Blog

  • Marcada

    Marcada

    Quedaron en su hotel. Hace tiempo que se conocían, y ya habían tenido sexo con anterioridad. Pero esta vez era diferente.

    A ella le encendía lo rudo. Le gustaba cuando él agarraba firme sus melenas y tiraba hacia atrás, para morderle los labios cuando ella abría la boca. Le gustaba cuando él le daba una nalgada fuerte, o cuando le mordía un pezón. Le gustaba cuando le susurraba zorra al oído, sintiéndose suya.

    En esta ocasión, ella le había pedido directamente que fuese brusco, animal, que la marcase. Quería adentrarse en el mundo del BDSM, y quería que la guiase. Y él estaba dispuesto a cumplir. Previamente ya había conseguido algunas cuerdas. No puede ser cualquier cuerda, tienen que ser suaves, consistentes, con el trenzado y el grosor adecuados. Ella traería un collar de cuero, sólo necesitaba una correa. Y necesario, tenía que buscar algo para azotarla. Caminando por la calle encontró una rama que le pareció perfecta. Recta, ligeramente flexible, una fusta excelente. Para la primera vez sería suficiente, y a tiempo, porque la cita era esa misma noche.

    Salieron a cenar algo, un poco de pizza, y hablaron de diferentes temas, no relacionados. Pero entre ellos, un tatuaje que hiciese evidente que le pertenecía. Un tatuaje fue la idea de ella, a él le gustaba más el concepto de marcarla a fuego. Como a una yegua. A ella le asustaba un poco esa idea, pero le brillaban los ojos. Suya.

    Cuando terminaron se dirigieron al hotel. Ella estaba preciosa, con sus rizos de siempre y los labios muy rojos. Falda corta, de vuelo, tacones altos. Y por las miradas de asco de las chicas de recepción, iba perfecta. Casualidades, el ascensor no funcionaba y tuvieron que subir andando, 4 pisos. Pero no hay mal que por bien no venga… Le dejó pasar delante, todo un caballero. Y por supuesto, con la intención de deleitarse observando el movimiento de sus caderas. Ella lo sabía (como siempre lo saben), y disfrutó subiendo los escalones. Pasos deliberadamente lentos, calentándolo.

    Al llegar a la habitación, dejaron la prendas de abrigo sobre una silla. Hubo unos instantes de indecisión, que se rompieron en cuanto él se acercó para besarla. Con rabia, con las ganas contenidas y la excitación del momento. La agarró, la empujó contra la mesa, le apretó las nalgas. Ella se sintió desfallecer, inmediatamente mojada por el arrebato. Le encantaban esos instantes en que venía a por ella como un toro.

    Empezaron a desabotonarse las camisas. Abre fácil, exclamó él, al ver los botones clip. Pero continuó con calma, los dos concentrados. Ella se quedó con su top corset de encaje, fabulosa, y él la observó sonriendo. Las tetas grandes, desafiantes, y pezones que le apuntaban entre la tela. Mordiéndose los labios en un gesto sensual, se acercó y puso la mano sobre el pecho de él, los dedos juguetones entre el vello abundante. Y siguieron besándose con pasión.

    La falda cayó rápida al suelo, y con urgencia, ella le desabrochó y le bajó los pantalones. Ya estaba muy excitado, y traviesa, mirándole a los ojos, dejó deslizar la mano sobre el bóxer ajustado. Ella traía un culotte cachetero lleno de transparencias, que le quedaba perfecto. Repitiendo el movimiento, él la acarició entre las piernas para descubrir, con una sonrisa, que ya estaba empapada.

    – Zorra cachonda – le susurró.

    – Siii – es lo único que acertó a decir ella. Para empezar a besarle de nuevo, con más intensidad aún. Las bocas abiertas, las lenguas enganchadas, mordiéndose las bocas.

    Pero no venían sólo a eso. La empujó un poco hacia atrás y sacó las cuerdas preparadas de un cajón. Ella se dejó hacer, mientras él le ataba las manos a la espalda, y la sujetaba a un mueble. Cuando la tuvo atada, dio un paso atrás, observando. Ella estaba expectante. Con mirada morbosa, le enseñó la vara y ella abrió la boca, sorprendida. Preguntándose qué iba a pasar, pero sin cuestionar nada.

    Pero todavía no… él volvió a arremeter contra ella con besos rápidos, furiosos. Tirándole del cabello, mordiéndole la boca otra vez, la barbilla. Apretando las tetas abundantes, pellizcando los pezones. La respiración intensa, ella casi casi empezando a gemir. Y entonces le dio rápido, sin avisar, en una de las nalgas.

    – ¡Zas!

    Un pequeño grito, el ceño fruncido, en el caso de ella. Pero una sonrisa amplia en la cara de él, observando la marca que le había quedado. Se acercó de nuevo, amenazando repetir con la fusta. Pero simplemente desabrochó el top, que dejó caer suavemente al suelo. Y cuando ella contenía la respiración, al sentirse expuesta, le volvió a dar. Ahora en la otra nalga.

    – Zas

    Otro grito, y una pequeña carcajada. Le acercó la fusta a los pezones, y empezó a darle pequeños toques. Ella miraba con la boca abierta, no le disgustaba. Y de vez en cuando, un golpe un poco más fuerte. La piel blanca, normalmente oculta del sol, empezó a ponerse colorada. Se acercó otra vez, y empezó a darle besos suaves allí donde le había azotado. En las zonas rojas, en los pezones, siguiendo el ritmo de algunos suspiros que a ella se le escapaban. No sólo no le disgustaba, le estaba gustando. Se estaba excitando.

    Él abrió otro cajón, y sacó más artículos, más juguetes. Unas pinzas, un pañuelo oscuro. Le puso con suavidad una pinza sobre uno de los pezones, que ya estaban duros, hinchados. Le pareció doloroso un par de segundos, pero después empezó a gustarle la sensación. Esa presión, ese calor en una zona tan sensible. Y justo cuando empezaba a sonreír…

    – Zas – un golpe seco, de nuevo en las nalgas. Esta vez más fuerte, y ella se retorció un poco.

    Pero inmediatamente el pañuelo le tapó la visión, proporcionando un elemento de sorpresa. Él se situó a su lado para besarle suavemente en el cuello. Suavemente, pero cada vez más intenso, con besos amplios, húmedos. Mientras, le colocó la otra pinza y ella contuvo otra vez la respiración tres segundos, hasta habituarse al dolor. Y cuando ya se relajaba, otra vez, el pinchazo del golpe sobre su nalga. Inesperado, haciéndole dar un salto y un grito un poco más fuerte.

    – Ay, te pasas – protestó.

    Él le acarició, con las yemas de los dedos, recorriendo la marca que le acababa de hacer. Una caricia ligera, que ella sentía amplificada. Tenía la zona super sensible, y el más mínimo toque le producía corrientes de placer por toda la piel. Y cuando notó la fusta sobre sus braguitas se estremeció. Simplemente imaginar el golpe, porque no estaba más que apoyada, rozándole en esa zona tan delicada.

    Metido en su papel, él le frotó un poco con la vara, por encima de la tela. Y empezó a darle pequeños golpes, aumentando poco a poco la fuerza. Atada, indefensa, ella retorcía las piernas, pero la forma en que se mordía el labio inferior demostraba que le estaba gustando. Él medía cuidadosamente la fuerza para que picase un poco, sin llegar a lastimar.

    Retirando una de las pinzas, acercó la boca y chupó delicadamente el pezón congestionado. La sensibilidad habitual se había disparado, y ella gemía con cada toque, por ligero que fuese. Dejando la vara a un lado, llevó una mano exploradora a su sexo, una fuente. Sus dedos se hundieron casi sin querer, resbalando entre sus labios empapados. Y ella temblaba al moverse entre la entrada de su vagina y su clítoris hinchado. La mantuvo así un rato, disfrutando de sus gemidos. Chupando sus pezones, pellizcándole el clítoris, introduciendo los dedos poco a poco más profundos. Uno, dos, tres… hasta que ella estaba ya deseando que la penetrase de una vez.

    La soltó del mueble, para tumbarla en la cama con urgencia, las manos todavía atadas y los ojos vendados. Él le separó las piernas, desnuda, totalmente abierta y expuesta. Le pasó una legua rápida por su coño absolutamente empapado, congestionado, y ella esperaba sentirle ya sobre ella, para penetrarle sin piedad. Pero todavía no era el momento.

    Dando la vuelta a la cama, apoyó sobre su mejilla la tremenda erección que tenía. Ella reconoció al momento el contacto, y abrió inmediatamente la boca para buscarla, a ciegas. Le encantaban las mamadas, y chupó con muchas ganas. Pero él se movía juguetón, haciendo que a veces se le escapase y tuviese que buscarla, moviendo la lengua. Poco a poco fue metiéndola más y más, moviéndose hacia atrás y delante, como follándole la boca. Algo que a ella le estaba excitando muchísimo, al unirse las sensaciones de sentirse desnuda, dominada, entregada, suya… y a la vez tenerlo en su boca, hinchado, muy duro, a punto de correrse.

    – Qué bien la chupas, niña. Eres una zorra, mi zorra.

    – Mmmm, cabrón, estás delicioso.

    Oírle llamarle su zorra aún le encendía más, y aumentaban sus gemidos. Para mejorarlo, él le apretaba las tetas, le retorcía los pezones, y se inclinaba de vez en cuando para darle una ligera palmada entre las piernas, que sonaba como darle a un charco. Una y otra vez, castigando su clítoris, cada vez más rápido, hasta que ya la tenía gimiendo de nuevo. Temblando, super excitada.

    Fue midiendo los estímulos hasta que ambos estaban a punto de llegar. Él le penetraba la boca ya muy profundo, haciendo que le faltase el aire. Y cuando sintió el momento, le agarró firme por los rizos y le sujetó la cabeza.

    – Me voy a correr. Vas a tener tu premio, y lo vas a tragar todo.

    Y sin dejar de moverse, aumentó la frecuencia de sus palmadas. Pequeños golpes muy rápidos, concentrándose ya sobre el clítoris. Ella abría y cerraba los muslos, apretando las nalgas y gimiendo como loca, hasta que no pudo aguantar más. Y explotó entre gritos, una avalancha de contracciones, brutal, desde muy adentro, haciendo que su espalda se arquease y sus piernas temblasen. Y ante tal expresión de placer femenino, él se clavó en su boca agarrándola con ambas manos, con espasmos que expulsaban fuertes chorros directamente en su garganta. Ella no podía tragar y gemir a la vez, y parte de aquella leche caliente se le escapaba por las comisuras.

    Lo sintieron intenso, enorme, larguísimo. Ambos se quedaron quietos, con la respiración entrecortada. Ella se relamía los restos de su premio, con una sonrisa, y él la miraba mordiéndose los labios. Había sido fabuloso, pero aquello no había terminado. Le había prometido más, y una mujer multiorgásmica es un tesoro.

    – Zorra. Quieres más, ¿verdad?

  • Home office

    Home office

    Toqué la puerta del departamento; se tardó en abrir, primero pensé que quizá no estuviera, pero la puerta fue abierta despacio, apareció la cabeza de la gorda que me indicaba con el dedo índice que guardara silencio y entrará.

    El departamento estaba en penumbra, la tele tenía un programa infantil, al lado izquierdo en el sillón estaba una niña dormida, quizá de dos años. Al fondo se veía la iluminación: “ve a la cocina, ahorita voy”, me dijo. Yo sólo seguí avanzando. Abrí mi portafolio y saqué la lap, la inicié y empecé a ver el trabajo que teníamos que hacer.

    Escuché un: “ya voy”, con una voz de susurro y luego un: “ya estoy lista”. Al levantar la vista me encontré a la gorda desnuda, era impresionante, se tomó el seno y con el índice se señaló el pezón y la aureola y me preguntó: “¿habías visto un pezón más lindo?”

