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  • Aposté el culo y gané ¿o no?

    Aposté el culo y gané ¿o no?

    Hola, mi nombre es Claudia y les voy a contar cómo perdí mi virginidad anal, lo cual se dio en la forma que jamás pude imaginar.

    Les cuento, estaba en la universidad y era el cumpleaños de Raymundo un compañero de clases al que todos le llamábamos Ray, la fiesta era en su casa y no estaban sus padres.

    En esa época acababa de terminar con mi novio, debido a que se mudó a otra ciudad por el trabajo de su padre, y aunque pretendientes no me faltaban, no quería tener una relación tan pronto, quería divertirme un poco, sin compromisos, tenía dos grandes amigas Sandra y Laura, las tres éramos inseparables y acudimos juntas a la fiesta.

    Cabe señalar que mis amigas y yo somos muy atractivas, posiblemente de las más lindas de la Universidad, y sin querer sonar arrogante creo que las supero, soy alta, cuerpo bien proporcionado y firme, piel blanca y pelo castaño, piernas largas y bien torneadas, cinturita delgada, tetas medianas pero firmes y un trasero redondito, levantado y firme, me gusta lucir mi cuerpo, vestir sexy y sentirme deseada por los hombres y envidiada por las mujeres, guardando la debida distancia, tampoco era una chica fácil, mis dos amigas me superaban en ese aspecto, tenían por así decirlo, mayor kilometraje en el terreno sexual.

    Fué una fiesta tremenda, bailé con varios chicos y nos divertimos un montón, todo era bromas y risas, se fue haciendo tarde y poco a poco se fueron retirando los invitados, al final quedamos cuatro chicas y cinco chicos, incluyendo al cumpleañero, mis dos mejores amigas, una amiga llamada Rocío con su novio Carlos y Erik, Daniel y Santiago los otros tres chicos.

    Empezamos a contar anécdotas y chistes, en lo que seguíamos tomando bebidas alcohólicas y a alguien se le ocurrió jugar a verdad o reto.

    Estuvimos de acuerdo, y empezamos a jugar, girando una botella para decidir quien proponía el reto o hacía la pregunta y quien le tocaba cumplir el reto o contestar, al principio fueron preguntas y retos inocentes, pero poco a poco, en lo que pasaba el tiempo, los retos se fueron haciendo más picantes y las preguntas más indiscretas, llegado a este punto Rocío y Carlos se retiran, pensé en retirarme también, pero mis amigas me animaron a seguir.

    Laura gira la botella y apunta a Sandra, Daniel es el afortunado en realizar la pregunta o proponer el reto, Sandra elige reto y Daniel le pide bailar Twerking, Ray pone música y Sandra se pone a bailar sacudiendo el trasero hacia adelante y hacia atrás, después se pone en cuclillas, con las piernas abiertas y se levanta empinado el trasero hacia afuera y arqueando la espalda mueve las caderas rápidamente de derecha a izquierda, un twerking tremendo digno de la misma Miley Cyrus, los chicos no perdían detalle del sensual movimiento de sus nalgas, un candente espectáculo que provoca que Daniel quien estaba frente a Sandra, se levante y la tome de la cintura, restregando su pelvis contra sus nalgas e imitando sus movimientos, Sandra gira la cabeza y sonriendo en forma pícara, empuja su culo contra su pelvis, y mueve la cintura rápidamente de izquierda a derecha, al terminar el baile, alcancé a notar como el bulto de Daniel bajo su pantalón había crecido y creo que también la de los demás chicos, incluso noté como Ray se llevaba la mano a la entrepierna para acomodarse el bulto.

    Todos aplaudieron y felicitaron a ambos.

    Es el siguiente turno y la botella apunta a mí, el ganador es Santiago, elijo verdad y todos protestan, me dicen que hubieran deseado que les hiciera también un baile twerking.

    – No, no podría, ja ja, la verdad no me atrevo, creo que necesitaría estar muy borracha para hacerlo- exclamé.

    – Pues entonces otra ronda de bebidas para todos, ja ja- bromeó Erik.

    Todos rieron con la puntada, sirvieron otra ronda de bebidas y brindamos.

    Santiago el ganador me hace la pregunta, y es:

    – ¿Tendrías sexo con alguno de los chicos de esta habitación?

    Sabía hacía donde iba dirigida la pregunta, el baile me había dejado también cachonda y aunque no estaría mal encamarme con alguno de los chicos, no estaba en mis planes.

    Levanté la vista para verlos a todos, y los voy a describir:

    Erik era el más alto y atlético, muy guapo, con una piel bronceada y muy varonil, pelo castaño, ojos verdes y grandes, el más encamable de todos, me atraía mucho su físico, aunque no era muy brillante, su conversación se centraba en deportes y bandas de música, eso era algo que no me gustaba como para llegar a tener una relación, pero no estaría mal para una noche de sexo.

    Santiago también era guapo y muy inteligente, de complexión atlética, aunque menos musculoso y alto que Erik, piel muy blanca y pelo negro, sus conversaciones eran muy interesantes y podía hablar de cualquier tema, aunque demasiado arrogante, a pesar de ser una mujer inteligente en varias de las conversaciones grupales me había hecho quedar como una estúpida, tenía un sentido del humor muy ácido, si bien me atraía mucho su inteligencia, me incomodaba su forma de ser tan engreída, sentía una mezcla de atracción y aversión por ese chico, se podría decir que era el único de los chicos que me caía mal, incluso me había invitado a salir en un par de ocasiones y lo había rechazado, era mayor la antipatía que sentía por ese chico que su atractivo.

    Ray era el clásico chico tierno y simpático, delgado y piel blanca, con una sonrisa encantadora y ojos grandes y expresivos, cabello castaño, respetuoso y muy divertido, así que también me lo llevaría a la cama y por último Daniel, un chico de piel morena apiñonada, delgado pero fibrado, no muy agraciado de cara, pero muy pícaro y simpático, tal vez, no tan encamable como los otros tres, pero no estaba mal, definitivamente no me molestaría tener sexo con él.

    Así que ante la pregunta de Santiago la respuesta fue sí, si tendría sexo con alguno de ellos, respondí, un poco sonrojada y sin dar nombres, ni detalles.

    Empezaron a bromear sobre quien de ellos me llevaría a la cama y me presionaron a que les dijera con quién de ellos me gustaría tener sexo, me ruboricé, y les respondí:

    – Chicos, están muy guapos todos, pero no se hagan ilusiones, no soy una chica fácil, así que olvídense de encamar a esta palomita.

    Giré la botella y ahora la boca apunta a Santiago, y elige reto, el otro extremo apunta al espacio que hay entre Laura y yo, no sabría a quien le correspondía proponer el reto, pero mi amiga Laura, se apresura y le pide bailar como stripper, nuevamente Ray se para a poner música, Santiago se sube a la mesa de centro, una nueva ronda de bebidas y nos sentamos mis amigas y yo en el sofá, frente a Santiago para disfrutar su baile.

    Empezamos a chiflar, aplaudir y gritar para animarlo e inicia su candente baile, bailaba muy bien, tenía ritmo y se movía en forma muy sensual, moviendo sus caderas empezó a desabotonar su camisa, hasta que finalmente la aventó y siguió con su camiseta interior, dejando al descubierto un torso bien definido, sin ser musculoso como Erik, se notaba que hacía deporte o ejercicio, realmente parecía un stripper profesional, tomó mi mano y la pasó por sus pectorales, sentir el contacto de su piel desnuda me hizo sentir un escalofrío y la retiré de inmediato, sonrió en forma pícara ante mi nerviosismo, mis dos amigas gritaban emocionadas, se puso de espalda y empezó a desabrochar el cierre de su pantalón, lentamente se bajó el pantalón y dejó ver su firme trasero cubierto por un ceñido bóxer que se metía ligeramente entre sus nalgas, nuestros gritos eran estruendosos, nos reímos un poco cuando intentó quitarse los pantalones y tropezó, pero se recompuso y siguió bailando, da media vuelta y queda frente a nosotras, sigue bailando sensualmente, en

    el bóxer se dibuja su verga, definitivamente está muy bien dotado, me quedé mirando su bulto como una boba, estática, no sé, tal vez estaba mareada por el alcohol o demasiado excitada, pero no perdía detalle, de pronto siento un empujón en la parte de atrás de mi cabeza y mi cara se estrella contra la verga de Santiago, apenas un instante, alcancé a sentir ese tronco caliente y palpitante sobre mis labios y mejilla y el embriagante aroma viril de su miembro inundó mi nariz, un aroma a verga de macho excitado, una descarga de adrenalina recorrió mi cuerpo y me retiré al instante, mi cara se puso roja como un tomate, avergonzada, todos se pusieron a reír, le recriminé a mi amiga Laura el que me haya empujado, pero por dentro sentía mi coñito hervir, completamente empapado, la excitación que sentía era tremenda.

    Termina el baile y Santiago se pone el pantalón, pero deja su torso desnudo, lo cual lo hace ver muy sexy, no deja de mirarme y no puedo sostenerle la mirada, ahora es su turno por ser el último en realizar un reto y gira la botella, lentamente se detiene y nuevamente la boca apunta a mí y el otro extremo a Santiago, protesto por volverme a tocar, pero mis protestas son rechazadas entre risas de todos, así que les digo:

    – Ok, está bien, pero pido verdad, no me van a ver bailando twerking, lo siento chicos.

    Santiago me mira detenidamente y sonriendo en forma pervertida suelta su pregunta:

    – Ok, Claudia, cuéntanos con lujo de detalle, como fue la primera vez que te estrenaron el culo.

    No esperaba una pregunta tan personal y con voz débil, dudé en contestar.

    – No entiendo, ¿a qué te refieres con estrenar el culo?

    – Pues a eso, cuenta la primera vez que te la metieron por el culo, por detrás- respondió Santiago.

    Todos se me quedaron viendo, esperando mi respuesta, pero a pesar de no ser una santa, nunca había tenido sexo anal antes y aunque alguno de los chicos con los que llegué a tener sexo me lo pidió, no acepté y había conservado mi virginidad anal, a pesar de considerarme de mente abierta en lo referente al sexo.

    Mis amigas eran las culpables de que hasta la fecha no hubiera entregado mi culito y es que en una ocasión, en una charla entre amigas, Sandra me contó que lo había probado una sola vez y que había sentido el dolor más intenso de su vida por lo que nunca volvería a dejarse coger por atrás y Laura me dijo que a veces se dejaba meter un dedo en el culo, pero que no le gustaba, se sentía incómoda y no pensaba ir más allá, por lo tanto, cuando mi novio me lo pidió, me negué tajantemente, así que respondí con seguridad:

    – Lo siento chicos, pero no les voy a contar nada, porque nunca he tenido sexo por la colita.

    – No lo creo, Claudia, mientes, tienes el mejor culito de la escuela, no creo que no te hayan pedido el culito y lo hayas entregado, vamos se sincera y cuéntanos.- insistió Santiago.

    – La verdad si me lo han pedido, ustedes los hombres siempre quieren la cola, pero no la he entregado porque es algo que duele muchísimo y no causa placer a las mujeres, es sólo un capricho de ustedes los hombres y solamente ustedes gozan.

    – Eso no es cierto, el noventa por ciento de las mujeres que lo prueban, les encanta y siguen repitiéndolo, es más, personalmente he enculado a muchas mujeres y todas después han regresado para que las vuelva a encular. Si a una chica le duele es porque el tipo no sabe cómo hacer el sexo anal.- replicó con la soberbia y arrogancia que lo caracterizaba.

    Nuevamente me molestó su forma tan engreída de ser, y sin pensarlo lo traté de dejar en ridículo y respondí riendo y burlándome de él:

    – Ja, ja, ja, no son más que mentiras, es más dudo mucho que hayas enculado a una chica, son puros cuentos, es más, aunque te he visto con chicas, nunca te he conocido una novia, se me hace que sales con chicas sólo para disimular y hasta eres gay.

    Todos rieron de mi respuesta, me sentí orgullosa de por fin ridiculizar a ese guapo pero engreído chico y tomar venganza de las veces que me había hecho quedar como una tonta.

    – No soy gay y estoy seguro de que te la puedo meter sin dolor, puro placer y estarás gimiendo y gozando y tu misma me pedirás que te la vuelva a meter por el culo. – me retó

    – Ya calla, dices puras bobadas, hablas demasiado – repliqué riendo.

    – Pues te lo demuestro, aquí mismo y con todos los que están aquí como testigos. – sentenció.

    Todos se me quedaron viendo esperando mi respuesta a semejante reto, imaginé sus burlas si me echaba para atrás, así que le propuse una condición que seguramente no aceptaría:

    – Si gano tendrás que salir a la calle desnudo y caminar alrededor de toda la cuadra.

    Sonriendo y con un aire de extrema confianza simplemente respondió:

    – Acepto.

    No podía creer hasta donde había llegado, mi corazón latía a mil por hora, pero a pesar de todo estaba sumamente excitada.

    Con total desfachatez y arrogancia preguntó si alguien tenía lubricante, vaselina o aceite de bebé y Ray se apresura a ir a su cuarto por un botecito de lubricante, al entregárselo a Santiago le dice que podemos usar la recámara de sus padres.

    Sentía todas las miradas, mis amigas me miraban con los ojos bien abiertos, incrédulas, los otros chicos con una sonrisa burlona, sentía una mezcla de emociones difícil de describir: vergüenza, miedo, excitación, tomé mi vaso de licor y me lo tomé de un solo trago para darme valor al tiempo que Santiago me tomó de la mano y nos dirigimos a la recámara, mis piernas temblaban, sentía que debía salir corriendo, no lo hice, mi mente era un caos, mil pensamientos cruzaban por mi mente.

    Al cerrar la puerta de la recámara, recordé a mis amigas y me volvió a dar miedo, lo tomé de las manos y mirándolo fijamente a los ojos le expresé:

    – Recuerda tu promesa, tengo miedo, no me vayas a lastimar, si me duele, no me forces, promételo.

    – Tranquilízate preciosa, déjame a mi, soy un experto, solo déjate llevar y confía en mí, te prometo que si algo no te gusta no te forzaré, pero estoy seguro que vas a gozar y vas a querer repetir- respondió, al tiempo que sus labios se acercaron a los míos y me dio un tierno beso, me sorprendió, e hice algo que no hubiera esperado: me recosté sobre su pecho como una gatita asustada, mi cuerpo temblaba.

    Me tomó en sus brazos con ternura, sentía el calor de su piel, tomó mi cara y me miró con dulzura, parecía otra persona y me dijo:

    – No tengas miedo, bebé, sería incapaz de lastimarte y me dio un ardiente beso en mis labios.

    Nuestras lenguas se entrelazaron, su lengua recorría mi boca a placer y me fue quitando la ropa, primero cayó mi blusa y posteriormente mi pantalón, besaba mi cuello, mordisqueó el lóbulo de mi oreja, su lengua se enroscó en la parte de atrás, toda mi piel se ponía chinita, nunca pensé que el chico que odiaba por su arrogancia fuera tan tierno en la intimidad.

    Me quitó el sostén y sus labios besaron mis pechos, lamió y succionó mis endurecidos pezones, los acariciaba con suavidad.

    – Linda, que lindos pechitos, mi amor, mi cielo, son tan hermosos.

    Me jaló hacia la cama, se sentó en ella y me tomó de la cintura para dar media vuelta, mi culo quedó frente a su cara, expuesto en todo su esplendor, solamente con mi tanguita puesta.

    – Mi amor, que colita más hermosa tienes, el mejor culo sin dudarlo, no tienes idea de las veces que he soñado con este momento- confesó.

    Comenzó a acariciar mis nalgas muy suavemente y mi piel se erizó, corrió la tela de mi tanga que estaba enterrada en mis nalgas y con la yema de su dedo rozó mi esfínter, todo mi cuerpo se estremeció y en forma involuntaria apreté las nalgas, no pensé que mi esfínter fuera tan sensible, esa leve caricia me había encantado, apreté mis labios para no gemir.

    – Tranquila bebé relájate, solo disfruta, no te voy a hacer daño- Dijo y empezó a besar mis nalgas, era un experto, me encantaba la sensación de sus labios ardientes recorriendo mi piel, y en forma instintiva paraba la colita cada vez más.

    Aprovechó para bajarme completamente la tanguita y abriendo mis nalgas contempló mi esfínter y expresó:

    – Ufff, amor mío, la verdad lo tienes muy cerradito, que ricura, tierno y rosadito, será un verdadero placer gozarlo y hacerte gozar.

