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  • El placer del cornudo

    El placer del cornudo

    Una vez has empezado, ya no hay marcha atrás. Eso me cuenta el cornudo sobre su experiencia. Quizás lo más difícil sea la primera vez, cuando te enfrentas a la entrega de tu mujer, con su anillo de casada, al primer corneador. Una vez pasado esto, lo demás no solo es que sea fácil: es una escalada de placer.

    Eso es lo que cuenta el cornudo de mi marido:

    La primera vez que entregué a Maite estuve sufriendo por todo: ¿me sentiría yo bien? ¿ella se sentiría bien? ¿Habría complicaciones? Lo preparé todo a conciencia: el ambiente, el salón, la alcoba, las bebidas, el vestuario… Quería que todo fuese perfecto. Pero por dentro me recomía el alma: ¿cómo lo voy a llevar yo?

    ¿Voy a ser capaz de llevar a cabo mi fantasía de cornudo?

    El primer invitado que tuvimos se comportó de maravilla: era educado, elegante, guapo y bien dotado. Nada puede salir mal, me dije. Sin embargo, algo me oprimió el estómago cuando vi como besaba a mi mujer, y no digamos ya, cuando le agarró de la nuca para empujarla hacia su pene hinchado. En el primer instante, miré con estupor como ella le soltaba lengüetazos muy fogosos en el glande y cuando se embelesó en chupárselo con auténtica fruición.

    En aquella primera experiencia cuckold descubrí muchas nuevas facetas de mi mujer que desconocía. Me estuve masturbando durante todo el rato. Me corrí tres veces, algo que no me había sucedido jamás. Estuve atento, disfrutando como nunca. A veces la tocaba en los pechos o en los muslos, o la besaba mientras ella gemía o chillaba de placer con los envites de nuestro invitado. En un momento dado, cuando el amante se fue al baño, penetré a Maite durante unos segundos y luego me salí, para no interferir.

    Como dije, una vez se ha empezado no hay vuelta atrás. Nada me satisfacía ni me excitaba tanto como ver a Maite follada por otros hombres. Y seguí descubriendo cosas de ella: su facilidad para ofrecer el ano, su gusto por los azotes o las pinzas en los pezones, su vocabulario explícito durante el acto o sus gritos en el orgasmo. Descubrí a una mujer mucho más sexual de lo que yo había sido capaz de percibir durante los años de matrimonio.

    Con el paso del tiempo tuve que subir el listón, y le propuse encuentros con dos machos. Ella no solo accedió enseguida, entre jadeos de placer anticipado mientras yo le hablaba, si no que me dio permiso para que fuesen más de dos, como arrebatada por los orgasmos futuros que intuía. Me verbalizó que se veía follando y orgasmando durante horas y que eso la volvía loca de placer.

    No hubo marcha atrás. Nuestra vida sexual ganó enteros enseguida.

    Cuando un macho la penetra sin prolegómenos delante mis narices y luego hace como que se despista y la penetra por el ano yo me corro enseguida, como si fuese mi pene el que la sacude sin piedad. Mientras ella chilla de placer yo la beso, loco de amor, y me corro en las sábanas, sin control, como un adolescente.

  • Confesiones de Arturo (parte 1)

    Confesiones de Arturo (parte 1)

    “¡Pasa, está abierto!” Se oyó una voz al otro lado de la puerta. Arturo entró resignado y se sentó en uno de los sillones que estaban frente al escritorio. Era un lugar acogedor y moderno, decorado con obras de arte y diplomas. Había un ventanal detrás de la mesa de vidrio que funcionaba como escritorio y que daba hacia el estacionamiento. Había también muchas fotos de ella con un niño, que supuso era el adolescente ahora con una chamarra del equipo de su universidad. Minutos después, apareció Lorena con su bata blanca y un cuaderno en la mano. “Vamos a la sala, mejor. Los sillones cansan mucho”. Ambos se sentaron uno frente al otro, separados por una pequeña mesa de centro; Arturo esperó a que ella hablara primero.

    – ¿Sabes por qué te cité hoy? – Inquirió Lorena acomodándose en el sofá. Arturo tardó un momento en contestar.

    – Si.

    – Muy bien. Tu tía me ha comentado de una situación en tu casa y se ha preocupado por ti. ¿Quieres platicar de eso? -le cuestionó presionando el botón del bolígrafo listo para escribir.

    – Supongo que debo hacerlo, ¿verdad…? -Buscó un momento las palabras correctas y respiró hondo- Tuve sexo con mi mamá.

    Aquella respuesta la tomó por sorpresa y pensó de inmediato en Carlos, su hijo. Desde hace tiempo notaba actitudes diferentes en él y se negaba a creer el por qué. Ella pasaba de largo todas esas situaciones, pero aun así no era indiferente; Carlos se parecía mucho a su padre y, a su parecer, era más apuesto que él.

    – ¿Tuviste relaciones con tu mamá? -preguntó calmadamente Lorena, apuntando la respuesta en su libreta. Arturo respondió moviendo la cabeza. -No eres la primera ni la última persona en este consultorio que dice algo así. Es algo común ¿sabes? Vayamos al principio. ¿Qué los llevó a eso? -Arturo cerró brevemente los ojos y recordó cada situación donde cruzaron los límites hasta que terminaron en la cama.

    – Mi madre y yo siempre nos hemos llevado muy bien. Nos tenemos mucha confianza y platicamos de todo. Por eso mismo a veces andamos en ropa interior en la casa, ella solo con un camisón o a veces con camisetas cortas y shorts muy ajustados. Siempre me atrajo, pero como era mi mamá, trataba de no verla mucho.

    – ¿Pero la veías?

    – Si. Era imposible no hacerlo. -Contestó Arturo desviando la mirada. Lorena comenzó a escribir en su libreta y se hizo un silencio.

    – ¿Cómo es tu mamá? -Preguntó al fin pasando la página.

    – Ella es gordita, no tiene mucha ‘panza’, pero está bien chichona y nalgona. No es muy alta, como de mi estatura -dijo haciendo un ademán por encima de la cabeza.

    – ¿Consideras que tu mamá es atractiva?

    – Sí, más que las de mis amigos o mis tías. Tiene una cara muy bonita y el pelo corto. -Arturo miraba al suelo respondiendo las preguntas y aquella confesión lo había incomodado bastante; quería salir de ahí.

    – Arturo ¿te atraen las mujeres mayores?

    – No es que me atraigan, solo ella me gusta desde siempre, no sé por qué. -Arturo se encogió de hombros. No podía sostenerle la mirada y estaba nervioso. Lorena se percató de eso, pero continuó con las preguntas. Estaba intrigada.

    – ¿Cómo cruzaron el límite?

    Arturo pasó saliva y se acomodó nuevamente en el sofá. Se sentía incómodo, pero también algo excitado al recordar con detalle cada cosa que los llevó a la cama a él y a su madre.

    – Al principio todo empezó como un juego. -Dijo después de un momento casi con voz temblorosa. -Siempre hemos sido así, muy cariñosos entre nosotros. Primero eran abrazos: de repente la agarraba fuerte de la cintura y bajaba las manos a sus caderas. Todo era muy físico. En una ocasión, bromeando, le pellizqué las nalgas y no dijo nada, solo se rio. A partir de ahí y se las quise agarrar, siempre como un juego, a lo que ella respondía riéndose y fingiendo que me regañaba. Supongo que nunca sintió malicia en lo que hacía y solo se dejaba llevar. Una vez me pidió que le diera un masaje y creo que ahí fue donde perdimos el control. Le estaba frotando el cuello y lentamente se me fueron las manos: le agarré las tetas y ella solo se rio. Se quitó luego y me regaño como siempre, pero no dijo nada más. Desde ese momento nuestro “juego” era ver si le podía agarrar las tetas ahora. E igual que con los pellizcos, al principio se quitaba y “manoteaba” intentando quitarme y en respuesta, trataba de pellizcarme a mí. Hasta que un día, no sé si harta de mi insistencia, no se resistió y se las agarré bien. Eran suaves y pesadas. Las agarré con ambas manos y las froté un momento. Esa vez traía puesto un vestido de una tela muy delgada y podía sentir los pezones a través del brasier. Ella solo me sonrió y se ruborizó un poco y al cabo de uno segundos se quitó. Desde entonces se las toco por “accidente”, siempre y cuando no esté mi papá.

    – ¿Se escondían?

    – Siempre. Sabíamos que no era correcto, pero igual lo hacíamos. También se las miraba, ya sin vergüenza y ella lo sabía. Inclusive cuando me sorprendía viéndole el escote, presionaba sus tetas con sus brazos para que se vieran más grandes. Igual, siempre riéndose o bromeando. Recuerdo que un día llegué temprano a la casa y mi mamá estaba haciendo la comida. Como de costumbre le di un beso en el cachete y cuando la abracé se las agarré. Esa vez si la note nerviosa pero igual nos dejamos llevar. Se las estuve masajeando tanto tiempo que creo que se empezó a excitar, por que empezó a respirar más profundo y dejó lo que estaba haciendo. Solo se quedó quieta mientras le sobaba las tetas, hasta que con una mano me empezó a acariciar el cabello.

    Lorena notó su respiración agitada y trató de calmarse. Un extraño cosquilleo le recorrió el cuerpo y suspiró profundamente. No era raro para ella excitarse con las confesiones de sus pacientes, ya que tenía una especialidad en terapia de pareja y oía toda clase cosas, pero aquella historia la estaba poniendo demasiado nerviosa. El detalle con el que le contaba como fue seduciendo a su madre la hizo pensar en su hijo y el corazón le latió muy rápido, algo que usualmente no le sucedía tan seguido.

    – ¿Cómo reaccionó a lo que le hacías? -Preguntó apuntando tan rápido como podía todo lo que le Arturo decía.

    – Esa vez que estábamos en la cocina, estaba tan pegado a ella que sentí que empezó a mover el culo, como si estuviéramos bailando y pues, se me empezó a parar.

    – ¿Nunca habías tenido una erección antes, con lo que hacían? -Lorena se detuvo un momento para ver su rostro: Arturo estaba ruborizado, pero le sostuvo la mirada. Estaba ansiosa por conocer el resto de la historia.

