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  • Pigmalión para Marisa (segunda parte): Primaria

    Pigmalión para Marisa (segunda parte): Primaria

    Capítulo anterior:

    “Pigmalión para Marisa (primera parte): Preescolar”

    Al día siguiente, muy temprano por la mañana, Marisa me llamó. Reconocí su voz en el acto y temí una bronca de campeonato. Pero no…

    -He pasado toda la noche llorando. Llorando sin parar, no he dormido ni un minuto.

    -Marisa, lo siento, yo no pretendía en absoluto…

    -No tienes que disculparte. La que fue una borde fui yo. Te estabas comportando como un caballero, como un compañero, como un hermano… ¡Ay, no sé ni lo que digo! Y me tuve que dejar llevar por… por no comprendo muy bien qué. Pero lo cierto es que, a medida que avanzaba la noche, iba teniendo más y más claro que tú tenías razón, que tengo que recuperar mi autoestima, mi dignidad… y que tengo que poner el sexo en mi vida. Pero tengo miedo, me da pánico encontrarme con un burro. Manu, ayer me demostraste que, además de ser todo un hombre, eres delicado, amable, comprensivo. ¿Podemos volver a empezar? Pero, esta vez, iríamos un poco más deprisa.

    -¿Cuánto más deprisa? -al punto me arrepentí de la pregunta.

    -Lo dejo a tu criterio, me entrego completamente a ti, lo que tu digas que haya que hacer será lo que se hará. Pero quiero que vengas, quiero que volvamos a empezar. Por favor.

    -¿Cuándo te va bien?

    -Por mí, como si vienes ahora.

    -Tengo dos cosillas que resolver. ¿Te va bien que aparezca a las diez?

    -A las diez, pues

    -Perfecto.

    -Manu…

    -¿Qué?

    -Un beso.

    Tuve que pedir favores y mover alguna influencia para que me abriesen a las ocho de la mañana una tienda; me llevé lo que me interesaba y lo metí en mi inseparable mochila urbana. Iba vestido de una manera más informal que el día anterior: unos vaqueros, una t-shirt y unas zapatillas deportivas sin calcetines. Fui a mi oficina, dejé resueltos los dos asuntos que tenía pendientes y le dejé una nota a mi ayudante diciéndole que no iría a la oficina en todo el día, que no me llamara si no había fuego y que cualquier cosa que tuviera que decirme me la pasara en un mensajillo por el móvil, pero que tuviera en cuenta que no sería atendida probablemente hasta mucho rato después. Decidí tomar un taxi y dejar el coche en el garaje, no fuera a correr el alcohol -lo dudaba mucho, pero…- y a las diez en punto estaba llamando al timbre de casa de Marisa.

    Me abrió la puerta y me recibió con una sonrisa. Iba mucho mejor vestida, con una blusa de color salmón y una falda de tubo azul marino que le llegaba hasta las rodillas. Calzaba zapatos de tacón. Tal como había supuesto, vestir bien disimulaba un poco, no totalmente, pero sí lo suficiente, su incipiente obesidad. Se había maquillado ligeramente, se había dado un toque de sombra de ojos y se había pintado los labios -por cierto, muy bonitos-de un suave color fucsia. Casi parecía otra, no tenía nada que ver con el marujón del día anterior.

    La cogí suavemente por la cintura, sin hacer fuerza, y le di un beso en la cara, cerca de los labios, pero sin tocárselos, y ella me devolvió otro parecido, poniendo una mano sobre mi hombro. Fuimos al salón, y lo primero que hice fue entregarle el paquete que contenía lo que había comprado en la tienda.

    -Ya sé que lo apropiado serían unas flores. Ya llegarán. Pero lo principal, hoy, es conjurar traumas y para ello vamos a empezar por lo más sencillo, por el más tonto de los problemas.

    Ella abrió el envoltorio y apareció una caja, dentro de la cual había un ordenador portátil (y no precisamente de los más básicos: cuando hago las cosas me gusta hacerlas bien).

    -¡Ay, qué bien! Bueno, oye, ya te daré el dinero, que ahora mismo…

    -No te preocupes, es un obsequio. Para hacerme perdonar lo bruto que estuve ayer.

    -¿Bruto? Para hacerme perdonar lo estúpida que estuve yo, tendría que regalarte a ti un supercomputador de esos que tienen en la NASA.

    Nos reímos con ganas. Me ofreció un café, que yo rechacé y se quedó como rígida, imagino que pensando cómo romper el hielo, así que me adelanté.

    -Ven vamos al sofá, pero hoy lo haremos de otra manera. -Una vez en el sofá, tomé sus manos, la miré fijamente y le di un muy suave piquito en los labios-Olvida todo prejuicio ¿vale? Sólo piensa una cosa: eres una mujer y yo soy un hombre; todo lo que podamos hacer es perfectamente natural, es perfectamente sano, no hay nada reprochable en ello, desde ningún punto de vista normal y racional ¿de acuerdo? Iremos poquito a poco, para que puedas ir haciéndote cargo de la situación. Pero si te apetece algo, hazlo o pídeme que te lo haga, sin tapujos de ningún tipo. Nada me parecerá sorprendente, nada me parecerá aberrante, nada me parecerá… reprochable. ¿Vale? También si te hago algo para lo que no te sientes preparada, me lo dices y me paro. No habrá enfados, no habrá malas caras. Me lo dices, me detengo y vamos a otra cosa. ¿Está claro?

    Marisa asintió. Le rodeé los hombros con mi brazo y empecé a besarla. Un desastre: besaba una boca hueca, pero al tercer o cuarto morreo pareció comprender y empezó a participar ella también; muy rudimentariamente, muy mal, pero todo se andaría. Mientras la besaba iba acariciándole el costado y mi mano pasaba subrepticiamente por el lateral de su pecho; la primera caricia le provocó un respingo, pero no dijo nada y yo seguí, muy suavemente, como quien huele una flor, nada de devorarla. Cuando dejó ir un leve gemido -estaba empezando a experimentar placer y no se resistía a él-empecé a besarle el cuello bajando por él poquito a poquito. Ella volvió a gemir; tenía los ojos cerrados. Yo seguí besando su cuello muy despacito y entonces ella me acarició la espalda, primero sobre la camiseta y después debajo de ella.

    Entonces me la quité y quedé con el torso desnudo. Ella abrió mucho los ojos, no sé si sorprendida o maravillada de que ese torso fuera ahora suyo. De una manera torpe, pero muy suave y cariñosa, me acarició el pecho con una mano para después rodearme el cuello con un abrazo. Yo iba bajando mis besos hasta terminar su cuello y pasé a lamerle suavemente las clavículas y ella empezó a respirar más profundamente. Con mucha suavidad, casi con disimulo, empecé a desabrocharle los botones de la blusa; no sé si ella se dio cuenta o no, pero no hizo el menor gesto de rechazo o de resistencia. Volví a subir y a besarle los labios nuevamente y, al mismo tiempo le abrí la blusa y le acaricié un pecho por encima del sostén. Se puso rígida, pero no se resistió y siguió gimiendo levemente.

    Tal como temía, sus pechos tenían poco de firmes. Incluso con el sostén de por medio se adivinaba una fofez que no los hacía, precisamente, los más apetecibles del mundo, pero como se trataba de dar prioridad a su placer sobre el mío, continué. Ella parecía ya entregada. Seguía con los ojos cerrados, y eso, que me había hecho gracia al principio, como signo de que ella intentaba disfrutar al máximo de su placer, me empezó a parecer inhibición, como una suerte de resignación ante el inevitable sacrificio.

    Por tanto, pasé más al ataque. Me separé de ella y eso la sorprendió y abrió los ojos. En ese momento, en dos o tres cortos movimientos, me desnudé ante ella. Puso una cara como de sorpresa…

    -Bueno, no te asustes, de hecho ya me viste ayer, no ves nada nuevo -bromeé

    Ella sonrió, quizá un tanto forzadamente. Entonces volví a sentarme a su lado, esta vez indisimuladamente pegado a su cuerpo, y le quité la blusa. Mi polla no estaba erecta, todavía, pero ya apuntaba maneras y ella se dio cuenta.

    -Recuerda que no tienes que pedirme permiso para nada. Ni para ver… ni para tocar. Eres mía y soy tuyo.

    No quería llevar sus manos a mi pene, eso quedaba feo. Pero quería dejarle claro que si le apetecía tocarlo –porque otra cosa ni se me ocurría ni seguramente se le ocurriría a ella- tenía completa vía libre. De modo que continué con la maniobra de desnudarla. Le bajé despacito la cremallera de la falda y desprendí el corchete que la aseguraba. Después tiré del extremo inferior de la prenda y ahí llegó una señal estupenda: ella levantó el culo para facilitarme la maniobra. La abracé y volví a besarla, pero esta vez los corchetes que desprendí fueron los del sujetador. También ahí, cuando ella lo notó desabrochado, facilitó la maniobra de desprendérselo encogiendo los hombros. Y, sí, tal como me había temido y medio comprobado, sus pechos eran una auténtica pena: planos, caídos, con muy poco volumen. Pero, claro, se los acaricié y ella me abrazó y me besó compulsivamente. Bueno, iba bien la cosa. Realmente, el hecho de desnudarme totalmente el primero, ayudó mucho a desinhibirla. De haber esperado a desnudarme yo después de desnudarla a ella, la cosa no hubiera ido tan ágil. Masajeé sus tetas mientras la iba besando y entonces pasó, mejor dicho, pasaron, dos cosas estupendas: ella bajó su mano y me aferró la polla y ésta se me puso tiesa y dura, para admiración de Marisa.

    -¿De qué te sorprendes? Cada vez que una señora me la toca, se me pone así. Yo diría que nos pasa a todos los hombres heterosexuales sanos.

    -Pero es muy grande -respondió en todo admirativo-y se te ha puesto muy dura.

    -Pues apúntate ese tanto: no me la ha puesto así ni esa lámpara ni ese sillón. Me la has puesto tú.

