correoso joven pensando: lo siento, Joel mi amor, pero tu me dejaste a medias, quiero respetarte, pero ya no aguanto más, dije en mi mente. El joven, rodeo mi cintura con sus fuertes brazos y cruzándolos cogió mis senos directamente al no traer brassier y los acarició y amasó con sus manos apretando ligeramente mis pezones con sus dedos mientras besaba mi cuello y al oído me decía: ah señora, cuánto deseaba tenerla así entre mis brazos, desde que me abrió la puerta, vi sus nalgas quería poseerla, cuántas cosas he pensado en tan poco tiempo y seguía pasando su erecto pene entre mis nalgas y apretando mis senos.

    Giré mi cabeza para que besara mis labios y ya no perdiera el tiempo con palabras, me fue volteando quedando frente a frente, desabrocho mi bata, la abrió admirando mi cuerpo a través de mi diminuto baby doll transparente: wow que ricas tetas tiene!!! Y quitándome la bata me cogió de las nalgas pegándome a su cuerpo y me besó con una pasión y lujuria desmedida, rodeé con mis piernas su cintura quedando muy vagina rodando su bragueta, me recostó boca arriba de la mesa y quitándose su camisa, me quitó el baby doll y volvió a besar y lamer mis senos mientras restregaba su hombría contra mi vulva, desabroché su pantalón y se lo bajé a media nalga, él se levantó y se lo quitó completamente junto con sus calzones, quedando frente a mi completamente desnudo con solo sus tenis puestos que después se quitó.

    Se veía muy bien y con una gran vitalidad. Delgado pero fibroso, un pene no muy grande pero si muy duro y venoso, totalmente mirando al techo y brincando de la excitación, dejándome contemplar un escroto no muy holgado pero marcando muy bien sus dos gordos testículos que subían y bajaban dentro de su escroto, unas piernas no muy velludas pero firmes, se hincó en la alfombra y cogiendo mi tanga por los hilos laterales me la fue bajando.

    Besando mi vagina primero sobre mi transparente prenda y después directamente paseando su lengua por mis vellos púbicos y luego encontrando mi ya excitado clítoris, lo lamió y chupó con ansias, puso mis piernas en sus hombros y comenzó a darme un delicioso, acariciaba mis muslos, separaba con sus dedos mis labios vaginales e introducía su lengua en mi vagina, la lamía desde mi ano hasta el clítoris, lo hacía vibrar al mover su lengua sobre de él para después volverla a introducir en mi vagina.

    Así me estuvo dando placer oral, acariciando mis senos o metiéndome sus dedos mientras lamía mi clítoris y pocos minutos tuve un riquísimo orgasmo apretando su cabeza con mis piernas y empujándolo hacia mi vagina con mis manos para llenar toda su boca con mis fluidos fruto de mi intenso placer que gemí y chille sin inhibición!!! El siguió un rato más besando y lamiendo mi vagina, se incorporó para ya penetrarme pero yo también quería darle placer con mi boca y poniendo mi mano en su vientre lo detuve, me senté en la orilla de la mesa y él de pie frente a mí. Comencé a acariciar sus fuertes brazos y piernas mientras besaba su macizo vientre, separó sus piernas y cogí sus testículos con mis manos y los sobaba para después besarlos y lamerlos, él suspiraba diciendo: ohh señora que bien la mama!!!

    Recorrí su venoso tronco con mi lengua siguiendo la ruta de su vena, chupé su glande, pasando primero mi lengua alrededor de él, retiré su líquido pre seminal con la punta de mi lengua, se lo mostré viéndole a los ojos y luego me lo tragué, abrí mis labios y me fui metiendo poco a poco todo su miembro en la boca aprisionándolo con mi paladar y lengua, moviendo mi cabeza de atrás hacia adelante apoyada en sus muslos, haciendo entrar y salir su duro pene de mi boca una y otra vez hasta solo dejar dentro el glande y poner la punta de mi lengua en su orificio uretral para luego volver a introducirlo por completo sintiendo el cosquilleo de sus vellos en mi nariz!! Apretaba sus duras nalgas con mis manos sin dejar de mover mi cabeza chupando y engullendo todo ése duro trozo de carne, él ponía sus manos en mi cabeza acompañando mis movimientos pero después me separó diciendo: espera linda, que me voy a venir y quiero metértelo!!

    Viéndolo con una sonrisa sensual le pregunte, ¿traes condón? No, me dijo muy apenado. Yo estaba muy excitada, más de lo normal, producto en mis días fértiles porque estaba muy entregada y deseosa de sentirlo dentro de mí, pero tampoco quería correr el riesgo de quedar embarazada y menos de otro hombre que no fuera mi marido, ya con mi suegro había corrido ese riesgo, así que masturbándolo le dije: no te corras dentro de mí, ¿quiero probarlos ok? Y señalé mis labios.

    Él sonrió y me contestó contento: claro señora yo le aviso para que tome su lechita, no se preocupe….y empujándome delicadamente me recostó boca arriba y cogiendo mis piernas por los tobillos las separó lo más que pudo y flexionando sus piernas apuntaló su duro y venoso miembro en la entrada de mi vagina sin utilizar sus manos y de un solo empujón de cadera me ensartó más de la mitad de su pene haciendo que hiciera y gritara de sorpresa y placer al sentir cómo me abría con su potente miembro y penetración!!! Aaahgy humm!!!

    Se detuvo al oír mi grito pero al ver mi sonrisa de satisfacción y que solo inflable mis mejillas conteniendo el aire continuó penetrándome hasta metérmelo por completo!!! Soltó mis piernas y yo las enlace detrás de su cintura y lo jalaba hacia mí invitándolos a qué siguiera moviéndose, él sonrió satisfecho y poniendo sus manos en mis senos acariciándolos y estrujándolos como si fueran naranjas inició un potente y continuo vaivén embistiéndome una y otra vez hasta el fondo con su duro y potente miembro.

    Bajó sus manos por mis costados sin dejar de embestirme, ahora lo hacía más lentamente, su pene entraba despacio, sus resaltadas venas rosaban las paredes de mi vagina dándome un placer y sensación excepcional, avanzaba apoyando sus manos en mi cadera y me jalaba hacía él en el momento que sentía su glande topar en el fondo de mi vagina, lo sacaba igual lento dejando solo el glande dentro de mi vagina y volvía a penetrarme en un rico y cadencioso vaivén que me hacía disfrutar al máximo yo solo ronroneaba al sentir su glande golpear mi cuello uterino y suspiraba, que rico me lo hacía!!!

    Así estuvo como otros diez minutos logrando que tuviera dos orgasmos encadenados riquísimos, tan intensos que apreté sus fuertes brazos rasguñándole sin querer; puso sus manos entre mis nalgas y caderas afianzándose bien y comenzó a acelerar sus movimientos penetrándome profundamente, sus testículos rebotaban en medio de mis nalgas y su pelvis se unía a la mía rodando sus vellos mami vulva una y otra vez plap plap plap se escuchaba al juntarse nuestros cuerpos con más intensidad en cada violenta embestida que me daba, apretaba con mis puños el mantel de la mese o sus brazos sintiendo que me acercaba a otro orgasmo.

