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  • Masajista promiscuo (primer relato)

    Masajista promiscuo (primer relato)

    Soy una persona que tiene un gay promiscuo dormido dentro suyo. No tengo problema de dinero, trabajo en una empresa multinacional 6 horas por día, voy al gym todos los días, a veces voy a la mañana y a la tarde. Tengo 32 años y considero que lo único que me falta en la vida es satisfacer mis deseos sexuales.

    Hace unos años comencé a estudiar masajes. Al principio hice el convencional, luego estudié reflexología, luego ayurveda y luego hice una especialización en masaje tántrico. Le realidad es que estudié todo esto porque me produce una sensación erótica increíble. Me calienta tocar un cuerpo y producirle placer, aunque ese placer sea mediante la relajación.

    Me acuerdo la primera vez que atendí a un hombre. Ya había ambientado el departamento de un ambiente que había alquilado para usarlo de consultorio, había logrado que huela bien y que se vea moderno y sensual al mismo tiempo. Este primer paciente, Pablo, fue la primera persona que me llamó desde mi publicación en una web muy reconocida para estos casos.

    La conversación había sido muy seca, tosca:

    Pablo: Hola, cuanto por los masajes?

    Yo: Hola, que estás buscando? Descontracturantes, relajantes, tántricos?

    Pablo: Descontracturantes, soy colectivero de larga distancia y siempre ando contracturado. Supongo que lo de “tántricos” es haciéndome una paja. Eso lo quiero decidir en el momento, puede ser?

    Le pasé el monto, coordinamos el día y horario y así fue que nos vimos por primera vez.

    Pablo era un hombre de unos 45 años que a simple vista estaba bueno. Se lo veía gordito, pero me encantan los hombres corpulentos. Al contrario de lo que me había parecido por mensaje, fue muy simpático y su sonrisa iluminaba una cara realmente hermosa. Lo ví sacarse la ropa lentamente, primero la remera, dejando una pancita hermosa y unos pectorales que indicaban ejercicio años anteriores. Tenía también brazos anchos y los hombros bastantes marcados y lo que mas me llamó la atención: tenía la cantidad de pelos ideal a mi gusto. Ni mucho ni poco, algo en los pectorales, algo en la pancita, pero cero pelos en la espalda. Cuando se sacó el pantalón mi vista fue directo a sus piernas morrudas, hermosas. Se había quedado solo con un bóxer negro de tiro corto.

    El masaje comenzó estando él boca abajo. Comencé por los pies, subí por las piernas y luego pasé a su espalda. Le pregunté si se animaba a los masajes en los glúteos y me dijo que sí, por lo que le pedí permiso para sacarle su ropa interior. Se imaginarán que su cola era hermosa también. Cuando masajeaba sus glúteos podía ver su agujero porque los movimientos circulares hacían que se separen las nalgas. Trataba de rozar su agujero cada vez que tenía que hacer movimientos circulares en sus cachetes traseros, me daba cuenta de que eso le gustaba porque respiraba más fuerte cada vez que lo hacía. En un momento pasé “sin querer” un dedo por su raja y como noté que se había moletado fui directo a masajear su agujero. Pablo había comenzado a gemir, no lo hacía fuerte, pero su respiración se hacía cada vez más profunda.

    Seguí con mi trabajo por su espalda, no quería que pensara que no era masajista, que buscaba solo satisfacer sexualmente a mis pacientes. Seguí con el masaje solo para darle un toque profesional. Luego de su espalda pasé a sus cervicales, en ese momento su mano calló de la camilla y comenzó a pasarla por mis piernas. Tenía puesto un pantalón largo blanco, debajo no tenía nada, suelo no usar ropa interior. Era obvio que ante la visual y el jugueteo en su ano mi pija ya estaba a full, por lo que su mano fue directo a sobarla. Coloqué su cabeza de costado, como si mirara en dirección a donde estaba mi bulto y me bajé un poco el pantalón. Pablo me pajeaba muy rico, yo ya estaba con precum en la punta de mi pija. Me animé y la acerqué a su boca. Pasé la cabeza por sus labios, el seguía con la boca cerrada, mis movimientos fueron como si se los estuviera pintando con labial. Por supuesto abrió la boca y comencé un vaivén super rico para mí. Pablo me tomó la pija con una de sus manos y comenzó a chupar de manera más intensa. Había empinado su espalda como si estuviese haciendo el saludo al sol en yoga, sus glúteos se habían contraído y se notaban bien carnosos, moría de ganas de penetrarlo. Al ser mi primera vez no me daba cuenta hasta donde podía avanzar, asique dejé que él me guiara.

    En un momento se dio vuelta y mientras seguía chupándomela dejó su pija a mi disposición, así que comencé a pajearlo yo también. En medio de mi trabajo Pablo me pide que se la chupe, me lo dijo tan amablemente que me causó gracia. Por supuesto se la chupé, y con ganas. Él no dejaba de pajearme, en ningún momento me soltó la pija. A este ritmo yo no iba a durar mucho, pero no se trataba de mí sino de él, asique tomé cartas en el asunto y con una mano pajeaba la pija que estaba chupando y con la otra metí un dedo y después dos en su ano. Evidentemente eso era lo que necesitaba porque a los 20 segundos me dijo con voz entrecortada que iba a acabar, me vino bien porque yo estaba en la misma situación que él. Le avisé que también iba a acabar y comencé a chupar con mas ganas que antes.

    Mi idea era que cuando notara que iba a largar la leche dejar de chupar así acababa sobre su panza, y lo mismo haría yo con mi pija. Pero Pablo tenía otros planes. Su masturbación se hizo tan rica que tuve que acabar antes, mi sorpresa fue que ante mi intención de correrme para un costado para que no le caiga la leche en la boca él me lo impidió y tuve que descargar todo dentro de su garganta. Grité del placer, grité con ganas, mientras él también acababa sobre su pelvis y yo sacaba mis dedos de su ano.

    Luego de todo esto Pablo se levantó de la camilla, aceptó mi ofrecimiento a bañarse y luego de pagarme el doble de lo que le había pedido me pidió un turno para la semana que sigue.

    Mis memorias como masajista promiscuo empezaron así. Pero con el tiempo me volví un masajista vip solo para interesados en cumplir fantasías.

    Les cuento en otros relatos.

  • Mi amigo le ofreció mi culo a su cliente para pagar un favor

    Mi amigo le ofreció mi culo a su cliente para pagar un favor

    Ya una vez dentro del travestismo, lo que sigue es compartirlo con otras chicas como yo. Interesada en los testimonios de quienes habían sucumbido a los encantos de las medias, las tangas, las faldas y los corsés, me uní a un grupo virtual de chicas que cada fin de semana se reunían en la casa de una de ellas para vestirse, maquillarse y a veces coger a gusto.

    En una de las reuniones de este selecto club conocí a un chico que se decía admirador de las chicas tv. Este amigo, que llamaremos Pablo, compartía conmigo ciertos gustos y hobbies, como algunos deportes, series de televisión o incluso platillos, por lo que comenzamos a llevarnos muy bien independientemente de la atracción sexual que, desde luego, no faltaba entre ambos. Tal era el agrado que nos habíamos cobrado que comenzamos a vernos fuera del grupo, en horarios que no comprometieran otros compromisos que ambos teníamos (o sea, ir a coger con otras personas).

    Cierto fin de semana, quedé con Pablo para vernos por algunas horas en un hotel, sin embargo, él llamó temprano para cambiar la hora y el lugar de reunión: la cita ahora sería en un restaurante al sur de la Ciudad de México, ya que debía ver un asunto de trabajo urgente. Me pidió ir vestido en mi identidad pública para que, acabando de resolver ese asunto urgente, nos fuéramos a una habitación donde pudiera arreglarme, vestirme y entregarme a él. Guardé entonces mis cosas en una mochila (peluca corta lacia de cabello negro tornasolado, maquillaje, un cortísimo vestido acanalado negro con botones decorativos al frente, unas medias de red y un bra con relleno, esta vez no llevaba calzones ni nada que se le pareciera). Al llegar a la reunión, Pablo hablaba con un señor vestido de traje, algo extraño para un desayuno en sábado; el hombre tendría unos 50 años, con cabello ondulado, ligeramente canoso, bigote tupido, delgado aunque con un poco de pancita, como pude notar cuando se fue del restaurante. Pablo me lo presentó como el sr. Salas, un cliente del trabajo de Pablo que, al parecer, tenía un trato muy cercano con mi amigo a pesar de su porte muy formal. Pablo me presentó como su amigo, saludé al sr. Salas y los acompañé poco tiempo en el desayuno. En la charla alternaban sus asuntos del trabajo con comentarios personales y otros temas ligeros: las noticias, las modas, etc.

    Cuando el sr. Salas se retiró, se despidió muy afectuosamente de ambos, y me dijo que a ver cuándo nos reuníamos otra vez, pero ahora ya sin chamba de por medio. Me llamó la atención que se despidiera de mí de esa forma, tomando en cuenta que era la primera vez que nos veíamos y, francamente, no había estado yo muy platicón esa mañana.

    En fin, tras la partida de este hombre, Pablo me comentó que debía pasar a su lugar de trabajo, una casa de dos niveles que se alquilaba como oficina, así que fuimos. Al llegar a su lugar de trabajo, Pablo me dijo que debía esperar la llamada de un cliente, pero luego sugirió con tono pícaro que me vistiera en su oficina y que lo hiciéramos allí mientras sonaba el teléfono. Creyéndome en confianza y solos, accedí; me arreglé en su baño y salí muy coqueta, tomé una libreta de su escritorio y le dije que sería su secretaria:

    -¿Necesita algo Lic.?, ¿se le antoja un café?

    -Sí, por favor.

