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  • A, b, c of sex (Aprendiendo a vivir después de mi ex)

    A, b, c of sex (Aprendiendo a vivir después de mi ex)

    Este podría ser mi diario por no ser llamado de otra forma y también un poco como un pequeño monologo interno aprendiendo a lidiar conmigo misma.

    Voy a comenzar presentándome pero creo que con el tiempo ya van a conocerme bastante. Soy Jimena, tengo 23 años, soy delgada, morena, soy linda, muy fresa, pero muy cute, tengo una mirada demasiado expresiva sabes al primer momento si me caes bien o me caes mal, soy bajita mido 1,59 y voy al gym seguido más que nada por estrés jajaja pero es algo bueno por así decirlo, mis pechos son grandes tienen el tamaño adecuado, pero siempre he sido muy nalgona desde pequeña y honestamente a veces cuesta conseguir pantalones cuando tu cintura es tan pequeña y tu trasero es más grande si alguien en la industria de la moda lee esto por favor tome nota.

    Estuve en una relación de 5 años si 5 años fue linda algo aburrida, tuve mi primer novio era un chico cristiano bastante conservador, pero odiaba el sexo y eso por años pase esperando la oportunidad para comenzar algo desde cero, tengo unos cuantos meses desde que terminamos al principio algo destruida y soy psicóloga bueno estudio psicología y pero voy a terapia y mi psicólogo me recomendó intentar más experiencias sexuales ya que hace tiempo quería experimentar.

    Soy bastante cachonda tengo que admitirlo estos meses sin novio ha sido mucha masturbación es gracioso que sea tan disfrutable ahora que puedo fantasear más a gusto, soy algo tímida soy muy perra yo misma lo admito, generalmente voy al gym ha sido mi inspiración en estos días, siempre uso leggins apretados y siempre voy en hilo para lucir las nalgas es gracioso cuando eres tan nalgona y usas leggins hasta que sientes cuando tallan cuando bajas y créeme lo noto cuando todos me ven el trasero, tengo un crush con mi entrenador no puedo evitar reírme como tonta y verle el paquete cuando me habla y ha sido interesante.

    Tengo un pequeño crush con mi psicólogo y disfruto bastante contarle de mis experiencias sexuales y pensamientos por eso intento usar esto para contar, me excita escribir y contar sobre esto es interesante y en cierta forma es sexual compartir esta parte de mí y mi vida sexual.

    Estando cachonda constantemente me han enseñado a disfrutar y sexualizar todo y hasta cada pequeña interacción y me gusta.

  • El chofer

    El chofer

    Era chófer en la ciudad México.

    Al salir de la casa principal la señora iba demorada. Así que me pidió por la ventana qué subiera a ayudarle a recoger sus maletas.

    Subí rápidamente a su habitación, baje un par de maletas y volví a subir por las demás. Cuando entre a la habitación ella estaba agachada en su closet buscando zapatos para llevar al viaje.

    Se le asomaba una tanga hermosa.

    Debo decir que ella tiene un cuerpo espectacular, grandes caderas y unos senos medianos, es alta y de cabello rojo.

    No me pude resistir a mirar su tremendo culo y su tanga negra asomándose, no lo podía creer.

    Volteó y me dijo:

    -Juan sigues ahí, baja por favor todas las maletas

    -Si señora, ya me estoy apurando y la camioneta ya está lista.

    -Ya bajo, espérame en la camioneta.

    Salió muy rápido y nos fuimos a una casa que tiene en Tepoztlán.

    Todo el camino me estuve imaginando lo que sería tirarme a ese mujeron.

    Llegamos a la casa de tepoz y me encargue de bajar todo el equipaje, se instaló en su habitación y yo me puse a lavar la camioneta por si quería salir a comer.

    Salió como a las 6 de tarde y la lleve a un restaurante muy bonito y lujoso.

    Al regresar a la casa me dijo que iba a bañarse y a ver una película, me invito a ver la película con ella.

    Al escuchar la regadera me dio morbo y me asomé por la orilla de la puerta. No tuve suerte, solo se veía el cancel de la regadera.

    Cerro las llaves de la regadera y salí rápido y sin hacer ruido.

    Yo la espere en la sala para ver la película.

    Salió de su habitación y traía una camiseta blanca sin sostén y una licra bastante pegadita, se le marcaban los pezones y se me empezó a poner dura la tranca.

    Empezó la película y yo solo podía verla de reojo.

    Me dijo:

    -Estuvo muy cansado el viaje y me siento agotada

    -Si usted quiere puedo darle un masaje

    (Yo nada perdido)

    -De verdad harías eso por mi

    -Deje traigo la crema para que se relaje bien

    -Está bien

    Regrese con la crema y ella estaba sentada en un sillón individual, me coloque atrás de ella, unte mis manos con crema y comencé a darle masaje en su espalda, se sentía tan suave su piel.

    Recorrí sus hombros y ella empezó a hacer unos ruidos bastante ricos, se es a relajando, en eso tomo una de mis manos y la llevo por abajo de su blusa para que le acariciara los pechos.

    Ella dice:

    -Te gustan mis pechos

    -Claro que si

    -Te he visto que me ves el culo cada que estas cerca

    -No era mi intención, disculpe

    -A mi me gusta

    En eso me agache y empecé a pasar mi lengua por sus pechos.

    -A que rico lo haces Juan

    Se levantó y se acercó a mi. Me empezó a besar y a tocar mi bulto. Yo le empecé a sacar la licra y me aferre a sus nalgas.

    Me tomo de la cabeza y llevo a su vagina y empecé a chupársela como loco.

    Ella dice:

    -así Juan chúpame la concha

    -eres mi sueño cumplido

    Me levante y le metí mi pene en su vagina y empezó a moverse como loca. Gritaba y se movía muy rico.

    Así estuvimos unos 20 minutos hasta que me vine dentro de ella. Me levante y descansamos un rato.

    Luego me dijo:

    -por qué no te habías atrevido antes

    Se fue a bañar y yo me quede en la sala.

    Me gritó desde el baño.

    -No me acompañas!

    -Claro

    -pues apúrate y me ayudas a tallarme la espalda

    Me metí a la regadera y sentir su cuerpo pegado al mío me paro otra vez la verga. Me empezó a masturbar y luego se agachó a chuparme el palo.

    Así estuvimos un rato hasta que la levante y la puse en contra de la pared y le metí la verga en medio de sus nalgas. Me la cogí tan rico que me vine a chorros dentro ella otra vez.

    Salimos del baño y se acostó en su cama.

    Me dijo:

    -si tú quieres me vienes a buscar a mi cuarto en la mañana. Por ahorita ya estoy satisfecha y tengo sueño

    Continuará.

  • El castigo de Miriam

    El castigo de Miriam

    Este relato es para aquellas que les gusta ser sumisas.

    Ella estaba de rodillas en posición de obediencia con las manos atadas en su espalda. Pude ver que su saliva empezaba a salir lentamente mientras trataba de decir algo. Sin embargo, antes yo me había asegurado de que la bola de mordaza esté bien puesta de forma que solamente pudiera rogar por un orgasmo a través de sus intensas miradas.

    Ella se llama Miriam y es una amiga que conocí en mi trabajo anterior. Ella mide 1,50 cm. Su piel es blanca y es delgada. Tiene los senos de tamaño normal y una cintura tan pequeña que yo podía darle la vuelta con un solo brazo. Ella y yo nos llevábamos bien y con el tiempo empezamos a conversar sobre gustos y algunos secretos de los ex novios. Tuve mucho interés en ella puesto que siempre se vestía de negro y me encantaba los tatuajes de su pierna derecha, una súcubo con un azote. Con el tiempo nos dimos cuenta de que nuestros más oscuros deseos coincidían también: El amo y la sumisa. Pero además de eso, ella tenía un secreto más…

    Miriam, atractiva y delgada, quería liberarse de la mordaza de la boca mientras se me acercaba poco a poco arrastrándose en el piso. Al ver eso, me eché para atrás en el sofá y abrí mis piernas para que pueda ver lo duro que estaba mi pene en ese momento. Ella tenía unos brillos de lujuria en su mirada, de tal forma que casi me da lástima. Antes de compadecerla, recordé mi tatuaje de incubo, la cual tiene un azote con el nombre de ella representando que soy su amo. Eso me trajo de vuelta a mi papel de ser amo de una sumisa. Por fin, ella logró acercar a mis pies y pretendía de alzar la cabeza para ver mi pene cuando le jalé su largo y lacio cabello. Ví su carita de ángel con deseos de diabla al aproximar mis ojos a los de ella. Sus ojos marrones me revelaron que necesitaba saciar sus más profundos capricho.

    – Trate de llegar a mi usted misma. – Le dije.

    Mucho antes de ser amo de ella y ella mi sumisa, Miriam me contó que su fantasía sexual era ser humillada emocionalmente y ser castigada físicamente. No podía haber misericordia alguna en las intenciones de su amo. Si ella protestaba, ella tenía que ser castigada. A ella le encantaba ser amarrada de forma sutil para sentir las cuerdas sofocar cada centímetro de su blanca piel de seda, mientras los nudos tenían que invadir sus zonas erógenas para que se ponga muy excitada. A ella le encantaba mojarse con las vibraciones de sus juguetes mientras era inmovilizada voluntariamente.

    Miriam sigue moviendo su cadera y cuerpo para llegar a mí, pero parecía que le estaba costando mucho. Le tomé por los brazos y la subí al sofá poniéndola de cuatro con la cara mirando hacia abajo. El piso por donde ella se había arrastrado hay un pequeño río de líquido transparente cuando la levanté, y allí fue donde percato que ella de verdad se había aguantado una semana sin tocarse ni tener un orgasmo. Para felicitarla tomé la paleta negra de súcubo y le doy un golpe en cada nalga. A ella le gusta sentir los golpes arriba de la pierna, justamente entre sus pequeñas nalgas y sus delgadas piernas. Así mismo la dejo las nalgas sonrojadas.

    -Con qué no te gustó estas nalgadas. – Le digo con voz un poco más grave.

    -Mmm… Mmm… Mmm…- susurra moviendo sus nalgas hacía mi.

    -Así me gusta, zorrita. Al reconocer sus súplicas le di unas cuantas nalgadas con la paleta hasta dejarlas rojos.

    -Argg… Ahh…- Miriam responde con su voz de forma estimulada en cada nalgada.

    Sus labios vaginales están expuestos debajo de su calzón mojado. Tomo la paleta y empiezo a acariciar la superficie vagina por encima de su calzón. Miriam se sacude con ansiedad mientras su boca emite unos gemidos largos y constantes de placer. Sus gemidos no son agudos ni fuertes, pero son de tono gentil y estimulante. Como amo, esto es uno de los placeres que más me enciende y me pone a parar mi pene; pero ella no tiene que saberlo como esclava.

    Le tomo por los hombros por detrás y la pongo sentada en el sofá viendo hacia arriba con sus senos al aire y con los pies en el piso. Ella cierra sus piernas, pero mi reacción es rápida y pude poner la paleta entre sus piernas tocando justamente su clítoris ya bastante excitado. Presioné la paleta un poco más sobre ella y veo otra vez el líquido trasparente mojando la paleta. Alejo la paleta y veo cómo este líquido se cuelga en el aire. Ella me mira con vergüenza…

    – ¿Sientes vergüenza porque estás mojada y estás desnuda? – Le digo.

    -Mmm… Mmm… Seh. – Sale una voz suave y cortada a través del gagball mientras asiente con la cabeza.

    -Esto es bueno. Recuerdas la palabra de seguridad. ¿No? – Trato de confirmar.

    Ella asiente otra vez. Tomo el vibrador, que de pura casualidad es de color negro, y lo enciendo al primer nivel. Paso el vibrador por el seno derecho de ella y veo las vibraciones hacen que su pezón estuviera aún más parado. Ella mueve su diminuta cadera y gime con su angelical voz. Recorro su cuerpo con el vibrador encendido hasta llegar a unos centímetros de su clítoris. En ese instante apagué el vibrador y le veo a los ojos. Puedo ver la desesperación en los ojos de ella y cómo su pequeño cuerpo se movía encima del vibrador apagado. Al moverse tanto y tener el piso previamente bañado con el fluido de su vagina, ella se resbala del sofá y se cae sobre piso mojado. Veo a ella tan alterada con ganas de susurrar algo, le remuevo la mordaza de boca. Sus labios de la boca estaban mojados de saliva y su vagina húmeda de excitación.

    – ¿Quieres esto? – Le acerco mi pene a su boca estando de pie frente a ella.

    – Sí, amo. Quiero chupar tu gran pene con mi boca, lamerlo con mi lengua hasta que te vengas en mí. – Me contesta.

    – Entonces saque tu recompensa con tu boca – Le ordeno mientras le miro con autoridad.

    – Sí. – Responde con ansiedad.

    Al escuchar esto, le tomo el cabello y lo jalo fuertemente hacia atrás tirando su cara para que me mire desde abajo. Le pego una cachetada con fuerza adecuada y le recuerdo.

    – Se dice: “Sí amo”. – Le ordeno otra vez.

    – Sí amo. Merezco castigo por equivocarme. – Dice Miriam con voz tímida.

    – Así me gusta, mi pequeña zorra. – Le recuerdo su papel en esta relación.

    – Gracias, amo. Siempre seré su pequeña zor…. – Me responde obedientemente.

