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  • Me dejé coger el culo

    Me dejé coger el culo

    Una noche de paseo en la ciudad, encontré a varios transexuales en la calle. Uno estaba despampanante y no aparentaba ser hombre. Me ofreció sus servicios y me ganó la calentura de cogerle el precioso culo qué se le marcaba en una cinturita perfecta con piernas torneadas.

    La verdad no me importo cuanto me cobraría, lo que deseaba era cogérmelo porque iba excitadísimo.

    Entramos al auto hotel y la verdad todo bien, tenía voz bastante femenina y no se le notaba para nada la tremenda verga qué tenía.

    Me le acerque y le dije que me gustaba mucho. Empecé a besarle los pechos y el empezó a acariciarme bajando hacia mi pené.

    Estaba super caliente. Me la saco y me la acariciaba. Yo estaba mojadísima y le encantó verme así. Me desvistió muy fácilmente. Y me acostó boca arriba. Me chipaba la verga deliciosamente y me besaba los huevos cuando de repente me dio varios lengüetazos en mi ano.

    Aunque me asustó me encantó, luego me dijo me encanta lo apretadito qué lo tienes y sentí como una calentura fuertísima se apoderó de mi.

    Siguió chupándome todo. Me sentía como si fuera su mujer. Me empezó a meter la lengua y me volvía loco del gusto. Yo tenía cerrados los ojos para disfrutar cada caricia. Cuando los abrí tenía enfrente una verga grande y venosa saliendo de la tanga qué llevaba.

    Sin pensarlo me la metí a la boca. Y sentía como palpitaba porque también él estaba muy caliente por cogerme el culto. Como podía hacia lo posible por meterme la toda pero era imposible porque estaba muy grande. Me chorreaba semen entre mis piernas y a él le salía líquido seminal por montones.

    Me excitaba oírlo gemir con cada mamada qué le daba. No sabía lo que me esperaba cuando me puso en cuatro a la orilla de la cama. Me dio una metida de lengua y dedo en mi culto qué ya palpitaba por comerse la tremenda verga qué tenía.

    Me dijo vas a ser mi mujer y me metió suave y delicioso ese tremendo palo acariciando me la verga también. Ya para ese momento me había venido dos veces.

    Cuando la tenía toda adentro no podía creer como muchas mujeres se negaron a darme el culo siendo tan rico recibir verga por ahí. Sabía hacerlo extraordinariamente.

    Se movía y se movía y yo más trabado por ese palo delicioso. Si me sentí cogido como mujer… Pero valió la pena.

    Continuará.

  • La última corrida

    La última corrida

    La joven llega corriendo a la terminal de autobuses, abordando el último transporte por salir; agradece con una ligera sonrisa al chófer así como con un cortés y tímido saludo, dándose cuenta que el lugar que suele ocupar justo detrás de él está ocupado por un hombre mayor, robusto y que a pesar de la media luz del ambiente tiene algo que se le hace familiar.

    Con un dejo de tristeza ella se resigna a que esta vez no podrá charlar con el conductor, quien se ha convertido en alguien habitual en su rutina de vida desde hace unos meses, siendo lo más cercano a un amigo y confidente.

    Ella apenas acaba de cumplir veinticinco años es de carácter serio y reservado, nunca se a considerado especialmente atractiva, siendo su fuerte la cuestiones más bien intelectuales desempeñándose como secretaria ejecutiva considerando su trabajo y desempeño su único valor real, a pesar de que a los ojos de los demás, realmente no es fea, al contrario, las proporciones de su cuerpo parecían ser medidas por los mismos ángeles: un busto firme, con pechos suaves y que parecen reposar delicadamente en su brasier, el cual los guarda con delicadeza y suavidad al punto de que su discreto escote es tan cautivador a la vista que enciende la imaginación de cualquiera que la observa.

    Posee un trasero suave y al igual que sus senos, firme, tentador; ni siquiera necesita de un movimiento excesivamente provocador para llamar la atención, pues aun en su sobria falda la tela pareciera moldearse a sus caderas y sus curvas mostrando un sutil bamboleo. Sus facciones conservan aun rasgos de cierta inocencia juvenil, ojos expresivos de color ámbar, labios carnosos, gentiles y una nariz algo redonda, que le hacía parecer cándida.

    Pasa por el pasillo entre los asientos sin apenas percatarse de los demás pasajeros, la media luz dentro del trasporte apenas le deja distinguir sus facciones, aunque lo que en realidad le importa en ese momento es llegar a su asiento, mismo en que se deja caer ubicándose al fondo del autobús.

    A momento en que su cabeza toca el respaldo deja estar un suspiro de alivio, mira hacia enfrente y ve como el chófer le observa por el espejo retrovisor, éste le sonríe, cierra las puertas, enciende una sutil luz púrpura en el interior e inicia la marcha.

    Verónica siente como si tuviese un chofer particular, ahí sentada en la parte de atrás siempre en ese mismo asiento el cual se ha convertido de manera exclusiva en su lugar. La mujer esta consiente de que el conductor del último autobús que la lleva a casa todos los días tiene un particular interés en ella desde la primera vez que se conocieron, siempre esperándola a que ella suba sin importar hacer esperar a sus demás pasajeros lo que le hace sentirse… especial.

    Mientras el autobús avanza Verónica se deja arrullar por el delicado vaivén del vehículo, se encuentra tan cansada y estresada que aquello es como un masaje para su espalda; la baja luminosidad del interior le invita a descansar, de vez en vez nota unos ligeros destellos provenientes de las lámparas fluorescentes, las cuales debido a donde está sentada, las observa directamente.

    Estando a punto de caer dormida la voz de un pasajero llama su atención; de tono grave, algo rasposa, parece quejarse de su aburrida vida con alguien más.

    Le escucha por tal vez cinco minutos para paulatinamente cae en un sueño mientras se imagina siendo la amante fiel y devota de aquel sujeto. Aun inmersa en esa idea siente de pronto besos húmedos en sus labios, una mano acariciando su oreja para después sentir una pequeña mordida en el lóbulo de la misma.

    Con cada beso, los cuales se van haciendo más y más intenso, el pensamiento de ser la querida de alguien mucho mayor y tal vez casado le suena más atractiva; cada beso es recibido con agrado por sus carnosos labios que la hacen estremecer, y mientras se rinde uno a uno, en su imaginación se ve ya como la otra mujer de aquel hombre, cuyas las manos entran en su saco, desabrochando los botones de la blusa y liberando sus pechos.

    Aquel hombre en el sueño amaban los senos de Verónica quien se pierde en esa sensación de calor y dolor propia de la manipulación, inmersa en ese sueño vivido tan auténtico, hace a la muchacha gemir de placer, y conforme pasa más el tiempo pasa a un grito de placer que termina en una risa tonta cuando la lengua de aquel ser que en su mente solo es una silueta oscura se agasaja con sus pezones que succiona a más no poder, mientras ella sostiene la cabeza de dicho ente con su manos para que continúe.

    De pronto sus zapatos de oficinista son retirados y sus pies masajeados con tal destreza que no puede más que aflojar el cuerpo cediendo a unos suaves besos segundos por las devotas lamidas de lo que ella intuye es un perro jadeando agradecido con poder hacer eso.

    A continuación siente la respiración frenética de alguien entre sus piernas, mientras ella suplica por más besos e su boca, sacando la lengua como buscando a aquel fantasma, tanto estimulo le hace retorcerse en su asiento; cuando claramente una boca devora su vagina aun atravesó de las panaderías y ropa interior empujando para alcanzar con la punta de su lengua el clítoris de Verónica, el miedo se hizo presente moviendo sus piernas, oyendo el gemir de aquel perro en sus sueño que reclama el seguir disfrutando de los delicados pies de la mujer, la secretaria hace un esfuerzo por no romper esa onírica ilusión, pues son esos momentos privados en su mente que le relajan y le hacen sentirse deseada.

    Si, a esa insignificante empleada de oficina le gusta fantasear de camino a su hogar, en aquel asiento, en aquel autobús que le espera fielmente en la terminal, mientras imagina que ese pasajero de voz ronca es su amante, que ella le hace vibrar mientras le amasa los pechos. Que un hombre más le masaje y moja con saliva sus pies, mientras aquellas boca entre sus piernas se esfuerza por excitar su clítoris a través de la ropa, siendo ella la que al fin logra mover su brazo para que la mano desgarre sus pantimedias, para después con sus dedos hacer a un lado la tela e invita entre suspiros y gemidos a aquellos personajes a disfrutar de su cuerpo.

    Los murmullos de sus amantes le seducen, le encienden y más cuando su mojado clítoris al fin es alcanzado por la lengua que le quiere arrancar de raíz en su desesperado frenesí para saciarse de los jugos vaginales de Verónica. Las palabras sucias y lascivas entrecortadas del trío, cada uno clamando por hacerla llegar al orgasmo llenan de orgullo a la sencilla secretaria, que en su sueño se siente hermosa, ardiente y sensual, ansiosa por ser penetrada, sintiéndose más hembra que nunca.

    Las paredes de su vagina son acariciabas por la lanza carnosa, lo que hace dar un alarido de gozo, al mismo tiempo que se aferra con desesperación a su asiento pues sus piernas ahora se apoyan sobre los hombros de aquel hombre maduro, el cual no puede distinguir, más reconoce su voz en sus gruñidos y gemidos; ese hombre la a hecho suya así sin más, sin preguntar, sin vacilar, lo que a ella le encanta, pensando que son observados por el resto de los pasajeros de aquel autobús que se masturban contemplándola, deseándola.

    Las gotas cálidas y pegajosa que caen de golpe sobre su rostro, su pecho y sus pies le hacen clamar por más, busca relamer alrededor de sus labios para probar el semen que alguien ha dejado caer sobre, su cara mientras es sacudida sin parar por el vigoroso miembro que se resbala sin problemas dentro de ella en un martilleo frenético.

    Pero, cuando esta lista para llegar al ansiado clímax, es desconectada de aquel disfrute, repentinamente los embates de aquel falo se detienen, busca con su mano y descubre que ya no está ahí, así como los murmullos de aquellas voces que antes gemían a su alrededor; ahora solo hay silencio.

    El sueño se transforma en pesadilla y Verónica se deja caer al piso del pasillo entre los asientos de aquel autobús, para comenzar a tocarse su vulva mientras sus caderas se mueven anhelando por ese trozo de carne palpitante. La fragancia del semen en su cuerpo le hacen lamerse desesperada buscando un poco de néctar lechoso de hombre, pero éste se a secado ya en su piel.

    La mujer comienza a temblar en angustia, su cuerpo le pide culminar, pero por más que intenta alcanzar el orgasmos por si misma, no puede. Es ahí cuando la punta de ese pene le golpea en el rostro que rápidamente se apresura a alcanzarlo, andando sobre sus rodillas hasta que, a unos pocos centímetros vuelve sentir el golpe.

    Sin perder tiempo toma aquel pene con la mano, esta flácido, así que se apresura a meterlo en su boca y moverse de atrás hacia adelante sin para, tal vez todavía pueda excitarlo lo bastaste para al menos tragarse su simiente, por lo que se dedica a chuparlo y llenar de salva aquel miembro viril.

    De nuevo llegan hasta sus oídos los susurros de aquellos entes de su sueño, de nuevo es el centro de atención y no se detendrá hasta hacer gritar a ese macho maduro que busca una amante; nada impedirá que ella sienta en su estómago el manjar que solo un hombre puede darle, nada.

    No es hasta que el chorro estalla en su garganta con tal fuerza que se siente ahogarse, que siente que el semen le sale por las fosas nasales que al fin ella alcanza la gloria del orgasmo convulsionándose para caer al piso y… despertar.

    Cuando al fin abre los ojos se siente increíblemente relajada y… satisfecha, cuando se desespera de su siesta se percata que el trasporte esta estacionado a solo unos pasos de su casa, se levanta y anda por el medio de las filas de asientos, no hay nadie salvo ella y el chofer; eso no le extraña pues siempre es la última pasajera en bajar, es por ello que no le preocupa quedarse dormida, es por eso que se despide con una sonrisa del conductor que le abre las puertas, pues confía de que él la despertaría al llegar.

    Se encuentra tan tranquila que no se da ni cuenta de que el par de pantimedias que lleva son nuevas, tampoco le da importancia de lo mal abotonada que lleva la blusa, de lo arrugada que lleva la falda; no, lo único que quiere es tumbarse en la cama y tratar de retomar esa fantasía que soñó.

    Cuando el conductor de autobús se cerciora con la mirada que Verónica ya está a salvo en su domicilio, pues sabe que debe cuidar de ella; cierra las puertas y reinicia la marcha. Agradece que la mujer en ese estado no se diera cuenta a las manchas de semen que hay en su pantalón sacando de uno de los bolsillos de su chamarra las pantimedias rotas y sucias de ella y que enseguida olfatea, para después palpar su bolsillo, el cual repleto de los billetes que gracias a aquella muchacha ha obtenido.

    Había valido la pena el esperarla día tras día, aprovechando lo agotada e insatisfecha que se encuentra la Verónica, condicionándola a caer en aquel trance profundo gracias a los destellos y tenue luz de trasporte, el suave movimiento del autobús, al estratégicamente elegido para que ella y que gracias a esos adormecidos sentidos fue cayendo en aquellos «sueños» lúcidos los que poco a poco la hicieron más y más moldeable.

    Durante esas dos horas de trayecto diario logró, pasados treinta días, no solo hacerse con su virginidad y que ella ni lo recordará, para después convertirla en una prostituta que satisface los deseos de pasajeros dispuesto a pagar por un servicio así.

    Y así para Verónica cada noche, de camino a su casa en el último trasporte de día, disfruta de placenteros sueños eróticos, complace a hombres que buscan un desfogue a sus impulsos, mientras que el conductor del autobús goza de observar por el retrovisor tan peculiar espectáculo y obtener beneficios, disfrutando de ese modo la… última corrida del día.

    FIN

  • Buena chica

    Buena chica

    Entré a tu departamento justo después de ti, miré alrededor, era un lugar bastante imponente, lleno de arte, casi como un estudio, pero con más muebles.

    -Disculpa el desorden –Me dijiste mientras ibas hacia lo que creí era la cocina.

    -No te preocupes, soy yo la que está invadiendo tu espacio –contesté enseguida con un tono divertido.

    -Cierto -contestaste frío pero con una sonrisa.

    Escalofríos.

    No pude evitar un movimiento involuntario, vi que lo notaste.

    -Ten –Me ofreciste una copa de vino tinto y la tomé nerviosa.– Salud –hiciste que ambas copas suenen al brindar y bebiste viéndome.

    -Acaba con eso y quítate la camisa -Fue tu primera orden y la acaté, me tomé toda la copa de vino de un jalón, cerrando los ojos con fuerza, no era fan del vino en ese momento. Dejé la copa a un lado y me desabotoné la blusa dejando ver mis pechos, tal como me habías dicho no llevaba bra, sonreíste al notarlo, aunque ya lo sabías.

    Me tomaste por la barbilla y me obligaste a mirarte –tienes que contestar “si mi señor” –justo después me diste una cachetada, cerré los ojos con fuerza algo asustada –No preciosa, no es para que te asustes –Me besaste la nariz.

    Caí rendida y sonreí enamorada –Si, mi señor –conteste con ternura. Me soltaste y me pediste que me arrodille. –Sí, mi señor –obedecí mientras veía como te quitabas el cinturón y te desabrochabas el pantalón, sonreí un poco intentando que no me vieras, la verdad es que estaba tan excitada como tu.

    Coloqué mis manos en tu entrepierna acercándome a tu verga, llevaba días soñando con darte un blow, pero era imposible, no podíamos vernos y me dijiste que esperara, que me aguantara.

    Llevamos ya unos meses hablando sobre este tipo de relación, ser sumisa siempre ha sido una de mis fantasías pero nunca había encontrado a alguien con quien compartirla, “no todos pueden” comentaste el día que platicamos sobre ello, y ahora estoy segura de eso.

