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  • Conquisté al novio de mi amiga moviendo el culo

    Conquisté al novio de mi amiga moviendo el culo

    Mi nombre es Andrea y soy terca cuando de querer a un chico se trata. Siempre tuve lo que quería en mi colegio, entonces al entrar en la universidad si fue un shock para mí el encontrar chicos que no caían bajo mis “encantos” cuando yo quería, y más fue la sorpresa al encontrar chicas que no solo eran tan bonitas como yo, sino que incluso eran mucho más.

    Para los que se preguntan qué encantos tengo, me limito a decir que tengo unos senos y un culo bastante llamativo, no diré que son gigantes, pero forman una figura que llama la atención cuando entro a algún lugar. Como se habrán dado cuenta gracias a esos encantos siempre obtuve lo que quise, o al menos fue así un tiempo.

    Cuando entre a la universidad conocí a este chico llamado Miguel, el cual esta buenísimo, y desde que lo conocí quise meterlo entre mis sábanas, pero aquella misión se vio en fracaso cuando me enteré que otra de mis nuevas compañeras llamada Ivet se me adelanto y no solo se lo llevó a la cama, si no que empezó una relación. Al fin y al cabo las relaciones dentro del mismo círculo nunca fluyen pensé para calmar mi ego herido, pero el tiempo pasa, unos días se volvieron semanas, y semanas a meses, y ya estaban próximos a cumplir el año. Todo era una mierda, si bien no quería meterme en medio de una relación, igual quería probar un poco de ese chico, y tenía mis prioridades en un orden donde yo y mis gustos van por delante.

    Llegó la fiesta aniversario de mi universidad, y con mi curso decidimos asistir en grupo a la fiesta. Como cada fiesta en la que coincidimos los de mi curso esperaba que Miguel vaya sin su noviecita para tener una oportunidad, situación que nunca llegó, y esta vez no fue la excepción, ya que al yo encontrarme con el grupo ya estaba él acompañado de ella. Una vez reunidos fuimos al lugar de la fiesta, una casa gigantesca donde separaban los grupos de personas por carreras que estudiaban.

    Más avanzada la noche, yo estaba tomando las bebidas que compramos, pero nunca fui de excesos en ese sentido. Los dos que si vi que estaban tomando bastante fueron Miguel e Ivet. Como si de un diablillo hablándome al oído se tratase se me ocurrió la idea de provocar que toman de más, podría lograr ya sea que se separen algún momento, o mejor aún podría generar una pelea.

    Procedo a acercarme a los dos con la botella en mis manos para hacerles beber directo de la botella y de paso puro. Al retirarme tocó el hombro de Miguel a manera de que me mire, la mirada que me da es acompañada de una sonrisa amigable, sin embargo aquel contacto visual fue percibido por su novia. La semilla para una posible pelea ya había sido sembrada. Siguen pasando los minutos y eventualmente unas cuantas horas, conforme pasaba el tiempo no desperdiciaba oportunidad alguna para servirles sus vasos, con más alcohol que soda. Yo igual tomaba en algunos momentos, pero siempre manteniéndome bajo mis límites para llevar adelante mis planes. Cada cierto momento me acercaba para escuchar la charla de mi objetivo, donde a diferencia de como normalmente se trataban esta vez notaba cierta distancia entre ellos e incluso podría decir que algunas pequeñas peleas, si el sonido de la música en el lugar no fuera tan alto seguramente podría escucharlos pero bueno es lo que había.

    Finalmente llegó mi oportunidad -Voy al baño, ahora vuelvo- Dijo Ivet, entonces tenía unos 10 minutos a solas con Miguel considerando la fila del baño de mujeres. Apenas la perdí de vista entre el tumulto de personas me dispuse a acercarme a mi víctima.

    -¿todo bien, creo que discutieron? le dije fingiendo empatía con Miguel

    – Si bueno, creo que es el alcohol

    Seguimos con una charla ligera y trivial, hasta que empezó a sonar una canción de reggaetón antiguo, de esos clásicos de Wisin y Yandel.

    – Me encanta esta canción- chille mientras jale a Miguel de la mano atrayéndolo a mí cortando la distancia que aún teníamos empezando a bailar de forma inocente, haciéndolo dar vueltas mientras lo agarraba de la mano y el propiamente hacía lo mismo conmigo. Ahora era un reggaetón de esos que gustan, no una cumbia como para bailar así, entonces procedo a darle la espalda y a bailar de una manera más sexy. En un inicio Miguel era algo distante a como yo le bailaba mientras éramos el centro de atención de algunas miradas que intentaban ser discretas cómplices de que estaba aprovechando la distancia de su novia. Poco a poco aquella falsa timidez desaparecía por parte de Miguel, primero recortando la distancia, seguida de su mano posándose en mi cintura, si por mi era en ese mismo momento me hubiera dado la vuelta y hubiera invadido su boca con mi lengua, pero si quería lograr hasta el final de mi cometido debía ser más inteligente. Mi culo empezó ya a rozar con su entrepierna, sin embargo antes de poder dedicarme a sentir su bulto me di cuenta a lo lejos que su novia estaba regresando, por tanto a menos que quisiera recibir un botellazo en la cabeza decidí alejarme y replantear mi estrategia.

    Sequé mi vaso en señal un poco de frustración, y con el fin de replantear mis ideas.

    – Creo que alguien te trae loquita- Dijo una amiga que estaba en la mesa sacándome de mis pensamientos.

    – Solo quería bailar pero creo que esto se podía malinterpretar- Repliqué haciendo mi mejor cara de póker ocultando mis celos al notar que Miguel había recibido de un beso a Ivet.

    -Bailas?- Nuevamente me sacaban de mis pensamientos, esta vez era un muchacho que estaba en el lounge de al lado mientras me extendía su mano.

    -Si, claro – Dije fingiendo mi sonrisa sabiendo que yo quería bailar con alguien más, pero al rechazar levantaría más sospechas de las que ya había generado.

    Empezamos bailando con este muchacho que realmente no me moleste ni en aprenderme el nombre, por fines prácticos de la historia lo llamaremos X. Apenas empezamos a bailar note como tenia una mirada constante hacia mi, era Miguel el que claramente se notaba celoso al yo estar con alguien más. Sonreí para mis adentros, definitivamente aprovecharía esta situación para torturarlo un poco. Lentamente empecé a acercarme mas a X, a sacarle mas charla y cada vez que el me invitaba un trago yo aceptaba inmediatamente, cosa que no hacía con nadie más y era una fama que yo tenía, de no aceptar muchos tragos.

    Eso claramente lo noto Miguel ya que a lo lejos escuche como Ivet le decía -Te noto muy distraído- O frases similares llamándole la atención, mi plan surtió efecto y solo faltaba una jugada mas por mi parte antes de lograr mi cometido. Empiezo a dar la vuelta y cuando doy la espalda a mi acompañante me empiezo a pegar a él moviendo suavemente el culo estando a centímetros de pegarme a su cintura. Solo puedo ver los ojos de Miguel abrirse cuál platos, al parecer no fui la única que se dio cuenta ya que inmediatamente Ivet empezó a reclamarle nuevamente, situación que concluyó en una acalorada discusión entre los dos. Mi objetivo se cumplió, me alejo un poco de X y nuevamente me pongo de frente a él reanudando la charla.

