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  • Los secretos de mi nueva vecina

    Los secretos de mi nueva vecina

    La historia que les voy a contar sucedió hace algunos meses; la realidad es que lo impactante de esta experiencia me hizo olvidar el tiempo exacto desde que comenzó esta hermosa locura.

    Mi nombre es Facundo, tengo 25 años y vivo en una ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires, Argentina. En mi casa solo vivimos mi madre y yo. Hace poco más de 3 años, Claudia, mi madre y Ernesto, mi padre, se divorciaron en muy buenos términos. Durante la separación ambos acordaron que yo me quedara con mi madre, como suele pasar en la mayoría de los casos de divorcio, mientras mi padre se comprometió a hacerse cargo de la mitad de mis gastos mientras viva en la casa de mi madre.

    Los días transcurrían con la normalidad típica de una familia separada; la cotidianeidad se mantuvo igual que cuando mi padre vivía con nosotros, con la única diferencia que ya no me despertaba con las fuertes discusiones que llegaban desde el living de casa. Ese era el contexto en el que comenzó esta rara y excitante historia.

    Había comenzado mis vacaciones luego de un extenuante ciclo lectivo en la universidad; era mi último año antes de obtener mi título de programador, y las clases y exámenes eran realmente agotadores, por lo que esperé con ansías mis merecidos dos meses de descanso.

    Ese sábado me había decidido a dormir hasta tarde, ya que durante todo el año de estudios había madrugado casi todos los días para ir a clases o para estudiar. Mis planes de disfrutar de más de ocho horas de sueño se vieron truncados por ruidos muy fuertes que venían de la calle y de la casa de al lado; la pared de mi dormitorio era la división entre nuestra casa y una hermosa propiedad abandonada hacía varios meses por los inquilinos anteriores. A las 9 de la mañana ya me encontraba despierto y ofuscado por no poder dormir todo lo que me hubiese gustado. Me asomé por la ventana de mi habitación y descubrí que un enorme camión de mudanzas estaba estacionado en la casa de al lado descargando muebles y cajas etiquetadas.

    Ya resignado por no poder volver a dormir y muy somnoliento, me levanté, me vestí de entrecasa y caminé hacia la cocina. Como era costumbre, mi madre ya estaba despierta desayunando y leyendo las noticias en su celular.

    – Buen día hijo. Te despertó el ruido de la casa de al lado, ¿no? – preguntó ella con una taza grande de café en una mano y su teléfono en la otra.

    – Si ma, ¿No tenían otro día para mudarse? – pregunté irónicamente y con cara de dormido.

    – Y bueno Facu. Mañana ya no creo que hagan más ruido y vas a poder dormir todo lo que quieras.

    Asentí sin poder quitar el enojo de mi rostro y me senté en la mesa de la cocina mientras mi madre me servía una taza grande de café y unas tostadas. Ella miró su reloj, guardó su celular en su bolso y tomó sus llaves.

    – Me voy que llego tarde al trabajo Facu. En la heladera tenés el almuerzo. Hoy no vuelvo muy tarde.

    – Bueno ma. ¿Tenes idea de quien se muda al lado?

    – Ni idea hijo, pero espero que sean vecinos más simpáticos que los anteriores. – dijo ella recordando que la familia que vivía en la casa de al lado rara vez nos saludaban al verlos.

    – Ojalá ma. Yo me voy a acostar otro rato a ver si puedo dormir – le dije mientras me besaba la frente y cruzaba la puerta de entrada.

    Terminé mi taza de café y volví a mi habitación a acostarme para intentar dormirme, sin éxito. No pasaron ni cinco minutos de la despedida con mi madre, cuando el timbre sonó. Lancé un improperio al aire y me asomé por la ventana para ver quien había interrumpido mi descanso: era una mujer de estatura baja, de unos 50 años con el pelo de un color rojizo intenso. También noté que el camión de mudanzas se había ido de la casa de al lado.

    Me puse las pantuflas y me dirigí hacia la puerta del frente mientras me refregaba la cara para quitarme un poco la cara de dormido. Abrí la puerta y la mujer hizo una leve sonrisa al descubrir que había alguien en la casa. Tenía una cara muy simpática; su sonrisa parecía genuina y me recordaba mucho a mi tía Gladis; la hermana de mamá. Al igual que mi tía, la mujer medía poco más de 1.60; me di cuenta porque, con su escasa altura, su cabeza llegaba a la altura de mi pecho. Vestía una remera negra al cuerpo y una calza de gimnasia del mismo color haciendo juego con unas zapatillas deportivas. Siempre fui muy observador y, al prestarle atención al rostro de esa mujer, me di cuenta de que había retocado su maquillaje en los últimos minutos; sus ojos de forma almendrada y color verde oscuro se mostraban perfectamente delineados tras unos lentes con el marzo rojizo como su cabello, y su boca estaba pintada con un labial del mismo color. Las primeras marcas de la edad ya se hacían presentes en su rostro, pero sin quitarle atractivo a la armonía de su rostro. Su nariz delgada, casi perfecta, sostenía el marco de sus lentes y sobre su labio superior un lunar perfectamente ubicado decoraba el espacio entre su nariz y su boca.

    Su cuerpo era el típico de una mujer de unos 50 años común y corriente. A pesar de tener una estatura relativamente baja, parecía una mujer que intentaba cuidarse físicamente, pero consciente de que contra la edad es muy difícil luchar por mucho que se entrene. Su calza deportiva negra dejaba ver en sus piernas que esa mujer entrenaba periódicamente; además si cintura conservaba la forma de alguien que se preocupa por mantenerse en forma. En ese momento, no me pareció correcto bajar demasiado la mirada, pero en un breve destello pude ver que el atributo más atractivo de su cuerpo eran sus pechos; la remera deportiva estaba bastante ajustada, por lo que noté que un top deportivo mantenía firme su busto de considerable tamaño.

    – Hola querido, perdón que te molesté tan temprano un sábado – saludo ella muy cordialmente – Vi que salió una mujer hace un ratito y no sabía si había alguien en casa. Soy Mónica y me acabo de mudar acá al lado.

    – Buen día, ¿Cómo le va? Me llamo Facundo, un gusto conocerla – saludé de la forma más cordial posible.

    – Bien Facundo, pero no me trates de usted que no soy tan vieja – bromeó ella para romper el hielo – perdón si te despertó el ruido de la mudanza. – se disculpó como si hubiese leído el malestar en mi rostro.

    – No hay problema; ya estaba despierto – mentí para no generar rispideces con la nueva vecina. ¿La puedo ayudar en algo? – pregunté con intenciones de ser cordial, pero esperando que la respuesta fuese “no”.

    – Por el momento quería saber dónde hay un supermercado en el barrio. La verdad es que no conozco nada la zona. – dijo casi con vergüenza.

    – Si, hay uno acá a la vuelta; de esa esquina doble media cuadra a la derecha – le dije señalando la debida intersección de calles.

    – Muchas gracias, Facundo. Sos muy amable. Y perdón por ser tan metida, pero la señora que se fue hace unos minutos ¿es tu mamá? – preguntó ella mientras mostraba su sonrisa perfecta tras el rojo intenso de sus labios.

    – Si, es mi mamá, se llama Claudia. Trabaja los sábados hasta las 3 de la tarde. Si quiere… perdón. Si querés pasar después de esa hora, la encontrás en casa.

    – ¡Ay! Gracias corazón. Sos un divino. Más tarde paso así la conozco a ella también. Gracias por todo y seguro nos volvemos a cruzar pronto. – se despidió y antes de irse me dio un beso en el cachete en el que pude sentir una exquisita fragancia de perfume importado.

    – De nada Mónica. Y cualquier cosa que necesite me avisa. – esas palabras iban a ser el detonante de varios favores. Al escuchar mi frase de cordialidad, ella sonrió, pero esta vez levantando solo un costado de su labio.

    Continué mi mañana aprovechando para reposar en el cómodo sillón del living. Cerca de la una de la tarde, almorcé lo que mamá me había dejado en la heladera y, con el estómago lleno, me acosté en mi cama. No sé cuándo me dormí, pero lo cierto es que me desperté poco antes de las cinco de la tarde con una charla de fondo que venía desde el living de casa. Mientras volvía de la profunda siesta, agudicé el oído y me di cuenta de que la nueva vecina había cumplido con la visita para conocer a mi madre; se las escuchaba a ambas de fondo conversando.

    Me vestí con la misma muda de ropa de entrecasa, fui al baño a orinar y a lavarme la cara. Al entrar en el living, vi a mi madre y a Mónica, cada una con una taza de café en la mano. Ambas advirtieron mi entrada y la nueva vecina se levantó apurada a saludarme y a darme otro beso en la mejilla, nuevamente impregnada de esa exquisita fragancia.

    – Hola Facu, que linda siesta dormiste. Me dijo Mónica que ya se conocen – dijo mi madre mientras Mónica se volvía a sentar en su lugar.

    – Si ma, vino hoy después de que te fueras al trabajo. ¿Cómo le va Mónica? – salude aún con cara de dormido y mi voz algo ronca.

    – ¡Ay querido! Dejá de tratarme de usted, por favor – volvió a solicitar ella en modo de chiste.

    – Bueno, por lo menos puedo decir que mi hijo está bien educado – dijo mi madre siguiendo en la tónica graciosa.

    – Se nota Claudia. Y además de ser muy educado, también es muy buenmozo; me hace acordar tanto a mi exmarido cuando era joven. – dijo Mónica con cierta melancolía en la voz, pero recorriéndome con su mirada de pies a cabeza.

    Mi madre, con su excesiva necesidad de saber todo, le preguntó a la nueva vecina sobre su ex marido mientras yo seguía parado frente a ellas sin saber que hacer. Mónica contó que su ex esposo la había dejado por otra mujer hacía ya muchos años, y que no solamente había soportado el dolor del abandono, sino que meses más tarde, tanto el cómo su nueva novia, habían fallecido trágicamente en un accidente.

    Se notaba que Mónica había superado ambas tragedias, ya que lo contaba con mucha soltura y nivel de detalle. Alguien que aún se encuentra afligido por semejantes traumas, hubiese explotado en llanto al contar la historia tal cual como la contó nuestra nueva vecina.

    Sin darme cuenta, me había sentado en otro sillón del living a escuchar atentamente la historia de Mónica. Mamá y yo estábamos perplejos de escuchar semejantes tragedias en tan poco tiempo. Durante la charla, noté que a mamá ya le caía bien la nueva vecina; se nota cuando mi madre está cómoda con cierta compañía y daba todas las señales que estaba disfrutando la charla con su nueva amiga.

    Luego de terminar de contar un breve relato sobre su vida, Mónica miró su reloj.

    – ¡Dios mío! Que tarde se hizo. Ya son las 6 de la tarde y tengo miles de cajas para desembalar.

    – Si necesitas algo de ayuda avísame Moni. Mañana tengo todo el día libre – dijo mi mamá confirmando que la nueva vecina era de su agrado.

    – ¡Ay! Obvio Clau. Si no te molesta, te espero mañana a la hora que quieras – aceptó Mónica, muy contenta por el ofrecimiento de mamá.

    – Genial, mañana alrededor de las 10 voy a tu casa, te ayudo y seguimos la charla – respondió mamá emocionada.

    Mónica se fue tras darnos un saludo muy cálido a ambos y yo respiré luego de que mamá no me haya ofrecido también a mi como parte de la ayuda. Al cerrarse la puerta, mamá me miró y sonrió.

    – Al fin una vecina simpática y buena onda. – dijo mamá casi emocionada.

    – Si, parece ser copada – le dije – y que historia de mierda la del marido y la novia.

    – Ay, sí. Pero se nota que lo tiene superado. Mañana ya voy a conocer más detalles – expresó mi mamá dejando a la vista su pasión por el chisme.

    Ese sábado terminó como uno más. Mamá hizo una rica cena para dos y, después de comer, me quedé hasta muy tarde jugando en línea en mi computadora. Me dormí cerca de las 4 de la mañana, decidido a dormir todo lo que quisiera al día siguiente.

    Miré la pantalla de mi celular aún dormido después de un sueño muy profundo y ví que ya eran las 12 del mediodía. Al levantarme, me di cuenta de que la casa estaba sola; mamá se había ido a la hora pactada a ayudar a Mónica con la mudanza. Eran las 3 de la tarde cuando mamá cruzó la puerta con su ropa toda sucia después de haber trabajado varias horas con su amiga. Yo estaba tirado en el sillón leyendo un libro.

    – Ay Facu! No sabes la cantidad de ropa que tiene esa mujer. – se quejó mamá exhausta mientras se desplomaba en el sillón.

    – ¿En serio? Debe ser una acumuladora – dije, sin sacar la vista de mi libro.

    – No, es vendedora de ropa; en realidad de lencería y ropa interior. Tiene cajas y cajas de ropa para vender. Estuvimos toda la mañana desembalando ropa y no llegamos ni a la mitad. – explicó mamá mientras se ataba el pelo – por lo menos tuve mi recompensa.

    Ella me mostró una hermosa bolsa de cartón color violeta con una marca impresa. Mamá sacó el contenido de la bolsa y me mostró varias prendas de lencería muy fina que Mónica le había regalado como agradecimiento. No tenía ni idea cual era el estilo de ropa interior que usaba mi madre, pero, a primera vista, esas prendas eran demasiado atrevidas para que las use mi mamá; encajes, hilos muy finos, colores llamativos, y hasta la forma de esas prendas eran más de una súper modelo que de mi madre. No dije nada al respecto, solo miré y asentí a modo de aprobación mientras observaba las prendas sin mostrar interés.

    – Y además también vende ropa interior de hombre Facu. Mónica tiene un par de arreglos que hacer en la casa, son pavadas, cambiar algunos focos y colgar algunos cuadros – dijo mi madre esperando que yo me ofrezca a hacer esos trabajos.

    – Le dijiste que yo los iba a hacer, ¿no? – pregunté conociendo la respuesta.

    – Ay, si hijo. Perdón. Ya sé que no debo prometer cosas por los demás, pero Moni me cae bien y me da lástima después de todo lo que le pasó. Además, son dos pavadas; no te va a llevar más de media hora. – ella casi me suplicó que vaya a ayudar a la nueva vecina. Sabía lo importante que era para mamá hacer nuevas amigas, así que accedí.

    – Está bien ma. Mañana cuando me levanto voy. – dije resoplando y de mala manera.

    – Gracias Facu, sos el mejor. Seguro que te regala algunos bóxers nuevos, con tanta falta que te hacen. – dijo mamá con su voz cargada de alegría.

    Sin saber aun lo que me esperaba en la casa de Mónica, esa noche no pude parar de pensar en ella. Los cortos encuentros que había tenido habían despertado en mí la sensación de que esa mujer tenía algún secreto. No había motivos para pensar en algo malo sobre ella, pero había algo en su mirada y en su voz que no encajaban con el perfil de una mujer sola que se dedica a vender ropa. Esa noche dormí profundamente y no sé si fue la ansiedad o qué, pero a la mañana siguiente, me desperté sin ninguna alarma poco antes de las 9 am.

    Ya era lunes, por lo que mi madre ya se había ido a trabajar temprano. Tomé un desayuno rápido de café y tostadas, y fui a mi habitación a vestirme con ropa cómoda para ir a lo de Mónica a realizar los trabajos que mamá le había prometido. Ese día hacía unos grados de temperatura más de lo habitual, por lo que decidí ponerme una bermuda de jean, una remera de gimnasia y zapatillas deportivas. Tomé mi celular y mis llaves y me dirigí a la casa de al lado. Nunca había entrado a la casa vecina, por lo que sentía mucha curiosidad por saber cómo era por dentro.

    Al llegar a la entrada, apreté el botón del timbre y una estrepitosa campana sonó del otro lado. A los pocos segundos, escuché como giraba la llave del lado de adentro. Se notaba que Mónica también había decidido vestirse para no sufrir demasiado el calor; vestía una larga bata por debajo de las rodillas de satín color rojo oscuro y en los pies unas sandalias color piel. La delgada tela de su bata dejaba notar mucho más la grandeza de sus tetas; el satín tomaba la forma de sus dos enormes globos haciendo muy difícil mirarla directamente a los ojos; hice todo mi esfuerzo por no bajar la mirada.

    Me sorprendió verla con un estilo tan diferente al que tenía cuando nos habíamos conocido el día anterior. Lo que no había cambiado era la perfección de su maquillaje en su rostro y de su peinado; su cabellera rojiza con bucles reflejaba la luz del sol de una forma casi hipnotizante.

    – Hola Facu! Gracias por venir. Yo le dije a tu mamá que no te quería molestar en tus vacaciones, pero ella insistió en que no tenías problema – saludó ella, eufórica y disculpándose rápidamente.

    – No es molestia Mónica. Igual me iba a aburrir estando sólo en casa todo el día – dije para que no se sienta una molestia y esforzándome para no bajar la mirada por debajo de su cuello.

    – Pasá querido. Vení que te muestro los arreglitos que me quedan por hacer. Es una casa enorme para mí, no sé cómo voy a hacer para mantener todo esto yo sola.

    – La vecina tenía razón; era una casa realmente grande y espaciosa. Aún con toda la sala de estar llena de cajas de mudanzas, sobraba mucho espacio. Varias puertas conectaban los distintos ambientes de la casa y, en el fondo, un amplio ventanal de tres puertas corredizas de vidrio daba paso a un enorme jardín con una enorme piscina.

    Al entrar a esa casa desconocida, dos cosas llamaron mi atención: la cantidad de puertas a distintas habitaciones o ambientes y, la segunda y más importante, la cantidad de cuadros colgados en las paredes. No menos de diez cuadros distribuidos estratégicamente en cada muro. Y lo más curioso de estos cuadros no era su cantidad, sino sus imágenes; cada una de ellas presentaba, de forma muy explicita, cuerpos desnudos. Los cuerpos variaban de cuadro a cuadro. Había gente joven, adultos mayores, hombres, mujeres, delgados, con kilos extra, pero absolutamente todos desnudos. Cuerpos muy reales decoraban ese living enorme con penes, vaginas y tetas de todo tamaño y color.

    Sobre todos los cuadros pintados por la misma artista, había uno que resaltaba más que el resto, por su ubicación, en la forma en que le daba la luz y, sobre todo, por la modelo protagonista de esa imagen; era Mónica. Infinidad de trazos representaban desnuda a la mujer que me había invitado a su casa. En la pintura, Mónica estaba parada sobre un piso de madera y con un diván rojo a su lado. En su mano derecha tenía unos libros, en la izquierda un cigarrillo humeante. Solamente dos prendas cubrían su cuerpo en esa obra de arte; unas botas de cuero por encima de la rodilla, muy brillosas y un par de lentes redondos muy intelectuales. Era una imagen digna de tapa de revista para hombres, pero estaba colgada en la pared mientras que, quien había pintado y posado para esa imagen, estaba justo a mi lado.