    -Ahorita se lo preparo, verá qué rico se lo voy a hacer…

    Yo movía mis caderas en este juego de roles, sabiendo que Pablo me miraba el culo apenas enfundado por el delgado vestido corto. Al darle la espalda para poner el filtro en la cafetera me agaché sabiendo que la falda del vestido se subiría, dejando ver un tercio de mis nalgas que enloquecían a Pablo. Mientras agregaba el agua a la máquina, escuchaba el crujir del piso de duela imaginando qué es lo que haría mi amigo a continuación. Me sorprendió acomodándome el vestido, pero sin quitarme las manos de encima, lo fue recorriendo hacia arriba hasta llegar a mis hombros. Me volteó suavemente pero con energía y me empezó a besar el cuello, mientras me abrazaba fuerte, de tal forma que nuestros miembros, erectos por la excitación, se rozaban frenéticamente.

    Fajamos riquísimo de pie, junto a la cafetera, con cada beso él se iba poniendo más duro y me apretaba más las nalgas, mientras que yo con las manos en su pecho gemía con cada apretón. Me condujo después detrás de su escritorio, se acomodó en su silla y se sacó la verga; yo me arrodillé y se la chupé bien rico, luego me di la vuelta, me alcé el vestido y él vio mis nalgas desnudas, listas para recibir su verga. Me cogió rico, mientras me decía cosas como “preciosa”, “encanto”, “corazón”…

    Luego de unos 20 minutos de que Pablo terminara, sonó el teléfono. Salió de la oficina a contestar y me dijo que no me fuera a cambiar, que siguiera vestida por un rato más. Por la excitación y la confianza, esa petición no me pareció rara, sin embargo, empecé a escuchar cómo Pablo bajaba a abrir la puerta de la casa, y en el recibidor hablaba bajito con alguien. Mientras me contemplaba en un espejo grande que Pablo tiene en su oficina y me acomodaba el maquillaje, la peluca y la ropa, vi por el reflejo abrirse la puerta. Era el sr. Salas. Yo estaba petrificada, ¿qué hacía este tipo ahí?, ¿cómo y por qué Pablo lo había dejado pasar?

    Me saludó con un “hola” coqueto, como si supiera qué es lo que iba a encontrar en esa oficina. Yo respondí al saludo amablemente. “Ah, que Pablito, ¿no? Es re chambeador, hasta en fin de semana viene a la oficina a cumplir. Por eso me cae bien ese muchacho.” Me decía mientras daba la vuelta por la oficina despreocupadamente. El señor me seguía haciendo la plática, retomaba temas de la conversación del restaurante a la par que preguntaba cosas sobre mí. Yo respondía amablemente aunque seguía algo sorprendida; sin embargo, estaba en mi personalidad de chica, así lo tomé todo como venía.

    Estaba sentada en el escritorio de Pablo y el sr. Salas se fue a acomodar junto a mí. Seguía su plática, muy amable, cuando sentí cómo empezaba a poner su mano en mis rodillas. Al ver que Pablo no llegaba, supuse lo que estaba pasando (lo que iba a pasar) y me dejé llevar. No retiré la mano del sr. Salas, antes separé las rodillas y dejé que Salas me acariciara los muslos. “Estás riquísima. Casi no se te nota lo buena que estás cuando andas vestida de hombre, pero así te ves como toda una señorita muy guapa”. Salas subió la mano hasta toparse con mi pene erecto, entonces lo empezó a frotar y a jalar. Después de eso, se puso frente a mí, me sacó el pene y lo empezó a chupar. La verdad me fascinaba cómo este bigotón de traje se veía de rodillas frente a una putita con pene.

    -Eso, chúpalo, corazón. ¿Te gusta cómo sabe mi verga?

    -Sí, sabe delicioso.

    -¿Te gusta mucho el chile, mi vida?, has de ser tan puta como yo… ¡A ver!, ¡déjame ver tu verga!

    Salas se puso de pie, se quitó el cinturón y se bajó la ropa, dejando ver su pene cabezón y largo. “Volteate, te voy a hacer mía, putita”. Yo me volteé, de frente al escritorio, y levanté las nalgas, de inmediato Salas me empezó a arrimar su chile y a pasearlo entre mis nalgas. Juegueteó así unos minutos hasta que lo empujó suavecito. Mientras abría mi culo, flojito por la cogida de Pablo sentía goce y esa sensación incómoda, sucia y placentera, de querer ir al baño en ese momento. Solté un gemido que le dio confianza a Salas para empujármela más fuerte y tomarme con más brusquedad de la cintura. “Ya no te parezco puto, ¿verdad, zorrita?, ¿quién es la puta ahora?” Salas me cogía a buen ritmo y me hacía gemir. “¡Ay, señor Salas, qué rico me coge, qué rico me la mete!”.

    Salas empezó a culearme más y más de prisa, haciéndome desear venirme. Tomé mi verga y la empecé a chaquetear mientras Salas disfrutaba mi culo y casi al mismo tiempo eyaculamos los dos. Sin decir mucho, Salas se limpió la verga en el baño, se despidió de mí con un tímido beso en la mejilla y me dejó su tarjeta. Mientras yo me limpiaba también, pude oír a Salas decirle a Pablo fuera de la oficina, “Ya quedamos a mano, amigo. Nos vemos en la semana”.

    Cuando entró Pablo, yo estaba cambiándome de ropa. Me esperó y salimos de su trabajo. Abordé su carro y mientras íbamos a buscar dónde comer, le dije con un fingido tono de molestia “pendejo, me usaste para pagarle un favor a ese güey, ¿verdad?” Pablo sólo se rio y me dijo “ah, ¿me vas a decir que no te gustó, puta?”

  • Obsesión prohibida: una tentación irresistible (2)

    Obsesión prohibida: una tentación irresistible (2)

    -¿Pero por qué en el mensaje de Minerva ponía que Rodri estaba durmiendo? ¿Acaso es que puede haber algo más si voy? ¿Y si realmente solo quiere su bolso? – Matthew debatía con sus pensamientos mientras sudaba nerviosamente, la situación le venía un poco grande. Pues se estaba dirigiendo a las 3 am a entregar el bolso a Minerva, la novia de su mejor amigo. Aunque esto en parte a él le encantaba, esa sensación de estar al borde de lo prohibido y no poder resistirse a la tentación.

    – ¿Y si pasa algo entre Minerva y yo? ¿Qué pasará con Rodri? ¿Realmente soy capaz de hacerle esto a mi amigo? – Se cuestionaba Matthew en su interior. Nunca antes había considerado traicionar a un amigo, solo el pensamiento le generaba malestar. Sin embargo, algo en él lo impulsaba a seguir adelante.

    El solo imaginar a Minerva le provocaba una oleada de sensaciones sexuales intensas. Poder sentir su piel suave entre sus manos y descubrir cada rincón de su cuerpo lo excitaba de sobremanera. Hacía mucho tiempo que una mujer no lograba perturbar su raciocinio de esta manera.

    El trayecto en coche parecía interminable, una sucesión de pensamientos que se entrecruzaban en la mente de Matthew: miedos, dudas y deseos se agitaban en su interior. Era un bochorno sentir eso y Matthew tenía un nudo en la garganta que solo podía disipar en cuanto viese a Minerva.

    En ese momento se sentía como si el universo conspirara en ese momento crucial. La tensión que había en ese coche se podía cortar con una cuchilla.

    Era el momento, Matthew había llegado a la puerta de la casa, pero Minerva no estaba a la vista. Nervioso, sacó el móvil y le envió un mensaje:

    – Estoy afuera. – Conciso y directo.

    – Salgo. – Escribió Minerva al momento, como si hubiera estado esperando toda la vida ese mensaje.

    Los segundos en que tardaba a salir para Matthew eran eternos, normalmente estas situaciones no le provocaban incomodidad, es más, las dirigía con mucha claridad y seguridad. Sin embargo, el carácter prohibido de esta situación lo tenía desorientado. Se sentía incómodo por sus acciones, pero parecía no tener control sobre la situación. Era como si estuviera siendo arrastrado por una fuerza irresistible hacia un territorio desconocido y peligroso.

    – Hola. – Una voz dulce apareció tímidamente desde la oscuridad.

    – Hola Minerva. – Dijo Matthew. Respondió Matthew. Se sentía un tanto perdido, sin saber si bromear, sugerir la entrega del bolso o incluso huir. Temía el incómodo silencio, así que añadió: – Ha tenido suerte, señorita. Estaba a punto de cerrar mi negocio de transporte de bolsos por hoy, pero no pude resistirme a su solicitud.

    Matthew se sintió satisfecho con su respuesta, orgulloso de haber salido con algo ingenioso y de dirigir la conversación. Minerva, por su parte, apreció la picardía en sus palabras. Lo miró con ojos provocativos y una sonrisa traviesa. Era su turno, y estaba decidida a continuar el juego que habían empezado. No le importaba prolongarlo; de hecho, le encantaba. El deseo y la complicidad flotaban en el aire, creando una atmósfera cargada de tensión.

    – ¿Está usted seguro de que tiene dicha mercancía? – preguntó ella y justo después de esto, sonrió y alzó su mano derecha en el aire sosteniendo el bolso en cuestión, Matthew se dio cuenta de que ni siquiera había comprobado si Minerva realmente lo había olvidado. Sentía vergüenza pero no le importaba en absoluto, él solo la quería ver una vez más. Entonces, sonrió.

    Era evidente que la historia del bolso había sido una artimaña de Minerva para evaluar el interés de Matthew. Si él hubiera buscado y no lo hubiera encontrado, se lo habría comunicado. Pero el simple hecho de presentarse allí, sin decir palabra alguna, sin ni siquiera observar si era real, ya constituía una respuesta concluyente. Era una afirmación silenciosa de su deseo y determinación de estar con ella.

    En ese momento ella se adueñó de la conversación con seguridad, consciente de que tenía el control.

    – ¿Me llevarías? – preguntó Minerva, fijando su mirada en el coche de Matthew. Era una declaración de intenciones clara y directa.

    Matthew comprendió a lo que se refería ella al observar el coche, y un sudor nervioso le recorrió. Esto iba en serio. Sabía que si aceptaba esta solicitud, no habría marcha atrás. El nombre de su amigo Rodri resonaba en su mente. Observó a Minerva; ella parecía estar completamente segura de su decisión. Que sensual estaba.

