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  • Convencí a mi mujer ser mi ama (parte 1)

    Convencí a mi mujer ser mi ama (parte 1)

    Me costó trabajo, pero al fin lo conseguí:

    Me presente Juan (no real) mi esposa Ana (no real), somos un matrimonio de 65 y 60 años, casado desde hace 38 años, dos hijos de 33 y 30 años, los dos ya fuera de casa, así que hace aproximadamente 2 años que estamos solos, ya que ellos viven fuera de nuestra ciudad.

    Nuestra vida sexual ha sido muy placentera, pero falta de fantasía, follamos cada dos o tres días, le gusta a ella que le coma el coño y es porque al ser multi orgásmica se corre con esta práctica entre 6 o 7 veces seguida, después de metérsela y antes de que yo me corriera volvía a tener un par de orgasmo más, por eso decía que no quería probar nada más.

    Yo, ya prejubilado desde los 60 años y con un buen nivel económico, le sugerí irnos de viajes de vez en cuando, con el pensamiento que al estar fuera de nuestro ambiente podría cambiar en algo.

    Empecé por internet vez zonas de intercambios de parejas, hoteles de tendencia liberal etc., y empecé también a leer algo sobre el mundo BSDM, leí artículos, vi videos y estos, debo reconocer que me puso bastante cachondo.

    ¿Pero había una pega, hasta ese momento no había pensado en esta práctica, como le puedo pedir a mi mujer que se convierta en mi sumisa?

    Seguí informándome sobre este asunto, pero no me convencía mucho, cuando descubrí lo que era la Dominación femenina, leí sobre esto y vi videos, al principio, para mi gusto eran muy fuerte y que solo salía tormentos y malos tratos corporales, pero salió una página que explicaba que era realmente la Dominación Femenina, hacer que el macho este humillado más que castigado, me intereso este tema y empecé a indagar y cuando me tropecé con un video de humillación más que de castigo, también había, pero no era lo primordial, me sorprendió una erección no habitual y después de 40 años me vi haciéndome una paja, eso es lo que quiero, a ver cómo le entro a mi mujer.

    Empecé mi estrategia indicándole cada vez que follamos que me pellizcara los pezones y que al correrse me clavara sus uñas en los cachetes golpeándolo a la vez. Surgió efecto ya que varios polvos después ya no tenían que decirle nada ella misma me estiraba de los pezones, incluso me lo mordía y me clavaba sus unas en las espaldas y en el culo, golpeando estos mientras se corría.

    Una mañana, suelo levantarme yo antes y preparar el café, subiéndolo y en la cama tomarnos el primero de la mañana, algunas ves follamos antes de bajar, imprimir un artículo sobre Amas y sumisos, así como un contrato que se realizada y firmaba entre el Ama y el sumiso o esclavo, se lo presente para que lo leyera, ella me contesto que no estaba de acuerdo con esas prácticas, pero en vez de romper los papeles o tirarlo los metió en el cajón de su mesilla.

    Dichos papeles me lo encontré por la tarde en la mesa de la cocina, parece sé que lo había leídos con más interés, sonreí pero no le dije nada, otro di al regresar de mi paseo mañanero, estando ella en la cocina, en el salón estaba abierto el portátil y había unos artículos sobre Dominación Femenina y bicheando en el historial vi que había entrado en unos foros sobre el mismo tema, dándose de alta con el nombre de Atenea, también vi que había mantenido una conversación vía foro con una tal Daniela, ama con dos sumisos, uno fijo y otro eventual además era también una profesional ya que tenía una tarifa por servicios.

    Dejé el pc como estaba y me fue a mi despacho abriendo mi ordenador pude comprobar dichas páginas y foro, así como informarme sobre esta Daniela, esta era una Ama profesional, se dedicaba a dar secciones a sumisos y sumisas teniendo unas tarifas por tiempo de dedicación, contacté con ella para que me reservara unas horas por la tarde, mis pensamientos eran saber sin aguantaba unas secciones con ella, para luego seguir convenciendo a mi mujer. Me sitó el marte a las cinco de la tarde hasta las ocho, en su domicilio, una calle muy céntrica de la ciudad donde los precios de los pisos son bastante caros, así que parecía que su negocio le iba muy bien, allí llegue a la hora indicada, me recibió vestida de cuero negro con unas ligas y zapatos de tacón alto también negro, tenía un corpiño de cuero con sus pechos fueras, me pidió que le explicara por qué había venido a esta sección, le dije que estaba intentando convencer a mi mujer de que se convirtiera en mi Ama y quería comprobar si era capaz de aguantar ser su sumiso, ella me dijo que era muy diferente estas secciones a convertirse en el sumiso de alguien y sobre todo de tu propia mujer, pero que podría hacer un adelanto por lo menos de aguante de castigos, me dijo que ella era el Ama y como tal tenía que llamarle y que mi nombre era perra esclava de mierda, cerda o cualquier adjetivo que se le ocurriera.

    Me hizo desnudar por completo y empezó las secciones, primero de humillación, besándole los pies y chupándolos zapatos así como estar en unas posturas de perro, hacer de mueble o cenicero, posteriormente empezó con las secciones sado, me ato a unas correas sujetada en el techo, donde me estiraba los brazos y me amarro los tobillos a unas argolla en el suelo, así cuando estiraba de la carrucha mi cuerpo quedaba totalmente tenso, me puso unas pinzas en los pezones y al lanzar un grito de dolor me abofeteó poniéndome una mordaza en la boca para no oír más quejas de perra, así me lo dijo, después con una fusta me empezó a castigarme los huevos y la polla, como mis espaldas y culos estaban al aire y totalmente estirado empezó a golearlo con un látigo de tiras de cuero, pasado una hora de este tormenta, empezamos la última sección que era la sexual, me llevo a su cuarto de baño y poniéndome de rodilla me hizo abrir la boca poniéndome una mordaza que mantenía mi boca completamente abierta, se quitó los bragas y empezó a orinar en mi boca, advirtiéndome no dejar caer nada al suelo y tragarlo todo, así lo hice temiendo un nuevo castigo, después me arrastro con la corre hasta el centro de la habitación o mazmorra como a ella le gustaba describirla, me quito la mordaza y me tapo los ojos, amarrándome las manos a la espalda y de rodilla me hizo buscar su coño para mamarle la pipa, cada dos segundo que no la encontraba me golpeaba con la fusta donde callera, así que cuando llegué a su cuerpo empecé a chuparle el coño con una gran ansiedad, sentía como ella se corría lanzado sus flujos a mi cara, y aquí acabo al sección, entre en su cuarto de baño para darme una ducha, me vestí salí diciéndole:

    – Gracias Ama ha sido unas horas maravillosas ya sé que puedo aguantar estar en esta situación con mi esposa.

    A llega a casa escuche a mi mujer hablar con alguien por el móvil dándole las gracias y creo que escuche el nombre de Daniela.

    A la mañana siguiente y después del café me pidió que le comiera el coño pero que pusiera una almohada debajo de su culo para estar más incorporadas sentada, así lo hice y cuando tenía mi cara metida entre sus piernas y mi lengua en su pipa, recibí un fuerte golpe en la espalda y otro en el culo, ella creía que yo iba a decir algo pero aguanté y seguí comiendo su coño, a la vez que le venía los orgasmos los latigazos eran más repetitivo y fuerte, luego vi que había utilizado la correa de mi pantalón, cuando acabamos de follar me dijo que fuera abajo al salón y subiera el contrato de Ama y sumiso que hablaremos de estos.

    Al subir el papel me comento:

    – ¿Juan he leído el contrato varias veces, me he informado en internet sobre el mundo BDSM e incluso he hablado con una profesional, Daniela que creo que ayer la visitaste en su piso de trabajo, cierto?

    – Si fui para comprobar si podría aguantar las situaciones, vi en tu portátil su teléfono y dirección.

    – Claro acordamos ella y yo hacer eso para que callera en la trampa

    – Bien planeado.

    – Bueno hablamos de estos términos, me parece todo bien menos tres de ellos que deberíamos de quitarlo, aunque Daniela me ha sugerido que no lo haga, que te parece a ti.

    -Veremos si son los mismo que yo pienso:

    – Bueno vemos el primero de ellos es el que dice “El Ama podrá prestar, alquilar o ceder a su sumiso a quien ella quien sea Ama o Amo”.

    -El segundo dice “El Ama obligara a su sumiso contemplar los actos sexuales o de dominación a otra sumisa, sumiso o cualquier persona fuera del mundo BDSM que follara con ella”-

    – Y tercera el Ama tendrá sumisos o sumisas de forma eventual o fijo, fuera de la vivienda que ocupe con el sumiso de este contrato”

    – Que te parece quitamos estos?

    – Estoy completamente de acuerdo, parece que estamos sintonizado con todo esto.

    – Bueno si está de acuerdo ve a tu despacho imprime un nuevo contrato y lo firmamos.

    Así lo hice quité estos artículos e imprimí dos contratos y se lo llevé al dormitorio, al dárselo firmamos uno los dos, pero el otro dijo que no lo firmaba que solo era uno para ella y el motivo según le explico Daniela es que se había dados algunos casos de denuncia por malos tratos y con este contrato firmado, aunque no es muy legal se ha desestimado el 98% de las denuncias.

    -Pero cariño yo nunca lo haría.

    -Nunca no es suficiente.

    Así lo hicimos, ella guardo el contrato en su mesilla de noche, me volvió a decir que estaba muy caliente y que le volviera a comerle el coño.

    Cuando acabamos me dijo que mañana a las 8 am empezaremos nuestra nueva vida.

    Al día siguiente, como siempre, me levante de la cama, baje a la cocina y preparé el café para los dos, a subir de nuevo a la habitación, mi mujer ya Ama estaba sentada en la cama y al verme dijo:

    -Qué coño hace esclavo de mierda quien te ha dado permiso para tomarte un café? darme el mío y deja el otro en la mesilla.

    -Te quiero desnudo todo el día, te baja unas calzonas por si alguien llama a la puerta, pero inmediatamente te lo quita.

    Después cuando me traiga todos los días mi café, te pones tendido en el suelo boca arriba para que mis pies no toquen el suelo frio, después te daré nuevas órdenes.

    Así fue cuando se tomó el café se bajó pisándome los huevos y la polla y después se puso las zapatillas, cogió el café, supuestamente mío, y me lo volcó por todo mi vientre, polla y huevos, menos mal que ya estaba algo frio, después me dijo

    -Deja limpio todo el suelo con tu lengua, luego pasa la fregona y entra en el baño que te estoy esperando.

    Realizando la tarea de limpieza entre en el baño, estaba en la taza del wáter sentada dijo:

    Enjuágate la boca y me seca el coño con la lengua y sigue hasta que me corra, después te mete conmigo en la ducha para lavarme, cuando acabe me seca y me viste con las ropas que te ponga en la cama.

    A mí solo se me ocurrió decir:

    Si mi Ama lo que mi Ama quiera para eso desde hoy soy tu sumiso, esclavo, perro lo que quiera mi Ama.

    Así me gusta perrita que sea obediente.

    Acabada la tarea, me dijo que quitara la sabana manchada de la cama, cogiera mis ropas y la pasara a la habitación que ocupaba nuestro hijo, ya que esa será desde hoy mi habitación y después baja al salón y siempre al lado mío y de rodilla me pondría las tareas a realizar cada día, yo luego lo revisaré y como existiera fallos será fuertemente castigado.

    Realizadas todos los mandatos de mi Ama, baje al salón y poniéndome de rodilla a su lado mi dijo:

    A partí de ahora mi nombre no se pronuncia te dirige a mi como Ama o Señora, prefiero Ama, te quiero siempre desnudo, ya he llamado a la agencia para que la asistente venga solo un día y para la plancha, de mi ropa claro, las pocas que tu usara te la plancha tú, te dedicara a la limpieza total de la casa así como de los patios, por ahora yo hare la comida y las compras, pero apresúrate a aprender cocinar y a comprar porque dentro de algún tiempo también tendrá que hacerlo tú, esto siempre cuando estemos solos o en compañía de personas con nuestros mismos statu, cuando vengan los niños o en reuniones familiares volvemos a la anterior etapa, pero cuidado que con lo que dice o como te expresa, si me hace enfadar después recibirá toda mi ira en tu cuerpo.

    Si mi Ama así será, es lo único que se me ocurrió decir.

    Pues como sabes donde esta los productos de limpieza, empieza por los baños, los cuartos y las escaleras, esta tarde después de comer, tu comerás cuando yo termine y mientras descanso en el sofá estará echado en el suelo junto a mí por si me quiero levantar o pedirte cualquier cosa, después de servirme el café de la tarde te pones a recoger y limpiar la cocina. No quiero repetir esto más veces a partir de mañana ya sabe cómo tiene el día, si hay alguna modificación ya lo avisare.

