Blog

  • Érase una vez una travesti penetrada por Arrocito

    Érase una vez una travesti penetrada por Arrocito

    Como bien saben todos mis relatos son reales y este no es la excepción. Era una tarde de verano y yo andaba muy caliente, y les hablo de un verano no tan lejano, uno reciente del 2023. Bueno, estaba bien inquieta y necesitada de pene, soy una travesti madurita así que mi apetito anal es fuerte y debo atender el llamado de mi naturaleza.

    Estuve toda vestida desde muy temprano con mi hilo dental y una lencería negra que adorna mis pezones, con medias de malla, portaligas y demás indumentaria, toda de color negro, el cual es mi color favorito. Y encima de todo eso un vestido color amarillo muy bonito y sugerente, mi cabello esta vez rojo no tan largo con una binchita negra, mis tacones también negros bien altos como siempre para destacar mis nalgotas. Estaba dispuesta a todo aquel día, así que entré a un foro y rápidamente me contactó un macho bien galante que se autoapodaba “Arrocito”, lo cual me hizo bastante gracia y sin perder tiempo le pregunté el motivo de tan llamativo nombre, a lo cual me respondió “tendrás que averiguarlo por ti misma corazón, y te costará el culo” ¡¡¡y a mí que me encantan los desafíos!!! Le dije inmediatamente que mi culito estaba deseoso, al margen de como se llamase, de ser atendido por un macho atrevido, la verdad que andaba muy urgida.

    Quedamos en vernos a eso de las 8 pm y recién eran como las 4 pm, y yo ya estaba goteando como toda una puta excitada, mi calzoncito ya estaba empapado y mis pezoncitos estaban bien paraditos apuntando al cielo como dos cañoncitos dispuestos a comenzar el delicioso juego del sexo travesti. Mi pinguita seguía goteando pero sin erección, sólo me mojaba bastante y sentía muchas cosquillas en el recto, me estaba pidiendo verga a gritos.

    Llegó la hora y Arrocito tocó a mi puerta, lo hice pasar, le di un rico beso, era bastante bajito pero tenía su pinta. Conversamos un poco, me dijo que estaba linda y le gustó mi figura, me dijo que estaba bien rica. Así que comencé a calentarme y fui desvistiéndolo, yo me quedé en lencería, me quedé sólo con mi tanguita y mi brassiere, ambos diminutos. Mi pinguita ni se notaba, estaba bien diminuta como botoncito y aplastadita por lo apretada que estaba mi tanguita. Arrocito se quedó en boxers finalmente y decidí bajárselos de un tirón. Fue ahí cuando vi aquel pequeño pene, era pequeñito, tenía capuchoncito, no era tan pequeño como mi pinguita de travesti pero en comparación con otros penes sí era el más pequeño que veía.

    Pero él ni se inmutó al ver mi rostro sorprendido, estaba muy seguro de sí mismo y me dijo con mucha energía “¡Chúpalo perra””, y yo toda obediente lo miré a los ojos con mi cara de zorra y procedí a llevarme aquel caramelo a mi boquita, comencé a succionarlo rico con bastantes ganas y estaba bien rico en verdad, comenzó a salir su líquido pre-seminal a borbotones, lo cual me excitó bastante. En ese momento comencé a notar que comenzaba a crecer en mi boca, y fue increíble el tamaño que fue adquiriendo, yo seguía chupando y chupando y llegó un momento que aquel pene inofensivo se convirtió en una salchicha enorme, las venas comenzaron a notarse y el glande creció bastante dejando atrás el prepucio.

    Yo seguía succionando más y más y noté que le salía más líquido, ya me estaba atorando, era un pene enorme y largo, fue la primera vez que vi una transformación monstruosa prácticamente. Pasaron como unos 30 minutos y yo estaba mojada y con muchas ganas en el recto. Arrocito me dijo: “Ahora sabes por qué me dicen Arrocito zorra, porque mi verga crece en la olla como el arroz, date la vuelta que te voy a reventar el culo, te lo voy a dejar abierto como un túnel negro profundo y toda la leche que vas a expulsar de ese hoyo profundo te lo vas a tomar como una puta hambrienta, apura perra!”

    No se diga más, me volteé y levanté el culo sobando mis pezones, abrí mis nalgas para Arrocito y procedió de inmediato a ensartarme aquel enorme falo en mi culito, Ahhhh! Solté un grito de placer y comencé a gemir como una demente, me empaló toda y de un solo golpe, que horror! Fue una penetración salvaje. Noté que mi pinguita estaba goteando muchísimo de inmediato y me tuvo así bombeando como una hora. Arrocito gemía como un loco, buen jinete como del hipódromo, me dio harta verga como una hora y aquel fierro caliente era grandote, me abrió el culo bastante, me lo sacó de golpe y me vi en un espejo enorme de la pared que estaba abierta como un socavón, el glande era enorme y me hizo ver estrellas.

    Finalmente y después de varias poses se corrió dentro de mi culo, me pidió que expulse todo, para lo cual esperamos unos segundos hasta que caiga la última gotita de leche calentita de mi ano y me obligó a recoger con mi boquita aquel rico néctar, me lo tomé todito mirándolo a los ojos con mi cara de zorra caliente. Después de eso me masturbó mi pinguita con mucha fuerza y me sacó mi lechita. Obviamente también me la dio en mi boquita para que también me la tome, lo cual me gustó mucho, la saboreé y le dije que rica que estaba la leche.

    Arrocito era un campeón, su pene poco a poco fue perdiendo tamaño hasta convertirse nuevamente en una pequeña cosita rica aparentemente inofensiva. Era como el Dr Jeckil y Mr Hide del sexo jijiji. Fue una experiencia bastante buena, aquel macho de corta talla me hizo su hembra con un dominio total, el nivel de dilatación anal que conseguí aquella noche fue muy bueno, sentí mucho placer anal y el orgasmo fue glorioso también, hubo harta leche para mi boquita.

    Nos quedamos tomando un traguito y nos despedimos después de dos tandas más de sexo hasta las 3 am. Fue inolvidable y me sentí muy satisfecha. El sexo que tuve aquella noche me hizo más sissy, más puta y me di cuenta que aún podía experimentar muchas cosas interesantes. Me comprometí a seguir entrenando mi culo para penes grandes, tenía que estar más preparada sobre todo para grosor. Arrocito también me chupó bastante los pezones, con eso se coronó la verdad, que rico que me succionaba mis limoncitos. De solo recordarlo me dan cosquillas en mi culito.

    Hasta la próxima!!! Besos!!!

  • Follando una madura por primera vez (parte 2)

    Follando una madura por primera vez (parte 2)

    Ella: hola estás ahí?

    Él: como termino tu día?

    Ella: he estado pensando en tu verga, estoy muy caliente

    Él: envía una foto de su verga erecta, con una descripción «arrodíllate y abre la boca»

    Ella: responde con un vídeo exhibiendo los hilos que lleva puestos, su enorme culo destaca muestra un poco más arriba dando a conocer sus enormes senos no tiene sostén así que sus pequeños pezones cafés son el resalte de sus tetas blancas, baja la cámara lentamente enfocando como mete sus tetos bajo los hilos.

    Él: me la ha puesto muy dura, no le permito que se meta los dedos. Escribe en forma sería

    Ella: afirma que tiene muchas ganas de follar, pues lleva meses sin sentir una penetración.

    Él: podemos vernos? No te arrepentirás te voy a quitar esas ganas le escribe muy seguro.

    Ella: afirma que si y finalmente llegan a un acuerdo del sitio y la hora.

    Pasadas unas horas ya están por encontrarse no es momento de arrepentimientos había que follarla aunque fuera una desconocida esa madura merecía ser penetrada varias veces.

    Se encuentran, se saludan de beso en la mejilla como si se conocieran de hace mucho y para no extender lo inevitable toman una malteada de frutas y hablan alrededor de una hora, poco después bruscamente ella le pregunta que si le va a comer el coño? Sorprendido la toma de la mano son alrededor de las 9 pm un domingo en la ciudad van cerca de la autopista hacia el aeropuerto y el sitio es bastante oscuro. Él pensando se decide por hacer algo diferente a un motel, la hace cruzar un pequeño parque hasta el centro donde se ve un árbol, el cuál será testigo de una de las mejores experiencias.

    Él la empuja hacia el tronco del árbol, asustada no sabe que va a suceder, quiere hacer una pregunta pero automáticamente es besada por unos minutos mientras es manoseada sus enormes senos se sienten esponjosos, la toma del cuello y con su otra mano la desliza dentro de su pantalón Beatriz empezaba a calentarse, él decide tocarla un poco con su mano dentro de su pantalón es un poco incómodo pero no podía evitar la satisfacción que sentía al ver a Beatriz con el rostro de confundida pero al mismo tiempo parecía que lo estaba disfrutando, ella trata de hablar pero él no le da oportunidad. Le da media vuelta, le toma del cabello y estando ella de espalda siente la primera palmada en su culo, no se podía negar la excitación a pesar de que ella parecía nerviosa después de un par de palmadas se vuelven a encontrar de frente:

    Él: arrodíllate y abre la boca mientras despuntaba su pantalón para dejar libre si verga erecta.

    Ella: mira a su alrededor le afirma con un si señor y se arrodilla abriendo su boca.

    Él: la toma del cabello mientras con una mano agarra su verga y la desliza por la lengua de Beatriz, le pone solo la punta de la verga por unos segundos y procede a meter toda su verga en la boca de Beatriz. Ella solo puede seguirle el juego ya no hay confusión sería la primera vez de los dos follando en público aunque ninguno de los dos lo supiera.

    Ella: Beatriz sigue chupando la verga sin parar cada vez llegando más a fondo, después de haberla dejado baboseada la saca de su boca y se mete sus bolas a la boca mientras con la mano masajea la verga, le excita como la toman del cabello y le afirman en voz baja lo rico que lo chupa.

    El: mientras Beatriz sigue haciendo un buen oral, él decide desnudar sus senos y tocarlos mientras ella está de rodillas, la pone de pie, la hace apoyar contra el tronco del árbol baja los pantalones de Beatriz y sin quitarle los hilos, los mismos de la foto los corre a un lado, toma sus enormes nalgas las abre, se arrodilla frente a su culo, Beatriz siente algunos mordiscos, palmadas y poco después la húmeda lengua de él por todo su coño, se le escapa un pequeño gemido, Beatriz está lo suficientemente húmeda para recibir la verga de él, no hay tiempo que perder se pone de pie, la toma del cabello y le susurra al oído «está noche serás mi perra» y procede a penetrar el coño de Beatriz mete su verga fuerte y duro la toma de la cadera y continúa metiéndola duro y sacándola suavemente, Beatriz no puede evitar gemir.

    Ella: estaba muy excitada, no había tiempo para pensar en si los verían estaba escapando de su vida aburrida, se sentía libre y también muy perra ahora sabía que era follar en público como en los vídeos porno que veía en casa para tocarse.

    No sabían si era por el ruido que hacían pero al parecer se acercaba alguien no tuvieron tiempo de nada solo medio acomodarse su ropa y salir corriendo él le cubre el culo con su chaqueta pues Beatriz no habría tenido tiempo de acomodarse el pantalón, la toma de la mano y corren lo más rápido que se puede aunque para Beatriz es muy incómodo.

    Al estar un poco retirados del sitio, asustados ya solo podían reír se la habían pasado bien. Toman café y deciden volver a sus casas pues están agotados y al día siguiente los espera su rutina.

  • GoTiggers! (2)

    GoTiggers! (2)

    Jorge no podía esperar el momento para ver todas las fotografías que había hurtado del ordenador de su hija, pero sabía que tenía que ser muy cuidadoso. Mayte no solía revisar su usuario en el ordenador, pero no quería delatarse. Le intrigaba, sobre todo, los videos de hombres mayores que encontró y supuso que en determinado momento, ella estaría dispuesta a acostarse con él. Jamás vio algún indicio de su parte ni se imaginó que podía tener sexo con ella, hasta que entró al equipo de volibol y la vio con el uniforme puesto por primera vez.

    Abrió la carpeta y de inmediato se concentró en las imágenes. No supo en que momento se había convertido en una mujer tan atractiva, inclusive más que su madre, que también tenía lo suyo. Mayte tenía caderas generosas y cintura delgada, una característica de las mujeres de su familia, y sus pechos no eran tan grandes con los de su hija. A su corta edad, fácilmente era unas 2 tallas más que ella, cosa que comprobó mientras veía cada imagen detenidamente, casi saboreando los pliegues y formas naturales de su cuerpo.

    No había nada obsceno o que rayara propiamente en la pornografía. Solo era ella, algunas veces en topless, o mostrando sus nalgas escondidas en “cacheteros” o pequeños pantys. Aquellas prendas ajustadas despertaron en él un deseo que rayaba en lo incontrolable y que desconocía hasta ahora. Ni siquiera su esposa le había estimulado la libido tanto como lo hacía su hija, y aunque en ocasiones ella se vestía para él con pequeños conjuntos de encaje o babydolls, no era lo mismo. Necesitaba hacerla suya. Se masturbó frente a la pantalla y no tardó mucho en correrse.

    Cerca de las 6 de la tarde llegaron su hija y su madre. Mayte tenía un compromiso con su abuela, por lo que los dejaría solos hasta la noche; Jorge tuvo una erección que le costó disimular.

    Después de comer, Victoria le pidió que le untara nuevamente el ungüento, cosa que había olvidado hasta ahora. Se había rehusado a que su madre lo hiciera porque él sabía cómo, y después de despedir a Mayte, fue a su habitación. Al igual que el día anterior, Victoria se acostó en la cama separando las piernas. Llevaba una camiseta y shorts muy holgados que dibujaban sus formas perfectamente; Jorge vio su cuerpo y de inmediato comenzó a tener una erección. Aquel momento era casi perfecto para tener intimidad, y en su mente solo estaba la idea de hacerla suya tan frenéticamente como lo hacía con su madre. Tomó bastante ungüento mientras su hija lo miraba expectante y comenzó a frotar delicadamente su muslo. Al sentir sus manos en su piel, cerró los ojos y se relajó por completo, disfrutando aquel masaje que, más que curativo, se sentía prohibido. Los ojos de su padre recorrían su cuerpo y ponía especial atención en sus pechos, que caían relajadamente a sus costados y que se movían discretamente con el movimiento de sus manos.

    Nuevamente, comenzó a llevar las manos más allá de los límites del propio masaje y notó como la respiración de su hija empezó a hacerse mas pausada y profunda. Lentamente, ella misma se fue levantando el short de tal manera que el muslo quedó totalmente expuesto y Jorge se petrificó: no llevaba ropa interior.

    La tela marcó perfectamente su entrepierna, dibujando la forma de su vagina totalmente depilada. No se veía un solo vello y la piel de la zona era más clara que el resto de su cuerpo. Aquello era una insinuación casi descarada a su padre, quien no supo como reaccionar, y solo atinó a seguir moviendo las manos sin quitare la vista de la vulva; ella continuaba con los ojos cerrados como si no supiera lo que estaba pasando. Conforme iba subiendo, fue metiendo los dedos debajo de la tela del short cada vez más, hasta casi llegar a su vientre, y luego baja nuevamente hasta llegar a la rodilla. Jorge sentía el pene punzarle en los pantalones y quería tocarse, o mejor aún, tomar la mano de su hija y dirigirla hasta su bragueta, pero no se atrevía. Aquello que pensaba era horrible y lo sabía, pero no podía apartar la imagen de su hija tocándose, y quería ser él quien le propiciara placer. Fue llevando el masaje a los costados, rozando nuevamente su entrepierna con los nudillos, sintiendo la calidez que emanaba su vagina cada vez que se acercaba.

    Se fue inclinando más sobre ella hasta casi poder oler su piel. Victoria, al igual que su padre, se estaba excitando con su tacto, que estas alturas, ya era lascivo. Sabía lo que estaba pasando, pero era tan placentero y excitante que no quería darse cuenta que se estaban desdibujando los límites de su relación y ella lo estaba propiciando.

