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  • Gemidos que no cesan

    Gemidos que no cesan

    Llego de un viaje largo de trabajo, ingreso la llave a la puerta con cautela, quiero darte la sorpresa. Abro la puerta y doy unos pasos hasta llegar a la sala, no te veo por ningún lado, hago silencio y escucho unos gemidos que no cesan, me dejo guiar por ellos, camino lento y sin hacer ruido porque no quiero interrumpir.

    Miro por la puerta del cuarto sin que me veas, tu vestido está en el piso al igual que tus tangas blancas que se ven muy mojadas. Estas totalmente desnuda, miro cada parte de tu cuerpo, tus piernas que desean ser tocadas, tu vagina caliente y palpitante, tus tetas están en movimiento por la pasión de cómo te tocas, tu boca trata de morder los labios para no dejar salir los gemidos.

    Mi pene se empieza poner muy duro y meto mi mano por dentro de mi pantalón, mi pene se siente húmedo y empiezo a tocar su cabeza, comienzo a masturbarme al ritmo de tus gemidos.

    No te das cuenta que te estoy observando, miro como coges el vibrador que tienes a tu lado y te pones en cuatro mientras muerdes una almohada, (que rico como se ve tu culo y vagina en esa posición) con una mano empiezas meter el vibrador suave y luego rápido por tu vagina, escucho que dices mi nombre, me excita mucho saber que me estas imaginando, que piensa que el vibrador que te regale es mi pene. Escucho la palabras que se confunden con tus gemidos “no pares, quiero que me partas todita, aaa déjame sin aliento”.

    El vibrador se ve muy mojado, tu vagina no para de lubricar, estas muy agitada y te haces encima de la almohada, estas en una posición donde me das las espalda y aún no te das cuenta que te miro. Empiezas a cabalgar rápido y a mover tus caderas de una manera fenomenal, tus gemidos no cesan, eso me vuelve loco, yo estoy a punto de venirme pues tus gemidos combinados con tus movimientos están que me hacen estallar en un orgasmo.

    Veo como aumentas la velocidad, de un momento a otro explotas en un grito, que seguramente te escucharon los vecinos. Veo como cae todo tu cuerpo desnudo a la cama, mientras yo siento que mi mano está llena de semen.

  • Infieles por un día

    Infieles por un día

    Cristina vivía en un pueblo de provincias, donde había pasado toda su vida.

    Regentaba una pequeña peluquería donde su buen hacer y trato amable, le habían proporcionado una clientela fiel, que le permitía con mucho trabajo y entrega, ganar el sustento para su familia.

    Cristina había pasado la barrera de los cuarenta años, era una mujer delgada y muy atractiva, de ojos expresivos, sonrisa preciosa y un cuerpo, que para nada representaba su edad.

    Llevaba casada casi veinte años con su marido, el cual conoció cuando solo era una adolescente y a la que le había sido fiel siempre. Era madre de dos niños por los cuales sentía verdadera pasión. Eran su razón de existir.

    Cristina era una persona sencilla, que siempre había disfrutado con los pequeños detalles de la vida, sin ambicionar grandes metas. Era sincera, cariñosa y fiel, aunque la vida o más bien su pareja, no le correspondiera con la misma medida, lo que estaba cambiando su carácter.

    Su marido Rodrigo, era camionero y pasaba varios días a la semana fuera de casa, algo normal por su profesión que ella entendía y asumía. Pero ese tiempo ausente no se compensaba cuando tenía la oportunidad de estar con ella y la familia, era como si no estuviese.

    La pareja ya no tenía esa magia y complicidad con la que nació. La falta de sinceridad de Rodrigo y otros asuntos turbios por parte de él, habían degenerado mucho la relación.

    Ella era el pilar de la familia y solo el bienestar de los niños, mantenía a flote ese matrimonio.

    Una tarde, Cristina estaba en la peluquería, esperando a cerrar. Su última clienta no había acudido a la cita y solo el horario de cierre la frenaba de no estar con sus hijos en casa.

    Se abrió la puerta del establecimiento y entró un hombre de unos cuarenta años, un hombre atractivo a primera vista. Preguntó:

    -Buenas tardes. No tengo cita, pero me gustaría cortarme el pelo.

    -¿Mario?- Respondió Cristina en tono dubitativo.

    -¿Cristina?- dijo Mario en el mismo tono.

    Los dos perplejos, se fundieron en un pequeño abrazo.

    Cristina y Mario pasaron desde la niñez a la juventud juntos, en la misma pandilla de amigos. Llevaban sin verse desde que Mario por motivos de estudios, salió del pueblo a la capital, donde hizo su vida.

    -¡Cuánto tiempo sin saber de ti! no veas la ilusión que me ha hecho verte, te he reconocido enseguida -exclamó Cristina entusiasmada.

    -La verdad es que no esperaba esta sorpresa de volver a verte, pero a mi también me hace una ilusión enorme. -Respondió Mario.

    Mientras que Cristina le cortaba el pelo, se contaron su situación actual, pero sobre todo, recordaron cientos de anécdotas de juventud, las risas y la complicidad entre ellos, hacían que estuvieran pasando un rato entrañable.

    Cristina recordaba a Mario con mucho cariño. Él era una persona muy abierta con una picaresca innata para tratar con las mujeres. De joven era un seductor y ahora de adulto, mantenía ese don sumado a una madurez muy atractiva.

    El tiempo de corte se alargó más de lo habitual, pero llegó a su fin. Mario preguntó que cuanto valía el servicio, pero Cristina se negó a cobrarle.

    Intercambiaron los números de teléfono para mantenerse en contacto y se fundieron en un pequeño abrazo.

    Un abrazo emotivo, que mezclado con la adrenalina de los recuerdos contados, hizo que Mario acercara sus labios a los de Cristina, quedando estos casi rozando.

    Sus miradas estaban fijas, Cristina abrió sus labios, cerró sus ojos y ambos se fundieron en un beso apasionado. La mano de Mario bajó de la espalda al culo, apretando las nalgas de Cristina haciendo que ella sintiera la erección de Mario, en su húmedo pubis.

    Cristina rompió asustada el momento.

    -No Mario. Por favor, paremos. Me he dejado llevar por el momento, puede pasar alguien en cualquier momento y sobre todo… soy una mujer casada.

    -Disculpa, me he dejado embriagar por la situación, lo entiendo. Hace una semana falleció mi madre y estaré en el pueblo un par de días solucionando temas de herencia. Si quieres podemos tomar un café una tarde de estas.

    -Mejor no Mario -Respondió Cristina. Este es un pueblo pequeño y el hecho de estar casada y que me vean contigo tomando algo a solas, puede levantar comentarios incomodos.

    Ambos se desearon buena suerte, y se dieron un beso para despedirse.

    Cristina llegó a casa aún sin creer lo que le había pasado. Atendió a los niños y pronto se fue a la cama, una cama vacía ya que su marido se encontraba de viaje.

    No paraba de recordar ese beso apasionado, no podía evadirlo de su mente. Le había gustado y le había hecho sentir sensaciones ya olvidadas. Sentía mariposas en la tripa solo de recordar.

    Llevaba unos minutos en la cama cuando sonó el tono de un Wasap. Era Mario.

    Escribió para ver como se encontraba, pero la calma de la noche y el recuerdo de lo ocurrido, hizo que estuvieran chateando durante varias horas.

    La conversación iba subiendo de tono por segundos, hablaban de lo que podía haber pasado y de como sería si se volviera a producir un encuentro así.

    Cristina se sentía una adolescente, si las mariposas le revoloteaban en la tripa antes de comenzar, el chatear con Mario hizo que estuviera muy, pero que muy excitada, con la imaginación volando años luz de la realidad y las braguitas húmedas.

    Mario insistía en tener un encuentro. ella se negaba, aunque todas las partes de su cuerpo y mente, chillaban diciendo si.

    -Mañana mis niños no estarán en casa- escribió Cristina. Estarán en casa de sus abuelos con unos primos que han venido de vacaciones. Puede que me arrepienta de lo que te digo, pero mañana, te quiero en mi cama. Solo te pido una cosa, discreción absoluta.

    -Siempre he sido un caballero, mañana tendrás en tu cama un amante y un caballero- escribió Mario.

    Cuando la conversación terminó. Cristina estaba excitada y nerviosa, por todo lo que el día había acontecido, pero sobre todo por lo que acontecería al día siguiente.

    Su mente ya estaba en el día siguiente, dejó el móvil sobre la mesita de noche. Su mano comenzó a bajar hasta sus braguitas… estaban empapadas. Las quitó y comenzó acariciar su pubis con la fantasía de Mario en su mente.

    Cuanto más fantaseaba, más excitada estaba, se deshizo de su fino camisón y humedeciendo sus pezones, comenzó acariciarlos, mientras que con su otra mano, frotaba su clítoris suavemente.

    Abrió el cajón de su mesita de noche, donde tenía un tubo de crema con punta redonda, no tenía consolador, pero ese tubo hoy sería su escudero. Lamiendo su punta mientras acariciaba sus pezones, comenzó a pasarlo por sus labios, estaban muy mojados y no tardó en introducirlo poco a poco en su vagina, era su Mario improvisado. Sus caderas se movían como si un hombre la estuviera penetrando. El placer iba en aumento, un placer nuevo para ella, pues no recordaba tanta excitación en años, hasta que un intenso orgasmo, más intenso y duradero de lo normal, la invadió y elevó a los cielos del placer. Quedó dormida, desnuda y complacida.

    Al día siguiente habían quedado a una hora tardía, cuando las calles ya no estuvieran transitadas y nadie pudiera ser testigo.

    Cristina vivía en una casa con una puerta trasera, por ella entraría Mario. Ella le avisaría por wasap y él llamaría.

    Durante todo el día, Cristina se debatía entre seguir adelante con el plan o no. El poco apego que aún tenía hacia su marido, confrontaba con las sensaciones que había sentido.

    Unos minutos antes de la hora acordada, escribió a Mario un wasap:

    -Mario por favor, no vengas. Vamos a cancelar la cita de hoy

    Mario respondió al segundo:

    -Tarde, ya estoy en tu puerta, ábreme

    Cristina abrió la puerta.

    -Estás preciosa, dijo Mario.

    Cristina llevaba un vestido con estampado veraniego, era corto y no muy ceñido que resaltaba su figura. Una trenza le mantenía el pelo recogido, dejando a la vista su precioso rostro.

    Mario tan elegante como siempre, con unas bermudas de vestir y una camisa blanca ajustada, con los botones superiores desabrochados y las mangas a doble vuelta. Un colgante pendía de su cuello dándole el aire juvenil que Cristina recordaba.

    Ya dentro, se fundieron en un abrazo apasionado. Sus labios se buscaban como dos adolescentes inexpertos. Mario besaba y lamía el largo cuello de Cristina, mientras con sus manos, acariciaba sus mulos.

    Sin parar de abrazarse, Cristina le iba conduciendo poco a poco a lo largo del pasillo, hasta su dormitorio. El miedo que tenía de tener una aventura, ya había desaparecido y estaba entregada a la pasión del momento.

    Mario tumbó a Cristina sobre la cama, desabrochaba su vestido mientras su lengua no paraba de recorrer su cuello, su escote. Cristina no se había podido resistir. El sentir del paquete de Mario apretando sobre su pubis, la excitaba. Sus manos intentaban desabrochar su bragueta con la ansiedad de descubrir su polla cuanto antes.

    Mario abrió el vestido. Cristina no llevaba sostén, no le hacía falta. Conservaba unos pechos de adolescente tersos y suaves. Comenzó a lamer sus pechos, sus pezones, mientras que la respiración de Cristina iba en aumento.

    Poco a poco iba bajando con la lengua hacia su coño, su mano ya había retirado el precioso tanga de Cristina y sus dedos estaban juguetones en sus húmedos labios.

    Cristina gemía suavemente de placer, acariciaba el pelo de Mario, mientras que este ya había pasado su cadera. Comenzó a besar y lamer sus nalgas, mientras sus dedos jugaban y entraban lentamente en su vagina.

    Cristina comenzó por instinto acariciar sus pechos, hasta que la húmeda lengua de Mario llegó a su coño.

    Uff! Era maravilloso, hacía mucho tiempo que no le hacían un buen cunnilingus, y Mario lo estaba haciendo realmente bien. Cristina movía sus caderas, mientras que abría sus piernas, quería que Mario pasara dentro con todo.

    -No pares de hacerlo por favor, pero túmbate a mi lado que quiero saborear esa polla que me está volviendo loca.

    Mario se tumbó boca arriba y los dos se fundieron en un 69 perfecto.

    Cristina humedeció la polla de Mario con su saliva y no paraba de chupársela, la quería toda, mientras con sus manos, acariciaba los testículos de Mario.

    Mario tenía dos dedos dentro del coño de Cristina, mientras que con su lengua, lamía su clítoris.

    Cristina jadeaba cada vez más, su excitación iba en aumento, dejó de comer la polla de Mario y le rogó que no parara:

    -Por Dios, no pares ahora, me estoy corriendo, Ahh! sigue, sigue, así Ahh!!… Cristina tubo su un largo orgasmo sobre la cara de Mario, lo que excitó a este aún más.

    Se incorporó sobre Mario y era ella ahora la que llevaba la iniciativa. Siguió comiendo la polla de Mario con más intensidad. Mario estaba bien dotado, pero Cristina conseguía metérsela toda en la boca. Lamía su polla, sus huevos lentamente, pero con pasión. Notaba que Mario estaba muy caliente.

    Con el tumbado, Cristina se abrió de piernas y cabalgando sobre él, comenzó a rozar el coño con su polla. Ya se había corrido, pero la excitación no había bajado, estaba extasiada.

    Buscó con su mano la polla de Mario y la colocó en su coño. No costó que entrara porque estaba muy húmeda. Se sentó sobre ella lentamente, sintiendo como entraba e iba rellenando su coño, le encantaba esa sensación.

    Estaba cabalgando sobre su polla lentamente, mientras las mano de Mario, acariciaban sus pechos. Este humedeció sus pezones para jugar con ellos, ella lo agradecía, la ponía más cachonda aún. Aumento poco a poco el ritmo mientras que con su mano, comenzaba acariciar su clítoris.

