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  • Los casos de Amanda: Usada en el verano eterno (2)

    Los casos de Amanda: Usada en el verano eterno (2)

    Al caer al suelo, los ladrones de los días fueron bastante rápidos e inteligentes. Quitaron los medallones y uno de ellos acerco su cabeza a la de Amanda que abrió los ojos con terror. Pero era demasiado tarde, sin sus protecciones no pudo más que dejarse arrastrar a ese mundo simulado por los poderes de las criaturas. Adiós al mundo de los despiertos, Amanda. Bienvenida al eterno verano, Amanda.

    El eterno verano

    Incluso en ese mundo de ensueño donde ellos son señores, los ladrones de los días no se fían de Amanda. La habían encerrado en una habitación de la mansión ilusoria que domina todo el mundo. En este lugar, ellos son fuertes, radiantes y bellos. Incluso ella que los odia con toda su alma le cuesta no intentar complacerlos para verlos sonreír, el glamour que utilizan para nublar la mente es muy poderoso. Una contraparte de su debilidad física… Pero al ser adulta no le afecta del todo la ilusión, permitiendo pequeños «despertares» mientras el tiempo pasaba mucho más despacio en esa ilusión conjunta.

    En cierto momento se despertó a medias mientras que ese hombre enorme la subía escaleras arriba como si fuera un saco de patatas, los músculos se habían desarrollado especialmente para sorpresa de Amanda, que siempre que había visto a protectores de estos seres solían ser gente escuchimizada pero enloquecida. No sabía si funcionaría, y pero empezó a decir el nombre de su hermano. Pero uno de esos monstruitos volvió la atención a ella al notarla despierta y quedo de nuevo en trance.

    Tras ese incidente los días habían pasado rápido. Ya lleva una semana metida en el interior de esta ensoñación. Encerrada en su gran habitación (que debía reconocer que todo su apartamento y algo más podía caber perfectamente entre esas cuatro paredes). Había rechazado tanto comer como beber, los seres no podían obligarla, aunque tardó en domar a su estómago. Sabe que en el mundo real solo han pasado unos minutos y que de aceptarlo, serían fragmentos de madera, cristales o similares. Además aceptar comida de hadas siempre es una mala opción, incluso en sus vertientes más benignas.

    Por lo demás dormía en una cama excepcionalmente grande, cuyas sabanas se colocan por arte de magia y toda la habitación se mantiene fresca y limpia… Y eso que los primeros días había destrozado el mobiliario por el cabreo de haber caído de nuevo por otro despiste. Al menos junto a un armario lleno de ropas que le quedan bastante bien y son coquetas (al parecer copian los gustos de la persona que habita en la habitación), hay también una gran librería donde encontró libros infantiles y comics, sacados sin duda de las mentes de algunas de sus víctimas.

    No es que no estuviese entretenida. También observaba desde su habitación, como los niños capturados juegan en un paisaje de ensueño y pasan las noches veraniegas entre cuentos, parrilladas, fuegos artificiales y similares. Tras intentarles llamar su atención se dio cuenta que el hechizo de los pequeños seres mantenía alejado a Amanda de los otros «presos». También intentó varios intentos de fuga, pero la misma naturaleza del lugar jugaba en su contra, por lo que tras la enésima vez que pegó con un mueble la ventana de un cristal irrompible, decidió esperar su oportunidad. Solo tenía que esperar, ya que tenía otro as en la manga.

    Pues no ha dejado de percatarse, que su particular naturaleza estaba empezando a afectar también la mente de las criaturas. En la puerta cerrada que impedía la salida de su habitación había una mirilla y la entrada de comida donde en cada momento aparecía lo que más le apeteciera. A veces la mirilla se abría y podía ver unos ojos no del todo humanos observándola.

    Al principio solo la miraban para que no intentase nada raro y estar seguros de que no haría nada… En cierto modo se preguntó porque la mantenían viva. Al fin al cabo habían podido cortarle el cuello en cuanto cayó al suelo. Pero se dio cuenta de que estaban intentando crear otro «padre» o quizás esperando que cediera y consumir los días que le quedaban de vida.

    Pero los planes de las criaturas pronto se torcieron a unas necesidades que no habían contemplado. Pronto las miradas por la mirilla fueron más largas o en momentos especialmente invasivos como cuando se cambiaba de ropa o similares. Al menos le dejaban dormir. Por supuesto, no había necesidades fisiológicas, excepto descansar y aun así, no demasiado. Por eso se mantenía haciendo ejercicio. Ya que en esos sueños volvía de nuevo a la realidad por unos segundos. La cosa es que la habían colgado del desván boca abajo, pero atada de una forma tan desastrosa había conseguido un cristal y había estado serrando las ligaduras, cuando terminase de cortarlas, se haría daño una y otra vez para mantenerse consciente y buscaría una salida.

    Había pensado mucho en la figura del «padre» de estos seres. Cuantas más vueltas le daba, más se daba cuenta de que si, era Bart, su hermanastro. Al parecer las criaturas no le mataron, sino que se quedaron impresionados por su violencia y lo convirtieron en su pelele durante más de 15 años. Si mataba a esos seres, su dominio sobre él se resentiría y terminaría devolviéndoselo. Eso hacía que tuviera más ganas de escapar de este lugar ficticio.

    Tras dos semanas de encierro, finalmente uno entró, justamente cuando estaba quitándose el pijama. Todavía con el culo al aire, se quedó sorprendida al verlo. Dentro de ese mundo, los ladrones de día tenían una forma idealizada… y como buscaban dar una sensación de tranquilidad, tomaban formas mayores, pero no tanto como para que les tomaran como adultos (a los cuales desprecian en general).

    La criatura sin miedo se acercó con una mano blanca y suave para tocar la carne desnuda que había dejado a la vista. Entonces por instinto busco tumbarlo con una llave de Judo. Esperó que al caer derrotados en su propio mundo ficticio ayudaría a que le liberasen su presa mental sobre ella pero era como golpear o mover un gran peñasco, e incluso allí notaba la sensación de excitación… eso significaba que la criatura está pegada a su cuerpo en el mundo real. Quizás tocando a la par ligeramente mientras que ponía su cabeza sobre la suya.

    La criatura al final se aburrió de los intentos de Amanda, con una sonrisa burlona, y empezó a acariciar las partes que tenía desnudas con un toque impreciso, brusco como si no supiera bien que hacer. Empezó por su culo y después tocó los pechos que aún mantenía ocultos bajo su pijama. Amanda intentó no gemir. Al final bajó la mano y empezó a acariciar el sexo de Amanda, e incluso lo penetró con los dedos al ver la cara de humillación y las palabras que le dedicaba la humana. Y tras un rato que estuvo jodiendo con sus dedos con ella de pie, al final terminó por provocar el orgasmo de Amanda.

    Y tal como entró salió, empujándola para que volviera a su rincón y habló con su compañero esa jerigonza extraña, que solo podían entender ellos y los chicos hasta cierta edad. Amanda, que siempre nota esa excitación en este lugar creyó ver una mancha oscura muy pequeña en medio de la pared colorida de un lado de la habitación, pensó que quizás por la pérdida de atención de la criatura.

    Los días pasaron y este tipo de visitas se empezaron a convertir en habituales, aunque cada vez eran más atrevidos. En general consistían en tocamientos, a veces hasta lamían la piel de Amanda. Pero les costaba dar pasos mayores. No porque tuvieran miedo o respeto por Amanda, sino por desconocimiento. Los ladrones de los días no tenían necesidad de sexo, sino que su reproducción es bastante cruel. Cuando un niño es especialmente puro, los ladrones de los días lo cambian dentro de este mundo de ensoñación hasta convertirlo en uno de ellos, haciéndole olvidar toda su vida anterior. O sea, todos los seres que la estaban torturando habían sido chavales especialmente buenos. No es que fuese a cambiar su opinión sobre ellos.

    Todo hay que decir, que si bien a las criaturas estaban perdiendo el control, ella misma empezaba a sentirse cada vez más necesitada. Hacerse dedo tras dedo, lo único que hacía era sentir aún más la necesidad de tener un compañero real de cama. Ahora, cada vez se sentía más excitada. Y momentos excitantes, como cuando dos de esas criaturas le obligaron a estar abierta de piernas mientras acercaban sus caras para examinar mejor su coño o cuando se turnaban durante horas para penetrarle con sus dedos mientras ella se corría una y otra vez, ya que les excitaba mucho verla corriéndose o explorándole con sus lenguas, y pronto descubrieron que teclas tocar para que ella llegase… Aun así se decía una y otra vez que lo que buscaba era salir de allí.

    En uno de esos momentos que volvió a la realidad, se dio cuenta de que la habían bajado de la cuerda que la mantuvo bocabajo y ahora. Y está sin pantalones ni bragas encima de un colchón, los cristales habían sido retirados. Y no estaba ataca, por lo que intento moverse, pero le faltaban las fuerzas quedando echada ¿Quizás esta inmovilización es un poder que ella ha descubierto en estos seres? Maldita gracia el averiguarlo ahora, pensó en ese momento Amanda. Eso empeoraba su situación. Solo pudo echar un vistazo a su alrededor y no encontró en esos momentos su bolso por ninguna parte. Y no debía haber pasado más que unos minutos en la vida real. Estos cambios de tiempo le empezaban a afectar.

    Después de eso las cosas fueron poniéndose especialmente inquietantes, las criaturas además de su cuerpo empezaron a explorar el suyo. Por suerte, no sentían esa necesidad frente y con los niños secuestrados, solo Amanda les provoca ese tardío despertar sexual y pronto descubrió que también entre las féminas de su propia especie. Y cuando iban a visitarla ya no era raro que se masturbaran después de humillar a Amanda provocándole un orgasmo con sus caricias y lametones, para terminar dejando perdida tanto a Amanda como la habitación. Por suerte cada mañana volvía a estar reluciente como si alguien hubiera llamado a la criada o Amanda hubiese tomado un baño… Una de las cosas que echaba de menos es la de relajarse con un buen baño.

    Siguiendo con los ahora cambiantes ladrones de los días. Tanto tiempo y tantas atenciones recibidas para bien o para mal, hizo que Amanda les terminara poniendo nombre a las cinco criaturas, con esa familiaridad del que tiene demasiado tiempo y solo se encuentra con sus captores como única compañía… aunque una y otra vez se hacía recordar las cosas horribles que hacían para mantenerse firme y no dejarse llevar por un incipiente síndrome de Estocolmo. El caso es que había dos de ellas a las que tenía más atención.