    Cuando su lengua tocó por primera vez mi orificio sentí que todo mi cuerpo se sacudía, se me aflojaron las piernas y no pude evitar lanzar un suspiro de placer, siguió con su ataque, su lengua recorría una y otra vez mi agujero mientras sus dedos alcanzaron mi coñito y masajeaban mi clítoris, la puntita de su lengua buscaba horadar mi entrada y sentí como se hundía ligeramente, me hizo inclinar más la espalda y arremetió metiendo su cara entre mis nalgas, su lengua recorría toda mi rajita, desde mi clítoris hasta mi culo, estuvo comiendo mi culo por unos 10 minutos, apretaba mis nalgas con fuerza, las abría para lengüetearme a placer mi anito, saliva escurría por mis muslos, estaba en el paraíso, empecé a gemir y exclamé:

    – Ayyyy, Santiago, que me haces, que rico se siente, me vas a hacer acabar, agghggh.

    – Acaba amor, no te preocupes, solo disfruta y goza.

    En ese momento sus dedos penetraron mi empapado coñito y empezó a comerme el culo con mayor intensidad, ya no pude aguantar más y me vine intensamente, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, me tomó de la cintura más fuerte y clavando su cara entre mis nalgas succionó mis jugos vaginales y mi culito, mis piernas se me doblaban del placer que sentía, fue un orgasmo larguísimo, y no me soltó hasta que terminó.

    Se levantó y me pidió recostarme en la cama boca abajo, tomó una almohada y levantando mi cintura, la puso bajo mi vientre, aprovechó para despojarse de su ropa, alcancé a ver de reojo su verga, era larga y venosa, con una cabeza rosada y brillante, un poco alargada, definitivamente un bello ejemplar de miembro masculino. La hora de perder la virginidad de mi culito había llegado.

    Se arrodilló entre mis piernas y nuevamente se apoderó de mi colita, me mordía las nalgas y me lamía con pasión, me hacía suspirar con cada lengüetazo que me daba, una vez que me dejó el culito bien ensalivado, sentí la yema de su dedo posarse en mi orificio anal, acariciando y masajeando mi esfínter en forma circular, cada vez ejercía más presión, hasta que ocurrió lo inevitable, su dedo venció la resistencia de mi esfínter y la primera falange se coló dentro de mí culo, apreté mis nalgas en acto reflejo, no sentí dolor, pero no era algo agradable

    – Tranquila bebé, sólo es un dedo, no te voy a lastimar, tengo que dilatarte la colita poco a poco, relájate y sentirás placer.

    Sin sacarme el dedo, siguió acariciando las nalgas y esperó pacientemente a que me relajara, cuando lo logré, empezó a rotarlo y acariciarme por dentro, tal como me había prometido empecé a sentir placer y me dejé hacer, se sentía divina esa suave caricia en mi zona más íntima, después empezó a meter y sacar suavemente su dedo y estirándose en la cama alcanzó el bote de lubricante. Sentí un chorro de líquido frío entre mis nalgas y con su mano lo esparció por todo mi culo, masajeando la entrada anal en círculos, creo que me echó demasiado porque sentí como escurría entre mis piernas, presionó nuevamente su dedo y mi culito se abrió sin ninguna resistencia, lo enterró hasta el fondo y no pude evitar dar un gemido de placer, posteriormente empezó a meter y sacar su dedo, aprovechaba para poner un poco más de lubricante que aplicaba en mi interior, cuando sintió que ya entraba y salía con facilidad, insertó un segundo dedo, y di un respingo.

    – Tranquila, no aprietes amor, tu culito dilata muy bien, pero hay que abrirlo poco a poco para que no te duela, vas a ver todo el placer que te puede dar tu culito.

    Intenté relajarme, sentir dos dedos dentro de mi cuerpo me causaba incomodidad, pero era soportable, unos segundos después estaba gozando sus dedos, cada vez sentía mi colita más flojita y abierta, me estaba abriendo como un experto y disfrutaba como loca, paraba más la colita para que me entrarán más profundo sus dedos, los movía en forma circular y los abría como en tijera presionando suavemente mis paredes internas y dilatándolas, en eso, abrió los dedos lo más que pudo y echó otro chorro de lubricante que entró directamente al interior de mi culo, sentí el líquido frío entrar en mi interior y como sus dedos se encargaban de distribuirlo y llenarme todo el culo de lubricante por dentro. Estaba gozando lo que me hacía, sacó sus dedos y sentí un vacío, voltee y a punto estuve de pedir que me metiera nuevamente sus dedos, vi por el reflejo del espejo del tocador que se estaba embadurnando de lubricante su tremenda verga, se veía tan grande e imponente y su hongo tan grueso que me dio nuevamente miedo y le expresé :

    – Es muy grande, no creo que me vaya a entrar, recuerda que si me duele, no me la metas.

    – No tengas miedo, confía en mí, recuerdas como poco a poco tu culito se fue dilatando, primero no entraba mi dedo, después entraron dos y estoy seguro de que no te ha dolido ¿o si?

    – No la verdad, no, alguna incomodidad al principio pero no dolor, pero tu verga es mucho más gruesa que dos dedos.

    – Si, sentirás igual, un poquito de incomodidad al principio, pero no dolor, una vez que te relajes te sorprenderás del placer que una verga puede darte, si con dos dedos te gustó, con mi verga aullarás de placer como una loba en celo, al ser más gruesa y más larga, te estimulará más y mejor que con dos dedos.

    – Tienes un culito precioso, y es una lástima que no hayas disfrutado del placer que puede darte, sólo relájate y te prometo que gozarás como nunca cuando mi verga te recorra por dentro.

    Se posicionó entre mis piernas y presionó en mi espalda, obligándome a quebrar la cintura y levantar mi culito, sentí el tibio roce de la cabeza de su verga entre mis nalgas, recorría el canal de arriba abajo, pero cada que pasaba por mi hoyito se detenía un instante para apoyarla y hacer un poco de presión, la sensación era exquisita, la cabeza de su verga se sentía cálida y tersa, chorreaba un poco de precum.

    – Así nena, disfruta, sientes mi verga, gózala, no tengas miedo y relájate.

    Empezó el vaivén, era rico, delicioso, así estuvo un rato y me fui relajando, entonces me dijo:

    – Puja un poquito como cuando vas al baño y vas a sentir más rico.

    Así lo hice y el contacto se hizo más íntimo, así me siguió punteando como veinte minutos, jugando a presionar y dejar de presionar, me decía que me estaba besando la colita con su verga, cada vez sentía la cola más dilatada, más sensible, mi cuerpo más relajado, el miedo había desaparecido por completo, se acomodó nuevamente y con dos manos en mi espalda me hizo quebrar más la cintura, abrió más mis piernas y aumentó la presión de su verga contra mi ano, sentí que mi culito se iba abriendo y ya no retrocedió, forzando a mi esfínter abrirse hasta coincidir con el tamaño de su enorme hongo y traspasarlo, el dolor que sentí fue tremendo, fue como si me partieran en dos y lancé un fuerte grito de dolor, que seguramente escuchó todo el edificio.

    – Sacaaa, Sacalaaaa, me duele – grité sin importarme que pudieran escucharme.

    Un par de lágrimas rodaron por mis mejillas, no me soltó, me tenía fuertemente sujeta de la cintura, con mis manos intentaba empujarlo, liberarme, sin éxito, se quedó quieto, e intentaba tranquilizarme.

    – Tranquila, relájate, ya tienes la cabeza dentro, es lo más grueso, pronto pasará el dolor y sentirás mucho placer- me dijo al tiempo que me seguía acariciando mis nalgas y mi espalda

    Cómo por arte de magia el dolor agudo fue cediendo y mis gritos se fueron apagando, sentía como latía la cabeza de su verga en mi interior, continuaba sin moverse, disfrutando la estrechez de mi culito, me preguntó:

    – ¿Ya pasó el dolor?

    – Duele, pero es más soportable, siento ardor y como adormecido el culo- respondí

    Entonces inició un lento vaivén, avanzaba dos milímetros y retrocedía uno, poco a poco iniciaba la conquista de mi culo, sentía como se iban abriendo mis pliegues internos con un ligero ardor, pero el suave masaje de su verga contra mis paredes internas me provocaba cada vez mayor placer, después de un rato anunció.

    – Ya tienes media verga dentro nena, la sientes.

    Vaya que la sentía, sentía que estaba a punto de reventar, y todavía faltaba media verga, pero traté de relajarme y morir empalada.

    A partir de este momento el vaivén se fue haciendo más largo y profundo, me la sacaba hasta dejar solo la cabeza dentro y me la metía suavemente avanzando cada vez más, haciéndome jadear, bocanadas de aire salían de mi boca, después de un rato sentí el pelambre de su pubis acariciando mis nalgas y de un golpe me ensartó la última parte de su verga, su pelvis chocó con mis nalgas y un nuevo grito salió de mi boca. Se quedó quieto nuevamente para que mi culo se adaptará al tamaño de su verga.

    – Listo nena, ya eres mía, tienes el mejor culito, el mejor culito que me he cogido en mi vida, no sabes cómo lo estoy gozando, aghhh, que suave, caliente y como me aprieta la verga, aghhh.

    Me sentía tan llena, sentía que la cabeza de su verga me estiraba por dentro, un calor interno que me devoraba, el dolor no se había extinguido del todo, pero el placer que sentía crecía cada vez más.

    Después de unos minutos sin moverse anunció:

    – Ya no te duele, ¿cierto?

    Afirmé con mi cabeza y en ese momento me dijo:

    – Prepárate porque empieza la culeada, te voy a hacer gozar y chillar de placer, el mejor sexo que has tenido en tu vida.

    ¿Apenas empezaba la culeada?, ¿que había sido todo lo anterior?, pensé, pero pronto obtendría respuesta. Se recostó sobre mi cuerpo, uno de sus brazos rodeó mi cuello y el otro abrazó mi cintura, su pecho quedó pegado a mi espalda y su boca besaba mi nuca, mi cuello y mis orejas, empezó a darme embestidas largas y profundas, mientras susurraba y me decía cosas dulces al oído, me sentía derretir en sus brazos, las venas de su verga me frotaban por dentro y en cada embestida sus huevos chocaban con mis nalgas, haciéndome gemir de placer, una corriente eléctrica recorría mi cuerpo en cada empalada, me estaba volviendo loca, un placer insospechado, jamás pensé que mi culo pudiera hacerme gozar de esa forma.

    Me estuvo culeando a placer por más de quince minutos, me sentía una muñeca de trapo en sus brazos, cada vez me embestía más rápido y profundo, me clavaba la verga con tal fuerza que me hundía en la cama, mis ojos se pusieron en blanco y empecé a gemir con todas mis fuerzas, empecé a culear hacia atrás y el contacto se hizo más intenso, aflojaba el culito para que me entrara más profundo y lo apretaba cuando salía, lo escuché gemir.

    – Aghhhh, nena, que rico, me encanta, me vas a sacar la leche si sigues así. Que rico me aprietas la verga.

    Escucharlo gozar me hizo sentir dominante, en control de la cogida, aminoró la velocidad de sus embestidas, lo dejaba llegar hasta lo más profundo y entonces apretaba el culo con fuerza haciéndolo aullar de placer. Sentía su verga contraerse e hincharse dentro de mí, en eso sentí su mano llegar a mi coñito y un par de dedos se hundieron en mi coño, todo mi cuerpo empezó a convulsionar, mis piernas temblaban, empecé a correrme gritando de placer como loca, espasmos recorrían mi cuerpo e involuntariamente apreté el culo con más fuerza, inmediatamente escuché un gruñido que salía de su boca, su verga se hinchó más que nunca y me la enterró con toda su fuerza, empezó a descargar sus chorros de semen ardiente dentro de mis entrañas. Sentí cada uno de sus chorros de leche llenando mi culito, chorro tras chorro, tanto esperma como ningún otro,

    Se desplomó sobre mi, nuestros cuerpos sudaban, después de unos minutos sentí que su verga perdía dureza y le pedí que me la sacara, comenzó a sacarla muy lentamente hasta que nuevamente la cabeza amplió mi esfínter y salió junto con un chorrito de semen.

    Me levanté como pude, mis piernas me temblaban y mi culo me ardía, me dirigí al baño con semen escurriendo por mis nalgas. Santiago me siguió.

    Al sentarme en la taza empecé a soltar a chorros la leche en el interior de mi cuerpo, sonreía orgulloso por todo el semen que me había inyectado, su verga chorreaba semen también.

    Tan pronto terminé de descargar su semen, me metí a la regadera junto con Santiago, me bañó con ternura, lavando mi culito con cuidado y agradecida le lavé la verga, a medida que se lo lavaba volvía a ponerse duro y me pidió seguir cogiendo, que nunca en su vida había gozado tanto y que lo había vuelto loco, a mi pesar le dije que no, que estaba cansada, que ya sería en otra ocasión y le di un tierno y amoroso beso. Nos secamos y vestimos.

    Habían pasado más de dos horas y esperaba que ya a esas horas todos los de la reunión se hubieran marchado, pero al abrir la puerta me di cuenta de que no era así, ahí estaban todos a la espera de que saliéramos, mirándonos con detenimiento y sorpresa, algunos sonriendo maliciosamente

    Primero salió Santiago, sonriendo triunfante y presumiendo dijo:

    – Gané, hice gozar a Claudia como nunca – exclamó

    Nuevamente regresaba su arrogancia y aunque me sentía humillada y con vergüenza, reclamé.

    – No Santiago, la apuesta no era esa, la apuesta era que me la podías meter por detrás sin sentir dolor y me dolió horrible.

    – Es cierto- exclamó Erik,

    – Todos escuchamos los gritos de Claudia- agregó Ray.

    Todos estuvieron de acuerdo y le dijeron a Santiago que había perdido y tenía que cumplir la apuesta, a lo que no le quedó más remedio que aceptar.

    Lo acompañamos a la puerta del edificio, estaba amaneciendo, pero por ser domingo la calle lucía desierta, allí se desnudó sin ninguna pena, al contrario parecía disfrutarlo y salió caminando a la calle gallardo, completamente desnudo, rumbo a la esquina, un señor mayor que estaba barriendo la calle lo vio y sin ninguna pena lo saludó, a lo que el señor solamente sonrió y movió la cabeza de un lado a otro, después vimos que se acercó un coche y se detuvo a observarlo, ni se inmutó y los saludó también, dio vuelta en la esquina y mis amigas corrieron para seguirse deleitando con su figura, no las acompañé, me ardía tanto el culo, pero no les revelé el motivo, al cabo de un rato apareció por la otra esquina, parecía la escultura de un Dios griego con la diferencia de su pene que a pesar de estar flácido conservaba un buen tamaño, veía como caminaba y su miembro colgaba y se balanceaba de un lado a otro como un péndulo entre sus piernas, no podía creer que ese tronco de carne hubiera estado dentro de mi culo y me hubiera hecho gozar como nunca.

    Al llegar nuevamente a la puerta del edificio se puso la ropa entre aplausos y chiflidos y mirándome provocativamente me dice:

    – ¿Cuando me das la revancha?

    Solo sonreí un poco apenada.

    Y vaya que le di la revancha, nos hicimos amigos con derecho y me cogió como quiso y cuánto quiso por todos mis agujeritos, con el tiempo llegamos a ser novios.

    Ya han pasado algunos años y seguimos como pareja, quien hubiera pensado que ese chico que odiaba tanto, llegaría a ser mi novio y que me haya conquistado de la forma más descabellada.

    Me pueden enviar sus comentarios al correo [email protected].

  • Mar sensual: Después de un convivo en el trabajo

    Mar sensual: Después de un convivo en el trabajo

    Esta aventura comenzó sin planearlo, sin pensarlo y dejando que las cosas se dieran por sí solas. Compañeras de otra área en donde trabajo me invitaron a celebrar el cumpleaños de una de ellas, para el viernes de esa semana. Sin preguntar más detalles, les dije que sí; nos iríamos el viernes saliendo del trabajo, por la tarde-noche. Me dijeron que la intensión era divertirnos y pasarla bien entre amigas, así que no quise dejar pasar la oportunidad de divertirme un rato con ellas.

    Ese día, le dije a mi marido que llegaría un poco tarde, que iría a celebrar el cumpleaños de una compañera, que no se preocupara si no llegaba temprano. Me preguntó como a qué hora regresaría y le dije como a las doce de la noche. Me Respondió que sí, que aprovechara para pasarla bien, me dijo que él saldría con sus cuates a tomar unos tragos. Le contesté que estaba bien, que se cuidara.

    Al día siguiente, al terminar la jornada (a las 6 de la tarde), fuimos a un lugar por la Roma. Al llegar noté que era ameno y bullicioso el ambiente. Fuimos 12 personas: 5 mujeres y siete hombres, lo cual me extrañó porque pensé que iríamos puras mujeres, pero en fin, conocía algunos de ellos y a otros no. Celebrábamos alegremente y empezamos a bailar. A mí me gusta mucho y de inmediato accedí gustosa cuando me invitaron a la pista, la canción de Willy Colón “Estrella de televisión” era como para no dejarla pasar. El compañero que me sacó sabía bailar bien, disfrutaba el baile alegre. Continué bailando con otros compañeros disfrutando de la cadencia de sus movimientos. Hasta ese momento todo iba normal, aunque me di cuenta que algunos de ellos estaban muy «atentos conmigo». Ese día me vestí un poco coqueta, de falda un poco corta, zapatos altos, medias de liguero y una blusa semitransparente; vestía sexy, llamaba la atención sin mayor exageración. A las 9 de la noche, compañeras y compañeros, se veían muy alegres, ya llevaban varios tragos y a decir verdad yo también.

