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  • Cornudo por primera vez, mi esposa resultó muy puta

    Cornudo por primera vez, mi esposa resultó muy puta

    Varias veces platiqué con mi esposa sobre hacer un trío, y ver como se la follan, pero solo lo decíamos para excitarnos, al final sabíamos que no lo haríamos ninguno de los dos se atrevía a formalizar la fantasía, pero eso estaba a punto de cambiar. A mi esposa la invitaron a una fiesta, yo casi nunca voy a las fiestas de sus amigos porque casi no los conozco y no me caen muy bien. pero esta vez acepté acompañarla.

    Todo iba bien, disfrutamos la fiesta, se hizo tarde y de pronto ya solo quedamos mi esposa y yo con su amigo que había puesto la casa para la fiesta, yo estaba muy borracho y me estaba quedando dormido en la sala mientras mi esposa y su amigo recogían un poco el tiradero que habíamos dejado, él le había ofrecido a mi esposa que nos quedáramos en su cuarto porque yo ya estaba muy tomado y no podía manejar, él se quedaría en el sillón; mi esposa acepto y procedieron a llevarme a recostar.

    Me recosté en la cama y aunque estaba despierto todo me daba vueltas, mi esposa se quedó platicando con su amigo a un lado de mí, sentados a orillas de la cama, supongo que pensaban que estaba dormido, por que de pronto veo como el empieza a acariciar su pierna, ella al principio se alejaba poco a poco, pero el comenzó a subir su mano a la entrepierna de mi mujer, ella se dejó tocar, mientras le plantaba un beso apasionado al mismo tiempo que buscaba con su mano la verga ya dura de su amigo, le acariciaba el pene y él le apretaba las tetas mientras se besaban con pasión, yo al ver esta escena me calenté mucho y me seguía haciendo el dormido, pero ya tenía una erección y una excitación que no había tenido nunca.

    El amigo de mi esposa le empezaba a quitar la ropa a mi mujer, cuando ya estaba totalmente desnuda empezó a besarle el cuello, y bajaba lentamente hasta sus pechos, le agarro una teta y empezó a chuparle el pezón, mientras que con la otra mano acariciaba su vagina, ella solo disfrutaba y dejaba escapar pequeños gemidos con la intención de que yo no me despertara.

    De pronto ella se puso de rodillas, le saco la verga y se la empezó a mamar, tan profundo que se escuchaba como se ahogaba. no pude contenerme más y gire discretamente la cabeza para poder ver mejor, su amigo no se dio cuenta, pero mi mujer si, se detuvo por un momento con la verga todavía en la boca, me miró fijamente, yo solo sonreí y le hice un gesto discreto para que continuara, ella sonrió coqueta y siguió chupando la verga que tenía delante, pasaba su lengua desde los huevos hasta la punta, él le hacía una cola de caballo y le mete duro la verga hasta que ella estuviera casi ahogándose.

    Su amigo ya estaba muy caliente, cuando la jalo de la cola de caballo y la puso de espalda, la estaba recargando en la cama cuando vio que yo estaba despierto, solo le dije -cógetela duro.

    Mi esposa se puso en cuatro y el la empezó a penetrar, ella me saco el pene y me empezó a dar un sexo oral salvaje entre gemidos de placer por cómo se la cogían duro, se la metían tan profundo que ella empezó a gritarle que no parara, que iba a tener un orgasmo, el dio una nalgada y le dijo – como tú quieras putita- yo me puse de rodillas y le metí mi pene en su boca, la sostuve unos minutos haciéndome garganta profunda, mientras su amigo le partía las nalgas.

    Después mi esposa me dijo que me acostara y se subió encima para hacer un 69, su amigo la empezó a penetrar de nuevo y ella me empezó a chuparme todo el pene, los huevos de su amigo me rebotaban en la frente, y mi nariz rozaba con el tronco de su pene que no alcanzaba a entrar. por qué no se acomodaba bien se notaba que estaba incomodo, porque se le salía, mi esposa le preguntó si cambiaban de posición pero a mí me había gustado mucho como estábamos, le dije que se acomoda bien que no se preocupara por mí, no me molestaba, entonces se puso casi encima de mi cara y comenzó a follar a mi mujer como un toro, se notaba que ella lo disfrutaba.

    Ella: ¿Te está gustando como me cogen?

    Yo: Si me gusta ser tu cornudo

    Amigo: Ya me voy a venir, te quieres comer la lechita cornudo

    Ella: si dásela aunque no quiera. él también es tu putita.

    El saco rápidamente su verga. Ella se giró y se puso encima de mí, ambos con la boca abierta esperando su semen como putas, él se la jalaba para que ya correrse y sin darme cuenta acercó su miembro a mi boca y me lo metió, yo solo sentí como se derramaba su leche por mi lengua y su amargo sabor me empezaba a gustar, cuando ya había terminado mi novia le limpio su pene para chupar hasta la última gota que le quedara. yo aún tenía el semen en la boca y lo empecé a sacar y mi esposa me dijo:

    – Cómetelo, mariquita, las putas se comen toda la lechita.

    Me lo comí todo sin más remedio que obedecer.

    Amigo: Cuando lo repetimos putitas,

    Ella: Cuando quieras papi, yo soy tuya ahora y mi cornudo te obedece también. ¿Verdad mi cornudo?

    Yo: Si… ella me interrumpió apenas hable

    Ella: Cállate putita aunque no quieras hagas lo que mi macho te ordene

  • Silvia, mi diablo pelirrojo

    Silvia, mi diablo pelirrojo

    Me llamo Lorena, tengo 30 años y quiero contaros mi primera experiencia lésbica. Para que os hagáis una idea, son una mujer que mide 1,65, tengo el pelo corto, por los hombros, de color castaños, ojos verdosos. Mis pechos son un tamaño normal, pero tengo un buen culo.

    Trabajo en las oficinas de una importante empresa y es allí donde conocí a Silvia. Es mi compañera desde que empecé aquí, una chica pelirroja, de largas piernas y unos preciosos ojos azules. Jamás me han gustado las mujeres, siempre había pensado que solo me iban los hombres, pero desde que la conocí, no dejé de pensar en ella ni un solo segundo. Sus movimientos me tenían embelesada y mis ojos siempre se desviaban a mis labios, haciendo que me preguntará qué demonios me pasaba con esa chica.

    Conectamos desde el primer momento, nos hicimos bastante amigas e ir a trabajar se convirtió en uno de los mejores momentos del día para mí. Desgraciadamente, nunca nos veíamos fuera de la oficina, pero gracias a Dios, un día eso cambió. Era viernes, solo quedábamos cuatro rezagados trabajando, entre ellos, Silvia. Estábamos a punto de recoger nuestras cosas para marcharnos, cuando se acercó a mi mesa.

    – Oye, Lore, ¿te apetece que salgamos a tomar algo esta noche? – me preguntó – No tengo ningún plan y paso de quedarme en casa.

    – Claro, sin problemas, ¿quedamos sobre las 8?

    – ¡Perfecto! Nos vemos en bar Moon Light, ¿vale?

    – Hasta luego.

    Me fui a mi casa más contenta que unas castañuelas. ¡Iba a estar sola con ella fuera de la oficina! Nada más llegar, me di una ducha a conciencia y me esmeré en arreglarme. Además, escogí mi mejor ropa interior. No sabía qué esperar de la noche, pero de ilusiones también se puede vivir.

    A las ocho menos diez yo ya estaba en el bar, sentada en una de las mesas del fondo con una cerveza en la mano. Necesitaba templar mis nervios como fuera. Y en ese momento la vi llegar, tan preciosa como siempre. Llevaba un vestido negro que se ajustaba perfectamente a todas sus curvas, unos tacones del mismo color que estilizaban sus largas piernas y el pelo rojo alborotado. Se me secó la boca, literalmente. Llegó a la mesa y, tras darme dos besos, se sentó a mi lado.

    – ¡Este sitio es genial! – dijo – Me gusta mucho.

    – Sí, la verdad es que está muy bien.

    Pidió su copa y empezamos a charlar. La verdad es que la conversación me ayudó a tranquilizarme. Un par de horas después, me había bebido otra cerveza más, y como no estoy acostumbrada al alcohol, iba algo contenta. En ese momento noté que Silvia estaba muy cerca de mí, de hecho podía contar todas sus pecas.

    – Me encantan tus pecas – pasé la mano por su nariz – Te quedan tan bien…

    – Vaya, muchas gracias – puso su mano sobre mis hombros – A mi me gusta lo suave que tienes la piel.

    – Emmm, gracias… – murmuré sonrojada y algo excitada al sentir el tacto de su mano sobre mi piel.

    – Oye, ¿alguna vez te han dicho que eres preciosa? – me preguntó.

    – Emm, no sé, yo… – me estaba poniendo muy nerviosa. Además, cada vez ella estaba más cerca de mí.

    – Lore, voy a ser muy sincera – sus labios estaban prácticamente sobre los míos – Me gustas, me gustas muchísimo. Creo que llevo cachonda por tu culpa desde el día que te conocí. Así que, ahora, voy a besarte y, cuando me aparte, si no quieres volver a saber nada de mí lo entenderé, pero no pienso quedarme si saber a qué saben tus labios.

    A penas tuve tiempo de procesar sus palabras, cuando sus labios se apoderaron de los míos. Al principio me resultó extraño saber que era una mujer la que me estaba besando, jamás lo había hecho. Pero poco a poco me fui relajando y le devolví el beso con ardor. No podía parar de besarla, mi lengua buscaba la suya y viceversa. Era, sin lugar a dudas, el mejor beso que me habían dado en la vida. Seguimos devorándonos hasta que, por falta de aire, tuvimos que separarnos. Nos quedamos mirándonos a los ojos hasta que ella rompió el silencio.

    – Parece que te ha gustado – sonrío de una forma muy sexy.

    No me lo pensé dos veces, me puse de pie, al cogí de la mano y la lleve al baño. Por suerte, el baño era individual, así que la metí dentro y cerré la puerta con pestillo. Me giré con la respiración entrecortada y, antes de poder hacer o decir nada, ella me volvió a besar. Esta vez sus manos no se quedaron quietas. Empezó cogiéndome por las nalgas y fue subiendo hasta llegar a la cremallera de mi vestido. La desabrochó y mi vestido cayó al suelo, dejándome solo con un tanga de color rojo y el sujetador a juego. Sus ojos no se separaban de mi cuerpo y, como consecuencia, mis pezones se endurecieron.

    – Estás buenísima, Lore – se relamió – Lo vamos a pasar genial.

    Esa frase me activó más aún. Me acerqué a ella y también le quité el vestido. La diferencia es que ella solo llevaba un tanga. Me mordí el labio inferior: esta mujer era una diosa. Sin dudar, me acerqué a sus pechos y los acaricié suavemente, dándole pequeños pellizcos a sus pezones y consiguiendo que gimiera.

    – Yo… – empecé a hablar muy caliente – Nunca me he acostado con una mujer – otro pellizco, otro gemido – Pero quiero hacerlo contigo. Ahora.

    – Madre mía – su voz sonaba entrecortada, caliente – Me estás poniendo cachondísima.

    Me bajó el tanga en un rápido movimiento y se quedó arrodillada delante de mí coñito depilado y chorreante.

    – Necesito saber a qué sabe este coñito – acercó su cara a él y lo lamió de arriba a abajo lentamente – Deliciosa.

    Antes de que pudiera decir nada, su lengua entró en acción. Empezó a comérmelo como nunca antes nadie lo había hecho. Su lengua se paseaba por mi entrada para después subir a mi clítoris y recorrerlo con la lengua, a la vez que le daba algún que otro mordisquito. No podía para de gemir, lo que me estaba haciendo era lo más erótico y sexy que había vivido nunca. En un determinado momento, me introdujo un dedo dentro, mientras que su lengua se encargaba de mi clítoris palpitante. No creo que durase mucho, ya que perdí la noción del tiempo, pero me corrí como jamás me había corrido. Ella se tragó toda mi corrida y, cuando acabo subió hasta mis labios para que me probara.

    – Eres un sueño, Lore – dijo tocándome los pechos.

    – Yo también quiero que disfrutes, Silvia – me envalentoné y me arrodillé para bajarle el tanga – Si algo no te gusta dímelo, yo… nunca he hecho esto.

    – Será maravilloso, estoy segura.

    Decidí imitarla, empecé pasando la lengua lentamente por todo su coño y poco a poco fui incrementando la velocidad. Imaginé que le gustaba por sus gemidos y por el movimiento de sus caderas. Me estaba volviendo a poner cachonda, así que, mientras le daba placer con mi lengua, llevé una de mis manos a mi clítoris y me empecé a acariciar. No sé cuánto tiempo estuvimos así, solo que nos corrimos a la vez. Me bebí todo su orgasmo y vi como me dedicaba una mirada satisfecha.

    – Ahora vas a vestirte y nos vamos a marchar a mi casa – me besó con ardor – La noche solo acaba de empezar…

    Continuará.

    Si os ha gustado, dejádmelo saber en los comentarios y publicaré más partes.

  • Dejándonos llevar

    Dejándonos llevar

    Mi cuerpo tiembla al sentir tus manos bajo mi ropa acariciando mi piel, cierro los ojos y me dejo llevar.

    Me abrazas y me acaricias sutilmente y siento como tus manos acarician mi espalda, mis manos juegan sobre tu remera desde tus hombros hasta llegar a tu cinturón.

    Mi blusa de gasa deja notar mi busto y logra excitarte, mis labios provocadores juegan con tu mirada y mi mirada te incita a más.

    Me agarras fuertemente y me llevas contra la pared de la sala, me besas mientras tocas mi piel, mis manos comienzan a acariciar tu pecho hasta llegar a tu abdomen, siento tu respiración y beso tus labios mientras mi mano acaricia tu miembro sobre tu pantalón, siento como se empieza a endurecer, mi cuerpo se empieza a excitar y mis besos comienzan a ser cada vez más y más candentes, nuestros labios se besan suavemente ansiosos de nuestros cuerpos, y el jugueteo de nuestras lenguas incita cada vez más.

    Nuestras manos sobre las prendas empiezan a buscar como tocar nuestra piel caliente como el fuego, desabotonas mi blusa, mientras mis manos suben tu remera dejando ver tu espalda y tu abdomen, me saco la blusa quedándome solo con mi brasier, comienzo a besar tu abdomen muy suavemente mientras te llevo cerca del sillón donde te recuesto y desabrocho tu cinturón junto con tu pantalón, llevándolo hasta tus caderas, bajo tu bóxer y con mi lengua siento lo erecto de tu miembro, bajo mi tanga dejando mi falda tableada puesta me coloco sobre de ti y mientras acaricias mis glúteos bajo mi falda, con mis manos coloco tu pene entre mis labios vaginales y comienzo a penetrarme suavemente, tu mirada se vuelve perversa y juntas mis movimientos con los tuyos haciendo más profunda y excitante cada penetración, tus manos aprietan mis glúteos y mis manos desabrochan mi brazier dejando ver mis senos votar con el movimiento de nuestros cuerpos, los agarro entre mis manos y comienzo a lamerlo y mientras mas me ves tus movimientos bajo mi son más y más profundos, haciéndome gemir entre cada penetrada.

    Una de tus manos comienza a acariciar mis pechos jugando con ellos y tocando mis labios, los cuales al sentir tus dedos comienzan a lamerlos los lamo suavemente imaginándome que es tu pene en mi boca, y mientras saboreo el sabor de tus dedos mis caderas se mueven circularmente y de arriba hacia bajo, haciendo que mi cuerpo se excite más y más.

