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  • Sentir prohibido (2)

    Sentir prohibido (2)

    «¿Mamá…? ¿Qué estás haciendo…?»

    Mi sangre se heló al instante, un sentimiento que ya había olvidado se hacía presente en ese momento. Una sensación como eres un niño y haces algo terriblemente mal y tu madre está viéndote con las manos en la masa, ese mismo sentimiento estaba apareciendo en mi pecho ¿Cómo reaccionarias si vieras a tu mamá, que no has visto desde hace más de 6 años, con una caja repleta de tus juguetes sexuales? Bueno, ese miedo me consumía, ya estaba segura de que, tras 6 años, está primera impresión no era la mejor que digamos. Habría estado bien si hubiera escogido caminar un rato.

    Me levanté del suelo, aún con la caja en mano, y mire a Sara con temor.

    «Eh ¡Sara! Hola… Cómo ¿Cómo has estado?» Estaba nerviosa, muy nerviosa en ese momento, sabía lo vergonzoso que era que tu mamá descubra aquello con lo que te das placer, me pasó hace mucho y en ese momento me morí de vergüenza, tanto que me enoje mucho con mi mamá. Pero ahí estaba Sara, sin decir ni una palabra, no había ni una pizca de vergüenza en su rostro que pudiera reconocer, más bien era como confusión, como si intentará reconocerme después de mucho tiempo, esperando ver algo que le confirmara que realmente yo era Helen, su mamá.

    Mire la caja que tenía en mis manos y lo primero que pensé fue en dejarlo en la cama con cuidado.

    «Eso… Mira, no sabía que tenías tus juguetes sexuales debajo de tu cama, en serio, fue totalmente un error» ¿Para qué me disculpo? Soy su madre, más bien debería estarle preguntando por qué diablos tenía tantos juguetes sexuales, porque en serio, son demasiados, aunque en su mayoría son vibradores de diferentes tamaños, y los dildos no tienen esa típica forma de pene sino unas más… Extrañas, únicas y llamativas, pero extrañas al fin y al cabo.

    Sara me miró con aún más confusión en su rostro, eso me extraño pero lo que si no pude creer en lo más mínimo fue lo siguiente que dijo «¿Juguetes sexuales? ¿De qué hablas…?»

    La mire sin poder creerlo, esperaba que fuera una broma o algo así pero en ningún momento vi un rastro de que realmente esto le causará gracia. «Pues de tus juguetes» dije «Esos juguetes que tienes en la caja» y confundida apunte a la caja sobre la cama.

    *¡Ah, ya! No sabía que se llamaban así jajaja» dijo sentándose en la cama con cuidado y tomando la caja y poniéndola sobre sus piernas, que por cierto, eran impresionantes, en especial en esas medias negras. Ahora que lo pienso, la apariencia de mi hija no es para nada a como era antes. Ella antes usaba ropa increíblemente colorida, teniendo peinados extravagantes y extraños y todo el tiempo con maquillaje, accesorios y detalles que en lo personal me parecían demasiado. Siempre sacaba las ideas de sus atuendos de antiguas revistas que teníamos en casa, unas revistas de los años 80’s y 90’s que ni recordaba que existían, por eso su fascinación por vestirse de esa forma. Pero ahora, su ropa me hacía verla de una forma más madura, con una camisa blanca, una falda corta negra entubada de lo creo que es cuero, medias negras y ligeramente traslucidas, botas de cuero altas con tacón y su cabello estaba recogido en una coleta, parecía algo así como una empresaria responsable y madura y a su vez ¡Increíblemente sexy y deseable! Seguramente tendría muchos pretendientes.

    Sara le quitó la tapa a la caja revelando nuevamente aquellos juguetes perfectamente organizados «Siempre los había llamado ‘Frutas de Olor’» me dijo sonriendo.

    «¿Frutas… de olor?» Le pregunté aún sin creerlo, tenía ganas de reírme pero Sara parecía hablar en serio «No puede ser que esté hablando en serio, Sara»

    «¿De qué hablas?»

    «¡Me refiero a esto! ¿Por qué los llamaste de esa forma?»

    «Pues… Por su olor, parece como si fueran de frutas ¿No? Además ¡No sabía que se llamaban de esa forma! Aunque, ahora que lo dices… Si en verdad son ‘juguetes’ o algo así ¿Cómo se juega con ellos?»

    «No puede ser…» ¿Cómo es posible que Sara, una mujer de un aspecto tan maduro, no sepa lo que son los juguetes sexuales y mucho menos para que sirven? Parece irreal, estoy confundida. Si, sé que le había prohibido los celulares y el uso de computadores cuando era más joven pero ¿En serio que ella, en ningún momento, se le ocurrió investigar un poco? Además, al tener tantos en algún momento tuvo que ir obligatoriamente a un Sex Shop, eso quiere decir que habrá oído a personas y parejas hablar de estos juguetes ¿No? O ¿Cómo los habrá conseguido? ¿Por internet? ¡Esto es tan contradictorio y confuso! «Ehh Sara… No me puedes decir que en serio no se te ocurrió en ningún momento presionar alguno de esos botones que tienen esos vibradores ¿O si?»

    «¿Vibradores…? ¿De qué hablas? ¿Hablas de estos…?» Saco de la caja un vibrador con una forma redonda y en seguida se lo acerco al rostro y lo olió y dijo «Vaya, no recordaba que oliera así» para luego acercarlo a mí «Toma, huele rico»

    Ya no sabía que decir ni que hacer en esa situación ¡¿Cómo puede ser posible algo así?!

    «Ja… Jaja no, esto debe ser una broma ¿Cierto? Sara ¡Por favor! Yo cuando tenía tu edad ya sabía a la perfección para que servían… Pero supongo que tú no… ¿Acaso nunca has visto porno?»

    «¿Qué? No, creo que no ¿Qué es? Su nombre no parece muy… Evidente…» dijo como si estuviera pensando, tratando de descifrar el enigma.

    «Ok… Ya entendí» suspiré y me acerque a Sara, sentándose a su lado «Sara, dime ¿En serio no sabes lo que son estos?» Dije apuntando a los juguetes en la caja.

    «Pues… No exactamente, siempre escuchaba cosas raras en esa tienda pero en general no encontraba un sentido aparente»

    «Así que ya has ido a un Sex shop ¿No?»

    «Pues si, allí se encontraban cosas raras como disfraces raros y otras cosas, pero no me detenía mucho a ver qué tenían la verdad jajaja solo estaba allí por lo que iba»

    «Si, muchas personas hacen eso pero terminan llevando más de lo que esperaban…» dije con sinceridad, al menos a mí si me ha pasado.

    «Uhmm… No, no siempre tienen lo que busco. En su mayoría es muy difícil encontrar unas frutas de olor»

    «Aún no me acostumbro a que los llames así o sea ¿En qué parte ves esto como a una fruta?» Le dije mostrándole un dildo con una apariencia que no podría describir, aunque si tenía un olor curioso, como dulce, tal vez lo escogió por eso.

    «Uhmm a ese lo escogí por su olor» Lo sabía «en su mayoría los escojo por eso nada más»

    «Ehm claro… Pero en serio me estás diciendo que en ningún momento oíste hablar a alguien con respecto a lo que sirven?»

    Vi como mi hija frunció el ceño y luego me volteo a ver «A ver mamá ¿Que tienen estás cosas para que estés así? ¿O es que siempre eres así? Sea lo que sea ¿Hay algo que debería saber, uhm?»

    «Es que, bueno… Es un poco vergonzoso»

    «Mamá… Mira, me alegra que estés aquí, en serio ¡Fue una gran sorpresa! Pero… Después de 6 años me cuestionas por mi colección, como todos. Ni siquiera te interesas ni nada por el estilo, solo me miras raro… Ahora te pregunto ¿Hay algo que debería saber, mamá? ¡Por qué estoy cansada que todos los que ven mi colección o se avergüenzan o me miran como si estuviera loca!»

    «Sara… Ehh…» No sé que decir, realmente no tiene ni idea y al parecer nadie se molestó en explicarle… ¿Debería decirle? Sería muy incómodo, tal vez no explique bien o no me entienda. No, debo decirle, es mi deber como madre explicarle este tipo de cosas a mi hija… Pero ¿Cómo lo hago? «Ehm Sara, mira… No sé cómo decirte esto, tal vez resulte incómodo pero… Estos juguetes sexuales se usan para… Bueno, satisfacerte cuando estás sola…». La mire avergonzada, esperando una reacción, pero si todo hasta ahora me había resultado irreal ¡Lo siguiente me hizo pensar que yo era la que estaba loca!

    «¿Satisfacerme cuando estoy sola? O sea ¿Cómo? ¿Su olor? Porque si es así, bueno, si es agradable pero no tan así…»

    «Ah, no… No me refiero a eso, me refiero a cuando te… t-te… Te tocas» dije avergonzada pero realmente me pregunté si no había sido tan clara.

    «¿Ah? ¿Cómo así? O sea, ¿Tocarme en qué sentido…? ¿Masajes…?»

    «¿Qué? ¡No!» Imposible que no me hubiera entendido con eso ¿O si? «Me refiero a cuando te… Masturbas»

    Hubo un silencio incómodo, no podía verle la cara aunque quisiera, realmente jamás me esperaba tener una conversación así en mi vida. Mi madre jamás me había hablado de esto antes, yo había aprendido por medio de mis amigas, de mis novios, etc. Jamás de una conversación tan incomoda con mi mamá. Pero entonces, todo ese nerviosismo se fue para dar paso a la mayor confusión que he tenido en mi vida.

    «¿Masturbarme…? No me suena esa palabra…»

    ¡No me jodas! ¡¿Sara realmente no sabe lo que es masturbarse?! ¡¿Quien diablos no conoce la masturbación hoy en día?! O quizá soy yo que piensa eso y estoy idealizando todo…

    «Sara ¿En serio no sabes lo que es la masturbación?»

    «Creo que no ¿Qué es?»

    ¿Debería decirle? ¿Quiero decirle? No si quiero… ¿Y si no le digo…?

    «Otra vez… Con esa mirada» dijo Sara, ahora viéndome con la mirada perdida en un punto lejano, sus puños apretaban su falda con frustración y yo me quedé allí sin entender «Todos los que conozco me ven de la misma forma… Una mirada juzgadora como si yo estuviera comiendo un error»

    «¡No, no lo haces! Ehh… mira Sara si es extraño que no sepas algunas cosas pero ¿Sabes algo? Eso te hace especial. Tener tanta inocencia aún a tu edad algo maravilloso» le dije, tratando de reconfortarla y poniendo una mano en su hombro, sin embargo a cambio recibí una manotazo que apartó mi mano de ella.

    «No lo entiendes, no quiero ser especial ni única, quiero encajar… Todos me ven de esa manera todo el tiempo, juzgándome, pensando que estoy loca o qué me falta algo importante… No quiero sentirme así, es horrible. Quiero entenderlo ¿Por qué diablos todos a los que conozco me miran de esa forma? ¡Ellos saben lo que significa esto!» Exclamó, notablemente frustrada por su voz temblorosa, señalando la caja «Ellos saben… Tú sabes ¡Pero por alguna razón no quieren decirme!»

    «No es que no quiera decirte, Sara, es que es… Complicado, además ¡Tampoco es que necesites saberlo! No es algo indispensable…»

    Sara se levantó de golpe, dejando la caja a un lado. «¡Es eso no lo siempre he estado oyendo! ‘No hace falta que sepas’, ‘No es importante’ ¡Ya estoy cansada! Es como… ¡Es como si quisieran protegerme de algo, como si fuera una niña! ¡Yo ya no soy una niña, tengo 20 años, mamá!» Su mirada era de frustración y súplica, sus ojos vidriosos, el temblor en sus manos, su voz quejumbrosa… Nunca había visto a nadie así y mucho menos a mi hija, me estrujó el corazón «Por favor mamá, dime… Quiero saber. Quiero saber que significa esto, quiero saber que eso de la masturbación ¡Quiero saber que son estás cosas que guardo! ¿Acaso es algo malo? Porque si no ¡¿Por qué no quieren decirme, eh?! Mamá, cuando te vi aquí en mi cuarto viendo mi colección en verdad tuve la esperanza de que alguien por fin podría decirme todo esto, esperaba que me lo explicarás ya que eso es lo que hace una madre ¿No? Pero… Pero ahora, me vez como todo el mundo, me dices lo mismo que todo el mundo ¡Me tratas como todo el mundo! Cómo si fuera una niña pequeña… Ya no quiero esto… Quiero ser normal»

    «¡Sara, tú eres normal!»

    «¡¿Entonces por qué todos actúan como si no lo fuera?!» Sus lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, sus puños apretados en su falda, realmente estaba desesperada y me dolía verla así. «Mamá… Tengo cosas que hacer…» me dijo de forma débil antes de dirigirse hacia la puerta «Bienvenida mamá… Pero hubiera preferido que no vinieras…»

    Eso me golpeó como una bala en el pecho, sentí un dolor increíble al escuchar esas palabras, sentí unas ganas terribles de llorar. Tanto que espere para poder tener un día tranquilo y poder ver a Sara otra vez, compartir con ella, hablar con ella… Todo eso se esfumó con una simple frase. La veía irse lentamente de la habitación, dándome la espalda ¿Qué había pasado? ¿Cómo llegamos a esto? No lo quería, no lo deseaba así… Debo hacer algo, antes de que se vaya y pierda mi oportunidad, debo hacerlo…

    «¡Sara, espera!» Casi le grite levantándome de la cama de un salto.

    «Prepararé la cena, no te preocupes»

    «No, Sara, eso no» luego la tome de la mano e hice que me voltear a ver «Te… Te enseñaré todo lo que quieras saber»

    Continuará…

  • Uno no es suficiente

    Uno no es suficiente

    Mi esposa y yo estábamos viendo televisión, un sábado en la tarde, relajados, sin prisa alguna ni planes a la vista en mente. La película, sin embargo, tenía escenas de sexo que resultaron sugerentes para poner a volar la imaginación y cambiar la rutina un tanto pasiva. Una cosa es la fantasía y otra totalmente diferente la realidad. La verdad, en el matrimonio, con el paso de los años, de repente, se despierta la curiosidad y los impulsos para buscar aventuras y atreverse más allá de lo convencional. ¿Por qué no?

    Pues bien, pasados los minutos, ella me sugiere que salgamos a hacer alguna cosa y que no nos quedemos en casa. Bueno, dije yo. ¿Cómo qué quieres hacer? No sé, contestó. Salgamos por ahí y vamos viendo. Y, la verdad, con esa respuesta, me dio la impresión de que ella quería pegarse una revolcada sexual con alguno, si acaso se daba la oportunidad. Así que, accediendo a la petición, le dije, bueno, arréglate para la ocasión y vamos viendo qué hacer.

    Su arreglo personal me fue dando pistas sobre lo que realmente tenía en mente, pero no hice comentario alguno y seguí la corriente. Su atuendo la hacía ver muy provocativa y “mostrona”, como decimos por aquí, de modo que nuestra salida de seguro tenía un propósito diferente a ir a un cine, a un restaurante, a un salón de baile o algún sitio así.

    De modo que salimos sin rumbo fijo y, por el camino, fui afinando el destino final. ¿Quieres que vayamos a bailar un rato? Sí, respondió, puede ser. Pero, si quieres hacer otra cosa, pues me dices. No contestó. Permaneció en silencio, mirando afuera del vehículo mientras avanzábamos. Yo parecía tener claro qué era lo que ella quería y esperaba descubrir en sus reacciones si acertaba o no en mis suposiciones.

    Me fui dirigiendo a una zona de la ciudad, caracterizada por ofrecer sitios de entretenimiento para adultos, discotecas, sex shops, moteles, bares swinger y sitios de encuentro. Y, por el aspecto de su semblante, me pareció que no me había equivocado en haberme dirigido allí.

