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  • Amor imposible con mi tío

    Amor imposible con mi tío

    Hola que tal, mi nombre es Carolina, actualmente tengo 28 años, por el momento vivo en alguna parte de México. Tengo un cuerpo gordito me dicen que soy gordibuena, un trasero envidiable por las mujeres y antojable para los hombres, piel medio morena, alta de 1.75. Desde muy pequeño me gustó la ropa de niña, sus vestidos ropa interior etc., a veces me ponía de mi mamá o de mis hermanas, y así crecí con esa pasión de vestirme de chica y me hacía feliz.

    Cuando tenía los 18 años, había quedado en una universidad algo lejos de mi casa, lo cual tenía que rentar alguna casa cerca de la universidad, todo esto me alegraba porque por fin estaría solo, sin preocupaciones de que alguien me fuera a descubrir, y así fue nadie me descubrió en donde rentaba, me descubrieron en casa de mis padres por un descuido y aquí se los voy a contar.

    Era invierno, yo había terminado el semestre con la mejor calificación del salón, lo cual me iría a casa 2 semanas antes lo cual estaría en casa 1 mes y ya que en esas dos semanas mis compañeros los que no pasaron algún examen debían de hacer un curso para poder acreditar las materias, así que yo ya no tenía nada que hacer y me fui a casa un sábado por la mañana.

    Llegué como a mediodía y mi familia no estaba ya que ellos trabajaban, y salían hasta las 2 de la tarde, así que los espere, mi cuerpo deseaba poder vestirme de mujer, pero sabía que más adelante tenía más tiempo, ese fin de semana todo transcurrió tranquilo si novedades, hasta que llegó lunes, mis padres se fueron a las 7 am, mis hermanas no estaban ya que una trabajaba y la otra se había ido a un campamento con su «amigo», lo cual estaría solo por alrededor de 12 horas, así que tenía todo el día para mi.

    Sin pensarlo mucho, me fui a bañar para poder depilarme bien todo el cuerpo, después salí y me fui directo a buscar ropita para mi, encontré variedad lo cual me puse lo más sexy, tanguita roja, brasier rojo, una blusa que transparentaba todo de color blanca, una minifalda negra, unas medias a media pierna de encaje, una peluca que tienen mis hermanas, maquillaje, joyería de mi madre, y unos tacones que había comprado hace tiempo en la universidad de color negros, al mirarme al espejo, me enamore de mi misma, como la faldita era pegada resaltaba mis nalgas, y me veía espectacular.

    Salí de las habitaciones toda empoderada, y me fui hacerme de desayunar, me hice unos wafles y un chocomilk me dispuse a desayunar y después a lavar los trastes, de ahí fui a lavar ropa pero al llegar a donde estaba la lavadora, note que había material de construcción y al fondo una pared que antes no estaba, lo cual le hable a mis padres pero ninguno respondió, así que me metí a la casa y no le tomé importancia.

    Me senté a ver la televisión y por el volumen alto no note cuando alguien entró a la casa, hasta que me hablaron, una voz gruesa y conocida, yo me quedé paralizada y lo único que hice fue ponerle mute a la televisión, y volvieron hablar; -hola buenos días-. Yo no quise girar lo cual solo alcance a levantar la mano saludando, y él dijo; -vine a seguir con el trabajo, por favor me puedes abrir el portón para que meta mis herramientas.

    No sabía que hacer pero no tuve más alternativa más que levantarme y verlo, al hacerlo sentía que me desmayaba puesto que era mi tío, un tío el cual para ser sincera me caía super mal, ya que era bien prepotente, regañaba a mi tía delante de todos son importarle nada, y varias veces la había golpeado, ya que ella no podía tener hijos y por eso según él se frustraba. Ellos se habían casado cuando yo tenía 10 años, mi tía, hermana de mi mamá y él mi tío político, y aun si traba de respetarlo ya que era tío, el en ese entonces tenía 45 años, era más grande que mi tía, me parece que por 11 años algo así.

    Aunque debo de admitir que es muy guapo, es alto, barbon, con cara de enojado todo el tiempo, unas manos muy grandes, y una panza ya algo pronunciada, por eso en cuanto lo vi me dio mucho miedo porque no sabía como iba a reaccionar, me le quedé viendo y el a mi, era obvio que sabía que era yo, ya que conocía a mis hermanas y sabía que no estaban, pero tan solo sonrió y dijo:

    Tío: jejeje no sabía que mi cuñada tenía 3 hijas.

    Yo avergonzada solo baje la cabeza, pero me sorprendió lo que dijo:

    Tío: tranquila o tranquilo como sea, no pasa nada si te gusta eso, está bien pero no debes de sentir pena.

    Yo levante la cara y sonreí, a lo que él dijo:

    Tío: anda, vez abrirme el portón y te vuelves a meter para que no te sientas incomodo o incomoda.

    Rápidamente asentí con la cabeza y fui rápido abrir, el metió su herramienta y volví a cerrar, el me vio y dijo:

    Tío: disculpa si pensaste que me reí de ti, solo no podía creer que fueras tú, por eso dije lo de las 3 hermanas, porque si de por sí tus hermanas son guapas, tú ya así también les das pelea, (sonríe).

    Me puse toda colorada porque me dijo guapa, el tomo sus cosas y se fue a trabajar, a lo que me senté en el sofá y comencé analizar todo lo que había pasado, pero más que nada, no podía creer que ese hombre quien tantas veces tenía comportamientos violentos me haya entendido y sobre todo, que no buscará nada más, estaba sorprendido con su actitud, peor en fin deje que se pusiera trabajar, a las hora de la comida me llamó yo fui ya como chico a lo que dijo:

    Tío: ora que paso? Ese rato estaba una sobrina bien bonita y ahora está un sobrino todo feo jejeje

    Yo: jejeje que paso tío?

    Tío: oye me das chance de calentar mi comida en el microondas porfa

    Yo: si pásele, allá esta

    Tío: gracias.

    Mi tío pasó y puso a calentar su comida, mientras yo estaba sentado, picando cebolla, es tomo una silla y se sentó y me comenzó hacer platica de lo que había pasado en la mañana:

    Tío: disculpa sobrino te puedo hacer algunas preguntas?

    Yo: si dígame

    Tío: por qué haces eso?

    Yo: hacer qué?

    Tío: pues eso de vestirte de mujer?

    Yo: mmm no lo sé, solo me gusta

    Tío: y eres gay o algo así?

    Yo: no no, solo me gusta vestirme

    Tío: y de quien es la ropa que te pones? Yo: algunas de mis hermanas y otras de mi mamá

    Tío: y sabe tu familia lo que haces?

    Yo: no no sabe por favor no les diga nada

    Tío: oh sobrino tranquilo, no les diré, aunque debería por tanta acusación que tenía sobre mi jejeje

    Yo: usted disculpe pero es que si se pasaba con mi tía

    Tío: si lo sé, por eso trato de cambiar, pero si me trataste de lo peor

    Yo: discúlpeme

    Tío: está bien ya paso, y siempre te vistes?

    Yo: no por lo regular cuando no hay nadie  

    Tío: ah por eso te fuiste a cambiar porque estoy aquí verdad jejeje

    Yo: (risa nerviosa)

    Tío: tranquilo si quieres vestirte por mi está bien, yo no tengo nada en contra

    Yo: gracias pero si me da pena

    Tío: de que de que te veo no manches yo estoy allá afuera y aquí adentro

    Yo: pero aun así me da pena

    Tío: OK vamos hacer esto si tu te vistes aun cuando estoy aquí no le digo nada a tus padres pero si no si les voy a tener que decir

    Yo: no por favor

    Tío: jejeje no te creas como te sientas cómodo

    Yo: gracias tío

    Tío: oye y haz salido a la calle?

    Yo: no nunca

    Tío: por qué?

    Yo: pues porque me da pena, si aquí con usted me da pena ahora en la calle me desmayo

    Tío: no pasa nada, a lo mucho que pasará es que te ligues a muchos hombres, porque tienes con qué

    Yo: hay tío como es usted jejeje

    Tío: jejeje ya enserió no te gustan los hombres?

    Yo: pues no jejeje

    Tío: hay vamos sobrino, alguien te tuvo que haber movido el tapete siendo mujer la verdad, si yo que estoy seguro de mi sexualidad veo hombres muy guapos y digo wow yo si andaría con el jejeje pues tú que tienes otros gustos cual más

    Yo: jejeje hay tío que cosas dice

    Tío: sé sincero sobrino

    Yo: bueno si hubo un chico que me llamaba la atención, pero solo eso

    Tío: ah ya ves como si dudas aunque sea un poquito, y como se llama el chico?

    Yo: hay tío no eso no se dice

    Tío: bueno cuantos años tiene?

    Yo: me va a matar pero tiene 30 jehehe

    Tío: pero porque dices eso, yo le llevo como 11 años a tu tía, jejeje bueno que en este caso yo conocí a tu tía cuando tenía 23 y yo 34 y tú tienes que 18 y el 30 son 12 años bueno para el amor no hay edad jejeje

    Yo: solo me gusta, ni siquiera sabe de mi existencia

    Tío: si te lo propones puede saberlo

    Yo: solo así de lejitos jejeje

    Tío: bueno sobrino, ya te lo dejo a ti, y voy a comer si no se me hace tarde, y toma en cuenta mi consejo, quítate la pena conmigo y después con el mundo así te será más fácil

    Yo: gracias tío lo tendré en cuenta

    Mi tío se fue a comer y yo me quedé pensando en todo lo que habíamos platicado, desde como me trató, como me habló y la discreción que tenía y como olvidar los momento graciosos que hacía, así tomé su consejo y comencé a vestirme más seguido, mi tío le dio gusto y aplaudía mi decisión, por los próximos días comencé a tener más confianza con él, y comencé a invitarlo a comer conmigo, claro yo como chica, le servía de comer, le llevaba agua a donde estaba, y le lavaba alguna ropa que llevaba ya sucia, sin darme cuenta era como si fuésemos esposos, él trabajaba y yo atendiendo la casa, algo en lo que me iba acostumbrando y el también, me platicaba sus penas con mi tía, y yo las mías siendo tv, de alguna manera nos entendíamos, pasaron los días y ya casi iba a terminar el trabajo, lo cual un viernes temprano llegó y me habló yo baje y dijo:

    Tío: toma cámbiate que vamos a salir

    Yo: qué? Como que vamos a salir, adonde?