    La situación a Matthew le provocaba una intensa excitación. Solo de pensar en lo que podrían hacer esa noche le generaba un morbo imponente. El silencio ya había transcurrido suficiente tiempo y tenía que tomar una decisión:

    – Te llevaré pero con una condición. – Dijo Matthew serio. Quería retomar el liderazgo de la conversación.

    Minerva no tardó ni un segundo en contestar.

    – ¿Qué condición? – Preguntó con curiosidad. Eso de condiciones, de ser dominada, le excitaba.

    – Véndate los ojos. – Matthew dijo de manera decidida, estableciendo sus términos.

    Eso a Minerva le encantó y obedeció rápidamente. Utilizó un pañuelo rojo que solía usar para atarse el cabello y se vendó los ojos. En ese momento, cuando ella ya no tenía visibilidad, él fue a buscarla lentamente.

    Matthew se acercó con delicadeza, buscándola con su brazo hasta encontrar su cintura. La atrajo hacia él con un gesto sensual. Minerva se abandonó al momento, completamente excitada por la situación. Centrada en sus otros sentidos, sintió cómo Matthew le acariciaba lentamente y se acercaba a su oído cuando le susurró:

    «Voy a hacer que recuerdes esta noche para siempre.» – Las palabras de Matthew resonaron con un tono provocador e intenso.

    Minerva no aguantó más y soltó:

    – Quiero que me folles, que me revientes. – Estaba completamente entregada en el fervor de la situación.

    – Lo voy hacer y con ganas, pero debes esperar un poco. – Sonrió mordiéndose el labio Matthew.

    Los dos se subieron al coche, Minerva con la ayuda de Matthew pudo hacerlo. Él sabía de un sitio tendrian una completa intimidad.

    El trayecto transcurría en un silencio tenso pero cargado de intensidad. Para Minerva, la incertidumbre de no saber qué le deparaba, qué planes tenía él para ella y de entregarse completamente a Matthew le encendía el alma. Y cada segundo que pasaba todavía lo hacía más. Tenía ganas de sentirlo ya dentro, de besarle, de entregarse totalmente a un hombre como él.

    Por parte de Matthew, ya estaba entregado a la tentación. Sin remordimientos. Había dado el paso y estaba decidido a llegar al final. Tenía ahora él el poder de controlar la situación. Era consciente de que Minerva estaba a su merced y dispuesta a hacer todo lo que él deseara.

    Mientras se dirigían hacia su destino, Matthew deslizó su mano lentamente hacia las piernas de Minerva. Las acarició con sensualidad, comenzando desde abajo y ascendiendo gradualmente, acercándose a su cálido centro. Con cada avance, la sensibilidad de ella aumentaba. Minerva respiraba de manera agitada y, casi por instinto, abría sus piernas un poco más, ansiosa por sentirlo aún más cerca.

    Él jugaba con ella, no quería entrar en su sexo todavía. Solo provocar más su excitación. Eso le otorgaba más poder y le encantaba.

    Justo en el momento que más cerca estaba Matthew y podía casi que palpar la humedad de ella, se detuvo en seco.

    – Hemos llegado. – Anunció él, saliendo del coche para luego abrir la puerta de Minerva y ayudarla a descender.

    Ella lo siguió, sus manos entrelazadas, mientras escuchaba el sonido de unas llaves provenientes de la otra mano de Matthew. Estaba abriendo una puerta. Una suave y cálida luz iluminó el espacio. Caminaron un poco más hasta detenerse. Minerva no sabía dónde se encontraba, pero en ese momento, eso no tenía importancia. Lo que más deseaba era sentir el calor de Matthew dentro de ella.

    En un instante, Matthew salió de la habitación, dejando a Minerva a solas. Fueron unos segundos insoportables para ella. Parecía que estaba buscando algún que otro objeto. Después de un rato, escuchó cómo Matthew regresaba y le susurraba:

    – ¿Estás segura de que quieres entregarte completamente a mí? – preguntó con voz serena.

    Sin dejar espacio a la duda, Minerva respondió:

    – Totalmente.

  • Con una sobrina de mi esposa

    Con una sobrina de mi esposa

    Sarita como una hija

    Después de pasar un verano de los más calurosos de mi vida, cuando ya el invierno depositó sus primeras nieves sobre nuestras cabezas, cada soplo de aire fresco era una bendición, y fue una bendición también descubrir que mi masculinidad, (hombría) aun no estaba totalmente muerta, si no era con la ayuda de la pastillita azul (viagra).

    Fue el día de la boda de uno de los sobrinos de mi esposa. Se llamaba Sara, Sarita como le gustaba que la llamaran, una chica de 28 años, abandonada por el novio unos meses antes de casarse y de eso hacía ya casi cinco años y no se la había vuelto a ver salir con ningún otro chico, de cabello negro y largo casi hasta la cintura, una carita preciosa, morena, delgadita, casi sin tetas, (pechos) y con un precioso y redondito culito.

    Tenía su pequeño utilitario (coche) en el tallar y había asistido a la boda con un pariente joven que se había marchado pronto y no tenía quien la llevara a casa. Después del banquete cuando la gente comenzaba a marcharse y al ser el convite en otro pueblo en el que ella no vivía pensaba volverse en taxi, pero mi esposar, que es una de esas de «aquí estoy yo para solucionarlo todo», y sin consultarme, le dijo:

    -No te preocupes, tu tío te acercará (llevará) a casa.

    La hostia era que su casa quedaba a casi sesenta kilómetros de allí, y con sesenta de vuelta y siendo ya casi las diez y media de la noche pensé que iba a regresar en plena madrugada y además estaba, no se puede decir que bebido, pero si como se dice alegrillo, algo que es peligroso y además con una noche que, aunque en esos momentos no llovía si lo había hecho por la tarde y las carreteras estaban húmedas. Y a mí, conducir de noche nunca me ha gustado y menos noches como aquella. Además, no contaba conducir y como decía había bebido un poquito más de lo normal. Pero había que cumplir.

    Durante el trayecto hablamos de todo un poco, sobre todo de su vida, al no vivir en el mismo pueblo nos veníamos poco. Ya eran las doce pasadas cuando llegamos a su casa y comenzaba de nuevo a llover. Sarita vivía en una casa de una sola planta, pintada de blanco. Estaba en la salida del pueblo sobre un montículo. Antes de bajar de mi Opel Corsa, y mientras ladraban los perros del vecindario al ruido de un coche que no conocían, Sarita me preguntó:

    -¿Quieres pasar y tomarte un vino antes de volverte?

    -Vale, pero, solo una copita, aunque voy bastante cargado, un vinito nunca viene mal.

    Entramos en la casa. Encendió la luz. La cocina era cocina, sala y comedor todo junto. La casa según pude apreciar tenía solo dos dormitorios. Sarita cogió una botella de vino tío pepe y saco dos vasos d la alacena, un sacacorchos en un cajón, lo puso todo sobre la mesa, y me dijo:

    -Sírvete tú mismo mientras yo voy a ponerme cómoda.

    Se marchó vistiendo un vestido blanco ceñido al cuerpo que le quedaba unos centímetros por encima de las rodillas y calzando unos zapatos de tacón del mismo color y volvió vistiendo una bata de estar por casa roja de las que se abrochan con botones y unas zapatillas cómodas. Yo que estaba sentado a la mesa en una silla, le dije observándola.

    -Está bueno este vinito.

    Sarita, recogiendo el cabello en una coleta, poniéndole una goma, me preguntó:

    -¿Quieres algo para picar, un poco de queso o de fuet?

    -Comer, noo, hoy ya comí para toda la semana.

    A ti te comería fue lo primero que vino a mi mente sin ser consciente que mi pensamiento se iba a cumplir minutos mas tarde. Sarita no quiso perder el tiempo. De pie sin sentarse junto a mí, me preguntó con mirada desafiante:

    -Me he dado cuenta que no me has quitado el ojo de encima durante todo el día, ¿Te gusto, estoy buena y te parezco guapa tío?

    Yo tampoco iba a perder el tiempo. Me levanté, me acerqué a ella, le acaricié con un dedo la mejilla, y le dije:

    -Buena y guapa, estas a reventar de buena Sarita, todos los hombre del convite te comían con los ojos, claro que me gustas y mucho, y si no fueras mi sobrina te ibas a enterar lo que vale un peine.

    -Pues no es precisamente un peine de lo que me gustaría enterarme, pero si crees que está mal hacer feliz a una sobrina un rato me voy a tener que aguantar.

    -Sarita por Dios no juegues con fuego que te puedes quemar.

    Le contesté intentando bromear.

    -Siempre me ha parecido ver que te gusto por como me miras, pero si no es así, debo estar equivocada.

    -Noo, cariño no estas equivocada siempre me has gustado a rabiar, pero nunca me he atrevido a insinuarme por miedo que te ofendieras y te enfadaras

    -Sigue lloviendo con ganas, porque no llamas a tu mujer y le dices que está lloviendo mucho y la carretera está muy mal y es peligroso conducir en esas condiciones y te quedas dormir esta noche aquí en mi casa y te marchas por la mañana.

    -¿Contigo o en tu casa a dormir?

    -Bueno, si lo que te apetece es dormir, eso lo dejo a tu elección, tengo una habitación libre que podías ocupar si es lo que deseas.

    Aquello era una proposición en toda regla. Sarita se mordió el labio inferior, rodeó mi cuello con sus brazos y después, metiendo una de sus piernas entre las mías y me dijo antes de darme un beso con lengua que me puso la polla más que morcillona y latiendo.

    -No cariño dormir en la misma casa con una mujer como tú en la habitación de al lado tiene que ser un suplicio.

    -Bueno eso tiene arreglo, si te da miedo dormir solo puedes dormir conmigo, prometo no violarte. Dicho esto dejo escapar una risotada

    -Si no te da miedo dormir conmigo, también puedes dejar de pensar que soy tu sobrina y podríamos hacer otras cosas si lo deseas.