    – No, hasta esa vez. Como le dije, siempre todo era más un juego que otra cosa. Pero esa vez creo que si nos excitamos los dos por que de pronto ya estábamos prácticamente culeando con la ropa puesta mientras le sobaba despacio las tetas. Por el calor del momento intenté meterle las manos debajo de la camiseta, pero me detuvo y dijo que “ya era suficiente”, despegándose de mí. No sé si se vino, pero yo ya estaba chorreando. Me abrazó acomodándose la ropa y siguió con lo que estaba haciendo.

    – ¿Tu padre nunca sospechó lo que hacían? ¿Nunca se delataron? -Continuó escribiendo en la libreta.

    -No. Él siempre estaba en el taller o se iba con sus ‘compas’ y nos dejaba solos. Teníamos mucho tiempo para hacer de todo. -Contestó Arturo sujetándose de brazos. Ya no era tan difícil seguir con su relato, y poco a poco se sintió más confiado. Lorena transmitía esa sensación.

    – ¿Cómo es tu relación con él? ¿Se llevan bien?

    – La verdad yo lo veo más como un amigo o un tío lejano que como mi papá; nunca estaba. De hecho, la primera vez que lo hicimos fue casi por eso. Cenamos y mi mamá se puso a limpiar la casa; siempre limpia en la noche, no sé por qué. Puso música y cuando se puso a bailar me le acerqué por atrás. La abracé como siempre y poco a poco fui subiendo las manos y cuando le agarré las tetas sentí que no traía brasier. Sentía los pezones ya duros en las palmas de las manos y eso hizo que se me parara más.

    – ¿Crees que sabía lo que iba a pasar?

    – Yo creo que sí. Ya era mucho lo que estábamos haciendo. -Arturo se acomodó discretamente el pantalón pues estaba teniendo una erección. Lorena lo notó y vio de reojo el bulto que creía entre sus piernas.

    – ¿Entonces ella lo deseaba también?

    – Si. Después me dijo que tenía mucho tiempo sin hacerlo con mi papá y pues qué mejor que conmigo. Esa vez la sentía mover las nalgas y como se fue pegando más y más a mí. Yo también se lo restregué. Traía puesto un short muy delgado y se le marcaba mucho el elástico del calzón, que no le cubría casi nada de las nalgas. Ella me acariciaba la cabeza con las dos manos y cuando le agarré el elástico del short pues… -Se detuvo un segundo pasándose la lengua por los labios. Las imágenes venían a él como si estuviera viendo la escena en tercera persona- se los empecé a bajar. Ella rápido me agarró las manos, pero no se quitaba, solo seguía bailando. Para ese entonces, ya prácticamente estábamos culeando con la ropa puesta.

    – ¿Ella te dio el pase o tu hiciste los avances? -Lorena cruzó las piernas y sintió como su pantaleta se humedecía poco a poco. Estaba nerviosa.

    – Yo le quería bajar el short, pero no me dejó. Así que le fui acariciando las caderas hasta llegar a la panocha. Se inclinó tantito pero no se quitó ni me dijo nada. Se la acaricié con toda la mano y cuando llegaba a la entrada presionaba más fuerte con los dedos; ya estaba tan mojada que tenía una mancha de humedad en el short; lo podía sentir en los dedos. Ya no pensábamos, estábamos muy calientes. – Arturo se aclaró la garganta y se acomodó nuevamente en el sofá. Se sentía más desinhibido por la tranquilidad de Lorena, que lo veía ruborizada y sin expresión. No se sentía juzgado y presintió que ella también guardaba un secreto similar, por que daba la impresión de que todo aquello le sonaba muy familiar.

    – Entiendo. Y… ¿pasó?

    – En ese momento no porque llegó mi papá. Venía medio borracho y lo tuvo que atender. Se fueron a su cuarto y estuvieron tomando hasta ya muy noche. Pensé que todo había parado ahí, pero en la madrugada, mi mamá se fue a mi cuarto y me dijo que si podía dormir conmigo porque no aguantaba los ronquidos. Se quitó el short y la pantaleta delante de mí muy despacio, sé que para que le viera bien las nalgas y las piernas, y nos acostamos “de cucharita”. Yo ya estaba totalmente empalmado. Era lo que tanto había estado esperando y no supe que hacer de los nervios. No sé cuánto tiempo estuvimos así, acostados, fingiendo dormir. Ella luego empezó a mover el culo como acomodándose, y supe que esa era una señal. Así abrazados le empecé a sobar las caderas y los muslos y a darle besos en el cuello también. Nunca lo había hecho, pero me gustó mucho el olor de su piel; olía a perfume todavía. Primero fueron besos cortos y luego muy largos, con la lengua, pasando de su cuello a los hombros. Como estaba todo en silencio, la escuchaba respirar algo agitada y suspirar.

    Lorena se sentía acalorada y temía que su excitación fuera muy evidente, por lo que se mantenía tan seria al punto de parecer no importarle lo que oía. Pero lejos de eso, seguía pensando en su hijo y tuvo ganas de tocarse.

    – ¿Esa vez si tuvieron relaciones?

    – Si. Ya sin miedo me agarró la polla. Primero solo la fue palpando y luego me metió la mano al calzón para agarrarla bien. En ese momento nos desconectamos y ya no había forma de detenernos, no queríamos, de hecho. Le levanté poquito el camisón y, al igual que ella, primero palpé su vulva, que estaba muy mojada, no sé si de sudor o de sus flujos. No acostumbraba depilarse y tenía mucho tiempo sin rasurársela, así que tenía un matorral ahí abajo. Era la primera vez que tocaba una y me sorprendió su calor. Se la estuve acariciando, imaginando su forma hasta que separó las piernas y entendí que quería. Le metí los dedos muy despacio y ahí empezó a gemir, sobre todo cuando me detenía a frotarle en el clítoris. Primero despacio y conforme ella me la fue jalando más rápido, yo también lo hacía con la misma intensidad. Así nos estuvimos masturbando hasta que ya no aguanté más y me bajé el calzón. Ella no dijo nada, solo volteó a verme con la cara roja como diciéndome “hazlo”. Se inclinó un poco hacia enfrente para acomodarse bien y le puse la polla en la entrada de la vagina. Estaba tan mojada que sus jugos ya estaban humedeciendo la sábana. Se lo froté primero como en las películas porno, en todo lo largo de la panocha. Era mi primera vez y quería disfrutarlo como siempre imaginé. Le levanté la pierna y se la fui metiendo despacio, y cuando estuve totalmente adentro gimió muy fuerte. Estaba hirviendo por dentro y de hecho me sorprendió que estuviera tan apretada. Y fue algo instintivo ¿sabe?, el movimiento… el mete-saca, muy lento porque no me quería venir tan rápido, quería durar lo suficiente para que ella también lo disfrutara tanto como yo. Ella se apoyó con el brazo en la cama para moverme el culo también, hasta que los dos agarramos el mismo ritmo. Yo estaba bufando, tratando de contener la respiración como si eso ayudara no venirme, y mi mamá solo gemía cada vez que la sentía totalmente dentro, sin importarle que mi ‘apá’ estuviera en el otro cuarto. Pero como oíamos los ronquidos, no nos importó.

    Ella pasaba saliva con la respiración agitada y se acariciaba las piernas cubriéndose con la libreta. Suspiraba pesadamente mientras su mano rozaba la entrepierna, que a esas alturas estaba totalmente empapada. Arturo no se dio cuenta.

    – ¿Te dijo algo mientras tenían sexo?

    – No. Bueno, sí. Lo que dicen todas… Solo gemía y jadeaba y me decía que “así” o “más rápido”. Ya cuando empezaron a temblarle las piernas me di cuenta de que se iba a venir. Se la metí más rápido hasta que gritó muy fuerte mí nombre, valiéndole todo. Me hizo una seña para que me detuviera un momento mientras bajaba la pierna. Seguía dentro de ella y sentía como su interior se expandía y contraria rápidamente. Le besé la espalda y el cuello mientras trataba de calmarme. Entonces se levantó y se quitó el camisón. Nunca voy a olvidar como sus tetas se movieron cuando se acomodó sobre mí. Tiene los pezones muy grandes y de un color rosa claro que casi se pierde con su piel, nunca imaginé que serían así. Las agarré con ambas manos y se las chupé como desesperado, hasta que ella me rodeó con sus brazos como pidiéndome que lo hiciera despacio. Entonces se acomodó sobre mi polla y de un sentón se la metió toda otra vez. Se quedó quieta un momento y empezó a cabalgar muy despacio. Yo no tuve que hacer nada, pues ella se movía sobre mí, dándome sentones o moviendo las caderas. Me recosté en la cama y puso sus manos en mi pecho sin dejar de moverse; me encantaba ver como mi pene desaparecía en su entrepierna. Ella estaba fuera de sí, de verdad lo estaba disfrutando mucho y no le importaba que fuera su hijo, ella solo quería que me la cogiera.

    Lorena mordió ligeramente el bolígrafo con la mirada en las páginas. Repasaba las palabras que había encerrado en un círculo y trataba de mantenerse serena. Había escrito lo más que pudo de su relato, pero se detuvo por la excitación.

    – ¿No usaron protección? -Preguntó Lorena al poner el bolígrafo entre las páginas. Arturo movió la cabeza y se acomodó nuevamente el pantalón.

    – Ni tiempo nos dio de pensar en eso. Estábamos muy calientes. Me estuvo cabalgando muy fuerte y no pude aguantar mucho. -Arturo cerró los ojos recreando ese momento y sin darse cuenta se frotó el pene ligeramente. -Las tetas le brincaban tanto… No dejé de acariciárselas en todo el rato que estuvo sobre mí. Le jalaba los pezones o se los mordía despacio. No sé cuánto tiempo pasó, pero no pude contenerme más. Le dije que me iba a correr y ella solo aceleró el movimiento de sus caderas. Un par de arremetidas más y me corrí dentro de ella. Nunca me había venido así, tan intensamente y creo que ella tampoco. Quizá fue más intenso porque lo que estábamos haciendo estaba mal y por lo mismo fue tan placentero. Lancé varios chorros antes de que ella dejara de moverse y no supe si se corrió también. Solo se quedó quieta con mi verga adentro y los ojos cerrados y cuando se bajó me dio un beso en la boca, muy largo pero sin usar la lengua. Quería besarla desde antes pero no entiendo por qué no me atreví. Se quedó acostada ahí conmigo sobándome la pija y besándome despacio hasta que se durmió. Yo también me quedé dormido y en la mañana que me desperté ya no estaba, ni mi papá tampoco.-

    Le llamó la atención ese detalle. En la mayoría de las relaciones incestuosas los besos son un aliciente común, pero en este caso, no lo había mencionado hasta entonces. Imaginó brevemente como sería besar a su hijo en varios posibles escenarios e inconscientemente se mordió el labio inferior. Estaba fascinada por el relato y sobre todo como un juego que ellos consideraban “inocente” los había llevado irremediablemente al encuentro sexual. Pero, sobre todo, se sentía intrigada por esa aparente falta de conexión íntima entre los dos y que solo tienen las parejas, limitando su relación únicamente al sexo. Hasta le parecía algo razonable.