    No le dejo terminar y le acomodo el vibrador directamente sobre su clítoris sosteniéndolo con el calzón para que no se salga tan fácilmente. Ella me vuelve a ver con una pequeña mueca de alegría… Lo enciendo y ella empieza a gemir poco a poco. Aprovecho el momento y meto mi endurecido pene en la boca de ella sin piedad. Lo meto hasta lo más profundo de su boca sintiendo cada centímetro de su lengua y la entrada de su garganta. Ella lucha por gemir y respirar mientras usa su larga lengua, el pequeño secreto de ella que normalmente no le cuenta a nadie ni lo muestra en ningún momento, para saborear las venas de mi pene. El sonido del vibrador excitando el su vagina y mi pena entrando y saliendo constantemente de su boca. Ella mueve las manos para librarse. Siento la lengua de ella rodear la punta de mi pene y me lo sujeta…

    Un líquido caliente y blanco se sale y llena la boca de ella. Ella inmediatamente cierra la boca sobre mi pene y siento una intensa succión. Ella se había comido mi semen. Vuelvo a ver hacia abajo, y veo que debajo de ella hay un charco de fluido vaginal. Ella me mira con lujuria, otra vez… Tomé el collar de esclava con su nombre, se lo puse en su cuello gentilmente. Tomo la cadena que está sujeta al collar y le digo:

    . Vamos a seguir con el castigo. Ya que no le di permiso de venirse. – Le digo.

    – ¡Sí amo! Sus deseos son órdenes y hoy seré toda tuya. Hazlo que quiera conmigo. – Me responde mientras me sigue como una buena perrita con las mano y rodillas. Dejando rastro de excitación desde la sala hasta el cuarto…

    Veo el reloj y sonrío. Apenas son las siete y cuarenta y tres de la noche… Todavía nos queda toda la noche para castigarla…

  • ¿Existe el orgasmo anal?

    ¿Existe el orgasmo anal?

    En una de mis aventuras decidí llamar a una chica transexual y empecé la búsqueda por internet, había muchas chicas femeninas con rostros hermosos y piel impecable, tetas casi perfectas y cabellos estupendo pero ninguna tenía lo que yo estaba buscando porque esta vez quería un pene verdaderamente grande.

    Después de buscar y encontrar varias opciones me decidí por dos, una de ella era una morena clara con un gran pene bastante grueso y la otra era de piel mucho más oscura con rasgos faciales menos femeninos pero el cuerpo bien torneado, esta última no mostraba el pene en las fotos pero en las descripción decía que me día 26 cm (el más grande la página).

    Cuando llegué al hotel llamé a primera opción pero nunca me contestó por lo que tuve que llamar a la segunda chica, luego de media hora tocan a la puerta y al abrirla me encuentro una mujer negra altísima con tacones, falda corta y una blusa muy provocativa mostrando a plenitud sus pechos y sus piernas muy bien torneadas, olía muy rico y se veía muy aseada, confieso que dudé un poco al verla porque no era mi estilo y yo no nunca había estado con una transexual tan negra aunque era una de mis fantasías por cumplir, para completar no le había visto el juguete en las fotos.

    Ella llegó muy soberbia cobrando por adelantado y mirándome de arriba abajo como si la que estaba pagando era ella, yo pensé en ese momento que la mejor opción era devolverla porque no sentí que era lo que yo estaba buscando y no había química, yo me quedé callado mientras ella entró y colocó sus cosas en una silla y me dijo «para ver lo que tienes ahí» yo estaba ya desnudo porque me había bañado pero solo me tapaba una toalla la cual dejé caer para que ella me viera desnudo.

    «Date la vuelta» me dijo… quedé de espalda a ella y me dijo que no me volteara, pasó como un minuto cuando me pidió que abriera las piernas y me inclinara hacia la cama como para que ella pudiera ver me el culo y las bolas colgando, pues así me quedé y me repitió muy imperativamente que no me volteara.

    Empecé a escuchar que escupía y el movimiento como si ella se estuviera masturbando por lo que en algún momento mi curiosidad me obligó a voltear, efectivamente se estaba masturbando pero con las dos manos ya que era un pene extremadamente largo y pude constatarlo porque cerró sus dos manos envolviendo el pene y la cabeza sobresalía, de verdad era muy muy muy largo pero no tan grueso más bien normal, pues hice el movimiento para acercarme a ella ya que pensé en arrodillarme y tragarme esa anaconda grande y jugosa pero a insistió en que no me moviera de esa posición.

    Yo seguía ahí apoyado en la cama pero de pie con las piernas abiertas y ya me estaba cansando de esa posición además que estaba ansioso entonces le dije «me estás haciendo sufrir» y ella me contestó «el sufrimiento viene ahora», en ese mismo momento sentí que se levantó de la silla y se acercó agarrándome fuertemente las bolas y mordiéndome las nalgas duro, me dolía todo lo que me hacía porque era muy brusca de pronto su lengua estaba en mi culo dándome un placer increíble y lubricando el paso para lo que pronto estaría dentro de mi cuerpo, entre su lengua, los mordiscos, las nalgadas sumado al dolor de las bolas era una sensación muy bizarra pero excitante.

    Se colocó un condón y empezó a meterlo dentro de mi culo muy lentamente mientras yo sentía como iba deslizando todo su pene hacia dentro pero fue un trayecto muy largo y lento porque medía verdaderamente 26 centímetros y lo empujaba al paso de un caracol o una tortuga provocando mucha presión en mi culo, una vez que todo ese animal estaba dentro de mi lo dejó así un rato un rato sin generar movimiento alguno para luego sacarlo nuevamente a la misma velocidad causándome un placer indescriptible, cuando ya casi la cabeza salía y mi culo se cerraba volvía a empujar para repetir el ciclo.

    Amigos a ese ritmo me cogió por más de quince minutos, yo no aguantaba las piernas porque me temblaban y el culo ya lo tenía ardido e irritado aunque bien dilatado, yo quería y estaba más acostumbrado al sexo fuerte donde la adrenalina nos hace sudar y gritar hasta llegar al clímax, pero ella no procedía de esa manera, me hacía sufrir por ni acababa ni me hacía acabar a mi.

    Le pedí varias veces cambiar de posición pero no me dejaba hasta que en algún momento me trajo hacia ella quedando igualmente ella pegada detrás de mi sin sacarlo, dio unos pasos hacia atrás y se sentó en la silla y yo clavado encima de ella dándole la espalda, el dolor aumentó un poco porque el pene era tan largo que sentía que golpeaba algo dentro de mi, de igual manera no hubo movimientos sino quedé sentado con todo su pene dentro y ella con sus manos en mi cadera para que no subiera, nuevamente empezó con ese ritmo lento y profundo del cual me fui enamorando pero odiaba a la vez, ella me subía y me bajaba muy lento por un largo período de tiempo pero ya el culo lo sentía destrozado porque me ardía y me dolía, le dije «quiero acabar», pasó su mano delante de mi y agarró mis bolas muy fuerte que me hizo gritar y llorar, con la otra mano me sostenía mientras me dijo » si quieres acabar hazte la paja».

    Me costó mucho hacerme la paja porque tenía mis bolas apretadas con sus manos y esa estaca clavada dentro de mi, es una sensación muy difícil de describir cuando uno acaba con las bolas apretadas y un tronco clavado en el culo hasta lo más profundo de mi cuerpo, no sé si gemí grité y lloré al mismo tiempo pero más allá de botar mi leche creo que experimenté algo parecido a un orgasmo femenino porque mi cuerpo quedó tembloroso, aun así y luego de acabar ella no me dejó pararme y con su estaca metida se paró y estando de pie empezó a acelerar el paso de sus embestidas aunque no tan veloz, más bien de manera moderada pero fuerte y profundamente hasta que por fin explotó dentro de mí.

    Al sacarlo procedió a quitarse el condón el cual pude ver con una cantidad de leche espectacular, se fue al baño y me dijo “mira en el espejo como te quedó el culo”

    No tienen idea.

  • Le mostré fotos de mi esposa a un desconocido

    Le mostré fotos de mi esposa a un desconocido

    En esta ocasión les contaré algo que como en todos mi relatos son 100% reales. Siempre me han gustado las transparencias, lo voyeur y el exhibicionismo. Lo que busco es disfrutarlo con mi esposa, desquitar mi calentura con ella, lo demás solo son juegos que nos llevan a tener un gran tiempo de intimidad. Bueno, les contaré.

    Desde hace unos meses he tenido la inquietud de mostrar las fotos que tengo de mi esposa, una ocasión lo hice con un taxista, pero ese será otro relato, esta ocasión les contaré acerca de lo que me sucedió hace unos días. Cerca del metro Balderas en el centro de la Ciudad de México.

    Para mí es emocionante estar en las calles de la ciudad ya que he visto muchas cosas que me hacen calentar, en este día sucedió lo esperado, al ir en el metro y una chica con pantalón blanco transparentaba su tanga del mismo color, y una con un vestido que a pesar de que no era corto se notaba que traía tanga ya que se le metía de una manera muy rica entre las nalgas, sin dejar a un lado una chica que iba sentada con una blusa se le notaba el pezón desde donde yo estaba parado frente a ella.

    Para la mitad del camino yo ya iba cachondo al ver esas delicias, volteando a ver a mi alrededor vi que un chico pegado a la ventaba volteaba un poco su celular, pero el muy tonto dejaba ver todo por el reflejo de la ventana, no sé si los demás se dieron cuenta, pero yo vi que estaba enviándose fotitos con alguien, en esas fotitos alcancé a distinguir el cuerpo de una chica reluciendo las tetas a lo cual decidí acercarme para ver con más claridad, así fue poco a poco me acerqué discretamente y vi que el chavo estaba enviándose material con algún contacto fotos de él fotos de ella, y valla que era un buen cuerpo el de la chica, no alcanzaba a distinguir en su totalidad pero el chavo era evidente que estaba enviándose material prohibido.

    Cuando volteó a verme le sonreí dándole señal de que había visto un poco de lo que había enviado. Después siguió en lo suyo, ahí se me ocurrió sacar su celular y abrir mi galería secreta, me acerqué y busqué l manera de que solo el viera mi galería, claro son solamente fotos de mi esposa. El chavo se dio cuenta y vivo su mirada en mi teléfono pero me vio me sonrió, acento la cabeza y bajo del vagón.

    Esa situación me dejó con una sensación que solo había experimentado una vez con el taxista así es que se me metió a la idea mostrarle a alguien más mis fotos preferidas. Me dispuse a salir buscar pero me daba nervio así es que inicie con un plan, me acerqué con un chavo de al menos unos 26 años y después de una charla de 1 minuto le hice la propuesta. Ver las fotos de mi esposa.

    Pero se negó, después vi a otro chico esperando y me dispuse a ir con él, esta chavo era colombiano y me dijo que tenía apenas 3 meses en la ciudad y que se le hacía muy rara mi propuesta traté de convencerlo y le mostré mi galería con las fotitos minimizadas y me dijo que si quería, pero que entraría a trabajar y no quería perder su trabajo, lastima. Pensé que sería misión fallida hasta después de caminar por un rato, veía distintas opciones, pero buscaba chavos que al menos podrían gustarle a mi esposa pues sé cuáles son sus gustos y yo quería lograr mi cometido.

    Cerca del metro Balderas vi a un chico así es que después de verlo por unos minutos me dispuse a ir con él.

    Yo: qué tal amigo, buen día. Disculpa que te interrumpa, pero veo que estás aquí sentado dándote un relax y se me ocurrió hacerte un día diferente. Como te llamas?

    El: me llamo Juan, pero estoy esperando a mi novia y ya no tarda, disculpa amigo.

    Yo: ah no te preocupes Juan que la verdad podemos hacernos buenos amigos, cuantos años tienes?

    El: amigos, por qué? Tengo 18

    Yo: Perfecto Juan, pues amigos, porque creo que lo seremos, porque no te pediré nada solo quiero que tengas un buen día, así es que si vas a esperar a tu chica creo que podemos aprovechar este tiempo. Cómo se llama tu novia, cuantos llevas con ella?

    El: se llama Verónica y apenas llevamos 5 meses.

    Mientras hablábamos traté de ganarme su confianza y le hice la propuesta, solo tenía que ver los fotos de mi celular y ya, quería escuchar su opinión y listo. Él se daría un buen taco de ojo y podría pasarla bien con su novia, así es que el acepto.

    Saque mi celular y comencé a mostrarle las fotos de mi esposa, primero, fotos de ella y mías, en fiestas en reuniones etc., después, comencé a subir el tono mostrándole fotos y diciéndole a dónde habíamos ido ese día y que le mostraría fotos de lo que traía puesto por debajo, ese día en una fiesta de trabajo con un vestido negro de tela delgada y sin bra.

    Yo ya comenzaba a ver su cara de emoción y le mostré fotos de mi esposa acostada boca abajo en la cama sin brasserie, y con un calzón de encaje negro, el vestido ahí a un lado. Solo dijo – uuuf, no pues si- continúe con fotos donde estaba ella empinada con ese mismo calzón y otra en donde está totalmente desnuda mostrando su culo acostada boca abajo – no mames si esta buena tu esposa- seguí mostrándole una fotitos donde estaba con una microtanga de color rosa y ella tocándose mientras con la otra mano se agarraba una teta, Juan me decía que se le antojaba y veía cómo se acomodaba la verga mientras volteábamos constantemente para que nadie mas viera. Le mostré varías fotos y Juan ya estaba con la verga parada y yo también de la excitación que me causaba esa situación.

    Entre tanto que le mostré le mostré un videito donde mi esposa estaba masturbándose y gemía rico, donde le metía la verga muy lento y rico, y ella gemía. otro donde estaba con un vibrador rosa que le compré en 4 y me la cogia, ella gemía hasta que llegó al orgasmo y me corría en su espalda.

    Yo estaba viendo a Juan y se notaba que los ojos le brillaban. Después más de media hora de ver toda esa ricura en videos y en fotos llego Verónica la novia de Juan, y wow era una joven de 19 años con un pantalón de mezclilla de color azul claro, y una blusa negra que le hacía resaltar sus pechos, chaparrita y con una ara de niña buena. Sin más le pase a Juan mi correo, y nos dimos la mano. Juan le dijo a Verónica que era un compañero de la universidad y nos despedimos, en la noche me mando un correo agradeciéndome y seguimos en contacto.