    Aquello me sobrepasaba. No llevaba en la cartera ninguna pastillita azul, (viagra) y podría quedar mal si me aventuraba a meterme en la cama con ella y la cosas (pene) no me respondía. Últimamente necesitaba la pastillita cuando lo intentaba con mi esposa. Intenté buscar una excusa y le dije: –No puedo Sarita, Mañana tengo que hacer cosas y si me quedo cuando llegue mañana ya será tarde

    -¿De verdad que no quieres quedarte?

    Me volvió a besar, su pierna se frotaba con mi polla cerca de su sexo, (coño).

    -Me parece que estás buscando una excusa, ¿tienes miedo de acostarte conmigo, no te voy a comer, bueno si, alguna cosa puedo comerte si me dejas.

    -Por Dios Sarita no digas eso que me va a salir el humo por las orejas, (oídos) no te imaginas las veces que he pensado poder estar contigo en la cama, me has gustado siempre y cuando te imaginaba la cama con el mierda de tu marido me comían los demonios.

    -Entonces porque ese miedo y tanta prisa por marcharte.

    Sarita sentía cómo latía mi entre pierna. Note que le habían subido los colores, su cara la tenía roja. Le pregunté: -Es queee.

    No dejo que siguiera me volvió a besar con deseo y pasión. -Es que queé tío, ven, vamos a la habitación que estaremos mejor y seguimos hablando.

    Me cogió de la mano y me llevó a una habitación donde había una cama grande de matrimonio, dos mesitas y un armario, pintada de blanco cómo el resto de la casa.

    Ella llevo sus manos a mi cintura con la intención de empezar a desabrocharme el cinturón, yo sujete sus manos.

    -Espera, espera Sarita.

    -¿Esperar que, ¿no te apetece echar un polvo, follar conmigo?

    -Claro que me apetece, pero es queee…

    De nuevo las dudas.

    -Sarita es que con tu tía hace tiempo que no hacemos nada y a lo mejor noo.

    -¿No se te va a levantar, es eso lo estás pensando?

    A lado de la cama me quitó la chaqueta, el chaleco y la camisa, yo me rendí y la deje hacer. Sarita me observaba mientras me bajaba los pantalones y pudo ver que yo ya no tenía lo que se dice un cuerpazo. Tenía un poco de barriguita, cervecera, pero barriga, al fin y al cabo, ya no era un chaval, había cumplido los sesenta hacía ya unos cuantos meses, 61 a falta de dos meses. Al quitarme los zapatos, los calcetines, el pantalón del traje y los calzoncillos, y ver mi polla, dijo:

    -Joder tío, estas muy bien dotado, menudo picharon es cómo la de mi ex de larga, pero mucho más gorda, me va a encantar acogerla en mi cueva.

    -¿Te gusta que te la mamen?

    Me dijo mientras me la manoseaba. No me dio tiempo a responder, ella ya estaba de rodillas al borde de la cama me masajeándome la polla (pene) y los huevos (testículos) ya colguerones como es normal a mi edad.

    -Tienes aun un buen par de cojones, (testículos) y bien duros, ¿Cuándo fue la última vez que los vaciaste?

    -Ya ni me acuerdo Sarita cuando fue la última vez.

    Le conteste empezando a resoplar de lo mucho que me gustaba lo que hacía. No me dio tiempo a responderle cuando ya se la había metido en la boca y chupeteaba el capullo (glande).

    -Ummm, que rosadito tienes el capullo, me encanta y las pelotas (testículos) te los voy a dejar secos, ¿a la tía le gusta chupártela?

    Me dijo sacándosela de la boca y mirándome a los ojos. A la tía no le gusta nada, pensé sin llegar a poder decírselo concentrado en la mamada que comenzaba a hacerme.

    -A tu tía hace años que dejo de gustarle todo.

    -Pues que tonta con la pichorra tan hermosa que tienes.

    Pude por fin decirle sintiendo los labios y la lengua de Sarita estrujar mi polla (pene) que sorprendido noté como se me había hinchado y dura como una roca. Sarita la mamaba como una diosa, no voy a decir que yo fuera un experto en el saber de mamadas, pero notaba el calor de sus labios rodear el capullo, (glande) y aquello me estaba volviendo loco. Notaba como empezaba a sentir el hormigueo en los huevos (testículos) y se me empezaban a encoger, signo este que la corrida, (eyaculación) no iba a poder sujetarla, pero o podía dejarme vencer por el placer y correrme tan pronto, la decepcionaría y es lo que menos deseaba, no podía correrme y dejarla así pensaba al tener la seguridad de que una vez me hubiera corrido mi pene se me aflojaría y no podría satisfacerla ella como notaba estaba deseando, así que intente aguantar. La hice parar la mamada.

    -Para para Sarita, cariño, ahora me toca a mí.

    Le ayude a levantarse y sacarse la bata que, aunque descordada aun la llevaba puesta dejándola desnuda como dios la trajo al mundo (encueros) como decía ella. Sus pequeñas tetas tenían unas areolas marrones pequeñas y unos pezoncitos pequeños como dos garbancitos, eran unas tetitas que cabían enteras en la boca. Su coño estaba rodeado por una gran mata de pelo negro. Nos echamos sobre la cama. Le comí las tetas y la besé mientras jugaba con mis dedos en los pliegues de los labios de su coño notando que su coño era pequeñito y sus labios vaginales aun no le colgaban como a mi esposa. Sarita no había tenido hijos por lo que su rajita aun no estaba deformada y parecía el coñito de una quinceañera.

    Ella mientras me meneaba la polla, (pene). Muy despacio, poco a poco fui bajando hasta llegar al tesoro que guardaba entre las piernas. Le pasé la lengua entre los labios vaginales desde el clítoris hasta el agujero del culo (ano), algo que a Sarita. Lo hice pasando la lengua desde la rajita hasta el clítoris, lamerlo y chuparlo con diferentes velocidades, eso sí, siempre de abajo arriba y con la puntita de la lengua. De su coño no paraban de salir los jugos de la excitación, eran pegajosos, espesos, y blanquecinos. A los quince o veinte minutos, la respiración se le comenzó a acelerar, sus gemidos a subir de volumen, su pelvis se levantaba arqueando la cintura apoyada en los pies, sus manos se aferraban a las sábanas arrugándolas, su corrida (eyaculación) era inminente, apreté mi lengua contra su coño, lamí y chupé con desesperación desde la entrada de su rajita al clítoris hundiendo la lengua dentro lo más que podía. El resultado fue que Sarita se corrió como una loca, un orgasmo brutal entre gemidos y fuertes resoplidos.

    Después de correrse, gemir y convulsionarse, repetí lo que estaba haciendo durante varios minutos más, con la lengua plana y apretada al coño le lamí todo al mismo tiempo, vagina y clítoris sus gemidos me alertaron de que estaba a punto de volver a correrse, sería su segundo orgasmo sin aun haberla penetrado yo seguía empalmado como un burro deseando que llegara el momento de hundirme dentro de ella hasta el fondo. De su coño no paraban de salir jugos en cantidad. Los sentía, los notaba resbalar por la comisura de mis labios, tenían un sabor un poco salado, nunca le había comido el coño a ninguna de las mujeres con las que había mantenido sexo, hasta esa noche nunca había pensado hacerlo y con sarita fue algo sin pensarlo, ella en ningún momento me lo pidió, ni tan solo insinuó, salió solo, metí mi cabeza entre sus piernas y empecé a comérselo como si lo hubiera hecho antes muchas veces.

    Sentía brotar sus fluidos de su coño si fuera una fuente. Sarita se estaba muriendo de placer, pero no decía nada, solo gemía, se retorcía y levantaba la pelvis. Casi al final de su corrida sentí el ruido inconfundible de las sábanas al rasgarse de la fuerte presión que hacía sobre ellas, sus uñas habían podido penetrar en la tela y rasgarla. Me aparte de ella quedando boca arriba a su lado y dejé que cogiese aire. No había pasado un minuto, sarita se echó sobre mí y me besó, y me dijo:

    -Tío ha sido maravilloso, nunca nadie me ha hecho sentir tanto placer, no es como cuando echas un polvo, es mucho mejor más largo y más intenso, ¿quieres que te la vuelva a chupar y me trague tu leche?

    -Noo Sarita, quiero metértela hasta el fondo, follarte.

    -Yo también deseo que me la metas y me folles, pero no puedes correrte dentro, podrías dejarme preñada (embarazada) y no querría que eso pasara.

    La idea me encantaba, pero no podía pasar sin meter dentro de aquella dulzura, por eso le dije:

     -Tranquila Sarita, no te preocupes, no lo haré, pero quiero ver tu cara cuando te corras con mi polla dentro de tu coño, cuando me vayas a correr la sacare y me correré fuera.

    La volví a besar, largo y tendida. Le volví a comer las tetitas. Me coloqué entre sus piernas y se la metí hasta el fondo. Ella dejo escapar un fuerte resoplido.

    -Ahhh, Diosss que cosa más gorda, la siento toda dentro.

    Sarita no se movía, follar no sabía follar bien. Después diez minutos de meter y saca, haciendo varias paraditas para alargar mi corrida, (eyaculación) le cerré las piernas y abrí las mías. La polla le entraba y salía apretada, su coño era estrechito y mi polla (pene) de un grosor bastante considerable, nunca me lo había notado tan hinchado ni tan duro. Hice palanca con la punta de los pies flexionado sobre su cuerpo para no aplastarla y le follé durante unos minutos teniendo dentro su rajita el capullo (glande) y poco más, ella me pedía, suplicaba que se la metiera toda, que me hundiera hasta el fondo.

    -Noo, no así noo, aprieta, métela toda, la quiero sentir toda dentro.

    Sarita se volvió a correr, esta vez sus uñas se clavaron en mis nalgas, en mi espalda en el momento en que una explosión dentro de su coño bañaba mi polla. Su vagina estrujaba, aspiraba mi polla como una ventosa, notaba sus contracciones como apretaban y aflojaban. Busqué sus labios, la besé y ella me dio un mordisco en el labio inferior que me hizo sangre. ¡Cómo gritaba Sarita! Parecía que la estaban matando. Yo no podía aguantar mas y le grite que se la iba a sacar, que no aguantaba más.

    -Noo, no sacarla ahora noo, te mato, te mato y la sacas.

