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  • Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (3)

    Exhibiendo a mi esposa, transparentando su ropa (3)

    Continuaré con este recuerdo que me trae demasiadas sensaciones, gracias por leer mis relatos y motivarme seguir escribiendo lo que me sucede.

    Recapitulemos… Una tarde donde el morbo de ver a chicas con transparencia y marcando su ropa interior me llevó a hacer un plan con mi esposa, esa noche salimos a cotorrear y vaya que todo iba muy bien con una felicitación de un tipo que ni siquiera conocía, al finalizar el tiempo de la cena con una corrida mía que se quedó en mis pantalones y un orgasmo encapsulado en un gemidito de mi esposa tan rico que aún lo escuchó.

    Ahora si, les contaré que sucedió después de ese momento tan excitante, y en donde nos olvidamos de lugar, tiempo y existencia, y nos concentramos en el placer de venirnos solo con caricias y el excitante momento. Bueno, después de regresar de ese éxtasis que nos llevó a la luna y nos regresó en un instante, reaccioné y solo vi a mi esposa que abrió los ojos y reaccionó a esa situación con su respiración agitada y diciéndome -amooor- y me sonrió.

    Tratamos de disimular la situación pero la verdad no supe si alguien de los que estaban sentados alrededor del dieron cuenta. Nos incorporamos y pedimos la cuenta. Al pagar, noté que la chica que nos atendió solo nos miraba como si supiera algo, noté que veía mis pantalones y esa mancha así es que agarre el suétersito de mi esposa y lo cargaba como disimulando, nos levantamos, mi esposa se dirigió al tocador al igual que yo. Ahora si no supe si alguien veía a mi esposa que apuesto que la seguían viendo pero la verdad me preocupe porque no vieran esa mancha en mi pantalón. Al llegar al sanitario, solo le di una nalgadita a mi esposa, ella volteó y me sonrió, yo me metí al sanitario y con papel me limpié lo más que pude. Aún seguía con excitación pues el momento era memorable.

    Saliendo de ahí me encontré con mi esposa en el pasillo, y volví a ver ese tremendo cuerpo que a mis ojos es perfecto luciendo ese vestido delgado ti y resaltando todo de ella, se veía más fresca mientras tanto yo muy incómodo por tener el pantalón con semen. Me extendió la mano para tomarla y me preguntó que si está listo mi sorpresa fue que entre su mano en puño me dio su tanga mojada y le asenté con una sonrisa mientras ella me dijo -estás loco- sólo sonreí y salimos de ahí. El tipo encargado de traerme mi carro estaba atento a mi esposa pero no pudo hacer mucho ya que espere el auto para abrirle la puerta a mi mujer. Cuando subió al carro me dijo que la ayudara, ella se acomodó en el asiento y abrió las piernas para que le viera todo su sexo y vaya que esa imagen me dejó paralizado. Mi corazón se aceleró de nuevo y me volvió a sonreír, le di propina la chavó subí al carro y tome camino mientras hablábamos de esa noche. Ella me dijo que su vestido estaba mojado y que ocupaba cambiarse.

    Yo le di una mochilita que había dejado en los asientos de atrás, pues al salir de casa tome una licra de color gris y una micro ganga de hilo rosa. Se rió y me dijo que ya iba preparado asenté con mirada y sonrisa pícara y le dije que se cambiara ahí mismo, ella lo pensó un poco solamente y así comenzó a quitarse su vestido, no tenía más que eso pues no llevaba nada de ropa interior, se puso su micro tanga de color rosa y su mallon gris, pero no lleva playeras, ni camisas ni bra, solo el mallon y la tanga a lo cual solo se puso ese suetersito delgado que llevaba con su vestido.

    Solo tenía 2 botones esa prenda o lo cual su pecho en cualquier momento se saldría juguetón de ese suéter, yo al ver eso comencé a sentir la verga en acción, le dije que me quitaría mi ropa también, yo suelo llevar ropa de gym pues saliendo de trabajar en ovaciones pasó a ejercitarme, pero no llevaba bóxers solo un pans entallado, pero no pegado de color gris. Me detuve a cambiarme y al bajarme el pantalón aún sentado en el lugar del piloto mi verga salto pues la imagen de mi esposa cambiándose en mi carro me puso así la verga, ella abrió más ojos cuando noto que solo me pondría el pans sin bóxer. Me dijo que se me veía mucho pero no había de otra. Así es que continuamos en el camino mientras hablábamos, la charla era de cosas cachondas y yo quería más de esa sensación.

    Me detuve en una tienda para comprar algo de beber y mi esposa bajo conmigo, el chico de la tienda se sorprendió al ver a mi esposa, ahí no pasó a mayores pues íbamos concentrados en comprar de beber, aunque yo le veía el culo y vaya que se le notaba bien con ese mallon, pero al subir al carro le pregunté que si no tenía frío me contestó que si pero no había con que taparse, le dije que yo también tenía pero ella se rio diciéndome que no me creía y volteo a verme la verga la agarras y me dijo:

    – párese que estás muy caliente aun.

    Se me vino a la mente seguir con el juego así es que me dijo ti a un starbucks al abrirle la puerta del carro le dije que era la última parada antes de ir a casa que la noche aun no acababa y así le extendí la mano para tomarla, ella me abrazo y me dijo:

    – cerraremos con broche de oro-

    Me agarro la verga y se volteó para cerrar la puerta yo estaba atento a sus movimientos, se inclinó para verse en el espejo del copiloto y yo vi su culo embellecido con una microtanga de color rosa que sentí el palpitar de mi corazón en la verga así se quedó por unos segundo mientras yo no me quitaba de ahí, movía su cola presumiéndomela, ese mallon se le veía increíble se notaba claramente el color de la tanga y el color de su piel, hice una excelente selección de su ropa, pensé.

    Le agarre el culo y con voz de desesperación le dije:

    – no mames mi amor, estás bien pinche buena, te quiero coger, y quiero comerme ese culo-

    Ella solo dijo

    – yo estoy ansiosa por que me lamas el culo y te comas mi con juta pero quiero mi café- mientras caminaba hacia la entrada.

    En el café al abrir la puerta varios comenzaron a vernos, yo sentí algunas miradas de chicos y chicas pues no llevaba bóxers, y mi esposa con el suéter sin brasier éramos los más llamativos claro, no formamos y le agarre el culo mie atrás esperábamos a que la fila avanzara, me la pegaba al cuerpo y ella metía su pierna en las mías, muy disimulada frotaba su vagina en mi pierna y sentía mi verga.

    De repente se volteó dándome la espalda me tomó de la mano y se la puso en entre su cuello por arriba de su hombro derecho y me metió la mano en el suéter, me quedé frío pero al sentir sus pezones solo los disfrutaba. Llegando al mostrados ella no se despegaba de mí pues tenía la verga parada y claro ella no quería que nadie más lo notara, nos quedamos abrazados hasta que nos sentamos ella me dijo que no me parara pues la verga se veía demasiado, al escuchar nuestros nombres anunciando que nuestro pedido ya está listo, ella me dijo que disfrutara.

    Se levantó, y contemple su culo una vez más dándome show, se empinó más de 3 veces a alcanzar nuestros vasos de café, servilletas, póster y lo que fuera para darme el gusto de verla. Pero había como 3 chavos esperando sus cafés mi esposa no me dio espectáculo solo a mi, también los chavos disfrutaron de tremendo culo, y de la transparencia que hacía que se antojara ese culo. Un bato se agarró la verga acomodándosela, yo estaba a 100 cuando regreso a mi lugar los chavos no la perdían de vista, y wow la imagen que vi, al estar sentado y ella parada se le marcaban sus labios vaginales perfectos metidos en su mallon, se notaba claramente el relieve del mini triángulo de su tanga adornando su vagina y comiéndose esa tela de su mallon, todo eso me puso más cachondo nos fuimos al carro pero al salir un chavo me hizo gesto de satisfacción son su manos derecha. Le conteste con un Gracias con la palma de la mano.

    Ella seguía abrazándome pues no quería que me vieran, al salir del café se despegó de mí y me agarró la verga y me dijo:

    – vamos, que ya no aguanto-

    Me tomo de la mano y en el carro se di una empinada nivel dios y recordé a las chicas de ese mismo día por la tarde o por dios estaba tan cachondo y mi esposa igual. Le di una palma dita en el culo y acaricié sus piernas me volteó a ver así empinada y pase mi mano entre su vagina estaba ya húmeda así es que ella gimió levemente y se volteó se sentó bien y me dijo ya vámonos.

    Al subirme al carro y avanzar mi esposa comenzó a acariciarme por encima de mí pans me sorprendí cuando ella se tocaba y gemía, me pedía que me apurara que ya quería llegar, mientras se tocaba la concha y se pellizcaba suave los peatones, sus pechos ya estaban libre, yo como un loco manejaba para llegar lo más pronto posible pues ya quería reventar de nuevo pero no de la misma forma.

    Llegamos a casa por fin, subimos al departamento sin hacer ruido mientras subíamos me levantaba el culo y yo se lo iba acariciando noté que ya su mallon traía una mancha de sus líquidos y mi verga ya quería salir libre de mi pans,

    Por fin llegamos, solo cerramos y se lanzó sobre mí y me pegaba su sexo en mi pierna se movía para sentirme y gemía riquísimo, así me la lleve a la cama y la empine en 4 le quite el mallon y le puse el vestido que llevaba en la cena, con esa microtanga rosa Wow era de infarto, después le levanté un poco el vestido y comencé a lamerle el culo, vaya que mamadota de culo de di, me comí sus jugos le metí la verga le daba nalgada esa noche disfrutamos como locos de nosotros, la acosté boca arriba mientras se tocaba le metía la verga y ella gemía muy rico, no le quite el vestido pues era lo excitante, hasta que ella explotó y me llenó de sus fluidos, yo sin aguantar más me corrí dentro de ella, disfrutando de todo el monumento de mujer que estaba en mi cama, mientras daba los últimos movimientos le pellizcaba sus pezones, le lamia su pecho, y ella sin recuperar la respiración.

    Fue una noche increíble, así dormimos un rato, después nos levantamos de la cama y nos duchamos, volvimos a dormir.

    Un gusto compartir con ustedes este momento, sigan pendientes pues tengo otros relatos para escribir.

    [email protected]

    Escríbanme.

  • Sigo explorando lo que descubrí con mi ex

    Sigo explorando lo que descubrí con mi ex

    Después de haber encontrado una nueva veta de excitación en aquel descubrimiento fortuito que me sucedió con mi novia, que ya conté en los dos relatos anteriores, empecé a buscar la manera de ser yo, el que esté del otro lado del teléfono, mientras el novio o el esposo se exciten con su pareja, sin saber que yo esté ahí.

    Lo primero que hice fue ponerme en contacto con mujeres que yo sabía que tenían pareja, siempre me han parecido las mujeres más fáciles de conquistar porque están aburridas de su monótona vida familiar y porque tener relación siempre con la misma persona durante un tiempo extenso, despierta otros deseos ocultos que, al pasar los años se hacen irrefrenables. Ahí es donde aparezco yo, no lo considero como algo malo, más bien me siento como una válvula de escape de determinadas situaciones y si bien, a veces la pareja se termina rompiendo, pues ellas o bien se enamoran (o creen hacerlo) de mí, o se dan cuenta todo lo que han perdido de sentir por una relación. A veces, las menos pero preferibles, luego de esos primeros momentos, que puede llevar algunos meses, se dan cuenta que perderían mucho como pareja y siguen con sus relaciones paralelas, a veces conmigo y a veces buscando otras experiencias. De hecho mi idea no es ser siempre el tercero porque eso también a la larga, genera una relación y ella vuelve a lo mismo que quiso salir de su pareja.

    Explicada esta situación y luego de ponerme en contacto con una mujer casada, con dos hijos, doctora, yendo incluso a atenderme alguna vez por un algún dolor inventado, arreglamos encontrarnos.

    Lo dicho anteriormente, una mujer de familia ya estructurada, apenas sale del trabajo, el marido sabe a qué hora sale y si se demora manda mensaje o llama para ver si le ha pasado algo o por donde anda.

    Este fue el caso ya en la primera cita, nos encontramos en un lugar alejado, bastante solitario, un camino de tierra en el medio de la nada casi podríamos decir. Empezamos a besarnos, me tocó por arriba del pantalón y sonrió, pregunté qué le causó risa y mirándome a los ojos me dijo, es que no sabés lo que me encanta chupar pijas, es mi debilidad. “Bueno, veamos si hacés que tus labios sean mi debilidad”.