    Y mientras más placer siento más son mis movimientos, tu cara deja ver el placer que te causo y me excita verte así, te pido te dejes llevar y tus sonidos de excitación se empiezan a dejar oír, me muevo más y más hasta que los movimientos solo se guían por nuestro placer, nuestros cuerpos húmedos, se entregan unos a otros volviéndonos uno solo, tu excitación y la mía inundan nuestros sexos y en un momento todo desaparece, solo somos vos y yo, disfrutándonos, el sonido se desvanece y mi cuerpo se recuesta sobre el tuyo con un suave gemido, y mientras floto en el placer tu mueves tus caderas alargando mi orgasmo hasta perderme en un fuerte gemido que no pude controlar.

    Tus movimientos son fuertes, tanto como mis latidos, y de pronto solo siento tu cálido semen inundarme, te detienes, y por un segundo, estamos abrazados tan quietos y tranquilos oyendo nuestras agitadas respiraciones.

    Me levanto y me arrodillo a tu lado, mientras tu recostado ya sin fuerzas sobre el sillón, y comienzo a limpiar tu miembro con mi lengua mientras aun estas perdido en el orgasmo, primero me pides que pare, mi lengua juguetona se mueve a lo largo de tu pene empapado, mientras te excitas más y más tu sensible pene y el placer que te causa se nota por tus sonidos y en una última expulsión te dejo perdido sobre una nube de pasión, me recuesto a tu lado y nos perdemos por un momento.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (37)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (37)

    Aquel sexo, su verdad y mi flagelo.

    Aunque es lo que más deseo, es imposible retroceder y volver al principio. Este comportamiento mío tan magnánimo y sacrificado con Mariana, no era lo que tenía en mente. ¿Tanto placer sintió con él, como para haber estado dispuesta a causarme este inmenso dolor? Y con sus otras experiencias obligadas… ¿Más humillación?

    Creo que tanto Rodrigo como Kayra, me vieron cara de pendejo masoquista, al recomendarme aguantar lo más posible el sufrimiento de escucharle sus aventuras. Sí, debe ser que interiormente tengo algo que exterioriza cierta depravación, para sentarme frente a ella disimulando y no tener el valor de mandarla a la mierda de una puta vez.

    … «Determina si aprendió la lección. Constata si en este tiempo en soledad, tras su angustia y amargura, le ha servido para reflexionar sobre la felicidad y lealtad que desechó. Escúchale fustigarse, revelándote todos los motivos que ha esgrimido cuando ha hablado conmigo. Es muy cierto que con todas sus mentiras te excluyó, pero Camilo, igualmente estas incluido en sus verdades».

    Recuerdo bien esa llamada de Rodrigo. Maureen se desperezaba.

    … «Ten en cuenta algo cuando la veas, Camilo. No escuches a esa mujer para odiarla. ¡No! Oye bien a tu esposa si quieres perdonarla. Sí, amigo mío, a ellas les dispensaremos sus errores, queramos o no. Y, es más… ¡Las seguiremos amando toda nuestra puta vida a pesar de sus verdades a medias y sus fallas completas! ¿Pero sabes otra cosa? Esta vida no es una calle de un solo sentido, es una autopista con desvíos para tomar otras rutas. Igualmente, si lo prefieres, también existen giros si decides regresar».

    … «Bonito consejo para los tontos enamorados, amigo mío. ¡Cómo se nota que también a ti te volvió mierda, esa mujer!». —Hicimos silencio y en el mismo instante matamos al diablo, cuando voluntariamente expulsamos el aire que nos sobraba, por echar en falta a nuestros amores. Nos reímos por nuestra similar situación y… ¿Porque putas, me estoy sonriendo ahora?

    ¡Puff! Si lo ha hecho yo no lo sé, todavía. No me consta cuanto se ha arrepentido por lo que hizo, y creo firmemente que Mariana tampoco sabe con certeza cuánto daño se provocó. Después de los duros quebrantos reaparece la serenidad que sana, pero en muchos casos, suele haber recaídas. ¿Se habrá curado de su locura, o no hubo tal enfermedad? ¿Será por amor que me buscó, o es simple necesidad? Necesito volver allí, e instarla a que continúe reviviendo esa vez y las otras pues claramente hubo más. ¡Todas!

    ¡Aun la amas! Musita desde el fondo de mí ser, este corazón enamorado. Pero la imagen que me devuelve el reflejo del espejo, es la de un hombre distinto, decepcionado y acabado, que se apoya resignado con ambas manos sobre este lavamanos de cristal. Me fijo en mí cara y no es el mismo rostro feliz de casi dos años atrás.

    ¡Olvídala! Me grita la razón filtrándose al exterior desde lo más profundo de mi cerebro, exponiéndome la cruel realidad en mi ceño fruncido, y tras las goteras de mi llanto, encuentro ese rojo sangre que impera en cada esclerótica, ambas irritadas.

    ¡Mierda! Cuando regrese me la vas a pagar amigo mío. Por hacerme creer que pasar por todo este sufrimiento, sería lo mejor para los dos.

    Debo salir de este baño y dejarla terminar de hablar. Soportar un poco más mientras dejo que Mariana sufra junto a mí, otro tanto. Al fin y al cabo, este final lo estamos reviviendo juntos, y a los dos nos corresponde déjalo atrás, si pretendemos emprender vuelo de nuevo.

    — ¿Quieres agua? —Y su inesperado ofrecimiento logra hacer que me gire a medias. ¿Se ha demorado algo más de lo habitual?

    —No, gracias. Así como estoy, –y levanto mi mano enseñándole el cóctel casi a la mitad– estoy bien, cielo.

    Hasta su tiempo orinando en privado es algo que he medido muy bien. Hacerlo junto a mí en el baño no le incomodaba, y escucharme a mí en las mismas mientras se afeitaba, no le contrariaba. ¡Una complicidad atípica, tan familiar!

    Observo como camina hacia aquí, parsimonioso y escabulléndose en medio de los velos blancos que casi lo envuelven, danzando al vaivén de la brisa matutina. Sale de la penumbra de la habitación, a la claridad del balcón con una botella de agua mineral en su mano izquierda cubriéndose los ojos, pero sin poder ocultarme que ha llorado desmedidamente.

    La derecha intenta sola, apretar el nudo del cinturón de su bata. Consigue exactamente lo contrario, más no se amilana al exponerme la franja desnuda de su piel. Una palma apenas, divide los extremos de la algodonada tela que antes lo arropaba. Para mi deleite es muy poco, sin embargo, para mí vista es suficiente, ya que alcanzo a observar al detalle la cadena de oro y la alianza bruñida bamboleando sobre los vellos brunos en su pecho, y de ahí para abajo me recreo en lo fornido que se le nota su abdomen bronceado. ¡Más ejercitado y marcado!

    Por debajo de su ombligo sesgado, esa línea abdominal con pelitos obscuros, semejando una línea férrea, llevan mi mirada a la estación que se forma con los rizos negros en la espesura de su pubis… ¿Recortados y mejor arreglados que antes? Antes de que yo me fuera a… Puff, ¡Dios mío!… ¡La última vez que jugando con mis dedos se los revolqué y lo masturbé!

    —Bueno Mariana, entonces si quieres y te sientes lista, puedes continuar. —Tras decirlo con un tono falsamente animoso, sin ruborizarse se ata la bata y toma otro cigarrillo, pero no para fumar.

    —Pues no soy yo la que precisa recordarlo. ¡Eres tú el que está obsesionado en compararse con él! —Le respondo altiva y un tanto ofendida.

    —Me preguntaba, cual parte de tu cuerpo le atraía más, diferente al lunar que tienes en el labio. ¡Qué tan macho fue en la cama para encender tu pasión! ¿Puedes creer que llegué a imaginar cómo te pichaba? Lo sé, que puta locura la mía. —Ella asiente con la cabeza.

    — ¿Rudo cómo le fascinaba aparentar con su personalidad, o hipócritamente tierno como a ti te gustaba que te lo hiciera yo? No te alcanzas a imaginar lo que medité muchas veces, sobrio o «jincho», con qué cosas diferentes te sorprendió, o en cuales yo te falté y no alcancé a enseñarte. —Mariana menea de un lado al otro la testa, negando, pero mirando al suelo.

    — ¡Listo, ya está! Te lo he dicho claramente. —Y ahora sus ojos color topacio me enfrentan, altiva.

    O sea que… ¿A esto ha querido llegar? Ok, perfecto. Le voy a responder con sinceridad, –pero sin herir más su ego– todos esos interrogantes tan imprescindibles para su varonil orgullo.

    —No comprendo porqué carajos insistes en que continúe con esto. –Le digo mirándolo con determinación y firmeza en mis palabras. – ¿Qué pretendes conseguir? Camilo… Cielo, yo… Tan solo he venido para hablar contigo y pedirte perdón tras revelarte la vida que oculté a tus ojos… Mis cagad… Los actos que escenifiqué tras las bambalinas de nuestro hogar. Pero esto no es bueno para ti y tampoco para mí. ¡Mierda, mierda! ¡No me hagas revivir todo eso, por favor!

    —Ya te lo expliqué, Mariana. Solo quiero despejar algunas ecuaciones que no terminan de aclarar mi estúpida confianza en ti, y tu astuto proceder. Dudas que me han acompañado todos estos meses.

    —¿Entonces todo tu sufrimiento se reduce a eso? ¿Quieres conocer que tan feliz me hizo sentir? ¿Lo que pretendes escuchar de mi boca, es si me culeo mejor que tú? ¿Es lo que tanto te preocupa y te duele? Ok, ok. Entonces sigamos hiriéndonos como quieres. Te hundirás más en tu pena y tu dolor, llevándome de paso, a ese suplicio contigo. ¿Crees que fui muy feliz? ¿Qué gocé y no me arrepentí de nada? Listo, mi vida. ¡Empecemos pues a gozar de este calvario!

    Sentada continua Mariana, e inclina hacia abajo y a la derecha su cabeza. A dos manos recoge sus cabellos desde la nuca y los eleva, de manera suave, con sofisticado estilo y perezosamente los va dejando caer de a poco, pensativa y… ¿Preocupada?

    —Mi cielo, como ya te lo había mencionado, culiar conmigo llegó a ser su obsesión y mis tetas para él, un par de incógnitas que tenía pendiente por despejar. ¿O desvestir? Sí, eso fue. Desnudarlas era lo que pretendía hacer. Y en mi caso, finalmente quise conocer por completo esa otra parte que desconocía de él, pues no me bastó con darle cátedra de cómo hacerle sexo oral a una mujer. Ya no es hora para ocultarte lo que pretendí hacer con él.

    —No fue tan asno para aprender, ni tan ilustrado como creí. No sabía que esos labios también se besan, ni dónde carajos estaba el clítoris, o las maravillosas sensaciones que, estimulándolo bien con sus dedos o la boca, podía provocar placenteras tormentas eléctricas en las mujeres. ¡Como las que tu si me provocabas!

    Su mirar añil está dirigido hacia mi lugar, más está lejana y me atraviesa, pues, aunque me mira, no me ve. Concentrada en sus pensamientos, a metro y medio de del marco de la puerta ventana, la caricia del velo blanco más cercano, batiéndose con el viento, la alcanza con el ruedo y la trae de nuevo hasta aquí, para que siga hablándome de otra cosa, pero dentro de la misma escena y esa puta habitación.

    —Pero igual, me salió tan omnívoro como todos los hombres, y eso te incluye a ti. —Mi esposo sorprendido abre demasiado los ojos, así como su boca, y el cigarrillo que mantenía sin prender, desprendido del apretado juego entre sus perlados incisivos, se le cae al piso girando en un tirabuzón.

    Se sonríe con levedad al ver mi gesto de intriga. Su brazo izquierdo continúa doblado cruzando sus pechos y la palma de su mano zurda, masajea la parte posterior del cuello mientras piensa, y yo me agacho para recoger mi enrollado vicio.

    —Sí, por supuesto. ¿De qué te extrañas? Quería comerse todo. Mi boca, mis tetas, mi cuca y… Tu culo. Ahh, y tenía un fetiche semejante al tuyo, solo que, para él chuparme los dedos de las manos era algo excitante y provocador, tanto como a ti, lamer mis pies te fascina. ¡Como sea! Tantos rumores sueltos en la oficina, tantas las confesiones de «polvazos» inolvidables por parte de mis compañeras, me llevaron a dejarle hacer conmigo lo que quisiera. A que me tomara de primeras. Le cedí el control de la situación… Momentáneamente.

    —Así como tú estás ahora, pues yo en ese maldito pasado también quería saber. —Se lo menciono, mientras que yo voy recordando cómo…

    … «Sus manos se adueñan de mi cuerpo y me acaricia toda, toscamente desesperado. Su lengua no cesa en su afán de invadir mi boca, rozar mi paladar y absorber mi lengua. Desabrocha mi brassier y se aparta. Yo misma cruzo los brazos sobre mis senos, para con los dedos y de las tiras, halar el sostén y lanzarlo hacia la cama. No aterriza como se debe en ella, y por el peso de las copas cae desde el borde sobre la alfombra. Me yergo y se las enseño. Por fin sus ojos color avellana, pueden mirármelas».

    Es probable que la pose de Mariana, sea el reflejo del cansancio. Hemos tenido un día amargo ayer, y una noche larga, demasiado tensa. O puede ser igualmente que, –por el telón de su memoria– un carrusel de imágenes nítidas esté visualizando y por ello se esté sonriendo, mirándome acá tan fiel, desmaquillada y desnuda bajo esa bata, pero traicionera ella por allá, donde se encontraba bien maquillada y vestida para él, sin estar aquí, dispuesta a que ese malparido la desnudara.

    —Admiró mis senos y palpó cada uno de ellos. Y… Pues los besó por varios segundos. Quizás se demoró un poco más, y ya. Normal y predecible. ¿No?

    … «¡Meliiii! Pero que sorpresa tan deliciosa me tenías escondida. ¡Ufff! ¡Qué pareja de téticas tan ricas encontré por aquí! —La expresión dichosa en su rostro corrobora su halago y adicional a mi orgullosa sonrisa, abajo en el intimo cauce de mi cuquita, un poco más de lubricante flujo se lo agradece».

    — ¿Si ves bizcocho, como no tenía que traer sal para chupártelas? —Bromeó y enseguida sentí como en su boca, casi por completo, le cupo toda mi teta derecha.

    … «Ladea la cabeza y de sus dientes se libera mi pezón del apremio. Frota su nariz contra el de la otra teta, la izquierda. Huele el perfume que emana en cercanías a él y juega a empujarlo hacia arriba, o para ambos lados con el tabique y las aletas, incluso a hundírmelo con la presión de la punta celestial de su nariz. Lo sopla eternamente, y siento el fresco vaho que endurece mi pezón, eriza la areola y la nuca, los antebrazos y mis muslos… Todo el resto de mi piel. Se ríe con muchas ganas por lo que ha conseguido provocarme y me anima sin palabras a sonreírme. Me carcajeo con él.»

    —Estaba feliz disfrutando su premio, como niño pequeño saboreando un par de chupetas recién compradas y ofrecidas por su aman… Se las disfrutó, supongo. ¿Y tú, Mariana? Imagino que te encontrabas igual que él… ¡Gozando de tu traición!

    — ¿Mmm? Ajá, sí señor. Lo estaba. Muy nerviosa también, pero sí. Lo estuve. Y disfruté de que se amamantara, con las que antes despreciaba.

    … «Saca la lengua y con ella muy plana lo lambe, me lo humedece y me estremezco. Ese no lo muerde. Mientras chupa y muerde el pezón, gimo pasito al comienzo, muy rico y luego siento como el ritmo cardíaco se me acelera y recuerdo algo primordial… ¿Al menos traerías preservativos para probar lo demás? ¿Cierto?»