    Procedí a estacionar el vehículo y salir a mirar por ahí, caminando por aquellas calles, a ver de qué nos provocábamos. Ella pareció estar de acuerdo, porque, sin decir nada, me siguió. Andamos por sitios anteriormente recorridos, en otras oportunidades, y aquello pareció entusiasmarla aún más. Entonces, llegados a “Pussycat”, alguno de tantos lugares, no hubo duda en volver a visitar ese lugar, porque el sitio es bastante visitado por hombres que van en busca de aventuras.

    Ella, por lo que me daba cuenta, por alguna razón estaba ávida de retozar con algún macho. De seguro la temática de aquellas películas vistas unas horas antes habían despertado su energía sexual y quería, de alguna manera, desfogar sus apetitos. Y, de hecho, me preguntaba, si el tema era únicamente sexo, ¿por qué no simplemente se había mostrado dispuesta conmigo y hubiésemos compartido cama un rato? Lo cierto, según mis análisis, es que en su fantasía yo debía ser espectador de sus aventuras y eso era lo que la animaba a plantearse el reto y hacer más atractiva la aventura.

    ¿Entramos a “Pussycat”, me preguntó? Pues, por lo que me pareció, te llama la atención entrar… ¿O no? Porque hay más sitios por acá. A este ya habíamos venido alguna vez, pero si quieres vamos a conocer otros lugares. Entremos acá primero, dijo, y después vemos si hay tiempo y nos damos una vuelta por otros sitios. Mmm… pensé, satisfacer la calentura va para largo esta noche. Entonces, diciendo y haciendo, entramos al lugar.

    Como siempre, el lugar estaba en penumbras, con una luz púrpura muy tenue y poco concurrido a la hora que llegamos. Esta como solo fue mi comentario. ¿Será que está muy temprano? No importa, comentó ella. La gente ira llegando con el paso de las horas. Bueno, dije yo, acomodémonos y esperemos a ver qué pasa.

    Habíamos estado en ese lugar, quizá un año atrás. Lo llamativo del “Pussycat” es que está ubicado al lado del “Jardín Real”, un motel con 130 habitaciones. Es fácil encontrar habitación disponible, de modo que, si se liga a alguien en la discoteca, la aventura, sin ninguna duda, termina en el edificio contiguo. Ese era el encanto de aquel lugar, pensé yo. Al fin y al cabo, es mejor malo conocido que bueno por conocer.

    Nos acomodamos en un rincón y pedí unos tragos para empezamos a ambientar de lo que sería la velada. Inicialmente salimos a bailar los dos. Prácticamente éramos los dueños de la pista en compañía de las pocas parejas que allí se encontraban. Mientras estábamos allí, mi mujer, con recato y bastante disimulo, no dejaba de escudriñar hacia la barra, identificando quiénes acudían por allí y pudieran captar su atención.

    Habiendo estado en esa situación anteriormente, las reglas del juego estaban claras. Ella, una vez encontrara alguien de su interés, procuraría entrar en contacto con la persona para charlar, conocerse un poco y proponer directamente, si era el caso, las intenciones del encuentro. La condición para el interesado en follársela, como siempre, que yo estuviese presente. No era tan complicado. El asunto es que apareciera, entre los hombres que había por ahí, alguno que le disparara el apetito y se iniciaran los acercamientos.

    Había pasado el tiempo y, al parecer, no había presa a la vista. Y, con el pretexto de ir a arreglarse un poco, ella dijo dirigirse al baño. La verdad es que aprovechaba el pretexto para darse una vuelta y ver si alguien se interesaba en ella al verla deambulando sola por ahí. Y, como esa fórmula ya había funcionado antes, pues también funcionó esta vez. Al rato llegó a la mesa acompañada de un caballero. Nada especial a mi parecer, pero un macho dispuesto, al fin y al cabo. Se presentó como Arturo. Se sentó un rato a conversar con nosotros y, sin que pasara mucho tiempo, mi esposa lo convidó a bailar.

    Ella sale a bailar con ellos y, si se mueven bien, con ritmo, toma la decisión de si vale o no la pena la aventura. Y a partir de ahí se desarrolla todo lo demás. Yo imaginé que aquello iba a concretarse, porque no veía mucha competencia entre los hombres presentes. Y, si ella le había puesto el ojo, sus razones tendría. Me quedé contemplándolos mientras bailaban y el caballero, quizá con luz verde para ir más allá por parte de ella, se atrevía a manosear el cuerpo de mi mujer que, por lo visto, daba su aprobación para aquello.

    Una vez llegados a la mesa, ella, con toda naturalidad, me comunica que Arturo quiere estar con ella un rato, si yo no tengo inconveniente. Pues, le contesto, que por mí no hay inconveniente. Yo simplemente quisiera saber si ya es una decisión tomada y, si es así, pues vamos. Eres tú quien está interesada. Sí, me respondió, tengo muchas ganas. Bueno, replico, ¿qué tienes en mente? Ir a donde podamos estar solos. Ya tú sabes. Si, lo sé, vamos al edificio de al lado.

    Ella se adelanta, porque ya sabe por dónde es el camino, y yo me quedo atrás para pagar la cuenta. El caballero duda en seguirla a ella o esperarme. Le digo, bueno, si de verdad se la quiere culiar es mejor que la acompañe. Ya los alcanzo. Si señor, me responde. Y, ¿quiere ver algo en particular? Me pregunta. Pues que haga lo que sabe hacer con las mujeres. No yo ni ella tenemos problema con eso. Ok, me respondió y se apuró a reunirse con mi mujer.

    Al llegar al “Jardín Real”, ellos me esperaban en la recepción. Ya tenemos habitación, comentó ella. Bueno, ¿y qué esperamos, pregunté yo? Nada, dijo ella. Te esperábamos para subir todos juntos. Bueno, adelántate, le dije yo a mi esposa, voy a comprar condones. Ah, sí, menos mal te acordaste… se me olvidaba. ¿Algo más? Pregunté. Te esperamos arriba, comentó.

    Cuando llegué a la habitación la puerta estaba entreabierta. El caballero esperaba sentado en la cama y mi esposa, según supuse, había entrado al baño. ¡Claro! Era infaltable el retoque antes de la faena. Maquillaje, labial, perfume. Todo hacía parte del cortejo y seducción que ponía en juego mi mujer para motivar a su macho a ponerse en acción. Y aquel hombre, excitado como debía estar, no nos hizo esperar.

    Llegada ella a su lado, él la abrazó y la besó apasionadamente. Y no sé si él a ella, o ella a él, porque la escena se vio muy natural. Mi mujer estaba lanzada a la aventura y no escatimaba en comportarse espontáneamente ante el caballero, de modo que él, viéndose aceptado, también aportó lo suyo para que aquello fluyera. Y sintiéndose muy macho, se comportó como tal y se abalanzó sobre ella para hacerla suya. Esa era la idea ¿no?

    La excitación estaba disparada en ambos y, sin decirse palabra, cada uno empezó a desvestirse por su lado. Mi esposa, más bien rapidito, estuvo como Dios la trajo al mundo en segundos. Y el caballero, también apurado, la seguía muy de cerca. Al bajar su pantalón, mi esposa pudo ver cómo era el miembro que iba a tener entre sus piernas y, por la expresión de su rostro, le apeteció. Tanto, que de inmediato se arrodilló frente a él para deleitarlo con su boca, empezando así a propiciarle a aquel hombre una deliciosa mamada.

    El tipo no se la creía. Ella, teniendo entre sus manos aquel miembro grueso y voluminoso, continuaba lamiéndole con inusitada dedicación. Disfrutaba aquello, sin duda. Y él seguramente estaba que estallaba de placer, así que, un poco inquieto, tal vez porque ella lo iba hacer acabar pronto, interrumpió a mi mujer y le dijo que la quería penetrar. Para ella, aquella urgente solicitud resultó estimulante y, sin mediar palabra, se recostó en la cama abriendo sus piernas para recibirle. Y, mirándome, extendió su mano e hizo una seña. ¡Claro! Era hora de instalar el condón.

    Se lo alcancé al caballero, quien, rápidamente se lo colocó. No quería hacerla esperar y, apurado como estaba, no dudó en introducir su miembro en la húmeda vagina que ansiosa lo esperaba. Vi como aquel grueso miembro entraba ajustado en la cocha de mi esposa que, poniendo sus manos en las nalgas de aquel, le animaba a que fuera más profundo y empujara como debía ser. Y él, claro, siguiendo aquella guía, así lo hizo. Bombeaba con gran vigor y, presa de la emoción que sentía, la besaba apasionadamente mientras seguía empujando rítmicamente.

    Eso, ciertamente, debió ponerla a ella a mil revoluciones por minuto. Ya la conozco bastante y, cuando su rostro se sonroja, sé que la está pasando bastante bien. El cuerpo del tipo era normalito, nada especial, pero algo le elevaba la temperatura a mi mujer, que, a estas alturas, trataba de contenerse, pero no podía y de a poco empezaba a gemir como suele hacerlo cuando está bastante excitada. El ruido que producía el mete y saca de su miembro en el cuerpo de mi mujer se hacía más intenso y con ello también la intensidad de sus gemidos.

    Así, en esa posición, ella alcanzó su orgasmo y empezó a gemir de manera sonora. ¿Qué estaría sintiendo? Ni idea. Lo cierto es que la faena con aquel parecía estar logrando el objetivo de calmar su ansiedad. Ella contoneaba su cuerpo mientras él seguía allí, haciendo lo suyo. Segundos después el ritmo de las embestidas masculinas se apaciguaba y, quizá retardando al máximo su propio orgasmo, él fundió su cuerpo con el de ella, tratando de hacer eterno aquel momento.

    Los dos jadeaban, exhaustos del esfuerzo. Quizá más ella que él. O, por lo menos, después de tantos gemidos, era evidente que ella demostraba con mayor soltura sus sensaciones. El, macho controlado, tenía la respiración agitada. Se quedó un rato allí, encima de ella, esperando que la calidez de su miembro se apagara. Poco a poco se fue incorporando, sacando su miembro con delicadeza. Mi esposa parecía querer retenerlo un tiempo más, pero el tipo ciertamente necesitaba tomar un aire y recuperar la vitalidad del miembro que ya había cumplido la tarea.

    Estuvo rico, le dijo mi mujer. Espero que la hayas pasado bien. Sí, dijo él, estuvo bueno, respondió mientras se sentaba a un lado de la cama. Y ella, quedándose recostada, con sus piernas abiertas, así como estaba, le conversó un rato. ¿Vienes seguido por aquí? No, respondió. Hoy entré por curiosidad y con la intención de tomarme unos tragos y pasar el rato. Estuve de suerte. Jamás antes me había pasado esto. ¿De verdad? Replicó mi mujer. Llegué a pensar que frecuentaba este lugar. No, respondió. Lo de hoy fue casualidad.

    ¿Eres casado? Sí. Y, ¿ella sabe dónde estás? No, para nada. Yo iba para la casa y, no sé, me dieron ganas de darme una vuelta por acá, tomarme un trago y ver qué pasaba. Nada más. ¿Y no te dio desconfianza que una mujer te propusiera ir a la cama? No. Usted se ve elegante, diferente. No tuvo reparos en aceptar. Me excitó la novedad. Es raro que una mujer se le acerque a uno a pedirle eso. Me pareció un tanto raro, pero, ¿por qué no averiguar qué podía pasar? Bueno, dijo ella, voy a vestirme y arreglarme, quizá me demore. Ha sido un gusto, dijo. Se levantó de la cama y entró al baño.

    Nuestro hombre, después de aquello, quedó cortado. Si tenía en mente otra cosa, no había esperanzas. Había sido evidente que la aventura había terminado y, por otra parte, él no pronunció palabra ni dijo nada si es que quería continuar. Así que, una vez ella cerró la puerta del baño, él se vistió y, al rato, educadamente se despidió de mí. Muchas gracias por todo, dijo, abandonando la habitación. Hasta pronto.

    Yo me quedé viendo la televisión mientras ella hacía presencia de nuevo, lo cual sucedió mucho rato después. Había tomado una larga ducha y, pasado el tiempo, después de mucho rato, finalmente salió, recuperada y repuesta, supongo, vestida y arreglada, como si nada hubiera pasado. Me pareció ver otra discoteca frente a dónde estábamos. ¿Nos damos una vuelta por allá? Buen, si tú quieres ¡vamos!

    Bajamos a recepción y, dirigiéndome al encargado, le comenté que aún no iba a entregar la habitación y que volveríamos en un rato. Tranquilo, dijo, quédese con la llave y me la devuelve después. Así que salimos de allí hacia la otra discoteca que había visto mi mujer. Por alguna razón ella se adelantó mientras yo la seguía unos pasos atrás. En la entrada del lugar, a un lado de la puerta, había un muchacho, parado allí. Llegué a pensar que se trataba del portero o algo así, pero, para mi sorpresa, una vez mi mujer pasó a su lado, este le mando la mano y apretó sus nalgas, diciéndole, mamita, usted está muy buena.

    Yo, que venía unos pasos atrás, traté de molestarme por el atrevimiento, pero, para mi sorpresa, mi mujer, aparentemente calmada y en sus cabales, lo tomó de la mano y mirándolo de arriba abajo, le dijo, bueno, me parece que pudiéramos hacer el amor los dos. ¿Será que en la cama es tan atrevido como aquí? Si quiere se lo demuestro, le respondió el descarado aquel. Ella no es una jovencita, pero, pensé, así como estaba vestida, de verdad era evidente que la hembra se estaba insinuando. ¿Qué perdía el muchacho con atreverse? A lo mucho una reprimenda. ¿Por qué me sorprendía lo que había pasado? En fin.

    Lo cierto es que ella, sin soltar su mano, le dijo, bueno, ya que está dispuesto ¡vamos! A ver qué tan machito eres. Y se fue devolviendo por donde habíamos venido. Ella, junto a su conquista, pasó a mi lado, ignorándome, como si no me conociera, de manera que el muchacho no tenía idea de cuál era mi papel en todo este embrollo. Me hice el desentendido y seguí el juego, pues, sabiendo que disponíamos de estadía en el “Jardín Real”, tarde que temprano nos íbamos a encontrar.

    El muchacho, asumiendo su papel de macho alfa, se dedicó a morbosear a mi mujer todo el trayecto. Metió sus manos por debajo de su falda y, puedo decir con certeza, que, llegados a la puerta de la habitación él ya sabía qué clase de hembra tendría a su disposición. Y ella, tal vez también lo había intuido y, si le había puesto el ojo a ese muchacho, pues de seguro le había detectado el encanto. Lo cierto es que las llaves del cuarto las tenía yo, así que tuvieron que esperar.

    Ellos llegaron primero a la habitación, así que cuando me reuní con ellos, parecían conversar mientras duraba la espera. Te presento a mi esposo, le dijo ella al muchacho. Nos va a acompañar. ¿Tienes algún problema con eso? No, no señora, contestó. Yo, mientras tanto, abría la puerta. Bueno, sigamos, comenté. Mi esposa ingresó primero, luego el chico, quien me saludó con un mucho gusto. Y yo les seguí.

    No más cerrar la puerta, ellos ya se habían colocado frente a la cama. Mi mujer, llevando el control de la situación, instruyó al muchacho para que se acostara de espaldas y, en esa posición, procedió a bajarle el pantalón. Y, al hacerlo, ambos nos llevamos tremenda sorpresa, porque el muchacho poseía tremendo miembro, que, una vez expuesto, se irguió como el cuerno de un rinoceronte, porque así parecía; grueso en la raíz y delgado en la punta.