    Si mi Ama.

    Ah otra cosa, coge todos tus productos de limpieza corporal y lo lleva al baño del pasillo, ese será desde hoy tu aseo, en el mío no quiero que lo utilice para nada, excepto limpiarlo y cuando yo te llame para secarme el coño con tu lengua o frotarme el cuerpo en la ducha.

    Si mi Ama así lo hare.

    Empecé con toda la tarea indicada por mi Ama, al no estar muy acostumbrado me costó bastante tiempo realizarla, sobre todo los aseos. A la hora de comer mi Ama me aviso que preparara la mesa para su comida, baje a la cocina y le pregunte que, si quería comer en el salón o allí mismo, me contestó que en el salón en la cocina

  • Un hombre confundido

    Un hombre confundido

    Hola, mi nombre es Israel, y soy un hombre muy confundido y no sé qué hacer.

    Déjenme comenzar por el principio estableciendo que, hasta hace unas horas, yo estaba seguro de ser 100% heterosexual.

    Tengo una novia, o algo así; una amiga con derechos que, aunque ni conozco a su familia ni me interesa, la realidad es que llevamos ya casi seis años saliendo… o más bien entrando a hoteles y moteles por toda la ciudad. Sin embargo, difícilmente puedo pensar más de dos ocasiones en la que nos hayamos citado en la que no fuera con el objeto exclusivo de intercambiar nuestros fluidos.

    Ella puede atestiguar que siempre he sido todo un hombre con ella, todo un caballero que cuida que, siendo que las damas van primero, ella alcance el orgasmo antes que yo. Siempre cuidando la etiqueta.

    Una única vez, que yo recuerde (y lo recuerdo a veces más de lo que quisiera), ella intentó jugar con mi ano; me gustó, admito, su lengua presionando ahí, pero si la detuve cuando comenzó a meterme un dedo.

    Soy un hombre práctico. Tengo 32 años y una carrera que me roba casi todo mi tiempo. Por eso mi amiga es la solución perfecta: nos vemos cuando coinciden nuestras agendas, nos atendemos el uno al otro, nos ponemos al día en nuestras vidas y cada quien a su casa. Quiero creer que también esto le funciona a ella, porque no me ha dejado por otra relación que sí sea una relación.

    Bien, déjenme entrar en materia, supongo que comienzo por describirme, no porque sea realmente necesario, sino más bien porque es lo que todos hacen en todos estos relatos: soy la expresión completa del promedio. No gordo, no flaco, no musculoso, no alfeñique, no soy muy alto, pero tampoco bajo. Mi verga, a sus 17 centímetros, es completamente promedio. Perdón si los decepciono y esperaban algo distinto.

    Bien, mi confusión tiene su raíz cuando mi amiga se fue de viaje. Ella no viaja mucho, pero, por su trabajo, estaría ausente un par de semanas y me pidió que me quedara en su departamento para cuidar de su gato. Aunque es un gato con porte y distinción, no importa para esta historia, por lo que no hablaré mucho de él, y para conservar su anonimato, le llamaremos simplemente Gato N.

    Llevaba ya poco más de una semana en su departamento y, la verdad, traía ya la calentura de estar con ella en mi mente tan intrusiva como los anuncios en un video de YouTube.

    Voy a culpar a que su departamento tenía su olor por todos lados y mi cerebro primitivo de cavernícola relacionaba ese olor con su jugosa raja. Imagínense como me puse el día que me bañé usando su shampoo y recordé a la fuerza cuando la tomaba de perrito y tenía mi cara hundida en su cabello. Estaba yo muy caliente, es lo que quiero decir, y aún faltaba otra semana para su retorno.

    Yo creo que todo comenzó el día que decidí abrir sus cajones y mirar su lencería. Originalmente la idea era masturbarme oliendo sus pantys o algo; quiero aclarar que no tenía ese fetiche en mi lista, es sólo que pensé que, si el shampoo me había puesto tan duro, el olor de su coñito podría de algún modo sustituir su ausencia. Y sí, al menos por un rato pude acallar los mensajes de YouTube. Pero eso fue sólo por un rato.

    La realidad es que no me era suficiente. Ya llevaba dos dedicatorias y aun me hacía falta más. Aquí quiero aclarar que su viaje, literalmente al otro lado del mundo, no nos permitía tener pláticas calientes por la diferencia de horarios.

    A la siguiente noche abrí mi lap y entré a Reddit. Nadie de mi gente sabe que tengo una cuenta y, por lo mismo, es donde puedo hablar y decir lo que quiera sin miedo a ser juzgado. Entré a un sub donde se hablaba de masturbación; un par de ideas quizá me ayudarían, y, en mi estado de calentura, estaba un poco más abierto a experimentar.

    Sí, yo creo que ahí fue donde todo comenzó.

    Después de un rato de revisar algunos posts, encontré uno con recomendaciones diversas. El autor, se decía psicólogo, aunque en internet nunca se sabe, decía que incluso usar las prendas de ella durante la masturbación era un modo de comunión que ayudaba a algunas personas a sobrellevar la ausencia. Aquí quiero aclarar tres cosas:

    Uno, nunca he tenido el fetiche de ser travesti. Aunque hay algunas fotos que he visto de algunas chicas así que realmente merecen una dedicatoria, nunca se me ha antojado para mí.

    Dos, no estaba tratando de sobrellevar su ausencia, trataba de sobrellevar la calentura mientras regresaba.

    Tres, funcionó.

    No recuerdo haberme venido así de abundante en mucho tiempo. Una vez que recuperé el aliento, llevé a la lavadora las pantys de lino que me gustaban tanto en ella a la lavadora, aunque más que lavada, necesitarían un exorcismo.

    Mi siguiente acto fue mandarle mensaje a mi benefactor agradeciendo su ayuda y aquí fue donde el destino (me) metió la mano. El psicólogo, al que llamaremos Pedro N. estaba en línea. Pedro me contestó casi de inmediato sugiriendo algunas otras ideas, algunas factibles, otras innecesarias. Me dijo que era tanatólogo y que muchas veces ayudaba a la gente a recuperar su vida sexual tras la pérdida de la pareja. No me suena muy sano usar la ropa interior de tu mujer fallecida, pero no iba a quejarme cuando aún estaba flotando en endorfinas.

    Total que entre más platicaba con él, más agradable me parecía. Pasamos de mensajes abiertos a privados, y de ahí a whatsapp. Es curioso, visto en retrospectiva, debí sospechar desde que su código de país no coincidía con el mío. Por obvias razones no pongo su número, pero su código de país era el +66; Tailandia es un lugar muy lejano, pero tras algunos mensajes coincidió que estábamos difícilmente a 20 minutos de distancia. Y no, tengan paciencia. No se trataba de un ladyboy tailandés, aunque, siendo que acababa de venirme en unas pantys de lino por consejo de un desconocido, una linda shemale en mi futuro no sonaba tan descabellado. No, la situación fue muy distinta.

    Tras algún rato de platicar, poco a poco volví a sentirme de nuevo caliente. Si bien Pedro y yo no estábamos sexteando, el intercambio de ideas y de algunas experiencias, si me hacía sentir un poco demasiado cercano a él. Mitad complicidad, mitad calentura, terminé aceptando ir a su casa a tomar un par de cervezas.

    En el cuerpo humano existe una zona lleva de terminales nerviosas que, después de los órganos reproductores y el cerebro mismo, es la zona más sensible del cuerpo, los japoneses le llaman “hara” y se encuentra debajo del estómago y justo antes del vientre, que es justo donde sentimos las famosas mariposas en el estómago; y justo es la zona de mi cuerpo que me punzaba abiertamente mientras tocaba a su puerta, six de cervezas en mano. No era una situación sexual, era ver qué más podía aprender de cómo darme placer yo sólo. Después de todo, no es como que yo fuera gay, ¿cierto?

    Pedro me abrió; maduro, elegante, cualquier cosa sobre los 60 años. Elegante, debe decirse. Un poco más alto que yo, con hombros anchos sin llegar a fornido, pero ciertamente no un delicado ladyboy (¿quizá sentí una ligera decepción?).

    Pasamos a su sala, amplia, cuidada; carente de cualquier toque femenino, pero sí muy limpia. Soltero con dinero, no me molestaría llegar a esa edad de ese modo. Me sentó en su sofá y regresó unos minutos después con una maleta amplia. La puso en el piso y se sentó a mi lado. Quizá un poco cerca. Sin consultarme, abrió una cerveza y me la ofreció antes de destaparse una para él. Tras un poco de charla medio innecesaria (¿tráfico? ¿difícil dar con el lugar?) pasamos a la idea que nos trajo.

    Dejó su cerveza en la mesa de centro tomando la mía también; el gesto, un poco asertivo, debió disparar alguna alerta; es el mismo gesto que suelo usar con mi amiga cuando ya quiero que pasemos a la acción, pero, con Pedro mirándome de frente, sus ojos negros clavados en los míos, me sentí extrañamente cómodo.

    ¿Te ayudó el consejo de la ropa? – me preguntó sin dejar de mirarme.

    -… mucho- dije con la voz un poco más baja.

    ¿Qué trajiste puesto? – y un escalofrío me recorrió centrándose en mi hara, casi pude sentir a mi verga comenzando a gotear ¿Cómo chingados supo que traía más ropa de mi amiga? Más aún, ¿Por qué me ruboricé como quinceañera?

    Una panty que me encanta que ella use, de hilo atrás. – Le dije sin detenerme a pensar lo que estaba admitiendo. –¿Cómo supiste? – Pedro sonrió y, cuando lo hizo, tuve que sonreírle de vuelta.

    Es normal, una vez que rompes ciertas limitaciones, es mucho más fácil seguir rompiéndolas.- dijo mientras estiraba su mano para tomar el control de su televisión. Mi mirada giró a la pantalla cuando de ella salieron respiraciones muy sugerentes. En el video, dos chicas en micro bikini se untaban aceite acariciándose.

    Si bien era porno de muy buen gusto, no estaba seguro de cómo responder. Aunque, acepté ir a casa de un desconocido después de agradecerle por ayudarme a masturbarme, en ropa interior de mujer, con cervezas en mano. No sabía qué esperar, porque nunca me imaginé en esta situación.

    Pedro cambió los canales con cierta pausa; cada canal tenía porno destino. Hombres, mujeres, orgías, hasta que se detuvo en uno con un hombre usando una fleshlight. Desnudo, musculoso, con los ojos entrecerrados y gimiendo para la cámara, usaba un juguete que yo había visto alguna vez. Quizá me quedé mirando más de lo que debiera, porque fue hasta que Pedro me preguntó si me gustaba el video que me di cuenta de que tenía la boca abierta. Él me miró sonriendo. – No te avergüences, mucha gente no sabe que le gustan algunas cosas hasta que las prueban… ¿te gustaría probar ese juguete? – Me dijo sin dejar de mirarme. El calorcillo en mi vientre me hizo asentir con la cabeza. De palabras no sabía en ese momento. Pedro estiró su mano a la maleta y la abrió. En ella, cuidadosamente ordenados, había varios juguetes de varios tipos.

    Quítate los pantalones. – Me ordenó, aunque con mi calentura sonaba más bien a que me estaba dando permiso. En unos momentos, estaba sólo con la tanga que había traído conmigo. Él tomó una crema con un olor dulzón, como a coco, y vertió un poco dentro del juguete antes de extendérmelo. – Pruébatelo. – me dijo. Para este momento, una mancha oscura en la tanga y mi bulto luchando con la tela dejaba en claro que tenía toda mi cooperación. Pedro me miraba fijamente mientras yo, torpemente, bajaba un poco la tanga e iba insertando mi pene erecto entre látex apretado de la linterna. El escalofrío que sentí antes se multiplicó. Cerré los ojos para concentrarme en la deliciosa sensación que era al mismo tiempo nueva y conocida. Cuando los abrí, Pedro masajeaba su propio bulto sobre su ropa. – ¿Te molesta si también lo hago? – me preguntó mirándome tan adentro de mí, que solo pude asentir entre golpes de la linterna. Mientras me sentaba para abrir mis piernas preparándome para mi descarga, miré a Pedro. Estaba completamente desnudo, con un pene venoso, largo y ancho de un púrpura oscuro, pulsante, se acariciaba mirándome.