    Se lanzó a besarme muy apasionadamente -y aún muy torpemente-pero no me soltó la chorra ni un momento, así que decidí que era el momento de bajarle las bragas y dejarla a ella también completamente desnuda. En cuanto tiré del elástico de sus bragas –con pretensiones de monería, pero muy parecidas a las que probablemente llevó mi abuela-ella levantó el culo y permitió que se las quitara sin más. Como era de esperar, el pubis estaba completamente cubierto de pelo, pero no tenía mal aspecto, formaba un triángulo bien alineado. Alabé a la naturaleza por ese estupendo «trabajo», ya que me parecía del todo imposible que Marisa se hubiera hecho recortar el vello púbico. Le lamí los pezones –nuevo respingo- y fui bajando por su cuerpo; me detuve un par de vueltas sobre su ombligo y seguí bajando, pero desvié la lengua hacia su muslo mientras con los dedos de una mano jugueteé con su vello y le acaricié los labios externos. Empezaba a tener muy húmeda esa parte, buena señal. Esa mujer estaba experimentando esas sensaciones por primera vez en su vida y era importante que todo ese juego no terminara en una decepción.

    Decidí que antes de penetrarla -acto que necesariamente le traería malos recuerdos-le haría alcanzar su primer orgasmo de otra manera. Así que sugerí que nos fuéramos a la cama y ella me llevó a su cuarto. En el breve camino hacia esa estancia, pude ver que su culo, si bien prominente, todavía era excitante, igual que sus muslos. Tenía un par de michelines -todavía simpáticos, pero por poco tiempo-en la cintura y sus gemelos eran un poco exagerados para sus finísimos tobillos.

    Nos estiramos en la cama colocados de lado uno frente al otro. Nos besamos, le acaricié las tetas y ella me acarició a mí desde el cuello y poco a poco fue bajando hasta aferrarme de nuevo la polla. Le había tomado querencia al juguete. Bueno, yo hice más o menos lo propio y empecé a acariciarle el coño, primero por el exterior y después empecé a trabajar la vulva. Ahí sí que aceleró su respiración y sus convulsiones de manera muy notable. Estaba mojadísima , hasta el punto de que estaba empapando las sábanas. La puse boca arriba y empecé a acariciarle la zona periclitoridiana; ella ya empezaba a dar gemidos más fuertes y, además, su cara estaba enrojeciendo, así que fui directamente al clítoris, con el dedo corazón sobre él y el índice y el anular sobre las paredes interiores de su vulva. No tuve que trabajar mucho. Sus convulsiones pasaron a ser enormes, sus gemidos ya eran gritos y me estaba exprimiendo la polla hasta casi hacerme daño. Dejó ir un claro chorro de líquido y pareció que le acontecía un terremoto:

    -¡Madre mía! ¡Dios mío! ¡Ayyy!

    Dio una última convulsión, muy grande, cerró las piernas muy fuerte, dejando atrapada mi mano y quedó completamente relajada, salvo por su respiración sincopada. Pude sacar mi mano, pero no mi polla de la suya, que mantenía aferrada. Se volvió hacia mí con expresión de haber acabado de parir y los ojos entrecerrados, la acaricié en la cara y le di algunos besos.

    -Ha sido maravilloso, Manu, nunca había sentido eso.

    -Esperemos que sea el primero de muchos -respondí.

    -¿Y tú? -cayó en la cuenta de golpe- Te has quedado a medias.

    -Bueno, yo no soy importante. Lo esencial, hoy, eras tú; se trataba de que descubrieras una nueva dimensión de la vida y creo que lo has conseguido.

    -Lo has conseguido tú: eres maravilloso. Pero no quiero que te quedes así y, además, aún tenemos algo pendiente: quiero que me penetres.

    -¿Estás segura? ¿Estás completamente segura? Mira que…

    -Tengo que superarlo, Manu, y si no es contigo, no sé con quién podrá ser.

    -Adelante, pues…

    La dejé descansar un rato, ya no tenía importancia, con el orgasmo que había tenido, seguro que ya había resuelto, ni fase de meseta ni leches. Cuando la vi relajada, ataqué de nuevo, con besos, caricias en los pechos, en el vientre, en el culo, y de nuevo volví al coño y a la vulva, para ver si me repelía o me aceptaba. Vi que no había problema, de modo que la acaricié para excitarla más y en un determinado momento, ella misma me lo pidió:

    -¡Éntrame! ¡Fóllame, cariño! Que no aguanto más…

    Me coloqué sobre ella alzándome inclinado sobre los brazos, coloqué mi pubis sobre el suyo y mi polla buscó su vagina. La encontré fácilmente, porque la tenía muy abierta y ancha -cosa rara para una mujer que no había parido y ni siquiera había follado-y la penetré despacio, suavemente, disfrutando el momento pero, sobre todo procurando que, en la medida de lo posible, ella lo disfrutara también. Y sí: bombeé suavemente, aunque esta vez no gemía, parecida muy concentrada en sentir, lo que no sé es si esperaba sentir dolor o placer, pero no daba muestras de rechazo ni de dolor alguno, así que continué. Poco a poco fui incrementando la cadencia, ella parecía muy concentrada, con los ojos cerrados y muy apretados, los labios fruncidos, y en un momento dado, comenzó a gemir y a enrojecer. Entonces aumenté la cadencia del mete-saca y, además, apuré más el recorrido de mi polla dentro de su vagina, hasta casi sacarla para después metérsela a fondo en cada bombeo. En un momento dado, noté una vibración en su pubis, intensamente transmitida al mío, y vi que ella abría la boca y lanzaba un gemido enorme. Fue una sensación tan estupenda, también por mi parte, que dejé de contenerme y me corrí dentro de ella, experimentando un gran placer.

    Caí de bruces sobre la cama y unos minutos después noté cómo ella me acariciaba el culo y me besaba la nuca muy amorosamente.

    -¿Estás vivo, muchacho?

    -Mmmmm, yo sí. ¿Y tú? ¿Qué tal estás?

    -Yo estoy todavía levitando. Manu, lo que has hecho hoy es muy grande, muy grande para mí.

    -No, la que ha hecho hoy algo muy grande has sido tú. Empezaste a hacerlo tú sola esta noche y lo has completado ahora, durante la mañana. Eres un pedazo de mujer como la copa de un pino. Has superado un trauma bestial que muy pocas pueden quitarse de encima.

    -Porque pocas tienen un Manu, el compañero más maravilloso que una pueda meter en su cama.

    Todavía echamos un par de polvos más, muy despacito, tranquilos, jugando, besándonos; le enseñé algunas caricias y algunos trucos y casi conseguí que besara correctamente. Le quedaba aún mucho recorrido y aún había muchos prejuicios que quitar de en medio (felaciones, posturas y demás) pero ya estaba bien encarrilada.

    -Manu, ahora no puedes dejarme. Tienes que acabar de enseñármelo todo, que pueda meterme en la cama con cualquier hombre y no tenga que rechazar ningún tipo de caricia. Si quieres, le pido permiso a Alicia.

    Me reí ante la idea.

    _______________

    Cuando volví a casa llamé a Alicia y casi no me dejó hablar:

    -¡Caramba, el gran follador! ¡Anda que menudo trabajo has hecho hoy!

    -¿Qué? ¡Cómo! Pero… ¿cómo lo sabes?

    -Pues porque me ha llamado Marisa y me lo ha explicado todo. Chico, yo ya sé que eres bueno en la cama, pero si la oyes hablar a ella, da la impresión de que se ha acostado con el mismísimo Supermán.

    Me quedé de piedra. No sabía cómo interpretar el hecho de que ambas se comunicaran y se transmitieran una a otra mis habilidades (¡o mis debilidades!) sexuales. En fin, yo ya había cumplido y el ejercicio ya se estaba complicando excesivamente.

    Continuará en:

    “Pigmalión para Marisa (tercera parte): Secundaria”

  • El secreto de mi hermana (primera parte)

    El secreto de mi hermana (primera parte)

    Hola, me llamo César. Todo comenzó hace nueve meses, cuando yo tenía 21 años y ella 25.

    Yo estaba acostado, eran aproximadamente la 01:30 am. Me encontraba escuchando música mientras hablaba con una amiga, cuando alguien tocó la puerta de mi habitación. Era mi hermana. Rápidamente me hice el dormido, y como no contesté, abrió la puerta.

    -Oyeee, César… ¿estás dormido?

    Yo no contesté.

    -César, déjame dormir contigo. Tengo miedo.

    Yo le respondí fingiendo estar medio dormido:

    -Sí, solo déjame en paz.

    Mi hermana entró a mi cuarto, se quitó las sandalias y se acostó a mi lado.

    Yo no duermo más que con un bóxer, así que creí que ella, al verme así, diría que me pusiera pantalón. Pero al parecer creyó que sí estaba dormido y no me dijo nada.

    Yo estaba boca arriba, y aunque intenté voltear para el otro lado, dándole la espalda, no pude.

    Ella estuvo usando su celular como por 10 minutos, yo esperaba a que ella se quedara dormida para responderle a mi amiga.

    Apagó su celular y lo puso sobre una pequeña mesa que tengo a un lado de mi cama, se tapó con las cobijas y me abrazó. En ese momento, una de sus manos rozó mi pene. Ella se quedó quieta, creyó que me había dado cuenta, pues para ella, yo estaba dormido.

    No me moví, no hice ninguna expresión, así que en verdad creyó que ya dormía.

    Para ese momento yo ya me había alterado. No sabía que hacer. Mi pene estaba comenzando a crecer. Creí que ya había terminado todo, pero no, apenas iba comenzando.

    Sentí como mi hermana estiró su brazo y tomó su celular de la mesa. Lo hizo despacio para no “despertarme».

    Metió la cabeza abajo de las cobijas y pude ver qué encendió la linterna de su celular.

    No sabía que hacer. Sentía los ojos de mi hermana sobre mi bóxer. Sentía como mi pene iba creciendo con cada respiración que daba. Comencé a ver el flash de la cámara bajo las cobijas. ¡¡¡Mi hermana me estaba fotografiando!!!

    No sabía que hacer. Desde luego que no podía fingir que despertaba. No me quedó más que quedarme quieto mientras mi pene seguía creciendo.

    Tal vez fue mi imaginación, pero por un momento sentí la respiración de mi hermana sobre mi bóxer.

    Sentía como mi bóxer se iba humedeciendo. Quería salir de ahí pero no había manera.

    De pronto, mi hermana se levantó con cuidado y salió de mi habitación. ¿Qué había pasado? Aún no lo podía creer.

  • Le soy infiel a mi esposo en el billar

    Le soy infiel a mi esposo en el billar

    Hola me les presento soy María tengo 28 años, soy de un pueblo cerca de Mazatlán. Estoy casada y mi esposo y yo tenemos un negocio de mesas de billares donde vienen a jugar las personas, mi estatura es de 1.70, tengo las nalgas y las piernas bien formadas y mis bubis son tamaño normal copa 34-c.