    Tío: o no hagas preguntas y ponte lo que te di

    Yo no entendía nada, pero esa orden que me dio detonó algo dentro mi, así que me fui rápido a cambiarme, al ver que era, era un mini vestido color blanco entallado de tirantes, una unos tacones rojos hermosos con un moño a lado, ya yo escogí la ropa interior que fue un cachetero color rojo de encaje que se me hizo tanga cuando me la puse, un brasier negro, mi peluca, y me maquille lo mejor posible, tome joyería y baje enseguida, al verme mi tío dijo:

    Tío: woow woow sobrino te ves muy buen

    Yo: gracias tío

    Tío: bueno vente

    Me llevo a su coche y me subí, el arranco y me llevó a un parque, ahí nos bajamos aunque yo con mucho miedo pero el me los quito poco a poco, lo tomé del brazo y comenzamos a caminar, caminábamos muy lentos para disfrutar del parque, y poco a poco comencé a notar que los hombres que por ahí pasaban se me quedaban viendo, y mi tío comenzó a decir:

    Tío: mira sobrino, aquel hombre se te queda viendo, y mira aquel otro también

    Yo: pero cual es la finalidad de… Esto?

    Tío: pues que veas que puedes tener a cualquier hombre y así se te quite el miedo y las dudas

    Yo: gracias tío, pero estoy bien así

    Tío: oh tranquilo confía en mi, debes de meterte en tu papel de chica

    Yo: bueno si es así deberías de decirme sobrina en vez de sobrino no?

    Tío: tienes razón sobrina jejeje pero solo así sin nombre?

    Yo: ya tengo uno

    Tío: cuál?

    Yo: me gusta mucho Luz

    Tío: Luz? No manches sobrina debe de ser sexi tu nombre

    Yo: entonces cuál?

    Tío: mmmm no se haber espérame aquí sentada ahorita regreso

    Yo: OK tío

    Mi tío se fue y lo perdí de vista, en lo mientras saque mi celular para tomarme algunas fotos así como estaba, cuando de repente llego un chico y me hablo:

    Omar: hola hola

    Yo: (sonriendo)

    Omar: como estas?

    Yo: (trate de que mi voz fuera lo más fina) bien y tu?

    Omar: buen también, disculpa la pregunta no eres chica?

    Yo: (toda nerviosa) no lo siento

    Omar: por que lo sientes?

    Yo: por la decepción

    Omar: no para nada, al contrario gracias por ser sincera

    Yo: jejeje gracias por entender

    Omar: y estas esperando a alguien?

    Yo: si

    Omar: oh ya veo a tu novio me imagino

    Yo: no, a mi tío

    Omar: tu tío?

    Yo: sip

    Omar: ya veo, jejeje bueno ojalá y no se enoje que me vea contigo

    Yo: no no creo jejeje

    Omar: por cierto soy Omar y tu como te llamas?

    En eso llego mi tío y le responde:

    Tío: se llama Carolina

    Yo me quede viendo a mi tío y Omar también.

    Omar: oh disculpe señor, no quise molestar a su sobrina

    Tío: no para nada, platiquen yo voy a dar una vuelta (tono serio)

    Omar: no yo ya me voy, disculpa Caro me puedes pasar tu número?

    Yo: mmm si claro toma

    Le di mi número y Omar se fue, mi tío, se sentó otra vez conmigo pero ya lo note algo serio a lo que le dije:

    Yo: que paso tío?

    Tío: nada por qué?

    Yo: pues lo noto molesto

    Tío: mejor vámonos

    Nos levantamos y caminamos a su coche me subí y en el trayecto no dijo nada, hasta que llegamos a la casa.

    Yo: tío que paso porque esta serio conmigo?

    Tío: como porque, tantito te dejo sola y ya andas de resbalosa

    Yo: pues tu fuiste quien me llevó y querías que me vería el mundo

    Tío: si pero ibas conmigo, y también le das tu número

    Yo: pues el me lo pidió no le veo nada de malo

    Tío: cualquiera que te pida el número se lo vas a dar?

    Yo: no entiendo que te paso

    Tío: pues que me va a pasar, nada

    Yo: (enojada y con lágrimas en los ojos), si no te gusta verme con otros hombres ten el valor de decirme que te gusto.

    Baje del auto y camine a la casa, me senté en el sofá, y tenía un mensaje de un número desconocido pero no lo abrí así que encendí la televisión, a los poco minutos llego mi tío y se sentó enfrente mío y dijo:

    Tío: por qué dices que tenga el valor? Acaso yo te gusto?

    Yo: si tío me gusta, me enamore de ti en estas semanas, que la hemos pasado juntos, y si acepte a platicar con ese chico fue porque pensé que no tenía oportunidad con usted pero al ver sus celos por eso pensé que también le gustaba

    Tío: está bien si si me… Gustas, desde el primer día en que te vi

    Yo: y por qué no lo dijo?

    Tío: no lo sé, pero…

    Yo: pero no está enamorado de mi verdad

    Tío: no Carolina, tan solo es deseo, un deseo grande por ser tu primer hombre

    Cuando mi tío dijo eso, me levante y fui hacia él, lo tomé de la mano y le di un beso, el beso más rico que he tenido, él me tomó de la cintura y comenzó a besarme con locura, yo me fui dejando poco a poco, hasta yo estar acostada y el encima mío, él se levantó y se comenzó a quitar el pantalón dejando tan solo su bóxer, con un bulto algo grande, yo no sabía que hacer, así que él me fue guiando, y con si manos llevo mi cabeza hasta su bóxer, lo cual comencé a besar, el cesaba con más fuerza hasta que con una mano baje si bóxer, su pene salió como resorte pegándome en la cara y sin decirle nada se lo comencé a chupar de arriba abajo y él se retorcía del placer.

    Después me puso en 4 y comenzó a masajear mis nalgas levanto el vestido después me levanto y comenzó a besarme en toda mi cola, de arriba abajo y de un lado a otro poco a poco comenzó a meterme sus dedos hasta que vio que ya era tiempo, me puso en cuatro hizo a un lado el cachetero y puso su pene en la entrada de mi anito y empujó poco a poco yo gemía y daba algunos gritos de dolor pero todo caballeroso se esperaba a que me pasara el dolor y seguía hasta que logró meterlo todo así se quedó unos minutos y después comenzó en saque y mete, a ese punto el dolor iba disminuyendo y el placer iba incrementando.

    Estuvo unos 20 minutos así hasta que sentí calientito dentro de mí, lo saco y rápidamente me volteo para que limpiara su pene de la leche que había sacado, se levantó y se fue al baño yo me quede sintiendo mi anito como salía leche llegó me dio un beso en la frente y me dio rollo para que me limpiara se acostó y yo encima de él no me quería desprender de él, el me abrazo y así dormimos un rato, una como a las 2 nos levantamos y fuimos a bañarnos al salir me puse más comoda, una tanga y un short sito con el mismo brasier que tenía.

    Me puse hacer la comida, él se acostó en el sofá, hasta que lo llame, nos sentamos y comimos, cuando ya era hora de que se fuera me dijo que quería que fuéramos novios a lo que de inmediato dije que sí, nos besamos y se fue, diciéndome que regresaría al otro día, cuando se fue me sentía la mujer más feliz, lo cual decidí ignorar a Omar un tiempo pero ya después les contaré que paso con él.

    Ojala y les guste, más adelante les platico más cosas ricas que hicimos como pareja.

  • Mi alumna consentida

    Mi alumna consentida

    Durante la época en que fui profesor de nivel preparatoria, en la ciudad de Toluca, hace algunos años, varias estudiantes se me insinuaron pero obviamente no prestaba atención porque siempre fui muy profesional y además eran chicas menores de edad, yo 35 años.

    Con algunas chicas y chicos les daba consejos y los orientaba para ser mejores estudiantes, una de ellas se llamaba Adriana, recuerdo que se me acercó para charlar de su vida estudiantil y así comenzamos a platicar de ella, de su familia, de mí, de temas de actualidad.

    Ya con el tiempo Adriana me visitaba muy seguido en mi cubículo, generalmente siempre acompañada con una o varias compañeras de ella, y jamás imaginé que fueran por otro motivo que charlar de mil cosas de la escuela, en algún momento me preguntaban de mí, pero nada fuera de lo normal.

    Ella tenía su novio el cual también era su compañero de grupo y en ocasiones me visitaban los dos al cubículo, al paso de los meses cumplió la mayoría de edad y estaba por ser su graduación pues estaba en su último año, se acercó a invitarme al convivio que sus familiares le prepararon por haber culminado su preparatoria, acepté ir y llegado el día me presentó a su familia y después de unas horas me retiré deseándole lo mejor, le dije que cuando quisiera podía verme en la escuela o hablarme al celular.

    Total que a los pocos días me escribía mensajes al celular y seguimos en contacto por ese medio, fuimos charlando poco a poco y cada vez empezamos a tener más confianza, llegó el momento que comenzamos a hablar de temas de sentimientos y así llegamos al punto de que sentíamos algo, de que había atracción, yo sabía que tenía novio y ella sabía que yo era casado así que empezamos a salir y vernos pero como amigos, y después de un tiempo en una de esas salidas nos besamos y acordamos en iniciar una relación olvidándonos de su novio y de mi esposa, quedamos en ser discretos, en disfrutar juntos el momento.

    La primera vez que tuvimos intimidad fue algo que no planeamos, sucedió cuando fuimos a tomar un café, ese día ella llevaba prisa porque tenía que ver más tarde a su novio y después a su papá por lo que sólo era un poco el tiempo para vernos.

    Nos quedamos de ver en una plaza comercial, fuimos a tomar un café, platicamos, y sin más le dije que me gustaría intimidar con ella, me contestó que el tiempo lo tenía limitado y que aún no estaba segura de dar ese paso, que le diera más tiempo, le dije lo mucho que la deseaba, lo bien que se veía, que era un buen momento para estar juntos, dijo que sí tenía ganas y deseo de estar conmigo pero que ya tenía compromisos por lo que sería en otra ocasión… nos besamos, la acaricié y seguimos charlando… platicamos de lo lindo que sería estar juntos a solas, y ya al calor de la plática me dijo que siempre le gustó la idea de tener un encuentro con su profesor, que desde que me vio tenía la idea de tener una relación conmigo… aceptó ir a un motel con la condición de no tardar mucho porque ya tenía planes con su novio y su papá… fuimos caminando a un motel cerca, entramos a la habitación… ella es una mujer delgada bonitas piernas, senos medianos… siempre muy reservada, seria, un tanto tímida, toda una hija de familia…

    Al entrar en la habitación se dejó llevar como toda una colegiala, tan pronto estuvimos solos comencé a besarla suavemente, la acerqué hacia mí para que sintiera mi grosor y lo que provocaba el tenerla cerca de mí, no dejamos de besarnos era algo que deseábamos desde hacía tiempo, no había que perder tiempo, le fui quitando su blusa, su ropa, y mi ropa… la observé bien en ropa interior, definitivamente era una verdadera mujer deseando entregarse a su profesor, era su deseo, su fantasía, y yo también la deseaba con muchas ganas de hacerla mía… tan pronto retiré su brassier quedó al descubierto sus dos senos muy lindos medianos con unos pezones duritos paraditos, eran unos senos bien formados en cono, una delicia que apresuré a disfrutar mamando y tocando en todo momento mientras Adriana lo disfrutaba y gemía cada vez que saboreaba esos conos deliciosos.

