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  • Una sorpresa para mi marido

    Una sorpresa para mi marido

    Llevábamos ya una temporada con nuestros encuentros swinger. Un día, mi marido, tras un polvete discreto, me soltó medio en broma o medio en serio que ya iba siendo hora que organizase yo una aventura de intercambios. La verdad es que hasta el momento todas las fiestas las había montado él, así que decidí tomar el relevo. ¿Cómo quieres que sea? Le pregunté.

    -Sorpréndeme, me respondió él, y ya no me dio más pistas.

    Así pues, me puse en la web y empecé a imaginar. Entré en contacto con algunos hombres, los que tenían las fotos más excitantes para mi. Una noche entablé diálogo, por el chat, con un tal L., que me resultaba muy morboso y atractivo en las fotos, no solo por su aspecto si no por las escenas de sexo que mostraba. Parecía decidido, apasionado y a la vez delicado, impetuoso y elegante. Me fijé en las expresiones de placer que inundaban las caras de sus amantes, muchas de las cuales terminaban con grandes chorretones de esperma en el rostro, cuello y pechos, saciadas y desmadejadas.

    Hablando con L., se me ocurrió la idea: citarle en casa poco antes de la llegada de mi marido, para que nos pillase en los preliminares. Me imaginé a mi misma con mi lencería quizás ya medio arrancada, quizás arrodillada y a punto de besar el gran pene, quien sabe si tumbada en la cama, boca abajo, mientras L. me lamía ella no para prepararlo. Viendo sus fotos y hablando con él sabía perfectamente de su gusto por la penetración anal a modo de saludo inaugural.

    Así lo hice: a las cinco en punto, L. apareció en la puerta. Iba vestido con elegancia, aunque cuando le abrí la puerta descubrí que llevaba el pene fuera, completamente erecto. Sin darme tiempo ni siquiera a cerrar la puerta tras él, ya me había empujado hacia abajo y me tenía agachada con todo su miembro metido hasta la glotis. Tras un minuto de mover mi cabeza, me agarró y me cargó en su hombro mientras me preguntaba por el dormitorio. Se lo indiqué con las manos. Tal como me temía, poco después yo yacía en la cama y él escupía en mi ano mientas me metía dos dedos así, de buen principio y como una declaración de intenciones . Aunque estaba de espaldas y no le podía ver, supe que se estaba masturbando loco de deseo. Yo hice lo mismo.

    Estando así llegó el whatsapp de mi marido: Llegaré más tarde, no te preocupes.

    No me preocupé por su tardanza, en efecto: L, ya me estaba penetrando con brío por detrás y mi mente no estaba por otra cosa. Su ritmo aumentaba a medida que, con unos cachetes acompasados, mi cuerpo parecía un instrumento de percusión. Y sucedió otra cosa encantadora: L. jadea con energía. No hay nada que me ponga más que escuchar los gemidos del compañero, los silenciosos me aburren. Tras una sesión larguísima, me dio la vuelta y me penetró por la vagina con un ardor descomunal, gimiendo con tanta energía que temí una denuncia de los vecinos, puesto que yo no le andaba a la zaga con mis chillidos.

    Me lo hizo en la cama, en el sofá, en el suelo del salón y en el mármol de la cocina. Hubo un momento en el que me acordé de mi marido y pensé: cuando llegue apenas podré darle algo, estaré exhausta sin remedio.

    Pero pasó el tiempo y yo seguía abierta para L. y mi marido sin aparecer. Me estaba volviendo loca de placer y él parecía no tener fin. Así que cuando me propuso hacerlo en el balcón yo no pude más que aceptar. Joder, nadie ma ha follado así, me sorprendí a mi mismo diciendo eso justo antes de que me dispusiera entre dos macetas, con la espalda contra la barandilla, para descargarse en mi cara. Sentí los tres chorros enormes deslizándose por mi cara, descendiendo por mi cuello y llegando hasta el pubis, al tiempo que no podía dejar de masajearme.

    Nos dimos una buena ducha y L., tras un rato de charla (descubrí que es buen conversador) tuvo que irse. Su novia le esperaba, por lo visto.

    Mi marido llegó más tarde. Me contó sus lío en el trabajo y me preguntó qué tal yo. Bien, le dije yo. Una tarde normal, más bien aburrida. Dejaré para otra ocasión la sorpresa que le tenía preparada.

  • La mujer del pastor (capítulo 1)

    La mujer del pastor (capítulo 1)

    Otra más de las fiestas de la iglesia. Ahí estaba el pastor bailando con los demás, los ayudantes en una rueda con panderos y las mujeres en una fila que entraba y salía del círculo. Las personas sentadas aplaudiendo y cantando en coro. Tengo que admitir que quitando lo religioso se escuchaba muy lindo y el baile también. Yo cantaba y aplaudía mucho animándolos y la fila pasaba por las mesas alrededor de la pista de baile. Ahí me recogieron y me anim´r a entrar en la fila.

    Cuando terminamos algunos cuantos, los más jóvenes, se quedaron bailando y bromeando al centro de la pista. Era imposible no ver a los padres orgullosos de sus hijos, de sus buenos hijos. Cuando me acercaba a las mesas a conversar con ellos siempre me decían; lo caritativos o altruistas que eran, las beneficencias a las que habían ido, las calificaciones que tenían, las parejas que tenían igual de bien portadas. Es me irritaba. Quizá porque yo no había podido tener hijos, o mi esposo, que nunca sabremos si es él.

    Nuestra religión siempre ha sido así, como todas, cerrada. Orientada al servicio del hombre. Eso a mi no me incomoda, prefiero estar en casa y tener todo bien arreglado a salir a trabajar, incluso en algo que a mi me guste. Lo que creo que está mal es que te toque un hombre borracho, irresponsable o golpeador. Pobres mujeres que tienen que soportar eso.

    En especial la nueva familia “Bien humildes” así les puse. Esta familia recién se integró con nosotros. Antes era de otra congregación. Se retiraron porque no dejaban a las mujeres vestirse de forma mas normal, con pantalón y blusas. Yo entendía por qué. Tanto la mujer, Casandra, como su hija Jimena, tienen pechos grandes. Se les notaría incluso estando tapadas. En esta fiesta Casandra llevaba un ligerísimo escote muy discreto pero que dejaba ver el inicio de sus senos blancos. La niña o mujer, puesta tenía unos 22 años, tenía una blusa que le cubría bien todo pero se le notaban las dos montañas. Martín era un ingeniero y por lo que dicen buen marido y muy bailador. Su otro hijo era muy bien parecido, no se parecía en nada a Martín. Los rasgos de su hijo Ocra eran mas finos y delicados que le hacían un rostro más varonil; sus pómulos ligeramente resaltadnos, su mandíbula cuadrada y nariz pequeña con cejas pobladas, moreno y más alto que su padre. Al contrario Martin más tosco, su rostro era tosco, además un hombre gordo, eso si amigable. Quien sabe igual de joven era más guapo.

    Empezaron un nuevo y yo me quede con otra familia mirando. Les llame “los Agachones”. Siempre en las reuniones cedían a las propuestas que las votaban, nunca apelaban, siempre obedecían, los mejores en pocas palabras. Platique mucho con su mujer, me dijo que tenía miedo de que su hijo fuera gay y los ojos se le inyectaron de rabia que intento ocultar. También me dijo que últimamente se encerraba con llave cuando un amigo, no de la iglesia, lo visitaba y que solo escuchaba murmullos y risas cuando escuchaba por la puerta. Su hijo negaba todo. En realidad no lo parecía le dije, mira nada más como baila con las chicas, todas los conocen, además no les es indiferente, ella observo más y aprecio quedarse un poco más tranquila.

    — Mira Martin y Casandra se han adecuado muy bien a la Iglesia. Saben todos los bailes y juegos.

    — Si es lo que veo, es muy raro que los hijos también, ¿no crees?

    — Si un poco pero bueno ya tienen veintitantos tampoco es muy raro — se gacho— yo los aprendí muy rápido, me obligaron mis padres, decían que así las familias me verían mucho.

    — Ya se a mi también pero no me gusta ir a bailar, me da pena —en realidad sentía que hacía el ridículo— … Mira mira, no sabía que su hijo podía bailar así jajaja vaya ritmo he

    — Pobre de Carlos, se sentirá mal que le roben el liderazgo jaja

    — Carlos es muy competitivo ya vez el año pasado perdió basquetbol y renuncio este año a participar

    — Es muy débil de carácter, en cambio mira Ocra no suelta prenda mira nada más como desplaza sutilmente a Carlos y solo le queda seguirlo, Ah! Mira tu hijo muy inteligente aprovecha para filtrar con esa chica —realmente solo bailaban pero quería animarla.

    — No digas esas cosas Cindy, te van a escuchar, solo quieren ser amigos

    — Vamos, sabemos que los matrimonios empiezan en estas edades. No sería nada del otro mundo que aquí se decidiera.

    Me quede seria cuando note como Ocra bajaba más de lo normal la mano por la cintura de las chicas o rozaba sus senos con sus brazos algo anchos. Era evidente si uno prestaba atención cuando le pasaba su hermana. Se me hijo curioso pero lejos de eso me dio morbo. Es como cuando estamos en el sermón y veo al padre, no porque este guapo, pero me imagino que no trae nada por debajo y le cuelga su miembro que siempre imagino grande y gordo. Últimamente tengo muchos pensamientos así. O la vez que encontré a un par de chicos; ella arrodillada y yo mirando al chico de espaldas, pensé lo peor. Pero solo le ataba las agujetas. Cuando note que el chico era más joven y ella más grande tenía sentido. Pero en el instante mi corazón dio un vuelco.

    Todos se despidieron del pastor, mi esposo, y de mi. Recogimos las cosas y nos fuimos a casa. Llegamos a tirarnos en el sofá y empezamos con el chisme. Cómo iban vestidos, que caras hacían, si alguien había pecado o hablado mal de otro. Cosas de esas.

    — Me cae bien la Martin. Es un hombre muy dadivoso. Hoy dijo que quería dar las gracias por el recibimiento que había tenido su familia y que le gustaría ofrecer la comida para el siguiente festejo.

    — Eso es muy noble, ¿aunque no es mucho?

    — Bueno Cindy, es lo que el siente, en eso no hay cantidad. Además su mujer es muy bien portada, se dirige con mucha propiedad. Ni hablar de sus hijos. Hace dos días me sorprendió su hijo Ocram que sabía de memoria muchos pasajes. No fallo ninguno. Juraría que ese joven se sabe todo el libro. Además que bien habla. Su hija también es muy persuasiva y noble. Pude notarlo cuando el grupo no estaba de acuerdo en viajar tan lejos para ayudar. Ella dio un pequeño discurso sobre lo arduo que a veces es el amor, el matrimonio y el camino a recorrerlo y que si no podíamos hacer ese viaje como podían pensar que estaban listos para otros retos.

    — Bueno recurrió a la culpa, no es extraño que funcionara

    — Claro, pero ningún joven hace ese tipo de discursos y menos siendo nueva. Ese par están muy bien educados.

    — No crees que podrían ser tu sabes peligrosos?

    — No lo se. Se han portado muy bien. Incluso su mujer se ofreció a organizar y atender el siguiente evento. Manos extras nos faltan.

    — Pues aquí tienes una

    Empecé a tocarle la entrepierna y note su reacción. Su pene empezó a cobrar volumen. Le baje el cierre y él se bajó los pantalones. Salto su verga. Empecé a jalársela con mi dedo gordo y el índice. Hecho cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Bufaba un poco.

    — ¿Te gusto ver a Casandra como se le asomaban las tetas? —Asintió —Se le movían muy bien cuando bailo, casi se le marcaban los pezones. O también como se le veían las piernas a la mamá de Carlos, vaya muslos tiene esa mujer…

    Gemía, siempre le gusto que le dijera cosas cerdas y fuera aumentando. Fantaseaba con las demás mujeres. Decía que de esa forma expiaba todos sus pensamientos y que así no le pasaría nada. Me levante el vestido y lo monte. Lo sentía en la entrada de mi vagina, me penetraba apenas el inicio de mis labios que escurrían mucho. Lo besaba y me movía un poco, no mucho para que no se saliera. Después de algunos minutos termino. Yo chorreaba. Me levante y le sonreí. De inmediato me mando a limpiarme diciendo que no podía andar así. Se levanto y se fue a limpiar y a orar para pedir perdón por ambos. Yo no me limpie me quede toda la noche pensando.

  • Reafirmando la amistad

    Reafirmando la amistad

    Les voy a contar algo que me pasó en la oficina, tengo una compañera, Karen se llama ella, es de estatura medía, buenas piernas, grandes pechos y buenas nalgas muy bonita, siempre tenemos pláticas cachondas y con temas sexuales jugamos con eso, que cogemos y nos divertimos. Yo soy del tipo de hombre común creo no soy guapo pero tampoco feo, trato de hacer ejercicio de manera regular y sí sexualmente muy activo. una noche, cuando ya estaba en casa después de un largo día de trabajo me llamó me dijo que revisara mi correo electrónico y esto fue lo que encontré:

    Hola querido Juan!… este día no he dejado de pensar en ti, y de todas las locuras que quiero hacer contigo pero también tener a una invitada a nuestra amiga Chela (ella es bajita de estatura, delgadita pero muy caliente), ir a una casa cerca de la playa estar desnudos los tres, tomando el sol, bebiendo unas cervezas frías, disfrutando de la alberca y así comenzar a jugar los tres en una locura de sexo que se me antoja demasiado, primero lamerte desde la punta de la verga, pasar por tus huevos y llegar al culo delicioso que tienes… Mientras le abres las piernas a chela para comerle la picha… Luego la dos chupamos verga hasta que nuestros labios se tocan y por unos instantes nos besamos entre nosotras…

    Después la pones en cuatro y le ensartas la verga parada y babeando… le das duro y muy profundo, mientras mi picha caliente está en la boca de Chela y juega mi clítoris con su lengua… lo hace tan bien que yo no puedo dejar de moverme en su cara y gemir como perra en celo… al mismo tiempo tú metes la verga pero ahora en su culo, le abres las nalgas y la ensartas una y otra vez… hasta que explota tu verga e inunda su culo con tu semen, que se escurren entre sus nalgas… En ese momento yo también dejo salir un gemido, o más bien un grito de placer al momento que estoy teniendo un orgasmo, el cual Chela se bebe con lujuria… Terminamos los tres y nos damos un muy rico beso, nos metemos a bañar los tres mientras seguimos tocándonos…

    Bueno Juan te dejo esto para que prepares todo y nos vayamos a la playa con Chela para reafirmar nuestra amistad.

    Así acabó el correo que me escribió Karen… me dejó con la verga parada y completamente mojada.

  • Delante de todos (II)

    Delante de todos (II)

    No podía más de lo excitante que estaba siendo todo hasta ese momento. Cuando le corrí la mano, Alex me dirigió una mirada fulminante, me sonreí y sentí como la tanga rosada que tenía debajo sé mojaba más.