    Claramente, fue demasiado el tiempo que miré la imagen. Había hecho todo mi esfuerzo por no mirar a Mónica por debajo del cuello y ahora estaba viendo sus tetas y los labios de su vagina con un nivel de detalle digno de admirar. Ella habló detrás de mí y me sobresalté.

    – Antes de que preguntes, quedate tranquilo tu mamá no vio los cuadros. – dijo riéndose algo nerviosa.

    – Y con lo chusma que es mamá te hubiese preguntado quien es cada una de estas personas, menos ésta – dije señalando su figura completamente desnuda en el cuadro.

    – Mi última obra fui yo misma – dijo mientras se acercaba al cuadro y recorría con la mirada cada trazo que ella misma había hecho, como si lo volviera hacer con su dedo – me hice perfecta; cada detalle de mi cuerpo está ahí.

    – No sabía que decir ante el despreocupado comentario sobre su propia desnudez. Estaba muy nervioso y con las manos muy sudadas y, aun así, no podía despegar la vista de ese par de pezones rojizos.

    – ¿Cuál es el cuadro que más te gusta de todos, Facu? – preguntó ella para cortar el incómodo silencio.

    Recorrí las cuatro paredes rápidamente con la vista. En su mirada me dejaba ver que conocía la verdadera respuesta a su pregunta. Igualmente, decidí mentir, quizá en un intento burdo por generar interés en ella.

    – Aquel me encanta – dije señalando una pintura de una mujer algo regordeta con dos cruces de cinta negra cubriendo sus amplios pezones. Las manos de la mujer cuarentona posaban cruzadas sobre su pelvis tapando su concha. Mónica había logrado que la mirada de la mujer sea extremadamente penetrante y seductora.

    – Ella es Cecilia, una de mis mejores amigas. Algún día te la voy a presentar – dijo ella mientras admiraba la imagen de su amiga.

    – Que no sea acá porque voy a mirar más el cuadro que a ella – dije tratando de ponerle algo de gracia a la situación.

    – Me alegro de que te guste, Facu. Pensé que ibas a salir corriendo cuando vieras lo que me gusta dibujar – dijo ella con alivio en su voz.

    – Para nada, no tengo ni idea de arte, pero son imágenes que no se ven todos los días ni en ningún museo – comenté tratando de simular que la inhibición ante tanta desnudez no me afectaba.

    – Las exhibí en un blog, pero tuvo pocas visitas, por eso decidí que las apreciaran solamente mis invitados – dijo Mónica, con lo que pareció una clara intención de hacerme sentir su invitado.

    – Bueno Moni, decime en que te puedo ayudar – dije mientras aclaraba mi voz y giraba para mirarla, esta vez sin percatarme que mi mirada bajaba inevitablemente hacía su pecho. Ella se dio cuenta.

    – Eh, mirá Facu! – dijo ella tras una casi imperceptible sonrisa de un solo lado de sus labios – Me podrías ayudar con muchas cosas, pero empezá cambiando los focos quemados del living si te parece. En esa caja hay un montón nuevos. –

    – Obvio, a tu disposición Moni – respondí mirando el techo y notando que había más de diez lámparas quemadas.

    Mónica dio media vuelta y caminó lentamente hacía las escaleras, subió y escuché como una puerta se cerraba. Me dispuse a realizar la tarea que la misteriosa e interesante vecina me había encomendado. Me subí a una vieja silla y comencé a sacar los focos quemados. Ya había comenzado a colocar los nuevos, cuando la puerta que se había cerrado unos minutos atrás se volvió a abrir. Estaba de espaldas a las escaleras con mi mirada fija en el techo, pero podía oír los pasos de Mónica detrás mío.

    – ¿Querés un café Facu? – me dijo ella mientras podía notar su cercanía gracias al exquisito perfume que recién se había puesto.

    – Si Moni, gracias – le dije mientras me daba vuelta para agradecerle con una leve sonrisa. Pude notar que la bata de satín se había ido y había sido reemplazada por un jean bastante ajustado y una blusa muy escotada de color azul marino. La altura me permitía ver con toda claridad el profundo surco entre sus tetas.

    – Ya te traigo querido – contestó ella muy amablemente mientras abría una de las puertas del enorme living.

    A los diez minutos, Mónica volvió con una bandeja de madera con dos tazas grandes de café, dejó una de las tazas sobre la mesa y se sentó en una de las sillas del amplio comedor con una pierna cruzada sobre la otra.

    – No tengo mucha plata para pagarte Facu, pero seguro que tu mamá ya te habrá contado de mis productos. Te voy a regalar unos boxers si te gustan – mencionó ella mientras no me sacaba la mirada de encima con su taza de café en la mano.

    No me tenés que pagar ni regalar nada Moni; es un favor para la nueva amiga de mamá – dije con una sonrisa extremadamente simpática.

    – ¡Ay! Sos un amor querido, igual te voy a hacer un regalo por la molestia y espero que no me lo desprecies – dijo ella, se levantó de su silla, apoyó la taza vacía en la mesa y caminó hacia otra de las puertas – tomate el café mientras traigo tu regalo.

    Terminé de colocar la última lampara nueva y bajé de la silla. Bebí de un sorbo la taza de café amargo y cuando dejé la taza, Mónica volvió al living con tres prendas de ropa interior masculina tipo boxers.

    – Pasá al baño a probártelos para ver si son tu talle Facu – dijo ella me señaló la puerta del baño.

    No esperaba probarme ropa interior en el baño de Mónica, pero no me pareció prudente despreciar su amabilidad. Entré al espacioso baño, me saqué la bermuda y mi calzoncillo viejo, y me probé una de las prendas. Me quedaba sumamente apretado; mi verga, a pesar de estar dormida, parecía aprisionada en ese pequeño trozo de tela negra. Me miraba en el espejo cuando unos golpes sonaron en la puerta del baño.

    – ¿Cómo te quedan Facu, son de tu talle? – se escuchó la voz de Mónica del otro lado de la puerta.

    – Creo que son de un talle más chico que el mío Moni – le contesté desde el interior del baño.

    – ¿Cómo? No te escuché – dijo ella e, instantáneamente, giró el picaporte para abrir la puerta.

    – ¡ESTOY DESNUDO! – grité instintivamente, pero eso no detuvo a la vecina. Llevé mis manos a la entrepierna para intentar tapar mi desnudez.

    – ¡Ay, perdón Facu! No te escuché y pensé que estabas vestido. Igualmente, vos ya me viste desnuda en las fotos y no voy a ver nada que no haya visto antes – dijo ella bromeando mientras bajaba la mirada a mi cintura – Me imaginé que te iban a quedar chicos – agregó ella mientras meneaba la cabeza de un lado a otro.

    – Si Moni, me aprietan mucho – le dije sacando las manos para que vea la presión de la tela sobre mi pene dormido.

    – Es que no me imaginé que venias tan cargadito, ja ja. – bromeó sin sacar la mirada de mi bulto.

    Mi reacción fue ponerme todo colorado, pero en ese instante me di cuenta de que la equivocación del talle de la ropa interior había sido a propósito, al igual que no haberme escuchado del otro lado de la puerta. Mónica avanzó dos pasos y quedó frente a mi sin quitar la mirada de mi entrepierna, que parecía ir creciendo poco a poco. Ella levantó su mano derecha y comenzó a mi verga endurecidapor encima del bóxer, al mismo tiempo que esperaba ver mi reacción.

    – No le vas a contar a tu mamá que te estuviste probando los boxers, ¿no? – susurró ella mientras iba ejerciendo más presión sobre la dureza de mi pene.

    – Yo creo que no Moni, se enojaría mucho con los dos – le contesté mientras podía observar como el deseo iba aumentando en su mirada.

    – Coincido, además tengo muchos trabajitos más para encargarte si no te molesta – dijo ella y comenzó a bajar el apretado calzoncillo, dejando mis 18 cm de carne endurecida frente a ella.

    Mónica quedó deleitada con mi falo erecto frente a sus ojos y, sin titubear, lo metió entero en su boca mientras me masajeaba los huevos con su mano derecha. La saliva caliente me envolvía la pija generando una sensación maravillosa. Sus labios subían y bajaban ejerciendo la presión justa mientras su lengua masajeaba mi glande.

    Había pasado menos de un minuto de esa hermosa mamada cuando el timbre de la casa sonó. Mónica se exaltó, me miró fijo a los ojos y habló con terror en su rostro.

    – No esperaba a nadie – dijo ella con voz acongojada. Yo solo pude atinar a levantar los hombros como respuesta y comencé a vestirme rápidamente.

    Mónica fue hasta la puerta y gritó en voz alta para saber quién era la visita inesperada. La voz de mamá se escuchó claramente del otro lado de la puerta de calle y un frio me recorrió toda la espalda. Por la postura de Norma, a ella le había pasado lo mismo.

    – Hola Norma, salí antes de trabajar y pensé que Facu iba a estar en casa. ¿Sigue acá ayudándote a vos?

    Continuará…

    (Gracias a todos los lectores por tomarse el tiempo de leer mi relato. Sigo trabajando en la continuación y cualquier sugerencia es bienvenida. En mi perfil tienen a disposición mi casilla de mail para escribirme cualquier crítica, halago o sugerencia que quieran. Saludos y felices fantasías)

  • Prima infiel, le encanta oler y saborear mi escroto (1)

    Prima infiel, le encanta oler y saborear mi escroto (1)

    Finalmente, nuestros cuerpos desnudos y sudorosos, devorándonos a besos en la penumbra de mi habitación hicieron denotar su fetiche de oler mi escroto y lamerlos con delicadeza, para posteriormente mamármelo a placer, como preparando mi verga al duro batallar de sus sentones. Pues éramos sangre, de sangre caliente al placer absoluto.

    Esta historia se remonta a muchos años atrás a cuando éramos mis niños, mis papas nos llevábamos a visitar a aquellos tíos y primos, con los cuales compartíamos muchas horas de juegos, ocasionalmente varios fines de semana. Aunque en alguna oportunidad por mi actitud muy agresiva hizo que pelease con esta mencionada prima llamada “Karen”, dándole un pelotazo en el rostro el cual hizo que llorase y yo huyera avergonzado sin pedir disculpas, eso fue el declive de nuestras visitas habituales, muy por de lado que mis padres se separaron posteriormente, fueron unas circunstancias muy duras al casi entrar en la pubertad.

    Con los años deje de ver a estos tíos y mi prima al acabar la escuela secundaria viajo a España a buscar mejores oportunidades laborales, así fue que con los años les perdí al rastro, hasta que me enteré que regreso de España comprometida con un tipo que para mí tío no fue lo que quería, finalmente se acercaba el día de su boda, para esto ya habíamos tenido cierta interacción en su HI5 y para que si estaba guapa, aunque se había hecho la rinoplastia, que fue el único retoque que se hizo, ya que estaba con muy buena figura, peli teñida y sobre todo de buenas tetas. Pero siempre tenía en mente ese aquel último momento de cuando teníamos casi 12 años ambos. En aquel momento, ambos ya de 25 años, nos llegaron la invitación de su matrimonio, al cual asistiría sin antes pedir una disculpa por lo sucedido en el pasado y que le deseaba lo mejor, escribiéndole a su (msn) en aquel tiempo.

    D: Hola prima, un gusto en saludarte y desearte lo mejor para tu próxima boda, estaré presente para compartir contigo y tu esposo ese día tan emocionante con Uds.

    K: Hola, gracias primito, los espero ese día

    D: ¡Prima!, sería inoportuno si te comentará algo que debí hacerlo hace tiempo.

    K: Si primito que ocurre.

    D: Bueno, ya sabes, ósea ya te has de imaginar… hace muchos años atrás por esa reacción agresiva e infantil que tuve por tirarte aquel balonazo en la cara cuando éramos pequeños, quiero pedirte las disculpas del caso.

    Hubo un silencio, al cual al rato me respondió…

    K: Descuida primito éramos niños, y si te acepto tus disculpas descuida… además tenía y bueno tengo un carácter muy especial para que te cuento… pero ya es cosa del pasado, te espero en mi boda. Cuídate

    D: Dale prima ahí estaremos.

    Pues aquel día de su boda, para que negarlo estaba muy guapa y si por mi fuera, y si no fuera mi prima hubiera ido con todo para conquistarla, estaba en toda la edad en que me follaba a cualquier mujer que se atravesase en mi camino. Eran tiempos en los que acabe con “margareth” digamos mi primer amor sexual, con la cual hicimos de todo al momento de intimar. Aquella noche la seguimos en su casa y entre y copa y copa, cuando la saque bailar le volví a pedir disculpas por lo sucedido, ella tiernamente seco mis lágrimas y dijo: ya no llores, ya paso disfrutemos en mi boda, sonríe. Y así seguimos hasta que ya nos despedimos. Ellos se fueron a España y estuvieron allá hasta la crisis del 2008, para luego retornar a lima. Para establecerse aquí al final.

    En aquellos años salíamos muy seguido con mis primos y amigas de ellas, a varias discotecas y compartíamos gratos momentos, para ese entonces tenía una amiga muy guapa – madre soltera- la cual tenía una figura deliciosa, buena colita, una cinturita y unos pechitos que para su talla estaba muy bien. conversábamos ocasionalmente en esas salidas y la notaba en plan de pasarla bien en búsqueda de un tipo que la llene de lujos, y pues no era el momento para estar ahí, aunque en alguna oportunidad la invite a mi departamento ya que ese año me mude solo y aunque aún estaba vacío mi dpto. tenía lo esencial, mi sofá cocina y una buena cama todo terreno.

    Pasando el tiempo su marido, viajo a Canadá a intentar probar suerte laboral, y ella empezó a estudiar la carrera de administración de empresas en una reconocida universidad, la cual su sede se encontraba cerca de mi departamento; casualidades cuando iba rumbo a mi departamento siempre me cruzaba por esa zona universitaria, para casualmente cruzármela con su auto en medio del tráfico, haciéndome luces en un semáforo

    K: ¡Primito!

    D: Hola prima, y que haces por acá

    K: Yendo a estudiar (mencionándome el nombre de aquel centro de estudios) en horarios nocturnos retomando su carrera de administración

    D: ah No sabía

    K: Sube, ¡sube! voy a estacionar mi auto más allá

    Rápidamente subí a su auto y camino a una cochera, empezamos a conversar, que su esposo se iba por medio año aprox. para intentar probar suerte sino se regresaba, ya estaban a portas de querer tener hijos, siempre y cuando también ella estuviera ya con la mitad de su carrera al menos encaminada, le conté que vivía cerca, a lo cual ella me replico

    K: ¿Ah ya verdad que tienes tu departamento por aquí?… a dónde has invitado a mi amiga, te pasas primito, cuidado con ella o mejor dicho ten cuidado tu que es mi mejor amiga y la quiero mucho, no la lastimes ok

    D: No, como crees al contraría ella ya no me siguió el flirteo para vernos y eso que tengo en mi departamento un par de buenos vinos semisecos y secos de navarro correa, pero en fin… me dejo tirando cintura

    Mientras la miraba de reojo, ya que venía con un shortcito blanco que hacían lucir sus lindas piernas

    K: Bueno por algo ha de ser, no habrás sido muy atrevido con ella

    D: Para nada, fui todo un caballero, pero creo que busca algo más sería y con alguien más maduro y mayor por lo que me dio a entender cuando empezamos a flirtear.

    K: Si bueno, está en otra etapa… ¡uy! ya es tarde ya tengo que entrar a clases

    D: Ok, vamos te acompaño hasta la puerta

    Y entre el apuro en querer guardar cosas en su cartera, se le cayó su gancho del cabello debajo del asiento del auto, a lo cual muy presuroso me agache a recogerlo debajo de sus piernas, rozándolas por momentos, lo cual hizo ponerme algo nervioso y apreciando su aroma de su perfume el cual se echó dentro del auto

    D: Aquí esta… tu… gancho…

    K: Gracias… que pasa porque me miras así… ¡todo bien?

    D: No, nada hueles muy rico

    A lo cual la hizo sonrojarla y algo nerviosa con voz retadora me dijo mirándonos

    K: ¿Acaso tu novia no huele así?

    D: No tengo novia… si sabes

    K: No no sé, no sé si tendrás, a lo mejor… bueno ya no se tengo que ir a clases

    D: ¡No vayas!

    K: ¡No que dices!… porque dices eso

    D: Vamos mejor a mi depa a conversar más… me ha gustado pasar tiempo contigo, eres mi prima favorita además de muy guapa

    Riéndose algo nerviosa.

    K: Ay Primito no deberías estar insinuando esas cosas, No malogremos este lazo que hemos vuelto a retomar de muchos años… ya sabes por lo que paso cuando éramos niños… ya me tengo que ir

    D: No se va a malograr nada, al contrario, podemos fortalecer la unión después de tantos años

    K: jajaja, ay primo … ya basta creo que estas siendo muy insinuoso conmigo… somos familia que no se te olvide.

    D: Si, pero no primos directos, ósea no habría nada que malograrse, o que piensas… solo me gustaría conversar contigo y pasar el rato…. pero si no se puede ok, tienes que ir a clases

    En ese momento la deje algo perplejo al intentar que se vaya conmigo, pero a los 5 segundos decirle ok nos vemos.

    La acompañé cerca al ingreso de su universidad, y le hice una última insinuación directa y concisa

    D: Bueno “Karen”, ya sabes cuando quieras puedes visitarme… ¿cuál es tu perfume?

    K: ¿Por?

    D: Para regalarte uno por tu cumpleaños

    -Y riendo menciono mientras se alejaba-

    K: Channel

    La vi alejarse mientras imaginaba sostener entre mis brazos ese cuerpecito sobre mi dándome unos ricos sentones, mientras saboreaba tus tetas, estaba ya alucinando con ella, así que fui a mi departamento para llamar a alguna amiga y pudiera visitarme si quisiese a media noche

    Para ese momento estaba en encuentros clandestinos son una amiga de escuela, con la cual nos reencontramos y teníamos nuestros encuentros esporádicos sin que supiese su marido. Recuerdo para este tiempo estábamos por entrar a otoño y todo ese verano estábamos folle y folle, fue unas de las hembras más atrevidas en el plano sexual, nada que reprochar a mi ex Margareth. Aunque solo era sexo x días sentía que ella se enganchaba y me reclamaba que así los fines de semana ya que no nos veíamos por estar con su familia y sus hijos pequeños, y los lunes o martes ella se escapaba por las tardes noches para tener nuestros encuentros y dejarme con las bolas vacías con tal de saciar sus celos, encima de infiel era controladora, pero bueno esa es otra historia.