    Pensé que se vendría dentro de mí y le dije: ¡recuerda que los quiero en mi boca, no te vengaas dentrooo! ¡¡¡Le repetí dos veces con mi voz entrecortada por el placer que sentí al llegar mi orgasmo!!! ¡¡¡Apretaba mis piernas alrededor de su cintura, empujaba su pecho, era un mar de confusión!!! Quería me lo sacará y no se corriera dentro de mí y a la vez quería que siguiera bombeando y que su venoso pene nunca saliera de mí, qué placer tan grande me daba éste chico!! No sé preocupe señora todavía falta mucho…

    Y diciendo eso se salió lentamente de mi vagina y me hizo ponerme en 4, separó mis nalgas y me besó el ano, en ése momento sabía que quería cogerme analmente, puso su duro miembro en la entrada de mi ano y apoyándose en mis caderas me lo fue metiendo poco a poco haciéndome sentir toda su longitud, su hinchada vena rosaba deliciosamente mi ano, haciendo mi placer más intenso hasta que sentí su vientre pegado a mis nalgas, se quedó quieto con todo su pene dentro de mi ano y después comenzó a moverse en círculo sin sacar nada, yo ya moría de gozo y movía mi cadera hacia atrás para que me volviera a penetrar!!!

    Enfiló su miembro y separando mis nalgas con sus manos me lo metió completamente de un solo empujón haciendo que arquera mi espalda al sentir como me abría y ocupaba toda mi ano con su pene venoso y comenzó a embestirme a muy buen ritmo, riquísimo!!! Que ricas nalgas tiene señora y cómo se come todo!!! ¡¡¡Qué rico aprieta!!! Me dijo

    Yo movía mis caderas al compás de sus fuertes embestidas y apretaba mi ano alrededor de su pene sintiendo más el roce de sus venas al entrar y salir, sus testículos se balanceaban al igual que mis senos en cada profunda penetración que me daba!! Recargue mi cabeza en la mesa empinándome aún más y así sentirlo en toda su longitud como entraba y salía vigorosamente de mí, metí mi mano entre mis piernas y con mis dedos acariciaba sus gordos testículos hizo lo hacía bufar de placer y con más fuerza me embestía!! En ese momento su celular, interrumpió, no contesto pero seguían insistiendo, contesto y era su patrón, donde carajo estas, necesitan gas en la calle Hidalgo, -voy señor, tuve un problema, pero voy en unos minutos.

    Me tomó con fuerza de la cintura y aceleró aún más sus movimientos dándome bien duro y profundo y con un fuerte rugido sacó su pene plop!!! ¡¡¡Me volteo y comenzó a eyacular en mi cara y recibí tres fuertes chorros de espeso y caliente semen que llegó hasta mi garganta, cogí su pene y lo metí en mi boca mientras él solo bufaba y empujaba su cadera hacia mí expulsando las últimas gotas de semen dentro de mi boca con sus manos en jarras sobre su cintura!!! Se lo exprimía con mi mano y acariciaba sus testículos mientras con mi lengua lamía su tronco y glande dejándolo limpiecito, mis labios rodeaban su venoso pene evitando derramar alguna gota de su caliente esencia, lo miré a los ojos y él sonreía satisfecho.

    Creí que esta rica cogida llegaba a su fin, pero él dijo no me importa que me corran, la quiero volver a coger, solamente le sonreí, su pene había perdido el vigor, le ofrecí un café y un pan de dulce, una vez que comimos el refrigerio, nos acomodamos en el sofá de la sala. Se acercó a mí y me besó con su boca cálida, acariciando todo mi cuerpo al mismo tiempo. Sus besos viajaron desde mis labios por mi cuello hasta llegar a mis pequeños pero ricos senos.

    Su celular volvió a sonar, y dijo, voy señor, tengo problemas con el carro, pero lo estoy arreglando, el jefe pareció creerle, pero le decía no pierdas mas el tiempo., cuando colgó, los mordisqueó suavemente una y otra vez, lo que provocó que yo gimiera levemente. Él llevó lentamente más abajo su mano derecha, mientras su izquierda y su boca continuaban jugando con mis senos. Su mano se posó sobre mi muslo.

    Disfrutaba de la ternura de ese macho desconocido y cada vez estaba más excitada. Así que me dispuse a mirar su miembro. Estaba complacida de ver que su pene estaba erecto otra vez. Mientras su mano izquierda masajeaba mis senos, luego se arrodilló frente a mí y me abrió las piernas. Usando sus dedos, separó suavemente los labios de mi coño antes de comenzar a lamer suavemente el clítoris con la lengua. Era muy bueno con la lengua.

    Él lamió y chupó mi clítoris y metió dos dedos en mi húmeda cueva de amor, mientras yo solo me retorcía de lujuria. Mis gemidos se volvieron más violentos, más fuertes y después de unos minutos, el semental me había lamido hasta llegar al clímax. Respiré hondo y lo miré feliz. Él sonrió ampliamente y dijo: -¡Espero que no hayas tenido suficiente! Únicamente sonreí y negué con la cabeza. Sin previo aviso, colocó su glande en mi húmeda y dilatada vagina, inmediatamente la penetró profundamente. -Ahhh, gemí en voz alta. Comenzó a follarme duro y rápido. Agarré sus muslos con las manos y lo atraje hacia mí para que pudiera tomarme aún más intensamente. Gemí en voz alta con cada embestida violenta y él también dejó correr libremente su lujuria.

    Después de unos instantes, el repartidor de gas: me dijo… acuéstate boca abajo y sepárate las nalgas. Ya en ese posición sentí como se montó encima de mi separando mis nalgas y escupiendo bastante saliva directo en mi hoyito, se acuesta encima de mí y comienza a meter parte de su gran verga que a pesar de estar bastante caliente y con ganas de que me rompiera el culo me provoco un poco de dolor y con mis manos lo empuje un poco hacia atrás diciéndole: Despacio papi por favor: Dándome un par de nalgadas, dijo, ni madres cabrona quiero romperte el culo y ahora vas aguantar toda mi verga.

    Acto seguido puso mis manos detrás de mi espalda y colocando de nuevo su verga en la entrada de mi ano dejo caer todo su peso encima de mí logrando enterrar todo su pito gordo dentro de mí, lo cual hizo que obviamente soltara un grito de dolor pidiéndole que me la sacara. Yo: Nooo, baby así no… por favor sácamela porque me duele… me duele mucho sácamela. Pero tal parece que le pedí lo contrario porque comenzó a darme unas bombeadas bastante duras y profundas mientras tanto yo ahogaba mis gemidos de dolor y placer con la almohada del sillón.

    Después de unos minutos de ver que realmente este hombre quería romperme el culo sin piedad no me quedo más que comenzar a disfrutar jajaja y aceptar que para eso lo había seducido… Unos 5 minutos después me dice: Repartidor de gas: Ponte de perrito en la orilla del sillón y apenas estaba acomodándome cuando me agarra de la cadera y entierra toda su verga dentro de mí sin avisarme…

    En ese momento creí que se me salían los ojos de tremendo empujón de verga que me dio y nalgueándome continuo con sus embestidas como un verdadero macho semental: ¿Te gusta puta?… ¿Te gusta cómo te estoy cogiendo? ¿Esto querías verdad? Yo: Si cabron, esto quería… al verte me di cuenta que eras todo un cabron… sigue por favor dame más duro. El añadió; cabrona no quieres que te deje leche en la vagina por eso estoy desquitándome con tu ano.

    El repartidor de gas, comenzó a nalguearme muy fuerte y a jalarme el cabello, y me dijo pinche puta… desde que abriste la puerta, estuve pensando en tenerte así y ahora eres solo mía cabrona… no quiero que andes de puta ofreciéndote a cuanto cabron entra en tu casa oíste, me ordenaba como si fuera mi dueño. Yo solamente, dije, con gemidos de placer, si papito de hoy en adelante seré solo tu puta y tu mi macho para que hagas conmigo lo que quieras. Aquel semental, sonrió y dijo, así me gusta… que sean obedientes las pinches putas… además para eso están.

