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  • Mi cuñada me mete a su cuarto a darme un placer inolvidable

    Mi cuñada me mete a su cuarto a darme un placer inolvidable

    Buenas, soy Adam, tengo actualmente 30 años, sin embargo lo que les contaré sucedió cuando yo tenía 25, aunque siento que hubiese sido ayer mismo. Mi novia con la cual llevábamos 3 años, comparte el departamento con su hermana, una chica de 19 años, piernuda, piel color blanca y cabello castaño, un culo paradito y bastante rico para su edad, pero al ser mi cuñada, permanecí un tiempo evitando ciertas situaciones las cuales inevitablemente terminaron pasando.

    Los fines de semana yo solía ir a quedarme al departamento de mi novia, duermen en cuartos separados, pero se lograba escuchar muy bien cualquier ruido por la madrugada si este era lo suficientemente fuerte, mi cuñada siempre me ha parecido muy atractiva sexualmente, pero solo se quedaba como una fantasía en mi mente.

    Algunas noches cuando cogíamos con mi novia se me empezó a pasar la idea de meter más ruido con el afán de que mi cuñada pudiera llegar a oírnos, a propósito intentaba gemir más fuerte o hacer que mi novia tuviera un orgasmo más intenso solo para luego vernos las caras al otro día los tres y morbosearme un poco con esta situación.

    Una madrugada que me quedé en casa de mi novia no podía dormirme, intenté convencerla de que tuviéramos sexo pero ese día estaba muy cansada, me dijo que lo dejáramos para la mañana antes de irnos al trabajo y se volvió a dormir, yo un tanto caliente decidí mirar porno un rato en el celular y luego irme a buscar algún vaso de agua a la cocina, en lo que noto que mi cuñada está tumbada en el sofá, con un pijama de bata corta verde, mirando la televisión.

    Mi primera impresión fue mirarle esas sabrosas piernas para posteriormente sentarme en el sofá de al lado. Conversamos un rato de cómo estuvo su día y que mañana debía salir temprano así que estaba próxima a irse a dormir, con lo cual yo le digo que adelante, que no hay problema, pero ella al momento de pararse, se acerca a mí y abruptamente me da un beso en la cara que a la vez logra rozar mis labios y al estar un tanto agachada logro verle todas sus tetas colgando de frente, lo que provocó inmediatamente una erección en mí.

    Quedé un poco congelado y caliente con el hecho y ella simplemente sonrió y se fue a su habitación. En ese momento mi cabeza ya estaba deseando ese cuerpo, el de mi cuñada, no entendía bien por qué hizo aquello pero me gustaba, me daba una sensación de adrenalina pura. Me pare del sofá, mire a mi novia, dormía plácidamente en la cama así que se me ocurrió ir muy sigilosamente a la puerta del cuarto de mi cuñada.

    Al llegar afuera de su cuarto, noto que su puerta está junta, intento mirar por entre medio y para mi sorpresa está solo en tangas, puedo ver sus tetas al descubierto, un culo delicioso y paradito, muy rico a la vista, noto que saca algo de su mueble de ropa y veo que es un dildo, ella se acuesta en la cama y comienza a acariciarse su cuerpo mientras su dildo lo lleva a la boca para ponerle saliva e intentar meterlo en su conchita.

    Mientras yo observaba todo ese deleite mis manos se fueron a mi verga y comencé a tocarme, mi respiración se aceleraba y gozaba todo lo que podía mirar y oír, eran sus gemidos de placer de cómo se metía su juguetito.

    De pronto ella por alguna razón mira hacia a la puerta y al notar que su puerta no estaba del todo cerrada se levanta abruptamente lo que no me da tiempo de irme porque mis pasos se iban a oír, ella abrió su puerta y me vio parado, con mi verga muy dura y mi cara totalmente caliente.

    Ella me miró unos segundos un tanto inquieta pero rápidamente sonrió, le dije que me disculpara pero que no pude evitar mirarla por lo que había sucedido en la sala. Sin embargo con su mano se cubría ambas tetas, pero podía disfrutar toda su escultura de pie y en un rico tangas violeta de mallas.

    Ella se me vuelve a acercar, sus labios rozan esta vez mi oído derecho, y me susurra preguntándome si su hermana, o sea mi novia, está dormida, a lo cual yo le digo que sí, que por eso yo me había levantado de la cama, ella me mira, sus ojos se van hacia mi verga, se muerde sus labios y comienza con una mano a masturbarme muy rico, al tiempo que con su otra mano se empieza a tocar una teta dejándomelas al descubierto.

    El morbo de tener a mi cuñada de pie masturbándome hizo que mis manos se fueran hacia sus ricos pezones, marroncitos por cierto, y comenzamos a besarnos con lengua. Debo admitir que besaba muy rico, esa lengua sabía moverse.

    Ella me hizo pasar a su cuarto, me confesó lo rico que es oírme cuando estoy cogiendo con su hermana, que eso logra llevarla al orgasmo cuando nos escucha, lo cual era de mis mayores fantasías, rápido me tumbe en su cama y me quite la camisa de dormir, quedándome solo en bóxers negros, ella comenzó a acariciar mi verga con sus manos, a tocarme de arriba hacia abajo, con sus delicadas manos para posteriormente mirarme, acercarse con su boca hacia toda la cabeza de mi verga y empezar a chupármela de una exquisita manera.

    Su lengua me hace revolcar de placer, escuchar como me lo escupe y se lo vuelve a meter dentro de su boca, para dar una pequeña arcada y sacárselo, me hace sentir mi corazón palpitar a mil, mientras ella tiene colgando sus tetas, se escupe entre medio de ellas y comienza a hacerme una rica paja con ellas, sonriéndome mientras le digo que deseaba mucho tenerlas en mi verga.

    Sus tetas son muy blandas, siento sus pezones que me rozan la cabeza de mi verga y cómo ella comienza a suspirar de la calentura. Luego mi cuñada se acerca hacia a mi boca, se me tumba encima y nos besamos morbosamente con lenguas, compartiendo los fluidos que mi verga llegó a botar mientras me la chupaba, al tiempo que le agarro sus nalgas, se las aprieto y suspira en mi cara cerrando sus ojos y ruborizando sus pómulos, verle su carita caliente me prende muchísimo, pero soy consciente que no tenemos mucho tiempo para coger.

    Le pido que me ponga sus tetas en mi cara, una auténtica delicia como se las voy lamiendo, mi lengua dándole vueltas en círculo en sus pezones paraditos y marroncitos, ella me pide que se los muerda, gime de placer y me aprieta mi cara en ellos.

    Mi cuñada se me acerca al oído y me susurra que quiere sentirme dentro de ella, así que le pido que se ponga en la cama en cuatro, como a mí me gusta coger, ella me dice que lo sabe, me confiesa en ese momento que nos ha visto a mí y a su hermana viéndonos coger en cuatro, que con eso se ha llegado a masturbar, lo cual provoca mucho morbo dentro de mí.

    Ella queda con su rico culo empinado, yo voy como un desesperado a estrujarme en esas ricas nalgas, sentir sus cachetes en mi cara me ponen como un loco y besarlas me hacen suspirar fuertemente de placer.

    Le abro sus nalgas y le como todo su ano, sintiendo su rico sabor a su culito, pasándole mi lengua e intentando meterla dentro, sintiendo también su delicioso aroma a su culito mientras mis manos mueven y aprietan sus nalgas.

    En ese instante mi cuñada me dice que sé usar mi lengua y me pregunta si así es como le chupo el culo a su hermana, a lo que le respondo que sí, me dice que le calienta mucho que le haga lo mismo que a ella y continúo bajando con mi boca para besarle su rica conchita mojada y llena de sus fluidos, un sabor único y exquisito que va botando a medida que se va calentando, su clítoris palpita en mi boca al tiempo que yo sigo tocándome con mi otra mano.

    Rápido la agarro de la cintura, me pongo detrás de ella y mi verga entra totalmente en su vagina, estar dentro de mi cuñada me da mucha excitación, ella se tira hacia atrás, comenzamos a escuchar cómo chocan sus nalgas en mis caderas, me pide que haga más ruido para que suene rico, yo le agarro del cabello al tiempo que le toco su clítoris con mi mano, me mira hacia atrás y me dice que le meta un dedito en el culo, me escupo mis dedos y le empiezo a meter uno dentro de su rico ano.

    Ella haciendo un movimiento muy salvaje me dice que le resulta muy morboso que su hermana pudiera llegar a oírnos, pero que sabe el peligro que significa ello y a lo que ambos nos exponemos, pero la calentura en ese momento nos ganó y ella empieza a gemir cada vez más duro, mis caderas al ritmo del choque con sus nalgas suenan cada vez más fuertes.

    Con mi mente morboseada le digo que nos pongamos de pie para penetrarla en la pared, justo la que da al cuarto de mi novia, así que ella se para, se pone en la pared de espaldas y me pongo detrás, sintiendo todo su cuerpo pegado al mío, pero esta vez le pido que abra sus nalgas con sus manos y una vez que lo hace, me tiro un escupo en mi verga y comienzo a penetrarla por su rico culo, me doy cuenta que pone una rica cara de dolor y placer y sus gemidos vuelven a aumentar de intensidad, le pregunto que si le gustaría que nos estuviera oyendo su hermana a lo que me responde que eso le genera mucho placer.

    En mi mente comenzó a rondar la idea de ir a ver si mi novia estaba realmente dormida así que le dije a mi cuñada que paráramos un momento, que iba a ir a ver a su hermana si dormía, saqué mi verga lentamente de su ano y fui a la otra pieza, a lo que ella me siguió detrás, ella seguía únicamente en tanga y nada más, yo estaba solamente en bóxers, la puerta de mi novia estaba abierta así que me acerqué un poco y escuchaba que seguía durmiendo.

    De pronto mi cuñada ahí mismo me agarró la verga y me susurró al oído que quería chupármela frente a su hermana, me dio mucho morbo que me dijera eso y provocó que me gustara mucho la idea. A pocos metros de mi novia, mi cuñada se puso de rodillas a chupármela, esta vez disimulando un poco el ruido de su boca pero sintiendo un placer que me tensa todo el cuerpo viéndole su carita tragándose toda mi verga y a la vez mirar a mi novia como duerme.

    En ese momento mi cuñada me susurra que quiere que le acabe en su boca, yo empiezo a moverme vigorosamente hacia adelante y atrás agarrando su cabeza, le pido que me meta un dedito en mi culo y lo hace sin más, dándome mucho más placer, sintiendo que voy a estallar de calentura, de pronto ella saca su dedito de mi culo y se lo mete a su boca saboreándose y pajeandome rápido y pidiéndome leche.

    Mi verga palpitaba de goce con todo lo que estábamos haciendo, le dije que abriera su boca y sentía que ya no aguantaba las ganas, una sensación explosiva llegó a mis huevos para luego irse a toda mi verga, mi leche salió a chorros fuertes, podía ver cómo le iba cayendo en su cara, en su cabello y lo demás se lo iba haciendo caer en su boca y lengua.

    Mi cuñada con su otra mano se estaba tocando muy rápido su clítoris, de pronto note que sus ojos se apretaron, empezó a gemir suavemente, se tragó mi verga y comenzó a tener un rico orgasmo, escuchando su respiración agitada y tragándose mi leche calentita de una forma intensa y deliciosa frente a mi novia dormida.

    Una vez que ella se corrió, se puso sigilosamente de pie, miró a mi novia, se dio cuenta que dormía y nos dimos un rico beso de lenguas, sintiendo el sabor de mi leche a través de su boca y diciéndome lo rico que estuvo, que era una de las tantas fantasías que tenía conmigo y que le fascinaba escucharnos coger con su hermana, me pidió que siguiera siendo ruidoso cuando lo hiciera con ella, nos despedimos y ella se fue al baño y yo volví a su cuarto a buscar mi camisa e irme a la cama a dormir.

    Me acosté al lado de mi novia y ella parecía haber despertado en ese momento, me mencionó que no me moviera mucho y que me durmiera rápido, mientras yo tenía una explosión de placer y éxtasis recordando cómo me disfruté todo el cuerpo de mi cuñada.

    A la mañana siguiente nos levantamos y desayunamos juntos, parecía que mi novia no se había dado cuenta de nada, con mi cuñada supimos disimular y actuar como si nada pasara, nos arreglamos todos para irnos al trabajo, poco antes de salir, me tope a mi cuñada en el baño, se me acercó me pasó su tangas violeta de la noche anterior y me dijo que lo guardara y oliera durante el día para irme calentando, para que la próxima vez volviéramos a coger lo cual produjo en mí una rica sensación de placer olerlos y meterlos en mi bolsillo y así fue cómo volvimos a tener sexo con ella, pero lo que ocurrió esa vez me dejó pasmado de placer que se los contaré en otra ocasión.

  • Mi cita con la profesora (3)

    Mi cita con la profesora (3)

    Mi nombre es Luna y tengo 21 años. No soy muy alta (155 cm), pero soy delgada. Mi piel es blanca, y mis ojos y mi pelo son de color castaño. Quiero contarte una anécdota que me pasó hace poco y que les narré a mis amigas. Es una historia divertida y curiosa.

    Cómo estaba contando en la parte 2. Entramos al departamento de Sofía. Era bastante cómodo para ser un departamento de soltero. Tenía una sala pequeña con un sillón grande y una televisión pequeña. Estaba lleno de plantas de todo tamaño y color. En las paredes tenía decoraciones psicodélicas con estatuas budistas por todos lados. Al entrar sentí un fuerte aroma a incienso y una pizca de marihuana. El ambiente era de un departamento hippie, lo cual, me sorprendió bastante. Siempre tuve la imagen de una profesora exigente.

    Ella me hizo sentarme en el gran sillón de cuero. Mientras yo me sentaba ella me dijo que debía irse a cambiar de ropa por qué le incomodaba bastante su vestimenta. Yo estaba bastante nerviosa para ese punto y no me importó. Mientras esperaba no paraba de admiraba el lugar. Me encantaba el estilo de su vivienda y más por qué tengo una debilidad por las personas bohemias y hippies.

    De pronto sale una hermosa mujer del cuarto. Sofía salió con una camiseta blanca holgada con un estampado de Star Wars y un pantalón oversize. Su cabello estaba suelto y llevaba unos lentes que le quedaban espectacular. Yo la admiraba de arriba hacia abajo y ella solo soltó una sonrisa pícara.

    Sofía agarró su iPod y lo conectó al parlante. Parecía bastante indecisa para encontrar una canción, casi podría decir que se veía muy nerviosa.

    Sofía finalmente encontró una canción que le gustaba. Puso un Jazz bastante sensual y acorde a la situación. Era una melodía suave y relajante, con una voz femenina que cantaba en inglés. Sofía me preguntó si quería algo para tomar. Yo intenté ser educada y le dije que no quería nada. Ella solo me miró, soltó una pequeña sonrisa pícara y se fue directo a la cocina. Cuando meno lo esperaba ella regresó con dos copas y una botella de vino. Yo no tenía la más mínima intención de tomar alcohol, eran literalmente las 5 de la tarde.

    Estuvimos hablando muchas cosas, recordando algunas otras y riéndonos de todas. Me sentía muy cómoda y el nerviosismo quedó atrás. Recuerdo que yo me había tomado 2 copas de vino. Estaba algo borracha, yo me mareó fácilmente. Y cuando menos lo esperaba ya eran las 6:30 de la tarde. El tiempo, literalmente, voló entre copas y copas. El hermoso atardecer se veía por la ventana del departamento.

    Ella se acercó a mí y me tomó de la mano. Me miró a los ojos y me dijo:

    -Luna, quiero decirte algo. Sé que esto puede sonar extraño, pero desde que te vi en mi clase sentí algo especial por ti. Me pareces una chica muy inteligente, simpática y hermosa. No sé si tú sientes lo mismo por mí, pero me gustaría saberlo.

    Yo me quedé sin palabras. No podía creer lo que estaba escuchando. Sofía era mi profesora, y yo era su alumna. Eso era algo prohibido y peligroso. Pero al mismo tiempo, sentía una atracción irresistible por ella, algo excitante. Su personalidad, su estilo, su belleza… todo me fascinaba. Y ahora ella me estaba confesando sus sentimientos.

    -Sofía… yo… no sé qué decir… – balbuceé.

    Ella sonrió y acarició mi mejilla.

    -No tienes que decir nada, Luna. Solo déjate llevar por lo que sientes. Yo no quiero presionarte ni hacerte daño. Solo quiero compartir contigo un momento especial.

    Y sin esperar más, se inclinó hacia mí y me besó suavemente en los labios.

    Yo sentí un cosquilleo en todo el cuerpo. Su beso era dulce y cálido, como el de un ángel. Me abracé a ella y le correspondí el beso con pasión.

    Nos besamos durante varios minutos, sin importarnos nada más. Solo éramos nosotras dos, en un mundo de fantasía. Comencé a sentir su mano posándose sobre mi pecho. Ella apretaba con su mano, lo movía de lado a lado. Yo No llevaba sostén, lo único que separaba su mano de mis pechos era el croptop.

    Yo para ese momento me encontraba muy excitada, me encontraba muy mojada. La calentura se notaba en mi rostro combinada con la embriaguez. Sofía me comenzó a besar por el cuello y luego por el hombro. Yo estaba que explotaba de excitación, mis respiraciones eran cada vez más profundas y de vez en cuando soltaba un pequeño gemido. Ella notó eso y con un tono de autoridad respondió.

    -Amor vamos a quitarte esto

    Agarró mi croptop por debajo, yo levanté mis brazos (intentando predecir lo que estaba por hacer) y me lo quito con un movimiento suave. Quedando mis pechos a su disposición. Ella se quedó un segundo admirando mis pechos desnudos y cómo si fuera un bebé en busca de leche de abalanzó sobre mis pezones. Con una mano masajeaba uno y con la boca chupaba el otro. Me encantaba sentir su lengua caliente sobre mis pezones. Ella se detuvo por un momento y se fue directo a mi rostro. Nos fundimos en un beso salvaje y apasionado, como si fuéramos dos amantes que no se habían visto en años. Mientras eso pasaba, sus manos tocaban todo mi pecho desnudo y yo hacía lo mismo tocando sus pechos sobre su camisa blanca. Estuvimos así de cariñosas por unos 5 minutos. Ella me miró y me dijo al oído:

    -levántate amor quiero verte

    Yo sin palabras en mi boca procedí a hacerle caso como si aún fuera mi profesora. Sofía se quedó sentada en el sillón y yo me paré en frente de ella. Ella desabotonó mi pantalón Jean, yo ayudé quitándome los zapatos y las medias. Al final yo quedé solamente protegida por una pequeña tanga blanca (hilo dental).

    Sofía se tomó un tiempo para apreciar mi cuerpo. Puso sus manos en mi abdomen, luego las subió a mis pechos. Con sus dos manos apretó mis pechos. Luego movió sus manos a mis caderas y por detrás agarró mis nalgas. Yo sólo acerté a dar un pequeño gemido de excitación.

    De pronto, se levantó del sillón, me miró fijamente y me dijo:

    -Vamos a mi cuarto ahí estaremos más cómodas

    Ella me agarró de la mano y me llevó su cuarto. Para ese momento yo estaba únicamente con una tanga, toda mi ropa quedó desparramada por el sillón. Por el contrario, Sofía estaba completamente vestida. Yo me sentía cómo su juguete, como si tuviera un examen que aprobar.

    Si les gusto pueden seguirme en Instagram para saber cuando subo el siguiente capítulo.

  • Mi primera vez en un trío

    Mi primera vez en un trío

    Esta es la historia de cuando hicimos un trio, tú, tu novio y yo.

    Aquella tarde llovía muy fuerte y nos quedamos los tres solos en tu casa, ya habíamos tenido otros encuentros pero por separado, ahora se presentó la ocasión y no la íbamos a desaprovechar, nos quitamos la ropa y encendimos la televisión y subiste el volumen para que no escucharan los vecinos.

    Nos sentamos en el sillón y mientras tu novio tocaba tus bubis tú y yo nos dábamos unos besos muy apasionados, con mi mano busque tu panocha y al sentirla abriste las piernas para que mi dedo buscará tu clítoris y comencé a frotarlo suavemente mientras se mojaba tu panochita, tu novio se comía tus shishes y te mordía los pezones lo que te provocaba gemidos de dolor y de placer.

    Una vez que estuvo lubricada tu panocha metí mi dedo un poco y lo movía por dentro haciendo que voltearas los ojos me levanté y me coloque mi cabeza entre tus piernas y te daba unas chupaditas en tus labios vaginales mientras mi dedo se movía dentro, mi lengua jugaba con tu panocha mientras tú novio acerco su verga a tu cara y tú se la chupabas como desesperada la lamias, chupabas y acariciabas sus huevos mientras el con las manos tocaba tus bubis y pellizcaba tus pezones haciendo que se te pusieran muy duros …

    Luego de un rato así te provocamos un orgasmo tan fuerte que gritaste de placer mientras sujetabas con fuerza la verga de tu novio que también grito de placer.

    Ya estando tan excitado te puso en cuatro y te penetró la panocha, mientras me puse frente a ti para que chuparas mi verga que estaba bien erecta y en cada envestida de tu novio tu metías toda mi verga en tu boca eso me parecía muy excitante, ahí estuvimos un rato hasta que tú novio por la excitación sentía que se venía te la saco de la panocha y tú te sentaste y agarraste nuestras vergas con la mano llevándolas a tu boca y chupándolas al mismo tiempo hasta hacernos venir en tu boca, en tu cara y escurrían hasta tus bubis, las frotabas y embarrabas nuestros mecos en ellas.

    Nos bañamos y nos fuimos a la cama ya era de madrugada y hacía un poco de frío, está vez tu novio me pidió que los grabará mientras lo hacían, yo acepte con gusto y el me dio su teléfono, lo puse a grabar y el inmediatamente se apoderó de tus labios mientras sus manos recorrían tu espalda y tus nalgas, apretándolas mientras sus labios se prendían de los tuyos, bajo un poco para chupar tus bubis, tú le ayudabas sujetando tus tetas y ofreciéndole para que pudiera chuparlas al mismo tiempo, él se puso sobre ti y tu con tu mano agarraste su pene y te lo metiste en la panocha y comenzó el mete y saca mientras te seguía chupando las bubis.

    Yo grababa todo, su boca en tus bubis y recorría la escena hasta atrás y pude grabar como su pito entraba y salía de tu panocha que ya escurría de lo excitada que estabas, después de un rato él se salió de ti y se recostó a tu lado tu inmediatamente te subiste en él y te movías muy rápido de atrás a delante y arriba y abajo, yo grababa como te entraba la verga y como brindaban tus tetas mientras me masturbaba ya estaba yo también muy caliente y tú novio te jalo hacia el dejando tu culito expuesto y me invitó a darte por atrás.

    Yo sé que no te gusta así que te pedí permiso y tú dijiste que si cuando con una mano abriste tus nalgas, yo me puse detrás de ti y puse un poco de lubricante y coloque mi verga en tu culito sin dejar de grabar y empuje un poco y dentro la cabecita despacio mientras tú gemías, empuje un poco más y sin pensarlo ya estaba toda adentro, tu gemías y jalando aire por la boca nos decías así deme como una puta, quiero sentirlos a los dos deme duro mientras te movías, yo dejé de grabar y tome tu pelo y lo jalaba mientras te daba nalgadas fuerte más fuerte me decías y yo obedecía hasta que casi al mismo tiempo te llenamos de leche el culo y la panocha explotando en ese momento en un rico orgasmo, jalando aire y diciendo groserías mientras te convulsionabas aún con las dos vergas adentro.