    Al primero de los que destaca sobre el resto le llamó Emperador, no solo porque manda al resto de Ladrones de los días, sino porque su ropa le hacía corresponder con alguien de la nobleza… y es incluso dentro de esos seres malignos los que le hacían la vida más imposible en ese cautiverio. En realidad, también es el primer ladrón de los días que había visto, incluso antes de ser investigadora. Lo recordaba demasiado bien, fue en su momento quien había hablado con ella de pequeña y le había atraído a este lugar. Su versión idealizada se correspondía. Él la recordaba y por eso parecía disfrutar aún más, el volver a obtener el control sobre una presa mucho tiempo esquiva.

    Y vaya si lo tenía en cuenta. Era el quien más se atrevía a explorar y menos le importaba hacer daño a Amanda durante el transcurso de sus investigaciones, incluso la había penetrado a pesar de los intentos de Amanda de tenerlo contento de otra forma, como ofrecerle una mamada… La primera vez, estaba acariciando con su miembro el cuerpo de Amanda que estaba tumbada en la cama mirando a la pared, cuando notó como le miraba cuando se acercó a su coño con su polla y para fastidiarla lo introdujo, la sensación le gustó y tal como chillaba y veía a actuar a Amanda, supo que era aún más efectivo que sus otras caricias y mortificaciones.

    No tardo en encontrar placer en buscar nuevas posiciones para darle castigo a Amanda… aunque a veces era ella misma quien lo indicaba con sus movimientos, porque con cada día mejoraba su técnica. Pronto otra de esas criaturas vio a los dos amantes, cuando Emperador estaba empotrando contra la pared a Amanda. Tras una discusión en esa jerigonza y con ella humillada porque en el fondo, le estaba complaciendo, la criatura recién llegada se bajó sus propios pantalones y para horror de Amanda le subió a la mesa y empezó a penetrarla provocándole un fuerte orgasmo.

    Desde ese momento, el resto de seres había probado a hacerlo igual que él. Y por las noches no era raro que uno de ellos la follara sin remedio encima de la cama… y cada vez era menos raro que Amanda esperase ese momento del día, tras todo un día de toques, roces y demás formas de burlarse de ella que la ponían especialmente cachonda. Incluso su ropa cada vez eran ropas más cómodas, seductoras o simplemente lencería que incitaba a las criaturas a actuar.

    Luego esta Princesa, la única fémina del grupo y que ahora que habían despertado sexualmente, tomaban como otra víctima para sus recién descubiertos apetitos. No era extraño que acompañase a otro de esos seres, y ser molestada o ser el precalentamiento, antes de que se centrarán en Amanda. Ella también había sido cruel con Amanda como el resto, explorándolo o pinchándola… Aunque también mimetizó las formas de dar placer a Amanda, para dárselo a sí misma.

    Pero un día, cuando Emperador tras darle un guantazo la puso a cuatro patas y la violó a pesar de sus suplicas. La empatía o quizás el síndrome de Estocolmo latente hizo que Amanda la abrazara, cuando el otro monstruo las dejó en paz a las dos. Entonces la ladrona de los días, se quedó sorprendida. Algunas veces volvía en las noches, simplemente para abrazarla. Tras unas semanas, empezó con los regalos y mimos.

    Le traía vestidos muy recargados de cuentos de hadas (que al parecer le encantaban a ella), la arrullaba cuando veía que uno de los otros se había portado especialmente cruel con ella e intentaba comunicarse con ella. Tras muchos intentos empezó a enseñarle como hablar en humano, ya que ellos utilizaban la propia imaginación de sus presos para que oyeran lo que querían oír. Con Amanda dejaron de poder hacerlo tras empezar a intimar con ella. Pronto pasaron tardes donde la cosa con la apariencia beatifica de una mujer muy joven de pelo dorado le hacía preguntas sencillas con un acento extraño y Amanda respondía con términos que pensaba que podía entender.

    Y también jugaban juntas… uno de los placeres ocultos de Princesa era desnudar a Amanda y montarla como un caballo, con ella misma desnuda sobre ella, caminando alrededor de la habitación haciendo ruidos de batalla. La investigadora, primero se lo tomó como una ligera ofensa, un fastidio que al menos no terminaba con ella dolorida o llena de semen, luego le siguió el juego con alegría. Ahora era algo privado entre ellas, un preliminar que terminaba con ambos coños muy mojados y ellas retozando en la cama. Amanda en ciertos momentos pensó en ella como una hermana pequeña… excepto cuando andaban jugueteando, claro está.

    Y entre despertares donde no podía hacer nada y días torturada sexualmente habían sido seis meses de verano y Amanda le costaba pensar, entre el placer, el glamour y el tiempo pasado… las sesiones violentas con Emperador (que en cierto modo encontraba sugestivas y la mantenían en su odio hacía ellos) y las más suaves y divertidas con Princesa, además de las visitas del resto, también con sus particularidades, por ejemplo la necesidad de Guiñoz porqué alguien mirase mientras usaba a Amanda, usualmente Princesa, que terminaba tocándose a la par que la follada…

    Pero, finalmente, la ilusión terminó cuando por fin uno de los mordiscos que le dedicó al miembro de Emperador si resultó efectivo. No creía que iba a poder hacerle nada, por lo que cuando le mordió le produjo al daño al tirarle a Amanda, al no mostrarse receptiva a chuparle su miembro. Emperador gritó y con el la ilusión de habitación fue poco a poco dando paso al sombrío desván, alertando al resto que salieron de las habitaciones donde se alimentaban de los otros cautivos.

    Habían perdido tanto la concentración que Amanda empezó a notar el frío encima del colchón con el ladrón de los días encima suyo con la frente ligeramente separada y una mirada de odio en sus ojos rasgados. Amanda notó como recuperaba la fuerza, tras darle un cabezazo para alejarlo y buscó algo como arma improvisada.

    Pero la presión de las cinco mentes hizo que volviera a sentirse débil, pero ya no volvió a ese extraño mundo y para vergüenza de Amanda, una línea de pensamiento bastante sucia hubiera preferido, visitarlo una última vez. Los seres tras someterla discutían entre sí, por la forma que la señalan y la violencia de sus gestos no en buenos términos para la investigadora. Para su sorpresa (aunque en cierto modo lo esperaba) Princesa hace movimientos para apaciguar el estado del resto y habla con un tono más relajado y tranquilo… ¿La está protegiendo?

    Entonces la terrorífica cara de Princesa se acerca y le dijo en un más que razonable inglés: —¿Tú ser nuevo «padre»? Ummm ser buenos contigo. —Y tras pensar un momento siguió. —Yo querer que estés conmigo. A mi me gustas. —Intento sonreír, lo que no mejora mucho su expresión, a lo que Amanda no supo que responder. Pero Emperador le grita y la golpea. Tras caer al suelo discuten y el resto se une a los golpes a la ladrona de días y la jerigonza de Princesa es especialmente dolida.

    Pero tras otra retahíla de chillidos Princesa vuelve a hablar con Amanda, arrastrándose dolorida, intentando parecer contenta, pero su tono lo desmiente cuando le dice: —Última vez, nosotros irnos, tú quedarte… —Sin duda la está intentando consolar… Sí, una última «visita» a su habitación como quien dice antes de marcharse a otro pueblo para seguir secuestrando niños, pero cuando ellos se fueran, ella se quedaría en esta casa, muerta, por supuesto.

    Ahora

    Bart sopesa el hacha entre sus manos esperando en silencio, mirando al vacío y tras un tiempo acercándose a Amanda rodeada por esos seres que no paran de penetrarla o descargar su semen sobre su espalda, hasta que quien se la está follando se aparta tras dejar el coño con el semen cayendo y sujeta a Amanda para que no pueda moverse al igual que el resto. Excepto Princesa que se ha alejado del grupo, con las miradas de odio de sus compañeros y cuando el hombre va a descargar su hacha sobre el cuerpo de Amanda, ella se lanza para morderle la mano. Cuando Bart lanza contra la pared a la ladrona de los días sin mucho esfuerzo es cuando Amanda chilla con una voz destemplada de niña: —No, Bart…

    El hacha se queda en alto, mientras que los monstruos miran a Bart e intentan volver a domarlo, pero están muy debilitados, el resultado del sexo fuera de su mundo imaginario los ha dejado exhaustos, y la cabeza de Bart, junta dos y dos al ver a la albina. Una voz muy grave pregunta: —¿Amanda, eres tú? —No espera la respuesta, ya que sus ojos se entrecierran y solo dice: —Te han hecho daño. —Su gesto cambió a uno furioso, mientras que el hacha baja para descargar con toda su fuerza sobre la cabeza de uno de esos seres. Quizás el hierro templado no les haga tanto daño, pero la frustración y furia de tantos años de encierro en su propia cabeza, hizo que Bart enterrase el hacha hasta el mango y por ende la criatura murió ipso facto.

    El resto, asustadas ante lo que había sido su protector escaparon de la sala. Una de ellas saltó por la claraboya, para caer en la nieve y buscar salir de allí internándose en el bosque. Las salvaguardas volvieron a activarse cuando la criatura intentó salir del recinto protegido. Sus gritos proporcionaron algo de placer a Amanda. Princesa al contrario que sus iguales se quedó en el desván, acercándose a Amanda y la intenta tranquilizar como tantas veces había hecho en ese lecho ficticio en un lugar donde siempre había sido verano.

    Por un momento Amanda, no sabe que hacer mientras recupera la fuerza en su cuerpo. Había sido un monstruo, pero también fue su confidente, única amiga y buena amante… Además ahora la ha intentado salvar con un evidente riesgo para su propia vida ¿Qué hacer? Abrazarla para volver a sentirse segura entre sus brazos, apartarla pero dejarla vivir, doliéndole dejar a la única criatura mínimamente salvable de ese grupo de monstruos o, pedirle a Bart que acabe con su miseria. Al final solo dice: —Princesa, quédate aquí. Tengo que ocuparme del resto. —El monstruo asiente con esa deforme cabeza suya y espera obediente, mientras que Bart retira el pomo del hacha y levanta a Amanda, que trastabilla ligeramente, intenta recuperar la sensibilidad de sus extremidades.