    Después de eso se sintió en libertad de sacar mi pija abriendo el cierre de mi vaquero y debo decir que era cierto, su lengua y cada parte de su boca me hacían sentir algo que no había sentido antes, era como una vagina mejorada, la suavidad interna de su boca, la profundidad con la que se la metía que si bien, no llegaba a tragarla toda, el esfuerzo por hacerlo me encantaba. Intentó tres o cuatro veces tragarla toda y al no poder y con la boca llena de baba y los ojos llorosos me dijo “Hijo de puta, que divina verga tenés” Dale, mamala toda y llevale la leche en la boca a tu marido hoy, se sonrió (muchas guardan un rencor por hacerlos responsables a ellos de sus frustraciones como mujer) y se abocó mucho más excitada, a meter y sacar su boca mientras hacía unas chupadas que sonaban y daban más placer que su propia boca.

    Hija de puta, me vas a hacer acabar si seguís así, es lo único que quiero, primero paladear la leche que mi concha se va a llenar después, primero el sabor en la boca.

    Un detalle no menor que he logrado sin querer con mi semen es que, siendo vegetariano, varias mujeres me han dicho que sabe muy distinto y mucho más rico que el de los demás, menos ácidos, más suave y dulzón. Así que me recosté tranquilo en el auto y esperé que terminara su mamada, traté hasta el final de no darle la leche pero me ganó a fuerza de lamidas, de besos, de miradas, de mojarme todas las bolas a chupones y lengüetazos, sentía que toda esa zona era de ella con una clase que me hizo acabarme mucho y que ella creo tampoco esperaba porque le costó tragar al principio todo lo que salió.

    Después noté que la degustó y sabía que le iba a gustar porque acto seguido empezó a buscar más y más mientras yo sentía que me exprimía todo. No me habían hecho acabar así nunca, siguió así hasta que mi pene agradecido se puso a descansar, ella con su cabeza apoyada unos centímetros por encima de mi pija, la tocaba y seguía dándole besos, mientras me decía lo rica que era mi leche y yo le explicaba que suponía que era por mi vegetarianismo. Acto seguido ocurrió algo que puso más excitación al momento, sonó su celular, el llamado era de su marido, sus nervios fueron notorios, aunque enseguida pareció darse cuenta que él no sabía lo que había pasado y sólo era una llamada de rutina.

    Me miró, sonrió como agradeciéndome hacerle pasar ese momento, me preguntó ¿qué le digo?, le dije la verdad a medias y ahí es donde el objetivo que quería hacer, empezó a hacerse realidad.

    – Hola

    El primer hola con el marido y su amante al lado siempre es el más excitante e incómodo para ella porque no quieren hacer el saludo normal de Hola amor, o algo así, para darle a entender a su nuevo amante, que en realidad no quiere tanto a su pareja. La mujer siempre piensa igual en conquistar a su amante, pensando que lo que quiere esa persona es ser su pareja a futuro. O sino, porque le quiere dar el mensajes de, mirá que esto si no es porque está todo mal con mi marido no lo haría, no soy una puta. En fin nunca le importará eso al hombre que va a buscar una mujer casada, pero es un código que siempre está.

    Mientras le explicaba al marido por qué se había demorado, comencé con mi idea para cumplir mi objetivo, metiéndole dos dedos en una concha que estaba toda mojada y al tacto era extremadamente suave y depilada pero no a cero, cosa que me gustó mucho, me puse al lado del oído contrario a donde tenía su celular para que no las alcanzara el micrófono del celular y le dije, “Decile cómo está para hacer algo nuevo”. Ella abrió los ojos, me miró con asombro mientras con los dedos unidos me preguntaba, ¿qué le digo?

    Hice de mis dedos dentro de ella un ganchito para tocar su pared superior interna, eso hizo que ella cerrara los ojos y aguantara una respiración mientras crecía un silencio incómodo en la conversación. ¿Amor? ¿Estás ahí? – Si amor, acá estoy, es que tengo que contarte algo. – ¿Qué pasó? – No, nada grave, sólo que… Me miró como preguntándome, qué le digo y mientras pasé su lengua por su oído, le susurré, “decile que te fuiste lejos a tocarte un poco y que estabas esperando su llamado para calentarlo por teléfono como él se calienta mirando videos en el celular”. Se ve que encontrarle ese punto de crítica al marido le gustó más que nada.

    El marido después de unos segundos en silencio y notando que era imposible discutirle esa obviedad a ella, quiso seguir un paso más y le dijo ¿y qué estás haciendo? ¿dónde estás? – No importa donde estoy. “Decile que te vas a tocar pero querés que él te vea” – (Nooo) me dijo en silencio con la boca bien abierta y leche mía que le se veía todavía, me señaló con sus ojos como preguntándome ¿y vos? Enseguida le metí los dedos más profundo, presioné más fuerte y bajé a pasar la lengua apenas por encima, sintiéndole un olor suave y un sabor rico. Ella ya estaba entregada y entre suspiros repitió lo que yo le había dicho, después dijo, dale, llamame por whatsapp.

    El resto irá en el siguiente relato. Gracias por sus mensajes y devoluciones.

  • Tu amiga anda cachonda

    Tu amiga anda cachonda

    Entré a un establecimiento donde trabaja el esposo de la que fue mi mejor amiga, el muy amable me recibió y mientras me despachaba se originó una larga plática en el que ella salió al tema, y mientras él hablaba, bla, bla, bla, mi mente bloqueó su plática, deje de escucharlo y comencé a imaginar una especie de película en la que recordaba momentos muy alegres que pasé con ella, cuando nos conocimos, el trabajo, las risas, la confianza que nos teníamos, lo mucho que convivimos y… el sexo obviamente.

    Este es uno de una serie capítulos donde iré relatando mis momentos y encuentros calientes con quién fue mi mejor amiga. Estos relatos no llevarán un orden cronológico, los iré contando según recuerde.

    Era un lunes 1° de mayo las 3: 30 de la tarde, a mi celular llega un mensaje de WhatsApp, era ella, antes de abrirlo mi sonrisa no se hizo esperar, sabía que por el horario era probable que me pidiera vernos.

    – Amigui, ¿ahí estás?

    – Si, estoy en mi casa, que onda.

    – Tu amiga anda cachonda jajaja.

    – Va, tu dime a qué hora.

    – En media hora, voy en carretera.

    – Okey, ahí nos vemos.

    – Traes todo ehh.

    – Claro, la mochila con todo nuestro «kit» siempre está en la cajuela de mi coche.

    Ese ”kit” comprendía condones, toallitas limpiadoras, un baby doll y tanga color verde que a veces me modelaba, un trapo para no manchar donde lo hiciéramos o para limpiar, una botella de agua y una bala vibradora que cuando se le antojaba ella la usaba.

    Llegué, me estacioné afuera de su casa, ella aun no llegaba así que me puse a ver películas porno en el teléfono para ir calentando motores. Cinco minutos más y llegó, nos saludamos y entramos. Era nuestro sexto encuentro sexual (aún sin penetración), pero el segundo en su casa que no habitaba ya que la estaba amueblando para próximamente mudarse ahí. Ella eligió estar en la sala, solo que el mueble al ser nuevo se encontraba envuelto en plásticos y cartón, así que se los tuvimos que retirar, pero solo al sofá, el más largo que era de color beige.

    Nos desnudamos y me dijo que primero iba yo, que me acostara a lo largo del sillón reposando mi cabeza en los cojines de igual color beige y otros similares con figuras negras. Ella se hincó por un lado del mueble y comenzó a chupármela, y como en veces anteriores me dejó tomar fotos y grabar video de lo que hacíamos, sin pedir permiso tomé el teléfono celular y comencé a hacer de esa escena una película. En la pantalla se veía a una mujer de pelo castaño devorando una verga muy parada, ella subía y bajaba su cabeza como si su boca masturbara con sus labios ese miembro. Al levantar la mirada se ríe y trata de tapar el lente de la cámara.

    – ¡Míralo!, ¿qué haces?

    – Déjame tomar una foto, ¿va?

    – Bueno, pero solo una foto.

    Obviamente yo no iba a dejar de seguir grabando, así que ella al estar “trabajando” con los ojos cerrados no sabía que yo continuaba de camarógrafo y actor. Y se volvió a detener, a sonreír e insistir:

    – ¡Míralo!, que la foto, ¡¿a qué hora?!

    – … consiénteme tantito, deja que veas los videos, te van a encantar.

    – ¿No los traes en el celular?

    – No, no los traigo aquí, lo reseteé.

    – ¿Entonces donde los tienes?

    – En mi computadora.

    – ¿Cómo los tienes guardados?

    – En carpetas comprimidas tres veces, con unos nombres raros, passwords larguísimos y también raros.

    – ¿Cómo nombras las carpetas?, ¿”entrega de apoyos”? Jajaja.

    – No, las he nombrado como “impuestos”, “hacienda”…

    – Jajaja jajaja, no me hagas reír si no no me concentro.

    Mientras me hablaba, con su mano derecha me la chaqueteaba, nunca dejó de mantenerme bien parada la verga.

    – Ok, tu sigue con esas mamadotas que me estás dando.

    – ¿Te gusta?

    – Claro, … voltea a ver a la cámara mientras me la mamas, no la dejes de ver, se ve muy porno.

    – ¿Te gusta?

    – Si, ya soy adicto a ti.

    – Chismoso.

    – En serio, la última vez como estaba chingue y chingue con que nos viéramos y me hiciste esperar una hora… y la vez anterior a esa me hiciste esperar dos horas en el rancho de mi amigo, ¿tú crees que con eso no está claro que ya soy adicto a ti?, ¡y con esas mamadotas de verga más!

    En algún momento de mi vida trabajé sacando fotografías y grabando videos, fue ahí donde la conocí, ya que ella laboraba para otra compañía que tenía negocios en común con mi oficina, ella por igual sabía del negocio. Así que imaginen como salían aquellas escenas, con la confianza al 100% de una amistad de años y ambos con gustos por lo visual y por las películas porno, ¡las tomas salían perfectas!

    Después de un rato de hacerla voltear con mirada sexosa a la cámara mientras me la mamaba, ver mi verga brillosa de su saliva y embarrada de su labial color rojo puta le dije que se levantara, era momento de que yo le comiera la vagina.

    Se levantó y dijo “dame tantito papel, que ya se me está saliendo todo el relleno líquido de la cola”, cosa que me decía que estaba hirviendo, momento de lucirme con mi boca haciéndole un buen oral. Por primera vez tuve oportunidad de observarla bien ya que era de día, sin presión del tiempo ya que era día de asueto y que estábamos solos en su casa, se veía hermosa desnuda. Yo 41, ella de 31 años, siempre fue muy delgada, (de hecho uno de mis apodos hacia ella fue “flaca”), de piel blanca y pelo café claro, con unas nalguitas muy paraditas, bonitas bonitas, y hacía unos años que había empezado a subir de peso, así que imaginen como se puso aquella flaquita, sin grasa en el abdomen pero con unas nalgotas que me tenían hecho un idiota, tanto que si durante nuestra amistad le llegué a sacar mil fotos a su culazo, fueron pocas, yo estaba enajenado con ellas, y cada que nos veíamos le pedía me modelara el trasero para tomarle fotos, ella me reclamaba que ya estaba bueno, que ya tenía demasiadas fotos de sus nalgas jajaja. Tenía pechos pequeños pero hermosos, paraditos paraditos y coronados con unos pezones rositas preciosos ufff.

    Se acostó en el mueble, yo me hinqué a un lado del sillón y metí mi cabeza entre sus piernas, empecé a saborearla, me encantaba mamársela, nunca creí que me fuera a gustar tanto comérsela a una mujer. Mientras ella solo me decía:

    – ¡Sí!, ¡así!, ¡que rico, así que rico!

    Me detuve, ensalivé abundantemente mis dedos, mis manos alcanzaron sus pechos y comencé a estimularle sus pezones mientras volví a comerle su sexo, ella continuaba lanzando pequeños gemiditos y repitiendo cuanto le gustaba:

    – ¡Ahhh así!, ¡si así que rico!

    Su panocha con vellos muy cortitos me sabía delicioso y al respirar su olor a sexo me llegaba hasta el cerebro.

    Después de un buen rato de beber sus jugos, me dijo las palabras con las que yo ya sabía que era la indicación de que iba a terminar:

    – Ahhh, siii, …dale besitos.

    Y solo bastaron unos seis besitos lentos y suaves con mis labios gruesos en su clítoris para que ella estallara en un delicioso orgasmo.

    – Si así, si que rico ¡¡¡uuuuuh!!!

    Terminó, se quedó muda unos segundos y empezó a carcajearse:

    – Jajaja jajaja, qué rico, sentí que me moría jajaja, solo déjame descansar unos minutitos y sigues tu.

    Cerró sus ojos y se estuvo callada en silencio un rato, se levantó del mueble y me dijo:

    – Acuéstate te toca a ti.