    Nuevamente sus manos alcanzaron su entrepierna y su hija se mordió ligeramente el labio inferior. Jorge reconoció aquel gesto y de inmediato supo que su hija estaba excitada. Abrió bien las manos hasta tocar con las puntas de los dedos parte de su vulva y Victoria suspiró. Agitaba ligeramente las piernas cuando la tocaba tan cerca e instintivamente movía sus caderas. Jorge no pudo contenerse más y, cegado por el instinto, metió la mano por debajo de la tela hasta llegar a su vagina. Victoria dio un respingo pero no hizo nada, y solo dejó escapar un ligero jadeo. Inmediatamente se le endurecieron los pezones y su padre lo notó, así que concentró el masaje ahora en la vulva con la mano completamente extendida. Los jadeos se convirtieron en ligeros gemidos conforme presionaba con más fuerza su húmeda entrepierna. Victoria abrió completamente las piernas y se inclinó para ver a su padre, que no despegaba los ojos de la blancura de su piel. Ya sin ataduras, le metió dos dedos y acarició con el pulgar el pequeño clítoris que se asomaba entre sus labios, arrancándole un agudo gemido.

    Jorge estaba ensimismado con la voz de su hija, que al igual que su rostro, se habían transformado por el placer. Apartó la prenda bruscamente con la mano y acercó la cara para darle un fuerte lengüetazo en la vagina. Victoria gimió nuevamente y se llevó las manos a los pechos, que purgaban por salir de la camiseta. Lamía y chupaba su vagina ávidamente al tiempo que movía el dedo dentro de ella. Los jugos de su hija empaparon la sábana y el short y supuso que estaba cerca del orgasmo, por lo que intensificó las lamidas. Ella tocaba su rostro con una mano y con la otra jugaba con sus pezones. “¡Papá!” Exclamó de pronto Victoria casi al borde del orgasmo. Jorge se incorporó exaltado mientras se quitaba la camisa y se colocó nuevamente sobre ella sin para penetrarla con un dedo. Victoria tomó su rosto entre sus manos y lo besó con fuerza, algo que había estado esperando desde hace mucho.

    Gemía profusamente sin dejar de besarlo, pues aquel dedo en su interior estaba a punto de darle el orgasmo más intenso que había tenido en meses. Jorge la sintió vibrar con emoción y, ya con la mente en blanco, la trajo hacia él para quitarle la camiseta. Sus pechos cayeron pesadamente y los acarició con ambas manos despacio, pasando los pulgares por sus pezones rosados; Victoria temblaba de excitación mientras buscaba de nuevo los labios de su padre. Cada beso era diferente al anterior, más brusco y húmedo, y eso le fascinó. Esperaba que fueran así y no se decepcionó. Desabrochó su pantalón rápidamente y su padre se separó un momento para terminar de desvestirse. Victoria miraba casi boquiabierta el pene erguido de su padre balancearse a un palmo de su rostro. Quería metérselo a la boca, pero no tenía experiencia, y esperaba que él le dijera cómo hacerlo. Jorge retiró el short y la arrojó bruscamente a la cama, poniéndose sobre ella; su hija lo veía fijamente pidiéndole que lo hiciera con la mirada. Se colocó entre sus piernas y empezó a penetrarla.

    Los gemidos que salían de su boca eran la perdición para él, que bombeaba fuertemente sin dejar de besarla y jugar con sus pechos. Victoria rodeó su cintura con las piernas para moverse con más firmeza, olvidando completamente la lesión que la aquejaba. Los labios de su padre iban de su boca a su cuello, dándole pequeños mordiscos que la estimulaban aún más. Dejó caer su cuerpo completamente sobre ella penetrándola despacio, abrazados, disfrutando de cada sensación nueva.

    De un solo movimiento, la sujetó de la cintura y se acostó quedando ella encima. Victoria abría más las piernas con cada embestida de su padre y gemía ya sin control. Así la penetración era todavía más placentera pues subía y dejaba caer todo su peso sobre su pene. Las manos de su padre se aferraron a sus nalgas y conducían el fuerte movimiento de sus caderas, cuyo ritmo se aceleraba más y más. Pronto todo acabaría en el estertor del orgasmo que sentían ya muy cerca, por lo que Jorge se incorporó cuando sus gemidos se hicieron más prolongados. Su cabello acariciaba su cara y dejaba una ligera estela de perfume muy dulce. Sentada sobre él, aumentó el ritmo de sus caderas hasta que su voz se cortó por completo y sus gemidos se volvieron jadeos. Su padre bombeó un par de veces más hasta que el interior de su hija se contrajo violentamente, indicándole que estaba llegando al orgasmo. Victoria lanzó un agudo gemido y finalmente se corrió deteniéndose apenas de sus hombros. Jorge no tardó en correrse también, así que sacó el pene de su interior y con la mano se estimuló hasta que terminó, lanzando varios chorros de semen sobre su vientre.

    Se quedaron abrazados un momento, disfrutando las últimas sensaciones de aquel orgasmo pecaminoso mientras ambos recuperaban el aliento; sus cuerpos estaban empapados en sudor. Jorge continuaba masajeando sus senos con delicadeza, como si fuera el primer par de pechos que tenía enfrente en toda su vida. Victoria no dijo nada y solo atino a besarlo, abrazándolo con ternura. Ya no había límites ni ataduras, pues aquel coito prohibido los había atrapado en una nueva relación que iba más allá de la infidelidad para ambos y ninguno se arrepentía.

    “No te quiero soltar…”. Susurró su hija. Jorge tampoco deseaba hacerlo, pero no sabían en qué momento llegaría su madre. “Vendré a verte” le contestó su padre mientras la recostaba en la cama y le daba un último beso. Recogió su ropa del suelo y salió de su habitación no sin antes ver la cara de su hija que le sonreía con complicidad.

    Mayte llegó casi media hora después.

    Continúa.

  • Obsesión prohibida

    Obsesión prohibida

    Era una noche fría de diciembre donde era la época en la que los estudiantes regresaban a casa, una pausa para celebrar la Navidad en el calor de sus hogares.

    Y entre esas pausas estaban los encuentros entre los viejos amigos.

    Hacía mucho tiempo que no se encontraba todo el grupo. Al estudiar cada uno en una ciudad diferente era difícil coincidir. Quedaron donde siempre, en la pista de básquet. Era un sitio muy íntimo porque aparte de estar lejos del centro, solo tenía una luz blanca que provenía de la única lámpara de calle dónde la claridad solo daba vida al aro de baloncesto y un banco marrón.

    Como siempre Cris fue el primero en llegar, incluso lo hacía expresamente ir antes para poder jugar un rato solo. Le relajaba y le alejaba de la realidad que vivía en su casa. Era el único que no se había movido de su ciudad.

    El siguiente fue Diego, de los pocos días que lo podías ver ya que estudiaba en Estados Unidos una ingeniería química. Sin duda puede que no el más inteligente pero sí el más persistente en sus objetivos y sueños.

    Ni siquiera habían tenido tiempo a abrazarse Diego y Cris cuando de repente aparece Matthew. Un loco del surf. Se dedicaba a enseñar en diferentes escuelas. Apasionado del deporte y la comida sana, siempre era la envidia del grupo. Todas las chicas se fijaban con él. Y no era para menos, parecía sacado de Hollywood con su melena rubia, ojos marrones claros, una gran sonrisa y su gran cuerpo esculpido de tanto deporte. Y aun así el tipo era una persona muy humilde y amable. Era el amigo más fiel que podrías tener. O eso pensaban ellos.

    Y por último Rodri. Pero no venía solo. Los tres chicos se quedaron perplejos al ver una silueta femenina que acompañaba a su amigo. No sabían nada. Rodri les había preparado una sorpresa: se había enamorado de Minerva. Una chica dulce a primera vista, tímida con unos ojos marrones y profundos que anunciaban una alma libre y apasionada. La tez suave y clara, entre bronceada y blanca. Un equilibrio perfecto. Con su pelo marrón claro y liso que casi le llegaba a la altura de los hombros. Y aunque con eso bastó para dejar boquiabiertos a todos sus amigos, Minerva poseía unas curvas exquisitamente sensuales. Líneas delicadas y armoniosas que anunciaban unos pechos suaves, de magnitud moderada invitando a la mirada a explorar el suave valle entre ellos. No era nada exagerado pero era perfecto. Igual que su parte trasera. Una forma que parecía destinada a ser admirada, realzada por la suavidad de su piel.

    Era un tesoro oculto, una maravilla digna de ser descubierta en la quietud de la intimidad.

    – Os presento a mi pareja, Minerva -Dijo Rodri.- Nos conocimos en las clases de historia de la fotografía. Vi que ella llevaba una cámara analógica igual que la que tiene mi padre y lo usé de excusa para hablar con ella. Y aquí estamos. -Rodri miró a Minerva y sonrió. Ella se sonrojó.

    Los tres amigos seguían asimilándolo, no daban crédito y ante la ausencia de su respuesta Minerva se adelantó.

    – ¡Hola! Encantada chicos. Rodri siempre habla de vosotros y lo que os echa de menos. ¡Ya tenía ganas de conoceros! – Sonrió Minerva, se le notaba algo nerviosa.

    – ¡Hijo de puta el Rodrigo! Que bien se lo tenía guardado el cabrón. Como me alegro que por fin encuentres a alguien. ¡Demasiado virgen estabas! – Bromeó Cris.

    Ese comentario típico de Cris ayudó a romper el hielo y acto seguido el grupo se puso a reír. Aunque Matthew solo esbozó una sonrisa medio forzada. No lograba asimilar lo bonita que se veía Minerva. Matthew era un chico pasional, se enamoraba frecuentemente. Hacía tiempo que no sentía una electricidad por alguien tan palpable. Pero Rodri era su mejor amigo desde pequeños, se consideraban hermanos de diferente sangre. Siempre cuando podían estaban juntos, eran uña y carne. Así que Matthew intentó apartar ese pensamiento y se conectó de nuevo con el grupo.

    – ¿Jugamos al 21? – Preguntó Diego. – A ver quién llega antes a hacer 21 puntos, ¡Que he practicado mucho en Estados Unidos!

    Todos los chicos gritaron un sí con energía y hubo un gran abrazo grupal entre ellos. Tenían mucho amor para repartir después de tanto tiempo sin verse. Eran como niños pequeños en el patio de la escuela. Después de tanta excitación empezaron a jugar los chicos. Solo ellos porque Minerva decidió no entrar en el juego y quedarse mirándolos desde el banco. Pues al final sentía que fastidiaba el ambiente y también le ilusionaba ver a Rodri y sus amigos contentos.

    Mientras jugaban en ese momento ella se fijó con todos los amigos que tenía Rodri, sentía que todos transmitían mucha paz y felicidad. Analizó a cada uno de ellos con determinada exactitud. Al final no tenía nada que hacer y le hacía curiosidad esos amigos que tanto hablaba su pareja.

    En concreto de Matthew, su mejor amigo. Sin duda del que más interactuaba. Él aseguraba que Matthew le había demostrado como nadie su amistad, siempre estaba en los momentos buenos y malos. Mientras lo observaba se dio cuenta del buen físico que tenía el mejor amigo de Rodri. Le vió jugando con esa seguridad en sí mismo, esa elegancia que desprendía en hacer las cosas, que sin querer Minerva lentamente llevó su mano a la comisura de sus labios, mordiéndolos con una sensualidad apenas contenida con su mirada intensa y tentadora hacía Matthew. Era puro instinto. Y justo en ese preciso instante, Matthew elevó su mirada, enfocándose en Minerva. Notó su pequeño desliz cuando ella apartó la vista rápidamente y cruzó las piernas con un gesto fugaz.

    Fue el primer contacto visual entre ellos.

    El grupo siguió jugando, el primero que llegó a 21 puntos fue Matthew. Así que una vez que él ya había conseguido el objetivo fue a descansar en el banco tentado por la presencia de Minerva.

    Una vez sentado Matthew sentía el calor sobre su piel ligeramente sudada, por lo que se despojó de la sudadera, dejando al descubierto una camisa blanca de manga larga y tela fina. En el proceso mientras él luchaba por quitársela su abdomen quedó al descubierto solo por un momento y Minerva no pudo evitar la tentación y su mirada cayó directamente en su perfecto y bronceado abdomen. Justo al terminar la acción, él se dio cuenta del examen que ella había hecho con sus ojos y en ese momento fue el segundo contacto visual. Matthew hizo una sonrisa pícara. Ella apartó la vista rápidamente y se enrojeció de vergüenza. La confianza que emanaba de él la envolvía como una oleada irresistible.

    – Así que eres la novia de mi buen amigo Rodri, ¿verdad? – Matthew soltó con un tono pícaro, tratando de romper el hielo.

    – Parece que sí, eso dicen. – Respondió ella con una sonrisa, consciente de la tensión en el aire.

    – Rodri tiene buen gusto, eso no lo niego. – Él la miró y esbozó una sonrisa. Matthew transmitía mucha calma.

    – Oh, no hay duda de que Rodri tiene un excelente gusto en los amigos también. – Ella respondió con una chispa de complicidad en sus ojos, jugando al juego con Matthew. Aunque su corazón pertenecía a Rodri, no podía negar la atracción que Matthew despertaba en ella.

    Inesperadamente, los tres amigos hicieron acto de presencia. Habían concluido el juego y rápidamente se enfrascaron en una animada conversación. El tema sobraba, había tantas cosas por comentar. Aunque la charla fluía con diversión y distracción, Matthew no podía apartar de su mente a Minerva. Discretamente, buscaba el encuentro visual con ella, y cuando lograban sostenerlo por escasos segundos, una tensión palpable se apoderaba de sus cuerpos. Para Matthew, el saber que no debería, pero no poder evitarlo, solo avivaba su deseo por ella. Minerva, por su parte, compartía la misma conciencia de lo incorrecto, pero eso la hacía crecer más su adicción.

    La noche avanzaba y llegó el momento de regresar a casa. Matthew fue el único que trajo su coche, así que se ofreció a llevar a todos sus amigos de vuelta a sus respectivos hogares. Dejó primero a Cris, luego a Diego y finalmente solo faltaban por dejar a la pareja en casa de Rodri. Los llevaba a la segunda casa familiar que tenía Rodri donde estaban solos. Estaba un poco lejos pero a Matthew no le importaba . Quería mucho a su amigo, y además, le daba la oportunidad de pasar más tiempo cerca de Minerva, quien continuaba buscando su mirada a través del retrovisor.

    Una vez llegaron a la vivienda de Rodri, se dispusieron a despedirse. Cuando llegó el momento de decir adiós a Minerva, el beso en la mejilla pareció extenderse en el tiempo, creando una tensión palpable entre los dos. Ambos deseaban algo más, anhelaban ese contacto que la relación y el respeto por Rodri no les permitía.

    Acto seguido, Matthew se encaminó hacia el apartamento de sus padres, ubicado a unos 20 minutos. En el trayecto, no podía apartar de su mente a Minerva y a Rodri. Las contradicciones eran demasiadas y decidió dejarlo a un lado.

    Una vez en casa, buscó comodidad al cambiarse, pero justo en ese momento, recibió una notificación. Era un mensaje de Minerva a través de Instagram. Matthew sintió un nerviosismo repentino y abrió el mensaje.

    «Me he dado cuenta de que olvidé mi bolso en tu coche. Lo necesito para poder regresar a mi casa mañana. ¿Sería posible que lo trajeras ahora? Rodri está durmiendo.»

    Matthew se encontró ante una decisión que podía cambiar el rumbo de la noche.

    Capítulo 2 próximamente.

  • Las clases particulares de Kiara

    Las clases particulares de Kiara

    Kiara se sienta ante Ángel, en la cafetería de la universidad, pidiéndole asesoría para pasar un examen que no logró acreditar- Vamos ayúdame por favor, tú eres el mejor de la clase y sin esa materia no podre graduarme.

    -Para Angel es una situación desagradable- Pero no podemos estudiar en la universidad, aquí siempre hay mucho ruido. Tenemos que ir a algún lugar callado y tranquilo. Además, mis notas son las mejores, no creas que voy a enseñarte sin recibir nada a cambio -Le responde él sin siquiera voltear a verla.