    Tus manos en mi cabello me sacaron de mis pensamientos.

    -No hagas nada que no te he pedido –Me dijiste tiernamente mientras untabas tu miembro en toda mi cara. –Abre la boca y saca la lengua –dijiste en una lujuriosa, pero fría orden.

    -Aaaa –Abrí lo mas que pude sacando la lengua, mientras continuabas untándome la verga en toda la cara, sentía como mi saliva se mezclaba con tu delicioso líquido. Le diste unos pequeños golpes a mi lengua y luego me obligaste a tragármela cuando me la metiste de golpe. –agg –hice un sonido intentando respirar, me correspondió una cachetada y te vi enojada, al notarlo sonreíste y me diste otra.

    Esos golpes ¿acaso me causan placer? cerré los ojos al sentir como mi entrepierna se mojaba y tu sacabas tu pene de mi boca. Noté tu verga dura pasando por mi paladar y saboreé su rastro. La saliva resbaló hacia mis pechos y con una mano, agarraste tu verga erecta y llena de saliva para después pasarla por toda mi cara, volviendo a darme golpecitos. Yo moría por dentro, quería volver a tenerla en la boca y succionar cada rincón que me fuera posible.

    Empecé a salivar tanto que sentía los chorros de saliva mojarme los pechos. Te vi sonreír al verme desesperada.

    -Hazlo -Fue lo único que dijiste e inmediatamente mis manos y mi boca se alternaron en tocar y lamerte todo el miembro, lo hacía con desespero, pero es que sabía delicioso, algo en mi me hacía disfrutar cada segundo de esto.

    Me tomaste del cabello y me diste una cachetada más fuerte, lo que hizo que me asustara, inmediatamente después me agarraste por los pezones, di un grito de dolor que intenté callar mordiéndome el labio, pero los retorciste y apreté los ojos ante el dolor. –Pídeme perdón.

    -Perdón -dije rápido, pero otra cachetada apareció. –Perdón, mi señor-Alcancé a rectificar al mismo tiempo que me daba cuenta como mi vagina iba humedeciéndose más.

    -Aprendes rápido, más rápido que las demás -Sentí celos al escuchar que había otras. Me tomaste los pezones de nuevo y colocaste tu miembro entre mis pechos haciendo que se pierda entre ellos. Tu verga se deslizaba por mi piel tan deliciosamente y, aunque sentí un ligero dolor cuando tu pene erecto pegaba en mí pecho, el sentirlo tan duro y pegado a mi me mojaba toda la vagina. Pero a ti no te importaba que tan mojada estaba, tu querías mi boca para tu verga y mi boca quería tu verga entera en ella.

    Me escupiste. Te volví a mirar algo molesta. Me volviste a escupir.

    -No te limpies -Dijiste enojado al ver como empezaba a hacerlo -Deberías estar agradecida -Me diste una cachetada en los pechos.

    -Gracias, mi señor -contesté de inmediato imaginando que era lo que querías escuchar.

    -Así me gusta -Explicaste -Sumisa para mi -Volviste a introducir toda la verga en mi boca sin mucho aviso, intenté respirar pero sentía que no podía, te volteé a ver para esperar que me hicieras caso -¿Pasa algo? –Negué y abrí mas la boca para respirar, acto seguido introdujiste más tu verga, la sentía hasta adentro casi sin dejarme respirar, sentí como mi saliva caía y como te empezabas a mover violentamente haciendo que mi cabeza se moviera a tu ritmo. Todo estaba húmedo, de mi saliva, de tu líquido, de unas cuantas lágrimas que salían sin que les dieran permiso y se desaparecían entre tanta humedad.

    Sacaste tu miembro erecto de mi boca con un hilo de saliva cayendo de él, intenté limpiarlo y me jalaste del cabello abriendo grande mi boca con tus dedos.

    -No uses las manos, ponlas en tu espalda -cumplí, puse mis brazos atrás alcanzando un “si, mi señor”. –Di que eres mi puta –mencionaste excitado mientras te masturbabas riquísimo justo frente a mi.

    -Soy tu puta -Al decirlo sentí un gran escalofrío recorrer mi cuerpo y un golpe de excitación llegó a mi vagina.

    -Lo eres -y continuaste metiéndome la verga al fondo de mi boca hasta oír mis arcadas, pero lo prolongaste sin importarte. -Lámelo bien, puta –

    -Si, mi señor. -Hice lo que me dijiste, sin rechistar, lamía cada parte tuya saboreándote mientras tu me dabas golpes en los pechos y en la cara.

    -No dejes de mirarme -Ordenaste y obedecí, me metía toda tu verga dentro hasta no poder respirar guiándome con tus duros movimientos y no cerraba los ojos ante cualquier situación. Entre más entraba más me mojaba, entre más golpes, más sentía que estaba por terminar y me encantaba.

    -Quédate quieta -Empezaste a masturbarte con una mano y con la otra me abriste la boca sacándome la lengua, me quedé inmóvil -Sácala bien y pide mi leche –

    -Por favor, mi señor –dije como pude –quiero leche –te vi directamente a los ojos como y noté como te encantó, sonreí para mis adentros sabiendo que estabas feliz por mi comportamiento y abrí mas la boca, saqué más la lengua e hice algunos gemiditos esperando. Tus movimientos se volvieron más constantes y pegaste tu miembro en mi lengua dejando escapar un gemido junto con tu semen por toda mi cara, salpicándome un poco en el cabello.

    -No cierres la boca -Decretaste y el semen empezó a caer por mis pechos, me lo untaste y apretaste mis pezones. –Vístete sin limpiarte –dijiste saliendo de la sala, me puse de pie e hice lo indicado, intentando sin buenos resultados, no manchar mi ropa. Regresaste con ropa nueva y con tus llaves en la mano.

    -Vamos –Tomé mis cosas y salí de tu departamento tal y como me habías ordenado. -Buena chica -Te escuché decir y sonreí.

  • Me puse cachonda probando lencería

    Me puse cachonda probando lencería

    Hoy os contaré sobre una pequeña obsesión y rutina que tengo. Soy una chica a la que le gusta mucho probarse ropa interior y lencería y verme en el espejo con ella puesta, literalmente tengo todo un armario lleno de sujetadores, bragas, tangas, etc.

    La cuestión es que hace unas semanas compré un body de encaje más unas ligas, todo de color blanco. Estaba ansiosa de probármelo. Llegó la noche y después de un día movidito por fin pude estrenar el encaje: me desnudé y me puse la lencería. Me miré al espejo y me quedaba fantástico, tomé algunas fotos y posé de forma erótica, tanto que me empecé a calentar poco a poco. Me fijaba en como mis pechos sobresalían un poco, mis pezones se veían tras la tela, en el encaje que fijaba la forma del mi cintura, las ligas que apretaban mis muslos y de como mis labios se asomaban por el orificio de la braga ya que este se podía abrir. Toda esa vista reflejada en el espejo de mi habitación con una luz tenue de noche me calentó lo suficiente como para empezar a masturbarme manoseando mi coño lentamente dejando que mis dedos se mojasen con mis fluidos vaginales para luego llevármelos a mi boca.

    Tras un rato de un tranquilo tocamiento de coño, decidí ir al siguiente nivel. Agarré un dildo de goma del cajón de la mesilla de noche y lo puse en el suelo en frente del espejo, mojé mis piernas, el escote y mi vagina con aceite, me senté en frente del dildo y empecé a masturbarlo como si fuese una polla de verdad mientras me miraba al espejo. Todo mi cuerpo mojado y reluciente manoseando un dildo de goma rosa claro de 18 cm con aceite para bebés.

    Tras ello me senté encima del dildo y poco a poco fui introduciéndomelo por el coño disfrutando de menos a más hasta llegar al final, después de tenerlo completamente dentro empecé a cabalgarlo más rápido soltando jadeos por la boca mientras escuchaba el golpeteo de mi culo chocando con el suelo y el sonido de mis labios deslizándose por el dildo. Jadeaba y gemía sin parar, me agarraba de las tetas y pellizcaba los pezones dejando la parte del sujetador del encaje por debajo de mis pechos, azotaba mi culo hasta dejarlo rojo, veía mis tetas botar al ritmo que cabalgaba mi juguetito. Tuve 2 orgasmos en todo el proceso, dejé todo el suelo encharcado ya que también había soltado un par de squirts, me miré al espejo: tenía la cara rojísima y parte del maquillaje corrido y el cuerpo mojado por el aceite y el sudor.

    Cambié de posición, me tumbé con las piernas abiertas frente al espejo, tomé el dildo para comenzar a mamarlo mientras me masajeaba el clítoris suavemente, soltando algún que otro gemido. Tras una lenta mamada comencé a introducirme el dildo por el coño, por el reflejo veía mi cara de satisfacción, la cual se hacía más notoria cada vez que entraba más. Al igual que la anterior vez aumenté el ritmo, con lo mojada que tenía la vagina no costaba nada que entrase y saliese repetidamente, el dildo se deslizaba muy suavemente hasta que entre gemidos y temblores tuve mi tercer orgasmo acompañado de un squirt que además del suelo mojó parte del espejo. Fue tan potente que tuve que soltar el dildo el cual salió solo del coño por el empuje del squirt.

    Aún después de esto seguía teniendo ganas de más, por lo que me puse en cuatro y pegué el dildo a la puerta del armario que tenía a mis espaldas. Fui empujándome hacia atrás dejando que el dildo me penetrase y así repetidamente mientras me miraba al espejo nuevamente. Alcancé mi cuarto orgasmo entre un gemido agudo y un squirt que terminó dejando mis piernas mojadas.

    Tras mi último orgasmo me dejé caer al suelo para descansar, me dejé tumbar sobre un suelo que estaba totalmente mojado pero me dio completamente igual ya que mi satisfacción sexual superaba la importancia a estar decente. Después de un buen rato de estar tumbada miré el reloj y habían pasado 2 horas que se sintieron como minutos. Me puse de pie y miré mi cuerpo en el espejo: el pelo revoltoso, la cara roja y totalmente mojada, las tetas rojas por los pellizcos, el encaje totalmente mojado por el sudor y el aceite, los labios se asomaban tímidamente por la abertura de braguita, las rodillas marcadas por la rozadora en el suelo y el culo rojo por los azotes.

    Después de todo ello, me desnudé de nuevo echando la lencería a la lavadora, limpié el suelo de mi habitación y el espejo, lavé el dildo con el cariño que se merecía y por último me duché. Estaba tan cansada que nada más echarme a la cama me dormí de inmediato. Espero que os haya gustado esta pequeña experiencia y espero poder escribir más, besitos.

  • Sexo con la chica delivery

    Sexo con la chica delivery

    Verla dormir es una visión del mismísimo paraíso. Su pelo largo, color trigo. Su espalda morena, brillante como un oasis. Y sus piernas. Sus piernas hermosas, que parecen medir kilómetros. Un aura especial e incandescente desprende de su figura convirtiendo a la habitación en un cubículo bañado totalmente de luz. Respira tranquila, serena. Quisiera detener el tiempo en este momento para siempre, pero los fuegos artificiales que me encandilaron horas atrás vuelven en forma de pequeñas sacudidas. Intento mantenerme quieta, ya que no quiero perturbar su paz que, también, es mi paz. Pero no consigo enfocar mis pensamientos en ese presente mágico. Se me acelera el corazón. La cabeza, en forma de flashes, comienza a mostrarme imágenes que tampoco quiero borrar. Y, esta vez en mi mente, todo vuelve a suceder.

    Eran las once de la noche y acababa de terminar la cuarta película que veía en el día. Últimamente, los domingos no existo para nadie, ni siquiera para mí. Por un instante intenté recordar las tres películas anteriores, pero no lo conseguí. Me pasa todo el tiempo, y cada vez más, eso de olvidar cosas tan simples. Abandoné esos pensamientos al darme cuenta de que moría de hambre. No se me cruzó ni por un segundo la idea de cocinar, así que directamente tomé el celular y pedí una pizza. Necesitaba ingerir algo sólido lo antes posible.

    Veinticinco minutos después, suena el timbre. Una voz cálida me dice desde el otro lado: “delivery”. Le pedí por favor que subiera y así lo hizo. Un par de minutos después, un suave golpe en la puerta anunció su llegada. Le abrí, recibí la pizza, le di la propina y nos despedimos. Minutos después, vuelven a golpear la puerta. Observo por la mirilla y ahí estaba de nuevo la delivery. Abro y lo primero que noto son sus ojos llenos de lágrimas.

    ─¿Estás bien? ─pregunté.

    Obviamente que no lo estaba, por lo que noté de inmediato lo estúpido de mi pregunta.

    ─¿Puedo pasar al baño, por favor? ─preguntó casi en un susurro.

    ─Sí, claro ─respondí y le indiqué el camino.

    En el cuarto de baño sus lágrimas se volvieron ruidosas. Pasaron cinco minutos en los que no hizo más que llorar y quejarse en voz baja. Me acerqué hasta la puerta, la golpeé suavemente y le pregunté si estaba bien. Como respuesta, abrió la puerta, intentando ocultar su pena mientras trataba de forzar una sonrisa.

    ─Lo voy a estar. Gracias ─dijo y me abrazó con fuerza.

    La invité a que me siguiera hasta la cocina y le ofrecí un vaso de agua, lo que aceptó con gusto. Bebió todo el líquido de una vez, como si hubiese llegado de una larga caminata por el desierto. Estuvimos varios minutos sin hablar, generándose entre nosotras una gran incomodidad. De repente, comienza a sonreír con una sonrisa tibia, apenas perceptible, pero que, a causa de las lágrimas derramadas, le daba un brillo especial a sus ojos verdes. La sonrisa, de inmediato mutó a una carcajada estruendosa, que no tardé en imitar. Luego de varios minutos en los que nada tuvo sentido, se serenó.

    ─Gracias. Y perdón. No suelo comportarme así cuando trabajo. Soy sofi.

    ─No hay problema, aunque toda la situación se me hace algo extraña. Soy Martina.

    Nos quedamos un rato sin hablar.

    ─¿Querés contarme algo? Quizás te sientas mejor… ─comenté.

    ─Creo que no. Ya estoy bien. Gracias.

    Recién ahí noté lo hermosa que era. El pelo largo y rubio hasta la cintura me encantaba. Algo sucedió adentro mío que me hizo comportar como una lunática. Me acerqué hasta quedar a escasos centímetros de ella, la miré con intensidad y rodeé su cintura con mis brazos, acariciándola con suavidad. Su mirada expresaba gran sorpresa y algo de desconfianza. No sé por qué, pero la besé. Y ella respondió al beso. Sus manos imitaron a las mías, deslizándose sin un sentido concreto por mi espalda. Ya no había ninguna distancia entre las dos. Fue su boca la que se despegó de la mía para recorrerme el cuello y bajar por mi escote. Fueron mis manos las que abandonaron su silueta para quitarme la blusa, dejando liberadas a mis tetas. Su boca siguió bajando, para luego ir de una teta a la otra, chupando, mordiendo. Sus pequeñas manos no pudieron contener a mis tetas, pero no por eso se reprimieron el apretar y pellizcar.

    Totalmente encendida, me tomé unos segundos para quitarle la ropa. Primero la campera, después la remera y, finalmente, el corpiño. Sus tetas eran hermosas, casi del mismo tamaño y forma que las mías, pero totalmente naturales. Disfruté de ellas por varios minutos, mientras sus manos se entretenían con mi culo. Me bajó un poco el pantalón y metió una de sus manos debajo de mi tanga, entreteniéndose con mi concha cada vez más húmeda. Retrocedí algunos pasos y terminé de desnudarme y de desnudarla. Volví a besarla, para luego tomarla de la mano y llevarla hasta el living. La empujé sobre el sofá, me arrodillé y le abrí las piernas. Sin perder ni un segundo, me sumergí en esa conchita pequeña, delicada y suave. El primer orgasmo llegó casi de inmediato. El sabor de sus jugos era intenso y delicioso.