    – Mejor tú acostadita y yo parado a un lado de ti porque me quiero venir en tu cara.

    – Ahhh okey.

    Se recostó pero con el torso levantado, recargando su peso en codos y brazos, solo volteando un poco la cara para estar a la altura y poder mamar, y me dijo:

    – Mejor échamelos aquí, señalándome sus pechos.

    – ¿Pero porque ahí?, yo prefiero en tu cara.

    – Que no ves que en la mañana salí de mi casa súper pintada, ni modo de regresar sin maquillaje jajaja.

    – Ya sé cómo, mejor abres la boca y sacas la lengua, me masturbo cerca, y me vengo tratando de echártelos en la lengua, así si acaso te mancho la boca y la barbilla. Se va a ver bien porno la escena jajaja.

    – Ahhh va, ya se cómo.

    – A ver hagamos una prueba, abre la boca y saca la lengua.

    Ella hizo lo que le dije, me súper excito verla así y le volví a decir:

    – Le voy a atinar de lado, a tu lengua, y aunque sientas que te escurren los mecos no te muevas.

    Se metió el pito a la boca y comenzó a succionar, yo no perdía detalle con el celular, lo sostenía con la mano izquierda a la altura de su rostro para no perder detalle de tan maravillosa manera de comérsela, parecía becerrita. En eso su perro comenzó a ladrar, por el ventanal del comedor, la había visto llegar y el ya esperaba su comida, ella solo le gritó.

    – ¡Ahorita voy Chetos!, ¡cállate wey!

    Yo no aguanté más y le dije:

    – Ya!, ¡ya!, yo me masturbo, ¡¡abre la boca y saca la lengua!!

    Y comencé a orgasmearme, mi mano izquierda con el celular seguía grabando y con la derecha me la jalaba, fui sintiendo los espasmos de tremendo éxtasis, y ni veía su cara al estar yo como drogado y en las nubes. Cuando abrí los ojos ella estaba riéndose pero como desesperada con su boca abierta y su lengua de fuera, haciendo sonidos guturales y señas para que le pasará papel para limpiarse. Este fue uno de los mejores orgasmos que me ella me provocó.

    Después ya en casa, viendo el vídeo en mi computadora, me di cuenta que la parte final quedó hecha una super escena porno. En ella se ve aquella mujer trabajadora, decente, buena hija y buena madre, convertida en una verdadera puta sedienta de leche, con la cabeza levantada, sus ojos cerrados, la boca muy abierta con la lengua de fuera, y todos los mecos escurriéndole… ella era mi mejor amiga, la mejor amiga que todo hombre sueña tener.

  • Me presento, primeriza en los relatos

    Me presento, primeriza en los relatos

    Hola, me presento, me llamo Becky; navegando por la red he dado con esta página y me siento intrigada de contarles mis vivencias y aventuras que he tenido a lo largo de estos últimos años.

    Para los lectores me permito describirme un poquito; actualmente cuento con 25 años, mido 1.55 m. de estatura, tez clara, piernas un poco delgadas, pero torneadas, trasero no muy grande, pero redondeado y firme debido a que siempre he gustado de hacer ejercicio, no soy mucho de gimnasios disfruto de las actividades físicas al aire libre, pechos medianos y firmes; mi cabello natural es color negro pero gusto de pintarlo en ocasiones a veces rubia y otras pelirroja jijiji.

    Provengo de una familia de comodidad financiera por ello nunca pasamos por problemas económicos en casa; mi padre solía ser una persona estricta y siempre remarcando lo importante de la disciplina, mi madre por su parte siempre amable e inculcando en todo momento el respeto y educación en la formación.

    Mis estudios los llevé en escuelas particulares y siempre me mantuve bajo las creencias de mis padres hasta la universidad lugar donde conocí a mi esposo el cual es 5 años mayor que yo, a primera vista no llamó mi atención la verdad fue mas bien por la educación inculcada desde casa que atrajo mi interés puesto que cuando yo iniciaba mis estudios él estaba llevando a cabo su maestría y no sé como lo conjugaba con un trabajo a medio tiempo, entre una cosa y otro empezamos a salir y con esto llegó el noviazgo el cual para ser sincera al principio yo no creía que fuera llegar a más; pero cuando él termino su maestría razón por la cual yo pensaba que habría distanciamiento de parte de él, pero no fue el caso y seguíamos viéndonos, cuando la contingencia llegó tuvimos mas tiempo para nuestra relación y sin mas para cuando regresamos a la normalidad aprovechamos para casarnos, una recepción pequeña, pero hermosa.

    Dado que mi esposo desde que lo conocí se esmeró en sus estudios y trabajar fue que decidimos cambiarnos a una casa propia, nos mudamos a un fraccionamiento relativamente nuevo aún hay construcciones en obra negra e incluso terrenos baldíos; la empresa para la que trabaja mi esposo está enfocada al sector servicio y gracias a su esfuerzo y dedicación llegó a gerente regional así que suele viajar a menudo lo cual me causaba disgustos(al principio) debido a sus constantes ausencias; llevamos ya 2 años que nos mudamos a nuestra nueva casa en el fraccionamiento, tiempo y lugar el cual empezaron a desarrollarse mis «aventuras» las cuales quisiera relatarles en el futuro.

  • Mar Sensual: Entre abogados me vea

    Mar Sensual: Entre abogados me vea

    Osmar era abogado y algunos asuntos tenían que ver con mi área. Andaba tras de mí y aunque me gustaba, trataba de evitarlo porque su novia trabajaba en la misma área y quería evitarme problemas, pero insistía en buscarme. Por esas fechas, las oficinas cambiaron de domicilio y ocupamos un edificio en la colonia Condesa. Los grupos de trabajo se repartieron en diferentes pisos, pero eso no fue pretexto para que no me buscara. Su juventud, arrebato y calentura contrastaban con mi mesura y prudencia. Cualquier pretexto bastaba para visitarme y aprovechar la ocasión. Era frecuente que al estar cerca se frotara en mis brazos u hombros. Los arrimones eran frecuentes y excitantes.

    En una ocasión le pedí me asesorara sobre una cuestión legal y mientras le explicaba el asunto, Osmar se me acercó para arrimarme su bulto en mi espalda, mis brazos y hombros, primero de manera suave y discreta, pero como su excitación crecía, el rozarme era más efusivo y evidente. Al principio trataba de evitarlo, pero insistía y terminaba por colaborar al ponerme rígida para darle más apoyo a su arrimón cuyo deseo se manifestaba por la dureza de su miembro. La calentura en ambos iba en aumento ahí en la oficina, por lo que tuve que poner freno ya que estábamos en medio de otras personas que al entrar se darían cuenta de lo que ahí pasaba, pero él continuó con su faena.

    Excitada correspondí al agasajo que Osmar me daba, dejé de explicarle mi asunto, me di vuelta y con mí mano empecé a acariciarle su miembro por encima del pantalón, que totalmente duro y erecto mostraba las huellas de su excitación ya que se notaba húmeda el área donde estaba la cabeza de su verga. Con mucho deseo, la recorría con mi mano apretándola ansiosa. Él gemía totalmente entregado al sentir mis caricias llenas de lujuria sobre su palo. Sentí que no iba aguantar y decidí dejar de acariciarlo. Me separé, me acomodé un poco la ropa y le dije que iba al baño. Desconcertado, Osmar se quedó parado sin entender qué pasó.

    Ya en el baño, traté de relajarme y calmar mis ansias de tener esa verga dentro de mí. Pensé, quizá más tarde me iría a coger con él a un hotel, esperaba que me lo propusiera. Salí del baño, pero me sorprendí encontrarlo en el pasillo. Se me acercó y comenzó a besarme con mucho deseo, su lengua buscaba la mía lascivamente, yo correspondí bajando mi mano para palparle su miembro, que erecto y húmedo, resaltaba de su pantalón. Absorta de mi alrededor le bajé el cierre, metí mi mano hurgando por entre su bóxer y lo siento caliente, baboso y duro. Él se excitó más, empezó a gemir al sentir mis caricias rozando su glande, palpando su verga, masajeando sus huevos, embarrando sus jugos. Lo saqué de su prisión y totalmente erecto, su palo quedó libre, lo comencé a masturbar, al principio suavemente; pero después, con mucho deseo se la jalaba, con movimientos rápidos le daba placer a esa verga caliente.

    Entregado totalmente a lo que mi mano hacía, se dejaba usar. Me despierta un gran placer ver como disfrutan, cuando les agarro la verga, acariciarla y sentirla dura. Se las muevo con mucho deseo y lujuria para calentarlos más. Acelero el movimiento de mí mano y me comienza a decir:

    – Qué rico me la estás jalando Mar, aahhh, así, me vas a hacer venir. ¿Te gusta?

    – Seee, la tienes muy rica, la tienes grande y caliente.

    – Pues gózala con tu mano, jálamela rico, fuerte, así…

    – Disfruta rico como te la jalo, goza Osmar

    – Me voy a venir, me voy a venir…

    – Seee, vente en mi mano, los quiero sentir calientes, dámelos…

    – Aahhh, me vengo, aahhh… así jálamela, qué rico.

    Osmar se chorrea por completo en mi mano, conteniendo los borbotones de semen caliente que salen de su verga y que escurren por entre mis dedos. Jadeando se la jalé por unos momentos más hasta que le pedí se fuera a limpiar. Excitada yo también me fue a asear la mano. En el baño y frente al espejo, pensaba que era una cabrona al hacer venir a este cuate, en el pasillo, con el riesgo de que nos vieran. Termino y caliente salgo al pasillo, él me estaba esperando. Me dio un beso y me agradeció el detalle.

    Le pregunté si me iba a llevar con el abogado que me recomendó para resolver un problema personal familiar que tenía. Él lo recordó y me dijo que sí, que en cuanto terminarán la jornada me llevaría con ese abogado. Acordamos vernos más tarde.

    A las tres de la tarde nos vimos frente a la salida y caminamos hacia la oficina de dicho abogado, cuyo despacho estaba cerca de ahí. Entramos al edificio, nos registramos y nos dirigimos al elevador. Varios abogados saludaron a Osmar, lo conocían. Marcó el piso cinco e íbamos solos, situación que aprovecho para fajarme unos momentos. Se detuvo el ascensor, se separaron y salieron al pasillo. Un abogado al ver a Osmar lo saludó efusivamente y le pidió pasar unos momentos a su oficina en cuanto se desocupara. Así quedaron y continuamos hacia el despacho.

    Al llegar, un abogado maduro, robusto de aspecto serio nos saludó y me percaté que me recorrió mi cuerpo de pies a cabeza con su mirada, discreto, pero evidente. Osmar le planteó el problema que tenía y por unos momentos, el litigante se quedó con la mirada centrada en mi cuerpo y sobre todo se regodeó cuando me senté con las piernas cruzadas, que para el caso llevaba una falda corta, sin medias, zapatos de tacón y una blusa coqueta. Dubitativo, por fin asintió y mencionó que sí me podía ayudar.

    ¡Perfecto! exclamó Osmar y dijo: Los dejo un momento para que platiquen del asunto, se pongan de acuerdo y vean los detalles; yo regreso en un rato. Él salió de la oficina y nos dejó solos. Un poco nerviosa por la mirada libidinosa del abogado sobre mí, me acomodé en la silla y me relajé pensando que total si eso facilitaba las cosas, pues “flojita y cooperando” me dije. Le comencé a explicar el problema y el abogado escuchaba atento, pero desviando por momentos su mirada a mis pechos y mis piernas.

    Coqueta, me acomodaba cruzando de un lado a otro mis piernas, corriendo el riesgo de que viera más allá de donde no debiera ver, su tanga entreabierta de color rosa. En un momento, el abogado se incorpora y camina hacia mí, se sienta en la orilla de su escritorio. Mejor vista no podría tener, además de mostrarme impúdicamente el bulto que se le había formado en su pantalón. Posteriormente, se incorpora y camina entorno a mí y se detiene detrás de mi espalda. Sentí su mirada lasciva en sus piernas, me tomó de mis hombros y presionándolos un poco me dijo que no me preocupara, que todo se iba a arreglar pronto, que lo dejara todo en sus manos. Siguió apretando mis hombros, deslizando suavemente sus manos en ellos. Respondí, insinuante, que estaba agradecida y que contara conmigo para lo que se ofreciera, que me urgía resolver ese problema, por lo que le pedía todo su apoyo al respecto, que Osmar me lo había recomendado mucho y que estaba dispuesta hacer lo que se necesitara.