    Mi mujer, en medio de su calentura, no se aguantó, y, despojándose de la falda y sus pantis, le instaló el condón con evidente placer, palpando aquel miembro, y, consecuente con su intención, lo cabalgó de inmediato. Su torso seguía vestido, pues no se quitó la blusa que llevaba puesta. Actuó rápido, acomodándose el glande de aquella tremenda verga en su vagina, dejándose caer sobre ella para empezar a subir y bajar al ritmo de sus crecientes emociones. La verdad es que la escena era muy picante y excitante. Más aún cuando ella, desaforada, empujaba con sus nalgas como si no hubiera mañana. Estaba realmente excitada y parecía que aquello no acabara nunca.

    El muchacho, pasivo, solo era testigo de las maniobras que mi mujer realizaba para satisfacer sus ímpetus. Ella se movía de lo lindo sobre aquel y yo me deleitaba viendo como aquella verga entraba y salía del cuerpo de mi mujer, quien, sin descanso, empujaba con mayor vigor, adelante y atrás, a lado y lado, en círculos. Pensé que esa profunda penetración le pudiera causar alguna molestia, pero, por lo visto, más que incomodidad, lo que le generaba aquel contacto era un tremendo e inusitado placer. Estaba desencajada, pero muy entusiasmada con la aventura. Creo que ni siquiera ella misma habría imaginado que la noche fuera a terminar en eso.

    Pasados los minutos ella, que gemía al vaivén de sus sensaciones, llegó al clímax. Tras un sonoro ¡uuuy…! su cuerpo cayó rendido sobre el cuerpo de aquel y cesó toda acción. Estuvo rico, le dijo al muchacho, y permaneció recostada sobre él mientras tomaba aliento y se recuperaba. Y, al cabo de unos instantes, se acomodó a su costado, palpando con su mano el miembro que acababa de disfrutar.

    Tendidos allí, sobre la cama, conversaron un rato. ¿Y qué hacías cuando te contacté? Preguntó ella. Estaba esperando a un amigo, contestó él. Tenemos una cita con unas amigas, pero, habíamos quedado de vernos con él antes y entonarnos un poquito antes de que ellas llegaran. ¿Y es que acaso ustedes no llegaban con ellas? Ellas viven fuera de la ciudad y se vienen a pasar el fin de semana en la capital. Aprovechamos para divertirnos y pasar el rato antes de su regreso. A veces se van el domingo. A veces el lunes, depende de su agenda.

    Y, tu amigo, ¿ya llegó? No lo sé. No me he comunicado con él. Déjame ver. A continuación, el hombre se levantó, tomó su celular y estuvo chequeando los mensajes en su whatsapp. Está por acá, comentó, pero me dice que las muchachas están retrasadas. No van a llegar en menos de dos horas y es posible que prefieran irse para su casa y encontrarnos otro día. Me pregunta sí nos tomamos algo y esperamos o si, de una, les cancelamos la cita. Bueno, dijo mi esposa, ¿será que está dispuesto a compartir con nosotros un rato? Tengo ganas de estar con dos hombres al mismo tiempo. ¿Le llamará la atención el programa?

    Coméntale en qué andas, le indicó mi esposa, y pregúntale si puede venir a hacernos compañía. Y nos cuentas. Yo, escuchaba aquello entre sorprendido y expectante, porque, después de haber visto a mi esposa darse gusto con dos tipos en la misma noche, no daba crédito a lo que estaba oyendo. ¿Será que quiere alardear con el muchacho y ver cómo reacciona? Y si le siguen la corriente, ¿será que sigue con la aventura? El muchacho, entonces, entró al baño y se dispuso a llamar a su compañero. Básicamente le comentó que se estaba comiendo una hembra y que ella quería que le dieran entre dos. Así que, al salir, nos dijo que todo estaba arreglado y que su amigo no tardaba en llegar.

    Cuando el otro muchacho llegó, estuvo atento a lo que su amigo le indicaba. Así que, instruido por él, procedió a desnudarse frente a todos nosotros, un poco receloso de verme allí presente, pero, habiendo hablado con su compañero previamente, ya sabía cómo era la aventura en la que se había metido. Mi esposa, para integrarlo en la actividad, le pidió que la terminara de desnudar y empezó a acariciarle su miembro, menos voluminoso que el de su amigo, pero nada despreciable para lo que se proponía mi mujer. ¿Qué quieres hacer? Le preguntó ella. Quiero penetrarla, contestó él, si me lo permite. Ven, contestó, haciendo la seña de que se aproximara, abriendo sus piernas para recibirle.

    La cosa avanzó rápido, porque el tipo, después de acomodarse el condón, se acomodó en medio de las piernas de mi mujer y, en posición de misionero, la penetró y empezó a embestirla. Ella, al parecer complacida con lo que estaba sintiendo, le pidió al otro muchacho que se colocara a su lado, a la altura de su rostro, para poder mamarle su verga mientras era penetrada por su amigo. El miembro de este se puso erecto de inmediato y, sintiendo ella la dureza excitante de ese miembro, le pidió que cambiaran con su amigo y que no la desatendieran. Así que uno y otro empezaron a penetrarla por turnos. Le daba el uno un rato y luego le cedía el puesto al otro. Ella, al parecer satisfecha con lo que pasaba, disfrutaba con la alternancia de sus machos.

    Después de un rato le pidió al recién llegado que se acostara y. colocando se ella en posición de perrito sobre él, le pidió a verga grande que la penetrara desde atrás hasta que la hiciera acabar mientras ella se lo mamaba a su amigo. Entonces, el hombre, con licencia para gozarse a mi mujer, introdujo su erecta y enorme verga en la vagina de mi mujer, quien seguramente disfrutaba con la profundidad de la penetración que aquel joven le proporcionaba. Empezaron los gemidos, las contorsiones de cuerpo y, finalmente, sus orgasmos. Pero, dada la intensidad de las sensaciones y no obstante haberse venido, no quería renunciar al momento, así que esperó hasta que el tipo eyaculó y sacó su miembro.

    Pásate para atrás le dijo al otro y dale hasta acabar, así que el tipo, ni corto ni perezoso, se instaló detrás de mi mujer y le dio a su antojo hasta que, después de bombear por unos minutos y manosear a mi esposa hasta que más no pudo, alcanzó su propio orgasmo y estuvo presionando las nalgas de ella hasta que su erección terminó, momento en el cual sacó su miembro un tanto flácido, pero con el condón cargado de semen. La escena de ver a los dos hombres dándole duro a mi mujer estuvo genial. Los tipos, que no se la creían, una vez terminada la faena y con la actitud manifiesta de mi esposa de que aquello ya había acabado, procedieron a asearse, vestirse y educadamente despedirse.

    Los dos, mi esposa y yo, nos quedamos un rato más ahí, mientras ella se recuperaba del esfuerzo y la intensidad de las emociones experimentadas. Oye, apunté yo, jamás imaginé que hoy fuéramos a terminar. Y yo tampoco, contestó ella, pero me surgieron unos deseos intensos de tener sexo y, la verdad, con uno no era suficiente. Y estuvo bien como pasó. La pasé bien y ya estoy calmada. Así que, ante eso, sin palabras. Sorpresas te da la vida…!!!

  • Laura, mi empleada doméstica

    Laura, mi empleada doméstica

    El día que sucedió estaba un poco tensionado (como ya se me estaba volviendo usual), tenía mucho trabajo y compromisos en los que ocuparme, no estaba durmiendo bien, y en general me carcomía la ansiedad.

    Como me pasa cuando tengo ansiedad empecé a volar mi imaginación, una aventura sexual es lo que más deseo en esos momentos y ese día no era la excepción, algo fuera del tradicional sexo del matrimonio que a veces me dejaba con ganas de más, como trabajo en casa y nadie me monitorea a veces suelo navegar por sitios pornográficos para calmar la ansiedad pero honestamente eso no me llena y solo me deja con ganas de más.

    Ese día venía la señora Laura, ella es mi empleada doméstica, una mujer de unos 40 años, delgada y bien conservada, cabello lacio largo, no grandes pechos o atributos lo cual le dan cierto atractivo de naturalidad, como si fuera tu vecina. Por mi parte yo soy más joven, 35 años, mido 1.80, cabello negro y con barba, me considero atractivo y en general como sano y hago algo de deporte por lo que me mantengo en forma. Ambos somos de la Ciudad de México.

    Mi relación con ella no pasaba de saludarla amablemente todos los días, aunque ya había fantaseado con ella varias veces más nunca había intentado nada, solo dibujaba escenarios donde terminábamos teniendo sexo en mi imaginación y hasta ahí.

    Ese día llegó un poco más temprano de lo normal y yo no me había bañado, le fui a abrir la puerta para luego irme a bañar y regresé para bañarme, mientras me quitaba la ropa escuché ruidos cercanos y noté que no había cerrado bien mi puerta así que fui a cerrarla, el cerrar la puerta me hizo pensar en que pasaría si un día abriera por accidente la puerta mientras yo me vestía, usualmente ese hubiera sido el inicio de otro rato de pura fantasía, pero ese día me dije “¿y si dejo abierto? ¿Qué es lo peor que puede pasar?” Y luego me dije “Lo haré.”.

    Emparejé la puerta asegurándome que se viera un poco de la entrada de mi cuarto, me quité la ropa y me metí a bañar al baño de mi cuarto, el solo haber dejado la puerta abierta me puso muy caliente y empecé a tener algo previo a una erección lo que significa que mi pene estaba más grande de lo normal pero aún no erecto.

    Mientras tanto escuchaba a la señora pasando en el pasillo de alado, seguramente acomodando cosas que usualmente hacía por la mañana lo cual me ponía aún más caliente, necesitaba más, decidí que saldría desnudo para con suerte “me viera sin querer” y con suerte, “pasara algo más”, apagué la regadera, me sequé y me quedé congelado puesto que seguía oyendo ruidos cercanos, con el corazón temblando, y el “lo voy a hacer “ en mi mente esperé a que pasara de nuevo y salí del baño a mi cuarto desnudo de manera “casual” todo fue en un segundo, y ¿qué creen?…

    Lo primero que noté fue que la puerta estaba más abierta que como la deje, quizá el aire o quizá otra cosa, no lo sé pero afuera estaba la señora Laura, pude ver en cámara lenta como me vio a los ojos, luego bajó su mirada a mi pene y se volteó rápidamente pidiendo disculpas

    – “ah disculpe señora Laura, que pena” le dije, tratando de actuar lo mejor posible, aunque seguro se me notaba el nervio.

    “ Disculpé. disculpé”, me dijo otra vez.

    – “No pasa nada, no se preocupe, nada que no haya visto antes jeje, «pasé yo me meto al baño” dije.

    – “No perdón, me voy,” seguía volteada, noté su cara colorada.

    – “en serio pase yo me meto al baño” dije.

    Y en ese momento hice algo que nunca planeé hacer, me salió natural, la toque del hombro y le dije de nuevo “ya me voy al baño”, se quedó congelada y me vio ahora si a los ojos, sin pensarlo y moviéndome solo por instinto bajé mi mano un poco por su brazo hasta toque las yemas de sus dedos mientras la veía a los ojos.

    Nos quedamos congelados por un segundo y como si nos leyéramos la mente y pasó… nos besamos, el beso fue intenso y excitante, la situación era irreal como salida de una de mis fantasías, le besé el cuello y, como si se la quisiera arrancarla, le quite la blusa, ya no había vuelta atrás.

    La señora Laura se sentó en la cama en brasier con las piernas abiertas, fui por un condón a mi closet, cuando regrese la vi a los ojos y de nuevo empecé a besarle en los labios para bajar encima de sus pechos, el abdomen y cuando llegué a sus pantalones se los desabroche, se acostó en la cama y terminé de quitárselos, traía una tanga color piel, le sentaba muy bien como si hubiera previsto que esto iba a pasar.

    No decíamos nada, solo actuábamos, todo era tan excitante, como estar borracho.

    La señora Laura se quitó la tanga y el brasier, sus pechos no eran muy grandes pero tenía unos pezones redondos y completamente erectos, besé sus pezones y le chupé los senos, de nuevo baje a su abdomen y su entrepierna, le besé las piernas, me decía “mátemela” y le dije “aún no”, ella se sentó tomó mi pene con su mano y lo empezó a chupar, uff el mejor sexo oral que me habían dado, se ve que tenía experiencia, después de un momento me dijo que me acostará, esto me gustaba, tomaba iniciativa, me acosté, tomó el condón y me lo puso, se subió a la cama, tomó mi pene otra vez y se montó, empezó a moverse delicioso, yo la tomaba de los pechos y acariciaba todo el cuerpo, trataba de guardar esta imagen en mi mente, no podía creer lo que pasaba.

    Después de un momento le dije “póngase de perrito”, (por alguna razón le seguía hablando de usted”, se puso luego, estaba empapada, no me costó nada de trabajo meter mi pene, gemía como local, luego la acomodé debajo de mi y seguí metiéndosela, ella cerraba los ojos y no paraba de gemir, yo agarraba su cuerpo fuertemente y ocasionalmente la besaba, después de unos momentos yo ya no podía, e dije «me voy a salir voy a explotar.”

    “Espera” me dijo, “acuéstate”, me acosté de nuevo, me tomó de nuevo el pene y me chupo como nunca me habían chupado como si quisiera sacarme el alma, me vine en su boca, noté como se le escaba un poco de mi semen por su boca, tomó lo que se salió con su dedo meñique y se lo metió en la boca para tragárselo, se ve que le encantaba, me recosté, necesitaba tomar aire. Después de unos segundos hablé yo.

    – “Ay señora Laura, gracias”, le dije.

    – “Gracias a usted “me dijo ella, escapando una risa nerviosa.

    Nos quedamos viendo el techo un rato sin hablar como tratando de procesar lo que había pasado, después de un momento por fin hablé de nuevo y dije:

    – “me gustó mucho, me gustaría volver a hacerlo pero usted sabe que soy casado”.

    – “yo igual” me dijo y añadió: “y no se preocupe yo no digo nada, y ahorita recojo este relajo usted tranquilo.

    – “ok” le dije aunque me daba pena que ella recogiera, pero para que miento acepté estaba demasiado en shock tras tremendo orgasmo para pensar en ello.

    Más cosas pasaron con la señora Laura más adelante, quizá otro día las cuente…

    [email protected].

  • El embarazo de mi amiga y su falta de sexo

    El embarazo de mi amiga y su falta de sexo

    Pasó hace algunos años, mis amigos de la universidad se juntaron y tendrían un hijo, por lo cual nos invitaron a todos los conocidos a diferentes reuniones. Siempre fui muy allegado a ambos, Jennifer podría decirse que era mi mejor amiga y confidente, una morena curvilínea con cara mamona que siempre tuvo unos senos tremendos (su mejor atributo sin duda), tiene cabello negro largo, no era la más hermosa honestamente pero siempre fue muy sensual y despertaba bajos deseos en uno que otro compañero de clases, entre ellos su ahora pareja, Alonso, un gran amigo con quien compartí mucho tiempo en la universidad y que fincamos una amistad real y siempre cordial.

    Terminamos la universidad y seguimos manteniendo junto con otros amigos muy allegados una gran relación. Jennifer siempre fue mi confidente y sé que siempre le gusté aunque nunca paso nada más allá de algunos rozones de muslos que me ponían dura la verga, muchas veces provocados por ella. Le gusto y lo sé, siempre he sido aficionado a hacer mucho ejercicio y tengo un cuerpo que sin llegar a ser pretencioso estoy seguro que envidiaban mis compañeros y deseaban varias de mis amigas, entre ellas obvio Jennifer, siempre fui algo varonil, morocho, piernón, nalgón, fuerte sin exagerar y un poco mamón siempre en buena onda para hacer mas ambiente, por decirlo de una manera. Jennifer conocía cosas de mi que seguro le seguían despertando interés sexualmente hablando en mí pero más de 10 años de relación ya así eran las cosas, solo amistad.

    Como les decía llegó el momento de su embarazo, ella y yo como siempre seguíamos hablando por medio del celular y aunque yo era más afecto a contar mis intimidades, un día ella me sorprendió contándome que estaba distanciada de Alonso desde que estaba embarazada y que era por un tema sexual, pues al parecer a Alonso no le apetecía en esa etapa de su vida.