    Kiara disgustada por la actitud de Angel le responde- Ya lo sé, deja de ser un patán, vine a ti porque necesito de tu ayuda, todos sabemos que eres el mejor del curso -Ella piensa por un momento, en contra de todo considera en llevarlo a casa para las clases- Bueno vamos, ya sé dónde podremos estudiar sin interrupciones.

    Angel la sigue por el campus, antes de subir al auto le abre la puerta a Kiara.

    K: Vaya al menos tienes un gesto de caballero, ya súbete que tengo prisa. -En el trayecto él la va observando, pasando su mirada en por su cuerpo.

    Kiara al llegar a casa nota que no están sus padres, quedando ellos dos solos, Angel se sienta en el sillón dejando su mochila a un lado, Kiara se sienta en una silla frente a él con la mesa entre ambos.

    A: Hey, ¿por qué hasta allá? desde ahí no podré enseñarte nada, no veras ni los apuntes, ven acércate

    Kiara acepta de mala gana, solo acercándose un poco- No me gusta estar cerca de ti, apenas y acepto que estemos ambos en mi casa.

    A: Tienes que estar a un lado de mí, así nunca aprenderás nada -Dice con un tono más autoritario.

    K: No, así estoy bien, veo con claridad, ¿para qué me quieres más cerca? -Se siente intimidada con la mirada de Angel.

    A: Si no haces lo que te pido, tendré que irme, ya ve tu como te las arreglas

    Kiara lo piensa y antes de que Angel se levante, ella se sienta de mala gana en el sillón junto a el- Esta bien, ¿ya estas a gusto? Ya empieza de una vez ¡No tengo todo tu tiempo!

    A: No aún no empezare, pido mi pago primero, las clases van después -Él comenta con una mirada maliciosa.

    K: Ushh ya decía yo, dime entonces cual es el precio de las clases -Ella se incomoda por la forma en que la observa

    A: Solamente debes obedecer todo lo que te pida -Kiara no está convencida, lo ve con desprecio, pero acepta sabiendo que necesita la ayuda

    Angel se levanta del sillón- Alza las manos y cierra los ojos.

    K: ¿Qué? ¿Ahora qué estas tramando, para que me pides eso?! -Kiara duda en hacerlo

    A: Si no lo haces, me iré, tu decídelo. -Kiara lo hace con cautela, temblando un poco y al tener las manos arriba, Angel se quita una agujeta de su tenis y la amarra por las muñecas, teniéndola atada se acerca a su oído y le susurra- No te muevas, solo si te lo pido.

    K: ¡Solo termina con todo esto y ya, Angel! -Le responde con nerviosismo

    A: No, esto no va a terminar rápido, yo decidiré eso…. -Comienza a pasar sus dedos por la piel de Kiara, rozando su mejilla y bajando por el cuello…. continúa acariciando su piel, siente como se eriza al llegar a su hombro, donde nota una respiración agitada observa que el suéter le impide avanzar

    Kiara muerde su labio sintiendo el rozar de los dedos contra su piel, intenta no estremecerse, pero su piel se eriza- ¿Te crees Christian Grey? -Le pregunta en forma irónica

    A: Jajaja, ¿Él? Ese no tiene idea de lo que hace, en cambio yo…. Bueno ya te darás cuenta… -Con la otra mano jala su suéter del cuello hacia adelante, haciendo suficiente espacio para seguir tocándola

    Sus dedos continúan su camino, bajando por el hombro, llegando a la clavícula y rozando el inicio de su pecho

    La cara de Kiara se torna a un color rojo llenándose de vergüenza, notando como estiras el suéter, su cuerpo se tensiona mucho más- Deja de jugar conmigo así, por favor Angel.

    A: ¿Jugar? No es juego… Es el pago por ayudarte con tu materia… -Le dice irónico – Pero si lo piensas hacer tu sola… – Mientras siente la orilla del brasier, introduce un dedo entre la tela y su pecho, sintiendo como el corazón de Kiara acelera y se entrecorta la respiración

    K: Tu ironía es demasiado aterradora -Aprieto los dientes y muerdo más el labio casi lastimándose al sentir su dedo puesto en esa zona, el nivel de la respiración es inestable- Solo lo hago por tu tutoría, n-nada más.

    A: ¿Eso crees? ¿O solamente no quieres aceptar que también lo deseabas? -Metiendo la mano totalmente bajo el brasier, siente su pecho cálido, su pezón rozar la palma de su mano, lo aprieta un poco y le susurra

    A: Tu cuerpo me está diciendo otra cosa…

    K: Yo no deseaba nada -Expresa molesta- Es una reacción fisiológica la de mi cuerpo, nada más. ¿No puedo creer que seas demasiado bruto en esto para no entenderlo -Ese pezón se pone más duro sintiendo como lo aprieta

    A: Jejeje ya lo veremos, a ver cómo reacciona tu cuerpo a lo que sigue… -Saca la mano y toma el suéter por debajo, tirando hacia arriba y quitándoselo, mientras lo hace, sus manos recorren el cuerpo de Kiara, pasando por las costillas, el pecho y su cuello

    El frio se apodera del cuerpo de Kiara notando como queda expuesto ya sin el suéter, solamente con brasier, se arquea un poco sintiendo esas caricias por cada zona.

    K: ¿Quieres coger? ¿Eso es lo que deseas? Hagámoslo de una vez sin rodeos, quiero acabar con esto -expresa seria

    A: ¿Crees que solo es coger??… -Se ríe con tono burlón – No Kiara, no solo es coger, es que veas quien tiene el control, dominarte y que te dejes llevar por tus «reacciones fisiológicas».

    Kiara: Tu risa es tan fastidiosa, Angel -Muerde el labio aceptando de forma resignada que tiene razón- ¿Sabes? Me da la impresión de que me traías ganas desde hace tiempo. Y si, seguirán siendo reacciones fisiológicas, lo creas o no

    -Angel toma su cabello por la nuca y jala un poco hacia adelante, inclinando el cuerpo de Kiara para tener acceso al broche del brasier; con un movimiento de dedos lo suelta, los resortes brincan por sus hombros cayendo un poco y dejando sus pechos al aire

    A: Esto apenas comienza… Veamos… ¿Qué guardas aquí…?

    Kiara se queja un poco sintiendo el agarre del cabello, no recordaba que estaba atada e intenta taparse los senos, pero es imposible, traga en seco al oírlo decir que apenas es el inicio de todo.

    K: ¿Qué? ¿Acaso no has visto nunca los pechos de una mujer? ¿Eres virgen? -Dice burlándose

    Angel: Claro que los he visto, y para tu información virgen ya no soy… -Toma sus manos antes de que la baje, evitando que se mueva demasiado- Pero son los tuyos los que quiero ver…

    K: Senos son senos, no entiendo que de diferente tienen los míos -Se enoja más al oír lo que dice

    Angel jala de la atadura hacia atrás, arqueando la espalda de Kiara hacia adelante y haciendo que su pecho sobresalga, ella siente el jalón.

    K: ¡Ahhh, eso dolió, Angel!

    A: Ahora quiero que no te muevas, intenta no disfrutarlo… -Acerca una mano al pecho izquierdo y lo toma entre sus dedos, mientras con los labios atrapa el pezón derecho, Kiara muerde el labio intentando no disfrutar, sus pezones se ponen más duros al sentir el contacto

    K: Ya b-basta de hacer eso, Angel -Dice no muy convencida

    A: ¿En serio, quieres que pare? -Le pregunta con una sonrisa- Si quieres que me detenga, convénceme de que no lo disfrutas…. -Muerde un poco su pecho, siente como la piel se eriza

    K: Mmhh -Intenta callar los gemidos, se siente totalmente sometida a él, cada rincón de su cuerpo se tensiona

    A: Solo de esa manera me detendré, pero creo que no podrás…. -Jala más hacia atrás y observo el cuerpo estirarse

    K: ¡Si podre, cállate! -Se queja de nuevo por el jalón estirándose más- Esto no es nada nuevo para mí, solo estas buscando tenerme controlada para darme esas malditas clases.

    A: ¿Ah, no es nuevo para ti? Ósea que ya lo has experimentado, bien… Me gusta eso… Así no tendré que limitarme -Se levanta frente a ella y la jala con fuerza para ponerla de pie- Las clases solo eran tu pretexto para traerme a tu casa…

    K: Eres un loco, ¿cómo no tendrás que limitarte? Obvio si -Le dice muy molesta sintiendo como es levantada- ¿Un pretexto mío? ¡Hice todo esto porque tú me obligaste, no porque yo quería!

    Angel camina y me posa detrás de ella- Si yo te obligue… Jaja claro, tu querías estar aquí sola conmigo… No solamente para estudiar… O tal vez me querías estudiar de cerca… Jajaja -La mano de Angel se pasea por su abdomen, suelta el botón del pantalón y los baja a media nalga.

    Angel: Quién sabe… Pero lo averiguare…

    K: Para nada busque estar a solas contigo en mi propia casa. Maldigo el momento en que mis papas salieron sin avisarme, nada de esto estuviera pasando. Además, el hecho de que seas guapo no quiere decir que yo quiera hacerlo contigo, como el resto de chicas. No eres más que un narcisista que cree que todas están a tus pies -Da un leve jadeo sintiendo esa mano por su abdomen y como baja el pantalón- ¡Suéltame! -Comienza a forcejear- ¡No quiero que averigües nada!

    Angel: Te dije que tenías que estar tranquila, esa fue la indicación -Le dice con tono más fuerte – Si no lo haces, dejaré de tratarte bien… -Le da media vuelta, empujándola al sillón, quedando con sus rodillas en el asiento y las manos sobre el respaldo

    Kiara: ¿Como quieres que este tranquila con semejante escena? -Se pone nerviosa oyéndolo hablar más fuerte y dando esa señal de advertencia

    Angel: Parece que necesitas una lección aparte… Una lección de obediencia…. -Mientras toma el pantalón de Kiara y lo baja del todo, ella siente como sus caderas quedan expuestas ante é

    Kiara: Sospecho lo que vas a hacer… -Dice susurrando-

    Angel: ¿Ah sí? ¿Y qué es lo que crees que haré? -Pasa la mano por el cuerpo, recorre con los dedos su piel, la nuca, su espalda, las costillas, su cadera, siente la tela de sus pantys, llega a las pompas y las aprieta con fuerza

    Angel: ¿Crees que me conoces?, No sabes lo que te espera…

    Kiara se queda callada ante esa pregunta, pensando lo afortunada que ha sido de que aún no la haya azotado o algo por el estilo, se le eriza la piel notando como recorren cada centímetro de su cuerpo con los dedos, jadea sintiendo ya como toca con descaro sus caderas- Si, te conozco, Angel…

    A: Bien, crees conocerme… -Sube una mano y le da una nalgada en la pompa derecha, el sonido del golpe suena por la casa, observa la marca roja que le ha quedado

    K: ¡Ahh! -Pega un grito sintiendo la nalgada- Ese azote retumbo bastante, eres muy rudo -Dice jadeando, se odia a si misma por estar disfrutando cada cosa que le hace Angel

    A: Yo te conozco mejor a ti, y como lo esperaba… No me has demostrado que no lo estés disfrutando…

    K: Estoy haciéndote creer que lo disfruto, pero no es así. Deja de ser tan convencido

    Angel sonríe con descaro, disfrutando de esa reacción – Repítete qué no lo estas disfrutando, tal vez, en algún momento te lo creas…. -Le da otra nalgada un poco más suave, en el mismo punto, suena menos, pero arde un poco más, siente el calor en la mano.

    A: Si quieres que me detenga… Sabes cómo detenerme. Aunque para ser franco, solo creo que seguiré hasta cansarnos…

    K: No lo estoy disfrutando en lo absoluto, y estoy segura de ello desde un principio -Con la segunda nalgada suelta un leve jadeo, siente arder más esa zona- No hare que te detengas porque simplemente quiero que esto termine rápido -Dice en un hilo de voz- Métemela y ya, Angel. ¡Y dame las malditas clases de una vez!

    A: Ya, ya, tranquila, no será tan rápido como quisieras -Soba un poco la zona, tomo su panty; se hinca detrás de ella- No tiene por qué acabar tan rápido… Te lo aseguro… -Mueve el panty a un lado con los dedos y acerca la boca al cuerpo de Kiara, siente la piel cálida, su cuerpo temblando

    K: Deja de asegurarme todo, Angel -Se pone aún más nerviosa cuando corre su panty, sintiendo el aliento cada vez más cerca justo en esa zona

    A: Solo convénceme de que no lo disfrutas…. -Hunde la cara entre sus piernas y empiezo a jugar con la lengua

    El cuerpo de Kiara empieza a temblar aun sin sentir su lengua- ¡Odio todo de ti, solo para! -Se deja caer inevitablemente notando como Angel mueve su lengua, eso hace que empiece a mojar más- ¡Te odio! -Dice en un hilo de voz- ¡N-no disfruto nada contigo!

    -Angel se separa un poco de ella solo para decirle- Dejaré de asegurarlo, me dedicaré a demostrártelo entonces…

    Vuelve a hundir la cara en ella, disfrutando de la reacción, siente como se humedece más y eso lo hace excitarse.

    K: No quiero tampoco que me demuestres nada -Arqueo la espalda y sus pezones se ponen mucho más duros sintiendo la lengua jugando en su zona- ¡P-para, por favor! -Comienza a gemir de forma descontrolada, oye como él absorbe su humedad, se moja mucho más, en cualquier momento tendrá un orgasmo, y no quiere eso- ¡A-angel, mmhhhgh!

    Angel usa la lengua para recorrer cada pliegue, para juntar esa miel y absorber el sabor dulce, el aroma le hace ser más insistente y continua en la faena de devorarla, la lengua sube y baja sin parar, siente como Kiara tiembla y se calienta más… la cara de Angel se empieza a humedecer y mueve la cabeza para no despegarse de ella.

    La respiración de Kiara se empieza a agitar en gran forma- N-no sabía que tenías una gran habilidad c-con tu lengua -Tiembla mucho más, sintiéndose ya demasiado mojada.

    Angel la toma por las piernas para limitar sus movimientos, se pega tanto como puede y con la punta de su lengua comienza a introducirla en su intimidad. Cada segundo se vuelve eterno, su barbilla está húmeda, sus labios se mueven, traga todo lo que junta en la boca, dedicando a comerla sin piedad.

    Kiara siente como cogen sus piernas impidiéndole moverse o separarse- No hagas eso, ¡ahhh! -Exclama cuando siente la lengua introducirse- Me voy a correr, Angel. No puedo maaas -Suelta gemidos casi gritando, todos sus jugos caen en la cara de Angel, cada parte del cuerpo suelta espasmos, sus piernas tiemblan a mas no poder.

    La lengua de Angel se introduce más, los gemidos y gritos lo enloquecen, sonríe y disfruta el cuerpo de Kiara.

    Angel continua con el juego de su lengua llevando a Kiara al orgasmo, se detiene relamiendo los jugos que han quedado sobre su cara, disfrutando el sabor y viendo la cara de éxtasis que ha provocado en ella.

    K: He de admitir que me gusto que me dominaras, por mi síguelo haciendo sin ningún problema -Se incorpora de la posición en la que esta, Angel la desata de las muñecas

    A: Veo que lo has disfrutado, por eso decidí soltarte, pienso que te lo has ganado -Angel se sienta en el sillón extasiado, Kiara se sube encima, con la cola expuesta empieza a frotarse encima del pantalón, muerde la oreja de Angel

    Angel: Claro que lo seguiré haciendo… -Siente los dientes clavarse en su piel

    Kiara nota una erección cada vez más notoria- Es una lástima que te tenga que dejar con las ganas -Se quita de encima y le sonríe- ¡Ahora vete de mi casa, Angel!

    A: Ahora que…. Por qué tendrías qué dejarme con las ganas…. ¿Sólo porque te solté? -Abre los ojos con expresión de sorpresa

    A: Vaya no debí de confiar en ti

    K: Si, solo por el hecho que me soltaste -Nota lo sorprendido que esta- En ningún momento te pedí que me hicieras acabar, así que largo de mi casa -Toma la mano de Angel intentando levantarlo del sillón

    Angel jala la mano, pero aun así se levanta- Si te solté, fue por cumplir con mi palabra, deberías de considerar eso…

    A: Además era el acuerdo, pero por lo visto tu no estas cumpliendo el primero… ¿Recuerdas cuál era? ¿O el orgasmo te borro la memoria? -Le dice sonriendo

    Kiara rodea los ojos aceptando que tiene razón- El orgasmo borro mi memoria, discúlpame -Dice irónica- Esto solo pasara una vez, así que no te ilusiones mucho -Se agacha frente a él y empieza a lamer su pantalón justo encima de la erección, da leves mordidas y lo acaricia.

