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  • La hermana de mi mejor amigo creció (100% real)

    La hermana de mi mejor amigo creció (100% real)

    Esta historia empieza en el colegio, yo tenía 16 años y me preparaba para graduarme, mi mejor amigo se llamaba Raúl, tenía mi edad y su hermana tenía 4 años menor que nosotros, era la típica niña de colegio, obviamente en ese momento no me atraía, además como muchos ya lo saben, la diferencia de edad es más evidente cuando estamos en el colegio, para mí ella solo era una niña chiquita un poco enamoradiza. Mi amigo me contaba que a ella le gustaban algunos de nuestros compañeros de salón pero nunca me mencionó a mí.

    Pasaron un par de años y un día fui a buscar a Raúl a la casa de sus papá, cuando golpeé, me abrió Carolina, su hermana; llevaba un tiempo sin verla, pero noté que ya no se veía tan niña como hace unos años, aunque aún tenía esa inocencia de colegiala; la saludé con un beso en la mejilla; me dijo que Raúl no estaba y no sabía si se iba a demorar, pero me invitó a esperarlo. Hablamos de todo un poco, le conté que estaba a punto de entrar a la universidad y ella me contó cómo iban sus últimos años de colegio. Le dije que se veía muy linda (ella es morena, delgada, de pelo liso, negro y largo hasta la cintura, con cara tierna, ojos negros y labios delgados) se sonrojo un poco y me dijo que yo también estaba lindo, (para los que han leído mis anteriores confesiones, saben que soy atlético, en esa época era más delgado, soy de tez blanco, tengo ojos color miel). Intercambiamos números celulares y luego de un rato llegó Raúl.

    Después de ese momento empezamos a hablar esporádicamente, simplemente nos saludamos y nos contábamos cómo nos estaba yendo, las conversaciones no pasaban de algo amistoso ya que la diferencia de edad aún me parecía importante.

    Con el tiempo dejé de hablarme con Raúl, pero seguía en contacto con Carolina aunque solo una o dos veces al año.

    Entré a la universidad y tuve una novia con la que duré casi 5 años, por lo cual no le prestaba mucha atención a Caro.

    El tiempo siguió pasando y para cuando cumplí 25 años, terminé la relación que tenía por culpa de una chica de la que ya hablé en mi primera confesión, estuve un tiempo solo y en ese momento volvió a aparecer Caro, esta vez ella tenía novio, pero notaba que quería hablar más conmigo así que la invité a salir, habían pasado muchos años desde la última vez que nos habíamos visto, le dije que nos encontráramos en un parque, podíamos caminar un poco y comer algo.

    El día de la cita no recuerdo muy bien qué tenía puesto yo, pero sí recuerdo cómo estaba vestida Caro. Al verla me sorprendí, ya no era la niña que yo recordaba, era casi igual de alta que yo, diría que medía 1,70 cm, mantenía su cabello largo y negro, su cara ya era la de una chica madura, no se maquillaba mucho pero sí lo suficiente para verse aún más hermosa, tenía un labial rojo y un delineador en los ojos, noté que sus pechos eran grandes, se mantenía delgada y su cola aunque no era de gran tamaño iba muy bien con la contextura de su cuerpo.

    – Diego, ¡estás muy lindo! – Me saludo Caro con efusividad.

    – Tú también estás hermosa, hace mucho no nos veíamos, has crecido demasiado – Le respondí aún con voz de sorpresa al ver la mujer en la que se había convertido.

    Esta era la primera vez que salíamos desde que nos habíamos conocido, noté que tenía una actitud un poco lanzada (Para los que no entienden este término, es cuando una coquetea mucho), comenzó a decirme que estaba muy feliz de verme; que yo siempre le había gustado (claramente, Raúl nunca me había dicho que yo le gustaba a Caro), seguimos hablando durante el día y ella me contaba que no era feliz con su novio, que estaba aburrida y que quería dejarlo, también me sorprendió que me hablara un poco de su vida sexual, parece que se había vuelto más abierta con ese tema, me hablaba de algunas experiencias que había tenido, de sus novios, que en realidad no habían sido muchos, ella en ese momento tenía 21 años. Yo le conté un poco sobre la relación que acababa de terminar.

    – Duraste muchísimo con esa nena, nunca te dije pero siempre me has encantado – Con cada conversación que teníamos Caro encontraba la forma de decirme que yo le gustaba, que le parecía lindo y otras cosas. Yo siempre he sido un poco tímido así que no le seguía tanto la cuerda, aunque en mi interior quería acostarme con ella en ese momento. Al final de ese día nos dimos un beso y planeamos otras salidas.

    La siguiente vez que nos vimos ella me contó que había terminado con el novio, me lo dijo como esperando que yo diera el siguiente paso, sin embargo, aún no me sentía seguro de insinuarle algo sexual (muchos pensarán que soy un tonto y tal vez no estén equivocados jaja pero les recuerdo que era un poco tímido).

    A medida que pasaban las conversaciones y las insinuaciones de Caro, yo empecé a acercarme a ella, la tomaba de la mano, la abrazaba. Decidimos entrar a un bar que quedaba en un segundo piso, eran las 3 o 4 de la tarde y en el lugar solo había una pareja, nos sentamos en unos sillones muy cómodos y pedimos un par de cervezas. Seguimos tomando y hablando de todo un poco, el par de cervezas solo lograron despertar aún más mi deseo por ella, me quedaba mirándola a la boca cuando hablaba y ella hacía los mismo.

    En un punto y con el alcohol ya haciendo su efecto, me lancé a besarla, ella giro un poco su cabeza y recibió mi beso, claramente era algo que esperaba hace mucho, con su mano derecha empezó a acariciar mi pelo mientras recibía mi beso, primero nuestros labios se tocaron, ella tenía un brillo saborizado que le daba un gusto más excitante a ese beso, poco a poco fui abriendo la boca para que nuestras lenguas se cruzaran, parecía que todo sucedía en cámara lenta, el beso tenía algo de romántico y también un poco de pasión, yo la tenía de la cintura, podía sentir su figura delgada y los pequeños movimientos de su cuerpo reaccionando a lo que estábamos haciendo. Luego de unos minutos de besarnos sin parar nos alejamos para seguir tomando.

    – Qué beso tan rico – Me dijo Caro con cierto felicidad.

    -Tú también besas muy rico. De lo que me estaba perdiendo – Le dije con ganas de seguir besándola.

    – Podemos recuperar el tiempo perdido – Me dijo con un tono pícaro. Me encantaba su forma de ser relajada y un poco lanzada.

    Seguimos hablando y besándonos hasta que oscureció, en un momento llegamos a un tema que dio pie a lo que pasaría después; empezamos a hablar sobre los amigos con derechos (no sé si en todos los países los conocen así, pero acá en Colombia, los amigos con derecho son esos que tienen sexo sin ningún compromiso) Ella me contaba que nunca había tenido un amigo con derecho y le dije que yo tampoco.

    – Oye, te imaginas, debe ser muy rico, ¿tu serías mi amigo con derechos? – Me preguntó de forma relajada, casi con inocencia.

    -Claro, tú eres hermosa, además creo que los dos somos muy relajados, estoy seguro que podemos tener una relación así –

    Ella reaccionó con emoción, como una niña pequeña que va a recibir algo que quiere, casi pude recordarla como la había conocido en el colegio.

    Esa noche terminó solo con besos, pero desde ese momento empezamos a organizar el que sería nuestro primer encuentro sexual. Pasaron los días y ella me preguntaba cosas sin timidez, me preguntó cuál era el tamaño de mi pene, qué poses me gustaban, me contó cuál era su condón favorito, me dijo lo que le gustaba hacer en la cama y muchas cosas más. En esa época yo aún vivía con mis papás, así que aproveché un fin de semana donde iba a estar solo para invitarla y tener nuestro encuentro íntimo. Preparé una noche un poco romántica, compré velas, aceite para masajes, una playlist con música sensual y organicé mi habitación como solo un hombre la organiza cuando va a tener sexo.

    Cuando por fin llegó el día, nos encontramos en una estación de bus que quedaba a unas cuadras de mi casa, se veía hermosa, tenía su cabello negro liso suelto con unas cuantas ondas en las puntas, llevaba una blusa de tiras negra ajustada a su cuerpo con un escote pequeño que resaltaba su figura delgada, sobre la blusa tenía una chaqueta de cuerina roja, llevaba un jean negro ajustado y unas botas negras. Yo también me arreglé para la situación, me puse una camisa blanca, unos jeans negros un poco ajustados y unas zapatillas de tela blancas, utilicé mi mejor perfume y me arregle la barba, trato siempre de mantenerla corta estilo candado.

    Cuando me acerqué a ella le di un beso en la boca y la tomé de la mano, pude notar que estaba un poco tímida, parecía que lo que iba a suceder la estaba intimidando, a diferencia mía, yo me sentía emocionado por tenerla esa noche conmigo. Ya eran las 2 de la tarde así que la invité a comer a un restaurante cercano y seguimos hablando un poco. Su timidez frente a la situación me generaba ternura, desde que volvimos a hablar, parecía siempre ser lanzada y desinhibida con todo lo relacionado al sexo, pero ese día, parecía la niña pequeña que había conocido en el colegio, se dejaba guiar por mi y yo sentía que tenía el control de la situación, eso solo me hacía desearla más.

    Se hizo de noche, eran casi las 6 de la tarde y decidí que ya era hora de llevarla a mi casa, cuando llegamos, ella entro al baño y yo aproveché esos minutos para preparar el ambiente en mi habitación; prendí unas velas, puse un humificador con un aroma dulce, apagué las luces y dejé una música sensual sonando.

    Cuando entró, pude notar su cara de sorpresa, la luz de las velas resaltaba aún más su figura. La tomé de la mano y la besé junto a la puerta, empecé a sentir cómo se excitaba cada vez más mientras nos besábamos, yo tenía mis manos en sus caderas y ella tenía las suyas alrededor de mi cuello, con cada segundo que pasaba, ella me apretaba más hacia su cuerpo. Empezó a bajar una de sus manos por mi pecho hasta llegar a mi entrepierna, mi pene ya estaba muy duro así que ella empezó a masajearlo por encima de jean, yo la seguía besando y pude sentir cómo ella intentó desabrochar mi cinturón así que yo tomé su mano para detenerla un momento.

    – Todavía te tengo una sorpresa más, así que tienes que esperar – Le dije mirándola a los ojos.

    – Ah ¿si? – me respondió con un tono juguetón – ¿qué otra sorpresa me tienes?

    – Te voy a hacer un masaje, pero tienes que hacerme caso, ¿te parece? – Ella me respondió asintiendo con la cabeza como si estuviera en el colegio.

    La llevé a la cama y empecé a desvestirla poco a poco, primero le quité la chaqueta, luego la blusa negra y al final las botas y el jean, ella se quedó sentada en la cama, en ropa interior, tenía una brasier negro y unos cacheteros del mismo color, parecía que la situación volvía a ponerla un poco nerviosa, y la entiendo, ya que en ese momento yo tenía mi ropa puesta y ella estaba casi desnuda, pero todo era parte del juego.

    Le puse una venda en los ojos y le pedí que se acostara boca abajo en la cama, dejándome su espalda y sus nalgas listas para acariciarlas. Empecé a poner un poco de aceite y a deslizar lentamente mis manos, podía sentir su piel suave, ella permanecía quieta, desabroché su brasier para poder recorrer mejor su cuerpo, mis manos subían y bajaban mientras el aroma frutal del aceite se mezclaba con el aroma de la habitación. Podía ver como con cada movimiento que hacían mis manos, Caro empezaba a morder su labio, de vez en cuando se escapaban algunos ruidos casi como gemidos. Bajé cada vez más, primero pasando por su cintura y luego recorriendo sus nalgas, le daba algunos besos a medida que mis manos recorrían su cuerpo. Seguí bajando hasta llegar a sus piernas, eran hermosas y con la luz de las velas se veían mucho más sensuales.

    Le pedí que girará para continuar el masaje, ella quedó boca arriba y por fin pude apreciar sus hermosos pechos, eran grandes, acordes a su figura delgada, hasta ese momento nunca había tenía unos pechos de ese tamaño, tenía unos pezones pequeños pero hermosos y algo que no había notado antes, unos piercings que la hacían ver aún más sensual. Dejé que unos chorros de aceite cayeran en su pecho y luego continué con el masaje, me moría por tocar esos senos, así que con mi mano esparcí el aceite. Primero mis manos rodearon sus senos sin tocar sus pezones que ya estaban duros; hacía círculos al rededor, luego empecé a acercarme más, hasta tocar sus pezones, eran increíbles, los tocaba con delicadeza, los ponía entre mis dedos y los apretaba con suavidad. Ella se movía cada vez que yo hacía eso, intentaba tocar mi pene, pero yo tomaba su mano y la volvía a poner al lado de su cuerpo, todavía no era el momento de ella.

    Empecé a bajar por su abdomen, aplicaba pequeños chorros de aceite para continuar con el masaje, llegué a su pelvis y le quité su ropa interior hasta dejarla completamente desnuda.

    -No es justo, ya estoy desnuda y tú no te has quitado nada- Me recriminó Caro ante la situación.

