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  • Fiesta de sexo descontrolada

    Fiesta de sexo descontrolada

    Era una noche de mucho calor y mi padre Adel ha invitado a sus siete amigos de toda la vida a cenar a casa, están haciendo una deliciosa carne asada, desde mi ubicación puedo sentir el olor de la carne y eso me abre mucho el apetito.

    Mi padre me habla para decirme que les lleve las botellas de cerveza a él y a sus amigos.

    Estoy usando un vestido de tirantes color negro que deja muy poco a la imaginación por lo corto que es.

    Voy hacia la nevera por las cervezas y los amigos de mi padre me empiezan a gritar que estoy hermosa y le hacen comentarios subidos de tono a mi padre, puedo escuchar que le dicen: seguro que disfrutas mucho de tu hija, Adel querido.

    Ellos empiezan a comer la carne que ya está lista, pues, solo le faltaban unos minutos.

    Empiezan a beber mucha cerveza y rápidamente se van poniendo ebrios.

    Luego que ya terminamos de cenar, los hombres me invitan a bailar, mi padre acepta que baile con ellos, pero él se queda sentado con su amigo Esteban (un atractivo hombre de 45 años con el cabello de color negro y con rulos).

    Los hombres me han rodeado y mientras yo hago movimientos con mi cintura ellos aprovechan a mandarme mano por todo mi cuerpo, me agarran el culo, me manosean las tetas, hasta siento unas manos que tocan la humedad de mi vagina buscando introducir los dedos. Esto me está gustando mucho, le pido permiso a mi papá para ponerme más cómoda, él me dice que si y a su vez le dice a Esteban que tiene que participar él también. Esteban se pone de pie y viene hacia mí, yo le doy un beso en los labios que provoca el grito de los demás hombres.

    Me saco el vestido y todos quedan sorprendidos, ya que solo tengo una tanga negra de hilo.

    Antes de poder besar de nuevo a Esteban, mi padre se acerca con su miembro afuera del bóxer y me dice:-Hijita, quiero que me la chupes, mientras todos mis amigos te manosean.

    Yo me pongo de rodillas y empiezo a acariciar el pene de mi papá.

    -Hoy vas a tener mucha carne para ti, mi cielo- me comenta él y yo me meto su pija en la boca.

    -Esto es lo que mi hija me hace todos los días- le dice a sus amigos y ellos gritan de felicidad otra vez.

    Se la empiezo a chupar de una manera muy deliciosa a Adel, pues, como él ha dicho le practico sexo oral todos los días y mi lengua conoce de memoria el recorrido de su pene, es por eso que se lo hago frenéticamente, aunque nunca me voy a cansar de saborear la rica pija de mi papi.

    Esteban me quita mi tanga, otro hombre sé la saca de las manos y la huele, luego el hombre de rulos pone su mano en mi vagina y me empieza a masturbar, mi concha se humedece por su contacto y él me mete dos de sus dedos.

    Siento una lengua y unas manos que se apoderan de mi trasero, giro mi vista y me doy cuenta de que el hombre que agarro mi tanga me está haciendo un delicioso oral en mi culo, escupe en mi agujero e ingresa su lengua bien al fondo del mismo.

    Otros dos hombres están ocupados con mis senos, uno los sostiene con ambas de sus manos y el otro se inclina para chupármelos suavemente.

    Mi padre emite un gemido muy alto, se estremece de placer y eyacula dentro de mi boca, yo tomo hasta la última gota.

    Los hombres empiezan a gritar cosas obscenas y uno que se llama Luis dice en voz de grita: -Vamos todos al dormitorio, quiero darle bien duro por su trasero.

    Mi papá me toma de la mano y todos sus amigos van por atrás mío tocándome el trasero cada vez que tienen oportunidad.

    Me acuesto en la cama con mis piernas abiertas entregándome a todos esos lujuriosos hombres.

    Esteban me da un beso, mucho más ardiente que el que me ha dado hace unos minutos, saca su miembro afuera, me levanta las piernas para llevarlas a sus hombros y con una sola embestida entra en mi interior.

    Los demás hombres están completamente desnudos, se masturban viendo a Esteban como me embiste frenéticamente y esperan su turno para penetrarme ellos también.

    Mi padre se acuesta en la cama y me besa en la boca durante todos los excelentes minutos que dura su amigo Esteban.

    Apenas Esteban saca su verga con restos de semen de mi interior, el hombre que tiene mi tanga en su mano, corre y con un grito de alegría se aproxima a mí.

    Le enredo las caderas con mis piernas y me penetra rápidamente.

    Mientras recibo las penetraciones del hombre siento lenguas alrededor de mis senos. Luis y Esteban están lambiendo mis tetas, solo que cada uno está concentrado en un pecho diferente y luego cambian. Los demás siguen masturbándose hasta mi propio padre.

    Luego de unos minutos de salvajes embestidas, el hombre acaba adentro mío y la cantidad de su semen es mucho mayor a la de Esteban.

    Después viene Luis, pero, me coloca sentada a horcajadas sobre él y mirando hacia el frente.

    Así en esta pose todos los hombres presentes pueden ver como me penetra con su verga que se mueve en el interior de mi vagina.

    -Miren como me la estoy cogiendo- grita Luis y aumenta la velocidad de las embestidas.

    A pesar del todo el placer me siento cansada y me arde la vagina de recibir tanta verga y semen, hasta se me está poniendo un poco colorada de tanto coger. Esto me está gustando mucho.

    Con unas últimas embestidas Luis eyacula dentro de mi vagina, ya estoy teniendo mucho semen dentro de mí y siento mi vulva inundada de ese líquido tan delicioso.

    Luis se retira y el que continúa es mi padre, él no me coge la vagina. Adel me pone en cuatro, agarra fuertemente mis pechos y empieza a penetrar mi trasero, conozco tantos sus embestidas, la manera que tiene de cogerme, sus caricias, eso hace que me olvide de todos los demás y que existamos solo él y yo en nuestro más intimo acto sexual Durante los minutos de las embestidas de mi padre siento un millón de sensaciones, pero el fuego de la pasión arde en mi interior.

    Él me da un apretado beso en mis labios y eyacula dentro de mi culo.

    -Acuéstate, mi amor, vas a recibir algo muy rico- me dice.

    Yo lo obedezco y en unos segundos siento cascadas de semen en todo mi cuerpo, tal vez parece que exagero, les aseguro que no es así. Parece que me han sumergido en una bañera, este es el resultado de la eyaculación sobre mi cuerpo de los siete hombres presentes.

    -¿Te ha gustado?- me pregunta Adel.

    -Nunca he sido tan feliz como lo estoy ahora- le respondo.

    Mi padre les grita a todos que se retiren así puedo descansar.

    Todos los hombres se van con sus ropas en las manos.

    Cierro los ojos y escucho que mi padre murmura: -Descansa cariño, dulces sueños.

  • Otra vez tratada como una cualquiera por Facebook

    Otra vez tratada como una cualquiera por Facebook

    Esta conversación fue del año 2018, mi esposa me contó que había hecho el amor con un viejo amante en nuestra época de separación, la verdad no me dio muchos detalles, solo que estuvieron juntos dos veces, la conversación es del día siguiente al primer encuentro.

    JC: hola hermosa ¿cómo amaneciste?

    Nena: hola mi flaco, pues bien, con dolor de cabeza, pero bien

    JC: ¿y solo te duele la cabeza?

    Nena: Si, vida mía ¿Por qué?

    JC: porque a mí me duele la pelvis, de la culiada tan rica que te pegué

    Nena: jajaja, tonto

    JC: ¿A ti no te duele?

    Nena: Siii, que malo eres

    JC: ¿y esa panochota y ese culo?

    Nena: flaco, grosero

    JC: respóndeme

    Nena: si amor, estoy estropeada, la verdad estuviste muy brusco ayer

    JC: pero te gustó, y mucho porque me pedias que no parara

    Nena: si amor, me encantó estar nuevamente contigo

    JC: y para hoy te voy a repetir la dosis

    Nena: está bien amor, yo feliz de hacerte feliz

    JC: te voy a grabar mamándome la verga y ese video lo voy a subir a la red, así como subí tus fotos hace muchos años.

    Nena: ay no flaco, que tal

    JC: a ti te gusta, te encantaba mostrarte, eras feliz enviándome fotos, ¿ya no lo recuerdas?

    Nena: si flaco, pero eran otros tiempos

    JC: pero ayer te portaste igual que en aquellos tiempos, como la perra que eras, deliciosa y complaciente

    Nena: flaco grosero

    JC: niégame que ayer te gusto ser la misma perra

    Nena: flacooo

    JC: niégame que ayer fuiste la misma perra

    Nena: pues fue raro, pero tu sacas en mi todo eso

    JC: dime que eres una perra

    Nena: ay flaco, soy tu perra, ¿feliz?

    JC: no, dime que te gusta que te haga perra

    Nena: me gusta que me beses, que me acaricies, que me hagas sentir tuya

    JC: pero ayer decías eso con groserías

    Nena: noooo, estaba ebria

    JC: repítelo

    Nena: que vergüenza

    JC: repítelo sin pena, todo lo que decías ayer

    Nena: me gusta mamártela, me gusta que me metas la verga en mi panocha y en mi culo duro

    JC: falta

    Nena: me gusta tragarme tu semen, me gusta que me llenes de semen

    Nena: no definitivamente los tragos me matan

    JC: ves que si eres una perra

    Nena: si mi flaco, siempre me he portado como una perra contigo

    JC: y con los demás también

    Nena: no con todos

    JC: me encanto como te metías los dedos en la vagina cuando te estaba dando por tu culo

    Nena: yo estaba muy tomada, desinhibida y me tenías muy excitada

    JC: eso nunca lo hiciste conmigo, te veías y gemías muy zorra, ¿quién te lo enseño?

    Nena: en parte un profe de mi instituto de enfermería y lo completo mi exmarido.

    JC: que rico verte así, toda arrecha pidiendo verga

    JC: ahora que vengas te quiero ver portándote de esa manera, como la fácil y complaciente que eres

    Nena: si mi flaco, voy dispuesta a ser tuya

    JC: te voy a grabar mamando y luego llena de semen en tu cara y tus tetas, también quiero grabar cuando te tenga en cuatro y estés gimiendo y por ultimo dándote por ese rico culo, y subo eso a la red

    Nena: flacooo, noo

    JC: yo sé que no te vas a negar, estas más perra que antes, con mucha más experiencia

    Nena: está bien mi vida, puedes hacer lo que te plazca, hoy soy toda tuya

    Nena: en un rato nos vemos, besos

    JC: aquí te espero hermosa.

    Como siempre mi esposa solo me conto parte de esa historia, omitió varios detalles, no sé si la grabación este en la red.

    Hasta pronto.

  • Me hacen la paja en la oficina

    Me hacen la paja en la oficina

    Hola lectores de CuentoRelatos, espero les haya gustado mi anterior historia, el que le mostraré a continuación es un hecho real, como les mencioné en mi primer relato conocí a Martina en mi trabajo, llegué a su sucursal por vueltas de la vida.

    La mañana que llegué ella no se encontraba -estaba de vacaciones- solo sabía que había una chica encargada de la bodega, llamada Martina.

    Al lunes siguiente al llegar al trabajo, veo una chica en la bodega, se levantó al verme y fue a mi oficina a presentarse, me llamó la atención apenas la vi, era muy atractiva, de cabello rojizo, ojos miel, hermosa sonrisa, estatura baja, caderas anchas y gran trasero.

    Disimulé mi atracción por ella, pero desde ese día mientras estuve en la sucursal me gustaba espiarla por las cámaras y verla caminar por la sala de ventas.

    En esa sucursal estuve aproximadamente dos semanas, hasta que me tuve que cambiar por decisión de mi jefe. A los pocos días recibí un mensaje de Martina -teníamos nuestros números por un tema de las llaves de la sucursal- me preguntaba si me quedaría en la sucursal de ella, a lo que respondí que no, aunque ya había hablado con mi jefe para quedarme allí.

    Me había gustado el ambiente, el horario de la sucursal, pero lo que más me gustaba era Martina. Al final me asignaron a un sucursal vecina, por lo que no nos alejamos y poco a poco seguimos en contacto.

    Ahora si al relato, cierta vez surgió un turno nocturno para mí, en otra sucursal para supervisar un inventario, era julio, pleno invierno. Lo tomé ya que igual me servía el dinero extra. La persona que me contactó me dijo que faltaba una persona de apoyo.

    Inmediatamente pensé en Martina, le hablé y le pregunté si le interesaba apoyarme en el inventario, a lo que respondió que sí, llegó el día y nos juntamos en una estación de metro cercana, ya que ella estudiaba en las tarde-noche después del trabajo.