    Avanzó hacia mí. Le pregunté: “¿qué quieres que haga?”. Sólo sonrió y se acercó más. Mi cabeza quedó entre sus enormes senos suaves y caídos y nos besamos. Me desvistió y entre su boca y sus pechos me estimulo. Después nos besamos con pasión y con mis manos recorrí sus piernas y trasero, después se sentó y mi cabeza desapareció entre sus muslos. Ella emitía pequeños gemidos. Al final se volteó, subió una pierna a una silla y apoyó sus codos en la mesa. La cadera se levantó y las nalgas se ampliaron. “Hazlo suave y después duro”, me dijo y mientras yo lo hacía así, con sus dedos se tocaba. “Jálame el cabello y penétrame muy duro” me dijo y así lo hice. Le sobrevino un temblor y pude sentir las contracciones que también me hicieron culminar.

    Se fue al baño y regresó con una sudadera y leggins. Terminamos de trabajar y me invitó un té. Al caminar hacia la puerta me tocó el trasero y salí con el mismo silencio con el que entré.

    En la empresa nos volvimos a encontrar una semana después. Me sonrió y fue amable. Me preguntó: “¿Home office el jueves?” y yo asentí con la cabeza y con una sonrisa.

  • Entre más fresa más perra (5)

    Entre más fresa más perra (5)

    El reconocimiento que le dieron a Edgar lo motivo a trabajar más duro y por ende a estar más horas en su trabajó, salía temprano por las mañanas y regresaba de noche lo cual solo eran buenas noticias para mi captor, no había día que no me hiciera ir a su cuarto a abusar de mí.

    En cuanto veía que Edgar se iba me mandaba mensaje con instrucciones específicas le excitaba controlarme y que obedeciera sin chistar, me pedía que fuera solo con delantal a su cuarto o con que me llenará el ano con miel y me pusiera «mi cola» como el la llamaba para que en cuanto llegará me relamiera el culo solo para hacer más dulce este bombón así me decía y yo obedecía ya no solo por el hecho del bienestar de Edgar o porque pudiera difundir todo el material que tenía de mí, si no por miedo a los castigos que me podía dar y todo quedó claro una de las primeras veces que me estaba sometiendo.

    Me había atado de manos detrás de mi espalda me tenía de cuclillas y estaba follando mi boca sin ninguna delicadeza quería meter hasta sus bolas y con tremendo monstruo fue normal que tuviera arcadas en una de esas accidentalmente le raspe su pene con mis dientes me empujó bruscamente y grito de dolor, enojado empezó a decir que era una mala perra que las perras no muerden a su amo y que me castigaría así que me coloco cuerdas alrededor del cuerpo cruzando mis pechos, mi cuello y mi cintura.

    Mis manos seguían atadas en mi espalda y de una polea que había en el techo me empezó a alzar hasta una altura que solo tocaba el suelo estirando mis piernas lo más que podía poniéndome de puntitas, saco una caja que tenía dos cables no pude verlos muy bien hasta que sentí que ponía algo en mi pecho y sentí el dolor, era un caimán que agarro a mi pezón luego se metió entre mis piernas y coloco otro en mi clítoris a lo cual yo grité y empecé a retorcerme de dolor en la posición en la que estaba era más como un columpio humano entonces tampoco tenía mucho control de mis movimientos.

    Él se empezó a reír de la escena y me dijo «tranquila perrita todavía no empieza el verdadero castigo» escuché un click y empecé a sentir un hormigueo por todo mi cuerpo, eran toques y entraban por mi pezón y salían por mi clítoris con esto no podía y empecé a gritar, a retorcerme a suplicar que se detuviera pero el solo se reía mientras jugaba con el voltaje me dolía, pero no podía evitar excitarme la electricidad hacía que se contrajeran mis músculos y tuve un orgasmo increíble salió un squirt y empapé el piso.

    Sentía como mi jugo recorría mis piernas sentí que me había hecho pipí, mira que mala perra se hizo del baño donde no debía debo castigarla más para que aprende y siguió electrocutándome no podía parar de tener orgasmos casi perdí la conciencia mi cuerpo estaba teniendo orgasmos sin control mi mente estaba desconectada de mí solo sentía como salían líquidos de mi ser escurriendo.

    No supe en qué momento dejo de electrocutarme, coloco su pene en mi entrada y conforme lo iba metiendo dijo espero que hayas entendido yo no soy el marica de tu noviecito yo soy tu amo y tienes que hacer lo que sea para complacerme sin pretextos ahí ya tenía todo su monstruo metido en mi con tantos fluidos que escurrí no tuvo problemas y como estaba colgada me columpiaba al ritmo de sus embestidas solo soltaba uno que otro quejido cuando me nalgueaba.

    En ese momento no pensaba en nada tenía la mente en blanco, de la cintura para abajo estaba empapada y sentía las cuerdas marcadas en mi cuerpo por mi propio peso, no supe cuánto tiempo me tuvo así, solo sentí como se vino en lo más profundo de mi no pude hacer nada solo sentí como me dejó escurriendo, cuando me bajo me dio un trapo para limpiar el piso y entendí que por mi propio bien no debía hacerlo enojar.

    Desde ese día empezaron sus peticiones algunas más normales que otras desde masturbarme frente a él hasta venirme o algunas más humillantes como ponerme medias con estampado de vaca, diadema con orejas, una cola con plug que me metía por el ano y un collar con cascabel y hacerme decir muuu cada vez que me la metiera, esa vez recuerdo que agarro mis pezones y me los pellizco diciendo que ordeñaría a su vaca mientras reía al final solo aclaro que él fue el que me dio su leche en lo más profundo.

    A pesar de que me llegaba a coger diario no me podía acostumbrar al tamaño de su verga al principio me estaba aflojando pero entreno mis músculos vaginales y anales para que apretara todo lo que entrara en mi y de igual manera me enseñó a usar mi boca, mover mi lengua mientras me la metía hasta la garganta y acariciar sus huevos para sacar la mayor cantidad de leche yo solo me engañaba diciéndome que me estaba violando pero cada vez que volvía lo hacía con varios orgasmos que ya ni de broma podría darme mi pareja y todo fue así no pasaba de usarme como su muñeca sexual.

    Otro día me pidió entrar a mi departamento entro a mi recámara me aventó boca abajo en la cama me ordenó que no me moviera, bajo mis pantalones con todo y mi tanga me dejó con el culo al aire, mi pantalón y mi tanga en los tobillos escuchaba que dejaba unas cosas en el buró hasta que volvió dándome una nalgada empezó a chuparme mi vagina y a meterme un plug anal casi llegaba al orgasmo cuando se levantó puso su verga en mi vagina y empezó a cogerme sin cuidado levantaba mi culo con cada embestida, hizo una coleta con mi cabello y empezó a jalarme me tenía en cuatro haciéndome tener mi primer orgasmo.

    Ya no tenía que someterme yo hacía lo que él me pidiera pero parecería que le gustaba sobajarme sin sacarme la verga se puso encima de mi estiró su pierna y puso su pie sobre mi cabeza mi cuerpo quedó en escuadra sobre la cama, con su pie hundiendo mi cabeza en el colchón y mi culo levantado hacia su cintura en ese momento empezó a decir «mira todo el potencial que tiene tu noviecita solo necesitaba que alguien apretara sus riendas y sacará a su putita interior, espero no te moleste qué la use como contenedor de semen pero es algo que le encanta».

    En ese momento entendí que lo que había puesto antes era una cámara y estaba grabando como me cogía en la cama donde duermo con Edgar, como me hacía tener orgasmos y como me hacía lo que quisiera me espantaba pensar que le enseñaría eso a Edgar pero en ese momento estaba más presionada por su pie sobre mi cabeza y por su verga entrando con fuerza en mi vagina hasta que sentí que se venía dentro como siempre lo hacía pero esta vez la sacó a media venida lo cual hizo que cuando la sacará salpicará todo como si fuera una fuente, me tomo del cabello y me jalo para hacer que me levantara y me dijo al oído no digas nada y límpiame la verga.

    Me tiro del cabello hasta que me puso de rodillas frente a su media erecta verga y empecé a limpiar su verga como ya me había enseñado lamía desde sus velludas bolas hasta su cabeza que todavía estaba brillosa de fluidos y la metía en mi boca poco a poco sentía como volvía a ponerse dura y me dijo «muy bien perrita como cereza del pastel mostraras como disfrutas que te coja así que date la vuelta y empieza a cogerte con mi verga y tranquila esto solo es un placer personal si sigues siendo tan obediente esto nunca lo tendrá que ver tu novio pero quién sabe si me haces enojar podría mandárselo y enseñarle lo mal que te está aprovechando jajaja».

    En ese momento me volvió el coraje pensar que después de todas las cosas que me había hecho ya, se había venido en todos mis agujeros y todavía buscaba la forma de hacer que esto pareciera consensuado creo que pudo notar mis pensamientos porque con una mirada autoritaria me volvió a decir, «que montés mi verga putita» en ese momento el enojó se convirtió en miedo y me levanté me subí al colchón de espaldas a él y de frente a la cámara y empecé a bajar en cuclillas.

    Con mi mano busque su verga y la dirigí a la entrada de mi vagina mientras bajaba iba metiendo más y más del monstruo que tenía hasta que llegue a la mitad y empecé a subir y bajar pero solo metía la mitad lo cual ya era más de la verga de mi novio estuve subiendo y bajando unos minutos los cuales yo solo sentía como empezaba a escurrir otra vez a lo cual escuchó «vamos no seas tímida sabemos que te la puedes comer toda o te da miedo demostrarle a tu novio que puedes con algo tan grande».

    No me dejó hacer ningún movimiento cuando sentí que pasó sus brazos por debajo de mis piernas las levanto y cruzo sus brazos hasta mi nuca como si fuera una llave de lucha me levantó e insertó toda su verga en mi con el propio peso de mi cuerpo yo solo pude soltar un gritó que estoy segura que escucharon todos los vecinos mis ojos se pusieron en blanco y solo me movía de abajo hacia arriba con el movimiento de sus caderas empujando su verga en mi interior yo estaba en blanco nuevamente me tenía como muñeca de trapo cuando escuchó «ah y no te preocupes todos los días su vagina y culo son entrenados para que no quede guanga campeón y así pueda satisfacer también tamaños menores y tranquilo también la tengo tomando anti conceptivos, pues claro no queremos acabar con la diversión tan pronto».

    Terminando de decir eso sentí como empezó a venirse hasta el fondo y yo también solté un orgasmo y gritos de placer sentía como su verga se estremecía con cada chorro que soltaba dentro de mi más de lo normal no sabía si era por la excitación de qué me estaba cogiendo así o por mostrar en el vídeo como marcaba territorio y cuanto podía correrse dentro pero solo me aventó a la cama yo estaba demasiado cansada para moverme se acercó a mi cara y me dijo «que bien te portaste perrita así me gusta que seas obediente y sumisa.

    Continuará.

  • Un tropezón con final feliz (4)

    Un tropezón con final feliz (4)

    Los primeros rayos de sol entraban lentamente por las rendijas de la ventana cuando Cristina abría los ojos, miró a su señor que dormía plácidamente, se acomodó contra su cuerpo y lo besó en el hombro, acarició su pelo con suavidad para no despertarlo, al cabo de unos minutos se levantó y tras pasar por el aseo llamó a recepción.

    -Hola buenos días, ¿podrían subir dos cafés?

    -Desde luego señora.

    Diez minutos después tocaban a la puerta, ella abrió y Luis apareció con los cafés, se miraron sin saber que decir, Eduardo era el que siempre dirigía los encuentros entre ellos y ahora estaba durmiendo.

    -Buenos días. Dijo él.

    -Buenos días. Ella se apartó para que Luis pasara y dejara los cafés encima de la mesa, Luis mantuvo la compostura y saliendo dijo.

    -Adiós señora.

    -Adiós. Se limitó a decir ella, su respiración se había acelerado pero él no lo notó, eran las primeras palabras que cruzaban entre sí, ella se quedó apoyada en la puerta pensando que aquel hombre le había estrujado los pezones y la había penetrado por detrás hasta correrse, se excitó al recordarlo pero pensó que tenía a su amo en la cama y que con él estaba más que atendida. Cogió las tazas de café y se dirigió al dormitorio, dejó una en la mesita de Eduardo y se sentó a los pies con la suya. Eduardo habría los ojos y el olor a café inundó su nariz.