    Decidí quitarle la venda de los ojos y empezar a quitarme la camisa, ella me miraba sin moverse. Me paré junto a la cama y me quité las zapatillas y el jean quedando solo con mis bóxer blancos que trataban de contener mi erección.

    – ¿Así te parece más justo? – Le pregunté y sin esperar su respuesta continué con lo que estaba haciendo.

    Seguí recorriendo sus piernas con mis manos pero esta vez me devolví a su sexo, primero la toqué al rededor, cada vez era más difícil que ella pudiera controlar sus movimientos. Mis dedos se acercaban cada vez más hasta que empecé a tocar su clítoris, lo masajeaba con cuidado, los movimientos de su cuerpo me guiaban, veía el placer de su cara, algunas veces me miraba, otras veces solo cerraba los ojos y apretaba sus manos, mis dedos se movían cada vez más rápido, empecé a acercar mi boca hasta que mi lengua se sumó al masaje y empezó a deslizarse por su clítoris, podía sentir su sabor, era delicioso, ella abrió sus piernas para recibir mis besos, cambié la estrategia y esta vez mis dedos se encargaron de entrar en su sexo mientras mi legua seguía arriba.

    Sus gemidos me daban placer, ella tomaba mi cabeza y sus manos acariciaban mi cabello. Empecé a aumentar el ritmo de mi lengua y mis dedos, esto hacía que ella también aumentara sus movimientos y sus gemidos, hasta que gritó y pude sentir como un orgasmo recorría su cuerpo. Empujó mi cabeza con sus manos y apretó sus piernas como intentando contener algo que iba a salir de su cuerpo, se giró un poco y mantuvo sus ojos cerrados por unos segundos.

    – Dios, eso fue muy delicioso. Ahora es mi turno – Dijo mientras se levantaba de la cama, me besaba y me empujaba con la mano para que yo me acostara boca arriba como ella estaba.

    Utilizando el aceite que yo tenía empezó a pasar sus manos por mi pecho, bajó lentamente y me quitó los boxers, pasó sus manos por mis muslos y luego empezó a acercarse a mi pene que estaba completamente duro. Yo miraba como la silueta de su cuerpo brillaba por el aceite y la luz de las velas, su mirada estaba concentrada en mi pene, mordiéndose el labio mientras pasaba sus manos alrededor.

    Rodeó con su mano derecha la base de mi pene y lo levantó suavemente, puso su otra mano para cubrirlo y empezó a girarlas, para masajearlo, lo hacía suavemente, pero podía sentir como el aceite ayudaba a que su movimiento fluyera con delicadeza, apretaba sus manos con fuerza pero de forma deliciosa, logrando que yo sintiera cada movimiento. Cambió los movimientos circulares por un movimiento de arriba hacia abajo, subiendo un poco más la velocidad.

    – Dios, hasta tu pene es hermoso – Me dijo con una sonrisa sin dejar de mirar mi miembro erecto.

    Ella estaba sobre la cama, arrodillada entre mis piernas, empezó a moverse un poco hacía atrás y se inclinó para acercar su boca a mi pene, su cabello cayó sobre mi abdomen así que lo movió hacía un lado para que yo no me perdiera del espectáculo que me iba a dar. Empezó pasando su lengua en mis bolas, sin usar sus manos, subió desde mis bolas hasta el tronco de mi pene sin tocar la cabeza, hizo el mismo recorrido varias veces, algunas veces con su lengua y otras veces simplemente rosando sus labios mientras levantaba su mirada para seducirme con sus ojos. Volvió a tomar mi pene con su mano para ponerlo frente a su boca, pasó su lengua por la cabeza de mi pene y luego empezó a golpearlo contra su lengua, abrió un poco más sus labios para introducirlo a la humedad de su boca.

    Movía su cabeza de arriba a abajo con suavidad, lo hacía una y otra vez sosteniendo mi pene con su mano para mantenerlo apuntando a su boca, luego de unos minutos lo sacaba de su boca para pasar su lengua por todos lados, desde arriba hasta abajo, esta vez con más rapidez, como si fuera una paleta, mantenía los ojos cerrados en el proceso, pero podía notar que le gustaba lo que estaba haciendo. No puedo negar que se me escapaban algunos gemidos con lo que ella hacía.

    – Te gusta chuparlo ¿cierto? – Le decía con morbosidad, entre gemidos de placer.

    Caro sacó el pene de su boca para responderme

    – Mucho, te lo quería chupar hace mucho, me muero porque me lo metas

    – Te lo tienes que ganar, te tienes que portar muy bien – Le dije mirándola a los ojos mientras ella me masturbaba.

    Volvió a metérselo a la boca y continuó succionándolo, esta vez un poco más rápido, parecía que quería ganarse la penetración que le había ofrecido. Pasaron un par de minutos mientras ella seguía subiendo y bajando con su boca en mi pene, podía notar que cada vez estaba más húmedo, su saliva se escurría en el tronco de mi pene por las comisuras de sus labios, lo sacó un momento para respirar y descansar pero continuó masturbándome, pasando su otra manos por la cabeza de mi pene.

    – Es muy grande, que rico – Me dijo Caro, no sé si por excitarme o porque realmente lo pensaba, no considero que mi pene sea grande, pero sí puedo decir que es de un buen tamaño.

    Escupió un poco mi pene antes de meterlo de nuevo a su boca, continuó con ese movimiento de arriba abajo que me fascinaba, empecé a sostener su cabello con mis manos para que no interrumpiera lo que estaba viendo y también para guiar su cabeza al ritmo que quería. Como una colegiala juiciosa, dejaba que yo manejara el ritmo de su mamada, aumentando la velocidad mientras yo empujaba con cuidado mi cadera para que mi pene entrara un poco más profundo. Un par de movimientos de arcada me hacían bajar el ritmo, aunque hubiera deseado meterle cada centímetro de mi pene en su boca, no sabía si ella tenía esas habilidades.

    – Me ahogas – Me dijo, para advertirme que no era tan fácil para ella hacer lo que yo quería.

    Lo volvió a sacar de su boca para respirar, y aprovechaba para golpear su lengua con mi pene, también golpeaba sus mejillas mientras me miraba; no sé si era la luz, pero cuando hacía eso mi pene se veía enorme al lado de su cara.

    – Dios mío, tu boca es increíble, ¿cómo aprendiste a hacer eso? – Le dije como un alago a sus habilidades orales. Ella no respondió, pero continuó chupándome las bolas.

    – Métemelo por favor – Me pidió ella, pero yo le pedí que lo chupara un poco más. Me encanta el sexo oral y ella estaba haciendo un trabajo increíble, podía calcular que habían pasado casi 15 minutos desde que ella empezó y yo podía pasar horas disfrutando lo que me estaba haciendo.

    Me senté y la separé de mi pene para besarla un poco, su boca estaba caliente con un sabor a sexo, podía ver algunas gotas de sudor que validaban el esmero con el que ella estaba chupando mi pene. Me puse un condón texturizado, (El que ella me había dicho que le gustaba) la tomé de la cintura y la ubiqué sobre mi pelvis, con la mano guie mi pene a su vagina y ella se sentó poco a poco, disfrutando la primera penetración, con cada centímetro que entraba, ella soltaba un pequeño gemido, cuando por fin entró todo, Caro empezó a dar pequeños brincos, sus pechos se movían al ritmo de sus caderas y yo aprovechaba para tocarlos y sentirlos.

    Rápidamente sus movimientos fueron aumentando de velocidad, subía, bajaba y hacia movimientos circulares para que su clítoris rosara mi piel. Bajé mis manos a sus caderas y empecé a mover mi cintura para que mi pene la penetrara más profundo, nos movíamos en perfecta sincronía. Caro se inclinó hacia atrás sin dejar de brincar, y empezó a tocar sus pechos, sus gemidos aumentaban poco a poco, al mismo tiempo que ella aumentaba la velocidad de sus arremetidas, apretaba sus pezones y de vez en cuando pasaba sus manos por mi pecho, como si disfrutara mi cuerpo.

    Me levanté para quedar frente a ella sin sacar mi pene y hundí mi cabeza en sus pechos, disfrutaba su aroma, tener unos senos de ese tamaño por primera vez me encantaba, era una fantasía, los apretaba, besaba y lamía, ella apretaba con sus manos mi cabeza para que yo no dejara de jugar con esas montañas.

    – Házmelo de perrito – Me pidió ella luego de unos minutos en la misma pose. Me bajé de la cama y ella se ubicó de tal forma que su culo apuntaba a mi pene, metí mis dedos a mi boca y los humedecí para luego tocar su sexo. Tomé mi pene con la mano y lo dirigí para empezar a penetrarla con movimientos lentos, sosteniendo su cintura. A medida que pasaban los segundos ella empezaba a inclinarse cada vez más.

    – Así, así, que rico se siente, no pareces – Me decía ella con su cara sobre el colchón.

    Con mi mano derecha empecé a buscar uno de sus pechos sin parar de penetrarla, mi mano izquierda seguía en su cintura, tuve que inclinarme un poco para lograr cogerlo, lo apretaba con fuerza, me excitaba sentir sus grandes pechos y mi pene penetrándola, ella paso una de sus manos entre sus piernas hasta empezar a tocar mis bolas, las acariciaba mientras yo la penetraba, todo era perfecto, la música, sus gemidos y sus pechos rebotando al ritmo de mis embestidas. Cada vez estaba más mojada, empecé a aumentar un poco el ritmo, puse una de mis piernas sobre la cama para penetrarla un poco más rápido. Empecé a mover mi cadera en forma circular, me incliné para tomar su cuello con mi mano y la levante para que su espalda y mi pecho se tocaran, podía sentir el aroma de su cabello, la besé en la boca y luego en el cuello sin dejar de darle placer, estaba sudando como loco y podía ver que ella también, continuamos así por varios minutos.

    – Te lo quería meter así desde el colegio, no sabes cuánto deseaba tu cuerpo – Le dije. Recordarla en el colegio también me excitaba.

    Saque mi pene y le pedí que se acostara boca arriba en la cama, de nuevo podía ver sus grandes senos que me hipnotizaban, puse sus piernas en mi pecho para penetrarla profundamente. Primero metía solo la cabeza de mi pene 3 o 4 veces y luego metía todo mi pene en su interior, cada vez que hacía esto podía ver como su rostro se transformaba de placer, se lo hice así durante un buen rato y luego abrí sus piernas para dejarlas alrededor de mi cintura, tome sus pechos con mis manos y los empecé a besar, pasando mi lengua por sus pezones, succionándolos y mordiéndolos con delicadeza. La penetré un poco más rápido, ella gemía y ponía sus manos sobre las mías evitando que yo soltara sus pechos.

    Quería volver a sentir su boca en mi pene así que me subí a la cama, le pedí que se hiciera de lado. Mi pene quedó frente a su cara y lo acerqué, ella inmediatamente empezó a chuparlo, me moví suavemente para penetrar su boca, ella complementaba mis movimientos con su mano, empecé a tocar su clítoris mientras chupaba mi pene, los gemidos que hacía mientras lo succionaba eran un deleite para mí. Por momentos ella se sacaba mi pene y podía ver como su cara se volvía a transformar de placer.

    – No puedo chupártelo si me tocas, me excitas mucho – Sonreí y empecé a tocar sus pechos.

    Ella continuó chupándolo, cada vez más rápido, movía su cabeza adelante y atrás, con desespero, como si me quisiera hacer venir, yo disfrutaba viéndola. Sacaba mi pene de su boca y golpeaba su lengua con él, comenzó a pasar su lengua por todas partes, primero el tronco de mi pene, luego mis bolas que también las succionaba con sus labios, me encantaba ver esa pasión con la que lo chupaba. Me empujó para que me acostara boca arriba en la cama, se acomodó frente a mi pene, lo tomó con sus manos; el cabello le caía sobre los hombros, me miró a los ojos con una sonrisa sensual mientras me masturbaba.

    Bajó rápidamente su cabeza y lo metió en su boca, subía y bajaba su cabeza acompañando ese movimiento con su mano, podía sentir su excitación mientras lo hacía, disfrutaba chupármelo, me empecé a perder en el placer, escuchaba pequeños gemidos, también su mano pasado por mi pene con la humedad de su saliva, escuchaba cada vez que mi pene salía de su boca, como lo succionaba, veía como su saliva espesa volvía a salir por su boca. Cada vez lo hacía con más velocidad, yo empezaba a entrar en un trance sexual, ya no escuchaba la música, no la veía a ella, solo podía sentir lo que hacía con mi pene, empecé a apretar las cobijas con mis manos, ella aceleraba su movimiento, cada vez hacía más ruidos durante su mamada, sentía como si todo mi cuerpo se adormeciera.

    – Me voy a venir – Le dije con la respiración agitada.

    – Quiero que te vengas ya, por favor, dámelo todo – Me dijo sin dejar de masturbarme.

    – ¿Me puedo venir en tu boca? – Le pregunte, excitado. A lo que ella asintió con la cabeza.

    Me apoyé en mis codos para levantar mi pecho y poder ver lo que ella hacía, me moría por ver cómo se tragaba mi semen. Lo masajeaba en forma circular, lo succionaba con fuerza, lo sacaba de su boca un par de segundos y luego volvía a chupar.