    Terminamos de comer y antes de que nadie pudiera decir más, me ofrecí a lavar los platos. El departamento de Alex tenía un ambiente abierto, la cocina se separaba del comedor por una isla de granito que me llegaba a las costillas; comenzaron a juntar los platos y yo me dispuse tras la isla para comenzar el aseo. Mi amigo Daniel traía los platos mientras los demás seguían conversando, yo sabía que a él, también le gustaba mucho, siempre en el trabajo me alagaba el culo, las piernas o hacia comentarios sobre mis tetas, pero nunca llegó a más; y esa noche con la minifalda que apenas me bajaba las nalgas, era imposible para él no desviar la mirada cada vez que se acercaba.

    Eso también me calentaba, saber que más de uno me deseaba, imaginar lo que pasaba por su mente cuando me miraban, Daniel alcanzó a susurrarme cuando me llevo unas bandejas que esa minifalda me resaltaba muy bien las nalgas y que tenía un culo apetitoso, me reí con complicidad sin darme cuenta que Alex nos observaba.

    Le clavó una mirada de terror a Daniel y antes de que nadie reaccionara vino a la cocina con lo último que quedaba en la mesa por traer, miro a nuestro amigo firme, pero apacible y le dijo que él me ayudaba a terminar de lavar, no hizo falta más, Dani entendió el mensaje y asintió, volviendo a unirse con los otros, dejando a Alex tras la isla conmigo. No pasó mucho mientras le daba la espalda lavando los platos que sentí su mirada en mi culo, no necesitaba girarme, sabía bien que me estaba mirando y eso me éxito.

    Separé un poco las piernas y me estire en la mesada para alcanzar unos vasos y dejar a su alcance una mejor vista de la tanga y mis nalgas, llamo mi atención carraspeando y supe que le gustó, apenas si me incorporé que ya estaba pegado a mi, metiendo su mano por debajo de mi minifalda, me apretaba las nalgas y con los dedos jugueteaba por mi mojada vagina, me calenté mucho más, tenía las manos gruesas y siempre me había imaginado como sería que me metiera los dedos, ahora lo sabía ya lo había hecho bajo la mesa y me encantó, deseaba que lo haga otra vez; pero en lugar de eso me levanto la mini bien arriba, dejando mi culo descubierto y con ambas manos me lo agarro separándome un poco las nalgas y se me acercó.

    Fue ahí cuando sentí esa verga dura y caliente que había querido sentir todo este tiempo, se acercó a mi oreja y me dijo -No dejes de lavar y mirar a los demás- su voz me excito que casi sentí como se me aflojaban las piernas, con una mano me corrió la tanga a un costado y pude sentir por primera vez la cabeza de su verga, se movía de manera tal que me acariciaba toda la vagina con ella, podía sentir como le latía y que rico se sentía cuando empujaba un poco sin meterla, me hacía desearlo.

    Se volvió a acercar a mi oído cuando uno de los chicos desde la mesa le llamo la atención sobresaltándonos a ambos, yo había dejado de mirar pero no de lavar, nos quedamos inmóviles pero solo dijo que hiciéramos café, él respondió, yo me congelé y si nos vio? Y si se dio cuenta? Que rico que nos estén viendo sin saber me moje más, pero no hable solo escuché cuando Alex le dijo que ya buscaba el café y se agachó poniendo su cara en mi culo, apenas sentí su lengua dentro mío me estremecí, como me calentaba que me la chuparan y ahora más por qué con su lengua me lamía el clítoris cuando no me la metía, deje de prestar atención a todo, solo pensaba por favor cogerme, cogerme fuerte y méteme toda esa verga dura que tenés, no me importaban los demás, pero se levantó y volví en si…

    Continuamos en la parte (III).

    Espero les esté gustando tanto como a mi este relato, que me moja solo recordarlo.

  • A falta de coño, una baranda

    A falta de coño, una baranda

    Una vida llena de desencantos amorosos, me llevaron a considerar la masturbación como una salida a mi sobrecarga de lívido que no podía satisfacer follando con alguna chica. La masturbación convencional no ayudaba en absoluto, podía estar con mi mano una y otra vez arriba y abajo por horas, y sabía que era imposible que este se estimulara lo suficiente como para que eyacule. Razón por la que probé con almohadas, y aunque la sensación en un inicio era placentera, pronto se volvía suave y a veces difícil de lograr una buena corrida.

    Ello me llevó a sentir la necesidad de buscar donde más poder hacerlo, el filo de una mesa, y como si follara al estilo del misionero, daba y daba hasta correrme. Pero la edad hizo que el morbo se convirtiera en mayor placentero que otra cosa, llevándome a considerar algo más «heavy» por decirlo de alguna forma. Llevar mi cuerpo al “extremo” para saciar un sentimiento temporal como lo es el sentir eyacular, una y otra vez.

    Un día decidí hacerlo, una tarde, como no había nadie, me bajé los pantalones hasta la rodilla y me subí la camiseta a la mitad de mi vientre, me situé en la parte baja de la escalera principal de la casa, su baranda de 8 centímetros de anchura, me daban la simulación perfecta de un “coño” donde colocar mi pene. El sentimiento fue único ¿quizá un preludio al masoquismo? no lo sé, pero la sensación de colocar mi trozo de carne sobre aquello fue sensacional, mi cuerpo hacia presión a mi pene sobre la baranda, causándome una sensación nunca antes sentida, ni con almohadas, ni con mi propia mano.

    Frotar mi verga hacia arriba y abajo una y otra vez en aquella baranda fue de lo mejor, por vez primera sentía algo como ello, que al cabo de un rato me provocó la mayor corrida de mi vida, sentí como 3 chorros de espeso semen se disparaban dentro de mi prepucio, esto porque para no dañar mi glande tenía que usar esa piel como tipo bolsita, al correrme, todo quedaba depositado ahí sin caerse nada al suelo.

    Sin embargo, yo quería algo más ¿Más morbo quizá? Es lo más probable, quería hacerlo de nuevo, pero con mas libertad, esto significaba estar completamente desnudo, y usar ese mi “coño” para lo que quisiese por algunos minutos como si de una mujer se tratase. Planifiqué todo, y concluí en que el momento ideal para hacer aquello era durante la madrugada, a esa hora era difícil que alguien se levantase, y yo podía aprovechar esos instantes, para “follar” sin ser visto, o que alguien apareciese de la nada.

    Una noche, esperé que todos se vayan a dormir, esperé unas horas y ya entrada bien la madrugada, fui hasta esa parte baja, con tan solo un bivirí y un short, dos prendas y nada más, era fáciles de quitar, como fáciles de colocar, toda la ventaja para disfrutar rápido y al máximo, y también para colocarme la ropa y fingir que salía al baño, por si alguien despertaba. Me quité toda la ropa, quedé completamente desnudo frente a aquella baranda, mi pene al tan solo tocarla se puso a mil, sin esperar un segundo más, coloqué mi pene y empecé el vaivén del sube y baja, frotándolo una y otra vez sobre aquel “coño”, mis brazos los estiré hacia arriba, sujetándome con mis manos de uno de los soportes que se encontraban más arriba.

    Aprovechando que había esa forma de construcción, subí un peldaño en la escalera, volví a colocar mi miembro más arriba en la baranda, y quedaba ahora con los pies colgando, esto me dio otra sensación mayor de placer. Me di cuenta que de esta forma, con la presión de todo mi cuerpo sobre mi pene, y este encontrándose sobre la baranda, me causaba tremendo placer, un mínimo dolor, pero mayor placer. Por segundos incluso solté mis manos que me sujetaban de la parte de arriba a la escalera, quedando todo mi cuerpo soportado tan solo por mi pene y escroto, que muy lentamente se notaba como resbalaba hacia abajo.

    ¿Quizá se me fue de las manos? Sentía placer en algo que a cualquiera le parecería loco, pero para mí en ese momento era lo justo y necesario. Pensaba: ¿Y si mis testículos explotan? Ojalá y me corra antes de ello. Esos pensamientos y la masturbación “heavy” que llevaba, hizo que en breve sintiera como casi rebalsase de mi prepucio de la leche que salía a chorros. Luego de ello, me limpié el glande, me puse la ropa y fui de ahí.

    La verdad, no esperaba sentir aquella sensación al masturbarme ahí, pero lo que sentí me cambió para siempre.

  • Cena con mi ex

    Cena con mi ex

    Se subió al auto y lo único que atinó a decirme fue que había esperado mucho por esto, que desde mayo que vino quería hacer esto y me besó tan rico, tan intenso contempló mi cara y me dijo “así te recordaba te ves hermosa”.

    Fuimos a cenar riquísimo, tomamos una botella de vino que nos relajó tanto que entre besos muy cachondos fue subiendo de tono la plática, las caricias y los besos y me propuso ir a otro lugar.

    Llegamos y me beso como un loco desenfrenado dentro del carro me dijo quiero hacerte mía toda la noche y eso solo fue el comienzo me abrió la puerta me bajo del carro a besos, me abrazo por atrás de la cintura y me subió las escaleras, un poco antes de entrar al cuarto me puso contra la pared frente a él, me beso y me subió el vestido lentamente con sus manos mientras acariciaba mis piernas de arriba abajo, me re pego su verga rica dura y ya mojada contra mi mientras me convencía se seguir subiendo.

    Llegamos al cuarto sonreía y me besaba por todo lados estaba loco por tenerme, mientras me beso me acostaba en la cama y lo primero que hizo fue subirme el vestido quitarme la ropa interior y hacerme un oral rico despacio delicioso, fue tan rico que me moje deliciosamente y metió sus dedos esta súper mojada y el excitadísimo solo basto que me diera una cuantas arremetidas con los dedos como lo hacía cuando íbamos al zoológico que moje sus dedos y fue la primera vez que grite de placer.

    Se termino de desnudar y sin más me penetro, arremetió tan rico primero despacio, luego fuerte, mientras me besaba y me miraba todo el tiempo a los ojos diciéndome que era hermosa, veía como me deseaba, duro poco pero fue tan intenso que me hizo escurrir.

    Después de terminar me quito el vestido, me metió entre las sábanas se acostó conmigo y empezó a cariarme la espalda, las tetas, las caderas y re pega su cuerpo contra el mío, platicamos un rato de las cosas que hacíamos antes, de cómo lo hicimos en la playa, y poco a poco fui excitándome mas y mas y mas, hasta que me empezó a besar de nuevo y a besos, cargándome y penetrada.

    Me llevo a la regadera en donde mientras nos caía el agua, el mordía mis pezones, jugaba con ellos en su boca, me volteo contra el cristal y sin más ni más me metió la verga, estaba tan rica, tan parada, tan dura, lo hizo lento al principio, arremetía y me besaba la espalda el cuello, se agarraba de mis caderas y me decía estas buenísima me encantas, luego arremetió rápido y yo le decía mas así papi mas, así rápido como me gusta.

    Me dio como un loco ahí creo que fue de los momentos más intensos, yo empecé a gritar, me aguanto la venida y a la mitad me dijo ahora si chiquita toma y se vino ufff muchísimo, estaba súper excitado y yo súper satisfecha.

    Nos metimos de nuevo a la cama, hablamos por un buen tiempo, y yo empecé a besar su pecho hasta ir bajando y empecé a hacerle un oral, la pare rico, la moje delicioso y me subí, quería subirme y hacerle la vaquerita, quería oírlo gemir de placer por tenerme encima con algo que se que le fascina que le haga, y lo único que recuerdo son mis gritos de placer de que me restregué hasta el cansancio encima de el, mientras me contemplo me dio nalgadas y me decía vente mija, vente aquí estoy yo para complacerte y darte lo que necesitas ufff eso me excito aun mas fue lo mejor de la noche para mí.

    Me baje me arropo esta exhausta y solo recuerdo que me dijo cierra los ojos y me acaricio con sus manos por toda la espalda y me decía muchas cosas al oído. Platicamos otro rato, nos servimos lo último que quedaba de la botella y me dijo ya es tarde, tienes que llegar pero antes de que te vayas no me vas a dejar así por que aun la tenia parada con ganas de mas, se subió encima de mi arremetió súper despacio, mientras me besaba me apretaba contra él, se mecía en mi una y otra vez hacia adelante y hacia atrás me fui excitando mas y mas porque aunque era súper despacio fue constante no paro ni un momento hasta que se vino.

    Ya era tarde, muy tarde se nos había ido el tiempo y me paso mi ropa me ayudo a ponerme algunas prendas me beso por última vez, me dio una nalgada y me dijo vámonos subimos al coche y nos fuimos esperando poder hacerlo nuevamente cuando vuelva a venir.

  • ¿Fue realmente un error?

    ¿Fue realmente un error?

    Excitado, nervioso y eufórico se deslizó hacia el lecho donde dormía su amada y lentamente se infiltró en su cama, lamentablemente, aquella noche ella no estaba ahí y pronto se daría cuenta.

    El comenzó a acariciarle el pelo, la espalda, tocó sus brazos, su cintura. Prosiguió así por un rato hasta que bajó hasta sus nalgas y ella exclamó un ¡Ay Manuel! ¿Manuel? pensó él sobresaltado ya que la voz de su novia sonó diferente. Manuel era el nombre de su difunto suegro, pero en ese momento su mano acariciaba un pezón de su supuesta novia. En ese instante quedó paralizado, sólo pensó en quitar rápidamente su mano de la teta, pero su supuesta novia la tomó y la apretó más fuerte contra su cuerpo y le dijo «te eché de menos mi amor», mientras con la otra mano se dirigía hacia el pene… ¡Aaay Diosito si hasta más grande se puso!

    En ese momento, su mente se aclaró y no quedó duda, no era su novia, era su suegra y en vista de que no quedaba otra opción, decidió seguirle el juego. Ella comenzó a restregarse y sin decir agua va, en posición de cucharita, se acomodó y… pa adentro.

    Nuestro protagonista pensó, ya que estamos acá, entonces aprovechemos y comenzó a bombear, su suegra era atractiva, con 45 años se mantenía muy en forma y él más de alguna vez aprovechó de mirarle el culo disimuladamente, incluso juraría que en alguna ocasión su suegra le correspondió con una miradita picarona, lo que a sus 19 años era una invitación segura al peligro.

    Ya sin vuelta atrás, la situación estaba candente, él estaba a punto de correrse y le dice… ¡¡me corro mi amor!! y ella sin decir nada, se da la vuelta y abre la boca para recibir la descarga. Esa imagen le resultó irresistible y nuestro amigo descargó todos sus descendientes en la cara y en la boca de su suegra… esta recibió todo ávidamente con los ojos cerrados, pero de pronto, como si en su cabeza una alarma hubiera funcionado, se echó para atrás… abrió los ojos y gritó ¡Andrés! y después de unos segundos le pregunta ¿Pero niño como pudiste?

    Andrés se quedó de una pieza y sin poder dar muchas explicaciones lógicas o aceptables le dijo, pensé que era su hija y quería sorprenderla, pero tremenda sorpresa la que usted me dio.