    Llegó el momento de acercarme a su intimidad, esa panochita húmeda que ya estaba mojada de sólo imaginar lo que se iba a comer, me decía que ya se la metiera, primero la senté en mis piernas y sintió mi virilidad, ya babeaba en la punta de mi verga y me dijo que ya la quería, que la necesitaba, la cargué y acosté en la cama, quité mi bóxer y me dijo métela ya que no aguanto, comencé a tocarla suave su linda intimidad, y poco a poco introduje uno… dos dedos… presionaba su clítoris y movía mis dedos dentro de su estrecha vagina, ella comenzó a gritar y gemir como toda una hembra, cómo toda una hembra en celo, y así sin retirar su tanga llegó a tener un orgasmo, de su vagina salió un chorro de lubricación.

    Le dije que estaba por penetrarla y me monté sobre ella y así sin quitarle su ropa interior hice a un lado esa tela que separaba su panochita de mi verga y le metí mi erección, tan pronto puse mi glande en su entrada empezó a gritar como toda una mujer ardiente, lentamente fui metiendo mi verga hasta dejársela ir toda de un solo golpe, ella pegó un grito que hizo que me prendiera aún más… comencé a bombear despacio y poco a poco aumenté la intensidad, la empecé a bombear duro y fuerte…

    Adriana no dejaba de gemir y de gritar, definitivamente es muy excitante cogerse a una mujer que grita y gime como ella, parecía que la estaba violando porque gritaba y me decía que ya no más, que ya parara, que la estaba lastimando, yo sin hacer caso le daba más duro, sin contemplación, ella me decía: por favor ya salte me duele, ya termina, y no dejaba de gritar y gemir, eso me excitaba aún más, Adriana decía ya ya hay me duele… pero yo sabía que lo estaba disfrutando porque me abrazaba fuerte y cerraba sus ojos disfrutando el momento, nunca había estado con una mujer tan expresiva como ella… definitivamente era como si la estuviera violando, y así me apretó mucho y supe que estaba por regalarme su orgasmo… y al mismo tiempo mi verga también dejó salir esa leche caliente en su vagina… no retiré mi erección y así quedamos abrazados unos momentos… el tiempo lo tenía encima, ya se había hecho tarde y tenía que irse… la llevé hasta donde tenía que ver a su novio y a su papá… qué bonita experiencia…

    Agradezco sus comentarios, les dejo mi contacto:

    [email protected]

  • Él y ella

    Él y ella

    En la penumbra, Adrian y Nicole se encuentran,

    Dos almas ardientes en el juego del deseo, sin freno.

    Sus miradas se cruzan, chispa de complicidad,

    En este baile sensual, comienza la intimidad.

     

    Adrian, con manos fuertes, traza su camino,

    Recorre la piel de Nicole, con dulce desatino.

    Ella suspira y tiembla bajo su tacto apasionado,

    Un fuego interno se enciende, un amor entregado.

     

    Nicole, con ojos avivados por la pasión,

    Desnuda a Adrian con la mirada en su canción.

    Susurros y gemidos, melodías en el aire,

    Dos cuerpos enlazados, sin temor a naufragar.

     

    El roce de sus labios, un encuentro celestial,

    Los cuerpos se entrelazan, en un abrazo sensual.

    La noche los envuelve, en su mágico velo,

    Adrian y Nicole, en este amor, son cielo y suelo.

     

    Así, en la penumbra, juntos se entregan sin fin,

    Un poema de pasión, en su piel, queda el carmín.

    En cada beso, en cada abrazo, son dos almas ardientes,

    Adrian y Nicole, en este amor, son eternamente.

  • Prohibida obsesión por mi hermana

    Prohibida obsesión por mi hermana

    Hola, me llamo César y esta historia que les cuento es totalmente real y una locura a la vez, nunca pensé que tendría este tipo de experiencia. Comencemos por el principio.

    Soy el hermano mayor, ahora tengo 24 años, mi hermana Diana de 22 es muy coqueta y le encanta vestirse provocadora, «es para gustarme a mi» dice ella. La verdad creo que esto empezó hace un par de años.

    Ella se desarrolló después de la secundaria o prepa, la verdad es que yo solo la veía como una niña boba que usaba mis sudaderas. Hasta que dejó de usarlas y empezó a vestirse muy muy entallada.

    Mide 1.64 es de piel muy blanca y voz chillona, por lo que me fastidiaba salir con ella, aunque mamá siempre me mandaba a cuidarla. Por lo regular estaba a distancia tomando un café o leyendo algo mientras ella iba con sus amigas. Fue hasta esa vez en el cine que note a un tipo acercarse como si viera la cartelera pero con el teléfono muy pegado a sus nalgas. Diana llevaba unos leggins rosa pastel que se clavaban entre sus nalgas. A pesar de mirarlo feo y tratar de que ella se moviera de ahí, no logré impedir que el tipo, le tomara fotos o la grabara no sé muy bien. Se alejo mirándome con una risa burlona mientras yo apestaba los puños y miraba como mi hermana ni siquiera se daba cuenta de lo que pasaba. Al mismo tiempo note que un bulto se había formado en mi pantalón. Era… ¿por ver el culo de mi hermana?

    Al día siguiente ella como si nada caminaba por la cocina con su short de pijama, ese de bolitas que igual que sus leggins se clavaba entre sus nalgas, no podía quitarle la vista de encima y ella me miró extrañada.

    —¿Estás bien? –dijo mirando mi pantalón.

    —¿QUÉ? ¡NO… YO! –sentí como el color se subía a mis mejillas y como pide salí de ahí.

    Era abrumador estar junto a ella, pero me castigaba. No podía pensar en mi hermana de esa manera, si ahora tenía un culo redondo y rico, unas tetas pequeñas y levantadas pero seguía siendo mi hermana. Contuve todo eso que tenía dentro husmeando en su ropa, incluso con su ropa ajustada podía adivinar que tanga o cachetero traía puesto, obviamente los olía a escondidas y me masturbaba. Luego volvía la culpa.

    Hasta este fin de semana, ella ya con 22 sale sola con sus amigas, me toca ir a buscarla a algún antro o plaza. Un par de veces me ha tocado llevarla a comer pues está muy borracha. Cómo en este caso. Salía de un antro, eran las tres de la mañana y traía un vestido corto, cuando me acerque por ella me eructó con olor a cerveza.

    —¿Otra vez borracha? –le dije aunque solo llevarla tomada de la cintura hasta el auto me provocaba ya una gran erección.

    —Solo fueron dos cervezas, no les digas a nuestros padres–dijo sonriendo, ahora usaba braquets lo hacía que al hablar salvará más de lo normal.

    —No están, se fueron a cenar –savia que mis padres salían a un hotel, mi madre era de esas que gritan mucho y de un tiempo a la fecha preferían evitar que sus hijos o vecinos los escucharán.

    —ok –dijo y se acomodó para roncar a los pocos minutos.

    Su vestido apenas le cubría, podía ver un poco como se asomaba su ropa interior. Me detuve en un semáforo y como si quisiera despertarla la moví y subí más su vestido. Ahora veía sus labios vaginales húmedos, con el vestido ajustado casi en la cintura. El claxon de otro carro me saco del transe y avance no sin dejar de verla de reojo y con la pulsación a más no poder, sudaba frío y las manos me temblaban. Por culpa y por nervios.

    Por fin tuve el valor, mordiéndome los labios y estacionado afuera de casa coloque dos dedos sobre su panochita, se sentía tan calientita, mis dedos estaban justo en medio recibiendo su humedad mientras ella roncaba babeando.

    Llevábamos un par de minutos que para mí fueron una eternidad afuera, luego sonó un claxon, era el vecino que saludaba. Conteste el saludo y Diana no despertó pero se espabilo un poco, para cuando abrió los ojos yo ya estaba abriendo su puerta y sujetándola para entrar a casa. Mi erección no cedía, menos ahora que tenía sus tetas a centímetros. La recosté en su cama mientras seguía hipnotizado mirando su cuerpo.

    —¿Que me ves? –dijo balbuceando y provocándome un susto que casi me infarta.

    —¿Te vas a dormir así? –pregunte en ese tono regañón acostumbrado.

    —mi pijama… –dijo casi con los ojos cerrados.

    Fui a su mueble y busque la de short rosita que le quedaba pegadita, le quite el vestido por encima de los hombros y desabroché su brasier, sus tetas hermosas quedaron frente a mi con esos pezones rositas pequeños y suculentos, le puse la blusa y luego el short. Cuánto lo ajuste a sus culo no resistí. Metí mis dedos entre sus piernas para sentir de nuevo su humedad. Ella se estremeció y abrió los ojos.

    —¡Que rico bebé! –dijo mientras me sobaba la verga sobre el pantalón.

    Me baje el cierre y saque mi verga que punzaba de excitación. Ella cerró los ojos un momento, luego sonrió mostrándome sus braquets y chupo un poco mi verga.

    —¡Que rico bebé! –repitió y mamo un par de veces mi verga para luego cerrar los ojos Aún con mi verga en la boca.

    Me acomode para no abandonar su boca y me movía suavemente mientras sobaba su panochita. Ella chupaba de poco en poco y dormía, hasta que ya no despertó, así que seguí metiendo mi verga en su boca que estaba a mi disposición. Su panochita ya estaba bien mojada, moví su tanga y metí un par de dedos pero pegó un respingo que saco mi verga su boca, Si que preferí barajar bien mis cartas. Baje su short para sobar sus nalgas que eran suaves y redondas, mientras montado en la cama me acomodaba para que mi verga entrara nuevamente entre sus labios.

    —¡Bebe! –dijo y chupo como si fuera un helado y dejo que el trozo de carne erecto resbalara dentro de su boca. Sentía su respiración sobre mi verga, además de que su saliva escurría por un costado de sus labios, abría sus nalgas para admirar su coño y ver su apretado ano, hasta el punto de palparlo con un dedo sintiendo sus pequeñas arrugas.

    Miraba como en su mejilla se marcaba el paso de mi verga y me ponía más cachondo, venía el momento de la decisión más importante de esa noche. ¿Terminaría dentro de su boca? ¿Me masturbaría en el baño como de costumbre o llenaría su cara de semen?

    Al final apenas y saque mi verga los chorros de semen mojaron su cara, estaba de lado y mi semen embarró su mejilla un par de veces, escurriendo en sus ojos y nariz. Sacudí mi verga con fuerza en sus labios dejándoles una capa viscosa de semen. Con mi otra mano apretaba con fuerza su nalga que quedó enrojecida. Me quite mi camiseta par a limpiar su rostro, no sin antes tomarle un par de fotos a su rostro lleno de esperma. Lo cual la verdad hizo que se me pusiera dura de nuevo. Acomode su short mirando como se clavaba en su culo y salí con la misma culpa de siempre.

    Cuando desperté me dio miedo salir de mi cuarto, ¿Que me diría Diana? Mis padre tocó a la puerta para que bajar a desayunar y ahí estaba ella, recién bañada y sonriente como siempre.