    Ella me mantenía apretado con sus piernas enroscadas a mi cintura y no me dejo sacarla y los borbotones de leche, (semen) golpearon en el fondo de su sexo (coño), ella al notar el primer chorro dejo escapar un grito de placer y comenzó a resoplar y moverse como si le estuviera pasando algo. Tras la tempestad llegó la calma, me quede desplomado sobre su cuerpecito notando como le costaba respirar al aplastarla con el peso de mi cuerpo. Intente echarme a un lado, pero de nuevo ella me grito.

    -Noo, no quédate quieto, no te muevas.

    Seguía notando las contracciones de su sexo apretar estrujando mi polla (pene). Ella comenzó a moverse intentando darse la vuelta para quedar encima, yo la deje hacer. Con las rodillas a cada lado de mi cintura, ella encima de mí cerró las piernas para que le entrara más apretada. Me folló de modo que al poco de estar fallándome, se volvió a correr. Al acabar de correrse quedó sin fuerzas. El caso fue que yo estaba tan excitado que me volví a correr y le llené el coñito de nuevo de leche (semen). Echados encima de la cama. Vio como mi polla después de la segunda corrida se me había aflojado y estaba más muerta que viva y, comprensiva, me preguntó:

    -¿Con que no se te iba a poner dura ehhh, vaya dos polvasos que me acabas de echar, como me hayas dejado preñada veremos que vamos a hacer?

    Le dije que no me había dejado sacarla, ella me sonrió sabiendo que había sido decisión suya que me corriera dentro.

    -Espero que esto lo volvamos a repetir.

    La besé, ella me cogió la polla y sentí que despertaba. Le pregunté sonriendo:

    -¿No decías que me ibas a hacer una mamada para tragarte mi leche?

    Más contenta que unas pascuas, sonrió, y me preguntó:

    -¿Puedes seguir?

    Sonriendo, le respondí:

    -Depende de ti si eres capaz de que esto vuelva revivir, aún no he visto tu cara cuando te corres.

    Le dije moviendo mi polla, (pene con la mano toda morcillona. Seguimos, aunque esta vez le costó un poco más, como una hora que mi polla volviera a ponerse dura, pero lo consiguió, no pude ver su cara cuando ella se corría, pero si cuando el que se corría era yo y ella se tragaba la poca leche (semen) que aún quedaba en mis huevos (testículos. La relación de sexo con mi sobrina se alargó varios años, hasta que ella volvió a vivir en pareja y poco a poco se fueron distanciando los encuentros en los manteníamos sexo hasta dejarlo.

  • Amante del cerrajero (parte 4)

    Amante del cerrajero (parte 4)

    Al día siguiente había quedado de verme con una amiga para tomar un café, tenía tiempo que no hablaba con ella y aunque me moría de ganas por platicarle lo que estaba viviendo, sabía que era una locura, como explicarle que yo, una joven recién casada con el hombre de sus sueños estaba siendo utilizada por un par de viejos y feos; es más que disfrutaba como nunca el ser cogida por ese par de viejos y solo estaba esperando la oportunidad para repetir mi experiencia con ellos.

    El solo recordar lo que había pasado con don Lucas y con don Jaime me excitaba a tal grado que mi entrepierna se humedecía, más de una vez me toque un poco recordando esas cogidas, pero no era lo mismo…

    El café donde nos quedamos de ver era en un centro comercial de la ciudad, así que sin pensarlo mucho me arregle con un conjunto de tanga y brasier blanco de encaje, una falda tableada color blanco que me llegaba un poco por debajo de medio muslo, una blusa ombliguera color rosa claro que resaltaba mis senos y una sandalias de tacón un poco alto, sabía que era un arregle un poco provocativo, pues las sandalias hacían que parara mi cola un poco más de los normal y se me veía un trasero apetecible, además que la blusa hacía notar claramente el tamaño de mis senos, pero al ir a un centro comercial no me sentía que estuviera fuera de lugar.

    Cuando salí del departamento a tomar el taxi, vi que se encontraba don Lucas junto con otro par de viejos en su establecimiento, al verme los 3 me chiflaron y dijeron un par de guarradas las cuales no alcance a escuchar, pues me encontraba ya casi dentro del taxi, en el viaje al centro comercial note que el conductor cada que podía veía mis senos por el retrovisor, la verdad era un muchacho completamente normal y casi de mi edad, por alguna razón eso me hacía ignorarlo y sentirlo hasta fastidioso.

    En el café estuve un muy buen rato platicando con mi amiga de cosas cotidianas, nada fuera de lo común, ella también era muy atractiva y notábamos que muchos hombres de todas las edades se nos quedaban viendo más de la cuenta, eso nos causaba gracia y aunque hicimos algún comentario al respecto no le dimos más importancia, hablamos de cosas de chicas, de lo que se habían hecho nuestros conocidos en la época de estudiantes, algunas tonterías de la actualidad y aunque en más de una ocasión tuve el impulso de contarle mi situación con ese par de viejos, me contuve, creía que era un tema que no debía de comentarle a nadie.

    Cuando era hora de regresar a mi casa, nos despedimos en la entrada del centro comercial para cada una tomar su camino, yo me fue rumbo al paradero de taxis, ya casi llegando a abordar mi taxi pasaron un par de muchachos, uno de ellos dijo al otro.

    -Mira tremenda zorra, lo que me gustaría tenerla a cuatro- mientras su amigo solo se limitaba a reír, ese comentario viniendo de un crio me hizo sentirme algo excitada, al abordar el taxi para irme a la casa el conductor era un señor de unos 60 a 65 años, con cara de malos amigos y al verme subir note como acomodaba su retrovisor para verme mejor.

    Buenas tardes bonita ¿a dónde desea que la lleve? – al decir esas palabras se me quedaba viendo fijamente a los ojos lo cual me genero cierta inestabilidad, titubeando le di la dirección de mi domicilio.

    Durante todo el camino cruzamos un par de palabras, no es que fuera muy bueno haciendo platica y yo me encontraba un poco turbada por la compañía de un señor de edad con cara de pocos amigos y una mirada penetrante, cada semáforo en rojo era ver fijamente mis senos o mis piernas, con un descaro excesivo, era tanto su descaro que me encontraba entre asustada y excitada.

    El camino se me hizo pesado pero rápido, por algún motivo, de manera inconsciente le pedí que me bajara faltando poco más de una cuadra, pague el viaje y cuando me dio el cambio al tomarlo me agarro la mano, de una manera firme, casi me lastimaba, me dijo -Que tengas un bonito día guapa, hoy me haré una chaqueta pensando en tus tetas-

    Me zafé de sus manos y me bajé inmediatamente del taxi, con una excitación inmensa, empecé a caminar rumbo al departamento muy excitada casi sentía como me escurrían mis fluidos por las piernas, por fortuna la calle se encontraba desierta y empecé a apurar el paso para llegar al departamento, tenía unas ganas inmensas de masturbarme, iba tan en mis pensamientos que no vi que la puerta de la cerrajería se encontraba abierta y que don Lucas estaba parado ahí.

    Al pasar me dice, -¿a dónde vas con tanta prisa Pamelita?

    Al voltear vi que se estaba agarrando su bulto, el cual se veía inmenso aún con el pantalón que traía, tuve una descarga que recorrió todo mi cuerpo, inmediatamente se me hizo agua la boca, quería tener su verga en mi boca, en mi vagina y en mis nalgas.

    -A ningún lado en particular don Lucas, ¿quiere acompañarme o quiere que le haga compañía? – Le dije con una voz entre excitada y un gemido.

    Vi como en su cara se dibujaba una sonrisa de lujuria y haciéndose a un lado me dice -Pasa Pamelita, creo que quieres tomar lechita

    Pase al local y adentro estaba más oscuro que de costumbre, camine hasta el fondo mientras escuche como don Lucas cerraba con llave la puerta, cuando me gire vi que no estábamos solos dentro del local, dentro estaban los otros dos viejos que lo acompañaban cuando salí rumbo al centro comercial.

    Ambos tenían una cara llena de lujuria mientras se sobaban sus bultos sobre el pantalón, en otro momento hubiera grita ante tal situación, pero ahora estaba invadida por la lujuria, aunque aún quedaba algo de cordura en mí, la verdad es que no tenía resistencia ante la excitación que la situación presentaba.

    Una joven recién casada de un cuerpo en forma, vestida de manera muy sugerente encerrada en un local con 3 viejos feos, con una erección cada uno y sobándose su bulto sobre su pantalón, y una cara de lujuria que no dejaba lugar a dudas de lo que querían… de lo que iban a obtener sin ninguna duda.

    Don Lucas fue el primero en hablar -Pamelita, te presento a don José y Don Raúl, ambos son muy buenos amigos míos y han escuchado puras cosas maravillosas sobre ti

    Ahh ¿sí? Conteste más con un gemido.

    -Si Pamelita, justo hace un rato les comentaba lo deliciosa que están tus nalgas y lo rico que aprietas cuando te meto mi verga en tu cola, lo rico que la mamas ¿te gustaría tomarte una ración triple de lechita? -mientras decía estás palabras se sacaba su erecta verga del pantalón, acción que imitaban sus amigos.

    Pude ver 3 vergas distintas, la de don Lucas era la más grande de las 3, pero al de don José estaba muy cabezona, por otro lado, la de don Raúl estaba más gruesa y venuda, la verdad tenía tantas ganas de probar las 3 vergas que creo que se me notaba en el brillo de mis ojos, tanto así, que no me había dado cuenta y ya me encontraba sobándome mi vagina.

    -Pamelita, qué te parece si empiezas mamándome mi verga, te va a gustar su sabor- Me dijo don Raúl mientras empezaba a jalársela lentamente y la cabeza de su verga se empezaba a llenar de líquido preseminal.

    Don Lucas al ver que me iba a arrodillar en el suelo dijo -Espera un poquito Pamelita, no quiero que se lastimen tus lindas piernas- mientras decía eso agarraba un cojín viejo y sucio que había en una silla que le quedaba al alcance y lo tiraba al suelo frente a los 3, yo inmediatamente me arrodillaba y tomaba con una mano la verga de don José, con la otra mano la verga de don Lucas, mientras metía la verga de don Raúl en mi boca.