    -Buenos días, has madrugado.

    -Buenos días mi señor, la verdad es que he dormido de tirón y me he despertado muy relajada, he pedido café.

    -¡Perfecto! Eduardo bebió un trago y dejó la taza en la mesita. –Bésame. Ella obedeció y lo besó, el beso fue largo y húmedo, ninguno de los dos parecía querer separarse del otro, finalmente Eduardo se separó.

    -¿Quién ha traído los cafés?

    -Luis.

    -¿Te ha dicho algo?

    -No, solo buenos días y adiós.

    -Bien, recuerda que eres mía mientras yo esté aquí o contigo, cuando yo me vaya podrás hacer lo que quieras.

    -No te preocupes mi señor, yo soy y seré siempre tuya. Se tomaron el café y Eduardo dijo.

    -Hoy iremos al centro a desayunar, quiero que como ropa interior solo te pongas las braguitas burdeos, luego pasaremos por tu casa y recogerás lo que necesites para unos días, te voy a llevar a Toledo si quieres.

    -¡Claro que quiero! Contestó con cara de felicidad ante aquella propuesta, sus vacaciones habían dado un giro inesperado y eso le encantaba. Se arreglaron y salieron del hotel, cogieron un taxi que los llevó al centro, en una terraza desayunaron y luego se dirigieron al piso donde ella vivía.

    Estaba arreglando su maleta cuando Eduardo se colocó detrás de ella y le quitó la falda, le bajó las bragas y tocó su coño, ella se dejaba hacer mientras se excitaba, le mordía el cuello y las orejas hasta que la cogió y la subió en la mesa del comedor, en esta ocasión la puso de cara y con su polla le dio unos golpecitos en el clítoris, luego se la metió despacio, la estaba follando a placer cuando sonó el móvil de ella.

    -Es mi madre. El teléfono estaba en la mesa junto a su bolso, Eduardo no se inmutó y le dijo.

    -Cógelo. Ella, nerviosa como una pareja de adolescentes a los que sorprenden lo cogió y su madre le preguntó.

    -Hola hija cómo estás.

    -Hola mamá, estoy bien dijo como pudo entre las embestidas de su señor.

    -¿Qué haces? Ella pensó en que no le podía decir la verdad, cómo le iba a decir que la estaban follando en ese mismo momento.

    -Pues estoy haciendo la maleta, me voy unos días a Toledo con un amigo.

    -¿Los dos solos?

    -Sí, es un buen amigo. Dijo mientras lo miraba a los ojos. Eduardo seguía follándola y apretó uno de sus pezones, ella soltó un gritito.

    -¿Qué ocurre hija?

    -Nada mamá, se me ha caído una cosa. Bueno te dejo ya te llamaré a la vuelta.

    -Vale hija, pásatelo bien. Seguro pensó ella por todo lo que le haría su amo y colgó, se relajó y disfrutó del polvo que le estaba pegando Eduardo. Él sacó un pequeño vibrador del bolsillo del pantalón y lo puso en su clítoris sujetándolo con una de las manos de ella, el placer de Cristina aumentó sustancialmente, Eduardo le estrujaba los dos pechos y sus pezones a la vez mientras la penetraba, de repente ella dijo.

    -¡Me corro mi amo! ¡¡Me corroo!! Eduardo se dejó llevar y acto seguido le dijo que él también se corría, con la polla dentro le cogió la cabeza y la besó, le mordió los labios y ella se dejó hacer satisfecha por aquel polvo con llamada incluida.

    Una vez la maleta estuvo hecha, bajaron a la calle y cogieron un taxi al hotel de Eduardo, en la habitación él recogió sus cosas y pagó en recepción, bajaron al garaje y se encaminaron al coche de Eduardo.

    -Pensaba que iríamos en tren.

    -Pues ya ves que no, no cojo el coche en ciudades que no son la mía si lo puedo evitar, es más cómodo que te lleven y no tengo que preocuparme por buscar aparcamiento.

    -La verdad es que sí…

    Salieron del parking y tras poner el GPS pusieron rumbo a la ciudad de Toledo. En los semáforos Eduardo acariciaba la rodilla de su sumisa que lo miraba con una amplia sonrisa.

    -Gracias por llevarme contigo mi señor.

    -No hay nada que agradecer.

  • Follada otra vez (8)

    Follada otra vez (8)

    Hola, amiguis, les cuento otra aventura. Había conocido a un hombre que resultó maravilloso. No era guapo, más bien, de rasgos gruesos, pero tenía una herramienta viril que era una belleza, claro eso lo supe más tarde. Nos conocimos por Face.

    Pasado un poco de tiempo y ya en confianza, lo invité a mí departamento. Al llegar bebimos unos tragos y pasé a vestirme como toda una zorrita, tanguita de hilo dental color negro con bordes rojos; un brassier color lila transparente de encaje, media copa y broche al frente; liguero color lila también, tiras de espagueti, sujetando medias color negro muy transparente; un minivestido color azul rey y super pegado al cuerpo, abierto de los lados y con escote trasero hasta la cadera, zapatillas color negro, de tacón de aguja, abiertos y destalonados, una peluca color rubio hasta los hombros, finalmente, me maquillé un poco, perfumando el cuello, los hombros, las piernas y las nalgas.

    Salí de la recámara y él, al verme abrió unos grandes y lujuriosos ojos, se levantó del sofá y me abrazó fuerte, diciendo –Ay, mamacita, te ves bien buenota y bien puta, tienes un cuerpazo de nena. Esta noche te haré muy feliz-. Yo sonreí y lo besé en la boca.

    Nos sentamos en el sofá, comenzó a besarme y a tocarme por todas partes. Ya entrados, le bajé el pants y la trusa, saltó su pene semierecto y yo se la pajee unos pocos minutos.

    Luego, acerqué mi boca y la besé con admiración y un poco de miedo, pues era enorme, seguro me iba a lastimar, pero… por lo pronto, se la mamé tan delicioso, besándola suavemente casi sin tocarla, lamiéndola a todo lo largo, dándole pequeños mordiscos en la cipota, pasando la lengua por toda su longitud de 30 cm., y me la metía toda en la boca y se la aguanté cuando me dio varias metidas hasta el fondo, luego, me la sacó cuando iba a venirse, pero le quedó tan parada, tan dura, escurriendo de mi saliva y su precum, era brillante y hermosa, realmente tan apetitosa, que me dieron una ganas locas de sentarme en ese árbol de carne y de que se me hundiera en la cola hasta lo más profundo, que me dejara el ano dilatado y ardiendo, pero feliz y satisfecha.

    Pero me dijo, mamacito, me quiero venir en tu boca, no te apures, luego te chorreo la cola. Yo feliz, la tomé con ambas manos, sin cerrarlas alrededor del tronco, se la pajee así, con las palmas, mientras le daba chupetones en la cabezota hinchada y escurriendo, luego, puse una mano en la base y cerrándola cuanto pudo la apreté un poco para mantener la sangre dentro de aquella herramienta; después, le pasé la lengua alrededor del glande, lamiendo con gran amor y lascivia, concentrándome en el orificio, repetí esta técnica, chupando y mordiendo, de repente me la hundió en la boca y explotó varios chorros de semen dentro, se los recibí y seguí chupando esa delicia de verga hasta que terminó y me comí todo su semen, dejándole el pito limpio con mí lengua.

    Sorprendentemente, su polla seguía tan dura como antes de venirse. Me sentí más desesperada y loca por sentarme en ese fierro hermoso.

    Me puse de pie, me quité la faldita y la blusa transparente, dejando el brassiere, el liguero, las medias y la tanga, y me coloqué frente a él para sentarme en su polla: Con las piernas abiertas por fuera de las suyas, me hice a un lado el hilo de la tanga y con una mano tomé su fierro de carne y lo dirigí hacia mi botoncito de amor. Lo sentí en la entrada de mi orificio y me empecé a sentar lentamente, girando la cadera en círculos en esa adorable verga; me abrió centímetro a centímetro y mis pliegues rectales se pegaban a esa hermosa polla (¡No me cansaré de repetirlo!) y la recibían con gran amor y felicidad, con ese ritmo se deslizó dentro de mí hasta que su vello púbico rozó mis nalgas de putita trans.

    Me quedé unos segundos en sus piernas con toda le verga ensartada en mi agujero de maricona puta. Su grosor me dilató más el ano y yo hice movimientos de metérmelo más, hacía sus piernas para que se me hundiera con todo y bolas en el culo.

    Me empecé a mover montada en ese miembro viril, hacia arriba hasta que sólo me quedaba la punta, ahí me movía en círculos jugando con la polla que se me metiera unos milímetros y luego, me sentaba hasta comérmela toda con el ano, me hundía más en ella abriendo la zanja de mi trasero, daba sentones lentos, pero decididos abriendo el culo y pujando hacia su pene, con ese movimiento se me metía un poco más o eso sentía yo en mi paroxismo de placer.

    Era una verdadera lujuria loca que me hacía sentir a la vez un ligero mareo y un enorme placer nunca sentido en mil folladas anteriores. Me senté muchas veces repitiendo esa técnica en ritmo lento, como unos 10 minutos, hasta que mi macho y yo empezamos a gemir de placer, luego, descansamos, yo sentada con la polla hasta el fondo, bien erecta e hinchada, era una sensación indescriptible, permanecimos un par de minutos inmóviles y entonces, me abrazó y me levantó, para colocarme de espaldas en el sofá, en todo momento yo tenía su verga dentro de mis entrañas.

    Al colocarme así, comenzó otro saca y mete de nuevo lento, pero esta vez, fue aumentando de ritmo, hasta que eran una locura sus arremetidas contra mi ano insaciablemente deseoso de esa verga, me cogió de lo lindo y me re-cogió que era una delicia, el ano me palpitaba ya bien dilatado, me clavaba con fuerza su pene hasta el fondeo de mi ser de puta trans. Finalmente, detuvo su loco movimiento y explotó dentro de mi agujero de amor, sentí como si fueran varios litros de semen inundando mi intimidad de mujercita trans.

    Se quedó quieto unos minutos y se le empezó a poner flácido, luego, me la extrajo y escurrió su semen por mi ranura hasta las piernas. Se dejó caer a un lado de mí, me empozó a besar los hombros y el cuello, diciendo, -qué rico culito tienes mi reina, está bien suave y apretadito-. Por último, dijo que se tenía que ir, se vistió y salió, no sin antes decir que volvería en un par de días.

    Ciao amiguis, espero que les haya gustado este relato. Hasta pronto.

  • Mi tía política y un hotel en la playa (2)

    Mi tía política y un hotel en la playa (2)

    Resumiendo la parte anterior. En el primer momento que pude me le insinué a mi tía y ella me correspondió. Después de besarnos apasionadamente, meternos nuestras lenguas hasta nuestras gargantas, agarrarle su culo y frotar mi entrepierna con la suya me fui corriendo al baño para que no sospechen ni mi padre ni su esposo ya que iban llegando. Obviamente me hice la paja de mi vida y solté una gran cantidad de semen de la enorme excitación que tenía.

    Al día siguiente trate de que se repitiera el momento pero no pudo ser, lo que si sucedió es que mi tía sacó su mejor bikini. Uno de dos piezas de un color rojo intenso. Si nunca han visto a una mujer morena modelar un bikini de ese color deberían buscar ya que es de lo más rico que uno puede ver.

    Todo el día solo podía ver como se le metía entre su enorme culo y el como este se llenaba de arena y como al sacudírselo este culo se movía todo, un movimiento como el de olas de mar, hipnotizante y excitante a la vez. De sus pechos ni hablemos, el bikini parecía ser de años atrás ya que estos estaban por reventarlo de lo apretado que le quedaba. El ver a los turistas americanos observar el gran cuerpo de mi tía me excitaba de gran manera, a mi punto de vista eso compenso el no poder estar a solas con ella.