    Nos separamos y nos limpiamos un poco encendimos unos cigarrillos y nos quedamos fumando y viendo el techo recordando todas las sensaciones que acabamos de sentir, después de un rato nos dormimos.

    Así termina esta historia de sexo y descontrol vivida una noche de lluvia que jamás olvidaremos…

  • Los casos de Amanda: La puta del hombre-lobo

    Los casos de Amanda: La puta del hombre-lobo

    Idaho en el norte de los Estados Unidos, es un lugar de grandes bosques que se expanden más allá de lo que abarca la vista. Mares de ellos inundan las zonas montañosas. Incluso a pesar de la fuerte tala y la caza, se pueden encontrar auténticos paraísos vírgenes. Aunque al estar tan al norte sufre largos inviernos fríos. Aunque en algunos sitios se utilizan esas fuertes nevadas como reclamo ideal para hacer la escapada de esquí junto al resto de amigos. Y con la llegada del calor, hay muchos pueblos con encanto para pasar un verano fresco y sin ser arrastrado por el gentío… Pero no está fuera de tener peligros.

    Muchas veces, la gente ignora el peligro de estos lugares tan cerca de lo salvaje. Ni siquiera la tecnología que tenemos puede a veces librarte de perderte en los bosques amplios que cubren cada fragmento del cielo con su follaje, de una mala avalancha o incluso de un ataque de un animal.

    Hay lugares del estado que todavía siguen estas incivilizadas normas, normas que no son humanas… Y por supuesto, hay cosas que pululan que no son naturales en las partes más profundas del bosque alejados de ojos curiosos. Puede que creamos que la humanidad ha domado a la Tierra, pero los incautos pueden acabar con un destino funesto si se meten donde no deben. Y no estamos ni mucho menos por encima en la cadena alimenticia, por lo que la arrogancia puede salir cara.

    Wallace es un pueblo con una gran historia como ciudad minera, y todavía siguen en funcionamiento varias de sus minas. Además su centro histórico es hermoso y se mantiene intactos varios de los edificios importantes de épocas pasadas. Un pueblo que parece haber quedado encapsulado en el tiempo, un pueblo que no sabe que a no mucha distancia está ocurriendo el horror.

    A tan solo siete kilómetros del tranquilo Wallace. Podemos encontrar una pequeña cueva. El ambiente en ella se mantiene fresco a pesar del verano, aunque en Idaho nunca llegan a ser verdaderamente cálidos. El bosque oculta su entrada, apenas iluminada por los rayos de luz que atraviesan el fuerte follaje.

    Alguna gota formada por la humedad cae de las estalagmitas que hay en el techo, y el suelo está lleno de hongos de colores apagados. No es una gran cueva, ningún experto la encontraría interesante, no hay mucha profundidad y tampoco formaciones minerales curiosas. Junto con el olor a fango del suelo, se encuentra el olor a animal, el del sudor del ejercicio extremo… Y el punzante olor a sexo. Ya que en este momento se está produciendo una escena de intensa depravación…

    Los gemidos y gritos femeninos reverberan en la cueva, acompañadas de gruñidos y gemidos masculinos como contestación. Todos de tendencia sexual, ya que seis parejas están teniendo sexo… Aunque no precisamente consentido, las mujeres gritan por piedad, suplican que paren de una vez o cuando han perdido toda esperanza, por ayuda de sus padres y madres entre sollozos.

    Algunas habían pasado allí un par de días, son las que muestran signos de haber perdido ligeramente la cabeza. Cinco de ellas están en un rincón apoyadas en la pared, agotadas, murmurando y con la mirada perdida, mientras que de sus coños sale el semen que les ha sido depositado.

    Todas las mujeres tienen sus ropas rasgadas, mostrando partes de su cuerpo desnudo a través de su única protección contra el frío. Eso si todas tienen la parte más cercana a la entrepierna rasgada, dejando su sexo y culo a la merced de quien las está penetrando. Sus violadores las follan sin miramientos montando sobre ellas a cuatro patas como si fueran animales. A veces agarrándolas del pelo o mordiéndolas con violencia, lo que hace que algunos gritos sean de dolor.

    Y tal como están no distan mucho de ser unas bestias, algunos todavía tienen fragmentos de su ropa cayendo como colgajos, su piel en algunos lugares muestras moratones que van a peor o fuertes arañazos (algunos de las uñas de ellas en un intento que paren de joderlas de esa forma brutal) o de pasar por el bosque sin apenas protección. Sus ojos están inyectados en sangre y sus pupilas demasiado abiertas (no solo por la oscuridad), además de sus bocas salen espumarajos que caen sobre las espaldas de ellas.

    En realidad todos comparten los mismos síntomas que la rabia, pero en vez de quedar más débiles, parecen todo lo contrario por como follan a sus victimas… Aunque varios de ellos ya hayan caído desvanecidos en su momento, para luego terminar muertos, convirtiendose en parte de la fuente alimentaria del resto de salvajes. Lo único bueno, es que gracias a ello han dejando por ahora vivas a sus «parejas».

    En la semi-oscuridad de la cueva destaca especialmente una de las parejas. Ella de piel blanca como la leche, con un pelo del mismo color, ahora pegado contra su cuerpo ligeramente por el sudor. Unas pechos grandes pero bien formados, junto a un cuerpo trabajado en el gimnasio, pero sin estar anquilosado por músculos excesivos. Sin duda entrenado para la acción… Pero que gracias a ello está soportando mejor el «castigo».

    Se mantiene de pie a pesar de lo salvaje que está siendo la follada de quien la fuerza. Apoyada en la pared, se agarra a las rocas, haciéndose ligeras heridas en las manos al crisparse por el castigo en su coño, que adornado solamente con una sutil muestra de cabello blanco, está muy mojado, aceptando la polla que la llena sin ningún miramiento. Está mordiendo sus labios para no gemir y cierra los ojos avergonzada de haber sido pillada así. Pero cuando nota que de nuevo se corre dentro de ella, gime y se retuerce, la sensación provoca que ella misma tenga un fuerte orgasmo. Y reza por no quedar embarazada por ese animal.

    Su violador de apariencia humanoide que le saca más de una cabeza, se agarra a ella mientras lame su cuello con su larga lengua. Su color de piel bronceada evidencia muchas cicatrices de antiguas peleas, la mayoría de mordiscos y garras. A pesar de ser bastante desgarbado, con piernas y brazos demasiado largos, si muestra una fuerte musculatura, por lo que la somete sin dificultad. Algo que evidencia al no dejar escapar a la albina, incluso tras descargar dentro de ella.

    Lo que le hace completamente inhumano son los mechones de pelo que crecen al azar en su cuerpo, como si fueran rastros de pelaje que no han sido completamente cortados. Pero es su cabeza lo que no deja lugar a dudas. Sus ojos de un azul profundo, están inquietantemente fijos observando a la cazadora humillada desde un rostro lobuno, completamente cubierto de pelo y cuyas orejas largas se mueven satisfechas por los sonidos que provienen a su alrededor. Especialmente de los gemidos que lanza de vez en cuando la albina.

    A su alrededor sigue la orgía, sin cesar. Pero el «lobo» solo atiende a su hembra humillada. La aparta de la pared y llevándola en volandas como si fuera un pelele con su polla introducida todavía en su sexo, para situarse en el centro de la sala. Indicando su posición dominante gruñe al resto de machos, lo que deja un momento de libertad para que Amanda, que así se llama la albina, intente arrastrarse lejos de allí.

    La polla de su violador sale de su coño por un momento, haciendo que un rastro de semen le siga en su pequeña huida, que hace de rodillas por lo cansada que está. Lo único que provoca es que el «lobo» encuentre a la albina en una posición ideal para penetrarla por detrás, junto a la visión de su culo blanco y bien redondeado, lo único que provoca es que vuelva a empalmarse. Convirtiéndola en un objetivo más suculento.

    Como si fuera un perro avanza a cuatro patas, pero a la velocidad quien está acostumbrado a moverse de esa forma, pronto está encima de ella de nuevo y su polla busca por instinto el coño mojada de Amanda, una investigadora y cazadora de monstruos practicamente salida del cascarón. Al notarla cerca de ella, instintivamente detiene su huida y sube un poco el culo, aceptándolo de nuevo, prefiere eso a que la someta con otro mordisco. Al poco está ella con la boca abierta gimiendo, mientras la penetra sin descanso. Ella intenta no mirar al resto de mujeres, aunque en realidad todas desvían la mirada, excepto una mujer rubia con coletas, y un peto roto, que le sonríe malignamente y le lanza un beso, mientras uno de esos hombres la monta, es la única que no se queja y parece gozarlo. Es más, en su cara brilla un auténtico éxtasis sexual y de felicidad…

    En tanto andando entre las parejas de «amantes» hay un hombre maduro de barba amplia y mirada fiera, pero que ahora tenía una sonrisa perversa disfrutando del espectáculo. El único por completo vestido, que lleva una gabardina rodeada de símbolos tallados, los cuales brillan con fuerza. Mientras pasea graba todo con una cámara de vídeo, enfocando la cara de desesperación de las victimas o encuadra el sexo brutal .

    Cuando pasa frente a ella se queda un rato grabándola, especialmente a su rostro. La cara de Amanda enrojece levemente por el enfado y desvía la mirada, odia con toda su alma a esa despreciable pareja de «houdinis». Aunque para que iba a mentirse, la culpa había sido de ella por confiarse…

    Una decada después, en una pequeña casa en los suburbios de una ciudad tranquila

    La puerta de la casa se abre sin apenas un chirrido dejando pasar a Amanda. La albina había tenido una semana bastante ajetreada comprobando diferentes protecciones mágicas y algunas asesorías que habían sido aburridas, En alguna había tenido que pellizcarse la pierna para no acabar estampándose contra la enésima mesa de juntas de puro tedio…

    A veces, recordaba los viejos tiempos donde era poco más que una jovencita con mucho conocimiento, mucha preparación y una inconsciencia terminal que solo la suerte del principiante puede paliar. Ahí había tenido que entrar en los casos que no quería nadie, en los pequeños trabajos (que luego inexplicablemente se complican) y en los barrios bajos, que era más posible que el monstruo que se ocultase en el interior del enésimo edificio abandonado estuviera más acojonado de los yonkies que pululaban por el lugar que de ella. Por experiencias como esa llevaba el revolver.

    Viejos tiempos que a veces había intentando olvidar a base de cerrar bares. Ahora se encuentra mucho mejor. Tiene una casa y practicamente está pagada. Sí, en un barrio anodino y olvidable, pero necesita esa sensación de «normalidad» que siempre perdía en su negocio. Un coche bastante decente, capacidad de comprarse caprichos y mantener a dos bocas… Y hablando de eso, desde hace unos meses una criada personal involuntaria.

    Cuando termino el caso del «Verano Eterno» y volvió a su hogar con la ladrona de los días, Princesa, temía en que se podía convertir. Hay otro tipos de hadas bastante más problemáticos que esos inquietantes seres. Tras dejarla a la pobre durante una media hora larga en el coche esperando a que configurará las protecciones para que no acabase rostizada (Amanda pensó en su momento en no ser tan paranoica, pero a partir del cuarto fantasma haciéndose una paja frente a su cara cuando se levantaba a media noche, decidió poner una barrera. Ahora dormía más tranquila y sin menos ectoplasma en la cara).

    Pues ella llevo al interior a la eufórica Princesa al interior de la casa y tras verla hubo el cambio… Un Boggart, o más bien una Boggart, se transformo en una hada hogareña adicta a arreglar cosas y a colocarlas, tras ver lo que entonces llamaba sus cúmulos de trastos ordenados. Ahora tenía una nariz más puntiaguda, unos coloretes en los carrillos más acentuados, unos ojos muy expresivos y tendencia a volverse invisible cuando Amanda la regañaba. Por lo demás mantenía esa apariencia rozando lo juvenil que tenía en el Verano Eterno. Solo que sus curvas son más pronunciadas y su cabello dorado llegaba a la media espalda.

    Las primeras semanas fueron una lucha por quien podía más si la agotada (y desorganizada) Amanda o la imparable (y adicta al orden) Princesa. Tras varias discusiones y largas reconciliaciones en la cama, en el sofá, en la ducha… Amanda pensó que quizá debería pensar más bien en donde no lo había hecho con ella. Tardaría menos.

    La cosa quedo con qué Princesa haría las cosas de la casa (eso si, sin agradecérselo, ya que es el peor insulto para un Boggart, y los regalos siempre por otras cosas que no fuera por el trabajo cometido) y tendría ordenado todo el lugar. Excepto el estudio de Amanda y el desván donde tenía el aparatoso círculo mágico y talismanes que protegían no solo a la casa, sino al barrio completo de cosas indeseables. A cambio dejaría de ser tanto una trabajo-adicta y tendría tiempo de calidad con Princesa… Respecto al sexo, Princesa suele tener la última palabra, porque es esa clase de per… De hada. Lo que no molesta precisamente a Amanda.

    La coexistencia ha sido placentera, y Princesa es comprensiva en cuanto a que vea a más gente. Con sacarla al cine, pasear por la ciudad o comprarle alguna cosita, la hada está más que feliz… Más el sexo. Amanda deja las llaves en el cestito de la entrada, deja la bolsa que lleva encima escondida en el zapatero, y se va quitando la ropa en una especie de rastro de dejadez para ir al servicio a asearse y luego dirigirse a la cocina.

    Otra cosa había quedado clara. La cocina le tocaba a ella. Princesa en realidad, no tenía hambre (aunque le apetecía imitar a los humanos) y sus conocimientos culinarios son un peligro para la integridad humana. Por lo que hoy toca pizza para calentar en el horno y listo. La hada se volvió visible al recoger con gusto la ropa de Amanda llevándola al cesto de la ropa sucio, canturreando. Mientras Amanda prepara la pizza y deja los cubiertos tanto para ella como para Princesa.

    Princesa ha terminado antes y observa el culo de Amanda solo cubierto por unas bragas de color negro de encaje y se acerca sigilosamente. Amanda pega un pequeño respingo cuando los dedos de Princesa empiezan a acariciar su coño a través de la tela. Amanda desde que está conviviendo con el hada ha conseguido controlarse un poco ante su presencia, al menos ya no moja la ropa interior tan a menudo. Pero una cosa es su cercanía y otra su toque…

    -Princesa… Por favor… Que estoy cansada ufff…- Se arquea ligeramente por el placer apoyándose en la mesa. Si tuviera un mínimo de energía ahora mismo seguramente le seguiría el juego, pero está verdaderamente cansada.

    La voz adorable de princesa le llega desde su espalda mientras las acaricias siguen:- He estado sola todo el día. Me he visto tres películas y me he leído de nuevo toda mi colección de Shadow Angel… Quiero jugar…- En dichosa hora se le ocurrió comprarle ese comic erótico a Princesa, está verdaderamente obsesionada con él. Y disfruta equiparando a Amanda con la superheroina… Y como está acaba siendo forzada por los villanos.

    La mano de Princesa no para y Amanda tiene que sujetarse a la mesa mientras jadea. Por lo que piensa en algo que adora también Princesa. Las historias de sus casos. -Miraaa… Cenamos y en tanto te cuento… Una historia- Princesa para de inmediato y dando la vuelta a la mesa se pone enfrente de ella con una gran sonrisa y ojos soñadores:- ¿Que me vas a contar hoy, Amanda?

    Princesa se distrae con cualquier tipo de historia… Pero se ha convertido como una especie de terapia para soltar los traumas que lleva dentro. Por lo qué pensó en un antiguo caso, el primero que verdaderamente le dio problemas… El maldito lobo de Wallace. Teniendo en cuenta la impaciencia de su compañera/hermana/amante, decidió empezar desde el principio pero yendo al grano.

    Amanda empezó a contar mientras corto unos trozos de pizza y dejo uno en el plato de Princesa, que como siempre lo dejaría enfriar hasta que terminase la historia-Te hablaré de uno de mis primeros pasos, que me llevó a ser como soy y… Sé que tipo de relatos te gusta. Lo llamaré «El lobo de Wallace». Por aquel entonces tenía algunos problemas con deudas por el coche y el alquiler de mi antiguo piso, por lo que cuando llamo una mujer pidiendo ayuda y encima que no tenía peros en cuanto a mis precios, acepte… Todavía estaba muy verde… Sino regatean es que algo se cuece…- Viendo como se removía Princesa de su asiento comenzó a contar…

    Hace 10 años, Wallace, Idaho a mediados de julio

    El día era soleado, aún así de vez en cuando alguna brisa proveniente del norte hacía que fuese necesario tener la chaqueta puesta. Amanda no era muy amiga de los veranos, su piel blanca como la leche le hacía proclive a quemarse y sus ojos tenían que estar cubiertos con unas gafas de sol, que si bien le dan un aire misterioso, no le gustan como le quedan.

    Salio de su coche recién comprando… Bueno, cuando pagase las letras de aquí a diez años… Había sido una locura, pero le recordó al coche de su padre… Y tenía que tenerlo. Quizás para tenerlo más cerca en su memoria, los recuerdos cuando todavía podía hablar y… Negó con la cabeza. Es hora de estar serena y ser profesional.

    Está hasta las narices que le toquen trabajos de mierda ¿Un grupo de Akanames dando por saco en el en un restaurante de Sushi? O sea, lo que le faltaba para liarse a tiros es que un maldito lenguaraz comedor de mierda enano hubiese intentando meterle su larga lengua por el… Bufff, prefería no recordarlo.

    El caso es que iba a hablar con la dueña de un pequeño hotel rural de la zona. Al parecer el lugar había sido infestado por un fantasma problemático y por razones obvias quería echarlo. Habían quedado en una cafetería cercana a la plaza. Por lo que tuvo que aparcar unas manzanas antes e intento ubicar el coche para no perderse. Y tras un paseo donde pudo disfrutar del buen ambiente que se respiraba en el lugar, llego a la cafetería de marras.

    Sentada en un rincón pudo ver a una mujer de más o menos su edad, algo más alta que ella con una melena rubia con el peinado en dos coletas y unos ojos verdes intenso. Su mirada y su sonrisa tenía un toque apacible, pero Amanda no se siente a gusto frente a la mujer que ahora mismo lleva un peto de trabajo y una camisa a cuadros. Es demasiado estereotipada ¿Escondía el hacha de leñador en ese bolso que tiene? En fin, necesita la pasta.

    Por lo que forzando una sonrisa le tiende la mano:- Usted debe ser la señorita Anderson. Yo soy Amanda, hemos hablado por teléfono hace unas horas…- Como no la va a reconocer, si es la única albina con pinta de turista desinformada a kilometros a la redonda, pensó Amanda. La mujer acepto el apretón de manos, mantuvo la fuerza de su apretón y con un gesto le indica que se siente.

    Con una voz más agradable y fina de lo que esperaba empieza- Gracias por haber aceptado, ya me encontraba desesperada por tener que seguir sin poder atender a clientes en mi local… He puesto allí una pequeña fortuna en arreglos y mantenimiento… Además tengo a varios empleados que viven de él…- Amanda aguanto la perorata de la mujer.

    Amanda le dice intentando sonar poco aburrida y si más profesional:- Muy bien. Puede hablarme de cuando empezó a suceder las cosas raras, si ha habido algún cambio en la casa que pudiera haberlas provocado.- Como siempre ha dicho su maestro, la información es un pilar importante para saber a que nos enfrentamos y por lo tanto combatirlo, eliminarlo, contenerlo o en el peor de los casos, negociar con ello.

    La señorita Anderson, con nombre Lillian, como tardo poco en presentarse, le contó su historia. Al parecer el hotel era un antiguo refugio de mineros. Un lugar de descanso y hacinamiento que les permitía no tener que andar viajando desde el pueblo hasta la mina en los momentos más duros del invierno. Un lugar construido firmemente, que cuando la veta madre quedo extinta, pues fue abandonado hace unos 40 años. Pero el edificio seguía de pie y ofrecía unas vistas maravillosas de toda la región.

    Solo fue sumar dos y dos, gastar una cantidad no pequeña de dinero para convertir una ruinas resistentes pero abandonadas en un pequeño hotelito rural con encanto, del que podía sacarse bastante dinero de los yuppies de ciudad. Todo había ido bien, pero hace un año, se intento reformar lo que iba a ser una zona de Jacuzzi en el sótano… Cuando encontraron una piedra con marcas talladas protegida por un circulo con una especie de argollas metálicas con diferentes crucifijos.

    Amanda intento no entornar los ojos ¿Y por qué no se han dedicado a pegar martillazos a una granada de mano que han encontrado abandonada por el tiempo? Con muchísima suerte, pues la bomba no te reventara en la cara, porque la pólvora se ha estropeado. Todo hacía pensar que ese ritual había sido hecho por algún antiguo compañero de profesión. Por la descripción, muy bien hecho, un hechizo de extinción que carcomía las maldiciones y encantamientos de entes… Si se le dejaba un tiempo largo, quizás décadas en funcionamiento, terminaba con el problema de forma segura… Hasta que una niñata imbécil se le ocurre que es mejor poner ahí un Jacuzzi, claro.

    Por lo demás Lillian hablo de todos los tópicos. Olores fétidos, sonidos extraños, conversaciones susurradas a tus espaldas donde no hay nadie, cambios de temperatura, portazos… Un encantamiento estándar, no peligroso, pero si molesto. Aún así no debía fiarse. Tras varias preguntas redondeo lo que necesitaba saber del caso e iría al coche para recoger toda la parafernalia necesaria. Pero teniendo en cuenta las horas, podía hacer primero una inspección ocular y luego trabajar sobre ello.

    Así se lo hizo saber a Lillian, que parecía encantada de oírse a si misma. Se lo pensó un momento y con una sonrisa amable dijo- Ahhh si, claro. Podemos ir ahora. Yo te llevo en mi vehículo, sino quieres mover el tuyo.- Otra vez de nuevo esa sensación de malestar. El maldito viaje le tenía que haber sentado mal ¿Ese tipo de la esquina no le ha estado mirando todo el rato? La verdad es que el desgraciado no es precisamente agraciado y esos ojos salvajes que la perforan no le gustan… Vale, está siendo paranoica, al fin al cabo destaca, es normal que la miren, es la extraña del lugar más extraña, luego que también hay tios muy básicos y Amanda sabe que tiene una buena figura.

    Quitándole importancia quedó con Lillian frente al restaurante, en unos minutos tras un viaje a su coche, ya tiene todos los pertrechos que necesita en su bolso dispuesta a enfrentarse a esa pequeña maldición. Lillian la recogió con un coche que era bastante caro… Dentro de la nebulosa información que tenía de coches de cualquier tipo, para vergüenza suya, siempre ha considerado un coche como algo que le lleva de A a B. Pero al menos se tranquilizó un poco en cuanto a la pasta que tenía la buena mujer. Lo que faltaba es que tuviera de nuevo que apretar las tuercas para tener que cobrar de nuevo (ya ha tenido tres casos en ese sentido)… Además le resulta desagradable.