    —Amanda. Ahora eres mucho más alta y me temo que yo también… me temo que no pude cumplir lo de protegerte durante estos años —Amanda le abraza a pesar del sudor y la falta de higiene de su hermanastro y se quedó así, apretada sintiendo su calor: —Dios, cuanto te echaba de menos… —Retirándose tras un momento, recuerda donde está y lo que tiene que hacer. Por lo que le comenta: —Todavía no estamos fuera de peligro, ya habrán oído a su amigo, saben que salir afuera es quedar frito y… mis armas no están descargadas. —Entonces escuchan los gritos de los niños doloridos, llamando a sus padres, preguntándose donde demonios están.

    La situación se está complicando, ahora volviendo a su actitud profesional… volvió buscó sus bragas y pantalones, no le gusta tener la sensación del semen de esas cosas todavía impregnándola, pero como siguiera así iba a morir de frío. Nervioso Bart parece darse cuenta de que su hermanastra está medio desnuda y se gira. Lo que hace que ella se ría ligeramente: —Me temo, que lo de virginal chiquilla ya se acabó a mis 16 años… Venga, vamos, tenemos que recoger mis cosas, acabar con los que quedan y sacar a los niños. —Y mirando a Princesa que la saluda ligeramente le hace pensar «Y pensar que hacer con ella.»

    Con Bart encabezando la comitiva, una vez más con su hacha en las manos, bajaron al piso y empezaron a buscar entre las habitaciones, donde los niños que aún permanecían conscientes se asustan al ver al hombretón con el hacha. Al final Amanda simplemente ignora los chillidos de miedo. Pensando que así no saldrían de sus habitaciones. Uno de esos seres, se abalanzó en la cuarta habitación que exploraron, de nuevo intentando poseer a Bart. Con ello, solo se llevó otro feroz hachazo. Amanda tuvo que reconocer que era verdaderamente fuerte.

    Finalmente Amanda encontró su bolso y los objetos que contenía desperdigados en el suelo. Buscó los que podían serle útiles incluyendo una rápida daga de acero frio y recogió un pequeño bote con una sonrisa malévola. Y casi en la salida de la casa pudo escuchar de nuevo la jerigonza que hablan los ladrones de días. Al parecer no se atrevían a salir de la casa para no sufrir el mismo destino que su anterior compañero. Uno de ellos lleva el revolver, al que reconoció como Emperador, que apuntó a su compañero para que saliera.

    Comprendió el plan de la criatura, usar a su compañero para activar la mina y luego seguir por encima de su cadáver. Emperador tuvo que animarlo con un disparo que rozó el hombro e hizo aullar al otro ladrón de los días. Bart iba a salir al verlos distraídos, pero Amanda le frenó y le señaló la daga, ahora le toca a ella. La criatura herida busca que es lo que provocó la muerte de su anterior compañero, pero otro tiro le hace salir corriendo sin cabeza provocando que caiga contra otra de las salvaguardas.

    Emperador se prepara para correr, cuando nota el fuerte dolor en su espalda. Se intenta girar, pero está paralizado. La humana que había usado durante meses en esa cárcel mental, ahora le habla mientras le encara sonriendo. No entiende lo que dice, pero sabe que no le espera más que dolor. Amanda le obliga a tragar el contenido del bote recogido.

    Amanda disfrutó cada segundo que duró el lento envenenamiento. Mientras el ladrón de los días se retorcía de dolor. Bart se quedó pensativo al ver como había cambiado la flacucha y soñadora albina. Su hermana querida había crecido al fin al cabo. Cuando todo termina Amanda decide subir al desván acompañada de Bart, que le hacer la pregunta: —¿Qué vas a hacer con ella? —Ella no dice nada y cuando llegan, Princesa de nuevo vestida con sus harapos, intentando estar presentable le dedica una sonrisa en su inquietante cara.

    Varias horas después

    El Sheriff abraza a su nieta que llora desconsolada. A su alrededor hay un par de ambulancias y los seis coches de policía que han conseguido movilizar. No han podido salvar a todos los niños, algunos habían muerto por heridas infectadas y por el frío mucho antes de que Amanda llegara. Pero al menos ocho familias podían dar gracias a Dios por tener de nuevo a sus hijos en casa. La mujer había cumplido su parte del trato y no preguntó por el extraño olor que desprendía ni por las manchas de lo que parecía a todas luces, semen. Demonios, por él podía ir en tanga ahora mismo y le tendría en un altar.

    A sus preguntas de si había encontrado al culpable solo le pudo sacar, que al menos ellos no harían más fechorías. Siguió la mirada de Amanda a cierto rincón en la nieve. No quiso preguntar que había enterrado debajo, pero se sintió aliviado. —Gracias, por rescatar… a los que han podido ser rescatados. Al menos está pesadilla ha acabado… Ya nos ocuparemos de encontrar al propietario de la furgoneta. Me temo que es bastante más rutinario que lo tuyo. —Amanda le sonrió ligeramente divertida, mientras que toma un poco del café caliente que le han traído de la comisaría: —A veces, me gustaría tener un trabajo como el suyo… Ya he terminado aquí. Si vuelvo espero que sea para usar su pista de sky. —Despidiéndose del sheriff fue a donde está su coche.

    Al entrar al interior, se encuentra Princesa que cacharrea con un móvil viejo que tenía dando vueltas en el coche, jugando a un juego muy simple pero que mantenía entretenida. Cuando Amanda entra ella sonríe. Ahora su sonrisa no es tan inquietante. Las hadas cambian de especie cuando su mentalidad lo hace. Sea lo que sea en lo que se está convirtiendo Princesa es mucho más agradable. Su hermano Bart siempre la protegió y volvió a hacerlo años después… Amanda no tenía hijos, ni piensa tenerlos. Pero no le parecía tan mala idea tener una «hermana» a la que proteger y que a veces le calentase la cama.

    Miró el móvil un momento, tenía un mensaje. Al parecer ya habían llegado a uno de los refugios cercanos de la orden. Su maestro podía ser muy temperamental, pero tenía predilección por Amanda y Bart necesita al menos unos meses hasta que las aguas terminen calmándose. Además persistía en su idea de protegerla, y para eso tenía que formarse. No habían hablado mucho, pero su conversación se mantenía al nivel de un chico de 13 años… Habría de pasar mucho tiempo para que pudiera ser alguien funcional en sociedad. Aunque quizás pudiera visitarle en algún momento del futuro próximo. La mano de Princesa le tocó el hombro al notarla triste y le dedicó una sonrisa amable para luego volver a enfrascarse en el juego. Tras devolverle la sonrisa, puso la mirada al frente y encendió el coche. Al menos en el hotel podría darse ese baño caliente de una santa vez.

    Fin

    Parte 1

  • Como una madura me hizo lesbiana por un día

    Como una madura me hizo lesbiana por un día

    Esto pasó ya hace un tiempo, tendría unos 25 años, en aquella época era soltero y aunque estaba interesado en una relación estable lo cierto es que tenía otra vida de entretenerme teniendo conversaciones calientes en apps, si bien era buen parecido no era muy bueno para el “ligue” tradicional por lo que no solía ligar tanto en fiestas sin embargo en esas apps tenía mucho éxito, solía tener muchos matchs y puesto que no buscaba nada serio por ahí, solía ir directo al grano y invitar al sexo. Algunas me seguían el juego, otras me borraban, lo normal.

    Usualmente no pasaba a mayores, cuando mucho sextear por whatsapp, mandarnos fotos, hacer video llamada, etc., pocas veces me vi realmente con alguien, lo que sí es que cuando la plática lo permitía yo aprovechaba para contar mis fantasías más sucias, esas que no cuentas en general y que al contar me ponía aún más caliente.

    En una ocasión hice match con una mujer madura, tendría unos 45 años, no recuerdo su nombre, me hablaba de cosas sobre la sexualidad como esperarías de una mujer que yo describiría como “hippie” que se dedique a la sexología (no es que hasta donde yo recuerde ella se dedicara a eso) pero el punto es que era digamos “efusiva” en temas de sexualidad y por ello, puesto que la conversación lo permitió. Yo empecé a contar muchas de mis fantasías más digamos “poco comunes”

    Le conté una de ellas que requiere un poco de contexto: (quizá pronto cuente más historias sobre ello en otro relato) pero el resumen era el siguiente: desde niño solía ponerme ropa de mujer a escondidas, conforme llegué a la adolescencia empecé a hacerlo más seguido, comprarme mi ropa, etc., básicamente me veía al espejo y me excitaba mucho sentirme una “mujer sexy” y a veces la fantasía evolucionaba a tener de pareja a otra mujer eventualmente la fantasía se convirtió en yo siendo una mujer femenina e inocente que era seducida por otra mujer más dominante y tenían sexo fuerte.

    En fin… Le conté un poco de esa historia y pues ella me leyó con intereses, ella, por su parte me contó que era divorciada y bisexual que solía tener una relación abierta con su exesposo pero que finalmente no había funcionado, finalmente me invitó a su casa y aunque no me insinuó nada sobre sexo, quería seguir platicando.

    Aunque me daba nervio acepté ir, contar mis fantasías y escuchas las suyas me excitaba mucho y aunque nunca me mencionó su intereses en vivir mi fantasía conmigo decidí llevar una pequeña maleta con mi ropa de mujer favorita “por si acaso”.

    Como en aquel tiempo vivía con un roomie que conocí por internet y no éramos tan amigos, tenía algo de privacidad lo que me permitía tener una sección en mi closet cerrada con llave con todos mis “outfits” femeninos.

    Antes de salir, me rasuré bien, y escogí mi ropa favorita en aquel tiempo, un pequeño calzón tipo bikini con estampado floreado sin costuras, un pantalón de mezclilla negro skinni que sentía me daba forma, unos flats color piel que me gustaban porque soy alto y si me transformo me gusta sentirme femenina, me puse un brassier blanco con estampado a rayas azules que por alguna razón me hacían sentir como “niña de casa”, una blusa de tirantes igual con rallas azules, también saque una peluca de color castaño ondulado y finalmente un poco de maquillaje.

    Finalmente llegué a su departamento, era un departamento más bien juvenil, no algo que esperarías de una mujer madura pero estaba lleno de detalles “hippies”, cuarzos, y cosas así, ya luego me contó que cuando se divorció empezó a vivir con un roomie que efectivamente era más joven.

    Empezamos a platicar, era muy raro estar con una señora que me doblaba la edad pero era interesante explayarse tan abiertamente en temas de sexo, entre las cosas que me contó me dijo que tenía una pareja mujer con la que luego tenía relaciones (lo cual a mi excitaba mucho escuchar) y que usaban un dildo/strapon, le dije que me invitará cuando pasará algo, se rio y me dijo que no.

