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  • ¡Qué rico, por los pies!

    ¡Qué rico, por los pies!

    El señor Armando es un cliente externo de mi jefe; al parecer son tan buenos amigos que mi jefe le habló de mí, su empleado al que le gusta el travestismo y a quien se coge sin falta cada semana desde hace un año y medio. Al señor Armando también le gustan las TVs, así que no tardó en pedirme mi número y en insinuárseme; yo, por el morbo de que mi jefe me compartiera con uno de sus amigos como si fuera su puta, su objeto sexual del que puede disponer a su antojo y prestárselo a quien él quisiera, me dejé seducir y quedamos de salir alguna vez.

    Nos citamos en un cafecito con un ambiente muy íntimo, donde pudiera andar de chica sin que me preocupara de que alguien nos reconociera, ya que el señor Armando es casado y además tiene una reputación de mujeriego. Platicamos rico, nos reímos, bebimos vino y en toda la cena, no paraba de sentir bajo la mesa su pie acariciándome, deslizándose de arriba abajo, por mis pantorrillas. Me recorría las piernas con su pie descalzo, a propósito llevaba mocasines para poder sacar cuando quisiera su pie y sentir la textura de mis medias; sus constantes caricias me parecían curiosas pero muy excitantes, tanto que cuando pedimos la cuenta, yo estaba deseosa de que nos retiráramos lo antes posible para ofrecerme a este hombre que en ningún momento dejó de insinuar que me quería en su cama para gozarme.

    Fuimos caminando a un departamento suyo cerca del café; en el camino nos besábamos y me agarraba las nalgas, me las apretaba y me daba ligeras nalgaditas; yo correspondía con frotar mi muslo entre sus piernas para sentir su erección creciente.

    Entramos al cuarto entre besos apasionados, a tientas me condujo al dormitorio, nos recostamos y seguimos nuestro acalorado faje; yo sentía mi culo ardiendo, pidiendo verga cuando antes, y entre los besos comencé a subirme la falda del vestido para bajar mis medias y dejar descubierto mi culito de puta, pero el señor Armando me pidió que me dejara las medias.

    De inmediato se levantó, prendió una luz tenue y buscó una sillita; la puso junto a la cama y se sentó, con los pantalones abajo; yo veía su paquete bien erecto dibujarse debajo de su trusa. Me senté frente a él y me pidió que le acercara mis pies. Puse mi pie derecho en su rodilla y él lo tomó entre sus manos, aún con la zapatilla el señor Armando comenzó a besar frenéticamente mi pie, a lamerlo, a frotárselo por todo el rostro. Quitó mi zapatilla y empezó a lamer como si la vida se le fuera en ello mi planta. La experiencia me parecía desconocida, curiosa, muy extraña, pero también muy excitante.

    Hizo lo propio con mi pie izquierdo y luego, cuando se sació de besarme, puso mi pie derecho sobre su bulto y empezó a sacudir la pelvis como si se estuviera cogiendo mi pie. Verlo tan excitado y sentir su erección en mi planta me puso súper caliente y sin darme cuenta de cuándo empezó, estaba excitadísima gimiendo como si la tuviera adentro del culo.

    El señor Armando me decía: “¿te gusta mi pito, cabrona? Siéntelo, siente qué duro me lo pones, puta”; “Sí me gusta, papi, se siente durísimo, se te siente bien rico, tienes un pito rico, mi amor”. Armando se levantó, tomó mis pies y los juntó alrededor de su pene, ya liberado de la trusa, y mientras me los sostenía en el aire a la altura de su verga, comenzó a bombear, se estaba cogiendo mis pies envueltos en unas medias de nylon negras y yo lo disfrutaba como si estuviera bombeando mi culo. “Así, puta, estás bien buena, mira cómo te gozo completa. ¿Cuántos cabrones te han cogido por los pies, putita?, ¿cuántos?” “Ninguno, mi amor, tú eres el primero; me estás dando verga como nadie lo ha hecho, papacito. Dame más verga por los pies, corazón, termina en mis pies”. El señor Armando terminó en mis plantas, un chorrito incluso fue a dar a mis muslos.

    Pasaron algunos minutos cuando empezamos a fajar otra vez; esta vez nos desnudamos por completo, aunque yo conservé mis medias. Ya en la cama, él me pidió que me sentara frente a él; cuando iba a ensartarme en su verga parada, me pidió que me alejara más, a la altura de sus pies. Yo obedientemente lo hice y quedé en cuclillas, con las nalgas sobre sus pies.

    Entonces el señor Armando empezó a juguetear con los dedos de sus pies en mi ano; sentí tal placer indescriptible que de nuevo me vi sorprendida entre mis propios gemidos. “Pinche puta caliente, le entras a todo en la cama, ¿verdad?, por eso tu jefe no te suelta, una puta así no se encuentra diario”. Las caricias de sus pies en mi culo eran tan exquisitas que estaba llegando al clímax; seguro el señor Armando lo notó porque de momento se detuvo, prácticamente me cargó hacia él y me sentó sobre su verga dura, que entró con una facilidad impresionante en mi ano.

    Yo me ensartaba frenéticamente sobre esa verga que bombeaba debajo de mi ser entre ruidosos gemidos. “Así, puta, así gime, gime como la pinche puerca que eres; vuélvete loca, enamórate de mi verga, pendeja”, “sí, sí, corazón, me fascina tu verga, me encanta lo que le haces a mi culo; no pares, dame más verga, corazón, usa mi culo, gózalo a tu antojo”. El señor Armando me llenó el culo de leche entre tremendos jadeos que dábamos ambos de lo rico que habíamos cogido. Yo me sentía más puta que cuando subí a su cama: había descubierto un fetiche nuevo, ¡y me encantó!

    Luego de eso, no queda más camino que compartirlo con ustedes.

  • Gran escuela de hostelería (parte 9)

    Gran escuela de hostelería (parte 9)

    Estoy en el Uber hecha un mar de lágrimas, me siento fatal porque no era consciente de lo evidente que era que no estaba enamorada de Roel y encima le he hecho daño, ha sido muy injusto para él. Me da rabia haber echado a perder lo que teníamos por alguien que ni siquiera sabe que existo en un mundo fuera de la escuela.

    De camino a la ciudad le escribo un mensaje al grupo de Pelotudos:

    «Hola chicos, os hace una pijamada antes de empezar el cole de nuevo? Necesito una noche de amigos»

    Todos responden enseguida y en cuestión de 10 minutos hemos montado una quedada para el finde antes de empezar el cole. Gracias a las tonterías que van diciendo me calmo un poco, cuando llego a casa aún tengo los ojos hinchados del berrinche y todos los de casa se preocupan al verme así, pero los tranquilizo y les explico que he cortado con Roel y que estaré bien, que se me tiene que pasar el disgusto.

    ***

    Han pasado 2 semanas desde la ruptura con Roel y me siento algo mejor, aunque aún duele pensar en el daño que le hice, no le tengo en cuenta lo que paso en nochevieja, sé que en parte fue culpa mía y lo asumo.

    Llega el finde de la pijamada y nos juntamos con un montón de bebida y algo de comida. Esta vez hacemos la pijamada en casa de Nico.

    Mientras cenamos les explico lo que pasó con Roel a medias, porque no quiero hablar de como Jorge esta tan metido en mi cabeza que no me ha dejado tener una relación sana con mi exnovio, y después empieza la juerga con bebida y los cigarrillos especiales de Carlota.

    Pierdo la cuenta de los chupitos que llevo encima, Laura es la primera en caer dormida y Carlota le sigue. Nico y yo nos quedamos los últimos hablando y partiéndonos de risa con cualquier tontería.

    Nico es un chico normal pelo rubio, ojos azules, no muy agraciado, pero con un cuerpo de escándalo, se ha trabajado ese cuerpo en el gimnasio durante muchas horas, no es muy alto, me sacará un par de dedos como mucho, será cosa del alcohol, pero lo veo más atractivo que de costumbre.

    Como hacemos mucho ruido decidimos ir a la cocina a seguir la marcha, abrimos un bote de helado y nos lo comemos a medias, esos cigarrillos te abren mucho el apetito.

    Mientras lo comemos nos empezamos a mirar a los ojos y de repente Nico me da un apasionado beso al que yo respondo con desesperación. Nos ponemos de pie y empieza a masajearme las nalgas y de ahí pasa a los pechos, yo me limitó a enredar mis dedos en su melena rubia. Claramente esto que está pasando es resultado de todo el alcohol y tabaco especial que llevamos encima, pero aun así me dejo llevar, esto de algún modo me transporta a cuando Roel y yo éramos solo amigos con derecho a roce.

    Nico es muy echado para adelante y empieza a quitarme la blusa y mete las manos por debajo de mi pantalón para encontrar mi sexo, al tocarlo y sentir lo húmeda que estoy saca los dedos y mientras me mira a los ojos se los mete en la boca y saborea el sabor de mi sexo, hace que apoye el culo en la encimera de la cocina y se pone rodillas frente a mi, me quita el pantalón y pasa su lengua desde mi pie derecho hasta mi sexo, donde se para a juguetear con él, mete la lengua dentro, la saca, me pasa los dientes por el clítoris y finalmente lo chupa y absorbe, mis piernas no paran de temblar, se pone de pie y me enseña dos dedos y dice:

    – ¿Los quieres dentro? – niego con la cabeza, cojo su mano, la hago un puño y le respondo.

    – Esto es lo que quiero dentro.

    – ¿Ninguno? – yo niego con la cabeza de nuevo.

    – Todo. – Lo miro insaciable, Nico abre tanto los ojos que parece que se le van a salir.

    – Vale, pues empecemos entonces!- está entusiasmado.

    Me coge de la cintura y con gran facilidad me sube al mármol abro bien la piernas y me mira a los ojos cuando empieza a meter los dos primeros dedos, yo asiento con la cabeza a modo de aprobación y empieza el juego. Los mete y saca unas 4 veces para asegurarse de que estoy cómoda y suma otro dedo, hace lo mismo hasta llegar a 5 al principio solo mete los dedos, pero cuando que es factible saca los dedos, convierte su mano en un puño y lo introduce muy poco a poco dentro de mi, cojo su otra mano y me llevo al vientre y la presiono para que el también sienta su puño dentro de mi, sus ojos parecen los de un niño pequeño con un juguete nuevo, está muy emocionado y entonces empieza a subir el ritmo y yo me descontrolo, caigo en una espiral y un squirt impresionante fluye de mi. Nico saca su puño de mi sexo y me pasa todos mis jugos dándome un masaje por los pecho y por el vientre.

    Cuando me recompongo, me bajo del mármol y le doy un beso intenso, me doy cuenta de que su erección aprieta el pantalón, me muero por probarla, le quito la camiseta, dios mío, está como un tren, le chupo los pezones y sigo regando de besos todo el torso hasta llegar al pantalón, se lo quito con facilidad y libero esa erección, su miembro es grande, grueso, por un momento creo que no me cabra en la boca, pero me armo de valor y me lo meto entero de golpe en la boca, Nico da un golpe en el mármol y al mirar hacia arriba veo que tiene la cabeza echada hacia atrás y la mandíbula tensa, le está gustando y mucho, aceleró un poco el ritmo y saco mi arma secreta, dejo los dientes sin protección y araño el miembro con ellos poco a poco y muy suavemente mientras masajeo el glande con la otra mano, y noto su cadera empujando contra mi, hasta que me regala todo su semen, me lo trago, me pongo de pie, me doy cuenta de que una gota se me cae por lado del labio, le cojo su mano, recojo la gota de semen y le chupo el dedo con mucha fuerza mientras le miro fijamente a los ojos. Me coge de la cintura con decisión me da un tosco beso y me la vuelta, me inclina sobre el mármol, me da un fuerte cachete y de golpe me penetra, fuerte, duro y con rapidez, se me folla muy duro y en cuestión de embestidas estamos los dos estremeciéndonos y teniendo un orgasmo simultáneo y brutal. Me coge de la cintura, se yergue conmigo, se apoya en la pared y se deja deslizar hasta acabar los sentado en el suelo con el dentro de mi todavía.

