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  • Follando una madura por primera vez

    Follando una madura por primera vez

    Todo inicia con una pareja de jóvenes que llevan poco tiempo de novios, tenían relaciones pero el chico no quedaba conforme por otro lado la novia quedaba exhausta. Luego de su última vez de sexo con su novia pensó seriamente en darse la oportunidad de experimentar más a fondo acerca de lo que podía hacer y que sensaciones podría causar en otras mujeres.

    Una madrugada decide publicar un anuncio en una app «Se busca chica para follar casualmente y sin compromisos» en la descripción agrego un resumen de lo que quería hacer. Básicamente iniciar por un buen sexo oral y en lo posible tener sexo anal, no demoró mucho en tener respuesta. Ese mismo día al pasar unas pocas horas tenía alrededor de diez o más mensajes mujeres casadas, divorciadas, inseguras o con alguna pequeña irregularidad al menos así ellas lo consideraban, pero ninguna chica joven o de su misma edad le había escrito. Decidió responder su bandeja de mensajes conociendo a estas mujeres con el doble o más de su edad.

    La primera se llama Beatriz mujer de 56 años, profesora de ciencias en una escuela no muy buena ubicada en un barrio poco seguro, divorciada y estresada de su trabajo. Proceden a hablar un poco de ellos y ya para romper el hielo ella le escribe que su anuncio es bastante interesante y ha despertado su curiosidad, él afirma que tiene muchos deseos de probar nuevas cosas, tiene una mente muy abierta pero que nunca habría estado con una mujer mayor que él, ella le responde que piensa lo mismo sería su primera vez con alguien menor.

    Por otro lado su mente ya estaba activa al saber que era profesora, recordó su tiempo de escuela y también la profesora que quiera follar así que la conversación continuo colocándose más caliente.

    Él: ya has tenido sexo anal?

    Ella: no, pero me gustaría probar. Tengo un enorme culo… Envía una foto de su trasero.

    Él: sorprendido le dice que es bastante grande y le provoca quitarle los cacheteros con la boca.

    Ella: que me harías? pregunto.

    Él: primeramente antes de follar tu culo primero quisiera saber cómo son tus senos.

    Ella: demora unos minutos en responder con una foto y asegurando que puede usar un lenguaje más fuerte ya que le gusta.

    Él: asegura que le encanta lo que ha visto.

    Le responde que quisiera estar allí desnudando sus senos, mientras se besan acariciando sus pezones hasta hacer que se pongan duros, para después meterlos a su boca, chuparlos, morderlos delicadamente mientras su mano trata de descubrir que tipo de bragas lleva puestas. Desliza su mano logrando que se introduzca por su pantalón llegando hasta su vagina.

    Ella: rico, fue lo único que escribió

    Él: después de un par de besos y acariciar tu vagina voy a retirar el pantalón y las bragas apoyando tus piernas sobre mis hombros para probar el sabor de tu vagina quiero lamber, meter mi lengua y mis dedos en tu coño hasta ponerte lo suficientemente húmeda para mi verga asegura él.

    Ella: me excita la idea

    Él: quisiera también que te pusieras de rodillas frente a mi verga y la chupes, con tu lengua lambas la puntas y después de la tragues toda mientras te agarro del cabello, deseo que sacas toda mi leche mientras al mismo tiempo te tocas exclamó él.

    Ella: me encanta chupar verga, sigue me pusiste caliente.

    Él: después voy a agarrarte del cuello para que te levantes y te sientes sobre mi verga (le envía una foto se su pene erecto).

    Quiero que la montes mientras te sujeto de las nalgas y chupo tus tetas enormes, deja mi verga lo suficientemente lubricada con la humedad de tu coño, porque después vas a ponerte en cuatro para follar el delicioso culo que tienes.

    Ella: asombrada por la foto que ha enviado; le responde que tiene una rica verga para que se la meta en la boca y todos sus agujeros también le hace saber que está muy cachonda y de seguir así tendrá que meterse los dedos.

    Él: al leer este último mensaje se excita al saber que con tan solo una conversación Beatriz ya está cachonda.

    Procede a escribir: voy a follarte el culo, te vas a colocar en cuatro y aprovecharé para morderte el culo y nalguearte hasta que mi mano quede marcada en tu enorme trasero, con aceite voy a estimular tu ano y después meteré la punta de mi verga suavemente poco a poco hasta que mi verga este totalmente adentro para follarte duro y rápido hasta llenarlo de leche.

    Ella: afirma que quiere meterse los dedos pero debe irse ya que la clase ha iniciado. Se despide escribiendo que más tarde hablarían nuevamente.

    Él: no te preocupes que te vaya bien, asegurando que le esperaría más tarde.

    ¿Segunda parte?

  • La chica que conocí en el bus (100% real)

    La chica que conocí en el bus (100% real)

    Me gusta contar cada detalle de lo que viví para volver a sentir esa experiencia, pero si quieren ir directamente a los momentos más calientes de mi historia les dejo los «capítulos» de mi confesión:

    1. Cómo la conocí

    2. Nuestra primera cita

    3. Llegamos al motel

    4. Sus habilidades orales

    5. Le devuelvo el favor

    6. Entro en ella por primera vez

    7. Ella empieza a cabalgar mi pene

    8. Nueva pose para que ella me haga un oral

    9. Lo hicimos en el jacuzzi y ella tiene un orgasmo

    10. Me vengo en su boca

    1.

    Eran las 7:30 de la mañana, estaba esperando el bus para ir a mi trabajo; cuando llegó note que no había sillas, así que decidí quedarme junto a la puerta. Luego de unos minutos empecé sentirme observado, levanté la mirada y a metro y medio de mí vi a una chica, debía tener casi 40 años, era morena, delgada, tenía el pelo negro, cogido con una trenza que le llegaba casi hasta la cintura, ojos oscuros, labios gruesos; por su ropa imaginé que trabajaba en oficina, quizás era secretaria, tenía un camisa azul, una minifalda negra, medias veladas y tacones, podía calcular que medía 1.65 metros.

    Ella me miraba a lo lejos, podía sentir que algo le atraía de mí, soy un hombre de 33 años, de cara linda, o por lo menos eso me han dicho, ojos claros, cabello rubio, ondulado y corto con cuerpo atlético. Me quedé mirándola un poco y ella volteó la mirada, dejé de mirarla pero seguía sintiendo sus ojos, soy un poco tímido y me costaba mantener la mirada fija cuando la sentía, en un punto sostuve la mirada y nos quedamos viendo unos segundos, por alguna razón que no había vivido antes pude sentir una tensión sexual en la situación, durante todo el trayecto pensé en acercarme pero no fui capaz. Luego de 15 o 20 minutos, el bus llegó a un paradero y ella se bajó, yo estaba a 2 estaciones de mi trabajo, sin embargo decidí bajarme con ella y acercarme, en unos segundos pensé una excusa para hablarle:

    – Oye, discúlpame ¿te conozco de otro lado? ¿me pareces conocida? -Le pregunté un poco nervioso, mientras, ella reaccionó sorprendida.

    – Creo que sí, te vi en el bus, pero no recuerdo dónde te había visto antes – Me respondió, pero yo sabía que ella estaba mintiendo, eso solo me indicó que también quería hablar conmigo.

    – Me llamo Diego, mucho gusto ¿cómo te llamas? – Le pregunté

    – Me llamo Diana – Me respondió un poco tímida.

    Seguimos hablando mientras salíamos de la estación, me contó que trabajaba a unas cuadras de ahí, que entraba en media hora; así que aproveché la oportunidad para invitarla a tomar un café, ella aceptó pero me advirtió que no se podía demorar. Entramos a una cafetería y nos relajamos, empezamos a hablar un poco más, me contó que tenía esposo y un hijo, me dijo que llevaba relativamente poco trabajando ahí, que estaba aburrida, pero que no veía otra opción, yo le conté que tenía novia y vivía con ella hace unos años, la conversación empezó a tornarse más íntima, le pregunté sobre su vida con su esposo.

    – Vivimos juntos hace 10 años, me hace feliz, aunque a veces siento que las cosas ya no son como antes, con el tiempo todo se empieza a volver monótono – Aproveché ese momento de sinceridad y le conté por qué me acerqué a ella.

    – La verdad es que no te conocía de antes, solamente te vi y quería hablarte. – Le dije con un poco de nerviosismo, pensé que tal vez se podía molestar o incomodar, sin embargo ella sonrió de forma pícara, me dijo que era un «tonto» pero sonriendo, como si le hubiera gustado.

    Ella continuo hablándome.

    – Pensé que me ibas a decir algo cuando estábamos en el bus, pero me sorprendió ver que bajaste a hablarme, obviamente sabía que nunca antes nos habíamos visto – Sonrió un poco sin dejar de mirarme a los ojos. – La verdad me gustó que lo hubieras hecho. –

    Luego de un par de minutos me dijo que debía irse a su oficina, yo me lamenté, pero aproveché para pedir su número antes de irnos.

    Pasaron algunos días y empezamos a chatear de forma constante, ella me contaba cómo iba su día, me hablaba de su trabajo, pero pocas veces me mencionaba a su esposo, yo también conversaba con ella le hablaba de mis días en la oficina, le mandaba fotos en el trabajo con la intención de que ella me pasara algunas fotos suyas, lo cual funcionaba y me daba la oportunidad de alagarla y decirle lo linda que era y que me gustaría volver a verla, ella me decía que era difícil porque estaba muy ocupada.

    2.

    Luego de casi un mes chateando, Diana me contó que iba a tener libre un fin de semana, que podíamos encontrarnos y hablar un rato; yo acepté de inmediato.

    Nos encontramos un sábado en la tarde en un centro comercial, a pesar de que llevábamos un tiempo hablando estaba un poco nervioso por el encuentro. Cuando por fin llegó, la vi mucho más hermosa que en el bus, esta vez llevaba el pelo suelto y liso, le llegaba casi hasta la cintura, tenía un buzo negro de manga larga ajustado a su cuerpo con un escote cuadrado, que no mostraba mucho pero insinuaba unos pechos de buen tamaño, tenía una minifalda café casi del tamaño de una falda colegiala, con unas medias veladas con unos corazones y unas botas altas, se veía realmente hermosa. Yo llegué con una camisa de leñador abierta y debajo una camiseta blanca ajustada, soy un joven atlético pero no tan musculoso, tenía una barba estilo candado muy corta y unos pantalones ajustados.

    La salude con un beso y entramos al centro comercial para buscar un lugar donde comer, hablamos un poco pero sentía que aún no rompíamos esa timidez que suele sentirse en una primera cita, así que le pregunté por qué había tenido libre ese fin de semana.

    – Mi esposo salió a un viaje de trabajo, vuelve hasta el lunes y mi hijo se quedó con mis suegros – Aproveché para molestarla un poco y tratar de romper el hielo que sentía desde que nos encontramos.

    – O sea que hoy tuve suerte, sino, no sé cuándo nos hubiéramos podido ver, ojalá que siga teniendo suerte – Le dije mirándola a los ojos.

    – Vamos a ver cómo sigue el día, a ver qué tanta suerte terminas teniendo – Me dijo ella con un tono pícaro.

    Después de eso empezamos hablar con más confianza, nos reíamos de algunas cosas y empezamos a tener algunos acercamientos físicos, ella me tocaba las piernas, me abrazaba y yo hacía lo mismo, pasaron unas horas y ya casi estaba empezando a oscurecer, en un momento nos quedamos mirando fijamente y yo aproveche para acercarme a ella y darle un beso, ella puso su mano detrás de mi cabeza y pude sentir su lengua tocando la mía, nos empezamos a besar de forma cada vez más apasionada, yo me acercaba a ella para que sintiera cómo sus besos me estaban excitando.

    3.

    – Creo que tengo mucha suerte hoy – Le dije sonriendo, ella asintió con la cabeza.

    – ¿Qué te parece si vamos a otro lado para estar solos? – Le pregunte y ella de nuevo asintió con la cabeza como una niña tímida que se quiere dejar llevar. Pedí un carro y la llevé a un motel cercano, nos fuimos besando todo el camino. Cuando llegamos pedí una habitación con jacuzzi, quería disfrutarla demasiado.

    4.

    Entramos a la habitación, ella me pidió un momento para ir al baño, yo la espere sentado al borde de la cama, cuando salió, noté que ya estaba lista para empezar lo que ambos estábamos buscando. Se acercó a mí, se inclinó para besarme, buscó una almohada en la cama y la puso en el suelo, me empujo con su mano para que me acostara en la cama y se arrodilló frente a mí; empezó a desabrocharme el cinturón, con una mirada de deseo, me quitó las zapatillas y luego el jean, quedando solo en bóxer frente a ella, mi pene ya estaba muy duro y se asomaba por la parte superior del bóxer, lo cual le dio una idea del tamaño que se iba a comer, (tengo que decir que mi pene no es enorme pero sí tiene un buen tamaño).

    – Me muero por comerme eso – Me dijo mordiéndose los labios

    -Esta noche es tuyo – Le respondí con la respiración un poco cortada de la excitación.

    – ¿Solo está noche? – Me dijo con un tono de decepción

    – Bueno, esperemos cómo termina esta noche – Le dije.