    Esto pasó hace unos meses cuando mi esposo se fue por casi una semana de visita con sus hermanos a Estados Unidos él tiene visa y yo no, por lo que me quedé a cargo del negocio, era jueves y tenía algo de clientela el local casi todas las mesas estaban llenas, los clientes jugaban, tomaban y ponían música en la rocola, el billar lo cerramos a las 10:30 todos los días y ese día no iba ser la excepción.

    Como a las 9 de la noche se empezó a ir la gente y ya para las 10:20 de la noche ya ni más estaba en una mesa jugando don Javier de aproximadamente unos 65 a 70 años y Paco de una edad de 40 a 50 años le calculé yo, les comenté que ya estaba por cerrar, por lo que paco me dijo que si se podían quedar a tomar esas cervezas que les quedaban y que por que no bajaba las cortinas y ya que se terminarán las cervezas les abriera, la verdad no vi por qué no hacer eso así que accedí, me senté cercas de la mesa donde jugaban y observaba como jugaban y platicaban.

    P: María alguna vez has jugado billar

    M: la verdad que no, ni siquiera se agarrar el taco.

    P: pues deberías de aprender

    J: sii, te podemos enseñar un poco hoy

    Accedí y me paré agarrar un taco, y ya pago me dijo como agarrarlo, después me llevo a la mesa y puso sus manos en mis manos y me dijo como agarrarlo, se acercó a mi oído, y con una voz suave y coqueta me dijo así se agarra el palo, ahora te diré cómo pararte y se puso detrás mío y me agacho para que viera donde le iba a pegar a la bola blanca, pero en ese movimiento se estaba pegando mucho a mi y pude notar como ponía casi su pene en mi culo.

    Casi siempre cuando estoy en el local, llevo puestos pantalones de licra deportivos y top, también tenis deportivos, se me hace más cómoda andar así. Volviendo al relato, cuando sentí esos arrepegones que me daba en lugar de molestarme me comencé a excitar, pero me calmaba para no mal interpretar la acción y así seguimos por un rato hasta que le fui agarrando la onda al juego.

    P: aprendes muy rápido que buena jugadora eres, ya sabes cómo agarrar el palo y golpear las bolas

    M: si ya e metido varías bolas en sus hoyos

    Y se volvió acercar Paco a mi y me dijo y no quieres que metan el palo y otras bolas al otro agujero. Yo me quede quieta y Paco me comenzó agarrar la cintura lentamente y me comenzó acariciar mis nalgas por encima de mi licra, mi corazón se aceleraba, y en mi mente pasaba la idea de que me iba o me iban a coger ahí los dos, seguí dejando que me tocara quería ver si iba parar Paco o iba dar el siguiente paso, y así fue, me dio la vuelta me puso frente a él y me dio un beso y me comenzó a tocar.

    Don Javier se quedó quieto y dijo déjame a mi también un poco no seas malo, Paco me sentó en la mesa de billar y comenzó a desvestirme, don Javier estaba excitado y se bajó sus pantalones y cuando paco me acostó en la mesa de billar para hacerme sexo oral, don Javier saco su verga grande, gruesa y arrugada y me la puso a la altura de mi boca, insinuándome que se la mamara, y así fue me la fue introduciendo poco a poco en mi boca mientras yo le comenzaba a mamar la cabeza de su pene y me la iba metiendo toda a la boca ensalivándosela y chupándole ese gran pene.

    Mientras que Paco me estaba haciendo sexo oral, yo con una mano le agarraba la cabeza a Paco para que no se separara de mi vagina y con la otra mano le daba pequeñas masturbadas a don Javier, que al verlo a la cara el solo disfrutaba de la manada que le daba y con sus manos me acariciaba mi cara y mi pelo, ya no pude más y tuve un fan orgasmo que Paco pudo probar mis flujos vaginales, así acostada Paco sacó su pene que era algo pequeño y gordo, y se dispuso a metérmela y así estaba dándome en mi vagina queriéndome acabar, si sentía placer a pesar del su pequeño pene.

    Don Javier ya no pudo resistir más y se vino en mi boca también poniéndome algo de leche en mis tetas que después de terminar don Javier comenzó a tocarme mis tetas y a chupármelas, estaba teniendo doble excitación, y después de unos minutos volví a tener otro orgasmo mientras que Paco al sentir su pene mojado terminó dentro de mi pude sentir su leche caliente, pero hay no acabo todo.

    Don Javier comenzaba a tener otra erección y me dijo que él también quería sentir su pene dentro de mi vagina, y me hizo que me bajara de la mesa me puso de espaldas y me comenzó a dar por la espalda mientras yo recargaba mi cabeza en la orilla de la mesa, su pene grande y grueso al principio me lastimaba, pero después pude aguantarlo y comenzó a darme, mis tetas estaban colgando y don Javier me agarraba de mis caderas y continuaba el movimiento del mete y saca, luego me tocaba mis tetas con gran suavidad y mi pezón me los pellizcaba de manera que me excitaba, sabía como coger don Javier.

    Después de un largo rato don Javier y yo terminamos al mismo tiempo en un largo orgasmo deposito gran cantidad de leche que al sacar su pene a mi me escurría su leche por mis piernas, me subió a la mesa y me acostó donde me siguió mandando mis tetas y se fue hacia abajo a tocarme mis piernas y besarme y chuparme mis pies, por otro lado mientras don Javier hacia eso.

    Paco me puso su pene en su mi boca e hizo que le diera una mamada, que después de pocos minutos sacó su pene de mi boca y deposito su leche en mis tetas yo estaba completamente mojada, llena de leche y me había llevado la cogida de mi vida, nunca había estado con dos hombres y creo que el que me dejo con el ojo cuadrado fue don Javier, me cogió muy bien.

    Yo estaba acostada en la mesa, cuando se comenzaron a vestir y me dijeron que se iban a retirar, yo me quede en la mesa con mis tetas llenas de leche, y aún mojada por lo que pasó, no sabía que iba pasar después, si iban a volver o que sería de mi por qué yo quedé encantada con ese revolcón, aún que quisiera volver a sentir la verga grande, gruesa y arrugada de don Javier, quisiera irlo a visitar.

    Ustedes que opinan comenten si estuvo bien o está mal seguir pensando en ese viejo, saludos de su amiga María.

  • Tres travestis traviesas (cuarta parte)

    Tres travestis traviesas (cuarta parte)

    Espero que este relato sea del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando este tipo de relatos y me encanta recibir comentarios y sobre todo fantasías, esta es la cuarta parte de un relato de fantasía en donde estoy con otras dos travestis durante un fin de semana.

    Las tres disfrutamos nuestro primer día realizando una fantasía de cada una y para nuestro segundo día esperamos recibir la visita de un amigo de nuestra millonaria anfitriona, este relato empieza conmigo en la ducha, desnuda y enjabonada, ahí me quede un buen rato dejando el agua correr por mi cuerpo suave por las cremas, me lave bien mi culito y mi verguita y cuando termine mi ducha y después de secarme tome la ropa que Claudia me había dejado y me sorprendí de su calidad, había pantis y sostenes, además un enterizo deportivo rosado delicioso.

    Yo me coloque mis tetas, mi ropa interior y cuando me coloque el traje me sorprendí por su comodidad y me encanto como se apretaba completamente a mi cuerpo, salí así en mis chanclas de baño, encontré fácilmente la sala en donde aún estaba mi maleta y me puse un calzado adecuado para el traje, unos tenis femeninos que eras mis zapatos favoritos, así cómoda comencé por recoger toda la ropa sucia que habíamos dejado tirada y fui separándola.

    Claudia apareció con un traje de tenista de faldita corta con pantis blancos y camisita de tiras, me dijo que siguiera recogiendo la ropa para organizarlo todo, mientras ella comenzaría a preparar algo de comer, yo la obedecí y luego de terminar en la sala le pregunte como llegar a las habitaciones que habíamos usado ella muy amablemente me dio las indicaciones señalándome el baño en donde debía lavar los juguetes eróticos que habíamos usado y el jabón que debía usar.

    Yo fui a las habitaciones del apartamento en donde estábamos, así que termine en el cuarto de sumisión y el de fotografía, recogí todo rápido y puse todas las cosas para lavar juntas, luego lleve la ropa sucia a la sala para ponerla junta y después de lavar los juguetes los coloque en las dos habitaciones, llevando los míos y los de Ana hasta la sala donde estaban las maletas.

    Justo cuando estaba separando la ropa en la sala Ana llego buscándonos, venia todavía un poco dormida y se sentó a tomar una taza de café mientras yo seguía separando pantis y Claudia comenzaba a servir unos deliciosos huevos con tocineta, panes, más café y jugo de naranja.

    No había terminado cuando Claudia aviso que todo estaba listo, así que nos sentamos en una mesa junta a desayunar, aunque ya era casi medio día, las tres comimos una buena cantidad, pues teníamos mucha hambre después del día anterior y cuando terminamos Claudia nos sirvió una segunda taza de café y nos dijo cuál era el plan del día que había concertado con Andrés, pues si bien habíamos acordado estar las tres sometidas a él, no sabíamos los detalles y condiciones que debía cumplir cada una.

    Claudia comenzó diciéndonos que Andrés era uno de sus mejores amigos y le encantaba someterla de vez en cuando siguiendo siempre sus deseos y gustos, él había establecido las condiciones para cada una de nosotras, en mi caso y para mi sorpresa iba a ser la sirvienta de la casa todo el tiempo junto con Ana, mientras que Claudia comenzaría también siendo una sirvienta pero después pasaría a tener el rol de señora de la casa, él nos iba a dominar, humillar, castigar y someter a cada una, debíamos hacer lo que él nos ordenara y estar dispuestas a tener sexo entre nosotras, también iba a tomarnos fotos, luego nos dijo que Andrés había comprado la ropa que cada una de nosotras debía usar y por la hora ya debíamos comenzar a cambiarnos para recibirlo.

    Mientras seguíamos a Claudia hacia su habitación ella nos dijo que Andrés había estudiado nuestros gustos y que la ropa para cada una era diferente, así cuando llegamos saco tres bolsas de tela diferente con etiquetas y nos entregó las que tenían nuestros nombres, cuando saque la ropa que debía usar me puse feliz, era un vestido de sirvienta de seda rosado, de faldita corta, con sostenes y pantis rosadas, medias de liguero blancas, zapatos bajitos, además traía guantes, diadema y un collar con argolla de cuero rosado, mire hacia Ana y note que su traje y su ropa era negra, luego mire a Claudia quien estaba sacando prendas rojas y negras.