    Después de semanas de no saber de mi primita, un día estuve pasando nuevamente por su universidad, a los cual mi instinto me hizo esperar afuera por si llegaba antes de entrar a clases, recuerdo aquel viernes, donde a lo lejos la vi aparecer con una minifalda con sus mayas negras y catones y una blusa manga larga color rosa y bien maquillada, estaba preciosa lo cual hizo despertar en mi ese libido, ya venía si follar como 15 días, después de que corte con la amiga de la escuela, y estaba con una ganas terrible de follar.

    K: ¡¿Primito?!… hola que haces por aquí

    D: Pase de casualidad y pensaba encontrarte y vaya que tuve suerte

    K: Tengo una exposición

    D: Ya veo por eso lo guapa que estas, aunque así al natural también eres guapa

    K: Eh, Gracias… no quieres pasar, ósea puedes estar en mi exposición si quieres… es por grupos y de ahí sí quiero puedo salir… digo… no sé si quieras

    Estaba insinuándose a seguirla a estar con ella y mi mente empezó a maquinar cada palabra en que responder y dar el siguiente paso… y mi meta final era llevármela a la cama.

    D: Si claro, me gustaría no tengo nada que hacer es fin de semana y puedo estar contigo todo el tiempo que quieras.

    Ambos sonreímos y efectivamente estuve en su exposición al fondo del salón como si fuese un alumno más, lo curioso de todos es que a sus amigas se reían cuando les presentaba como su primo, pensarían que seguro era su pretendiente, y es que ella no había contado que era casada a sus compañeros, quizás para sentirse cómoda o porque finalmente no tenían por qué saberlo.

    Luego de la exposición, hablo con unas amigas coordinando unos trabajos por hacer, y ya saliendo con ella de la universidad. Le pregunte:

    D: Y bueno? Que hacemos “Karen”

    K: Uhmmm no se… dime tu que me propones… mencionando mi nombre sin ya decirme primito y esa fue la entrada que necesitaba para entrarle con todo a la seducción

    D: Si quieres vamos a tomar algo, a escuchar música comer algo, por un pub de la av. Risso

    K: Porque no mejor vamos a tu departamento, tienes algo para tomar? Podemos pedir algo para comer… tengo mucho tiempo esta noche, ¿se puede aún ir o ya no?

    Esas palabras fueron mágicas, yo no solo la estaba seduciendo, ella también lo hacía y esta vez ella era más directa y aunque no somos primos hermanos, éramos primos segundos y los limites ya nos importaba. Ella guapa de buena figura, yo guapo y en toda mi plenitud sexual hacia imaginarme todo su cuerpo desnudo, besar tus piernas, sus caderas, sus nalgas, disfrutar de sus buenas tetas que se apreciaban.

    Así fuimos directamente hacia mi departamento, recién estrenado, al ingresar se sorprendió de que aún estaba vacío por cosas a equipar, pero al fin y al cabo tenía unos buenos sofás y en mi habitación tenía una buena cama, esa cama la cual ya había pasado mi amante de turno, y que al parecer eran los nuevos tiempos de mucho sexo y placer.

    Entre copa y copa me fue contando que estaba viviendo con mis tíos en una habitación que les dieron, mientras su esposo trababa de buscar una estabilidad laboral por Canadá, pero por el idioma se le complicaba, y que ya estaba por allá tres meses y que si no había un buen futuro regresaría en medio año. Estaban en esa etapa de buscar un hogar, en quizás poder tener hijos, ya tenían unos años de casado y buscaban ya dar el siguiente paso de formar una familia, aunque en ese momento me confeso que la distancia le afectaba porque no estaban juntos y entre confesiones también me confeso sus deseos más íntimos que hacía con su marido y lo cual extrañaba, pero siendo honestos lo que ella en el fondo necesitaba era verga de mucha verga por los meses de soledad.

    D: Salud Karen, entonces ya pronto viene tu esposo, me imagino que por Canadá la cosa debe estar difícil, pero es mejor que estén juntos…

    K: Si, ya estamos viendo otras opciones en hacer aquí, y poner un negocio quien sabe

    D: Si a lo mejor les puede dar un negocio, más la carrea que estas empezando, tiempo al tiempo… ¡salud!

    K: ¡Salud!… y cuéntame de ti porque tan solo, ahora que ya vives solo me imagino querrás formar un hogar pronto quizás con alguna de tus noviecitas

    Pregunta habitual que repiten las mujeres para saber si uno esta solo o no.

    D: No, ya quisiera… pero no hay, bueno si hay, pero es prohibido y ya se acabó creo

    K: ¿Porque prohibido?

    D: Porque es casada, bueno es separada, pero tú sabes siempre va tener que estar presente por sus hijos, yo le doy su espacio… pero finalmente es decisión de ella seguir o no conmigo, yo no obligo a nadie a estar conmigo

    Ella toda muda al inicio tomo un sorbo de vino y empezó a interrogarme con mucha cautela

    K: ¿Entonces que… tú eras el amante?, te sientes cómodo con hacer eso

    D: No es cuestión de comodidad, es que si ella se siente bien y yo también y nos gustamos porque nos prohibiríamos a estar juntos, ojo eso sí de la puerta de su casa para adentro ella es toda una señora, de la puerta de su casa para la calle es libre y elige vivir esos momentos conmigo.

    Sin promesas de por medio, sin obligaciones, pero finalmente ella no soporto sintió celos y me termino hace unas semanas.

    K: uhm… ¡entonces ya no están?

    D: No ya no, fue su decisión y se respeta

    K: Pero la extrañas? ¿Ósea la quieres aun?

    D: No, es que se puede hablar de amor, si de mucho cariño y mucha atención que le di a ella y ella mi

    K: Y qué tipo de atención te daba a ti como para que estés con ella…

    D: la atención del cariño, de la pasión… de… ósea ya sabes… y porque tanta pregunta esta es me pones nervioso

    Mientras reíamos y tomábamos mas vino.

    K: No nada de eso, solo tengo curiosidad… veo que no tienes limites

    D: Si es verdad no tengo limites, hasta que me los pongan y si claro que soy muy curioso… tanto que quisiera saber, por ejemplo, cómo eres tú desde adentro

    K: ¡Yo! – toda sorprendida – Pero si ya sabes como soy, de carácter dominante, me gusta bailar, salir con mis amigas… estoy casada, no sé qué otro dato quisieras saber

    D: ¿Tú tienes límites?

    K: No, ósea a que te refieres con los limites… no entiendo

    D: No tienes curiosidad de que alguien sepa cómo eres desde adentro

    K: ¿Desde adentro?… sobre mis sentimientos? A eso te refieres

    Mientras nuestras voces se iban poniendo más candentes y casi al susurro

    D: Sabes que no me refiero a eso… me refiero a ti y a mí, en como seria si estuviéramos más juntitos por decirlo así

    K: No te entiendo¡? – se hacia la loca

    D: A ver cómo te hago entender… me refiero a esto

    Acercándome a ella y clavándole un beso apasionado, mientras me pegaba a ella para que sintiese esas ganas que le traía, aunque fue reacia al principio finalmente correspondió a mis besos mientras medaba un ligero y tímida caricia en mis mejillas. Mientras me dejaba sentir ese aroma Chanel nos quedamos así en silencio mientras nos mirábamos y trataba de sentir su aroma.

    K: No, no está bien… ósea sabes que soy…

    D: Ok, si, pero sabes también que me gustas o no lo notas… y que te tengo ganas y tú también

    K: ¿¡Que Yo no te tengo ganas!?… que dices!… no, no está mal… mejor me voy… préstame tu baño para lavarme y arreglarme antes de pedir mi taxi… no discúlpame

    Le indique el baño mientras rozaba su cintura, justo para eso llego el pedido de la pizza, a lo cual salía recibirla y bueno al final cenaría solo.

    Develando su fetiche.

    Al ingresar al departamento pensé que seguía en el baño, y al ingresar a mi habitación estaba sentada sobre mi cama a oscuridad, lo cual me extraño y al querer prender la luz me hablo.

    K: No, no prendas la luz, déjalo así a oscuras – aunque siempre había una tenue luz de la calle en mi habitación

    D: ¿Que paso te sientes mal?

    K: No, cierra la puerta, ven y párate junto a mi

    Al pararme frente a ella en medio del silencio sentía que era inevitable ese primer encuentro, ¡cómo accionar?, quien daría ese primer paso?, ella tomo de mis manos y me pidió que cerrase los ojos, tuve algo de temor, pero accedí a su pedido. Me rodeo y abrazándome por detrás me susurro suavemente y apoyándose en mi espalda.

    K: Aquella vez, que lloraste en la casa pidiéndome disculpas y te pedí que disfrutaras del momento, sentí un atracción por como finalmente me pediste disculpas, mi esposo se dio cuenta y le explique luego que fue lo que tuvimos de niños, sintió celos pero finalmente entendió… y de aquel tiempo al encontrarnos aquella vez y que hablamos en mi auto me sentí nerviosa por lo que me dijiste que no quería que me vaya y que te gustaba mi perfume

    D: Lo dije porque lo sentía…

    K: Shhh, silencio no hables, cierra los ojos, mantente así.

    Sentí en ese instante que se soltaba el cierre, que supongo sería de su falda y sentí que se liberaba de sus prendas, mientras tenía los ojos cerrados, metió sus brazos entre mi torso y empezó a quitarme la camisa, me giro hacia ella y me beso intensamente, al instante pude sentir su piel, se encontraba solo con tanguita y brassier, la toque con mis manos estaba que hervía , su piel caliente al contacto con mi torso hizo calentarme más y más , empezando a besarla del cuello… fueron minutos eternos viendo quien daría el siguiente paso, pero yo solo recibía órdenes.

    K: Recuéstate sobre la cama y no te muevas

    Dejándome caer con el torso desnudo, pude apreciar en la oscuridad de mi habitación su deliciosa figura, se posó de rodillas desabrochándome el botón y bajándome el cierre de mi pantalón, bajándome el pantalón hasta las rodillas… mi verga ya casi erecta con la sensación por lo que estaba sucediendo, estaba algo nervioso por lo que estábamos haciendo sin imaginar lo que haría previa a la maravillosa mamada de verga que me hizo.

    Se acercó a oler mi escroto (mis huevos), ocultando con su nariz cada rincón de mis pelotas, sintiéndome algo incómodo mientras los acariciaba…

    D: Si quieres me los lavo…

    K: Shhh… silencio

    Sin medir su accionar empezó a lamer mis bolas, a succionarlas a pajearme mientras botaba liquido pre seminal a lo cual, buscando mi mirada me retaba a quedarme en silencio, se metió mi verga en su boca soltando un pequeño jadeo, que al igual que yo me puso más caliente, indicándome de que no me mueva, y siguiendo con una deliciosa mamada, se notaba que extrañaba mucho la verga, sin la verga de su marido, estaba disfrutando de la mía. Yo todo mudo llevado por el placer solo apreciaba su actuar, a la vez que note desprenderse de su brassier, llevo mi verga entre sus tetas para hacerme una riquísima rusa, estaba servido a su placer, mi verga era su juguete, mamándomela, chupando mis huevos y apreciando sus ricas tetas las cual disfrute aquella noche.

    D: ¡Waooo… que rico… me encanta como lo haces… sigue!

    K: A mí me encanta tu verga, me gusta el sabor de tus huevos… am, am… mfs glup, glup, glup uhm… que rico… quédate quieto.

    Subió rápidamente y al sentir meter mi verga dentro de su vagina, prosiguió a montarme con mucho placer… sigue, dame tu culito.

    K: ¡Mi culito solo se lo doy a mi marido!…

    D: Bueno ya veremos. – poniéndonos cada vez más excitados

    Aproveché en besar sus tetas y lamer esos ricos pezones, me sorprendió al darme unos riquísimos sentones, La sujetaba de sus caderas y en el vaivén de su cuerpo sus tetas me daban un hermoso espectáculo amatorio, sin querer ser morboso… la presionaba de sus tetas y ella dominante me obligaba a estar quieto; y así seguí follándome a tan rica dama, a mi prima fetichista al olor del escroto y al sabor del salado de mis huevos.

    K: ¡No vayas a decirle a nadie lo nuestro ok! – toda excitada y desinhibida

    D: ¡Obvio que no!, pero no quiero que sea la única vez que suceda, te quiero mañana, ¡y pasado mañana y las veces que puedas!… follarte y comerme tan rica conchita primita

    K: Ya veremos primito, ¡ya veremos cómo te portas y te lo recompensaré muy bien! – con voz excitada.

    D: ¡Lo que tu ordenes primita! – llevándome cerca del clímax

    En medio de todas las posiciones que disfrutábamos al follar descubrí una que le encantaba y era estar tras de ella mientras la clavaba y rodeaba uno de mis brazos en su cuello, le gustaba que la sometieran por momentos, mientras la tapaba de la boca la hacía excitarse.

    K: Ven baja, ¡lámeme la concha!

    D: ¡y tu mámame la verga, que me gusta como lo haces!

    Bajé para comerme su jugosa concha, y me pedía que la masturbara el clítoris, a los cual la hacía vibrar, estaba cumpliendo todos sus fetiches y pensaba en todas las cosas que podríamos hacer juntos en cada encuentro, ya mojadita le levante de piernas al hombro y empecé a clavármela antes de llegar a clímax y poder llenarle de leche esa rica conchita de toda mi leche.

    K: ¡No te vengas dentro, no lo hagas!

    D: ¡ok y donde te doy toda mi leche!… dame tu culo?!

    K: ¡No! Ya te dije que el culo solo se lo doy a mi marido

    D: ¡Entonces dame su boca, recibe mi leche en tu boca!

    Así la puse en boca arriba y montándome sobre ella empecé a follarla de boca en un 69 invertido, sobre ella sometiéndola, por momentos deteniéndome por sus arcadas.

    D: ¡Entonces hasta que me des tu colita te daré leche siempre en tu boca hasta que… ahh! uhhh… hasta que me des tu culito!… ah! recibe trágate mi leche… ¡Me vengo!

    Siendo lo más metafórico posible, lo que nos separó en el pasado, ¡aquel “pelotazo! que le di en el rostro; en ese instante “mis pelotas” golpeaban su rostro, aunque esta vez lo disfrutaba a mas no poder… tanto así que al eyacular desbordo semen y saliva saliendo de su boca y cayendo sobre su rostro, dominada, rendida y sometida al atoro al más salvaje acto sexual acaba de suceder. Avizoré una ligera sonrisa y con mucho jadeo de su parte, al cual ayudé a limpiar con mi camisa.

    D: ¡¿Te gusto primita?! – todo exhausto

    K: Si… me encanto primito – rendida al cansancio

    D: ¿seguimos?

    K: Claro… claro que sí, pero con una sola condición

    D: ¿cuál?… mientras me recostaba al lado de ella acariciando sus tetas y ordenaba sus cabellos

    K: Espérame aquí, no te laves… aún que quiero nuevamente oler y saborear tus huevos… déjatelo ahí que vuelvo del baño y te los limpio yo con mi boquita

    D: Ok, dale… no demores.

    Así seguimos, follando como dos perros en celo, dándonos placer, y ella exigiéndome hacerle sexo oral, muy feliz de saborear y juguetear con su clítoris, mientras me sujetaba de mis cabellos, obvio que siguió dándome unas deliciosas mamadas y chupadas de escroto, de la cual era su fetiche saborearlo, nuevamente recibió mi semen en su boca tragándoselos sin remordimientos, al parecer no solo estaba urgida de verga sino también de semen.

    Ya exhaustos y casi al ser las 11 pm, se lavó y cambio toda presurosa para ir a casa antes que su marido la llamase.

    Pidió su taxi satelital, yéndose raudamente, y al despedirnos con un beso en la mejilla, me susurro.

    K: Voy a volver… estate atento y no te quiero ocupado y si lo estas ¡me las botas! Ok

    D: Ok comandante

    Al irme a dormir, empecé a imaginar nuevamente su cuerpo que en medio de la oscuridad no pude admirarla por completo; obviamente fue el inicio de una nueva aventura, del cual teníamos que ser muy cuidadosos. Pues el placer y la tentación de lo prohibido sería lo habitual que marcaría nuestra candente relación de amantes.

    Y los que lo han sido saben de aquella sensación, se entregan sin medidas, dando la vida en ese acto sexual para complacer al otro y dejarlo enganchado hasta la siguiente ocasión.

    Continuará…

  • Mi novia Lena (5): Princesa en la fiesta del Sr. K

    Mi novia Lena (5): Princesa en la fiesta del Sr. K

    -Mira, Lena, no hace falta andarse con rodeos. Antes de las vacaciones de verano, vamos a montar una fiesta, algo así como final de temporada, con mis socios, con nuestros principales clientes, distintas personalidades… y, si quieres, solo tú serías la estrella. Si lo deseas, vienes, pero si no, no, claro.

    -Pero, señor K, esto que usted me propone… yo…

    -Nos conocemos, Lena. Vi los videos del apartamento de la playa. Y todos sabemos lo que pasó también en el congreso de arquitectura. Nos lo pasamos muy bien! Yo, mucho. Pero tú, la que más, no lo niegues!

    -Pero… sí… bueno… eso… no sé… fueron las circunstancias. Yo, no creo que nunca… no, no… yo

    -Disfrutaste como una loca y sin ningún tipo de reparo. Y con todo el hotel!

    -Ay, no diga eso, qué vergüenza!

    -La fiesta hace años que la celebramos, los socios y gente de negocios, todos caballeros, elegantes, ricos.

    -Ya, no si… me halaga que me invite, señor K. Quizá con mi novio…

    -No, no, nada de eso! Ya te dije qué tipo de fiesta es. Una buena cena y luego… ya sabes. Solo invitamos a hombres, señores importantes, y luego contratamos a… bueno… digamos… chicas de compañía… y a disfrutar! Las más guapas y elegantes, las más caras y calientes, sin límites, pero muy finas! Es solo que este año, viendo lo que te gusta a ti el sexo y, la verdad, con lo buena que estás, pensé que quizá podríamos hacer una fiesta más original, sorprender a mis invitados. Contigo.

    -Pero yo sola? Con solo hombres?

    -Sí, sí, ahí está la gracia. Tú serías la princesa de la fiesta. Mis invitados se llevarían una grata sorpresa. Es que desde el congreso que no me quito de la cabeza lo bien que lo pasamos contigo. Y lo feliz que estabas tú!

