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  • Mi primera vez con teen Ariana

    Mi primera vez con teen Ariana

    Después de aquel intercambio de sexo oral con Ariana en la fiesta de su hermana, deseaba volver a probar el sabor tan peculiar de su vagina, esa consistencia cremosa de sus jugos. No dejaba de pensar en su vagina perfectamente depilada. El recuerdo de su piel, de esa blanca piel entre sus piernas que tuve entre mis sienes cuando le hice sexo oral en su habitación. Aún podía recordar la tibieza de sus labios y el calor de su boca cuando me chupó la verga de una manera inexperta pero al mismo tiempo tan intensa y dedicada que tengo erecciones de solo pensarlo.

    Tenía que verla otra vez. Sé que ella lo deseaba tanto como yo, pero tenía que actuar de forma que su hermana y mi novia no sospecharan que hubo algo entre ella y yo. De cualquier manera Ariana y yo no hemos dejado de escribirnos por WhatsApp. Después me contó que había decidido cambiarse de carrera y no regresar este año a la universidad, evidentemente sus padres se molestaron con ella y le ordenaron que consiguiera un empleo.

    Una tarde mi novia y yo nos encontramos a la hermana de Ariana en un bar. Comenzaron a platicar y salió del tema de la situación de Ariana. Su hermana me preguntó que si podía recomendar a Ariana en la empresa donde trabajo, le dije que iba preguntar con mi jefe. Se había presentado una posible oportunidad para tener cerca a Ariana, y que mejor que en mi trabajo, a parte su hermana fue quien pidió mi ayuda, por lo que no iba a haber sospechas.

    Hablé con mi jefe, le comenté que una conocida estaba buscando empleo, le hablé de Ariana y de sus encantos y él me dijo que estaba pensando en contratar a una asistente.

    Aproximadamente dos días después Miguel, mi jefe, me dijo que quería entrevistar a Ariana así que le conté a mi novia para que ella le dijera a la hermana de Ariana.

    Después le pregunté a Miguel qué opinaba de Ariana, me dijo que por su presentación y carisma era la adecuada para el puesto y que era muy probable su contratación.

    Hablé con Ariana y me dijo que estaba emocionada por trabajar en el mismo lugar que yo porque así podíamos vernos todos los días sin ningún problema.

    Ariana entró a trabajar esa misma semana y rápidamente fue el centro de atención porque siempre va muy bien arreglada; falda o vestido cortos, entallados, que resaltan sus nalgas y caderas y zapatillas abiertas que muestran sus lindos pies. Obviamente acapara las miradas de los compañeros y muchos se le acercan pero ella los evade y les dice que yo soy su novio.

    Cuando su papá no va por ella al trabajo yo la dejo cerca de su casa para que nadie nos vea, no sin antes despedirnos de la forma más lujuriosa posible. Lo que más me gusta es sentarla en el asiento trasero del auto y besar su cuello y sus tetas duritas mientras ella me masturba con la mano para terminar mamándomela.

    Un día la pusieron a trabajar conmigo, como encargado de logística tenía que explicarle algunas cosas y recuerdo que ese día me tocaba estar en una nave que sólo tiene dos oficinas y un almacén, por lo que prácticamente Ariana y yo estaríamos solos.

    Trabajamos toda la tarde, de repente me dijo que no había dejado de pensar en lo que pasó en su habitación, que se había estado masturbando casi diario y que deseaba tanto poder tener sexo conmigo. La besé y la miré fijamente, me levanté de la silla y le dije que a partir de ese momento ella haría todo lo que yo le dijera. Cerré la puerta con llave.

    Le pedí que cerrara los ojos y que se relajara, le hice el cabello a un lado y su piel se erizó. Empecé a acariciar su cuello con la yema de mis dedos mientras soplaba muy suave cerca de su oído, ella empezó a reír y me decía que sentía cosquillas. Le pedí que fluyera, que dejara que las cosquillas se fueran y las transformara en sensaciones de placer.

    Le quité el suéter, sus pezones muy duros se marcaban demasiado. Comencé a besar su cuello mientras mis manos iban acariciando sus hombros, bajando por sus brazos suavemente, rosando apenas su piel hasta llegar a sus manos, sin dejar de recorrer su cuello con mis labios y mi lengua, dejé que mis manos emprendieran la travesía por su cuerpo.

    Bajé hacia su cadera, rozando sus muslos, recorriendo la parte interna de sus piernas pero sin llegar hacia su vagina, todavía no era el momento. Seguí recorriendo su cuello cuando ella tomó mi mano y la llevó entre sus piernas, pude sentir lo mojada que estaba pero la retiré, le dije que quien mandaba era yo y que ella solo debía obedecer y concentrarse en sentir.

    Le dije al oído, a manera de susurro, que le iría quitando las medias para que no se mojaran demasiado. Me hinqué frente a ella, tomé las medias por ambos lados de su cadera y las bajé muy despacio. Fue maravilloso el olor que despidió en ese momento, una deliciosa tormenta de feromonas. Después seguí con la blusa y la falda, quedé fascinado con ese par de pezones rositas y aréolas claritas. La juventud femenina marcada en cada centímetro de piel. Por último le quité el cachetero y quedó completamente desnuda. Me detuve por un segundo para poder contemplar toda esa perfección.

    Senté a Ariana en el sofá, justo frente a mí. Me arrodillé y bajé a sus pies. Comencé a darles besitos, primero a sus empeines, a sus tobillos y cuando llegué a sus dedos los empecé a recorrer con la punta de mi lengua, cada dedo de cada pie, luego pasé a sus plantas, lisas y con olor al interior de la zapatilla. La escuché respirar profundo, soltaba gemidos ocasionalmente y al levantar la vista vi que tenía su mano entre las piernas, se la retiré, le dije que ella no podía tocarse aún.

    Le abrí las piernas y empecé a besar sus pantorrillas muy despacio, siguiendo con la parte externa de sus piernas hasta llegar a un costado de su pelvis y de ahí seguí con su abdomen plano, su cintura y el borde exterior de sus nalgas.

    Mis manos la acariciaban y mi boca la recorría por completo. De repente soltó un gemido y comenzó a venirse, sin siquiera haber tocado su vagina se corrió. La veía sonreír, morderse los labios, apretar sus piernas y en ese momento llevé mi boca a su cosita, deseaba beber todo ese néctar, sentirlo escurrir. Su clítoris estaba muy dilatado y pulsante, sus labios y su vulva parecía que iban a explotar.

    Ariana me tomó del cabello mientras lamía su clit haciendo círculos, me pegó muy fuerte hacia ella que incluso me costaba un poco respirar pero aun así seguí frotando, lamiendo, besando y bebiendo hasta que dejó de gemir. Relajó las piernas y quedó completamente desvanecida sobre el sillón.

    Me puse de pie y le acerqué la verga a la cara. Levantó un poco la cabeza para oler, sacó su lengua y me dio una pequeña lamida. Se acercó aun más y mi glande quedó justo en el borde de sus labios y me preguntó que si podía usar sus manos, respondí que sí.

    Tomó mis testículos con una mano y con la otra la base de mi verga y empezó a mamármela con una avidez desenfrenada. Sentía su pasión y su deseo. Al verla con los ojos cerrados metiendo frenéticamente mi verga hasta el fondo de su boca me hizo saber que era el momento y la puse en cuatro recargada en el respaldo del sofá.

    Alzó la cadera exponiendo sus deliciosas nalgas y una vulva completamente hinchada y escurriendo. Abrí sus nalgas y llevé mi lengua a su culito virgen tan rico y antojable. Seguí con sus nalgas dando pequeñas mordidas, Ariana soltó un suave gemido.

    Le empezaron a temblar las piernas y yo seguí comiéndomela. Estuve así hasta que se vino de nuevo, las piernas no dejaban de temblarle y justo en ese momento tomé mi verga y la froté sobre sus labios, ella me imploraba que por favor ya se la metiera, que no la dejara así. Empujé suave y delicadamente, Ariana gimió fuerte, puso rígidas las piernas y arqueó la espalda.

    Aumenté el ritmo de la penetración pero sin dejar de ser gentil, Ariana apretaba tan rico, la tomé del cabello y la jalé hacia mí.

    —Nalgueame—. Dijo en voz baja.

    Le di una fuerte nalgada que la calentó más.

    Sentía el golpe de caderas, mis huevos chocando contra su vagina, me calentó más ese chasqueo que se escucha cuando está totalmente mojada y recibiendo mi verga frenéticamente.

    Estaba a punto de venirme pero no podía hacerlo dentro de ella así que la saqué y le dije que se hincara. Le ordené que abriera la boca y descargué un chorro de leche hirviendo, tanta que escurría por su cuello.

    Ariana me dijo que me sentara en el sofá y empezó a mamármela de nuevo, de tal manera que la volvió a poner dura y firme, y ella ya no se detuvo. Ya no me escuchaba. Sólo estaba chupando de una manera maravillosa, la tomé del cabello empujando su cabeza hacia mí para que mi verga entrara hasta el fondo de su garganta.

    Me hizo correrme de nuevo pero en esta ocasión se tragó toda mi leche, no dejó una sola gota.

    —Lo hicimos muy rico, ¿verdad?—. Dijo risueña.

    —Sí preciosa, me encantó.

    Quedé exhausto en el sofá y ella satisfecha.

    Nos vestimos y la llevé a su casa.

    Seguimos teniendo sexo a escondidas. Después mi novia me encontró unas nudes de Ariana en el teléfono y me mandó a la verga pero eso no impidió que nos sigamos viendo para coger.

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  • Fóllame, fóllame ahora mismo

    Fóllame, fóllame ahora mismo

    —Por favor, claro que no lo tendré en cuenta.

    —Estaba preocupado, creo que no fueron modales y te pido que me disculpes.

    —Te tengo en más estima de la que imaginas como para enfadarme contigo por semejante gilipollez.

    Acababa de llegar a la feria y toda la gente de la empresa ya había llegado a lo largo de esa mañana. El día anterior a la feria, después de una reunión con el director general, Ana y yo habíamos tenido una bronca bastante seria en su despacho, en un momento de calentura por su testarudez había salido de su despacho dando un más que sonoro portazo.

    En cuanto entré en el departamento y me senté en mi despacho tuve oportunidad de recapacitar un poco acerca de la discusión y darme cuenta que realmente se me había ido la mano un poco.

    Le tenía mucho aprecio a Ana, desde que había llegado me había tratado bien y nuestra relación había sido muy buena hasta estos últimos días de primavera. Últimamente habíamos bromeado acerca de la causa de su cambiante humor en un par de veces, que si las notas de su hija universitaria, que si trabajaba demasiado con las luces apagadas…

    Sus palabras relajadas me sentaron como un calmante.

    Después de dos día en ambiente de feria, de relax, hasta de cierto divertimento con algunos de nuestros clientes habituales, nuestras conversaciones volvían a ser tan ágiles y sinceras como siempre.

    Teníamos establecida la espléndida costumbre de todos los años, durante esa feria, salir todos juntos de cena el viernes, para olvidarnos un tanto del negocio y disfrutar de compañerismo entre aire de cachondeo.

    Ese Viernes Ana se había vestido de forma muy elegante, hasta casi espectacular. Se cuidaba con esmero y su cuerpo lo agradecía mostrándose espléndido en sus cincuenta años.

    Un par de veces me había quedaba un tanto atontado disfrutando de la sexy imagen que mostraba.

    —¿Ana dónde vas hoy tan sexy? No me digas que no vienes de cena con nosotros hoy.

    —¿A dónde piensas que voy a irme?

    —No lo sé, quizás estes aburrida de los idiotas de siempre y te marches de cenita con algún noviete.

    — Si la verdad que el bobo de mi marido me ha dado permiso para divertirme estos días.

    —¿Y qué haces aquí todavía?

    —Eso me lo he preguntado ya un par de veces hoy.

    —Sinceramente hoy estas lista para embobar a más de uno en vez de perder el tiempo sentada en la cafetería del stand.

    —Déjate de tonterías y sírveme una caña por favor.

    Recorrí la barra y decidí preparar en la pequeña cocina un plato de picatostes variados para entretenerme junto a ella y disfrutar de conversación y cerveza. No era fácil moverse ya en aquel pequeño almacén lleno de tanto cacharro.

    —¿Se puede saber qué haces, de donde sacas tú la cerveza?

    Ana se había metido dentro del desenredado almacén y ya no éramos capaces casi de movernos.

    —Pero que demonios haces, no ves que aquí no hay quien se revuelva. Para mas aquí escondidos y tal como vienes tu hoy no me hago responsable de ninguno de mis actos.

    Se sonrió y sin decir ni una sola palabra, pasó ente las cajas y se situó bien pegada a mí, y por un momento nuestros culos se frotaban con cierto disimulo moviéndonos dentro del almacén.

    Durante la cena, repasé en un par de momentos el rápido encuentro en el almacén y me sorprendí a mí mismo recorriendo y desnudándola con la mirada cuando nos detuvimos a tomar unas copas. Después de un par de pubs, decidimos regresar al hotel tras repartirnos en varios taxis, Ana y yo quedamos de últimos en la calle.

    De camino al hotel no pude evitar comentarle de nuevo lo guapa que la encontraba.

    —Lo sé, me has echado unas cuantas miraditas hoy.

    —Je je je, si si que te las eche, era inevitable te encuentro increíblemente atractiva.

    —Me gusta, y me has hecho sentir muy bien, aunque al principio he tenido un toque de vergüenza.

    Llegamos al hotel y subimos al ascensor, la miré y ella no retiró ni un segundo la vista. Al llegar a mi piso se abrió la puerta, y no salí. Continuábamos mirándonos, la puerta se cerró despacio y ella no hizo ni un solo comentario. En cuanto la puerta se cerró, nos enganchamos como dos salvajes.

    Su lengua recorría mi boca, nos apretábamos con fuerza y frotábamos nuestros cuerpos. Sus manos comenzaron a recorrer mis muslos e inmediatamente se engancharon a entrepierna, mientras una de sus piernas en alto, me abrazaba casi a la altura de mi culo. Empecé a besarle el cuello, pasándole despacio mi lengua desde la base de la oreja hasta el final del cuello, a acariciarle las tetas, desabrochándole la blusa para sacárselas del sujetador y poder mordisquearle los oscuros y tiesos pezones. Su boca se enganchó a una de mis orejas y mientras su lengua la humedecía, su mano continuaba apretándome con violencia la polla.

    Así estuvimos un rato, con la puerta del ascensor abierta hasta que Ana con las tetas casi fuera se apresuró por el pasillo para abrir la puerta de su habitación. Me empujó dentro y cerró la puerta para engancharnos de nuevo en ataques salvaje de empujones, lametones, mordiscos y caricias.

    Con su cara contra la mía, viéndome directamente a los ojos me dijo con voz alta y serena.

    —Fóllame, fóllame ahora mismo.

    Agarrándola por la cintura la giré y la apoyé contra el reposabrazos de sofá que decoraba la habitación.

    Levanté su falda descubriendo una pequeña braga negra casi tanga, incrustada en su culo y más que ligeramente húmeda. Su piernas se vestían con unas delicadas medias, que remataban hermosísimas a medio muslo dándole una imagen increíblemente hermosa y más que sensual muy erótica de Ana allí apoyada y dispuesta para el sexo.

    Separe sus braga y mientras me desnudaba de cintura para abajo no podía apartar mi vista ojo de la imagen de aquellos pezones apuntando al suelo y de su coño bien arreglado de un violeta oscuro y húmedo ya.