    Fue subiendo la intensidad hasta que Cristina ya empezaba a sentir, que se iba a correr de nuevo.

    Paró y levanto su pelvis un poco al tiempo que suplicó a Mario:

    -Muévete tu, me estás dando con cada embestida en el punto ese que tenemos las mujeres, que estoy empezando a ver las estrellas.

    Ahh!! Más rápido por Dios, más rápido.

    Mario estaba cachondo perdido, sentía que iba a eyacular, pero no quería destrozar el momento de éxtasis que invadía a Cristina. Le estaba dando pollazos con todo su alma mientras que Cristina no paraba de jadear y acariciar su clítoris.

    Dios, Dios, Dios, ahh! Estaba teniendo un orgasmo eterno, de los que no había sentido nunca.

    Tragaba saliva y ya no podía ni gemir. Mario estaba a punto de eyacula, intentando retrasar el momento, hasta que ella bajo la intensidad.

    Me voy a correr- dijo Mario jadeando.

    Cristina agradecida, se quitó de encima cogió su polla y se la metió en la boca, lamiendo todo capullo, mientras con su mano, masturbaba su pene.

    Ahg! Me corro, me corro— Gritaba Mario, mientras Cristina seguía comiéndosela, quería toda su leche dentro de su boca, era lo menos que podía hacer por el hombre que la había llevado al cielo de la lujuria.

    Mario se corrió en la boca de Cristina y esta fue bajando el ritmo, hasta que todo se calmó.

    Se acurrucó a su lado y comenzaron a besarse suavemente.

    -Nunca he creído en el destino, pero este me ha bendecido trayéndote a mi cama esta noche. -Dijo Cristina complacida.

    -Tú tienes tu vida, yo tengo la mía, esto solo será un encuentro que no volverá a repetirse, pero que espero que quede grabado en nuestras memorias el resto de nuestras vidas- Añadió.

    Cuando éramos jóvenes, siempre te miré de un modo especial, pero estabas con Rodrigo, y tenía que respetar a mi amigo. El destino del que tú has hablado, ha hecho que cumpla un deseo que tenía desde mi juventud. Ahora esa mirada especial que tenía hacia ti, la tendré en mi memoria al lado de esta noche.

    Ambos amantes, quedaron tumbados y relajados. La noche no acabó ahí. Hicieron el amor una y otra vez hasta que un sol insolente, dio luz a la realidad de cada uno.

  • Rebeca, la diversión de los Grant (1 y 2)

    Rebeca, la diversión de los Grant (1 y 2)

    La mañana se anuncia hermosa, el cálido brillo del sol pone ribetes de oro a todo cuanto alcanza, y cada quien en casa hace sus primeros deberes.

    Es la lujosa mansión de los Grant, la señora toma su baño como de costumbre, sin más ropa que su bata, acicala el lacio cabello plateado, mientras el señor Grant da las primeras órdenes del día.

    La servidumbre parece saber qué hacer todo el tiempo, la cocina impecable, los jardines, hasta el lago con sus patos y flores parece un dibujo enmarcado en los límites del amanecer.

    Todo es paz, una tranquilidad que súbitamente rompe un timbre de teléfono… Y luego una expresión de asombro. Todos esperan, alguien avisa al señor, y un diálogo casi en susurros termina con un voz al chofer. Hay salida urgente y una novedad familiar, ha muerto una persona allegada a los señores, medio hermana de ella, muy pocos vínculos afectivos pero familia al fin y hay que cumplir. Y allá van los esposos.

    No dejó nada material de consideración la pariente, ni a los Grant les hace falta, solo un chico que había adoptado y que a todas luces es un joven mimado y débil de carácter, por lo que dejarlo a su suerte es un acto criminal.

    Por alguna extraña razón, el señor Grant se acerca al chico y acaricia sus rizos, para suavemente la mano por sus mejillas rosadas y tiernas, llega a tocar levemente la comisura de aquellos labios carnosos y casi imperceptiblemente le dice: No te preocupes, yo voy a cuidarte como nadie…

    La señora Grant observa callada y en sus ojos se adivina una chispa de complicidad y fuego, mira a su esposo, los dos se miran, y sus ojos hablan.

    Comienza a caer la noche, las honras fúnebres han terminado y el auto de los Grant vuela a casa con tres personas, dos adultos y un todavía tierno joven de 18 años recién cumplidos, que como una paloma asustadita les acompaña desde el asiento trasero. No imagina aquella linda criatura, casi femenina, que muy pronto estaría por vivir los días más calientes e inolvidables de su existencia…

    Capítulo 2

    A ratos durante el viaje el espejo retrovisor hacía coincidir las fugaces miradas del Señor Grant y el joven adoptado por la recién fallecida hermanastra de su esposa, miradas que por insinuantes no escapaban a la perspicaz sonrisa de doña Erika, que así era el nombre de don Fréderic Grant, conocido comerciante de obras de arte y un vividor empedernido, amantes de todo lujo y excesos de cualquier índole, incluyendo el sexo, del cual siempre fue un apasionado. Su esposa lo sabía y ella misma compartía aquellas pasiones y no escatimaba esfuerzos para mantener el apetito erótico de su lascivo esposo.

    Finalmente llegaron, la mansión les esperaba, Martha, la hermosa cocinera, con su ayudante Elena, de labios carnosos, ambas siempre dispuestas a alimentar a los esposos, no solamente con los exquisitos platos… El joven y apuesto jardinero, hombre de unos 35 años, bien dotado y entre otras cosas, ayudante personal de la señora, con el consentimiento de don Frederic.

    Todos recibieron entre consternados y expectantes a la pequeña comitiva que llegó y tras el señor Grant y su esposa, bajó el tierno joven, con sus 18 años recién cumplidos, y una ternura e inocencia reflejada en un rostro puramente angelical. Tal vez estos detalles, unidos a su delicado cuerpo casi femenino, fueron lo que hicieron que el señor Grant decidiera tan pronto adoptar al huérfano y traerlo a casa, con la promesa de mimos y cuidados especiales.

    Todo estaba dispuesto para el recién llegado, un cuarto con las más exquisitas comodidades, por lo que los señores lo llevaron hasta su futura habitación y le pidieron se aseara y estuviera listo para comer algo todos juntos. Y así quedó el joven solo desvistiendo su voluptuoso y femenino cuerpo…

    En la planta baja, todo era tranquilidad, cada uno a su oficio, pero un detalle no había sido resuelto, ¿con qué ropa iba a vestirse Robbie, el nuevo integrante de aquella familia? Al día siguiente se le compraría todo, pero ahora no tenía nada, así que la señora Eric tuvo una idea y tomó un pequeño short que no había usado, una camiseta y unas sandalias rosadas y subió las escaleras con todo para su sobrino.

    Bajó y todos esperaban por el recién llegado para compartir los alimentos, cuando se sintieron sus pasos menudos, las sandalias acercarse y cuando su figura asomó en el comedor, todos quedaron perplejos.

    El short, ceñido al cuerpo, dejaba ver unos gruesos y blancos muslos, y por detrás sus nalgas redondas y bien formadas, las piernas hermosas, casi torneadas, caderas de mujer y vientre plano, que remataba arriba con unas tetillas de tiernos pezoncitos, cual jovencita adolescente que está reventando su mayoría de edad. Brazos sin un músculo, y un cabello rizo, ensortijado en la frente, mirada angelical y labios gruesos, como para ser besados sin parar durante todo un día.

    Todos se miraron, el señor Grant sintió una leve presión en sus pantalones, comenzaba una poderosa elección, ayudada por la mano de su esposa que también había sentido la misma atracción por la imagen que ante ellos se proyectaba…

    Le hicieron lugar entre los dos, aquellos muslos y aquellas nalgas gruesas y redondas estaban ahí, cerca de dos seres libidinosos, cuyas miradas no podían ocultar el deseo morboso de morder y disfrutar.

    La mesa fue servida y los tres cenaron tranquilamente.

    Finalizada la cena, el señor Grant les pidió a su esposa y a Robbie pasar a una pequeña salida privada, con amplios sillones, toda con hermosas cortinas de seda y una tenue iluminación. El joven, moviendo despacio sus anchas caderas, iba delante, y por un instinto, el Señor Grant lo tomó por detrás y continuó caminando mientras le restregaba su enorme pene ya efecto completamente. Erica caminaba detrás de su esposo, acariciando su cuello besos y ella misma tocando sus senos, que ya exhibían unos pezones duros y desafiantes debajo de su bata.

    El instinto tal vez, o quizás su sexualidad reprimida, hizo que aquel hermoso joven, de cuerpo de mujer voluptuosa, no rechazara a don Grant, y lejos de protestar, abriera sus piernas y parara sus nalgas en señal de aprobación, inclinando su cabeza hacia atrás en busca de un beso, deseo que el señor cumplió inmediatamente, mordiendo suavemente aquellos carnosos labios vírgenes aún.

    Lo demás vino solo, lo volteó y metió su lengua en aquella boquita linda, mientras agarraba las nalgas y acariciaba los muslos. Doña Erika se colocó detrás de su sobrino y comenzó a besarle la nuca a la vez que lentamente le quitaba el short y la camiseta, dejándolo completamente desnudo. Un regalo hermoso, cuerpo de mujer casi perfecto. Ella se agachó por detrás, le abrió las nalgas y comenzó a lamerle el culo, mientras su esposo le chupaba las teticas y le acariciaba un minúsculo pene, que más parecía un clítoris que otra cosa. Ya excitados, el señor Grant propuso esperar un rato, a que los demás se fueran a sus habitaciones y continuar aquel intenso romance de iniciación de la linda muñeca de la casa, y a quien desde ese momento, a propuesta de la tía, la llamarían «Rebeca» nombre que ella hubiera querido llevar y que ahora darían a este precioso regalo del destino, un juguete sexual vivo y excitante, al que podrían moldear a sus antojos y aberrantes caprichos. Así comenzó la fascinante historia de Rebeca, la muñeca de los Grant… en el siguiente capítulo, disfrutaremos de cómo le partieron el culito y de la hermosa orgía organizada en su honor en la piscina de la casa…

  • Diario de una zorra (capítulo 1)

    Diario de una zorra (capítulo 1)

    12 de septiembre

    Me follo a Fade

    Hace dos días me enteré de que mi novio Carlos tiene un lío con Berta, una compañera de su trabajo. Lo que más me molesta es que lo oculte y lo niegue cuando se lo pregunto. Eso no lo soporto.

    Mientras ando por la calle se me ocurre resarcirme y vengarme de su estupidez haciendo sexo con un desconocido, el que sea, y eso enseguida me pone caliente. Pienso que hoy algún tipo va a llevarse un premio inesperado. Anda por ahí un hombre que todavía no sabe que hoy me follará. Me doy cuenta de ando por la calle mirando a los hombres y todos me dan morbo. A cada uno le encuentro algo atractivo. Me doy cuenta de que me estoy poniendo nerviosa y excitada.

    Para calmarme un poco entro en el bar de Toni, como todos los días. Le pido un chupito de Limoncello y Toni se sorprende pero no dice nada. Me miro a Toni, pero sé que siempre me dirá que está ocupado con el trabajo. Poco después entra Fade, el chico de Gambia que me tira los tejos, aunque debo reconocer que es educado y amable, jamás me ha dicho ninguna cosa obscena. Fade me saluda y se sienta en otra mesa con un compañero del curro. Trabajan en la construcción, creo. Me miro a Fade y de repente me doy cuenta de sus músculos. Sin pensarlo, me fijo en sus pantalones. Fade debe de tenerla muy gorda a juzgar por el bulto. Él se da cuenta de que lo estoy mirando, me saluda y me sonríe. Yo también le sonrío. Lo que Fade no sabe es que ya estoy pensando en follármelo.

    Me voy al servicio, cierro bien la puerta y me desnudo casi por completo. Me saco tres fotos en la que se me vean los pechos y el pubis. En la tercera se me ve la cara. Quizás estoy un poco gordita, pero creo que puede funcionar. Si lo hubiera sabido antes me depilo.

    Vuelvo a la mesa y busco entre mis contactos de Whatsapp el número de Fade, que me lo dio cuando tuvo unos problemas con los papeles y le mandé la dirección de un abogado de confianza. Le mando la primera foto y me quedo observando. Fade tarda unos segundos en ver que ha recibido algo en el móvil. Lo mira. Lo mira tres veces, pestañea. Entonces le mando la segunda. Veo como Fade se queda atónito y la amplía. Y entonces le mando la tercera. Me reconoce enseguida. Me busca con la mirada y nos miramos los dos. Entonces yo me levanto, pago en la barra y ando hacia mi casa. El burro de Carlos hoy se queda a dormir en casa de sus padres como todos los martes. Tengo todo el piso para mi. Y para Fade. Escucho los pasos de Fade a pocos metros detrás mío.

    Llego a mi portal, abro y dejo la puerta entornada. Mientras espero el ascensor siento como las manos de Fade me envuelven des de atrás. Una de ellas engarza mi cintura y la otra me agarra el cuello, mientras su lengua grandota me lame el cogote. En este momento ya me siento follada, o casi, o por lo menos ofrecida. En el ascensor me arrodillo para lamerle el paquete por encima del pantalón, pero Fade es muy rápido y se saca su pene a medio camino de la erección. Solo a medio camino me doy cuenta de lo que me espera, pero eso me calienta mucho más.

    Una vez en la cama, Fade capta enseguida que eso no va de idilio ni de romance ni de amor, que eso va de sexo duro. Lo capta y hace lo que se espera de él, y se desinhibe y me muestra su lado salvaje. Por eso mismo comprende que yo grave la escena, con el móvil apoyado en la lámpara de la mesita de noche. No me pregunta para qué quiero ese vídeo.

    Descubro que Fade tiene un aguante espectacular. Pero cuando intuyo que tiene ganas de eyacular, tras casi dos horas de caña (solo paramos cinco minutos para una cervecita y un pitillo compartido), me doy cuenta de que no se atreverá, así que se lo pongo fácil: Córrete en mi cara, le digo. Fade no tarda ni un minuto en cumplir mi demanda. Su chorro es largo, caliente, repetido. Aúlla mientras se corre.

