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  • Mi vida (parte 3)

    Mi vida (parte 3)

    Como contaba en la segunda edición de “Mi Vida” yo estuve unos cuantos años buscando transexuales en la misma avenida donde siempre lo había hecho, las llevaba a sitios que ya conocía y me lo chupaban a bajo costo, después me inicié como pasivo y las buscaba solo para que me penetraran, pero no todo fue disfrute también pasé momentos incómodos y de mucho miedo.

    Una vez luego de estar con una de estas agradables chicas con pene iba de vuelta a llevarla para su esquina cuando me abordaron unos policías pidiendo documentación y obviamente para extorsionarme, pues así fue tuve que pagar para evitar inconvenientes, en las siguientes oportunidades tuve más precaución pero me ocurrió un par de veces más sin mayores problemas con excepción de algo que más adelante contaré.

    Otro episodio incómodo fue quedarme accidentado con mi vehículo en plena avenida y que la chica se tuviera que ir caminando, todos y cada uno de los carros que pasaban me decían cosas y se burlaban de mi sin contar la risa irónica del gruero que me tuvo que rescatar a las 2 am.

    Nunca olvidaré la vez que le abrí la puerta a una chica transexual y se me montaron 2 más en el carro, terminaron robándome la cartera, el reloj y todo lo que tenía encima y ni si quiera me dieron una mamada…

    Sin embargo yo seguía mi rutina de vez en cuando con toda normalidad pero mucho más atento siempre con la finalidad de que me penetrara una transexual hasta que un día ocurrió algo que me hizo cambiar la manera de ver las cosas y el peligro que yo estaba corriendo a nivel general.

    Me llevé a una rubia blanquita que recogí en una esquina de la libertador, estuvimos buscando sitio para estar solos pero ese día había mucho movimiento vehicular entonces se me ocurrió la idea de meterme en un estacionamiento debajo de las torres más altas de caracas, tomé mi ticket y busqué un puesto algo alejado y oscuro en el sótano más bajo, ella empezó a chuparme la verga luego nos pasamos a la parte trasera donde me clavó ese guevo en el culo, luego de un rato recibiendo ese blanco pene dentro de mí, nos tocaron el vidrio.

    Eran los vigilantes!!!

    No sé si pueda expresar el sentimiento de pavor, miedo, humillación, angustia y todo al mismo tiempo que tuve en ese instante, estaba siendo enculado por una transexual en mi carro y expuesto a vistas ajenas.

    Nos vestimos como pudimos, me pasé para adelante dejando a la joven chica atrás encendí el carro y busqué la salida del estacionamiento que por suerte en esa época se pagaba en efectivo a la salida y no tuve mayores problemas pero el susto de ese día fue inolvidable.

    Luego de ese episodio pasé meses sin hacer más nada, a veces me daba unas vueltas por la avenida pero no me atrevía a montar a nadie porque estaba un poco paranoico, entonces empecé a conocer internet que en aquella época las páginas de putas publicaban una que otra transexual. Busqué varios días hasta que me gustó una, la llamé y pactamos en un hotel. Se llamaba Michelle y ella me dijo cuando estés hospedado me llamas.

    En mi próximo capítulo les contaré como fue mi primera experiencia total con una transexual llamada Michelle, muchos de mi época con las mismas pasiones la recordarán.

  • Dominado por mi esposa y cuñada

    Dominado por mi esposa y cuñada

    Un dildo para mi cuñada

    Era la primera vez que estaba en castidad.

    Era la primera vez que una jaula encerraba mi pené limitando mis erecciones, mis relaciones, mis eyaculaciones y por consiguiente mis orgasmos.

    Era la primera vez que no podía deslecharme cuando me viniera el antojo ya sea con mi pareja o yo solo.

    Cuando Andrea me lo propuso sentí curiosidad aunque al ver el instrumento con que iba a limitarme me dio un poco de miedo.

    Estábamos en la cama desnudos, ella arriba de mí moviéndose rítmicamente arriba y abajo, meneando sus caderas de forma circular.

    Se inclinaba y me besaba y luego volvía a lo suyo mientras mis manos masajeaban sus pechos o se aferraban a sus caderas. Fue en uno de esos movimientos hacia adelante mientras mi boca aprisionada una de sus tetas cuando tomó algo debajo de la almohada donde ella dormía.

    Saco una pequeña jaula metálica como las que habíamos visto en un video de porno Femdom.

    Recordé a una Mistress, dominaba a su esclavo y lo encerraba en una de esas jaulas mientras le reventaba el culo.

    —¿Crees que puedas aguantar unos días encerrado en esta jaula?

    Después de una carcajada le dije que no iba a ponerme eso por nada del mundo.

    Puso la jaula en mi pecho y comenzó a moverse de nuevo.

    Andrea siguió insistiendo mientras sus movimientos se hicieron más rápidos y profundos y mis ojos comenzaban a ponerse en blanco a causa del placer qué me ofrecía.

    Casi al final del encuentro y durante mi orgasmo me convenció de la manera más sutil. Se inclinó una última vez sobre mi pecho para decirme que al final la recompensa de prolongar el placer unos días era fantástica.

    Bueno y la cereza del pastel fue cuando salió de mí, se puso de espaldas, tomó sus nalgas una con cada mano luego las abrió y giró su cabeza para verme a los ojos mientras me prometía su culo por primera vez si la dejaba ponerme la jaula.

    Dicen que uno no piensa cuando la lujuria invade nuestro ser así que acepte. No podía despreciar follar su culo. Tantas veces que se lo he pedido y tantas veces me lo ha negado así que la promesa estaba hecha.

    Una promesa que llenó mi cabeza de:

    Excitación

    Expectativas

    Sometimiento

    Morbo

    Lujuria

    Ella guardaría la llave

    Ella determinaría el tiempo en castidad dependiendo de mí y mi actitud.

    Sí, tenía qué ser: servicial, atento, educado, obediente, disciplinado.

    Esa noche me dejo dormir tranquilo al igual que la siguiente y la siguiente al punto que pensé que lo había olvidado y que solo fue un momento de calentura en la cama, pero yo estaba equivocado.

    Ella estaba planeando todo y esperando el mejor momento. ¿Cuál era ese momento?

    Fácil estaba esperando que mi calentura fuera mayor y le suplicara por llevar esa jaula puesta.

    No, yo eso no lo sabía, pero al final lo hice, suplique porque la fantasía de tener su culo no me dejaba pensar en otra cosa y se estaba convirtiendo en una obsesión.

    —Andrea, recuerdas lo que me prometiste la otra noche en la cama.

    Se hizo la inocente

    —¡Ah sí! ¿qué prometí?

    —No te hagas me prometiste tu culo

    —Es verdad ¿estás listo para pagar el precio?

    —Sí

    Lo dije convencido de que me pondría la jaula solo como parte del preámbulo y luego de algunos minutos de juego me la quitaría y le iba a follar el culo.

    —Suplícame qué encierre a tu Pequeño amigo.

    —No te pases Andrea.

    —Recuerda que debes ser obediente así que suplícalo.

    La idea de que ella tomará el control siempre me ha calentado y ella lo sabe así que…

    —Por favor Andrea.

    —Por favor qué perro

    —Por favor encierra mi pequeña verga en esa jaula

    Cuando le dije que sí, Andrea preparo todo; el aro, la jaula, el candado, la llave y esa sonrisa que pone cuando sé que tiene algo especial en mente. Luego tomó mi verga y comenzó a masturbarme susurrándome qué lo disfrutará porque iba a ser mi último orgasmo en algunos días.

    Yo solo podía pensar: ya está, ahora viene lo mejor de la noche este juego será divertido.

    —Cierra tus ojos y disfrútalo.

    Obedecí…

    Cerré los ojos y la deje hacer

    Sentí su boca sobre mi falo al mismo tiempo que su mano subía y bajaba por mi verga dura, lamia cada vena marcada en la carnosidad del falo, metía mis bolas en su boca de una forma sutil y exquisita. Si seguía a ese ritmo mi último orgasmo no tardaría en aparecer y ella lo sabía.

    Cuando mis manos se comenzaron a aferrar a la sabana y mis piernas a moverse sin mi consentimiento a causa del placer, Andrea quito su boca de mi falo, su mano tomó por completo su lugar y apretó mis bolas de una forma tan brutal qué me hizo perder el aliento, ahogar un grito y luego de unos segundos perder los 18 centímetros de mi erección.

    —Perdón mi cielo pero es necesario para que tu experiencia sea de lo mejor. Aguanta un poco.

    Cuando estaba flácido aprovecho el momento para meter uno a uno mis testículos en el aro de acero y luego mi pené flácido.

    Todavía faltaba cerrar la jaula y yo ya me estaba arrepintiendo, pero la suavidad de sus labios en mi verga me hizo olvidar todo. La erección volvió y comencé a disfrutar de nuevo de sus caricias, pero de nuevo cuando me estaba llevando al límite se detuvo y comenzó a presionar la pequeña jaula desde la cabeza de mi verga, empujó fuerte retrayendo mi pené y encerrándolo poco a poco hasta que el aro y la jaula se unieron en un clic y la cerró con el candado.

    Se carcajeo abiertamente

    —Deberías ver tu cara, es un poema.

    —Pero Andrea ¿qué es esto?

    —Esto mi querido Dimitri es el principio de tu castidad y tu nuevo entrenamiento.

    La jaula mordía, me dejó con la frustración de no poder eyacular, con las ganas de correrme en su boca.

    —Ahora Dimitri tendrás que ser obediente, para ganarte el premio de la libertad y de poder eyacular.

    Me quede en silencio, sin ganas de hablarle y caliente al punto que me dolían los huevos.

    Luego tomo su celular y busco un juego. Era una especie de tómbola con distintas opciones de tiempo.

    Desde unas horas, un día, dos, tres, una semana, dos, tres, un mes, dos meses, tres, cuatro hasta completar un año. Cuando le dio play la tómbola brincaba aleatoriamente muy rápido de una opción a otra.

    —Pícale Dimitri vamos a ver la cantidad de tiempo que vas a estar encerrado.

    Solo tenía una oportunidad así que rogué porque fueran solo unas horas, pero al tocar la pantalla del móvil la imagen se congeló en un mes.

    Me quede helado, ¡un mes entero encerrado y sin poder follar!

    Lejos de preocuparse Andrea se carcajeo

    —Vamos Dimitri qué todo esto me ha puesto caliente.

    Tú primera instrucción será comerme el coño hasta que la lengua se te entumezca.

    Acto seguido palmeo la cama en el lugar que quería que me acostara. Andrea se puso de pie justo donde terminaba el colchón abrió la piernas y espero a que mi cabeza estuviera entre sus piernas.

    Fui pensando que luego de un par de orgasmos sentiría la necesidad de algo más y me liberaría para follarla.

    De verdad que estaba caliente, su olor a hembra inundó mi olfato, la humedad entre sus piernas era evidente, sus labios brillaban y una pequeña gota transparente comenzó a escurrir en dirección a mi lengua.

    Comencé a lamer mientras dentro de la jaula mi verga crecía y se apretaba contra el metal fue un sensación fantástica, oírla, sentirla, olerla, saborearla y con unas enormes ganas de entrar en ella. No sucedió.

    Lo que sí sucedió fue su promesa, luego de algunos orgasmos en donde casi me deja sin respiración al sentarse sobre mi rostro mi lengua comenzaba a cansarse pero no podía parar hasta que ella me lo indicará así que seguí por no se cuanto tiempo hasta que por fin se apiadó de mí y se levantó de mi cara.

    —Vas a tener que practicar más mi niño, esto no es aceptable. Piensas que eres el rey en la cama y no sabes ni como lengüetear a una dama. En cambio tú mira como chorreas por tu miseria enjaulada.

    Salió de la habitación y no regresó en toda la noche.

    Era verdad, yo estaba tan caliente que de mi verga salía un hilo de líquido transparente qué tenía la sábana mojada y por más qué quise darme placer no lo pude lograr

    Los primeros días fueron lentos y difíciles, contrario a lo que me pude imaginar todo el día estaba excitado y chorreando con ganas de tocarme incluso llegue a usar protectores para no mojar mi ropa interior y se notará lo húmedo qué estaba.

    Cualquier cosa que ella hacía o me pedía me estimulaba.

    Ella lucia más sexy qué nunca, me mandaba mensajes calientes a mi trabajo, fotos íntimas, instrucciones precisas sobre lo que necesitaba realizar en el transcurso del día.

    «Hola putita es hora de ir al baño de tu empresa y tocarte los huevos 2 minutos…

    O llegaba un enlace con la instrucción

    «Hola zorrita se buena y enciérrate en tu oficina mientras miras este video porno …»

    De repente llegaba alguna imagen suya en lencería, o en algún lugar público con las piernas abiertas enseñando las bragas con el riesgo que alguien la pueda ver, alguna foto desde su escritorio mostrando las tetas y con el mensaje: tal vez debería mandársela a Mauricio y decirle que vaya hoy al departamento para hacerte cornudo.