    Para mi sorpresa, su mirada, tan llena de lascivia, me calentó mucho más de lo que hubiera creído jamás. Podía ver como comenzaba a gotear y como acariciaba la punta de su glande llenando sus dedos de su propio líquido antes de llevárselos a la boca. No pode más; exploté con un gemido sonoro, amplio, primitivo. Pedro se me acercó y, con cada contracción de mi verga, empujaba la linterna más y más profundo. Mi orgasmo debió durar unos segundos, pero estuve colgado ahí una eternidad. Cuando regresé a la realidad, lo que sospechaba que para mí era una nueva realidad, Pedro acariciaba su verga de arriba abajo, ahora impresionantemente erguida. Poco a poco jaló la linterna y mi verga, ahora húmeda y flácida, salió goteando.

    Tras poner la linterna sobre la mesa, puso sus manos en mis rodillas abriéndome. Yo puse mis manos en sus muñecas y, mientras me abría las piernas, lejos de detenerlo, subí mis manos a sus brazos, jalándolo hacia mí. No supe por qué, yo mismo abrí más mis piernas sorprendido, pero caliente, muy muy caliente.

    Pedro se colocó de rodillas entre mis piernas subiendo sus manos de mis rodillas a mis muslos por detrás. De un solo movimiento, empujó su verga hacia la mía. El momento en que ambas se juntaron mi cuerpo brincó en anticipación. Mis brazos apretaron su cuerpo mientras él me decía al oído lo mucho que le gustaban las vergas lechosas como la mía.

    Su cuerpo estaba muy caliente, como si tuviera fiebre, y ese mismo calor se concentraba en su verga. Con cada golpe, podía sentir como mi verga se levantaba contra la suya. La humedad entre ambas nos lubricaba y yo, en unas pantys mojadas de mi leche y su líquido pre seminal, levanté mis piernas para abrazarlo completo. No quería dejarlo ir nunca.

    Estuvimos así por mucho rato, sentía mi verga durísima, resbalosa, frotándose contra su enorme mástil. Su cuerpo cada vez más caliente. Su lengua, ahora en mi cuello y mis oídos enviaba descargas eléctricas de mi nuca a mis nalgas. En algún momento, no sé bien cómo, tomé su cabeza en mis manos y lo alejé lo suficiente para besarlo. Mi primer beso a un hombre, No los delicados labios de una mujer, sino los duros y secos labios de un hombre mucho más masculino que yo. Mi lengua lo exploró completo, él correspondió mientras seguía frotándose, mis piernas aún apretadas a su cuerpo caliente.

    Un instante, sólo por un instante registré lo que en realidad ocurría: sus dientes, normales desde afuera, eras muy aguzados al toque con mi lengua, el calor de su cuerpo, arriba de un cuerpo con fiebre, y el que me mirara después de un largo beso, pero ahora con pupilas amarillas, me llenó de espanto.

    Intenté alejarlo de mí, patearlo, pero mi cuerpo no respondía. Por el contrario, el abrazo de mis piernas se hizo más fuerte, mi respiración rítmica y agitada. Mi boca se abrió, pero lejos de un grito de terror, proferí un gemido de placer mientras echaba atrás mi cabeza y aceptaba mi destino.

    Pedro, si es que ese era su nombre, comenzó a besar mi cuello y a bajar por mis hombros. Podía sentir mi glande deslizándose por su vientre, después su pecho, extrañaba ya el contacto de su verga en la mía. Cuando sentí su aliento, caliente como horno en mi verga, mi cuerpo se estremeció aún más. Su lengua, extremadamente larga, se enrolló en mi masculinidad apretándola como una boa. Su rostro, ahora una máscara roja de pupilas amarillas mi miró mientras engullía mi verga. Lo sujeté por sus cuernos (¿¡cuernos!?) enviando de golpe mi verga a su garganta. Sólo un par de golpes después, me vine aún más abundante; no tenía idea de que yo era capaz de guardar tanta leche. Él, extasiado, la bebió toda.

    Cuando aterricé de mi éxtasis, el me miraba sonriendo, gatunamente, contemplando a su nuevo juguete. Yo, asumiendo que él podía dominarme físicamente si quisiera, me dejé llevar y le sonreí.

    Pedro levantó mis piernas abiertas. Yo llevé mis dedos a mi boca, lamiéndolos. Su lengua, ahora en mi verga se detuvo sólo lo suficiente para limpiarla perfectamente. Después continuó hacia abajo, entre mis nalgas. Yo, su juguete obediente, las abrí con mis manos. No tenía control de mi cuerpo, pero tampoco lo quería, estaba en el nirvana recibiendo su calor en mi hoyito virgen; no me importaba siquiera que el tamaño de ese monstruo que no cabría en una entrada tan estrecha como la mía si Pedro decidía penetrarme (me sorprendí deseando que así fuera).

    Su lengua jugó un rato en mi ano, en algún momento incluso exploró mi entrada, pero se mantuvo en el límite. Yo gemía con cada pasada y abría mis nalgas lo más que podía para facilitarle su labor.

    Tras una eternidad de placer, Pedro se levantó jalándome de las manos para sentarme erguido. Mi cuerpo, aún sin control, tomó su verga y la acercó a mi boca; Una vez que mi lengua la tocó, no supe más si mi cuerpo aún estaba bajo su control, o era yo el que lo controlaba, pero, en cualquier caso, metí su verga hasta mi garganta, necesitaba sentirlo dentro, retribuir lo mucho que me había hecho sentir a mí.

    Su verga era amplia, maciza, mi boca apenas la rodeaba; no había modo de que me la tragara completa sin morir de asfixia, pero no me importaba, sentía las lágrimas agolpándose en mis ojos, lágrimas de placer. Mi boca, produciendo cantidades ingentes de saliva la humedecían y lubricaban. Él, paciente, me dejaba mamársela a mi ritmo, sin empujármela, seguro eso lo haría después. Y sí, no sólo había aceptado que me penetraría, lo deseaba fervientemente.

    Cuando me despegué de él, Ahora todo su cuerpo era rojo, sus cuernos grandes me rompían toda duda de que hubiera sido mi imaginación, pero su sonrisa, de cómplice, amo y amante, todo en uno, me dieron el valor para lo que seguiría.

    Me levanté y lo senté a él. Son su venga bien levantada. Una última lamida para lubricar, y me senté a horcajadas. Esta vez era yo quien controlaba mi cuerpo. Él ahora sólo se dejaba hacer. Tomé su verga con mi mano, la otra, reposando en su pecho. Lo besé una última vez antes de colocarme sobre su verga y dirigirla hacia mi entrada. Al principio fue maravilloso, sentía su glande abriéndome. Después, cuando había entrado la punta, estuve a punto de gritar de dolor, era enorme, caliente, destructora. Pedro me tomó de la cabeza y me hizo mirarlo. Su mirada me decía que todo estaría bien, que el dolor sólo era pasajero. El dolor comenzó a convertirse en placer. Aunque sentía como mi culo se deformaba, cada milímetro me llevaba al cielo (sin ofender a mi nuevo mejor amigo). Sentía mis entrañas reacomodándose para alojar a tamaño mástil. Me sentía poseído, dominado, a pesar de ser yo quien se estaba sentando por su voluntad, me sentía de la propiedad de mi nuevo señor. Cuando sus muslos no me dejaron bajar más, me quedé quieto algunos momentos. Ahora era uno con Pedro, y no me imaginaba una vida sin ese enorme placer.

    Lo tomé de los cuernos para apoyarme y comencé a subir y bajar, primero despacio, después más rápido. Podía sentirlo dentro de mí, deslizándose, lubricándome con su abundante pre seminal. Mis gemidos sonaban sobre la televisión (ni quién volteara a verla). Él me tomó de la cintura guiando mi ritmo. Me besaba en mi cuello, mis pezones bien erguidos, a momentos la boca, cuando necesitaba un respiro.

    Sentía mi pene erguirse de nuevo y rebotar con cada sentón que le daba, eso me calentó tanto que tuve que detenerme, no quería acabar; no quería que se acabara. Él, leyéndome, me levantó sin ningún esfuerzo, causando un pop cuando su verga terminó de salir de mí. Me puso de rodillas en su sillón, y yo, como la zorrita obediente de mi amo, me puse en cuatro y le ofrecí mi culo. Él me dio a gracia de aceptarlo y entró de un golpe. Un alarido de dolor, placer y nirvana salió de mi garganta, que se repitió cuando me la sacó de golpe de nuevo y la volvió a meter de una sola embestida; nunca imaginé que ser una puta de ese nivel fuera tan rico. Él me poseía a placer y yo era feliz con ello. Mi tanga, sólo hecha a un lado, rezumaba de mi leche, sus jugos, mi saliva, y probablemente lo que aún no le había entregado de mi alma.

    De pronto, sin, aviso, me apretó por la cintura y entró, si se puede, un poco más en mí. Su primera contracción me llenó de calor, quiero decir, más allá de lo caliente de su leche, mi cuerpo se llenó de un calor nuevo, como si mi hara se hubiera multiplicado en todo mi cuerpo y sintiera las mariposas en cada milímetro de mi piel. Las siguientes expulsiones me llenaron como si el hambre, el frío, la tristeza del mundo, hubieran sido sólo un sueño. Me sentía pleno, completo. Mi señor dio un último suspiro antes de soltar un último y abundante chorro dentro de mí. Cuando su verga finalmente se deslizó afuera de mi maltratado culo, su semilla escurrió afuera de mí, llenándome de soledad. Apreté mi culo para evitar que escapara y fue entonces que noté que era negra. Si todo en él era raro, porqué su leche habría de ser distinta.

    Se tendió a mi lado en el sillón y yo sólo recuerdo cómo me sonrió antes de quedarme profundamente dormido.

    Ahora estoy tendido junto a él en la oscuridad, el calor de su cuerpo aleja el frío de la noche, su respiración regular me dice que pude hacerlo descansar también y mi cabeza es un mar de dudas, de preguntas, de no saber qué será de mí a partir de ahora, pero, la duda que más me ocupa en este momento sería: ¿es apropiado despertar a un demonio con una mamada o mejor espero a que despierte y me deje mamarlo de nuevo?

  • Despedida

    Despedida

    Todo termina, así es en la vida y hay que aceptar…

    Después de una vida de doble identidad, debo aceptar que terminó y agradecer todas las vivencias que me dejó Tania, esa linda chica que vivía para el sexo, para satisfacer a cuanto hombre lo necesitara. Hoy, deja de existir, ha disfrutado su última tarde deliciosamente en el cine, rodeada de machos calientes que, sin saberlo le dan la despedida. Hubo invitados, amigos entrañables que estuvieron cerca algunos, otros no tanto, algunos no llegaron a la cita, pero los que estuvieron fueron suficientes.

    En medio de la penumbra, regresa Tania, alistó sus medias, su liguero, sus tacones y una blusita de tirantes muy coqueta para lucir bella y atractiva en esta, la última cita.

    El cine estaba lleno y como si aquellos machos supieran lo que sucedía comenzaron a acercarse poco a poco, acariciando el cabello, los hombros descubiertos y las piernas de Tania que, dispuesta como siempre, correspondía a cada uno de ellos con una sonrisa y alguna caricia directa a sus entrepiernas como diciendo «anda, soy tuya por última vez, ven que necesito satisfacerte!»

    Mis amigos, a quienes agradezco infinitamente que asistieran, me dieron la libertad para entregarme a todos los machos que quisieran tenerme, hoy no habría restricciones, Tania se iba y no se quedaría con ganas de nada.

    Así comenzó, con toqueteos por todo mi cuerpo, con miembros erectos por todas partes, así uno de esos deliciosos machos se animó a acercar su preciosa verga a mi boca, yo complaciente como soy la introduje inmediatamente a mi boca, supongo que lo hice bien ya que aquel macho gimió placenteramente al sentir mis labios y lengua recorrer su miembro y no tardó mucho en darme mi alimento que tragué gustosa. Apenas estaba saboreando el preciado elixir cuando otro macho tomó el lugar del que se marchó, gustosa y con una sonrisa lo tomé con mis labios recorriendo el glande con mi lengua, su miembro era delicioso, grande y grueso palpitaba dentro de mi boca, así pasaron algunos minutos y me dijo: «traes condón? Te quiero coger» le respondo que si (iba muy bien preparada con muchos condones) saqué uno de mi mochila y se lo di, apresuradamente lo colocó en su lugar y se dispuso a acomodarse detrás de mí, mi ano ya estaba listo y lubricado gracias a que siempre llevo suficiente lubricante.