    Pero el tercer día… ese día fue especial. Durante ese día el sol estaba horrible así que no me apetecía estar tanto tiempo en el sol, solo pase unas horas y decidí regresar a la habitación.

    Una media hora después escucho que alguien estaba fuera de la habitación, me paro, abro la puerta y gracias a dios era mi tía, vistiendo otro bikini, no tan revelador pero solamente vestía eso. Entro y me platico que lo de hace 2 días fue algo impulsivo, acto seguido me besa y solamente me dice «Lo de ahora será mucho más que un impulso».

    Nos besamos sobre la cama, ella se quitó todo a gran velocidad y pude apreciar su cuerpo al desnudo. El cuerpo de una mujer casada de 45 años es especial, las estrías y la celulitis hacían que pareciera una obra de arte realizada por un gran pintor. Yo no podía disfrutar más de recorrer su cuerpo con mis manos, sus piernas, abdomen, culo y todo en general se sentía de maravilla.

    Al acostarme en la cama comenzó a realizarme sexo oral, sus labios gruesos se sentían esplendidos alrededor de mi miembro, podía meter todo mi miembro en su garganta sin dificultad y disfrutaba hacerlo, lo sabía por el como me miraba mientras lo hacía.

    Después de disfrutar de sus labios la levante y la acosté, abrí sus piernas y comencé a follarla, estaba tan húmeda que el penetrarla fue sencillo, mi miembro entraba y salía sin dificultad, sus pechos se movían por el movimiento que hacía y ella no podía parar de gemir, menos cuando comencé a frotar su clítoris con la palma de mi mano, estaba a punto de gritar así que la bese mientras seguía follándola en esa posición. Sus gemidos ahogados por mis besos más el sonido del como la penetraba formaban una excitante sinfonía sexual.

    Estuvimos haciéndolo unos 20 minutos cuando una llamada entra al celular de mi tía. Era mi tío diciéndole que fuera preparándose para salir a cenar. Así que me apresure y acabe dentro de ella. Al acabar se levantó, se puso su bikini y salió hacia su habitación, antes de irse me dijo que ojala el sol estuviera igual de fuerte mañana, los dos deseábamos seguir follando.

    Gracias por leer esta segunda parte, sé que fue mucho texto pero espero que les haya gustado el como redacté esa hermosa follada, leo sus comentarios.

  • Mi primera vez en un sex-shop

    Mi primera vez en un sex-shop

    Nunca he hecho relatos de este tipo, pero les voy a contar sobre lo que sucedió. Primero que nada soy chico de 19 años de Bogotá, Colombia, soy heterosexual. Era un día súper normal y tenía curiosidad sobre que sentiría tener un dildo. Me encantan las mujeres, pero últimamente veía porno y al encontrarme con videos gay no sé porque pero me ponía muy excitado. El caso es que al buscar experiencias en Google, me encontré con esta página y allí inició todo. Entre y leí muchos relatos los cuales me pusieron muy excitado, no podía creer pero era tal punto de excitación que me empezaron a doler los testículos.

    Bueno al leer todas esas experiencias, tome una decisión y dije: – Sebas creo que debes probarlo nada pierdes – así que decido ir en la tarde a una tienda de sexo shop. Nunca había entrado tenía miedo, pero al tiempo mucha curiosidad. Esta tienda quedaba en un tercer piso algo discreto. En el lugar llegué y al entrar mi corazón estaba a mil temblaba pero algo en mi hizo que continuará.

    Al entrar no vi a nadie empecé a ver muchos juguetes sexuales de repente sale una chica (créanme que me dio mucha pena) era hermosa ufff jajaja, bueno el caso es que fui directo algo como esto:

    Yo: Oye tienes dildos realistas?

    Ella sorprendida y también nerviosa se sonrió y me mostró los que tenía.

    En ese momento sentí que tanto ella como yo estábamos nerviosos. El caso es que le pedí que me mostrara otro ya que el que sacó no me atraía, y saca un dildo de 24 cm yo quedé waooo es enorme, lo llevo. Sorprendida se sonríe me vende el dildo con un lubricante y salgo de la tienda. Nunca había experimentado comprar en un sexy shop y quedé fascinado con la chica (creo que volveré por ella).

    El caso es que estaba ansioso en llegar a casa y probar cosas nuevas. Al llegar destapé el paquete y saqué el dildo. Empecé a tocarlo y vaya era gigante y me encantó tocar uno. Luego empecé a comparar mi pene con él y dedicó quitarme la ropa.

    No sé pero tenía un impulso y empiezo a besar el dildo y como estilo hagámoslo un oral. Jajaja en serio andaba no sé cachondo jajaja bueno en fin, el caso es que empiezo a hacer eso que nunca había hecho eso vida y veo como mi pene se empieza a poner re duro yo seguía y quedó lo mas excitado posible. Yo dije waooo, que está pasando. Luego de eso empiezo a leer más relatos de acá, mis testículos dolían demasiado, mi pene a reventar y decido que ya es el momento, tomo el lubricante y empiezo a aplicarlo en mi ano.

    En ese momento decido acordarme de la chica del sex-shop, me convertiría en esa chica y el dildo iba a ser mi pene, eso me excito aún más. Aplicó lubricante al dildo muy decidido me acerco juguetero con el y empiezo a sentarme. No sé porque pero de un solo sentón entro todo era como si hubiera hecho las cosas perfectas. Esos 24 cm habían entrado por completo, podía ver qué al entrar mi pene empezó a salir pre cum goteaba.

    Así que decido actuar como hubiera querido que ella lo hiciera simplemente cabalgando en mi pene. Al hacer eso empiezo a sentir como entraba y salía me gustaba lo que sentía no se unas ganas de orinar o de venirme era indescriptible.

    Así que decido ser ella y me muevo más y más, no sé pero mi cuerpo pedía eso. De repente empiezo a sentir que voy a estallar era otra sensación extraña, veo como de mi pene sale un chorro de semen era demasiado queda untado mi pecho. Pero aún sentía esa sensación extraña aunque me hubiera venido. Así que decido pararme y pajearme y no tarde 30 segundos cuando salió el segundo chorro, y otros era como si el dildo me hubiera drenado todo lo que tenía. El piso quedó lavado en semen y mi cuerpo. Quedé exhausto y guarde todo

    En conclusión fue una experiencia genial. No sé porque esa chica del sex-shop quedó tan marcada, pero hizo que está historia tuviera la motivación suficiente para que llegara hasta su fin.

    Espero les guste el relato… Saludos

  • Seduciendo a una mamá curiosa (parte 2)

    Seduciendo a una mamá curiosa (parte 2)

    Las cosas con Ingrid iban de maravilla, en el gym éramos conocidas como el dúo dinámico porque hacíamos nuestras rutinas juntas siempre, y en la intimidad éramos muy compatibles, ya le había platicado a mi esposo de ella y él la aceptaba como mi novia formal, cuando los presenté en una reunión ambos se miraban nerviosos y excitados.

    Regresamos a casa y servimos unos tragos para los tres, Ingrid empezó a platicarle a mi marido de nuestra amistad en el gym y yo aproveché para subir a la recámara.

    Me desnudé y regresé con ellos solo con mis zapatillas altas de siempre.

    Ambos se quedaron mudos así verme bajar las escaleras desnuda y cuando llegué con ellos les di mis manos invitándolos a ponerse de pie y les dije:

    -Quiero que sean buenos amigos porque yo estoy en medio de Uds. ya, la relación con ella (dije señalando a Ingrid) es muy especial para mí y contigo (le dije a mi marido) no tengo secretos y así me has aceptado.

    -Quiero tener una relación de armonía entre los tres, ¿les parece? -Dije meneando mis caderas, ofreciéndoselas a ambos y ellos asintieron con tranquilidad.

    Mi marido le preguntó a Ingrid, -¿te gusta mi esposa?

    -¡Mucho! -Dijo ella encantada y acercándose a darme un beso de lengua que recibí feliz de saberme deseada por ambos.

    Volteé a ver a mi esposo y le dije:

    -ven, vamos a la recámara, quiero que me veas con ella, nos deseamos mucho y quiero que lo disfrutes tú también.

    Subimos los tres y al llegar a la recámara él se sentó en la orilla dejándonos espacio.

    Desnudé a Ingrid que estaba muy nerviosa por saberse vista y deseada por un hombre después de mucho tiempo.

    -Tranquila, le dije entre besos, no te va a coger si tu no quieres entendiendo su manera de pensar.

    Empezamos a hacer un 69 intenso, mi lengua entraba profundo en su deliciosa raja güerita y sentía la suya acariciarme la velluda vagina delicadamente cuando me di cuenta que mi esposo se había quitado los pantalones y se estaba masturbando viéndonos con la verga bien erecta sin perder detalle del cuerpo de Ingrid.

    Se quitó la camisa y quedó igual de desnudo que nosotras.

    Me enderece un momento y me senté en la cama jalando a Ingrid para que hiciera lo mismo.

    Ya sentadas ambas frente a mi marido, me agache a mamarle la verga cosa que mi esposo aprovechó para inclinarse un poco hacia el frente para acercarse al rostro de Ingrid.

    La tomó de la cabeza y empezó a besarla con lujuria cosa que Ingrid correspondió gimiendo caliente ya.

    Se dieron la lengua un rato hasta que me enderece de nuevo y jalé a mi esposo para que se acostara en las cama en medio de las dos y tomando la mano de Ingrid la llevé a la verga de mi esposo.

    Ella entendió inmediatamente y empezó a masturbarlo lentamente mientras se iba acercando a el pene erecto de mi marido.

    Volteando a verme en complicidad, se metió la verga en su boca y empezó a mamarlo con lujuria mientras gemía caliente ya por sentir el pene dentro de su boca.

    Me acerque a ella y le pregunté si oído:

    -¿Quieres que te coja?

    -Sí! -Dijo ella regresando a mamar con más lujuria y no le quitaba la mirada a mi esposo en complicidad mutua.

    La cara de Ingrid denotaba placer, placer y lujuria; le mamaba con desesperación a mi esposo y decidí dejarlos coger frente a mi por ser la primera vez de Ingrid desde hacía mucho tiempo.

    Me acomodé a un lado y los deje hacer a sus anchas, mi marido se acostó y jaló a Ingrid para hacer un 69, Ingrid respondió de inmediato subiéndose en él y poniéndole la raja sobre su boca.

    La lengua de mi marido se metió profundo en la vagina de Ingrid mientras le abría las nalgas y ella se metía la verga de mi esposo en la boca con desesperación.

    Acariciándole el cabello a mi esposo le pregunté:

    -¿verdad que está deliciosa mi güera?

    -Sí, -respondió mi esposo caliente ya de saborearla y sentir la boca de la güerita mamándole la verga.

    Mi marido al empezar a sentir su orgasmo llegarle, trató de enderezarse para metérsela a Ingrid pero ella no se bajó de él y le dijo con una voz llena de lujuria:

    -No, dame un orgasmo con tu lengua y vente en mi boca está primera vez, quiero sentir el semen entrar en mi boca de nuevo después de tanto tiempo, después me la metes cuántas veces quieras dijo volteando a verme buscando mi aprobación.

    -Claro mi vida, le dije a Ingrid, puedes coger con mi marido cuando quieras… ¿verdad cabron?

    Mi marido no contestó ya concentrado en acariciar el clítoris de Ingrid preparándola para darle un orgasmote.

    Ella empezó a gemir como loca y justo cuando sintió que le llegaba el orgasmo en su clítoris, mi marido empezó a venirse en su boca abundantemente llenándola del semen que tanto me gusta.

    Ingrid se pegó como ventosa a la verga de mi marido para no dejar escapar nada de semen y gimiendo por el placer recibido en su vagina y boca empezó a llorar, rápidamente me abalancé hacia ella y le pregunté:

    -estás bien nena?

    Ella respondió con lágrimas recorriendo sus preciosas mejillas.