    Pedimos un Uber y fuimos a la sucursal la cual estaba dentro de un supermercado muy grande y según su reglamento teníamos que quedarnos dentro hasta las 6:30 de la mañana.

    Yo llevé mantas y comida para ambos, pasamos los filtros de seguridad del supermercado e ingresamos, ya el personal del inventario se encontraba allí, así que iniciamos el trabajo.

    Martina tenía un pantalón ajustado, yo no perdía oportunidad de mirar ese voluptuoso y delicioso culo que posee, aguantando mis ganas de darle un par de nalgadas a ese trasero, se hizo casi la media noche, le propuse comer algo, ya que el personal del inventario no iba a merendar aún.

    Fuimos a la cocina de la sucursal, mientras el resto del personal seguía con el conteo, ya solos en la cocina y pendiente que nadie estuviese cerca, aproveche acercarme por detrás de Martina, robarle un beso con lengua y agarrar sus ricas tetas.

    Lo que me provocó una fuerte erección, ese día me puse una sudadera de algodón gris, por lo que el bulto de mi verga al pararse se notó mucho.

    -Ves lo que me provocas –le dije con una sonrisa pícara- solo un beso tuyo y me haces parar la verga.

    -Si, ya me di cuenta –me responde, observando el bulto en mi sudadera.

    De pie frente al lavaplatos aprovechábamos cada para besarnos, meter mi mano en su pantalón, y sentir la suave piel de sus nalgas, la piel de su culo era tersa y suave al tacto, lo que me ponía más excitado.

    Todo eso y la adrenalina de ser descubiertos le daba más morbo a la situación, ya que era el único lugar dentro de la sucursal donde podíamos tocarnos, acariciarnos -por norma, en la cocina no podían tener cámaras de seguridad- después de comer y juguetear un poco en la cocina seguimos con nuestra labor.

    Yo no dejaba de mirar su culo cada vez que podía, aún seguía muy arrecho por lo que pasó en la cocina.

    A eso de la una de la madrugada terminamos todo y nos dispusimos a dormir, nosotros escogimos la oficina del jefe de la sucursal para descansar allí, mientras el resto del personal se repartió entre la cocina y la sala de ventas.

    La oficina era chica, solo había una silla de escritorio, ingresé otra para mí, le dejé la más cómoda a Martina, nos hicimos uno al lado del otro para apoyar nuestras cabezas sobre el escritorio.

    Para nuestra mala suerte había dos cámaras de seguridad en la oficina, nos cubrimos con una sola manta para los dos, apagamos las luces y nos dispusimos a dormir.

    Conversábamos un poco mientras tratábamos de conciliar el sueño, la luz estaba apagada y me di cuenta que bajo la manta no podían ver las cámaras, debajo nuestras manos y cuerpos estaban ocultos.

    Mi mano empezó a buscar bajo su camiseta, hasta llegar hasta mi objetivo, empecé a acariciar la piel de su abdomen, era suave y calentita, pero quería más.

    Alcancé la copa de su sostén, sentía sus pezones duros sobre la tela del brasier, metí mi mano por debajo de él hasta sacar una de sus tetas al aire, Martina con un movimiento rápido me ayudó y subió su brasier completamente.

    Sus tetas quedaron a merced de mi mano -todo esto pasaba oculto bajo la mirada de las cámaras- fingiendo dormir, mi mano acariciaba ávidamente sus tetas, apretaba sus pezones entre mis dedos, estaban tan duros como diamante.

    Pasaba de una teta a la otra, acariciándolas, apretándolas, sintiendo los suave que se sentían, estaba extasiado en eso, cuando siento la mano de Martina sobre el bulto de mi sudadera.

    Eso me sorprendió, no me los esperaba -sentía como su mano sobajeaba mi verga parada bajo mi pantalón- noto que su mano intenta soltar el cordón de mi cintura, pero lo había apretado bien. Así que yo mismo lo solté.

    Su mano entró dentro de mi bóxer, hasta sentir como su mano envolvía toda mi verga, me la apretaba y con movimientos rítmicos empezó a hacerme una paja muy rica bajo el escritorio.

    Aun fingíamos dormir, las cámaras sobre nuestras cabezas no sospechaban que ocultos bajo la manta Martina me hacía la más deliciosa de las pajas. Yo no dejaba de agarrar sus tetas con mi mano.

    Disimuladamente me baje hasta mis nalgas la sudadera y el bóxer para hacerle la labor más fácil a Martina, en cada apretón de su mano sobre mi verga sentía que me acercaba más y más al orgasmo.

    -Frank, si eyaculas te vas a mojar la ropa -menciona Martina.

    -Pienso rápidamente, -arranque un trozo de una toalla de papel sobre el escritorio- tu sigue, no pares, le dije a Martina.

    -Así, no pares, sigue así que vengo.

    Martina obedeciéndome, me sigue masturbando sin parar, la contracciones en mi pene es un aviso que el clímax está cerca.

    No aguanto más y mi semen estalla, dejando su mano chorreada de toda mi leche, me estremezco al sentir cada corrientazo en medio del orgasmo más intenso, alimentado por la adrenalina del momento.

    Después de unos segundos de calma, le digo que limpie su mano sobre mi sudadera, mientras con la toalla de papel limpio mi pene, después de ese mar de emociones, sonreímos un poco sobre la rica travesura que habíamos hecho.

    Nos quedamos dormidos hasta el sonido de la alarma, tomamos un Uber y pasé dejarla primero a Martina donde su prima para seguir descansando un poco más.

    Y este queridos lectores es la confesión del pajazo más excitante que me han hecho -que rico Martina, nunca lo olvidaré- así como otras cositas que hemos hecho juntos y que será tema de otros relatos, saludos amigos y nos veremos pronto aquí en CuentoRelatos.

  • Fiesta con amigos, encuentro inesperado

    Fiesta con amigos, encuentro inesperado

    Buenas, lectores. Procedo a relatarles un evento inesperado sucedido hace unos años cuando una fiesta con borrachera desembocó en un delicioso encuentro entre amigos.

    Hace unos tres años, yo me encontraba soltero y entre mis amistades había una chica que yo quería mucho, la llamaré Nay. Es una chica morena, de muy buen ver y super agradable con quien tenía tiempo platicando muy constantemente y muchas de esas pláticas solían ser sobre vivencias sexuales que habíamos tenido con parejas o amigos. Teníamos una muy buena amistad en general.

    Llegó un día en que un amigo mío a quien llamaré José, organizó una fiesta que tiene su familia a las afueras de cierta ciudad de México. Y pues coincidió que mi amiga Nay y yo estábamos platicando ese día, por lo cual, decidí invitarla. Eso sí, sin ningún afán de nada más que pasarla bien, divertirnos y tal vez agarrar una tremenda borrachera. Era sábado y Nay estuvo a punto de no ir porque el domingo ella tenía una cita con alguien que había conocido en redes, pero quiso la casualidad que se animara y terminara acompañándome a la fiesta.

    Cuando llegamos a la terraza, la fiesta ya llevaba rato de haber comenzado e intentamos ponernos al corriente en cuanto al alcohol que consumían los demás. Pasaron las horas y el ambiente era super divertido, una típica fiesta de treintones: bromas, comida y bebida.

    Para todo esto, el anfitrión, Juan, es conocido ligón y ahora su esposa no estaba, por lo que animado por las copas comenzó a intentar seducir a mi amiga Nay, a mí no me molestó para nada pues yo no tenía realmente intenciones con ella, sólo éramos grandes amigos. La fiesta seguía andando y nos divertía mucho ver a una pareja ya borracha haciendo desfiguros, los llamaré Sandra y Leo. Sandra era amiga y compañera de trabajo de Juan, era muy jovial y simpática y Leo otro tanto, pero como ya estaban tan borrachos que no podían ni estar de pie, los llevaron a un cuarto a dormir por su bien.

    Pasaron las horas y ya la gente comenzaba a irse a su casa, quedando solamente mi amiga Nay, el anfitrión Juan (que no se rendía en su intento de ligarse a Nay, pero que ella tomaba a broma), la pareja de borrachos y yo.

    No pensábamos ya manejar pues en la carretera de regreso hay filtros de alcoholímetro, por lo que pasamos al único cuarto que había en la terraza, donde descubrimos que la pareja de borrachos (Sandra y Leo) estaba medio despierta queriendo continuar la fiesta, a lo que les dijimos que ya no eran horas.

  • Córdoba, montañas, cascadas y sexo (madre e hijo)

    Córdoba, montañas, cascadas y sexo (madre e hijo)

    Era un viaje programado hace rato, mamá quería ir a las montañas, yo estaba en la duda, mar o sierras, buscamos un punto en común, a los dos nos gustaba el senderismo y la escalada, decidimos por montaña para poder compartir tiempo, cosa que nuestras obligaciones no nos permitían mucho.

    Combinamos nuestro descanso anual, aprontamos el auto con nuestras cosas y partimos con rumbo a Córdoba, una de las maravillas naturales que tiene mi Argentina querida, aire seco, con un treinta a cuarenta por ciento de humedad, temperatura agradable, digamos lugar paradisiaco.

    El cuerpo esculpido por el deporte, se acomodó en el asiento de la derecha, por lo visto me tocaba conducir, por lo pronto los primeros kilómetros de los ochocientos y pico que nos distaban de valle hermoso, lugar de destino.

    Ya pasada Capital Federal tomamos la panamericana y mi compañera preparó unos mates para ver si acortábamos el camino entre mate y charla, charla que nunca había tenido con mi madre, la separación de papa.

    Comenzó así.

    – Manu, parece broma, pero nunca me preguntaste por la separación.

    – No mama, sé que fracaso el matrimonio, pero no el por qué.

    – ¿Querés que te cuente?

    – Si no te vas a poner mal, soy todo oído.

    – Para nada, todo empieza porque nosotras, las mujeres, no podemos comparar.

    – ¿Cómo es eso?

    – Si, los hombres pueden ver si tenemos buenas tetas o buen culo, pues está a la vista, a nosotras solo nos queda tentar a la suerte y yo no la tuve, porque encima de pito corto es precoz tu padre. Para males de males, nunca aprendió a ponerla como corresponde, digamos que aparte de su mal humor fui víctima de una insatisfacción sexual muy importante, me sobran los dedos de una mano para contar las veces que he tenido un orgasmo, por eso decidí la separación y el celibato.

    – Quiere decir…

    – Si Manu, que desde el momento del divorcio nunca he estado con un hombre.

    – Pero como mama, una mujer tan bella como vos, con el físico que llevas y la dulzura que destilas, nunca hayas tenido una pareja o novio, llámalo como gustes, si hasta yo pienso que si no fueras mi madre te correría hasta debajo de la cama para no dejarte escapar, no te enojes pero estas fuertísima.

    – Seguro lo decís porque sos mi hijo.

    – No ma, te lo digo desde el punto de vista de hombre no de hijo.

    Pasamos varios kilómetros casi sin hablar, solo comentarios aislados para reírnos de todo.

    Me pidió que pare así iba al baño y cambiábamos el asiento para que no maneje tanto, cosa que accedí de inmediato, deteniéndome en un área de servicios a unos kilómetros más adelante, me detuve, ambos bajamos del vehículo, ella fue caminado despacio hacia el baño y yo me apoye en el capot del auto a fumar un cigarrillo y observar ese cuerpo enfundado en una calzas deportivas negras y verde fluo que marcaba su hermoso y redondeado culo, separando sus glúteos por la presión ejercida de la tela contra él, se movía de izquierda a derecha en una forma tan sensual que me excite, no lo podía creer, me estaba excitando con mi madre. Pasándome lo mismo cuando regresaba al ver esos redondeados senos contenidos en un top color negro y por lo que observaba, no traía corpiño, pues se notaban sus pezones, clavando mi mirada en ellos.

    Se acercó a mi muy sensualmente tomando mi cara con ambas manos, puso la boca de labios carnosos como si fuera a pronunciar la letra u soplando muy suavemente mis ojos.

    – ¿Y eso por qué mama?

    – Por qué me pareció que se te habían metido dos tetas en los ojos. (riendo a carcajadas)

    Me puse colorado sin decir nada y retomamos el viaje.

    Luego de varias horas de viaje se comenzaron a divisar las montañas, que al paso de los kilómetros se hacían cada vez más grandes e imponentes.

    Una vez llegados a la cabaña que había alquilado mi mama, en un paraje bellísimo que hacía honor a su nombre, Valle Hermoso. Descargamos el auto, nos acomodamos eligiendo cama para después ducharnos y salir a cenar.

    Mis ojos no daban crédito de lo que estaba viendo, mi madre, sin ningún tipo de pudor salía del cuarto de baño en ropa interior, en los años que tengo recuerdo, nunca la había visto así. Se acercó y con dos dedos empujo mi barbilla cerrando mi boca, una media sonrisa se dibujaba en la suya.