    Comenzó a penetrarme despacio, cuidándome pero yo estaba lista y dilatada así que le grité métela hasta el fondo papacito! Al notar mi urgencia empujó con mucha fuerza hasta empalarme completamente y sacarme un grito de placer, un placer que hace mucho no sentía… Al escucharme uno de mis amigos tomó el lugar en mi boca empujando hasta mi garganta literalmente mientras otros dos machos me ofrecían sus vergas en mis manos que gustosas comenzaron a masturbarlos con mucho morbo, para ese entonces ya había muchos machos alrededor masturbándose y manoseando mis tetas, piernas y espalda, yo estaba loca de placer, siempre me ha gustado ser el centro del placer de muchos machos a la vez.

    Entre todos me cambiaron de posición, ahora estaba boca arriba con mis pies en los hombros de aquel macho divino que me estaba dando una cogida deliciosa, sentí como unas manos me quitaban mis tacones para acariciar y chupar mis pies… eso me vuelve loca y comencé a decirles que me cogieran todos, que esta tarde era su puta y podían hacer lo que quisieran con mi cuerpo, entonces varios empezaron a acabar sobre mi pecho, otros sobre mis piernas al momento en que el macho que me cogía terminó dentro de mi con un grito de satisfacción mientras mi amigo terminaba en mi boca.

    Era el turno de los que esperaban, tomaron sus posiciones y comenzaron a cogerme, uno a uno terminaron en mi, para eso nació Tania, para dar placer a los hombres y esta última tarde lo hacía como en sus mejores tiempos…

    La tarde transcurría caliente, deliciosa entre muchos machos que me llenaban de verga, de palabras deliciosamente sucias «mamacita estás bien sabrosa, te lo comes bien rico, eres una puta deliciosa, etc.». Terminó la película y continuó el intermedio en el cual aprovechan para realizar labores de limpieza, entonces hicimos un receso pero la mayoría se quedó conmigo o cerca para continuar cuando se reanudara la función y así fue, apenas comenzó la película, dos deliciosas vergas llenaban mi boca de nuevo mientras otro macho se encargaba de meter su lengua en mi ano, profundamente adoro tener una lengua dentro de mi ano! Me mantiene lubricada y la sensación es deliciosa.

    Así, entre muchos machos transcurrió la tarde y Tania dejaba de existir… esta sería la última vez.

    Al final fui despojándome de mi ropita y como siempre lo hice la regalé a los machos que la quisieran, mi tanga, mis medias, llevaba en mi mochila toda la ropita que guardaba y la fui regalando a todos mis machos de esa tarde. A mis amigos les regalé mis más preciadas zapatillas porque siempre les gustaron mis pies.

    Terminó la tarde y con ella se fueron las vivencias de esta servidora, Tania love, la más putita de todas, la que no se quedó con ganas de nada durante su vida travesti, la que vivió para dar placer a cuanto macho lo requiriera, la que muchos amaron en secreto, la que algunos se quedaron con ganas de conocer…

    Esta fue la última tarde y este el último relato.

    Tania ha partido…

    Buen viaje diosa del sexo.

    Gracias por leer queridos, todo termina y así lo hago ahora, con nostalgia y muchos recuerdos.

    Les dejo mi correo como siempre [email protected] y besos a cada uno en la puntita. Gracias! Aquí conocí gente linda, algunos solo por mensaje, otros dentro de la cama.

  • Tres travestis traviesas (sexta parte)

    Tres travestis traviesas (sexta parte)

    Esta es la sexta, pero no la última, parte de este relato que he disfrutado mucho escribiendo, espero que esta nueva entrega siga siendo del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando fantasías, soy una travesti de closet muy discreta pero tengo un correo electrónico en donde me encanta recibir comentarios y sobre todo fotos de vergas, adoro escribir este tipo de relatos y saber que otras personas los leen y como yo se excitan fantaseando ser una de nosotras o el hombre que nos domina, espero disfruten esta nueva entrega de un relato que ahora creo que pronto estará llegando a su final.

    En la parte anterior habíamos acabado de ser dominadas por Andrés, y luego de que el se fuera nos fuimos para el jacussi de claudia a comer y tomar algo de vino, así mientras seguíamos tomando vino, comiendo y disfrutábamos de los chorros del jacussi en todo nuestro cuerpo Claudia nos preguntó por nuestra experiencia con el juguete que simulaba una relación sexual con un perro, pues ella también había recibido uno pero no había querido usarlo de la misma forma que nosotras.

    Ana y yo le contamos cada una su versión de la experiencia, ambas coincidimos en que era algo delicioso, nuevo y que nos había llevado a una gran excitación, así conversando terminamos de comer y mientras servíamos lo último de la segunda botella de vino Claudia excitada por nuestra conversación tomo un vibrador a prueba de agua y lo puso entre mis piernas, yo de inmediato me excite y me moví sensualmente para que ella me siguiera acariciando mientras comenzaba a besar a Ana, entonces yo comencé a tocar a Ana entre sus piernas, ella las abrió y yo lleve mis deditos a tu culito caliente y mojado, metí primero uno y ella gimió, así que corrí más su traje de baño y metí el segundo.

    Claudia tomo otro vibrador y me lo entrego para que siguiera acariciando a Ana, cuando lo use ella gimió mientras se movía excitada, entonces se salió del jacussi y se sentó en el borde con las piernas abiertas ofreciendo su culito, Claudia tomo un juguete en forma de pene grande y corriendo su vestido se lo comenzó a meter mientras yo salía del jacussi excitada y corriendo mi vestido de baño para poner mi pene en la boquita de Ana, mientras lo hacíamos ella excitada nos rogaba que le dejáramos mojarse toda para ir a descansar.

    Entonces Claudia y yo seguimos, yo tome su cabeza y comencé a penetrarla por la boca mientras Claudia agrego un vibrador entre sus piernas y le comenzó a meter el dildo más duro y rápido, mientras con una mano la masturbaba, no paso mucho tiempo así y Ana se derramo toda en la mano de Claudia entre espasmos y mientras componía su ropa volvió a meterse la jacussi, yo hice lo mismo mientras Claudia abría la última botella de vino.

    Mientras nos tomábamos la copa que Claudia nos sirvió Ana dijo que estaba rendida y quería irse a dormir en un momento, entonces Claudia me pregunto si podía comenzar desde ya a ser la sirvienta sumisa, pues ella también estaba cansada y había que recoger por lo menos parte del desorden antes de acostarnos, además ella también quería ser masturbada antes de dormir, yo alegre y excitada respondí de inmediato que sí, la verdad estaba muy excitada y deseaba ser sometida y usada como una perra en celo.

    Claudia sonrió y salió del jacussi tomando una toalla, mientras que Ana me decía que era toda una perra fácil y sumisa, entonces Claudia volvió y me ordeno que me colocara el uniforme de sirvienta que tenía en sus manos.

    Yo Sali de inmediato del jacussi y después de quitarme el vestido de baño, me seque y tome el uniforme, era de látex rosado y muy apretado, Claudia me ayudo a colocármelo junto con unas pantis de látex, también me coloco mis tetas de silicona, un sostén de látex apretado, unas medias veladas de liguero blancas, guantes, una diadema de sirvienta, el atuendo además traía ligas, un collar de perrita rosado con su cadena, pulseras y tobilleras de cuero con argollas, aretes y maquillaje, gracias a la ayuda de Claudia rápidamente estuve lista para cumplir mi primera orden, ayudar a Ana a salir del jacussi, secarla, ponerle su pijama y llevarla a la cama.

    Ana salió y yo la seque, luego fui a la sala por el pijama que ella quería usar y se la coloque junto con sus pantis y sostenes mientras Claudia nos miraba, luego Claudia nos llevó a una habitación con una cama doble y allí dejamos a Ana quien entro al baño mientras yo le preparaba su cama y salió directo a acostarse mientras Claudia me llevaba de mi cadena fuera de la habitación.

    Ella me llevo a su dormitorio en donde me indico como buscar su pijama y su ropita interior, todas de seda rojas, se la coloque y me dijo que debía ir al baño, que lo primero que debía hacer era limpiar bien el jacussi y recoger todo lo que habíamos dejado allá, me indico donde estaba la trapera y yo salí obediente y me dedique a ser una sirvienta sumisa.

    Rápidamente recogí los trajes de baño, copas y restos de comida, lleve todo a la cocina y por suerte vi el cuarto de lavado al lado y pude extender los trajes a secar, limpie bien el jacussi y le solté el agua, luego recogí y lave los juguetes en un lavamanos y después de trapear me fui a la cocina a lavar las copas y todo lo que había sucio, no había terminado cuando Claudia apareció, traía una copa de vino en la mano y se quedó mirando como secaba los platos y me indico como organizarlos, luego se sentó en la sala en donde estaban nuestras maletas y me fue ordenando ir a cada una de las habitaciones que habíamos usado para traer ropa, juguetes y otras cosas que habíamos dejado en ellas, yo los recogía y los ponía en un sillón y ella los iba separando tirándolos al piso en cuatro partes según me indico, la ropa de Ana, la mía y la de ella, además otra que habíamos usado y que era para repartir, yo femenina y sumisa seguí recogiendo y cuando termine me dedique a lavar los juguetes de cada una, cuando Claudia termino de separar la ropa me ordeno que pusiera la suya en el cesto de la ropa sucia, la de Ana la puse en un sillón, la mía en otro y la que nos íbamos a repartir la dejamos encima de la mesa.

    Mientras ordenaba la ropa Claudia me ordeno abrir otra botella de vino y servirnos una copa a cada una, yo todo el tiempo la obedecía sumisa respondiendo Si Señora a cada una de sus órdenes, mientras lavaba los juguetes ella fue a una de sus habitaciones y regreso con una bolsa, cuando termine ella me dijo que era la ropita que debía usar durante la noche para dormir, pues mi turno de sirvienta era de 24 horas.

    Yo tome la bolsa y ella me dijo que debía cambiarme ahí mientras ella miraba, yo baje la cabeza y solo respondí si señora mientras comenzaba a quitarme el uniforme de sirvienta que tenía puesto, ella me ayudo y rápidamente estaba completamente desnuda, Claudia me indico como debía vestirme, primero fueron unas pantis blancas de seda y unos sostenes a juego con dos implantes de senos de tamaño mediano, luego unas pantimedias blancas, unas ligas y otra panti más grande blanca con imágenes de princesas, luego me coloco unos guantes blancos y finalmente un vestido de sirvienta rosado de seda, se sentía como una pijama pero a la vista era un vestido de sirvienta de falda hasta las rodillas, mangas a la mitad del brazo y un delantal blanco.

    Tenía unas faldas especiales que Claudia me enseño que se llamaban enaguas y que cuando me las coloque me hicieron ver como una princesa sirvienta de cuentos de hadas, cuando tuve toda la ropa estaba super excitada, Claudia también así que me dijo que iríamos a su habitación para acostarnos juntas, yo la seguí y luego de entrar al baño y lavar mi boquita me acosté a su lado, ella ya se estaba tocando cuando llegue y me ordeno que hiciera lo mismo sin quitarme la ropa mientras ella miraba, yo me acosté y comencé a tocarme mientras miraba su hermosa verga dura y brillante.

    Ella en cambio me fue ordenando como ir levantando mi vestido para tocarme, como meter mis manitas adentro de las pantis para tocarme, luego me dijo que quería venirse en mi boquita así que se colocó encima de mí y metió su verga en mi boquita mientras metía sus manos entre mis piernas para bajar mis calzones, entonces se acomodó bien e hicimos un delicioso 69 y metimos nuestras vergas cada una en la boquita de la otra en donde terminamos y luego nos acomodamos para dormir juntas

    Desperté cuando sentí que Claudia salió de la habitación y después de levantarme y organizar mi ropa fui la baño, allí me desnude y después de sentarme en la tasa me metí a la ducha para darme un delicioso baño, me limpie bien entre mis piernas y cuando sali encontré fácilmente el uniforme que ella había dejado para mí, era un uniforme de mucama clásico, de falda a la rodilla apretada, con un delantal blanco, tenía además de diadema unos guantes blancos, medias de liguero con ligas, sostenes, zapatos y pantis, todo blanco y muy femenino, yo me vestí rápidamente y después de maquillarme me guie por el sonido de sus risas y las encontré en la cocina.

    Ana ya estaba completamente vestida como toda una dama, tenía un vestido rojo apretado de minifalda, con medias de liguero, tacones altos y estaba maquillada como una puta, Claudia estaba también vestida, solo que ella estaba con un vestido de falda largo y pantimedias, ambas estaban tomando café en la sala, yo me uní a ellas con una tasa y cuando la termine sentí como me miraban maliciosas.