    —¡Hola hermano! –dijo mientras bebía un vaso de leche.

    —¿Cómo estás? –pregunté tanteando el terreno.

    —¡Cruda! No me acuerdo ni como llegué a la casa. Gracias por ir por mi, nomás me acuerdo que salí del antro y se me borró la cinta.

    —¡Deja de tomar como albañil! –dijo mamá —no siempre va a estar Cesar para ser tu chófer.

    —no, no me molesta. Me preocuparía más que regresará sola con algún desconocido.

    —¡Aaw! Por eso te quiero menso.

    A mí me urgía que llegara el siguiente fin de semana y se ahogara de borracha, tenía una cita con ese culo. Así pase la semana espiándola. Le tome fotos del culo y entendí al tipo del cine. Era adictivo mirar ese culote de mi hermana.

    Continuará…

  • Mar Sensual: Las experiencias de mi vida sexual

    Mar Sensual: Las experiencias de mi vida sexual

    Mi jefe me cogió en su oficina. (1ª parte)

    Hola, soy mexicana de la Ciudad de México, casada con dos hijos, simpática, con una figura atractiva sin exagerar, a la que realzo con mi vestimenta de manera coqueta. He tenido una vida sexual activa con mi esposo o sin él, en el trabajo, fuera de él, sexo compartido, sexo ocasional, entre otros. Decidí compartir mis experiencias, que espero les gusten. Son varias que he tenido guardando la imagen de esposa fiel, madre y trabajadora responsable. Todos los relatos que presentaré son reales, son experiencias de vida, son extractos de mi vida sexual, reitero todos reales. Sólo los nombres, ubicaciones y algunas situaciones particulares han sido modificados. He descubierto que me excita compartir y compartirme, me gusta el sexo y el erotismo como formas de liberación de energía, de confirmarme como mujer erótica

    Empezaré por contarles mi primera experiencia fuera del matrimonio, no fue consentida, fui forzada. Cuando entré a trabajar en esa empresa me sentí contenta, era mi tercer empleo formal, era una empresa grande con diferentes secciones. Como en todo lugar de trabajo el ambiente es como tú lo generas, aunque si sentí envidia de algunas compañeras y buena atención de parte de los compañeros. Para ese entonces tenía 27 años, casada y con un hijo, fiel a pesar de las pretensiones que en cuatro ocasiones me vi tentada a serlo. He de decir que me sentí halagada por esos hombres, una emoción recorrió mi cuerpo, sentí curiosidad por probar lo prohibido, pero mi pudor pudo más que el deseo. No soy de cuerpo voluptuoso, pero si con una figura que llama la atención y más por el tipo de ropa que uso: entallada, faldas cortas, vestidos sexys y lencería. A mi esposo le gusta que vista así y a mí también, coqueta sin exagerar. Seguí siendo fiel a mi marido.

    En lo laboral siempre he sido responsable, puntal, colaborativa, profesional en una palabra, por lo que siempre me destaco por mi eficiencia. Con el tiempo fui escalando posiciones ganándome el reconocimiento por mi labor. Ya en lo cotidiano, para ese entones, había compañeros que me pretendían. Cuando asistía a las reuniones o fiestas me divertía alegremente y generalmente era de las últimas en irme. Ya con el alcohol ingerido, los compañeros se mostraban más “atentos” y es cuando me sugerían salir con ellos a lugares más íntimos. En dos ocasiones, después de intensos fajes en sus coches, estuve a punto de ir al hotel con ellos. Esas dos ocasiones sentí vergüenza por haber cedido, pero también sentí mucho placer por atreverme a hacer esas cosas de manera furtiva y prohibida y que sólo había hecho con mi esposo.

    Cuando mi actual jefe me llamó a colaborar con él, nunca pensé que las cosas llegaran hasta este extremo. Yo me desempeñaba en otra jefatura de la misma área. Mi jefe estaba contento conmigo debido a mi atención, mi responsabilidad, honestidad, profesionalismo y porque no también, hay que decirlo, por mi aspecto (simpática y de buen ver). Sabía que me presumía con los demás jefes e incluso con el director general, craso error.

    No pasó mucho tiempo cuando mi jefe anterior me dijo que la secretaria del director general había renunciado al puesto por motivos personales, por lo que andaban buscando a alguien que la reemplazara y parecía que yo reunía los requisitos que el director general buscaba. Fui a una entrevista con él y quedó encantado con mis referencias, sobre todo me dijo que todo coincidía con lo que le habían contado de mí. En ese momento, él se mostró atento y respetuoso, aunque en dos ocasiones lo caché hurgando con su mirada mis senos. Amable, me dijo que el lunes empezaría a colaborar con él. Salí de su despacho y me dirigí a mi lugar de trabajo. Al llegar y enterarse todos me felicitaron por el éxito logrado. Nadie imaginamos lo que significaba la palabra éxito.

    El lunes me presenté puntual ante él, contento me dijo que le gustaba que fuera puntual y que le agradaba como iba vestida (falda un poco corta, zapatillas, medias y una blusa semitransparente), que era muy importante proyectar una presencia agradable, por lo que esperaba siempre una buena imagen. Me mostró mi lugar y me dijo que esperaba que diera lo mejor de mi. Le dije que no lo dudara y que los hechos hablarían de mi trabajo. Has trabajado en otras jefaturas, por lo que el puesto no es desconocido para ti, ya te iré señalando otras responsabilidades que tendrás que llevar, pero lo más importante es mantener siempre una actitud positiva y atención para todos.

    Durante las primeras dos semanas ese fue el tenor de su parte, pero a partir de la tercera las cosas cambiaron. Noté que cuando algún compañero se acercaba conmigo para platicar, mi jefe lo corría de ahí, se ponía celoso y los mantenía alejados de mi área. En diversos momentos, lo cache viéndome las piernas o mis caderas, cosa que me molestaba, no sé, no era de mi agrado, ni emocional ni físicamente (era alto, robusto-gordo y de mal carácter). Aunque discreta, su actitud lasciva hacía mi, me molestaba, me resultaba incómoda, pero sobrellevé las cosas haciendo bien mi trabajo. Gracias a ello, lo saqué de varios problemas administrativos que tenía en la empresa. Trataba de ser lo más profesional que podía, pero yo creo que los atuendos que usaba (vestía normal, sin exagerar) exaltaban mi figura y eso lo calentaba.

    Debido a mi eficiencia era muy atento conmigo, me llevaba detalles y recurriendo al lugar común me decía, algún día te lo voy a pagar. Yo reía y le decía: Licenciado no hay problema, para eso estaba ahí, para lo que se necesitara. No sé en qué términos tomó este comentario que se acercó y me dijo, lo tomaré mucho en cuenta, no lo dudes. Así pasó el tiempo: entre celos, su lascivia, el reconocimiento a mi desempeño y los halagos, realizaba mi labor.

    Un día me invitó a comer junto con directores de otras áreas a celebrar su cumpleaños. Formalmente me pidió que asistiera para acompañarlo en su festejo. Se me hizo de lo más natural la invitación por lo que le dije que estaría ahí, sin ningún problema. Me dijo que la pasaríamos bien y que fuera con muchas ganas de divertirme. Le respondí: ¡Por supuesto Licenciado! Cuente con ello.

    Llegó ese día, un viernes por la tarde y me vestí para la ocasión, coqueta sin exagerar: un vestido entallado ligero a media pierna y un poco escotado, medias de liguero, zapatos de tacones y un brasier coqueto. Creo que nada del otro mundo, aunque cuando llegué al sitio de la reunión se me quedaron viendo los presentes, les gustó mi figura. Me iba a sentar junto a mi anterior jefe, pero el Licenciado me pidió que me sentara junto a él; incomoda por la indicación así lo hice. Me senté y al hacerlo el vestido se subió, por lo que mis piernas quedaban expuestas, asomando el encaje de mis medias. Noté que el licenciado se dio cuenta y sonrió por ello. De inmediato ordenó me sirvieran una copa y brindamos por su cumpleaños, lo abracé para festejarlo y sentí como su obeso cuerpo se pegaba de más al mío. Me agradeció el gesto y nos volvimos a sentar. Terminé mi copa y de inmediato pidió me sirvieran otra y volvimos a brindar. El ambiente era ameno, había música para bailar, pero él no se apartaba de mi, me tenía atrapada en su plática insulsa sin dejarme bailar con los demás. Eran como las ocho de la noche y la mayoría de los jefes se hallaban alcoholizados y a decir verdad yo también. En algún momento mi jefe anterior me sacó a bailar, pero el licenciado bajó discretamente su mano colocándola en mi pierna y apretándola un poco en señal de que no lo hiciera. Inventé un pretexto cualquiera para no bailar.

    Pensé que con ello quitaría su mano de mi pierna, pero no, ahí la dejó por un rato, apretándola de repente y platicándome tonterías del trabajo. Su mirada era libidinosa pero yo me hacía la desentendida, quería evitarlo pero su mano y actitud no me lo permitían. Por unos instantes comenzó a acariciar suavemente mi pierna, la comenzó a subir lentamente, por lo que decidí separarme diciendo que necesitaba ir al baño. Confundida, hice tiempo pensando como quitármelo de encima. Estaba caliente, pero no quería hacerlo con él. Decidí retirarme del lugar para evitar una situación embarazosa. Al llegar a la mesa les dije que mi marido me había llamado por lo que tenía que retirarme. Sorprendido, el licenciado se apresuró a decirme que me daba un aventón, yo le dije que no se preocupara, pero insistió en llevarme. Confundida por la situación, pensé que tendría que soportarlo en su coche, pero un jefe muy amigo de él le pidió que le diera un aventón, que le urgía llegar a su casa, la cual estaba cerca de donde el licenciado vivía. Uuufff, me salvó la campana. En el coche, me senté en los asientos de atrás y disimuladamente veía como me miraba a través del espejo retrovisor.

    Durante las siguientes semanas el ambiente era de “normalidad”, aunque, reitero, no dejaba pasar el momento para saciar su lascivia observando mi cuerpo con mayor frecuencia. En ocasiones llegaban a su despacho sus “amiguitas” pidiendo hablar con él. Cuando ellas pasaban, cerraba la puerta y por más de media hora escuchaba desde mi lugar risas, chasquidos, gemidos y demás expresiones de placer. No les importaba que estuviera ahí, situación que me calentaba he de decir. Eran compañeras jóvenes y me cuestionaba que qué le veían al licenciado: ¿les daba dinero?, ¿le pedían favores? ¿cogía rico? ¿La tenía grande? No sé, pero por lo que llegaba a escuchar las trataba bien. Cuando salían, cínicamente el licenciado me preguntaba que si todo estaba bien, yo le respondía que no se preocupara, que todo estaba bien. Así, un jueves antes de retirarme a mi casa, me llamó a su oficina y me pidió que me sentara, se colocó en la orilla de su escritorio cruzando las piernas y su brazos frente de mi y pude observar un tremendo bulto que tenía en su entrepierna, así como su abdomen. Imaginé que estaba caliente porque tenía parado su palo. Reaccioné y volteé la mirada a su cara. Me dijo que si por favor mañana podía llegar más temprano y que quizá saliera un poco más tarde ya que tenía que entregar un reporte muy importante por lo que necesitaba de mi apoyo urgente. Me quedé pensado que qué fastidio ya que iba a ser viernes y me habían invitado a una reunión, pero le dije que si, que contara con mi apoyo. Agradecido, extendió sus brazos para tomar mis manos y ayudarme a levantarme y me abrazó con mucho entusiasmo. Sentí su obeso abdomen en mi cuerpo y su bulto duro también; además percibí su aliento alcoholizado, pero no le di mayor importancia. Me separé y me despedí de él, sintiendo como su mirada lasciva devoraba mi cuerpo.