    Mientras me ducho ya me estoy preguntando quién me follará mañana.

  • Marcela mi vecina

    Marcela mi vecina

    Si bien da un perfil de ser toda una dama refinada y de cordiales modales, la mujer que describiré a continuación se convirtió en la musa inspiradora de mis erecciones.

    Ella usa anteojos con algo de aumento que le otorgan apariencia de introvertida, hay un pequeño toque de colágeno en sus labios porque no pueden ser así de tentadores y perfectos. Verla pasar despierta cualquier instinto sexual. Calculo de edad estará en los cuarenta y tantos años, se nota que abusa de la planchita para su pelo rubio, diría que es obsesiva en el cuidado de su pelo como también de sus manos y pies… Y ni hablar de su cuerpo… un abdomen plano, 1.73 de altura, unas gambas hermosas, es jugadora de hockey, lo hace de hobby en un club amateur, participa en un equipo de Mami Hockey formado por mamás del colegio y algunas chicas más Hacer deporte la mantiene en forma, además de asistir al gym fervientemente, más las clases de pilates y sesiones con la esteticista.

    Marcela es muy linda lo que se dice una mujer que cualquier hombre desearía tener, pero describiéndola más mundanamente y viéndola con ojos lascivos lo mejor es que tiene un culazo súper redondo, carnoso y parado. (Se me para de solo imaginarla acostada en la camilla del centro de estética desnuda con una micro tanga negra y esa cola llena de electrodos).

    Luce uñas esculpidas y algo que noté es que en los dedos de los pies a veces lleva algún que otro anillo eso le da un toque de fetiche magistral.

    Me enteré que estuvo casada y fruto de esa relación tuvo dos hijos varones hoy ya adolescentes: Nicolás y Joaquín y además fue mamá de una nena, Francesca se llama su hijita tiene 4 años con su nueva pareja un flaco muchísimo más joven que ella, calculo tendrá unos 25 o 30 de edad y es de profesión anestesista.

    Me mudé hace poco al actual edificio en donde las cosas de la vida me hicieron coincidir con la mujer de mis pajas, quiero decir siempre me excitaron las mujeres maduras y elegantes.

    El día de mi mudanza terminé fulminado, todo un desastre y tal fue mi cansancio que después de dos birras tiré el colchón al piso y me dormí. Tipo 12 de la noche me despertaron unos gemidos del piso de abajo. Al parecer mi vecina (a quien no conocía aún) le estaban dando matraca con todo, esos Ah ahh ahhh que salían de su boca eran cada vez más intensos, se notaba que ella lo disfrutaba y mucho. Me despendí el jean, manotee mi bulto y me hice una paja al compás de los gemidos de la vecina de abajo.

    Un gemido más intenso le hizo saber a su pareja que ella acabó, cuando el tipo al parecer le descargó toda su leche al mismo instante.

    Intenté seguir escuchando pero todo se terminó ahí. Quedé encendido por la manera de gemir de esa mujer.

    Pasaron los días, si bien yo usaba el departamento solo para venir a dormir porque todo el día estaba afuera trabajando llegar a la noche y poner la oreja sobre el piso frío para escuchar a la pareja de abajo se convirtió en mi fetiche.

    A la tercera noche volvió la acción. Si bien yo miraba una película en la tele y descuidé mi rutina auditiva creo que bajé la guardia por completo. La noche se prestaba para un polvazo. Ya era fin de semana y hacía calor. Los escuché con risas cómplices ella quería hacer el amor si o si. Bajé el volumen de la tele y el flaco lanzó un suspiro…

    –Ayyy Marce que rico!!! –La rubia lo peteaba hermosamente bien, sabía complacerlo. Por lo visto no se le acalambraba la boca porque continúo haciéndole sexo oral un buen rato. De pronto un sonido muy peculiar vino a continuación: un intenso plaf plaf plaf me alertó, o mejor dicho me hizo saltar la pija como un resorte.

    Al parecer el marido la puso en cuatro y le estaba dando con todo, habrá sido la 1:20 am.

    Cómo sonaban esas nalgas pero ella no omitía gemido alguno cuando se escuchó unas fuertes palmadas en el culo y por intuición se me hizo que le agarraba del pelo y le tapaba la boca. El tipo estaba enajenado como poseído cogiéndola a más no poder… se me hacía un tanto violento.

    La cosa se calmó un momento, ella muy hábil se salió y se puso a chupársela otra vez. Era una diosa al hacerlo porque el afortunado acompañante de cama la estaba pasando de maravillas. Se la volvió a ensartar pero ella estaba ahora arriba dominando la situación. Ahí empezaron leves gemidos, para peor su cama hacía ruido… Ufff la paja que me hice!!!

    El marido le decía –acabá, acabá– y se la ensartaba con todo, pero ella seguía siendo dueña absoluta de la situación, cuando sus gemidos se acrecentaron supe que los tres íbamos a explotar al mismo tiempo. Cómo gimió esa mujer!!! Tuvo un orgasmo intensísimo.

    Un ahhhh muy prolongado y un –Amor acabé!!! – casi desvanecida por el tono de su voz. Estaba satisfecha.

    Se abran comido la boca y hubo franeleo y risas al final. Me descargué a manos por tal situación.

    Sábado por la mañana no trabajé. Fui a hacer unas compras y al volver me quedé hablando con Raúl el encargado del edificio. Mientras conversábamos vi llegar una milf espectacular en una bici rodado 29. Por dios una rubia de pelo atado, anteojos de sol, calza larga color negra con una franja gris en los laterales, zapatillas deportivas y medias por los tobillos. El portero más calentón que yo la saludó con un Buen día Señora Marcela, ella lo saludó amablemente y se pusieron a charlar.

    Yo en medio de la conversación de ambos dirigí mi vista al pequeño asiento de la bicicleta, era muy chiquito para tremendo culo, se me hacía que esa cosa pequeña y dura la violaba, imposible que no se le meta todo adentro al andar.

    Y se me paró, se me puso durísima la pija pero no de punta sino para arriba, cabeza arriba como queriendo salirse del jean.

    Para peor ella quedó a medio bajar. Si bien no descendió del todo sus manos sostenían el manubrio y la punta del asiento se le metía en ese orto impresionante marcado debajo de su remera blanca y ella no se inmutaba es como que disfrutaba tener algo metido en el culo. Intuyo se dio cuenta de que yo la miraba y escuchaba su voz sensual tal como si fuese una locutora radial (y Raúl el portero se le iba la vista a esas piernas mientras la hablaba, ella tenía la pierna derecha flexionada apoyada sobre el pedal y con su pie izquierdo apoyado en el suelo sostenía el peso de su cuerpo, yo estaba en posición un tanto más detrás y observaba ese asiento negro cuya punta se le metía impresionantemente en el orto, (fantaseé con que era la pijota de un negro penetrándola.

    Y me pregunté a mí mismo: habrá cogido con algún negro? ) y de tanto mirarla e imaginar eso se me paró al 100 por ciento la pija; estaba queriéndose salir del pantalón, pero la rubia se hizo la distraída y seguía su conversación con el hombre. Se bajó de la bici, se despidió del encargado y entró al edificio.

    El hombre me miró pícaramente y me dijo –es la Doctora Rodríguez tu vecina de abajo…. Que hermosa hembra–.

    Nooo… No podía creer… esa mujer era la de los gemidos intensos.

    Marcela Rodríguez? Le pregunté con el corazón acelerado y me respondió que sí, Marcela se llama, la conoces de algún lado vos pibe?

    Fui a mi departamento y me maté a pajas. Me excitó de sobremanera toda esa escena vivida afuera. Ese cuerpo, ese culo macizo, redondo, carnoso, bien formado, su pelo, su piel, era un cóctel nocivo que incitaba a la masturbación con el toque de descubrir que era quien tenía sexo salvaje en el piso de abajo y gemía tanto como para despertar a todo el edificio.

    Pegué la oreja al piso pero solo escuchaba a ella con su hija Francesca. La amaba a esa nena era su locura, debe ser porque la tuvo en sus años de pura madurez? Tenía una devoción por su niña, sin embargo con los dos adolescentes era más rígida en su trato. Los hijos más grandes no estaban uno fue al club y el otro salió con compañeros del colegio, solo ella y la nena estaban en casa.

    A la siesta volvió el marido al parecer de jugar al fútbol con amigos. El muchacho vino calentón de la calle será porque su equipo ganó? Se lo escuchaba exultante. Además vaya uno a saber cómo lo esperaba su mujer, seguramente en remera y bombachita por el hecho de estar sola y relajada en casa. Se vinieron a la habitación y estaban en pleno toqueteo.

    Ella lo llamaba –Mi campeón– a cada momento.

    La habrá traído a upa a la pieza a puro beso y al parecer la manoseaba de lo lindo; entre risas cómplices Marce esbozo un –Ayyy nooo!!!… – pero ese NO falso, un NO que significa siii… Seguí… dale cogeme toda!!!

    Cuando ella le dice – Bueno… Un pete y nada más– con vocecita sexy.

    Se escuchaba perfecto como en HD la chupada de pija que le hacía la doctora Marcela a su marido.

    Yo largué un chorro de leche eyacule precozmente, conociéndola la cosa no iba a quedar solo en un pete.

    Sábado a la siesta, hijos afuera, la nena viendo videos de la vaca lola en YouTube, solos marido y mujer en la habitación, si yo tuviera a semejante y hermosa hembra obvio que me la cojo en todas las posturas posibles.

    Y al parecer el anestesista X (pongo X porque hasta ese entonces no sabía su nombre) le chupó la concha porque ella gemía complacida. Y así estuvo el tipo metido entre sus piernas por un largo rato, se tomaba su tiempo o tal vez respetaba los tiempos de su mujer. La hizo mojar terriblemente tanto que Marce acabó.

    El macho iba por más, jugó con su pijota un rato frotándola contra su húmeda concha haciéndola desear ese pedazote de carne dura, amagaba a metérsela pero no… Le punteaba el orto y luego la concha es como que estaba indeciso de cual agujero penetrar primero, obviamente era un juego para calentarla aún más. Ella no aguantaba las ganas de coger y le dijo:

    – Daleee amoor no seas malooo… Muy deseosa, Nacho amagó un poco más y jugó con las ganas de la rubia que reventaba de calentura y se la metió de prepo.

    Un Ahhh desesperado salió de Marcela, no se esperaba ese pijazo, se la metió entera en la concha.

    El tipo me leyó la mente porque la cogió en varias posiciones, tenía mucho aguante quedó claro. Y Marcelita enloquecida y a su vez agradecida.

    Una cosa es contarlo y otra es vivirlo, pero escucharla gemir era indescriptible.

    Vinieron unas nalgadas y supongo le chupó el culo de un modo frenético… –Mmmmm que ricooo!! – dijo la rubia.

    La imagino a la doctora Marcela Alejandra en cuatro y al marido enterrando su cara entre esas carnes… La hizo disfrutar bien, le encantaba que le coman el agujerito trasero, que se lo llenen de lengüetazos y mucha saliva.

    La previa de un buen anal era fundamental para la milf, nada de metérsela de improvisto: a ese culo primero se lo tenían que ganar.

    El muchacho disfrutaba de lo lindo, estar chupándole el orto a esa rubia con cuerpo de vedette era placer para pocos, él lo disfrutaba y ella también… hasta que de pronto escucho un… –No por la cola nooo!!!!– … Pero tarde… El macho ya punteó el glande en su parada trasera.

    Yo de tanta paja ya largaba juguito creo que me apresuré al largar todo escuchándola petear. Que iba a imaginar que le iban a hacer el culo.

    Ayyy Marcela fue lo primero que él dijo… Ya estaba cabeza adentro.

    –Nooo –dijo la muy putona… Le gustaba que le hagan la cola. No ponía objeciones a la hora del sexo anal. Una experta en pocas palabras.

    –Despacito… Despacito!!! Mmmm amor– le decía… –Ayy mi amor– ronroneaba la milf… Como me gusta tu pija– El tipo estaba en las nubes…

    –Marcela… Marcela… Marcela– balbuceaba todo el tiempo le gustaba llamarla por su nombre mientras le hacía la cola… Y mientras la penetraba ella le suplicó que le haga una paja… es decir se la estaba ensartando en el orto, la dedeaba y le azotaba las nalgas, era un actor porno el pendejo, como se bancaba a esa tremenda mujer.

    Marcela estaba deseosa de tener un orgasmo. Capaz el flaco largó toda la leche pero ella era insaciable. Uyy yo no lo podía creer… era como una película porno vista en un televisor de 55 pulgadas.

    Se la sacó de prepo y vio ese culo súper abierto y largó un Ayyy Marcelaaa que habrá escuchado todo el edificio.

    Habla despacio mi amor…que van a pensar los vecinos!!!– le dijo ella algo ruborizada– acto seguido agregó: –te gusta ver mi cola así de abiertita y colorada?– con un tono tan sexy, mezcla de inocente como también de actriz porno (nadie puede resistirse a tal provocación) y obvio, lo puso más loco todavía: le abría las nalgas y veía ese cráter rojísimo deseoso de más, se lo escupía, le habrá colado uno, dos y hasta tres dedos, se lo cogió con la lengua un buen rato diría hasta cansarse… Cuando ensalivó la pija paradísima a más no poder y se la volvió a hundir en el abierto agujero de la milf del culo perfecto.

    Ayy Marcela que culooo… Dijo el tipo y ella encendidísima.

    Estaban en el mejor momento… cuando la nena abrió la puerta de la habitación y le dice inocente: Má se me queda sin batería, señalando el celular…

    Francheeee… Le dijo ella asustada… Imaginen por un instante la escena. La mujer desnuda, en cuatro, transpirada y con el marido atrás agarrándole de las caderas y dándole por el culo. Francesca los agarró con las manos en la masa.

    –Ya voy mi amor anda a tu habitación– alcanzó a decirle y Franche obedeció.

    El joven amante no la dejaba ir… creo que ningún ser humano querría separarse de esa excitada rubia que entregaba el culo como la mejor, y ella quería más eso era evidente, pero la tuvieron que cortar por la hija de ambos.