    Angel cierra los ojos y echa la cabeza la cabeza hacia atrás- Ufff, pues si tú crees que esto no pasará más de una vez, te dejaré creerlo, qué el tiempo le dé la razón a alguno de los dos.

    K: Si, el tiempo lo dirá todo, Angel -Ve como esta disfrutando, bajo el cierre del pantalón usando los dientes sin dejar de mirarlo, su miembro sale demasiado duro- ¿Así estas por mí, Angel?

    Él la ve a los ojos, y sonriendo le responde- Si así estoy por ti, ¿te sorprende o te halaga?

    K: Ambas cosas -Sonríe y con una mano empieza a masturbarlo, su otra mano acaricia los testículos, paso la lengua por el glande

    Angel se deja llevar por la sensación, posa una mano en su hombro y un gemido se escapa de la boca- Ufff, vaya, tu lengua se siente tan bien, no te detengas Kiara…

    Kiara siente el peso de la mano en el hombro, y empieza a gemir- No lo hare -Mete el glande en la boca, lo chupa con intensidad, su lengua juega con la raya del glande- Sabe tan bien tu liquido preseminal -No dejo de chuparlo, saboreando

    Angel recorre la mano hacia la nuca, enredando los dedos en el cabello, suelta un gemido más fuerte- ¡Ahhhh, dios que boca tienes! -Aprieta un poco la cabeza de Kiara hacia él, llegando más adentro de la garganta- ¡Ummm, sí así me gusta!

    Kiara nota la mano en su nuca y cabello haciendo presión y escucha los gemidos de Angel, la toma por sorpresa sintiendo como llega más a fondo, empiezan a darle arcadas- ¡Ahggg!

    Angel suelta un poco la presión, sonriendo- Ups, no quiero que te ahogues… Solo un poco más Kiara… -Con la mano acelera los movimientos de su cabeza, haciendo un rico vaivén y disfrutando del calor y humedad.

    En su interior a Kiara le fascina que Angel tenga el control así, siente como empieza el vaivén, mucha saliva sale por la comisura de sus labios dejando húmedo el tronco y también los testículos, no deja de mirarlo, su otra mano va a su intimidad empezando a frotarse.

    Angel sube otra mano a la mejilla de Kiara, la tiene entre ambas manos y acompaña los movimientos de su cabeza, cuando ve los movimientos de su mano entre sus piernas… – Vaya qué te has puesto caliente… Sigue déjate llevar… Se que lo estas disfrutando… Ufff… -Suelta un gemido más fuerte, sintiendo que su pene se pone más duro y caliente.

    Kiara nota ya que tiene ambas manos en las mejillas, se lo chupa todo sin parar, cuando escucha que se deje llevar, mete dos dedos sin más en su vagina, da un gemido ahogado por el pene al fondo de su boca, lo nota más duro, su otra mano acaricia los testículos.

    Angel aumenta el ritmo de los movimientos, los gemidos y movimientos de Kiara lo excitan más, sus caricias lo enloquecen- K~Kiar… Kiaraaa, esto… estoy a punto… de…

    A: Uff… Siiii… ¡Sigue!

    Kiara cierra los ojos debido a lo caliente que está, siente como sube la intensidad y sigue acariciándose, aprieta el pene en su boca queriendo que se venga dentro de ella, verlo así gimiendo le fascina.

    A: Umm sí…. ¡Ve voooy a venir! -Acerca la cara de Kiara totalmente a él, introduciendo el pene al fondo de su boca- ¡Ahhhggg sí! -Su pene comienza a contraerse y siente como empieza a venirse, los espasmos le recorren

    Kiara tiene un segundo orgasmo provocado por sus dedos y por haberle chupado, siente como Angel se aferra a ella, recibe todo el semen en la boca, noto sus espasmos, se saca el pene y la abre la boca mostrándole como no dejó escapar ni una gota, lo traga todo frente él, también chupa los dedos llenos de sus jugos sin dejar de mirarlo.

    Angel le observa sin perder el detalle de sus acciones, sonríe al ver lo que hace y cuanto lo ha disfrutado… Piensa dentro de sí… «Seguro lo disfruto más que yo”. Toma a Kiara de la mano para ayudarle a levantarse, ve que entre sus piernas escurren sus jugos, su pene está seco, pero no ha perdido la erección, qué al contrario ha quedado aun apuntando a ella.

    Kiara termina de tragar todo y chuparse los dedos, ella ve como esta él aun de duro, poniendo una mano en él y dándole un suave beso- ¿Quieres más, Angel?

    A: Sin duda quiero aun más de ti, ¿crees que solo un poco de ti iba a dejar satisfecho? -Sonríe pícaro y la ve directo a los ojos- Esto solamente ha empezado… -Se sienta en el sillón y la jala de la muñeca, poniendo su espalda hacia él

    A: Vamos, quiero todo de ti -Le sienta, apuntando su pene hacia la entrada de su vagina

    Kiara le devuelve la sonrisa- Es verdad, sería muy difícil que solo con eso bastaría -Su mirada la intimida y nota su pene en la vagina, de un golpe se sienta sobre Angel- Ahhh, que bien se siente -Empiezo a saltar sobre él.

    A: Ufff no esperaba menos… -Tomándola por la cintura, acompaña los movimientos y siente como su pene se moja más con los jugos qué escurren de la vagina- Ummm qué caliente y húmeda estas…

    Kiara gime ya sin control- No esperabas menos? Que delicia escuchar eso, Angel -Siento las manos en su cintura y como se mueve a la par- Demasiado caliente -Acaricia sus senos y aprieta su vagina- Me encanta sentirte dentro de mí

    A: ¡Lo sé! -La toma del cabello y con cada embestida le da un jalón, un poco más fuerte, lo suficiente para que se arquee- ¡Tu vagina húmeda se siente tan deliciosa!! -Cada brinco suyo y cada jalón, les pone a mil- Disfruto verte brincando sobre mí en tu sillón.

    Kiara grita sintiendo él como jala de su cabello fuertemente- ¡Ahh! -Arquea la espalda y se moja más, brinca con más intensidad- ¿Quisieras también llenarme mi vagina, Angel? -Le pregunta en tono morboso.

    A: Claro que lo quiero, veo que tú también… -Le dice con el mismo tono, mientras suelta el cabello y tomo su pecho en la mano, lo aprieta y pellizca un poco su pezón

    Kiara muerde su labio y jadea notando como lo aprieta y pellizca- S-si lo quiero -Se mueve más rápido, aprieta su vagina sintiendo el pene hincharse, se corre en abundancia- Ah, ahhh, ahhhh. Lléname, Angel, hazlo -Habla con dificultad

    A: Ahhh sí siiii -Siente a Kiara contraer su vagina, su humedad le escurre por el tronco y las piernas- ¡Te voy a llenar toda! -Comienza a venirse dentro de ella, chorros fuertes y abundantes salen del pene, llenándole toda la vagina- Ufff sí sí -Exclama gritando y gimiendo

    A Kiara le dan espasmos sintiendo como la llena de semen, gime fuerte- Ufff, que delicia sentir la combinación de mis jugos y tu semen…

    Angel suelta el pecho, tomándola con ambas manos por las caderas- Uhmm, ¡has sido una delicia de mujer! -Le acaricia la espalda con suavidad- Creo que ahora si has pagado tus clases para pasar tu materia…. -Sonríe de manera divertida.

    Kiara regula la respiración, recuperándose del orgasmo, sintiendo las caricias- Me fascina escuchar ese halago de tu parte. Claro que las he pagado -Ríe y saca el pene de su vagina- Ahora sí, tendrás que irte.

    A: Si, con gusto lo haré… -Abre su mochila y saca un papel doblado- Toma aquí están las respuestas de tu examen…. Con esto seguro apruebas… -La mira y estira su mano ofreciéndolo

    Kiara ve como saca ese papel y lo toma de la mano- Todo el tiempo tuviste las respuestas ahí? -Dice casi gritándole- ¡Me las hubieras dado desde un principio, Angel!

    A: Si, pude haberlo hecho… Pero no habrías disfrutado tanto como lo hiciste hoy… -Sonríe de lado y le pasa el brasier qué estaba en el sillón- No era gratis la lección…

    Kiara toma el brasier- Muchas gracias. En lo primero, tienes razón -Sonríe y se lo pone con el resto de ropa- Nada tuyo es gratis…

    Mientras Angel se viste, la observa, poniendo atención a lo que dice- No… Pero podría ser… eso dependerá de ti… Más adelante Kiara… Tu decídelo

    Kiara termina de vestirse y nota su mirada- ¡Entonces decido que sí, ahora sal!

    Angel toma sus cosas y sale de casa de Kiara, cierra la puerta detrás de él, con una sonrisa de oreja a oreja.

  • Mi primera verga fue la verga de Arturo

    Mi primera verga fue la verga de Arturo

    Casi todos los días yo pasaba a comprar un café o alguna bebida a la cafetería de la colonia donde atendía Arturo, un hombre de unos 35 años, muy atento, que se había divorciado hacía unos meses, eso no era ningún secreto en la comunidad.

    – Hola Arturo buen día ¿cómo estás?

    – Bien bien gracias, ¿tu como has estado José?

    – Bien también gracias, ¿me pudieras dar un late?

    – Claro que si, en un momento

    Pasados un par de minutos, me habló y me entregó mi café, y un par de servilletas, salí de la cafetería y me dirigí a mi trabajo, ya estando ahí, vi que una de las servilletas tenía algo escrito

    “Hola José, sé que es muy atrevido de mi parte, pero quisiera invitarte a una cena de amigos, te dejo mi teléfono”

    Se rumoraba que el motivo del divorcio de Arturo con su mujer, se debía a que ella lo habría descubierto siéndole infiel con un hombre, lo que me hacía pensar que esa invitación no era de amigos, sino de algo más. Yo nunca había estado con otro hombre, pero cierto era que siempre había tenido curiosidad por hacerle sexo oral a un hombre y que este acabara dentro de mi boca, saborear ese néctar directo de su miembro.

    Entonces sin más, tomé mi celular y le mandé mensaje, me contestó a los minutos y nos pusimos de acuerdo para vernos ese mismo día, a las 7 pm, después de eso transcurrió mi día con normalidad, esperando ansioso la hora de salir de mi trabajo e ir con Arturo

    A las 7 en punto, yo estaba en la puerta de la casa de Arturo, esperando a que abriera

    – Hola ¿cómo estás?, que bueno que decidiste venir a cenar conmigo

    – Una invitación de amigos, rara vez se rechaza, gracias por invitarme

    – No agradezcas, anda pasa ponte cómodo

    Durante la cena, me contó de su divorcio, y de que el extrañaba mucho a su esposa, pero que entendía que ella no lo hubiera perdonado por serle infiel, eso no era cualquier cosa para perdonar

    – Arturo, y si la pregunta no lo incomoda, y ya que estamos tocando el tema, se puede saber ¿con quién le fue infiel a su esposa?

    Se me quedó mirando un momento

    – Te puedo decir que fue un joven más o menos de tu edad, pero no te puedo decir su nombre, ella nos encontró justo cuando este muchacho me estaba dando una buena mamada

    – Arturo, eres un cabrón jajaja, tienes verga para repartir a mujeres y hombres por igual, no haces diferencia

    – Así es José, de hecho, si tengo bastante verga para repartir, ¿quieres ver?

    Un silencio se apoderó de la situación

    – Jajaja estoy bromeando, no te apures

    – Si quiero, dije con voz entrecortada

    – ¿Cómo dices? No te escuché

    – Digo que si quiero ver tu verga Arturo

    – Sabía que no me equivocaba, y que tú ibas a ayudarme con estas ganas de coger que tengo

    – Siempre he tenido curiosidad de chupar una verga, pero no sé si quiera que me cojan

    – Entiendo, entonces ¿nunca has estado con otro hombre?

    – Así es, he fantaseado, pero nunca lo he hecho

    – Entonces, no estes nervioso, vamos a hacer solo lo que tú quieras, con mucho respeto, ¿va?

    – Si está bien, ahorita solo quisiera verte la pija, y tal vez tocarla

    Dicho eso, se puso de pie, se desabrochó el pantalón y lo dejó caer al suelo, quedando solo en boxers, los cuales los fue bajando lentamente hasta que dejó descubierto su pene, me quedé viendo su entrepierna, su pene era más grande que el mío, estaba flácido pero aun así se notaba que era algo grande.

    – ¿qué te parece? ¿si te gusta mi verga?

    – La tienes muy grande, por eso decía que tenías verga para repartir a todos jaja

    – ¿Quieres tocarla?

    Sin decir más, me acerqué a él, extendí mi mano y lo tomé de la cabecita para levantarlo, era cálido, muy suave, lo acaricié un poco con mi mano, la otra mano la dirigí a sus testículos, y los tomé ambos con mi mano, eran bastantes grandes también, tenía muy poco vello púbico y casi nada en sus pelotas

    – Siempre he querido conocer el sabor del semen, ¿me darías de tu leche para probar?

    – Jajajaja eso no se pregunta, toma cuanto quieras, lo único que, si no te molesta, quisiera tratarte como mi mujercita, ya hace tiempo que no estoy con nadie, y quisiera saciar mis ganas en ti

    – Si está bien, yo puedo ser por hoy tu mujercita, pero solo quiero chupártela para probar tu lechita, ¿está bien?, no quiero que me cojan, me da miedo

    – Está bien preciosa, tu tranquila, ven, vamos a la sala para ponernos cómodos y te comas bien mi verga

    Solté su miembro que ya lo miraba ya erecto, ya había confirmado que era bastante grande y un poco más grueso que el mío, su pantalón quedó en la cocina, su boxer y el resto de su ropa se los quitó en la sala, yo seguí vestido, no me sentía cómodo el desvestirme, se sentó en un sillón, separó las piernas y me acomodé entre ellas de rodillas, listo para comer un rabo por primera vez en mi vida.

    Volví a tomar su pija con mi mano, y con la otra acariciaba sus testículos, viendo cómo se ponía dura por completo, acerqué mi boca a la puntita y le di un besito, saqué un poco la lengua y lo lamí, tenía un aroma especial, me gustaba, lo ví a los ojos y sonreí tímidamente.

    – No seas tímida, mi verga es toda tuya, saboréala, acaríciela, disfrútala

    Bajé mi mano hasta el tronco, dejando su cabeza completamente descubierta y amenazante, le di otro beso en la punta, abrí la boca y metí la cabaza en mi boca, y traté de chuparla, y moví mi mano de arriba abajo a lo largo de pene, escuché un tipo de suspiro de Arturo, y continué con mi tarea, sin sacar su miembro de mi boca, subía y baja mi cabeza, al mismo ritmo que movía mi mano

    – Eso es cariño, así me gusta, cómeme la verga todo lo que quieras, disfrútala, es para ti

    Escuchar decir que esa verga era para mi me excitaba mucho, y la verdad era que si estaba disfrutando mucho tener su miembro en mi boca y poder pajearlo a mi antojo, quería saber si me la podía meter toda en la boca, puse mi manos en sus piernas, respiré hondo, y fui bajando mi cabeza con el objetivo de tocar su pubis con mi nariz, su verga chocó con mi garganta, intenté un poco más, pero no pude, puse mi mano en la base de su miembro y lo tomaba justo, faltaba que me comiera la medida de mi palma de su verga, definitivamente la tenía muy grande, o yo soy muy malo para comer verga, la saqué casi toda, tomé aire de nueva cuenta, y volví a bajar obteniendo el mismo resultado, calculo que llegaba como a la mitad de su pija, así me quedé quieto un momento con todo lo que podía meter en mi boca de su verga, la sentía bien adentro en mi garganta, y a como pude me adapté para respirar con su verga en mi boca

    – Se ve que te gusta mamar verga preciosa

    Me decía mientras yo tenía su verga metida en la boca, fus sacándomela despacio, y esta vez me la saqué toda, brillaba por mi saliva, me parecía hermosa esa verga dura, grande, imponente, la tomé con ambas manos y la pajeaba, usando mis babas para lubricarlo todo, desde la cabeza hasta su base

    – ¿Ya me vas a dar mi leche papi?, quiero conocer su sabor directo en mi boca

    – No hermosa, falta mucho para que logres sacarme la leche, necesitas esforzarte mucho más

    – ¿lo estoy haciendo mal? ¿no te gusta?

