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  • La puta de mi mujer gozando con dos vecinos (II)

    La puta de mi mujer gozando con dos vecinos (II)

    Tras follar placenteramente a mi mujer y corrernos ambos de inmenso placer, y conviniendo con ella que me iría proporcionando todos los detalles en relación al encuentro con los vecinos en nuestra casa para follar y que tendría lugar por la tarde, me marché al trabajo.

    Durante toda la mañana en la oficina estuve sintiendo un agradable pero nervioso cosquilleo pensando en lo que podría ocurrir esa tarde y en la situación en sí lo que hizo que me sintiese muy excitado y caliente, experimentando continuas erecciones que hicieron que tuviera que ir al servicio en distintas ocasiones para hacerme varias pajas pensando en mi mujer y descargar abundante leche de mis huevos, que estaban duros como piedras, sintiendo enorme relax cuando masajeaba mi dura y tiesa polla.

    Al filo del mediodía sonó mi móvil y recibí la llamada que llevaba esperando durante toda la mañana, era Nuria, mi mujer, a quien noté con voz suave y estremecida por lo que intuí que algo había ocurrido durante mi ausencia. Tras saludarme muy cariñosamente me informó de que había hablado por teléfono con nuestros vecinos y habían acordado encontrarse en nuestro piso a las 18 horas de esa misma tarde. Asimismo me dijo que ellos habían puesto su teléfono en modo manos libres para poder escuchar ambos a mi mujer y que en el transcurso de su conversación subida de tono los tres se habían puesto muy calientes por lo que se realizaron una videollamada para verse y pajearse mutuamente; mi mujer me detalló que se habían corrido de inmenso gustazo -ella dos veces- y que había quedado maravillada con sus pollas, que describió como grandes, hermosas y con extraordinarios capullos, tal y como a mi zorra le gustan, mostrándose deseosa de que llegara la tarde para gozar con ellas. Nuevamente el morbo se apoderó de mí y quedé con mi mujer en que si no había ninguna novedad yo la llamaría al salir del trabajo, sobre las 17,30 horas.

    Salí del trabajo y sin ningún tipo de sobresalto ni nueva llamada por parte de Nuria llegó la hora marcada y procedí a llamarla tal y como habíamos quedado. Cogió el teléfono y me dijo que no había vuelto a hablar con nuestros vecinos por lo que todo seguía en pie. Me comentó que se estaba preparando y le pregunté por el tipo de ropa que se iba a poner diciéndome que llevaría un conjunto de lencería negro compuesto por sujetador, tanga calado, liguero y medias de ancha blonda con encaje, acompañado por unos preciosos tacones finos del mismo color. Me la imaginé así vestida y experimenté una erección brutal en plena calle difícil de ocultar. Antes de colgar me pidió que cuando llegase no subiese al piso aún, que la llamase de nuevo e hiciese tiempo en uno de los bares que hay junto a nuestro bloque a lo que accedí. Tomé el bus urbano y en menos de 20 minutos llegué a mi destino, totalmente impaciente y excitadísimo entré en una cafetería desde cuyas ventanas se veía el portal de nuestro piso, llamé nuevamente a mi mujer por teléfono y en el transcurso de mi conversación con ella, a las 18 horas en punto, vi cómo nuestros vecinos salían de su portal para dirigirse al nuestro haciéndoselo saber y diciéndole «Cari, acaban de salir de su portal y van hacia allá, no va a tardar en sonar el timbre ni un minuto» como así fue, hablando con ella escuché por el teléfono el sonido del timbre y cómo ella les respondía a través del interfono, les abrió y me dijo «Cariño mío, ya suben. Haz tiempo y ven en 15 o 20 minutos. Cuando vayas a subir toca el timbre del portal tres veces y así sé yo que eres tú y ya vienes. Quiero que me veas en acción con ellos». Accedí nuevamente a su petición y así lo hice, tomando otro café y fumándome varios cigarros seguidos en la puerta del establecimiento.

    Pasado el tiempo convenido con mi mujer me dirigí a casa, toqué el timbre del portal tres veces tal y como habíamos acordado y procedí a subir. En el ascensor el cosquilleo en mi estómago y el morbo eran cada vez mayores. Llegué al rellano de nuestro piso y desde fuera, antes de abrir, ya pude escuchar los gemidos y jadeos de Nuria por el gustazo enorme que estaba recibiendo. Con sigilo abrí y cerré la puerta divisando desde la entrada al fondo, en el salón, a Mutiu de pie tras el tresillo, y a mi mujer realizándole una espléndida mamada a su enorme polla negra mientras cabalgaba follada por el marroquí y éste le chupaba los pezones de sus maravillosas tetas sentados en la otra parte. Me fui acercando y me quedé de pie en la puerta del salón mirándolos, Nuria me miró y me dijo «¡Jodeeerrr, cari, qué bueno, qué gustazo y qué placer me están dando estos dos hijos de puta!», añadiendo «¡Estoy cachonda como una puta perra. Qué pollas tan maravillosas tienen, cómo me gustan!». La estampa produjo en mí una inmensa erección y comencé a tocar mi verga por encima del pantalón. El ver a mi mujer gozando como poseída con las dos grandes pollas de nuestros vecinos me producía un morbazo inmenso y más aún cuando entre gemidos y jadeos profundos comenzó a decir «¡Me corro, me corrooo, me corro otra vez cabrones, hijos de puta. No paréis, seguidme dando fuerte. Quiero vuestras pollas para mí. No paréis, por Diooos, no paréis. Qué gusto y qué placer tan grande en todo mi coño, en todo mi cuerpo. Soy vuestra, soy vuestra puta zorra. Aaaaah. Ooooh. Me corrooo, me corrooo!».

    Tras su fabulosa corrida, Nuria pidió a nuestros vecinos invertir la posición diciéndoles «Mi negro, ahora quiero sentir tu polla en mi mojado y deseoso coño, fóllame a cuatro patas y tú, Nassar, tiéndete un poco en el tresillo para poder comerme tu polla», ellos accedieron y eso hicieron. Yo tomé asiento en el otro tresillo de enfrente y continué como mero espectador de la maravillosa función porno que me brindaban mi mujer y nuestros vecinos.

    Nuria puso su culazo en pompa a cuatro patas y fue maravilloso ver cómo se estremeció cuando el negro le introdujo su verga en el coño, siendo innumerables los gemidos al sentirla. Agachó su cabeza y se introdujo en la boca la polla del marroquí, que entornó los ojos al techo con la cabeza erguida y comenzó a estremecerse del gustazo que mi mujer le proporcionaba con su majestuosa mamada. Ahí estaba ella, convertida en toda una puta zorra disfrutando con dos pollas ajenas y desconocidas y dándose mutuamente con nuestros vecinos un placer inmenso.

    Mutiu, el nigeriano, sujetaba a mi mujer por las grandiosas cachas de su culazo y la embestía con fuerza diciéndole «¡Toma puta, toma mi dura polla y goza con ella! ¿Te gusta, golfa, te gusta cómo entra mi polla en tu coño? ¡Me tienes loco desde que te vi y quiero darte toda mi leche, zorra!». Ella solo le decía «¡Sííí, sííí, dámela cabrón. Me encantaaa. Deseo que riegues mi coño con tu rica leche, hijo de puta. Fóllame, fóllame así y no pares. Dame, dale fuerte a tu puta, cabronazo!» Mientras Nassar, el marroquí le decía «¡Eres única. Follas de vicio y la chupas de maravilla. Sigueee, sigueee grandísima puta. Sigue comiéndote mi rabo y no pares que me voy a correr en tu boca, zorra perra, puta más que puta!». Así continuaron durante buen rato, Mutiu aguantando su corrida para que mi mujer siguiese gozando -se corrió tres veces más por la follada del negro- y Nassar intentando alargar el placer que recibía con la mamada de mi mujer. Pasado ya un tiempo sin dejar de follarla, el «negrito» Mutiu comenzó a jadear con fuerza mientras embestía a Nuria diciendo «¡Me corrooo, me corrooo puta. Aaaah. Ooooh. Ahhh!», mientras que ella le decía «¡Qué bien cariño mío, qué gustazo mi negro. Córrete dentro de mí. Qué calentita tu rica leche, amor. Córrete, córrete. Dámela toda. La quiero toda en mi coño!». Por su parte, el marroquí Nassar no pudo tampoco aguantar más y mientras mi mujer le chupaba su hinchado capullo por el deseo comenzó a soltarle toda su lefa en la boca mientras ella tragaba y tragaba. Acto seguido se dio la vuelta y tras una gran limpieza de polla al marroquí hizo lo propio con el nigeriano, chupando sus huevos y lamiendo su verga de arriba a abajo para quedarla reluciente.

    Tras su exhausta follada con nuestros vecinos mi mujer continuaba fuera de sí y con más deseos de seguir gozando. Ellos tomaron asiento en el tresillo, mojado en distintas zonas por las corridas de Nuria, para tomarse un descanso tomando una cerveza y fumando unos cigarrillos, mientras que ella se vino al tresillo de enfrente, donde yo me encontraba con mi polla dura y tiesa deseosa de explotar, acariciándola de arriba a abajo con suavidad, diciéndome «Cari, cornudo mío, mientras estas dos máquinas de follar descansan quiero que seas tú quien me dé placer ahora y me folles como tú sabes con ese rabo que tienes y que tanto me gusta», a lo que yo le contesté «Me tienes caliente y cachondo como no te imaginas, zorra. Me encanta como follas y lo puta, golfa y guarra que eres. No sé cuánto aguantaré porque estoy deseando correrme pero te voy a complacer».

    Acto seguido se puso de rodillas en el suelo y comenzó a lamer con suavidad mi hinchada y durísima verga de arriba a abajo con la lengua y besándola despacito para proporcionarme más placer aún hasta llegar a mi capullo, que comenzó a masajear con sus labios llevándome al éxtasis. Tras mamármela durante varios minutos produciéndome un enorme e indescriptible placer se subió encima de mí y comenzó a cabalgar como lo hace una espléndida puta, mirando hacia la calle a través de las ventanas abiertas, gimiendo de puro placer y diciéndome «¡Pero qué puta soy, cari, qué golfa y qué zorra, amor mío. Fóllame fuerte, como tú sabes que me gusta, te lo ruego, y cómeme las tetas mientras me la metes, hijo de puta. Fóllame sin parar, te lo ruego, cariño mío!». Sus palabras me excitaban aún más y le pedí follarla a cuatro patas, a lo que accedió encantada. Se puso de rodillas en el tresillo con su espléndido coño peludo abierto y comencé a metérsela en esa postura masajeando las cachas de su culazo y sujetándola por las caderas deseando que esa follada no acabase nunca.

    Miré hacia nuestros vecinos y pude comprobar que estaban nuevamente muy excitados por ver cómo me follaba a mi mujer y cómo gozaba ella con mi polla dentro de su coño, jadeando y gimiendo, tenían sus vergas bien duras y se las acariciaban de arriba a abajo con suavidad. Ambos se levantaron del tresillo y se dirigieron al de enfrente colocándose delante de la cara de Nuria para que ella comenzase a mamar de nuevo sus inmensos y tiesos rabos, comenzó a chuparlos alternativamente proporcionándoles un inmenso gustazo. ¡Qué gozada ver a mi mujer chupando y mamando sus dos vergas con la mía metida dentro de su coño!

    Nuestros vecinos, con sus cabezas erguidas hacia el techo del salón y los ojos entreabiertos gozaban de puro placer mientras le decían «¡Chupa, mama nuestras vergas sin parar, gran puta. Qué buena eres, zorra. La mamas de vicio. Sigue, sigue y no pares hasta que nos corramos los dos!». Sus palabras elevaron aún más mi calentura y a los pocos segundos, mientras ensartaba con fuerza a mi mujer, la avisé de mi brutal corrida diciéndole «¡Cari, me corrooo, me corrooo, me corrooo mi zorra, me corrooo puta mía. Toma mi leche en tu coño, amor mío, toda tuya. Aaaah. Ooooh!». En ese momento Nuria también comenzó a correrse como una fiera pidiéndome que no le sacara mi polla del coño hasta que no terminase. Mientras se corría continuaba mamando las duras vergas de Nassar y de Mutiu, que aguantaron varios minutos más hasta que, casi al mismo tiempo, pidieron a mi mujer que dejase de chupárselas para comenzar a correrse como bestias en su cara y en su boca, relamiéndose ella de gusto y tragándose sus dos enormes descargas de leche para finalizar limpiando sus enormes vergas con una magistral y viciosa chupada.

    Habían transcurrido casi dos horas desde que los vecinos llegaron a nuestro piso y se aproximaba la hora de llegada a casa del trabajo de la mujer de Nassar, el marroquí, por lo que comenzaron a apurar su estancia con nosotros y se vistieron con rapidez para marcharse en breve. Él llamó a su mujer por teléfono para preguntarle si tardaba mucho en llegar y ella le contestó que como en media hora estaría en casa por lo que hicieron algo más de tiempo y se sentaron a tomar otra cerveza con nosotros y a fumarse otro cigarrillo procediendo a conversar sobre lo acontecido durante la tarde mostrándose encantados tanto ellos como mi mujer.

    Llegada la hora de marcharse, Nuria les acompañó hasta la puerta vestida con su espléndida lencería negra pero antes de abrirles la puerta para que saliesen les quiso agradecer el placer recibido abrazándose a ellos en el pasillo y morreándose con ambos mientras ellos le magreaban tetas, culo y coño y que hizo que los dos experimentaran una nueva erección que ella notó por lo que, de pie, comenzó con sus manos a masajear sus pollas por encima del pantalón haciendo que volviesen a bajárselos hasta la mitad de la pierna, mi mujer se puso de rodillas y de nuevo comenzó a mamar al alimón y como poseída sus tiesas vergas, que parecían no necesitar descanso, volviendo a proporcionarles un inmenso placer. Así continuó durante varios minutos hasta que de nuevo volvieron a explotar, primero el marroquí y seguidamente el nigeriano, en una extraordinaria corrida en su cara y en su boca, lechada que volvió a tragarse encantada de la vida con una nueva limpieza final de sus enormes e insaciables rabos. Acto seguido se despidieron citándose para un nuevo encuentro aún pendiente de día y hora abandonando los vecinos nuestro piso.

    Ya más relajada, Nuria tomó asiento junto a mí en el salón y me dijo «¡Cari, qué maravilla. No te imaginas cómo he gozado con las pollas de estos dos hijos de puta. Hay que joderse lo bien que follan y los polvazos que me han echado!». Yo la abracé, la besé y de nuevo muy excitado le pedí volver a follarla, a lo que accedió encantada. Así continuamos hasta bien entrada la noche, primero en el salón y después en nuestra habitación, quedando rendidos físicamente pero deseando repetir la experiencia con los vecinos.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (36)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (36)

    Trampas y más engaños.

    — ¡No tan rápido querido! Para que te ganes el derecho a extender ese trocito de carne en este asador, tienes que echarle más leña al fuego. —Melosa, moví mis labios rozando el caracol de su oreja derecha, retirándome lo suficiente de su rostro para observar como la sonrisa se le desdibujaba lentamente, apareciendo en su faz el gesto de lo inesperado.

    —Jueputa vida. ¡Va a acabar conmigo! —Apesadumbrado exclama encorvado, sin delicadeza Camilo. Y la grosería que ha lanzado hacia las baldosas, –casi que en privado– susurrante la desdicha en sus palabras, rebota verdadera desde el frio suelo hasta mis oídos acalorados. ¡Continúa sin saber!

    —Ya que dices sabértelas todas y las que no te las inventas, –obviando su pesar le sigo relatando– quiero que probemos algo novedoso y excitante. Una fantasía que no he podido llevar a cabo por la inamovible integridad de mi esposo, pero pienso que contigo ahora podré convertirla en realidad. ¿Te gusta la adrenalina provocada por el peligro, no es verdad? —José Ignacio asintió, pese a no entender mi planteamiento.

    Y por la expresión de Camilo, –encogiendo las cejas, aguzando su mirada, y oprimiendo sus labios al echar la cabeza un poco para atrás– él tampoco ha captado mi idea. Por lo tanto es mejor continuar revelándole lo sucedido aquella vez.

    —Pues entonces vamos a ponerle picantico a esta noche. Verás, Nacho. Me he dado cuenta de que no eres indiferente para estas mujeres y has coqueteado con cada una de ellas, en especial con la novia de mi cliente mientras bailaban.

    — ¡Jajaja! ¿Se me puso celosita? —Engreído y burlón me respondió.

    — ¡Para nada, querido! Precisamente como no me afecta, es que a mi cliente, para quién tampoco he pasado desapercibida, le permití que me diera una repasadita.

    — ¿En serio, bizcocho? No me he dado cuenta.

    —Obvio, Nachito. ¡Como esos ojitos tuyos no hacen más que fisgonear dentro de algunos escotes, te has desentendido de mí! —Le reclamé.

    — ¿Quieres que lo pare? —Me preguntó con seriedad haciéndose el valiente, mientras que con su mirada lo buscaba entre la gente.