    Ella, arreglándose su camisón le dijo «y vaya que sorpresa», mientras dormía pensé que era mi manolito, claro, lo noté un poco mejorado, pero no me importó, ya son 2 años sin que nadie me toque y… a decir verdad, estuvo muy bueno ¿te gustó?

    Pues la verdad que sí, perdone usted por confundirla, por favor no le diga a su hija. Ella lo miró con una mueca de: pobre chico y le dice «esa puta salió con otro chico y no va a volver hasta el lunes», no sé qué te ha dicho a ti, pero a estudiar no fue… pero yo estoy acá porque hoy pinté mi cuarto y bueno, el resto ya lo sabes ¿Qué opinas?

    Andrés, un tanto aturdido por la información que acababa de recibir de parte de su suegra no atinaba mucho a nada porque era mucho por procesar, pero cuando ella abre el camisón y se muestra en su esplendor (¡Y vaya que lo era, una tremenda hembra!) sólo atinó a decir, pues ya que estamos acá… hagamos que valga la pena.

    Dicho lo anterior y con las dudas aclaradas y movidos por la lujuria es como nuestro amigo y su suegra pasaron todo el fin de semana teniendo más sexo de todo él que había tenido en su corta vida; probaron todas las posiciones y variantes que conocían, recorrieron y exploraron hasta el último centímetro de su piel por todos los medios posibles, haciendo pausas únicamente para comer, beber o ir al baño pues una que otra lluvia dorada se pudo ver esas noches… Andresito prácticamente quedó seco.

    El lunes siguiente, Andrés «regresó» a visitar a su novia, pues ésta le escribió para decirle que quería hablar con él ya que tenía algo importante que decirle. Él llegó a la casa y saludó a su novia, quien le dio un frío beso en la mejilla, saludó a la señora Marta, su suegra y tras algunos minutos, ella comienza a hablar y le comunica que ya no puede seguir con él. En ese momento por la mente de Andrés pasaron mil ideas de la causa, pero cuando ella le dice que deben terminar porque ella se enamoró de otro chico y que probablemente estaba embarazada de él, lejos de enfadarse, le dio tranquilidad y le dijo solamente y fingiendo sentirse herido, ok, que pena confiar en ti sólo para enterarme que llevas quien sabe cuánto tiempo y con cuantos otros siéndome infiel, ella se molestó y le pidió que se fuera de la casa, Andrés pensó… y yo de tonto a puras pajas cuando ella se iba a «estudiar» y luego de eso… se fue… «muy ofendido».

    Pasaron 2 semanas y el volvió a ir a la casa de su ex novia, pero ahora iba claramente a ver a Marta… cuando Ruth lo vio le preguntó ¿y tú qué haces aquí? Nosotros terminamos ¿no te acuerdas? Pero en ese momento apareció Marta, vestida espectacularmente y él se acerca y la saluda con un gran beso en los labios. Ruth abrió los ojos como platos y Marta le dice… te advertí que por andar de putita te lo iba a quitar… saluda a tu nuevo papi.

    Con el tiempo las cosas fueron mejorando, pero es masa para otro pan. Hasta la próxima.

  • La enfermera Perla y su paciente

    La enfermera Perla y su paciente

    Perla es una enfermera de 28 años que trabaja en el mismo hospital desde que se recibió.

    Es una mujer sensual y seductora, baja de estatura, y es poseedora unas hermosas curvas.

    Tiene cabello rubio y lacio hasta la cintura, sus senos son de buen tamaño y su trasero es grande, pero bien formado.

    Es la enfermera más bonita de ese hospital, razón por la cual otras empleadas sienten envidia de ella y muchos médicos la deseen. Perla ha tenido relaciones sexuales con algunos doctores.

    Ella siempre lleva el uniforme más corto de lo normal para lucir más apretado todo su cuerpo.

    Se dirige a la habitación 234 donde le informaron que hay un hombre que tenía neumonía, minutos antes de ir le pasaron el informe del alta de ese hombre.

    Cuando ingresa a la habitación ve al hombre dormido, su corazón se aceleró al ver a ese hombre porque es extremadamente atractivo y además estaba durmiendo con solo su bóxer puesto.

    El hombre se despierta y ella se apresura a ir junto a él para saludarlo.

    -Hola señor Roberto.

    -Hola señorita enfermera, no me diga señor, me hace sentir viejo y tengo treinta años apenas.

    -No eres viejo para nada, voy a comenzar de nuevo, hola Roberto- luego de unos minutos siguió hablando- Aquí tengo el informe de su doctor y dice que ya le han dado el alta, se puede ir cuando quiera.

    -¿En serio me dieron el alta?

    -Si.

    Una sonrisa de oreja a oreja abarco el rostro de Roberto, salió de la cama y se puso a saltar mientras gritaba.

    -¡Soy libre!

    -Muchas gracias enfermera- le dijo y le dio un fuerte abrazo.

    En ese momento Perla sintió el duro miembro de Roberto y su uniforme se le subió mucho más, ya se le estaba asomando su trasero, pero eso no le molesto.

    Abrazo a Roberto y quiso quedarse así para siempre.

    Cuando el muchacho se separó de ella Perla ya noto que su dureza estaba al límite.

    -Perdón por ese gesto.

    -No debe disculparse.

    -Antes de irme me gustaría saber como te llamas.

    -Me llamo Perla Fernández.

    -Ha sido un placer conocerte- le dijo Roberto.

    Él ya se iba a cambiar para irse, pero la enfermera cerro bien fuerte la puerta y le dijo que espere.

    El aun sin cambiarse se situó frente a ella y nunca espero lo que sucedió a continuación.

    Perla no lo pensó dos veces y unió su boca a la del paciente, le puso ambas de sus delicadas manos en el pecho masculino y fue bajando hasta que se encontró con la zona de su pene, le bajo lentamente el bóxer hasta que se lo quito por completo sin dejar de besarlo mientras invadía la boca de Roberto con su juguetona lengua y él se entregaba completamente a esa belleza de mujer.

    Cuando terminaron de besarse, ella le admiro ese delicioso pene y se puso automáticamente en rodillas.

    Perla agarro el pene que ya estaba muy duro, lo recorrió con sus manos en una sensual masturbación, luego le dio muchos besos en la zona de la cabeza y después se lo metió entero en su boca que ya tenía varía experiencia chupando miembros, su lengua estaba habituada a las pijas así que por lo tanto se movía de una manera muy experta y deliciosa.

    Las manos de Perla no se quedaron quietas y se dedicaron a darle un suave masaje a los testículos de Roberto mientras duro la deliciosa mamada.

    Ella no aparto la vista de los ojos del paciente y eso a él le encanto.

    Roberto acaricio la cabeza de Perla y la hundió más profundo en su verga haciendo que se la comiese por completo, pero ni aun así ella dejó de chupar esa pija.

    La mamada de verga duro unos cuantos minutos y cuando termino ambos tenían una sonrisa de satisfacción.

    Perla sonría porque había extrañado mucho chupar un buen pene.

    Roberto tenía una sonrisa deslumbrante porque una hermosa enfermera acababa de chupársela el mismo día que le dieron el alta. Luego Perla empezó a desnudarse por completo y el paciente quedo enamorado de ese cuerpo tan bien formado.

    Cuando Perla quedo completamente desnuda, Roberto se quedó viendo esa exquisita vulva, pues, su vagina era hermosa como ella, la tenía blanca, los labios vaginales eran rosados y la adornaba un poco de pelo rubio.

    Perla se acostó en la cama y lo primero que hizo Roberto fue mandarle mucha lengua y saliva en la línea del clítoris, luego la penetro por completo con su lengua.

    Mientras le chupaba deliciosamente la vagina no le soltó los pechos en ningún momento, esto a Perla le encantó porque una rica lengua estaba haciendo maravillas dentro de su vagina y unas manos atrevidas estaban masajeando sus pechos como si los conociera de toda la vida, no tardo mucho en estremecerse de placer.

    Perla explotó de placer con una gran eyaculación femenina en la boca de Roberto cuando él hundió su lengua bien en el fondo del clítoris y cambio mucho la velocidad del maravilloso sexo oral.

    Finalmente el paciente se bebió todos los deliciosos fluidos de la bonita enfermera.

    Roberto se acostó sobre ella con mucho cuidado y la penetro suavemente hasta que su pene se hundió por completo en su húmeda vagina y Perla lanzo un gemido al mismo tiempo que clavo sus uñas en la espalda del hombre.

    Él empezó a moverse y cada vez que él volvía sus embestidas más rápidas y se hundía más profundo en su vagina, ella por su parte le clavaba sus uñas en la espalda y ambos disfrutaban de este gesto, ya que esa era la razón por la cual Roberto la estaba penetrando tan salvajemente, deseaba sentirla a ella y que esa seductora mujer lo sintiera por completo a él. No quería ser solo una tarde de pasión, anhelaba ser inolvidable y mediante su penetración lo estaba logrando.

    Perla nunca se imaginó esta situación, no había pensado que en algún momento un paciente pudiera penetrarla tan rico y hacerle el amor mucho mejor que los doctores con los que ella había estado.

    Sin duda alguna este hombre se estaba volviendo inolvidable. Quería que este buen sexo durase toda la tarde y buena parte de la noche también.

    Mientras ella estaba sumida en sus pensamientos Roberto hizo que cambiaran de posición.

    Perla quedo acostada boca abajo con su trasero parado y Roberto se volvió a acostar sobre ella, pero esta vez le penetro el trasero, puso ambas manos bajo el abdomen de la enfermera y empezó a moverse mediante caricias y gemidos.

    Las embestidas eran tan fuertes que hasta la cama se sacudía de un lado a otro y Perla que estaba siendo penetrada con intensidad disfrutaba mucho de la situación porque le encantaba que le dieran por el trasero.

    Los minutos que duró el salvaje sexo anal fueron la gloria misma, pero finalmente después de darle tantas embestidas a ese delicioso culo Roberto eyaculo dentro del trasero de Perla.

    -No quiero que perdamos el contacto- le dijo Roberto.

    -Dime primero que hora es- le pidió la enfermera.

    -Ya son las ocho y media.

    -Mi turno ha acabado.

    -Y yo ya tengo mi alta, nos tenemos que vestir y si quieres nos vamos juntos.

    -¿Es muy rápido para querer pasar la noche en tu casa?

    -Me encantaría que pases la noche en mi casa, mi hermosa enfermera- le contesto él, se inclinó y le dio un suave beso en los labios.

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  • Los casos de Amanda (4): Jodida entre acuarelas

    Los casos de Amanda (4): Jodida entre acuarelas

    Buenas, soy Punkycaliente, y de nuevo vuelvo a explorar un poco más sobre los casos de la albina que tiene problemillas con lo sobrenatural, usualmente esos problemas terminan con ella abierta de piernas. Esta vez con un relato a petición de un lectora que quería que quería que la albina se enfrentase a un cierto ser clásico del terror universal… Al que le doy una vuelta de tuerca. Espero que os guste y por favor si tenéis comentarios y valoraciones os lo agradeceré un montón. Besos.

    Antes de comenzar el relato tened en cuenta que es parte de una saga, además de que parte de los personajes se conocen en un capítulo anterior.

    Para seguirla en orden hay que leer:

    “Estirpe de la cripta”

    “Usada en el verano eterno” y

    “La puta del hombre lobo”.

    Además este relato es un poco especial, porque hay tres posibles opciones de resolución, la más votada en comentarios será la que seguirá en la historia. Espero que os guste.

    Los casos de Amanda: Jodida entre acuarelas

    Amanda se encuentra en su casa, dentro de su habitación solo con su ropa interior, examinando vestidos que había sacado de su armario (no es que tuviera muchos, ella siempre había sido una chica práctica) preparándose para un reencuentro amoroso, sin duda con bastantes posibilidades de que fuera fogoso… o más bien intentándolo. Mark había estado un mes fuera por negocios. Si habían tenido muchas llamadas (y videollamadas) muy apasionadas. Era un primor, muy detallista y agradable. Pero lo necesitaba físicamente.

    Desde un tiempo a esta parte había sentido cada vez más deseo sexual. Algunas veces le había costado decir no a algún hombre rudo cuando se iba a tomar algo a algún pub con algunas de sus pocas amigas (apuntarse al gimnasio, aunque no fuera todas las semanas había abierto un poco su vida social), alguna de ellas le había tentado a hacer un trío o ir a una fiesta verdaderamente loca, a lo que tuvo que reafirmarse en su negativa mirando una foto de Mark.

    Como desahogo siempre tenía a Princesa dispuesta a darle un repaso. La hada la adoraba y viceversa… pero en cierto modo se sentía mal al hacerlo, porque la consideraba una mezcla entre su hermana pequeña (porque siempre tenía que andar enseñandole cosas y dándole pequeñas regañinas) y su fiel secretaria y criada (al principio se sintió mal por ello, pero es como sentirse mal que un pez tuviera que respirar el agua, es su naturaleza). Por lo que hacerlo con ella con esa tendencia suya a la inocencia (aunque fuera tan dominante), le dejaba cierto amargor… lo que no distaba que de vez en cuando la pinchara para caer en sus garras.

    Además si quería algo verdaderamente serio con Mark, debería cortar con eso. Una cosa es que no pudiera impedirlo, como cuando pasaban esos “accidentes” en sus casos. Todavía recuerda con horror lo del chupacabras… y como se dejo llevar. Todavía se maldecía frente al espejo. Como siguiera así ¿Sería capaz de seguir combatiendo a esas cosas?

    Niega con la cabeza, coge un vestido y le da vuelta especulativamente presionandolo contra su cuerpo para ver como le sentaría. Piensa para centrarse. No, ahora no es momento de pensar en eso, sino en Mark, en que voy a llevar en el reencuentro en el aeropuerto y como voy a dejarlo para el arrastre en cuento le lleve a su casa.

    Una sonrisa coqueta se le puso en la cara y busco en el cajón de la lencería. Rebusco un poco para sacar su corset color borgoña, que destacaba mucho más en su piel blanca. Además la vez que se lo llevo para dar una sorpresa a Mark apunto estuvieron de romper la cama de aquel hotel por la fuerza de sus embestidas. Ummm además con las ganas que le tendría mejor no llevar nada de braga ni de sujetador, que no es precisamente barata la lencería buena y el modoso Mark puede ser un poco bruto en la cama. Al pensarlo se mojo ligeramente… Si, llevaría el corset nada más.

    Se la puso tentativamente y se examino en el espejo, sus pechos botaron ligeramente, mientras que se echaba un vistazo de arriba abajo girándose, sin rasurar ahí abajo por que a él le parecía atractivo y por suerte, ninguna marca de garras, mordiscos y demás en partes comprometidas. Mark se preocupo mucho la primera vez, tuvo que mentirle, pero con el tiempo se había ganado algo de confianza y se permitió comentarle que tenía un trabajo particular y peligroso. Pero no con ello dejaba de ser Amanda, la mujer que lo adora, ni le querría menos a él.