    Mi polla se enterró profundamente de un solo golpe hasta que tropezaron mis huevos, empezando a golpear rítmicamente con un sordo clock clock sobre la caja que hacía con su mano acariciando el inicio de su pubis. Cuando creí que iba a explotar dentro de ella, saqué despacio mi polla, para muy suave mente meterle una y otra vez únicamente la punta malva de la polla entre las arrugas de su coño mojado, completamente empapado hasta hacerla estallar justo enfrente del agujero de su culo.

    La empujé sobre la cama y desnudándola completamente mientras le besaba las tetas, le pregunté.

    — ¿Sabes que te voy a hacer ahora?

    Sin dejarla acabar separé sus piernas y enterré mi cara en el coño todavía palpitante mientras su mano empujaba mi cabeza desde la nuca para que la recorriera de arriba a abajo. Mi lengua paseaba despacio por ambos lados de su coño, mis labios atrapaban suavemente los pliegues para tirar de ellos mientras mi lengua, continuaba jugando con la pequeña punta de piel que quedaba dentro de mi boca. Cada vez la sensación de que tomaban vida propia, que se endurecían y desplazaban solos a los lados de mi lengua empapada de sus flujos era mas y mas intensa, aumentando mi placer de forma vertiginosa

    Entre gemidos me pidió que le jugueteara en el culo, y después de acariciar con mi lengua, húmeda de sus líquidos aquel agujero que sospeché virgen, metí despacio, pero cada vez más profundo el dedo corazón de mi mano. En un momento lo retiré para penetrarla con el pulgar y poder utilizar mi índice y corazón sobre los labios y el clítoris de Ana. Las arrugas de su coño se resbalaban bajo las yemas de mis dedos con cada ligero golpe de sus caderas y su clítoris palpitaba y temblaba con la ligera caricia de mis dedos. Con un leve presión en pinza, podía notar mi pulgar dentro de su culo, una presión que repetía en cada ocasión que ella pedía entre gemidos, hasta que se derrumbó con un gemido largo sobre la cama.

    Después de un rato tumbados sobre la cama, de besuqueo y caricias, Ana bajó despacio su mano abandonando uno de mis duros pezones para acariciar suavemente mi polla mientras me anunciaba al oído

    —Sabes que es lo que te va a hacer ahora esta cincuentona cachonda, la mamada más gloriosa que jamás te hayan hecho.

    Se levantó de la cama para coger una pequeña botella de champan del mueble bar, bebiendo un par de sorbos mientras su mano empezaba a juguetear endureciendo mi polla. Se agachó y levantando mi polla dejó caer lentamente un pequeño chorro de champán caliente sobre la misma punta para a continuación saborearla con la lengua.

    Después de repetir el juego del chorro en un par de ocasiones sus labios se cerraron sobre mi glande y a punta de la lengua me recorría el frenillo casi sin tocarlo mientras mi espalda se arqueaba para enterrar mi polla cada vez un poco mas profundo en su boca. Sus manos empezaron a masajearme con pericia mientras sus labios me ordeñaban. Cuando estaba a punto de correrme le agarré despacio para anunciarle el éxito inminente, pero ella no retiro la polla de su boca y tirando de ella ligeramente hacia atrás me miraba mientras continuaba chupando toda la explosión que llenaba su boca.

    Después de aquella gloriosa noche de sexo, la feria continuó entre jugueteos y miraditas, esperando sin duda otra oportunidad para abandonarlos a momentos de sexo salvaje de nuevo.

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  • Cumpleaños de Jaime

    Cumpleaños de Jaime

    Soy un empresario maduro con 50 años de edad, alto, moreno claro, delgado conservado por el ejercicio, con una personalidad fuerte, hace cinco años conocí por una página de contactos en Internet a una pareja casada de mí misma ciudad, se llaman Jaime de 41 y Jazmín de 34 ambos abogados de profesión, mi amigo Jaime es un tipo bajo de estatura, gordito con ideas muy sexuales abiertas, Jazmín su esposa es una mujer de mediana estatura, blanca, ojos negros preciosos, unos senos riquísimos, un trasero hermoso y unas piernas deliciosas, una mujer con porte.

    Tenía tiempo de conocerlos ya había hecho tríos previamente, se acerca el día de cumpleaños de Jaime y nos ponemos de acuerdo para ir a comer, salimos a un restaurante de mariscos y nos tomamos una cervezas entre la plática y las felicitaciones para mi amigo, nos retiramos del restaurante posteriormente me hacen la invitación para seguir festejando en su casa, compramos más cerveza al llegar ponen música agradable, nos ponemos a jugar juegos de mesa durante buen rato hasta que Jaime nos dice que pasemos al cuarto, que quiere festejar haciendo un trío, al entrar al cuarto me desnudo, Jazmín se queda solamente con su tanguita y su sostén.

    Mi amigo regularmente no se quita la camiseta ni el bóxer hasta que quiere hacer algo, Jazmín se recuesta en medio de los dos y empezamos a besarla mis manos recorren sus piernas y la mano de Jaime tocando su conchita, beso a Jazmín en la boca, el cuello, orejita mientras Jaime le chupa los pezones, empiezan los gemidos, me calienta escucharla excitada, me bajo y abro sus piernas, me coloco en medio y comienzo a comerle la conchita que está muy húmeda, le beso la entrepierna, me encantan sus piernas y sigo comiéndole la rajita, le meto dos dedos y pega un respingo de placer.

    Muevo mis dedos dentro de su vagina tocando su punto arrugadito haciendo que Jazmín mueva su trasero como si estuviera fallándose ella misma, mi amigo se quita el bóxer y pone su pene en la boca de Jazmín que empieza a darle una mamada, yo me la sigo comiendo, me toma de la cabeza y me pega más a su concha mientras mueve su cadera al tiempo que se estremece, siento mi boca llenarse de sus jugos y mis dedos empapados, escucho los jadeos de Jaime que se está viniendo en la boca de Jazmín quedando sin aliento a su lado, va al baño a asearse me quedo con Jazmín boca arriba.

    Le abro las piernas y la meto de golpe, empiezo a penetrar con fuerza su húmeda conchita, a ella le encanta de esa forma arrancándole gritos de placer, le levanto las piernas y las sujeto con mis manos en el aire dejando al descubierto su conchita, así viendo toda su raja la empiezo a penetrar nuevamente con más y más fuerza hasta que empieza nuevamente a venirse en un abundante y tembloroso orgasmo, le suelto las piernas y me recuesto en ella besándola.

    Entra Jaime con otras cervezas, ya andaba entonado, Jazmín acerca su boca y se mete toda mi verga en su boca chupándola antes de ir al baño a asearse, al regresar encuentra a Jaime comiéndose mi verga, ella se acerca y entre los dos me la chupan, tomo del pelo a Jazmín coloco su cara frente a la mía y la beso, con mis manos le acaricio la conchita y sus senos, Jaime sigue chupándola hasta que le dice a su mujer que quiere probar esa verga en su trasero y continua diciéndole que ese es el regalo de cumpleaños que él quiere si no hay objeción suya.

    Jazmín se queda con los ojos de plato completamente abiertos nos miramos los dos como diciendo ni hablar, me acosté boca arriba Jaime se sube abriendo sus piernas para acomodar su culo, se va sentando en mi pene clavándoselo poco a poco para y comienza nuevamente hasta que después de varios intentos su culito empieza a ceder hasta que se la clava hasta el fondo, su cara muestra dolor y placer, empieza a moverse lentamente sintiendo mi miembro invadir sus entrañas ya más relajado se mueve con mayor rapidez.

    Jazmín le agarra la verga y lo masturba mientras se sigue cogiendo hasta que le suelto una descarga de semen en su culo haciendo que él se vacíe en la mano de su mujer ella disculpa y se dirige al baño, Jaime se recuesta por un lado con una sonrisa, disfrutando su regalo.

    Me levanto para ir a lavarme al baño, me encuentro a Jazmín en el pasillo me da un beso y me dice te espero en el cuarto, al regresar sale Jaime a lavarse con la cara de recién cogido, al parecer le gusto su auto regalo que el mismo escogió, entro al cuarto con Jazmín me mira encogiéndose de hombros, me acerco nos besamos apasionadamente, me dice te amo, la abrazo diciéndole al oído te amo mi dulce frutita, la acaricio nuevamente, recorro su cuerpo entero a besos, llega Jaime de regreso dedicándose solamente a observar, me pongo boca arriba con mi pene erecto.

    Jazmín le da una rica mamada pasando su lengua por todo mi miembro, pone sus labios en mi glande y lo chupa con fuerza poniéndolo duro, me masturba con su mano antes de subirse, mueve su trasero lentamente sintiendo que el mismo pene que había penetrado a su marido la penetra a ella, le pellizco los pezones haciéndola gemir, aumenta los movimientos de sus caderas, su trasero se mueve frenéticamente soltando gemidos, la agarro de las caderas para ayudarla a moverse más rápido logrando que su cuerpo empiece a temblar mientras se está viniendo, queda recostada en mi pecho, se coloca en medio de los dos y descansa, nos tomamos otra cerveza.

    Jaime besándola, chupándole los pezones, ella me da la espalda y junto mi cuerpo al suyo, mis manos recorren sus piernas y sus nalgas, mi pene está parado listo para la acción, le empiezo a penetrar la conchita, Jaime tiene su cara ocupada besando en la boca a su mujer así que aprovecho y saco me pene empapado y se lo coloco en la entrada del culito, se la voy metiendo lentamente, ella trata de soltar en grito pero le aprieto una pierna, inmediatamente entiende, si se da cuenta Jaime me corre de su casa porque al culito se lo niega a él, suavemente se la meto hasta el fondo.

    Me muevo despacio sintiendo como el culito atrapa mi pene con fuerza, la excitación de hacerlo enfrente de su marido sin que el sé de cuenta hace que tenga un abundante orgasmo, se la saco despacito al tiempo que Jazmín suelta un gemido de placer que llena el cuarto, me quedo abrazado de su espalda. Le beso la nuca y nos quedamos los tres recostados.

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  • Sometida por la profesora de mi hijo (2)

    Sometida por la profesora de mi hijo (2)

    Después de cenar salí a la terraza a fumar un cigarro, por suerte mi hijo no había percibido mi inquietud, antes de ir a dormir siempre me asomaba a su habitación, estaba delante de la pantalla del portátil con unos auriculares, un simple saludo y me fui a dormir.

    Me costaba conciliar el sueño, mi visualizaba lo que había pasado aquella tarde una y otra vez, me sentía angustiada y temerosa de mi misma, mentiría si no admitiese que me había corrido como nunca.

    Pase discretamente mis dedos por mi vello y me acaricié para asegurarme que estaba bien mojada, mi apetito sexual estaba disparado, decidí dejar lo de dormir para más tarde y me concentré en darme placer y apagar mi fuego interior.

    Mi dedo entraba y salía de mi coño provocándome una sensación de bienestar, estallé en un orgasmo intenso, cerré las piernas y moví el culo de atrás hacia adelante consiguiendo que mis labios se frotasen y alargasen mi placer para después quedarme dormida.

    Jueves noche, mi hijo pasaría el fin de semana con su padre y planifiqué el fin de semana no hacer nada y disfrutar de mi intimidad cuando recibí un whatsapp de Isabel.

    -“Este fin de semana te quiero para mi”

    Mi mente se desquicio, no sabía qué hacer, volví a mirar el whatsapp, me quede paralizada con el móvil en la mano y llego un nuevo whatsapp, esta vez era un video, mi dedo rozo el triangulo y la grabación se puso en marcha, era del despacho de Isabel con una perspectiva del sofá diván en la que yo estaba con las piernas abiertas durante un buen rato hasta que me vestí.

    El corazón me dio un vuelco y todo mi cuerpo se estremeció, ya no solo contaba con las imágenes de mi hijo, sino que ahora tenía imágenes comprometedoras mías y difíciles de explicar, otro whatsapp me volvió a estremecer.

    -“Tu misma”

    -“¿Qué más quieres de mi?” – conteste nerviosa.

    -“Que seas tan cariñosa y obediente como la última vez”.

    Un hubo más contacto, me dormí lloriqueando y totalmente compungida, mi cabeza era un torbellino y no sabía cómo salir de aquella situación y todas las respuestas me llevaban a una conclusión ineludible.

    Viernes tarde, despedí a mi hijo y fui a casa, me duche, mi mente estaba totalmente ofuscada mientras me enjabonaba pero pronto comprendí que era una mujer insatisfecha, mi ex marido siempre estuvo más interesado en el futbol que en atenderme sexualmente y la idea de ser sometida y estar a la merced de Isabel me provocaba una sensación morbosa descontrolada, mientras me secaba me llego un nuevo whatsapp.

    -“Ven vestida cómo el otro día” y me enviaba una ubicación.

    Antes de salir de casa revise mi atuendo una falda ligera, una camisa fina y estampada, en un bolso amplio metí ropa de recambio y unos zapatos. Una vez fuera active el móvil con la ubicación que me había enviado.

    Volvió a mirar la ubicación porque me llevaba al Corte Inglés, concretamente a su aparcamiento, el Whatsapp contenía también una letra y un número que me llevo a la segunda planta y a un aparcamiento alejado y con poca iluminación.

    Salí del vehículo y subí hasta la planta a nivel de calle y me fume un cigarro y luego entre a tomarme un café y espere sentada en una mesa hasta que Isabel apareció, iba vestida de manera informal lo que le otorgaba un aspecto desenfadado.

    Tan solo cruzamos unas palabras y me llevo al ascensor, unas mujeres mayores con un gran carro lleno de compra nos acompañaban. Isabel estaba detrás de mí manoseándome las nalgas de forma descarada sin que las mujeres se diesen cuenta. El ascensor se detuvo en la primera planta y las mujeres salieron dejándonos solas.

    En el trayecto hasta la segunda planta Isabel me quito las bragas sin que yo opusiera ninguna resistencia.

    -¡Quiero que se ventile bien el coñito!

    Las puertas del ascensor se abrieron y ella me empujaba estirándome de la mano hasta el vehículo, una vez dentro me hizo pasar la pierna por encima del cambio de marchas y me obligo a echarme hacia adelante en el asiento quedando con las piernas abiertas.

    -¿Qué me vas a hacer? – dije con preocupación.

    Ella me acaricio el coño con los dedos y sus dedos me penetraron haciéndome soltar un grito y mis manos se agarraron con fuerza al volante.

    -Por favor no me hagas esto – le suplique – Nos pueden ver.

    -¡Tú vas a hacer lo que yo te diga! – Me chillo ella – vas a ser mi putita.

    -No quiero que sigas- le volví a suplicar.

    -Por eso tienes el coñito tan húmedo – me exclamo mientras metía y sacaba sus dedos con fuerza y profundidad -¡Estas deseando que te folle!

    Empecé a gritar y revolcarme echándome hacía atrás y agarrando fuertemente el volante con las manos, mis piernas temblando y mi pie dando golpes en el salpicadero.

    -¿Te gusta que te haga esto? – Murmuraba ella sonriendo -¿Quién va a follar una gordita como tú?

    No pude sucumbir a sufrir un orgasmo brutal a pesar de estar en un lugar público y que pudieran verme, incluso me provocaba un morbo nunca experimentado, mi coño se encharcó y dejo caer líquido encima de la alfombrilla, mire a un lado y a otro y al ver que no había nadie me desmorone sobre el volante temblando y jadeando, al rato le lance a ella una mirada odiosa.

    -¿Vas a ser mi putita? – me dijo ella con una sonrisa.

    Mis ojos decían lo que mi boca no se atrevía y tan solo hice un gesto afirmativo con la cabeza sabiendo que ella me estaba sometiendo y dominando a su voluntad.