    Empecé a sentir como mi pene se prepara para darle todo mi semen, ya no podía contener todo lo que tenía, mi pene empezó a temblar y con él dentro de su boca eyaculé con fuerza, ella bajó un poco el ritmo, con cada movimiento de sus manos, mi pene dispara un nuevo chorro, ella intentó contenerlo en su boca sin éxito. El semen empezó a escurrir y pude ver un chorro blanco y espeso que se escapaba por sus labios. Se levantó, puso una mano en su boca y pude notar como se tragaba lo que le había quedado, sus labios brillaban por su saliva y mi semen, se paso la mano derecha para limpiarse la boca mientras con su otra mano seguía masturbándome.

    Creo que ya el relato es muy largo, así que lo dejaré aquí, en una próxima confesión les contaré cómo terminó esa noche con ella.

  • Historias de un matrimonio cornudo. Reencuentros

    Historias de un matrimonio cornudo. Reencuentros

    Breve resumen (quien siga los relatos normales no tendría que leer el primer párrafo): Mientras mi esposa me ponía los cuernos con Eder, un profesor compañero de ella en la escuela donde da clases y que fue el primer cabrón que me hizo el favor de ponerme cuernos y que incluso desvirgó analmente a mi esposa con tan buenos resultados que a ella le encantaba que la penetraran por su agujerito trasero (bueno, a mí no me dio permiso de hacerlo por “pendejo”), ella tenía chats eróticos con dos excompañeros de cuando era estudiante, uno de la preparatoria y otro de la universidad (Darío y Armando respectivamente), un juego que nos encantaba que ella hiciera mientras yo le hacía un fantástico sexo oral. Sin embargo, el tonto de Eder al no saber jugar como macho corneador empezó a celar a mi mujer y tres meses después de que tuvieran sexo al menos 3 veces por semana mi esposa terminó con él, y después de dos semanas de este “rompimiento” (lo pongo entre comillado porque realmente no eran novios ni nada por el estilo) se quedó de ver a comer al fin con Darío.

    Dos semanas después de haber “roto” con Eder, mi esposa al fin quedó para una cita con Darío, ella me contó respecto a su historia personal en la preparatoria (se conocieron cuando tenían 16 años) que ella fue su noviecita de manita sudada, él era actor en un grupo de teatro independiente, sin embargo, nunca fueron más allá de fajes y manoseos ocasionales, aunque me contó que solo una vez le dio una mamada después de que lo viera actuar en un festival cultural, pero eran muy jóvenes, ambos venían de familias conservadoras y ella me mencionó que como era un buen actor atraía demasiado a las chicas y terminó por no confiar en él; lo que ocasionó que se separaran un año después de iniciada la relación; también me dijo (y lo vi con sus fotos, jeje) que aunque era feo, era de esos feos atractivos, muy varoniles, cabello largo y todo; terminó dedicándose al teatro y el cine pero en el plano técnico, a ella le seguía atrayendo y me dijo que al fin podría quitarse las ganas de acostarse con él, naturalmente yo la animé a que lo hiciera y que disfrutara completamente la experiencia.

    Darío invitó a comer a mi esposa para “conectarse” de nuevo, pensé que iría vestida muy sexy, con todas las intenciones de mostrar que tan “abierta” era; desde sus pláticas ella le mencionó que estaba casada, aunque parecía que a él no le importaba demasiado. Para la cita ella fue vestida con un pantalón de mezclilla muy pegadito y blusa de tirantes que aunque escotada no era para nada espectacular, también llevaba unas botas cafés de ante, eso sí, llevaba una tanga de hilo negra y solo unos cubrepezones, según ella para que no se le vieran los tirantes del bra.

    Yo fui el encargado de llevarla al restaurante donde se habían quedado de ver, ella me comentó que estuviera atento para ver si tendría que ir por ella o a donde. Naturalmente no supe nada de ella hasta pasadas las 12 de la noche en donde me mandó un mensaje diciéndome que ya iba rumbo a casa; el mensaje no tenía la excitación o la premura de las veces con Eder, era muy serio; ya cuando llegó si la vi completamente desarreglada, ella me volvió a decir que me bajara a comerle la panochita porque venía muy caliente, noté un sabor extraño como a plástico, además de que se sentía como muy lisa su panochita; lo que me contó no fue tan excitante.

    Darío resultó que no era tan buen amante como su historia personal y trabajo hicieron creer; mi esposa me contó que la comida fue muy caliente, parecía que a él no le molestaba que estuviera casada en un sentido de que no le molestaba que ella hablara de mí y los niños, que es más se mostraba interesado y empático, mi mujer estuvo muy divertida porque él seguía siendo muy ocurrente y gracioso; que después de un rato de estar platicando y pedir una botella de vino ella le contó sobre nuestro tipo de relación y le sorprendió que supiera bastante sobre esto, le mencionó que en el mundo del espectáculo existen varias parejas con distintos fetiches sexuales y que conocía algunos y hasta había sido invitado a fiestas sexuales donde se veían otros.

    Total que todo parecía muy sencillo, en el mismo restaurante y después de las bebidas se empezaron a poner cachondos, se dieron unos besos y unos fajes, su amigo se emocionó y la invitó de una a un hotel cercano, ella aceptó de inmediato y se fueron metiendo mano en su coche durante todo el camino, me contó que el sexo desde el inicio no fue lo espectacular que ella había imaginado, él era demasiado tierno y pausado, ella se bajó a chuparlo y él fue recíproco (en ese momento me alabó la forma en que yo lo hacía), después lo hicieron de misionero, ella le dio una cachetada para ver si reaccionaba como Eder y él en lugar de responderla se cohibió, pero lo peor fue cuando él intentó darle en cuatro, que porque quería ver sus nalgas mientras la penetraba, pero que el cabrón se emocionó tanto que terminó sin siquiera penetrarla de esa forma, y para colmo terminó en el condón; en resumen, ella tuvo una cita casi perfecta de no ser por el sexo al final.

    Para terminar con esta experiencia les contaré que a pesar del pésimo amante que resultó ser Darío se volvió gran amigo primero de mi esposa y después mío, es común que ellos aún se intercambien memes cachondos y palabras muy subidas de tono; en estos cinco años se han visto muy pocas veces para tener relaciones sexuales, mi esposa me cuenta que demasiado normales y hasta tiernas, él justificó ese día con el comentario de que le tenía demasiadas ganas a mi esposa y se “emocionó” de más.

    Pensé que después de la decepción a nivel sexual que tuvo mi mujer con Darío se calmaría un poco, pero el siguiente sábado tenía cita ahora con Armando, su excompañero de la Universidad, ella me contó que él era el típico chico malo y mujeriego en la escuela, alto, muy fuerte (jugaba fútbol americano), con mucha confianza y con el cual solo en una fiesta hubo unos besos, que él la buscó bastante como un mes después de esa fecha, pero ella se resistió debido a la reputación de él a pesar de que le gustaba bastante, además de que se había regado el rumor de que era un pervertido total (y solo porque en otra fiesta tres parejas se habían metido a un cuarto teniendo juegos sexuales, ya saben, otra época y otra moralidad).

    El tipo no había terminado la universidad y ahora se dedicaba a las ventas, siendo alguien muy talentoso y con algo de dinero, también la invitó a comer, solo que a un muy buen restaurante y también la tuve que dejar en él, con la diferencia de que a las 2 de la mañana ella me llamó y me dijo que pasara por ella a un hotel muy lujoso del centro de la ciudad, le pregunté que cómo le había ido y de plano me dijo, apúrate cornudito que no voy a poder retener tu regalo por mucho tiempo, eso me prendió muchísimo y fui por ella.

    Al llegar al hotel le mandé un mensaje y ella se tardó bastante en bajar, caminaba muy despacio, venía completamente despeinada y muy desarreglada pues venía sin los tirantes de su vestido (para ese día ella no cambió mucho su estilo respecto de la cita con Darío, realmente iba de manera sobria, un vestido, aunque no tan corto, amarillo de tirantes y amplio, tanga de hilo azul y otra vez cubrepezones, diciéndome que le encantaba usarlos), se tardó bastante en entrar, se notaba que le costaba moverse y se sentó de ladito, yo todo extrañado le pregunté por su rara actitud, ella se empezó a carcajear de mí y me dijo, vaya que eres un cornudo pitochico, lo que pasa es que el bueno de Armandito calza enorme, por lo que me dejó toda adolorida, así que apúrate a llegar a casa porque necesito tu lengua milagrosa en mi culito, además de que me ha de haber dejado tan abierta que me está costando mucho trabajo mantener tu postre dentro; naturalmente eso me puso muy, pero muy caliente, por lo que hice tiempo récord a la casa.

    En cuanto llegamos subimos a nuestro cuarto (yo la ayudé a subir), y de inmediato se recostó boca abajo, se levantó el vestidito y noté que la tanga estaba empapada y el culo se le veía muy rojo y bastante abierto, con razón no podía caminar ni sentarse bien, pobre de mi esposa le tocó un wey bastante vergón que la maltrató bastante, además de que se le salió casi toda la lechita porque solo estaba húmeda, yo me estaba recreando con su culito cuando ella me reconvino, me dijo órale pendejo que esperas, que me arde mucho el culito, en cuanto empecé a lamerlo ella se estremeció, me dijo que le dolía, pero se empezó a calmar y a gemir, me estuvo diciendo que al fin se había encontrado con una vergota de verdad, que ahora entendía por qué Armando era un cabrón en la universidad, que tenía una vergota descomunal, me preguntaba si me había gustado que tremendo pitote destruyera los agujeritos de mi esposa, que no sentiría mi pitito en un buen rato, que era un muy buen cornudo porque aliviaba a la puta de mi mujer después de venir muy bien cogida por un machote.

    Después de mucho rato aliviándole el culito a mi esposa, me ordenó que me pusiera a aliviarle tambien la panochita, porque su amigo también la había destrozado por ahí, en cuanto me lo dijo le comenté que se sentiría mejor si le untaba lubricante en su culito destrozado, ella me contestó que al fin no era tan pendejo como creía y que lo hiciera, a ella le encantó, se puso boca arriba, se abrió las piernas y uf, también tenía la panochita destrozada, muy muy roja, muy abierta, con los labios completamente de fuera y adolorida, me dijo que le pusiera de nuevo lubricante, pero que le trabajara el clítoris porque se quería venir para el putito de su marido, uf, casi de inmediato me vine y ella también; después de eso mi esposa quedó exhausta, pero cuando le ayudé a cambiarse de ropa me di cuenta que no traía marcas como lo hacía con Eder, su cuerpo venía impoluto, salvo un pequeño chupetón en una teta.

    Al otro día ya mucho más tranquilos me puso a ponerle lubricante de nuevo en sus agujeritos que ya estaban mucho más cerraditos, mientras lo hacía me contó que la comida fue Armando presumiendo su vida y obra, pues aunque no tenía la universidad, era medianamente exitoso, me dijo que venía muy bien arreglado y la piropeó de inmediato, y que también luego empezó a meterle mano, primero le acarició las piernas y que siguió subiendo la mano hasta llegar a su panochita, que ella en lugar de impedírselo abrió las piernas para que tuviera libre acceso, que iba deseosa de sexo y quería probar a su excompañero y ver si toda su fama en la escuela era justificada, me comentó que no salió en absoluto el tema de que estuviera casada, sobre todo porque sin terminar de comer y mientras se contaban lo que había sido de ellos y sus compañeros sobre todo a nivel laboral mi esposa era manoseada descaradamente por Armando mientras le decía que se le hacía raro que ahora no se hiciera la apretada no como en la universidad.

    Me contó que les faltó tiempo para irse a un hotel (un muy buen hotel que para nada se usa como uno de paso, pero Armando se nota que quería impresionar a mi mujer), que de inmediato mi esposa lo tiró en la cama y se pusieron a besarse y acariciarse, que su amigo le decía que había esperado demasiado tiempo por ese momento y mi esposa le contestó bajando a quitarle su pantalón, que ahí fue cuando se quedó petrificada, en cuanto la sintió por encima del calzoncillo se veía tremenda, le llegaba al muslo, que hasta con desesperación le quitó los boxers, y Armando la debió de ver completamente sorprendida porque se empezó a reír y le dijo, si reina, todo eso te vas a comer, todo eso desperdiciaste cuando eras mi compañera, mi mujer estaba sorprendidísima, que no podía creer que hubiera algo tan grande y gordo (y que además como lo fue trabajando empezó a estar venoso), que se notaba que Armando venía listo para la guerra porque estaba muy pulcro, se había recortado los pelitos.

    Le gustó el detalle a mi esposa, aunque me dijo que las prefería peludas; que al empezar a chupárselo no le cabía ni la mitad en la boca, y además sentía que se ahogaba con tremendo trozo de rabo, que Armando le decía que podía hacerlo mejor, que chupaba muy bien pero que quería ver desaparecer su tremenda tranca en la boca de mi esposa, que de plano la tomó de la nuca y empezó a marcarle el paso, aunque muy despacio y poco a poco podía meter cada vez más a su boca, se sentía completamente superada por tremendo palote, que tenía los ojos llorosos y hasta babeaba, de plano prefirió pasar a lamerle, besarle y chuparle los huevos, que también eran unos monumentos fantásticos, dignos compañeros de tremendo trozo de carne.