    -Sí, estoy muy bien, gracias a los dos, lloró por darme cuenta que he desperdiciado mucho tiempo sin tener este placer que acabo de tener con tu marido, Mariela, no me lo tomes a mal pero quisiera pedirles algo a ambos.

    -Claro mujer, -dijo mi marido sentándose en la cama, que necesitas?

    -pues, quiero estar con los dos, como un trío permanente, me acabas de dar un orgasmo que sentí se me volteaba la vagina de placer y con Mariela es igual. Me aceptan como su amante de ambos de planta?

    Nos quedamos sorprendidos mi marido y yo, eso si no lo vi venir, ni siquiera se la había metido todavía mi esposo a la güera y ya quería ser de nosotros.

    -Pues por mí está bien, dije sonriendo hacia ambos… y tú qué dices? -Le pregunté a mi marido sabiendo de antemano ya la respuesta.

    Mi marido volteo con rostro algo serio hacia Ingrid y le dijo:

    -Eso que pides es muy excitante para ella y más para mí, estás buenísima y me gustó mucho este primer encuentro. Pero ni siquiera te la he metido, ¿estás segura de lo que estás diciendo?

    Ingrid se rio divertida y se acostó en nuestra cama y abrió sus preciosas piernas y le dijo a mi esposo:

    -Ven, métemela y vemos que resulta.

    Mi marido se acomodó rápidamente entre las piernas de Ingrid y antes de que se la metiera me acerqué y le mamé la vagina a Ingrid un momento y le chupé la verga a mi marido para parársela más.

    Me acosté junto a ellos empezando a masturbarme viéndolos y él se acomodó ahora sí ya entre sus piernas.

    Ingrid tenía la vagina empapada, lubricaba mucho cuando estaba caliente y vaya que sí lo estaba en estos momentos.

    Mi esposo le puso la cabeza de su verga en la entrada de su raja güerita acariciando esos labios vaginales abultados que tenía la güera y fue ella quien lo abrazó y jalando hacia ella para besarlo intensamente alcanzó a decirle antes de darle su lengua para besarse lujuriosamente:

    -méteme la verga como se la metes a Mariela, quiero sentir lo que ella siente contigo.

    Eso bastó para que mi marido la agarrara de las nalgas firmemente y le metió la verga de un solo golpe hasta adentro.

    Ingrid gimió y empezó a moverse como hembra en celo.

    -sí, así cógeme cabrón, cógeme fuerte y seré suya para siempre.

    Me vine viéndolos coger como si fueran una pareja enamorada que disfrutan de su contraparte como si no hubiera mañana, ambos se besaban con verdadero placer y el bajo un momento a mamarle las tetotas a Ingrid mientras ella gemía casi gritando.

    Así estuvieron un buen rato, hasta que ella empezó a mover las caderas más intensamente aumentando el placer de ambos y entre gritos tremendos se vino ella primero, mi marido no dejo de bombearla aún después de ella haberse venido dos veces ya y ella volteó a verme con mirada intensa y me dijo:

    -eres afortunada entre gemidos, este cabron aguanta mucho.

    Mi marido la volteó y la puso de perrito y la ensartó desde atrás metiéndole la verga en esa vagina que me encantaba tanto y me acerqué a besar a Ingrid mientras seguían cogiendo calientes que estaban.

    Cuando mi marido se vino casi la levantó por las embestidas y le llenó la vagina rubia de su semen mientras ella gemía sintiendo su cuarto orgasmo ya.

    Lentamente se desensartaron exhaustos ambos después de ese tremendo encuentro y entonces ella entró en pánico porque hasta ese momento se dio cuenta que se le habían venido dentro de la raja y ella no tomaba nada para cuidarse.

    -Mariela! Y si me embarazo?

    -Nahhh… -Le dije- sería una tremenda coincidencia no crees?

    Acercándome a su preciosa carita le pregunté:

    -Te molestaría embarazarte de nuevo?

    -no, la verdad no, si es de él está bien, -señalando a mi marido-, pero tú no tendrías problema?

    Riendo escandalosamente le dije:

    -pues ya ves, este me dejó embarazarme de mi macho negro y no tenemos tema con eso.

    Los tres sonreímos satisfechos por el acuerdo logrado.

    Ya tendría tiempo para llevar a cabo mi plan que era ofrecerla también a mi macho negro y dejar que la embarazara él para que ambas tuviéramos un hijo de color.

    Continuará.

  • Marcela mi vecina (IV): Fiestita en casa de Analía

    Marcela mi vecina (IV): Fiestita en casa de Analía

    Sin dudas Analía era la más zarpada de las tres amigas. Le gustaba pero en exceso la pija y era fanática de los juguetes sexuales. Tenía una basta colección de consoladores en todos los tamaños y colores, además de ser compradora compulsiva de lencería, sus favoritas las tangas «hilo dental». Estaba infelizmente casada, no tuvo hijos por propia decisión ya que trabajaba y se dedicaba a cuidar su cuerpo. Su esposo ocupaba un cargo en un banco multinacional y podía darle «un buen vivir», no le hacía faltar nada. Eso sí, él no la complacía en la cama, a veces pasaban semanas y hasta meses sin hacer el amor y Analía necesitaba tener una pija adentro. Por eso primero recurrió a falos de plástico, bolas chinas y otros juguetes eróticos… Y también los intercalaba con amantes que le surgían hasta por debajo de las piedras.

    Y cuentan por ahí que siempre traía algún plug metido en el orto, era algo que lo hacía ya con normalidad y andaba así con esa gotita de metal metida en el ano como si nada.

    La conocí en un acto escolar de Francesca, la hijita de Marcela y Nacho, yo fui con Gabriela y Analía también asistió a ese acontecimiento del jardín de infantes de la niña de Marce.

    Analía era divina, 45 añitos, delgadisima un cuerpo más onda modelo, piernas y panza lipoaspiradas de seguro porque no tenían nada en exceso.

    Ya no estaba rubia como me la describieron, ahora tenía el pelo color castaño claro que resaltaba su blanca piel y sus ojos grandes y expresivos de color verde. Tenía unos dientes perfectos y una boca grande (yo ya me tenté imaginando que le entrarían dos pijas juntas ahí).

    Traía puesto un jean básico, a decir verdad era cero culo pero igual tenía su encanto.

    Describiendo a las tres amigas diría que Gabriela era más bien una Curvy Milf…. Analía era la modelito y Marcela era onda vedette, medidas 90-60-95, ButtWoman, la mujer del culo perfecto.

    El tema es que Analía tenía un hambre de pija impresionante y un grupo selecto de machos haciendo fila para cogérsela.

    No conforme con que tipos más jóvenes que ella se la culeen, quería llevar por el mal camino a Marcela. Las dos iban juntas al gimnasio y eran las veteranas más deseadas. Ella desinhibida por completo, se daba con todo el mundo, pero Marce era un muro impenetrable, conversaba con los asistentes al gym lo justo y necesario.

    Había un muchacho llamado Juan José que estaba caliente por Marce, la deseaba al cien por ciento pero la madura ni lo registraba. La miraba cual niño viendo la vidriera de una juguetería. Observarla entrenar con esas calzas hiper adherentes como si fuesen una segunda piel hacía que a Juanjo se le pare la pija con tan solo el contacto visual.

    Era joven, tenía 21 años, cuerpo trabajado en el gimnasio, todo marcadito, carilindo y simpático. Juanjo tenía sexo a menudo con Analía, ella era una mujer fácil con ganas de probar todo, y los hombres más jóvenes eran su plato fuerte.

    De más está decir que además de acostarse con Juanjo, tenía sexo con dos o tres chicos más del gym, pero Juanjo era su favorito. La buscaba en su moto a la hora del almuerzo en la consultora privada donde ella trabaja. La esperaba abajo y con un solo mensaje de texto diciéndole que ya estaba ella salía y de ahí directo a un hotel. Le sabía llevar el ritmo a la desatendida amiga de Marcela. Ella muy demandante y él aprovechaba su desesperación para penetrarla sin piedad.

    Un día después de coger al salir del gym los dos tendidos en la cama de aquel hotel alojamiento y reflejados sus cuerpos desnudos en los espejos del techo de aquella habitación, Juanjo le insinuó tímidamente el deseo que sentía por la rubia del culo grande, y Analía lejos de sentirse ofendida le dejó continuar con su alocución.

    Decidió seguirle el juego y no le prometió nada… pero iba a hablarle a Marce sobre él. Después de esa confesión el muchacho se excitó y logró una tremenda erección. La milf de 45 años siempre queriendo más no se pudo resistir y fue cogida de nuevo ahí mismo.

    Planeó una estrategia para hacer dicho contacto, el NO de Marcela era el 99,9% ya que era por demás rehacía y hasta algo antipática. Si bien Marce y Juanjo se conocían de vista nunca intercambiaron palabras.

    Un día aprovechando que Marce descansaba luego de una rutina en el banco plano, Analía trajo al chico de los brazos fornidos y abdomen plano y se lo presentó.

    Desde ese momento él se desvivió por ganarse un tanto de confianza de la doctora Rodríguez pero ella era más fría que un témpano. Mientras el pobre chico estaba muy pendiente de su rutina y hasta la ayudaba con las pesas… y cuando Marce se disponía a trabajar glúteos los viernes ahí se la pegaba haciéndole marca personal.

    Pasaron los días y poco a poco se notaba una incipiente confianza de ella hacia él pero siempre con respeto, al menor acto de desubicación ella le daría vuelta a cara de una cachetada. Era una mujer de carácter.

    Analía miraba de lejos y se relamía, su plan se iba encaminado.

    La flaca se centró en su idea… En su retorcida mente diagramó algo que parecía no tener ni un margen de error. Planeó hacer una fiesta de Bienvenida Primavera, eran días calurosos los que se vivía y ese 21 de septiembre fue la fecha fijada para concretar su plan. Analia quería ver encamarse a Juanjo y Marcela.

    Dio la casualidad que el marido de Analía debía viajar para asistir a un curso de capacitación y perfeccionamiento laboral propuesta por la entidad a la cual pertenecía, así que la casa iba a estar disponible para realizar la «juntada».

    Volviendo a Marcela y Juanjo, ya había un tanto más de confianza, a decir verdad a ella siempre le encantó calentar hombres, ese jueguito de gustar y ser deseada la remontó a viejas épocas y un tanto se estaba dejando llevar.

    Era consciente de que ese chico le tenía ganas, no hay que ser muy iluminado para darse cuenta de las segundas intenciones de ese muchacho para con ella. La cuestión es que simplemente en su hogar estaba «muy bien atendida», Nacho se la cogía sin descanso y no había motivo para que se busque otro tipo. Pero con Analía taladrándole la cabeza malos pensamientos abrumaban su mente.

    Se empezaron a ver tímidas agarradas de manos simulando sostener la barra, o tocadas de pelo y espaldas mutuas, además ella venía más perra a entrenar, era un infierno en calzas y se ataba la remerita al ras del ombligo dejando la panza al aire… y ese culo Impresionante a la vista de todos!

    Y el plan de la «Fiestita De Dia De La Primavera» estaba a punto de concretarse.

    Analía los interrumpió y tímidamente les hizo el anuncio. La idea era juntarse por la noche del día 20 para recibir el 21 a las 00.00 horas juntos… eso sí… Iba a ser «algo íntimo»… solo con «amigos del gym»… como una noche temática, nadie más que no fuese de ese ambiente de entrenamiento físico podía ir. Al menos esa fue la excusa perfecta para que Marcela asistiese y bueno… Que Juanjo el chico fisicudo y carilindo pueda concretar con la blonda milf.

    Llegó la tan esperada noche. Analía la anfitriona esperaba a sus invitados. Llegaron de a poco los muchachos, habrán sido 7 solteros, tres acompañados de sus novias más 4 chicas que asistían al gimnasio.