    Metiendo su bolsa bajo sus pies al sentarse en el asiento del copiloto y se dejó llevar al hotel, alejándose del pueblo para internarse en una pequeña carretera que se interna en el bosque…

    Presente, cocina de la casa de Amanda

    Princesa sonríe complacida, le gusta escuchar las historias de su amiga. Mientras habla, Amanda ha estado comiendo gran parte de la pizza, mientras Princesa ha estado observándola y finalmente había dado unos cuantos mordiscos. Sabe bien, lo reconoce, pero ¿Por qué atiborrarse de comida? Lo bueno es la variedad… Sigue sin entender a los humanos… Pero adora a Amanda. Los recuerdos como Ladrón de los días se habían disuelto según pasaban los días en la casa.

    Se sentía un poco culpable de lo que estuvo haciendo con sus grotescos compañeros. Siempre se habían dicho entre sí, que estaban haciendo lo mejor, era mucho mejor vivir años en un verano eterno jugando, comiendo cosas buenas y pasándolo bien en general que bueno… Pasar días aburridos al hacerse mayores. Pero ahora aprecia la rutina que tiene con Amanda, tener una constancia, los pequeños momentos e incluso las tareas de la casa (le encanta tener todo ordenado)…

    Todo ello le hacía recordar cuando era humana. Eso fue hace bastante tiempo, antes de que se la llevaran los ladrones de los días y como era una niña tan buena (un requisito indispensable, si eres mayor y fuerte te convertías en «padre» o «madre», si eres un chica/o bueno, entonces podías seguir jugando… Convertido en uno de ellos), la transformaron en uno de ellos… Y todo parecía estar bien y creía ser feliz junto al resto de niños convertidos… Pero a veces cuando Amanda dormía y ponía su cabeza apoyada en su pecho, podía recordar cosas, como la mirada amable de su padre, coser junto a su madre, regañar a su hermano pequeño cuando venía lleno de lodo tras jugar en el río…

    Y entonces lloraba. En un mundo de fantasía como en el que vivían, no salían lagrimas de auténtica tristeza, ni siquiera cuando sus compañeros empezaron a portarse mal con ella. Pero al ver una película pasando un rato de tranquilidad con Amanda, apoyando su cabeza en su generoso pecho. Le preguntó que estaba haciendo esa mujer de la pantalla y Amanda ligeramente perpleja le explico que era llorar y porque se hacía. Entonces las lagrimas de Princesa empezaron a caer sin que ella tan siquiera de diera cuenta, entonces algo le presiono en el pecho y llego el llanto. Amanda la abrazó y terminó por calmarla… Quería mucho a Amanda, para ella es lo más importante… Pero a veces hacía cosas raras que la molestaban, como está. Había parado de contar la historia, al notar como vibraba el móvil en la mesa.

    Amanda miró por inercia el móvil. Usualmente lo ignora, pero había estado hablando con Charles, saliendo con él a algo más que retozar en su casa. Y bueno, parecía que se estaba llegando a algo más… He incluso le había presentado a Princesa… Como su hermana pequeña. Poco a poco no quería asustarlo. Amanda miró los mensajes con una sonrisa soñadora en la cara y empezó a responderle, como si fuera una quinceañera.

    Tras un rato esperando. Princesa frunció el ceño y poniendo los brazos cruzados le dijo con tono dolido:- No me dejes a medias ¿Y donde está el lobo? Pero si estás hablando de un encantamiento con fantasmas incluidos…- Pero tras decirlo, empezó a tener remordimientos y mordiéndose un momento el labio siguió:- Perdón… Sé que tengo que tener más paciencia…

    Amanda que ya había terminado de escribir un mensaje de texto, levanto su mirada del teléfono. Apago el móvil para no caer de nuevo en la tentación. Ella también había hecho mal, a veces. Princesa pasaba días enteros sin verla. Le gusta tener su tiempo de calidad con la hada, por lo que haciendo un gesto indicando que no está molesta por la situación, le explica- Tranquila… Era Charles. Pero te prometo que no voy a coger el telefono hasta que acabe la historia- Princesa le dedica una sonrisa cómplice en su linda cara, a lo que Amanda tras aclararse la garganta, cambia de tema- Pues vas a tener lobo para rato. Como ya te dije por aquel entonces era bastante confiada y cuando llegué al hotel…

    Hace diez años, Hotel silvermine

    Amanda tenía un fuerte sexto sentido y ese lugar… No le resultaba inquietante a primera vista. Aunque no había tenido muchos casos, si que sabía que se debía sentir. Cuando hay algo sobrenatural tenía esa sensación incomoda y si era alguna entidad en sí, cerca de ella, pues bueno, esa sensación caliente que le incitaba a dejarse hacer… Lo cual era un poco humillante, pero ayudaba a ver si el caso era real o no.

    No es que significase que no hay caso… A veces, si era verdad que iba, veía y cobraba un fragmento pequeño de la recompensa a cambio de algún talismán protector «por si acaso». O sea… Que no había rastro de sobrenatural ni nada que se le pareciera… Solo cosas normales, que se podían solucionar usualmente con una buena mano de albañilería. Algunos dueños avispados, especialmente de hotelitos con encanto, la avisaban por los rumores que habían salido sobre el lugar, le pedían que certificase que estaba encantado, solamente para poder subir los precios de las habitaciones para el «espectáculo»… Suerte tenían que no estuviesen encantadas. Porque el espectáculo sería ver a gente lanzarse por las ventanas o ahorcarse utilizando la barreta del perchero, en el peor de los casos. No era un juego, además de que si hiciese algo así podría provocar que nadie serio la contratase. Convertirse en una jodida «Houdini».

    Las puertas acristaladas de madera fueron abiertas por Lillian permitiendoles entrar. En cierto modo el interior le recordó al Overlook de la película El resplandor, pero con un intento de que el lugar mantuviese el estilo de la época en la que había sido construido (de forma algo hortera) con todas las comodidades de la actualidad, claro está. A nadie le gusta hacer sus necesidades en un orinal y esperar a que alguien las recoja o no tener luz eléctrica que no funcionase y por supuesto, no olvidarse del Wifi.

    Como había comentado la dueña, no había rastro alguno de los empleados. No es que el hotel estuviera desordenado o algo así, pero le llamaba la atención. Lillian le dijo que podía llevarla al sótano, ya que ella creía que se había originado todo allí. Lo cual era razonable, pero usualmente los que la contratan se suelen alejar de los sitios encantados que piden que se eliminen. Pero la sonrisa luminosa de la mujer la desarmo, eliminado sus dudas y asintió.

    Fueron pasillo a través, al fondo se podía ver un cartel que ponía sótano, solo personal autorizado. Mientras observa el lugar pensando sino estaría mal perderse en un sitio así en temporada baja. Tropezó, a punto estuvo de hacerle perder el equilibrio, lo cual era raro porque no había antes ningún objeto a la vista. Al mirar hacía abajo pudo ver un cadáver despedazado, ella se había tropezado con el brazo que termina abrutamente con un trozo de hombro colgando de él. Alarmada mira hacia adelante y hacia atrás. No es solo ese, hay otros, pero no con ropa de minero antiguo, sino con ropa de trabajador de hotel. Surgido de ninguna parte, un fuerte olor a carne pútrida lleno a sus fosas nasales y apenas pudo aguantar sin vomitar. Preocupada Lillian se giro hacía ella y la miro con esos ojos tan hermosos y esa sonrisa deslumbrante. Y al pestañear todo volvió a la normalidad. Toda miel Lillian se preocupo:- ¿Todo bien?- Amanda iba a contestar, pero sin duda si que había un encantamiento, la entidad estaba jugando con su cabeza, pero hay algo que se le olvidaba, lo sentía, pero finalmente dijo:- Sí… Pero tengo que ver el sótano.- Lillian asintió y la guio hasta la entrada para luego abrirla con un gran manojo de llaves.

    Amanda se mordió el labio hasta hacerse un poco de sangre, algo recompuesta, buscó algo del bolso, una pequeña botellita de un color rojo borgoña y se la tomó. El sabor era amargo, pero acentuó sus sentidos mientras bajaba por las escaleras, ahora vería muy claro que estaba pasando. En el sótano, se encuentra efectivamente una sala a medio construir… Pero ni rastro del pre jacuzzi y ni mucho menos del círculo. Sacó su pistola preferida con una rapidez pasmosa y encañono a Lillian:- ¿Qué narices pretendes?- Los ojos de Lillian vuelven a intentar dominar la consciencia de Amanda:- Ni lo intentes joder, que ya no sirve. Por lo que habla antes de que te pegue un tiro.-

    Lillian la mira inocente:- No sé a que te refieres, solo pretendía llevarte al sitio donde está lo que debes contener.- Amanda se crispa y quita el seguro.- Habla… Ya.- No se notaba excitada, ella no es una criatura sobrenatural, solo alguien que conocía como manejarse en la hechicería… Por eso el truco del hipnotismo, que había sido roto porque había pisado sin darse cuenta un cadáver.

    Lillian alza las manos:- Upps me has pillado. Y mira que he estado usando todo mi arsenal para mantenerte despistada… Pero me has pillado, necesitaba que una atractiva cazadora viniera a este lugar.- Un disparo voló parte del peldaño donde tenían los pies Lillian, lo que le hizo pegar un pequeño alto que la hizo caer de culo, cayendo sobre las escaleras, dolorida mira a Amanda enfadada que le está dedicando una mirada acerada. -Deja de poner esa cara de suficiencia y habla coño ¿Es un ritual? ¿Esto es cosa de mi padrino?- Ella se le queda mirando con una cara de extrañeza:- No, ¿Qué es eso de tu padrino? Nosotros te seleccionamos porque estás buena, nada más…

    Amanda descubrió dos lecciones en ese momento. La primera es que jamás debes interrogar a alguien en su terreno, sino tienes todos los ases en la manga, la segunda es que si está tu «victima» tan tranquila es porque tiene un seguro. Su coño empezó a mojar sus bragas deportivas, pudo oler el profundo olor a animal a su espalda y tuvo un nano segundo para oír el gruñido cuando esa cosa la derribo al suelo. Su arma salio volando hacía el interior del sótano, alejando cualquier forma de un contrataque rápido… Y como una gilipollas se había dejado la mayoría de herramientas para criaturas físicas o simples armas en el coche. Ahora sabía que era todo parte de la hipnosis de Lillian, pero menuda metida de pata.

    Levantándose del suelo, todavía un poco dolorida, con una gran zancada se puso a la espalda de Amanda. La voz de Lillian por un momento asustada ahora ha vuelto a su tono divertido y ligeramente agradable:- Eres buena, pero no tanto como para disipar un doble ritual de ocultación, aunque mi compa no sea gran cosa…- Una voz masculina hablo a sus espaldas a cierta distancia, mientras que la cosa la apretaba contra el suelo: -Cállate ya zorra, estoy harto de tu parloteo. Sino fueras tan buena con los hechizos de ilusión y controlando al Hexen, te habría metido esa aptitud por donde te quepa.- Lillian riéndose mientras se acerca a la cazadora caída:- Ya ves lo que tengo que aguantar…- El hombre e pico y empezó a fargullar. La discusión siguió, sin duda ya era vieja antes de empezar en el sótano.

    Amanda nota la respiración de un animal sobre su nuca, ese olor no puede ser humano. Pero está claro que las manos que lo agarran en una presa inamovible son humanas, pero endiabladamente fuertes. Al girar el rostro se espera cualquier cosa, pero aun así al ver la cara del monstruo se le heló la sangre… Su rostro lobuno deja ver una lengua muy roja rodeada de veroces colmillos y unos ojos azules… Hermosos pero desapasionados.

    Y lo malo es que su cuerpo estaba reaccionando, indicando que busca castigo. Amanda tenía cierta popularidad entre los hombres como algo exótico. Pero las relaciones largas no eran lo suyo, sea por ellos, por ella o por su trabajo. Llevaba un tiempo a dos velas. Y bueno, tenía su pequeño don y maldición, en pocas palabras, muy cachonda ante seres sobrenaturales y ellos con ella. Pero se nota que ese ser está bajo el control de los houdinis y no debería haber problema … Ohhh dios, su rabo está creciendo y poniéndose duro. Pronto su polla presiona el culo de ella, incluso a través de la tela. La maldita discusión está haciendo que se impongan sus instintos básicos. Piensa Amanda… Piensa. Tengo cerca el bolso, debería haber algo para distraerlo y poder salir… Quizás agarrar la pistola.

    Pero entonces Amanda nota como una de las manos del ser que recorre la parte de la entrepierna de Amanda, haciendo que gima ligeramente. Como si fuera unas tijeras muy afiladas rasga con su dedo, tanto los pantalones de ella (Amanda por un momento pensó en todo lo que le habían costado) y las bragas que ya estaban empapadas, dejando su coño al descubierto, que ya está esperando recibir castigo, por un momento movio el culo, se sentía arder cuando rozaba la piel de la bestia.

    Amanda abre los ojos como platos. Ha usado esa condición para crear trampas para criaturas sobrenaturales y… Bueno, cuando empezó a ser afectada por ella, para tener una relación particular con su monstruo de debajo de la cama. Lo que moriría antes de admitir, es que esa relación fue consensuada, que fue ella quien se aprovecho de él, y a veces se plantea en volver a la casa familiar para visitar a Mr Claws, cuando algún gilipollas le rompe el corazón. Pero ahora está indefensa, con dos capullos que evidentemente no la van a ayudar y con la polla de ese ser buscando la entrada de su coño mientras pone su boca lobuna alrededor de su cuello para que no se mueva. Mientras que con una mano eleva su culo para tenerlo más cerca de su polla, Amanda solo puede rebullirse buscando sin resultado algo útil en su bolso, prolongando lo inevitable.

    El hombre, que es bastante pequeñote y lleva una barba sin afeitar de días, parece bastante estresado, como si tuviera que sacar el trabajo del mes en el último momento. Ese tipo de estrés. A pesar de que su compañera le pone de los nervios y no puede más que gritar a sus tomaduras de pelo. Se percata de la situación y se lo recrimina a la mujer:- ¿Eres idiota? No le mandes a hacer eso sino es en la cueva. Los clientes quieren un vídeo porno snuff de calidad, y nada les pone más que ver como se follan y destrozan a una cazadora, el mismo monstruo que se la ha follado momentos antes.

    Como sino fuera con él, la criatura localiza la entrada del coño de Amanda que chilla de forma entre desesperada y sexy, cuando nota la polla entrando su punta en el interior de su sexo:- Dios nooo…- Tan aterrada y excitada que no se ha dado cuenta de las implicaciones de esa conversación sobre su futuro. Lillian finalmente se da cuenta de que está pasando, y puede ver como inserta con suma facilidad la gran polla que gasta la criatura. Amanda que esta ahora con la cabeza apoyada en el suelo mira hacía la pared y se dice:- Esto tiene que ser una jodida broma… Ufff- Lillian observa fascinada como la criatura penetra sin miramientos a Amanda y la cazadora intenta no gemir, aunque sin mucho éxito. Pronto el monstruo rompe por mas partes la ropa de Amanda dejando ver su nivea figura.

    Lillian cachonda se muerde el labio ignorando a Franz, su compañero «Houdini» y bastardo que vendería a su abuela por cuatro duros… Aunque ya no lo haría, porque hace tiempo que ya lo hizo. Además el capullo, le echa el sermón, cuando fue su presencia en el restaurante la que casi puso sobre aviso a Amanda. Es un mago de mierda, pero al menos tiene suficientes contactos como para merecer la pena. Su linea de pensamiento se corta cuando Amanda pega un grito de placer al aumentar la criatura la follada. Joder con el Hexen… La está jodiendo a tope, por la forma que grita la albina no está precisamente pasándolo mal. Y pensar que lo había creado a partir de un lobo viejo… Eso si un hechizo a medias, para que fuera más grotesco, cuerpo de hombre, mente de lobo, algo entre medias bien perverso… Seguro que el pobre bicho esta rabiando de dolor. Si lo dejara libre iría a por su cuello sin duda. Pero eso no pasará. Todo gracias a una runa bien oculta inscrita en su piel y protegida por un hechizo de ilusión, que hacía que aunque las victimas del Hexen, se defendieran nunca atacaran a esa zona para borrarla. Lo mejor es que la maldita quimera tenía parte humana e incluso hablaba. Esos pervertidos de la Deep Web se pajeaban mientras que la cosa tras follar a sus victimas, las rompía en pedazos enfurecido por su estado y clamaba por la libertad de la muerte. Sino supiera que la mataría sino tiene cuidado… Ufff ya se habría abierto de piernas para él… Que suerte tiene la jodida albina.

    Franz se acerca enfadado con una cara de mala hostia:- Te estoy hablando gilipollas… -Lillian coge un momento el medallón que tiene oculto bajo su camisa a cuadros y da una orden mental. El Hexen se para de su follada y para darle un golpe contra el suelo a Amanda que se apaga como un pajarito y se abalanza como una exhalación hacía Franz. Asustado, el hechicero, ni siquiera puede lanzar un hechizo de protección, pero el ser se queda a unos centímetros de su piel. Babeando esperando la orden para matarlo, pero está nunca llega- Como ves querido, mis encantamientos funcionan perfectamente. Es ella, quien lo ha incitado y no sé como… Por lo que estoy cumpliendo mi cometido. Tú ya has hecho tu parte, yo hago la mía. Llevemos a esta zorrita con el resto… Me apetece polla y tú no eres ni un aperitivo.- El Hexen recoge a Amanda y la lleva escaleras arriba, aunque su forma de andar a dos patas es extraña, como si cada paso le doliese, aún así lo hace con rapidez inhumana. Lillian le sigue, sabe que Franz no hará nada, es una rata rastrera que quiere la pasta la necesita y cuando acabe con todo esto, tendrá que ocuparse del pequeño mago refunfuñón.

    La verdad es que Franz no es un gran versado en la magia, pero si en el dinero y en la falta de escrúpulos para conseguirlo. Ha conseguido unos contactos interesantes durante sus largos años ofreciendo los vicios más horrendos para quien se lo pudiera permitir. Pero la gente busca novedad, y está pequeña idea del maratón snuff le hará famosillo donde se capta la pasta de verdad. Y la necesitaba… Con la mafia puedes incluso mantener el tipo, con un poco de ayuda, ¿Triada? Pufff,duros, pero nada del otro mundo ¿Rusos? Todavía sigue riéndose del asunto, ¿Sudamericanos? Captaron la indirecta cuando el décimo sicario con ínfulas tuvo un ataque al corazón antes de poder sacar su pipa. Pero cuando pides favores como alargar tu vida (nadie diría que había visitado este pueblo cuando no era más que una aldea) pues tienes que hacer favores feos, no solo a personas malas, sino a cosas aún peores. Cosas que es mejor mantener contentas.

    Y le habían pedido precisamente esa zorra de pelo blanco. Cuando tienes tanta edad lo primero que se va es tu instinto sexual, la verdad, pero suponía que estaba buena. Y reconocía que cuando vio su actuación con Lillian, se asusto un poco y eso que tenía al Hexen de su lado, sin duda tenía potencial, unos años más y no se hubiera acercado a ella, emitía ese tipo de sensación de «no me jodas» que reconocía a la legua… En caso normal con un hechizo se apañaría, pero incluso ahora tenía muchas dudas al respecto, pero estaba muy verde, le podía la confianza… Casi le hacía un favor, en su negocio ese tipo de aptitud cava tumbas ¿Ves? Franz piensa en las personas… Y piensa en como torturará a la zorra de Lillian cuando termine toda la operación.

    ——-

    10 años después en la casa de Amanda

    Amanda en tanto cuenta la historia come distraída los trozos de pizza, pero echando miradas a su móvil apagado cuando Princesa se distraía…¿Qué le habrá dicho? ¿Y si ha pedido quedar con ella? Tiene que mirar a ver si ha comentado algo, solo una mirada rápida, nada más. Por lo que cuando termina de comer el último trozo de pizza que queda en la mesa, excepto el de Princesa que apenas ha dado un par de bocados al suyo. Piensa rápido y le dice a Princesa:- Voy al servicio, cuando recojas nos vemos en la televisión ¿De acuerdo? Seguiremos la historia desde ahí-

    Princesa asiente, deseosa de terminar la historia. Pero con los trastos desperdigados su naturaleza de Boggart le pedía recoger y limpiar todo. Por lo que recoge los platos y empieza a fregarlos. Mientras que Amanda usa el descuido para recoger el móvil y encerrarse en el lavabo… O sea, solo va a ser mirar unos mensajes. Enciende el móvil y sentada en el servicio, mira los mensajes de Charles y se da cuenta de que está en activo… Se muerde el labio y escucha como Princesa ha puesto la televisión. Al fin al cabo es un rato. Al principio todo tranquilo, preguntas de como ha ido el día, posibilidades de quedar en algún rato libre, algún piropo e indirecta más o menos picante… Pero Amanda envió una foto de como estaba en ese momento y claro… Fue una escalada armaméntistica que terminó con ella haciendo un vídeo donde mostraba como se masturbaba con una de sus piernas encima del WC para mostrar con más facilidad su sexo y su braga bajadas para facilitarlo todo.

    Por lo que casi se cayo de mala forma cuando Princesa abrió la puerta mostrando su carita preocupada:- ¿Estás bien? Ha pasado media ho…- Al ver la escena, junto con la cara culpable de Amanda y su mano intentando hacer que no se cayera de esa posición incomoda en la que estaba. La cara siempre sonrojada de Princesa se puso roja, pero esta vez de furia y Amanda ni se intento disculpar sabía que la había cagado.

    La hada indignada empezó a decir:- Estoy esperándote para que pasemos el rato juntas.- Pronto las palabras empezaron a atropellarse mientras la hada se pone cada vez más nerviosa.- Me prometiste la historia y que no hablarías por el móvil. Encima que te veo de uvas a peras a veces incluso a veces no te veo durante días y… – Cerró la puerta con un portazo. Mientras Amanda había conseguido mantener el equilibrio y subirse las bragas. Olvidándose del móvil y corrió detrás de ella:- Espera, perdón ¡perdona! Princesa lo lamento- Pero cuando fue a mirar ella había desaparecido… Mierda, pensó Amanda, la he jodido.

    Estaba cansada, por lo que intento mantenerse despierta mientras esperaba a que Princesa se le pasara y volviera al sofa. Finalmente lo hizo, se sentó a un lado un poco retirada y mirando al frente, tras unos cinco minutos donde no hubo una palabra, finalmente dijo:- Con que me hubieras dicho que tenías que hablar con el móvil un rato hubiera valido… O sea, él me cae bien y se te ve feliz cuando hablas con él… Pero me siento sola… Y me gusta que este sea nuestro momento.- Se agarra de las rodillas, mirando hacia adelante. Amanda se acerca un poco y la abraza:- Sí…ha sido una idiotez de mi parte… Supongo que a veces me cuesta tener el chip que estoy en compañia de alguien. Y no pensar en mi culo nada más.- Princesa se rie un poco y comenta divertida:- Pero es un culo muy bonito.- Amanda se ríe y Princesa le devuelve el abrazo. – ¿Estás cansada? Si quieres puedes quedarte hablando con él y otro rato me cuentas la historia.- Amanda sonriendo y acariciandole el pelo:- Nahhh puedo aguantar otro rato más…- Entonces se fija en lo que hay al lado de Princesa.- ¿Qué es ESO?