    Yo regrese a casa con una sensación de excitación hasta que llegue a cogerme a mi esposa muy rico, pensando en la novia de Juan, wow algo en realidad mágico, y excitante.

    Comenten para relatarles la vez que hice lo mismo con un taxista.

    [email protected]

  • Primero me vendió sus calzones usados

    Primero me vendió sus calzones usados

    Todo empezó con un anuncio en el que publiqué en una página donde quería comprar ropa interior usada de mujer, pero específicamente en un estado al norte de México; luego de unos días recibí un mensaje de una mujer que me podría vender sus calzones y que además era de la misma ciudad que yo.

    La contacté por correo y le dije que tipo de prendas que me interesa comprar a lo cual respondió que, si tenía algo, le pedí algunas fotos de las prendas que tenía para yo elegir, pedí un bikini negro y le pedí que lo usara como mínimo 2 días para que la prenda tuviera más flujo y más olor a su sexo. Al tercer día me dijo que el calzón estaba listo y fijamos una hora por la tarde en el centro de la ciudad, específicamente a un lado de unas fuentes. Acordamos que ella llegaría en un carro blanco.

    Al fin la hora se dio y fui a esperarla al lugar y segundos después llego muy puntual a la cita, era la primera vez que la veía y no podía creerlo, era y es hermosa. Tenía el cabello suelto, largo y llevaba unos lentes, a mí se me hizo muy guapa. Me acerqué y le dije: eres “X” a lo que me contesto que sí. Saco una pequeña bolsa negra y me la entrego, saqué el dinero y se lo entregué, le dije muchas gracias y ella me contesto algo que me dijo frio, ella dijo: que lo disfrutes…

    Ya estaba yo nervioso y muy excitado y no veía la hora de llegar a mi casa para olerlos y masturbarme como loco, el camino se hizo eterno hasta que llegue, lo saque de la bolsa y el olor era riquísimo, no diré que tuve una erección en ese momento ya que la erección la tuve desde el momento que la vi. Ese die eyacule varias veces.

    La comunicación entre ella y yo seguía por correo, algunas veces más le compre sus prendas haciendo la misma dinámica: ella llegaba, nos saludábamos, me entregaba, le pagaba y se iba y siempre olían deliciosos y siempre terminaba masturbándome como loco varias veces hasta que el olor se iba, luego ya usaba la prenda sin olor para limpiar mi semen.

    Las fantasías con ella de protagonista eran cada vez más frecuentes, cuando soñaba con ella me despertaba solo para eyacular.

    Hasta que un día me decidí a preguntarle si podía tener algo más de ella, fue difícil porque podría enojarse a tal punto de ya no quererme vender sus calzones y obviamente ese no era el punto, pero mis fantasías con ella, su olor, lo hermosa que es me llevaron a finalmente preguntarle; luego de varios correos preguntándonos ¿cuándo seria y cómo?, nos pusimos de acuerdo para un vienes x de mes finalmente poder tener un encuentro más privado.

    El día llego, pero era aún temprano y tenía ganas de masturbarme, pero me contuve ya que el hecho de pensar en que la vería me excitaba mucho. La hora por fin llego y fui al estacionamiento donde nos citamos, unos minutos antes de llegar recibí un correo donde ella me escribía que ya había llegado y no lo podía creer, si estaba y cuando la vi me dejo asombrado. Llevaba puesta una blusa negra con un short color beige corto y unos zapatos tipo plataforma con el cabello suelto, labial y sus lentes de armazón, se veía hermosa.

    Aun yo ya dentro del carro no podía creerlo, toqué su pierna y por fin pude sentir su piel, es tan suave me dije. Minutos después llegamos al motel y pensaba ¡que no se arrepienta! porque si me la quiero coger, hablamos un poco durante el trayecto y básicamente cosas del clima y el trabajo, yo me decía que vos tan sensual tiene.

    Ya adentro del motel nos recostamos y le pregunte si estaba nerviosa y me contesto que un poco, ella me pregunto lo mismo y dije que si igual un poco, pero la realidad era otra cosa, yo casi me infarto de los nervios, por fin podría estar con ella.

    Le pregunté si podíamos empezar ya, ella dijo que sí. Me quite rápido mi ropa y me acerque a besarla, pero lo hice de una manera muy torpe, quite su short y su blusa; ella llevaba puesto un bikini negro con un brasier negro con detalles color beige, casi eyaculo de solo ver esa imagen porque se veía muy sexy. Ella se quita su brasier y a finalmente pude ver sus pechos, son grandes, muy suaves y con unos pezones claros tan bonitos y ricos de lamer que no pude evitar besarlos.

    Se acostó, separe sus piernas y retire su bikini, pude ver su vagina perfectamente depilada y empecé a lamerla; el olor y el sabor eran riquísimos, pase mi lengua por sus labios, lamí su clítoris y yo podía sentir como se mojaba cada vez más y más. Metí mi lengua a su vagina y fue en ese momento que ella con sus manos tomo mi cabeza y seguí lamiendo por más tiempo.

    Yo necesitaba más así que acerque mi pene a su boca con cierta timidez ya que no sabía en ese momento si no le gustaba el sexo oral pero ella tomo mi pene con su mano y lo metió a su boca, lo hacía de una manera increíble, no lo puedo narrar de lo bien que lo hacía pero la posición luego de un rato me provoco algo de dolor por lo cual le dije que hiciéramos un 69 ya que yo necesitaba su boca en mi pene y al mismo tiempo su vagina en mi boca y así nos acomodamos un buen rato y confieso que estuve a punto de terminar en su boca ya que ha sido el mejor sexo oral que me han hecho en la vida pero saque fuerzas no sé de dónde para no hacerlo ya que pensé que podría arruinar el momento y de verdad yo si quería que ella la pasara bien y lo disfrutara como yo.

    Mi excitación era tal que yo ya quería penetrarla por lo cual le pregunte si ya podía, ella dijo que sí, me puse un condón, se acostó boca arriba y la penetre despacio y empecé a moverme. Y veía como sus pechos se movían y yo los tocaba y besaba, pero ponía más atención a sus pezones que son una maravilla, se sentían muy bien en mi boca. Nos besamos y bese su cuello, luego sus pechos, etc. Empecé a sentir las ganas de eyacular, pero aguanté y pedí cambiar de posición, elle se puso encima de mí y sus movimientos eran increíbles, subía y bajada, hacia círculos y yo tocaba sus tetas que repito son muy grandes, muy suaves y se movían al ritmo de ella.

    Yo sabía que no aguantaría más la eyaculación, pero en ese momento recordé un correo donde ella me decía que podía terminar en sus nalgas o en sus pechos y jamás iba yo dejar esa oportunidad de descargar toda la leche en sus tetas y así fue, me puse encima de ella y empecé a masturbarme hasta que los chorros leche blanca y caliente empezaron a salir. Estuve por unos segundos tratando de recobrar la respiración y quitarme de encima de ella. Me levanté y le dije: voy por papel para limpiarte. Ella de la manera más sexy y sensual con sus dos manos embarro todo mi semen en sus tetas, yo al ver esa imagen casi me vengo otra vez, pero nos metimos a bañar juntos y también fue un momento muy especial ya que enjabone su cuerpo y nos enjuagamos juntos, nos secamos y se vistió no sin antes dejarme los calzones que llevaba puestos.

    Luego de eso nos mandábamos correos, pero no nos volvimos a ver hasta unos años después que la vida nos reencontró y actualmente seguimos platicando y yo obviamente fantaseo más con volver a verla y cada vez que pienso en ella termino eyaculando pensando que es alguna parte de su cuerpo, su cara o su boca.

    Continuará.

  • 0. Prólogo

    0. Prólogo

    Así, sin presentación y en frío…. Comenzamos:

    Me gusta escribir… y creo que se me da bien. En etapas anteriores de mi vida escribí relatos, y tuvieron una aceptación aceptable…. (¿Es una cacofonía?… puede ser, pero prefiero dejarlo como pequeña muletilla humorística).

    Siempre he tenido una pequeña espinita clavada, me hubiese gustado escribir de una forma un poco más seria. Pasar de los relatos a algo más tocho… con más contenido. “Novela” se me hace un concepto demasiado serio, demasiado lejano. Pero, ¿por qué no?

    Los motivos que me han impedido embarcarme en semejante aventura han sido los más típicos y estandarizados… falta de tiempo, de ganas, miedo a hastiarte en mitad del camino y que todo lo recorrido quede en nada…

    Pero llega un día en el que por un motivo indeterminado, por un “sujétame el cubata”… te lías la manta a la cabeza, te armas de valor…y de una forma muy conservadora buscas alternativas que de alguna manera sacien ese ánimo “escritoriano” (sí… a veces me invento palabras) sin ese compromiso tan “acobardante” y “echapatrasero”.

    Y así llegamos hasta este momento. Este preciso instante en el que yo estoy escribiendo y tú estás leyendo (hagamos un puente temporal en el que esa distancia desaparece). Si tú quieres, porque por mí es evidente que adelante, podemos empezar una aventura… un juego… no sé ni cómo llamarlo.

    Te acuerdas de aquellos libros de portada roja de la serie “elije tu propia aventura…”, no sé si de chaval llegué a leer alguno… pero la idea me parecía fascinante. Por suerte para nosotros, los adelantos tecnológicos han propiciado que este tipo de movidas tochas puedan ser más interactivas. Y esa es mi idea…

    Antes de todo, hablemos un poco del contexto. Porque el contexto es importantísimo en todo. Lo primero, ahora mismo me estoy bebiendo una cerveza y pienso beberme las que sean precisas mientras esté frente a las teclas. No hay límites… ni en una cosa ni en la otra (ya nos entendemos).

    Se supone que esta va a ser una historia de y para mayores de edad. Desconozco completamente por dónde naufragarán los derroteros de lo que escribamos entre tú y yo, y me gusta que no haya límites ni restricciones. Siempre intentando respetar el buen gusto, y teniendo claro que mis libertades terminan justo donde empiezan las tuyas (trataremos de no resultar ofensivos).

    Y poco más creo que deba añadir. Al menos este prólogo lo voy a publicar sin pulir demasiado. Siempre he pensado que “lo mejor es el peor enemigo de lo bueno”, y que muchas veces, grandes obras se han quedado en el tintero buscando mejorarlas, cuando ya de por sí eran total y absolutamente disfrutables… sin limitarnos al término literario, sino en lo más genérico que puedas imaginar.

    De modo que hasta aquí este prólogo. No hay ningún compromiso de momento, ni por tu parte ni por la mía. Según vayamos desarrollando nuestra historia veremos si nos enganchamos. Sólo espero que sea divertido, apasionante, motivante… y que sea una vía de escape… Disfrutemos como perros.

    En la que se me ocurre cómo empezar este “elige tu aventura, pero para mayores de edad” dejo un breve espacio período de tiempo, por si se te ocurre alguna idea que podamos desarrollar juntos.

    Gracias por leer.

  • El juego de la conquista

    El juego de la conquista

    Ella caminaba exultante por la elegante Av. Santa Fe y Maipú, su vestido blanco, casi ajustado, con atinado escote y un largo perfecto dejando lucir sus perfectas piernas.

    Las miradas eran todas para ella, una diosa deslizándose por Buenos Aires, hasta la observación de unos sacerdotes no pudieron evitar sorprenderse y caer en pecado ante tanta belleza.

    Al ingresar a Plaza San Martín un caballero giró su cabeza, le regalo la más bella y sugerente contemplación, como un águila en busca de su presa.

    Ella seguía con su paso calmo que permitió que el hombre se pusiera a la par. Una frase ardiente salió de las fauces del cazador. Ella le regalo su mejor sonrisa erótica. Ambos se dirigieron a una cafetería muy elegante, toman asiento en una mesa bastante alejada del mundanal ruido de voces, risas y del ruido de la loza.

    Un diálogo comienza entre ellos, las pulsaciones aumentan, la piel de ella se eriza de tal modo que viaja a los ojos del caballero. La conversación de alto voltaje, la sensualidad cruza el umbral hacia toda fantasía sexual, irreverente, desafiante y llena de adrenalina.

    El mira su escote y ella con habilidad desprende dos botones del mismo acompañando con sus dedos un pequeño y sutil toque para elevar su falda junto a una mirada llena de sedienta excitación. Vamos dijo ella, vamos replicó él, la fiesta nos espera y será única.

    En el automóvil no faltaron los besos ardientes y las libres manos en la arquitectura de ambos cuerpos.

    De pronto, una pausa necesaria, la pregunta de ella, ¿Qué hora es? Él la mira y responde son 14:33. Perfecto, respondió ella, es el momento de liberar nuestros más locos impulsos y deseos, tenemos tiempo hasta las diez de la noche que nuestros hijos vuelven de la fiesta del club.

  • La polla de Tomás

    La polla de Tomás

    Tomas es un joven “especial” por así decirlo, diferente a los demás jóvenes de su edad (18). Tiene pocos amigos y sus amistades lo miran y tratan siempre “diferente” a como lo hacen con los demás jóvenes de la universidad.

    Tomás no participa en ningún grupo, ni de teatro, ni de deporte, ni de ocio, de los que hay en la uni y en su vivir solitario tampoco sale con amigos o amigas de fiestas ni jolgorios. Encerrado después de las clases en su casa, mata las horas estudiando, leyendo, en el gimnasio que tiene instalado en el sótano de la casa y fumando marihuana que él mismo con permiso de sus padres, también consumidores habituales, cultiva cada año en el jardín de su casa. Sus padres a diferencia de él, son un matrimonio muy abierto a las amistades, a salir a cenar con amigos, a bailar y se apuntan a cualquier evento que se organiza en el pueblo donde viven.