    -Señor K, usted sabe que… bueno… usted me gusta… mucho! Quizá podríamos usted y yo…

    -No, no, eso quítatelo de la cabeza! Yo soy un hombre casado, no quiero tener una amante, quiero a mi mujer! Otra cosa es, de vez en cuando, disfrutar del sexo, eso no hace mal a nadie. Y tú, para eso, eres la mejor!

    -Pero… ay, no sé! Esos hombres, si vieran que sólo hay una chica… quizá tendrían una decepción…

    -Por eso no te preocupes! Tal vez en un primer momento. Pero cuando vean lo guapa, sexy y cariñosa que eres… y lo guarrita!

    -No diga eso, señor K!

    -Lo digo en plan cariñoso, Lena!

    -Yo no soy una guarra! Es solo que… usted… yo…

    -Mira. Lo he hablado con mis socios y a ellos les entusiasma la idea, la verdad, están deseándolo.

    -Sí? No preferirían estar con otras chicas?

    -No, para nada! Ellos cuatro ya han estado contigo, así, en plan todos contra una, y no desean otra cosa que repetir!

    -De verdad? Es cierto que lo pasamos bien, no puedo negarlo. Ay, no sé, señor K. Y si mi novio se enterara?

    -No tiene por qué. Ya te digo, los invitados son unos caballeros muy serios. Además, te daría una gran cantidad de dinero si accedes a acudir a la fiesta. Cada año nos gastamos mucho con las chicas, todas de lujo, así que esta vez, todo sería para ti.

    -Eso no, señor K, me sentiría como una prostituta, y yo no… para nada… no tengo nada que ver con eso. Además, usted sabe que yo me gano muy, muy bien la vida con mi trabajo como arquitecta!

    -Sí, sí, ya sé… tú … eres una arquitecta, gran profesional, de las mejores, además de educada i fina. Bueno, no te lo tomes como que te pagaríamos, sería como un regalo, como agradecimiento por dejarnos estar contigo.

    -No, no… yo, si acaso, bueno, quizá, lo haría por usted, para… bueno… reconocer lo bien que se porta conmigo…

    -Y también porque te gusta mucho el sexo. Y con varios hombres, je, je, je! Mira, si quieres, simplemente… ya sé, te compramos regalos! Regalos que en realidad serán para nosotros, para alegrarnos la vista, vestidos sexis, ropa interior de fantasía, joyas bonitas y caras, juguetes sexuales… cosas para ti, pero también para disfrutar nosotros.

    -Y seguro que son caballeros educados y amables?

    -Sí, claro, gente muy distinguida! Muy respetables! Verás lo buenos que serán contigo!

    -Ay, no sé. No digo que no me atraiga la idea… Quiero mucho a mi novio, pero… Y si a usted le gustaría que yo…

    Mi novia se dejó convencer en parte para satisfacer a su jefe, pero también por ser la estrella de la fiesta con hombres tan importantes. Así que lo prepararon todo, el jefe de mi novia quería que fuera un éxito, y llegó el día de la celebración. Lena me dijo que tenía una cena de empresa y que después se quedaría a dormir en casa de una compañera para no tener que conducir si bebía algo. Mi primera sorpresa fue cuando la vi vestida para la cena. Estrenaba un vestido muy corto, blanco, elegante, aunque muy escotado y sexy y unos zapatos con un talón infinito. Yo no sabía que su outfit era muy caro y que formaba parte del regalo del señor K por participar en la fiesta, por ser la princesa.

    -Voy así de elegante porque, bueno, ya sabes, son gente importante, arquitectos, hombres de negocios y eso… aunque no creas, no es demasiado caro. – mintió.

    -No, si estás muy guapa, espléndida! Pero…

    -Gracias, amorcito! – y me da un beso y se va.

    No tuve una segunda y mayor sorpresa poque no miré por la ventana. Una lujosa limusina la estaba esperando delante de la puerta del edificio. Tampoco yo no sabía que llevaba sostén de encaje, que iba sin bragas y con un gran tapón recubierto de oro puro insertado en el ano. Eran algunos de los regalos y de las instrucciones que le hizo el señor K y ella estaba encantada de cumplirla.

    Cuando llega a la sala que se había contratado para la fiesta, ve que el señor K la espera a la puerta. Ella se alegra de verle tan elegante. Él la saluda con un besito en los labios, le dice lo guapa que está, la toma del brazo y entran. Les reciben los aplausos de los invitados, todos caballeros bien vestidos y refinados.

    -Oh, que guapa!

    -Vaya mujer!

    -Qué elegante!

    -Vaya pibón!

    -No parece una puta!

    -Es que no lo es! Se trata de una de las mejores arquitectas del estudio.

    -Sí? Pero entonces…?

    -Dicen que es muy caliente y que está loca por el sexo, le gusta estar con varios hombres.

    -A sí? Con varios hombres? Y no es puta?

    -No, para nada! Simplemente, le gusta mucho el sexo, disfrutar de él y hacer disfrutar!

    -Pues yo ya me excito de solo verla! Se contornea muy sexy!

    -Yo diría que no usa bragas!

    -Oh, pero si casi muestra todas las nalgas!

    -Qué buena que está la chica!

    -Vaya hembra!

    -Este señor K, que gran idea ha tenido!

    -Pero… una sola mujer?

    -Dice que ya veremos, que seguro que ella querrá estar con todos!

    -Sí, que le gustará satisfacernos a todos!

    -Y que deseará hacer todo lo que le pidamos!

    -Se ve que como más cosas cerdas, mejor!

    -Y dices que no es puta?

    -No, no, si es una gran arquitecta. Y además tiene novio.

    -Oh, a sí? Qué suerte tiene ese tío!

    -Está para comérsela!

    Todos la saludan, le dan un par de besos, y se enamoran de su aroma, producto de un perfume carísimo y de su intenso olor a mujer. Más de uno se excita con solo olerla. Ella se sienta al lado del señor K y de don Benito, un hombre bastante mayor a quien presentan como uno de los jueces con mejor y más larga trayectoria del país. Unos camareros muy elegantes, guapos y amables sirven la cena, todo platos suculentos y caros. Los caballeros se muestran muy educados en la mesa, todos se dirigen a mi novia, quieren llamar su atención, y se sorprenden de lo inteligente, simpática y leída que es. Pero todos desean que termine la cena y ver lo que el señor K les tiene preparado con ella.

    A las once de la noche, cuando toman el café, copa y puro, el señor K se levanta y se dirige a sus invitados:

    -Señores, ahora nuestra distinguida invitada especial, Lena Sala, como pueden apreciar, una mujer muy guapa, una de las mejores arquitectas del país y a quién tenemos el honor de tener en mi estudio, les va a deleitar con un número especial que seguro les gustará y les complacerá. Y recuerden, ella es una chica muy elegante y fina y entre todos debemos hacer que esté feliz, tratada con respeto y educación como se merece. Ella no es una cualquiera, no cobra ningún dinero, es una invitada distinguida.

    -Gracias, señor K! – contesta Lena, ruborizada. Su jefe le acerca su mano y la invita a salir al centro de la sala, un espacio vacío con las mesas alrededor. Todos aplauden.

    Se apagan las luces y unos focos se encienden e iluminan a mi novia. Suena una música sugerente y ella empieza a contornearse y a bailar sensualmente. Al cabo de unos minutos, se arremanga un poco el vestidito blanco, sin llegar a enseñar nada, pero ya se oyen silbidos y algún aplauso, así como el consabido “guapa!”. Ella se da la vuelta y sigue bailando de espaldas a su público. Juega con la faldita y enseña fugazmente sus nalgas, lo que despierta la admiración de los espectadores. Ella nota que se está excitando y decide ir al grano, de manera que se arremanga el vestido hasta la cintura y todos se admiran del culo desnudo de mi novia. Ella se inclina algo, abre sus nalgas y muestra la joya en su ano. Todos aplauden. Se cubre con la falda y se da la vuelta hacia los caballeros. Entonces se acerca a don Benito, se inclina ante él y le enseña el escote y casi sus pechos mientras le da un besito en los labios. Vuelve al centro de la sala, se estira algo el vestido para abajo y todos pueden admirar el sostén y el magnífico escote. Hay aplausos y vítores. El señor K vuelve a tomar la palabra:

    -Ya veo que les gusta lo que ven. Señores, los que lo deseen, pueden sacar su miembro del pantalón. La señorita Sala va a saber apreciarlo, le gustan mucho las vergas, verdad?

    -Sí, señor K, me encantan los penes! – guiña un ojo y todos aplauden.

    Mi novia se sorprende al ver que todos los invitados descubren una verga totalmente parada y ella nota que su vagina rezuma y le empieza a resbalar el flujo por los muslos. El señor K la toma de la mano, le da la vuelta, la inclina ante todos de manera que casi se le sube la falda hasta la cintura y enseña todo su culo.

    -Ahora es un buen momento para tomar fotos y, quien lo desee, gravar vídeos. Pero les recuerdo que todo está siendo registrado por un equipo de técnicos profesionales y que cada uno de ustedes recibirá una copia del video, en muy alta definición, para que tengan un buen recuerdo de esta noche y de la señorita, de este verdadero pibón. – todos vuelven a aplaudir.

    El señor K dice a mi novia que separe sus nalgas y así muestra a todos el tapón de oro. Él juega con él dentro del ano de la chica hasta que lo saca de golpe ante el “oh” de los caballeros y los flashes de los móviles. La belleza y la longitud i grosor del plug de oro sorprende a todos, así como el agujero grande, húmedo y sonrosado que les enseña mi novia.

    -Verán, a nuestra invitada le gusta mucho que la den por culo, verdad, Lena?

    -Sí, la verdad, ahora mismo me muero de ganas, caballeros! – y separa aún más sus nalgas.

    -Pues no la hagamos esperar! – exclama un caballero con el pene en la mano que se levanta hacia mi chica.

    -Espere, espere, don Fernandéz Comí, paciencia! Siéntese, siéntese, por favor. A ver, un voluntario! – todos levantan la mano y gritan “yo”. – Usted mismo, señor López de la Cosa, mire, rocíe el ano de la chica con ese lubricante. Sí, así, muy bien, muy bien… Ahora, métale un dedo y juegue un poco dentro de su culo.

    -Mejor más de un dedo, señor K! – sugiere mi novia.

    -Sí, sí, claro, introdúzcale más dedos en el culo!

    El señor López de la Cosa no se hace de rogar y poco a poco le introduce los cinco dedos y casi la mano entera.

    -Qué culo tan caliente! Arde!

    -Gracias, señor! – dice mi novia entre suspiros, notando mucho placer y sabiendo que el flujo resbala por sus muslos y gotea hacía el suelo.

    -Bien, pues ahora, miren ustedes! – exclama el jefe de mi novia.

    Lena se da la vuelta hacia sus admiradores y se pone en cuclillas. Todos admiran su sexo abierto y húmedo, tanto que ya empapa el suelo. El señor K se acerca a ella con otro tapón anal, esta vez enorme, y lo deposita en el piso debajo del culo de la chica.

    -La señorita Lena desea su ano muy abierto para que le quepan todos los que lo deseen. Verán como aún se dilata más para recibir sus miembros. Yo he probado su culo y nunca he follado uno mejor, tan caliente y sabroso!

    -Oh, gracias, señor K, es usted muy amable! – todos aplauden.

    Ella empieza a sentarse en el gigantesco tapón y lentamente lo va introduciendo en su ano hasta que llega a conseguir tener casi la mitad dentro. Todos se admiran y la vitorean. Ella empieza a gemir y a suspirar.

    -Ay, no puedo, no puedo resistir más, oh, me voy, me voy! – grita ante el explosivo orgasmo y todos se admiran cuando empieza a lanzar abundante chorros de squirt.

    -Señores, ya ven que a la chica le gusta exhibirse ante todos. Quien quiera, puede masturbarse y eyacular sobre nuestra invitada!

    -Sí, sí! – dice mi novia. – Rocíenme con su leche, señores, por favor! Ah, um, oh!

    Todos se levantan y se ponen alrededor de Lena. Los más excitados ya lanzan su semen sobre ella y al cabo de unos minutos ya tiene todo su cuerpo empapado mientras no cesa de tener orgasmos, ya con casi todo el gigantesco plug en su culo y acariciándose el clítoris. El señor K ya no puede resistir más, se saca el miembro viril y eyacula en la cara de mi novia; ella se relame y se traga todo lo que puede.

    -Que rica está su lechecita, señor K, hmmmm!

    -Muy bien, caballeros, ahora, para terminar esta parte del show, la chica va a chupar sus miembros y los va a dejar bien limpios. Verán que ella es una mamona, mamona!

    Lena, deseosa de tragarse las vergas, gatea hacia don Benito y empieza a sorber y lamer su verga. Ante tantos penes, decide juntar dos y luego tres en su boca. Enseguida muchos de los hombres vuelven a estar empalmados.

    -Qué bien la chupas, hija!

    -Vaya mamona! Yo ya vuelvo a estar excitado!

    -A ver, a quien ya se la haya chupado, que se vuelva a sentar, no, no, no se masturben, no, no se vuelvan a poner en la cola, solo una vez cada uno. Esperen, esperen, pronto, va a empezar la siguiente parte del espectáculo. – dice el señor K.

    Mi novia se levanta, saluda a espectadores, todos la aplauden y el señor K la acompaña hasta la puerta de una sala de al lado.

    -Muy bien, muy bien! Has estado fantástica! Ya sabes, no te laves, no, Lena! Verás que a los caballeros les gusta así, llena de su lefa!

    -Pero, señor K, no cree usted que les dará algo de asco?

    -No, no, al contrario! Como más puta te veas, mejor! Venga, ya sabes. Vale, hasta ahora!

    Mi novia sale al cabo de unos diez minutos vestidita de criada sexy, con una faldita de un palmo, con casi todo el pecho por encima del vestido y mostrando parte de sus aureolas, sin sostén y, por supuesto, sin bragas. Eso sí, con la cofia blanca en la cabeza y un delantal pequeño y de encaje. Unas sugerentes medias negras de rejilla que llegan hasta medio muslo competan el conjunto. Ella lleva un plumero y hace como que está limpiando las mesas, pero es solo para ir enseñando su escote a los que tiene delante y su culo, que no para de menear, a los que tiene detrás.

    -Señores, están contentos con mi trabajo? Desean algo más los caballeros? – contorneándose muy voluptuosa y dándoselas de ingenua mientras va exhibiendo sus encantos.

    -Sirvienta, los señores están algo disgustados. – alza la voz el señor K-Estás sucia de lefa. Y además, tienes los muslos empapados de tu flujo y squirt. Qué guarra!

    -Oh, es que al no llevar bragas…! – se excusa pícara Lena, guiña un ojo y levanta la falda para demostrar que es cierto. – todos ríen y aplauden.

    -Te mereces un castigo, por ser así de marrana. Por suerte, tenemos aquí a un juez. Don Benito, haga usted justicia!

    -Será un placer! – se alegra y tumba a mi novia en su regazo, le levanta la falda para descubrir sus nalgas y le da unos golpecitos con el plumero. – Oh, pero, señorita, me está usted manchando el pantalón con sus jugos!

    -Ay, es que, esto me excita mucho!

    -Es usted una puerca! Una puerca muy guapa, eso sí!

    -Ay, gracias señor! Pégueme, pégueme en mi culo, me lo merezco, señor juez! Hasta que lo tenga bien coloradito! Ay, ay, ay!

    -Creo que la criada se merece un castigo mayor, por lo cerda que es! – dice el juez al cabo de unas cuantas nalgadas, simulando estar enfadado. – La condeno a… bueno, ahora van a ver ustedes. A ver, la guardia, detengan a la chica y ejecuten la condena!

    -No, no, por favor! – suplica mi novia para dar más veracidad a la comedia.

    Entran los camareros, ahora convertidos en agentes de la ley, y se llevan a la chica. Al cabo de unos minutos, vuelven empujando una plataforma con rejas, que simula una celda de prisión, y dentro de ella está Lena completamente desnuda, atada de pies y manos a las rejas, amordazada y con una cuerda gruesa que envuelve su cuerpo y con un ramillete de bolas chinas en su vagina y en su ano. Aun así, la chica no puede evitar rezumar flujo y empapar la base de la plataforma.

    -A ver, señorita Sala, se va a portar usted bien a partir de ahora? – pregunta el juez. Ella asiente con la cabeza y uno de los falsos guardias le quita la mordaza.

    -Sí, señor! Seré una buena chica. Y muy limpia!

    -Vale, pero seguirá usted siendo una putita para nosotros?

    -Sí, eso sí, señor juez! Para todos! La más puta para ustedes!

    -De acuerdo… Pues que bajen las rejas de la celda. Dos voluntarios! Saquen las bolas chinas del coño y del culo de la condenada! – enseguida varios invitados se levantan, sin pantalones y con la verga empinada, y los primeros que llegan van quitando bolas de la chica.

    -Sin miramientos! – ordena el juez y los dos afortunados tiran del hilo y las bolas, muchas y enormes, van saliendo de dentro de mi novia, acompañadas de chorros de flujo, hasta que solo quedan dos dentro, las más grandes, que sacan de golpe y descubren los dos agujeros muy abiertos, sonrosados y empapados.

    -Oh!-se admiran los espectadores y aplauden.

    -Bueno, ahora otros dos voluntarios. Vale, vale, con dos basta. Señor K, deme usted el castigo para la chica. Hmmm, son muy grandes! – mi novia abre los ojos como platos – Cree, señorita que le van a caber?

    -Sí, sí, me abriré mucho, abriré los dos agujeros para que me entren hasta el fondo, sí, sí, por favor! Lo deseo, me merezco el castigo por ser una sirvienta tan marrana!

    -Pues adelante! – los dos caballeros toman los enormes consoladores y penetran la vagina y el ano de mi novia con ellos – Presionen más, más a dentro!

    -Sí, a ver, miren, señores, me abro más, hum, oh, para que entren bien. Aprieten, más, más, ah, ah, hmmm! – Lena vuelve a explotar en un orgasmo ruidoso mientras los juguetes entran hasta el fondo.

    -Parece que más que un castigo, eso es un premio para la señorita. A ver, dos voluntarios más! Señor K, sí, perfecto. Señorita Sala, abra más su coño y su culo porque estos también le tienen que entrar – le enseña ahora un plug y un consolador transparentes.

    -Sí, sí, venga! Me muero de ganas! – exclama mi novia.

    Los dos nuevos afortunados consiguen juntar los nuevos juguetes a los otros hasta la mitad, entre gemidos, suspiros y orgasmos de la chica.