    Con una sonrisa fulgurante Princesa le comenta:- Tu castigo… Por lo de hoy.- Amanda mira el tamaño del objeto ¿En serio tenía algo así?- ¿Donde coño has…? Ahora recuerda en una nebulosa cierto día con una borrachera del 15 que empezó a leer un bestiario por bueno… Le dio por ahi y vio una imagen de un troll y se dijo ¿Como sería si me follara una de esas cosas? Busco por internet, pidio por Amazon, cayo insconciente sobre el teclado. Y se olvido del asunto. Días después le trajeron ESO. Se quedo entre horrorizada y con cierta curiosidad malsana. Lo dejo en una de las pilas con otros errores del pasado y se olvido de él…

    Pero ahi estaba esa jodida polla de goma que emulaba a la de un troll… Por alguien que no ha visto un jodido bicho de esos en su vida claro, se suponía que era del Warcraft… Merchadising, pero era inmensa.- Princesa… ¿Me quieres matar o algo…?- La hada solo sonríe entre juguetona y malvada:- Lo dejamos claro, te portas mal… Pues pongo el castigo…- Amanda viendose que pronto iba a estar partida en dos busca disuadirla. Y piensa en lo que ha traído para Princesa- Iba a ser una sorpresa, pero en el zapatero tengo un regalo para ti… Que te gustará mucho y te contaré la historia, si te deshaces de ESO- Con la cara iluminada de felicidad asiente y lo vuelve a dejar a su lado:- Pero lo tendré a mano por si acaso…- Amanda se apunto mentalmente buscarlo en algún momento futuro y prenderle fuego. Ya más calmada (sin peligro de acabar empalada) y con una Princesa mirándola feliz y abrazada a ella siguió con la historia.

    En una cueva cerca de Wallace, Idaho hace 10 años

    El paseo en el coche de Franz hasta la cueva fue inconsciente y atada para que no se escapara. No fue necesario. En cuanto al Hexen sabía donde ir y podía hacerlo en linea recta por lo que estaría allí antes que los dos hechiceros y la cazadora llegaran. Como siempre, Franz se quejaba y Lillian miraba por la ventana soñadora, ya podía sentir como sus bragas se pegaban a su cuerpo ante el espectáculo que la esperaba en la cueva. A ver si alguno de los infectados por la maldición del Hexen tenía buena herramienta… Franz miraba el reloj del coche, todo iba rodado ya habían grabado varias tomas y hecho pases que engordaron su cuenta a lo bestia. Hoy sería el gran final gracias a la putita albina. Conseguir que tantos montañeros y excursionistas se «perdieran» fue un gran parto, meses de pelarse de frío en este lugar de mierda, pero tiro de los hilos necesarios y nadie sabría que faltan hasta dentro de unas semanas, aún así no habría huellas que le señalaran… A él. Esa idea le encanto y por primera vez se permitió una sonrisa.

    Aparcó cerca de la entrada, el Hexen ya estaba esperándolos, por lo que agarro a la albina tras abrir la puerta tras varios intentos entre gruñidos y en cuanto la tuvo sobre su hombro la criatura se empalmo. Lillian se rio un poco. En la cueva las prisioneras están intentado dormir o llorando asustadas, mientras que los que habían sido sus amigos, compañeros de trabajo o incluso esposos/novios se mantenían de pie de forma innatural tras tantos días haciéndoles cosas inenarrables. A un lado de la cueva estaban tanto los cadáveres de las mujeres que habían finalizado su uso y por tanto han sido asesinadas y devoradas posteriormente, como los de los machos que habían muerto por puro agotamiento

    Lillian en su salsa empezó a dar sus ordenes mentales a unos hombres que se habían convertido en algo menos que animales, pronto todo el grupo escogió a sus «parejas» que semi-desnudas y enloquecidas apenas pusieron resistencia y tras ponerse en sus posiciones, empezaron la oscura orgía. Mientras que Lillian en tanto busco al más dotado de ellos y le indico:- Tú conmigo.- buscando un rincón privado para disfrutar de él.

    Franz preparo las redes, que todo el equipo estuviera bien y las cámaras que apuntaran a todo el lugar. Aunque llevaría su cámara de mano para las tomas más «personales». El Hexen parecía satisfecho por primera vez de seguir lo indicado y la salida de la inconsciencia de Amanda fue con la entrada de la polla de la criatura en su sexo, lo que provocó un fuerte grito que acabo con un gemido. Usada contra el suelo, empezó a vislumbrar donde se encontraba y cuales eran su opciones… Pronto supo que eran más bien pocas, mientras aguantaba la follada cada vez más dura del Hexen.

    Una hora después, en la misma cueva

    El Hexen excitado salio de Amanda y le obligo con su fuerza inhumana a darse la vuelta para tenerla frente a frente. En este tiempo no lo había hecho en esa posición, siempre dispuesto a mortificarla como su hembra sumisa a cuatro, pero parece que quiere verle la cara está vez. Amanda tuvo solo un poco de descanso antes de que le volviera a buscar su coño con su rabo que se mantenía erecto.

    A pesar del cansancio y la pura excitación se fijo en unas marcas del pecho, no era muy grandes. Pero está claro que es una marca de control bastante intrincada, sin duda protegida por algún hechizo que la impedía verse a simple vista y que alejaba la atención… Pero ella se había tomado una poción que protegía de los efectos de la ilusión. Con la polla ya insertada de nuevo. Amanda mordió sus labios mientras recibía castigo y desesperada araño la marca dejándola inviable. Y se corrió tanto de gusto como por el sentimiento de victoria:- Jodeeer ahora si…

    La cara viciosa del Hexen se dulcifico un poco, y como si fuera un beso le dio un largo lametón en la cara de Amanda, mientras que se iba retirando de su sexo. Pronto todos los violadores hicieron lo mismo y un gruñido conjunto de furia salio de sus gargantas como si fueran un solo ser. Lillian se dio cuenta de que algo estaba pasando y utilizo su medallón para quitarse de encima a su amante enloquecido que a punto estuvo de arrancarle la garganta y se enderezó con cierta dificultad cansada de la larga follada. La mirada de Franz perforó a Lillian todavía cámara en mano mientras escribía al público invisible de depravados que andaban viendo la escena en la seguridad de sus escondites:- Pero ¿Que cojones haces? Estamos a punto para el gran final.- Lillian nerviosa comento:- No soy yo, se ha roto el hechizo de…- Vio a Amanda que tras recuperarse un poco estaba caminando hacía ella con evidentes ansias homicidas. El Hexen la acompañaba, y los miembros de su demente manada le seguían según iba pasando cerca de ellos, era su alfa y los dominaba. Lillian busco formar un pequeño grupo de choque controlando a los miembros cercanos, pero no eran suficientes. Si hubiera tenido más tiempo, pensó. En tanto, el Hexen y su grupo los supero por pura mayoría numérica… Por primera vez Amanda escucho el grito de alguien que había visto como le comían las entrañas antes de morir… Era un sonido que prefería no volver a escuchar.

    Franz chasqueo la lengua, le habría gustado ser él quien diera su merecido a la zorra, aunque no le disgustaba del todo la situación, centrándose en la albina que iba a por él para partirle la boca, le dijo con rapidez antes de que ella se echara encima:- Y así se fue la puta… Pero me tengo que tengo un consejo final para ti, niña albina. La cosa en este negocio no es de poder… Sino de contactos.- Rompió un hueso adornado que llevaba como un colgante al cuello, debería una buena a quien se lo entrego, pero que narices, siempre se las apañaba para pagar ¿No?

    Algo siniestro dejo el lugar con una extraña penumbra violeta, mientras desplegaba su presencia haciendo que las mujeres y los hombres poseídos cayeran al suelo inconscientes. Amanda paro su avance temerosa, no tenía ningún amuleto, poción o herramienta, nada que le pudiera ayudar. Apretó los dientes y se maldijo por lo que iba a hacer:- Padrino ¿Estás?- Una voz en su cabeza le contesto con un amable «Si, la última vez me mandaste a la mierda… Ummm ya veo, que molesto…» y de donde no había nada al lado de Amanda apareció un hombre vestido con un traje de frac apoyado con un bastón. Sin duda un tipo elegante y hermoso, pero sin duda tan chapado a la antigua que se burlarían de él si fuese por la calle, sin duda un último error para quien lo hiciera.- Es un momento.- Termino y dio unos pasos hacia la entidad que ahora se empieza a mostrar de forma física.

    La entidad invocada por Franz, un conjunto de garras y ojos, que no parecían mantener una misma forma se acerco a la figura del frac, dispuesto a destrozarla. Los depravados que estaban viendo la escena sonrieron, ante un espectáculo que no esperaban. No fue más que un segundo quizás menos. Sus rostros quedaron en un rictus de horror, mientras sus ojos se licuaron y sus cabezas tumorosas cayeron sobre sus teclados, fuesen en oscuros sótanos o hermosos despachos, a pesar de sus muchas protecciones o de los pactos que hubiesen hecho. Pronto la cueva volvió a la normalidad y el extraño estaba cerca de Amanda:- Te tengo dicho querida, que deberías hacerme caso y quedarte conmigo para tu propia protección.- Amanda desvía la mirada para no ver su sonrisa burlona. Con lo poco de dignidad que le quedaba le contesto- Puedo apañarme yo sola, no voy a ir contigo.- Él ríe encantado:- Tan rebelde, tan… – una larga lengua recorre la cara de ella, mientras que Amanda sufre un orgasmo tan potente que cae de rodillas, mientras que la marca que siempre está invisible pone otra muesca acercándose al momento que estaría completa… Aunque faltase mucho para ello.- Dulce… Puedo esperar, tengo todo el tiempo del mundo y al final serás mía. Por tu propia elección. Nos vemos.- Desaparece mientras que Franz está temblando, todos sus amuletos muestra de los pactos que había hecho se habían vaporizado y los años que había guardado con tanto ahínco vinieron a él. Fue doloroso y tardo bastante mientras cada célula de su cuerpo moría. Finalmente no quedo ni el polvo de él.

    El Hexen se acercó a Amanda renqueando a cuatro patas, mientras escupía sangre por su boca, un intento de voz humana salio de su garganta animal:- Descanso… Hembra.-Sin el control por parte de Lillian se podía ver como sufría la criatura. Normal ese hechizo a medias es una tortura que solo usan Houdinis malvados. Amanda se pensó en dejarle que sufriera, al final moriría por si mismo… Pero la verdad cuando la violaba fue gran parte culpa de Lillian… Además debía reconocer que no lo había pasado mal, para su vergüenza. Por lo que recordó una formula y escribió los signos en el barro. Al final la cosa cayo a plomo y su transformación se revirtió a un lobo viejo, un pensamiento cruzó la mente de Amanda… Espero que esto no cuente como zoofilia… Y se rió de su mal chiste, pero al mirar a su alrededor se dio cuenta de que estaba en un gran lío – joder…

    En la casa de Amanda, en el momento actual

    Princesa se maravillo de la historia, le gusta cuando Amanda tenía momentos intensos y que los malvados fuesen finalmente castigados. Pero claro, nota la historia a medias, faltaba solucionar cosas -¿Y como se soluciono lo de las mujeres y el resto…?- Amanda negó, mientras se estira cansada de estar en esa postura:- Prefiero no hablar de ello, es en ese momento cuando conocí al capullo.- Princesa pronto comprendió, había un tipo que aunque a veces salia con ella siempre terminaba con ella cabreada y esta prohibido hablar de él en la casa.

    Princesa pronto olvido sus dudas para preguntar -Ohhh… Pero ¿Cual es mi regalo sorpresa?- Suspirando divertida, Amanda se levanta y va hacía el zapatero. Ha estado mirando en todas las tiendas frikis de la ciudad con esos gilipollas mirándole el culo como si no hubieran visto una mujer en su vida. Pero finalmente lo consiguió, podría haber llegado dos horas antes a casa, pero sabía cuanto le ilusionaría esto a Princesa.- Espera en el comedor y no abras los ojos- le dice, Princesa le hace caso a pesar de lo emocionada que está.

    Tras desnudarse, abrió la bolsa del disfraz y se lo puso. Le venía muy estrecho, especialmente por la parte del pecho, al mirarse en el espejo se dijo para si misma:- Joder, ¿A quien se le ocurre pensar que con esto se puede moverse con un mínimo de soltura o luchar contra nada?- Aunque reconocía que estaba cañón y el jodido traje tenía aberturas para… Joder, nunca mejor dicho. Por lo que con una gran sonrisa pícara se acerco al sofá y le dijo juguetona -Puedes abrir los ojos.

    Entonces la cara de princesa se iluminó:- ¡Shadow Angel!- Amanda sonrió con un toque lascivo ante la carita del hada e insinuante se puso apoyada en el brazo del sofá:- Y otra sorpresa, no me iré en unos días, por lo que mañana tengo tiempo libre, por lo que si quieres estrenarlo…- Princesa que nada más ver el traje se estaba desnudando y ya anda quitándose las bragas de encaje que le encanta llevar, le dijo soñadora:- Pues yo seré Felina y te tengo encerrada en mi piso con una gran sorpresa para ti.- Amanda se abrió la ranura indicada mientras que la hada desnuda la miraba, mientras ponía cara de villana.- Ummm me encantan las sorpresas.- Entonces vio como Princesa recogía algo del sofá y a Amanda se le abrieron los ojos de par en par mientras ponía sus manos en gesto protector, ahora si que no tenía nada para parar al hada y estaba rendida, sabía que no valía de nada suplicar pero lo intento de todos modos:- No, Princesa eso no…- Princesa se abalanzo encima haciendo que cayera con suavidad al suelo, los Boggarts tienen bastante fuerza para hacer todas las reparaciones y arreglos sin cansarse. En su mano tenía el gran dildo y buscando la entrada del sexo de ella a pesar de sus intentos de protestas le dijo a Amanda:- Soy Felina ¿Recuerdas?- Y lo enterró en el sexo de la albina, que pego un buen grito, que termino con un gemido… Al menos la duda de si le entraba completo había sido solventada.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (35)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (35)

    Tus razones, las suyas y más dolor.

    La bella Cartagena de Indias una noche cualquiera. Faroles iluminando de ambarino esplendor, fachadas con balcones coloniales de un barrio muy reconocido. ¡El Getsemaní! En otra instantánea, varias parejas disfrutando de un nocturno paseo. Personas todas desconocidas pero dichosas, comiendo y bebiendo, sentadas en varias mesas; otras de pie junto a ellas, esperan seguramente por un lugar libre, lado a lado en la calle empedrada bajo el amparo de parasoles con su tela de lona cruda, por sí llovían estrellas fugaces, pues en el firmamento no se vislumbraba alguna tormenta.

    Románticos abrazos, besos y risas. Manos entrelazadas de varias parejas en plan de enamorados, y yo con el corazón hecho pedazos. A la derecha de la fotografía, no tan nítida la cara de un hombre alto, muy mayor y de piel sumamente morena, con una complacida sonrisa que presume la suerte o su billetera, pues una mujer joven y hermosa lo acompaña. De cabellos largos y lacios, con un vestido suelto y ligero, –de color mandarina– que cubre su armonioso cuerpo hasta los tobillos, en tanto lo abraza por la cintura.

    No expresa felicidad alguna en la curvatura de sus labios, más los rizos de su ondulada melena dorada parecen querer remontarse hacia el firmamento, alentados por la brisa para alejarse, y en esa instantánea a pesar de lo lejana, sus pixeles coloreados captaron la atención de mis ojos hacia los de la muchacha. Esa forma redonda y delineada. Aquellas pestañas negras y curvas. El par de cejas, espesas y tan arqueadas. Pero sobre todo, el color de ese azul cielo, en mi noche lluviosa y fría, amplifica mis dudas.

    ¡Se parece a Mariana! Pensé ya adolorido, desgajándose un solitario aguacero de lágrimas, acompañado por la mirada acostumbrada a la pena ajena del barman de turno, que bajo mis indicaciones, llenaba por tercera o cuarta ocasión de tequila, la última de las tres copas.

    La llovizna se mantenía incesante fuera. Lo recuerdo bien pues tenía mojadas las perneras cuando ubiqué mis nalgas sobre el taburete, y ya tan achispado como consciente, quería engañar a mi corazón embobándolo ante lo que mi razón certeramente me obligaba a reconocer. Otras fotografías en las siguientes páginas, –a pesar de verlas borrosas– afectaban mis retinas, y por medio de ellas a mi alma incrédula, la realidad de un apresurado viaje de negocios.

    Entraron risueños de noche a un colonial hotel, perseguidos a distancia prudente por el fotógrafo. Salían al otro día, –en la de más abajo– otra mañana de febrero, tomados por las manos y con ropas distintas ambos, pero en ella era visible un reciente duchazo, por la caída sobre su espalda del oro de sus cabellos demasiado dóciles y húmedos, como desmayados. Yo… Yo, apenas arrancaba, creo, con el segundo trago de la quinta ronda.

    En alguna de las postreras, a la distancia el sabueso los encuadraba con su cámara, y el teleobjetivo dio en el blanco de sus caras, al pasar el carruaje en el que transitaban frente a la ciudad amurallada. Inconfundible ante mis ojos, lloré. ¡Era mi Mariana!, y con torpeza alcoholizada, regué mi tercera copa ensuciando con tequila y mis lágrimas, las fotografías de su perfidia.

    —Esa vez Eduardo no hizo nada. Realmente fui yo la que actué ante él como una mujer desprotegida, que ante la propuesta del magistrado, fingí un arrebato de integridad y busqué su apoyo. —De regresó a esta realidad, la escucho lejana, más sin dejar de prestarle atención. Tal vez ya no me importe. Quizá ya no que me escoce la herida como al princip…

    — ¡Que idiota!, pensé, pues lo vi tan ilusionado, confiando en poder utilizarme como moneda de intercambio hacía la irracional idea del magistrado. Es verdad que lo de invitarnos a esa reunión en su casa fue una idea suya, y ese detalle lo aceleró todo, pero esos dos al final pensaron que lo hacía encantada. — ¿De qué está hablando Mariana? ¿Qué mierdas aceleró?

    — ¡Imposible! –Con un gesto de resignación y debilitando adrede el tono de mi voz, para hacerles más creíble el drama, en frente de Eduardo le seguí explicando. —Cómo lo hago ahora, enfrentando a Camilo.

    —Es verdad que usted, don Christopher, es un hombre acostumbrado a ganar y a tenerlo todo controlado, pero en asuntos del corazón, su parecer pierde toda autoridad. —En esas soltó un suspiro, pero tras este le escuché en su carraspeo, cierto gruñido de rabia y malestar.

    —Mire señorita, –me respondió ya respirando con tranquilidad, sin levantarse de su sillón– antes que nada me gustaría aclarar que no pienso que usted sea una mujer cualquiera. Tan solo pretendo que ejerza la función de una inesperada quita novios. Necesito solamente, y aprovechando la buena impresión que le causó y lo bonita que le pareció, tan blanquita y ojiazul, –muy diferente a su nuera–, me haga el favor de rumbearse a mi hijo en frente de ella y se lo restregue en sus narices, creándole celos y muchas dudas, para ver si se disgustan lo suficiente y Kevin deja la pendejada, abriendo por fin los ojos. Por supuesto, no pretendo en ningún momento que mi hijo se encoñe de usted, ni más faltaba, pues para mi hijo ya le escogí la mujer adecuada para su futuro.

    —A ver magistrado, primero que todo, soy una mujer casada y respeto a mi marido. En segundo lugar me propone que rompa una relación de muchos meses en muy corto tiempo y eso es una estupidez. A ellos dos los vi muy enamorados cuando visitaron la casa modelo. Y en tercer lugar, no necesito emputecerme para ganarme el salario a fin de mes y llevar la comida para mi casa. Tengo más clientes interesados en adquirirlas, sin tener que meterme en camisa de once varas. —Le respondí.

    — ¡Jueputa! ¿¡Pero cómo así!? ¿También te chantajearon para que tuvieras relaciones sexuales con el hijo? —Alarmado interrumpe Camilo mis recuerdos, y ofuscado se levanta de la mesa para dirigirse al interior de la habitación, murmura alguna obscenidad, en la cual con seguridad estoy involucrada, pero enseguida regresa, eso sí, con los dedos de sus manos apretándose con fuerza la cabeza, y yo con la presión de los míos, aplasto dentro del cenicero la colilla.

    —Tranquila jovencita, –me dijo al verme descompuesta– ya verá cómo no es para tanto. Usted sabrá cómo le hace, pero el caso es que mi hijo por «X» o por «Y», se desenamore de esa muchachita o ella de él. Acérquese a mi hijo en la reunión que ofreceremos en la casa y arrebáteselo. Se me ocurre que le eche un sonoro polvo a Kevin, real o simulado, pero eso sí jovencita, exagerado para que mi nuera, si no puede verlos, al menos los escuche y que al darse por enterada de la infidelidad de mi hijo, le forme un mayúsculo mierdero que rompa con ese estúpido compromiso.

    — ¡Claro, claro! Ehh… ¿Eso sería en su habitación de soltero? O si no le incomoda… ¿Nos permitiría que «culiaramos» en la de usted y su señora, que tendrá con seguridad la cama más amplia? ¡Por favor magistrado, que locuras dice! De aceptar, apenas si haría el primer contacto para atraerlo y con suerte, conseguiría una cita a solas con su hijo, pero hasta la semana que viene. ¡Se lo aseguro!

    —Muy graciosa, señora Melissa. En todo caso si no es en mi casa, usted verá cómo se las arregla para quedar con mi hijo, pero eso sí, que mi nuera se dé por enterada de esa infidelidad. A cambio, Melissa, le prometo adquirir esa casa pagando su valor total en efectivo. El cincuenta por ciento tan pronto Kevin me informe de la cancelación del matrimonio, y la otra mitad, cuando mi hijo esté por firmar las escrituras. Yo tengo el dinero a la mano, pero por el contrario usted, muchachita, no tiene muchos días para pensar en mi ofrecimiento.

    —Me giré con cara de enfado mirando a Eduardo, que hasta ese momento no había intervenido en la conversación, para preguntarle…

    — ¿Cómo ve esa propuesta, jefe? ¿No le parece una falta de respeto lo que me está proponiendo este señor? ¡Creo que hemos perdido la venida!—En ese momento, era Eduardo al que la expresión facial se le iluminaba ya que se sonreía con malicia, imaginando tener la sartén por el mango. ¡De nuevo!

    —Tampoco es para que exageres, Melissa. –Habló con seriedad y firmeza, eso sí, más gerencial y administrativa, que paternal y protectora. – Según como lo veo yo, el magistrado Archbold solo está solicitando nuestra ayuda, a cambio de cerrar hoy mismo la compra de la casa. Ehh… ¡Con un veinticinco por ciento como anticipo! ¿O me equivoco? —Dijo dirigiéndose a él, presionando al magistrado.

    —Soy un hombre de palabra, señor. ¡Será como les dije antes! Mitad y mitad. Si esta chica me cumple, obtendrá usted de inmediato lo que prometí. Y también un bono extra para los dos, por su colaboración y prudente silencio, siempre y cuando su muchacha se esmere. —Le respondió el magistrado con seriedad.

    — ¡Bien pensado! –Intervine sin sobresaltarme, dejando al magistrado y a Eduardo atónitos. – Así se la quita de su camino de una buena vez, la constructora vende otra de las casas, y yo ejerzo de prepago por una pinche retribución. ¡Genial! Mancillo la honra de mi marido y ensucio mi reputación por casi nada, y ustedes dos ganan a costa de entregar mi cuerpo a su hijo. ¿No les parece desventajoso para mí? Pues a mí no me interesa su fajo de billetes. ¡Yo quiero algo más importante! —Y tanto él como Eduardo, me miraron extrañados. ¡Camilo, igualmente!