    Después de unos 15 minutos que me estuvo montando así en la orilla del sillón me hizo acostarme de nuevo. Acto seguido me empezó a tocar las nalgas, con una mano, mientras que con la otra se acomodaba su pene en mi vagina, me empezó a penetrar despacio, yo estaba con los ojos llorosos, sabiendo la idea que estaba siendo penetrada por un hombre desconocido en mi propia casa, así que empezó a penetrarme con fuerza haciéndome gritar moderadamente, después me tomo del cabello con una mano y con la otra me levanto una pierna, esto era para poder penetrarme más cómodamente, sentía unos jalones en mi cabello que me hacían arquear la espalda, soltó mi cabello y con su mano me tomo del cuello y acerco su cabeza a la mía, el empezó a besarme los labios y lamerme la cara y la oreja y a decirme varias cosas…

    Estas bien bonita y buena, que rica señora me estoy cogiendo, siempre quise cogerme una puta ama de casa, te voy a disfrutar hasta que me canse mamacita, siente como te meto mi verga, te lo tienes bien merecido por andar invitando a hombres cuando estás sola en tu casa, mientras decía esto, yo empezaba a sentir como metía su pene cada vez con más fuerza, hasta el punto de sentir dolor, pero a la vez excitación así que empecé a gemir.- Aaaah, aaaah, ummmm -Jajaja ya ves, te está gustando pinche perrita golosa. Cógeme fuerte, no se detenga -Pero no grites tan fuerte hermosa, porque vayan a escucharte en la calle.

    Él seguía hundiendo con fuerza su verga en mi interior, mi abdomen sufría fuertes espasmos y mis piernas estaban acalambrando. Él me estaba penetrando violentamente, como un animal, sentía todo su peso caer sobre mi vagina enterrándome la verga hasta topar, cada que lo hacía yo quería gritar, pero el aire me faltaba y grité del dolor en repetidas ocasiones. Entonces el metió sus dedos en mi boca callándome.

    Continuó cogiéndome brutalmente de forma frenética, la penetración era muy rápida y el gasero estaba muy agitado, sentía sus gotas de sudor caer sobre mi piel, entonces él se lanzó sobre mis senos para lamerlos, eso me hizo sentir un poco de alivio pues era como una caricia que me relajaba, después comenzó a succionarlos y apretarlos muy fuertemente con sus manos, pellizcaba y jalaba mis pezones rositas provocándome un dolor insoportable, sentía como si me los fuera a arrancar. Me estaba atormentando con una mezcla de dolor y placer que me arrebataban fuertes gemidos: -¡aah! ¡aau! ¡mmm! ¡aahh! ¡sí! -Él disfrutaba mucho hacerme sentir placer y causándome dolor a la vez, cada que me quejaba podía ver su cara de morbosidad.

    Estábamos completamente desnudos, bañados en sudor y de nuestros líquidos internos, siendo follada durante media hora quizá, escuché el timbre de mi celular sonando, provenía de mi bolsa y sentí como el semental al escuchar mi celular aceleró el ritmo y me comenzó a embestir como un animal, me lastimaba mucho el fuerte impacto de su cuerpo en mi zona femenina, me destrozaba por dentro violentamente con esa verga gorda, pude ver como cambió el gesto de su cara, se veía como un animal desbordando de lujuria.

    Yo gemía de placer al estar siendo penetrada de forma tan vigorosa, que un calor fue alimentándose en el fondo de mi vientre, era como una llama que ardía de placer en mi interior, sentí una sensibilidad y excitación única en mi vagina, mi piel se erizaba levantándome los pezones y dejándolos duros como montañas, las piernas se me entumían, y mis ojos se me desviaban hacia arriba del placer que me provocaba esa tremenda verga, mi abdomen se contraía y mis piernas comenzaron a temblar a la vez que mi vagina se convertía en un rio de agua dulce, estaba teniendo un fuerte orgasmo. -Ay señora MILF, te viniste bien rico, que buena estás mamacita, eres una putita -Yo solo podía escuchar el sonido húmedo de nuestros cuerpos al chocar piel con piel.

    De pronto el gasero comenzó a jadear muy fuerte hasta que de un empujón me enterró la verga hasta topar, sentí que me rompió por dentro con esa última embestida y como un chorro de semen caliente me inundó provocándome espasmos, el muchacho permaneció dentro de mí dejando caer todo su peso, estaba muy agitado y cansado, me mojó de sudor. Yo sentía mi vagina mojada de semen escurriendo, mientras ese hombre sucio iba perdiendo la erección, me había usado a su antojo, saciando su lujuria, tal como yo quería. Al recuperar la conciencia, le dije cabron te dije que no te vinieras adentro, el solamente sonrió.

    Nos levantamos, su celular no dejaba de sonar, y me dijo. -Que rico coge señora gracias, y dándome una delicada nalgadita se vistió y se fue… nos volveremos a ver mi amor, ahora seré tu gasero oficial, yo me quedé acostada un rato disfrutando de lo que había recibido y pensando en lo que había hecho y en mi propia casa.

    Me levanté, me limpié el semen que escurría de mi vagina y lo bebi, revise mi celular y era mi marido, lo llame y me dijo donde andabas, me hablo el jefe del gas y dice que su chalan nuevo no regresa que fue a nuestra casa, sabes algo, le dije no amor, vino, conecto el gas y se fue quizá tuvo un inconveniente, bueno bye, le colgué, me fui a bañar, totalmente relajada y satisfecha, aquel señor del gas culmino lo que mi marido dejo a medias.

  • Con mi novio en el cine

    Con mi novio en el cine

    Con mi novio Nicolás decidimos probar algo nuevo y caliente.

    Por lo tanto quedamos en que hoy iríamos al cine a tener sexo ahí.

    El ambiente del cine todo oscuro y romántico a la vez me excita junto con el componente de adrenalina, es por eso que acepté la propuesta de Nicolás.

    Mi novio es un hombre experimentado de 44 años, por eso siempre aprendo cosas nuevas del sexo con él y me da mucha más experiencia.

    Yo tengo 20 años recién cumplidos y empecé a experimentar el sexo con Nicolás.

    La primera vez fue fabulosa y desde ese entonces me volví una adicta al sexo.

    Ingresamos al cine, todos se acomodan en sus asientos rojos, yo y mi hombre nos sentamos en los últimos del fondo.

    -Aquí, te voy a poder manosear todo lo que yo quiera- me dice mientras pone una de sus manos en mi muslo y lo acaricia.

    -Ya quiero que llegue nuestro momento- le respondo mientras le doy un beso y hago que su lengua toque la mía.

    Me responde a mi gesto con besos húmedos en el cuello que ya me empiezan a excitar demasiado.

    Pasan las aburridas publicidades y por fin empieza la película.

    Todas las luces se apagan por completo y en la sala solo reina el sonido de la película.

    Todos están concentrados, nadie nos prestara atención.

    Me levanto despacio y me siento a horcajadas sobre Nicolás.

    Me presiona bien fuerte las nalgas, nos besamos con más pasión que antes mientras busca con sus manos levantar mi top y finalmente mete su mano dentro.

    Me toca las tetas por encima del sostén, no paramos de besarnos y yo empiezo a frotar mi vagina contra su pene aun dentro de su pantalón.

    Me quita el sostén y el top. Cuando mi torso queda completamente desnudo me empiezo a frotar más rápidamente y salto encima de el para que se deleite la vista con mis tetas.

    Él deja de besarme la boca para poder besarme los pechos y con la punta de su lengua me lambe el pezón mientras lo muerde suavemente, pero hace todo esto sin que sus manos suelten mis senos.

    Me separe de mi novio tengo muchas ganas de chupar su rica verga.

    Me pongo de rodillas y él se baja su pantalón a la altura de las rodillas y su bóxer.

    Admiro la pija que tantas alegrías me ha dado y la tomo con ambas de mis manos, se la toco de arriba para abajo mientras le paso la lengua por su cabeza, la humedezco bien y luego abarco toda su longitud con mi lengua.