    La cabrona de mi mujer me dijo de plano que en uno de los huevotes de Armando cabrían mis dos pelotitas, después de tremenda mamadota que dio, Armando la puso en cuatro directamente la tocó de la panochita y le dijo, veo que ya está hambrienta de verga y de una se la metió, que no entró toda y mi esposa sintió que la partía, le dolió, aunque fue un dolor muy rico, muy placentero que de inmediato se transformó en un placer muy intenso, mi mujer le decía que era un hijo de puta vergón, que la partiera, que le diera más., que nunca había sentido una así, me contó que le dio pocas nalgadas y que respondía muy poco, que estaba concentrado en penetrar a mi mujer y que lo hacía con muy buena cadencia, le pregunté que como logró recibir todo ese animalote por su culo.

    Ella me contestó que fue ella la que se lo pidió, al notar que no terminaba y empezar a sentir ligero rozamiento, le dijo que lo intentara por el culito, ahí el propio Armando le dijo que no todas aguantaban y mi esposa le dijo que si le dolía mucho le diría y lo intentarían otro día, pero no quería dejar pasar la oportunidad de probar semejante rabo por detrás, él se empezó a reír y le dijo que era una putita, que le encantaba y mi esposa le pidió que fuera a su bolsa por el lubricante, me dijo mi mi mujer que Armando no fue tierno, pero si cuidadoso, mientras le embarrada su agujerito trasero y su tremenda tranca con lubricante le decía a mi mujer que no se imaginaba que en la primera cita no solo se la tiraría, sino que la encularía.

    Mi esposa recostó la cara en la cama, pues quería tener el ano lo más abierto posible, así que su excompañero empezó a penetrarla, al principio no sintió demasiado dolor, pero en cuanto pasó la cabeza ahí sintió como si la rompiera, tuvo un dolor muy intenso pero soportable, solo tuvo que cerrar los ojos y concentrarse en no apretar para seguir recibiendo por ahí, como Armando no notó queja por parte de mi esposa entonces el cabrón se la dejó ir toda, y ahí fue donde realmente destrozó a mi mujer, me dijo que le dolía mucho, le ardía como si la quemaran por dentro, solo sentía los huevos de Armando pegando en sus nalgas, le pregunté que por qué no le pidió que se detuviera y me contestó que en realidad no fue tanto tiempo y quería ver cuanto podía aguantar así.

    Le pregunté si le terminó gustando y me contestó que mucho, pero hasta que el wey terminó dentro de su culo pues su leche se sentía como refrescante, que era una sensación muy rara, él quería salirse de inmediato y ella le dijo que no fuera bruto, que esperara hasta que se saliera solo, le hizo caso; el problema fue que al salirse empezó a sentirse adolorida, sobre todo cuando intentaba sentarse y caminar, Armando se reía al verla caminar tan despacio, él le comentó que con todo gusto la llevaba a su casa.

    Ella tomó esa oportunidad para decirle que estaba casada, y el cabrón cínicamente le dijo que perfecto, que entonces le llamara a su maridito para que viniera por ella a ver que le parecía al pendejo venir por su mujer adolorida de tremenda verguiza que le acababa de acomodar, ella se empezó a reír y le dijo que seguro estaría encantado, que a mí me gustaba que ella se acostara con otros, y el otro no le creyó, tan es así que prácticamente la dejó ahí; le pregunté que qué pensaba y ella me comentó que seguramente él era tan ególatra que se sintió herido al enterarse que la chica con quien tan bien se había entendido sobre todo a nivel sexual (me comentó que al final de la enculada le dijo que casi ninguna lograba recibir toda su enormidad en la primera cita y por el ano) no solo tenía pareja, sino que estaba casada, pero que lo conocía, y si no había cambiado mucho, lo contentaría después, me gustó que ella tomara las cosas tan a la ligera.

    Ese mismo domingo me permitió volverle a hacer sexo oral (comerle la panochita y el culito) sin hacer uso del lubricante, y en lo máximo del placer, ella me dijo que se sentía putísima, que jamás había estado con tres personas distintas en tan poco tiempo (me contaba a mí, que bien me sentía), yo le dije que me encantaba, que entre más puta fuera, más la iba a amar, que no me importaría que diario se la cogiera alguien distinto, mientras me contara y la limpiara al final yo sería muy feliz.

    Después de su escandaloso orgasmo empezó a hablar en serio conmigo, y me preguntó si era verdad eso de que yo estaría más feliz entre más puta fuera, o que lo que le decía era producto solo de la excitación del momento, le volví a repetir que su placer era mi felicidad y que si quería acostarse con puro vergón como Armando yo estaría encantado, ella se empezó a reír y me dijo que aunque no le creyera, en realidad le gustaba más el sexo con Eder, que la encendía mucho más que fueran muy, pero muy rudos con ella, que la sometieran, que prefería eso a tener enfrente un trozo de carne gigantesco, que obviamente no negaría que se sentía muy bien, se sentía completamente llena con semejante cacho de carne, pero que lo psicológico era lo más importante.

    Le volví a insistir que entonces agarrara puros machos cabrones como Eder, pero que si quería coger diario por mí mejor; entonces completamente seria, me preguntó si estaba seguro de eso, le volví a contestar que sí y lo reforcé con un beso apasionado en sus hermosos labios, entonces ella me comentó que se había sentido demasiado bien de poder estar sin tapujos ni problemas con dos hombres distintos y que no se sentía culpable, ni sucia, ni nada, simplemente disfrutaba de la atención y el sexo con otros, y que si yo no solo no tenía problemas con eso, sino que encima la animaba, entonces trataría de quitarse todas esas telarañas mentales y se acostaría con quien quisiera, como quisiera y en donde quisiera, por mi parte le festejé totalmente sus palabras y su nueva actitud, que esa era la verdadera cara de una hotwife completa y nos dormimos.

    Continuará…

  • La ciega y su madre

    La ciega y su madre

    Hola a todos, esto que les voy a relatar es algo que pasó realmente, y por tal motivo voy a cambiar los nombres de las personas, ya que el mundo es un pañuelo y podrían ser fácilmente reconocidas.

    Yo trabajo hace unos años en las oficinas de un lugar público y por tal motivo las tareas son variada y a veces en cantidad, por lo que para alivianar un poco, de otro lugar enviaron a una chica nueva, ella es ciega, ya que siempre me dice que no le diga «no vidente» que si condición es ciega, la verdad no sé cuál es la diferencia, pero la respeto, yo la conocía de varios años atrás en los que habíamos trabajado juntos, pero casi no teníamos relación, así que coincidimos nuevamente en este lugar.

    Ella es diez años menos que yo, conozco a casi toda su familia, pero con la que tenía más afinidad era con su hermana que tenía mi edad y con la que fuimos juntos a la escuela, en estos momentos ella estaba en pareja con un muchacho que era de las mismas condiciones, «ciego», y tenía hijos de otra pareja, vivía bastante alejada del lugar, pero su madre vivía a cien metros de la oficina y le cuadraba los hijos mientras ella trabajaba, yo no congeniaba mucho con ella, y tampoco me sentía atraído ya que era una chica normal, casi sin ningún tipo de curvas, a comparación de su madre que a pesar de sus años, era de gran porte, con curva y bonita cara, se ve que de joven fue muy hermosa mujer.

    Como estábamos los dos en la misma oficina, ella se encargaba de atender el teléfono exclusivamente, por su condición, la madre venía a traerle la comida, y así fue como empezamos a tener más diálogo, yo trataba de poner un poco de distancia ya que veía que era una persona muy absorbente y como decimos en argentina, muy tóxica, por la forma de tratar a su pareja, pero se me dificultaba, ya que no quería que se lleve nada por delante y su celular que está adaptado para hablar, me volvía loco.

    Después de un tiempo y ya más entrado en confianza charlábamos de todo, y me comentaba lo mal que se llevaba con su pareja, yo la entendía, ya que al estar con la misma condición que ella, era muy difícil para ambos llevar una vida normal, su mamá también la pasaba mal, ya que todas las frustraciones de su hija se las descargaba con ella, y ambas me habían tomado a mí como su cable a tierra, y me comentaban todo, cada cual por su lado, con Mariela (que así voy a llamar a mi compañera) ya teníamos la confianza de hacernos chistes y compartir cosas, charlamos mucho y le doy cada tanto consejos para que esté mejor con su pareja y su madre.

    Uno de los tantos días llega al trabajo con cara de tristeza, cuando le pregunto que le pasa, me cuenta que se separó y que su pareja se fue de su casa, trate de contenerla como pude, ya que era una situación fea por la que estaba pasando, su madre Elsa (que así la llamaré) venía más seguido a ver cómo se encontraba, en los horarios que los hijos entraban en la escuela, a medida que pasaban los días el ánimo de Mariela iba mejorando, y después de un tiempo ya estaba todo mejor.

    Uno de esos días ella llega como siempre al trabajo y me comenta que ella y su mamá querían que vaya a cenar a su casa, ya que yo estoy siempre cuidándola, medio con dudas acepte, ya que yo salgo tarde, pero quería que no pensaran que despreciaba la invitación, así que llegado el día, cuando termino mi trabajo voy a la casa de Elsa, cuando llegó, me recibe ella con un beso y al entrar estaba Mariela con lo hijos esperándome.

    La verdad lo pase muy bien, pero al momento de irme se larga una lluvia bastante fuerte, me estaba poniendo impaciente ya que tenía que viajar y el colectivo pasaba a varias cuadras de su casa, como no paraba Elsa me dice que me quedé, que ellas no tenían problema, esta vez si rechace la invitación porque me sentía raro en casa ajena a altas horas, le dije que no bien pare me voy, pero el clima no pensaba lo mismo, así que le digo a Mariela que se vaya a dormir que ya me iba.

    Elsa me acompaña en la espera y me dice que nos hace un café así esperamos, cuando viene con las tasas nos ponemos a charlar y me agradece que cuide y ayude a Mariela, obviamente le digo que no hay problema, que es una chica joven y es normal lo que ella pasa, se levanta se acerca a mi, me da un beso en la boca y me dice en voz baja «gracias», yo le devuelvo el beso y le digo «gracias a vos», me mira, sonríe y me vuelve a besar.

    Yo la agarro de la cintura y la traigo hacía mi, ella abre las piernas se sienta sobre mi y continuamos besándonos un buen rato, yo paraba y miraba su cara, era realmente linda a pesar de su edad, yo estaba hipnotizado, y a la vez que la besaba acariciaba sus prominentes nalgas, en un momento escuchamos la puerta de la habitación de Mariela, ella pone su dedo en la boca en señal de que haga silencio, y vemos pasar a Mariela al baño.

    Una vez que entra continuamos besándonos hasta que sale, nuevamente hacemos silencio y cuando se mete a su habitación y cierra la puerta continuamos con lo nuestro, luego de unos minutos ella se levanta de mí y tomándome de la mano me lleva a su habitación en forma muy silenciosa, una vez dentro sabía que todo lo que hagamos debía ser con el mayor de los silencios, por el oídos desarrollado que tenía Mariela, así que comencé por besar y lamer su cuello, y le arranque los primeros suspiros.

    A medida que pasaban los minutos, le iba sacando de a poco la ropa y ella lo iba haciendo conmigo, cuando quedaron sus hermosos pechos al aire fue algo maravilloso, blancos redondos y algo caídos, que se coronaban con una aureola rosada y prominentes pezones, los cuál saboree a gusto, lamía y chupaba arrancándole cada vez más suspiros, lo cuales intentaban contener sus gemidos, los estaba disfrutando con todo mi ser, no podía parar, así que mientras lo hacía baje mi mano y busque su concha dentro de la tanga que llevaba puesta, pude sentir una pequeña mata de pelos y en medio lo que más deseaba, estaba bastante mojada, y lentamente empecé a jugar con su clítoris, la besaba para que no gimiera, y su respiración comenzó a acelerarse.

    Sabía que en cualquier momento venía su orgasmo, y así fue, con un gran chorro que baño mi mano, su tanga y las sábanas, fue algo inigualable para mí, el saberla squirt me volvió loco, así que no aguante más y baje a chupar su inundada concha, al abrirme camino entre sus pelos empapados con mi lengua era sabrosísimo, intentaba meter lo más adentro posible mi lengua y ella lo disfrutaba de sobremanera, ya que se tapaba la boca para no gemir, pasaba mi lengua por toda su concha, empezando desde su culo, me detenía en el, y luego subía hasta llegar a su clítoris, ambos estábamos pasándolo increíble.

    En un momento ella me toca la cabeza en señal de que pare, entonces me acomodo a su lado con la pija apuntando al techo, y ella la agarra con su mano y la empieza a pajear lentamente, para después acercarse y empezar a chupar, era una delicia, la sacaba de su boca y le pasaba la lengua de abajo hacia arriba, empezando por los huevos con los que jugaba, sabía hacerlo muy bien, todo esto entre suspiros de ambos, mientras ella estaba entretenida con mi pija, veo que la puerta se abre lentamente, le tocó la cabeza haciéndole señas, era Mariela que se asomaba, nosotros casi nos morimos por la situación, y desde la puerta le pregunta a Elsa si yo me había ido, ella le dice que si, que hace un tiempo ya no estaba, entonces cierra la puerta, y se va a su habitación.