    Mientras disfrutaba de ellos, me tomó de un brazo y me tiró hacia ella. Me senté sobre sus piernas, poniendo mis tetas en su cara. Supo perfectamente que hacer. Las chupó sin nada de delicadeza, cosa que me fascinó. Cuando la cosa ya empezaba a doler, me senté a su lado. Ella me empujó, haciendo que me acueste y ubicó su cara entre mis piernas. Me dio la mejor chupada de concha de mi vida. Fue tanto el placer que me dio, que luego de diez minutos solté dos orgasmos al mismo tiempo. Se recostó sobre mi cuerpo y volvimos a besarnos, mientras una le acariciaba la concha a la otra. Estuvimos un rato así, hasta que una hermosa idea se me cruzó por la mente.

    La llevé de la mano hasta mi habitación, sin dejar de besarnos en el camino. Me separé por un momento y fui hasta el placard. De uno de los cajones saqué el arnés que había comprado meses atrás y que aún no había tenido la posibilidad de estrenar. Varias veces lo armé, me lo puse y fantaseé con usarlo alguna vez. Por fin, esa vez había llegado. Sus ojos se iluminaron hermosamente y su sonrisa perversa me devastó. Tardé apenas unos segundos en colocármelo. Ella, sin que se lo pida, se acomodó en el extremo de la cama, apoyando las rodillas sobre el colchón y exponiendo ante mí su hermoso culo. Me acerqué y me arrodillé para darle otra chupada a su concha hermosa. Estaba totalmente empapada.

    ─Dale Martina, culiame ─dijo entre risas.

    Me acomodé detrás de ella y empecé a apoyarle mi pija de silicona de 18 x 6. Iba del culo a la concha, cuando otra fantasía se me cruzó por la mente. La tomé del pelo y la obligué a ponerse de rodillas.

    ─Chupame la pija, puta ─dije en tono serio.

    Ella sonrió y comenzó a besarme la pija con gran delicadeza. La recorría de extremo a extremo dándole besitos cortos y ruidosos. Después hizo lo mismo, pero con su lengua. A pesar de que físicamente no me generaba nada, la situación me excitaba demasiado. Poco a poco empezó a comerse la pija con gran destreza. Era hermoso verla desde mi posición. Le entraba casi toda adentro de la boca, por lo que, tomándola del pelo, la ayudé a llegar hasta el fondo. Me volví loca al verla atragantarse con mi pija. Las ganas de cogérmela fueron más fuertes, por lo que, tomándola del pelo, la hice poner en la posición inicial. Ya no tenía ganas de jugar a apoyarla, así que le metí la pija de una vez en la concha. Su estremecimiento fue instantáneo. Nos costó un poco al principio coordinar el ritmo y los movimientos, pero cuando lo conseguimos fue increíble. Siempre fantasee con la idea de tener pija. Y aunque físicamente seguramente hubiese sido una sensación diferente, me sentía plena, poderosa. Y me encantaba estar dándole placer.

    Luego de un rato de cogerla así, me recosté en la cama y la invité a sentarse sobre mi pija. Verla cabalgar sobre mí fue hermoso. Su pelo yendo y viniendo y sus tetas moviéndose para todos lados es una imagen que estoy segura de que jamás me voy a olvidar. De a ratos bajaba hacia mi boca y nos besábamos con fiereza. Luego volvía sentarse y me cabalgaba con más intensidad. En el preciso momento en el que largué un potente orgasmo, ella cayó encima de mí. Agitadas y transpiradas, nos dormimos abrazadas.

    Verla dormir es una visión del mismísimo paraíso. Solamente sé su nombre. ¿Por qué lloraba anoche? ¿A dónde irá cuando despierte? ¿Será que volveremos a vernos alguna vez? Preguntas que me movilizan, pero que no sé si estoy lista para conocer las respuestas. Por eso, voy a quedarme quieta, sin hacer ruido. Cuando despierte, el universo decidirá como continúa esta historia.

    **************

    Este es mi último relato, al menos, por mucho tiempo. Aprovecho para agradecer todos los buenos mensajes que he recibido. Me quedan por contestar, y prometo hacerlo cuanto antes.

  • Mi esposa y sus sueños de puta

    Mi esposa y sus sueños de puta

    Hace ya algún tiempo formalicé mi relación con una chica varios años más joven que yo. Ella siempre ha sido muy reservada en lo referente al sexo y no me malentiendan, no quiere decir que no sepa coger sino que incluso ver escenas de desnudos en la tele le genera incomodidad, pero de que disfruta de un buen cogidon eso es un hecho.

    Cuando lo hicimos por primera vez, ella me había confesado que su mayor ilusión era hacerlo súper romántico, tierno, lento. Que no le gustaba nada de eso donde las nalgueaban o las abofeteaban o más cosas que, en pláticas con sus amigas se había enterado que sucedía. Francamente yo me sentí feliz porque también deseaba hacerlo de esa manera. Ya me habían tocado locas, muy locas y por primera vez se conjugaba sexo y amor así que no tuve problema.

    Lo curioso fue el primer oral. No imaginan lo delicioso que fue, la manera en cómo se entregó y lo hizo lento, suave. Estábamos de pie, besándonos lento, acariciándonos y de manera muy lenta y suave rosó con la punta de sus dedos por sobre mi pantalón ya el abultado miembro. Ni siquiera lo tomó con la mano completa como muchas lo hacen. no. ella solo pasó sus dedos rosándolo a lo largo y ancho hasta que sentía que reventaría el pantalón de tremenda erección que me había generado. Sin detener sus labios en mi boca desabrochó el cinturón, lentamente bajó el cierre del pantalón, desabrochó el botón y se puso de rodillas, le dio unos besitos a mi verga que aún estaba dentro del bóxer y muy lentamente fue bajando con los dientes mi ropa interior hasta que quedó completamente expuesto con la cabeza llena de brillo por todo ese líquido seminal que ya escurría literalmente…

    Puso su mano en mis testículos y los empezó a sobar muy suavecito mientras con la punta de su lengua alcanzaba una gota que escurría, la tomo y la regresó a lo largo del cuerpo de mi verga hasta la punta y la dejo donde estaba todo lo demás. Jamás apartó su mirada de mí. Yo estaba hipnotizado y ella no tenía piedad, seguía recorriendo todo mi pene solo con la punta de su lengua sin llegar a meterlo a su boca. Yo sentía que en cualquier momento iba a explotar. De repente junto sus labios en la cabeza de mi pene y le dio un beso largo mientras sorbía todo el líquido que ya chorreaba y lo metió a su boca, cuando vi que mi miembro entro por completo y sentí el calor de su boca hasta la base de mis huevos casi me desmayo.

    Después de un rato de la mamada más maravillosa de mi vida me senté y ella se sentó sobre mí. Comenzamos a movernos lento, rítmico sin necesidad de nada frenético y la sensación fue más que poderosa. Con una mano la sujeta de una de sus nalgas mientras que con la otra saqué solo una de sus hermosas y deliciosas tetas (34 b) y si consideras que es muy delgada, se le ven divinas. sin detener el vaivén comencé a besarla por los bordes, cerca de la aureola, solo rosando con la punta de mi lengua sin llegar a tocar el pezón, solo recorría esa teta tan deliciosa mientras la penetraba lentamente. Escuchaba como gemía, como respiraba cada vez más agitada pero no subíamos el ritmo. Descubrí ambas tetas y las toqué con mis manos. De manera gentil pero firme, lograba sentir la dureza de sus pezones en mis palmas y la suavidad de todo ese manjar. Las metí a mi boca y me deje llevar.

    Mis manos estaban en sus nalgas pero de manera suave y rítmica acerqué mi mano hacia su culito y con la punta de mi dedo comencé a estimular los bordes de su ano mientras sentía como mi verga no dejaba de entrar y salir, ella escurría demasiado. Mi entrepierna ya estaba llena de sus fluidos pero… el ritmo lento y suave no paraba. Rosaba cada parte de ese culito con mis dedos hasta que acerque la punta de mi dedo medio y sentía como palpitaba, lo metí unos centímetros y escuche un gemido ahogado de ella. Comenzó a mover su cadera en círculos para que mi verga y mi dedo quedaran muy acoplados.

    Ella se vino como 3 veces con lo que estábamos haciendo pero cuando yo estaba a punto de terminar y sin previo aviso ella se salió, se bajó y metió mi verga dura, palpitante y completamente mojada de ella a su boca y siguió chupando hasta que mi semen se escurrió de entre sus labios, pero eso no la detuvo. No señores, ella siguió mamando hasta que yo ya no podía mas.

    Después de ese primer encuentro, las cosas fueron subiendo de intensidad. Cada vez ella tenía más curiosidad por experimentar cosas nuevas. A ella nunca le habían hecho sexo oral y por ende le costaba trabajo dejarme hacerlo pero una vez que so hice me dijo que fue de las coas mas deliciosas que había sentido. Después de eso vino el sexo anal que fue súper mega delicioso. Escuchar como gritaba pero pedía más y más me excitaba demasiado.

    Lo más curioso es que siempre que yo la estimulaba por diversos lados podía ver como cerraba sus ojos y observaba sus movimientos, sus gestos y ella llegaba una y otra vez. Por ejemplo. Si ella estaba montándome yo subía una mano a sus pechos y la otra sobre su garganta y cuando pasaba uno de mis dedos por sus labios, ella lo empezaba a chupar pero como si fuera otra verga, no el dedo de mi mano. Incluso, tomaba mi muñeca como s fuera la base del miembro y lo mamaba delicioso mientras movía su cadera sobre mi verga hasta que se venía varias veces y después de ahí me pedía que se los echara en la boca.

    En otra ocasión la tenia de perrito, y empezó a mover su cadera en círculos a lo que me dispuse a mojar mi dedo gordo con mi boca y lo lleve hacia su culito mientras con la otra mano le separaba las nalgas. De manera dócil se agachó mas y empecé a estimular pero ya veía como palpitaba su colita gritándome que lo metiera y así fue, cuando sintió mi dedo gordo dentro del culo hasta adentro y mi verga hasta el fondo de su vagina empezó a jadear mas fuerte hasta que se vino. Sentía como me apretaba el dedo con el culo y la verga con su rajita. Me pidió que le terminara en el ano. Deposite mi esperma justo en la entrada de su anito y vi como escurría hacia su clítoris. De inmediato con sus dedos empezó a jugar con mi leche y se embarraba entre su vagina y su ano.

    Así que un día, mientras lo hacíamos, ella sobre mi y mamando uno de mis dedos me atreví a preguntarle que se imaginaba, o que le gustaría pero ella se detuvo un poco y me dijo que no preguntara nada, que solo disfrutara pero yo quería saber así que le dije… te imaginas, así como estas que en lugar de mi dedo fuera otra verga?… entonces se detuvo en seco y se molestó. Me dijo que quien creía que era ella como para que dijera esas pendejadas.

    Yo le dije que era la mujer más perfecta del mundo pero que veía con que anhelo mamaba mis dedos o como disfrutaba de cuando le metía un dedo por el culo mientras la penetraba y pues quería saber, que yo jamás pensaría mal de ella, al contrario. Es una fantasía y por eso no se peca o no se es infiel. Entonces ella se puso de pie y se disponía a ir al baño pero no la dejé. Me pare de inmediato, la recargue contra la pared le pedí que parara ese culito y se lo metí sin pedirle permiso, ella gimió de placer y empezó a moverse.

    Lleve mi dedo a su ano que ya estaba palpitante lo empecé a estimular y le decía en voz baja… solo imagínalo amor, que fuera otra verga mientras yo te lo estoy metiendo. Yo estaría boca arriba y el otro estaría metiéndolo en tu culito pero podría estarme comiendo esas deliciosas tetas que tienes y que te encanta que te muerda. Podría darte besos y de repente el podría estar por terminar y salir de tu culito y avanzar hacia tu boca y así tu podrías mamársela hasta hacerlo venir en tu boca mientras yo sigo metiéndotela y disfrutando de esas nalgas tan ricas que tienes, solo piénsalo. Todo esto le decía mientras la tenía pegada en la pared pero ahora si le estaba dando más duro, mas fuerte, la tome por el cuello, luego del pelo hasta que dijo primero en voz baja… si, si quiero. Quiero sentir dos vergas bien paradas en mí, quiero que me llenes de leche.

    Después de eso… lo dejo para la segunda parte del relato.

    Les dejo mi mail para sus comentarios:

    [email protected].

  • Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 1)

    Fantasía de una mujer casada con un hombre mayor (parte 1)

    Hola. Me llamo Cristina. Soy una mujer morena, de 43 años, ojos marrones. Mido un 1m55 y peso alrededor de 59 kilos. Tengo una 95 de pecho. Estoy casada y tengo un nene de 8 años.

    Pero siempre me he sentido atraída por hombres mucho mayores que yo (mi marido tiene 47).

    Si os gusta este relato, decídmelo y publicaré la segunda parte (que ya os digo que es más morbosa que la primera).

    Esta historia que voy a contar sucedió en verano del pasado año. Concretamente, el mes de agosto.

    Nos habíamos ido, como todos los años, a pasar las vacaciones de verano al pueblo de la familia de mi marido. Un pueblo en la provincia española de Cuenca.

    A los pocos días, recibo una llamada de mi jefe.

    Mi compañera de trabajo (soy administrativa en una multinacional) se había puesto enferma (por COVID) y me pedían que volviera. Aunque era agosto, la empresa no cerraba y, aunque había menos trabajo del habitual, se necesitaba a alguien en el departamento.

    Por un lado, no me apetecía para nada interrumpir las vacaciones ni dejar sola a mi hijo y a mi marido. Por otro lado, que queréis que os diga. Un pueblo pequeño, sin emociones, donde toda la gente se conoce, con mis suegros, mis cuñadas… no eran unas vacaciones ideales, precisamente.

    Además. mi jefe me ofreció pagarme un plus por los días que estuviera.

    Así que decidí aceptar. Para mi sorpresa, a mi marido no le importó ni lo más mínimo dejarme ir, sola. Él estaba rodeado de su familia. Mi hijo también disfrutaba del pueblo.

    Llegué a la gran ciudad en la que vivimos. Sola. Despaché el trabajo en la oficina con cierta celeridad (10 años en la empresa me daban mucha experiencia) y me fui a casa pronto. En verano, el horario es reducido y terminamos a las 17 h.

    Al llegar a casa me comí una ensalada envasada (no me apetecía a ponerme a cocinar). Después decidí darme una ducha para quitarme el inmenso calor. Al verme desnuda, en la ducha, algo en mí, se activó. Mis instintos se pusieron en marcha.

    Estaba sola. En la gran ciudad. Podía llevar a cabo mi fantasía más oculta. Esa, que muchas noches anhelaba, pero que nunca me atrevía a hacer realidad.

    Ser la puta de un viejo!!!

    Era jueves. A las 18 salí de casa en dirección a un Centro Comercial. Cogí el coche y conduje a un centro comercial que está a las afueras. Me sorprendí de la cantidad de gente que había, para ser agosto.

    Después de pasarme varias horas mirando aquí y allá, finalmente, compré un conjunto de lencería sexy en el Tezanis que había en el Centro Comercial. El conjuntito era un tanga negro, de esos de hilo. El suje, también negro. Ambos de puntillitas.

    La verdad que cuando me lo estaba probando, en el probador me sentía muy sexy. Espectacular. Evidentemente, con mi marido, no me compraba «esas cosas». Pero mi marido, estaba en su aburrido pueblo. Y yo, dispuesta a llevar a cabo mi fantasía.

    Ya tenía mi lencería sexy. Pero…no sé, Faltaba algo más. Continué mirando aquí y allá. Hasta que la vi. En un Bershka. Una mini faldita. Negra. Demasiado mini falda. Supongo que las lectoras de esta web (y algún lector) sabrán que en Bershka hay tallas para adolescentes. Las mujeres de mi edad, ya no cabemos!