    En otra ocasión me escribió: ayer fui con mi jefe y no te voy a contar lo que me hizo dentro de su auto.

    Descubrí que esto último me calentaba más que nada.

    Otra orden que decía:

    «Tomate un litro y medio de agua y cuando sientas urgencia por orinar me marcas para pedirme permiso. No olvides grabarte mientras meas»

    Le encanta burlarse porque debo orinar sentado.

    La privacidad a la hora de ir al baño se terminó pues debía hacer con la puerta abierta. La primera vez que lo intente no podía hacerlo.

    También en casa tenía tareas: no todo era sexual. En ocasiones debía limpiar y acomodar su calzado y ropa, limpiar el polvo en casa, contar los granos de un kilo de arroz, limpiar el frijol de uno por uno en cierto tiempo o atenerme a un castigo. Puso énfasis en que la escuchara y le pusiera atención cuando me hablaba porque por lo regular cuando estamos en casa mientras ella habla yo estoy viendo tv, en el celular o leyendo y eso la pone de malas así que esa era una cosa que debía corregir si o si para poder liberarme de la jaula.

    Casi todos los días le ayudaba a bañarse y enjabonarla y eso me dejaba sumamente caliente y frustrado, poder tocar su cuerpo y sentir el deseo de poseerla y no poder hacerlo. En ocasiones ella me bañaba y el efecto era peor porque sus manos me acariciaban pero siempre había la sensación de querer más.

    Las humillaciones se hicieron parte del día a día.

    —Mira estos tacones están más grandes que esa pequeña cosa que te cuelga entre las piernas.

    Al igual que los apretones de huevos y el decirme Zorrita o putita, la obediencia y los azotes en el culo era algo que nunca faltaba. Por más extraño qué parezca todo eso me fue gustando y ahora esperaba que me dijera ese putita qué le salía del alma, ponía el culo en alto para recibir sus nalgadas o ese apretón de huevos qué me deja sin aire, esperaba con impaciencia su siguiente tarea y me encantaba sentir su mano en mi escroto y sentir ese fuerte apretón qué me dejaba doblado y en el suelo.

    Los días fueron pasando entre tareas, retos, sexo oral de mi parte a ella. Me enseñó la manera en que le gustaba que mi lengua la tocará y como yo ansiaba obedecer para no demorar más el castigo ponía atención a todo y me esforzaba por complacerla, también me enseñó la forma en que le gustaba qué mis dedos la acariciaran. Cada día la tocaba y le daba placer oral hasta dejarla a ella satisfecha y a mi cada vez más caliente, frustrado y con ganas de eyacular.

    Yo estaba caliente y creo que ella también, yo tenía la necesidad de follar, pero no estaba muy seguro de ella, no sé si estaba follando con alguien o solo lo disimula mejor.

    Fuera de eso nuestra dinámica siguió igual y mi cuñada Nidi venía casi a diario a casa. Ella vive en el departamento de al lado y por lo regular esta todos los días en casa para la cena.

    Nidi estaba al tanto de todo, al principio le dije a Andrea que eso no era parte del trato, pero al mismo tiempo saber que una persona fuera de la relación conocía los detalles de mi castidad me hacía sentir excitado y caliente. Al fin ellas todo se cuentan y aunque en su presencia Andrea era menos exigente había ocasiones en que me ponía tareas sin importar que ella estuviera presente aumentando con ello el nivel de humillación.

    Nidi También se rio de mí cuando Andrea me ordenó ponerme en cuatro frente al sofá para que ellas dos pudieran subir sus pies sobre mi espalda mientras veían un programa en la televisión, o cuando mientras miraban un video de como hacer de tu esposo un buen esclavo la bandeja qué sostenía con las manos estiradas se me cayó al suelo y los vasos de agua mojaron la alfombra qué tuve que ir a secar, o cuando les serví de mayordomo solo con un moño en el cuello, mi jaula de castidad y una cadena qué salía de la misma jaula y con la cual me llevaban literal de los huevos.

    Llevaba 22 días de los 31 qué iba estar encerrado cuando Andrea entro al departamento con Nidi.

    Por lo regular no vestía de cuero como en los videos que me ponía a ver como parte de mi entrenamiento, ella llevaba ropa de diario, normal. Pero esta ocasión estaba vestida diferente, una pantiblusa negra, medias negras semitransparentes por debajo de la pantiblusa y unas botas cortas plateadas y brillantes qué le llegaban al tobillo, pero con tacones enormes y brillosos.

    Nidi también estaba arreglada y muy atractiva, con un escote qué dejaba poco a la imaginación y los pezones rosados marcados en la tela, el vestido llegaba a medio muslo hasta el culo se veía hermoso, era un vestido que le horma perfecto.

    Me quede como bobo mirándolas y mis ojos iban de una a otra.

    Tan diferentes y al mismo tiempo tan parecidas en esa mirada que denota autoridad.

    Andrea por lo regular callada, tímida, casta, es un poco más alta que su hermana, morena, de cabello negro y lacio, grandes ojos color café claro, sus labios delgados y una sonrisa embriagante, sus tetas son pequeñas pero tiene ese culo que me vuelve loco.

    Nidi es más bajita y parlanchina, un poco más llenita de carnes, blanca, de cabello rizado y claro, tiene poco culo pero unas enormes tetas.

    Quién las viera no pensaría que comparten ese lado oscuro por el sadismo y el control. Nadie sospecharía qué debajo esas caritas de inocencia se esconden un par de pervertidos qué disfrutan el sexo sin inhibiciones.

    Andrea tomo el control y con una sonrisa me dijo.

    —Como sé que siempre te ha atraído mi hermana y te has portado bien lo hablé con ella y está de acuerdo.

    Es más ella está deseosa porque esto ocurra. hoy tendrás tu premio y te dejaré follarla mientras yo observó.

    Pensé que estaba de broma, pero acto seguido los tres fuimos al departamento de Nidi.

    El departamento por lo regular ordenado hoy estaba sucio y con ropa tirada por todas partes.

    Andrea me ordenó desnudarme y así lo hice deje mi ropa doblada en el suelo como ella me enseñó.

    Enseguida Andrea se sentó en el sofá junto a Nidi y me pidió que les preparará un trago y que luego limpiará la habitación, ellas estaban sentadas observando como realizaba mis labores domésticas, riendo y desordenando de vez en vez algunas cosas que ya había acomodado.

    Luego de un par de horas de limpieza Andrea me dijo que quería ver si yo había aprendido como darle placer a una mujer.

    Nidi ya estaba de pie junto a mí, mire en dirección a Andrea y un movimiento de su cabeza me ordenó comenzar.

    Empecé por sacar su vestido, baje uno a uno los tirantes de sus hombros y la tela cedió fácilmente resbalando por su cuerpo.

    La admire unos segundos, Nidi es hermosa, vi su culo dentro de esas bragas de seda, su espalda perfecta, el cuello largo y limpio, sus senos firmes y erectos.

    Acune sus senos con mis manos mientras pegaba mi cuerpo a su espalda y comenzaba a besarla lento desde su cuello hasta la parte baja de su espalda. No tenía prisa así que repetí el proceso varias veces antes de comenzar a besar sus senos, estaban tan suaves qué mi lengua disfruto mucho su contacto, me aprendí el contorno y las rugosidades de sus pezones rosados.

    La lleve suavemente hasta el sofá y le baje las bragas mirando sus ojos antes de sentarla junto a Andrea.

    Abrí sus piernas con mis manos y disfrute su aroma de mujer antes de tocarla. Hundí mi nariz entre sus pliegues y sentí su humedad, olía delicioso y estaba caliente, húmeda y deseosa.

    Comencé a usar mi lengua como Andrea me enseñó fui lento por el interior de sus muslos hasta llegar a su sexo. De nuevo tome mi tiempo variando los movimientos de mi lengua y el lugar de ellos poniendo especial énfasis en los puntos donde Andrea me había dicho que eran más placenteros, la llevaba a un punto y retiraba el estímulo en esa zona para bajar el ritmo desde otro ángulo diferente la lleve poco a poco a la locura. Nidi estaba deseosa de explotar tomo mi cabeza al momento del orgasmo, se corrió en mi boca, fue sensacional recibir sus fluidos en mi lengua. Seguí moviendo mi lengua, movimientos circulares, recorría cada centímetro de sus pliegues, aprisionada su clítoris entre mis encías y succionaba eso la volvía loca.

    De pronto Andrea me ordenó parar. Me quede hincado como estaba en medio de la sala. Nidi fue a su habitación y volvió rápidamente.

    Cuando Andrea me dijo que estaba de suerte porque esa noche podría follar a su hermana no era lo que esperaba.

    Nidi traía un juguete en la mano.

    Un arnés!!!

    Sí, Andrea coloco un arnés sobre mi falo encerrado. Que protestaba de deseo encerrado en la jaula.

    Nidi se puso en 4 al borde del sofá y me mostró su espectacular culo, me coloque detrás de ella y escupí sobre el falo de plástico qué llevaba encima de mi verga enjaulada.

    Si estuviera libre podría darle una doble penetración yo mismo.

    Luego de calme mis impulsos comencé a follarla con la verga de plástico, lento y profundo, fuerte como si en verdad fuera mi verga la que entraba en ella, el deseo estaba presente y se lo hice con toda esa rabia y deseo acumulado le di fuerte y duro. Fue fácil llevarla de nuevo al clímax.

    Un par de orgasmos después Andrea se masturbaba frente a nosotros dos mientras yo penetraba a su hermana. Era una escena caliente.

    Cuando Andrea se sintió satisfecha me ordenó recostarme sobre el sofá, Nidi se sentó a horcajadas sobre mi verga de plástico y Andrea se sentó sobre mi boca.

    Mientras Nidi se movía buscando su placer mi lengua acariciaba ávidamente el clítoris de Andrea.

    Ellas quedaron satisfechas y yo con un dolor terrible de huevos.

    Andrea me pregunto

    —¿Quieres acabar?

    —Sí

    —Conozco una forma, sé que te parecerá una locura y tal vez al principio no te guste la idea, pero créeme lo vas a disfrutar y después vas a suplicar por ello.

    —Lo que sea

    Saco un juguete diferente y mientras Andrea se sentaba en mi cara Nidi puso las vibraciones del juguete directamente en la jaula y los testículos llevándome rápidamente al placer.

    Cuando sentí que me iba a correr retiro la estimulación.

    —Por favor quiero terminar.

    Ellas se rieron con mis súplicas.

    —Súplica.

    —Por favor Andrea deja correrme.

    Termine con la Verga encerrada y un dildo en la boca y otro insertado en el culo. Debo decir que es el orgasmo más intenso qué he tenido, tanto que creí desmayarme de placer y que me estaba dando un infarto.

    Y la promesa que al acabar los 31 días podría disfrutar del culo de Andrea y la sospecha que no sería la última vez que disfrutaría de Nidi.

  • Mi suegra es mi mujer (capítulo 4)

    Mi suegra es mi mujer (capítulo 4)

    Una noche de viernes, mientras Estrella dormía, mi suegra y yo nos quedamos conversando hasta tarde mientras tomábamos vino. –¿Y entonces, porqué se divorció de su primer esposo? –le pregunté curioso. Yo sabía que Jorge, su segundo esposo había fallecido, y por lo que sabía lo había amado hasta el último día, pero no sabía nada de Raimundo, su primer marido. –Me cansé de ese maldito cornudo. Me trató muy mal.

    Era un gusano que no supo apreciarme. Antes de casarnos, me prometió el cielo y las estrellas, pero después no me cumplió. Empezó a engañarme. Tuvo varias amantes, y para colmo, no me cumplía en la cama. –Pero le dio dos hijos –le recordé, porque me acordaba que Estrella me había contado que solo ella era hija del segundo matrimonio. Los hermanos mayores eran del matrimonio anterior.

    Doña Marcela se rio mientras recordaba. –Pues te voy a contar un secreto, papi. La verdad es que solo un hombre ha puesto su semilla en mí.

    No entendí que me quería decir. –El papá de Estrellita era mi amante desde mucho antes de casarnos. El me hizo todas las crías. Yo le hice creer al cornudo de Raimundo que los varoncitos eran de él. Era mi venganza por los malos tratos y las traiciones. Cuando me engañaba, especialmente durante el embarazo, me acordaba que en mi vientre llevaba la semilla del hombre que de verdad amaba.

    –¡Vaya, vaya! –exclamé sorprendido –así que mi mujercita nueva de verdad que es una gran puta. Quién lo hubiera dicho viéndola tan decente. –Así es papi, señora en la calle y puta en la casa.