    Él tomó un buen mechón de mi cabello y me ayudo a mover la cabeza para los costados para que el sexo oral sea más placentero.

    Me agarro la cabeza y la hundió en su verga.

    Yo deje mi cabeza quita sin hacer movimiento alguno, pero mi lengua aun se la seguía chupando.

    Luego de unos minutos sentí una descarga caliente en mi garganta y supe al instante que se trataba de su semen.

    Luego de que me tome hasta la última gota lo mire a los ojos y le sonreí.

    Él me volvió a besar aun con el olor de su leche en mi boca.

    -Preciosa- me dijo mientras volvía a tomar mis pechos.

    Pero no lo deje hacer más nada porque me baje la tanga (solo me quedo mi falda) y me volví a sentar en sus piernas, pero esta vez tome la verga en mis manos y la clave en mi vagina.

    Luego me moví bien rico en círculos y dando saltos como a él le gustaba mientras lo abrazaba y ponía mi cabeza en su hombro.

    Nicolás me tomo de la cintura y me ayudaba a saltar mucho más rápido, aclaro que sus embestidas también tienen una velocidad impresionante.

    Empezamos a gemir ambos al mismo tiempo y un hombre que estaba sentado al lado de nosotros se bajó el pantalón y empezó a frotarse su verga.

    -Mi amor, estamos causando excitación en la gente- me dijo Nicolás mientras me embestía con más fuerza.

    -Eso es increíble- le respondí.

    Empecé a moverme más rápido y luego mi novio me penetro profundamente para luego cambiar de posición.

    No son muchas las posiciones que podíamos hacer en el cine, pero lo que a mí más me gusta es poder saltar en su verga, por lo tanto, lo que decidí fue sentarme encima de él, pero dándole la espalda.

    Él me agarro de las tetas y su verga quedo dentro de mi culo como yo lo quería.

    Me moví hacia delante y hacia atrás, ese movimiento me permitía sentir como su verga entraba y salía de mi culo, como palpitaba su pene adentro mío y sus manos manoseando completamente mis senos.

    Hicimos esa posición durante varios minutos hasta que él eyaculó nuevamente y yo mire en la dirección donde estaba el hombre masturbándose.

    Estaba hipnotizada viendo ese espectáculo porque el tipo tenía buena verga.

    -¿Quieres chupársela- me pregunto mi novio.

    -Claro- respondí y me puse de rodillas frente a nuestro espectador.

    El hombre dejo de masturbarse y me permitió agarrar su verga.

    Antes de introducírmela en la boca le pregunte su nombre y me informo que se llamaba Sebastián.

    Empecé a chuparle la cabeza de la verga a Sebastián y me di cuenta en la primera lambida que le hice que era una verga diferente a la de mi novio, pues, era mucho más gruesa porque la de Nicolás es más larga.

    Por lo gruesa que era apenas me entro en la boca cuando la introduce entera mientras se la saboreaba completa, pero aun así me encanto chuparle la pija al hombre.

    Se la chupe y la disfrute por unas cuantos minutos hasta que eyaculo en mi boca y pude disfrutar de su leche también tragándola toda.

    Luego volví con mi novio Nicolás y me senté en sus piernas a ver lo que quedaba de la película, porque ya faltaba poco para que terminara.

  • Mi hija depresiva (padre e hija)

    Mi hija depresiva (padre e hija)

    Qué paradoja, por más amigos de Facebook que tengas, hoy poseemos una conexión inmensa, pero estamos más aislados que antes. Podríamos tener infinidad de amigos en el Face, muchísimos seguidores en Instagram e inclusive tiktok.

    ¿Pero, cuantos nos llaman para compartir algo por la noche cuando la soledad avanza?

    Este es el caso de mi hija que, sin ser psicólogo, me doy cuenta como pasa emocionalmente sus días.

    Se siente sola, los demás se alejan o la separan, sin poder conectarse.

    No tiene seguridad de sí misma, su autoestima esta por el piso.

    Digamos… la veo depresiva, desde que perdió el vínculo que la ataba a su madre, quien se fue de casa tras los pantalones de otro hombre, que según ella, le ofrecía cosas materiales que yo no le podía brindar.

    En este punto lo verdaderamente importante es Elsa, mi hija, quien no decidió sobre la vida de su madre, esa madre quien impuso este estado sobre su hija llevándola por estas conductas, la cuales la guiaron a caer en este círculo de soledad.

    A partir de ese desafortunado suceso, Elsa, fue decayendo a pasos agigantados, ya de por sí, tenía un leve sobrepeso, que, con el bullying innato de la crueldad adolescente, la hacía sentir mal.

    Soledad, tristeza, apatía, siempre durmiendo, era su rutina, rutina que no le permitía relacionarse.

    Cierto día, y con mucho dolor en mi alma, decidí hablar con ella al respecto, para abordar lo más urgente.

    -Elsa por favor, podemos hablar un rato.

    -Si papi, en un segundo estoy con vos.

    Mientras esperaba que salga de su cuarto prepare unas gaseosas para compartir y paliar el calor.

    -Si papito ¿que necesitas?

    -Específicamente hablar con vos sobre algo que me preocupa, quiero que te sinceres y me expliques que te está pasando.

    -Papi, ya sabes que me ocurrió, todo comenzó con la historieta de mama.

    -Pero hay algo más detrás hija, ya habíamos dialogado sobre el tema y si bien fue y es duro de aceptar, convenimos que cada uno es artífice de su propio destino, para usar una frase hecha. Pero como padre me doy cuenta que hay algo más de fondo.

    -Es que me da mucha vergüenza hablarlo con vos.

    -Hija, soy tu padre, si no puedo entenderte yo, quien lo va a hacer.

    -Bueno, todo comenzó con los desprecios por mi exceso de peso, fui siempre centro de las burlas y cargadas, invitaciones que no me hacían, que si lo sumamos a lo aplicada en el estudio, era la gorda y nerd de la clase.

    -No es solo eso.

    -Hace unos meses atrás un chico me invito a salir, fuimos al cine a cenar unos panchos y luego a una plaza a charlar, todo venía bien, me beso y me pidió que sea su novia, acepte, y con el correr de los días, era quien más me cargaba en la universidad, mofándose descaradamente, hasta que un día le dije que no lo quería más en mi vida.

    -Bien hecho hija, mientras me comentabas estaba pensando en darle un escarmiento visual, (creo que con mi idea la pueda hacer retroceder y tener la hija alegre que tuve alguna vez) a que me refiero, desde hoy somos un equipo más fuerte, mañana empezamos el gimnasio los dos y va a ver que belleza y que mujer dulce perdió.

    -Bueno pa, si vos lo decís.

    -Yo no lo digo, vos lo sos, vos podes.

    Antes que se arrepienta fui al gym que está a dos cuadras de casa para sacar dos membresías. Comenzamos el lunes.

    Para animarla más fuimos a la casa de deportes a comprar ropa deportiva.

    -Papa, podes pasar a ver cómo me queda.

    Al correr la cortina del probador, mis ojos no daban crédito a lo que veía, allí estaba Elsa, mirándose al espejo, con unas calzas, creo le dicen pescadoras, y con el torso descubierto, sus grandes senos se movían con gracia en el pecho, los pezones erectos apuntaban hacia adelante, debo reconocer que hacían juego con su anatomía. Más la miraba, menos podía entender la visión de los chicos, es bellísima.

    Instintivamente la trate de cubrir con su remera, cerré mis ojos dándome vuelta. Ella reía estrepitosamente al tiempo que me decía…

    -No seas pavote, sos mi papa, si yo no tengo vergüenza menos debes tenerla vos.