    -Tu hijo no va a molestarnos el fin de semana – soltó Isabel con voz autoritaria -¡Así podré follarte sin que nadie nos moleste!

    Dejo que me recuperase y salimos del aparcamiento, me hizo conducir hasta una urbanización apartada. Era un chalet apartado y coqueto con unas bellas vistas al Cantábrico.

    Isabel me giro la cara suavemente y me beso en los labios, metió su lengua en mi boca, mis manos acariciaron su cintura y empezamos a darnos la lengua sensualmente.

    -¡Te vas a volver loca cuando te coma el coñito!- me murmullo mientras me mordía los labios y me llevaba a trompicones a la habitación.

    Yo perdí las chanclas y ella me arrincono contra la pared y me abrió la camisa y sus manos me desabrocharon hábilmente el sujetador y empezó a lamerme los pezones y notó mi excitación y me lo hizo saber mirándome fijamente a los ojos, me mordió los pezones y solté un grito doloroso y placentero al mismo tiempo.

    -¡Te voy a follar como nadie te ha follado! – Me dijo mientras me besaba el cuello y los hombros -¡Gordita!

    -¡No me llames gordita! – le aullé enfurecida.

    -¡Te voy a dejar bien follada! – Me gritó – tu hijo no sabe lo puta que voy a hacer a la gorda de su madre.

    Me empujo encima de la cama y me quitaba la camiseta y la falda y se subió encima de mí mientras nos volvíamos a besar, se llevo mis piernas a sus hombros y empezó a chuparme los dedos de los pies, yo miraba como se metía mis dedos en la boca y los chupaba y los besaba, su lengua se metía entre los dedos y le dedicaba un chupeteo especial al dedo gordo.

    -¿Vas a dejar que te folle?

    Yo estaba muy cachonda y le hice un gesto con la cabeza y ella abrió mis piernas y me pasó los dedos por el coño y me retorcí al notarlo. Me pasó la lengua por la raja y me dio dos lametones, me estremecí y ella empezó a pasar su traviesa lengua por mi coño.

    -Que coñito más apetitoso que tienes gorda – me susurró – tienes un sabor amargo porque no te han follado bien follada.

    La lengua de Isabel recorría mi coño y lo penetraba hasta donde no pensaba que pudiese llegar su lengua, sus dedos me apretaban el clítoris y hacía como que lo mordía y yo me volvía loca y mis manos se agarraban a las sabanas.

    -Ay…Ay… cómo me pones – le dije tartamudeando mientras mis pies temblaban cada vez que su lengua me martirizaba el clítoris.

    -¡Mírame como te como el coño gorda! – Me ordeno – Voy a hacer que te corras.

    Levante la cabeza y vi la cara de satisfacción de Isabel que tenía la barbilla impregnada de mi humedad, un cosquilleo el clítoris y tuve la sensación que me iba a estallar y me sobrevino un orgasmo salvaje, quise reprimirme pera saber que estábamos solas me hizo lanzar un grito de satisfacción y noté como de mi coño salían flujos que empapaban las sabanas, ella lamió mis fluidos y se acerco a besarme.

    Yo lamí su barbilla, el sabor de mis fluidos me gustaba y estaba otra vez cachonda. Isabel paso su pierna por debajo de la mía y se pego a mi cara besándome, pero a medida que se acercaba mis muslos se pegaron a los suyos y nuestros coños se rozaron, noté como su coño estaba mojado, yo era inexperta en las posturas lésbicas e incluso con algunas no lésbicas, mi matrimonio me había sumido en una ignorancia sexual.

    -Vas a gozar cómo nunca lo has hecho – me dijo ella mientras me besaba.

    Una mano me agarro por la nuca y la otra por la pierna y empezó a moverse, nuestros coños se restregaban uno contra el otro y yo empecé a moverme también mientras ella me hacía un gesto con la cabeza de conformidad y me lanzo una mirada placentera, empecé a gemir mi coño se mojaba por momentos y mis manos se agarraron a ella, cada vez estábamos con los coños más pegados restregándonos, sentí un placer indescriptible hasta el momento y observaba como la cara de Isabel se desfiguraba por momentos y lanzo un grito sordo y se corrió, su cara me dio una expresión tan linda que yo me corrí mientras la miraba.

    Nos quedamos un buen rato estiradas en la cama, yo pensaba que habíamos acabado, con mi marido difícilmente me corría dos veces. Isabel abrió mis piernas y metió sus dedos en mi coño y empezó a meterlos y sacarlos.

    -¡Mírame guarra mientras te follo! – me dijo ella.

    -¿Te gusta follarme? – le pregunte.

    -El primer día que te vi ya quise follarte – respondió ella – te vi tan mojigata, tan ingenua que no podía soportar que alguien te follase antes que yo.

    No podía soportar tanto placer, los dedos de ella se metían fluidamente en lo más profundo de mi coño, cuando los sacaba los abría y los giraba y eso me provocaba un placer que no podía explicar, mis piernas flaqueaban y tan solo quería que no parase de follarme y me penetrara aún más hondo y me arrancase otro orgasmo.

    -¡Vas a suplicarme que te folle marrana! – me decía poniéndome más cachonda – veo la cara de puta que tienes… Te voy a follar toda la noche.

    Me corrí chillando como una loca y mis gritos inundaron toda la casa, me derrumbe y mi coño soltó otra gran cantidad de fluidos que volvieron a empapar las ya mojadas sabanas, mi cuerpo convulsionaba inexplicablemente, nunca me había corrido así.

    Isabel puso sus pies en mi boca, los chupe mientras ella me sonreía, le agarre los pies con las manos y los bese y los chupe, me gusto como olían, su sabor y como ella disfrutaba de que lo hicera.

    Ella se sentó en mi cara y dejo caer sus piernas y su coñito cayó en mi boca, empecé a besarlo y pasarle la lengua… el primer coño que me comía y me cautivo su fragancia, notaba como sus piernas temblaban ligeramente, le hice un gesto para saber si le gustaba y ella me hizo un gesto afirmativo, mi entusiasmo era tan fuerte que hasta le metía la nariz en el coño, pude distinguir su clítoris y lo lamí con intensidad, sus manos me acariciaban la cabeza y sus grititos placenteros me daban la certeza que lo estaba haciendo bien.

    -¡Cómeme así el coño! – susurró ella entre palabras roncas – me voy a correr.

    Isabel soltó un grito y su cuerpo convulsiono y sus flujos me invadieron la cara mientras se corría, chupe aquellos flujos que me parecieron como un maná en el desierto.

    Nos quedamos abrazadas un buen rato, ella se fue y volvió con algo en la mano.

    -¡Te he comprado un regalo! – me susurró enseñándome algo que solo había visto por internet.

    Era un plug anal de silicona con el extremo acampanado que quedaba en el exterior llevaba su nombre Pili. Ella empezó a masajearme las nalgas y a mordérmelas.

    -¡Por ahí no! – le advertí chillando.

    Ella hizo caso omiso y abrió un bote de lubricante, untó su dedo para luego embadurnarme el ano.

    -Te he dicho que no me toques ahí – le grité con furia.

    -Voy a darte por el culo gordita….¡Me da igual que seas virgen por detrás! – chillo también ella.

    -¡Te lo suplico! – le dije con los ojos llorosos – No quiero que me hagas eso.

    -No querrás que tu hijo sepa lo putita que te pones- amenazó ella.

    -No me hagas esto – le imploré llorando -¡Respétame!

    Ella siguió hurgando y untando mi ano, yo permanecía paralizada, sabía que iba a hacerlo.

    -¡Relájate! – insinuó.

    Sentí cómo se introducía dentro de mí, lancé un grito doloroso y como me ardía el culo.

    -¡No me hagas daño! – supliqué lloriqueando.

    Ella no se detenía y dejé caer la cara derrotada encima de las sabanas mientras lloraba y gritaba, entre tanto ella me humillaba con sus palabras.

    -Tu hijo no se enterara que la puta de su madre se deja abusar por el culo – dijo ella sonriendo – será otro de nuestros secretos.

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  • Haz lo que quieras conmigo

    Haz lo que quieras conmigo

    El hombre con el que vivo llegará de un momento a otro y estoy tensa. Antes de que alguien juzgue mi situación de manera incorrecta decirles que todo esto está hablado y consensuado, que la puerta está abierta, que soy una mujer con recursos para vivir dos vidas. Que si estoy aquí y vivo esta experiencia es porque me apetece hacerlo.

    Hace dos meses vivía con un chico más joven que yo, un encanto. Sabía tocarme, era romántico, considerado, educado y casi nunca me llevaba la contraria. Me gustaba, claro que sí, pero… era aburrido. No fue culpa suya, simplemente no tenía lo que hay que tener para ponerme en mi sitio. Mí carné de identidad dice que soy una adulta desde hace un par de décadas, pero la realidad es que no lo soy y alguien tiene que ponerme en su sitio. Ojalá que hubiese tiendas donde ir y decir “he sido mala, puedo usar su máquina de castigar”… pero todo el mundo tiene tanto miedo a cantarme las cuarenta.

    Ya falta poco, la cena está preparada, yo estoy preparada para lo que él quiera.

    -buenas tardes cariño. ¿Qué tal el día?

    -de pena… mi jefe es un cabrón, un…

    No sé la razón pero me gusta contabilizar los insultos y tacos que dice mi chico, cuantos más usa más alterado está… por suerte me tiene a mí para relajarse a su manera.

    Hoy voy directa al grano. Me arrodillo frente a la silla dónde está sentado, le bajo los pantalones y los calzoncillos y me encargo de su miembro. Lo agarro, lo beso y lo introduzco en mi boca. El no dice nada pero sé que le está gustando.

    Luego, de repente, me llama “guarrilla” y otras muchas palabrotas que prefiero omitir. No sé el motivo, pero parece que me he ganado unos azotes.

    Me bajo los pantalones y las bragas y me tumbo sobre sus rodillas. Me pellizca las nalgas, me mete su dedo índice por el culo y empieza a palmear el pandero.

    Se quita el cinturón y lo dobla.

    Estoy en el suelo, a cuatro patas, mi cintura entre sus piernas.

    Me arrea con el cinto en el trasero desnudo cuatro veces y tirando el cinturón al suelo pide la cena.

    -Ahora caliento el arroz. -digo levantándome y subiendo bragas y pantalones bajo su mirada.

    Empezamos a comer, uno, dos bocados.

    -inclínate sobre la mesa.

    Obedezco. Dejo el tenedor, me levanto y apartando mi plato apoyó la parte superior de mi cuerpo sobre la madera.

    El también se levanta, camina y se pone detrás y con una mano, en dos tirones, desnuda mi culo.

    Muerdo el labio y espero entre nerviosa y excitada mientras el aire de la habitación acaricia mis glúteos. “¿Me pegará más? ¿me meterá el palo de la escoba por el ano? ¿Me…” El calor de su pene dentro de mi vagina me saca de dudas. Empuja con fuerza una y otra vez. La mesa se mueve y temo que algún plato caiga al suelo. Gimo y pido más, la electricidad recorre mi cuerpo, el placer viene y vuelve y alcanza cotas más altas.

    No creo que hayan pasado más de cinco minutos, pero ha parecido mucho más. Tendría que ir a limpiarme, pero él se ha sentado de nuevo, sin pantalones, con todo al aire, y yo le imito. Los pelos del coño mojados y mis mejillas encendidas.

    -Es mejor quitarse la ropa, hace calor.-dice.

    Se desnuda y yo le imito. Mis tetas al aire, colgando, no importa.

    Hablamos, conversamos de trivialidades mientras comemos y bebemos un poco de vino.

    -tengo que ir al baño. -me disculpo levantándome.

    Notó su mirada en mi trasero, mis nalgas temblonas camino al baño.

    -Espera, te acompaño que acabé -dice de pronto.

    Entramos los dos en el baño y cierro la puerta de manera innecesaria por costumbre. Solo que esta vez no estoy sola, no tengo intimidad.

    Yo me siento en la taza del retrete mientras él, con el pene colgando, echa pasta de dientes en el cepillo.

    Empiezo a orinar.

    Me tiro un pedo.

    Sigo orinando.

    Mi chico me mira y yo enrojezco, pero sigo como si nada cogiendo papel higiénico y secando mis partes.

    El me sigue mirando, su pene creciendo de nuevo.

    Bajo la tapa del retrete.

    -Apoya las manos en la tapa.

    Obedezco inclinándome y dándole la espalda.

    El separa mis nalgas e inspecciona mis agujeros. Luego me penetra por detrás.

    Un, dos, tres embestidas y se tira uno y me da la espalda.

    Y paso mi lengua sobre su apestoso ano.

    -mete bien la cara y la nariz. -ordena

    Espero uno más, pero él se limita a estar quieto unos minutos y luego se va.

    Esa noche, en cama, nos besamos en la boca. Luego, me besa en el cuello y juega con mis pezones haciendo que mi espalda se arquee.

    No hablamos de amor, esto no tiene nada que ver con el amor. Esto, para mí, es necesidad.

    Un día me comentó lo de traer a una chica joven, para jugar con ella. No debí poner muy buena cara. Quizás soy una egoísta o quizás lo quiero todo para mi. “Azótame, juega con mi cuerpo, humíllame… pero quiero ser la única.”

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  • Economista y prosti: Fiesta y nuevos clientes (1)

    Economista y prosti: Fiesta y nuevos clientes (1)

    Hola queridos lectores.

    Por razones de extensión, publico en dos veces, que envío una a continuación de otra. Besos.

    Luego de regresar de las vacaciones, hablamos con Maca y quedamos en encontrarnos para conversar acerca de si aceptaba venir a trabajar conmigo.

    Nos encontramos, imaginen el reencuentro, ¡gastamos nuestras lenguas besándonos!

    Finalmente, resumiendo, acordamos que pasaría a ayudarme part time con investigación y recopilación de datos, para lo cual yo le pagaría muy bien pero menos de lo ofrecido para trabajar conmigo full time. Desea preparar su salida de su actual trabajo y ver si se adapta a sus nuevas funciones.

    Yo encantada igualmente acepté. Quedó para el futuro definir si acepta la función de “secretaria de agenda putesca”, y habló con su marido Javi la posibilidad de comenzar con “trabajo paralelo” ja ja, a lo cual no se deciden. Simplemente le recordé que no corresponde que yo la empuje a eso ni que le ofrezca posibilidades, pero si se deciden si me lo pide con consentimiento personal de su esposo, entonces sí que la ayudaré.

    De todos modos, en la conversación surgió algo muy interesante, y es que cuando conversaron Maca y Javi, él le expresó que estaba contento de que comenzara a trabajar part time conmigo pues así él también podría verme frecuentemente “y Sofi está muy buena”.

    A lo cual mi respuesta fue “¿y si intercambiamos? porque Tommy te desea y podríamos intentarlo”. —Mmm lo pensaré y hablaré con Javi .

    —Sabes que cuentas conmigo y con nosotros, pero por favor, no vayas a forzar nada, si se da debe ser natural.

    Llegamos a fin de octubre, el trabajo de Maca es bueno y útil. Nos amamos un par de veces, nos encanta estar juntas.

    Y, no olvidaré la fecha, el viernes 31 de octubre, a la mañana, estaba yo en mis oficinas, esperando a un cliente “putifino” para un par de horas de servicio, cuando apareció Maca.Besos, caricias, y: ¿Sabés que? Javi acepta intercambio. Pero no por separado, debería ser todos en la misma habitación.

    Eufórica, le dije que no solamente en la misma habitación sino en la misma cama, que ella conoce perfectamente bien y es enorme. Y ya convinimos fijar fecha a la brevedad.