    Mi hembra de tercera mano comenzó a contarme más detalles mientras nos acabábamos la botella. –Me encantaba que mi hombre me culiara preñada. Me ponía como loca todo el embrazo y buscaba a Jorge cada vez que mi marido salía de la casa. “Bautízame la cría” le decía yo, y el sabia que quería que eyaculara dentro de mi vagina cargada. Me excitaba imaginar que su leche de macho salpicaba a la cría que llevaba adentro. “Dame una hembrita, para que me mame la verga” me decía él.

    Y a la tercera se le hizo realidad. Cuando me preño de Estrellita, se dio gusto culeándome todos los 9 meses. Yo me abría de patas para que me hundiera su gran pija hasta el útero y le decía a la panza “Abre la boca Estrellita y mámale la verga a papito” y él se ponía como loco.

    Después de semejante historia no resistí mucho y le bajé los calzones a mi suegra para disfrutarla una vez más.

    Culeamos medio borrachos, hasta que me detuve y le dije a mi suegra –Amor, aquí falta algo. –la cargué en mis brazos y la llevé desnuda al cuarto de visitas. Prendí la luz y desperté a Estrella. Ella se sentó en la cama sin entender, frotándose los ojos.

    Senté a mi amante sobre la camita de Estrella y acerqué mi pubis a la cara de mi suegra. Enseguida comenzó a mamarme deliciosamente, ahí, al lado de su hija. Me miró con malicia y me guiño un ojo. Se sacó la verga de la boca y la tomó en su mano, dirigiéndose a su hija “Abre la boca Estrellita y mámale la verga a papito”.

    Ella no entendió de que se trataba pero obedeció sumisa. Tomó mi verga entre sus manos y se acercó a ella con la boca abierta. Se la tragó toda y me dio una mamada riquísima.

    Mi suegrita miraba deleitada mientras me acariciaba las nalgas con una mano y se masturbaba con la otra. La miré a los ojos con malicia y le dije a Estrella –De verdad que eres una hija de puta.

    Poco después terminé en su cara pero mi suegra no dejó que se limpiara mi semen, y en cambio lo lamió de las mejillas y los labios de su propia hija. Sentí una excitación increíble, pero no pude concertarlo porque mi verga ya estaba satisfecha y mis testículos vacíos.

    Después salimos de la habitación, dejando a Estrella más confundida y excitada que nunca. Supongo que esa noche se hundió su consolador en el sapo hasta el cansancio, mientras su madre y yo compartíamos el lecho nupcial.

    Más tarde, en horas de la madrugada desperté a mi amante suegra para culeármela una vez más. Toda esa historia de infidelidad, embarazos y sexo me había dejado loco de deseo y aún más enamorado.

    El sábado por la mañana nos sentamos a desayunar y mientras lo hacíamos apareció Estrella, bañada y vestida de forma poco común. Llevaba un estrecho short de algodón, que se le hundía en el mico, lucía unas sandalias de plataforma y una blusita de tirantes sin brassier. La verdad es que se veía muy rica.

    Su mamá la miró de arriba abajo y no dijo nada, pero después de un rato comentó –No te hagas ideas Estrellita. Ahora este es MI hombre. Si él quiere, te puede hacer lo que desee, para eso es tu marido, pero no te imagines que lo vas a reconquistar. La mamadita de anoche fue solo lujuria y mucho vino. Aún no le dirigía la palabra a mi esposa, pero acerté a sacar la lengua para que mi suegra me la mamara como le gustaba hacer. Ese beso lujurioso a mi nueva hembra era mi comentario.

    Ese fin de semana transcurrió como ya era nuestra costumbre, entre sexo, vino, pornografía y amor. Yo fornicaba con mi suegra mientras mi esposa miraba y se masturbaba en un rincón.

    En la tarde, mientras me bañaba con doña Marcela, le comenté –Amor, me encanta cometer adulterio contigo. –Así es papi. Es muy rico el adulterio, sobre todo cuando el ofendido es una persona que te ha traicionado –comentó recordando su vida pasada de fornicación y pecado con su segundo esposo Jorge –y me sabe mas rico que el adúltero que me está culeando sea mi yerno.

    La besé con pasión mientras sentía sus tetas enjabonadas resbalarse contra mi cuerpo desnudo. –Lo único que podría hacer esto más rico es que me preñaras, que me hicieras una cría –me dijo mientras me miraba con amor.

    Me quedé sorprendido y mi verga se endureció un poco. –Veo que te gusta la idea papi –me dijo con picardía –Imagínate, tu hijo bastardo sería el hermano de tu esposa, o sea, tu cuñado. Jajaja!

    Mi verga terminó de erectarse. Nunca había imaginado eso, pero la idea de preñar a mi suegra me excitaba mucho. –No estoy tan vieja. Todavía puedo darte una cría. –me dijo con picardía.

    Después del baño, salimos apenas cubiertos con los paños a la sala. Estrella veía televisión en el sillón vestida solamente con una camiseta. Ese día había dejado de usar calzones porque la excitación de mirarnos la obligaba a quitárselos cada vez que se masturbaba.

    Le quité el paño a mi amada suegra, y la coloqué en el sofá, de rodillas, mirando hacia la pared. Me puse de rodillas, como quien reza en el altar del pecado y busqué sus deliciosas nalgas. Las besé, las lamí y con mis manos las separé para que se ofreciera el bello hueco de su culo. Me encantaba mamarle el ojete recién bañado y hundirle la lengua hasta donde alcanzara. Ella gemía y maldecía mientras arqueaba la espalda para que la mamara más profundo.

    Estrella miraba y se hundía el consolador en su vulva rasurada. Se daba golpecitos en el clítoris con el consolador mientras se acariciaba rabiosa las tetas con la otra. Mi suegra, loca de deseo me exigió –Dame esa verga papi, que ya no aguanto más –mientras se abalanzaba sobre ella para lubricarla con babas y saliva.

    La sodomicé una vez más, hundiéndole mi verga profundo en el ano. Mi suegra movía el culo sensualmente. Volvió a ver a su hija y le dijo –ves esto cabrona, así se conquista a un hombre. No quisiste darle el culito a tu esposo y ahora tú te lo pierdes.

    Mi verga siguió ensanchando ese delicioso agujero, entrando y saliendo sin parar, mientras contenía la eyaculación. Cuando mi suegra presintió mi clímax, sacó mi verga de su culo y se echó boca arriba, alzando las patas en el aire. –Ven papi, riégate dentro de mi sapo.

    Dame toda tu lechita. Quiero que tu semen me inundé toda. Obedecí loco de deseo y la penetré por el mico. Bombeé solo diez veces antes de explotar en un delicioso clímax.

    Mi suegra se sacudió, dio un grito y tuvo un violento orgasmo mientras mi verga todavía palpitaba dentro de su coño. La miré a los ojos y supe muy bien lo que pasaba por su mente. Fantaseaba que la preñaba, ahí, delante de su hija, en un acto amoroso de sodomía, exhibicionismo y adulterio.

  • Luisa confiesa que quiere un trío

    Luisa confiesa que quiere un trío

    En un pequeño café al aire libre, rodeado de luces tenues y el murmullo de conversaciones cercanas, Luisa y Diego se encontraban sentados frente a frente. Habían estado saliendo por casi dos años y, a pesar de los altos y bajos, ambos sentían que podían hablar de cualquier cosa entre ellos.

    Luisa jugaba con la cucharilla de su café, buscando la manera de introducir un tema que había rondado su mente durante las últimas semanas. «Diego», comenzó con voz temblorosa, «hay algo de lo que he querido hablar contigo, pero no sé cómo te lo tomarás.»

    Diego, al ver la seriedad en su rostro, le ofreció una sonrisa tranquilizadora. «Siempre hemos dicho que podemos hablar de cualquier cosa, ¿verdad?»

    Tomando un respiro profundo, Luisa asintió. «Últimamente he tenido una fantasía, y quiero que sepas que no significa que no te quiera o que no esté satisfecha con nosotros. Pero… he pensado en cómo sería incluir a alguien más en nuestra relación, al menos de forma temporal.»

    Diego la miró sorprendido, procesando la información. Después de un momento de silencio, dijo: «Te agradezco que confíes en mí para compartir algo tan íntimo. Para ser honesto, nunca había pensado en ello. Pero, ¿qué es lo que te atrae de esa idea?»

    Luisa se sintió aliviada al ver que Diego no la juzgaba. «No sé exactamente, tal vez es la novedad, la curiosidad. No es que quiera a otra persona, es solo la idea de experimentar algo diferente juntos.»

    Diego reflexionó un momento antes de responder. «Entiendo lo que dices. Creo que es natural tener curiosidades y fantasías.»

    Ambos acordaron hablar más sobre el tema.

    Así que un par de semanas después, Diego y Luisa decidieron tener una noche solo para ellos. Habían preparado una cena romántica y encendido unas velas alrededor de su habitación. La atmósfera estaba cargada de intimidad y cercanía.

    Mientras compartían caricias y besos, Luisa, con cierta timidez, mencionó nuevamente la idea que había surgido en el café. «Sabes, he pensado más sobre lo que te dije… y creo que si llegamos a hacerlo, me gustaría que fuera con otro hombre.»

    Diego, mirándola directamente a los ojos, respiró hondo y dijo: «Eso me sorprende, pero no me asusta. Si eso es lo que deseas y crees que fortalecerá nuestra relación, lo consideraría.»

    El aire se cargó de electricidad. Diego, queriendo hacer que Luisa se sintiera cómoda con su deseo, comenzó a susurrar en su oído: «Imagina que estamos los tres aquí, que tienes a alguien más que te admira, que te toca junto a mí…»

    Luisa se estremeció al escucharlo y, notando su reacción, Diego continuó: «Me encantaría verte disfrutar, saber que confías en mí lo suficiente como para compartir algo tan íntimo y personal. Imagina que puedo verte desde otro ángulo, apreciarte de una manera completamente nueva.»

    La tensión entre ellos aumentaba con cada palabra. La idea, aunque solo era una fantasía en ese momento, añadía una dimensión de novedad y emoción a su relación.

    Diego siguió hablando de la fantasía, y no se anduvo con rodeos. Mientras sus labios se encontraban, él deslizaba sus manos bajo la blusa de Luisa, acariciando sus pechos con firmeza, sintiendo cómo sus pezones se endurecían al tacto.

    Luisa, por su parte, no podía evitar dejarse llevar por las palabras de Diego, sintiendo cada vez más calor y excitación. Mientras él jugaba con sus pezones y la besaba, ella se deslizaba por el cuerpo de Diego, hasta encontrar su entrepierna. Podía sentir la dureza de él, y cada vez que Diego susurraba algo más sobre la fantasía, ella apretaba y acariciaba con más intensidad.

    «¿Te imaginas cómo sería?», le decía Diego con la voz ronca, mientras ella movía su mano mas rápido sobre él. «Ver cómo otro hombre te toma, mientras yo te miro y participo, compartiendo ese placer contigo…»

    Luisa, totalmente perdida en el momento, se movía al ritmo de sus propios deseos y de las palabras de Diego. Las caricias, los besos y las palabras cargadas de pasión e imaginación los llevaron a un estado de éxtasis en el que la fantasía y la realidad se entrelazaban.

    Luisa, mientras le daba placer a Diego, soltó la bomba: «Sabes, el tipo que imagino es un tío bien musculoso. Piensa en esos con brazos y piernas masivas, que cuando te agarran sientes que podrían romperte a la mitad», dijo con una mirada traviesa.

    Diego, con una sonrisa picarona y alentándola, le dijo: «¿Y cómo te lo imaginas abajo?». Ella, con una risita, contestó: «Pues, ya que estamos en eso, que la tenga grande, obvio. ¿Te imaginas? Que me llene completamente…».

    Diego, sin perder el ritmo, le contestó: «Uff, eso suena… intenso. ¿Te gustaría sentirte apretada entre sus brazos mientras te lo hace? Que te tenga agarrada fuerte y que sientas cada centímetro suyo?»

    A Luisa se le escapó un gemido mientras se imaginaba la escena. Mientras más hablaban, más intenso se volvía todo. Diego, jugando con su fantasía, la tenía justo donde quería, ambos sumergidos en un mar de placer y juego.

    Diego, notando cuán excitada estaba Luisa, empezó a acariciarla entre las piernas, encontrando que estaba muchísimo más húmeda de lo usual. «Joder, estás que chorreas», murmuró sorprendido, «parece que de verdad te mola la idea de ese tío musculoso».

    No perdieron más tiempo. Diego, con una mezcla de emoción y celos, la penetró con fuerza. Pero Luisa, en lugar de soltar los gemidos usuales hacia Diego, comenzó a pedir más. «¡Más fuerte, Diego! ¡Quiero que sean dos! ¡Necesito sentirme completamente llena!», exclamaba entre jadeos.