    Ella continuó bajando mi bóxer hasta dejarme desnudo de la cintura para abajo. Tomó mi pene con sus dos manos y empezó a moverlas en círculos alrededor de él, sentí un cosquilleo en las manos, la excitación me enloquecía, verla a punto de darme placer me calentaba demasiado. Estuvo un par de minutos masturbándome hasta que empezó a acercar rostro lentamente y por fin lo metió en su boca, la sensación fue increíble, el calor de su saliva me generó un corrientazo en todo el cuerpo, puso su mano izquierda en mi abdomen y con la derecha siguió masturbándome al ritmo de su boca, subía y bajaba, podía ver como humedecía mi pene cada vez que sus labios subían y cómo su mano se deslizaba con más facilidad gracias a su saliva, empezó a aumentar la velocidad con la que se lo metía en la boca. Escuchaba algunos gemidos mientras me lo chupaba, me encantaba, me hacía sentir cada vez más excitado. Empezó a aumentar la succión de su boca y a hacerlo cada vez más rápido, movía su cabeza de un lado para el otro sin sacar mi pene de su boca, lo cuál se sentía increíble, su cabello caía sobre mi abdomen por lo cuál tuve que sostenerlo con mis manos para seguir mirando lo que estaba haciendo. Pasaron varios minutos hasta que tuve que empujarla ante la sensación de eyaculación que sentí, la jalé del pelo con mi mano derecha y con la izquierda la empujé del hombro para que se alejara de mi pene.

    – ¿Te lastimé? – Me preguntó un poco asusta y sorprendida.

    – Para nada, lo estás haciendo muy bien, pero si sigues así, creo que me voy a venir, me lo estás chupando increíble – Le dije para calmarla. Su mirada de susto cambió y retorno esa mirada pícara con la que había empezado a chuparlo.

    – Perdóname, es que tu pene está delicioso, no me puedo controlar, voy a probar otra cosa – Sus palabras excitaron más, la sensación de eyaculación bajó, ya estaba listo para ver que sorpresa me tenía esta mujer.

    Puso sus manos en mis piernas para apoyarse y metió de nuevo mi pene en su boca casi hasta la mitad, se quedó mirándome a los ojos; yo sostenía su pelo con impaciencia, quería saber qué iba a hacer.

    Esta vez ella no movió su cabeza de arriba abajo, pero noté que estaba haciendo algo dentro de su boca, podía sentir como rodeaba la cabeza de mi pene haciendo círculos con su lengua, nunca una mujer me había hecho algo así, la habilidad que tenía para masajear mi pene con su lengua era única, no dejaba de mirarme mientras lo hacía, podía notar en su boca los ligeros movimientos de su lengua. Empezó a abrirla sus labios para sacar su lengua por debajo de mi pene, la metía de nuevo y retomaba ese masaje alrededor de mi pene, no sé cuánto duró ella haciéndolo pero podría calcular que fueron 10 o 15 minutos de puro placer, en un momento sentí que estaba a punto de eyacular por lo que tuve que volver a empujarla para sacar mi pene de su boca, esta vez un par de gotas alcanzaron a salir, pero logre controlarme para no venirme.

    Ella sonrió sabiendo la razón por la cual la empujé; chupó con una sonrisa esas gotas de semen que alcanzaron a salir.

    5.

    Me levanté frente a ella y empecé a quitarme la camisa y la camiseta, quedé completamente desnudo, ella aprovechó para chuparlo un poco más pero la levante rápidamente y empecé a besarla, agradeciendo lo que había hecho, sabía que era mi turno de darle placer así que la senté en la cama, le quite el buso, debajo tenía un brasier negro de encaje que cubría la mitad de sus pechos con una transparencia que me dejaba ver un poco de sus pezones, le quité el brasier en seguida y por fin puede tener sus senos frente a mí, eran grandes, con pezones grandes que me apuntaban demostrándome que estaba excitada. La empujé a la cama como ella había hecho conmigo y empecé a quitarle las botas y la falda, quedó con su tanga negra también de encaje y sus media de ligeros, se veía hermosa, era una mujer delgada, se notaba que cuidaba su cuerpo.

    Me levanté para besar su boca mientras estaba acostada y empecé a bajar lentamente por su cuello, ella gemía con mis besos, seguí bajando hasta sus pechos, los toqué suavemente, pasé mis dedos al rededor de sus pezones, besaba cada centímetro de sus pechos hasta empezar a chupar sus pezones, los succionaba suave y luego un poco más fuerte, lo cuál hacía que ella hiciera algunos movimientos involuntarios, seguí bajando por su abdomen, mi lengua recorría todo su cuerpo con placer, llegué hasta su pelvis y decidí quitarle su ropa interior, para dejarla solo con sus ligeros.

    No fui directamente a su vagina, quería excitarla más así que empecé a besarla alrededor en sus muslos, luego un poco más cercar, su respiración me decía que ya no podía aguantar, podía sentir el olor de su sexo, me acerqué cada vez más hasta empezar a besar los labios de su vagina, le pasaba la lengua de arriba abajo con delicadeza, sentí como sus manos empezaron a rodear mi cabeza para guiarme a donde ella quería el placer, así que empecé a hacerle sexo oral, cubrí con mi lengua su sexo y empecé a moverla para introducir un poco la punta de mi lengua, subía y bajaba con delicadeza mientras la miraba, ella estaba observando todo lo que le hacía, empecé a pasar mi lengua por su clítoris, primero con movimientos circulares, luego moviéndola de arriba a abajo apretando con fuerza, ella gemía con más fuerza.

    – ¡Dios mío! ¡Dios mío! qué lengua tienes, no pares por favor – Me decía entre gemidos.

    Le hice caso y seguí mi movimiento sin parar, podía sentir como mi boca se cansaba pero no quería detener el placer que ella sentía, me separó de su sexo un momento de la misma forma que yo lo había hecho, me miró y sonrió sin decirme nada. Metí un par de mis dedos a mi boca para humedecerlos y luego se los metí a ella con suavidad. Continué haciéndole sexo oral, pero esta vez ayudándome de mis dedos que metía y sacaba aumentando la velocidad guiado por sus gemidos, ella volvió a separarme y yo aproveche para sacar mis dedos llenos de sus líquidos y meterlos en mi boca.

    – Sabes delicioso – le dije luego de limpiar mis dedos con mi boca.

    – No me digas eso, me vas a hacer correrme – Me respondió con excitación.

    Seguí haciéndole sexo oral por varios minutos, quise darle el mismo placer que me dio, podría calcular que llevábamos casi 30 o 40 minutos y sentía que ya era momento de estar dentro de ella.

    6.

    Me levanté frente a la cama, me puse un condón que estaba en una mesita mientras ella continuaba acostada boca arriba, la jalé de las piernas para dejarla en el borde de la cama cerca de mi pene y empecé a meterlo poco a poco sin dejar de mirar cómo su rostro se llenaba de placer. Comencé a mover mi cadera suavemente para que mi pene entrara una y otra vez, estaba muy húmeda, podía sentir cómo mi pene se deslizaba con facilidad, puse sus piernas en mi pecho para continuar penetrándola y haciéndolo más profundo, ella se sostenía del borde de la cama para que los movimientos de mi penetración no la alejaran de mí. Seguimos varios minutos en esa pose hasta que ella me separó, giró su cuerpo dándome la espalda y bajó sus piernas de la cama, pero manteniendo su pecho apoyado sobre el colchón, podía ver su culo listo para recibir unas nalgadas, no sabía qué tan fuerte estaba dispuesta a recibir mis golpes pero quise descubrirlo, empecé a penetrarla y a nalguearla al mismo tiempo, gemía con la combinación y cada vez fui aumentado la fuerza de mis palmadas, entre más duro le pegaba más se excitaba.

    – Dame más duro por favor, me encanta – me decía con su cara apoyada sobre el colchón.

    Yo la nalgueaba con más fuerza hasta que vi como mis manos se marcaban, no quería meterla en problemas con su esposo, aunque ese pensamiento me excitaba más.

    7.

    Nos subimos a la cama, me acosté boca arriba y ella se subió en mi pene, podía ver sus enormes senos brincando mientras cabalgaba mi verga, que se mantenía dura dentro de ella, tome sus senos con mi mano y los masajee mientras ella se movía en círculos sobre mi cadera, su movimiento hacía que mi pene estuviera cada vez más sensible, sentía como mi semen estaba a punto de estallar, pero yo no quería venirme todavía, levanté mi pecho sin sacarle el pene y quede frente a ella, seguía moviéndose cada vez más rápido, cambió los movimientos circulares por brincos que hacían a mi pene salir y entrar de su sexo, yo besaba sus pechos mientras lo hacía. La tome de la cadera y la giré en la cama, esta vez yo estaba arriba en la típica pose de misionero, la besé un poco y empecé a mover mi cadera de arriba a abajo para penetrarla, comencé a hacer movimientos circulares sin separarme de su pelvis para estimular su clítoris con la penetración, veía como esto le encantaba y seguí haciéndolo por un buen rato.

    8.

    Llevábamos más de una hora desde que empezamos y sentía que mi pene perdía un poco de rigidez, así que decidí aprovechar las habilidades orales de Diana para volverlo a endurecer. Me bajé y quedé de pie a un lado de la cama, la puse boca arriba con su cabeza al borde, muy cerca de mi pene, ella parecía saber lo que iba a hacer y aceptó la situación con placer. Metí mi pene a su boca y empecé a penetrarla suavemente como si fuera su vagina, levantó sus manos para coger mi pene mientras lo metía, pero yo las quité y las puse al lado de sus caderas.

    Me encanta el sexo oral y esta pose es una de mis favoritas, así que quise aprovechar cada minuto que ella me dejaba penetrar su boca. Lo hacía con movimientos suaves que fui aumentando poco a poco, mi pene entraba cada vez más en su boca y podía sentirlo, aprovechaba la pose para masajear su clítoris lo que generaba unos gemidos que se ahogaban al tener mi pene en su boca. Lo metía y ella luego de unos minutos lo sacaba para tomar aire, volvía a ponerlo en su boca y yo repetía la penetración, mientras lo hacía imaginaba lo que se sentiría venirme en ese momento, sin embargo me aguanté las ganas. Mi pene ya había recuperado su rigidez y hacía más difícil continuar con esa pose sin generarle arcadas.

    9.

    – Vamos al jacuzzi – Me dijo ella emocionada, se bajó de la cama y me llevó de la mano, se quitó las medias de ligueros mientras caminábamos.

    Entré yo primero y luego ella se ubicó sobre mí dándome la espalda, la rodeé con mis brazos y apreté sus senos, ella cerraba los ojos y me ofrecía su cuello para que la besara, unos minutos después se sentó en mi pene y empezó a brincar sobre él.

    – Que delicia esto, tienes una verga increíble –

    – Tú tienes unas tetas y un cuerpo increíble – Le dije mientras la tocaba y ella brincaba.

    El agua hacía que la penetración fuera más ligera y ella empezó a brincar cada vez con más fuerza, sus gemidos aumentaron, podía sentir que su cuerpo estaba a punto de tener un orgasmo, tocaba su clítoris con mi mano para estimularla mientras la penetraba, se cogió de los bordes del jacuzzi y empezó a gemir mucho más fuerte hasta que tuvo un orgasmo que le generó unos espasmos que me excitaban, yo continuaba penetrándola pero ella me pedía que parará un poco, sin embargo no le hacía caso hasta que ella sacó mi pene de su sexo. Se tumbó al borde de la tina como descansando del placer. Yo continuaba con mi pene duro.

    10.

    – ¿Me puedo venir en tu boca? – Le pregunté con la confianza de haberme ganado ese derecho.

    – Claro que sí, te mereces ese premio – Me dijo con una sonrisa y su rostro aun procesando el orgasmo que tuvo.

    Nos fuimos de nuevo a la cama.

    – ¿Cómo quieres que te lo chupe? – Me preguntó ella muy complaciente.

    Le pedí que se acostara boca arriba en medio de la cama, le puse una almohada para que levantara un poco su cabeza y puse mi pene entre sus senos, ella los apretó con sus manos para cubrirlo y empecé a moverme como si los estuviera penetrando, sus pechos lograban cubrirlos por completo lo cual me daba mucho placer. Luego de unos minutos subí un poco para poner mi pene en su boca y penetrarla. De nuevo sentía el calor de su saliva y los movimientos de su lengua que me hacía enloquecer, pasaban los minutos y yo no quería acabar, estaba disfrutando mucho lo que ella me hacía, era sumisa con mi pene y eso me encantaba, lo sacó un momento de su boca.

    – Dame todo tu semen, por favor – Me dijo casi como una súplica y no me pude contener.

    Lo metió un poco más en su boca, pero yo lo saqué y empece a masturbarme con rapidez, ella sacó su lengua para recibir lo que le iba a dar. Sentí como estaba a punto de venirme, podía ver su cara con su boca abierta y nada me podía contener. Mi pene empezó a tener espasmos y el semen salió rápidamente hacia su boca, el primer chorro entro sin problema, un segundo alcanzó a golpear su labio, ella cerro sus ojos un momento, un tercer chorro cayó en su mejilla acompañado de un par más. Cuando sintió que ya había terminado abrió los ojos de nuevo, saboreó el semen que tenía en sus labios y limpió mi verga con su boca.

    Me tiré a un costado de la cama igual que ella había hecho en el jacuzzi. Se limpió el semen de su cara con las cobijas y nos abrazamos un rato.

    Pasamos esa noche en el motel, su esposo la llamó un par de veces mientras estábamos juntos, lo hicimos hasta que amaneció y en la mañana del día siguiente nos bañamos juntos listos para salir.

    Lastimosamente este fue el único encuentro que tuve con ella, intentamos organizar un par más pero por su situación y la mía nunca lo logramos.

    Si quieren más detalles de cómo fue esa noche déjenlo en los comentarios, gracias por leer mi experiencia.

  • Un tropezón con final feliz

    Un tropezón con final feliz

    Era una mañana del mes de agosto, pagué el café que me había tomado mientras ojeaba el periódico, al salir de la cafetería que estaba cerca del hotel donde me hospedaba, en la puerta, una señora cincuentona que estaba de buen ver, tropezó y cayó en mis brazos, tenía unos pechos hermosos que se mantenían firmes para su edad y que presionaban mi pecho por la caída, el resto de su cuerpo, bien proporcionado, hacían un conjunto agradable para la vista, el único aspecto que no me acababa de gustar era que vestía de una forma demasiado recatada para mi gusto, pero el aroma que desprendía su perfume me hizo pensar que podía ser una nueva presa para este lobo solitario. Tras recomponerse bajo la mirada de los presentes, se disculpó.