    —Fresco, Nacho, no hay problema. Aprovechando que Kevin me está echando los perros, se me ha ocurrido proponerte que los dos asumamos un mismo reto. Veremos quién es capaz de hacer un levante aquí, esta noche. ¡Ahora mismo! Tu desafío será rumbearte a la morena aquella, la novia de mi cliente. Y mi desafío será hacer lo mismo con él. ¡Hasta cierto punto, claro está!

    —Espera Meli, que no comprendo. ¿Acaso no me dijiste que para estar contigo, debía complacerte y no meterme con otras mujeres?

    —No fue una orden, tan solo una sugerencia, para cuando no estés conmigo. Además, aunque te lo creas, no eres tan importante para mí, Nacho. Tú y yo somos fichas de dos puzzles diferentes, que por cosas de un diseño similar, encajan por uno de sus extremos; pero tenemos los otros lados con espacios vacíos por incompatibles. La normal tranquilidad de mi vida no es lo tuyo. Pero precisamente por ser este conyugal estado mío tan conocido, lo diferente en ti, tu frivolidad y picardía, esa insolencia y desfachatez tuya, es lo que me atrae hacia ti. Has logrado que descubriera una parte interior mía, quizás no desconocida, pero si adormilada.

    —Y aunque puede que no la necesite a diario, al estar en casa reunida feliz con mi familia, si deseo poder disfrutarla por raticos, cuando puedo estar a tu lado y quiero que pongas mi mundo patas arriba. Eso sí, ten muy presente que esas sensaciones no son necesarias para seguir adelante con mi vida, y tan solo dulcifican el automatismo de mis días.

    — ¿Entonces solo me has invitado aquí para jugar conmigo?

    —Le he escuchado decir a varias personas, que para ser buenos amantes, hay que dejar de lado el amor para disfrutar del peligroso juego. Y en las demás ocasiones será el amor mismo, quien permita que aquellos, los que se aman en verdad, se reúnan después para permanecer por siempre juntos. Yo pienso igual y sí, ¡Quiero que juguemos juntos!

    — ¿Y puedo saber a quienes les escuchaste eso? —Demostrando un súbito interés, me preguntó. ¡Pufff!

    Mariana suspira quedamente, y me regala una de sus miradas de cielo, sin embargo es de un celeste macilento. Espera a que yo igualmente le pregunte como lo hizo su amante, pero no lo hago. No le hablo, pues tengo la sensación de la intervención de Fadia y Eduardo en esa instrucción.

    Estira ambas piernas y con su mano izquierda hace lo mismo con la tela abierta de su bata para cubrirlas, sin embargo junta ambas manos por las palmas, y las incrusta en el medio de ellas, aprisionándoselas como para elevar su temperatura o compungida, encumbrar tal vez una plegaria rogando a Dios para obtener la suficiente valentía. Al parecer comprende qué mi silencio es la licencia que ahora le otorgo para que continúe desentrañando el misterio, pues gira su cara de ángel hacia este lado y me mira.

    —Eso no es importante ahora. ¿Jugamos o no? –Lo desafié, cielo. – ¡Si consigues primero hacer que esa nena pierda los papeles contigo, después de que salgamos de aquí bien arrechos, tu y yo pasaremos un par de horas bien arrimaditos! Perooo… Si por el contrario logro provocarlo antes, permitiendo que me morbosee un poco, dejaremos todo como está y no podrás «enchocolar» tu cosito en mi rajita. ¡Jajaja! Me iré entonces para la casa, más caliente que el palo de un churrero, y será mi esposo el que pague los platos rotos. ¿Estamos?

    — ¡Va pa’ esa, bizcocho! Será un placer ganarte esa apuesta para culiarte después, porque no quiero matarme a pajazos. —Me respondió con mucha seguridad y su característica vulgaridad.

    Entreveo el desconcierto y la desdicha que habita en Camilo, al acariciar bruscamente con la mano derecha, demasiado pensativo su mentón. ¡Ojala mi amor, pudieras sentir como lamento hacerte sufrir, por ser ahora tan sincera!

    —Bailar una tanda de vallenatos se convirtió en el oportuno momento para permitirle a Nacho amacizarme, acariciarme con ternura la espalda, rozarme con sus labios la frente, darle piquitos a mis pómulos y humedecer con su lengua los laterales de mi cuello, provocando a más de uno con tanta insinuación sexual. Era una emboscada muy usada, pero que funciona a pesar de lo clásica, lo sé.

    —Fue Kevin precisamente, quien finalizando una canción de Iván Villazón, me extendió la mano para bailar con él, primero un tema de Silvestre Dangond, y enseguida otra de Jorgito Celedón. Las miradas entre él y yo fueron sugerentes, continuando con su retahíla de piropos –ya embriagados– a mi oído izquierdo, que apenas si entendí; no solo por lo tartamudas, si no por el alto volumen de la música alrededor. Más que la razón, en él joven abogado imperó el sentido del gusto y del tacto, por la manera de bailar conmigo, restregándome con descaro su… su pedazo de anatomía. Todo hombre pasado de tragos se siente más valiente y seductor, el mejor bailarín, el macho más conquistador.

    — ¿Y él no fue la excepción? —Por fin interviene Camilo, imaginando con razón, parte de lo que sucedió.

    —Uhum. ¡Exacto, mi vida! Pero también José Ignacio había aprovechado para entrar en acción. De hecho, bailó con la novia y la hermana, arrimándose bastante a las dos. Con una tras dos vueltas y un brazo, con la morena y el otro, tres vueltas más durante la misma canción. Él debía sentirse muy deseado, causando envidia en los demás hombres del grupo, y las dos hermanas por igual a las otras tres nenas que compartían un similar gusto, pero eso sí, muy compinches todas cuidando de que mi nuevo pretendiente, no se diera por enterado.

    —Yo debía mantener la calma. Evitar beber de más y los reclamos de su novia, la hermana o alguna amiga entrometida, sin permitir que su excitación y las ganas de tenerme a escondidas para él, se le bajaran. Así que acalorada, me separé de Kevin y fui hasta la mesa para descansar las piernas, sobarme el pie izquierdo tras un pisotón, pegarle un buen sorbo a mi cerveza y pensar de qué manera podría adelantar mi plan de acción. Y a Dios gracias se me apareció la virgen, mejor dicho, llegó la gordita afanada, para nada sudorosa, pero sí muy animada.

    — ¡Chicas! Qué les parece si nos vamos a dar una puti-vuelta al primer piso que hay un ambiente del carajo. Hay muchos manes disfrazados de viejas, simplemente espectaculares; y un travesti de esos bien grandes, cantando un remix de reguetón. Aprovechemos que abajo vi buen ganado para «perrear» un rato. Es que tanto vallenato seguido ya está «mamón». ¿Qué dicen? ¿Vamos? —Por supuesto que no fue difícil convencerlas, tampoco a varios de los hombres que igual la escucharon y se animaron a bajar, incluido José Ignacio.

    —Sígueme la cuerda e improvisa algo para que les parezca que disgustamos por mis celos, así yo me alejo con él y ella se queda contigo. Le dije a José Ignacio cuando se acercó para llevarme con él. —Enseguida comprendió mi idea y me guiñó un ojo.

    — ¿Sabes qué? ¡Vete a la mierda Nacho! Deja tus traumas para otro día. —Le grité, asustando a la muchacha y captando el interés de Kevin.

    —Gracias por tu invitación, pero de hecho te puedo decir que vengo de allá. ¡Es más, pedazo de estúpida, para tu información nací entre plastas de mierda y vahos de orines! —Me respondió con enojo, –apretándome el brazo– y su habitual ramplonería.

    —Me separé de su agarre simulando un gran enfado, que por supuesto llamó poderosamente la atención de la pareja de novios, acercándose a nosotros dos para enterarse de lo sucedido. Kevin, caballeroso se interpuso entre aquel que me insultaba y yo, la ofendida e indefensa. Su novia mientras tanto, tomándolo por el antebrazo y la cintura, se alejó con Nacho hacia la otra esquina para hablar con él y calmar los ánimos.

    —Tras unos minutos alejados, en los cuales lo miré con fingida furia, respiré hondo y aparenté necesitar el baño. Me acerqué al grupo donde estaba Kevin bebiendo más trago, y tocándolo por el codo, –disculpándome de antemano con sus amigos– al oído le dije con el tono de voz más sensual que pude…

    —Voy al tocador un momento, pero cuando regrese me encantaría que me enseñaras a bailar bachata, ya que me pareces un parejo formidable. ¡Eso si tu novia no se irrita! —Vanidoso me respondió en un embriagado trabalenguas, que encantado me enseñaría.

    —Sentada dentro del cubículo, mientras orinaba y tras la mampara metálica podía escuchar como alguna mujer se juagaba las manos, le envié a Eduardo y al magistrado, el mismo mensaje informándoles como estaban las cosas y dándoles a entender que había una posibilidad de cumplir con nuestro convenio. Y en otro mucho más corto, le escribí a José Ignacio, dando inicio a nuestro desafío. Estaría impedido para escribir pues por respuesta me envió tan solo, el risueño y morado emoticón del diablito. ¡Me ilusionó pensar que ya estaría al acecho!

    Camilo se remueve nervioso en la silla, y aúpa las manos hacia los costados de su cabeza. Las entrelaza con los dedos sobre la coronilla y exhala con fuerza su disgusto. Trago saliva y continúo esclareciéndole lo que oculté esa noche.

    —Regresé a la mesa y de inmediato Kevin vino a mi encuentro. Me fijé que solo estaban tres muchachos de su grupo, los demás se habían marchado, incluidas las chicas y su novia. Tan solo me dejó acomodar mis cosas a un costado del sillón y me ofreció su mano. Miré para ambos lados y él comprendió lo que yo buscaba con la mirada.

    —Por ella no te preocupes, Melissa, pues ha bajado con sus amigas para ver el show de ese poco de maricas. ¡Ven, que te debo unas clases de bachata! —Me dijo engreído, y nos acercamos a la tarima donde le hizo una seña con su mano al Dj. A continuación la «puberfonía» de Romeo Santos nos arrulló.

    —Con cada giro en la pista de baile, y los roces osados de sus dedos, muy por debajo de mi estrecha cintura cuando me recibía de espaldas, creyó que conseguiría seducirme para al final de esa canción, finalmente concederle la oportunidad de tener un poco de sexo, rápido y escondido, con una mujer abandonada por su amante y que se olvidaba de su marido. Cuatro dedos mucho más arriba, se internan entre mis cabellos y los utiliza como un tenedor para desenredar lo sedoso de mi melena y acercar su boca a la mía.

    —No se percató mientras me besaba, que la incitación la había puesto en marcha yo, cuando aceptó quedarse conmigo y no bajar a la primera planta con su novia y su combo de amigos, dejando peligrosamente libre en otras manos a su prometida. El resto era hablar mientras me acompañaba a fumar en una de las terrazas que daban al exterior, la más lejana, la que nos ofrecía mayor intimidad.

    —Tomé mi bolso y prácticamente lo arrastré hacia la zona de fumadores. Caminamos sin prisa, esquivando a las personas que bailaban cerca de otras mesas, sin tomarnos de las manos. Entramos a la segunda de las terrazas, la más apartada y angosta, solo lo suficientemente ancha para albergar tres mesas cuadradas de madera con dos sillas plegables a cada lado y su respectivo parasol, separadas un poco para ofrecer un espacio innecesario entre los fumadores, sin mezclar conversaciones privadas, pero sí el humo de lo que cada quien fumaba.

    —Sus ojos recorrieron mi cuerpo, con la misma fascinación que tiene un adolescente al subirse por vez primera a la montaña rusa del parque de atracciones. Tan pronto como encendí mi cigarrillo, sentí como deslizaba sus dedos entre mis cabellos, justo por detrás de mí cuello y luego se cobijaba juntándose contra mi costado en un tímido abrazo, imaginando que yo deseaba algo así, más cariñoso y romántico. Una charla alegre y fluida surgió, con comentarios sueltos sobre el color de mis ojos, la sonrisa angelical y mi manera de bailar; extrovertidos me llegaban sus cumplidos, yo se los devolvía con doble sentido y una pervertida mirada al bulto que le crecía en su entrepierna.

    Separa las piernas y sobre los muslos desnudos posa sus manos. Recta su pose le impide a la cadena de oro danzar sobre su pecho. Menea la cabeza, negando de nuevo lo evidente. Le escucho suspirar profundamente dos veces, y tras ese coro de inspiraciones y exhalaciones, se levanta del sillón dirigiendo su tormento hacia la terraza. Camilo agarra de su cajetilla un cigarrillo y lo enciende. Observa el horizonte mientras expulsa el humo, pero no se demora mucho y se gira para verme.

    Al parecer, contemplar la lejanía ya le aburre, centrando su interés en mí y en lo malo que presume convertirse en realidad, aunque la verdad de aquel pasado engaño, la desconozca. Todo lo hace en silencio, analizando mis remembranzas, asumiendo con amargura mi nuevo logro, otra entrega no tan forzada, y por supuesto una puñalada adicional, producida por mí culpa.

    —Eres una mujer… ¡Intrigante!

    — ¿En serio, Kevin? ¿Y por qué tienes esa impresión de mí?

    —Haber Melissa, además de bella eres inteligente y culta. Tienes mucho carácter y seguridad al expresar tus pensamientos. Es realmente muy fácil quedar impresionado contigo. Te ganaste la confianza de mi padre por tu don de la palabra, y eso es sumamente complicado, te lo aseguro. Pero tienes como todas las mujeres un punto débil.

    —No creo tener uno. ¡Jajaja! Pero igual, ¿podría saber cuál es?

    —Tienes debilidad por la apariencia.

    — ¿Qué tiene de malo querer verme bien?

    —No es la tuya, que de hecho no necesitas adornar con ropa costosa o maquillaje estridente. Es tu mal gusto por escoger salir con… Ese tipo que te acompaña es un presumido. ¡Creo que no te merece!

    —Es solo un arrocito en bajo. Nada especial. Un bombón que quiero morder un poquitico esta noche y ya. —Le contesté.

    — ¿Entonces me dejarías raspar esa olla? —Su propuesta para nada me sorprendió, pero obviamente me hice la ofendida en un principio.

    — ¿Acaso te gustan las sobras? —Le indagué.

    —Entonces… ¡Podemos adelantar tu cena! —Me respondió.

    — ¿Y tu novia qué? ¿Le piensas poner los cachos conmigo? —Contraataqué.

    — ¡Un huevito al año no hace daño! Si nos apuramos, ni ella ni tu amigo se enteraran. ¿Qué dices?

    —Un, ¡Puede ser!, mío a su invitación para enredarnos por ahí en algún insospechado lugar, pasando inadvertidos para los otros amigos, –él para su novia y yo para mi amante de turno– fue la respuesta que él esperaba escuchar para terminar de emocionarse.

    — ¡Por ahora es imposible!, concluí sonriente con la conversación. Ante mi inocente resistencia para salir del aparente apuro, su alcoholizada insistencia se interpuso entre la barda enladrillada, –con las dos macetas a mis espaldas– y el acceso abierto al oscuro espacio tras la de él, donde con seguridad nos aguardaban los demás.

    — ¡Esta bien! Déjame ver cómo me le escapo, no vaya a ser que le dé por irme a buscar. Y tú, ve pensando a donde nos vamos a meter para pichar. —Con el móvil en la mano, frente a él le escribí a José Ignacio.

    — ¡Ya lo tengo listo, querido! Creo que por esta vez, lo corto de mi falda le ha ganado a lo largo de tu labia. —Y me sonreí con picardía.

    Con Camilo fumando bajo el umbral del puerta ventana, leal a su promesa de escucharme, deshecho la comodidad de esta cama y me pongo en pie para caminar hacia él, no para enfrentarlo pero si para imitarlo, al pasar por su lado derecho, rozándolo sin querer, pero queriendo fumarme uno de los míos.

    —Sin recibir respuesta, –aspiro, retengo y expulso la primer bocanada– llegamos a nuestra mesa y solo nos esperaban bebiendo, los tres amigos costeños de su universidad. Kevin alejado de mí, habló con ellos y uno le pasó las llaves de algún automóvil. Casi enseguida recibí un sexteto de miradas lujuriosas, con tres bocas sospechosamente complacientes.

    —Recuerdo que Shakira cantaba junto a Prince Royce, «Deja Vu», cuando pisaba el inicial escalón de las escaleras metálicas hacia el primer nivel de la discoteca, sin tomarnos de la mano por supuesto, pero una suya por detrás manoseaba la redondez de mi nalga, la más cercana a su cadera. Yo, con mi bolso del otro lado colgando del hombro, y el teléfono celular en mi mano izquierda, entaconada descendía con cuidado de medio lado, esperando a que se iluminara la pantalla con aquella respuesta que tanto esperaba.

    —La rumba allí ciertamente era incomparable. Mucha gente saltando, otras parejas bailando, pero no reggaetón sino música salsa. Bastante adrenalina flotando en el ambiente, pero en la tarima principal ya no estaba la artista cantando, ni sus espectaculares bailarinas. Sería muy fácil escaparnos sin ser vistos, aunque el miedo de que nos pillaran se reflejaba en la precavida manera de caminar y estirar el cuello del joven abogado, tal si fuese una jirafa buscando alcanzar las ramas altas. En ese instante tan solo, buscando con la vista divisar la melena crespa de su amada novia.