    Aunque frustrada por no poder asistir a la reunión, decidí vestirme para la ocasión, en caso de que terminara temprano. Me iba apurar para que el informe quedara listo lo más rápido posible. Llegué antes de la hora indicada y al verme el licenciado silbó diciendo que guapa iba vestida. Me puse una falda volada un poco corta, medias de liguero, zapatos de tacón, una blusa semitransparente y mi ropa interior era sexy, bragas abiertas y un brasier con tirantes al frente de encaje. Agradecí el halago y me puse a trabajar de inmediato. El reporte era un poco complicado, había que compilar mucha información y organizarla. A la hora de la comida, para no distraer el trabajo y ahorrar tiempo, pidió pizzas para comer y unos refrescos. Comimos en su escritorio. Crucé la pierna distraídamente mostrando más mis muslos. Mi jefe no perdía detalle del espectáculo que sin querer le ofrecía, no apartaba la mirada de mis piernas y en algún momento se volvió a parar frente a mi, provocadoramente mostrando su abultado abdomen y su entrepierna con el palo totalmente parado. Incomoda, decidí terminar de comer y cuando me iba a levantar de mi asiento, me dijo que cual era la prisa, me pidió permanecer un rato más. Accedí y me volví a acomodar en la silla, crucé la pierna y al recargarme en el respaldo la falda se subió un poco más lo que provocó que mostrara el encaje de mis medias. Rápidamente, bajé la falda, pero él se dio cuenta de ello ya que no dejaba de ver mi entrepierna. Platicábamos de tonterías, pero el licenciado, parado frente a mi, de manera reiterada se tocaba su bulto, sin importar que estuviera ahí. Por veinte minutos soporte estar siendo devorada con su mirada mis piernas y mis senos, ver como a cada rato se agarraba y apretaba su bulto, queriéndome provocar. Decidí terminar con esta situación diciéndole que se hacía tarde. Me levanté y me dirigí a mi escritorio, pero pude ver por la puerta de vidrio como me veía mis nalgas y se agarraba el palo. Viejo libidinoso, pensé. Ojalá terminemos pronto.

    Continuará.

  • Mi vida (parte 1)

    Mi vida (parte 1)

    No soy escritor así que si mi manera de redactar o expresarme no es de la manera correcta pido disculpa a los lectores, solo quiero expresar mis vivencias y aventuras, soy un hombre normal actualmente casado y con hijos, no diré mayores datos de mi identidad, pero estoy en la etapa de los cuarenta.

    Tuve mis primeras experiencias sexuales con una novia, luego otra y otra aprovechando mi juventud y el queso que tenemos los adolescentes.

    Cuanto tenía 18 años entré a estudiar en una universidad en donde conocí mucha gente, como yo tenía carro propio salía mucho con ellos a sitios nocturnos a comer o beber, sin embargo luego de cada salida cuando me devolvía a la casa pasaba por una avenida en Caracas que siempre había putas en la calle que me llamaban mucho la atención, pero sin saber realmente lo peligroso que era en esa época ese tipo de cosas.

    Hablando con amigos y echando cuentos una vez salió el tema de las putas y alguien dijo «las transexuales de la libertador», eso me llamó mucho la atención porque de verdad pensé que eran mujeres aunque las miraba de lejos y sin detenerme parecían mujeres biológicas y quedé con la duda sin pensar lo que en un futuro sería mi vida.

    Bueno resulta que esa época dejé a mi novia por otra y de verdad no fui muy caballero porque obviamente le estaba siendo infiel y cargaba un remordimiento que no me hacía sentir bien pero lo peor es que mi nueva novia a los días me dejó por lo que estaba muy triste y solo, pero una noche me dije: «voy a pagar una puta».

    Como a las 12 de las noche empecé a dar vueltas por la libertador analizando como hacer porque de verdad no tenía ni idea como era el procedimiento hasta que una chica me hizo señales y me paré, bajé el vidrio y me dijo que 30 el polvo y 5 la mamada, en mi cabeza pasó de todo por un segundo porque saqué cuentas al mismo tiempo analizaba en dónde y como iba a echarle un polvo y trataba de definir si era mujer mujer o de verdad no lo era, pero al final arranqué, pero al rato luego de tanto analizar la situación me armé de valor y me devolví.

    No encontré a la misma chica, pero vi una flaca alta blanquita con cabello negro y buenas tetas le pregunté el precio me dijo lo mismo y le dije «móntate», en el camino yo estaba un poco asustado pero llevé bien la situación y hablando con ella me guio a una calle por la florida que está sola y dentro del carro me preguntó cuál servicio quería y le dije que la mamada.

    Me hizo un oral divino por una rato mientras yo le empujaba la cabeza y le agarraba las tetas hasta que por fin exploté y ella se lo tragó todo, de vuelta a la libertador no hablamos mucho solo le pagué y la dejé.

    Pasaron unos días y volví a repetir la aventura pero esta vez le pregunté a la chica si era transexual respondiéndome que todas eran transexuales, al final en un par de semanas lo hice como 4 veces con 4 distintas porque era muy barato que te mamaran el guevo por 5 bolívares así que no le presté atención que no fueran mujeres.

    Teniendo nueva novia y manteniendo relaciones sexuales con ella a veces seguía buscando mis mamadas baratas en la libertador porque me gustaba esa aventura prohibida hasta que un día pasó lo que definitivamente cambio mi vida, monté en el carro a una morena clara de buen rostro y buenas piernas pero cuando me preguntó que quería hacer y le respondí como siempre que una mamada me dijo «No!!! Te voy a coger porque estás divino».

    Me asusté un poco y le dije entre risas y nervios OK, pero no pensaba hacerlo sino que me mamara el guevo y ya, cuando nos paramos empezó a mamarlo pero fuertemente intentaba meterme el dedo el culo cosa que no me gustó por su manera tan imperativa y brusca de hacerlo pero al final primero fue uno, dos y tres dedos durísimo mientras lo mamaba yo recuerdo que le decía que solo tenía 5 bolívares para la mamada, pero de pronto se levantó y me dijo «Te voy a cojer te dije» pues me terminó de bajar los pantalones usando un poco de fuerza me puso de lado se puso un condón y sin mucha vaina me lo empezó a empujar a la fuerza hasta que entró y sentí un dolor inhumano que me hizo gritar y hasta llorar, me empezó a bombear tan duro que el dolor no me dejaba ni respirar hasta que ella acabó.

    Le di los 5 bolívares y la dejé, quedé desvirgado me fui a casa desconcertado directo a bañarme y a llorar.

    Continuaré. Lo que viene es bueno.

  • Comenzaron nuestros juegos (capítulo 4)

    Comenzaron nuestros juegos (capítulo 4)

    Un día, Pilar decidió sorprenderme de una manera que jamás habría anticipado. Yo venía directo de la oficina y había quedado en encontrarme con ella en un restaurante cercano. Mi mente estaba centrada en el trabajo y en nuestras rutinas habituales, por lo que no tenía idea de lo que me esperaba.

    Cuando entré al restaurante y vi a Pilar, me quedé sin palabras. Llevaba un vestido rojo increíblemente ajustado y extremadamente corto, al límite de lo que podríamos considerar apropiado. Al verla de espaldas, sin duda alguien podría haberla confundido con una mujer de la calle, sin embargo, sus rasgos finos y su elegancia innata marcaban la diferencia. No pude evitar sentir una mezcla de nerviosismo y excitación al verla vestida así. La imagen de Pilar, con su belleza y actitud desafiante, me dejó sin aliento.

    Mientras avanzaba hacia la mesa, no pude evitar pensar en cómo la habían mirado los hombres en el camino al restaurante. La combinación de su atuendo y su confianza seguramente había atraído miradas, y eso solo intensificaba la excitación que sentía. A medida que nos sentamos, luché por mantener la compostura mientras Pilar sonreía, claramente consciente del impacto que tenía en mí.

    A lo largo de la cena, Pilar se mostraba relajada y segura de sí misma, disfrutando de cada reacción que lograba provocar en mí. A medida que avanzaba la conversación, Pilar comenzó a compartir detalles audaces y provocativos que solo servían para aumentar mi deseo y nerviosismo. Me contó con una sonrisa traviesa que el hombre joven y apuesto en la mesa de enfrente no dejaba de mirar sus piernas, insinuando que quizás había notado que no llevaba ropa interior y que estaba disfrutando de la libertad que eso le proporcionaba.

    Cada palabra de Pilar alimentaba mi excitación. Saber que ella estaba disfrutando de la atención que estaba recibiendo y que estaba jugando con los límites de lo público y lo privado, me tenía al borde. Ella compartió cómo, incluso en un par de ocasiones, había separado las piernas descaradamente y de manera intencional, provocando miradas aún más intensas de los afortunados que por unos instantes lograron fijar su mirada directamente bajo su vestido. Sentí un escalofrío recorriendo mi espalda, una mezcla de pasión y nerviosismo que solo podía describirse como electrizante.

    A medida que avanzaba la noche, la tensión sexual entre nosotros se volvía insoportable. Decidimos apresurarnos a terminar la cena y salir del restaurante. Cada minuto que pasábamos allí solo aumentaba nuestra necesidad mutua, avivada por la audacia de Pilar y la conexión intensa que compartíamos. Finalmente, llegamos a casa y nuestros cuerpos se encontraron con un deseo desenfrenado, alimentado por la excitación acumulada y la valentía de Pilar.

    Esa noche, nuestra pasión se liberó en una oleada de emociones y deseos contenidos. Cada mirada, cada palabra compartida en el restaurante, se transformó en una explosión de intensidad en la intimidad de nuestro hogar. Pilar y yo nos entregamos a la pasión de manera absoluta, celebrando la audacia que había encendido la chispa entre nosotros y nos había llevado a un lugar de conexión sexual tan profunda e intensa.

    Continúa en capítulo 5…

  • Gran escuela de hostelería (parte 3)

    Gran escuela de hostelería (parte 3)

    Me levanto de la cama y voy a la ducha, una fría es lo que más apetece con este calor, y después de ese sueño.