    Las tres comenzamos a desnudarnos juntas para ponernos la ropa, yo me quite fácilmente la ropa que tenía y comencé por cambiarme de pantis y sostenes, luego me coloque las medias de liguero, los guantes y el collar, el vestido me lo puse fácilmente, los zapatos me quedaban un poco grandes pero estaban muy bien y cuando me coloque la diadema mire a mis amigas, Claudia ya estaba casi vestida, mientras que Ana apenas se estaba poniendo una faja muy apretada que venía con sus prendas, era una faja de cuerpo completo con levanta colas, cuando termino tomo el vestido y me pidió que la ayudara pues era un vestido de sirvienta muy ajustado, muy apretado que debía ser amarrado en la espalda, entre las dos logramos que se lo pusiera y quedara muy apretada como a ella le gusta, Claudia no necesito ayuda y nos miraba con su vestido de sirvienta rojo de falda amplía hasta las rodillas.

    Luego de maquillarnos y arreglarnos bien yo fui al baño y ellas comenzaron a recoger los platos y lavarlos como buenas sirvientas, cuando salí escuche que sonó el timbre, era Andrés que anunciaba su llegada, como Claudia nos había indicado más temprano las tres fuimos corriendo a la puerta más cercana y después de abrirla nos paramos en fila al lado de la puerta, apenas alcanzamos a estar cada una en su lugar cuando el entro con una maleta, Andrés, era un hombre alto y fornido, más joven que nosotras, estaba bien motilado como un militar, afeitado y su ropa era deportiva pero elegante, cuando entro puso la maleta a un lado y cerró la puerta, después de saludar a Claudia le pidió que nos presentara.

    Ella primero presento a Ana que estaba a su lado diciendo que era una travesti sumisa y muy puta, que le encantaba estar apretada usando fajas y sentirse como una mujer muy putica, adoraba tomar leche y que se vinieran en su carita. Luego seguí yo, Vicky de mi le dijo que era una sumisa afeminada y muy coqueta, que me encantaba ser amarrada y abusada, humillada y castigada.

    Él sonrió y después de decirnos su nombre nos dijo que lo debíamos llamar Señor o Amo y que lo primero seria revisar nuestros culitos, así que nos ordenó ponernos de espaldas y levantar las falditas de nuestros uniformes.

    Mientras me daba vuelta vi como sacaba unos guantes de látex y mientras escuchaba como los colocaba en sus manos me di vuelta y después de levantar mi faldita hice lo que pude para levantar mis nalguitas, como mi faldita era la más corta estuve lista de primera y Andrés lo noto diciendo que comenzaría de menor a mayor, entonces sentí como se colocó detrás de mí y escuche el sonido de una tapa.

    Luego sentí como el bajaba mis pantis y ponía algo entre mis nalguitas, sentí sus dedos pasando por la mitad, tocando mi culito y entonces metió uno de ellos adentro haciéndome gemir, se rio y mientras lo hacía me metió otro dedo mientras me decía lo caliente que se sentía mi culito, y me entrego una crema lubricante mientras me decía que siempre lo debía llevar bien mojadito, luego siguió Ana, escuche el cierre de su faja, sus gemidos también que le decía que se notaba que le gustaba tragar semen como una puta sucia, con Claudia fue más delicado y en voz alta le dijo que era todo una dama, que su culito estaba duro, apretado y delicioso.

    Luego nos ordenó dar vuelta y ponernos de frente levantando nuestras falditas, las tres obedecimos y él nos revisó los pantis una a una, luego tomo la maleta y le ordeno a Claudia que fuéramos a la habitación sadomasoquista ella de inmediato soltó su falda y comenzó a caminar, nosotras la seguimos y el Señor se puso atrás, mientras caminábamos nos decía que venía muy caliente y con ganas de someternos y castigarnos.

    Cuando llegamos coloco su maleta en una mesa y le dijo a Claudia que le pasara una cuerda, mientras nos tomó a Ana y a mí y nos llevó hasta un mueble que era como un potro de gimnasia pero con argollas y lugares para estar arrodilladas en las puntas, estaba cubierta con cuero rojo y era mucho menos larga, pues cuando estuvimos atadas Ana y yo teníamos nuestras boquitas juntas en un delicioso beso siguiendo las ordenes de nuestro Amo.

    Claudia estaba encargada de la filmación, cuando termino de atarnos no podíamos movernos, dejándonos así él fue a su maleta de donde saco una mordaza doble con una bola roja que coloco rápidamente en nuestras boquitas, luego sentí como se colocó atrás de mí y levanto mi faldita, miro mi ropita interior y volvió a tocarme mi culito, luego me dio unas deliciosas palmadas y me dejo así con la faldita arriba, fue donde Ana y después de hacer lo mismo le ordeno a Claudia que le entregara una fusta, pues tenía dos perras para castigar, entonces comenzó a castigarnos nos dio a cada una 30 azotes con la fusta, mientras lo hacía nos humillaba, nos llamaba putas, perras sumisas mariquitas, travestidas sucias y calientes.

    Cuando iba como en 20 azotes en mi culito bajo mis pantis y metió un plug vibrador adentro de mi culito y me termino de azotar con el adentro y sin ropita interior, con Ana hizo lo mismo, pero cuando termino de azotarla volvió a colocarle sus pantis y apretó mucho más su faja.

    Claudia seguía filmando todo hasta que el Señor le ordeno que dejara la cámara en un ángulo amplio y tomara un dildo, pues era hora de abrirnos los culitos, a mí me toco primero con el Señor, el retiro el plug y pude sentir como metía un dildo grande y grueso en mi culito, resoplaba de dolor pero también de placer mientras sentía como entraba adentro de mi esa cosa tan grande, me sentía abierta y mojada gracias al lubricante que mi Amo ponía todo el tiempo en mi culito, cuando lo metió bastante comenzó a moverlo adentro y afuera, primero despacio.

    Luego más rápido haciéndome resoplar mientras me decía que tenía el culo de una hembra caliente, de una perra sedienta de verga, yo resoplaba de placer y sentía como Ana también lo hacía, después de un momento el Señor dijo que era hora de cambiar y le dijo a Claudia que le pasara los dildos vibradores y cambiaran de lugar, así fue Claudia quien lentamente comenzó a meter el dildo vibrando en mi culito mientras él le indicaba como lo debía mover usando el culito de Ana, con Ana se puso un poco fuerte pues la nalgueo más y la trato como una puta mientras le metía ese vibrador hasta el fondo, ella se babeaba como una hembra y cuando él lo noto la humillo por ser tan puta, por ser tan perra.

    Entonces sentí como el Señor comenzó a penetrarla, ella gimió de placer y comenzó a moverse de forma rítmica mientras era penetrada, mientras lo hacia el Señor le indico a Claudia que sacara el vibrador de mi culito, quería que me colocara pantimedias blancas sin pantis, unos tacones altos y que me soltara las piernas para que estuviera ofreciendo mi culito para su verga.

    Lo primero que hizo Claudia fue soltarme la cabeza, luego las manos y las piernas, de inmediato me quite las medias y tomando las pantimedias que Claudia me ofrecía me las coloque lo más rápido que pude, luego me puse los zapatos mientras veía como el Amo montaba a Ana y muy excitada sabiendo que era la siguiente, cuando estuve lista Claudia me ato las manos nuevamente, esta vez extendidas sobre el mueble, las piernas me quedaron abiertas y atadas, cuando termino él le indico que me metiera una capsula de gel en el culito, era grande y mientras seguía montando a Ana.

    Me indico que eran hormonas, lubricante y algunas sustancias que me harían sentir muy femenina, cuando estuve lista le ordeno a Claudia que subiera mi faldita y me diera 20 azotes más mientras yo debía contarlos y agradecer cada uno de ellos, cuando iban 8 volvió el plug vibrador y para cuando termine de contar los 20 todos los juguetes habían pasado otra vez por mi culito en las hábiles manos de Claudia.

    Cuando termine de contar el Señor me dijo que le rogara por su verga, que le pidiera que metiera su verga en mi culito, yo puse la voz más femenina que pude y comencé a pedirle que me penetrara, que metiera su verga en mi culito caliente y mojado, le dije que era una puta, una esclava de su verga, una sumisa muy caliente y con ganas de sentirlo adentro de mí, él me contestaba humillándome, tratándome como una sucia puta, como una perra caliente, como su esclava sumisa.

    Entonces saco su verga de adentro de Ana y le indico a Claudia que la soltara, camino hasta ponerse atrás de mí y luego de bajar mis pantimedias metió su verga de golpe, de un solo empujón haciéndome gemir y doblar mis brazos, el comenzó a embestirme metiendo y sacando su verga de mi caliente y mojado culito mientras me decía que era una perra, yo gemía y me dejaba penetrar muy excitada, gemía como una hembra y le rogaba por más, le pedía más, le decía que era su hembra, su puta, él me comía más duro y cuando claudia termino de soltar a Ana le ordeno que me pusiera una cadena de perrita y tuviera el plug listo pues ya tenía ganas de llenar mi culito con su leche.

    Ella lo obedeció y luego de ponerme el collar le entrego la cadena al Amo quien me halo con ella haciéndome parar más mi culito y empinarme, así me termino de comer hasta que sentí como su verga se ponía dura, muy caliente, sentí que se ponía gruesa, grande, entonces estallo adentro de mí, el comenzó a venirse metiendo su verga lo más adentro de mí que podía, sentí mi culito lleno de semen y cuando el termino de chorrearse adentro de mí le dijo a Ana que viniera a limpiarlo y saco su verga de mi culito.

    Entonces Claudia coloco un plug adentro de mi culito para que no saliera la lechita, luego subió mis pantimedias blancas, busco otra correa y se la coloco a Ana quien terminaba de limpiar la verga del Amo, luego siguiendo las Ordes del Señor Claudia vino hacia mi tomando a Ana de su cadena y la puso de rodillas pegando su carita contra mis nalgas, la movió hasta acomodar justo su boquita en mi culito, lo cual fue más fácil por los tacones altos que estaba usando, cuando estuvo así la amarro primero la cabeza, luego las manos abrazando mi cadera y termino atando sus rodillas a mis tobillos para que estuviéramos así bien pegadas.