    – No puede ser posible que cada vez que salgamos estés viendo otras mujeres- Exclamaba Ivet bastante enojada

    – Dios cada vez que estas tomada tienes tus ataques de celos- Replicaba Miguel

    En sí la discusión se prolongó un buen momento bajó la vista de todos los presentes, sin embargo la desgracia de los ojos curiosos Ivet se retiró de la mesa con Miguel siguiéndola. Perfecto todo para mi, esta noche al llegar a casa llamaría a Miguel fingiendo preocupación y siendo la amiga salvadora, ahí lo engatusaba y seria mas facil obtener oportunidades para llevarlo a la cama. ¿Podría mejorar la noche? dije para mis adentros, pues si, la noche mejoró exponencialmente en el momento que Miguel volvió a la mesa sin compañía. Ya con los tragos encima y la excitación del plan yendo a pedir de boca, me dispuse a que la oportunidad que quería sea esa misma noche.

    – Un placer conocerte- Dije a X, procediendo a alejarme sin darle tiempo a responder. Me acerqué a Miguel y cual amiga con areola preguntó. – ¿Estás bien?, creo que discutieron con Ivet-

    – Si bueno a veces es un poco intensa- Replicó Miguel

    – Que lástima, hacen una linda pareja, no pensé que discutieron- Dije de la forma más dulce posible por mas hipocrita que sea.

    Seguimos con un poco de charla ligera hasta que otro amigo de la mesa propuso irnos de la fiesta ya que poco a poco empezaba a vaciarse.

    Salimos en grupo, y alguien propuso ir a una discoteca cercana, en total unas 7 personas accedimos a continuar la fiesta, entre los que estábamos yo y Miguel. Llegamos a un bar/disco, pedimos dos botellas y empezamos a beber mientras bailábamos. En un inicio yo empecé a bailar sola mientras Miguel se desahogaba con uno de sus amigos sobre su pelea. Yo ya sabía que ni bien terminara su charla vendría conmigo, pero se estaba prolongando mucho su charla y me empezaba a desesperar. Así que empecé a bailar de manera más sensual moviendo mi cintura de manera más pronunciada logrando que mi culo se mueva de forma más sexy, era como perrear con alguien invisible, esto para llamar su atención, sin embargo no solo llame la atención de él, sino que también de un chico de otro grupo de personas.

    Mi fórmula ya había funcionado una vez, podría repetir la táctica, así que conecte vistas con aquel desconocido y le regale una disimulada sonrisa con el fin de que se acerque y nuevamente despertar los celos en miguel. Observó cómo el desconocido se empieza a acercar, cuando siento que una mano me toca el hombre, al fijarme era Miguel que aparentemente igual detectó el peligro de que le robaran su aventura.

    -Ahora más tranquilos podemos seguir nuestro baile- Dijo Miguel con una falsa confianza en su rostro, claramente estaba bastante nervioso.

    Esto me causó ternura y solo le respondí con una sonrisa, empezamos a bailar de una manera tranquila. Me moría de ganas de pegar mis nalgas en su entrepierna y frotarme como perra en celo, pero tampoco quería ser tan descarada, al menos no en ese momento que teníamos todavía conocidos en la mesa. Conforme pasa la noche de los siete, nos reducimos a 5, y luego fuimos solo los dos. Ya no nos molestaría pensé, si tenía que jugármela era ahora o nunca. Me pegó a Miguel chocando mi espalda a su torso y empiezo a bailar, ya de forma indiscriminada mi culo rosa su pantalón, se frota de un lado a otro y de arriba a abajo en un efecto circular, es inevitable sentir como su paquete empieza a crecer, sonrió sabiendo que le genere una erección, mientras sus manos posadas en mi cintura aprietan y me acercan hacia él como si quisiera cogerme con la ropa aún puesta. Estoy esperando el momento preciso para darme la vuelta y plantarle un beso, pero de repente cortan la música, me fijo el reloj y veo que son las 3:00 am. Mierda había olvidado que muchos bares cierran a esa hora.

    -Creo que es hora de retirarnos- Dijo Miguel con una sonrisa en su rostro, sonrisa que derritió mi corazón.

    -Mierda que suerte que tiene Ivet- Pensé, mientras le devolvía una sonrisa y empezaba una caminata a su lado con dirección a la puerta.

    Antes de salir me dirigí un momento al baño, saliendo de este me encontré con el muchacho con el que crucé miradas al llegar a aquel lugar.

    -Hola linda, hace rato te vi y quería preguntarte si tienes novio y si podrías pasarme tu número.

    Antes de que pueda siquiera pensar en que responder escuché viniendo de atrás mío.

    -Perdón hermano, pero si tiene novio- Dijo con una voz firme pero amena Miguel mientras cruzaba su mano en mi cintura

    -O, perdón mi intención no era molestar, tienes suerte amigo tu novia es muy bonita- Dijo retirándose aquel desconocido a Miguel

    No pude evitar sonrojarse mientras reanudamos nuestra caminata a la salida.

    -Así que tengo novio? Y quién es?- Dije en tono burlesco a Miguel

    – No quería que te moleste aquel tipo, aunque no parecía mala persona – Respondió excusándose Miguel

    -Entonces supongo que en nuestra mentira a aquel desconocido tú eres mi novio- Respondí probando los límites de Miguel

    -Supongamos que sí- Dijo Miguel mientras me tomaba de la mano

    Recorrimos algunos metros con dirección a un parqueo de Taxis, pero al ver toda la situación de Miguel diciendo que era su novia e incluso tomados de la mano supe que si buscaba una oportunidad era ese momento.

    -Espera, creo que tengo algo en el ojo- Dije frenando

    -Déjame ver- Replicó Miguel acercándose a mi

    Cuando estuvo lo suficiente cerca como para saber que no podría esquivarme le planté un beso.

    A sorpresa mía él no se alejó ni puso resistencia alguna, sin embargo a los pocos segundos él se alejó, cuando yo pensé que iba a excusarse en que tenía novia, sin embargo fue diferente las palabras que salieron de su boca.

    – Acompáñame por acá conozco un lugar más privado- Dijo Miguel, y sin mediar palabra me jalo de la mano como si de dos niños escapando de alguien se tratara. Cuando llegamos a dos calles de donde estábamos, nos situamos en la puerta de un “hostal” que todo el mundo sabía que servía más como motel. Dónde quedó el chico algo tímido y fiel que yo conocía, estaba poseído por las ganas de coger aparentemente. Miguel pidió una habitación y nos dirigimos sin perder más tiempo.

    Conforme recorríamos el pasillo sentía como mi humedad y nerviosismo aumentaba de manera gigante, me sentía nerviosa y excitada como si de mi primera vez se tratara. Apenas entramos no podía más, quería devorarlo, pero un juego previo no vendría para nada mal. Lo empuje a la cama, y apenas cayó sentado, yo igual me senté en sus faldas, intentando centrar el centro de mi culo en su paquete. Mientras él me abrazaba de una manera tierna por mi cintura yo empecé a menear mi culo, rozando y frotándome de izquierda a derecha sobre él.