    Con la fiesta ya empezada apareció Marce, una diosa total, un vestido negro cortito que resaltaba sus tetas, se adhería a su abdomen pero terminaba suelto y acampanado abajo. Traía el pelo rubio reluciente y planchadito como era habitual. Sus infaltables anteojos estilo nerd y unas botas bucaneras con taco haciendo juego con el vestidito que traía puesto.

    Era la primera vez que salía sin Nacho, su marido, quién la dejó salir así de sexy como estaba porque venía a la casa de su amiga, qué iba a imaginar lo que esa noche le deparaba a su mujer.

    A Marce le costaba socializar, se sentía muy mayor entre todo ese grupete de gente joven. Un par de chicos se le acercaron, Lucas y Ramiro, le tiraron toda la onda pero ella era inamovible. Levantaba la mirada en busca de Juanjo que aún no llegaba! Tanta era su antipatía que Lucas y Ramiro desistieron con su idea de seducir a la rubia cuarentona.

    Marcela se estaba aburriendo, su amiga hacía lo imposible por retenerla, estaba tan sobre ella que descuidaba a los demás invitados. Charla va charla viene por fin lo vio llegar a su príncipe que la rescataría de ese evento en el cual no se sentía cómoda. Para ese entonces Marce ya había tomado varios tragos, más que nada impulsada por Analía a beber, se la notaba un poco mareada pero mantenía su postura seria.

    La dueña de casa la abandonó un instante dejándola en compañía de Belén, la recepcionista del gimnasio.

    Juanjo al entrar fue regañado por Analía. Entre otras cosas lo trató de estúpido, que todo esa movida que se armó era para que él logre tener un encuentro con su amiga y que por poco ella se iba a ir… así que le pidió que proceda y recomponga las cosas.

    Ya para ese entonces Marcela tenía una cara de aburrida y fastidiosa. Belén fue a buscar algo de beber para las dos pero en la barra fue interceptada por Ramón, un morocho grandote jugador de rugby. El tema es que Belén estaba en busca de ligue esa noche y se entretuvo tanto en el camino que no volvió mas.

    Y la rubia se quedó sola en un rincón. Al instante fue rodeada por Javier, Tomás y Peter, se la querían levantar los tres y estaban a su alrededor como perros en celo.

    Ya eran las 23:58, se terminaba el 20 de septiembre y el tan esperado día de la primavera asomaba. Y como si fuese víspera de Navidad, hicieron la cuenta regresiva todos en el amplio patio al borde de una piscina. La noche se prestaba para la diversión y el lugar era espectacular. A las 0:00 del 21 de septiembre levantaron sus copas y brindaron por la llegada de la primavera. Ya Marcela estaba más animada con Juanjo a su lado levantando la copa.

    Ramiro puso música a todo volumen, explotaban esos parlantes y todos bailaron y la pasaron bien. Le puso más onda con la música y ya no ponía temas de reggaetón y trap… que no eran muy del estilo de las veteranas.

    Temas de cuarteto y cumbia sonaban. Todos salieron a bailar, los que tenían a sus novias lo hicieron, Belén con Ramón, los que pudieron sacaron a la pista a las chicas que estaban disponibles y los que quedaron sin pareja bailaron entre ellos, y como era de esperar Marce con Juanjo.

    Juanjo le hacía marca personal a la doctora Rodríguez y bailaron cara a cara, el ya la agarraba de la cintura y ella se desenvolvía con total confianza. A ella le encantaba bailar y el chico tenía talento, era un buen partener. Sonó el tema Darte un Beso de Prince Royce, una bachata fenomenal y ahí se los vio más juntitos que nunca, la pierna del chico metida entre las piernas de la rubia, miradas cara a cara sus labios ya casi se rozaban y una manito atrevida se posaba en la frontera entre la cintura y el nacimiento de la nalga de la doctora, ahí le gustaba jugar en ese lugar tan deseado y prohibido. La escena era muy sensual.

    Analía mientras tanto no perdió el tiempo. Bailó con Máximo otro de los invitados y se estaban comiendo la boca sin descaro. Ella tenía un putishort blanco bien metido atrás y parecía no tener puesta ropa interior. Máximo le metía manos por todas partes al mismo tiempo que sus lenguas se trenzaban a la vista de todos.

    Marcela se sintió incómoda, ver a su amiga así de zarpada hasta le dio vergüenza, se alejó y se sentó en una reposera alejada de todos.

    Juanjo fue atrás de ella, se le acercó con un par de copas e intentó transportarla a otra realidad, la rubia todavía era chapada a la antigua, sabía medirse y no hacer chiquilinadas como su amiga. En el fondo se sentía mal por todo ese show casi porno de Analía.

    Bebieron uno, dos y tres tragos. El chico pudo cambiarle el humor y de a poco la hizo reír.

    Miradas en silencio, abrazos y tomadas de mano. Le hablaba al oído y la blonda sonreía, poco a poco ese iceberg difícil de romper iba cediendo en partes a esa altura de la noche.

    Al menor descuido quiso verla sin sus anteojos puestos… ella le decía Nooo con gestos pero el muchacho insistía. Volvió a su intento de desnudar sus ojos, los susurros al oído se acrecentaron y a Marcelita se la veía sonrojada…entre intento e intento pudo lograr su objetivo: Le quitó los anteojos y ella agachó la cabeza con timidez.

    le dio un beso. Marcela algo excitada por la bebida… por el baile… Y porque gustaba de Juanjo correspondió a los labios y lengua de su enamorado.

    El la besaba muy bien, despacito sin apurarla… de a ratos soltaba sus labios y ella volvía a buscarlo y tomaba las riendas para iniciar otra vez la jugada. Y así siguieron un largo rato, ella sentada al borde de la reposera sacando culo para atrás y el arrodillado a sus pies a puro beso los dos solos en ese universo que crearon ambos. Ya eran besos de lengua más prolongados. Marce se puso de pie y Juan José la aprisionaba de la cintura… Y sin querer -pero queriendo- sus manos se posaron sobre el culo de la milf y ese vestidito negro acampanado se fue levantando.

    El muchacho ya tenía la pija paradisima, y Marce sintió un deseo sexual incontrolable, no pudo contener su humedad, entre tantos besos y el contacto de su cuerpo con el de ese chico fornido se dejó llevar.

    Entre los arbustos se formó una tercera pareja: Belén la recepcionista del gimnasio estaba siendo seducida por Ramón, el morocho grandote jugador de rugby. De comerle la boca se la acomodó sobre el, se bajó el pantalón y sin mediar palabras la empezó a coger de parada.

    Marcela incómoda (o aprovechando la oportunidad) entre risas le dijo al oído a su joven macho que la lleve a otro lugar. No era nada grato ver una pareja teniendo sexo a metros de ella.

    La tomó de la mano y casi desapercibidos pasaron entre la gente que bailaba. Sintió vergüenza e intentó pedirle permiso a su amiga pero ella estaba rodeada de tipos que le bailaban alrededor, Analía estaba totalmente en otro mundo. Y a Marcela excitada no le quedó otra que buscar un lugarcito íntimo para sacarse las ganas. Era la casa de su amiga y todos eran adultos y sabían lo que hacían, estaba más que entregada a Juanjo, tenía ganas, quería hacer el amor sí o sí.

    Él no la soltaba y agarraditos de las manos con risas cómplices subieron las escaleras en busca de una habitación.

    Se metieron en el dormitorio de Analía, una tremenda cama King Size los esperaba. La parejita hervía de calentura y no disimulaban las ganas de coger, besos de lengua, manos por todas partes y ropa volando por los aires atestiguaban los espejos de aquel dormitorio.

    El vestido de la rubia ya incomodaba, Juanjo muy excitado se lo sacó y ella se desprendió el corpiño. Abajo traía puesto un culotte de encaje negro que le quedaba mortal sobresaliendo y redondeando más de lo habitual a ese culo. Ella le sacó la remera a su hombre con desesperación mientras forcejeaba con la hebilla del cinto.

    Le bajó el pantalón y el bóxer al unísono y para sorpresa se topó con una verga gigante, cabezona y sobre todo muy venosa y unas bolas grandes como las de un caballo pura sangre reproductor, además de estar sin un solo vello en esa zona.

    Sinceramente era una terrible pija!!

    Era imposible que un chico de 21 años tenga tremendo miembro, la rubia recalculó y pensó si toda esa carne le entraría siendo ella tan estrecha.

    Su machito tenía todo, la trataba con dulzura, respetaba sus tiempos, era educado, tenía linda carita, un cuerpo hecho a fuerza de entrenamiento y una pijota enorme para coronar.

    Al verlo desnudo se terminó de convencer de que con Juanjo hizo una buena elección. Iba a ser «un permitido, un touch, un revolcón» con esa cosita linda que supo elegir.

    Se olvidó de su marido, de sus hijos y de las altas horas que marcaban las agujas del reloj, alejó los remordimientos, puso primera dándole para adelante sin culpas y se sacó el culotte. Estaba excitada, muy húmeda y lista para que ese semental la insemine.

    Desnudos se tiraron en la cama besándose de un modo desesperado. No hubo tiempo a que la blonda se quite las botas bucaneras por lo que se las dejó puestas haciéndola más deseable aún.

    El arriba y ella abajo a pura pasión. Le comió las tetas, no quería salirse de los pezones y ahí se quedó jugando con su lengua hasta endurecerlos por completo. Bajó hasta su abdomen haciendo un descanso en el ombligo y volvió a subir hasta llegar a la boca de su amante. La hacía sentir bien, querida, deseada y respetada. A pedir de ella se puso un preservativo y de a poco se la hizo entrar en la concha.

    Marcela la sintió toda. Un fuerte Ahhh! dio la pauta de que ese primer pijazo lo sintió hasta las entrañas.

    Gemía gemía y gemía… Él se lo hacía muy rico y despacito volviéndola loca. Esa pija le estaba ensanchando la concha. La bombeaba como con miedo, o tal vez eran los nervios propios de esa primera vez. De a ratos se le salía y ella con sus manos le indicaba el camino para que vuelva a entrar.

    Se lo hacía con una magia increíble, y la rubia de cuarenta y tantos años flotaba en el aire. Estuvo sobre ella un largo rato, detuvo sus embestidas para comerle la boca una vez más cuando ella le puso las piernas al hombro queriendo más pija. Se la metió en esa postura dándosela con más entusiasmo y Marce alcanzó un orgasmo muy intenso.

    Con su compañera satisfecha y tras cinco embestidas más descargó toda su leche adentro de su deseada mujer. Por suerte tenía el profiláctico puesto porque su leche era abundante.

    Al mismo tiempo, afuera estaba heavy la cosa. Los chicos que vinieron con sus parejas se fueron retirando quedando los lobos solitarios rodeando a Analía.

    Era presa fácil, Máximo tomó la iniciativa y se le fueron arrimando Peter, Javi y Tomás. Se turnaban para comerle la boca y manosearla. Ella feliz de la vida acechada por cuatro hombres cuyas edades promedio rondarían los 24 años. Máximo no tenía problemas en compartirla con el resto y la flaca aparte de ser muy puta estaba por demás ebria.

    Fueron todos al living, Ramiro al ver qué todos entraban detrás de Analía apagó la música y se unió al grupo. Entre todos la manoseaban a la flaca y le fueron quitando la ropa. Y cuando Peter le bajó la tanga la tiró al sofá y notaron que tenía algo de color fucsia metido en el orto.

    A simple vista parecía una joya… Peter curioso y excitado se puso a centímetros de sus nalgas y la escarbó con detenimiento.

    -Hay que puta que sos mami -se le escuchó decir y agarrando la base le fue sacando del culo esa gota de acero que tenía puesta a presión.

    Costó en salir, ella hacía movimientos para retenerlo y los demás se acercaron a ver tal pornográfica escena.

    Ni bien lo soltó el agujero del culo quedó por demás abierto y Máximo de un empujón lo corrió a Peter y se puso a chuparle el ojete a Analía. Su lengua cabía cómodamente en ese cráter profundo.

    Todos se estaban desnudando y Ramiro tomo la iniciativa y se la cogió primero. Era el de más baja estatura y el que de todos tenía el pene más chico. Máximo abandonó el culo de la veterana y ella se sentó en el sofá sobre Ramiro y estaba tan desesperada que gemía como si la pija que le estaba entrando era la de un africano.