    Luego metió su mano por mi espalda y debajo de mis pantimedias hasta llegar a mi culito y sacar el plug, cuando lo hizo bajo mi faldita mientras le decía a Ana que era una linda perrita y era hora de que tomara toda su lechita, entonces comencé a sentir como Ana lambia mis pantimedias, como el semen salía de mi culito y Ana lo lambia excitada de mis pantimedias.

    Luego comenzó a chupar mi culito y eso me puso super caliente haciéndome gemir, entonces el amo me tomo y me hizo poner en cuatro como una perra haciendo que la boquita de Ana se moviera hasta llegar a mi pene que ya estaba duro y caliente debajo de las pantis, pues ella también se tuvo que poner en cuatro, él le ordeno que siguiera lamiendo haciéndome gemir mucho más mientras ella me lambia, la escena era muy erótica y solo faltaba Claudia.

    Él le pregunto si prefería y mi boquita o el culito de Ana y ella respondió que quería comenzar por el culito, rápidamente abrió la faja de Ana y bajando sus pantis comenzó a penetrarla mientras ella gemía entre besos y lengüetazos sobre mi verga, yo sentía como Ana era montada y como el Amo tomaba fotos, también sentía como el semen seguía saliendo de mi culito y mojaba la carita de Ana, sentí como ella se puso muy excitada, como comenzó a mojarse en sus ropas como una mujercita caliente, como una hembra, se mojó así apretada.

    Claudia y el Amo también lo notaron y como ella había pedido culito él le ordeno que ahora me penetrara a mí, ella rompió mis pantimedias solo un poco y colocándose encima de Ana logro meter su verga en mi culito y comenzó a comerme, yo ya estaba muy excitada y aun sentía la boquita de Ana pegada de mi verga, la sentía caliente y mojada, también sentía la verga de Claudia, dura grande y caliente adentro de mi culito, estaba a punto de venirme pero quería aguantar más, disfrutar más, me sentía mirada y fotografiada como una hembra, como una actriz porno que disfruta su trabajo, entonces el Amo nos dijo que nos podíamos mojar, que nos habíamos ganado la recompensa, yo me deje llevar y rápidamente sentí como me mojaba en las pantimedias.

    Sentí como Ana volvía a mover su lengua para tomar mi semen, sentí como volvía a chupar mientras Claudia me seguía clavando como una puta, mientras Claudia seguía con su verga taladrando mi culito, cada vez más rápido, cada vez más duro hasta que su verga se puso dura, caliente y más gruesa, entonces sentí como se venía, como me llenaba de leche, sentí su semen subiendo adentro de mí, me sentía llena, ella se dejó caer y luego de un rato se levantó.

    Cuando lo hizo Él le ordeno que fuera por algo de tomar pues quería seguir mirando como el semen salía de mi culito y mojaba la carita de Ana hasta el final.

    Cuando Claudia regreso con el vino el Señor le pidió la cámara y comenzó a tomarnos fotos así humilladas, luego le ordeno a Claudia que nos soltara lentamente y posando para el seguir tomando fotos, cuando terminamos de posar para el así sucias y mojadas nos ordenó que fuéramos a bañarnos juntas, nos dijo que en la maleta había una bolsa con el nombre de cada una que contenía la ropa que debíamos usar, Claudia fue la primera en tomar su bolsa y después de decir gracias Amo de la forma más coqueta y femenina que podía, siguió Ana que hizo lo mismo, quede de ultima y después de tomar mi bolsa le di las gracias al Amo agachando mi cabecita y sali detrás de mis amigas.

    Seguimos a Claudia hasta un baño amplio con una ducha con dos regaderas, rápidamente y ayudándonos nos desnudamos y nos metimos a la regadera mientras nos echábamos jabón el señor entro al baño y abriendo la puerta de la regadera comenzó a tomarnos fotos, mientras nos decía como posar, como tocarnos entre nosotras y ponernos bien puticas y femeninas, cuando termino salimos muy limpias y él se fue mientras nos vestíamos, cada una saco la ropa que tenía en la bolsa, en mi caso eran unas deliciosas pantis de encaje con sostenes a juego, también habían unas tetas de silicona más grandes, venían unas medias de liguero con sus ligas y un vestido de señorita rosado de falda hasta las rodillas amplia y unos tacones rosados.

    Ana en cambio había recibido un traje de látex negro muy pegado, con un corset, tacones negros y una falda corta muy apretada, sus pantis y sostenes también era de látex y sus tetas eran más pequeñas que las mías, Claudia en cambio había recibido un vestido muy elegante de falda negro, con pantimedias negras, sostenes y calzones de encaje negros, unos hermosos tacones negros, con unas tetas también grandes, lo que siguió lo contare en una próxima parte pues ya me he extendido mucho esta vez.

    Espero que este relato sea del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando este tipo de fantasías, me encanta recibir comentarios y sobre todo fantasías, adoro escribir este tipo de relatos y saber que otras personas los leen y como yo se excitan fantaseando ser una de nosotras o el hombre que nos domina, espero disfruten esta nueva entrega de un relato que aún no se cuántas partes va a tener, besos.

  • Regalo (parte 2)

    Regalo (parte 2)

    El castigo

    Despertó medio tarde y desorientado, preguntándose porque su perrita no estaba en la cama hasta que recordó todos los sucesos de la noche anterior.

    Sonrió con malicia y se apresuró a bajar, ella seguía como la dejó, cuando lo escucho acercarse empezó a gemir y retorcerse pero el joven la ignoro siguiendo de largo hacia la cocina para preparar su desayuno.

    Una vez que su café estuvo listo fue por su regalo, tomándola en brazos y llevándola hasta debajo de la mesa donde la ubicó perfectamente para poder usar su boca.

    – buen día perrita, es hora de desayunar- le dijo con malicia antes de introducirse de un solo golpe en su boca. Era muy excitante estar usándola así, todavía envuelta, como una muñeca para su placer.

    Cuando terminó su desayuno y después de haberse corrido en su boca, decide alimentarla un poco antes de llevarla a su cuarto de juegos donde al fin la desenvolvió y desató.

    Se acostaron juntos en la cama y el joven se encargó de mimarla mucho y agradecerle sus regalos.

    – sabes me encantó tu regalo perrita pero me quedo una duda, no hay forma de que pudieras atarte y envolverte sola, lo que quiero saber es quien te ayudo.

    Ella tembló, sabiendo lo que le esperaba y que si mentía sería peor, tragó saliva y contesto.

    -Fue un amigo amo, es que quería darle la mejor sorpresa y sola no podía.

    Él sonrió con maldad.

    – entonces me estás diciendo tan tranquila que te vio desnuda?

    -A-amo yo…

    – no nada, sabes que debo castigarte por esto, solo yo puedo verte desnuda SOS mía y lo sabes

    Ella asintió.

    -si amo es cierto, aceptaré el castigo que quiera darme.

    En realidad sabía que esto pasaría y no iba a negar que ya estaba mojada imaginando lo que su amo haría con ella.

    Él le puso su correa y la llevo al piso donde engancho está a un gancho en la pared que no le permitía levantarse.

    – voy a vendarte los ojos mientras preparo todo perrita- le dijo antes de ponerle un antifaz.

    Ella lo escuchaba moverse por el cuarto, abrir y cerrar cajones, en algún momento salió y volvió.

    Cuando le saco el antifaz delante de la en la suelo había una hoja y un lápiz.

    – creo que la mejor manera de que entiendas perrita de que SOS mía y que solo yo puedo verte desnuda es está, vas a escribirlo 59 veces «soy solo de mi amo y solo él puede verme desnuda» bien prolijo.

    Nunca le había hecho algo así pero la excito, fue a tomar el lápiz pero la detuvo.

    – no pensaste que iba a ser tan fácil verdad?- le dijo riéndose.

    Una vez que el término de prepararla ella tenía un vibrador bastante grande en su vagina y pinzas en los pezones.

    – y ahora el toque final, saca la lengua.

    Ella lo hizo y él le puso una pinza.

    Se alejo para contemplarla y prendió el vibrador.

    – no te puedes correr, y si quieres hacerlo tienes media hora para terminar- le dijo antes de irse y cerrar la puerta.

    La situación era demasiado humillante, la pieza no le dejaba cerrar la boca y tenía que tener la lengua afuera lo que producía que toda la saliva corriera sin control, el vibrador estaba en una velocidad media, lo que no la hacía correrse pero no la dejaba relajarse.

    Para cuando el volvió media hora después ella está escribiendo la última oración, era un desastre de sudor, saliva y fluidos. Había un charco bajo su entrepierna y la hoja estaba empapada pero se leían las oraciones.

    – que perrita tan obediente tengo – le dijo agachándose a su altura- quiere correrse?

    Ella asintió desesperada y él se rio de su necesidad, empezó a jugar con el vibrador en su interior y cuando no se lo esperaba lo cambio por su polla empezando a embestirla de inmediato.

    Ella gemía como podía, aún con la pinza, ensuciando se aún mas y el la azotaba.

    Habían pasado unos minutos cuando sintió que algo se introducía en su trasero, le estaba metiendo el vibrador encendido.

    No aguanto más y se corrió, unos segundos después el amo lo hizo también en su interior.

  • Regalo de cumple (2)

    Regalo de cumple (2)

    En mi relato anterior, les cuento cómo había transcurrido mi noche de cumpleaños, una sorpresiva ración de sexo con la madurita del gym. Ya me encontraba dispuesto para entrar en la cama luego de una refrescante ducha y encuentro a mi novia en la cama, con las lámparas a media luz y ella acostada con unos tacones negros, unas medias panty negras y su liguero abrochado a un hilo de encaje negro y sin brassier, estaba boca abajo durmiendo y me dejaba ver ese gran culo que se gasta.

    Inmediatamente eso causó en mi una erección y cómo venía de la ducha ya estaba totalmente desnudo. En silencio, me senté en el borde de la cama y empecé a pasar mi lengua por sus tobillos, luego tomé uno de sus pies y comencé a lamer la punta de sus dedos, ella seguía dormida pero se movía al sentir mis caricias, lentamente fui subiendo por sus muslos sin dejar de lamer sus dedos y acaricié lentamente sus ricas nalgas, con el dedo levantaba el pequeño hilo que la cubría y acariciaba de arriba abajo.