    La primera en hablar fue Claudia, me dijo que era una sirvienta muy atrevida, como se me ocurría llegar de esa forma y escuchar su conversación con su visita, me dijo que lo único que debía hacer ahora es traerles más café y fruta, Ana dijo que era una sirvienta más bien perezosa, pues no había llegado a tiempo esta mañana y ellas habían tenido que preparar café, mientras caminaba a la cocina ellas siguieron conversando y cuando regrese Claudia le estaba diciendo a Ana que le agradecería que le ayudara a educarme como una buena sirvienta.

    Ana respondió que sí, que encontentada, yo les serví y Claudia me ordeno que fuera por una cámara pues quería grabar una clase que yo debía ver después para aprender a ser una buena sirvienta para ella. Cuando regrese con la cámara Ana me dijo que me pusiera a su lado, así apenas Claudia tuvo lista a cámara comenzó a enseñarle como tratar a una sirvienta como yo, lo primero dijo era una inspección de pantis.

    Debía comprobar que mis pantis estaban limpias y secas, así que levanto mi falda y me toco primero en la nalguita, luego entre las piernas, como me había excitado desde que me coloque el uniforme tenía las pantis mojaditas, ella lo noto y mostrándole a Claudia como estaba toda mojada comenzó a llamarme puta, sirvienta puta, me bajo la falda y le dijo a Claudia que para estos casos se recomendaba que usara pantis mucho más apretadas y tenía que recibir unas nalgadas por tener las pantis sucias y otras por llegar tarde.

    Claudia de inmediato respondió que podía pegarme y castigarme todo lo que fuera necesario, entonces Ana me puso de espaldas contra un sillón y me empujo en uno de los brazos, así, sin levantarme mi falta comenzó a nalguearme con sus manos, me dio varias palmadas mientras me regañaba por ser una puta sucia y caliente, por llegar tarde, por ser mala sirvienta, luego me levanto la falda y me dio más palmadas en la nalga, metiendo su mano entre mis piernas para volverme a regañar por tener las pantis mojadas como una puta.

    Lo que sucedió después lo contare en la última parte de este relato, el cual he disfrutado mucho escribiendo, incluso he ido incluyendo ideas que he recibido para hacerlo más excitante, pues aunque soy una travesti de closet muy discreta.

  • Un simple favor

    Un simple favor

    Dana, la tía de Miguel, siempre fue problemática desde que estaba en el colegio. Solía meterse en toda clase de problemas entonces, y solía hacerlo ahora también. Fue precisamente este descontrol que aparentaba tener en su vida que la llevó a terminar un matrimonio de casi 8 años. Todos estaban conscientes que había sido ella la culpable, por lo que cuando llamó a la puerta de su hermana y madre de Miguel aquella madrugada, todos sabían por qué.

    Fue necesario instalarla en algún lugar y qué mejor que la vieja casa de los abuelos, que tenía años abandonada porque no podían restaurarla. Cosa que, contra todo pronóstico, Dana consiguió en unos pocos meses con los ahorros de toda su vida.

    Tenía 38 años y se dedicaba a la cultura de belleza, trabajando con una amiga de toda la vida en una estética al otro lado de la ciudad. No era una mujer fea, pero tampoco era bella. Era del tipo robusta sin tener demasiado sobrepeso. Su principal atributo eran sus grandes pechos y trasero redondo, que hacían voltear a cualquier; tenía la clásica figura de “reloj de arena”.

    Dana estaba consciente de sus encantos y le gustaba que la voltearan a ver, por lo que usaba ropa muy sugestiva en algunas ocasiones que dejaban poco a la imaginación. Le encantaba usar vestidos entallados, algunas veces sin nada debajo.

    Muy seguido se reunía con su grupo de amigos de la secundaría y todos ellos habían tenido relaciones con ella en su momento. Principal razón por la que sus esposas no les permitían estar cerca de ella si no estaban presentes. Y es que tenía el carisma necesario para que, si lo deseaba, cualquier hombre diera la vida por ella.

    Miguel era su sobrino más joven. Tenía 19 años cumplidos y era a quien más frecuentaba de la familia por su actitud relajada, pero sobre todo, porque secretamente le atraía. Nunca supo exactamente por qué, pero varias veces se descubría pensando en su físico o mirándole el bulto de reojo. Él, por su parte, siempre fue respetuoso con ella aunque también le atraía bastante su cuerpo. Sus senos eran su perdición. Tenía una colección de fotos de sus prominentes escotes en su ordenador que había tomado discretamente durante las reuniones, y eran el combustible de sus sesiones masturbatorias de vez en cuando. Simplemente la deseaba.

    Miguel tenía una novia, Michelle, con quien recientemente había perdido la virginidad. Su físico era parecido al de su tía, pero no con tanto busto, y a veces, cuando estaban a solas, solía fantasear que era su tía a quien besaba y le metía la mano entre las piernas.

    Cierto día de verano, Dana le comentó a su hermana que necesitaba que ordenaran unas cosas en su casa para poder venderlas, por lo que sugirió que Miguel le ayudara. A él no le cayó del todo bien la encomienda, pero sabía que podía sacar partido de eso de alguna forma y a primera hora de la mañana se presentó en casa de sus abuelos.

    Dana lo recibió con un camisón holgado y de un color azul aqua, que le fue muy difícil ignorar pues parecía que no llevaba nada debajo. Pasó toda la mañana acomodando y limpiando el cuarto de trebejos y de vez en cuando aparecía su tía para ayudarle. Aquello fue todo un suplicio pues al agacharse por cajas o cosas que estuvieran en el suelo, sus enormes pechos colgaban libres debajo de la tela y era imposible empalmarse con aquello. Finalmente, cerca de las 2 de la tarde, Miguel terminó sus labores y entró a la casa con la esperanza de un pago en efectivo, pero al recordar las palabras de su madre, supo que no habría tal cosa. Le había llamado varias veces durante sus labores y estaba un poco fastidiado por ella

    – Tía ¿me puedo quedar con usted un rato? No quiero regresar a mi casa ahorita-. Le preguntó apesadumbrado al entrar en la habitación.

    – ¡Claro! Ahí hay más almohadas en la cajonera-. Miguel se acomodó junto a ella en la cama cubriéndose las piernas con una almohada. No podía dejar de ver de reojo el escote de su tía y estaba teniendo una erección.

    – ¿Qué estamos viendo?

    – No sé, le acabo de cambiar-. Le contestó sin quitar la mirada del televisor. Dana se recargó sobre él y sus pechos rozaron el brazo de Miguel. No llevaba sostén y por el frío de la refrigeración tenía los pezones casi erectos.

    Miguel miraba de cuando en cuando sus pechos y sentía como el pene le palpitaba cada vez que se estremecían con el movimiento de sus brazos. Dana se dio cuenta inmediatamente y se pegó más a su brazo, quedando sus senos prácticamente sobre él. Miguel no se movía y mantenía la mirada fija sobre el televisor, intentando ocultar su erección con la almohada. Su tía siempre le había parecido no solo atractiva, si no que durante su adolescencia fue su objeto de deseo por la forma tan sugestiva como se vestía en las reuniones, usando ropa muy ajustada y en ocasiones corta. Al ver sus senos casi desnudos recordó aquella vez que fueron a la playa y llevaba solamente un vestido sin tirantes. No llevaba traje de baño, por lo que al meterse al mar, el vestido se adhirió tanto a su piel que podía ver perfectamente todas sus formas.

    De pronto apareció la primera escena de sexo y notó como los pezones de su tía se endurecían completamente.

    – ¿Nunca te han hecho eso?- Le preguntó en voz baja. Miguel la volteó a ver sorprendido por la pregunta y el pene le palpitó con fuerza.

    – ¿Qué cosa?

    – Que te amarraren en la cama. Se siente bien rico…- Le contestó divertida al ver cómo su sobrino se ponía nervioso con el tema. Ella estaba consciente de sus miradas no solo en ese momento, sino cada vez que la veía. -¡Ay por favor! ¡No me digas que te da vergüenza! Si ya tienes 19-.

    – Pues sí, pero eres mi tía.- Le contestó Miguel, ahora más excitado que sorprendido. -No me lo han hecho.

    – ¿Qué te gusta que te hagan? – Preguntó nuevamente su tía acomodándose de lado. Sus pechos cayeron sobre su brazo marcando perfectamente sus pezones. Miguel saboreo en su mente sus senos que ahora veía descaradamente.

    – Pues lo normal.- Dana se rio ante su respuesta y se acomodó el pelo con la liga que jugueteaba desde hace rato

    – ¿Qué es lo normal? Dime, no le voy a decir a tu mama-. Insistió – ¿Te la han chupado?

    – Si, varias veces.

    – ¿Quién? ¿Michelle?- La sola mención de su novia le causó algo de remordimiento, pues le había dicho que pasaría la tarde con su tía, sin imaginarse el rumbo que estaban tomando las cosas.

    – Si, pero no le gusta ni tampoco que me la coma a ella… ¿A usted le gusta, tía?- Le preguntó envalentonado sin quitarle la vista a sus labios.

    – ¿A mí? ¡Claro! No “suelto prenda” si no me comen primero-. Contestó entre risas y sonrojada, pues no esperaba la ocurrencia de su sobrino. -¡Ah, que pendeja! Si es de lo más rico que hay… Y ¿qué más has hecho? Ahora eres todo un padrote.- Miguel rio y se fue acercando más a su tía. En la pantalla los gemidos de la protagonista se disfrazaban con música suave y ambos voltearon a ver la escena.

    – Pues ya me la cogí, el año pasado.

    – ¿A poco sí? Y ¿qué tal?

    – Me gustó, Michelle está buena.

    – ¿Qué te hizo o cómo fue?- Preguntó ya con un evidente tono de excitación en su voz.

    – Estuvo más o menos, lo imaginaba mejor-. Miguel fue bajando la almohada descubriendo su incipiente erección. Los ojos de su tía se clavaron de inmediato en el bulto de sus pantalones y le sonrió.

    – Ya vi que se te está parando, cochino. ¡Cuéntame, ándale! Antes me contabas todo-. Dana le puso una mano en el vientre y comenzó a acariciarlo despacio, apretando su entrepierna que a estas alturas estaba completamente empapada. Nuevamente apareció otra escena sexual en la pantalla y Dana se mordió los labios al escuchar los gemidos.

    – Pues usted, con sus preguntas.

    – ¿Sabes que les gusta? Cuando les hacen así… – Su tía le metió la mano bajo el calzón y, sujetando su pene con fuerza, lo frotó debajo del glande con el dedo pulgar. Miguel la miró sorprendido dejándose hacer.- ¡‘Mijo’, si estas bien grande! ¿Cómo no le va a gustar meterse esto a la boca a la otra mensa?

    – Pues ya ve.- Contestó Miguel jadeando y separando las piernas. Su tía se acercó más a él y comenzó a masturbarlo despacio.

    – ¿Quieres que me detenga?

    – Es que eres mi tía, no manches…

    – ¿Y qué tiene? Si no me vas a embarazar ni te vas a casar conmigo, ‘nomas’ me vas a coger.- Le contestó divertida acelerando el ritmo.

    – ¿Ya, de plano?

    – Pues la traes bien parada ‘mijo’, y te la pasas viéndome las tetas y las nalgas, ¿a poco crees que no me doy cuenta?

    – Pues sí, tía, pero hasta ahí.

    – ¿Hasta ahí ‘nomas’? ¿Seguro?- Dana buscó su boca y se besaron, jugando con sus lenguas y chocando los dientes por la brusquedad de aquel gesto; lo besaba ávidamente sin dejar de masturbarlo hasta que sintió su miembro palpitar con más fuerza. No quería que se corriera tan rápido pues deseaba disfrutar aquel encuentro lo más que pudiera. Tomó su mano y la llevó a sus pechos. Miguel los acariciaba y apretujaba sin quitarles la vista de encima. -¿Te las quieres comer?- Dana metió la mano a su camisón sacándose pesadamente ambos pechos. Sus pezones, duros y grandes, eran de un color café oscuro. Miguel se abalanzó sobre ellos inmediatamente, chupándolos y apretujando sus senos firmemente con ambas manos. Eran muy suaves y con estrías en la parte superior; aquello, lejos de causarle aversión, le parecía algo muy sensual y femenino.

    Dana se levantó el camisón hasta la cintura y estiró la pantaleta hacia arriba, dejándole ver la forma de su vulva perfectamente depilada. Miguel metió la mano entre sus piernas y acaricio su vagina, que estaba completamente mojada. Se chupó los dedos saboreando un poco sus jugos y la frotó nuevamente sobre la tela. Dana gimió abriendo más las piernas y acomodándose sobre las almohadas. Sin despegar los labios de sus senos, Miguel masajeaba vigorosamente su vagina con dos dedos, metiéndolos y sacándolos despacio. “Esa lengua, ‘Migue’, esa lengüita tuya” Le decía entre suspiros muy profundos.