    -Muy bien, muy bien. Bueno, vayan pasando, caballeros, miren los espléndidos agujeros de la chica, se ven muy bien con el efecto lupa de los juguetes transparentes. Pueden pellizcar el culo de la señorita, sus senos, las mejillas…

    -El clítoris, señoría, también el clítoris! – pide mi novia.

    -Ya la han oído, también su clítoris, venga, uno a uno, vayan castigando a la condenada!

    Todos los hombres se acercan a Lena y le dan pellizquitos en todas las partes que no cubre la cuerda. Uno le va dando golpecitos con el plumero. Ella no cesa de tener placer.

    -Bueno, si alguno está demasiado excitado, puede correrse sobre la chica!

    -Sí, sí! – suplica ella, que enseguida empieza a recibir chorros y chorros de semen en todo su cuerpo, lo que la excita sobremanera y provoca que experimente más multiorgasmos. El juez y el señor K, son los últimos de eyacular en mi novia, el primero en sus pechos enrojecidos y el segundo en sus labios, nariz y barbilla. Ella se relame.

    -Caballeros, muy bien, muy bien. Para terminar el castigo y para que quede por fin limpia, los que lo deseen, pueden mear sobre la señorita!

    -Oh, eso no estaba previsto en el plan! No! Oh! – se queja mi novia mientras recibe el primer chorro directamente a su cara. – Qué guarros, oh!

    Los señores se acercan y se ponen alrededor de Lena que va recibiendo la orina caliente con cierto morbo. La mayoría apuntan a su sexo, su culo, sus pechos y su cara. Ella se siente muy puerca, pero al mismo tiempo la excita más si cabe.

    -Muy bien, muy bien! La señorita ha cumplido su castigo.

    -Y lo cierto es que lo he disfrutado, señoría! – reconoce Lena cubierta de orina.-Es una guarrada, pero lo he disfrutado.

    -Sí, sí, no me cabe duda, no me puedo creer lo guarra que es usted. A ver, guardia, pueden liberar a la chica. – los camareros disfrazados se llevan a Lena.

    -Señor K, esta vez se ha superado! – le reconoce el juez.

    -Gracias, gracias! Con una chica como esta, es fácil complacerles, señores. Pero, esperen, esperen, ahora empieza la nueva parte del espectáculo. Miren, ya llega, ya llega. Le presento a la princesa de uno de los reinos remotos más ricos y antiguos. Su majestad, la princesa Lena! Póstrense ante ella!

    -Oh, qué guapa!

    -Qué chica más sexy!

    -Y que cerda!

    Suena una música solemne y mi novia aparece ante todos en un palanquín llevado por unos sirvientes. Ella se levanta y los espectadores se admiran ante su nueva princesa. Mi novia lleva un vestido blanco, muy ceñido y muy transparente, que lo deja ver todo, sin ropa interior, con joyas de oro puro y de brillantes en el cuello, las muñecas, los tobillos, la cintura… y con una corona en la cabeza. El señor K toma la palabra:

    -Os habéis reunido en el palacio los príncipes de todos los mejores reinos para pretender a la princesa más guapa. Os informo que, aunque los criados le han puesto el mejor perfume, ella no se ha lavado todavía así que podrán oler su flujo y su squirt, su ambrosía, así como semen y meado en su piel de noble. Solo uno de ustedes podrá conseguir su corazón. El que ella escoja! El que demuestre más amor, más valentía, más fuerza, más poder!

    -Oh, sólo uno? – se queja la princesa.

    -Sí, sólo uno. Pero antes, tendréis que probarlos a todos para poder escoger.

    -Ah, bueno, si es así… muy bien!

    -A ver, lacayos, preparad a la princesa para que los príncipes puedan pasar la prueba.

    Los criados, que antes eran los camareros y después los guardias, toman a mi novia en brazos y la sientan en la mesa del señor K. Le bajan en vestido hasta la cintura y todos se admiran de sus pechos perfectos.

    -Princesa, por favor, tomad una teta con cada mano y ofrecedlas a vuestros servidores para que os las mamen y las preparen para vuestros pretendientes.

    Ella toma un pecho con cada mano y lo ofrece a dos criados que empiezan a mamar con fruición de bebé. Después, se tumba en la mesa y dos criados le suben el vestido hasta la cintura de modo que queda reducido a un cinturón. Aun siendo mamada, le levantan las piernas y las separan para que todos vean su sexo y su culo abiertos, sonrosados y húmedos. Varios criados acarician la vulva y el culo de mi novia y enseguida otro le acerca el plug de oro y juega con él en su ano. Otro sirviente juega con el consolador transparente en su coño, con el consiguiente efecto de lupa. Ella gime y jadea. Todos aplauden. Al cabo de unos minutos, el señor K ordena:

    -Basta, ya es suficiente, lacayos!

    -No, señor K., por favor, que no se detengan! – suplica mi novia entre jadeos, abierta de piernas, tumbada de espaldas, con los criados mamando sus pechos y otros jugando con los dildos dentro de ella.

    -Sí, princesa. Sé que os gusta!

    -Mucho, sí!

    -Pero ahora que estáis a punto, ya tenéis vuestro coño y vuestro culo abiertos, calientes y mojados, es cuando los príncipes deben pasar la prueba.

    -Sí, sí, es cierto. Lo deseo. Venid, venid! Príncipes, acercaos y mostrad vuestras armas ante vuestra princesa amada. A mi alrededor, por favor.

    Todos los caballeros vuelven a tener su verga empinada y ella se pone a cuatro patas sobre la mesa, con el vestido como cinturón y con el dildo en la vagina y el tapón en el ano, gatea y se va acercando uno a uno para mirar de cerca el miembro empalmado que le muestran. Da un lametazo a cada pene, un pequeño sorbo y un beso en la punta. Cuando ya ha pasado por todos, la princesa anuncia:

    -A ver, príncipe de la barba rubia, quiero que seáis vos el primero que pase la prueba! Deseo que delante de todos demostréis vuestra hombría. Podéis escoger cuál de mis agujeros de princesa queréis probar.

    -El culo, el culo, me muero de ganas! Llevo toda la noche deseando daros porculo!

    -Muy bien, yo también deseo que folleis mi culo de princesa, señor, que vos seáis el primero en encularme! – se pone en plan perrito y el señor de la barba rubia le saca de golpe el plug y sin ningún esfuerzo encula a mi novia que empieza a gemir y suspirar, el mete y saca es feroz y ella lo agradece con un orgasmo húmedo. – Ay, oh, qué bravo, señor! Más, más! A ver, mi coño quiere una de vuestras pollas, caballeros, me muero por una doble penetración, venga, venga usted, el príncipe de las gafas verdes, sí, sí, fólleme, fólleme, mire, levanto el culo para usted y me puede follar así, por detrás, oh, sí, sí, ah, hmmmm, qué bueno, gracias! Me pueden llenar de semen, señores. Un príncipe más, venga, le escojo a usted, sí, usted, el de la camisa azul claro, sí, sí, guapo, venga, venga, fólleme la boca y déjeme tragar toda su leche, oh, mmm, me ahogo, ay, que larga y gruesa, oh, me encanta, ah! Todavía quiero a otro para mí, usted, el atractivo calvo, sí, sí! Túmbese, así, a ver, junte su polla a la del otro príncipe en mi coño de princesa, espere, espere, así, muy abierta para vós! Oh, ah, qué placer, más fuerte, más! Por favor, dos príncipes que me mamen mis pechos, que están que revientan de deseo, así, así… ay, oh…

    Todos los hombres disfrutan de mi novia, algunos varias veces. Se van turnando y ella les satisface, en ocasiones con dos penes en la vagina y uno en el culo mientras masturba a dos más, chupa otro y dos caballeros le maman los pechos; en otro momento es capaz de recibir tres vergas en el ano mientras dos hombres le acarician el clítoris y ella chupa dos pollas… Todos van disfrutando con todas las combinaciones imaginables. Al cabo de unas horas:

    -Princesa, vuestros caballeros ya están agotados.

    -Oh, pero yo… todavía… miren como estoy! – se sienta en una mesa, se abre de piernas y enseña su sexo muy abierto y totalmente empapado de sus jugos y del semen de los caballeros – por favor, necesito más de ustedes!

    -A ver, pues, camareros, contenten a la chica! – ordena el señor K.

    -Sí, sí, por favor!

    -Lo estábamos deseando toda la noche!

    Los camareros no se hacen de rogar y se ponen en fila india. El primero penetra de golpe la vagina de mi novia y ella lo agradece con un orgasmo instantáneo.

    -Ah, ay, hmmm! Por favor, que dos me mamen los pechos, que están a punto de reventar de deseo! Sí, sí, así, muy bien! Y el culo, el culo, que alguien me la meta por el culo, que me arde! Así, sí, de dos en dos, ah, ah, me muero, me muero!

    Pasa un tiempo hasta que los camareros se han corrido en Lena unas cuantas veces y están completamente satisfechos. Ella se pone de pie, totalmente cubierta de semen, con su sexo y su ano chorreando, y se arregla el vestido. Muy digna, proclama:

    -Después de probar a todos los hombres del reino, yo, vuestra princesa, escojo al caballero Señor K, como mi príncipe! Señor K, por favor, acérquese y hágame el amor! – todos aplauden y el jefe de mi novia se acerca a ella, la tumba en la mesa, le levanta el vestido y la ensarta con su pene empinado. Empieza un mete y saca muy placentero y la chica disfruta de orgasmos y más orgasmos.

    -Caballeros, los que lo deseen, pueden acercarse a ver cómo nuestra princesa disfruta. Y los que estén excitados, se pueden masturbar sobre ella mientras la follo.

    -Sí, sí, por favor! Vengan, vengan, cabaleros! Los camareros, también! Deme más fuerte Sr. K, más, más, ah, ah! Oh, oh!

    La fiesta terminó a las once la mañana. Mi novia llegó a casa con la limusina. Cuando le pregunté, me explicó que era un detalle muy amable del Sr. K, y que se iba a dormir porque estaba muerta de sueño. Debo reconocer que, aunque se la veía cansada, estaba especialmente guapa y olía muy bien. Es un amor!

  • Viviendo con una madura

    Viviendo con una madura

    Me llamo Seba, tengo 20 y este es el segundo año viviendo con mi tía por motivos de estudio. Tuve que irme de mi hogar para venir a estudiar a Santiago la carrera que quería, a pesar de estar lejos mi tía siempre se encarga de hacerme sentir como en casa.

    Es una mujer divorciada de hace años, y sus 2 hijos que vivían con ella se fueron de la casa apenas consiguieron trabajo por lo que soy su única compañía; mide algo así como 1.70, pelirroja, blanca de piel, unos pechos grandes que siempre que va con poca ropa me dejan acalorado y un lindo trasero firme y redondo.

    Tiene algo así como 50 años pero es típica señora buenorra que aparenta 30 (nadie sabe como lo hace). Nuestra relación siempre ha sido como de familia, sin embargo hay momentos en que me deja totalmente descolocado, como cuando saliendo de la ducha anda solo con ropa interior por la casa, en esos momentos me gana la calentura y tengo que llamar a mi novia para desahogarme.

    Me considero un chico demasiado caliente por lo que por lo menos durante el año pasado, necesitaba frecuentemente de la Cata (mi novia) para regular mis ganas, pero andaba todo bien, tiraba harto, había buena onda con mi tía y me estaba yendo bien en la U. Eso hasta el inicio de este año.

    A inicios del 2023 ocurriría algo que me dejaría como ahogándome en un vaso con agua, con la Cata habíamos terminado. Además de la pena y todo lo que conllevaba terminar una relación, había algo que me preocupaba más que todo, no poder tirar. Al inicio aguante bien, pero sabía que tarde o temprano iba a enloquecer (aprovecho de mencionar que sigo la corriente de nofap por lo que no me masturbo para satisfacerme).

    Pasó el mes y no había tenido acción ahí abajo, por lo que cada día me sentía más jodidamente caliente, tenía sueños sexuales, fantaseaba despierto, andaba todo el día con una maldita erección abajo y vivir con mi tía voluptuosa no ayudaba nada. La gota que rebalso el vaso ocurrió al 2do mes sin tener relaciones, como se imaginarán al segundo mes ya parecía un puto perro en celo, por lo que un día decidí salir a la disco a carretear con unos amigos.

    Antes de partir voy a hablar con mi tía para decirle que no me espere despierta porque yo llegaría tarde, a lo que ella me dice que no tenía ningún problema que lo pase bien y que me cuide, sin embargo me percaté que la casa estaba más arreglada que de costumbre y ella igual estaba vestida un poco inusual (escote provocador) por lo que le pregunté que a qué se debía, ella me dijo que justo tenía a un amigo invitado a la casa, a lo que yo bromeé diciendo que use protección y que la pase bien, ella se río y dijo ay no seas tonto si es solo un amigo, a lo que nos reímos y luego me fui.

    Me junte con los chicos y llegamos a la disco, vacilamos un poco y pasadas las horas me topo con la Cata bailando, a lo que unimos los grupos y nos pusimos a carretear juntos (tonto lo sé) ya un poco ebrio y mas caliente que la mierda, nos empezamos a comer con la Cata en la disco, sabía que estaba mal pero no me podía detener, ella sintió la erección que tenía y me empezó a perrear con su trasero demasiado pegado en mi entrepierna. Mi mejor amigo Benja, vio la situación y gracias a Dios fue en mi rescate, me sacó a la calle con los chicos y nos fumamos un cigarro, ahí intentó que yo abriera los ojos y me diera cuenta diciendo que no me metiera de nuevo con esa mina, que estaba loca y que mejor nos fuéramos porque no estaba bien que me metiera de nuevo con ella. Ahí me di cuenta, accedí y le di las gracias por hacérmelo ver. Pedí un Uber y me fui a la casa tipo 2 de la mañana porque ya estaba un poco cansado.

    Llego a la casa, mas o menos mareado y caliente por lo sucedido, pero igual intento entrar lo más silencioso posible para no molestar. Entro y estaba todo apagado, pero noto que hay cosas de alguien más en la sala, comienzo a subir por las escaleras y en lo que voy subiendo silenciosamente, escucho unos ruidos extraños viniendo de arriba, sigo subiendo y los ruidos se escuchan cada vez más fuerte, eran unos gemidos y una cama rechinando a más no poder, cuando ya logro identificar que era el ruido, mi pene empieza a levantarse sin yo querer.

    Tengo que aclarar que para entrar a mi habitación debo pasar antes por enfrente de la habitación de mi tía, entonces mientras más avanzo, escucho más claramente los gemidos, estaba a dos pasos y se escuchaba !ah ah sii ah si si más aaahh ah ohh así sigue ahh! Entonces me percato que su puerta estaba completamente abierta, a lo que dije -mierdaa como lo hago para pasar a mi pieza sin que me vean- entonces me armé de valor y seguí avanzando hasta quedar completamente frente a la habitación y ahí, mi tía montando a un sujeto.

    Quedé atónito viendo como a aquella dulce mujer que siempre veo en casa la estaban partiendo, no pude seguir avanzando quedé hipnotizado al ver como se movía su voluptuoso cuerpo todo sudado. En eso que me quedo parado viendo, ella (que estaba en una posición de cara a la puerta) me ve ahí parado, a lo que para de gemir por un segundo, me mira a los ojos y comienza a jadear (su acompañante aún no me veía por lo que le seguía dando) sonríe y coloca una cara de goce total mientras empieza a gritar con más fuerza, empieza a cabalgar más bruscamente y llevaba sus manos a la cabeza mientras me veía a los ojos como si lo estuviera disfrutando.

    Baja las manos para agarrarse las tetas y abre la boca por la que comienza a babear, verla así, disfrutando un pene con esa cara de puta me excito tanto que pensé que eyacularía sin siquiera tocarme. Entonces me quedé unos segundos viendo como sus tetas rebotaban y como el tipo le daba cada vez más fuertemente. Hasta que cambio de posición y ahora me daba la espalda, el hombre con el que estaba acomodó su pene en su ano y empezó a darle muy rápido y fuerte como un animal. Quedé ahí viendo como ese culo enorme rebotaba hasta que pum, se detuvo y llenándole el ano de semen hasta rebosarlo se quedaron ahí unos segundos gimiendo los dos. Entonces avergonzado por no tener la fuerza para no ver eso, seguí con mi camino y me encerré en mi habitación. Fue la noche más larga de mi vida, me costó conciliar el sueño pero lo conseguí y sin masturbarme.

    Al otro día desperté tarde, sin creer lo que había pasado. Bajé y mi tía no estaba pero estaba el almuerzo listo; almorcé, fui a la universidad en la tarde y llegué tipo 20 h a la casa. Ahí estaba ella, cocinando, yo me senté en el comedor y minutos más tarde se sentó al lado mío. «Así que… me viste anoche» me dijo ella rompiendo el silencio, «desafortunadamente» agregué yo.

    Otro silencio incómodo. Luego prosiguió ella diciendo «en verdad lo siento, pero debes entender que estoy tan sola en esta casa y también soy persona, nunca más sucederá, tendré más cuidado lo prometo» a lo que yo le dije que estuviera tranquila, que la entendía y que era algo totalmente normal pero que se pudo haber detenido o algo al verme, entonces ella me dice «detenerme???!! Justo en el clímax?! Jajaja ni loca, además seguro tú igual te entretuviste solo en tu pieza» agrego en forma burlesca, a lo que le respondo que no me masturbaba y que una vieja gorda no me excitaba para nada (bromeando).

    Entonces ella (continuando con la broma) se acerca demasiado a mi cara y cambiando a un tono coqueto dice algo como «entonces menos mal que esta vieja gorda no te excite para nada, pues tendríamos un problema se así fuera, debes recordar que podría ser tu madre» me lo dice casi tan cerca de mis labios como susurrándolo, se quedó un segundo tan cerca que juré que me besaría, entonces se ríe y se aparta diciendo «era broma, era broma,, por cierto tienes una erección» miro abajo y me pongo rojo de la vergüenza, por lo que digo que no me siga molestando más mientras me voy a mi habitación.

    Ya habían pasado un poco más de 2 meses sin coger y estaba hirviendo de calentura, además que mi tía me estaba provocando fue imposible dormir esa noche. Por lo que cegado por mis hormonas hice algo que para el que siga leyendo hasta aquí no debería hacer nunca jamás. (A día de hoy me avergüenzo de hacerlo).