    – Esperame vuelvo en un ratito siiii??– Escuché decirle a su marido. Se mimaron estaban muy acaramelados, existía una conexión increíble entre ambos, mucho sexo y mutuo deseo los unía. El muchacho seguía con la pija parada y quería seguir, al parecer hubo un intento de un nuevo round a lo que ella algo ofuscada le dijo – Mi amoor bastaaa!!!– él le dio una fuerte palmada en la cola y la dejó ir. Marce no pudo acabar esta vez.

    La cosa con Francesca se demoró más de lo previsto, la nena le pidió algo de comer y que se quede luego con ella a ver dibujos animados en la TV, hasta que al fin concilió el sueño, y Marce después de casi 45 minutos fue en busca de un nuevo round con el anestesista.

    Pero volver a la habitación y retomar se haría difícil. El marido se puso a jugar a la Playstation… Crease o no… el flaco hizo eso y ella al verlo ahí frente a la pantalla se enojó y mucho. Salió de la habitación dando un portazo y fue recostarse en la cama de su hijo Joaquín.

    Esa noche salí con María José mi novia. Ella es odontóloga y vuelve a la ciudad los fines de semana porque trabaja en el interior. No volví a casa porque después de que saliéramos a comer y dar unas vueltas me fui a dormir con ella. De más está decir que le hice de todo, cola incluida pero mi cabeza estaba a full con la rubia, pobre mi Majo hasta la traté un tanto brusco sin querer.

    Cómo me calentaba Marcela. Lo que daría por inventar un motivo para acercarme a ella, no aguantaba más.

    Tengo que sacarle más info al portero del edificio, hacerme amigo del marido o bien encarármela de una pensaré una estrategia pero de que me la quiero coger no hay dudas.

    Domingo volví a casa, terminamos mal con María José, nos veíamos una vez a la semana y ese único día juntos la terminé embarrando mal. Me reprochó que estuve un tanto zarpado y distante. Mi cabeza estaba en otra.

    Habré entrado 10 de la mañana al departamento, y como ya se hizo habitual me tiré cuerpo al piso a tratar de escuchar a los vecinos. Se escuchaba ruidos de sillas correrse y puertas abriendo y cerrándose, los chicos más grandes se habrán ido a pasar el día con su padre porque no estaban. El matrimonio y su hija Francesca se alistaban para salir.

    Yo estaba jugado, quería verla, por lo que decidí bajar y sentarme afuera del edificio, deseaba verla.

    Al rato la veo bajar, traía unos bolsos venía muy atareada por lo que me puse de pie y le brindé ayuda a lo que ella accedió.

    Marce traía puesta una remerita negra sin mangas, su pelo recién planchado, calzaba unas sandalias taco chino muy pero muy altas con suela de corcho que la dejaban erguidisima a más no poder. Para mi locura se puso un jean básico prelavado que se lo habrá subido untada en vaselina porque resaltaba esos 95 centímetros de cadera o un poco más también. Era un jean puesto a presión como una segunda piel. Que infierno de mujer, esas costuras le iban a explotar y se me paró al verla.

    Ella se dio cuenta y me relojeó la entrepierna, la liberé de los bolsos y la acompañé a su auto que estaba estacionado en la vereda de enfrente en diagonal a nuestro edificio.

    Abrió la puerta del vehículo, un Toyota ethios sedán color blanco en el cual guardó su cartera debajo del asiento de conducción y vino a ayudarme a acomodar los bolsos en el baúl. No dejaba de mirarme el bulto en mi pantalón, se notaba mi erección, es más, tomó sus pertenencias y se inclinó de tal manera a guardarlos y cuando la vi en tal postura medio cuerpo metido en el baúl del ethios y ofreciéndome el orto en primerísimo plano retrocedí un tanto y se lo miré sin descaro.

    Estiró su mano pidiéndome el segundo bolso y ahí vio justo cuando me toque por sobre mi pantalón. Sentí vergüenza, quedé como un estúpido pero ella se hizo la desentendida.

    Noté que le gustaba calentar, si bien ya guardó todo se quedó en la misma postura, es más, levantó su pie derecho inclinada como estaba no se movió ni un milímetro, me calentó más viendo ese calzado tan sexy y ese talón reluciente sin ninguna aspereza y súper cuidado que asomaba sobre el taco chino. Hizo ruido con los cierres simulando buscar o acomodar cosas pero su idea era calentarme con su culo y lo lograba con el menor esfuerzo.

    Era un culazo sinceramente, ya me daban ganas de meter mi cara en medio de esas nalgas redondas y morir auto asfixiado. Todo se le metía bien en el medio, era un centro de gravedad, tragaba tela, ese culo era como arena movediza que se comía todo, al parecer no traía ropa interior, y si tenía algo puesto debió ser una tanga muy chiquitita.

    Se incorporó y me preguntó: –Vos sos el vecino nuevo no? Yo soy Marcela tu vecina de abajo– y me pasó la mano.

    Era tan femenina, delicada y correcta, toda una señora. Quien iba a imaginar que era una máquina sexual imparable y que ese culo estaba súper hecho por hombres tanto mayores como menores que ella.

    Entramos en charla, cosas banales pero servían para romper el hielo, en eso cruza la calle la pequeña Francesca y viene a su encuentro, detrás de la nena apareció un flaco muy carilindo y de cuerpo trabajado en el gimnasio quien al llegar a nosotros Marce me lo presentó: –Él es Nacho, mi marido– y volvió a mi mente recordar cómo ese marido unos 20 años menor le hacía de todo, oral, vaginal y anal. Nacho se la había cogido a diestra y siniestra en esos primeros días de mi inquilinato.

    Uyyy nooo pensé… Dejó al marido por un pendejo de pija enorme que se la coge a cada rato, un sex toy, es más hasta la embarazó!!! Todo ese morbo me martillaba la cabeza.

    Nacho súper amable charlamos como si nos conociéramos de antes, muy sencillo bien de barrio se notaba, si bien yo soy unos años mayor que él hubo química en esas palabras que intercambiamos. Marcela la sentó a Franche en el asiento de atrás, luego puso en marcha el auto y se bajó a apurarnos.

    –Mi amor daleee!!! Vamos!!! Siganla después!!! – le reclamó, se acercó a mí, miró mi bulto que para ese entonces estaba ya descendido y me sorprendió dándome un beso en la mejilla seguido de –Un gusto conocerte, hablamos luego si?– y con una sensualidad embriagante se fue hacia el habitáculo del coche sacando culo sabiendo que yo la miraba con ganas. Se movían lindo esas nalgas.

    Nos despedimos con un abrazo con Nacho y subieron al auto, ella conducía, él en el asiento de acompañante. Nacho bajó la ventanilla ya con el vehículo en movimiento y me preguntó: –Te gusta el fútbol?– A lo que le dije Siiii levantando el pulgar.

    En realidad me gustaba su mujer más que jugar al fútbol pero ya era todo un logro ese acercamiento con la pareja.

    Entré a mi departamento imaginando cómo la doc me puso su culo así tan provocativa. Era una profesional calentando pijas con ese arma de destrucción masiva que lucía orgullosa.

    Veo como sigo y vuelvo al relato.

    Espero les guste.

  • Infidelidad con la amiga gordibuena de mi novia

    Infidelidad con la amiga gordibuena de mi novia

    Llevaba tres meses saliendo con Annette. Nos conocimos gracias a un amigo en común en Facebook y todo se fue dando de maravilla. Congeniamos en casi todo. Quizá la única y principal diferencia era el gusto musical, ella era fan del pop y rock y yo más metalero, pero fuera de eso me sentí muy afortunado. Ella era delgada y pequeña, si se disfrazara de colegiala todavía se la crees que va en la secundaria, cuerpo esbelto y piernas torneadas, sonrisa grande y ojos grandes.

    El primer mes fue de mucho coger, aprendí a darle placer con mis manos y mi lengua. Entusiasmado por todo el porno que consumí durante años me puse a hacer ejercicio para poder cargarla. Ella se negó algunas veces pero al final accedió al sexo acrobático, fue difícil pero se logró, ella parecía disfrutarlo mucho también. El segundo mes el sexo disminuyó en cantidad pero no en calidad, ya no cogíamos cada tercer día sino cada semana. Hacia el tercer mes comenzaron mis problemas.

    Fue a partir de que salimos a beber con su grupo de amigos y amigas. A algunos los conocía de otra reunión, cuando hicimos una cenita para parejas con su amiga Tania y Gisele. Ambas con sus novios del momento (un tal Carlos y Alfredo, igual de genéricos igual de intercambiables). Pero para la siguiente salida invitaron a más de sus amigos y amigas. Entre ellas a Carola.

    Carola era una gordita darks con unos ojazos verdes. De piel blanca y pelo negro, corte de flequito medio largo, le iba bien con su cara redonda. Esa noche llevaba un vestido negro holgado por donde se insinuaban unas enormes tetas. Al inicio no le presté mucha atención y yo estuve en el ritmo de la plática, pero luego Anette mencionó mi afición al metal.

    —Ah es que este puro metal quiere escuchar

    —Ay sí, como luego tú Carola.

    Y ella se río y chocamos nuestros tarros en señal de brindis, en ese momento ella me miró con sus ojos verdes y sentí algo recorrerme el cuerpo hasta la entrepierna. Como si tuviera un radar de calor miré directo de su cara a sus pechos y sentí como mi mirada no le fue indiferente.

    Sin embargo, desvié los ojos rápido para no quedar como un mirón y continué socializando. Carola comenzó a preguntarme acerca de bandas y platicamos un rato. Resultó que teníamos gustos muy similares en bandas (un poco de black, metalcore y thrash). Anette se fue al baño con Gisele y Tania. Los novios de ellas salieron a fumar con casi todos y me quedé un rato con Carola.

    Yo estaba nervioso, sentía la punzada que llevaba la sangre a mi pito y Carola parecía olerlo porque se sentó junto a mí y acarició su cabellera negra, desprendiendo ese perfume que me hizo pensar en una hembra en celo.

    Conversamos un poco acerca de cualquier cosa con las risitas pendejas que ocurren en estas interacciones, ella me preguntó acerca de mi noviazgo y le contesté que nos iba bien. Yo le pregunté si ella tenía novio y ella negó y dijo “terminé con el último hace medio año y desde entonces nada de nada”. Antes de ahondar más en su vida regresaron ellas y los que se habían ido a fumar. La cena continuó con tragos y canciones hasta que llegó la hora de irse. Al momento de despedimos de beso y abrazo todos nos pusimos de pie. Así pude ver a Carola de cuerpo completo, vi como su vestido corto dejaba ver unos muslos de locura en medias de red combinadas que dejaban ver unos trazos de un tatuaje, combinaba sus medias con unas botas negras. Se veía su redondez pero más se le notaba unas grandes caderas que cargaban su enorme culo, cuando digo enorme es que fácil era de tres veces mi palma de la mano extendida. Cuando llegó el turno de despedirme de ella sentí como en el abrazo frotaba sus enormes tetas contra mí y rápido le repegué mi pene. Pero todo tuvo que ser muy veloz antes de que pudiera causarle sorpresa a Anette.

    Esa noche cogí con Anette y todo normal, me vine, luego le di con mis dedos hasta que se vino y se durmió. Yo me quedé con antojo de gordita y me di cuenta que ya había valido madres.

    Pasó una semana y yo solo tenía ese recuerdo del abrazo al que le dediqué una chaquetita. Otra semana y una chica llamada Condesa Songs me agregó a Instagram. Vi su perfil, tenía pocos seguidores y solamente seguía tres cuentas. Apenas y tenía fotos, todas en blanco y negro: un paisaje boscoso; un escote que dejaba ver el nacimiento de unos senos; una pierna con un tatuaje de una rosa negra y una foto de unos labios pintados, incluso parecía cuenta bot. No pasó más de una hora cuando recibí un mensaje de la supuesta Condesa Songs diciendo: “Hola soy Carola!”.

    A partir de ese momento yo sabía que ella estaba dispuesta a todo. Pero antes de irme por la pendiente tuve que jugar con sabiduría, siempre podía tratarse de una de esas trampas hechas por la mente colectiva de un grupo de amigas.

    La conversación fue más o menos así:

    —Hola qué milagro que andas por acá

    —Sí, es una cuenta nueva, te vi y dije “voy a agregarlo”.

    —Me agregaste a tu nueva cuenta antes que a tus amigas, lo voy a tomar como un cumplido

    —Jijiji tranquilo, pero dígamos que en la otra hay muchos chismosos.

    —Aquí podemos platicar mejor

    —Más a gusto

    —Recuerdo que ese día me ibas a contar algo de porqué no tenías novio.

    —Ay es que desde que terminé con mi ex anduve en modo sanación, pero de eso ya medio año y nada de nada y pos oye, así no se pinches puede.

    —Pero no te han de faltar pretendientes.

    —Pues sí, hay uno que otro, pero ninguno que valga la pena, ya puro reciclaje de hombres jejeje, yo quiero algo más…

    —Ay si no tuviera novia yo me aventaba con todo.

    —Ay *se sonroja*

    —Jeje qué

    —No me digas eso que me la creo

    —Es la verdad, pero tengo novia y se me hace muy culero ser infiel

    —Sí, es muy culero

    —De hecho tengo miedo de que le digas que te mandé estos mensajes

    —No, cómo crees, por eso te agregué desde está cuenta

    —Ella confía en mí, pero no sé, desde esa noche he pensado mucho en ti

    —Ay y ¿qué has pensado?

    —En que ese día platicando contigo me sentí muy chido contigo y no dejo de pensar en lo guapa que estas

    —*se sonroja* gracias

    —Me voy a arriesgar, quiero que nos veamos uno de estos días

    —Ay, no sé, es que está mal. Anette es mi amiga

    —Yo sé que está mal, por eso no le vamos a decir

    —Ay no, eres malo, pero me gustas. Eres malo Bart Simpson

    —Jajaja ves? podemos pasarla bien.

    —Déjame pensarlo es que es muy fuerte esto. O sea, sí quiero verte pero…

    —Pero?

    —Pero Anette es mi amiga, a ella la conozco antes que a ti.