    – Lo haces de maravilla, me encanta lo que me estas haciendo con tu boquita y tus manos, pero aun me falta mucho para acabar jaja

    – ¿Puedo hacer algo para que acabes más rápido?

    – Claro que si bebé, puedo acabar mucho más rápido si me das tu culito

    Sin dejar de pajearlo, miraba su pene, se me hacía inmenso, eso no me va a entrar de ninguna manera, solo me puedo comer la mitad cuando me llega a la garganta

    – Creo que no Arturo, voy a seguir manando hasta que te des mi lechita

    Y volví a meter su pene en mi boca, con una mano pajeándolo al mismo ritmo que la mamada que le hacía, y con la otra le acariciaba los testículos, me encantaba sentir como entraba y salia de mi boca, y como deslizaba mi mano sobre su pene, estaba disfrutando de darle una mamada a un hombre. Continué con mi trabajo por unos 10 minutos, ya me estaba cansando, sentía como entumida la mandíbula

    – ¿Ya merito acabas papi?

    – No bebé, aun me falta mucho

    Volví a ver su pene, que estaba como un mástil, recto apuntando hacía el techo

    – ¿Me va a doler mucho si me la metes por el culito?

    – No preciosa, yo me encargo de que no te duela casi nada, de verdad, confía en mí, lo vas a gozar ya verás

    – La verdad si se me antoja que me cojas, pero tu verga es muy grande, si te digo que te detengas ¿te detendrás?

    – Claro que si bebé, se trata de que disfrutemos los dos

    – De acuerdo, entonces cógeme papi, para que me puedas dar tu lechita en la boca

    – Si bebé, la lechita te la voy a echar en tu boquita, ven vamos a mi recamara ahí estaremos más cómodos

    Solté su miembro, y me puse de pie, después el se paró y fuimos directo a su dormitorio, al llegar el se termino de desvestir, y yo hice lo mismo, hasta ese momento no me había quitado ninguna prenda, sacó una botellita de lubricante, y la puso encima del buró a un lado de la cama

    – Con esto no te va a doler nada cuando te vaya entrando mi verga en tu culito, mámamela para que se me ponga otra vez bien dura y esté lista para tu culito

    Me arrodillé frente a el y comencé a comerle el rabo nuevamente, yo miraba que su pene no había perdido nada de su erección, pero le di ese gusto, además que la verdad, a mi me había encantado esto de mamarle la verga

    – Ya está lista, súbete a la cama y ponte boca arriba

    Yo obedientemente, me levanté, me subí a la cama y me recosté boca arriba como me lo había indicado, con mi trasero cerca del borde, separé mis piernas y él se colocó entre ellas, tomó la botellita de lubricante y se untó en su verga, puso mis tobillos en sus hombros, me tomó de la cadera, me acomodó al borde de la cama y puso su miembro en la entrada de mi culito

    – Tranquila bebé, seré muy cuidadoso, quiero que disfrutes de mi cuerpo, no quiero hacerte daño

    Yo suspiré profundo y traté de relajarme, sentí como empujó un poco y entró un poco, volvió a empujar y entró otro poco, yo sentía incomodidad, no sentía dolor, pero la sensación era extraña, me la sacó un poco y me la volvió a meter sin avanzar más

    – ¿Estas bien apretadita cariño, vamos a ir despacio, te duele?

    – No me duele, sigue por favor, quiero tenerte dentro de mí, quiero que me hagas tu mujercita

    – Claro que si bebé, vas a ser mi mujercita

    Y sentí que empujó otro poco, un ligero dolor sentí que me recorría, yo pujaba y no sé qué cara hacia porque me volvía a preguntar

    – ¿Te duele?

    – No te preocupes papi, solo ve despacio, si me duele mucho te aviso

    – Relájate, ya tienes la cabecita dentro, lo demás va a entrar más fácil, vas a ver que lo vas a gozar

    Yo de oír que solo había metido la cabeza me asusté, pero deseaba sentirlo todo dentro, siguió metiendo y sacando la cabeza, que era lo que me había entrado hasta entonces, me miraba a los ojos, y me avergonzaba, yo volteaba la mirada hacia otra parte, sentí que me tomó un poco más firme de las caderas y empujó un poco más, puje al sentir que se deslizaba dentro de mí, salió y volvió a empujar, muy lento pero sin detenerse, una vez más repetía la acción y yo sentía como si algo enorme me estuviera entrando por el agujerito trasero

    – ¿Te vas acostumbrando a mi verga verdad hermosa? Ya llevas como la mitad y se ve que ese culito quiere seguir comiendo más carne

    – Soy tuya papi, goza de tu mujercita, cógeme – fue lo único que le contesté

    – Me gusta como eres de sumisa, un poquito más y tendrás todo el miembro bien metido en el culo

    Me sacó casi todo su pene, pero dejando la cabeza dentro, tomó de nuevo el lubricante y se volvió a poner en su verga, yo miraba sus movimientos, recostado sobre mi espalda, con las piernas levantadas posadas en sus hombros, viendo su rostro y mirando como el sudor corría por su frente.

    – Prepárate, esta vez te va a entrar toda

    Y comenzó nuevamente a meterme su rica verga, me tomó nuevamente de las caderas, y me la metió, creo que hasta donde ya me había entrado, entró y salió un par de veces más y en una embestida, siguió empujando lento, pero sin detenerse hasta que sentí que su cuerpo chocó con el mío, me quejé, gemí, y me retorcí por esa sensación, me la había metido completa al fin

    – Ya bebé, ya pasó ya la tienes toda dentro, relájate, esto era lo difícil, ya solo queda que disfrutes, tranquila ya eres mía, eres mi mujercita

    – Para ti es fácil decirlo, tu no tienes una vergota metida en el culo, le dije pícaramente

    – Si tienes ánimo de decir bromas, quiere decir que no te duele preciosa

    – Solo un poco papi, pero ya te tengo dentro de mí, ya me puede coger sin preocupaciones, solo recuerda que dijimos que tu lechita me la voy a tomar, quiero conocer el sabor de tu semen

    – Claro que lo recuerdo, quiero llenarte tu boquita de mi leche y ver como juegas con mis mecos con tus manos y te embarras la carita

    Me decía sin sacarme ni un centímetro su miembro que lo tenía bien adentro de mí, comenzó lentamente a hacer un vaivén, yo sentía que me la sacaba muy poco, era como si remarcara el hecho de que me la había metido completa, retrocedía un poco, y volvía chocar su pubis con mis nalgas, otra, otra y otra vez. Yo comenzaba a conocer el placer de tener una verga dentro, ya no sentía ni dolor ni incomodidad, comenzaba a disfrutar del miembro de Arturo. Sentí que hacía más largos sus movimientos, lentos, pero sentía como si casi saliera por completo, y volvía a entrar hasta el fondo, era delicioso, me encantaba

    – Que bien se siente tu culito bebé, parece que estuviera hecho especialmente para mi pene, mira lo bonito que se te ve, comiéndose toda mi verga, tienes un culito muy comelón

    Y seguía con su vaivén lento, me estaba cogiendo y me estaba llevando a la gloria con ello. De un momento a otro, lentamente se fue saliendo de mí, hasta que me la sacó por completo, sentí un vacío en mi interior, como se faltara algo dentro de mí

    – Ponte en cuatro preciosa, ahora quiero que me sientas desde atrás

    Yo bajé mis piernas de sus hombres, y me puse en 4 al borde de la cama como me lo solicitó

    – Que bonita y obediente eres

    Me dio una nalgada, me tomó con una mano de las caderas y con la otra supongo que apuntó su pija a mi entrada, sentí como su pene entraba en mí nuevamente, despacio me la fue empujando hasta quedar otra vez completamente empalado por mi hombre y su gran verga, volvió a hacer ese vaivén lento, sentía como su verga ya se deslizaba dentro de mi sin dificultad, miré hacia abajo, y vi como desde mi pene y hasta la cama había un hilito de mi propio líquido, mi pene estaba goteando mientras recibía esa deliciosa verga por mi culito, como cualquier mujercita estaba bien mojada por la culeada que me estaban dando

    Me seguía cogiendo despacio, podía sentir como me la iba metiendo lento, hasta que topaban sus huevos en mis nalgas, y se quedaba quieto un momento, me la sacaba lentamente, y sin salirse por completo se detenía de nuevo, y me apretaba las nalgas, me acariciaba las caderas, creo que estaba disfrutando cogerme sin ninguna prisa. Con ambas manos me sujeto de las caderas con delicadeza, y me siguió dando por el culo, era muy cuidadoso, no era nada brusco, eso me hacía disfrutar muchísimo podía sentir cada movimiento que hacía con su miembro dentro de mí, después de unos minutos así me la sacó por completo, me dio un beso en una de mis nalgas y me pidió que me recostará de lado, así lo hice, y él se puso atrás de mí, recostado también de lado, estábamos de “cucharita”, me abrazó, me dio besos en el cuello, en los hombros, mientras su pene lo sentía por encima de mis nalgas, cálido y duro

    – ¿quieres tenerla dentro de nuevo?, o prefieres chupármela para sacarme la leche y venirme en tu boquita

    – quiero sentirte más tiempo dentro de mi, y luego quiero saborear tu lechita, ¿si aguantas un poco más papi?

    – claro que si bebé, hoy te voy a complacer en todo lo que quieras, así que ven aquí y echa tu culo hacía atrás y con tu mano guía mi polla para que te vaya entrando

    Yo no contesté nada, solo hice lo que me indicó, eché mi culito hacía atrás, abrí un poco mis piernas para dejar pasar mi mano y buscar su pene con ella, la tomé con mi mano y la bajé de mis nalgas dirigiéndola a mi culito

    – Ponme lubricante o no te va a entrar cariño

    Obedientemente estiré mi mano y tomé la botella de lubricante que estaba en el buró, puse un poco en mi mano y le froté la verga para dejarla bien lubricada, también me pasé la mano entre las nalgas para ponerme un poco, con mi mano pude sentir mi culito que se palpaba abierto como nunca lo había sentido en mi vida, no pensé que eso me pasaría, puse la botella de nuevo en el buró y me recosté nuevamente de lado, con Arturo a mi espalda, pasé la mano entre mis piernas, tomé su verga y la puse en la entrada de mi culito

    – ¿Quieres que te la meta o quieres meterla tú misma?

    Cuando me preguntó eso sentí una excitación tremenda, no le contesté nada, pero eché mi culito hacía atrás, buscando que me entrara, sentía como si su verga escapaba de mí, la volví a tomar con la mano, me reacomodé un poco en la cama, y como pude, sentí que logré meterme un poco más de su verga, me seguí moviendo y me la fui metiendo más y más, hasta que yo me sentía en la gloria con ese trozo dentro de mi

    – Veo que te gusta, me alegra que mi verga te de placer, me dijo al oído, me tenía a mil, yo era suya, yo solita me estaba clavando su herramienta por el culo

    – – te la voy a meter toda, como se que te encanta

    Y sin decir más, me dio un empujón y sentí que me entró aún más verga hasta que topo su pelvis con mis nalgas…. Dios me estremeció ese empujón que me acaba de dar, me sorprendió, según yo ya la tenía toda dentro, se quedó quieto y con sus manos comenzó a acariciar mi espalda, mis piernas, mi pecho

    – Te estoy disfrutando mucho, me encantas, espero que podamos repetir muchas veces

    Y siguió cogiéndome a un ritmo cauteloso, entraba y salía de mi cuerpo con tranquilidad, me encantaba, de vez en cuando se quedaba dentro de mí, y me decía algún piropo al oído, seguimos un rato así, yo quieto, dejándome hacer por Arturo, y este gozando de lo lindo con mi culito

    – Toma una almohada, y ponla a la altura de tu vientre y ponte boca abajo, me dijo

    Yo, como siempre, hice lo que me pidió, y sin sacarme su pija del culo, nos acomodamos, yo con la almohada en mi vientre y el recostado sobre mi

    – Me encanta lo sumisa que eres, voy a querer coger contigo cada que pueda, me fascina lo rico y apretadito que tienes el culo

    Reinició sus movimientos, esta vez solo salía un poco de su pene, y me la metía toda, con movimientos constantes, me hacía sentir tan llena de verga

    – Voy a ser un poco brusco bebé, me avisas si te lastimo para detenerme

    Y comenzó a darme fuerte, esta vez me estaba cogiendo sin contemplaciones, con cada embestida sentía estremecer mi cuerpo, sentía que se movía toda la cama, y escuchaba como si nuestros cuerpos aplaudieran con cada empujón que me daba, Dios, sentía mucha presión en mi culo y el roce de mi pene con la almohada me estaba llevando al cielo, yo apretaba mis manos a la sabana, me retorcía, gemía

    – ¿Estas bien bebé? ¿Me detengo? ¿Te la saco?

    – Sigue, sigue por favor, no te detengas – le suplicaba yo

    Arturo siguió en lo suyo, clavándome la verga hasta el fondo, con fuertes embestidas, yo que sentía el roce de mi pene con la almohada, y la vergota entrando y saliendo frenéticamente de mi culo, estaba en la gloria

    – Se que dijimos que mi leche te la iba a dar en la boca, pero tu culo me obliga a venirme dentro de ti, ¿me das permiso bebé? ¿Puedo llenarte el culito con mi leche?

    – Si, le dije

    – ¿Si que bebé? ¿Si que?

    – Si, déjame la leche adentro, quiero que me preñes

    – Muy bien, si eso es lo que tú quieres, te voy a complacer, aquí te va tu premio por haber sido tan buena niña

    Me siguió dando fuerte por unos instantes más, hasta que me la metió toda, y se quedó quieto dentro de mí, yo escuchaba su respiración agitada, y sentía palpitar su miembro dentro de mí, me besaba los hombros mientras yo seguía sintiendo palpitar su miembro dentro de mí expulsando sus últimas gotas en mis entrañas

    Unos momentos después, me tomó de la cadera, y me indico que nos volviéramos a poner de ladito, y nuevamente, sin sacarme su verga, nos pusimos de lado, y de inmediato con su mano buscó mi pene

    – Faltas tu bebé

    Y me comenzó a masturbar, no tardé ni un minuto en sentir que se me venía el orgasmo, y me comenzó a salir leche disparada de mi pene, sentí que mi culo se contraía alrededor del pene de Arturo, era como si mi ano latiera con su la verga aun clavada, mientras me vaciaba, era increíble el placer que me había producido. Un par de minutos después sentí que su verga salía de mi castigado culito, mientras me abrazaba y me daba besos en los hombros

    – Eres única precioso, perdón por no darte a probar mi lechita

    – Creo que disfruté más probarla primero por mi culito papi

    – Que bueno que te gustó, si estas de acuerdo, tendremos más oportunidades de que la saborees

    – Claro que si, me ha encantado Arturo, me haz hecho tu mujercita, me haz llenado el culito de leche, y me haz regalado el mejor orgasmo de mi vida, no puedo creer lo bien que me hiciste sentir

    – Te dije que lo ibas a disfrutar – Me dijo mientras se tocaba la verga, supongo que a eso se refería

    – Y mucho – le dije mientras acercaba mi mano a su verga, dándole una suave caricia como agradeciendo el placer que me había dado

    Me levanté, me vestí y le dije que me iba

    El desnudo aun, se levantó, me dio un beso en la frente

    – No quisiera que pasara mucho tiempo antes de nuestro siguiente encuentro bebé

    – Nos vemos el próximo fin de semana, y esta vez, primero voy a probar tu leche y luego vemos que más hacemos, ¿te parece?

    – Me encanta la idea preciosa, te estaré esperando con ansias.