    —Usted tiene algo más valioso para mí, magistrado. ¡Sus contactos! Consígame una lista de sus amigos o familiares, con los cuales pueda yo intentar hacer nuevos negocios. Hable usted con ellos de la casa tan preciosa que yo le vendí a su hijo, pues le aseguro que la maldita envidia en esos clientes referidos, me dará a ganar mucho más que el bono que tenía pensado.

    —Inteligente, además de hermosa. Razón tenía Kevin al hablarme maravillas de usted, e insistir en que la recibiera cuanto antes. Muy bien, Melissa, la referiré con aquellos a quienes crea factible que les puedan interesar esas casas de descanso. ¿Pero y si no consigue nada con ellos?

    — ¡Pues entonces volveré aquí a buscarlo, para que sea usted, el que me compre dos casas como mínimo! —Le contesté y me levanté del asiento, extendiéndole por encima de su escritorio, mi mano para sellar aquel nuevo negocio.

    —Solo existe un problemita, o dos, para que eso suceda, magistrado. Y es que su hijo esta perdidamente enamorado de su novia, por lo tanto me llevaría mucho tiempo y esfuerzo intentar que se interese en mí. ¿Para cuándo es la boda? —Le pregunté, y él respondiéndome con cara de preocupación, me informó que la habían programado para veinte días después.

    — ¡Por eso mismo! Debemos buscar otra manera para que Melissa pueda acercarse a los dos, sin que ninguno sospeche en realidad a lo que va. Necesitamos tener acceso a su agenda privada, involucrarla en su vida social, para ver en cual evento próximo ella se les pueda atravesar por el camino. —Nos dijo Eduardo, asumiendo esa causa como suya. Había caído en la trampa, tal cual como lo pensé.

    —Podemos aprovechar entonces este sábado, en la comida que ofreceremos en la casa. Vamos a reunirnos las dos familias con algunos invitados especiales, unos pocos políticos importantes para mi futuro y el de mi hijo. Y vendrán otros amigos de Kevin y mi nuera. Estarán ustedes por supuesto invitados, con la excusa de hablar de la compra de esa casa, el cómo se pueda involucrar con ellos queda a su criterio.

    —Por supuesto, cielo, que esa idea le encantó a Eduardo. Ya sabes cómo le gustaba a Fadia y a él, codearse con gente de la alta sociedad. —Le recuerdo a Camilo mientras alcanzo el vaso que había dejado olvidado.

    —Ingénieselas para integrarse con el grupo de ellos. –Me dijo. – Pero procure que parezca un encuentro casual, y sobre todo, aproveche para rumbearse a Kevin delante de ella, y luego plántele un beso o algo así. Usted verá cómo le hace, para eso es mujer, y con seguridad sabrá darle un buen uso a esos encantos que posee. Del resto me encargaré yo y mi amigo el senador, para que mi hijo se olvide muy pronto de ella, encaminando su nueva vida y la carrera política junto a la mujer con la que sí podrá tener un futuro asegurado, y su nuevo suegro en el senado, podrá conseguirme el apoyo que requiero para ser nombrado más adelante como fiscal general de la nación. —El magistrado, utilizó en sus últimas palabras un ritmo pausado, pero cambió el timbre de su voz a uno de un tono más bajo y quejumbroso, que a mis oídos llegó como un ruego.

    —Obviamente compraba tus favores, aprovechando según te dijo, la buena impresión que le habías causado a su hijo, para acercarte a él y terciaras –de una u otra manera– para que ese inoportuno noviazgo culminara para bien del futuro del abogado, y por supuesto del suyo, al igual que para ti, ya que al concretar esa venta, tanto tú y el grupo de ventas del hijo de puta de Eduardo, podrían impresionar a los miembros de la junta directiva, por los excelentes resultados. Todos tan ganadores. Yo sin saberlo, perdía aún más a la esposa que mantenía en casa el mismo amor para con su hijo y su marido, haciendo malabares peligrosos y traidores, pero siempre ocultándolos con la sonrisa amorosa y maternal de siempre.

    Me esfuerzo por evitar mirarla con el enojo que estoy sintiendo, y mejor me concentro en mi puño derecho bien cerrado dentro de la otra mano, –haciéndome crujir las articulaciones más de una vez– pero sin poder acallar en mi voz, el asco y el dolor que se me escapan; y retumbando desde debajo de la mesa, se elevan hacía su atmosfera en una sola palabra que he retenido por bastante tiempo, y que me ha mortificado desde que lo descubrí, por lo que ella ahora arrepentida, se hace ver frente a mí. Mi corazón la evita, más la razón le cataloga de… ¡Puta!

    — ¡Efectivamente! Esa fue la impresión que les quise brindar, cielo. No me ofendes en absoluto, –me miento– no te preocupes. Ya tenía muy claro que a pesar de tener la soga al cuello tras tantas cagadas, no debía dar pasos en falso con Fadia ni con Eduardo, pues era perentorio ganarme su confianza para poder quitármelos de encima más adelante, y por supuesto alejarlos de las agrietadas columnas de adobe con las que yo soportaba la carga de nuestra estabilidad matrimonial, y así, finalmente tu y yo viviríamos más tranquilos. En tu caso, mi vida, desarrollando en paz ese proyecto hotelero en Nuquí, y por mi parte, preparándome para asestarles el golpe final.

    — ¿Cuál golpe? ¿Qué más tenías planeado, aparte de acostarte con «Raimundo y todo el mundo»? —Y ahora sí, mis ojos la buscan, observándola con desilusión.

    —A la idea que en mi mente surgió tras la conversación con tu asistente en esa fiesta, tenía que ir dándole forma, esculpirla y decorarla, incrementado las cifras, superando los presupuestos, pero sobre todo, encumbrando a la estratosfera su ego.

    Camilo recoge de la mesa su vaso y el mío, adentrándose en la soledad de la habitación, posicionándose frente a la bandeja y las botellas.

    —La cuestión cielo, es que salí de allí a mediodía del miércoles sin ganas de almorzar y con una molesta misión en ciernes, pero con la clara intención de no entregar a nadie más mi cuerpo. —Ahora soy yo la que se levanta de la mesa para caminar hasta la esquina del balcón y hacer memoria, paso a paso.

    —Hablé contigo dándote un resumen de la reunión, mientras iba sentada al lado de Eduardo. ¿Lo recuerdas? Ese estúpido conducía sin afán pero sonriente por la avenida circunvalar hacia la oficina, y entrometido para variar, confirmándote a los gritos para que escucharas bien, el optimista resultado de aquella cita de negocios junto a su diligente discípula. —Y al terminar esta última frase, Camilo se acerca con sus dos manos ocupadas por nuevos cocteles.

    — ¡Muchas gracias, cielo! –Le agradezco luego de dar el primer sorbo al coctel preparado por sus manos.

    —Te alegraste como de costumbre… ¡Wow! Quema. Se te pasó la mano con el tequila, mi vida.

    —Ehhh… ¿Por dónde iba? Ahh sí. Pues me informaste de paso tu viaje al día siguiente para supervisar las obras realizadas en Peñalisa, junto a Elizabeth. —No se sienta, percibo y comprendo que se encuentra incómodo y por ello se aleja de mí, refugiándose en la otra esquina para beber y fumar, buscando la calma que no le otorgan mis recuerdos.

    —Al llegar al noveno piso, me ocupé en revisar con mayor detenimiento la carpeta del negocio que me había «cedido» Diana, aprovechando la tranquila soledad de la tarde, ya que Carlos visitaba a un cliente y tanto las muchachas como José Ignacio, se encontraban trabajando en la sala de ventas de los apartamentos de interés social. A «La Pili» le faltaba anexar algunos soportes de sus ingresos por hacer publicidad en sus redes sociales, y a su pareja sentimental, sustentar mejor algunos otros recibidos por su trabajo de montajes y escenografías en una sala de teatro en La Candelaria.

    —Para serte honesta, no veía como podría sacar adelante ese negocio, aunque me puse en contacto con el gerente del banco para pedir su colaboración en temas financieros. Por algún lado tendría que finiquitarlo y por supuesto, dos cabezas pensarían más que una. ¡Qué mejor cerebro para las finanzas que el suyo! —Y mi esposo me lanza una mirada de reprobación y estoicismo, nublada en parte por el humo de su cigarrillo.

    — ¡Sí mi vida, lo sé! También me servía de su interés hacia mí para beneficio propio, pero él igualmente ganaba lo suyo, a pesar de que no cobrara en especie como quisiera, la asesoría que me brindaba.

    —Ya en nuestra casa, después de revisar con Mateo sus deberes escolares, llegaste tú a la hora acostumbrada, para jugar con tu pequeño loquito un rato, y antes de cenar, con papeles de colores, tijeras de punta roma y pegante transparente a la mano, colaborarnos para armar un friso sobre un infantil safari como tema. Podría haberlo hecho yo, pero no tenía cabeza para ello ni tu disposición para recortar y pegar. —Una sonrisa se le dibuja en el rostro a mi esposo, a pesar del evidente cansancio. Mantiene muy presente esos eventos hogareños.

    —Por ello los dejé solos y me aislé en la amplitud de nuestro sofá, aparentando cansancio e interés en las imágenes que proyectaba el televisor con las noticias deportivas que te gustaban, pero realmente dentro de mi mente proyectaba tretas y tramas, charlas banales para generar confianza y poses insinuantes para conseguir llamar la atención del joven abogado. Imaginariamente fácil, difícil de llevarlo a cabo en realidad.

    —El cómo hacerlo se convirtió en el inesperado insomnio que antepuse aquella noche a tus ganas de abrazar la desnudez de mi cuerpo como siempre, para despedirnos sexualmente antes de tu viaje a Peñalisa, y una cefalea intensa, la mentirosa razón que expuse para no tener sexo. —Me callo y dejo de verle.

    Tres niveles más abajo, por entre las palmas de los cocoteros, puedo observar que ya se encuentran dos mujeres con batas de un azul claro, arrastrando una de ellas, un carrito con escobas y traperos, bordeando la piscina. Comienzan sus labores de aseo, ordenando sillas y mesas, recogiendo envases, latas, y otros desperdicios. Y yo, refregándole en la cara a Camilo la suciedad de mis recuerdos.

    —Pero tú como siempre, –me giro y le miro– colocaste mi cabeza sobre tus muslos vellosos y con suavidad, tus dedos mimaron mis sienes con la ternura de tu amor, –causándole mayor escozor a mi conciencia– adicionando la presión circular que creíste necesaria para aliviar mis quebrantos, aunque no fuese allí exactamente donde se ubicaba mi dolor. Mi lealtad, cielo, intentando imponerse se retorcía bajo las garras de mi próxima traición, por ello tus cuidados no la podían ayudar por mucho que te esforzaras.

    En su boca se posa la curva del cristal y el coctel mantiene rebelde su horizontal nivel, ocultando con su mezcla naranja, lo oscuro del pequeño lunar en su labio inferior. Libremente el líquido se mece y realiza pequeñas marejadas al ser absorbido tras el primer sorbo, fluyendo hacia el cálido interior y contrastando aquel aliento suyo con la fría brisa marina de este primer día de la semana, que hace ondear los mechones sobre su frente.

    Por mi parte continuo escuchándola, con mis antebrazos apoyados sobre la baranda de madera, batiendo mi alcohólica bebida, mientras Mariana se extiende en recuerdos por lo acontecido aquella noche. Su desvelo acurrucado, mientras yo dormía seguramente como siempre, en paz y con mis piernas bien estiradas a lo largo, como muerto.

    —Al verte sumido en tu sueños tan profundos, me levanté sin hacer ruido caminando en puntas de pies hasta el estudio y allí tomé el móvil empresarial. Lo encendí para leer de nuevo y por última vez, las conversaciones que mantuve con él, antes de eliminarlas todas. Jamás lo hiciste, pero debía asegurarme de no dejar rastros. —A medida que surge de mi boca la confesión, doy dos pasos hasta la mesa y un corto sorbo a mi coctel, antes de tomar de la mesa un cigarrillo y el briquet con la misma mano diestra.

    —No tenía razones para hacerlo. Siempre te creí honesta y leal. ¿Desconfiar de mi esposa? Nunca me diste motivos para tener que espiar tus conversaciones. —Sin levantarle la voz le respondo, a pesar de que en algún lugar de mi mente, arpía seria la palabra adecuada para enrostrársela.

    Mariana sacude la cabeza después de darle otro sorbo breve a su tequila, después de fumar. Se atraganta y tose más de una vez. Se encorva y el humo forma una neblina blanca que se niega a rozar el suelo. Se eleva esquivando su rostro y por fin ella se endereza.

    —Ahora si tengo tiempo y privacidad. Dime que es lo que quieres. —Fue el primer mensaje que le escribí por la tarde, sentada con las piernas cruzadas sobre la alfombra de la sala y mi espalda recostada contra la estructura baja del chaiselonge de nuestra sala. —Le descorro a Camilo, el velo de lo desconocido, haciéndolo avergonzada, tres pasos más próxima a su rincón.

    —Buenas días Bizcocho. Que rico despertarme así, con un mensaje tuyo, aunque preferiría que lo hiciera tu boca a diario y directamente en mi oreja. ¡Jajaja! —Recuerdo con exactitud su respuesta, mi vida. Pero créeme que no la he olvidado porque me haya gustado su meloseria. Es todo lo contrario. Me disgustó su petulancia y vanidad de macho deseado.

    —Ajá. ¡Sí claro cómo no! Ya son tardes para que sepas, y mejor aclaremos nuestra relación. ¿No te parece? —Le respondí con serenidad y la necesidad de espantar esa molesta mosca de mi alrededor.

    — ¿Tanto dormí? Hummm, ¿Entonces si tenemos algo? Qué bueno que te hayas dado cuenta. ¡Más vale tarde que nunca! —Me escribió en seguida y caí en cuenta del error que acababa de cometer.

    Mariana imita mi pose inclinándose un poco, y acomoda sus antebrazos sobre el madero. Voltea su rostro y sus ojos azules se clavan en los míos. Le tiembla el pulso, tambalea la ceniza. Finalmente cae al vacío. Lo que tenga para decirme le cuesta mucho, pues repentinamente deja de mirarme y su mirada rastrea el suelo, cerrando sus ojos para concentrarse. ¿Sera muy grave para mí? ¿O para ella?

    — ¿En serio eso piensas? A ver Chacho, metete bien esto en tu cabeza. No somos nada porque cada uno ya es de alguien más. Tú tienes a tu Grace y yo estoy bien con… Mi marido. ¡Que te quede bien clarito! Los momentos íntimos que hemos compartido han sido simplemente, arrebatos míos. No eres la causa sino la consecuencia, así que olvídate de creer que soy una de tus inocentes presas diarias, querido. —Le contesté de inmediato y sí, para que negártelo, Camilo. Lo hice un tanto ofuscada.

    — ¡Uyyy preciosa! Precisamente no sabes cuánto deseo poner mis garras encima de ese cuerpecito tuyo otra vez. Me haces arder de ganas cada que te tengo cerca y solita para mí. Hay que repetirlo más seguido… ¿Nos podríamos ver hoy? —Terminó por escribir.

    — ¡Qué pesar Nachito, dejarte con las ganas, pero sucede que tengo mi agenda copada! –Me demoré unos segundos en escribirle algo más, pensando en cómo hacerle sentir prescindible y menos importante para mí.– En la ventana de la aplicación observé que me escribía, pero me apuré y fui yo la que redacté la continuación del mensaje y se lo envié antes de recibir el suyo.

    —Ya sabes, primero debo dejar mi hogar como una tacita de plata para cuando llegue mi hijo del colegio, y luego sesión de embellecimiento en la peluquería, para que mi esposo al llegar de trabajar, me encuentre hermosa y deseable, listica para que me disfrute. ¡Ahh, verdad que tú no tienes esos quehaceres tan aburridos porque como te mantienes tan disponible, no disfrutas de una relación permanente con tu adorada novia, que te pueda brindar esta estabilidad!

    — Jajaja, Meli. ¡El que es lindo es lindo! Ya lo sabes. Además bizcocho, tú me despertaste. Y fíjate que precisamente en este momento estoy tocándome algo bastante largo, grueso y tieso, totalmente disponible para ti. Si quieres comprobarlo, conectémonos por video y hacemos un precalentamiento matinal para ir adelantando trabajo. —Y tras esa repuesta, en seguida el tono de llamada de la aplicación me avisaba de su intención de vernos.

    —No la tomé por supuesto. –Camilo con sus ojos me hace el gesto de incredulidad. – ¡Te lo juro! Y otro mensaje sin palabras pero con un montón de emojis de enojo, todos rojos, recibí de su parte indicándome su molestia. —Le respondí con una sola carita de burla y me dejó en visto por unos segundos.

    — ¿Cómo se te ocurre que me voy a dejar ver así como estoy? Estás totalmente loco. Aprovecha mejor tu dura situación, y dale una alegría a tu novia. —Le escribí al ver que él no lo hacía pero seguía en línea.

    —Grace en estos momentos debe estar sobrevolando el Atlántico. ¿Acaso no estás sola? Anda, no seas malita y me das el gusto de verte esa cuquita desarreglada. ¡Jajaja! —Me respondió, burlón como siempre.

    —Que guache eres. Pues fíjate que no se va a poder, porque como está haciendo tanto frío la tengo bien arropadita con mi pijama térmica de vaquitas. ¡No vaya a ser que se me resfríe! Mejor levántate y te das un duchazo con agua fría para que se te baje la hinchazón. Bueno Chacho, en serio. ¿Qué quieres? —Le pregunté con ganas de concluir aquella conversación y salir efectivamente hacia el salón de belleza para acudir al dia siguiente, bien presentada a la cita con el padre del abogado.

    —Me prometiste algo adicional por mi cumpleaños y me como las uñas por saber que será. —Me recorrió la espalda, de abajo hacia el cuello y los hombros, un repentino escalofrió al terminar de leer.

    Camilo esta obviamente enojado, de hecho bastante emputado al conocer los pormenores de aquel intercambio de mensajes, pues me observa con ese par de iris cafés que anteriormente me reconfortaban cada mañana al despertar, más ahora en ellos observo esbozos de decepción y de… ¿Odio?

    —Pensé que tenías una buena imaginación. —Le contesté.

    —Tenerla la tengo, –me escribió al instante– pero me gustaría más hacerla realidad al tenerte aquí, ahora mismo de cuerpo entero. Por qué no te decides y vienes para acá, así como estas, no me importa, ya que aquí me encargaré de arrancarte ese pijama de vaquitas y saborear esas ubres que no me has dejado chupar, o pegarle mordiscos a tus ancas.

    —Ya sabes que para que eso ocurra, debo estar segura de que cumplas la promesa de no meter ese pipí tuyo en cualquier ratonera. Así que pórtate bien y más adelante miramos si te mereces destapar ese regalo. —Le contesté.

    — ¡Eres una mierda conmigo, bizcocho! Es que primero me tientas y luego me exiges, pero ahora no quieres dejarte ver desnuda para bajarme esta calentura mañanera.

    —Pues compórtate y seré para ti, como el fuego que dices que te hago sentir. —Y enseguida decidí jugármela al todo o a la nada con él, y dejarle claras mis intenciones.

    — ¿Quieres quemarte dentro mío? Entonces procura no consumirme en un solo acto. —Le escribí decidida y continué explicándole.

    — ¿Deseas encenderme con tu pasión? Apaga entonces esa estúpida soberbia cuando estés frente a mí en privado, y mejor esfuérzate en hacerme vibrar y acabar, con la experiencia que se supone, has obtenido con las demás. Pero no intentes absorber todo mi tiempo porque tan solo puedo compartir contigo unos pocos instantes. ¿Te queda claro? —Podía ver en la pantalla como escribía algo, pero enseguida dejaba de hacerlo al tener que leerme primero.

    —Mantendremos la distancia en frente de los demás, comportándonos como siempre. Tú seguirás siendo el conquistador altanero que todos conocen, y yo, la mujer respetable que evade tus acosos y te manda a la mierda.

    —No escucharás jamás de mi boca un te amo o un mi amor cuando estemos juntos, –le escribí aclarándole– porque en mi hogar es donde lo siento y lo digo a diario. Ese derecho… Esa exclusividad le compete a mi marido, pues se ganó mi corazón hace años. En tu caso… Bueno, tú sabrás como querrás referirte a mí, pero guarda esas otras palabras para tu novia Grace, si es verdad que te importa y que existe algún sentimiento de cariño hacía ella.

    —No habrá obsequios entre nosotros. No los quiero ni los necesito. No te atrevas a dejar sobre mi escritorio, ramos de flores para que se marchiten, o cajas de bombones con tarjeticas y dedicatorias con tu firma o anónimas, para que se los coman los demás. Mucho menos esperes recibir de mí otros tipos de detalles, como corbatas o gemelos dorados para los puños de tus camisas, ni estilógrafos contramarcados, que aparezcan sobre el tuyo acompañados por románticas esquelas escritas usando su tinta, y perfumadas con mi aroma.

    —Para ti seré simplemente la mujer que deseas cogerte para saciar tu capricho, pero aunque yo me entregue a ratos, jamás para ti lo haré por completo. Ten presente que lo haré a mi ritmo, sin presiones de tu parte, y tus ganas se tendrán que ajustar a las mías y sobre todo a mis plazos. ¡A las mujeres nos encanta que estén pendientes de nosotras, pero nos fastidia que intenten a toda hora, estar encima de todo lo que hacemos! —Ya no escribía, pero de inmediato los dos chulitos se ponían azules, evidenciando que leía con atención.

    — ¿Cariño? Existirá algo parecido al afecto, obviamente. Pues con solo el gusto por recibir una mirada de deseo, o una bonita sonrisa que me incite a algo más, no elevan mi adrenalina. Para ello me bastaría con ir «a hacer mercado de ojo» día de por medio al gimnasio más cercano.

    —Pero esas muestras de afecto, de haberlas, serán privadas y no tan a menudo. Sí, José Ignacio, allá en la oficina nos comportaremos como siempre, igual de distanciados, repeliéndonos como polos iguales de dos imanes. Tú, el petulante lobo disfrazado y yo, la caperucita casada, fiel y atolondrada, que tanto te fascina fastidiar por mojigata.

    — ¿Quieres tenerme para ti? Entonces, comámonos calladitos y evitémonos los inconvenientes. No me menciones con nadie, ni te atrevas a fanfarronear delante de tus amigos, mucho menos en la oficina, sobre lo poco que ya has saboreado de mí. Pues si me llegó a enterar de algo, te quedaras sin probar una pizca de todo lo que te falta por saborear. Me daré el gusto de probarte por completo y tú a mí, si no metemos a nadie más entre los dos. Seremos un par de leales infieles. ¿Te quedan claras mis reglas?

    —Son muchas normas bizcocho. Y además, eso de guardarnos fidelidad se me hace comprometedor y tan aburridor, que la verdad creo que me lo voy a pensar un rato, a no ser que…

    —Cerré la aplicación y apagué el teléfono, sin interesarme en leer lo demás. Si no quería aceptar mis reglas, por mi estaba bien. Sería un problema menos y me ocuparía entre tanto de mantener a K-Mena alejada de él, de una forma u otra, hasta lograr llevársela a Sergio, virgen al altar.