    -Ya ven como les dije que era una puta, ahora disfruten de este delicioso cuerpo- Les decía don Lucas a los otros 2 viejos, mientras ellos reían, sus palabras me excitaban y les hacia la paja con más ganas, mientras metía la verga de don Raúl los más profundo posible.

    Estuve de rodillas mamando y pajeando a los 3 viejos por alrededor de 10 minutos. En un momento dado don Lucas se alejó de nosotros mientras yo afanosamente seguía satisfaciendo a los otros dos viejos, que disfrutaban. No tardo en regresar don Lucas con una colchoneta que tiro al suelo se acostó con su verga bien parada, en la cual ya había puesto un condón y me dijo -Pamelita, ven y clávate tu solita, ya sabes el camino putita-

    Sin pensarlo dejé de masturbar a los dos viejos, me fui y me senté sobre la verga de don Lucas, la introduje lentamente, mientras que de mi boca salía un prolongado gemido, una vez que la tuve completamente adentro empecé a cabalgarla, me levantaba lentamente y me dejaba caer de un sentinazo introduciendo su rica verga lo más profundo posible.

    Mientras don José y don Raúl se pajeaban viéndonos como solita me clavaba la rica verga de don Lucas, esté les dijo -No sean pendejos, aprovechen a está puta, en el cajón de la mesa hay condones, el que quiera meterle la verga se debe poner uno.

    Don José sin decir nada se puso frente a mí y me puso su verga en la boca, la cual empecé a mamar nuevamente, momentos después sentí como don Lucas abría mis nalgas y don Raúl empezaba a meter su verga en mi ano.

    Estaba en éxtasis, tenía todos mis orificios llenos de verga, lo que más me excitaba era saber que ninguno de los 3 viejos pensaba en mi placer, solo estaban ahí para satisfacer sus más bajos instintos, los 3 viejos, feos y medio gordos o gordos; se estaban cogiendo a una recién casada, joven y de buen cuerpo; es más, me estaba ofreciendo a ellos como una puta.

    La mamada que le estaba dando a don José debió ser muy buena, porque no tardo más de 5 minutos en venirse, en un momento me quito el control de la mamada, me tomo de la cabeza y empezó a envestir mi boca cada vez más rápido, el ser usada de esa manera y por ese viejo me hizo llegar al orgasmo al mismo tiempo que él decía -vamos Pamela, trágate mi leche, ahhh- dejando salir chorros de semen que, al tener su verga dentro de mi boca y no poder sacarla, no me quedó más remedio que tragármelos, la verdad su sabor era un poco salado pero delicioso.

    Una vez que termino de follarme la boca, me saco su verga y se sentó en una silla que estaba cerca, mientras decía -ha sido la mejor mamada que me han hecho en mi vida, casi me dejas seco puta.

    Yo seguía en éxtasis con dos vergas metidas y taladrándome sin piedad, llenando mi vagina y mi ano. En un momento sentí como don Raúl sacaba su verga de mi ano, apenas iba a protestar porque había dejado mi orificio desatendido cuando lo vi que se iba quitando el condón para ponerse frente a mí y sin mucho tacto meterme su verga en la boca.

    Una vez más estaba con una deliciosa verga en mi boca, empecé a hacerle una mamada a conciencia, le chupaba cuan larga era su verga y me deleitaba besando y succionando la cabeza roja y deliciosa, tragándome todos sus líquidos preseminales que salían, de nuevo no tardo mucho y copiando la actitud de don José, me tomo de la cabeza y me empezó a follar mi boca.

    -Toma puta, sé que lo estás disfrutando, te vas a tragar mis mecos- esas palabras tan vulgares y su forma ruda de follarme la boca hicieron que de nuevo tuviera una descarga eléctrica por todo mi cuerpo, el segundo orgasmo y mientras lo estaba disfrutando empezó a llenarme la boca con su delicioso semen, el cual me trague con toda mi resignación, no deje escapar ni una gota. La verdad que me estaba gustando mucho ser usada de esa forma, me estaba gustando ser un costal de semen para esos viejos.

    Cuando termino de eyacular, saco su verga de mi boca y se sentó en la mesa que había al lado, yo estaba en la gloría, acababa de tener dos orgasmos y me había hecho tragarme tanto semen como nunca imagine ni en mis sueños más locos, mi cabeza ya no tenía otro pensamiento que el sexo, pues don Lucas al ver que había tenido dos orgasmos y no tenía muchas fuerzas ya, me levanto y sin decirme nada me acomodo para que quedará de a perrito mientras él se acomodaba por atrás y me la metía sin ninguna contemplación. Siguió taladrando con mucha fuerza mi vagina por no sé cuantos minutos.

    La esposa fiel y pura ya no existía en mí, era una puta, era la puta de esos viejos y me gustaba, me gustaba el no ser considerada, el solo ser usada, ser una muñeca sexual y que mis orificios fueran usados hasta hacerme enloquecer de placer.

    En un momento dado don Lucas saco su verga de mi vagina y me dijo -Párate Pamelita, que también yo quiero que te tragues mis mecos- sin pensarlo dos veces me arrodille, se puso frente a mí y de nuevo empecé una rica mamada de la verga más rica que había probado en mi vida. Estuve mamando si verga unos pocos minutos, de repente agarro mi cabeza y empezó a eyacular dentro de mi boca, una vez más no me quedó más remedio que tragarme todo su semen.

    -Tomate tu lechita Pamelita, trágate mis mecos ahhh- decía don Lucas mientras me llenaba la boca con la más grande descarga de las 3 de ese día, su semen me sabía a gloría. Me soltó de la cabeza y me deje caer en la colchoneta, estaba sudada y cansada, nunca en mi vida me habían cogido como ese trio de viejos.

    -Lo ven, les dije que era toda una puta- Les decía don Lucas a los otros 2 viejos. -Ya me la he cogido otras 2 veces y apuesto lo que quieran a que ella vendrá sola a buscar más verga de macho ¿no es así Pamelita?

    Sin moverme mucho, volteé la cara hacia los 3 viejos y con una sonrisa en mi rostro dije -claro que sí, cuando quieran me pueden coger así de rico.

    Los tres viejos se echaron a reír, y don Lucas me dijo -Pamelita, ya sabes dónde está el lavabo, ve a arreglarte que ya tengo que abrir el changarro.

    Me levante como pude, me arregle lo mejor que se podía y salí del local de don Lucas, cuando iba hacia afuera los 3 viejos se me acercaron y me dieron un magreo, don Lucas me beso con algo de rudeza, mientras don José me agarraba las tetas y don Raúl me metía la mano en mis nalgas y las apretaba; por fortuna no había nadie en la calle en ese momento, me fui directo a mi departamento y me quedé dormida, feliz y satisfecha como nunca lo había estado en mi vida.

  • Le llené el culo de leche

    Le llené el culo de leche

    ¡Hola! Esto que les vengo a contar sucedió hace aproximadamente ocho o nueve años. Conocí a una mujer de unos 40 años por Facebook.

    Preguntas boludas iban y venían hasta que se empezó a poner picante, en un momento le pregunté si me iba a invitar a coger, ella vivía sola, me respondió que quizás, se hizo un poco la histérica pero ya estaba entregada.

    Un día así de la nada me dijo.

    -venite mañana al mediodía -me pasó la dirección y no contestó más.

    Bueno, al día siguiente me levanto y voy, llego a la casa, me hace pasar, tenía la cama no bien entré, era como un monoambiente, me siento en una silla al costado de la misma y ella se acuesta y prende la tele, hubo un silencio incómodo de como cinco minutos que parecieron 40.

    -Vení que no muerdo -me dice y se empezó a desvestir, yo me desvestí y me metí a la cama.

    -A ver cómo la chupas- le dije, pero me dijo que ella no chupaba, entonces me la masajeó cómo una profesional y me comió la boca, yo ya estaba al palo y la quería meter en algún lado, entonces me subí y se la fui metiendo lentamente en la concha para que vaya sintiendo cada centímetro entrar, después de un rato de bombeo y besos me pide subir ella, estuvo cabalgando hasta que se cansó, entonces se puso boca abajo pidiendo más verga.

    Es una posición que me gusta porque no pueden ofrecer resistencia, le bombeé la concha mientras mordía la almohada, ya estaba por acabar y le susurro al oído.

    -querés que te rompa el culito?

    -No! No, por ahí no -dijo, entonces agarré mí poronga, se la apoyé en el orto y se la metí hasta el fondo de una, ni un gesto hizo, ya estaba abierta.

    Le bombeé el culo un par de veces y le dejé mí leche bien adentro.

    Me vestí y me fui. A los días me preguntó si quería más, pero nunca se dio.

  • Mi primera vez a los 30

    Mi primera vez a los 30

    Muchas veces sentí la curiosidad de sentir que era tener un pene dentro de mi ano, lo descubrí cuando un día jugaba metiéndome un dedo y masturbaba mi próstata sentía como contracciones internas en las paredes anales un enorme placer comparado al orgasmo, había probado hasta con juguetes sexuales que adquirí en una sexy shop.

    Tenía yo 30 años cuando decidí intentarlo probar un rico pene masculino, entre a una página de búsqueda de parejas y seleccione la categoría de hombre busca hombre, muchas mujeres me daban like pero mi curiosidad por los hombres era más grande, yo no sabría si me gustaban los hombres o no, mi sorpresa que la aplicación encontré a un viejo amigo de la infancia, ninguno podía la gran coincidencia, nos citamos para vernos y platicar como amigos que éramos.