    Durante la cena, mi cabeza daba vueltas a lo que había visto mientras hablábamos de las actividades que realizaríamos al día siguiente.

    Llegamos a la cabaña para descansar, nuevamente se repite la historia, mi madre queda en ropa interior, un corpiño que apenas le cubría sus voluminosos pechos y un tanga que se perdía entre sus glúteos con un pequeño triangulo frontal que tapaba sus labios vaginales cuidadosamente depilados. Hice lo propio, me desvestí quedando yo también en ropa interior y cosa que no podía ocultar, era la erección que tenía, intentando que se notara lo menos posible me zambullí entre las sábanas, no tarde mucho en dormirme, pero llegando ese sopor previo a dormir, me pareció ver a mi madre, acostada de lado, observándome.

    Al día siguiente cuando nos levantamos, todo seguía su cauce normal, desayunamos tranquilos, sin poder evitar que en mi cabeza rondaran las imágenes ofrecidas por mi bella madre.

    – Bueno Manu, ¿estás preparado para la aventura?

    – Si ma, ¿A dónde vamos hoy?

    – Dos cosas, primero, decime Andrea, mama me hace más vieja jaja, segundo, vamos a un lugar que es una reserva natural llamada vaquerías, que tiene después de unas escaladas dos hermosas cascadas donde podemos tomar unos mates con el relajante ruido ofrecido por la naturaleza.

    – Fantástico Andrea, me parece buen plan para comenzar.

    – Una vez allí pretendo disfrutar el momento que hace años estoy esperando.

    – Bien, acá estoy yo para acompañarte y ayudarte en lo que quieras hacer.

    – Eso espero mi amor.

    Llegamos a la reserva, hablando con los Guarda parques nos recomendaron regresar antes que anochezca, nos desearon que disfrutemos y emprendimos el camino, entre la visita de ambas cascadas tendríamos unas dos horas y media sin contar el tiempo que nos quedemos a disfrutar el paisaje y “descansar”.

    Luego de un rato arribamos a la primera cascada, la cascada de los helechos, pequeña pero vistosa, su caudal de agua bajaba por un camino de piedras para desaparecer en la espesura del follaje, hicimos un alto para descansar y así retomar el recorrido.

    Luego de descansar desandamos unos cuantos metros para tomar la bifurcación que nos llevaría a la cascada del ángel. Tomamos otro sendero de piedras que en treinta minutos nos hizo llegar a la caída de agua, quedamos impresionados con la magnificencia del lugar, una hoya producida por la cascada de unos diez metros por otros tantos, entre las paredes formadas por la ladera de las montañas que nos rodeaban, agua profunda y cristalina, fría por naturaleza.

    Andrea sin dudarlo se sacó toda la ropa, tal cual la trajo Dios al mundo se arrojó al espejo de agua para nadar unos metros, se giró y mirándome me dijo.

    – Y manu ¿Qué esperas? Sacate todo y veni.

    Tímidamente me desvestí quedando solo en calzoncillos, con mucha vergüenza, aunque la soledad era absoluta se encontraba quien me había dado la vida… Nadando suavemente como perrito se acercó lentamente al sitio donde yo estaba dejando fuera del agua su culo blanco y redondo, salió hacia mí estiro sus brazos y comenzó a bajar la prenda que me quedaba, mi pene largo gordo y duro salto como un resorte, observando con su único ojo la inmensidad del paisaje y a mi madre, el más bello cuerpo que yo jamás haya visto. Tomándome de la mano me llevo hacia el agua.

    Ya un poco más tranquilo y en total silencio ambos nadamos un poco, hasta que fuimos a un rincón donde había una piedra y pudimos hacer pie, con el agua al cuello solo veíamos nuestras cabezas, el esmeralda de mis ojos se clavaron en la profundidad del azul que poseían los suyos, nuestras bocas se acercaron a la vez que Andrea recorría mi cuerpo con sus agiles dedos, la abrace besándola apasionadamente, nuestros cuerpos se pegaron haciendo notar en su abdomen la dureza de mi miembro, despego su boca de la mía para exhalar un suspiro y nuevamente nuestras lenguas continuaron su danza ritual. Bajo su mano derecha hacia mi verga deseosa de sexo rodeando el contorno con ella haciendo movimiento de atrás hacia adelante, sorpresivamente la soltó, alzo sus piernas rodeando mis caderas para que nuestros sexos se unieran, mi pene comenzó a perderse en la profundidad de su sexo ardiente y sediento de acción, sus gritos y gemidos retumbaban entre las paredes rocosas que eran testigos mudos de lo que estaba ocurriendo, entre una madre carente de sexo por mucho tiempo y un joven hijo con las hormonas a full.

    El frenesí del vaivén, glorioso baile sensual creaba pequeñas olas que se devolvían acariciando nuestros cuerpos, no habrá pasado mucho tiempo que ambos llegamos a un orgasmo bestial, expresado con jadeos y gritos dignos de una película porno. Quedamos abrazados por un corto lapso de tiempo, cuando mi miembro perdió flacidez y fue retirándose del interior fuimos saliendo para una roca que oficio de asiento, así totalmente desnudos nos dispusimos al sol para secarnos y tomar unos mates, caricias y mudos besos, del tema ni se habló.

    Al lugar arribo una pareja, que al vernos, su primera reacción fue sorpresa, luego se miraron se quitaron la ropa y mientras nos vestimos para irnos ellos se pusieron a nadar desnudos tal cual lo habíamos hecho nosotros.

    Susurrando al oído me dijo…

    – Vamos, dejemos disfrutar la naturaleza, aparte me quede con ganas de recuperar mi tiempo perdido.

    – Si Andrea vamos.

    Desandamos el camino hasta la cabaña hablando de cosas banales, ni se mencionó lo ocurrido, como si hubiera sido de toda la vida.

    Llegamos a nuestro destino e ingresamos tal cual se ve en una película, abrazados y besándonos apasionadamente, en el recorrido hasta la cama fuimos dejando el reguero de ropa por el piso. Cuando legamos, se detuvo en seco.

    – Me voy a bañar y regreso, ahora quiero todo, todo lo que me perdí durante tanto tiempo.

    – Dale Andrea te espero deseoso.

    Mientras escuchaba caer el agua de la ducha, junte las dos camas individuales para hacer una sola, nuestro lecho nupcial por varios días más.

    Me fui hasta el baño y me introduje a la ducha con ella, ya estaba por salir, me enjabono muy bien haciendo tiempo en mi miembro duro como una tabla, al enjuagarme se arrodillo frente a mi abrió su boca e introdujo el pene en ella, dándome un placer indescriptible, la mejor mamada que jamás recibí desde que tengo sexo, su hábil lengua recorría toda la extensión y se detenía en el glande para regresar por el tronco hasta los testículos. Parándose de golpe dijo.

    – Es solo una muestra, vamos a la cama Manu quiero disfrutar a full lo que la naturaleza le negó a tu padre y la habilidad que hasta ahora me demostraste para hacerme disfrutar.

    – Gracias Andrea, espero hacerte gozar según tu expectativa.

    Luego de secarnos fuimos hacia ese lugar que deseábamos ambos, la cama.

    Como si lo hubiéramos pactado de antemano cada uno fue con su lengua al sexo del otro, la mía recorrió la geografía vaginal de Andrea de norte a sur, sus jugosos labios destilaban sus sabrosos jugos que degustaba con placer, aún estaba incrédulo ante lo que estaba pasando. Yo, teniendo sexo con mi madre y lo estaba disfrutando.

    En ese momento de mayor goce, dedicado a dar ese placer que se le había negado, siento sus piernas tensarse y apretar mi cabeza entre ellas, para casi instantáneamente, luego de ese gemido tan particular que ya había oído en la cascada, mi boca se llenara de su liquido agridulce que salía a borbotones de esa suave vagina, cosa que excito como nunca lo había sentido e hizo que mi naturaleza reaccionara depositando todo mi semen en su boca entre gemidos apagados, tragaba cada gota degustando el viscoso líquido, que probaba por primera vez.

    Sin darnos tiempo a recuperarnos se puso arrodillada sobre sus cuatro miembros ofreciendo generosamente su sexo, el que seguí hurgando con mi curiosa lengua que se tentó y no dejo pasar por alto el esfínter anal, que latía a cada pasada.

    – Por favor ya métela, la deseo adentro.

    – Si quiero poseerte, hacerte el amor.

    – ¡¡¡Ya!!! No aguanto más quiero tu verga dentro de mí y quiero que me digas cosas sucias, trátame como la perra que estoy descubriendo que soy.

    Tal cual me lo pidió, introduje sin impedimento mi miembro usando palabras soeces que la excitaban, haciendo mover aún más sus caderas acompañando mis movimientos, por momentos giraba su cabeza de largos rizos dorados mirándome a los ojos con una cara de lujuria total. En una de esas miradas con sus ojos color cielo le aplique un par de nalgadas, su boca se abrió, los ojos se pusieron casi en blanco teniendo un orgasmo espectacular.

    – Si hijo de mil putas, dame más fuerte, me convertiste en una perra, cógeme duro con esa enorme poronga lléname, hoy quiero mas mucho más, quiero que me hagas descubrir todo lo que me perdí, soy tu madre y te lo ordeno, haceme todo lo que creas tengo que aprender.

    – Pero mama…

    – Ningún pero, soy toda tuya y vos sos todo mío, vas a hacer todo lo que yo quiera.

    Me hizo acostar de espaldas y puso su entrepierna en mi rostro para que le vuelva a chupar su sexo, que chorreaba mi cara y boca con sus jugos e inclusive mi semen, que por primera vez en mi vida estaba probando, cosa que la combinación no me disgusto. Luego de unos breves minutos tuvo una descarga de líquido que casi me ahoga, como estaba gimiendo y gritando ni se enteró.

    Me pidió disculpas pensando que se había orinado, le explique y ambos reímos.

    Caímos rendidos, hablamos mucho de lo sucedido, dejándome en claro que a partir de hoy sería su esclavo sexual, lo haría cuando, donde y como ella quisiera y que hoy quería probar como era hacer sexo anal, la pude convencer que lo hagamos en otro momento, para poder tener una buena experiencia, cosa que acepto de buen modo pues entendió que no quería que fuera una cosa a la ligera y debía surgir no programar.

    Los nueve días restantes fueron a puro sexo, inclusive en el viaje de regreso, me hizo detener para tener sexo a la luz de la luna en la vera del camino.

    Ya cerca de casa me dijo…

    – Manu, hijo, hoy es el día donde comienza una nueva etapa para nosotros, hoy es el primer día del resto de nuestras vidas.

  • Mi primer trío (última parte)

    Mi primer trío (última parte)

    Mauricio, seguía alargando su orgasmo, quería disfrutarme lo más posible.

    Mi mejor amiga quedó sin fuerzas tendida, después de aquel orgasmo, sus piernas no dejaban de temblar y yo volví a correrme, me sentía como una puta de verdad. Mauricio me puso en 4 patas, tomo mis brazos y los ató con un pañuelo, pego mi cara a la cama y me clavo su verga completa, me corrí nuevamente, nunca me habían cogido así. Y por ese orgasmo apareció algo que jamás pensé que pasaría, Mauricio busco en su mesa de noche un envase, y comenzó a untarlo en mis nalgotas, olía a fresa, cubrió mis ojos y me habló al oído.

    Mauricio: Ahora por perra mala, te voy a castigar…

    Escuchaba murmullos con Eliza pero no alcance a entender, masajeaba mis nalgas y me excitaba, metía sus dedos en mi boca y me hacía chupar, me daba bofetadas y se reía.

    Mauricio: Así me gustan obedientes…

    Y cuando fui a hablarle, me dijo.

    Mauricio: Shhh silencio puta, no te he dado permiso.

    No entendía nada, actuaba como si fuese Christian Grey, y la idea no me asustaba me estaba poniendo más y más deseosa. Separo mis piernas escupió en mi cuca y en el culo, pasaba su lengua y me hacía gemir, sentí a mi mejor amiga acercase.

    Eliza: Disfrútalo amiga, que te ves preciosa de puta.

    Busque su sexo con mi olfato, hasta que por fin lo encontré y comencé a lamérsela, sus gemidos eran muy pasionales, de momento Mauricio paro de comer mi cuca y mi culito, y sentí como clavó un dedo en mi culito me hizo sentir un poco de dolor pero me gustó, seguía comiéndole la cuquita a mi querida Eliza hasta que la sentí convulsionar.

    Mauricio: Te voy a castigar mi rica puta.

    Aplico más de ese líquido, y sentí algo de muchas cuerditas en mis nalgas, comenzó a azotarme, aquella sensación me inundó de miedo pero sentía placer, los primeros 5 azotes me dolieron pero no dejaban de causarme placer, en ese momento era su sumisa, y sabía que Eliza lo estaba disfrutando, pues era una de sus fantasías, Mauricio me castigo con 12 azotes en mis nalgas y piernas, hasta que le suplique verga.