    Creo que ese momento de ella estar chupando y su hija en la puerta, le generó un morbo, ya que empezó a chupar con más fuerza, casi tratándomela toda sin miramientos, yo no daba más de tanto placer, así que me acomode sobre ella y de un solo empujón clave toda mi pija en su concha, tapo su boca para no gemir, ella me abrazo y me apreso con sus piernas para que no me saliera, y no era mi intención hacerlo, me comencé a mover lentamente para luego hacerlo más rápido, en su cara se notaba que lo estaba disfrutando muchos, respiraba aceleradamente y se mordía los labios, así que empecé a meter mi pija con más fuerza y tardo en llegar otro orgasmo a chorros, todos sus jugos calientes bañaban mi pija y mis piernas.

    Era una locura lo que disfrutábamos, así que cuando recupero el aliento, la di vuelta y comencé a cogerla en cuatro, así podía escuchar los leves gemidos que salían de su boca tapada por la almohada, luego de un rato de estar así, viendo su hermoso culo chocando contra mi, saque mi pija y la coloque en la puerta de su rosado ano, pero girando su cabeza y mirándome me dijo en voz muy baja «hoy no, cuando estemos solos» así que seguí cogiendo su concha con la promesa de que en otro momento penetraría a gusto su hermoso culo.

    Luego de varios minutos sentí que estaba por descargar toda mi leche en su preciosa concha, y así fue, trate de no emitir ningún sonido sabiendo que Mariela estaba en la otra habitación, como pude y descargando toda mi leche quedamos rendidos, quedamos unos instantes abrazados, mientras me decía que hacía mucho tiempo no se sentía así.

    Un rato después le dije que era mejor que me vaya antes que Mariela se vuelva a levantar, así que me vestí y muy silenciosamente me fui, ya no llovía, y todo el camino hasta mi casa me pase pensando lo que había ocurrido, en el trayecto me envía un mensaje diciéndome que había sido todo muy hermoso y que nos veríamos mañana en la oficina.

    Cuando entro al trabajo saludo a Mariela y ella me pregunta cómo lo había pasado anoche y si me había gustado la cena, se disculpó por haberse ido a dormir y me preguntó a qué hora me había ido, le dije que estuvo todo «delicioso» y que me había ido a eso de la 1 o 2 de la mañana en un taxi, me contesta que parece que su mamá se había quedado intranquila ya que se movió toda la noche y que en la mañana no se podía despertar, le dije que después la llamaría a ver cómo estaba, y cuando Elsa llegó a llevarle la comida, me saluda con un beso en la boca y me dice delante de Mariela, «esperemos que lo de anoche se repita, ya que lo pasamos muy lindo» y le contesto «claro que se va a repetir, fue una noche única, ¿no Mariela? Y con una gran sonrisa ella decía que si.

    Espero que les guste esta experiencia y que la puedan comentar, así les cuento que es lo que pasó después con Mariela y su mamá.

  • Un negro me rompe en dos

    Un negro me rompe en dos

    Ramón estaba desubicado y no podía regresar a casa, por lo que decidí ayudarlo, ya eran las 7 pm y yo caminaba hacia mi casa, luego de pasar por el gym. Ramón es un dominicano que había venido de visita a mi país por fines turísticos, de unos 1.75m de altura, delgado, de tez negra, de brazos y piernas largos, con una gran sonrisa que presumía unos hermosos dientes blancos que contrastaban con su fascinante color de piel.

    – Oye tú sabe que guagua puedo coger pa’ mi hosta, no recuerdo qué número me dijeron – dijo con su acento “capitaleño”

    – ¿Dónde te hospedas?

    – Por la Universidad Nacional – dijo mientras me enseñaba la dirección

    – Podés agarrar la 30 y luego caminás unas calles. Pero igual podés caminar, está a unas 5 o 6 cuadras de acá.

    Vi que vacilaba un poco y me ofrecí a ayudarlo.

    – Si querés te acompaño.

    – Por favor, me ayudarías mucho.

    Caminamos las 5 o 6 cuadras que distaban de su hostal y fue una caminata muy grata, Ramón tenía un delicioso sentido del humor y un léxico muy variado y se tomó todo el tiempo del mundo para enseñármelo y aún encontró tiempo para invitarme a visitar su país. Al llegar a la puerta de su hostal me dijo:

    – No sé cómo agradecerte por tu ayuda.

    – No te preocupés, fue un placer.

    – ¿No quieres algo? El hostal vende comida, acá cerca hay un pequeño bar, por si se te antoja algo.

    – No te preocupés, estoy bien… pero ya que tanto insistís me pregunto si tenés un poco de agua, tengo algo de sed.

    – Si, tengo en la habitación ¿Quieres subir?

    – Mejor quizás no, no quiero causar molestias.

    – No digas tonterías, ven sube conmigo.

    La noche era algo cálida y estaba sediento, me había acabado toda el agua en el gym.

    Subimos a su habitación en el segundo piso, a la que entramos luego que el la abriera.

    – siéntate – me dijo señalando su cama, mientras él iba a la mesita donde estaba un galón de agua y una tira de vasos desechables, separó uno y lo llenó con agua.

    Yo bebí inmediatamente el contenido, pues lo necesitaba.

    – ¿Quieres más? – me dijo con una sonrisa.

    Yo asentí y él vertió más agua en mi vaso que apuré en un par de tragos.

    – ¿quieres más?

    – No, ya no, gracias – dije levantándome.

    Él se había quitado la camisa mostrando su cuerpo delgado pero fuerte, su pecho cubierto con vello ensortijado y sus pezones grandes y morados.

    – No tienes que irte, si no quieres – me dijo en voz baja

    Yo estaba contemplando su bonito cuerpo y sus brazos largos.

    – Tienes unas manos enormes – le dije.

    – No sólo eso tengo enorme.

    – ¿Qué más tenés enorme?

    – Averigualo tú

    A mi ni dos veces me dijo cuando ya de pie le desabotoné el jeans y lo bajé lo suficiente para que su calzoncillo negro quedara expuesto.

    Él me quitó el tank y me apretó mis pezones y luego los pectorales con sus grandes manos y me dio un gran beso. Yo me bajé el short y me quedé solo en bóxer.

    Mi erección pugnaba por salir pero la de él era impresionante, el pene en su intento de liberarse había levantado la tela dejando ver sus testículos peludos.

    Juntó su bulto con el mío mientras me apretaba los pectorales. Luego levantó mis brazos y probó mis axilas peludas. Daba unos lengüetazos descomunales. Pasaba la lengua sobre una axila y luego la pasaba e mi boca, luego la pasaba sobre la otra y la pasaba en mi boca de nuevo. Yo ya no tenía voluntad, estaba inerte de placer, apenas estaba de pie.

    Tuve la suficiente presencia de ánimo y probé sus enormes pezones morados, que eran una delicia y luego hice lo que siempre había querido, probar las axilas de un hombre negro.

    No me decepcionó, aunque andaba el vello un poco recortado, mi lengua se dio un banquete probando ese hombre.

    Luego de un rato él puso sus manotas sobre mis hombros y me hizo arrodillar.

    Acerqué mi cara a ese pedazo de carne que pugnaba por romper el calzoncillo y percibí su indistinto olor a macho.

    No pude más y liberé a la bestia y al bajar el calzoncillo saltó cual semental ese pene negro curvo con cabeza morada que florecía desde un pubis de pelo ensortijado tremendamente oloroso.

    Empecé a hacerle una felación de modo conservador, apenas podía tragar los primeros 10 cm, pero él flexionó las rodillas e hizo que su pene curvo entrara en toda su longitud en mi garganta. Definitivamente sabía usar su macana.

    Yo tenía arcadas pero no podía sacar su pene de mi boca porque él lo impedía tomando mi cabeza que la empujaba contra su sexo. Al fin mi diafragma se acostumbró y le di la mamada de mi vida. Él sacaba y metía ese gancho de carne en mi boca como un preludio de lo que haría con mi culo

    Luego de un rato logré separarme y tenía mi boca llena de saliva.

    Me levantó y me puso en 4 en su cama y me dio una mamada de culo que jamás podré olvidar. Su lengua perforaba mi ano una y otra vez. Mi pene estaba que estallaba y mis huevos llenos se semen querían sacar su contenido.

    Así como estaba mamaba mi pene y luego con su lengua de Latrel subía y daba tremendos lengüetazos a mis 2 huevos, para luego subir la perineo y con su boca dar mamadas deliciosas para luego introducir su lengua en mi ano vencido.

    – Qué culote tú tiene – me dijo saboreando mi piel.

    Ya con mi hoyo dilatado y ensalivado y sin pedirme permiso procedió a meterme esa serpiente.

    A pesar de la dilatación épica y la ensalivada aún mi recto resintió tener ese pedazo de carne curvo dentro. Sentía que me partían en dos. Ramón sabía definitivamente su oficio e iba moviendo mis caderas para que el pene entrara sin dificultad.

    – Sacalo, es muy grande – le dije

    – Si ya está toó dentro.

    Le toqué el pene y si, estaba todo dentro y acto seguido empezó a bombearme despacio, como con timidez, pero en eso no había nada de timidez, porque poco a poco sacaba más y apuraba la velocidad de embestida, hasta que al rato llegó a sacarla toda y meterla de un solo, haciendo que mis piernas temblaran de placer.

    – Ya tiene abierto el culo.

    – Dame mi celular – le ordené

    Me lo pa´so, lo desbloqueé y abrí la cámara.

    – Tomale foto a mi culo, quiero verlo abierto.

    – Deja darte un rato más.

    Diciendo y haciendo: metió ese falo negro en toda su longitud y lo sacó varias veces, mientras mis rodillas trémulas apenas aguataban mi peso.

    Resulta que tomó vídeo y yo en 4 y con el culo palpitante me lo enseñó. Pobre de mi culo, mostraba una dilatación de casi 2 pulgadas de diámetro (unos 5 cm).

    – Me gusta aflojar culo ¿Te gusta mi güebo?

    – Mételo de nuevo

    – Espera.

    Me dio vuelta y me mamó el pene, cuyos 16 cm apenas parecían un dedal al lado del de Ramón, no obstante el mío también es negro con la cabeza grande y casi morada. De repente Ramón se sentó en mi pene y pude sentir mi pene abriéndose paso en ese ano ajustado.

    Ramón montó como un experto y la cabeza de su pene curvo golpeaba mi abdomen cada vez que bajaba.

    No obstante disfrutaba penetrarlo quería ese güebo negro en mi culo.

    – Metémela – le ordené

    – Me gustan los hombres fuertecitos y varones.

    – Mi culo es tuyo.

    Me puso en pie y así empezó a meterla y sacarla toda despacio, procuraba él con la cabeza de su falo masajear mi próstata aprovechando su curva obscena. De repente sentía un placer indescriptible, como olas que se generaban en mi ano y que recorría mi cuerpo. Al fin mi pene empezó a sacar mucho precum al ritmo de la solas de placer.

    Luego la sacó y me empujó a la cama y quedé boca abajo en ella y así como estaba me clavó, literalmente su pedazo de carne repetidas veces.

    Finalmente la sacó, me agarró de los tobillos y me dio vuelta, quedando boca arriba en la cama y sin darme tiempo de acomodarme me la volvió a meter. Sus embestidas ahora eran verdaderamente brutales y no aguanté más y acabé en plena embestida. Ramón la sacó, con la mano agarró mi semén y se lo untó en su pene y me volvió a dar fuerte, hasta que finalmente acabó dentro mi mi.

    Yo estaba cansado, adolorido, sudado, sin dignidad, con el culo abierto incapaz de cerrarlo.

    Tenía que regresar a casa. Ramón quería que pasara la noche con él. Ni loco, me dije, quiero vivir. Como pude me vestí, lo besé y me despedí. Regresé en Uber a casa, no aguantaría caminar todo el trayecto. El conductor del Uber me preguntó si estaba bien, le dije que sí, aun cuando mi ano estaba como si acabara de dar a luz.

  • Inicié como voyeur con mi cuñada

    Inicié como voyeur con mi cuñada

    Es difícil saber por dónde empezar. En mi juventud, seguramente, pues recuerdo que mi contacto con las mujeres a un nivel real, fue cuando uno comienza a noviar. Y en mi caso la primera novia no fue mía sino la de mi hermano.

    Recuerdo que era una chica agradable, delgada y rubia. Bonito cuerpo y linda sonrisa.

    A pesar de lo llamativa que era, jamás malicié nada hasta que ya siendo esposa de mi hermano me tocó visitarlos y encontrarla en bata. Recuerdo que algo se nos cayó y ambos nos agachamos para recogerlo. Fue ahí cuando su bata se abrió, y pude ver su cuerpo en el área del bikini, mientras algunos vellos púbicos sobresalían por su ingle.