    Pero… siempre hay un “pero”, ocurrió algo que les contaré antes de relatarles nuestro encuentro con Maca y Javi, relato que vendrá después.

    En Uruguay, también en Argentina, y supongo que en otros países, es tradición hacer reuniones de amigos, de compañeros de trabajo o de compañías con sus proveedores y clientes, anticipando las fiestas de Navidad y fin de año.

    Y en la compañía donde trabaja Tommy y cuyo propietario es Sam, organizaron la primera reunión, justamente con proveedores y clientes, para la segunda quincena de noviembre, más concretamente para el viernes 21 la noche. Luego habría otra reunión con todos los empleados y, ya estábamos avisados, una última de Sam con los gerentes y directores y sus familias.

    En la reunión que les relato, del 21 de octubre, participaron proveedores, clientes y sus esposas, esposos o parejas.

    Me adelanto a decirles, que aunque se tengan buenos clientes, siempre debe tratar de incorporar más, de ello depende la prosperidad futura, y así me lo aplico a mí misma.

    No pensaba que en esa reunión pudiera conquistar clientes, directamente, pero haría lo posible por generar interés si es que algún caballero parecía interesarse.

    Se lo dije a Tommy y a Sam en la reunión del jueves anterior, ¡nos seguimos reuniendo todos los jueves, sin falta!

    Ambos estuvieron de acuerdo, siempre que actuara con discreción. Y llegó un pedido adicional de Sam. Unos días después, debía viajar a Punta del Este para encontrarse con dos industriales brasileños, interesados en productos de la compañía de Sam.

    —¿Qué opinan amigos? ¿Estarías de acuerdo Tommy si Sofía me acompaña? ¿Vendrías Sofi?

    —Sé que quieres iniciar esos negocios, dijo Tommy; y si Sofi quiere ir, yo estoy totalmente de acuerdo.

    —¡Voy encantada! Supongo que no va tu esposa Sam, está convaleciente de sus implantes mamarios…

    —Ciertamente, y no le haría ningún bien viajar en esas condiciones, aunque evoluciona rápidamente.

    Déjenme decirles, a modo de íntima confesión, que me encantó la propuesta. Sam me coge muy bien y me trata de maravillas, depósito en mi cuenta, compras etc. etc., encantada de pasar nada menos que tres días con él.

    Llegado el viernes, y en consulta con Tommy, elegí mi ropa para la fiesta.

    Zapatos negros de suela roja, sí, los L… de taco altísimo, 12 cm. Pantalón palazzo negro, ni suelto ni muy ajustado, lo justo como para que se pudiera apreciar, sin mucho detalle, mi trasero.

    Como lencería, un muy sencillo conjunto de tanga y brassier, de tipo sin costuras. Y encima, un precioso blazer corto, a la cintura, apenas más largo que una torera, pero con cuello tipo “smoking”, o sea con solapa, en este caso solapas largas hasta la cintura, prendido con un solo botón de gran tamaño. Todo el blazer negro, pero las solapas en blanco, para contraste.

    Por la abertura de las solapas, y por tener un único botón muy bajo, hubiera mostrado generosamente mis tetas, pero lo evitaba por una pieza triangular de seda negra, totalmente opaca, colocada por dentro del blazer y sujeta a la parte interior de este por velcro.

    Lo liviano del blazer, permitía de cierta manera deducir la forma generosa y firme de mi busto, pero nada más.

    En resumen, creo que estaba muy elegante, un poco seductora (modestia aparte) y cero escandalosa.

    Era lo que correspondía en una reunión de fin de año con esposas presentes.

    Si bien entramos juntos con Tommy, una vez que ya había llegado una buena cantidad de asistentes, nos pusimos a circular por nuestra cuenta, y algunas veces simplemente me presenté como “economista independiente que suelo hacer informes para la compañía”.

    Conversé con varios caballeros y damas, juntos o por separado. Pero mi conversación fue particularmente interesante con un Sr. a quien vi circular separado de su esposa y con otro a quien veía circular solo.

    Ambos al conversar me dedicaban miradas intensas, y se esforzaban por no dejar que la conversación decayera, lo cual nos hubiera separado.

    Uno de ellos demostraba mucho interés en mi faz de economista independiente y de asesora de finanzas personales, el otro, el que había ido con su esposa, se interesaba más que nada en mis estudios, post grado etc.

    En cierto momento se dio lo que yo esperaba, el “soltero” (supongo), alabó mi elegancia, con especial énfasis en mis stilettos (que había observado en detalle mientras estuvimos sentados), y en mi blazer; “qué lástima ese complemento de seda que lleva al frente”. Me sonreí, le guiñé un ojo y le dije “¿cree que podría venir a la fiesta sin ese aditamento en el blazer? Antes de seguir circulando, discretamente, le entregué mi tarjeta de visita (la de economista, no la de putifina), diciéndole que podíamos seguir conversando si él lo deseaba y me llamaba.

    Recibió la tarjeta y viendo la ubicación de mi oficina, dijo que era muy fácil visitarme, pues su propia oficina estaba a diez minutos caminando. Primer objetivo logrado.

    Luego supe que es titular de una compañía importadora de ciertos insumos utilizados en la compañía de Sam.

    El diálogo con “el caballero casado “ se mantuvo con alguna referencia a “mi elegancia”, comentarios acerca de mi estado civil, casada, pues prestó atención a mis anillos matrimoniales, yo uso dos, el de oro liso, llamado alianza, y otro con brillante, llamado solitario. Lamentó tal circunstancia, pero traté de dejar una línea tendida diciéndole que mi esposo está por ahí, me deja conversar tranquila, me da total libertad en todo, y recalqué “en todo”. Y por supuesto le entregué mi tarjeta “por si llega a necesitar de alguno de mis servicios”.

    A lo cual respondió agradeciéndome y diciéndome que viven en Montevideo y tienen granja cerca de la ciudad, donde cultivan ciertos vegetales que procesan en la compañía de Sam. Algo que me atrajo fue que su granja queda al Oeste de Montevideo, como nuestro campo.

    En la fiesta pude conversar un rato con Sam, recogí sus opiniones acerca de los caballeros con quienes conversé (opinó bien de ambos). También conversamos acerca de la próxima escapada a Punta del Este y luego se acercó su Sra. quien me puso al tanto de su cirugía de mejora del busto, de su convalecencia, y de cómo esperaba “mejorar un poco su atractivo”, a lo cual tanto Sam como yo respondimos que sin dudas así sería. Posteriormente vi que ella y Sam conversaban largo y tendido con Tommy.

    Terminamos la noche sin más novedades, pero lo consideré satisfactorio, pues había hecho lo que parecían ser dos buenos contactos. Lo cual me fue confirmado por Tommy, quien tenía referencias en la compañía acerca de ellos, aunque no ha tenido trato personal.

    Y el sábado a eso de las diez de la mañana, yo estaba “en acción” cabalgando sobre un cliente y justamente me suena el teléfono. El cliente me sigue dando y, riéndose, me pide que atienda la llamada. Era el Sr. “soltero”, que se manifestaba interesado en conversar acerca de mis servicios como economista consejera de finanzas personales. Rápidamente fijamos una reunión para el lunes a las 9 de la mañana, mientras yo me esforzaba por no gemir ante los enviones de quien me estaba poseyendo.

    La conversación finalizó con un mensaje de quien llamaré Ernesto: “espero que el blazer de ayer de noche sea parte de su ropa de trabajo”… mensaje clarísimo. Por suerte la llamada duró poco y pude dedicarme a disfrutar del semen que el cliente que estaba atendiendo depositó dentro de mí.

    El fin de semana siguió con mucha actividad, mi cuenta bancaria agradecida, los hombres parecen ponerse más cachondos en los dos últimos meses del año, ja ja.

    Y llegó el lunes. A las 9 en punto Ernesto se presentó a la oficina. Lo recibí de acuerdo a la temperatura interior de la oficina, que mantengo siempre agradable a 23 grados, todo el año. Me había puesto un jean y camisa blanca, nada espectacular, con tacos altos, eso sí, siempre.

    Conversamos largamente “de trabajo”, acerca de mi visión de finanzas personales, de mis informes sobre perspectivas económicas del país etc. ya casi transcurrida una hora, le ofrecí un segundo café (obvio lo había recibido con un primer espresso de cafetera y café italianos).

    Me retiré un momento a la kitchenette, donde había dejado mi ropa de recambio y mientras se hacía el café, me cambié.

    Blazer de la fiesta, pero sin el triángulo “de pudor” que había disimulado mis adorados tesoros, y una mini plisada negra. Cero soutien, pero tenía tanga y liguero negros, y medias de seda negras.

    Le acerqué el café y por cierto no se esperaba la sorpresa. Abrió los ojos desmesuradamente y solamente dijo “Dios mío”.

    Tenía a la vista gran parte de mis tetas y del canal entre ellas y buena parte de mis piernas incluyendo los muslos hasta bastante arriba.

    Le dije: —“Mientras toma su café, le traeré copia algunos informes del pasado, a título ilustrativo, pero debo subir al mueble archivador del piso de arriba”.

    Recuerdan que previo a la entrada a la suite, hay una plataforma en el primer piso, con balcón hacia la sala de planta baja donde estábamos.

    Se imaginan lo que fue mi ascenso y descenso. Al subir, me encargué de mover generosamente mis caderas. Al bajar, lo hice dando pequeños saltitos de escalón en escalón, para que mis tetas se movieran. Y se hicieran notar. ¡Ernesto seguía mudo! ja ja, pero cuando me acerqué a él a entregarle las copias de dos informes, atinó a hablar.

    —Sabía que lo que veía en la fiesta era la punta del iceberg; ¡pero no imaginé la belleza total del iceberg!

    —Ayyy Ernesto, que gentil. Solamente estoy respondiendo a su inquietud por ver el blazer sin el triángulo de seda que lo hacía apropiado para la fiesta. De ninguna manera me hubiera presentado así ante decenas de personas.

    —Pero lo estás haciendo ante mí… vamos a tutearnos por favor.

    —Es que… no sé, lo hice porque siento una cierta confianza mutua, nadie va a enterarse de que me has visto así.

    —Es que ya no me alcanza con verte así…

    —¡Ernesto! Parece que aspiras a ciertas cosas de las que no hemos hablado.

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  • De caliente heterosexual, a caliente homosexual

    De caliente heterosexual, a caliente homosexual

    Me divorcie a los 49 años, mi mujer era una exquisita hembra muy buena en la cama, pero neurótica a decir basta. Logre mantener una buena relación con mis hijos y comencé a tener novias a las que podía llevar a mi departamento pues comencé a vivir completamente solo. Despues de un año de divorciado, calculo que me tire unas 10 chicas, desde la mujer del aseo del departamento vecino, hasta la hermana de mi ex, mi ex cuñada, a quien siempre me quise follar.

    También me tiré a una amiga de mi hija, una deliciosa flaca de 23 años… en fin. La lista crecia año tras año. Para el tercer año de divorciado me había tirado a mas de 20 mujeres y hay que decirlo bien, el 90% de ellas andaba en busca de un marido y yo siempre prometi matrimonio, ¡de otra forma es imposible acostarse con tanta mujer!

    Una tarde, me llama José un viejo amigo que además es dentista de la familia, me cuenta una larga historia donde finalmente resultó que se tiraba a un chico gay: José estaba saliendo del closet y se declaraba gay, me rei, medite una tarde y cerre en mi cabeza el episodio, hasta que Jose quiso presentarme a su chico, claro, me divertiría mirando a los mariconcitos un rato asi es que los invité. Cuando llego José, entro, venia con una mujer preciosa, de tetas pequeñas pero perfectas y un culo maravilloso. Discretamente le pregunté por su chico y me hizo una mueca… esa cosa que había entrado maravillosa y bella, era él, Armando.

    No lo podía creer, siempre pensé que me presentaría a un maricon feo, una parodia de mujer pero no, esta era realmente una mina. Muslos perfectos, culo hecho a mano, hermosa de cara. Ademas simpática e inteligente. Me conto que se llamaba Armando y me dijo que se había atrevido a venir pues le dijeron que yo era un tipo de mente abierta “… y ahora veo que además eres guapo”; asi ya que se siente en confianza con los amigos de su novio. Estuvimos hasta las 3 de madrugada y se retiraron. Volvi a mirar una y otra vez a Armando y estaba delicioso. O deliciosa…

    Dormi pensando en que me había pasado algo raro, era la primera vez que me gustaba un hombre, aunque esto era mas bien una mujer… exquisita además. Me masturbé pensando en el chico.

    Jose y Armando fueron dos veces mas a mi departamento todas las veces disfrazada de mujer y cada vez mas provocativa que la vez anterior. La ultima vez Jose y Armando terminaron ebrios de wisky y como no podían conducir su auto los invite a alojar. Cuando me acosté, en mi mente giraba la imagen de mi amigo follándose a su novio. No podía dormir. Fui al baño y al volver, efectivamente Armando estaba cómodamente cabalgándose a mi amigo, pero ojo, habían abierto la puerta, casi en plan mostrarse. Quedé atónito, era la primera vez que veía dos hombres tirando, aunque Armando tenia tetitas, anchas caderas y preciosas piernas.

    Me vio, se tapó con la sabana y pedi disculpas, “no te preocupes cariño me dijo Armando, fuimos nosotros los impertinentes, aunque Jose duerme…”. Efectivamente mientras Armando se tiraba a mi amigo, éste dormía profundamente; me retire a mi pieza, 20 minutos mas tarde siento que alguien va al baño, de regreso Armando se detiene n mi puerta y me comienza a hablar, vestido solo con un cola less negro me dice que José duerme y que ella se siente mal, me levanto y le ofrezco pastillas para el dolor de cabeza.

    La miro y observo que esta depilado entero, cuerpo perfecto, un diminuto pene colgaba entre sus muslotes preciosos y que el calzón no alcanzaba a cubrir; mi pijama mostró mi erección y enseguida, Armando me toma la cara y me besa. “me gustaste desde que te vi por primera vez, eres un maduro exquisito” me dice. Toqué sus nalgas, perfectas. Toque su cadera: perfecta, baje y palpe sus muslos: perfectos. El en cambio me agarra la verga, se arrodilla y me la chupa como una puta caliente. “… eres un maduro precioso, sabia que estabas bien provisto”.

    Armando estaba feliz engulléndose mis 22 cm de pene. Lo lleve a mi cama, lo puse boca abajo subí su culito con una almohada y lo penetré. Estuve 15 minutos dándole hasta eyacular… tratamos de no meter bulla y todo fue en silencio. Al pararse note que Armando tenia su diminuto pene erecto, me abrazo, se rio y me dijo “no me dejes asi”. Se sentó a la orilla de la cama, abrió sus muslotes blancos, preciosos y me arrodille para hacerla feliz. No duró nada, pero descargo litros de semen en mi boca. Se fue a dormir con mi amigo y al dia siguiente desayunamos sin decirnos nada, salvo buenos días. Jose nunca supo.

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  • Mi joven esposa (6): Cayendo en la trampa de don José

    Mi joven esposa (6): Cayendo en la trampa de don José

    La vida naturalmente seguía su curso, un par de ocasiones nos habíamos permitido llevar a cabo nuestras fantasías, lo vivido sexualmente ayudaba a incrementar el deseo como pareja, sin tener repercusiones negativas ni celos absurdos, la perfecta combinación de morbo y placer sin consecuencias. Pero tras la adrenalina del momento, asumimos de nuevo nuestro rol como matrimonio, continuamos laborando y manteníamos las relaciones con amigos y familiares, fue casi acabando el año, que algunas cosas nuevas ocurrirían.