    -Me encanta lo que me haces- Dijo Miguel con una voz ronca. Y conforme avanzaban los segundos su voz empezaba a hacer unos leves gemidos en forma de gruñidos, ya en ese punto mi “delicadeza” que quedaba para hacer un meneo sexy ya casi se había extinto en su totalidad, y mis meneos circulares ya eran unos roces agresivos de adelante hacia atrás, de forma frenética, yo era poco más mi culo rebotando en su estómago bajo.

    De pronto siento como me levanta de la cintura y me pone en la orilla de la cama, por nuestra posición quede en cuatro, seguramente mostrando un espectáculo con mi jean que de por sí ya era apretado, ahora sentía que me cortaba la circulación de lo pegado que estaba a mi culo. Antes de poder acomodarme o si quiera mirar hacia atrás siento un dolor en mi nalga acompañada de un sonido que retumba el cuarto, acompañada de una segunda nalgada. La primera me agarró de sorpresa, con la segunda mordiendo el labio emití un sonido ahogado -mmm-. Sin perder el tiempo Miguel procedió a bajar mi pantalón con algo de dificultad, por lo que yo dispuesta a hacer lo que él quiera lo ayudó a retirarme mis pantalones sin cambiar la posición en la que estoy.

    Una vez retirada mi prenda inferior recibo otra nalgada e inmediatamente mi acompañante se agacho pegando su rostro en pleno centro entre mis nalgas apartándolas con ambas manos. Aún tenía mi ropa interior puesta, entonces sentir como su lengua humedecer el otro lado del calzón (ya que el lado interior estaba empapado) terminaba de enloquecerme, quería todo en ese momento, que arranque esa prenda y meta indiscriminadamente su lengua, o que meta sus dedos o mejor aún, su polla. Mi mente me traicionó, los gemidos sin darme cuenta ya salían de mi boca inundando el cuarto.

    No pasó mucho tiempo hasta que hizo a un lado la única tela que aún cubría mi intimidad. dando paso al contacto de sus labios con mi sexo, en un inicio parecía que solo estaría besando el área, pero eventualmente sentí su lengua entrar en acción, en un inicio rondando los alrededores dando círculos, los momentos que rozaba mis zonas mas sensibles era inevitable los sonidos que salían de mi garganta- ahhh-. Corto quedó el gemido previo, comparando al que solté acompañado de una vibración de mi cuerpo entero que me obligó a clavar mis uñas en la cama, el momento que su lengua invadió mi interior.

    Sonaba como su lengua jugueteaba en mi interior, de adentro a afuera como si de lamer un helado se tratase con la diferencia de que todo el movimiento era en mi interior. Sus brazos estaban abrazados a mis piernas apresándome y evitando que me pueda alejar, tampoco es que lo quisiera hacer, pero si en algún punto lo desease para mí sería imposible. -Mas, mas, no pares por favor- Palabras agudas arrastradas por la excitación salían de mi boca conforme sentía su lengua en mayor profundidad mía, acompañada de la idea de que su rostro estaba totalmente pegado exactamente en pleno centro de mi culo. Podía confirmar esta idea al ser que sentía el cálido aire que salía de su nariz chocar contra la piel que se encontraba exactamente debajo de mi orificio anal.

    Estuvimos así durante algunos minutos, pero en mi mente los imagino como horas. El momento que se despegó de entre medio de mis cachetes escuche como Miguel tomó una bocanada de aire bastante extensa mientras se ponía de pie. Esos breves instantes yo con mi respiración agitada y constante me sentía expectante a que pasaría a continuación. Un sonido de aplauso generado por una nalgada inundó el cuarto, fue inevitable gritar por mi parte ya que esta había sido casi con odio, sentí el ardor en mi nalga izquierda, pero acompañada del dolor del momento fue a la par la excitación, donde había quedado aquel fiel caballero que veía casi a diario, ahora era un tipo que estaba dando nalgadas a una chica en un cuarto alquilado a espaldas de su ahora cornuda novia.

    Posiciono un pedazo de carne a la altura de mi vagina en un inicio pensé que sería su dedo, pero al sentir un empujón que introducía aquel miembro extraño a mi interior caí en cuenta de que se trataba de su pene. -En que momento se lo saco, mierda quería poder verlo antes de que lo meta, además de probarlo- pensaba para mis adentros, pero aquella voz en mi cabeza fue brutalmente silenciada el momento que ensarto de golpe su masculinidad en mi interior una vez su cabeza terminó de atravesar mis labios. -Ahhhh- nuevamente grite de forma sonora sin importarme si alguien nos oía, los siguientes minutos la atmósfera se inundó de un aplauso producto de su cuerpo chocando con el mío, el sonido de un chapoteo a raíz de la humedad de mi vagina, sonoros gemidos míos, y algunos ahogados por parte de Miguel.

    La de imagen era digna de una peli porno, yo sin pantalón o bragas y únicamente con mi blusa puesta, en cuatro patas, al borde de la cama mientras miguel me penetraba en forma de perrito acompañado de los sonidos que conté. Fue cuestión de tiempo para que la imagen se vuelva más bizarra, cuando con una mano jalo mi pelo, mientras la otra me ahorcaba jalándome hacia él, obligándome a levantarme y pegarme a él.

    Te gusta esto zorrita, desde hace tiempo vienes provocándome no? -Dijo Miguel con una voz ronca casi poseída

    SI, me encanta, por favor sigue- Dije yo rendida a él totalmente

    Eres mía zorrita, te cogeré cuando yo quiera- Replico Miguel

    Si papi- Respondí con mi voz dulce y rendida

    Eres mía?- Preguntó Miguel

    Solo tuya papi- Respondí

    Aquella última respuesta detonó algo dentro de Miguel, que me lanzó a la cama, ya no estaba en cuatro, directamente estaba echada dándole la espalda. Me sentí por unos segundos vacía ya que su miembro abandono mi cavidad en ese momento, pero aquel vacío duró poco ya que casi arrojándose, el cuerpo de miguel aterrizó sobre el mío, tardo unos segundos en penetrarme una vez más, empezando a bombear de una manera salvaje y desenfrenada. Si antes no podía escaparme ahora era imposible, me aprisionaba con todo su cuerpo y el vaivén de sus caderas hacía que cada penetración caiga sumado a su peso al caer. El golpeteo y gemidos aumentaron en magnitud.

    Seguimos así por unos cuantos minutos hasta que sus movimientos empezaron a ser más pausados, y sus gemidos más notorios. Con un último esfuerzo miguel salió de mí y arrojó su líquido encima mío, sentí el calor en gran parte de mis nalgas e incluso alguna gota quemó mi orificio no explorado. Miguel cayó rendido a lado mío con una respiración agitada y cortada.

    Pasaron algunas semanas desde lo ocurrido, Miguel arreglo las cosas con su novia, obviamente no le contó sobre nuestra aventura. Yo actuó con normalidad saludando a ambos como si nada hubiera pasado, Ivet algunas veces me responde el saludo, mayormente me mira con desprecio, y es entendible algún rumor de que yo coquetee a miguel le habrá llegado. Miguel a veces me saluda, pero mayormente se pone en exceso nervioso con mi presencia, mas si Ivet está cerca. Se preguntaran porque no intente formalizar con Miguel si fue tan buen amante y es un buen chico, pues no estoy para esas cosas, quiero probar de todo, y tampoco soy un monstruo como para romper su relación para engañarlo, seria feo. En fin, ya lo vi, me gusto, me lo comí y a seguir con nuestra vida.