  • Paseo en camioneta

    Paseo en camioneta

    Sofia es una vieja amiga a la cual conozco desde muy chicos, durante dos o 3 años estuve enamorado de ella. Los primeros amores nunca se olvidan. Pero la vida te aleja o acerca a las personas. En este caso nos alejó y tal vez tardamos unos 10 años en reencontrarnos y ponernos al día.

    Ella ahora es una mujer con dos hijas y un esposo que la ama. Ella sigue siendo la misma de siempre, es el centro de atención a donde vaya. Es muy delgada pero con una cintura curveada, en proporción a su 1.63 de altura, pechos pequeños, piernas delgadas y torneadas por el ejercicio. Una mención especial para su trasero, pese a ser pequeño es jodidamente redondo y firme. Todo eso lo sabe lucir usando jeans justos o faldas de licra entallados. Tiene los mismos ojos alegres de siempre, tal vez lo único que cambió es que el castaño de su cabello fue remplazando por un rubio oscuro. Si bien todo esto es suficiente para que levante miradas, cuenta con el extra de que tiene una forma sensual de ser y cada movimiento que realiza parece ser perfectamente planeado para ser parte de un hechizo cuya única finalidad es que nadie pueda quitarle un ojo de encima.

    Por supuesto la cúspide de toda su hechicería es tener el placer de verla bailar. Tiene una licuadora en las caderas, no importa si es una quebradita, salsa, cumbia, bachata o reggaetón; tu mirada siempre ira a al movimiento de sus caderas.

    Una vez dicho esto al reencontrarme con ella y retomar el contacto, las salidas y las pláticas eternas, después de un buen tiempo pude llevar a un plano más íntimo las charlas y en breve llegaron las fotos sexys y los mensajes sucios. Hasta que por fin se pactó una salida para ir a un hotel. Bien dicen que nunca te des a tu crush. Para nada fue lo que esperaba. Tiene una muy rara forma de gemir y gritar que le quita toda la diversión al momento. Basta una caricia en los hombros para que se derrita en gritos y gemidos más fingidos que llenan el cuarto y sinceramente pensé dejarlo hasta ahí. Pero mamá no hizo cobardes y he tratado de lidiar con eso durante algunos meses. Pero la penúltima vez fue un fastidio, así que decidí vengarme de alguna forma y ponerle fin.

    Una muy larga introducción, pero aquí está el relato de la última vez que salimos.

    Acordamos vernos para un rapidin éste sábado. Ya que iría a una fiesta de amigos de su marido y tenía un par de horas antes de ir al lugar dónde la esperaría su marido. Llego en su camioneta, traía una falda café claro, botas largas negras, blusa negra de manga corta y una chamarra del mismo tono que la falda. Nos saludamos efusivamente y antes de que arrancará le dije que se quitara la falda. Me dijo que estaba loco. Le indique en que calle se diera la vuelta y que ahí se la quitara en lo que esperábamos que el tráfico nos dejara avanzar. Hizo lo que le dije. Se medio levanto en el asiento del conductor, hizo girar la falda, la desabrocho y la deslizó. Llevaba un hilo dental negro transparente. Sus piernas se veían deliciosas. Le acaricie la pierna que tenía a mi alcance, separo las piernas para que mi mano subiera libremente entre ellas. Le bese el cuello y le dije en voz grabe: – No sabes lo mucho que quiero meterte la verga.- En eso el tráfico nos permitió avanzar y dar la vuelta.

    Le dije en que calles meterse. Muy cerca del parque la Mexicana. A esa hora el tráfico es muy poco y hay muchos lugares oscuros. Cuando se estaciono, relativamente lejos del alumbrado público puso la radio, la comencé a besar y a meterle mano. Con la mano derecha busque sus nalgas duras y ella busco mi entrepierna. Con la mano en sus nalgas buscaba llegar al centro de ellas mientras amasaba con fuerza. Ella noto que ya estaba algo duro y me dijo: -Ya estás listo para mi.- Respondí que buscara bien y encontró que el anillo metálico que traía puesto en él. Me pregunto que era y se lo explique. Me dijo que eso no le gustaba. Pero la calle besándola. Solté su nalga para amasar con ambas manos sus pequeños pechos. Dejo sus quejas y las remplazo con leves gemidos contra mis labios. Aún nada de sus ruidos raros.

    Le desabroche la blusa y se la quite junto con la chamarra. El sostén iba a juego con las transparencias negras entre sus piernas. -Pásate al asiento de atrás. – Le dije. Cuando lo hizo aproveche para nalguearla. No fuerte pero sonó sabroso. Se quejo y me estaba diciendo que no le gustaba. Pero me pase para atrás y quede sentado sobre ella con mis piernas a sus costados. Nuevamente la bese y deslice mi mano por su debajo de su hilo, separe sus pliegues y jugué un poco con mis dedos en esa dulce zona que amo tener entre mis labios. Cuando comenzó a gemir con esos ruidos raros deje de tocarla y me senté a un lado de ella. Me desabroche el cinturón, abrí el pantalón y lo medio baje mi verga brinco contra mi estómago y después calló gruesa y pesada en mis pantalones. Le dije: -¿Ves lo gorda y venosa que se ve con el anillo? ¡Ahora trágatela!- Se acomodo el cabello suelto detrás de las orejas, la tomo con una mano y se inclinó para llevárselo a la boca.

    Comenzó a chupar y de inmediato solté: -Así puta, más abajo, trágalo todo.- Tomo ritmo. Y acomode el anillo con los dedos empujándolo con fuerza hasta la base. Eso hace que le dé un empujón de sangre extra y se ponga completamente duro, más gorda, más firme y las venas más marcadas. Por lo mismo ella ya no bajaba toda sobre mi dura y curvada verga. Así que recogí su cabello con una mano, sin jalarlo sólo sujetarlo y con la otra mano sostuve su cabeza y comencé a bombearme dentro de ella, más rápido y más profundo de lo que ella estaba lleno. De inmediato hizo esos sonidos deliciosos del sexo oral rudo.

    Se levanto y respiro profundo. Se limpio la saliva de la boca y me dijo: -¡Maldito Rey cabrón!- Me beso y tomo a mi amigo con su mano y lo apretó con bastante fuerza. Supongo que esperaba que me doliera. Pero eso me gusta y más con el anillo porque se siente como se agolpa toda la sangre, como cuando aguantas mucho tiempo la respiración y sientes como se agolpa toda la sangre en la cara. Lo único malo es que después de eso se pierde un poco la firmeza. No el tamaño sólo algo de firmeza y las venas marcadas. Mientras ella me besaba busque con las manos su hilo y con los pulgares lo deslice hacia abajo. Ella coopero así que salió muy fácil aun a pesar de las botas.

    La hice ponerse en cuatro. No era su pose de gato perfecta por el espacio. Pero aun así su culo se veía delicioso elevado, sobresaliendo de las sombras e iluminado por la luz del poste que estaba a la distancia. Quería comerme ese culo y lamer todo los pliegues y hendiduras. Pero la única consideración que tuve fue escupirme en la verga y embadurnar su saliva y la mía en la cabeza. Comencé a jugar con la entrada y sin esperar nada más ella inicio con sus gemidos raros. De verdad me hartan y tenía que detenerlos de alguna forma. Busqué su hilo, todavía con la cabeza de mi verga entre sus pliegues, casi adentro, casi afuera. Estire el hilo negro entre mis manos frente a mí y lo lleve a su boca, no para ponerlo dentro de su boca y que pruebe su propio sabor. Sino como una rienda delgada que cortaba sobre su boca. El movimiento que hice hacia el frente hizo que entrara por completo en ella. En el mismo momento que entre, grito y su hilo corto el mismo, porque la hizo cerrar la boca. Fue perfecto. El gemido ahogado, su cuerpo recibiéndome por completo y la sensación de poder y control. Hace que se me erice la piel el puro recuerdo.

    Acomode el hilo para sujetarlo con la mano derecha justo como si fuera una rienda. Con la otra abrí sus nalgas para ver mejor entre las sombras como me deslizaba lento en ella. Se quedo quieta y gimiendo tanto como su calzón le permitía, podía sentir la expectación de ella, de que es lo que haría. Seguí moviendo lento y poco a poco sentí como se abría a mí, podía ir subiendo el ritmo lentamente. Tardo unos minutos hasta que ella comenzó a moverse, a hacer gala de es licuadora que tiene en la cintura. No es fácil mover libremente la cintura en esa posición y más con la restricción que tenía por su calzón y el espacio de la camioneta. Pero ella lo hizo parecer como si su culo tuviera vida y se moviera por cuenta propia.

    Sentí que podía ser más fuerte el movimiento ya. Así que eso hice me moví con fuerza dentro de ella, pero quería más. Con la mano libre tome su mano izquierda, que estaba firmemente aferrada a el asiento. La lleve a su espalda, sosteniéndola ahí y la machaque, no hay otra forma de describir lo que estaba haciendo, más que, la machaque con la verga, con todo mi cuerpo mientras la tenía inmovilizada por la mano y la cabeza. Cada centímetro de mi verga y cada musculo de mi cuerpo sólo trabajaba en penetrarla Le dije entre jadeos: -¡Me encanta tenerte así puta y llenarte de verga!- Le estaba dando sin piedad, chocando fuerte y el sonido de nuestros cuerpos opacaba la radio. El anillo hace que te acerques tortuosamente al final, pero que no puedas acabar tan fácilmente. Para poder acabar tienes que quitarlo y para quitarlo tienes que perder firmeza en la elección. La espalda ya me estaba matando por estar encorvado en ese reducido espacio. Así que le indique que cambiáramos. Le solté al mismo tiempo el brazo y el hilo. Le dije que no soltara el hilo. De verdad lo último que necesitaba era oír sus gemidos raros. Le sobe el brazo que le había estado sosteniendo mientras la besaba aún con el calzón en la boca.

    Fue difícil y raro, pero jodidamente sucio y rico. Me senté y ella instintivamente se sentó sobre mi dándome la espalda con las piernas a los costados de las mías. Se levantó lo suficiente para que yo me guiará contra su caliente abertura y se dejó caer. Entre gemidos, pujidos y su tanga dijo que ya no tenía tiempo, supongo vio la hora en el tablero. -El anillo hace más tardado todo y por lo dura que tengo la verga no va a salir, así que tienes que ser ruda y darte de sentones con ganas hasta que me venga.- Le expliqué gruñendo. Enseguida comenzó a hacer círculos, ochos y menearse de atrás para adelante. Le dije que eso siempre era rico pero con el anillo necesitaba ser más ruda o no acabaría pronto. Se inclino entre los asientos de enfrente y comenzó a dar de sentones. Fue agarrando el ritmo hasta que lo hizo bastante rápido, el espectáculo era jodidamente bueno, pero yo también quería acabar ya. Ella pujaba muy rico entre el jadeo de su respiración y el calzón en su dientes. Moví la cadera para ir agarrando el ritmo y que nuestros cuerpos chocaran a la par.