    Él respondió que estaba bien, que era necesario volvernos a reunir para que le trajera los documentos completos y que ya no era menester regresar con Osmar, que ya habían establecido contacto y que sería más fácil hacerlo en forma directa. Me pidió regresar el viernes por la tarde-noche, era martes, para ello. Al decirme esto, pensé que el abogado quería algo más. Le respondo que con gusto estaría ahí. Le pregunté a qué hora y él le respondió que terminaría una junta a las 7 pm, por lo que a esa hora estaría bien, que así tendrían tiempo de revisar los documentos con calma, sin prisa. Aquí estaré puntual, asentí. Y oiga, interrogué, ¿cuáles serán sus honorarios? Masajeando mis hombros, me respondió que por el momento no me preocupara, que me iba a apoyar, que le había caído bien y que además era amiga de Osmar, que ya hablarían de ello para ver la “forma de pago”. Me incorporo, extiendo mi mano para agradecer las atenciones y cuando lo iba a soltar, el abogado me sujeta un poco y se acerca para despedirse con un beso en la mejilla, que más bien me lo dio muy cerca de la comisura de mis labios. Nerviosa, pero caliente, salí de la oficina en busca de Osmar, pero antes volteo hacía el lugar de donde había salido y vi al abogado como me observaba desde ahí. Seguramente se regodeó con mis nalgas y mis piernas.

    Al voltear, casi choco con Osmar, quién ya se dirigía a la oficina en mi busca. Preguntó ¿cómo me había ido? le dije que bien. ¡Muy bien! Expresó, vámonos pues. Salimos del edificio y le menciono que me quedaba ahí, para tomar el metro. De ningún modo, me dijo, te doy un aventón. Dudosa, acepté y caminamos hacia el estacionamiento. Salimos y por la hora encontramos un poco de tráfico. Osmar aprovechó para poner su mano cerca de mi pierna, rozándola “descuidadamente”. Dejó su mano ahí y después con sus dedos comenzó a rozar y un poco después la puso sobre en ella. Le dije ¡qué tentón eres! Quita la mano de ahí, a lo que él me contesta: es que me dejaste caliente por lo que hicimos en el pasillo. Mira como está, me toma mi mano y la pone encima de su palo. Reacciono diciéndole ¡que bárbaro, ¡mira como la tienes!

    – Si está bien parada, así me dejaste.

    – Hummm… qué rico se siente, toda parada.

    – ¿Te puedo pedir algo?

    – Mmmm, ¿qué?

    – Mmmm, no se, me da pena.

    – Dime, ¿qué me quieres pedir?

    – Ok, ¿me podrías hacer un oral mientras manejo?

    – Hahaha, estás loco, no, nos pueden ver.

    – Ándale, no se ve, sólo un poco.

    – No, mejor te lo sobo.

    – También, pero me gustaría que me lo chuparas.

    – Hahaha, ¿y si nos ven?

    – No nos ven, yo cuido que no nos vean.

    Decidida a complacer su deseo agarré con fuerza su palo, lo apreté sobándolo con deseo y noto como se le humedecía el pantalón. Eso me prendió más, que de por si iba caliente por lo que pasó con el otro abogado. Y no era por que fuera atractivo y me encantara, no, iba excitada nada más de saber que despertaba el deseo en alguien que apenas había conocido y se veía que me quería coger; además, de que tenía un aspecto vulgar, limpio, pero vulgar. Sentí mucho placer y morbo, nada más de pensar de que era objeto de deseo.

    Le bajo el cierre y hurgó buscando sacar su pene, el cual sale baboso, duro y muy caliente. Lo empiezo a masturbar suavemente y luego con fuerza, calentando aún más a Osmar. Por unos diez minutos se lo fui jalando, excitada veía mi entorno pasar mientras lo masturbaba. En un alto, me zafé el cinturón de seguridad y le dije: cuida que no nos vean. Me inclino y me engullo aquel palo hasta el fondo.

    – Aayyy que rico, qué rico siento tu boca, chúpala toda, mámala rico mamacita, dame placer, cómete toda mi verga aahhh…, chúpala así, aayyy, sí…

    – Mmm, glup, hummm, aahhh, ¿te gusta que te la mame así?

    – Si, me gusta, cómetela toda, aahhh, que rico aahhh…

    – Glup, glup, mmm, glup, cuida que no me vean, por favor…

    – No te preocupes nadie ve que me la estás mamando, cómetela toda, mámamela así, aahhh, ¡Qué rico mamas la verga! Qué rico, hasta el fondo mami, hasta adentro… Sigue así, sigue así, aahhh.

    – Glup, glup, glup, si te vas a venir, me avisas Osmar… glup, glup…

    – Si yo te aviso, tú mámela rico, cómetela toda, chúpala rico, así, aahhh…, qué rico me mamas la verga, aahhh…, sí, así mámala… ¿Te gusta mamar mi verga?

    – Glup, glup, glup… umhuuu, glup, glup, aahhh… la tienes rica, ¿te gusta como te la mamo? Glup, glup, glup…

    – Seee… sabes mamarla rico, cómetela mami, cómetela toda… aahhhh…

    Él me tomaba la cabeza y levantaba su cintura para metérmela hasta el fondo, sentía que me ahogaba por momentos y le dije a Osmar que no lo hiciera así, que no me cabía, pero no me hacía caso y lo volvía hacer. Por unos diez minutos se la fui mamando hasta que me dijo que se iba a venir. De repente me levanté, reaccioné y volteé para ver si no me observaban. En ese momento transitaban por una calle no tan concurrida y me dediqué a masturbarlo para hacerlo venir. No tardó mucho cuando en medio de gemidos, empezaron a salir borbotones de semen de esa verga caliente, embarrando mi brazo y toda mi mano, su pantalón y salpicando también el volante.

    Con una sonrisa pícara se la siguió jalando para terminar de sacarle toda su leche.

    – ¡Qué bárbaro, cuantos mocos echaste, qué rico! Expresé.

    – Me la mamaste muy rico, sabes hacerlo muy rico, me los sacaste todos. ¡Gracias mami!

    – De nada, fue un placer,

    Osmar detuvo el coche y se limpiaron usando unos pañuelos desechables.

    – Haber si no huelo a sexo, limpiándome las manos y el brazo, así como la boca. ¡Mira nada más como vas de embarrado! Expresó.

    – Hahaha, tú eres la culpable…

    – No, tú eres muy caliente. Ya te viniste dos veces.

    – Y puedo más, Oye, vamos a un hotel, te quiero coger.

    – No, otro día, ya es tarde y mi esposo me ha de estar esperando.

    – Anda, sólo un rato, la vas a pasar bien.

    – Tengo ganas, pero mejor otro día nos ponemos de acuerdo. Está cerca el metro, déjame ahí.

    Aunque insistió, me mantuve firme y terminó por dejarme en la estación del metro. Me despedí dándole un beso en la boca, prometiéndole que pronto iríamos a coger. Abrí la puerta y al bajar Osmar me hizo una caricia obscena en medio de mis nalgas.

    (Continuará…)

  • Gran escuela de hostelería (parte 7)

    Gran escuela de hostelería (parte 7)

    Las vacaciones de Navidad, mi época favorita y la más corta… paso estas vacaciones en familia, como hemos hecho siempre, fiestas tranquilas, sin apenas discusiones y con mucho cariño en el ambiente. Roel no estará en Navidad, porque la pasará con su familia, pero pasará con nosotros el año nuevo y Reyes.

    Noto a Roel más frío y distante desde el día del desmayo… cierto es que yo tampoco es que sea un cascabel cuando estoy con él, pero él siempre era el entusiasta y ahora no.

    Para año nuevo Roel ha alquilado una de esas burbujas, donde puedes ver las estrellas tumbado en la cama, hace meses que tiene la reserva, y aunque las cosas están un poco raras, espero que sea una noche memorable.

    ***

    Cuando llegamos a la burbuja lo primero que hacemos es desmontar las maletas, reservaremos el sexo para después de las uvas, no vaya a ser que nos quedemos dormidos antes de las campanadas.

    Cuando ya tenemos el equipaje desmontado, salimos a dar un paseo por la zona, ya está atardeciendo así que hacemos un paseo corto. Al poco de llegar a la burbuja, vienen con la cena, en el menú entra una ensalada de canónigos con piña y langostinos aliñado con vinagre de Módena, de segundo yo me pedí el bistec de ternera y Roel pidió el secreto ibérico, de postre nos han puesto un helado de uvas junto con unos barquillos bañados en chocolate con sal, y también nos han traído un par de bandejitas con doce uvas cada una.

    Cenamos y está todo buenísimo, nos reservamos las uvas, solo falta media hora para las campanadas y la pasamos viendo los recordatorios que dan en la televisión hasta que por fin llega el momento de las uvas, espero no atragantarme con ellas. Empiezan los cuartos y yo nerviosa, porque nunca sé cuándo tengo que empezar a comerlas… pero lo consigo y me como las 12 uvas, al final Roel y yo entrelazamos los brazos y brindamos por el año nuevo y nos bebemos la copa de champagne, nos besamos y ya no podemos parar…

    El deseo nos invade, Roel me desnuda con rapidez y me tira sobre la cama, coge el antifaz de la mesilla de noche y me lo coloca.

    No veo nada pero siento como baja de la cama y cuando vuelvo a sentir como se sube me abre las piernas y siento su lengua en mi sexo y sus dedos entran y salen a la vez. Noto algo raro en su forma de hacerlo, le falta la delicadeza con la el suele hacer estas cosas, es algo brusco… pero aun así estoy muy excitada y no tardo en llegar al clímax.

    Cuando me recompongo Roel me levanta el culo y me pone un cojín bajo la cintura mete sus dedos nuevamente en mi sexo totalmente empapado y los desliza hasta mi ano, lo rodea y juega con él. Oh Dios mío! Lo está lubricando, no creo que este lista para esto… me revuelvo y la mano de Roel sobre mi pecho me hace parar, se me acerca al oído y me dice:

    – Por favor, confía en mí, necesitamos esto.

    Ha usado la dichosa palabra… «confía» sabe que a eso no me resisto, confío en el más que en nadie, pero esto no me acaba de convencer…

    Vuelve a meter sus dedos en mi sexo y vuelve a llevárselos a mi culo.

    -¡Ay! Joder… duele…

    Pero Roel solo me chista y sigue introduciendo su dedo corazón en mi culo. Duele, pero duele más la humillación, tendríamos que haber hablado esto…

    Extrañamente mi sexo sigue humedeciéndose, cuando consigue que el dedo entre entero lo mete y lo saca varias veces hasta que se hace fácil. A mi me sigue costando asimilar todo esto…

    De golpe lo saca y se baja de la cama, oigo una cremallera y deja algo encima de la cama, oigo su ropa caer al suelo y se vuelve a subir a la cama. Me coge la cintura y me da vuelta, el cojín queda en mi vientre y me quedo con el culo en pompa, Roel vuelve a introducir un dedo en mi culo, chillo de nuevo, mi manos se clavan en el edredón y muerdo con fuerza la almohada. Al fin lo saca, noto que se acerca a mí y me dice:

    – Abre la boca. – me introduce como una bola metálica en la bola – Chupa nena.

    Hago lo que me dice, al principio está muy fría y al rato coge la temperatura de mi boca, la retira y siento que Roel vuelve a ir a la parte de abajo de la cama. Mueve esa bola por todo mi sexo y cuando llega a mi culo noto como la aprieta. ¡Mierda! Es un plug anal… no se si voy a poder…

    Entra de golpe y yo vuelvo a chillar, me duelen las manos de tanto apretar y se me saltan las lágrimas. No me puedo creer lo que está pasando…

    Roel se tumba sobre mí y me da un beso en los labios y me pregunta si estoy bien.

    Hago un amago de asentir, pero solo siento dolor, Roel me dice:

    – Podemos parar cuando tú quieras, solo quiero tu placer.

    – Sigue. -le contesto entre sollozos. Aunque me duele, siento mi entrepierna muy mojada y quiero ver como acaba esto, sigo confiando en él.

    Me da otro beso en los labios y me abre las piernas, me coge de las caderas y noto su gran miembro efecto dentro de mí, cada embestida hace que el plug tiemble dentro de mí, con cada embestida algo tira dentro de mi vientre, con el plug siento más su verga y en contra del dolor que siento mi cuerpo se estremece y acabo con un gran orgasmo.

    Roel me quita el plug, eso es algo doloroso pero muy placentero a la hora de salir. Se sienta en la cama y me ordena que me siente encima suyo, me guía y cuando me voy a sentar un verga entra dentro de mí, me coge de la cintura y me sube y me baja mientras lame y muerde mis pechos, yo le abrazo el cuello y cuando voy a caer de nuevo en el clímax, le cojo del pelo y juntos caemos en la espiral, caigo sobre él y el sueño se me lleva.