    Esperé a que fueran las 3 am. Y sin poder aguantar más las ganas de satisfacer mis necesidades, fui silenciosamente a la habitación de mi tía (tiene el sueño muy pesado por lo que sabía que no despertaría) abrí las sábanas y usaba un pijama traslúcido que le dejaba ver todo, ya no aguantaba más, mi pene estaba tan grande que pensé que explotaría. Me puse encima de ella e introduje mi pene suavemente en su vagina rasurada, y empecé a moverme. Agarré sus tetas y le besaba los labios mientras me movía, ah se sentía tan bien, su vagina estaba tan calentita y humeda, cada vez lo hacía más fuerte, no me podía controlar, no podía creer que le estaba dando a semejante mujer.

    De pronto empezó a gemir, por lo que pensé que podría despertar, me apresuré para sacar el pito y eyacular fuera, pero cuando lo estaba sacando, ella me amarra con sus piernas y me dice,» te vas luego de dejarme tan caliente? Eres un pendejo malo» a lo que me empuja hacía ella y me empieza a comer la boca mientras movía su cintura y yo le daba con más fuerza. Ella se saca las tetas y me dice que se las chupe, yo obedezco y mientras estaba ahí chupándole las tetas y sacando y metiendo sentía que estaba tan excitado que cada vez ingresaba mi pene más al fondo, ella decía «ay ah cresta, así sigue así, ahh más adentro ah» y yo le decía eres una puta de mierda, no puedes estar tan rica. Cambiamos de posición y ahora ella estaba arriba, estuvo ahí cabalgándome y babeando encima de sus tetas como por media hora creo, hasta que me dijo ay para me vengo se empezó a tocar la concha y cayó encima mío como retorciéndose y con pequeños espasmos me dio un beso tan rico que sentía que me venía, entonces le dije que me la chupara para llenarle la cara de moco.

    Ella bajó a mi pene y empezó a hacer su magia, era claro que tenía una maestría chupando pico porque nunca nadie me lo había chupado tan bien, en un punto pasa su lengua por mi glande a lo que yo digo la concha-de-tu-madre, y todo ese semen acumulado por meses explota en su cara, no paraba de salir y salir, se veía como una verdadera puta con su cara llena de semen y tragando todo el que seguía saliendo. Ahí subió y me dijo la última vez pendejo, se limpió la cara y nos comimos a besos toda la noche, claro luego seguimos cogiendo más violentamente.

    Nuestra relación cambió totalmente, ella dijo que sería la última vez pero desde entonces es ella la que inicia nuestros encuentros. Ahora no podemos parar de coger, no habría pensado que era una adicta al sexo mi tía. Cada vez me pide cosas más obscenas, hay veces que la dejo llena de moretones y rasguños. La última noche que lo hicimos se orino mientras se la metía. Ahora anda casi siempre desnuda por la casa para provocarme y cuando podemos tiramos rico.

    Estábamos pensando subir videos, pero es ella la de la idea, piensa que puede ganar mucha plata con su cuerpo, será buena idea gente?

    Bueno hasta aquí, quizás después suba una actualización de como me va con este nuevo estilo de vida.

    Adiós.

  • Trío en el coche nivel dios

    Trío en el coche nivel dios

    Mi novia y yo llevábamos un tiempo pensando en hacer un trio con un amigo. Nosotros sabíamos que él también quería porque alguna vez de broma lo habíamos hablado. Aunque era de broma los tres sabíamos que alguna vez se haría realidad.

    Una noche salimos de copas los tres solos, íbamos en mi coche, este dato más tarde será importante.

    Esa noche estábamos especialmente ardientemente y ella no paraba de decirme que era la noche y que tenía muchas ganas de follarse a mi amigo mientras yo miraba, mi respuesta fue la siguiente:

    – En la vuelta te subes en la parte de atrás del coche con él y se la chupas.

    Dicho y hecho. A la vuelta empezamos los tres a bromear de nuevo con el tema y ella se subió en la parte de atrás con él y mientras yo conducía ella le empezó a mamar su miembro, entonces ella se montó encima de él y empezó a nalguearle muy fuerte.

    Yo pare el coche y me uní. Mi novia gozo como nunca y mojo toda la parte de atrás del coche, nuestras envejecidas eran cada vez más fuertes hasta que los dos a la vez fuimos a acabar, entonces ella puso su boca para que yo acabará en su boca y mi amigo en su ano.

    Es lo más rico que he experimentado en el sexo. 100% recomendable habrán sus mentes y verán otro nivel en el sexo, disfruten que solo hay una vida y nadie se acordará de nosotros cuando muramos.

    Fin

  • Me vine como 10 veces

    Me vine como 10 veces

    Hola! ya había escrito un relato antes sobre mis técnicas de masturbación y como puedo lograr demasiados orgasmos siendo hombre, por lo que se las recomiendo si buscan tener este tipo de experiencias ya sea solos o en pareja. En este relato les contaré como pude tener muchos orgasmos en menos de 10 minutos ya que estaba muuuy caliente.

    Era un día entre semana, yo vivo solo con mi papá y estaba en mi última semana de vacaciones, por lo que me había propuesto a disfrutarla haciendo muy poco o nada, esa tarde estaba jugando Xbox en la sala, mi padre había descansado de su trabajo y ese día sentía mucho deseo sexual, todo el día estuve caliente, incluso ya me había masturbado antes de esta ocasión.

    Debido a que mi padre estaba en casa no podía tener un momento tan íntimo como me gusta, ya que usualmente cuando me masturbo es todo un rollo; siempre debo recostarme sobre una toalla porque dejo empapado en sudor (con un solo orgasmo mi cuerpo libera demasiado sudor), luego, me gusta masturbarme con distintas técnicas; con manos, juguetes, almohadas, etc., aparte de que soy bien gritón y gimo mucho. Como verán no soy de limitar mi expresión sexual en nada.

    Entonces, estaba jugando, en eso comencé a sentir como tenía una erección de la nada, no dejaba de fantasear con un buen de cosas, incluso me ponía el control de xbox en mi pene cuando vibraba y eso me prendía jaja. Primero, empecé dándole masajes a mis pezones, muy suave, soy demasiado sensible y con estimularlos tengo contracciones, gemidos y comienzo a liberar líquido preseminal, por lo que ese siempre es mi ´must´ antes de comenzar a masturbarme, siempre comienzo estimulando pezones, incluso he estado cerca de alcanzar el nipplegasm pero aún no lo he experimentado, solo las contracciones y la liberación de pre. Entonces, cuando ya andaba excitado, comencé a estimular mi pene y un pezón, de vez en cuando también estimulo mi perineo.

    Mi padre estaba en su cuarto, que da justo de frente con la sala, por lo que debía ser cuidadoso de que no me viera, no podía quitarme la ropa entonces como esa vez traía un short muy cortito, me saqué la verga por las aperturas del short, mientras masajeaba mi pezón y estimulaba mi pene, mi respiración se agitaba rápidamente y tenía que morder la manga de mi sudadera de vez en cuando para no exhalar de forma ruidosa.

    Mi padre en ocasiones salía de su habitación para ir al baño o a la cocina, y yo me controlaba en esos momentos y me hacía el que solo jugaba. Usualmente me gusta masturbarme y llegar a unos cuantos orgasmos solo con mis fantasías, leyendo relatos y los últimos orgasmos me gusta ver algo de porno, pero esa vez decidí aventarme puramente con mis fantasías. Entonces, cuando noté mi pene ya estaba suuuper lubricado, el pre había salido de forma muy abundante y cuando me masturbaba ya sonaba por toda la casa el característico sonido de los fluidos.

    Aproximadamente con estimulación constante y algo rápida tardo unos 3 a 4 minutos en llegar a mi primer orgasmo, pero siempre me gusta retrasar el primer orgasmo con edging, para sentir más rico cuando decida tenerlo, así puedo extender mi primer orgasmo el tiempo que yo quiera, usualmente unos 15 a 20 minutos, pero esta vez sería menos tiempo por la presión. Entonces, estimulaba y cuando casi llegaba me detenía y mis gemidos se hacían presentes. Hice edging como 3 o 4 veces hasta que decidí tener el primer orgasmo.

    Mis orgasmos son secos a voluntad para poder tener múltiples, por lo que no eyaculé nada en este orgasmo, lo que hago para poder tener muchos es llegar al orgasmo y en cuanto llego a el dejo de estimular, dejo al orgasmo fluir, aproximadamente dura unos 10 segundos de placer y luego el placer se va y queda unos 10 segundos de hipersensibilidad (sí, me conozco tan bien que hasta conozco mis tiempos) después de la hipersensibilidad, comienzo a estimular otra vez. Mi pene palpitaba del primer orgasmo y de la excitación, en eso, no tardé otros 20 segundos en seguir estimulándome y sentí como el segundo orgasmo se acercaba, esta vez decidí no detenerme y volví a hacer lo mismo, otros 10 segundos de muy intenso placer, otros 10 de hipersensibilidad y otra vez… total que básicamente tenía casi dos orgasmos en un minuto, estuve así orgasmo tras orgasmo, mientras cuidaba que mi papá no me viera, la sala estaba empapada y mi sudadera también debido a mi enorme cantidad de sudor.

    Mi pene palpitaba y la erección no se me iba, usualmente cuando la erección no se me va aun teniendo muchos orgasmos es porque de verdad estoy muy muy caliente, parezco perro en busca de hembra, jajaja, incluso a veces parece que yo si entro en celo. Cada orgasmo era una ola de placer y de cuidado para que no me vieran, me masturbaba, llegaba al orgasmo, gemía, me agarraba del sillón porque el placer me hace contraerme fuertemente, esperaba unos poquitos segundos y volvía a masturbarme para alcanzar otro orgasmo.

    Al final cuando notaba que mi cuerpo no parecía querer detenerse decidí darme un orgasmo muy muy intenso para llegar a un punto de satisfacción más prolongado, decidí masturbarme y cuando llegué al orgasmo, en vez de solar mi pene, continué estimulando, esto me causa orgasmos de una duración prolongada y unas contracciones muy intensas, aproximadamente 30 segundos de orgasmo y placer más otros 30 segundos de contracciones, casi un minuto de sensaciones placenteras.

    Este tipo de orgasmos tanto en hombres como en mujeres son muy fatigantes y demandan que el cuerpo se recupere antes de tener otro orgasmo, este tipo de orgasmos son los que tengo cuando quiero llegar a la satisfacción, perder la erección e irme a dormir.

    Total, después de quien sabe cuantos orgasmos, pude sentir como mi erección se perdía y me sentía más relajado, mi mano quedó llena de líquido preseminal y mi ropa empapada en sudor, rápidamente me quite la sudadera y fui a secarme, parecía que veía de aventarme una carrera, jaja. El sillón también quedó empapado, afortunadamente nadie se daría cuenta de esto. Entonces, fui, me sequé, me puse la pijama, me lave las manos y volví a la sala para continuar con mi juego, después de una oleada de placer que mi cuerpo no quería terminar.

    Como verán, soy un entusiasta de la sexualidad y de la masturbación, como hombre heterosexual me siento orgulloso de poder experimentar tanto sin prejuicios de género, incluso masturbo mis pezones, próstata y pene con juguetes y mis manos y eso me hace sentir conectado con mi cuerpo. Espero muchos hombres se animen más a abrir sus mentes ya que no solo los beneficiará a ustedes, sino también a sus respectivas parejas.

    Si quieren que siga compartiendo relatos y algunos consejos para chicos, déjenme un comentario. ¡Saludos!

  • Atrapada y castigada por mi suegro

    Atrapada y castigada por mi suegro

    Hola lectores me llamo Bianca tengo 22 años de cabello morado, piel clara, estatura promedio, tetas algo grandes, cintura de acuerdo a mis caderas y un culo grande.

    Actualmente llevo un año con mi novio que es muy lindo en todo, sin embargo a sus padres no les gusta la idea de que durmamos juntos, claramente ya hemos tenido sexo, pero aun así solemos ser cautelosos, una noche que había salido con él y me comentó que su madre no estaba en casa y su padre había salido con sus amigos así que decidimos aprovechar y dormir juntos.

    Cómo era de esperarse terminamos teniendo sexo muy rico en su cuarto, acabamos algo rápido pues él se tenía que ir al trabajo en la mañana, dormimos juntos y a la mañana siguiente al despertar ya no estaba en la cama, lo llame pero no respondió y como no había nadie más en la casa decidí darme un baño antes de irme.

    Camine desnuda hasta su baño dejando mi ropa en la habitación de mi novio y sin más me metí a la ducha. Me estaba lavando en cabello y el shampoo corría por mi rostro y espalda no escuche la puerta abrirse pero de la nada sentí una mano en mis nalgas y me asusté, estaba buscando la llave para abrir el agua y luego me beso la boca muy rico, eso me hizo pensar que era mi novio y le dije «ay amor pensé que ya te habías ido al trabajo», no dijo nada y me siguió tocando.

    Me seguí lavando el cabello y sentí su verga crecer mientras tocaba mi pierna, le di una sonrisita y la tomé para masturbarla, se sentía muy dura y más ancha al igual que con más venas, no pensé mucho en eso en ese momento y solo le dije «¿Quieres sexo otra vez mi amor?», Casi de inmediato dejo mis nalgas y llevo una de sus manos a mi coño y levanto mi cabeza para besar mi cuello, pase una mano por detrás de el abriendo la llave del agua que ahora me caía en el rostro.

    Cuando el agua limpio mis ojos lo tome para besarlo y me di cuenta que era mi suegro, rápido me separé avergonzada.

    Yo: suegro! Pensé que era su hijo.

    Suegro: y yo que tú eras una intrusa.

    Yo: y ¿Por qué no me dijo nada?

    Suegro: te ves muy linda y sexy así, además, te tengo ganas desde hace tiempo.

    Se acercó a mi tomando de nuevo mis nalgas y quitó mis brazos que cubrían mis pezones y coño, me dio tremendo beso pegada a la pared y regreso a tocar mi coño, me metió dos dedos diciendo:

    Suegro: no puedes entrar a casas así nada más ¿sabes?

    Yo: perdón…

    Suegro: ahora tengo que castigarte amor… Arrodíllate.

    Me dijo eso entre besos y con una mano en mi cabeza me hizo bajar suave hasta tener su verga en mi rostro, saco los dedos de mi coño y los metió a mi boca, los chupe mientras me sonrojaba cuando los saco los intercambio rápido por su verga y movía sus caderas follando mi boca, al inicio la hizo suave mientras movía mi lengua, tenía un sabor fuerte pero que me iba excitando, tome su verga para masturbarla y me empecé a mover chupando más. El gemía suavemente mientras metía sus dedos entre mi cabello y yo metía su verga hasta donde podía para después sacarla y lamer el resto.

    Me separó y se sentó en el piso de la ducha casi igual que yo mientras se estaba tocando y me dijo «si quieres más ven aquí perrita» dándose unas palmadas en los muslos, me acerque a gatas y me recibió con rico beso y su verga tocando mi entrada, nos separamos del beso y sentía que estaba ardiendo mi coño, tome su verga y baje para empezar a meterla.

    Me tomo de las nalgas mientras lo miraba a los ojos y seguía bajando y el decía «así, estás tan apretada como imaginé» me sonroje en pensar como me imaginaba aun teniendo esposa y el me hizo bajar rápido hasta tenerla toda adentro, cuando llegue a la base lo abrace gimiendo y con unos chillidos pues su verga me estaba abriendo incluso más que la de mi novio, me beso en la boca y movía suave sus caderas para ir acostumbrando mi coño.

    Mis tetas estaban en su pecho mientras me llenaba de sucios besos en la boca y cuello y aumentaba el ritmo en cada embestida, después de un rato apoye mis manos en su pecho y me empecé a mover, su verga era algo difícil de montar pues era nueva para mi pero veía como lo disfrutaba y me movía más duro, mis tetas rebotaban frente a él que no dudo en chuparlas y morderlas.

    Apoyo sus manos en mi cintura y caderas y yo cerraba los ojos tratando de pensar un poco en su hijo pero solo pensaba en él y cuando lo miraba me ponía algo nerviosa y más caliente, todo mi cuerpo estaba ardiendo y abrió la regadera, al parecer le gustaba ver mi cuerpo mojado montarlo duro, nos miramos fijo unos segundos y me empezó a nalguear diciendo «más rápido puta».

    Lo empecé a obedecer y moverme más y más rápido, nuestros cuerpos chocando sonaban más que el agua de la regadera, después de unos segundos no aguante más y saque su verga de golpe pero aún así tuve frente a él mi orgasmo que lo salpicó de jugos, me quedé sentada durante el orgasmo viéndolo hasta que me detuve y el me veía sonriendo de forma sexy.

    Me levanto y puso contra el cristal de la ducha y mis tetas se apretaban en el mismo mientras el tocaba mis nalgas y pasaba los dedos por mi coño, me metió dos dedos y los saco rápido verificando que tan mojada estaba para después poner su verga en mi entrada, tomo mis caderas y me hizo ponerme de puntas empinando más mi culo, empujó con fuerza metiéndola toda y sentí como mi coño ardía de placer.

    Todo eso paso muy rápido y sentía mi culo sensible de las nalgadas, estaba gritando de placer y él me dijo al oído «eres un buena novia, haces muy feliz a tu suegro» me dio un beso bastante sucio lamiendo mi boca por dentro y con su verga lo más dentro posible tuve un pequeño espasmo y otro orgasmo menos fuerte que el anterior, se separó mordiendo mis labios y le dije «lo que quiera suegrito».

    Sus nalgadas aumentaron y uno de sus brazos rodeaba mi cintura para mantenerme de pie, en cada embestida me repetía lo puta que era y pasaba su lengua por mi espalda hasta morderme en el hombro donde aún tenía marcas de la noche anterior con mi novio, era bastante duro en el sexo y eso me gustaba mucho pues mi novio siempre me había tratado con delicadeza.

    Mientras seguía me preguntó donde terminaba su hijo conmigo, le dije que sobre mi cuerpo o en la boca, sonrió y siguió unos segundos hasta que tomo mi rostro y me ahogo en un beso lleno de lujuria, sentí como toda su verga estaba adentro y palpitaba soltando su semen dentro de mi coño, nunca dejaba que acabarán dentro de mi y mucho menos sin condón pero el calor del momento me hizo olvidar eso.

    Se detuvo el beso y me dijo al oído «eres una buena novia, espero que aún te guste mi hijo después de esto» y saco su verga de mi coño, me quedé unos segundos recuperando energía y me uní a él para terminar de ducharnos, durante el baño me tocó más y ayudo a sacar el semen dentro de mi coño, al salir tomamos las toallas y me dio un rico beso más para después irme al cuarto de mi novio y vestirme.

    Al salir el también ya estaba con ropa y me dio otro beso en la boca de despedida junto con un apretón en mis nalgas, me fui y al llegar a mi casa me la pasé el resto del día pensando en como le había sido infiel a mi novio con su padre en la ducha y como mi suegro le fue infiel a su esposa conmigo, sinceramente de recordarlo me empecé a masturbar.