    Podía sentir que estaba cerca de acabar, pero el maldito anillo no me dejaba y era una tortura cabronamente deliciosa. Con las manos me agarre del asiento sobre mi cabeza mientras nuestros cuerpos se golpeaban, sentía la camioneta moverse toda y por debajo de sus pujidos, mis gruñidos y la radio se oían los muelles de la camioneta. Por un momento fue como si todo se apagara y no podía oírla a ella o a mí, sólo era el retumbar de mi corazón en la cabeza y explote, explote tan fuerte que pensé se me detendría el corazón, explote tan fuerte que sentí como disparaba desde lo más profundo de mis entrañas, uno tras otro de los disparos de semen. Gritaba con los dientes apretados, hice tanto esfuerzo que hasta la cabeza me dolió en la nuca. Tuve un momento de no saber que estaba pasando y cuando reaccioné estaba bañado en sudor, ella también brillaba con perlas de sudor en la espalda y nalgas. Estaba recostada hacia el frente entre los asientos respirando fuerte y jadeando. Aún estaba dentro de ella. Pero no quería moverme.

    No quería que las cosquillas eléctricas me dejaran. Sentía como aún el semen fluía a fuera, no en chorros o descargas, sólo fluía hacia fuera. Aún no recuperaba el aliento. Ella como pudo se movió a la guantera, saco toallitas húmedas, me las aventó en el pecho y se tiró en el asiento a lado mío. Me dijo: – Eres un cabrón de mierda.- Le tomo un tiempo moverse y comenzamos a limpiarnos. El anillo salió por fin. Me lo arrebató de las manos, lo miró a contra luz y dijo: -Creo que me gusta el Precioso, traelo la próxima vez.

  • Cosas de mi madre (2)

    Cosas de mi madre (2)

    Acá nuevamente relatando lo acontecido con mi madre, luego de esa noche increíble me levanto de la cama y me doy un baño, al salir para el comedor veo que ella está en la cocina preparando el almuerzo, me acerco por atrás, le doy un beso en el hombro y de digo buen día, ella me contesta con un «Buen día bebé, como estas» como si nada hubiera pasado, yo atiné a decir «todo bien» y me fui para el comedor, me senté en el sillón y en mi cabeza solo daba vuelta todo lo vivido esa noche, me llama para comer y me siento en la mesa, cómo sin decir una palabra, hasta que mi madre rompe el silencio.

    Madre: que te pasa que estás tan callado, hay algo que te molesta?

    Yo: no, no hay nada que me moleste, estoy confundido y tratando de procesar todo lo que pasamos anoche, vos lo estás tomando con normalidad

    Madre: eso te pone mal, pensé que habías entendido que somos grandes y tenemos necesidades como cualquier persona.

    Yo: si, eso lo entiendo, pero vos sos mi madre, espero que entiendas que me pasa

    Madre: si, te entiendo, pero además de tu madre soy una mujer, y lo que pasó anoche fue algo que me hizo sentir muy viva, lo disfruté muchísimo y quisiera que vos me entiendas también, es algo que lo deseaba mucho y se dio de esta manera

    Yo: si, yo también lo disfrute mucho, y sé que sos una mujer, y muy hermosa, igual me cuesta procesarlo tan pronto, haber hablado esto con vos me haces estar mejor, sé que pasó y ya está, y seguramente vos tenés a alguien con quién lo pasas bien

    Madre: no bebé, no tengo a nadie, estoy todo el tiempo en casa, con vos o tu hermano cuando viene de visita, sino estoy sola todo el tiempo, por eso me hizo tan bien que disfrutemos más que lo de costumbre

    Yo: a mi también me hizo muy bien que estemos juntos (aunque me quedé pensando que cuando le cogí el culo ya estaba acostumbrada a que se lo cojan, así que seguro debía estar con alguien o tener un consolador que lo usé seguido).

    Pero todo continuó con total normalidad, los días pasaban y yo no veía a mi madre salir a ningún lado, no verse con nadie, se me había hecho una obsesión, cuando ella salía a hacer las compras, yo revisaba toda su habitación buscando algún juguete que fuese el responsable de que mi madre tenga el culo dilatado deliciosamente.

    Una de las tantas tardes llegó del trabajo cansado y me doy un baño, cuando salgo le digo a mi madre que voy a recostarme un rato, cuando me levanto ya despabilado, mi madre estaba terminando de hacer la cena, cenamos charlando de todo un poco, después de un rato le digo que me voy a quedar mirando algo en la tele ya que estaba muy despabilado y no iba a dormir pronto, así que me acomode en el sillón, y mi madre va a acostarse, luego de un rato de estar viendo una película, siento que mi madre sale de su habitación, se sienta a mi lado y me dice que tampoco puede dormir, así que se apoya en mi y se acomoda, yo la abrazo y así quedamos viendo la televisión.

    Después de un instante ella me empieza a acariciar la pierna, y yo para corresponderle le acaricio la espalda, así estamos un rato hasta que sube más y sus caricias empiezan a ser en mi pija, sabía que quería más que ver una película, la dejo que haga lo que deseaba y mi pija empieza a reaccionar a sus caricias, baja lentamente el cierre del pantalón y la saca, para seguir acariciándola, lo hacía con mucha suavidad y dulzura.

    Luego de unos instantes baja su cabeza y la empieza a chupar, lo hacía de maravillas, y empieza a sacarme mis primeros gemidos, me pide que me saque el pantalón y así lo hago, ahí más cómodo me recuesto en el sillón y abro las piernas para que ella se ponga en medio y pueda chuparme a su gusto, era hermoso ver su cara con mi pija en su boca, subía y bajaba, jugaba con su lengua en cada centímetro de ella, era realmente una experta, después de un buen rato de estar chupándola, se da vuelta, se levanta el camisón y muy lentamente se la va metiendo en la concha, que delicia, la metía y sacaba, para volver a meterla con más fuerza, se podía escuchar lo mojada que estaba, y mi pija entraba con toda facilidad hasta el fondo.

    Hacía movimientos circulares que me llevaban a la gloria, se saca el camisón para quedar totalmente desnuda y puedo ver cómo mi pija se perdía entre esas hermosas nalgas, no tardó mucho para tener su primer orgasmo que me empapó todo y le arrancó unos alaridos indescriptibles, yo la tenía agarrada de la cintura para que no se saliera y así seguimos otro rato, hasta que le digo que se ponga en 4 para cogerla mejor, y así lo hizo, cada embestida mía era arrancarle un gemido fuerte y ambos lo disfrutábamos, hasta que en un momento acomodo mi pija en la puerta de su ano, y lo empiezo a penetrar suavemente, mi pija quería explotar al ver su culo rebotando contra mi, y mientras le cogia su ano con todas mis fuerzas le pregunté quién se la estaba cogiendo, pero no me respondió y seguí dándole con todas mis fuerzas.

    Nuevamente le hago la pregunta mientas mi pija se clavaba en su culo hasta lo más profundo, pero esta vez como pudo y entre gemido me dijo «no te lo puedo decir» yo estaba a punto de acabar, pero quería algo especial, así que cuando estuve a punto de estallar, me salgo y me pongo frente de ella, que abre su boca para recibir mi pija y toda mi leche, no dejo escapar ni una gota, y por más que ya no me quedaba leche, ella seguía chupando, fue glorioso llenar la boca de mi madre con mi leche, cuando deja de chupar me acuesto a su lado y quedamos abrazados frente a frente en el sillón, ya que no es muy ancho, me besa y me dice

    Madre: es hermoso que estemos así, me gustaría que podamos hacerlo más seguido

    Yo: a mi también me encantaría, realmente disfruto mucho y tú cuerpo me calienta de sobremanera, amo cogerte el culo, lo haría todos los días si pudiera

    Madre: es todo tuyo, y quiero que lo hagas cuando lo desees, me encanta todo lo que me haces y siempre deseo más, quiero que me veas como una mujer caliente y que está para complacerte

    Yo: me hace muy feliz eso, pero quiero que me respondas lo que te pregunté, cuando te cojo el culo entra fácilmente y está casi dilatado, y eso me encanta, pero eso es porque alguien más te lo está haciendo, y quisiera saber quién es

    Madre: no te lo puedo decir, seguramente no te caerá bien, como vez soy muy caliente y hay veces que durante el día necesito tener una pija dentro de mi, por eso ya no te preocupes que solo estaré para vos si lo deseas

    Yo: no es necesario, yo estoy también con alguien y lo sabes, y por más que vos creas que me va a caer mal, también quisiera saberlo, al parecer también le encanta tu culo como a mí

    Madre: está bien, te lo voy a decir, pero quiero que lo tomes con calma y no me juzgues, como te dije, yo soy una mujer y tengo necesidades que deseo calmar, muchas veces cuando vos estás en el trabajo viene a visitarme tu hermano y con él también nos pasan cosas, así que dejamos que todo fluya y mayormente terminamos cogiendo

    Me quedé helado, sin emitir ni un sonido, no sabía cómo reaccionar, ella estaba cogiendo con sus 2 hijos, y le parecía lo más normal, luego de unos instantes solo atiné a decir:

    Yo: me dejaste helado, nunca imaginé que fuera el, por eso casi no nos cruzamos, viene cuando yo no estoy y te coje

    Madre: no me juzgues bebé, ni a tu hermano, así como se dieron las cosas con vos, también fueron con él, soy una mujer muy ardiente y desde que no está tu padre necesito calmar lo que está en mi interior, incluso cuando él vivía era muy difícil calmarme, y el hacía todo para que bajara mi fuego

    Yo: está bien, no los voy a juzgar, ya que yo estoy en la misma situación, pero realmente es una sorpresa para mí, sé que sos muy caliente y seguramente papá sabía cómo calmarte

    Madre: no creas bebé, tu padre tuvo que cambiar y amoldarse a mi para apaciguarme, el me hacía muy feliz, pero mayormente no alcanzaba solo con él para calmarme

    Yo: te entiendo, seguramente lo engañabas para calmar tus ganas, no voy a juzgarte a esta altura de la vida

    Madre: no bebé, nunca lo engañe a tu padre, pero él sabía que yo necesitaba de más para calmarme, así que empezamos a buscar otras variantes, y él se encargaba de traerme otros hombres para calmarme, en ocasiones 2 o 3 más para apaciguarme

    Yo: no lo puedo creer, ahora entiendo porque está pasando todo esto, me encanta que me hayas dicho todo lo que deseaba, ahora te entiendo más y quiero que las cosas funcionen, y todas las veces que quieras vamos a estar juntos dándonos placer, y si en algún momento no soy suficiente quiero que me lo hagas saber, para poder complacerte en todo

    Me dio un beso y nos fuimos a dormir, con todas las revelaciones que había tenido esa noche, varía me quedaron dando vuelta en la cabeza durante días, pero eso se los cuento en la próxima.

  • Todos tenemos nuestras historias

    Todos tenemos nuestras historias

    –Así que fue solo eso. ¿Un magreo entre ustedes Ana Luz? –Me preguntó Gustavo notablemente molesto.