    Por detrás del sofá Javier le metía la pija en la boca mientras Máximo se masturbaba para endurecer ese miembro y ser el segundo en encularla.

    Ramiro no aguantó demasiado y le acabó adentro. Analía con una pija en la boca no omitió palabra.

    Tomás le ganó el segundo puesto a Máximo. Ramiro se salió y su amigo en la misma postura se la hizo entrar toda. Se apuró un poco, no la tenía del todo parada y quiso ganarle a los demás. Analía pidió cambiar de postura y apoyando los codos sobre el respaldo quedó en cuarto patas. Tomas como entrando en una fosa se acomodó debajo de ella volviendo a metérsela en la concha. Viendo ese culo tan abierto Máximo (el de la pija más grande) se las ingenió y se puso arriba y esa cabezota punteó ese ojete tan tentador y se la hizo entrar con maestría.

    Ahí gimió de verdad la pobre Analía. Tanto que abandonó el miembro de Javier que estaba en su boca cubierto de su baba. La culeada que le daba Máximo y la pija de Tomy adentro suyo al mismo tiempo la hizo estallar en un fuerte orgasmo.

    Tomás le largó su leche bien adentro, pero Máximo le hacía el culo de un modo bestial, ya con brutalidad y ella amaba sentirlo ahí. Se la sacó cuando sentía que de momento a otro iba a explotar, y así fue… Le regó las nalgas con su semen.

    Quedó exhausta, después del polvazo de Máximo los abandonó para ir a higienizarse.

    Aún faltaban dos. Y mientras se fue al baño y estando sentada en el inodoro Peter irrumpió y le metió su pijota en la boca. Ella obediente chupó y chupó…y el chico le cogía la boca con furia. El muchacho conservaba en la mano el plug que le sacó del culo allí en el sofá adelante de todos, la hizo poner de pie apoyando las manos sobre la pileta y se lo volvió a introducir.

    Le hizo un mete y saca por un tiempo. Ella excitadísima otra vez quería más. Hasta que Peter cambio plug por pija y se la enterró en el culo.

    La culeó intensamente, de a ratos se lo sacaba y se lo metía en la conchita, y después se la volvía a meter en el orto. Cuando ya no podía más se la sacó, la hizo agacharse y le enchastró la cara con su semen.

    Volvió a limpiarse y regresó desnuda a la planta baja. Los que ya la habían cogido salieron al patio y se tiraron a la piscina. Solo uno quedaba por montarla, se trataba de Javier.

    La tomó de atrás y tapándole la boca y ojos se la llevó a la cocina. La sentó en un banco alto de madera y con el pene firme como un mástil adhirió su pecho a la espalda de ella y tomándola del pelo se la metió en la concha. Analía tenía una vocecita chillona y gemía muy muy fuerte. Javi por ser el último se tomó su tiempo para disfrutarla y se la cogió por la concha y luego por el culo. De todos fue Javier quien más aguante tuvo. Se la dio largamente por atrás con fuerza y hasta con violencia y la madura tuvo un orgasmo fenomenal. Se aceleró más a medida que las embestidas le avisaban que iba a acabar. No pudo más y explotó adentro del culo de la dueña de casa dejándola inundada de su leche.

    Terminado ese round sexual se la llevó así como estaba, chorreando leche entremezclado con algo de sangre de su taladrado ojete y se metieron al agua con el resto. Allí bebieron y Ramiro le arrimó la pija a la boca pidiéndole un pete pero ya no quiso saber más nada. Salieron al rato de la piscina y los chicos que la enfiestaron se fueron juntos. Los fue despidiendo a cada uno con un beso y les agradeció tal fenomenal cogida que le dieron. Estaba satisfecha.

    Marcela y Juanjo testigos de los gemidos y la enfiestada que le pegaron a Analía cuando todo volvió a la normalidad se vistieron. Ella tendió la cama y bajaron con el más mínimo ruido las escaleras. Tomaditos de la mano cuales novios en su primer mes, el primero y ella detrás siguiendo sus pasos.

    Analía estaba sentada en el sofá viendo Netflix, cubierta solo por un remerón del marido que encontró en el cesto de ropas sucias. Su pelo mojado y sin bombacha. Tenía una resaca bárbara y el dolor de cabeza era intenso.

    -Que vivan los novios!! -les gritó de modo altanero. Sentía gran envidia por su amiga desde que ésta se juntó con Nacho. Envidiaba que tenga un marido muchísimo más joven con quién cogía todos los días y además pudo formar una familia con ese chico y era feliz en su matrimonio. Y más bronca le dio al ver qué con Juanjo las cosas le salieron de maravillas y su amante favorito estaba más que loco por la rubia culona.

    -Boluda estás empedo calmate un poco!!! -respondió Marce eufórica y se trenzaron en discusión. Toda esa envidia contenida y narrada más arriba salió a la luz de boca de la propia Analía y también le reprochó que ahora se lo estaba quedando a Juanjo para ella.

    Casi se agarran de los pelos cuando el joven atinó a separarlas, las calmó y las dos lloraron cada una por su lado. Juanjo preparó café para tres y se los trajo, las reunió a ambas en el sofá y las aguas se calmaron.

    -Quedátelo vos, es tuyo -le dijo Marce a Analía haciendo referencia al chico.

    -Nooo, está muerto de amor por vos o acaso no te das cuenta -Analía otra vez levantando la voz.

    Marcela agarró su cartera buscó las llaves del auto y con los ojos llenos de lágrimas se levantó dirigiéndose a la puerta.

    Fue retenida por el muchacho quién la calmó y le dio unos tímidos besos y caricias. -No te podes ir así -le dijo y la trajo de regreso al sofá junto a la otra mujer.

    Él se sentó en el medio de las dos y les preguntó: -Y si soy de las dos?, no tengo ningún drama en que me usen y compartan mi cuerpo, las dos me gustan… y mucho… quieren?

    Marcela rio confundida, le pareció algo cómica e impensada la pregunta del chico con el que horas atrás se acostó.

    Analía se entusiasmó y lo montó a Juanjo comiéndole la boca con ganas, y al estar sin ropa interior sacó del pantalón a la flor de pijota de Juanjo y le entró toda.

    Marcela se alejó un tanto pero le era inevitable mirar como Juanjo se la cogía a su amiga. El chico le quitó el remerón y las tetas le quedaban a la altura de su boca, mientras con la mano libre magreaba las tetas de Marcela y de a poco las dejó afuera del vestido. Analía le fue metiendo manos en la entrepierna hasta llegar a la cuevita húmeda de la doctora. Marce se quitó los anteojos, recostó los codos en el respaldo y se dejó hacer. Analía subía y bajaba en la pijota de su amante preferido, se sintió desvanecer y tuvo un orgasmo épico, le temblaban las esbeltas piernas.

    Juanjo intacto iba por el plato principal: Analía se salió y él fue por la rubia que lo enloquecía. Ésta vez le sacó las botas bucaneras y degustó los pies perfectos de la milf. Pasó la lengua por entre sus deditos y se los fue comiendo uno a uno con lujuria. Subió un poco y le bajó el culotte negro, le chupó la concha por primera vez y ella se retorcía de placer.

    Se pusieron de pie y en la misma postura que se la dio a la otra ahora se la ensartaría a ella. Ésta vez no hubo preservativo pero eso ya no importaba. Quedó cuasi acostado en el sofá de cara a la televisión y ella se lo montó sin ser penetrada, se miraban a los ojos y se besaban con ternura y cuando ella estuvo «lista» acomodó el miembro erecto de su amante y de a poco le fue entrando. La manera en la que gemía era digna de una película porno. Juan José tenía la pija muyyy grandeee… Y le hacía doler pero necesitaba superar sus miedos y los ojitos se le pusieron blancos. Por el venoso tronco descendía un blanco flujo de la apretada vulva de Marcela y las ensartadas del chico se detenían y volvían al instante con más vigor.

    Ella feliz, cabalgaba entusiasmada, su partener tenía cuerda para rato, la aguantaba de un modo espectacular.

    Juanjo envuelto en sudor y ella también, él le cacheteaba las nalgas mientras le chupaba las tetas. Marce la tenía toda adentro y se movía más buscando acabar. Se quedaron quietos un instante… ella le dijo Siii asintiendo con la cabeza y Juanjo le acabó en lo más íntimo de su anatomía.

    Marce se salió y fue directo al baño dejándole una película blancuzca en el pene carnoso de su amante y Analía se lo chupó así ya flácido tragándose las secreciones de su cómplice amiga.

    Ya el sol estaba alto, Marce se bañó y salió raudamente a su casa. Le pidió ropa prestada a Analía, una remera estampada, una bermuda y unos crocs color rosa pálido se llevó puesto además de una mochila con las botas y el vestido en su interior.

    Juanjo la acompañó hasta el auto y alegó que iba a ayudar a Analía a ordenar la casa y luego se iría, pero era de seguro que se quedaba a pasar el día allí. Iban a seguir cogiendo, no había dudas. Se besaron y se le escapó un -Te amo Marce. Ella mucho no entendió y sin decir nada le dejó un beso en la frente.

    Ya camino a casa Marce se puso anteojos oscuros que guardaba en la guantera, hizo una parada en una panadería y compró facturas para desayunar con su familia.

    Cruzó la calle en diagonal al local donde entró primero e ingresó en una farmacia. Solicitó aspirinas porque no daba más del dolor de cabeza, llevó una crema cicatrizante de uso vaginal y una pastilla del día después, por cualquier inconveniente.

    Llegó a casa y Nacho en el living miraba por TV la repetición de un partido de fútbol de la UEFA, el no le dijo absolutamente nada y ella se le sentó en el regazo. Con un tierno beso y un Te Amo a su marido selló todo lo que había pasado en esa noche de fiesta en casa de Analía.

  • Un secreto de familia

    Un secreto de familia

    Verónica movía sus caderas con fuerza, apoyándose en los brazos de Jorge. Él ya se había corrido y se mantenía rígido sobre ella. Las gotas de sudor caían sobre su cara y lo miraba con una expresión de lascivia, buscando concluir el acto. Sus enormes pechos bailaban de arriba a abajo rozando sus antebrazos. “Ya casi, mi amor, ya casi…” le decía con un hilo de voz acelerando el ritmo. Jorge sintió su ajustado interior empezar a contraerse y se inclinó un poco para ayudarle, reanudando el movimiento de sus caderas nuevamente. “Cógeme así, cógeme así, amor…” vociferó casi con un sonido gutural, y casi al mismo tiempo que Diego bajaba del autobús en la terminal, del otro lado del pueblo, su madre estaba teniendo un intenso orgasmo.

    Los últimos estertores de placer se desvanecían poco a poco y estaba disfrutando esa cálida sensación que recorría desde su entrepierna hasta su vientre. Con las piernas temblorosas rodeando su cintura y el pene de su joven amante aún dentro de ella, volvía en sí. ”¿Te gustó?” Le preguntó Jorge tímidamente. Ella cerró los ojos y le dio un largo beso en los labios; no acostumbraban besarse mientras hacían el amor, pero no encontraba la manera de darle una negativa a su pregunta. Él era joven e inexperto, y a pesar de que llevaban un par de meses viviendo como pareja, siempre terminaba antes que ella… y eso le molestaba. “Es cosa de práctica”, se decía a sí misma tan pronto se separaban para asearse.

    -¿Podemos repetir en la noche? -le preguntó Jorge poniéndose los pantalones. Verónica se vio en el espejo un momento, bajándose la falda y acomodándose las pantaletas que estaban completamente empapadas.

    – No, cariño. Recuerda que hoy llega Diego. Creo que será mejor que dejemos esto por un rato. Por lo menos hasta que se vaya.

    – ¡Pero yo…!

    – Sin peros. Ya lo habíamos hablado, Jorge – le interrumpió -, además, ya casi llega mi periodo otra vez. Y justo a tiempo. -Jorge la miró apesadumbrado y salió molesto de la habitación.