    Diego, aunque sorprendido por la intensidad de sus palabras, seguía al ritmo, tratando de satisfacer ese deseo feroz que Luisa expresaba. «¿Así? ¿Quieres que te lo haga como si fuéramos dos? ¿Te imaginas cómo sería sentirnos ambos a la vez?», decía, tratando de seguir la fantasía.

    Luisa, perdida en el placer, gritaba y gemía, dejando claro cuánto ansiaba que esa fantasía se hiciera realidad. Cada empuje y cada palabra intensificaban el momento, llevándolos a ambos al límite.

    Mientras Diego la embestía con más y más fuerza, Luisa no podía evitar dejar escapar sus pensamientos más oscuros y deseos. «Joder, Diego, nunca había estado tan cachonda en mi vida. Me estoy imaginando cómo sería con otro tío aquí, dándomelo por detrás mientras tú estás al frente», decía, mirándolo directamente a los ojos, con una intensidad que Diego jamás había visto.

    Ella arqueaba la espalda y se mordía el labio inferior, y entre gemidos, soltaba: «Me muero por sentir otra polla, Diego. Imagínate… que mientras tú estás ahí, otro tío me agarra de la cintura y me da con todo. Que sienta su calor, su fuerza…».

    Diego, a pesar de sentir un cosquilleo de celos, estaba sorprendido por lo excitante que encontraba oír esas palabras de Luisa. Con cada confesión de ella, Diego la tomaba con más intensidad, tratando de darle todo lo que ella pedía y más.

    Luisa seguía hablando, con la respiración entrecortada y con cada vez más desesperación: «Necesito sentirme tomada por ambos lados, Diego. Ser el centro de atención, que dos hombres me deseen al mismo tiempo. ¡Dios, me vuelvo loca solo de pensarlo!»

    Ambos se sumían más y más en esa fantasía, en esa idea de compartir a Luisa, de hacerla el centro de un torbellino de pasión. Y mientras la intensidad aumentaba, las palabras de Luisa se convertían en gritos y gemidos, cada vez más cerca del clímax.

    Diego, cada vez más encendido por las palabras y el deseo evidente de Luisa, aceleró el ritmo. Tomó a Luisa del cuello, mientras con la otra mano agarraba uno de sus pechos con fuerza. El placer los estaba consumiendo y, joder, podías ver en sus ojos que estaban completamente perdidos en el momento.

    Luisa, por su parte, con las uñas, recorría los brazos de Diego, subiendo hasta su pecho, sintiendo cada músculo tensarse con el esfuerzo. Ella gemía más fuerte que nunca, cada sonido era una clara muestra de cuánto estaba disfrutando, como si estuviera a punto de explotar de placer.

    Finalmente, sintiendo cómo Diego la apretaba con más fuerza, no pudo contenerse más y llegó al clímax, soltando un gemido que resonó en toda la habitación. Diego, viendo a Luisa en ese estado, no tardó en seguirle. Dejó ir una carga masiva, tanto que parecía que nunca terminaría. Después de eso, se quedó tumbado encima de ella, ambos respirando con dificultad, sintiendo cómo todo el semen chorreaba en Luisa.

    Después de reponerse un poco y mientras se acurrucaban bajo las sábanas, Diego le lanzó una mirada traviesa a Luisa. «Eso de fantasear mientras lo hacemos… fue una locura. ¿Lo repetimos alguna vez?»

    Luisa, con una sonrisa pícara, se acercó y le susurró al oído, «Sin duda, me encantaría… Pero no olvides al hombre musculoso del que hablaba.»

    Diego soltó una risa, «Vaya, parece que realmente te gustó la idea. Bueno, mientras sea solo una fantasía…»

    Luisa, mordiéndose el labio y con una expresión traviesa, simplemente respondió: «Por ahora…».

  • La panadera

    La panadera

    Hay momentos en la vida que tienes que trabajar de lo que salga. A todos nos gusta el poder tener un sueldo alto, unos horarios fantásticos y un trabajo que nos guste. Pero otras, simplemente, aceptas lo primero que encuentras. Fue así como terminé trabajando en una panadería. Fueron pocos meses, pero guardo aquella experiencia como una de las mejores de mi vida. Y fue por culpa de Héctor.

    Héctor era un cliente habitual en aquella panadería. Trabajaba en la seguridad privada y su jornada terminaba a las cuatro de la madrugada. Un horario bastante raro, que provocaba que se cruzara conmigo cuando abría el local sin que hubiera nadie más.

    Mi labor era de comenzar a esa hora, pero el horario de la tienda no comenzaba hasta las cinco. En ese rato, debía montar la panadería con todo el pan que nos traían durante la noche y hacer la bollería. Ambas cosas era lo que más se vendía de cinco a seis, ya que muchos trabajadores buscaban una pasta para acompañar el café o el pan para hacerse el bocadillo de media mañana. Eran clientes que hacían compras rápidas y se trabajaba bastante.

    Yo no era tonta. Me di cuenta desde el primer día que Héctor venía corriendo para ver como abría. Desde lejos notaba como sus ojos repasaban mi culo y mis muslos y, ya de cerca, de reojo, intentaba adivinar si se me marcaban los labios a través de las mallas.

    ¿Me molestaba? No, para nada. Era tremendamente guapo, ojos verdes, alto, en buena forma, buen cuerpo, buen culo, buen paquete y una sonrisa que me volvía loca. Además, su conversación pícara asaltaba mis defensas con facilidad. No nos habíamos visto más de seis veces y, en el fondo, ya deseaba acostarme con él.

    Aquel día, todo parecía normal, salvo porque era un día festivo y muchas personas irían más tarde. Subí la persiana ante su atenta mirada y entré a encender las luces mientras él esperaba pacientemente hasta que yo le diera permiso.

    Una vez dentro, nos pusimos a hablar. Le vi con ganas de invitarme a salir y yo deseaba que lo hiciera. Quería tener compañía aquella noche. Su compañía. Deseaba que se lanzase y que todo fuera bien.

    Vi como se apoyaba en una de las mesas de metal mientras precalentaba uno de los hornos. Todavía quedaba algo de harina del día anterior, por lo que seguro se mancharía. Le avisé y, al mirarse las manos, descubrió que, efectivamente, las tenía completamente blancas. Le indiqué donde se las podía lavar, pero al pasar al lado suyo, me tocó el culo.

    –¿Y eso?

    –Es un experimento.

    –¿Experimentas con tocarme el culo? –dije sonriendo.

    –Sí. Correcto –su sonrisa escondía algún tipo de juego que desconocía.

    –¿Y de qué se trata?

    –Hoy has vuelto a venir con las mallas negras. Me gusta mucho cuando vienes con las blancas. Las negras dan juego. Tenía mi mano llena de harina y quería saber si, de una palmada, se quedaba marcada la forma perfecta de mi mano.

    Me giré para intentar mirarme, pero me hizo falta acercarme al espejo para verme. No se había marcado como él quería, pero sí lo suficiente. Cualquiera que me viera el culo en ese momento, sabría que me habían metido mano.

    –Mira que eres malo. ¿Y si me pillan?

    –Hoy es fiesta. Nadie te verá.

    –Puede que a ti sí.

    Me acerqué a él y tras pasar mi mano por la mesa y llenármela de harina, le toqué la entrepierna, donde ya había adivinado que, si bien no estaba empalmado, sí que estaba bastante contento.

    –Me lo merezco. Eso me pasa por ser original. Aunque estoy preocupado.

    –¿Preocupado? Explícate.

    –Te toqué una nalga. Pero la otra puede tener envidia.

    Pasó su otra mano por la mesa y aprovechó la cercanía que teníamos en ese momento y me tocó el culo en el lado opuesto al de la primera vez. Esta vez no fue un gesto rápido. Se quedó agarrándome el culo con fuerza. Al ser delgada, su mano cubría gran parte de mi nalga, apretando mientras me miraba a los ojos, sabiendo que, esta vez sí, me iba a dejar bien marcada su mano.

    No pude resistirme y le besé. Con mi mano derecha, le agarré el cuello para atraerlo hacia mí y evitar que se apartara, aun sabiendo que no se apartaría. Con la otra, le acaricié la cara, orientándole para que nuestros labios se unieran.

    Dejé de notar una de sus manos agarrándome el culo para comenzar a notar las dos. Con fuerza, me atrajo hacia él, pegándome a su cuerpo. Las mallas, esa tela tan fina, hicieron que no tardase en notar lo dura que la tenía. Movía mi cuerpo hacia él de lado a lado, para restregarse contra la zona de mi pubis. Deseaba sacársela, deseaba que me desnudara, que me follara, entregada a él, pero no teníamos condones.

    A pesar de eso, se la sacó. Aflojó su cinturón y se bajó el pantalón y los boxers, liberando su enorme pene, duro como una piedra. Me volvió a acercar a él, notándola más, frotándose contra mí. Nuestra excitación era tal, que hasta noté como le palpitaba.

    El ruido de la puerta nos impidió continuar. Era un cliente y tuve que salir rápido para atenderle, intentando disimular mi forma de hablar jadeosa, donde mi corazón palpitaba a mil por hora.

    Intenté no girarme, para que no vieran las marcas de harina de sus manos sobre mi culo. Le despedí con una sonrisa mientras me miraba atónito.

    Miré a Héctor de reojo. No pudimos evitar reírnos. Yo le miraba la polla mientras él me miraba mi entrepierna.

    Fue de las primeras veces que descubrí que los hombres, al estar muy excitados, pueden humedecerse. El líquido preseminal comienza pronto, en forma de gotas que salen hacia el exterior y, en este caso, mojan la licra de mis leggins.

    Allí, en ese momento, averigüé que aquel cliente no se dio cuenta de la harina de mi culo. Pero sí, seguro, se dio cuenta de la mancha de humedad a la altura de mi chocho.

  • Me comí la verga del nerd de la universidad

    Me comí la verga del nerd de la universidad

    Tenía 27 años cuando empecé mi segunda carrera universitaria, en la cual la mayoría eran hombres, y ellos podían tener entre 20 a 23 años, así que sus juegos aun eran un poco infantiles.

    Sé que a muchos de ellos les llamaba la atención y siempre hacían cosas estúpidas para que yo los viera. Un día el profesor no había llegado, así que ellos empezaron a tener un juego un poco pesado, se bajaban los calzones entre ellos. En el curso había un chico bastante tímido, no muy agraciado, eso sí alto, medio rubio y no tan delgado, usaba lentes (o sea, el nerd de la clase).

    El chico iba a entrar al aula de clases, cuando otro de los compañeros le baja los pantalones, para sorpresa de todos, él no llevaba bóxer puesto, a mí se me dio por mirar y me llevé una sorpresota, ese chico tiene una verga grande y gruesa y eso que estaba dormida, yo quede sorprendida y sentí un corrientazo en mi cuerpo, obviamente esa verga se veía super deliciosa, aparte que la llevaba depilada.

    Yo quedé con muchas ganas de tener esa verga en mi boca (llevaba mucho tiempo sin tener una), así que empecé a acercarme a él, hablábamos de todo, pero no sabía como meter el tema sexual con él, ese chico solo hablaba de estudio y mas nada.

    Pasaron un par de semanas y decidí invitarlo a mi apartamento con la excusa de adelantar un trabajo, él llegó y empezamos a hablar del trabajo de la U y yo de repente le pregunto si tiene novia, él me responde que no, que hasta el momento ninguna chica le ha interesado, pero por un momento sospeché que le gustaban los chicos, así que le pregunté, me dijo que no.

    Ya no sabía que mas hacer así que me quité el suéter con la excusa que hacía calor y quedé solo en top, yo tengo unas tetas grandes y bien paradas, creí poder seducirlo con eso pero no fue así.

    Yo no me aguanté mas y le dije que me encantó su verga, que deseaba mucho mamarla y él quedó totalmente congelado, solo me respondió que nunca había estado con una chica, yo no quise esperar mas y me lancé a besarlo, pero él no supo responder, fui a lo que tanto deseaba, agarré su verga y empecé a manosearlo y a los pocos minutos ya estaba muy dura.

    Le pedí que me agarrara las tetas, las saqué del top que llevaba y metí una en su boca, él no sabía que hacer con ellas, así que me acomodé encima de él quedando mis tetas en su cara y lo dejé que hiciera lo que quisiera con ellas, él seguía sin decir una palabra, mientras yo encima de él rociaba mi cuca con su verga, la podía sentir tan dura, ya no aguante más y la saque de su jogger (el chico nerd no usa bóxer).