    Al sentarme, algunos de los compañeros se acercaban a platicar y desinhibidos sentía como pegaban sus piernas a las mías. Cuando esto sucedía, intentaba separarme, pero insistían, no se quitaban. Platicaba con quien se me acercara, seguíamos tomando y bailando. Yo creo que con las vueltas al bailar se me veían las medias de liguero que llevaba y me parece que eso hizo que se calentaran. A las 11 de la noche todos estaban alegres. La plática con algunos de ellos subía de tono. Yo trataba de salir de esa situación bailando; sin embargo, ya tomados empezaron a ser más sugerentes y pegaban su cuerpo al mío, de manera discreta pero intencionada. Se insinuaban y yo me hacía la tonta, pero era obvio que querían más. El tiempo pasó volando sin darme cuenta de la hora, me sentía bien, algo tomada, a pesar de las insinuaciones de mis compañeros.

    Eran cerca de la una de la madrugada y para esa hora, algunas de las compañeras ya se habían ido. Yo me quise ir con ellas en ese momento, pero no me dejaron los demás. Acepté y les dije que me quedaría un rato más. Me sentía mareada y decidí quedarme sentada para recuperarme, pero mi amiga me ofreció otro trago y brindó conmigo para celebrar su cumpleaños. Ella ya estaba un poco tomada y se veía que traía ganas de pasarla bien. Cerca de las 2 de la mañana, éramos mi amiga, cuatro compañeros y yo. Dos de ellos de sentaron junto a mí, uno de cada lado y como ya estaban tomados, sin inhibición me platicaban y decían cosas para seducirme: que estaba muy guapa, que me veía muy bien, que bailaba muy alegre, entre otras cosas.

    El baile seguía y no perdían la oportunidad de sacarme. En cierto momento, uno de ellos me saco a bailar una calmada y sutilmente, pero de inmediato, me pegó a él y pude sentir su bulto. Intenté separarme, pero se volvía a pegar. Yo volteaba a ver que no nos vieran, pero estaba un poco oscuro y había otras parejas bailando, por lo que era difícil que nos vieran. Entre resistencias y no, por el alcohol que había ingerido, complaciente lo dejé hacer. Me cachondeó toda la canción. Con sus brazos en mi cintura y mis brazos tomando sus hombros, durante cuatro minutos y en medio de una plática insulsa, de manera suave y sutil me estuvo frotando su bulto y rozando mis senos. Me encendió mucho esa situación, me excitó demasiado.

    Terminó la pieza y nos sentamos. Los dos compañeros se volvieron a sentar junto a mí. Mientras hablaba con uno de ellos, el otro me tocó la pierna con su mano por debajo de la mesa, sorprendida volteo a verlo y me dice, perdón. Por mí estado de ánimo y los tragos encima, sólo le sonreí y no le di mayor importancia.

    El juego estaba encendiendo mis instintos sexuales, no busqué esta situación, pero mi presencia a esa hora y las condiciones en las que estaba provocaban, incitaban a que sucediera. Los dos eran hombres casados, con familia, formales, pero para ese momento actuaban con liviandad, sus actos rebasaran los límites de lo prohibido. Yo me erotizaba, su juego de seducción alimentaba mi ego, me sentía deseada y eso me excitaba. Competían por mi atención, provocaban escenarios cachondos, querían saciar su sed de sexo furtivo. Con la incertidumbre de lo que fuera a suceder, permití que las cosas tomaran su curso.

    Seguí platicando con el otro y momentos después volví a sentir la mano en mi pierna. No volteé ni dije nada, no había mucha luz y con el que platicaba no veía nada. Sin moverla, dejó su mano en mi pierna unos minutos, poco después la empezó a acariciar. Lo dejé hacer, empezó a subir la mano hasta llegar al borde de mi falda e intentó subirla más, pero discretamente se la retiré. Momentos después, la volvió a poner y lo deje hacer, llegó hasta el borde de mis medias intentando explorar más, pero yo tenía las piernas cerradas. ¡Qué situación más erótica! Por un lado, uno trataba de seducirme con su plática y por el otro, me acariciaban mis piernas.

    Con el que platicaba, me hablaba de su forma de pensar respecto a las relaciones, del sexo, entre otros temas candentes. Yo le decía que era casada, con dos hijos y le sorprendió eso. “Le encantó” mi actitud liberada, porque a pesar de ser casada y con hijos, andaba divirtiéndome a esas horas sin ningún problema. Era evidente que ambos querían más y yo estaba excitada; deseaba algo más, pero no estaba segura. Me sirvieron otra copa, brindamos y con el que platicaba, me volvió a sacar a bailar otra calmada y de nuevo hizo lo mismo. Esta vez lo dejé actuar más, se estaba fajando rico conmigo. Con ciertas dudas pensaba entre mi hasta donde llegaría, un poco me detenía el no saber cómo iban a reaccionar después si pasaba algo, que fueran a contar lo sucedido, no sé, con incertidumbre, pero excitada estaba por tomar mi decisión. Mientras tanto, este cuate casi toda la canción se estuvo pegando y por momentos se restregaba, la tenía parada y muy dura.

    Caliente, regresé a mi lugar. En cuanto me senté, el otro bajo su mano y me empezó a acariciar la pierna, lo dejé hacer y subió su mano. Abrí las piernas y llegó al borde de mis pantaletas. Lo dejé que hurgara en mi entrepierna. Con sus dedos me acariciaba mi vagina, la cual estaba caliente y húmeda. Con el que bailé, ya sin tapujos, me preguntó si me había gustado lo que sentí al bailar. Me hice la tonta y le respondí que de qué hablaba. Me volvió a preguntar si me había gustado y reí, queriendo escapar me pegué más a la mesa para que no se notara que me estaban metiendo mano. Intenté retirársela, pero volvió a insistir y lo dejé que hiciera. Me estaba acariciando, rosando mi tanga entreabierta; mi vagina estaba mojada, toda húmeda.

    Con el que platicaba, me preguntó que si quería sentir algo rico. Le respondí, de qué hablaba. Me dijo, permíteme tu mano, la tomó y la puso en su bulto. Sorprendida, volteé a ver si no me veía alguien, pero con las luces tenues no se veía lo que hacía y me hacían. Dejé mi mano ahí y me preguntó que qué tal la sentía; sonreí y me dijo acaríciala. Empecé a apretar sobre el pantalón y se puso más dura. Excitada, se la apretaba con fuerza, él estaba muy caliente ya que sentí húmedo su pantalón. Yo estaba tomada y muy caliente en medio de dos cabrones. El que me manoseaba quizo meter sus dedos y el otro se bajó el cierre de su pantalón. Tomé el resto de mi bebida, que era medio vaso de un sólo trago. Uno de ellos me metió un dedo en mi vagina y al otro le metí mi mano a su pantalón para sentir su verga parada. Estaba muy caliente y sentía que iba a explotar, por lo que les dije que iba a ir al baño. Al dirigirme al sanitario se me acercó un desconocido y me dijo que estaba muy rica, no le hice caso y me seguí al baño. Un rato después, al salir el tipo estaba ahí y me dijo que si podía bailar con él. Para bajar mi calentura y calmar a los otros le dije que sí, pero yo creo que se dio cuenta de cómo me habían bailado y quiso hacer los mismo. Se me pegó de repente por atrás, unos segundos y sentí su bulto duro. Me separé y seguimos bailando. Al final, de frente se volvió a pegar sintiendo su cosa dura y me agradeció con un beso cerca de mi boca el que le haya dado chance y eso me calentó más.

    Cuando regresé a mi lugar mi amiga ya se había marchado. Sólo estaban los dos cuates con los que compartía. Querían que me volviera a sentar entre ellos, pero mejor les dije que bailáramos. Uno de ellos se paró presuroso me tomo de la mano y me sacó. Luego se me pegó y sentí su bulto duro, lo separé, pero insistió y como andaba caliente lo permití. Había varias parejitas y estaba semioscuro, por lo que lo dejé hacer. Se pegó y se empezó a frotar con ansiedad, bajo sus manos a mis nalgas las sobó unos momentos y me pegó a su bulto que lo tenía parado y duro. Le quite sus manos, pero siguió pegado. Me empecé a frotar yo. Disfrute por delante y por detrás de su palo.

    En algún momento me tomó mi mano y la puso en su bulto, se lo empecé a acariciar con mucho deseo. Por un rato estuvimos así hasta qué acabó la canción. Sentí muy húmedo su pantalón, no sé si se vino, pero me dijo que iba al baño. Regresé a la mesa y me senté junto al otro compañero, brindamos y al acabarme el trago metió su mano entre mis piernas y empezó a acariciar mi vagina, me tomó la cara y me beso. Se separó y me dijo que quería estar a solas contigo. Sonreí y le dije dudosa, no sé. Si quería ir, pero dudaba, estaba caliente y mareada. Me sirvió otro trago y me tome un buen sorbo. Llegó el otro compañero y anunciaron que iban a cerrar el lugar. Eran las tres de la mañana. Pensé que la campana me había salvado. Platicaron entre ellos, supongo para pagar la cuenta y les dije que iba al baño. Me arreglaba y pensaba que iba a pasar después. Me querían coger, pero no sabía con quién.

    Dispuesta a dejarme llevar por el deseo, salí del baño y me encontré al desconocido de frente, supuse que me estaba esperando. Se me acercó, me abrazo por la cintura y me apretó con él; sentí su palo muy duro, me besó y me agarró mis nalgas. De lo mareada que estaba no pude reaccionar. Se separó y me puso un papel en mis senos. Se dio media vuelta y se fue. Me dejo atontada y más caliente. Saqué el papel y pude ver que era el número de su cel. Lo guardé y me dirigí a la salida. Haciéndome la tonta les dije que me pidieran un taxi. Uno de ellos llevaba coche y me dijo cómo crees, te damos aventón. Acepté y me subí en la parte de atrás. Ellos iban adelante. Entre el alcohol y nuestra excitación, la plática era sugerente y de doble sentido, llena de cachondeces.

    Totalmente desinhibida me prestaba a su juego: reía a sus bromas, respondía sugerente al doble sentido en sus palabras, trataban de calentarme más de lo que ya iba, entre comentarios picantes y risas de complacencia. Recorríamos las calles en medio de nuestro alboroto, en cierto momento detuvieron el auto para que uno de ellos se pasara atrás y continuamos con el recorrido. De repente el que iba junto a mi cruzó su brazo por detrás de mi espalda y me acercó a él. Me tomó la cara y me empezó a besar con mucha pasión, con lascivia metía su lengua en mi boca y sin el menor recato metió su mano entre mis piernas. Caliente lo deje hacer, me agasajaba todas las partes de mi cuerpo.

    Tocaba obscenamente mis senos, piernas, nalgas, mi vagina, todo cuanto podía. Durante un rato, el que manejaba, nos paseó por calles transitadas mientras me fajaban impúdicamente, de reojo veía coches y personas cerca de nosotros, luciendo como me disfrutaban, exhibiendo el trofeo que llevaban. En un intento de cordura, reaccioné y me fijé si no éramos observados desde afuera, pero en ese momento no, transitábamos por calles que estaban solitarias. Inmersa en esa vorágine de caricias obscenas y con lo tomada que iba, me dejé llevar disfrutando el momento. Cuando reaccioné, estábamos entrando a un hotel. Sorprendida les dije que a donde me llevaban. Burlones me dijeron que al cielo.

    Fue a un motel donde me llevaron en la Roma. Antes de entrar pude observar que había sexoservidoras a su alrededor. Metieron el coche y el que manejaba se pasó a la parte de atrás. Entre los dos me estuvieron metiendo mano por todos lados, desesperados me besaban y acariciaban mis senos, mis piernas, mis nalgas, todo obscenamente. Como estaba tomada y caliente los dejé hacer, dejé que me metieran los dedos en mi panocha, me chupaban los senos con desesperación dejándome marcas en ellos. Me empezaron a decir palabras fuertes, como: “que rica estás putita, venías preparada para esto, te gusta la verga verdad puta, te vamos a tratar bien puta, se ve que eres una caliente…” Mientras escuchaba esas expresiones, les sobaba el palo por encima del pantalón. Aunque luego se las sacaron y se las estuve jalando. En algún momento uno me pidió que se la chupara, me incline y se lo empecé hacer. Como le di la espalda al otro, me empezó a acariciar y a besar mis nalgas. Estábamos muy excitados los tres. Yo me dejaba hacer. En el coche el espacio era reducido, pero ahí me tenían los dos agasajándose conmigo. El de atrás me empezó a nalguear y el de adelante me tomaba de la cabeza para meterme toda su verga en mi boca.

    Estaba muy excitada, los dos me agasajaban sin contemplaciones. Yo gemía con los dedos entrando y saliendo por un lado y por el otro de mi boca entraba y salía el palo del otro. “Qué sabrosa te vez con tus medias de liguero, tus bragas abiertas, tan seria que te ves en la oficina, eres una cachonda, ya venías preparada para esto verdad putita, venias a qué te cogieran…” me decían. Les dije que sí, que me encantaba la verga, que me gusta que me cojan sin más, que estaba ahí para complacerlos, como toda una puta, como las que estaban afuera, como ellas quería que me trataran. Para ese momento estaba desaliñada, mi falda hasta la cintura, mi blusa desabrochada y mi brasier debajo de mis senos. Reaccioné por un momento y les dije que subiéramos a la habitación. Gustosos me llevaron cargando, por lo excitada, pero sobre todo por lo mareada que iba. Me recostaron en la cama, hablaron un poco y uno se dirigió al baño y el otro tomo el teléfono y pidió unas bebidas. Me incorporé y aproveché para colocar una pequeña cámara para grabar el momento.

    Pregunté la hora: eran cerca de las cuatro. Decidí hablar a mi marido, me contestó y noto que está tomado, me preguntó qué en donde andaba. Le dije que con unas “amigas”, que no se preocupara que me iban a llevar. En eso se me acercó uno de ellos por atrás y me abrazo, me intenté separar, pero no me dejó. Me dijo al oído que siguiera hablando con él. Uufff, a los hombres les encanta esta situación perversa, sentirse los cabrones que le ponen los cuernos a mí marido, a todos les ha gustado. Mientras lo hacía, se empezó a restregar en mis nalgas y a masajear mis senos. Yo le hacía preguntas tontas a mi esposo mientras el otro me disfrutaba. Excitado por la situación, este cuate se saca la verga, me levanta la falda y la coloca en medio de mis nalgas. La intenta meter y gimo levemente. Me empina más y la acomoda en la entrada de mi vagina, la tenía grande, empuja un poco y me hace gemir. Sigo platicando con mi marido y siento como la va a meter toda. Me muerdo los labios para no gritar y en eso tocan la puerta. Eran las bebidas.

    Me volteo para no ser escuchada, en eso me acercan una bebida. Choco el vaso y lo escuchó en el ¬ mi esposo y me pregunta que si sigo tomando y le digo que sí. El cuate se vuelve a poner detrás de mí, me sube la falda y me empina, acomoda su verga para metérmela, la frota en mi vagina. La siento dura y caliente. Sigo hablando con mi marido. Pone su cabeza en la entrada de mi panocha, me empinó un poco más levantando mis nalgas, la mete un tanto y luego me la deja ir toda de un golpe. Me mordí los labios para no gritar. Me empezó a bombear con fuerza y yo jadeaba un poco. Mi marido me preguntó que por qué respiraba así, le dije que subía escaleras, que por eso jadeaba. Me agarro las nalgas y me la metió con fuerza que me hizo gemir fuerte y le dije a mi marido que ya me había cansado de subirlas. Me bombeaba con fuerza, sus huevos chocaban con mis nalgas, trataba de contener el aliento para no gritar de placer. Me dio un par de fuertes nalgadas que las escuchó mi esposo y me preguntó ¿qué fue eso? le dije que alguien había aplaudido. Mi voz era entrecortada y con exhalaciones. Cada vez con más fuerza me dejaba ir su verga este cuate y yo gemía levemente y mi voz se oía extraña, por lo que le tuve que decir a mi esposo que le iba a “colgar”, porque iba a entrar al baño. Puse mis manos sobre la pared, para apoyarme, mientras me la metía por atrás con mucho deseo, mucha lujuria.