    Yo había tenido ocasión de verlos cuando tenía ella unos 4 meses de embarazo y sinceramente esa ocasión me fui, lo que le sigue de cachondo de su casa, pues Jennifer llevaba una blusa algo holgada que dejaba ver ese par de melones que tantas pajas me habían ocasionado a su nombre desde que la conocí, ella se dio cuenta de mis miradas mas pronunciadas, pero como siempre, solo lo observo sin decir o mostrar molestia, fue maravilloso ver ese día sus tetas ahí tan libres pues ahora eran más grandes, o al menos en ese momento lo eran, sin embargo ya habían pasado 2 meses desde esa ocasión, imaginaba que aquel par de lolas estaban por reventar y siempre fui un fetichista de las tetas en mujeres embarazadas, por lo cual, conforme Jennifer me platicaba al respecto fue creándose en mí una erección de los mil demonios como nunca había sentido antes, mi pene estaba lo que le sigue de tieso y no era para menos, siempre he querido creer en la inocencia de Jennifer pero no sé si esto me lo contaba adrede, ya desde ese momento, pues en alguna ocasión ella se había enterado de mi fetiche por las tetas de embarazadas y tal vez tomo nota de ello…

    A lo que voy, quedamos de tomarnos un café en su casa pues ambos estábamos libres, eso era algo normal como lo habíamos hecho ya varias veces, llegaba a cierta hora antes de la llegada de Alonso del trabajo y platicábamos más íntimamente como amigos, después llegaba Alonso y se sumaba alegremente a la plática, esta parecía ser una vez más así, pero yo iba cachondo y con mi mente siempre sucia y traviesa.

    Llegue a su casa, toque el timbre y abrió ella, salió la morena con ese cabello negro lacio y largo, con un vestido morado holgado para cubrir su pancita de embarazo pero arriba de las rodillas mostrando esas piernas torneadas y gruesas, no podía quitar su cara de mamona que siempre tuvo, pero la verdad eso es algo que a mí me ponía más cachondo, pero bueno, subí la mirada a donde más me interesaba y las vi, ese par de tetas estaban hermosas, gigantes y con venas que parecían latir de la presión que embargaba su pecho, no sé cómo controle mi verga cuando la saludé, y no sé cómo no me dijo nada por lo directo que fue mi mirada a sus tetas, pero ella solo me saludo como siempre invitándome a pasar, así lo hice, me senté en la mesa del comedor y ella se fue al cocina y no tardo en regresar con café para ambos.

    Se sentó frente a mí algo cerca y puso ese par de tetas al frente reposando sobre el comedor como si nada, se ve que no llevaba brassier y debió notar mi mirada a ese detalle pues comentó – Perdón que no lleve brassier, es que me duelen mucho los pechos de tanta leche que cargo, no sé cómo otras lo aguantan – Riéndome le dije que no se preocupara que no es la primera vez que veo una embarazada con esos problemas, a lo que dijo – Si ya lo sé, si me has contado ya varias cosas de ello – a lo que reímos ambos sabiendo a que se refería.

    Seguimos platicando banalidades y yo seguía atontado por tremendas ubres, mi pene palpitaba debajo y ella no tenía pudor en taparse un poco los senos, más adelante toco el tema de su abstinencia sexual y tratando de ayudar un poco a Alonso le dije que podía ser algo normal, que no todos son fetichistas o cachondos como yo, a lo que reímos nuevamente los dos, pero cada vez había más carga sexual.

    Entonces ella comentó – Tu que eres bien pervertido, es cierto que se alivia el dolor de los senos cuando te descargas un poco de la leche? – a lo que nervioso respondí – Pues la verdad no estoy seguro, no soy mujer, pero deberías pedirle a Alonso que te ayude un poco con ello, se ve que reventaran si no lo hacen pronto – Ella comento a su vez – Huy tu amigo, si espero a que él lo haga será hasta la tumba – en eso estaba cuando por una bendita casualidad su blusa se empezó a manchar de humedad a la altura de su pezón, cosa que ya me tenía sin control – Uf le dije, Jennifer, me conoces muy bien y no podré aguantar esta situación si las tienes así tan libres y echando chorros de leche, soy hombre – a lo que ella riendo dijo – no, no es que seas hombre, es que eres un pervertido y cachondo, jajaja pero está bien, ya se cómo eres, de hecho aprovechando y como amigos, te importaría ayudarme con lo que tu amigo no quiere hacer? – a lo que sorprendido y viendo su rostro inquisitivo y cargado de lujuria, le pregunte – A que te refieres específicamente? – y ella contesto – Anda no me hagas pedirlo, a sacarme la leche de los pechos que ya no aguanto más.

    Dicho esto se sacó una teta del vestido, enseñándomela a reventar, con esas venas palpitantes, teta morena y grande, un pezón también moreno hermoso y brillante por el líquido que rodeaba su aureola, no aguante más y como con un resorte me levante, me hinque a su lado y comencé a mamar de su pezón como si fuera él bebe más hambriento del mundo, estaba fascinado, mamaba esa tetota hermosa, la agarraba con ambas manos adorándola, ella a ratos se quejaba del dolor pero parecía no objetar el dolor, prefería que le mamara la teta y se la estrujara a que la dejara sin el descargo de dolor y cachondería que tenía, la otra teta aún bajo el vestido, como reaccionando a la primera comenzó a mojar la tela de su vestido oscureciéndolo, me separe de su primer pezón, jale su vestido liberando totalmente las dos tetas y su panza de embarazada.

    Me arrime y empecé a lamer de su otro pezón como poseído, ella solo gemía de gusto y placer pidiéndome que no parara que era delicioso y que ya lo deseaba tanto, me daba las gracias por ello, cuando yo estaba en la luna con esas tetas que siempre había deseado en mi boca y en su mejor momento. – Toda mi vida siempre quise mamarte las tetas Jennifer – le dije haciendo un esfuerzo por hablar sin desprenderme de sus lolas hermosas y bañadas de mi saliva y su leche – son hermosas – seguía repitiéndolo, note a su vez que ella abría mas las piernas y se tocaba su sexo y el olor inconfundible de su encharcada vagina llego a mi nariz que me hizo poner como toro – Te quiero coger Jennifer.

    A lo que ella resistiendo decía que no, que llegaría pronto Alonso, insistí un poco más y no cedía, hasta que me dijo – Estará a minutos de llegar Alonso y no quiero que nos encuentre así, es tu amigo, que te parece si otro día cogemos y ahorita te la chupo, pero vente rápido que debo ir a cambiarme – a lo que gustoso le dije que sí, me pare, baje mi cierre frente a ella que seguía sentada con piernas abiertas en una silla del comedor y expectante pues por lo que después me dijo siempre deseo verme la verga y el cuerpo, saque pues mi verga dura que apuntaba hacia ella, la cual rápido tomo con sus manos mientras yo seguía bajando mi pantalón que quedo a medio camino imposibilitando moverme más, pero no hacía falta.

    Ella arrimo sus tetas poniéndolas debajo de mi pene mientras con una mano me pajeaba, luego subió y chupaba mi pene con un deseo y maestría que nunca imagine en ella, lamia la punta, alzaba mi verga y lamia mis huevos, para de nuevo meterla, llenarla de saliva y guiarla a sus tetas hinchadas y húmedas para darme con ellas y su mano mucho, muchísimo placer, ella aceleraba con una mirada de lascivia que nunca imagine posible, yo sentía cada vez más ganas de venirme por más que retardaba el momento para obtener mucho placer, ella aceleraba y decía que me viniera en sus tetas, que me lo había ganado por hacer el trabajo que mi amigo no le daba la gana hacer.

    Me ponía cachondo con sus palabras y la paja y mamada monumental que estaba haciendo hasta que en un espasmo brutal no pude aguantar más, escupiendo mi pene uno, dos, tres, cuatro, cinco y hasta 6 o 7 chorros de leche, el primero de ellos mancho su cuello y barbilla, los demás chorros se quedaron bañando sus tetas que junto con mi saliva y la leche materna de sus senos hicieron de esas ubres un coctel maravilloso a la vista del mas lujurioso de los hombres del mundo.

    Extasiado vi la obra de arte que eran sus senos, ella con las cejas y ojos dilatados en un estado de febril y de cachondería absoluta, así con esa mirada y viéndome fijamente, llevo uno de sus senos, específicamente su pezón a su boca para chuparlo, recogió con sus manitas el resto de mi semen que manchaba cada tetota y el camino entre ellas llevándoselo a los labios y humectando con el resto sus tetas como si de la crema más fina se tratase.

    Cerro los ojos y respiro por alrededor de medio minuto, me pidió permiso para pasar y me dijo – Voy a recomponerme, no debe tardar en llegar Alonso – a lo que reaccioné, acomode toda mi ropa donde pertenecía y espere a Jennifer a que saliera.

    Salió vestida de una manera menos provocativa, como toda una mamá pero con la mirada cachonda y sonrojada como quien desea algo más a pesar del placer recibido.

    Acordamos repetir y llegar a más la experiencia y después llego Alonso a lo que platicamos como si nada hubiera pasado, pero mucho había cambiado entonces.

    FIN

  • Jefe cumplidor (cap. 2)

    Jefe cumplidor (cap. 2)

    Un mes después de mi primer encuentro con Andrés, mi esposo volvió a irse de viaje por unos días. En las últimas semanas los problemas entre él y su jefe parecían haber escalado y yo me sentía culpable pensando que tal vez aquello se debía a mi negativa de volver a acostarme con Andrés, que últimamente había dejado de llamar. Así que esta vez tomé la iniciativa y lo llamé yo. Le dije que teníamos que hablar y me contestó que podía pasar por casa el viernes por la noche.

    Llegó el viernes y Andrés llegó a las 7pm, con una botella de un vino francés muy caro. La verdad es que estaba muy elegante y se veía guapísimo, y mi coño se humedeció cuando lo vi, recordando la noche que pasamos juntos. Lo hice pasar a la sala y nos sentamos a conversar. Al principio solo hablamos sobre cosas triviales y sin importancia, pero rápidamente desvié la conversación hacia los problemas que estaba teniendo con mi marido en el trabajo, y le pregunté si ello tenía que ver con el hecho de que no nos habíamos vuelto a acostar.

    Andrés fue muy amable al responder y me aseguró que aquello no tenía nada que ver con el asunto, que los problemas entre mi esposo y él se limitaban al aspecto profesional y eran discusiones que esperaba que pudiera resolver muy pronto. Aquello me tranquilizó bastante y me quitó un gran peso de encima. Hizo el ademán de marcharse y le pedí que se quedara. Lo menos que podía hacer era invitarle una copa del vino que él mismo había llevado.

    Bebimos una copa, luego dos, e inevitablemente nos relajamos y fuimos abandonando nuestras inhibiciones. Por fin Andrés habló de la noche que pasamos juntos y de cómo había estado esperando que volviéramos a vernos. Le contesté que yo también había estado pensando en él, pese a que había intentado quitármelo de la cabeza. La suerte estaba echada.

    Muy pronto, ya estábamos besándonos apasionadamente y acariciándonos por todas partes. Nos desnudamos mutuamente y Andrés se acercó a mí y me besó intensamente. Lo abracé agarrándole la espalda y clavé mis uñas en ella. El me agarró con fuerza de las nalgas, separándolas y haciéndome gemir de placer. Le dije lo mucho que necesitaba que me follara y subimos a la habitación principal cogidos de la mano.

    Pronto ya estábamos en la cama, acariciándonos y metiéndonos manos por todas partes. Luego de tragarme su verga entera y lamerle las bolas un buen rato, cogí una cajita de bombones de la mesita de noche (un regalo de mi marido) y me metí tres o cuatro a la boca. Empecé a masticarlos y luego volví a succionar la tranca de Andrés con desesperación. Mi saliva mezclada con los trozos de chocolate le lubricaba el nabo de forma increíble, a la vez que estimulaban mi doble glotonería. Al principio, estuvo contenido y me dejaba hacer todo el trabajo, pero después de cinco minutos de mamársela a un ritmo brutal, empezó a empujar sus caderas hacia mi rostro con la intención de aumentar aún más el ritmo de la mamada. No necesitó animarme más. Aumenté ansiosamente la velocidad a la que estaba sorbiendo su soberbia tranca. Más y más rápido mi cabeza iba hacia delante y hacia atrás, tragando más de la mitad de la rígida verga de Andrés en cada pasada.

    Agarrándome del cabello, Andrés sacó mi boca babeante su polla, y luego se levantó de la cama y, sin dejar de tirar de mi cabello, me puso de cuclillas frente a él. De pie frente a mí, tiró de mi cabeza hacia adelante y empujó su polla goteante entre mis labios entreabiertos. Pronto, estaba una vez más se meneando la cabeza hacia adelante y atrás a un ritmo vivo, mientras Paolo bombeaba enérgicamente su tranca en mi hambrienta boca.

    Gimiendo contenidamente, empecé a tragar más y más del durísimo miembro del jefe de mi esposo. La parte superior de mi cuerpo se movía tambaleante de atrás hacia adelante y otra vez hacia atrás, provocando que mis tetazas bambolearan erráticamente al tiempo que enterraba mi cabeza una y otra vez en la entrepierna de Andrés para sorber su caliente tranca. Relajé mi cavidad bucal y dejé que en la siguiente embestida su pollón se clavara hasta el fondo de mi garganta.

    “¡Ogggh!” gritó con admiración mientras sentía la cabeza de su verga empujando a un lado mis amígdalas y deslizándose hasta el fondo de mi garganta. “¡Eso es, Liliana, hasta el fondo! ¡Trágatela hasta el fondo!”

    «Unngh! Unnng!» gemí ininteligiblemente mientras seguía con su tranca palpitante enterrada en mi ondulante garganta por más de medio minuto. Con una tos suave, y un sonido como si tuviera náuseas, finalmente expulsé su polla de los profundos confines de mi garganta y, con las manos aún presionando en su culo, utilice sólo la lengua y los labios para lamer y sorber la baba pegajosa que se había acumulado en la herramienta de Andrés.

    Como esperaba, el verme limpiando su verga de mi chorreante saliva provocó que la enorme verga de Andrés saltara y tambaleara en el aire en frente de mí. Para provocarlo aún más, lamí ligeramente y succioné con suavidad la parte inferior de su furiosa erección que se balanceaba y sacudía intermitentemente.

    – “¡Métela entera en tu boca!” – bramó Andrés completamente enardecido.

    Con un gemido lastimero, obedecí al jefe de Julián. Durante cuatro o cinco minutos, Andrés clavó su polla de ida y vuelta en mi garganta, manteniendo al mismo tiempo un férreo control sobre mi cabello. Pronto, largos hilos de saliva cubrieron la parte superior de mis bamboleantes tetas y la parte inferior de la cara. Él se agachó para esparcir la saliva sobre mis tetas y se maravilló al ver mi torso cubierto de saliva y baba. Sabía lo erótico que resultaba aquella vista, así que lo miré con ojos vidriosos y lascivos mientras dejaba que usara mi cara y mi garganta como un coño. Más y más rápido taladró mi apretada garganta, hasta que pensé que alcanzaría el punto de no retorno.

    Podía sentir la pollaza de Andrés más gorda que nunca, con las venas que parecían a punto de estallar. Seguramente que no podía retrasar más el momento de llenarme la boca con la leche que tenía acumulada en los huevos y luchaba por salir del pene. Estaba dispuesta a tragarme su semen sin desperdiciar una gota, pero él pensó que merecía una recompensa mayor.