    – ¿Cómo sentiste ese beso? ¿Fue como alguno que te hubieran dado antes?

    – No. Si fue muy diferente. Pero se sintió raro y me excitó mucho tener su aliento tan cerca, no sé por qué. Creo que esos detalles, como su aliento, el olor de su piel o de su cabello, son cosas más propias de una pareja. Tener todo eso para mí de verdad me prendió mucho.

    – ¿Tu mamá propicia después los demás encuentros?

    – Los dos. Ese día nos tuvimos que esperar hasta la noche para hacerlo otra vez.

    Lorena recordó las miradas y las caricias de su hijo cuando no estaba su padre. Era más cariñoso, pero sin pasar el límite del coqueteo, aunque secretamente deseaba que lo hiciera. Eran casi personas diferentes cuando estaban a solas. Le estaba costando trabajo concentrarse en las palabras de Arturo, pues su mente estaba fija en su hijo.

    – ¿Ya era cosa de los dos, entonces? -Preguntó volviendo en sí.

    – Si, ya estábamos muy ‘clavados’ en eso.

    – ¿Cómo fue el siguiente encuentro? -Preguntó Lorena después de un momento.

    – Fue esa misma noche. Mi ‘ama’ ya no aguantó y me pidió que la acompañara por unas cosas a la tienda porque no quería venir cargando. Caminamos ‘tantito’ más allá de la casa y nos metimos a un lote baldío. Estaba bien oscuro y no se veía nada. Solo fue un “rapidín”. Se bajó el short y se recargó en la pared abriendo bien las piernas. Me la saqué por la bragueta y se la metí muy fuerte; se tuvo que tapar la boca para no hacer ruido, pero aun así no dejaba de gemir. Le tuve que dar muy rápido para que no nos vieran y terminé otra vez adentro de ella.

    – ¿Nunca te dijo nada por eyacular dentro?

    – No, al contrario, le gustaba sentir la leche dentro. Pero luego me dijo que era mejor que terminara afuera, porque a veces tardaba en salírsele todo y le daba miedo que mi ‘apa’ la agarrara y le sintiera algo que no debía estar ahí. En ese punto ya no la veía tanto como mi mamá, sino más como mi novia. Ella tomó una actitud diferente conmigo, y se volvió más cariñosa que de costumbre. Empezamos a hacer más cosas juntos e inclusive me hablaba por teléfono varias veces cuando estaba fuera de la casa. Cuando no estaba mi papá nos besábamos y acariciábamos a ratos, pero no pasaba nada porque sabíamos que podía llegar en cualquier momento. E inclusive cuando estaba, nos metíamos a un cuarto o a la alacena, o nos íbamos al garaje para besarnos; siempre todo muy rápido. La siguiente vez que lo hicimos fue en la casa también.

    – ¿Inmediatamente después de eso o pasó un tiempo? -Lorena retomó las notas revisando página por página.

    – Si, pasaron unos días por que mi ‘apá’ ya no iba tanto al taller en la mañana y cuando estaba en la casa se empezó a volver muy posesivo con ella por su cambio de actitud conmigo. No sé si estaba sospechando algo, pero definitivamente si cambió.

    – ¿No les dijo nada?

    – No, nunca. Todo estaba normal. En la siguiente vez hice como que me fui a la uni y esperé a que se fuera mi papá. Me escondí en la buganvilia del baldío de la otra noche hasta que vi pasar su carro. Dejé pasar un ratito y me regresé a la casa. Mi mamá ya me estaba esperando para meternos a la regadera.

    Continúa.

  • La amiga de mi esposa coge con nosotros

    La amiga de mi esposa coge con nosotros

    Terminamos de coger y descansamos desnudos caímos agotados… Al despertar Ana mi preciosa esposa tenía prendida la televisión en la cual se veía un trío teniendo sexo 2 mujeres y un hombre, yo solo dije tú yo y quien más y cómo seria?… Ana no titubeó describiéndolo todo…

    Una amiga que se llama Eli, ella es rica chaparrita morena de cabello lacio largo y negro ,caderas anchas y pechos pequeños y nalgas firmes.

    Mientras nosotras dos nos besamos y gemíamos, tú nos observas acaricias tu verga que está completamente erguida , babeando y ansiosa de meterla en algunas de las dos, nuestras vaginas están palpitando, mojadas, escurriendo diría yo, ansiosas de que nos penetres… te pedimos que te acerques y nos beses nos metas tu verga, yo quiero que me la metas primero porque ya no aguanto quiero tenerla ya adentro, mientras que a Eli le besas los senos, se los muerdes, se escuchan nuestros gemidos cada vez más intensos, tus movimientos son más rápidos y deliciosos hasta que ya no aguantamos más y explotamos en un orgasmo sublime y excitante, dejándonos extasiados donde solo se escucha la respiración sensual de satisfacción y cansancio.

    Caías rendido, pero Eli quería lo suyo, tomó tu verga y la metió en su boca, la chupo hasta ponerla nuevamente dura, no paraba de acariciarla, pasarle la legua desde la base de tu ano hasta la punta inflamada y de ahí de regreso. Dejó la verga y se subió en ella, yo. Me ponía detrás de ella y abrazándola le acariciaba sus senos mientras cabalgaba tu verga… pero qué cosa más deliciosa ver cómo te la cogías, escuchar los gemidos de los dos me ponían más caliente… cuando nos pediste que nos pusiéramos de rodillas las dos para echarnos ese delicioso semen de tu verga parada… nos bañaste con tu leche caliente la boca y las tetas de ambas y terminamos en un gran beso con tus mocos escurriéndonos por la boca…

    Cuando Ana terminó de describir todo esto ya tenía una gran erección de nuevo listo… cosa que mi esposa no desaprovechó para mamarla y hacerme venir en su boca.

  • El nacimiento de una puta

    El nacimiento de una puta

    La virginidad la perdí el día de mi cumpleaños número 18 y con un hombre 16 años mayor que yo. Él fue quien despertó la putita que yo llevaba dentro.

    Ese día por la mañana me llevó de compras, un baby doll negro con un conjunto de tanga y bra de encaje a juego porque me dijo que quería hacer de mi primera vez un momento inolvidable y vaya que lo fue.

    Me hizo el amor de una manera tan deliciosa que ahora después de 30 años aún me estremezco de recordarlo. Una vez que se hubo recuperado me abrazo y me dijo algo así -ahora sí mamacita, llegó el momento de tenerte como a mí me gusta, ya tuviste tu primera vez haciendo el amor y quiero que también tengas conmigo tu primera cogida, estás dispuesta a aguantar??? Yo estaba tan caliente que sólo pude decir siiii

    Se abalanzó sobre mi y me beso de una forma salvaje que casi me tocaba la campanilla con la lengua mientras me estrujaba las tetas, se agachó y me las chupaba intensamente, me mordía los pezones y me dolían pero entre más me dolían más me calentaba yo, gemía y gritaba «ay siii que rico» a lo que él me decía «te gusta verdad mamacita, si vas a ser una buena puta, mi puta, la mejor de todas» al mismo tiempo me giro y me puso en 4 y comenzó a nalguearme fuertemente jalándome del cabello mientras me decía «dime qué serás mi puta» y yo contestaba «siii quiero ser tu puta pero ya cógeme por favor».

    Y de una sola estocada sentí su verga llenándome las entrañas, me cogía con fuerza mientras seguía apretando mis caderas y azotando mis nalgas alternadamente, me ardían pero no quería que dejara de hacerlo.

    Me pidió que me pusiera de rodillas en el piso y comenzó a cogerme la boca tan fuerte que me daban arcadas pero no sé detenía, cuando mis lágrimas empezaron a salir por el esfuerzo, saco su verga de mi boca y se vino con fuertes chorros de leche embarrando toda mi cara y mi cabello.

    Beso mi cabeza y dijo -lo has hecho excelente para ser la primera vez, no cabe duda que serás una gran puta. Ahora sólo te falta recibir la verga por el culo pero ese culito tuyo merece una sesión aparte.

    Me levanté como pude y fui al baño a darme a una ducha, cuando me mire al espejo con la cara llena de leche, el cabello revuelto, las tetas amoratadas y la panocha rozada supe inmediatamente que jamás sería la misma, una puta había nacido… una Luna Nueva!

  • Mi vida (parte 7): La locura

    Mi vida (parte 7): La locura

    Amigos lectores, como ya saben y he contado en mis relatos anteriores que mi vida sexual ha sido muy diversa y confusa, me considero heterosexual porque me gustan las mujeres y tengo una pareja estable, por otro lado soy un fanático de las transexuales y me gusta que me dominen siempre a escondidas de mi esposa y de la sociedad, no me considero ni homosexual ni bisexual aunque muchos aquí me llamarán maricón y punto…

    También soy un cornudo empedernido ya que mi esposa y yo hemos tenido intercambios y tríos. Dicho esto para los que leyeron mi relato anterior sabrán que pudimos juntar varias de estas cosas en una misma noche cuando hicimos un trío con una transexual y fue la primera vez que pasó delante de mi esposa.

    Tiempo después de esa aventura seguimos manteniendo relaciones normales, una que otra vez teníamos relaciones con alguna chica o pareja pero no lo hicimos más con transexuales.

    Una noche en una tasca de la candelaria en Caracas, comimos y bebimos como cualquier pareja cuando vimos en una mesa a 4 chicos que no paraban de mirar a mi esposa, obviamente ella y yo nos percatamos y les seguimos el juego entre cantos y bailes la noche estaba muy animada para que se nos diera la oportunidad de que saliera algo bueno de ahí, le di rienda libre porque yo fantaseaba con que esos 4 hombres se apoderaran de mi mujer completamente y me dieran un espectáculo pero lamentablemente no fue así, simplemente la noche terminó pero en el camino a casa conversamos y le comenté a mi esposa lo que yo estaba fantaseando y que le había pedido el número de teléfono a uno de los chicos para mantenernos en contacto.