    —Lo sé, yo también siento que estoy siendo un culero. Nunca antes había intentado algo así pero contigo me da una vibra de que va a salir bien. Porque a fin de cuentas yo no sabía que me ibas a gustar antes de andar con ella, solo que ahora ya estamos así

    —Te gusto?

    —Me encantas

    —Ay *se sonroja*. Bueno sí, pero tengo miedo de que nos cachen.

    —No te preocupes, el miércoles Anette siempre se va con Gisele y Tania a una clase de bordado, como hasta las 10 se desocupan.

    —Justo pensé en eso, yo no voy con ellas porque me da hueva. Ok sí, el miércoles.

    —Te veo en el café Los Rosales.

    —Conste.

    Tuve que esperar dos días donde me la pase haciendo ejercicio cardio, muchas lagartijas y cero chaquetas, quería darle con enjundia. Afortunadamente Annette se encontraba en un momento laboral y estudiantil muy estresante así que no tuve que decir nada, ella estaba tan ocupada que no podíamos vernos.

    Llegado el momento nos encontramos en el café convenido a las 6 de la tarde, Carola venía con una falda de mezclilla y con unos tenis negros, dejando ver esas piernas blancas majestuosas, redondeadas, pulposas, el tatuaje de la rosa negra se asomaba en el límite de la falda. Llevaba ella una blusa negra escotada, el pelo acomodado en un chongo, lentes oscuros y unos labios rojos y carnosos que yo ya quería comer.

    Le sonreí y le dije “qué guapa” ella se sonrojó y me dijo “te gusta?” y le dije “te ves muy bien”.

    Entramos al café, ella se quitó los lentes y sus ojos verdes me colocaron, me le quedé viendo y le dije “que hermosos ojos tienes” ella se chiveó y me dijo “ay ya”. Pedimos unos americanos, nos sentamos en una mesita y ambos reíamos nerviosamente, entonces le tomé las manos, la miré directo a los ojos y comencé a besarla. Fue un beso que supo a una victoria antes negada, fue un beso caliente. Ella se rio y me dijo “tu no pierdes el tiempo eh?”. Con una mano acaricié su mejilla, redonda, suave, acaricié su barbilla y paseé mis dedos sobre su cuello regordete, la piel era delicada, lisa, casi cremosa. Ahora fue ella la que busco mi boca y nos dimos otro beso, está vez entraron las lenguas en contacto y nuestras manos se pasearon por todos lados.

    Nos sirvieron el café con un carraspeo para interrumpir nuestro faje. Agradecí, y le dije “en qué estábamos?” y ella me detuvo con su dedito en mis labios antes de continuar con los besos y me dijo “ay esto esta tan mal pero sabe tan bien” y nos dimos otro beso.

    Yo no podía dejar de acariciar sus piernas con una mano y con la otra rondar por su cintura, sentir su panza calientita, pasarme a sus enormes tetas. Ella tampoco dejaba de recargar su mano en mi ya visiblemente erecto pene. Le dije “¿quieres ir a otro lado?” y ella dijo “ay es que me da pena, o sea sí quiero, pero me da pena contigo, vas a pensar que soy una fácil y además… me da inseguridad mi cuerpo”, la miré con paciencia y le dije “así como estás me encantas”, ella me sonrío, pagamos y salimos del café. Quizá para muchos hombres ella era una gorda que no merecía la pena, pero yo no podía dejar de pensar en las enormes nalgas, tetas, piernas, en su carita redonda con sus ojos verdes seductores y en esa calentura que exudaba, una calentura que me prendía, su talla plus size me tenía loco y no iba dejar pasar esta oportunidad de hundir mi rostro en aquellas tetas o de meter el pito entre esas enormes nalgas.

    Nos subimos al metro y en la estación seguimos con nuestro faje como si no existiera nada más que nosotros dos. Algún chistoso gritó “échenles agua” pero fue justo cuando nos bajamos. Saliendo yo sabía de un hotelito discreto y de medio pelo donde había venido con otra chica. Antes pasamos al Oxxo, compré condones con sabor y un par de cervezas, ella vio los condones y se rio, dijo “me gusta más el sabor natural”. Yo le sonreí y ella me regresó la sonrisa, como si fuéramos un par de gourmets a punto de degustar un platillo delicioso, salivando ambos por el banquete que iba a comenzar.

    Entramos con ansiedad al cuarto de hotel y lo primero que hice fue liberar sus enormes tetas, jugué con ellas mientras lengüeteaba y chupaba sus pezones. Ella me dijo “te gustan verdad?” y yo con una teta en la boca le dije “me encantan”. Pidió que se las mordiera tantito mientras ella, sorprendentemente rápido había desatado mi cinturón y atendía mi pito con sus regordetas manos. Le fui subiendo la falda y quitando los calzones, antes ella me pidió paciencia y se puso de pie y se desnudó enfrente de mí. Su cuerpo era descomunalmente bello, una belleza primitiva que recordaba a las famosas Venus de la Edad de Piedra. Sus tetas unas copas D con unos pezones rosados, que apuntaban al cielo y en cada lengüetazo y chupetón le hacían soltar un quejido. Sus anchas caderas cargaban una barriguita y dejaban ver una coqueta pantaleta de encaje, le pedí que se diera una vueltecita y a ella accedió, pude ver su culo, que podía abarcar con mis manos extendidas y mi cara y todavía me faltaba espacio por cubrir. Su culazo expandiendo esa pantaleta a lo máximo. La abracé de las caderas y le di un chupetón en una de sus nalgas, ella me dijo “ay eres un goloso”. Seguimos besándonos sin ropa y ella seguía acariciando mi pene, no lo soltaba con una y con la otra jugaba con mis huevos. Las respiraciones se hacían más rápidas yo ya quería metérsela pero antes quería sentir como estaba de mojada.

    Su coño estaba peludito, calientito, se sentía empapado y empecé a dedearla, ella gimió y se dejó dedear un rato, saqué mis dedos y los lamí para saborearla, sabía a un néctar divino que tenía notas frutales y cuerpo graso, yo quería bajarme a comerle el coño pero ella me detuvo “no ahora me toca a mí” me tiró en la cama y rápido se metió mi pito a su boca.

    Parece que le dije que era de chocolate porque se la comía con ganas. Yo la sacaba y le daba cachetadas en sus regordetas mejillas y ella se la volvía a meter en la boca para decir “me encanta como sabe tu verga”, yo le respondía “cométela toda” y la tomaba de la cabeza haciéndola que le entrara completa en la boca, no es que yo fuera muy pitudo pero me defendía. Luego volteaba a verme con lujuria y sentía sus ojos verdes devorarme, sentir su respiración tan cerca y jugar con sus tetas casi hacen que me viniera en su boca. Ella seguía chupando como la mejor. Me comió los huevos y sentí otro tirón de sangre a mi pene listo para penetrarla con furor. Le dije “ya te la quiero meter, deja me pongo condón” ella me lanzó una mirada llena de éxtasis y me dijo “desde que te conocí fui a ponerme el DIU, ya métemela así”, me lo dijo y tuvo un efecto afrodisíaco.

    Ella se recostó y abrió las regordetas piernas, el cuarto ya olía a sudor y al abrir las piernas sentí el rico aroma de su culo, dulce como la mantequilla. Me acomodé y guie mi verga a su destino. Primero despacio, poco a poco, sintiendo en el glande cada escurrimiento y calor, “que rico te mojas” le dije mientras ella gimiendo me dijo “así me pongo por ti papacito” y le comencé el mete-saca con tanta alegría. Ella daba unos grititos deliciosos (“ay ay ay”) me subí sus piernas a los hombros con un poco de esfuerzo y le di duro y veloz, cada choque de mi pelvis con sus nalgas era música para mis oídos luego ella gimió más rápido. Para variar bajaba la velocidad y me movía haciendo círculos con mi pito dentro de ella, su panza se extendía y sus tetotas rebotaban con cada metida, sentía como me apretaba con su mojada vagina. Su piel se sentía también calientita y húmeda.

    A cada empujón sentía como mi cabeza de mantecada se atoraba más y más adentro de ella. Luego fue ella la que tomó la iniciativa y me dijo “ahora yo quiero arriba”. Me acosté y se subió, verla así desde abajo me hizo creer en la divinidad de la carne, casi cien kilos de mujer encima de mí. Me miró con su carita redonda de niña bien portada a punto de hacer una travesura, sus hombros estaban tatuados con unos arabescos, con sus manos guio mi pito adentro de ella y lo tomó para acariciarse con él su chocho, continuó haciendo esto unos momentos hasta que como de un saltito se clavó en mi verga. Sentí otra descarga de sus líquidos mientras se meneaba adelante y atrás, adelante y atrás, frotando su clítoris contra mí, sus enormes nalgas frotándose contra mi. Sus tetas me quedaban a la altura de la cara y cada que podía le chupaba los pezones.

    Ella echó la espalda un poco hacía atrás y agarró un ritmo constante soltando unos resoplidos (uff ufff ufff) que venían a acelerar o alentar el mete saca, yo le daba nalgadas y me meneaba a su ritmo. A pesar de su peso ella se sostenía principalmente con sus propias piernas y el peso que me repartía no era tanto, sus lonjitas se movían pero lejos de provocarme repulsión yo me sentía más excitado por la abundancia, era un festín. Entonces ella gimió más fuerte y gritó “me vengo ay me vengo” y sentí una oleada líquida más en su interior yo me deje ir y saqué una cantidad de semen aunque sentí que no salió todo, ella se arqueó hacia atrás y pude sentir un apretón en la verga.

    Luego Carola se bajó de mí, se recostó y quedamos cara a cara. Se metió los dedos en la panocha, vio mi semen y dijo “ay que rico que también te vinieras”. Yo la besé y ella me dijo “espera todavía no me repongo”. Me reí y fui por una de las cervezas, le di la suya. Ella seguía recostada solo que ahora estaba acomodada de tal manera que sus nalgas quedaban al aire. Yo seguía muy caliente pero primero le di dos tragos a la chela. Ella me dijo “no manches, aún no puedo creer que estemos aquí”. Dejé mi cerveza, me puse detrás de ella, su regordete cuerpo tumbado era como una colina de carne lisa, blanca y húmeda del sudor, esa imagen de una mujer gordita con el culo al aire no hizo sino prenderme más. Entonces me incliné recargado en mis brazos hasta que mi cara quedó a la altura de su cara, olí su cabello, le di un besito en el cuello y le dije “yo no puedo creer lo buena que estás, ¿estás lista para otro más hermosa?” y ella me siguió el juego y dijo “ay ¿tan pronto? bueno, creo que sí, ¿así?” y paró su culo para restregarse en mi verga, con una mano fui guiando mi pito hasta acomodarlo dentro de ella, ella soltó un gritito, seguía mojadísima. Una vez dentro tuve la mejor vista de todas, ese descomunal culo, esas blancas y adiposas nalgas listas para iniciar una cabalgata orgásmica, suaves como duraznos, esponjosas y en una nalgada dura que le solté ella gritó y se prendió.

    Yo me dispuse a dar el 150%, para esto estuve haciendo cardio y abdominales. Trate de no ser un brusco y estar atento a sus reacciones. Jalé sus pelos y seguía clavándome en su rica panocha. Sus nalgas rebotaban y ver su carne vibrar al ritmo de mi embestida me excitaba enormemente. Ahora, no es que la tenga grande pero se defiende y en esta posición se sentía como un boost extra que hacia mi verga más gruesa y sus gemidos más intensos, como de gata en celo (“au au au”). Yo crucé mis manos sobre el nacimiento de sus nalgas y como moviendo mi cadera hacia arriba y sentía su panocha apretarme con más fuerza, debía hacerlo al ritmo adecuado para no salirme, sus gritos eran música celestial. Le di con cierto nivel de dureza, casi violencia, que no me conocía y seguí metiendo y metiendo en ella, tan húmeda, tan carnosa. Entonces ya estaba en vías de estallar ahora sí con todo. Ella meneaba su cola como posesa, yo amasaba sus nalgas, nalgueaba sus carnes. Un poco más y por fin, grité “me vengo” y exploté dentro de ella ahora sí con todo. Sentía salir leche en un gran chorro y ella gimiendo y diciendo “ay que rico ay que rico” y cuando pensé que había salido todo, sentí otro tirón y salió un chorro más. Luego caí rendido a su lado. Ella jadeaba y también se tumbó de espaldas. El éxtasis alcanzado me llevó al grado de olvido, por unos segundos me quedé acostado viendo a la nada. Estaba feliz, muy feliz. Le dije “esto está muy chingón, me encantas”. Ella tomó mi mano, la puso sobre su pecho, y la llevó en medio de sus tetas y dijo “toca mi corazón”. Sentí un latido potente y rápido. “Ahora me siento culpable, pero si quieres saber la neta, todo esto es tuyo, todas las veces que quieras no me importa que tengas novia” me dijo mientras pasaba su mano por todo su cuerpo y luego me chupaba un dedo.

    Llevábamos casi hora y media en el hotel, eran las 8 afuera ya era de noche. Yo no quería irme de allí. Quería a Anette pero esto con Carola era cosa de otro mundo. Quizá aquí fue cuando debí ser más sincero y dejar a Anette, pero en ese entonces preferí un camino sencillo y le pregunté “¿todo esto es mío?” exprimiendo sus tetas, manoseando su abdomen. Era una fantasía hecha realidad. Ella me besó y con su mano volvió a tomar mi pito flácido y a jugar con él. Como si fuera una niña jugando con plastilina mientras me besaba. Yo me dejé llevar por los besos por las risas y ella se bajó a chupármela otra vez.

    Contrario a lo que pensaba se volvió a parar sin esfuerzo. Esto casi nunca me pasaba. Era un hombre de venirse y esperar unas horas. Esta morra me prendía a niveles que escapaban a mi comprensión. Nunca había tenido sexo con una mujer tan gorda y ahora ella me comía el pito como si fuese de dulce. Lo lamía y succionaba. “Como una tutsi” me dijo mientras le daba chupetones a la cabeza de mi pito. Yo me sentí con energía de darle otro revolcón, aunque quedará hecho polvo. Pero antes de preguntarle ella uso sus enormes tetas para hacerme una rusa. Se sentía endurecer en medio de esos senos, yo le sobaba y pellizcaba los pezones y ella estaba en el modo chica tímida “¿sí te gusta?” y me miraba con sus ojos verdes. Comenzaba a sentir otra explosión pero yo quería metérsela así que le dije “quiero llenarte de leche” y ella se rio. Le indique que se pusiera de ladito y yo con el cuerpo ladeado comencé a metérsela otra vez. Cuando entré no estaba tan mojada como hace rato pero rápido sentí el húmedo saludo de su vagina.