    -No hay nada que disculpar, le puede pasar a cualquiera.

    Después, cada uno siguió su camino. Yo continué con mi paseo matutino pero no podía dejar de pensar en ella, continuaba oliendo su perfume.

    Al día siguiente volví a tomar café a la misma cafetería con la esperanza de volver a verla, ella ya estaba allí cuando entré en el local, un café, una tostada y el móvil era la única compañía que tenía. Pensé, por qué no acercarme y probar suerte, tal vez sea una mujer que necesita compañía, total, no tengo nada que perder y tengo tiempo de sobra dado que estoy de vacaciones. Iba vestida con una falda negra por debajo de las rodillas y una blusa blanca con mangas hasta el codo, el cabello suelto, le llegaba por encima de los hombros, de color castaño claro, tintado pensé al no verle ninguna cana. Miraba el móvil cuando me puse a su lado.

    -Hola buenos días.

    -Hola buenos días.

    – ¿Te acuerdas de mí?

    -¡Claro! Ayer tropezamos en la puerta, menos mal que estabas allí, porque si no me hubiera dado un buen golpe contra el suelo.

    Ella me miraba con curiosidad, como evaluando la situación.

    -¿Estás sola?

    -Sí.

    -¿Puedo sentarme e invitarte a almorzar?

    Ella se lo pensó durante unos segundos, pero aceptó. Me presenté.

    -Me llamo Eduardo.

    -Yo soy Cristina, encantada.

    Pedí mi café y charlamos de trivialidades, ella era de allí, yo le dije que estaba de vacaciones y que estaba visitando la ciudad y que nunca había estado allí, que tenía pensado ir al museo de ciencia natural y comer en cualquier sitio. Ella se ofreció a enseñarme la ciudad y yo acepté. Media hora después pagué y salimos de la cafetería. Llamé un taxi que nos acercó al museo, ella también estaba de vacaciones, era profesora en un instituto de la ciudad y resultó que era viuda desde hacía un par de años. Yo le dije que trabajaba en publicidad y que ella tenía un cuerpo muy atractivo que podría hacer algún anuncio si se lo proponía. Ella se sonrojó y me dio las gracias.

    Tras la visita al museo, que por cierto, fue muy didáctica, se notaba que ella tenía conocimientos de lo que me enseñaba. Eligió un sitio para comer no muy lejos del museo, comimos platos de la gastronomía típica de la ciudad y la acompañamos con vino de la tierra, ella no quiso más de dos copas, con las mejillas sonrosadas dijo que se le subía a la cabeza. Yo le dije.

    -Pero si estás de vacaciones, ¿qué importa? ¿Tienes a alguien en casa al que tengas que darle explicaciones?

    -No, la verdad es que no, mi hijo está en Francia.

    -Yo te acompaño luego a tu casa, es lo menos que puedo hacer.

    -Bueno, pero solo media copa.

    -Vale, media copa para cada uno y te llevo a tu casa.

    El taxi nos dejó en la dirección que ella le había dado, en la puerta del edificio ella me dijo.

    -Verás, no tengo por costumbre el invitar a desconocidos a mi casa, pero contigo me siento cómoda, ¿quieres tomar un café?

    -Yo no tengo por costumbre aceptar invitaciones de desconocidas, pero en esta ocasión haré una excepción. Ella mostró una amplia sonrisa.

    Salimos del ascensor y entramos en su piso.

    -Voy a preparar el café, ponte cómodo.

    -Gracias, voy al baño un momento.

    Salí del baño y me dirigí a la cocina, me coloqué detrás de ella y le di la vuelta suavemente, noté como su respiración se agitaba, le cogí la cabeza con suavidad y la besé en la boca, toda mi lengua jugaba con la suya, notaba como se dejaba llevar mientras la abrazaba, me separé y volví a encararla hacia la cafetera, desde atrás le acaricié los brazos y subí hasta sus pechos, luego bajé por su espalda hasta llegar a su redondeado culito, ella no hablaba pero se dejaba hacer, el café comenzó a salir.

    -El café ya está. Dijo ella con una voz entrecortada.

    -Pues sírvelo. Dije con un tono más autoritario.

    Ella preparó dos tazas y con un casi inapreciable temblor me ofreció una de las tazas.

    Le di un sorbo y mirándola a los ojos le dije.

    -Verás Cristina, me gustas, voy a follarte como yo quiera, tengo ganas de poseerte, de hacerte mía, pero, si prefieres que me marche, solo tienes que darte la vuelta y me iré sin más.

    Ella se ruborizó, pareció que quería decir algo pero guardó silencio, siguió mirando mi taza en señal de aceptación, yo bebí otro sorbo del café y dejé la taza en una mesa que había en la cocina, me puse delante de ella y le desabroché la blusa, un sujetador color carne apareció ante mí, le levanté la barbilla y la besé, pasé mi mano por su espalda y le desabroché el sujetador, ella permanecía en silencio, se lo quité despacio y le acaricié los senos, jugué con sus endurecidos pezones, luego se los mordí, ella soltó un gritito mezcla de placer y de dolor. Yo quería saber hasta dónde iba a dejarme llegar. Le bajé la cremallera de la falda y esta cayó al suelo, vi como unas bragas color carne cubrían su feminidad.

    -¡Quítatelas!

    Ella obedeció. Un coño peludo apareció ante él.

    -Separa las piernas. Eduardo le metió dos dedos y lo notó mojado, los movió mientras la besaba, ella gemía.

    -Arrodíllate. Se desabrochó el pantalón y sacó su polla del slip.

    -Cómetela.

    Ella comenzó a chuparla pero se notaba que no tenía mucha experiencia, tras unos lametazos me separé y la levanté.

    -¿Cuánto hace que no te comes una polla?

    -Pues desde que falleció mi marido y a él no le gustaba mucho que se lo hiciera, éramos un poco clásicos y recatados en el sexo.

    -Parece que necesitas un buen polvo, ¿Verdad?

    Ella movió la cabeza en señal de aceptación. Eduardo la cogió por el pelo y la levantó

    -Coge las bragas y el café y ves al salón.

    Yo, detrás de ella la seguía, observaba como su cuerpo se movía rítmicamente, el movimiento de sus nalgas, su piel blanca como la leche y el cuerpazo que tenía para su edad, esta mujer tiene que ir al gimnasio pensé. Me dieron ganas de abalanzarme sobre ella y devorarla como haría un lobo con su presa, pero me contuve, tenía que hacerla mía, que disfrutara para que quisiera más, era un diamante en bruto y había que pulirlo. Una vez en el salón dejamos las tazas de café sobre la mesita, yo la cogí del pelo y la acerqué a la mesa del comedor, le puse las bragas en la boca y la incliné sobre la mesa, comencé a darle unos azotes suaves en aquel culito que me pedía guerra, ella gemía y yo subía la intensidad, ella aguantaba, me quité la ropa y por detrás se la metí hasta el fondo de su coño sin miramientos, ella soltó un grito que fue mitigado por la bragas en su boca, aguanté así unos segundos mientras ella se relajaba, comencé a follarla sin cortesías, la embestía a placer cogida por las caderas, sus hermosos pechos bamboleaban sobre la mesa y sus nalgas bailaban por los envites de mi polla.

    Cuando noté que podía correrme me detuve, le di la vuelta y le quité las bragas de la boca, la besé, le mordí el cuello y la oreja, ella gemía con sus ojos entrecerrados. La senté encima de la mesa y le mordí los pezones, se los chupaba y mordía mientras ella gemía de placer, la recosté y comencé a lamer su coño sin cortesías, imaginé que su marido no se lo haría muy a menudo después de lo que me había dicho, incluso pensé que tal vez no se lo hubiera hecho nunca. Su clítoris estaba endurecido por la excitación y sus jugos fluían por el interior de sus muslos, yo seguí con la comida de coño, ella con sus manos en mi cabeza se retorcía sobre la mesa hasta que le llegó su primer orgasmo.

    La bajé de la mesa y sin darle tiempo a reaccionar le di unos buenos azotes.

    -Que sea la última vez que te corres sin decírmelo, ¿queda claro?

    -Sí.

    -A partir de aquí serás mi esclava y yo tu amo, ¿lo entiendes?

    -Sí.

    -Sí qué.

    -Sí amo. Contestó.

    La arrodillé y le dije que me la chupara, pero que lo hiciera como si fuera una buena puta, si no volvería a azotarla.

    Lo intentó y mejoró un poco pero no lo suficiente, la incliné sobre la mesa y volví a azotarla.

    -Eres una mala puta, tienes mucho que aprender. Le dije mientras mi mano azotaba su culo blanco que se enrojecía poco a poco.

    -Si amo, tengo mucho que aprender. Dijo entre gemidos.

    -Pero no te preocupes zorra, yo estoy aquí para enseñarte, de una manera o de otra terminarás siendo una buena puta.

    Con sus nalgas enrojecidas por mis azotes, la cogí de un brazo y la llevé al sillón, la puse de rodillas de espaldas a mí, le lamí su oscuro agujero y le escupí, ella gimió con placer al sentir algo nuevo, luego pasé la lengua por sus enrojecidas nalgas.

    -¿Alguna vez te han follado por detrás?

    -No.

    -No qué. La volví a azotar por una mala respuesta.

    -No amo.

    -Pues hoy será tu primera enculada, ¿tienes vaselina?

    -No mi amo.

    La dejé un momento y me fui a la cocina, cogí la mantequilla de la nevera y volví con la que era ya parecía ser mi esclava, le puse una buena dosis en su culo y otra en mi polla.

    -Ahora relájate o te dolerá.

    Le metí la punta de mi polla y ella gritó, se la saqué y la volví a meter, lo hice varias veces hasta que su orificio se acostumbró, poco a poco se la fui metiendo toda, hasta que mis testículos tocaron su culo, ella gemía y gritaba, entonces empecé a follarla, una de mis manos la cogía por la cadera mientras la otra cogía su pelo y echaba su cabeza hacia atrás, la follé así hasta que todo mi caliente semen inundó su culo, lentamente me separé y contemplé como le salía mi leche. Ella se relajó y esperó callada a ver qué sucedía a continuación mientras recuperaba la respiración.

    Yo por mi parte me había quedado satisfecho, tenía una nueva esclava en esta ciudad.

    -Límpiame la polla. Ella cogió papel y se dispuso a limpiarla.

    -¡Con la boca zorra! Dejó el papel y pasó su lengua por ella, poco a poco hizo un buen trabajo. Ahora siéntate en el sillón y mastúrbate para mí.

    -Eso me da un poco de vergüenza.

    -Respuesta equivocada. Le di una bofetada en la cara.

    -Obedece si no quieres recibir otra.

    -Pero amo, es que nunca lo he hecho, que me miren mientras me toco. Le volví a dar un par de bofetadas, perecía que no le molestaba ser abofeteada. Le di un par más y le dije.

    -Piensa la respuesta antes de hablar zorra. Ella guardó silencio unos segundos y contestó.

    -Si mi amo, como tú quieras.

    Se sentó en el sillón y comenzó a tocarse, su mirada se dirigía al suelo, pero poco a poco se fue excitando y ese pudor dejó paso al deseo, cuando ya estaba bastante excitada me preguntó sin mirarme.

    -¿Quieres follarme amo?

    -Te follaré cuando yo quiera, ahora quiero disfrutar del espectáculo de mi zorra. Aquella respuesta pareció gustarle, parecía que empezaba a sentirse cómoda en su nuevo papel de esclava sumisa.

    -Sí mi amo, cuando tú quieras. Comenzó a gemir y entrecerró los ojos, sus gemidos iban en aumento, su cuerpo se contorsionaba al mismo tiempo que frotaba su clítoris con energía, terminó llegando al orgasmo y juntó las piernas en señal de que se había corrido.

    Me acerqué a ella y le di unas bofetadas en la cara mientras la tenía cogida por el pelo.

    -¿Qué te he dicho antes sobre decirme que te corrías?

    -Perdón amo, perdón. Me fumé un cigarro y cuando lo terminé le dije.

    -Ahora vas a chupármela y espero una buena mamada.

    Ella obedeció y se arrodilló ante mí, su lengua mejoraba en cada intento, se la metía en la boca y yo apretaba su cabeza para metérsela toda, la mantenía unos segundos y la soltaba, ella daba arcadas y babeaba pero continuaba.

    -No te olvides de mis huevos.

    Ella pasaba la lengua por toda la polla, huevos incluidos, y se la metía toda hasta el final sin que yo se lo dijera. Cuando estaba a punto de correrme se lo dije.

    -Voy a correrme puta, trágatelo todo.

    Ella obedeció y tras correrme me enseñó mi leche en su boca, la cerró y la volvió a abrir y ya no estaba, me sonrió y yo la besé con dulzura mientras acariciaba su cabello.

    Dame tu teléfono, ella me dio su número y yo le di el mío. Nos tomamos otra taza de café y un licor que tenía en el mueble bar. Tras una media hora en la que estuvimos más callados que hablando, me la senté encima pero de espaldas y comencé a hacerle una paja, le mordía la oreja y el cuello, ella se acomodaba en mi cuerpo para sentir el placer que le proporcionaba mi mano y mi boca.

    -Como me gusta tu coño mojado zorrita, vas a ser mi puta a partir de ahora mientras esté en la ciudad, te follaré cuando yo quiera y como yo quiera. Le dije mientras apretaba su clítoris y le metía los dedos en su coño, ella separaba las piernas y me mojaba con sus fluidos. Parecía que le gustaba oírme decirle esas cosas porque entre gemidos decía.