    Mi esposa: quieres que me hagan un gangbang?

    Yo: sería una locura verte con 4 tipos

    Mi esposa: te propongo algo mejor

    Yo: a ver, que será?

    Mi esposa: Invitemos a 4 hombres y a una transexual porque yo también quiero verte

    Yo: pero a lo mejor ellos no aceptan

    Mi esposa: la transexual sería solo para ti…

    Es decir, la idea loca de mi esposa era estar todos dentro de una habitación pero por un lado ella recibiendo un gangbang y yo con una chica transexual delante de ella y de sus invitados.

    Fuimos coordinando eso durante días, nos volvimos a ver con uno de los chicos del día de la tasca y realizamos un trío, ya consumada una pequeña relación con él lo invitamos a la idea Loca del gangbang y que nos colaborara para involucrar a sus otros 3 amigos, cosa que no fue muy difícil y en muy poco tiempo había llegado el día.

    Ahí estábamos en una suite con terraza de un hotel en caracas, 3 de los 4 chicos asistieron y llegaron pronto, poco a poco fuimos entrando en ambiente le explicamos nuestras fantasías aclarando ciertos puntos como que yo no debería tener ningún tipo de contacto con ellos y que usaran preservativos con mi esposa pero el punto más importante no se lo habíamos contado.

    Empiezan a devorar a mi esposa uno por uno, había muchos besos y sexo oral mi esposa estaba en otro mundo, de pronto cuando tocan la puerta de la habitación todos los chicos se sorprendieron cuando entró una despampanante chica con el cabello rojo, largas piernas y enormes tetas, yo les dije: sigan en lo suyo que esto es solo para mi, enseguida empecé a besarla y fui bajando hasta quedar arrodillado bajándole los jeans y sacando su pene para posteriormente comerlo.

    Los chicos parecían como asustados pero a la vez se rían acompañado por burlas sarcásticas de mi esposa, sin embargo ellos seguían sin parar de hacer su trabajo con mi esposa mientras ella también se los devoraba a ellos, no pasó mucho rato cuando ya mi esposa se unió a mi en la mamada a nuestra invitada de honor que por cierto se llamaba Anabela y tenía un pene de unos 20 cm muy grueso.

    Los chicos seguían su trabajo con mi esposa sin intimar con Anabela pero esta se les insinuaba a cada rato, tal vez ellos estaban tímidos por prejuicios entre ellos pero al final terminaron probando el culo de Anabela quien se los abrió a todos en cada turno, era una verdadera orgía…

    Todos nos cogimos las dos, le hicieron doble penetración a mi esposa en varias posiciones y hubo mucho sexo oral, ya la cosa estaba desenfrenada pero le tocaba el turno a Anabela quien ofreció su pene a los otros invitados, ninguno se animó a probarlo ni con la boca y menos para ser penetrado a pesar que si se lo habían metido a ella, mi esposa si me dijo en voz alta: “van a ver como preñan a mi esposo” mientras ella estaba siendo enculada por uno de los chicos, Anabela se paró y me dijo que me pusiera de pie, me pegó a una pared de espejo y empezó a poner su guevo en la puerta de mi culo y dijo: “algun valiente que me empuje!!”.

    Mi esposa le dijo que se quitara el condón para que me llenara el culo de su leche caliente, Anabela me preguntó si de verdad quería eso y yo le dije que si, sin dudarlo se quitó el preservativo y lo puso en la puntica de mi culo, uno de los chicos se le puso atrás y se lo metió a ella haciendo presión a su vez sobre mi para darle paso a ese pedazo de carne en mi culo, el chico la bombeaba y ella simultáneamente a mi lo que me provocaba dolor fuerte porque era doble empuje, pude ver por el espejo como mi esposa también estaba en una doble penetración de película ya que los dos chicos estaban de pie y la tenían cargada.

    No paso mucho rato cuando Anabela explotó dentro de mi una descarga caliente que me hizo temblar las piernas mientras el otro pana se lo seguía metiendo y hasta que él terminó, ella batió su propia chicha en mi culo por largo rato entrando y saliendo de mi culo, al terminar mi esposa me llevó a la cama y me puso en 4 patas para mostrarle a todos mi culo abierto y lleno de leche, todos se empezaron a reír y a humillarme con palabras tomándome fotos mientras mi esposa me daba nalgadas, la orden fue que me quedara ahí en esa posición.

    Los chicos y Anabela se vistieron para retirarse mientras yo seguía ahí en 4 patas por órdenes de mi esposa hasta que caímos agotados a dormir.

  • Amor imposible con mi tío (anécdota)

    Amor imposible con mi tío (anécdota)

    Nuestra relación marchaba super bien, apenas llevábamos 2 meses de haber iniciado nuestra relación pero ya la disfrutábamos como nunca.

    Recuerdo que en una ocasión nos quedamos de ver en el parquecito, así que decidí vestirme muy provocativa, una minifalda rosa metálico, una blusa blanca, medias a media pierna de encaje color piel, tacones blancos altos, una tanga rosada, un brasier blanco, mi peluca y bien maquillada, llegué al parquecito 20 minutos antes de lo pactado, estuve sentada un rato pero no llegaba, pasaron los 20 minutos, después 30 minutos y nada, ya llevaba casi la hora esperando, así que me comencé a preocupar, y le llamé, lo cual me dijo:

    Tío: hola cariño, perdón por no llamar el coche se me descompuso a 5 cuadras del parquecito

    Yo: hay bebe, me hubieras llamado desde ese rato

    Tío: lo siento, vente estoy aquí

    Yo: OK ya voy para allá bye

    La verdad si quedaba algo lejos pero no tuve alternativa, y decidí caminar, el sol se iba metiendo, y la noche llegando, así que le apresure a caminar pero con tacones es un poco difícil y cansado hacerlo, pero aun así seguí, al llegar con mi tío, él estaba viendo el motor del coche, y es que se veía tan varonil con la herramienta que me puse cachonda con solo de verlo, llegue y le dije:

    Yo: hola cariño, todo bien?

    Tío: no amor no arranca

    Yo: que mal te puedo ayudar en algo?

    Tío: no ahorita viene un amigo creo que es la batería

    Yo: ah bueno

    Tío: vente, vamos a sentarnos

    Lo tome de la mano y me senté con el, estábamos platicando cuando de repente una voz femenina le habla a mi tío, y oh sorpresa era su hermana lo cual dice

    Roberta: hola que te paso?

    Tío: (algo asustado) ya no sirve la batería

    Roberta: ya veo, aquí tengo cables si quieres te paso corriente

    Tío: ya lo intente pero ya esta muerta la batería, un amigo me va a traer otra

    Roberta: ah bueno, hola mucho gusto, Roberta hermana de no se que sean

    Yo: (sorprendida y nervosa) mucho gusto, Carolina

    Tío: somos amigos, me encontró aquí y se quedó conmigo

    Roberta: y yo me chupo un dedo jejeje, caro, dilo con todas sus letras ‘soy su amante’.

    Tío: Roberta por favor

    Roberta: hay hermano, se ve de lejos que tienen algo

    Tío: ya por favor, mejor vete

    Roberta: tranquilo que no diré nada

    Tío: de verdad?

    Roberta: si de verdad, por lo menos esta mejor que tu vieja

    Yo: jejeje gracias

    Roberta: de nada, esque yo no se como se fue a casar con esa mujer pero bueno

    Tío: ya por eso

    Roberta: me alegra ver que eres feliz hermanito, solo que para la otra agárrate alguien más grande

    Yo: yo fui quien lo busco, me enamore desde el primer instante que lo vi

    Roberta: que bueno me da gusto, pero nena no te vistas así en la calle, cualquiera pensara que eres de las que cobra

    Yo: jejeje es que me gusta mucho vestirme así

    Roberta: bueno pero si llegas a cobrar si cobra caro

    He jejeje

    Yo: jejeje claro lo tendré en cuenta

    Tío: ya ya porque al rato me va a querer cobrar

    Roberta: bueno hermanito, me voy cuídate y cuídate muy bien

    Tío: si claro nos vemos

    Yo: nos vemos

    Roberta: bye a ver que día platicamos

    Yo: claro que si

    Se subió a su coche y antes de irse dijo

    Roberta: se ven bien juntos, parecen padre e hija jejeje

    Yo: jejeje gracias

    Roberta de fue y mi tío y yo solo nos reímos, yo lo abrace y llego su amigo cambiaron la batería y nos fuimos, al llegar al hotel, mi tío dijo:

    Tío: hoy seré tu papi y tu mi hijastra te parece?

    Yo: si papi

    Nos comenzamos a besar bien rico, me subí encima de el poco a poco lo desnude y el no quiso, tan solo me subió mi minifalda e hizo a un lado mi tanguita, y me dio unas embestidas bien ricas, tardamos un buen rato y de ahí se vino en mi boca, al terminar me miró y dijo:

    Tío: oye amor, cuanto cobrarias?

    Yo: no lo sé, no lo he pensado

    Tío: pero si bien caro jejeje

    Yo: si lo más seguro

    Tío: anda vístete

    Salimos del hotel y me fue a dejar a mi casa, pasaron los días, y yo fui a casa de mi tío a dejar unas cosas cuando llegue esta Roberta sentada en el sofá, así que entre y me quede callado, Roberta de inmediato me reconoció mirándome de arriba abajo, mi tía nos presentó y dijo

    Tía: mira cuñada él es mi sobrino

    Roberta: si ya lo conocía

    Mi tío y yo nos miramos con mucho nerviosismo.

    Tía: en donde?

    Roberta: la otra vez que se descompuso el coche a mi hermano

    Tía: no sabía que él había estado contigo

    Tío: paso con unos amigos y me vio y se quedó

    Roberta: si cuando llegue ahí estaban sentados y les ofrecí mi ayuda pero ya iba alguien mas

    Tía: ah bueno, quieren un café?