    Empecé a gemir con intensidad, me comenzó a nalguearme y a decir cosas obscenas: ¿te gusta cómo te la meto puta?; te gusta ponerle los cuernos a tu marido cabrona; te gusta la verga putita; tienes unas nalgas muy sabrosas; eres una puta muy rica… y demás obscenidades, mientras me nalgueaba. Yo le decía excitada que sí, que me gustaba andar de puta buscando verga de cabrones, que me gustaba la verga, que me gustaba que me trataran como una puta, que me gustaba que me la metiera como me lo hacía… gemía gritando mientras me la metía y nalgueaba con lujuria. Oí como el cuate que estaba en el baño vomitaba, estaba alcoholizado. Jalándome de los cabellos hacia atrás me pregunto que: en dónde quería que me echara sus mocos, donde los quieres putita, quieres que te los eche dentro de tu panocha putona, quieres mi leche en tu panocha cabrona, quieres sentir mis mocos calientes llenando tu panocha puta… Le dije que si, que me echara sus moscos en mi panocha, que me la llenara de leche, si cabrón lléname de tus mocos, lléname de mocos como una puta…

    Con gritos de placer y diciéndome obscenidades, aceleró sus movimientos y entre gemidos terminó dentro de mi. Se vació completo, me dejó mucho semen que se empezó a escurrir entre las piernas. Jadeando los dos recuperamos nuestra respiración. Se quedó unos momentos más dentro de mi sobándome las nalgas. Me preguntó qué si me había gustado y le dije que mucho. Se separó y yo me recosté en la cama recuperándome, se fue al baño a limpiarse y supongo que a checar a su amigo. Tome unos pañuelos desechables para limpiarme el semen que escurría. Los escuché platicar y reír. Minutos después, salió el cuate que se puso mal, me ofreció disculpas, le dije que no se preocupara. Me levanto, me abrazo y me dijo que íbamos a recuperar el tiempo perdido. Me empezó a besar y a acariciar mi cuerpo. Me empezó a agarrar las nalgas, pegándose a mi cuerpo. Ahora me toca a mi mamacita, me toca meterte mi verga. Me metió su mano debajo de mi falda, hurgando entre mis piernas. Se las abrí un poco y me metió dos dedos. Luego se sacó su miembro, me recostó boca arriba, me levanto las piernas y me metió su verga con fuerza de un solo empujón, con mucho deseo y desesperación. Me hizo gritar, sentí su palo grueso, duro y muy caliente.

    Empezó a bombear haciéndome gemir, me dijo que si me gustaba su verga y le dije que si, le pedí que se moviera más rápido y hasta el fondo. Así lo hizo y yo gritaba de lo que sentía, te gusta la verga mamacita, me pregunto y le dije que mucho. Te gusta que te la metan varios puta, te gusta probar varias vergas cabrona, eres toda una zorra mamacita… Siii… me gusta que me cojan así, que metan la verga como va, soy una caliente, cógeme como quieras cabrón, para eso estoy aquí… Al oírme decir esto, su excitación aumentó y también sus movimientos. Siguió metiéndomela con ímpetu hasta que se vino, volviéndome a llenar de mocos mi panocha, eran tal que parecía que se estaba meando con todo su palo duro hasta el fondo, haciéndome grita de placer, se vació todo. Era tal mi excitación que también me vine entre gritos de placer. Terminó de vaciarse, se la sacó y me puso su verga en la boca, quería que se la limpiara. Se la mamé limpiando el semen que tenía embarrado en su palo. Se la mamé de la cabeza hasta sus huevos, dejándosela limpia. Se separó y se fue a tomar su trago. Me trajo a mi otro y brindo conmigo, sentándose junto a mí. El otro se acercó y brindo también sentándose del otro lado. Nos terminamos las bebidas y me sirvieron otra, les dije que ya no, que estaba muy tomada y ya no quería, pero insistieron y volví a brindar. Me sentía muy borracha, me daba vuelta todo, pero a la vez muy caliente.

    Me empezaron a acariciar lascivamente otra vez los dos. Me besaban, me chupaban mis senos dejándome chupetones, me metían sus dedos en mi vagina, tenía las piernas abiertas. Eran pasadas las cinco de la mañana. Me empezaron a decir otra vez vulgaridades: Que rica estás putita, te gusta que te cojan verdad puta, no te dicen nada en tu casa verdad zorra, te vistes para andar de puta, tan seria que te vez, te gustan las vergas… y así cosas por el estilo. Yo les decía que si, que era tan puta como las que estaban afuera, que por eso me habían llevado ahí. Sentí como sus palos iban creciendo poco a poco mientras me fajaban. Entre mi mareo y mi calentura, me sentía muy excitada y me dejaba hacer. Me dieron más de beber, ya no quería, pero insistieron, estaba muy tomada. Me preguntaron que si a mi marido no le preocupaba que anduviera de puta y les dije que no sabía. Me pidieron que le hablara, pero me negué, siguieron insistiendo y les dije que si pero que no me comprometieran.

    Me prometieron que si. Le marqué a mi marido mientras se agasajaban. Me contestó y como dije se oía tomado, me preguntó ¿qué tal te la estás pasando mi vida? le dije que bien, que me la estaba pasando super, pero que le hablaba para decirle que ya iba para la casa. Mientras le decía eso, uno de ellos me dio su miembro para que se lo chupara, en tanto que el otro me metía sus dedos en mi vagina y me hacía más chupetones. Con la verga succionándola y lamiéndola con mi boca y mi lengua, me atragantaba por momentos cuando la quería meterla toda, le hablaba a mi esposo sin pronunciar bien las palabras (y lo tomada que estaba), no me entendía él. Me dijo que me oía hablar raro, a lo cual le respondí que estaba chupando una paleta, en eso la empecé a succionar fuerte la cabeza de la verga y a lamerla haciendo chasquidos para mostrarle como chupaba mi paleta. Los dos cuates se rieron por lo que hacía y decía. Por unos diez minutos estuvimos así, con ruidos al chupar esa verga y gemir cuando me metían los dedos en mi panocha. A ellos, les causó morbo esta actitud y sus palos recobraron vigor.

    Gemí y mi marido me pregunto que qué fue eso y le dije que iba cansada de bailar. “Decidí colgar” y me dijeron que era una cabrona, que era bien puta. Les dije que sí, que me gustaba que me la metieran, así como ellos, que gustaba que me hicieran sentir ser una puta. Pues así te vamos hacer sentir puta. se separaron de mí y me pusieron en cuatro sobre la cama. Uno de ellos me puso su verga enfrente de mi cara y el otro se puso atrás en mis nalgas Comencé a chupársela y a mover mis nalgas para disfrutar de esa cogida compartida, era excitante ser penetrada por los dos al mismo tiempo. Gemía de placer en medio de embestidas, de nalgadas, de palabras obscenas, de bajos instintos… Veinte minutos estuvimos en esa posición, siendo penetrada por dos frentes. Comencé a gritar de placer al venirme y eso los contagió, también se vinieron echándome sus mocos en mi cara y en mi panocha, chorros de semen me escurrían, mi cuerpo olía a sexo.

    Me separé de ellos y, tambaleando por lo excitada y tomada que estaba, fui al baño, me miré al espejo y me vi totalmente desaliñada con semen en mi cara y mi pelo, con bastantes chupetones en mis tetas, alcancé a contar como quince, todas moreteadas. Comencé a asearme y me limpié lo más que pude. Acomodé mis ropas más o menos, me peiné y maquillé la cara de nuevo, disfracé el olor a semen con mi perfume. Aún así, tenía rastros de semen en mi cabello, en mis ropas y en mi cuerpo. Salí lo más arreglada que mi estado me permitía y al verme ellos querían más: hay putita, que linda te vez; de verdad eres una puta muy fina… Me reí y les dije que ya era tarde, cerca de las seis de la mañana. No queriendo se vistieron y salimos del hotel. En el camino me hacían comentarios que era una mujer muy cachonda, muy abierta y agradecieron el tratamiento. Les pedí que fueran discretos en el trabajo, que no comentaran nada, que eso fue en ese momento y hasta ahí. Me dijeron que no me preocupara, que eran adultos y que no hablarían nada. Me llevaron a mi casa y nos despedimos.

    En el pasillo del edificio caminaba tambaleante por lo tomada y caliente que iba, pensaba que iba a decirle a mi marido si me veía en esas condiciones: borracha, oliendo a sexo y un poco desaliñada, no se me ocurría nada. Tratando de no hacer ruido abrí la puerta, al entrar vi a mi esposo recostado en el sofá, roncaba; había estado tomando ya que en la mesa de centro había una botella y su vaso, además de que salió con sus amigos a echar la copa. Me salvé, por su estado no se dio cuenta de cuando ni como llegué.

  • La mejor amiga de Clara, una chica de cuidado

    La mejor amiga de Clara, una chica de cuidado

    Hoy toca contar la historia de una chica que tuvo la mala suerte de toparse con una escena que jamás olvidará.

    Clara es una chica de 19 años, tiene una amiga llamada Larissa de 18 años, las cuales son mejores amigas, las dos estudian el bachillerato y están en el último año. Las dos son inseparables, siempre están juntas, hacen sus tareas juntas, van de compras juntas, van a fiestas juntas, a veces se quedan a dormir en casa de una o en casa de la otra.

    En una ocasión fueron a una fiesta, el padre de Clara, el señor Esteban había quedado de pasar por ellas a las 12 am, conforme iba pasando el tiempo, las dos chicas se la pasaban cada vez mejor, en la fiesta hacían juegos en que obviamente entraba el alcohol, pasaba el tiempo y las dos chica se empezaban a embriagar.

    Llegó un momento en el que Clara dejó de tomar porque ya se estaba empezando a sentir mareada.

    Clara: Oye amiga, ya no voy a tomar, ya me estoy empezando a sentir mareada.

    Larissa: Ay como crees, enserio??? Vamos, no seas culera, no me dejes tomando sola.

    Clara: No, en serio, ya estoy mareada, ya no quiero tomar, aparte que ya no tarda mi papá en venir por nosotras, acuérdate de que quedamos que a las doce.

    Larissa: Uy es verdad, no recordaba que tu apuesto padre va a venir por nosotras.

    Clara: Ya te dije que odio que hagas esas bromas sobre mi padre.

    Larissa: Jajaja, pero si a tu padre lo puedo seducir súper fácil jajaja.

    Clara: Ya cállate zorra jajaja, odio que hables así de mi papá.

    Larissa: Ok ok jaja, ya me callo.

    Sigue la fiesta y dan las doce.

    Le llega un mensaje a Clara a su celular.

    Clara: Ya llegó mi papá Larissa, ya vámonos que no quiero que me regañe.

    Larissa: Ash bueno, vámonos.

    Cuando salen de la fiesta, ven al padre de Clara recargado en su auto deportivo clásico esperándolas.

    Señor Esteban: Ya era hora chicas, se divirtieron?

    El señor Esteban era un señor muy apuesto, de 42 años, alto, de pelo corto, ya tenía algunas canas y eso hacía que se viera más apuesto, iba con una camisa negra de botones cerrada pero con los dos primeros botones desabrochados para que se le viera su pelo en pecho, un pantalón de mezclilla gris oscuro y unas botas vaqueras.

    Larissa al verlo se queda atontada, ya que a pesar de que ellas se ven siempre, no ve mucho al señor Esteban ya que este se la pasa trabajando, y aparte que a Larissa siempre le han gustado los señores mayores.

    Señor Esteban: Suban chicas, es hora de irnos.

    El señor Esteban les abre la puerta de atrás para que las dos chicas suban al auto, al subir, Clara se da cuenta que olvidó su bolso en la fiesta.

    Clara: Ay papá, olvidé mi bolsa en la fiesta, ya vuelvo, no me tardo.

    Clara sale del auto y entra en la casa, cosa que Larissa no desaprovecha.

    Larissa: Y que me cuenta señor Esteban, que dice su esposa.

    Señor Esteban: Pues nada, se la pasa platicándome sobre su trabajo que siempre termina estresada y que ya está harta de su jefe jaja.

    En lo que el señor Esteban hablaba, Larissa se recarga en el centro del asiento, sube sus pies en este y poco a poco empieza a abrir sus piernas, ya que en esa ocasión traía una minifalda, ya que le encanta provocar a los demás, pero en esta ocasión era especial, era una oportunidad enorme para ella, quería ver como reaccionaba el apuesto padre de Clara.

    El señor Esteban al ver por el retrovisor del auto a Larissa con las piernas abiertas enseñándole las bragas, se queda inmóvil observando el momento, Larissa se da cuenta de eso y mira fijamente de forma seductora al señor Esteban por el retrovisor.

    Larissa se acaricia las piernas lentamente sin dejar de ver al señor Esteban, unas piernas muy bonitas.

    Larissa: Le gusta lo que ve señor?

    Le pregunta tiernamente al señor Esteban.

    El señor Esteban se queda en silencio estupefacto observando a Larissa.

    Larissa mete una de sus manos en su braga y empieza a tocarse levemente.

    Larissa: No le gustaría probar señor Esteban?

    El señor solo sigue observando, jamás pensó que podría estar de esta manera con una joven.

    Larissa lo observa de forma seductora, pone sus manos en el hilo de la braga y empieza a bajársela lentamente.

    Justo en ese momento se escucha a Clara despedirse de sus amigos y acercarse al auto, Larissa se sube lo poco que se había bajado la braga y el señor Esteban se voltea hacia adelante, Clara llega y se sube al auto y cierra la puerta.

    Listo papá, ya vámonos.

    Señor Esteban: Eh, si hija, ya vámonos.

    Durante el trayecto Larissa no dejaba de ver al papá de Clara por el retrovisor, cada que el señor Esteban la veía, Larissa lo veía de forma seductora y lo ponía nervioso.

    Después de un rato llegan a la casa de Clara, Larissa se va a quedar a dormir ahí como casi siempre, Clara se va con Larissa a su habitación y el señor Esteban a la suya.

    Se apagan las luces de la casa y todos se disponen a dormir, excepto una persona y esa persona es Larissa.

    Larissa se queda acostada esperando a que Clara se quede dormida, en unos 15 minutos Clara se duerme y Larissa se levanta de la cama, sale de la habitación y tiene un solo objetivo, el señor Esteban.

    Larissa camina un poco y encuentra la habitación del padre de Clara, abre la puerta tratando de no hacer mucho ruido, entra y de puntitas llega con el señor Esteban. Larissa lo observa por un momento, se acerca a él, se sienta en la orilla de la cama y lo acaricia en el brazo, esto hace que el señor Esteban se despierte, Larissa le indica al señor Esteban que no haga ruido poniéndose su dedo índice en su boca.

    Para eso, Larissa traía de pijama un camisón de tirantes blanco transparente sin ropa interior que apenas le cubría su parte íntima, la chica ya iba preparada. Para la suerte de Larissa, la ventana del cuarto daba hacia la cama y la cortina estaba abierta, lo que permitía que entrara luz de la calle, Larissa se levanta su camisón, obviamente no se notaba bien lo que Larissa quería mostrarle al señor Esteban ya que la luz de la calle solo permitía ver la silueta de Larissa y ella lo sabía, solo quería ver como reaccionaba el señor Esteban, Larissa se dirige a la puerta, mientras lo hace, observa al señor Esteban con cara seductora y con el dedo índice de su mano derecha le dice que la siga, Larissa sale del cuarto.

    El señor Esteban estaría perplejo, no sabría que hacer, voltea a ver a su esposa que está durmiendo profundamente, se queda pensando un poco, sale del cuarto, cierra la puerta con cuidado y se pone a buscar a Larissa.

    Encuentra a Larissa recargada en la barra de la cocina tomando una cerveza que sacó del refrigerador, Larissa voltea a ver al señor Esteban y le dice.

    Larissa: Así que tomó la decisión correcta señor.

    Señor Esteban: Bueno pues, la verdad en el carro me quede picado con lo que estabas haciendo y luego vienes a calentarme más a mi habitación con mi esposa ahí acostada.

    Larissa: Bueno, tenía que arriesgarme, y al parecer ese riesgo valió la pena, o me va a decir que solo vino a la cocina por un vaso de leche jajaja, Larissa le da un trago a su cerveza.

    Señor Esteban: No no no, para nada.

    El señor Esteban observa de pies a cabeza a Larissa.

    Señor Esteban: Quien podría resistirse a tal señorita como tu?, Solo mírate, te vez tan sexy así.

    Larissa: Bueno, mi plan era verme lo más sexy que podía para conquistar al apuesto padre de mi mejor amiga, y parece que funcionó.

    Señor Esteban: Oh, claro que funcionó.

    Larissa: Cree que podamos ir a un lugar más privado señor?

    Larissa le sonríe picaramente al señor Esteban.

    Señor Esteban: Oh, claro que si, sígame por favor señorita.

    Larissa: Si señor.

    El señor Esteban camina hacia una puerta que lleva a la cochera.

    Señor Esteban: Las damas primero señorita.

    Larissa: Muchas gracias señor Esteban, que amable.

    Señor Esteban: Solo llámame Esteban, no te preocupes.

    Larissa: Me parece perfecto Esteban.