    Camilo da media vuelta y en la mesita localiza su encendedor. Yo lo observo sufrir por esta confesión, y tras él por panorama este hermoso amanecer. Un paraíso al que he venido para llevarlo de la mano hacia el infierno que no imaginó. ¡Ok, mientras él fuma, seguiré con esto!

    —Se tomó su tiempo para… Para terminar de desvestirme. Y… ¡Puff! Un… Una vez desnuda ante él, admiró mi cuerpo y lo elogió con un par de silbidos. Muy típico en él.

    … «Jadea él, y yo resuello. Tamborilean sus dedos en mis caderas. Halan la tira y estiran el caucho decorado de mi tanguita, temeroso de romperlos o de hacerlos caer. Yo misma con mis manos sobre sus dedos, lo incito a vencer su indecisión. Entiende y extiende los laterales, tirándola para abajo de un solo jalón, y se desprende de mi cuerpo desde el centro, ya húmeda la vaporosa tela, desprotegiendo mi cuevita y su entrada rosa».

    —Se hincó sin que se lo pidiera, e hizo lo que yo le enseñé. Lo que le di a degustar inicialmente.

    … «Resbala por sobre las medias del liguero que embellecen mis piernas, en picada la tanga, para terminar por retirarla de mis pies, levantarla y arribarla hasta sus fosas nasales. Aspira el aroma ligeramente ácido de mujer «arrecha» que le doblega las piernas y le incita a probar de nuevo –sumiso entre mis muslos– lo dulce y lo avinagrado, que anteriormente ese deleite le negaba a las demás».

    No sé si borrarlo para siempre de su mente, fue la meta propuesta, pero ahora la estoy obligando a que pinte en la mía, acuarelas con diversos tonos de gris, sobre lo que vivió junto a ese aprovechado siete mujeres. Ya podré ver en su rostro, si ella se colorea de múltiples rubores, por lo que está evocando, o si, –por el contrario– palidece con su antigua oscuridad.

    —Me empezó a chupar… Allí. Con la mano zurda vi como finalizaba por bajar hasta mis tobillos, –trincado en un revoltijo de tela– lo que subsistía de mi tanga, hasta conseguir que mis piernas se abrieran para su deleite, otros centímetros más. Sus dedos gruesos apartaron los labios, ampliaron la división, y pringados con mis propios flujos, resbaladizos terminaron por internarse en mis carnes un poco más.

    … «Mi cabeza la desgonzo sobre mi hombro derecho y con una mano, aprieto mi teta izquierda y pellizco el pezón. Lo miro entretenida y excitada, rendida al morbo del instante y al placer de verlo hincado ante mí, cuando sus dedos índice y corazón, arqueados en perfecta sincronía se abren paso por mis labios mayores hacia los más escondidos, pero no hace el intento por meterlos. Siento la punta de su lengua rodear mí ya abultado clítoris, a lo que yo respondo adelantando mis caderas.»

    —Que panochita tan saladita y sabrosa. ¡Estás muy buena, bizcocho! —Me aduló, igual de chabacano como lo conociste.

    —¡Pues sí, tienes razón! Creo que no tengo nada descompuesto. —Le respondí sonriente, pero manteniendo mi posición, abi… Me mantuve abierta y ofrecida por completo para él. ¡Perdón!

    Tal vez ahora por la mente de Camilo, discurren coloridas las imágenes de aquella chupada y profanación digital del que fuera su privado altar. Enfocando su imaginación, cuadro a cuadro se está sumergiendo adolorido y resignado, en las escenas que le narro de esa vez mía con su detestado Playboy de playa.

    Se hace silencio y volteo para darme cuenta de que, usando su propia interrupción, Mariana se ha levantado y bebe un sorbo, bastante largo, y haciendo gárgaras dentro de su boca, transita hasta el interior de la habitación, degustándolo seguramente antes de pasárselo, justo cuando llega al pie de la mesita de noche. Recoge su móvil, lo desbloquea y revisa si le ha llegado alguna notificación.

    No he escuchado nada, pero ella lo observa con seriedad. Al parecer nadie le ha escrito, alguna notificación sin importancia, un aviso publicitario de algo… O un mensaje que ahora no puede o no quiere leer. Disciplinada lo regresa a la superficie de madera, tal como lo encontró. Casi que en la misma ubicación.

    Al girarse se da cuenta que la he observado detenidamente, y silenciosa emprende el regreso hacia este balcón. Cercana ubica un pie, –el derecho– sobre el suelo de madera, el otro con un poco de duda, lo mantiene de punta sobre la veteada baldosa de la habitación, pero el cielo de sus ojos no se apartan del café de los míos y sé que su voz no demorará en dejarse escuchar, revelando más datos de su deslealtad, y acrecentando mi sufrimiento.

    —Camilo, yo… ¡Jueputa! Lo siento, lo siento. –Oculto mi rostro de su vista entre mis manos y sollozo. – Sen… Sentí placer cuan… Cuando sus dedos me pen… Me penetraron con decisión, y el movimiento de su mano se hizo más frecuente, subiendo y chocando contra… Mi pelvis se constreñía al percibir como sus dedos me invadían, abriéndose bien por dentro, angostándose al salir… Y prácticamente sin querer, espasmos cortos pero constantes percibí en mis caderas, ya que estas buscaban mayor fricción y con ello… Obtener más placer.

    … «Mis dedos despeinan su melena, caliente y sudada mantiene su frente. Excitada y temblorosa me mantengo como puedo de pie, hasta que sin remedio mis muslos se me electrifican y se acalambran. Me apoyo con ambas manos sobre su coronilla, para retorcerme de puro gusto frente a sus ojos tinturados de verdes selva y marrones muy claros, suspiro agitada y chillo largamente como gata en celo para mí y para excitar aún más a Nacho, de mi boca dejo escapar en cortos grititos, vocales abiertas combinadas con haches mudas, y mil gestos expresivos. Me estoy viniendo, ¡Puff!… Llegué.»

    —Lo lamento tanto, pero es que yo…

    … «Sus dedos se agitan descuidadamente perezosos pero errantes dentro mío, y sin detenerse, recogen todo el viscoso líquido que emano con gozo y que aprecio como se escurre desde mi entrada horadada, hacía el huequito más cerrado y estriado. Sin oxígeno suficiente para los dos, mi boca bien abierta lo desea, y jadeos en la cerrada de él, chupando con deleite mi esencia impregnada entre sus dedos. Un flujo sin cauce definido, unta la media luna de mis nalgas, ambos muslos y más abajo, gotas sin pisar y un gemido prolongado es lanzado desde mi garganta, hacia la órbita marfil del techo de esta habitación».

    —Yo también. No te imaginas cuánto. —Me dice finalmente Camilo, con su voz grave, bastante ronca, pero sin demostrar en su timbre algún tono de sorpresa, y en su faz, –humectada por sus lágrimas– ningún leve gesto de excitación o curiosidad por los detalles. Puede que se deba a que ya ha calculado lo que sigue. Seguramente ya lo ha imaginado.

    —Me encorvé y gemí al sentir como alcanzaba el clímax. –Le respondo para despejar su duda. – Y en la cima misma, si vergüenza alguna proclamé entre gritos cortos y otro gemido alargado, el placer que me proporcionó con sus dedos. Me hizo llegar rico, y mi cuquita expulsó una considerable cantidad de flujo, mezcla de agua u orines… Fuerte, es verdad, pero eso mismo ya lo había vivido innumerables veces contigo. Fue similar la sensación, no tan diferente en la forma, y sin embargo sentí distinto, porqué lo conseguí de la mano de otra persona, la de un hombre que detesté en un comienzo por su personalidad pedante y agrandada, pero que me había gustado físicamente cuando entro tarde y tan campante a mi vida.

    —¿Entonces te impactó su actuación? ¿Te gusto bastante cómo te comió la cuca? —Tontamente le pregunto, más ella calla, he indecisa, gira medio cuerpo para darme la espalda, con su vaso como adorno en su mano derecha, casi sin probar.

    —Sí, no te voy a negar que me gustó. Lo hizo bien, y además sería una estupidez de mi parte, negártelo ahora. Yo puse de mi parte y él aprendió algo adicional, en alguna parte. ¿Lo hizo con su novia? O… ¿Practicó con alguna de sus otras mujeres? Eso no lo sé, y no me importó. El caso es que si, Camilo, me dio placer.

    Sin atreverse a sostenerme la mirada, Mariana me responde serena, sin altanería o suficiencia, más bien le escucho bastante reposada su voz. Pliega la tela desmaquillada de los párpados, por pena o tan solo para concentrarse en recordar, con gusto o sin él, las técnicas utilizadas por su Playboy de vereda para hacerla gozar, como cuando se esforzaba ella por pintar algunas de sus monocromáticas aguadas, con esbozos de sus memorias viejas de campos sembrados por las manos de su padre y sus hermanos, y al concluir el trabajo, disfrutábamos los dos, al ver lo hermoso de las tonalidades, con las que había conseguido los claroscuros en ese paisaje.

    Todo con su personal dedicación y esfuerzo… ¡Sin ayuda mía! Como ahora tal vez lo esté haciendo, al revivir su encuentro sexual con ese malparido siete mujeres, dando forma a sus cuerpos desnudos, casi oliendo su aroma provocativo, trazando los contornos y la perspectiva de esa maldita habitación, e intentando dar textura con varios trazos transversales a una erótica pintura, que por más que quiera, ya no puede borrar, quizás diluir un poco. Suspira, gimotea y llora. Sufre ahora, relatándome cuanto lo gozó.

    —Te preguntaras si los comparé. Pues sí, lo hice momentáneamente, no porque lo pretendiera desde antes, solo entiende que surgió de manera natural, imprevista para mi razón que no te quería tener cerca por allí. Fue mi cuerpo el que al reaccionar te invocó. Igual para nada. ¿Mejor él que tú? A ti te sobraba el tiempo para adorarme. A él le apuraban las ganas y a mi… ¡Puff! Necesito un trago y un cigarro.

    El cóctel lo mantiene meciéndolo en su mano y el cigarrillo la espera dentro de la cajetilla a medio abrir. Y yo, resignado espero por la continuación que no demora.

    —Yo controlaba como Chronos el tiempo y la mesura, para no entregarme toda de una sola vez, y por supuesto para no aparecerme demasiado tarde por nuestra casa. Zanjé aquella comparación pensando que José Ignacio había actuado en la medida de lo esperado. Yo sí… Gemí, suspiré y jadeé exageradamente, para encabritarlo. Contigo nunca tuve que inventarme nada de eso. ¡Lo juro! Fueron parecidos en el placer físico, en el esfuerzo y sus ganas, como las tuyas de mí. Pero aquí, –me apunto con el dedo al corazón– en la vibración emocional… Él nunca… ¡Nunca estuvo a tu altura! Coincidieron para mí en ciertos aspectos y actitudes para ese goce sexual, pero Camilo… Jamás existió para él, un solo… ¿Cuál será la medida del amor?… En fin, quiero decir que no hubo ningún gesto de amor para él. ¿Estamos?

    Los dedos de Mariana tantean el filo de la puerta de aluminio anodizado, y rozándolo desde arriba para abajo, el índice se detiene sobre la ranura de la chapa y sobre este, aloja su mirada e inclinada la cabeza, lanza hacia el costado donde me encuentro, la continuación de sus actos y los motivos que me expone con frases entre cortadas.

    —José Ignacio izó su cuerpo, con una sonrisa pintada en sus labios pringosos, lanzándome una de sus habituales miradas sicalípticas, con medio rostro límpido y la otra mitad lustrosa, embadurnada de saliva y mis flujos blanquecinos y pegajosos. Me besó sintiéndose triunfador, pues comprendió que, con su eficaz dedeo, había conseguido sacarme un buen orgasmo. Ese beso apasionado que no le rechacé, fue el anticipo y la continuación del itinerario –entre la pared y la cama– de nuestro encuentro en aquel motel. Yo, ya había concedido el mando, dejándome hacer para saber, así que lo que seguía ya no era cosa mía, el mando lo tuvo él.

    Como leona enjaulada, observo a Mariana caminar alrededor de la mesa redonda, esquivando los espaldares de las sillas, y dirigiéndose hacia el otro extremo de este balcón. Con la cabeza gacha, de soslayo me da un repaso. Leo en su oblicua mirada, que quiere saber cómo lo estoy sobrellevando. No debería preocuparse por mi tras la demolición. Es verdad que mantengo húmedos mis ojos y el corazón roto. De resto, sigo en pie.

    —Abrí los ojos durante el beso y él los mantenía cerrados. Con claridad supina, casi que en alta definición pude ver en su frente surcos brillantes y diminutas gotas de su transpiración. Distinguir en el aroma de su piel, el olor a lavanda y anís; musgo, roble y sándalo, rodeados dentro de una fragancia a limón un tanto agrio. La misma colonia de papá, y que tanto molestaba mi olfato. Pero su mejilla izquierda y sobre todo el mentón, si olían a mí. Sus labios y hasta la punta de la nariz, igualmente sabían a mí.

    … «A Nacho el morbo le puede y a mí, el afán me apremia. Lo hago ya. Desabotono su camisa y Nacho colabora al mantener sus brazos extendidos a cada lado de su torso. Vuelve a sonreír, me mira relamiéndose los labios, y besa hasta tres veces, el negro profundo de mi coronilla cuando agacho la cabeza para liberar el ultimo botón de su camisa. Con dos movimientos de sus hombros, se deshace de ella, mira al suelo como vigilando donde ha caído para no pisarla. Yo puedo admirar su cuerpo con tranquilidad. ¡Como esta de bueno, Dios mío! Tan níveo como mi piel cuando dejo de broncearme, y totalmente depilado. Me gusta, sí. Me encantan los trapecios que se le forman desde el cuello hasta los hombros, y por supuesto sus tatuajes. La espalda ancha, sus tetillas de palidez rosa, los abdominales bien marcados y centrado en su vientre, el alargado y hundido ombligo. Falta el resto del trabajo, lo que me aguarda más abajo. ¿Lo hará Nacho? ¿O se lo hago yo?»

    —Se desplaza hacia mi esquina, callada y pensando. ¿Lo extrañará?

    —Él, con ambas manos apoyadas sobre mis hombros desnudos, se deshizo del revuelto de algodón Pima y lana Merino, tirados en el suelo y cercando sus pies. Se despojó de sus elegantes mocasines con su aguda punta de charol, pero se dejó las medias acanaladas, negras como el color de su pantalón. Y ese acto fue el augurio que me permitió pronosticar su siguiente movida. Atenazó mis clavículas entre sus fuertes dedos y me hizo girar, hacerme caminar de espaldas mientras nos besábamos, fue su sensual decisión. Mis pantorrillas hicieron tope contra el borde acolchado de la cama, y allí fue cuando me lanzó de espaldas sobre ella. Fue una acción tosca y brusca. Me demostró su costumbre animal, poco caballerosa. ¡Y no me gustó! No estaba acostumbrada a eso, y ese acto causó que me acordara de ti por qué… ¡Tú no eres así!

    ¡Puff! Volteo mi cara para el lado opuesto, con el fin de que Mariana no se percate de mi gesto de enojo y malestar. El hondo suspiro, ha sido inevitable que lo escuche. ¡Ya qué importa!