    Perdón por la demora en publicar algo nuevo, la falta de creatividad y algunas complicaciones técnicas me afectaron, y preferí esperar a tener nuevas ideas antes que escribir algo por mero compromiso. Espero disfruten este nuevo relato.

    Att. NONSENSE X

  • Caricias de otoño

    Caricias de otoño

    Mi nombre es Laura, soy terapeuta sexual. Quiero relatar una experiencia que tuve mientras trataba a una de mis pacientes. Su nombre era Natalie y ella era mi amiga desde la universidad Natalie vivía con Daniel y con su hijo de él, llamado Dylan. Vivían como una familia normal, hasta que un día Daniel tuvo un accidente y a partir de ahí, Dylan y Natalie terminaron viviendo en la misma casa solo él y ella, sin embargo los años pasaron y las cosas se han salido un poco de control entre ellos.

    Es por ello que Natalie vino a verme, para contarme lo que estaba viviendo con Dylan todos los días:

    – Cuéntame Natalie, ¿qué sucede? – Le pregunte, al iniciar la terapia

    – La verdad es que no sé qué hacer con Dylan. He tratado de hablar con él pero no ha funcionado. – Me respondió Natalie

    – ¿A qué te refieres?

    – A que ha estado buscándome, tú sabes…

    – Me temo que no lo sé, ¿a qué te refieres?

    – Lo que sucede es que me busca para que lo acaricie – Me dijo un poco ruborizada

    – ¿Te refieres a caricias de índole íntima? – Le pregunte para aclarar el punto

    – Si, totalmente

    – Ya veo, y ¿por qué consideras que es un problema si él ya es un adulto?

    – Se podría decir que si pero, tú sabes, por respeto a la memoria de su padre yo no debería…

    – Entiendo

    – Sin embargo, he de confesarte que me resulta difícil negarme, pues el me parece muy atractivo, a pesar de nuestra diferencia de edad

    – Si, estoy al tanto de que le llevas varios años

    – Así es, y la verdad, pienso que aún me conservo relativamente bien y sé que se siente atraído por mi

    – No me extraña, siempre has sido muy guapa – Le dije de forma sincera

    – Gracias Laura, te lo agradezco – Me dijo mientras se acomodaba su cabello largo

    – Pero ¿el que te dice? ¿Siente algo por ti o solo es obsesión?

    – Es difícil saberlo, él es muy reservado con sus sentimientos pero al estar solos en la casa, se acerca a mi, toma mi mano y la pone en su entrepierna.

    – ¿Como reaccionas tu?

    – Le digo que no debería tocarlo de esa forma pero el insiste diciéndome que solo una vez, por lo que termino hincándome, bajo su trusa y cuando su pene queda al descubierto lo acaricio con mis manos

    – ¿Te dice algo mientras lo acaricias?

    – Solo cierra sus ojos y me pide que continúe pues siente mucho placer. Y así lo hice, seguí acariciándolo con mi mano de arriba a abajo hasta que de pronto su pene comenzó a expulsar un poco de semen. Creí que había sido accidental y que se detendría, pero siguió derramándose en mi mano hasta que se vino totalmente.

    – Debió haberte tomado por sorpresa, pero ¿no era esa tu intención? Hacer que tuviera un orgasmo

    – No en ese momento, no quería sobrestimlularlo hasta ese punto

    – Ya veo

    – Y así fue como empezamos, con caricias de ese tipo que yo le hacia

    – Supongo que a partir de ahí su relación ha ido escalando en ese sentido

    – Definitivamente. En otra ocasión él se fue a recostar junto a mí en la noche mientras yo intentaba conciliar el sueño y empezó a frotar su pene en medio de mi culo

    – ¿Qué hiciste cuando te diste cuenta?

    – Simule seguir dormida, mientras Dylan se frotaba detrás de mi hasta que tuvo su orgasmo. Al terminar, sentí que limpió su semen de mis nalgas con un papel y se fue. Al día siguiente no le dije nada, pues supuestamente yo estaba dormida.

    – ¿Que sentiste cuando estaba detrás de ti?

    – Sentía como si me estuviera haciendo el amor. Tenía tantas ganas de quitarme la panty y guiarlo hasta mi entrada húmeda, darle las nalgas como él quisiera pero no lo hice. Solo deje que se sirviera, pues sabía que pronto terminaría.

    – ¿Qué hiciste cuando él se fue?

    – Empecé a acariciarme los pechos y debajo de la panty, pensando en lo que pudo haber sido. En mi imaginación, el acababa de hacerme el amor y con eso fue suficiente para tener un orgasmo esa noche.

    ¿Crees que debí haber hecho algo distinto? Ya no sé como controlarlo – Me dijo Natalie un poco contrariada

    – Te entiendo Natalie, no debe ser fácil para ti negarte a los acercamientos de Dylan mientras tu satisfaces tus propios deseos

    – Si, él ha buscado la forma de que yo me entregue a él, pero no lo he dejado aunque, si hemos tenido contacto sexual

    – ¿A qué te refieres exactamente?

    – Un día lo estaba masturbando en el baño y cuando me levanté, me baje la panty, dejando al descubierto mi vello púbico. Tome la punta de su pene y la acerque a mi vulva, pero solo por fuera

    – ¿Que hizo Dylan?

    – Empezó a moverse, simulando que me penetraba mientras me tomaba por la cintura. Como te imaginaras, no duro mucho y se vino ensuciando por completo mi ropa interior.

    – Se podría decir que si ha habido cierta intimidad, pero no ha habido coito como tal – Pregunte para mayor claridad

    – Así es, nunca hemos cogido realmente

    – Entonces, solo han sido caricias y ciertas concesiones de tu parte

    – Si, así es Laura

    – De acuerdo Natalie, me gustaría entrevistarlo por aparte para conocer su versión si te parece bien

    – Si, está bien

    Al día siguiente Dylan fue a verme a mi consultorio y de inmediato trate de que se sintiera cómodo, como si hablara con una amiga, en vez de con una terapeuta.

    Natalie tenía razón, era realmente muy guapo. En ese momento supe lo difícil que era para ella no entregarse a él por completo.

    No era necesario tener un doctorado en psicología para darse cuenta que Dylan se sentía frustrado y que traía una leve depresión.

    Durante la sesión, Dylan me contó que le gustaba practicar varios deportes, entre ellos el ciclismo.

    Me contó también que gracias a ese deporte ha descubierto vistas muy hermosas de la ciudad.

    Le dije en tono informal que quizás algún día podría mostrarme lo bello que se ve desde ahí.

    No creí que Dylan hubiera tomado mi comentario en serio, sin embargo unos días después Dylan me envió un mensaje y quedamos de vernos cerca de ese lugar, sin embargo yo no llegue en una bici sino en mi auto.

    Dylan tenía razón, la vista era muy asombrosa desde ese punto de la montaña además de que no había absolutamente nadie ahí.

    – Gracias por mostrarme algo tan bello Dylan – Le dije mientras contemplaba el paisaje

    – Gracias a ti Laura por saber escucharme, no me imagine que hablar contigo me ayudaría – Me dijo

    – Yo sé lo que realmente necesitas – Le dije al oído en voz baja

    – ¿En serio? – Me respondió confundido

    Lo tomé de la mano, lo conduje a mi auto y nos metimos al asiento trasero.