    Una tarde de noviembre, volvíamos de las compras de fin de semana, organizábamos los víveres necesarios para pasar la semana sin complicarnos la existencia, esto era ya una costumbre, todos los sábados a medio día salíamos y volvíamos pasadas las 3.

    En el conjunto de departamentos también vivía la ya antes mencionada tía Carmela, hermana de mi padre, nosotros estábamos apenas en el de arriba de ella, por lo que tenemos que subir escaleras y pasar por ahí para llegar hasta nuestro departamento, pues esa tarde, cuando apenas entramos por la entrada principal, iba saliendo ni más ni menos que don José, no supimos de qué departamento venia y tampoco nos hicimos malas ideas, paso a un lado de nosotros y nos saludó, sin hacer mayor conversación, continuó su camino hacia la otra cuadra donde estaba la vecindad donde él vivía.

    Pasamos desapercibida la situación, habría venido con algún otro vecino, él siempre había vivido en el barrio y no era extraño que conociera a prácticamente todos los vecinos, además, don José ya no era parte de nuestras conversaciones en la cama, las recientes experiencias lo habían desplazado y por lo conversado anteriormente, no parecía que tuviera sentido seguirlo incluyendo, también había dejado de esperar a Yes, se habría aburrido de esperar respuesta o vio que no llegaría a nada, fuera lo que fuera, el tema había quedado zanjado.

    Una noche, tras quedarnos en silencio, escuchamos algo que para nosotros era extraño, mi tía Carmela estaba separada, no había consumado el divorcio, pero su esposo hace mucho que no vivía con ella, sus hijos ya mayores sólo la visitaban de vez en cuando, vivía sola y prácticamente nunca llevaba a nadie, pero esa noche, estábamos seguro que había alguien con ella en su departamento. Por un lado, creíamos que era justo, aunque siempre que teníamos relaciones intentábamos mantenerlo en el mayor silencio posible, seguro que algunas veces nos habrá escuchado, así que si esa noche era su desquite estaba bien.

    Al principio estábamos atentos, pues nos intrigaba lo que ocurría, pero no pasaba mucho, solo se escuchaban pisadas y algún movimiento, seria alguno de sus hijos entonces, Yes se durmió y yo estuve un momento más, revisando algunos pendientes de la oficina, ya pasada la medianoche, me pareció escuchar una discusión no muy fuerte, pero con la voz alzada, se dejó de escuchar y pensé que eso era todo, me dispuse a acostarme y alcance a distinguir un ruido distinto, en esta ocasión definitivamente eran de sexo.

    Cuando me recosté en la cama inevitablemente Yes me sintió y se despertó, con el dedo le hice señas de que no hiciera ruido y escuchara, cuando lo percibió se le dibujo una sonrisa, la tía Carmela estaba teniendo sexo debajo de nosotros, no es que fuera malo, pero reiteramos que para nosotros era una situación anormal.

    Nos quedamos escuchando y parecía que lo estaban pasando muy bien abajo, los gemidos de mi tía eran evidentes e intensos, la persona con la que estaba también se hacía notar con bufidos fuertes, era obvio que de un hombre ya mayor, la situación nos calentó y tuvimos sexo mientras pasaba lo mismo abajo, dejamos de escuchar y nosotros continuamos, nos percatamos que salieron de su departamento, seguramente lo llevaría afuera, nosotros terminamos con lo nuestro y así quedo la historia de aquella noche.

    Cuando la volvimos a ver, no tocamos el tema, nos parecía una falta de respeto hacia su privacidad, pero ella si nos comentó que los vecinos tenían planificado llevar a cabo una posada en diciembre y que le habían pedido que los de nuestro conjunto de departamentos pusiéramos las piñatas, muy populares en nuestro país (México por si no lo había mencionado), a lo que no tuvimos negativa para participar.

    Así pasó ese tiempo hasta diciembre, algunas noches volvió a ocurrir lo de su visita nocturna, terminaba de la misma manera, solo se iba y ya, de poco en poco la duda nos generó interés por saber quién era, así que una noche optamos por asomarnos para ver quien era la persona, vaya sorpresa que nos llevamos, era don José.

    Nos quedamos perplejos, no imaginábamos que algo así estuviera ocurriendo, mi tía era por decirlo soltera, pero don José era casado y apenas vivía a unas casas, no nos metimos más y lo dejamos así, decidimos ya no escuchar más y dormirnos, así fueron algunas noches hasta que en una ocasión me desperté por una extraña sensación, percibí un movimiento anormal en la cama, me quede quieto por un momento intentando discernir y en efecto, era Yes, se estaba masturbando mientras abajo se escuchaban aquellos ruidos, decidí no molestarla y dejarla terminar, su respiración se agito y soltó un gemido leve mientras arqueaba la espalda, finalmente se recostó y volvió a dormir.

    Llegaba otra noche de visita y era la misma historia, fingíamos desinterés por la situación y yo me hacía el dormido, al poco tiempo Yes volvió a estimularse y yo me mantenía sin hacer movimientos, así, una noche cuando se escuchaba que salían Yes se levantó y se asomó por la ventana que daba hacia la salida, se quedó mirando un rato con sus manos acariciando sus pechos y rozando por encima su vagina, fue al sanitario y regreso como si nada, esta parte de ella me parecía muy excitante, cuando escuchaba que don José estaba abajo, se preocupaba por ir a dormir y evitaba que tuviéramos intimidad, se reservaba para escucharlos, estaba a la expectativa de lo que hacían, era evidente su deseo, “quería estar en su lugar”.

    Se acercaba la fecha de la posada, los vecinos preparaban sus cosas y como habíamos quedado nosotros nos ocupamos de las piñatas y los dulces, le dimos la parte que le correspondía a nuestra tía, ella se encargó de conseguir las cosas y las guardó en su departamento, don José era quien llevaba y traía cosas, no solo de las piñatas sino de todos los vecinos, la vecindad donde vivía era la principal organizadora ese año, así era como evitaba que su esposa sospechara su aventura.

    El día llegó y todos los vecinos se reunieron fuera de la vecindad, se realizó de manera tradicional y en medio de las oraciones se retiraron mi tía, don José y algunos otros que tenían que preparar algunas cosas más, unos minutos más tarde, Yes me dice que mi tía le envió un mensaje, necesitaba ayuda para llenar las piñatas de dulces, fuimos y solo estaba ella, le ayudamos y me pidió que las llevará hacia la vecindad, así lo hice, ya que yo las lleve, me pidieron que ayudara a amarrarla y a sostenerla mientras la rompían, como eran varias, pasé bastante rato ocupado, aun así pude notar que mi tía ya estaba entre la gente pero mi esposa aún no.

    Termine y regrese a donde estaba la gente, la buscaba, pero sin ser muy notorio, no quería que se hiciera un escándalo por ello, a los 15 minutos la vi de vuelta, me acerque y la note nerviosa, me vio y me saludo como si nada intentando ocultar sus nervios, no la quise cuestionar en ese momento, así que continuamos con la convivencia del barrio, don José estaba con sus amigos y su esposa, por ratos sacaba a bailar a mi tía, de repente, de forma descarada desaparecieron de la vista de la gente, Yes estaba cansado y me pidió que nos retiramos al departamento.

    Una vez solos pensé en cuestionarla, pero abajo ya se escuchaban los ruidos habituales, increíblemente los amantes se habían aprovechado del bullicio para ir a su rincón, además, estaba cansado como para discutir por lo ocurrido y admito que la fiesta nos había puesto de buen humor, antes de proponerle algo, Yes ya estaba desnudándose y arrojándose sobre mí, apenas la toque por debajo y note la erección de sus pezones, la sensibilidad en cada roce de piel y, sobre todo, la humedad en su sexo.

    K: ¡escucha bien como lo están pasando abajo!

    Y: si, se oye que lo están pasando genial

    K: ya llegaron, es hora de que tu llegues, ¿o te falta estímulo?

    Y: ya casi

    K: ¿escuchaste como gime mi tía?, seguro que don José es un animal

    Y: si, seguro que la tía Carmela lo disfruta

    K: y pensar que se atrevieron a escaparse mientras allá afuera está su esposa

    Y: no creo que les importe mucho

    K: yo tampoco, don José es un sinvergüenza, un hijo de puta que hace lo que se le da la gana

    Y: ¡siii!

    K: a lo mejor por eso le gusta a mi tía

    Y: si, seguramente es por eso

    K: es un cabrón

    Y: ¡siii!

    K: ¿no te da envidia?

    Y: envidia de que

    K: de que mi tía se de a don José

    Y: claro que no, bien por ella, ¿por qué me daría envidia?

    K: porque, a lo mejor te gustaría estar en su lugar

    Como si de un reto se tratara, buscamos hacer el mayor ruido posible intentando ganar a la pareja de abajo, el ruido en los dos departamentos se compenetra, los gemidos y gritos de mi esposa y de mi tía se podrían escuchar en la calle, si no fuera porque la música con un alto volumen lo impedía. Los gemidos de abajo se intensificaban y mi esposa se movía cada vez más rápido, se estimulaba y disfrutaba del concierto de abajo, hasta que se escuchó como llegaban al orgasmo, yo también acelere buscando el suyo, la mire y observe su rostro mientras tenía un increíble orgasmo, a la vez que lo mismo pasaba abajo, se mordía los labios y soltaba gemidos.

    Y: ¡mmm! ¡Siiii, mmm que ricooo!, ¡ay, don José!

    Apenas lo pude discernir, pues hablaba muy bajo, pero eso ultimo me hizo venirme y soltar todo dentro de Yes, ya más calmados, en los dos departamentos había silencio, el cual se rompió con la salida de los amantes de vuelta a la calle, nosotros quedamos agotados y preferimos dormir aun con el ruido de afuera.

    Por la mañana volvimos al trabajo y no se tocó el tema, con la fiesta de fin de año tampoco hubo muchos momentos para hacerlo, llego navidad y la pasamos en casa de su mamá, en un pueblito como a dos horas del nuestro, para fin de año tocaba ir a casa de mis padres, pero por un imprevisto de ellos no iban a estar, por lo que nos tocaba quedarnos en casa sin ningún plan. Esos días fueron normales, Yes salía temprano y volvía a su hora regular, su ánimo estaba bastante alto, el sexo de abajo se había pausado, supongo que las dos partes tendrían reuniones familiares que atender, así que nada nos perturbaba, hasta que la noche del 29 de diciembre, Yes llego con cara algo seria y se sentó en la mesa con una clara actitud de “tenemos que hablar”.

    K: que pasa, algo serio

    Y: pues no, no se… algo

    K: solo dilo, no me gusta que le des rodeo a las cosas

    Y: bueno, recuerdas que no teníamos plan

    K: bueno sí, lo pasaremos aquí o no

    Y: si, pues algo se presento

    K: solo dilo

    Y: platicaba con tu tía y le comenté de cómo habían cambiado los planes, quise saber si ella iba a estar y en efecto no tiene plan de salir

    K: entonces, ¿la pasamos con ella?

    Y: si y no

    K: no comprendo

    Y: me dice que la invitaron al fin de año en la vecindad, si nosotros quisiéramos, podemos ir

    K: ya, ¿y supongo que dijiste que no?

    Y: le dije que lo pensaríamos

    K: ¿y qué tenemos que pensar?

    Y: pues, no tenemos plan

    K: ¿de verdad quieres ir?

    Y: ¿qué tiene de malo?

    K: bueno, nada, pero es algo raro, no es que nos llevemos tan bien con ellos

    Y: pues en la posada fueron bien las cosas

    K: si, pero eran todos los vecinos, no solo los de la vecindad

    Y: bueno, entonces no (con cara de chantaje)

    K: ok, supongo que podemos ir un rato y ver qué pasa

    Y: ya verás, no será tan malo

    Esa noche no me fue fácil dormir, me cruzaron mil cosas por la cabeza, aun no despejaba mis dudas de lo ocurrido la noche de la posada, que tan prudente podría ser ir directamente a la vecindad, el hecho de que pudiera haber algo más detrás de lo que me pedía Yes me inquietaba, con todo eso en mente, tuve una erección, el pretexto ideal para buscar dormirme tras masturbarme, decidí esperar a que Yes se quedara dormida y me quede quieto, pero vaya sorpresa, el movimiento en la cama se hizo presente.

    Ella me había ganado la idea y ahora se masturbaba justo a mi lado, se tocaba por encima con una mano y con la otra se estimulaba la entrepierna, tras unos minutos llegó un suspiro intenso y el orgasmo que lo acompañó, se levantó al sanitario y al volver revisaba su celular, escribía algunas cosas, tras un rato se aburrió y se dispuso a dormir, cuando por fin me convencí de que el sueño la había alcanzado, me dispuse a lo mío, aunque la verdad ya no pude, lo ocurrido me había dejado congelado, Yes continuaba con esas muestras de deseo sexual justo después de decidir que iríamos a pasar el fin de año en la vecindad, que habría en su mente, estaría jugando conmigo o ya tenía un plan, todo esto se desvaneció cuando al fin el cansancio terminó conmigo.

    El penúltimo día del año fue calca del anterior, la misma conversación, yo aun no estaba seguro de querer ir pero termine cediendo a su ahora capricho, no busque el sexo ni ella tampoco, de nuevo se consoló sola, reviso el celular, ahora estuve seguro de que envió mensajes y se durmió. No soy de los que invaden la privacidad de la pareja, así que no lo hice, me quedé con la duda, esa duda que siempre hace pensar en lo peor e imaginando justo eso, me masturbe y después, me quedé dormido.

    Al día siguiente yo tuve que trabajar medio día, ella se quedó arreglando algunas cosas en casa y para arreglarse ella misma contando con todo el día, salí a las 3 de la tarde y volví a casa, ella no estaba pues se había ido a hacerse el cabello, uñas y ya saben, todo lo que ocupa una mujer en ese tipo de ocasiones, llego alrededor de las 6, me saludo y fue a vestirse, desde que la vi con su cabello ya se veía espectacular, sus chinos recién hechos, el cabello ahora totalmente negro, las uñas rojas, lo que indicaba que el labial seria del mismo color para combinarlo, la espera fue tortuosa pues yo me ocupe de lo mío en poco tiempo, cosa de hombres.

    Mientras me arreglaba note la ropa que llevaría debajo, cachetero de encaje negro y un brasier que le hacía conjunto, termine y ya la esperaba en la sala viendo la televisión cuando ella irrumpió, como había anticipado, estaba espectacular, se había puesto un vestido corto de color negro, zapatillas de tacón alto del mismo color, medias negras a media altura y los labios los llevaba de rojo intenso, perfectamente maquillada y con unas pestañas que te obligaban a mirarla, la tome de la cintura y la quise besar, ella me detuvo justificando que se arruinaría el labial y el maquillaje.

    Y: más tarde tal vez

    K: yo te deseo ahora

    Y: en serio, se arruinará todo mi esfuerzo

    K: no puedo esperar hasta la noche

    Y: tendrás que

    Ya un poco molesto, decidí ser directo.

    1. ¿pasa algo más verdad?

    Y: ¿de qué hablas?

    K: no solo me insististe mucho en ir, sino que también te arreglas de forma exagerada

    Y: no porque sea una fiesta de barrio no significa que no me puedo vestir así

    K: siempre nos hemos sabido comunicar, es mejor que hables con la verdad

    Tras pensárselo un momento, de nuevo hablo.