    En su mundo solitario Tomás es un joven feliz, él vive y obra según su conciencia y criterio y bien poco caso le hace a las peticiones principalmente de su madre, que insiste a que salga de fiesta con los amigos, que los traiga a casa a la piscina en verano, a celebrar su cumpleaños etc. A su madre le gustaría verlo con novia y que hiciera una vida normal como hacen los chicos de su edad. Pero Tomás encerrado en su mundo no le hace ni puto caso y continua a su bola sin preocuparle las críticas y recriminaciones que pueda recibir, le es totalmente indiferente la opinión que sus padres y la gente puedan tener de él.

    Tomás es un apasionado lector, principalmente de novelistas eróticos y censurados por la sociedad puritana y conservadora. Apasionado lector de novelistas como Anaïs Nin, Henry Miller, Pierre Louÿs, etc… a los que venera como grandes prodigios de la literatura. Estos escritores llenan su ocio y sus novelas alimentan su imaginación para satisfacer sus deseos sexuales con masturbaciones donde recrea en sus imaginarios hechos, pasajes y aventuras vividas en las novelas.

    La familia de Tomás tiene una situación económica acomodada, su padre es un empresario textil que bajo una marca propia y reconocida exporta ropa a todo el mundo. Su madre es abogada, pero no ejerce, solo asesora a su marido en los asuntos que requiere la empresa familiar. Tomás es el único hijo del matrimonio y sus padres están orgullosos que el mundo empresarial su hijo lo vea como su futuro. Tomás da sus opiniones al padre sobre diseños de ropa, de tendencias de moda, incluso se atreve a proponerle análisis de mercados, visita con el padre regularmente la fábrica donde producen la ropa y él lo muestra y presume orgulloso ante sus empleados, al que ya consideran como el futuro sucesor en la dirección de la empresa donde trabajan. Lo tratan ya de usted aunque sea un joven estudiante y lo pelotean y halagan. A Tomás esta situación de ser “superior” le sienta indiferente, él se limita siempre en ir a su bola y pasa de que los halagos y peloteos varíen su actitud y lo hagan sentir diferente y superior.

    Tomás es de complexión atlética y heredó de su madre la belleza. Tiene multitud de chicas siempre a su alrededor que en vano intentan conquistarlo o simplemente amistar con él. Su mundo solitario es motivo de mucho cotilleo en la uni y teniendo rasgos como tiene de hermosura fémina, hace que muchos y muchas lo consideren un “homosexual sin salir del armario”. Justifican el desdén que tiene hacia ellas y ellos pensando que es maricón. Tomás muy lejos de esta orientación sexual, pasa olímpicamente de los criterios y opiniones que tienen hacia él sus compañeros.

    Un día llegó su madre muy agitada, nerviosa y alterada a casa. Durante la comida contó en la mesa lo que para ella era una desgracia ocurrida a una íntima amiga suya. Resultó que Carmen, su amiga, pillo a su marido poniéndole los cuernos con su secretaria, mucho más joven. Más grave fue que pudo conocer y comprobar que ya llevaba tiempo Raúl, el marido de Carmen, enrollándose con la secretaria, y que era ya algo más que un rollete sexual y que entre ellos ya había una afinidad y proyectos de futuro como pareja.

    Estaba la madre soltando todo este culebrón en la mesa mientras comían y Tomás parecía que escuchaba indiferente los pormenores ocurridos, pero estaba atento a todas las explicaciones que su madre daba, no en vano Carmen era una mujer que alimentaba al igual que sus novelistas sus fantasías sexuales cuando se masturbaba.

    Carmen era una casi cincuentona señora con un cuerpazo de metro setenta donde sus tetas y gran culo resaltaban sobre su figura. No exageradamente guapa, sus grandes labios y sus felinos ojos le daban un aire erótico de puta pija madura. El matrimonio no tenía hijos y vivían en una gran casa con los padres ancianos del marido, a la vez propietarios de la casa.

    Ángela, la madre de Tomás comento que Carmen le había pedido si podía trasladarse a vivir una temporada con ellos a su casa, mientras arreglaba los papeles del divorcio, caso que asesoraría su madre como abogada, y que ella había aceptado y esperaba que su marido también aceptara en acogerla mientras todo esto durara. La casa es suficientemente grande como para que su presencia no alterara la convivencia familiar. Al padre de Tomás no le hizo mucha gracia la petición, aunque la aceptó, sabiendo lo amigas que eran ambas. Además al estar juntas podrían preparar bien el divorcio donde ella quería sacar una buena tajada económica.

    Tomás no hizo comentario alguno y al ser preguntado que le parecía, él se limitó a comentar que solo esperaba no se inmiscuyera en su vida y sus cosas. Eso provocó una sonrisa de su madre que lo tranquilizó diciéndole que estuviera tranquilo que esto no ocurriría. Así terminó la comida y como cada día después de la misma Tomás se retiró a su habitación a sus cosas. Intentó leer un poco pero rápidamente le vino a la mente Carmen. Recordó una vez que en la piscina de su casa ella y su madre comentando ajenas a su presencia, como les sentaba el biquini que lucían y se mostraron los pechos haciéndose observaciones una a la otra de los mismos. A Tomás la imagen de ver los pechos de Carmen le provocó una gran erección y ahora recordando el momento la polla se le puso como un mástil. Dejó el libro que había empezado a leer “Opus Pistorum” de Miller y se concentró en masturbarse a la salud de los pechos de Carmen, imaginando que los sobaba, chupaba y estrujaba dando paso a un polvo donde ella se subía encima de su polla cabalgándola frenéticamente hasta correrse. Cuando termino la paja fue al cuarto de baño a limpiarse, la cantidad expulsada de leche le dejo todo el cuerpo pringado. Ante el espejo de cuerpo entero admiró su trabajada figura de gimnasio y su sexo. Blandía ante el su polla orgulloso del gran tamaño que sabía que tenía por su edad, mucho más grande incluso que la mayoría de adultos. Esto le excitó de nuevo y empezó otra masturbación frente al espejo donde imágenes mil pasearon por su mente lujuriosa hasta correrse de nuevo soltando otro gran chorro de leche que pringó el espejo donde se reflejaba. Después de darse una ducha y limpiar todos los restos de semen de su cama y del espejo, se lio un canuto de marihuana y se quedó adormilado y descansando en su cama. Hoy era viernes y como cada viernes por la tarde acompañaba a su padre a la fábrica.

    Pasaban ya las cinco de la tarde del viernes cuando su padre le dio el toque. Tomás mañana no tenía clase y como casi todos los viernes a esta hora acompañaba a su padre a la fábrica, donde este impartía las ultimas órdenes y cerraba la semana laboral. Mientras su padre se reunió con los encargados de las secciones en su despacho, él se fue a dar una vuelta por los talleres de producción. Le gustaba ver al personal trabajar y observar el funcionamiento de las maquinas que tejían, o doblaban la ropa. Miraba y observaba modelos, colores y textura de las prendas que fabricaba la empresa de su padre con mucha atención, a él esto le encantaba. Iba recorriendo la fábrica ajeno a las miradas de los empleados y aunque siempre cortés devolviendo los saludos de los mismos por donde andaba, pasaba de cualquier otra atención que no fuera su interés por la producción de las máquinas.

    Haciendo este recorrido le entraron ganas de mear y se dirigió a los lavabos más cercanos que había. Eran unos lavabos comunes y secundarios que tenían a disposición los empleados de aquella zona, la mayoría mujeres trabajadoras que estaban en la cadena de plegado de las prendas. Cuando entro en el lavabo le agradó comprobar la limpieza del mismo, estaba impecablemente limpio, seguro el equipo de limpieza al ser viernes lo había dejado ya limpio y dispuesto para la nueva semana laboral. Esto le causó satisfacción y pensó que en la fábrica había un buen equipo de limpieza. Se dirigió a unos de los wáteres y se sacó la polla para mear cuando escucho las voces de dos mujeres que habían entrado en el lavabo. Entre ellas mantenían una conversación amistosa, hablaban y comentaban precisamente acerca de él.

    -¿Has visto a Tomás el hijo del jefe? Le dijo una a la otra.

    – Si, se ha paseado por la fábrica y ha pasado por mi lugar de trabajo. ¡¡Que guapo que es el muchacho!!

    – Mucho, cuando sea mayor, será un don Juan, porque además de guapo, el cuerpo que luce y el dinero que tiene no le faltaran pretendientes.

    Se reían entre ellas comentando los portentos del muchacho

    – Lástima que sea maricón

    – ¿Estas segura que es maricón?

    – Eso dice mi hija que estudia en su universidad y es lo que los chicos dicen. Aunque se ve que es tan cerrado y solitario que no sale con ningún compañero, es un poco misterioso.

    – Pués vaya que decepción para las chicas de su edad, no poderle hincar el diente a semejante bombón.

    Comentaban ese cotilleo mientras el escuchaba atento la conversación de las dos empleadas con suma atención. Demoró en salir del habitáculo donde meó hasta que le pareció que las empleadas habían abandonado el lavabo. Cuando salió, se encontró con la sorpresa que permanecía en el mismo mirándose en el espejo una de ellas. La empleada al verlo salir del lavabo y estar segura de que había escuchado la conversación de ambas se quedó paralizada, su rostro palideció y enrojeció de golpe, parecía un semáforo cambiando de color. La mujer estaba que hubiera preferido que la tierra se la hubiera tragado en aquel momento. No se atrevió a decir palabra, simplemente intentó apartar sus ojos de la mirada tranquila y segura de Tomás. Este, impasible, abrió la puerta del lavabo de donde había salido y con una voz suave, segura e imperativa le dijo – Entra. La mujer incapaz de reaccionar, como una autómata se limitó a cumplir la orden del hijo del jefe y entro en el lavabo donde Tomás había meado.

    La mujer era una cuarentona posiblemente, sin ningún aparente atractivo. Envuelta en su bata de trabajo no se le percibía ninguna forma física de su cuerpo. Morena, mas bien fea y algo entrada en kilos y años no era para nada un atractivo sexual.

    – Siéntate en la taza del váter. Ordenó Tomas a la mujer.

    La mujer aún en un estado de choc incapaz de reaccionar a otra cosa que no fueran las ordenes de Tomás, se sentó en la taza del váter. Tomás se sacó ante los ojos de la atónita mujer la polla y los huevos. Esta quedó petrificada al verla, en su vida había visto al natural una polla de aquellas dimensiones que a pesar de estar solo morcillona ya era superior a lo que la mujer había visto jamás.

    – Chupamela. La voz tranquila, segura y autoritaria del muchacho hizo que esta sin mas empezara a metérsela en la boca.

    La polla de Tomás empezó a crecer dentro de la boca de la mujer, llegando a una dimensión que apenas le cabía dentro de la misma ni la mitad de ella y haciendo un esfuerzo enorme ya que el grosor de la polla le tenía la boca abierta como nunca jamás la había tenido, empezó a chuparsela. La mujer iba disfrutando de la mamada, Tomás lo percibió y se dio cuenta al ver como se sacaba y metía con delirio la polla de la boca, la lamia y relamía en toda su longitud, besando y chupando también sus enormes huevos. En un estado de calentura total, la mujer se desabrocho la bata de trabajo, se sacó las tetas y empezó a acariciarse el coño. Tomás observó las tetas de la mujer y no le disgustaron, no eran muy grandes pero redondas y con un pezón largo que salía de una aureola rosada perfecta. Se sorprendió cuando le agarró las tetas comprobar que eran duras y firmes, para nada caídas y blandas. Tomás le masajeaba las tetas mientras ella estaba concentrada en mamar aquella gran polla y a darle con sus dedos a su coño y clítoris. Al poco tiempo Tomás le avisó que se iba a correr y ella lejos de apartarse o sacar la polla de su boca, mas pasión le puso a la mamada. Se corrieron los dos a la vez, se oyó el chapoteo del coño de la mujer soltando líquidos vaginales a la par que Tomás empezó a descargar dentro de su boca tal cantidad de leche que no le daba tiempo a tragársela y se le salía por la nariz y la comisura de los labios cayendo sobre sus tetas. Cuando se hubo corrido Tomás saco la polla de su boca, la sacudió pringando la cara de la mujer con los restos de su corrida y le dijo que se la limpiara. Ella, sonriente con una felicidad extraña ahora, empezó a relamérla, besarla, saborearla hasta dejarla sin restos de semen. Se quedó mirando el trabajo bien hecho que le había realizado a la polla del muchacho y sorprendida que aún se mantuviera tiesa como un mástil aún después de haberse corrido. Sin mediar palabra Tomás se guardó la polla dentro del calzoncillo, se abrocho el pantalón y se dispuso a marchar. Antes de irse, la miró, ella aún sentada en el inodoro con las piernas abiertas y sus tetas fuera y le dijo: – No soy Maricón.

    De regreso a la oficina, su padre ya había terminado la reunión y se unió a el.

    – Hola Tomás, entra. ¿Qué tal el paseo por la fábrica? ¿Cómo ha ido la vuelta?

    – Bien papa, me gustaría destacar y felicitarte por el equipo que tienes de limpieza, mantienen la fábrica muy limpia, he usado uno de los servicios y esta impecablemente limpio.

    – Como tiene que ser Tomás, las buenas condiciones higiénicas son un beneficio para mí y para los empleados sobretodo.

    Al padre de Tomás le gustaban las observaciones de su hijo, eran esos detalles que le llenaban de orgullo al ver el compromiso que iba adquiriendo con la fábrica. Debido a la hora que era, le pregunto si le apetecía ir a cenar con él en el lugar donde él eligiera. A Tomás le pareció perfecta la idea, le gustaba la compañía de su padre, además de admirarlo y ser su padre, en su vida de solitario también hacia las funciones de mejor amigo. Decidió que lo llevara a un asador que ya conocían donde los chuletones de buey al carbón eran un típico del lugar.