    Desde ese día no hemos vuelto a tener un encuentro así pero cada que voy a su casa noto que me mira o da pequeños roces, en lo personal me gustaría repetir lo que hicimos por lo menos una vez más y sé que a él también le gustaría, ustedes que dicen ¿Debería organizar un encuentro? Los leo en los comentarios y gracias por leer.

  • Historias de un matrimonio cornudo (IV)

    Historias de un matrimonio cornudo (IV)

    No quiero repetirme con lo narrado anteriormente, por lo que ahora iré contando todo de manera mucho más ágil, solo me detendré en las situaciones más calientes o nuevas que nos han sucedido; verán que este capítulo es más de transición, digamos que este será el último capítulo del inicio de mis cuernos y del emputecimiento de mi esposa. Por lo que para entender a plenitud este relato se necesitan leer los 3 anteriores, supongo que para los relatos que seguirán no sería tan necesario, aunque siempre se hará referencia a situaciones y personas pasadas.

    Bueno, pues esas vacaciones de mi esposa iniciaron con todo, tuve mis primeros cuernos a manos de un profesor compañero de mi mujer, no solo eso, en su segunda cita (que fue 3 días después de la primera) mi esposa le dio su virginidad anal, además de que el sexo con él, con las propias palabras de mi mujer era “el mejor de su vida”.

    Durante las tres semanas que duraron las vacaciones de mi esposa ella tuvo sexo con Eder, su nuevo amigo, muy seguido; se vieron lunes, martes y miércoles de cada semana, y en cada uno de esos días él usó los tres agujeros de mi mujer, y le encantaba vaciarle los huevos en su culito, lo rico de eso es que en esas 3 semanas la limpié casi todos los días (excepto dos días que el cabrón acabó en su boca); y como a ambos les encantaba el sexo duro, y entre más agresivo mejor, mi mujer siempre regresó adolorida, así que en esas tres semanas no me dejó penetrarla por ningún motivo.

    Regresando de vacaciones ya a laborar fue aún más excitante, pues ahora mi esposa veía diario a su amante, y claro que el wey no desaprovechó la oportunidad; lo que no me esperaba es que mi mujer aceptara tan fácil darle las nalgas en la escuela o en lugares públicos, recuerdo que siempre que yo lo intentaba (aún de noche y en nuestro coche de novios) ella nunca aceptó que porque le incomodaba mucho que otros la pudieran descubrir, pero parecía que darle el mejor sexo de su vida por tres semanas tenía sus ventajas, desde el primer día ella me contó (mientras yo le hacía sexo oral, porque adivinen, sí, ella llegó adolorida del trabajo) que Eder la fue a buscar y a seducir a la sala de maestros, a su salón y ella se resistía, sobre todo por el miedo a que los fueran a cachar, me contó que su amante le dijo que no se hiciera del rogar, que al fin ya tenían contrato de base, que aunque los cacharan, pues solo serían puras habladurías, total que mi mujer me dijo que fue tan insistente (que la besaba en el cuello, le daba masaje en los hombros, la piropeaba) que ella empezaba a mojarse, aunque la convenció cuando Eder la tomó del cuello y le ordenó que le aflojara las nalgas; era un poco después de la hora de la salida y estaban en el laboratorio de cómputo, mi esposa ya no se pudo resistir, le dijo que al menos cerrara el laboratorio y empezó la fiesta, que se la chupó, ella sentada en su silla y él de pie junto a ella; después la desnudó (no llevó falda, que eso era lo que más le daba reparo a mi esposa), la acostó en el escritorio, se puso las piernas de mi mujer en sus hombros y así empezó a penetrarla duro, tal y como le gusta a mi esposa; finalmente ella estaba tan excitada (me dijo que el hecho de que los atraparan la prendió aún más) que solita le pidió que le diera por el culo, a lo que Eder no dudó en hacerlo, la empinó en el mismo escritorio y la estuvo enculando hasta que le acabó en el ano. Terminaron encantados, aunque se tuvieron que vestir rápidamente, por los nervios.

    Naturalmente después de ese primer día tan “atareado”, me encargué de que mi esposa siempre tuviera ropa “adecuada” para su nueva vida, le compré varias minifaldas (tipo A, lápiz, acampanada, midi), y tangas de hilo dental; anteriormente mi esposa ni de broma hubiera aceptado ponerse prácticamente a diario minifaldas, sobre todo tan cortas, y menos combinándolas con tangas de hilo, pero la actitud de Eder la convenció, pues no sabía que día (y al menos le daba verga 3 días por semana) él iría a cogérsela; y aceptaba que llevar minis tan cortas y tangas de hilo ayudaba mucho a darle las nalgas a su amante sin necesidad de quitarse prácticamente nada.

    El cabrón de Eder no solo se tiró a mi mujer en el laboratorio, también en varios salones y en la sala de maestros y casi a diario la traía a casa y ella seguía chupándosela, aunque no era ni siquiera de noche; sinceramente yo estaba encantado, diario veía a mi esposa vestirse muy sexy, rayando en lo puta; después de dos meses de haber entrado de nuevo a trabajar mi esposa seguía con ese ritmo endiablado con Eder, y aunque ya las cogidas casi nunca eran en su departamento, si la atendía en la escuela y su coche. Empecé a preocuparme, más que porque llevaba casi 3 meses (2 de trabajo y prácticamente uno de vacaciones) sin penetrarla (solo me daba permiso de bajarme a aliviarle y limpiarle su panochita y culito bien usados), porque me daba miedo que se encariñara de su amante; pero en cuanto empecé a pensar eso, ella me dio una gran alegría al contarme que contactó con un excompañero de ella de la uni (Armando) y otro de la prepa (Darío) vía Face y que ahora charlaba con ellos por wasaps, eso me lo dijo un sábado por la noche en el que, para variar estaba comiéndole la panochita y el culito, le pregunté que por qué los había contactado, ella me dijo que siempre les había tenido ganas, y sentía que había tensión con ellos, pero que nunca se había dado algo; le pregunté por qué, y ella me contestó que porque eran los típicos guapos que andaban con todas y que tenían fama de cabrones, y entonces ella de buena familia y todo, no se podía dar el lujo de andar con tipos así de patanes; entonces le dije, y ahora que ya eres toda una putita pues les puedes hablar y coquetear, ella me dio una cachetada de inicio y me dijo, no seas pendejo, pero después se quedó pensando y me dijo, la verdad es que sí, ahora me siento liberada de hablarles, me mostró las conversaciones y no eran muy entretenidas, hasta el final con Darío que ya le pedía fotos más sexys de lo que veía en Facebook.

    Ese mismo día le dije que se escribiera con ellos mientras seguía con mi trabajo oral, al principio ella no quería, pero terminó aceptando, fue una tremenda experiencia, sobre todo para ella, me confesó después que fantaseaba con ellos mientras yo la atendía y claro que se encendieron las conversaciones; esta nueva práctica se volvió habitual (sobre todo los fines de semana que no veía a Eder), empezaba a calentar a sus nuevos amigos mientras yo le daba sexo oral, la fui animando a que fuera aún más coqueta y que quedara de verse con ellos, pero sinceramente mientras estuvo con Eder, no se animó a quedar formalmente, ya después me confesaría que sentía que para ella ahí estaba la barrera entre ser toda una puta: que se quedara de ver con más de uno para coger.

    Mientras mi esposa empezaba sus escarceos con sus excompañeros de la escuela las cosas se fueron enfriando con Eder, sobre todo porque me decía que él ya no le echaba las mismas ganas, que ya no era tan agresivo, que ya no la tomaba del cabello mientras se la metía por a la boca, o mientras la cabalgaba por el culo, es más, me dijo que ya la ponía a ella durante más tiempo a que se diera de sentones, cosa que a ella le gustaba, pero si había interacción agresiva (que le mordiera las tetas o se las pellizcara, o le diera de cachetadas o de nalgadas); además de eso su amante cambió, se volvió más celoso y posesivo, le empezó a reclamar porque ella le hablaba a otros profes (yo lo entendía perfectamente, porque ya como iba vestida para “facilitar” el trabajo de Eder, pues me imagino como la verían los demás profes) y le decía que era su putita (eso a ella le empezó gustando, pero cuando le dio el tono posesivo a eso, mi esposa lo rechazó), por lo que al mes de haber empezado los coqueteos con sus excompañeros y de empezar a tener un sexo no tan bueno con Eder, y sus arranques de celos (que del único que no era celoso era de mí, la verdad es que nunca supe por qué), pues lo mandó al diablo; de plano le dijo un día después de coger en su coche y que él empezara a reclamarle por enésima vez por un comportamiento según él inapropiado, mi esposa de plano le dijo que ni el que la mantenía (o sea yo), le reclamaba nada, menos él, que se fuera mucho a la chingada con sus celos y sus escenas posesivas, entonces se salió de su coche, entró a un café y me llamó para que fuera por ella; obviamente Eder la siguió para tratar de detenerla, pero ella le dijo que ya me había llamado y eso hizo que él se fuera.

    Ella bloqueó a su examen de todas sus redes y whatsapp y ya no le dio entrada para nada en la escuela, ella trataba siempre de estar acompañada con amigas y eso; y como en teoría ella era casada y me era infiel, Eder no se atrevió a encararla directamente, poco a poco la cosa se fue enfriando completamente.

    Unos días después de haber terminado con Eder, al fin me dejó penetrarla, claro que primero le comí la panochita y el culito, por si me daba permiso de entrar por detrás, ella me empezó a preguntar que si quería que ella me hiciera el favor de hacerme crecer los cuernos con sus excompañeros, le dije que sí; ella me preguntó que con cuál, le dije que con los dos, y al mismo tiempo, ella solo se empezó a reír, y me dijo que qué lástima que no se conocieran; cuando al final la penetré (de misionero), traté de controlar mi respiración, ya con la experiencia de cuánto duraba con Eder me sentía comprometido a mejorar como amante, ella se empezó a dar cuenta de que ya no eran los típicos 2 minutos, cuando en eso acerca su boca a mi oído y me dice, amor, ya ves porque tengo que encontrar a machos de verdad, ya no siento tu pitito; uf, en lugar de molestarme, me super prendió, tanto que naturalmente no pude controlarme y terminé de inmediato, mi esposa en cuanto dejé de gemir y de empujar, me tomó de la cabeza y me bajó a limpiarla, mientras gemía y me decía, así cornudo, así pinche pendejo, aprende cual es tu lugar, limpiando la leche que me dejan hombres de verdad, con vergas de verdad, no putitos como tu.

    Uf, seguía mega encendido; pero en cuanto ella terminó en un escandaloso orgasmo (tuvo que taparse la boca para que sus gritos no despertaran a los niños); ya más tranquilos y en frío le pregunté que si en verdad pensaba lo que me había dicho (la verdad estaba muy preocupado); ella se empezó a reír, me abrazó y me dijo, tontito, claro que si te sentía, no como a Eder que me daba más duro, pero la verdad es que tenía muchas ganas de decirte algo así, en los relatos que leí siempre le dicen cosas así al cornudo y le gusta, y por tu reacción creo que a ti también y empezó a acariciarme el pecho; diciéndome que nunca me dejaría, que era el amor de su vida, pero que debía entender que ahora era su cornudo, y que le gustaba ser la puta de otros y la trataran así, pero le encantaba tener alguien con quien fuera ella da dominante y que en verdad nunca le había dado tanto placer como cuando le limpiaba leche de macho y que aún le hacía mucho mejor el sexo oral cuando me humillaba diciéndome eso o cuando en realidad limpiaba lechita.

    Lo bueno es que esto abrió la puerta a muchas nuevas experiencias que iré contando poco a poco.

    Continuará.

  • Poliamor con mi esposo y su hermano (1)

    Poliamor con mi esposo y su hermano (1)

    Cuando conocí a Caleb, no era más que un niño. Yo tenía 19 años y él 9. Mi novio y ahora esposo, Adal, me llevó a casa. Fui tratada con amor por mis suegra y por mi pequeño cuñado con quien desarrollé un profundo y maternal amor. Cuando cumplimos 21 años, tuvimos que irnos del estado por una buena beca que la universidad me ofrecía y no quería irme sin Adal, verlo hacer el sacrificio de ir conmigo con tal de que no perdiera la oportunidad de estudiar en el mejor campus posible me hizo darme cuenta que no quería a ningún otro hombre. Nos casamos a los 22, y ahí fue la última vez que vi a Caleb en más de una década. Un dulce niño de 12 años, muy inocente y feliz de verme casada con su hermano. Pasaron diez años, nos quedamos a vivir en el estado en el que estudié porque conseguí un buen puesto y pude posicionarme a la perfección en mi sector laboral.

    Adal entonces empezó a sentirse muy culpable. En nuestro octavo año de matrimonio, su madre empezó a tener complicaciones en las articulaciones y era Caleb el único que la cuidaba. La verdad es que me dolía mucho saberlo. Como mencioné, amaba a ese niño (para aquel entonces ya un joven) con todo mi ser y saber que tenía que estudiar la universidad y cuidar de su madre solo era duro. Obviamente mandábamos dinero, pero no quitaba el hecho de que mi cuñado tuviera que estudiar y trabajar encima de cuidar de su madre. Para cuando cumplimos diez años de matrimonio, mi esposo y yo con 32 años y Caleb con 22, la cosa ya no era sostenible para alguien tan joven. Mi suegra estaba postrada y había empezado a perder la memoria. La que propuso mudarnos de vuelta a nuestra ciudad natal fui yo. Logré transferirme a una empresa hermana de la mía sin mucho problema tras explicar la situación y Adal consiguió un puesto incluso mejor pagado del que tenía en el momento. Había pasado poco menos de un año desde que decidimos mudarnos y cuando por fin conseguimos un pequeño departamento en renta, nos movimos rápidamente.

    La verdad es que admiraba profundamente a mi esposo por haberme apoyado tanto, pero admito que esa admiración había empezado a desvanecerse junto con la novedad. Soy una pésima mujer por decir esto, pero cuando un hombre te trata tan bien se vuelve lo que uno espera. El otro hombre que captaba mi atención en ese entonces era Caleb, ya con 23 años de edad. Recién graduado de la universidad, cuidando a su madre y trabajando… todo sin pedirnos ayuda ni una vez desde que la mujer había empezado a tener problemas de salud. Literalmente confiamos en un adolescente y le encargamos la vida de una mujer mayor todo para poder seguir nuestras ambiciones. Ahora le tocaba descansar.

    Compramos una casa tras buscar durante un mes y por fin movimos toda nuestra vida a nuestro nuevo hogar. No tardamos en llevarnos a mi suegra y tuve que abandonar mi puesto para poder trabajar desde casa. No tenía problema alguno con ello, para ser sincera. Se sentía bien poder estar en mi hogar sabiendo que mi salario sobraba para pagar lo que sea que necesitara y que encima no tenía que lidiar con la presión de gestionar equipos y campañas.

    Ya estaba en mis 33 cuando llegó aquel día.

    Antes de explicar los eventos que terminarían conmigo en la cama con mi cuñado, procederé a describirnos.

    Mido 1.57, soy de piel blanca y cabello pelirrojo oscuro (obviamente teñido), uso bra 36e (naturales), 66 de cintura y 92 de caderas. Me considero guapa desde que era pequeña. Tengo ojos verdes, labios relativamente gruesos y la nariz respingada naturalmente. Me rasuraba el pubis regularmente en aquel entonces porque lo cierto es que soy de vello abundante.

    Caleb mide 1.70, al igual que su hermano es de piel morena y cabello negro. Lo considero más guapo que mi esposo y es también mucho más atlético en comparación. Sus ojos son café claro y sus labios son gruesos. Sus hombros anchos (aunque más pequeños que los de mi marido), su cuerpo tonificado y su apariencia jovial.

    Adal mide 1,85 de altura, su piel es más oscura que la de Caleb y realmente es el hombre más masculino con el que he estado. Como mencioné tiene una complexión ancha y tosca y su cuerpo entero está cubierto de pelo a diferencia del de Caleb. Tiene bastante fuerza a pesar de estar algo subido de peso y su hermosa barriga de verdad le queda perfecta. Él usa barba y no se rasura los genitales.

    Habiéndonos descrito, aquí va:

    Era sábado. Yo descansaba, Caleb descansaba, mi esposo no. Me desperté a cambiar a mi suegra y me llevé la grata sorpresa de encontrarme a mi cuñado haciéndolo. Juntos terminamos de vestir a mi suegra y preparé desayuno para tres. Cuando terminamos de comer, me dediqué a lavar los trastes y limpiar la casa. Caleb había salido a hacer pagos y yo, acostumbrada ya a no mantener relaciones sexuales con regularidad, aproveché para subir a mi cuarto y dedicarme a satisfacerme. Había pasado quizá una hora cuando decidí empezar a masturbarme y apenas duré unos diez minutos en el acto cuando la música de fondo que había puesto se detuvo por fallo del internet… y escuché la regadera de la planta baja abierta.

    Mi suegra tenía la mala costumbre de intentar meterse a bañar sola a la regadera. Me puse una toalla del baño de arriba y corrí escaleras abajo. En mi cabeza, iba a ser mi suegra. Caleb debía estar fuera y en cuanto abrí la puerta de mi cuarto, la regadera se había cerrado, cosa que la viejita hacía cuando escuchaba que me acercaba para regañarla.

    Abrí la puerta del baño y lo que me encontré fue a mi cuñado completamente desnudo saliendo de la regadera. Su abdomen marcado, sus brazos anchos, su enorme y erecto pene descubierto. Dios, su pene. De verdad que la impresión me pudo y dije en voz alta «puta madre» cuando vi esa verga de 21 centímetros erecta. Del ancho de una lata, con un glande rojo como fresa y una uretra tan abierta que seguro mi dedo meñique entraba. Caleb se apresuró a agarrar su pantalón que estaba hecho bola en el suelo y yo corrí escaleras arriba en cuanto pude reaccionar.

    Apenas recuperaba el aliento cuando la puerta de mi cuarto se abrió. Desnudo y con su pene palpitante, Caleb entró al cuarto y cerró la puerta tras de sí.

    «Se pusieron duros», me dijo acercándose.

    Le pedí que saliera en susurros, intentando que mi suegra no escuchara nada, pero él me ignoró y me arrancó la toalla del cuerpo, exponiéndome. En efecto, mis pezones se habían endurecido cuando vi su pene y se notaban por debajo de mi toalla.