    Está vez fue más despacio, pero constante. Siguiendo la locura del momento me atreví a decirle “me encantas putita, ¿quieres ser mi puta?” y ella le prendió porque dijo “soy tu puta gorda”. El ritmo estaba marcado por el sonido de aplauso de sus nalgas, un constante “paf paf paf” y gemidos. Le dije “me voy a volver adicto de tus nalgas” y ella me contestó “yo ya soy adicta a tu verga” y le di un nalgadón que resonó en el cuarto. Le agarré una chichi con fuerza y le di un poco de velocidad le dije “que rico gimes putita” y ella gimió más, se mojó más y entonces sí sentí que estaba listo de sacar mi leche, se lo hice saber “ahora si vas a quedar bien llena de leche” y contestó “si por favor papito” y me vine con una descarga salida del fondo de mis huevos. Sentí como grité con esa descarga y ella se meneaba con cada espasmo, como si su cuerpo me estuviera exprimiendo todo.

    Le pregunté “quieres que te ayudé con mis dedos a terminar putita?” y ella asintió. Le abrí las piernas y con mis dedos que venían de tener práctica con Anette le di un constante dedeo con el anular y el dedo medio. A la par que le besaba los pies. Ella me fue diciendo “ya casi no pares” y luego “me vengo me vengo” y sentí como apretaba mi mano con fuerzas y vi como se puso rígida estiro los dedos de los pies arqueó su cuello hacia atrás y con la boca abierta siguió un “ooooh” a la par que sentí como se escurría en mi mano.

    En un instante eterno nos quedamos acostados. Su orgasmo la dejó noqueada y yo apenas podía mantenerme despierto. Antes de que nos ganara la noche y le dije “ya son 9:30, no me quiero ir”. Ella me vio con una risita culpable y dijo “no hay que irnos, no viven juntos de todas maneras, o si?” y pensé en un choro rápido para decirle a Anette. Si preguntaba le diría que estaba tomando con mis amigos. A fin de cuentas ella no se llevaba tan bien con esos weyes. Yo le pregunté “segura que quieres quedarte aquí?, mañana hay que trabajar”

    Ella me vio sorprendida por ese hecho que rompió nuestro momento “entonces que sugieres?”, le dije “vámonos de aquí y en el camino pensamos, tu casa es opción?” y ella sonrió con mucha satisfacción y me dijo “sí lo es, vivo con mi hermana y no está, se fue esta semana de viaje, te iba a decir que fuéramos a mi casa pero nunca había venido a un hotel y me pareció excitante venir aquí a ser infiel”. Me reí y disfruté mucho ese comentario, pobre Anette, tenía que terminar rápido con ella, antes de que mi aventura con su amiga gorda le hiciera daño.

  • La pandemia me arrebató la virginidad (padre e hija)

    La pandemia me arrebató la virginidad (padre e hija)

    Veinte de marzo del año dos mil veinte, dos acontecimientos importantes, que se desprende uno del otro y cambiarían mi vida. La pandemia.

    Ese día el presidente decreta la cuarentena, barbijos, alcohol, desinfección y encierro, muchísimo encierro, comencé odiándolo, hoy puedo decir… “gracias encierro”.

    Mi madre quedo varada en España, había concurrido a un congreso, había posibilidades de un ascenso laboral, entendí como que le habían ofrecido el puesto de gerente en la empresa para la cual trabaja y debía hacer una capacitación.

    Mi padre se puso como loco, no sabía cuándo regresaría mama, pero gracias a su trabajo, ya que él lo hacía desde casa, tenía video llamada con mama todos los días.

    Pasados diez días de encierro, una noche, me levanto para ir al baño; debo aclarar que debo pasar por la puerta del cuarto de mis padres, observo algo que me llamo la atención, mirando hacia donde estaba la luz de la computadora, mi papa hablaba con mama a la vez que se masturbaba. No pudiendo ver bien pues la puerta estaba solamente entreabierta, me acerque, no solo vi a mi papa con su miembro en la mano, mama aparecía en la pantalla desnuda con su mano en la vagina, en la que se veía claramente cómo se perdían dos dedos de una mano en su interior y la otra haciendo círculos sobre su clítoris. Sintiendo como se me humedecía mi sexo y subía un calor hacia mi rostro, me retire al baño con esa imagen en mi cabeza. Luego de orinar abrí la canilla del bidet, cuando estuvo a temperatura me senté sobre el chorro de agua tibio que me hizo estremecer, sin perder la oportunidad, con esas imágenes grabadas en mi retina del gran miembro de papa en su mano subiendo y bajando, cubriendo y descubriendo la cabeza de su poronga, me tire una paja feroz, entre las imágenes y los jadeos casi inaudibles de mis padres, acabe reprimiendo un grito.

    Muy silenciosamente pase para mi cuarto, ya mis padres reían, ¿habíamos hecho un trio? con ese pensamiento y riendo en mi interior me acosté.

    Al día siguiente, mi padre se había levantado de buen humor e hizo una propuesta muy interesante, donde realmente comenzó a cambiar mi vida.

    – Tina, quiero hacerte una pregunta, ¿te parece buscar en internet ejercicios y comenzar a practicarlos? Así cuando regrese mama estamos físicamente bien, creo nos vendría bien a los dos.

    – Si Tino, (riendo) no tengo otra cosa que hacer.

    Cariñosamente nos llamábamos Tina y Tino como sobrenombre.

    El, que es experto en el tema computación y navegar por la red, bajó un curso completo de ejercicios que no necesitaban aparatos ni peso para modelar los músculos, iniciando de inmediato.

    Pasados tres meses, en los cuales hacíamos hasta tres veces por día las rutinas, nuestros cuerpos fueron cambiando para mejor, Tino estaba de buen humor, unos días más que otros (cuando hablaba con mama sobre todo).

    Con mis diecinueve años, tenía un cuerpo normal, pero ahora estaba espectacular, mi culo había tomado una forma de pera, duro, firme, mis piernas dejaban ver sus músculos, mis pechos estaban redondos y turgentes y ni hablar de los músculos abdominales, era una tabla de lavar.

    Por la ´parte opuesta, mi padre había adquirido un físico imponente, sus bíceps habían crecido, sus pectorales estaban firmes, los músculos abdominales marcados, cuando llegara mama se sorprendería del cambio que estábamos teniendo.

    Un día al levantarme me puse unos shorts de lycra y un top deportivo tipo pupera, el pantaloncito me marcaba la cola descomunalmente, Tino dejo escapar un largo silbido y extendiendo su mano toco la firmeza de mis glúteos, reaccionando al instante, se puso colorado y retiro presuroso su mano.

    – Perdón fue instintivo, pensé y obre al mismo tiempo, pensaba que bien te había sentado el ejercicio y que firme estaba tu cola…

    Silenciando su boca con mi mano

    – Tino sos mi papa, no te pongas mal, sé que no lo hiciste con maldad.

    – Tenés razón, pero eso puede traer malos deseos, tu madre lejos, el encierro, solo vemos al delivery que nos realiza las compras…

    – Si papi, a mí me pasa lo mismo, aunque aún no he tenido nunca relaciones sexuales, mis hormonas están alborotadas.

    Poniéndome colorada más que el cuándo me toco, le confesé que lo había visto masturbándose por video llamada con mama y no perdía la oportunidad de observarlo y retirarme a mi habitación para hacer lo mismo.

    – Hija que vergüenza me da.

    – Para nada Tino querido, entiendo lo de las necesidades, y te comprendo más a vos que sabes lo que es hacer el amor y que te falte tu compañera de juego.

    Me acerque lentamente y bese sus labios secos.

    – Hija no creo que sea…

    Calle sus palabras con mi mano poniéndola sobre su boca, emitiendo de la mía el clásico sonido de hacer silencio, shhh.

    Volvimos a hacer contacto corporal, nuestras bocas se unieron, las respiraciones se hicieron más agitadas, nuestras manos danzaban por nuestros cuerpos, fuimos despojando nuestra piel de la poca ropa que nos cubría, lentamente, prenda a prenda.

    Cuanta ansiedad tenia, iba a ser mi primera vez y con el hombre que más amo en esta vida, le pediría perdón a mi mama, pero no debe enterarse, esto quedara entre nosotros y lo llevaremos a la tumba.

    Los besos que me entregaba la boca de mi padre fueron ganando territorio, de mi boca a mi cuello, de ahí y sin escalas a mis tetas, mis ya duros pezones recibían esas chupadas con mucho agrado, haciendo mojar mi sexo que desde el comienzo pedía a gritos ser penetrado.

    Trate de hacer lo visto en algunas películas XXX que he visto, como para estar a tono.

    Con mi mirada puesta en sus ojos, mientras lo acariciaba con todo el amor posible, bajando suavemente hacia el miembro erguido de mi progenitor, encontrándome con la firmeza de ese pene lo tome suavemente, tal cual lo había soñado desde que lo vi masturbándose. Ambos estábamos con un temblor en nuestros cuerpos desnudos, la piel erizada y sentí por primera vez el famoso olor al sexo, que invadía nuestro alrededor.

    Cayendo de bruces ante el palpitante pedazo de miembro, sin dudarlo abrí la boca y lo engullí, en un principio me dio arcadas debido a que por mi inexperiencia llegue hasta el fondo de la garganta, sacándolo de un tirón para retomar la tarea, ahora más despacio, cuando mis oídos comenzaron a percibir sus jadeos acompasados al ritmo de mi mamada.

    Suavemente me tomo de las orejas haciéndome levantar, se arrodillo elevando una de mis piernas para situarla sobre su hombro, sabía lo que se venía, me entregue a disfrutar. Su aguda y hábil lengua recorrió todo el contorno de mis labios vaginales, por momento los quería separar y continuaba su raid en derredor haciéndome perder la noción del tiempo transcurrido entre que comenzó y llego al lugar que me hizo explotar en tremendo orgasmo, el duro clítoris encapullado que tantas veces yo había usado para darme mi propio placer, pero este orgasmo fue totalmente distinto, fue el primero producido por un hombre real, no imágenes en mi cabeza.

    Ese orgasmo me hizo temblar mucho más las piernas, no podía mantenerme en pie, con media sonrisa de lado y mis jugos chorreando por la comisura de sus labios, se paró posteriormente a bajar delicadamente la pierna elevada.

    – Tina, ¿es cierto que aun sos virgen?

    – Si papa, no te miento, aun lo soy.

    – Entonces estas preparada para dar ese paso tan importante.

    – Sí, es algo que siempre soñé, entregar lo más bello al hombre que siempre me valla a amar.

    – Es muy lindo lo que decís, pero… ¿no querés guardarte para alguien más especial?

    – Nunca habrá alguien más especial que vos, (utilice la Psicología inversa) ¿te arrepentiste y no querés hacerme mujer en el sentido sexual?

    Debo haber tocado su sensibilidad, sello mis labios con un beso. Mientras caminamos hacia la habitación, me abrazo por detrás tomando mis tetas con ambas manos haciéndome sentir en mis glúteos la dureza de su miembro al tiempo que besaba y daba pequeños mordiscos a mi cuello. Con la delicadeza que lo caracteriza me deposito en la cama.

    – Pero hija, ¿no tenemos protección?

    Dijo casi decepcionado.

    – En mi mochila tengo una caja de preservativos que llevaba por las dudas se presentara la ocasión.

    Sin dudarlo salió corriendo hacia mi pieza regresando rapidísimo con lo necesario en la mano, abrió uno dejándolo en la mesita de noche, para continuar el jugueteo previo. Entregándome a disfrutar de su experiencia, cerré mis ojos posicionándome en la cama a piernas y brazos abiertos. Comenzó a acariciarme con las yemas de esos dedos suaves, recorriendo todo mi torso superior y mis flancos, sin llegar al monte de venus, casi sin tocar los pezones, bajaba hasta la pelvis para regresar por el mismo camino. Llevábamos así varios minutos cuando se decidió y aboco su trabajo manual en mi alborotada vagina.

    Debo reconocer que siempre he tenido miedo de mi primera vez, pero con Tino, mis miedos se disiparon, es muy dulce, tierno, sabe cómo y dónde tocar en el momento preciso.

    Su mano tomo la mía, la llevo a su miembro jugando con él por un rato, haciéndome lo propio en mi vagina, introdujo uno o dos dedos, no puedo precisarlo, estoy segura que tome con firmeza ese miembro tirando hacia mí; entendió el mensaje, se subió sobre mi cuerpo y sin soltar esa hermosa pija la guie a la vagina (aunque no hacía falta, Tino conocía el camino) la sentí apoyada entre mis labios, palpitaba, y se movía entre ellos con facilidad por la humedad reinante producida por mis jugos.

    Había llegado el momento, comenzó a ingresar muy suavemente en mí, algo parecido a una corriente eléctrica recorrió desde mis pies hasta la cabeza, a medida que iba ganando terreno las sensaciones variaban, por momentos dolía, por momentos parecía como un ardor, como si me quemara pero no me importo todas esas cosas que sentía eran soportables, solo estaba expectante a escuchar el sonido que me había imaginado haría al perder la integridad del himen, cosa que nunca sucedió. Al sentir que la punta de esa verga toco fondo se detuvo preguntando.

    – ¿Duele o te sentís mal?

    – No, todo lo contrario, por favor seguí no pares.

    Y así hizo, siguió moviéndose dentro de mí con una suavidad increíble, entraba y salía a ritmo constante, rotando levemente su cadera o moviéndola hacia los lados, sentí un hermoso cosquilleo que provenía desde lo más profundo de mi sexo con un calor que comenzó en el mismo lugar y se fue extendiendo hacia arriba y abajo, sintiendo como algo era expulsado en forma pulsátil, ¡¡¡mi primer orgasmo!!! Que rico se sintió y lo demostré con el grito que sucedió a los gemidos que venían saliendo de mi interior.