    Me hizo cabalgar de espaldas a él sobre su endurecida verga, todavía cubierta por mi saliva y los restos de chocolate de los bombones. Literalmente, me hizo saltar sobre su verga una y otra vez, penetrando por completo en mi coño chorreante y abriéndolo al máximo, cada vez más rápido, hasta llegar a una perfecta soldadura entre mi coño y su polla. Andrés es bastante atlético y no tuvo problemas en mantener el powerfuck. Perdí la cuenta de cuántos orgasmos tuve mientras el jefe de mi marido me empalaba con furia. Al final, volví a correrme una vez más justo en el momento en que él eyaculaba copiosamente en mi interior. Podía sentir los chorros de semen golpeando con fuerza en mi interior. Me desplomé sobre él y permanecimos en esa posición, con su polla todavía enterrada en mi concha.

    Estuvimos así por algunos minutos y luego lo desmonté y me senté a su lado. Nos empezamos a besar y acariciar, nuestras lenguas se enroscaban una con otra mientras nos metíamos mano. Comencé nuevamente a acariciar y tirar de su verga; estaba dispuesta a continuar con la faena. Después de un momento, dejé de besar a Andrés y me dirigí a su verga, tomándola entera en la boca. Luego de algunos minutos mamándosela, su polla empezó a endurecerse. Andrés me obligó a tumbarme sobre la espalda y me montó en la posición de misionero. Mientras su verga entraba y salía de mi coño con potencia, Andrés me dijo que era una zorra y que me iba a reventar la concha y llenarla de su leche.

    Yo gemí aprobando su intención y nos mirábamos directamente mientras él seguía entrando y saliendo de mi concha. Andrés la sacaba casi por completo y luego me clavaba su enorme verga hasta el fondo, haciéndome casi desmayar de placer. Yo me retorcía y gemía debajo de él y no pasó mucho tiempo hasta que volviera a coger buen ritmo y me follara muy duro, tan duro que pensé que íbamos a romper la cama. Mi esposo jamás me había cogido así, ni cuando éramos más jóvenes. Completamente desatada, empecé a gritarle:

    – ¡Andrés, tú sí que sabes cogerte a una hembra, cabrón! – ¿Te gusta, cabrón, te gusta follarte a la mujer de tu empleado?

    Andrés no contestó, pero me miró con furia y seguía follándome a toda máquina. El polvo duró mucho más esta vez, ya que se había corrido previamente; iba a tomar más tiempo llevarlo otra vez al límite. Esto permitió que yo experimentara varios orgasmos durante los siguientes cuarenta minutos en que follamos en todas las posiciones imaginables. Si hubiera sabido el placer que me proporcionaría aquel pistolón, no hubiera esperado tanto tiempo y hace mucho que me habría follado a Andrés.

    Seguimos follando como animales, cuando, en cierto momento, me sorprendió cuando Andrés me sacó su verga de la vagina y la presionó contra la entrada de mi ano. Mi esposo no es un entusiasta del sexo anal y rara vez lo hemos practicado. Sin embargo, a mí me encanta, aunque estaba un poco preocupada por el tamaño de la polla de Andrés. Pronto, todos mis temores estarían disipados. Estábamos follando al estilo perrito cuando sentí la enorme cabeza de su verga en la entrada de mi ano. Estiré el brazo para ayudarlo a guiarse mejor.

    Nos tomó un poco de tiempo, pero al cabo de un rato Andrés logró introducir la cabeza de su polla en mi ano. Yo tenía el cuerpo tenso mientras sentía como me penetraba, sintiendo como si fuera la primera vez que me tomaban por el culo. “Despacio, despacio” le dije a Andrés, que lentamente, centímetro a centímetro, enterró su verga hasta lo más profundo de mi ano. Fue una sensación poderosa, mezcla de mucho dolor y también de mucho placer.

    Gradualmente, con tenacidad, cogimos buen ritmo y el “despacio, despacio” que le había estado diciendo a Andrés se convirtió en gritos desaforados de placer:

    – “!Oh sí, Andrés, fóllame más duro! ¡Me partes papi, me rompes toda! -“

    Andrés parecía poseído. Su cuerpo musculoso le permitía embestir con fuerza. Era como la perfecta máquina de follar. Cogió mis tetas para sujetarme al tiempo que tomaba distancia. Me dijo que rogara que me la clavara, y eso hice. Y luego me dijo que le dijera que mi esposo era un cornudo.

    Bajé mi cabeza a la cama. Podrían decir que sólo de un juego, pero no quería decirlo. Andrés no iba a rendirse. Con cada embestida (y estaba embistiendo a una velocidad increíble) me ordenaba decirlo. “¡Dilo!” “¡Dilo!” “¡Dilo!”. Sentí que la poca voluntad que quedaba en mi cuerpo estaba abandonándome. Dejé escapar un largo gemido. Y entonces lo dije. “Mi esposo es un cornudo.” Inmediatamente, me alcanzó el orgasmo más grande de mi vida. Por unos momentos me fui del mundo. Cuando recobré el sentido, todavía estaba siendo penetrada por la máquina sexual. Sin que me lo pidiera le dije a Andrés, “Mi esposo es un cornudo de mierda, comparado contigo es nada. Tú eres mi dueño.”

    A esas alturas, estaba disfrutando al máximo de aquella terrible cogida por el culo y Andrés también, cosa que probó follándome lo más duro que podía. Era increíble la sensación de tener aquella gigantesca verga clavada hasta el fondo, abriendo mi esfínter de manera increíble, rompiendo todo a su paso. Un nuevo orgasmo me alcanzó y perdí el mundo de vista, mientras me retorcía y gritaba, con la tranca de Andrés taladrándome el ano sin cesar. Para entonces, ya llevábamos follando con esa intensidad varios minutos y Andrés no pudo resistir más y se corrió con fuerza, inundando esta vez mi culo con varios chorros de leche caliente y espesa. Una vez que ambos abandonamos la cima del orgasmo, nos separamos y nos tumbamos en la cama, para tomar un merecido descanso.

    Aquella noche, Andrés y yo no paramos de follar. Cabalgué sobre su polla hasta el amanecer, le pedí que me destrozara el culo y mamé su verga humeante hasta tragarme la última gota de semen que sus gordos testículos podían contener. Fue una noche de lo más estimulante. No tengo idea que excusa le daría a su esposa, pero recién se marchó por la mañana, después de follarme una última vez. A partir de entonces, las cosas empezarían a cambiar por completo…

  • Nuestras vacaciones de Semana Santa (parte II)

    Nuestras vacaciones de Semana Santa (parte II)

    Las funciones de medianoche de Emmanuelle

    Al día siguiente luego de hablar con su novia, pensando cómo podría terminarla, mi hermano no pudo dormir bien, aún a pesar de tener a su pene metido entre mis nalgas calientitas a su lado, ambos dormíamos desnudos como siempre. Fuimos al cine a la función de la media noche del miércoles, sentados cómodamente en las butacas nos abrazamos y nos dimos ligeros besos de boca mientras corría la película con sus escenas calientes empezando a meternos mano disimuladamente, él acariciando mis piernas y yo acariciando la verga de mi hermano por encima de su pantalón, solo para hacer que esta se pusiera erecta. Al terminar la función ocurrió algo extraordinario a la salida del cine.

    Con todo lo que habíamos planeado al ir a ver la película no nos conformábamos con el simple hecho de haberla pasado magníficamente bien, luego de que saliéramos del Cine después de “ver” la película de “Emmanuelle” en la función de media noche, caminamos por la Zona Rosa y alcanzamos a ver que dos personas se estaban besando muy apasionadamente, iba con mi hermano tomados de la mano y resulta que al vernos dicha pareja, nos quedamos impresionados yo, mi hermano y… María.

    El cielo se abre para Edgar y para mi, por supuesto.

    Su novia se estaba besando apasionadamente con aquel tipo que la tenía bien tomada de las nalgas. María al vernos se quedó helada de la impresión, al igual que Edgar y yo, no podíamos dar crédito a lo que estábamos contemplando. Por lo visto el Cielo le estaba ayudando a Edgar a tomar la gran decisión y todo esto antes de obviamente que pensara mi hermano en cómo no continuar más adelante con la boda. Todo estaba bien claro ya. En un arrebato y sin pensarlo tomó mis manos y en un arrebato de furia me besó en la boca enfrente de María ante su desorbitada mirada.

    -Así que ahora ya estamos parejos, ¿no te parece? –le dijo Edgar

    -Ella es tu hermana, ¿Cómo puedes estarla besando enfrente de mí? A tu propia hermana…

    -Si y tenemos sexo ella y yo para que te lo sepas

    -¡Eso es Incesto! ¡Cochinos, nunca me lo imaginé! Pero para que te lo sepas Adolfo no es el único amigo con el que salgo y me revuelco en la cama para que también te enteres.

    -No me lo imaginaba, María, no después de ser tan dulce cómo eras.

    -Pues ya ves que las apariencias engañan.

    -Y tú sigue acostándote y revolcándote con tu hermano, mi “querida” cuñada incestuosa, espero no volver a verte. –El querida lo dijo arrastrando las palabras

    -No te preocupes, jamás me volverás a ver, tú también revuélcate con tus amigos, mientras mi hermano y yo nos revolcamos en nuestra cama como lo hemos hecho desde siempre… “querida cuñada”…

    -Par de hermanos Incestuosos desaparezcan de mi vista…

    -Con todo el gusto del mundo, porque yo sí soy la mujer de mi hermano… y tú jamás lo fuiste… porque nunca se vino dentro de ti y sí se viene siempre dentro de mí.

    Ni siquiera volteamos a verlos, nos metimos a un Bar a pocas cuadras de ahí y pedimos unas cervezas y algo de botana. Encendimos nuestros cigarrillos y él me tomó la mano para acariciarla, haciendo círculos suaves con sus dedos sobre mi palma, él sabía que eso me calentaba y me quitaría a la vez el estrés. Sin pensarlo nos besamos apasionadamente ante todas las gentes que estaban alrededor de ellos disfrutando de sus bebidas, como los novios que también éramos.

    -¿En qué piensas?, Edgar

    -Qué no podía dormir pensando qué podía hacer para terminar con este compromiso con María y dedicarme por completo a ti y de repente me llega la solución como del cielo.

    -Pero me besaste enfrente de María y lo peor fue decirle que tenemos sexo, me llamo incestuosa.

    -¿Y a poco no es una palabra dulce en nuestros oídos?

    -Sí escuchar incesto es música para mis oídos, bésame de nuevo, que sepa todo el mundo que soy tu mujer.

    -Mi mujercita incestuosa.

    -Sí, exactamente hermanito incestuoso, jajaja

    -Ahora sí seremos una verdadera pareja, hermano, ahora sí debemos hablar…

    -Pero con quien, ¿Con nuestros padres?

    -No, perdona dije una tontería. Ellos seguirán siendo nuestros adorables suegros sin que lo sepan.

    -Mejor ya vamos a la casa para meternos en la cama Luisa.

    -Sí para abrazarte desnuda y sentir tu miembro en los labios de mi vagina y quiero que te vengas en mi culo para sentir tu esperma en mis intestinos.

    -Afortunadamente tenemos algo de mantequilla para no lastimarte, jajaja

    ¿Nos podremos aguantar las ganas?

    Llevábamos rumbo hacía la casa deteniéndonos en los semáforos mi hermano me acariciaba los labios de mi vulva ya humedecida de mis mieles, la cual llevaba descubierta al bajarme los calzones, besándonos en la boca como dos perdidos enamorados, sus dedos se cubrían de mis flujos y él se chupaba los dedos ofreciéndomelos para que también pudiera saborear las mieles de la tan ansiada antesala nuestros incestos por venir.

    Era increíble el que estuviéramos solos sin que nada nos impidiera el amarnos sin límites. Mi hermano y yo éramos el uno para el otro y así nos lo demostramos despojándonos de nuestras ropas en cuanto metió mi hermano su coche al garaje, sin dejar de besarme con ansías, dejando la totalidad de mis prendas en el carro, mudo testigo de lo que estaba aconteciendo.

    Llegamos hasta la cama tan pronto como nuestras ansias de poseernos nos permitían. Nuestros besos eran de lengua, de una lengua juguetona que no sabía de límites, igual besaba mis pechos que mis nalgas metiendo la lengua dentro de mi vagina, para después de disfrutarla con su verga ya bien parada a todo lo que podía dar, unos 20 centímetros de largo y casi 4.5 del ancho de su circunferencia, nos revolcábamos literalmente por todo lo ancho de la cama rodando y yo con la verga de mi hermano bien metida dentro de mi vagina. Era tanta la excitación que no duramos en venirnos, yo mojándole su miembro a la vez que dejando la huella de nuestras venidas sobre las sábanas y la colcha.

    Ya abrazados después del breve tiempo de nuestra copulación, estábamos esperando reponernos un poco para continuar solo que se paró Edgar para dirigirse al refrigerador y sacar la mantequilla para untármela en mi precioso ano.

    -¿Sabes qué hermano?, sabes cómo se me antoja darte mi culo, que me hagas un masaje, primero yo me pongo encima de ti, tu boca abajo con tus nalgas hacía mí y yo restregándote mi vulva para mojarte las nalgas. Para después voltearme y darte mis pechos y tú me metes la verga en mi vagina otra vez y te vienes. Me besas y todo eso, pero después sí tomas la mantequilla y me restriegas tu verga en mi culo descansándola en medio de mis nalgas, como anoche, pero ahora quiero que me pongas la mantequilla y te vengas dentro de mi culo, ¿Qué te parece mi idea?

    -«Ya no aguanto los deseos de metértela por el culo, hermana»

    -«¿Tan caliente estás, hermano, igual que yo?»

    -«Es que es demasiado exquisito lo que me haces experimentar con tu culo

    -«¿En serio, te gusta meterme la verga dentro de mi culo?»

    -“Claro que sí, es en serio, hermana”

    -«Sí. Yo estaría todo el día cogiendo contigo, hermanito, por mi culo y por mi vagina»

    -«Yo también, hermanita. antes me masturbaba pensando en ti, ahora tu vagina es la que me masturba y luego tu culo tan hermoso y apretado»

    -«Y yo me masturbaba pensando en tu hermosa verga y en lo que me hiciste sentir al hacerme tu mujercita»

    -“Sí, hermanita que dulce oírlo de tus labios, tú ya eres mi mujercita”

    -“¡Ay, hermano que rico me estás metiendo tu verga por el culo”

    -“Tienes tu vagina muy encharcada, hermana y un culo fabuloso”

    -“Espera a que me venga y vas a ver cómo te voy a mojar la verga, hermano”

    Me abracé de las nalgas de mi hermano y logré que de esa manera la penetración fuera total. Yo abrazada a él desde atrás de mí, con sus pies alrededor de los míos y yo sosteniéndome en el aire tomándolo de sus nalgas, cuyo pene que subía y bajaba al compás de las metidas y sacadas de mi culo, haciéndome ver estrellitas.

    -¡Cómo me gustaría casarme contigo, hermano!, ¡Mira como tienes mi culo!

    -¡A mí también me gustaría hermana, coger contigo sin ser criticados!

    -Y yo también sería feliz cogiendo todo el día contigo sin tener que escondernos de nadie, ¡Sería mi más grande sueño, hermano!, ¡Mueve más tu verga dentro de mi culo y dame tu esperma!

    Algo que no era fácil de averiguar en ese tiempo

    “Sí hubiéramos sabido en ese tiempo que vendría el Internet, tanto mi hermano como yo y que las relaciones de incesto entre hermanos de la misma sangre tanto de padre como de madre estaban permitidas desde hacía dos siglos allá en Francia por orden de Napoleón Bonaparte, nos hubiera gustado ir a Francia, aunque no hubiéramos podido casarnos, lo mismo para el caso de España a partir de 1978, en Japón, Portugal, Nueva Jersey, pero el país donde más nos hubiera gustado ir hubiera sido Suecia donde los hermanos de sangre que comparten la misma línea consanguínea de los padres sí se les permite casarse, por lo que hubiera sido ideal para que mi hermano y para mí que hubiéramos formado un buen matrimonio ya que ahí sí están ampliamente permitidas las relaciones de incesto, no sé si nada más entre hermanos o si están permitidas entre hermanas con hermanas, aunque supongo que sí y además no sabemos si también estén permitidas entre madre e hijo o entre padre e hija”.