    —Te disgusta como te trató, y a pesar de ese hecho, se lo permitiste. Y por lo visto, adelantando en mi mente la película, supongo que le admitiste hacer contigo quien sabe cuántas cosas más, cuando pudiste detenerlo todo, arrepentirte y vestirte, alejarte de ese tipo y regresar a tu hogar. Pero no fue así. Y creo saber bien el motivo. ¡Te gustaba como te maltrataba!

    —¡Nooo! «Carajo», Camilo. ¡Por supuesto que no!… A ver, de qué manera te lo explico. Lo estaba estudiando, ¿ok? Tanteaba su proceder conmigo para determinar qué tan cierto eran los comentarios de las otras mujeres. Esos que tanto alababan su hombría y lo bueno que culeaba. Esos chismes de oficina que me habían incitado a imagin… ¡A querer tener sexo con él! ¿Ya lo tienes claro? —Su enojo puede ser un testimonio de mi equivocación, o una demostración más de su gran capacidad actoral para engañarme y hacerme creer que aún era de día cuando nos estaba anocheciendo. ¡Qué mierdas! Que tristeza no poder confiar de nuevo en sus palabras.

    —Está bien, está bien. ¿Ok? Olvida mis palabras. –Me dice Camilo levantando los brazos como si yo le estuviese apuntando con un arma y no con mi mirada de molestia total–. ¡Te otorgo el beneficio de la duda! Aunque hablando de dudas… Me resulta particularmente familiar, el hecho de tu gusto por la sumisión y las ataduras. Esa fascinación tuya de los últimos meses, por tener conmigo esa otra clase de sexo… ¡Duro! —Oops. Buen punto. ¡Pero no es el momento para más explicaciones! No sobre eso, si no de lo que sucedió con Nacho a continuación.

    —¿Quieres saber que hice? –Camilo asiente y yo prosigo. – Pues me recompuse y me senté en la esquina de la cama. Él se plantó en frente mío, con su pose de conquistador dominante. Así que le dije…

    —¿Acaso crees que aquí solo mandas tú? ¡No-no-nooo! — Enganché mis pulgares a su cintura, por debajo del resorte de su… Un calzoncillo muy pequeño, uno de esos, tipo slip, que alguna vez, estando tú y yo aquí, pretendí que los compraras para encender mi pasión una que otra noche, mientras que Kayra nos hacia el favor de cuidar a nuestro Mateo. —Camilo hace memoria, frunce el espacio vacío entre sus pobladas cejas negras, y luego, toma un trago de la botella de agua mineral. Relaja los músculos de su frente y termina por recordar.

    —Como te decía, José Ignacio no se lo esperaba y creo que le hizo mucha gracia mi arrebato, pues se carcajeo. O de pronto estaba imaginando que lo que yo deseaba era meterme su verga en la boca para hacerle una mamada.

    —¡Y, se la hiciste! No es difícil de adivinar. —Me reclama, pero con su voz bastante templada.

    —Lo hice, sí señor. Pero antes me propuse desesperarlo, hacerle ver yo también podía jugar. En una de las tantas veces que le amenacé con tirar de ellos para abajo, con mis dedos ahuequé la tela de su slip y su olor a macho excitado llegó hasta mis fosas nasales. Incliné la cabeza para mirar más de cerca, y pude contemplar que su pene estaba más bien semierecto. Aparté la vista enseguida, pero la curiosidad me pudo, y bajé por completo la licrada tela, paseando mis uñas por sus albos muslos, soltando la escasa prenda al traspasar la frontera de sus rodillas.

    … «Como Nacho permanece con su cabeza dirigida al techo, mirando nuestro reflejo en el espejo, yo abro bien mis ojos y aprovecho para fijarme bien en su verga. Lastimosamente, su pene no está del todo tiesa, sigue inclinada hacia un lado, pero el glande ya se lo veo lubricado y de un tono rojizo violeta. Esta ya inflamado, cabezón por su excitación; me parece que ahora, en algo se le ha desinflado y de su tamaño anterior, cuando me lo tenía bien arrimado, le faltan algunos centímetros, a lo largo y en lo ancho. ¿Me tocará soplárselo para que reaccioné? Hummm…, se lo acaricio con suavidad y este pedazo de carne reacciona de inmediato. Está creciendo acalorado, palpita en mi mano. Me entra la curiosidad y quiero ver cuanto más puedo hacérselo crecer. Creo que escupiré sobre el tronco y empezaré a pajearlo.»

    Gira su cuerpo noventa grados, con su cabeza inclinada, y terminan sus dedos por liberar del empaquetado encierro un cigarrillo. Da un sorbo a su cóctel y acomoda el vaso muy cerca del encendedor. Lo recoge y a sus labios entrecerrados, va a parar el blanco rollito de tabaco y de una sola, la danzante flama quema la punta. Aspira, pero no lo retiene y enseguida veo como el humo sale expulsado por su nariz, y otro poco por su boca. Se mira un pie. Lo adelanta y lo balancea. Lo regresa con parsimonia a la horizontal ubicación anterior. Se afirma bien sobre el tablado, y con la testa ladeada sobre su hombro derecho, Mariana me escudriña con sus iris topacios, tan vidriosos por el llanto como deben estar los cafés míos. ¿Sufre? Me parece que sí.

    —Ansiosa por empezar con lo que seguía, lo provoqué para que pusiera manos a la obra. ¡Wow! Me parece que este beb… Bebecito se está despertando. ¿no? —Le dije. Abrió los ojos y mirándome engreído, levantó los hombros y se sonrió. ¡No! Espera, no fue así. Se carcajeo. Sí, se puso vanidoso y se lo tomó con su mano por la base, lo sobó y se lo apretó un poco, presumiendo su extensión y el grosor.

    Camilo se da la vuelta, y con pericia por detrás de la oreja derecha, a medias cubierto por un mechón de su pelo, ajusta su cigarrillo. Enseguida inclina la espalda y se apoya nuevamente con sus manos sobre la baranda. Tensa las articulaciones de sus dedos y aprieta con fuerza la madera. Le duele escuchar los hechos y recrear con mis palabras, la escena y mis actos. Algo más percibo en sus ojitos achinados, oteando un panorama, ahora despejado. Y es que, para su ego de macho, echa en falta algo en mi relato. ¿Será que me atrevo a esclarecérselo?

    —Si… Si te estas preguntando, no comparé su tamaño con el tuyo. Recuerdo que solo… Se lo observé primero. Ya te dije que son similares, salvo la diferencia en la leve curvatura hacia la derecha en la de él. Además de que la suya es… Es bastante más blanquecina y el tuyo, obviamente tan moreno como el resto de tu piel. ¿Ok? Después… Si lo hice. Se lo chupé de nuevo.

    … «Deseo saborear su verga y metérmela dentro de la boca. Levanto la vista y me encuentro con sus ojos avellanas, radiantes y muy redondos. Lo quiero hacer sufrir un poco, pero Nacho expectante, quiere de otra forma. Agarra mi nuca y me indica que desea que abra mi boca y me lo introduzca despacio, pero que sin pausa logré metérmelo hasta el fondo de mi garganta. Lo dejo moverme la cabeza y le permito que me piche la boca a su ritmo unos instantes, pero me atraganto, siento que me ahogo y se me hace interminable esta tortura, pues no estoy tan acostumbrada a esto. Me la saco de la boca y él arremete con el glande, con todo el tronco de su verga, azotándome los labios y ambas mejillas.»

    Si no fue el tamaño ni el estilo… ¿En que más me supero?

    —Lo cierto es que dejó de agarrarse el pene, y… Y me permitió seguir manoseándosela sin afán, tal vez con mucha menos fortaleza a lo que él seguramente estaba acostumbrado cuando otra mujer se lo hacía, o cuando por su propia necesidad, a solas en su habitación, con sus manos se masturbaba. No es que me estuviera muriendo de ganas por hacerlo venirse rápido, así que con una mano se la aparté del vientre y empecé a lam… Besársela por todas partes, partiendo desde el glande hasta llegar a… Sus pelotas. Lo dejé disfrutar un rato, hasta que sentí que ya lo tenía bien hinchado y tieso. Percibí su olor, el que provenía de su humectada verga, así como en la palma de mi mano, sentí como… Aquel pedazo de carne palpitaba y se acercaba, según su agitada respiración, el momento de su venida. Me detuve, frené el movimiento de mi mano en seco, y enseguida lo miré.

    —¿Te gusta mi vergota? —Me preguntó con su habitual engreimiento. Y entonces le respondí que sí. Y sí, Camilo, su pene no me disgustó. Compaginaba muy bien con el resto de su cuerpo. Solo… Tan solo esperé que, al metérmelo, no me defraudara. Perdóname por ser tan honesta, pero creo que es mejor para mí redención, ante todo ser completamente diáfana. Y aunque sufras por mi culpa, como lo estas padeciendo, puedas tener un motivo más claro para emitir tu juicio. Mentir no me sirvió, ahora tal vez siendo tan sincera, pueda recuperar en algo tu confianza.

    No me responde, no dice nada. Tan solo llora, y cruza sobre el barandal sus antebrazos, para sobre ellos, precipitar su frente. ¡Dios, Dios! ¿Por qué carajos tuve que traicionar su infinito amor?

    —Creo que es suficiente, cielo. No es necesario que te cuente más. El resto te lo puedes imaginar.

    —Entonces mi razón… Est… Esta sensación de derrota es cierta. Te lo hace mejor. Te culea mejor que yo y eso… Por eso Mariana, decidiste continuar con él.

    —¡Basta, Camilo! ¡Basta ya! ¿Te estas escuchando bien? Me hablas de él como si estuviera todavía en mi presente y no es así. Existió en mi pasado. ¿Ok? Y… ¡Y no me pichó mejor que tú! Sacude de tu cabeza esa puta idea. Lo dejé de ver, pero no porque lo hayas apartado de mí, asustándolo o amenazándolo. Sencillamente me desencanté de él por su… Por su cobardía, pues me abandonó primero. Se amedrentó antes de que tú le dieras su merecido. Cuando me enteré de que estaba hospitalizado, en un acto de compasión fui a visitarlo, sí. Pero como nunca estuvo aquí ni acá, –y me señalo con el dedo indicé mi corazón y luego la sien derecha– me dio pesar de saber que él prácticamente no tenía a nadie en su vida. No tenía ni tuve después, ningún otro tipo de contacto con él.

    ¿Cómo puedo estar seguro de eso? Como puedo creer en sus palabras, si yo…

    —Si antes de venir aquí, yo sentía que me estaba enloqueciendo, al verte aquí ahora, queriendo escuchar sin aspavientos todo lo que hice junto a él, creo que también tu estas muy mal de la cabeza. Comprendo que desees despejar esa duda que te atormenta, pero es una apuesta absurda la que me has propuesto. Sufres demasiado al escuchar mis verdades, pero ni aun así me crees y persistes en querer martirizarte suponiendo cosas, escuchando causas y analizando efectos que solo están presentes en tu imaginación y en ese puto ego de macho adolorido y acomplejado.

    —¡Es que no puedo creer que te encapricharas con ese malparido, así como así! O que tuvieras que haberte acostado con ese tipo tan solo para apartarlo del culo de tu amiguita. ¡Tuvo que existir algo más! Sentimientos interpuestos, a parte del gusto por tu venganza. ¿Cierto?

    —¡Y dale con lo mismo, Camilo! No me enamoré, de eso estoy segura. Pero está bien, si tanto te gusta saborear el dolor que estás probando, déjame entonces terminar de contarte lo que me hizo, o mejor… Lo que no me hizo y yo… Yo si me dispuse a hacer con él. Así que para dilucidar tu estúpida idea de que me enamoré de él por sus extraordinarias dotes para culear, no me interrumpas y prepárate otro cóctel, sin tanto jugo de naranja, déjalo un poco más fuerte para puedas soportar toda la verdad, embriagándote.

    —Nos dejamos caer sobre la colcha. Aterrizó encima mío y por unos instantes creí que me asfixiaba bajo su peso. Mi entrepierna se frotaba a placer contra un muslo suyo. Sus manos acariciaban mi cuello y un costado. Sobre mi ingle sentía su pene tieso, estirando la piel de ese lado. Sentía como restregaba su cuerpo contra el mío, frotando acompasados, su pecho contra mis senos, mi ombligo contra sus abdominales y mi cadera contra su pelvis. Mi… La vagina la tenía bastante húmeda, y sentí como de su glande emanaba un brebaje tibio, cada que al oprimirlo contra mí piel, arrumándola hacia arriba como si intentara construir un terraplén con los pliegues de mi epidermis, se le regaban viscosas gotas cuando lo deslizaba de para abajo.

    —Intentando ser gracioso, al pasar sus manos bajo mis axilas, con sus dedos me atormentó con cosquillas. Aquí, bajo mis dos brazos, –le enseño donde, como si no supiera, más no me ve– igualmente en las corvas y las plantas de mis pies, se ensañó conmigo. Me revolqué en medio de su carcajada y mis risas. Con sus manos revoloteando, dichoso me abarcaba y no cesaba en su niñería con mi cuerpo, pasando sus dedos como patas de araña por detrás de mi cuello hasta la espalda, rozando sin cuidado mis tetas para llegar con sus cosquillas a mis costados y… Y ahí lo detuve. Le grité un, ¡Basta! ¿O dos? Ya que reapareció tú imagen en mi cabeza. Esos juegos eran muy nuestros, y aunque sufriera a carcajadas bajo tus ágiles dedos hasta casi orinarme, mis costados que son mi debilidad, ese punto débil era solo tuyo y mi cuerpo solo debía reaccionar a ellos, que fueron quienes lo descubrieron.

    El silencio de este amanecer, rasgado muy temprano por el rumor del oleaje, cede aún más ante mi respiración entrecortada, mi propio llanto y el sonido que produzco al sorber mi nariz. Escucho rumores. Son conversaciones provenientes de la habitación que nos queda debajo. Allí hay risas tras las palabras y gritos, pocos, de pequeñas criaturas que exigen visitar la playa pronto. Y más abajo oigo chirridos, son las patas de algunas sillas plásticas que alguien acomoda, cambiando su posición alrededor de las mesas cercanas a las piscinas, y cuyos parasoles de colores bien cerrados a esta hora, no pueden detener esos sonidos que llegan a mis oídos en decibelios bajos. ¡¿Qué me importa ahora que riera mejor conmigo, si pichaba mejor con él?!

    —Pues él ya echado encima de mí, se tranquilizó y… Me acarició supongo, que como lo haría cualquier hombre que tuviera hambre de mí. Utilizó su picuda barbilla como apoyo sobre mi esternón y su lengua escaló por la piel del seno diestro hacia el pico de mi pezón, para clavar allí su incisiva mordida. La mano que estrujaba mi otra teta, la descolgó por mi costado y en ese recorrido lento, acarició con el pulgar la circunferencia de mi ombligo y lo hundió, escarbó dentro buscando no sé qué. El dedo meñique por la cadera transitó el pliegue de la ingle, colando instantes después por el medio de mi raja, su dedo índice y el del medio, evitando la campiña recortada de mi pubis.

    —¿Te encuentras bien? —Por respuesta, Camilo levanta los hombros.

    Mi esposo obediente, no me replica nada y tampoco bebe de su botella de agua. Continúa con su mirada desfallecida observando la lejanía, descargando su enojo sobre la baranda de madera al golpearla con el puño derecho. Pretende simular ante mis ojos, que aquella vez de mi entrega a Nacho, la está asumiendo más o menos bien. Más sé que no es así, pues gruesas lagrimas ruedan por sus pómulos y cristalinas batallan contra la ley de la gravedad para no despegarse del resto de su rostro.

    —¿Ya lo tienes duro y listo? —Le pregunté.