    El tono de un ding-dong sintetizado, de un mensaje entrante en el teléfono de Camilo interrumpe mi confesión. Con demasiada calma se dirige hasta el escritorio y lo levanta. Lee primero, se gira y regresa con el móvil en su mano. Me muestra la pantalla y leo los interrogantes de William.

    —Bro, ¿Cómo van las cosas? ¿Se reconciliaron?

    Sin preguntarle o pedir su permiso, me hago con su móvil y le respondo a su hermano holandés… — ¡En esas estamos! Le muestro mi respuesta y mi esposo apenas si menea su cabeza. No se lo devuelvo pero lo dejo encima de la mesa redonda, sin sonar de nuevo. Así que para no perder el hilo, prosigo relatándole…

    —Al lado de la tarima, vi destellos plateados en un vestido demasiado corto para esas piernas tan largas, y las altas plumas lisonjeando su belleza, danzaban alborotadas por el contoneo de unas caderas estrechas con un caminar sensual pero exagerado, al alejarse por un pasillo estrecho –justo al lado del escenario– reclamando mi atención. Allí divisé a la hermana de la novia y amiga gordita, muy animadas charlando con el amigo de José Ignacio y otro Drag Queen, igual de alto a él. Al irnos acercando a ellas, suponiendo que estarían enteradas del paradero de José Ignacio, se me aceleró el pulso por la cara que puso la hermana cuando nos vio, e intuí con quien estaba la novia. Sentí mucho alivio, cielo.

    —Las dos negaron nerviosas saber la ubicación, pero Fabio sin comprender, miró con inocencia hacia la puerta que se hallaba cerrada tras la espalda de las dos mujeres, cuyas cabezas no alcanzaban a ocultar por completo las puntas de una estrella dorada y encima de esta, el aviso iluminado del vestier.

    —Y un agudo campanazo, le anunció a todos los presentes que me había llegado un mensaje. Sin palabras me quedé al ver que en la pantalla de la aplicación, que en lugar de letras se descargaba sin prisa un video corto enviado por José Ignacio. Pocos segundos después, ya retirada por lo menos tres cuerpos de todos ellos, le di al play.

    —Con el pulso inquieto, mantenía el móvil en lo alto, a la altura de su pecho, grabando el movimiento de la melena castaña y ensortijada de la novia del abogado. Arrodillada, evidentemente succionaba con ganas la verga de José Ignacio y de inmediato supe dos cosas. Una, que él había ganado la apuesta. Y la otra fue que sin entregarme, por mi plan y su ayuda, había concretado otra venta. Solo era cuestión de hacer entrar en escena, al hombre que sería el dueño de esa casa.

    —Puse la mejor cara que pude, de malamente sorprendida, y me dirigí hasta la puerta del vestier para abrirla de par en par, pero con cautela. Kevin y su amigo barranquillero, –aquel cómplice que le entregó las llaves donde debería consumarse mi sexual felonía– siguieron tras de mí. A mitad de aquella habitación, recostado contra el borde de un mesón con espejos iluminados por bombillas ambarinas, y un sinfín de kits de maquillaje, cepillos para el cabello, rulos plásticos, secadores y pelucas por doquier, estaba José Ignacio con los ojos cerrados.

    —Entre sus dientes, la tira trasera de un tanga rojo que oscilaba suavemente por el movimiento, y todavía el móvil en su mano, inmortalizando las imágenes de su atrevimiento. La nena morena, sentada en una silla frente a él, reclinada y con el top fucsia arrugado, arremangado alrededor de su cintura desnuda, no se había percatado de nuestra presencia. Ensimismada en su placentera labor, al parecer para nada le incomodaba mantener una teta gorda de areola marrón, –como una galleta maría– colgando por fuera de la copa del brassier.

    — ¡Eche no joda! Cule vaina jopo. —Escuché exclamar al amigo barranquillero del abogado ubicado detrás de mí. Entretanto Kevin, a pesar de tener la boca muy abierta, no emitía ningún sonido. ¡Johanna! Gritó su hermana y entonces la acción se paralizó. Ella sorprendidísima, dejó a la vista de todos un baboso pene albo y alarmada, –con el rímel corrido y el brillante gloss en sus labios, diluido por sus propias babas– nos miró asustada mientras se recomponía la ropa y José Ignacio se guardaba la verga con rapidez, sin soltar el teléfono ni abrir la boca para liberar aquella prenda que le había entregado su dócil presa.

    — ¡Estúpido! ¡Infeliz! –Grité. – Jamás vuelvas a dirigirme la palabra en tu maldita vida. Y tú, perra asquerosa, ¡Ojalá hayas disfrutado de mis sobras!

    —Kevin tras escuchar mis insultos también reaccionó lanzándose contra José Ignacio para pegarle, pero su amigo y los dos Drag Queen reaccionaron con rapidez y se interpusieron para evitar una pelea que ya no tenía sentido que se iniciara. ¡Todo se había consumado! No sobra aclárate que mi cliente también la mando a la mierda, y alzando la voz todavía descompuesto, profirió su sentencia.

    —Ni sueñes con casarte conmigo. Se acaba todo ahora mismo. Mis amigos si me habían advertido que eras una «casquisuelta». Y usted, cara e’ queso, lo podría mandar desaparecer pero sabe una cosa, a la larga me ha hecho un favor. Pero eso sí, no se me vuelva a cruzar por el camino, porque si lo vuelvo a ver le juro que lo hago empapelar, para que pase unos añitos metido en la «guandoca». ¡Usted no sabe quién soy yo! —José Ignacio ni se movió, pero sí dejó que la muchacha, recuperara de entre sus dientes, la prueba de aquella traidora rendición.

    —En medio del llanto de la novia, la palidez exagerada y asustada en la tez de José Ignacio, salí de aquella habitación simulando un gran enojo, pero contiendo en verdad la felicidad que me causaba haberlos pillado en esa situación. Erótica para ellos, dolorosa para mi cliente, pero afortunada para mí. Aquella visión tan patética para él, fue muy productiva para mí. Me ofrecí para llevar a Kevin hasta la casa de sus padres, pero sus amigos lo escoltaron con rapidez hasta la salida y apenas si me pude despedir de él a la distancia.

    —Tenía el video en mi teléfono empresarial, que por obvias razones no lo compartí, y tan solo al llegar hasta mi auto y recostarme sobre la puerta del conductor, les envié al magistrado y a Eduardo, el mismo mensaje…

    —Misión cumplida. ¡Por mi parte, todo salió perfecto! Como acordamos el cincuenta por ciento lo necesito para la próxima semana y la otra mitad, para cuando Kevin lo haya superado. Antes del fin de mes, si no le molesta.

    — ¡Meliiii, espera por favor! —Gritaron mi nombre tras de mí.

    — ¿Y ahora qué quieres Nacho? Tremenda cagada la tuya.

    — ¡Bahh, tampoco fue para tanto! Ese par terminará arreglándose en unos días.

    — ¡Pues ojala te equivoques, querido! —Le respondí.

    — ¿Cómo así, bizcocho?

    —No me pares bolas. El caso es que te pasaste de la raya y ahora es probable que se me dañe la venta. —Le mentí.

    —Nos dejamos llevar un poquito por la emoción. El caso Meli, es que vengo para reclamar mi premio. ¿A dónde quieres ir?

    —Yo no sé en cual mundo vives, Nacho. A mí, con todo esto se me han caído las ganas a los talones. Además mira la hora. Prefiero irme ya a descansar. Después miraré cuando me cae bien entregarte el premio.

    —Obviamente hizo mala cara y en frente de él te llamé para avisarte que ya salía para nuestra casa. Un timbrazo, otros dos y al quinto respondiste.

    — ¡Hola cielo! ¿Te desperté? Ayyy, perdóname. Es que acaban de echarnos de la discoteca. Estuvo genial la rumba y apenas si me tomé dos cervezas. Por la mañana te cuento los detalles. Estoy bien, así que no te preocupes. Nos vemos más tarde, mi vida. ¡Te amo!, dije antes de finalizar nuestra corta conversación y a él… Con un beso lo despedí.

    —Entonces no sucedió lo que le… ¡Mierda casi la embarro! Mariana me mira con extrañeza y antes de que maquine algo termino por preguntarle…

    — ¿No ocurrió lo que imaginé? ¿Con ninguno de esos dos tipos?

    Apenada, Mariana agacha la cabeza y lleva la mano hasta la muñeca de la otra. Se la acaricia y juega con el cordel rojo a estirarlo un poco, haciéndolo girar. Y en mi mente, –con los ojos abiertos– retrocedo en el tiempo. En el informe constaba resaltado, que existió una confabulación entre Eduardo y Mariana para concretar la venta de una casa para un abogado, a cambio de un favor sexual. ¿Leí mal? ¿O todo fue un mal entendido? ¿A quién debo creerle? ¿A las personas ajenas que lo redactaron, o a la mujer con la que coexisto desde hace varios años atrás? Extrañas en este instante, ambas partes.

    Ahora me mira con serenidad y mucha calma en ese par de cielos. De un azul claro… ¿Todo despejado? Respira suave, antes de responderme…

    —Te lo puedo jurar por la memoria de mi papá que así sucedió todo, y nada más pasó. Llegué a la casa sola, hummm. Serían las tres y media de la madrugada. Me quité todo y ni siquiera me coloqué el pijama de lo cansada que estaba.

    — ¿Y pudiste dormir bien, después de todo el caos que provocaste? Destruiste una relación para conseguir cerrar otro estúpido negocio. ¿No sentiste vergüenza de eso? ¿No pensaste en el dolor de ese abogado o en las consecuencias para esa muchacha?

    —No existió espacio para el arrepentimiento, pues un amoroso tsunami, de poco más de un metro de alto, cimbró el colchón de nuestra cama. Mateo saltó encima mío muy emocionado y me despertó con sus gritos y muchos besos. Si soñé con ello o no, la verdad no lo recordé. Llegaste con la bandeja del desayuno, te acomodaste a mi lado y te conté lo más básico. Lo que querías y podías saber.

    —El resto del día, entre almorzar en el centro comercial, el recorrido habitual con nuestro hijo al parque de atracciones, y la visita posterior de Iryna y Natasha finalizando la tarde, por fortuna todo eso me distrajo de pensar en lo sucedido. Fue después, al iniciar la semana laboral que me sentí mal. Eduardo me pidió detalles en privado, José Ignacio una fecha para recibir su pago, Diana chismes sobre mi viaje con La Pili a Peñalisa y K-Mena una cita para hablarme de su amor. ¡Un culo de día, para una mierda de persona, obviamente!

    —Pero sabes una cosa, Camilo. También me sentí bien después de analizar lo bueno y lo malo. No tuve que traicionarte, acostándome con nadie más. Eso fue lo más importante. Evalué igualmente que con mi supuesta entrega, favorecería el incremento en la confianza que Eduardo depositaria en mí. Me dejaría decidir qué hacer, como hacerlo y con quien. Todo para obtener reconocimiento y poder, al igual que él. La excelente discípula, su esmerada… ¡Puta!

    —Naty nos puso al tanto del próximo receso escolar, –a los dos se nos había pasado por alto– e Iryna nos extendió la invitación para pasar el siguiente fin de semana en una casa de veraneo que habían alquilado en los llanos orientales, con el fin de celebrarle la mayoría de edad a su hija en compañía de su padrastro, que por cuestiones de su trabajo en los pozos petroleros no alcanzaba a bajar a Bogotá.

    —Aceptaste de inmediato sin consultarme, y por supuesto te llevaste un chasco cuando te informé que no podría acompañarlos. ¡Ya estaba planillada para pasar, desde el sábado hasta el siguiente lunes festivo, laborando en Peñalisa! Y aunque intenté persuadir a Eduardo para que me concediera esos días, la salida a vacaciones de Diana, hicieron imposible reprogramar mi cronograma de trabajo.

    — ¿Preparo dos cocteles más? —Objeta mi esposo sin mirarme, pues su atención se centra en extinguir el cigarrillo comprimiéndolo contra el fondo del cenicero.

    —Pues si quieres, hazlo. ¿Te encuentras bien, cielo? –Y ahora si me mira. – Te veo nervioso amor, pero si es por eso… —Camilo hace un gesto de consciente temor, en la que sus labios se comprimen y su tez palidece al verse enfrentado a esos recuerdos.

    —En verdad, no tienes por qué estarlo. Como ya te dije, lo que hiciste en aquel viaje no fue tu culpa, cielo. Tan solo el resultado del complot que planeé para que Naty diera los primeros pasos para conseguir de ti, la atención que deseaba.

    — ¿Cuándo lo planeaste? —Le respondo mientras adiciono un poco de tequila al zumo de naranja en su vaso y un tris más en el mío, para deshacer el letargo de este nuevo día.

    — Ella estaba emocionada por el viaje y se entusiasmó de más, cuando le comenté que me sería imposible viajar. Le recomendé cuidar de ti y estar pendiente de mi Mateo. No estaba segura de que entre ustedes dos pasara lo que sucedió, pero si esperaba que Naty aprovechara la ocasión para lucir su cuerpo como pretendía frente a ti. Realmente no la creí capaz de llegar hasta ese punto y… ¡De provocar tanto a su amor platónico y seducirlo un poco más!

    —En la noche del jueves, cuando ustedes dos tenían programado conectarse con sus amigos para jugar hasta tarde una partida de aquel juego de policías y ladrones, que les emocionaba tanto, al fracasar consecutivamente la misión de asaltar un banco, ella fingió desespero y me buscó para pedirme consejo sobre la manera en la que una mujer se debe insinuar al hombre que nos gusta, sin que parezcamos unas ofrecidas. Le enseñé algunos trucos, con poses sugerentes y maneras de expresar deseo al mirar de soslayo, diciendo sin palabras lo que una quiere que suceda.

    —No creí que pudieran llegar a nada, lo juro. Los ojos de Jorge y de Iryna estarían encima, y la compañía de Mateo un obstáculo para su… ¡Diversión! Aunque para ser sincera, cielo, puede que tuviera deseos de que finalmente entre ustedes pasara lo que tenía que pasar. Sufría por esos días de angustia y remordimiento.

    — ¿Angustia? Seguramente por dejarnos marchar a esa celebración de cumpleaños sin ti. ¿Remordimiento? Tal vez debido al reconocerte como la herramienta utilizada para destruir la felicidad de una pareja, y colaborar con la carrera política de ese corrupto magistrado. ¿Me equivoco, Mariana? —Me acerco y le ofrezco su vaso.

    Ahora, por el temblor en su mano diestra al recibir de la mía su coctel, y la rapidez para girarse hacia la baranda de madera del balcón, sin mirarme a los ojos, estirando y contrayendo repetitivamente los finos dedos de la siniestra, es ella quien parece más incómoda que yo.

    —Contener, fue el verbo que conjugamos por aquellos días. Tú, frente a Naty el puente festivo no lo tuviste tan fácil, y yo, de lunes a jueves la semana antes de tu viaje, frente a K-Mena y José Ignacio, fui más afortunada por la llegada de la menstruación, y así extendí el plazo a lo que esos dos pretendían hacer conmigo.

    Mi interés por saber, crece más. ¿Ahora un trio? Bebo un sorbo, ignorando que mis pasos me acercan a su espalda y al momento que preveo, sucedió aquel fin de semana, entre ella, su amiga, y ese maldito siete mujeres.

    — ¿Aplazaste entre semana con tus amantes, para disfrutar con ellos todo el fin de semana? ¡Puff! Qué esfuerzo tan tenaz el que tuviste que hacer. —Casi que en su cara le restriego con ironía, la desazón que estoy sintiendo.

    — ¡No! –Exclamo ofendida. – Por supuesto que… A medias te equivocas, pero tienes razón con la otra mitad. Mierda, cielo, yo… No me siento bien. Déjame sentar un momento. —Le pido tiempo, pues para resolverle la inquietud que tanto lo atormenta, debo decidir entre si le cuento todo como lo sentí, o apenas le esbozo el ambiente que junto a Nacho, yo viví.

    —Sabes algo cielo, a pesar de saber en mi interior lo que tanto te afecta, no alcanzo a comprender… ¡Por qué putas quieres sufrir más! —Y tras elevar el volumen de mi voz, silenciosamente brotan de nuevo desde mis lagrimales, gruesas gotas saladas, que ruedan por mis mejillas y se precipitan al vacío lanzándose desde mi barbilla, para estamparse contra el vidrio martillado de la mesa.

    —Los mártires mueren felices en su fe, sin importarles quien decida el momento y su manera de morir. Como yo no soy uno de ellos, preciso que seas tú, la mujer que me otorgó los días más felices mi vida, la que justo ahora me los arrebate contándome, por gusto o con dolor, la verdad de lo que… ¡¿Te lo hizo más rico?! Fuis… ¿Gozaste más al hacerlo con él?