    Saco su miembro de golpe, tomo el preservativo y la volvió poner dentro de mí con la misma suavidad que al principio, la diferencia era que al comenzar los movimientos los primeros segundos fueron más vehementes, rápidos y contundentes, como si quisiera meter dentro sus testículos que golpeaban fuertemente en el perineo. Gemíamos los dos, era un concierto de ruidos guturales, gemidos y gritos, nuevamente me vinieron esas sensaciones que me avisaron de otro orgasmo, mi eyaculación fue más cantidad que la anterior y el grito que pegue fue fuertísimo, tanto que al terminar de modularlo Tino hizo lo suyo, y lamentablemente todo su semen quedo en el plástico del preservativo, me hubiera gustado tanto sentirlo en mi interior, lo que si pude sentir fue su tibieza y la fuerza con que salía de su miembro cada vez que pujaba ese falo que momentos antes llevo mi “inocencia” a otro nivel.

    Una vez que termino de palpitar en mi interior lo saco muy delicadamente, permitiéndome ver la prueba de esa hermosa primer vez, con un hilo sanguinolento que se deslizaba por el condón y una cantidad impresionante de semen en su interior.

    Nos recostamos sin reproches, solo se le notaba la cara de felicidad y amor en sus ojos.

    – Tina ya vengo, voy al baño a higienizarme, aún tengo vestigios de sangre en el miembro.

    – Pero si usaste condón.

    – Lo use para descargar el semen, tu desfloración fue sin él.

    – Bueno papito, aquí te espero.

    Al rato llego con su miembro pendiendo entre sus piernas, acompañado de sus “guardaespaldas” que parecían empujarlo a cada paso.

    Quedamos un rato observando nuestros desnudos cuerpos, de pies a cabeza, cuanta belleza estética había en el de mi papa.

    Mi curiosidad me llevo a tomar su miembro entre mis manos para inspeccionarlo, textura, largo, grosor, color, cuantas venas tiene, como se desenfundaba la punta de esa majestuosa pija que momentos atrás me proporcionara mi primer gran placer de los muchos que vendrían.

    Lo vi ir tomando consistencia y endurecerse de a poco, irguiéndose majestuosamente ante mis ojos, sin pensarlo mucho, me acerque hacia él, fui dando pequeños, suaves y delicados besos casi rozando solamente su piel, la lengua salió casi por inercia para recorrerlo en toda su extensión, deteniéndome por momentos a saborear sus testículos. Con la experiencia de mi primer sexo oral hace un rato, esta vez fui más despacio y tratando de degustar lo que me estaba “comiendo”. Clave mis ojos celestes en los suyos, abrí la boca introduciendo la regordeta cabeza en ella, automáticamente mi lengua se posó entre mi labio inferior y la móvil piel del aparato, lo rodeaba con ella, forme un círculo con mis labios ejerciendo una suave presión a la vez que mi cabeza iba y venía, atrás, adelante, rodeaba con la lengua, atrás, adelante, más profundo, más afuera, mi pequeña mano había aprendido rápido a mover la piel desde la punta hacia los huevos, que en su movimiento querían golpear mi barbilla. Esa máquina de placer se endureció haciéndome sentir como comenzó a palpitar, Tino jadeaba como un animal cansado de correr, y al grito de – Ahhhh acabo mi vida.

    Descargo una impresionante cantidad de semen tibio en mi boca. Debo reconocer que en un principio no me gusto, pero siempre mirándonos a los ojos me dijo…

    – Trágala toda, hasta la última gota mi amor.

    No sé cómo se me ocurrió en ese momento, sin quitar la vista de sus esmeraldas que me observaban, abrí la boca mostrando lo que tenía en mi interior tragando todo su semen, que me resulto agradable, ese sabor agridulce y su consistencia, a lo que más adelante me haría adicta.

    Con mi cabeza apoyada en su abdomen, me quede dormida.

    Soñaba con esas manos hábiles que momentos antes me habían brindado tanto placer, el sueño era tan real, tan vívido, que me parecía estar haciéndolo, experimente una corriente eléctrica que me despertó de golpe y ahí lo veo estaba arrodillado entre mis piernas, brindándome sus caricias eróticas y como dice el tema musical “no lo soñé” logró que tenga un orgasmo aun dormida, me giro en la cama y alzo mi culo, el que poniéndome cual perro lo ubiqué en pompa ofreciendo mi recién estrenada vagina, de un solo empujón perdió dentro de ella su hermosa virilidad con esos movimientos hermosos que hace, me llevo a elevarme nuevamente al paroxismo, cuando comencé a gemir y estaba por tener mi segundo orgasmo consecutivo siento que uno de sus dedos ingresa por el esfínter anal, haciendo ese momento inolvidable, mis fluidos salían a borbotones y el aumento su ritmo, de repente saco su miembro y descargo todo su semen en mi espalda, lo sentí hermoso, tibio y en gran cantidad.

    Nos bañamos juntos para luego desayunar, sin hablar del tema, era como si fuera normal ya.

    Con el correr de los días fuimos viendo videos y replicando posturas, leyendo el Kama Sutra a full.

    Decidí inyectarme anticonceptivos, encargándolos en la farmacia venia un chico muy guapo que se ofreció a aplicarlo (creo que para verme el culito).

    Diecinueve de marzo del veinte veintitrés nos anuncia mama que el veintisiete de ese mes tomaría el vuelo que repatriaría a los argentinos varados en Europa.

    Hablamos mucho sobre la vuelta de mama, quedamos en que lo nuestro no se iba a cortar, ya veríamos como tener nuestros encuentros de padre e hija.

    Por lo pronto en las video llamadas de mis padres, (debo reconocer que me ponía celosa verlo masturbarse delante mío mientras hablaba con mama) ella no sospecho absolutamente nada, y eso que en varias oportunidades el hacia el ademan de masturbarse mientras yo le practicaba sexo oral arrodillada debajo de la mesita donde estaba la computadora, mama disfrutaba su paja y yo degustaba el semen de papa.

  • Con el novio de mi tía

    Con el novio de mi tía

    El novio de mi tía es increíblemente atractivo y sexy, tiene 33 años, es calvo, pero de una manera que lo hace más guapo que todos los hombres que he conocido, tiene una pequeña barba negra, ojos marrones, piel blanca.

    Es corredor de carreras por lo que se mantiene en buena forma, tiene muy buenas piernas por el deporte que practica y los músculos de los brazos bastante desarrollados, además con sus pantalones siempre se le marca un miembro delicioso que sueño con algún día poder comerlo.

    El día de hoy he decidido ir a casa de mi tía para hablar sobre el cumpleaños sorpresa que estamos organizando para una de mis primas.

    El que me abrió la puerta fue su novio que se llama Emanuel, estaba sin remera y con mi vista le recorrí su perfecto abdomen, tenía puesto un pantalón que se le marcaba perfectamente su pene.

    -Hola Emanuel- le dije aún en la puerta.

    -Hola cariño, ven pasa- nos tenemos confianza así que para mí es normal que él me trate así.

    Pase y note sus ojos fijos en mi formado trasero.

    -Tu tía ha salido a hacer unas cosas, pero va a tardar unas horas.

    Eso era perfecto.

    -Bueno, la espero caqui- dije mientras me sentaba haciendo que mi ajustado vestido se subiera más arriba.

    -¿Cómo te va en la facultad?- me pregunta Emanuel de repente.

    Estoy estudiando para ser oculista.

    -Bien, me va excelente, pero todavía me faltan 2 años para terminar la carrera.

    -Eso no importa, vas a ser una gran doctora y la más hermosa- dijo sentándose más cerca de mí hasta el punto en que nuestras piernas se tocaban.

    Yo le mire directamente su miembro que ahora parecía que estaba más levantado.

    -Gracias y tú eres un corredor espectacular.

    -Eres un amor, pero no exageres.

    -No exagero, eres el mejor y el más atractivo que he visto- él se terminó de acercar a mí y con una de sus manos acaricio mi muslo.

    Yo le puse mis manos en su pecho y fui bajando hacia su abdomen mientras acercaba mis labios a su boca.

    -Disfrutemos del momento, mi cielo- me dijo antes de que me arrepienta y no necesite que me diga más nada por qué lo bese en sus labios y con un solo movimiento termine sentada a horcajadas sobre él besándolo con toda la pasión que sentía, con mucha lengua y saliva de por medio.

    Sus manos fueron hacia el cierre del vestido que tenía atrás y lo empezó a bajar lentamente mientras me acariciaba por completo la espalda.

    Yo no deje de besarlo ni de acariciarlo en ningún momento.

    Me di cuenta de que ya estaba sin vestido porque Emanuel ya me estaba quitando mi bonita ropa interior de encaje, pero sin detener nuestra sesión de besos tan apasionada y esperada.

    -Cariño, besas hermoso- me dijo cuando me quito el sostén.

    -Tú besas mejor- le respondí y en ese momento me di cuenta de su increíble dureza porque la estaba sintiendo contra mi vagina, ya que ahora yo solo tenía mi tanga puesta.

    Me tomo de la mano y me llevo a su habitación donde nos dimos un par de besos más.

    Luego me acosté en su cama y el hombre me beso toda la zona del abdomen, cuando llego a la parte de mi vulva me quito la braga con los dientes, lo hizo muy lento, pero ese gesto me pareció muy sensual.

    Cuando mi vagina quedo expuesta ante él, se inclinó un poco y empezó a acariciarla con lentos movimientos circulares que ya me estaban haciendo estremecer, luego me toco la zona del clítoris con un dedo y ahí fue cuando empece a gemir y pensé que este hombre estimulaba de maravilla.

    Cuando mi vulva ya estaba bien lubricada y húmeda hundió su primer dedo, pasaron unos minutos y él seguía con ese dedo dentro de mi vagina penetrándome intensamente con él, luego metió dos dedos más al mismo tiempo haciéndolo bien profundo.

    Con tres dedos dentro de mi vagina sentía muchísimo placer, él se dio cuenta y el momento más rico de la estimulación llegó cuando empezó a mover sus dedos bien rápido dentro mío.

    Los sacaba y los volvía a introducir, hizo eso sucesivamente hasta que una vez me penetro bien profundo con los dedos y fue ese momento que mi eyaculación femenina acompañada con un gemido mío mojo todas las sábanas.

    Él hizo una sonrisa y con un movimiento de su mano se quitó su bóxer rojo.

    Su verga era lo que yo esperaba, pero nunca me imaginé que fuese tan larga, era más larga que gruesa, pero igualmente me encanto.

    Se acostó en la cama con su pija parada apuntando hacia arriba, yo sé la tome y le di pequeños besos con lengua por toda su longitud, la disfrute mucho pasándole la lengua a lo largo antes de llevarla por completo a mi boca y ahí la chupe bien rápido y delicioso.

    Me tomo de la cabeza y yo aumente la velocidad de la mamada, pero había algo tierno en como él lo hacía, porque a su vez me acariciaba el cabello con ternura y no solo con lujuria como me lo habían hecho antes, ahí me di cuenta de que Emanuel era el ideal, mi lengua se estaba moviendo rápido alrededor de su verga y ambos estábamos disfrutando del sexo oral y más yo que siempre he querido tener su verga en mi boca para hacer lo que estaba haciendo ahora que era disfrutarla por completo sin preocupaciones.

    Se la estaba dejando bien húmeda y llena de saliva hasta que él me sacó el pene en su boca haciendo que un poco de semen fuera a parar en mis tetas.

    Él abrió más las piernas y me invito a que me sentará en su increíble pene pero dándole la espalda, ya que me dijo que esa posición le gustaba mucho.

    Yo así lo hice y él empezó con sus embestidas.

    La posición también me encantó a mí porque me podía tocar la vagina al mismo tiempo que su verga estaba dentro mío penetrándome, era tan rico sentir sus rápidos movimientos entre mis dedos y eso me hacía querer ir más rápido con mi masturbación.

    Lo hice, pero no le podía seguir el ritmo a sus embestidas, ya que eran muy salvajes.

    El buen estado físico de Emanuel lo ayudaba mucho con el sexo.

    En un momento cuando mi mano me dolía de tanto masturbarme me acosté por completo sobre él, me puso ambas de sus manos en mi abdomen, me apretó, hizo su última embestida bien profunda y descargo todo su semen dentro de mi vagina con un gran gemido de placer.

    Ambos queríamos más así que decidí ponerme en cuatro parando bien mi trasero, él me tomo de la cintura con una mano mientras que con la otra empezó a darme suaves caricias en el abdomen y con un movimiento de su pelvis hizo entrar su verga dentro de mí.

    Sus caricias lentas y sensuales no estaban en sintonía con sus embestidas que ya empezaron a tomar un ritmo salvaje y desenfrenado.

    Pero en cuanto al sexo con él me encantaba todo y con mucho gusto me entregué completamente en cuerpo y alma para que haga conmigo lo que quisiera.

    Luego de unos minutos sus embestidas tomaron el salvajismo que tanto lo caracterizaba, hasta podía sentir sus testículos moviéndose y chocando contra mi culo, sentir eso era lo más rico.

    Emanuel tenía una duración increíble en el sexo porque me penetro el culo durante diez ricos minutos, luego se cansó y se acostó en la cama nuevamente mirándome con una sonrisa.

    -Eres el mejor.

    -Y tú eres la más hermosa- me dijo tomándome el rostro entre sus manos y me dio un beso en la boca.

    Mi Instagram es: anaking6523.

    Y mi nuevo correo es: [email protected] (era de una amiga pero ella ya no lo usa).

  • Sexo en pandemia

    Sexo en pandemia

    Esta historia se dio en pandemia, conocí a Alejandro por medio de una app de citas, confieso que jamás creí tener sexo con alguien que, conocí por una aplicación y menos la primera vez que nos vimos, pero ha sido mi mejor sexo.