    —¡Lo tengo tieso y grueso, como tranca de burro! —Me respondió burlón y orgulloso, demostrándome al incorporarse, su erecta hombría.

    —Voy a hacer que «orgasmes» como nunca, pero esta vez no será con mis dedos. Te lo voy a meter hasta la empuñadura. —Sentenció vanidoso y colocó sobre mis rodillas sus manos. Apartó mis piernas con apurado ímpetu y se ubicó en el medio de ellas, con su miembro viril, duro y amenazante.

    —Estas muy equivocado si crees que lo vamos a hacer a pelo. ¡Ni loca! Ponte un preservativo, o si no… Nada de «nanais». —Le insté a hacerme caso, amenazándolo con no hacerle mimos ni arrumacos, mientras a dos manos alejaba su vientre del mío y cerraba los muslos impidiendo que su pene me horadara.

    —Se levantó de mala gana y «reburujó» dentro de su pantalón, extrajo unos sobres negros, otros plateados, y se me acercó muy sonriente.

    —¡Condones importados, bizcocho! Solo para estrenarlos a la fuerza contigo. ¿Los quieres de sabores? O prefieres que lo hagamos a oscuras para que puedas ver, aparte de fuegos artificiales, ¿mi verga enmascarada con colores fluorescentes? —Ni sueñes que voy a probar ese pedazo de caucho. ¡Ponte mejor uno de colores! —Le contesté.

    Continua el mutismo en Camilo, y demasiada rigidez en la pose que mantiene desde hace mucho rato. Sufre ahora porque así lo quiso. Le provoco mayor dolor con cada acción narrada. Me duele lastimarlo revelándole estos detalles, pero son necesarios para que comprenda, que José Ignacio no fue mejor amante que él. ¡Puff! Mi corazón late a mil, como igualmente debe estar sucediendo con el suyo. Los dos casi igual de infartados.

    —No apagó la luz, pero rasgó con premura el envoltorio y desenrolló el preservativo anaranjado a lo largo de su verga. Así que con premura abrí los muslos y lo invité. La verdad me sentía más apurada que excitada. Se acomodó sobre mí y con mis piernas lo rodeé. Bajé un poco mi cabeza para poder verle como se agarraba su miembro con una mano y la guiaba hasta la entrada de mi vagina. Nada más apoyar su champiñón rosáceo en la entrada de mi cuca, me aferré a su nuca y elevé mis caderas, alzando un poco mis nalgas para que nuestra unión tuviera un feliz encuentro. Le insté a que me la metiera y cuando sentí su primer envite, yo… Dejé escapar un gemido de gusto, sincero y prolongado, hasta que mis entrañas las sentí llenas, cuando él se agarró a mis nalgas para hundirse más dentro de mí y casi enseguida reculó.

    El ambiente que nos rodea, se carga de inconmensurable tristeza y lastimera pesadez. Se acerca un paso más y queda pegadita a mi espalda. Espero como es obvio que no me abrace, pues debe estar sumamente avergonzada y arrepentida, al hacerme caso y contarme todo lo que hizo con su amante. Me asombraría mucho, si hiciera lo contrario. Si es sincera como me lo parece, estoy muy cerca de no pecar por ignorante y finalmente, entender que sintió Mariana por ese Playboy de ver…

    —¡Que ganas tenía de culiar contigo, Meli! Eres… Eres perfecta para mí. Nos acoplamos bien bailando y para pichar no te mueves tan mal. ¡Además… Gimes delicioso! —Así me hablaba al oído, mientras al comienzo suave, se movía dentro mío. Luego del halago, sudando se fue precipitando. Veras, yo… Yo estaba inmovilizada por sus manos, sujetando mis muñecas por encima de mi cabeza, y el resto de mi cuerpo bajo sus kilos de peso, pero sintiendo ya, tras cada fricción de su pene contra las paredes de mi vagina, algo de placer. ¡Ya untado un dedo, untada la mano! Así que lo presioné para poder disfrutar mientras analizaba, qué tan cierto eran los comentarios, donde decían que era un mago en la cama.

    —Píchame bien, métemelo más duro. ¡Muévete más! —Lo azucé y él lo hizo. –Camilo, por el contrario, permanece rígido e inexpresivo. – José Ignacio comenzó a resoplar como un toro, jadear como si se estuviese asfixiando después de clavármelo, y a mover su cadera hacia adelante y hacia atrás, sin pausa y con muy poco de lo que si me sabes hacer tú. Cambiar de ritmo, hacer pausas para disfrutarme, y emprender de nuevo hasta llevarme a la cima otra vez. Eso… Ese estilo definitivamente no era lo suyo.

    El contenido de la botella del agua mineral, se me agota tras el último sorbo, y perezosamente doy media vuelta y la coloco de forma horizontal sobre la mesa. Medito en lo escuchado y analizo si creer en sus palabras o no. Con un ágil movimiento de mi muñeca, hago girar sobre su eje, el envase vacío y concentro mi mirada en esos giros. A Mariana no me atrevo todavía a enfrentarla. Falta más por escuchar.

    Mariana da pasos cortos por detrás de la silla y la mesa. Camina con lentitud, como midiendo la distancia que existe entre la mitad del balcón y el extremo opuesto del pilar de madera me sostiene. Lo hace mirando al suelo, con los ojos muy abiertos y su semblante muy serio. Su cabeza inclinada se menea de izquierda a derecha, negando al rememorar esa noche. Molesta por algo que le sucedió con él.

    —Si al caso recuerdo que, adicionalmente a su afán por entrar y salir de mi interior, como novedad o adicional a esa estimulación sexual, en su cabeza solo se hallaba apostillada la maña de levantar su torso para empujar con mayor ahínco, y usar una mano para estrujarme una teta, entre el pulgar y el dedo índice, retorcerme el pezón e intentar dentellearme el cuello, según él para marcar su ganado. Obvio no se lo permití. No porque me asustara que, al dejarme esa marca, me expusiera a que tú la hallaras y extrañado preguntaras por la causa, sino porque ni era una ternera y mucho menos propiedad suya.

    —Me la metía con fuerza, hasta golpearme el perineo con sus testículos descolgados. Al movimiento de cadera le imprimía además de su constancia, mucha energía. Sudaba bastante, me decía al oído vulgaridades para erotizarme, pero era él quien se enardecía, y podía yo sentir, como sus penetraciones se aceleraban sistemáticamente presagiando la culminación de aquel coito. Enlacé mis piernas alrededor de su cadera, para retenerlo dentro de mí, unos instantes antes de ese final y apretárselo con mis músculos, como a ti te agradaba que lo hiciera.

    —Lo estaba sintiendo diferente, y no sé si debido a la textura de ese condón, o por analizar su forma de actuar, perdía yo la motivación y no lograba concentrarme en el acto mismo ni lubricarme como debería ser. Finalmente colocó sus dos manos a cada lado de mis hombros, se levantó un poco, clavándome más adentro y tan hondo como fisiológicamente era posible, para susurrar un —¡Me vengo rico, Meli! Un tanto amordazado su gemido, secuestrado entre sus dientes apretados. Dos o tres estocadas tras su consecutivas desenvainadas y en la ultima su explosión descontrolada, su rostro con muecas de placer y yo…

    —¿Te quedaste a medias? —Meto la cucharada en sus recuerdos y la interrumpo.

    —Sí, pero más que sentirme molesta fue más una sensac…

    —¡Te defraudó! —Lo vuelvo a hacer, haciendo hincapié en su respuesta a medias, sin saber a ciencia cierta, que tanta verdad existe en mi suposición. Mariana me mira con un sesgo de resignación.

    —Digamos que fue una experiencia totalmente ajena a lo que había imaginado antes de pactar aquel encuentro para cancelar mi apuesta y conocer de primera mano su manera de hacer el a… De tener sexo. El caso es que satisfecho se tiró al lado derecho para descansar y a mí me embargó un poco ese cargo de conciencia, por haberte engañado por cumplir con un deseo que… ¡Me desencantó!

    —¡Esto si es pichar de verdad! Gemiste tan rico, que me hiciste venir a chorros. Me encantó verte disfrutar. ¿Satisfecha, Meli? —Mientras orgulloso me hablaba de su «hazaña», se retiraba con cuidado el preservativo, y anudándolo, vanidoso lo hizo pendular en frente de mis ojos, lleno de su corrida.

    —¡Ufff! Ni te imaginas. Fue algo demasiado… ¡Animal y rápido, querido! Me has dejado con ganas de más. ¿Así culeas con todas? —Le escupí mi frustración en su cara.

    —Solo a las que quiero volverme a culear. Como contigo y con mi novia. Con las demás no me esmero tanto. —Me respondió con los ojos cerrados, sin entenderme o darse por aludido. Su egolatría enclaustrada en una sola neurona no le permitía analizar a profundidad mi sarcasmo.

    —Después de ese primer fallido polvo, amoldó su pecho contra mi espalda y con su pubis presionó mis nalgas, mientras me dejaba sentir su pene morcillón, dormitando casi entre mis muslos, como su dueño. Con mis brazos recogidos sobre mis senos, soportando el peso de su brazo derecho sobre ellos, me levanté al poco tiempo con ganas de fumarme un cigarrillo y calmar la sed que me provocó aquel ejercicio sexual, con un buen trago de cerveza. Después lo hizo él, acercándose hasta la silla sinuosa donde yo permanecía sentada, para relajarse, según él, con un porro de marihuana y varios shots de aguardiente «Néctar».

    —Esos olores, el de mi tabaco y su yerba, se fueron mezclando de a poco con el aroma a sexo que flotaba aun en la atmósfera de la habitación. Encendí el televisor y cambié de canales, porno no era lo que pretendía ver, así que canaleé hasta que di con uno que solo transmitía vídeos musicales. Con los ojos cerrados y el cigarrillo entre los dedos de mi mano derecha, mis caderas las bamboleé de manera sensual al ritmo de «Vaina Loca» y José Ignacio creyó que lo hacía para él, para gustarle y provocarlo más al bailar desnuda.

    —Encumbrado en la cima de su orgullo o flotando en la nube de humo denso de su cacho de yerba, sonriente se recostó de nuevo en la cama y desde allí me silbo de nuevo, alabando mi sensualidad y la belleza de mi cuerpo. Me fui acercando a él sin dejar de contonearme como una cobra real, pero no por buscarlo sino para apagar en el cenicero que tenía al lado, en la mesita de noche, la colilla que amenazaba con quemarme las yemas de mis dedos.

    —¡Te pasas de buena, bizcocho! —Me dijo feliz y reposado. Pero su semblante soberbio y triunfador, cambio de faz cuando acerqué mis labios a los suyos, y sin besarlo como él lo suponía, pellizqué su tetilla izquierda y exhalé la bocanada de humo que había retenido en mi boca. Aparte del gemido de dolor, un signo de interrogación surgió en su mirada, al montarme a horcajadas sobre él, mi culo, el que tanto le gustaba, aterrizado sobre su pecho y con mi raja muy cerca de sus labios entreabiertos.

    —¿Qué quieres que te haga? —Preguntó mientras me apretaban sus dedos una nalga y mi cuquita, no tan mojada, pero si olorosa, con mi movimiento pendular le hacía guiños a su lengua.

    —A ver, mi niño precioso. ¿No te lo imaginas todavía? ¿Tengo que hacerte dibujitos o enviarte señales de humo? ¡Por favor! —Y me abrí los labios mayores, esa vez si lo hice para él y para que sus ojos me la contemplaran bien.

    —A ver bebecito… ¡Todas las mujeres lo tenemos aquí! –Camilo da un respingo, la palabra le molesta, pero ese no fue el motivo para llamarle a él… ¡Mi bebe! –. ¡Escondido, pero está! Y se me hace inconcebible que ninguna de tus amantes te hubiera obligado a buscarlo, conformándose simple y llanamente con sentir dentro suyo, el grosor y la longitud de tu verga. ¿Seré yo acaso la diferente?

    Miro hacia donde se encuentra Camilo. Llora y suspira. Sé que sufre.

    Quiero socorrerlo, acercarme a él por detrás y abrazarlo. La razón me grita fuerte que ya es muy tarde, pero mi corazón latiendo desbocado, insiste en que, –con mis dedos– todavía es temprano para que yo lo alcance. ¿Qué estupidez es esta? ¿Acaso pretende que, con mi sexual confesión, libere algo retenido en su interior? Odio. Eso puede ser. Es justo lo que en ningún momento mientras estuvo, después de saberlo me lo expresó.

    Y sí, puede ser tal como hablando con su amigo, esa otra tarde cuando lo busqué desesperada, luego de intentar suicidarme con una sobredosis de opioides, encerrada en mi habitación, y al escuchar el llanto de Mateo tras la puerta llamándome, pude reaccionar y lo vomité todo, para luego junto con mi hijo, salir a buscarlo al concesionario para rogarle por enésima vez, que me colaborara para encontrarlo.

    —«Él, no quiere por ahora saber nada de usted. No puedo hacer más por ahora. Pero sepa señora, que su esposo está sufriendo a solas, pues don Camilo la ama demasiado, y no desea para nada, su mal. Matarse no es la solución. Tiene otras herramientas a la mano para salir de esa situación. No intente hacerlo otra vez, y mejor observe bien a esta personita que tiene ahora en su regazo. Este niño no tiene por qué pagar los platos rotos de su error. Su hijo, usted y él, merecen darse otra oportunidad para seguir con su vida. ¿Juntos o separados? Eso no lo sé ni me incumbe, pero si considero que ambos como adultos que son, deben hablar, y conscientemente velar por el futuro de esta vida que, con amor, procrearon y han están sacando adelante. Él no la odia, eso lo sé bien porque los hombres como él o como yo, y los que entregamos nuestro corazón a una sola mujer, –sin esperar nada a cambio– jamás podremos detestar a quien nos hizo tan felices nuestros años. ¿Suficientes para ustedes dos? No tengo idea. Ese tiempo es algo que deben valorarlo ustedes dos, ojalá frente a frente, con honestidad».

    Y tal vez Rodrigo tuviera razón. Para dejarme en paz, mi esposo necesita librarse de su inmenso amor hacia mí, y para lograrlo precisa odiarme… ¡Rotundamente! Mi merecido calvario será continuar escarbando en mi propia tumba, revelándole lo demás, para que haciéndolo sufrir, tras mis verdades, logre que al menos que me perdone si no quiere volver conmigo.

    ¡Puff! En fin, si esta es su voluntad, pues que sea como desea y continuemos sufriendo con estos recuerdos, y… Que sea lo que Dios quiera y ojalá comprenda que mi lealtad sentimental, nunca estuvo en peligro al mantener a sus espaldas, mi relación con Nacho, y qué jamás la antepuse a mi infiel genitalidad, con él o con los demás que disfrutaron de mi cuerpo.

  • Tres travestis traviesas (séptima y ultima parte)

    Tres travestis traviesas (séptima y ultima parte)

    Esta es la última parte de este relato que he disfrutado mucho escribiendo, espero que esta última entrega siga siendo del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando fantasías, adoro escribir este tipo de relatos y saber que otras personas los leen y, como yo, se excitan fantaseando ser una de nosotras o el hombre que nos domina, espero disfruten esta parte final.

    En la parte anterior Ana, Claudia y yo estábamos en el último día de nuestro delicioso fin de semana juntas, como siempre estábamos jugando a tener cada una un personaje, así yo estaba vestida y me comportaba como una sirvienta sumisa, Ana era una visita quien estaba educando a Claudia sobre como someterme y castigarme, además tenían varios artículos que había separado para probar conmigo, sobra decir que Claudia actuaba como mi Ama y Señora, primero tomamos el desayuno juntas y después de ir al baño nos juntamos en una de las salas, allí Claudia y Ana se sentaron y me ordenaron ir por café para cada una, mientras los preparaba ellas conversaban animadas, cuando regrese Claudia me dijo que quería ver como me quedaban algunas cosas, así que debía desnudarme delante de ellas, yo me quite todo lo que tenia mientras ellas me miraban atentas.