    Miguel se incorporó sobre ella y le retiró la pantaleta; se hizo un hilo de fluido conforme la prenda bajaba por sus piernas. Acercó la nariz a su vagina y disfrutó ese aroma agridulce que tanto le gustaba de Michelle, solo que el de su tía era más fuerte. La piel oscura y depilada hacía contraste con el interior de su abultada vagina; sus labios eran pequeños y estaban casi completamente dentro. A diferencia de los de Michelle, que eran grandes y largos y de un color rosado muy claro. Le dio pequeños besos en los muslos y hundió la cara en su entrepierna. Su tía dejó escapar un fuerte gemido cuando sintió como la lengua le recorría toda la raja. «Así mi niño, justo así» Le decía acariciándole la nuca. Miguel bebía sus jugos que brotaban profusamente y no tardó en detectar el agrio sabor de la orina; su tía estaba por correrse.

    Dana separó sus labios con ambas manos y abrió más las piernas. El clítoris rozado sobresalía un poco y Miguel lo lamía en círculos con fuerza. «¡Así, ‘Migue’. Sigue…» Decía entre suspiros. Le daba lengüetazos rápidos en toda la vulva y luego bajaba hasta la entrada de su vagina, que penetraba con la punta de la lengua. Su tía estaba extasiada y se mordía los labios con los ojos cerrados.

    Las manos de Miguel iban y venían de sus pechos a su vientre y se detenía en sus pezones, que apretaba y jalaba con los dedos. “¡Ven, que te la quiero chupar ya!” Le dijo su tía tomando su cara con ambas manos. Miguel le dio un último lengüetazo que casi la hizo correrse y se recostó en medio de la cama. Sin dejar de ver el bulto entre sus piernas, le quito rápidamente el pantalón y el pene saltó hacia ella. Lo miraba atónita con una expresión de asombro mientras lo sujetaba con ambas manos.

    – ¿A poco nunca había visto una así, tía?

    – ¡N’ombre, con puras chiquitas me topo últimamente!-. Contestó subiendo y bajando la mano a lo largo de su miembro.

    – Pues ahí está.

    – ¿No le dolió cuando se la metiste?

    – Si, por eso tardamos mucho en hacerlo otra vez.

    Dana se frotaba ambos pezones mientras lo masturbaba lentamente. Veía sorprendida aquel falo punzante del que ya brotaba líquido blancuzco. No era muy largo pero si muy grueso, tanto, que temía batallar para meterse aquello de un solo empujón. Solo una vez había tenido algo así entre sus piernas, y no había sido una experiencia muy satisfactoria, pero era joven y no tenía tanta destreza como ahora.

    Besó sus testículos y luego se los metió a la boca uno por uno al tiempo que frotaba su miembro. Le jalaba la piel con los labios y luego subía con la lengua hasta su glande. Miguel cerró los ojos y jugaba con los pezones de su tía, que le rozaban los muslos con el movimiento.

    – ¿Quién te la chupa mejor? ¿Ella o yo?

    – Usted tía. Si le sabe.

    – Mentiroso…- Dana apretó la base del pene y se lo metió de lleno a la boca. Subía y bajaba los labios rápidamente haciendo un vacío cada vez que se salía. Lo lamía de arriba abajo y lo volvía a engullir con una maestría sorprendente; sabía muy bien cómo hacerlo.

    Miguel levantó la cabeza y veía como su pene desaparecía en la boca de su tía; estaba como loca. Apretó su glande con los labios y lo masturbó con rápidos movimientos.

    – ¿Quieres correrte dentro?

    – Donde quieras-. Contestó Miguel con un hilo de voz. Lo chupó un par de veces más sujetándolo de los testículos y se acostó sobre la cama. Él entendió inmediatamente su intención y se aproximó a ella abriéndole las piernas.

    – Despacito porque me va a doler ¿eh?

    Dana le indicó donde tenía un par de preservativos y se lo puso rápidamente. Se acercó a ella nuevamente y frotó su pene a lo largo de su raja, que estaba caliente y se contraía en pequeños espasmos. Primero introdujo el glande despacio y se quedó quieto. Su tía, con los ojos cerrados y la boca abierta, movía las caderas arriba y abajo tratando de engullir aquel mazo de carne. Miguel solo empujaba despacio introduciendo poco a poco todo su aparato. Al cabo de un momento, su tía se separó los labios y lo abrazó las piernas “Métemela ya, ‘Migue’. ¡Métemela ya!” Y de un solo empujón, su pene completo se abrió paso en aquella estrecha cavidad.

    Dana dejó escapar un pequeño grito al sentir los testículos de su sobrino chocar con sus nalgas, empezando un mete-saca lento pero consistente que la hacía gemir con cada empujón. Ella lo miraba fijamente mientras la penetraba, casi sin poder creer el placer que le provocaba aquel acto prohibido. Estaba cogiendo con su sobrino y lo estaba disfrutando más que con cualquier otro hombre. Miguel se recargó en sus mulsos con ambas manos y aceleró el movimiento de sus caderas. Sus pechos se movían frenéticamente con cada sacudida hasta que se salieron del camisón nuevamente; con un rápido movimiento de sus brazos, se sacó los tirantes bajando la prenda hasta su cintura. Miguel estaba hipnotizado por el movimiento de sus senos, que besaba y lamía ávidamente. “¡Me voy a venir, Miguel…!” Le gritó y al cabo de un par de embestidas Dana se corrió pesadamente entre gemidos ahogados. Su interior se contraía muy rápido y Miguel pronto sintió un escalofrío recorrer su espina pero no se detuvo.

    Se inclinó casi dejando caer su peso sobre ella y la penetró más despacio. Estaban abrazados, moviéndose en una deliciosa sincronía para retrasar su inminente orgasmo. “¿Quieres de perrito?” Le preguntó su tía cuando sintió que se detuvo. Miguel se incorporó y la acomodó de rodillas, subiendo el camisón hasta la espalda.

    Tenía un culo grande y redondo que no cabía en muchos pantalones, razón por la cual procuraba usar casi siempre un vestido holgado que denotaba muchísimo sus caderas y sus nalgas. Se inclinó levantando el trasero lo más que pudo, abriéndolo con ambas manos. La vista que tenia de su vagina era excitante, completamente abierta y chorreando fluidos blanquecinos. Su ano palpitaba fuertemente y deseó penetrarla por ahí, pero sabía que no se lo permitiría sin lubricante y no quiso insistir.

    Nuevamente la penetró de golpe y Dana gimió con fuerza, ahogando el sonido con la almohada. Miguel la sujetó de la cintura para apoyarse mejor empezó a moverse rápidamente. Amaba ver como sus nalgas vibraban con cada enviste y sobre todo escuchar el placer que le propinaba a su tía con sus movimientos.

    – Ay no. Quítate el condón, ‘Migue’, y dame así-. Miguel quedó atónito ante la solicitud de su tía y se detuvo.

    – ¿Está segura?

    – Sí, mi amor. Te quiero sentir-. Miguel sacó el pene despacio y se quitó el condón, que estaba lleno de líquido preseminal.- Solo córrete afuera, ¿sí?

    Nuevamente dirigió su herramienta a la entrada de su vulva y la fue metiendo poco a poco “¡Cógeme!” Le dijo abriéndose la nalgas. Miguel empujó lo más fuerte que pudo hasta quedar completamente dentro. La sensación era indescriptible y tan placentera que ambos gimieron casi al unísono. “¡Cógeme!” Volvió a pedirle su tía. Miguel aceleró los movimientos de su cadera sujetándola firmemente de la cintura. Volteó a ver un espejo que estaba junto a la cama y vio la mueca de placer de su tía, que gemía ya descontroladamente con cada empujón. “¡Si! ¡Si! ¡Si!” Le decía Dana con la cara en la almohada.

    Miguel aceleró sus embestidas hasta que ya no pudo más. Le sobrevino el orgasmo apenas retiro el pene de aquella suave cavidad, lanzando varios chorros de semen sobre su vulva y su espalda. Su tía quedó sorprendida ante la cantidad de semen que expulsó y tuvo un pequeño orgasmo mientras frotaba su clítoris con los dedos. Miguel se inclinó sobre ella sintiendo los últimos estertores del orgasmo y besó gentilmente su espalda.

    Estaban tan absortos disfrutando aquel momento prohibido que no escucharon la docena de llamadas de sus celulares hace unos minutos, y aquellas ultimas sensaciones placenteras fueron interrumpidas por los golpes frenéticos de su madre en la puerta principal.

    Dana lo miró con expresión de terror y saltó de la cama. “¡Rápido, ponte los pantalones y metete en la cama!” Le ordenó mientras salía de la habitación poniéndose las pantaletas. Miguel apenas se pudo tapar con la cobija manchada de los fluidos de ambos cuando su madre entró a la habitación hecha un energúmeno.

    – ¿Por qué no te has regresado a la casa? ¿Qué están haciendo? – Pregunto fúrica.

    – Miguel se quedó dormido porque me ayudó a limpiar atrás.- Le contestó Dana detrás de ella. – ¿Querías que me ayudara con la casa, no? – Su madre echó un vistazo a la habitación tratando de reconocer el olor que flotaba en ella.

    – ¡Agarra tus cosas y vámonos! – Le ordenó y salió del cuarto. Dana aguantó la respiración hasta que la escuchó salir de la casa y soltó una carcajada. Miguel estaba pálido y no sabía qué hacer.

    – Vete antes de que nos metamos en un problema. Pero me debes algo ¿eh?- Dijo sujetándole fuertemente el bulto que había disminuido rápidamente por el susto. Dana lo besó poniendo las manos de su sobrino en sus nalgas y jugaron un momento con sus lenguas. Miguel se despidió torpemente y se marchó tras su madre.

    Aquel día había sido un parteaguas que marcaba un antes y un después para ambos. Miguel siempre había querido tener relaciones con su tía y ella no tenía reparo en corresponder. Solo era cuestión de planearlo y de pedir un pequeño favor.

  • Mi divorcio

    Mi divorcio

    Hola mis amores aquí de nuevo volví para darles mis relatos y tengan sus erecciones listas para mí.

    Hace 4 años pasé como todas las mujeres pasan con la edad el divorcio ya que logré descubrir a mi marido que tenía aventuras en sus viajes, ya que logré descubrirlo por su teléfono, logré desbloquear con su huella cierto día que él estaba muy ebrio y yo ya tenía mi sospecha de que él me engañaba.

    Para no hacerlo tan larga la historia vi en sus SMS que la tipa le enviaba videos sexuales de ambos y lencería provocadora para él, me sentí mal por saber la verdad, pero también yo tenía mis aventuras y pues mejor decidí el divorcio.

    Así que asumí la responsabilidad y le pedí el divorcio platicamos pues ambos ya no sentíamos nada el uno por el otro, pero yo bien feliz por dentro saber que sería libre y tener mis aventuras sin preocupaciones.

    Él solo me miró y me comentó que tenía otra mujer más joven y lo hacía feliz y que pensaba pedir el divorcio en cuestión de días y realmente que lo sentía pues ya que mi cuerpo no lo atraía sexualmente.

    Le dije “gracias por tu opinión y pues firmemos rápidamente esto para que tu seas libre y te quedes con ella”. Me miró y fuimos ese mismo día a firmar, en cuestión de horas fuimos libres.

    Me sentí libre y feliz nos dimos la mano y él saco sus cosas y me quedé con las casas que teníamos y él se quedó con 2 departamentos y me quedé con la custodia de mis 2 hijas (golfas como la madre).

     Antes de irse platicamos con nuestras hijas, ellas lo entendieron y decidieron quedarse conmigo (ya que sabemos que una es como yo y la otra próximamente les contaré como es).

    Mi marido se fue en ese momento y nunca ha dejado de enviar dinero, pero yo lo ocupo para mi cuerpo y lencería nueva y el resto lo guardo.

    Hace 4 años decidí tener un buen cuerpo bien cuidado y cambiar mi estilo de ropa por mallones, pantalones bien ajustados y vestidos cortos, transparentes, lencería en varios modelos, vibradores, muñecos sexuales, zapatillas, mis clases de reggaetón siempre, y lo más principal mi desfogue sexual con jóvenes, hombres muy maduros, lesbianas, y me faltan más.

    En fin mis amores, esto es lo que me ha sucedido hace cuatro años, en unos cuantos días les contaré más relatos, tengo tantos y mis festivales sexuales que ni se por donde empezar. Los amo, besos en sus vergas y guarden su semen para mi vientre.