    –Solo eso, cariño –Respondí.

    –Además sucedió antes de que estuviéramos juntos. ¡Por favor! Todos tenemos nuestras historias.

    Mi marido no parecía satisfecho con la respuesta. Afortunadamente el ruido de la fiesta no daba oportunidad de discutir con mucho detalle.

    Hacia veinte años desde que terminamos el liceo y acudíamos a la reunión que lo conmemoraba. Muchos al igual que yo, rondábamos los 40 años y acudimos con nuestros cónyuges. Algunos más dejamos a los hijos con la niñera.

    La cena había terminado y la conversación empezaba a animarse por las anécdotas de nuestra adolescencia. Compartíamos la mesa con Irene, Elena y sus esposos.

    Entonces, lo vi llegar. Se aproximó a nuestra mesa y saludó de beso a las mujeres y un fuerte apretón de manos a los hombres. Después de la ronda de presentación le invitamos a sentarse.

    Él agradeció el gesto. Comenzó entonces la ronda de preguntas usuales, Elena inició por las nuevas de cada uno, llegan dándole su turno.

    –Entonces Timoteo, ¿Dinos, donde está tu esposa? –Pregunto Elena directamente.

    –Me he divorciado recientemente –Contestó.

    Un ligero silencio de incomodidad se hizo en la mesa. Pero fue roto rápidamente.

    –Llamadme Tim, como en los viejos tiempos. Después de tantos años mi nombre sigue sin gustarme.

    El recuerdo de su nombre nos hizo reír y olvidamos rápidamente la incómoda pregunta de Elena.

    La música empezó y Gustavo quién odia bailar, hizo seña de sentarse.

    Tim se acercó y me invitó a bailar. Quizá Gustavo notó la ligera tensión entre nosotros, cosa que lo hizo sospechar más tarde.

    Acepté la invitación de buena gana. Tim era un gran bailarín.

    Mientas bailábamos conversamos un poco, acto que fue seguido desde la distancia por mi marido. La música era dinámica y nos movimos con alegría a su compás. Después de algunas piezas, la música bajó de intensidad. Tim se acercó a mi oído para decirme

    –aún tengo tu chaqueta.

    Gustavo ya estaba cerca de nosotros, amablemente pidió bailar con su esposa y yo ignorando el comentario de Tim, accedí cambiar, tomando a mi esposo de la cintura.

    –¿Cuál es la historia con él? –Preguntó, apenas Tim dio la vuelta hacia la mesa.

    Al principio intenté mentirle.

    –Nada amor, solo que fuimos buenos amigos durante nuestra estancia en el liceo.

    Por supuesto Gustavo no iba a aceptar una respuesta tan simple fácilmente. Me di cuenta de que había tomado ya un par de copas.

    –Creo que no me dices la verdad –Insistió.

    El sonido anunció una ligera pausa y todos regresábamos a las mesas

    –Salvada por la campana –Dijo mi esposo, entre serio y bromeando.

    De vuelta a la mesa, siguió la conversación Isaac, esposo de Elena conversaba con Gustavo y yo aproveché para conversar con Tim, la plática fue informal, nada serio puede hablarse en estas reuniones. Al menos no hasta que el alcohol hubiera fluido un poco. Lo cual empezaba a suceder.

    Noté que Issac y Gustavo se habían separado por lo que la conversación entre Tim y yo sucedió bajo la mirada inquisidora de mi marido, tal vez Elena lo percibió igual e invitó a Tim a bailar y yo regresé con mi esposo a una mesa alejada de la pista, en un rincón.

    Para entonces Gustavo ya había tomado un poco más, quizá más que un poco.

    –¡Confiesa que te lo follaste! –Soltó bruscamente.

    Un poco ofuscada por su brusca manera de expresarlo, no estaba segura si era una buena idea contarle, pero decidí evitar una escena de celos delante de mi viejo grupo de amigos.

    –De acuerdo te contaré.

    Como ya has escuchado, Tim fue el deportista del grupo, siempre fue el capitán del equipo de basquetbol y de el de futbol. Yo no sabría decirte si su nivel le hubiese permitido vivir del deporte, pero hace 20 años, muchos pensábamos que sí.

    Una vez concluido el liceo todos tomamos nuestro camino, pero 2 años después, las chicas en la mesa y un par de amigos más, volvimos a reunirnos cuando Tim se accidentó.

    Él y su primo fueron a una fiesta y no es muy claro si ambos estaban ebrios al salir, lo que fue claro es que su primo lo estaba y condujo en ese estado. En una curva entrando a la ciudad, perdió el control del auto y se estrellaron contra otro. La peor parte la llevó él, se fracturó la tibia de una manera en que su futuro como deportista se esfumó.

    Entre todos, nos turnamos para visitarlo, un día fui y nadie pudo acompañarme. Lo encontré muy deprimido. Nunca lo había visto así. Sentí lástima por él.

    Su madre estaba por salir del hospital cuando llegué, se alegró de verme y con un sentimiento de alivio dijo que tardaría un par de horas en volver.

    Tim se desahogó y lloró junto conmigo. Una cosa llevó a la otra. Quizá fue su vulnerabilidad, pero mi intención de animarle fue convirtiéndose lentamente en algo más. Me acerqué a él y lo besé suavemente. Él respondió apasionadamente. Mi mano que se encontraba en su pierna sana, empezó a subir. El beso se tornó apasionado, lleno de deseo. Fue fácil hacerme entre su bata de hospital y su carne. Sentí en él una ligera erección.

    Seguíamos besándonos, mientras sus manos se dirigieron hacia mis senos, su falo seguía erigiéndose y fue cuando escuché pasos en el corredor, nos separamos rápidamente, justo a tiempo antes de que la enfermera en turno hiciera su ronda de revisión.

    Gustavo seguía muy molesto, incluso el efecto del alcohol parecía haberse esfumado. Se sentó. Al acercarme pare acariciarle, noté que se había puesto duro. No era una ligera erección, no. Él estaba firme completamente.

    Reconozco que el recordar la historia me hizo sentirme un poco excitada. Aprovechando el largo del mantel de la mesa, dirigí mi mano a acariciarle sobre la ropa. Gustavo disfrutaba mis caricias, pero debí interrumpir, la música se había detenido nuevamente y las mesas volvían a ocuparse.

    Esperamos un poco para volver a la mesa del grupo y seguimos conversando un hasta que llegó la hora de irnos.

    Al llegar a casa y despedir a la niñera, Nos encontrábamos en la alcoba, Gustavo mantenía una actitud reservada y se le notaba molesto.

    –¿Qué sucede? –pregunté.

    –No creo que tu historia termine como me has contado.

    –Estoy seguro de que te lo cogiste.

    Harta de su comportamiento, no lo pensé y decidida confesé el resto de la historia.

    Una semana después le permitieron dejar el hospital, fuimos en grupo a visitarlo un par de veces, Él parecía más animado. Aún no debía levantarse de la cama y su pierna derecha seguía sujeta por un dispositivo ortopédico.

    En mí última visita fui sola, su madre nuevamente regresó a trabajar y él se alegró de verme. Hablamos un poco, pero no mencionamos la última ocasión en el hospital, sin embargo, al estar solos otra vez, su pesadumbre volvió a hacerse presente. Lamentaba profundamente saber que su vida de deportista se había terminado.

    Me acerqué a él y dejé que me besara suavemente. El beso se intensificó y volví a sentirme excitada. Dirigí mi mano a su entrepierna. Esta vez no nos interrumpieron. Me di cuenta de que su verga era mucho más grande de lo que pensé la primera vez. Era muy gorda y larga; su glande parecía un hongo enorme. Mi piel lo deseaba, mi coño se humedeció, yo me dejé llevar.

    Sus manos hábilmente desabotonaron mi blusa y acariciaron mis pechos sobre el sostén. Retiré la manta que lo cubría y me dirigí a su entrepierna. Saqué su magnífica verga por la apertura del bóxer para pajearla. Nunca fui muy amante de hacer el sexo oral, así que solo lengüeteé y besé su miembro un par de veces.

    Su falo duro sobresalía entre mis manos y un ligero líquido traslúcido asomaba por la punta. Abrí mis jeans y los retiré al igual que las bragas. No recuerdo muy bien cómo, pero cuidadosamente subí a su cama y abriendo al máximo las piernas logré esquivar su pierna rota y el aparato que la sujetaba. Él hábilmente dirigió su verga a donde pudiera montarla.

    Empecé a sentir como milímetro a milímetro se introducía en mí. Él libero mis tetas y las besaba con fruición, mordía ligeramente uno de mis pezones mientras yo lograba recibir más de la mitad de su tranca.

    Me sentía llena por completo, su miembro estaba muy adentro de mí y su lengua no paraba de jugar con uno de mis pezones. Una de sus manos acariciaba mi trasero y la otra me tenía muy fuerte por el otro seno.

    Cuando estuvo dentro por completo, empecé a moverme lentamente hacia arriba y abajo, yo debía hacer todo el esfuerzo y empecé a sudar copiosamente.

    Empezamos a gemir, yo quería montarlo con fuerza, restregar con vigor mi clítoris contra su polla, pero me contuve para evitar golpear su maltrecha pierna.

    Lentamente me moví arriba, abajo adelante y atrás, me concentré en sentir cada ligero movimiento. Así seguí un buen tiempo, sentí lentamente que el orgasmo estaba cerca. Él había hecho un gran esfuerzo para no correrse, intuí que también iba a terminar.

    Me corrí primero, apenas. En mitad del clímax sentí su abundante y tibia descarga.

    –Sucedió así, sin pensarlo.

    ¿Querías saber si follamos? –Le pregunté casi gritando.

    Sí, lo hicimos hasta el final. Aunque yo tenía condones en el bolso, no recordé usarlos.

    Al terminar me retiré lenta y cuidadosamente. Sentí al incorporarme, como su semen escurría entre mis muslos. Me vestí apresuradamente.

    Observé que él lo había disfrutado tanto como yo. Sonreíamos sin saber que decir.

    Me despedí rápidamente y me fui.

    Gustavo escuchaba mi relato en silencio, su expresión era de sorpresa, no de disgusto. Tal vez, porque no podía esconder la tremenda erección, que haber escuchado mi relato le había provocado.

    Al verlo, no lo pensé y lo aventé en la cama. Le pedí que no se moviera y repetimos en cierta forma lo que le había contado: Él permaneció inmóvil y yo me monté sobre él, moviéndome cuidadosamente, como si él estuviera herido. ¡Pero no lo estaba! Incrementé el ritmo, restregué mi hinchado clítoris contra su pelvis. Gustavo duró lo suficiente para hacerme correr. Él se vino copiosamente.

    –Ahora sabes la historia completa –le dije, aún con la respiración agitada.

    –¿Estás segura?, ¿no seguiste visitándolo? –Preguntó con curiosidad, más que con disgusto

    –No. Entonces tenía otro novio. No volví hablar con él, hasta el día de la fiesta.

    –¿Acaso el sexo no fue bueno? ¿No valía la pena volver a verle?

    Un poco confundida por la pregunta, terminé la historia.

    Llegando a la parada del autobús me di cuenta de que había olvidado mi chaqueta. Al regresar por ella, observé cómo Eva, otra compañera del grupo abría la puerta de su casa. El muy cabrón debió haberse tirado a todas las del grupo con su numerito de deprimido…

    Epilogo.