    Roberta: yo si

    Yo: yo ya me voy solo pase a dejar esto

    Roberta: anda quédate ahorita te vas

    Tía: si quedaré

    Yo: bueno

    Tía: iré a calentar el café, esperen un momento

    Nosotros 3: si claro

    Roberta: ven siéntate aquí

    Yo:(todo temeroso) OK

    Tío: no vayas hacer nada por favor

    Roberta: tranquilos, y bien como te fue con mi hermano?

    Yo: bien bien jejeje

    Roberta: que bueno, lo que no entiendo en donde guardas toda tu belleza femenina

    Yo: pues solo me desmaquillo y me quito la ropa

    Roberta: muy bien, necesito tu ayuda

    Yo: que ayuda?

    Roberta: mira me voy a casa en poco tiempo pero yo no amo a mi pareja yo amo a otro hombre

    Yo: OK y luego?

    Roberta: necesito que lo seduzcas para que lo encuentre y se rompa el compromiso por favor

    Yo: yo no puedo hacer eso, mi tío se enojaría

    Roberta: ándale por favor, yo hablo con el

    Yo: mm bueno si él dice que si, no hay problema

    Roberta: gracias hablaré con el

    Roberta hablo con mi tío y este al principio no estuvo de acuerdo pero al final acepto, así que quedamos en vernos al día siguiente, lo cual hicimos tan solo para ver quien era, y al verlo quede impactada, un hombre ya maduro, bien parecido, de barba con canas, algo gordo como me gustan y desde lejos se le veía un paquetote en medio de sus piernas, lo cual ella dijo

    Roberta: mira es ese

    Yo: estas segura que no lo quieres?

    Roberta: no, a ti te gustó?

    Yo: pues si se ve que está bien sabroso

    Roberta: ah pues tu date, yo no le diré nada a mi hermano si lo llegas a meter a tu cama

    Yo: de verdad?

    Roberta: si

    Yo: OK porque si o si quiero que me dé hasta para llevar.

    Regresamos a los dos días así como me conoció con la misma ropa porque con esto caería, lo vi que estaba sentado y fui hacia él, el de inmediato me vio y me sonrió, yo no perdí oportunidad y me senté viéndolo a los ojos, el de inmediato me hizo platica

    Vicente: hola hermosa

    Yo: hola hola

    Vicente: como estas?

    Yo: bien bien y tu?

    Vicente: si ya veo que muy bien, también bien

    Yo: si muy bien

    Estuvimos platicando hasta que me invito a salir, pero esta anécdota se las platico más adelante.

  • Mi esposa y sus sueños de puta (parte 2)

    Mi esposa y sus sueños de puta (parte 2)

    Después de aquella confesión de mi mujer donde reconocía que quería tener varias vergas para ella sola, fui tocando el tema poco a poco, recordándole lo rico que seria. Imagínense, 27 añitos, cuerpo firme, tonificado, apretadita, piel trigueña, pecas en la cara que la hacían ver aún más chica, unas tetas deliciosas y unas nalgas firmes. Un culito dispuesto a ser reventado y una boquita tan mamadora que le encantaba llenarse de leche tibia y comérsela toda.

    Tengo que ser honesto, desde que se lo propuse no deja de fantasear cada vez que salíamos. Cuando no está trabajando le gusta usar shorts muy cortos y casi casi se logra ver el borde inferior de sus nalgas. Además usa blusas muy escotadas y hace que sus tetas se vean aún más grandes y paraditas. He descubierto a más de uno comiéndosela con los ojos y no dejo de fantasear en como seria ofrecerla a otros cabrones para que se la cojan pero… La oportunidad llegó.

    Como ella trabaja en la construcción pues está rodeada de muchos hombres pero en específico convive mucho con el superintendente y con un policía. Ambos son muy amigos.

    Ella me cuenta de cómo la cuidan y la chulean y la invitan a comer y a tomar. Aquí hago un paréntesis para aclarar que mi vieja con alcohol se le abren las piernas muy carbón. Así que tenía el pretexto perfecto para generar la situación.

    Ellos dos se la pasaban mandándole mensajes día y noche y la llevaban a todos lados. Así que un día le dije que fuéramos a comer con sus jefes y a tomar para ver qué onda. Obvio no le dije que mi idea era ponerlos pedos a todos para provocar esta cogida masiva.

    Un viernes se dio la cita y fuimos a un bar cerca de Tacubaya. Ella llevaba una blusa de manga larga y cuello alto pero con escote oval, esto quiere decir que se le veía toda la parte superior de las chicis y eso era tan erótico, pantalón de mezclilla pegadito donde ese día se le podía ver el camel toe, muy marcadito.

    Cuando ellos me conocieron me saludaron muy amables y haciendo comentarios como que yo era muy afortunado de tener una gran mujer como ella o de que la valorará mucho y pendejadas así. Obvio me di cuenta de inmediato que ellos morían por cogérsela. Así que ya tenía la mitad del trabajo hecho.

    Después de varias micheladas comenzaron los mojitos y el baile. Entonces le dije primero que bailara con el inge y así paso. Mientras platicaba con el poli y le decía:

    – esta super buena mi vieja, no crees?

    -con todo respeto, la verdad que sí.

    – que te gusta más de ella?

    – no , como crees, es tu mujer. Yo respeto.

    – Wey, si veo cómo te la comes con los ojos, obvio te gusta. Que te gusta más, sus tetas o su culito?

    – Neta, de cabrones compa, su boca. Se ve que ha de mamar bien rico.

    Entonces le dije…

    – puedo enseñarte algo pero que solo quede entre nosotros? De caballeros???

    – seguro brother. Todo queda entre nosotros.

    Entonces saqué mi celular y le mostré un video donde ella me está mamando la verga de una manera magistral y se ven sus tetas como rosan mis guevos.

    El poli se puso bien loco, comenzó a sudar, la volteaba a ver y me di cuenta que ya se le estaba parando. Terminó ella de bailar con su jefe y le pedí que bailara con el poli pero antes de que este se parara le dije, si quieres agasájatela, no tengo pedo, te doy chance. El me volteó a ver no dando crédito a lo que le decía.

    Pude ver como la abrazaba después de cada vuelta y ella podía sentir su bulto pegadito a su vagina y noté como se ruborizaba. Entonces le dije al inge…

    -que tal baila inge? Le gustó?

    – claro mi hermano. Tu mujer baila rico.

    – y coje mejor – le dije.

    – si lo creo.

    Le dije entonces….

    – pues nada más mírala, como le pega la papaya al poli que ya la trae parada.

    Reímos y brindamos. Después le pregunte que cual parte del cuerpo le gustaba más y el sin dudarlo me dijo que las tetas. Que yo era afortunado de poder tenerlas y tocarlas y besarlas. Así que le dije que si quería verlas, pero que quedara entre nosotros. El asintió de inmediato.

    Saque de nuevo mi teléfono y le mostré una foto de sus tetas y se excito demasiado.

    Ya tenía la mente de ellos, ahora solo era dar el paso con mi mujer y listo.

    Cuando regresaron a la mesa le dije que bailáramos y ya bailando la manoseaba abiertamente para que sus amigos vieran, le agarraba una nalga o discretamente la rosaba de las tetas y sentía como se iba calentando aún más. Le dije que si le gustó sentir la verga del poli y ella no supo que responder, me vio muy feo y se apartó pero le dije que no pasaba nada. Que me había excitado verlo. Ya ella se relajó un poco más y me dijo que sintió raro (seguro le encantó a la muy puta pero le faltaba más alcohol) a si proceda a pedir más rondas a la mesa.

    Después de un par de horas, ya más entonados, hacia más confianza. Ellos ya le tocaban la parte superior de las nalgas al bailar y ella les repagaba más el cuerpo.

    Cuando nos íbamos a ir les dije que ya estábamos muy tomados. Que a si no podíamos manejar, que mejor nos quedáramos en un hotel y ya nos íbamos más seguros al día siguiente. Todos aceptaron.

    Pedí un Uber a un hotel de paso y cuando llegamos y después haber pasado todos al baño ella se recostó en la cama y yo a un lado. El poli tomo una silla y el inge se sentó al borde de la cama. Entonces le dije a ella que quería hacérselo, me dijo que estaba loco, que como ahí. Entonces le dije a ellos…

    Yo – tienen pedo si cogemos enfrente de ustedes?

    Poli- yo sin bronca.

    Inge- pero por favor.

    Sin dudarlo me saque la verga, me puse de pie y le pedí que se arrodillara. Ella se resistió muy poco y obedeció. Me empezó a mamar de una manera tan intensa pero lo que descontrolo todo fue que no dejaba de ver a su jefe. Entonces le dije al poli que se acercara y se sacara la verga y a ella le pedí que no dejara de ver a su jefe.

    Ya teniendo al poli al lado mío le pedí que se la chupara. Entonces ella sin durar engulle esa verga hasta el fondo, mientras me masturbaba con su mano. Después de un rato le baje la blusa y le deje las tetas de fuera. Su jefe no se contuvo y se bajó los pantalones, se acercó y puso su verga entre esas tetas deliciosas y comenzó a hacerse una rusa.

    Entonces mi mujer tomo ambas vergas en las manos y comenzó a mamar la del inge.

    Yo la puse boca arriba en la cama y le pedí al poli que se la metiera por el culo. Ella gimió pero aguantó. En ese momento el inge llenó sus tetas de leche casi hirviendo y se quedó recostado. Le pedí al poli que deseaba que le terminara en la boca así que se la sacó del culo y empezó a masturbarse muy cerquita de la boca de mi mujer, hasta que después de un grito explotó llenando parte de su cara y boca de semen. Fue tanta la excitación que yo hice lo propio. Termine por dejar esa carita llena de leche.

    Después de eso nos quedamos todos dormidos… Al despertar, la cruda moral era densa. Ella se vio en el espejo con semen seco en el cabello, la boca, las tetas y se metió a bañar y no quiso salir del baño. Sus compañeros medio crudos se despidieron y se fueron…

    Lo rico de todo fue que la convencí para volverlo a hacer pero ahora en su trabajo… Será en la siguiente donde les cuente como sucedió.

    Mi mail es: [email protected].

  • Día de cumpleaños con mi abuela (parte 2) ¿fin?

    Día de cumpleaños con mi abuela (parte 2) ¿fin?

    Primero que todo muchas gracias por sus comentarios y correos, la verdad es que han sido motivadores para seguir escribiendo, así que continuemos.