  • Las aventuras de Juan Cruz

    Las aventuras de Juan Cruz

    Era una tarde pesada y calurosa en el gimnasio, Juan Cruz llevaba una hora entrenando sus brazos y piernas, alternaba el levantamiento de pesas con ejercicios aeróbicos saltando la cuerda, tres veces a la semana repetía esa rutina, gracias a la cual había logrado tener un cuerpo marcado y tonificado que cultivaba con esmero y disciplina. Esa misma tarde, Lucy, una de las chicas que también entrenaba los mismos días se acercó a Juan Cruz para comentarle acerca de su nuevo emprendimiento de venta de ropa deportiva para ambos géneros.

    Hacía tiempo que Lucy observaba a Juan Cruz, le gustaba ver cómo el joven entrenaba y prestaba atención a cada uno de sus movimientos. Sin embargo, siempre había mantenido un perfil bajo, apenas habían tenido unos pocos intercambios, ya sea para ocupar una máquina o preguntar sobre alguna técnica en particular. Lucy veía que Juan Cruz tenía buen criterio para elegir la ropa adecuada para la práctica, ya sea en tanto al diseño como a la combinación de colores.

    -Hola, cómo estás? Le dice Lucy

    -Muy bien, y vos? Replicó Juan Cruz

    -Bien también, te quería comentar que desde hace dos semanas me dedico a la venta de ropa deportiva, tanto para hombres como para mujeres.

    -¿Ah sí? Qué bueno? Y qué cosas tenés?

    -Variado, buzos, camperas, remeras de algodón, shorts, medias, y también suspensores y boxers.

    A Juan Cruz le gustaba ver ropa deportiva y de hecho tenía un amplio surtido de prendas para entrenamiento. Un breve paso por la práctica del Kick boxing fue la ocasión para proveerse de shorts y calzas de entrenamiento. Su debilidad eran las remeras negras con diseños anaranjados o verdes, de lycra o algodón.

    -Qué bueno, -dijo Juan Cruz, mostrando interés.

    -Te puedo traer un catálogo, -replico Lucy, -o bien, si querés después del gym podés pasar por casa y ves directamente lo que tengo en stock.

    -Estaría genial, -respondió entusiasmado Juan Cruz. – y tenés talles como para mí?

    -Sí, claro, dijo Lucy. Tenés medidas bastante estándar, tanto en estatura como en complexión.

    -Genial, replicó Juan Cruz.

    Después de unos cuantos ejercicios más, Juan Cruz y Lucy dejaron el gym, el joven decidió acompañarla y observar directamente que prendas podía llegar a comprar.

    Lucy vivía a cinco cuadras del gimnasio, por lo que en unos minutos ya estaban en el lugar.

    -Este es mi departamento -dijo Lucy. Hace un año que vivo acá, me vine del interior para estudiar y alquilé primero con una amiga, Carla, pero después se enganchó con un pibe y se fueron a vivir juntos. Así que quedé sola, por eso comencé con este emprendimiento porque si no, se hace difícil costear todos los gastos. La verdad que me está yendo bien, logré vender mucho a mis compañeros de oficina, -señaló Lucy.

    -Qué bueno, me alegro que te esté yendo bien. –señaló Juan Cruz, un poco nervioso al encontrarse solo con Lucy en su dpto.

    -Querés un poco de jugo, -dijo Lucy. – bueno, dale, la verdad que uno termina de entrenar y es necesario hidratarse, hoy no tomé mucha agua. Así que te agradezco.

    Lucy fue a la cocina y volvió con un vaso grande de jugo. Juan Cruz le agradeció y se sentó en el sofá. Mientras tanto, Lucy fue a buscar los paquetes donde tenía organizadas por categorías las prendas para la venta.

    -Mirá, acá tengo remeras, estas son de lycra, pero son muy buenas, están un poco más baratas que las de algodón, aunque las de algodón son siempre ideales para absorber la transpiración.

    -También tengo estos shorts, mirá y decime cuáles te gustan, si querés los podés probar.

    -Ah genial, respondió Juan Cruz, ¿dónde puedo probármelos?

    -Acá en la pieza – ah bien, me voy a medir estos dos shorts y estas dos remeras.

    Juan Cruz entró en el dormitorio, era pequeño, con una cama de dos plazas, bien ordenado y limpio con un espejo grande en la pared que reflejaba el cuerpo entero, ideal para probarse ropa.

    Paso seguido, se quitó la remera que traía del gym y se probó las que había seleccionado, una de ellas, de color negro y detalles naranjas le gustó mucho y le quedaba perfecta en cuanto al talle.

    -Separame esta, -dijo Juan Cruz. – Te queda pintada, -le dice Lucy que observaba con mucha atención, sentada en la cama, como el joven atleta se probaba las remeras. ´

    Lucy empezó a sentir un poco de adrenalina ante la situación, ya que no tenía todavía mucha confianza con Juan Cruz, pero habían pegado onda, se sentía cómoda, aunque un poco nerviosa, aunque sus labios dibujaban una leve sonrisita de complicidad.

    -Si querés probate también los shorts, -le dijo Lucy, a lo que Juan Cruz asintió, ya que era mejor estar seguro de que la ropa le quedaba bien antes de definir la compra.

    Un poco tímido pero seguro, Juan Cruz se quitó el buzo de gimnasia que traía puesto y quedó en bóxer, usaba los ajustados blancos de Calvin Klein, lo cual hacía que se le marcara el bulto. Sin dejar de sonreír y con cierta timidez, Lucy empezó a sentir fascinación por el cuerpo de juan Cruz, verlo ahora solo con un bóxer ajustado mientras se probaba un short, la hizo sentir un poco excitada por la situación. Ella permanecía sentada en la cama a un metro de distancia de Juan Cruz, lo que le permitía observar con lujo de detalles todo lo que el joven hacía.

    Finalmente, Juan Cruz, opto por un short color negro, marca Adidas, era uno de los más caros, pero pudo observar la calidad y terminación.

    -Bueno, genial, entonces voy a llevar la remera negra y naranja y el short de Adidas, lo siento bien y es cómodo para practicar.

    -Perfecto, le dijo Lucy. – por si te interesa también tengo ropa interior masculina, trabajo con boxers y slips de Calvin Klein, vi que te gusta esa marca.

    –ah sí? Buenísimo, -replicó Juan Cruz. Sí, son caros, pero siempre me gustaron los de Calvin Klein. Tenés talle como para mí? – claro que sí, dijo Lucy que fue a buscar algunos de los que tenía todavía en stock.

    -Tengo de color negro y blanco, -te gustan más los slips o los boxers? – los boxers, dijo Juan Cruz.

    -Ok, aquí tengo estos, si querés podés probarlos. Joya, -replicó Juan Cruz. Déjame los dos.

    -Querés que salga? –preguntó Lucy con una sonrisita socarrona. –No tengo drama, respondió Juan Cruz.

    -Ah bueno, entonces me quedo así veo si te van bien.

    -Perfecto, dijo Juan Cruz, que ya empezaba a sentir un poco de adrenalina por la situación.

    Lucy se sentó nuevamente en la cama, con un ángulo perfecto para poder observar con detalle cada movimiento de su amigo. Juan Cruz se quitó entonces el bóxer que traía y quedó completamente desnudo ante la mirada fascinada de Lucy. La joven no se había imaginado llegar a esa situación que se fue dando con naturalidad y confianza, ahora disfrutaba viendo el hermoso cuerpo de Juan Cruz. El joven poseía una buena dotación, su pene era de unos 18 cm y colgaba ante los ojos de Lucy, que tampoco perdió oportunidad de apreciar los enormes huevos de Juan Cruz, que colgaban en una bolsa tersa y suave casi lampiña.

    Juan Cruz, sin demostrar emoción alguna, se probó el bóxer, primero el blanco, vio que le quedaba bien, pero lo sentía un poco ajustado.

    -Creo que necesito un talle menos, este me ajusta un poco, sobre todo porque siento que me aprisiona mucho los testículos.

    -Ok, dijo Lucy, mejor ya te traigo uno con un talle más.

    -Dale, respondió Juan Cruz, mientras se quitaba el bóxer blanco, quedando nuevamente desnudo ante la mirada de Lucy… mientras Lucy, un tanto excitada, buscaba en la bolsa.

    Juan Cruz desnudo a su lado le explicaba que siempre necesitaba acomodarse los testículos y el pene para que no le hagan demasiada presión. Incluso, cuando practicaba Kick boxing, usaba suspensores para protegerlos de posibles patadas.

    -Sí, claro, entiendo, -respondió Lucy, un poco colorada por la situación. Se nota que son grandes y tenés que cuidarlos para que no te haga daño.

    Lucy trajo dos nuevos ejemplares de bóxer, Juan Cruz procedió a probárselos, acomodando sus testículos de forma tal que no le molestaran. Ahora sí, dijo, ahora los siento bien.

    -Genial, replicó Lucy, me gusta cómo te quedan.

    También me gustaría probar algún slip, ya que estoy. Paso seguido, Juan Cruz volvió a desnudarse y dio vueltas frente al espejo, con lo que Lucy pudo observar la hermosa cola torneada de Juan Cruz, cuando el joven se agachó, Lucy observó desde atrás como colgaban sus enormes testículos. La joven estaba excitada y feliz, disfrutando de poder contemplar toda la masculinidad de Juan Cruz sin ningún problema.

    Finalmente, fue un día espectacular para Lucy, había logrado vender tres prendas y, además, pudo ver al joven que tanto le atraía en el gimnasio, como Dios lo trajo al mundo. Las imágenes de Juan Cruz desnudo, de sus hermosos genitales, quedarían grabadas en la cabecita de Lucy por mucho tiempo.

    Fin

  • Fui a charlar con el entrenador de mi hermanito

    Fui a charlar con el entrenador de mi hermanito

    Hola a todos, espero estén bien. Mi relato es una historia real y sucedió hace unas semanas. Empezaré por describirme a mi misma: mido 1.66 ,de cabello largo color negro, cuerpo de gym gracias a dios que con el tiempo y esfuerzo he mejorado, glúteos firmes y redonditos acompañados de un par de piernas grandes que a cualquier hombre le gustaría tener.

    Todo comenzó cuando mi hermano empezó a ir a las clases de 1º grado de secundaria, todo iba bien y empezó a asistir a los entrenamientos del equipo del colegio. Siempre era de los niños que llegaba primero y se iba al final, respetaba muchísimo al entrenador y obedecía sus órdenes. Todo esto fue en vano ya que el entrenador no lo consideraba para ser un jugador titular y solo lo metía 10-5 minutos antes de terminar los partidos por lo que mi hermanito estaba triste y decaído.

    Pasaron así las semanas hasta que a mitad del torneo mi hermanito decidió dejar de asistir a entrenar y a los juegos, entonces mi mamá y yo hablamos y decidimos que iríamos a hablar con el entrenador para comentarle de la situación de mi hermano. El entrenador es un hombre alto de 1.85 m, bien parecido, bronceado y con un cuerpo envidiable.

    Para esto un día de la semana que dejé a mi hermanito para sus clases a las 8 am fui y me estacioné afuera de la oficina del entrenador que todavía no llegaba, tuve que esperar 20 minutos y por fin llegó, me saludó cálidamente con un beso y un abrazo normal y me indicó que pasara a su oficina para poder platicar mejor.

    Una vez dentro de la oficina nos sentamos y yo estaba en frente del entrenador, yo llevaba puesto unos leggings que uso para ir al gym y una blusa de Nike y el entrenador pues su uniforme, empezamos a entablar conversación y comenté que venía a charlar porque mi mamá y yo habíamos notado que mi hermanito cada vez estaba más triste y sin ánimos de entrenar y mucho menos de jugar fútbol además de comentar que él era de los niños que llegaba temprano, obedecía sus órdenes y no jugaba mucho tiempo. El entrenador me contestó que si notaba todo eso, pero que era decisión técnica y que era lo mejor que podía ofrecer a mi hermanito por el momento.

    Me quedé callada escuchando y llegó un momento en que me perdí en tanta palabra que decía y no me percaté que mi mirada se dirigía a su entrepierna por lo que él me hizo un chasquido en los ojos y pude reaccionar con pena al darme cuenta que me había visto. Me preguntó que si estaba todo bien y le dije si pero quiero arreglar la situación de mi hermanito a lo que él me respondió que si era capaz de hacer cualquier cosa para ello y respondí firmemente que si.