    El caso es que no me lo pensé dos veces y la cogí. Pero la talla era demasiado pequeña. No obstante, en la percha encontré una. Talla 38. Era la más grande que tenían. Al ver la cara que puso la dependienta, le dije que me la llevaba para… mi sobrina.

    Tenía la mini, el conjuntito sexy e iba hacia el parking a coger el coche. Cuando al pasar por la puerta de un establecimiento, mi cuerpo se paró en seco.

    Como podía haberme olvidado!!! Necesitaba una cosa más…para que esa noche fuera perfecta. Necesitaba condones. Me había parado enfrente de la farmacia.

    Me costó decidirme. Nunca había comprado condones antes. Siempre los compraban «ellos» en mi época de universidad. Cuando me casé, pues… ya no los necesitaba.

    Finalmente, cogí una caja. De 12. Al azar.

    En casa… me probé la mini y la lencería.

    El conjuntito me quedaba genial. Pero la mini…tomé aire. Subí cremallera. Ya estaba! Ufff. Qué sensación. La mini falda tenía demasiado de mini y poco de falda. Apenas me tapaba las nalgas.

    Eso, sin contar es que como respirara un poco fuerte o tosiera… la reventaba.

    Pero valía la pena. Me miraba al espejo y, con ese conjuntito y la mini parecía… una cualquiera!

    Ahora, me faltaba algo en la parte superior. Busqué en mi armario. No tardé mucho. Enseguida cogí la blusa blanca que uso para algunas reuniones.

    Solo que esta vez me desabroché los dos botones más cercanos al cuello.

    Se me veía el canalillo y un poco más.

    Eran las 21. Llamé a mi marido. Estaban a punto de cenar. De fondo oía a mi suegra discutir con una de mis cuñadas. Vamos… la misma «alegría de siempre».

    No tuve remordimientos. Estaba segura de lo que iba a hacer.

    Suspiré. Me hice algo rápido para cenar.

    A las 22:30 empecé a maquillarme. Un poco de labial Burgeois, rímel y los ojos bien pintados. Para rematar, me puse unos tacones de 7 cm, también negros. Me miré al espejo. Parecía de todo, menos una mujer casada.

    Suspiré y cogí mi bolsito de mano, metí en él las llaves de casa, el móvil y los condones que ocupaban más de lo que pensaba en mi pequeño bolso de mano. Tomé el ascensor hasta el garaje rezando para no encontrarme con nadie. Menos mal que ninguno de mis vecinos/as me vio así.

    Aunque en el coche tenía puesto el aire acondicionado, ni lo notaba. Sentía un calor…

    Había oído hablar de una disco a la que iban «viejos». Busqué la dirección en Google Maps… y allá que fui.

    El hecho de ser agosto supongo que ayudó para que encontrara sitio para aparcar casi en la misma puerta de la disco. Suspiré de nuevo, tratando de calmar mis nervios. Mi corazón parecía que iba a salírseme del pecho. Salí del coche y fui, decidida, hacia la puerta.

    No había nadie en la puerta. No sé. Me había imaginado que habría un portero cachas. Pero supongo que esas discos… no eran así.

    Franqueé la puerta. Estaba oscuro. Una barra grande, al fondo. Unas butacas en torno a la barra. El resto del local era una pista de baile (que ocupaba prácticamente el centro del local) y unos sillones de tela que me parecieron feísimos.

    No había mucha gente. Qué rabia, pensé. Caminé decidida hacia la barra. Notaba como las pocas miradas que había en el local se clavaban en mí.

    El camarero, un hombre mayor, calvo, me miraba como el que mira a un fantasma. Supongo que yo no era la clientela habitual.

    No lo vi llegar. Llegó por detrás. Escuché una voz, detrás de mí, que me dijo:

    – Hola

    Me giré y lo vi. Era un tipo bajito, de cara redondeada, ojos marrones, poco pelo cano y cejas pobladas. Pero lo más llamativo era, sin duda, su enorme barriga. Vestía un pantalón vaquero por debajo de aquella descomunal barriga que envolvía con una camisa a cuadros. Los botones superiores de la misma, estaban desabrochados y una abundante pelambrera cana asomaba por ellos.

    – Ho… hola – respondí, nerviosa. Casi balbuceando.

    – Me llamo José… pero puedes llamarme Pepe – sonrió. Al sonreír pude ver que le faltaban dos dientes. Uno en la parte de abajo y otro en la superior. Y los que le quedaban estaban amarillentos.

    Aquel hombre, en otro momento, en otras circunstancias, me habría resultado vomitivo. Nauseabundo. Pero en ese momento, un escalofrío recorrió mi espalda.

    – Soy… Cr… Lorena – No quería pronunciar mi nombre, y, el primero que se me vino a la cabeza fue el de una de mis cuñadas.

    – Encantado Cr Lorena – Reía Pepe.

    Se puso a mi lado.

    – Qué te trae por aquí, guapa? No te había visto antes – Me dijo mientras me «escaneaba» de arriba a abajo.

    Pensé «qué observador». Pero no dije nada. Tragué saliva y con un hilillo de voz dije.

    – Vengo buscando… emociones fuertes – Ya estaba. Ya lo había dicho. Y por la expresión de Pepe… supe que mis palabras habían surtido efecto.

    Pepe… me miró. Engrandeciendo sus ojos marrones.

    – Joder!!! – Dijo – ¿Y qué tipo de emociones fuertes busca una mujer… casada?

    Mierda!!! no me había quitado el anillo. Nerviosa. Intenté quitármelo. Pero no salía.

    – Tranquila, si ya me he dado cuenta – Me dijo Pepe…mirándome a los ojos. Sonriéndome, con esa boca asquerosa.

    – Si… qué torpe.

    – No has respondido a mi pregunta, Lorena – Me dijo sin quitar su mirada de mis ojos.

    – Ya sabes – Sonreí nerviosa. Esta vez, era yo la que le miraba a los ojos, manteniéndole la mirada

    – Sabes que tengo… 67 años, verdad? Este sitio no es para mujeres… como tu – Me dijo, muy serio.

    – ¿Casadas? – Le dije yo… nerviosa. En mi mente… retenía esa cifra. 67 años. Joder… 24 más que yo!

    – Tan… jóvenes – Me continuaba mirando. Muy serio.

    – Bueno… me gustan – hice una pausa – mayores – lo dije sosteniéndole la mirada.

    Pepe tardó unos segundos en contestar. Me imaginé que se debatía en si le estaban gastando una broma o era su noche de suerte. Tras unos segundos que se me hicieron eternos, por fin, me dijo.

    – Así que una mujer joven, casada, viene hasta aquí a buscar emociones fuertes con un casi setentón – Lo dijo riendo, pero mirándome a los ojos.

    – Bueno, no soy tan joven. Tengo 39 – Mentí.

    Pepe, soltó una carcajada

    – Lo que yo decía… una chiquilla, casada… en busca de emociones…

    Su mano, rodeó mi cintura, mirándome a los ojos, sonriendo.

    – Me dejas que te invite a una copa, chiquilla

    – Claro!!! – Sonreí.

    – ¿Qué quieres tomar, chiquilla? – Me dijo sin soltar la mano de mi cintura.

    – Algo… fuerte – Dije. Esta vez mi voz había sonado rotunda. No era el hilillo de voz.

    – Algo fuerte te iba a dar yo a ti, chiquilla – Me dijo, mirándome muy fijamente.

    – Ah siii?

    Pepe, sonrió. Se giró, llamó al camarero, se sentó en una de las butacas de la barra (hasta ese momento, habíamos estado los dos de pie) y le pidió dos Gin Tonics.

    Yo estaba a su lado… de pie. Excitadísima. Dispuesta a llevar mi fantasía hasta las últimas consecuencias. Hasta las últimas consecuencias, repetía en mi mente.

    – Así que te va lo fuerte, eh chiquilla? – Pepe me había sacado de mis pensamientos. Se había girado en la butaca, de nuevo, hacia mi, pero esta vez, con la mano con la antes me cogía la cintura, se estaba tocando el paquete.

    Mis ojos, evidentemente, se fueron ahí. Al ver que no apartaba la mirada de su paquete… me dijo

    – ¿Dime…? ¿Te va?, ¿Mucho?

    No recordaba su pregunta anterior. Mis pensamientos y Pepe acariciándose su miembro delante de mí me habían aturdido.

    – ¿Cómo? – Le pregunté tras unos pocos segundos.

    – Que si te van las cosas… fuertes o… – hizo una pausa. Calibrando si continuar la frase o no. Mirándome a los ojos – O muy fuertes, chiquilla

    El camarero depositó los dos Gin Tonics en la barra. Ninguno cogimos las copas.

    – Cuanto más, mejor.

    Al terminar de decirlo… me cogió de nuevo de la cintura… pero esta vez… su mano bajó hasta el límite entre la cintura y el culo.

    – ¿Sí? Estupendo. Porque a mí, según qué cosas, me gustan muy muy fuertes

    No lo vi venir… Pepe me dio un cachete. En el culo. Me miró, esperando mi reacción. Casi me muero del escalofrío que sentí. Mi corazón quería salir de mi pecho. Estaba excitadísima. Estaba empezando a ponerme cachonda. Y eso que la noche, no había hecho más que empezar

    – Cuanto más mejor – Es lo único que se me ocurrió, en ese momento.

    Pepe, sonrió, cogió las copas, me ofreció una.

    – Brindamos, por las chiquillas casadas que quieren emociones… muy fuertes

    – Chin chin – le dije

    Y brindamos las copas. Pepe, de un trago, se bebió media copa. Yo apenas, di un traguito. No estoy acostumbrada a beber. La noche, estaba siendo ideal y no quería estropearlo poniéndome borracha.

    – ¿Y qué hacemos ahora, chiquilla?

    Le miré a los ojos. Después… mis ojos recorrieron toda la discoteca. Como leyéndome el pensamiento, Pepe, dijo.

    – Podemos ir a aquel rincón de allí – señaló, con su dedo, un rincón. Probablemente, el rincón menos iluminado del local.

    – Y me cuentas qué cosas muy fuertes estás dispuesta a hacer, chiquilla – añadió Pepe.

    Solo acerté a sonreírle. Pepe, bajó de la silla, me cogió del culo, con una de sus manos. En la otra, tenía la copa. Me llevó hasta aquel rincón.

    Había una mesa bajita y un par de sofás bastante grande, pero igual de feos que el resto.

    Me extrañó que Pepe dejara su copa en la mesita y apartara uno de los sofás. Él, se sentó en el que había quedado frente a la mesa bajita.

    – Vamos a ver hasta donde estás dispuesta a llegar, ¿De acuerdo? – Me preguntaba con la frase y con los ojos.

    – Claro… ¿Qué…? – Iba a preguntarle como se lo podía demostrar. No me hizo falta. Ya me lo dijo él.

    – Deja tu copa en la mesa y siéntate encima de mi… bailando… de espaldas a mi… restregándome ese culazo que tienes, chiquilla.

    Creo que en mi vida me he movido tan rápido como aquella vez. Me senté encima de aquel hombre. Notaba su barriga, oronda, kilométrica, en mi espalda. Empecé a bailar en círculos. Evidentemente, notaba el bulto de aquel hombre feo, gordo y… mayor.

    Yo estaba encantada, lo disfrutaba. Alternaba movimientos circulares con pequeños «saltitos». Cuando, de repente, sus manos, se posaron en mis pechos.

    Así, de espaldas a él, con su barriga pesando como una roca inmensa sobre mi espalda… y sus manos… sobre mis 95.

    – Joder… qué buena estas, chiquilla. Menudos melones!!!

    Melones, había dicho melones. No pechos O tetas. Estaba claro que mucho respeto, no me tenía. Aunque no me podía quejar. No buscaba que me lo tuvieran, precisamente.

    – Y bien, ¿He pasado la prueba? – Le dije, con una sonrisa, volteada hacia él, mirándole a los ojos.

    – No corras, chiquilla… Ahora… bésame.

    Sin darme tiempo a reaccionar…aquel hombre me metió la lengua en la boca. Y no solo en la boca… en los labios, en la cara. Su aliento olía a tabaco y a alcohol.

    Lejos de importarme, le dejé hacer. Encantadísima.

    Mientras me besaba, sus manos… iban de mis «melones» a mi culo… y viceversa.

    – ¿Y bien? – Le dije, después de unos minutos comiéndonos las bocas.

    – Joder, chiquilla, con que gusto te empotraba ahora mismo.

    Tal como estaba yo y después de oír aquello, casi me mojo el tanga negro.

    – Bueno – Le dije…

    – Joder, si es que, así, vestida como una guarra y pareces una guarra – Me dijo de repente, como si tratara de disculparse por lo que me había dicho.

    Sonreí, di otro sorbo a mi copa. Lo necesitaba para lo que iba a decirle.

    – Bueno, si voy vestida como una guarra y parezco una guarra, igual es que soy… -Dejé la frase ahí, dando un sorbito a mi copa.

    – Hostia!!! No me irás a cobrar… que con la mierda de pensión que tengo.

    – ¿Cuánto pagarías por una noche conmigo? – No me podía creer que aquellas palabras hubieran salido de mi boca.

    – Joder… uff… mierda. Me vas a cobrar. Joder… que mierda. ¿Cuánto?, ¿Dime? – Pepe, pareció comenzar a enfadarse, le vi nervioso.

    – Tu dime una cantidad… después… ya veremos .cuanto te cobro – Le dije, sin salir muy bien de aquel callejón en el que me había metido yo solita.

    – Joder… no sé… 300 euros. ¿Pero con derecho a todo, eh? Tarifa plana – Me dijo Pepe, sin pensarlo mucho. Estaba sudando.

    – ¿Qué es eso de tarifa plana? – Os juro que no lo había oído en mi vida. Hasta ese momento.

    – ¿Como que qué es?, ¿Pero tú eres puta o no? – Pepe, no sabía a qué atenerse.

    – ¿Qué es eso de tarifa plana? – Volvía a preguntarle. Una chispa, sacudió mi mente.

    – Coño, pues ya sabes. Follarte la boca, el coñito, el culo… joder… todo lo que me dé la puta gana. Bah, a la mierda la pensión. Llevo 350 euros. ¿Me haces tarifa plana por eso? – Me dijo, muy excitado. Demasiado nervioso. Sudando.

    Reí. Le miré a los ojos… os juro que no sé muy bien como, le besé los labios. Como una novia. Un beso dulce.

    – Tarifa plana… y gratis. Solo te voy a pedir… una cosa.

    – Ostia. ¿En serio?, ¿Gratis? Ostia. ¿Qué? – Cogió su copa de la mesa, bebió mirándome a los ojos. Nervioso.

    Me tomé mi tiempo. Notando como mi corazón se salía del pecho. Miré aquel hombre, Moviéndose inquieto en el asiento… Su frente, sudorosa. Algunas gotas de la copa habían caído sobre su camisa, a la parte más voluminosa de su anatomía. Su barriga. Esa boca… con los dientes amarillos y sin algunos de ellos… sonreí. Excitadísima. Terriblemente cachonda le dije.

    – Quiero emociones muy fuertes. Quiero que seas… -Hice una pausa. Vi como esos ojos, marrones, se hacían grandes, mirándome – Muy duro conmigo. Que me trates como a una… -Tragué saliva y me quedé callada. Mirándole.

    – Joder… te voy a tratar como lo puta que eres, chiquilla – Me cogió del pelo, tirando hacia atrás. – Me vas a comer la polla y hasta te voy a dar por el culo.

    – Tarifa plana, ¿No? – Le dije, con una sonrisa en mi boca.

    – Eso es, joder… te voy a dar yo a ti… tan fuerte que te va a doler el culo durante semanas, chiquilla.

    – No me llames chiquilla, por favor. Llámame… – No se me ocurría nada. No podía decirle mi nombre. No hizo falta. Ya me dijo él como llamarme.