    Aunque Mark le comentó que en su momento, si ven que todo va bien, no necesitaría seguir trabajando en algo tan peligroso. El sueldo de Mark es más que suficiente, mucho más que suficiente en realidad, pero… es buena en esto, tenía un deber y no quería que más gente sufriera con los desmanes de criaturas sobrenaturales. Además le gustaba cazar incluso en los momentos donde todo iba mal. No se veía como una ama de casa o trabajando desde ella o en un trabajo normal, en realidad.

    Suspiro, se probo vestido tras vestido, hasta llegar a uno de color negro, con un escote comedido, pero que Amanda llenaba con largueza y que le quedaba repegado sin ser molesto, con pocas florituras lo que lo hacía elegante. Además es bastante corto, siempre le parecía que si se agachará lo más mínimo se le vería todo el culo. Perfecto para la situación.

    Fue entonces cuando escucha el móvil en la mesa del comedor. Sin titubear deja el vestido elegido antes de ponerselo y va derecha a por el móvil para contestar a la llamada. Pasa por el pasillo camino del comedor. cuando se gira al escuchar de como esta fregando Princesa los platos en al cocina. El hada está canturreando para sí, con su vestido de blancanieves, pero cuando a partir de la cintura no lleva nada, dejando ver su bonito culo que se contonea según friega los cacharros y da la espalda a la puerta, que no a la ventana… la cual está con la cortina abierta. Ohhh dios, otra vez.

    La cosa es que es tiene un vecindario tranquilo, la gente va un poco a su bola, pero siempre saludan, se puede pedir ayuda sin temor a que sean cortantes contigo y no son muy serios con las medidas estéticas del barrio. Aún así hay alguien que le molesta. Hace unos meses entro cierto niñato a vivir en la casa que da a su patio trasero Por lo que sabía no llega a mucho más que (si es que lo hacía) la veintena. Se pasaba horas y horas frente a la pantalla gigante de su ordenador, apenas salía y parecía que su fuente de alimentación consistía en comida rápida variada que traían los repartidores puntualmente 2 veces al día y una vez al mes. la furgoneta con la compra del supermercado.

    Y no, no daba fiestas multitudinarias, ni siquiera ponía la música muy fuerte, sacaba la basura una vez al día y la basura a reciclar cada tres, no daba quejas e incluso saludaba aunque algo tímido. Un vecino “modelo” un tanto particular. Si no fuera porque varias de las ventanas de la casa de Amanda se podían ver desde su cuarto, por lo que a veces se dedicaba a observarlas, especialmente cuando se cambiaban, o colgaban la ropa o similares. Le dejo bien claro que opinaba cuando le mostró lo capaz que era de partir un tocón de un hachazo y le miro directamente para indicarle que sabía que la estaba viendo. Y paro por un tiempo pero…

    Con Princesa las cosas son diferentes. Primero, porque como no podía fiarse de que pasaría si está saliera fuera de casa sin supervisión, andaba aislada del mundo. Lo que le hacía estar curiosa a cualquier cosa fuera de su “fortaleza”. Segundo, ya desde antes le gustaba que le dieran atención. Y un tipo, aunque este sea raro que, sigue cada movimiento le resultaba estimulante. Y dicho por ella misma, la excitaba un poco las situación, por ello monta esos shows exhibicionistas. Habían tenido muchas discusiones al respecto, que no se podía fiar, que podía hacerle daño, que si necesitaba salir siempre podían hacer cosas juntas.

    Pero cada vez era más común que ella se enfadase y le echará en cara que ella saliera con otras amigas. Mientras ella está encerrada con las series, películas y comics o dejando la casa impoluta para la vuelta de ella. Aunque la compra de una consola había ayudado a que se relacionara con otras personas vía online. También tenía que tener cuidado con ello. Por poco le arranco la mandíbula de un puñetazo, a una “amiga” que Princesa había invitado tras conocerla online, que resulto ser un tipo de 40 bastante obeso, con las manos muy largas e ideas retorcidas del consentimiento. Capto la idea, así como varios amigos suyos más.

    La cosa es que le resultaba divertido ponerse ligera de ropa en lugares a la vista de su vecino. Aunque este tenía tanto miedo a Amanda que no había hecho intentos de acercarse. Pero ¿Qué pasaría cuando tuviera otro trabajo que le hiciera irse varios días? No temía por Princesa, temía por el vecino. En su momento el hada fue una frágil ladrona de los días, ahora como Boggart es muy capaz de levantar una lavadora a pulso con una mano para poder limpiar debajo de ella. Con Amanda solo había habido algunos gritos y un lanzamiento de un jarrón metálico que se incrustó en la pared, lo que hizo que se hicieran la promesa de no llegar jamás a ese nivel. Con alguien con las manos largas y que no conozca un no por respuesta, lo normal es que el susodicho se quedara sin manos.

    Por un momento se detuvo para empezar a regañar al hada por enésima vez, pero el sonido del móvil insiste. Podría ser algo del trabajo. Por lo que vuelve a caminar apretando los dientes. Finalmente lo coge, sin mirar al número y con una voz neutra saluda:- Aquí Amanda, ¿Quien es?-

    Una voz entrada en años pero con un toque candido la contesta:- Qué apersonal Amanda, como si no nos conociéramos desde hace años. –

    El semblante de Amanda se llena de jubilo y una sonrisa juguetona se pone en su rostro:- Ahhh dios, cuanto tiempo, Louis, perdona no me fije que era tu número…- Sabiendo que la conversación iba a ir para largo, se sentó en una silla y estuvo un media hora larga contándole como ha sido su vida y los trabajos que ha hecho desde la última vez que habían hablado.

    Louis da Silva es un hombre muy entrado en años que había ganado mucho dinero en su momento con inversiones inmobiliarias y había sabido manejarse para desplegar un pequeño imperio, que a su vejez y sin tener a nadie a quien legar, había ido vendiendo para seguir con su pasión, que con su edad es lo poco que lo anima. Un coleccionismo bastante radical de elementos sobrenaturales.

    Así había sido como lo había conocido, Amanda, la ingenua cazadora que estaba dando sus primeros pasos en un mundillo terrible y Louis, el hombre de negocios recién jubilado que tras quitarse de las preocupaciones por los negocios se había dedicado a la filantropía y a su afición fuera de la cara del gran público.

    Su relación había sido buena desde el principio, habría habido cierta química, y durante un par de años Amanda y él habían tenido algo más que una relación de jefe y empleada, a pesar de que le sacaba décadas de edad. Ella aportaba fogosidad y él experiencia a la relación. Además sus personalidades encajaban, era muy detallista y le daba manga ancha a los posibles “accidentes” del trabajo de Amanda. Y el sexo… lo recordaba especialmente bueno.

    Aún así, fue él quien corto cuando se vio demasiado viejo, pero siguieron mantuviendo una relación amistosa (lo que no distaba que no siguiera todavía pillada de él durante bastante tiempo) y había servido como la figura de abuelo cariñoso que le había faltado en su familia, por qué su padre había perdido a los suyos muy joven.

    Pero con los años, se enfrío la relación y ahora hablan de vez en cuando con unos meses entre charla y charla. A veces iba a verle, pero ahora él rehuía estas visitas, al sentirse más desmejorado y contemplar la lastima en los ojos de Amanda. Y de vez en cuando, caía un trabajo de su parte, todos ellos relacionados con recopilar objetos.

    Su voz ligeramente cascada finalmente le habla del porqué de su llamada:- Amanda, ahora que acabamos de ponernos en orden, quería tratar de un negocio contigo. En realidad es sencillo. Me ha llegado noticias de un cuadro que se considera encantado. Pero ya sabes como son estas cosas… -Por un momento tosió por hablar tanto rato seguido.- Ejem… Su vendedor, vive comparativamente cerca de ti, tiene su fama particular como pintor de lo siniestro y no sé como pero lo tiene en sus manos. Sé que sabrías dilucidar si el cuadro es real o no. ¿Conoces la casa del páramo del distrito de los lagos?-

    Amanda asintió para si misma y le contesto con profesionalidad:- El famoso cuadro maldito donde se puede ver como se produce el robo del último niño de la casa Winston, por parte de un ente sobrenatural, mientras el cuadro va cambiando lo que muestra según en la hora cuando se mire desde el anochecer hasta el atardecer. -con un tono más coloquial sigue- Lo creía encerrado en alguna colección con la llave tirada, sería una buena adquisición, Louis. Normal que estés interesado.- Además por lo que tenía entendido es inocuo, lo que le quita un peso a la conciencia de traérselo a su amigo.

    Halagar su parte coleccionista siempre es un buen punto para tratar con Louis, por lo que se nota que el tono de él se vuelve más alegre:- Por eso quiero saber si es verdadero o no. Ya se lo he pagado como fianza, pero aún podría dar marcha atrás, en caso de que me esté tomando el pelo- Respiro con dificultad para terminar:- Quiero que le eches un vistazo, certifiques si es real y lo lleves a mi agente en el aeropuerto- Amanda sonrío, dos pájaros de un tiro. Por lo que lo siguiente fue hacerse la interesante, pero sin pasarse, para sacar una tajada mayor por este pequeño trabajo, es un amigo, pero se lo podía costear de sobra y nunca se sabía cuanto tiempo estarían sin encontrar otro.

    – Entonces esta tarde-noche quedo con el tal Richard Pickman y dejamos todo atado. Gracias por confiar en mi, Luois. Te llamaré cuando deje el cuadro con tu agente… Por cierto.- Deja la llamada un momento para hacer una foto de su muslo cubierto por las tiras del corset:- Por los viejos tiempos. Espero que me des permiso para verte, que te echo de menos.-

    Louise se ríe tras ver la fotografía, para luego toser un poco:- jajaja A veces pienso que debería haber tentado a la suerte y haber seguido con lo nuestro. Ummm me lo pensaré, pero a lo sumo me dejaría que me des un abrazo, no ando para esos trotes ya. Hasta pronto, Amanda.-

    La sonrisa de Amanda se amortigua, para quedar meditabunda y piensa en que habría sido… fue el primero que vio algo más que… que más da, ya no se puede cambiar la historia:- Hasta pronto Louise.- Corto la llamada y grito en dirección de la cocina mientras deja el móvil de nuevo en el bolso:- ¡Princesa! ¿Qué te tengo dicho?-

    Princesa sale de la cocina con toda la ropa puesta con cara de inocencia:- Ummm no sé, Amanda, hay tantas cosas que me dices. Por cierto he hecho una tarta para mañana y he hecho todas las tareas.- La hada le pone ojos de cachorro mientras le muestra una tarta muy elaborada, la favorita de la cazadora. Amanda va a decir algo más pero es desarmada por la aptitud y el soborno de Princesa:- Ufff, te lo digo por tu bien, ya lo sabes.-

    Sabiéndose derrotada por la dulce hada. Desviando la atención sigue: -Hoy iba a salir después de cenar, pero me temo que ha salido un trabajo, por lo que iré antes. – Se gira coqueta para que pueda observar Princesa su conjunto:- ¿Qué opinas? Creo que Mark estará encantado.-

    Princesa se muerde el labio y proclama, todavía con la tarta en las manos:- Porqué sé que el trabajo es importante, sino no saldrías de casa hasta que fueras a por Mark. – Amanda se ríe, se acerca a Princesa y se lo agradece con un beso en la boca antes de girarse para marcharse, no sea que le tiente demasiado.

    De vez en cuando está bien sentirse sexy y guapa piensa mientras va a su habitación. Allí se plantea si ponerse la ropa de trabajo, pero desdeña la idea. No queda tiempo para volver a casa, y no era plan cambiarse en el coche o en un urinario. Se pondría la ropa reservada para Mark y espera que no haya imprevistos.

    Aún así, por las moscas mete ciertas cosas en el bolso y se prepara para salir. Una vez más está apurada de tiempo y debe correr para llegar a la casa del tal Pickman… De que le suena… Sin pensarlo mucho más se dirige a la dirección que le ha dado Louis, le quedaban dos horas, ya que había pensado en esperar en el aeropuerto por si el tráfico estaba imposible cerca de la hora de la llegada.

    Una hora más tarde

    El desván de la casa del pintor Richard U. Pickman es espacioso, casi tanto como la planta anterior a él. Al contrario que otras salas de la casa, se nota que ha sido muy usado. Es más, en la mesa de trabajo se puede ver los platos sucios de una comida de trabajo y una pequeña nevera que hace ruido al funcionar. Por lo demás no hay muchos muebles, sino que está cubierto de caballetes ocupados por lienzos a medio terminar, murales expuestos en los recovecos que no han sido ocupados y cuadros terminados colgados o apilados.

    El caso que la sala ofrece multitud de retratos de seres extraños haciendo cosas inquietantes, como aquel donde se pueden ver monstruos con morro de perro que aúllan a la luz de la luna sobre las tumbas de un cementerio, o inquietantes criaturas marinas que nadan alrededor de un barco señaladas por los inquietos marinos, o seres alados, como si de ángeles desollados se trataran que bailan alrededor de un campanario de una iglesia, ante la impasibilidad de los fieles que no se percatan de su presencia.

    La iluminación del desván llega por los grandes ventanales que llenan el lugar de luz, permitiendo ver la jaula de metal, situada en medio de la sala, que destaca respecto al resto, una nota discordante entre el arte siniestro. Allí, semiinconsciente se encuentra Amanda, la cazadora de monstruos ha sido sedada hace diez minutos, pero gracias a malas experiencias se recupera pronto de estas situaciones.

    Por lo que intenta despejarse sentada en el suelo, apoyada en los barrotes, todavía con la ropa de gala con la que había venido. Por supuesto su bolso se había quedado donde había caído en su desmayo… Aunque en su bolsillo interior tiene eso, hay una pequeña esperanza. Apenas puede concentrarse para dejar de ver el retrato que tiene delante, que muestra una horrenda criatura, un invuche, y preguntarse porque se encuentra dentro de una jaula.

    Recuerda haber entrado a la casa del artista que a pesar de su particular cara alargada, mal gusto al verstir y pedantería resultado ser un vendedor serio y ofrecer el cuadro real (lo había notado en cuanto se había acercado a él). Tras las palabras de rigor y hacerse la interesada en su palabrería, había dejado el cuadro en el coche, y como siempre es bueno tener contactos con gente que está en el mundillo, decidió aceptar un pequeño paseo por su galería personal, bastante nutrida de retratos de entidades, a algunas las había enfrentado, otras le alivia no haberlo hecho. Para cuando se dio cuenta de que había escuchado su nombre de un antiguo Houdini desaparecido hace más de 40 años, experto al utilizar cierta magia de encierro en objetos, fue demasiado tarde y conocido por ser un amoral que vendería a sus amigos si pudiera. La aguja ya estaba en su cuello mucho antes de que pudiera revolverse.