    Su padre reservó mesa en el restaurante y envió un mensaje a la madre notificando que no irían a cenar, que cenarían fuera y llegarían un poco tarde, que no les esperara.

    Padre e hijo se dirigieron hacia el restaurante en armonía y una gran conexión. Aunque Tomás no bebía alcohol habitualmente, cuando salía con sus padres a comer fuera o en celebraciones especiales si le gustaba de saborear un buen vino. Su padre entendido y amante de los buenos caldos, le había trasmitido el conocimiento acerca de los vinos, su cata, calidad, añada, por lo que para la materia era un buen entendido. Eligieron un reserva del Priorat, una zona donde se producen muchos vinos considerados de alta expresión. Comieron a gusto, comentaron y hablaron sobre la vida, de las banalidades del mundo, comentaron también la recién noticia de la separación de Carmen y la situación en la que se encontró y se rieron cuando ambos comentaron que muy buena debe de estar la secretaria de Raul para cambiarla por Carmen con lo buena que está.

    – Y pensar que la tendremos deambulando una temporada por casa , jajajaja

    – Cuidado no te pille mama, intentando ligártela, que te la corta, jajajaja

    Ambos hacían alusiones a la situación y se rieron y divirtieron con el imaginario sexual en los comentarios y con el efecto que el vino iba haciendo en sus cuerpos las risas y la felicidad eran plenas.

    Sonó el teléfono y su padre comentó. Tu madre.

    – Dime Ángela, cariño

    – Nada, que Carmen ya está en casa, he ido a buscarla a ella y algunas de sus cosas, las hemos ordenado en su habitación, la he alojado en el cuarto del ala izquierda de la casa. Ya hemos cenado y te esperare en la habitación, ya que estamos un poco cansadas del ajetreo y nos retiramos ya a dormir ¿A vosotros como os va? ¿Aun estáis cenando?

    – Si cariño, la cena se nos hace entretenida y larga aquí charlando con tu hijo, pero ya no demoramos mucho en ir para casa. Nos vemos corazón bonito.

    – Hasta ahora Eduardo. Te quiero.

    Ángela la madre de Tomás estaba ciegamente enamorada de Eduardo, su padre. Se hicieron novios en la universidad, él estudió económicas y ella derecho y desde entonces siempre juntos y en buena armonía. Eduardo era un follador nato en la cama, Ángela de sangre caliente tenía a un toro bravo como marido y lo amaba y celaba con locura.

    Terminaron de cenar y se dirigieron a la casa. Cuando entraron ambos percibieron un suave olor diferente al habitual en la casa, no era ofensivo, pero si un olor diferente. Era agradable.

    – ¿No hueles diferente Tomás?

    – Pués si, ya que lo dices es verdad, es un olor diferente y agradable, muy sensual.

    – Tomás, Es el olor del coño de Angela jajajaja

    – Jajajajaja, estás loco papa. Jajajaja

    El comentario provoco la risa de ambos, que afectados por el vino dieron rienda a un descojone de carcajadas. La escandalera alertó a la madre que asomó por la escalera a ver que pasaba. Al verlos en este estado riendo, ella se puso feliz y les acompaño en las risas sin saber el motivo, por lo que ellos sorprendidos se miraron y mas rieron. Era el cuadro de una familia feliz.

    Padre e hijo se dirigieron cada uno a su habitación, no sin antes darse un abrazo y un beso de buenas noches. Tomás entró en la habitación, se desnudó y se dio un refrescón bajo la ducha. Hacía calor y se vio tentado a bajar al jardín y meterse en la piscina, tampoco era una hora muy entrada en la noche y pensó que además le iría bien para asentar bien dentro de su cuerpo la comilona y el vino de la cena. Se lió un porro de marihuana, cogió una toalla y asi tal y como estaba en pelotas, bajó a la piscina.

    Había paz. La iluminación del lugar era tenue, unas luces en los laterales interiores de la piscina y una farola debajo de la pérgola eran la única luz del lugar. Cuando se tiró de cabeza al agua un agradable sensación de alivio y frescor cruzó su cuerpo. Estuvo nadando por unos cinco minutos, nadaba suave, a ritmo lento, variando de estilos de natación, percibía en cada brazada el pendular de su polla en el agua, chocando con sus vaivenes en su cuerpo. Esa sensación que causaba su polla moviéndose dentro del agua le agradaba y la polla a la vez se le iba poniendo morcillona. Al salir del agua pudo comprobar como la sombra sobre el agua de su semi empalmado miembro se multiplicaba por diez su tamaño. Le hizo gracia y se entretuvo un momento jugando a blandir la polla de un lado a otro y observar las formas de la sombra que proyectaba sobre el agua.

    Esta sombra y el espectáculo relajante del muchacho en la piscina jugando con la sombra de su polla era lo que desde la ventana de la habitación observaba Carmen. Con insomnio seguramente causado por todo el trajín del día Carmen estaba despierta y absorta mirando por la ventana cuando Tomás bajo a la piscina. Carmen estaba admirada y sorprendida a la vez de ver el tamaño de la polla de Tomás. En sus adentros pensó en lo afortunado que era el muchacho que además de ser guapo y tener un buen físico, tenía una polla fuera de lo común, y más por su edad. Le predijo un buen futuro al muchacho.

    Tomás se tumbó sobre una especie de camastro balines debajo de la pérgola y encendió su canuto de marihuana. Tomás no era fumador, no fumaba tabaco, solo fumaba y en horas de relax y en casa algún canutillo de marihuana que él y su padre plantaban cada año en el jardín. Relajado, haciendo suavemente la digestión de la cena y gozando de los últimos toques felices del vino Tomás estaba en la gloria. Esta paz solo la interrumpía su polla, que muy lentamente Tomás notaba como iba creciendo y se iba empinando. Llego un momento que al expulsar el humo de una de sus caladas vio delante de sus ojos detrás de la bocanada de humo expulsado su polla ya totalmente erecta, derecha, apuntando al cielo. Las venas que descendían de su tronco palpitaban solas, el bombeo de sangre en la polla era cada vez más intenso.

    A pesar de que Tomás estaba debajo de la pergola, desde la ventana Carmen podía observar toda la escena por la visión que le daba al lateral de la pérgola. Carmen estaba atónita ante el espectáculo de la polla de Tomás e involuntariamente o no, empezó a mojarse. Su coño iba lubricando y una de sus manos instintivamente había empezado a masajear su clítoris. Con los dedos se pellizcaba y acariciaba su botón de placer y se metía y sacaba los dedos del coño. Con la otra mano acariciaba sus tetas, se las masajeaba suave, pellizcando de vez en cuando sus pezones. Vaya, que se estaba masturbando viendo el espectáculo de la polla de Tomás.

    Tomás observaba con extraña tranquilidad su polla tiesa, majestuosa, larga, gorda, grande, mientras apuraba el porro que se estaba fumando. Antes de terminar con la última calada, agarró el tallo de su polla con la mano y empezó a subirla y bajarla por toda la largura de su tallo. Más que una masturbación, era una caricia, un suave masaje a su miembro. En su cabeza rondaba la imagen de Carmen, pronto su imaginación la trajo frente a él, de rodillas comiéndole los huevos y lamiendo y chupando el ojete de su culo. En su imaginario, Carmen desnuda y arrodillada entre sus piernas obedecía las órdenes que él le daba. Pasó de masajear y acariciar su polla a jalarla con más ímpetu y rapidez, haciéndose ya toda una señora paja a la salud de Carmen. Pensar que a esta mujer la tenía ahora en casa, bajo su techo, más morbo le entro.

    Carmen ajena a saber que ella era la protagonista y beneficiaria de la paja que se estaba haciendo Tomás le seguía dando dedos a su coño. Carmen era una mujer caliente y llevaba ya una temporada que el marido poco sexo le daba. Se estaba masturbando imaginando tener entre sus brazos al muchacho y entre sus piernas la polla del mismo. Cuando se corrió, cerró los ojos y suspiro largamente, goteando hacia el suelo los flujos de su corrida. Dirigió sus dedos pringados del líquido vaginal a su boca y los relamió con dulzura apasionada. Cuando levanto la vista para mirar a Tomás, vio con sorpresa que ya no se encontraba en el lugar. Miró todos los alrededores del jardín y no lo vio. Pensó que el muchacho se había ido ya a su habitación. Ella continuaba con insomnio aunque ahora después de la paja que se había hecho más relajada. Decidió con la confianza que tenía con la dueña de la casa, bajar a la cocina a prepararse una infusión de valeriana que le sirviera de somnífero.

    En un momento durante la paja que Tomas se estaba haciendo, vio en el perfil de su mirada un movimiento reflejado en el cristal de la ventana de la habitación de los huéspedes, donde se alojaba Carmen. Fue entonces cuando se percató que en esta habitación su madre había alojado a Carmen y que probablemente esta le estaba espiando mientras se masturbaba. Aunque no le importó mucho la situación si le produjo un morbo tal que la excitación de sentirse observado por la que era protagonista de su paja hizo que se corriera al momento. Limpió los restos de la corrida de su cuerpo y decidió ir a la cocina a prepararse un zumo.

    Ambos se habían corrido a la vez y a ambos les habían entrado ganas de ir a la cocina a tomarse algo.

    Tomás se encontraba en la penumbra de la cocina cuando oyó los pasos de Carmen acercarse. En la semioscuridad que se encontraba se escondió ligeramente pegándose a un pilar i espero hasta que llegara. Carmen llevaba puesto un salto de cama transparente, un sujetador fino de color negro y un tanga que apenas le tapaba los labios vaginales. La estuvo observando mientras ella se preparaba la infusión y fue la luz al abrir la puerta del microondas la que le delató en su escondite. Carmen se asustó al ver la figura de Tomás, mas que asustarse, sorprendida y nerviosa al ver la figura del muchacho en pelotas frente a ella. No pudo articular palabra alguna. Fue Tomás que con su habla tranquila segura hablo.

    – Buenas noches Carmen.

    – Buenas noches Tomás.

    Carmen había podido llegar a decir buenas noches a pesar del estado de acongojo en el que se encontraba. Cogió su infusión se quedó mirando la taza y absorbió un pequeño trago de la misma. De reojo no podía apartar la vista a la polla de Tomas. Tomás a pesar de su edad juvenil, tenía un aplomo muy marcado en su carácter. Pasivo tranquilo, sus pasos y palabras siempre eran con seguridad.

    – ¿Te ha gustado el espectáculo que te he brindado desde la piscina Carmen?

    Carmen estupefacta al verse descubierta palideció, Se hizo la ingenua y desconcertada por la pregunta de Tomás.

    – ¿Qué estás diciendo Tomás? A ¿Qué espectáculo te refieres?

    – No te hagas la ingenua conmigo Carmen, Sabes perfectamente el espectáculo al que me refiero. Si quieres te lo cuento con detalles.

    – Ay no sé Tomas, no puedo conciliar el sueño de ninguna manera a ver si esta infusión me ayuda a dormir. ¿Siempre andas desnudo por la casa?

    – Depende lo que esté haciendo. ¿Te incomoda mi desnudez? Hace calor y un baño antes de acostarse va de puta madre. ¿Por qué no te bañas tu también? A lo mejor te ayuda con lo del insomnio. Venga, vente a la piscina conmigo.

    Sin darle tiempo a la respuesta Tomás la cogió de la mano y la llevó rumbo a la piscina. Carmen se dejó llevar sin oponer resistencia alguna. Por sus adentros Carmen estaba temblando, la situación la había pillado desprevenida. De reojo iba observando la gran polla de Tomas balanceándose a cada paso. Esta visión aun acrecentaba más su estado de nerviosa incomodidad. Sorprendentemente notó como su coño empezaba a mojarse de nuevo. Carmen se estaba poniendo caliente ante la situación, y eso para una mujer como ella quería decir; peligro “zorra en celo” Tenia que quitarse de la cabeza la polla de Tomás antes de que pasara algo, no podía traicionar la hospitalidad de Ángela follándose a su hijo. Aunque Tomás no se le había insinuado aún, ella sabía que ante una polla como aquella, y después del espectáculo de la piscina, con su coño cada vez más mojado corría el peligro de caer en las tentaciones que le rondaban por el cabeza. Tenía que evitar esta situación y pensar en otras cosas para así distraer su cerebro.

    – Y dime Tomás ¿Cómo van tus estudios?

    Tomás se paró, se la quedó mirando y no pudo evitar soltar una carcajada simpática riéndose de la pregunta y la situación; ¡Vaya! Pensó, esta tía o es gilipollas, o me toma el pelo, o quizás si no se ha enterado de nada y no me vio en la piscina, cosa que también podría ser. Por ello optó por ponerse a la defensiva y escudriñar un poco a Carmen para preparar un ataque certero. Ya había tomado la decisión de follarse a Carmen, si no hoy, mañana o cualquier momento que fuera oportuno. Dando borrón a la situación creada Tomás le respondió como en él era habitual, con tranquilidad, con palabras suaves pero muy directas.

    – Bien Carmen, mis estudios bien. Me dijo mama, que te quedarías una temporada mientras arreglabas lo de tu divorcio.

    – Si ¡Qué gran amiga tu madre! Ella me llevara el caso, espero me vaya bien porque no se nada de números. Las cosas de papeleo nunca han sido mi fuerte.

    – Y ¿Cuál es tu fuerte?

    En aquel momento Carmen entendió perfectamente la indirecta de la pregunta, pero esa poca conversación, la había relajado y ahora se encontraba de golpe perfectamente y se limitó a contestar sonriéndole a Tomás. Tomás por su parte al comprobar el estado de confianza que se iba adquiriendo estaba satisfecho, era donde quería tener a Carmen.