    —El fuego se combate con fuego, y yo ardía en llamas por hacerle caer en mis brasas y así, hacerle tragar todas esas burlas y sus ofensas. Como mujer, poseía las armas para mantenerlo interesado cuando me diera la gana, pero por el momento me desentendería de eso, pues mi objetivo era al dia siguiente, concretar la venta de la casa para el abogado en la oficina de su padre el magistrado.

    —En aquel momento no pensé mezclar sentimientos de afecto pues era una venganza, lo juro. En mi propia hoguera, utilizando por combustible mi vanidad y su tentación, también junto a él me quemé.

    —Entonces… Si no lo amaste como dices… ¿Si se quisieron? —Mariana me voltea a ver. Para nada tiembla, –mi quijada si– pero no disimula su vergüenza y me responde con… ¿Honestidad?

    —Él pensó que era algo parecido al amor lo que entre los dos surgió, pero en verdad por mi parte, sentí al comienzo un prolongado hastío por tener que simularle cariño tras todo lo que al comienzo me hizo sentir, ofendiéndome y burlándose de ti. Jamás, cielo, se me pasó por la mente que yo pudiera ser una mujer tan rencorosa. No me reconocía. —Me mira incrédulo, así que debo ser completamente honesta con él. ¡Algo de afecto pudo existir después! O tal vez lo confundí con lastima al conocer su huérfano pasado. Termino por aclararle.

    —Deseaba destrozarle a mordiscos sus labios en un acto de venganza, a pesar de que tuviera que besarlo delicioso, y las transpiraciones de mi piel le infectara la suya con la ponzoña de mi odio, aunque tuviese que ser yo quien le insistiera en lamérmela al derecho y al revés. No esperé que tan pronto aceptara lamerme aquí abajo, pero al verlo metido tan sumiso entre mis piernas, di por hecho que mi desquite se estaba gestando, sin percatarme que al tenerlo arrodillado finalmente, tu vida y la mía… ¡Nuestra hermosa historia, una mañana se haría pedazos!

    —No imaginé un final entre tú y él, así. Con la golpiza que le propinaste al final. Antes de eso, yo tenía en mente otra solución. Alejarme paulatinamente, mientras tomaba su lugar en la constructora como la mejor asesora comercial y cuando me confrontara por no volver a estar con él, hacerle entender destrozando su enamorado corazón, que todo lo que a oscuras le entregué y los fingidos gemidos que a sus oídos le obsequié cuando le dejaba poseer mi cuerpo, fueron simples patrañas mías, mentiroso deseo de una mujer herida; y que al abrirme de piernas, tomándome yo misma por las pantorrillas, en realidad eran las puertas de un trampa que ingenié para que de mí se enamorara, y luego de tenerlo arrinconado, lanzarlo hacía el abismo del desamor.

    —Verlo destrozado sentimentalmente, primero desde el lugar seguro que tenía en nuestro hogar, y posteriormente en el trabajo al superarlo en ventas era mi mayor deseo. Sin dañarte… ¡Sin que supieras ni sufrieras con mi engaño!

    Camilo se carcajea, de manera cínica. Puede que su risa esté atravesando las paredes de todas las habitaciones circundantes, despertando a los durmientes huéspedes y de paso, adelantando su sentencia. ¡No me cree!

    —En serio estás loca Mariana. ¿Quieres que me trague todo tu cuento? Tu estúpida venganza destruyó nuestra familia, mis sueños y nuestro futuro. El cariño que no se entrega, nunca se recuerda, y precisamente a la fecha, mantienes muy presente todas esas conversaciones. Las pudiste haber borrado de ese aparato, –y con la punta de mi índice, le presiono su frente– pero aquí siguen muy presentes. No creo posible confundir lástima con aprecio ni sentir deseo por compasión. ¿Huérfano él? Y ahora los dos sin un nosotros, ¿Qué?

    — ¡Porque fueron necesarias para continuar realizando lo que me faltaba por hacer! Por eso no las he olvidado. —Le respondo levantándole la voz, pero el enojo es conmigo misma, al pensar que tan fácil sería que confiara en mis palabras.

    Con ganas de llorar, me aparto de este rincón y su lógica desconfianza, para caminar hasta la cama y al recostarme de nuevo, retomar tras ese último paso y el acomodo de la almohada bajo mi cabeza, la historia del abogado que dejé estancada.

    —El jueves por la mañana, después de acompañar a Mateo y su nana hasta la parada del autobús escolar, conduje pensativa hasta la oficina, para encontrarme allí con él y enfrentarme a su decisión. No fue diferente nuestro saludo a lo acostumbrado y ese hecho me tranquilizó. Hablamos poco, pues él tenía trabajo acumulado por resolver, y yo en compañía de Eduardo, diligenciaba los contratos para tenerle listo al magistrado. Sin embargo me dijo que aceptaba y estaría siempre ahí, pendiente para cuando lo necesitara. Luego por la tarde, recibí la llamada de María del Pilar, confirmándome la hora y el lugar para visitar la casa en Peñalisa.

    —Desde la comodidad de la cama, Mariana me revela más detalles de aquella semana. Deberé ingresar también a la habitación para escucharla mejor, pero creo que me sentaré mejor en el sillón de la esquina, para observarla bien y de paso, calmarme.

    —Tú y yo nos comunicamos a las mismas horas, por la mañana y a medio día, pero ya por la tarde, te informé de mi viaje al condominio al dia siguiente. Te alegraste al ver la posibilidad de vernos, pero como recordaras, tus ocupaciones al otro extremo del condominio, o el horario en el que llegué con los clientes para enseñarles la casa coincidieron, y no fue posible nuestro encuentro. Antes de regresarme te llamé para avisarte, y tan desilusionado como lo estaba yo porque no pudimos ni siquiera darnos un beso y un abrazo, me informaste de una reunión en casa de tus hermanos el sábado por la noche.

    —No había pensado en darte la noticia así. Quería hacerlo cuando estuviésemos juntos, pero no tuve más opción que informarte que precisamente Eduardo y yo, ya habíamos sido invitados a una cena formal en casa del cliente que habíamos visitado. Sin reprocharme nada aceptaste mi salida, pues era bueno para mí y asistiría bajo el amparo de tu amigo y mi ángel benefactor.

    —La reunión la programaron en una hacienda a las afueras de la ciudad. Hasta allí llegué siguiendo al automóvil donde iban Fadia y Eduardo. Te testee avisándote que todo iba bien y me respondiste que ya estabas reunido con todos tus hermanos y Mateo jugando con sus primos. Un te amo tuyo, –inmenso como siempre– escrito en mayúsculas, y por mi parte un gif de un corazón rojo palpitante, nos despidieron esa noche, más la promesa de avisarte cuando fuera a salir para nuestra casa.

    —Al parecer la alta sociedad estaba allí reunida en pleno, y ello motivó que tuviera que obsequiar sonrisas y besos en las mejillas de cada personaje que Fadia y Eduardo saludaban amigablemente o decían conocer. Sabes bien como la vanidad los consumía por socializar con las personas de alta alcurnia. Para ellos todo eran relaciones públicas. Ministros y senadores, jueces y concejales, según nos comentó el magistrado, todos ellos de diversos partidos políticos, brindando con sus vasos con whisky, acompañados por sus esposas ataviadas con glamorosos vestidos de diseñadores y con peinados rigurosamente bien lacados, congeniando sonrientes. Periodistas entrevistando a la pareja de novios y fotógrafos flasheando a todo aquello que tuviera movimiento. En fin, parecía haber asistido toda la plana mayor de la ciudad, y la familia de la novia, humilde sin alcurnia, apartados y relegados a dialogar entre ellos, pero en el otro salón.

    —Por el contrario, los amigos del abogado usaban ropa cómoda, el típico «styling» de su juventud relajada. Mi labor la veía difícil de cumplir entre tanta gente. Me acerqué para saludarles y se mostraron sorprendidos al verme allí. Al parecer el magistrado no les había informado. De todas formas Kevin demostró cierta alegría y después de que me presentara con todos sus amigos, aproveché para entablar conversación con ellos apartándolos un momento de su grupo y de algunas chicas, entre ellas su hermana mayor.

    —Aunque no les faltaba el dinero, tampoco les vendría mal una ayuda adicional para equipar su futura casa, así que les hablé del emprendimiento de una amiga mía, que se podría encargar de organizarles un espectacular Home Shower. Como era de esperarse, era un tema que a Kevin no le interesaba demasiado, pero a su novia por el contrario le llamó mucho la atención y logré conversar con ella por unos momentos, ofreciéndole mi desinteresada colaboración para completar el diseño interior de su futura casa.

    — ¡En la ciudad, –me dijo iluminándosele los ojos cafés– viviremos en el apartamento amueblado de aquel senador, el que habla con mi suegro. —Luego se nos unieron dos amigas suyas y me la arrebataron. Regresé desanimada a donde estaban Fadia y Eduardo, pues se pasaba el tiempo y no conseguía nada.

    —La aburridora reunión seguía en el salón principal, con el magistrado, Fadia y Eduardo conversando, pendientes de mis avances. En el auxiliar, otras personas ya departían con la familia de la novia y en los pasillos algunas parejas y dos grupitos de jóvenes, se distraían chateando o enseñándose unos a otros, fotografías y videos, riéndose sin parar. Kevin no se separaba de su novia para nada, y realmente yo no veía ni cómo ni cuándo le iba a poder “caer”. Pero entonces dos amigos se les acercaron y hablaron con el hijo del magistrado, proponiéndole algo. Tanto él como ella asintieron, aceptando la propuesta. Cuando se acercaron a nosotros, que hablábamos con el magistrado y su mujer, les escuché decir que se marchaban para una discoteca donde los esperaba otro grupo de la universidad, para rematar la noche bailando.

    — ¡Se van a marchar! Les dije angustiada a Eduardo y Fadia. Intentaré hacer que me inviten y si lo logro, puede que consiga mi cometido esta misma noche. Yo le aviso. —Le comenté con cautela al magistrado Archbold.

    —Al darme la mano, ya para despedirse, yo misma me acerqué a su mejilla para darle un beso, pero enseguida le dije al oído…

    — ¡También estoy aburrida, sácame de aquí! Kevin se sonrió, más no me respondió, pero mientras le veía partir escoltado por sus amigos, un mensaje llegó al móvil empresarial. Allí el hijo del magistrado me enviaba la ubicación y entre interrogantes, seguidos por emoticonos de enojo y caritas de desagrado, me preguntaba si iría con «el vejestorio de tu jefe». ¡Ni loca! Le respondí.

    —Si no te importa, me gustaría llevar a alguien más, pero guárdame el secreto pues no se trata de mi marido. —Le recalqué para ponerle sobre aviso que no era tan recta como él creía, ni mucho menos aburrida como aparentaba frente a sus padres. ¡Una cascarita para que más tarde esa noche, él se resbalara!

    —Antes de continuar, cielo, me gustaría aclararte que nunca fui una de esas mujeres «quita novios», pues siempre respeté a mis amigas, y de hecho en más de alguna ocasión, aprovechando uno que otro alcoholizado descuido en alguna rumba, varios intentaron pasarse de listos conmigo. Pero supe contener aquellos intentos por conseguir conmigo, uno de esos polvos pasajeros y traicioneros. Sin embargo ante aquella eventualidad, fui yo la que lo orquestó todo, pensando y manipulando a todos. Incluso a él, pues lo necesité y así tuviera que engañarlo como lo hacía contigo, le prometí que luego de rumbear, esa noche… La culminaríamos culeando apoteósicamente en un motel. —Camilo permanece sentado, observándome con su pierna derecha montada sobre la otra, y sus manos juntas, –palma contra palma– frente a su boca.

    Entre el borde de esa cama donde reposa, y la punta del dedo gordo de mi pie izquierdo, dos tabletas anchas de cerámica beige nos separan, sin embargo entre el esculpido perfil de su rostro de diosa romana, y mis fosas nasales emana una atmosfera densa, residiendo en sí misma, la tensión del momento que tal vez ella no desea revelarme, y yo al escucharla, no deseo imaginar.

    —Lo sabes bien cielo, siempre he aprendido mucho de ti. Prestar atención a los mínimos detalles, para elaborar mejor un plan. Y por eso me jugué la carta que tenía escondida para no inmolarme, pero ganadora para conseguir el objetivo de separar al joven abogado de su «curiosa» prometida.

    —Le escribí de inmediato a José Ignacio, diciéndole que estaba aburrida y quería ir a bailar aprovechando la invitación de unos amigos. Era la oportunidad de vernos antes de que su novia lo acaparara, y tuviese yo que ocuparme de mi hogar ese fin de semana. No me respondió el mensaje y me preocupé. Llamé a Fadia mientras seguía las indicaciones del navegador, pues al parecer el plan «A» no iba a funcionar y me tocaría implementar el plan «B», o sea el de ellos.

    —Es muy simple Meli, querida. –me dijo Fadia. – Acércate a ellos y atráele utilizando la hermosura de tus ojos, tú luminosa sonrisa y las curvas de ese trasero tuyo, luego usa tu inteligencia para envolverlo en una charla íntima y con la ayuda del alcohol, lo podrás atrapar entre tus piernas. Rumbéatelo en frente de ella, provócale celos, y haz que esa peladita se desespere y termine por irse desilusionada de la discoteca. Luego de embriagarlo te lo llevas al apartamento de Eduardo, asegurándote de grabarlo todo y si quieres, tan solo simulas tener sexo con él, y esas grabaciones se las haremos llegar por la mañana a ella. De seguro que no lo perdonará, y le terminará el noviazgo.

    —Aja. ¡Sí claro cómo no! Todo lo haces ver tan fácil, Fadia, porqué a ti no te toca poner ni la cara ni el culo para estas cosas. —Le respondí entre enojada y resignada. Sin embargo recibí una notificación de un mensaje entrante al teléfono empresarial, y se me alegró la noche, pero casi en seguida se me heló la sangre, pues como si tuvieses el talento de la ubicuidad, recibí la notificación de un mensaje tuyo en mi móvil personal. Tu preocupación por mi bienestar no me abandonaba manteniéndote presente sin estar. Me gustó siempre eso de ti, pero incomodaste mi mentira al tenerla que modificar.

    — ¡Amor, ya te iba a llamar! –Te hablé emocionada. – Me invitaron a conocer una discoteca. Voy con mi cliente, su novia y unos amigos. No creo demorarme mucho y no he bebido casi nada. ¡En serio, mi vida! Dos copitas de champaña, nada más. Pero si no quieres que vaya, no hay problema, cielo.

    —Te respondí que no había problema. –Aprovecho que Mariana suspira para manifestarle que aún lo recuerdo. – Te mencioné que me quedaría esa noche en casa de mi hermano, porque Mateo, –cansado de jugar con los primos– se había quedado profundamente dormido. También te pedí la ubicación del local por si me llegabas a necesitar. Y así, mi amorosa confianza le otorgó más viento a tus alas de libertad.

    — ¡Y te la envié por supuesto! Así nos despedimos casi a la madrugada. —Me responde a la defensiva, y gira un poco su cabeza para mirarme con una expresión… ¿Dominante?

    —El lugar escogido por sus amigos para rumbear estaba hasta el tope de gente. Le escribí a Kevin informándole que ya había llegado, y luego a Nacho para saber cuánto tiempo demoraría. Mientras tanto aproveché para fumar un cigarrillo, escarchar aún más mis párpados, rizar mis pestañas y delinear mis labios con un color más fuerte. Escuché su voz, llamándome a los gritos. Había llegado a la discoteca como por entre un tubo y al abrazarnos él y yo… Nos besamos en la boca al saludarnos. —Obviamente se frunce el ceño en la frente de Camilo, descruza las piernas para acomodarse diferente, se rasca la nariz con el dorso de su mano sin decir nada, pero con su mirada acusándome.

    —Le comenté mientras ingresábamos, que a ese local había sido invitada por el hijo de un cliente y su novia. Él se le había escapado a su Grace, y yo le puse al tanto del permiso que me habías dado. Una pantalla gigante a la izquierda nos recibió y por las otras cuatro esquinas, elevadas varias más, retransmitían el show de una artista que ofrecía su particular versión de una canción de Madonna, en una tarima súper iluminada. Luces laser sobre ella y sus «espectaculares bailarinas», así como en toda la inmensa sala. Humo formando una neblina baja, y olores a vainilla, fresa y a sudor, todo tan mezclado y sin embargo lo podía diferenciar al caminar esquivando codazos y pisotones.

    —Íbamos a dejar aquel primer nivel, atiborrado de personas rumbeando y fuimos avanzando hasta llegar a las escaleras de metal cromado, para subir hasta el tercer nivel, donde la música electrónica ya no reinaría, y por el contrario el vallenato, la música tropical y caribeña, –profesionalmente mezclados por el Dj en su tarima– dominarían las siguientes horas.

    —Varios Drag Queen bailaban realizando una coreografía sensual sobre el escenario principal. Todos fueron bajando las escalinatas iluminadas, y desfilando por entre el público que los aplaudía, lanzaban besos a diestra y siniestra. Cuando uno de ellos se nos puso al frente, interrumpiéndonos el paso, saludó de mano y un fuerte abrazo a José Ignacio. Bastante alto y vestido de manera similar al vestido plateado que yo llevaba esa noche, solo que más corto y con exuberantes plumas de colores que surgían de la espalda; el escote exageradamente pronunciado, con múltiples hilos de plata que desviaban gracias a su movimiento hipnótico, las miradas indiscretas y con botas de brillante cuero blanco cubriendo sus musculosas piernas por encima de las rodillas.

    — ¡Hola mujer, que bueno que hayan venido a vernos! —Me saludó con voz ronca. No lo reconocí de inmediato tras ese fabuloso vestuario y su exagerado maquillaje, pero me recordó que se trataba de Fabio, uno más del grupo de amigos de José Ignacio en su fiesta de cumpleaños y con los que realizaba piques ilegales los jueves por la noche. Antes de proseguir con su desfile, nos invitó a visitarlo más tarde en los vestuarios para tomar algo.

    —En un rincón a mi derecha, vi a todo el grupo y nos acercamos con José Ignacio agarrando mi mano con la suya, un poco sudorosa. Lo presenté con el grupo y presté atención al rostro de la novia. Inicialmente asombrada al vernos, chispeante enseguida su mirada al verlo, y disimuladamente coqueta al saludarlo empinada con un beso en cámara lenta sobre su mejilla derecha. La química lo había iniciado, luego con los tragos y algo de charla mezclada con miradas disimuladas, esperaría pacientemente a que la física del roce hiciera lo demás.

    —Para variar, José Ignacio se integró con facilidad al grupo, pavoneándose delante de los hombres al pasar su brazo por encima de mis hombros y apretándome más a él, causando además varios comentarios risueños y secretos entre las mujeres. Nos acomodamos en dos sofás semi circulares, para solo seis personas. Nos sentamos las mujeres y los hombres quedaron de pie. Nos sirvieron unas jarras de cerveza pero José Ignacio insistió en que los hombres tomaran algo más fuerte, y junto a otros dos varones, fueron por una botella de ron y dos de «Old Parr».

    —Mientras se escuchaban interminables los vallenatos, sin que ninguno de los hombres nos sacara a bailar, las muchachas y yo nos dedicamos a charlar animadamente de cosas de la boda, la novia incluso pidió mi opinión como si fuésemos amigas de toda la vida, y los hombres a los gritos, debatían donde celebrar la despedida de soltero.

    —Una de ellas al ver llegar de nuevo a José Ignacio con las botellas, me felicitó por el buen gusto que tenía, creyendo que éramos novios. Me reí. ¡Somos tan solo compañeros de trabajo y de vez en cuando nos pegamos una escapadita! Nada formal. —Les aclaré. El pobre anda de agarrón con su novia y a mí me tiene abandonada mi marido. Así que decidimos aprovechar las circunstancias. ¿Por qué lo dices? ¿Te gusta? Le pregunté.

    — ¡Pero por favor! ¿A qué mujer no? –Respondió la más gordita y bajita. – ¡Cálmate serpentina que tu carnaval ya pasó! Pa´ calmar ese «bullerengue», aquí le tengo listico este «mapalé». —Intervino la hermana de la novia. Todas soltamos una risotada que logró llamar la atención de los hombres, incluidos Kevin y José Ignacio, que para rematar, me envió por los aires un beso con guiño de ojo incluido.

    —El tema de los regalos paso a un segundo plano y la atención se centró en mí, para conocer por mi propia boca, un poco más del hombre que las había hechizado. ¡A todas! Así que lo más fácil estaba hecho. ¡Tan solo me restaba untarle un poco de mermelada a esa galleta salada!

    —Cuándo se los presenté, advertí en ella y en todas sus amigas, la atracción que él solía ejercer en las mujeres. En sus miradas disimuladas ya había advertido la atracción, y aunque no llegué a imaginarme que podría ser tan fácil, todas esas muchachas deseando probar la misma manzana, contribuyeron a qué en especial ella, igualmente imaginara como sería morderle el gusano.

    —Que era un auténtico macho alfa y un amante de primera, fue la carnada. Ya tan solo faltaba que ella cayera en la trampa del roce. La química del gusto al verlo, le hizo sentirse atraída hacia él de una manera por demás animal. Y eso lo percibió él igualmente. Acostumbrado estaba a oler a las hembras en celo a kilómetros de distancia. — ¿Me comprendes, cielo?

    —Perfectamente. ¿Cómo tú, por ejemplo? —Le respondo con ironía pero Mariana continua con los ojos cerrados, recordando.

    — ¡Chicas, es en serio! No les exagero cuando les digo que a Nacho es difícil que se le baje la tranca cuando sabes mantenerlo súper excitado con tus alaridos. Le encanta dominar, halar del cabello, pellizcar los pezones y palmotearte el culo a la vez que te dice vulgaridades, sin parar de culearte. ¡Ufff, nenas! Es el mejor amante que he tenido. ¿Y saben qué? Después de que se viene la primera vez, dejándote agotada y sudada, se lo miras y está como si nada. Se le mantiene esa verga todavía tiesa, y no te deja tomar siquiera un respiro, para volver a la carga. No es el típico hombre que se conforma con un solo asalto y se echa a tu lado para ponerse a roncar como un cerdo. Nacho es capaz de sacarte dos, tres, cuatro y hasta un quinto orgasmo antes de vaciarse por segunda ocasión.

    — ¿Y cómo la tiene? —Se aventuró la amiga más fea en preguntar.

    — ¡La tiene así de inmensa, y como mi muñeca de gruesa!- Les respondí, separando las palmas de mis manos y luego juntando pulgar contra pulgar y las yemas de mis dedos índice, mostrándoles de manera exagerada, su aparente grosor.

    —Obviamente con la sola pinta de José Ignacio, no alcanzaba. Debía acercarlos, juntarlos para que él utilizara su otra gran arma en ella. La labia. De esta manera podría influir sobre esa atracción que en ella se evidenciaba y por eso, con el cuento de mis encuentros sexuales con semejante semental, la mantuve interesada y logré agrietar su intachable lealtad.

    — ¡Cuándo tiramos con ganas, me hace sentir que me parte por la mitad! ¡No se alcanzan a imaginar lo que siento por allá dentro! Y mueve esas caderas delicioso igual a cuando baila, empujándome ese trozo de carne como si quisiera sacármela por la garganta. —Les aseguré, colocando en mi rostro esa sonrisa y aquella mirada que expresan la dicha que una siente en esos momentos.