    -¿Qué les diríamos si hubiera un lugar donde se permita el incesto y casarse entre hermanos?

    -Sí existiera me gustaría decirles: “Sabe qué me quiero casar con mi hermana porque adoro su vulva toda peluda y su culo exquisito como una rosquilla de naranja clara”.-decía mi hermano

    -Y a mí me gustaría decirles que: “Me quiero casar con mi hermano porque tiene una verga que me encanta lamer y comerme su semen”.

    -Pero ¿Dónde podrá estar ese lugar ideal, hermana?

    -No lo sabemos, hermano, pero sería formidable saber donde se podría uno casar y donde estarían permitidas las relaciones de incesto.

    -Así que sí está loquísima la idea, hermana.

    Una relación de Incesto ideal entre dos enamorados

    Luego del paso de los días todo fue realmente emocionante mi hermano y yo nos comportábamos como si fuéramos marido y mujer, aunque a mi parecer, mucho mejor, porque desde que éramos niños siempre nos llevamos muy bien, compartíamos nuestros juegos y nos divertíamos inventando cuentos de hadas, luego conforme fuimos creciendo fuimos conociéndonos mejor y al madurar un poco más nuestras necesidades afectivas fueron adquiriendo distintos matices sexuales muy interesantes. Desde que estudiaba en la Normal para maestras hice un estudio no porque yo lo escogiera, sino porque me tocó en suerte para bien o para mal, ese tema del Incesto, el cual se rifo mediante papelitos que teníamos que sacar yo y cada una de mis compañeras.

    Investigando un poco más a profundidad sacaba a colación distintos tintes que adornaban y matizaban la práctica del Incesto, tema con el cual aborde desde entonces y que ni siquiera se comprendía en aquel entonces todos los alcances que conllevaba, así de esa manera a dicha práctica se iban sumando otros digamos “adornos” que hacían más interesante dicho tema y tanto más sublime al llevarse a la práctica.

    Matices tales como la promiscuidad, otro muy interesante es la liviandad, al igual que la lascivia, aunque el morbo también juega un papel muy especial, pues adorna una relación de incesto, al igual que todos los demás, que se van sumando para conformar una relación ideal. Aunque también son básicos el respeto, el entendimiento y el amor, sobre todo el amor. Una relación de incesto de calidad, el enamoramiento y el sexo continuo forman parte de todo ello, aun cuando tal práctica con otros miembros de la familia pueda ser de tres, cuatro o más miembros, inclusive en raras ocasiones con toda la familia siempre y cuando haya consenso entre la forma de llevar a cabo dicha relación.

    Dando la noticia del no casamiento de mi hermano

    Pero pasando a otro rollo, fueron tres semanas en que todo fue sexo, pero sexo de calidad, no un sexo grosero, sino de dos hermanos enamorados uno del otro y que aunque se pudieran sumar otras personas, de todos modos el amor entre mi hermano y yo continuaría siendo de respeto y de mucha calidad. Aunque claro si nos dábamos nuestras buenas revolcadas como si la vida se nos fuera en ello.

    Recuerdo que un día poco antes de que llegaran nuestros padres nos pusimos muy tristes y fuimos a ver a nuestra tía Luz Marina y al tío Carlos entre otras cosas para darles la noticia de que habíamos visto a María, la prometida de mi hermano besándose con otro chico muy calurosamente pues hasta la abrazaba de las nalgas a ella. Nuestra tía se puso un poco triste pues le había parecido muy buena chica la tal María y hasta se portó demasiado atenta con nosotros ya que nos puso inclusive unos ceniceros para fumar nuestros cigarrillos, acompañados con un rico café percolado y unos biscochos de una panadería que hace un rico pan de dulce. Tenían los tíos dos inquilinas y dos muchachas de servicio. Ellos viven por la colonia Santa María, no teníamos otra intención más que ir a saludarlos y darles la noticia de lo sucedido y tomar el café con ellos.

    Mi tío fue muy atento conmigo, él y ella son hermanos por parte de nuestra madre y nunca quisieron casarse, su casa contaba con un jardín muy amplio en donde pretendían terminar de construir un pequeño departamento. Fui yo sola a verlo en compañía de mi tío, en tanto mi hermano se quedaba platicando con la tía, fingiendo tristeza por lo de su novia, jajaja. Pues todo bien, aunque estaba todavía la obra negra, junto al departamento iba a poner un jacuzzi muy amplio y toda el área ajardinada estaba llena de plantas, flores y árboles que ellos cuidaban mucho.

    En un momento dado el tío Carlos me abrazó y acercando su boca a la mía me dio un beso largo, largo, en tanto sus manos las ponía sobre mis senos, acariciándolos con gran maestría, no pude hacer nada porque me encantaba lo que me estaba haciendo, el tío Carlos es un hombre muy atractivo y tremendamente guapo que hubiera podido casarse porque le llovían las mujeres, al igual que la tía Luz Marina que además de guapa, guapísima tenía muchos dones para cocinar y prefirió al igual que el tío dedicarse a la pintura y a la fotografía.

    El tío Carlos continúo besándome y con sus manos diestras y muy hábiles me quitó mi brasier con una facilidad tal que quedé asombrada de sentirme de repente con mis pechos al aire, o así lo creí yo, que no me había dado cuenta. Yo estaba gimiendo de placer y él con su pene también al aire, llevando mi mano hacía donde se su mejor amigo se encontraba, para luego hacer que me agachara y lo colocara entre mi boca. Para ser sincera, nunca me ha gustado meterme un pene hasta la garganta, siento que eso no va conmigo y no es algo que me produzca un gran placer, al menos en mí y en eso está de acuerdo mi hermano.

    Lo chupé eso sí con muchas ganas y como dicen vulgarmente lo mamé con verdadero placer hasta sus testículos y lamí todo el tronco de su pene. No pasamos a más porque sentí que alguien nos estaba viendo desde la ventana de la cocina de la casa. Al voltear a ver, me di perfecta cuenta de que la tía nos había estado observando. Por lógica nunca le conté a mi hermano todo con detalle, solo que mi tío me había estado besando en la boca y que había sacado su pene para que yo se lo agarrara.

    Cuando finalmente después de regresar a la mesa como si nada hubiera pasado, sentí una sonrisa de complicidad entre ellos dos, le sonreí a nuestro tío con la natural coquetería que siempre me ha caracterizado y la tía solo me obsequió con una sonrisa de esas que te dicen todo: “Ya te vi, como disfrutaste a mi hermano” y una mirada que parecía decirme: “cuando quieras te lo presto”

    Al día siguiente todo como si nada hubiera pasado entre nosotros, eso sí mucho perfume para despejar el olor a incesto, perdón a sexo y de nuevo a acomodar las camas al estado en que se encontraban, y como es lógico mi hermano se cambió de nuevo a la recámara de nuestros padres, aunque tenía que darles la gran noticia de que ya no se iba a casar. Nuestra madre brincó de alegría por su hijito.

    A los pocos días se cambió de nuevo a mi recámara.

    Fin

  • De vacaciones con mi esposa

    De vacaciones con mi esposa

    Siempre para vacaciones mi esposa y yo nos vamos a algún hotel de playa, pero este año debido a temas de trabajo no pudimos hacerlo. Así que tomamos la decisión de ir a visitar a la familia de mi esposa y quedarnos allá unos cuantos días, ya que aparte teníamos mucho tiempo de no ir de visita.

    Mi esposa es una mujer de 42 años que a pesar de su edad mantiene un cuerpo muy deseable se la pasa haciendo ejercicios. Ella es de contextura gruesita unos 70 kilos de los cuales podría apostar 20 de esos kilos son del peso de sus tetas ya que las tiene enormes, cosa que me vuelven loco, tiene un trasero grande y muy bien formado, ella es de cabello castaño que va muy bien con su hermoso rostro. Nuestra relación de pareja se basa en la monotonía en el sexo común y corriente ya que ella es de las personas educadas a la antigua, por mi parte yo soy de mente más abierta, aunque nunca he podido experimentar cosas nuevas por ejemplo los tríos y del cual siempre he querido hacerlo, eso sí con mi esposa.

    En cierta ocasión mientras veíamos película, en una escena en donde se podía ver a una mujer teniendo sexo con dos hombres a la misma vez, le hice un comentario a ella de que si nunca le había dado morbo de hacer lo mismo, de poder tener sexo con dos hombres a la vez y lo que me alcanzo a decir fue “eso solo pasaban en las películas, en la vida normal ningún hombre prestaría a su mujer de esa manera, y si lo hacían debían estar enfermos” Yo le dije que no era estar enfermos, que las personas tenían fantasías distintas y que esa era una de las que la mayoría de hombres siempre tenían en mente. Ella me volteo a ver y solo se quedó en silencio.

    Bueno, paso a contar lo que sucedió. Ya habían llegado mi tiempo de vacaciones, como no pudimos ir a la playa por temas monetarios nos tocó ir a casa de los padres de mi esposa, los cuales viven en uno zona rural. Cada vez que vamos allá de visita, nos encanta ir a nadar a los ríos cercanos los cuales a pesar de ser un poco alejados tienen pozas perfectas para disfrutar.

    Nos pusimos en camino un viernes en la mañana pensando en llegar temprano para pasar con la familia de mi esposa ese día y pensar en donde iríamos el día siguiente. En todo el camino estuvimos hablando de los primos de mi esposa y de sus hermanos que por dicha siempre se han llevado bien conmigo y los cuales siempre que podemos ir de visita, se apuntan a nuestras salidas y que de seguro nos iban a acompañar este año.

    -Karen este año debemos aprovechar que vamos al río para que aprendas a nadar, no tiene gracia ir y que tu no disfrutes con nosotros!!!

    -Si cariño está bien, lo voy a intentar, pero sabes que me da mucho miedo y me cuesta por eso nadar.

    -Tranquila mi amor, yo te ayudare y sé que tus hermanos y tus primos también te pueden ayudar. Sera que ellos compraron este año las tiendas de campaña, recuerda que habíamos quedado en que la próxima vez que fuéramos nos quedaríamos acampando?

    -Creo que si mi amor, mi hermano me había comentado que habían comprado pero no sé cuántas si eran las tiendas o que…

    Al terminar esta conversación ya estábamos en casa de mis suegros, los cuales nos estaban esperando.

    -Hola Carlos como estas, como esta hija bella?

    -Hola suegro, muy bien gracias a Dios y ustedes que cuentan cómo va esa cría de ganado?

    -Muy bien, muy bien desde la última vez que viniste ya tenemos unas cuantas crías más.

    -Hola padre como estas, me han hecho mucha falta y donde esta mama?

    -Ella esta adentro preparándoles un almuerzo, pasemos de una vez que acá afuera esta super caliente estos días ha estado haciendo mucho calor.

    -Que dicha papa, tenemos pensado ir al río a pasear, además a ver si aprendo a nadar ya que tú nunca me enseñaste jjj

    Pasamos dentro de la casa y allí estaba mi suegra la cual al igual que mi suegro son excelente personas. Ya está nos tenía servida la mesa con un delicioso plato de arroz con pollo entre otros aperitivos.

    -Hola como esta suegra?

    -Hola Carlitos, que gusto verte de nuevo por acá… yo bien gracias a Dios, pero vamos pasa y siéntate para que no se te enfrié la comida, ven siéntate tú también mi bella…

    -Hola Mami como estas?

    -Bien mi amor, acá tratando de seguir viviendo.

    -Y donde están mis hermanos madre?

    -Ellos andan en la finca con tus primos, no tardan en llegar.

    Y así pasaron las horas, conversábamos de uno que otro tema con mis suegros, ya había caído la tarde cuando fueron apareciendo los dos hermanos de Karen. Ellos eran Juan de 22 años y Luis de 21; además venían sus dos primos Esteban de 20 años y Cesar de 18 años los cuales eran como hermanos para ella. Todos se fueron acercando a saludarnos…

    -Hola hermanita como estas. Como estas Carlos que tal el viaje?

    -Por dicha estuvo bien, esta vez lo sentí más corto de costumbre jjj ya le perdí un poco el mío a la carretera.

    Mi esposa mientras yo hablaba con Juan se repartía abrazos y besos con su otro hermano y sus dos primos, los cuales al finalizar también se acercaron a saludar.

    -Oye Carlos y vamos a ir al río? Hay una poza preciosa, pero nadie va allá porque está un tanto lejos…

    -Claro claro, más bien venia conversando con mi esposa y preguntándonos si habían comprado las tiendas de campaña para quedarnos a acampar como lo dijimos la última vez…

    Sus dos hermanos se volvieron a ver y se tocaron sus frentes en son de que lo habían olvidado.

    -No Carlos, la verdad que no hemos salido por falta de tiempo, pero descuida nos podemos ir a quedar y acampar a la antigua jjjj lo que si compramos fue una parrilla para asar carne…

    -Bueno ya veremos que hacemos y como lo solucionamos, me parece muy bueno lo de la parrilla, yo traje 3 hieleras para las cervezas y los tragos.

    -Qué bueno, los tragos y cervezas no pueden faltar Carlos jjj además creo que la última vez llevamos muy pocas, no nos puede pasar lo mismo de nuevo, lo de las carnitas nosotros nos hacemos cargo…

    Transcurrieron las horas y llego la hora de descansar y falta que nos hacía debido al viaje estábamos exhaustos. Mi esposa y yo nos dirigimos a nuestra habitación, tomamos un baño antes y seguidamente procedimos a acostarnos para levantarnos a primeras horas de la mañana.

    Al día siguiente nos levantamos tipo 6 de la mañana, esto por el sonido de toda la familia los cuales se levantan temprano. Por nuestra parte empezamos a alistar las cosas que íbamos a llevar al río, ropa, la tienda de acampar entre otras cosas mi esposa por su parte estaba alistando su ropa y pude ver que llevaba un traje de baño de dos piezas el cual no había visto y que de seguro había comprado días atrás.

    -Uy mi amor, ese traje esta de muerte jjjj

    -Ay es un traje común y corriente, no digas eso…

    -Ya quiero verlo puesto, te debes ver exquisita… Los que se van a dar un taco de ojo son tus primos y hasta tus hermanos jjj

    -Que cosas dices tú, sí que eres enfermo jjj… Mas bien apúrate y sube las cosas al auto.

    Ya con todas las cosas preparadas nos dirigimos al auto y allí estaban los primos y hermanos de mi esposa los cuales tenían sus bolsos con sus cosas ya listas y esperándonos. Subimos todo al vehículo, ya todos dentro, nos despedimos de mis suegros y nos pusimos en camino al río, el cual debía de estar a unos 15 minutos de viaje.

    En el camino mis cuñados y los primos de mi esposa conversaban de cosas varias, de sus aventuras con sus noviecillas y de su vida sexual que al parecer eran muy desordenadas, pero a juicio propio se notaban que disfrutaban sus vidas dándole rienda suelta al sexo con casi todas las muchachas del pueblo en donde ellos vivían. Mi esposa por su parte solo acertaba a decirles que debían sentar cabeza y buscar una pareja fija a lo que ellos solo echaron a reír.

    -Que va mi hermana, lo que se van a comer los gusanos que lo disfruten los humanos, además si hay tantas mujeres en este mundo porque no aprovecharlas, tú te salvas de que eres mi hermana porque si no te hubieras ido en la tira también jjjj

    Y todos se pusieron a reír, mi esposa solo alcanzo a decir “Que descaro el de ustedes” Por mi parte yo sentía ciertos celos de ver que yo solo pude estar con una mujer y era Karen mi esposa, nunca pude disfrutar del sexo con más de una pareja.