    -Sí amo, sí, quiero ser tu puta. Yo seguía tocándola con la seguridad de que ya era mía, no mucho tiempo después me decía.

    -¡Amo!

    -¿Qué?

    -¡Me voy a correr!

    -Así me gusta zorra, que me lo digas.

    Mi polla que se había vuelto a poner dura al oírla gemir y sentir su cuerpo encima del mío, aproveché y se la metí en su mojado coño, ella se corrió casi enseguida al sentirla dentro mientras yo le apretaba uno de sus pezones, seguí follándola, ella puso sus pies sobre mis rodillas hasta que me llegó el turno de correrme, nos quedamos en silencio un buen rato en la misma posición, me levanté y le dije que me iba a duchar, que me diera una toalla. Cuando salí de la ducha me vestí y le dije que me iba, ya estaba anocheciendo y había hecho ganas de cenar algo. Ella llevaba una bata fina que marcaba sus pezones y por debajo continuaba desnuda.

    -Puedo preparar algo de cenar amo.

    -Hoy no, mañana por la mañana te llamaré, quiero que me sigas enseñando la ciudad.

    -Estaré encantada de hacerlo, por cierto amo.

    -Dime.

    -Puedes azotarme más fuerte si quieres.

    Me acerqué a ella sonriendo, la cogí del pelo y le di un beso, le mordí el labio inferior con algo de fuerza, ella gimió pero no dijo nada, sin volverme hacia ella subí en el ascensor y me marché.

  • Go Tiggers!

    Go Tiggers!

    Jorge trataba de desviar la mirada hacia las otras jugadoras, pero terminaba con la vista clavada en las nalgas de su hija. No era para nada menuda: muslos y caderas generosas que hacían perfecto juego con sus nalgas redondas, y unos pechos grandes que purgaban por salirse del uniforme cada vez que corría. Para él, y seguramente para muchos más, era un deleite verla moverse y saltar; el bamboleo hipnótico de sus nalgas era todo un espectáculo. Juego tras juego tenía soportar la tortura de ver todo aquello sin poder tocarlo, y era la tercera vez que tenía una erección en uno de sus partidos. La primera vez que le sucedió fue cuando, emocionada, les modeló el uniforme que usaría al estar finalmente en la selección. Le quedaba muy ajustado y el short se metía por todas partes sin dejar mucho a la imaginación.

    Aquello lo conflictuaba demasiado pues era su hija a quién veía con el morbo de quien ve por primera vez a una desnudista. Simplemente no podía apartar la vista de sus carnes. Al llegar a casa, tenía que masturbarse casi frenéticamente para “liberar” todo aquello y por las noches, el sexo con su madre era demasiado brusco y caótico. Mayte jamás relacionó una cosa con la otra porque se trataba de su hija y, por el contrario, le gustaba que la tomara con fuerza. Las embestidas que le propinaba eran tan fuertes que Victoria podía escuchar los gemidos de su madre claramente en su habitación, sin sospechar que era ella quien causaba aquel acto desenfrenado.

    Cierto día, Jorge se dirigía a su casa cuando apareció un mensaje en su celular. “Pa, ¿puedes venir por mí?” preguntaba su hija. Inmediatamente, dio la vuelta y se dirigió a la universidad. Al llegar, Victoria estaba sentada en una banca en la entrada con el muslo vendado hasta la rodilla. Estaba rodeada por sus compañeras y el entrenador le daba palmadas en el hombro.

    – ¿Qué ha pasado? -preguntó apenas se bajó del auto.

    – Me caí en la práctica. -Contesto su hija apesadumbrada.

    – ¡No es cierto! ¡La tumbaron! -clamó una de sus compañeras viendo al entrenador.

    – Hay que ponerle esto -le dijo el entrenador entregándole un frasco de ungüento a su padre-, y estará como nueva en un par de días. El doctor confirmó que no es nada grave. -Jorge le ayudó a su hija a subir al auto y regresaron en silencio a casa.

    Al llegar, fue necesario que la ayudara a bajar pues no podía apoyar bien la pierna, y ante la imposibilidad de caminar bien, decidió cargarla hasta su cuarto. Victoria se sonrojó y le agradeció con un sonoro beso en la mejilla. “¿Necesitas ayuda para cambiarte?” Le preguntó su padre desde la puerta. “No, pero debes ponerme la cosa esa que te dieron” Le contestó a punto de quitarse el jersey. Jorge se volteó a la pared y esperó unos minutos a que se cambiara. “¡No puedo!” gritó su hija casi al borde del llanto. Jorge se acercó a ella y le dio un pequeño beso en la frente. Le hizo una seña para que se acostara y llevó sus manos al short. “Solo lo hago porque lo necesita” se decía mentalmente. Bajó lentamente el short con los ojos cerrados pues sintió la mirada de su hija completamente ruborizada. Victoria le puso otro en la mano y se lo colocó despacio también, separando un poco las piernas.

    Nervioso, su padre tomó el ungüento y sujetando firmemente su muslo empezó a masajearlo de arriba abajo; la suavidad y tibieza de su piel eran intoxicantes para él y se moría por besarlos. Eran tan gruesos que cubrían buena parte de su apretada entrepierna. Victoria se subió el short y abrió un poco más las piernas, de manera que pudo ver su vulva perfectamente de cerca. Era abultada y con la división de los labios muy marcada, formando un pequeño canal que se perdía más abajo. Se concentró en el masaje sin quitar la vista de su monte de venus, que juraba que palpitaba cada vez que presionaba su piel con los dedos. Subía y bajaba las manos presionando justo en la zona afectada cada vez que Victoria suspiraba de dolor.

    Así estuvo un buen rato hasta que sintió que el ungüento se había aplicado completamente. No quería dejar de tocarla, pero ya no había razón para seguir haciéndolo. Bajó las manos hasta sus rodillas y cuando se incorporó, para su sorpresa, Victoria le pidió que continuara con la misma expresión con la que le pedía que no dejara de mecerla, cuando de niña la subía a los columpios. Se aplicó más ungüento rápidamente y volvió a sujetar su extremidad, esta vez con más delicadeza.

    Poco a poco fue moviendo las manos en círculos hasta tocar una parte de sus nalgas y su entrepierna, lo que provocaba un corto suspiro en su hija. El masaje ahora era más suave y lento y procuraba extenderse más allá de los muslos. Jorge estaba excitado y quería llevar aquello más allá, pero tenía miedo; sabía que estaba mal y debía detenerse, pero no podía. Subió la mano a sus caderas y presionó ligeramente. “¿Te duele?” Le preguntó tratando de enmascarar sus intenciones. “Un poco”, contesto Victoria con los ojos cerrados. Subió más la mano hasta su cintura y regreso de nuevo a la pierna, colocándose justo entre la pierna y su vagina. Empezó a presionar fuerte rozando su vulva con los nudillos. El movimiento era más prolongado de tal manera que ya tocaba casi abiertamente sus labios. Victoria dobló la otra pierna exponiendo completamente la forma de su vagina. Su padre veía deseoso aquel tesoro cuidando siempre que no se diera cuenta de su mirada. Pronto la calidez en su entrepierna le hizo saber no solo que lo estaba disfrutando, sino que no oponía resistencia a lo que hacía.

    Subió más la mano hasta tocar completamente su glúteo, lo que provocó un ligero espasmo en Victoria, pero no dijo nada; ahora acariciaba ampliamente sus nalgas y parte de su entrepierna.

    Hasta que la voz del otro lado de la puerta los hizo salir de aquel trance en el que estaban. “¿Jorge? ¿Amor?” clamó su madre al entrar en la habitación. Victoria dio un respingo bajándose el short rápidamente y Jorge se enderezó pues no se había dado cuenta que casi estaba sobre ella.

    – ¿Qué paso? – Preguntó Mayte con la mirada clavada en su hija.

    – Victoria se cayó en el entrenamiento y se lastimó el muslo. Tenemos que aplicarle esto por 3 días. -Le contestó entregándole el ungüento a su madre.

    – Gracias, papá.- Le dijo Victoria aun ruborizada antes de que Jorge saliera de la habitación. Se encerró en el baño y se masturbó enérgicamente.

    Más tarde, después de cenar, se sentaron los tres a ver la televisión en la sala. Jorge estaba en medio de las dos y las abrazaba afectuoso, pero de cuando en cuando miraba de reojo el escote de su hija. Después de un rato, Victoria se acomodó casi sobre él, atrapando su brazo con los de ella. Podía sentir sus pechos moverse con su respiración y estaba teniendo una erección. Se movía lentamente en su lugar presionando sus senos, y con cada movimiento, sus pezones se iban poniendo más duros. “¿No trae sostén?” se preguntó sorprendido; movió un poco el brazo frotando sus pezones hasta que quedó acomodado en medio de sus senos. Su pene estaba palpitando ya y tenía que hacer algo. Le hizo una señal a Mayte que entendió rápidamente y puso la mano sobre su paquete. Sonrió complacida y empezó a frotarlo despacio, siempre atenta a Victoria, y cuando su pene estuvo totalmente duro ambos se levantaron, despidiéndose de su hija.

    Apenas entraron al cuarto, se desvistieron y abrazados se fueron a la cama. Aquella sesión de sexo fue más larga que de costumbre, propinándole fuertes embestidas en varias posiciones y magreando sus pechos enérgicamente en todas. Mayte se corrió casi a chorros sin poder evitar un fuerte gemido que tuvo que interrumpir tapándose la boca. Ambos rieron en complicidad.

    Cerca de la madrugada, Jorge se levantó por un vaso de agua y al pasar por el cuarto de su hija escuchó un sonido muy familiar. Pegó la oreja a la puerta y claramente pudo distinguir los gemidos ahogados de su hija. “¿Se estaba tocando?”. Con el corazón acelerado, abrió la puerta lentamente y se asomó sin hacer ruido. El cuarto estaba oscuro salvo por la luz del baño que se colaba por debajo de la puerta. Victoria estaba acostada con las piernas bien abiertas, moviendo la mano rápidamente debajo el panty. Con la otra mano se frotaba y jalaba los pezones sobre la camiseta casi transparente. Jadeaba despacio con la boca abierta y movía sus caderas arriba y abajo, acoplándose al movimiento de su mano. Jorge abrió bien los ojos casi conteniendo la respiración pues aquello era todo un espectáculo. El pecho de su hija se inflamaba con su respiración agitada y cuando hundía sus dedos en su vagina dejaba escapar un gemido casi imperceptible.

    No pudo contenerse y comenzó a masturbarse al mismo ritmo que su hija. Victoria movió a un lado las bragas y comenzó a tocarse con ambas manos, buscando el clítoris con una al tiempo que se metía dos dedos con la otra. Jamás esperó verla en aquella postura pues supuso que no solía tocarse, pero los movimientos de sus manos le indicaron que era muy hábil dándose placer.

    Jorge empezó a jadear sin quitar la vista de los pechos de su hija, que se estremecían con el movimiento de sus manos. Eran más grandes que los de su madre y muy probablemente más firmes también. Imaginó la forma de aquellos pezones que parecían atravesar la tela de la camiseta, muriéndose por saborearlos con la lengua. De pronto, Victoria arqueó la espalda por los evidentes espasmos de placer indicando que estaba a punto de llegar a su cenit; su padre también estaba a punto de correrse. Ella se llevó la mano a la boca y detuvo el movimiento de su mano, corriéndose aparatosamente con las piernas cerradas. Jorge no pudo contenerse tampoco y se corrió dentro de la trusa. Victoria se quedó un momento recostada con las piernas temblorosas, tratando de recuperar el aliento; su padre hecho un último vistazo y regresó a su habitación. Nunca sospechó que se tocara o siquiera que viera pornografía, pero después de aquella noche, sabía que muy seguramente tendría algún contenido escondido en su ordenador. ¿Tendría fotos de ella también?

    La imagen de su hija masturbándose se había quedado impresa en su mente, y cada vez que pensaba en ella tenía una erección, misma que aprovechaba para follar a Mayte si estaba cerca. Su esposa no sospechaba para nada de su comportamiento, ni mucho menos que las sesiones arrebatadas de sexo por las noches eran inspiradas por su propia hija adolescente.

    Al día siguiente, Victoria tenía entrenamiento y llegaría más tarde con su madre, por lo que Jorge se dio a la tarea de hurgar en su ordenador. No era muy común que alguien más tocara sus cosas en casa, por lo que nada tenía contraseña. Buscó primero en el historial, curioso de ver qué clase de contenido consumía, pero no encontró nada. Lo único que le llamó la atención fue una página de ropa interior deportiva, y tenía varios modelos guardados en el historial. La imaginó modelándoselos en algún hotel de paso y el solo hecho de pensar en como se movían sus senos cubiertos por aquella prenda, lo excitó muchísimo.

    A continuación, abrió su cuenta de correo y buscó las fotografías que tuviera guardadas. No había nada que le llamara la atención, salvo las fotos que se tomaba con sus compañeras antes y después de cada partido. Gracias a ella había desarrollado una especie de fetiche por los uniformes de Voleibol, y ver todas aquellas chicas con las caderas anchas y nalgas voluminosas lo estaban haciendo sudar. Copió algunas en un USB y cuando se disponía a apagar la PC, vio una carpeta en la papelera llamado ‘Fotitos’. Después de cargar un instante, apareció ante él una colección enorme de fotografías de su hija en ropa interior o en shorts muy cortos; “¡Bingo!” pensó exaltado. Más de 250 imágenes en diferentes poses, mostrando sus nalgas y sus senos, apenas cubiertos por ropa muy ligera o con su brazo mientras sostenía el celular frente a un espejo. Todas las había tomado en su baño y las más recientes en la regadera. Aquello era el verdadero cofre del tesoro. Le dio un rápido vistazo a todo y nuevamente le llamo la atención los -elementos compartidos- de la carpeta.