    — ¿Quieres escuchar finalmente lo que tras todos estos meses solo, la incomprensión te ha carcomido la razón? Lo haré entonces, pero no para matarte mi amor, si no para que encuentres tu paz y entre mis malditos recuerdos el motivo verdadero de lo que tanto te ha lastimado, para que finalmente puedas deshacerte de mí. Detéstame. ¡Ódiame tranquilo, cielo, pero yo no dejaré de amarte!

    —No veo otra manera de pasar la página. Necesito escucharte decirlo, para poder aceptar que todo entre los dos, ya no tiene remedio. Compláceme otro poco más, Mariana. Dame ese gusto, concluye tu labor.

    —Entonces lo haré, para que puedas imaginarme como la mujer infiel que fui, aunque en realidad al venir hasta aquí buscando tu perdón, ya no veas en mi nada de la mujer leal que antes de todo eso fui para ti.

    Mariana con las palmas se limpia las mejillas, y recorre con ellas ambos lados de su rostro hasta juntarlas nuevamente en su mentón. Sorbe la humedad de su nariz, dos veces, y en seguida una calada profunda anticipa lo que va a rematar el amor que le tuve.

    —El viernes por la tarde me llamaste para saber si al final podría acompañarte a comprarle ropa nueva a Mateo para el viaje, y unas zapatillas en tela para ti. Ya había pactado con todos, que esa noche en el bar le ofreceríamos la bienvenida a las merecidas vacaciones de Diana, tomándonos unos tragos y cantando karaoke, por lo cual mimosa me negué, y por el contrario te comenté el motivo, mencionándote de paso que me demoraría un poco más de lo habitual, para despedirme bien de mi compañera. Te enojaste e insististe. Molesta persistí.

    Por el rabillo del ojo observo como Camilo le da un buen sorbo a su mezcla de tequila y jugo de naranja. De medio lado se recuesta sobre la baranda y para huir de mis recuerdos, dedica su mirada a observar el más allá, quizás buscando menguar su estrés al ver como la brisa con suavidad mece la mar, alcanzando de paso los mechones semi ondulados de su melena.

    ¿Cómo voy a lograr que me perdone de verdad, si no consigo que todavía amándolo, mi esposo a pesar de todo, me deje de adorar?

    —Sabía perfectamente lo que iría a suceder más tarde, inclusive que temprano se aparecería Sergio por allí, para recoger a K-Mena e irse a una reunión familiar. Diana no podía acompañarnos mucho tiempo, pues su madre enferma de gripe no le podía cuidar hasta tarde a su hija. Eduardo y Carlos no importaban tanto, pues mediante mensajes de texto habíamos cuadrado con él, la dirección del motel en chapinero en donde nos encontraríamos para pagar aquella apuesta que perdí, pero que gracias él, sin saberlo obviamente, había ganado una venta para superarlo en el tablero a fin de mes. Salió él, luego lo hice yo.

    Mariana respira hondo y yo, acongojado volteo para mirarla. Bebe un poco y aspira mucho de nuevo, hasta agotar el tabaco útil en su cigarrillo. Retiene dentro de su boca entreabierta el humo y lo paladea. Cierra los ojos y parece relajarse. Ahora los abre de nuevo, para que su par de topacios, logren ubicarse en este espacio y dejar caer dentro del cenicero, la colilla.

    —Preciso al oprimir el botón de arranque del auto, a mi celular personal se le iluminó la pantalla y tu voz al responderte me preguntó afanado por la talla de zapatos de Mateo. Te di el número que calzaba sin saludarte tampoco, y al fondo pude escuchar a mi hijo, gritando para que lo escuchara… ¡Mi papito me iba a comprar una gorra de Mickey Mouse, pero tengo la cabeza muy chiquita por no tomarme la sopa y me quedaba muy grande!

    —En lugar de responderle algo a él, me preguntaste con razón donde estaba, pues no se escuchaba la bulla típica ni la habitual música de fondo.

    — ¡Me pillaste en el baño haciendo pipi! Y eso que tan solo me he tomado una jarra de cerveza y apenas le he pegado un sorbo al «Orgasmo» que me invitaron.

    — ¿Un qué? y ¿Quién? —Me gritaste con zozobra.

    — ¡Jajaja! Un coctel, mi vida. Me lo invitó Eduardo. No te imagines otra cosa. Y por favor, no te dejes sobornar por sus pucheros y exageres con los dulces, no vaya a ser que más tarde a Mateo se le revuelque el estómago. ¡Los adoro! Cuídense mucho. ¡Bye! —Finalmente pude avanzar según las indicaciones del navegador, reteniendo en mi mente tu voz tenue, al despedirte de mí con ese ¡Te amo!, tan apagado.

    —Relámpagos iluminaron la desolada avenida, y poco después un torrencial aguacero mojó las ramas de los árboles, las fachadas de los locales comerciales, el pavimento de las calles y los truenos, uno detrás del otro, le anunciaron al vigilante del hotel con el paraguas abierto, que me urgía escampar entre los brazos de aquel hombre que se hallaba recostado sobre el cofre de un sucio Honda blanco, desesperado por cobrarse una apuesta bien ganada.

    Lo detallado de mi narración, transmuta la calma anterior en el rostro de mi esposo, hacia una faz de inequívoca angustia, pesadumbre y dolor. Pero ha insistido tanto en compararse con él, que yo… ¡Al que no quiere el caldo, se le dan dos tazas!

    —A medida que iba ingresando a la recepción, sus palabras cariñosas me perseguían por detrás. Apenada, mis ojos los mantuve bien clavados en el brillante mármol veteado del suelo, imaginando su sonrisa y ese caminado vencedor, tras de mí. De pronto, una mano suya se apoderó de una de mis tetas en frente de la chica que nos esperaba detrás del mostrador. Arrimó su pecho contra mi espalda, con la otra recibió la llave de la habitación y tres dedos por debajo de mi oreja, mi cuello la humedad de su lengua recorriendo un tramo. No fue su atrevimiento, si no la mirada sonriente de la muchacha la que consiguió ruborizarme.

    —No quería mi vida, rememorar ese pasado. Hace meses, desde que nos abandonaste, me prometí hacer de todo por olvidarlo. Pero como dices siempre para no discutir conmigo. ¡Como quieras, quiero!

    —No alcanzo a calcular el tiempo que transcurrió, entre que se abrieron las puertas del elevador, recorrer el pasillo del cuarto piso y alcanzar al puerta de la habitación, pero a su excitación le bastaron cinco segundos para comenzar a besarme con ansias, estamparme contra la pared, meter una mano precipitadamente bajo el ruedo de mi falda arremangándomela, y con la otra intentar sacarme a la fuerza por el brazo, el blazer de mi traje.

    Camilo gira el torso, no para sacudirse la pormenorizada sinceridad de mis recuerdos, si no para buscar entre las tupidas copas de los árboles de Watapana cercanos, al mimetizado turpial que amanecido, trina sin pausa captando su atención. Yo no me muevo de mi lugar ni pestañeo, pero me pregunto si será el mismo pájaro madrugador. ¿Habrá recuperado a su hembra perdida? En fin.

    —A pesar de conocer lo pactado, –le sigo revelando– mientras recibía sus besos y varias caricias apuradas, me sumergí en una íntima analogía, al ver a mi alrededor el mobiliario dispuesto para consumar lo retrasado y pagar mi deuda, mientras en mi interior una sensación ya conocida, –experimentada contigo– me estrujaba el corazón.

    —Yo… Camilo… Amor, ¿En serio es necesario? No creo que te haga… Que nos haga ningún bien rememorar lo que pasó con él. —Sin responderme, avanza tres pasos y se acomoda en la silla, frente a mí. Sus ojitos cafés ya los tiene húmedos y sus ganas de sufrir acompañan el llanto en los míos.

    —Continúa Mariana. Por favor. —Trémula le ha sonado su petición y da otro sorbo a su tequila con poca naranja. Nervioso juega con el encendedor.

    —Ufff, Ok. Recuerdo que me hizo dar la vuelta, quedando de espaldas y a su completa disposición, con mi mejilla acalorada pegada a la refrescante pared. Supongo que te estás imaginando como fue. –Camilo asiente. – Pues así, todo tosco y «atarbán» como lo conociste, fue que aquella cita pecadora comenzó.

    ¡Dios mío! ¿Cómo hago para complacer su malsana manera de querer aborrecerme, sin que me duela hacerle sufrir todavía más, contándole la pura verdad?

    —No podría decir con precisión, si fueron sus manos las que empujaron mis caderas hacia él, o si… Si fui yo quien restregué con el culo su entrepierna, –Camilo bufa, mientras junto mis párpados. – pero cuando giré mi cabeza, vi en aquella mirada profunda, la avellana intensidad del deseo con el que José Ignacio pretendía consumirme y pues…

    … «Lo cierto es que sus ojos expresan la aberrante lujuria que le provoco, al sentir como con la firme redondez de mis nalgas le fricciono, de arriba para abajo, su pene excitantemente erecto, midiendo con mis ojos cerrados toda su extensión y en círculos muevo mi culo tanteando el grosor, mientras le concedo a sus dedos la dicha de subirme por completo la falda, arremangándola en mi cintura, sin que me importe un pito que al siguiente día, las arrugas puedan atestiguar mi falta.»

    Se silencia. Percibo en esta breve pausa que se toma Mariana, un poco de arrepentimiento, pues parte de la piel de su antebrazo, funge como textura absorbente para limpiar su enrojecida nariz.

    —No existieron oberturas exquisitas ni concienzudos preámbulos, pues se pegó a mi espalda con desbordadas ganas, como si deseara no dejarme escapar de su brazos, mucho menos volver a salir de esa habitación para regresar a mi hogar, y cobijarme entre los tuyos. Nos besamos durante un tiempo, allí de pie…

    … «Su boca se encarga de humectar mi cuello, lo ensaliva con cierta pericia y retira mis cabellos para pasear su lengua por la nuca, de un lado al otro. Me provoca un delicioso escalofrío, similar al que he experimentado con mi esposo. ¡No es igual ni debo inmiscuirlo ahora!».

    —Me giré por completo. No para enfrentarme a él y detener sus apresuradas ansias, si no para incrementárselas al retirarme el blazer de mi traje, seductoramente frente a él y provocarle un gesto de admiración exagerándolo con un silbido extenso, al ver como desabotonaba mi blusa, temiendo que por desaforado me arrancara los botones y llegara a casa con ella hecha jirones y tu…

    … «Le cierro la boca con uno de mis besos atornillados, y hago que mi mano zurda le sirva de lazarillo para que la suya encuentre mi muslo y pueda recorrer sin afán el barroco encaje de mis medias veladas. Siento hormigueos cuando sus dedos, escalando por las tiras colgantes de este recién estrenado liguero, pellizcan mi cintura y hunden mi ombligo. Con la otra no tengo apremio, pues el mismo se encarga de tatuarme los cinco dedos y su palma, con una nalgada que me toma por sorpresa. Me duele y chilló, pero me tapa la boca con un beso. Puedo sentir como arde la nalga diestra, pero curiosamente logra hacerme subir abruptamente la temperatura y las ganas en otras partes de mi cuerpo».

    —Si tú me esperabas despierto como usualmente lo hacías, sin poder descansar e irte a dormir, con seguridad escrutarías mi fisonomía de cabo a rabo, para verificar que tu esposa se encontrara en una sola pieza. Por eso también me deshice de la falda, quedando ante su mirada, entaconada y con mi tanga brasilera a juego con el brassier de encaje transparente y ribetes rojos sobre un fondo negro.

    Desprecia la incomodidad de su silla y se encamina al interior. Se planta un instante frente a la bandeja y se regresa, tomando por el cogote la botella de tequila, y se le olvida o deja abandonado lo que resta del zumo de naranja. ¿Tan intenso y excitante fue lo que vivió Mariana con ese triple hijo de su puta madre, que necesita ingerir mayor dosis de alcohol? ¿Y yo? ¡Es probable que igualmente necesite de ese otro trago!

    —Puede que para continuar con todo esto, tanto tú como yo, requiramos envalentonar con más alcohol mis revelaciones y tu desangrado corazón, soportando así un mayor dolor. ¿Te sirvo más o estas bien así? —Me consulta pero no se espera. Vierte más tequila en mi vaso, sin aguardar por mi opinión ni mirarme.

    — ¿Me desvisto o me desnudas? —Preguntó temeroso. Y aunque no me gustó su indecisión, le perdoné su novato nerviosismo, pues no deseaba que te me atravesaras mentalmente al tener la curiosa necesidad de compararlos, pues muy dentro de mí tenía la certeza de que él saldría perdedor.

    El ardor de este trago ya lo siento deslizarse garganta a abajo. En la nuez de Adán hay movimiento por igual, y en sus labios apretados me percato de su escozor.

    —Con… Contigo ya no era necesario resolver con palabras los cuestionarios para procurarnos placer. ¡Con nuestras miradas nos ha sobrado y bastado! —Camilo se encoge de hombros y sonríe incrédulo. Comprendo que me mire de esa manera burlona, pero es verdad lo que le estoy diciendo.

    —Sus dos… Con los dedos presionó sobre mi vulva, por encima de la tanga y excesiva brusquedad. Fue el primer avance suyo para excitarme, manoseando el exterior de mi vagina, de arriba para abajo unos instantes y…

    … «Sus dedos aprietan con mayor decisión la tela de mi tanga, la mete entre mis labios no muy lubricados y la estira hacia arriba por completo. Me provoca una insólita sensación de incomodidad, seguida de un dolor suavecito que rasga y encoje, a la vez que el placer de la justa presión, tosca y novedosa, consigue que por un espasmo me empine y lo bese para absorber su lengua, y buscar de paso con más ansias, acomodar desesperada el bulto de su verga desubicada contra los mechones recortados de mi pubis, zarandeándome de lado a lado».

    —Me aferré a su cuello con mis manos, cuando me pidió que alzara una pierna. La icé y me la sostuvo por la corva. Luego tuve que curvar mi espalda al sentir que con dos dedos me comenzaba a penetrar. Gemí, lo hice cercana a su oreja izquierda y luego se la mordí, cuando ya me hacía sentir corrientazos de electricidad y los retiró de mí… mojado interior. Me enderecé para verlo deslizar la cremallera del pantalón con una sola mano y bajarse el bóxer liberando su pene, pues la otra ya hacia piruetas y malabares para esquivar el aro de mi sostén, soltar el broche y liberar mis tetas de la opresión. Luego se dedicó a sobarme un seno con fuerza y desespero…

    … « ¡Ufff, que par de tetas tan bonitas! Lo agarra con animal admiración, y yo a él por la nuca, para conducir sus labios por el lateral de mi cuello, quiero que me lo unte bien de su saliva y que su lengua se deslice fácilmente hacia el interior de mi oreja derecha, mientras jadeo y chupo sin reparos, mis flujos en los dedos que me hacían delirar un instante antes, percutiendo dentro de mi cuca encharcada».

    Ahora bajo de la nube de mis recuerdos, y adolorida por saber que le estoy causando un gran daño, caigo en cuenta de que mi esposo llora, pero lo hace con su boca muy abierta, para con su discreto silencio no atormentarme, negándome el derecho a consolarlo, si no como su esposa, al menos hacerlo como su amiga incondicional.

    —Cómo vamos, ¿Vamos bien? O prefieres que pase por alto sus maniobras de Don Juan experimentado, y mis pasos de entregada esposa infiel, para de una vez por todas, llegar hasta ese final que tu… ¡A lo que en realidad deseas llegar!

    — ¿Hummm? Perdón, me elevé. Deja voy al baño y cuando regresé, quiero continuar escuchándote. ¿Estamos?

  • Strip póker con mi madre

    Strip póker con mi madre

    Tenía mucho tiempo de no tener sexo desde que me vine a vivir con mi madre, estuve algún tiempo viviendo con mi novia por lo que el sexo era de casi todo el tiempo, pero por problemas entre ambos nos dejamos y por dicha mi madre me abrió las puertas de la casa para que viviera acá el tiempo que ocupara.

    Mi madre es una mujer muy hermosa que a pesar de tener 45 años se mantiene en muy buena forma, ella se mantiene delgada debido a sus clases en el gimnasio, pechos grandes y redondos, un trasero que no tiene que envidiar a ninguna mujer, suena raro que lo diga siendo el hijo pero ella es una mujer muy deseable, aun así hasta yo desearía poder tener una mujer como esa en mi cama…

    Era un fin de semana y no tenía nada que hacer ni donde salir, así que le propuse a mi madre pedir pizza y bebidas para cenar esa noche en casa y que ella no tuviera que cocinar por lo que ella acepto.

    Era viernes en la noche y ya nos habían traído las pizzas y unas cuantas cervezas para pasarla bien con mi madre, la idea era ver una película pero para nuestra desgracia no pasaron la película que queríamos ver y la programación era terrible.

    Estuvimos comiendo la pizza y bebiendo las cervezas que había comprado, ya estaba mareado al igual que mi mama, ya se notaba que a ella también le habían hecho efecto las cervezas.

    Recordé que tenía un paquete de cartas de póker y le dije a mi madre que si jugábamos a lo que ella me dijo que estaba bien. Le dije que si jugábamos por dinero pero ella me dijo que no, que por dinero ella no jugaba, entonces le dije que jugábamos Strip Póker.

    -Qué es eso de Strip Póker Daniel?