    – ¿No te apetece darte un baño Carmen? El agua esta templada y perfecta, un baño y nadar un poco te sentara bien.

    – ¡Uff! Subir ahora arriba a buscar un biquini una toalla me da mucha pereza, ya habrá momentos de disfrutar de esta piscina. Siempre me ha gustado la piscina de tu casa.

    – Quien dice que para darte un baño necesitas un biquini, puedes bañarte tranquilamente en pelotas y además, así estaremos en igualdad de condiciones.

    Sin mediar palabra Tomás se colocó detrás de ella que sin tiempo de reacción se vio con el salto de cama y el sujetador quitado y con sus tetas al aire. Se volvió a poner nerviosa, no le gustaba la situación de estar desnuda ante el hijo de su mejor amiga. Tomás se dio cuanta y rápido pero con su tono de voz tranquila y firme de siempre la tranquilizó e incluso la hizo reír.

    – Ves Carmen, así estas mejor y como estamos en semi oscuridad no se ven tus defectos estéticos y solo se te ve la silueta, que por cierto la percibo bastante hermosa.

    – ¿Defectos estéticos? ¿Qué defectos? Tomás dime que defectos tengo que creas tengo que ocultar o puedan molestarme su exposición. Dime Tomás, venga, seme sincero ¿Qué defectos estéticos me ves?

    – Tranquila Carmen, relájate. Yo no he dicho que tengas defectos estéticos, pero si te avergüenza estar desnuda será porque quizás quieras ocultar algo.

    – A mí no me da vergüenza estar desnuda, además ante ti, que podría ser tu madre, si eres un crio,

    A Tomás eso de que le dijera crio no le sentó muy bien. Sin mediar palabra la cogió de la mano y se la llevo a la piscina. Se la llevo hacia la parte donde más profunda estaba el agua y al llegar ahí con un breve empujón la tiró al agua ante la sorpresa inesperada de Carmen. Carmen sorprendida chapoteaba dentro del agua maldiciendo a Tomás por haberla tirado sin aviso.

    Tomás se tiró dentro de la piscina, la natación no era un fuerte de Carmen y a duras penas se mantenía a flote. Tomás se acercó nadando a ella y se puso a su lado. Ella enseguida se abrazó a Tomás para así evitar hundirse, le rodeo el cuello con sus brazos a la vez que lo maldecía.

    – Mi pelo, se me ha mojado mi peinado, eres un cabrón ¿Por qué me has tirado al agua? ¿Estás loco o que? Casi consigues que me ahogue. Venga llévame donde haga pie.

    – Tranquila Carmen, el pelo así mojado te queda perfecto. ¿No sabes nadar? Yo te enseñaré.

    – No quiero que me enseñes nada, solo quiero que me acerques donde haga pie para salir de aquí ¡Dios mío mi pelo!

    Carmen dejo de preocuparse por su pelo cuando notó que la polla de Tomás iba creciendo entre sus piernas. Ella movía sus piernas en un intento de aguantarse a flote y esto hacía que diera vía libre a que la polla de Tomás se moviera rozando su coño. Le entró un calambre al notarla completamente erecta y deslizarse entre sus labios vaginales hasta su culo. La polla de Tomás era tan larga que le salía por detrás de las posaderas; con el tanga desplazado a un lado de sus labios vaginales, la polla de Tomás iba haciendo recorrido por la raja de su coño descaradamente. Tomás había ido dirigiéndose despacio hacia donde la piscina le permitió hacer pie, pero a ella no, su estatura aún no se lo permitía y se mantenía cogida al cuello de Tomás.

    – ¡EL CALAMBRE! ¡EL CALAMBRE! Me duele, no puedo mover la pierna.

    En efecto Tomás se dio cuenta del calambre de Carmen. La abrazó fuerte cogiendo con ambas manos su culo a la vez que separaba con los dedos sus labios vaginales.

    – Tranquila Carmen, no te pongas nerviosa, ahora lo solucionamos, intenta relajarte y colocar tus piernas alrededor de mi cuerpo. Yo te ayudo, disculpa haber provocado todo esto. No era mi intención.

    Estas palabras relajaron a Carmen, la voz de Tomás siempre era convincente. Le ayudó a colocar sus piernas alrededor de su cintura, y en esta posición colocó con un movimiento de cadera el capullo de su polla a la entrada del coño de Carmen.

    Carmen estaba en un mundo surrealista, ni entendía, ni se explicaba hasta donde y como había llegado esta situación. Pero la realidad era que tenía el coño encharcado y no era precisamente del agua de la piscina. Al notar el gordo y gran capullo de Tomás en la entrada de su coño un escalofrío recorrió su cuerpo. Sus grandes pezones se habían disparado y ergian largos y tiesos sobre el agua.

    Este detalle no había pasado desapercibido a Tomás que dirigió rápidamente su boca a succionar uno de ellos.

    – SUELTAME ¿Qué haces? Para Tomás ¡por el amor de dios! Para Tomás.

    Ante la escandalera de Carmen Tomás le tapó la boca con la suya y rápido busco su lengua para darle un morreo en toda regla y así ahogar sus gritos y protestas. A la vez clavó la polla al coño y metió todo el capullo dentro de su vagina. Los suspiros y protestas de Carmen quedaban ahogadas en la boca de Tomás que no paraba de mover su lengua dentro y no cesaba en el morreo. Apartó su boca de la suya, cuando separando un poco más sus cachetes del culo, le ensartó de golpe toda la polla dentro del coño hasta que los huevos se le pegaron en el culo. Carmen entonces si pudo emitir un grito, un grito ahogado que a la vez emitió dolor y placer.

    Muy pausadamente Tomás empezó a follarse a Carmen. Tomás empezó a follársela a ritmo lento pero profundo, introduciendo en totalidad su polla y sacándola casi a las puertas de sus labios vaginales, asi a un ritmo lento y profundo, como si quisiera acariciar las entrañas del coño de Carmen con la polla, empezó a follar Tomás a Carmen.

    Carmen tenía las uñas de una mano clavadas a la espalda de Tomás y con la otra mano lo tenía agarrado del pelo. Carmen totalmente sentada y ensartada por la polla de Tomás gemía de placer en cada penetración, ya ni se acordaba del calambre. Tomás buscó de nuevo la boca de Carmen y continuó morreándola, en sus bocas las salivas iban de un lado a otro, el intercambio de fluidos era apasionado. Carmen no recordaba haber sido besada ni penetrada nunca de esta manera y percibía como se estaba generando en su interior un orgasmo a punto de llegar.

    – Por dios chiquillo no pares ¿Qué estamos haciendo dios mío? Ahhh ahhh ahhh dios que me corro, no pares cabrón, por favor no pares ahora hijo de puta ¿Qué me estás haciendo? Ahhh ahh ahhhh ahhhg.

    Carmen se vino en un orgasmo bestial. Tomás notó que Carmen se estaba corriendo y a pasos lentos sin cesar en sus embestidas al coño de Carmen se fue dirigiendo hacia fuera de la piscina mientras continuaba fallándosela y la mantenía sentada y ensartada en su polla. Carmen no paraba de gemir de placer, se mantenía agarrada al cuello de Tomás, nunca antes la había follado nadie andando y en aquella postura; solo le soltó el cuello cuando Tomás la depositó suavemente encima del camastro de la pérgola. La dejo caer despacio y la estiró encima del camastro sin sacar su polla del coño de Carmen. Y ahí estirados ahora los dos, Carmen abierta de piernas y Tomás en medio, empezó un mete saca a un ritmo veloz, profundo y constante. Carmen alucinada por aquel vigor que derrochaba el muchacho se dejó ir y llevar por la situación de máximo placer que estaba gozando y empezó también a mover su cadera al ritmo de la follada.

    Los jadeos de Carmen eran recibidos por Tomás como una victoria. Había conseguido el objetivo de follarse a Carmen. La que había sido protagonista de más de una de sus pajas, ahora sucumbía jadeando y abierta de piernas ante él y su polla estaba abriéndole el coño. Carmen tenía el coño encharcado y estaba pronto a correrse de nuevo. Ahora Carmen abrazaba y acariciaba el cuerpo de Tomás y era ella quien buscaba su boca y su lengua. Estaba disfrutando del polvo de su vida. Pensaba como a su edad podía ser follada de aquella manera por un chaval que podría ser su hijo; como podía justificar ante Ángela que se dejaba follar por su hijo y que además le encantaba; estos pensamientos que le cruzaban por la cabeza más morbo le provocaban aún. Ahora Carmen se sentía una autentica zorra extasiada de placer. Su coño abierto como nunca y completamente relleno de polla no cesaba de emanar flujos. La marrana se meaba ante las embestidas incesantes de la polla de Tomás.

    Estuvieron así un rato largo, Carmen ya había perdido la cuenta de sus orgasmos, o es que realmente estaba en un orgasmo prolongado e infinito. Carmen lloraba, las lágrimas eran fruto de un placer que no había experimentado jamás en la vida. Tomás gozaba mirando como disfrutaba su trofeo del día, y le sometía ritmos cambiantes, ahora rápidos, ahora lentos, ahora profundos, ahora suaves.

    Tomás levanto una de las piernas de Carmen y la giró de sobre el camastro colocándola sin sacarle la polla del coño boca abajo. Puso sus piernas una en cada lado a las de Carmen e hizo que Carmen cerrara hasta juntarse las suyas. Ahora la polla de Tomás estaba aprisionada dentro del coño de Carmen. Esta ante la situación estrujó más su coño, apretando la polla que ahora había cogido ante el estrujo unas dimensiones faraónicas. Tomás empezó a follar el coño de Carmen en esta postura. Ahora el ritmo de su follada era de auténtico toro bravo, no la follaba, la empotraba.

    Carmen le parecía sobrenatural, no podía creerse estar viviendo en persona una follada como esta que solo existía en los sueños de sus masturbaciones. Ahora se la estaban follando como siempre había soñado. Los líquidos salidos del coño habían provocado un charco entre sus apretados muslos, y allí rebotaban los huevos de Tomás en cada embestida notar el chapoteo de los huevos chocar esto a ella le provocó un calambre de placer que recorrió su columna vertebral y le puso los ojos en órbita.

    Tomás paso sus brazos bajo las axilas de Carmen y le levanto de golpe el torso, quedando ambos de rodillas sobre el camastro. Tomás abrió su gran boca y le mordió la nuca. Mantuvo la nuca de Carmen entre sus dientes, mientras en esta posición el mete y saca lo empezó lento y profundo. A Carmen la mordida que le estaba infringiendo Tomás le provocó otro relámpago de dolor que volvió a recorrer su columna vertebral hasta ponerle otra vez los ojos en órbita. Se corrió, lo que sintió Carmen en este momento no podría describirse porque aún no se ha inventado la palabra para definir tanto placer. Carmen lloraba, reía, sollozaba, gemía. Carmen estaba poseída por el éxtasis más sublime que el gozo del sexo pueda manifestar.

    Tomás dejo de morderla, abrió su boca y la nuca de Carmen solo recibió cálidas bocanas del aliento de Tomás como si de un masaje se tratara. Después de tanta intensidad y sin sacar la polla de dentro del coño de Carmen, Tomás le bajó la espalda, quedando ahora Carmen en cuatro sobre el camastro. Tomas observo el culo en forma de pera que tenía Carmen, la tenía agarrada por la cintura a la vez que le masajeaba el culo en círculo y suavemente. De golpe, dos estruendosos cachetes al culo de Carmen hicieron que esta emitiese dos aullidos y dieron paso a una follada y a un mete saca al coño de Carmen, si mas no diferente. Tomás ahora se la follaba moviendo lateralmente las caderas, le metía y sacaba la polla dibujando círculos con ella en sus idas y venidas.

    Tomás sacó la mitad de la polla del coño de Carmen y rodeó el tronco con su mano. Empezó a sacudir y mover la polla en varias direcciones dentro de su coño. Carmen ya estaba inmersa en otro mundo, el estado al que había llegado la tenía en el límite de la locura y ya era una autómata que se dejaba hacer. Ella se limitaba a gozar en su corrida infinita. Tomás se la estuvo follando así en cuatro un rato largo, le sobaba las tetas, le atizaba el culo, le metió un dedo en el ano y pensó en fallárselo también, pero recapacitó y lo aparcó para otra ocasión. Había llegado el momento de correrse, llevaba ya dos horas fallándose a Carmen y ya se sentía satisfecho. Sacó la polla del coño de Carmen muy lentamente, cuando llego que solo tenía dentro del coño el capullo, agarro su polla, la apretó para hincharla y la sacó del coño como si descorchara una botella de cava; ¡PLOFF! Un chorro de líquidos salió disparado del coño de Carmen. Tomás se levantó, agarro del pelo a Carmen, le acercó su tranca a la boca y le metió de golpe la mitad de la polla hasta su garganta donde empezó a derramar su leche Carmen se atragantó, vomitó y empezó a toser sacando gran cantidad de bilis, leche y vomito por su boca y por la nariz. Carmen respiraba a la vez agitada y con dificultad por el esfuerzo. Al poco tiempo se empezó a relajar, su respiración aún intensa, ahora era más calmada. Tomas aún la tenía agarrada por el pelo, levanto su cara para que lo mirara a los ojos y le dio un beso tierno y cariñoso en la frente. Sin mediar palabra la soltó y quedó observándola mientras Carmen se dejó caer rendida y agotada sobre el camastro.