    Íbamos tarde a la fiesta a la que nos habían invitado los amigos de mi esposo, me tocaría maquillarme en el auto durante el viaje, algo que a Gustavo odiaba.

    Él ya me había echado la bronca por no organizarme a tiempo. Sentía que la noche empezaba fatal. Al buscar el maquillaje en mi bolso la vi. No podía recordar cómo, pero estaba ahí. No recordaba haberla tomado o a él entregándomela.

    –¿Por qué sonríes? –preguntó Gustavo.

    –Por nada cariño –Respondí.– Tienes razón, debería planear mejor mi tiempo, lo siento.

    Sonrió, tomando mi disculpa de buena gana.

    Devolví la sonrisa, mientras guardaba la tarjeta de Timoteo en el compartimento interno de mi bolso.

  • Carolina, Raúl y yo

    Carolina, Raúl y yo

    A veces cosas extraordinarias ocurren a gente común, como sucedió esa noche.

    Se trataba sólo de una cena informal con una buena amiga, Carolina se llama, es alta, con una piel bronceada y tersa, tiene una boca carnosa y cabello rizado, no era para nada una cita de conquista ni de ligue, sólo saludarse y ponerse al día con lo que ocurría en nuestras vidas.

    Cenamos y tomamos una jarra de vino con calma, no paramos de reír con las anécdotas que nos contamos. Poco antes de irnos sonó mi celular y era mi gran amigo, se llama Raíl es de mi edad y siempre ha sido un mujeriego empedernido, es alto y bien parecido; me llamó para decirme que estaba en la ciudad que donde me podía ver para saludarnos, no estaba muy lejos de donde estábamos así que le pregunté a Carolina si no había problema nos alcanzara y se integrara con nosotros, a lo que contestó que no.

    Raúl es una persona muy simpática, muy afable lo que hizo que inmediatamente se cayeran muy bien con Carolina, hicimos buena química los tres. Junto al restaurant donde estábamos había un bar al cual nos invitó a tomar una copa, ya con el vinito encima y un poco alegres disfrutamos de la charla , el ambiente era bueno, poca gente, música tranquila.

    En algún momento pusieron un ritmo para bailar y los tres nos paramos de inmediato, cada vez con más copas y música más sugestiva nos pegábamos más a Carolina a lo que ella correspondía de manera muy, muy sensual… Pero la música se terminó y tuvimos que salir de ahí.

    Ni Caro ni yo teníamos automóvil y Raúl sí, así que se ofreció a llevarnos a casa. Primero nos encaminamos a la casa de Caro y al llegar nos sorprendió a ambos, sobre todo a mí que nos invitara a pasar, en ese momento ya había una mirada de complicidad entre Raúl y yo, ya se había creado una idea de que algo se podía dar, yo para ese momento ya estaba sumamente excitado y sentía como mi verga comenzaba a crecer dentro de mi pantalón…

    Entrando lo primero que hizo Carolina fue poner música nuevamente, nos sirvió unos tragos y nos pusimos a bailar, y nuevamente a tocarnos a rozarnos a excitarnos, en una de las vueltas del baile quedaron nuestras bocas muy juntas y fue inevitable que se rozaran y ahí aproveche para besarla lo más eróticamente posible que mi lengua exploró y jugó con la de Carolina, ella no se resistió, es más respondió de igual manera, pero cual sería mi sorpresa que al momento se volteó he hizo lo mismo con mi amigo, al tenerla de espaldas me pegue a ella besándole su cuello y acariciándole sus nalgas, Raúl ya liberaba sus pechos y los comía con desesperación, ella se dejaba llevar.

    Nunca, nunca me imagine tener esto con ella, ni siquiera me fijaba en su cuerpo, mi sorpresa era mayúscula al ver o espectacular que estaban esas nalgas, duras muy bien formadas y su entrepierna totalmente húmeda. Aun la abrazaba por detrás y pase mis manos al frente para desabrochar su pantalón, ahí me di cuenta que ella ya jugaba con la verga de mi amigo en sus manos, le baje el pantalón lo que dejó al descubierto esas lindas nalgas y una diminuta tanguita metida entre ellas, ahora yo fui quien se sacó la verga y se la restregaba en medio, ella sintió y se inclinó para sentirla más y empezar a mamar la verga de mi amigo, era tanta nuestra calentura que no nos dimos cuenta de que había un espejo en el techo y que la vista era espectacular, ella inclinada mamando verga y al mismo tiempo siendo penetrada por mi verga por su deliciosa vagina.

    Pero esa posición no era muy cómoda, así que solo fue un pequeño tiempo y se levantó, se desnudó, nos desnudó y nos sentó en un sillón de su sala a cada uno, vino primero conmigo, se sentó en mis piernas y viendo a mi amigo empezó a jugar con mi verga, sus manos eran expertas en manipular el palo, que hinchado estaba a punto de explotar, yo tocaba sus hermosos senos y los pezones duros y erectos, ella no dejaba de ver a Raúl, cuando ya no pude más y exploté se puso al frente y toda su cara quedo llena de mi leche, me dejó escurriendo y se fue con mi amigo directamente a seguirle comiendo la verga, el espectáculo era formidable, lo hizo explotar pero a él lo recibió todo en su boca.

    Nos dejó exhaustos. Tremendamente cansados. Se levantó y caminó desnuda, rica y llena de nuestro semen, antes de entrar a su recamara solo nos dijo… al salir ponen seguro y se encerró para no salir más.

  • De corneador a cornudo

    De corneador a cornudo

    Luego de que pasaron varios años como corneador me casé y esos eventos clandestinos desaparecieron de mi vida, luego de un tiempo fui convenciendo a mi esposa para explorar el mundo swinger hasta que fue cediendo y decidimos dar el primer paso.

    Encontramos como ir a una fiesta de parejas liberales, como ya saben mi norte era otro y mis fantasías no eran precisamente con mujeres (pueden buscar mis otros relatos) pero debía seguir aparentando mi posición de esposo macho alfa y como ya estaba conversado que buscaríamos nuevas experiencias para intercambiar parejas nos fuimos a esa fiesta.

    Mi esposa y yo éramos muy calientes, nos conocíamos a la perfección y nos encantaba el sexo oral, vaginal y anal.

    Al llegar todo el mundo estaba alegre, bailaban tomaban y todos disfrutaban, pudimos darnos cuenta que algunos se conocían y otros no por lo que no sabíamos como actuar, mi esposa dijo que nos sentáramos y pidiéramos un vino para ir entrando en calor, al rato estábamos en la pista de baile mientras no parábamos de beber, las chicas al parecer tienen mejor disposición de socializar que los hombres porque entre ellas se hablaban y bailaban mientras que los hombres no entrabamos tanto en el ambiente.

    Pude bailar con un par de chicas mientras mi esposa hacía lo mismo tanto con hombres como con mujeres pero yo no le quitaba la vista a ella porque éramos nuevos en esto y como no sabíamos como era estar en un sitio así, nos prometimos cuidarnos.

    Nunca habíamos tenido experiencias con parejas ni tríos pero por eso estábamos en esa fiesta y la idea era liberarse para entender que si podíamos dar el siguiente paso, en mi cabeza esa estar con dos chicas y ver a mi esposa en un acto lésbico ya que nunca conversamos estar con otro chico por los momentos, no pasó mucho tiempo cuando yo estaba un poco tomado y fui como pude al baño a orinar, uno de los chicos me dice que mi esposa es espectacular y que tiene unas tetas hermosas, yo riéndome le dije “muéstrame la tuya para ver si las cambiamos” y él dijo “Me jodí porque vine solo”, al salir del baño empecé a buscar a mi esposa pero no la ubicaba entre tanta gente porque era como una orgía había mucha gente besándose y haciéndose sexo oral sin ningún tipo de pudor entonces me empecé a preocupar porque no la veía hasta que cerca de unas escaleras estaba ella besándose con otra chica mientras un tipo le subía la camisa para chuparse sus tetas de las dos.

    Me acerqué y pude ver todo, se comían a besos entre los tres y ella se dejaba hacer todo muy feliz, me dio un poco de arrechera ver que otro hombre le mamara las tetas y mi esposa estaba a punto de hacer nuestro trío pero sin mí.

    Como pude traté de colocarme detrás de la otra chica para integrarme junto al sonido de la música hasta que bajé mi mano y empecé a masturbarla mientras ella seguía haciendo su trabajo con mi esposa.

    Me enfoqué mucho en la chica hasta que ya estaba arrodillada en el piso haciéndome sexo oral luego se paró y me invitó al cuarto donde todos tenían sexo, en ese momento les puedo jurar que no sabía ni me acordaba de mi esposa ya que esta chica me estaba llevando a tirar, al entrar ahí fue espectacular porque había de todo lesbianas, tríos, gangbang, mamadas, besos, en fin era algo soñado.

    Entre toda esa gente, el juego de luces tenues y la música alta era una locura, no me pregunten como pero terminé parado en una esquina desnudo mientras otros se cogían a la chica que entró conmigo, me la quitaron sin darme cuenta y quedé solo sin saber el paradero de mi esposa ni sabía dónde estaba mi ropa, estuve viendo todo el espectáculo y a la vez trataba de ubicar mi ropa pero al rato se me acercó mi esposa totalmente desnuda y me preguntó que si pude hacer algo con alguna chica, fue un alivio verla pero me sorprendió verla desnuda y pensé que ya se la habían empotrado, le hice señas que mi chica estaba siendo clavada por otro y con miedo a una respuesta positiva le pregunté si ella había hecho algo con alguien, se sonrió y me dijo al oído “esta no es tu noche mi amor” agarró de la mano a un chico y se lo llevó a la cama delante de mi sin ningún tipo de vergüenza (era el tipo del baño)…

    No voy a olvidar nunca todo lo que le hizo ese hombre a mi mujer, se hacían sexo oral, se besaban, se cambiaban posiciones y hacían de todo mientras yo solo observaba haciéndome la paja en una esquina de ese cuartico como todo u perdedor, no conforme con eso se integró otro chico que se fue apoderando de ella mientras el primero marcaba su retirada dándome la mano en un gesto de gratitud por haberle entregado a mi mujer.

    Ya no sabía que pensar de mi esposa era una perra que todos querían coger y ella se dejaba sabiendo que yo estaba ahí viendo todo, era una sensación de amor, odio, humillación, celos y satisfacción al mismo tiempo, el segundo chico la penetró muy duro por el culo en 4 patas, tanto que yo le veía la cara de sufrimiento a mi esposa y no sabía como actuar hasta que me acerqué a ella y nos besamos hasta que el tipo terminó de utilizarla.

    Al salir de ahí nos vestimos y nos fuimos a nuestra mesa a seguir bebiendo como si nada hubiese pasado mientras la fiesta continuaba cada vez más desenfrenada, no hablamos del tema en toda la noche hasta que llegamos a la casa en donde no le reproché nada solo le dije que me sentí como un cabrón de mierda ella y solo me dijo:

    –Mi amor yo disfruté como nunca y creo que lo repetiría mil veces, a ti no te gustó lo que vivimos?

    Solo le pude que si me gustó y así pasé de ser corneador a cornudo.