    Agarré esa deliciosa verga que podía medir unos 19 a 22 cm y muy gruesa, la empecé a lamer, la escupí y empecé a chupar no me entraba toda a la boca, así que lo hacía como podía, él estaba muerto en placer, se retorcía y notaba sus ganas de querer agarrarme del cabello y enterrarme toda su verga en mi boca, así que se lo pedí.

    Mientras se la mamaba tan rico él me pidió que parara que él quería lamer mis tetas y mi cuca, le di mis tetas y esta vez si las chupó con mucho placer, tanto que me tenía demasiado excitada, ya quería sentir esa verga entrar por mi vagina y que sintiera lo caliente que es. Así que primero llevé su mano a mi vagina e hice que metiera sus dedos, se sorprendió al sentirme tan mojada que me levantó hacia él me empezó a besar y me pidió que me clavara su verga.

    Era su primera vez así que lo hice con mucha calma, me hice encima de él (él estaba sentado en el sofá) lo empecé a besar y yo metía lentamente su verga, sentía como me abría, sentí un poco de dolor pero me daba placer a la vez, el empezó a soltar pequeños gemidos, ya teniéndola toda adentro lo empecé a follar me daba tan duro yo solita y a él le encantaba, por un momento pensé que se iba a venir rápido, pero no fue así, alcanzó a durar y disfrutarme, como yo a él, me vine un par de veces y él disfrutaba de mi humedad, se vino dentro de mí y le mostré como su leche salía de mi vagina.

    El nerd del curso tiene una verga muy deliciosa.

    Duró un par de días sin verme a la cara, pero un día de repente me metió al baño de la universidad, me empezó a besar y agarrar mis tetas, me dijo que me estaba deseando demasiado, que no sabía como pedirme que lo hiciéramos de nuevo, que él quería cogerme muy duro, así que le pedí que lo hiciera ahí, me puso de espalda, me inclinó un poco hacia abajo, sentí que abrió mis nalgas y me chupó el culo, metió sus dedos en mi vagina y me hizo mojar tanto, cuando ya sentí su enorme verga entrando.

    Ese día me la metió tan rico, me lo hizo duro, era un poco torpe, pero en medio de su torpeza me hizo sentir mucho placer, la verdad es una de las vergas que más he disfrutado. Cogí muchas veces con él, le enseñé algunas cosas y cumplimos algunos fetiches juntos, eso se los cuento después.

  • Increíble… las chicas de $80.00

    Increíble… las chicas de $80.00

    Había tenido una semana muy ocupada y por tanto pasaba desapercibido que por la menos tenía ocho días sin la compañía de una chica en una cama. Hay veces que mis amigas con beneficios tienen sus propios compromisos y se hace imposible concertar un tiempo íntimo. Ya me había hecho a la idea de ir por uno de esos masajes y ver si la masajista se animaba a algo más que solamente darme un masaje, pero buscando en la internet me encuentro ante este sitio donde estas chicas de compañía te ofrecen sus servicios.

    Ya he tenido este tipo de experiencia anteriormente, pero lo inusual para mi en este caso era que ofrecían servicios que ellas llaman de servicio rápido o un rapidín o como decimos en inglés “un quickie”. Vi varias opciones que publica este lugar y donde muestra a jóvenes chicas con cuerpos sensuales y deliciosos, aunque no muestran sus rostros, pero al parecer dan insinuación que son chicas jóvenes y guapas. Los servicios los anuncian por el tiempo: una hora por $250.00, media hora por $150.00 y un rapidin o 15 minutos por $80.00. La verdad que yo nunca había visto este tipo de ofertas de solo $80.00 y aquella mañana de un lunes me dispuse a conllevar esta experiencia del rapidin y ver que es lo que estas chicas ofrecen o hacen en 15 minutos por solo $80.00.

    Me dieron el domicilio de unos apartamentos y te hacen llegar frente a un edificio y creo que desde ahí te están observando para su seguridad, pues el número de apartamento solo te lo dan cuando te miran y si les inspiras confianza. Me dan el número y toco la puerta y esta se abre y la chica se esconde detrás de la puerta pues esta se abre, pero no se mira a nadie. Entro y me saluda una chica de rostro y cuerpo agradable y quien dice llamarse Samanta y me hace saber que solamente ella se encuentra en ese momento, pues es muy temprano y, las otras chicas llegan a las once de la mañana. Esta chica está con un camisón transparente donde se pueden ver claramente unos pechos redondos de mediano tamaño, podía ver sus pezones oscuros y llevaba una pequeña tanga de color negro y con sus zapatos de tacón alto que le hacen ver esas bonitas piernas más alargadas.

    Le dije que no tenía problema que ella fuese quien me atendiera, pues me parecía una chica hermosa, a lo que ella sonrió, pero me pidió esperar por su compañera que llegaría en siete minutos, pues alguien más debería estar pendiente de la puerta. Platicamos por esos siete minutos de varias cosas relacionadas al servicio y me aseguraba que la zona ahí era muy tranquila y que nunca habían tenido problemas. Samanta dijo ser de Cali Colombia y la amiga que iba a llegar en minutos cuyo nombre era Xiomara, decía ser de Venezuela. Ambas era chicas muy lindas y Xiomara cuando llegó me dejaba con la boca abierta, pues llegaba con unos pantalones vaqueros bien ceñidos y por mi altura cuando ella medio se agachó a tomar algo pude ver esa tanga de color vino y tenía un culito precioso, pero ya le había dicho a Samanta que ella me atendería.

    Me hizo pasar a una habitación donde había una cama de buen tamaño, un tocador con una lampara con una luz difusa, pues la verdad estaba un tanto oscuro el lugar y luego al otro lado de la cama había un espejo, el cual se podía mover dependiendo el ángulo que uno desease ver ya en esos movimientos del acto sexual. Me pregunta cuanto tiempo quiero estar y lo pensé en unos segundos pues, aunque Xiomara me parecía más bonita, Samanta no se quedaba atrás y no tenía la seguridad si 15 minutos me bastarían para disfrutar de esta chica o si prefería pagar por la media hora. Le di solo $80.00 para tener la experiencia de un rapidin con Samanta y ver si luego tenía otro con esta chica de nombre Xiomara.

    Samanta salió por breves minutos, quizá a dejar el dinero que le había dado en otro lugar y ya cuando regresó yo estaba completamente desnudo sentado en la cama. Llegó y se me acercó poniendo sus pechos en mi rostro y se dio vuelta para que sintiera su piel y disfrutara del paisaje de sus nalgas solo vistiendo esa pequeña tanga negra. Su piel olía rico y su aliento era mentolado y comencé a chuparle las dos tetas a esta chica quien me dio esa expresión de “que rico” mientras mis manos acariciaban ese culo redondo de esta hermosa chica. Esto es un rapidin y ella hace una pausa y abre el envoltorio del profiláctico que lleva en sus manos y mi verga que todavía no está en su máxima potencia comienza a reaccionar a su toque y Samanta solo me dice: -¡Tienes una hermosa pija! – Se la lleva a la boca y ella se mantiene hincada frente a mi quien estoy sentado en la cama. Me hace una felación de profesional, intentando hacerme garganta profunda y solo veo como se ahoga en el intento y luego pasó a darme una mamada en los huevos y me los dejaba bien chupados antes de regresar a darle otra chupada a mi pija.

    En ese momento no sabía cuánto tiempo había pasado, perdía la noción del tiempo gozando de la mamada y luego Samanta hizo una pausa y me preguntó: -¿Cómo quieres ponerme? -No le dije mi posición preferida y solo opté por decirle que se pusiera a como ella le gustara y se acomodó sobre la cama en posición del misionero. Me abrió sus piernas y pude observar una panochita o cuquita bien afeitada, en esa posición observé ese bonito rostro de esta chica colombiana que solo hizo un gesto seductor y gemía cuando mi verga se hacía espacio en su vagina. Se sentía apretada y por su altura comparada a la mía me encorvé algo para poder de esa manera chupar sus pezones. Era un vaivén que ella correspondía de una manera pausada y esta hermosa mujer me tomaba de la espalda y dejaba ir hondos suspiros que me daban la ilusión que lo disfrutaba. Se lo tuve que preguntar y ella solo me dijo: -Usted solo sígame chupando las tetas… me encanta que me las mamen mientras me están tirando.

    Sentí que ella le daba mayor impacto a ese vaivén y su pelvis se elevaba mucho más que sentía su fuerza. Por usar condón no sentía plenamente sus contracciones y solo me pidió que le diera más fuerte a lo que proseguí con embates y estocadas más fuertes sin despegarme de sus tetas. Pensé que sus gemidos eran parte de ese teatro que a cualquiera obliga a sucumbir a una eyaculación antes del tiempo, pero verdaderamente Samanta estaba desarrollando un potente orgasmo, el cual fue tan obvio que no me dejó lugar a la duda que verdaderamente se estaba corriendo. Solo paré cuando parecía le había pasado el orgasmo y me daba una sonrisa y me preguntó: ¿Usted ya se corrió? ¿Quiere que me ponga de perrito?

    Ella me miró la pija aun erecta y se puso de perrito para que me corriera. No tarde mucho, pues ese culo es una inspiración para correrse rápido. Dos minutos de pompeo fue suficiente para dejarle ir toda esa presión de toda una semana. Samanta me quitó el condón y me limpió la verga con toallas sanitarias de esas que se utilizan para asear a los bebes. Ella hizo lo mismo y se fue a la ducha a limpiarse las tetas hacia abajo. Realmente no sé cuánto tiempo pasó para llegar a mi orgasmo, pero definitivamente fueron más de 20 minutos que esta chica me dio. Me estaba vistiendo cuando me llegó el morbo por probar a esa chica de nombre Xioma y quien se miraba aún más joven que Samanta. Me gustaba esa carita de inocente que tiene, pero ese culito con esos pantalones se le miraban fenomenal. Le dije a Samanta que quería estar con Xioma también, y ella me propuso que mirara a las demás que ya habían llegado.

    Hizo pasar a las tres, entre ellas Xioma, a la que ya había visto vestida. Tenía una cintura perfecta y un culo divino de diosa. Chica petit, de pechos redondos, pero más pequeños que los de Samanta. Ahora solo vestía una minifalda café que uno podía ver sus perfectas nalgas, una bustier blanco que dejaba ver sus erectos pezones y unos zapatos de tacón que le hacían lucir unas bonitas y alargadas piernas. Solo me preguntaba si en verdad esa panochita solo valía $80.00. Pasaron las tres chicas y es como conocí a una bella Damaris, y a una exquisita Mélida. Todas con bonitos rostros y suculentos cuerpos, pero esa cintura de Xioma era perfecta y ese culo lo tenía que ver y si era posible oler. Obviamente me incliné por Xiomara.

    Igual, solo le pagué por quince minutos y ver que me esperaba con esta linda chica. Me hizo pasar a otra habitación y me pidió que tomara una ducha. Eso hizo que me refrescara y que pasara el tiempo para lograr otra erección, pues a mis 55 entiendo no tengo esa fuerza de mis 18 años. En el baño me la chaqueteé con jabón y había logrado una erección y supe que estaba listo para un próximo asalto con la bella y exquisita Xioma. Tiene un cabello corto y ondulado, dientes de sonrisa perfecta, cuello alargado y sus ademanes muy femeninos y delicados… realmente me encantó esta chica. Parecía algo tímida y callada, pero ya en la acción en la cama Xioma es otra chica. Como rutina eso de empezar con una mamada es lo más natural de estas chicas y dejé que me la mamara cuando me ponía un segundo profiláctico. Xioma no me dijo que tenía una hermosa pija, solo me dijo que tenía una pija grande. Este tipo de chica tan hermosas son de esas que con solo esa mirada mamándote la verga te hacen tocar el cielo en un par de minutos. Mi verga se puso dura de solo ver como me atrapaba la verga con su boca esta linda chica. Cinco minutos mamando y vino la segunda pregunta de rutina: -¿Cómo quiere que me ponga?

    Le contesté al igual que le había contestado a Samanta, solo que esta chica se puso en posición de perrito. Se había quitado la tanga color vino que había visto antes cuando llegó a este lugar y solo quedaba con esa minifalda que la verdad no le cubría nada y con ese culo parado esperando que mi verga se hiciera camino en el orificio delantero. Se puso enfrente de ese espejo, pues también había uno a un lado de esta otra cama, así que podía ver su rostro a la vez que disfrutaba de ver ese delicioso culo y esa marca blancuzca que le dejan sus pantis regulares que usa. Panochita bien depilada y sorprendentemente se miraba más grande que la panochita de Samanta. Tenía unos labios gruesos y un clítoris que dan ganas de chuparlo a morir. Curvas perfectas que hacen al ver esa cintura y ese culo parado en cuatro en todo un éxtasis. Le asomé mi verga a la entrada de su panocha y la empujo lentamente hacia adentro y veo como Xioma gesticula la invasión de mi verga y esa vagina si se siente apretada. Pongo mis manos en sus dos solidas nalgas para acariciarlas y solo dejo mi verga adentro para que esta chica asimile el grosor. Comienzo por pompear lentamente y me encanta como gesticula con su rostro ese lento vaivén. No sé si es de dolor o de placer, pero esta chica frunce sus labios como que quisiera mordérselos. Se le escapa un gemido y le pregunto si le duele y ella me dice: -No… está bien… nunca había sentido una pija así de grande. – La verdad que estas chicas petit es lo que me encanta de ellas, la intensidad de cómo se siente aprietan la verga.