    La impresión no fue menor para mí. Quedé muy perturbado y con ganas de seguir viendo e imaginando mil cosas. Cuales, ni siquiera puedo pensarlas yo mismo. El caso que comencé a fijarme más en ella, en que ropa traía puesta, y así comenzaron dos fetiches para mi.

    Por un lado el ver que pantaletas traía, y el otro ese impulso de voyeur para tratar de ver siempre algo más.

    Fueron muchas las veces que imaginé historias calientes al ver su lecho conyugal revuelto, y sus calzones en la orilla de la cama en el suelo, con esa particular forma en que quedan cuando los dejas deslizar hasta el suelo para luego meterte en la cama.

    Con el tiempo me fui siendo más atrevido, y buscaba algún atisbo por las ventanas. O en el baño.

    Fueron muchas veces que ella se paseaba frente a mi usando algún camisón transparente, mostrando sus sensuales bikinis y tangas.

    El cariño y respeto que le tenía jamás me permitió atreverme a nada que no fuera disfrutar en las sombras de su delicioso cuerpo. Aún con eso, siempre recordaré esas imágenes que iniciaron un placer tan sensual que a la fecha disfruto.

    Espero les haya gustado este relato real.

    Saludos.

  • Cornudo en silencio

    Cornudo en silencio

    Mi esposa y yo habíamos experimentado varias fantasías sexuales como aquella vez en la fiesta donde empezó todo y así mismo tuvimos un par de encuentros con otros chicos en donde yo hacía el papel de cornudo.

    Yo siempre he tenido mi debilidad para estar con chicas transexuales y aunque no es este el tema debo mencionarlo ya que esto implicaba un cierto abandono sexual hacia mi pareja pero lo compensaba llevándole a otros hombres, es decir que yo disfrutaba por mi lado y hacía que ella disfrutara delante de mi, de hecho se volvió tan asidua esta situación que yo ya no participaba en los tríos sino que me dedicada a verlos.

    En silencio ella sufría mi ausencia en la cama aunque disfrutaba los encuentros con otros chicos y a veces con otras chicas pero en la parte sentimental estábamos muy compenetrados.

    Una vez vi unos mensajes en su celular que me hicieron dudar de su fidelidad y decidí hacerle seguimiento, pues ella estaba teniendo conversaciones con otro hombre que no era del medio swingers en el que estábamos los dos, hubo varios días que ella apagaba el celular por horas luego de salir de su trabajo y aparecía casi en la noche con excusas que ni ella se creía.

    Yo sabía que ella me estaba siendo infiel pero a pesar de esto seguíamos nuestra rutina de vida personal y sexual, a veces teníamos encuentros sexuales en fiestas o con otros chicos y disfrutábamos como siempre.

    Estuve como 6 meses en esa situación con mucho dolor por dentro pero sin ningún tipo de odio porque sentía y sabía que era algo pasajero, que nuestra relación no iba a ser afectada, de hecho nuestra relación mejoró notablemente en la cama y en el hogar por lo que deduje que ella necesitaba explorar esa situación, no sé por qué nunca me atreví a enfrentarla ni a tocarle el tema porque cuando le revisaba el celular y leía sus conversaciones me ponía cachondo.

    Un día le reviso el celular y noto que en la conversación del chat estaban teniendo una discusión bastante subida de tono en donde ella le reclamaba a él que no debía forzarla para hacer nada y menos filmarla sin su consentimiento, esto despertó mis alarmas porque una cosa es que permita que me sea infiel y otra que le puedan hacer daño por lo que empecé a leer las conversaciones más antiguas del chat y me encontré el motivo que era el detonante de dicha discusión, era por un video pero en aquella época los teléfonos no eran inteligentes como ahora y no pude encontrar ningún archivo.

    Se me prendió el bombillo y supuse que revisando el correo electrónico podía encontrar algo, luego de unos días pude averiguar la clave del correo de mi esposa y amigos lectores encontré más de 30 videos de mi mujer ya que él los grababa y se los enviaba, vi todos y cada uno de ellos donde tenían mucho sexo pero encontré varios que me impactaron mucho donde claramente mi esposa era follada por dos chicos a parte del amante en una doble penetración brutal pero él era quien grababa, recordé que ella le reclamaba en las conversaciones que no debió grabar nada porque ella es casada y podría causarle problemas.

    Yo no sabía que pensar, mi esposa se tiraba a dos tipos al mismo tiempo a cada rato, me está siendo infiel, el amante era cornudo y yo era el más perdedor cornudo de toda la historia.

    Sin mentir me hice la paja viendo los videos a pesar de que estaba molesto y dolido por más de un mes completo porque mi esposa me excitaba mucho y yo era un cornudo en silencio.

    Luego de unos meses tuvimos una discusión por algo puntual saliendo de la casa al trabajo y en plena conversación le dije que yo sabía todo lo que me estaba haciendo, que no la juzgaba pero quería saber hasta donde podía llegar porque yo tenía que tomar una decisión.

    Conversamos mucho, hablamos y lloramos pero al final ella me daba a entender que se siente bien con el tipo pero que no quiere dejarme porque me ama, me confesó que han hecho tríos y que la ha pasado bien al igual que cuando lo hace conmigo, “no lo amo ni lo quiero más que a ti te juro que no te cambiaría por nadie pero también me gusta estar con él, pensé en contártelo al principio e involucrarlo con nosotros pero las cosas se dieron diferente.”

    Sabiendo la verdad nos distanciamos pero seguíamos viviendo juntos, yo en lo mío y ella en lo suyo porque siguió su relación paralela con él mientras yo vivía como un cornudo acostumbrándome a esa situación más abierta y liberal, ella me propuso que buscara a otra chica para que nuestra relación fuera más abierta, liberal y equilibrada pero yo me conformaba con ver sus videos y verla llegar a casa con la incertidumbre si se la habían follado ese día.

    Mi esposa llegó llorando un día a la casa y yo como su compañero sentimental decidí escucharla y apoyarla, me contó que el hombre la había dejado por una compañera de trabajo y la había estado humillando por varias semanas tratándola como una cualquiera por lo que decidió renunciar y alejarse de él , le di todo mi apoyo y seguimos juntos para reconstruir nuestra relación donde posteriormente hicimos familia y tenemos 3 hijos, somos muy abiertos y liberales ya que aprendimos que más allá del sexo es importante la comunicación.

    Fui un cornudo en silencio y mi mujer la más puta de la historia.

  • De su silencio al éxtasis

    De su silencio al éxtasis

    Era alguien silenciosa que poco interactuaba con las personas, me parecía bonita, sus ojos ocultaban cada vez que la miraba, su cuerpo era tropical, su piel morena, era delgada, su cuerpo tenía muchas curvas, cuando usaba falda se veían sus piernas carnudas y cuando usaba camisa escotaba sus tetas se veían bien redondas.

    Un día cualquiera la agregué a Facebook, con nervios la saludé, iniciamos una conversación común y corriente. Le dije que me parecía muy bonita y me correspondió. Al pasar horas chateando me dice que le encantan las películas, que cuando la iba invitar a ver una. Le dije que el viernes sin saber qué película.

    Llegó a mi casa y entró a mi cuarto, no estábamos solos, pero la pieza era oscura. Nos sentamos en la cama, le dije al oído que me parecía hermosa. Ella tenía una camisa escotada, su brasier en ese día le apretaba más las tetas, las cuales me parecían muy provocativas. Su pantalón le marcaba sus piernas y un buen culo. Su cara de silenciosa y tímida me llenaba más de curiosidad y morbo cuando de repente me da un beso en la boca y me dice que nos concentremos en la película.

    La película comenzó, nos pusimos cómodos en la cama, estábamos cada vez más cerca, me puse a centímetros de su boca y nos fundimos en un beso; mientras el televisor alumbraba nuestras caras, nuestras lenguas jugaban y sentían su húmeda. Le mordí el labio pasito, ella me miro, me dio un beso y mis manos se empezaron a inquietar, toque por encima de su pantalón sus piernas, y no dejaba de mirar su camisa escotada.

    Mientras le besaba el cuello ella alza su camisa y me dejo ver sus tetas, eran redondas y sus pezones morenos y puntiagudos, mis labios no se esperaron y las besaron. Mi lengua empezó a jugar con su pezón y mis labios a besar alrededor de sus tetas, ella soltaba gemidos leves, pues no estábamos solos en casa, nos podían escuchar los familiares y al odio me dice que le dejara chupados en sus tetas.

    Me alzo la cabeza, me dijo que me hiciera encima suyo y la besara, mi pene estaba bien duro, y cuando estaba encima de ella lo restregué todo en su vagina, nuestros pantalones nos separaban de sentirnos a profundidad. Me movía y ella movía su cuerpo, que momento tan excitante. La cabeza de mi pene sentía cosquillas al igual que su clítoris. Me hice al lado de ella, sin pensarlo me metió su mano, agarro mi pene y lo empezó a masturbar, yo correspondí y metí mi mano debajo de su pantalón y sentí como su pantys estaban muy mojado, sentirlos así me hizo poner muy caliente, le masaje su clítoris y gemía a mi oído mi nombre.

    Estábamos tan excitados que me puse encima de ella, me dice al oído que está a punto de explotar, empezamos a movernos sin parar, estoy que me vengo le dije mirándola a sus ojos, ella me dijo que no parara, yo continúe hasta que siento que mi pene explota y mi semen se riega en mi ropa interior, ella no freno y seguía gimiendo cada vez más duro olvidando que estábamos acompañados, pongo una almohada encima de su cara y la muerde, y se siguió moviendo cada vez más rápido y exploto en un orgasmo, dejando también su pantalón bien mojado.

    Me hice a su lado, teníamos la respiración bien acelerada, me mira y dice al oído, mira lo que hare y tu tiene que hacer lo mismo pero conmigo, metió su mano en mi ropa interior, sintió todo mi semen, saco la mano y se la metió a la boca chupando sus dedos como un bombón, me mira y me dice te toca, metí mi mano dentro su ropa interior, estaba tan mojada que eso me puso de nuevo el pene bien duro, saque mi mano y chupe mis dedos como una paleta. Y por un rato nos mirábamos a los ojos mientras disfrutábamos de nuestros ricos sabores.

  • En el carro

    En el carro

    Mi nombre es Gaby, tengo unos veintiocho años y me considero una guapa morena, alta, con cuerpo bien proporcionado, estoy soltera. Y pienso que el sexo es realmente bueno y rico, y he tenido experiencias deliciosas con amigos cercanos.

    Hace años mi amigo Eduardo y yo estábamos cachondeando por celular y me dijo que quería mamar mis pezones y coger mi puchita en su carro, a lo que yo con lo caliente que estaba accedí, era una tarde noche lluviosa de invierno, me puse un leggins, y una sudadera de ciper sin ropa interior para no batallar a la hora que él quisiera tocarme, y espere el mensaje de que ya estaba afuera ansiosa y nerviosa con mi pucha palpitando.

    Cuando llego su mensaje salí de mi casa, me subí a su carro y me saludo con un beso normal, después de una plática, el empezó a acariciarme las tetas por arriba de la sudadera a lo que yo rápidamente bajé el ciper para que salieran y el las pudiera ver, sus ojos con ganas de chuparlas brillaron, y empezó a agarrar mis pezones erectos y empezó a chuparlas fuertemente y a tocarme mi puchita ya mojada, metió su mano por dentro del leggins y empezó a tocar mi clítoris sin parar de chupar mis tetas, yo ya estaba como una perra en celo y empecé a bajarme el leggins para poder abrir mis piernas y metiera sus dedos en mi pucha húmeda casi chorreando, empecé a abrir mis piernas y metió sus dedos lentamente, los sacaba y los metía empezó a acelerar sus movimientos, yo ya estaba por venirme y me saco sus dedos y los chupo, me estaba castigando y me puso a mamársela para metérmela y empezar a bombearme.

    Cuando estaba ya listo para meterla me empine en los dos asientos de enfrente y sentí como su verga caliente empezó a entrar en mi pucha no aguante más y solté mi primer chorro, a lo que él empezó a bombear más fuerte y yo gemía de lo rico que estaba sintiendo, empezó a dedear mi culo y sentí como lo escupía para usarlo, empecé a sentir como venía otro chorro y me la saco y con sus dedos empezó a masturbarme hasta salpicar el carro, mientras preparaba mi culo para romperlo, de una sola me lo metió en el culo y yo solo puje del dolor que había provocado, empezó a bombear salvajemente y yo empecé a disfrutar del rico anal qué me estaba dando, hasta sentir como me chorreaba de nuevo.

    A los minutos de bombearme sentí su leche caliente correr en mi culo abierto, se quitó me dio unas lamidas y me dijo que me vistiera qué ya se tenía que ir, sentí como mi pucha y mi culo ardiendo, estaban chorreando de fluidos, me vestí y me baje de su carro, estuvo delicioso.

    Habrá más historias. Besos. Gaby

  • No quería, pero me terminó gustando (parte II y final)

    No quería, pero me terminó gustando (parte II y final)

    Loíza ya tenía confianza con los señores lo noté por cómo le hablaban. 5 hombres maduros y morbosos, sus miradas iban directo a mis tetas, quería salir corriendo de allí, sabía que nada bueno pasaría con esos lobos, una loba, y yo una Caperucita Roja.