  • Una inesperada tarde de verano

    Una inesperada tarde de verano

    Alejandra colgó el teléfono y lo puso en su regazo. La conversación con Any, su mejor amiga, se había concentrado una vez más en Raúl, y estaba excitada por lo que le había relatado en esta ocasión. tenían tiempo viéndose solo para tener sexo y estaba fascinada con el tamaño de su herramienta. Él era maestro de su facultad: un hombre mayor de cabello castaño y ojos verdes que la había cautivado desde que lo vio. No omitía ningún detalle cuando le contaba de sus sesiones amatorias, que en ocasionas eran bruscas y en lugares públicos; era la tercera vez que terminaba empapada escuchando la voz aguda de su amiga.

    Al principio, Alejandra no tenía interés en él, pero al imaginar cada detalle que relataba su amiga, poco a poco fue sintiendo curiosidad, pues era imposible no imaginar sus cuerpos desnudos y sudorosos en algún hotel de paso o en la sala de la casa de Raúl, como había sido en esta ocasión. “Me sostuvo de la cintura tan fuerte que me dejó marcados los dedos, pero me cogió como nunca”, le dijo entre risas antes de colgar. Metió la mano en su pantaleta y se sorprendió por la humedad que emanaba de su vagina. Se recostó en la cama y se tocó despacio hasta correrse.

    En alguna ocasión, había fantaseado con acostarse con su maestro de literatura, que para ella tenía un encanto especial que la hacía no dejar de mirarlo durante las lecciones. Solía sentarse en el primer asiento de la fila con el solo propósito de verle el bulto, que imaginaba sería de buen tamaño. Se vio a si misma arrodillada en el salón de clases vacío, con la blusa del instituto desabrochada y devorando su herramienta, mientras él le sostenía el cabello con una mano dirigiendo sus movimientos. El cansancio después del orgasmo le sobrevino y se quedó dormida.

    El tema pronto quedó olvidado cuando dejaron de verse y aunque le seguía relatando de sus andanzas con parejas casuales, no se excitaba de la misma manera que lo hacía con los relatos de Raúl. Él era especial.

    Meses después de aquella llamada se acercaba el fin de cursos, y era costumbre que la facultad hiciera una pequeña celebración para los estudiantes de primero. Any esperaba con ansias ese día por lo que invitó a Alejandra a un centro comercial para comprar un pequeño conjunto que tenía pensado estrenar ese día con su pareja de turno. Cerca del mediodía llegaron a la última boutique de su recorrido. Alejandra se tomó su tiempo revisando prenda tras prenda hasta que finalmente se metió al probador.

    Any no encontró nada de su agrado y la esperó afuera de la tienda. Pasado un rato, escuchó la voz de su amiga afuera del probador y Alejandra se apresuró a vestirse. Al salir la vio platicando con un hombre mayor que le llamó la atención, y de inmediato lo reconoció por la descripción que le dio su amiga.

    Raúl era más apuesto y alto de lo que había imaginado, y al igual que su amiga, no podía dejar de ver sus ojos de color aceituna. La saludó con un suave apretón de manos y un beso en la mejilla que la impregnó de su perfume; estaba cautivada con la presencia de aquel hombre mayor que no le quitaba la vista de encima.

    Alejandra se sentó junto a Raúl, que veía sus pechos sin disimulo, y lejos de incomodarse empezó a sentirse nerviosa. De cierta manera le recordaba a su maestro, que era amable y directo como él. Any bromeaba y se reía tomándolo del brazo sin dejar de ver a su amiga, que se sentía ruborizada por la cercanía de aquel hombre mayor.

    Después de un rato de conversar, Raúl le dice algo al oído a su amiga y esta se ríe dándole un pequeño golpe en el pecho.

    – Nos está invitando a su casa y quiere ver lo que compré. ¿Nos acompañas? -Le preguntó Any.

    – Claro que no. ¿Cómo crees? – Contestó Alejandra ruborizada entre risas, aunque se moría de ganas por ir con ellos. Tenía curiosidad y estaba empezando a excitarse.

    – Solo será un rato, lo prometo. -Insistió con un guiño. Raúl la veía atento con una sonrisa sin decir nada.

    Le dio un vistazo rápido a su entrepierna y finalmente accedió. Any y Raúl caminaron tomados de la mano hasta el estacionamiento.

    Camino a su departamento, Raúl no paraba de mirar a Alejandra en el espejo retrovisor. Sentía que aquella mirada llena de lascivia la desvestía lentamente, y el hormigueo inconfundible del deseo se hizo presente. Dejó de ponerle atención a su amiga y divagó en sus pensamientos, centrados en los encuentros de Any con aquel hombre que la miraba con deseo. Se acarició el pecho y Raúl le guiñó un ojo.

    A los tres les pareció una eternidad llegar hasta su casa, que estaba bastante alejada de la ciudad. Era una edificación grande que les mostró casi cuarto por cuarto. Al finalizar el recorrido, Raúl preparó un par de bebidas y se las entrego, con una sonrisa maliciosa en los labios. Alejandra estaba nerviosa y tras darle un trago, descubrió que su respiración se estaba agitando. Sentía la curiosidad del deseo y sobre todo el morbo de estar en aquella casa, que había sido escenario de varios encuentros con su amiga.

    Any se sentó junto a Raúl, y no paraba de ver los pechos de su amiga. Ambas se dieron cuenta de eso y se hizo una cierta atmosfera de tensión que Alejandra se moría por romper, pero se negaba a dar el primer paso. La plática entré los tres se volvió cada vez más íntima y, entre risas nerviosas, Alejandra confesó no ser virgen. Hecho que hizo brillar los ojos de Raúl, que la miraba con deseo ya descaradamente. Any estaba plenamente excitada por ese momento de morbo, pues recordaba cómo había sido la primera vez de su amiga. Quería dar más detalles al respecto, pero esperaba que ella lo hiciera. Poco a poco Raúl se fue acercado a Any, que lamía sus labios con deseo, y esperando un beso de aquel hombre mayor que la había poseído en cada cuarto de su casa.

    Puso una mano en el bulto de Raúl y se besaron. Fue un beso lento y largo, cargado de erotismo y deseo. Alejandra veía sus lenguas jugar mientras las manos de su maduro amante aprisionaban los pequeños pechos de su amiga, que se iba resbalando en el sillón hasta casi quedar acostada. Aquella mano grande y varonil acariciaba su cuello y sus pechos, y rozaba con descaro su entrepierna. Any desabotonó la camisa de Raúl, para tocar el pecho lleno de vello de aquel hombre, que fácilmente podría ser su padre.

    Alejandra los miraba detenidamente con la respiración agitada y se acariciaba las piernas con impaciencia. Raúl despegó los labios de su amiga y metió la mano por debajo del vestido, que ya había dejado expuestos sus muslos cobrizos. “¿Quieres probar?” Le preguntó a Alejandra sin dejar de tocar a su amiga. Ella asintió con la cabeza y se acercó a él. Se besaron despacio, con los ojos cerrados, jugando también con sus lenguas. Raúl tenía labios muy suaves y un sabor diferente a todos los que había probado. No era un beso inexperto y torpe como los demás; era para ella un “macho maduro”, como le había contado su amiga. En pocos minutos, estaba tan mojada que su pantaleta se había adherido a su piel.

    Las manos de Raúl acariciaron sus piernas y fueron subiendo hasta sus pechos, que eran mucho más grandes que los de su amiga. Alejandra pujaba sin dejar de besarlo y le acariciaba la cara con manos temblorosas por el deseo. Any se quitó el vestido acomodándose junto a Alejandra y acarició los muslos de su amiga. Nunca la había tocado una mujer y mucho menos Any, pero la sensación era tan excitante que se dejó hacer sin decir nada. Los labios de Raúl fueron bajando hasta su cuello y mordisqueó ligeramente sus pezones sobre la blusa. Any los miraba excitada, acariciando ya su entrepierna. “¿Por qué no jugamos un poco?” dijo Raúl desbotonando la blusa de Alejandra.

    Se levantaron y fueron a un sillón más grande que daba hacia la ventana. Las cortinas estaban abiertas y fácilmente podía verse el interior de la casa desde la calle, pero no les importó; se desnudaron despacio y Raúl les cubrió los ojos con sus mismas prendas, mirando casi atónito el joven cuerpo de Alejandra. Sus cabellos oscuros cubrían sus pechos, adornados por un par de pezones grandes y de un color café claro. Fue bajando sus manos hasta sus anchas caderas y luego avanzaba hasta sus muslos, gruesos y firmes. Lo que lo cautivaba más era su bello rostro redondo y perfecto, con ojos grandes de color almendra y una sonrisa amplia con labios gruesos y tiernos. Aquella chica era su fantasía casi perfecta y no podía esperar para tocarla. Se recostaron en el sillón, una junto a la otra, mientras él les abría bien las piernas de un tirón. Any se excitaba más con su brusquedad y lo mismo Alejandra. Les gustaba el sexo pasional y tierno, pero también amaban la tosquedad y la rudeza, sobre todo Any.

    Raúl hundió la cara entre las piernas de Alejandra, que gimió desinhibida al contacto con su lengua. Pasaba por toda su raja y se detenía en la entrada de su vagina.

    – ¿Te gusta ser su puta, Ale?- Le dijo Any acariciando los pezones de su amiga.

    – Sí… ¡Si! – Le contestó con voz ahogada acariciando los cabellos de Raúl, que movía la cabeza casi frenéticamente entre sus piernas.

    Alejandra se excitaba más por las palabras de su amiga, cuya voz se había transformado en un suave ronroneo, y cuando la escuchó gemir casi estuvo a punto de correrse. Raúl empezó a penetrar a Any con dos dedos sin dejar de lamer el coño de su amiga. “Métemelos más, papi…” le decía moviendo las caderas y acoplándose al movimiento de su mano. Aquella habitación se llenó con los agudos gemidos de las dos, que hacían palpitar el pene de Raúl totalmente enhiesto.

    Los rápidos movimientos de la lengua de Raúl producían más humedad en Alejandra, que convulsionaba en el sillón atenazando con sus piernas la cabeza de su amante. “Que rica estás, Ale. Tienes una cosita increíble”. Le decía escupiendo sobre la entrada de la vagina para luego penetrarla con dos dedos. Alejandra veía a su amiga en sillón totalmente fuera de sí y eso la excito. Sus pequeños pechos se mecían con la mano de Raúl que alternaba sus besos entre las dos.

    De pronto les quitó las prendas de la cara y se sentó entre las dos: “Quiero verlas mamar” les dijo acariciándose la polla. Alejandra se levantó recogiéndose el cabello y se hincó frente a él. Estaba ansiosa por meterse a la boca aquella polla brillosa y llena de venas. Any se hincó también junto a ella y le acarició los pechos tiernamente. Jamás los había tocado, ni siquiera como juego, pero siempre tuvo curiosidad de verlos desnudos. Alejandra fue besando poco a poco la tranca, recorriendo toda su extensión con los labios; se detenía en los huevos y regresaba hasta el glande, sosteniéndolo con ambas manos. “Chúpamela ya, zorra” le ordenó con una bofetada. Alejandra se excito más y metió el glande a la boca.

    Empezó succionando despacio y jugando con su lengua en círculos; Raúl bufaba de placer echando la cabeza para atrás, cada vez que su boca subía y bajaba, apretando sus labios con fuerza; aquella chiquilla lo hacía como ninguna otra. Alejandra detuvo la felación y dirigió el pene a la boca de su amiga que la miraba extasiada. Sin dejar de acariciar sus pechos se metió el pene de Raúl a la boca y movió la cabeza con fuerza. Raúl las miraba con una expresión que denotaba una mezcla de asombro y placer pues lo que le estaban haciendo no se podía comparar con nada.

    Any empezó a dar arcadas y Raúl sentía como su garganta aprisionaba su pene. Se sentía cerca del orgasmo, pero quería terminar dentro de Alejandra, que lo tenía obsesionado desde Any le habló de ella. Se sintió atraído por su cuerpo, que distaba mucho de ser el de una chica de 18. Estaba buenísima y por fin la tendría para él.

    “Vamos a la habitación…” Les dijo Raúl poniéndose de pie. Al avanzar por el pasillo, sus ojos se clavaron en las nalgas de Alejandra, que se movían de manera casi hipnótica. Eran suaves y tersas y vibraban con apurado andar. Entraron a su alcoba y se acostaron sobre la cama.

    La habitación olía a cigarro y perfume y eso las excitaba también; el ambiente era muy acogedor e incitaba irremediablemente al pecado. “¿Cuántas habrá tenido en su cama?” se preguntaba Alejandra sintiendo la suavidad de las sábanas en su espalda. Any se recostó sobre ella y la besó, reanudando su lento masaje en sus pechos. Raúl vio la escena y el pene le palpitó ya enfundado en un preservativo.