    – Puta, eres mi puta. Esta noche vas a ser la puta de papi y te voy a joder como quiera – De nuevo, tiró de mi pelo.

    – ¿Dónde vamos? – Le dije ya… fuera de mi misma.

    – Joder… a tu casa.

    – ¿A mi casa? – Pregunté, extrañada. No era ese el plan que había pensado.

    – Sí, joder. La mía no la tengo en condiciones. No la he limpiado. Y la chica no viene hasta dentro de unos días.

    Pensé que Pepe no tenía pinta de ser un hombre que limpiara demasiado.

    – No soy la novia que invitas a ver una peli a tu casa – Le dije, mientras mi uña jugueteaba con su pecho.

    – Tienes razón. Pero qué coño. Me da más morbo follarme a una casada en su propia casa. Por qué… ¿No estará tu marido?

    Esto último, incorporándose un poco sobre el sofá. Como previniéndose.

    – Está en el pueblo. A más de 300 Kilómetros de aquí.

    Pepe, sonrió.

    – Pues a reventarte a tu casa.

    Salimos del local y caminamos hacia mi coche que estaba aparcado muy cerca de la puerta. Durante el corto camino del rincón al coche… Pepe no quitó su mano de mi culo.

    Nada más sentarme en el asiento de la conductora, iba a coger el cinturón. Pero Pepe, me cogió del brazo. Miró a ambos lados de la calle. Sin mirarme a los ojos, dijo:

    – Venga, chúpamela.

    – ¿Aquí? – Le dije, extrañada. Mirando esta vez yo a ambos lados de la calle.

    – Sí joder… como aperitivo. No querías emociones. Pues a mamar – Mientras hablaba se desabrochaba el pantalón, bajándose la cremallera.

    – Pe… – Me puso la mano en la nuca… tirando hacia él.

    Me quería morir. Pepe, mantenía su mano, en mi nuca, empujándome hacia él. Aunque no hacía falta que lo hiciera, le deje que me pusiera la mano en la nuca.

    Acerqué mi mano a su miembro. Era pequeño. Se veían, alrededor, largos hilos blancos. Abrí mi boca y me introduje aquel miembro en la boca.

    Su barrigón, descomunal, enorme, rozaba mi oreja derecha. Le oí gruñir. La saqué de mi boca y volví a tragarla.

    Sinceramente, no me costaba demasiado. Aquel miembro era pequeño. La de mi marido, que tiene unos 17 o 18 centímetros sería como aproximadamente un palmo más grande. Y me cabía en la boca. También la de algún ex novio que estaba, todavía, mejor dotado.

    Repetí varias veces el movimiento, metiéndola y sacándola de mi boca. Varias veces. El olor de aquel hombre, en cualquier otro momento, me habría espantado. En ese momento, no. En ese momento, no sé quien disfrutaba más. Si él o yo.

    – Joder… qué bien la chupas, puta.

    Me incorporé, mirándole a los ojos. Con una sonrisa en la boca.

    – Gracias – Le dije. Sonriendo.

    Aún tenía la sonrisa en la boca, cuando de repente, de la boca de Pepe salió… un escupitajo. Directo a mi mejilla.

    – Puta. Me vas a comer la polla y los huevos todas las veces que te diga, ¿verdad?

    El escupitajo, su manera de hablarme. Me estaba gustando. Demasiado. Estaba muy cachonda. Tanto, que le dije.

    – Claro. Soy tu puta – Llevé mi mano a la mejilla, para limpiarme.

    Pero Pepe, paró mi mano cuando estaba a punto de alcanzar mi mejilla.

    – No, no te lo limpies. Quiero que sientas lo guarra que eres. Quiero que notes, como te humillo. Eso es lo que quieres, ¿Verdad? que un viejo asqueroso, te humille.

    – Siii, joder – Le dije…con una mezcla de rabia y liberación.

    – Bien. Ahora, vamos a tu casa…a comerme la polla y a empotrarte. Y conduce con cuidado.

    El trayecto a mi casa se pasó rápido. Cada vez que parábamos en un semáforo, Pepe me metía su lengua en la boca. Sus manos… se abrían paso en mis muslos. Incluso, el último kilómetro y medio (aproximadamente) acariciaba mi sexo.

    Él, no se guardó su miembro en ningún momento. Mientras sus dedos acariciaban mi sexo… yo casi cierro los ojos… de gusto. Porque tenía que estar pendiente del tráfico, que si no.

    Entramos directamente al garaje. Esta vez, me pareció que había algún coche más. Aunque no podía asegurarlo. Deseé no encontrarme con nadie. No en ese momento, no esa noche.

    Iba a salir del coche, cuando Pepe, me dijo…

    – Espera… así no – Me desabrocho la blusa… por completo. Mi suje negro, se veía perfectísimamente.

    – Ahora, ya puedes bajar, zorra – Me dijo Pepe

    Yo me quería morir… de gusto. Estaba a punto de mojarme entera. Aquello era casi mejor que el mejor de los orgasmos que había tenido. Solo deseaba que no nos viera nadie… y ser la puta de Pepe toda la noche.

    Rápidamente, caminé hacia el ascensor. Con mi blusa abierta. Pepe, me seguía, jadeante.

    – Espera, coño, no corras.

    Me alcanzó en la puerta del garaje. Me metió, una vez más, la lengua hasta la garganta mientras me amasaba mis pechos… Yo, nerviosa, buscaba las llaves en el bolsito de mano. Mira que es pequeño, pero los nervios, la excitación… las llaves se me cayeron al suelo.

    Me agaché a por ellas y fue tal el azote de Pepe que mi cabeza casi choca contra el marco metálico del ascensor. Llamé al ascensor que, raro es, vino enseguida.

    – No sabes hasta qué punto vas a ser mi puta – Me dijo Pepe en ese momento.

    – No sabes hasta qué punto deseo serlo – Le dije.

    Nos metimos en el pequeño cubículo… morreándonos de nuevo. Solo que esta vez… era yo la que metía mi lengua en su boca. Pepe, me sacó un pecho, por encima del sujetador.

    En ese momento, si alguien hubiera abierto la puerta, no me habría importado lo más mínimo. Solo deseaba llegar a casa y que Pepe… me follara.

    No recuerdo en qué momento pulsé el número de mi piso. Pero la campanita del ascensor y el número 4 en el display anunciaron que habíamos llegado.

    Al salir del ascensor, Pepe, miró cauteloso a todos lados. Yo abrí la puerta con el mayor sigilo que pude mientras llevaba mi dedo a mis labios.

    Abrí la puerta. Entramos.

    Nada más cerrarnos, Pepe, se abalanzó sobre mí. Menos mal que mi blusa ya estaba abierta, si no, me la habría arrancado. Me sacó los pechos, los dos, por encima del suje.

    – Joder… que melonazos tienes, puta – Dijo Pepe, mientras me amasaba mis 95.

    – Siii? te gustan? – Quise mover mis pechos, pero Pepe… me dio un par de palmadas. Cerca de mis pezones.

    Os juro que casi me corro allí mismo.

    De repente, Pepe, me miró a los ojos.

    – ¿Dónde está el salón? – Me dijo.

    – Eh… ¿El salón? – Pregunté extrañada. Pensé que Pepe me iba a follar allí mismo. En el recibidor de mi casa.

    – Sí, coño, el salón.

    – Por allí – Comencé a andar los pocos pasos que separan la puerta de mi casa de la del salón.

    Asombrada, vi como Pepe pasaba delante de mí y caminaba hacia el sofá de mi salón. Empecé a enfadarme, cuando , de repente, me dijo:

    – Tráeme una copa, puta. Y cuando vengas, quiero que me hagas un striptease mientras me bebo la copa. Y no tardes, zorra…

    Continuará.

  • Mi primera infidelidad con Carlos un desconocido

    Mi primera infidelidad con Carlos un desconocido

    Hola, soy Sara, esta vez les contaré la primera vez que le fue infiel a mi novio actualmente mi esposo, pasó cuando yo tenía 18 años casi iba a cumplir 19 en ese entonces yo era un poco más delgada, tenía las pechos y el culo más pequeños pero aun así era atractiva, ya tenía un año y medio con mi novio con el cual ya habíamos tenido sexo múltiples veces cada vez que podíamos íbamos a moteles y la verdad teníamos una relación muy buena.

    Todo comenzó cuando una de mis amigas Fernanda, me invitó a una feria en un pueblo como a dos horas de donde vivimos el plan era irnos en camión y de regreso nos íbamos a venir con un amigo de ella que también iba a ir pero iba a llegar más tarde con su novia, me pareció buena idea ya que me decía que esa feria se ponía muy buena, podríamos bailar mucho pasearnos y conocer así que acepté acompañarla.

    Fernanda me dijo que nos fuéramos bien perris, arregladas y guapas por si agarramos algo allá, yo le dije acuérdate que tengo novio además tú también tienes novio, a lo que se rio y me dijo pero qué tal si me encuentro al príncipe de mis sueños que me consienta y me compre todo lo que yo quiera, jajaja no te creas vamos a irnos muy arregladas para que al menos así no saquen a bailar pero no significa que vamos a andar ahí buscando otro novio, sin embargo yo ya la conocía bien ya me había contado muchas veces de las veces que se besaba y cogía con otros que no eran su novio, le dije está bien me iré bien arreglada.

    Recuerdo que me puse un vestido azul de tirantes que se me veía muy bonito no era muy cortito pero sí enseñaba buena pierna además podía usarlo sin brasier porque tenía la espalda descubierta y en ese entonces mis pechos eran más pequeños y no se me marcaban tanto los pezones, A diferencia de mí Fernanda se llevó un mini vestido el cual resaltaba mucho su culo ella tenía un culo muy grande era un poco más llenita que yo pero sabía vestirse muy sexy siempre.

    Al subirnos al camión atraían las miradas de varios hombres, pero en especial se le quedaban viendo a Fernanda por mi estaba bien ya que no iba en búsqueda ningún hombre, no invite a mi novio porque quería que fuera una salida de solo chicas, se lo expliqué a mi novio el cual fue muy comprensivo me dijo que estaba bien ya me divertirá y luego le contara cómo me fue, y nos fuimos platicando de muchas cosas durante las dos horas de camino restantes.

    Llegamos aproximadamente como a las 6 de la tarde ya había varios puestos de comida, botanas bebidas y varias cosas, dimos varias vueltas viendo la mayoría de las cosas para saber qué íbamos a hacer la banda iba a empezar a las 8, en lo que esperamos fuimos a comer y nos tomamos unas cervezas para entrar en ambiente en general me la estaba pasando muy bien, se suponía que el amigo de Fernanda y su novia iban a llegar a las 8, pero no llegaban así que nos fuimos a ver a la banda sin ellos y ya después nos encontraríamos.

    Empezó a tocar la banda y al principio empecé a bailar con Fernanda y después unos señores de aproximadamente entre 30 y 35 nos dijeron que si queríamos bailar a lo que Fernanda inmediatamente aceptó y a mí no me quedó opción que aceptar también, fueron muy respetuosos los señores mientras bailábamos me preguntó que dónde éramos, le dije que no éramos aquí que veníamos a la feria a conocer.

    Carlos con el que yo estaba bailando me dijo que ellos no eran de aquí tampoco, que venían de otro pueblo pero que rentaron una casa para quedarse esta noche y mañana se regresaban, me dijo que ya habían venido en otros años y que se pone muy bien el ambiente y el baile se termina como hasta la 2 de la mañana, estuvimos un rato ahí bailando y platicando hasta que hizo una pausa banda, me acerqué a Fernanda para preguntarle sobre su amigo que nos iba a dar ride de regreso.

    Fernanda me dijo que le mandó unos mensajes pero que no le respondía, nos alejamos un poco de toda la gente y fuimos a un lugar donde había más señal de teléfono y le marcó a su amigo, el cual le dijo que no le habían prestado el carro y que no iba a poder venir que lo sentía mucho, nos intentó llamar antes pero no entraba la llamada, Fernanda le colgó un poco molesta y solo me dijo ahora que vamos a hacer cómo le haremos para regresarnos, estuvimos planeando que hacer pero lo único que se nos ocurrió fue quedarnos hasta el final y pues pasar la noche en el plaza del pueblo los primeros camiones salen a las 5 de la mañana así que solo tendríamos que esperar 3 horas más…

    Estábamos platicando de eso cuando ya había empezado nuevamente la banda y seguíamos ideando nuestro plan, en eso se nos acerca Carlos y Andrés el resto de sus amigos eran 5 en total, nos preguntaron que si todo estaba bien porque andábamos alejadas y con cara de preocupación, les comentamos de nuestro problema e inmediatamente nos ofrecieron un cuarto en la casa que habían rentado para que pasáramos la noche, nos daba un poco de pena y desconfianza pero se habían portado muy bien con nosotros y eran nuestra mejor opción así que les dimos las gracias y aceptamos antes de irnos les avisamos a nuestros papás que nos quedamos a dormir, Fernanda conmigo y yo en su casa solo para no preocuparlos y evitar que nos regañaron. Después de eso decidimos quitar la cara de preocupación e ir a seguir disfrutando la banda y el baile.

    Estuvimos bailando y conviviendo con Carlos y los demás, nos preguntaron si teníamos novio a lo que yo respondí que sí y Fernanda como era de esperarse dijo que no y ya se veía que le traía ganas a Andrés, a las 1 h ya estábamos bien cansadas de tanto bailar, nos dijeron que si ya nos íbamos para descansar, que si queríamos seguir en la casa tenían cerveza y tequila por si gustamos, nos fuimos para la casa, llegando nos mostraron el cuarto donde nos íbamos a quedar Fernanda y yo así que dejamos nuestras cosas y salimos a la sala para seguir conviviendo un rato más.

    Me senté en un sillón a lado de Carlos, Fernanda junto Andrés y estaban otros 3 amigos ahí en círculo también en unas sillas, sacaron varias cervezas, tequila y refrescos para que tomáramos, nos la pasábamos muy bien eran muy divertidos todos, yo estaba platicando con Carlos sobre su trabajo y los estudios que tenía y no me percate de que Fernanda ya no estaba en la sala, lo primero que pensé es que se había ido a dormir pero vi que solo estábamos yo Carlos en la sala no vi a dónde se fueron los demás, pensé que a lo mejor habían salido o algo.

    Carlos me comenzó a preguntar sobre mi novio y cuando llevábamos e incluso que si ya teníamos sexo y todo, yo estaba apenada ya que no solía hablar mucho de mi vida sexual, le dije que sí que era el primero con el que lo había hecho y le conté un poco de lindo que era y lo bien que nos llevábamos y justo cuando teníamos esa plática se comenzaron a escuchar unos gemidos que venían de una de las habitaciones, los recocí rápidamente ya que sonaban a Fernanda, me dio mucha vergüenza en ese momento y a la vez excitación al escucharla gemir de esa manera, en eso Carlos me dijo que mi amiga se estaba divirtiendo sin mí, lástima que tu tengas novio nos podríamos divertir también en eso coloco su mano en mi pierna, me recorrió un escalofríos por el cuerpo al sentir su mano en mi piel.

    Lo siento no puedo, me caes muy bien la verdad y han sido muy buenos con nosotras pero tengo novio y creo que no podré hacerlo, sin embargo no quite ni hice nada con la mano que tenía sobre mi pierna, a lo que Carlos continuó y me dijo mientras acariciaba y subía un poco su mano sobre mi pierna, no te preocupes esto es de lo más normal del mundo tu novio no sabrá y nadie le va a decir se ve que tú también lo deseas y estás excitada tienes unas piernas muy sexys y eres muy hermosa tomó mi rostro con su otra mano y me dio un beso, estaba muy confundida no sabía cómo reaccionar así que solo le respondí el beso, fue un beso largo introducía su lengua en mi boca y me estaba excitando cada vez más, a la par con su otra mano llego a mi vagina y comenzó a acariciarla sobre mi ropa interior, me tenía hipnotizada no podía detenerlo.