    En ese momento ella comenzó a despertar y fui más intenso con mis movimientos comencé a subir con mi lengua por sus piernas, que lucían exquisitas con esa medias. Con cada mano agarre una nalga y mi boca empezó a jugar con su raja sobre el hilo, lo mordí y lo hice a un lado, besaba y masajeaba ese rico culo. Mi pene erecto rosaba con sus piernas, me hacía una paja mientras la masajeaba.

    Seguí subiendo ahora a su espalda, jugué un rato con mi lengua y todo su contorno, dando besos suaves y húmedos. Mi pene se posó en sus nalga y empecé un vaivén sin penetrarla. A este punto ya escuchaba sus gemidos, se movía de a poco tratando de corresponder mis movimientos.

    Me senté en su culo, pose mi pene en el medio de esa montañas, eché un poco de saliva y empecé a masturbarme con sus nalgas, trate de meter una mano y hacerme con sus tetas, pero tuve que hablarla por el cabello para que se separara de la cama. Grito de excitación, me dediqué a comerle su boca por un lado, lamí su cuello, lamí sus orejas, mordí su cachete, mientras mis manos jugaban con sus tetas, ella solo gemía y suspiraba por las cosquillas que le daba.

    Sin decir nada hizo presión para levantarme y se volteó. Rápidamente se quitó el hilo invitando a que me la comiera. La hice esperar, quería dominarla, esa escena de esperarme como mi puta me puso a mil. Trepe hasta su pecho y pose mi pene entre sus tetas, no tuvo opción y se lo llevo a la boca. Comencé a pajearme en sus tetas y cuando salía se metía la punta en su boca. Mi mano entre tanto buscaba su vagina que ya estaba echa un océano. Use mis dedos para darle placer, comenzó a chupar con más ganas, me halo con sus dos manos para metérselo todo a la boca, que gran placer sentía al verla con la boca llena de mi pene.

    Me volteé porque quería comer y sentir ese olor a hembra en mi cara, ella se embutió mi pene de nuevo, yo abrí sus labios y comencé a repasar toda su raja con mi lengua. Llegaba hasta el borde del culo. Empecé a darle dedo y meter un par en esa totona. Empezó a moverse y no aguanto mucho y se vino, me apretó fuerte mi cara contras su vagina.

    Yo aún no había acabado y me volteé, la puse en el borde de la cama y le agarre las piernas. La abrí para ver esa linda totona hambrienta de pene. Le agarre el borde de las piernas cerca de la totona que los tiene grueso y empecé a jugar con mi palo en su entrada. Empezó a gemir y de un golpe se le metí hasta el fondo. Empezó a gritarme, que la cogiera, que quería mi verga duro, que la tenía hambrienta, y empecé a moverme cada vez más fuerte, iba y venía sobre ella, le agarre el cuello y seguí dándole con fuerzas, la bese toda, cuello, boca, le estruje sus tetas, se las pellizcaba de a ratos. Seguía gimiendo y pidiendo pene.

    Me detuve poco a poco y le pedí que se pusiera en cuatro, quería ver sus ricas nalgas mientras la cogia y ella me dice que si ya quiero mi regalo, en eso agarra un gel y se lo empieza a untar en su culito. Y me dice que lo haga despacio que hacía mucho no lo hacía por allí. Coloque la punta de mi pene en su entrada y empecé a hacer presión, ella se quejó un poco pero empezó a hacer presión en contra, hasta que se fue yendo de a poco, lo tenía bien apretado, sentía cómo le cortaba la fuerza de mi pene al contraer su esfínter, me quería comer el pene con su culo. Poco a poco se fue moviendo más y empezó a gemir, sentía como si lloraba pero seguía moviéndose cada vez más rápido.

    Cuando note que estaba disfrutando la tomé por la caseras y comencé a controlar la situación, le di sus buenas nalgadas que la hicieron gritar de excitación, la tomé por el cabello y comencé a embestir como un loco, bajaba mi mirada para ver cómo mi pene entraba y salía en ese culo, que imagen tan viciosa, ver y sentir tanto morbo al mismo tiempo, que sensación tan divina… No me aguante más y le llene el culo de esperma, mientras se la seguía metiendo, en eso ella comenzó a tener unos espasmos y supe que había acabado también.

    Me tumbe sobre ella, la seguí besando con mi pene dentro de su culo, sentí cómo se iba bajando la presión, hasta que nos fuimos a bañar. nos dimos una rica ducha con besos divinos bajo el agua, nos bañamos mutuamente limpiando cada parte de nuestros cuerpos y nos fuimos a descansar en la cama totalmente desnudos.

    Actualmente es mi esposa y cada día de mi cumpleaños cogemos como esa noche. Espero les haya gustado mi relato.

  • Sin querer encontré a dos princesas (1)

    Sin querer encontré a dos princesas (1)

    Todo comenzó cuando recibí una llamada telefónica de un número desconocido.

    Se trataba de mi amigo Luis, a quien no veía hace bastantes años. Luis me cita a un restaurante ya que tiene algo importante que decirme, pero no podía ser por teléfono, debía ser en persona, a lo cual yo le digo perfecto, y me dirijo al lugar para encontrarme con Luis.

    Al llegar nos saludamos con un abrazo, ya que hacía bastante tiempo que no nos veíamos.

    Thonesp: ¿Y qué tal tu vida desde que nos distanciamos?

    Luis: termine los estudios, me case y ya tengo un hijo de 2 años

    Thonesp: ¡felicidades bro!

    Luis: gracias bro, ¿y tu vida que tal va?

    Thonesp: bastante bien, termine los estudios, y ahora tengo una empresa propia.

    Luis: te felicito mi hermano, ¿y cómo vas con las mujeres?

    Thonesp: pues me distancie de eso bro, una empresa lleva bastante desgaste para conseguir que surja de la nada, pero ya pienso volver a las andadas jaja.

    Luis: esa es la actitud, jajaja

    Paso un rato, pedimos comida, y seguimos charlando de la vida, hasta que le dije…

    Thonesp: a todo esto, no me has dicho porque me pediste venir

    Luis: es verdad, bueno, no sé cómo explicártelo

    Thonesp: suelta la lengua, dale y ya

    Luis: está bien, pues veras, no sé si te acuerdas de mi hermana menor

    Thonesp: la verdad es que no me recuerdo bro.

    Luis: pues lo que pasa, es que cuando llegue otra vez a la ciudad, mis padres me han dicho que la ven muy extraña, y yo sospecho que está en malos pasos, tal vez consuma alguna droga o algo así.

    Thonesp: que mal

    Luis: si, lo que te quiero pedir es, si la puedes seguir por unos días para ver que hace, y saber si se está metiendo drogas o algo así. ¿puedes bro?

    Thonesp: claro bro, pero no recuerdo quien es tu hermana. ¿cómo podría identificarla?

    Luis: si quieres te puedo mandar algunas fotos de ella para que la puedas identificar.

    Thonesp: está bien.

    Mientras Luis buscaba y me mandaba las fotos de su hermana, terminamos de comer, en eso él me dijo…

    Luis: cualquier cosa que averigües me avisas bro

    Thonesp: claro bro, no te preocupes por eso, yo te aviso de cualquier cosa que sepa.

    Luis: gracias bro, estamos en contacto

    Thonesp: perfecto, tú tienes mi número y yo el tuyo, cualquier cosa nos comunicamos.

    Luis: exacto, nos vemos.

    Thonesp: nos vemos, cuídate bro

    Luis: igualmente bro.

    Nos despedimos con un abrazo, y nos fuimos cada quien, por su lado, yo me fui en dirección a mi casa, en el camino iba pensando si la hermana de Luis estaría linda o no, ya que en la comida no revise mi teléfono.

    Llegue a mi casa, me duche y me fui a acostar, ahí fue donde recordé que Luis me había mandado las fotos de su hermana a mi teléfono, las revise y me sorprendí de lo bella que era la muchacha. Pero algunas veces las fotos engañan, así que tenía que comprobarlo por mí mismo, le escribí a Luis por mensaje de texto y me dio las indicaciones de donde vivían sus padres para que fuera a seguir a su hermana, al día siguiente.

    Al día siguiente

    Fui a la casa de los padres de Luis, y me estacioné cercano a la entrada, para poder ver cuando entrara o saliera alguien, pasaron unos 20 minutos y por fin salió mi objetivo.

    Puse en marcha mi vehículo y la seguí lentamente sin que ella se diera cuenta, ella agarro un taxi, al cual obviamente yo seguí, luego de seguir el taxi por unos 30 minutos, se detuvo y por fin ella se bajó de él y camino durante unos 5 minutos más hasta que entro en una casa, yo rápidamente busque un lugar un poco distante en donde poder estacionar mi camioneta. Luego de estacionarla la cerré con llave para que no me robaran nada, que, aunque la camioneta es vieja, igual llevo cosas de valor en ella, aunque a la simple vista no son notorias.

    Luego me dirigí a la casa, y me mantuve rondándola, no vi nada extraño en ella, luego de unas horas, vi que por fin ella salía, y Luis tenía razón, salía de una manera extraña de ese lugar. Yo rápidamente me dirigí a mi camioneta y volví a seguirla para ver si iba a otro lugar, para mi sorpresa simplemente se regresó a su casa, ya que estaba anocheciendo.

    Luego de eso, me fui a mi casa y le escribí a Luis lo que había visto que, hacia su hermana en el transcurso del día, Luis me dijo que volviera a seguirla al día siguiente y tratara de averiguar más a fondo lo que hacían dentro de la casa donde su hermana pasaba el día, yo le dije que estaba bien, que eso haría.

    Al día siguiente

    Volví a hacer lo del día anterior, pero ahora con la diferencia de que cuando estaba rondado en la casa donde se metió la hermana de Luis, decidí meterme por atrás de la casa, por una ventana que se encontraba abierta, camine con cuidado dentro de la casa, hasta que llegue a una puerta donde se escuchaban algunos sonidos, mire con cuidado para que no me descubrieran, y vi que había 2 chicas besándose y acariciándose. Se trataba de la hermana de Luis y otra chica más, ambas estaban bastante guapas.