    -Es póker solo que en vez de ganar dinero nos quitamos prendas…

    -Queee estás loco, yo no me voy a quitar ninguna prenda, soy tu madre que te pasa Daniel con estos juegos raros.

    -Ayyy mama no tiene nada de malo, muchas personas lo juegan en familia. No le veo nada malo.

    -Como qué no? Y que pasa que yo vaya perdiendo todas las partidas? Tendría que quedarme sin ropa, tú ves eso normal acaso?

    -Cuidado nunca me has visto sin ropa a mí y yo a ti?

    -Cuando me has visto sin ropa a mí?

    -Cuando has dejado la puerta del baño abierta, se te olvida cerrar y acuérdate que queda cerca de mi cuarto y cuando paso cerca te he visto sin ropa. Pero no le veo nada de malo mama o tu sí?

    -No pero…

    -Pero qué? No somos madre e hijo?

    -Si lo seee… pero, no sé, me voy a sentir extraña haciendo algo así contigo Daniel…

    -Tranquila mama, además si no quieres quitarte una prenda esta la opción de pedir un reto

    Y que clases de retos serian? Si el juego es así no me quiero imaginar qué tipo de retos abrían…

    -Pueden ser de cualquier tipo mama, además tu eres buena jugando póker… por otro lado el ganador puede pedir algo al perdedor, qué tal si tú me ganas!!!

    -Uh interesante, qué tal si lavas la ropa de ambos durante un mes o si preparas el almuerzo durante un mes también.

    -Ya ves mama, puedes sacar provecho de esto.

    -Uh y tú que me pedirías si tu ganaras?

    -No se mama, puede ser cualquier cosa… ahorita no se me ocurre nada, pero juguemos no seas tan aguafiestas!!!

    -Está bien hijo pero eso si yo digo cuando parar si no me gusta el juego, está bien?

    -Está bien mama, ya verás que conforme pase el tiempo le agarraras la gracia…

    Comencé a repartir las cartas, puse las de mi madre cerca de ella y yo tomé las que me correspondían. Pude ver en la cara de mi madre alegría, eso quería decir que tenía buena mano. Y así fue, ella me gano esa mano y tuve que quitarme mi camisa, no pasaba nada pues solo era una camisa.

    Mi madre repartió las cartas estas vez y para mi desgracia me toco una mano terrible, solo faltaba ver que tenía ella… para mi desgracia ella nuevamente me gano.

    -Pareces que tienes muy mala suerte jajaja

    -Si pero ya verás que te va a tocar perder.

    -Mucho blablablá y nada que ganas jajaja, así que quítate otra prenda.

    Esta vez me quite la faja de mi short, todavía tenía muchas cosas que podía quitarme. Mientras estábamos jugando pude ver que mi madre no paraba de tomar, cada vez era más notorio de que ella ya estaba ebria, pues no paraba de reírse por todo.

    Mi madre volvió a repartir las cartas, ella tomos las suyas y yo las mías… Esta vez en su cara se notaba un poco de preocupación, yo por mi parte tenía un juego de cartas fantástico; sabía que no podía perder… Y así fue…

    -Bueno mama ahora quien sonríe jajaja te toca quitarte una prenda.

    -Si lo sé, ya me voy a quitar algo de lo que ando encima…

    Y así fue, la muy tramposa se quitó solo sus aretes, pero no podía decir nada ya que yo me había quitado la faja y era justo que ella se quitara algo de lo que anduviera en su cuerpo.

    Esta vez me toco a mi repartir las cartas, puse las mías en mi lugar y le repartí las de mi madre. Ella tomo las suyas y yo hice lo mismo con las mías. Pude ver nuevamente en su cara un semblante de preocupación era notorio que no le había tocado buena mano.

    -Para mí que estás haciendo trampa.

    -Pero como voy a estar haciendo trampa si la juagada pasada tu repartiste? Bueno, no te hagas y quítate algo ahora…

    Mi madre no tenía nada pequeño que quitarse así que se quitó su blusa, quedando a la vista su brasier dejando a la vista sus dos enormes tetas. Al quedar así, se notaba que tenía vergüenza aunque no era nada del otro mundo ver a una mujer en brasier.

    -No me mires así que soy tu madre!!!

    -Así como? Ay mama como si nunca hubiera visto una mujeres en ropa interior o ver un par de pechos.

    -Si pero estos pechos son los de tu madre…

    -Ya mama relájate y sigamos jugando…

    Volví a repartir las cartas pero esta vez ella me gano, sus cartas eran mejor que las mías… se notaba en la cara de ella un rostro de victoria…

    -Te volví a ganar perdedor jajaja no que eras muy bueno a ver ahora cumple y quítate la prenda.

    Y así fue, me tuve que quitar mi short quedando solo en calzoncillos. Sabía que ya no podía perder, a mi madre todavía le quedaban varias prendas y yo no me conformaría con quedar así… Mi madre no quitaba su mirada de mi entrepierna, yo por mi parte me hacia el que no notaba nada.

    Mi madre volvió a repartir las cartas, yo cruzaba los dedos para poder ganar esta vez… Ella tomo sus cartas y yo las mías. Para mi suerte tenía un juego muy bueno, estaba deseando que mi madre perdiera y así fue…

    -Bueno mamita, perdiste la suerte me sonríe a mi esta vez. Te toca quitarte una prenda…

    -Si lo sé, no presiones…

    Ella se quitó su enagua, esta vez se quedaba en calzones… Ella andaba un cachetero semi transparente que dejaba a la vista parte de su vagina. Yo tuve que verla de arriba abajo, no podía perderme esa vista…

    -Ya está bueno, cuidado nunca has visto una mujer como para que te quedes viendo como bobo…

    -Di ay mama, como dices eres una mujer y yo hombre como no te voy a ver, aparte que eres muy bella y lo sabes…

    -Si pero ya concéntrate en el juego y nada más….

    Me tocaba repartir nuevamente las cartas, había ganado… Deseaba poder ganar de nuevo, si lo lograba iba a poder ver las tetas de mi madre o su vagina, y estoy seguro de que no las vería solo como si fuera mi madre…. Repartí las cartas, coloque las de mi madre sobre la mesa y yo tome las mías…

    Tenías unas cartas no tan buenas, estaba muy preocupado de que cartas pudiera tener mi madre. No podía ver si estaba alegre o asustada así que le dije que pusiera sus cartas en la mesa y vaya sorpresa… tenías mejores cartas que ella, ahora le tocaría a ella quitarse algo más… podía ver su cara de angustia, ella sabía que debía dejar a mi vista sus tetas o su vagina…

    -Bueno mama te toca quitarte otra prenda!!!

    -Pero es que!!! No se hijo, creo que ya es mucho…

    -Yo no puse peros cuando perdí así que debes cumplir, aparte que no es nada recuerda que soy tu hijo.

    Ella tomo un gran trago de la copa que tenía sobre la mesa, y posterior a eso procedió a quitarse su brasier. Lo hizo con mucha vergüenza, pero allí estaban… sus dos grandes tetas, blancas y redondas, muy cerca de mi cara, a unos cuantos centímetros. Ella trataba de taparlos con sus manos…

    -Ay mama para que te tapas, son dos pechos normales, hermosos si pero son normales, además acuérdate que tume dabas de mamar cuando niño

    -Si pero ahora no es igual, tú eres un hombre y no eres para nada un niño…

    -No lo veas así, mírame como tu hijo y no como un hombre…

    Ella quito sus manos de sus pechos los cuales quedaron desnudos para mí, sus pezones estaban completamente parados, no sé si era por frio, por vergüenza o porque mi mama estaba excitada con el juego…

    No dijo, nada así que tomé las cartas y las revolví y las volví a repartir de nuevo. No sé porque pero sabía que iba a ganar. Tome mis cartas y las mire, tenía cartas muy buenas, no sabía que podía tener mi madre.

    -No se vale, para mí que haces trampa!!!

    -Tú me has visto y sabes que no he hecho trampa, a ver que tienes de cartas…

    Ella lanzo las cartas en la mesa, para mi suerte había ganado de nuevo. Mi mama debía quitarse su calzón, me dejaría ver su panochito, lo iba a poder tener a centímetros de mí.

    Ella se quitó su cachetero, dejándome a la vista su vagina, podía ver sus labios vaginales a la vista, se veían deliciosos… no me importaba que fuera mi madre pero deseaba abalanzarme sobre ella y darle una mamada. Ahora estaba completamente desnuda y yo había ganado, debía pedir un castigo y ya sabía que pedir.

    -Bueno mama, yo gane así que te toca hacer lo que yo te diga…

    -Si lo sé pero te advierto que no me pidas hacer alguna estupidez, recuerda que soy tu madre.

    -Si lo se… Quiero que te pongas de cuatro en el sillón, quiero tomarte una foto de ti desde atrás.

    -Queee, estás loco, has perdido la cabeza?

    -Es lo que quieres y debes cumplir, ya llegamos hasta acá y no puedes echarte para atrás.

    -Si pero eso me parece demasiado, como le vas a pedir a tu mama una foto así, me vas a ver todo…

    -Ay mama, ya somos adultos… no le veo nada de malo, solo es una foto…

    -Okey está bien solo una foto y nada más…

    -Siii te lo prometo…

    Mi madre se subió en el sillón, se dio media vuelta y se puso de cuatro patas, abrió sus piernas y allí estaba, podía ver su panochito abierto al igual que el ano a mi alcance. Tomé mi celular y empecé a grabar y a tomar muchas fotos…

    -Que te pasa? Dijimos que solo era una foto y me estas grabando…

    -Que tiene de malo, tranquila que yo lo borrare después te lo prometo…

    Yo me acercaba a su trasero y empezaba a tocar sus nalgas, ella trataba de levantarse pero yo no la dejaba, la sostenida desde su espalda… Le dije que aparte de la foto debía dejarme que le tocara sus nalgas tanto en sus nalgas… Ella solo dijo:

    -Hazlo rápido, más de allí no lo permitiré…

    Yo me incline y comencé a tocar sus nalgas, pase mis manos cerca de su vagina y acerque mi cara a su vagina y le pase mi lengua….

    -Que te pasa Daniel, que haces???

    -Tranquila mama, tu relájate…

    Ella giro su cara hacia el frente, tocaba su cabello y mordía sus manos… Debes en cuando me volteaba a ver pero no pronunciaba ninguna palabra. Sabía que madre lo estaba disfrutando.

    Le empecé a meter mis dedos dentro de su panochito y ella solo me seguía mirando pero no me daba ninguna objeción… Ya para este momento yo le estaba pegando una verdadera mamada a mi madre, el sabor de sus fluidos los podía saborear.

    Ella se empezaba a mover despacito pues mi lengua la hundía en su vagina, era como si la estuviera penetrando con ella, su trasero se movía hacia adelante y hacia atrás… Podía escuchar como su respiración se aceleraba, ya no era una respiración normal…

    -Ya Daniel, ya para por favor, no sigas por favooor…

    Mientras yo seguía mamando su vagina, por debajo tomaba sus pechos y los apretaba ella seguía en sus movimientos, se notaba que le gustaba lo que sucedía… Mi mama se empezó a quejar, le estaba metiendo mis dedos dentro de su vagina rápidamente. Con la otra mano me quite mi calzoncillo dejando mi pene erecto al descubierto…

    Allí empecé a meterle mi verga a mi madre por su vagina, ella solo gemía de placer, me volteaba a ver con su boca abierta lanzando quejidos… Ella se movía con mi ritmo, ella estaba colaborando con esta sección de sexo entre madre e hijo…

    -Daniel mi amor, ya paraaa esto está mal cielo…

    -Te gusta mama? Se que te está gustando, no lo puedes negar…

    -Si me gusta pero está mal… tu eres mi hijo ahhh uhhh

    Comencé a darle más rápido y más fuerte y fue allí cuando mi madre tuvo su primer orgasmo, se movía como loca, me tomaba de mis glúteos para hacer que le diera con más fuerza y que mi pene no se saliera…

    Ya era hora de cambiar de posición, la puse boca arriba, le di una pequeña mamada para lubricarla más, abrió sus piernas y le metí de golpe mi verga, ella no paraba de quejarse, sus tetas rebotaban y yo las tomaba con ambas manos… Me incliné hasta tener su boca cerca y la empecé a besar, mi mama me hizo segunda y abrió su boca, empezamos a darnos un beso donde su lengua jugaba con la mía…

    -Sigue sigue mi amor sigue, quiero sentir tu leche dentro de mi…

    -Claro mama te la voy a dar toda…

    La voltee de nuevo quedando de cuatro patas una vez más, esta vez quería metérsela por su culo así que lleve mi pene hasta la entrada de su ano, le eche un poco de saliva y sin mediar palabra se la metí de un solo golpe… Mi mama pegaba gritos, al principio eran de dolor…

    -Que haces Daniel, por allí no… por favor por allí no, duele mucho ah ahhh para por favor…

    -Relájate mama, ya verás como te va a gustar…

    Y así fue, sus gemidos eran notorios de que lo estaba disfrutando y de la nada un nuevo orgasmo… mi mama estaba teniendo un orgasmo mientras yo se la metía por el culo…

    -Sigue Daniii sigueee no pares mi amorrrr sigue, siii siii…

    Tuvo dos o tres orgasmos juntos mientras le hacía sexo anal… parece que mi madre nunca había disfrutado del sexo anal y ahora lo estaba haciendo…

    Yo ya no podía aguantar más, estaba a punto de explotar y al parecer mi madre lo sabía también… Me separe de ella y ella se giró y tomo mi pene entre sus manos y lo llevo directo a su boca. Comenzó a darme una mamada que juro era mejor que las que me daba mi novia, se nota que ella sabía muy lo que estaba haciendo.

    En pocos minutos no pude aguantar más y empecé a llenar la boca de mi madre con mi leche, ella tragaba cada gota que salía de mi verga, succionaba como si fuera una golosina, al terminar ella la limpio por completo sin dejar rastros de semen, mientras lo hacía me observaba con mirada picara.

    -Te gusto mi amor?

    -Si mama, claro que me gusto… y a ti???

    -Desde luego que si Dani… pero de esto ni una sola palabra a nadie, lo sabes…

    -Claro mama lo se…

    La acerqué a mi y le di un beso en su boca y así estuvimos por un rato, parece que habíamos olvidado que éramos madre e hijo y que habíamos entrado en el mundo del incesto, pero algo que nos había gustado y estaba seguro repetiríamos…

    Mi mama se dirigió al baño a ducharse y yo me quede en la sala descansando después de tremenda sesión de sexo…

  • Mi prima, una fantasía

    Mi prima, una fantasía

    El nombre de mi prima es Ximena, ella es mi prima política, o sea que no es de sangre. Es una chica de 29 años, delgada, su cara es un poco ovalada, tiene ojos café oscuro, suele teñirse el cabello de rojo o naranja, sus pechos son pequeños, aclaro que no se los he visto sin ropa, pero créanme que deseo eso con toda mi alma, le encanta usar vestidos cortos y shorts, tiene unas piernas delgadas y muy bonitas, es una preciosidad y me encanta.

    Yo me llamo Alejandro y tengo 32 años. Hay ciertas veces que se hacen reuniones familiares en casa de un tío y vamos todos, incluyéndola a ella, ya en la reunión platicamos entre todos, a veces jugamos juegos de mesa y así.

    Yo soy de esas personas que cuando alguien me está mirando volteo a ver esa persona sin pensarlo, esto me ha pasado muchas veces con Ximena, volteo automáticamente hacia en donde está y me está mirando, lo que ella hace es ver hacia otro lado cuando la veo, pero noto en su mirada cierto interés en mí, no sé, es lo que yo noto, tal vez estoy confundido y realmente no me está viendo a mí, no lo sé, pero es lo que yo noto y como digo, ya van varias veces que veo que me mira así y eso me encanta.

    Hubo una vez en una reunión que ya era muy tarde y me tenía que ir, pero yo no vivo muy cerca de la casa de mi tío, así que ella amablemente me ofreció quedarme en su casa a dormir para que yo no me fuera a esa hora ya que eran casi las dos de la mañana y ella si vivía muy cerca de donde mi tío, lo pensé y le dije que estaba bien, así que quedamos en eso y nos fuimos a su casa caminando.

    Ella ese día iba como casi siempre, con un vestido negro muy bonito de tirantes mostrando sus hombros y como siempre sus piernas porque como ya lo mencioné anteriormente, le gusta usar ese tipo de vestidos, llegamos a su casa y me invita a pasar, entramos y nos dirigimos a su habitación, yo iba siguiéndola, mientras de vez en cuando observaba esas hermosas piernas que tiene.

    Llegamos a su habitación y entramos, era una habitación pequeña pero bonita, con todo bien acomodado.

    Ximena: Ponte cómodo Ale, es tu casa.

    Yo: Muchas gracias Xim. Me siento en la cama sin saber que hacer y a esperar a que mi prima me diga cualquier cosa.

    Yo: Eh, Xim, una pregunta.

    Ximena: Dime Ale.

    Yo: Donde voy a dormir?

    Ximena: Pues en donde crees Ale.

    Yo: Donde?

    Ximena: Pues conmigo, no hay otro lugar.