    La combinación del alcohol, la excitación y los besos que me estaba dando Carlos me impedían detenerlo, lo único que pude hacer es decirle que fuéramos al cuarto que aquí no, nos levantamos y nos dirigimos hacia el cuarto en el camino escuché como los gemidos de Fernanda se intensificaban y al pasar por uno de los cuartos vi por uno de las ventanas cómo se la estaba cogiendo Andrés y al mismo tiempo chupándosela a otro, me quedé un poco impresionada y a la vez excitada de haber visto a mi amiga así, entramos a nuestro cuarto Carlos encendió la luz y cerró la puerta con seguro nos acercamos a la cama y nuevamente comenzó a besarme mientras lentamente iba acariciando mi cuerpo mis tetas y mi culo, estaba muy nerviosa porque era la primera vez que hacía algo así con alguien que no era mi novio, pero a la vez muy excitada, Carlos tomó mi mano y la llevó hacia su verga la cual ya estaba fuera de su pantalón y bien dura, se separó de mí y me dijo creo que voy a necesitar tu ayuda acá abajo preciosa y guiándome para acercar mi boca su verga, tenía muchos nervios, no sabía muy bien qué hacer ya le habías hecho sexo oral a mi novio antes pero no era algo que frecuentara mucho así que no tenía tanta experiencia.

    Carlos notó mi inseguridad y me dijo tranquila se ve que no has hecho esto muy seguido yo te voy a ayudar me tomó de mi cabeza mientras me decía primero dale unas chupadas y comienza desde mis huevos y ve subiendo por el tronco de mi verga poco a poco hasta que llegues a la cabeza y comienza a chuparla lentamente de tal forma que la vayas introduciendo en tu boca evitando que tus dientes la rocen y guiándola con tu lengua, mientras él me decía todo eso iba haciendo caso de las indicaciones que me daba hasta que tuve un poco más de seguridad y me dejé llevar un poco más repitiendo las indicaciones que me decía.

    Lo estás haciendo muy bien sigue practicando así y vas a ver que tu novio le va a encantar también, continúa chupándosela durante unos minutos y sentía que se iba mejorando poco a poco con las cosas que me iba diciendo que hiciera además mientras lo hacía pensaba en mi novio y eso de alguna manera me hacía sentirme menos culpable y disfrutarlo más al mismo tiempo Carlos también lo disfrutaba, me levantó y me ayudó para irme desvistiendo quitándome el vestido y dejándome mis tetas descubiertas y en ropa interior, no traía ropa interior muy sexy era un calzón de encaje, creo que no se veía tan mal.

    Carlos se quedó contemplando mi cuerpo y diciéndome que tenía un cuerpo muy hermoso que debería de aprovecharlo y lucirlo más que no debía tener vergüenza de mi cuerpo era una mujer muy sexy, me sonrojé un poco de las cosas bonitas que me estaba diciendo y mientras me seguía acariciando hizo que me recostara en la cama y me dijo que ahora él me iba a enseñar cómo se debía de consentir a una mujer mientras lentamente iba bajando mi calzón y dejando al descubierto mi vagina la cual no estaba totalmente depilada ya que no venía preparada para esto inconscientemente me tapé.

    Carlos se puso a pie de la cama y me acercó para estar enfrente de su cara, tomó mi mano con la que me topaba y mientras la retiraba me dijo, te dije que no te debes de avergonzar de tu cuerpo así como lo tienes es perfecto, comenzó a darme varios besos alrededor de mi vagina, en mi entrepierna y poco a poco iba lamiendo y chupando por todas partes, comenzó a chupar dentro de mi vagina con movimientos muy precisos los cuales me provocaban mucho placer comenzó con una de sus manos a introducirme un dedo a mi vagina y masajearla por dentro mientras que con la otra mano jugaba con mi clítoris excitándome cada vez más estaba sintiendo súper rico, inconscientemente no me daba cuenta de que estaba ahogando mis gemidos para evitar que los demás nos escucharan.

    Carlos se dio cuenta de esto y comenzó a decirme, no te contengas hermosa disfrútalo ahorita solamente importas tú no pienses nada más no te dé pena libera esos gemidos que te estás guardando quiero escucharlos, me di cuenta que tenía razón así que empecé a relajarme un poco más y a dejarme llevar más por lo que estaba sintiendo mi cuerpo en ese momento, comencé a gemir sin importar que me fueran a escuchar y a decirle a Carlos lo mucho que me estaba gustando, vi que eso lo excito mucho y comenzó acelerar el ritmo, no podía resistir más nunca antes me había venido así, pegue un grito muy fuerte acompañado de varios gemidos diciendo muchas veces sí sí sí sí qué rico, caí tumbada en la cama disfrutando los últimos momentos de mi orgasmo.

    Aún no termina esto, me dijo Carlos mientras se aproximaba con su verga a mi vagina, oye pero ponte un condón por favor no quiero salir embarazada, si me lo pondré no te preocupes, pero por favor solo déjame sentirte un poco así no quedaras embarazada te lo prometo, está bien solo un poco ni siquiera mi novio lo había dejado le dije, comenzó a introducirme su verga poco a poco hasta clavarla toda dentro de mí, liberé un gemido y le dije ay qué rico se siente mientras sacaba y metía su verga lentamente, tienes una vagina perfecta se siente muy bien muchas gracias por dejarme sentir la experiencia completa pero voy a respetar tu decisión ya me voy a poner el condón, lo detuve con mis piernas y le dije espera dame un poco más así que estoy sintiendo muy rico pero no te vayas a venir, está bien tú no te preocupes si me vengo lo haré afuera te lo prometo tú solo disfruta de mi verga.

    Ahora con más seguridad comenzó a bombearme cada vez mejor provocando múltiples gemidos y varios gritos de placer, sí así cógeme, dame más dame más le decía, él sabía perfectamente lo que estaba haciendo e iba acelerando su ritmo progresivamente hasta que llegó un punto en el que ya no pude más y nuevamente pegué efusivo grito de placer, qué rico te vienes me dijo te dije que perdieras la vergüenza y lo disfrutarías más, ahora ven que yo todavía no me vengo hizo que me levantara y él se sentó en la cama, me puso de espaldas a él y me dijo a hora te voy a enseñar a usar ese culo tan rico que tienes, me senté sobre él y me clave en su verga se sentía muy rico dentro de mí, tomo mi cabello con una de sus manos y con la otra me agarraba mis tetas y me dijo mueve tu culo mi amor, comencé a mover mi culo en círculos y de arriba hacia abajo dejándome guiar por la excitación, eso eso sigue así ya estas aprendiendo, jalo mi cabello hacia atrás haciendo que se levante mi cabeza mientras me decía en el oído, no pares estás excelente te estás moviendo muy rico.

    Me puso nuevamente sobre la cama pero ahora en 4, ahora si te voy a dar bien duro me agarro se acomodó la verga en la entrada de mi vagina y la metió de golpe, no pude evitar gemir al sentir su verga a dentro, me estaba dando unas embestidas muy fuertes mientras con una mano jalaba de mi pelo hacia atrás, con la otra me daba nalgadas y me decía así es como te quería tener tienes un buen culo me encanta y es todo mío por hoy estoy seguro que tu novio no te ha cogido así mira nomás cómo estás gimiendo y gritando, gemidos y gritos escapaban de mí no me reconocía, sí cógeme, que rico, soy tuya cógeme más duro, me vengo me vengo me dijo, se detuvo y me volteó me puso su verga enfrente de mi boca y me dijo toma esto es tu premio abre la boca, hice lo que me dijo y se vino dentro de mi boca liberando un gran chorro de semen, ya antes había probado el examen de mi novio y el de Carlos sabía un poco diferente pero no era desagradable así que me lo pasé le chupe la punta de su cabeza para tomarme las últimas gotas.

    Carlos se acostó en la cama y me dijo que había sido una de las mejores noches que había tenido, eres una mujer increíble y hermosa, me gusta mucho tu cuerpo es muy sexy y no sabes lo mucho que me prende, gracias le respondí la verdad me siento un poco mal por haber engañado a mi novio, pero lo disfruté muchísimo, estaba muy agotada y me acosté a su lado y cubriendo mi cuerpo una cobija junto con él, no te preocupes me dijo lo importante es que lo disfrutaste y no hay nada de qué arrepentirse vas a ver qué vas a poner en práctica todo lo que aprendiste hoy y tu novio te lo va a agradecer así que también va a salir ganando no es como que lo vayas a dejar por mí o sí? me sonrojé pero le dije que no, yo amo a mi novio y que no sería capaz de dejarlo, sí te entiendo qué afortunado es de tenerte una cosa es lo carnal y otra cosa es el amor así que no te apures mientras se amen eso debe ser suficiente.

    Estaba tan cansada que me quedé dormida a su lado y ni oportunidad tuve de acordarme de Fernanda, por la mañana me levantaron las caricias que me estaba dando Carlos, me estaba chupando los pezones y acariciando las tetas al notar que me desperté, volteó a verme y me dijo buenos días preciosa, no sabía cómo levantarte y se me antojaron mucho tus tetas, son las 5 de la mañana me habías comentado que se querían ir temprano, quieren quedarse un rato más y nosotros las llevamos más tarde a sus casas fui a ver cómo estaba tu amiga y estaba bien dormida, creo que es mejor que descansen un poco más, sí muchas gracias me agradó la idea le dije.

    Aprovechando que estamos despiertos, crees que me regalarías unos últimos momentos juntos la verdad es que no me puedo resistir teniendo una mujer desnuda aquí a mi lado, sí está bien le dije de todas formas te dije que hoy sería tuya así que aprovéchalo, no lo dudo dos veces y comenzó a besarme y acariciarme todo mi cuerpo, necesitamos que sigas practicando con mi verga tienes que aprender a mamarla bien rico, ahora será diferente me puso en posición de 69 y comenzó a chuparme toda mi vagina mientras con sus dos manos me agarraba mis nalgas moviéndome como quería estaba sintiendo muy rico, yo no me quedé atrás tampoco y comencé a mamarle la verga y a la vez también estaba gimiendo mientras tenía su verga en mi boca, con una mano le acariciaba también los huevos y con la otra tomaba su verga masturbándolo mientras se la mamaba, sentí que le estaba gustando mucho lo que estaba haciendo.

    Se detuvo e hizo que me girara quedando frente a él, buscando el orificio de mi vagina con su verga, la tomé y la introduje en mi vagina recordándole que no se viniera dentro, me dijo no te preocupes me gusta más acabar en tu boca, me agarró con sus manos las tetas e iba dirigiéndome para que me moviera de arriba hacia abajo, tienes unas tetas bien ricas muy suaves se acoplan perfectamente a mis manos, puse mis manos sobre las de él y le dije te gusta cómo te estoy cogiendo siento tu rica verga bien adentro de mí me está volviendo loca se siente muy rico, y vas a sentir aún más rico.

    Hizo me recostara en su pecho comenzó a besarme me rodeó con sus brazos y comenzó hacer fuertes movimientos con su cadera que sacaban y metían rápidamente su verga cogiéndome muy rápido y gemía y gritaba mientras él seguía besándome y metiendo su lengua a mi boca, eso más más las repetidas embestidas que me estaba dando me estaba produciendo un orgasmo muy fuerte, qué rico no pares sigue así, pegué un fuerte grito seguido de la frase hijo de puta qué rico, cuando me recuperé de mi orgasmo fui y le empecé a mamar la verga para hacer que se viniera, anda dame tu lechita la quiero ya en mi boca, si mi amor te la voy a dar toda te la mereces ahí viene ahí viene me dijo mientras empujaba su verga en lo más profundo de mi boca sentí que su semen entro en mi boca y casi ni tiempo tuve de saborearla porque me lao tome directamente, continue chupando su verga un poco más mientras sentía que iba perdiendo firmeza.

    Me levanté y le dije suspirando ay que rico estuvo me vine bien rico, hicimos muchísimo ruido a ver si no despertamos a todos que pena, si estuviste fantástica me encanta como gimes y gritas de placer y no te preocupes por los demás a lo mejor no cuenta se dieron, mejor ven hay que dormir un ratito más, hizo que me acurrucaba sobre su pecho mientras me abrazaba y nos quedamos dormidos.

    Nos levantamos como a las 10:30 y nos arreglamos para salir a la sala, donde vimos que ya estaban todos despiertos y estaban desayunando, vi a Fernanda muy contenta ya muy en confianza con todos y lo primero que me dijo fue qué bien nos la pasamos ayer verdad amiga perdóname por abandonarte y no dormir contigo, pero se ve que no te hice falta, dormiste muy bien acompañada, escuchaba tus gritos hasta el otro cuarto andabas descontrolada, hasta me daban ganas de ir a ver qué estaban haciendo jajaja, no pude evitar apenarse y le dije cállate que tú también andabas ahí bien entrada con 2 pase y te vi, no solo con 2 me dijo me cogí a todos los demás que me dejaste estoy súper agotada me dieron hasta para llevar me dijo, no pude evitar reírme hay no como eres, solo tú puedes hacer eso jajaja, estuvimos ahí platicando y comiendo con los demás muy a gusto.

    Como a las 12 del día nos llevaron a nuestras casas Andrés y Carlos, Fernanda iba adelante con Andrés y yo atrás con Carlos parecíamos novios todavía en el camino Carlos me iba abrazando y dándole besos al igual que Fernanda y Andrés, nos dijeron que en un mes irían a la playa que estábamos invitadas si queríamos ir, ellos podrían llevarnos y traernos de nuevo a nuestras casas, Fernanda ni se la pensó y les dijo que sí que estaría increíble, yo les dije que lo tendría que pensar y ver si podría y me daban permiso, tu no más dile a tus papas que vienes conmigo y ya amiga vamos no seas aguafiestas, me sentí presionada en el momento y les dije que estaba bien que haría lo que pudiera por asistir, una parte de mí si quería ir deseaba mucho con ansias el viajé, pero por otro lado pensaba en mi novio y que él no merecía todo esto porque era un hombre muy bueno, decidí dejar de pensar en eso y seguir disfrutando el viaje de nada servía que me preocupara por eso ahorita.

    Nos dejaron en casa de Fernanda a las 2 y de ahí nos despedimos, me dijo Carlos que me vendría por mí en un mes que no fuera a quedarles mal me dio un beso en la boca y un abrazo y se fueron, se ve muy buena onda Carlos lástima que a él no me lo pude coger ya será para la siguiente me dijo, me entraron unos celos en ese momento y le dije estás loca Carlos es mío tu quédate con los demás, se río mucho y no más me decía ay amiga cálmate ni que fuera tu novio además se veía que cogia bien rico por los gritos que dabas, pero está bien te lo dejaré a ti jajaja, me quedé un rato más en su casa platicando de todos los detalles y cochinadas que hicimos y por la tarde me fui a mi casa.

  • Mi suegro y mi cuñado abusaron de mí

    Mi suegro y mi cuñado abusaron de mí

    Lo que les cuento sucedió poco después de que mi esposo saliera de viaje a trabajar, ya que él debía trasladarse a otra ciudad y quedarse allá un par de días, como era de costumbre hacerlo una vez al mes.

    Yo soy una mujer de casa y que cree en la fidelidad, mido 1.67, soy de ojos celestes heredados de mi padre, mis medidas aproximadamente son 85-60-80, soy de pechos grandes 38D y tengo un trasero grande el cual le encanta a mi esposo desde que lo conocí.

    Mi esposo había salido a su trabajo a un tipo de reunión de negocios un viernes en la mañana y debía regresar el domingo en la mañana, por lo que yo me quedaría sola en casa. Nosotros no tenemos hijos aun por lo que la soledad era mi compañía.