    Me visto y salgo de casa, tengo que estar pronto allí, nos quieren uniformados 10 minutos antes de empezar la clase práctica.

    La clase práctica nos la darán dos profesores, Jorge e Irma. Jorge nos enseñará a funcionar en un restaurante, mientras que Irma se encargará de enseñarnos la preparación básica de los alimentos. Nos dividen en grupos de 4 personas y la mitad de los grupos irá con Irma, y la otra mitad con Jorge.

    Me ha tocado en un grupo con 2 chicos y una chica y está semana nos instruirá Irma, casi que mejor, porque no me quito a Jorge de la cabeza, sería una total distracción, por lo menos hoy…

    Los chicos de mi grupo son bastante pavos, uno se llama José que tiene 18 años y el otro se llama Jeremías y tiene 19 años, la chica se llama Clara y tiene 20 años como yo. No hay que recalcar en ellos, nos dedicamos a hacer lo que manda la profesora. Hay que preparar un montón de comida para tenerla lista para el servicio de restaurante, así que nos ponemos a ello. Clara se corta a mitad de clase y deja de preparar cosas, así que tenemos que correr más para poder llegar a todas las preparaciones si queremos salir a nuestra hora. A mi me resulta muy fácil, porque ya tengo experiencia en hostelería, estuve trabajando seis meses en un catering y allí aprendí muchísimas cosas que están enseñando ahora mismo, parto con un poco de ventaja, así que finalmente terminamos a la hora, recogemos todo y nos vamos a cambiar. Unos chicos dicen de ir a tomar algo después de la práctica y me apunto, siempre está bien hacer vínculos con la gente que vas a pasar los próximos dos años.

    Estamos en la terraza del bar, me he pedido un café, mientras la mayoría de gente ha pedido cerveza, a mi no me gusta la cerveza, ni beber en general, salí un par de veces estando en el instituto y no puedo decir que el alcohol me sentará muy bien…

    En el grupo hay un grupo de chicos con los que me estoy haciendo más, me parecen de lo más divertido, en concreto son 4, esta Carlota de 22 años, Zaida de 21 años, Laura de 18 años y Nico de 20 años. Son un grupo de personas auténticas, con las que estoy hablando mucho y nos lo pasamos genial.

    Hacen un grupo de clase, y por otro lado hacen un grupo que se llama Pelotudos donde estamos Carlota, Zaida, Laura, Nicolás y yo. Allí hablamos de tonterías y hacemos quedadas de amigos entre nosotros, a espaldas del resto de clase.

    Es viernes y han pasado 2 semanas, el curso de cocina me está gustando tanto que no me hace falta estudiar para los exámenes, se me queda todo con la explicación de los profesores, lo único que no me gusta tanto es inglés, pero bueno, nos centramos mucho en el vocabulario más que en gramática, que es lo que peor llevo.

    Roel me dice de quedar para comer después de clase, me viene a recoger en moto y me lleva a un restaurante de las afueras de la ciudad, está en un parador con unas vistas preciosas al mar, allí hacen unos menús espectaculares. Me extraña que me traiga a un sitio tan apañado, normalmente vamos a comer comida rápida y después vamos a su casa o a la mía, si no hay gente, a ver una película o serie. Hay que decir que Roel no anda corto de dinero, pese a su obsesión con las motos de motocross, trabaja de enfermero en un hospital y cobra muy bien como funcionario.

    En el restaurante nos sirven un entrante de ensalada de cangrejo que está buenísimo; de principal nos traen un okato de cordero a la regaliz con salsa chutney y cebolletas, que está para chuparse los dedos y de postre traen helado y mousse de cerveza negra, no soy muy fan de la cerveza negra, pero esta bueno.

    Al terminar Roel me coge de la mano y nos adentramos más en el parador, damos una vuelta y cogemos el ascensor, se para en la habitación 142, saca una tarjeta del bolsillo y abre la puerta. Madre mía, cuando habrá ido a por la llave? Supongo que cuando ha dicho que iba al baño, claro.

    Al abrir la puerta, hay una habitación enorme, con un ventanal que da a un balcón con las vistas más privilegiadas al mar, en el suelo puedo ver un camino de pétalos que lleva a la cama, en ella hay una bolsita de regalo. Roel me dirige por el camino y tiende la mano hacia la bolsita en un gesto de que la coja.

    Cojo la bolsita, la abro y hay un estuche de terciopelo azul turquesa, al abrirlo, hay un NoMeOlvides de plata, en la parte de arriba veo mi nombre grabado y en el dorso la frase:

    «Tú y yo, somos más» – Roel

    Me quedo boquiabierta, los miro con cara de interrogante y entonces Roel me coge las manos que aún sostienen la pulsera y dice:

    – Lexa, llevamos 2 años siendo amigos con derecho a roce, el roce hace el cariño y yo he ido más allá, me importas mucho y ya no quiero solo sexo, quiero más de ti, me he vuelto adicto a tu manera de ser y a tu cuerpo. Por eso quiero pedirte de forma oficial, que seas mi novia, porque quiero tenerte conmigo en toda tu plenitud.

    ¿Me harías un hombre afortunado de ser tu novio?

    Mi cara todavía es un poema, pero no tardo en dar la respuesta:

    – Si, claro que si!

    Me abrazo a su cuello y le doy un beso tierno y apasionado. Me despegó y le doy la pulsera, tiendo mi mano derecha y me la coloca. Estoy eufórica por dentro y por dentro. Lo abrazo de nuevo y está vez el beso es más largo, mientras nos besamos y abrazamos Roel tira de mi y caemos en la cama, Roel empieza a quitarme la camiseta y el sujetador, recorre mis senos dando besos, pero cuando pasa por los pezones me regala un mordisco en cada uno que hace que me estremezca. Continúa con los pantalones y las bragas, empieza a besarme el sexo, introduce su lengua dentro de mi, creo que utilizará los dedos, pero para. Se yergue en la cama y me pregunta:

    – ¿Confías en mi?

    A lo que yo asiento con la cabeza sin pensármelo dos veces, la verdad es que confío en el ciegamente y se nunca me haría daño.

    Se inclina hacia una de las mesitas que hay al lado de la cama y cuando vuelve, veo que ha cogido un antifaz para dormir, sonríe pícaro y entonces me lo pone, no veo nada, pero puedo sentir como se ha bajado de la cama, oigo sus pisadas por la habitación, una cremallera que se abre y se cierra. Siento su peso de nuevo en el colchón y de pronto un ruido.

    -¡Ay! -grito por la sorpresa, un vibración en mi vientre, que es de lo más excitante. Cuando dejo de sentirla, al poco rato vuelvo a sentirla, pero en mis pezones.

    -¡Dios, Roel! -Se me arquea la espalda y empieza a sentirme muy húmeda.

    Sigue la tortura haciendo el mismo ciclo durante unos minutos, vientre y pezones, todo es mucho más intenso con sin visión.

    Cuando acaba, la vibración se va al clítoris.

    -¡Madre mía! Me voy a correr…

    Roel baja un poco la intensidad de esta deliciosa tortura, aparta el vibrador y entonces oigo como se descalza y deja caer la ropa en el suelo. Me susurra al oído que abra la boca y yo obedezco. De pronto siento su verga entrar en mi boca, pero no solo eso. ¡Dios! Me está comiendo el sexo, roza con sus dientes mi clítoris y apretó mis labios por su erección que cada vez está más erguida. Ahora sí que me vence el clímax y me corro. Siento una humedad excesiva ahí abajo, me estoy mojando más de lo normal, y Roel tapa con su boca mi agujero, estoy teniendo mi primer squirt a la vez que Roel se corre en mi boca, el traga y yo también.

    Sin quitarme el antifaz, vuelve a torturarme con el vibrador, esta vez llega a introducírmelo en la vagina, eso hace que me vuelva a poner a tono. Me entonces me levanta las piernas, las apoya en sus hombros, una mano sobre el vientre y la otra sobre mi pecho, va pellizcando el pezón mientras empieza a penetrarme, empieza muy suave y angustiosamente lento, mi cuerpo ya está preparado para otro orgasmo y lo quiere ya, pero Roel no planea lo mismo y sigue así unos minutos. Empiezo a suplicarle que vaya más deprisa, y a la tercera súplica se apiada de mí y empieza a embestir con fuerza, se inclina sobre mí, me quita el antifaz, me agarra la nuca con sus manos y acelera el ritmo, me da un tosco beso y nos miramos a los ojos mientras el ritmo frenético de las embestidas hace que nos corramos juntos de nuevo.

    Roel cae sobre mi, pero sin salir, me noto como gotea la lefa a través de mi culo, pero no me importa. Juego con su pelo hasta que el insaciable Roel vuelve a poseerme hasta en 3 ocasiones más.

  • Invitados a una fiesta swinger (parte 4)

    Invitados a una fiesta swinger (parte 4)

    En las partes anteriores, nos invitan a una fiesta swinger, pagada por un excéntrico que iba a usar los videos allí rodados para hacer una film más largo, comienzan los intercambios y las performances más extremas en pos de lograr la mayor atención de las cámaras.

    En las partes tres ella tuvo lo que quería, tuvo un puño dentro de su vagina.

    En esta parte, amanece un nuevo día y habrá que trabajar duro para ganarse la paga.

    Dormimos toda la noche, en algún momento sentimos unas risas y pasos fuera de la cabaña, amanecimos tarde y casi nos perdemos el desayuno eran las diez casi. Aprovechamos la ventana de tiempo y fuimos a tomar algo, algunos cafés negro bien cargados para activar los sentidos y algo de fruta para estar bien nutridos e hidratados, hasta la cena no habría otra comida y era probable que tuviéramos mucha actividad. En cada habitación iban a colocar algo de frutas y otras cosas para comer y mientras tanto terminábamos de desayunar. Estábamos en eso y mi mujer sintió dolor de barriga, se fue a la habitación y comenzó la limpieza, cuando llego estaba en la ducha, agachada con la manguera metida en el culo, la sacaba y salía agua limpia, se paraba, volvía a agacharse y salía otro poco de agua.

    -Quieres que te ayude? Le dije

    -No, ya está, contestó

    Nos recostamos otro rato, y le hice unos masajes en el colon, al poco rato se levantó corriendo al baño y volvió a repetir la limpieza.

    -Ya debe estar dijo.

    La hice ponerse en cuatro me unté lubricante en los dedos y metí dos, tres, y estuve un rato jugando con su ano, parecía limpio.

    -Estas lista para que te llenen el tanque? Salgamos temprano aprovechando que todos están descansados.

    Acuérdate que hoy, parte del acting es mostrar a la cámara como brota la leche de tu culo.

    -Quieres que agregue un cuarto dedo? Eso te va a dejar lista por si el tipo de pija grande quiere primero.

    Y así estaba ella, conversando conmigo, con cuatro dedos en el culo incluso hasta los nudillos dentro.