    Seguimos tomando y contando, yo le conté de mis experiencias y ya desinhibido y caliente decidí acercarme a ella, le tome la pierna y en un momento ya estábamos en su habitación.

    Esta fue la primera vez que estaba con una mujer madura, lo cual por si solo era muy excitante, recuerdo que nos besamos y le empecé a quitar la ropa y lamer todo su cuerpo, cosa que me encanta hacer, un recuerdo que tengo muy grabado es que me dijo que “su clítoris” era muy grande cosa que por alguna razón le daba pena pero para mi fue curioso y le dio cierto más picor a la situación.

    Me baje a darle sexo oral, por supuesto lamí su clítoris lo cual parecía encantarle, y efectivamente era muy grande, creo que nunca me ha tocado uno así, como yo estaba muy caliente y pensando en mi fantasía no quise avanzar más en algo “tradicional” y mejor le dije:

    “oye y tienes ese dildo, no lo quieres usar conmigo”

    Lo pensó un poco y luego se paró y fue por el a su closet, lo tomó con una cara picara, estaba sobre un cinturón de piel puesto que era para ponérselo, y pues aproveché y le dije:

    “oye y si quieres traigo mi ropa femenina, quieres hacer lo que te conté”

    Ahora sin pensarlo me dijo si, obvio eso significaba “pausar” el momento pero no iba a desperdiciar la oportunidad, me puse mi ropa como puse, salí corriendo a mi coche y traje mi maleta, al regresar ella ya se había cambiado por una nueva lencería, brassier negro de encaje, tanga negra transparente y encima de todo su arnés con un pene de plástico.

    Me quedé parado y dije “wow” y sonreí “que sexy eres”.

    Vacié mi maleta en su cama, el ver mi ropa parece que la prendió y me dijo:

    “entonces quieres ser mi putita”

    «si por favor» – dije

    “Ponte tu ropa pues, ahora te llamaras Tamara“ – me dijo

    Dije “ok”, mientras me ponía mi ropa, como tenía una erección tremenda tuve que apretarme el pene contra mis piernas y subirme el pantalón para apretar bien.

    “Te falta un poco de maquillaje Tamara, ven aquí” – me dijo

    Me puso labial rojo que traía yo y como que el resto pienso no le gustó me dijo :

    “Deja traigo de mi maquillaje quedarás muy linda”

    Saco un delineador de ojos negros, y una poco de polvos y demás, mientras yo estaba sentada (a partir de ahora soy Tamara en esta historia y hablaré en femenino) me maquillo la cara, me delineo los ojos, cuando estaba lista me dijo:

    “quedaste hermosa Tamara”

    Me llevó al baño, cuando me vi al espejo quedé congelada, era toda un mujer, con mi cara blanca y ojos marcados, mis labios rojos y resaltados, debajo de mi blusa se asomaba el tirante de mi brassier que al ser push up alzaba un poco mis pechos pequeños, mi pantalón marcaba mi cadera que no era grande pero tenía buena forma, y mi cabello castaño delante de mi hombro me hacía ver hermosa. Ahora si, estaba lista para tener mi primera vez.

    “Que te parece” – me dijo

    Ella veía también al espejo donde yo podía verla en su lencería negra y su pene de plástico totalmente erecto.

    “Wow, muy bien” – Fue lo único dije, no tenía muchas palabras estaba borracho de excitación.

    Regresamos a la cama, lo primero que hice fue hincarme y tomar su pene, y chuparlo, lamerlo completo con mi lengua y “masturbarlo” como si fuera de verdad, ella solo me vía gimiendo como si realmente fuera un pene de verdad.

    Me quité la blusa quedando en brasier y seguí dándole sexo oral, ella me decía como “que bella zorrita mi Tamy” y cosas por el estilo.

    “súbete a la cama” me dijo y procedí a hacerlo sin chistar, “quítate el pantalón”, y me lo quite dejando salir mi clítoris totalmente erecto.

    “Eres una zorrita Tamy ¿lo sabias?” – me dijo

    “Si lo se cógeme, soy tu putita” – le dije

    Me quito ella mi calzón y me empezó masturbar mi clítoris, le dije “no espera”, estaba a 2 de explotar, y aún faltaba.

    “cógeme por favor» – le dije

    “Ok ponte de perrito hermosa” – me dijo

    Me puse de perrito en la cama.

    “Que rico culito tienes” – me dijo

    Fue a su closet por un poco de lubricante, se subió a la cama (puesto que no era tan alta su pene daba a mi ano).

    “Puede que duela un poco voy poco a poco” -me dijo.

    Puso lubricante en su nuevo pene y en mi ano y empezó a metérmelo, poco a poco, si dolía pero era demasiado excitante, una vez dentro empezó a sacar y meter y sacar y meter, yo no podía de la excitación y gemía entre placer y dolor.

    “Voltéate” – me dijo después de un rato.

    Quedé volteada viéndola de frente, se quitó el dildo, tomó un condón nuevamente de su closet, me lo puso, se bajó la tanga, me empezó a montar, la verdad no paso mucho tiempo cuando exploté, mi ojos se nublaron, nunca había tenido un orgasmo como ese, ella siguió y tuve un segundo orgasmo nunca había tenía doble orgasmo tampoco, sentía que sacaba ríos de leche, si no tenía condón yo creo que le hubiera chorreado

    Después de eso no recuerdo mucho todo fue muy raro como si todo hubiera sido un sueño, lo poco que recuerdo es despedirme de ella y (no me pregunten porque) borré su contacto de mi celular y la bloquee, quise buscarla más adelante pero ya no había forma de contactarle, ni siquiera recuerdo bien donde vivía pero me dejo un recuerdo inolvidable.

    [email protected].

  • Me convertí en puta sin darme cuenta

    Me convertí en puta sin darme cuenta

    Me hice muy popular en la universidad desde que ese chico me hizo salir a caminar en público con mis pies llenos de leche, pero también las ofertas me empezaron a llover. Obviamente el chico corrió la voz y muchos hombres se me acercaban a pedirme lo mismo o me escribían a mis redes. No supe qué hacer al principio porque muchos eran hombres asquerosos o simplemente no se me hacían guapos, o me ofrecían poco dinero.

    Pero la verdad yo me obsesioné con la sensación del semen en mis pies, y pensé que no sería mala idea hacer negocio con eso. Primero les respondí a los que me escribían a mis redes y les dije que podía hacerlo pero no aceptaba menos de $1000. Y así poco a poco empecé a hacerlo con varios chicos.

    Cada que me veía con un chico le pedía a una amiga que me acompañara y que me esperara hasta que terminara para que no me hicieran nada malo, y yo se los advertía a ellos, pero nunca me internaron lastimar. Y así poco a poco empecé a ganar dinero masturbando a chicos con mis pies. Algunos me empezaron a pedir que los dejara grabar mientras los masturbaba o fotos de mis pies llenos de su leche cuando se venían. Y empezaron a subir mis fotos y videos a una página de fetiche de pies.

    Cada vez más hombres me pedían hacerles footjobs, hasta que un día un chico me dijo que si estaría dispuesta a hacerlo con 5 chicos a la vez. Entonces recordé mi primera experiencia en la zapatería y les dije que sí. No podía dejar de recordar ese día cuando todos esos hombres me llenaron los pies con su esperma, y pensar en que podía volver a sentir lo mismo me dio mucha emoción.

    El día llegó, fuimos a un hotel y entré primero yo con el chico que me escribió. Entramos al cuarto y empezamos a platicar, y después de un rato tocaron la puerta y llegaron sus amigos. Al final no eran 5, llegaron 7, más el que me invitó. En total eran 8, pero me dijeron que me iban a pagar lo de cada uno. A mí no me molestó para nada, de hecho me puse más caliente al pensar que sería más leche en mis patas.

    Empezó la acción, se pusieron alrededor de la cama y yo me acosté. Llevaba puesta una blusa blanca, un short de jeans y unos huaraches blancos. Me quité el top, el short y quedé desnuda, sólo con mis huaraches. Les dije que primero les iba a enseñar mis pies y que mientras ellos se la jalaran viéndome. Me los acariciaba, los frotaba con mis manos, jugaba con mis huaraches y luego me los quité. Les abría y cerraba los dedos enfrente de sus caras pero no los dejaba acercarse a tocarme. Y luego a uno por uno los iba dejando.

    Al primero le pedí que me escupiera en los dedos y con su saliva en mi pie le empecé a jalar la verga. Luego le dije a otro que se acercara y también lo empecé a masturbar. De repente uno no aguantó y se vino en la alfombra del cuarto, pero para no desperdiciarlo, me bajé de la cama y empecé a pisar el semen y a embarrar mis plantas con él.

    Me chuparon los pies, me los escupieron, me pasaban la lengua entre los dedos, les acariciaba la verga, los huevos, algunos me pedían que los masturbara usando mis huaraches, etc. Y uno por uno se empezó a venir, todos sobre mis pies. Yo estaba completamente mojada, caliente como nunca, disfrutando esas vergas bien duras viniéndose en mis patas. Estaba turbo mojada, pero mis dedos ya no eran suficientes para satisfacerme. Y sin esperarlo, le pedí al más guapo que me la metiera porque yo ya estaba muy caliente.

    Le dije que se acostara en la cama, me monté sobre él dándole la espalda, le agarré la verga con los pies y poco a poco me la fui metiendo. Fue una experiencia inolvidable, sentir cómo me metía la verga mientras yo se la agarraba con mis pies. Sin avisarme se vino adentro, pero estaba tan caliente que no me importó. Me saqué su verga y dejé que la leche escurriera de mi vagina y cayera encima de mis pies. Fue mágico.

    Mi negocio estaba prosperando, y sin darme cuenta me convertí poco a poco en una puta, la puta con los pies más deseables de la universidad.

  • Gran escuela de hostelería (parte 6)

    Gran escuela de hostelería (parte 6)

    El lunes por la mañana voy a la escuela, ya es la última semana antes de las vacaciones de Navidad, y me reúno con el grupo, entramos a clase y cuando aparece Jorge, se me para el corazón, me da vueltas la cabeza y Carlota me da un codazo, muy evidente, y levanta las cejas dos veces. Mierda, se acuerda de lo que dije en la fiesta y no ha podido ser menos disimulada. Me pongo roja y me parece que Jorge a puesto cara de sorpresa después del estúpido gesto de Carlota, pero sigue su camino, miro con cara de odio a Carlota y me giro para asegurarme de que esta todo normal, pero mis ojos se encuentran con los de Jorge que, para mí sorpresa, está girado igual que yo. Se me vuelve a parar el corazón y me mareo, me giro y me cojo a la mesa que hay al lado, pero no es suficiente y me siento en suelo. Oigo voces, un montón de gente se pone delante mío, me dan agua, y me preguntan si estoy bien. Intento asentir, pero todo se queda negro.