  • Mi esposa quiere conocer a mi amante

    Mi esposa quiere conocer a mi amante

    Jessi me había descubierto pero aún no sé cómo, desperté y la encontré en el comedor furiosa, por descubrir una pantie de otra mujer en mi auto, yo reconocí la prenda de inmediato pero me hice el que no lo note, enseguida ella se lo tomo personal, y comenzamos a discutir, ella no podía entender, como si era muy complaciente sexualmente conmigo, y de mente abierta, pude engañarla, no le molestaba que yo estuviera con otra mujer le molesto que no le tuve confianza para contarle que me interesaba tener sexo con otra mujer. Me dijo que ella lo entendería, así como yo entendía sus fantasías. Yo al principio nervioso y confundido negué haber tenido sexo con alguien, después confese, pero aclare que no tenía intenciones de que aquello pasara simplemente sucedió inesperadamente, pero no me creyó, seguía muy enojada; tanto que decidió irse unos días de la casa.

    Pasó una semana y aun no resolvemos nuestros problemas, le pregunté a Oscar si mi mujer no había hablado con él o algo, y él dijo que no le ha respondido sus mensajes ni llamadas. Fui a verla a casa de sus papás para tratar de reconciliar las cosas, después de varios días tratando de convencerla finalmente aceptó regresar a casa. No sin antes poner varias condiciones: Primero, yo debería ser honesto con él en todo, Si quería tener sexo con otras mujeres se lo tenía que decir, no era necesario que ella participara si la otra chica no se sentía comoda, Ella igual seguiría teniendo sexo con otros hombres como lo hemos estado haciendo con Oscar, hasta aquí todo razonable, puso otras condiciones como que ella no iba a cocinar por 3 meses, que no haría nada en el hogar, que yo debería compensar el daño con labores del hogar, también me pidió que nos fuéramos a unas vacaciones románticas solo ella y yo para volver a conectar como pareja. todo me parecía justo y accedí. Su última petición me extrañó, porque me pidió conocer a Sara, yo al principio no creí que fuera una buena idea pero no me desistió y tuve que aceptar.

    Pasó una semana y todo iba bien en casa ahora que Jessi y yo arreglamos todo, yo cumplía con todas sus peticiones, Llegamos a tener un trío apasionado con Oscar así como nos gusta, y yo vi un par de ocasiones a Sara fuera del trabajo, no pasó más que unos besos cachondos, o un faje en los baños de las oficinas. Al siguiente viernes, le propuse a Sara ir a tomar unos tragos después del trabajo, le dije que invitara a su novio y yo a Jessi, me dijo que ya no tenía novio desde nuestro primer encuentro, no dio muchas explicaciones al respecto, le insistí que entonces solo nosotros 3 y media indecisa acepto. Salimos de la Oficina y pasamos a casa por Jessi, quien lucía demasiado hermosa para la ocasión a comparación de Sara y yo que íbamos con ropa de Oficina. Nos dirigimos a un bar tranquilo para platicar, y que Jessi conociera al fin a Sara. Sara no sabía que mi esposa ya sabía de lo nuestro y lo aceptaba. Después de toda esa plática inicial de cordialidad para conocerse, Jessi soltó un inesperado: Y que tal coge mi marido.

    Sara quedó pálida del susto y no supo qué responder, Jessi continuó diciendo: No te preocupes no me molesta, me pone cachonda, saber cómo mi marido se coge a otra, de hecho lo que me molesta es que no me inviten.

    Sara solo reía nerviosa, aunque creo que no le sorprendió tanto sabiendo que yo dejaba a Jessi coger con otros hombres.

    Cuando al fin pudo hablar Sara se disculpó, y explicó que no pudo ganarle a su deseo, y se dejó llevar por su cachondez del momento, Jessi rápidamente le propuso seguir la fiesta en otro lado, más prendido.

    Nos dirigimos a otro bar con más ambiente y música para bailar. seguimos la fiesta y terminamos muy borrachos. Eran las 3 de la mañana y buscamos una taquería para bajarnos lo tomado, después de comer llevamos a Sara a su casa. Al llegar ella nos ofreció pasar, y tomar otro trago, Jessi le dijo que no porque ya quería llegar a casa para disfrutar conmigo, Sara le contestó: y por qué no lo disfrutamos las dos aquí. Jessi incrédula se bajó del auto y le dijo de frente: ¿estás segura? Sara la tomó de las mejillas y le plantó un beso, Jessi respondió poniendo su mano en el culo de Sara. cuando terminaron de besarse Sara le dijo: Perdón por dejar mi pantie en el auto de Daniel en aquella ocasión, solo quería ser atrevida, y ponerlo nervioso. Honestamente no creí que nos descubrieras tan pronto.

    Entramos los tres a su casa, y nos dimos un beso de tres en su sala, después nos dirigimos a la habitación donde nos empezamos a dar sexo oral, yo le chupaba la vagina a sara, y Jessi me chupaba la verga. Yo estaba con mentalidad de macho y no sería sumiso, en esta ocasión yo mandaría. Entonces tomé a Jessi del cabello y la despegue de mi verga, la ahorque y acerque a mí de frente, y le dije hoy tú vas a ser nuestra puta, y le bese obscenamente, cuando termine de besarle le dije con voz de mando, chúpale las tetas a mi chica, y ella se las metió a la boca, aunque Sara no era tan voluptuosa de los pechos se veían deliciosos, como las manos pequeñas de mi esposa, estrujaba sus tetas, y succionaba sus pezones hasta dejarle chupetones en toda la teta. Al mismo tiempo yo le daba una buena mamada, y tuvo su primer orgasmo, llenándome la boca con sus fluidos.

    Me iba a poner un condón para empezar a penetrarla pero Sara me detuvo, la puse en cuatro y comencé a penetrarla por la vagina, mientras Jessi nos miraba y se masturbaba, le ordene que empezara a estimular el ano de Sara por que a mi chica le gustaba por ahí.

    Jesi dejaba caer hilos de baba en el ano de Sara al mismo tiempo que yo seguía penetrándola, empezó a meterle un dedo, y no tardó mucho en tener 4 dedos dentro, podía sentir como me rozaban sus dedos en la verga. Sara entonces tuvo otro orgasmo y me dejó el pene húmedo listo para entrar por su culo.

    Puse a Sara boca arriba y levante sus piernas para empezar a partir ese culo sabroso que tenía. La posición no era muy comoda para el anal, pero quería ver cómo me la cogia mientras Jessi le chupaba la vagina. Empecé a meter la cabeza del pene despacio, esta vez estaba menos apretada que la primera vez, y de un solo golpe se metió todo mi pene, entendí eso como una señal para partirla duro, y empecé a penetrarla salvajemente, Jesi empezó a chuparle su clítoris, y meter sus dedos en la vagina de mi amante. Otra vez no tardó en tener los 4 dedos adentro.

    La penetraba fuerte, y después le hacía chuparme el pene a Jessi, y se lo volvía a meter en el ano de Sara.

    Cambiamos de posición y ahora yo estaba acostado, Sara se puso arriba de mí y se volvió a meter mi verga en su ano, me dio unos sentones salvajes, y rápidos mientras Jessi me ponía su conchita en la cara. me dio tanto placer esa posición que le llene el culo de esperma, le dije a Jessi que le succionara la lechita del culo a Sara quien se puso en 4 y se dejó mamar el ano, entre gemidos, le pido le metiera sus dedos, en la vagina, le metió cuatro dedos, se la estaba follando con los dedos, cuando Sara tomó la mano de Jessi y la empujó más profundo, Jessi entendió la señal y empezó a meter toda su mano en la vagina de Sara, tenía la mano de mi esposa metida hasta la muñeca, nunca había visto algo así, que aun recién corrido, me puse erecto otra vez, le puse mi verga en la boca de Sara, y empezó a meterla hasta la garganta, las dos gemían de placer, Sara ya tenía la vagina tan abierta que entraba y salía la mano entera de mi esposa con mucha facilidad. hasta que nos corrimos al mismo tiempo, yo le llene la boca con lechita a Sara y ella le lleno de Squirt la cara a mi esposa, terminamos exhaustos, y no acostamos los tres, Sara estaba en medio y se giró para darme un rico beso, lindo y tierno, mi esposa la abrazaba y apretaba los pezones, nos quedamos dormidos desnudos.

    Al otro día nos dimos una ducha los tres, desayunamos y Jessi y yo regresamos a casa, Al lunes siguiente, Sara y yo nos veíamos diferente en el trabajo, ella me encontraba a solas y me frotaba la verga por encima del pantalón y me pedía repetir la experiencia.

    Durante más de un año Jessi y yo alternamos semanas para hacer tríos con Sara o con Oscar, o yo me encontraba a solas con Sara mientras mi mujer se cogia a Oscar, tratamos de juntarlos en una orgia pero no acepto Sara decía que estar con tres personas era muy intimidante para ella, que el hecho de tener esta relación rara entre mi esposa y yo, significaba sobrepasar muchas cosas que no se creía capaz y por el momento era suficiente.

  • Jon me funde las pilas

    Jon me funde las pilas

    Conocí a Jon (Jonathan en su DNI, Johnny para algunos y Jon para mi) hace ya un tiempo, en una quedada con un montón de parejas swingers. La verdad es que, a pesar de haber mucha gente, la fiesta no se levantaba como una hubiera previsto. Las parejas coqueteaban con otras parejas, había tocamientos, alguna felación tímida y breve… pero poco más.

    Vi a mi marido charlando con una pareja: la mujer había agarrado la mano de Luis y la estaba acariciando, aunque el marido se estaba fijando en otra señora y deduje que no habría intercambio. Un hombre me pasó por detrás y me rozó los riñones, y luego volvió regresó para decirme, en plan gracioso, que tenía un mosquito en el pezón y me lo pellizcó. No tenía gracia alguna y además no me gustaba para nada. Me estaba intuyendo una fiesta muy floja.

    Así que le sugerí a Sofía, la anfitriona de la juerga, que quizás nos faltaba alcohol y música más cañera.

    -Si lo que quieres es más caña te presentaré a un amigo. Hoy no tengo ganas de estar con él, así que te lo puedo prestar.

    -¿Y eso? -le pregunté, extrañada, ya que yo sabía de sobras que Sofía se guarda los mejores para ella.

    -Jonathan es… ¿cómo te lo diría? Demasiado intenso para mi.

    Berta me llevó al baño, y me señaló al hombre que se estaba duchando tras la mampara la cristal. Vi a un tipo alto, fornido y muy bien dotado, todo enjabonado.

    -No te quejes, me dijo Berta, ya ves que te lo presto bien limpito.

    Berta salió y yo me quedé en el baño. Ni corta ni perezosa me despojé de la poca ropa que llevaba y me metí bajo la ducha.

    -Necesito un bañito urgente -le solté mientras me pegaba a su pecho.

    Sus manos calientes me agarraron el cuello y me besó con fuerza. Solo con ese gesto comprendí que la recomendación de mi amiga era la oportuna. Mientras mantenía su lengua dentro de mi boca, Jon me hizo sentir su pene, frotándose contra mis muslos. Con movimiento brusco y certero me volteó, apretó mi cara contra la pared y empezó a penetrarme sin previo aviso. Me ensartó hasta el fondo de una sola estocada. Sus movimientos pasaron del cero al cien en dos segundos, y sin darme yo cuenta ya me tenía gimiendo como una posesa.