    -Pero hija es que creciste, sos toda una mujer, hermosa. (lo dije con el rubor y el calor que se siente por pudor)

    Luego de hacer las compras regresamos a casa, nos probamos la ropa con mayor comodidad y nos gustó. Aprovecho la ocasión para molestarme con lo sucedido, me encantaba verla así, había dado un vuelco a su tristeza, se lo dije y acercándose aplico un gran beso en la boca que me dejo atónito.

    Ya en la cama pensaba en lo que había vivido hoy con Elsa, mi miembro había cobrado vida, estaba que quería salir del calzoncillo, cuando de repente se abrió la puerta de la habitación, a través de ella se recortaba la silueta de mi hija, quien avanzo hacia la cama y con un… permiso, se metió entre las sabanas, aclaro que habitualmente lo hace, no sin antes preguntarme y ver algo de televisión juntos.

    Ya dentro, se recostó de lado y me pidió que la abrace.

    -Freddy, abrazame fuerte por favor, (nunca me había llamado por mi apodo) sos el único que me entiende y contiene, necesito de tus brazos fuertes, necesito que me protejas.

    -Elsa, siempre te voy a proteger como cuando eras una niña.

    Sin otra palabra, la abrace, pego sus glúteos a mi pelvis, aunque era evidente la dureza de mi pene, no se retiró, al contrario, comenzó a moverse refregando su trasero. Intente correrme, no lo permitió, paso su mano sobre mi cadera y me retenía.

    -No hija, por favor…

    -No digas nada, en este momento, somos solo vos y yo, no vengas con cuestiones morales, eso déjalo en el pasado, en la generación de los abuelos. A parte, vos sos un hombre y yo un mujer, que más decir.

    Me quede pensando un rato, la intención era que mi erección pasara, pero no fue así, se me representaba la imagen de las tetas de mi hija en el probador, lo que hacía más difícil todo.

    La falta de sexo y la imagen de mi reina casi desnuda pudieron más, suavemente la gire quedando frente a frente, tomando la iniciativa me beso muy tiernamente bajando lento su mano hacia mi calzoncillo para tomar el pene. Comencé por acariciar ese bello cuerpo, cada zona de piel era un desafío, al pasar por el sujetador en su parte delantera lo desabroche para sacarlo, exponiendo esos pechos, sus ojos negros me observaban, destellos de pasión emanaban de ellos. Continué con mis caricias hasta llegar a su tanga, rodeando su contorno con los dedos como dibujando su figura en la piel, hasta llegar a ese triángulo tibio que se encontraba húmedo por el placer proporcionado de mis caricias. Los delgados dedos traspasaron esa frontera de tela para acariciar piel a piel ese espacio de gozo, sediento de acción. El solo rozar su sexo hizo que se estremeciera.

    Nos quitamos la poca tela que quedaba en nuestros cuerpos, ya desnudos comencé a besarla con pasión, centímetro a centímetro de piel, fui avanzando, acercándome al premio mayor.

    Me sumergí en las mieles de su vagina, adornada por unos hermosos vellos pulcramente recortados coronando la vista que me daba la posición.

    Su excitación quedo expuesta, demostrándomelo con un orgasmo tremendo a los pocos minutos de saborear su breva, gemidos y suspiros llenaban la habitación solamente iluminada por el destello del televisor, que me dejaron observar como de a poco se ponía a gatas ofreciendo su sexo. Haciendo lo mismo me ubique detrás para conectar los genitales, introduciéndome de a poco, quería que disfrutáramos y lo estamos haciendo.

    Ya dentro por completo, comencé el juego sexual de ingresar y salir, muy delicadamente, disfrutando cada uno de los movimientos con el roce de mi pene en su vagina. Los testículos golpeaban su entrepierna con una lenta cadencia rítmica, al punto de fusionarnos sincronizadamente en un acto sexual épico. La penetraba lento y cada vez más y más rápido, sentí como sus músculos vaginales apretaban mi miembro para provocarme más placer, el semen se alborotaba en mis testículos en su lucha por no salir, quería aguantar y seguir disfrutando de esta noche tan especial.

    Sé que no debería sentirme así con el cuerpo de mi hija, pero la pasión impuesta por Elsa es ineludible.

    Escuchar esos gemidos que afloraban de su boca y saber que yo era la causa de ellos me incendiaba, sus caderas se mueven en un fuerte vaivén, estiro mi mano para tomar su seno que pendía oscilante, su duro pezón me invitaba a jugar, el inminente orgasmo me hizo salir de su interior, su cara de sorpresa me hizo esbozar una sonrisa, sumerjo la cara entre sus muslos para bucear entre sus labios vaginales con la lengua, saboreando el gusto y aroma del sexo, Elsa deja caer la cabeza sobre la almohada, dejando bien y en toda su inmensidad, su vagina expuesta a mi disposición, sus jugos agridulces invadían mis papilas gustativas que recibían oleadas de flujo, busco el clítoris duro, candente y erecto, no necesito mucho tiempo, su orgasmo fue explosivo. Sin dejar pasar el momento, retomo mi tarea anterior, esta vez con más vehemencia, de un solo golpe me introduzco nuevamente moviéndome casi con violencia, nuestros cuerpos chocaban entre si haciendo un ruido entre acuoso y de golpeteo. Comenzó a gemir nuevamente lo que hizo a mi esperma salir presuroso, impactando en el interior de Elsa, quien al sentir su tibieza, también detono su orgasmo, observando una cosa que nunca había visto, me pareció que se orinaba, pero no era así, luego investigando, me entere que se llamaba squirt, que es la eyaculación femenina.

    Ambos caímos de espalda sobre la cama, Elsa me acaricia a la vez que hago lo propio con esas hermosas tetas redondas y palpitantes por la agitación.

    -Gracias papa, me hiciste la mujer más feliz, el hecho de saber que recibí en mi interior ese cálido líquido del cual alguna vez fui parte hizo que mi libido aumentara a la máxima expresión.

    -Pero hija, no sé si está bien lo que hemos hecho, me deje llevar tanto por tu hermosura como por la pasión.

    -Ni se te ocurra disculparte, fui yo quien busco esto, estoy harta de la hipocresía y los tabúes, como así también los estereotipos que nos impone esta sociedad.

    -Te entiendo, si lo vemos así…

    -Gracias papa.

    -Yo debería agradecerte a vos, me encanto.

    No acabe de decirlo que bajo hacia mi verga nuevamente erecta, para hacerme un delicioso sexo oral, que me saco más de un suspiro y gemido.

    Poniéndose de espaldas en la cama me pidió que la penetrara nuevamente.

    Una vez que estuve dentro, sus piernas se cruzaron sobre las caderas acompañando mis movimientos hasta su orgasmo, cuando grito.

    -¡¡¡Papito acabo!!! (aprisionando más fuerte contra su cuerpo)

    Su grito tan dulce hizo que nuevamente llenara sus vísceras con mi semen.

    Pasamos toda esa noche haciéndonos el amor, pocas palabras, mucho sexo, de todas las formas imaginables.

    Amanecimos abrazados, nos despertamos con el sabor del sexo en nuestro cuerpo, aun deseándonos con la mirada, nos besamos tiernamente e hicimos el amor nuevamente.

    Luego de un reparador baño, desayunamos.

    -Bella noche mi amor.

    -Si Freddy, la pase espectacular.

    -Ahora estoy con una duda, ¿no quedaras embarazada?

    -Para nada, (ríe estrepitosamente) como te dije cuando empecé a salir con el imbécil, por las dudas comencé con pastillas, las que no deje de tomar para no cortar de golpe, y se terminan la semana que viene, así que deberé seguir tomándolas.

    -Si mi princesa.