    Me despierto en una camilla tengo en el brazo un brazalete para tomar la tensión y veo una mujer sentada en una mesa, le pregunto donde estoy.

    – Estas en la enfermería, ¿Como te encuentras? Nos has dado un buen susto, parece que ha sido una bajada de tensión y te has desmayado, comete esto, te ira bien. – me ofrece una barrita energética, y la acepto, aunque no tengo hambre.

    – Me encuentro bien, algo atontada. – empiezo a comerme la barrita.

    – ¿Has desayunado esta mañana?

    – La verdad es que no… nunca desayuno antes de venir, no tengo hambre a primera hora.

    – Pues ahí tienes el resultado de comer… tienes que empezar a hacer bondad.

    – Lo sé… gracias por la barrita, creo que me voy a clase, no quiero perderme la clase. Gracias por atenderme.

    – No hay de que, pero no deberías ir a clase, vete a casa y descansa.

    – Pues creo que seguiré el consejo. Gracias de nuevo.

    Cruzó la puerta de la enfermería, recojo mis cosas y me marcho a casa.

    Mis padres estaban asustados, los llamaron desde la escuela, me tomo el resto de semana de descanso y ya no volveré hasta después de navidades.

    Esa misma tarde viene Roel a verme a casa, mi madre trabaja, mi padre duerme, mi hermana pequeña está en el colegio y mi hermano mayor en el trabajo.

    Roel me abraza con pasión al verme, también estaba asustado, me besa y a mi se me vuelven a caer las lágrimas.

    – ¿Que te pasa? ¿También te has asustado? Lexa, tienes que comer más, últimamente a penas comes y nos has asustado a todos.

    Asiento con la cabeza y reanudo el beso que ha sido interrumpido por mis lágrimas, le quito la chaqueta, el cinturón, la camisa y el empieza a quitarme la blusa del pijama, me envuelve en sus brazos, y tiro de él hasta llegar al sofá, le empujó y le hago sentarse, me pongo de rodillas frente a él y le desabrocho el pantalón dejando al aire su erección, se la cojo, la masajeo y me la meto en boca, empiezo a subir y a bajar, me la meto hasta el fondo y la acaricio con dientes mientras subo de nuevo, Roel se arquea y de golpe suelta todo, esta delicioso, me lo trago con gusto. Me levanta la cabeza y me da la otra mano para ayudarme a levantarme, me coge de la cintura y me tumba en el sofá, me quita los pantalones del pijama con facilidad y me recorre el cuerpo con besos, cuando llega a mi sexo, su lengua lo recorre y lo succiona, se centra en mi clítoris mientras con la mano derecha mete 4 dedos de golpe, me estremezco mis piernas tiemblan y caigo en la espiral se me tensan todos los músculos del cuerpo y me arqueo.

    Cierro los ojos con fuerza y solo aparece un pensamiento, Jorge. Me repongo enseguida, Roel se dispone a hacer el misionero, pero lo paro con la mano y me pongo a cuatro patas, noto en su gesto una pizca de decepción, pero me coge la cadera y me penetra de una embestida fuerte y deliciosa, gruño y me pego más a el con cada embestida que me da, cada vez más rápido y más duro, cuando voy a llegar al clímax de nuevo, me pongo de rodillas, Roel me coge por los pechos y cuando él también llega al clímax me muerde el hombro, duele, pero extrañamente, me excita todavía más, haciendo que el orgasmo sea mucho más intenso. Cuando estamos, nos desplomamos los dos en el sofá. Cuando nos recomponemos, nos levantamos y nos vestimos rápidamente, le digo que estoy cansada, y que me voy a echar un rato en la cama, lo despido en la puerta y se marcha.

  • Confesiones de una mujer infiel (cap. 1)

    Confesiones de una mujer infiel (cap. 1)

    Esta es la historia de cómo conseguí que ascendieran a mi esposo y le dieran un significativo aumento. También es la historia de una mujer infiel, mi historia. La historia de una mujer traidora a la que le gusta humillar a su marido, ponerle los cuernos con hombres mejor dotados que él y salirse siempre con la suya. Así que si no te va este tipo de relatos, te sugiero que no leas lo que viene a continuación.

    Pero permítanme hablar un poco más de mí misma. Soy una mujer de 38 años muy atractiva: alta, piel canela, rasgos exóticos y un cuerpazo trabajado a conciencia en el gimnasio. Tengo las tetas grandes y macizas, una cintura lo suficientemente estrecha, caderas amplias y un culo de campeonato. Y me encanta el sexo. Adoro el sexo.

    Cuando mi esposo y yo nos casamos, él era una fiera en la cama. Con los años, nuestra relación se volvió rutinaria, al igual que nuestros polvos. Nos queremos mucho y formamos una estupenda pareja, pero la chispa sexual solo se avivaba de vez en cuando. Julián, al igual que yo, estaba muy enfocado en su trabajo, pero mientras en mí la libido y el deseo iban en aumento a niveles siderales, mi esposo parecía haber perdido el interés por follar.

    Divorciarnos no es una ni ha sido nunca una opción, pues tenemos un hijo, muchos planes a futuro y patrimonio en común. Además, yo sólo quiero una relación sentimental con él. Así que empecé a buscar lo que no me daba Julián en otros hombres. Hombres atractivos, altos, musculosos, de pollas enormes y que sean muy viciosos en la cama. De preferencia por lo menos diez años menores que yo, aunque me he acostado con algunos a los que solo les llevaba cinco. Y por mi condición de mujer súper atractiva y exitosa, no me ha sido difícil encontrar hombres que cumplan con mis exigentes condiciones.

    En los últimos años he tenido una docena de amantes. He follado con otros en mi propia casa, pero también en hoteles, departamentos, etc. Me encanta que un joven semental me reviente la concha sin contemplaciones. Gozo como una cerda cuando un macho mejor dotado que mi marido me da por el culo en mi cama matrimonial. Me encanta ser infiel. Me excita el riesgo de poder ser descubierta y el morbo de saber que, mientras mi querido esposo se encuentra trabajando, yo puedo estar cabalgando la polla de uno de mis amantes en algún hotel, o tragándome con vicio el semen de un desconocido.

    Suelo conservar a mis amantes un mínimo de tres meses. Con algunos he durado todavía más, porque no es tan fácil conseguir un buen semental. Muchos hombres solo tienen la apariencia de serlo. Como mi marido ahora. Todavía es guapo, conserva ese porte atlético de sus primeros años, pero su polla se desinfla con facilidad. He dejado de contar las veces que he tenido que fingir orgasmos cuando lo hacemos.

    En fin, mi último amante había sido el novio de una amiguita del trabajo bastante menor que yo. Lo llevó alguna vez a una de esas reuniones del trabajo en alguna discoteca y el chico me encantó. Menos de 30, cara de muñeco, alto y fornido. Se llamaba Paolo. A las dos semanas, los invité a él y a su noviecita a una discoteca. Fuimos con algunos otros compañeros del trabajo. Nos relajamos después de tomar unos tragos y enseguida inicié mis ataques.

    Estuvimos en aquel lugar un par de horas, y Paolo y yo bailamos varias veces y pude coquetear con él a mis anchas. Al salir de ese lugar, les pedí a él y a su novia que me dieran un aventón a mi casa, porque estaba “un poco mareada” y no podía manejar. Como soy la jefa de su jefe, a ella no le quedó más remedio que aceptar, aunque pude notar que estaba incómoda. Me senté en el asiento del copiloto, junto a su novio.

    Durante el recorrido, le pregunté a ella donde vivía y cuando me lo dijo, dije a Paolo que la dejara primero a ella y que luego por favor me acompañara hasta mi casa. Hubo un silencio incomodo pero nuevamente, a ella no le quedó más remedio que aceptar. Cuando dejamos a su novia en su casa Paolo me preguntó cuál era mi dirección, pero le respondí:

    – “Llévame a tu casa. Quiero que me invites un último trago.”-

    Nos miramos un segundo y posé mi mano sobre su muslo, acariciándolo suavemente. Fue todo lo que necesitó y en seguida se puso en marcha. Mientras manejaba hacia su allá, escudada por la oscuridad de la noche, le desabroché la cremallera y me tragué entera su preciosa verga y succioné sus bolas. Llegamos a su departamento y apenas entramos, empezamos a besarnos y a meternos mano. Nos fuimos a su habitación.

    Una vez allí me quité el vestido y las bragas y completamente desnuda me puse en cuclillas para bajarle los boxers mientras que él terminaba de quitarse el resto de su ropa. Liberé su enorme polla, gruesa y dura, la succioné como si en eso me fuera la vida. Mientras acariciaba sus nalgas duras él me tomó de los cabellos acariciándolos y luego con ambas manos dirigió el ritmo de la mamada.

    Me la empezó a clavar literalmente hasta el fondo de la garganta, y por instantes la dejaba allí un rato y me tapaba la nariz con los dedos, para que me atragantara con su portentosa tranca. Su pollaza estaba cubierta por mi saliva que se derramaba por el tronco hasta los huevos, y yo tenía los ojos enrojecidos mientras trataba de recobrar el aliento.

    Por un momento pensé que Paolo quería correrse en mi boca y yo estaba a dispuesta a tragarme su lefa sin desperdiciar una sola gota. Sin embargo, el se contuvo y me llevó a la cama. Empezó a succionar mis tetas y bajó rápidamente hasta el ombligo, sin dejar de presionar fuertemente mis muslos y nalgas, me comió el coño y lengüeteó vorazmente mi clítoris haciéndome venir por primera vez en la noche.

    Se preparó para follarme y me colocó a cuatro patas, al estilo perro, y me penetró desde atrás. Al principio lo hizo con penetraciones lentas y profundas, dejándome sentir cada centímetro de aquella enorme barra de carne. Su verga entraba clavándose hasta los huevos y luego salía casi por completo, lo que provocaba que mi cuerpo entero se estremeciera de placer. Poco a poco, fue incrementando la velocidad y la potencia de sus embestidas hasta llegar a un ritmo verdaderamente bestial, en el que el violento sonido de su pelvis chocando contra mis nalgas era increíblemente excitante. De vez en cuando me daba azotes en el culo que me hacían gritar desaforadamente.