    Espero les haya gustado, si gustan enviar comentarios al correo [email protected]

  • Un tropezón con final feliz (2)

    Un tropezón con final feliz (2)

    Eran las ocho y cuarto de la mañana cuando la llamé, el teléfono sonó como tres veces antes de que ella lo descolgara.

    -Buenos días mi zorra.

    -Buenos días mi amo.

    – En 20 minutos paso y te recojo, hoy te voy a llevar a comprar lencería.

    -Como tú quieras.

    -Por cierto, no quiero que lleves nada de ropa interior.

    -Así lo haré mi amo.

    Tras recogerla en su piso fueron a la cafetería, mientras tomaban café él le preguntó.

    -¿Qué tal ayer?

    -Pues la verdad es que sacaste un aspecto de mí que desconocía que lo tenía.

    -¿A qué te refieres?

    -Nunca pensé que podría ser la esclava sexual de un hombre y que además me gustara serlo, al mismo tiempo, me hiciste correrme más de una vez en la misma sesión y eso nunca me había pasado, así que lo de ayer genial.

    -Me alegra oír eso, porque hoy te voy a volver a follar como yo quiera.

    -Sí amo. Le miró a los ojos y sonrió.

    Él pidió la cuenta y salieron a la calle, se dirigieron a la tienda de lencería andando, eran unas pocas calles según google, entraron, tras saludar a la dependienta curiosearon.

    -Elige tres modelos que invito yo.

    -Gracias, ¿algún color especial?

    -Tú elige y ya te iré indicando.

    Aquella situación a ella le daba morbo, siempre se había encargado ella de comprarla, tanto para ella como para su marido e hijo, y ahora iba con un hombre que no era su marido e iba a dar el visto bueno, sintió un cosquilleo entre sus muslos. Ella escogió un modelo normalito de color negro y se lo mostró.

    -¿Te gusta?

    -Pues no, quiero que seas mi puta no una monjita.

    Ella colgó el modelito y siguió buscando, encontró uno de color burdeos con transparencias, encajes y de tamaño reducido.

    -¿Este qué tal?

    -Mucho mejor, esa es la idea. Eligió uno negro similar y otro de color rosa fuerte.

    Se dirigieron a la caja y mientras esperaban su turno la besó con delicadeza pasando una mano por su cintura, la gente los miró con disimulo, pero a ella no le importó, abría su boca para entregarle su lengua. En la calle él llamó a un taxi y le dio una dirección, el taxista asintió y puso rumbo hacia donde Eduardo quería. En el asiento de atrás Eduardo sobaba los pechos de Cristina mientras la besaba, el taxista lo vio por el retrovisor pero continuó conduciendo en silencio. Con su marido nunca se habrían atrevido a hacer una cosa así, pero ahora era la puta de aquel hombre y se dejaba llevar. Sus pezones se habían endurecido y su coño se estaba comenzando a mojar. Una vez llegaron a su destino Eduardo se detuvo, pagaron y se despidieron del taxista que les dedicó una sonrisa de complicidad.

    -¿Dónde estamos amo?

    -Espera y verás. Le dio un azote y le cogió la mano llevándola hacia la puerta del sex shop.

    Una vez dentro, él parecía desenvolverse como si hubiera estado allí varias veces, iba de stand en stand cogiendo lo que necesitaba y lo ponía en la cestita que habían cogido a la entrada. Ella observaba en silencio y casi sin parpadear, pensó que era un hombre experimentado y que sabía lo que quería, no perdía el tiempo, seguramente tendrá más putas como ella repartidas por el país, pero eso no le importó, ahora estaba con ella e iba a follarla de maneras que a ella no se le ocurrirían ni en sus sueños más húmedos y eso la excitaba, toda esa preparación hacía que su coño se humedeciera, una humedad que ella intentaba controlar al no llevar bragas, no quería manchar el vestido pero se estaba convirtiendo en una difícil misión.

    Se dirigieron a la caja y Eduardo le dio la tarjeta al dependiente que se cobró todo lo que él había cogido, salieron de la tienda y se dirigieron al hotel donde él estaba hospedado. En el ascensor no había nadie más que ellos dos y Eduardo aprovechó para subirle la falda y tocar su coño, ella se excitaba conforme subían, pero pensaba en si al abrirse la puerta su amo se detendría si aparecía alguien, la puerta se abrió y el dejó caer su falda, ella respiró al ver un matrimonio mayor esperando para subir, cruzaron un buenos días y cada pareja siguió su camino.

    Una vez en la habitación, Eduardo dejó caer la bolsa y la cogió del pelo, echó su cabeza hacia atrás y le comió las orejas y el cuello, ella se excitaba, las manos de él seguían por sus senos estrujándolos junto a sus pezones, acto seguido le tocó el turno a su mojado coño. Le metió dos dedos y comenzó a follarla, ella gemía, cuando estaba a punto de llegar al primer orgasmo del día, Eduardo se detuvo, sacó los dedos de su coño y mirándola a los ojos se los chupó, ella con los ojos desorbitados y a las puertas del clímax lo miraba excitada y expectante.

    -Quítate el vestido y ponte uno de los conjuntos. Mientras cogía el teléfono y pedía dos botellas de cava.

    -Si amo. Dijo llena de deseo. Comenzó a quitarse el vestido y él la detuvo con un gesto.

    -Aquí no, en el dormitorio.

    Después de llamar a recepción, puso el hilo musical y se sentó a fumar un cigarro mientras la esperaba. Ella salió del dormitorio con el conjunto negro y se acercó a él, sus pezones se veían con bastante claridad por la transparencia del tejido al igual que su depilado coño.

    -¡Vaya! Veo que te has depilado.

    -Sí, lo he hecho para ti amo. Había dejado una pequeña muestra de pelo donde antes había una gran mata de vello púbico.

    -Acércate y date la vuelta despacio. Ella sumisa obedecía y mostraba sus nalgas al completo dado que el tanga no tapaba nada.

    -Inclínate. Tenía delante ese hermoso trasero que ya había sido suyo y le dio tres zotes con relativa intensidad.

    –Ves y cámbiate de modelo. Ella se puso el siguiente y tras los azotes finalmente salió con el rosa que recibió el mismo trato. Llamaron a la puerta y Eduardo le dijo date la vuelta y se dirigió a la puerta, abrió y el camarero entró con el cava, ella. Ella, rígida como una estatua de mármol no movía ni un músculo, se imaginaba observaba por otro hombre al que no conocía y al que no podía ver su rostro, sorprendentemente se excitó, Eduardo le dio una propina y le acompañó a la salida, el camarero había visto el cuerpo de Cristina pero no dijo nada.

    -Ven zorra.

    -Voy amo.

    -Te has portado bien, pero el único que te va a follar soy yo, ¿queda claro? Le dijo apretando uno de sus pezones, ella contestó.

    -Por supuesto mi señor. Con aquel hombre estaba en una montaña rusa de sensaciones nuevas, a cual más excitante.

    Destapó una de las botellas de cava y la roció con él, enseguida sus pezones respondieron al frío contacto de la bebida, Eduardo se dispuso a comérselos, con una mano apartaba las bragas a un lado de su coño y volvía a meter dos dedos en su coño para follarla con ellos, la volvió a llevar a las puertas del orgasmo y allí se detuvo. Ella empezaba a volverse loca de deseo, llegados a ese punto quería ser follada, azotada, lo que fuera, pero no era más que una zorra entregada a los caprichos de su hombre. Eduardo la colocó entre dos sillas dejando su coño al aire, colocó sus manos a la espalda y le puso unas esposas, una mordaza en la boca y ató sus piernas a las patas de las sillas. No podía moverse ni hablar, la inclinó un poco hacia adelante y cogió un pequeño látigo de siete colas y se colocó delante de ella, se lo mostró y ella supo que iba a ser azotada, lo que no sabía era la intensidad con que lo iba a hacer. Él se puso detrás de ella y se lo pasó por la espalda varias veces, de repente se detuvo, unos segundos y le dio el primer azote, ella gimió, no había sido muy fuerte, el segundo lo fue más y el tercero más todavía, en esa intensidad le dio unos cuantos, ella gemía por el dolor y el placer, la mantenía en esa fina línea donde el dolor y el placer se mezclan, se detuvo y cogió un consolador anal, lo impregnó de vaselina y se lo introdujo con ternura mientras le decía al oído.

    -Eres mi puta y voy a hacer con tu cuerpo lo que me salga de la polla. Ella se excitaba más al oírlo susurrar en su oído esas palabras. Tras colocarle el consolador volvió a los azotes, la sensación era nueva para ella, pero seguía excitándose, dejó de azotarla y se puso delante de ella y le vendó los ojos, colocó otro vibrador en su clítoris y le dio máxima potencia, ella intentó dar un salto pero atada le fue imposible, movía la cabeza, no podía aguantar, se corrió enseguida entre espasmos de placer, en esta ocasión no pudo decirle a su amo que se corría. Él le apretó con fuerza los dos pezones a la vez, ella gemía de dolor.

    -Que no puedas hablar, no quiere decir que no lo intentes zorra.

    Ella asentía con la cabeza, entonces él se detuvo. Ella respiró aliviada y quedó a la espera de nuevas experiencias. Si su marido la viera convertida en la puta de un desconocido, seguro que le pediría el divorcio, aquella mujer ya no era la que él había conocido y con la que se había casado. Ella en cambio, se sorprendía con cada actuación de aquel hombre, y más le sorprendía lo que su cuerpo aguantaba y lo que le gustaba ser esa nueva Cristina, que se había convertido en una puta, una zorra, una esclava sumisa a cambio de placer sexual. Ernesto la liberó de todo con calma y le sirvió una copa del frío cava, bebieron mientras se miraban a los ojos hasta vaciarla, tras la copa otra que ya bebieron más despacio, las dejaron sobre la mesa. Eduardo le dijo que se arrodillara y le sacara la polla, ella obedecía sin decir nada, le desabrochó el pantalón y cuando la polla estuvo liberada, Eduardo le pidió que se la chupara, ella gustosa de tenerla en la boca comenzó a lamerla por todas partes, incluidos los huevos de su hombre. Él se reclinó en el sofá y le dijo que le comiera el culo también, su zorra pasaba la lengua por todas partes, tras unos instantes así, Eduardo le dijo que se la metiera por el culo y lo follara, ella obediente la cogió y se la metió despacio, comenzó a cabalgar en aquella polla que la volvía loca, sus gemidos iban en aumento, su respiración se aceleraba, Eduardo cogió el látigo y comenzó a azotarla mientras se lo follaban, la blanca espalda de Cristina se enrojecía mientras gemía pero ella seguía follándolo, tras unas cuantas embestidas los dos dijeron casi al mismo tiempo que se corrían, se quedaron en silencio y él la abrazó desde atrás.

    -Cuando yo no esté, seguirás siendo mi puta en la distancia.

    -Gracias amo por no dejarme tirada cuando ya no estés.

    -Yo no te dejaré nunca tirada mientras obedezcas.

    -Yo siempre seré tu puta y obedeceré estés donde estés.

    – Ahora límpiame la polla. En esta ocasión, Cristina ya no cogió papel, le lamió su miembro hasta que no quedó ni una gota de su esperma, el resto salía lentamente por su culo, después bebieron y él la llevó a la cama, la tiró de espaldas y la ató de pies y manos, le vendó los ojos, se acercó a su oído y le dijo.

    -Vas a batir tu récord de orgasmos hoy.

    -Ya lo batí ayer mi señor.

    -Ayer solo fue una muestra de lo que voy a hacer contigo.

    -Uffff amo, me excitas cuando me dices esas cosas.

    -¿Mi zorra se pone cachonda de imaginar lo que le va a hacer su amo?

    Ella asintió con la cabeza. Eduardo se colocó entre las separadas piernas de su esclava y le mordió repetidamente el interior de los muslos, después le pasó la lengua y se acercó a sus labios vaginales, los lamía de arriba abajo y de derecha a izquierda, ella comenzó a gemir y a ponerse cachonda de nuevo, los fluidos vaginales comenzaban a lubricar su feminidad, Eduardo paró, le introdujo un consolador y volvió a lamer su clítoris, la volvió a llevar a las puertas del orgasmo y allí se detuvo, le sacó el consolador despacio y continuó chupándola, cuando los gemidos aumentaban de decibelios, el se detenía, le metió el juguete. Ella le suplicó que se la follara, pero él la ignoraba, ella intentaba soltarse retorciendo su cuerpo pero toda resistencia era inútil, era su esclava y él estaba haciendo lo que quería con su cuerpo, ella nunca había estado excitada hasta ese punto de locura, en el que ya no controlas tu cuerpo. El hecho de no ver, aumentaba la sensación de placer. El que sí controlaba la situación era él que volvía a lamer y jugar con su coño. Las continuas lamidas y parones habían llevado a Cristina a un punto donde ya era solo un cuerpo a disposición de su amo. Con el consolador en su coño y la lengua de él en su clítoris, Cristina alcanzó un orgasmo inimaginable para ella, su cuerpo temblaba tras el clímax, Eduardo cogió hielo de la cubitera y se lo puso en los pezones, los aguantó así unos segundos y los fue bajando por su cuerpo hasta llegar al coño, allí los mantuvo contra el calor que desprendía esa humeante vagina. Cuando el hielo disminuyó de tamaño, se levantó y pidió comida para dos a recepción, tras colgar el teléfono se preparó un cigarro y bebió de su copa, ella continuaba atada, su respiración se había normalizado y esperaba el siguiente movimiento, le daba igual el que fuera, sabía que aquel hombre que había aparecido en su vida por casualidad, le proporcionaría placer, en dos días que estaba en su vida, había tenido más sexo y experiencias que en los últimos años de su existencia.

    La música se oía y ella se relajó hasta un punto en que casi se duerme, solo la llamada en la puerta la devolvió al presente, pensó si Eduardo dejaría que la volvieran a ver así como estaba, desnuda e indefensa, pero estaba dispuesta a aceptar lo que eligiera su amo.

    Eduardo abrió la puerta y el mismo camarero apareció con el pedido, desde donde estaba podía ver una de las piernas de Cristina y vislumbrar que estaba atada, sintió algo de envidia. Los hombres hablaban y Cristina estaba expectante.

    -¿Te gusta lo que ves?

    -Pues la verdad es que sí señor.

    -¿Te gustaría ver un poco más?

    -¡Ya lo creo!

    Cristina tenía una mezcla de vergüenza y excitación al oír aquellas palabras, estaba ofreciéndola a los ojos de aquel desconocido.

    -Espera aquí. Le dijo Eduardo al camarero. Entró en la habitación y se dirigió al baño, cogió una toalla y cubrió los pechos y el coño de su puta-

    -¡Pasa! El camarero entro titubeante en la habitación.

    -¿Qué opinas sobre lo que ves?

    -Pues… Que es usted un hombre afortunado al tener a una hermosa mujer a su disposición. El camarero era un joven treintañero que no parecía estar acostumbrado a este tipo de situaciones pero supo expresarse con un delicado tacto. Cristina intentaba controlar la respiración, estaba siendo exhibida como si fuera un trofeo, o una esclava en venta, aunque en realidad era ya la puta de Eduardo. Pensó en dónde terminará esta situación.

    -Bueno muchacho, ¿quieres jugar?

    -¡Sí!

    -Está bien, solo puedes ver lo que el azar te dé. Sacó una moneda y le dijo, cara los pechos, cruz su coño. ¿De acuerdo?

    -Sí, de acuerdo señor. Eduardo le ofreció la moneda para que él la lanzara, la moneda cayó al suelo y rodó por el mismo hasta detenerse. Cristina no podía ver nada pero era consciente de todo lo que estaba ocurriendo, que salga cara pensó. Eduardo cogió la moneda y se la mostró al camarero.

    -Ha salido cara, ¿estás de acuerdo?

    -Sí señor.

    Eduardo se acercó a Cristina que respiraba aliviada por lo que había salido. Le bajó la toalla lentamente y mostró sus pechos con unos pezones endurecidos.

    -Puedes tocarlos.

    -¿Qué? Se preguntó Cristina. Ya era una puta oficial, su amo la estaba prostituyendo como si fuera su proxeneta con aquel camarero que no se podía creer lo que le estaba pasando. Le tocó los pechos con suavidad, de un pecho pasó al otro.