    Cuando Dylan se sentó junto a mí, nos miramos por un momento y comenzamos a besarnos. Más temprano que tarde las manos de Dylan ya recorrían todo mi cuerpo, manoseando mis piernas, mi blusa… mis pechos.

    – No Dylan, ¿qué diría Natalie si nos viera? – Alcance a preguntar

    Sin embargo Dyaln siguió besándome y acariciándome haciendo caso omiso a lo que le dije.

    Dylan no dejaba de tocar y acariciar mis senos. Sentí la necesidad de desabrocharme el sostén, pues mis pezones ya estaban muy erectos y además quería que Dylan me los besara.

    Poco después, levante una de mis piernas y Dylan conoció mi ropa interior de color blanco. Se acercó y empezó a besarme en esa área haciendo qué se me erizara la piel.

    – ¿Te estorba esto? – Le pregunte refiriéndome a mi braga

    – Si, mucho – Alcanzo a responder mientras me la quitaba

    Dylan acarició por un momento mi vello público que había quedado al descubierto. Para cuando se acercó de nuevo, mi vulva ya mostraba señales de humedad, debido a los besotes que me había dado en la boca y en los pezones.

    Aun así, no perdió la oportunidad de conocer mis sabores mas íntimos y de terminar de lubricarme usado sus labios y su lengua.

    – Estas haciendo que me sienta muy mojada. Si estás pensando en penetrarme, hazlo de una vez! – Le reclamé

    – Si que lo estas! – Alcanzo a decir mientras me lamía toda la vulva y el clítoris

    – ¿Esto es lo que necesitabas verdad? Alguien que te abriera las piernas sin tanto ruego

    – Si Laura, esto era justo lo que necesitaba! – Siguió diciendo en medio de mis fluidos vaginales

    – Ya no aguanto Dylan, mira que estoy mojadisima!

    Dylan se quitó los pantalones y el bóxer dejando al descubierto su pene totalmente erecto.

    Mi vulva estaba tan húmeda, que el simplemente resbalo dentro mi, haciendo que se me escaparan algunos gemidos.

    Dylan marcó la pauta de esa primeras penetraciones, el ritmo perfecto para disfrutar del coito. Mientras me hacía el amor, yo no paraba de gemir y de incitarlo a que siguiera pues me estaba haciendo sentir muy rico.

    – Si Dylan… así… así… dame rico… sigue, sigue… cógeme… no pares…

    De pronto Dylan se salió de mi y empezó a eyacular mientras el gemía. Ahí estaba, el mismo semen del qué me había hablado Natalie, pero ahora sobre mi vientre. Lo toque con mis dedos y los lleve a mi boca para conocer su sabor.

    Al terminar nos quedamos abrazados en el asiento trasero del auto.

    – ¡Eres hermosa! – Me dijo con respiración aún agitada

    – Gracias Dylan! – Le dije

    – Me encantó estar contigo! – Volvió a decirme

    – Lo sé Dylan. Lo que quería mostrarte es que no necesitas para nada a Natalie

    – Si, ella no me da lo que tú me has dado! – Me dijo un poco molesto

    – Natalie tiene un bloqueo psicológico, por eso no se entrega a ti. Note lo frustrado que estabas y el único remedio para tu caso, era mostrarte lo dulce que pueden ser las caricias de una mujer

    – Si, fue hermoso!

    – De hecho, creo que vamos a necesitar varias citas de este tipo para poder avanzar en tu proceso- Le dije mientras acariciaba su pecho y su cabello

    – Si Laura, yo pienso lo mismo. Necesito mucho esto! – Me dijo

    – Sabía que te iba a gustar tenerme en tus brazos, por eso te traje a este lugar, pero por favor, no le comentes nada a Natalie, tus citas conmigo son privadas.

    – Si, está bien, no le diré nada – Me respondió

    La verdad es que tuvimos varias «citas» de este tipo y si soy sincera, me encantaba abrirle las piernas, abrazarlo, acariciarle el cabello y la espalda mientras me hacía suya.

    Un día un día, mientras estábamos descansando abrazados, me enteré de algo que había sucedido entre él y Natalie:

    – Tengo algo que confesarte – Me dijo Dylan mientras acariciaba mi cabello

    – ¿Que sucede? – Pregunte temiendo que Laura se hubiera entregado a el

    – Estaba en la cama con Laura y le pedí que me tocara. Entonces ella, con su pantaleta puesta se abrió de piernas y me dejo frotar mi pene sobre su panty. Poco después tomo mi pene y lo metió dentro de su tanga. Al sentir sus labios menores humedecidos, no pude evitar resbalar dentro de ella.

    – ¿Que hizo Laura, te sacó?

    – Me miró sorprendida, pensé que me diría que me saliera pero en vez de eso, comenzó a gemir. Nunca la había escuchado hacer ese tipo de ruidos tan sexys.

    – ¿Duraste mucho dentro de ella?

    – Si te soy sincero, no creo que haya sido mucho. Cuando sentí que ya iba a terminar, me salí de ella y empecé a eyacular sobre su vientre

    – Vaya, si que son novedades. Finalmente hubo sexo entre ustedes.

    – Si, no quería que te enteraras por medio de ella así que preferí decírtelo

    – Gracias Dylan por contármelo. Significa que ¿ya no me vas a venir a ver? – Le pregunte un poco decepcionada

    – Claro que si Laura, no me perdería por nada estar contigo

    – ¿Sabes? Hiciste que me sintiera un poco celosa

    – No era mi intención, es solo que Natalie vive conmigo y …

    – Lo sé, sé que tanto tu como ella se han buscado, pues ambos quieren satisfacer sus deseos más íntimos

    – Si, supongo que si pero tú sabes que me encanta pasar tiempo contigo! – Me dijo

    – A mi también me encanta lo que hacemos Dylan – Le respondí mientras lo besaba. Aquellos besos no tardaron mucho en convertirse de nuevo en caricias y en sexo rico.

    Días después Natalie vino a mi consultorio, y me quiso vender la misma idea de que Dylan la buscaba para que masturbarlo, pero le confesé lo que estaba sucediendo entre Dylan y yo. A ella no le quedo otra opción que decirme la verdad.

    Fue un momento incomodo entre nosotras si soy sincera, pero nos sirvió para llegar a una especie de acuerdo:

    – Ahora que sabes lo que sucedió ¿te molesta que Dylan me busque? – Le pregunte

    – Él ya es un hombre y tiene la libertad de estar con quien quiera. Aunque si te soy sincera, prefiero que sea contigo y no con alguna desconocida

    – Gracias Natalie, te lo agradezco. La verdad es que me gusta y disfruto estar con el

    – Y siendo sincera ¿A ti te molesta que el me busque o yo a él? – Me pregunto Natalie

    – No, para nada. Entiendo que viven en la misma casa y que no van a faltar ocasiones, pues él es joven e impulsivo y tú tienes deseos sexuales como cualquier mujer

    – Si, no ha sido fácil para mi vivir con él y no desearlo

    – Gracias por haber sido sincera conmigo Natalie al igual que yo lo fui contigo. No es necesario competir entre nosotras. Cuando estén en su casa, yo respetare su espacio, y cuando él te diga que viene a terapia, sabes que viene a hablar, a que lo escuche pero es muy probable que termine en otra cosa.