    Esta tenía 6 archivos de video que no tenían imagen previa, así que abrió uno por uno. Eran videos XXX donde los protagonistas eran hombres mayores con mujeres muy jóvenes. Su pene estaba a punto de estallar con todo eso, por lo que copió todo rápidamente y salió de su habitación.

    “¿Le gustan los hombres mayores?” Se preguntaba atónito. Aquello era la perfecta declaración que estaba esperando para poder “avanzar” con ella. Sabía que estaba mal, pero el instinto era más fuerte que él, y Victoria estaba buenísima. Estaba decidido a acostarse con ella a como diera lugar.

    La oportunidad llegó esa misma tarde, sin planearlo en absoluto.

    Continúa.

  • Historias de un matrimonio cornudo. Confesiones

    Historias de un matrimonio cornudo. Confesiones

    A partir de estos relatos, escribiré de manera independiente, es decir, aunque seguiré contando las cosas de manera lineal y los nombres y acciones pasadas aún pesarán en la historia, quiero creer que se podrán entender cada uno por sí mismo.

    Después de que mi “esposa” terminara con el primer cabrón que me hizo el favor de ponerme cuernos (un compañero de ella, profesor de la escuela donde da clases) ella siguió escribiéndose de forma muy caliente con sus excompañeros de universidad y preparatoria (Armando y Darío, respectivamente); sin embargo, no se animaba a salir con ellos, me decía que se le hacía muy pronto, yo la animaba, diciéndole que Eder no había sido su novio ni una relación, ella me decía que lo entendía, pero que no se sentía preparada, después me confesaría que se sentiría muy zorra al salir luego con ellos.

    Aparte de eso, mi esposa tenía muchísima calentura, prácticamente a diario lo hacíamos, eso sí, la rutina era más o menos la misma, la mojaba con mi lengua, la penetraba, como ella me insultaba y me decía muchísimas cosas muy calientes (que era un cornudo de primera, que no sentía mi pitito, que mi pitito era como de un niño, que aparte de cornudo era un pendejo, que encima de pito chico era un impotente que no duraba ni 2 minutos, que no era un macho de verdad, que era un pobre cornudo) que me hacían terminar en menos de 3 minutos (justo como mi esposa decía), me ordenaba bajar a hacerla terminar con mi lengua y que le limpiara toda la leche que le tiraba, diciéndome, ya ves cornudo de mierda, bájate a tu lugar, con tu lengua entre mis piernas como solo un pendejo puede hacerme terminar.

    Yo bajaba de inmediato y efectivamente la hacía terminar mientras la limpiaba completamente. Tengo que ser muy sincero, mientras mi esposa me insultaba yo me excitaba muchísimo, tanto que eso provocaba que terminara demasiado rápido, pero me hacía sentir mal, temía que me abandonara, porque me hacía sentir poco hombre, yo me tomaba todas sus palabras en serio, pero me ganaba más la excitación. Todo fue así la primera semana post “rompimiento”, pero el sábado en la noche, cuando yo ya había terminado y estaba limpiándole la conchita, ella estaba especialmente cachonda, así que me dijo algo que a mi parecer superaba con creces todos los insultos que me había dicho, me dijo que era su putito cornudo maricón, ahí si de plano me detuve y le dije que teníamos que hablar, ella se desilusionó porque estaba a punto de terminar, pero aceptó, le dije que si era verdad todo lo que me decía, que porque aunque algunas cosas me parecían excitantes, también eran muy humillantes, y que tenía miedo de que se alejara de mí, que me abandonara cuando encontrara lo que ella llamaba un macho de verdad.

    Pensé que se reiría o se molestaría, pero mi sorpresa fue enorme cuando me acarició el rostro, me miró tiernamente y me dijo que no me preocupara, que ella me amaba más que a nada, que era el padre de sus hijos y que me diría toda la verdad, me dijo que en realidad no le parecía que yo tuviera el pene pequeño, que es más, que aunque el de Eder efectivamente era más grande, en realidad no lo era por tanto, y que del grosor estaban más o menos iguales, que ella estaba muy satisfecha con nuestras relaciones sexuales, que el poco tiempo que yo duraba lo compensaba con una pasión increíble, que aunque Eder duraba muchísimo (y que en verdad esa era una de las razones por las que llegaba toda adolorida) no se lo hacía siempre con esa intensidad, que lo que le gustaba de él era como la trataba, que en una palabra, era muy competente en el sexo, que le hacía sexo oral de una manera incomparable y que cada vez lo hacía mejor, que siempre tenía un orgasmo conmigo; después de decirme eso, me empezó a besar.

    Entonces le pregunté que por qué me decía todo eso si en realidad no lo sentía o no lo creía, ella me respondió que ella lo veía como parte del juego, del rol que estábamos asumiendo, que así como le prendía muchísimo que la humillaran y trataran como a una puta (cuando en realidad en la vida real no dejaría que lo hicieran, es más, ella era exitosa y una profesional más que capaz) que le encantaba hacer lo mismo conmigo, y saber que tenía la confianza de hacerlo, que solo de pensar en los insultos que me diría se humedecía completamente y que eso tampoco significaba que yo era eso; después de un momento en el que nos quedamos callados ella me tocó la verga y me dijo, y por lo que veo el problema es tu cerebro, porque a tu pitito le encanta todo esto, porque no terminas tu trabajo cornudo maricón de mierda, toma tu lugar como el pendejo que eres; así seguí haciendo lo mismo, pero con la confianza de que ella no solo me amaba, sino que todo esto era parte de una vida sexual en común que disfrutábamos completamente ambos.

    Después de esa charla las cosas fueron mucho mejores, yo había entendido que toda esta parte de la humillación era algo que nos calentaba terriblemente a ambos, y que no nos separaba, sino que lo disfrutábamos y mucho, sentí como si me liberara, porque al fin, de una manera muy cómoda podía soltarme completamente sobre mis más oscuras fantasías o deseos (que en realidad ni siquiera sabía que tenía, porque en la calentura decía cada burrada, muy impresionante); así, en la siguiente semana tuvimos sexo de nuevo a diario, y estábamos totalmente desatados, mi esposa seguía insultándome a tope, ya con la confianza que le daba el hecho de que no me molestaría ni lo tomaría a mal, es más, lo escaló hasta el punto de que si hacía algo mal o que no le gustaba mientras le hacía sexo oral me daba tremendos cachetadones y me decía: así no pendejo, aprende a comerme la panochita como el buen cornudo pito chico que eres; uf, eso me encendía.

    Llegamos a tener hasta dos sesiones de sexo al día (en realidad yo eyaculaba dos veces dentro de ella y me obligaba a bajar a limpiarla ambas veces); yo también ya mas desinhibido le decía que por favor ya no me hiciera sufrir, que ya le diera las nalgas a otro macho de verdad, que tenía muchas ganas de leche de macho; también le decía que extrañaba mucho como llegaba su panochita y su culito bien destrozados por vergotas que sí sabían cogérsela, que prefería limpiarle sus agujeritos golosos que penetrarla yo mismo.

    Después de una sesión especialmente intensa de sexo a tope en donde me dio de cachetadas y hasta se sentó en mi cara que porque ya se había cansado de mi pendejez a la hora de limpiarle la panochita empezamos a hablar de fantasías que teníamos, yo le confesé que me encantaría al fin ver como la usaban a tope, y que quería ser sumiso de ella y demostrarle a su macho de ese momento lo contento que estaba de que se cogiera a mi mujer limpiándola delante de él y alabando su sabor y lo bien que me hacía el favor de penetrar a mi esposa; en cambio ella me dijo dos fantasías, la primera era muy tradicional, que fantaseaba mucho con ser la putita de su jefe (en cuanto me lo dijo, le mencioné el nombre del director de la escuela donde da clases, y aunque ella hizo una mueca de desagrado porque ya era mas grande, aunque apenas unos 5 años mas que yo, también hizo un gesto de calentura impresionante), que la usara como quisiera, que no le diera chance de nada, que le ordenara guarradas que ella sin chistar obedecería y que me dominara a mi también; la verdad es que veía bastante realista esa fantasía, aunque ella decía que no.

    En cambio, su segunda fantasía era muy, pero muy caliente, excesiva e increíble, sobre todo por la precisión en los detalles que me manejó: ella quería coger con seis hombres al mismo tiempo, bueno, no al mismo tiempo exactamente, sino que se fueran turnando uno por uno, pero que no debían estar en la habitación, que ahí solo debíamos estar ella, el macho en turno y yo de rodillas a su lado, que en cuanto terminara de usarla uno de los hombres ella de inmediato me ordenaría limpiar y aliviar un poco el agujerito que le usó y que yo debía indicarle al siguiente que pasara a usar a mi esposa; uf, eso me calentó y me extrañó, le pregunté que de donde la había sacado y me comentó que no sabía, pero que hasta se había masturbado imaginando todo, los seis cabrones y yo como su fiel cornudo limpiando y hablándoles a los demás.

    También dentro de esa semana le pregunté sobre sus experiencias sexuales pasadas, me sorprendió que no fueron muchas, perdió la virginidad con un primo suyo que venía de Estados Unidos y el exnovio anterior a mí, que con su primo fueron experiencias que sí le gustaron, que durante 3 años el cabrón se la cogía cada que venía de Estados Unidos; me contó que la primera vez fue una semana antes de su fiesta de quince años, que su primo acababa de llegar de Estados Unidos por dicha fiesta y que aprovechó que los padres y hermanos de mi esposa salieron al centro de la ciudad para comprar cosas para la fiesta para entrar como hacían cuando eran niños a su habitación, solo que ya no eran niños, su primo la abrazó por la espalda, mi esposa hizo como si durmiera pero sintió claramente su pene en su trasero, también me dijo que le gustaba sentirlo, pero su primo empezó a tocarle los senos y a restregarle mas su paquete, le dijo al oído: se que estás despierta, si quieres que siga no hagas nada; y mi esposa no hizo nada; él la tocó por todo su cuerpo, los senos, las nalgas, las piernas y mi esposa empezó a gemir, entonces su primo se bajó a hacerle sexo oral, mi esposa no sabía que hacer entonces su primo le dijo: vaya, te ha gustado todo, estás mojadita y entonces ella empezó a gemir, después le abrió las piernas y la penetró, me dijo que le había dolido mucho, pero que fue de manera abrupta, solo sintió como un pinchazo muy, pero muy doloroso y después empezó a ser inundada por el placer, su primo le estuvo bombeando un buen rato hasta que terminó en su vientre.

    Ella no esta segura de que haya terminado esa primera vez, pero en las siguientes semanas su primo se encargó de cogérsela casi a diario aprovechando cualquier rato en que los dejaran solos, que hasta en su fiesta de quince se la chingó con todo y vestido, que ahí le enseñó a chuparle la verga y la empinó para darle por detrás, eso sí, me contó que siempre fue muy responsable y nunca terminaba dentro, sino fuera, en su vientre o en sus nalgas y cuando le enseñó a mamar, le acababa en la boca, me contó también que cada que venía de Estados Unidos ella le daba las nalgas siempre que pudiera, que le encantaba hacerlo con él, aunque creía que le había gustado porque eran sus primeras experiencias, dejaron de verse después de que él se enlistó en el ejército de Estados Unidos.

    El otro hombre en su vida fue su exnovio de la universidad, que realmente con él si no le gustaba el sexo, aunque duró 4 años con él el sexo nunca fue satisfactorio, que era muy conservador y miedoso, que solo lo hacían de misionero y nada de que él se bajara a chuparla a ella o ella a él, decía que era asqueroso, yo no podía creer que aún existieran hombres así; y aún me contó que ella casi casi lo viola la primera vez que porque él quería esperar hasta el matrimonio.

    Una semana después ella se quedó de ver con su excompañero de la preparatoria Darío, pero eso vendrá en el siguiente relato.

    Continuará.

  • Mi hijo me cambió la vida (10)

    Mi hijo me cambió la vida (10)

    Hola a todos, soy Lore la mami incestuosa, hoy vengo a contarles la última aventura con mi hijo y mis amigos, nuevamente agradezco mucho que publiquen mis historias y muchísimas gracias a todos los que con sus mensajes y comentarios me ayudan a escribir mejor y contarles en detalle mis vivencias, sin más demora empiezo.

    Como sabrán los que me leen hace tiempo yo mantengo una relación con mi hijo Lucas de la cual también participa mi sobrina Ludmila y en ocasiones mis amigos Romina y Adrián, hace unos meses mi hijo me contó que recibió una oferta laboral desde Uruguay por medio de un amigo, la cosa es que ese proyecto prosperó y finalmente me dijo que estaba la idea de irse, pero que si yo se lo pedía él la rechazaría para quedarse conmigo, obviamente le dije que yo no podía pedirle eso que aunque me doliera que se fuera de mi lado él debía tomar las riendas de su vida y yo jamás le truncaría su oportunidad de progreso.

    Lucas terminó aceptando esa oferta y se terminaría yendo, yo andaba muy triste por eso y más cuando se acercaba el día de su partida, le conté a mi amiga Romina y me dijo que antes que Lucas se fuera debíamos hacerle una despedida para que se fuera con algo inolvidable y ese algo sería una buena orgía donde también estuviera mi sobrina.

    Nos organizamos y un sábado nos preparamos para darle una despedida como se merecía, llegó mi sobrina Ludmila que es todo una belleza y con quien hemos cogido en muchas oportunidades a los que no leyeron les recomiendo que vayan y busquen los relatos «Mi hijo me cambió la vida y mi sobrina también» para saber de que hablo.

    Tras Ludmila llegaron Romina y Adrián, estábamos los 5 juntos todo dado para algo inolvidable, mi sobrina estaba hecha una joven preciosa y Romina bien sugerente con unas ropas muy hot, ella y Adrián comenzaron a tocar a Lucas diciéndole «Así que te vas pendejo nos vamos a encargar que te vayas bien cogido nene» mientras ya le iban quitando la camiseta y bajando el pantalón, lo sentaron en el sofá y una vez despojado del pantalón le quitaron su bóxer y sin demora se dedicaron a comer su verga, aclaró para los que no saben que Adrián es el novio de Romina y también es bisexual y Lucas ya se lo había cogido antes.