    -¿Quieres apretarle los pezones?

    -Sí quiero. Dijo con una excitación patente en su rostro y en el tono de su voz e ignorante de hasta donde llegaría aquella situación.

    -Pues tendrás que hacerlo con más rudeza o se acabó. El camarero apretó los dos pezones a la vez, apretó hasta que Cristina chilló de dolor. Eduardo levantó la mano y el camarero se detuvo.

    -Suficiente por esta vez, puedes marcharte, una cosa más.

    -Dígame.

    -Confío en tu discreción.

    -Desde luego señor, gracias señor.

    Cuando se cerró la puerta, Eduardo cogió el látigo y volvió con ella, le quitó la toalla y la azotó mientras le decía.

    -Eres mi puta y no lo olvides nunca.

    -Si mi amo, soy tu puta, tu esclava. Dijo satisfecha entre gemidos.

    -¿Quieres que te lleve a tu casa o prefieres seguir aquí?

    -Quiero estar donde tú estés.

    La desató y la besó con dulzura, ella se mostraba disciplinada y tierna mientras le devolvía los besos agradecida. Le puso un albornoz y cogió otro para él y se dispusieron a comer. Para sorpresa de ella, él le servía la comida y la bebida, eso a ella le encantó, le hizo sentirse querida por aquel hombre que había revolucionado su vida y su forma de ser. Luego tomaron un café, la llevó a la cama y se acostó a su lado sin decir nada, la abrazó por detrás y le dijo que iban a hacer una siesta para recuperar fuerzas, quedaba toda una tarde para seguir jugando y él pensaba sacarle el máximo partido a su nueva adquisición. Ella por su parte se sintió feliz al notar su abrazo y se relajó hasta dormirse.

    Eran casi las cinco cuando Eduardo abrió los ojos, ella seguía durmiendo a su lado envuelta en el albornoz, él se levantó y se sirvió un café y se preparó un cigarro, se lo tomó en el balcón sentado en una de las hamacas mientras esperaba a que ella se despertara, veinte minutos después él escuchó.

    -¿Amo? ¿Estás ahí?

    -Estoy en el balcón mi niña.

    Esas nuevas palabras a ella la llenaron de placer, era rudo y amable y esa combinación la satisfacían, se levantó y se acercó a su amo, lo besó y se asomó por el balcón, la altura era considerable, algunos edificios no muy lejanos eran de la misma altura eran los únicos en los que podía haber alguien que los vieran.

    -Voy al baño mi señor.

    -¡No! Desabróchate el albornoz y ponte encima de mí. Ella obedeció, separó las piernas y se puso a la altura de su polla.

    -Suelta tú orina mientras te tocas los pechos.

    Ella dudó sorprendida por un momento, pero no iba a llevarle la contraria. Si su amo quería que hiciera eso, lo haría. Cerró los ojos y relajó su vejiga, su cálida orina salía con fuerza contra el pecho de su amo, él ni se inmutaba, la observaba mientras le daba unas caladas a su cigarrillo, poco a poco la fuerza con que salía la orina disminuyó hasta que terminó en un goteo encima de su polla, ella esperó órdenes.

    -Ahora lame mi cuerpo.

    Ella comenzó a pasar la lengua, notaba el sabor de su orina mezclado con el sabor del cuerpo de su señor, cuando llegó a la polla, se recreó hasta ponerla dura, siguió disfrutando de la mamada, su amo le apretaba la cabeza para que se la metiera toda, arcadas, lametones, alguna bofetada y al final, cuando él estaba a punto de correrse, le apretó la cabeza contra su vientre mientras se corría, ella aguantó todo lo que pudo hasta que su amo se terminó de correr en la profundidad de su garganta, entonces se separó y lo miró, él le dedicó una sonrisa.

    -Ahora te toca a ti zorrita.

    -Sí amo sí. Dijo con deseo.

    Eduardo se levantó y le quitó el albornoz, la sentó y le separó las piernas, se acomodó para comerle el coño, ella le acariciaba el pelo mientras la lengua de él la hacía disfrutar, su excitación iba en aumento, su respiración se aceleraba, gemía mientras sus piernas se abrían todo lo que podían para que su amo la devorara a placer.

    -¡¡Me corro mi amo!! ¡Me corro! Él siguió hasta el final y ella terminó de correrse. Eduardo se levantó y con la polla en su mano le dijo.

    -Abre la boca.

    Ella obedeció mientras él comenzaba a mearla, primero los pechos, también su coño, luego subió hasta su boca que se llenó enseguida, la orina salía a borbotones de su boca, luego bajó de nuevo a sus pechos y a su coño donde terminó la lluvia dorada. Se separó de ella y sin decir nada se dirigió al interior de la habitación, ella se quedó sola, pensando en lo que le habían hecho, una nueva experiencia para su memoria, y la había disfrutado sin ningún tabú.

    Eduardo se preparó una copa y con ella salió al balcón, Cristina seguía desnuda en la hamaca con cara de satisfacción y relajada por lo que había sucedido. Él miro y le preguntó.

    -¿Quieres un trago? Ella asintió y cogió la copa, bebió y se la devolvió, él se acercó a la barandilla y miró el paisaje, sin volverse le dijo.

    -Arréglate que salimos a cenar, quiero que te pongas el conjunto negro que compramos.

    -Sí mi amo.

    Una vez en la calle, la cogió de la mano y como una pareja normal, se dispusieron a caminar sin rumbo por las calles de la ciudad a la búsqueda de un lugar donde cenar, la temperatura era agradable y ella era feliz con él y no le importaba donde la llevara con tal de estar con él todo el tiempo de su estancia en la ciudad…

  • La sombra de lo desconocido (3)

    La sombra de lo desconocido (3)

    Aprovechando su estado de euforia, Ana había planificado la tarde para toda la familia, pero por separado. Ella había quedado con María en La Vaguada para hablar de todo lo relativo a su traslado y de paso ir de tiendas, y a mí me tocaba llevar a los niños al cine. Miré la cartelera y tomé conciencia de que ese fin de semana no tenía visos de remontar. Si al menos hubiera podido elegir la película y disfrutar de ella tranquilamente… “El Sueño de Gabrielle” sonaba sugerente, evocador, pero cuando la opción con la que compites es “Capitán Calzoncillos” sabes que tienes las mismas oportunidades de ganar que España en Eurovisión. Luego nos juntaríamos allí.

    Ella apenas probó bocado en la comida, y sin haber aún acabado el postre, se levantó para darse una ducha y arreglarse. Yo ya había terminado de recoger cuando apareció ella, radiante, el pelo suelto, look mojado, labios rojos definidos y maquillaje perfecto. Vestido corto de tirantes que permitía apreciar unas piernas esculturales, unos hombros morenos y marcados y un prominente escote.

    – ¿Pero vais de tiendas o a la Joy Eslava?

    Intenté bromear, aunque mi sentido del humor oscilaba entre el verde bilis y el negro azabache. Entonces Ana pronunció una frase profética que me hizo sentir un profundo desasosiego.

    – Venga, amore, no te enfades, que todo va a salir bien.

    Según reconocidos historiadores, esa misma frase ha sido pronunciada a lo largo de la historia en infinidad de ocasiones y diferentes lenguas; Cleopatra se la dijo a Marco Antonio, Julieta a Romeo, Eva Braun a Adolf Hitler, Jackie Kennedy a su marido, o más recientemente Mariano Rajoy a Luis Bárcenas… y siempre con funestas consecuencias. Aunque lo que más me jodió de su soflama era el modo en que se dirigía a mí. Sólo había dos palabras que me produjeran el mismo rechazo que “amore”, y eran “gordi” y “cari”. Primero, porque nunca sonaban sinceras; segundo, porque parecían sacadas de MHYV; y finalmente, porque ese léxico edulcorado siempre precedía a una cesión, otra más, por mi parte.

    Ana dio un beso a los niños y yo le acompañé a la puerta. Si algo bueno tenía el estar enfadado es que me confería ciertas prebendas, así que a su beso de despedida respondí atrayéndola hacia mí y bajando las manos hasta su culo mientras contemplaba un primer plano de su escote que cortaba la respiración.

    – Se te nota el tanga.

    El comentario hizo que mi posición perdiera fuerza.

    – Ya veo que se te ha pasado.

    Sus ojos brillaban realzando su sonrisa.

    – Y se te ve el suje. Si no hubieras quedado con María estaría celoso.

    Bromeé acompañando la observación de una caricia por encima de sus pezones que reaccionaron al instante, pero ella no se amilanó y al momento noté que su mano apretaba mi paquete.

    – Si María tuviera esto igual me lo pensaba, jajaja. Llámame cuando salgáis del cine. Si ya hemos terminado de mirar tiendas estaremos tomando un café en Taruffi.

    La sola idea de encontrarme con su amiga María me incomodaba. Era una chica rara, arisca, de trato difícil. Yo trataba de ser encantador con ella, derrochaba simpatía, era un actor de método, pero todo lo abierta, risueña, conversadora y accesible que se mostraba con Ana, se tornaba en frialdad y desinterés cuando yo intentaba entablar conversación con ella. ¿Fría? No. Era gélida, un bloque de hielo. ¡Qué digo un bloque de hielo! Era el Perito Moreno de la enfermería, la Princesa Elsa de Frozen, y no sólo por su carácter glacial, sino por su espectacular físico.

    Una melena larga, lisa, rubia deslumbrante, recogida habitualmente en una trenza que dejaba al descubierto un cuello pálido, una piel nívea, suave, delicada, que contrastaba con la rotundidad de sus rasgos faciales y la dureza de su expresión. Unos ojos grandes, azules, de una intensidad y energía comparables al laser de un sable Jedi. Alta, extremadamente delgada, estilizada, con un perfecto culito respingón… sólo había algo en ella que me producía el placer de una pequeña venganza personal ante su indisimulada indiferencia: sus tetas. Su incomodidad con ellas, que parecía sólo perceptible a mis ojos, me confirmaba que sus escotes pronunciados eran únicamente una fingida pose de auto-confianza, de reafirmación… Como si llevara escrito en ellas “sí, las tengo pequeñas, pero firmes y duras”, si es que un mensaje tan largo pudiera escribirse en un espacio tan pequeño.

    Mientras caminaba por la Avenida de Monforte de Lemos con Lucas y Sofía de la mano no podía evitar pensar en el futuro tan oscuro que se me presentaba; ciudad nueva, casa nueva, amigos nuevos, vida nueva… ¿Quizás estaba siendo excesivamente negativo? También podría ser que fuera una nueva oportunidad para recuperar cosas que habíamos ido perdiendo a lo largo de los años; pasión, ilusión, sorpresa, complicidad… alegría. Sí, eso era, habíamos cambiado alegría por comodidad, y como en los timos telefónicos más burdos, nos negábamos a reconocerlo por vergüenza y preferíamos obviarlo.

    – Papá, ¿podemos darle algo?

    La pregunta de Sofía me sacó de mis preocupaciones y me devolvió a la realidad. La miré sin entender nada y seguí la dirección de su dedo índice, que apuntaba hacia un orondo cantante callejero, que sudoroso y enfundado en un frac al menos dos tallas inferior a su propietario, se afanaba en entonar un aria, engolando la voz de manera que en las notas más graves y peliagudas su rostro adquiría una tonalidad rojo burdeos por la falta de aire y sus ojos parecían salírsele de las órbitas.

    “Qui dove il mare luccica

    E tira forte il vento

    Su una vecchia terrazza

    Davanti al golfo di Surriento

    Un uomo abbraccia una ragazza

    Dopo che aveva pianto

    Poi si schiarisce la voce

    E ricomincia il canto

    Te voglio bene assaje

    Ma tanto tanto bene sai

    È una catena ormai

    Che scioglie il sangue dint’ ‘e ‘vvene sai”

    Saqué unas monedas del bolsillo y Sofía corrió rauda ante la presencia de aquel sosias de Pavarotti para dejarlas caer sobre un paño mugriento que amortiguó el tintineo de la escasa calderilla recolectada. El mendigo le dedicó una sonrisa y revolvió su pelo en un afectuoso gesto de agradecimiento.

    – Vamos Sofi, que llegamos tarde.

    Volvió dando saltos y se colgó de mi mano.

    – Papá, ¿soy guapa?

    – Claro que sí, Sofi. Eres la niña más guapa del mundo.

    – ¿Más que mamá?

    Me sorprendió su pregunta

    – Igual que mamá. Las dos sois preciosas.

    – Ya. Es lo mismo que me ha dicho el señor que cantaba.

    Me detuve instantáneamente y me giré justo a tiempo de ver cómo el obeso operista recogía sus bártulos, y al cruzarse nuestras miradas me dedicó una reverencia y una amplia sonrisa.

    No podía imaginarme cómo un personaje así podía conocer a mi mujer. No existían dos mundos más alejados, dos escalas sociales más diferentes, dos físicos más antagónicos… La llegada a la entrada de La Vaguada con el consiguiente alborozo de los niños me sacó de mis cavilaciones y me devolvió a la cruda realidad: pack de palomitas, refresco y película infantil.

    Un ronquido ahogado coincidió con los títulos de crédito en la pantalla y el encendido de las luces. Al salir de la sala los niños repararon en una sesión de cuentacuentos que estaba a punto de comenzar, y me pareció una buena idea dejarles entretenidos mientras iba al encuentro de Thelma y Louise, así que después de la orden de no moverse de allí y esperar a que volviéramos nosotros, les dejé absortos en las explicaciones de una señora mayor que con profusión de gestos y un lenguaje corporal exagerado mantenía la atención de todos los pequeños que la observaban sin perderse detalle.

    Saqué el móvil, que había silenciado durante la película, y comprobé que tenía una llamada perdida de Ana. Marqué su número pero una interminable serie de tonos dio paso al abrupto fin de llamada. Volví a probar con el mismo resultado, así que me encaminé hacia Taruffi por si me estaban esperando ya en la cafetería. Para mi desconcierto, no estaban allí, así que comencé a deambular por las tiendas de moda, aunque sabía que no sería tarea sencilla dar con ellas.

    Después de recorrer todas las plantas y más tiendas de las que yo pensaba que pudieran existir dentro del sector del textil, y cuando ya estaba a punto de desistir y volver para oír cómo terminaba la historia del cuentacuentos, pasé al lado de varias tiendas de lencería y al llegar a la altura de Calzedonia reparé en una pareja de chicos preadolescentes, que, nerviosos, intentaban disimular algo mientras un tercero entretenía a la dependienta. En un primer momento pensé que estaban intentando robar algo, y aunque no soy de naturaleza heroica, sí que adolezco de una curiosidad patológica, con lo que no pude evitar seguir en la distancia su salida apresurada y ver cómo se refugiaban en los baños.

    Imbuido del espíritu de Mike Hammer, David Addison y Sonny Crockett, y animado por la enclenque constitución de los jóvenes rateros, me dirigí divertido a reparar la travesura, intuyendo que su botín consistiría en unas bragas brasileñas, un tanga de hilo o un sujetador de encaje que les sirvieran de inspiración para sus futuras pajas. Y todo parecía confirmar mis sospechas cuando entré con sigilo y únicamente encontré cerrada la puerta del baño exclusivo para discapacitados. Me acerqué lo suficiente para escuchar con claridad la atropellada conversación de los excitados adolescentes.

    – ¡Joder! ¡Qué paja! Ponlo encima de la taza que podamos verlo los tres.

    Había dicho “ponlo” y “verlo”, con lo que las opciones se reducían a tanga o sujetador. Orgulloso de mis cualidades detectivescas, me disponía a interrumpir aquel momento de fogosidad, cuando las siguientes frases cayeron en cascada echando por tierra todas mis conjeturas y llevando mi corazón al borde del colapso.

    – ¡Joder! ¡Mirar! ¡Qué pedazo de tetas tiene la morena!

    – ¡Jooodeeer! ¡Qué buenas está! Y tiene que estar super cachonda, mirar cómo tiene los pezones. Ufff.

    – ¡Mirar! ¡Mirar la rubia ahora! ¡Hostia puta! ¡Son lesbis!