    En esa posición, tuve un fuerte orgasmo, mientras Paolo no paraba ni un segundo de bombearme el coño con su magnífica herramienta, en el instante en que sus manos me apretaban las tetas con fruición. Me corrí lo que me pareció una eternidad mientras él seguía embistiendo sin darme tregua. Grité y gemí completamente abandonada al placer que me estaba proporcionando aquel semental.

    Paolo todavía no se había corrido y luego de hacerme poner de pie, metió sus brazos por debajo de mis muslos, me cargó en vilo y me clavó en su verga de nuevo. Yo me cogí de su cuello desesperadamente mientras él empezaba a hacerme saltar sobre su enorme tranca una y otra vez. Me jodió varios minutos en esa posición e hizo que me corriera tres veces antes de que sintiera la inminencia de un nuevo orgasmo.

    Entonces, me depositó de nuevo en la cama, puso mis piernas en sus hombros y me dio con toda la potencia de la que era capaz. El orgasmo fue brutal, con oleadas de placer recorriéndome entera y haciendo que me retorciera sobre el suelo de la habitación. Paolo sacó su polla instantes antes de correrse, y terminó eyaculando en mis tetas y en mi cara. Fue un polvo monumental.

    Tomamos un descanso, y yo aproveché para llamar a mi marido para avisarle que no iba a llegar hasta el día siguiente porque me quedaba en casa de una amiga y que por favor llevara a nuestro hijo a su clase de karate al día siguiente. Antes que todo soy una buena esposa y madre.

    Paolo se recuperó rápido y luego de comerme el coño un buen rato, lo cabalgué como si no hubiera un mañana. Fue un polvo aún más largo e igual de intenso, en el que me regaló dos orgasmos más. Esta vez se corrió en mi interior y pude sentir los potentes chorros de leche llenándome la vagina por completo.

    Esa primera noche, Paolo me pegó tres polvos y yo se la mamé un par de veces. Me comió el culo, tuvimos sexo anal y después se pajeó en mis tetas. Fue una noche pletórica de sexo. Por la mañana, pegamos un último polvo antes de ducharnos juntos y que me llevara de regreso a casa.

    Durante casi un año disfruté de este joven semental cada vez que se me vino en gana. Nos veíamos todas las semanas, en especial los viernes. Generalmente la rutina era la misma. Estaba con su novia hasta las once y luego volaba a su departamento, donde yo ya lo estaba esperando. Siempre me quedaba hasta el día siguiente con el pretexto de quedarme en casa de una amiga.

    Algunas veces yo manipulaba esos encuentros. Como ya conté, yo no era su jefa directa pero si era jefa de su superior y muchas veces utilizaba mi posición para saturarla de trabajo, a veces solo para divertirme, pero especialmente los días en que iba a encontrarme con su novio, mi amante. Esas veces solía pasar por su escritorio para despedirme y desearle un buen fin de semana, sabiendo que estaría trabajando hasta altas horas de la noche.

    Esos encuentros eran los mejores, sin ninguna duda. A Paolo le encantaba que fuera tan dominante, y que obligara a su novia a hacer cosas en el trabajo. De hecho, algunas veces lo planeábamos juntos y el morbo mejoraba mucho el sexo. Recuerdo sobre todo una ocasión en la que mi esposo estaba de viaje y para poder pasar el fin de semana con Paolo, obligué a todo el equipo de su novia a trabajar en un proyecto urgente para el lunes.

    Ese par de veces Paolo y yo nos la pasamos follando como animales casi tres días en su departamentito de soltero. Em ambas ocasiones dejé a mi hijo con unos primos con los que se lleva de maravilla y de esa forma no tuve que regresar a casa. En vez de eso, cabalgué sobre la polla de mi joven amante y se la mamé hasta asegurarme de extraerle la última gota de semen que sus pelotas almacenaban. Todo eso mientras la cornuda de su novia estaba enterrada bajo una montaña de trabajo.

    El día de su boda se acercaba y la semana en la que se celebraron las despedidas de soltero, estuve particularmente ocupada. Primero, asistí a la despedida de la novia y quien me recogió de la fiesta no fue mi marido, sino el novio. Mi amiguita del trabajo seguiría celebrando con globos y alguna banda de cuarta, mientras que yo cabalgaba furiosamente y me corría sobre la soberbia tranca de su futuro esposo. Paolo y yo no paramos de follar hasta que salió el sol. Nuevamente, el morbo fue extraordinario y contribuyó a que el placer se elevara a niveles siderales.

    Luego vino la despedida Paolo. Le ordené que se asegurara de que fuera una celebración corta y de emborrachar a mi marido, al que hice ir a la celebración poniendo como pretexto que ambos conocíamos a los novios, ya que los habíamos visto un par de veces en reuniones. De esa forma, los recogí a él y a mi esposo de la fiesta y fuimos a mi casa. Le dejé que me follara por el culo en la misma cama en la que duermo todas las noches con mi marido como regalo de despedida, hasta entonces no habíamos tenido sexo anal en casa. Me perforó el ano con toda la fuerza de la que fue capaz y me lo llenó de leche, mientras mi esposo roncaba en la habitación de invitados.

    Finalmente, el día de la boda, me aseguré de que Paolo emborrachara a su esposa, porque mi intención era que esa primera noche de casado iba a ser mío. Me obedeció sin chistar, así que cuando toda la fiesta empezaba a tambalearse por la borrachera, despaché a mi esposo y le dije que se fuera a casa diciéndole que iba a seguir la juerga con mis amigas en otro lado. Como últimamente se ha convertido en un ser aburrido me hizo caso de inmediato.

    Mientras tanto, yo subí a la habitación que los recién casados tenían reservada para pasar la noche y me la pasé follando con mi joven amante toda la, mientras que mi compañerita de trabajo estrenaba su vida de casada profundamente dormida en un sillón. Me gusta tomar la delantera, dominar a mis amantes y aquella experiencia fue de lo más excitante. Cuando regresó de su luna de miel, Paolo me llamó y me dijo que podía conservar el departamento de soltero para que pudiéramos seguir viéndonos.

    Sin embargo, después de su boda no volví a acostarme con él. Corté la relación y quedamos como amigos, porque no me gustan las complicaciones. Fue una relación larga, a la que le saqué todo el provecho que pude, pero consideré que era el momento de terminarla. Tal vez algún día vuelva a acostarme con él, pero ese momento no ha llegado. Desde entonces no había estado con otro hombre, y de eso ya habían pasado tres meses y medio…

  • Me estrenaron el culo

    Me estrenaron el culo

    Hola empezaré contando que desde siempre he sentido placentero tocarme mi zona anal y no se diga introducir mis dedos o algún objeto. Ya de grande a los 48 años me decidí poner un anuncio en una página de Internet. Tuve muchos prospectos pero me vencía la pena y el miedo.

    Después de múltiples intentos me encontré a alguien que supo conducir conducirme hasta feliz término con sus comentarios y consejos para pasarla bien.

    Me aconsejó buscar unas páginas de tips para disfrutar de un placentero anal, incluido el bientar el momento con alguna ropita sexy y fragancia femenina.

    El día y la hora del encuentro pronto se llegaron y ni tiempo tuve de pensarla tanto como otras veces. Llegamos al motel que él ya había elegido y desde el momento que me subí a su auto sentía el revoloteo de las mariposas en mi pancita. Recuerdo que le dije ahora entiendo lo que siente una mujer cuando sabe que va rumbo a donde la harán sentir toda una hembra. Quizá llevaba una mezcla de nerviosismo con alegría de poder cumplir mi deseo más allá de auto tocarme o meterme algo por mi culito.

    Llegamos al esperado lugar, luego me metí a la regadera y al salí mi varón ya tenía una música instrumental muy padre. Se pasó el a la regadera y por mientras yo me arreglé para el momento.

    Me calcé unas medias hasta la base de las nalgas, una tanguita roja, una mini roja con su blusa del mismo color y en mi cabeza un pañuelo.

    Su salida de la regadera fue muy excitante toda vez que salió con su pene bien erecto y vaya sorpresa que me llevé por su gran tamaño. Nunca me imaginé que estuviera tan dotado, le tuve que decir que hasta me estaba dando miedo, pero también supo manejar ese miedo mío, y me dijo, no te preocupes lo vamos a hacer con mucho cuidado, y si después de todo eso no entra no pasa nada, pero ya verás que lo vamos a disfrutar.

    Sentí confianza y empezamos el cachondeo, primero abrazándome por la cintura y yo por su cuello. Luego bajó sus manos a mis nalgas y las acarició suavecito, primero por encima de la tanga y después por abajo. La cosa se puso más interesante cuando comenzó a tocar mi hendidura entre las nalgas de arriba hacia abajo, muy pero muy suavecito y me hacía retorcerme de placer y no se diga cuando me pasaba los dedos por mi zona anal.

    A la vez me empujaba de la cadera contra su paquete, mismo que chocaba con el mío. Pero lo que yo disfrutaba era el cosquilleo eléctrico entre mis nalgas. Sin decirme nada me giró de mis caderas y me puso de 71 apoyando mis manos sobre la cama, yo el 7, él el 1. En esa posición me colocó una lámina de látex muy suave y me paso la lengua por toda mi raja trasera, dando más atención a mi culito caliente y después dio varias veces intensos besos negros.

    Para ese momento yo ya estaba gimiendo de placer auténtico y él lo aprovechaba para hacerme lo que él sabía que me hacía disfrutar más el momento. De repente sentí una sensación fría en mi zona cular y percibí algo que me sacó un gemidote, resultó que entró dentro de mi esfínter, fue justo cuando recordé la sugerencia para ese momento; aflojar el cuerpo y pujar como si fuera a defecar para permitir la entrada de ese intruso. Después de un rato introdujo otro más y me estaba haciendo arder de deseo, pero no fue todo después agrego un tercer dedo, que lo metió poco a poco hasta que entro todito, se quedó un rato dentro para después reiniciar el bombeo.

    Terminado eso me dijo soplando cerca de mi oído y mordiendo mis orejas; ahora si chiquita, te voy a hacer mía. Me tomó de las caderas y me giró quedando mi cuerpo acostado de cucharita, luego me dobló la pierna izquierda y sentí su caliente verga en la boca con un condón sabor fresa y mientras yo la mamaba él con su mano traviesa me seguía taladrando el culito. Con mi manada se puso mas grande y dura y llegó mi momento más esperado.