    Y: está bien, quería decírtelo después, pero creo que necesitas saberlo ahora

    Me relató lo siguiente, el día de la posada, había venido a ayudar a mi tía, eso era verdad, estaba rellenando las piñatas en compañía de ella y de don José, cuando mi tía tuvo que salir y los dejo a solas, don José comenzó a tornar la conversación hacía temas más íntimos.

    DJ: discúlpame si les causamos molestias a ti y a tu marido

    Y: ¿a qué se refiere?

    DJ: no tienes que ser reservada, me refiero a los ruidos en la noche

    Y: no, bueno, es que tampoco debe disculparse, ustedes son adultos y saben lo que hacen

    DJ: no vayas a pensar mal de mi

    Y: ¿Por qué?, ¿por qué está casado o por qué la tía Carmela aún está casada?

    DJ: en parte, no es que me justifique, pero las cosas simplemente se han dado, no quiero que les sea incómodo verme por aquí

    Y: no nos incomoda, usted sabrá lo que hace, a quien engaña es a su mujer

    DJ: si, bueno, si se entera

    Y: ¿encima quiere que guardemos silencio?

    DJ: no se los estoy pidiendo, tampoco me preocupa mucho que se entere mi esposa

    Y: si no decimos nada es por la tía Carmela, así que ande sin cuidado

    DJ: ¿Así que soy bienvenido en tu casa?

    Y: jaja, en la de mi tía

    DJ: bueno, en el edificio, a tu casa ya veremos

    Y: no sea tan atrevido

    DJ: solo decía, como visita tal vez, no creo que le moleste a tu marido

    Y: usted que sabe, no lo conoce

    DJ: un poco, desde niño lo veía en la calle, ya de adulto poco, aunque parece buena gente, me recuerda a mi mujer, me refiero a mi esposa

    Y: ¿pues cuántas esposas tiene?

    DJ: esposa una, mujeres varias, son casadas así que solo son prestadas, entre ellas Carmela y la que se sumará

    En ese momento la tomó de la cintura y le dio un beso, ella estaba congelada, sus palabras la habían molestado, pero algo en ella se sentía sometida, por lo que tardó en despegarlo de su boca propinándole una cachetada.

    DJ: así son todas, primero no se dejan, pero después me lo piden a gritos como tu tía

    Ella salió de ahí, y regreso a la posada, tenía miedo de contármelo en su momento por los problemas que eso pudiera generar, pero no terminó ahí, los días posteriores don José la esperaba de nuevo por las mañanas, aunque salía con la disposición de no subir a su camioneta, cuando se daba cuenta ya estaba arriba con él, ahí don José se disculpó, la trato bien unos días, como si no le hubiera faltado al respeto antes y aprovecho.

    DJ: me has comentado que no tienen planes para el fin de año

    Y: así es, lo pasaremos solos en casa

    1. Nosotros realizamos un gran convivio cada año, si gustan están invitados

    Y: no creo que mi marido acepte, menos después de que le diga lo ocurrido

    DJ: o sea que aún no se lo has dicho ja ja

    Y: claro que no, no quiero problemas

    DJ: muy bien nena, mensaje recibido

    Y: ¿de qué habla?

    DJ: de nada, sino se lo has dicho es por algo

    Y: ya se lo dije, no quiero problemas entre ustedes

    DJ: no quieres problemas para él

    Y: ¿me está amenazando?

    DJ: no, solo digo que tu marido es muy joven y tranquilo, no creo que quieras verlo confrontarme

    Y: … (silencio)

    DJ: ya está bien, prefiero usar mi energía en otras cosas, ya te enseñaré, por mientras quiero que vengas a la fiesta

    Y: ya le dije, mi esposo no aceptara, no quiero meterlo en problemas

    DJ: pues ya los tiene, tú eliges, ¡me desquito con él o contigo!

    Y: … (silencio)

    DJ: así me gusta, solo dile que los invita tu tía, ya verás que acepta, si no, convéncelo, pero te quiero ahí

    Me quedé helado, era bastante fuerte lo que había ocurrido y no me lo había querido decir antes, lo peor, es que había hecho exactamente lo que le pidieron, sabía que estaba muy extraña, ahora sabía por qué.

    Y: como dije, no quiero meterte en problemas

    K: no creo que pase nada, solo está hablando por hablar

    Y: puede ser, pero si prefieres quedarte te entenderé

    K: nos quedamos entonces

    Y: no, puedes quedarte, pero yo iré de igual forma

    K: pero ¿qué dices?

    Y: ya me arreglé para ir y si voy, le pondré fin al problema

    K: ¿crees que solo te presentaras y ya?, ¿no crees que tenga otras intenciones?

    Y: imagino que las tiene, pero ya di mi palabra que iremos

    K: ¿y lo harás solo porque te lo dice?

    Y: ya sé que sueña extraño, pero si, voy por que me lo pidió, pero ya que soy sincera debo decirte que tengo curiosidad, todo lo que hemos fantaseado con él me han hecho querer seguir el juego, aun sabiendo el riesgo que conlleva

    K: es verdad que hemos jugado y tenido fantasías usando su nombre, pero creí que ya lo habíamos dejado atrás

    Y: y así era, hasta que empezó a venir con tu tía y pasó lo que ya te conté

    K: no se que mas decirte, no me agrada la idea

    Y: tampoco me agrada, la situación me da mucho miedo, pero también me atrae, hemos estado haciendo esto del cuckold con otros y siempre nos hemos comunicado y estado de acuerdo

    K: esto no será como las otras veces, don José no es del ambiente

    Y: ya lo sé, si le dijéramos no creo que te quisiera ahí presente

    K: ¿me estás pidiendo que te deje a solas?

    Y: te estoy pidiendo que, así como yo entiendo y cumplo tus fantasías, tú me entiendas con las mías, además, solo es un supuesto, nada nos asegura que algo pase entre tanta gente, yo solo quiero ir y jugar con él, bailar, coquetear y volver a casa a desquitar mis ganas contigo

    Tenía razón en varias cosas, en su momento ella había aceptado llevar a cabo la fantasía, siempre estaba nerviosa cuando salíamos y los terminaba venciendo, ahora me pedía que yo enfrentará esos nervios y la apoyara en su decisión, aunque cruel para mí era lo justo. Tras sus argumentos, no me quedó opción más que aceptar ir a la fiesta, y seguirle el juego a Yes, salimos hacia la vecindad, mientras caminaba no podía evitar observar de nuevo lo perfecta que se veía, en ese momento caí en cuenta de que mi esposa se había esforzado mucho en arreglarse, pero mientras lo hacía, probablemente no era yo quien estaba en sus pensamientos, sino don José.

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  • La hija del posadero

    La hija del posadero

    Ese día, Eunice se había vestido “para matar”. Carlos evitó mirarla de arriba a abajo y fingió concentrarse en su cara, pero, tan pronto la vio llegar por la estrecha calle que conectaba la plaza con el teatro, empezó a reconstruir mentalmente su figura, para mirarla con descaro a través de los ojos de la imaginación.

    En la plaza en la que acordaron verse, Eunice y Carlos se saludaron con un beso en la mejilla y se encaminaron al bar. “Vestida para matar”, pensó él, cuando ella se le adelantó un poco y pudo verla desde atrás: Eunice llevaba un pantalón muy entallado y unas botas negras de tacón pequeño. Su estrecha blusa color azafrán quizás habría resultado discreta en una chica que tuviera bastante menos pecho que ella… Carlos, al verla de espaldas, empezó a recordar: la línea de sus senos, perfectamente perceptible, la presión de su pecho sobre la tela, el saquito negro que la cubría, deslizándose delicadamente, no sobre sus pechos, sino a los lados de sus pechos.

    Carlos estaba seguro de que Eunice había elegido ese saco, no para que le cubriera el busto, sino para que le diera un marco y lo acentuara. Para colmo, la chica se había puesto un encantador collar de tela y se había pintado sus enormes labios de un color entre cereza y negro.

    Cuando Carlos era un muchacho idealista, muy dado a los discursos políticos y a la música de letras incomprensibles, Eunice había sido su primer amor. Desde esa época, se reencontraban cada uno o dos años, e iban a beber. Habían empezado a besarse en esas ocasiones; mentían que habían bebido mucho y se lanzaban a correr por los callejones, escondiéndose debajo de los umbrales de alguna casa anochecida, como si aún fueran dos jovencitos. Pero Eunice ciertamente no era la misma chica tímida que había sido en su adolescencia:

    —Si va “vestida para matar” —le había dicho Élmer a Carlos, —es que la noche va a terminar en la cama… así es con Eunice ahora.

    Parecía que ella ahora intercalaba breves periodos de relaciones monógamas muy tóxicas, con breves periodos de promiscuidad desenfadada. Para eso, Eunice tenía un grupo de amigos a los que podía encamarse; amistades en las que confiaba, pero que, en el fondo, tampoco es que le importaran mucho.

    Carlos, claro está, quería ser una de esas amistades. Al ver a Eunice llegar vestida como en sus mismísimas fantasías (alimentadas por las fotos que ella subía a sus redes sociales), el pobre sujeto pensó que iba a tener suerte. Y quizá la hubiera tenido, pero ya en el bar los temas de conversación se les agotaron antes siquiera de que llegaran sus bebidas. Ahora Carlos ni siquiera tenía claro cómo llegar a los besos que ya había conseguido antes. ¿Qué le estaba pasando? Bueno: es que los años lo habían transformado en un hombre aburrido, en un oficinista gris, que trabajaba para un partido político del que aún se emocionaba de hablar. Esa emoción, por desgracia, a Eunice le parecía un poco penosa.

    Llegaron a su mesa dos caballitos, cargados de un azul preocupante, y Eunice se los tomó los dos de golpe. Luego, dijo:

    —A ver, tengo un recuerdo vago de ti, la primera vez que fuimos a un bar, ¿te acuerdas? Empezaste a hacerle plática a la chica que te pidió tu credencial, y de pronto no sé qué tonterías te habías inventado.

    —Tú y yo nos habíamos casado el año anterior, y ahora estábamos regresando al lugar donde te pedí matrimonio. No sé; para ese momento ya habíamos tomado algo en casa del Élmer y estaba yo muy ebrio.

    —¿Y eso qué tenía que ver con tu edad o con tu credencial, o qué le importaba a la chica?

    —Pues qué sé yo. Creo que nunca llegué a la parte de la historia en la que algo tenía que ver.

    —Pues bueno, cuéntame algo así.

    Carlos pensó un momento y luego, tomando un aire teatral, comenzó:

    —¿Alguna vez has estado en el pueblo de Lagunilla Blanca?

    —¿De donde vienen los maestros normalistas? No, nunca.

    Pues bueno, en la plaza de Lagunilla Blanca, como escondida en un nicho, hay una estatua de piedra negra y porosa. Los lagunenses la llaman “la Dos Aguas”. La estatua representa una mujer desnuda, muy hermosa, que tiene el pelo largo, amarrado en una trenza y que, como si fuera una ninfa, sostiene un gran cántaro de agua encima de un hombre joven, sin barba, que está arrodillado y saca la lengua como si fuera a beber. Creo que alguna vez había sido una fuente, pero cuando yo la vi ya no tenía agua. ¿Te han contado de esa estatua y de su historia? ¿No?

    Pues bueno. Resulta que la Dos Aguas era la hija de Demetrio Arteaga, el dueño de la posada más famosa de mediados del siglo pasado. Cuando un muchacho fuereño llegaba a hacer su examen para la Escuela Normal, los padres le juntaban unas monedas y lo mandaban con un itacate y muchos consejos. Y el tal muchacho gastaba la mitad de sus poquitas monedas pidiéndole a Demetrio Arteaga un cama dura, con un zarape que a ti y a mí nos mataría de alergia.

    Pero lo primero que veían los jovenzuelos al entrar a la posada, era la cara de ángel que tenía la Dos Aguas: con el pelo todo recogido fuertemente, su frente se veía resplandeciente y tierna. Tenía el labio inferior más grande que el superior, de un color rosa mexicano. Ese labio, tan grande y tan lindo, hacía parecer que siempre estaba triste. Usaba siempre una camisita blanca, un delantal gris, y una falda plana y negra que casi rozaba el piso.

    La Dos Aguas se acercaba al joven aspirante a maestro y le preguntaba con una inocencia casi servil:

    —¿Tiene el señorito algo que llevar a su habitación?

    Y si el muchacho se mostraba altanero o donjuán, la Dos Aguas no volvía a aparecerse ante él. Pero si al muchacho le brillaban los ojos; y decía «no, no, no; lo que traigo puesto es lo que tengo»; y le cerraba los ojos con cariño, y parecía que quería protegerla como a una hermana, entonces la Dos Aguas empezaba su plan. Elegía a un muchacho que le hubiera gustado y, el día de su examen, cuando el muchacho, en la mañana, estuviera recién salido de bañar y se estuviera perfumando como se perfumaban nuestros abuelos, la Dos Aguas tocaba a su puerta y le decía:

    —Soy la hija del posadero, señorito. ¿Sale ya?

    —Ya salgo, ya salgo —decía el muchacho desde el otro lado de la puerta, poniéndose la corbata.

    —Es deber de la posada ayudarlo con su cama. Haga favor de recibirme.

    El joven abría la puerta; la Dos Aguas pasaba y la cerraba detrás de ella. Extrañamente, esta vez no llevaba delantal: solo la falda y la blusa. Sólo en ese momento, el chico se daba cuenta de que la Dos Aguas tenía pechos firmes y circulares, y notaba como el brasier se le transparentaba debajo de la blusa. Ella esperaba junto a la puerta, guardando silencio, hasta que su presencia hubiera incomodado al joven. Entonces, llevándose las manos a los primeros botones de la blusa, empezaba a decir:

    —Hoy es un día importante. El señorito no debía llevar así de fea la corbata.

    El joven, extrañado, revisaba al espejo el nudo que se había hecho tan esmeradamente. La Dos Aguas se ponía detrás de él y le desataba la corbata, fingiendo que la iba a corregir. Luego, lo abrazaba desde atrás; le pegaba su cuerpo. Desabotonaba la camisa del joven y empezaba a toquetearle el pecho. De pronto, la Dos Aguas bajaba y sentía el miembro erecto. Entonces decía:

    —Acuérdese de que está en mi casa. Me tiene que respetar.

    Ella tocaba al chico por encima del pantalón y le restregaba esos pechos. Si, en este momento, el chico se daba la vuelta e intentaba tocarla, todo se terminaba. La Dos Aguas exigía que el siguiente paso fuera también suyo. Ella tenía que decidir cuándo se ponía enfrente del chico, cuándo se abría poco a poco los botones superiores de la blusa y cuándo permitía que la primera mano, tímida, se posara sobre su piel.

    Luego, ella les pedía que cerraran los ojos. Se quitaba el brasier, pero volvía a ponerse la blusa. El vapor blanco de la blusa fluía alrededor de sus pechos desnudos y del intenso color de sus pezones. Entonces, la Dos Aguas sonreía y besaba al jovencito en la mejilla.

    Les pedía a los chicos que se sentaran en la cama y ella se les acercaba, flexionando un poco las rodillas. Les indicaba cómo debían besarle los pechos: no le gustaba que los succionaran. Prefería pequeñas mordidas, mucha presión de labios, o de la lengua contra el labio superior. Luego, alrededor de la aureola. Le excitaba ver cómo el color rosa mexicano de sus pezones tomaba el tono perlado de la saliva.

    Si todo salía bien, las rodillas de la Dos Aguas temblaban un poco y tenía que sentarse junto al chico, en la cama. Ahora él debía agacharse y abrazarla del torso son ambos brazos, mientras le comía los pechos con devoción. Así como hay un hombre bebiendo de un cántaro en la fuente de Lagunilla, justo así se veían los chicos besando los pechos de la Dos Aguas.