    En tanto, al otro lado de la habitación con ojo clínico, el pintor observa, ya ha esbozado con lapicero la zona alrededor de la jaula, pensado en los colores que va a usar y espera el momento justo de color ¿Esperar a la luz de la luna o iniciar su obra enseguida? Dudas, dudas. Se divierte al ver como la cazadora albina se intenta despejar, apoyándose en los barrotes con movimientos erráticos, examinando todo algo perpleja, sin duda buscando una salida, no parece haberse percatado del peligro del cuadro en el interior de la jaula, a pesar de que le ha estado echando un buen vistazo ¿Tanto por encargarse de esta niñata? Donde iría a parar el mundo, recuerdo cuando en sus tiempos se enfrentaba hombres de verdad, tanto es así que tuvo que ocultarse durante décadas para salir de su radar… Aunque no niega que tras la cantidad de droga somnifera que le ha inyectado, este sorprendido que siquiera pueda moverse, pero mejor así.

    La carta de su cliente le había resultado estimulante, un reto, algo se oía de la pequeña albina y sus cacerías ¿La mejor cazadora de monstruos desde hace dos décadas? buff Chorradas, pero quizás se equivoque, porque a cambio de uno de sus cuadros, donde inevitablemente la victima mueve y queda plasmada en agonía, se le ofrecía una década más de vida. Y lo que un hombre de 109 años que aparenta poco más de 30 sabe, es que no hay que decir que no a este tipo de ofertas. Mientras sean otro los que sufran sus efectos.

    Al final Amanda logra enfocar un momento su visión en Pickman, lanza algunos balbuceos al aire, pobres intentos de maldecir e insultar al pintor, que por momentos cada vez son más claros. La luz del sol se torna ligeramente rojiza, según la tarde se está marchando para dar paso a la noche y el señor Pickman, con toda parsimonia, ignorando a la albina, da las luces para poder ver mejor la escena, en algún momento volverá a apagarlas para que solo sea la luz de la luna la que ilumine su obra maestra. Si, una albina a la luz de la luna, sin duda destacaría frente a otras obras mediocres, como las que ha tenido que enterrar en el sótano, solteras que se desviven por un artista, niñas en cuerpo de mujer, inocentonas de toda clase… bueno, lo que quedaba de ellas.

    Pickman había viajado por medio mundo, había degustado el horror sobrenatural en toda su plenitud y las criaturas le habían dejado en paz. Sin duda deseosos de ser inmortalizados por su pincel glorioso. Había oído rumores de la particular naturaleza de la albina, lo que en cierto modo le excitaba, él por el contrario tenía algo similar… era ignorado, recordaba cuando ese wendigo destrozo a sus compañeros de acampada en aquel bosque de Canadá… Temió por su vida, pero fue completamente ignorado por ellos. Vio la belleza en la brutalidad y empezó a plasmarla incluso oyendo las suplicas de sus antiguos amigos. En fin, nunca tuvieron un sentido artístico desarrollado. Con los años, incluso ese ápice de remordimiento y renuencia acaba y ahora podía dibujar sin miedo por más grotescos y peligrosos que fueran los entes con los que se encontrará. Mientras no los molestara activamente, todavía tiene esa gran cicatriz, una estupidez de juventud que no se volverá a repetir.

    Ya que se había convertido en un hechicero. Atrapando criaturas en sus cuadros quebrándoles la voluntad para usarlos como lacayos, guardianes y a veces, asesinos. A los más inteligentes los torturaba para sacarles secretos. A los más feroces y animales… siempre había formas de sacarles provecho. Luego los quemaba, pero ahora había conseguido un premio gordo. Uno especialmente peligroso.

    Aún así estaba algo nervioso. Pues hasta ahora a visto a muchas criaturas en su habitad natural. Rondando, acechando, aprendiendo de sus victimas, incluso alimentándose ante su impasible mirada… Ahora podría ver una de ellas copulando y no una cualquiera, un invunche. Uno de los maléficos guardianes de los brujos chilenos. Su deformidad provocada por el encantamiento de creación provocaba que una de sus piernas descansara en su espalda y las llagas llenaran todo su cuerpo. Este en especial hace mucho que había perdido la nariz y sus ojos, que hace tiempo fueron humanos están siempre inyectados en sangre, su larga lengua apenas es sostenida en su quijada quebrada, aunque al chasquear sus colmillos se guarda con rapidez y su sexo abultado que se movía a un lado al otro al moverse la patizamba criatura lo hacía más horrible y obsceno, lo que placía al pintor. Está había sido una gran captura de sus tiempos más aventures.

    La superficie del cuadro empieza a expandirse cuando las garras de la criatura intentan rasgarlo y buscan abrirse paso a través del lienzo. Amanda hace su enésimo intento trastabillando mientras se agarra a los barrotes, acercándose poco a poco, como si fuera un cervatillo recién nacido hacia la puerta de la celda. El pintor sonríe, mientras observa como a la espalda de Amanda, la criatura ha “roto” el lienzo y va saliendo de él, como si fuera un agujero en una pared.

    Sus dos garras se mueven el aire, buscando asidero, para que poco después todo el corpachón de la criatura caiga al suelo con un fuerte golpe. Estremeciéndose la criatura se endereza apoyada en su única pierna y sus dos manos larguisimas terminadas en garra. Amanda ya más despejada lo mira con horror, mientras que la humedad se su sexo crece ante la fuerte presencia sobrenatural, dentro del cuadro no lo había sentido, pero es especialmente fuerte, un traicionero gemido sale de su boca como anticipando lo que le va a pasar.

    Qué su propio cuerpo lo busque hace que se sienta sucia y algo puta. Aunque una parte de ella piensa que hace un tiempo que no folla y ese miembro… Niega con la cabeza, mientras que la criatura gira encarándose hacía ella. Había oído hablar del invunche y de su peligrosa fama, pero jamás había esperado encontrárselo en una casa de verano hortera.

    -Estás loco Pickman…- Consiguió decir Amanda, todavía con la boca pastosa e intentando centrar la vista, el entumecimiento seguía, la droga que le había dado debía de ser fuerte.- ¿No sabes porque incluso los más horribles canallas no utilizan Invunches?- la criatura olisquea la zona, no parece agresiva, sus ojos inyectados en sangre están ligeramente desvaídos, sin duda bajo el influjo de algún hechizo. Amanda sigue, espera que entre en razón, o al menos que lo distraiga, si tiene un invunche entonces tiene que tener el tótem o colgante que lo controla cerca.

    Dios, porque ando tan cachonda se queja para sus adentros Amanda, lo malo de que tenga esa pierna en la espalda, es que el Invunche ofrece una visión de su miembro, lo que incita la condición de Amanda. Tragando saliva y algo más dudosa sigue diciendo- Es cosa de la sangre, la maldición que los crea necesita esa sangre porque está atada a ella y solo esa sangre puede manejarla… – El hedor de la criatura llena la jaula, le recordaba al ghul de hace ya un año y pico, se estremeció al recordar el castigo que le dio contra la losa la criatura… aunque en el caso de aquellas alimañas es por su dieta y por su cercanía a los cadáveres.

    En el caso de Invunche es porque está muerto, pero la maldición provoca que a pesar de andar poco a poco pudriéndose, se regeneré una y otra vez. Odia tanto a su creador porque no le permite irse de este mundo y como no puede atacarle lo hace con los demás. Además se alimenta de carne humana por gula que no por sustento. Y aún así, Amanda se sentía cachonda.

    Pickman se ríe de esa forma que tiene la gente que no está acostumbrado a hacerlo:- Querida llevo en el negocio más de lo que piensas, y seguiré haciendolo cuando termines devorada por este ser. No antes de verte como te monta como si fuera una yegua. Alguien pago muy fuerte para que recibieras este… castigo. Pero no te preocupes, seras inmortalizada-Haciendo un gesto como si espantará a una mosca sigue, mientras examina la escena, el Invunche se mueve de un lado al otro observando a la albina con ¿Curiosidad? Ummm, piensa Pickman, estoy no lo había visto nunca… ¿Además porque está esa cosa ya excitado? Creí que tendría que lanzar el hechizo para fomentar una ninfomanía perversa. Ja, a veces las cosas vienen por si solas. De todas formas no podía dejarlo al azar, tenía el hechizo, se lo había pasado el cliente. Pickman tenía interiorizado su capacidad, tenía estrella y mientras la mantuviera, sería él quien pintará y el resto formaría parte del decorado.

    Recordando que el Invunche solo reconoce las ordenes en su idioma natal, recuerda los modismos de su época de viajero y con un mal español proclama:- Desnuda a esa gansa al toque.- La criatura se gira y le mira con una furia que le hace por un momento que su sangre se hiele. Ya claro, que idiota, el medallón…

    Amanda observa atenta como Pickman saca un collar de una de sus bolsas tras rebuscar unos minutos. En tanto el invunche ha terminado completamente duro y con su polla goteando con antelación, mientras su lengua se ve ya que su quijada no encaja del todo bien, ofreciendo una forma parecida al perro que está apunto de abalanzarse sobre su comida… aunque por como la mira no está pensando en comerserla, al menos no de forma literal. Poco a poco se ha movido a la entrada de la celda, observando a Pickman que sigue todavía ocupado y al invunche que confuso permanece a la espera, haciendo unos ruidos obscenos y desagradables, que Amanda no quiere dar significado.

    Por supuesto al intentar abrir está cerrada, pero la cerradura pinta vieja y no especialmente complicada. Por lo que con nervios busca en su bolsillo a ver si lo encuentra… “venga…” se murmura para si misma, mientras que su humedad baja por sus piernas y ella sin follar. Con esa cosa con ganas de ella y…

    No no no, eres idiota Amanda, no estés en modo zorra. Aunque por la pinta que llevaba, con ese vestido de noche corto y la ropa interior, no es que ayudase… y, ya lo recuerda. Un rubor se pone en su cara, a pesar de lo tonto de su enrojecimiento, como si al psicópata que está tras al caballete o al monstruo que está empalmado le importase que llevara solo un corset color borgoña… sin braga como única ropa interior.

    Entonces nota las convulsiones previas al orgasmo, sus ojos se abren, nunca le había pasado esto… ¿Tan fuerte es el aura de la criatura? Así no puede actuar, no puede ni pensar… su mano se va directa a su sexo alzando la falda del vestido y a pesar de la situación empieza a masturbarse con fuerza, mientras oye los gruñidos de la criatura. Jugueteando con su raja rápidamente para entrar con firmeza con sus dedos en su interior, mientras sus flujos no paran de salir, nota la tensión de la criatura detrás suya, está esperando ser ordenada a actuar contra ella.

    La imaginación de Amanda es más rápida que ella y se la imagina excitada al invunche con ganas de saltar sobre ella y empotrarla contra los barrotes penetrando su sexo desnudo con su falo… el aullido de ansiedad del Invunche llena la sala y hace parar tanto de masturbarse como de intentar registrar los bolsillos interiores del traje

    Y, lo hizo sin pensar, mirando al exterior hacía Pickman, como si estuviera haciendo una travesura, mientras su otra mano se daba placer, la otra alza ligeramente la falda del traje dejando su culo al descubierto, y gira la cabeza mordiéndose los labios intentando no gemir, para observar la reacción de la criatura. El cuerpo del Invunche está en tensión, rascando el suelo del desván con sus zarpas terminadas en garras, su lengua colgando de su boca con anticipación latiguea en el aire y su miembro… no debería mirarlo, pero no puede impedirlo… no debería excitarle, pero está apunto de llegar y… Pickman recoge el amuleto y vuelve a decir la orden al Invunche.- Desnuda a esa gansa al toque.- Y por fin Amanda consigue el suficiente animo para sacar la pequeña ganzúa de su bolsillo, un pequeño recordatorio de aquella vez que se quedo encerrada en una misión con un espectro en un armario empotrado.

    Mientras que el fuerte orgasmo convulsiona a Amanda el Invunche se tira encima con sus fuertes manos desgarra el traje dejando a la vista el corse que no oculta los grandes pechos de Amanda que botan en libertad, mientras su coño no depilado se muestra con los labios brillantes por los fluidos que han manado de su sexo. Un suspiro tanto de desesperación por haber cedido a sus incontrolables deseos como de alivio por … ¿ser follada? La bestia la aplasta contra las rejas, por instinto la criatura lame el cuello de Amanda, lo que llena a la cazadora de esa vaharada de mal olor que la hace lagrimear un poco y aún así, sus caderas se mueven un poco presionandose contra el cuerpo de la criatura.

    El invunche con ojos enrojecidos observa a Pickman con profundo odio, quiere hacerlo, pero no puede, necesita que lo indiquen es un guardian, es un asesino… pero ahora, por primera vez busca algo más, lo necesita, lo desea. Tanto es así que ignora como Amanda juguetea con la cerradura buscando abrirla.

    Amanda traga saliva, mientras su cuerpo sigue reaccionando especialmente porque la criatura sin llegar a penetrarla apoya su miembro sobre su cuerpo y casi instintivamente es ella quien lo busca, alzándose de puntillas exponiendo aún más su sexo mojado. En tanto su parte racional, está intentando notar el sutil movimiento en la cerradura que indique que está abierta.

    Por su parte, Pickman ha conseguido al fin el medallón, bastante siniestro, hecho de la calavera de un bebe de apenas unos meses, lleno de hierbas desecadas y con grabados que han pasado de generación en generación. Un artilugio que ya pocos hombres pueden hacer y que ofrecen el poder sobre el Invunche. Que cara se le quedo al hechicero cuando entro en su cabaña en el bosque con el Invunche acompañándolo. Desde entonces había usado a la criatura como guardián y asesino.

    Aunque estaba el olor y la poca armonía, una cosa era tenerlo en un cuadro, perfectamente colocado para exponer la belleza del horror, pero tenerlo deambulando… uff. Le costo una pequeña fortuna obtener un lienzo especial, pero no se había arrepentido. Cerró los ojos y empezó a recordar el hechizo, sino la criatura nunca podría llegar a dejarse llevar por sus instintos más lascivos y todo no habría servido de nada. Su empleador se lo había ofrecido, ya había tenido negocios antes con él y es de fiar. Ummm como era, se concentró, no debía equivocar ni una palabra.

    Lo que no se había dado cuenta es que desde hace un rato, es que Amanda aguanta los gemidos, mordiéndose con fuerza el labio, la prueba y error de la criatura y las facilidades que le había dado Amanda, habían provocado que el sexo del Invunche estuviera en la entrada del coño de Amanda y que con ligeros movimientos estuviera estimulando su sexo.

    La naturaleza de la criatura impedía ir más allá por que andaba esperando la nueva orden, pero poco a poco se está imponiendo la necesidad de montar a la albina. Mientras que Amanda nota la presencia del sexo de él, entre lo cachonda que está y lo cansadas que ahora mismo tiene las piernas, está apunto de qué no pueda estar más de puntillas. Entre dientes se dice a si misma:- Amanda no jodas… No es momento… ufff-

    La punta del sexo del monstruo está entrando dentro de ella al relajarse un poco y bajar el cuerpo. Si, era grande, rozando sus paredes vaginales mientras profundiza a su interior. Se estaba sintiendo como en esos momentos previos a meter el cuerpo en agua fría. Solamente debería dejarse llevar y bajar su cuerpo de golpe… pero en este caso, si lo dejará ¿Qué pasaría con ella? O sea, ese horrible monstruo que apestaba a horrores, no solo querría hacérselo.