    Se puso tras de mi y sentí su caliente prepucio en mi entrada trasera, mi culito palpitaba de deseo y fue muy rico disfrutar la entrada de la puntita, descansó un rato dentro de mi mina, después entró más y repitió la misma espera, y así lo hizo hasta que me entró todo aquel tremendo monstruo. Obvio al entrar toda se volvió a quedar todo dentro de mi orificio anal, para después comenzar lentamente el mete y saca, me hacía gritar y gemir de placer, quizá hasta los vecinos lo escucharon. Y es que ha decir verdad si me dolía pero también era rico.

    Cuando ya eran solo gemidos comenzó a aumentar el ritmo de los embates y la verdad es que para mí ya todo era puro placer. Después se tiró de espalda y me monté sobre él dándole mi espalda para dejarle ver como me la tragaba por mi caliente culo. Un bien rato estuvimos así hasta que me puso en 71 y me la dejó ir toda, eso fue todavía más delicioso, no se que tocaba dentro pero me volvía loca de placer.

    Estuvimos así un buen rato, luego jaló una silla, se sentó abrió su piernas dejando todo su paquete a mi disposición, me senté sobre su verga que entró como pancho por su casa y me hizo experimentar riquísimo placer, sentía mariposas por todo mi vientre. Luego pasó sus manos hacia mi abdomen y me arrejuntó a su cuerpo para ponernos de 71, me culeó así un rato y nos subimos a la cama sin salirse de mi, para cogerme perrito, lo cual fue lo máximo para los dos, fue un placer super, me retorcía de placer y sentía toda una puta dándole mi culito a un macho bien caliente.

    Fue tanto el placer que sentí como se empezó a contraer el esfínter con unos fuertes y felices espasmos y la llegada inminente de mi doble orgasmo, tanto dentro de mi culo como en mi pene. Pero eso no fue todo, mi orgasmo con los espasmos que experimenté, hizo que mi galán también soltara su carga de semen dentro de mí, lo cual aumentó mis orgasmos que estaba teniendo.

    Después fue bajando su erección, no sin antes salirse de mi con mucho cuidado. Nos quedamos tirados exhaustos y después de un sueño al despertar mi macho otra vez la tenía bien parada, así que le puse su condón de sabor fresa, se chupé un rato y volteé de perrito. De pronto se puso tras mis nalgas y sin ninguna dificultad me dio para dentro poco a poco, pero como ya había camino recorrido le pedí que aumentara sus arremetidas. Me tomaba de los hombros o de la cintura y me daba duro, yo por mi parte hacía lo opuesto con mi trasero a sus movimientos, para no dejar ni un milímetro fuera de mi culo que gozaba al máximo esa rica vergota.

    Como ya no cambiamos por ser lo más rico para ambos después de media hora, oí los jadeos de mi semental muy cerca de mis oídos y me mordisqueó las orejas, que me puso china mi piel y me hizo llegar a mi segundo par de orgasmos. Apenas me la había sacado y sonó el teléfono de la habitación. El tiempo de las 4 horas se había terminado. Mi galán tuvo que hacer medio pago más para asearnos, vestirnos y salir del lugar.

    Por varios días anduve con mi cola adolorida y hasta tuve un poco sangrado, pero fue muy poco. Después repetimos por algunas veces cada vez que podíamos, hasta que un día por cuestiones de trabajo se tuvo que ir a Guadalajara Jal.

    Nos perdimos la pista y ahora me gustaría conocer a alguien que quiera disfrutar conmigo esos momentos. Vivo en Juárez Chih México. Agradezco sus comentarios.

  • Por la puerta equivocada

    Por la puerta equivocada

    Hola, buenas noches, soy nueva por aquí y estoy muy emocionada de poder escribir mis aventuras sexuales.

    Me animé a escribir porque quiero tener una especie de diario en dónde pueda contar mis aventuras sin riesgo que me descubran.

    Soy una mujer de 48 años casada hace 20 años con un hombre al que amo con todo mi corazón y con quién tengo dos hijos hermosos que también amo. Pero mi esposo jamás ha sido suficiente para mí en la cama, yo soy muy apasionada, me encanta el sexo fuerte, las nalgadas, los gritos, los gemidos, me gusta que me traten como una puta, que me dominen y de vez en cuando también dominar. Él en cambio es de sexo tradicional, pocas posiciones, cero ruidos y lo peor es que dura muy poco.

    Al principio de nuestro matrimonio traté de que nuestra intimidad fuera más a mi gusto, pero él tajantemente me dijo que yo no era una puta sino su esposa y que jamás me iba a tratar mal. Después de varios intentos fallidos abandoné la misión y mejor me conseguí un amante, que me cogiera tan rico como a mí me gustaba y a partir de ahí he tenido un matrimonio feliz.

    Pero las aventuras con mis amantes, porque en 20 años han sido muchas vergas y panochas las que he probado, se las iré contando poco a poco si es que les gustan mis relatos.

    Por el momento les quiero contar cómo fue que mi marido me cogió el culo.

    Estábamos ya acostados dispuestos a dormir y empezó a arrimarme su verga, que además de todo es delgada y pequeña, yo estaba sin calzones porque así es como me gusta dormir, sólo con un camisón, me la restregaba bien rico en la entrada de mi culito y me empecé a calentar, a mí me encanta el sexo anal, pero él no lo sabe, él jamás me había cogido el culo (estúpidamente él piensa que el culo no está diseñado para ser penetrado) si supiera jajaja.

    Pero bueno, yo me acomode de tal manera que su verga entro en mi culo y me empecé a mover deliciosamente, yo sentía muy rico y le dije «mi amor que rico me coges el culo» él se detuvo un instante y preguntó «en serio es tu culo??? Pensé que era tu vagina».

    No ma, no supe si enojarme o que, pero mejor seguí disfrutando de la culeadita que me dio por error y no lo dejé salirse hasta que me llenó el culo de leche.

    Ya después me dijo que como era posible que me hubiera gustado eso y que no lo volveríamos a hacer, que era antihigiénico jajaja.

    Y yo pensé, no lo volverás a hacer tú porque lo que es yo ufff le voy a seguir dando el culo a quién me lo quiera coger.

    Espero les guste y déjenme sus comentarios si quieren que siga escribiendo. Besos!!!

  • Mis primeros cuernos. ¡Delicioso! (parte 1)

    Mis primeros cuernos. ¡Delicioso! (parte 1)

    Mi esposa y yo siempre hemos compartido todo cuanto hacemos. Una noche de mucho sexo, viendo porno le dije que me super excitaba ver como los hombres les daban permiso a las mujeres para cogerse a otro hombre. Ella me preguntó: me permitirías darte ese placer? Me quedé sorprendido, pero de inmediato le dije que sí. Le pregunte que como podríamos hacerlo, y ella me conto que tenía 3 compañeros de trabajo que siempre andaban insinuándole cosas, pero que a ella le llamaba la atención un morenito que se veía muy bien y al parecer podría tener un verga grande y gruesa. Le propuse que lo hiciéramos el fin de semana.

    Mi esposa es enfermera en un hospital en turnos fijos y el candidato tiene turnos rotativos, por lo cual tenía que saber cuándo el dispondría de tiempo para tener una cita con ella. Un jueves por la tarde me dijo que había encontrado al compañero y que como siempre la había invitado a salir por ahí para poder verse, y ella le dijo que lo llamaría para ponerse de acuerdo.

    Como siempre lo había rechazado jamás esperaba que mi esposa le aceptara la invitación, y un tanto desconcertado le dijo que esperaría su llamada a la hora que fuera. Cuando lo llamó lo hizo en mi presencia en alta voz, pero yo no dije ni una palabra.

    Contesto de inmediato y de manera efusiva le dijo: “Preciosa como estas? No te has arrepentido, verdad?”. Mi esposa: “Hola, no para nada, creo que ha llegado el momento que te goces lo que me has pedido siempre”. A lo que él contesto: “Genial, creí que nunca aceptarías y la verdad quisiera que fuera hoy mismo”. Mi esposa: “No comas ansias, te espero en mi casa el sábado por la noche, me prepararé y me pondrá algo muy especial para ti”. “Excelente voy a llegar a las nueve, cuando salga de turno me voy hacia tu casa… pero tú tienes esposo… Como le vas a hacer?”. Mi esposa: “No hay de que preocuparse el saldrá de viaje desde el viernes y regresará hasta el lunes”. “Pues no se diga más le respondió, te veo el sábado”.

    Esa noche cogimos 3 veces pensando en el sábado y como me haría cornudo, Ella se excitaba solamente de saber que estaría en otros brazos y con otra verga. (las mujeres siempre desean tener relaciones con otros hombres pero son más recatadas que nosotros los hombres),

    El viernes volvimos de trabajar y nos dimos otra tremenda cogida y yo le preguntaba. “Que es lo que más te excita del sábado?”. “Que a él siempre le han dado mucho morbo mis nalgas (tiene un precioso trasero bien paradito) y va a hacer hasta lo imposible porque yo le entregue mi culito me imagino. Por cierto si insiste no voy a poder resistirme a que me coja el culo”. “No te preocupes por eso, tienes que disfrutar todo lo que pase ese noche”, le dije.

    No te pierdas la segunda parte… porque viene lo bueno…

  • Una tarde de verano con mi prima

    Una tarde de verano con mi prima

    Eran las cinco de la tarde de una tarde de verano cuando decidí ir a visitar a mi prima Martina, todavía hacía calor, pero había una brisa suave. Luego de unos minutos ella me abrió la puerta.

    -Hola Paula, que gusto me da verte- me abrazo y ambas nos dimos un beso en la mejilla.

    La mire y me di cuenta de que llevaba puesto un vestido de color azul, le quedaba muy ajustado a su bello cuerpo, sus tetas amenazaban con salirse del vestido y cuando me saludo se le subió muy arriba dejando ver un poco de sus nalgas.

    Luego fuimos a su dormitorio y me informó de que sus padres no estaban.

    Hablamos sobre ropa y ella me dijo que le encantaba mi falda que tenía puesta en este momento.

    Encendimos el televisor y pasaron una escena de dos chicas besándose apasionadamente.

    Mi prima miro con mucha atención esa escena y me pregunto: -¿Alguna vez besaste a una mujer?

    -Muchas veces- le confesé.