    Me encantaba ver cómo le quedaba de abierta la panochita y cómo gemía cuando se la volvía a meter. Aquel mete y saca era semi lento y disfrutaba viendo ese culo y me animé a sobarle el ojete con mi pulgar y ver como esta chica reaccionaba. Le puse el pulgar en su culo y comencé a masajearlo y solo oí de su voz tímida y recortada por un gemido que me decía: -Si… así, así. – Podía sentir y escuchar que la panochita de esta chica se lubricaba más, ese chasquido de mi verga entrando y saliendo se escuchaba más y ya mi pelvis hacía mucho más ruido chocando en las preciosas nalgas de esta chica. De repente vi por el espejo que ya no estaba en cuatro, estaba en tres, pues una de sus manos se la había llevado para chaquetear su panochita y eso me dio al menos la sensación de que Xioma estaba disfrutando la cogida.

    Ahora escuchaba no solo el cacheteo pegando en sus nalgas, Xioma se masturbaba a la vez su panocha y fue cuando me animé a invadir su culo con mi dedo y la primera falange de mi pulgar y casi todo mi pulgar estaba adentro de Xiomi y ella movía las caderas con esa ansiedad de sentir mi verga muy dentro de ella. Mi pulgar entraba y salía frenéticamente de su culito y mi verga hacía lo mismo entrando y saliendo de su vagina y Xioma se masturbaba a la vez y me decía: ¡Por Dios! Usted me está tirando bien rico… me va a hacer acabar. – Creo que sentía estaba al borde de ese abismo erótico y sentía esa sensación exquisita en su vientre que dejó de masturbarse y ella aceleró el movimiento de sus caderas chocando con mi verga y prácticamente se la sacaba casi toda y mis 21 centímetros se volvían a meter con estocada mucho más fuerte y esta chica ya no pudo más y se fue de bruces contra la cama y yo me aferré a su cintura sin despegarme y le sumía la verga a reventar. No me corrí porque ya no tenía la presión de minutos antes y Xioma gozó de una verga hasta que se le fue diluyendo esa tensión. Solo me dijo con una sonrisa sorpresiva: ¡Me hizo acabar!

    Fue como ella me comenzó a hablar que nadie la había hecho correr dándole de perrito, aunque a ella le gustaba así. Aunque no se corriera me decía que esa sensación de llegar al borde sintiendo una verga en esa posición le encantaba y que ahora había caído del borde en una explosión del orgasmo más fuerte que ella haya sentido hasta el momento. Lo entendía perfectamente, especialmente que me contaba que solo tenía 19 años y que se había iniciado en eso, del sexo por paga porque le encantaba el sexo esperando encontrar una experiencia como la que había vivido, pero que la mayoría de los hombres que había conocido en esas dos semanas de su inicio, eran eyaculadores precoces, que incluso me hablaba de uno que no aguantó un minuto dándole una mamada. Y la verdad que no los culpo, esta chica es tan hermosa que, de solo verle la carita tan bonita, se viene cualquiera, mucho menos estarla viendo desnuda y que te mame la verga.

    Para hacerme acabar me ofreció una felación y estábamos en eso, ver como esta chica sentada en la cama y yo parado frente a ella miraba como intentaba tragarse todo lo que podía. Sabía que el tiempo de 15 minutos habían ya expirado, pero no parecía apurarme para nada. Pensando que mi dedo había estado en su culo se me ocurrió proponérselo y le pregunté si su culito estaba disponible. Ella haciendo una pausa me decía de esta manera:

    -¿Usted cree que esa su cosota cabrá en mi trasero? ¡Yo no lo creo!

    -¿Pero ya lo has hecho… ya te han abierto ese culito?

    -Si, con mi novio lo hacía y lo hice con un cliente días atrás, pero ellos tenían algo normal, algo así como mis dedos, pero lo suyo más parece el grosor de mis brazos.

    -Te aseguro que puedes… ¿solo dime cuanto más?

    -De hecho, su tiempo ya ha terminado y en cualquier momento nos van a tocar la puerta.

    -Dime cuanto más y yo te compenso por el tiempo.

    -Deme $200.00 y solo le voy a decir a Samanta que va por quince minutos más.

    -Te doy $250.00 si me la mamas sin condón y me dejas correrme sin condón por detrás.

    -Está bien… solo le voy a decir a Samanta que va por 15 minutos más.

    Nuevamente regresó y prosiguió con la mamada a lo natural y ahora podía sentir esas paredes de su boca. Lo caliente y lubricante de su saliva y mi verga en lo que podía entraba y salía apretada de esos bonitos labios. Me hubiese gustado tomarle una fotografía así, pero todavía la tengo aquí en la memoria que nuevamente me provoca una erección. Así de hermosa era esa chiquilla y me sorprendía la idea que podía probar su vientre por solo $80.00. A chicas menos hermosas que ella les había pagado mucho más. Esta vez después de esa felación al natural proseguimos a la cereza del pastel y se untó lubricante en el culo. Yo le ayudé a esparcirlo y a dilatar con mis dedos su ano. Ya lo había dilatado con mi pulgar minutos antes y lo único que le dije fue que se relajara, que no pusiera resistencia a la entrada de mi verga y que eso iba a facilitar y quizá hasta hacer favorable la experiencia.

    Xioma aún seguía con esa faldita café y cuando asumía esta posición de perrito, se la he bajado hasta las rodillas y me quedan esas nalgas a su máxima expresión. Nunca imaginé estármelas cogiendo, pues por lo delicada que se mira esta chica, nunca imaginé estuvieran disponibles. Asomo mi glande a la entrada y me lleno del lubricante paseando mi verga por todo el canal de sus nalgas. Veo sus expresiones por el espejo y Xioma se mira relajada. Empujo mi verga contra ese culito delicioso y los primeros intentos me los rechazó, pero luego de varios intentos sentí como entró y le dejé la punta de mi verga adentro de su culito sin hacer movimiento alguno. Miraba su rostro por el espejo y sus expresiones no eran diferentes que cuando me la cogía por la panochita. Comencé a empujar y ver como mi verga se hundía en ese precioso culo y por el espejo vi como Xioma fruncía sus labios y me dijo: -¡Con cuidado…me duele!

    Mantuve mi verga adentro de ese apretado culito sin hacer mucho movimiento y casi toda mi verga estaba en su interior y podía sentir la onda de compresión que Xioma le hacía a mi verga con ese anillo de su ojete. Con los minutos comencé a pompearle el culo con un vaivén semi lento y podía ver a través de ese espejo las expresiones faciales bien eróticas de esta linda niña. Luego me sorprendió con su petición, pues al no recordarse de mi nombre solo me dijo: -¡Nalguéame y dame con tu verga más duro! – Le di estocadas más fuertes y penetrantes, pero no a gran velocidad y se escuchaban las nalgadas y esta chica solo me decía: -Si… así, así… dame más; castígame, rómpeme el culo papasito. Al igual como lo hizo cuando le daba por la panocha, se quedaba sostenida en un solo brazo mientras con el otro se comenzó a chaquetear la panochita. Los 21 centímetros de mi verga entraban y salían a más alta velocidad y le pegaba en las nalgas hasta que estas se tornaron rojizas. Miraba cómo cerraba los ojos y se mordía los labios y sentía cómo su intestino me mandaba esa vibración que se le venía desarrollando en su vientre y movía más su cintura para encontrar el golpeteo de mi verga contra su culo. Era divino verla de esa manera, disfrutaba de su rostro en el espejo y sus gemidos que me estaban llevando al paraíso, pero sabía que ella estaba ya en el borde y cuando pensaba esto explotó con unos alaridos que parecían una mezcla de llanto y de grito que estoy seguro las chicas afuera, porque Samanta me lo confirmó, que habían escuchado cómo se corría esta bella chica de nombre Xiomara.

    Le sumía la verga hasta que mis huevos chocaban en su conchita y de esa manera la pompeé por otros tres minutos mientras ella vivía su orgasmo y fue cuando me corría en su culo. Quedaba respirando profundo y quizá por el morbo y de cómo vivía esta chica un orgasmo, el mío fue tan fuerte que sentía ese dolor misterioso alrededor de mi pelvis y se extendió como escalofrío por todas mis nalgas, piernas y espalda. Creo que nos habíamos pasado del tiempo estipulado y Xioma me limpió la verga con esas toallas para asear a los bebés y mientras lo hacía me decía lo siguiente: -Si le pregunta Samanta, dígale que solo $80.00 más me ha pagado. Fue cuando me hablaba que de los $80.00 solo $50.00 le pertenecían. Le hice en ese momento otras ofertas que no aceptó, pues le propuse que pasara conmigo una noche, que estaba dispuesto a pagar, pero ella se limitaba a funcionar solo dentro de ese ambiente y nada más.

    Samanta me hizo la broma que creía que estaba matando a Xiomara y que todas ya estaban listas y dispuestas a entrar a defender a su amiga. Las otras chicas me miraban de pie a cabeza y Samanta quien parecía la mayor y que controlaba aquel lugar les decía a las demás, pues Xioma había pasado a darse un baño: -A este hombre me lo tratan bien cuando lo vean, porque definitivamente volverá pronto y créanme que al igual que a mí y que a Xioma, con ese su juguetito que tienen (Y hacia el ademan de una verga), de seguro las hará pasarla muy bien. – La verdad que en dos días regresé a probar a Mélida y Damaris, quienes también eran chicas jóvenes y realmente muy bellas y quedaba sorprendido que esas panochita tan preciosas solo costaban $80.00 por un buen palo. Obviamente repetí dos veces más a Xiomara y verdaderamente estas chicas como se los había pedido Samanta, me trataron y me hicieron sentir más que bien. Si quieres que te cuente de la cogida a Mélida y a Damaris, házmelo saber.

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  • Mar Sensual: Totalmente desconocida

    Mar Sensual: Totalmente desconocida

    Como lo mencioné soy una mujer madura, madre de dos hijos, casada, profesionista, simpática y con un cuerpo atractivo sin exagerar formas. Vengo de una familia conservadora y en un principio mi pensamiento era así, los hombres me buscaban, pero yo no les hacía caso. Fue en la universidad que conocí al que actualmente es mi marido y entonces disfruté de otra manera lo que es el sexo, en todas sus formas, aunque he de decir que aunque me encanta, siempre he cuidado mi imagen, bueno hasta donde ha sido posible.

    En ese entonces, con mi novio, con quién perdí mi virginidad a los 21 años, fuimos descubriendo el placer de lo que implica la sensualidad, el erotismo, el sexo y lo que viene alrededor de ello. Algunos amigos y maestros de él me buscaban para tener algo más con ellos, me cortejaban y de plano me decían que engañara a mi novio, que no se iba a enterar. Esas situaciones me molestaban, pero también sentía cosas raras en mi cuerpo, un cosquilleo raro, pero rico, no entendía que era. Poco a poco, con mi novio, pasamos del cachondeo y fajes al sexo en salones, jardines y todo espacio que nos permitiera tener placer furtivo.

    Luego fueron los hoteles, sobre todo en la zona de Tlalpan, los espacios cómplices para saciar nuestros deseos. Recorrimos una buena cantidad de ellos, baratos, caros, donde prestaban sus servicios las trabajadoras del sexo, “decentes”; cada quince días íbamos a dar rienda suelta a nuestros instintos carnales. Como dije mi figura no es voluptuosa, pero si con formas que al realzarlas llaman la atención. Mi marido me empezó a comprar, y yo también, ropa que hiciera lucir mi figura: pantalones ajustados, faldas y vestidos cortos, blusas coquetas y lencería erótica. Cuando empecé a trabajar se amplió la forma de ver el sexo.

    Los compañeros me buscaban, sin darles yo motivos, me deseaban a pesar de ser una mujer casada y con hijos, creo que eso les despertaba más su interés, sobre todo cuando asistía a las reuniones y disfrutaba bailar, tomar la copa y permanecer hasta tarde. Siempre terminaba con alguna insinuación o propuestas para algo más, pero mi pudor se imponía y no aceptaba dar paso a sus intenciones, aunque dejaba abierta la posibilidad al no decirles un no contundente.