    Lorena: Aaaa aaaa que rico papi, dame verga métela toda si?

    Mis palabras fueron suficientes para voltearme quedando con los brazos hacía arriba, y Mauricio clavándome la verga de misionero, quitó la venda de mis ojos, y me miraba con lujuria, me daba bofetadas en mis grandes tetas, aquel hombre estaba disfrutando el sexo conmigo.

    Mauricio: Uff, ay que rica estas Lorenita, me encantas mamacita, que rica cuca tienes zorra

    Mientras que sus embestidas eran más y más agresivas, Eliza estaba disfrutando de aquella escena, se masturbaba con muchas ganas, Mauricio la miraba y la agarraba por el cuello, le lamía la cara y escupía su boca, verlos me ponía más y más cachonda, y reventé en un gran orgasmo que me dejó sin aire. El disfrutaba cada vez que me corría, y bajaba sus embestidas seguro para no alcanzar el clímax, quería seguir disfrutándome, yo ya no tenía fuerzas de nada, mi cuerpo era completamente de él, aquel hombre me estaba cogiendo divinamente. Después de unos minutos, me dijo

    Mauricio: Dónde la deseas cerda, en la cara o en la boca?

    Yo solo accione a abrir mi boquita, deseaba que descargará su leche en ella y poder saborearla.

    Me puso de rodillas, Eliza sujetaba mi cabello, yo abrí la boca mientras él retiraba el condón y salió aquel chorro de leche directo en mi boca, era caliente, y muy abundante no deje caer ni una gota, me la trague y le deje su verga bien limpia, Eliza me besó, y luego nos dimos un beso grupal. Nos vestimos, el llamo a un taxi y el olor a sexo era notable. Al llegar a casa recibí un mensaje de un número desconocido.

    «El mejor sexo de mi vida, me lo acabas de dar rica putita, espero verte pronto a solas, besitos para esa rica cuquita preciosa, fue un placer conocerte Lorena».

  • Me vengué de mi esposo de la mejor manera

    Me vengué de mi esposo de la mejor manera

    Empezaré contando que soy una mujer de 33 años llamada Susana casada con mi esposo Santiago de 40, él es ingeniero dedicado al trabajo de aduanas y allí fui donde lo conocí, con el tengo un hijo de 8 años llamado Mathias que es el todo de mi vida.

    Sucede que en mis inicios la vida con Santiago era felicidad, me llenaba de detalles, regalos y buen trato, incluso llegamos a tener una casa juntos por el cual nos asentamos cómo familia, sin embargo en los últimos años el trato cambio de tal manera que Santiago se volvió frío e indiferente, el sexo con el era aburrido y hasta sus erecciones eran débiles, sumado a qué el tamaño de su pene no era su mejor fortaleza como hombre, eso me deprimió y me hacía sentir mal como mujer, cómo hembra, algo estaré haciendo mal que no logro excitarlo.

    Esto hizo que me armara de valor y consultara con una amiga del trabajo, ella es más avispada que yo en algunas cosas jaja y me planteo la idea que quizás Santiago me estaría engañando, la duda y el miedo me invadió casi a tal manera de perder la cabeza.

    Sin embargo después de ayuda de compañeras y haciendo un trabajo de casi una investigación policial me di con la sorpresa que me engañaba con una chica mejor que yo de aproximadamente 23 años que trabajaba en la oficina, el llanto me sucumbió pero después del llanto vino la rabia.

    Dicho esto fui y le reclamé airadamente:

    Susana: me engañas con una perra del trabajo, ya lo sé todo.

    Santiago: estás loca que tienes! No se porque dices eso, pero no continúes que me pones de mal humor.

    Susana: si claro, cómo no me di cuenta esas fotos en el Facebook muy cercanos y juntitos no

    Santiago: ella no es ninguna perra, es mi secretaria como cualquier otra, que te pasa.

    Susana: que tal cogerás con ella que conmigo ya no das la talla.

    Santiago: ese es un golpe bajo, sabes que mi problema nada tiene que ver con infidelidad.

    La cosa es que la discusión continuaba pero me daba mucha rabia que él lo negara descaradamente.

    Estuvieron pasando semanas y hasta meses hasta que un día di con unos chats de el con ella, nada que pudiera decirme que efectivamente me engañaba pero dejaba siempre esa duda, le reclamaba y el negaba todo. Tanto fue que un día en plena euforia y momento de discusión él hace su propia tumba al darme un bofetón en la cara.

    Susana: ahora sí este fue la última vez que te aguanto y soporto.

    Santiago: perdóname, no lo quise hacer fue una reacción.

    El me lloraba y lloraba, sin embargo yo no quería saber nada de él, estaba dolida.

    Es así que conozco a Randy en una fiesta, amigo de una de mis amigas, el era un capitán de la policía de muy buen ver, cara de niño con 25 años, delgado fibrado, alto de 180cm, y de una mirada que se te aflojan las bragas jajaja qué rico estaba el desgraciado, casi sin pensarlo me lo empezaba a coquetear y en baile y baile me dejaba puntear y tocar la cintura, yo full mojada.

    Después de mucho alcohol y mucha plática, le entrego mi número.

    Randy: Susana pero tú no eres casada?

    Susana: solo te estoy dando mi teléfono, no estamos cogiendo, además ya te contaré lo de mi esposo y mi relación.

    Randy: no quiero tener problemas pero debo confesar que esa carita y ese culo está…

    Susana: jajaja que tonto eres pero también un lindo.

    A pesar que él era menor que yo, me sentía muy dominada y muy perra con él, que rico era estar a su lado, quería sentir esos delgado labios de hombre.

    Nos despedimos, pero entre los días las conversaciones eran más frecuentes y las insinuaciones mías eran cada vez más notorias.

    Sucede que cae una fiesta una vez más y ahí fue el punto de inflexión, entre copas me lo termine besando él puso sus dedotes grueso entre mi cola y jugando con mi tanga para después pasar por mis jugos vaginales ufff dios que macho! Ni con Santiago me sentía tan mujer.

    Ni loca podía perderme ese hombre.

    Susana: hay que ir un hotel

    Randy: estás segura? No quiero que te arrepientas después porque si te agarro de rompo toda.

    Susana: tú no te preocupes, es momento de ponerle ese cuernos a Santiago, se lo merece y yo también me lo merezco.

    Randy: jajaja hagámoslo cornudo.

    Fuimos al hotel y fue increíble, una vez se sacó el pantalón

    Susana: Queee mi mente se sorprendió al ver tamaña vergota, el grosor nunca antes había visto algo ni de cerca, la verga de Santiago era como la de un niño, era como comparar la verga de un hombre con la verga de un niño jajaja

    El todo orgulloso con esa mirada y sonrisa que intimidaba.

    Que podía ser mejor, engañar a mi esposo y vengarme con policía que estaba más delicioso, sonrisa y mirada intimidante, dotado…

    Una vez me clavo sentí que me desvirgaba, yo gritaba y gemía ah ahhh diosss que increíble perro.

    El solo me miraba con un aguante, ya iban como 4 orgasmos y el continuaba.

    Además de dotado, era un enfermo rico, me cacheteaba la cara, me daba nalgadas y me escupía la cara y la boca, sentía que recién conocía el sexo jajaja.

    Yo clavaba mis uñas en su espalda mientras gemía fuerte, hasta que después de tantos orgasmos me dijo que le chupara el culo. Yo sin pensarlo me entregué jajaja nunca lo había hecho y se siento delicioso y morboso, pasar mi naricita por esos pelos del culo ufff que macho.

    Sabía que había encontrado al macho perfecto, Randy será mi macho.

    Después de tantas embestidas violentas sentí el torrente de leche dentro de mi ahhh riquísimo, yo no quise ni limpiarme me sentía en la gloria.

    Ese mismo día regrese a mi casa de madrugada y cuando vi a Santiago esperándome puse una pequeña sonrisa pensando «que pasa cornudo ahora tengo un macho dotado de verdad».

    Santiago: que haces tan tarde porque me haces esto

    Susana: por favor Santiago sabes que lo nuestro no está bien, hoy estuve en la fiesta de gente del trabajo.

    Santiago: quiero que me perdones y volvamos a ser los mismos, voy a ser diferente ¡créeme!

    En eso se acerca y me sostiene las manos y me planta un beso que me sorprende, pero seguramente a él le sorprendió más ya que mi boca olía a culo y verga de macho, él se salió y puso cara de sorprendido creo que lo sospechaba…

    Santiago: quiero cogerte!! Quiero hacerte mujer!!

    Susana: no quiero pasar por esto otra vez, tus problemas de erección siempre suceden.

    Santiago: estoy muy erecto, déjame hacértelo.

    En eso se me ocurre completar mis cuernos de la mejor forma jajaja.

    Susana: hoy solo dejaré que me hagas sexo oral

    Santiago: perfecto acepto, dijo con una sonrisa de niño

    Cuando metió su lengua y toda su boca se comió rastros de semen.

    Santiago: que es estooo, esto es semen

    Susana: ayyy por favor Santiago tu y tus celos otra vez, vas a continuar o lo dejamos ahí

    Santiago: uhmmm… Disculpa amor no te molestes, y continuo tragando lefa de Randy.

    Su lengua y el morbo de saber que mi esposo tomaba la leche de mi amante hizo que me corriera y tuviera un intenso orgasmo.

    Ese fue el día en el que hice de Santiago un cornudo traga leche, se lo merecía y me siento muy feliz.

  • Cosas de mi madre (3)

    Cosas de mi madre (3)

    Hola, después de ese par de noches con mi madre y nuestra última charla, empecé a ver las cosas de un modo distinto, incluso había tomado las riendas de mi vida sexual mucho más abiertas, y sobre todo tenía la necesidad de incursionar en cosas que eran nuevas para mí, si bien muchas veces las había tenido en mente, nunca las había intentado, así que decidí ir por todo y con todos.

    Con quién arranque está nueva etapa de mi vida fue con mi compañera, con la que estaba arrancando una relación, si bien llevábamos un tiempo teniendo sexo, no era una relación formal, en una de las tantas noches de sexo que teníamos, le pregunté qué pensaba ella de los tríos, y si le atraía poder hacerlo alguna vez, su respuesta fue más dudas que otra cosa, me dijo que le atraía y calentaba la idea, pero no estaba convencida de animarse, y que si alguna vez lo hacía, debía ser con una pareja duradera con la cual esté todo los días con ella, así que sabía que sería difícil que acepte hacerlo en el corto plazo, pero igual su respuesta no me desanimó, y en otro momento les contaré lo ocurrido con ella.

    En una de las noches que pasábamos juntos con mi ex, le hice la misma pregunta y su respuesta fue diferente, que le gustaría, pero no quería que yo juegue con ella, que no quería que la vea cómo a una puta que le puedo hacer lo que quiera, obviamente mi respuesta fue para hacerla sentir bien y que acepte, le dije que no tenía nada que ver el amor con el sexo, que la quería mucho y que tener más variantes en la cama seguramente nos haría estar mejor en lo cotidiano, y que es solo un condimento más a nuestra intimidad para poder estar mejor, no quedo muy convencida, pero empezó a hacer preguntas de como sería, con quién, que haríamos y demás cosas, ahí supe que no tendríamos problema en hacerlo, y le propuse que busquemos en alguna página de contactos al hombre o mujer que a ella le gustará y veríamos que pasa, así que acepto y en la siguiente semana nos pusimos a ver de todo, realmente dedo decir que en esas páginas hay de todo y para todos, pero hubo algunos perfiles que le llamaron mucho la atención, pero sobre todo uno de un muchacho de treinta y pico de años que tenía una pija enorme, y que contactamos para conocerlo, pero eso se los contaré en otro momento.

    Mientras pasaba eso con mi compañera y mi ex, yo tenía sexo con mi madre en forma seguida, como ella lo quería, lo pasábamos de maravilla, pero yo también quería que hagamos otras cosas con ella, pero el morbo que había despertado en mí me superaba, así que arme un plan que haría que se dé lo que deseaba, y en una de nuestras noches le propuse hacer un trío y me dijo:

    Madre: ya estoy grande para eso, con vos me siento bien y me das la satisfacción que necesito

    Yo: sabes, me dejaste muy caliente con lo que me contaste que hacía papá para complacer tu calentura y me encantaría hacerlo yo también

    Madre: eso fue hace tiempo, además quién va a querer estar con una vieja como yo, antes era todo más reservado, ahora todo el mundo se entera de todo, y es muy complicado

    Yo: y como hacía papá, como conseguía con quién hacerlo, en ese momento no había redes, de seguro eran conocidos de él

    Madre: a veces si, algunos compañeros de trabajo, o amigos suyos a los cuales yo no conocía, había uno que era con el que mejor la pasábamos y realmente me llenaba en todos los sentidos

    Yo: la tenía grande? O duraba más que el resto?