    Cuando estuve desnuda Ana me entrego unas prótesis de senos grandes, eran de silicona y eran casi una camisa que me tapara desde el cuello hasta el estómago, luego siguieron unos sostenes de encaje blancos con unas pantis, unas medias de liguero blancas con ligas y un collar de perrita blanco con flores, así vestida desfile para ellas mientras comentaban como me veía, entonces Ana me entrego otras pantis y me dijo que me cambiara, yo la obedecí sumisa y me cambie de ropa, luego fueron mis sostenes los que debía cambiar, y así varias veces hasta que termine con unas pantis rosadas de boleros y encaje y unos sostenes a juego, incluso tenia puesta una toalla higiénica femenina pues ellas habían notado lo mucho que me excitaba y como dejaba algunas pantis mojadas, con esa ropa interior me probe 3 vestidos de sirvienta, uno de falda larga con el que Ana le mostro a mi Señora como funcionaba un plug vibrador a control remoto, luego otro muy sexy negro, que tenia una falda muy apretada y con las que el vibrador se trasformo en una cola de perra que se sostenía de mi colita gracias al plug que Ana había metido en mi culito cada vez más caliente y mojado

    Después siguió un hermoso vestido de sirvienta rosado, tenia la parte superior trasparente y dejaba ver mis sostenes de una forma deliciosa, la faldita era muy corta y tenia varias capas de telas que me hacían ver muy femenina, cuando estuve así vestida Claudia dijo que esa era justo la sirvienta que deseaba tener, una linda sirvienta sumisa muy femenina y que mostraba que era una perrita caliente y deseosa, después de desfilar varias veces para ellas y sentarme en las piernas de Claudia, Ana le comenzó a mostrar complementos a mi vestido, el primero fue un collar de perrita rosado con una placa que decía sirvienta, unas pulseras y tobilleras de encaje con argollas para amarrarme y me probo varios tipos de diademas de sirvienta dejándome con una grande, Claudia pregunto entonces si tenia algo para controlarme pues era toda una putica, entonces Ana sonrió mientras decía que para mostrarle eso ya tendrían que amarrarme, así que entre ella y Claudia me ataron las manos hacia arriba usando una de las lámparas, así atada saco el plug de mi culito quitándome la cola de perrita mientras le decía a Claudia lo caliente y mojado que tenia el culito.

    Luego me quitaron las pantis y ella volvió con otros y un aparato que iban a ponerme, mientras me colocaba las pantis atándolas a los lados Ana le decía a claudia que eran especiales, pues tenían una parte absorbente para mantener limpias a las sirvientas como yo, luego tomo lo que parecía un calzón de metal y mientras me lo colocaba le explico que era un cinturón de castidad, estaba diseñado para que no pudiera usar mi verguita pero dejaba disponible mi culito solo soltando los pantis, yo sentí como ella me hacia abrirme de piernas y luego de ponérmelo lo comenzó a ajustar en mi cintura, era de metal y dejaba mi culito libre mientras mi verguita quedaba atrapada, ella le puso un pequeño candado al frente cuando termino y levantando mi faldita le mostraba a Claudia quien ya se estaba tocando por encima de su falda.

    En ese momento Claudia le pregunto a Ana si tenia algo para ponerme en cuatro, pues tenia muchas ganas de que atendiera su culito, Ana respondió que sí y lo primero que hizo fue ponerme una varilla atada a mis tobillos que me hacia tener las piernas abiertas y después de soltarme las manos puso otra entre ellas para que las tuviera abiertas mientras me ordenaba que me pusiera en cuatro como una perrita, yo la obedecí mientras miraba como Claudia se levantaba su falda para quitarse las pantis negras que encaje que ya tenia muy mojadas, cuando termino de quitarlas se arrimó y las metió en mi boquita, luego camino así hasta sentarse en un sofá en donde abrió las piernas y luego las levanto en el aire mientras le pedía a Ana que me pusiera a lamer su culito.

    Ana me llevo de mi correa de perrita en cuatro hasta donde ella estaba, y luego de sacar su calzón de mi boquita me pego a su culito para que lo chupara como una perrita, yo obediente saque mi lengua y comencé a lamer su culito, sabia delicioso, también intentaba meter mi lengua adentro, mientras Ana me ato de forma que quedara así pegada, luego fue por un gancho que tenía una bola al final y lo metió en mi culito adentro de mis pantis, yo me sentía abusada, violada, ellas ataron ese gancho en la cadena de perra y Claudia tomo el control halándome de ella para hacer como si la penetrara por el culito con mi carita, después de un rato claudia le pregunto a Ana si podía ponerme algo para que la penetrara así como estábamos, ella le dijo que si y luego le pidió que la dejara comerme por el culito pues estaba muy excitada mirándonos.

    Entonces Ana volvió con un dildo que se ataba a mi cabeza con unas correas y salía de mi boquita, para ponérmelo me soltaron un poquito la correa de perrita y cuando lo tuve puesto Ana me ayudo a comenzar a penetrar a Claudia, cuando estuve lista Ana se colocó detrás de mí y luego de sacar el gancho me coloco un plug vibrador, lo prendió y comenzó a sobarse contra mis nalguitas aun con su vestido y sus pantis puestas, mientras Ana me excitaba de esa forma Claudia gemía y se tocaba mientras la penetraba rítmicamente con el dildo que tenia atado mi boquita, me sentía muy excitada, muy caliente sintiéndome así usada como una hembra.

    Entonces Ana comenzó a levantar mi faldita y luego soltó mis pantis dejando mi culito expuesto, sentí como ella subía su faldita con su cadera pegada a mi culito, luego saco el vibrador y mientras bajaba sus pantis se pego lo mas que pudo para que sintiera su verga dura y caliente pegada a mí, ella me penetro duro metiéndome su verga caliente adentro de mi culito de un solo golpe, yo me moví penetrando a Claudia quien gimió más duro, entonces Ana comenzó a montarme como una perrita mientras con Claudia comentaba lo perra que era, lo puta, yo me sentía humillada, sometida y eso me hacía ponerme mucho más caliente, me sentía a punto de estallar, en eso claudia le dijo a Ana que me quitara el dildo de la boquita pues ya quería venirse en mi carita, ella sin dejar de penetrarme soltó las correas y fácilmente Claudia lo quito y se acomodo para meter su verga en mi boquita.

    Cuando Claudia metió su verga en mi boquita y comenzó a comerme toda tomándome de la cadena de perrita que todavía tenia puesta fue la gota que derramo mi vaso, entonces comencé a mojarme toda en las pantis, me derrame delicioso mientras mis amigas se daban cuenta de que me estaba mojando toda en las pantis, eso las excito todavía mas y mientras me prometían castigos futuros por mojarme antes que ellas, Ana se derramo adentro de mi culito dejándome llena de leche, luego fue Claudia quien me lleno la boquita de semen y lo saco justo a tiempo para tirar los últimos restos de semen encima de mi carita de mariquita complacida y excitada, cuando termino Claudia ellas me dejaron así sucia y usada, en cuatro como una perrita mientras descansaban y tomaban algo, estando así Claudia me llevo un plato con agua y me ordeno que la tomara como una perrita mientras ellas se quedaron mirando como la obedecía como una mariquita sumisa y femenina.

    Luego de un rato Ana me ayudo a ponerme de pie y luego de soltarme las manos me volvió a atar con ellas hacia arriba, todo sin dejarme limpiar o componerme la ropa de sirvienta que aun tenia puesta, me levantaron la faldita y con mi panti colgando entre mis piernas comenzaron a darme nalgadas, primero fue con sus manos, luego trajeron algunas correas y fustas, me dieron muchas nalgadas, yo sentía mi culito rojo y caliente, mis nalguitas se veían rojas y ellas lo disfrutaban, pues mientras me castigaban volvieron a excitarse.

    Luego de castigarme me soltaron y me ordenaron que me desnudara delante de ellas, antes de eso les pedí permiso para ir al baño para limpiarme un poco, ellas me dejaron y cuando regrese me desnude como lo ordenaron, cuando estuve desnuda Ana me entrego unas pantis blancas de látex muy apretadas y me ordeno que me las pusiera, yo la obedecí sumisa como una niña, encantada de ser humillada de esa forma por mis dos amigas, mientras me colocaba la ropa interior, Ana siguió hablando con Claudia sobre la educación de las sirvientas, mientras me entregaba sostenes, medias, ligueros y un vestido de látex de sirvienta muy erótico de faldita corta, cuando estuve vestida, como si le estuviera vendiendo a claudia fue por un plug vibrador a control remoto y haciéndome bajar las pantis lo metió en mi culito, como estaba muy excitada ya había mojado un poquito también esas pantis, entonces Ana le dijo a Claudia que la solución para una puta mojada como yo era obligarme a usar todo el tiempo toallas higiénicas femeninas.

    Ella saco una de su maleta y me indico que me bajara las pantis hasta las rodillas, cuando lo hice la coloco en su lugar y luego volvió a subir mis pantis y bajar mi faldita, dejándome así como una sirvienta sumisa con un plug en el culito, luego siguió diciéndole a Claudia que para someterme lo mejor era un collar de perra con su cadena así que me coloco uno, yo así me sentía muy excitada entonces Claudia tomo la cadena y sentándose en un mueble me dijo que me pusiera en cuatro como una perrita y me metiera debajo de su vestido, yo la obedecí excitada y después de gatear un poquito pude poner mi boquita en sus pantis, justo en donde estaba la punta de su verga, entonces comencé a besar y lamer, a chupar como una perra en calor, entonces Ana prendió el plug y este comenzó a vibrar en mi culito excitándome mucho más, Claudia metió sus manos debajo de vestido y bajo sus pantis dejándome mamar su deliciosa verga mientras que Ana ya iba subiendo mi faldita de sirvienta.

    Yo las escuchaba llamarme perra, humillarme y decirme que era una golfa sucia, una sirvienta sumisa, una puta caliente y barata, una hembra cochina y con el culito caliente, mojado y abierto, eso me excitaba mucho más y seguía mamando la verga de Claudia y sintiendo el plug en mi culito, entonces Ana comenzó a pasar su verga por encima de mis nalgas, la sentía dura y caliente pasando por encima de mis pantis, ella jugaba con la velocidad del vibrador y ponía su punta en mi culito para presionarlo más, luego bajo mis pantis y después de sacar el plug metió su verga hasta adentro de un solo empujón.

    Me penetro toda haciéndome gemir y me comenzó a montar como una puta, mientras lo hacía Claudia con sus manos dirigía mi cabecita debajo de su falda comiéndome a su vez por mi boquita, yo me sentía caliente, me encantaba estar así montada, comida, ellas se estaban besando mientras me usaban como una hembra para complacerse, entonces sentí que Ana se puso más dura, su verga creció adentro de mi culito, me llegaba mucho más adentro, así me penetro hasta el fondo y comenzó a venirse toda adentro de mi culito, sentí como tiraba su semen en chorros dejándome toda mojada, ella los metió bien adentro y cuando saco su verga sentí como volvió a colocar el plug y subió mis pantis, yo me sentía llenita de leche como una perra, me sentía mojada gracias al semen que salía de mi culito y bajaba por mis piernas, además seguía chupando la verga de Claudia quien excitada me seguía tratando como una puta y mientras me humillaba sentía como se excitaba más.

    Entonces ella levanto su falda y me ordeno que me pusiera de rodillas y la masturbara pues ella se iba a venir en mi carita, yo obediente me coloque de rodillas mientras ella parada se quitó su vestido y volvió a meter su verga en mi boquita, yo la chupaba y la masturbaba, entonces note que ella tenía el control del plug vibrador que tenía en el culito, así que seguí chupando y lambiendo cada vez más excitada, ella lo prendió y con una mano volvió a tomar mi cabeza para comerme por la boquita, yo abría mi boquita lo más que podía y sentía como su verga se ponía más dura y rígida, como entraba hasta mi garganta, sentía como el plug vibraba cada vez más, como se sacudía en mi culito lleno de semen.

    Entonces ella lo puso al máximo y después de tirar el control saco su verga de mi boquita y se comenzó a masturbar, se tocó un par de veces y el primer chorro de semen pego en mi frente, luego fue la nariz, la mejilla izquierda y la boquita, yo quede así chorreada mientras ella se volvía a sentar, entonces me ordeno que me masturbara delante de ella como su puta y limpiara su verga con mi boquita mientras lo hacía, yo la obedecí y lleve mis manitos entre mis piernas para tocarme super excitada, comencé a lamer su verga mientras lo hacía, así estuve un rato y cuando ella estuvo limpia me puse de rodillas nuevamente y me toque hasta mojarme toda en las pantis delante de Claudia que me miraba complacida.

    Después de que las tres descansáramos un rato fuimos al baño a asearnos y cambiarnos de ropa por vestidos cómodos nos pusimos a organizar todo y empacar las maletas, pues era el último día de nuestra aventura, Claudia pidió un domicilio para almorzar, cuando llego la comida ya teníamos todo listo y solo nos faltaba empacar el vestido que teníamos puesto así que comimos la última vez las tres así vestidas, así nos despedimos y después de terminar Ana y yo nos quitamos los vestidos dejando solo nuestra ropa interior y después de colocarnos unas sudaderas salimos de regreso a nuestras vidas dejando a Claudia en su hermosa casa.

    Gracias a quienes leyeron esta fantasía hasta el final, espero que esta última parte de este relato, que disfrute mucho escribiendo, fuera del agrado de quienes visitan este tipo de páginas buscando fantasías, soy una travesti de closet muy discreta pero tengo un correo electrónico en donde me encanta recibir comentarios, saludos y fantasía, me gusta mucho recibir fotos, imágenes y recomendaciones de videos, adoro escribir este tipo de relatos y saber que otras personas los leen y, como yo, se excitan fantaseando ser una de nosotras o el hombre que nos domina, espero comenzar una nueva serie de relatos de fantasías travestis pronto, gracias al animo y las ideas que me dan quienes me envían sus saludos y comentarios.

  • Trío con mi novia y su prima

    Trío con mi novia y su prima

    Hola, mi nombre es Arturo y soy del estado de Tabasco en México.

    La historia que les voy a contar, sucedió ya hace unos 6 años y hasta ahora que encontré esta página, me atrevo a contarla. Todo pasó por casualidad sin planear nada. Comienzo:

    En ese entonces, yo vivía en la ciudad y mi novia en una comunidad no muy lejana.

    En una ocasión, la invito a pasar unos días a mi casa para llevarla a la playa y disfrutar de unos días de asueto. Ella me dice que si puedo invitar a su prima para que conozca la playa porque nunca ha ido al mar. Hago un paréntesis para decirles que mi novia tenía 25 años y su prima un año mayor, 26.

    Continuo. Como la casa tiene dos habitaciones, yo le dije que no había ningún problema, que la llevará.

    Llegaron las dos a medio día y las invité a comer. Ese día no pasó nada extraordinario

    Al día siguiente, nos fuimos a la playa bien equipados, con botanas y cervezas para pasar un buen rato asoleándonos.

    A la prima ya la conocía de hacía tiempo pero siempre la había visto con ropa recatada, cómo se usa en esas rancherías.