    Esta situación me excitaba, aunque nunca se los demostré y dejaba que las cosas se dieran sin que se salieran de cause. Cuando tenía sesiones de sexo con mi marido fantaseábamos y yo le decía que si le gustaría que le hiciera caso a alguien para tener sexo y excitado me decía que si, que me diera la oportunidad de disfrutarlo con otro. Reíamos y terminábamos de manera explosiva estas sesiones.

    Cada vez eran más frecuentes estas insinuaciones entre nosotros, pero no me animaba a dar el siguiente paso, hasta que decidí hacerlo. He tenido experiencias sexuales diversas: sexo compartido (SW) con mi marido, sexo no consentido, sexo con compañeros del trabajo, sexo con desconocidos, infidelidades, compartiendo con mi marido como me cogen, entre otros. Reitero, soy una persona seria, responsable, profesionista, buena amiga; pero también, soy una mujer sensual, sexy, temperamental que le gusta disfrutar al máximo el sexo. No me gusta provocar situaciones, pero si éstas se dan permito, de manera discreta, que las circunstancias construyan posibles escenarios. Al final yo decido que las cosas cristalicen o no.

    Como lo he mencionado, las historias que les voy a contar todas son reales, no he inventado nada, cambiarán nombres y algunas situaciones por cuestiones personales, pero reitero todo es real. Como lo señalé, las historias serán de infidelidad, de sexo compartido (SW), de mi esposo como cornudo, entre otras. No llevarán una cronología, se presentarán según lo que se me antoje contarles en ese momento.

    La verdad es que soy muy temperamental, disfruto el sexo con mi pareja, con mis amantes y mis aventuras. En la cama me los cojo y me dejo coger como ellos quieran, me gusta calentarlos y ponerlos a tono. Cumplen conmigo las fantasías que en casa no obtienen o que desean cumplir y me excito al pensar que me van a usar y que sólo me quieren para eso, ser la mujer que satisfaga sus bajos instintos. Me encanta erotizarlos y que me usen para cogerme sin más. He hecho y me han hecho de todo, pero casi todos con los que he tenido alguna relación son personas que conozco o extraños que me dan confianza, pero ninguna como la que a continuación relato.

    Era viernes y para ese día se había organizado una reunión con compañeros de trabajo en casa de uno de ellos, pero por una cuestión familiar ésta se suspendió de última hora y ya no hubo nada, a mi me avisaron por un mensaje a mi cel. Ufff que mala onda, pensé, quería pasarla bien con mis amigas, pero ya no fue posible. Para la ocasión me vestí con una falda ajustada hasta la media pierna, tacones altos, sin medias, una blusa delgada semitransparente y lencería coqueta, pero nada del otro mundo; me veía bien, pero sin exagerar. Decidí ir a plaza Delta a comprarme una fada coqueta que había visto ahí. Eran cerca de las seis de la tarde cuando iba para allá, le marqué a mi marido para avisarle y comentarle de paso que ya no habría la reunión. Me dijo:

    -Qué pena y ahora ¿que vas a hacer?

    -Voy a plaza Delta a comprarme una falda, coqueta como las que a ti te gustan.

    -Ahhh qué bien, ¿es corta?

    -Si, es corta, una minifalda color fiusha volada, está bonita y muy coqueta.

    -A ver si al rato la estrenas conmigo, aunque voy a salir con unos cuates y quizá llegue un poco tarde, te marco al rato para ver qué onda.

    -Ok, cuídate. Yo compro la falda y algún complemento, chachareo un rato y me voy a la casa.

    -Ok nos vemos allá más tarde, te cuidas.

    -Bye, tú también.

    Me fui en Metrobús, serían sólo tres estaciones y llegaría a mi destino. Era viernes de quincena y la ciudad era un caos. Para variar había mucha gente en el pasillo y era difícil subir al Metrobús. Esperé algunos momentos para abordar, pero no disminuía el tumulto de personas. En el área de las mujeres estaba muy saturado, por lo que decidí irme del lado de los hombres, se veía menos complicado. Eran tres estaciones por lo que no consideré mayor problema.

    Dos mujeres más pensaron igual que yo y pudimos abordar sin tanta bronca, el problema fue que el Metrobús tardó un poco en avanzar. Yo quedé en medio sujetándome del tubo con espacio suficiente como para que un hombre no se me acercara; pero, como se tardó en avanzar subía cada vez más gente hasta que se saturó. Poco a poco íbamos quedando como sardinas, aplastadas y sentí como necesariamente se pegaban los hombres a mi o yo a ellos al ser empujada, me hacía para atrás hasta que me pegué a alguien. Traté de separarme, pero fue imposible. Sentí como mis caderas quedaban a la altura del abdomen de ese alguien, sin querer y de inmediato sentí un bulto en medio de mis nalgas.

    Odié ese momento, molesta quise moverme, pero era imposible, de verdad no pude. En eso se cierran las puertas y comienza a avanzar el transporte. Inercialmente nos movíamos y sentía como ese bulto se restregaba en mis nalgas sin poder hacer nada. Llegamos a la siguiente estación y pensé bajarme, pero nadie lo hizo y se subieron más personas, por lo que quedamos aún más apretados y yo más pegada al tipo que estaba detrás de mi, quien sin moverse intencionalmente se restregaba con el movimiento del Metrobús.

    Percibí como su bulto aumentaba de tamaño, otra vez intenté moverme, pero era en vano y lo que sí lograba era restregarme más en él. Pude ver de reojo que era un chamaco el que venía detrás de mi, de unos 18-20 años aproximadamente. La siguiente estación era Centro Médico por lo que pensé que tal vez se iba a vaciar un poco. A una cuadra de llegar a la estación, el Metrobús se para y por unos dos minutos tardo en avanzar. En ese momento sentí como el bulto de ese chamaco palpitaba en mis nalga y también percibí como muy suavemente se restregaba.

    Llena de coraje quise hacerle un escándalo, pero extrañamente me empezó a calentar esta situación. El Metrobús reanudó su marcha, por lo que ya no hice nada y esperé llegar a la siguiente estación y bajarme. Entre empujones subió y bajó gente sin que yo lo lograra hacer, pero quedé cerca de la puerta y sentí otra vez el bulto en mis nalgas. Por la ventana de la puerta vi que se trataba del chamaco que al parecer también bajaría en la próxima estación.

    Durante minuto y medio sentí su bulto frotándose en mí y ya caliente le paré discretamente mis nalgas para que lo disfrutara. Se veía “inocentón” y no exageró sus movimientos en este arrimón consentido. Entre mi dije, si no hay de otra, pues a disfrutarlo, total no va a pasar a más.

    Llegamos a la estación Obrero Mundial y me bajé, sin más caminé en dirección a la plaza, me dirigí a la tienda para comprar la minifalda que le gustó a mi esposo. También compré unas medias de liguero del mismo tono, así como un bra transparente y unas bragas abiertas, muy eróticas. Sali y me fui ventaneando las vitrinas. En eso vi en el reflejo de una de ellas al chamaco del Metrobús, ¿Me estaría siguiendo?

    Era de buen ver pensé; atlético, un poco alto y vestía bien, quise verle su bulto, pero no alcancé a ver nada. Seguí caminando y me metí a Mixup para ver que hacía el tipo y vi que también lo hizo, me estaba siguiendo. Me preocupé un poco, pero después pensé que sería una coincidencia. Por unos diez minutos más estuve viendo cds y vinilos cuando de repente el chico se me acercó y me preguntó si conocía al grupo que había visto antes; sorprendida, me le quedé viendo y no supe que contestar. Al ver la cubierta le dije que sí y me preguntó:

    -Una disculpa, ¿qué tal? ¿conoce a este grupo? Es que la vi que se detuvo en él revisándolo.

    -Mmmm, si, sí lo conozco; es un buen grupo, creo que ese es su mejor disco. Le respondí y le pregunté ¿por qué?

    -Me han platicado del grupo, pero no estaba seguro y gracias a su orientación lo compraré.

    -No te vas a arrepentir, me di la media vuelta y me dirigí a la salida.

    Un poco confundida por el encuentro, me fui a la salida del centro comercial, eran pasadas las ocho de la noche y había oscurecido. Al pasar por uno de los bares que hay ahí, volteé y no sé porqué, pero se me antojó tomarme una cerveza, dudosa lo pensé y me dije, tómala no llevas prisa y sólo será una. El buen ambiente me llamó la atención y pedí una mesa. La mesera se me acercó y me dijo si era sola, le dije que sí y que me trajera una cerveza y un tequila derecho. Esperaba mi orden y por el pasillo vi y me vio el chico que supongo me venía siguiendo. Le hice un gesto con la mirada sin más y se siguió, pero a la entrada del lugar, entre mí dije no puede ser. Se acercó a la mesa y con una naturalidad simpática me dijo:

    -Hola, ¿me puedo sentar, si no le molesto?

    -Dudosa le iba reclamar, pero dije, que más puede pasar, es un chamaco. Si, sin problema.

    -Gracias que amable. La vi y quise platicar con usted.

    -No me hables de usted, háblame de tú, aunque podrías ser mi hijo.

    -Ok, pero no soy su…, perdón tu hijo, hahaha… ¿Vienes seguí por aquí?

    -No, casi no. Vine a comprar una ropa, me cansé un poco, por eso me metí a este lugar.

    -Yo tampoco, pero decidí visitarla, es grande, ¿no?

    -Si, si es grande.

    En eso llegó mi orden y la mesera se le quedó viendo al joven, quien pidió una cerveza. Dudosa, le pidió su identificación y él se la mostró. Ella la revisó y se la devolvió, diciéndole que en un momento se la traía.

    -Siempre me pasa lo mismo, dudan de mi edad. Tengo 19 años, pero en fin…

    -Estás muy chamaco para que ya andes tomando.

    -Ni tanto, bueno salud ¿no?

    -Salud, le di un sorbo a mi tequila y luego a mi cerveza.

    -He visto que así toman cerveza y tequila, ¿sabe rico?

    -Si, a mi me gusta.

    -¿Y no se les sube más rápido?

    -Depende cuantos te tomes

    -¿Y tú cuántos aguantas?

    -Unos cuatro, más o menos.

    -Ok, aguantadora.

    Continuamos platicando de tonterías y me terminé mis bebidas, eran pasadas las nueve de la noche por lo que decidí salir de ahí. El chico me invitó otra ronda, pero no acepté. Insistió y bueno, no era tan tarde que acepté. Continuamos charlando y me preguntó si era casada, si tenía hijos, si trabajaba que como era y bueno, una serie de preguntas en torno a mis gustos y demás cosas. Su nombre era Arturo y ya llevaba cuatro cervezas, se veía alegre más desinhibido de cuando llegó, yo terminé mis tragos y me sentía relajada, pero le dije que ya me tenía que ir.

    Me pidió tomar la última, que la charla estaba amena y que el invitaba todo. Acepté pero sólo el tequila, el pidió otra cerveza. Al traernos las bebidas note que mi copa estaba al doble, no dije nada. Brindamos y nos acabamos el contenido. Pidió la cuenta, le dije que yo pagaba lo mío, pero no quiso. Salimos del lugar, eran pasadas de la diez de la noche. Al caminar me sentí un poco mareada, él me tomó del brazo para apoyarme y de manera discreta le pude ver que tenía un gran bulto en su entrepierna, incluso logré notar una pequeña mancha en esa área de su pantalón. Lo que pasó en el Metrobús y las bebidas provocaron me excitara al ver eso, me imaginé la tremenda herramienta que traería. Me preguntó:

    -¿Que vas hacer?

    -Voy a tomar un taxi en el sitio y tú.

    -Ok, te acompaño, no sé, quizá vaya a otro lugar, es temprano.

    -¿A qué otro lugar?

    -No sé, a seguir bebiendo.

    -¿Sólo, no tienes novia, amigos?

    -No tengo novia y quizá le hable a un amigo.

    Al llegar a las escaleras, trastabillé un escalón por lo que me tomo del brazo, pero por el impulso me recargué en él que se puso de costado y mi pierna sintió el tremendo bulto que tenía. Mientras bajaba las escalera mi pierna se frotó en su bulto, cosa que terminó por calentarme más. Me separé y observé que no había taxis, por unos diez minutos esperamos a que llegara uno, pero nada. Le comenté que pediría un Uber, pero al solicitarlo el más cercano tardaría veinte minutos. A lo que me dijo:

    -Parece que el destino no quiere que te vayas

    -Mmmm si, así parece.

    -Oye, mmmmm, ¿te puedo preguntar algo?

    -¿Sobre qué?

    -Es que me da un poco de pena, mmmmm…

    -Dime, sabía a donde iba, pero haciéndome la tonta le dije ¿sobre el disco? Pues mira…

    -No, no es sobre el disco, es sobre lo que pasó en el Metrobús, ¿te gustó o qué piensas?