    Yo: Ah, ya.

    Ximena: O te incomoda que vayamos a dormir juntos?

    Yo: No para nada. Sonrío.

    Dentro de mi estaría muy emocionado pero nervioso a la vez, pero trataría de disimular mi emoción.

    Ximena: Acuéstate si quieres, con confianza, estás en tu casa.

    Ximena me sonríe tiernamente y le regreso la sonrisa.

    Yo: Gracias

    Me acuesto y me pongo a ver mi celular.

    Ximena: Eh, Ale?

    Yo: Si?

    Ximena: Me voy a cambiar.

    Yo: Ah vale, me salgo del cuarto para que tengas privacidad.

    Procedo a levantarme de la cama.

    Ximena: No, no es necesario, no te preocupes, solo voltéate por favor.

    Yo: Vale. Me acuesto y me volteo dándole la espalda a Ximena para no verla en lo que se cambia.

    En ese momento sentiría una gran tentación de voltear un poco a ver como se cambia, pero no, yo no soy así, así que sigo viendo mi celular.

    Ximena: Oye, quieres la clave del Internet?

    Yo: Eh, si por favor.

    Ximena: Ya puedes voltear, te digo la clave.

    Volteo hacia ella para que me dé la clave y me quedo perplejo con lo que veo,

    Ximena traía un camisón blanco que le llegaba poco antes de las rodillas, sus pezones se le marcaban en el camisón a pesar de que sus pechos son pequeños, sus piernas como siempre, tan hermosas y traía puestas unas pantuflas.

    Ximena se sienta en la cama junto a mi.

    Ximena: Te dicto la clave.

    Yo: Ok.

    De reojo observo un poco sus piernas, ya estaría demasiado cerca de mi.

    Ximena me dice la contraseña y se va al baño, yo procedo a acostarme en la cama y seguir viendo el teléfono.

    Ximena regresa al cuarto y cierra la puerta, se pasa al lado contrario de la cama y se acuesta.

    Yo: Ya te vas a dormir?

    Ximena: Ay no sé y tú?

    Yo: Pues yo ya tengo sueño la verdad, ya son casi las tres de la mañana.

    Ximena: Ay si es cierto, no sé porque me quedé con que era más temprano jajaja, oye por cierto, así te vas a dormir?

    Yo: Pues si, no traigo pijama.

    Ximena: A ver espera, deja te traigo una pijama de mi papá que ya no usa, yo creo que si te queda.

    Yo: Gracias.

    Ximena: De nada Ale.

    Se va sonriéndome de una manera muy linda.

    Pocos minutos después regresa con un pantalón de franela de cuadros rojos y negros y una playera igual.

    Ximena: Ten, póntelos.

    Yo: A ver si me quedan jaja.

    Ximena: Si, yo creo que si.

    Yo: Eh, crees que te puedas voltear? Jajaja.

    Ximena: Ay si perdón.

    Me cambio y termino, me acuesto en la cama.

    Ximena: Ya terminaste?

    Yo: Si, ya

    Ximena se voltea.

    Ximena: A ver que tal te quedó.

    Ximena me recorre de arriba hacia abajo con su mirada y me dice.

    Ximena: Ves, te dije que te iba a quedar bien.

    Yo: Si, tenías razón.

    El pantalón de la pijama me queda algo pegado y eso hace que se me marque un poco el paquete, supongo que Ximena lo notó.

    Yo: Bueno, ahora si a dormir, hasta mañana.

    Me meto a la cama y cierro los ojos.

    Ximena: Hasta mañana Ale, descansa.

    Yo: Igualmente Xim.

    Ximena se mete a la cama y se voltea hacia su derecha dándome la espalda, yo me quedo viendo hacia el techo tratando de dormir, pero el pensar que Ximena y yo estamos en la misma cama acostados me hace pensar cosas muy intensas, mi mente empieza a inundarse de pensamientos sucios con ella, demasiado sucios que mi miembro se pone erecto. No puedo evitar seguir pensando en eso, el tenerla a mi lado y tan cerca me inunda la cabeza de esos pensamientos y la verdad eso me gusta.

    Pasan los minutos y sigo pensando en eso, mi miembro sigue bien erecto, en lo que sigo pensando en eso, Ximena se destapa y su trasero queda hacia mi, ya que sigue en la misma posición en la que se acostó. Su camisón estaría un poco hacia arriba y se le vería parte de una nalga, yo viendo su trasero sin pensarlo me agarro el miembro por debajo de la cobija.

    Pero no, tomo la decisión que no debo hacer eso, siento que es una falta de respeto hacia ella aunque no se de cuenta, volteo hacia el techo y suelto mi miembro.

    Pasan unos segundos y Ximena se empieza a mover hacia a mi, lentamente su trasero queda cada vez más cerca de mi, conforme se va moviendo hacia mi, su camisón se va subiendo poco a poco hasta que su trasero queda al descubierto.

    La imagen es espectacular, unas nalguitas pequeñas, redonditas, pachoncitas, para darles unos buenos apretones y unas buenas nalgadas.

    Ximena se sigue acercando poco a poco hasta llegar a mi, sus nalgas quedan tocándome la cintura por la posición en la que estamos, yo no podría dejar de ver esas hermosas nalgas, traen un hermoso cachetero negro a mitad de nalga, se ve espectacular.

    Me quedaría pensando un momento si Ximena está haciendo esto a propósito, a lo que ella se mueve de nuevo y me restriega sus nalgas en mi cintura, creo que ya tengo la respuesta a mi pregunta.

    Me volteo hacia ella y la abrazo quedando los dos de cucharita, me le pego mucho para que sienta mi pene erecto en sus nalgas, ella por su parte aprieta su trasero con mi pene, se siente tan suave que yo con mis brazos la pego más hacia mi para seguir sintiendo sus suaves y ricas nalgas.

    Ximena: Ya sabía que querías esto conmigo, lo sabía desde hace mucho tiempo.

    Yo: Y crees que yo no me daba cuenta de que tu también querías algo, esa forma en la que me miras y cuando volteo a verte miras para otro lado, no sabes como me encanta que hagas eso, me fascina.

    Le doy un pequeño beso en la cabeza.

    Ximena: Si, la verdad es que vengo queriendo algo contigo desde hace ya mucho tiempo, pero jamás me atreví a decirte nada porque somos primos y aparte por pena la verdad.

    Yo: Si me hubieras dicho yo encantado, yo también pensaba lo mismo que tu, así que creo que nunca hubiera pasado nada si no me hubieras dicho el de venirme a dormir aquí.

    Ximena: Lo hice de buena intención, la neta si me preocupaba que te fueras a esa hora tu solo a tu casa. Nah, la neta también lo hice porque quería que pasara esto jejeje.

    Yo: Eres una niña muy traviesa y eso me gusta.

    Yo con el pene erecto la aprieto de nuevo hacia a mi para que lo sienta en sus nalgas.

    Ximena: Si, ya me doy cuenta de que te gusta mucho eh.

    Restriega sus nalgas en círculos en mi miembro, yo empiezo a acariciar lentamente sus piernas, paso por su cadera tocando una parte de su cachetero y vuelvo a bajar, subo de nuevo mi mano la meto en su camisón y acaricio suavemente su estómago, subo más mi mano y rozo con mi mano levemente uno de sus pechos, vuelvo a bajar mi mano y lo vuelvo a rozar, eso hace que Ximena se monte encima de mi y se quite el camisón, quedan a mi vista sus pequeños y hermosos pechos, coloco mis manos en su cintura y las empiezo a subir lentamente hasta llegar a sus pechos, los aprieto, pellizco sus pezones levemente, Ximena jadea un poco, sigo jugando con sus pezones un momento y vuelvo a apretar sus pechos. Ximena toma mi pantalón y me lo baja de un jalón con todo y bóxer, queda al descubierto mi pene bien erecto y ya con pre cum en la cabeza.

    Ximena: Que lindo pene tienes Ale.

    Yo: Gracias Xim.

    Ximena se acerca el, lo toma y lo empieza a chupar, primero con la lengua pasa por el tronco, llega a los testículos, los chupa, los saborea, vuelve a pasar su lengua por el tronco hasta llegar a la cabeza, chupa con su lengua suavemente la cabeza de mi pene mirándome fijo a los ojos y sin apartar su mirada, se lo mete a la boca todo de golpe y me la empieza a mamar bien rico, de arriba hacia abajo, lentamente, con su mano acaricia mis huevos y así está un buen rato, disfrutando de mi pene en su boca, y yo, me siento en el cielo, mi prima que anhelaba desde hace mucho tiempo, me estaba pegando una mamada increíble, lo que anhelaba que sucediera, por fin estaba sucediendo.

    Ximena me la sigue mamando por un buen rato hasta que se detiene.

    Yo: Se ve que te gusta chupar, no?

    Ximena: La verdad es que si, me encanta mamar.

    Después de decir eso, Ximena se para encima de mi con las piernas abiertas y lentamente se empieza a bajar el cachetero hasta quitárselo, su vagina queda visible, es la típica raja sin ningún labio de fuera, es perfecta, es hermosa, no podría dejar de mirarla.

    Ximena: Te gusta lo que ves?

    Yo: Si, me encanta, eres perfecta, eres una delicia, Ximena sonríe al escuchar eso, se acuesta encima de mi boca abajo y mirándome a los ojos me dice.

    Ximena: Tu también eres perfecto, me gustas tanto que necesitaba que ya pasara algo entre nosotros, lo que fuera, ya no aguantaba más, te tengo tantas ganas que haría cualquier cosa por estar contigo mucho tiempo, o si se puede toda la vida.

    Yo: Te digo algo, la verdad me sorprende que me digas todo eso, jamás pensé que yo te fuera a gustar, pero sabes qué, yo también quiero lo mismo contigo y que pase lo que tenga que pasar.

    Después de decir eso, Ximena y yo nos besamos apasionadamente por unos minutos.

    Ximena: Estas listo?

    Yo: Estoy más que listo.

    Ximena se sienta encima de mi, se levanta un poco, toma mi pene y poco a poco se empieza a penetrar hasta quedar todo dentro de su vagina, Ximena suelta un leve gemido y empieza a moverse lentamente de adelante hacia atrás, la tomo de las manos y ella se agarra de las mías cruzando nuestros dedos unos con otros.

    Ximena empieza a moverse con más intensidad, los dos empezamos a jadear por el placer que estamos sintiendo, nos miramos a los ojos, son ojos de felicidad por parte de los dos, esto es algo que ambos queríamos que pasara y por fin se dio.

    Me siento aun teniendo a Ximena encima de mí, de frente a ella, nos besamos con mucha pasión y amor, Ximena se sigue moviendo mientras el beso que nos damos demuestra que lo que sentimos el uno por el otro es real, es amor verdadero.

    Así como estamos, la tomo y la acuesto en la cama quedando ella debajo de mí.

    Yo: Ahora me toca a mí.

    Ximena: Si amor.

    La beso por unos segundos, ella me rodea con sus brazos y piernas y así me la empiezo a follar intensamente, de su boca me paso lentamente a su cuello y también la beso así, mientras ella jadea con más intensidad, pero no gime, ya que en la casa también está mi tía, o sea su mamá, no podemos hacer tanto ruido, así que espero poder escuchar sus gemidos en otra ocasión estando solos, así nos pasamos follando un rato más.

    Ximena: Ale.

    Yo: Que pasó?

    Ximena: Quiero sentirte, quiero sentirte más dentro de mi, sabes a lo que me refiero?

    Yo: Por supuesto que si.

    Le sonrío

    Ximena: Quiero sentir tu semilla dentro de mi. Si?

    Yo: Claro que si amor.

    La beso y me centro en seguir follándola, me levanto quedando de rodillas

    Frente a ella, tomo sus piernas y las coloco en mis hombros, la vuelvo a penetrar y seguimos con nuestro prohibido pero amoroso encuentro, después de un rato así empiezo a sentir esa sensación.

    Yo: Ya me voy a venir.

    Ximena: Hazlo amor, déjame tener tu semilla dentro de mi.

    Me muevo más rápido y termino llenando de semen caliente la vagina de Ximena, ella se retuerce, levanta sus caderas por el placer que siente, yo solo observo esa escena feliz por lo que pasó, ella me mira con los ojos llorosos por el orgasmo que tuvo, observo su vagina como escurre semen y mancha las sábanas, ella estira sus brazos hacia mi para que la abrace, yo me lanzó hacia ella y nos abrazamos con mucho amor, después de eso ella queda encima de mi abrazada a mi y yo a ella, nos tapamos con las sábanas y así nos quedamos dormidos.

    Esa noche fue muy especial para nosotros, por fin pudimos estar juntos, por fin pudimos entregarnos como queríamos, con mucho amor y pasión.

    ¿Fin?

  • Mi primera vez, experiencia secreta

    Mi primera vez, experiencia secreta

    Durante prácticamente toda mi vida me consideré un hombre heterosexual, mis practicas amorosas siempre habían sido con una mujer, me consideraba todo terreno, pues no tenía exclusividad en algún tipo de físico, mientras fuera mujer le daba a lo que se me pusiera enfrente, a mis 46 años había probado toda clase de mujer incluso una que otra ajena, casado con una hermosa mujer de 45 años, padre de dos hijos 18 y 16 años respectivamente, con un trabajo estable, me sentía pleno y consideraba que mi vida era prácticamente buena en todo sentido.

    Por mi profesión y trabajo, tenía que salir durante periodos prolongados de por lo menos un mes, a diferentes regiones del estado donde me encontraba asignado, todo esto con un grupo de compañeros, de los cuales variaba su edad de entre los 18 a 35 años más o menos, todos ellos bajo mi cargo, no siempre era el mismo grupo aunque si conocía a la gran mayoría de todos ellos.

    Cierta ocasión, en uno de estos eventos, nos tocó viajar a una región apartada, lejos de la civilización, en un paraje enclavado en la sierra, era un lugar maravilloso, una planicie arbolada, un arroyo de aguas cristalinas donde elegimos establecer un campamento donde llegar a descansar después de realizar los trabajos que teníamos asignados, ya por la tarde después de comer, la mayoría nos encaminábamos a un espacio, arrollo abajo a bañarnos y lavar nuestras ropas, todo transcurría normal, era parte de las actividades diarias durante ese periodo de trabajo.

    Me encontraba a la orilla del arroyo, enjuagando mi ropa, un grupo de 5 personas se bañaba alegremente en una pequeña poza del arroyo, poco a poco se fueron marchando al terminar con su actividad, en cuestión de minutos solo quedaba yo a la orilla del arroyo aun en mis actividades y Julio un joven de unos 19 años el cual seguía alegre en el agua, relajado disfrutando del momento, no tenía prisa, en verdad que lo estaba disfrutando, al darse cuenta que ya estaba solo, volteo a donde esta yo y me dijo.

    – ¿No se va a meter a bañar? El agua esta deliciosa, yo ya llevo rato y aun no me quiero salir, en verdad que me relaja mucho.

    – Si en un momento más, solo quiero terminar con esto.

    Una vez terminada mi faena de lavar, me quite la ropa, y me metí al arrollo, me dirigí a la poza, el agua corría ligera, era agradable la sensación, la poza no era muy profunda ya sentado nos cubría el agua arriba del abdomen, me dispuse a bañarme de forma habitual, no tarde mucho y decidí salirme, pues tenía otras actividades que realizar, cuando estaba ya en la orilla secándome, Julio decidió que ya era hora de salir también del agua, al escuchar que se incorporaba levanté la mirada y lo vi, un joven alto de 1.82 m de estatura, tez blanca, cuerpo atlético, musculatura marcada, abdomen plano, estaba completamente desnudo, su verga en flacidez, pero de un tamaño impresionante, circuncidada, sin vello púbico, calcule en ese momento como de unos 18 cm mas o menos, pues le llegaba a media pierna, nunca había visto algo así de forma directa, quede anonadado, controle mi reacción y no hice comentario alguno, se dirigía a donde estaba yo, por la dificultad que le provocaba el agua al caminar, su verga se le bamboleaba de un lugar a otro, el llevaba su vista clavada en cada paso que daba, así que no se percató que yo no podía apartar mi vista del panorama que se me presentaba, una sensación extraña me invadió en el momento, algo que jamás había sentido con alguien más de mi mismo sexo, tome aire y me relaje, me termine de cambiar y me fui sin decir nada.

    Durante toda esa tarde por mi mente pasaban las imágenes de lo que había presenciado, sin dejar de sentir a cada momento la sensación extraña que había experimentado en el momento, a partir de ese día, siempre esperaba el momento en que Julio salía a bañarse, para después salir yo tras de él, hacía tiempo, hasta que este salía del agua para volver a apreciar su cuerpo, pero en especial la hermosa verga que tenia, siempre en silenció y sin reacción, para no delatar mi curiosidad.