    – ¿Qué es lo que te gusta de estar con él? – Me pregunto

    – No lo sé, muchas cosas. Al principio, es muy dulce cuando está detrás de mí, besándome el cuello y cuando me toma por la cintura sé que no me dejará hasta que… tú sabes

    – Si, también me ha hecho lo mismo, no me suelta hasta que no le haya dado las nalgas, pero… sé que lo has disfrutado tanto como yo.

    – Si Natalie, te ofrezco una disculpa, no era mi intención tomar nada de lo que es tuyo. Simplemente así se dieron las cosas entre Dylan y yo.

    – Lo sé Laura, no tienes nada de que disculparte. Me da gusto que compartamos ciertas cosas y tengamos nuestros secretos de amigas.

    Laura sonrió y en ese momento nos pusimos de pie casi al mismo tiempo y nos abrazamos.

    – ¿Sabes? Creo que me excite por estar hablando de estas cosas – Me dijo Natalie

    En ese momento me sentí totalmente identificada con ella, pues sentí que me humedecí al estar hablando con Natalie sobre Dylan y sobre lo rico que nos hace el amor.

    Al unirnos en ese abrazo, pude percibir su dulce perfume y la calidez de su cuerpo.

    Nuestros rostros estaban tan cerca, que de forma muy natural terminamos dándonos un beso.

    De pronto Natalie y yo volvimos en sí, y retomamos nuestros roles habituales de amigas.

    – Sera mejor que me vaya a casa, se está haciendo tarde – Me dijo un poco ruborizada

    – Claro, te acompaño a la puerta – Le respondí mientas intentaba ordenar mis ideas sobre lo que somos y lo que no.

    Fue así fue como Natalie y yo, compartimos por un tiempo al mismo amor sin haberlo planeado.

    Hoy en día ya no veo a Dylan, pues el ya no vive con ella. Pero guardo un agradable recuerdo de los encuentros que tuvimos. Cuando veo a Natalie casi no hablamos sobre Dylan ni de aquel beso que nos dimos, pero nunca nos olvidamos de lo que hemos vivido juntas ni de lo que él nos hizo sentir.

    FIN

  • Jorge y Alejandra

    Jorge y Alejandra

    Me llamo Jorge, me gustan mucho los relatos eróticos, los leo a menudo y hoy quisiera contarles mi historia. Soy dueño de una Pyme, un mini supermercado para ser más preciso. Tengo cuatro hijos: Alina, Aldana, Agustín y Florencia y mi actual mujer se llama Alejandra, que es mi amor y la protagonista de ésta narración.

    Todo se remonta a 2003. Yo estaba -digamos que felizmente casado con Teresa-, una mujer hermosa que me dio tres hijos maravillosos, en ese entonces la mayor (Alina) tenía 8, la segunda (Aldana) 6 y el tan buscado varón (Agustín) 4 años.

    Con Tere éramos muy pasionales, y para adentrarme más con la historia me iré a la década del 90. Ella tenía unas caderas y un culo enorme y eso me volvió loco desde el primer día. Primeramente fue la empleada doméstica en casa de mis padres y a mí me gustaba mucho. La morocha siempre traía puestos unos jeans que se los untaba con manteca y yo me mataba a pajas luego de verla con esos pantalones tan sexis pasar el plumero a los muebles y hacer sus cosas por la casa. Siempre fui un loco por los culos y el de Teresa era hermoso.

    Ella era mayor que yo, y por cosas de la vida nos fuimos acercando, palabras van palabras vienen llegaron las primeras tomadas de mano, un beso tímido y así nos fuimos entusiasmando con el pasar de los días.

    Nos encamábamos a escondidas de mi madre y después ya cogíamos con más asiduidad. Hasta que un día a media mañana descuidó sus quehaceres, nos encerramos en mi habitación y mamá me encontró desnudo en mi cama con Teresa la mucama montada sobre mí. Ahí no nos quedó otra que blanquear, se quedó a vivir conmigo, compramos una cama más grande y al tiempo quedó embarazada de Alina, nuestra primera hija.

    Nos pusimos un almacén en la parte de adelante de la casa y vivíamos de eso. Pasó el tiempo, se agrandó la familia y ya teníamos tres hijos. Tere estaba muy hormonal y quería quedar embarazada por cuarta vez.

    Año 2003, la vida transcurría normal, hasta que una mañana vinieron al negocio por primera vez dos chicas divinas, estudiantes de odontología que se mudaron al barrio alquilando en el edificio de la siguiente cuadra a nuestra casa. Una de pelo oscuro, morenita muy linda y una rubia que estaba el triple de linda que su compañera. Verónica y Alejandra.

    Yo me calenté con la rubia, esa piel tan blanca, una carita de inocente pero con aires de puta a la vez, y tenía un tremendo culo para mi desgracia.

    Alejandra empezó a venir mas de seguido al local, me calentureaba y yo a ella. Yo era un tanto más grande de edad que ella pero me gustaba, verla llegar me hacía sentir bien, me esmeraba al atenderla y forjamos una complicidad incipiente entre los dos.

    Yo la llamaba Ale y ella me decía Jor. Era divina. Yo ya estaba loquito por su carita, su voz, su pelo y su cuerpo. Tenía una cara de angelito y lo combinaba con un cuerpazo infernal y para peor se daba cuenta de mis intenciones y me hacía una voz de nena inocente.

    Un día las termino de atender a las dos futuras odontólogas y Dante un vecino y amigo de toda la vida, cuando ellas al hacer sus compras se despidieron y se fueron me gesticuló lo buenas que estaban y yo asentí con la cabeza.

    Dante me confesó que las dos se ganaban un dinero «extra» trayendo tipos a su departamento. Es decir se hacían de clientes que se las cogían y les pagaban por los favores sexuales y así Vero y Ale solventaban sus estudios y el alquiler.

    Mucho no le creí pues Dante siempre fue un charlatán. Decidí ignorarlo pero empecé a darle la razón cuando en un par de oportunidades vi a mi rubia hermosa salir y subirse a autos que la esperaban afuera de su edificio.

    Sinceramente me desilusioné. Yo la veía tan inocente a Ale.

    Igual no dejé de tratarla como si fuese el primer día. Y cuando hablábamos se desenredaba las puntas de su rubio y largo pelo y me hipnotizaba, pero más perdía la cabeza cuando venía en ojotas y shorts de jeans cortitos. Se me ponía de espaldas y la erección era inevitable.

    Entre charla y charla me pidió hablarme en privado. Me tomé un tiempo y en la vereda del local conversamos de un modo más ameno.

    Alejandra muy avergonzada me pidió si le podía prestar dinero. Cómo que vio venir una negativa de mi parte entonces agachó la cabeza.

    –Cuanto necesitas? – Pregunté, y era una cifra un tanto elevada.

    –Dejame pensarlo Ale, es mucha plata pero veo y te contesto después – , le dije. A lo que ella me respondió –Si está a tu alcance y lo podes hacer llévamelo al departamento ésta noche, es el 2º C, tocá timbre a las 22 horas y te espero. Sos un amor Jor– y se fue.