    Pero Loíza hizo que me sentará a su lado y al lado de Ernesto, que ya podía ver su bulto bien grande, el juego sería solo reto y se valía todo así dijo Irán que era como el jefe del grupo y no paraba de mirarme, mi intuición me decía que Loiza me había vendido al mejor postor, sirvieron tragos pero yo no acepté. Irán era el mas adulto tiene 54 años y es viudo, pudiente económicamente por ser empresario, Ernesto tiene 52 años, casado, pero con el típico matrimonio aburrido, socio de Irán, Mauro 53 años, casado pero cornudo, también socio de Irán, Ramón 49 años separado, viviendo con una hermana y trabajador en algún ente gubernamental y por último Frack 47 años separado, viviendo solo y dueño de una herencia así lo dijo, 5 viejos deseosos de cuca joven y que mejor que la de Loíza y la mía. Irán estaba ansioso por jugar, bebía con ansiedad, me veía con ganas, pasaba su lengua por sus labios y me guiñaba el ojo.

    Irán: Ahora sí comencemos el juego y aquí nadie dice que NO.

    Yo estaba asustada y Loiza estaba sonriente y fresca, ella solo acariciaba mi muslo y los apretaba… Irán hizo girar la botella, mi corazón comenzó a latir pero por fortuna no fui la primera, el pico era quien retaba, le cayó a Ernesto y el culo de la botella a Ramón.

    Ernesto: Te reto a que te quites una pieza amigo mío.

    Ramón soltó una carcajada y sin pensarlo mucho se quitó su pantalón de vestir, y para mí sorpresa quedó en pelotas, su verga era gruesa, peluda y con grandes testículos, todos soltaron carcajadas y bromearon

    Irán: Así es Moncho sin miedo.

    Pero no paraba de mirarme, cada vez bebía más y eso me tenía asustada.

    Loíza: Relájate estás tensa, ponte cómoda y así termina más rápido.

    Entonces le hice caso, giro la botella nuevamente, el pico para Mauro y el culo para mí prima Loíza, aquella emoción de Loiza era notable.

    Loiza: A ver papacito chulo que me vas a retar.

    Mauro: Pellízcale los pezones a tu prima y sácale la panty.

    Mis ojos parecían dos huevos fritos y Loiza hizo caso, pellizco mis pezones, y sentí un leve morbo, me puso de pie y sacó mi diminuta panty hilo, la cual fue pasando por la nariz de cada uno de ello hasta terminar en la de Irán, que estaba encantado con mi rico olor.

    Irán: Huele a cuquita nueva, y le pasó la lengua.

    La botella giró un par de veces más, y ya casi todos estaban sin ropa, se habían besado, yo estaba sin tanga y tuve que besar a todos menos a Irán, pero algo estaba planificado lo sé.

    Giro la botella, y me tocó el culo a mí y el pico a Franck.

    Franck: Te reto a que te vayas al cuarto con El Jefe (Irán).

    Él se levantó ya desnudo su verga era normal, peluda y con los testículos aún sin colgar tanto, me tomó del brazo, y mi cuerpo lo invadió un miedo terrible me llevo a una habitación con luz tenue, me lanzó en la cama, quitó mi top, y mi falda, se encontró con mi cuca peluda hasta el clítoris y de allí hacia abajo depilada con cera, mi monte de venus era muy abundante y eso más allá de saquearlo lo excitó, comencé a llorar.

    Yo; No me haga nada por favor, yo gimo para que crean que me está cogiendo si quieres.

    Irán: Jaja cállate lobita, y disfruta. Tienes tetas y pepita de puta.

    Colocó una mordaza de esas que tienen una bolita en el medio, me ato con esposas a la cama y abrió mis piernas atándolas a la esquina de la cama, estaba expuesta para él, una cerda abierta para él. Aquel hombre no para de saborear sus labios, y su pene creció rápidamente. Y no sé porque ni como pero comencé a ponerme húmeda, aplicó un lubricante saborizado chupo sus dedos y los introdujo sin piedad, me dolió y me quejé.

    Irán: No te hagas la difícil si? Que sabemos que eres puta, Loíza nos ha dicho que te gusta mucho el sexo

    Mientras me decía eso solo pensaba que Loíza era una maldita hija de puta traidora, el hacía movimientos con sus dedos dentro de mi vagina que poco a poco me hicieron gemir, y alcanzar mi primer orgasmo.

    Irán: Muy bien como tiemblan esas piernas, ya sé que acabaste.

    Irán no quería cogerme, él quería hacerme acabar una y otra vez masturbándome.

    Irán: A ver perrita, solo quiero disfrutar de ti masturbándote, y vamos muy bien.

    Introdujo un dedo en mi culo, y luego otro y otro hasta tener tres aquella sensación era increíble pero dolía, mis lágrimas caían me estaban masturbando sin mi consentimiento.

    Irán: No llores que yo sé que te gusta.

    Su cara se tornó a un sádico y torturador. Afuera se oían gemidos y risas de gozo, mientras que en el cuarto el viejo Irán abusaba de mi cuerpo.

    Irán: Me encanta tu culito rico.

    Comenzó a mamar mis tetas, a dejarlas con moretones y mordiscos como si fueran de goma, aquello me dolía mucho pero de una u otra forma me daba placer. Decidí relajarme para terminar más rápido.

    Irán introdujo 3 dedos en mi vagina, y colocó un vibrador en mi clítoris, y un plug vibrador en mi ano, él lo disfrutaba y yo comencé a disfrutarlo también. Aparecieron 2 orgasmo seguidos, que me dejaron sin fuerzas…

    Irán: Que rico gimes zorrita, dame más dame más

    Agrego unas pinzas a mis pezones, y a los minutos estalle con un gran squirting, aquello fue impresionante nunca antes me había pasado e Irán acabó descargando semen en mi abdomen por la excitación que le causó mi squirting.

    Irán: Lo logré, que rico amorcito.

    Afuera los gemidos no paraban, Loiza estaba llevando verga lo sabía por su risa de placer.

    Irán me desató, me vestí y al salir había una orgía afuera. Loiza estaba siendo montada por aquellos hombres y lo estaba disfrutando, yo salí corriendo de allí, y al abrir mi bolso tenía mucho dinero en ella, fui su prostituta sin saberlo.

  • Mar Sensual: Entre abogados me vea (segunda parte)

    Mar Sensual: Entre abogados me vea (segunda parte)

    Estaba pendiente acudir a la cita con el abogado que un compañero del trabajo, Osmar, me recomendó para atender un problema testamentario que me urgía resolver, era importante encontrar una salida rápida, pero legal, a esa situación. Aunque el aspecto y actitud de este licenciado no eran de mi agrado, me pareció vulgar y aprovechado, decidí acudir a la cita por su sugerencia, ya que me dijo que era hábil y tenía experiencia en estos asuntos, además de que quizá no me cobraría tan caro por su recomendación.

    Con estos argumentos acudí a la cita de manera puntual. He de decir desde que el licenciado me dijo el día y la hora, despertó mi sospecha de que más bien buscaba otra cosa, por lo que dudé al principio, pero como lo dije, necesitaba resolver este asunto. Con mis dudas a cuestas, preparé los documentos que me había solicitado en la entrevista previa y me arreglé para la ocasión: Una falda corta volada, una blusa clara semitransparente, zapatos de tacón y un saco de lino, aderezado con toques de coquetería: medias de lencería, bragas abiertas y un brasier de media copa semitransparente. Me gusta vestir sexy, a mi marido también, por lo que normalmente visto de esta forma. A mi marido le dije que le llamaría por si tenía que pasar por mí, que tal vez no tardaría.

    A las siete de la noche estaba puntual en el despacho, pero no había nadie en recepción, no estaba su secretaria. Se escuchaban voces en una sala adjunta, quizá era la reunión que el licenciado me dijo tendría. Me senté a esperar, al parecer, había terminado la junta ya que se oían risas y choque de vasos, como si brindaran celebrando algo. Las expresiones y risas de las mujeres y de los hombres denotaban que había cachondeo: “hay licenciado, no”; “Hahaha, a poco no les gusta así”; “seee he, he, he…”; “Luego no respondo hahaha…”; “no provoquen, no provoquen que me sigo hahaha…”.

    Por quince minutos estuve esperando e imaginando la escenas de liviandad que se vivían en esa sala. No se oía que fueran a terminar, por lo que un poco molesta decidí retirarme, pero en eso se abre la puerta y salen quienes estaban en la reunión. Primero salen dos mujeres y tres hombres, entre risas y con vasos en las manos. No observo salir al licenciado, que aún permanece adentro. Escucho por las voces que está con una mujer. “Ya licenciado, estece quieto; nooo hahaha, esperece ya es tarde; luego quiere más hahaha, qué bárbaro; no, ya me tengo que ir; nooo, quite su mano de ahí; no hahaha esperece nooo, no aayyy ¿qué hace?; yaaa aahhh nooo; licenciado aahhh, ya mejor me voy…”.

    Era su secretaria, quién salió acomodándose sus ropas y que al verme se sonrojó, corrige la postura y le dice en voz alta: “licenciado, creo que lo están esperando; aahhh, si ya voy; perdón en un momento la atienden”. Minutos después sale el licenciado y con una sonrisa me ofrece disculpas por la tardanza y me pide pasar a su despacho. Su secretaria le pregunta: “¿no se le ofrece nada? y él le contesta que no, que ya se puede retirar, ¿seguro, me puedo esperar? “para terminar lo que quedó pendiente”. Sonriendo él le dice no, no es necesario, el lunes ya te doy indicaciones sobre este asunto; ok, bonito fin de semana, hasta luego”.

    Ya solos en su oficina, se vuelve a disculpar y se acerca para saludarme. Me da un beso en la mejilla y me da la bienvenida. Alcanzo a percibir un tufo a alcohol en su aliento. Me toma del hombro y me pregunta si traigo los documentos que me pidió. Le entrego el sobre que tengo sobre mis piernas y al quedar descubiertas se les queda viendo unos instantes, las cuales lucían plenas por mi falda corta y por tenerlas cruzadas. Permanece unos momentos parado detrás de mi revisando los documentos. Después, se pasa al frente, recargándose en su escritorio y los hojea. En esa posición, poco pudorosa, observo su abdomen y su bulto de la entrepierna.

    Me hace algunas preguntas entorno a los papeles, mirando ocasionalmente mis piernas de forma morbosa. Continúa revisándolos y finalmente me dice al parecer no hay mayor problema, que le deje en sus manos el asunto. Cuando le pregunto sobre sus honorarios me responde:

    – Licenciado y ¿de cuánto serán sus honorarios?

    – Huy, le van a salir caros, me responde sonriendo al momento que se dirige a una especie de archivero de donde saca un tequila y dos copas.

    – No me diga, le digo contrariada. ¿De cuánto aproximadamente?

    – Ya le dije, pero vamos a esperar como se “dan las circunstancias”.

    – ¿Las circunstancias? Pregunto, ¿Qué circunstancias licenciado?

    – Si, todo aquello a lo que me enfrentaré para solucionar el asunto, pero yo espero que no sea mucho.

    – Ojalá licenciado, ya que no cuento con mucho capital para cubrir un costo alto, por eso me gustaría saber cuánto sería aproximadamente, sino para buscar en otro lado.

    – No, cómo cree, la vamos ayudar, vamos a buscar las formas.

    – Ufff, que bueno, gracias. Usted dígame licenciado que tengo que hacer o si le ayudo en algo.

    – No, no se preocupe. Mejor que le parece si brindamos por el acuerdo. ¿Un tequila?

    – No licenciado, estoy bien, gracias.

    – No me diga que no, acompañeme, celebremos el acuerdo.

    – Gracias, pero estoy bien, le repito.

    – Ándele, sólo una, ¿sí?

    – Mmm, ok, está bien, pero sólo una copa.

    – Muy bien, brindemos, salud hasta el fondo.

    – Salud licenciado, gracias por su ayuda. Me tomo hasta el fondo el tequila. ¡Mmm, está rico su tequila!

    – Si verdad. Oiga, perdón que se lo diga, quién es el afortunado, viene muy guapa. ¿A quién va a ver? ¿Lleva prisa?

    – A nadie, voy a casa y aunque ya es un poco tarde, no, no llevo prisa

    – Pues afortunado su esposo y que bueno que no lleva prisa.

    Me acomodo en la silla ya que se me estaba subiendo la falda y las medias de lencería que llevaba casi se asoman. Desde su posición, el licenciado no perdía la oportunidad para verlas de manera morbosa y sin que se lo pidiera, me sirve otra copa.

    – No, ya no licenciado, ya es tarde, además se me va a subir.

    – Pero me dijo que no lleva prisa y una no es ninguna, ándele no sea mala, brinde conmigo.

    – Mmm, está bien, ¡salud licenciado! Sin dejar de estar recargado en el escritorio, frente a mí, chocamos la copa y me la tomo otra vez hasta el fondo. Observo que no deja de mirar mis piernas.

    – ¡Salud! Oiga, perdón, otra pregunta, ¿Le gusta bailar?

    – Me encanta, ¿por qué?