    Esteban cierra la puerta y le abre la puerta de atrás del auto a Larissa.

    Esteban: Quisiera pasar señorita?

    Larissa: Claro que si Esteban, que amable caballero, muchas gracias.

    Larissa se sube al auto y se sienta hasta el fondo recargándose entre la puerta y el asiento, estira su pierna derecha en el asiento, su camisón es tan corto que su vagina se asoma, obviamente Larissa lo hace a propósito para provocar al señor Esteban.

    Esteban sube al auto y nota como está Larissa, en esta ocasión puede ver claramente la parte íntima de ella.

    Para que me trae a su auto señor? Digo… Esteban?

    Lo dice de forma tierna y haciéndose la inocente, a lo que Esteban le sonríe de forma pícara a Larissa.

    Esteban cierra la puerta del auto, se acerca a Larissa, toma sus piernas, las acomoda encima de las suyas y las comienza a acariciar lentamente, Larissa solo ve a Esteban de forma tierna e inocente dejándose acariciar.

    Esteban acaricia lentamente de arriba hacia abajo, cada vez que sube acerca cada vez más sus manos a la cintura de Larissa, cada que pasa eso Larissa tiembla un poco.

    En una de esas, Esteban llega a la cintura de Larissa, la toma con sus dos manos y la carga para ponerla encima de él y quedar los dos de frente, los dos se miran a los ojos, Larissa rodea el cuello de Esteban con sus brazos y lo besa apasionadamente, Esteban la besa y acaricia al mismo tiempo la cintura de Larissa, pasa a la espalda, después baja y acaricia las nalgas de ella, las aprieta, las nalguea levemente.

    Larissa: Ay, te gustan mis nalguitas Esteban?

    Esteban: Me encantan, están muy suaves y pachoncitas.

    Esteban vuelve a apretar las nalgas de Larissa pero con más fuerza, Larissa solo jadea y se deja apretar. Esteban sube sus manos y llegan a los pechos de Larissa, sus pechos son de buen tamaño, pezones rozados ya que la piel de Larissa es blanca, suaves y muy apetecibles, cualquier hombre quisiera tenerlos para él.

    Esteban: Wow, que pechos tiene la señorita eh? Para tus 18 años están muy bien.

    Larissa: Los heredé de mi mami, ella también es de pechos grandes, los míos son muy parecidos a los de ella.

    Esteban: Tu mamá ha de ser una delicia igual que tú.

    Larissa: Jejeje, que cosas dices Esteban.

    Larissa: Pero hablando de cosas grandes, creo que tu también tienes algo grande ahí abajo no? Lo puedo sentir.

    Larissa se frota en la pijama de Esteban, recordemos que ella no trae ropa interior.

    Esteban: Mmm pues no se… creo que tendrías que verlo para comprobarlo.

    Larissa: Creo que tienes razón.

    Larissa se baja de las piernas de Esteban y le baja un poco el pantalón con todo y bóxer, saldría de ahí una tremenda anaconda que Larissa al verla ni se lo podría creer.

    Larissa: Wow emm, jamás… había visto una tan grande como esa, cuanto te mide?

    Esteban: Pues la última vez me la midió mi secretaria y me dijo que medía 25 cm.

    Larissa traga saliva.

    Larissa: Wow, jamás me había tocado una tan grande como esa.

    Esteban: Te gusta?

    Larissa: Tu que crees papi? Claro que si, me encanta, soy amante de las vergas, pero creo que la tuya se ha convertido en mi favorita.

    Esteban: Bueno pues, aquí está esperándote.

    Esteban mueve su miembro para provocar más a Larissa.

    Larissa se lanza hacia el pene de Esteban y se lo empieza a mamar de una manera salvaje, trata de metérselo todo a la boca pero no puede ya que es muy grande y tiene un buen grosor

    Esteban: Wow, si que te encanta la verga mi amor.

    Larissa solo asiente con la cabeza en lo que mama lo más que puede la enorme verga de Esteban.

    Mientras Larissa está en cuatro en el asiento mamándole el pene a Esteban, este con su mano izquierda le empieza a frotar lenta y suavemente la vagina a Larissa, esta empieza a gemir y jadear levemente.

    Al ver eso Esteban le introduce dos dedos y la empieza a dedear, Larissa se empieza a excitar más y mama el pene de Esteban con más intensidad, se lo saca de la boca, lame el tronco con su lengua, pasa a los huevos y de ahí se baja al ano de Esteban, este al notar eso abre sus piernas para que Larissa lo haga más fácil y empieza a dedear a Larissa con más intensidad metiéndole ahora tres dedos.

    Larissa lame el ano de Esteban muy rápido, le mete y saca lengua en lo que con su mano derecha lo masturba.

    Los dos estarían tan excitados que ya no podrían más, Esteban levanta a Larissa y la sienta encima de él clavándole toda la verga en la vagina, esta suelta un gemido enorme y se queda quieta unos segundos viendo el techo, ya que tiene los poderosos 25 cm de Esteban dentro de ella.

    Esteban: Vamos mi niña, haz lo que sabes.

    Larissa baja la mirada y lo ve a los ojos, después de unos segundos lo besa de forma apasionada y empieza a mover sus caderas, lo que siente Larissa en ese momento para ella es indescriptible ya que jamás había tenido una verga tan grande dentro de ella, ha probado demasiadas desde que cumplió sus 18 años, pero nunca le había tocado una como esta, se siente llena, la verga de Esteban ocupa todo el espacio dentro de ella.

    Larissa: Ay papi, que vergota tan rica tienes mmmm aaaah.

    Esteban: Que bueno que te guste mi nena, esta noche es toda tuya.

    Larissa rodea el cuello de Esteban con sus brazos, se pega a Esteban y se mueve con más intensidad, de tan intenso que se mueve y por el tamaño del miembro de Esteban, Larissa comienza a tener un orgasmo, sus piernas comienzan a temblar tanto que Larissa se aparta de Esteban y se acuesta en el sillón del auto, sus piernas quedarían abiertas y aún temblando, Esteban solo admira esa escena.

    Larissa: Ay papi, jamás había tenido un orgasmo como ese.

    Larissa diría jadeando.

    Esteban: Y espérate que eso no es todo.

    Larissa: Que?

    Esteban pone en cuatro a Larissa y le mete la verga de un golpe en el ano.

    Larissa: Aaaah mi anooo!!!

    Esteban comienza a reventar el ano de Larissa con mucha fuerza, el ano de Larissa estaría muy apretado ya que jamás se la habían metido por ahí.

    Larissa: Ay ay ay ay, Esteban… Espera…

    Esteban: Que, no que eras amante de las vergas???

    Larissa : Si pero… mi ano era… virgen…

    Diría Larissa sintiendo mucho dolor.

    Esteban: Pues ya no lo es, y que mejor que alguien con una verga como la mía te lo esté estrenando no?

    Larissa: Pues si pero… con cuidado por favor…

    Esteban: Tranquila, conforme pase el tiempo te va a ir dejando de doler.

    Esteban continua reventando muy fuerte el ano de Larissa, mientras que a ella no le queda de otra que aguantarse el dolor que poco a poco va disminuyendo y se convierte en placer.

    Larissa: Ay papi aaah, de haber sabido que aah, por atrás se sentía tan rico ya me lo hubieran estrenado desde hace mucho aah.

    Esteban: Pues alégrate de que una buena verga como la mía te lo haya estrenado jajaja.

    Larissa: Mmm si papi, que rico me revientas.

    Esteban: Que puta eres, eso me gusta.

    Larissa: La verdad es que si, lo acepto, soy tan puta que ya ni se cuantas vergas me he metido, pero te confieso que tu eres el mejor.

    Esteban: Me alegra escuchar eso.

    Larissa: Que mejor que estar con un delicioso madurito que me reviente como tu papi.

    Esteban le sigue reventando duro el ano a la puta de Larissa, después de unos minutos le saca la verga y se la vuelve a meter en la vagina y se la empieza reventar de nuevo, Larissa gime como la puta que es, los vidrios del auto estarían muy empañados y este se movería al ritmo de los embates que Esteban le daba a Larissa.

    En eso Esteban siente que ya se va a venir y aumenta la velocidad, Larissa ya no podría más, estaría recostada en cuatro en el sillón solo sintiendo como la verga de Esteban la revienta hasta que de repente siente muy caliente en su vagina, Esteban estaría terminando dentro de ella, la cantidad de semen que Esteban saca inunda la vagina de Larissa y no pararía, Larissa solo siente un placer que jamás había sentido y Esteban sigue sacando chorros de semen dentro de ella, su vagina estaría repleta de semen caliente, sus piernas tiemblan y su vagina chorrea semen y squirt combinados, Esteban solo se sienta y se recarga en el respaldo jadeando.

    Esteban: Wow amor, jamás me habían hecho venir así, ni mi esposa, ni mi secretaria lo habían hecho, Larissa solo sonríe agotada.

    En eso, se escuchan pasos y abren la puerta del auto, es Clara y al verlos se queda impactada, vería a su padre desnudo de la parte de abajo con el pene aún algo erecto y a Larissa en cuatro recostada en el sillón, vería como le escurre semen de la vagina.

    Clara: Que putas está pasando aquí!

    Esteban y Larissa se le quedan viendo inmóviles, no sabrían que hacer, Larissa se sienta y mira hacia abajo muy avergonzada.

    Esteban: Hija emm, esto tiene una explicación.

    Clara: Si, y necesito que me la den ahora mismo!

    Clara estaría enfurecida, no pararía de gritar.

    Clara: En que putas estaban pensando!!!! Papá, porque te cogiste a mi amiga?!

    Esteban: Hija tranquila.

    Clara: Nada de tranquila, porque me hiciste esto, porque?!, y tu maldita zorra, en que carajos estabas pensando?!

    Larissa solo se queda viendo hacia abajo sin responder.

    Esteban: Clara, ella se me ofreció!!!

    Clara: Y porque aceptaste, porque aceptaste cogerte a mi amiga?!

    Esteban: Emm, no me pude controlar, me sedujo y…

    Clara: Cállate!!! Te odio papá, te odio!

    De tanto escándalo llega la mamá de Clara y ve a Esteban y Larissa desnudos en el carro y a Clara histérica.

    Madre: Esteban que carajos está pasando aquí? Me podrías explicar?

    Clara: Mamá, mi papá tuvo sexo con Larissa, yo fui a la cocina por un vaso de agua y empecé a escuchar gritos, conforme me iba acercando se escuchaban más fuerte y me di cuenta de que venían de aquí, entro y veo el auto moviéndose con los vidrios empañados, llegué a pensar que eran tu y mi papá, pero reconocí la voz de Larissa y abrí la puerta, lo que vi después no se como explicártelo, pero era obvio lo que pasó.

    Diría Clara llorando.

    La mamá de Clara solo ve a Esteban furiosa, Esteban se baja del auto.

    Esteban: Amor, puedo explicarlo…

    Madre: Cállate!!

    La esposa le da una cachetada muy fuerte a Esteban.

    Esposa: Sabía que me engañabas, es que lo sabía, si yo ya había notado algo raro entre tu y tu secretaria pero lo ignoré porque no te veía capaz, pero ahora veo que es verdad, y no solo con tu secretaria, si no con una miserable niña de 18 años, no? Que tienes en tu puta cabeza?!

    La mamá se agacha y observa a Larissa, ella solo llora.

    Esposa: Quiero el divorcio Esteban y más te vale que sea rápido y ni se te ocurra entrar al cuarto.

    La esposa se va furiosa a su habitación y Esteban la sigue.

    Esteban: Amor espera, podemos solucionar esto.

    Larissa y Clara se quedan solas, esta última se agacha y le dice a Larissa.

    Clara: Y tu putita, olvídate de nuestra amistad, ya viste lo que provocaron tu y el imbécil de mi padre, quiero que te largues en este preciso momento, tus cosas van a estar en la puerta de la casa afuera, no me vuelvas a buscar en tu puta vida. Larissa solo llora desconsolada al escuchar eso.

    Fin.

  • La sombra de lo desconocido (4)

    La sombra de lo desconocido (4)

    Di un salto hacia atrás como si hubiera visto un fantasma.

    – ¡Ana!… ehhh… os he estado buscando por todas partes.

    – ¿Estás bien Dani? Saluda por lo menos, ¿no?

    Movió los ojos hacia su amiga

    – Hola Els… ¡María! Hola, María, ¿qué tal estás?

    Mientras plantaba dos besos en las mejillas de la princesa rubia, que ella pareció recibir con una mueca de desagrado, los ojos de Ana me fulminaron. Después de tantos años juntos no me hacía falta un manual para descifrar su significado, y ésta en concreto quería decir “¿Estás tonto? ¿Qué coño te pasa?”. Por respuesta, me encogí de hombros y esbocé una sonrisa casi tan artificial como el tono de mi voz fingiendo un falso entusiasmo.

    – ¿Qué tal las compras? ¿Habéis vaciado las tiendas? ¿Qué habéis comprado? A ver, a ver…

    Cogí una de las bolsas que sostenía Ana y lo primero que saqué fue un tanga negro de encaje con transparencias que hizo dispararse mi deseo imaginándola esa misma noche en casa sólo con él puesto y unos zapatos negros de tacón a juego. La miré y otra de sus miradas me transmitió una gran incomodidad por su parte, que yo interpreté como un gesto de pudor por estar su amiga delante, así que intenté bromear sobre ello mientras jugueteaba con el tanga en mi mano.

    – Mmmm, qué sexy vas a estar con esto, jajaja. Estoy deseando llegar a casa y que te lo pruebes.

    – Dani, ¿quieres dejar de hacer el gilipollas? ¡Es de María!

    La sonrisa se me heló en la cara y mi mano se quedó paralizada, inerte, sujetando en alto el tanga de la princesa de hielo. La miré y tragué saliva. Sus mejillas, habitualmente blancas, ardían de calor. Era la viva imagen de Nicole Kidman en Moulin Rouge, y yo no podía dejar de imaginarla semidesnuda, posando para Toulouse-Lautrec con aquel sugerente tanga, como una prostituta francesa del siglo XIX, despojada de todo signo de soberbia y en actitud sumisa y complaciente.

    María me arrancó su tanga de las manos con un ímpetu desmedido y lo guardó precipitadamente en su bolso con una expresión de ira contenida y más que evidente vergüenza. Un bufido de fastidio salió de su boca.

    – Ya está bien, joder.

    Ana se encogió de hombros y alzó la mirada en un gesto de desesperación y hastío. Me encantaba su voz aunque el tono fuera de reproche.

    – Podéis esperarme ahí al lado tomando algo o en el parque infantil de bolas, que igual es más apropiado para vosotros. Voy a buscar a los otros dos niños, que por lo menos son mis hijos.

    Y dio media vuelta, dejándonos a María y a mí frente a frente, rodeados de un silencio tremendamente incómodo y eterno. Estaba meditando yo sobre las teorías A y B de Richard Gale sobre la temporalidad, pensando si sería posible que en otra dimensión veinte segundos pudieran equivaler a un lapso de tiempo infinito, cuando la voz autoritaria de Frozen me devolvió al presente.

    – Pues me invitas a tomar algo, ¿no?

    Ella mantenía los brazos en jarras, las piernas ligeramente separadas, y una mirada desafiante y provocadora. La primera idea que cruzó por mi mente fue estrangularla con mis propias manos. Luego, fijándome en su carita de muñeca diseñada por ordenador en 3D y en sus rasgos duros y a la vez sensuales, se me ocurrió que una alternativa mejor para ambas partes sería desnudarla allí mismo y follarla contra el escaparate de Pimkie, marcando su culo contra el cristal y sosteniendo en mi mano su pierna derecha flexionada, mientras ella pasaba sus brazos por mis hombros susurrándome al oído que no parara, sin dejar de gemir.

    Llegué a la conclusión de que lo más adecuado sería un término medio entre las dos opciones; follarme a la rubia de hielo salvajemente mientras estrangulaba su cuello níveo. He leído que mediante la hipoxifilia o asfixia erótica se consigue una mayor satisfacción a través de la disminución de la respiración durante la actividad sexual. Como era de esperar, con una personalidad tan comedida y poco dada a los excesos como la mía, no hice ninguna de las dos cosas, y me limité a impostar una sonrisa más y hacer lo que siempre se me ha dado mejor: seguir la corriente.

    – ¡Eso está hecho! ¿Caña o café?

    – Batido natural de nata…

    Y pasándose las manos por su cuerpo en un ajustado recorrido desde el pecho hasta las caderas, añadió

    – Creo que me lo puedo permitir, ¿no?

    Ya salió la niñata pija y presumida con aires de superioridad. Y remató entre risas.

    – Y con mucha canela ¿eh? Que dicen que es afrodisiaca.