    Ese viernes en la tarde, escuché el timbre sonar a lo cual fui a abrir para ver quien llamaba a la puerta y la sorpresa eran mi suegro Raúl y mi cuñado Carlos. Raúl es un señor de 50 años el cual a pesar de su edad se mantiene muy viril, mi cuñado por su parte tiene 34 años un joven muy atlético, el cual tiene una novia menor de edad, por la cual se ha metido en muchos problemas.

    Sin dudarlo los hice pasar y los saludé como de costumbre a ambos con beso en las mejillas.

    -Hola Rosa como has estado? Donde esta Juan que no lo veo?

    -Muy bien gracias a Dios suegro, mi esposo anda en una reunión de negocios en Guanacaste y regresa hasta el Domingo en la mañana, eso espero.

    -Ese trabajo de mi hermano sí que es esclavizado!!!

    La verdad que si cuñado, ya le he dicho a él, pero me dice que ya casi se acaba esa vida si lo llegan a ascender de puesto lo cual podría ser en estos meses previos.

    Pero bueno, tomen asiento; desean algo de tomar?

    -Claro Rosita, si tienes una cervecita de las que me gustan me puedes regalar una que tal tu Carlos?

    -Cuñada para mí también lo mismo de mi tata, una cervecita.

    -Claro ya voy a la cocina y se las traigo…

    Me dirigí a la cocina para llevar sus cervezas. Ellos cada vez que vienen, estando mi esposo dejaban la refrigeradora sin cervezas, no eran buenos para tomar porque rápido estaban borrachos pero les gustaba beber.

    Les leve sus cervezas, una tras otra mientras conversábamos de cosas varias, yo de igual manera me tomaba una cerveza no tan seguido como ellos pues no soy de beber mucho.

    -Y dime Rosita, que haces tu para entretenerte cada vez que mi hijo se va a esas dichosas reuniones, no te sientes muy sola acá?

    -Bueno suegro, acá lo que me queda hacer es lo de costumbre, hacer las cosas de la casa y cuando me desocupo pues descansar y contar las horas para que mi esposo venga…

    -Veo que ya se quedaron sin cervezas, quieren más suegro, y tu Carlos?

    -Si claro, hoy me saben muy ricas cuñadita, además así hacemos tiempo y compañía.

    -Desde luego que sí, no le diría no a una sabrosa cerveza nuerita…

    Acto seguido me dirigía hacia la cocina cuando pude ver por reflejo del espejo que estaba en la entrada de la cocina a mi cuñado haciendo unos movimientos con sus manos similar cuando están nalgueando a alguien, y sabía que lo hacía por mí. Mi suegro solo reía y lo que el hacia era un tanto vulgar, ya que hacía señas como de chupar su mano, creo que haciendo alusión de mi vagina o trasero.

    Ellos no se dieron cuenta de que los había visto, estaba traumada por lo que había visto y me daba cierto miedo, no sé si ellos antes habían hecho algo parecido porque esta era la primera vez que los veía. El miedo era porque estaba sola y ellos cuando toman y se emborrachan son un tanto molestos, no sé qué podría pasar si no está mi esposo.

    Tomé las cervezas y me dirigí hacia la sala para dárselas a cada uno de ellos.

    -Acá tienen sus cervezas…

    -Gracias Rosita, eres un ángel, verdad que si Carlos?

    -Desde luego que si papa… Rosita siempre se porta excelente con la familia…

    En eso sonó el teléfono y camine a responderlo, sabía que debía ser mi esposo por la hora y porque era el único que llamaba a esa hora…

    -Hola mi amor como estas, como va todo por allá, adivina quienes están acá?

    -Hola cariño bien por dicha todo va de maravilla, quienes están contigo?

    -Tu padre y tu hermano vinieron hace rato y se quedaron para hacerme compañía…

    -Que dicho cielo, no los voy a saludar porque ya me tengo que ir pero salúdamelos tú de parte mía… te llamaba para decirte que llego el Domingo pero en la tarde ya que se alargó un poco la primera reunión cielo…

    -Está bien cariño, no hay problema, de igual manera te espero el Domingo…. Ya te saludare a ellos!!!

    -Bueno mi amor ya me voy, te amo mucho cielo, cuídate…

    -Si cariño tú también cuídate, te amo… Chao

    Mientras estaba colocando el teléfono en su lugar, tenía curiosidad de ver si mi suegro y mi cuñado iban a hacer de nuevo algún ademan hacia mí, así que me asomé por el espejo y lo que vi me dejo perpleja… mi cuñado estaba echando algo en mi cerveza, no pude ver que era pues ya lo había depositado en mi bebida.

    Quede pensativa y no sabía qué hacer. Me di vuelta y me acerqué a ellos…

    -Dice Juan que les manda saludos, no les dijo personalmente porque debía retirarse…

    -Juancito es amante de su trabajo, parece que eso es todo para el!!! Y a ti como te trata nuerita?

    -Muy bien, el siempre atento y amoroso conmigo.

    Aunque yo sabía que no era así ya que el pasaba más tiempo con sus cosas de trabajo, casi no tenía tiempo para mí, ni para salir a comer fuera de casa como en un inicio y ni que hablar del sexo, ya que si acaso una o dos veces a la semana, era muy frio…

    Pero aún estaba en mi cabeza el tema de lo que le habían echado a mi bebida, que podría haber sido? Debía tomármela o no, y lo más importante para qué? Les iba a seguir el juego, sabía que veneno no debía ser pues no creo que fuera capaces de cometer un acto de ese tipo, así que no quedaba mas que averiguarlo por mi cuenta.

    Me acerqué y le di un sorbo a mi cerveza para saber si podía tener algún sabor particular, pero no; no tenía ningún sabor conocido. Proseguí bebiéndola hasta acabarla, y no sentía ningún malestar. Mi suegro y mi cuñado no despegaban su mirada de mí, estaban esperando algo y lo sabía.

    Ellos se tomaron sus cervezas y les pregunte si querían una más, aunque ya sabía cuál iba hacer la respuesta. Me fui a la cocina y para desgracia ya no había más cervezas, lo que quedaba era una botella de tequila de mi esposo, así que de igual manera la llevé por si se les antojaba un trago, deseando que dijeran que no.

    -Ya no me quedan cervezas, lo que tengo por acá es un tequilita de mi esposo!!! Gustan?

    -Claro que si Rosita así nos quedamos un ratito más contigo, verdad hijo?

    -Si mi tata… para mi uno bien cargado por favor…

    Servi los dos tragos y posterior me serví uno para mí, no me gusta mucho el tequila pero aun así los acompañaría…

    Después de tomar el primer trago comencé a sentir algo extraño, sentía un calor que recorría mi cuerpo, mis pies temblaban y mi vista era un poco turbia… Volví a ver a mis visitas y noté que tenía una sonrisa en sus rostros.

    -Te sientes mal nuerita, te noto como enferma te podemos ayudar?

    Trataba de hablar pero me costaba pronunciar palabra alguna, fue cuando recordé lo que ellos me echaron en mi cerveza, de seguro eran los efectos y de seguro eran lo que ellos querían. Pero que era lo que querían?

    -No se suegro me siento mareada, creo que ya tomé de más… Creo que los tendré que dejar, me podrían llevar a mi habitación por favor?

    -Claro que si Rosita, te ayudaremos para que te recuestes. Ven, acércate, Carlos, y tómala de un brazo yo la tomo de este.

    Entre ambos me iban llevando hasta mi cuarto, el efecto de lo que me habían dado se agravo ya que no podía siquiera hablar ni mover mis piernas. Abrieron la puerta de mi cuarto y me llevaron directo a la cama y me acostaron.

    -Creo que debemos ayudar a que Rosita este más cómodo no crees Carlos? A ver, quítale sus zapatos, yo le ayudare con la blusa veo que es muy incómoda….

    Yo deseaba poder hablar para decir que se detuvieran, ya no había necesidad de quitarme la ropa pero no podía decir nada y ellos lo sabían. Aun así procedieron a quitarme mi ropa, entre ambos me habían quitado mi blusa y pantalón quedando solo en tanga y en brasier.

    Podía ver las caras de lujuria de ambos, sabía que esto se estaba tornando raro y muy peligroso para mí, lo que iba a pasar no era bueno para mí. Mis ojos estaban pesados se me querían cerrar pero yo no lo iba a permitir tal vez así al verme despierta no intentarían nada contra mí.

    -Tranquila nuerita, tu descansa que nosotros te vamos a cuidar jjj

    -Tu relájate que mi hermano no está pero nosotros te vamos a consentir hoy jjj…

    Ahora no había duda de que ellos iban a abusar de mí, lo sabía pero me estaba haciendo la tonta pues no creía que la familia de mi esposo fueran unos enfermos… Aun así yo intentaba por todos los medios de mover alguna parte de mi cuerpo pero era imposible.

    -Mi tata parece que aun esta incomoda, creo que debemos quitarle lo que resta de ropa, no crees?

    -Claro que sí, le ayudaremos como todo buenos Samaritanos, yo le quito esta tanga y tú el brasier.

    Mi suegro me quito tanga y vi que sus ojos se abrieron por completo al ver mi vagina expuesta. El muy desgraciado no perdió tiempo y metió uno de sus dedos dentro; aunque no podía mover parte de mi cuerpo si pude sentir su dedo dentro mío el cual lo estaba metiendo y sacando, no sé porque pero sentí una sensación de excitación a pesar de que sabía que abusan de mí.

    Por otro lado estaba mi cuñado quien ya me había quitado mi brasier y estaba dando ligeros pellizcos en mis pezones, seguidamente acerco su cara a ellos y procedió a mamarlos, de vez en cuando me mordía suavemente y al igual que en mi vagina si podía tenía sensación.

    Yo trataba aun de moverme pero no podía, como no lo lograba hacer de mis ojos salieron lagrimas las cuales ambos las vieron y solo seguían haciendo lo suyo.

    Mi suegro se puso de pie y empezó a quitarse su pantalón dejando de fuera su pene el cual era muy grande y que para mi desgracia sabía que si me lo metía me iba hacer daño, mi cuñado hizo lo mismo saco su pene y este era más largo y grueso que el de mi suegro.

    -Quien empieza Carlos, tu o yo?

    -Bueno padre te dejare los honores a ti, yo meteré mi verga en su boquita, siempre quise hacerlo y hoy es cuando.

    Mi suegro arrimo su pene a la entrada de mi vagina y lo movía de un lado a otro, de una sola vez lo metió, sentí caliente, sentí dolor pero también sentí cierto placer. Estaba sintiendo placer de que el padre de mi esposo estuviera tiendo sexo forzado conmigo? Me estaba sintiendo como una ramera.

    Por otro lado estaba mi cuñado, el metió su pene dentro de mi boca, en la metía hasta el fondo, sentía que me iba a ahogar, pero no podía hacer nada para evitarlo.

    -Papa esta perrita tiene la boca suavecita, vas a tener que probarla tú también jjj

    -Ya llegara mi turno, de seguro le voy a llenar su boca de leche es lo que les gusta a estas mujeres de hoy en día.

    Empecé a sentir que ya podía mover un poco mis manos y mis pies, ellos no notaron de seguro por estar concentrados en lo que estaban haciendo. Pero para mi desgracia el malnacido de mi suegro me volteo boca abajo, el comenzó a morder mis nalgas y a meter uno de sus dedos en mi culo. El maldito de seguro quería darme sexo anal, a mi no me gustaba hacerlo por allí con mi esposo y este maldito estaba a punto de hacerlo.

    De pronto vi que Carlos se acercó a su padre y le dijo:

    -No papá, ese culito será mío primero ya tu probaste su panocha ahora me toca a mi disfrutar.

    -Está bien, me parece justo… No le hagas daño, mira que Juan lo notaria jjj

    -Tranquilo papa, aunque creo que será difícil, mira; ese culito se ve bien cerrado…

    El hermano de mi esposo tomo saliva en sus manos lo pude escuchar y unto en su pene, posterior a esto comenzó el calvario para mí, el metía parte de su enorme cabeza dentro mi pequeño trasero. Sentía como un hierro hirviendo que entraba, me hacía mucho daño pero nuevamente estaba sintiendo placer.

    De mi salían ciertos quejidos de dolor y de placer y esto los estaba excitando aún más, yo no podía evitarlo.

    Nuevamente me pusieron boca arriba, mi suegro se acostó en la cama, su pene estaba erecto como un tronco. Entre ambos me pusieron encima de mi suegro y este acomodo su pene en mi raja, sentía que me iba a partir en dos, pero lo peor de todo es que mi cuñado se colocó detrás mío, él me iba a penetrar por mi culo, me iban a dar una doble penetración y no lo iba a permitir.

    Intente quitar de encima Carlos y allí notaron de que el efecto de la droga que me habían dado ya había perdido efecto.

    -Mira Carlos, parece que a Rosita ya le había pasado el efecto y no había hecho nada para detenernos.

    -jajaja parece que la esposa de mi hermano es toda una puta…

    -No digan eso, ya déjenme en paz, no me podía mover pero ahora si lo puedo hacer, ya basta no sigan mas mi hermano se enterará de esto cuando llegue, me están haciendo daño…

    Para mi desgracia ellos eran mas fuertes que yo y no podía quitar a Carlos así que continuaron con su plan; Carlos coloco su pene en mi culo y de un solo tirón lo metió… yo pegue un grito que se escuchó en toda la casa. El taladraba mi ano y su padre me estaba dando una cogida fatal. Amos tenían unos miembros muy grandes, más grandes que el de mi esposo.

    No podía creerlo, lo estaba disfrutando, estaba gimiendo y no podía parar de hacerlo, y sin decir mas vino mi primer orgasmo el cual me hizo temblar todo mi cuerpo. Una cantidad enorme de fluidos salían de mi vagina el cual baño a mi suegro.

    Mi suegro me miraba desde abajo y sonreía, yo cerré mis ojos para que no notara de que lo estaba disfrutando. Sentí que mi suegro tomo mi cabeza para besar mis labios yo trataba de no dejarlo pero las sensaciones en todo mi cuerpo me estaban dando una mala pasada ya que deje que él lo hiciera, metía su lengua y ahora jugaba con la mía, era una sensación excitante y vino de nuevo otro gran orgasmo el cual hizo temblar de nuevo mi cuerpo.

    Ya no estaba poniendo resistencia, ahora me movía con ellos, ya no me dolía y no me molestaba que me estuvieran dando por mi culo y por mi vagina, esa doble penetración había sacado todo de mí, no sabía que pudiera con dos hombres al mismo tiempo.

    -Bueno Carlitos ahora vamos a cambiar, me toco probar ese culito, siempre quise saber que era meter mi verga en él y ahora me voy a quitar las ganas.

    Mi cuñado se quitó detrás mío, yo me levante y luego lo hizo mi suegro. Ahora mi cuñado se acostó en la cama, yo no sabía que hacer mas que subirme sobre él, acomode su pene en mi vagina el cual desapareció rápidamente, no costro que entrara debido a la cantidad de líquidos que había dentro mi ella.

    Estaba colaborando con ellos, y ya no me importaba ahora solo quería disfrutar de la mejor cogida de mi vida, además mi esposo tenía cierta culpa por dejarme tanto tiempo sola. Ahora mi cuñado me acercaba a su boca y yo acerque la mía, nos estábamos dando un beso de película, era romántico y muy sensual, su lengua jugaba con la mía, yo mordía a poco su lengua y eso lo excitaba mas y mas a Carlos ya que sentía como su pene crecía desproporcionadamente dentro de mi y me casusa un nuevo orgasmo.

    Yo gritaba, me estaba quejando como nunca lo había hecho… Ahora mi suegro metió su pene dentro mi culo, sentí cierto dolor pero sabía que sería pasajero… Me la metían y me la sacaban al ritmo, yo movía mis caderas para ayudar con esas penetraciones.

    Habían pasado cerca de quince minutos de estar en esa posición, me di cuenta de que ambos, padre e hijo estaban apunto regarse. No sabía donde lo iban a hacer aunque algo me dijo que no sería en mi culo o en mi vagina.