    Una vez más salimos de la habitación a paso decidido, y le hice volver en sus pasos, ven, me olvidé de algo, un buen chorro de lubricante en lo más hondo del culo va a ayudar. Entramos de nuevo , se acostó levantó las piernas, le metí el envase de lubricante en el ano hasta más de la mitad y lo apreté, debe haber salido un buen chorro antes que se escuchara ruido a aire Le pedí que mantuviera apretado para que al caminar no se le cayera nuevamente nos encaminamos hacia la piscina, pero no entramos, ella buscó una sombra porque el sol quemaba ya, eran cerca de las once, buscó una mesa, y se inclinó en ella apoyando toda su barriga y pechos en la mesa, y apoyando su mentón en ambas manos, dejando su culo lubricado y su vulva a la vista.

    Un tipo se arrimó de pija dura, le preguntó algo y cuando fue a meter su pija en la vagina, ella la agarró y la metió en el culo, el tipo fascinado, empezó a bombear, apareció una cámara que comenzó a dar vueltas sobre las escena, el tipo eyaculó bastante rápido y a ella le habían quedado las nalgas rojas porque el tipo la agarraba muy fuerte, cuando se retiraba la cámara llegué yo y metí todo mi pene dentro, sin ninguna resistencia, adentro estaba caliente y ya se sentía y escuchaba el ruido del líquido en su interior, ella miró para atrás y me vio y se sorprendió, me costó un poco eyacular pero lo conseguí, esperé que la última gota saliera y dejé aquel culo con su agujero esperando otra, continuó el tipo con que habíamos estado en el hotel, aquel que casi la dejó desmayada cuando le dio por el culo, y ella ni se inmutó, hacía caras a la cámara miraba a sus clientes de reojo y les decía:

    -Dale papito, lléname el tanque hasta que se vuelque.

    El cuarto tipo que andaba por allí era el de la pija gigante, deambulaba sin rumbo, mirando para todos lados de pene semi erecto, le hice una seña y se arrimó a mirar, al ver lo que estaba pasando se empezó a tocar mientras esperaba, se sobaba la pija, no lo miré mucho pero parecía más grande que el día anterior, o más dura. Apoyó la cabeza en el culo de ella y no entró como las demás, tuvo que hacer un poco de fuerza y venció la resistencia del ano, mi mujer miró hacia atrás y se dio cuenta que era el tipo de pija grande, ahora si le tocaría gozar?, el tipo la agarraba de las nalgas, cada estocada el tipo gruñía y su ano emitía un ruido como de aire que salía y de líquidos que se revolvían adentro, sus nalgas temblaban a cada embestida, ella de ojos cerrados gemía, al final gritaba, hasta que dejó caer su cabeza arriba de la mesa, en ese momento era un pedazo de carne inmóvil cogido por una bestia.

    El tipo demoró como diez minutos, pero eyaculó, con prepotencia y violencia, al sacar la pija quedó un agujero que no se cerraba, ella tenía el cuerpo totalmente recostado sobre la mesa y las piernas colgando, se fue moviendo de apoco, se tocó las nalgas, las agarró con sus manos, las separó y dejó expuesto ese hermoso ojete, hizo fuerza y brotaron borbotones de semen de su culo, no paraba de chorrear junto con exceso de lubricante que yo le había puesto, al ponerse de pie y recostarse a la mesa apoyando sus nalgas todo ese líquido siguió cayendo, resbalaba por sus piernas y ensuciaba el piso, tres cámaras se apagaban y las personas que habían estado mirando se retiraban.

    Avergonzada agarró mi mano y me pidió que la llevara a la habitación. Estuvimos un rato sentados en el baño, ella en el wáter, no paraba de chorrear liquido junto con pedos de su ano y yo sentado en un taburete limpiándole la cara y las tetas.

    -Muy bien, le dije. La mejor actriz porno que he visto

    Se sonrió, me dijo que se iba a bañar, tomó dos relajantes musculares y mientras cerraba la puerta del baño me dijo.

    -Sabes qué? Tuve un orgasmo anal, mientras el tipo de pija grande me cogía a lo bruto.

    -No me reconozco, hace poco éramos una pareja normal y ahora me haces coger con muchos tipos y encima lo disfruto.

    -Somos una pareja normal, le dije, pero con gustos medio raros.

    Y cerré la puerta tras de mí.

    Mientras ella se bañaba y descansaba salí un ratito de la habitación, yo había salido con ganas de investigar lo que ocurría dentro de la casa, en el camino me crucé con una chica que se follaba la vagina con una banana bien grande mientras una cámara no le perdía pisada, entré a la casa y me largué a explorar, me incomodaba un poco caminar de pene duro, dentro de otras cosas por el efecto de las pastillas, la casa estaba en penumbras, demoré unos segundos mientras mis ojos se acostumbraron y vi un gran salón, con sillones de terciopelo, donde la dueña de casa mamaba a un hombre mientras el marido le daba instrucciones de que se la tragara toda y la cámara no paraba de filmar.

    Allí había tres puertas, una que daba a la cocina, otra a un escritorio grande con vista al jardín y otra a un pasillo donde había baños y habitaciones, en una puerta un cartel de “Privado” igual que en las puertas de nuestras cabañas, y supuse que era la habitación privada de ellos, al final del pasillo otra puerta, que daba a una gran sala, bastante oscura porque tenía pocas ventanas y las cortinas corridas, esta sala tenía distintos sillones con formas raras, se me ocurrían posiciones sexuales, lo que lo confirmó fue en algunas paredes había cuerdas colgando y amarres, una gran viga de donde colgaban piolas con amarres de cuero, látigos, etc. etc.

    Al principio cuando entré no vi nada, cada vez que prestaba atención encontraba más cosas, era una habitación para dar y recibir placer, pero lo que me llamó la atención es que nadie la estaba usando, o eso parecía.

    Me quedé en silencio y la vista se me fue acostumbrando más, había una máquina de follar con un dildo puesto, había un cubo en el medio de la habitación acolchado pero como forrado en cuero o látex negro, la imaginación comenzó a volar y mi pene que estaba perdiendo de a poco algo de potencia volvió a quedar duro. Salí rápidamente de allí y al pasar al lado del dueño de casa le pregunté si se podía usar la habitación del final del pasillo, se sorprendió de mi pregunta y me contestó que sí, y continué el camino hacia mi habitación. Al llegar encuentro a mi mujer leyendo un libro que había encontrado en un cajón y comiendo una fruta, como era de esperar era una edición del Kama Sutra, le conté de mi expedición y de la habitación que había encontrado al final del pasillo. Ella no quería saber nada de estar atada, le gustaba la libertad de tocar y de mirar. Le propuse ir ahora que había poca actividad, ya era más de mediodía y por el calor la gente estaría descansando.

    En el camino nos cruzamos con una chica que caminaba rápido a tirar un buche de esperma que tenía en la boca y con otras dos chicas que nos detuvieron y nos pidieron que les enseñáramos la técnica del fisting, ellas habían visto como se lo hacían a mi mujer, parecían amigas, tal vez se conocían de antes y este encuentro donde estaba todo permitido las liberaba, para ellas era algo nuevo y tenían miedo de hacerse daño, tal vez esa fuera la forma de desbloquear ese miedo. Las invitamos a ver la habitación del placer, de camino agarré un pomo de lubricante por si acaso. Entramos a la residencia principal, el matrimonio ya no estaba allí, y de pasada por su cuarto se les oyó hablar, el tipo le decía algunas palabras fuertes. Seguimos en silencio caminando y se sumó una cámara detrás nuestro que comenzó a filmar cuando nos acercábamos a la puerta, nos pidió entrar primero y nos esperó a que abriéramos nosotros. Las tres mujeres, incluida la mía abrían los ojos cada vez más grandes, sus bocas también, no me quiero imaginar sus vulvas.

    Éramos 5 personas incluida la chica que nos filmaba, no nos perdía pisada, cerramos la puerta con llave y nos dedicamos a recorrer todos y cada uno de los sillones, encendiendo luces, la mayoría de ellas direccionales a ciertos puntos, ellas se subieron a los sillones, se colocaron en posiciones sexuales de piernas abiertas mientras reían, pude ver sus vulvas mojadas y relativamente abiertas y mi mujer les preguntó si querían ellas ser pasivas o activas en el acto, nos movimos al centro de la habitación mientras ellas caminaban al lado nuestro y pidieron que primero las dejaran a ellas penetrarla con los puños para luego ser ellas quien reciban.

    Descartamos en principio el uso de la máquina de follar que estaba al lado de un banco, descartamos la zona de tortura que había contra la pared y buscando en cajones que estaban llenos de artículos como máscaras, tapones anales de todos los tamaños, esposas, jeringas, etc., encontramos una barra de amarre, Spreader le dicen, nos dirigimos al altar, ese cubo de más o menos un metro por un metro, que estaba forrado de látex con correas y cadenas que pendían del techo y otras que tenía a sus costados, ella se subió mientras ambas chicas la ayudaban a acomodarse. El cubo tenía los bordes acolchados y permitía que al estar acostado dejar caer la cabeza hacia atrás sin molestias, le sujetamos a ambos tobillos a la barra y la abrimos, primero a una posición extrema que ella no soportaría mucho rato, luego a una posición más confortable, naturalmente dejó que sus rodillas bajen hacia su pecho pero los pies se mantenían separados por la barra, que atamos con una cinta por detrás de su espalda.

    Luego de asegurarnos que estaba en una posición cómoda, con sus manos, ojos y boca libres, para tocar, mirar y sentir todo ella tiró su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, estaba dispuesta al placer. Ya estaba entregada, no había nada más que hacer, las chicas tocaban y lubricaban su vulva, miraron con atención el tamaño de los labios, mientras di la vuelta al cubo y le di un profundo beso, nuestras lenguas se enredando, sus labios estaban calientes, su vulva también, mojé mis dedos con lubricante y le penetré el ano, ella se tensó y me dijo:

    -No me imaginaba que empezaran por ahí.

    Luego de dos dedos, fueron tres y en unos tres minutos tenía los cuatro dedos hasta los nudillos adentro de su culo, aún estaba dócil, luego de la maratón que había tenido anoche. Ellas apretaron sus pezones y mi mujer metió la mano en las entrepiernas de ellas, una de cada lado, dos dedos adentro de cada una y el pulgar frotando el clítoris, ellas volvieron a apretar los pezones, y ella les metió tres dedos, era una competencia a ver cuál aguantaba más.

    Les dije que vinieran a ver, les enseñé que había que dilatar bien primero para después poder meter el puño, le pedí a una de ella que se untara la mano y brazo con lubricante y cuando saqué la mano de su culo ella metió la de ella formando un pico de pato, primero con cuidado, después más fuerte, mi mujer apenas gimió, el agujero ya estaba estirado y aceptaba ser penetrado de nuevo, la chica ya había cerrado el puño y lo metía hasta la muñeca o algo más, cada vez que entraba lo hacía con más facilidad. Mi mujer extasiada de placer con lo que le hacían en el culo no se dio cuenta que yo le preparaba la vagina, la otra mujer se untaba lubricante en la mano, mientras yo metía 3 y cuatro dedos, ella estaba gozando, no escuchaba, no veía, y la otra chica metió su mano en la vulva y la penetró hasta el fondo, hasta que su puño se topó con su útero, ella abrió los ojos grandes y dijo

    -Ay! Qué es eso!!!