    Madre: ambas, no la tenía tan larga, pero si bien gruesa, me encantaba, el me volvió casi adicta al sexo anal, y cuando me lo hacían juntos moría de placer

    Yo: bueno, quédate tranquila, yo voy a hacer que vuelvas a sentir eso, y no solo te vas a sentir cómoda, sino vas a revivir viejos momentos

    Todo quedó ahí, pero yo tenía en mente algo que no se lo esperaba, al pasar los días no toque más el tema con ella, pero llame a mi hermano para que nos juntamos a charlar en un bar por una asunto de unos papeles de la casa, pero en realidad mis intenciones eran otras, cuando llegamos nos pusimos a hablar de los papeles y llegamos a que teníamos que estar los tres para tomar una decisión, pero antes de irnos, yo me decidí y le dije:

    Yo: estuve hablando con mamá y me contó lo de ustedes (note que se puso nervioso y no sabía que decirme).

    El: no sé de qué me hablas, a qué te referis

    Yo: dale, no te hagas el boludo, ya me dijo de lo que pasa entre ustedes, pero yo no estoy acá para juzgarlos, vos te cojes a mamá y está todo bien, ella se siente bien así,

    El: mira no sé que decirte,

    Yo: no tenés que decir nada, yo no estoy acá para cuestionarlos, pero no le hagas mal, solo quiero que sepas que estoy al tanto, y es tema de ustedes, ahora primero resolvamos lo de los papeles y después vemos qué pasa, así que juntémonos y solucionemos esto, tiene que ser después de que yo venga de trabajar así estamos los tres tranquilos y charlamos

    El: ok, en la semana nos juntamos

    Y así quedamos, ya había encaminado todo, estaba saliendo las cosas como yo quería, y mi morboso plan, ya casi era un hecho, unos días antes le digo a mi madre que nos íbamos a juntar los tres a cenar en familia, que prepare algo rico y que se ponga linda, sabía que mi hermano no le diría nada de nuestra charla, así que ella cocino y se puso elegante.

    Cuando él llega estaba bastante nervioso y casi ni me miraba, en la cena hablamos de todo y tocamos muy por arriba el tema por el que él había venido, ya más distendidos cambio el clima y aproveché para servirles unas copas de vino extras a mi madre y mi hermano, así que estábamos todos súper relajados, cuando mi madre va a buscar el postre le hice un comentario a mi hermano diciéndole que ella estaba muy bella, a lo que me contesta que es la mujer más hermosa que conoce a su edad.

    Sabía que su mirada sobre mi madre ya había cambiado, así que mientras comíamos el postre sentado en el sillón, les hago el comentario de que le hacía falta más leche, ella me contesta ¿te parece? A lo que digo «si si» y así sin más, le saque una teta del vestido y se la empecé a chupar, los dos quedaron petrificados, ella me decía «que haces, está loco» aunque sin mucho esfuerzo para sacarme, a lo que le digo a mi hermano «dale, vos también toma leche de acá como cuando yo estoy en el trabajo».

    Se hizo un silencio total, y agarrándolo del brazo lo traigo y le hago señas de que chupe la otra, y así lo hizo, mi madre no emitía ni un sonido, seguramente por la sorpresa de lo que estaba pasando, pero de a poco empezó a acariciarnos la cabeza a los dos, éramos dos bebés que con locura chupaba cada uno una teta de su madre, en medio del silencio se escuchan los primeros suspiros de mi madre y ahí supe que mi morboso plan ya era un hecho.

    De reojo pude ver a mi hermano que chupaba muy a gusto, sin importarle mi presencia, y salieron las primeras palabras de mi madre «chupen bebés, chupen las tetas de mamá» esas fueron prácticamente órdenes que ambos cumplíamos, ninguno dejábamos de saborear sus exquisitas tetas, yo me encontraba súper excitadísimo, así metí mi mano por debajo de la pollera de mi madre y empecé a acariciar su húmeda concha por sobre su tanga, se notaba muy húmeda y caliente.

    Luego de estar así un buen rato, me levanté, me puse frente a mi madre y saque mi pija que estaba dura como una roca, ella la agarra entre sus manos y empezó a chupar con la suavidad que me tenía acostumbrado, mi hermano no para de chupar sus tetas, pero esta vez las dos juntas, realmente él lo estaba disfrutando, unos minutos después le toque la cabeza y le hice señas para que también le dé de chupar la pija a nuestra madre.

    Cuando la saco también la tenía bien dura y más grande de lo que pensaba, ella la tomo con una de sus manos y la empezó a chupar, para de a ratos saborear una y otra, era un espectáculo digno de ver a nuestra madre chupando las pijas de sus hijos, pero fue mucha más la excitación cuando nos juntó con sus brazos y metió nuestras pijas en la boca al mismo tiempo, era una verdadera experta chupando dos pijas a la vez, podíamos ver su lengua jugando en medio de las dos y disfrutarlo como nunca.

    Mientras ella chupaba yo me salgo y voy directamente a sacar su tanga, la acomodo un poco en el sillón y sin que dejara de chupar la pija de mi hermano, comienzo al chupar su concha, estaba deliciosamente mojada y caliente, y al tacto de mi lengua se notaba que estaba bien depilada, seguramente sabía que esa noche alguno de nosotros la iba a coger, pero no habrá pensado que seríamos los dos juntos.

    Pasados varios minutos mi madre me saca y agarrándonos de la mano a ambos nos dice «vamos a la cama que es mejor» y ahí fuimos, al llegar a la habitación nos desvestimos los tres y ella empieza nuevamente a chuparnos las pijas, y al cabo de un rato le dice a mi hermano que se acueste, y ella lentamente se empieza a meter la pija en su interior, daba varios suspiros de placer y una vez ya toda adentro empieza a moverse lentamente, para poder seguir chupando mi pija, era hermoso ver cómo mi hermano la cogía mientras tragaba mi pija con mucha suavidad, yo me encontraba alucinado.

    Luego de un tiempo se baja de mi hermano y se inclina a chupar su pija, ofreciéndole su mojada y abierta concha, sabía muy bien como darnos placer a ambos al mismo tiempo, obviamente de una sola estocada mi pija se abrió camino hasta lo más profundo de su ser, la suavidad de su concha mojada cada vez que metía y sacaba la pija era indescriptible, así estuvimos un buen rato, hasta que seguramente se le cansaron las piernas, subió otra vez sobre mi hermano y girando la cabeza, me mira y y me dice «ahora quiero a mis dos bebés dentro mío».

    Casi acabo ahí mismo al escucharla, yo también subo sobre las piernas de mi hermano, y acomodo mi pija en la entrada de su enorme culo, empiezo a entrar muy lentamente, ya que tenía que hacer presión por la pija de mi hermano que estaba en su concha, cuando por fin pude meterla toda, empezamos a movernos muy lentamente, para luego hacerlo con más velocidad, solo podíamos escuchar a mi madre dar grandes gemidos de placer, cada tanto estiraba su mano hacia atrás indicándome que le diera más fuerte.

    Yo me encontraba en la gloria, podía sentir el pronto orgasmo de mamá, así que apure mis movimientos y pude escuchar como acababa con un gran alarido y la presión que hizo con su ano en mi pija, segundos después yo estaba descargando toda mi leche en su hermoso culo y continúe hasta que ya no me quedara ni una gota, al igual que mi hermano en su concha, como la vez anterior me salí y abrí sus nalgas para ver ese hermoso espectáculo de salir mi leche de su culo, pero esta vez con la pija de mi hermano clavada en su concha.

    Fue maravilloso, quedamos los tres tendidos y extenuados sobre la cama, uno de cada lado de mi madre y ella abrazándonos, nos da un beso a cada uno y le dice a mi hermano «ahora ya no vas a tener que venir a escondidas con tu compañero, ya tengo a mis dos bebés que me dan lo que necesito, o no sé, podríamos ser más de tres jajaja» yo me quedé sorprendido y a la vez muy caliente, parece que mi hermano ya hacía tríos con mi madre, pero eso se los contaré en otro momento, nos quedamos así un rato, hasta que mi hermano llama a su esposa diciendo que se quedaría a dormir, y así fue como mi madre tendría todo el sexo que desee, cuando ella quiera, a raíz de esto la familia se unió mucho más, y yo veía más seguido a mi hermano.

    Espero les haya gustado y comenten.

  • Adicta al esperma de papá

    Adicta al esperma de papá

    Después de esa noche me di cuenta de por qué mi papá era el hombre de la casa. Decidí cambiar la verga de mi hermano por la de mi padre, así que hablé con él la mañana siguiente.

    Bajé a la cocina y mis padres estaban desayunando. Y le dije a mi papá: “Papi, ¿puedes venir a la sala tantito?” Fuimos a la sala y le susurré al oído: “Te espero en mi cuarto hoy en la noche.” Mi papá sonrió y me dio un beso en la boca apasionadamente que me hizo mojarme.

    Esa noche yo estaba muy emocionada y excitada. Llevaba puesta únicamente una pequeña tanga blanca y unos tacones negros. Mientras esperaba la visita de mi papá a la habitación, comencé a masturbarme metiéndome los dedos y frotando mi clítoris con mucha efusividad. Mientras me metía los dedos no dejaba de pensar en la verga de mi papá penetrándome, entrando en mi vagina y mi culo apretado. Me vine unas cuantas veces y mis fluidos empaparon mis pies y mis tacones, así que me los quité empecé a chupar mis propios dedos de los pies cubiertos de mi venida.

    Eran las 2 de la mañana y tocaron la puerta de mi habitación muy despacio. Supe que era mi papá y le dije que pasara. Cuando entró, lo primero que vio fue a su hija en 4 sobre su cama, abriéndose las nalgas con las manos y ofreciéndole el culo: “La necesito aquí papi, métemela toda y rómpeme el culo”. Todavía no había terminado de decirle cuando sentí sus manos apretándome las nalgas. Escupió en su mano y embarró su saliva en mi culo para penetrarme, pero se dio cuenta de que yo ya estaba muy mojada, así que puso su verga gorda entre mis nalgas y empezó a frotarlas con ella. Su pene todavía no estaba completamente erecto, así que utilicé mis habilidades con los pies para ayudarlo.

    Comencé a acariciar su verga usando mis dedos, la sujeté entre mis dedos y lo masturbé de arriba hacia abajo. Le acaricié los huevos con los dedos, usé las plantas de mis pies para frotar su verga y poco a poco su verga comenzó a ponerse dura. Entonces me dijo: “Ay hija, no sabía que una mujer podía hacer eso con los pies, lo haces bien rico, me encantan tus patas.” Entonces agarró mis pies y empezó a chuparlos. Podía sentir su lengua pasando en medio de mis dedos y su boca succionándolos uno por uno. Cuando si lengua llegó a mi dedo más pequeño sentí un escalofrío por toda la espalda, y mi vagina empezó a mojarse de una forma muy intensa. Mi cuerpo estaba experimentando una nueva sensación, y le dije a mi papá: “Por favor sígueme chupando ese dedo, ¡No pares!”.

    Mi papá me chupó el dedo con mucha intensidad y pasaba su lengua alrededor de él mientras mi vagina se mojaba cada vez más. Hasta que me vine completamente sobre mi papá. Su cara y su pecho quedaron llenos de mis fluidos y mi cuerpo empezó a temblar. Me quedé temblando por unos minutos y me hice bolita en la cama. Mi papá se acercó, se acostó detrás de mí de cucharita y empezó a acariciarme la cara con mucha ternura. Yo le estaba dando la espalda y entonces sentí que su cuerpo se acercó al mío. Pegó su verga a mis nalgas, me apretó del cuello con fuerza, y sin aviso me la metió toda en el culo.

    Nuevamente tenía la verga de mi papá penetrándome el ano de forma muy agresiva, pero era muy excitante. Podía sentir su verga abriendo mi apretado culo cada vez que se movía hacia dentro de mí. Me seguía apretando del cuello y en ocasiones se acercaba para besarlo y decirme cosas sucias al oído:

    “Paola, eres mi perra. Eres una putita con un culo delicioso, me la pones bien dura hija. Siempre había querido tenerte así y metértela toda. Estás preciosa y nadie más te va a poder satisfacer como yo, tu padre. Vas a soñar con esta verga siempre, y toda mi leche va a ser tuya. Estoy orgulloso de haber tenido una hija con este cuerpo tan voluptuoso, me encantan estás piernotas gordas que tienes, tus caderotas anchas y tu cinturita. Y este culote delicioso, ojalá tu mamá tuviera un culo así, pero ya no la necesito más, ya te tengo a tí hija. Y esos pies enormes y sexis que tienes, amo el sabor de tus dedos en mi boca. Me encantas hija, vas a ser mi puta de ahora en adelante.”