    Romina nos llamó a Ludmila y a mi para que nos unamos a la mamada que ellos le daban a mi nene, poco a poco todos nos íbamos quedando desnudos y le dábamos placer a Lucas su verga ya era un hierro duro producto de la estimulación bucal que recibía de todos nosotros, yo luego me senté a su lado y mientras Ludmi chupaba la verga de su primo yo me tragaba la de Adrián y Romina se aprovechaba de mi concha, éramos todos dando y recibiendo placer, en un momento yo suelto el chorizo de Adrián para besarme con Lucas y no sé como fue que yo que seguía pajeando la verga de Adrián la arrimó a la boca de Lucas como invitándolo lo hice de manera totalmente espontánea, pero él la recibió y capturó con su boca y empezó a chupar, fue algo que me voló la cabeza mi hijo chupando su primera verga y frente a mi, el morbo hizo que mi raja se volviera un mar de jugos que Romina iba aprovechando, yo me uní también a la mamada y mientras Adrián hundía suavemente la verga en la boca de Lucas yo chupaba las bolas, luego entre los dos compartíamos la verga y nuestras lenguas se enredaban en ese tronco delicioso.

    Fue un momento increíble y súper caliente que duró varios minutos, luego yo me subí sobre Lucas y me ensarte sola en su verga que entro en mi concha y Adrián me la metía en el culo, a todo esto Romina abría a la Ludmi para comerle su concha mientras yo movía y de frente a mi hijo le comía la boca y le decía que lo amaba y que le agradecía por hacerme gozar tanto, él me comía las tetas y su verga entraba en lo más hondo de mi concha mientras Adrián se deleitaba con mi culo

    Que delirio de placer el que estábamos experimentando, los chicos me cogían como a una verdadera puta sucia y viciosa, luego de un rato así ahora es turno de Ludmila de ser sometida al mismo proceso, ensartada sobre Lucas y Adrián dándole por el culo, como la hacían gritar a mi sobrina, «Así putita gemí como la perrita que sos» le decían a la vez que la manoseaban entera y Romina y yo nos comíamos a besos, lamidas y chupones.

    Ahora cambiaban de pose y Adrián abría bien se piernas a Ludmi para cogerla por la concha y Lucas clavaba a adrián por el culo, los 3 se movían al mismo ritmo, verlos era una maravilla, Ludmi daba gritos propios de una loba al límite del goce, Lucas extrajo su verga y nos hacía probar a Romina y a mi su verga con el sabor mezclado de la concha de mi sobrina y del culo de Adrián, Romina y yo lo compartíamos, nos colocó en 4 a ambas y se alternaba para cogernos el culo y Adrián terminaba dentro de Ludmi y nos arrimaba su verga goteando leche mezclada de jugos de mi sobrina y nos daba a probar mientras Lucas nos cogia cada vez más duro, mi hijo gemía como burro y nosotras éramos sus putas sumisas.

    Nos avisó que se venía y nos puso de rodillas para lanzarnos su leche en la boca la cual brotó a chorros potentes y calientes, parecía crema batida ese semen delicioso, entre los tres ya que Adrián se nos unió limpiamos esa verga hermosa que tanto placer nos dio, hicimos un pequeño parate para luego retomar y Romina también recibo su doble penetración por culo y concha a la vez y en un momento las tres puestas en cuatro patas éramos cogidas por estos dos machos incansables que nos cogían culo y concha.

    Lucas volvió a meterle verga al culo de Adrián y se lo llenó de leche para luego hacernos limpiar nuevamente su verga con sabores mezclados que eran verdaderamente deliciosos, una tarde de sexo salvaje y sin límites donde todos gozamos y donde le pudimos dar a Lucas la despedida que se merecía.

    Adrián y Romina debieron irse pero mi sobrina se quedó hasta el día siguiente y obviamente Lucas se la continuó cogiendo de todas las formas y a mi también me hizo probar su verga en todas formas, yo era cogida en 4 mientras chupaba la concha de Ludmi, nos cogia el culo por turnos y en distintos lugares de la casa, fuimos sus putas privadas ese sábado y domingo.

    Espero hayan disfrutado de este relato como yo disfrute escribiéndolo, como siempre espero sus mensajes y comentarios son muy importantes para mi, dejo mi correo para los que quieran compartir historias y vivencias conmigo [email protected], nuevamente muchísimas gracias a todos muchos besos.

  • Entrega total a una gran verga (partes 1 y 2)

    Entrega total a una gran verga (partes 1 y 2)

    Ya han pasado tres días desde que llegue a la playa privada del sexo y no lo voy a negar he follado hasta quedar agotada, pero J me prometió darme el mejor sexo rudo y hasta hoy esa sesión no ha llegado, Estoy viendo como mis cuatro amigas son clavadas en sus dos hoyos, ellas están perdidas del placer y eso empieza a calentar mi concha, me retiro un poco de la acción y voy a una silla de descanso, me introduzco dos dedos en mi boca y los lubrico bien con mi saliva y me los paso por mis duros y ricos pezones, empiezo a estimularlos, pero no me es suficiente así voy directo a mi concha y empiezo a jugar con mi ya hinchado clítoris, lo masajeo en círculos, tengo la concha muy húmeda, deseo sentir más así que me meto Dos dedos y los llevo hasta el fondo, empiezo a moverlos más frenéticamente hasta que llego a mi orgasmo, mientras me retuerzo una voz me dice al oído.

    – Que rica puta me he encontrado, te gusta jugar solita o quieres jugar conmigo.

    Al levantar mi mirada me encuentro con esos ojos hermosos de J y no sé si era por lo arrecha y excitada que estaba o lo ansiosa que había estado estos días, que simplemente le dije.

    – He deseado jugar a solas contigo, todos estos días.

    – Estás segura putica, yo juego rudo, me gusta hacer que lloren, me gusta reventar culos y vaginas, quieres someterte a mí, no quiero arrepentimientos después.

    – No me voy a arrepentir, quiero que me revientes toda, deseo sentir de nuevo tu gran verga. Quiero ser tu puta, deseo que hagas conmigo lo que te venga en gana.

    – Si que me saliste puta, eso me encantó de ti, me gustan bien perras y que se le midan al dolor y al placer, si quieres ir conmigo a mi cabaña sabrás que este resto de días no te voy a dejar salir, serás mi perra, mi puta, mi sumisa y mi delicioso depósito de leche, eso quieres.

    – Si deseo, ser tu puta, esta perra solo quiere contigo, tu eres mi amo.

    – Tomate este cóctel, te ayudará para lo que viene ya que estoy seguro irás conmigo hasta el final.

    Me tome el cóctel tenía un sabor a ácido, estaba delicioso. Me llevo a su cabaña, al ingresar me di cuenta, lo que le gustaba a J, sin mediar palabra me beso con mucha ferocidad, me encanto ese beso violento, bajo sus besos por mi cuello y termino de quitarme el traje de baño de un solo tirón y empezó a descender hasta llegar a mis erectos pezones, se introdujo uno a su boca mientras pellizcaba el otro, me los chupaba rico, era duró pero me encantaba, me sentía caliente y cada mordisco en mis pezones me refrescaba, J siguió descendió y me ordenó abrirme de piernas y así lo hice, se agachó, metió su cara en medio de mis piernas y empezó a limpiar mis jugos, que por alguna razón eran como un torrencial.

    – Deliciosa puta, estás empapada aquí abajo, el cóctel está haciendo efecto, pero no te preocupes tu macho te va a limpiar, como tú te mereces.

    Sentí el primer lengüetazo y la primera succión y de inmediato llegó mi orgasmo. J no se detuvo y continuó chupando, lamiendo y mordiendo cada vez era más duro, yo me estaba conteniendo para no gritar, pues era un dolor exquisito.

    – A ver perra, no te contengas, si quieres gritar, llorar, gemir hazlo, es eso lo que busco y eso me excita.

    No me dio tiempo de decir algo, porque mordió mi clítoris y me hizo ver estrellas y yo simplemente empecé a chillar como la perra que soy.

    – Haaa papi, que rico ayyyy mmmm papi, que rico siento, mi concha está muy caliente. Ayyyy rico.

    – Eso es puta, me encanta, calentarte esa cuca.

    J se detuvo y se incorporó y me pidió que lo esperara sentada y con las piernas abiertas y así lo hice, espere a mi macho como él me lo pidió.

    Cuando llego a mi traía una cadena, me observo y me dijo.

    – Esta cadena tiene tres extremos en cada uno de ellos hay una pinza de presión, estas irán en tus pezones y en el arrecho clítoris que te mandas entendiste puta.

    – Si amo, haz conmigo lo que quieras.

    Me coloco cada pinza y aunque la presión era mucha ya que mis pezones y mi clítoris estaban muy rojos, mi excitación era mayor, cada vez que apretaba yo me retorcía de placer.

    Me halo de la cadena hasta hacerme arrodillar y me restregó su gran verga en mi rostro, cuando yo intentaba mamarla me la alejaba, así lo hizo cinco veces, hasta que yo suplique.

    – Papi por favor, déjame probarla, quiero mamarla te lo suplico.

    – Está bien, perra ven a mamar verga.

    Me enloquecí al tener esa verga en mi boca, chupaba con tanto ímpetu, que nada más sentía como mi concha escurría, mis jugos bajaban por mis piernas, me sentía caliente con ganas de que me reventaran la concha y el culo deseaba ser penetrada, ese cóctel estaba haciendo estragos en mí y J lo noto pues me ordenó.

    – Ven puta acuéstate en la cama, vamos a jugar.

    Cuando me acosté J me coloco un rompe clítoris, la arrechera y calentura que yo tenía era tanta, que empecé a gritar.

    – Aaa, aaaa, Papi, te quiero a ti, reviéntame a verga, por favor quiero tu verga, seré una buena perra, pero dame tu verga.

    Pero J seguía dándome. Con el vibrador que cada vez más me hacía llegar violentamente a mi orgasmo, él halaba la cadena de tres puntos, pero eso no era suficiente, yo necesitaba verga y mucha para apagar ese fuego que me estaba consumiendo.

    Me paso su rica verga para que la mamara, me ahogaba con ella, lo hacía sin contemplación, me la metía hasta la garganta.

    – Vamos perra trágatela toda, tú eres una puta muy mala mereces ser castigada a punta de verga.

    Yo solo asentía con mi cabeza, deseaba ser castiga, quería que me reventara mi concha y mi culo sin contemplación, el cóctel que J me había dado me tenía la chocha caliente y chorreante y el vibrador me hacía explotar, pero sentía que me faltaba tener la verga de J.

    J me sacó su verga de mi boca para ordenarme que le colocara una funda de verga, si por naturaleza la verga de J era gruesa y grande con la funda quedó descomunal, su advertencia fue muy clara.

    – Si te reprimes y no gritas como la puta que eres, que castigaré con toques eléctricos, quiero escucharte gemir, gritar, suplicar como la gran puta que eres.

    – si Papi, tú solo dame verga que yo seré una buena puta, lo prometo.

    Me coloco en cuatro y sin avisarme su verga entró hasta el fondo de mi ano, no lo pude evitar grite muy fuerte, fue muy doloroso, mi culo necesitaba verga, pero no lo voy a negar J me reventó como nunca, después de unos minutos mis gritos iban mezclados con gemidos y súplicas de más en un tono muy elevado.

    – Aaaaa papi no pares, esto es delicioso, me encanta ser tu puta, quiero masss, soy tu puta J, haz lo que quieras conmigo aaaaa esto es dolorosamente delicioso.

    – Eso voy a hacer, eres mi contenedor de leche, además desde que te provee me encantaste por perra, esa concha y este culo les fascina exprimir vergas y yo te voy a dar tanta verga que no vas a querer sino conmigo.

    – Si papi, tu verga es única, solo deseo que me claves tu.

    El golpeo de su pelotas en mi culo era extasiante, yo sentía que cada vez me lo habría más, J sacaba por completo su verga, para luego dejármela ir entera de nuevo, yo tenía muy claro que todos en la isla podían oírme y es que en ese momento no me importaba, no por el castigó si no por mi arrechera, quería que no acabara, quería que J me siguiera abriendo el culo, quería disfrutar y seguir teniendo orgasmos anales, desanillo mi ano, para reventar mi concha el dolor fue muy similar que en mi ano, pero el disfrute fue más que extraordinario, mi concha estaba tan mojada que de cada embestida salvaje de J, salpicaba mis jugos, jugos que recogía j con las manos y me los daba a chupar.

    – chúpate mi mano puta, así de jugosa y deliciosa tienes esa chocha.

    Parte 2:

    Yo lamía su mano por completo, en verdad sabia exquisito, J me reventaba tan duro la concha que cada vez que sacaba su gran verga de mi se disparaba un gran squirt. Así que J optó por cambiarme de posición y que yo quedara de frente a él, para así él recibir gustoso todos mis intensos orgasmos. Fueron horas de intenso sexo, doloroso, delicioso, esta vez J hizo lo que quiso con mis hoyos y yo gustosa lo deje, mis pezones terminaron realmente sensibles y rojos, fui tratada como el contenedor de leche de J y eso me encanto, el saber que me voy bien follada, me encanta el sexo rudo, pero sobre todo las vergas grandes y gruesas y J cumple con todo lo que me gusta, mi concha y ano quedaron bien abiertos, valió la pena la culeada.

    Con J nos volvimos más exclusivos después de ese día y me encanta. Él sabe lo que me gusta.