    -Doble fisting le dije.

  • De la admiración al amor y el deseo, hay una línea delgada

    De la admiración al amor y el deseo, hay una línea delgada

    Al principio pensé que se trataba solamente de una admiración corriente, pero el tiempo me enseñó que también se trataba de deseo.

    Casi que a la mitad de mi carrera fue cuando conocí a Jesús Gabriel, mi novio, ese suceso precioso que lo cambió todo en mi, y no por él. Me gustaba, quizás, por las razones equivocadas: era el típico chico malo, y además, un tipo muy lindo. Él es moreno, alto y de ojos claros, su cuerpo está muy bien marcado, y sus muchos tatuajes lo hacen ver rudo y varonil; eso me excitaba, durante el sexo, me encantaba verlo encima de mi, y verme por completo dominada en todo sentido.

    En el sexo, era muy bueno, apasionado, rudo y romántico al mismo tiempo, todo un manjar para una chica como yo. Si bien no soy fea, había descubierto por terceros que muchas de sus ex, eran demasiado bonitas; a mi criterio, ni siquiera Gabriel podría estar realmente a su altura. Estas cosas comenzaron a inquietante, porque pensé que podría pronto perder a mi chico.

    Todas estas dudas comenzaron a amargarme. Mi relación se arruinaba con el paso del tiempo por un tipo extraño de celos amargos por minas que yo jamás había conocido, y todo empeoró el día en el que descubrí que Gabo aún tenía, en su computadora, fotografías muy viejas de Raquel, una de sus ex.

    Raquel había pasado con mi ahora marido alrededor de cinco años, luego llegué yo. Ella me pareció en esas fotos demasiado hermosa: de tez blanca, mejillas rojas, y cabello negro, largo y ondulado. En sus hombros, tenía unas cuantas pequitas cafés, y sus atributos eran envidiables: senos firmes, y redondos; caderas amplías, vientre plano y por lo que descubrí en redes, un trasero precioso. Más bien para mí era sorprendente el hecho de que Gabriel por mi la cambiara, aunque como luego me contaron, así no fueron las cosas.

    Esta mujer se convirtió en mi pesadilla, en una especie de malsana obsesión. Casi no dormía pensando en que en secreto, esta tipa se comía a mi esposo. Incluso, cuando Jesús Gabriel no estaba en casa, me disponía a revisar y escarbar en los archivos de su laptop, para descubrir qué cosa de ella encontraba. Y así, el dicho es muy cierto: la que busca, encuentra, y sí que encontré. Vi una carpeta con algunas fotografías y archivos con el nombre de «mi amor 2012», y lo revisé. Eran muchas rotos de ella, comprometedoras, no como las otras, que pretendían sensatez y recado. Era ella, desnuda sobre un sofá, ella de nuevo, con una atrevida lencería, otra vez esa mujer, con una risa coqueta y luciendo una pequeña minifalda; ella y ella en escenarios eróticos y de fantasía. ¡Descargué todo el material!

    Durante los días siguientes, cuando mi marido no estaba, especialmente durante la mañana y en las tardes, cogí la rara costumbre de revisar una y otra vez las fotografías. Cuando hacía esto, una rara sensación de rabia y envidia en la garganta me consumía, pero a la vez, esa misma emoción se hizo adictiva. Me fijaba en ella y la examinaba de arriba abajo, y entonces esos sentimientos despertaban. Con el transcurrir de las fechas, eso se convirtió en una especie de admiración envidiosa. Admiraba cuan hermosa y sensual era Raquel, y eso me impulsó a imitarla: me teñí el cabello y lo ondule, y busque la mejor lencería para satisfacer los deseos de mi esposo.

    Sin embargo no estaba contenta con ello, y además, esa obsesión seguía creciendo y creciendo, aunque no entendía el porqué. De esta manera, hice lo posible y conseguí su Instagram, para seguirla. Pude ver qué ahora se veía diferente, mucho más liberal y menos femenina. Tenía su cabello algo rapado, en la parte derecha de su cabeza, mientras el resto de su pelo, caía hasta los hombros. Era ahora lacio, y se había tinturado unos rayitos de color azul. Tenía un piercing en forma de anillos en su nariz respingada, y ahora, en ambos brazos aparecían tatuajes muy bien logrados, y se vestía de forma ancha, como un muchacho. No podía dejar de admitirlo, se veía mucho más bella ahora, aún con un estilo que procuraba muchas vibras lésbicas. La seguí desde entonces en cada post y ponía corazoncitos a cada una de sus publicaciones. No me di cuenta que incluso sacaba capturas de pantalla cuando ella subía foticos ligera de ropa. De esa manera pasaron los días.

    Mis emociones tencionantes pronto se convirtieron en anhelos de deseo. Era obvio que me gustaba la ex de mi marido, y que incluso me parecía sexualmente muy atractiva, tanto así que soñaba muchas veces en poseerla, en que hiciera el amor conmigo. Cuando tenía intimidad con Gabo, la pensaba a Raquel, y llegaba al éxtasis.

    Pronto mis pequeños comentarios sugerentes a sus historias dieron resultado y se contactó conmigo. Hablamos, ella supo de inmediato con quién hablaba, y yo confirmé que Raquel prefería la compañía femenina a la masculina. Era muy respetuosa, y se comportaba varonilmente, aunque sin exagerar. Las conversaciones pronto fueron escalando a ser más comprometedoras, y sin embargo, manteníamos entre las dos un pacto de complicidad. Ella no fue quien se abalanzó, sino yo, estando pendiente de ella y llenándola de cumplidos y piropos.

    Pero un día en que mi esposo salió de la ciudad por cuestiones de trabajo, aproveché esa oportunidad para invitarla a tomar algo y ver películas. Llegó puntual, y se veía fascinante, su estilo »Tomboy» me atraía demasiado. Las sonrisas entre nosotras dos no ocultaban el romance, aunque fingimos ignorarlo. Durante ese mes, ella se quedó conmigo en casa, y entonces nos fuimos haciendo más y más íntimas. Yo siempre la esperaba con el almuerzo servido, y entonces nos la pasábamos juntas hablando, mirando tv acurrucadas en el sofá, y compartiendo mucho. Pronto era común que en la privacidad de la casa, nos tomáramos de las manos, argumentando siempre que todo se trataba de amistad.

    Puesto que ella se quedaba en la habitación para huéspedes, una noche le dije que a fin de charlar, podría dormir conmigo, a lo que accedió. Nos Acostábamos ahora juntas, pero dormíamos muy cerca la una de la otra, casi que manera exagerada, y fuera de lo común, y más aún, cómo asumiendo, de manera inconsciente, roles. Ella extendía su brazo izquierdo y yo pasaba mi cabeza allí, en su antebrazo, cerca del pecho y debajo de su mentón (me encantaba el olor del sudor de cuello, por el bochorno del clima); y ella, posaba su otro brazo alrededor de mi cintura y dejaba caer su mano sobre la parte baja de mi espalda. Nuestras piernas, entre tanto, se entrecruzaban, y así despertábamos ambas.

    Con el correr de los días, ambas fuimos subiendo la apuesta. Por mi parte, en lugar de la acostumbrada pijama, use un pequeño short que cubría escasamente mis nalgas, un pequeño top negro, que dejaba mi vientre desnudo, y poco más. Ella, Usaba una pijama camisón de seda, con un encaje muy bello, y que se detenía hasta arriba de sus muslos. Durante esos días, adoptamos una nueva posición a la hora de dormir: en posición de cucharita, nos acurrucamos. Ella, extendía tiernamente sus brazos y me aferraba la cintura, tirando de ella para sí, colocando sus manos en mi abdomen plano, y atrayendo a su pelvis mi trasero. A medida que avanzaba la noche, podía sentir como golpeaba su pelvis con pequeños salticos a mi trasero, y entonces, yo correspondía haciendo mucha más presión en su pelvis. Se sentía muy rico.

    Pero todo eso revolucionó una mañana. Durante la noche que antecedía a esa madrugada, deseché el típico top y el short, y en su lugar, me quedé solamente con un interior sumamente pequeñito de encaje, color rojo. Un accesorio que más que otra prenda revelaba mi gran trasero a la desconocida. Arriba, un brasier del mismo color muy sexy, y ella, usó un camisón de pijama algo más largo pero sin nada bajo él. Así nos acostamos, y nuestra posición favorita, la cucharita, se repitió. Durante la velada, eran más intensas las veces en que chocábamos nuestros sexos, ella por atrás mío, y yo, haciendo presión muy fuerte, mi culito en su vagina. Sentía sus manos aferrarme con fuerza, y ella, seguramente, mi trasero que empujaba su pelvis a la pared. Ella, más aún, se atrevió a más y fingiendo que dormía, deslizó su mano izquierda por debajo de mi pantaloncillo, en la parte de mi cadera, y su derecha, apretó uno de mis senos.

    Cuándo despertamos, no nos dijimos nada, pero ella empezó a acariciarme y a sonreírme, y yo también. Fue entonces cuando nos acercamos y nos besamos. Nos comimos la boca, la lujuria nos consumía, parecíamos desesperadas, como si nunca hubiésemos amado. Nuestras lenguas se recorrían una a la otra y los besos iban y venían: las mejillas, la frente, el cuello. Ella me dominó a su gusto, y pronto descendió besando mi garganta hasta llegar a entretenerse en mis senos, los cuales devoró y chupó como nunca nadie lo hizo, ¡gemía yo de placer! Sus manos, rasgaron mi ropa interior y entonces miró ella lo mojada que estaba. Inmediatamente, me desnudó, y se desnudó ella, abrió de par en par mis piernas, y se puso encima mío para restregar su coño contra el mío. Era un sexo delicioso pero sin duda hacíamos el amor. Se movía rápido, restregando su vagina contra la mía, las dos estábamos húmedas, y entre tanto, nos besábamos y nos decíamos que nos amábamos. Me puse en cuatro para ella, y entonces, se comió todo mi culito, ella solamente disfrutaba jugueteando con mi coñito y todo mi cuerpo. La cosa se puso mejor cuándo sacó de su ropa un gran consolador con correa, se lo puso, y comenzó a penetrarme con fiereza, tantas y tantas veces, que perdí la cuenta de los orgasmos que me produjo.

    Luego de esa experiencia, nos seguíamos viendo de seguido a escondidas para hacer el amor. Y nadie me ha hecho el amor como ella, y la quiero y la deseo tanto, que estoy abandonando a mi marido por esa mujer.