    Junté el dinero, me armé de una excusa para salir y a las 22 en punto toqué el portero eléctrico del 2do C. Ale abrió desde arriba y subí. Me esperaba en calza negra, una musculosa blanca y zapatos con plataforma.

    –Sabía que ibas a venir– fue lo único que alcanzó a decir y nos besamos. Nos matamos a besos y fui adentrándome en su departamento. Toqué su cuerpo por primera vez y ella se quitó los zapatos, se dio vuelta y se bajó la calza. Por Dios tener ese culazo a mi merced era un sueño. Una cosa redonda y suave al tacto, su piel era tan blanca que al apoyarle las manos se le quedaban marcados los dedos. Una tanga negra traía puesta, me arrodillé, se la corrí y le chupé el culo con demasiado deseo, tantas noches soñé en hacerle eso pero ella me era inalcanzable y ahora lo estaba haciendo realidad.

    Ale se dejaba, es más, se separaba las nalgas dejándome enterrarme más en su asterisco. Se lo ensalivé como nadie se lo ha hecho alguna vez.

    Su concha era rosadita tal como fantaseamos con Dante en nuestras tantas charlas de maridos calentones por esa hembrita de pelo rubio. Me la senté en una banqueta y desde abajo me la comí toda. Tenia el clítoris erecto por el franaleo de mi lengua y la ensalivada que le estaba propiciando. La miré desde mi posición y Alejandra cerraba sus ojitos totalmente entregada.

    Salió de su postura en ese banco de madera de patas largas y se agachó a chupármela. Era una maestra, una diosa total, lo hacía con ganas y una devoción absoluta. Chupaba, lo dejaba de hacer, lo escupía y se lo devoraba otra vez.

    Se volvió a acomodar en la banqueta, sacó el culo tremendamente y abriéndose las nalgas me pidió que se la meta.

    Ella la quiso en la conchita pero yo le puntee el culo. Le apoyé solo la cabeza y le costó un tanto entrarle. Se la enterré de a poco y le fue ganando terreno.

    Alejandra fue la mujer que me volvió loco, era la primera vez que le era infiel a Teresa pero no me importaba nada. Yo la estaba culeando de un modo bestial, de repente se me salió y me equivoqué de agujero, se salió del culo y con la calentura reinante se la hice entrar en la mojadita concha. Se estremeció al sentirla y se la di con todo.

    –No me acabes en la concha Jor– me decía agitada, yo se la seguía dando enloquecido.

    Ale alcanzó un orgasmo, era por demás expresiva y al llegar al clímax habrá despertado a medio edificio.

    Me quedé adentro de ella, nos calmamos y la disfruté así tan excitada y agitada. No me moví por un rato hasta que de a poco fue retomando fuerzas.

    –La quiero en el culo please – dijo con su vocecita desvanecida después de haber acabado.

    Tenía la colita colorada tras esas primeras embestidas. Se lo lengüeteé un tanto más y se la hice entrar.

    Me aceleré y fui algo bruto, ella gemía y balbuceaba insultos hacia mí. Me sentí venir y exploté adentro del ojete de la rubia estudiante de odontología.

    Nos bañamos juntos y queríamos volver a hacerlo, el tema es que Vero regresaría en cualquier momento. Lo dejamos para otro día, me vestí y le di el dinero que me pidió en calidad de préstamo o entiéndase en calidad de pago.

    Pasaron los días y nuestras encamadas fueron en aumento. Amaba buscarla a la salida de la universidad, o del gimnasio o nos veíamos en la plaza cuando simulábamos ir a hacer running y de ahí nos íbamos a algún hotel. Ella me pedía dinero para solventar sus gastos y yo la complacía. Mis números estaban ya en rojo pero era una muy buena inversión.

    Estaba loca por una moto.

    –Amor quiero una motito– me insistía, y su sugar daddy le compró la motito.

    Quería ropa y yo se la compraba, un zapatito tal vez y yo ahí estaba. Era mi locura, y la rubia me pagaba con su cuerpo.

    Se me fueron las ganas de coger con Tere, y las sospechas que yo tenía otra mujer no tardaron en llegar.

    Alejandra rindió la última materia y logró recibirse de odontóloga. Allí estuve cuando autoridades de la universidad le entregaron el título habilitante.

    Estaba tan orgulloso de mi tal vez novia a escondidas que le dí un merecido premio, su propio departamento.

    Lloró de emoción y no lo podía creer pero mi Alejandrita se lo merecía. Y en el fondo yo la quería sola para mí. Desee sacarla de esa vida en la que alquilaba su cuerpo a cuánto tipo se le presentaba.

    Me pidió algo que me descolocó: Que me mude con ella a su nuevo hogar.

    Con Tere no había vuelta atrás, se lo conté y abiertamente le confesé que me enamoré de otra mujer. Le conté que era la rubia de la otra cuadra que nos venía a comprar al negocio y así fue como me fui de casa.

    Ya en nuestro nidito de amor cogíamos todas las noches. Ale estaba más que hermosa y tenía un culazo más apetecible al de aquella nuestra primera vez. Nos casamos por civil en una casa quinta y las cosas nos salían bien. Empecé con el emprendimiento del mini supermercado, pudimos montar su consultorio para así poder ejercer su profesión y le regalé el auto de sus sueños: un Volkswagen Gol de tres puertas.

    Pasaron los años, y aquella flaquita divina se transformó en tremenda milf.

    En el 2015 le entró el deseo de quedar embarazada. Y su sugar daddy se la tuvo que coger y mucho hasta que por fin le cumplió lo que quería.

    Tuvimos a Florencia, nuestra hija y la criamos con mucho amor.

    La maternidad la transformó en un hembrón. Era adicta al fitness y obsesiva con sus curvas. Tenía unas tetazas enormes, pancita plana, unas caderas anchas y ese culo seguía impoluto, firme, muy parado y tentador. Todo el mundo la miraba de atrás y ella se relamía por sentirse deseada.

    A la noche cuando lográbamos hacer dormir a nuestra hija nos metíamos en la cama y Ale me narraba todas las groserías que le decían los hombres por la calle cuando le miraban la cola. Yo me calentaba a full, ella me chupaba la pija y terminábamos cogiendo de un modo animal.

    En el fondo me motivaba y mucho que se calienten con mi mujer.

    Y así llegamos a la actualidad, yo tengo 60 años, y no hace falta recordar que a Ale le saco varios de diferencia. Ella sigue hermosa, lo que si es toda una señora decente y de su hogar, cosa que no quita que se vista por demás guarra, con calcitas, shorts y jeans que le resaltan su tremendo orto. Sigue yendo al gimnasio y tiene un cuerpazo.

    En el plano sexual ya me cuesta un poco mantener una erección plena. Si bien hacemos el amor siento que no puedo complacerla como antes, tal vez estando yo sobre ella aguanto un tanto más, pero si mi mujer está montándome o se me pone en cuatro patas sinceramente acabo rápido.

    Ella trata de consolarme diciendo que le encantó pero en el fondo me invade la frustración porque Ale se queda con ganas de seguir.

    Nos mudamos a un barrio céntrico. Nuestro departamento es vidriado de cara a la calle y en el lado de enfrente tenemos más edificios de departamentos similares al nuestro.