    Comprendió lo que está pasando. Es la droga que le había puesto, su control, que siempre solía estar en guardia incluso en momentos como este, se había desdibujado, lo que no distaba que ahora mismo no estuviera gozando como una perra por el morbo de la situación. Si, es la droga, no podía ser otra cosa. Aún se así se le complicaba por momentos manejar bien la ganzúa, que está apunto de caerse mientras ella baja más y más, cayendo sobre el miembro del Invunche.

    Pickman por fin recordó el hechizo y sonriendo de forma macabra. Lo lanza, palabra por palabra. Cuando termina sabe que lo ha hecho bien. Si, ahora quiere molestar a la cazadora imaginando su humillación final. Aunque sin darse cuenta de lo que está pasando en la jaula, mientras prepara los colores y coloca los pinceles, preparándose para pintar mientras silba durante unos momentos. Sin escuchar los gemidos sordos de Amanda, porque ha terminado de bajar los pies y anda acostumbrándose al miembro de la criatura, la cual deja de apoyarse en los barrotes y agarra los pechos de Amanda, lo que provoca la reacción de está arqueándose ante el placer de su tacto, que termina provocándole otro orgasmo mientras se horroriza de lo que está pasando y de las reacciones de su cuerpo.

    El pintor se rie:- Cómoda, señorita Amanda, tengo que decir que eres más valiente de lo que esperaba, lo normal es que gritaras pidiendo auxilio o que perdieras la cabeza, pero estás manteniendo la sangre fría.- Amanda levanta la cabeza, en un momento de racionalidad piensa “ojala fuera verdad”, porque nota como el Invunche empieza a mover su cuerpo arriba y abajo, muy lentamente pero sin pausa, pero al notar confianza aumente el ritmo, penetrándola con un sonido acuoso cada vez que llega al fondo de su coño.

    Ya libre del impulso mágico impuesto por Pickman, la criatura chilla satisfecha por dar por fin gusto a su lujuria. Las garras de la criatura agarran con fuerza los pechos, masajeándolos sin darse cuenta lo que hace que los gemidos de Amanda sean cada vez mayores, lo que a su vez le hace querer darle más fuerte.

    El pintor piensa que está solo grita por el deseo de devorar a la cazadora:- Ahora te violara esa infecta criatura y podrás dar sentido a tu miserable existencia. Ahhh el arte- Saco unos tapones para los oidos, para no tener ningún despiste, el Invunche no para de gritar (casi a la par que Amanda que tras hacerse casi sangre al seguir mordiéndose los labios para no dejar escapar gemidos, ha tenido que abrir la boca dejándose llevar por la lujuaria, tal es así que no se da cuenta cuando la puerta hace clic para abrirse y se le ha caído la ganzúa al suelo. Instintivamente se agarra de los barrotes para no golpearse según se hace más agresiva la follada del Invunche. Su piel blanca bajo la luna, ya que Pickman ha apagado las luces, se perla de sudor ante el calor provocado por la follada, y sus ojos se entornan ante el siguiente orgasmo que hace temblar su cuerpo.

    Pickman recuerda que debe decirlo al menos otra vez el hechizo y sus palabras ritmicas en una lengua extraña resuenan en la sala. Por un momento la capacidad de pensar de Amanda vuelve, ya no abotargada por la droga (aunque si por el deseo) y las escucha sorprendida ¿Lo está diciendo enserio? Pero el Invunche saca su miembro del interior de ella y la gira para encararlo. La lengua de la entidad busca su boca y al intentar ignorarla, el ser aprieta el cuello de ella, obligando a abrir la boca para que pueda introducir su infecta lengua, en tanto que levanta el cuerpo de ella para volver a acceder a su coño con su falo mojado por los líquidos de ella. Lo que hace que Amanda agarre con sus dos piernas la cintura del avieso ser, disfrutando de la follada, pensando en su carta de triunfo. Mientras que casi se percatarse juega con la lengua del ser.

    Pickman se quita los tapones y observa la escena, su aviesa sonrisa al ver como la criatura fuerza a Amanda a besarla y como la folla sin miramientos, le hace en cierto modo excitarse. Sin duda la albina es atractiva, para ser una prostituta venida a más, y gracias al hechizo no ha acabado destrozada … Aunque se pregunta por un momento porque llevaba lencería debajo de su ropa. Ummm podría obviarla, sino sería demasiado surrealista y su cliente no le creería. Siempre había sido un buen observador, esperaría a que la criatura eligiera una postura humillante para ella y ver su rostro horrorizado, eso sería la guinda del pastel.

    Con Amanda agarrada a su cintura, una de sus poderosas manos rodea la espalda de Amanda y con la otra empuja ambos cuerpos hacia atrás. Con una agilidad admirable se gira para caer con relativa suavidad en el suelo de la celda. Utilizando la garra libre para amortiguarse, lo que no dista que el culo de Amanda golpee el suelo, aunque su boca llena de la lengua del ser hace que no de quejido alguno. Sus piernas se destraben de la espalda del invunche e instintivamente se abren para él ofreciendole más facilidad para entrar dentro de ella.

    De nuevo el ser empieza a penetrarla, Amanda gira la cara de espaldas a Pickman para que no vea el rictus de placer que tiene, el último detalle de decencia que se permite, ya que empieza a gime según va jodiendola de nuevo. La sensación provocada por el mes sin sentir a un hombre y su propia naturaleza, se mezclaban para dejarse llevar. –Sigue así, mi monstruo… ufff dios- dice entre gemido y gemido o cosas similares, casi inaudiblse, más para ella misma que para el Invunche y mucho menos a Pickman que sigue pintando, mientras su ceja se arquea ¿Dónde están los gritos de horror, las amenazas, el deseo de misericordia…? ¿Qué narices le pasa a esta mujer?

    El invunche se siente raro, jamás había sentido algo así… quizás cuando fue humano ya hace cientos de años, pero lo disfruta. Folla a Amanda que se estremece de placer debajo suyo de forma completamente instintiva, tal como se alimenta o accede a las ordenes del amo… Pero no podía parar, esta vez ni aunque se lo pidieran, y su cuerpo se estremece ante su primer orgasmo, justo en el momento cuando había sacado su erecto miembro, un momento del coño de Amanda para insertarlo de nuevo a fondo. Ya que había encontrado placer ante la cara que pone Amanda al hacerlo. Por lo que las pantorrillas, el vello pálido alrededor del sexo de ella y parte de su corset que lleva puesto la albina, terminan llenos de su simiente.

    Amanda siente el calor en las zonas que la corrida de la bestia ha tocado su piel y por un momento se siente desilusionada al no notar como su sexo está lleno de semilla de la criatura. Gira su rostro para encarar a la criatura. Pronto comprende que está en un momento peligroso, puede que al terminar el instinto de “reproducción”, y tras ese hechizo, le siguiera su otro instinto de devorar carne humana. Por lo que se libero su mano derecha para cerrar la boca del invunche de un golpe llegado el caso… Pero este momento no llega, la criatura la observa curiosa, quizás hasta sorprendida, esperando ¿A qué? Se pregunta Amanda mientras recupera el aliento por un momento. No tenía ningún amuleto, no puede hacer nada.

    Pickman observa la escena ¿Ya? ¡Ni siquiera ha gritado la maldita zorra! Ninguna cara de horror, ninguna lagrima ¡¿Cómo podría crear arte con este desenlace?! Si al menos la atacará después, pero está ahí el invunche, pasmado, mirándola. Sus manos se crispan y uno de los pinceles se rompe en dos en sus manos. Que contrariedad.

    La criatura se quita de encima de Amanda, quedando a su lado examinando el cuerpo de la cazadora con su lengua colgando de su boca, su polla todavía rezumando semen y ladeando la cabeza con curiosidad. Sigue esperando algo, con sus ojos rojos centrados en ella y cierta parte de su cuerpo ligeramente menos dura.

    Amanda todavía está respirando con fuerza, haciendo que su pecho suba y baje. Recuperándose un poco mientras oye los gritos de Pickman que termina en un falsete por los nervios que tenía el pintor tanto en inglés como en un mal español:- ¡Qué haces maldito desgraciado! Destrózala ¡Te lo ordeno!- El invunche gira la cabeza tan rápido que se escucha un doloroso ruido al crujir su cuello, aunque no parece que le importe lo más mínimo. La criatura se mueve hacía los barrotes y le dedica una mirada cargada de hostilidad.

    Pickman se estremece, se dice que la mirada del invunche puede maldecirte y por como titilaban los amuletos que lleva ocultos bajo el cuello de la camisa como protección para estos casos y como se quebraban uno a uno, es un rumor real. Furioso coge el amuleto que le ha estado permitiendo controlar al invunche, y viendo como la cazadora se ha puesto a cuatro patas para poder levantarse, con su culo blanco como la nieve en pompa, con el coño todavía mojado por tener tan cerca a una criatura mágica tan poderosa. Pickman repite la orden para asesinar a Amanda, señalándola con el dedo.

    La criatura está muy enfadada ante ese hombre que le ordena cosas sin ton ni son, pero sigue la dirección del dedo y ve el espectáculo que está ofreciendo sin querer la albina. Su miembro de nuevo se endurece y se gira hacía ella. Chilla de forma gutural, lo que hace que Pickman sonría y Amanda gire la cabeza asustada, pero su mirada se fija en cierta parte de la anatomía de la bestia, se prepara para el “asalto” agarrándose a los barrotes más cercanos y suspira en alto:- ¿Por qué siempre termino a cuatro…?- Entonces el Invunche avanza y se sitúa en la espalda de ella, su polla consigue entrar con facilidad en el sexo de Amanda con un sonido de chapoteo al encontrarselo de nuevo mojado, aunque esta vez Amanda se permite chillar de gusto, a lo que siguen gemidos y los siniestros sonidos del invuche.

    Pickman fuera de sus casillas tira el lienzo y lo pisotea:- No, no no. Esto debería ser una tortura, una oda al sadismo y, y… Maldita zorra, no sé que coño estás haciendo. – Vuelve a rebuscar en su maletín, mientras que escucha un “ Lo siento Mark…” entre fuertes gemidos de Amanda. Finalmente saca un revolver, tan anticuado como si mismo, pero de confianza. Las armas modernas le parecen que no tienen alma.

    Todavía alterado por lo que está pasando da grandes pasos hacia la jaula, buscando un ángulo de visión para poder disparar a la albina. Cuando lo encuentra, se concentra,a pesar de como tiembra la jaula por las embestidas del Invunche y finalmente dispara.

    Por un momento todo detiene en la habitación, ya no hay sexo en la jaula, ni se escucha las confusas maldiciones de Pickman. Como si el sonido del disparo que ha llenado la sala con su estampido hubiera eclipsado todo el ruido de la sala. La mueca de enfado de Pickman se convierte en espanto, cuando ve que el invunche ha protegido a Amanda con su brazo correoso, donde la bala se aloja inocuamente. Pickman da unos pasos atrás en el mismo momento que el invunche se estrella contra la jaula moviéndola como si no pesará , doblando los barrotes intentando llegar a él, el chillido de furia de la criatura hiela la sangre al pintor ¿Qué está pasando? ¿Por qué? Dispara un tiro detrás de otro, otro victima del mayor horror de su dilatada vida. Ya que la victima en este caso, es él.

    Amanda jadeando va incorporándose, poco a poco gracias a los barrotes y se endereza. Pickman se ha olvidado de ella. Por lo que ahora, menos entumecida, se acerca a la puerta de la celda y la abre. Pickman se da cuenta demasiado tarde y ni se plantea en apuntar a la cazadora. Corre hacia la la trampilla del desván, corre como la presa que es para un cazador que tiene años de experiencia, en este caso cientos de ellos. Mucho más que él, al final gana la experiencia, chico. Siempre se lo decía su padre cuando le ganaba al ajedrez… Fue su último pensamiento racional. No llego demasiado lejos,

    La criatura se abalanza contra él tirando varios de los caballetes y llenando los cuadros con sus sangre. Las garras del invunche le hacer heridas profundas, y con fuerza lo estampa una y otra vez a suelo. Apenas tiene tiempo de gritar de forma agónica, antes de que la criatura abra sus costillas como si fuera un armario y desgaje su corazón, que palpita una última vez antes de que la mandíbula del invunche lo destroce devorándolo. Según el pacto, la criatura gana su libertad para irse donde debe (o sea que su alma se libere), si el brujo la deja ir de todo corazón… En este caso, literalmente.

    Amanda lo observa apoyada en la jaula, iluminado por la luz de la luna, pero los segundos pasan y luego tras un minuto, la criatura se gira hacía ella. Si, el idiota de Pickman le había lanzado un hechizo malayo de cambio de dueño hasta la muerte del lanzador o de la victima del hechizo. Otorgándole la batuta, pero la naturaleza de Amanda le había impedido ordenar sus ideas para sacarse de encima al invunche… nunca mejor dicho, con una orden coherente, en realidad lo había azuzado para que siguiera, sin darse cuenta.

    Ahora el Invuche está libre, debería haberse ido.pero ahí está dando pasos cautelosos hasta ella. Y Amanda con las piernas como un flan, sin nada parecido a un arma que pudiera hacer daño a la criatura, todavía vestida con su corset y con el semen secándose de la criatura en su piel. Temiendo ser ¿Violada? “Si, Amanda, eso ha sido, no ha sido por gusto… Amas a Mark, te gustan los hombres y mujeres humanos “ se repite como un mantra, aunque le cuesta creérselo.

    Traga saliva cuando la criatura está a solo dos metros de ella, pero sus ojos se abren como platos cuando la bestia hace una pregunta con algo de tiempo entre palabra y palabra con un tono calmo a pesar de sus ojos inyectados en sangre en un inglés con un marcado acento: -¿Libertad, dueña o protector?-

    Amanda al estar sorprendida de este hecho, aunque luego se siente un poco tonta por ello, pregunta-¿Puedes hablar?- La criatura asiente y contesta con rotundidad- Poco.- Entonces Amanda piensa bien lo que le ha preguntado, todavía algo alterada (incluso ahora tras el rato largo que han pasado juntos), piensa en una posibilidad. Libertad sería que la criatura podría morir, dueña sería que ella se convertiría en su ama y… protector ¿Quiere estar protegiéndome por cuenta propia?