    El lunes siguiente, comenzamos con el gimnasio a full. Luego de algunos meses ambos nos pusimos en forma, yo tengo músculos que no sabía si quiera que los tenía y ella esta… como dicen los chicos ahora… perrísima.

    Tengo cuarenta años y ella veinte, cuando andamos por la calle caminando tomados de la mano, la gente se voltea a mirarnos, pero no nos importa, pues la edad es solo un número, lo que la gente ignora es el resto.

    Cierto día nos encontramos con el imbécil de la universidad, no podía creer lo que se perdió, intento hablarle pero no le salían las palabras, solo tragaba saliva. Pensar que se cambió de universidad por él y resto de zánganos, sin saber el mal que le hicieron, aunque la historia termino bien para nosotros.

    Hoy mi Elsa ha vuelto a sonreír, es nuevamente la princesa que supe tener, alegre, vital y jovial.

    Estamos programando un viaje, aún no sabemos dónde, pero lo queremos tomar como nuestra luna de miel y quien dice, capaz, poder irnos a vivir allí, con la total libertad que ello nos daría.

    Escuchar, hablar, prestar atención a los cambios, son cosas fundamentales para evitar males mayores. La depresión es un estado en el cual la persona decae poco a poco, día a día, a veces quien te quiere no es capaz de darse cuenta debido a la lentitud con la que se presenta. Los riesgos que conlleva son inmensos, hasta en algunos casos el suicidio.

    Que las pruebas por las que pasas, no te hagan olvidar todo lo que tu eres, lo que tienes para dar y todo lo que puedes disfrutar.

  • Sentir prohibido

    Sentir prohibido

    «¡Hola, buenas tardes! Soy Helen, seré hoy su- Ah… Me colgó… Otra vez» Es algo rutinario en mi vida desde que mi esposo murió hace varios años. Su muerte no fue importante para mí, y no es que haya sido interesada en su dinero ya que claramente no nos heredó nada cuando murió. Mi esposo no era la mejor persona: Mujeriego alcohólico y drogadicto que utilizaba una faceta de «hombre perfecto» para atraer a mujeres jóvenes. Un hombre así ¿Cómo pudo casarse? Bueno, por insistencia de sus padres y los míos… Pero aquello es otra historia.

    Mi trabajo es bastante difícil, al menos lo es en esta compañía. Vender productos y servicios, hablar con clientes tanto de forma presencial como por llamada, organizar reuniones, ayudar a mi jefa… Bueno, mi trabajo es un tanto confuso. Se supone que soy una vendedora ¡Y hago mi trabajo como es debido! Pero hago más trabajos de secretaria y asistente que la propia secretaria de mi jefa. Ella me dice que es porque soy más capacitada para ser una asistente al igual que una vendedora, pero realmente no me dice nada claro, es en parte por eso que mi trabajo es tan difícil. Si fuera solo una vendedora normal, mi turno acabaría mucho antes, pero no, mi jefa decidió darme un trabajo de asistente tras acabar mi turno y me quedo hasta que la jefa se va, muy tarde en la noche.

    Cuando llegó a casa, sencillamente me voy a dormir sin pensar en nada más. Cuando despierto por la mañana, el desayuno que mi hija preparó siempre me recibe y siempre se lo agradezco, pero siempre me hace sentir… Mi hija solo debería preocuparse por estudiar, no por ser ama de casa o algo así… Que haga eso es tanto reconfortante como lastimero. Me voy al trabajo tras alistarme, todos los días con la misma esperanza de que ese día sería el día en que me iría temprano a casa, pero luego mi jefa me pide que me quede un rato más después de acabar mi turno y luego me quedo hasta que ella se va. Regreso a casa y me voy a dormir. Todos los días era así hasta que, un día, todo cambio.

    Ese día había comenzado de forma normal, me levanté, comí el desayuno de mi hija y me fui a trabajar pero cuando acabe mi turno y me quedé sentada en mi escritorio, resignada a quedarme, una compañera mía se acercó a mí y me dio una noticia que casi me hace saltar de mi escritorio «La jefa no vino ya que se enfermó, así que puedes irte a casa» Eso me dio una emoción que no puedo explicar, y con dejándome llevar por mi sentimiento fue hacia mi hogar corriendo, esperanzada en ver a mi hija y poder prepararle finalmente una comida, pero cuando llegue no había nadie.

    Puede que no esté en casa todo el día, pero se cual es el horario de mi hija en la escuela «Salió con sus amigos» pensé, así que, por toda la vitalidad que sentía en mi interior, me puse a buscar que hacer pero… Los platos, todos estaban limpios, la casa ordenada y todo en general se veía impecable. Sara seguro lo hizo, pero ¿Mi pequeña hija siempre había sido así de organizada? Al ver que el oficio no era una opción ya no sabía que hacer ¿Veo una película, camino por la calle? No lo sabía, tanto tiempo, tantos días en los que me quede a ayudar en múltiples tareas a mi jefa me afectó realmente, ya no sabía que hacer en mi tiempo libre.

    Subí al segundo piso, iba a ir a mi habitación pero entonces vi el cuarto de mi hija al frente del mío, con la puerta ligeramente abierta. Sentí curiosidad, hace mucho que no entraba en la habitación de mi hija y tampoco había hablado con ella en mucho tiempo. Entre en su habitación con cuidado y la observé con atención. Según recuerdo, ella antes tenía múltiples posters de cantantes de Pop Cursi, estanterías llenas de juegos y un desorden que no te creas, pero eso fue hace tanto que cuando vi la habitación ahora como estaba no lo podía creer. Una habitación organizada, con estanterías repletas de libros, un escritorio perfectamente organizado, una cama tendida como si fuera la de un militar y ni una sola ropa en el suelo.

    Mis recuerdos y la realidad chocaban con gran fuerza ¿Cuándo fue que mi hija Sara cambio tanto? Esa habitación no parecía la de una adolescente, sino la de una adulta responsable ¿Cuándo pasó? Me puse a observar con más cuidado. El armario de mi hija estaba cerrado así que lo abrí y lo que vi me dejó con la boca abierta: su ropa estaba organizada de una forma tan pulcra e impecable que me dejó sin aliento ¡Yo nunca había sido así en la vida, ni siquiera en mi edad adulta! O sea, si… Mi hija tiene… Espera ¿Cuántos años tiene mi hija? ¿15, 16? No espera ¡Claro! Debería tener al menos 20 años ya… Vaya, 20 años… ¿En serio ya han pasado 6 años? Perdí la noción del tiempo hace mucho…

    Me puse a revisar con más cuidado, los tonos grises sinceramente eran algo deprimentes pero extrañamente modernos, pero no había rastro de aquella chica que recuerdo y eso me asustaba ¿Y si Sara ya no era mi Sara? En qué estoy pensando ¡Claro que lo es…! Debe serlo… Si no…

    Me puse a revisar un poco más la habitación y es como dicen «La curiosidad mató al gato» y es que lo que encontré me dejó atónita: En una caja debajo de la cama, limpia totalmente, había varios juguetes sexuales, y lo que me sorprendió no fue que los tuviera, ya que todos tenemos aquellas necesidades, o que hubiera tal cantidad, sino que, al igual que todo en ese cuarto, estaban perfectamente ordenados por tamaño y color. No era como si mi hija los tuviera para satisfacerse, sino más bien como si fuera una colección… Rara pero así parecía.

    Es más, algo que me extrañó bastante fue su olor, no es como si hubieran sido utilizados ¡Para nada! La gran mayoría tenían olores (¡Ni siquiera sabían que existía algo así!) y todos lo conservaban a la perfección. Como dije, no parecían haber sido usados en ninguna ocasión y eso ya me pareció extraño ¿Acaso mi hija tenía un extraño fetiche en coleccionar juguetes sexuales y no usarlos por placer? En serio, esto no cabe en la cabeza ¡Parece tan surrealista y contradictorio! Cuando ya estaba dejando de lado esa caja con esos juguetes tan perfectamente organizados, escuché una voz desde la puerta.