    -¿Qué se siente?

    -Es muy rico, a mí me gusta meter mucha lengua y tomar las nalgas de las chicas mientras las beso.

    -Ay Paula, eres toda una pervertida.

    -Pero tú tienes curiosidad.

    -Mucha curiosidad, me encantaría experimentar.

    Me levante de su cama y me puse en pie delante de ella.

    -Experimenta conmigo, si no te gusta nos podemos detener- le dije mientras ella también se ponía en pie.

    Los ojos oscuros de Martina brillaron como nunca los había visto brillar.

    Le toque su bello rostro, se acercó a mí y unimos nuestras bocas.

    Al principio ella no había cerrado los ojos, pero luego se entregó por completo al beso.

    Yo no quería ser tan pasional porque era su primera vez besando a una mujer, pero luego mi prima misma me demandó más pasión.

    Nuestras lenguas se pusieron a jugar y a enredarse sin parar en ningún momento.

    Mis manos recorrieron su cuerpo y fueron a parar a sus nalgas que se las apreté fuertemente, Martina se sorprendió ante este gesto, pero luego me puso ambas de sus manos en mi cintura para poder acariciarme la espalda.

    Cuando terminamos de besarnos yo todavía tenía sus nalgas en mis manos.

    Le subí el vestido y su culo quedo completamente desnudo para mí.

    -¿Qué tal te pareció?

    -Espectacular- me dedico una sonrisa y volvió a besarme.

    Este otro beso sí que fue un verdadero festín de pasión, ya que Martina estaba mucho más segura, le terminé por sacar el vestido lentamente y luego yo misma me quite mi pollera, top y ropa interior.

    Martina me miro asombrada y lujuriosa a la vez.

    Mi vista primero fue a sus tetas y luego hacia su concha.

    -Tengo unas ganas terribles de comerte la vagina- le dije.

    -¿Me vas a hacer un oral?

    -Si eso es lo que tú quieres.

    -Me encantaría.

    Se acostó en la cama con las piernas bien abiertas invitándome a devorar su concha.

    Hundí mi cara por completo en su concha, pues, me encantaba sentir una bonita concha palpitando entre mis labios, luego le agarre ambos de sus muslos para separárselos y que no los cierre. Después me dediqué por completo a darle placer lambiendo su vagina con mucho frenesí.

    Ella se estremecía de placer e intento cerrar las piernas varias veces, pero no se lo permití, sus gemidos tan sensuales me hacían querer chuparle la concha todo el día y por eso aumentaba la velocidad en el sexo oral.

    Mientras mi lengua se hundía en su clítoris le metía dos de mis dedos y luego se los sacaba, así le fui estimulando su concha durante unos buenos minutos, le di unas cuantas mordidas en el medio del sexo oral que a Martina por el tono de sus gemidos le provocaron más placer.

    -Me voy a correr- me dijo muy excitada.

    -Cariño, correte en mi boca- le respondí yo y luego le di las últimas lambidas hasta que una buena cantidad de eyaculación femenina me inundó la garganta.

    Me tome hasta la última gota y les aseguro que es lo más rico que existe en el sexo lésbico.

    Martina me sonrío y luego se subió encima de mí, me agarro mis dos senos y me los empezó a chupar mientras los acariciaba.

    -Gracias, a ti he descubierto que me encantan las tetas- me confesó.

    -Y a mí me encanta esto- le respondí, luego le tome sus nalgas con fuerza para dejarles marcas y empecé a hacer movimientos con mi pelvis contra su concha.

    A pesar de ser inexperta en el sexo lésbico lo que hizo luego fue digno de una profesional, me tomo de las caderas y yo quede moviendo mi pelvis encima de ella.

    Martina tomo mis senos y se los llevó a la boca, así que me chupaba las tetas y hacia los movimientos bien ricos al mismo tiempo.

    Lo que continuo después fue muy delicioso tanto que no lo puedo describir con palabras.

    Fueron sensaciones inexplicables las que ella me causaba con su suave lengua en mis senos y su concha uniéndose a la mía mediante los movimientos de las dos fue lo más lindo.

    Nuestras vaginas estuvieron frotándose mutuamente hasta que ambas caímos rendidas y cansadas.

    -El mejor sexo de mi vida- me dijo.

  • Mi cita con la profesora (2)

    Mi cita con la profesora (2)

    Hola me llamo Luna tengo 21 años. Soy bajita (155 cm) de contextura delgada. Soy de piel blanca, ojos y pelo castaño. Bueno esta anécdota le conté a mis amigas y me hacía ilusión escribir esta anécdota. Después de la primera cita con mi ex profesora ( a la que llamaré Sofía) yo me sentía algo confundida. Era un sentimiento muy raro de confusión pero excitación. Me gustaba ella pero me sentía rara por qué era alguien que no me imaginaba besar.

    Por unos días seguimos chateando como si nada hubiera pasado. Ella era bastante picante y jugaba con el doble sentido. Yo intentaba guardar la compostura y hacerme la difícil. Aunque debo admitir que era bastante difícil a veces. Nos citamos un viernes a las 2 de la tarde en el carrusel de la 21 de Calacoto. Yo me senté al frente del restaurante de empanadas. El clima estaba muy bonito, el cielo estaba despejado y hacia bastante calor. Yo llevaba unos jeans rasgados con croptop negro. Ella llegó unos minutos después, vestida con un vestido negro con una polera blanca que le quedaba muy bien. Su pelo estaba recogido en una coleta y llevaba unas gafas de sol. Nos dimos un beso en la mejilla y me propuso pasear por el parque. A lo que yo algo nerviosa acepté. Mis manos me sudaban y mis piernas temblaban. Para mala fortuna había mucha gente en el parque debido a que era vacaciones de verano. A lo que Sofía me dijo que podíamos ir caminando a Auquisamaña por qué ahí hay un parque más tranquilo. Yo toda nerviosa le dije que si. Mientras caminábamos ella no perdía el tiempo en agarrarme por detrás poniendo sus brazos en mi estómago. Debo admitir que me gustaba sentir su boca cerca de mi cuello y sus pechos en mi espalda.

    Llegamos a un pequeño parquecito oculto en la calle costanera. Era muy bonito y las casas de su alrededor parecían lujosas. Nos sentamos en una banca en medio de los árboles. Para ese punto yo estaba bastante tensa y muy nerviosa. Me daba un poco de vergüenza de que alguien nos pudiera reconocer en la calle.

    Ella notó que yo estaba un poquitín nerviosa así que intento masajearme en el cuello. Para los que no sepan mi cuello y mis rodillas son mis puntos débiles. Son los lugares más sensibles. Cuando sentí sus manos largas en mi cuello mi mente se fue de viaje a las nubes. Era una combinación de relajación y excitación. Yo estaba cediendo a sus intentos. Casi por inercia coloqué mi mano derecha en su muslo izquierdo y comencé a frotarlo lentamente.

    De repente, con la poca fuerza de voluntad que me quedaba me di cuenta de lo que yo estaba haciendo y me detuve. Le dije a Sofía que quería que fuéramos más lento porque toda esa situación me abrumaba un poco. Ella con toda la serenidad del mundo entendió lo que yo me refería. Sofía me dijo que entendía que me sintiera nerviosa. Pero qué ella estaba muy enamorada de mi y que yo le gustaba mucho.

    Yo para ese momento no sabía que responder, me estaba derritiendo. Entonces ella colocó su mano derecha en mi muslo izquierdo y la otra mano la colocó en mi cachete derecho. Yo solo atiné a lamerme los labios con la lengua, casi como si fuera un instinto. Nuestros rostros se acercaron lentamente y nuestros ojos se cerraron. Yo di una exaltación profunda producto de la excitación que sentía y de la combinación de nerviosismo y ansiedad. Nuestros labios se tocaron delicadamente. Y justo cuando estábamos por completar el acto escuchamos a un niño gritar. Con mucha vergüenza en nuestros rostros nos alejamos una de la otra. Las dos estábamos rojas de la vergüenza, nuestros rostros eran evidencia de eso.

    Mientras el niño y su madre pasaban enfrente nuestro nosotras intentábamos disimular la extrema vergüenza mirando alrededor. En el momento en que la madre y su hijo se alejaban Sofía me propuso ir a su departamento a escuchar música. Me dijo que su hijo estaba en la casa de su exmarido. Yo sabía que no era una buena idea, pero eran las 4 de la tarde y yo estaba bastante excitada. Así que me agarro de la mano y tomamos el primer taxi que vimos. Yo llamé a mi mamá para decirle que iría a la casa de una amiga a pasar el rato. Al final de todo, no era una mentira (del todo) solo omití algunas cosas. Obviamente mi madre se mostró algo confundida pero entendió.

    El departamento de Sofía (mi ex teacher de inglés) se encontraba en Achumani. Un barrio bastante acomodado de la ciudad en una calle bastante tranquila y bonita. Salí del taxi y mientras Sofía pagaba al conductor yo me puse a observar la fachada del edificio. Recuerdo que era un edificio pequeño pero bonito. Pintado de color blanco y con unas rejas a la entrada. Se podía observar desde afuera que el edificio tenía un ascensor en el centro del pequeño lobby.

    Ella me agarró de la mano y me llevó hasta la puerta del ascensor. Toco el botón del ascensor y estuvimos esperando un buen rato a que baje. Se sentía una tensión en el ambiente. No pronunciamos ninguna palabra pero se sentía una tensión en el ambiente. Las dos nos miramos con una mirada cómplice. Yo me mojé los labios con la punta de la lengua. De repente, la puerta del ascensor se abrió.

    Las dos entramos inmediatamente. Una vez cerradas las puertas nos fundimos en un apasionante beso. Ella colocó sus manos en mi cadera y yo puse las mías alrededor de su cuello. Nos veíamos como dos novias, como dos amantes que no se habían visto en años. Por un instante sus manos tocaron mis glúteos.

    Yo estaba en las nubes, estaba a merced de quien fue alguna vez mi profesora. Sofía tenía absolutamente el control en mi. Si ella me hubiera dicho que me desnude yo lo hubiera hecho sin dudar. Era solo una marioneta de esta impresionante titiritera.

    Una vez llegamos al piso de su departamento. Nos alejamos y guardamos la compostura. Para ese entonces ya eran las 5:00 de la tarde. Ella abrió la puerta con toda la delicadeza del mundo y me hizo pasar.

    Para enterarse cuando subo la siguiente parte síganme en mi Instagram:

    @lunaluccari.