    – ¡No te vayas muy lejos porque vamos a cenar todos juntos!- Escuchó que le gritaba desde el baño. Quiso reprocharle esto último, pero no tenía manera de hacerlo. Desde muy pequeño Jorge odiaba a Diego, no sabía exactamente por qué, pero lo aborrecía. Siempre actuó como su padre y eso le molestaba de sobremanera. Y justo cuando pensaba regresar a la habitación, escuchó abrirse la puerta de enfrente. “¡Ya llegó!” Gritó Verónica y corrió al comedor donde su hijo la esperaba con las brazos abiertos.

    Le dio un abrazo muy efusivo y llenó su cara de besos.

    – ¿Y tú no me vas a saludar, huevón? -Le dijo Diego tendiéndole la mano.

    – Jorge, saluda a tu hermano bien… – Le espetó Verónica acomodando los platos en la mesa.

    Aquella comida fue muy incómoda para Jorge, pues rompía con su rutina habitual: casi diario, al llegar de la escuela, su madre lo esperaba con la comida lista, que no tardaba en devorar. Después, luego de quitar la mesa y levar los platos, iban a la habitación de su madre, tomados de la mano, y tenían sexo hasta quedarse dormidos. Aquello sucedía con mucha frecuencia, especialmente los últimos días. Lo que comenzó en su dormitorio con las puertas cerradas y la música a todo volumen para disimular sus gemidos, concluyó en el resto de la casa, muchas veces en la sala. Jorge tuvo una erección mientras veía como su madre charlaba amenamente con su hermano; miraba sus labios y recordaba, desde su perspectiva, como devoraba su miembro de rodillas en la sala.

    Hasta el cobertizo, desvalijado y derrumbándose, había sido testigo de su pasión incestuosa aquella noche de tormenta. Venían de la tienda y la lluvia los sorprendió a medio camino. Al no poder abrir la puerta de la casa, su madre le pidió refugiarse en ese lugar en lo que aminoraba el mal tiempo. Entraron empapados y prácticamente a tientas, pues el lugar estaba completamente oscuro. Su madre se recostó en una pila de paja que había en el fondo, que sorpresivamente estaba seca, llamándolo con una voz que parecía un ronroneo.

    Jorge se colocó sobre ella, desabrochándole el ajustado pantalón que llevaba y le metió la mano para comprobar su humedad, pero notó en su lugar que estaba completamente afeitada. Aquello aumentó su lívido y no tardó ni un segundo en sacarse la polla totalmente erecta. Movió un poco el panty y la penetro sin problema pues, en efecto, estaba empapada. Hicieron el amor así, de misionero, con la ropa puesta. Sus gemidos eran opacados por el sonido de la lluvia y los truenos que no parecían disminuir. Aquellas embestidas se volvieron casi salvajes tan pronto sintió el calor de su interior abrazar su pene. Su madre se tapaba la boca al principio, pero conforme fueron tomando ritmo dejo de hacerlo y gimió sin importarle nada. Fue también la primera vez que se besaron y a él le encantó, aunque su madre no estaba convencida del todo. Ella creía que el sexo que practicaban estaba falto de inmoralidad, a no ser que se besaran, y que se trataba de una caricia más profunda entre madre e hijo. Jorge no lo veía así, y desde el primero encuentro ella paso de ser su madre a su mujer, por lo que la intromisión de su hermano lo estaba volviendo loco de celos.

    Diego, por su parte, hablaba con su madre con naturalidad sin imaginarse lo que acontecía en aquella casa que los vio nacer a los dos. Aunque secretamente, guardaba también ciertas emociones más profundas por su madre. Jorge notó como su hermano miraba discretamente los pechos de su madre y le acariciaba el brazo mientras hablaban; no lo soportó y se fue de nuevo a su cuarto. “Ya sabes cómo es tu hermano” le dijo tratando de disimular la molestia por su comportamiento. Diego solo sonrió y continuó bebiendo.

    Por la noche, el clima era más benéfico y se podía estar afuera sin la necesidad de aire acondicionado. Por lo que su hermano se dispuso a visitar a las viejas amistades para ponerse al día. Se despidió de su madre y se fue caminando a la casa de su mejor amigo, que quedaba a unas cuantas cuadras de la suya. El lugar se había convertido en un taller mecánico y tan pronto lo reconoció su amigo, éste dejó lo que estaba haciendo para recibirlo.

    – ¡Pinche Diego, yo creí que ya te habías muerto! – Gritó su amigo efusivamente al abrazarlo.

    – No es pa’ tanto, pero por poquito si.

    – ¡¿Cómo no?! No había visto en las noticias lo culero que estaba ¿Te vas a regresar?

    – No. Pedí permiso.

    – Oye… ¿y no te chingaste una vietnamita? Dicen que tienen la panocha al revés -Dijo Marcelo entre risas al pasarle la botella.

    – No hablan inglés, menos español. Todo lo que no tenga ojos rasgados es mal visto allá.

    – ¿A qué parte de Vietnam te mandaron?

    – Camboya, pero sólo como mecánico. Yo no fui a combate.

    – Hasta suerte tienes. Oye ¿qué onda con tu prima? Dicen que la han visto en los puteros muy seguido. – Diego casi se atraganta y tuvo que escupir el trago. Aquello le produjo una sensación de morbo y curiosidad pues Romina, su prima, tenía muy buen cuerpo. Su madre le mandaba fotos de la familia y entre el montón siempre venía un pequeño paquete de su tía y ella. Para ese entonces debía tener la misma edad que su hermano o si acaso un poco más de 20, no lo recordaba. Jorge tenía 18 años cumplidos y él 24. La imagen de Romina como bailarina o hincada dándole una felación a un extraño lo excitaron demasiado.

    – Deberíamos ir a ver… Digo, solo para cerciorarnos. – Dijo Diego con tono condescendiente buscando su cartera.

    – Pinche enfermo, pero vamos, total, ya terminé aquí. -Diego buscó su cartera por todas partes hasta que recordó que la dejó en la cocina. Podía haberse quedado con su amigo, pero estaba seguro que debía regresar por ella. Se excusó y quedaron de verse en el lugar.

    Regresó a toda prisa y notó que el cerco estaba cerrado, por lo que tuvo que brincar la barda. Las luces de su casa estaban encendidas, pero todas las puertas estaban cerradas con llave. «Han de haber ido a la tienda», pensó, pero ¿por qué irían los dos? Se acercó a la ventana de la sala y no los vio por ningún lado, pero escuchaba sus voces en alguna parte. Algo muy dentro de él lo hizo asomarse al cuarto de su madre, pues más que curiosidad era preocupación genuina por ella. Movió con cuidado una tabla que cubría la ventana y se asomó despacio, llevándose la sorpresa de su vida: Jorge estaba hincado en la cama detrás de su madre, que la tenía en 4, penetrándola rápidamente. Se había subido la falda hasta la cintura y tenía el vestido abierto de enfrente, con los pechos fuera del sujetador; el cabello suelto bailaba en su rostro enrojecido.

    Los senos blanquecinos de su madre se balanceaban desnudos al compás de sus embestidas, que aumentaban conforme dejaba escapar ligeros gemidos. La expresión de placer en su cara era muy sensual, un lado que jamás imagino ver de ella. Jorge se aferraba a sus nalgas y se movía rápido, tratando de retrasar su orgasmo deteniéndose de cuando en cuando. “Despacio, cariño, para que dures más” Le decía su madre acomodándose bien en la cama. Jorge no hacía caso y al contrario de lo que le pedía con un hilo de voz, sus embestidas eran más fuertes y rápidas.

    Diego quiso salir corriendo de ahí pero el morbo podía más que su voluntad y su pudor. “¿Cómo era aquello posible?” se preguntaba, escuchando los gemidos de su madre. “No me des tan rápido, me vas a lastimar otra vez”. Aquella frase retumbó en lo más profundo de su ser sin poder apartar la vista de la cara de su madre, desecha en una total mueca de placer. “¿Otra vez? ¿Cuánto tiempo llevan haciéndolo, entonces?” se preguntaba sorprendido.

    Jorge amasaba desesperado los senos de su madre, inclinándose más sobre ella para alcanzar sus pezones; sus cuerpos estaban completamente empapados en sudor. Verónica abrió más las piernas y se acomodó bien el pequeño pene de Jorge, que se había salido por sus torpes embestidas. Una vez que estuvo dentro de nuevo, se levantó un poco más el vestido dejando expuestos sus muslos que vibraban con los empujones de su hermano. “¿Ya te vas a venir?” le preguntó a su hijo sin obtener respuesta. Jorge bufaba concentrado en sus movimientos y en el masaje a las ubres de su madre, que de nuevo se incorporó quedando hincada sobre la cama. Jorge continuó con la penetración abrazando su delgada cintura y Diego vio por primera vez sus senos desnudos. Eran grandes y un poco caídos, con los pezones rozados y aureola abundante; habían sido su fijación durante su adolescencia y no podía creer que era su hermano quien disfrutaba de todo aquello.

    Jorge se quedó quieto un momento y su madre le dijo algo ininteligible, inclinándose de nuevo en la cama. Sus pechos apenas rozaban las sabanas que tenían restos de fluidos, ¿o era sudor? Verónica se abrió las nalgas con ambas manos y empezó a moverse engullendo el pene de su hijo por completo. Jorge permanecía inmóvil acariciando aquellas masas de carne que devoraban su herramienta; eran movimientos más suaves pero consistentes los de su madre, que volteaba a verlo de cuando en cuando con una sonrisa cómplice en el rostro acalorado.

    Diego miraba atónito sus movimientos y sus gemidos lo tenían al borde del orgasmo sin siquiera haberse tocado; aunque la polla le palpitaba fuertemente en los pantalones no se atrevía a hacer nada. Verónica aceleró sus movimientos prologando cada vez más sus gemidos, y supo que estaba a punto de acabar, pero su hijo masculló algo y bufó echando la cabeza hacia atrás. Terminó antes que ella y no pudo continuar con la faena.

    -¿Te gustó, mamá? -preguntó su hermano sobándose la polla. Su madre se enderezó guardando sus pechos en el sujetador acariciando su entrepierna.

    – Si, corazón. Pero tienes que hacerlo despacio para que dures más. Me faltó un poco.

    – Podemos hacerlo otra vez…

    – No, Jorge, no sé a qué hora llegue tu hermano. -Respondió acomodándose el vestido.

    Su madre se bajó de la cama y al abrazarlo le dio un largo beso en los labios. Las manos de su hermano recorrieron su cuerpo y se detuvieron en sus nalgas. Dijeron algo incomprensible y cuando se separaron Diego corrió a esconderse en el cobertizo. Estaba sumamente excitado pero el mismo tiempo, furioso y celoso. Siempre se quiso coger a su madre y en varias ocasiones estuvo a punto de lograrlo, o al menos avanzó lo suficiente con ella para dejarla decidir si cruzaba la línea o solo lo excusaba con ese cariño maternal: siempre era lo último.

    Cuando nació su hermano prácticamente se volvió su pareja, pues él se encargaba de las cosas en casa y la cuidaba a ella y al pequeño. Y en muchas ocasiones, mientras le daba pecho, tuvo erecciones que ella notaba sonrojada, pero sin recriminarle, pues entendía que debía ser algo vergonzoso para él y sobre todo, natural. Sus pechos eran grandes y siempre fue su mayor atractivo.

    Se asomó de nuevo por una ventana del cobertizo y notó que la puerta ya estaba abierta. Quería entrar, pero tenía miedo de delatarse con su actitud, pues la ira hacia su hermano ahora era apabullante para él. “Debería ser yo quien se la estuviera cogiendo” se decía una y otra vez repasando la imagen de su madre en su mente, y tuvo una idea: “¿Qué tan difícil sería que yo también me la cogiera?”. Y a partir de esa noche ideo un plan para lograrlo, pero más que nada, para poder espiarlos cuando lo hicieran.

    Continúa.