    En este mundo hay mujeres que les gusta el sexo romántico y la ternura y está bien, pero yo soy todo lo contrario y J, lo entendió, afuera con mi familia y amigos él es un amor es el hombre más romántico del mundo me trata como una princesa, pero en la cama el me trata como una puta en celo y eso me enloquece me da lo que le pido.

    Me encanta leer los comentarios y saber si les gustan mis relatos, para seguir contando les muchas cositas más.

    Besos.

  • Luisa fantasea con alguien del gimnasio, pero ¿y su novio?

    Luisa fantasea con alguien del gimnasio, pero ¿y su novio?

    Primera parte «Luisa confiesa que quiere un trío», opcional leerlo

    Unas semanas después de una noche de intensa con fantasías de trío, la vida de Diego y Luisa parecía haber vuelto a la normalidad. El sexo seguía siendo bueno, pero ninguno de los dos había vuelto a mencionar aquel juego. Tal vez por miedo a incomodar al otro o tal vez porque no sabían cómo abordar el tema de nuevo.

    Pero todo cambió una tarde en el gimnasio para Luisa. Mientras hacía su rutina, notó a un hombre levantando pesas al otro lado de la sala. Era imposible no notarlo. Tenía unos brazos grandes y definidos, pectorales que resaltaban a través de su camiseta ajustada y una mirada intensa que la dejó sin aliento. Era exactamente el tipo de hombre que había imaginado aquella noche.

    Luisa sintió una oleada de calor recorrer su cuerpo y una humedad creciente entre sus piernas. Intentó concentrarse en su ejercicio, pero no pudo evitar robarle miradas de vez en cuando. En una de esas ocasiones, sus ojos se encontraron y él le dedicó una sonrisa pícara. Luisa, sintiéndose descubierta y abrumada por la situación, decidió terminar su entrenamiento temprano y se apresuró a salir del gimnasio.

    Al llegar a casa, se metió directamente a la ducha, intentando calmar la excitación que sentía.

    En la ducha, el agua caliente caía sobre el cuerpo de Luisa, y sus pensamientos inmediatamente volvieron al hombre del gimnasio. Al principio, intentó concentrarse en otra cosa, lavando su cabello, frotando el gel por su cuerpo. Pero sus manos, casi con vida propia, se dirigieron a sus pechos. Con los ojos cerrados, imaginó que eran las grandes y rudas manos del hombre las que acariciaban y pellizcaban sus pezones, haciendo que se endurecieran al instante.

    La imagen del desconocido, con su cuerpo musculoso y sudoroso, fue demasiado para Luisa. Una mano descendió por su estómago plano, jugando en el inicio de su pubis. La otra continuaba masajeando un pecho, pellizcando el pezón en un rítmico vaivén. Sus pensamientos se hicieron más vívidos y detallados: lo imaginaba detrás de ella en esa misma ducha, con sus manos grandes y fuertes explorando cada centímetro de su cuerpo, mientras ella se inclinaba ofreciéndole una perfecta vista de sus nalgas.

    Mientras sus dedos se deslizaban hacia su vagina, imaginó que era él quien la penetraba, que sus dedos eran en realidad su miembro grueso y largo. La fantasía la embriagó y su ritmo aumentó. Imaginó sus labios en su cuello, sus dientes mordisqueando su lóbulo, sus palabras sucias alentándola a entregarse más y más.

    A medida que se adentraba en su fantasía, el placer se apoderó de ella. Sus dedos trabajaban con fervor, su respiración se volvía entrecortada y sus gemidos llenaban el baño. Con un último pensamiento del hombre, su cuerpo se tensó y experimentó un intenso orgasmo que la dejó temblando bajo el chorro de agua caliente.

    Una vez que el placer pasó y pudo recuperar el aliento, se sintió un poco culpable por haberse dejado llevar de esa manera, pero la excitación que sentía no podía ser negada. Decidió que tenía que hablar con Diego sobre ello, pero a la vez no quería confesárselo . Sin embargo, en el fondo, ansiaba volver a sentir esa pasión desenfrenada que había experimentado aquella noche cuando fantasearon juntos.

    Después de la ducha, Luisa se vistió y esperó a que Diego regresara del trabajo. Cuando lo hizo, Diego no podía creer lo que estaba sucediendo. Apenas había cruzado la puerta cuando Luisa, con esa mirada de lujuria en sus ojos, lo tomó de la mano y lo llevó directamente al dormitorio. Con una velocidad sorprendente, ella le quitó la corbata y comenzó a desabrochar su camisa.

    A pesar de la confusión y sorpresa, Diego no se quejó. De hecho, estaba más que dispuesto a disfrutar de la pasión inesperada de su pareja. La camisa fue lanzada a un lado y Luisa, en un arrebato de deseo, comenzó a desabrocharle el cinturón y a bajarle el pantalón.

    Con Diego todavía en estado de shock, Luisa se arrodilló y sin más preámbulos, tomó su pene en la boca. Lo que siguió fue una mamada intensa y apasionada, donde parecía que Luisa estaba tratando de absorber todo el placer posible de cada centímetro de él. Diego gimió, sorprendido por la repentina intensidad de su amada.

    Pero lo que Diego no sabía era que, en la mente de Luisa, no era él quien estaba parado frente a ella. Mientras su lengua jugaba con la punta y sus labios deslizaban su pene dentro y fuera de su boca, en su mente, estaba saboreando al hombre musculoso del gimnasio. Imaginaba que su miembro era más grande, más grueso, y que ella necesitaba usar ambas manos para guiarlo hacia su boca.

    Cada vez que lo tomaba profundamente, imaginaba las manos del desconocido en su cabeza, guiándola y animándola. Esa fantasía la excitaba aún más y la llevó a darle a Diego una mamada que nunca olvidaría.

    Los gemidos de Diego pronto llenaron la habitación, y aunque él estaba cerca del clímax, Luisa no dejó que eso sucediera. Quería que durara, quería que la penetrase con la misma intensidad con la que ella lo estaba chupando.

    Con un movimiento rápido, Luisa se puso de pie, se quitó la ropa y empujó a Diego sobre la cama. Montándolo, tomó su pene chorreando de saliva y lo guió dentro de ella. Mientras comenzaban a moverse juntos, Diego podía sentir que esta no era la típica noche de pasión; había algo diferente, algo más salvaje en Luisa, y no pudo evitar preguntarse qué había desencadenado este nuevo nivel de deseo en ella.

    Diego sintió la intensidad con la que Luisa se movía sobre él, sus caderas oscilando con una fuerza y deseo poco comunes. Cada embestida de ella hacía que sus cuerpos chocaran de manera rítmica, el sonido húmedo y sus gemidos llenaban la habitación. Mientras ella aumentaba el ritmo, él sintió la necesidad de saber el porqué de ese deseo desenfrenado.

    – «Luisa… ¿qué te pasa?» Preguntó Diego, sosteniéndola firmemente por las caderas, intentando que bajara el ritmo para poder mirarla a los ojos.

    Ella, en un intento de evadir la pregunta, simplemente aumentó el ritmo, inclinándose hacia adelante para que sus pechos rebotaran cerca de la cara de Diego. Pero él, persistente, la atrajo hacia él y la besó con fuerza, haciendo que detuviera sus movimientos por un momento.

    – «¿Has pensado en alguien más mientras hacemos esto?» Susurró Diego al oído de Luisa mientras la penetraba más profundo, haciendo que ella soltara un gemido involuntario.

    Luisa intentó desviar la conversación, pero Diego, al notar su evasión, comenzó a moverse con más fuerza y rapidez debajo de ella. Sus embestidas eran más fuertes, buscando provocar que Luisa se abriera más.

    – «¡Dime!» Exigió Diego entre jadeos, mientras seguía embistiendo con fuerza.

    Luisa, con los ojos vidriosos y perdida en el placer, finalmente confesó: «Vi a alguien en el gimnasio… un tipo musculoso, con brazos grandes. No pude evitar imaginarme entre él y tú…»

    Diego, sintiendo un torrente de celos y excitación, la volteó poniéndola debajo de él y comenzó a embestirla con más fuerza mientras le decía al oído: «¿Te gustaría que él te tomara mientras me miras?».

    Luisa, jadeando y aún perdida en el calor del momento, le susurra a Diego: «Sí… lo vi en el gimnasio y… Dios, esos brazos, esos músculos… Imaginé esos brazos fuertes alrededor de mi cuerpo mientras me tomaba.»

    Diego, sorprendido pero intrigado, continuó embistiéndola con fuerza, acercándose a su oído para incitarla más. «Entonces, ¿te gustaría llevarlo más lejos? ¿Tener ese pene en tu boca? ¿Mojarlo bien para ti?»

    Luisa gimió ante las palabras de Diego, su imaginación corriendo desenfrenada. «Sí… Quiero sentirlo, quiero probarlo, quiero saber si es tan grande como parece. Imagina… chupándolo mientras tú me observas, preparándolo para que me penetre».

    Diego sintió una oleada de excitación al escuchar a Luisa hablar así, mezclada con celos y adrenalina. Aumentó el ritmo de sus embestidas mientras continuaba alimentando la fantasía. «¿Y después? ¿Lo dejarías que te penetrara? ¿Quieres sentir cómo te estira y te llena mientras yo miro? ¿Escuchar tus gemidos mientras él te da más duro de lo que yo jamás lo he hecho?»

    Luisa, completamente atrapada en la fantasía, se mordió el labio y asintió frenéticamente. «Sí, quiero. Quiero que ambos me hagan sentir como nunca antes.»

    Con cada palabra que Luisa pronunciaba, el ritmo de Diego se volvía más frenético. Su excitación crecía al escuchar las fantasías de Luisa, y la idea de ese hombre musculoso llenando a su mujer lo llevaba al límite.

    Diego podía sentir la humedad y el calor de Luisa intensificarse a medida que su cuerpo respondía a las palabras sucias y las imágenes que evocaban. Su respiración se aceleró, y con una serie de embestidas finales, sacó su miembro y descargó sobre el abdomen y pechos de Luisa. El semen caliente brotó en oleadas, cubriendo el torso de ella de una manera que nunca antes había hecho.

    Luisa, con los ojos bien abiertos, miraba la impresionante cantidad que Diego había liberado. Sus mejillas se sonrojaron al darse cuenta de que las fantasías compartidas habían llevado a Diego a ese nivel de excitación. Con una mezcla de sorpresa y satisfacción, murmuró: «Vaya… parece que no soy la única a quien le gustan estas ideas…». Diego, todavía jadeando, sonrió y asintió, confirmando que la idea del trío lo había excitado más de lo que nunca habría imaginado.

    Recobrando su aliento, Diego lanzó una mirada juguetona y con un tono burlón, dijo: «Mmm… después de esto, estoy pensando que deberías considerar cancelar esa membresía del gimnasio.»

    Luisa, con una risa traviesa y un brillo coqueto en sus ojos, le replicó: «Jaja, sí, claro. Pero algo me dice que en realidad querrías ser tú el que me lleva personalmente. Asegurándote de que esos hombres musculosos no se acerquen demasiado, ¿verdad?»

    Diego, sonriendo de lado y con un guiño cómplice, respondió: «Bueno, quizás solo quiera asegurarme de que, si alguien te va a ver en esas mallas ajustadas, sea yo quien esté a tu lado para disfrutar de las vistas… y de los celos de los demás.»

    Luisa se acercó y le dio un beso suave en los labios, susurrando: «No te preocupes, al final del día, siempre vuelvo a ti. Pero… ya veremos sobre esas clases extra en el gimnasio.» Ambos se rieron, conscientes del juego coqueto que se traían entre manos y de la nueva chispa que habían encendido en su relación.

  • Suplantando a mi compañera de trabajo

    Suplantando a mi compañera de trabajo

    Hola, me llamo Susan, tengo 37 años, de piel morena, tetas grandes, cintura un tanto delgada, caderas ancha, culo grande y piernas suaves y a la vez firmes, me gusta cuidar mi cuerpo para verme sexi para mí misma y un poco por el morbo y lo caliente que es que me miren.

    En mi trabajo actual tenía una amiga la cual muchas veces iba a encerrarse a la oficina del jefe con él o en las tardes me enviaba mensajes que había salido con nuestro jefe casado, le pregunté que hacían y ya fue que me confesó ser su amante, al único me sorprendió la noticia pero después se me hizo algo común. Después de años de trabajar ahí ella se tuvo que ir de la cuidad y dejar esa relación atrás.

    Ya habían pasado unas semanas desde su renuncia y todo iba normal hasta que un día, ya siendo tarde, me llamo a su oficina, llevaba un vestido amarillo pegado con unos tacones negros con un listón en el talón, iba tranquila pues tenemos una buena relación, entre y me preguntó algunas cosas del trabajo y después sus preguntas fueron hacia mí amiga, quería saber cómo estaba y como le iba, de forma amable respondía mientras veía como le ponía seguro a la puerta y se acercaba a mi.

    Todo iba bien hasta que lanzo la pregunta definitiva, me preguntó si ella alguna vez me contó de su relación con él, me puse un poco nerviosa y le dije que si, se sonrió un poco y se terminó de acercar a mi pasando una mano por mi cintura y la otra en mis nalgas diciendo «me gustaría seguir esa relación contigo…» me puse mucho más nerviosa al escuchar eso pero antes de decir algo él levanto un poco mi rostro y me beso metiendo su lengua a mi boca.

    Después de unos segundos nos separamos y le pregunto porque quería una amante, él contestó que desde que se había hecho su vasectomía su esposa casi no tenía sexo con él o lo hacían con condón y él quería hacerlo ya al natural, sabía que lo de la vasectomía era cierto y a la vez que su idea era hacerlo siempre al natural conmigo, me vio algo confundida y se separó un momento para después darme unos estudios recientes donde mostraba que estaba sano, eso me hizo pensar que llevaba tiempo pensando esto y me hizo sentir un tanto importante.