    Les describiré como es Alejandro físicamente, es muy guapo, es alto más o menos 1.80, tiene un excelente cuerpo de gimnasio (unas piernas de impacto, un trasero delicioso y abdomen perfecto), una boca y unos labios que dan ganas de besar, ojos verdes intensos y una excelente verga de tamaño perfecto que hace maravillas.

    Cuando empezamos a salir de nuevo a las calles, nos citamos para conocernos y tener una tarde de sexo. Me recogió, en ese momento está muy nerviosa, apenas lo vi, el deseo que ya tenía se incrementó aún más. Como les he contado soy tímida, por lo que no sabía ni cómo saludarlo. Llegamos a su apartamento y para romper el hielo, me ofreció algo de tomar, estaba entre nerviosa y deseosa de comerme a ese hombre.

    Ese día iba vestida con un vestido corto rojo que llegaba a mis muslos haciendo mostrar mis hermosas piernas, con una lencería de encaje a juego, una mini tanga y un brasier negro. Siempre me gusta exfoliar mi piel para que quede suave al tacto. Ustedes ya conocen un poco de mi aspecto físico, por lo que pueden jugar con su imaginación y si no me conocen, pueden leer mi relato anterior. Cuando me entrego el vaso de gaseosa, cogió mi cara y me beso, un beso lleno de deseo y pasión, toqueteándome toda.

    Un beso que me hizo mojar al instante, sentía una química y calor con él que incrementaba el deseo. Fuimos a su habitación a ver una película (no recuerdo si pusimos película). Empezamos a besarnos lentamente, pero con pasión, un beso candente mientras sus manos iban tocándome el cuerpo, estudiando mis curvas, bajando sus manos suavemente por la espalda hasta llegar a mi culo y agarrarlo con fuerza, cosa que me hizo encender.

    Mientras, lo besaba, empecé a desnudarlo y él a mí, hasta quedar en roja interior, y ver este cuerpo perfectamente trabajado, mejor de lo que en fotos se mostraba, sentir su piel con la mía, los dos calientes de placer fue una sensación electrizante. Fui bajando mi mano tímidamente, hasta tocar su verga, una verga que ya estaba muy dura por mi tacto, mi cuerpo, por mí y lista para la acción como me gusta, para ser sincera la mejor verga que me he comido. Él empezó a tocar mi pussy sobre la tanga y noto que estaba mojada, lista para ser comida.

    Sin pensarlo y dejándome llevar por mi excitación, me monté encima de él, comencé a besarlo con más deseo y pasión, mientras él cogía mi culo y yo movía mis caderas, rozando nuestras pelvis aun con ropa interior, sintiendo como esa verga dura me hacía estremecer y tener más deseo de tenerla dentro. Empecé a bajar, besando su cuello, el pecho, pasando por el abdomen hasta llegar al bóxer, suavemente lo empecé a quitar y liberar la bestia que estaba encerrada y pedía ser comida. Cuando termino de salir ¡Uff!, las fotos no le hacían justicia a esa deliciosa verga.

    La cogí entre mi mano y empecé a bajar y a subir, mientras miraba su cara y sentía como su cuerpo iba reaccionando, empecé a pasarle la lengua como si fuera mi helado favorito, poco a poco fui metiéndolo a mi boca mientras seguía jugando con mi lengua y mis manos al mismo ritmo, subiendo y bajando, frotándolo y dándole una buena mamada. Mientras la chupaba con ganas y deseo, me iba mojando más y más, por lo que mi pussy quería comerse esa verga, probarla, que me hiciera gritar de placer.

    Me giró quedando encima, quitándome la tanga y besándome el abdomen mientras metía un dedo, para comprobar lo mojada que estaba por él, fue bajando y chupando mi pussy haciéndome estremecer, vibrar cada vez que pasaba su lengua y me la chupaba con intensidad y deseo, estaba tan excitada que no podía esperar tener esa verga dentro, mi cuerpo la pedía, por lo que lo jale hasta quedar encima de mí. Pidiéndole que me penetrará, que me hiciera suya, que ya no aguantaba más las ganas de tener toda es verga dura adentro. Por lo que la metió, dura completa y salió un gran gemido de mi boca, ¡Uff!, de tan solo acordarme, no les puedo negar que ya estoy mojada.

    Empezó a penetrarme, estábamos muy calientes, entre más la sentía adentro más caliente me ponía. Sentir como en cada envestida llegaba más adentro, haciéndome gemir, mientras yo disfrutaba lo besaba demostrándole lo excitada y cuan deseosa estaba. Bajando mis manos por su espalda hasta sentir sus nalgas y apretarlas cada vez que entraba. Lo hicimos en varias poses arriba, abajo (la que más me gusta, porque asi puedo disfrutar de todo su cuerpo a la vez), de lado, en cuatro (su favorita y la de muchos), mi cuerpo lleno de deseo, pasión, locura, adrenalina. Con cada embestida me hacía gemir, sentir esa verga dura por mí, haciéndome escurrir de placer.

    Pero ya no podía aguantar más quería correrme. Hasta que no pude más y llegué al más rico orgasmo, haciéndome erizar todo el cuerpo, vibrar con cada espasmo, y llegar con él casi al tiempo, ha sido de las mejores sensaciones, sentir como llegaba dentro. Sentir como el hombre llega dentro, Es la sensación más deliciosa y me hace estremecer de solo recordarlo.

    Para terminar nuestra tarde de sexo, pedimos una pizza hawaiana, deliciosa también, pero nada como el sexo que acabábamos de tener. Porque después de una gran faena, se necesita una gran cena, para recuperar algo de fuerzas.

    Pero esto continua, esta fue la primera vez de muchas otras, aun mejores y más ricas, que luego les contaré…

    Espero les guste este relato, recibo opiniones, sugerencias y saber si les ha gustado, por este medio o a mi correo [email protected].

    Mucho sexo para todos.

  • En la oscuridad con mi suegro

    En la oscuridad con mi suegro

    La noche adormecía todo, además el frio que emergía de todas partes mantenía las calles solitarias y en un silencio perpetuo. Bajé del vehículo y me dispuse a caminar al hotel. En la recepción una mujer de rostro hermético me dio la llave, no dijo nada, cosa que agradecí; todo acto furtivo triunfa en el silencio.

    En la habitación encontré una hermosa cama matrimonial forrada con sábanas rojas y pétalos de rosa que embelesaban puerilmente la atmosfera. Nada de eso me importó, lo importante aún no llegaba. A los quince minutos tocaron la puerta de la habitación. Yo ya estaba preparada, mi babydoll ligero y transparente dejaba al descubierto parte de mi cuerpo, debajo una tanga y los pechos al aire, me coloqué una peluca rubia que se adaptaba muy bien a mi piel blanca y un antifaz que cubría más de lo necesario; estaba lista.

    Abrí la puerta, el hombre era alto y corpulento, llevaba un enorme abrigo que le llegaba hasta las rodillas, su rostro estaba cubierto por una máscara de carnaval que acrecentaba aún más el misterio. También llevaba puesto un sombrero tipo fedora. Pero lo que más atrajo mi atención fue su olor, tenía algo peculiar.

    Ambos nos mirábamos directo a los ojos. Nos habíamos contactado mediante una página de citas. Era un sitio que con regularidad yo frecuentaba. Había ciertas reglas que tenías que acatar. En síntesis se podría decir que el encuentro tendría que ser lo más discreto posible. Nada de palabras, oscuridad total a la hora de perpetuar el acto y disfraces. Cumplíamos a cabalidad con todos los requisitos por lo que estábamos listos para comenzar.

    Él se encargó de apagar la luz, toda la habitación se sumergió en penumbra. Comencé a escuchar que se desprendía de ciertas prendas. Yo me quite el antifaz y la peluca, en la oscuridad nada se vería. A pesar de no ser mi primera experiencia me encontraba nerviosa, esa era la sensación que me hacía seguir manteniendo encuentros con desconocidos. Después de unos segundos sus manos se posarse por mi cuerpo, la piel se me enchino al sentirlas bajar y subir por todas partes. Sus labios encontraron los míos y comenzamos a besarnos desaforadamente. Caí en la cama y él me siguió; me tocaba las tetas y las apretaba, mis pezones florecían con el placer y la excitación; en mi vagina los distintos caldos comenzaban a emerger, sentía como la panocha empezaba a salivar.

    Este hombre parecía interminable por más que le buscaba un final no lo encontraba, tenía la fisionomía de un toro con hombros gruesos y duros, espalda ancha, cuello que se sentía como un tronco y esas piernas gruesas que se producen solo con años de ejercicio. Disfrutaba solo con tentarlo, además su olor me volvía loca, parece que de tanto frotarlo su cuerpo expelía más el aroma. Él estaba perdido en mi cuerpo, me chupaba y lambia todos los rincones yo gemía y me dejaba llevar por sus labios y lengua. Cuando llego a mí vagina experimente un placer nunca antes inusitado, los chorros comenzaron a surgir: cálidos, febriles; alimentando aún más la calentura que nos unía a ambos.

    El sexo oral resulto en una travesía celestial, entre la oscuridad y los lengüetazos me perdí de este mundo. Ya para ese momento la cama estaba empapada y nuestros cuerpos chorreaban sudor y deseo. Era mi turno de prodigar placer así que busque su falo hasta encontrarlo, estaba tan duro que parecía estar a punto de estallarle. Lo frote delicadamente por unos segundos y después me lo sambutí en la boca. Succionaba su verga, me encantaba atragantarme con ella, metérmela hasta la garganta y sentir su cabeza clavándose en mi interior. Mi saliva se le escurría y yo no paraba de chupar. Él gemía quedamente, me tomaba de los cabellos y me jalaba para que me la tragara toda. Así estuvimos por varios minutos hasta que me desprendió de su miembro, me tomo ambas piernas y me arrastro, sujeto mis tobillos y separo mis muslos, su pene se incrusto en mi vagina, lo sentía como un misil perforándome, la saliva y lo mojado de la panocha hacían que su verga se resbalara deliciosamente. La tanga le estorbó así que me la quito con desesperación, era una bestia hambrienta que me devoraba de a poco. Su verga rebotaba en mi vagina, me llenaba toda, me hacía gemir como perra en celo.

    El eco de mis gritos retumbaba en todo el cuarto, jamás había sentido tan ricas sensaciones. Su fuerza y virilidad estaban concentradas en cada envestida que me daba, mi vagina estaba sometida a su verga que brotaba con vigor. Perdí la cuenta de las veces que me vine, pero todo estaba tan empapado que resultaba sorprendente. Él también se vino varias veces, pero aun y con eso mantenía el ritmo y la fuerza para continuar. El baby doll lo tenía empapado y se me pegaba al cuerpo como una doble piel, pero él quería saborearme sin prenda alguna y me lo quito. Ya estando completamente desnuda y a su merced, me sentí más sensual por lo que yo misma me le repegaba con fuerza a su miembro, era un hombre peludo y sentía como mi vagina chocaba con todo ese pelambre de bellos.

    La vagina la tenía mojada y llena de semen, el escaso bello que la cubría retenía estos líquidos, me levante para limpiarme y pude sentir como goteaba, jamás había pasado algo así. Apenas iba a limpiarme cuando me tomo de la cintura y me aventó para adelante, su verga se restregaba tan duro en mi interior que la fricción de ambos miembros desataba fuego dentro de mí. Sus huevos peludos chocaban con mis nalgas y eso me prendía demasiado, las nalgadas iban aumentando de intensidad hasta que su verga se salió por accidente, estaba tan caliente que quería continuar toda la noche cogiendo de esa manera, pero su cabeza encontró otro orificio. Grite porque ese hoyo no estaba preparado para ser mancillado. Como no podíamos hablar no dije nada, además él intuyo que su pene apuntaba al ano y no a la vagina por eso se detuvo, pero estaba tan caliente que no me importo que continuara, sabía que sería doloroso, pero quería probar y quedar penetrada por todas partes esa noche.

    Su pene seguía tan duro que al principio resulto difícil la penetración, tuve que dejársela ensalivada de nuevo para que el coito continuara. Al principio despacio y lento, pero ya cuando su pene logró alcanzar la profundidad y mi ano estaba completamente dilatado, el rigor de sus movimientos me hizo acabar en cuestión de segundos. Estaba como loca nunca me había sentido así y mi cuerpo explotaba en placer, me contoneaba y me venía a chorros. No me había ni repuesto cuando de nuevo me abrió el culo y me metió la verga, ya sin ninguna consideración, la sacaba y la metía y yo gritaba aferrándose a las sábanas.

    Acabe empapada en jugos vaginales, semen y sudor. Los dos nos recostamos un momento en la cama, escuchaba su respiración agitada, después de haberme montado como un potro por horas estaba agotado. Me recosté un momento en su pecho e inhale ese aroma de hombre que salía como vapor de su piel, no era perfume, era un olor natural, sus feromonas de macho que por sí solas me mojaban. Estaba segura que ya había olido con anterioridad esa fragancia, pero no recordaba donde.

    Al final nos despedimos con un apasionado beso. Yo abandone el cuarto primero, iba feliz con la experiencia que acababa de vivir. La cogida de mi vida, sin dudas.

    A la mañana siguiente mi novio me marco muy temprano, me invito a una fiesta que darían sus padres, cosa que no me agrado del todo, pero acepte.

    Resulta increíble que llevando 3 años de noviazgo apenas en una ocasión había visto a mis suegros. No soy muy adepta a las relaciones familiares, por lo que mantenía distancia con mis suegros, pero estando próxima la boda debía acercarme más con mis padres putativos.

    Al llegar me recibió mi suegra, una mujer muy bella que, a sus 54 años mantenía un cuerpo divino. Fuimos avanzando entre la convivencia hasta que mi novio encontró a su padre en medio de la pista de baile. El hombre era alto y bien parecido, lo recordaba poco de la última vez que lo vi, pero ahora me parecía demasiado atractivo. Cuando concluyo la canción se retiró de la pista, se dirigió directamente hacia donde nos encontrábamos. Al llegar le dio un fuerte abrazo a su hijo y después se abalanzo sobre mí, aprisionándome con sus fuertes brazos, en ese momento me quedé petrificada ¡Era él!, ese aroma resultaba irreconocible. El padre de mi futuro esposo me había dado la cogida de mi vida una noche antes…