    Mi novia, morena clara, bajita de 1.60 más o menos, cintura pequeña, nalgas bien redonditas y unos senos fabulosos, la prima, más morena, alta, cabello ensortijado, herencia de sus ancestros afroamericanos.

    Llegamos a la playa y rentamos una palapa para estar cómodos. Nos tomamos unas cervezas y decidimos meternos un rato al mar.

    Cuando la prima se quitó la ropa para quedar en traje de baño, me quedé sorprendido porque no esperaba que tuviera un cuerpo bonito. Pero hasta ahí nada más llegó mi curiosidad, por el momento.

    Disfrutamos nuestro día, comimos y nos terminamos las cervezas. Ya entrada la tarde, nos regresamos para la casa. Antes de llegar, mi novia (les voy a poner nombres ficticios para que sea más entendible el relato. Mi novia Mary y la prima Lily), me dijo que se le antojaba tomar vino tinto frio de la marca que siempre consumíamos. Pasamos a una vinatería y compré tres botellas.

    Llegando a la casa las pusimos a enfriar.

    Cada quien a su habitación a bañarnos para quitarnos los residuos de arena. Mary y yo dormíamos un poco. El sexo lo teníamos reservado para la noche.

    Pasadas las nueve de la noche Mary y yo salimos de la habitación y nos encontramos a Lily viendo televisión en la sala. Les ofrecí de cenar pero ninguna de las dos aceptó. No obstante preparé un plato de carnes frías y otro de semillas por si se les antojaba. Era el momento de abrir la primera botella. Lily dijo que no quería porque no estaba acostumbrada a tomar vino. De todas maneras puse en la mesa de centro tres copas. Llené dos, una para Mary y otra para mí. Mary le dijo a su prima, pruébalo, si te gusta te sirvo si no, no hay problema. Lily aceptó a probar el vino, lo saboreo y dijo que no sabía nada mal. Que le parecía mejor que la cerveza. Entonces Mary le sirvió su copa.

    Así, platicando, comiendo botanas y tomando vino, nos acabamos la segunda botella. Las dos estaban ya ebrias pero más lo estaba Lily.

    Ya mi novia desinhibida por el alcohol, empezó a acariciarme y a besarme aún delante de Lily que no decía nada, solamente miraba de reojo. Mary estaba desconocida. Me empezó a frotar la bragueta y mi amigo inmediatamente reaccionó. Perdimos la cordura y empezamos a fajar bien duro. Mary sacó de mi bragueta ni verga y sin importarle la presencia de su prima, se agachó para mamarme la reata. Lily veía desconcertada o curiosa lo que estaba pasando pero Mary no le importó y siguió mamando.

    Lily se paró y se fue al baño y yo pensé, que se iba a ir a dormir para no seguir ahí. Cuál fue mi sorpresa que regresó y se sentó más cerca de nosotros y veía con lujuria como su prima me hacía el oral. Mary ni cuenta se daba. Le pedí que parará un poco para que viera a Lily como se metía la mano bajo el short para acariciarse la vagina y emitir unos gemidos de placer.

    Pensé que a Mary eso le iba a incomodar, por el contrario, se paró y le ayudó a Lily a quitarse el short y la tanga y ver cómo suborimabse metía los dedos en su peludita concha. Para ese entonces yo estaba muy excitado y ya quería cogerme a mi novia.

    Mary me pidió que me quitara la ropa y que me parara enfrente de Lily, inmediatamente supe lo que quería. Sin embargo Lily estaba concentrada en su masturbación con los ojos cerrados. Le acerqué mi verga a su boca y al principio la rechazó. Mary no sé que le dijo al oído y ella abrió los ojos y vio mi verga cerca de su boca y la besó pero no abría la boca. Insistí un poco y fue cuando se metió la puntita primero sin dejar de jugar con su panochita. Mary se sentó atrás de mi y se acomodó para mamarle el coño a su prima y ésta cuando sintió la lengua de Mary, pegó un gemido y empezó a mamarme la verga como una profesional. Yo estaba muy caliente a punto de tener mi primer corrida pero me aguanté porque quería cogerme a Lily. Lily con la tremenda mamada que le dio Mary tuvo su orgasmo. Yo saqué mi verga de su boca para que ella disfrutara de su corrida.

    Los tres completamente desnudos, sin decir nada nos fuimos a mi habitación y nos acostamos acariciándonos y besándonos mutuamente.

    Les pregunté que si querían más vino y me dijeron que no.

    Al parecer Mary también tuvo un orgasmo. Faltaba yo. Quería cogerme a Lily pero ahí estaba Mary y me cohibía su presencia pero era más me deseo que aún con el riego de un problema con mi novia, empecé a acariciarle los senos a la prima. Para eso, ya la borrachera de nos habías bajado. Lily reaccionó inmediatamente porque los pezones se le pararon. Mary se dio cuenta y cada quien agarramos una teta. No me pude aguantar más, me acomodé arriba de Lily y le metí la verga hasta el fondo y ella gemía de placer mientras Mary le chupaba las tetas. Era una escena fascinante.

    Lily en un arranque de cordura me pidió que no me corriera dentro de ella. Me salí y comencé a jalarme la riata para terminar pero Mary me pidió que parará. Otra vez le habló al oído y Lily asintió.

    Se puso boca abajo y me ofreció su lindo culito. Mary me pidió que fuera delicado con ella porque nunca le habían metido la verga por el ano.

    Lo primero que hice fue bajarme y primero mamarle la concha y de vez en cuando le pasaba la lengua por el culo. Me encanta hacer esto y a Mary le fascina. Siempre tenemos sexo anal. Cada le metía la lengua, a Lily se le enchinaba la piel. Cuando consideré que ya estaba lista, le ensalive el hoyito y me dispuse a penetrarla. Intentaba meterla pero ella se resistía pero no sé quitaba. Mientras tanto Mary le besaba la espalda y le decía cosas que yo no escuchaba. Poco a poco fui metiéndole la puntita y cuando por fin le entró toda la cabeza dio un grito de dolor pero no intentó sacarse la. Espere un ratito y poco fui metiéndole la verga hasta que se fue toda. Ella quietecita sin participar. Empecé a moverme poco a poco hasta agarrar ritmo. Le agarró el gusto y ella solita de echaba para atrás para que le entrara toda. Mary viendo la escena tenía una cara de lujuria mientras de metía varios dedos en el coño.

    Lily sincronizamos nuestros movimientos hasta que no me pude aguantar y tuve uno de mis mejores orgasmos.

    A pesar del aire acondicionados los tres estábamos bastante sudados.

    Nos acostamos exhaustos, pero Mary seguía muy cachonda y le abrió las piernas a su prima para ver cómo le salía el semen del culo. Eso la excitó mucho y que vuelve a mamarle la panocha a la prima. En una de esas se acomodan para hacer un rico 69 hasta que se corrieron al mismo tiempo. Yo solo observado.

    Nos acomodamos para dormir con Lily en medio.

    A la mañana siguiente muy temprano me tocó darle su ración a Mary ahí a un lado de Lily. No sabemos si nos vió o no pero no nos importó.

    Más tarde nos levantamos y Lily se fue a su habitación. Nos bañamos y nos fuimos a desayunar. Nadie dijo ni comentó nada de la noche anterior. Hicimos lo que teníamos que hacer en el día y en la noche empezamos de nuevo .. pero eso es para otro relato.

    P.d. he tenido muchas vivencias propias que me gustaría relatarles. Estás incluyen, tríos HMM, HHH, HMH, gay, hetero y trans. Poco a poco iré subiendo si es que les parece bien.

  • Sexo con mi padre, mi tío y la esposa de mi tío

    Sexo con mi padre, mi tío y la esposa de mi tío

    Antes de iniciar a contarles este relato les voy a hacer una breve descripción de la mujer de mi tío.

    La esposa de mi tío se llama Alicia, es una hermosa mujer de 40 años, tiene el cabello color cobrizo natural con unas suaves ondas, sus ojos son de color avellana, piel bien blanca y un trasero soñado, ya que lo tiene bien parado, grande y muy formado.

    Luego de unos minutos mi padre y yo llegamos a la casa de mi tío.

    Antonio me saludo con un gran beso en la boca con ambas de sus manos en mis nalgas y pude ver que su mujer estaba detrás de él.

    -Te he extrañado sobrina- me dijo en un susurro.

    -Yo también- le respondí.

    Mi padre aprovechó para ir a darle un beso con mucha lengua a Alicia.

    Ella le acarició su espalda al tiempo que Adel ya le agarraba los senos.

    -Hoy vamos a cogerte ambos como en los viejos tiempos, pero esta vez mi hijita también participará- dijo mi papá.

    -Estoy muy contenta y ya sé que a la hermosa chica le encantan los tríos como a mí.

    -Es bien ardiente al igual que tú- le respondió mi padre.

    Después Alicia avanzo hacia mí, pero no me saludo como yo esperaba.

    Su saludo fue con un beso en la boca, sorpresivo y hermoso. Cerré los ojos y me dejé llevar por la suavidad de sus labios moviéndose contra los míos, luego sentí su lengua invasora en mi boca y la mía le respondió con pasión, a pesar de ser un beso ardiente ha sido de lo más dulce también.

    Cuando nos separamos dirigimos la mirada hacia mi padre y mi tío, ambos ya estaban desnudos, con sus penes bien duros. Esto era solo el comienzo.

    Sin dudarlo nos fuimos los cuatro a la habitación.

    Ingresamos al dormitorio con los dos hombres totalmente desnudos y luego nos desnudamos nosotros. Cuando ya todos nos quedamos sin una prenda de ropa empezó lo mejor.

    Alicia se acostó en la cama y abrió sus piernas, mi padre fue directo a lamberle su vagina, se notaba que extrañaba hacerle sexo oral a esa mujer porque movía su lengua muy rápidamente alrededor de su clítoris y ella gemía de placer. Ver a mi papá lamberle la vulva a otra me calentó bastante.

    Me acosté en la cama, yo también recibí mi rico sexo oral de parte de la deliciosa lengua de mi tío que primero me escupió en la concha y luego empezó con sus lambidas haciéndome temblar de placer.

    Ambas estábamos gozando mucho con la lengua de esos hombres en el interior de nuestros clítoris y por la expresión de su rostro ella disfrutaba ver que su marido me chupara la vagina.

    La hermosa mujer le tomó la cabeza a mi padre y se corrió en su boca al mismo tiempo que yo también me corrí sobre la boca de mi tío.

    -He extrañado chuparte la vulva- le susurro Adel.

    -Y yo te he extrañado a ti- le respondió Alicia y se empezaron a besar con mucha pasión, intercambiando lengua y bastante saliva de por medio.

    Luego mi tío me agarro fuertemente de la cintura y con una fuerte embestida me penetro el trasero, yo di un gemido de sorpresa.

    Alicia se acostó debajo de mí y mi vagina quedo sobre su boca.

    Adel me agarro del cabello y me embistió la boca con su miembro haciendo que se la empezará a chupar.

    Eso era lo mejor, porque estaba recibiendo unas salvajes embestidas por parte de Antonio que cada vez me daba más fuerte por el trasero, sentía la lengua cálida de una mujer jugando dentro de mi clítoris (anteriormente me la había chupado su marido, esa tarde estaba recibiendo mucho sexo oral).

    Además también le estaba chupando la pija a mi padre que era lo que más me gustaba hacer.

    -Te estamos haciendo gozar mucho- dijo Adel, yo no le podía responder, pero a él le encantaba decir esas cosas.

    -Alicia, ¿te diste cuenta de que la vagina de mi hija es muy deliciosa? Y a mi hermano le encanta darle bien duro por el trasero.

    -Es una vagina hermosa y exquisita- respondió Alicia, hizo una pausa y dijo a continuación- Me encanta ver como mi esposo le está destrozando el culo.

    -Y a ella le encanta más- dijo mi papi refiriéndose a mí.

    Yo pensaba que era imposible eyacular dos veces en un lapso de minutos, eso pensé hasta ahora. Las deliciosas estimulaciones que estaba recibiendo por todos mis agujeros me hizo correrme en la boca de Alicia, mi tío también eyaculo dentro de mi culo y mi padre me saco su pene de mi boca.

    Apenas le termine de hacer el sexo oral a mi padre, el tomo a Alicia de su bonita cintura, ella enredó las piernas en la cadera de Adel y él la penetro de una sola embestida (aún tenía el miembro lleno de mi saliva cuando se lo metió). Yo abrí mis piernas y las puse en los hombros de Antonio que me penetro por la vagina agarrándome los muslos.

    Era imposible no estar disfrutando a lo grande de todo esto tan delicioso que estaba viviendo.

    Mi tío cada vez me penetraba más fuerte hasta el punto que ya me estaban empezando a temblar las piernas. Mire hacia el costado donde mi padre estaba cogiendo junto con Alicia y ellos dos también estaban haciendo lo suyo de maravilla, a mi padre se lo veía apasionado y ella estaba disfrutando mucho de las embestidas de su cuñado, pues, sus gemidos eran la prueba de ello.

    Mi padre se acostó por completo sobre Alicia, ella le clavo las uñas en su espalda y Adel eyaculo una buena cantidad de semen en su interior. Desde mi posición podía ver la concha de la mujer escurriendo y ella se metía los dedos para lamber la leche que tenía dentro.

    Mi tío se separó de mí y escuche que le dijo algo en susurros a mi padre. Ellos se lo comentaron a Alicia y ella solo respondió que le encantaría.

    -¿Quieres frotar tu concha contra la de Alicia? Cariño- esto fue lo que mi padre me pregunto.

    -Si papi- respondí (Aunque nunca antes había tenido esa clase de experiencias).

    Alicia se acostó encima de mío y unió su vulva suave junto con la mía, se inclinó lo suficiente y me empezó a besar con mucha más pasión que antes.

    Yo le respondí a los besos y comenzamos con nuestros movimientos, que una concha tan bonita como ella se estuviera frotando con la mía me gusto tanto que hasta le tome las nalgas con ambas de mis manos y la mujer me tomo los pechos para masajearlos.

    Mire en dirección hacia los dos hermanos para saber que estaban haciendo ellos y descubrí que ambos hombres se estaban masturbando muy cerca de nosotras mientras estaba haciendo el amor deliciosamente con la mujer de Antonio, Alicia al verlos a ellos también aumento la velocidad de sus movimientos, ella se movía de una manera excelente.

    Después de unos minutos sentí que una lluvia de semen caía sobre nuestros cuerpos, una buena cantidad fue a caer sobre la espalda de Alicia y lo demás termino sobre mis senos.

    Pero yo y la esposa de mi tío terminamos de hacerlo cuando nos corrimos las dos juntas y nuestras humedades se mezclaron, ya que nuestras conchas estaban unidas.

    Los cuatro terminamos muy cansados, pero felices, yo me acosté al lado de mi padre y él me abrazo, me dio un beso en los labios y me dijo: -Mi hermosa hija- apenas término de pronunciar estas palabras nos volvimos a besar por unos cuantos minutos.

  • Hice un trío con mi hermano menor

    Hice un trío con mi hermano menor

    Seguí follando con muchos chicos por dinero, hasta que in día una chica me escribió para decirme que quería hacer un trío con otro chico y yo, y que me pagaría bien. Ella tenía fetiche con los pies de mujer y quería cumplir su fantasía con los míos, así que acepté. Nos quedamos de ver en un hotel cerca de mi casa, la esperé en el cuarto y de pronto tocó la puerta. Cuando abrí solo estaba ella y me dijo que el chico llegaría en un rato más.