    Los aullidos, gritos y gemidos de Carmen no habían pasado desapercibidos por los habitantes de la casa. Eduardo y Ángela, los padres de Tomás hacía tiempo ya que se habían despertado y en la penumbra de la puerta de acceso al jardín habían contemplado atónitos la follada que su hijo le estaba metiendo a Carmen. Eduardo miraba la escena orgulloso de Tomás, y su madre pensaba en la suerte que había corrido su amiga al ser follada por su hijo y que el niño había salido un toro como su padre. Las escenas vividas en directo les habían calentado y habían hecho subir su libido. Ángela no dejaba de magrear el bulto de su marido y Eduardo con sus dedos le tenía ya el coño encharcado. Cuando vieron que había terminado el espectáculo, en silencio abandonaron el lugar y se dirigieron a su habitación, que con la calentura que tenían les esperaba una noche larga.

    Carmen se quedó adormecida sonriendo y feliz, la expresión de su rostro denotaba una profunda felicidad. Tomás la cogió en brazos, ella se aferró a su cuello y acurrucó su cabeza al hombro de Tomás, la llevo hasta su habitación y la deposito suavemente sobre la cama, no habían intercedido entre ellos palabra alguna ni hacía falta. Tomás la contemplo en su desnudez y le dio besos cálidos a sus pechos y termino haciendo un camino de besos hasta sus labios, le cerró los ojos y Carmen, creyendo que vivía en un sueño quedó dormida. Después de taparla con la sabana, Tomás abandono la habitación de Carmen cerrando la puerta y en silencio.

    Continuará.

  • María y Marta (parte 4)

    María y Marta (parte 4)

    Relato anterior: «María y Marta (parte 3)»

    Después de que saliera Marta del portal de la casa de María hacia la calle con la cara cubierta de semen me quedé un rato pensando y decidí seguirla para ver dónde iba para ver si la gente se la quedaba mirando o si le daba vergüenza ir así por la calle. Al llevar un rato caminando la noté que estaba un poco perdida, como que no sabía dónde quería ir. Fue entonces cuando decidí alcanzarla y acercarme a ella para preguntarle si le pasaba algo.

    La dije: «Marta, te noto algo desorientada, ¿qué te pasa? ¿En qué estás pensando?»

    Ella estaba delante mío pero no me miraba a la cara, solo la veía mirar de un lado para otro con chorros de semen por toda su cara a lo que me contestó: «Estoy pensando que en todos los años que llevo con mi novio nunca me ha follado por el culo. Ahora que me has follado por el culo quiero más, necesito más!»

    Y terminando está última frase Marta se dio la vuelta y comenzó a marcharse. Yo la agarré del brazo y le pregunté. «Espera, dónde vas?»

    Ella dijo: «Voy a un supermercado»

    «Para que vas ahora a un supermercado?» Contesté.

    «Ya te lo he dicho antes» dijo mientras se volvía a ir.

    Tras esta conversación no percibí a Marta incómoda conmigo por lo que decidí ir con ella al supermercado. Iba con ella con cierta distancia, dejando que fuese ella la que fuese delante ya que no sabía cuáles eran sus intenciones, yo estaba un tanto confuso.

    Finalmente entró en el supermercado y fue directa a comprar un paquete de preservativos y un bote de gel lubricante, todo esto sin mediar palabra alguna conmigo, yo solo me limitaba a observar. A continuación se dirigió a la sección de frutería y tras buscar unos instantes decidió coger un par de pepinos grandes y un par de calabacines. No me podía creer lo que estaba viendo ya que inmediatamente deduje cuales iban a ser sus intenciones después de la conversación de antes.

    Llegamos a la caja para pagar. Marta dejó la compra en la cinta de la caja y pasó delante. Cuando la cajera vio la cara de Marta, con los restos de semen y la compra que había hecho, esta se quedó de piedra, atónita. Marta no estaba dispuesta a esperar y salió del supermercado dejando la compra en la caja. Rápidamente le dije a la cajera que pusiera todo en una bolsa y que me lo cobrase. Salí corriendo detrás de Marta hasta que la alcancé y la dije «Marta, tú compra»

    Ella me contestó sin mirarme: «Vamos de nuevo a casa de María». Yo le di la bolsa con la compra para que la llevase ella en lo que volvíamos a la casa de María. Llegamos al portal y entramos porque estaba abierto. Fuimos hasta el ascensor y marcamos el quinto piso que era el ático donde vivía María. En cuanto se cerró la puerta del ascensor Marta dejó la bolsa de la compra y se quitó los shorts que llevaba y el tanga y los tiró al suelo. Se puso entre la puerta del ascensor y yo y se apoyó en los bordes de la puerta dándome la espalda y ofreciéndome su culo. Miré abajo y aún tenía el ano dilatado y enrojecido de la enculada que le di antes.

    Al ver eso, enseguida me bajé los pantalones y saqué mi polla que obviamente llevaba durísima desde que Marta hizo la compra. No dude ni un instante en meterle de nuevo la polla por el culo. Antes de llegar al quinto piso ya estaba de nuevo follándome a Marta por el culo como si no hubiera pasado nada, con total naturalidad. Solo me dio tiempo a pegarle unas pocas embestidas cuando llegamos al quinto piso y se abrieron las puertas del ascensor.

    Con las puertas del ascensor abiertas, Marta se quedó unos instantes dejándose encular en la entrada del ascensor, desnuda de cintura para abajo, muy excitada y respirando muy fuerte por la boca. Después de todo lo vivido, lo último que le importaba era que alguien nos viera, lo único que quería era disfrutar de ser penetrada por el ano.

    Al poco rato Marta decidió salir del ascensor para ir al piso de Maria. La puerta estaba abierta y dentro del salón de la casa todo seguía igual, todo el sueño estaba lleno de manchas de saliva, flujo vaginal y semen de mi anterior corrida sobre las chicas. Marta y yo, al ver que no estaba María, salimos de nuevo a la escalera cuando oímos un ruido que provenía del piso de abajo. Era el sonido de alguien que se estaba atragantando, se oían arcadas y alguien tosiendo. Marta y yo nos miramos y no pudimos pensar otra cosa que no fuese en María.

    Bajamos por la escalera al piso de abajo, Marta seguía semidesnuda, sin su ropa, que quedó en el ascensor. A mitad de la escalera, sin bajar del todo, nos asomamos y vimos la puerta de una vivienda abierta, en ella estaba un hombre de pie y arrodillada delante de él una mujer totalmente desnuda. Se trataba, de quién si no, de nuestra amiga María. Estaba atragantándose con la polla de uno de sus vecinos. Se la estaba metiendo por completo en la boca, hasta el fondo, y provocándose ella misma unas fuertes arcadas que hacían eco en toda la escalera.

    Cuando el hombre comenzó a gemir, María sacó la polla de su boca, se la agarró con la mano y comenzó a pajearle mientras le miraba diciendo «Córrete en mi puta cara por favor!». Al instante, María recibió una corrida por toda su cara que ella misma se encargaba de distribuir moviendo la polla de su vecino por su cara mientras no dejaba de sacudirla. Cuando el hombre acabó de correrse, María se levantó y desde nuestra posición, Marta y yo pudimos ver cómo María tenía la cara cubierta de una espesa y gruesa capa de lefa blanca. Tenía un montón de chorretones por todo su pelo y otros tantos que le bajaban por el cuello. Las tetas las tenía enteras chorreantes de semen.

    Al ver esto, solo se podía pensar que unos cuantos hombres se hubieran corrido encima de ella. Eso se confirmó cuando vimos que Maria llamaba al timbre de la puerta del siguiente vecino. Cuando se abrió la puerta salió otro hombre de mediana edad que se quedó boquiabierto. Inmediatamente, María se arrodilló, le sacó la verga de su pantalón y se la metió entera en la boca, succionando bien fuerte hasta que se la puso dura a este vecino. El hombre permanecía callado y sorprendido, pero enseguida comenzó a acompañar los movimientos de succión de María con la cadera. Cuando la polla del vecino ya estaba dura del todo María pasó a abrir su boca y a dejarse follar por la boca y a que la metiera la polla hasta la garganta. Estaba repitiendo el mismo modus operandi, se estaba volviendo a provocar arcadas, tragándose la verga de su vecino de forma salvaje. De nuevo, tras apenas un par de minutos María agarró la polla para comenzar a pajear al hombre diciendo la misma frase: «Córrete en mi puta cara por favor!».

    Otra descarga de espesa lefa caía sobre la cara de María. Parecía que tenía una máscara de semen que se había trabajado ella misma a base de mamadas a sus vecinos. Cuando el hombre acabó de correrse sobre la cara de María, esta se levantó y de nuevo fue a llamar a la puerta de otro vecino para hacer una nueva felación arrodillada. Al ver toda esta escena, Marta y yo entendimos que María era una adicta al sexo y que la ronda de felaciones y corridas tenía pinta de que iba a alargarse con lo que parecía todo el vecindario, así que nos volvimos al piso de María para cumplir los deseos de Marta.

    Entramos en la casa y dejando la puerta abierta Marta se quitó su parte de arriba de la ropa y yo me desnudé por completo. Marta dejó la bolsa de la compra junto al sofá y se puso a cuatro patas encima de él. Yo fui acercándome a ella totalmente empalmado mientras ella me enseñaba el culo para que fuese hacia ahí. De nuevo sin dudar lo las mínimo la metí la polla entera por el culo y la comencé a encular todo lo rápido que podía. El sonido de las embestidas se oía por toda la casa y la escalera. Marta empezaba a gemir con un grito de «aaaaaahhh!» constante que se entre cortaba por cada empujón que la pegaba. Sus gritos se mezclaban con sonido de mi cadera contra sus nalgas. Era todo un escándalo el que las ganas de Marta de ser penetrada por el ano habían provocado.

    La excitación de Marta fue subiendo aún más si cabía, tanto, que de pronto hizo lo que no creí que fuese a hacer. Se quitó de la enculada y me dejó con la verga al aire, se agachó para agarrar la bolsa de la compra con los pepinos y calabacines y me la dió diciéndome…. «Hazlo ahora con esto». Me quedé boquiabierto pero enseguida reaccioné a su petición. Me bajé del sofá y me puse de pie a su lado. Ella seguía en cuatro patas sobre el sofá. Agarré un pepino de la bolsa, lo envolví con un condón de los que también compró y vertí un chorro del lubricante por el pepino. Agarré el pepino por la parte de abajo y le puse la punta sobre su ano, a lo que Marta se puso un poco tensa, pensaría que quizás tenía que haber comprado unas hortalizas más pequeñas.

    Restregué el lubricante que había puesto en el pepino con este por la entrada de su culo y volví a poner la punta del pepino sobre su ano, esta vez clavandoselo ligeramente a lo que ella reaccionó con un espasmo apretando su culo y juntando las nalgas. Parecía que estaba reticente a que la hiciera lo que ella me había pedido. Mi excitación ante esa situación era enorme, después de haber ido con ella a comprar esos pepinos con la cara llena de esperma como fue, no iba a renunciar a ver cómo se los metía por el ano, por lo que a pesar de que su lenguaje corporal no quería meterse eso dentro de su cuerpo, yo fui introduciendo el pepino por su culo. Por mucho que se esforzase Marta, ya había penetrado yo antes su culo, así que seguía dilatado y no me costó demasiado meter unos cuantos centímetros de pepino. Como Marta seguía tensa, aguanté unos segundos con el pepino dentro, y después lo saqué, inmediatamente ella espiró y se relajó pero acto seguido volví a meter el pepino un poco mas que antes. Ella pegó un gemido de dolor y volvió a ponerse tensa, así que volví a repetir la jugada y se lo saqué para enseguida volverlo a meter otro poco más, y así repetidas veces hasta que fui aumentando la frecuencia y reduciendo el tiempo que se lo dejaba dentro por lo que ella comenzó a respirar más fuerte y más rápido hasta que comenzó a olvidarse de que lo que la estaba metiendo por el culo era una hortaliza y empezó a recordar qué era lo que ella había querido sentir.

    La excitación de Marta ya era máxima y el pepino ya entraba más de la mitad por su ano con total suavidad. Marta ya comenzaba a gemir fuerte y yo estaba con la polla a punto de reventar de lo me ponía ver a Marta como jamás me la hubiera imaginado, siendo penetrada con un pepino por el culo. Marta se giró a mirar como yo la masturbaba por el ano y vio como mi polla seguía fuertemente erecta así que la agarró con una mano y me llevó cogido de mi polla hasta ponerme frente a ella obligándome a subirme al sofá. Solté el pepino dejándolo dentro de su culo y me puse arrodillado frente a Marta, que seguía a cuatro patas y con mi polla delante de su cara. De repente, Marta se abalanzó sobre mi polla y se la metió entera en la boca. Casi me corro en ese instante por esa acción de Marta así que apreté su cabeza contra mi cadera para echarme hacia adelante y agarrar sin sacar mi polla de su boca el pepino que tenía todavía metido en el culo.

    Con las dos manos, me puse de nuevo a deslizar el pepino dentro del culo de Marta. Su espalda estaba totalmente arqueada hacia abajo, era una auténtica diosa. Estaba siendo follada por la boca, a la vez que la metía y sacaba más de la mitad de un pepino por el culo. Yo la pegaba embestidas por la boca, ella no podía respirar apenas y le daban fuertes arcadas. Tenía el cuello doblado hacia atrás para que yo pudiera llegar a agarrar el pepino con las dos manos, para metérselo fuertemente por el culo.

    Fue en ese momento, cuando no podía haber nada más excitante, cuando entró María por la puerta de casa. Estaba totalmente desnuda, como la habíamos dejado. Su única prenda, una gruesa y espesa capa de semen que cubría entera su cara, acompañada de unos enormes chorretones de lefa que embadurnaba su pelo, su cuello y sus tetas. Era como si le hubieran vertido un cubo de semen sobre la cara y le hubiera salpicado el resto de su cuerpo. Según iba caminando iba dejando restos de semen que le goteaba desde las tetas por su abdomen hasta su entrepierna.