    Después de lo que había pasado con mi abuela, ella hizo todo lo posible por no darme cara durante el resto del día, supongo que le dio pena y pues no quería forzar las cosas, y pues para no hacerla sentir incómoda decidí salir de casa e irme a un internet que tenía cerca, el cual era atendido por una señora ya algo mayor parecida a mi abuelita, y mientras la veía imaginaba las cosas que haría en su casa con su esposo si es que tenía, y pensando en eso se me ocurrió una idea, y si hacía que la situación con mi abuela fuera aún más morbosa, a un punto que ella no pudiera resistir?, ya había quedado claro que le gustaba mi pene y aún más que le gustaba la sensación de mi leche, entonces porque no hacer que la situación para ella fuera aún más erótica, pero la pregunta era, que la podría hacer calentar al punto que ella estuviera al límite.

    Al salir del internet había tenido una gran revelación, llevar al límite a mi abuelita, así que al entrar casa siendo ya algo más de noche, pude al fin ver a mi abuela la cual estaba preocupada por mi, pues la verdad si me había demorado más de lo prudente por estar perdido en mis ideas.

    – Mijo, que pasó vea la hora – decía con una bata larga de color azul oscuro con un saco de lana gris en la parte superior.

    – Nada abuelita, lo que pasó fue que me entretuve más de la cuenta en el ciber además como no me querías ver. – le dije haciendo pucheros, buscando que me llevará la contraria.

    – Como va a decir eso mijo, usted sabe que me importa mucho es solo… – se quedó un momento en silencio. – tenía mucho que hacer .

    Sabía que le había traído a la cabeza lo que había pasado en la tarde así que camine hacia el comedor mientras ella me miraba, mientras le quitaba la ropa quedando solo en bóxer.

    – Que hace mijo? – dijo ruborizada mientras mi pene estaba algo erecto bajo el bóxer.

    – Nada abue, me voy a bañar porque? – le dije inocente pasando frente a ella sin bajarme el bóxer pero sabiendo que lo estaba mirando.

    Si le gustaba ver eso ya era obvio ahora tenía que ir por la segunda parte de mi plan, tras una breve ducha, hice todo lo posible para salir duro de la ducha mientras caminaba con la toalla exponiendo mi erección, como ya les había dicho teníamos un solo cuarto con mi abuela así que cuando entre como ya era tarde, pues mi abuela ya estaba allí viendo sus programas de TV, pero al entrar se quedó viéndome, así que era la hora quite la toalla y mostré mi erección, a lo cual ella solo se quedó mirando.

    – Perdón abue, es solo que después de lo de hoy he estado muy excitado, pero tranquila estaré en la cama para calmarme un poquito.

    Al decir eso ella se quedó en silencio y siguió vi no su programa de TV, mientras hice todo lo posible para darle un show pues abrí mis piernas para mostrarle como me tocaba, cerrando un poco los ojos para que mi abuela no se sintiera intimidada, empezando a jadear y tocando mi pen de arriba hacia abajo.

    – Si abuelita, así pasa tu lengua que rico… – decía para que ella escuchará, mientras oía como le baja al TV, estaba interesada, abriendo suavemente uno de mis ojos para ver qué hacía, había bajado un poco sus cobijas mientras seguía mirando.

    – Que rico, me encantas abuelita, eso súbete quieres mi lechita, dilo abuelita… – decía mientras ella seguía mirando algo incómoda, se le notaba, pero no sabía si era porque estaba molesta o se estaba excitando.

    – Eso abuelita, mételo quiero llenarte, ahhj que rico abuelita. – dije mientras vi como su lengua salía de su boquita estaba excitada, ahora estaba confirmado, pero que debía hacer ahora, eso pasaba por mi cabeza, así que era todo o nada, abrí los ojos y me quedé mirando a mi abuela la cual quedó en shock al cruzar miradas conmigo.

    – Abuelita no puedo llegar puedes ayudarme? – le dije mientras me levante para acercarme a ella.

    Ella solo guardaba silencio hasta que llegue hasta su cama mientras ella solo miraba mi pene.

    – Me ayudas? – le dije muy excitado.

    – Mi niño te dije que eso no se repetiría.

    – Pero mira como estoy abue. – le dije tocando mi pene mientras ella solo suspiraba.

    – Abre la boquita. – le dije en un tono más fuerte, ella no se esperaba eso y yo tampoco espere decirlo solo me fluyo, pero parecía gustarle, porque abrió la boca mientras la punta de mi pene, Sentía el calor y humedad de su boca, era maravilloso ver cómo mi pene estaba en su boca.

    – Abre más. – le decía mientras continuaba haciéndome caso ahora jugando con su lengua mientras seguía chupando que maravilla, pero entonces mi mente se tornó en solo lujuria y pasión.

    Bajando mi mano, decidí tocar sobre sus pantys, los cuales estaba húmedos mientras ella solo seguía chupando con los ojos cerrados, negándose de alguna forma a saber de quién era ese pene que chupaba, mientras mis manos exploraban sobre sus pantys los cuales estaban expuestos pues ella había abierto las piernas dejando subir su falda de pijama, estaba súper húmeda pero mi pene estaba al límite, justo en ese momento lo saque, viendo el hilo de saliva de su boca y los jadeos que hacía ahora más intensos.

    – Quítate los pantys mi damita. – no se si por la excitación o por el hecho de estarle ordenando pero me hizo caso, se quitó los pantys dejándome ver su vagina llena de vellos canos, mientras me subía encima de ella, no sabía que decir pero la mirada de excitación era clara.

    Y sin mediar palabra la penetre, muy suave y lentamente, estaba muy apretada, así que su mirada fue de dolor, pero penetrando muy suave y lento empezó a jadear mientras sus manos se agarraban de mi espalda y sus piernas se cruzaban con las mías, no quería que me bajara y yo no deseaba bajarme su vagina era demasiado cálida, suave, apretada me encantaba, estaba en el éxtasis máximo, mientras ella solo tenía y jadeaba, era un conjunto de placeres difícil de describir, pero entre jadeos y suspiros, nuestras bocas se encontraron y se fusionaron en un beso suave que mientras mis embestidas aumentaban, hacían que el beso fuera aún más apasionado con mucha lengua y saliva, para aquellos que han besado con tal pasión sabrán a que me refiero, demasiada pasión y lujuria, mientras ella me toma aún más fuerte entre espasmos y jadeos, había llegado, que locura yo solo seguía penetrando mientras ella estaba abierta de piernas dejando que mi pene entrara y saliera.

    – Dame lechita mi niño – decía entre jadeos.

    Esas palabras solo me hacían penetrar más duro mientras ella solo gemía, y sin previo aviso ni control descargue mi primera vez dentro de ella, no sé cuánto sería pero cuando saque mi pene, mi semen también salía, mientras ella solo miraba, con una gran sonrisa, todo había cambiado esa noche ahora yo sabía que le gustaba que la mandarán y ella sabía todo lo el placer que le podía dar.

    Si te gusto el relato y quieres una posible tercera parte déjalo en los comentarios o por correo [email protected], o si quieres hacer rolplay o quizá encuentro en Bogotá, también he pensado en contar algunas historias sobre mi madre o mi hija, ya veremos qué tal reaccionan a este relato y sus comentarios, saludos.

  • Delante de todos (parte final)

    Delante de todos (parte final)

    Cuando Alex dejo de chupármela y se paró puse sentir lo chorreada que estaba, me había vuelto loca con la legua metida en mi vagina, estaba muy caliente, tanto que los pezones se me habían puesto duros y no tenía sostén, pues el escote que elegí era bien pronunciado.

    Así como me dejó, con la tanga rosada corrida, las tetas duras y la vagina mojada, llena de mis fluidos, se dispuso a hacer café. Ya había lavado todo yo, pero su sexo oral me hizo olvidarme incluso de eso, cuando atiné a acomodarme la ropa, puso su mano en mi culo, me apretó con fuerza la nalga derecha y me susurro – déjatelo así, me encanta lo mojada que estás, déjame seguir viendo ese culito pálido y rico.

    Me latía el clítoris, podía sentir como me mojaba más y más, tenía muchas ganas de que me cogiera duro, en voz alta dije -voy a buscar las tazas de café que nunca usas!- y me perdí bajo la isla de granito, lo agarre del pantalón y lo estire junto a mi cara, el bulto de su verga dura se podía ver intentando salir de esos jeans negros que usaba, baje su cierre y saque su verga afuera, y lo mire a los ojos estaba estupefacto; casi tanto como yo cuando agarre su pene con la mano y me lo lleve a la boca, suave, grueso, venoso, de unos 18cm, caliente y lo sentía latir como si creciera más dentro de mi boca húmeda de saliva y sus fluidos, comencé a chuparle la punta, jugando con mi lengua al rededor del escroto, mientras con una mano le masturbaba su tronco grueso y con la otra le acariciaba los huevos.

    Me comía su verga como si de eso dependiera mi vida y podía ver de a ratos lo caliente que estaba, como le encantaba que me lo metiera casi todo en la boca y lo chupara, estaba tan caliente que me carro de mi largo pelo rubio y empezó a cogerme la boca, y yo como desesperada me tragaba su verga, se movía tan rápido y yo me atragantaba con todo su palo adentro, le encantaba que lo mire, cuando lo hacía sacaba su pene de mi boca y lo agitaba contra mi cara, yo abría la boca desesperada como un bebé que quiere su mamadera. Le chupe la verga hasta que me acabó, un poco en la cara y un bicho en la boca, lo mire y me traje toda su leche.

    Los chicos en el living se habían dispuesto a jugar a la play, el único que cada tanto miraba que hacíamos era Daniel, pero nadie más. Me incorporé dando la espalda a los demás, mi cara denotaría lo que estuve haciendo, espera 1 minuto mirando a Alex a los ojos mientras tenía su verga en mis manos todavía jalándosela. Dije en voz alto «voy al baño, es una situación urgente» a modo de chiste y desde la sala alguno rieron, Alex acomodándose la ropa dijo ya está el café, sírvanlo que le tengo que buscar el papel por qué no repuse y fue atrás mío.