    Yo lo esperaba con ansias locas ,cuando al fin llegó él me dio un abrazo y nos quedamos así por largo rato en ese reencuentro, de repente empezó a besarme y yo no lo podía creer me estaba besando un hombre, lo más rico del mundo, me puso de espalda y bajo mis boxers empezó a lamerme mi anito y yo sentía lo mas rico de este mundo entonces comenzó a rozar mi ano con su pene de 18 cm yo sentía cosquillas y a la vez placer, entonces me penetró con la punta de su glande y yo sentí el placer más delicioso de este mundo y eso que yo había hecho el amor con mujeres, me llevo a la cama y esta vez puso mis piernas en sus hombros y me penetró de frente y comenzó a besarme y sentía cada penetración y un placer prostático del otro mundo de repente sentí como mi verg…

    Se escurría de semen y él derramaba fuertemente su semen dentro de esfínter. Ese día lo hicimos 4 veces y desde entonces descubrí que yo era gay pasivo cosa que no dejaría nunca más de probar un rico pene caliente dentro de mí.

  • Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (2)

    Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (2)

    Amigos, quiero compartir la continuación de mi relato, un relato 100% real, solo dejen que sus mentes los lleven a ese momento e imagínense todo lo que les cuento y déjenme sus comentarios para seguir escribiendo más y más de tanto que tengo para contarles.

    Recapitulando, después de una tarde de tener una vista increíble de 2 chicas, una de ellas con un vestido transparente que dejaba ver por completo su tanga y sus pechos, y otra con un leggins gris que marcaba la figura de su panocha, esa rica «v» que se le marcaba en la entrepierna adornada de la tanga de encaje que llevaba puesta, después de eso lleve a mi esposa a cenar con el afán de verla como yo vi a esas chicas.

    En esa noche, al ver cómo la persona que estaba sentada atrás de mi esposa le enterró la mirada en el culo al ver si tremenda figura, solo vi a aquel señor y no dije nada, al instante pensé si se le acero el corazón igual que a mi con aquellas chicas que me hicieron la tarde. Sin esperar más le quite el pequeño suéter sito que traía mi esposa y lo deje en el respaldo de su silla. Eso hizo que sus pecho resaltaran de una manera tan excitante y desde mi ángulo ella sentada y yo parado podía ver el esplendor de esos ricos pechos.

    Pensé que buena vista tendría quien nos atendiera. Le di un beso en la frente mientras mi mano traviesa busco un pecho para acariciarle una teta muy suavemente con la parte de los nudillos de mi mano, uuuf que rico se sentía la tela delgada y el relieve de sus pezones.

    Me sonrió y me senté frente a ella para contemplarla. Aunque quería rozarla más tuve que esperar porque también quería ver l reacción de quien nos atendiera al ver sus pechos, después de unos minutos llegaron a tomarnos la orden la sorpresa fue una chica de mas o menos unos 28 años, ella lucía un mallon negro y una camisa tipo polo con el logo del lugar, me percaté que en cuanto llego vio directo a los pechos de mi esposa, y después la vio a los ojos mientras preguntaba cuál era la orden, yo al ver eso me emocione, ya que noté que la chica titubeaba en sus palabras, aproveché para verle el culo a esta chica y valla que se le veía bien ese mallon unas nalgas de buen tamaño, traté de descifrar su ropa interior pero no lo logré. De momento me tomo la orden y se fue.

    Sentía a mi esposa algo lejos así es que me acerque a ella y me puse a un de su lado derecho en una mesa cuadrada donde estábamos podía ver Perfecto era un mejor ángulo, cuando me acerque a ella le puse mi mano es su pierna y le subí discretamente el vestido muestras la acariciaba, no pude evitar subir mi mano a el grado de sentir más caliente conforme iba llegando a su vagina.

    Cuando nos trajeron la orden, la chica notó que el vestido de mi esposa estaba más arriba de lo normal, y no se veía su ropa interior pero si estaba al descubierto toda la pierna derecha de mi esposa.

    Mientras comíamos ella se quiso acomodar la falda pero de dije que se la dejara como se la había dejado, ella solo me dijo que si. Al terminar de comer pedimos una botella de vino para seguir con una buena noche, ella me dijo que iría al tocador mientras traían la botella, cuando se levantó vi que el tipo de la mesa de atrás que no le quitaba la mirada mi esposa se preparó para contemplar de nuevo su culo, así fue, pero esta ocasión viendo ella se paró, la agarre de la mano y la jale un poco hacía a mi, a tal grado que se inclinara un poco y que el tipo pudiera contemplar de una mejor manera ese monumento de culo. Así fue, vi que el tipo le clavó la mirada, cuando mi esposa se dispuso a ir al tocador el tipo se paró y se acercó a mi espalda y me dijo:

    El: caballero felicidades, con todo el respeto que usted se merece, tiene a una muy rica pareja le agradezco el gesto de permitirme verla, y contemplarla. Espero no le moleste mi comentario.

    Yo: para nada amigo, le agradezco a usted. Solo dígame por favor, que le ha provocado?

    El: que le puedo decir caballero, me voy impresionado de ver lo que vi, es usted muy afortunado.

    Y así se fue.

    Mi mirada se centró en la puerta del baño esperando a mi esposa, cuando ella salió me sonrió y oooh pooor Diooos. Se veía increíble, sus tetas marcadas en el vestido, y su cuerpo de infarto, sus piernas lucían hermosas en ese momento casi me vengo de verla, todos la volteaban a ver, me levante a acomodar su silla y me dijo:

    Ella: amor creo que este vestido es muy atrevido, me vi en el tocador y no sé si fue mi imaginación pero alcancé a distinguir mis pezones.

    Yo: pues déjame decirte que te increíblemente hermosa, y para mi este vestido te hace lucir perfecta.

    Ella solo sonrió y me pidió una copa de vino, nosotros somos fans del vino, lo disfrutamos mucho y lo ame mas cuando mi esposa me confesó que el vino le inhibe una excitación. Así es que, solo le serví y comenzamos a degustar un poco de carne con vino.

    Yo no quitaba mi mano de su pierna y la acariciaba sin subir de más, le clavaba la mirada en el pecho queriendo morder sus ricos pezones. De momento noté que se puso un poco chapeada y fue cuando comencé a acariciar su pierna y subir mi mano cada vez más hasta llegar a sentir esa rica tanga que hacía lucir su figura, su vestido ya estaba muy arriba a tal grado que se veía la «v» de su vagina ella comenzaba a moverse mucho señal de que el vino y mis caricias estaban causando efecto, le agarre la pierna derecha y se las abrí un poco, ya solo había una pareja en la mesa de un lado.

    Le di un beso suave en la boca y le pregunté que como se sentía, me sonrió y me dijo que era una muy buena noche que la estaba disfrutando, mientras ella me decía eso subí mi mano hasta tocar su vagina, uf estaba húmeda la tela de su tanga y solo abrí un poco los ojos mientras ella al sentir mi mano hizo un pequeño gemidito que me derritió, en ese momento no pude parar y solo le acariciaba la vagina encima de la tanga que después de unas ricas caricias sentí como la mojaba más y más, yo estaba a mil, y ella con gemidos tan cautelosos para no llamar la atención ya llevaba unos minutos así, solo acariciando la con mis dedos sentía su clítoris que palpitaba de excitación mientras bebía vino y trataba de disimular, su boca abierta, pasándose la lengua en los labios y mordiéndose los suaves al mismo tiempo que gemía y cerraba los ojos mil lentamente, yo ya no podría parar.

    Bajo su mano y por debajo de la mesa me agarro la verga y me la acariciaba como si fuera lo más frágil que haya agarrado en su vida, en mi pantalón se marcaba la figura de mi verga pues ya estaba totalmente rígida.

    Sus caricias en mí eran tan excitantes mientras gemía muy rico y yo sin parar solo le frotaba el clítoris cubierto de sus líquidos y esa muy delgada tela de su tanga negra, me dijo jadeando- no pares mi amor, eso está riquísimo, sigue así, por favor, no pares, no pares.- sentí como comenzó a sentir tensas las piernas mientras sus caricias en mi verga encima del pantalón seguían, sus respiraciones aceleraban y su espalda se comenzaba a curvear, en ese momento me olvidé del el lugar, y solo me concentre en su mirada, estábamos demasiado cerca el uno del otro me dio un beso tan más cachondo solo de poquito con esos labios mojados mientras mis dedos apretaban su clítoris una y otra vez, solo buscaba que ella me mostrara su cara de placer, hasta que me dijo

    – amor, no aguanto mas, aaah aaaah ah ah – en mis dedos sentí el palpitar de su vagina, y cómo exploto de placer con un -oooh- puse mi pierna izquierda entre sus piernas para que no las cerrara y vi como su tanga estaba totalmente mojada.

    Ella mientras sentía ese rico orgasmo me frotaba encima del pantalón hasta que me vine junto con ella al ver sus gestos y escuchar sus ricos gemidos, no soporte y sentí toda mi leche caliente atrapada en mi pantalón.

    Fue un momento de locura, de repente reaccione y vi que su tanga estaba mojada, mis dedos con sus jugos, y me los lleve a la boca a degustar de ese rico manjar de jugos sexuales de mi esposa, mi verga palpitando se lanzar leche que se quedó atrapada en mi pantalón, ella aún con la respiración a fondo solo me sonrió y me dijo a está caliente- mientras con sus dedos tocaba la tela de mi pantalón que ya se había mojado por mi leche.

    Esa noche fue una locura total, pero aún no acababa esa noche ahí, a ese momento no estábamos ebrios ya que nos gusta mucho el vino y hasta entonces solo llevábamos quizás 3 copas, podría contarles la siguiente parte, escríbanme para animarme, y contarles cómo es que termino esa noche.

    [email protected].

  • Morbo con mi compañero hetero en el trabajo

    Morbo con mi compañero hetero en el trabajo

    Hola, rememorando historias, quiero contar esta morbosa experiencia, trabajé en ese entonces en un call center, en una ciudad de Colombia, tenía 25 años, gay declarado y con pareja, y llevaba aproximadamente 1 año, cuando ingresó un nuevo compañero David, de primera impresión un man normal, 34 años, acuerpado, pero tenía ese aire de padre de familia, y esa sombra de barba que me suele poner dura la verga, sin embargo, su ingreso ocurrió sin mayores contratiempos, de tal manera que con el tiempo nos hicimos buenos compañeros, y al momento de coincidir con los turnos nos conocimos más, y empezamos a hacernos parceros.