    La albina apoyándose en los barrotes e intentando mirar a la fantasmagórica cara del invunche (para no mirar otras partes de él) e intenta saciar su curiosidad:- Comprendo lo de que quieras que elija entre ser tu dueña o liberarte, pero ¿Por qué la última opción? Los de tu clase no hacen nada por gusto…- La criatura hace un intento de sonreír que evidentemente da más miedo que simpatía:- Gustas.- Amanda no sabe donde meterse y casi se le escapa una sonrisa:- ¿Te gusto?-

    El invunche asiente, una vez y nota de nuevo esa sensación en su cuerpo, pero se calma con un pellizco en su culo y Amanda indica:- Más bien que te pongo cachondo.- Como sino me pusiera él a mi… hay que fastidiarse. El Invunche asiente con alegría. Pero luego piensa y repite:- Gustas.- .Genial, ahora tenía a un no-muerto poderoso y caníbal con ganas de ella, pero de forma consentida a cambio de favores. Arrugando el gesto le explica cruzándose de brazos, intentando comprender las auténticas intenciones de la criatura.- No voy a proporcionarte sangre ni carne humana. En el hipotético caso si es que eligiera las dos últimas opciones y si las buscas por tu parte no te lo permitiría…- Pero la bestia señala al sexo de Amanda, lo que la hace enrojecer:- ¿Ordenes por sexo? Y si lo haces por cuenta propia, ¿Como te lo pagaría?-

    El invunche sonrie de nuevo, mientras se acerca un poco aunque intentando no ser amenazador:-Eliges.- Amanda abre mucho los ojos- Cre-crees que te lo daría por gusto.- La criatura asiente lo que hace que se sienta una puta e incriblemente mal porque cuando lo ha dicho se ha sentido entre halagada y cachonda.

    Amanda se lo piensa un largo rato, mientras observa a la criatura y los pros y contras de esa relación mutua ¿Qué hacer?

    1. Amanda se lo piensa mejor. Aunque el invunche este ahora mismo bajo el hechizo de la naturaleza de Amanda, nada impediría que volviera a volver a sus malas artes ¿Dejaría a cualquiera cerca de una maquina de matar como esa? Y a pesar del rojo de sus ojos, en algún momento de un pasado remoto, hubo una persona ahí dentro.

    Tampoco es que fuera bueno castigarle a convertirse en su esclavo por lo que paso en la jaula… No es que tuviera mucha elección tras los estímulos que la naturaleza de Amanda ofrecía. Por lo que el Invunche nota la mirada y sonríe para decir un aliviado:- Descanso- A pesar de todo, en el fondo solo quería poder dejar este mundo en paz.

    Amanda asintio y le dio la orden. El cuerpo del invunche siquiera llego al suelo antes de desvanecerse en una nube de polvo. Observo los cuadros y el cadáver del hechicero, como su traje preferido se había ido hacer gárgaras y suspiro… Esperaba que el baño tuviera un perfume lo suficientemente oloroso y el armario algo que le cupiera… más o menos. Por culpa de ese desgraciado apenas tenía tiempo ni para eso.

    2. Amanda tras pensarlo un rato, bajo la mirada paciente del invuche se lo planteo así. Dejarle descanso podría ser meritorio, pero tener a un Invunche de aliado, aunque sea a partir de cierto trato tan particular, es una poderosa baza… Amanda se empezó a sentir mal. En estos casos debería ser destruido, para darle al alma un descanso. Pero no es que fuera a llamarlo siempre, es un por si acaso. Además son criaturas que no pueden alejarse del lugar que protegen, quizás solo podría usarlo en la ciudad… Y… no es que le diera poco.

    Su sexo se moja un poco de nuevo al pensarlo, lo que hace que la criatura olfatee y sonria:- Trato.- Indicando que sabe que va a aceptar estar con él de una forma u otra. Monstruo bastardo… le está cayendo bien- Acepto, pero ya te he dicho mis condiciones, en cuanto la interrumpas tú serás castigado- El invunche asiente con seriedad aunque con un brillo de felicidad en la mirada, por primera vez que le plantean las cosas de igual a igual, y eso parece gustarle- Y si lo rompo yo, pues te lo cobraras como gustes.- Asiente el invunche de forma seria igualmente.

    La criatura regurgita algo y Amanda lo agarra con desagrado una piedra, el Invunche indica: -Collar- Amanda comprende que esto debe llevarlo engarzado para poder usarlo. Al guardarselo, la criatura poco a poco se volatiliza… y uno de los ventanales se rompe, cayendo sobre un coche al que una fuerza invisible deja abollado. El Invunche está en la ciudad.

    3. Amanda lo piensa mucho y recuerda varios casos donde las criaturas sobrenaturales o no eran tan malas o fueron aliados que ayudaron contra cosas peores. Además tenía el caso de Princesa, de la que la que ya no quiere separarse. El Invunche está marcado por la promesa, no hará daño a nadie… Podría tenerlo con un nuevo collar, pero aunque fuera un collar de color de rosa. Sería otra prisión más para él. Y no parece que quiera ir al otro lado a pesar de lo que le ha tocado sufrir, quizás durante cientos de años.

    Pero la cosa, con un poco de vergüenza, ella se ha sentido muy halagada por las atenciones de la criatura. Incluso ahora, sabiendo que le queda poco tiempo, le gustaría dejarse llevar otro poco, ante el monstruo “domesticado”. La cosa es que odría haberla matado, haber luchado contra ese somero hechizo y triturarla con sus garras.

    Y no es que fuera un engaño a nadie, como se ha comentado, no tendría nada con él a no ser que ella quisiera. Joder, porque sigue estando duro. Pobre… Se mordio ligeramente el labio y finalmente dijo algo coqueta:- Me parece bien que actues por tu cuenta, pero teniendo en cuenta no devorar a nadie y según como te comportes pues… tendrás recompensa.- Y se acerco a él para acariciarle la quijada, dejandole cerca de su sexo.- Serás mi guardián, pues. Pero ahora tengo mucha prisa, por lo que nos encontraremos mas adelante. – El invunche asiente , la criatura poco a poco se volatiliza… y uno de los ventanales se rompe, cayendo sobre un coche al que una fuerza invisible deja abollado. El Invunche está en la ciudad.

    Tras contemplar un momento el exterior, suspira. Sale de la sala sin mirar demasiado el cadáver de su secuestrador y bajo las escaleras. Miro sala a sala hasta que localizo el lugar donde había caído por el influjo de la droga y allí estaba su bolso con todas las cosas. Si lo hubiera tenido a mano la situación no se hubiera desbocado tanto. Localizo el lavabo y se miro en el espejo. Tenía el pelo desordenado, la cara todavía congestiada por el placer, partes de su cuerpo rojas por la firmeza del agarre del invunche y por supuesto, su corset y la parte de abajo cubierta de semen de la criatura, ya seca tras el tiempo que había pasado de su descarga-Vaya firma te ha dejado chica…- Se dice a si misma y se ríe de su broma. Aunque más seria se contempla. Lo de hoy ha sido extraño, más de lo particular, hace un mes lo del chupacabras… ¿Y ahora esto?

    No podía dejar las cosas así. No siempre podía tener suerte, ni tampoco podía esperar ayuda a cada momento. Tampoco era profesional que terminase tan cachonda que la incapacitarán incluso para pensar. Y y… mucho menos debería sentirse excitada por verse en un espejo tal y como está. Pero recordar cuando ha descargado… Todavía con su simiente encima, pegada a ella. Al alcance de su mano.

    La mano de Amanda baja hasta su muslo y recoge con su dedo con delicadeza parte del semen pegado y con su pecho subiendo y bajando por la excitación, con su garganta seca tragando saliva, lo acerca a su boca. Incluso a la distancia el olor es bastante fuerte… por lo que abre la boca y…

    El móvil suena en su bolso, por lo que pega un respingo y se limpia las manos antes de cogerlo. Es Mark, el vuelo se retrasa tres cuartos de hora. O tiene que limpiarse, vestirse e ir a recogerle. Además está lo del cuadro de su maletero. Que cabeza la suya. Sin pensar más se va a la ducha para tomarse un baño, tras limpiar un momento el corset de las manchas ¿Qué estaba pensando antes? Ufff ha sido una tarde rara, si. En fin, ahora no podía perder el tiempo.

    Tras lavarse y secar el corset como puede, busca en los armarios del psicópata por algo que sea más o menos femenino… encontrándolo. Un traje de dos piezas, que le sienta muy bien… bueno, quizás le falta de ciertas zonas, pero no es muy revelador. Si que era un tío raro el tal Pickman, sí.

    En cierto momento para cerca de la puerta para dejar un mensaje a Tom, su “amigo” del FBI. Es un capullo, pero en estas cosas funciona correctamente. Además le encantaría apuntarse el tanto de haber terminado con las maldades de un hechicero maligno. Y así tendría algo ella que echar en caro en caso de que se ponga pesado. Sonriendo sale a la noche, hacía su coche, mientras que un vecino se horroriza al ver que su coche ha sido aplastado. Pero ese no era su problema y quería volver a ver a Mark. Se sentía de nuevo con ganas de caña, mientras pone el coche en funcionamiento y se aleja en la noche.

  • La abuela sádica dominatrix. Historia de dolor (capitulo 1)

    La abuela sádica dominatrix. Historia de dolor (capitulo 1)

    Este relato fue escrito hace tiempo. Recibí un gran número de correos con ideas, impresiones. Me decidí a volver a escribirle de forma más larga y duradera en capítulos sin omitir detalles. Antes de empezar a leerlo quería hacer una indicación y una advertencia. La indicación es que soy consciente que hay partes irreales no posibles de realizar, ¿A una película se le pide sea real? No tientes a una ama sádica porque puede superar la realidad la ficción. La advertencia es que es un relato sin taboos, lleno de castigos, dolor, humillación e incluso vejaciones. Apto para sádicas y masoquistas.

    Capitulo I: Casa equivocada.

    Mi nombre es Manuel, aunque todo el mundo me conoce como Manu el “chanchullos“ y la historia que os quiero relatar se basa en mí mismo. Sucedió hace tiempo y he de aclarar que aquella persona del pasado ya no tiene nada que ver con la persona presente. Hoy en día, considero a mi yo pasado un joven detestable que realizó diversos hechos que nunca debí de haber realizado. Me quedo corto con el adjetivo detestable, habría un sinfín de descalificativos que podría utilizar para describirme. Aunque tal como he indicado y afortunadamente ya no soy el mismo, aprendí la lección por completo gracias a la protagonista de esta historia. Pronto entenderéis todo lo que sucedió y lo comprenderéis.

    La historia comienza cuando heredé la casa de mi abuela, tuve un enorme golpe de suerte. Heredé una bonita casa situada en un lugar tranquilo. Fue un golpe de suerte porque yo no tenía ni oficio ni beneficio. Apenas lograba subsistir con todos mis chanchullos. No tenía estudios, ni la menor intención de trabajar. Era un completo vago que deseaba el dinero fácil y rápido y me dedicaba a todo tipo de pequeños actos delictivos. Ahora tenía un confortable hogar gracias a mi abuela pero igualmente necesitaba dinero para pagar facturas, todos mis caprichos y vicios que eran muchos y nada admirables.

    Tenía un ojo especial para detectar cualquier asunto turbio que pudiese producirme dinero instantáneo. Observé que la casa que había heredado de mi abuela estaba situada en un lugar muy tranquilo donde la mayoría de habitantes ya eran de una edad avanzada. Mis vecinos eran un matrimonió ya de abuelos, muy simpáticos y agradables. Me recibieron en su casa para darme la bienvenida ya que ellos conocían a mi abuela. Descubrí que había pequeñas joyas esparcidas por la casa perteneciente a la señora. No dudé en coger un pequeño anillo y echarlo a mi bolsillo sin que me observaran. Resultó que el anillo era muy valioso y lo empeñe por una buena cantidad de dinero. Desde ese día comencé a ayudar a todos mis vecinos, les llevaba bolsas de la compra, les ayuda en casa en pequeños arreglos y yo aprovechaba para robar cualquier objeto valioso a mi alcance. Ahora mismo el solo hecho de contarlo me produce una gran vergüenza mi comportamiento. En aquel momento me llenaba de orgullo, ya que conseguí una gran suma de dinero fácil robando a todos mis vecinos de edad avanzada.

    Los vecinos comenzaron a sospechar que faltaban objetos en sus casas, pero nunca habían sospechado de aquel joven tan dispuesto a ayudar. Debería haber algún ladrón suelto por la zona era lo que pensaban, alguien que no conocían. Nadie sospechaba de mí excepto una señora que era mucho más inteligente que nadie. Esta mujer era la señora Pain. Una vieja señora que residía en una enorme casa a pocos metros de la mía. La señora tenía fama de no ser nada sociable, apenas intercambiaba un breve saludo con sus vecinos, nadie sabía de su vida y quien había intentado establecer conversación con ella se daba cuenta al momento que era una mujer bastante seria y antipática. Era un misterio aquella mujer para los demás vecinos.

    La señora Pain ató cabos, descubrió que los robos en el vecindario empezaron con mi llegada. Observó que a todas las personas a quien había ayudado aparentemente de forma desinteresada, en poco tiempo les robaban alguno de sus objetos valiosos. Recuerdos de familia como anillos, pulseras, relojes… fue la única mujer en el vecindario que sabía que yo era el culpable. Decidió desenmascararme y mostrar al resto del vecindario que yo era el culpable, elaboró un plan concienzudo que pasaré a relataros.

    La vieja señora Pain solicitó mi ayuda para un pequeño arreglo en su casa, un grifo que goteaba. Acudí de inmediato, quizás había algo de valor en casa de aquella señora y estaba seguro que lo habría debido a las grandes dimensiones de su casa. La señora Pain me recibió en la puerta, fue la primera vez que la vi, quedé asombrado por su aspecto físico. Os relataré detenidamente su aspecto. A primera vista era notable su tamaño con un enorme peso corpulento. Una señora grande y con muchos kilos de peso, no era baja, era alta y grande con una masa de carne enorme en todo su cuerpo que la conferían un gran abdomen, unas piernas grandes, brazos muy carnosos, pechos y culo enorme. Era una auténtica “montaña“, fue lo primero que me vino a la mente. Rostro regordete, serio y con arrugas debido a la edad, en torno a 65 años y pelo ondulado lleno de rizos. Vestía con un enorme vestido negro que cubría su cuerpo voluptuoso y carnoso. Resumiendo era una abuela de grandes dimensiones y con muchos kilos de peso, unos 120 kilos calcularía.

    Arreglé el grifo fácilmente y observé que la casa estaba llena de objetos valiosos. Debía volver a aquella casa de noche y robar cuanto pudiese, estaba seguro que incluso podría retirarme con todo lo que sacaría tras empeñarlo. Así lo hice, esa misma noche volví a casa de la señora Pain. Fue demasiado fácil, si fuera listo hubiese pensado que algo no encajaba, pero era un joven estúpido. La ventana estaba abierta y me colé en su casa sin dificultad. Comencé a introducir en un saco de tela todos los objetos que me encontraba por la casa. Tenía ya casi la bolsa llena cuando sentí un leve pinchazo en mi cuello. Me di la vuelta por el picor del pinchazo y descubrí a la vieja señora Pain sosteniendo una jeringuilla, ella me había inyectado algo en mi yugular. Había sido descubierto, ya tenía la bolsa llena, solo debía huir y salir corriendo de aquella casa con la bolsa. Empecé a correr hacia la ventana de salida pero en pocos segundos caí al suelo, mi cuerpo dejó de responder, la señora me había inyectado algo terriblemente fuerte que anulaba mi cuerpo, me había dejado sin fuerzas tumbado en el suelo sin poder moverme, no podía ni pestañear.