    Se colocó sobre Alejandra que abría bien las piernas, ansiosa por sentirlo dentro. Su vagina estaba empapada y sus flujos mesclados aun con la saliva de Raúl, corrían ya por sus muslos. Él la sujetó de las muñecas hundiendo su pene de golpe. Alejandra lanzó un gemido y se aferró a la cintura de Raúl, que empezó a taladrarla con fuerza. Sus movimientos eran lentos pero consistentes y no paraba de insultarla. “Que puta eres, zorra. ¿Te gusta que te metan la verga desconocidos?” le decía moviéndose sobre ella; Any besaba fuertemente a su amiga, acariciando su cara y sus cabellos enmarañados sobre la almohada. Las embestidas de Raúl se hicieron más rápidas y aunque la estaba lastimando, ella le pedía no parar entre gemidos casi ahogados. Estaba extasiada por la manera como aquel pene se abría paso en su interior y los besos húmedos y casi desesperados de su amiga. “¿Ya te vas a correr?” le peguntó dándole pequeños mordiscos en los labios y Ale movió la cabeza. El orgasmo estaba cerca pero quería que se prolongara, pues amaba la combinación de dolor y placer que le producían los movimientos de Raúl; amaba la rudeza con la que la poseía.

    Raúl se detuvo un momento acomodando las piernas de Alejandra en su pecho. Any estaba por llegar al orgasmo solo viendo como aquel pene entraba y salía de su amiga que no paraba de gemir y que a duras penas podía controlar su respiración. Raúl se hincó sobre y la cama y continúo taladrándola más rápido. Aquella posición había intensificado el contacto por lo que ahora los gemidos de Alejandra eran más agudos y prolongados. Su amiga continuaba con el masaje en su clítoris viendo la expresión de placer de los dos, fundidos en un delicioso vaivén. Raúl se lamió dos dedos y los metió en su amiga, que estaba totalmente empapada. Any se recostó sobre la cama y empezó a mover su cintura al mismo ritmo que su mano. Aquella sensación se intensificaba conforme abría un poco los dedos dentro de su vagina y luego los giraba lentamente. Su voz se fue apagando y lanzó un agudo gemido al correrse. Alejandra también convulsionó y se corrió violentamente. Fue un orgasmo prolongado y muy intenso, que hizo que se le cortara la voz un momento; Raúl no dejaba de bombear, aunque sus movimientos eran más lentos.

    Lentamente retiró el pene de Alejandra, que aún movía las piernas con los restos de su orgasmo. Estaba cansada, pero quería seguir, pues aquel hombre le había regalado el orgasmo más intenso de su vida y quería más.

    Se colocó en 4 y de nuevo Raúl hundió su cara en su vagina. Le dio un par de lengüetazos y la penetró con la lengua, saboreando sus jugos que brotaban casi a chorros de s vagina. Le escupió varias veces con fuerza, al tiempo que le daba una fuerte nalgada; el cálido dolor le provoco una extraña sensación de placer y gimió con los ojos cerrados. Raúl lo notó y le dio otra, acercando su falo a sus labios punzantes.

    Any deseaba sentir la lengua de su amiga, así que se colocó frente a ella con las piernas abiertas. Alejandra la miraba con expresión de lujuria y totalmente desinhibida besó su entrepierna. Jamás había tenido una experiencia lésbica, por lo que aquella vagina rasurada era la primera que veía de cerca. El olor la cautivaba y sentía un hormigueo distinto a que le producía verle el bulto a su maestro o incluso, a Raúl mismo. Poco a poco fue pasando la lengua a lo largo de su raja y Any soltó el primer gemido. El sabor de la vagina de su amiga era diferente a todo lo que había probado y no le pareció desagradable, de hecho, le fascino. Por lo que movía su lengua ávidamente mientras Raúl la penetraba con fuerza. Nuevamente los gemidos de los tres se intensificaron y tomaron un ritmo perfecto. Any se acariciaba los pechos con fuerza mientras las manos de Alejandra buscaban otro orgasmo en su clítoris.

    Raúl bombeaba rápidamente casi al borde del orgasmo, pero su experiencia le hacía saber cuándo bajar el ritmo e intensificarlo. Estaba jugando con esa chiquilla tanto como podía y ella disfrutaba con sonoros gemidos.

    Antes de correrse, Raúl sacó intempestivamente el pene de Alejandra y la arrojó sobre la cama. Estaba casi al borde del orgasmo nuevamente y aquel movimiento pausó la sensación. Como si se tratara de una muñeca, tomó a Any de los costados y acomodándola en 4, empezó a penetrarla con fuerza. Alejandra los veía cada vez más excitada, acariciando los testículos de Raúl, que chocaban con las nalgas de su amiga. El ritmo era casi frenético, lo que volvía los gemidos de Any más pausados.

    Raúl las miraba a las dos, perdido en los movimientos de los pechos de Alejandra, que se masturbaba viéndolos hacer el amor. Estaba sorprendida por el ritmo que había tomado y sobre todo por la larga duración de aquella sesión: ambas habían alcanzado el orgasmo varias veces y él continuaba impávido, penetrándolas a las dos. Los relatos de su amiga eran más ciertos y de un momento a otro, lo deseo como deseaba a su maestro.

    “¡Papi, me voy a correr! ¡Sigue, sigue!” Dijo Any con la voz entrecortada. “Acaba de una vez, puta, quiero terminar en tu amiga” Le contestó Raúl dándole una fuerte nalgada. La voz de Any se cortó nuevamente y explotó en un gemido ahogado. Raúl detuvo sus movimientos y retiro el pene nuevamente de su amiga, que cayó rendida en la cama tratando de recuperar el aliento. Alejandra tomó el pene de Raúl, empapado en los fluidos de su amiga y tras lamerlo un par de veces se sentó sobre él.

    Raúl se quedó quieto mientras Alejandra movía sus caderas con ritmo, apoyada en su pecho. Sus senos se mecían con los embates y Raúl se dedicó a masajearlos despacio. Eran perfectos, redondos y pesados. Con los ojos cerrados, disfrutó como ese mazo de carne entraba y salía casi completamente y de nuevo comenzó a gemir. Raúl casi no podía aguantarse, pues aquella estrecha vagina lo apretaba deliciosamente.

    Al cabo de unos minutos, y casi sin poder contenerse. Raúl se levantó con ella sujetándola de las piernas. Unidos así, la llevó hasta el espejo de cuerpo completo que estaba frente a su cama. “Quiero que veas tu cara de puta, cuando te cojo así” le dijo sin dejar de penetrarla. La sujetó bruscamente de la cintura y continuo con sus embestidas, que eran mas fuertes y pausadas. Any se levantó y se acercó a ellos acariciando su entrepierna. Estaba agotada pero también quería seguir.

    Tomó el rostro de su amiga y la besó tiernamente. Secretamente Alejandra tenía esperando aquel beso desde hace mucho y al sentir los labios de su mejor amiga por primera vez se excitó aún más.

    “Ven acá, puta” Le dijo Raúl y trayéndola hacia él la penetró nuevamente. Sin dejar de besarse, Any acariciaba el cuerpo de su amiga que esperaba nuevamente su turno, y cuando Raúl sentía que estaba por correrse, alternaba nuevamente con Alejandra. Así continuaron unos minutos hasta que Raúl ya no pudo más, sintiendo como una oleada de semen se detenía en su glande. Con un brusco movimiento forzó a Alejandra a hincarse frente a él y apenas se retiró el condón, cuando la su boca aprisionó su pene, recibiendo fuertes y prolongados chorros de semen caliente que llegaron hasta su garganta y salieron por las comisuras de los labios.

    Aquel sabor amargo no dejaba de excitarla y tras saborear su espesura, tragó todo el contenido de su boca. Raúl la miró satisfecho y beso a Any en los labios.

    Estaban exhaustos y sudorosos, acariciando aun sus cuerpos vibrantes. No pararían pues aún faltaban horas para el anochecer.

  • Fantasía en la Cordillera

    Fantasía en la Cordillera

    Hola a todos, soy nuevo en la página y este será mi primer relato, espero les guste. Empiezo por presentarme, mi nombre es Frank, tengo 43 años, vivo en Chile hace ya varios años, pero de nacionalidad colombiana.

    Soy separado, padre de un niño. Les contaré una fantasía que tuve hace poco entre dormido y despierto, aun hasta hoy no sé si fue un sueño o una fantasía creada por mi mente.

    A finales de octubre se cumplirá dos años de conocer a Martina, debido a mi trabajo me enviaron cubrir una sucursal diferente a la mía, ella es la encargada de recibir los pedidos de la sucursal y revisarlos, yo era su jefe en ese momento pero en otro relato les contaré los pormenores de cómo nos conocimos y empezamos a salir.

    La cuestión es que hace poco Martina tuvo un turno nocturno, un inventario, del que salía tarde del trabajo, yo estaba pendiente que me escribiera cuando llegara a casa para saber que había llegado bien.

    Esa madrugada desperté a las 5 de la mañana, miré el teléfono y vi su mensaje avisando que se quedaría en casa de su mamá, ya que inicialmente se quedaría donde una prima cercana al trabajo. Vi el mensaje medio dormido, me tranquilizó saber que estaba bien y traté de seguir conciliando el sueño.

    Justo esa noche recordé que había un lugar en la cordillera cerca de la ciudad que me gusta ir mucho a desconectarme del stress de la metrópolis y que hacía mucho tiempo no iba, así que de pronto empecé a divagar en mi mente estar en ese lugar con Martina en una tarde de primavera.

    Estábamos a la orilla de un rio, había que bajar por la carretera por un camino empinado, casi un barranco en el cual hay varios senderos, sostenía a Martina de la mano para que no resbalara. Martina llevaba un vestido de flores suelto hasta la rodilla, -yo se lo había pedido así-, anticipando nuestras lujuriosas intenciones.

    Llegamos hasta la orilla del rio donde había grandes rocas y una pequeña planicie donde extendimos una manta, nos recostamos en el suelo a escuchar el sonido del rio pasar entre las rocas.

    Había algunos otros visitantes que también disfrutaban de la tarde de primavera, pero cada quien en lo suyo. Después de unas cervezas la naturaleza hizo efecto y Martina me pide buscar un lugar donde orinar.

    Obviamente no había baños en el lugar, así que debíamos buscar un lugar entre los matorrales, lejos de los ojos curiosos de las demás personas del lugar.

    Subimos un poco por el sendero donde habíamos llegado, nos salimos del camino hasta una gran roca rodeada de matorrales y arboles grandes. Nos ocultamos detrás de ella mientras Martina desocupaba su vejiga yo hacía guardia por si alguien venía, pero me di cuenta que ese lugar estaba muy alejado de los demás y que era poco probable que alguien se acercara.

    Vi a Martina subir su pantaleta y recostarse en la roca sin intenciones de irse aún, y ya sabía lo que eso significaba, me acerque, la tomé de la cintura y nuestras bocas se juntaron en un beso, nuestras lenguas se acariciaban intensamente mientras metía mis manos bajo su vestido y apretaba sus nalgas con mis manos.

    Sentir la piel de su culo en mis manos me ponía muy arrecho en ese momento, el culo de Martina era grande, voluptuoso, como me encantan a mí, solo verla en su trabajo con pants apretados, mirar cómo se le veía ese culo rico y apretado me ponía muy caliente.

    Besaba su cuello, mordisqueaba su oreja, sentía el aroma de su cuerpo, de su sudor. Martina pasaba su mano sobre mi pantalón y podía sentir cuan dura me había puesto la verga en ese momento.

    Después de unos minutos así, le hablé al oído:

    -Quiero comerte la panocha, quiero chupártela toda.

    -mmmm que rico, hazlo… méteme la lengua bien adentro.

    Me agaché justo frente de ella, le saque la pantaleta, la que llevé a mi nariz y aspiré tan profundo para quedarme con el recuerdo del olor de su panocha…

    Se sentía tan delicioso su aroma, me ponía cada vez más arrecho. Subí una de sus piernas sobre mi hombro y quede cara a cara –por decirlo así – con su rica vulva, sus labios ya estaban mojaditos de sus fluidos, se veían carnosos, provocativamente exquisitos… metí mi nariz primero entre sus labios para volver a sentir su aroma y luego abrir mi boca y meter ambos labios en ella, como si quisiera tragar toda su panocha de un solo mordisco.

    Al morderla sentí como se estremeció de placer, me tomó la cabeza con sus manos y apretó mi cara contra su entrepierna mojándomela toda de néctar delicioso, con mi lengua saboreaba su clítoris, su vulva para luego meter mi lengua dentro su vagina y lamer todo su sexo.

    – Sí que rico mi vida… cómetela toda así… no pares que me vengo- murmuraba Martina, mientras disfrutaba del delicioso manjar que tiene entre sus piernas.