    No puedo precisar cuanto tiempo me tuvo en la ducha, pero en algún momento pensé que Jonathan iba demasiado lanzado y que se iba a correr en un minuto. Iba muy equivocada. Tras ese tiempo impreciso, salimos de la ducha y me condujo de la mano hacia un saloncito en donde había dos tresillos, uno enfrente del otro. En uno de ellos había dos parejas brindando con champán pero sin muchas ganas. Jon me tumbó en el otro sofá, que estaba libre, me sentó en su regazo y me puso mirando a las dos parejas de enfrente mientras de nuevo me penetraba y dirigía los movimientos de mis caderas con sus manos fuertes. No tardé nada en gemir otra vez.

    Mis chillidos debieron de alertar a todo el mundo, porqué cuando me fijé había un montón de gente en el salón y todos pendientes de Jon y de mi. Entre las caras que miraban descubrí la de mi marido, que no perdía detalle de la escena. Jon me cambió de postura varias veces y sin perder el ritmo. Nos convertimos en el centro de la fiesta.

    Hubo un momento en el que, cuando ya quizás me había corrido dos veces y empezaba a faltarme el aire, él se detuvo, me trajo una botellita de agua y tras esperar a que me la bebiera, volvió a las andadas. Creí que me iba a dar un infarto pero, a la vez, yo tampoco podía parar. Un rato más tarde le pedí a mi amante que me dejara tomar el aire. Y Jonathan, atento y educado, me levantó del sofá y me llevó en volandas al jardín. Una vez allí me tumbó en el césped fresquito, me puso en cuatro y siguió dándome. Yo ya casi no podía creer ese aguante, porque sentía que a mi se me estaban terminando las pilas. Y él parecía estar como al principio, inmune al cansancio. A pesar de estar fundida, me di cuenta por el murmullo de fondo que la gente de la fiesta nos había seguido hasta el jardín y nos estaban rodeando, sin dejar de mirarnos.

    Vi que la gente seguía a nuestro alrededor, pero que algunos iban y venían, como perdiendo el interés. Una mujer, sentada cerca de mi, estaba sorbiendo su gin tonic y charlando con el hombre que a su lado le acariciaba los muslos mientras ella le masturbaba despacio. Ambos nos miraban de reojo.

    Cuando yo ya había perdido el sentido del tiempo y mis piernas se negaban a moverse, me di cuenta de que Jon estaba a punto de llegar al final. Él me avisó: quédate quieta, cariño. Le obedecí porque lo que me resultaba más fácil era, justamente, quedarme quieta. Jon salió de mi vagina, se arrodilló delante de mi cara y entonces me dijo:

    -Vamos a darle a nuestros espectadores lo que están esperando.

    Conté uno, dos, tres, cuatro chorros de esperma denso. Luego siguió, pero yo perdí la cuenta. Solo sentía como su leche brotaba una y otra vez en mis ojos, mis mofletes, mi nariz, mis orejas, mi frente y mi pelo.

    Cuando estaba totalmente cegada todavía pude ver, a medias, como se acercaba un hombre para sacarme fotos de mi cara en primer plano. No podía ser otro que mi marido. Solo Luis es capaz de esas cosas. Cuando Jon terminó me contó al oído:

    -Lo siento, guapa. Como puedes ver, llevo muchos días reservándome para hoy.

    Al día siguiente, en casa, Luis y yo estuvimos mirando las fotos y terminamos con un polvete apresurado, muy excitados los dos. En medio del polvo, Luis me dijo:

    -Lo que más me pone cuando veo tu cara con la corrida es que parece que se te hayan corrido tres tíos.

    Algunas veces he quedado con Jon, pero solo cuando me siento muy descansada y capaz de darle todo el tiempo que necesita. Eso no es posible siempre. Cuando quedamos, me reservo tres o cuatro horas por lo menos. Lo bueno es que Luis se muestra comprensivo.

  • Mi mejor amigo, mi padrastro comparte a mi madre conmigo (2)

    Mi mejor amigo, mi padrastro comparte a mi madre conmigo (2)

    Lamento haber tardado tanto en publicar esta segunda parte del relato. En la primera parte describí a detalle el momento en el que presencié la primera vez que mi mejor amigo (ahora padrastro) tuvo sexo con mi madre. Para poder entender este relato se necesitan las descripciones del anterior. Mucho de lo que aquí contaré es el motivo por el que tardé tanto en decidirme a continuar: simplemente había cosas que me daban mucha vergüenza e incomodidad escribir y no me sentía en un espacio mental adecuado para lidiar con la ansiedad de que extraños leyeran los más bajos pensamientos que quería y a la vez no plasmar. Una disculpa por haber tardado tanto.

    Habían pasado dos meses desde aquella noche en que tuve el placer de ver a mi madre entregando su cuerpo a mi mejor amigo. Había notado algunos cambios en mi madre: estaba de mejor humor siempre, se volvió muy servicial y materna conmigo nuevamente, salía cada que podía de casa y se encargó de comprarse más ropa para salir que en años anteriores. Ciertamente me alegraba que mi madre fuera más madre conmigo. En años pasados se había dedicado mucho a ella misma: salidas con amigas, el gimnasio, leer, tomar cursos. Todas cosas buenas para ella pero que al final no tenían ningún impacto más que ser una distracción y podía notar en ella que algo le faltaba en la vida para ser feliz. Ahora la veía feliz… lo que le hizo falta fue empezar a cogerse a mi mejor amigo.

    Y entonces noté el cambio más extremo en ella: no le llegaba su periodo. Las toallas sanitarias, que normalmente compraba cada dos semanas, estaban acumuladas en el cajón del baño. Pensé en que Caleb la había embarazado en su encuentro sexual con ella y la sangre me hervía al pensar en ello.

    Lo cierto es que realmente me daban ganas de llorar al pensar en ello. Desde que tengo memoria, he visto a mi madre como mujer y no como lo que debería ser para mí. Mi primer amor fue mi madre y, al igual que Caleb, mis primeras fantasías sexuales la involucraban. Imaginaba que entraba a mi cuarto a escondidas para cogerme sin que mi padre se diera cuenta, que chupaba mi pene antes de hacerme el amor, que mi madre me veía como un hombre. Afrontar que tu mejor amigo recibe esos tratos es algo muy parecido a verlo con cualquier otra mujer de la que estás enamorado. Imaginen a su mejor amigo follando con la mujer que ustedes aman, y que esa mujer le corresponde en absolutamente todo a él. Ese vacío en el estómago, esa pequeña pesadilla, yo la presencié y experimenté el placer sexual más tormentoso que alguien puede pasar.

    Encima de quedarse con la mujer que quería, que sabía que nunca iba a poder tener pero que aun así deseaba con todo mi ser, él la había embarazado. Simplemente me hacía sentir poco hombre. Mi mente me decía que era un retraso, que si mamá no me había pedido pasar al super por más era porque algún cambio hormonal estaba pasando… pero no. Mi estómago, mi intuición, me decía lo que mi madre para aquel entonces ya sabía: estaba embarazada de gemelas.

    Durante dos meses no fui a trabajar por temas de cuarentena. Me entristecía profundamente no recibir ni los bonos ni las horas extra que me permitían distraerme en mi hobbie… pero eso me permitió acceder a esta parte de mi vida que se había convertido en ver a mi madre teniendo sexo con Caleb.

    Salía todos los días de mi casa a las 8 para presentarme a mi trabajo de velador falso que le había dicho a mi madre que había conseguido. Sin falta Caleb llegaba a las 9, se metía a mi casa por la puerta de atrás y empezaba a satisfacer a mi madre. Yo abría con mucho cuidado la puerta y la dejaba entreabierta por si necesitaba escapar. Me bajaba los pantalones y me castigaba a mí mismo viéndolos follar.

    Lo que más me sorprendía era lo sucios que se habían vuelto. Las primeras veces se mantuvieron bastante convencionales: misionero, perritos, mamadas, besos y sexo intenso pero común. Y entonces, más o menos pasado un mes desde que habían empezado su relación, llegué al segundo piso, me asomé por la puerta entreabierta y vi a Caleb en cuatro con el culo bien alzado, la lengua de mi madre entrando en su ano mientras ella masturbaba su venoso y desmesurado pene. Esa noche mi madre controló en su mayoría el acto e hizo que Caleb le lamiera el culo, le acariciara la entrada a su ano con su verga e incluso le dejó meterle un pequeño consolador que no sabía que ella tenía. Unas noches más tarde vi a mi madre ponerle el coño en la cara a Caleb hasta que alcanzó el orgasmo y cuando se retiró, la cara de mi amigo estaba cubierta por el propio semen que él había eyaculado en el interior de mi madre sólo para ver a mi madre limpiarle la cara a besos y lamidas.

    A veces el sexo era más calmado, a veces más intenso y sucio, pero durante dos meses sólo descansaron seis días. Esos seis días que yo había tardado en «conseguir trabajo». Era realmente impresionante…

    Y entonces llegó esa noche. Mi madre estaba boca abajo en la cama con el culo bien levantado, el horrible pene de Caleb estirando su pequeño, diminuto y hermoso ano rojito hasta hacerla gritar y retorcerse de dolor. Caleb la tenía bien sometida y a pesar de lo espasmódica y adolorida que mi madre estaba, él estaba dispuesto a follar ese ano sin consideración alguna. Terminó de hundir su miembro en el culo de mi madre y entonces empezó a moverse.

    -¡No, para, espérate!

    Mi madre le rogo con ojos llorosos y pegando con los puños cerrados en el colchón.

    -Soy tu esposo, ¿no? Tú me hiciste papá y ahora yo soy el hombre de esta casa… obedéceme, amor.

    Y estableciendo la dominancia más desconsiderada que me podría imaginar, empezó a mover sus caderas a pesar de los gritos de piedad de mi madre. Ella le pedía que parara, le decía que la estaba lastimando, que por favor se detuviera. Caleb la estaba lastimando de verdad. Mi pene estaba perdiendo al rigidez en mi mano. Podía soportar verlo follándola, satisfaciéndola, amándola y siendo amado por ella. Pero esto era abuso y ahí marqué mi límite. Mientras guardaba mi pene escuché un último grito y vi a Caleb con el pene tan al fondo de mi madre que sólo sus huevos quedaban fuera. Subí mis pantalones y los abroché y entré al cuarto. Caleb estaba montando a mi madre, me daba parcialmente las espaldas y no alcanzó a terminar de sacar su pene cuando me abalancé encima de él. En el proceso le torcí un poco el pene a la que salía del ano de mi madre, un sonoro «plup» cuando su glande salió de las tripas de mi mamá.

    Lo tiré de la cama y empecé a golpearlo con todas mis fuerzas. Él se limitó a cubrirse el pene con una mano y la cara con la otra, pero todos mis golpes se fueron a sus costillas y espalda.

    -¡La estabas violando, la estabas lastimando, puto!

    Grité mientras lo seguía golpeando y entonces sentí las manos de mi madre agarrándome del cuello desde atrás y jalándome con fuerzas. Caí de espaldas y cuando me recuperé ella cubría con su cuerpo desnudo a Caleb y me gritó llorando.

    -¡Déjalo, era una fantasía, no lo lastimes! ¡Ya déjanos, salte del cuarto y déjanos!