    Caleb se acercó a mí y sin delicadeza o pudor alguno me metió la mano entre las piernas y acarició mi labia. Cuando lo empujé y me alejé, caí en la cama sin querer y él empezó a untarse los dedos.

    «Estás mojada, Natalia», me dijo a la que se llevaba la mano a su vergota.

    «Me estaba masturbando, no sabía que estabas aquí», dije mientras me cubría el cuerpo con una almohada.

    «Entonces traes ganas, ¿no?», me preguntó caminando hacia la cama y subiendo sus rodillas, empezó a gatear hacía mí.

    «No… por favor, vete. No diré nada, pero vete ya».

    Él me arrancó la almohada y me forzó a descubrirme los pechos. Qué fuerte era. Se puso encima de mí y no pude resistirme mientras me besaba el cuello.

    Me iba a forzar, lo supe al instante. Empecé a llorar pensando en que iba a ser abusada. Y entonces empezó a susurrarme.

    «Te odio, Naty. Te odio a ti y odio a mi puto hermano. Me dejaron con la pinche vieja a que la cuidara. Tengo pocos amigos, y nunca he podido mantener una puta novia por su puta culpa». Me soltó una mano y me tomó de la cara, obligándome a verlo. «Y mientras mi hermano te tenía a ti… y tú disfrutabas de todo sin pensar en mí». Me besó a la fuerza, por más que quise impedirlo simplemente su brazo fue más fuerte que mi cuello. «Yo también quiero, también quiero disfrutar».

    Sin decir más, empezó a besar mi cuello y con el puro peso de su cuerpo me inmovilizó. Una mano jugaba con mi seno izquierdo y la otra con mi clítoris.

    Dios, qué horrible fue sentirme tan excitada. Era cierto, habíamos abusado de Caleb. Era cierto que mientras él cuidaba a mi suegra Adal y yo cogíamos y vivíamos sin preocuparnos… era cierto que él merecía disfrutar también. Lloré al pensar lo siguiente, porque por algún motivo en el momento me hizo lógica y sentí que estaba en lo correcto de su parte el pensar así: él merecía poseerme. Lo admiraba mucho por aguantar tanto tiempo solo, lo admiraba por su sacrificio, más de lo que admiraba en aquel momento a Adal. Dejé de resistirme y le acaricié la cabeza con suavidad…

    Y entonces se detuvo y empezó a llorar. A llorar como niño pequeño y disculparse. Se me quitó de encima y se sentó en la cama a llorar dándome la espalda. Yo entendí al instante que no iba a hacerme nada más, dejé de sentirme insegura y en peligro y la culpa de lo que habíamos hecho mi esposo y yo me llevó a llorar y abracé a Caleb por detrás.

    Los dos lloramos juntos y, tras hablarlo un rato, me di cuenta de lo solo que estaba. Me dijo que había amado a una muchacha llamada Ámbar y que ella lo dejó porque no le podía dedicar tiempo. Yo me disculpé mil veces y para cuando acabamos de llorar ambos, él se volteó y me abrazó. Su pene había perdido toda erección, pero seguía siendo notable a pesar de su flacidez.

    «De verdad lo siento», me dijo y empezó a llorar otra vez y se alejó de mi, caminando lejos de la cama.

    Sabía a lo que se refería. Se sentía mal por haber estado tan cerca de abusar de mí. Sabía que si se iba así, su percepción de sí mismo sería esa. No podía dejar que Caleb, la persona con la que con diferencia más desconsiderada había sido, ese niño que tan dulce era cuando mi esposo y yo lo abandonamos, pensara en sí mismo de esa manera.

    Le tomé la mano y le fui sincera.

    «Caleb… si alguien lo merece eres tú», le llevé hasta la cama y abrí mis piernas. Él se negó y empezó a caminar en dirección a la puerta y le grité. «¡En serio, ven aquí y házmelo!». Quería que se sintiera amado.

    No tuve que insistir más. Volteó con su pene erecto y supe al instante que esta sería nuestra primera vez de muchas. Me besó y le correspondí, estuvo encima de mí, su pene sobre mi pubis. Fue un beso tan intenso y apasionado. Un beso como Adal no me había dado en años. Nuestras lenguas enredadas, nuestros labios fusionados, su saliva en mi boca, el sudor de ambos humedeciendo nuestros cuerpos. Tomé su pene y lo coloqué en mi agujero tras unos minutos y él rápidamente empezó a hundirlo en mi vagina. Grueso. Muy grueso. Doloroso. Su pene en verdad era impresionante y estiraba mi labia y mis interiores como ningún otro miembro había hecho antes.

    «Te amo, Natalia». Dijo a la que dejaba ir toda su vergota a mi interior y yo no pude sino gemir de dolor y clavar mis uñas en su espalda.

    No respondí, sólo me quedé así con mi cabeza hundida en su hombro, reposando la metida de pene más dolorosa de mi vida.

    «Sigue», le dije, sabiendo que ese pene iba a ser estragos en mis interiores, pero pensando en su placer más que en el mío.

    Él lo hizo delicadamente al principio y el dolor se convirtió en un ansia extraña… luego en un punzante placer cada vez que se movía y un estirón nuevo se producía. Era como si mis paredes vaginales se pegaran a su pene y les fuera difícil dejarlo ir causando un estiramiento de mis interiores. Literalmente habían pasado diez minutos de metidas de pene, besos y caricias a mis caderas cuando, por primera vez en mi vida, tuve un orgasmo completamente ocasionado por penetración. Mi eyaculación empezó a colarse entre el diminuto espacio entre mis labios y su pene y tuve que empujar a Caleb cuando la acumulación de corrida era tal que sentí dolor. Cuando su pene destapó mi vagina, un chorro, más bien una gruesa cascada salió con fuerza para el volumen de líquido que era y cree un charco de corrida a unos poco centímetros de mis nalgas. El edredón, las sábanas y el colchón absorbieron mi corrida y Caleb sonrió.

    «¿Te gusto?»

    No quise responder y le abrí mi boca para que me diera otro beso. Se acercó y empezamos un apasionado beso. Estábamos acostados el uno frente al otro y yo tomé su pene y empecé a masturbarlo. Noté que cuando hacía presión sobre su frenillo él echaba las caderas para atrás, así que lo hice así durante un minuto o poco más y me dijo «me voy a venir». Le tomé de los testículos y se los retorcí, ocasionando así que su pene empezara a tener los espasmos típicos del orgasmo, pero evitando que la corrida saliera.

    Él me preguntó por qué y yo respondí montándolo.

    «Hazlo dentro… te lo mereces».

    Sabía lo que hacía. Estaba abusando de mi cuñado, de un hombre diez años menor, de un muchacho al que conocí cuando era un niño, para conseguir ese bebé que Adal no me quería dar. Lo culpaba a él en ese momento. No a mí, que había sido la que lo había alejado de su familia. Él había elegido abandonar a Caleb, dejarlo solo, Caleb era el verdadero hombre, el que me había dado el mejor orgasmo de mi vida, el que me podía dar el bebé. Caleb era mejor en todo que Adal en mi cabeza en ese momento, y quería que este hombre fuera el padre de mi hijo. Quería que experimentara el placer de que una mujer le pida que la llene de su semen y que le deje saber que está feliz de recibirlo… Por supuesto, Adal no es mejor ni peor que Caleb, pero este culposo acto de compensación me hizo sentir que yo tenía la superioridad moral y que Caleb era la víctima a la que yo estaba ayudando mientras mi esposo fingía que no pasaba nada. Claro que él se sentía igual de culpable o incluso más, pero no me importaba.

    Caleb hizo lo que dije y me llenó de su espeso esperma. Tanto que empezó a salirse. Sin tomar siquiera un descanso, seguimos con el acto. Mi cuerpo se había acostumbrado al suyo y pude moverme encima de él sin problema. Dolía y satisfacía en la misma medida y para cuando dos horas habían pasado, mi cuñado me había follado en la cama, la ventana, el suelo, el tocador y la ducha.

    No exagero cuando digo que yo estaba rebosante de semen. Su deliciosa semilla se escurría de mi vagina y tuve que tomarme un momento en la ducha para hacer fuerza y sacar una cantidad tal que pude escuchar claro el «splat» que hizo al tocar el suelo.

    Nos cambiamos y acordamos mantener absoluto secreto.

    Y entonces, me preguntó si sería la última vez.

    «Si consigues novia, dejamos de hacerlo».

    Y sin decir más, nos despedimos con un beso. Un tierno beso. Un beso de amor. No de amantes, no sexoso, de amor puro. Lloré cuando Caleb se fue, porque mi perfecto esposo era ahora un cornudo. Porque le fui infiel… y porque me daba risa. Me sentía tan bien, tan realizada después de lo que hice, que aun sabiendo lo pésima que era como persona, me sentía feliz. La risa pronto le ganó a las lágrimas y me dediqué a hacer la comida pensando en la siguiente vez. En chupar su pene, en sus caídos y grandes testículos, en su calor, en su amor.

    No lo sabía, pero desde ese primer día mi esposo se daría cuenta de lo nuestro. Bastó una mancha blanca en la alfombra para levantar sospecha. Todo el cuarto olía a aromatizante, claro, y las sábanas y edredón eran nuevos… pero no lavé el colchón. Mi esposo olió el colchón y supo entonces que otro hombre había estado conmigo. No me confrontó en ese momento, lo hizo en mi cuarto encuentro con su hermano… y entonces empezó el verdadero paraíso de mi relación poliamorosa.

  • Cogí con mi sobrino y su amigo en hostal por aeropuerto

    Cogí con mi sobrino y su amigo en hostal por aeropuerto

    Luego del inesperado, pero demasiado placentero, trío con mi sobrino y su amigo paraguayo en casa, ellos partieron a Trujillo donde mi hermana. Estando allá, crearon un grupo de Whatsapp “la tía caliente”, y mantuvimos una comunicación realmente muy caliente. Me enviaban fotos de sus penes y yo de mis senos, concha y culo. Estaba muy excitada todo el tiempo y me masturbaba pensando en ese grueso pene paraguayo que me ponía loca.

    Cuando estaban por volver a Lima, de paso a Buenos Aires, mi sobrino y su amigo me pidieron encontrarnos. Viendo su hora de llegada y el momento de hacer su check in para su vuelo a Buenos Aires, les quedaba poco más de dos horas libres. Algo bastante justo. Era imposible que vinieran a casa, que está a poco más de una hora del aeropuerto. Les dije que iría a verlos y que buscaríamos un hotel cerca. Yendo o saliendo del aeropuerto, más de una vez había visto la avenida Tomás Valle llena de hoteles. No era la ruta usual para ir, pero mi esposo algunas veces la tomaba.

    Un par de noches antes del encuentro le comenté a mi esposo que pensaba ir al aeropuerto a despedir a mi sobrino. Le pareció una excelente idea y en ese mismo momento me dio dinero para los taxis y para almorzar juntos dentro del aeropuerto. Lo abrace, lo bese y le dije que era un hombre maravilloso. Puso su mano en mi nalga, señal que quería sexo y se lo di, lo más rico que pude, llegó feliz y simulé un orgasmo que lo puso más feliz.

    El día que llegaba mi sobrino me depilé, me duché, me puse un juego de tanga y brasiere que mi esposo me había regalado unos meses antes y aún no había estrenado. Hacía algo de frío, pero me puse un vestido coqueto y voladizo y una casaca. Ellos llegaban de Trujillo hacia las 11.00am y mientras sacaran sus maletas debían ser las 11.30. Sali de casa a las 10.00am y por el tráfico llegué al aeropuerto a las 11.15. Ellos ya habían aterrizado, pero todavía no sacaban las maletas. Cinco minutos después salieron y estábamos los tres juntos.

    A pesar de las ganas, el deseo, el morbo, allí en público, no sabíamos cómo actuar. Nos saludamos diría con frialdad. Tomamos un taxi y le indiqué al taxista que nos lleve a un hotel que había visto, en la Av. Tomás Valle, cuyo nombre recordaba. El taxista, como todos, me sugirió otro “mejor” a una cuadra. Para no hacer rollos, acepté. Íbamos los tres atrás. Yo al medio. Estaba con la concha húmeda, hasta desbordante. Felizmente el trayecto fue muy corto. Ni 5 minutos diría. En el camino me contaron de su viaje y poco más, había tensión y no pudimos desenvolvernos libremente.

    Pedí una habitación triple “para descansar” dos horas. Me la dieron rápido y subimos los tres con las maletas. Seguro había mucho pasajero en tránsito que usaba el hotel, que por cierto estaba muy limpio y era bastante cómodo. Al entrar a la habitación, la situación se distendió.

    Mi sobrino me abrazó y me besó diciéndome “tiita te he extrañado”. Su amigo se puso detrás mío y besaba mi cuello y hombros, diciéndome “señora Lucía, la he extrañado también”. El paraguayo levantó mi vestido y comenzó a acariciar mis nalgas. Empecé a gemir. Mi sobrino me bajó la tanga. Puso sus dedos sobre mi concha y me dijo “tía, que mojada estás” y sí que lo estaba.

    Como intuitivamente, nos separamos un instante y nos desnudamos. Me senté al borde de la cama y ambos se pusieron frente a mí. El pene largo, muy largo, de mi sobrino y el pene grueso de su amigo paraguayo. Por alguna razón que hasta ahora desconozco, me parecía el pene más lindo y provocador que he visto y tenido en mi vida. Grueso, cabezón, no era largo, diría que medio, pero entre el grosor y la forma me ponía loca. Por disimular mi preferencia empecé a chupar el de mi sobrino, unos segundos, y luego pasé a mi favorito otros tantos y estuve así, alternando un par de minutos quizás.

    Luego me acosté. Ambos se pudieron a cada lado y cada uno empezó a chuparme un pezón. Fue una sensación demasiado sabrosa tener a uno a cada lado lamiendo, mordisqueando, succionando un pezón. Una mano, que no supe de quien era, empezó a masturbarme y estaba tan caliente que sentía que chorreaba sobre la cama, que estuve a punto de llegar en ese instante. Pero ellos cambiaron de posición.

    Se acercaron ambos, arrodillados sobre la cama, a mi rostro. Tuve sus dos penes a disposición de mi boca y empecé a chuparlos, uno a uno, las cabezas de ambos, lo más que me podía meter a la boca, ya ni sabía qué hacía, todo iba fluyendo. En ese momento sonó mi celular. Sólo tengo activado el sonido para llamadas de mi esposo y sabía que era él. Me levanté y contesté.

    Me preguntó cómo iba todo y le dije que muy bien. Que estábamos en el Tanta del aeropuerto, que acabamos de pedir y que esperábamos ya la comida. Que felizmente encontramos una mesa para tres y que estábamos cómodos. Me pidió hablar con mi sobrino, que estaba nervioso, pero lo atendió. Mientras él hablaba, me acosté, su amigo paraguayo me puso su verga en mi boca y (supongo) por el morbo del momento, eyaculo casi al instante, llenándome la boca de semen y siguió eyaculando sobre mi nariz y mejillas. Mi sobrino me pasó el teléfono y tuve que tenerlo a una distancia de mi oreja y boca para no mancharlo. Le volví a agradecer a mi esposo por el almuerzo y colgamos.

    El paraguayo se acostó satisfecho. Mi sobrino me dijo “tiita yo también” y empecé a chupársela, con el semen de su amigo en mi boca y rostro. En muy poco tiempo, también eyaculó. Más que su amigo, mucho más. Todo fuera de mi boca. Sentí como que toda mi cara estaba cubierta de semen.

    Así nos acostamos los tres. Yo al medio. Estaba loca de placer, aunque todavía no había llegado ninguna vez. Pero allí en medio de los dos me sentía muy feliz, muy dichosa, con mucha suerte.

    Ambos comenzaron a acariciarme y a besarme el rostro lleno de semen. Ambos me recorrían la cara con sus lenguas, ambos me besaban suciamente. El paraguayo se levantó y prácticamente se sentó en mi rostro. Tenía sus huevos justo en mi boca, comencé a chupárselos y se descontroló, comenzó a gemir de placer y a decirme “que puta es señora Lucía”, eso me calentó más y cuando sentí que mis piernas eran levantadas por mi sobrino, las levanté lo más que pude para dejarle mi culo a disposición.

    Entendió y puso saliva con sus dedos y me penetró analmente. Seguía teniendo a su amigo sentando sobre mi rostro, casi asfixiándome. Con la excitación de la penetración lo empujé un poco hacia adelante y comencé a lamerle el culo. Me dijo “que hace señora Lucía”, pero se dejó hacer. Sentí que era la primera mujer en hacérselo y me sentí bien y él también.

    Con mi lengua en su culo y la verga de mi sobrino en mi culo, tuve el primer orgasmo. El paraguayo se levantó y acostó a mi lado, me dijo “suba señora Lucía”. Subí y le entregué mi concha. Mi sobrino se puso detrás y me uso por el culo. Tuve un orgasmo tras otro. Vaginal y anal, vaginal y anal, y perdí la cuenta. No soy multiorgásmica pero ese medio día llegué y volví a llegar y seguí llegando. En algún momento ambos llegaron, supongo casi juntos. Pues lo siguiente que recuerdo es yo temblando en la cama. Casi sin poder controlar mis piernas, en medio de ambos.

    Dormitamos unos 20 minutos o algo más. Miré la hora en mi reloj y nos quedaban unos 15 minutos. Me levanté y arrodillada comencé a chupar un pene y otro. Siendo tan jóvenes ambos, los dos se erectaron muy rápido. Quería el pene paraguayo en el culo. No me importaba lo mucho que me ardería. Pero no quería mostrar preferencias. Pero tuve suerte. Mi sobrino me dijo, sube tía y subí cobre él. Mi cola quedaba libre para su amigo paraguayo.

    Sentí sus dedos poner saliva. Sentí su cabeza empezar a empujar, sentí como me fui abriendo, me sentí en el paraíso con ese pene grueso que en ese momento amaba, llenándome el culo. Me olvidé de mi sobrino. Todo era ese pene paraguayo grueso en mi culo. Llegué, volví a llegar. Ambos llegaron.

    Vimos la hora y se había pasado el tiempo prudencial para llegar al aeropuerto. Ellos se vistieron. Yo me duché rápido. Tenía el rostro aún con rastros de semen y la concha y el culo llenos. Salimos presurosos al aeropuerto. Felizmente llegaron algo tarde, pero en hora aún.

    Volví a casa. Me bañé. Poco después, antes de subir al avión, en un mensaje privado, el paraguayo me dijo que me amaba. Cosas de jóvenes pensé, pero me hizo sentir muy bien. Le respondí que me encantó estar con él y que esperaba vuelva siempre. Luego dormí hasta que llegó mi esposo.