    -Párate Rosita que te voy a llenar tu boquita de leche…

    Lo hice… me levanté y me puse de rodillas frente a ellos. Ambos se sobaban sus penes bruscamente, yo acercaba mi boca hacia ellos y les daba una mamada, para acelerar la labor, tenían sus penes a punto de estallar y el primero que lo hizo fue Carlos, me tomo de mi cabeza e hizo que me consumiera su pene dentro de la boca y exploto llenando mi boca y garganta de semen… Él se convulsionaba y yo trataba de no dejar que nada de su leche saliera de mi boca, la trague toda y tenía un sabor un poco amargo.

    Ahora era el turno de mi suegro, el acerco su pene a mi boca pero no lo metió dentro, comenzó a lanzar chorros y chorros de leche sobre mi cara y boca, yo trate de recoger lo mas que pude de lo que llegaba hasta mi boca, esta era un poco dulce no como la de Carlos y con gusto chupe, tome el pene de mi suegro para limpiar hasta la última gota, lo succione varias veces hasta que él tuvo que quitarme.

    -Nuerita, tranquila; que quieres que me dé un paro cardiaco? Qué manera de mamar la tuya, tienes una boquita de ternera jjj.

    Yo solo sonreí, ya se me había olvidado lo que había pasado, no recordaba que me habían cogido a la fuerza pero era un hecho que no me importaba, lo había disfrutado y estaba segura de que esta no sería la única vez.

    -Bueno cuñadita creo que ya nos vamos, ya te hicimos compañía jjj y tú a nosotros, no olvides seguir invitándonos cuando mi hermano te deje solita.

    -Gracias Rosita, por todo… por eso eres mi nuera favorita jjj. Espero vernos muy pronto

    Estaban en la puerta para retirarse y mi cuñado Carlos me dio un beso en mi boca que me quito el aliento por un rato y me dio sensación de excitación., pero sabía que ya por este da estaba mas que bueno. Les dije hasta pronto y procedí a cerrar la puerta.

    Mi esposo estaba de regreso, ya era domingo, yo jamás le contaría lo que había ocurrido o no sé, tal vez algún día lo haría pero de momento lo dejaría así, ya que podría salir beneficiada cada vez que quisiera, tenía a mi suegro a mi cuñado a mi disposición…

    Pero eso ya quedara para un futuro… de momento hasta quedado con mi historia…

  • ¿Dónde estás, Anahí?

    ¿Dónde estás, Anahí?

    Sergio estaba sentado en el sofá y yo en sus piernas. Nos besábamos y Sergio acariciaba mis piernas. Yo usaba una bonita blusa de satín negro, minifalda rosa y zapatos de tacón negro. Mi pene estaba erecto, me excitaba que mi novio me manoseara, me excitaba saber que me deseaba.

    – ¡Anahí – me dijo – eres muy hermosa!

    – ¡Mi amor!

    Después volvió a meter su lengua en mi boca.

    – ¿Te gustó mi falda? – pregunté.

    – Me gustan tus piernotas – me respondió al tiempo que mallugaba mis muslos.

    Yo gemí de placer.

    – ¿Me la chupas?

    – ¡Sí!

    Me puse a cuatro patas en el piso y mi novio se bajó el pantalón, después metí su pene en mi boca y comencé a mamar.

    – ¡Anahí! – gimió mi novio.

    Mi corazón latía desbocado mientras le chupaba el pito a mi novio, estaba enamorado de ese hombre, lo amaba. Después de algunos minutos, no resistí más y me acerqué para besarlo.

    – ¡Sergio! – le dije.

    – Anahí…

    – ¡Ya penétrame!

    – Sí, nena…

    En la habitación Sergio hizo que me empinara sobre la cama, me bajó los calzones y después comenzó a lamer mi ano. Yo gemí de placer, amaba cuando mi novio lamía mi sexo. Sergio atendía por completo mi zona íntima, lamía mi ano, besaba mis nalgas, mis muslos y acariciaba mi pene. Después mi novio comenzó a aplicarme el lubricante por mis nalgas y piernas y colocó su pene en la entrada de mi ano.

    – Anahí… – me dijo – esta falda te hace ver como una puta…

    Sergio empujó, mi ano cedió y su pene se abrió camino hasta el fondo de mi recto. Yo mordí las sábanas para no gritar.

    – ¡Soy tu puta, mi amor! – le dije – ¡Cógeme!

    La pelvis de mi novio comenzó a estrellarse una y otra vez sobre mis nalgas y su pene a entrar y salir una y otra vez de mi ano. La gloria: nuevamente yo era la hembra que siempre había querido ser.

    Había oscurecido. Sergio y yo estábamos completamente desnudos y llevábamos ya algunas horas revolcándonos por toda la cama adoptando todas las posiciones macho-hembra posibles. Al final yo estaba acostado sobre la cama con mis piernas abiertas y Sergio estaba sobre mí.

    – ¡Voy a terminar, Anahí! – me anunció mi novio.

    – ¡Préñame, Sergio! – le supliqué a mi pareja.

    Y mi novio comenzó a eyacular dentro de mí al tiempo que yo tenía mi segundo orgasmo de la noche. Después de llenarme con su semen, Sergio se tumbó a mi lado y yo permanecí ahí, abierto de piernas, preñado por tercera vez y adolorido por el brusco trato que mi novio me había dado aquella noche.

    – Te quiero, Anahí…

    – Y yo te quiero a tí, Sergio… – le respondí, sin tener el valor de decirle que lo amaba.

    Poco después escuché que mi novio roncaba. «Descansa, mi amor -pensé- te lo ganaste». Yo me sentía feliz, pleno; mis entrañas chorreaban semen, mis piernas estaban adoloridas y me sentía mujer. Recordé los años de angustia que pasé intentando reprimir mis deseos sexuales y tuve la certeza de que haber comenzado mi relación con Sergio había sido la mejor decisión que había tomado en tomado mi vida. Después escuché que mi teléfono sonaba.

    Me levanté de la cama y busqué el aparato. Desbloqueé la pantalla y vi que había recibido algunos mensajes de un número desconocido.

    19:10 – Hola mi amor…

    19:11 – Necesito decirte algo, conozco tu secreto

    19:11 – Sé que te gustan los hombres y que tienes relaciones sexuales con un hombre veinticinco años mayor que tú

    19:12 – Sé que tu novio se llama Sergio y que tus papás no saben lo que eres

    19:15 – Me gustas mucho, Anahí

    20:20 – ¿Estás con Sergio?

    20:25 – ¿Están haciendo el amor?

    22:20 – Anahí, ¿cuánto tiempo pasan en la cama?

    23:07 – Me gustas mucho, Anahí, y vas a ser mío…

    23:43 – Contéstame en cuanto puedas, mañana paso por ti cuando salgas del trabajo

    23:43 – Te voy a llevar a un hotel y te vas a entregar a mi o haré que tus padres se enteren de tu secreto

    23:44 – Si no te entregas a mi mañana les haré llegar a tus padres todas tus pláticas con Sergio para que lean las cochinadas que se dicen y las cosas que haces con él

    23:57 – Lamento que las cosas tengan que ser así, te quiero

    Mi sangre se heló. Sin poder controlarme, caí sobre mis rodillas. Aterrado, volví a leer los mensajes una y otra vez. No podía entender lo que estaba pasando. ¿Quién era esa persona? Desesperado, en un instante pensé en una salida.

    00:43 – Disculpa, creo que te equivocaste de número

    – Anahí, ¿estás bien? – escuché que me preguntaba Sergio desde la cama.

    – Sí, amor, solo necesito ir al baño.

    – No tardes – me dijo y luego regresó a dormir.

    Salí de la habitación y me dirigí al baño. Mientras caminaba, el teléfono sonó nuevamente. Entré al baño, cerré la puerta con seguro, me senté en la taza y abrí el mensaje.

    00:44 – ¡Anahí!, ¿estás bien?

    00:44 – Te equivocaste de número, no conozco a ninguna Anahí

    00:44 – Anahí, por favor, deja de hacerte tonta

    Después recibí una foto y al verla sentí que el semen de mi novio salía de mi ano. En la foto aparecía yo, vestido de mujer, abierto de piernas y siendo penetrado por Sergio.

    00:46 – Alan, sé que te gusta usar faldas y coger con hombres…

    Quise gritar, ¿quién era esa persona, como sabía de mi secreto y por qué tenía esa foto?

    00:47 – ¿Quién eres?

    00:47 – Un hombre que te ama y que quiere lo mejor para ti… ¿estás con Sergio?

    00:48 – ¿Quién eres? – le repetí, desesperado.

    00:49 – ¡Respóndeme, Anahí!

    Sentía tanto miedo que quise llorar.

    00:50 – Sí, estoy con él

    01:07 – ¿Estaban teniendo relaciones?

    01:08 – Sí…

    Después comencé a recibir una docena de fotos en las que Sergio y yo estábamos teniendo sexo.

    01:12 – A partir de este momento tienes prohibido tener relaciones con él, a partir de mañana vas a ser mía o tus padres van a ver todas estas fotos…

    01:13 – No tengas miedo Anahí, todo va a estar bien. Descansa, te quiero

    Mis ojos derramaron algunas lágrimas.

    01:13 – Por favor, dime quien eres

    01:14 – No importa quien sea yo, mañana voy a penetrarte y vas a ser feliz conmigo

    Unos minutos después regresé a la cama, me acosté y Sergio me envolvió entre sus brazos. Quise conciliar el sueño, pero toda esa noche apenas pude dormitar. Estaba aterrado. ¿Como rayos se había enterado ese hombre de mi secreto, por qué tenía las fotos íntimas que Sergio me tomaba? ¿Acaso se trataba de una trampa puesta por mi novio? ¿Le había pasado mis fotos a algún amigo con la intención de ponerme a prueba? ¿Acaso pensaba que yo podía serle infiel? Y si no era así, ¿quien podría ser?

    Sergio despertó cuando los primeros rayos del sol se colaron entre las cortinas. Nos besamos y luego nos metimos a la regadera. Después de limpiarnos el uno al otro, Sergio me invitó a arrodillarme. Dudé un instante antes de meter su pene en mi boca, el extraño que me había escrito la noche anterior había dicho que no quería que tuviera sexo con Sergio. A pesar de ello metí su pene en mi boca. Mientras mamaba el pene de mi novio, comprendí que él no podía ser el responsable de aquella terrible broma. Sergio me miraba a los ojos mientras se la chupaba y en sus ojos yo podía ver el amor que ese hombre sentía por mí. Acariciaba con ternura mi rostro, me quería, él no se atrevería a hacerme algo así, pero entonces, ¿quien era y por qué lo hacía? Poco después mi novio se descargó en mi boca y bebí su semen. Sergio me ayudo a incorporarme, me beso y saboreamos su semen en nuestro beso.

    – ¿Estás bien? – me preguntó.

    – Sí, es solo que no pude dormir bien.

    – ¿Te lastimé?

    – Tú nunca podrías lastimarme – le dije y después lo besé con la intención de que dejara de hacerme preguntas.

    Poco después entramos en la cocina. Sergio iba a prepararme el desayuno.

    – Me gustó mucho tu falda, te hace ver espectacular, nena – me dijo mientras preparaba los alimentos – vas a usarla mucho.

    – Sabía que te gustaría – le dije fingiendo una sonrisa.

    – Me pusiste muy cachondo.

    – Me di cuenta.

    Después de desayunar tomé mi mochila y nos preparamos para salir. Nos abrazamos y nos dimos un último beso antes de salir al mundo que desconocía el amor que había entre nosotros.

    – Te quiero, Anahí – me dijo.

    Yo me colgué de su cuello y lo besé apasionadamente, después, le dije lo que realmente quería decirle.

    – Yo no te quiero, Sergio, te amo y soy muy feliz siendo tu mujer.

    – Anahí…

    – No tienes que decir nada, solo quería que lo supieras… ¡te amo! – y volví a besar a mi novio.

    Lo había decidido. Al salir de la casa de Sergio aquella mañana yo estaba seguro de algo: amaba a mi novio y no iba a dejarlo.

    Mientras corría hacía mi trabajo pensaba en lo que tenía que hacer para terminar con aquel problema y solo encontraba una solución: tenía que decirle a mis padres que yo tenía sexo con un hombre antes de que aquel extraño lo hiciera, y aunque aquella solución me aterraba, sabía que no tenía opciones. Mamá posiblemente me apoyaría, pero no estaba seguro de como iba a tomarlo papá. Estaba aterrado, ¿cómo reaccionarían mis padres al leer las conversaciones que sostenía con Sergio? ¿Que pensarían al leer las cosas que le dije a Sergio sobre como esperaba que me tratara?, ¿O de las sórdidas descripciones que él hacía sobre las cosas que deseaba hacerme en la cama? Pero sobre todo, ¿cómo reaccionarían al ver las fotos en las que soy penetrado por un hombre veinticinco años mayor que yo mientras estoy vestido de mujer? Quise llorar.

    Cuando me encontraba a la mitad del camino me detuve y marqué a la oficina para avisar que no podría presentarme, «No me siento nada bien, tengo un resfriado», le dije a mi jefe. «Recupérate, Alan, te esperamos mañana», me respondió y terminamos la llamada. Después me dirigí a la casa de mis padres, era momento de revelarles un gran secreto sobre mí.

    08:45 – ¿Como estás, Anahí? – me escribió poco después el hombre misterioso, pero no le respondí.

    08:48 – ¿Como tomó Sergio la ruptura?

    «¡Eres un infeliz!», pensé.

    08:52 – ¡Nena, cuanto deseo que te abras las nalgas y me ofrezcas tu culo como lo hacías con ese viejo!

    Después recibí una foto de un vestido.

    08:57 – Mira lo que vas usar esta noche, lo compré para ti.

    Bajé del autobús y comencé a correr. Tenía miedo y tenía que acabar con eso tan pronto como pudiera.

    09:03 – ¿Por qué no has llegado a tu oficina, Anahí?

    ¿Como podía saber eso, acaso me estaba espiando?

    09:05 – ¡Anahí, respóndeme!

    09:06 – ¿Me espías? – pregunté al borde de la histeria.

    09:06 – ¡Sí, Anahí, te espio! ¿Dónde estás?

    Me faltaba el aliento.

    09:07 – Voy a terminar con esto…

    09:07 – ¿De que hablas?

    09:07 – Voy a decirle la verdad a mis padres, ¡Y no voy a acostarme contigo!

    09:08 – No seas tonta… ¿como lo van a tomar tus padres?

    09:08 – ¡No me importa, pero no voy a ceder a tus chantajes!

    09:08 – ¿Y tus compañeros de trabajo?

    Después recibí una liga a un sitio de almacenamiento en linea: ahi se encontraban almacenadas todas las eviencias de mi vida secreta.

    09:10 – Puedo enviarle esta liga a uno solo de tus compañeros de trabajo y para el medio día todos sabran tu secreto.

    Llegué a la casa de mis padres pero no pude tocar la puerta. Comencé a llorar.

    09:12 – ¿Por qué haces esto? – pregunté desesperado.

    09:12 – Anahí, no quiero lastimarte, te amo y necesito que seas mía

    Salí corriendo de ahí, no quería que mis padres me descubrieran llorando a las afueras de su casa. Comprendí que no iba a ser capaz de llevar a cabo mi plan.

    09:20 – ¡Por favor, no hagas esto, déjame solo!

    09:20 – Lo siento, no voy a hacerlo, vas a ser mía… ¿donde estás?

    09:21 – ¡Te lo suplico, déjame en paz!

    09:21 – ¿Dónde estás Anahí?

    09:22 – ¿Dónde estás Anahí?

    09:23 – ¿Dónde estás Anahí?

    A las nueve con veinticinco minutos le envié mi ubicación al desconocido.

    09:26 – Voy por tí, espérame ahí – me respondió y unos minutos después descubrí que el hombre que me chantajeaba era el hermano menor de papá, mi tio Jaime.