    – No, nada más, se ve que es alegre y le gusta divertirse. Mmm, sin que se ofenda, ¿le gustaría ir a bailar?

    – Nooo, cómo cree licenciado, ¿ahorita?

    – ¿Por qué no? así nos vamos conociendo y hablamos más de su asunto.

    – No, ¿cómo cree?; además, es viernes, la semana estuvo pesada y estoy un poco cansada y por si fuera poco no avisé. Para ese momento, sentía el efecto de los dos shots que me había tomado. Estaba sintiendo un calor rico en mi cuerpo.

    – Pues precisamente, para que se relaje un rato y platicar de su asunto, le digo.

    – No, además ya me tengo que ir, ya es tarde. Hago el intento por pararme y la falda se me sube un poco, dejando asomar la lencería de mis medias, cosa que él notó de inmediato, dirigiéndome una mirada libidinosa.

    – No, no se levante, esperece; se inclina, me toma del hombro y me dice: mejor nos echamos la última,

    – Me quedo sentada con el liguero asomando, ligeramente descubierto. No, ya no gracias, ya fue suficiente. Le digo que ya me tengo que ir licenciado, ya es tarde, mi esposo me espera.

    – Apenas son las ocho y media, es temprano, la noche comienza. Mejor acompáñeme con la última, la última y nos vamos, la caminera, ¿sí?

    – Mmm, bueno está bien, pero es la última. En lo que él sirve las copas, me acomodo la falda. Me da mi copa, pero noto que me sirvió el doble, casi llena. Salud abogado, chocamos la copa, sólo ingiero la mitad. Él me dice que me tome todo el tequila. Le respondo que no, que poco a poco.

    – Se sirve otra copa y vuelve a recargarse en su escritorio. Veo que su bulto ha aumentado de tamaño. Entonces, ¿si acepta ir a bailar? Conozco un buen lugar, anímese.

    – No licenciado, me gustaría, pero no, le digo que no avisé. Para ese momento me sentía un poco mareada, relajada. Cruzo la pierna y le pregunto: Mejor dígame si me va a salir caro mi asunto.

    Se levanta y se pone detrás de mí, como la primera vez que me entrevisté con él. Me toma de los hombros y comienza a darme un masaje. Lo dejo tocarlos por unos instantes, sentía rico el masaje que me daba. En algún momento se acercó de más, sintiendo ligeramente lo duro de su bulto.

    – Ya le dije que no se preocupe, yo la voy ayudar, relájese y no piense en eso. Ya es viernes y es mejor divertirse.

    Al sentirlo, de manera discreta me separo, tomo mi copa y brindo, salud licenciado. Toma su copa y la choca con la mía. Se coloca frente a mi y noto que su miembro está totalmente parado. He de decir que el ver eso me calentó, además de que el tequila ingerido estaba haciendo efecto en mi, me sentía mareada. Reacciono y lo volteo a ver; me está viendo las piernas. Para salir de esta situación, le pregunto en dónde está su baño.

    – Esta al fondo a la derecha.

    Me dirijo a él y voy pensando en cómo resolver el dilema: si es mejor irme de ahí, ya que quien sabe que vaya a suceder o permanecer más tiempo. El aspecto del licenciado no me gusta, se me hace vulgar y como buen abogado, aprovechado. Si he permanecido ahí es por protocolo y para ver si saco ventaja de algo, me urge que resuelva mi asunto lo más pronto posible y no tengo mucho dinero para pagar honorarios altos; además, he de decir que me siento mareada y me calentó ver su miembro abultado; este ha de ser un cabrón en la cama, pienso. Me pinto los labios, me echo perfume y decido seguir el juego un rato más para ver si le saco algún beneficio. Regreso a la oficina, ocupo mi silla, cruzo mis piernas y acomodo mi falda de tal manera que asome discretamente la lencería de mis medias. Levanto la vista y observo que el licenciado vio todo este ritual y que además tengo mi copa llena de tequila.

    – Licenciado, ya me sirvió otra vez, ya no quería, ya me tengo que ir.

    – La estamos pasando bien, como le dije es temprano, acompáñeme un rato más.

    – Ok, pero sólo un rato más; además, ya me siento mareada. ¡Salud licenciado! Me tomo un poco más de la mitad del contenido de mi copa.

    – ¡Salud, eso así chihuahua! Ya ve, como si se relaja, todo está mejor. Oiga huele muy rico su perfume y le vuelvo a reiterar viene usted muy guapa, afortunado su esposo.

    – Gracias licenciado, gracias por sus halagos, pero no es para tanto. Me gusta vestir así, para mí normal.

    – Se ve muy sensual y esas prendas le resaltan su figura. Llama la atención vestida así. Ándele, acepte ir a bailar un rato y terminar de tratar su asunto.

    – Ya le dije que me gustaría, pero no avisé que llegaría tarde.

    – Vamos un rato, platicamos y la llevo a su casa temprano. Es viernes y el cuerpo lo sabe, hahaha… Anímese. ¡Salud, hasta el fondo!

    – ¡Salud! Me acabo el contenido de mi copa. Mmm, no sé. Además, que va a pensar usted, le recuerdo que soy una mujer casada y con principios. Parado frente a mi veo su bulto de mayor tamaño, de repente se voltea y noto que se lo acomoda para lucirlo más.

    – Nada, porqué tendría que pensar mal de usted. Nos conocemos y nos vamos a terminar de conocer. Llame a su marido y dígale que va llegar más tarde. Reflexiono si voy o no con él. Por supuesto que quiere algo más y yo quiero resolver mi asunto. Mi pudor me dice que me retire, pero el tequila ha hecho su trabajo y me siento relajada, además de caliente.

    – Mmmm, no sé, mmm bueno está bien, vayamos, pero sólo un rato.

    – ¡Eso, muy bien! Brindemos por ello. Quiso servirme otra copa, pero le dije que ya no. Es la caminera, tomemos la última.

    – Bueno, pero sírvame poco. Me sirvió la mitad de la copa y brindamos.

    Salimos del despacho, fuimos al estacionamiento para abordar su coche. Me abre la puerta y, por lo mareada que iba, al entrar, me atoro un poco y abro las piernas de más, sin querer le muestro parte de mis prendas íntimas. Sonriendo, corrijo mi posición. Cierra la puerta, pero por el incidente mi falda se sube y mis piernas se muestran más. Decido dejarlas así, se veían muy sensuales, provocativas. Al subirse, noto que su mirada es atrapada por ellas y alcanzo a escuchar un mmm. Salimos en dirección al lugar.

    Mientras conducía, el licenciado me agradecía el haber aceptado ir a bailar, me decía cosas como que guapa era, que si me esposo no se enojaba por salir sola, además de que no dejaba ver mis piernas, yo distraída, las abría y cerraba ocasionalmente. En uno de esos movimientos, sentí el roce de su mano en mi pierna al momento que hacía el cambio de velocidades. En cuatro ocasiones sucedió este toqueteo. Me preguntó si no iba llamar a mi marido para decirle que iba llegar más tarde, le dije que después lo haría. Llegamos al lugar, el cual era como un bar, con música alegre y luces tenues. Había gente, estaba lleno y nos tocó una mesa al fondo de la pista. Se nos acercó el mesero y nos preguntó que íbamos a beber, el licenciado pidió una botella de tequila. Sorprendida le comenté:

    – ¿A poco se la va a terminar toda?

    – ¿A poco no me va a acompañar? Ya estamos aquí, vamos a relajarnos.

    – No, ya estoy mareada, luego si me emborracho y hago tonterías, que va a pensar de mi. Además, ¿cómo voy a llegar a mi casa?

    – No pasa nada, yo la llevo a su casa. Bailando se le va a bajar, verá. Ándele, acompáñeme, ahorita pedimos una botana.

    – Mmm, ok, pero no me sirva mucho. Me sirvió un poco más de la mitad de la copa y brindamos.

    – ¡Salud, hasta el fondo!

    – ¡Salud licenciado, porque se resuelva mi asunto lo más pronto posible!

    Me tomé mi copa hasta el fondo. De inmediato me sirvió otra vez. Pensé, este me quiere emborrachar para cogerme. Le voy a seguir el juego, sólo lo voy a calentar. Me sacó a bailar, bailaba bien, muy cachondo. Bailamos una tanda de cinco canciones, me daba vueltas y mi falda se levantaba, bajaba la mano para que no se vieran mis medias, pero seguramente si se lució el encaje de ellas y quizá más. Nos fuimos a sentar y brindamos otra vez hasta el fondo. Ahí le pregunté que si me iba a ayudar para que no me saliera tan caro el asunto.

    – Entonces que licenciado, ¿Me va a ayudar? Tomando mi mano me respondió…

    – Ya le dije que por eso no me preocupara, que todo va a estar bien. Mejor platiquemos de otras cosas más divertidas, ¿no? Con sus dedos la continuó rozando.

    – De manera cordial, separo mi mano de la de él y le pregunto: Bueno, está bien, dígame ¿de qué le gustaría platicar? En eso me vuelve a servir otra vez. Ya estaba mareada y caliente. Estaba indecisa si darle chance o no.

    – Mmm, no sé, no se me ocurre nada ahorita. Bueno si, ¿no le dicen nada si llega tarde? ¿No la regañan, no es celoso su marido? ¿Sale seguido a divertirse?

    – Hahaha, que curioso. No me dicen nada, confía en mi. Salgo cada que hay la oportunidad para divertirme.

    Volvemos a brindar y en eso ponen una canción calmada y me saca a bailar. Me toma de la cintura y yo de los hombros. Sutilmente se va pegando poco a poco hacia mi y en una de esas, siento su bulto tocando a la altura de mi vagina. Me separo, pero insiste. En tres ocasiones sentí la dureza de su miembro. Me da media vuelta y se pega a mi trasero por unos segundos y vuelvo a sentir lo duro de su miembro. Me vuelvo a separar, pero se me vuelve a pegar al ritmo de la canción. Lo dejo unos instantes rozando mis nalgas y después me doy la vuelta. Se quiso pegar otra vez a mi, pero lo detengo de los hombros. Termina la canción y volvemos a nuestra mesa. Emocionado por los arrimones me sirve otra copa y pega su silla más a la mía, de tal manera que siento como roza su pierna con la mía. Chocamos e ingerimos el tequila hasta el fondo.

    – ¡Salud licenciado!

    – ¡Salud por el placer de estar compartiendo estos momentos! Y usted no quería venir, ya ve, está más relajada, ¿o no?

    – Si, así es. ¡Salud! Termino mi copa. El cachondeo al bailar me calentó más pensando en lo grande que lo tendrá, además de que el tequila continuaba haciendo su trabajo. Me quito mi saco y se me queda viendo a mi pecho. La blusa que traía era semitransparente y dejaba ver el brasier de encaje que traía. Como tenía dos botones desabrochados, se podía ver parte de mis senos. Erguí el pecho y coqueta, le pregunto: ¿De qué quería que habláramos? vuelvo a preguntar.

    – Oiga, sin faltarle al respeto, que bien lucen sus piernas esas medias, están muy sensuales. ¿Así viste siempre? ¿Le gusta vestir así?

    – Hahaha, gracias, pero qué curioso. Si, así visto generalmente. Sentía por debajo como su pierna rozaba la mía con más frecuencia. Eran pasadas las diez de la noche y le comenté: ya me tengo que ir licenciado se hace tarde.

    – No me diga eso, apenas comenzamos a divertirnos; además, usted me dijo que no le dicen nada en su casa, ¿Cuál es el problema? Me sirve otra copa tomando mi mano otra vez y sin soltarla, me pide que no me vaya.

    – Bueno un rato más, me quedo sólo un rato más. Contento, entrelaza sus dedos con los míos y los aprieta suavemente. No me suelta. ¿Y en su casa no le dicen nada? Le pregunto.

    – No, no tengo ningún problema, puedo llegar tarde sin broncas. ¡Salud!

    – ¡Salud licenciado!

    Me saca a bailar de nuevo y sus movimientos son más sugerentes, me da vueltas y dejo que mi falda se de vuelo. En eso ponen otra calmada y de inmediato me toma de la cintura y yo pongo mis manos en sus hombros. Esta vez se pega más a mi y siento la dureza de su bulto en mi vagina y mis senos rozan su pecho. Trato de separarme un poco, pero no me deja. Suavemente se frota en mi, me dejo llevar sin protestar. A mitad de la canción aprieta con más fuerza y me restriega más su bulto.

    Quise separarme, pero no me dejó. Baja un poco sus manos hacia mis caderas, pero se las subo, aunque las baja de nuevo, lo dejo actuar. Cadenciosamente, se estuvo frotando el resto de la canción. Sin frotarme yo sentía lo duro de su miembro, calentándome mucho y mi vagina estaba muy húmeda. Con su mejilla cerca de la mía, murmura a mi oído: ¡Qué rico baila! Yo sólo sonrío. Termina la canción y nos dirigimos a la mesa, caminaba tambaleante de lo mareada que estaba. Él me toma de la cintura para “apoyarme” pegándose a mí. Ahora siento su miembro duro en mis nalgas, me inclino para mover mi silla y él se junta más a mí. Hago como que se atora la silla y por unos instantes se frota en ellas.

    Continuará…