    Cuando ya estaba más excitada, hacía que los chicos se recostaran bocarriba y se sentaba encima de ellos, arremangándose la falda. Los excitaba restregándose contra ellos. En ese momento los chicos se daban cuenta de que la falda, tan plana y fea, que llevaba la Dos Aguas, no les había permitido valorar que tenía un lindo trasero, fuerte y respingado, que entonces agarraban con delicia. Aún hay algunas canciones sobre lo hermosa que era la Dos Aguas, y la fuerte impresión que causaba su cuerpo en el faje tan extraño que le regalaba a los aspirantes. ¿De verdad nunca las has escuchado?:

    Ayer llegué a una posada

    que se acabó mi dinero.

    Me sería suave la cama

    con la hija del posadero.

    Yo hace mucho habría venido,

    compañero, si supiera

    que vivían en Lagunilla

    semejantes posaderas.

    Y ahora, en el examen pienso

    no en cosenos ni en romanos:

    sino en que sus blancos pechos

    me caían entre las manos.

    En todo caso, hay otras estrofas que cantan, que supuestamente les decía la Dos Aguas, cuando uno de ellos quería pasarse de listo, e intentaba desenfundar el miembro o de plano quería tumbarla en la cama para poseerla allí mismo:

    Tócame nomás los pechos,

    las piernitas y el ratón.

    ¿Te quieres pasar de listo?

    ¡No bajes tu pantalón!

    Media soy para la Virgen,

    media soy para el señor;

    por eso soy la Dos Aguas:

    ni me guardo, ni me doy.

    A lo máximo que llegaba ella era a sacarles la verga para masturbarlos un rato, o a ponerla entre sus piernas. Casi siempre, la sesión terminaba con ella masturbándose para ellos, y ellos masturbándose viéndola.

    Por supuesto, muchos de esos chicos no pasaron el examen que habían ido presentar.

    Un día, sin embargo, llegó a Lagunilla Blanca un muchacho larguirucho, con ojos negros como la noche y la piel del color del café con leche. En el saco llevaba una libreta diminuta y en la frente le empezaban a salir unas arrugas prematuras. Se llamaba Hipólito Baez y venía con la firme intención de ser maestro. Entró a la posada y, casi sin hablar, le pagó a Demetrio por su habitación. Cuando la Dos Aguas salió a verlo, casi se le cae el delantal allí mismo. Baez era todo lo que más le gustaba. Ya ves que hay gustos raros.

    —Este señorito seguro que va para maestro. Dígame, ¿trae algo que lleve a su habitación? —le preguntó.

    —No, pequeña almita. Traigo sólo lo que llevo puesto.

    Al día siguiente, cuando Hipólito Baez se rasuraba su incipiente barba, tocaron a la puerta.

    —Soy la hija del posadero, señorito. ¿Sale ya?

    —Ya casi salgo, pequeña almita —le contestó Hipólito —¿Qué necesitas?

    —Es deber de la posada ayudarlo con su cama —agregó la Dos Aguas, con la voz llena de dulzura —Haga favor de recibirme.

    Hipólito le abrió sonriendo. La Dos Aguas entró a la habitación, sonriendo de oreja a oreja. Estaba tan excitada que sentía cómo los pezones duros le rozaban el brasier al caminar.

    —¡Ay, señorito Hipólito! ¿No ve usted que hoy es su gran día? ¡No debería llevar tan fea la corbata!

    Y se le acercó apresurada, poniéndose a sus espaldas. Cuando intentó ponerle las manos en el cuello, Hipólito se las tomó un momento con delicadeza y dijo:

    —No ha nacido aún un alma a la que deje ayudarme con mi corbata —le contestó Hipólito, entre risas pero muy en serio.

    Y la apartó delicadamente. La Dos Aguas se quedó estupefacta, pero ya en ese momento no podía detener su plan, así que empezó rápidamente a tocarle el pecho al joven. Durante un momento éste se dejó hacer, pero cuando la chica empezó a bajar por su abdomen, tuvo que decirle:

    —¿Qué estás haciendo, almita?

    —Es que usted me hace sentir un no se qué en ese lugar que no hay que mencionar. Quiero saber si yo lo hago sentir igual… Porque creo que sí. Y mire… yo no me he entregado a nadie, señorito. Y no, no me quiero entregar a usted… pero… hay formas, ¿usted me entiende?

    Y mientras la Dos Aguas decía esto, iba finalmente tocando el pene de Hipólito por encima del pantalón.

    —No, que lo sabrá tu padre —dijo Hipólito, quitándose de encima la mano de la Dos Aguas.

    —No lo sabrá.

    —No, que llegaré tarde a mi examen —dijo Hipólito.

    —Acabaremos antes de que termine de salir el sol.

    —No, que es pecado, almita —dijo Hipólito.

    —Si Dios es todo, ¿cómo más quiere el señorito que esté con Dios? Y si Dios es sin-mancha, ¿qué pecado puede haber en unir dos cuerpos puros?

    —¡No, he dicho!

    —Es que no has visto mis pechos.

    Con toda la calma de quien se sabe hermosa, la Dos Aguas se abrió la blusa, botoncito por botoncito, y la dejó sobre la cama. Luego, se quitó el brasier y se dejó los pechos tapados por un brazo. Después, tomó con rudeza una de las manos de Hipólito, la deslizó entre el brazo y el pecho, y le hizo masajearla. Hipólito quedó boquiabierto. La Dos Aguas se alejó un poco y retiró el brazo que cubría su pecho, para que Hipólito la viera en toda su gloria. Pero a él, poco a poco, el asombro se le fue convirtiendo en ira. La vio de arriba a abajo; vio esos pechos que habían hecho arrodillarse a tantos jovencitos y, entonces, dicen que Hipólito cantó una versión distinta de la canción que te contaba antes:

    ¡Nunca, nunca habría venido,

    —nunca, nunca— si supiera

    que vivían en Lagunilla

    semejantes posaderas!

    Pero bueno, eso ya no es probable, porque la gente no va por allí haciendo coplas. En todo caso, Hipólito salió furioso de la posada, dejando a la Dos Aguas medio desnuda en su cuarto. Nadie sabe muy bien por qué Hipólito Baez reaccionó así. Algunos dicen que era gay, lo que en esa época debió ser para él muy difícil de nombrar y de esconder. Algunos otros creen que, años antes, había sido utilizado de la peor manera por un grupo de chicas mayores que él. Algunos otros, en fin, piensan que, en un arranque de fe, había jurado por la tumba de su madre permanecer virgen hasta el matrimonio, como el payaso de Eduardo Verástegui.

    En todo caso, Hipólito regresó en la noche a la posada muy feliz, con la buena noticia de que el examen no había sido nada difícil para él. Su expresión era radiante, y parecía que no estaba molesto con la hija del posadero, ya que le sonreía y le contaba historias.

    —¿Y qué hizo la Dos Aguas entonces? —preguntó Eunice, indignada. —¡No se puede quedar así! El pinche Hipólito la humilló.

    Carlos rio y, antes de seguir su historia, preguntó feliz:

    —¿Te apetece pedir otro trago?

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  • En casa es mejor (3)

    En casa es mejor (3)

    Luego de que abriera la puerta a mi novia Cristina, desde que entró, estuvo muy aventada con mi hermana, afortunadamente pudo llegar sola, sus hermanos tuvieron que salir de viaje con una tía, de modo que tendríamos quince días para nosotros tres, si se quedaba con nosotros.

    Después de lo sucedido entre ellas, se continuaban escuchando las canciones de Luis Miguel que en cierta forma ayudaban a que mi novia Cristina conquistara a mi hermana, eso me llenaba de orgullo, aunque aún no le declaraba su amor.

    —¿Creen que me pueda quedar con ustedes? –dijo con cierto atisbo de morbo sin dejar de ver a mi hermana. Aunque he de decirles que soy un poco promiscua y duermo sin ropa estorbosa.

    —No puedes negar que yo te gustó, cuñada, quiero que seas mi novia junto con Javier, bueno en realidad sería poliamor mezclado con incesto, -dijo mientras modelaba. Luisa se sonrojaba, mirando con atención sus apetitosas formas.

    Luisa se dejó besar, acomodándose en su regazo para lamer sus pechos y mamarlos como una recién nacida, chupándolos, sorbiendo una leche inexistente, pero provocando el goce de Cristina representando el papel de la madre de Luisa. Finalmente luego de mamar sus pezones, dejándolos más erectos de lo que estaban, viéndola a los ojos dijo:

    —¿Aceptarías ser mi novia, Luisa?

    —¡Claro que acepto! –dijo sin pensarlo- siento que voy a amarte tanto como amo a mi hermano.

    —Creo que será mejor que me retire, tengo algunas cosas que hacer, –dije con cierta tristeza ya que no quería estorbar sus demostraciones de cariño.

    —¡No te vayas, quédate mi amor! –dijo mi hermana sin siquiera despegar su boca de la de mi novia- no quiero hacer nada sin ti, no esperaba esto tan rápido, quiero que estés junto a nosotras.

    —Tú hermana tiene razón, cariño, es mejor que estés con nosotras, ¿Sabes? Es más excitante hacerlo juntos.

    —¡Ay, cuñada! también debes saber,… –dijo mi hermana

    —Dime cielo, ¿qué quieres decirme?

    —Que mi hermano y yo estamos enamorados.

    —También yo estoy enamorada de mis hermanos.

    —Tú me gustas mucho, cuñada, desde la primera vez que mi hermano te presentó como su novia y de tu parecido conmigo, me imaginaba lo que se sentiría hacer el amor conmigo misma.

    —Pues yo voy a sentir lo mismo que tú. Me contó tu hermano que también tienes experiencia con algunas mujeres

    Continuaron besándose, solo despegaban sus bocas para continuar hablando. Cristina no dejaba de acariciar las piernas de Luisa subiendo su mano lentamente hasta donde empezaba la tela de su tanga, palpando el promontorio que formaban los labios de su vagina, hinchados de deseo mientras mi hermana ya había sacado mi verga para acariciarla entre sus dedos.

    —Tuve una novia en la secundaria –contestó Luisa- hacíamos tijera.

    —Bueno eso es riquísimo, muñequita ¿verdad amor? –me preguntó observando que Luisa me acariciaba la verga.

    —También soy muy romántica.

    —Igual que yo, amor

    Y ahí estaba yo de alcahuete poniendo la música romántica de Luis Miguel que nos gustaba, desde que Luisa y yo bailábamos prácticamente desnudos, hacía unos cuatro años, solo besos y caricias aunque nada de lo demás. En ese tiempo bajaba mi calentura con hielos, quedándome a medias al igual que dejaba a Luisa a causa de mi cobardía cuando estábamos más excitados.

    —¿Y nada más tuviste a esa novia de la secundaria? –preguntó Cristina

    —Tuve pretendientes mujeres que me gustaban y otras que me gustan de la oficina, pero solo he hecho el amor con algunas, mi novia de la secundaria y otras de la oficina, aunque me quedo siempre con ganas, soy medio lesbiana.

    —¿Y qué sabías del incesto antes de experimentarlo con tu hermano?

    —Una amiga de la oficina con la que me acostaba, me contó, que tenía relaciones con un tío hermano de su madre a la que se cogía desde que eran jóvenes, luego su madre se casó y nació ella, después de su divorcio su hermano se quedo a vivir con ella. Le gustaba coger con su tío, con la complacencia de su madre que también participaba. Siempre dijo que el incesto era increíble y no se comparaba con otro tipo de relaciones.

    —Sé que ese tipo de relaciones familiares se gozan, no creo que sea solo ficción lo que cuentan en las páginas de internet, algunas se basan en experiencias y otras en fantasías que alguna vez hemos tenido todos. ¿Cuáles eran tus fantasías?

    —Seguido me mojaba soñando con la verga de mi hermano, acercándola a mi boca y yo chupándole su glande, amanecía empapada, pero mi principal fantasía era casarme con él coger mucho y vivir en un bonito departamento escribiendo cuentos de incesto y donde también hacía el amor con otras mujeres.

    —Pues muy bonita fantasía, me gustan las fantasías, creo que debemos coger ya porque tu hermano está muy entretenido lamiendo tus pezones.

    Me había dedicado a mamar los pezones de Luisa mientras ella continuaba platicando con Cristina mientras mi verga se escurría por entre las nalgas de mi hermana hasta toparse con lo mojado de los labios de su vagina.

    Cristina se quitó la playera de “Amo el Incesto” dejándola a un lado, Irguió sus hermosos pechos ya expuestos tanto para mí como para Luisa, con sus pezones grandes, alargados con esas maravillosas areolas como montículos que los elevaban aún más, tan parecidos a los de mi hermana, hasta en eso eran casi idénticas, cómo lo eran sus rostros, exceptuando el color de sus ojos, todo eso hacía que parecieran ser más hermanas entre ellas. Cristina, era mi adorable novia, por su parecido con mi hermana. Pronto se cumpliría la fantasía de mi hermana de hacer el amor consigo misma.

    Cristina no quedó ajena a esas muestras de cariño, quedando admirada al ver esos pechos tan maravillosos tan iguales a los suyos, no se quedo con ganas de besarlos y chupar esos pezones igual de erguidos que los suyos y lo hizo en tanto yo seguía con la verga metida entre las nalgas de mi hermana, viendo como devoraba los pezones de Luisa dejando una estela de saliva y hebras colgando de sus labios.

    —Con razón me decía tu hermano que tú y yo éramos tan igualitas que parecíamos más sus hermanas. –alternaban incesantes besos entre sus bocas, probando el sabor de sus salivas y chupando sus lenguas, dándose pequeños mordiscos entre sus labios- tus pezones son tan parecidos a los míos, con razón tu hermano los ensalza tanto.

    El entremés estaba por terminar, lo que exigía comenzar con el plato fuerte, mientras yo como espectador acariciaba el cuerpo de mi hermana sin dejar de apretar mi verga entre sus nalgas. Luego tomé fotos con mi celular. Luisa parecía devorarla con su mirada sin dejar de sonreírme y estaba orgullosa de tomar parte de ese triángulo amoroso de poliamor, que estaba orquestándose, mezclado con incesto, en tanto Luis Miguel ajeno al ambiente que prevalecía, continuaba cantando a través de Alexa.

    Cristina no dejaba de observar mi verga colocada entre los labios de la vagina de mi hermana, cubiertos por la vasta alfombra de fino vello ensortijado que cubría sus abultados labios hinchados por el deseo de ser besados mientras aún permanecía oculto el preciado clítoris presto al placer que estaba a punto de procurarle la boca sedienta de mi novia Cristina.

    —¿Qué haces, amor? –dijo con voz suave mi hermana.

    —Quiero ver todo lo que la verga de tu hermano tiene que atravesar para acariciar esas partes con mis besos y mi lengua

    —Fue un delicioso incesto el que tuvimos cuando inundó mi vagina con su esperma.

    —Me encanta esa palabra por eso la tengo bien grabada en mi playera.

    Era todo un espectáculo estar viéndolas haciéndose el amor, aunque no sé si también pueda considerarse incesto el hecho de que mi hermana haga el amor con mi novia

    La lengua de Cristina estaba muy activa penetrando la vagina de mi hermana, la que abría auxiliada por sus dedos, pude observar cómo se abría el túnel de amor lleno de hebras viscosas adheridas a las paredes por donde mi verga la había penetrado, deleitándome al recordar cómo mi verga había traspasado su vagina, llegando hasta el cuello de su útero, si no hubiera estado mi novia tan entretenida lamiendo sus labios vaginales y oprimiendo su clítoris con la punta de su lengua, la hubiera penetrado nuevamente.