    «¿Mamá…? ¿Qué estás haciendo…?»

    Continuará…

  • La tribu de los rompeojetes

    La tribu de los rompeojetes

    Con 18 años recién cumplidos y muchas ganas de explorar el mundo, Amanda emprendió un viaje al África para conocer nuevos lugares.

    Se hospedó en un hotel en una isla con playa paradisíaca y guías muy amables que la llevaron a recorrer todos los rincones de ese lugar junto a otros turistas.

    Algo que le había llamado la atención, eran unos nativos del lugar, que se encontraban del lado no habitado de la isla. Era una reserva protegida para ellos en la que vivían según sus costumbres ancestrales y no interactuaban con los turistas.

    Cuando preguntaron sobre ellos, los guías habían dicho que sería mejor no acercarse demasiado a ellos, no porque sean violentos, sino que tenían algunas prácticas «poco ortodoxas».

    La juventud y la curiosidad llevan a una a aventurarse en situaciones de las cuales cuesta salir airosa y eso nuestra amiga lo aprendió a las malas.

    Lo de las prácticas raras fue algo que la intrigó bastante, así que una de las últimas noches de sus vacaciones, se arriesgó a ir sola a observar a los nativos.

    Se escondió entre unos árboles y ahí veía como se movilizaban. Eran todos bastante altos, muy pero muy negros, como nunca había visto y le llamaba la atención que sean todos varones. También le generaba curiosidad que sean pocos, no más de 15; además del idioma en el que hablaban.

    En un momento intentó acercarse y ellos la vieron sorprendidos. Cuando quiso darse cuenta, uno la tenía tomada por detrás, mientras otro la hacía beber un brebaje extraño que la dejó dormida en un par de minutos, mientras intentaba huir.

    Al rato se despertó y se encontraba atada de pies y manos, ubicada en el medio de lo que parecía un altar, mientras estaba rodeada de los miembros de la tribu que bailaban al ritmo de unos tambores y todo el lugar se iluminaba con antorchas.

    Lo primero que pensó era que sería sacrificada o comida por los miembros de la tribu y aunque no estaba tan alejada de la realidad, tampoco estaba preparada para lo que se le venía.

    Uno de los que tenía aspecto de ser el mayor de todos se acercó a ella y comenzó a hablar al resto —obviamente ella no entendió decía— luego se acercó a ella y le comenzó a arrancar la ropa, mientras ella temblaba por el terror. Pensaba que eran sus últimos momentos de vida.

    Una vez quedó desnuda, el hombre se sacó el taparrabos para revelar un enorme pene, algo que nunca había visto en semejantes dimensiones. El resto procedió a hacer lo mismo que el anciano.

    Él fue el primero en acercarse a ella y penetrarla con su miembro gigantesco y duro, mientras ella no lograba comprender lo que ocurría.

    Realmente le dolía mucho, el miembro era gigante y aparte no estaba lubricada, la estaban empalando en seco con un mástil de carne.

    Sin embargo, las embestidas del anciano en un punto comenzaron a generarle placer, aunque el dolor se volvía casi insoportable. Siempre había fantaseado con enormes vergas negras, pero jamás lo había pensado de esa forma.

    Luego de un buen rato penetrándola y con el resto de los miembros de la tribu desnudos y tocando tambores, sintió que el macho acercaba la punta de su tremenda pija a su ano, ella no sabía como reaccionar. Ya estaba entregada, simplemente cerró los ojos, apretó los dientes y comenzó a sentir como ese enorme pene le destrozaba el ojete con una fuerza terrible.

    Una vez el hombre eyaculó dentro de su ano, pensó que ya era todo. Nada más alejado de la realidad.

    Mientras el hombre volvía a colocarse el taparrabos, el resto se acercaba a emular a su antecesor. Todos tenían penes gigantescos, de proporciones extrañas para un ser humano. Unos 30 centímetros cada uno, realmente era impresionante.

    Uno a uno se iban acercando. Mientras alguno le cogía el culo, otro le metía la enorme verga en la boca para que ella la chupara.

    A pesar del dolor extremo, el placer también empezaba a aparecer con más frecuencia y los órganos sucesivos entraron en acción. Su vagina chorreaba mientras los despiadados nativos le desbarataban los orificios a puro pijazo.

    El sacrificio sexual estaba siendo consumado por los nativos, mientras el cordero de pasó del terror y el dolor, a un placer ligado al sadomasoquismo que no había conocido antes.

    Pasaron todos, la usaron, la disfrutaron y no pararon hasta que el último de ellos descargue su néctar seminal dentro de alguno de sus agujeros; ya sea el ano, la concha o la boca.

    Ella no daba más de placer y dolor, al punto que en un momento se sintió desmayar. Cuando recobró el conocimiento, estaba tirada a orillas de la playa, completamente desnuda y con dolores y ardores en el culo y la vagina, aparte de un dolor tremendo en la mandíbula y garganta, producto de abrir tanto la boca para que le quepan las enormes porongas de los nativos.

    Como pudo se reincorporó y fue hasta el hotel, desnuda y destrozada. Llegó al lobby mientras amanecía; uno de los empleados la vio, le ofreció ayuda de inmediato.

    Mientras los paramédicos a quienes llamaron para asistirla la evaluaban, escuchó lo que charlaban los miembros del staff del hotel: «Otra turista lo suficientemente idiota para meterse a ver qué hacen los indios. No aprenden más.»

    Ella estaba de acuerdo, pero en el fondo no se arrepentía de nada.

  • Mi yerno tan dulce como su semen

    Mi yerno tan dulce como su semen

    Me llamo Pamela, pero me pueden decir Pam, tengo 45 años, soy de piel morena, un poco alta, tetas y culo grandes por mi edad al igual que mis caderas y cintura.

    Mi hija tiene 21 y actualmente lleva 3 años de relación con su novio Omar que es un chico muy lindo con las dos, un hombre que yo hubiera deseado tener y algo me decía que el me quería tener a mi por como me miraba y algunos pequeños «accidentes» que había y no fue hasta un día que confirme mis sospechas.

    Estaba preparando la comida hasta que tocaron la puerta, fui a abrir y me encontré con Omar que llevaba dos ramos y un regalo, apenas me vio me saludo y dio uno de los ramos, lindo como siempre, lo deje pasar y se sentó en la sala, volví a la cocina y desde ahí charlaba, le pregunté si le había avisado a mi hija y él dijo que no que quería llegar de sorpresa, llame a mi hija para ver si se demoraba y dijo que seguía en la escuela y estaría un rato más ahí.

    Le comenté a Omar y dijo que esperaría, yo llevaba un top con algo de escote y una falda larga pero de esas semi transparentes con estilo de flores, notaba como me miraba desde la sala conforme me movía al cocinar, después de un rato termine de cocinar y me fui a sentar con él que se puso un poco nervioso pues me senté muy cerca, volvimos a charlar de diferentes cosas pero notaba como lanzaba miradas a mi escote que ahora era mayor.

    Acariciaba su pierna y mire abajo rápido con él cruzando un poco las piernas tratando de ocultar la erección que tenía, sabía que apenas llegará mi hija se irían a su cuarto a cerrar la puerta y tener sexo, el cielo se nublo un poco y empezaron a caer gotas, me levanté y volví a llamar a mi hija que seguía en la escuela pero no podía salir por la fuerte lluvia que había ahí, sabía que estaba con sus amigas así que no me preocupo mucho.