    Cuando entro al baño, yo estaba sobre la mesa del lavatorio con las piernas abiertas para él, «chúpamela» le pedí. Y sonriendo cerró la puerta y se comió mi vagina rosadita, mojada de las ganas de que me coja, se incorporó y me dijo mientras me metía 2 dedos que la tenía riquísima, y que le encantó como se la chupe, entonces se volvió un diálogo sucio y caliente dónde yo le decía cosas como » méteme la verga en la conchita, está conchita es tuya papi, ay si, así chúpame las tetas bebé, que rico como te comes mis tetas» Alex explotaba cogiéndome con los dedos estimulándome el clítoris como desquiciado y me decía que rica estás putita, como te quería coger, mira estás tetas, te gusta que te coja la conchita con los dedos, querés acabar? Dale chorreate toda, me re calentás».

    Entonces lo acerque a mi, casi abrazándolo con las piernas, y le dije méteme esa verga gruesa que tenés, quiero que te cojas toda esta conchita, él obedeció, pasó su pene duro por mi vagina húmeda, acariciándome con él, y me la metió, cuando entro le pedí que me cogiera fuerte, que me la meta toda y mientras lo hacía me chupaba una teta y la otra me la apretaba, me apretaba el pezón y yo no paraba de chorrear, jadeaba de lo excitada que estaba, me estaba cogiendo mejor que mi novio, ya ni me acordaba lo rico que era tener una buena verga metida adentro, me bajo del lavario, me puse de frente al espejo, me separó las piernas y me empezó a comer así, mientras me agarraba del pelo y me hacía mirar nuestro reflejo, te gusta que te coja así? Me dijo, y yo gozando su verga le decía a todo que si, que me encantaba como me cogia.

    Nos perdimos en un sexo desenfrenado hasta que alguien golpeó la puerta del baño, desde afuera Daniel dijo -Lo, estás bien?- devolviéndome a la realidad, mire a Alex por el espejo, que me metió los dedos en la boca, los chupe y acto seguido empezó a frotarme el clítoris mientras me seguía metiendo la verga, me llevaba al límite, sentía que iba a explotar y su verga también, me dijo al oído seguí moviendo te así, venite y me vengo… Otra vez escuché la puerta, Daniel insistió -Lo, estás bien, necesitas algo?- la verga de Alex me estaba volviendo loca de placer y sus dedos en mi clítoris aún más, con un último aliento mientras miraba la cara de placer de Alex que no paraba de cogerme y cada vez más rápido le contesté a Daniel, estoy bien! Y me vine, Alex me cogió un poco más y cuando ví su expresión de estar a punto lo separe de mi y me metí su verga dura en la boca, se la chupe tanto como una loca hasta que me acabo, su semen era espeso y un poco dulce, lo trague todo, sin dejar de mirarlo y se lo chupe un poco más.

    Nos miramos un momento, yo no dejaba de chuparle la cabeza que de poco en poco volvía a engrosarse y ponerse dura, mientras me metía los dedos con las piernas abiertas dejándolo ver lo excitada que seguía, me dijo con un voz agotada, que rica estás, volvamos con los demás y separándose se acomodó la ropa y salió del baño, para nuestra sorpresa Daniel estaba todavía parado ahí, y pude verlo mirarme por encima del hombro del Alex como me seguía masturbando agachada en el piso.

    Alex dejo la puerta entre abierta y me sonrió, Daniel se quedó viéndome directo a la vagina, yo jugaba con mi conchita rosada y él no podía separar la vista. Alex le puso la mano en el hombro y se fue diciendo algo que no escuché y Daniel se acercó a la puerta y se me quedó viendo mientras se tocaba por encima del pantalón.

    Pero esa es otra historia que ya les contaré después.

  • La sombra de lo desconocido (2): Los orígenes

    La sombra de lo desconocido (2): Los orígenes

    Dos años antes.

    – ¡Despierta Dani!

    Abrir los ojos y contemplar a Ana con su pijama corto y top de tirantes que dejaba al descubierto todo su vientre y una gran parte de sus tetas es una de las mejores maneras de despertarse que se me ocurren. Aun así, si hubiera llegado siquiera a intuir lo que vendría entonces, me habría vestido apresuradamente y habría escapado de nuestra habitación, de nuestra casa, de Madrid…

    Como ella se había inclinado sobre mí para despertarme, su top quedaba colgando y aproveché para meter la mano por debajo y agarrar su teta derecha aprisionando el pezón entre los dedos índice y corazón. Su amplia sonrisa me hacía presagiar un polvo matinal de los habituales los sábados que ella no trabajaba y era lo suficientemente temprano como para no temer que los niños nos interrumpiesen en plena faena, así que apreté la teta con más fuerza y la atraje hacia mí con la intención de comenzar el ritual de besos y caricias, al que seguiría por este orden la desaparición de su pijama y sus braguitas, mi lengua bajando desde su boca a sus tetas, con parada y transbordo en sus pezones, y continuación de viaje hacia su coño después de detenerme un instante en el apeadero de su ombligo.

    La travesía carnal se asemejaba a recorrer nuestro país a través de las diversidades orográficas de su geografía. Comenzaba en su boca, a modo del ibón pirenaico de Alba, siempre fresca y húmeda, descendía hacia el sur para encarar la subida al macizo del Pico Aneto y la Maladeta, unas tetas deliciosas, imponentes, ligeramente asimétricas, coronadas en dos cimas de roca oscura y dura en forma de pezones que te aupaban al punto más cercano al cielo en la Tierra. Desde allí descendías por el Alto del Perdón y atravesabas la meseta hasta llegar a Madrid, ombligo físico y metafórico, un lugar extraño, divertido, con mil rincones para perderse. Al final del trayecto pasabas por un pubis exuberante, recortado, cuidado, precioso como los cerezos del Jerte en la época de floración y te sumergías en el infierno mágico de un coño moreno, sabroso, cálido, salado, como descender la Calle Sierpes camino de la Giralda y penetrar en el Patio de los Naranjos.

    Pero esa mañana no hubo besos ni caricias, mucho menos polvo. La sonrisa nerviosa de Ana y su estado de excitación no se debían a lo que mis ganas de sexo me habían hecho pensar, y así me lo hizo saber rápidamente con un sonoro manotazo en mi brazo que hizo que liberara su teta al instante.

    – ¡Quita tonto! Ahora no

    En una segunda tentativa traté de bajar mis manos hasta su culo para atraerla hacia mí, pero enseguida me disuadió una mirada de reproche y una frase que ya entonces se había convertido en un lema social y político.

    – Dani, no es no.

    En el tiempo en el que Melendi se termina un cubata o Chicote encuentra una cucaracha en un restaurante chino, mis manos estaban de vuelta, detrás de mi nuca, tratando de desperezarme. Mis ojos comenzaron a aceptar con mucho esfuerzo la luz del día que entraba por el ventanal de nuestra habitación, pero mi mente no terminaba de despertarse y yo no acertaba a comprender la situación.

    – ¿Entonces ahora no?

    Ana seguía sonriendo pero su expresión era firme y decidida, así que comprendí que no valía la pena insistir. Me incorporé a la espera de que ella tomara la iniciativa y me aclarara lo que sucedía, sin darle demasiada importancia al ver que su cara risueña seguía manteniendo el mismo rictus jovial, excitado, divertido.

    – No, ahora no… ha pasado algo… me ha llamado María… han salido ya los traslados… ¡Y me lo han concedido! Dani, ¡volvemos a casa!

    El tiempo que tardé en reaccionar a sus palabras, a las que había acompañado de saltitos nerviosos y aplausos sonoros y armónicos, hizo que yo mismo temiera estar sufriendo un ictus, así que repasé mentalmente los síntomas: debilidad muscular, pérdida de visión, dificultad para hablar, problemas de coordinación… ¡Los tenía todos! Pero Ana me sacó de golpe de mi trastorno de somatización.

    – ¿Me has oído? ¿No dices nada? ¡Volvemos a casa!

    Al instante mi preocupación médica se desvió hacia ella. La miré con una mezcla de asombro y ternura y utilicé el tono tranquilizador que había oído usar a mi madre con mi abuelo cuando éste enfermó de Alzheimer.

    – Cariño, ya estamos en casa. Ésta es nuestra casa.

    Y si no hubiese estado tan preocupado por su salud mental, habría añadido

    – Lo sé porque fui yo quien compró todos estos putos muebles que elegiste en el Ikea, quien los pagó, quien los cargó y quien se pasó un fin de semana entero montando el sinfonier Hemnes, la cama Brimnes y la mesilla Songesand. Y sólo puedo dar gracias a Dios porque el constructor hubiera tenido a bien diseñar el piso con armarios empotrados.

    Toda esta última reflexión preferí omitirla por no alterar más el estado cognitivo de Ana, pero ella continuaba inmutable, con una mirada condescendiente, un aspecto eufórico y un tono burlón

    – ¡Pero qué tonto eres a veces!

    Y entonces soltó la carga de profundidad, remarcando cada sílaba.

    – A-CA-SA… A-LO-GRO-ÑO… ¿No estás contento?

    ¿Contento? ¿Cómo no iba a estar contento? Tanto como si una manada de elefantes africanos me pisoteara el saco escrotal. Pero tampoco era cuestión de hacerme el héroe y exteriorizar mis sentimientos, algo tremendamente sobrevalorado en la actualidad, así que opté por hacer lo que mejor se me da en la vida: disimular. Me aclaré la voz dispuesto a que sonara firme y busqué las palabras exactas para proyectar una imagen de templanza y serenidad que se desvaneció apenas abrí la boca y comencé a tartamudear

    – Eh… ¿y los niños?

    – ¿Te crees que no lo tengo todo pensado? Mi madre es amiga de la directora de formación del Colegio Alcaste y le ha dicho que no vamos a tener ningún problema para que los admitan el próximo curso… A ti no te va a costar nada que te concedan el traslado. Tú mismo me has dicho muchas veces que te lo han ofrecido porque aquí sobra gente en tu departamento… Y yo podré trabajar en las urgencias del Hospital San Pedro… y ver a mi familia más a menudo, y los niños también. No te digo que vivamos con mis padres, aunque si quieres podríamos, ya sabes que tienen una casa grande, pero he estado mirando en Idealista y hay un montón de pisos nuevos en la zona de La Cava, con piscina… ¿te imaginas?… De momento podríamos alquilar y luego ya veríamos…

    ¡Acabáramos! Lo que había querido decir con lo de “volvemos a casa” es que volvíamos a su ciudad natal, al lugar de su infancia y adolescencia, y donde todavía vivía toda su familia, un lugar extraño y desconocido para mi, y con una nula vinculación afectiva o emocional.