    —Me inventé también que por el enorme tamaño y grosor que se gastaba, no le dejaba que me la metiera por el culo, pero se lo recompensaba al hacerle lo que más le gustaba. Mamársela bien, atragantándome con ella y luego dejar que soltara toda su leche dentro de mi boca y mostrarle con lentitud como me la tomaba completica. Me acerqué bastante a ella y mirando a José Ignacio, le dije que a él eso lo volvía loco. —Miro la reacción en los ojos de mi esposo, ya que debe sospechar que lo que les conté a esas chicas, lo dije por mi real experiencia.

    — ¡Nunca antes me sentí tan bien, diciendo una mentira!

    Molesto le escucho su proclama, y lo cierto es que puedo reconocer la verdad en lo que me comenta, por el orgullo en el timbre de su voz y el fulgor en su mirada cuando me ha mirado.

    —Supuse que con todo aquello que les contaba, las ganas de probarlo al imaginárselo, les hizo mojar los cucos y a más de una se les incrementaron las ganas de qué Nacho las invitara a bailar o… ¡A algo más! Entre esas ella, que a pesar de no querer cagarla con su novio, riéndose nerviosa no podía ocultar el anhelo irrefrenable de probar hacer algo con ese adonis criollo. Y no me equivoqué, mi vida, pero me hacía falta el empujón final.

    Mariana recoge las piernas hasta juntarlas con su pecho, asegurando encorvada, con sus brazos el agarre. La tela de la bata se arruga y la blanca belleza de sus muslos reaparece ante mis ojos, admirando sus formas, rememorando su textura con las ganas desacostumbradas y aquel deseo interior que se resiste a olvidarla.

    —La mano extendida acompañada de la sonrisa amplia en sus labios, más la mirada de orgulloso conquistador en sus ojos avellanas, me invitaron a levantarme y alejarnos abrazados hasta un espacio vacío en la pista a medias iluminada; con las notas del acordeón de uno de los tantos vallenatos y las voces de los hombres coreando las estrofas, le dejé rodear con sus brazos mi espalda y la cintura, y esa enamorada intimidad reclamó por la presencia de más parejas.

    —Bailamos mucho. –Mi esposo me mira desde su rincón con asombro y desazón, pero le aclaro. – ¡Bailé con la mayoría! De hecho al estar cerca de la pareja de novios, nos intercambiamos durante dos vallenatos y una tanda de clásicos del tropipop, en los que aproveché para tontear con Kevin solapadamente, sin perder de vista a su novia que hablaba poco pero se dejaba apretujar sin resistencia, y se reía mucho con lo que José Ignacio le decía al oído.

    —El Dj interrumpió el momento, dando comienzo a una mezcla de reggaetón y cambiamos pareja de nuevo. Dejamos de movernos nosotros, ellos continuaron ejercitando las caderas y sus pelvis.

    — ¡Ven te digo algo! Le dije a José Ignacio tras darle un necesitado sorbo a la refrescante cerveza. —Me estoy aburriendo con tanta «corroncheria».

    —Pues entonces a que esperamos, bizcocho. ¡Larguémonos ya! Y con algo que tengo por aquí, hago que se esfume tu aburrimiento. —Me respondió sonriente y con su varonil ego encumbrado hasta más allá del cielo raso del local. Terminó por darme un beso y hacerme agachar la cabeza para que observara cómo se acariciaba por encima del pantalón su pasional idea.

  • Besos de madre

    Besos de madre

    1.

    Manuel abrió despacio la puerta procurando no hacer ruido. Era casi las 2 de la mañana y la casa estaba completamente oscura. Por fortuna su cuarto ahora estaba en la planta baja y podía pasar desapercibido cuando era necesario. Supuso que sus padres ya estaban dormidos así que, como de costumbre, se dirigió a la cocina por un refrigerio, pero se llevó una enorme sorpresa al ver a Graciela, su madre, acostada otra vez en el sillón de la sala. Era ya la cuarta o quinta vez en el mes que hacía eso y ya la situación era más que preocupante pues nunca los había visto pelear así.

    La delgada cobija se había caído al suelo y estaba titiritando. De inmediato la cubrió y se dispuso a traerle otra manta, pero la visión que tenía frente a él lo detuvo. Usualmente llevaba un pijama de un material parecido a la seda, pero en esta ocasión, traía puesto solamente una camiseta. No llevaba sostén, y al ser una prenda muy vieja, el cuello se había estirado de tal manera que podía ver perfectamente sus senos desnudos que estaban a punto de salirse de la prenda.

    Su piel era muy blanca por lo que la aureola, de un color café claro, apenas sobresalía de su piel; tenía los pezones duros y redondos del tamaño de un garbanzo. Manuel disfrutó aquel sugestivo paisaje un momento y cuando la vio moverse corrió a su habitación por las frazadas. Aunque lo volvían loco los senos grandes, trataba de ignorar los de su madre pues sentía raro mirarlos. Algunas veces los veía de reojo o echaba un rápido vistazo al escote de su uniforme médico, siempre sintiéndose incómodo porque era pues, su madre. Cuando Manuel regresó, ella estaba volteada hacia el respaldo del sillón cubierta hasta la cabeza con la cobija. Le colocó la frazada y se fue a su cuarto. Aquella estampa se quedaría grabada para siempre en su mente.

    Las discusiones de sus padres se hacían cada vez más frecuentes y a veces dejaban de hablarse por días y cuando se “contentaban” no había mucha diferencia. Para Manuel, el problema estaba claro: su padre era demasiado autoritario y muchas veces menospreciaba a su madre de muchas formas. Nunca tuvo una buena relación con él pero lo respetaba pues, a fin de cuentas, era su padre.

    Sabía que su madre sufría en ese matrimonio y cada vez se notaba más su desesperación y aflicción; y aunque era una mujer muy atractiva a sus 40 y tantos, su autoestima estaba por los suelos. De estatura media, piel clara y cabello rojizo, su mayor atractivo eran sus senos, pues tenía una muy bien conservada talla DD que hacía juego perfecto con sus caderas. Sus nalgas, aunque eran algo pequeñas, no pasaban desapercibidas, sobre todo cuando llevaba su ajustado uniforme de dentista, que muchas veces le hacía marcar el elástico de sus pantaletas.

    Los continuos conflictos le hicieron volverse más cercano y cariñoso con su madre. Trataba de compensar la falta de compresión y cariño por parte su padre, lo cual volvió su relación más afectiva y física. Hacían muchas cosas juntos y la acompañaba siempre que podía a hacer diligencias tanto de su trabajo como de la casa. Inclusive después de una discusión, Manuel aparecía para tratar de contentarla o al menos consolarla, sin poder hacer nada a veces para mejorar su ánimo. Ese abrazo inocente de empatía la reconfortaba, pero también le causaba una extraña y placentera sensación que no quería discernir: Manuel era un hombre, y para ella era muy apuesto. Jamás lo había visto con morbo, pero estaba consciente de su físico: era más alto que su padre e incluso, a comparación de él, algo fornido. Había entrado al equipo de americano de la universidad y seguido iba a verlo jugar cuando salía del consultorio. Estaba orgullosa como madre.

    No tardó en darse cuenta de las miradas de sus compañeras y poco a poco se fue poniendo celosa. No le gustaba verlo con otras chicas de su edad y no toleraba la idea aún de que algún día tuviera pareja, por lo que evitaba el tema a toda costa cada vez que su hijo insinuaba algo relacionado a eso.

    Una noche, Manuel había llegado tarde del entrenamiento y encontró la casa en silencio. Aquello se le hizo sospechoso y de inmediato fue a ver a su madre. Graciela estaba sentada sobre la cama sollozando con ambas manos en la cara, y apenas lo vio entrar lo abrazó con fuerza y se quedaron así un rato. Pronto dejó de llorar, pero aún sentía su respiración descompuesta sobre su pecho. Tan pronto reacción se dio cuenta que su madre solo llevaba un top para hacer ejercicio y sus pechos se veían aún más grandes de lo que eran. Fue algo tan inesperado que Manuel no pudo evitar una erección al sentir su cercanía.

    Al cabo de un momento ella lo soltó, pero mantuvo la frente sobre la de su hijo, explicándole cual fue ahora el motivo de la pelea; anímicamente estaba cansada y solo quería salir de esa habitación, pero no podía. Manuel tomó su rostro con ambas manos y trató de calmarla haciéndole saber que él estaría ahí siempre. La intimidad de la cercanía física junto con su atuendo sobrepasó aquel momento madre-hijo y aquello se tornó en algo casi idílico. Ambos lo sentían y él no podía dejar de pensar en sus pechos ni en la blancura de su piel. La mente de Graciela estaba en otra parte y se sentía incapaz de moverse o incluso reaccionar ante la evidente erección de su hijo que sentía entre sus piernas, que lejos de molestarla o sorprenderla, le pareció muy halagador.

    Después de un largo silencio Manuel fue acercando más su rostro al de ella y, sin saber exactamente por qué, la besó. Una parte de ella lo deseaba secretamente, más por curiosidad que por morbo y recordaba las veces que, siendo pequeño, besaba todo su rostro. El corazón estaba a punto de salírseles del pecho a los dos y a pesar de que su madre permanecía sin inmutarse, sus labios no se movieron; aunque estaba temblando, se mantenía serena.

    Graciela cerró los ojos dejándose llevar, y pronto sus labios empezaron a moverse muy lentamente. Ya no era un beso forzado, sino uno muy cálido y con pasión. Abrazó a su hijo disfrutando aquel gesto prohibido, que pronto le provocó esa calidez en la entrepierna que ya tenía casi olvidada. Manuel estaba extasiado con los labios de su madre y sentía que la polla le iba a estallar en los pantalones en cualquier momento. Entonces, ella se detuvo y nuevamente juntó su frente con la de él. Estuvieron así un rato mientras recuperaba la compostura y tras darle unos golpecitos en la mejilla se marchó sin decir una palabra.

    Estaba sumamente confundido: ¿Le había gustado? ¿Estaba molesta? La escuchó entrar a su cuarto y cerrar la puerta, pero nada más. No sabía si debía ir tras ella o esperar a que regresara para decir algo; la sensación de sus labios persistía y no podía dejar de pensar en ella.

    2.

    A la mañana siguiente, su padre había salido antes que todos por lo que Manuel no se levantó temprano. Cuando bajó a desayunar notó inmediatamente el cambio de humor de su madre, pues tenía una actitud más relajada. Estaba más activa y con más energía que los días anteriores, por lo que se sintió feliz y aliviado al mismo tiempo. Por la noche quería preparar un postre, así que le pidió que llegara temprano del entrenamiento. Manuel solo asintió sin poder decir una sola palabra y justo cuando se disponía a despedirse, su madre le dio un beso en los labios, muy corto pero tan húmedo que lo dejó sin habla. No supo cómo reaccionar y solo le sonrió nervioso, tropezándose con la puerta al salir.

    Durante todo el trayecto a la escuela solo pudo pensar en ese beso y se preguntaba si su madre también tendría esa inquietud durante todo el día. Jamás imaginó que se atrevería a hacer algo así con ella y sobre todo, que le haya correspondido sin inmutarse. Nuevamente recordó los pechos de su madre aquella noche imaginándose miles de escenarios posibles.

    Después de todo un día que pareció transcurrir en cámara lenta y una agotadora sesión de entrenamiento, regresó a casa. Su padre estaba viendo la televisión en la sala y su madre lo llamó a la cocina; justo como lo esperaba, lo recibió nuevamente con un beso, pero esta vez, fue algo más natural.

    Esta acción se volvió costumbre entre ellos, siempre y cuando estuvieran solos. Cuando se iba a la escuela y cuando regresaba, su madre lo besaba tiernamente y conforme fue pasando el tiempo, los besos se hicieron más prolongados hasta el punto en que uno de los dos debía terminar el contacto. En ocasiones, cuando había gente, era un “pico” en la mejilla o muy cerca de los labios, y más tarde y a escondidas, le daba el que “le debía”. Ambos estaban conscientes de que no era algo propio de una madre con su hijo, y aunque el gesto pudiera parecer inocente, estaba cargado de lascivia por parte de los dos: ambos querían descubrir que había más allá, pero ninguno se atrevía a dar el paso.

    Cierto día, su padre no estaba en casa y decidieron ver una película. Manuel moría de sueño por el entrenamiento de la mañana, pero quería complacer a su madre, que había aprovechado la casa sola para limpiar y acomodar. Ni bien empezó la película cuando se quedaron dormidos. Graciela se despertó por una estruendosa explosión en la pantalla y miró a su hijo dormir recargado junto a ella. Sus ojos fueron de sus labios hasta su cintura y se detuvo en el bulto entre sus piernas. Lo miró de rojo y se imaginó su tamaño y su forma, aunque estaba segura que la tenía más grande que su padre.

    Verlo ahí le recordó cuando se dormía mientras le daba pecho y como lo tenía que mecer para que no despertara; aquello la conmovió y le dio un suave beso en la mejilla. Manuel despertó inmediatamente y volteó a ver a su madre, que lo miraba con expresión serena a un palmo de su cara y se besaron. Graciela lo abrazó y su hijo la trajo hacía él sin despegar su boca de la de ella, y cuando rozaron brevemente la punta de sus lenguas, su madre humedeció su ropa interior.

    Ya no era solo un beso inofensivo, sino que ahora lo hacían con fuerza, jugando hábilmente con sus bocas; su respiración agitada delataba su deseo. Graciela se recostó sobre el sillón quedando su hijo sobre ella, sujetándola firmemente de la cintura. No habían despegado sus labios para nada y justo cuando Manuel intentó desabotonar la blusa de su madre, la voz de su padre retumbó desde el pasillo de la entrada. Graciela lo apartó inmediatamente casi con un golpe y se cubrió con la frazada. Manuel apenas alcanzó a taparse la erección con uno de los cojines cuando su padre entró en la sala. Les pidió que lo ayudaran a bajar los víveres de la semana casi escupiendo las palabras y se fue a la cocina; su madre sonrojada lo volteó a ver tapándose la boca, con una expresión de pánico en el rostro. Manuel solo se rio entre dientes y salió a la cochera por las bolsas.

    Por la noche, Graciela los dejó en la sala y se encerró en su cuarto con el pretexto de una jaqueca. Tocó sus labios ligeramente y cerró los ojos; le gustó lo que estaba sintiendo y se sentía culpable por ello. Había besado a su hijo como si fuera su esposo y ahora el recuerdo le había hecho recorrer una extraña y nueva sensación por todo el cuerpo. Corrió la cortina y se sentó sobre la cama. La suavidad de las sábanas en sus manos la excitó y nuevamente su ropa interior se humedeció. No se atrevía a tocarse, aunque deseaba hacerlo; estaba caliente y era gracias a su hijo.

    3.

    Pasaron varios días desde aquel fugaz encuentro y ninguno de los dos podía apartar ese momento de su mente. La tensión sexual que había entre ellos era casi tangible y aunque no hablaban de lo que sucedía ambos estaban a la expectativa del próximo encuentro. No hacían nada para propiciarlo, pero tampoco se detendrían si llegaba a suceder. La relación madre-hijo que llevaban había cambiado totalmente desde el primer beso y ahora era casi una declaración: sentían deseo el uno por el otro.

    Eran casi las 3 de la mañana cuando ambos escucharon la puerta de enfrente cerrarse de golpe. Mario había regresado y venía completamente ebrio. Tanto, que apenas entró en la casa se desplomó en el suelo.

    – Hay que acostarlo en el sillón.- Le dijo Manuel a su madre mientras trataba de levantarlo de las axilas. Graciela vaciló un poco y lo tomó de los pies.

    – No. Que duerma en tu cuarto, mejor. Si se acuesta en el sillón lo va a ensuciar y la sala es nueva. Hay que dejarlo en tu cama y tu duermes conmigo. Manuel se quedó sorprendido ante aquella declaración y sin chistar lo llevaron a su cuarto.

    Lo acomodaron en la cama procurando que la cabeza diera al suelo por si era necesario y su madre lo cubrió con una sábana. «Eso debe bastar», le dijo al salir de la habitación. Manuel continuaba sorprendido y estaba emocionado porque pasaría la noche con su madre. Aquello no era casualidad y estaba seguro que pasaría algo. Se lavó los dientes y tomó un par de almohadas antes de subir.

    Manuel entró tímidamente al cuarto de su madre, que estaba de espaldas recogiéndose el cabello junto a la cama. Notó de inmediato que ya no llevaba el pantalón del pijama, solamente la bata guinda que usaba por las noches. Sus piernas eran más largas de lo que parecían y por primera vez las pudo ver más allá de los muslos. Se acercó a ella pero no se atrevió a tocarla ni a decir nada. En la habitación aún persistía el aroma del champo y de las diversas cremas que usaba para el cuerpo.

    Graciela apagó la luz y la habitación se quedó casi a oscuras. Únicamente la luz que travesaba la cortina dejaba ver su silueta. Su madre le puso ambas manos sobre el pecho y lo besó tiernamente, esta vez, sin prisa ni remordimiento. Ambos habían estado esperando aquel beso que sabían que sería en esas circunstancias. Manuel, envalentonado por la oscuridad, deshizo el nudo de la bata y se la abrió lentamente. Recorrió su vientre desnudo con sus dedos hasta llegar a sus pechos, aún dentro del sujetador. La piel de Graciela se erizó y nuevamente aquel escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Sus pechos eran más suaves y cálidos de lo que esperaba, pero también más pesados: los acarició en círculos muy despacio sin dejar de besarla. Graciela sintió la erección de su hijo en su entrepierna humedecida y empezó a frotarse contra él. Le ayudó a quitarse la camiseta y se recostaron en la cama sin dejar de besarse, quedando ella debajo de él. Recorría su espalda rozándola con las uñas mientras su hijo besaba y lamía su cuello. Pronto sus labios fueron bajando y se entretuvieron en sus pechos, que mordía por encima del sujetador. Graciela gemía despacio cada vez que los dientes aprisionaban sus pezones que estaban duros como roca. Alternaba con ambas manos, apretándolos y acariciándolos con fuerza.

    Fue bajando aún más por su vientre haciendo círculos con la lengua hasta llegar al borde de su ropa interior. Se detuvo un momento para disfrutar el aroma que emanaba de su entrepierna y besó el interior de sus muslos. La respiración de su madre estaba fuera de control y sujetando su cabeza le indicó lo que quería. Manuel le quitó lentamente la pantaleta y aquel sensual aroma se intensificó. Tal como imaginaba, su madre no solía depilarse toda el área y apareció ante él una sutil mata de vello muy corto pero abundante. Acarició con los dedos despacio toda su vulva mientras su madre abría más las piernas y dejaba escapar pequeños gemidos cuando se acercaba al clítoris.

    Pasó la lengua lentamente por toda su raja, lo que provocó que pegara un brinquito. Entonces puso toda la boca sobre su vagina haciendo círculos con la lengua sobre el clítoris. Graciela estaba extasiada y no paraba de gemir: «¡Sí, mi amor! ¡Justo así!», le decía acariciando sus pechos con ambas manos, y cuando le introdujo un dedo dejó escapar un gemido que muy seguramente se escuchó hasta la calle pero no le importó.

    Movía la lengua de arriba a abajo y la penetraba rápidamente con los dedos. Graciela jamás había sentido con tanta intensidad el placer en su interior, lo que le hizo preguntarse si su hijo había estado con otra mujer antes de ella, pues la maestría con la que la masturbaba y estimulaba su vulva tenía que venir de la practica continua. «¡Me voy a correr!» dijo entre gemidos. Manuel aceleró el movimiento de su mano y lamió con más fuerza su clítoris. Su madre convulsionó y explotó en un fuerte y sonoro orgasmo que le hizo cerrar las piernas. Manuel dejó de lamer y le daba pequeños besos en los muslos mientras se recuperaba.

    Se levantó y fue directamente a su boca, abrazándola con fuerza. Sus piernas aun temblaban y no había recuperado del todo el aliento, pero quería más. Si giró hasta quedar sobre él y de inmediato se sentó sobre su pene, que apenas podía contener en sus pantaloncillos. La tenue luz azulosa le hacía ver cómo la delgada silueta de su madre se deshacía primero de la bata y luego del sostén; inmediatamente sus manos buscaron las de su hijo y las colocó sobre sus pechos desnudos. Eran suaves y cálidos, y sus pezones grandes y duros. Graciela cerró los ojos mientras comenzaba un lento vaivén sobre el bulto de su hijo. El movimiento hizo que el pene se saliera del pijama y se colocara a lo largo de su raja.

    Así estuvieron un rato frotándose hasta que su madre ya no pudo más. Con una mano tomó el glande y lo dirigió a su vulva; estaba tan humedecida que de un solo movimiento lo engulló por completo. No hubo ardor ni molestia como cuando lo hacía con su esposo, así que se quedó estática un momento disfrutando como aquel falo llenaba por completo su interior. Su hijo se acomodó bien y abriendo un poco más las piernas empezó a moverse lentamente. Graciela gemía pesadamente con cada empujón que le daba su hijo que también no dejaba de acariciar sus senos y sus pezones, que no tardo en llevar a su boca. Los succionaba con fuerza al tiempo que masajeaba sus pechos. Después de un rato alternaron el movimiento de sus caderas y tomaron un ritmo rápido y constante. Estaban haciéndolo, finalmente estaban haciendo el amor. Manuel lamía y succionaba con fuerza sus pezones. «Muérdemelos despacio, “Manu”» le decía acariciando su cabello. Su hijo aprisionó un pezón con los dientes y el otro con los dedos, alternando también con la lengua. Aquello hizo que su madre perdiera el ritmo pues le encantaba la sensación, era verdaderamente su zona más sensible.

    Las fuertes embestidas hicieron que se desbaratara el “nudo” que se había hecho en el cabello y ahora le caía libremente en la cara. Se inclinó sobre su hijo poniendo ambas manos en su pecho y abrió más piernas. Así aceleró el movimiento de sus caderas dándole fuertes sentones; sentía cerca el orgasmo. Manuel dejó de moverse pues su madre lo cabalgaba fuertemente, levantando a veces tanto el culo que el pene se le salía. Lo tomaba con los dedos y lo volvía a meter sin miramiento. El rechinido del colchón junto a los gemidos de su madre lo desconcentraban y aumentaban la excitación en ambos. Manuel Sujetaba sus nalgas con fuerza y le daba nalgadas con ambas manos. Su madre solo se mordía los labios o suspiraba más fuerte; su esposo a veces lo hacía también, pero no tenía el mismo efecto. Todo lo que le hacía su hijo para ella era algo nuevo. Inclusive cuando le ponía un dedo en el culo se estimulaba tanto que su interior se contraía fuertemente y Manuel lo sentía. El orgasmo estaba cerca para los dos.

    «¡No te detengas, mi amor! ¡Me falta poco!» le decía su madre casi con hilo de voz. Ambos aumentaron el ritmo hasta que Manuel sintió las contracciones de su madre, que dejó caer todo su peso sobre él al besarlo y, sin poder más, lanzó un chorro de semen en su interior. Su madre gimió con fuerza con los labios aun sobre los suyos y estalló nuevamente en un orgasmo más prolongado. Su interior se contraía fuertemente mientras los últimos chorros la llenaban por completo. Sus lenguas se entrelazaron y no dejaron de besarse hasta que el pene de Manuel fue perdiendo su erección.