    Sin darle tiempo a respiro, le doy vuelta para quedar con su enorme y exquisito culo frente a mi…empiezo a lamer su nalgas, -el sentir su suave piel al pasar mi lengua es tan placentero-, las mordisqueaba mientras con mis dedos acariciaba su vulva y los introducía en su vagina para masturbarla suavemente.

    Sentía como en mi mano chorreaba a borbotones del néctar que salía de su panocha mojadita, mientras Martina movía sus caderas al ritmo de mis dedos en su conchita.

    En ese momento sentimos una rama romperse al paso de una persona…

    nos quedamos congelados, me levanto, y abrazados nos quedamos pegados a la roca. – Nuestras miradas se cruzaban y nos reíamos en silencio de la deliciosa travesura en que estábamos envueltos- al sentir que ya no había nadie cerca y con la adrenalina en nuestra sangre de la posibilidad de ser descubiertos nos excitó mucho más.

    Volvimos a lo nuestro, me agaché rápidamente, la separé un poco de la roca, Martina se inclinó hacia adelante –sabiendo exactamente cuál era mi próximo objetivo- ella misma con sus manos separó sus nalgas y dejó al descubierto ese exquisito culo que tanto deseaba comerme, ese pequeño agujero del placer tan delicioso de Martina..

    Lo escupí con mucha saliva y pase mi lengua alrededor de su chiquito, sintiendo como se contraía y dilataba al pasar mi lengua, empecé a recorrer cada resquicio entre sus nalgas de abajo a arriba, una y otra vez mientras Martina bajaba y subía su culo para sincronizarlo con el movimiento de mi lengua, como si de un ballet erótico entre su culo y mi boca danzaran.

    Martina Tomaba mi cabeza con fuerza en sus manos y me apretaba la cara contra su culo, sentir el sabor de su panocha y su culo restregarse en mi cara era muy excitante, en ese punto mi pantalón estaba que explotaba, mi verga pedía libertad, salir de su prisión de lo erecta que Martina me la ponía. Sentir el sabor y aroma de su culo me prendía más y más… hasta que escuche que Martina me dijo:

    – Ven. Ahora me toca a mí, sácate la verga que te la voy a mamar. A lo que yo respondí.

    – Que rico, quiero que me mames hasta los huevos, trágatelos.

    Ahora fue mi turno recostarme en la roca, Martina saca mi cinturón, baja mi pantalón y acariciaba mi verga sobre el bóxer, dándole mordiscos ricos sobre él, hasta que de un tirón me baja el bóxer hasta las rodillas, dejando mi pene erecto al descubierto.

    Empieza mamándome los huevos, metiéndolos en su boca, succionándolos de una forma tan deliciosa… veía como mis cocos se perdían entre sus labios, como la mirada de Martina se cruzaba de manera cómplice con la mía, mientras sacaba mis cocos de su boca y poco a poco iba engullendo mi verga sintiendo como su lengua lamía la cabeza de mi pene para luego introducírsela entera dentro de ella.

    Veía en su rostro de placer que lo disfrutaba tanto como yo, así que la tome de su cabello y metía una y otra vez mi verga en su boca, ver como salía mojada de su saliva era muy excitante, tanto que la tomé de su cabeza con mis dos manos y me la follaba por la boca hasta el fondo, hasta sentir sus arcadas.

    Pasaba su lengua sobre mis cocos nuevamente hasta llegar a mi perineo donde la caricia de sus labios y lengua me hicieron ver estrellas.

    Mi pene mojado de su saliva rozaba sus mejillas cuando metía mis bolas en su boca, en ese momento ya sentía que iba a explotar y que mi leche se derramaría en su cara.

    La detuve, y la puse arrodillada sobre la hierba – que me vas a hacer, murmuró.

    -quiero verte ese culote en cuatro, respondí. Eché su espalda hacía adelante, apoyándose ella sobre sus antebrazos, elevando y dejando a mi completa disposición su trasero.

    No pude evitar darle un par de nalgadas –escupí un poco en mi mano- la que pasé por toda su concha, -que es muy grande y eso me encanta- agarre mi verga, la restregué un poco entre sus labios y de un empujón se la hundí toda dentro.

    Sentía en cada embestida como su panocha apretaba mi verga, con mis manos separaba sus nalgas para ver como mi miembro se perdía dentro de ella una y otra vez, hasta que la escuché gemir de placer cuando se vino.

    Mi abdomen chocaba en su trasero en cada penetración, ver ese culo desde mi vista era un espectáculo, así estuvimos unos minutos hasta que sentí que estaba cerca de correrme.

    -Quiero venirme en tu cara- le dije

    -Dámela – respondió sin titubear.

    En un rápido movimiento me levanto, se pone de rodillas frente a mí, y con mi verga entre sus manos y unos pocos pajazos, mi leche sale derramándose en sus mejillas, escurriendo en sus labios, mientras mi cuerpo experimentaba el más delicioso clímax.

    Verla a mis pies, cual sumisa, con su rostro lleno semen, era muy excitante… al terminar los espasmos en mi cuerpo, la agarro de su barbilla, me acerco y le doy un beso en sus labios mojados de esperma.

    Nos dimos un largo beso, sentía el sabor de mi semen en sus labios, pero ambos disfrutábamos pasar nuestras lenguas de una boca otra saboreando el néctar de nuestra aventurilla.

    Nos quedamos unos minutos recostados en la hierba, riéndonos de manera cómplice de lo que habíamos hecho…

    -En ese momento suena el despertador, vuelvo a la realidad-, me doy cuenta que era un sueño o fantasía de mi mente. Y con algo de pereza sé que debo ir a trabajar.

    En el trascurso del día le hablo a Martina sobre el sueño que tuve- lo haremos realidad- me dice ella.

    Ojalá sea pronto queridos lectores, y serán los primeros en saberlo. Espero les haya gustado mi primer relato y aún quedan más historias con mi querida Martina que más adelante les estaré contando.

  • Pasé de ser homofóbico a versátil (parte 2): Pasivo

    Pasé de ser homofóbico a versátil (parte 2): Pasivo

    Estaba de vacaciones tranquilo en casa, me desperté con las ganas de hacerle el amor a mi mujer, no es una señora de edad, tenemos 30 años los dos, ella es una mujer muy sexy, tiene unos pechos naturales enormes, y un trasero delicioso, y aunque no me crean se parece en un 75% a Violet Myers, claro que no va al gimnasio ni hace ejercicios, no está en buena forma, pero cuando se viste bien, los demás lobos no resisten a dar la vuelta para mirar tremendo culo y esas tetotas.

    Hemos vivido muchos años sexuales muy activos, sobre todo cuando recién nos conocimos a los 21 años, y pues ahora la relación se ha enfriado mucho, está muy estresada por el trabajo, tanto suyo y mío, las deudas, y la situación en la que vivimos, tanto que cuando quiero hacerle el amor nunca faltan las excusas de: “Me duele la cabeza”, “estoy estresada”, “no tengo ganas”, “estoy muy triste hoy”, y muchos más etcéteras.

    Bueno, a lo que iba es que, me desperté con muchas ganas de hacerle el amor, sin embargo, me puso una excusa nueva: “No me gusta tu cabello, si te lo cortas lo hacemos”, nada me animó tanto que esa misma tarde me bañé, y como siempre, me tocaba mi culo, metía mi dedo a mi virginal ano, explorando una parte de mi sexualidad que no quería, sólo por miedo.

    Cada vez que me metía un poco más el dedo, me excitaba más, me masturbaba mientras mi ano tocaba una parte de mí que creía que no tenía, hasta llegar a casi eyacular, pero me detuvieron las ganas de darle toda esa leche a las tetotas de mi mujer, así que terminé de bañarme y salí en búsqueda de un corte lo más antes posible.

    Caminé unos 10 minutos y entre todas las barberías, y a lo lejos vi barrer el piso a una hermosa transexual, con un vestido pequeño de color negro, unas tetas entre medianas a pequeñas, firmes y sin sostén, una cintura pequeñísima, y un culo tremendo, mucho más grande y redondo que el de mi mujer, claro que todos hemos visto el culo de una trans, pues éste era el mejor de todos, así que decidí probar suerte a ver si podía introducir mi pene entre esas nalgas.

    Pedí un corte, pero el olor a alcohol invadió mi olfato, había bebido, así que lo dudé un poco, a lo que le consulté si era seguro cortarme, ya que me había percatado de que había tomado, a lo cual me respondió muy amablemente “No te preocupes, si no te gusta, no me lo pagas”, tal oferta invadió mi mente de dudas, pero más pudieron mis ganas de probar ése hermoso culo.

    Mientras me cortaba el cabello, me iba preguntando todo de mi vida, y siempre fui honesto, le dije que tengo una hija, esposa, además de contarle lo que leíste en los primeros párrafos, a los cual me explicó que las mujeres son así, para algunas, el sexo no es tan vital, y no lo necesitan, claro que no aplicaba para todas, otras son muy mañosas y les encanta la verga, pero la de otros. Me dijo que quizá ella me engañaba con alguien, y eso era lo que afectaba nuestra relación.

    Por un momento lo pensé, lo retuve en mi cabeza, lo analicé, y no vi fallas en su lógica, como dice el meme, tal vez ocurría eso, pero tal vez no, ella siempre me ha sido leal, estuvo conmigo cuando más se lo necesitaba, cuando no teníamos dinero, salimos ambos a la calle a trabajar, y salimos adelante, pero le seguí el juego a mi sexy amiga.

    Fingí creerle y deprimirme, soy muy bueno en eso, hacerme la victima tal cual mujer me sale muy bien, a lo cual ella intentaba consolarme, diciéndome que cualquier chica que estuviera conmigo sería muy feliz, porque soy un chico bla bla bla…

    Terminó de cortarme el cabello, y me dijo “ven, te quiero mostrar algo que te va a animar mucho”, cerró las rejas del portón, tomó mi mano y me llevó a un cuarto improvisado que estaba casi escondido atrás. A penas entramos, tomó mi rostro, se acercó y puso su lengua en mi boca, sentí el alcohol que emanaba de su aliento, junto con el hermoso aroma del cigarro, sus labios calientes remojaban los míos, me miró a los ojos y me dijo: “Hay que hacerle lo mismo a esa pendeja”.

    Me bajó el pantalón, sacó mi verga y se la puso en la boca, la cabeza de mi pene llegaba hasta el fondo de su garganta, me acosté en la cama, y me sobaba las nalgas, me dio la vuelta y me lamió el ano, fue la primera vez que me hacían eso, una experiencia rara y agradable sentí en ese instante, sentí cómo trataba de meter su lengua en mi culo, mientras también me volvía a chupar el pene.

    Sacó un condón de su cajón, me alisté para que me lo ponga, pero para mi sorpresa, se sacó el vestido, se bajó el calzón y esa bestia que tenía entre las piernas salió a mirarme, jamás había visto un pene tan grande, por un momento me pregunté ¿Cómo puede ser trans con ese verga?, pero eso era lo de menos, ya que lo que me asustó fue que el preservativo se lo puso ella, al parecer vio mi miedo y me dijo que no me preocupe, que yo iba a estar a punto de experimentar algo nuevo que me haría ver el mundo de una manera diferente.

    Esas palabras volaron mi mente, a la vez que mi erección se iba reduciendo, el miedo invadió mi ser mientras veía cómo se terminaba de colocar el condón hasta la base de ese falo, me volteó y me comenzó a chupar el ano, mientras me metía el dedo, me daba nalgadas mientras me decía lo ricas que se veían, y lo rico que iba a ser sentir un ano virgen.

    De pronto sentí un líquido frío entrar a mi ano, era un dilatador de color verde, me metía dos dedos ahora en el culo mientras me besaba tan rico que se me volvió a parar el pene, al sentir esas tetas en mi espalda, era como si una mujer intentara hacerme suyo, así que me dejé llevar.

    – “Voy a metértelo ahora, tranquilo, no cierres el ano, has como si estuvieras en el baño, y relájate, si te pones nervioso y cierras el ano, sí te va a doler”

    Sentí entrar a mi ser toda esa verga que había visto, tal y como ella me dijo, no me puse nervioso, me relajé mientras ella primero me metía la cabeza y luego me la sacaba, una y otra vez, hasta que empezó a crecer mi pene cada vez más, de pronto me lo metía más adentro, sentía entrar a mis entrañas todo ese fierro, hasta que me lo metía más rápido mientras mis gemidos y los suyos se combinaban, el ardor y el dolor se iban mientras ella me besaba y me decía lo rico que se sentía mi culo.