    Ese último comentario me hizo fruncir el ceño, temiéndome una encerrona comparable a la de los aqueos en Troya. María nunca me había hablado con tanta soltura y confianza, y que no estuviera Ana con nosotros me hacía sentir incómodo y vulnerable. Volví con su batido y mi Estrella Galicia, y antes incluso de que pudiera abrir la boca, se desencadenó la batalla de Little Bighorn y comenzaron a lloverme flechas lakota, cheyenne y arapajó por todas partes.

    – Vaya, ya veo que eres súper sofisticado y glamuroso eligiendo bebidas. ¿Quién es tu modelo a seguir? ¿Homer Simpson?

    Intenté rehuir una confrontación directa en la que tenía todas las de perder y opté por la ironía como método de distensión.

    – Iba a pedirme un Martini seco, agitado, no revuelto, pero con este calor me apetecía algo frío, helado, a juego…

    – ¿A juego con qué?

    – Contigo.

    Una broma tan inocente como mal calculada y un inoportuno guiño cómplice acompañado de una sonrisa que pretendía ser amistosa pero que ella debió entender ofensiva, hicieron que su maquiavélica mente comenzara a diseñar las formas más humillantes y dolorosas de tortura.

    – ¿Puedes pedirme otra pajita para el batido? Ana dice que eres un experto.

    Su mirada encendida y una media sonrisa no presagiaban nada bueno. Su tono de voz había cambiado de pija cantarina a daga voladora, y aún así, yo no estaba preparado para esa crueldad extrema de las que sólo son capaces las mujeres más bellas.

    – ¿Experto en batidos? No, no… son muy dulces y me empalagan.

    Me quedé con las ganas de añadir “casi tanto como tú”. Entonces María estalló en una risita cargada de maldad.

    – No, experto en pedir pajitas ja ja ja.

    Me quedé lívido, me faltaba el aire, quise mascullar una explicación a modo de disculpa, pero tampoco sabía a ciencia cierta hasta dónde Ana le habría hablado de nuestra vida sexual y si cualquier información que yo pudiera darle le serviría para alimentar sus ataques.

    Como en una final de Wimbledon entre Federer y Djokovic, mi mirada pasaba de su escote a sus ojos y vuelta, intentando escudriñar un pliegue que me permitiera confirmar que aquellas tetas firmes y diminutas eran las mismas que acababa de contemplar en el vídeo de los adolescentes pajilleros.

    La sonrisa que dibujaron sus labios me hizo saber que en ese set me había pillado varias veces en aquella trayectoria cambiante, y creo que fue eso lo que hizo que retornara a ella su habitual chulería, su pose de superioridad, una confianza que aumentaba alimentándose de la mía, a la que ya se le había encendido el piloto rojo que anunciaba encontrarse en la reserva.

    – ¿Estarás contento no? Ciudad nueva, vida nueva…

    Su gesto burlón y su tono sarcástico me pillaron desprevenido, pero intenté mantener la corrección.

    – Bueno, no me hace especial ilusión. Estábamos muy a gusto aquí y es un cambio muy grande…

    – Seguro que un cambio os viene muy bien. Sobre todo a Ana, que está ya un poco harta de la rutina.

    ¡Zasca! ¿Me lo parecía a mí o eso había sido otro ataque personal en la línea de flotación?

    – La verdad es que Ana es muy especial. En el trabajo nos tiene a todas enamoradas… bueno, y a todos, jajaja.

    “¿Y a todes no?” pensé para mis adentros sin atreverme a exteriorizarlo, ante esa muestra de lenguaje inclusivo que tan mal casaba con mis preferencias por la economía del lenguaje y mis dudas de hasta qué punto la elección del género de las palabras podría contribuir a una igualdad real y efectiva de los sexos.

    María seguía tan agradable conmigo como acostumbraba.

    – Nadie entiende que puede ver Ana en ti para estar contigo, pero a mí sí me gustaría saber qué viste tú en ella, qué te enamoró de Ana.

    Ese intento de acercamiento por su parte y el interés que mostraba hizo que me relajara y me envolvió la nostalgia de un pasado lejano e idílico. Me aclaré la voz y esbocé una sonrisa recordando.

    – ¡Uf! Deberías haberla conocido entonces. Era pura energía, alegre, siempre risueña, inocente pero a la vez decidida y resuelta, con una frescura juvenil y sin embargo una madurez tan impropia de su edad…

    Vi mi imagen reflejada en los azules ojos de María y exhalé un suspiro.

    – En el fondo no creo que haya cambiado tanto. Ana es la mujer más maravillosa del mundo. A veces creo que no me la merezco.

    La princesa rubia no perdió la oportunidad de volver a humillarme.

    – En eso estamos de acuerdo… no te la mereces.

    Volvió a estallar en una risita maléfica y repentinamente su voz adquirió un tono desafiante y autoritario.

    – Vamos a jugar a un juego mientras vuelven. ¿Te atreves?

    María… un juego… atreverme… No hacía falta ser muy listo para darse cuenta de que la encerrona estaba ideada y lista para su disfrute. Si decía que no, volvería a quedar como un cobarde y un pusilánime. Si decía que sí, le estaría cargando el tambor del revolver para que me ejecutara. En mi particular ruleta rusa, recordé la escena de Robert de Niro y Chistopher Walken en El Cazador.

    – Claro que me atrevo. ¿Qué juego es ese?

    Pasé la mirada por el resto de las mesas y el interior de la barra intentando divisar un tablero de ajedrez, damas, parchís o un dominó, pero el juego de estrategia de María era menos convencional.

    – Dame tus manos y mírame a los ojos. Te voy a hacer preguntas y te demostraré que soy capaz de saber si me estás mintiendo o no.

    De repente me encontré concursando en Saber y Ganar con Jordi Hurtado, sabiendo que con cada pregunta me acercaría un paso más al patíbulo.

    María debió notar mi nerviosismo en el mismo momento que tomó entre sus suaves y delicadas manos las mías, frías y sudorosas.

    – ¿Estás listo, Dani?

    Mi nombre en sus labios era La Primavera de Vivaldi. Tragué saliva con dificultad y asentí hipnotizado por su insondable mirada. Conchita la del polígrafo abrió fuego a quemarropa.

    – ¿Le has sido infiel a Ana?

    – ¡No! ¡Claro que no! ¡Nunca!

    Sonrío divertida.

    – Relájate, Dani. Sólo estamos hablando. ¿Lo has pensado alguna vez?

    – No… bueno, no sé, alguna vez igual sí… pero en plan fantasía… nada real. Yo creo que todo el mundo lo ha imaginado alguna vez en su vida, ¿no?

    – ¿Ana también?

    – No, no, claro que no – y añadí con orgullo – Ella conmigo tiene suficiente.

    – Yo nos estaría tan segura, jajaja. ¿Follasteis en la primera cita?

    – Sí.

    – ¿Qué es lo que más te gustó de ella la primera vez que la viste?

    – Eh… su sonrisa.

    María me apretó las manos y arqueó una ceja en señal de desaprobación. No se le escapaba una.

    – … Y su culo.

    – Eso sí me lo creo – Volvió a sonreír – ¿Y sus tetas?

    – ¡Uf! Sí, también. Son una locura. Son ideales… Su tamaño, su forma, su tacto… – Me pareció adivinar un gesto de tristeza en su cara – A ver, que las tuyas también están muy bien…

    Había intentado animarla y me había descubierto yo solito. ¿Se puede ser más gilipollas? Ya lo dice el refrán, por la caridad entra la peste. María abrió como platos sus inmensos ojos azules y una sonrisa iluminó su cara.

    – ¿Me las has visto?

    Aún a riesgo de que supiera que mentía, no podía arriesgarme y confesar que se las acababa de ver en el vídeo que le habían grabado los pajilleros prematuros, así que intenté salir del embrollo lo mejor que pude, que siempre termina siendo una mala forma de hacerlo.

    – No, bueno… verlas no. Me las he imaginado alguna vez y me puedo hacer una idea de cómo son…

    Lo que sucedió a continuación hizo que mi frecuencia cardiaca sobrepasara los límites de lo recomendable y que, junto con la cuenta, pensara en pedir un desfibrilador. María se desabrochó un botón de su camisa y se inclinó hacia mí, dejando a la vista un escote tan pronunciado que alcanzaba a ver perfectamente sus pequeños pezones rosados. Eran una delicia, algo inalcanzable, una preciosidad, dos guindas que culminaban un postre digno de Oriol Balaguer, mezcla de chocolate blanco y queso mascarpone … y estaban a treinta centímetros de mi boca cuando María se acercó para susurrarme al oído, con una voz tan sugerente y sensual que me provocó una erección inmediata.

    – ¿Te imaginarás mis tetas esta noche cuando estés follando con Ana?

    En ese momento pude ver que Ana se acercaba con Lucas y Sofía de la mano.

    “Donnez-moi une suite au Ritz, je n’en veux pas

    Des bijoux de chez Chanel je n’en veux pas

    Donnez-moi une limousine, j’en ferais quoi?”

    Mi corazón latía al ritmo de los primeros compases de “Je veux” de Zaz.

    …………

    ¡Zas!

    – ¡Ay!

    ¡Zas!

    – Dani, ¿pero qué coño haces?

    El segundo azote sobre el culo de Ana había sonado aún más fuerte que el primero y habían marcado sus nalgas, que empezaban a mostrar un tono rojo intenso. Lo que había empezado como unas caricias sobre su cuerpo desnudo tumbada boca abajo en la cama, se había transformado en un masaje erótico en el momento en que había llegado a la parte posterior de sus muslos y ella había abierto las piernas de un modo sutil, dándome a entender que estaba dispuesta y caliente. Lo comprobé al llevar mi mano a su coño y escucharla gemir con el primer roce entre mis dedos y los labios de su vagina. Estaba mojada, el flujo delataba su excitación, y lo que tendría que haber sucedido en ese momento era que hubiéramos follado como lo hubiéramos hecho cualquier otro día, cualquier otra noche en las que nos buscábamos y dábamos rienda suelta a nuestra pasión como lo habíamos hecho desde que nos conocimos.

    Pero esa noche fue distinta. Mientras mis dedos penetraban el coño de Ana y ella arqueaba su espalda y levantaba ligeramente su impresionante culo para sentirlos más dentro, sufrí una especia de alucinación, en la que, como Samuel L. Jackson en Tiempo de Matar cuando se cargó a dos miembros del Klan, mi alma pareció abandonar mi cuerpo y elevarse para contemplarnos desnudos sobre la cama, excitados y ebrios de deseo. Sólo que a quien veía cuando Ana giraba la cara pidiéndome más y más fuerte con la mirada no era a ella, sino a María.

    – “¿Te imaginarás mis tetas esta noche cuando estés follando con Ana?”

    Imaginaba estar follando a la rubia de hielo y eso hizo que mi excitación se disparase por encima de cualquier límite conocido hasta entonces. Levanté el culo de Ana un poco más hasta colocarla a cuatro patas y le metí mi polla dura y erecta como nunca de golpe. El calor de su coño me volvía loco, el chapoteo de sus jugos cuando entraba y salía de ella frenéticamente, sus gemidos, más de excitación que de dolor, cuando la azotaba, su voz entrecortada y sus jadeos.

    -Sí Dani… sí mi amor… ahhhhhh

    Ana estaba disfrutando como nunca y yo pensaba en María. No tenía ningún sentido. No cambiaría a mi mujer por nada del mundo y menos por la pija de su amiga, pero allí seguía, follándola con todas mis fuerzas, escuchando el sonido de mi pelvis al chocar contra su culo una y otra vez. Tiré fuerte de su pelo, recogido en una coleta que la hacía parecer más joven, y ella respondió con otro gemido.

    – Dani… joder… me matas.

    Sólo cuando estaba a punto de correrme y me agarré con fuerza a sus tetas, tomé conciencia de la realidad y antes de descargar toda la tensión acumulada por lo ocurrido durante el día y vaciarme en oleadas de semen, acerté a decir su nombre.

    – Me corro Ana… me corro.

    Ana aguantó a cuatro patas mientras yo no paraba de correrme en su interior, llenando su coño, hasta que me vacié por completo y ella cayó exhausta sobre la cama, sudando, temblando, jadeando.

    – Amore, ¿estás bien? ¿qué te ha pasado? ¿has estado viendo una peli porno? ¡Uf! Ha sido increíble. Eso sí, las tetas me van a doler una semana, jajaja.

    Se dio la vuelta recuperando la respiración y pude admirarla tumbada frente a mí, su preciosa cara aún acalorada por la excitación, sus tetas enrojecidas, sus pezones oscuros duros como piedras y su vello púbico empapado por mi semen, que se había ido deslizando fuera de su coño cuando estaba boca abajo. Llevó allí sus dedos para comprobar los daños, y al notar el alcance de mi corrida, se levantó con una sonrisa, encaminándose hacia el baño.

    – Malo, malo, malo, jajaja. – movió su dedo índice impregnado en mi semen, negando en señal de un fingido reproche – Estás muy cambiado… y muy guarro, jajaja.

    Viendo su culo desaparecer tras la puerta, tumbado en la cama, agotado física y mentalmente, sólo pude pensar en que la amaba con todo mi corazón.

  • Me comí a la esposa de mi tío

    Me comí a la esposa de mi tío

    Hola, vengo a narrarles lo siguiente, soy nuevo relatando así que espero hacerlo lo mejor posible.

    Sucedió en Monterrey, N.L.

    Resulta que mi tía política la cual llamaremos M llevaba ya algunos años viuda, al fallecer mi tío yo seguí en contacto con ella y mis primos por medio de Facebook o Wasap, de vez en cuando la saludaba para saber como estaban, ya que viven en otra ciudad cerca de la mía pero en ocasiones vienen a mi ciudad ya que tiene donde llegar.

    Y es así como la hice mía, resulta que en uno de esas ocasiones que les toco venir a mi ciudad, me entere que estarían el fin de semana ella y uno de mis primos.

    La describo un poco, mi tía delgada, buenas piernas, cuerpo normal pero agradable en general, está en los 50+ años, la deseo como mujer desde hace muchos años atrás cuando iba de visita y me queda muchos días con ellos, me gustaba verla usar shorts muy pequeños durante el día, la ropa sexy para dormir, me encantaba verle las piernas cuando se sentaba o las cruzaba, se le marcaba esa delicia que tiene en medio, era un martirio para mí, le tenía unas ganas intensas de besarle todo su cuerpo y desde ya me ponía la verga bien dura., mis primeras chaquetas iban dedicadas a ella.

    Venia fantaseando con esto desde hace tiempo, teniendo en cuenta sus necesidades de mujer que debe tener al quedar viuda y comencé a imaginar como seria si se diera la oportunidad de estar a solas con ella, así que en una de esas le mande msj para saber como estaban, me contesto algo rápido por que se estaban preparando para venir a mi ciudad, ya que tenían tramites que hacer entre otras cosas, me emociono la idea de intentar algo mas con ella, así que en cuanto supuse que ya estaban en la ciudad le mande mensaje con el pretexto de saber como habían llegado o si les hacía falta algo.

    Me contesta ya un poco tarde, que por que había ido a dejar a mi primo a casa de unos amigos por que mas tarde se irían a cenar y ni idea de a qué hora regresarían y que ella se encargaría de hacer un poco de limpieza, unas compras y cenar todo esto sola, todo se estaba acomodando para mi, así que me ofrecí a ayudarle en lo que necesitara, al principio tal vez por pena me dijo que no me preocupara que ella se las arreglaba para hacer todo eso, pero insistí en ayudarle y mentí con que yo me encontraba cerca, le pedí que al menos me dejara pasar a saludarla ya que tenía mucho tiempo de no verla así que accedió.

    Al llegar a la casa me sentí un poco nervioso por lo que llegara a suceder, pero para mi era ahora o nunca, la vida es un riesgo, toque la puerta y salió a recibirme, la salude de abrazo y beso, el abrazo si fue un poco diferente ya que quería hacerme sentir desde el primer momento, traía puesta una playera blanca muy ligera delgada y un short de licra, super ajustado, me invito a pasar y al ir caminando delante de mi, moviendo ese par de nalgas que tanto venia imaginando me puso la verga bien dura, la calentura comenzó a invadirme, nos sentamos, platicamos como les había ido en carretera y así, de vez en cuando en la plática yo hacía movimiento y le daba un toquecito a sus piernas, como para ir tanteando el terreno, no mostró incomodidad ni nada así que me iba sintiendo mas en confianza, le pregunte de mi primo, le dije:

    Yo: De seguro anda con la novia y a usted la deja sola

    M: Háblame de tu hijo, estamos en confianza.

    Yo: Esta bien tía

    M: Pues si, seguramente andan de noviecitos y me pregunta, y tu como vas con la novia?

    Yo: Pues hasta ahora bien, llevo solo mucho tiempo así que ya imaginara.

    Y sonrió yo creo echando a volar su imaginación sexual jaja.

    M: Entiendo, pero eres joven y guapo debe haber alguna chica que le intereses.

    Yo: Pues hasta ahora no tia, las chicas de mi edad son inmaduras, no saben lo que quieren.