    Pasaron los minutos y ya estábamos en el sitio, el río estaba hermoso y el sitio en donde nos íbamos a quedar estaba perfecto y como dijeron mis cuñados allí no había un alma. Nos dispusimos a bajar todas las cosas, y lo hacíamos rápido para aprovechar todo lo que se pudiera el sol. Mientras ellos bajaban las cosas del carro yo comencé a colocar nuestra tienda de campaña, que por lo visto era la única que había pues ellos solo consiguieron unos sacos para dormir.

    Ya con la tienda lista, mi esposa se metió en ella a cambiarse de ropa, yo entre con ella y se estaba colocando su traje de baño, yo solo me quede con la boca abierta al ver lo bien que le quedaba, eso sí; era un poco ajustado ya que por los lados del bikini se le salían un poco sus labios vaginales.

    Yo me acerqué y la empecé a besar en su cuello y espalda mientras que bajaba mis manos hasta su vagina, intentando meter mi dentro de ella…

    -Mi amor que haces, No ves que afuera están todos ellos y nos pueden ver?

    -No nos van a ver estamos acá adentro, además que van a ver que no hayan visto, ya escuchaste todo lo que ellos estaban contando dentro del carro…

    -Si pero no, además ellos son mi familia…

    -Ósea que si no fueran familia no habría problema jjj

    -Ayyy no digas tonteras no has tomado nada y ya estas borrachín jjj

    En eso, en la parte de afuera:

    -Ya salgan cochinos, esperen a más tarde si quieren coger ahorita hay que disfrutar del sol…

    -Ves ves!!! lo que te dije, ya están pensando mal de nosotros, que vergüenza, salgamos…

    Yo salí primero, sonriendo ante lo que su hermano había dicho y detrás de mi venia mi esposa… Todos se quedaron mirándola con la boca abierta, pues sus pechos que como había dicho son enormes salían de su bikini y ni que hablar de su tanguita la cual como dije se le salían parte de su vagina por los lados.

    -Que les pasa, que es que nunca han visto a una mujer? Y luego andan rajando de que han estado con todas las del barrio jjj

    -Ayyy prima, pero con ese traje como no volver a verte, aunque seas nuestra prima sigues siendo mujer… me disculpó contigo Carlos pero es casi imposible no hacerlo.

    -Tranquilo Esteban, justamente le dije eso cuando salimos de casa y un poco más verdad mi amor, les digo que fue lo que te dije?

    -Tu siempre, ya calla y mejor vamos al río, además quedaste de ayudarme a aprender a nadar…

    -Si mi amor, verdad muchachos que ustedes también estas dispuestos a ayudarle a que aprenda a nadar?

    -Claro que sí, hoy serás toda una nadadora primita, recuerda que somos los mejores nadadores de la zona verdad Juan?

    -Eso es cierto, ya verás como vas a nadar si o si…

    Todos nos dirigimos al agua, los hermanos de Karen así como sus primos dejaron que pasáramos primero, de seguro era para poder verla por detrás, pude escuchar murmullos y risas, de seguro estaban comentando del bikini de mi esposa y lo puta que se veía… Lo que me daba gracia es que parecía no importarles que ella fuera familia.

    Ya dentro del agua le hice señales a mi esposa que se aproximara ella con miedo se fue acercando por la parte más baja, le dije a Esteban que se arrimara para que me ayudara con los pies de mi esposa para poder nivelarla dentro del agua entre los dos.

    -Mi amor yo te voy a tomar de los brazos y Esteban te va a tomar de sus pies y cadera, así que trata de mantener la postura para empezar con tu equilibrio.

    Ella se acercó y asintió con su cabeza en señal de que había entendido. Yo la tome de sus hombros y Esteban la tomo de sus pies. La mantuvimos a nivel un buen rato y como vi que ella hacia bien su trabajo le dije a Esteban que la sostuviera solo, a lo que él se colocó en el centro para poder sostenerla con ambas manos.

    Cuando la solté, Esteban tomo su espalda y sin querer toco su trasero tan solo para acomodarla, yo lo note y ella también pues me volteo a ver e hizo un gesto de resalto. Así estuvieron un buen rato, yo por mi parte empecé a aprovechar para nadar.

    En un momento que me dio por volver a mi esposa para ver que tal le estaba yendo, pude ver que ya no era por error que su primo Esteban le estaba tocando su trasero pues pude observar debajo del agua que él le tenía su mano tomando completamente ambas nalgas y mi esposa no hacía nada por quitarse. Por mi parte yo seguí en lo mío, pero lo que estaba pasando me estaba poniendo un poco nervioso además de excitado.

    En un momento dado vi que junto a Esteban y mi esposa ahora estaba también su otro primo Cesar el que al parecer también iba a ayudar pues ella ya había cambiado de posición y esta vez estaba boca abajo, pude ver que entre ambos la tomaron de sus hombros y piernas, pero no solo eso… pude observar sin hacer mucho esfuerzo como ambos estaban metiendo manos, pues la tomaban de sus pechos y parece que también sus dedos estaban muy cerca de su vagina. Lo que me asombraba es que ella no hacia ningún intento de quitarlos.

    Le dije a mis cuñados que saliéramos por unas cervezas, así mismo le grité a mi esposa y a sus primos que saldríamos a tomarnos algo y estos nos siguieron. Yo no quería evidenciar lo que había visto que hacían los primos de mi esposa con ella, por lo que no le hice ningún gesto a mi esposa, aunque me moría de ganas de hacerlo solo para ver su reacción.

    Nos propusimos a encender el juego para asar parte de la carne que llevábamos mientras nos tomábamos unos tragos y unas cervezas. En mis adentro me puse a pensar que si lo que vi dentro del agua había sido sin licor, que podría pasar si todos estuviéramos tomados!!! Y allí nació la idea de que debía aprovechar cualquier cosa para cumplir mi fantasía de ver a mi esposa siendo penetrada por otro hombre o en este caso por varios, el problema iba a ser sus hermanos que no creo permitieran que sus primos se cogieran a su hermana.

    Pasaba el tiempo, estábamos comiendo y bebiendo y yo notaba que Esteban y Cesar no le quitaban los ojos a mi esposa. Mi esposa se le notaba un tanto tomada ya que todos estábamos tomando en grandes cantidades, no sabía que tanto había tomado ella pues yo estaba en lo mío pero al parecer ya había tomado de más y lo más probable es que los responsables de eso eran sus primos… Pero eso me estaba dando la ventaja a mí, para mi cometido, debía seguir dándole más y más licor a mi esposa, ella cuando está tomada es muy complaciente y ya vería si esta vez lo hacía.

    -Toma mi amor, bebe.

    -Gracias mi vida, aunque ya he tomado mucho jjj

    -Tranquila, al menos tenemos cerca la tienda y no debemos manejar lejos si te emborrachas jjj

    Y allí echaron a reír todos. Parecía que los dos hermanos de Karen también quienes se habían mantenido un poco alejados de todo, ya habían entrado en calor pues estos ya se les notaba un tanto ebrios.

    Juan el hermano mayor de Karen saco una radio que llevaba y puso música, y empezaron a bailar, tomaron a mi esposa de las manos para que bailara y ella acepto, se fueron acercando su otro hermano Luis al igual que Esteban y Cesar. Todos bailaban alrededor de ella, y los que estaban más prendidos eran los primos quienes parecían pulpos pasando sus manos por todos lados algunas veces tocando demás a ella y al parecer sus hermanos no se estaban quedando atrás pues cada uno la estaban repellando lo más que podían…

    -Eyyy Esteban, deja de tocar a tu prima no vaya a hacer que Carlos se te enoje y te dé una buena jjj

    Allí me voltearon a ver todos hasta mi esposa y solo les dije:

    -Tranquilos que estamos entre familia, eso sí… no me le vayan a hacer todo lo que dijeron ustedes que les hacían a sus novias jjjj

    -Ayyy Carlos que cosas dices, además mis primos y mis hermanos están acostumbrados a muchachas jóvenes y bellas, yo no entro en esa lista, además como dijiste estamos en familia. Por otro lado estás loco, te hizo efecto el licor jjj…

    Mi esposa seguía bailando y todos seguíamos tomando, habíamos perdido la noción del tiempo y ya había caído la noche… Lo que llevo a pensar, será que de verdad mis cuñados y sus primos iban a dormir en medio de la naturaleza? Y esto me puso a pensar que debía aprovechar que todos estaban tomados y que por los comentarios hasta mis cuñados podrían cogerse a mi esposa, debía invitarlos a dormir dentro de mi tienda de campaña la cual era para cuatro personas, pero bien cabrían cinco, aunque sabía que contando a mi esposa éramos seis… y que esto podría llevar a algo más…

    -Bueno a todo esto que vamos a hacer, como nos vamos a acomodar para dormir? Mi tienda de campaña no es muy grande pero creo que bien acomodados podemos entrar todos, además no creo que sea buena idea que ustedes duerman fuera, verdad mi amor.

    Mi esposa me volteo a ver y me contesto:

    -No le veo inconveniente, además como dices la tienda es grande…

    En eso el primo de Karen nos dice:

    -Creo por hoy no podrán tener acción jjj por hoy deberán guardar ayuno prima…

    -Como ves que por un día que no podamos no nos va a pasar nada, por dicha nosotros si nos quitamos las ganas todos los días jjj

    -Quien dice que nosotros no nos quitamos las ganas hermana? Para eso usamos la mano jjj

    -Ayyyy tú, eso nada que ver, no hay nada mejor que sentir la carne con carne jjj

    -Tu porque puedes pero a nosotros nos queda mas que matarnos solos… ya si hubiera una buena alma que nos diera una ayudita seria otra historia, verdad Esteban?

    -Claro claro, pero es que hoy en día ya nadie ayuda a nadie jjj

    Yo escuchaba toda esa conversación entre ellos y mi esposa y fue cuando atine a decir:

    -Bueno mi amor, que tal si te vuelves un alma caritativa con tus primos y tus hermanos y le das una mano o una ayudadita… pienso yo que sería lo justo jjj

    Todos quedaron enmudecidos, mi esposa no sabía que decir… y en eso Juan dice:

    -De todas maneras nadie dirá lo que paso acá, será como en las Vegas “lo que se hacer en las Vegas se queda en las Vegas” jjj creo que todos seres como tumbas. Que dices hermanita?

    -Ella guardo silencio por unos instantes… Y luego lo inesperado:

    -Está bien, pero de esto ni una palabra a nadie y menos a nuestros padres porque si nos matan a todos!!! Lo prometen? Y tu mi amor, estas seguro? No afectara esto nuestra relación?

    -Tu tranquila mi vida, además sabes que yo quería probar algo nuevo en nuestra vida…

    -Tú sabes que de parte nuestra nada se sabrá primita, somos tumbas…

    Todos estábamos de acuerdo, estábamos listos para comenzar a disfrutar de mi esposa. Ya no había vuelta atrás y mi esposa lo sabía… Mi esposa se puso de cuclillas en el suelo, y cada uno de sus hermanos y primos al igual que yo nos aproximamos a ella, seguidamente fuimos sacando nuestros penes.

    Ella fue tomando uno a uno con sus manos, los primeros fueron el de su hermano Juan y el de Esteban su primo, le hacia una paja a uno mientras se metía el otro en su boca. Yo no nada crédito a lo que estaba viendo. Soltaba uno y seguía con el siguiente. Mientras tanto su otro hermano Luis y su primo Cesar hacían fila tras de ella, le tocaban sus nalgas y metían sus dedos dentro de la vagina de mi esposa así como en su ano, se agachaban y pasaban sus lenguas por la entrada a su culito mientras ella no soltaba para nada los penes que tenía al frente.

    Luego estos se turnaron, ahora les tocaba a Luis y Cesar, los cuales recibieron la boca de mi esposa en sus penes. Parecía que su hermano Luis nunca había recibido una mamada porque este no tardo en ser el primero en llenarle la boca a mi esposa de leche, ella siguió tragando todo lo que su hermano le estaba echando, mientras que el daba saltos en cada pasada que su hermana le daba en su prepucio.

    Detrás de ella Esteban ya estaba preparando su pene para meterlo con todo a su prima, la puso en la entrada a su vagina y de un solo se la clavo, ella tuvo que soltar el pene que tenía en su boca para pegar un grito. Esteban seguía bombeando con fuerza, y sus huevos le rebotaban en sus nalgas los cuales parecían aplausos. Karen solo gemía y su respiración cada vez era más rápida.

    Esteban saco su pene de la vagina de su prima dándole paso a Juan para que este procediera de igual manera, pero este fue más allá ya que puso su pene en la entrada al culo de mi esposa y empezó a meterlo, ella nuevamente grito de dolor y solo decía “despacio, despacio que me lastimas” Pero eso no iba a pasar ya que Juan de un golpe le metió su pene erecto dentro del culo de mi esposa el cual tenía un gorro enorme y que seguro le estaba haciendo daño.

    Poco a poco mi esposa se fue acostumbrando a ese dolor, ya esta no estaba gritando ahora parecía que eran gemidos de placer que solo eran apaciguados por los penes que tenía en su boca. Yo seguía viendo sentado lo que mi esposa estaba haciendo, dándome una paja, lo estaba disfrutando igual o más que ellos.

    De pronto pude ver que mi esposa se puso de pie y Juan se lanzó al piso para que ella lo montara, ella se colocó de manera que el pene de su hermano entrara en su vagina, ella empezó su trabajo moviendo sus caderas de un lado a otro, yo veía como el pene de Juan hacía que de dentro de mi ella saliera líquidos que de seguro eran por las veces que mi esposa había tenido orgasmos. Juan la jalo del cuello y acerco su boca a la de ella, y empezó a darle un beso, el sacaba su lengua y se unía a la de Karen.

    De pronto vi como Luis quien ya se había regado en la boca de su hermana tenía nuevamente el pene al cien, se colocó detrás de ella y se lo metió sin mediar palabra por el culo, ella tuvo que frenar el beso con su otro hermano para ver que pasaba, fue cuando se dio cuenta que ambos hermanos le estaba propiciando una doble penetración. No paso ni un minuto cuando ella exploto en fuerte orgasmo, se retorcía y sus gritos se podrían haber escuchado a varios metros a la redonda, de su vagina salía gran cantidad de líquidos producto de sus constantes orgasmos.

    Ahora era Esteban quien sería el que buscaría que mi esposa lo cabalgara, se tiró al piso y mi esposa se metió su pene en su vagina, su hermano Juan se fue al trasero de su hermana y pidió campo a Luis para ser este el que ahora le pegara una culiada a mi esposa. Cesar ahora se acercó a la boca de Karen tan solo para dejarla llena de una corrida de película, era una cantidad exagerada de leche que el chico le estaba dando a su prima parte de la cual pringo sus cachetes y frente. Karen no paraba de gemir y era notorio que ya llevaba mas de diez corridas seguidas.

    Ya habían pasado mas o menos unos 15 minutos en que Esteban y Juan estaban cogiéndose a mi esposa, ya era hora de llenarla de leche y ambos querían que ella se la tragara. Ella se puso de cuclillas mientras ambos con sus manos se pajeaban sus penes, ella solo abría su boca esperando la descarga. El primero fue Esteban, este le metió su pene en la boca hasta el fondo para que no desperdiciara ni una gota de semen, ella se tragó todo, al finalizar lo limpio sin dejar rastros de su leche, ella lo miro y sonrió pasando su lengua por sus labios, abrió su boca para que mirara de que no había gota alguna.

    Ahora seguía Juan el cual exploto en toda la cara de ella, dejándola completamente bañada en leche, en su cabello, cachete y boca… ella lo acerco e hizo lo mismo que a los demás, termino limpiando desde la punta del pene hasta sus huevos, no dejando gota alguna de semen.