    Yo me sentía muy bien después de golpearlo y entonces agarré a mi madre de las caderas y la lancé encima de la cama. Ella gritó y dudé un segundo. Segundo que Caleb aprovechó para tirarme al suelo y someterme. No me golpeó, que es lo que esperaba, me torció un brazo por detrás de mi espalda y sin decir nada se quedó encima de mí. Mi madre se quedó llorando en la cama y entonces me di cuenta de que la había tratado muy mal.

    Caleb me levantó sin soltarme el brazo y me empujó fuera del cuarto, cerrando la puerta con seguro enseguida.

    Y entonces «silencio». Los escuché susurrando un par de minutos. Y entonces mi madre abrió la puerta. Estaba usando su short y blusa de casa y Caleb estaba completamente vestido.

    -Tenemos que hablar José.

    Me dijo mi madre y me pidió que bajara a la sala.

    Bajamos los tres, mi madre se sentó al lado de Caleb y ella marcó toda la conversación.

    -Mira, José Manuel, quiero que quede totalmente claro que lo que viste allá arriba fue totalmente consentido. Yo le avisé a Caleb lo que iba a decir y cómo él tenía que reaccionar. No me obligó a nada… nadie fue violado ni abusado ni nada que se le parezca. Yo entiendo que estés molesto porque hayamos decidido empezar esto sin avisarte o darte señales o algo, pero somos adultos los dos y no tenemos por qué reportarte nuestra vida sexual ni a ti ni a nadie. Hemos mantenido todo lo que hemos hecho en mi cuarto, mi espacio, porque no quería invadir nada de nuestro espacio compartido con mis actividades sexuales.

    Intenté interrumpirla varias veces en el proceso y todas las veces ella levantaba la voz para acallarme. Caleb no se dignaba a dirigirme la mirada. Me dio una profunda satisfacción verlo tan asustado. Pasó de estar declarando que él era el hombre de la casa a estar hecho bola al lado de mi madre.

    -Así que espero que de verdad esto no se repita y sepas respetar nuestra intimidad en un futuro. Ahora sí, dime lo que tengas que decirme.

    Le puso una mano en la pierna a Caleb. «Nuestra intimidad».

    -¿Piensas seguir con él?

    Pregunté enojado.

    -Pienso hacerlo así es.

    -Mamá, no puedes seguir con él, no mames era mi puto mejor amigo.

    -Hijo, Caleb y yo llevamos tiempo desarrollando el lazo que ahora tenemos y… la verdad es que me trata con respeto, es el único hombre con el que me he sentido cómoda desde que tu papá y yo nos divorciamos. Y la verdad es que preferí relacionarme con alguien que ya era cercano a mí antes de buscar conocer a otro hombre a mis 38 años.

    -Mamá, que literalmente crecimos juntos, ¿no ves lo jodido que está toda esta puta situación?

    -José Manuel, por favor, entiende. De verdad que nunca planeamos que esto pasara… sólo se dieron las cosas y aquí estamos ahora. Caleb y yo decidimos ser una pareja. Lo único que nos preocupaba eras tú y cómo lo tomarías y ahora que lo sabes puedes elegir entre ser una piedrita en el zapato o darnos tu apoyo en esto. Y de verdad, hijo, evité buscar a otro hombre durante años para que no tuvieras que lidiar con tener a un extraño en casa en lugar de tu papá. Necesito que ahora me apoyes en esto.

    La verdad es que mi madre me estaba dando argumentos buenos, pero no iba a dejar que eso me calmara. Simplemente estaba muy enojado en el momento.

    -¿Por qué tenías que putear en específico con mi mejor amigo, má?

    Caleb se enderezó y estaba a punto de responderme, claramente enojado, pero mi madre le puso la mano en el pecho y lo hizo callar. Aunque en el sexo Caleb pareciera tan en control de todo, me quedaba claro que mi madre seguía decidiendo por la relación en general.

    -Tú llámame puta si quieres, hijo. Para ti es putear, pero para mí fueron años de estar sola y no tener a nadie que me apoyara más que a Caleb. Ni tú ni tus tíos ni tus abuelos estaban ahí cuando yo me sentía abandonada y desechada.

    -¿Nada más por eso abriste las piernas?

    -Sí, por eso abrí las piernas, José Manuel.

    Mi madre comenzó a llorar sin cambiar la expresión. Se mantuvo seria, el mentón en alto y nada más se limpiaba las lágrimas sin quitarme la vista de encima.

    -Me quiero ir de la casa, mamá. No quiero soportar esto.

    -No te vas a ir a ningún lado, José. Tu padre no te va a querer recibir, a él que se buscó a una muchachita menor que tú le interesa su nueva esposa y los hijos de esa pendejita. Ve a armarle este pancho a tu padre a ver si él se digna a sentarse a hablar contigo. Si te abandonó de pequeño ¿qué te hace creer que te va a querer cuidar ahora de grande?

    Y se hizo un silencio largo y doloroso entre los tres. Todo lo que mi madre decía tenía sentido. Yo no la apoyé cuando ella me necesitaba, no me preocupaba por ella en la manera en la que Caleb lo hizo. No podía esperar de mi padre ayuda ahora después de años de desentenderse… me sentí acorralado y sinceramente agotado.

    -¿Ahora qué?

    Pregunté con hostilidad queriendo ocultar que me dolía saber que no tenía nada que pudiera decir para no quedar como un pendejazo.

    -Ahora vas a aceptar que Caleb y yo somos algo que va a pasar. Y tú no eres menos por eso y él no te ganó porque se haya acostado con tu mamá ni cualquier otra idea pendeja que los idiotas de tu edad puedan pensar o decir. Simplemente alguien a quien conoces y que te aprecia ha decidido ser ahora el novio de tu madre. No hay nada de malo en eso.

    Caleb reaccionó cuando mi madre dijo «novio», claramente eso le gusto. Por primera vez en la conversación, mi madre dejó que Caleb le tomara la mano.

    -Mamá… es mi mejor amigo.

    -Y tampoco es fácil para él tener que estar en esta situación. Y tampoco para mí tener que explicarle a mi amiga que voy a ser la pareja de su hijo, pero bueno. Así son las cosas.

    Me rendí. Accedí a aceptar su relación y subí a mi cuarto. Dejé mi puerta abierta para poder escuchar lo que sea que fueran a decir cuando me subiera.

    Me dolió mucho escucharla despedirse.

    -Mañana hablamos con él del bebé, ¿ok? Buenas noches, amor.

    Así se despidió mi madre de mi amigo.

    Habían pasado unos quince minutos desde que Caleb se había ido cuando tocó a mi puerta. Estaba abierto así que solo entró y se sentó en mi silla de escritorio.

    -Te amo, hijo. Gracias por comprender todo esto. Sé que es una locura ahorita pero me va a hacer muy feliz a futuro.

    No respondí nada. Me mandó un beso volador y me dio las buenas noches. Cuando estaba por salir le hablé.

    -Mamá… ¿podrías ayudarme con esto?

    Le mostré mi pene erecto. Ella se cubrió la cara con la mano enseguida y me dio la espalda.

    -No… creo que estás un poco confundido por todo esto. Mañana podemos hablar…

    -¡No! Mamá, sé que llevas haciendo esto por dos meses. Llevo viéndolos juntos todo este tiempo… odio a Caleb porque él hace todo lo que yo… lo que yo siempre he querido hacer contigo, mamá. Sólo esta vez y nunca volveré a pedir algo así, sólo esta vez y te juro que no me opondré a lo tuyo con Caleb…

    Dije eso y ella volteó a ver mi pene, se llevó la mano a la boca y suspiró muy fuerte antes de acercarse a la cama y tomar mi pene con una mano y empezar a masturbarme. Su agarre era fuerte y firme, pero delicado con mi glande. No volteó a verme y no me dirigió la palabra, simplemente usó su mano durante algunos minutos.

    -Mamá…

    Dije y le agarré el culo y metí mi mano y su short en la raja.

    Ella se alejó y soltó mi pene, pero yo me puse de pie y la abracé por detrás.

    -Solo esta vez, mamá.

    Le rogué, mi pene erecto entre sus nalgas, mi cara metida en su cabello, mis brazos rodeándola.

    -Solo esta vez y luego nunca haremos nada así.

    -Lo juro, madre.

    Caminó hasta su cuarto y yo la seguí. Sobre la mesa de noche seguía el bote de lubricante. Se bajó el short y se puso en 4 antes de untar su ano con ese viscoso y frío líquido. Yo saqué un poco y lo unté sobre mi pene.

    -Usa mi ano, no te acerques a mi vagina.

    La vista era perfecta. Mi madre en cuatro, su ano expuesto ante mí, su figura perfecta cubierta por esa blusa holgada… Pero no importaba. Iba a demostrarle que yo también era un hombre. Que Caleb no era el único capaz de hacerla sentir mujer. Iba a hacer lo que llevaba toda la vida deseando y sin tener que esforzarme como mi padre en su momento o Caleb ahora, el pensamiento me hizo sentir mucho más hombre que ambos.

    Acerqué mi pene y su ano me recibió sin problema alguno. Claramente Caleb había hecho uso de este hoyo muchas veces por lo sencillo que fue para mi madre recibirme dentro. Pensé con coraje que estaba acostumbrado el tamaño de mi amigo… empecé a moverme más rápido y con más fuerza. Mis 15 centímetros de verga bastaron para hacer a mi madre gemir un par de veces. No podía verle la cara, pero el ocasional gemido me hizo saber que parte de ella lo estaba gozando. Duré 10 minutos metiendo mi verga en su ano cuando por fin eyaculé. Lo hice dentro y ella se estremeció… pero no me pidió que parara y seguí mientras mi pene mantuvo la erección. A pesar de venirme, seguía duro y hubiera seguido follando con ella de no ser por el orgasmo que le provoqué a mi madre. Pude sentir su cuerpo temblar y lo siguiente fue cómo su ano se aferraba a mi y finalmente me libraba de su agarre cuando mi madre se echó en la cama a la que un squirt salió disparado de su vagina.

    -¡Vete ya!

    Me gritó y se encerró en el cuarto.

    Yo me sentía muy bien… y también muy mal cuando la excitación de todo se me pasó. No había marcha atrás, mi madre nunca volvería a verme como su hijo y yo había arruinado cualquier ápice de buena voluntad que ella tuviera para mí. Supe entonces que tenía que ser el mejor hijo del mundo y aceptar lo que ella y Caleb quisieran hacer. Me reconocí a mi mismo como una vergüenza: para mi madre, porque la había llevado a tener sexo conmigo; para mi padre, porque literalmente toda la vida deseé a su esposa; para mi amigo porque sabiendo bien las intenciones que tenía con mi madre para futuro dejé que mi pene dictara mis acciones. Esta experiencia en particular me marcó y me convenció de que soy una mala persona. Eso es algo muy feo de decir… pero lo cierto es que volvería a hacerlo todo igual sabiendo cómo terminó todo para mí.

    Al día siguiente me anunciaron juntos el embarazo de mi madre. Dos semanas después Caleb se estaba mudando al cuarto de mi madre tras la plática que tuvieron con su familia que terminó con él y mi madre siendo corridos de su casa. Mis abuelos paternos por su lado inevitablemente harían las paces con él y con mi madre cuando mis medias hermanas nacieron. Y fue entonces que mi madre le confesó a Caleb lo que había hecho conmigo esa noche en que yo los confronté.

    Ese fue el último paso para que mi mejor amigo, ahora mi padrastro, decidiera compartir a mi madre conmigo y eso lo contaré en mi siguiente relato.