    Mientras lo esperábamos me explicó lo que quería hacer conmigo, y le dije qué no podíamos empezar nosotras para calentar el ambiente. Me pidió ponerme en 4 en el piso, diciéndome que actuara como su perra. Yo llevaba puesto un pequeño short de mezclilla apretado, una blusa transparente que dejaba ver mis pechos y mis pezones y unas sandalias cafés con cintas que me rodeaban las pantorrillas.

    La chica me quitó la blusa y el short, y me dijo: “las perras no usan ropa”, y solo me dejó puestas las sandalias. Me puse en 4, ella se inclinó y me empezó a mamar la panocha. Pasaba su lengua alrededor de mi vulva y luego me la metía en la vagina. Mientras me mamaba el coño me apretaba las nalgas y las piernas con sus manos y me daba nalgadas. Después me dijo que me acostara boca arriba con las manos y las piernas levantadas, como los perros cuando se ponen de panza.

    Me puse como ella me dijo y me empezó a mamar el coño en esa posición, pero me pidió que con mis piernas le apretara el cuello. Entonces le rodeé el cuello con mis piernas y la apreté hacia mi panocha. Su lengua pasaba por mis labios y de pronto me empezó a morder el clítoris con delicadeza. Empecé a gemir pero ella me dió una cachetada y me gritó: “las perras no gimen, las perras jadean y ladran!”. Entonces me obligó a ladrar y a jadear como perra, y si se me escapaba un gemido ella me daba una cachetada. Por alguna razón eso me gustaba y me excitaba más, hasta que de pronto me vine sobre toda su cara. Su cara quedó toda mojada y llena de mi mis fluidos, y nos empezamos a besar. El sabor de mis fluidos era como entre algo salado y sin sabor al mismo tiempo.

    De pronto tocaron la puerta y supimos que era el chico, pero ella me había dicho que el chico quería que yo me vendara los ojos mientras hacíamos el trío. Entonces la chica me vendó los ojos y abrió la puerta. El chico no decía nada y se me hizo extraño, y la chica me iba diciendo lo que tenía que hacer.

    Me acosté en la cama y me quitó las sandalias y me pidió que masturbara al chico con mis pies. Entonces estiré las piernas y con mis pies comencé a tantear su cuerpo hasta que sentí su verga parada. Se la apreté con mis dedos de los pies y lo empecé a masturbar. La chica se acercaba y me escupía en los pies para lubricarlos. Después la chica se me acercó, me empezó a tocar la panocha con las manos y me empezó a meter los dedos. Después me empezó a besar y a escupir en la boca. Después ella le empezó a chupar la verga mientras yo lo seguía masturbando con mis pies.

    Después de un rato la chica me dijo que el chico quería cogerme. Entonces abrí las piernas y le dije: “Ven papi, hazme tuya, méteme toda la verga!”. El chico se me acercó, me agarró de las muñecas con mucha fuerza y me la empezó a meter. Mientras me la metía, la chica le escupía en la verga para lubricarla y también me empezó a chupar los dedos de los pies. Para mí fue una locura, nunca había estado tan caliente y tan excitada. Después el chico me volteó boca abajo, me abrió las nalgas con las manos y me la empezó a meter. En esa posición podía sentir con más detalles toda su verga entrando y saliendo de mí.

    La chica se puso frente a mi cara y me dijo: “Ahora mámame la panocha, pinche perra”. Me puso el coño en la boca y se lo empecé a mamar. Yo seguía sin ver nada por la venda. Y de repente sentí adentro de mi coño que el chico se había venido. Sentí toda su leche caliente y espesa llenándome el coño. Después me la sacó, se levantó y la chica corrió para chupar el esperma que me escurría de la panocha.

    Entonces pasó algo inesperado. Yo me di la vuelta y me iba a quitar la venda de los ojos pensando que ya habíamos terminado. Pero los dos me gritaron asustados “No! No te la quites! Espérate!”. Inmediatamente reconocí la voz del chico y sentí un hueco en el estómago. Y dije: “¿Sergio?” El chico empezó a decir con mucho miedo: “No no, no puede ser, ya lo sabe ya lo sabe”. Volví a escucharlo y mis dudas se aclararon. Me quité la venda y lo confirmé. ¡Era mi hermano Sergio de 18 años!

  • Nunca pensé que me encantaría tanto el sexo oral

    Nunca pensé que me encantaría tanto el sexo oral

    A mis 20 años era muy inexperta en el tema del sexo, siempre fui muy ingenua en comparación de mis amigas y compañeras, solo tuve 2 novios de poquitos y tomadas de manos, nunca quise ir más allá, hasta que conocí a Orlando.

    Ingrese a trabajar a mis 18 años, y desde el principio siempre fui muy seria y concentrada en mi trabajo, nunca quise nada con nadie y así pase 2 años trabajando.

    Yo lo conocí un fin de semana en la jornada de la noche, a propósito salía muy tarde a cenar porque a esa hora había muy poco personal, ingrese al comedor y me senté sola en la mesa, inmediatamente él se acercó saludando muy educado, se sentó y tuvimos una larga conversación, no me percate que pasamos casi dos horas conversando, el aprovecho y me invito al día siguiente a salir yo acepte, sin darme cuenta había roto mi única regla.

    Al día siguiente el me llevo a un lindo bar con vista a la playa, conversamos, bailamos y bebimos, el me llevo a casa, y así salimos varias veces, transcurrido tres meses él se declaró y yo acepté, teníamos mucho en común y siempre fue muy lindo conmigo.

    Llego el día de cumpleaños, y me puse un jean descaderado muy ajustado, tocones, blusa descotada y ajustada, él estaba muy guapo con una camiseta celeste casi ajustada resaltando sus pectorales, el me abrazo muy fuerte y me dijo que estaba muy hermosa, se notaba su deseo y sé que el noto el mío también, ingresamos a la fiesta abrazados y no soltó ni por un minuto, bailamos salsa romántica mientras el me cantaba al oído y sus manos me sujetaban por la cintura recorriendo delicadamente la parte baja de mi espalda, yo solo me deje llevar y lo bese como nunca y mientras lo hacía sentía como un cosquilleo recorría mi espalda hasta llegar a mi nuca haciéndome soltar un suspiro, de la nada se acercó un amigo y le dijo que se acerque para lo del pastel.

    La fiesta transcurrió y mientras todos estaban bailando y celebrando él se acercó y me invito a caminar por la playa, fue hermoso caminar por la playa solitaria con solo la luz de la luna, escuchando las olas del mar, llegamos a una pequeña elevación donde ya solo quedaban ruinas de una antigua casa, aún se escuchaba la música a lo lejos y nos pusimos a bailar, sus manos recorriendo toda mi espalda, mientras nos besamos casi quitándonos el aliento, mientras el metió su mano por debajo de mi blusa desde la espalda recorriendo hasta rozar mis senos con sus dedos y su otra mano bajo por mi espada hasta meterle y agarrar mis nalgas con fuerza pero sin lastimarme bajando lentamente hasta lograr deslizar sus dedos hasta mi vagina.

    Se sentía tan bien y de repente lo sentí, su pene erecto duro como piedra encajando por encima de mi pantalón en dirección a mi vagina, en ese instante aunque estaba toda húmeda le pedí se detenga ya que yo era virgen y no me sentía lista, él dijo que esperaría hasta que esté lista y nos sentamos, yo me senté sobre sus piernas y empezó hacerme conversa pero yo lo volví a sentir y confieso que fue muy excitante, solo lo bese y apoye mis senos en su pecho apropósito para qué el los sintiera, sentía sus caricias tan ricas hasta que abrió mi blusa y dejo mis senos al descubierto sin dudarlo tome su cabeza y le puse en medio de mis pechos, el los se prendió de ellos como niño, los apretó tosco con sus manos mientras jugaba con mis pezones usando su lengua e intercambiando entre ellos.

    Luego los apretó hasta juntar mis pezones y chuparlo juntos, lo hizo tan rico que me hizo gritar de pasión mientras me sostenía de su espalda y cabeza, sentir mis manos en su pelo, sentir su aroma, sentir sus manos tan toscas y varoniles amasar mis senos, me hizo gritar una y otra vez, tomo mi mano y la puso en su pene, sin pensarlo le baje el cierre y rápido ya tenía su pene en mi mano, recuerdo bajar mi mirada y el solo se acomodó para que lo viera fue tan rico ver su pene en mi mano, tan duro y suave al mismo tiempo, grande, gordo, negro y venoso en mi mano el deseo de tenerlo dentro de mi sintiendo como me abre toda, como entra y sale con fuerza fue inevitable, no podía dejar de verlo ni de soltarlo era tan delicioso, el me seguía besando pero yo no podía dejar de verlo tan enorme en mi mano, tan grueso y duro, que rico que se sentía masturbarlo.

    Entonces me pregunto: ¿quieres mamarlo? ¡vamos es todo tuyo, solo tómalo! Se puso de pie y ahí estaba frente a mí su enorme pene que me moría de ganas por probar, solo cierre los ojos y lo metí a mi boca primero lento hasta donde más entrara hasta casi atorarme sin dejar nada afuera, chupándolo hasta llegar a la cabeza, que era tan suave que no puede evitar jugar con ella para después solo empezar a chupar más y más rápido, fue una experiencia tan rica sentir lo duro que estaba, como llenaba toda mi boca y le excitado que él estaba solo hacía que yo siguiera mamando en todas direcciones no quería que quedara nada fuera de mi boca ni siquiera mi saliva dejaba escapar, su sabor, su olor.

    Estaba tan mojada que tuve orgasmos una y otra vez, solo seguía y seguía, me tomo de la cabeza y empozo moverse con fuerza mientras me decía que habrá más mi boca para meterlo todo, eso solo me excitaba más y agarre sus nalgas para meterlo aún más, por un momento solo quería tragarlo todo, no quería que parara por momentos no podía respirar pero eso solo me excitaba aún más, disfrute de todo su pene su cabecita, sus bolas, que estaban llenas y grandes, el me decía palabras sucias y me encantaba, me sentía la más p#t4 y me encantaba, quería más y más y le pedí que no pare que siga que querida más, esto lo excitaba tanto que me decía palabras sucias y yo feliz disfrutando.

    Entonces el me pregunto si estaba lista, en eso momento no entendí hasta que el soltó un quejido y yo sentí un líquido caliente que llenaba mi boca, era su lechita que al principio no me gusto pero el sentir como salía de su pene que me gusto así que solo lo succioné suavemente de su cabecita con ayuda de mi mano hasta la última gota, él se agacho y me beso, lo disfruté todo de principio a fin.

    Descansamos un rato conversando, luego regresamos a la fiesta bailamos tomamos y nos fuimos juntos a mi departamento donde lo hicimos de nuevo pero en otras poses, aunque tenía ganas de que me penetre esa noche me gustó y disfrute mucho mi primer sexo oral, nunca pensé que lo disfrutaría, me encantó su pene y más aún sentir correrse en mi boca, verlo quejarse y disfrutar mientras sale su lechita es un deleite para mí, en unas semanas seria mi cumpleaños y sé que el me ara disfrutarlo al máximo.

  • Las experiencias de P.

    Las experiencias de P.

    Mi nombre es Pa, en ese momento tenía 35 años. Soy madre. Había estado casada durante varios años, pero como siempre, problemas de pareja y de la vida llevaron a que se terminara. Fue una experiencia dolorosa y traumática. Incluso después de la separación, pensaba que podría volver con mi esposo. Pero algo sucedió que cambió todo: poco después de irse de casa, él se fue a acostar con otra persona, aunque no sé quién ni dónde. Mi mundo se vino abajo al mismo tiempo que nacía un sentimiento de despecho que aún no estaba claro para mí.

    Mi ex había sido el único hombre en mi vida, él fue con quien tuve relaciones sexuales por primera vez y con quien hice el amor, no solo «cogí». Probamos algunas cosas, pero tal vez nada fuera de lo común. Sin embargo, eso no impedía que lo disfrutara y que me gustara hacerlo. No puedo darle una calificación, ya que al final, cada encuentro, cada vez que se tiene intimidad con alguien, las sensaciones, el deseo y el cuerpo son distintos, la experiencia es nueva y el placer llega de diferentes formas.

    Con el dolor y la esperanza de una reconciliación lejana, y la soledad de mi nueva soltería buscada, decidí hablar con alguien, compartir, charlar y distraerme para dejar de pensar en lo malo. Así que decidí entrar a un chat, donde empecé a conocer hombres de todo tipo. Algunos eran muy agresivos y directos, solo querían sexo y nada más, sin charla ni conocimiento mutuo. También conocí a otros que no eran así, que querían conversar.

    Entre las conversaciones, uno de ellos me decía que quería invitarme a su casa, que quería pasar un buen rato conmigo. Yo era inocente y no veía sus intenciones, no sabía a qué se refería. No acepté ir a su casa, pero sí salir. Salimos a caminar y hablar; todo fue tranquilo, no hizo ninguna insinuación y nos despedimos. Pero después de eso, cambió. Ya no había dudas acerca de lo que él quería. Me escribió y me dijo que se había quedado con ganas de darme un beso, de sentir mi piel y de pasar sus manos por todo mi cuerpo.

    Quedé sorprendida, aunque no completamente. A pesar de mi inocencia, en el fondo yo sentía ganas de probar algo nuevo, quizás por despecho, pero también porque el cuerpo es débil y el sexo me gusta, aunque nunca haya sido lo más importante en mi vida. Leer sus mensajes me erizó la piel y me hizo sentir deseada. Me imaginé el momento y eso me excitó, pero tenía miedo de admitirlo. El sentimiento de culpa se apoderó de mí, así como la vergüenza, ya que solo había estado con una persona en mi vida y solo una persona me había desnudado, tocado mi piel, mi trasero y mi vagina.

    Pero él era menor que yo, y pensaba en lo que diría la gente, que era algo incorrecto. Luchaba con mis deseos y me resistía. Volvimos a salir, y esta vez él fue directo a lo que quería. Me llevó a un alojamiento y, en ese momento, no reaccioné, solo lo seguí. Una vez dentro de la habitación, me besó y no puedo negar que me gustó. Él quería más, pero no lo permití. Al final, nos quedamos hablando.

    El deseo aumentó, ese beso en la habitación me dejó con ganas de más. La culpa seguía, pero habían pasado meses sin tener relaciones sexuales y la masturbación nunca había sido lo mismo. Sentir sus labios me excitó. Él no se rindió y volvimos a salir. Esta vez, ya no pude resistirme a pesar de sentirme culpable. Esta vez, quería sentirlo dentro de mí, quería experimentar con un cuerpo nuevo.

    Fuimos directo a la habitación y no hubo mucha charla. Los besos comenzaron y ya no había resistencia, solo deseo, que aumentaba a medida que los besos se volvían más intensos. La ropa empezó a caer y estaba a punto de estar con otra persona. La vergüenza de la desnudez se perdió por la excitación. Mi vagina estaba cada vez más mojada, sentía su pene erecto, duro, chocando con mi cuerpo, y estaba excitada. Solo dejé que me poseyera y cerré los ojos para sentir placer y entregarme por completo, aunque también con culpa. Él me decía que le encantaba mi trasero, mi cuerpo, y que quería tener relaciones sexuales conmigo. Lamió mi cuerpo, mis pechos y mis pezones, que estaban muy duros. Llegó a mi vagina, que estaba empapada. Ya quería sentir su pene dentro de mí y así fue. Ahí entendí que el sexo era para disfrutar, para entregarse al placer sin remordimientos ni cuestiones morales. Fui suya, pero ahora el sexo era parte de mí. Lo hice mío, empecé a disfrutar y conocer mi cuerpo, a experimentar, y también desarrollé un gusto por los hombres más jóvenes que yo…