    De repente el me observó de pies a cabeza y se frotó ligeramente la entrepierna dejándome claro lo que me estaba proponiendo… me preguntó estás segura? Siempre hay algo que puedes hacer si quieres que tu hermanito sea un jugador importante para el equipo… y seguía tocándose la entrepierna por encima del short que tenía puesto. Yo reparada de la situación voltee hacia abajo y pude notar que se veía el bulto en su entrepierna.

    Le dije que si estaba segura pero que me iba a prometer que nada iba a salir de su oficina y que mi hermano sería titular inmediato a lo que me respondió que si, al momento se levantó y movió el escritorio de cristal que nos separaba y puso un tapete de yoga en el suelo frente a su silla, me indicó que me sentara de rodillas frente a él y que le bajara el short… lo hice con delicadeza y bajé el short hasta sus pies dejando ver que era lo que tenía entre las piernas y vaya que era algo grande… debía medir unos 20 cm, tenía una gran cabeza en forma de hongo y un par de testículos que colgaban como si fueran cerezas… su pene estaba lleno de venas y se veía imponente. Comencé por acariciar los muslos del entrenador y poco a poco ir tocando ese pedazo de carne.

    Fui tocándolo y parecía palpitar de lo caliente que estaba y empecé a chupar sus testículos unos minutos, después fui subiendo con mi lengua y labios hacia el tronco del pene hasta el glande… me centré en darle besos al glande y metérmelo en la boca y al observar al entrenador estaba con la cara roja del placer que le estaba produciendo mi mamada.

    Estuve chupando el glande y acariciando con mis dedos sus testículos un buen rato y me decía que le encantaba como chupaba ese glande. Fueron alrededor de 20 minutos que estuve mamando la verga del entrenador y este no podía caber del placer que le estaba dando… hasta que instantes después me dice quítate porque te los voy a echar en la cara y me separa dejándome frente a su pene, procedió a masturbarse muy rápido frente a mi obligándome al mismo tiempo a que le mamara los testículos y de segundos después explotó y empezó a soltar chorros y chorros de su leche por mi cara; me llenó de leche los labios, nariz, mejillas, parte de mi cuello llegó a estar manchado de su leche e incluso mi blusa estaba manchada de su leche.

    Me dijo que me había portado muy bien y que era suficiente para que mi hermanito jugara los siguientes partidos de titular pero que acabando esos encuentros volvería a hablar conmigo para que mi hermano se mantuviera como jugador clave… antes de irme le dije ok, quedamos a mano profesor y le pedí una toalla para limpiarme a lo que se negó, me hizo que me fuera con toda su leche regada por mi cara y ropa… fue humillante pero no niego que me sentí una cualquiera al salir con el semen de un hombre e ir por la calle.

    Espero sea de su agrado y déjenme saber si quieren saber qué pasó después.

  • Rebeca, la muñeca de los Grant (iniciación)

    Rebeca, la muñeca de los Grant (iniciación)

    Cuando toda la casona quedó en silencio, los señores Grant subieron las escaleras hasta la habitación de Robbie, que ya les esperaba entre asustado y caliente. Se había desnudado y estaba en su cama cubierto únicamente por una fina sábana de seda que dejaba ver la maravilla de sus torneados muslos.

    Los Grant se sentaron a ambos lados, y como ya él sabía a lo que iban no se sorprendió cuando el tío se quitó la bata y se acostó a su lado, lo mismo hizo su tía y ambos le corrieron la sábana de seda para quedar los tres completamente desnudos.

    El tío Grant comenzó a besarle los labios, y manosear las teticas, mientras su tía buscó la pequeña polla y se la introdujo en la boca, provocando una formidable excitación. El señor Grant se acomodó de rodillas a la altura de la cara de su «muñeca Rebeca» y poniéndole su inmensa polla en la boca le ordenó: chupa, perra… quiero verte chupar como una perra hambrienta.

    La tía chupaba la pequeña polla y se masturbaba frenéticamente, mientras su tío le hacía tragar aquella enorme estaca hasta el fondo de la garganta. Movía sus caderas al tiempo que le daba cachetadas, al joven, ya convertido en su puta, su muñeca preferida.

    Lo voltearon, y con las cintas de sus batas, lo ataron boca abajo de las barras de la cama, Erica sacó de uno de los bolsillos un consolador y un frasco de aceite lubricante, empapó aquellas tiernas y redondas nalgas, y el líquido corrió hasta el mismo culo de Rebeca que recibió primeramente los dedos del tío Grant, dedos que se movían deliciosamente dilatando aquel orificio virgen, hasta que tía Erica comenzó a introducir el artefacto suavemente, provocando primero algunas expresiones de dolor, que poco a poco fueron convirtiéndose en menos dolorosas y más de placer. Realmente aquel joven había nacido para ser la puta de alguien, y ya el destino le estaba dando la respuesta.

    Cuando el culo ya soportó todo aquel consolador, y el señor Grant ya no podía aguantar más, le abrieron las nalgas y se acomodó encima, puso la enorme cabeza de su tolete en el dilatado culo del sobrino y comenzó a meter toda su polla en aquel culo que nunca había probado macho.

    Aceite a borbotones, y en medio de gemidos de placer y llantos de dolor, toda aquella polla fue entrando en el apretadito culo de Rebeca, que dejaba ver manchitas de sangre. Erica excitada lo besaba en la boca, se metía el consolador en el bolso y le daba la lengua a su marido, que como loco, al ver que le había partido el culo a su sobrino, se movía más fuerte, y le pegaba nalgadas, le daba cachetadas y le decía las cosas más sucias que aquel joven había escuchado. Pero le gustaban, porque él había nacido para eso, para ser sumisa, humillada y puta.

    La iniciación había comenzado, finalmente el tío Grant sacó su enorme polla llena de la sangre de aquel rico culo, y situándose sobre la cara de su sobrino, le echó toda la leche en los labios, y lo mismo hizo la puta de su tía, un chorro de leche caliente corrió por su rostro ahora más excitante que nunca, porque había sido volado y convertido en la muñeca sexual de la familia.

    Esa noche durmió feliz, le dolía un pico el culo pero el placer fue mayor que la molestia. Al amanecer, después del desayuno, la tía le dijo: Robbie, tu tío ha preparado algo especial para ti, un regalo que todos queremos hacerte. En tu cuarto te dejé una ropa que queremos te pongas y cuando te avisemos, bajes así a la piscina.

    Robbie asintió y se sonrió, algo morboso sabía que era y eso le gustó. Inmediatamente subió a su habitación y sobre la cama, solo un pequeño hilo dental y una corta bata transparente. Se quitó la ropa que traía puesta y se puso el pequeño hilo dental que se encajó suavemente entre sus nalgas, después se puso aquella bata y bajó las escaleras. Atravesó el jardín y cuando llegó hasta la piscina, notó que no solo sus tíos estaban. También le esperaban la cocinera y su ayudante, el jardinero y el chófer, todos completamente desnudos y con copas de vino en sus manos

    Notó además que la señora Grant estaba tumbada, con las piernas abiertas y al lado masturbándola, la ayudante de la cocinera, bella joven, de cabello ensortijado y hermosos pecho. Su tío Grant estaba en el borde de la piscina, con el agua a nivel del pecho y detrás suyo, moviéndose suavemente, el jardinero, al parecer le tenía el culo lleno de polla.

    La cocinera y el chófer, fallaban sobre una tumbona, mientras su tía los acariciaba. Hasta Ellos llegó Rebeca, moviendo sus nalgas y al llegar, todos dejaron lo que estaban haciendo para admirar aquel bello espectáculo. Y como autómatas se pusieron en marcha hacia el joven que sólo atinó a quitarse la bata y entre todos le arrancaron el hilo, todas las bocas comenzaron a chuparlo, las mujeres le pasaban la lengua por todo el cuerpo, lo acostaron en una tumbona y sin más, el jardinero, que minutos antes se había formado al tío, ahora ponía saliva en su enorme tranca para metérsela en aquel culito apretado.

    Y se la metió, también se la metió el chófer y nuevamente el tío Grant. Las mujeres se masturbaron y se orinaron sobre el, le dieron por la cara, por las nalgas, lo arrastraron y lo abusaron, lo que lejos de molestarle, le excitaba mucho más. Sin dudas, Rebeca nació para ser puta, y ser humillada.

    En el próximo capítulo os contaré nuevas intimidades y aberraciones de los Grant y su hermosa Rebeca, la deliciosa muñeca del placer.

  • El tragasables

    El tragasables

    Les cuento cómo fue que aprendí a mamar y a tragar penes.

    Todo comenzó cuando una vez vi un vídeo de sexo oral dónde incluía hacer garganta profunda, me llamo mucho la atención y en ese momento me pregunté a mi mismo que se sentirá hacer eso.

    Fue ahí donde conocí se me dio por publicar un anuncio para encontrar a un hombre maduro que quisiera que le diera una buena mamada, y así fue como después de 2 días encontré a José un señor de buen ver y de buena verga, el cual nos conocimos y yo le ofrecí darle una buena mamada pero le dije que quería hacerle una mamada muy profunda, entonces el accedió y empecé a darle besos en la punta del pene para que se le parara y una ve estaba parada empecé a darle una buena mamada, intentando llegar al fondo de mi garganta ya que él tenía el pene delgado pero algo largo después de estar intentando tragarle el pene logré traspasarla hasta mi garganta no si antes tener muchas arcadas pero fue más la excitación que no dude en seguir hasta lograrlo, después de haberlo pasado por primera vez sentí un dolor en la mandíbula pero no me rendí.

    Seguido a esto conocí a otro señor, aclaro me llaman la atención los señores maduros el cual él tenía un pene grueso pero con una cabeza hermosa comenzamos a calentarnos hasta llegar al punto dónde el me empezó a coger la boca y llegar a mi garganta que hasta en ese entonces yo ya había entrenado para poder hacer una buena garganta profunda el quedó encantado de lo que le hice que hasta me echo una gran carga de semen en mi boca el cual no dude en tragar hasta no dejar ni una gota.

    Más adelante el me presento un amigo que me dijo que igual le encantaba que se le mamaran pero creo aquí fue mi prueba de fuego cuando conocí al tipo nos escribimos por WhatsApp y me platico que a él le encantaría que yo se la mamara pero que la tenía algo larga pero no era gruesa yo accedí a decirle que si y fue cuando quedamos de vernos.

    Me dijo que nunca se la habían mamado toda y que si yo podía me pagaría para hacerlo las veces que se le antojara.

    En ese momento se la saco y yo quedé totalmente sorprendido le media aproximadamente unos 23 cm sin exagerar pero me confortaba saber que no era muy gruesa, en eso el me pregunta podrás con ella? A lo que yo respondí espero que si, y él me dijo si la puedes tragar toda te prometo que te daré una buena recompensa.

    Empecé a mamársela poco a poco y él se fue calentando ya después de unos 15 minutos de mamada sentí como él quería empezar a atravesarme la garganta con tremendo pene entonces yo me fui dejando tratando de dominar las arcadas que sentía cuando de pronto sentí que logro acomodar su verga en mi boca y de un solo empujón la metió encajándomela entera yo lo único que pude hacer es intentar gritar pero ya tenía inundada la garganta con semejante verga, así me la dejo como por 10 segundos y después me la saco entera me dio tiempo para tomar aire y nada más me dijo que abriera bien la boca porque iba a entrar toda de nuevo.

    nada más abrí la boca cuando de pronto siento que me la mete de nueva cuenta llegando hasta el fondo de mi garganta y de ahí me dio una cogida de garganta que sentía que me acomodaba hasta las anginas, de ahí me la volvió a sacar toda y yo sentía que hasta la quijada me había desacomodado de tremenda cogida de garganta que me había dado lo empecé a masturbar cuando de pronto me dice que ya está a punto de venirse y me la vuelve a ensartar entera a tal punto que empezó a venirse dentro de mi garganta yo nada más sentía como su pene descarga los chorros de leche dentro de mi que cuando la saco ya había eyaculado toda esa leche en mi garganta.

    Cuando la saco él se fue a limpiar y yo quedé con la boca adolorida con mucha saliva y con la sensación de tener flemas en la boca que tuve que tomar mucha agua para poder bajar todo el semen que había dejado en mi garganta, ya después de que él se terminó de limpiar me dijo que le había gustado mucho cogerme la boca y que reconocía que yo era un auténtico tragasables y que más adelante probaría mi culo para saber si también a mí me cabria toda a lo cual yo le dije que si porque con el culo ya había comido muchas vergas de diferentes tamaños ya de ahí el me dio dinero y me dijo que me vería más adelante para otra sesión de garganta profunda y fue así como nació el apodo del tragasables.