    En una ocasión que llevábamos ya más de 20 días, al salir del agua, tomo sus cosas y comenzó a caminar, aun desnudo, alejándose del lugar, arrollo abajo, me sorprendió su acción, pes por lo general se secaba, cambiaba de ropa y se iba a donde estábamos todos, espere unos 5 minutos y decidí seguirlo y ver a donde había ido, camine entre la maleza que crecía a las riberas del arroyo por un par de minutos, más o menos unos 300 m del lugar, sin salir de la maleza logre ver un pequeño claro, me acerqué de forma sigilosa, sin hacer ruido, ahí estaba Julio, tendido sobre su toalla, en la arena del pequeño claro, piernas ligeramente abiertas, rodillas flexionadas y pies puestos en el piso, con su celular en una mano en alto, masajeándose la verga con la otra mano, se acariciaba los guevos y la deslizaba de abajo hacia arriba apretándose la cabeza y volviendo a bajar de forma pausada, me quede inmóvil mirando sin saber qué hacer, claramente miraba un video porno y se estaba masturbando, no se había dado cuenta que lo observaba, desde mi punto, lograba ver como recorría con su mano esa barra de carne de 22 cm despacio disfrutando del momento, yo absorto con lo que veía, comencé nuevamente a sentir la sensación extraña que recorría mi cuerpo, pero ahora con mayor intensidad, mi verga comenzó a crecer bajo mi pantalón, la toque y apreté, sintiendo que en cualquier momento explotaría en una venida, por lo que la solté, sin querer pise una ramita seca del lugar donde estaba, provocando un ruido, el cual fue escuchado por Julio, bajo el celular, cerro las piernas y levanto lacara, no me quedo más remedio que seguir caminando y salir de la maleza donde estaba, me hice el sorprendido y le dije.

    – No sabía que estabas aquí, salía a caminar un poco, para distraerme.

    – Yo también, perdón por lo que vio, es que ya son más de 20 días sin nada y pues se antoja sacar el estrés, en verdad que me da pena.

    – No te preocupes, lo entiendo, yo también fui joven, se, de lo que hablas, no debe de darte pena, es una función normal del cuerpo, aparte se ve que lo estabas disfrutando.

    – Si, ya ve, tanto tiempo fuera, siempre se antoja y al no haber, pues es necesario sacarlo uno mismo.

    En un principio se cubría con las manos su excitada verga, pero conforme se relajó de la sorpresa, la tomo nuevamente y siguió masajeándola, mi verga amenazaba con explotar, era mucha la adrenalina que corría por mi cuerpo, yo también comencé a sobarme por encima del pantalón.

    – Tengo que terminar, si no me voy a quedar con un dolor de guevos.

    – Está bien, tú dale.

    – Si quiere hágame segunda, se ve que también le va a hacer falta.

    – Creo que sí, ¿verdad?

    Me desabroche el pantalón lo baje un poco con todo y bóxer, mi verga salto de inmediato, la tome con mi mano y sin dejar de ver a Julio, me comencé a dar placer, era tanta mi excitación que en pocos segundos ya estaba explotando en una corrida sumamente inmensa, chorros de semen saltaron, serré los ojos, mis piernas flaquearon a tal grado que caí de rodillas arqueando mi cuerpo ligeramente hacia atrás, mi excitación no disminuía, seguía sintiendo la extraña sensación en mi abdomen, Julio con una leve sonrisa en los labio me dijo.

    – Se chorreo muy pronto, vaya que estaba excitado, o será que no aguanta mucho, yo tardo más en venirme.

    No lograba articular palabra, solo me quede mirando una vez más como él seguía masajeando su enorme verga, de pronto, comenzó a caminar hacia mí, veía como se acercaba, cada vez más cerca, tal como estaba, se paró a escasos centímetros de mi cara, blandía su enorme verga frente a mis ojos, sin pensarlo e inconscientemente, abrí mi boca, estire mis brazos, lo tome por la cintura e introduje la cabeza de su verga en mi boca, succione un poco, baje mis manos a sus nalgas y lo jale hacia mí, rápidamente su verga choco con mi garganta y sentí arcadas, salivando de forma grotesca su falo duro, no había entrado ni 10 cm así que, lo solté de las nalgas, con una mano acaricie sus guevos, con la otra tome la base de su verga y con la boca y lengua seguí recorriendo la mayor parte de ella, nunca había hecho una mamada a un hombre, para mí era algo nuevo, sin decir nada me dispuse a darle la mejor sensación que pudiera debido a mi inexperiencia, él se dejó llevar, me tomo con sus manos por la nuca y de vez en cuando sobre todo cuando me metía la cabeza en la boca, me jalaba contra de él para introducirme lo mas que se podía su verga, yo sentía que me ahogaba pero no dejaba de disfrutar, así estuvimos unos minutos, mi mandíbula comenzaba a entumirse y él seguía sin eyacular.

    Yo seguía súper excitado, mi verga tomo fuerza nuevamente, él se separó de mi y camino hacia donde tenía tendida la toalla, me incorpore, camine de forma dificultosa hacia él, pues seguía con los pantalones bajos.

    – Quítate el pantalón y los calzones, ponte en cuatro sobre la toalla.

    – Si está bien.

    Obedecí, me saque el pantalón y el bóxer, me arrodillé sobre la toalla dándole la espalda y apoye mis manos en el piso, tomo el jabón, lo humedeció y comenzó a frotármelo entre las nalgas, un poco mas de agua y me lo restregaba en el culo, lo froto en sus manos, lo dejo a un lado y comenzó a introducirme un dedo, por lo húmedo y el jabón no le fue difícil meterlo, lo metía y sacaba de forma pausada, me gustó mucho la sensación, tanto que mi verga, fue poniéndose flácida y mi culo dilatando, después fueron dos dedos los que metía, ponía mas jabón y seguía metiendo y sacando los dedos, estos entraban ya sin dificultad, me puso mas jabón en el culo y luego se puso en su verga, me empujo la cara contra la toalla, doble los brazos, arqueando la cintura, abrí un poco más las piernas, me sentía totalmente dominado, sin poder moverme, expuesto a todo, se arrodillo detrás de mí, acerco su verga a mi culo y la presiono un poco, comenzaba a abrirse paso en mi culo dilatado pero causaba dolor, quise sacarme pero era imposible así como me tenía, paro un poco, dejo que cediera el dolor y continuo, en un momento, sentí una punzada fuerte, había entrado ya la cabeza de aquella verga impresionante.

    Se contuvo, no se movió, el dolor cedió poco a poco y dio paso a la relajación, con una mano sobre mi espalda y la otra en cintura, fue empujando poco a poco, hasta desaparecer su verga en mi interior, era doloroso pero soportable, me imagino que por la excitación, mi verga totalmente flácida, un hormigueó en mi abdomen y un ardor en mi culo, se salió un poco sin sacar la cabeza de su verga y volvió a arremeter hasta el fondo, primero de forma pausada, acelerando la velocidad en cada embestida, yo quería gritar pero no me atrevía, así que solo comencé a gemir de forma sigilosa, mientras el seguía bombeando mi culo ya acostumbrado a ese mete y saca cada vez más potente, ahora ya solo tomándome con ambas manos de la cintura y jalándome para empujar lo más profundo.

    Absorto en lo que sentía y sin darme cuenta, estaba totalmente empalado, se detuvo totalmente adentro de mí, yo esperaba sentir más arremetidas pero no fue así, abrí mis ojos esperando mas, y para mi sorpresa, había un par de piernas mas frente a mí, levante la mirada y vi a Fernando, otro chavo de 18 años del grupo, desnudo y con su verga erecta, no era como la de Julio, más bien era pequeña, si acaso unos 15 cm se arrodillo y me la puso en la cara, tal como estaba y en la forma como nos encontró, no lo pensé mas y me puse a mamársela, Julio continuo con las embestidas, de cada empujón que me daba, me obligaba a introducirme toda la verga de Fernando en la boca, un par de minutos así, Fernando me tomo por la cabeza, me jalo hacia su verga con fuerza y soltó un chorro de esperma en mi garganta, sentía que me ahogaba, con su corrida, tal fue la sensación que apreté mi culo, sintiendo más dolor, pero logrando arrancarle una venida también a Julio el cual se aferraba a mi cadera, inmóviles los dos, llenándome de semen, boca y culo.

    Se separaron de mi, caí rendido en la toalla, ellos se lavaron y comenzaron a cambiarse, yo seguía tendido, exhausto, con un ardor de culo y expulsando semen de él, un sabor acido dulzón en mi boca, controlando mi respiración, una vez controlado, me senté y le dije.

    – Por favor, que esto quede en secreto, nadie puede enterarse.

    – (Julio) No se preocupe, aquí no paso nada.

    – En verdad se los pido, sería muy embarazoso para mí que esto se supiera.

    – (Julio) Por mi parte no diré nada, es bueno tener una culito a disposición cuando se requiera, por fin encontré uno que me aguante.

    – (Fernando) Yo tampoco diré nada, ya me tocara a mí llenar ese culo de leche en otro momento.

    – Confió en su discreción.

    Me levante, camine hacia el arroyo, me senté en el agua, ellos terminaron de cambiarse tomaron sus cosas y se fueron dejándome hay, una vez pasada la excitación, comencé a sentir pena, estuve un rato mas en el agua, aun sentía que mi culo expulsaba semen y un ardor intensó en los pliegues del ano, una sensación intensa de defecar me hizo salir del agua, me hice a una orilla y me puse en cuclillas, apreté el esfínter y un chorro de semen, sangre y mierda salió expulsado, me lave nuevamente, me cambie y me fui a donde el resto de personal se encontraba, nadie dijo nada, todo era normal.

    Después de ese día, cada que alguno de ellos quería desfogarse, me dejaban un recado escrito en un papelito, me hacían señas cuando ya lo había leído y yo tenía que acudir a someterme a sus deseos, no podía negarme, pues si lo hacia ellos podrían hablar de lo sucedido, poco a poco me acostumbre a ello, sigo mi vida normal, escondiendo mi condición ante la gente y disfrutando en el anonimato.

  • Follada otra vez (6)

    Follada otra vez (6)

    Hola amiguis, les cuento otra aventura como mujercita trans. Eran los años en que ya me travestía a diario y hasta iba a mi empleo con tanguitas de hilo debajo de mi ropita de hombre, no sé si lo notaban mis compañeras y la verdad no me importaba. Había un compañero de trabajo que me buscaba mucho e invitaba a beber, hasta que por fin acepté. Fuimos a un bar y nos embriagamos un poco.

    De pronto fui al baño e inconscientemente entré al de damas. Él me había seguido y entró tras de mí, ya dentro me abrazó por detrás, me besó en el cuello y me pegó su pene en las nalgas. Yo me puse como loquita, pues ya estaba excitada con su encanto de macho y le halé al interior de un privado, me puse de rodillas como pude y le bajé pantalón y trusa.

    Saltó un miembro hermoso, grande, grueso, cabezón, hinchado y brillante, le besé la punta saboreando esa delicia y me la metí en la boca hasta donde me cupo, pues medía como 28 cm. Se la chupé y besé con gran amor y en momentos con gran frenesí. Por fortuna, nadie entraba al baño y yo seguí mamando como loca esa delicia de polla.

    De pronto mi macho se chorreó dentro de mi boca, su semen escurrió por la comisura de mis labios, pero aún con esa gran explosión de semen, su pene siguió tan duro como antes y yo feliz, ya que significaba que gozaría de ese miembro en mi colita palpitante y deseosa de ser clavada por esa delicia de fierro.

    Me bajé el pantalón y la tanguita hasta media pierna, me voltee y tomé ese miembro con una mano, lo dirigí hacia mi ano y me lo metí poco a poco, pude sentir cada centímetro abriendo mi cola de mujer trans. En un instante pude sentir su vello púbico haciendo cosquillas en mi trasero y sus bolas golpeándolo suavemente, hasta que imprimió velocidad y fuerza a sus arremetidas y yo no me contuve y comencé a gemir con cada embestida.

    Me la sacaba hasta la punta y luego me la dejaba ir toda, y así durante varios deliciosos y enloquecedores minutos, no quería que terminara, necesitaba sentir esa verga taladrando mi botoncito de amor, finalmente estalló por segunda vez y su semen escurrió por mis nalgas y luego por mis piernas. Eran esos los mejores momentos de mi vida, sentir el semen en mi entresijo y luego escurriendo por mis piernas.

    Di un último empujón hacia atrás, y su vergota me entró delicioso, se la apreté con los músculos de mi colita, como queriendo hacerla mía para siempre. Finalmente me la sacó y se limpió el miembro. Nos vestimos y regresamos al salón del bar.

    Adiós, amiguis. Ojalá les guste ese relato y se hagan muchas pajas.

  • Mi esposa Maite y los chicos negros

    Mi esposa Maite y los chicos negros

    Maite siempre se ha sentido atraída por los chicos negros, y eso lo atestigua su largo historial de amantes africanos que han pasado por entre sus piernas. Cuando Maite se masturba, piensa en un chico negro. De modo que cuando le busco un corneador, se lo busco entre los chicos negros de la página.

    El último jueves contacté con Seikou, un senegalés que me cayó muy bien, y quedamos que el sábado tendríamos un encuentro los tres. Le propuse irnos a un hotel, pero declinó la oferta y me dijo que en su casa se sentía más cómodo para ese tipo de asuntos y, sobre todo, porque le excita recordar a las demás mujeres que han recibido placer en su cama mientras está con una nueva. A mi eso me pareció muy sugerente y no tuve nada más que decir.

    Seikou me contó que vive en un piso con un compañero de su país, pero que no habría ningún problema.

    El sábado de la cita, Maite se levantó temprano, se depiló pubis y axilas y se dio un baño con sales aromáticas. La escuché masturbarse mientras estaba en la bañera: yo sabía de sobras que su excitación era enorme y que des de buena mañana no podía pensar en otra cosa que no fuese en su cita de la tarde.

    Por fin llegó el momento, y nos presentamos en el piso de Seikou. Maite llevaba un vestido negro corto, muy escotado. Debajo, un tanga escueto. Eso y un collar de colores que le resalta el busto. En el ascensor, coincidimos con un hombre que se quedó prendado de Maite y no pudo apartar los ojos de su escote. Al salir, antes que nosotros, hizo todo lo posible por restregarse contra el culo de mi mujer.

    Llamamos al timbre de la calle y nos abrió enseguida. Una vez en el piso, encontramos la puerta entornada. Vimos a nuestro chico al fondo del pasillo, desnudo por completo, con una sonrisa muy ancha y el pene listo para entrar en acción. Cuando Maite vio el pene del amigo lanzó un suspiro y sintió desfallecer sus piernas, pero aun así avanzó hasta el chico y se arrodilló a sus pies. La escena resultaba bastante graciosa: Maite y el chico entraron en la habitación dando pasitos cortos (ella de rodillas como una penitente) para conseguir que el pene del corneador se mantuviese en su boca.

    Cuando entré yo, el chico estaba sentado en una butaca y Maite ya le estaba cabalgando. Solo había desplazado un poco el tanga para facilitarle la penetración, mientras las manos del amante extraían sus hermosos pechos grandes del vestido y les daba lametones que sonaban como cachetes.

    Aunque los cachetes de veras vinieron poco después, cuando el chico dispuso a Maite de cuatro patas en la cama y la azotó en las nalgas mientras le preparaba el ano con la punta de la lengua. Nada más meterle el glande, Maite lanzó un aullido de placer y tuvo su primer orgasmo. Luego vinieron cuatro más, quizás cinco. En algún momento vi como Maite ponía los ojos en blanco y se masajeaba el clítoris o le daba golpecitos. Su cara estaba desencajada por el placer.

    Debo contar algo: en algún momento, durante las casi dos horas en las que Maite estuvo con su corneador, escuché el ruido de alguien que andaba por el pasillo del piso y luego escuché vibrar mi móvil en varias ocasiones pero, como se puede suponer, no le hice el menor caso.

    El corneador llegó al orgasmo por fin y le regaló a Maite unos enormes chorretones de esperma en el cuello y los pechos, tras lo cual ambos se tumbaron en la cama de lado para besarse con pasión. Yo, que seguía sentado en una silla contemplando la escena y sacando fotos, comprendí que este macho estaba destinado a gozar más veces con mi esposa.

    Fue entonces, durante este rato de descanso, cuando el chico nos dijo su nombre en medio de alguna frase: Babakar.

    -¿Cómo que Babakar? -me exclamé yo- ¡Habíamos quedado con Seikou!

    -Ah, bueno, Seikou es mi compañero de piso. Me dijo que igual llegaba un poco tarde a la cita y que de mientras yo podía atender a la señora. Yo pensaba poneros un té y unas galletas, pero la señora ha ido directamente…

    Comprendí entonces los ruidos de antes y las llamadas, de modo que respondí a las llamadas perdidas y supe que Seikou esperaba en la habitación de al lado, algo intrigado por supuesto. Se lo conté a Maite y ella, entre risas y suspiros, me dijo sin pensarlo:

    -Si hemos quedado con Seikou en la otra habitación deberemos ir allí, ¿no crees? Tú también te puedes venir, Babakar. Si es que puedes repetir, claro.

    Babakar, por toda respuesta, le señaló su pene a Maite: estaba de nuevo erecto. Los tres nos fuimos a la habitación de Seikou. Y, como os podéis imaginar, no salimos de allí hasta el lunes por la mañana.

    Este día, Maite y yo llegamos tarde a nuestros trabajos.