    Él tenía pareja, llevaba bastante con su novia y estaban en planes de casarse, me alegró y hablamos espontáneamente de nuestras vidas, para ese momento él ya sabía que me gustaban los hombres, pero siempre nos hablamos con mucho respeto y cordialidad, sin embargo seguimos trabajando juntos, lo que permitió empezar a hacernos más íntimos, llegados al punto en el que empezamos a hacernos preguntas y contarnos historias más explícitas, no en el sentido morbosas inicialmente, era más como compartir experiencias y aprender cosas que generalmente uno se restringe hablar.

    Poco a poco el tono de la conversación empezó a ponerse más íntimo, y yo en algunas de estas conversaciones empecé a imaginarme cosas morbosas, cuando el detallaba encuentros íntimos con su novia (o esposa, no logro recordar sí ya se había casado) lo imaginaba en el acto y me prendía, mi verga reaccionaba y me imaginaba como se veía bombeando a su señora, una vez terminamos agregados en Facebook y pude ver en sus fotos, y en un viaje, se vía sin camisa, se veía gordito velludo, y eso me puso mal, fue tan fuerte que no pude evitar masturbarme furiosamente viendo sus fotos, y francamente empecé a verlo con morbo cuando nos veíamos en el trabajo, sin ser demasiado obvio.

    Sin embargo, nuestras conversaciones empezaron a subir de tono en los que yo le decía lo mucho que me gustaba mamar, y que lo mamo con mucha pasión, aún sin compromiso, con la esperanza de incitarlo, y parecía que funcionaba, porque cada vez hacía preguntas más explícitas:

    -cómo le gustan? Le importa el tamaño?, lo haría con un amigo? Le gustan velludas o rasuradas?, y te tragas el semen? A mí nunca se me han comido la leche.

    Y esto seguía progresando donde yo le insinuaba que a un man macho como él me sentiría honrado mamárselo sin ningún compromiso, que estaba limpio en mis pruebas de ETS (las había hecho recientemente), que el tamaño me tenía sin cuidado, siempre que se pusiera dura y la persona me gustara, y fueran gorditos y velludos, eso pareció emocionarle y me empezó a insinuar cosas, como:

    -sería interesante probar» y a contarme que su verga estaba rasuraba, lo que le sumaba puntos, porque me gusta un man que se cuida la entre pierna.

    En una ocasión estábamos solos adicional no había nada que hacer, y aunque la sala de computadores tenía cámaras de seguridad, los puestos y equipos de atrás nos daban puntos muertos de visión, él de la nada coloca imágenes porno de vergas de hombres y me dice: «así es que te gustan?» yo le dije que sí, me dijo:

    -así lo tengo yo

    – En serio? – le dije yo

    En esa él se impulsó hacía atrás en la silla y se ubicó en un punto muerto para las cámaras, se levantó un poco la camisa, se bajó el pantalón y mostró su verga que estaba en estado de semierección. No pude controlarme, me corrí al mismo punto muerto se la tomé, su verga palpitó y él puso cara de excitación y con la mirada me decía que se la comiera, me arrodillé y empecé a engullir ese falo, a lamerlo su cabeza. Su verga se puso durísima, y yo la engullí completa y no paré hasta sentirla en mi garganta, me atragantaba con ese fierro, entraba y salía de mi boca, entonces, levanté la mirada sin sacarlo de la boca haciendo mi cara de pera excitada, que cuando lo chupo me sale naturalmente.

    Él estaba con los ojos cerrados con una cara de placer que solo de recordarla se me pone dura, era una cara puro placer, era esa cara que me decía sin sombra de duda que en toda su vida no había recibido una mamada así, yo seguí y él me vio, y puso su mano en mi nuca como símbolo de posesión, no importaba que él tuviera novia y yo novio, en ese momento estábamos solo los dos, y mi boca estaba hecha para mamar esa verga. Yo aumenté la velocidad, pero me hizo parar. Imagino que tenía miedo del sitio, pero las ganas lo tentaban, se subió el pantalón y dijo:

    -ufff que rico, pero acá no, vamos al cuarto de descanso

    En este cuarto hay un sofá y un Xbox y no hay cámara, yo me acomodé me limpié, bloquee mi pc y salí, no hablamos mucho y yo sabía que si hablaba lo podía arruinar, entre al cuarto y esperé, a los 4 minutos que parecieron eternos llegó al cuarto, cerró la puerta con seguro, pero estaba nervioso, me mira y con la mirada me dice que no sabe como retomarlo, lo tomo de la mano, lo acuesto pongo sus manos en su propia nuca, lo cual es una posición en la que un tipo se ve muy macho, yo le digo que tranquilo, que yo me encargo, me arrodillo y toco su bulto, su verga empieza a palpitar, suelto su pantalón, bajo su bóxer, él se ayuda para bajarlo por completo, es claro, que quiere repetir, una vez al descubierto y con más calma la admiro, es una verga sencilla, recta y cabezona, lo hago más tiempo, la engullo y empiezo a lamer su cabeza, entra y sale de mi boca a ritmo cadencioso, me la saco de la boca, solo para lamer sus bolas, las chupo, juego con ellas, disfruto de sus guevas bien rasuradas y cuidadas, y huelen a sudor de hombre, sin oler desagradable, eso me gusta.

    -aggg… es… mmm… Muy rico… -dice él con una voz entrecortada por el placer.

    Yo seguía chupándole ese trozote sin piedad, ahora más que nunca quería leche, y no solo leche, quería complacerlos con la fantasía de tragar su leche, me metía su verga hasta la garganta, y la sacaba para darle lametones a esa cabeza, y él seguía retorciéndose, aceleré el ritmo y él empezó a advertirme que se aproximaba su orgasmo, ese acto de consideración me impulsé la saqué dos segundos de su boca y le dije:

    -no pasa nada, la quiero en mi boca -y seguí engulléndole la verga sin tregua, él se retorció, empezó a gemir y lo volteé a ver, su cara era de completo placer cuando explotó su orgasmo, su cuerpo se tensó emitiendo un duro gemido, llenando mi boca y garganta con su semen, yo no paraba de tragar mientras me masturbaba y terminada en el piso.

    Finalmente suspiró, sacó papel del bolsillo y se limpió (no sé qué porque su pene había quedado limpiecito con mi lengua), se levantó acomodó el pantalón y me pasó papel para limpiar el piso, y una vez en conciencia de donde estaba, salió rápidamente del cuarto y se dirigió al puesto de trabajo a confirmar que no hubiera una llamada pendiente, pensé que con David, todo iba a cambiar, que al ser hetero iba a cambiar pero no fe así, seguimos siendo amigos, el turno lo terminamos sin novedad y a los días tocamos el tema, quedo claro que lo disfrutó pero sintió algo de remordimiento post orgasmo, pero obvio dejo claro que no le disgustaría repetirlo, y ese se volvió el inicio de un parte encuentros cargados de morbo y amistad, que espero contar en otras entregas.

    Lo estimo bastante, es un amigo con quien puedes hablarle de cualquier cosa, y con quien también puedes morbosear sin dramas ni pendejadas. Ya no trabajamos, pero aún hemos tenido uno que otro encuentro, depende lo que él opine de este relato, subiré más de él otras historias.

  • Vale y yo

    Vale y yo

    Buenas a todos esta historia inicia mucho antes de pandemia en una temporada que mi prima se vino a pasar vacaciones donde el papá el cual vivía a cuadra y media de donde vivo yo, mi prima Vale una mujer un poco gordita, con unos senos grandes, carita hermosa y como de 1.67 de estatura y una personalidad como dicen acá en la costa la monda. Vale se vino a pasar esas vacaciones donde el papá pero en la noche se quedaba a dormir en mi casa ya que ella se quedaba con mi hermana hablando y conmigo o en su defecto viendo cualquier película en Netflix.

    Una noche Vale llegó y nos dijo que se estaba viendo una película muy buena en Netflix que la acompañáramos a verla, yo tenía el TV en mi cuarto ya estaba algo cómodo ropa ligera enciendo la TV preparo crispetas y puso la película desde el inicio pasada 1 hora de la película mi hermana se quedó dormida y vale para no incomodarla se pasó para mi cama yo envuelto entre sábana ella me dice que le de un ladito el cual yo acepto de un momento a otro en la película pasó una escena erótica la cual alcancé a ver a Vale algo incómoda o eso creía. De un momento a otro siento un ligero toqueteo en mi pene pero en ese momento pensé que había sido por error no pasado ni un minuto siento que palpan mi verga como queriendo ponerla dura, y empieza el sobe sobe a mi pene y claro está logra ponerla dura.

    Con mi verga ya dura Vale inicia el jueguito de acariciarla encima de la ropa, para mi fue algo excitante que me estaba gustando mucho cuando veo bn mi prima no traía sujetador y solo tenía una blusita que me dejaba ver los grandes pechos que tiene que deporsierto ricos que si son, yo pongo mi mano sobre sus senos empiezo a acariciarlos y noto como sus pezones se endurecen, luego siento como ella saca mi verga e inicia a masturbame, quedé tendidicimo en la cama y de un momento ella me indica que le arrecueste la verga en su culo a lo cual no me le niego sobre su ropa y mi verga afuera sentía que no traía nada abajo mi verga se metía sobre su rayera y cada movimiento hacía que mi verga se pusiera más dura, de repente mi prima se voltea dejando su vagina con mi verga y me da un beso, nos besamos y teníamos movimientos eróticos.

    Luego volvió a masturbame y me besaba yo quería que me la chupara pero no sabía si ella le gustaba llevarse la verga a la boca así que la deje que me masturbara hasta que me hizo venir llenando un poco de semen su ropa y la mía, nos levantamos de la cama y nos fuimos al baño a limpiarnos un poco bueno en el baño Vale limpio mi verga y volvimos al cuarto ella se acostó un rato conmigo se puso de cucharita y mientras yo acariciaba sus pechos hasta que se pasó a la cama con mi hermana.

    Desde ese día todo cambió casi todas las noches me masturbaba de lo más rico hasta que un día ya llevamos eso a otra realidad…..

    esta historia continuará