    M: y entonces, te buscaras alguien mas grande que tu o que? (de edad)

    Yo: Pues no se tía, nunca lo he intentado pero imagino que sería todo muy bonito y sensual, una mujer con mas experiencia, que sepa lo que quiere, que sepa gozar, divertirse, que se ande sin rodeos.

    Aproveche la plática para preguntar:

    Yo: y tu tía? Te ha salido alguien? Alguien que te quiera conocer? Que te quiera como mujer?

    Mi tía se puso roja de la pena, nerviosa, y dice:

    M: Ay hijo que cosas dices, claro que no, ya no estoy para esas cosas, desde que tu tío ya no está ya no pienso en esas cosas.

    Yo: Pero tía, eres joven aun, eres bonita, le debes gustar a alguien a la primera. Y me lance al ruedo, si yo tuviera su edad, en otras circunstancias, la invito a salir.

    M: Que cosas dices hijo- La verdad tía, siempre me a parecido muy guapa.

    Vi que comenzó a ponerse mas nerviosa, así que corto la plática con…

    M: Quieres algo de tomar hijo?

    Yo: Si tía. Lo que tenga para calmar la sed.

    Se levanto y fue rumbo a la cocina para ir por algo de beber, fui siguiendo como movía esas caderas, esas piernas, esas nalguitas.

    De pronto me dice M: Hijo, me ayudas a abrir el agua? No puedo abrir el sello (plástico)

    Así que me levante para ir a ayudarle, pase muy cerca de ella por lo que puse mi mano en su cadera como haciéndola a un lado, todo este tiempo haba tenido la verga dura a mas no poder e ideando el plan de como meterle la verga.

    De pronto se pone de espaldas haciendo algo en la mesa de la cocina, sin dudarlo me le acerque, puse ambas manos en las caderas, se quedo quieta y le hable ya muy cerca del oído,

    Yo: Tía, me pareció que mis comentarios la pusieron un poco incomoda.

    M: No pasa nada hijo, estamos en confianza, contesto.

    Yo: Lo que platiquemos aquí no saldrá de aquí, nada.

    Y me acerque un poco mas para darle un abrazo por detrás, por lo que quedamos pegados, me acerque un poco mas para que sintiera la punta de mi verga en su rico trasero, por lo que al sentir lo duro que estaba dio un pequeño pasito para adelante y se volteó de frente y lo primero que hizo fue voltear a verme la verga y eso la puso mas nerviosa, yo me acerque y le dije, que quería darle un abrazo y así estuvimos unos segundos abrazados, podía sentir su respiración comenzar a agitarse, yo le decía cosas a la altura de su cuello como si fueran pequeños besos, cerca del oído, por lo que su nerviosismo era mas que evidente, sentí como su piel se ponía «chinita», como se agitaba, estábamos tal y como ya lo quería, le decía que me gustaba su abrazo, que me gustaba sentir su piel, que me gustaba ver como estaba vestida, que siempre me pareció sexy.

    En pocas palabras le dije que me gustaba y sin pensarlo me fui acercando a su boca, ella no hacía nada por quitarse así que seguí diciéndole cosas para hacerla sentir bien, cerca de sus labios, cuando cerró los ojos le di un beso, no correspondió pero no me importo, seguí dándole poquitos, besando hasta que poco a poco fue abriendo los labios, ya no había marcha atrás, comenzamos a besarnos intensamente, le daba mordidas suaves en los labios mientras comencé a acariciar la espalda, baje a sus nalgas, sus piernas, bese su cuello, todo sobre la ropa.

    De pronto se detiene y se separa:

    M: No, esto no puede ser, detente por favor.

    Yo: Pero tía, ambos lo queremos, lo puedo sentir.

    M: No puede ser, discúlpame , no sé que me pasó

    Yo: yo si sé que le pasa, y quiero ser yo quien le ayude con esto.

    M: No sé de que hablas?

    Yo: Se que tanto tiempo que ya lleva sola, debe tener necesidades de mujer y yo quiero ayudarle con esto, no me importa si fuimos familia, la deseo, y por mi nunca diré algo sobre esto.

    M: Estas loco, precisamente por eso no podemos. Aparte soy mucho mayor.

    Yo: A quien le importa eso, solo son números, solo somos tu y yo.

    Y me volví acercar a besarla ya sin detenerme, decido a cogérmela, esta vez la lleve hacia el sofá, para sentarnos, comencé a besarla mas por todas partes, le puse la mano en mi verga y ya no dijo algo mas, comenzó a gemir, a acariciarla sobre el pantalón, solo se dejó llevar, la acaricie por todas partes le puse la mano en su rica vagina pude sentir toda su humedad, se la acariciaba por encima, después de un rato metí mi mano dentro de la licra, hice a un lado su tanguita y por fin pude sentir aquello que tanto deseaba, metí 1 dedo ufff salió mojadisimo, ella ya no hacía otra cosas más que gemir, le dije:

    Yo: Vamos a la cama!!

    Ella solo se levantó, me tomo de la mano y me llevo a su cuarto, comencé a quitarme la ropa rápidamente, le quite la playera, le baje licra y tanguita de un mismo movimiento quedando a la altura mi boca su rica y depilada panochita, le di un beso cerca del ombligo, le di besos en sus piernas, hasta llegar a ese rico manjar, abrí con ambas manos su vagina húmeda escurriendo, pase mi lengua por todo esa ricura, ella solo gemía de placer solo decía

    M: Ah ahhh que rico papi, que rico se siente

    Yo: Quiero cogerte tía, quiero meterte toda la Verga en ese culito, quiero llenarte de leche. Yo ya estaba más que loco por hacerla mía.

    Besaba sus ricos pezones, los tenía bien parados y duros, y así hasta bajar a su rica vagina, comencé pasando mi lengua muy lento, suave hasta que ella misma me tomo de los cabellos y comenzó a restregar mi cara, mi boca en ella, le lamia, le metía mi lengua dentro de su panochita, solo gemía, decía que rico, que rico, metí 1 dedo y luego otro mientras succionaba su clítoris, suave, despacio, hasta que comenzó a temblar, se venía rico, ponía los ojos en blanco se retorcía de placer.

    La deje disfrutar, me acerque, comencé a besarla, parecíamos novios adolescentes, me metía la lengua, metía la mía, eran sensaciones deliciosas, con la verga bien parada y dura, pasaba la puntita por su clítoris ya todo sensible, ella solo cerraba los ojos, gemía, decía que ya, se agarraba fuerte de donde sea,

    M: Ya métemela, quiero sentirte dentro, quiero verga

    Yo: Pídeme que te coja, pídeme verga, di que ahora eres y serás mi mujer, dilo!! Le ordene.

    M: si, si, soy tuya, seré tu mujer, hazme tuya cuando quieras, siempre vamos a coger pero ya métemela.

    Yo: Ahora me perteneces, y se la metí toda de un sola vez y solo me araño fuerte la espalda, pujo y gimió fuerte y rico.

    M: Ay que ricooo, que rica verga tienes, la tienes grande y gruesa, no había sentido esto, me vengooo. Y sentía como escurría algo caliente sobre mi verga y yo sin parar estaba mete y saca, sacaba toda la verga para metérsela nuevamente.

    Yo: Estas bien rica, me encanta como obedeces, quiero que te pongas en 4 que me des las nalgas.

    M: Hago lo que tú quieras, solo por atrás no, nunca lo he hecho.

    Yo: pues acomódate.

    Se puso en 4, me coloque detrás de ella le abrí las nalgas para ver su culito, le di besos, y le comencé a meter la verga por su panochita, que delicia se escuchaba al entrar y salir, chocar nuestros cuerpos, por momentos deje de moverme porque sentía que explotaba, pero quería seguir gozando disfrutando esos momentos, nuestros cuerpos ya sudados querían mas y mas. Por momentos le acercaba la punta de la verga en la entrada de su culito, ella no decía nada pero se quedaba esperando, hasta que dijo, algún día podrás entrar por ahí y estrenarlo porque a tu tío nunca se lo di, eso me prendió mas y me moví mas rápido, la acosté, puse sus piernas en mis hombros, y seguí mete y saca.

    M: mmmmm que rico papi dame mas, dame mas, cógeme, que rica verga, hazme venir, soy tuya, hazme tu mujer.

    Yo: quiero que digas que eres mi putita!!

    M: soy tu puta, soy tu puta!!

    Yo: vamos a coger cada que yo quiera?

    M: Si, si cógeme

    Así estuvimos por unos minutos hasta que ya no pude mas y explote dentro de su panochita, unos segundos después comenzó a temblar, nos vinimos casi al mismo tiempo, le llene de leche esa rica vagina, yo con la verga bien sensible me quede dentro de ella, acostados, besándonos, recuperando el aliento, aun no creía que había hecho realidad esa fantasía, me cogí a mi tía.

    Después de esto y volver a la compostura, platicamos de lo sucedido y quedamos en guardar el secreto y aprovechar cada visita.

  • Mi ex suegra me hace calentar

    Mi ex suegra me hace calentar

    Mi ex suegra era un infierno. Cuando me puse de novia con su hijo y este me la presentó, recuerdo como me hizo calentar desde la primera vez que lo vi.

    Cabe resaltar que no me gustan las mujeres, pero ella tenía algo que hacía dar vuelta a cualquiera.

    Mi ex novio solía contarme como se masturbaba por ella cuando era adolescente y eso me ponía más caliente que cogíamos toda la noche y yo más de una vez me imaginaba chocando mi conchita con la de ella. Obviamente no se lo decía a mi ex pero muchas veces llegué al orgasmo pensando en su mamita.

    Una noche que fui a coger a la casa de mi ex, cuando se durmió me bajó sed y quise ir a la cocina por un vaso de agua, cuando iba pasando por la habitación de mi ex suegrita pude ver por la puerta que tenía medio abierta como ésta se estaba metiendo los dedos y gemía con los ojos cerrados.

    Está de más decir que se me hizo agua la concha y me metí los dedos para darme placer viendo a ese mujerón disfrutar.

    Volví caliente al dormitorio de mi ex y bajé hasta su entrepierna para meterme a la boca su miembro que estaba dormido. Lo chupé con tantas ganas mientras por mi cabeza se cruzaba la zorra de mi ex suegra mientras se daba placer.

    Cuando la verga de mi ex se puso dura me coloqué arriba suyo y corrí mi tanga para sentarme en ella.

    Estaba tan caliente que en pocos minutos estaba bañando la verga de mi ex con mis jugos.

    Mi ex me puso en 4 y me cogió por la cola hasta que dejó toda su leche en mi culo. Pasé uno de mis dedos y sacando parte de su leche me la tragué saboreando lentamente el rico néctar que tenía en mi boca.

    Esa fue una de las veces que cogí con mi ex pensando en su mamita, hubo más. Muchas más. Y ni hablar las veces que me provoqué orgasmos cuando estaba en mi casa pensando en las tetas y la vagina de ese mujerón.

    Lastimosamente terminé con mi ex meses después. A él no lo extrañé pero a ella sí. No hubo mujer que me hiciera calentar tanto como mi ex suegra.

  • Travesti en celo

    Travesti en celo

    Me sucede que cada tres a cuatro meses aproximadamente entro en una fase distinta a mis días habituales y rutinarios. Me siento rara, con mucha calentura, es como una fiebre que me llena de excitación por un período prolongado más de lo habitual, el tiempo de duración he notado que es aproximadamente de una semana, unos cinco días para ser exacta. Como saben soy travesti y he pensado que probablemente he programado mi naturaleza, o viceversa, la naturaleza actúa sobre mí, dada mi condición. Pero bueno, es una realidad y quería compartir cómo es que me siento esos días de intenso calor interno y fiebre anal, como me gusta llamar a este período.

    He notado que durante esos días despierto excitada, me vienen olas de calentura después del almuerzo y después de la cena, me da mucha hambre y debo tomar mucho líquido, por las noches no puedo dormir porque sólo pienso en pene y que me culeen rico, sudo bastante y siempre estoy excitada en general, tengo que usar un plug anal para tranquilizarme y me siento bien cochinita todo el día.

    Por ejemplo, la última vez que me vino esa calentura comenzó una mañana en la que desperté y me dieron ganas de desnudarme por completo y quedarme en la cama un poco más de tiempo para explorar sensaciones, ya me sentía con mucho calor, amanecí con mi penecito de travesti húmedo y semi erecto, ya me encontraba algo mojada en realidad, mis pezones estaban paraditos y sentía muchas ganas de cogerlos y estrujarlos, sobarlos, me sentía muy acalorada. Me estiré mucho en la cama ya desnuda, me puse boca abajo y levanté mi culo colocándolo de frente al espejo, bostecé, separé mis nalgas para ver mi anito y me tiré un sonoro y prolongado pedo, fue fuerte y definitivamente era el pedido de mi cuevita de placer, quería atención y me lo hacía saber a gritos literalmente, se abría y cerraba casi de manera involuntaria, noté que estaba dilatada, prácticamente lista para ser penetrada por un grueso pene de macho. No estaba cerradita como suele estar mi rayita, mi ass-pussy como la llamo cariñosamente, no estaba como siempre suele estar, podía ver cómo se dibujaba un orificio redondito perfecto no tan grande pero ya era una señal, se abría y cerraba rápidamente. Estaba excitada, había comenzado oficialmente una semana de fiebre anal como ya les dije que llamo a este período tan particular.

    Tenía muchas ganas de chupar una verga, sólo se me venían a la mente penes negros, gruesos, enormes y venosos, penetración anal y mucho manoseo, mi mente echó a volar. Mientras tanto seguía muy caliente retorciéndome en mi cama sobando mis pezoncitos de travesti de forma frenética, me daba mucho placer y quería que me los chupen, sentía la necesidad que me los jalen y mordisqueen con mucha intensidad. El culito no me dejaba de latir, no pude aguantar y me llevé dos dedos a la boca, los chupé con harta saliva y me los metí de inmediato al culo, no tuve que hacer ni fuerza, mi anito estaba como húmedo, medio gomoso, prácticamente me tragué los dedos por completo y al querer sacarlos noté que el culito no los soltaba, se me puso como un volcán succionándome ambos deditos, fue muy excitante verme hacer eso, me sentí toda una puta, una sissy hambrienta de sexo.

    Noté también que mi pinguita de travesti goteaba más de lo habitual, era bastante líquido preseminal el que estaba botando y obviamente no desperdicié nada, me tomé todo lo que pude y estaba riquísimo. Comencé a jadear con mi boquita abierta, y con la lengua afuera, grité un poco “¡Ayyy necesito pene, quiero un pene!”. Me pasé como dos horas dándome duro con mis dos dedos, ya estaba en un mete y saque bastante brutal, tuve que meterme un tercer dedo lo cual mi culito recibió agradecido, que calor que sentía, era terrible, ya no aguantaba más, mi pinguita quería expulsar lechita, comencé a masturbarla con dos dedos de mi mano derecha sin detener mi penetración.

    Me doblé en la cama y me puse apuntando mi penecito a mi cara, necesitaba esa lechita en mi boca como sea, así estuve un buen rato hasta que boté unos seis chorros que dieron en mi lengua y mejillas, fue delicioso, el anito lo sentí como una máquina de succión, terminé metiendo en total cuatro dedos en pleno éxtasis anal, fue delicioso, pero fue solo el principio, me quedé en la cama un buen rato, me metí a la ducha pero noté nuevamente que tenía ganas de sobar mis pezoncitos de travesti, mis limoncitos. Iba a ser una semana bien larga, mi apetito por sexo era muy intenso, tanto la cola, mi penecito y mis pezones me demandan mucha atención en estos períodos.

    Cuando me ocurre esto no tengo más remedio que buscar un macho disponible o acudir a todos los juguetes que pueda conseguir para satisfacer mi fiebre anal, normalmente siento todo el placer por el ano, pero cuando estoy así mi penecito también se para y necesita ser masturbado, claro, no por ello es que no tenga la necesidad de ser penetrada, necesito atender ambos medios con mucha intensidad. Creo que los dildos más gruesos son los que me ayudan estos días, mis bolitas anales también, normalmente me introduzco solamente unas cinco, pero en este período me puedo introducir hasta diez y como si nada.

    Bueno queridos amigos, quería solamente compartir un poquito de esto con Uds. Más adelante, en otro volumen, les iré contando otras cositas que ocurren en estos períodos, me dan por hacer muchas cochinaditas, Les dejo un beso y hasta la próxima, ¡muac!

  • No tenía expectativas

    No tenía expectativas

    No tenía expectativas, no esperaba nada extraordinario. Pasé por ella a dónde habíamos acordado, nos saludamos. Llevaba un vestido apenas arriba de su rodilla, al sentarse en el auto su rodilla se vio más expuesta y tuve la necesidad de tocarla, quería tocarla y su rodilla fue lo primero que pude tocar.