    Yo por mi parte estaba que no aguantaba más, estaba super excitado de ver todo lo que había ocurrido y que era yo el causante de todo esto. Mi esposa me volteo a ver, su mirada era picara, me acerque a ella y me llevo dentro de la tienda.

    -Ahora si estas contento mi amor, te gusto lo que acabas de ver?

    -Desde luego que si cariño, me has hecho el hombre más feliz del mundo…

    -Ahora te toca a ti mi amor, ahora serás tu el que me llene de leche… quiero que me des esa leche de una vez…

    Acto seguido la puse a cuatro patas y empecé a penetrarla con violencia, quería que mi pene entrara en su vagina con todo y huevos, no podía sacar de mi mente el rostro de ella tragando la leche de sus hermanos y primos, aun veía como la sodomizaban y eso me excitaba. Yo sacaba mi pene de su vagina y la metía en su culito y viceversa, le daba con fuerza sin importar si la lastima o no. Ella me pedía leche así que tenía que dársela, ya no podía aguantar ni un minuto más, sentía que mi pene iba a reventar así que le di vuelta, ella abrió su boca y yo empecé a depositar en su boquita toda mi leche, ella succionaba mi pene como si fuera una pajilla, todo mi semen estaba dentro de ella.

    Ella solo me miro y me dijo:

    -Gracias mi amor, nunca pensé que esto fuera tan rico, de lo que me estaba perdiendo…

    -Tu sabes que esto lo podemos repetir cada vez que tú quieras…

    -Tenlo por seguro que vendrán muchas veces más mi amor jjj

    Minutos después, vimos que sus hermanos así como sus primos iban entrando uno a uno dentro de la tienda de campaña. Ya todos dentro nos miramos unos a otros y cada uno fue tomando lugar para descansar… al menos eso pensábamos mi esposa y yo…

    Pero eso ya queda para otra parte…

  • Hice un footjob en la biblioteca

    Hice un footjob en la biblioteca

    Después de mi primera experiencia sexual en la zapatería nunca fui la misma. Ya no podía dejar de pensar en esas vergas botando su leche sobre mis pies. Siempre que pensaba en eso me mojaba y necesitaba masturbarme. Se me hizo una obsesión.

    En esa época tuve un novio de la universidad que era más chico que yo, tenía 18 y yo 21. Estaba alto y mamado y me trataba muy bonito. Pero la primera vez que me lo cogí descubrí que tenía fetiche con los pies. Mientras estábamos cogiendo me confesó que estaba obsesionado con mis pies y que por eso quiso andar conmigo. Me dijo que le llamaba la atención que mis pies estuvieran tan grandes a comparación de mi estatura, y eso le daba mucho morbo. Entonces me pido que si lo podía masturbar con mis pies, y luego le dije que sí.

    Me hice hacia atrás, le agarré la verga con mis dedos del pie y con el otro le empecé a sobar la verga. Mientras se la jalaba con mis pies yo no podía dejar de recordar ese día en la zapatería, y quería que mi novio me llenara los pies con su leche como ese día.

    Pero no se venía, entonces le pregunté qué quería que le hiciera (para que se viniera más rápido). Y me pidió que usara mis dedos de los pies para acariciarle la cabecita de la verga. Entonces empecé a mover mis dedos sobre su cabeza y a acariciarla suavemente, y se sentía súper rico. Luego le pedí que me chupara los dedos a ver si eso ayudaba. Me los empezó a chupar y me empecé a mojar cada vez más. Sentía como si mis pies estuvieran conectados con mi vagina, y cada que me pasaba la lengua entre los dedos de los pies era como si me estuviera metiendo la lengua en la cuca.

    Ya estaba toda mojada, gimiendo como loca y metiéndome los dedos esperando a que ya se viniera, y de repente me dijo «Ya me voy a venir», y le grité «¡aviéntamelos aquí en mis pies»! Le extendí los pies y me aventó su leche sobre mis dedos. No era mucho pero a mí me encantó. Me empecé a embarrar la leche en los pies y de repente mi novio me dijo que si me podía grabar un video de mis pies con el semen y tomarme fotos. Le dije que sí pero que no saliera mi cara. Me tomó las fotos y el video y ya pasó.

    Pero después de unos días me empezó a pasar algo en la universidad. Algunos hombres pasaban y se me quedaban viendo los pies (porque toda la vida me ha gustado usar huaraches o zapatos abiertos). Pero cada vez era más y más y se me hizo raro, pero en cierta forma me gustaba. Hasta que un día un chico muy alegre se me acercó y me preguntó que si me gustaría ganarme $1000 pesos. Como yo apenas iba en la carrera y no trabajaba se me hizo mucho dinero y me llamó la atención. Entonces me dijo que primero le debía responder una pregunta, y sacó su teléfono y me enseñó una foto y me dijo «de casualidad se te hacen conocidos estos pies?» y era la foto que me había tomado mi novio.

    No supe qué decir y me quedé callada, me sentí muy avergonzada y me puse roja. Le dije que no sabía pero él se dio cuenta de mi reacción y me dijo que no me preocupara, y que además todo el mundo sabía que yo era la del video y las fotos, pero que eso era algo bueno porque me había hecho popular y mucha gente hablaba de mí. Entonces le dije que ya me tenía que ir y me detuvo y me dijo «pero no quieres saber cómo te puedes ganar los $1000?». Yo estaba muy avergonzada pero tenía curiosidad, y le dije que cómo podía ganármelos. Entonces se me acercó y me dijo al oído que si estaba dispuesta a dejarlo hacerme lo mismo que mi novio en el video. La verdad el chico estaba muy guapo y como yo estaba obsesionada con sentir el semen en mis pies me hice pendeja al principio pero al final le dije que sí, pero sin coger.

    Me llevó a la biblioteca de la uni y nos fuimos a una sección que estaba muy vacía. Yo le dije que mejor fuéramos a un hotel o a un salón, pero a él le excitaba que fuera en un lugar público, y como no había gente yo accedí. No había nada donde me pudiera sentar pero él me dijo que me sentara en el piso. Entonces me senté y me dijo que le extendiera un pie. Me quité mis huaraches, levanté la pierna derecha y la estiré para que me agarrara el pie. Él estaba parado y ya tenía la verga afuera del pantalón, me agarró el pie y me empezó a frotar la verga encima del empeine de mi pie. Tenía su mano en mi planta y su verga en mi empeine, y me empezó a coger el pie.

    Mientras me la frotaba yo movía mis dedos y le acariciaba los huevos, hasta que ya no pudo más y se vino encima de mi pie. Esa si era mucha leche y me quedó el pie todo embarrado. Me lo iba a limpiar pero rápido me dijo que no me lo limpiara, y me pidió que me volvería a poner mi huarache pero con el pie lleno de leche. Yo le dije que no pero me dijo que era la única condición para que me diera los $1000. Entonces tuve que hacerlo. Metí mi pie lleno de esperma en mi huarache y se embarró todo. Salimos de la biblioteca y aunque me sentía rara, me daba mucho morbo saber que iba caminando en la calle con el pie embarrado de semen y que todos me lo vieran.

    A partir de ese día empezó mi negocio.

  • Gran escuela de hostelería (parte 5)

    Gran escuela de hostelería (parte 5)

    Roel sigue durmiendo y al rato me invade un sentimiento de tristeza, aparece la imagen de Jorge y de esos sueños que he tenido con él, ojalá fueran reales, lo quiero conmigo… y empiezo a llorar. Todos colocados y preocupados por mi empiezan a preguntar que me pasa y entonces suelto:

    – ¿Por qué nunca puedo tener al que me gusta? ¡Si no es porque no le gusto, es porque es gay, o es profesor! ¡Estoy harta!

    Se quedan todos pasmados, y yo dejo de sollozar al instante. Mierda, que he dicho? Ya ni me acuerdo, siento que eso queda lejísimos, el porro me nubla la mente y solo espero que sea lo que sea no se acuerden al día siguiente. De pronto me viene un antojo:

    – ¿Hacemos palomitas?

    Todos rompen a reír, hacemos las palomitas y al rato nos vamos quedando dormidos esparcidos por el gran sofá de la casa de Zaida.

    Me despierto con una resaca del quince, me duele la cabeza, tengo la boca seca, me duele la luz a los ojos, voy al baño, me lavo la cara y me tomo un ibuprofeno, al salir ya está Laura despierta:

    – ¿Como estas? A mi me duele todo…

    – Estoy igual, y eso que bebí y fumé la mitad de lo que lo hicisteis vosotros… – me echo a reír y le ofrezco un ibuprofeno y un vaso de agua.

    – Lexa, ayer cuando te dio el bajón, te referías a Jorge, verdad?

    Me quedo helada, no me acuerdo de lo que dije, aunque empiezan a venirme flashes de aquel momento.

    ¡Oh Dios mío! Y que le digo ahora a Laura, no quiero hablar del tema. No sé donde meterme.

    – Todos vemos como lo miras, pero creíamos que era admiración, siempre halagas su forma de trabajar y enseñar. ¿No van bien las cosas con Roel? Desde que lo hicisteis formal se os veía bien y felices…

    Miro alrededor y aún están dormidos el resto, le hago un gesto de cabeza para que vayamos a hablar a la cocina. Me pongo a hacer café y le explico:

    – Mira Laura, con Roel no es que vayan bien o mal las cosas, lo aprecio mucho y la relación no va nada mal, pero no se… Roel se decidió a dar otro paso en la relación cuando el sexo pasó de ser bueno a épico. Y eso pasó justo después de conocer a Jorge… desde ese día, nunca he tenido sexo mirando a los ojos a Roel, mi cabeza dispara la imaginación y solo existe Jorge en ese momento. De verdad que aprecio a Roel, pero…

    – No lo quieres.

    – Exacto… jamás le haría daño, pero mi corazón sabe que no está en el lugar correcto.

    – Te entiendo Lexa, y te aseguro que no saldrá nada de aquí. Si necesitas hablar sabes donde estoy. No te voy a juzgar, porque yo no sé lo que es sentir eso por nadie, pero debe ser muy frustrante enamorarte de alguien que consideras inalcanzable.

    – Gracias Laura, – empiezan a brotar lágrimas de mis ojos – de verdad que intento no pensar en el de ninguna forma, verlo solo como un gran profesor, pero mi corazón no deja de palpitar cuando lo veo, se me erizan los pelos cuando me roza en clase y me estremezco cada vez que me habla y me mira a los ojos. Hay momentos en los que vuelvo a verlo factible, llego a tener una estúpida sensación de que el pudiera sentir una milésima parte de lo que yo siento y mi corazón se esperanza, pero mi cabeza le dice que no es posible y entro es una espiral de la que no puedo salir.

    Laura me abraza y se queda callada, se ha quedado sin palabras de consuelo para mí.

    Cuando me he calmado le pregunto:

    – ¿Crees que los otros se acordarán de lo de ayer?

    – No lo sé, estaban bastante perjudicados, pero igual de algo se acuerdan… si es el caso, ya me encargo yo de despistarlos.

    – Muchas gracias, creo que me iré a casa ya, no quiero que me vean con esta cara… diles que tenía recados que hacer y que nos vemos el lunes.

    – Vale, no hay problema. – Laura me da otro breve abrazo.

    Me termino el café, y voy a despertar a Roel que me lo encuentro tumbado boca arriba, la sabana forma una tienda de campaña justo en la pelvis, aunque la conversación que acabo de tener con Laura ha sido intensa, no puedo remediarlo, bajo la sabana y ahí está, la deliciosa verga de Roel, me acerco por un lateral de la cama, me lamo ambas manos para lubricarlas, la cojo y empiezo a subirlas y a bajarlas. Roel empieza a abrir los ojos con dificultad, pero en cuanto empiezo a chupar la erección, abre los ojos como platos, se queda boquiabierto y me coge la cabeza para clavar más adentro su miembro y de pronto empiezo a notar su leche en mi garganta, me la trago con gusto y lo miro sonriente.

    Roel se incorpora y me ordena que me tumbe boca abajo, lo hago y de repente me suelta un cachete en la nalga, estoy tan mojada que la vibración de ese cachete se me refleja en las entrañas y hace que me excita más. Me coge la cintura con las manos y eleva mi trasero, de repente noto como mete bruscamente su miembro dentro de mi, da embestidas duras y secas, al principio va bastante lento, pero empieza a acelerar el ritmo, me coge del pelo y me aprieta hacia su pecho, estamos los dos de rodillas en la cama, una mano en mi cintura y la otra al final de mi cuello, pero sin apretar. Empieza a hacer movimientos circulares con la pelvis y cuando ya está a punto de correrse, me da otro cachete y esa es mi perdición, Roel se aferra más a mi mientras en llega al clímax y al acabar me desplomó sobre la cama, el se queda de rodillas, me da otro suave cachete y me dice:

    – Venga Lexa, ya es hora de irse a casa.

    Roel se viste deprisa y yo, en cuanto me recupero, también. Cojo mi chaqueta y mi bolso y salimos de casa de Zaida.

  • Mi cita con la maestra

    Mi cita con la maestra

    Hola, me llamo Luna, soy estudiante de arquitectura, tengo 21 años de edad. Físicamente soy delgada (155 cm de altura), de piel blanca, ojos castaños y redondos.

    Me enamoré de mi exmaestra de inglés Bueno tengo muchas historias, pero quería contar una que me pasó a inicios de este año. En febrero empecé a utilizar una app para buscar citas. Yo siempre me consideré una persona de mente abierta por eso soy bisexual.

    Un día me encuentro con el perfil de mi ex maestra de inglés del colegio. Ella es muy bonita, es alta (170 cm), tiene un cabello castaño claro y su piel es muy blanquita. Aproximadamente va por sus 40 años de edad. Ella fue mi maestra de inglés cuando yo tenía 15 años. Siempre fue una profesora de temperamento calmado y bastante serena.

    La cosa es que me pareció muy curioso así que decidí darle like. Pensé que ella me ignoraría o tal vez ni me recordaría. Mi sorpresa fue grande cuando un día después hicimos match. Yo la saludé amablemente y por fortuna ella me reconoció. Hablamos de muchas cosas, ella me preguntó por mi vida. La conversación por chat era muy fluida. Al cabo de unas horas charlando ella me invitó a tomar un café. Eso a mi me sorprendió (la verdad no tenía expectativa de nada) así que acepté. Nos citamos a las 3 de la tarde en una plaza. Yo estaba con uno leggings negros y un sweater beige.

    Llegué a la plaza unos minutos antes de la hora acordada. Estaba un poco nerviosa, no sabía qué esperar de este encuentro. Miré a mi alrededor y la vi caminando hacia mí. Ella se veía muy bonita usaba unos pantalones grises anchos y una bonita blusa negra que resaltaban su piel clara. Mientras paseábamos la sentía mucho más juguetona. Atrás quedó la imagen de una profesora seria.

    Ya en la cafetería notaba cómo ella de vez en cuando agarraba mi mano (eso me derretía jaja) y cuando menos lo esperaba estábamos las dos agarradas de la mano como novias.

    La verdad me divertí mucho en la cita, ignoré el hecho de que ella hubiera sido mi profesora. Bueno al terminar la cita me pidió que le acompañe a tomar el bus, yo acepté. En eso ella me pregunta si me parecía atractiva. Yo algo sonrojada le dije que sí. Me dijo que se había divorciado hace muy poco y qué le gustaban las mujeres y los hombres, pero que preferían las mujeres porque le hacían sentir más cómoda y feliz. Y luego me preguntó si habría alguna razón para no besarnos. Yo me quedé inmóvil y en blanco.

    Ella se acercó a mi, me agarró de las caderas y me besó. Comenzamos a besarnos apasionadamente como novias que no se veían desde hace tiempo. Fue muy excitante, mi corazón se aceleraba. Sentía como sus manos frotaban mis caderas y eso me prendía más. Llegamos a la parada del bus y no parábamos de besarnos. Y hasta ahí puedo contar.