    Con cada palabra yo me prendía más, tenía orgasmo tras orgasmo y nuestros cuerpos sudaban sin parar. Entonces mi papá vio mis tacones negros en el suelo y me pidió que me los pusiera. Me los puse y mi papá se recostó boca arriba en la cama, se agarró la verga y me dijo: “Hija, date de sentones sobre mi verga.” Entonces me pare frente a él, hice una sentadilla y dejé que toda su verga entrara en mí. Comencé a subir y bajar con mis tacones puestos mientras su verga entraba en mí. Apoyé mis manos en su pecho y me acercaba a él para besarlo. Después me levanté, me di la vuelta, y me puse de espaldas hacia él. Volví a hacer una sentadilla y nuevamente comencé a darme de sentones sobre la verga de mi papá.

    No pasó ni un minuto en esa posición y de pronto me gritó: “Paola tienes unas nalgotas, tu culo está delicioso, me voy a venir.” Su pene estaba adentro de mi vagina y me asusté un poco, y le dije: “Espérate papi, quiero que te vengas en mis pies, por favor.” Entonces me sacó la verga de la vagina, me senté frente a él, extendí mis pies y le dije: “Aquí papi, échamelos aquí, lléname los pies de tus mecos”. Moví mis dedos frente a él hasta que se vino. Todo su esperma cubrió mis pies. Se escurría entre mis dedos y me llevé los pies a la boca para saborear la leche espesa y caliente. Mi papá me dio una nalgada y salió del cuarto sin decir nada más.

    Pasaron así varias noches. Mi papá entraba al cuarto, follábamos, lo masturbaba con mis pies, me cogía el culo, la panocha, le mamaba la verga, me escupía en la boca, me daba cachetadas, me nalgueaba, y se venía en mi. Cada noche se venía en una parte diferente de mi cuerpo. La mayoría de veces lo hacía en mis pies, pero otras lo hacía en mis nalgas, en mis piernas, en mi boca, en mi culo, en mi cabello, en mis manos, en mi cara, hasta que finalmente lo dejé venirse en mi vagina. Algo cambió en el cuerpo de mi papá desde que empezamos a coger, porque cada vez producía más y más esperma, y con cada noche mi cuerpo recibía una dosis cada vez más abundante de semen.

    Por 6 meses, sin faltar un solo día, me volví adicta al esperma de mi papá.

  • Apuestas y juegos de azar

    Apuestas y juegos de azar

    Los vicios, los malditos vicios que destruyen tu persona e incluso a tu familia, yo caí en uno de ellos, y lo pagué caro.

    Llevaba una vida tranquila con una bella esposa y una hija maravillosa, un trabajo promedio, no me daba lujos pero me permitía vivir dignamente, trabajaba en una oficina, era un «Godinez» como comúnmente se dice.

    Todo marchaba bien hasta que por influencia de un compañero de trabajo empecé a ir a casinos a apostar casualmente, primero lo tomaba como divertimento, íbamos por la noche y no me arriesgaba, mis apuestas eran muy bajas pero siempre estaba en mí esa sensación de querer tener más, avaricia le llaman, no soportaba irme a casa con las manos vacías y siempre trataba de ganar más dinero, algunas veces lo logré, otras no.

    Así el vicio fue creciendo poco a poco, por mi horario de trabajo sólo podía ir a jugar de noche pero pronto mi esposa me cuestionó el porqué de mis escapadas, yo con gran cinismo le inventaba que el jefe de departamento hacía juntas y éstas se prolongaban, ella inocente me creía hasta que llegó un momento en que las cuentas no le daban, ya no le alcanzaba el gasto, el dinero empezaba a faltar en la casa, ella quiso aclararlo.

    -Eduardo, cada vez me das menos dinero para la casa, ya van dos veces que no pagas la luz y nos la cortan ¿que está pasando con el dinero?

    -Ana, todo está subiendo, además sabes que no gano tanto.

    -Ese es el punto, hay que administrar bien el dinero ¿que haces con lo demás?

    -Amor…

    -Y ya que estamos hablando explícame de tus juntas a medianoche, eso es imposible ¿¡a donde rayos te vas!?

    -Bueno…

    -Dime…

    -Pues… He estado yendo al casino con un compañero.

    Apenas terminé la frase Ana enloqueció, pronto la confrontación entre los dos no se hizo esperar, discutimos toda la noche y al final me hizo entrar en razón y le prometí no volver a apostar ni la mínima cantidad.

    Lo cierto es que el juego a mí ya me había gustado bastante pero ya no podía escaparme por las noches, Ana se daría cuenta, decidí ir al menos una vez a la semana al casino a la hora de mi comida. Llevé esa rutina por varias semanas pero no me era suficiente, siempre quería tener en mi cuerpo esa adrenalina de no saber si la carta que estás jugando, el caballo al que apostaste o la máquina en la que estás jugando te hará ganar más plata.

    Una mala noche perdí más de 3000 pesos en una pelea de gallos, le pedí prestado a uno de los organizadores de las peleas con quien tenía confianza, volví a apostar y perdí de nuevo, al final él me ayudó pero le quedé a deber algo de dinero.

    Días después junté algo pero no era suficiente, él me dijo que si no tenía nada le diera una computadora o una televisión y con eso quedaba saldada la cuenta. Opté por la televisión y en un momento mientras Ana no estaba en casa la saqué y se la entregué a «El Toro» que era el apodo del tipo al que le debía.

    Obviamente mi esposa me preguntó sobre la televisión, sin que se me ocurriera algo mejor le dije que le había chorreado refresco y la había mandado a arreglar, asintió pero era claro que no me había creído.

    Escenas como estas se fueron repitiendo al pasar del tiempo, aunque también había días en los cuales traía mucho más dinero de costumbre a la casa producto de un buen juego que tenía, un día de esos Ana me volvió a confrontar.

    -¿Sigues yendo a apostar verdad?

    -Ana, llevo meses sin ir.

    -No soy estúpida Eduardo, sé que te escapas con tu amigote, sólo te pido que te controles.

    -Ana…

    -Ten cuidado solamente, no apuestes más de lo que tenemos, por favor.

    Era obvio que ya sabía que era muy aficionado a apostar pero se había hartado de confrontarme, optó por resignarse. Incluso en alguna de las noches se atrevía a preguntarme cuanto había ganado. No es que me hubiera dado permiso de seguir apostando pero tampoco se oponía por lo cual lo seguí haciendo.

    Recuerdo una ocasión en la cual regresé temprano a casa con un rostro desencajado pues había tenido una mala pasada en el blackjack, me dejé llevar y cogí la deuda más grande de mi vida; ella preocupada me pidió saber que era lo que me ocurría.

    -Debo 35,000 pesos Ana.

    -¿Qué?

    -Debo…

    -¡Cállate! Sabía que esto pasaría, te dije que te controlaras, ¿qué vas a hacer?

    -No sé, pedir prestado, algo.

    -¿A quién?

    -No sé, yo creo que debo vender el coche.

    -Allá tú sabrás, eso si te digo, es la última vez que apuestas ¡eh!

    -Sí.

    -Veme a los ojos y júralo.

    -Lo juro.

    Pasamos ese amargo episodio, logré vender el coche y apenas junté lo que debía pues mi auto ya era algo viejo, a pesar de todo mi esposa me perdonó y seguimos adelante. Pasé cerca de seis meses sin hacer ningún tipo de apuestas pero cada día que pasaba quería seguir jugando póker o apostar en los partidos de fútbol, pronto rompí la promesa que le había hecho a mi mujer y volví de nuevo a las andadas, me escapaba varias tardes e iba a jugar hasta el punto de no regresar a trabajar. pronto eso se me vino en contra.

    Una tarde de miércoles mi jefe me mandó llamar, yo preocupado fui a su oficina ya imaginando el motivo por el que me requería, sin hacerles el cuento largo se habían enterado de mi ausencia en repetidas ocasiones y me corrieron.

    No quería que Ana supiera la razón de mi despido, le dije que era por recorte de personal. Al pasar de los días el ocio me consumió y fui a el hipódromo a apostar los últimos pesos que me quedaban en el bolsillo, los perdí todos.

    Quedé a deber una gran suma de dinero y a cada rato me llamaban por teléfono cobrándome, incluso me amenazaban, ya sin algún remedio le confesé a Ana lo sucedido, en un principio se molestó pero al explicarle lo de las amenazas su rostro se transformó en uno de pánico, ahora más que nunca debía apoyarme, vendimos casi la mitad de los muebles de la casa, y le pedí dinero prestado a mi suegro pero no fue suficiente, ahora sí había agarrado la deuda de mi vida.

    No tardaron en ir unos tipos a mi casa a cobrarme, se terminaron llevando el resto de muebles dejando la casa vacía, a mi hija le dije que se los habían llevado porque compraríamos nuevos y mejores, una sonrisa se dibujó en su rostro, me sentí vil e impotente al mentirle a mi propia hija. Pasamos la noche en el suelo, Ana llorando en mi hombro y yo inútilmente reconfortándola diciéndole que todo mejoraría.

    Días después caminaba por la mañana pateando las hojas en el camino pensando en como resolver esta problemática cuando alguien me tomó por el hombro sorprendiéndome.

    -Shhh… Sube a la camioneta y no hagas nada.

    Con evidente miedo entré a una camioneta estacionada a un lado, era grande, negra y con los vidrios polarizados.

    -Siéntate pendejo. -me ordenó.

    La camioneta arrancó y el sujeto al frente mío me habló.

    -Veamos, todavía me debes algo, mandé unos hombres a saquear tu casa y ni así pudiste pagar, tu casa, ¿es tuya o rentas?

    -Rento. -contesté.

    -¡Puta madre! -golpeó el asiento- ¿¡cómo chingados piensas pagarme!?

    -Toro no sé…

    -Me caes bien pero tengo que pelarte, bien te expliqué como son las cosas en este negocio.

    -No me mates, tengo familia…

    -Me vale madres, eso hubieras pensado antes.

    -Te juro que te voy a pagar, sólo dame tiempo.

    -Con que me vas a pagar, no tienes ni donde caerte muerto, ya no tienes opción… güero, maneja para la casa de este, vamos a que se despida de su familia.

    Esa frase me dejó helado pero tenía razón, ya no tenía opción, era inminente mi futuro, mi vicio al juego y las apuestas me habían traído hasta acá. Llegamos a casa y caminé muy lento a sabiendas de lo que me depararía, entramos a la vacía casa.

    -Toro, de verdad, no me hagas daño.

    -Lo siento Eduardito, sabes como es esto, corriste con suerte que me debes a mi y no a mi compadre, él los tortura jajaja, órale, ve a despedirte de tu familia y bajas, mientras yo lleno de balas mi fusca.

    Con las piernas temblorosas y el ritmo cardíaco al máximo fui a ver a mi familia por última vez, en eso mi mujer bajó por las escaleras, vio a los tres hombres y rápidamente se preocupó.

    -¿Qué pasa? -me preguntó.

    -Nada amor, ahora subo, ve con la niña.

    Subió extrañada y con temor.

    -Ahorita vengo. -le dije a mi «verdugo».

    -Tranquilo cabrón, ven acá un segundo.

    Me jaló del brazo intimidándome y se puso a pensar.

    -Con que ella es tu esposa…

    -S… Sí.

    -Está dos tres, ¿cuántos años tiene?

    -33…

    -Zzz, todavía aguanta.

    -Por favor a ella no la metas en esto.

    Me golpeó con su pistola en el abdomen sacándome todo el aire.

    -Que mujerón tienes, te lo tenías bien guardadito. -me dijo mientras veía un retrato familiar colgado.

    -Toro…

    -De haber sabido nos habríamos ahorrado tanto teatrito.

    -Te suplico…

    -Mira wey, este es el trato, me voy a acostar con tu mujer varias veces hasta que tu deuda quedé saldada ¿entiendes? De lo contrario no me queda otra alternativa que mandarte con San Pedro, tú decides.

    -Pero…

    -Sin peros, más claro ni el agua, tu esposa o tu vida, tienes 24 horas para pensarlo, y no se te ocurra hacer alguna pendejada, recuerda que te estamos vigilando, te llamo mañana.

    «El Toro» me miró fulminante y salió de mi casa seguido de sus dos matones, cerré la puerta y me tiré al piso a lamentar la terrible situación en la que me encontraba.

    -Voy a llevar a la niña a la escuela. -me dijo Ana.

    -Sí, está bien. -contesté evadiendo su mirada.

    Me quedé solo pensando en como darle la noticia, no quería que le hicieran daño a mi esposa, no se merece esto, con lágrimas en los ojos me di cuenta que eran mis últimas horas de vida.