    Yo llegué una hora más tarde al mío y ella no se presentó hasta mediodía al suyo.

  • Mi vida (parte 8): Todo se terminó

    Mi vida (parte 8): Todo se terminó

    En todo matrimonio existen problemas sentimentales, de convivencia, culturales e incluso sexuales, el mío estaba perfecto según mi criterio hasta que ocurrió este capítulo en mi vida.

    Sin querer caímos en la rutina de que siempre necesitamos estar con alguien más ya sea en un trío o grupos pero no teníamos nada de sexo estando los dos solos, esto provocó que mi esposa se involucrara sentimentalmente con un compañero de su trabajo, este hombre llamado Pedro estaba involucrado con nosotros familiarmente, era un buen amigo e incluso llegamos a estar con él en la cama, Con el tiempo me di cuenta de su relación un poco más íntima mientras nosotros nos distanciábamos, no supe afrontar la situación y fui aceptándolo viviendo con esa situación ya que pensaba que era un tema únicamente sexual pero en realidad ya no había amor ni de ella ni mío.

    En una ocasión coordiné con una chica transexual en un hotel y cuando llegue por cosas de la vida puede ver a mi esposa saliendo junto a pedro, pude evitarlos y que no me vieran pero entre la rabia y el dolor me atravesé diciéndoles “vienen sin invitar?” ella me dice descaradamente “de hecho ya nos vamos, y tú que haces aquí”? vine a echar un polvo si quieres se vienen, esto ya estaba fuera de control se miraron y decidimos subir a la habitación para conversar, le dije que yo sabía sus pasos y que no había necesidad de que me engañara porque siempre hemos sido abiertos y habíamos compartido mucho , ella me dijo muy calmada y sin titubear: “tú sabes que me gusta el sexo y siempre he estado abierta a todo pero tú me abandonaste en la cama y ya sabes el pene que tiene Pedro” además a ti te gustan las transexuales.

    De pronto Empezó a enfurecerse y me preguntó subiendo el tono de su voz: Te gustan o no?

    Dime!!

    Te gustan que te cojan?

    Pues a mi también me gusta que me cojan y tú lo dejaste de hacer!!

    Con tu culo puedes hacer lo que quieras incluso acepté que te lo cogieran delante de mi y aunque disfruté todo lo que hacíamos me fuiste abandonando y ya no hay vuelta atrás porque Pedro es un hombre de verdad que al igual que nosotros tiene la mente abierta pero no se dejaría encular por nadie en cambio tu eres un asqueroso, todo esto lo dijo delante de Pedro humillándome y me di cuenta que ya él sabía todo porque ella se lo había contado, seguro hasta habrá mis fotos del encuentro anterior, me imagino que él no la cuestionaba porque al final se involucró con nosotros haciendo tríos y sabía que mi esposa era un perra en la cama.

    Se disponían a irse cuando tocaron la puerta, era la chica transexual que yo había llamado y al abrir la puerta mi esposa dijo en voz alta antes de irse: Lo tuyo es una enfermedad y lo nuestro se terminó!!

    Quedé devastado sentimentalmente de hecho le pedí a la chica que se fuera porque no me sentía bien, ella se ofreció a quedarse y me hizo compañía, comimos, tomamos y hablamos mucho hasta que al final terminé como siempre, boca abajo y llevando guevo.

    Ya han pasado 3 meses desde que esto sucedió, mis hijos viven con su madre mientras pedro se la debe estar cogiendo todavía, luego de mi separación decidí desahogarme contando y escribiendo en el anonimato como llegué hasta aquí sin ningún tipo de conocimiento sobre la escritura, mis vivencias son reales con algunos cambios de sitios, tiempos y nombres pero todo es real (mis aventuras callejeras e incluso la doble penetración y la orgía), en mi culo han entrado muchos penes de chicas transexuales y los he disfrutado todos pero Pedro me quitó a mi mujer para siempre, creo que el error no fue abrirme con mi esposa sino abandonarla porque de hecho en los tríos con otros hombres yo me dedicaba más a ver como la cogían, la perdí…

    Quisiera joder a Pedro!!

  • Trío familiar con mi padre y mi tío

    Trío familiar con mi padre y mi tío

    Llevo unos cuantos meses cogiendo bien delicioso con mi padre Adel, de modo que ya conozco de memoria como es en la cama. Hace unos días me surgió una fantasía, se trata de que quiero hacer un trío con su hermano menor llamado Antonio que tiene 45 años. Las facciones de mi tío son iguales a la de mi padre, la única diferencia entre ellos dos es que mi tío tiene el cabello de un color rubio platinado.

    Cuando le confesé a mi padre lo de mi fantasía él solo me respondió: -Es una idea deliciosa, déjame que lo hable primero con él- luego se fue a su habitación a llamar por teléfono a su atractivo hermano.

    Pasados unos minutos volvió y me dio la respuesta: -Tu tío ha aceptado encantado, mañana por la tarde viene.

    Y hoy mismo era ese día ya eran las cinco de la tarde y yo sabía que Antonio estaba por llegar.

    Mi padre ingreso a mi habitación, dialogamos un poco y me confesó que él y su hermano han cogido a varias chicas de la misma manera que me lo van a hacer a mí.

    -Disfrutamos mucho los dos- termino diciendo Adel.

    -Mi hermano debe estar por llegar, él quiere que estés en esta habitación, quiere que nos esperes en ropa interior- luego de decir esto salió de mi dormitorio.

    Fui directo a mi cajón de la ropa interior y encontré un bonito conjunto de encaje color rosa pálido con unos corazones chiquitos (la tanga era de hilo y se perdía entre mis nalgas).

    Mis pechos saltaban fuera del sostén y eso me daba una apariencia de lo más sexy.

    Me acosté en mi cama y espere a que mis dos hombres llegarán.

    Luego de unos minutos abrieron la puerta suavemente e ingresaron a mi dormitorio los dos juntos.

    Mi tío se quedó mirando mi cuerpo y le dijo a mi padre: -Es hermosa.

    -Vamos a pasar una tarde maravillosa con ella- respondió Adel.

    -Eres un egoísta por haberte cogido solo a esa belleza durante mucho tiempo.

    -Ahora me pueden compartir- dije yo hablando por primera vez desde que ellos entraron.

    Mi tío se acercó a mí y yo me puse de pie.

    -Hola sobrina- me saludo con un beso en la mejilla y me agarro de la cintura.

    -Hola tío- lo salude yo también.

    Luego fue muy directo a darme un beso en la boca y yo se lo seguí encantada de la vida, besaba tan rico como lo hace mi padre y nuestras lenguas parecían que ya se conocían de toda la vida.

    Cuando estaba en el mundo de los besos con Antonio, siento algo detrás de mí y eran las manos de mi padre que ya me estaba masajeando el culo para sacarme la tanga de hilo.

    Cuando Antonio y yo nos separamos yo ya no tenía la tanga puesta, pues, mi padre se encargó de quitármela.

    Luego Adel se puso detrás de mí nuevamente y me quitó el sostén, mis pechos quedaron liberados como me gustaba a mí que estuvieran.

    -Mira que lindos senos que tiene mi hijita, yo se los chupo todos los días, ahora quiero que se los chupes tú- le dijo a su hermano, eso que mi padre tenía todos los días mis tetas en su boca y en sus manos era la pura verdad.

    -Eres un afortunado de poder hacer eso- le respondió mi tío y empezó a lamberme los senos como mi papá se lo había dicho.

    -Besame a mí también- mi papi me dijo esto, entonces nos empezamos a besar mientras Antonio se encargaba de estimular mis pechos con la lengua.

    Era tan rico sentir esas dos lenguas a la vez, estaba besando de una manera deliciosa a mi padre y al mismo tiempo mis tetas recibían atenciones de parte de la lengua de mi tío que se notaba que era muy habilidosa para lamber un buen par de pechos.

    Luego mi padre y yo dejamos de besarnos (todos los minutos que duraron los besos Adel me estaba tocando el trasero).

    Mi tío Antonio dejó de lamber mis tetas que para ese momento ya estaban hinchadas por mi excitación.

    -Que deliciosos pechos que tiene mi sobrina- dijo Antonio.

    -Sabía que te iban a gustar, son adictivos- le respondió mi padre.

    Después ambos hermanos intercambiaron una mirada y se desnudaron por completo dejando sus pijas libres para mí.

    Esto me lleno de emoción, ya que tenía dos penes para mi sola y era un sueño hecho realidad.

    La pija de mi tío era del tamaño de la de Adel solo que era un poco más gruesa y la de mi padre era más larga, pero, ambas vergas eran perfectas para mí.

    Me arrodille y supe de inmediato que ese era el festín para mi.

    Agarre ambas pijas con verdadero entusiasmo y las empecé a frotar al mismo tiempo que las chupaba, saboreaba un poco una y pasaba a la otra porque en mi boca no entraban las dos juntas por el tamaño.

    Finalmente Adel me dijo:-Quiero verte chupándole la pija a mi hermano- recién ahí me pude meter por completo el pene de mi tío en la boca y disfrutarlo como yo quería.

    Con una mano le frotaba los testículos a Antonio y con mi mano libre le masturbaba el pene a mi padre que cada vez se lo sentía más duro. Estaba sintiendo dos miembros palpitando, uno en mi boca que ya estaba tocando mi garganta y el otro se encontraba en mi mano recibiendo mis sensuales caricias.

    Mi padre no dejaba de gemir, se ve que le encantaba que yo le tocara su pija y ver que le estaba haciendo sexo oral a su hermano también.

    Vi que ambos compartieron otra mirada y mi tío me saco la verga de mi boca para eyacular en todo mi rostro.

    -Te ves mucho más hermosa así- dijeron los dos al mismo tiempo.

    Luego nos acostamos los tres en la cama y yo ya quería que me penetren.

    -Quiero que le des bien fuerte por el culo hasta que le quede rojo- le dijo Adel a su hermano, el otro solo dijo que si con un gesto de su cabeza y se posicionó detrás de mí.

    Mi padre me tomo de la cabeza y me penetro la boca con su verga, a la vez que mi tío ya me la había metido por el trasero.

    Estaban los dos muy sincronizados porque empezaron con sus embestidas al mismo tiempo solo que me lo estaban haciendo en diferentes zonas.

    A mi padre le pareció que los movimientos de mi tío eran muy lentos.

    -Dale más rápido, destrozale el culo- dijo, yo no podía decir nada por qué le estaba chupando la verga.

    Mi tío empezó a darme unas embestidas mucho más salvajes como mi padre le pidió y Adel también me embistió con mucha más rapidez la boca, con los movimientos de ambos hombres casi hacen que me ahogara con la verga en mi garganta, pero disfrute de la situación y lo pude sobrellevar.

    Mi padre eyaculo dentro de mi boca y luego nos volvimos a besar.

    Antonio me penetro mi trasero unos segundos más y su semen fue adentro mío.

    -¿Le llenaste el culo?- pregunto mi papá.

    -Si, pero aún me queda un poco de leche para su vagina.

    -Te vamos a llenar de leche, hijita- dijo mi papi con una sonrisa.

    -Quiero una doble penetración- les dije mirándolos a ambos.

    -Ya escuchaste a nuestra niña, hermano, quiere una doble penetración- el que hablo fue Antonio.

    -Se la daremos- respondió Adel.

    Estaba muy feliz con la idea de tener sus dos pijas dentro mío.

    Mi tío se acostó en la cama, yo me senté a horcajadas sobre él y cuando di un salto ya tenía su pene introducido en mi vagina.

    Mi padre se puso atrás, me tomo de las caderas y me penetro por mi trasero.

    Cuando ya nos acomodamos empezó lo mejor de esa tarde.

    Ambos empezaron a embestirme, al mismo tiempo, con la misma intensidad y mi felicidad era plena.

    Esta sensación de dos miembros penetrándome era muy nueva para mí, pero ya me di cuenta de que es algo que me encanta, pues, se siente verdaderamente bien, es lo mismo que estar tocando el cielo con tus manos solo que mi cuerpo estaba en llamas por el fuego de la pasión.

    El verdadero disfrute me llego cuando la embestida de los dos atractivos hombres se volvió salvajes y frenéticas, ahí empezaron mis gemidos y mi cuerpo se estremecía cada vez más de placer.

    Varios minutos fueron de sexo salvaje y de placer intenso hasta que los dos eyacularon dejándome el culo y mi vagina llena de su semen. Nos acostamos los tres juntos en la cama y hablamos de lo increíble que fue todo.

    -A mi mujer también le encanta hacer esta clase de tríos- dijo Antonio.

    -Extraño mucho coger a tu esposa, hermano- le respondió mi padre.

    -¿Y tu sobrina? ¿Qué dices? ¿Te gustaría chupar su vagina mientras nosotros te cogemos a ella y a ti?

    -Me encantaría- le respondí.

    Instagram: anaking6523.

  • Carmen la de servicio (2)

    Carmen la de servicio (2)

    Cómo ya sabrán tenía una relación secreta con Carmen la señora del servicio de la finca donde trabajaba, todas las noches de los días de semana prácticamente dormía con ella ya que tarde en la noche me metía en su cuarto, y estaba prácticamente deslechado todos los días cosa que Claudia estaba notando cuando la cogía a ella, que no me salía la misma cantidad de leche que todas las veces que habíamos estado, lo que la había llevado a preguntarme en repetidas ocasiones el porque mi semen estaba tan escaso ya que su prima Andrea no estaba cerca ya que se había ido a la ciudad a estudiar, siempre me las ingeniaba para salir del paso con ella.

    La rutina con Carmen seguía igual la llevaba todos los viernes a su casa y la buscaba los domingos por la tarde o lunes temprano, por supuesto que los viernes iba más que servida y llena de leche, una noche tenía a Carmen en cuatro patas sobre su cama y ella gritando y gimiendo como perra en celo me agarraba de sus caderas y la taladraba por ese coño sin piedad a esta madurita si le gustaba coger de forma ruda, la cambiaba de posición varias veces, cuando en una de esas la tengo sobre mi cabalgando y con mi guevo metido en lo más profundo de su ser, volteo hacia la ventana y Vi los ojitos azules de Claudia viendo la magistral cogida que le daba a la señora que le hacía la comida todos los días.

    Yo en lugar de rehuir agarre las nalgas de Carmen y se las abría y nalgueaba hasta que no pude más y la llene con mi leche una vez más, Carmen quedó cansada y se fue al baño a asearse un poco, cuando volví la vista a la ventana ya Claudia no estaba allí, cuando Carmen regreso se acostó a mi lado y me dice:

    C: me querías reventar me diste más duro que todos los días sentía como tú guevo casi me llegaba al útero jajaja pero aquí hay cuca para ti corazón.

    J: yo solo sé que no me canso de cogerte Carmita y eso no es nada hoy la noche es larga prepara ese culo que te lo voy a dejar bien abierto y lleno de leche.

    C: como si fuera la primera vez jajaja

    Diciendo eso se había puesto boca abajo y se abrió las nalgas para que se lo metiera, se lo fui metiendo poco a poco y cuando llevaba la mitad se lo enterré de un solo golpe de cadera aaahh que rico, la cogía duro y sin descanso ella solo gemía y arrugaba las sábanas de su cama hasta que sintió como me vaciaba en sus tripas.

    C: de verdad que nadie me había cogido como lo haces tú corazón me encanta tu huevo

    J: sabes que eres mi puta Carmita y que ese culo es mío

    C: mi primo me quería coger el otro día otra vez y me le negué mijo me dijo ya tienes otro macho lo sé, te han visto muy arrochelada con uno que trabaja en esa finca, tienes a tu marido de cabrón, me agarró a la fuerza y me cogió por el culo y por la cuca me dijo tienes ese culo y cuca bien abierto puta, yo le respondí si porque conseguí un hombre que me coge de verdad con un guevo que me enloquece

    J: y tú qué hiciste y que te dijo cuando le dijiste eso

    C : que voy a hacer mijo no me quedó más remedio que meneármele para que acabara rápido pero que va había emborrachado al marido mío para cogerme

    J: bueno Carmita ese culo y cuca suyo dan para bastante solo tenga cuidado con ese primo suyo la próxima vez que lo tenga cerca

    C: ese con dos cucazos queda arreglado mijo jajaja

    En ese momento ya estaba cogiéndola nuevamente esa mujer me tenía adicto a su cuerpo, salí de su habitación a eso de las tres de la mañana, cuando prendí mi celular me llegó un mensaje de Claudia que decía ya sé porque tan poquita leche, no te basta con cogerme a mi y a mi prima sino que también te coges a la vieja del servicio, mañana te quiero para mí con lo que vi quedé bien caliente y quiero guevo, sino me das tu saldré a buscar quien me coja .

    En la mañana estaba desayunando en la cocina y entra Claudia y le dice a Carmen larga la faena anoche Carmita? Y me miraba y se iba retirando de la cocina cuando dijo tremendo guevo se gasta el chófer verdad jajaja, Carmen me ve y dice nos cacharon con cara de asombro, le respondí tranquila esa quiere es guevo y está es celosa, como así? Tranquila se porqué te lo digo Carmita.

    Me fui en busca de Claudia que estaba camino a los establos pero eso es otra historia.