    ¿Morena? ¿Rubia? El aire empezaba a faltarme. El último en intervenir continuó.

    – Mirar, mirar, ahora es cuando la rubia se quita todo. ¡Jooodeeer! ¡Tiene el coño depilado!

    – Pero casi no tiene tetas tío, está plana. En cambio mira la morena. ¡Qué tetazas!

    El tercero confirmó la opinión.

    – Tiene las tetas mucho mejor, ¡y mirar qué cara de zorra! Esa se tiene que comer las pollas a pares.

    – ¡Qué dices! Pero si son lesbis.

    – Igual son bisexuales.

    – Pues a mí me gustan los pezones rosas de la rubia.

    No me podía creer que estuviera asistiendo a semejante tertulia. ¿De verdad estaban hablando de Ana y de María? Mi cuerpo temblaba de nervios y excitación.

    – Calla, calla, que ahora se quita lo de abajo la morena.

    – ¡Joder! ¡Qué culazooo! A ver si se agacha.

    – ¡Mirar! ¡Se da la vuelta!

    – Ufff ¡Lo sabía! ¡Qué coño más negro! ¡Melafo!

    – ¡Me corro! ¡Me corro! Ahhhh

    – ¡Yo también! Ahhh. Toma leche, rubia.

    – Ufff. Yo se la doy a la morena, chúpamela puta, ¡toma! Ahhh.

    Los niñatos se estaban corriendo viendo a las dos amigas en los probadores. Eso me habría podido parecer comprensible. Hasta gracioso si una de ellas no hubiera sido mi mujer. ¿Pero qué coño era eso de que eran lesbianas? En estado de shock, fui incapaz de apartarme de la puerta, pero lo suficientemente ágil como para cuando esta se abrió asaltar a los tres adolescentes con un tono firme y amenazante.

    – ¡Policía secreta! ¡Dadme el puto móvil ahora mismo o vamos todos a comisaría!

    Esas dos frases me sonaron tan ridículas que por un momento pensé que se echarían a reír, pero al ver cómo palidecieron sus caras y cómo el más pequeño levantaba los brazos sollozando, supe que había funcionado, así que insistí.

    – El puto móvil… ¡ya!

    El mayor, con ojos saltones y manos temblorosas, sacó su móvil y me lo entregó gimoteando.

    – Era una broma… Lo íbamos a borrar ahora.

    – ¿Sabéis que esto es un delito? ¿Sabéis el paquete que os puedo meter? A ver qué mierda habéis grabado. Desbloquéalo. Y no se os ocurra moveros.

    Actué rápido. Galería. Vídeos. Abrí el último. Bingo. Cuatro minutos y cincuenta y tres segundos de grabación. Play. El corazón a punto de salirse por la boca, los latidos golpeando el pecho. Allí estaban, Ana y María, en los probadores, con varios bikinis. Los tres chicos debían haber entrado después de ellas a la tienda, porque el vídeo empezaba con un plano de Ana con la parte inferior de un bikini rosa y el suje con el que había salido de casa. Luego se lo quitaba y lo dejaba con el resto de su ropa amontonada en una esquina. La escena siguiente hizo que se me pusiera dura al instante. Ana parecía pedirle a María que le pasara la parte superior del bikini y esta jugueteaba con ella y se reía. La dejó caer el suelo y entre risas llevó sus manos a las imponentes tetas de Ana, apretándoselas y levantándoselas entre risas de las dos. Los pezones de Ana aparecían espectaculares, duros, oscuros, deliciosos. Entonces María comenzaba a desnudarse y yo pensé que me infartaba. Los niñatos tenían razón. Lucía un coño minuciosamente depilado y unas tetas pequeñas pero delicadas, con unos pezones rosados que le hacían parecer aún más joven.

    Algo me llamó la atención. No me cuadraba. ¿Por qué estaba abierto el probador? Paré la reproducción. Hice zoom en la cara de María. ¡Joder! ¡Estaba mirando a la cámara! ¡Sabía que les estaban grabando! Juraría que su cara esbozaba una sonrisa cuando Ana, de espaldas, se desataba el lazo de la parte inferior del bikini rosa y se agachaba para recogerlo del suelo mostrando su culo en todo su esplendor. Luego se giraba hacia la cámara mirando hacia el suelo, pero su cara desaparecía porque habían hecho un zoom en su coño, llevándolo al primer plano, para volver a alejarse y captar una última imagen de las dos amigas desnudas. Es ahí cuando los tres chicos debían haberse corrido al unísono.

    Confundido, mareado, empezaba a dar muestras de debilidad en mi posición, y los tres amigos lo percibían. Tenía que tomar una decisión rápida. No tenía tiempo que perder. Borrar vídeo. Aceptar.

    – Toma el móvil y largaros de aquí, capullos.

    Echaron a correr como si les persiguiera la parca, pero al salir de los baños uno de ellos se giró y asomó la cabeza.

    – Jódete gilipollas, no nos has quitado las fotos del otro móvil.

    No pude reaccionar y me quedé petrificado donde estaba. Si entonces hubiera sabido las consecuencias que me traerían esas fotos en el futuro… Me lavé la cara para despejarme y salí de los baños. Fue atravesar la puerta y darme de bruces con Ana y María.

    – ¡Hola amore! ¡Estás aquí! ¿Y los niños?

  • Le propuse hacer un trío a mi pareja

    Le propuse hacer un trío a mi pareja

    Un día estábamos con mi pareja charlando de todo tipo de temas y estábamos un poquito pasados de copas, y charlamos tanto que se nos hizo las 4 de la madrugada, hasta que tome el valor de sacarle un tema que siempre estuvo en mi cabeza!

    Siempre tuve una fantasía! En realidad yo soy una persona muy intensa en lo sexual y mi mujer es todo lo contrario, ella es muy reservada, ella es muy amorosa, cariñosa, atenta a todo, pero yo quería que ella fuera intensa en lo sexual ya que esa es mi manera de sentir que me ama, que se suelte conmigo y hagamos cosas que jamás hicimos ya que estamos hace 14 años juntos y en lo sexual fue siempre hacer el amor al estilo clásico, y yo siempre tuve esa intensidad en lo sexual de hacer cosas nuevas, como posiciones, que use lencería eróticas, que hagamos videos teniendo sexo, o que nos enviemos videos masturbándonos, ya que eso me excita y me alimenta el alma y me hace amarla mas, aún más de lo que la amo!

    Al pasar los años nunca pude hablarle de mis fantasías o de lo que me gustaría que hiciéramos, no era por qué yo lo deseaba o solo para satisfacer mis necesidades o fantasías, era por qué quería hacer algo nuevo con ella y que disfrutemos juntos, era hacerlo juntos y que sintamos placer juntos, compartir con ella! Nunca tuve el momento de hablar de esas cosas, pasaron 14 años y recién hace 2 meses se dio el momento y lugar de hablarlo libremente, cuando estábamos charlando y pasados de copas a las 4 am, tome el valor ya que estábamos hablando de todo tipo de charlas y le dije, amor me gustaría preguntarte algo ya que lo tengo guardado hace años y más que una pregunta es una charla o sea de que intercambiamos ideas, te quiero contar sobre lo que me gustaría que hiciéramos juntos y lo que te voy a decir no quiero que pienses mal ni que pienses que desea a otra mujer ni que busco en otra mujer lo que vos no me das o no tenés físicamente, al contrario es algo que me gustaría realizar uno porque es una fantasía y un deseo que tengo y otra por qué me gustaría compartir con vos algo nuevo y que disfrutemos juntos y me dice que es amor!

    Mira yo siempre pero siempre tuve el deseo de tener un trío con vos o un intercambio de parejas, no imagines nada malo solo escúchame y después me decís que pensás! Le comenté sobre que yo las veces que ella no estaba en casa o se iba a visitar a su madre yo me masturbaba pensando en ella por qué no me salía ver porno siempre me excito más usar mi imaginación y le digo siempre que me masturbaba me imaginaba teniendo sexo con vos y que metíamos a una tercera persona y al principio siempre imaginaba que estabas vos y otra chica más en el trio, siempre tuve esa fantasía que ya no es fantasía ya es un deseo y le pregunté que pensás sobre lo que te acabo de contar? No pienses que te lo estoy proponiendo ni quiero que te sientas presionada solo te cuento lo que me gustaría hacer con vos los 2 juntos! Disfrutar ambos! Y le pregunté que pensás sobre lo que te acabo de contar.

    Ella me respondió: yo nunca me eh puesto a pensar sobre eso inclusive creo que no tengo fantasías y si las tengo son las básicas como hacer el amor en una cabaña cuando llueve o jugar a qué vos sos el profesor y yo la alumna, pero es algo que no sabría que decirte nunca se me cruzó por la cabeza, o sea me gustaría probar pero el problema está con quién o a quien le decimos.

    En ese momento me ilusioné de que le gustaría probar, y seguimos hablando muy profundamente y le dije que cuál le gustaría realizar primero un trío conmigo y otra mujer o con otro hombre y me dijo que con cualquiera, ahí yo ya empecé a tirarle ideas y entrar en el juego de que se excite con lo que hablamos ya que empezamos a coger y en el momento que ella estaba en el máximo punto de excitación le dije con quién te gustaría hacerlo y me dijo con una mujer.

    Pasaron los meses y volvimos hablarlo y me dijo que le atraía tener una experiencia con una mujer y conmigo y empezamos a buscar a una mujer lo que pasó es que no logramos dar con la indicada, paso el tiempo y le dije si le gustaría que lo hiciéramos con un hombre ya que yo lo había hablado con mi mejor amigo y mi mejor amigo tiene las mismas fantasías que yo y él también se lo propuso a su mujer y le pasó lo mismo que a mi, así que llegamos a una conclusión de convencer a nuestras parejas de juntarnos a tomar algo y que fluyera y que si se daba de tener sexo entre los 4 lo hacíamos sin forzar ni sentir la presión y el nerviosismo de que íbamos directo hacer un intercambio.

    Pasaron 3 semanas y yo logré convencer a mi pareja para juntarnos y ver qué pasaba y mi amigo igual, nos juntamos los 4 y en un momento ya estábamos borrachos y mi amigo y su pareja empezaron a besarse entre ellos y se empezaron a sacar la ropa y con mi pareja los mirábamos hasta que ellos empezaron a coger mi amigo le chupaba la concha y mi pareja se empezó a calentar y se empezó a masturbar en ese momento me di cuenta de que se dio el momento de hacerlo!

    Empecé a besarla nos sacamos la ropa y cogimos en un momento me dijo sentate en el sillón a mi y a mi amigo y se empezó a masturbar con la novia de mi amigo se tocaban juntas y hicieron el 69 mientras nosotros mirábamos y en un momento me dijo vení chupémosle la concha juntos así que con mi pareja le chupamos la concha a la novia de mi amigo mientras el miraba y en un momento se levantó mi novia y se puso a coger con mi amigo fue algo que jamás pensé que me iba a pasar después de ese día cambio todo en nosotros y ahora experimentamos juntos y disfrutamos juntos.

  • Mi esposa y sus sueños de puta (final)

    Mi esposa y sus sueños de puta (final)

    Esta es la última parte del relato donde nos cogimos a mi mujer entre sus compañeros de trabajo y yo en el camper de su empresa.

    Después de la experiencia en la cantina y la culminación en el hotel, mi mujer estaba muy renuente a hablar del tema, incluso pensaba en renunciar, me dijo que no podía verlos ni a la cara, que le daba mucha pena que fueran a pensar de ella. A lo cual yo me fingí algo molesto. Le dije que como era posible que le importara mas la opinión de sus compañeros que el habérselos cogido en mi presencia. Ella decía que yo lo planee todo pero jamás se lo confirme jejeje.

    Le dije que deberíamos hacer algo para subsanar esa situación y le propuse que me diera el cel. de su jefe para ver cómo le hacíamos, para no hacer el cuento largo termine hablado con su jefe y viendo la posibilidad de que me invitaran a su trabajo como visitante para poder echar relajo un viernes por la tarde y platicar para dejar tranquilo el corazón de mi mujer.

    Acordamos que el viernes de esa semana yo iría en la tarde a la hora de la comida para tomar unas cervezas y de ahí meternos al camper y seguir platicando.

    Como ellos eran los jefes de proyecto pues no había problema en que metieran unas chelas de contrabando y seguírsela ahí.

    Todo el personal del proyecto se iba a más tardar a las 5 pm y nosotros regresamos de la comida como a las 6 entonces como podrán darse cuenta ya estaba casi solo y ya íbamos muy entonados.

    Después de un rato de risas y albures, salió el tema de la cogida pasada.

    Poli – Oye bro, carlita, yo me quiero disculpar del otro día. Creo no fue correcto.

    Inge – Si, la verdad respetamos mucho a carlita y pues no se me hace chido

    Carlita – No se preocupen, estábamos entonados jajaja

    Yo – Pero apoco de verdad, no les gusto? La verdad y siendo sinceros creo que ya que estamos en confianza, fue súper rico. El ver como la tocaban cuando bailaron con ella y después en el hotel.

    Carlita – Ya para, no sigas…

    Yo – Por qué? Te calientas mi amor? A poco no te gustaría repetirlo aquí mismo. En el trabajo.

    Se imaginan?

    Entonces aprovechando que ya andamos encaminados, la abrace por atrás y le empecé a besar el cuello y sin avisar subí las manos y le tome ambas tetas de manera firme masajeándolas mientras veía a su jefe que sabía que amaba las tetas de mi mujer.

    Ella trato de quitarme las anos pero ya sentía sus pezones duros y obviamente ya estaba excitada. Le dije al poli que cerrar la puerta del camper.

    Sin dejar de besar el cuello de ella baje su playera del escote y le saque las tetas tan hermosas, quite el bra y quedaron expuestas. Le pedí al inge que se acercara para besarlas y este no titubeo ni tantito. Se acerco casi corriendo y las metió a su boca sin avisar. Sus manos ya están buscando la vagina de ella bajándole el pantalón de manera intempestiva. Parecía un animalito desesperado. Le dije que se esperara que solo las tetas.

    Entonces le quite el pantalón a ella y la deje solo en tanguita sentada en el escritorio, le pedí a su jefe que se sentara a un lado de ella para que pudiera seguirle besando las tetas y le dije al poli que jalara una silla para sentarse justo enfrente de ella entre sus piernas. Le ordene que le hiciera un oral, el de inmediato se acercó a su panochita caliente la olio cual vil perro y con los dientes hizo la tanga de lado y hundió la lengua en lo más profundo de esa papayita. Ella solo gemía ya no se podía contener. Con una mano abrazaba la cabeza de su jefe mientras le comía las tetas y con la otra mano guiaba el ritmo de la cabeza del poli que la tenía entre sus piernas.

    Yo me saque la verga y me empecé a masturbar deleitándome de aquel espectáculo.

    Después de unos minutos le pedí que se bajara del escritorio se acercó a la silla donde yo estaba, me dio la espalda, se empino y se ensarto ella sola en mi miembro, quedo paradita en 4 y aprovecho para mamar vergas mientras la penetraba.

    Cual fue nuestra sorpresa cuando salió lo mas puta de mi mujer. Se hinco y pidió que le llenáramos de leche la cara, quería sentir como nos veníamos los 3 en su cara y beber todo, comérselo completo. Entonces nos empezamos a masturbar los 3 y culminamos casi juntos. Un chorro cayó directo en su boca. Otro en su rostro y el tercero en sus deliciosas tetas.

    Después de eso comenzó a mamar de nuevo las 3 vergas de manera frenética. Deseaba mas leche pero el inge ya se había cansado así que salimos al quite el poli y yo. Nos paró de nuevo las vergas y el poli terminó en sus tetas y yo seguí unos minutos más hasta llenarle de leche la boca.

    Cabe señalar que después de un rato de descansar ella se limpió, se vistió y se fue me dejo ahí con sus jefes.

    Cuando llegue a la casa ella estaba saliendo de bañarse, se cambió y se fue a casa de su hermana.

    Después de unos días me dijo que necesitábamos terminar, que ya no podía seguir esto así.

    Así que mis queridos lectores. Ha sido el divorcio más rico de toda mi vida.

    MI mail es [email protected].