    Media hora después llegó mi esposa a casa, vio mi estado de ánimo y me consoló.

    -¿Esos hombres son a los que les debes? -me preguntó entre lágrimas.

    -Sí.

    -¿Quieres hablar de eso?

    -No.

    Me encerré en la recámara a pensar las cosas, prolongué el momento de hablar con ella por horas pero de cualquier manera tenía que hacerlo, fui con ella y le conté lo sucedido.

    -¿Es en serio lo que dices? -me preguntó.

    -Sí Ana.

    -Por Dios. -se llevó las manos al rostro.

    -Tengo que sacrificarme, no puedo permitir que te hagan daño Ana.

    -Pero no, ¿que vamos a hacer sin ti?

    -No sé Ana, pero todo esto es culpa mía, yo soy el responsable.

    -Amor, mi hija no puede quedarse sin su padre…

    -Sabes que él quiere…

    -Lo sé, pero, te amo, si no estás con nosotras no se que haría.

    -¿Entonces?

    -Dile que sí.

    Aceptó con profunda tristeza y vergüenza en su cara, yo me sentí peor, traté de dormir sin poder lograrlo, el sólo pensar en lo que mi esposa tendría que hacer para que yo pudiera estar vivo me hacía sentir la persona más vil y cobarde en la faz de la tierra.

    Al otro día mientras desayunábamos le pregunté a Ana si de verdad estaba dispuesta a hacer eso.

    -Aún hay tiempo amor, le puedo decir que no. -insistí.

    -Lo sé, pero entiende, es tu vida Eduardo ¿que se supone que le deba decir a nuestra hija si no estás?

    -Tienes razón.

    -¿Cuanto… tiempo va a ser?

    -Sinceramente no sé, supongo que mucho…

    Ana se levantó frustrada de la mesa y se encerró en el baño seguramente a llorar, cada minuto que corría yo me sentía más culpable por haberla metido en esta situación. Me pasé toda la mañana esperando la llamada de «El Toro» hasta que al mediodía mi teléfono sonó.

    -Bueno. -contesté tímidamente.

    -¿Que pasó cabrón? ¿Que decidiste?

    -Pues… Sí, mi esposa dijo que si…

    -Jajaja ya lo sabía, decisión correcta, así está el pedo compa, el viernes por la noche va a pasar una camioneta por ustedes, van a venir los dos, quiero que veas como me la chingo jaja, te la llevas vestida bien putita ¿estamos?

    -Sí.

    -Sale, ahí nos vemos.

    Suspiré frustrado, quería creer que esto era una pesadilla pero no era así, todo esto era real. Fui con Ana a avisarle sobre el asunto.

    -Sobre eso, el viernes en la noche pasan por nosotros. -le expliqué.

    -¿Y la niña?

    -Pues no sé, la dejamos con mi mamá.

    -Ok, emm, y que… me pongo.

    -No sé, ve al centro comercial y compra algo.

    Contesté frustrado y le di dinero para que fuera a comprarse ropa para que fuera como «El toro» lo pidió. Afortunadamente un amigo me había conseguido trabajo con su padre y me habían adelantado un poco la paga.

    Pasaron los días y no volvimos a tocar el tema pero la tensión y el miedo que había entre los dos se podía percibir, llegó el fin de semana y por la tarde llevamos a nuestra hija con su abuela, pensé que nuestro «compromiso» sería tardado, le dije a mi madre que pasaría por ella al otro día por la tarde, ella aceptó y regresé a casa.

    Aún era temprano así que me puse a mirar tv, francamente no sabía ni que estaba mirando, mi mente estaba en otro lado, pensando en lo que estaba a punto de pasar, en ese instante pasó mi mujer enfrente de mí con las bolsas del centro comercial.

    -Voy a bañarme y cambiarme.

    -Sí mujer.

    Contesté desanimado, se iba a arreglar pero no para mí sino para otro hombre, motivo por el cual aún no había visto que se había comprado, no tenía caso, puse mi interés en el televisor y esperé a que terminara.

    Cerró la puerta del baño y sólo se escuchó el agua caer, se duchó cerca de 45 minutos, luego se puso a maquillarse y vestirse, después de 2 horas y media salió del baño ya lista.

    La volteé a ver y se veía despampanante; antes que nada les describiré como es Ana, ella mide 1,75, es de complexión muy delgada ya que después de tener a la bebé le dio por hacer ejercicio aunque últimamente lo ha dejado, tiene el cabello negro lacio y largo, tiene la piel blanca, labios delgados, ojos negros, nariz respingada, es de piernas largas y blancas, tiene una cadera pequeña y un trasero mediano aunque muy apetecible, pero sin duda alguna su mayor atributo son sus senos, son redondos y grandes, tiene unos pechos impresionantes.

    La observé de pies a cabeza y quedé fascinado, llevaba una blusa blanca con tela muy delgada, en algunas partes era algo translúcida por lo que se podía ver su brassier que era del mismo color, llevaba un escote que dejaba ver esas generosas tetas que tanto atraían la atención; debajo llevaba una mini falda de mezclilla ceñida a su cuerpo, dejaba ver la mayor parte de sus lindas piernas, estaba seguro que si se sentaba se podría ver su ropa interior, llevaba muy arriba la falda, también llevaba unos zapatos de tacón de aguja color blanco que hacían juego con la blusa, mi esposa realmente parecía una mujerzuela pero se veía buenísima.

    No pude evitar excitarme al verla vestida así, una erección se formó dentro de mis pantalones, la verdad es que yo no estaba acostumbrado a verla vestida tan provocativamente.

    -Ya estoy lista. -me dijo.

    Sólo asentí, volví a recordar el porque se encontraba vestida así, sentí coraje aunque la excitación no se me quitaba. Ya listos los dos esperamos a que pasaron por nosotros, a eso de las 9:30 de la noche se escuchó un claxon afuera de la casa, me asomé y ya venían por nosotros. Salimos y caminamos hacía la camioneta negra, pude notar como mientras caminaba mi mujer los dos sicarios o empleados de «El Toro» no le quitaban la mirada de encima.

    La camioneta empezó su trayecto, en el camino Ana y yo ni siquiera nos miramos, estábamos llenos de miedo y vergüenza por lo que sucedería a continuación.

    Luego de varios minutos de camino la camioneta frenó, llegamos a una casa grande, nos abrieron y entramos a paso lento, entré seguido por mi mujer.

    -Pasenle. -se oyó a lo lejos.

    Entramos y nos sentamos en la sala con temor en nuestros cuerpos. Ahí fue cuando Ana vio con atención a su nuevo amante por primera vez, «El Toro» tendría unos 50 años, era alto y gordo, debía medir unos 2 metros y pesar por lo menos 90 kilos, llevaba una panza enorme que se le salía de la playera, tenía entradas prominentes en su cabellera, un bigote abultado y una barba tupida y muy descuidada, era un espécimen del típico hombre feo, pude ver como mi esposa inmediatamente puso una cara de desagrado.

    -¿Y que no me piensa saludar esta hermosa dama? -sentenció «El Toro» con su característica voz ronca.

    Mi esposa entendiendo se levantó del sofá y fue hacia el hombre lentamente. El Toro se levantó y pegándose a mi mujer la comenzó a besar en la boca, bajó una mano y empezó a acariciar las nalgas de mi esposa sin respeto alguno.

    -Estás bien rica ¿como te llamas?

    -Ana. -contestó mi esposa con evidente resignación.

    -Que bien, pues ya sabes porque estás aquí ¿no? Más te vale portarte linda conmigo y hacer todo lo que te diga ¿entiendes? sino vas a pasarla muy mal tú y el cornudo de tu marido.

    -Sí.

    -Pon una sonrisa y ven a sentarte aquí en mis piernas, vamos a tomar algo.

    Mi esposa ya sin oponer resistencia alguna y con una fingida sonrisa en la cara obedeció al hombre, la sirvienta llevó dos copas de vino y empezaron a beber mientras yo simplemente observaba, El Toro mientras tomaba aprovechaba para tocar las piernas desnudas de Ana y meter su mano bajo la falda, luego comenzó a besar a mi mujer en la boca mientras le masajeaba las tetas por encima de la blusa.

    -Ay Anita, ahora si vas a saber lo que es tener una reata de verdad entre tus piernas.

    El hombre siguió besando a mi mujer en la boca pero ahora usando su lengua, con sus dedos comenzó a tocar las piernas de Ana a lo largo de toda su longitud, ella permanecía inmóvil ante su tacto, era evidente que ella no disfrutaba esto, pronto los besos se tornaron más intensos, él pasó sus labios y su lengua por el cuello y la oreja, ahora sus sucias manos acariciaban los pechos de mi esposa, los amasaba con fuerza moviéndolos de un lado a otro, a pesar del tamaño grande de sus tetas El Toro cubría con su mano una teta completa, tenía unas grandes manos, era un hombre gigante, no quería imaginar el tamaño de su herramienta entrando en la estrecha vagina de Ana.

    -Tienes unas tetas bien ricas, mira hasta ya se te pararon los pezones. -le dijo El Toro.

    Los pezones se podían apreciar a través de la delgada blusa, fue ahí que me di cuenta que en verdad ella estaba disfrutando esto, eso me decepcionó un poco, ella estaba excitada, las caricias de aquel monigote la estaban calentando. Mi mujer seguramente peleaba una lucha interna en mantenerse ajena a las caricias de ese hombre o dejarse llevar, luego de tan apasionados besos ella enredó sus brazos en el cuerpo de El Toro, obviamente se había dejado ir, ahora parecía que ella era la que devoraba la boca del despiadado hombre, constantemente él frotaba con intensidad los muslos de mi esposa hasta estar cerca de su intimidad.

    -¿Te gusta lo que te hago verdad? -le preguntó.

    Ella guardó silencio, ahí fue que entendí la famosa frase «el que calla otorga», no se atrevía a decir que sí debido a mi presencia. Él sobó sus bubbies por encima de la blusa mientras mordía sus labios.

    -Anda dime, ¿te gusta lo que te hago?

    -Sí. -contestó temerosa.

    -¿Te gusta que te toquen las tetas verdad?

    -Síí. -habló con más ánimo.

    -Espera a que te las coma, vas a mojarte toda.

    El Toro acarició el cuerpo de mi esposa desde sus piernas y la fue subiendo hasta llegar arriba de la falda metiéndola debajo de la blusa y quitado de la pena tentó todo el abdomen con sus grandes manos hasta llegar al brassier. Luego de tocarla sacó sus manos de la blusa, con sus dedos la fue subiendo poco a poco, Ana giró su cabeza hacia atrás facilitándole la labor al hombre hasta que la blusa dejó de cubrir su cuerpo.

    Miré su sostén y era de esos con tela delgada que se transparenta, se podía ver claramente el erecto pezón y sus aureolas, una prenda muy atrevida, me dio un poco de coraje que comprara ese tipo de ropa para ese pelafustán.

    -A ver parate zorra, te voy a quitar esa falda.

    -Si.

    Él fue bajando la minifalda hasta sacarla y tirarla en el piso, mi mujer quedó en tacones, sujetador y una minúscula tanga blanca que apenas le cubría el culo, ella estaba entre las piernas de El Toro de frente a él, por mi posición yo podía ver a mi mujer de espaldas, empecé a apreciar su hermoso culo, la pequeña tela se le metía entre sus blancas nalgas, El Toro empezó a acariciarle el trasero con las dos manos a su antojo, ella movía su cabeza a un lado demostrando que le agradaba el manoseo, le dio un par de nalgadas haciendo que temblaran esos hermosos cachetes.

    Sin darme cuenta yo me estaba acariciando por encima del pantalón, a pesar de lo humillante que era la escena para mí todo lo que veía me excitaba. El hombre que aún estaba sentado comenzó a besar el abdomen de mi esposa desde por arriba de la tanga pasando por su ombligo hasta llegar a sus tetas las cuales mordió levemente por encima del sostén, ella se reimprimió pero él siguió hasta que finalmente Ana soltó varios gemidos, era imposible resistir tanto placer.

    -Vente zorra, vamos a la cama.

    Le dio una sonora nalgada y tomándola de la mano la puso a caminar delante de él para poder apreciar su culo moverse. Ambos subieron las escaleras y entraron a la recámara olvidándose de mi presencia, yo estaba dudoso de si subir a ver o no, finalmente el morbo me ganó y subí las escaleras, los vi caminando y entraron en la tercer recámara dejando la puerta abierta donde me paré para observar lo que sucedería.

    -No mires. -me dijo Ana con tristeza en sus ojos.

    -Dejalo, que vea como se follan a la guarra que tiene como esposa. -intervino El Toro.

    La tomó con más fuerza y la besó mientras sus manos acariciaban toda su anatomía, ella se abrazó a su gordo cuerpo con pasión. El Toro puso su cabeza entre las tetas de mi esposa y la movió haciéndolas tambalear de un lado a otro.