    Ahí se me ocurrió la brillante idea de sacar mi móvil y tomarle algunas fotos. Ellas se comenzaron a desnudar, hasta que quedaron en ropa interior, bastante sexy la verdad. Luego se levantaron y se dirigieron en mi dirección, ahí fue donde me di cuenta que estaba en la habitación de aquella chica que se besaba con la hermana de Luis, ya no me daba el tiempo para salir por la ventana que use para entrar, así que me metí en el armario de la habitación con mucho cuidado, quede bastante incomodo dentro del armario, ya que no era muy extenso que digamos, pero con tal de salvar la situación podía soportarlo.

    Luego de eso busque con mucho cuidado un lugar donde pudiera haber un agujero para ver lo que estaba pasando fuera del armario, ahí fue donde vi a esas bellezas completamente desnudas, lamiendo y chupando cada parte de su cuerpo, la otra chica comenzó a lamer los pezones de las tetas de la hermana de Luis, mientras esta solo se dejaba hacer, así pasaron bastante rato, hasta que la otra chica se sentó en la cama, y obligo a la hermana de Luis a recostarse boca abajo sobre sus rodillas, ahí comenzó a darle nalgadas, cada vez más fuerte, hasta que no pudo más y el culo de la hermana de Luis se puso completamente rojo y empezó a llorar. Ahí se detuvo la otra chica de azotar las nalgas de la hermana de Luis, y se puso a consolarla, luego de que dejo de llorar, comenzaron otra vez a besarse, luego empezaron a frotarse la vagina la una a la otra, hasta que se corrieron. Obviamente yo había grabado y tomado algunas fotos de ellas mientras lo hacían, pero Luis no sabría eso.

    Luego de eso, ellas se pusieron a conversar…

    La otra chica: ¿te ha gustado lo de hoy amor?

    La hermana de Luis: si mi amor, fue muy delicioso

    La otra chica: creo que ya deberíamos dejar de escondernos y decirle al mundo que somos una pareja

    La hermana de Luis: no por favor, mi familia no me lo perdonaría

    La otra chica: te entiendo amor, pero algún día debemos hacerlo, no podemos vivir escondidas para siempre

    La hermana de Luis: lo sé, tienes razón, ya hemos pasado bastantes años así.

    La otra chica: así es.

    La hermana de Luis: mira la hora que es amor, ya debo irme

    La otra chica: está bien, te acompaño a la puerta amor

    La hermana de Luis: oki amor…

    La hermana de Luis se puso su ropa interior y ambas salieron de la habitación, escuché cuando se cerró la puerta y con cuidado salí del armario, vi que estaba la ropa interior de la otra chica sobre la cama, rápidamente agarre las bragas y me las eche en el bolsillo, luego salí de la casa, pasándome por la misma ventana por donde había entrado, al pasar por la ventana me di cuenta que estaba con el pene erecto, así que con cuidado me pase por la ventana y me agache para ver cuando se fuera la hermana de Luis. Vi cuando poco a poco se iba alejando por la calle, ya estaba oscureciendo, así que esperé a que se hiciera de noche para salir de atrás de la casa. Cuando ya estaba oscuro corrí a mi camioneta y me fui directo a mi casa.

    Ya en mi casa pase todas las fotos y videos que había tomado de las chicas a mi computadora, borre todo el material de mi móvil, y deje solamente una foto donde se veía la cara de la hermana de Luis besando a la otra chica, pero la cara de la otra chica no se veía, no sé por qué quise resguardar la identidad de aquella chica, pero lo hice.

    Luego de eso cene, ya que no había comido nada desde el desayuno, y luego me fui a duchar, ahí fue cuando recordé las bragas de la chica, las busque y saque de mi bolsillo y me las lleve a mi nariz, el olor era bastante rico, era un olor a fresa muy dulce, me la masturbe un buen rato hasta que me vine, y luego ya finalmente me duche.

    Luego me fui a dormir, y pensé como haría para hablar con Luis del tema de que su hermana era lesbiana, pensé en una estrategia para manipular a Luis para que me diera el consentimiento de tratar de conquistar a su hermana.

    Al siguiente día

    Me levante, desayune, y llame a Luis, le dije que le tenía información de lo que me había pedido, quedamos en juntarnos en el hotel donde se estaba hospedando por unos días, mientras volvía a su casa con su esposa e hijo.

    Cuando llegue nos saludamos, y me invito a sentarme, yo me senté y me ofreció algo de beber, me dijo que tenía cerveza y agua nada más, yo le dije que no bebía, así que le dije que el agua estaba bien.

    En ese rato estuvimos hablando un rato mientras él me mostraba una foto de su hijo, yo por bromear con él le dije que no se parecía en nada a él, pero él sabía que era broma, ya que era idéntico a, el cuando era pequeño.

    Finalmente me pregunto lo que quería saber…

    Luis: ¿qué información nueva me tienes de mi hermana?

    Thonesp: pues veras, es algo bastante simple…

    Luis: ¿qué cosa?

    Thonesp: es lesbiana.

    Luis: ¿qué? No digas tonterías.

    Thonesp: míralo tú mismo.

    Le mostré la foto de su hermana y la otra chica besándose.

    Luis: no me lo puedo creer.

    Thonesp: pues créelo, es así.

    Luis: maldita sea, la voy a mandar al hospital a esa idiota.

    Luis estaba sorprendido, pero muy enfadado con su hermana.

    Thonesp: cálmate, no hagas una tontería.

    Luis: ¿cómo quieres que me calme si mi hermana le va al otro bando? En vez de tener una hermana tengo un hermano.

    Thonesp: eso se puede solucionar, tu tranquilízate

    Luis: ¿y cómo crees que lo puedo solucionar?

    Thonesp: eso déjamelo a mí, es hora de volver a mis viejas andadas

    Luis: está bien lo dejo en tus manos, por cierto, la próxima semana regreso a mi casa, por lo que no nos volveremos a ver durante un buen tiempo.

    Thonesp: pues que tengas un buen viaje bro.

    Nos dimos un abrazo y nos despedimos, yo fui a trabajar, ya que llevaba varios días sin ir, aunque realmente esa es la ventaja de tener empresa propia, mi presencia no es tan importante.

    Luego de trabajar, me fui a mi casa, y planifiqué como podría conquistar a la hermana de Luis.

    Mensaje extra de Thonesp

    Gracias por leer el relato, si quieres que publique la siguiente parte de esta historia, no olvides comentarlo, me animarías muchísimo si lo haces, un cordial saludo y bendiciones.

  • Él me domina

    Él me domina

    Los que me conocen dicen que tengo carácter fuerte, pero él me domina. Y no, no estoy hablando de correas de cuero, esposas ni órdenes sadomasoquistas. Él me domina porque es un hombre maduro que me lleva 20 años y sabe darme placer como ninguno.

    Ayer quedamos y me llevó de la mano por las escaleras hasta el local comercial que, a esa hora, estaba vacío. Sin embargo, aun así podría entrar alguien a limpiar o a recoger papeles para el día siguiente; así que, para mayor seguridad, me metió enseguida al pequeño baño. Apenas cerrar la puerta, me empezó a besar la boca metiéndome la lengua como si quisiera sorberme el alma. De solo escucharme los primeros jadeos, sabía que estaba lista, así que no pasó mucho tiempo hasta que se sentó sobre el inodoro y me atrajo hacia sí para quitarme las bragas. Sus caricias en mi vulva con dos dedos hicieron que empezara a gemir. Vio mi mirada anhelante y se desabrochó los pantalones con un movimiento rápido; me subió apenas la falda y justo a punto de embestirme (yo rogaba que lo hiciera), se detuvo cuando la punta de su pene tocó la entrada de mi vagina.

    Un «¡ah!» y un escalofrío de placer me recorrió la espalda; tenía los ojos muy abiertos y respiraba agitada, pero él estaba decidido a doblegarme a fuerza de darme ansias. Entonces, me tomó fuertemente de la cintura y empezó a penetrarme muy, muy despacio; entró hasta el fondo y dejó asomar su pene hasta casi sacarlo, y luego otra vez, y otra, solo porque disfrutaba mirando cómo mis labios vaginales le acariciaban el tallo bien lubricado despacio, y mi vagina latía al comerse ese pedazo de carne. Él miraba alternativamente la escena porno que estábamos protagonizando y me miraba a mí, que gemía enloquecida de placer y quería más.

    -¿Querés que te dé un orgasmo? -me preguntó.

    -Sí -alcancé apenas a susurrar.

    Entonces, aprovechando que yo estaba totalmente subyugada y le había cedido el control, me alzó con firmeza e hizo que apoyara mis pies en sus cuádriceps.

    -¡Me voy a caer! -le espeté tratando de apoyar las manos torpemente en su cabeza.

    -Agarrate de la flor de la ducha -me ordenó rápidamente.

    Y ahí me di cuenta de lo que quería hacerme: el cunnilingus de mi vida. Mi vagina le había quedado cómodamente a la altura de su boca y yo, sin posibilidad de defenderme ni ordenarle ningún movimiento. Lo único que podía hacer, era tratar de sostenerme de la flor de la ducha con las dos manos levantadas, concentrándome en no perder el equilibrio mientras él me lamía la concha despacio y me apretaba las nalgas con ambas manos, disfrutando de tenerme toda para él, indefensa y entregada a su dominio.

    Entonces, cuando ya más que gemir gritaba de las oleadas de placer que iban y venían, supo que estaba por tener un orgasmo prolongado y quiso asegurarse de que así fuera, metiéndome un dedo en el culo. Lamió más rápido, concentrándose en el clítoris, hasta que me vine durante casi 30 segundos, clavándole las uñas de las plantas de los pies en sus muslos porque no podía bajar, ni caerme, ni hacer ningún movimiento más que apenas retorcerme de placer.

    Una vez que acabé, lo miré desde arriba con los ojos brillantes y, con el pene inmenso de lo erecto, se dispuso a terminar la tarea. Me tomó otra vez de la cintura y me ayudó a bajar con dos movimientos rápidos, girándome para sentarme de espaldas a él. Y así, montadita al revés, me penetró ahora hasta el fondo mientras me mordía y me hacía chupones en el cuello, y a la vez me sobaba las tetas apretándolas con ambas manos. No tardó mucho tiempo en acabar dentro de mí y, para colmo, se dio el gusto de masturbarme en esa posición acariciándome el clítoris y la vulva con tres dedos, sobándome ahí mismo con el semen que me iba saliendo tibio de la concha.

    En menos de dos minutos volví a acabar y solo ahí, satisfecho por haberme hecho su esclava y, al mismo tiempo, haberme tratado como una diosa, me dio un dulce beso en la boca y me ordenó que me fuera a vestir.