    —Cuñada ya me estoy viniendo –gemía mi hermana, mientras mi novia solo se complacía viendo el túnel tan lubricado que le ofrecía mi hermana.

    —Yo también mi amor, me vengo muy fácil, pero aguanto muchas venidas.

    —Hermano, ven conmigo para que chupe tu verga.

    —Eso me toca a mí, Luisa, siempre lo hago así, pero si quieres cuando tenga el semen de tu hermano dentro de mi boca lo puedo meter con mi lengua dentro de tu vagina.

    —Eso me gustaría, para probar algo distinto.

    —Me gustaría que me hiciera sexo anal. ¿Tú lo has hecho?

    —No, pero con mi hermano si me gustaría tenerlo.

    —Podría darles un buen masaje con mis manos y mis pechos mientras ustedes se besan.

    —¿Y a que nos llevará todo esto, amor si quedo embarazada de mi hermano? –mencionó mi hermana Luisa

    —Es algo que también lo he platicado con mis hermanos, a pesar de que mi hermana y yo utilizamos el diu para no embarazarnos, porque Felipe eyacula mucho como Javier.

    —¿Y a qué acuerdo llegaron?

    —Bueno estoy segura por lo que me ha contado tu hermano que también sus tíos deben guardar su secreto.

    —Pero lo que ellos hagan, no queremos inmiscuirnos.

    —Bueno, sería cuestión de ver si se puede en todo caso que ellos quisieran abrirse de capa con nosotros, habría que formular un buen plan. –manifestó Cristina

    —¿Bueno, pero para qué? o ¿Con que objeto? –contestó Luisa un poco preocupada ya que jamás se le hubiera ocurrido algo así como espiar a nuestros tíos para saber que hacían en la recámara donde ambos “dormían”.

    La tensión se estaba sintiendo, no había aparente necesidad de meterse en otros problemas, cada quien era responsable de su vida y lo que hacía con ella, así se lo hizo sentir a Cristina.

    —Mis hermanos y yo hemos estando planteando que en un futuro queremos ser madres, pero la sociedad no va a aceptar un matrimonio entre hermanos, pero eso no es todo, sino el riesgo que conlleva el tener un bebé con alguien de tu propia sangre, es por eso, supongo que en algún momento tú también querrás realizarte como madre.

    —¿Entonces qué han pensado?

    —Se nos ocurrió que podríamos casarnos con personas que compartan nuestros propios gustos, personas cuyos genes griten al igual que los nuestros “me gusta el incesto”, “necesito casarme con alguien que esté de acuerdo en practicar el incesto como yo” dicen que los genes del incesto se trasmiten de generación en generación, pero si su sangre al igual que la nuestra no es la misma, eso hace posible tener bebes con la seguridad de que nazcan sin problemas de salud.

    —¿Y entonces qué podríamos hacer? –pregunto Luisa

    —Algo muy obvio, yo podría casarme con Javier y mi hermano Felipe contigo. Hasta podríamos cambiar de pareja para volver a acostarnos hermano con hermana o tener pequeñas orgías entre nosotros incluyendo a Blanca, porque nuestros propios genes nos lo demandan. ¿No les parece una buena idea?

    —Lo único que veo es que Javier va a querer estar más tiempo con el hijo que tenga contigo y tu hermano con el que tenga conmigo Aunque por otra parte me gusta la idea de tener pequeñas orgías familiares si es que aceptan nuestros tíos. –manifestó Luisa- tendríamos que analizarlo, ¿cómo descubrir? en primer lugar que nuestros tíos hacen el amor entre ellos y en segundo lugar que aceptarían la propuesta.

    —Felipe podría instalar una cámara oculta para grabarlos y también en la recámara de ustedes como parte del plan.

    Tal vez se tratara de algo que habría que reflexionar aunque debíamos saber de una vez por todas lo que en realidad había entre nuestros tíos, debíamos instalar una cámara y salir de dudas, no podría salir mal excepto que no aceptaran nuestra propuesta y Eugenia deseara quedar embarazada de Felipe.

    Nos quedamos en la recámara de mi hermana, Luisa prefirió quedarse en medio de Cristina y yo donde podrían ellas terminar lo que habían iniciado en tanto yo las observaría, aunque sabía que no podría resistir la tentación. Para mi fortuna las nalgas de mi hermana quedaban junto a mi verga, sería cuestión de trabajar en su ano, para penetrarlo. Tener sexo anal con mi hermana sería algo formidable y en dado caso tenerlo con Cristina acostumbrada a tenerlo con Felipe.

    El cuadro estaba pintado con sus caricias, sus besos y gemidos era toda una obra digna de ser considerada artística, por alguna razón los varones gustamos de ver como dos mujeres se tocan, se lamen, se besan, restriegan sus vulvas y más todavía si se trata de mujeres que forman parte de nuestra familia. Ha de ser fabuloso ver como madre e hija se traban en una relación de incesto amoroso, o dos hermanas calientes se besan y se lamen. Cristina y Blanca lo demostraban así.

    No era oportuno tratar en ese momento, meter mi verga en el culo de mi hermana, ya que tenía que ir poco a poco, de modo que solo me masturbe, cosa que no me gusta, con ayuda de sus nalgas, metí mi pene entre ellas y toque su pequeño ano en forma de dona, con mi glande, luego deje que lo abrazaran sus nalgas y restregué mi verga contra ellas, hasta que saltaron varios chisguetes de esperma que escurrieron entre las manos de Cristina que iba embarrando mi semen por todo el cuerpo de mi hermana Luisa.

    —Ahora vente dentro de mi culo, cariño aunque ya te vaciaste muy rico en las nalgas de tu hermana –me dijo Cristina lanzándome un beso al aire.

    Me cambié de lugar, Luisa levantó su cara para intercambiar nuestras lenguas en tanto me acomodaba en el trasero de Cristina y miraba su culo, el cual sin pensarlo fui penetrando con el glande, viendo como se abría con relativa facilidad, no cabía duda que estaba bien entrenado por su hermano Felipe. Fui deslizando mi verga dentro de sus intestinos, poco a poco haciendo que ella gimiera, en tanto yo sentía la gloria al sentir lo apretado de su culo sin dejar de sostener mi mirada con la de mi hermana.

    —¡Qué rica siento la verga de tu hermano dentro de mi culo, amor!, luego entrenamos el tuyo para que puedas recibirla también.

    —Dicen que duele, pero me gustaría también que mi hermano me cogiera por detrás.

    —Al principio en lo que te acostumbras duele un poco, mira voy a empezar a meterte uno, dos y si se puede tres dedos dentro de tu culo para que empieces a entrenarlo, con ayuda del esperma de tu hermano y lo lubricado de tu vagina y la mía.

    Así lo hizo mi novia y Luisa al sentir los dedos de Cristina abriendo su culo con ayuda del lubricante natural de sus vaginas y de mi semen, empezó a gemir cada vez más fuerte. Ambas se estaban viniendo mientras mi hermana Luisa sentía como los dedos de Cristina penetraban su culo que estaba palpitando en tanto sus bocas permanecían pegadas chupándose los labios y sus lenguas impregnadas con buena parte de mi semen al introducirlo mi novia con sus dedos en la boca de Luisa.

    —Mi hermano se vino mucho, amor siento el sabor de su esperma en mi boca.

    —Sí, amor mío, se viene igual que Felipe –dijo mientras compartían mi esperma combinado con sus salivas.

    Mi verga ya estaba dentro de los intestinos de mi novia que movía sus nalgas trasportándome al paraíso, entre sus movimientos y los míos me vine copiosamente dentro de ella, hasta me hizo ver estrellitas por todas partes.

    Luego de ese episodio quedé dormido agotado con tan solo dos venidas, al igual que ellas luego de haber practicado la tijera mientras yo continuaba en los brazos de Morfeo, ¡Vaya, todo lo que puede hacer un culo!

    Habían pasado dos semanas cuando los hermanos de Cristina regresaron, luego de ponernos de acuerdo aún contábamos con quince días más para que regresaran nuestros tíos y con las cámaras instaladas, comprobar si practicaban el incesto como seguramente hacían.

    Habían transcurrido tres meses desde la llegada de nuestros tíos de Europa, se veían contentos demostrándose caricias de afecto a pesar de estar nosotros presentes, aunque la verdad mi hermana y yo tampoco perdíamos el tiempo en demostrarnos el cariño que sentíamos, sin embargo, a pesar que los videos mostraban claramente lo que pensábamos que hacían, nos calentábamos viéndolos desnudos y haciéndose el amor, nunca hicimos nada por hacer algún comentario, creo que en realidad fue por respeto hacia ellos, de modo que aunque teníamos pleno conocimiento de nuestras preferencias, no quisimos invadir su espacio, así como ellos tampoco lo hacían a pesar que sabían que dormíamos juntos, tal como ellos lo hacían.

    Lo que preparamos Luisa y yo con ayuda de Blanca que no dejaba vencerse con la idea de hacer participes a nuestros tíos, fue incluir fotos artísticas de mi junto a mi hermana posando desnudos con la revista que nos prestó Cristina dentro de un portafolio transparente, incluyendo un cuento que hizo Luisa. Le encargamos a nuestra tía Eugenia que la entregara a Blanca. Nosotros no estaríamos ese fin de semana para darles tiempo a que descubrieran su contenido.

    Vimos en la cámara instalada en nuestra habitación, como se excitaban viendo nuestras fotos, al grado de besarse entre ellos y hacerse el amor ahí mismo, encima de nuestra cama. Lo que obligaba a replantearnos con ayuda de Blanca el invitarlos a pertenecer a nuestro grupo familiar.

    Acordamos que Cristina y yo nos casaríamos, cuanto antes, al igual lo harían Felipe y Luisa en una ceremonia sencilla por lo Civil, que no habría problema en llevar a cabo, en tanto Blanca, seguiría siendo la novia de los cuatro, ya habría tiempo de pensar cuando embarazarnos y tener nuestros hijos sin ningún tipo de riesgo.

    Como reconocimiento del respeto que les teníamos, en la primera oportunidad desinstale las cámaras, comentándole el por qué lo hicimos a nuestra novia Cristina, que para nuestro asombro respeto nuestra decisión redefiniendo después de haberlos visto coger encima de nuestra cama, el plan que tenía Blanca para convencerlos de formar parte de nuestro círculo familiar.

    Un lunes, luego de haberle hecho el encargo el fin de semana que no estaríamos, Eugenia, estaría sola, al terminar de bañarse ellos, entramos a la regadera nosotros, como era nuestra costumbre, al terminar de desayunar algo, salimos junto con el tío a nuestros trabajos.

    Tocó a la puerta Blanca, abrió la tía llevando puesta su bata de baño mientras cepillaba su cabello. La invitó a pasar, Blanca era toda sensualidad, transpiraba feromonas por todos los poros de su piel haciéndola irresistible, se quitó el suéter para mostrarse con una blusa de hilo entallada que la hacía lucir más hermosa, sus pechos y pezones se delineaban perfectamente haciéndole pasar un poco de saliva a nuestra tía –supimos luego que nuestra madre y ella se habían gozado en la cama durante los años dorados de su juventud- luego mamá se casó, nos tuvo a Luisa y a mí y se divorció de nuestro padre para casarse después con una de sus antiguas novias con la que nos llevábamos bien mi hermana y yo.

    Blanca aprovecho la oportunidad al ver que Eugenia se dolía del cuello, aparentemente tenía ciertas molestias, le entregó el paquete incluida una bata que Blanca había dejado.

    —Si quiere usted, yo doy masajes –dijo Blanca.

    —Pero niña, háblame de tú, por favor.

    —Soy muy buena para dar masajes, a eso me dedico, veo que estás estresada.

    —No estaría mal, ¿pero dónde me lo darías?

    —De preferencia en su cama.

    De sobra Blanca había adivinado que Eugenia se había puesto caliente al saber que Blanca era quien aparecía al lado de sus hermanos en la revista que no había dejado de hojear. Su gusto por el incesto lésbico disfrutado durante tantos años con su propia hermana, la madre de Javier y Luisa afloraba por toda su piel al igual que estaba sintiendo con una bella muchachita como lo era Blanca.

    —¿Qué edad tienes, Blanca? –aparentemente no quería tener problemas.

    —Estoy por cumplir diecinueve, ¿por qué?

    —No, nada más curiosidad.

    Pasaron a la recámara de ellos, la cama ya estaba tendida, se veían fotos de ellos dos muy abrazados y unas donde estaban besándose en la boca. Blanca no hizo mucho aprecio de ello, aunque supo de lo que se trataba.

    —¡Qué bien salieron en esta foto!

    —¡Ay!, mi hermano se pasó besándome en la boca.

    —Pero se ven muy bien, hacen bonita pareja.

    —¡Eso sí! –dijo con una sonrisa.

    Eugenia se tendió sobre la cama, quitándose la bata que llevaba puesta y quedando desnuda en tanto Blanca le cubría las nalgas con una toalla para empezar a masajearla.

    —Tienes muy bonito cuerpo, Eugenia.

    —¡Gracias!

    —Espero que no te moleste si tengo que quitarme la ropa para ponerme la bata y empezar.

    —Por supuesto, alguna vez me dieron un masaje y fue increíble.

    —Me tengo que poner encima de ti para poder empezar, primero por tus piernas e ir subiendo por tu espalda, tu cuello, tus brazos y luego de ello darte la vuelta.

    —Me encanta que me acaricien el cuerpo, eso me relaja. -¡Humm!, ¡Qué ricas siento tus manos! Las tienes muy suaves y calientitas

    —Estás en buenas manos, querida -vaya ya le dijo querida y pareció gustarle

    —¡Aahh!, me encanta que me mimen, eso me mata.

    —Tengo que subir mis manos un poco hacía arriba, espero que no te importe.

    —Adelante, siento muy ricas tus manos.

    —¿Te importa si tengo que quitarte la toalla?

    —No, por supuesto, pon tus manos dónde tengas que hacerlo.

    Blanca empezó a acariciarle las nalgas de manera sugestiva, abriéndolas para descubrir la pequeña dona que formaba su culo, la cual se antojaba ser acariciada con un poco de morbo, sin embargo, no era hora de apresurar el paso. La vagina se notaba mojada y puso sus dedos tan cerca de los labios que ya se notaban hinchados y prestos a ser besados.

    —¡Humm!, tienes unas manos de ángel, que forma tan rica tienes de masajear mis nalgas.

    —Creo que la bata me estorba un poco, es que solo se amarra con una cinta y no está, pensé que estaría, pero no, ¿crees que te molestaría si me desnudo?

    —¡No!, si tienes que hacerlo, adelante…

    —Es más cómodo trabajar así, vaya ¿te importa si tocó aquí? –puso uno de sus dedos a la entrada de su vagina.

    —Creo que es hora de que te voltees

    Eugenia se volteó mostrando sus hermosos pechos, en realidad no se aguantaba las ganas, luego de haber visto la revista donde Blanca estaba con sus hermanos, eso la excitaba sobremanera, porque además los conocía ellos en persona cuando la acompañaron al aeropuerto.

    —Tienes unos pechos muy bonitos, -dijo mientras los de Blanca colgaban sobre su cara.

    —Tú también los tienes hermosos, vi la revista…

    —¿Te gustó lo que viste?

    —¿Sabes? Yo también guardo muchos secretos.

    —¿Cómo cuales?

    —¡Mi hermano y yo nos acostábamos con la madre de mis sobrinos! Estábamos jóvenes.

    Blanca instintivamente acercó su boca a los pechos de Eugenia y…

    Continúa.

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