    -Orale puta, quítame la ropa. -le ordenó.

    -Sí.

    -Eso… ¿sabes qué? de ahora en adelante ese es tu nombre, puta ¿está bien?

    -Sí.

    -¿Como te llamas?

    -Puta.

    El obeso hombre soltó una carcajada y dejó que Ana lo desnudara. Le quitó los zapatos, sus calcetines, luego desabotonó su camisa dejando ver su enorme panza cubierta de vello oscuro. luego quitó el cinturón, bajó la bragueta y le quitó el pantalón y por último su calzón quedando el hombre completamente desnudo. Mi esposa miró detenidamente la erección de El Toro y quedó sorprendida, un enorme falo de unos 22 centímetros sobresalía del cuerpo de aquel hombre.

    -Vas puta, chupamela.

    El Toro se acostó en la cama boca arriba y mi mujer se subió a la cama y temerosamente acercó su boca a la verga del hombre, él con su mano la tomó del cráneo y la fue acercando más hasta que los labios de ella hicieron contacto con el pene, algo calmada empezó a besar el pedazo de carne, entonces El Toro comenzó a tocar los pechos de Ana y conforme los sobaba más fuerte mi mujer aumentaba las mamadas hasta que llegó al punto en que perdió el pudor y empezó a chuparle la verga con ambición y confianza, con su mano lo tomaba y lo hundía hasta lo más profundo de su garganta provocando los gruñidos del hombre, después ella incorporó su lengua al acto chupando la cabeza, el glande y hasta los huevos.

    -Ah puta, la mamas bien rico.

    -Sí. -contestó soberbia y excitada.

    -¿Te gusta mi verga?

    -Sí.

    -¿Te gustan grandes verdad?

    -Sí.

    -¿Quien la tiene más grande, tu marido o yo?

    Se quedó callada al recordar que yo me encontraba ahí pero era evidente que la de él era más grande que la mía.

    -Anda puta, dime. -insistió.

    -Tú.

    -Jajaja ya lo sé, y sé que yo te voy a coger más rico y más tiempo ¿quieres que te dé toda la noche?

    -Sí.

    Cada vez que Ana respondía «sí» sentía puñaladas en el corazón, me dolía saber que a mi esposa le gustaba lo que le hacía y decía ese hombre y más le gustaría lo que después pasaría.

    -Eres toda una ramera, sabes mamarla bien rico, de seguro a tu marido no se la chupas así, puta.

    El Toro siguió ofendiéndola con ese sobrenombre que ya me estaba irritando, sin embargo a ella parecía no importarle, siguió comiéndose el miembro de él gustosamente hasta que la detuvo, la besó en la boca unos minutos y la sentó en la cama, acercó sus manos a la espalda de ella y le quitó el brassier dejando al aire esos enormes melones que tiene ella.

    Él poniéndose detrás de ella empezó a besar el cuello y oler su cabello mientras que con sus manos acariciaba sin discriminación alguna sus grandes tetas, con sus manos amasaba aquellos pechos mientras Ana soltaba pequeños gemidos dejándole saber al hombre que la tenía a su completa disposición. Después de tocarle constantemente los senos El Toro acostó a mi esposa boca arriba y se puso encima de ella, poco a poco se fue acomodando hasta que su cabeza quedó a la altura de sus tetas, llevó su boca a los pechos de Ana y uno a uno los devoró como un animal, pasaba su lengua en los pezones haciéndolos ponerse duros, entre suspiros mi esposa exigía más.

    Luego de un rato de comerle las tetas tan satisfactoriamente El Toro fue bajando hasta llegar a la intimidad de ella, con sus dedos fue explorando la zona metiendo uno o dos dedos dentro de la tela, Ana abrió las piernas deseosa de atención y el hombre bajó la pequeña tanga hasta dejar completamente desnuda a la madre de mi hija, fue ahí que pude observar que tenía su zona intima completamente depilada, se había depilado, cosa que en 12 años conmigo jamás había hecho, eso me frustró. El Toro puso su cabeza entre la vagina de Ana y fue lamiendo su monte de venus en toda su extensión, con su lengua masacró la clítoris de mi mujer y sus gemidos no se hicieron esperar, mientras él le comía la vagina ella lo tomaba de la cabeza y lo hundía en su intimidad pidiendo más.

    -Cogeme. -dijo mi esposa.

    -¿Quieres verga eh?

    -Siii.

    El Toro subió su pesado cuerpo encima de Ana hasta quedar cara a cara, le abrió las piernas y hundió su herramienta en la mojada vagina en un sólo movimiento.

    -Ahhh. -mi mujer soltó un quejido adolorido.

    -No te quejes, vas a ver que me la vas a pedir más.

    Ambos se besaron de forma sucia durante varios minutos hasta que El Toro empezó a penetrarla y ella comenzó a jadear profundamente por el placer que él le causaba, no podía entender como aquel grueso trozo de carne podía entrar en la raja de mi esposa, Ana enredó sus piernas al cuerpo del sudoroso hombre y él la levantó con una descomunal fuerza y la empezó a coger de esa forma, aquel hombre se cogía a mi esposa en el aire mientras yo observaba todo desde un rincón con una mezcla de enojo, vergüenza, morbo y excitación.

    Fornicaron en aquella posición un buen tiempo, luego él la aventó en la cama como si fuera de trapo y se acostó boca arriba con un miembro frondoso y erecto esperando por ella.

    -Vas puta, cabalgame.

    -Si.

    Mi esposa se trepó encima del hombre y ella misma metió la verga en su concha, cuando entró suspiró aliviada como si necesitara tenerla dentro, ya encima y empalmada empezó a cabalgarlo con movimientos suaves, cada que el grande pene tocaba lo más profundo de su intimidad ella gemía como gata en celo, minutos después los movimientos se tornaron más fuertes, mi mujer saltaba y se ensartaba en el tronco del hombre con gran entusiasmo, los grandes pechos de Ana colgaban y se tambaleaban a la par de cada penetración, en ocasiones El Toro las atrapaba y las llevaba a su boca chupándolas provocándole a Ana un mayor placer.

    Luego de montar al macho por más de veinte minutos Ana no resistió más y llegó a un escandaloso orgasmo empapando el pene de El Toro de fluidos vaginales. Ella descansó su cuerpo sobre el de él tratando de reponerse pero él no parecía venirse pronto siguió taladrando a mi mujer como si nada.

    -Por dios… Ya no puedo. -exclamó mi esposa.

    -Esto va a terminar cuando quiera, ¿ok?

    -Ahh… Sí.

    Apenas ella quería parar cuando su cuerpo la traicionó y exigió más sexo, sus gemidos la traicionaron.

    -Ves, tu cuerpo pide castigo.

    -Dame más.

    Ahora la puso en cuatro y él se posicionó detrás de ella, le pegó un par de nalgadas tan fuertes que le dejó los glúteos colorados, penetró a mi mujer con su grueso instrumento y se la empezó a coger de a perrito, él la tomaba de las caderas y con harta violencia la traía y alejaba a su cuerpo, el cabello suelto de Ana se le pegaba al rostro por tanto sudor, sus jugosos pechos bamboleaban de un lado a otro y El Toro descansaba su enorme panza en la espalda de mi mujer, la tomó del cabello mientras la follaba y le empezó a hablar de manera sucia y vulgar.

    -Mmmnh, eres toda una zorra ¿verdad?

    -Sii.

    -¿Quien se iba a imaginar que una simple ama de casa podría ser toda una puta en la cama?

    -Ya sé.

    -¿Te gusta mi verga?

    -Siii, me llenas toda.

    El Toro la siguió penetrando hasta que Ana no pudo más y se vino por segunda vez, sus fluidos mancharon de nueva cuenta la reata del hombre y también la cama, ella se tiró sobre la cama toda sudorosa y con la respiración muy agitada. Por el ángulo en que yo estaba podía ver su rostro y ella el mío, no podía reconocer a mi propia esposa, tenía una mirada profunda y perdida, sin resistencia alguna se había entregado a ese hombre que me había aterrorizado por meses y apenas era el primer día.

    -Ya después vas a mirar a tu esposo, hoy yo soy tu hombre pendeja.

    El Toro la tomó del cuello y la levantó para besarla sin ningún tipo de emoción, aún así ella le correspondía atentamente, Ana lo abrazaba necesitada de cariño mientras él con sus manos masajeaba el culo de mi esposa, embadurnó sus dedos con los pocos jugos vaginales que habían en el sexo de Ana, llevó los dedos a la boca de ella y se los dio a probar, mi mujer chupó sus sucios dedos probando su propio sabor. Terminó y puso una gran sonrisa que hasta hoy me causa pesadillas.

    -Así me gustan las putas, obedientes. -habló El Toro.

    Le tomó la cabeza y la bajó a su pecho, como instinto mi esposa empezó a chuparle el pecho peludo con todo y lengua, El Toro asintió, fue bajando hasta llegar a su abundante barriga la cual besó con gran adoración.

    Luego de aquel extraño momento El Toro la tiró a la cama y la puso en cuatro de nuevo, ella se empinó ahora con más naturalidad y sensualidad, más puta, el hombre se agachó detrás de ella y le empezó a acariciar el culo, era obvio lo que seguía, comenzó a mamarle el culo a la vez que se lo tocaba. Seguidamente su lengua se adentró en el oscuro agujero haciendo retorcer a mi mujer en aquella cama.

    -Te voy a romper el culo puta.

    -Eso no.

    -Te va a gustar, a las perras como tú les gusta que les rompan el ano.

    -No, soy virgen.

    -Uyy, mejor aún, yo voy a estrenar ese precioso culo.

    Era cierto, nunca lo había hecho, yo se lo pedí varias veces y se había negado por temor a que le doliera, esta vez no había ni una sola pizca de miedo en su ser, aún así siguió negándose.

    -Vamos a culear bien rico, vas a ver.

    -No, por favor no.

    Ana decía una cosa pero su cuerpo otra, ella empinaba su culo lo más posible al sentir a El Toro cerca, él siguió estimulando hasta que en un descuido le ensartó su orificio trasero provocándole un gran dolor, desesperado El Toro le tapó la boca con sus manos acallando aqueos quejidos, sin saber como fue Ana la que empezó a mover el cuerpo exigiéndole al hombre que la penetrase, sin aguardar más tiempo le comenzó a romper el ano, ya mi esposa gemía puramente de placer y gozo, aquella venosa y gruesa arma entraba en el estrecho y virgen ano de mi mujer con mucha facilidad, la cama se movía a la par de sus cuerpos, él la tomaba de las caderas, le jalaba el pelo o le metía los dedos a su boca, ella se tocaba los pechos o se metía los dedos a la vagina, cuando parecían llegar ambos El Toro se quitó de ahí puso a mi mujer de rodillas y penetró su boca por no más de 40 segundos hasta que finalmente eyaculó llenándole de leche la boca que no pudo contener más y salió el espeso líquido corriéndole por la barbilla y el cuello hasta desembocar en sus senos.

    Ambos terminaron al mismo tiempo y quedaron exhaustos y desechos, descansaron unos 30 minutos sólo besándose y acariciándose pero continuaron el resto de la noche, al tercer polvo no soporté ver más y me fui a la sala donde me quedé e intenté dormir sin lograrlo pues constantemente oía los gritos y gemidos de mi esposa que no me dejaban dormir.

    Ya al otro día Ana me despertó, estaba de pie frente a mi con su ropa atrevida, los tacones en las manos y unas ojeras en su rostro muestra de que no había dormido en toda la noche.

    -Ya vámonos.

    -Sí. -respondí.

    Regresamos a casa sin hablar absolutamente nada sobre el tema tal y como ha sido hasta hoy en día.

    Y así fue cada fin de semana a lo largo de 6 fatídicos meses en los cuales «El Toro» la «obligó» a hacer todo tipo de cosas, grabó varios vídeos xxx con ella; hizo un trío con ella y con otra mujer; la obligó a caminar en una concurrida calle semidesnuda; hasta la hizo participar en orgías, y por supuesto yo como espectador en cada acto.

    Fue a los seis meses cuando esta terrible pesadilla (que al menos para mí lo era) terminó, una mañana leyendo el periódico vimos el encabezado: «ejecutan a «El Toro» en su casino de Mexicali». La calma volvió, ese despiadado hombre que tanto nos había hecho sufrir había sido asesinado.

    Finalmente pudimos seguir nuestra vida normalmente, a mi me iba bien en el trabajo; poco a poco recuperamos nuestros muebles, por otro lado, Ana tenía 2 meses de embarazo, era obvio que ese bebé no era mío pero no pensamos tanto en esto, seguimos nuestra vida juntos como si nada hubiera pasado; jamás volví a involucrarme en apuestas y juegos de azar.