    Al colgar voltee a ver a Omar con una pequeña sonrisa traviesa y unos pensamientos pervertidos, es el novio de mi hija pero sabía que oportunidades como está eran únicas, volví a sentarme con él, le dije lo de mi hija y entendió, le empecé a hablar un poco más despacio y con voz algo seductora mientras acariciaba aún su pierna y me miraba algo nervioso hasta que le lance la gran propuesta.

    Yo: Omar, amor, quieres ir arriba? A mí cuarto…

    Él: para qué?

    Yo: Sabes bien para que amor.

    Subí las escaleras y rápido me metí a mi cuarto reemplazando mi ropa de casa por un baby doll sexy que uso de pijama más unas medias de red y los tacones negros que uso para el trabajo, espere unos minutos y no subía, me sentí algo triste y pensé en cambiarme pero escuché que tocaron mi puerta mientras escuchaba la tierna voz de Omar decir «¿puedo pasar?». Mi corazón empezó a latir bastante en ese momento y abrí la puerta.

    Apenas me vio como un suspiro dijo «ay dios» y se lanzó hacia mí con un rico beso en los labios, lo metí al cuarto y al cerrar la puerta lo puse en ella siguiendo el beso, fue un beso largo y sexual, nos separamos y aún algo nervioso dijo «¿en serio quiere tener sexo conmigo?» Y mi respuesta fue «mucho» me sonroje un poco al igual que él pero aun así no evito apretar mis nalgas y tetas sobre la ropa mientras yo hacía lo mismo con su pantalón.

    Bajo los tirantes y saco mis tetas para chuparlas y morderlas con fuerza mientras me decía que eran más grandes que las de mi hija, le quite la playera y el dejo caer el baby doll metiendo su mano en mis bragas para tocar mi coño ya húmedo y caliente, me las quito y se quitó el pantalón y bóxer, tome su verga que se seguía poniendo dura en mi mano y nos volvimos a besar, después del beso ya estaba totalmente duro y me mordió los labios al ver el tamaño de su verga grande para un joven de 19 años.

    Me puse de rodillas dándole suaves besos mientras lo miraba, lo empecé a besar, lamer y chupar en su verga, la metí suave a mi boca con mis labios y lengua tocándola en todo momento y el con una mano en mi cabeza movía suave sus caderas, con mi mano iba masturbando el resto y acariciando sus bolas que se sentían llenas, mi boca estaba caliente y bastante húmeda, la metí hasta donde podía y él con sus dedos entre mi cabello me jalo más.

    La intente sacar pero tenía más fuerza y estaba con los ojos cerrados disfrutando el momento, moviendo más rápido sus caderas, no lo tocaba y solo podía pensar si hacia lo mismo con mi hija y se lo tragaba igual, me estaba haciendo un garganta profunda y me quedaba sin aire así que como pude le di un pequeño pellizco en el brazo y él al verme me soltó, me veía avergonzado y pidiendo perdón mientras tomada aire, me levanté y lo volví a besar.

    Lo mire y me fui a la cama, me siguió mientras me subía estando en 4 con mi culo hacia él y le dije «no te disculpes amor, mejor ven a agradecerme» me miró y seguía tocando su verga y dijo «pero no tengo condón» lo mire y dije «está bien, no me puedo embarazar» pues me había operado, estaba lista para su verga pero en su lugar sentí un tierno beso en mi coño seguido de mucho placer húmedo.

    Mira a ver qué hacía y lo encontré comiendo mi coño, se sentía muy rico como movía la lengua por mis labios vaginales y lentamente se introducía en mi coño, sus manos tocaban y apretaban mis nalgas y piernas, podía sentir como generaba mas jugos y él los bebía con su lengua en mi interior, me dio unos besos más y se levantó aun tomando mis caderas para ponerme boga arriba, frotando su verga dura y húmeda en mi entrada, me sentía como una adolescente a punto de tener sexo con su novio a escondidas.

    Le dije que la metiera y él no se hizo de esperar y se empezó a mover en mi entrada para después empujar y meter la punta, desde ahí fue más fácil pues ambos estábamos muy húmedos, no podíamos evitar gemir y cruzar miradas de vez en cuando, yo estaba muy emocionada, llevaba bastante sin tener una verga de carne y mi dildo ya no me llegaba a satisfacer. La metió toda y pensé quedarnos unos segundos para acostumbrarnos.

    Estaba tomando aire y el tomo mis caderas para apoyarse y empezar a moverse rápido mi reacción fue inmediata llevando mis manos a su pecho intentado bajar la velocidad pero él me ignoró y se seguía moviendo muy rápido, me excitaba mucho como sonaba el cuarto de su verga que no paraba de entrar y sus bolas que chocan con mi coño, me veía excitado y jugaba con mis tetas que no paraban de saltar.

    Bajo su cuerpo y me abrazo de manera sexy y tierna, me dio besos en el cuello y mis manos se movían por toda su espalda soltando mis gemidos en su oído y el también en el mío, veía la puerta y por un momento imaginaba que mi hija nos viera, mi coño se apretaba más cada que pensaba en mi yerno follandome, él bajo y chupo mis tetas mordiendo mis pezones que se pusieron duros al instante.

    Me la saco de golpe y tomándome de las caderas me puso boca abajo y levanto mi culo, apenas iba a decir algo y la volvió a meter más duro que antes, me aferre a las sábanas con manos y dientes y él me ponía las nalgas rojas de nalgadas, si estaba desacostumbrada al sexo ahora el sexo duro me estaba rompiendo, él me decía «suegra» cada que podía y eso me hacía sentir más puta y caliente.

    Estaba mojando las sábanas con mi saliva, sudor y jugos y sentía como si su verga estuviera penetrando mi útero, empezó a besar mi nuca y espalda mientras una de sus manos frotaba mi clítoris y la otra levantaba mi cabeza para que dejara de morder la sábana y pudiera gemir mas, levanté la vista un momento y vi mi teléfono con un mensaje de mi hija preguntando si podía pasar por ella, lo tome un momento y respondí que me esperara para después lanzarlo a un lado para que no molestará.

    Sus manos iban desde mi espalda hasta mis pies recorriendo cada centímetro y tomaba los tacones para jalar mis piernas más hacia arriba, todo lo que sentía junto fue demasiado para mis piernas y caí boca abajo en la cama, me disculpé y me estaba volviendo a levantar cuando sentí su peso sobre de mi y como la volvía a meter, apenas pude levantar un poco mis nalgas cuando él me volvió a martillar.

    Estaba totalmente dispuesta a él como una puta barata mientras su mano apretaba mi cuello cortando el aire y obligando a mi mente a enfocarse en su verga, mis pies se movían desesperados y poco después trate de juntar mis piernas mientras gritaba mis gemidos y manchaba la cama de jugos que habían salido de mi orgasmo, mi mente estaba perdida en el placer mientras empezaba a relajarme pero él tenía todo el cuerpo tenso.

    Rápido quitó mi cabello de mi rostro y nos besamos mientras él se mantenía lo más adentro posible de mi soltando su semen hasta dejar sus bolas vacías, sonreímos e iba decir algo pero lo interrumpí diciendo «gracias mi amor» con un tierno beso, mi teléfono volvió a sonar y fue que recordé a mi hija, me levanté rápido tomando un pequeño baño y cubriendo con ropa lo más posible de las marcas de besos o mordeduras que me había dejado Omar.

    Fui por ella y al regresar todo parecía normal, él ya estaba vestido y recibió a mi hija con un tierno beso y apretón de nalgas, una hora después escuché como estaban follando en su habitación. Desde ahí he vuelto a seducir a Omar y nos hemos acostado otro par de ocasiones e incluso he fantaseado con decirle a mi hija y tener tríos ¿qué dicen?

    Bueno, muchas gracias por leer y espero que les guste.