    Al entrar a la habitación. Dejamos nuestras cosas y dejó que se iba a cambiar, al pasar frente a mí la detuve y la empecé a besar, mis manos inmediatamente buscaron sus nalgas, subí su vestido, baje su calzón y por fin las tuve en mis manos, duras, suaves, las abrí y comí su ano, caliente, sudoroso, deseoso.

    La volteé y quedamos frente al espejo pude ver su cara, ojos cerrados suspiros profundos, toque sus pechos, pequeños, ya me lo había dicho, frote sus pezones y nuevamente. Más suspiros, la incliné de frente y ahí estaba su deliciosos ano por lo que me moría chupar, comer pasarle la lengua…

    Me preguntó si en verdad quería eso, si lo deseaba, si no iba a sentirme mal después… No lo sé, ya estoy aquí, le dije. Él me pasó su lengua en mi ano, así sin reservas, como si me cogiera de años, mi piel se erizó… se levantó y me penetró por la vagina, sentí su calor, parecía decirme te deseaba, te esperaba y a la vez, no tengas miedo, te disfruto pero te cuido. Sentí placer, de ese que se siente cuando quieres comerte un antojo de antaño.

    Me cambié para verme más sexi mientras él me esperaba desnudo en la cama. Me vio con deseo, con lascivia, me decía ¿Por qué tardaste? Con su mirada. Me acerqué, tenía pena… No podía creer estar ahí, pero ya estaba y su calor me llamaba.

    Me besó, sentí su lengua caliente, sus manos… me comía entera sin hacer más. Me besó los pectorales, especialmente el lado que más me excita, me mordió, me apretó los pezones…

    Recuerdo posiciones, suspiros, orgasmos, gemidos… ah! Mamar su verga y sentirla dentro. Oh! Por Dios, sentir su peso sobre mi y la verga dentro!!! Me fui al espacio, regresé y volví… Mucho tiempo sin expresar éxtasis con volumen elevado, sin perder más la pena… Me chupo la vulva, el clítoris, ahh! Me fascinó sentir su lengua caliente, su verga a fondo, que me enculara sin necesidad de lubricante. Estaba tan caliente yo y tan caliente él, que fue tan sencillo y fantástico.

    En qué momento comencé a pedirle que no lo sacara, que quería más. Yo, esa mujer tímida y reservada, quería más y lo pedí, era el que me hizo desestabilizar mi mundo, mis emociones, aquél que he querido sí, mi fantasía de la escuela de natación. Cada vez que lo veía y me miraba fijo, su perfume me inspira a algo en su mirada me decía me gustas, él me gustaba pero, yo no era así. Tuve orgasmos, uno tras otro, tantos que sentí me desvanecía, tantos que no sentí mi culo taaan dilatado, sí, también tuve orgasmo por el culo jaja, qué pen me dio, pero qué cosa!! Uf!

    Recuerdo montarme, tomarle las manos y sentirme tan segura, tan disfrutada y disfrutando, escurriendo una y otra vez… de dónde chorreaba tanto…! No paraba. Yo no podía más y él me recordó que soy deportista, hizo sarcasmos para desafiarme y excitarme, conectamos y volví… Sí, me hizo volver y tener más orgasmos, más placer.

    Perdí el miedo a sentir, aún tengo, me cuesta expresarme, pero es menos; me perdí el pudor porque me metió duro en la vagina, mamé su pito, luego en el culo y volví a mamarlo, una y otra vez… No soy un extraterrestre, soy hermosa, especial y él lo vio, lo sacó de mí y me hizo sentirme, verme a mi misma. Vaya cosa!

    Qué difícil es confiar y conectar, más con alguien que está ocupado, sigue preguntándome cómo fui capaz!!! Pero su energía tan caliente y tan dulce, tan comprensivo y tan libre, discreto y caballeroso; me hizo abandonarme en él y con él, por ese momento…

    Puedo sentir esa calma con la que él vive, como si la vida no le corriera. Tengo ansiedad por otros asuntos, pero algo de él quedó en mí más que el recuerdo. Aprendí, sí; lo sentí y mucho. Me gustó, lo abracé al final, me abrazó, de hecho extendió su brazo para que me recostara en él, lo que nunca recibí.

    Placer al 1000, confianza y calma. Al otro día mis ojos eran tan delatadores que todos notaban algo diferente, mientras yo ni cuenta me daba, hasta tomarme una foto. Qué afortunada fui, y qué cabrona me volví. Me asustó a mí misma, porque quizá quiera parar y olvidar, o quiera ser más cabrona y puta con quién se me antoje jugar.

    Pero él, sin duda, él lo hizo especial.

  • Soñé con Bárbara

    Soñé con Bárbara

    Era una noche, yo estaba por la parte de afuera de mi local, en la calle de junto regresando de por allí cerca, cuando te veo venir por allí, caminando en sentido contrario, vestías una falda larga como de algún uniforme, la ropa te quedaba al cuerpo, te veías «hermosa» (ella es una chica joven, de 18 años, delgada, algo alta, de cuerpo ideal para su edad y estatura, mulata de cabello rizado, usa lentes, y en fin es hermosa), y en eso nos encontramos mientras yo caminaba del centro de la calle hacia la vereda:

    Bárbara: Hola vecino, lo estaba buscando para que me haga un depósito

    Yo: Hola princesa que hermosa estás, pero ven para darte un abrazo.

    En eso te acercas hacia a mí y nos dimos el abrazo, en eso me sorprendiste plasmándome un besote de esos buenos deliciosos y muy largos, lo sentía tan rico, que me puse cachondo inmediatamente, mientras me seguías besando empecé a acariciar tus nalgas, estaban muy firmes, típico de una chica de tu edad, nos seguimos acariciando mutuamente, en eso regresé a la realidad dándome cuenta que estábamos en un lugar público y que nos podían ver los vecinos.

    Té tomé de la mano, y caminamos hasta la casa dónde yo vivía anteriormente que está por ahí cerca, aún conservo las llaves y sabía que era el lugar indicado para ese momento, un departamento pequeño y con todos sus servicios.

    Llegamos y ya estábamos completamente solos en un lugar seguro y discreto en el que podíamos disfrutar de nuestros deseos generados por la Química que teníamos del uno al otro. Apenas entramos al departamento me empezaste a besar con mucha intensidad y yo gozaba de tus labios al mismo tiempo que acariciaba libremente todo tu cuerpo, y en especial tus nalgas por sobre tu falda, no quería que se nos corte la inspiración del momento por lo que así nos mantuvimos por varios minutos, hasta que tu respiración estaba muy acelerada como muestra de excitación, nuestras caricias eran cada vez más atrevidas y nuestros cuerpos muy pegados por sobre la ropa.

    En eso nos detuvimos y te cargué en mis brazos y caminé hacia la cama, te recosté, pero yo quería sentirte sobre mí, así que me acosté y te di vuelta dejándote sobre mí, los besos seguían con mayor intensidad, decidí quitarte la falda y la desabroché enseguida, bajé el cierre y te la fui quitando, quedó a la vista tu prenda interior, era un cachetero de color negro, que te quedaba hermoso con el contraste de tu piel canela, de ahí tu blusa ya estaba semi-desabotonada, y te la fui quitando y seguido del sostén, quedaste sobre mi casi desnuda, la única prenda era tu cachetero, decidí no quitártelo y seguir disfrutando de tu belleza así como estabas.

    En eso me miraste y me dijiste.

    Bárbara – Yo ya estoy prácticamente desnuda, y tú que esperas que aún estás vestido

    De inmediato me quité la ropa quedándome en bóxer y nuevamente me acosté para que te me subieras y te dije:

    Yo – Por favor, quítame el bóxer

    Sin dudarlo lo quitaste y era inevitable ver como saltó mi pene de lo duro que estaba, te sonrojaste un poquito al verlo y yo para que no te desconcentres te di un beso en la boca y te acosté sobre mí, los besos eran por el cuello y senos, mientras mi pene lo restregaba suavemente por tu vagina sobre la tela del cachetero, tus senos son de tamaño normal dando a pequeños pero hermosos y firmes, ya te los había chupado por todo lado, te veía contraerte y gemir de la excitación.

    Decidí acostarte para ahora yo quedar sobre ti, té besé desde tu boca y fui bajando por el cuello y senos, besé tu vientre y empecé a bajar tu cachetero, dejándote completamente desnuda, tu vagina virginal es hermosa, con algo de vello púbico que la adorna de lo mejor, su olor de la excitación es delicioso y la comienzo a besar de arriba abajo por mucho tiempo, beso también la entrada de tu culito, lo aprietas al sentir mi lengua por ahí, meto despacio un dedo y a veces dos dentro de tu vagina mientras la chupo y alterno metiendo un dedo también en tu culito.

    Entre ratos miro tu rostro para ver tu expresión, y veo que estás gozando, tu vagina está completamente mojada y dispuesta a ser penetrada por mi falo, no dudo en poner la cabeza de mi pene en la entrada de tu vagina y moverla hacia los lados y hacia adentro buscando penetrarla, en eso siento que le entra la cabeza de mi pene y sueltas un gemido de dolor, pero el placer es más fuerte que me dices que siga, que te lo meta, le obedezco y sigo con un mete saca despacio sin profundidad, sino a medida que tu vagina se vaya dilatando, continuamos así hasta que entró todo mi pene hasta el fondo, los movimiento cada vez eran más fuertes y rápidos, lo que estaba viviendo era una verdadera locura que no quería que se terminara jamás.

    Cambiamos de posición, tú arriba, luego te puse de perrito o en cuatro, y seguimos, te pedí que me chuparas el pene, me miraste con recelo pero yo asentí con la mirada dándote confianza para que lo hicieras, y wow, que sentir tus labios en mi pene es algo indescriptible, lo hiciste por mucho tiempo, lo chupaste de arriba abajo, desde la cabeza, el palo, y hasta la bolas, se siente muy bien, sentía que quería eyacular, lo notaste y me dijiste “Métemelo” rápidamente de acostaste y te penetré hasta el fondo de tu vagina, bombee pocas veces y sentí como salían los chorros de semen caliente, quedándose dentro de tus entrañas.

    Allí nos quedamos abrazados y nos habíamos dormido por un momento, luego nos bañamos juntos y te fui a dejar a tu casa porque ya era tarde.

    Ya no había tiempo para hacerlo nuevamente en el baño… jajaja

  • La rubia

    La rubia

    Todos tenemos un prototipo de chica o chico.

    Soy hombre y mi prototipo de chica era el siguiente:

    Morena de pelo y piel, ojos rasgados y de estatura media. De personalidad, que sea divertida, que aguante bien mi tipo de humor y que se pueda hablar con ella de cualquier cosa sin escandalizarse. No pido mucho con eso me vale. Empecemos.

    Yo era un chico joven de 27 años y me dedicaba a jugar a fútbol y conocer a cuantas más chicas mejor, ya me entienden.

    Era primavera y estaba hablando con una chica de 27 años también que nunca había visto en persona ya que éramos de ciudades diferentes. En principio ella no era mi prototipo pero algo me llamaba de ella y estaba dispuesto a averiguar que era. Pasaron las semanas hablando todos los días y decidimos quedar para conocernos en persona. Quedamos en mi ciudad ya que ella tenía una amiga que vivía relativamente cerca de mi y así tendría donde pasar la noche.

    Llego el día en el que habíamos quedado y no sé aún porque yo estaba algo nervioso. Estaba acostumbrado a estar con chicas pero ella solo por mensajes y llamadas me había despertado algo diferente.

    Llego la hora y su bus apareció en la estación, yo me puse en pie para recibirla y allí estaba bajando las escalerillas: Rubia, ojos castaños, sonrisa que te robaba el corazón y un cuerpo… dios que cuerpo… 1,68 de altura, senos perfectos y por supuesto aproveche el momento que se giró a coger su maleta para fijarme que su culo era de lo mejor que había visto en mi vida. Hasta el momento todo era atracción física aunque más tarde me di cuenta de que no solo era un físico. De camino a casa de su amiga tuvimos una primera conversación que me bastó para darme cuenta de con qué tipo de mujer había quedado. Me encantaba.

    La deje en casa de su amiga y yo me fui a la mía, quería que ella se instalase y se relajase un poco después del viaje. Esa noche habíamos quedado para ir a cenar a un restaurante japonés que me gustaba mucho, compartíamos nuestro gusto por la comida asiática asique no fue difícil de convencer.

    Llego la noche y fui a recogerla a casa de su amiga, fue ella misma quien me abrió la puerta. Yo me vestí para la ocasión con un pantalón blanco y una camisa de lino verde oscuro, ella se puso un vestido rojo precioso que le quedaba ceñido y hacía ver sus atributos más perfectos de lo que yo me podía imaginar. Está mujer me estaba volviendo loco, quería hablar y hablar con ella y al mismo tiempo queria verla desnuda, tenerla encima mío mientras ella gemía de placer… eran muchas sensaciones juntas.

    Cenamos muy a gusto en el japonés y los dos estábamos muy cómodos el uno con el otro. Le dije si queria dar un paseo por una playa que había cerca y ella acepto. Era la noche perfecta, buen clima, la luna llena y una mujer que cada vez que hablaba me enamoraba… hasta que llego el momento que no pude más y me lance a besarla. La agarre fuerte y la pegue contra mi cuerpo, nuestro labios se juntaron y el mundo parecía haber desaparecido, solo estábamos ella y yo.

    Fue una noche fantástica que llegaba a su fin, yo la acompañe a casa de su amiga y le dije que mañana nos veíamos…

    La segunda noche que pasó en la ciudad quedamos en mi casa. Yo vivía solo en un ático que tenía alquilado en el centro de la ciudad. Ella llego puntual a su hora, prepare para cenar unos burritos y nos pusimos en el sofá a tomarnos unas copas mientras hablábamos y nos conocíamos más. Y de repente, esta vez fue ella, se me lanzó como una leona, me beso fervientemente y me quito la camiseta, no quise ser menos y le quite la suya, quite el clic de su sujetador, lo tire lo más lejos que pude y ahí estaban esos senos perfectos, redonditos y pezones rositas, simplemente perfectos.

    Los lamí como si me fuese a morir mañana mismo. En mi entrepierna ella empezó a notar mi pene bien erecto asique metió su mano en mi pantalón. Estuvo meneando mi miembro un buen rato mientras me besaba hasta que decidió bajarme el pantalón. Al ver mi pene ella me miro y me dijo:

    -Te la voy a chupar y no vas a poder olvidarme.

    Empezó besando la cabeza y pasando su lengua por todo el tronco de mi pene, poco a poco fue introduciéndolo en su boca, todo estaba cada vez más lubricado. Pudo meter mis centímetros hasta su garganta, después mientras con su mano agitaba mi pene como el que toca la zambomba lamia mis huevos, en fin un espectáculo de mamada. Agarré su pantalón y lo más rápido que pude se lo baje, bese su chocho por encima del tanga rojo que llevaba hasta que se lo eche a un lado… chochito prieto y rosita… me hipnotizó, solo quería comerlo.

    Lamí su precioso clítoris mientras mis dedos estaban dentro de ella, me agarraba la cabeza para que no parará pero yo tenía otros planes, la puse en cuatro y lamí también su culo, no podía dejar ni un centímetro de su cuerpo sin explorar, lo necesitaba. Después de tanto sexo oral y todavía en 4 introduje mi pene muy suavemente por su lubricado chocho, quería que la primera penetración fuera lenta, que se sintiera bien. Seguimos follando un buen rato de todas las posturas, formas y colores, parecía que lleváramos toda la vida el uno con el otro, nos entendíamos a la perfección. Ella me sentó en el sofá y se puso encima mío, empezó a nalguearme mientras me besaba y yo le dije:

    – Quiero correré en tu culo- a lo que ella respondió:

    – Lame mi coño follado, me follas el culo y después te corres donde quieras- ni una palabra más, ella lo queria yo se lo hago.

    La volví a poner en 4, lamí su coño follado que estaba aún más rico y poco después le metí mi pene por su culo… era el momento de darle duro, se lo revente como si no hubiera un mañana hasta que no pude más y me corrí en sus nalgas pero mis excitación era tanta que mi semen salió disparado por todas partes, no perdió la oportunidad, se giró y lamio la puntita para que le callera también en la boca… esa mujer era perfecta amigos y amigas y yo no la podía dejar escapar. Era una mujer con la que me gustaba hablar, no me aburría y encima cuando follaba era muy muy puta, como se suele decir en España la mujer perfecta es señora en la calle y puta en la cama, ella lo cumplía.

    A día de hoy ella no es mi novia, ella es mi mujer, tenemos una casa y un hijo… ella no era morena, ella era rubia y me enamoró. El prototipo es solo eso, un prototipo. Esto me enseño que por supuesto que el físico es importante, faltaría más, pero no es solo eso, es una mezcla de todo un poco. Así encontrarán algo que no saben que están buscando.

    Gracias por leerme y espero que les haya gustado.