    Como si me estuviera leyendo el pensamiento, comenzó a enumerar una lista infinita de atractivos, bondades y virtudes, que al lado de la capital riojana harían palidecer de envidia a París, Roma o Nueva York: la calle Laurel, la Mayor, la Redonda, el Puente de Hierro, Portales, el Puente de Piedra, los Parques del Ebro y La Ribera, el Espolón, el Riojaforum, las bodegas Franco Españolas…

    Bodegas Franco Españolas… a partir de ahí ya dejé de escuchar a Ana y me adentré en un agujero de gusano que me transportó a ese mismo lugar, pero 16 años antes. Había sido la primera y única vez que había estado en Logroño hasta entonces. Nos habíamos conocido ese mismo año en la fiesta de Bellas Artes de la Universidad de Zaragoza. Ella hacía las prácticas de Enfermería en el Hospital Universitario Miguel Servet y yo cursaba un máster en Administración y Dirección de Empresas. Esa noche compartimos afinidades etílicas, verborrágicas y sexuales, y una semana más tarde ya éramos pareja oficial.

    Cuando me propuso pasar las fiestas de San Bernabé en Logroño sólo le puse una condición: nada de familia. Por lo demás, me pareció un plan genial… fiesta, sexo, descontrol… y a fe que cumplió las expectativas con creces. Llegamos a media tarde. Ana había hecho una reserva para una cata en las Bodegas Franco Españolas a las seis y fuimos directos allí. No recuerdo las explicaciones sobre las diferencias entre garnacha, viura, tempranillo y graciano, pero recuerdo que cuando salimos de allí recorrimos la calle Sagasta haciendo eses y sin dejar de reírnos a carcajadas. Llegamos al Casco Antiguo y fuimos haciendo parada en cada una de las tascas de la Laurel, acompañando las especialidades de su correspondiente crianza. Antes de las diez ya había entendido por qué se la conocía como la Senda de los Elefantes. A partir de la media noche perdí la cuenta de los gin tonics que nos habíamos tomado en locales de todo tipo, como cantaban Los Suaves, “Bares, pubs y discotecas”.

    Era evidente que los dos habíamos bebido y mucho, pero también era indudable que el alcohol y el cansancio no habían hecho menguar nuestro deseo, más bien al contrario. Íbamos camino del hotel Carlton comiéndonos a besos por la calle, y al pasar por los soportales de Muro de la Mata, Ana se tropezó y me arrastró con ella hacia el ventanal de la Ader, quedando pegados a la pared, iluminados por una farola indiscreta que de ningún modo iba a disuadirnos de nuestras intenciones.

    Me puse frente a ella para amortiguar la luz y aparté su melena negra, dejando su cuello al descubierto, al cual me lancé con el ansia de un Bela Lugosi ebrio y apasionado. Los mordiscos y lametones fueron subiendo hasta su oreja, que al contacto con mi lengua húmeda reaccionó provocando que Ana emitiera un primer gemido, mostrando una disposición al placer que no estaba dispuesto a desaprovechar. Su lengua buscaba la mía desesperadamente y le dejaba errar el tiro y encontrar el vacío para allí atraparla e introducirla en mi boca. Eran besos húmedos, salvajes, entusiastas, que como primera consecuencia tuvieron que el color rojo Perfect Stay se desdibujara de sus labios y se extendiera por la piel de su cara, haciendo que adquiriera un aspecto entre divertido y sensual, deseo en estado puro.

    La media docena de botones plateados de su blusa blanca fueron cediendo uno a uno, dejando a la vista un sujetador con estampado de cerezas en tonos rojos y blancos que resultaban una tentación irresistible, más aún cuando aprecié, primero con la vista y luego con el tacto, que entre las cerezas destacaban dos pezones enormes que por lo abultado del sujetador debían haber duplicado su tamaño normal. Un certero y rápido movimiento de manos liberó sus tetas, que no quedaron abandonadas por mucho tiempo. Mis manos las acogieron con delicadeza. Lucían espectaculares, suaves, moldeables, tersas, húmedas por el sudor y la excitación.

    Mientras con una mano pellizcaba su pezón derecho disfrutando de su tamaño, rugosidad y dureza, la otra descendió por su vientre plano hasta llegar al límite de sus pantalones. Un sonido sordo anunció que el botón había cedido y el zip metálico de la cremallera al bajar dio paso a la visión de unas braguitas a juego con el sujetador, que justamente por encima de uno de los pares de cerezas que la adornaban, permitían vislumbrar el comienzo de un vello púbico negro y arreglado.

    Mis dedos llegaron a su coño y me sorprendió lo fácil que se abrieron camino para entrar en él. El flujo que lo empapaba confirmaba lo que sus gemidos apagados ya venían anunciando, su estado de excitación había hecho que la humedad cubriera la parte inferior de su braguita, y el primer contacto con su clítoris hizo que se abrazara a mí con fuerza, abriendo más las piernas para facilitar la maniobra.

    Sin dejar la tarea que tanto placer le estaba proporcionando, introduje el dedo corazón, sintiendo al instante lo caliente que estaba. Ana cerró los ojos y su excitación hizo que los besos que disfrutaba el lóbulo de mi oreja se transformaran en un mordisco salvaje y descontrolado. La cristalera reflejaba nuestras figuras y me vino a la cabeza la imagen del combate entre Tyson y Holyfield, pero yo no estaba dispuesto a sucumbir y un segundo dedo entro en su coño, aumentando la velocidad del movimiento. El chapoteo era audible en el silencio de la noche y eso provocó que nuestra excitación aumentara, hasta que ella comenzó a dar señales de rendición, sus piernas no la sostenían, y sus gemidos se volvieron jadeos obscenos, desvergonzados, irrefrenables, hasta terminar corriéndose en mi mano.

    Saqué los dedos de su lubricada vagina y le acaricié la cara para que notara lo mojada que la tenía. Ella sonrió y su reproche no sonó convincente.

    – No seas guarro

    Me empujó contra la pared y llevo su mano a la entrepierna de mis vaqueros

    – Ya verás. Ahora me toca a mí

    Sonó a amenaza terrible, pero aun así no puse ningún impedimento a que su mano se adentrara en mis bóxers y envolviera mi polla con una firmeza y suavidad que hizo que el solo contacto de su piel provocara una erección inmediata. Con una habilidad y destreza propias de una profesional, soltó el botón de mis pantalones y bajó los bóxers lo suficiente para que no le molestaran en su movimiento. Me estaba haciendo una paja en plena calle, y aunque la hora y la ubicación no hacían probable que nadie nos estuviera mirando, la mera idea de que alguien nos pudiera ver hizo que mi excitación aumentara. Ana lo notó al instante y no dejó pasar la ocasión; aceleró en vaivén de su mano. Aquello no iba a durar mucho. La visión de sus tetas fuera del sujetador bamboleándose con cada uno de sus movimientos, su blusa abierta y sus braguitas aún descolocadas me hicieron sobrepasar el límite de lo soportable, y sujetando con fuerza sus pezones aún duros comencé a descargar todo el deseo acumulado durante el día y la noche. Su vientre se llenó de semen tras varios disparos descontrolados, y aunque su blusa, vaqueros y braguitas también sufrieron daños colaterales, sin duda la peor parte se la llevó su mano derecha que al no cejar en su empeño de exprimir hasta la última gota, había quedado impregnada.

    Ana la mantuvo en alto, blanca y pringosa. Nos miramos a los ojos y estallamos en una carcajada.

    – ¡Mira cómo me has puesto! Dame un kleenex.

    Yo aún no había conseguido recuperarme y seguía recostado contra la pared. Acababa de correrme como un adolescente, y la sensación que tenía era parecida a esas historias cursis que describen el orgasmo con una imagen metafórica de fuegos artificiales. Y entonces llegó el clímax de la noche: los fuegos artificiales cobraron vida y la traca final restalló rasgando el cielo de Logroño. Un sonido atronador inundó cada rincón de la ciudad, precedido de un fogonazo cegador y posterior lluvia de todo tipo de objetos, reventándonos los tímpanos y haciendo que el corazón se acelerara hasta doler cuando aún no había llegado a serenarse.

    A las 06:30 de la madrugada del día 10 de junio de 2001, apenas a cien metros de donde nos encontrábamos, un coche bomba hizo explosión en la calle Gran Vía esquina con Víctor Pradera, produciendo cuantiosos daños materiales, destrozando por completo la fachada del edificio del Banco Atlántico, conocido como la Torre de Logroño, causando dos heridos leves, y, lo que es peor, sembrando la conmoción en una joven y apasionada pareja, que aturdida, se miraban incrédulos, proyectando una imagen extraña, singular, como dos personajes que no se sabe si salen del rodaje de una película porno o del cine de catástrofe, una mezcla entre Garganta Profunda y El Coloso en Llamas.

    Abracé a Ana, que temblaba entre sollozos.

    – ¿Estás bien?

    No escuché su respuesta, pero el gesto afirmativo de su cabeza me hizo saber que no tenía ninguna herida, aunque era evidente que se encontraba en estado de shock. Me apresuré a abotonar su blusa y sus vaqueros, dejando el sujetador colocado por encima de sus tetas sin ajustar el cierre. Al abrochar el botón de mis pantalones es cuando reparé en mi mano manchada de sangre, pero por más que buscaba su procedencia no acertaba a hallar un solo rasguño, hasta que Ana señaló mi oído derecho. Un fino hilo de sangre resbalaba hacia mi cuello, pero lo peor era el zumbido estridente que acompañaba al dolor agudo. Traté de amortiguarlo cubriéndome las orejas con las manos y por un momento temí haberme quedado sordo. En ese momento aparecieron los primeros efectivos de la Cruz Roja y llegaron corriendo hasta nosotros. Uno de ellos cubrió a Ana con una manta térmica, y el otro se dirigió a mí, con grandes aspavientos y gestos de preocupación.

    – ¡Chico! ¿Estás bien? ¿Puedes escucharme? ¿Me escuchas? ¿Me escuchas?

    – ¿Me escuchas?… ¡Dani! ¿Me estás escuchando?

    La sonrisa de Ana y su sensual pijama me devolvieron al presente.