  • Mi primera vez con fue con mi tío

    Mi primera vez con fue con mi tío

    Bueno, todo comenzó un día que mis vecinos enfrente de mi casa estaban reunidos tomando cervezas, todos en mi casa estaban allá, pero llegó mi tío (en realidad es mi primo, pero le digo tío), él es un hombre de 53 años, pero muy bien conservado, cuando joven hacía mucho ejercicio y obvio le quedó su figura de musculoso, me daba mucho morbo, hasta que ese día no sé qué me pasó que me arriesgué.

    Él entró a mi casa tomado, y comenzó hablar de cosas de personas borrachas, y bueno… Él me estaba hablando a mi y yo le coloque la mano en el pecho y él se dejó y luego se la puse en su brazo, y el seguía hablando, en la cocina solo estábamos él y yo.

    Él me dice que le averigüe algo en la computadora, entramos a mi cuarto y ahí está el computador, el comienza hablarme y yo le digo ¿Tío tu antes hacías ejercicio, porque tienes músculos? Eso mientras lo tocaba, y él me dijo «si, yo antes hacía, porque querés tocar» y yo le dije, si.

    Le toque el pecho y se ahí ese hombre se calentó, me dijo «si quiere vengo mañana y le hago el amor», y yo le dije «y por qué no ahora?» .

    Y de una se paró y se sacó su miembro y puso hacerle oral, primera vez que lo hacía, me temblaban las piernas, todo el cuerpo, y comencé hacerle oral, luego me puso en cuatro y me lo metió a pelo, y uff me dolió mucho le dije que parará y pum entró alguien a la casa y paramos.

    Al día siguiente el volvió, y estábamos solos, él me dijo (si quiere terminamos lo de ayer) y yo me deje, y bueno…

    Me puso otra vez hacerle oral y por un rato y luego me asomé así en cuatro y me lo metió a pelo y me dolió otra vez, pero aguante, me lo hacía cada vez no muy duro ni muy lento, me agarraba la cintura y me acariciaba la espalda, sentía cosquillas y mucho temblor en las piernas, sentía dentro de mi dolor pero a la vez un ligero placer, me ardía un poco también.

    Luego nos colocamos en «misionero» y le agarraba el pecho y sus brazos así venosos, el me miraba, y luego de unos 10 minutos, llegó y me apretó y comenzó a gemir así muy suave, sentí algo baboso y caliente salir de mi.

    Me lo saco y se fue a limpiar y luego yo me metí a bañar, le dije “esto tiene que quedar entre nosotros” y me dijo “si, yo no le diré a nadie”.

    Luego llegó se vistió y se fue.

  • Marcela y el paseo en auto por la ciudad desierta

    Marcela y el paseo en auto por la ciudad desierta

    No teníamos nada que hacer esa tarde, así que Marcela quedó en pasarme a buscar para ir a dar unas vueltas en auto por la ciudad, pleno enero argentino, un calor que partía el concreto, pero bueno, éramos jóvenes y nos prestamos a ese tipo de ridiculeces.

    Suena la bocina, y al salir la veo saludándome contenta desde el auto, me acercó rápidamente, abro la puerta y antes de sentarme le saludó con un beso en la mejilla.

    -¿qué haces Marce, todo bien?

    -hola Edu, si todo bien, cierra el vidrio que prendo el aire, hace un calor de morirse

    La muy descarada me recibió con un short diminuto y el pecho solo cubierto por una bikini apretada que no dejaba nada a la imaginación.

    Se veía de lejos que esos pechos turgentes y juveniles estaban muy oprimidos.

    Se puso en marcha y mientras hablábamos de trivialidades recorríamos la ciudad; obvio no andaba un alma, todos estarían en plena siesta entregados a los aires acondicionados.

    Hacía mucho que no nos veíamos, así que nos pusimos al corriente, nos contamos la vida y un poco más.

    Era inevitable en los caminos empedrados, ver como saltaban esos hermosos pechos que me hacían hervir la sangre.

    Ella se hacía la desentendida, pero se daba cuenta como la miraba disimuladamente.

    En una de esas casualidades hermosas de la vida se tragó un bache gigantesco y una de sus hermosas gemelas se salió del bikini.

    Madre mía, qué espectáculo, ese pezón rosado adornándolo, imagen celestial.

    -Uf, la puta madre, me lo comí -dijo- toda nerviosa y apresurándose para volver a meter ese melón jugoso nuevamente al corpiño.

    -terrible bache -respondí, aunque hubiese querido decirle terribles tetas, tienes mi amor.

    -¡hijo de puta, te vi como me miraste, no puedes ser más baboso!

    -ay bueno, Marcela, soy humano y hombre, ¿qué querías que hiciera? Si además sabes que estás buenísima.

    Se sonrojó un poco e inventó un par de gruñidos para sacarme del tema, o eso creí.

    -me asusté tarado, tócame el corazón.

    Llevo mi mano encima de su pecho, es verdad, su corazón latía rápido, pero creo que la idea de tener mi mano encima lo aceleraba más.

    -es verdad, todavía estás asustada.

    Deje mi mano encima por unos segundos más, y al quitarla la deslice de manera obvia los dedos, si queréis jugar, íbamos a jugar.

    El trayecto siguió, pero lo extraño fue que apuntaba a las afueras de la ciudad.

    Me mantuve en silencio respecto a ello, decidí no darle importancia.

    Unos minutos después estábamos al costado de la ruta, en un camino poco transitado y más a esas horas.

    Detuvo el auto, me miró de una forma poco normal e hizo algo que no esperaba.

    Cual actriz pornográfica, se abrió el bikini frente a mi cara, exponiendo sus dos melones sin pudor alguno.

    -¿los querías ver no perverso? Acá los tienes, míralos todo lo que quieras.

    Se los masajeaba, los apretaba, estaba jugando.

    Tomo mi mano izquierda y la llevo a su pecho derecho.

    No podía creerlo, tan duros, tan turgentes.

    -hazme un masaje dale, tantos golpes me los dejaron doliendo un poco.

    Sin dudarlo, un segundo comencé a apretárselos.

    Uf, estaban mejor de lo que me esperaba, aunque no aguante mucho solo tocándolos y acerque mi boca y decidido empecé a llamarlos.

    Ella gemía y a la vez me los entregaba cada vez más, al parecer le encantaba que le chupen las tetas.

    Ya mis dos manos estaban sobre ellos, en perfecta sintonía con mi lengua.

    Su respiración se notaba agitada cuando abusaba de su confianza y deglutía sus pezones en mi boca y se los masticaba suavemente.

    -ay eso es, muérdeme, me encanta.

    Estaba hecha una loba en celo, cachonda por demás.

    Entre quejidos deslizó, -bájate los pantalones, quiero comerte la polla ahora.

    Obedecí sin protestar, estaba con un short bastante holgado, así que el trámite fue simple.

    Se abalanzó sobre mi verga, sin que me diera cuenta, ya la traía parada por la sesión de masajes, así que post recorrida de los laterales con su lengua, se la mandó hasta el final de la garganta.

    Sí, la polla entera, la sostuvo por unos segundos dentro para luego sacarla rápidamente y comenzar a mamar como una loca.

    Chupadas que parecían querer arrancarme el glande, pero muy placenteras.

    Arrodillada desde el asiento de conductor mientras me la comía, meneaba el culito dejando ver una tanga diminuta bien metida en la vagina.

    Ni lerdo ni perezoso, una de mis manos se dirigió allí, a acariciarle ese monumento de culo empinado, mientras la otra empujaba su cabeza para ayudar en la mamada.

    Unos cinco minutos pasaron, ya tenía los huevos empapados de su saliva, sé la saca de la boca y me pide que vayamos al asiento trasero.

    Sin dudar le hago caso y una vez allí, me hace ponerme en el medio y se me trepa encima, estaba super mojada, así que mi dura verga no tardo nada en deslizarse dentro de su concha apretada, fui abriéndola poco a poco, hasta casi clavársela por completo.

    Gemía en mi oído, abrazándome fuerte.

    -ay si papito así, cógeme toda, déjamela bien adentro.

    -si mi amor sí, toda te voy a coger.

    Cabalgaba como una yegua desbocada, incluso chocándose la cabeza con el techo en algunos descuidos, pero que no la desconcentraban de la hermosa tarea que estaba desempeñando encima de mi barra de carne.

    Sus enormes tetas no dejaban de rozar mi boca y eran chupadas cada vez que me quedaban al alcance.

    -hijo de puta, que rica verga tienes decía entre gemidos.

    Yo movía mi pelvis como podía para entrar aún más adentro de ella, quería clavarla bien clavada.

    Al cansarse de cabalgar se recostó sobre el asiento, poniéndome el culo a la altura de la cara.

    -dale papi, cogeme vos ahora, te estoy esperando.

    La tomé de la cintura mientras le restregaba la pija por la concha hasta poder meterla una vez más.

    Se la dejé ir hasta los huevos, estaba muy lubricada, la cosa fue sencilla.

    Una vez entera a dentro volvía a sacarla por completo, para meterla nuevamente con impulso, ella se deshacía en el asiento.

    -¡ahhh, si bebé, sí, me encanta así de fuerte, cógeme!

    No paraba de pedir pija y yo de dársela, estaba en su salsa.

    Varios minutos y varios orgasmos después empezó a pedirme la leche.

    -amor, quiero la lechita, ¿me la vas a dar? Tengo mucha sed.

    -si mi amor te la voy a dar toda.

    En un rápido movimiento se la sacó y se giró hacia mí.

    Fue directo a la verga y comenzó a masturbarme mientras me miraba con cara de zorra.

    Estaba desesperada, realmente la quería.

    -Uf ahí viene, voy a terminar bebé.

    -si sí, dámela toda, la quiero.

    Abrió bien grande la boca y recibió mi carga, que salió con potencia directamente a su garganta, los disparos posteriores fueron las débiles y quedaron en la entrada de su boca.

    Con ojos llenos de conformidad, succiono las pocas gotas que habían quedado en mi glande, empujó con sus dedos los restos que habían quedado en la comisura de sus labios para adentro, y se la tragó completa. Ni una mancha al tapizado del auto.

    Recobramos el aire, nos pusimos la ropa y volvimos a andar, el olor a sexo en el auto era total, y descubrimos que aunque sea verano, aunque hagan mil grados, no está mal dar un paseo por la ciudad.