    Al tener a María delante nuestro, Marta y yo decidimos parar. Yo saqué la polla de la garganta de Marta, a lo que ella tomó aire fuertemente por la boca como si hubiera salido del fondo de una piscina. Me aparté de delante de ella pero sin soltar el pepino en ningún momento, para mantenerlo bien metido dentro del culo de Marta. María estaba delante nuestro observando la escena, con la misma cara de asombro que tenía Marta al verla ella con la máscara de semen. Marta se incorporó y se puso delante de María, mientras yo la seguía sujetando el pepino dentro de su culo. Marta hacía como si no tuviese nada dentro de su ano, su comportamiento era totalmente natural, a lo que le preguntó a María: «a cuántos hombres les has hecho que se corran en tu cara?». María respondió: «no lo sé, he perdido la cuenta, algo más de 20» a lo que Marta, sin decir ni una sola palabra, se echó en frente de María, la abrazó, y comenzó a lamer todo el semen de la cara de María.

    Marta se puso a absorber todo el semen que tenía María encima, no solo pasaba la lengua, estaba succionando el semen y se lo estaba tragando todo. María puso una cara de excitación todavía mayor, le estaba encantado notar como Marta se iba comiendo toda la lefa que tenía encima mientras lamía su cuerpo. Una vez que la limpió la cara, comenzó a bajar por su cuello chupando todos los chorretones y luego recogiendo en semen de sus tetas con las manos para llevárselo también a la boca. Todo esto Marta lo hacía con un pepino metido dentro de su culo que yo sujetaba bien adentro. No quise seguir agitando en pepino dentro y fuera del culo de Marta mientras observaba la escena, preferí dejar que se ella se concentrara en lo que estaba haciendo ya que se estaba comiendo las corridas de más de 20 hombres.

    Cuando se acabó todo el semen que tenía encima María, está empujó a Marta contra la famosa mesa de cristal para que se apoyase de espaldas a nosotros, de pie e inclinada hacia adelante apoyada sobre la mesa. María agarró el pepino que yo mantenía dentro del culo de Marta, quería apuntarse al juego de masturbar a Marta por el culo, así que María comenzó a agitar ella sola el pepino dentro del culo de Marta. Marta estaba muy excitada, María metía y sacaba el pepino cada vez más rápido, yo veía que Marta asumía bien el pepino dentro de su culo, por lo que fui a por la bolsa de la compra y saqué el calabacín grande que había comprado Marta. Se lo enseñé a María su cara fue de entusiasmo, iba a continuar el juego de masturbar a Marta por el culo.

    María se puso de rodillas junto al culo de Marta. Notaba que se había puesto sería con el juego de meterle cosas por el culo a Marta. Arrodillada, María terminó de remover el pepino dentro del culo de Marta y lo sacó, a lo que se escuchó el gemido de cierto alivio de Marta. María agarró el pepino recién sacado del culo de Marta, envuelto en el condón y lo empezó a lamer por completo y lo comenzó a restregar por toda su cara como si fuera la polla de alguien. Una vez terminó de lamer los jugos del ano de Marta dejó el pepino y agarró el calabacín. Le colocó un condón por la parte más gruesa con una cara de excitación a la vez que de maldad. María pretendía meter el calabacín por el culo de Marta por el lado más grande y más ancho. Vertió un montón de lubricante por la punta del calabacín y lo colocó en el ano de Marta. Mientras tanto yo observaba toda la escena con mi polla a punto de estallar de la excitación.

    Con el calabacín colocado sobre el ano de Marta ya solo quedaba comenzar a introducirlo. Marta no miraba para atrás, tan solo notaba lo que tenía en sobre su culo. María comenzó a apretar la hortaliza hacia dentro del culo de Marta. Este comenzaba a dilatarse poco a poco. Marta mostró cara de asombro, notaba que lo que María la quería introducir iba a ser demasiado grande. María continuaba dilatando el culo de Marta a media que introducía el calabacín. El diámetro máximo de la parte ancha era de unos 8 centímetros. Marta cada vez abría más los ojos, notaba que lo que estaba entrando por su ano era muy grande, María apretaba más y Marta comenzaba a oponer resistencia poniendo en tensión sus piernas e incorporándose ligeramente, estaba comenzando a rechazar lo que la estaban metiendo por el ano. Al ver la reacción de Marta, María no espero más terminó con un movimiento rápido de introducir la parte ancha del calabacín por completo dentro del culo de Marta, de tal manera que su ano se cerró dejando dentro lo más gordo del calabacín.

    La reacción de Marta fue instantánea. Un jadeo de placer salió de su boca, un gran grito que podía confundirse con un grito de sufrimiento pero que no dejo lugar a dudas de que fue de placer, cuando por su vagina un enorme chorro de flujo vaginal salió como si de un grifo se tratase. Las piernas de Marta temblaban y se estaban mojando enteras. Un charco se hizo en el suelo y los brazos y las piernas de María quedaron salpicadas al estar arrodillada junto a ella ejecutando la acción. Marta puso sus ojos completamente en blanco mientras no dejaba de gritar con la boca abierta. Era una situación que no me esperaba para nada. Tenía mi polla a punto de estallar así que al ver a Marta teniendo ese tremendo orgasmo que parecía que iba a perder el conocimiento decidí subirme a la mesa de cristal, me puse delante de Marta, de rodillas frente a su cara y sin decir una palabra, sin que Marta con los ojos en blanco se pudiera dar cuenta y con su boca completamente abierta gritando a más no poder, le metí la polla dentro de su boca para follarme su garganta de nuevo.

    La boca de Marta no se cerraba. No hacía nada por mamar mi polla, solo se dejaba penetrar hasta la garganta. Estaba tan centrada en disfrutar de su orgasmo que era como una marioneta que se dejaba hacer. Mis huevos golpeaban en su barbilla. Yo la agarraba del pelo para mover su cabeza, me estaba masturbando con su cabeza mientras ella seguía con los ojos en blanco. A todo esto María, que seguía con el calabacín en sus manos, decidió sacarlo un poco, dilatar el culo de Marta mientras salía un poco de la parte ancha para volver a metérselo en su ano unos centímetros más. Este movimiento provocó que otro chorro de flujo vaginal saliera del coño de Marta, volviendo a salpicar María y a hacer que el charco que se había formado en el suelo se hiciese más grande. María repitió la operación a los pocos segundos y otro chorro más salió de la vagina de Marta. Con cada metida y sacada de la hortaliza del culo de Marta está tenía un orgasmo acompañado de un chorro del jugo de su vagina. María estaba mojada entera de las salpicaduras y el suelo parecía una piscina de flujo vaginal.

    Mientras Marta no paraba de correrse, yo utilizaba su cabeza para masturbarme. Agitaba su cabeza agarrándola del pelo con las dos manos como si me estuviera haciendo una paja yo solo, a la velocidad de estar masturbándome justo antes de correrme. Marta no oponía resistencia, era un cuerpo inerte, seguía con los ojos en blanco y su boca hacia el ruido de «glup glup glup glup» cada vez que mi glande entraba por su garganta. A punto estaba ya de correrme dentro de su boca cuando tras unos cuantos orgasmos de Marta, el temblor de piernas que le provocaron llegó al extremo e hizo que sus rodillas se doblaran, por lo que Marta se fue cayendo poco a poco de la mesa mientras María sacó el calabacín del culo de Marta. Marta cayó de rodillas junto a María y de la extenuación Marta no aguanto más y se tumbó en el suelo sobre el charco enorme de flujo vaginal que ella había creado.

    Yo me quedé encima de la mesa a punto de correrme, por lo que eso no se iba a quedar así. Me arrime al borde de la mesa y ahí abajo estaba Marta tumbada en el suelo sobre el charco y María salpicada entera de ese mismo flujo vaginal así que comencé a masturbarme delante de ellas dos. Marta en el suelo estaba como ida, parecía inconsciente y María al ver que me estaba pajeando delante de ellas decidió tumbarse junto a Marta, bañarse entera en el charco del jugo de la vagina de Marta y arrimar su cara a la de esta para que yo, desde arriba de la mesa vertiese mi semen fabricado durante más de tres horas sobre la cara de ambas. No tardé ni diez segundos en comenzar a correrme desde lo alto de la mesa. Los chorros de semen comenzaron a salir en todas las direcciones desde mi polla e iban cayendo por los cuerpos de Marta y María. Yo quería apuntar sobre sus caras pero me estaba pajeando tan alocadamente que mi polla no paraba de moverse y los chorros iban saliendo en direcciones aleatorias. Ante tal cantidad de semen los chorros les iban cayendo a María y Marta por sus tetas, por su abdomen y por la cara, sus brazos, sus piernas y su pelo. Estaba recibiendo una lluvia de esperma mientras descansaban sobre un charco de flujo vaginal. Marta estaba semi inconsciente con los ojos medio abiertos pero notaba el calor de la lefa cayendo sobre su cuerpo ya que si que reaccionaba a cada salpicadura mientras que María estaba gozando, se estaba masturbando mientras recibía descargas de semen por todo su cuerpo, mientras abría la boca al máximo para ver si podía recoger algo de lo que le caía encima.

    Cuando acabe de correrme baje de la mesa y fui a escurrír mi polla en la boca de María. Quería que bebiera mis últimas gotas a modo de despedida. Estruje mi polla con el glande dentro de la boca de María que succionó con fuerza para sacar hasta la última gota. Me levanté y dejé a María junto a Marta que ya comenzaba a recuperar la consciencia. María se abrazó a Marta sobre el charco de flujo vaginal y comenzó a frotar su cuerpo con el de Marta para terminar de marcharse y compartir el semen que había caído en sus cuerpos desnudos y revolcarse en el charco de los jugos de Marta. Parecía una pelea en el barro pero en lugar de violencia ambas se estaban besando y el barro era el líquido del coño de Marta mezclando con salpicaduras de semen. Era el final perfecto para esta aventura de una tarde.

    Cuando María y Marta terminaron de frotarse, decidimos irnos a darnos una ducha los tres juntos. Había sido una tarde muy larga y la cara, el cuerpo y el pelo de ellas era una auténtica cerdada, mezcla de restos de todos los fluidos posibles. Durante la ducha, los tres nos dedicamos a limpiarnos bien entre nosotros, frotandonos con jabon por todas las partes de nuestro cuerpos pero esa situación no fue a más. Pero antes de terminar la ducha cuando nos estábamos aclarando Marta hizo como querer quitarme jabón que me quedaba en la polla que estaba en reposo y me masturbo brevemente a propósito cosa que me activó de nuevo a lo que seguido me dijo: «tienes algo pendiente conmigo».

    La cosa terminó ahí y no fue a más. Todos salimos de la ducha, nos vestimos. Al salir del baño se podía ver en el salón los restos de una tarde de lujuria, los charcos de flujo vaginal, de la salíba de María y las salpicaduras de semen. Marta no encontraba ni sus shorts ni su tanga. Se habían quedado en el ascensor por lo que Marta y yo decidimos ya salir de casa de María mientras esta se quedó a limpiar todo el estropicio. Marta salió desnuda de cintura para abajo de casa de María. Yo salía con ella y al salir pudimos ver las salpicaduras de semen en cada una de las puertas de los vecinos de María de las mamadas que había estado ejerciendoles para sacarles el semen. Al llegar al ascensor, vimos que la ropa de Marta seguía allí, pero la habían apartado a una esquina. Sin importarle, Marta se puso su tanga y sus shorts mientras el ascensor bajaba.

    Marta y yo salimos del portal de María, y ya en la calle Marta me volvió a decir lo mismo que en la ducha: «tenemos algo pendiente, acompáñame». Fui con Marta a donde parecían que era su casa a unos diez minutos andando. Cuando llegamos me agarró de la mano para indicarme que subiera con ella. Nos metimos en su ascensor y subimos al tercer piso. Al salir del ascensor me llevo hasta la puerta C. Cuando estábamos frente a la puerta me dijo: «esto es lo que tenemos pendiente». Me empujó hacia un lado para no estar justo delante de la puerta de su casa, se arrodilló y saco mi polla de mis pantalones y comenzó a pajearme para ponermela dura. Cuando mi polla ya estaba dura me dijo: «yo vivo aquí con mi novio, córrete en mi cara antes de entrar a casa para que él lo pueda ver» y acto seguido comenzó a chuparme la polla de forma alocada, succionando como un aspirador, haciendo fuerte ruido de succión y frontándose mi polla por su cara mientras me volvía a pajear y se daba bofetadas en su cara con mi polla. Marta hizo que tuviera unas ganas tremendas de correrme otra vez así que no tardé en avisarla: «Marta me corrooooo….!» E inmediatamente Marta me comenzó a pajear con firmeza y con la otra mano, a sujetar mis huevos para apretarlos en el momento que la lefa comenzase a salir.

    Puso mi glande en su frente y comencé a correrme dejando que saliera un chorro espeso ya sin fuerza sobre la frente de Marta. Al notar el calor del semen en su frente, Marta comenzó a mover mi polla por toda su cara mientras iba emanando borbotones de semen que iban manchando su nariz, sus mejillas, su mentón, sus labios, e incluso sus párpados. Quería embadurnarse bien su cara con mi leche caliente por última vez mientras apretaba ligeramente mis huevos para que pareciera que quería todo el semen posible sobre su cara. Al terminar de correrme, Marta estrujó mi polla para sacar las últimas gotas que depositó sobre su mejilla. Me beso en el glande para dejarme la polla bien limpia y se levantó. No se limpió ni las manos, ni se quitó el semen de sus párpados. Sacó la llaves de su bolso y esperó a que me abrochase el pantalón y me fuera para entrar en casa. Cuando me fui hacia la escalera ella abrió la puerta, entró en su casa y pude escuchar un «hola Michele… Mira lo que me he dejado hacer…»

    A partir de ahí, cada uno que imagine lo que quiera.

    Fin

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