    Me puso en cuatro, me metió toda esa vergota en mi ano, me daba de nalgadas mientras que me decía que yo era su perra, yo era su mujer ahora, las nalgadas me dolían pero era un dolor que me gustaba, mis dos nalgas se hicieron rojas, mientras que ella empujaba una y otra vez, me jaló el pelo y me obligó a decirle que soy su mujer, su perra, su zorra a lo que no me negué me sentí una mujer por primera vez, me sentí deseado, me sentí bien, el dolor se iba convirtiendo en placer, hasta que le pedía más y más, su verga tocaba un punto dentro de mí, que hizo que me venga en las sábanas.

    Caí rendido, pero eso no la detuvo, me dio la vuelta hacia arriba, me miró, estaba sudando tanto que parecía haber salido de la ducha, una risa malvada y pícara salió de su rostro, se me acercó y me dijo al oído “Ahora me toca a mí”, metió su verga dentro una vez más, pero esta vez la pude ver, pude ver a ese monstruo entrar hasta el fondo de mis intestinos, pero me sentí bien, se me acercó mirándome a los ojos, mientras lo metía lentamente.

    Se mordió los labios, y rápidamente sacó su verga de mi culo desvirgado, oí cuando sacó ése hermoso y venudo pene de mí, se retiró el condón y puso su verga en mi boca, jamás había sentido eso, me la metió tan dentro, que la sentí entrar por mi garganta, se ponía cada vez más y más duro, un sabor entre salado, dulce y amargo invadió mi boca, cogí esas dos hermosas nalgas y empujé mucho más adentro, hasta que se vino, se quedó en mi boca, mientras la miré a los ojos y vi lo roja que se ponía mientras parecía salirle el alma del cuerpo y retorcía su mirada haciendo blancos sus ojos, escupí su semen, el semen de una chica, a pesar de tener pene, yo siempre la veo como si fuera una mujer.

    Quedó tendida en la cama, tan cansada que no tenía fuerzas para siquiera hablar, me abrazó me dio un beso, con mucha dificultad me preguntó si ahora yo quería probar ese culazo, pero me acababa de venir, y ya no tenía ganas.

    – “No hay problema, vienes otro día y me la metes, por ahora ve a casa”.

    Me bañé lo más rápido que pude en su baño, cuando salí vi que se acostó a dormir, “cierras al salir, por favor”, me dijo, así que así lo hice, mientras caminaba pensé en lo que había pasado, me abrieron el culo, y sobre todo con una verga mucho más grande que la mía, tal y como ella misma lo dijo, desde ese entonces veía el mundo de otra manera, había pasado de homofóbico a ser totalmente versátil.

    Al llegar a casa, le gustó mi nuevo corte a mi mujer, quien estaba esperándome con su top con el que se le veían unas tetotas grandes y jugosas, un hilo rojo, y a penas la vi, se me había parado la verga, el mejor día de mi vida, desde ese día casi siempre voy a visitarla, bien para ser su hombre y sentir ése culazo, esas dos nalgas entre mi verga, o para sentir ese pene hacerme su mujer.

  • A mi nueva amante le gusta el sexo anal

    A mi nueva amante le gusta el sexo anal

    Después del encuentro con Oscar mi mujer cumplió lo dicho y Oscar podía venir a nuestra casa y coger con Jessi cuando quisiera, la regla era que todo encuentro es consensuado por ambos, así que cada vez que él quiere cogerse a Jessi, me manda un mensaje pidiendo permiso, a veces le dijo que si que espere a que yo llegue para hacer trio, como nos gusta a mi esposa y a mi, pero últimamente los he dejado que disfruten solos, con el pretexto de tener mucho trabajo, y tener que quedarme hasta tarde en la oficina, le dijo a Oscar que le diga a mi esposa que no me aviso nada, que yo no sé que hoy se la va a coger.

    Cuando llego a casa, él ya no está, pero me la deja prendida como una puta, y me coge deliciosamente, Aunque eso está por cambiar, cuando se entere de mi infidelidad.

    Sara, mi nueva compañera de trabajo, es una chica de 30 años, de 1.70, piel color canela, ojos café claro, labios delgados, es delgada, sin mucho busto pero con nalgas grandes y redonditas.

    Ella lleva varios meses trabajando en la misma área de contabilidad de la empresa donde trabajo, compartimos mucho tiempo juntos en la oficina y nos volvimos amigos, yo empecé a fantasear con ella, en una ocasión que Oscar me avisó que quería cogerse a Jessi, pero yo tenía trabajo y no podía alcanzarlos, esa tarde me quedé hasta noche con Sara.

    Mientras trabajaba no podía concentrarme pensando como mi esposa estaba de puta y yo aquí con tremendo problema, que tenía que resolver para el día siguiente, Sara era buena compañía pues realmente me ayudaba y hacía el tiempo más ligero con su plática, por lo que me sentía cómodo con ella, y ella conmigo.

    Esa noche en la oficina, me llamo por teléfono mi esposa y empezó a decirme como se la estaba cogiendo Oscar, me mandó varias fotos y un video, me levante rápidamente, y salí de la oficina, porque Jessi estaba gimiendo y gritando como loca y temía que Sara fuera a escuchar y se incomodara. Me dirigí rápidamente al baño y me empecé a masturbar un poco, hasta que me colgaron, me habían dejado caliente y yo aun no veía para cuando terminar con el trabajo de la oficina.

    Regrese un poco menos estresado y continúe trabajando, note a Sara un poco rara, pero no creí que haya escuchado algo. Todo iba normal hasta que me dijo:

    – y… ¿Quién te marcó hace rato que saliste corriendo?

    Yo un poco dudoso le contesté: – Unos amigos que andan de fiesta y querían que los alcanzara.

    -Yo creo que necesitare una fiesta de esas, con tanto estrés de este maldito reporte que aún no terminamos.

    -Si creo que yo igual.

    No sabía cómo interpretar eso, estaba seguro que no se escuchaba nada de la llamada, y salí muteando el teléfono en cuanto escuche que empezó a gemir mas fuerte mi esposa. Terminamos el reporte cerca de las 11:30 pm, preparamos nuestras cosas y me ofrecí a llevarla a su casa, ella al principio no aceptó, me dijo que esperaría a su novio, pero después de 20 minutos de espera, accedió.

    En el camino iba mandando mensajes y se notaba que estaba discutiendo con alguien. Con un gesto de enojo metió su teléfono a su bolso, y empezó a platicar conmigo, al principio normal, cosas como que cansancio, que fastidioso reporte, que odioso es nuestro jefe, y mencionó, tus amigos y nuestro jefe, bien a gusto, disfrutando la fiesta, y nosotros de matados en el trabajo, por eso me enoje con mi novio porque el también anda de borracho, con sus amigos y se olvidó que tenía que venir por mi. Como un reflejo puse mi mano sobre su rodilla y le dije que, todos tenían derecho a divertirse cuando tuvieran oportunidad, que ella debería hacer lo mismo de vez en cuando.

    Note que me estaba viendo fijamente mientras hablaba y acariciaba mi mano en su rodilla, yo mantenía la mirada al frente, pero notaba como ella iba subiendo sus caricias por mi brazo y giraba sus piernas hacia mi, me dijo:

    -¿Porque me dijiste que eran unos amigos los que te marcaron hace rato, si tu contestaste con un “Hola, amor”?

    Esta vez más nervioso que antes, le contesté: -Es que mi novia está en la fiesta también y quería que fuera, y me pasó a un amigo para convencerme, pero no creo ir, no me siento de ánimo iré a casa a descansar y después iré por ella.

    Ella me respondió un poco incrédula: -Pues se escuchaba que si estaba disfrutando, ¿no te dan celos?

    -No, de hecho me gusta que ella disfrute y goce lo que quiera.

    Yo no sabía ya de que hablábamos, no sé si ella entendía el doble sentido de mis preguntas, pero me sentía avergonzado de saber que una mujer sepa que soy cornudo por gusto. Pero esas dudas se iban aclarar después de lo que dijo:

    -Pues yo creo que nosotros, también debemos divertirnos

    -Y como propones divertirnos?

    -Pues la verdad escuche un poco de tu llamada y creo que eran gemidos, me calentó un poco.

    -Nos podemos divertir igual.

    Me orille de inmediato y sin pensarlo le di un beso, apasionado, ella me contestó con pasión mientras me sacaba el pene, erecto como roble. Nos besamos tanto que cuando los besos ya no eran suficientes, empezó a chuparme el pene. Se lo metía hasta el fondo y lo dejaba lleno de baba, lo chupaba con rapidez, le tome fuerte la cabeza y empecé a follarle la boca hasta que se le salieron las lágrimas. Me dijo con voz seductora que fuéramos a un hotel, yo empecé a manejar, y ella seguía pegada a mi pene chupándola con lujuria.

    Llegamos a un motel de paso, de mala pinta, con un par de putas afuera, pero no me importo yo ya quería destruir el culo con el que fantasee todo el día, entramos al cuarto y sin perder tiempo se empezó a desnudar, la puse en cuatro y me empecé a comer su culo, la lamia con tantas ganas que ella me dijo, que imaginara que me había recogido haya afuera que hoy ella seria mi puta, tenía ganas de que la hiciera disfrutar, y eso hice.

    Yo aun con ropa puesta le dije: Bueno cuando te coges a una puta de paso no te quitas, toda la ropa, y la penetre con fuerza, ella gritó y empezó a gemir ya estaba mas que caliente, y se sabía que sería toda una salvaje en la cama cuando empezó a estimular su ano, y no tardó en pedirme que le cogiera por el culo, yo encantado le dejé caer mi verga de un golpe en su ano, para mi sorpresa no le dolió tanto como creí, cachondo le dije: Estás bien abierta putita, vale la pena lo que cobras. Ella: – A ti no te voy a cobrar si me dejas llena de lechita.

    Yo no podía creer que estuviera cogiéndomela como a una puta, cuando nunca habíamos tenido ni una sola insinuación o acercamiento, más allá de una plática cotidiana o de trabajo, ahora que recuerdo, ni siquiera sabía bien donde vivía, solo me dijo que carretera tomar y me avisa que salida debía tomar. Estaba en un trance de placer y deseo, hasta que el sonido de mi teléfono me despertó. Jessi estaba llamando al principio lo ignoré pero insistió con varias llamadas. Sara se desmonta y se acuesta abriéndose de piernas, me mira, y dice: – Contéstale, me excita que mis clientes, hablen con sus cornudas, mientras me follan.

    Conteste el teléfono y era mi esposa, me preguntó si seguía en la oficina, quería que me apurara porque quería hacer trío con Oscar, yo le dije que ellos disfrutaran que yo aun no tenía hora de salida. Jesi me pregunto si me gusto el video que me había mandado, yo le dije que me había quedado con ganas, que nada me gustaría mas que cogerme una putita como esa. Sara se prendió con la conversación y me dijo al oído, con que eres de esos cornudos por gusto. Ya sabía yo que no había escuchado mal, y lo que oí en tu llamada eran gemidos. Jessi me hizo un par de preguntas más que no escuche bien y le dije que tenía que colgar que necesitaba concentrarme. Antes de que pudiera colgar Sara lanzó un gemido, un poco fuerte y me dio miedo que mi esposa lo hubiera escuchado. Le tape bruscamente la boca con su pantie, le metí la prenda en la boca y se lo volví a meter por el ano, estaba más excitado que nunca, gracias a esa llamada.

    Sara: -La zorra de tu esposa no sospecho nada.

    -Que no te importe y mejor chúpame la verga, que ya me voy a venir.

    -Te dije que me llenes mi culito de leche papi

    Le di unos azotes a su culo y termine llenándola de leche, le metí dos dedos, y los embarre de semen para metérselos en la boca, y saborea mi leche. Ella me chupo los dedos como si fuera un pene mientras me masturbaba, sacándome hasta la última gota de semen.

    Recostados, recuperando el aliento después de aquel sexo tan rico, me dijo: De verdad te gusta ver como cogen a tu esposa?

    Yo le contesté que si, a veces solo veía, y otras veces participaba, le conté de nuestra primera experiencia, y ella me preguntó que si no habían planeado un trio con otra mujer, yo le respondí si ella estaría dispuesta, a lo que me respondió que necesitaba pensarlo que ser la amante es una cosa, pero que la mujer oficial se entere y aparte estar con ella en la misma cama era algo fuerte, que no estaba segura si quería tener esa experiencia.

    Ya eran cerca de las 3 de la mañana y nos apresuramos a irnos, la lleve hasta su casa y nos despedimos con un rico beso, ella aun olía a sexo.

    Al llegar a casa todo estaba normal, mi esposa ya estaba dormida, vi varios condones usados en el suelo, y se me puso dura la verga de recordar aquella llamada en el hotel. A la mañana siguiente desperté y fui a desayunar, y luego al trabajo, pero al entrar al comedor estaba Jessi sentada en la mesa, con la pantie negra de Sara, me dio un escalofrío y no podía entender como ella tenía eso, pero les contaré en otro relato.