    La señora me arrastró hacia el final del pasillo donde salían unas escaleras de madera, descendían hacia una planta inferior que conducían a otra puerta de madera. Abrió con sus llaves la puerta y me introdujo en la habitación. Encendió la luz y pude comprobar que era un sótano, pero no uno cualquiera, estaba lleno de objetos misteriosos, entre ellos un banco de metal de grandes dimensiones, una especie de caballete metálico, columpio o potro. Me condujo hasta el misterioso aparato de metal y me colocó sobre él. Mi cuerpo quedaba bocabajo sobre una superficie de metal y mis piernas y pies colgando del caballete.

    Rodeo las muñecas de mis manos y los tobillos de mis pies con unos brazaletes de cuero gruesos. Apretó los brazaletes fuertemente a mis extremidades y los cerró con una hebilla que llevaban anclados. Comenzó a colar un candado en cada uno de los brazaletes entre la hebilla y un agujero del banco de metal, de tal forma que mis manos y pies quedaban sujetos al banco metálico fuertemente. Cerró los candados y se guardó la llave. La señora Pain se relajó, sabía que ahora no podría escapar inmovilizado sobre el caballete. La inyección era poco duradera, paralizaba tu cuerpo y a los pocos minutos comenzabas a recuperar las fuerzas. Así ocurrió, comencé a recuperar mis fuerzas y tratar de escapar del potro de metal, descubrí que era imposible, no podía moverme, los brazaletes de cuero estaban muy apretados y los candados eran resistentes.

    Desistí de intentar escapar, era imposible. Giré mi rostro inclinado hacia el suelo que colgaba del caballete y comprobé como la señora Pain se despojó de su enorme vestido. Observé el cuerpo semi desnudo de la señora. Era muy grande y carnosa, una masa de carne voluptuosa y gigante. Portaba un corpiño negro que cubría su estómago y pechos, unas ligas continuaban hasta sus medias negras que cubrían sus grandes muslos y piernas que acaban en unas botas enormes de piel sin tacón hasta las rodillas. Fue cuando descubrí que aquella señora estaba esperándome, iba vestida de una forma especial y no acta para irse a dormir.

    Tras quitarse su vestido y quedarse en la ropa interior mencionada la señora agarró unos guantes de goma de color negro. Eran unos guantes grandes de goma gruesa, diseñados para trabajos industriales. Comenzó a enfundarse los grandes guantes sobre sus carnosos brazos desnudos. La goma rechinaba según introducía en ellos su mano. Aquello me asustó por completo. No podía escapar y la señora casi desnuda enfundándose unos grandes guantes de goma largos en sus manos, me produjo pánico, lo único que podía hacer era gritarla e intimidarla.

    – Suéltame ahora mismo vieja puta gorda… o te seguro que cuando me libere lo vas a lamentar – La grité enfurecido para que me soltara.

    La señora caminó despacio hacia mí mientras terminaba de enfundarse los guantes en una de sus manos.

    – ¡¡Tienes la boca muy sucia!!, te aseguro que no vas a volver a abrir la boca – fue la primera vez que se dirigió a mí con su voz seria y enojada. Comenzó a bajarse sus bragas negras deslizándolas por sus muslos y piernas hasta sacarlas por sus botas. Se situó frente a mi sobre el caballete donde me encontraba inmovilizado y atenazó mi nariz con fuerza entre sus gruesos guantes de goma negros. No tuve más remedio que abrir la boca para respirar y fue cuando introdujo sus grandes bragas en mi boca. Eran de una talla muy grande sus bragas debido a su corpulencia, apenas entraban en mi boca pero se aseguró empujando fuertemente con sus dedos enguantados que entraran dentro de mi boca inflándola. Empujó y empujó hasta que entraron por completo hasta el final de la boca hasta casi a la garganta. Escuché el sonido inconfundible de cinta americana de embalar. Colocó un extremo sobre mi boca y comenzó a rodear rostro y cabeza con la cinta asegurándose que quedaba bien apretada. Tensó la cinta cuanto pudo, apretaba mi rostro y boca. Era una situación agónica, mi boca completamente rellena y la cinta muy apretada.

    Ahora no pude insultar a la señora ni amenazarla. Sus bragas grandes eran una mordaza eficaz, no podía articular palabra alguna. Comencé además de sentir miedo a sentirme humillado. Sus bragas desprendían un fuerte sabor a suciedad, restos de caca de su culo estaban en mi boca. Era completamente humillante y no podía escupir la mordaza. Sus bragas estaban muy sucias con sabor a suciedad, era muy humillante.

    – Ahora no tendré que escuchar tus insultos… Vas a permanecer callado y en silencio, aprenderás a mantener la boca cerrada – Me recriminó de forma seria mientras no dejaba de tragar el detestable sabor de sus bragas sucias con restos de su ano.

    La señora se dirigió hacia un armario que había en un lado del sótano, abrió el armario y observé que había todo tipo de utensilios de castigo. Correas de cuero, fustas, varas de madera de diversos tamaños y un sinfín de objetos colocados ordenadamente en el armario. ¿Quién era aquella señora? ¿Que era aquel sótano? Mis preguntas fueron respondidas como si me hubiese leído la mente.

    La señora Pain deslizó la yema de su dedo enguantado entre los diversos objetos de castigo, no sabía cuál elegir, estaba en duda. Finalmente eligió una gruesa correa larga de cuero. Se dio la vuelta y se dirigió de nuevo hacia mi agarrando la gruesa correa de cuero entre la palma de su mano enguantada.

    – Soy Mistress Pain y se perfectamente lo que has hecho: Has robado a todas aquellas personas, les has robados sus objetos familiares, recuerdos… Les has hecho llorar, han perdido sus recuerdos y no se lo merecen… no te preocupes… se lo compensaras… Voy a encargarme de que aprendas la lección, vas a recibir tu castigo y te prometo que no te va a gustar nada, vas a llorar desconsoladamente tal como has hecho a los demás vecinos .- quedé aterrado por sus recriminaciones y amenazas. ¿Quién era aquella señora, quien era MistressPain? Fuese quien fuese me había descubierto.

    La señora caminó hasta el banco de castigo metálico donde me encontraba inmovilizado y amordazado y se situó frente a mí. Noté la goma de su mano agarrando mi pelo y tiró de mi cabello con una fuerza descomunal. Sentí un fuerte dolor debido a su dureza, empleó su fuerza levantando mi rostro por el pelo en el aire. Acercó su rostro al mío mientras me retorcía de dolor por su tirón de pelo.

    – Eres un regalo para mí. Por un lado voy a enseñarte disciplina, no vas a volver jamar a robar nada ¡¡te lo aseguro!! Por otro lado voy a disfrutar mucho… Adoro castigar y aplicar dolor a mi esclavos… pero en este caso voy a ser especialmente dura, como nunca antes lo he sido… vas a vivir una pesadilla que no podrás despertar y yo voy a disfrutar mucho observando cómo te retuerces de dolor. – Ahora si estaba aterrado de verdad, deseaba huir, escapar, gritar… Nada de eso era posible. No podía mover un musculo de mi cuerpo y no podía emitir sonido alguno, solo tragar y tragar el sabor rancio de su mordaza.

    Agarró la correa entre sus manos doblándola por la mitad y se situó tras de mí, bajó mis pantalones y ropa interior dejando mi culo al desnudo. Dio unos pasos hacia atrás agarrando fuertemente la correa entre sus carnosos brazos enguantados.

    – Me encanta azotar a mis esclavos… pero son muy quejicas… no paran de protestar, suplicar, gritar… y usan su palabra de seguridad… en tu caso… voy a divertirme mucho, inmovilizado y amordazado no podrás hacer nada, voy azotarte hasta que me duela el brazo… vas aprender a respetar a los demás, se te van a quitar las ganas de volver a robar… Va a ser una noche muy larga para ti… – La señora agarró levantó su gruesa correa de piel y la descargó contra mi trasero.

    ZAS Sentí un fuerte dolor, su correa se estrelló en mi culo con fuerza quemando mi culo. Nunca había sido azotado, puedo aseguraros que es terriblemente doloroso. La correa quema la piel de tu culo y te provoca una picazón muy fuerte. Antes de recuperarme de su primer azote recibí más y más azotes.

    ZAS ZAS Ahora estaba viviendo la pesadilla que me indicó la señora MistressPain. Azotaba con fuerza una y otra vez sobre mi culo sin piedad. Sus azotes no cesaban y no podía hacer nada para evitarlo, no podía moverme lo más mínimo y tampoco gritar o pedir clemencia con su mordaza agónica. La intensidad iba subiendo, mi culo estaba magullado y dolorido y la señora continuaba descargando su correa contra la piel desnuda de mi trasero. El dolor aumentaba más y más, era una pesadilla que no podía despertar. Las lágrimas comenzaron a aflorar en mi rostro mientras la señora Pain continuaba azotándome una y otra vez. Deseaba suplicar o escapar pero no era posible, lloraba y lloraba mientras era azotado. La piel de su correa mordía mi culo con fuerza.

    – ¿Ya estas llorando ?… ¡¡ohhh no he hecho nada más que empezar!! cuando termine con la correa pasaré a la vara de madera, ahí si vas a llorar de verdad, estúpido – La señora continuó azotándome con la correa una y otra vez. Tenía el culo magullado y finalmente se detuvo. Pensé que se había apiadado de mí, pero era todo lo contrario, dejó su correa en el armario y agarró una vara larga de madera fina. La azotaina se hizo insoportable, el dolor era muy intenso, su vara de madera chocaba y rasgaba la piel de mi culo una y otra vez. Llore y lloré pero no sirvió de nada. Sentí una gran impotencia, mis llantos no servían de nada y no podía suplicar. Era un muñeco inerte que no podía moverse ni gritar, solo llorar.

    Terminé con el culo completamente magullado, lleno de verdugones. La señora o MistressPain quedó satisfecha. Comprobó cómo había quedado mi culo, destrozado.

    – ¡¡Ahora lloras como una niña!! No te importó nada cuando robaste a todas aquellas personas. Veinte correazos duros te ayudaran a recordar – Volvió a agarrar su correa y terminó de magullar mi culo. Azotó con mucha más fuerza levantando por completo su brazo. Fue una azotaina muy dura, llena de dolor y llanto. Estaba pagando por mi comportamiento como me merecía. Mi culo quedó magullado, el simple roce del aire ya era doloroso. Deseaba suplicar piedad, pero no era posible amordazado de aquella manera.

    MistressPain se dirigió a su armario y agarró un objeto metálico, se acercó a mí y volvió a tirar de mi pelo incrementando mis lágrimas de dolor, tiraba con gran dureza, parecía iba a arrancarme el pelo. Me mostró unas pinzas metálicas con una fina cadena que las unía.

    – ¿Ves estas pinzas? Las tengo un cariño muy especial. Son terriblemente dolorosas. Se atenazan con dureza a los pezones. Cuando se las coloco a mis esclavos suplican piedad… pero en tu caso amordazado no vas a poder ni suplicar, vas a estar calladito aguantando el dolor que producen. Llora cuanto quieras que me va a dar igual, vas a llevarlas en tus pezones hasta que me plazca. – La vieja Mistress Pain liberó mi pelo y comenzó a colocar las terribles pinzas sobre mis pezones. No parecían tan dolorosas cuando las ajustó a mis pezones, pero había sido un ingenuo, faltaba un toque especial. La señora deslizó una pequeña palanca casi minúscula que llevaban ancladas las pinzas y de pronto se cerraron en mis pezones con una gran fuerza, como la mordedura de un cocodrilo. Eran terriblemente dolorosas tal como me advirtió. Intenté gritar, pero no se escuchó sonido alguno de mi boca.

    La señora acarició mi rostro con la palma de su guante mientras continuó hablándome:

    – ¿Duelen verdad?… las vas a aguantar hasta que yo quiera. Ahora me iré a descansar, han interrumpido mi sueño intentando robarme, pero no te preocupes regresaré después y continuaremos tu castigo. ¿Nadie sabe que estas aquí verdad? Y así va a seguir siendo, me he asegurado que no puedas escapar y nadie te va a escuchar bien amordazado. Voy a enseñarte disciplina, vas a aprender a no robar nunca jamás. Esto no ha hecho nada más que empezar, te voy a castigar de una manera especial, voy a disfrutar mucho haciéndolo, vas a vivir un verdadero infierno del que no podrás escapar hasta que yo lo desee- Las palabras de la señora aumentaron mi miedo, llevaba razón, no podía escapar de ninguna forma y gritar o pedir ayudar era imposible, no paraba de saborear el sabor de sus bragas sucias en mi boca llenas de restos de suciedad. La mordaza era tremendamente agónica.

    La vieja señora se quitó sus guantes gruesos y los dejó sobre un pequeño mueble que había en el sótano. Más tarde iba a volver a necesitarlos. Se encaminó hacia la puerta de salida y me dejó allí atado, encadenado, amordazado y encerrado. Escuché como cerraba con llave desde el exterior.

    Tuve mucho tiempo para recapacitar y pensar. No entendía como había llegado a esta situación. Mi cabeza no paraba de pensar ¿quién era aquella señora?, ¿que era aquello de sus esclavos? Estaba rotundamente claro que me había equivocado de casa esta vez. Aquella vieja señora debía ser una dominatrix sádica que tal como me advirtió iba a disfrutar mucho conmigo enseñándome disciplina. Trate de escapar o pedir ayuda de nuevo, pero era imposible. Los candados me sujetaban por completo al pesado banco metálico, era imposible romperlos, eran muy gruesos y cerrados con llave. Gritar era igual de difícil, sus bragas eran tan grandes que inflaban mi boca por completo hasta el fondo de la garganta, me molestaba la mandíbula. La cinta americana estaba muy apretada, era agónica aquella mordaza, necesitaba respirar aire limpio, su mordaza estaba sucia llena de restos de sus necesidades y no paraba de saborearlos.

    Mi culo estaba completamente magullado y dolorido, rojo y morado, había sido muy estricta conmigo la señora. Tal como me advirtió como nunca antes lo había sido. El estado de mi culo era un trofeo para MistressPain. Mis pezones sufrían sus pinzas, atenazaban con mucha dureza, deseaba quitármelas pero era imposible estando inmovilizado.

    Todo cuando me estaba pasando era merecido. En aquel momento no era consciente del daño que había hecho a todos aquellos vecinos robándoles recuerdos de toda su vida. El anillo de la señora Ramirez, un anillo especial que la regaló su madre antes de fallecer y yo se lo había robado y empeñado a un precio irrisorio. El llanto que produje a aquella señora de entre muchos más vecinos iba a pagarlo con mi propio llanto de dolor.

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