    Me sonroje un poco y le dije que si, él me vio emocionado y me beso tomando mi rostro con ambas manos, vi su anillo de matrimonio y se disculpó mientras empezaba a quitarlo, tome su mano y le dije que lo podía dejar, se me hacía algo sexi pues confirmaba que yo era la amante, sus manos bajaron y levantaron la falda de mi vestido sacando mi culo, le dije que no podía hacerlo ahí pues aún era la oficina y él dijo que si iba ser su amante tenía que acostumbrarme a los lugares repentinos para el sexo.

    Acepte recogiendo mi cabello y dando la vuelta mostrando el cierre de mi vestido, rápido lo bajo y levanté mis brazos mientras me lo quitaba quedando en mi ropa interior blanca de encaje, estaba algo avergonzada de estar así hasta que él desde atrás me lleno el cuello de besos y caricias, me di la vuelta y lo ayude a desnudarse hasta igual quedar en boxers, se frotaba con su verga dura en mis bragas que ya estaban húmedas, regreso rápido sus manos a mi espalda para quitarme el sostén y luego sostener rápido y fuerte mis tetas.

    Me decía cosas pervertidas como lo feliz que estaba de tener de nuevo una amante y lo ansioso que estaba por mis tetas que eran mucho más grandes que las de su esposa, metía su cabeza por debajo de mi brazo para chupar mis tetas desde ahí, me baje las bragas y él su bóxer ya estando totalmente desnudos los dos, ambos teníamos un poco de vello púbico lo cual se me hacía un tanto sexi y más por como él se frotaba en el hasta que me dijo «ya te quiero probar toda mami».

    Le dije que si mientras abría un poco mis piernas esperando a que se agachara a comer mi coño o tocarme pero en su lugar con un movimiento ágil y un tanto rápido empujó su verga dentro de mi coño abriendo de golpe mis paredes, solté un grito y volteo mi rostro para besarme y ahogar los gemidos mientras la metió hasta el fondo como si fuera a meter sus bolas, escuché que dijo «estás muy apretada perra» y lo sabía, mi coño se había apretado más ante esa fuerte embestida que no se detuvo pues de inmediato empezó a mover sus caderas.

    Apoye mis manos sobre las suyas al no tener una pared cerca mientras el cuarto se llenaba del sonido de nuestros cuerpos chocando, su verga me encantaba y en especial como se combinaba con sus manos que no paraban de recorrer cada centímetro de mi cuerpo mis gemidos estaban en abundancia y me daba varias nalgadas con la mano donde tenía su anillo de casamiento el cual hacia todo más sexi.

    Solo esperaba el momento donde terminará sobre de mi y me diera dinero como a una prostituta barata, envolvió mi cuello en besos y caricias mientras jugaba con mis tetas como si fueran pelotas y golpeaba sin parar la entrada de mi útero, todo era muy rápido y rico y en un fuerte beso sentí todo mi cuerpo temblar y tuve un orgasmo mojando el piso de mis jugos.

    Después del beso vi su rostro excitado y con una sonrisa muy pervertida, segundos después su verga empezó liberar cargas de semen caliente directo en mi útero, confiaba en su vasectomía así que me quedé quieta disfrutando eso, soltó mucho semen y saco su verga para besarme de enfrente mientras me decía «eres la mejor, hermosa, ven aquí» me tomo de las manos y se sentó en un mini sofá de su oficina, me senté arriba de él y acomode su verga para meterla de nuevo.

    No se hizo de esperar y metió su verga levantando sus caderas hasta tener sus bolas bien pegadas a mi coño de nuevo, lleve mis manos a mi cabeza y empecé a saltar en su verga mientras él chupaba y mordía mis tetas de forma muy rica, me sorprendía como en cada sentón su verga estaba más y más dura aún después de la tremenda carga de semen que había vaciado en mi, misma carga que ahora lubricaba mi interior.

    Su teléfono empezó a sonar pero lo ignoramos mientras yo lo besaba metiendo mi lengua lo más que podía en su boca mientras él apretaba y daba palmadas a mis nalgas que iban rebotando cada vez más, nos dejamos llevar por el placer y me separe del beso para gemir en su oído, apoye mis tacones en el sofá y seguí saltando, el aprovecho la posición para también mover sus caderas, iba a morderle el cuello pero justo antes me mordió el hombro y eso me hizo gemir levantando la cabeza.

    Su verga golpeaba con fuerza mi punto G hasta que lo abrace con toda su verga dentro y alcancé a tener otro orgasmo mojando un su vientre, volví a saltar y poco después me dijo que la sacará y me arrodillara, lo hice y él tomo mi cabeza con fuerza mientras se empezaba a masturbar rápido su verga, lo estaba viendo de forma sexi y el al verme no aguanto más y con la punta en mi rostro soltó otra carga de semen.

    Cerré mis ojos pero pude sentir lo caliente de su semen en todo mi rostro, cuando acabo abrí los ojos y se la chupe un poco limpiando la punta y un poco más, le dije que se quedara quieto un momento y rápido tome mi teléfono para tomar una foto de mi rostro con semen al lado de su verga desnuda, vio como se lo mandé a mi amiga su ex- amante y se rió un poco, me levanté y nos dimos un tierno beso.

    Le pregunté si estaba satisfecho y él dijo que mucho, me limpie el rostro con un pañuelo y ambos nos vestimos, le quería dar mis bragas pero las rechazo por el momento ya que si su esposa las veía iba a estar muy furiosa, nos despedimos y cada quien se fue a su auto, ya ahí mi amiga me contestó el mensaje felicitándome por ser la nueva amante.

    Desde ese día me he vuelto una buena amante, se cómo disimular ante la esposa o cuando quiero que tengamos sexo, igual cuando él lo desea solo tiene que llamarme y lo hacemos, espero que disfruten mi putería, gracias por leerme, chao.

  • La sombra de lo desconocido (1)

    La sombra de lo desconocido (1)

    Mientras subía las escaleras que daban acceso a la planta alta de La Luna, el culo de Ana lucía en todo su esplendor bajo la fina tela de lino blanco, que no impedía adivinar el tanga negro que acaparaba todas las miradas del resto de los clientes, que, borrachos o no, abarrotaban el local.

    Ana era consciente de cuáles eran sus armas, y había aprendido a utilizarlas a modo de AK47, de manera fulminante, con la destreza y seguridad de quien se sabe una experta, y con el orgullo de quien es consciente de que no siempre fue así, de quien valora el trabajo y el esfuerzo, incluso el sacrificio, para llegar al aprendizaje, la experiencia como camino al saber.

    Y precisamente eso es lo que había hecho ella en los últimos tiempos: experimentar. Llegar a enfrentarse con todos sus miedos, sus dudas, sus inseguridades, hasta derrotarlos de una manera despiadada, sin ningún tipo de compasión… o eso creía ella.

    Yo tropezaba a cada escalón, más producto del alcohol que de la escasa luz que iluminaba el bar, pero aun así me resistía a apartar los ojos de ese culo incomparable que tantas veces había probado, y que ahora aparecía y desaparecía de mi vista. Di gracias a Dios por poder seguir disfrutando de él y a Amancio Ortega por fabricar una talla 25 del modelo Cargo Bolsillos que realzaba el culo de Ana hasta convertirlo en una pieza de museo digna de ser exhibida junto a la Venus de Milo o la Victoria de Samotracia. Si a momentos quedaba oculto a mi vista era porque el cuerpo de Diego, flamante jefe de Cirugía del Hospital San Pedro, se interponía entre nosotros. Yo cerraba el grupo, y delante de nosotros, Laura y Javier encabezaban la comitiva, que se abría paso en busca de un espacio que escaseaba a esas horas y que había que pelearse centímetro a centímetro.

    Apenas alcanzado el ecuador de la docena de escaleras que daban acceso a la planta de arriba, ocurrió algo que hizo que la nube de alcohol que se había instalado en mi cabeza se desvaneciera en un instante y que mis sentidos, aunque de manera vaga y vacilante, volvieran a mi ser; la mano de Diego se plantaba con total desfachatez y ningún disimulo en el culo de Ana. No era una leve caricia o un roce sutil, era un sobeteo inequívoco y descarado que comenzaba en la parte baja de su nalga derecha y abarcaba todo el espacio posible hasta adentrarse en su raja y convertirse en una prolongación exterior de su tanga. Ana se giró y por toda respuesta le dedicó una amplia sonrisa, mostrándole unos dientes blanquísimos y perfectamente alineados. Subió otro escalón, pero un ZAS audible desde donde me encontraba hizo que se girase de nuevo. El azote que le había propinado Diego a modo de desafío hizo que por un momento temiera que aquella escena fuera a terminar con otro ZAS aún más sonoro en forma de bofetón. Si había algo que Ana siempre había odiado era que le azotaran el culo. Decía que resultaba humillante y que si quería una mujer sumisa era mejor que fuera buscando una geisha. Si alguna vez lo hacía sin poder contenerme ante ese culo que parecía dispuesto a acoger con agrado, en contra de su dueña, no uno, sino cientos de azotes sin protesta alguna, acto seguido me disculpaba.

    – Se me ha escapado

    Según el humor del que estuviera ella ese día, a mi comentario le seguía una sonrisa o una mirada de reprobación.

    Volvió a girarse, quedando ahora frente a Diego y dos escalones por encima de mí, con lo que sólo alcanzaba a verla de cintura hacia arriba. El top rojo burdeos con amplio escote en forma de V me pareció un botón más abierto de lo habitual en ella, y se advertían claramente las tiras del sujetador negro de encaje que apenas sostenía sus deliciosas tetas. Si su culo era un arma de destrucción masiva, amplio, suave, torneado, sus tetas eran la bomba H de la Tercera Guerra Mundial, la acumulación de todas las reservas mundiales de uranio enriquecido puestas al servicio del erotismo, capaces de matar a distancia, al menos al metro de distancia que yo me encontraba de ellas, y sin más protección que la que me ofrecía la interposición del cuerpo de Diego.

    En ese momento los dos teníamos la mirada fija a modo de escáner de rayos X en el mismo punto. Él imaginaba y yo recordaba la forma y tamaño de sus tetas, una ligera pendiente que descendía suavemente hasta que de manera abrupta iniciaba un ascenso contrario a la ley de la gravedad, que coronaba en unas areolas claras de tamaño más que considerable de cuyo epicentro surgían dos pezones imponentes, grandes, gruesos, marrones, duros, que en momentos de excitación o sensibilidad extrema sobresalían tanto de las tetas que parecían no formar parte de ellas, como reclamando su parte de atención y reconocimiento correspondiente.

    Una talla 90 es lo que en el ámbito tabernario masculino conocemos como unas buenas tetas, sin más, pero una talla 90 enmarcada en el cuerpo frágil y menudo de Ana le conferían la categoría de “unas tetas de la hostia”, “unas señoras tetazas” o “unas peras de campeonato”, según el punto de la geografía nacional en el que nos halláramos.

    Aun así, no fueron sus tetas sublimes ni la visión morbosa de su sujetador lo que me dejó impactado. Sólo una veintena de centímetro más arriba su cara lucía una sonrisa aún más amplia que antes, y sus ojos desprendían chispas al mirar a Diego, como una bengala colocada en una tarta de cumpleaños. Luego su mirada descendió hasta encontrarse con la mía, y su sonrisa se tornó más franca, menos afectada pero a la vez más traviesa, en un gesto que yo sólo acerté a interpretar como un…

    – Esto es lo que querías, ¿no?

    Acto seguido dio media vuelta y emprendió veloz el ascenso de los últimos escalones, no tanto para evitar otro posible azote de Diego como para mostrarnos el movimiento pendular, oscilante, hipnótico de su culo al acelerar el paso, dejándonos en una especie de trance del que sólo salí al escuchar, o eso me pareció a mí, el murmullo entre dientes de Diego.

    – ¡Qué cabrona! Ya verá cuando la pille

    Ebrio, mareado, privado del sentido de la vista debido a la tenue luz que mal iluminaba la planta de arriba, y del sentido del oído por la profusión de decibelios que atronaban el local a través de los altavoces, sólo pude tantear el vacío en busca de un sofá en el que había reparado en otras ocasiones, frente a la puerta de los baños. Me dejé caer pesadamente en él y recosté mi cabeza contra la pared.

    ¿Cuándo había comenzado todo esto? Sí, eso es, hacía justo dos años… ¡solamente dos años!… ¡dos años ya!

    “I don’t care if Monday’s blue

    Tuesday’s grey and Wednesday too

    Thursday I don’t care about you

    It’s Friday, I’m in love”

    En este punto en el que la voz grave de Robert Smith anestesiaba la poca lucidez que aún me acompañaba y los párpados se negaban a permanecer abiertos por más tiempo, aún tuve tiempo de vislumbrar decenas de figuras borrosas entre las que distinguí en un rincón las de Diego y Ana, con su inconfundible trasero, sosteniendo un vaso y hablando entre ellos tan pegados que ni con el juego de galgas más pequeño se habría podido medir la holgura entre sus cuerpos.

    Protegidos por la penumbra que reinaba en el local y con la excusa del volumen atronador de The Cure retumbando los altavoces, la atmósfera se hizo sofocante, opresiva… ¿Era necesario para poder hablar que Diego estuviera rozando la oreja izquierda de Ana con sus labios mientras le apartaba la melena dejando al descubierto su cuello? ¿Y que ella apoyase sus manos en el pecho de él? Puede ser, pero lo que yo no veía cómo podía contribuir en modo alguno a una mejor comunicación entre ellos es que Diego bajara su mano desde el pelo de Ana, recorriendo su espalda y fuera a colocarla al comienzo de su culo. La mano sobre su culo es lo último que acerté a ver antes de que mis ojos se cerraran por completo y un cabezazo en el vacío me sumiera en un profundo sueño.

    – ¡Despierta Dani!