    -¿En el Metrobús? Aaaah, si pues fue incomodo, es que iba lleno y ni para dónde hacerse.

    -¿Pero sentiste rico? Porque yo si y más cuando sentí que te ponías para sentirme mejor.

    -Aaah mira, ¿qué bonito? Te digo que fue incomodo, ¿a ti te gustó? Al decirle esto, miré de reojo su bulto y lo tenía más pronunciado, se ve que calzaba grande.

    -Seee, me encantó y es que, con todo respeto, tienes un trasero muy rico, perdón.

    -Qué chamaco tan, tan preguntón.

    -Bueno, se dieron las cosas, pero además me gustan las mujeres como tú, maduras, son más interesantes, más abiertas… ¿si te gustó?

    -Mmmmm pues si, sentí rico.

    -¿Y no te gustaría sentirlo más? Digo, con todo respeto.

    -Oye qué atrevido. No te conozco y podrías ser mi hijo.

    (Continuará…)

  • Viaje erótico en un taxi

    Viaje erótico en un taxi

    No tenía muchas ganas de caminar hasta mi facultad de ciencias económicas, me queda muy lejos y fue por ese motivo que decidí llamar a un taxi.

    El taxi vino en unos minutos, yo abrí la puerta e ingrese, salude al taxista dándome cuenta de que era un hombre muy atractivo.

    Por su apariencia se notaba que tenía 60 años, en eso no había alguna duda, pero lo que me llamo la atención de él fue su cabello, totalmente canoso, pero lo hacía irresistible y tremendamente sexy.

    Tenía unos ojos azules bien profundos, también me fije en los músculos de sus brazos que estaban muy desarrollados para un hombre de su edad, seguro que iba seguido al gimnasio.

    -Hola señorita- me dijo dándose vuelta para recorrer mi cuerpo con su mirada.

    Ese gesto me excito mucho, yo estaba vestida con una blusa color roja que dejaba ver mis senos y una pollera de jean color azul oscuro.

    -Hola señor- le respondí.

    -¿Dónde necesita que la lleve?

    -A la facultad de ciencias económicas.

    -¿La que está en la avenida?

    -Exactamente.

    Luego de este diálogo nos pusimos a charlar del clima y de la carrera que estaba cursando.

    Cuando ya faltaba poco para llegar a la universidad me dijo que el viaje me costaría cinco mil pesos por la distancia.

    -Señor, no puedo pagarle los cinco mil, tengo solo dos mil pesos en mi billetera.

    -Lo lamento mucho dulce, niña, pero te tendrás que bajar.

    -Hace mucho calor para ir caminando la distancia que me queda.

    -Lo siento- Volvió a repetir el taxista.

    Entonces viendo que no me quedaba otra decidí usar mis armas de seducción.

    Me tire el pelo hacia atrás y hable provocativamente.

    -¿Hay alguna posibilidad de descuento?- dije mientras me subía mi falda y lo miraba directamente a los ojos.

    -Si señorita- me respondió con una sonrisa en su bonito rostro.

    -Dime cuál es.

    -Seré directo contigo.

    -Quiero que lo seas- le confirme.

    -Eres muy hermosa, por lo tanto el descuento para ti funcionaria de la siguiente manera- hizo una pausa y luego continuó-Si dejas que te toque el culo son cuatro mil pesos, si te dejas agarrar las tetas son tres mil pesos, si me permites acariciarte la vagina solo serán dos mil pesos- iba a continuar hablando, pero yo no lo deje porque me senté a horcajadas sobre el hombre y le bese la boca con pasión sin darle tiempo a nada.

    Él puso ambas manos en mi cintura y lentamente me quito la blusa, luego continúe besándolo frenéticamente hasta que ambos quedamos sin aliento.

    -Que hermosa eres- me dijo mientras me besaba el cuello y sus manos me quitaban el sostén dejando mis pechos al aire libre para él.

    -Así tus tetas se ven mucho más lindas.

    -Y tú te ves más atractivo de esta manera- le respondí mientras le quite su camisa negra.

    Cuando su torso quedo completamente desnudo lo mire como hipnotizada, este hombre estaba en perfecto estado físico porque tenía sus abdominales bien marcados así que lo que hice fue acariciarlo, primero le toque sus fuertes brazos y luego fui a la zona del abdomen donde me tome un poco más de tiempo haciendo más suaves mis caricias para llegar a la parte de su pelvis.

    Le hice unas cuantas caricias en su pelvis mientras él me tocaba los senos y luego le quite muy lentamente su pantalón. Después se quitó el bóxer y lo que vi fue un verdadero espectáculo.

    De su bóxer salió un gran pene de unos 22 centímetros aproximadamente, bien grueso, largo y con un poco de pelo en los testículos.

    -Que delicia de verga- exclame.

    -Es para ti, comelo todo- me respondió.

    La verdad es que no sé cómo hice para llevarme ese gran pene a mi boca, pero con mucha paciencia lo logré porque primero se lo chupe por fuera sin introducirlo por completo dentro de mi boca, pero luego de que mis labios se acostumbraron a ese delicioso tamaño se lo empecé a chupar con el frenesí que ese miembro necesitaba. El taxista me agarro la cabeza y me la empezó a mover de un lado hacia otro mientras él gemía y con su pelvis me empujaba más a fondo su rica pija.

    La quería devorar toda entera, pues tenía muchas ganas de una pija buena como esa.

    Se la tome con ambas de mis manos y se la chupe con tanta rapidez que hasta no me conocí a mi misma, ya que nunca había explotado tanto de deseo, pero en ese momento un fuego erótico era el que dirigía mis acciones.

    Los gemidos del señor fueron como una hermosa melodía para mis oídos y la cascada de su semen que inundo mi garganta fue la más exquisita delicia.

    Me volví a sentar a horcajadas sobre el atractivo señor taxista, sintiendo su pene bien duro que se frotaba contra mi vulva que estaba ansiosa por tenerlo adentro.

    El hombre me tomo de la cintura con ambas de sus manos y con un movimiento hizo que quedara mirando hacia el frente, yo pare bien las nalgas hasta ponerlas a la altura de su rostro, luego sentí una lengua bien caliente y juguetona que había entrado en mi trasero.

    El señor sabía como lamer un buen culo, ya que su lengua exploraba bien a fondo en mi agujero a la vez que me escupía su rica saliva y me metía dos de sus dedos.

    Para hacer la estimulación anal mucho más rica y placentera con su mano que le quedaba libre me empezó a acariciar la vagina rápidamente que ya estaba muy húmeda.

    Todo esto era tan delicioso, yo quería mucho más, ya deseaba esa verga dentro mío, empecé a mover el culo provocativamente y cuanto menos lo espere sentí algo duro y grande ingresando en mi trasero, al instante supe que ya estaba siendo penetrada.

    Esas embestidas tan salvajes que estaba recibiendo en vez de calmar mi fuego interior lo que hicieron fue aumentarlo, moví el culo más rápidamente hasta empece a dar unos saltos y el señor me embistió con una verdadera rudeza que me ha encantado.

    La respiración de ambos estaba agitada por lo fuerte que estaba siendo el sexo, sin embargo no queríamos detenernos porque estábamos ardiendo en llamas.

    Finalmente él agarró fuertemente mis tetas y ahí fue cuando cambiamos de posición.

    Él siguió sentado, pero abrió más las piernas y yo con un solo salto me clave toda su verga en mi vagina.

    El señor me tomo de la cintura hundiendo sus dedos en mi piel y empezamos con nuestros movimientos para seguir disfrutando del rico sexo.

    Sentía su verga palpitando dentro de mi concha mientras me movía de arriba a abajo, supe que estaba por eyacular nuevamente y yo quería una buena dosis de semen en mi vagina.

    Me volvió a tomar los senos, saco su lengua y me empezó a chupar los pezones mientras que me hundía más al fondo su pija para que yo la sintiera, me daba la sensación que quería llegar hasta mi útero por lo profundo de esas embestidas, luego de unos minutos sentí una buena cantidad de leche en la concha y supe que había terminado.

    Permanecí unos cuantos minutos sentada arriba del taxista porque nos volvimos a besar.

    -El viaje para ti será totalmente gratis- me dijo y me volvió a besar el cuello.

  • Mi esposa aprovechó mi ausencia

    Mi esposa aprovechó mi ausencia

    Esto que les platicaré, es un testimonio, no es una fantasía ni narración inventada. Esto realmente sucedió.

    Hace algunos años tuve que salir de la ciudad por cuestiones de capacitación y mi familia se quedó en casa. Mi esposa y yo habíamos ya hemos experimentado el cuckold, así que tenemos mi esposa mucha confianza y comunicación así que no tenía nada que cuidar al respecto.

    Meses antes habíamos tenido una reunión con los amigos de la adolescencia y nos la pasamos bien, recodando anécdotas, y mi esposa estuvo platicando mucho con uno de ellos se la pasaron la mayor parte de la reunión juntos platicando y mi esposa no es coqueta, pero le estaba dando entrada a este amigo, pero ahí quedo todo.

    Después me entere que hicieron un grupo y mi esposa me confeso que se mensajeaba con este amigo, y las conversaciones subieron de tono al grado que ya hablaban de sexo, y después de como sería pasar mi esposa y mi amigo una noche a solas y posteriormente le mandaba fotos de su paquete, vaya paquete debo reconocer.

    Cuando teníamos sexo mi esposa se ponía a mil cuando le recodaba a este amigo y tenía unos orgasmos bastante intensos, pero de ahí no paso.

    Regreso cuando estaba fuera de la ciudad, solo vine a visitar a la familia un par de ocasiones y estaba de lleno metido en mi capacitación, y mi esposa me cuenta que me sintió distante, y este amigo aprovecho para invitarla a un motel y mi esposa aceptó.

    A mi regreso a los meses me contó todo, porque yo la sentí diferente, hasta en su vagina y ella no le gusta el sexo anal y a mi regreso me lo dio, fue raro, así que en la intimidad me conto todo, me dijo que si le dio las nalgas a este amigo en un par de ocasiones, me cuenta que se quedaron de ver, pasó por ella en su camioneta y se fueron directos al motel, y esta es su anécdota con sus propias palabras:

    Llegamos al motel, entramos y nos besamos, en eso yo me baje a abrirle la bragueta y sacarle su pene para verlo y chuparlo, no me cabía en la boca era muy grande, unos 21 cm y grueso, pero delicioso.

    Después de un rato de sexo oral me pues de pie y nos seguimos besando y nos quitamos la ropa mutuamente; ya desnudos nos acostamos en la cama y él recorrió mi cuerpo besándome, besando mi cuello, chupando mis senos recorriendo mi cuerpo hasta llegar a mi vagina, ahí me hizo sexo oral tan rico, que podía sentir su lengua dentro de mi vagina, lamiendo mi clítoris, y haciéndome venir dentro de su boca mezclando mis fluidos con su saliva, después le pedí que se subiera en mí y me agarro me volteo para que me pusiera a gatas y me la metió con fuerza y me empezó a dar nalgadas fuertes, yo sentía mucho placer y casi lo sentía hasta la garganta, posteriormente se salió de mi vagina para introducirla por mi ano, sentí como me abrió tanto que dolió y le dije que con cuidado, que fuera entrando poco a poco y así lo hizo.

    Ya estando dentro de mi ano me dio despacio y subiendo la intensidad, mientras seguía dándome nalgadas; sí me dolía, ya no sé cuánto tiempo pasó hasta que lo saqué, me hinqué frente a él y lo bese en la boca y después lo acosté y me subí arriba de él y empecé a jinetear a mi antojo y ritmo, sentía mucho placer porque entraba a lo máximo que podía, hasta donde nadie había alcanzado dentro de mi vagina, que no sé cuántas veces me vine arriba de él y eyaculé varías veces, porque él estaba mojado en si vientre y sus bolas.

    Ya agotada lo saqué y me acosté y me abrió de piernas y me empezó a dar, dentro de mi suplicaba que ya terminara porque estaba exhausta de tanto placer, me agarro de los tobillos y otra vez me empezó a dar, hasta que por fin sentí su semen dentro de mi, por lo que termine muy cansada y con mi ano adolorido de tanto que lo abrió.

    Excitante verdad, pues ya se imaginaran, me puse a mil cuando tuvimos sexo anal (muy rara vez lo tenemos) y pude darme cuenta que tenía una cicatriz que efectivamente se abrió más de lo normal, además que no estaba tan apretado como solía estar.

    Me cuenta que ha sido la mejor experiencia sexual que ha tenido, pues como les dije hemos practicado el cuccold y ha tenido otros 3 amantes, pero que este fue el mejor. Ya habrá tiempo de contarles otras anécdotas.

    Estaré pendiente de sus comentarios.