    Graciela se recostó a un lado de su hijo aún sin poder componerse; ambos tenían la respiración agitada y les punzaba el rostro. No dijeron absolutamente nada. Manuel abrazó a su madre y sin darse cuenta se quedaron dormidos.

    Pasadas unas horas más tarde, Graciela despertó suavemente a su hijo. Eran casi las 6 de la mañana y la luz ya entraba a través de la cortina.

    – Mi amor, tienes que irte a la sala. Tu padre no te puede ver aquí-. Le susurró tiernamente. Manuel se desperezó y a duras penas se pudo incorporar. Podía ver claramente a su madre que aún estaba desnuda y le sonreía mordiéndose los labios casi con malicia.

    – Ok, ma, ya me voy.- Le contestó. Su madre se inclinó sobre él y le dio un beso en los labios.

    – Ya tuviste suficiente, nos vemos más tarde-. Le dijo mientras se tapaba los pechos con la sábana. Manuel le sonrió y salió de la habitación tan sigilosamente como le fue posible.

    Estaba tan ensimismado recreando lo que había sucedido que no se dio cuenta que iba caminando desnudo con la ropa en la mano. Se asomó a su cuarto y vio que su padre estaba en la misma posición en que lo habían dejado. Estaba tan inmóvil que si no fuera por los ronquidos, habría pensado que estaba muerto. Se vistió con torpeza y bajó a la sala, pero no sin antes tomar un par de almohadas y cobijas.

    Se quedo recostado en el sillón pero no se durmió. Sentía que estaba flotando y que la noche anterior había sido solo un sueño. Uno maravilloso. Pero la sensación de picazón en el pene por los fluidos que aún llevaba encima le confirmaban que era verdad: había tenido sexo con su madre y había sido el mejor día de su vida. «¿Qué pasaría ahora? ¿Lo volverían a hacer?» Se preguntaba con una mezcla de emoción y miedo. Su madre lo había despertado como si nada hubiera sucedido y se despidió de el con un beso, y aunque eso ya se les había hecho costumbre, en esta ocasión se sentía diferente. Quería descansar pero no podía, y faltaba escasa una hora para levantarse e ir a la universidad.

  • Mi vida (parte 4): Mi mentora Michelle

    Mi vida (parte 4): Mi mentora Michelle

    Los que han leído las primeras partes de “Mi vida” ya saben que me fui involucrando en este placer desde muy joven y por voluntad propia en donde tuve altos y bajos, a este punto de mis relatos yo estaba casado y para todos los que estaban en mi entorno sabían que yo era un hombre heterosexual totalmente normal, de hecho mantenía relaciones sexuales con mi esposa y una que otra amante, sin embargo mi debilidad seguía siendo la misma de siempre.

    En este caso les contaré mi primera experiencia sexual programada con una chica transexual que no había recogido en alguna esquina de la ciudad de Caracas, siempre había sido todo fugaz porque las montaba en carro y luego de hacer lo nuestro, las bajaba.

    Esta vez fue distinto, busqué por internet la que más me gustó pactando sitio y hora para nuestro encuentro en donde podía estar a solas y explorar todo lo que me faltaba, así fue y llegué al hotel media hora antes de que ella llegara para que me diera tiempo de asearme y prepararme para el encuentro, yo no estaba para nada temeroso porque mi culo ya estaba con bastante kilómetros recorridos de penes pero si estaba ansioso.

    Michelle llegó, la más hermosa de la página muy femenina de cara, olor rico con piel clara y ojos verdes, creo que era la primera vez que detallaba tanto y con buena luz a una chica transexual porque el sitio y las circunstancias se prestaban para eso, sin perder tiempo y apenas entró en la habitación nos besamos antes de iniciar la conversación pre-sexual:

    Michelle: mi amor que te gustaría hacer?

    Yo: que me claves rico

    Michelle: ok papi ponte cómodo pero págame por adelantado.

    Sin dudarlo le pagué, ella era un poco seca de trato y tenía acento colombiano de hecho la voz no era tan femenina pero en general estaba muy rica, procedí a quitarme la ropa y me acosté boca abajo ya que mi costumbre era ser penetrado y era lo que me gustaba hacer, recordemos que pasé muchos años haciéndolo en mi carro y nunca le hice sexo oral a las chicas, la verdad es que me daba un poco de asco mamar y le dije: “Comete mi culo!! “

    Se denudó y sin mucho preámbulo se me montó encima para besarme por el cuello, las espalda, las nalgas hasta abrir mi culo y meter su lengua, me pajeaba mientras me chupaba las bolas y el culo, tenía un inmenso de placer que me hizo acabar de inmediato, no pasó nada de tiempo cuando me subio las caderas dejándome con el culo bien parado para bombearme el culo con su pene que era considerable grande de tamaño y bastante duro, por un buen rato me tuvo así hasta que me puso boca arriba para cogerme como un pollito en brasa mientras me besaba, la verdad que es que mi punto de excitación ya no estaba tan alto porque recién había acabado y esto me provocaba extrañamente más dolor y rechazo a los besos, era como que quisiera que ya terminara y se fuera pero me lo clavaba con recorridos lentos y prolongados causándome además de dolor un gran ardor hasta que se vino, en general la verdad es que el hecho de estar en una cama hace todo más divino y me di cuenta que este era un procedimiento más seguro y adecuado.

    Ocasiones como esta pasaron un par de veces más con ella misma porque era a la que llamaba pero un día ella llegó algo distinta no se si estaba ebria o algo más pero estaba muy acelerada, no me trató bien fue muy seca al saludar aunque me dio mi respectivo beso con lengua para luego empujarme con fuerza a la cama y yo ni si quiera me había desvestido, se quitó la ropa y se me montó encima para que nos besarnos acostados, hubo mucha lengua con algo de fuerza de su parte porque como les dije estaba un poco más seca y brusca este día, sin embargo me dejé llevar siguiendo su ritmo mientras le agarraba sus nalgas, yo vestido y ella desnuda encima de mi era lo que yo veía en el espejo del techo, luego se sentó sobre mis caderas y empezó a pajearse mientras me miraba a los ojos, sin duda estaba insinuando que le mamara el machete pero traté de pararme con la excusa de que me quería desvestir aunque con su peso y usando un poco de fuerza ya estaba más cerca porque sus nalgas ya estaban sobre mi pecho y puso su pene muy cerca de mi boca, lo fue restregando por mis labios hasta que cerré los ojos y abrí mi boca.

    Ahí estaba yo, con mucho asco ya que no me llamaba la atención hacer sexo oral además que de seguro lo estaba haciendo terrible, no se estaba gimiendo o trataba de hablar pero se me salía la saliva y me ahogaba, sinceramente no lo estaba disfrutando porque no era lo mío, cada vez me embestía un ritmo más lento pero fuerte y profundo llegó un momento que de verdad yo ya no podía aguantar ¡¡¡me estaba cogiendo la boca desenfrenadamente!!!

    En ese acto por escapar de su pene traté de juguetear con sus huevos pero fue peor porque terminó sentada en mi cara con su culo en mi lengua y las bolas encima de mi nariz, esto duró mucho rato por lo que decidí tomar mi pene y hacerme la paja mientras me comía su culo y ella me insultaba como si yo fuera una perra maricona mientras también se masturbaba lista para explotar. Terminó acabándome en mi cara sobre todo en la frente y el cabello porque les recuerdo que mi boca estaba en su culo, posteriormente me hizo limpiarle el pene y fue ahí cuando por primera vez pude saborear semen.

    Estuve contratando a varias chicas de internet durante un tiempo aunque ya Michelle no se publicaba, ya no era tan seguido como antes porque estaba viviendo mis primero años de casado y estaba esperando un hijo, mis prioridades eran otras y mis escapadas fueron desapareciendo poco a poco ya no eran 10 15 ni 20 veces por año, eran 2 o 3 solamente y cada vez me alejaba más de mis aventuras pero ya mamaba guevo sin asco y me comía la leche gracias a Michelle que fue mi mentora.

  • Mi suegra me regaña

    Mi suegra me regaña

    Estábamos invitados a un bautizo Elisa y yo. Me vestí de acuerdo a la ocasión, de traje y bien arreglado, cabe mencionar que no tengo mala pinta, barba cerrada, alto y delgado… me perfumé bien y salí. Pasé por mi novia Elisa a su casa, estaba sola y ella también se veía espectacular con un vestido clarito y muy ajustado el cual destacaban sus nalgas y un escote pronunciado donde dejaba asomarse los deliciosos pechos firmes y redondos en los cuales me gusta retozar, quise cachondearla un poco levantándole el vestido, pero solo pude tocar sus grandes nalgas, sentí la diminuta tanguita que traía y me encendí, se notaba mi excitación porque enseguida mi verga despertó al ver la ropa que llevaba puesta, pero no pude avanzar más porque su mamá venia saliendo de la cocina.

    Nos vio y se sorprendió al vernos, pero nos alago de lo bien que nos veíamos, mi Elisa fue por su bolsa a su cuarto que estaba inmediatamente a un lado de donde estábamos, en ese momento mi suegra nuevamente me dijo lo bien que me veía y una mirada extraña se dirigió hacia mi entrepierna, lo que hizo que mi verga saltara y lo notó, porque sentí su mirada directamente hacia mi paquete abultado, salió mi novia y nos fuimos de fiesta.

    Las copas habían rebasado mi capacidad de pensar y no podía manejar, así que mi novia tuvo que tomar el volante, no pasaban de las 11 de la noche así que decidió llevarme a su casa. Vivía con su mamá… Al llegar no había nadie, así que nos metimos a su recamara, ella también llevaba unas copas encima, mucho menos que yo, pero también bebida y eso hacía que todo se pusiera más cachondo… En su recamara me acostó y me pidió no saliera, se cambiaria y regresaría conmigo, ya me sentía demasiado excitado…

    Al regresar venia sólo con su bikini y las zapatillas que había llevado a la fiesta. Se veía hermosa, muy hermosa voluptuosa y deseable… Aún con mi embriaguez tuve una erección inmediata, ella lo noto y empezó a desvestirme rápidamente tomó mi verga y empezó a jugar con ella, se escupió la mano y la pasaba por la punta de mi verga me hacía estremecer y que mi falo comenzará a escurrir, la chupaba con su lengua para luego introducirla totalmente hasta su garganta, se quitó su sostén y esos maravillosos senos saltaron mostrándose totalmente erectos sus pezones, unos pezones negros enormes riquísimos, estaba muy caliente, quería verga, se acercó a mi oído y me susurro…

    -ahora sí, que me querías hacer en la tarde?-, nos besamos y nuestras manos no dejaban de tocarnos,- debe ser rápido – me dijo, -porque no debe tardar mi mamá-.

    Se subió en mi verga y la cabalgó hasta escurrirse una y otra vez, sus pechos rebotaban en cada sentón que se daba en mi verga, la cama rechinaba en cada embestida hacia abajo que me daba, cambiamos de posición para no hacer ruido y seguí dándole verga por un momento más, ella gemía de una manera discreta, Estaba a punto de venirme cuando escuchamos la puerta se abría, entró corriendo su mamá y se metió al baño. Hazte el dormido me dijo y así lo hice. Se puso un pijama y salió a hablar con su mamá, yo escuche cómo le comento que me pase de copas y que ella tuvo que manejar y que me trajo a su casa y me acostó en su cuarto. Yo estaba desnudo y como pude me puse las cobijas encima y me hice le dormido.

    La Sra., se asomó y se río, solo dijo.

    -No lo dejes ir si no puede manejar-.

    Me dejó en la habitación y cerró la puerta, yo en efecto me dormí, desperté, no sé a que hora sería, todo estaba en silencio, tenía muchas ganas de ir al baño y aun me sentía muy mareado, mi novia estaba profundamente dormida, no quise despertarla así que muy despacio me levanté y así desnudo salí al baño. Todo estaba obscuro, conocía la casa y ubicaba muy bien el baño, y este estaba justo fuera de la recamara de la mamá de Elisa, justo de la recamara por abajo salía un reflejo de luz, lo que me decía que estaba despierta.

    Entre al baño y caí en razón de eso, de que estaba completamente desnudo y que junto estaba mi suegra en su recamara, eso fue suficiente para que tuviera una enorme una erección, cuando llegamos y mi novia me cabalgo yo no termine así que aún estaba cargado y sin desahogarme, empecé a jugar con mi verga cuando escuche que la puerta de la recamara de mi suegra se abría. No tocaron la puerta del baño ni intentaron abrirla, solo escuche que salían. Lo único que se me ocurrió hacer fue bajarle al baño para que se dieran cuenta que estaba ocupado.

    Escuche que se metían nuevamente a la recamara, pero no escuche cerraran bien la puerta. Pensé que en cualquier momento mi novia iría por mí al baño, pero eso no sucedía. Mi erección aún está a su máxima expresión, sin pensar abrí la puerta y despacio salí del baño, al salir me di cuenta que la puerta de la recamara de mi suegra estaba ligeramente abierta, pero con la luz apagada, la tentación hizo detenerme por un momento y acariciarme la verga justo enfrente de la abertura de la puerta fueron unos segundos en los que mostré mi verga frente a la puerta, yo no sabía si alguien veía o no. Pero eso me excitaba.

    Regrese a la recamara de mi novia ella seguía dormida, pero yo muy caliente, así que me pegue a su delicioso culo y empecé a buscar su pishita, ella reaccionó y abrió sus piernas, volteo y me susurro… no hagamos ruido. Así que la penetré despacio, ella empezó a moverse lentamente apretando mi verga de una manera deliciosa, no tarde mucho en llenarla de leche, mucha leche que tuvo que levantarse e ir al baño. Al salir y pasar frente a la puerta de la recamara, su mamá le habló no escuche que le dijo supongo por que entró a la recamara.

    Mas tarde regreso a su recamara donde la esperaba, le pregunte que, si todo estaba bien y me dijo que sí, que no había problema.

    Al día siguiente desperté antes que nadie, me vestí y me fui a casa. Por la noche regrese a ver a mi novia, su mamá estaba en casa y lo primero que hice fue disculparme con ella por lo ocurrido la noche anterior, si me reprendió y me dijo que eso no estuvo bien, pero sobre todo que deje que mi novia manejara mi camioneta, nuevamente me disculpe, mi novia salió un momento al patio y mi suegra aprovecho el momento para decirme de forma pícara que jugar con mi pene frente a su puerta tampoco estaba bien.

    Eso hizo sonrojarme mucho, en ese momento entro mi novia y le dijo… ya mamá, ya no lo avergüences.

  • Me hicieron niña por primera vez

    Me hicieron niña por primera vez

    Mi nombre es Roberto, soy un chico muy divertido y de mente muy abierta, hace algunos años atrás empecé a vestirme de niña por la noches y me empezó a llamar la atención y me excitaba pensar que estaba así vestidita con lencería en la cama de algún hombre.

    Hace poco estaba en Canadá de vacaciones y descargue alguna de esas aplicaciones para buscar pareja ocasional, la cual dio buenos resultados ya que pronto me empezaron a llegar varias solicitudes de contacto y empezamos a platicar, había señores ya maduros, chicos de mi edad (28) y pues personas más jóvenes y así, entre las amistades sobresalen dos que me llaman la atención; una era de un chico dominicano moreno y muy atractivo y la otra era de un señor ya de unos 40 años de edad pero de muy buen cuerpo, tome la iniciativa de salir con los 2 y ver cuál era el que más me gustaba al fin estaba de vacaciones y podía probar un poquito de todo.

    Ya por la tarde casi anocheciendo salí a caminar y por un café con el señor y pues la verdad la pasamos muy bien, nos besamos finalizando la cita y pues un buen manoseó que me metió y termine haciéndole sexo oral en su auto, nos metimos a la parte de atrás de su auto se bajó un poco el pantalón junto con los calzoncillo y yo me puse de rodillas y empecé muy suavemente a lamerle los dos testículos y poco a poco fui subiendo hacia su verga pero me regresaba a seguir disfrutando lamiendo sus dos ricos testículos, en un punto me dijo que le hiciera un poco de garganta profunda y poco tiempo después se corrió a chorros en mi boca para después pasar a limpiarle con mi lengua toda su verga…

    Después ya por la noche todavía me sentía súper excitada por la situación que estaba viviendo, el cómo me dejó la carita toda llena de lechita y el cómo se la limpié solo me puso más caliente para mi siguiente cita.

    Más tarde me quede de ver con «Carlos» el chico dominicano, tome una bonita lencería con todo y medias, las metí a una maleta y me salí, fuimos a un billar y ya desde hay yo le empecé a comentar que si nos podíamos ir a un hotel con jacuzzi y me podía poner algo sexy de lencería para que el me pudiera disfrutar al cual accedió rapidísimo pues él sabía que nunca me habían penetrado antes y que iba a ser mi primera vez.

    Así que llegamos y lo primero que hice fue a cambiarme para él, salí y él estaba en la cama acostado con solamente bóxer pero ya se le veía lo erecto que estaba su pene, en cuanto el me vio vestidita así sexy me dijo que me acostara a su lado, me empezó a besar rico y a poner sus manos sobre mi culito y me daba pequeñas nalgadas, para esto yo estaba súper caliente y me dijo que lo primero que hiciera era lamerle el culo… fue delicioso!!!

    Le empecé a lamer poco a poco su ano junto vos sus testículos y parte de su pene que por cierto estaba muy grande, yo nunca me imaginé que estaría tan excitada lamiéndole el culo a un moreno pero era súper rico…

    Después se volteó y empezó el a meter su pene en mi boca y el se movía yo solo dejaba mi cabeza estática para que el la metiera a mi boca a su gusto, después me dijo que se estaba viniendo que no sacara mi boca de su pene y así fue me tragué toda su leche pero el siguió moviéndose y nunca se le bajo lo erecto del pene al contrario eso le prendió mas, así que me puso de perrito y me comió por un momento el culito, me puso la tanguita de lado se puso saliva y empezó a meterla suavemente pero sin detenerse hasta llegar toda hasta el fondo y me la dejo hay por unos 30 segundos para después empezar a moverse mas rápido.

    Y recuerdo que me embestía y era los mas rico del mundo cada vez que me la metía hasta dentro ufff sentía tan rico!!! Algo muy rico que me hizo es que cuando me estaba cogiendo me sacaba la verga del culo y me hacía que se la mamara y luego me volvía a coger el culo y de nuevo me la sacaba y me ponía a mamársela de nuevo.

    Me puso en varias posiciones y la última fue parado abriéndome yo solita las nalgas para que el pudiera llegar hasta el fondo, yo no quería que nunca me dejara de coger pero después de un buen rato me pregunto que si quería mas lechita en mi boca y claro que le dije que si que cuando estuviera listo me avisara.

    Así que me volteó y me puso de rodillas a lamerle los testículos y él se estaba masturbando y poniéndome la verga en toda la cara y de repente otra vez le empezó a salir esa leche cremosita y solo puse mi lengua de fuera y empezó a caer grandes gotas de semen en mi lengua y yo solo las tragaba hasta que le exprimí la última gota de semen hay me dijo que si le podía limpiar también los testículos al cual accedí y él se sentó en el sillón abrió un poco las piernas y yo empecé a lamerle y limpiarle las manchas de semen que tenía en los testículos y se los dejé muy limpios solo con mi lengua…

    Después de eso me dijo que durmiéramos juntos esa noche al cual accedí y por la mañana siguiente antes de despedirnos me dijo que de nuevo le mamara el culo y le hiciera sexo oral, me metí abajo de la sabana y ese olor a semen de la noche pasada tan rico, se puso boca abajo y de nuevo le lamí el culo para después se pone boca arriba y en segundos tenia de nuevo su rica lechita en mi boca esta vez era demasiada y no la pude contener en mi boca así que trague lo que pude y el resto se lo termine limpiando con la lengua.

    Después nos fuimos a bañar y hasta ahora solo seguimos en comunicación pero nunca mas nos volvimos a ver.

  • Con mi mujer cumpliendo una fantasía que no sabía (parte 1)

    Con mi mujer cumpliendo una fantasía que no sabía (parte 1)

    Tengo 43 años y una novia de 38, con el tiempo he aprendido a disfrutar de mis parejas sobre todo en la cama, dándome libertad para hablar con ellas mientras estamos más liberados por la excitación.

    Es un momento en el que no pensamos mucho y nos dejamos llevar, eso es lo que aprovecho para hablar con ellas, por ese motivo es que muchas veces termino diciendo cosas que nunca hice ni pienso hacer, como acostarme con dos mujeres a la vez, o decirle que lo vamos a hacer en algún lugar público o que me gustaría acostarme con su amiga o que la estamos cogiendo entre dos hombres mientras la cojo en posición de perrito y le meto un dedo por la boca.

    Igual lo que pasó esta vez que les voy a contar se me fue un poco de las manos, estando mi novia en mi casa aprovechó para darse un baño y mientras estaba bajo el agua sonó su celular arriba de la mesa, le dije lo del mensaje y me pidió que le dijera de quién era. Nosotros a esta edad no andamos protegiendo las comunicaciones entre nosotros sin embargo esta vez creo que ella debió de hacerlo.

    El mensaje lo mandaba Juan, un compañero de trabajo, cuando le dije que el mensaje era de él, un pequeño silencio de un segundo, que lo percibe quién conoce realmente a la otra persona, se me hizo eterno. Luego de ese segundo me dijo que me fijara que había mandado. Las palabras eran las siguientes… «Mirá como me dejaste hoy» y a continuación una foto de una pija dura y sus huevos bien apretados con una de sus manos.

    Enterarme que mi novia me estaba engañando fue un golpe muy duro, pero a esta altura de la vida, no me desilusiona tanto enterarme de algo así, yo mismo lo haría si tuviera la posibilidad de tener sexo con otra mujer también. Pero en este caso, generalmente estoy mucho con mi hijo que vive conmigo y poco tiempo tengo para otras relaciones.

    Así que en ese momento, quizás por querer averiguar más decidí estirar la conversación y le dije a ella que Juan le había escrito «Hola ¿Cómo estás?» ella me dijo «Ah ta, dejá entonces no le contestes nada. Qué raro!»

    -¿Qué raro qué? -pregunté.

    -Que me haya escrito, nunca lo hace.

    Ella tenía toda la conversación borrada porque el saludo y la foto era lo primero que aparecía en el chat.

    -¿Y por qué lo hace?

    -No sé, ni idea, ¿por qué preguntás? ¿Te pusiste celoso?

    -Si claro! no entiendo por qué un «compañero» de trabajo te escribe.

    Mientras teníamos esa charla yo decidí contestarle a él haciéndome pasar por ella ¿por qué lo había dejado así? que me refrescara la memoria, junto con un emoji de guiñada. Porque me encantó la charla que tuvimos, no me imaginé que eras tan buena hablando y estimulando con las palabras y las miradas. ¿podés hablar? ¿te llamo?

    Ahí sí llegué a un punto donde todo se juntaba, escuché que mi novia que ya no hablaba cerraba la canilla de agua y me la imaginaba apurada mientras me preguntaba ¿Amor? ¿Qué pasó?

    Tenía que decidir qué hacer, fuera lo que fuera que hiciera lo cierto es que de ahí en más, ya sabía que no tenía más novia pero si, una excitación que nunca me había imaginado tener en esa situación.