    Un día Ale decidió tomar sol en el balcón. Tiró un toallón al piso, se untó con bronceador y colocándose lentes oscuros se acostó boca abajo con una mallita negra que se le metía atrás ya de un modo escandaloso.

    En el edificio de enfrente un muchacho se tildó viendo el culazo de mi rubia esposa expuesto al sol. Encendió un cigarrillo y sin sacarle la vista de encima se empezó a tocar la entrepierna excitado por el cuerpo de Ale.

    –Amor, tenés un admirador enfrente – le dije.

    –Que me importa!, dejalo que mire– respondió, pero la idea de que alguien la mire un tantito la calentó.

    Se puso en cuatro y se untó nuevamente las nalgas con bronceador. Yo observando la escena desde adentro cuando mi puta esposa le ofreció el culo en esa postura al voyerista vecino de enfrente, éste sacó su pene duro y lo dejó a la vista de quién lo quiera mirar y se masturbaba como si estuviera en la intimidad de su habitación.

    Le hice un gesto a mi mujer para que mirase, ella se dio vuelta, acostándose boca arriba, se sacó la parte de arriba y quedó en topless. Alzó las rodillas y se abrió de piernas de cara al vecino que se hacía la paja viéndola.

    El muchacho ya tenía una erección más que respetable y Ale actuaba como si no pasara nada pero lo miraba y estaba excitadísima. Rato después se puso de pie, se tapó los pechos con una mano y con la otra se corrió el costado la riendita que tenía por malla y me mostró (va, a mí y al mirón más que nada) lo rápido que se bronceó. Una marquita sumamente erótica. La única parte blanca que quedó en su piel era lo que cubría esa mallita colaless. Me pidió que ponga música y así lo hice, simuló bailar un poco moviendo sus caderas y no pude más de la calentura, la tomé de la mano, fuimos a la cama y la cogí como en los viejos tiempos.

    No hizo falta que me la chupe largamente para que me provoque una erección porque con todo lo vivido en el balcón se me puso dura como un fierro.

    Ale también estaba más que caliente y mojadísima. Tales eran sus ganas que acabó antes que yo. Estaba feliz y yo también. Se puso en cuatro y la bombeé un rato más mientras le metía dos dedos en el culo. No pude resistir, se la saqué y le enchastré con mi leche las bronceadas nalgotas de Alejandra. La noté satisfecha como de hace tiempo no la veía disfrutar una encamada conmigo.

    Ya distendidos en nuestra cama me contó un secreto: se excitó al ver que ese hombre de barbita y pelo lacio algo largo se baboseaba con ella. Me suplicó que no me enoje por tal confesión pero yo lejos de ofenderme le dije que me hacía por demás feliz que a mi mujercita la deseen otros machos. Ale abrió grande los ojos y se puso feliz, entró en calor, me besó apasionadamente y se me montó poniéndome culo y concha en mi cara para practicarle un 69. Me adentré en sus carnes y ya tenía la verga lista para un segundo round.

    Todo ese morbo nos dio un plus de calentura y a mis 60 años encontramos un modo muy peculiar de encendernos sexualmente hablando. Ella se exhibía y yo me calentaba cuando mi rubia odontóloga se prestaba a provocar a otros sujetos.

    Soy consciente que tal vez sean mis últimas erecciones, el paso del tiempo no tiene marcha atrás, y me estoy haciendo la psicológica de que tarde o temprano me resignaré a ver a mi joven esposa ser enculada por otros tipos.

    Tal vez la cosa se ponga más hot, quiero averiguar si Ale se dejará culear por sujetos que a ella le gusten. Es joven, atractiva y tiene intacto su apetito sexual. Veremos hasta donde es capaz de llegar, pero ya será motivo de otra historia.

  • Mi madrastra y su enorme culo son mi mayor deseo

    Mi madrastra y su enorme culo son mi mayor deseo

    Mi madrastra siempre me pareció una auténtica potra, con ese enorme culo, que apenas le entra en los jeans y pantalones, esa cola fue deseo de muchas de mis pajas, hasta que pude probarla y deleitarme con ella, o con sus nalgas.

    Soy Adam, tengo 30 años, mis padres son separados, mi trabajo queda un tanto cerca de la casa de mi padre así que suelo visitarlo de forma más frecuente. Ha habido ocasiones en las que cuando lo visito no está él y me recibe su novia, con la cual llevarán unos 6 años de relación.

    Ella por los años y el cariño me trata casi como un hijo, más sin embargo siempre ha sido objeto de deseo y morbo para mí, y al parecer también en parte, para ella. Tiene 48 años, una mujer muy potra, piernuda y un culo que difícilmente le cae en pantalones normales, sus tetas un tanto caídas por la edad, y unos pezones que en casa se le logran transparentar, me dejan una deliciosa imagen de su cuerpo.

    Todo comenzó cuando llegó el verano, a veces me suelo duchar en la casa de mi padre, dejo la puerta junta del baño y luego solo salgo con toalla, mi madrastra un par de veces me vio y al principio solo disimulaba o me sonreía, mi verga se suele marcar y su mirada a menudo se iba hacia abajo, o a mis pectorales, que sin ser el hombre más trabajado del gym, me mantengo en constante ejercicio.

    Esa tarde calurosa para variar o para mi suerte, mi papá estaba en el banco, haciendo diligencias y giros de dinero por un viaje que harían los dos de vacaciones, yo me había ido a tomar un baño para refrescarme, pero cuando salí de la ducha, vi que en el cesto de la ropa sucia habían unos calzones muy lindos de color blanco, sabía que eran de ella y los tomé.

    Comencé a oler y a sentir el rico aroma y fragancia de toda la concha y lo que era mi mayor deseo, el rico aroma de ese enorme culo de mi madrastra, mi verga quedó como un palo y me toque con ellas enrollándolas en todo mi tronco hasta casi venirme, pero preferí volver a dejarlas ahí para evitar mancharlas.

    Mi madrastra pasó por fuera del baño, noté que se me quedó viendo unos segundos extras antes de seguir hacia la cocina, yo llevaba la verga erecta, y con la toalla salí hacia la cocina también a dejar preparado una merienda antes de cambiarme de ropa, en ese momento veo a mi madrastra con una falda corta de textura de jeans y sus piernas muy relucientes, una blusa blanca transparente y sin brasier mirándome fijamente en la puerta de la cocina.

    Se me acercó y me dijo al oído sé qué has estado oliendo y tocándote con mis calzones en el baño, me causó un poco de nervios e incertidumbre pero para ser honesto intuí que si me había visto, pero el escuchar decírmelo en el oído me dio un golpe de adrenalina. Al momento en el que le iba a responder ella solo me dijo shhh, silencio, me gustó lo que vi, pero esto no puede salir de aquí o tu papá nos echa de la casa a los dos.

    En ese momento ella comenzó a tocarme la verga por encima de la toalla que llevo puesta, sus manos maduras con esas uñas bien arregladas me provocaron agarrar firme su brazo, hacer que mi toalla cayera al suelo y dejar todo mi palo parado, ella me mencionó lo delicioso que se ve y comenzó a hacerme la paja de mi vida al tiempo que nos empezamos a besar con lengua.

    Debo admitir que sus besos son muy morbosos y ricos, su lengua la sabe mover muy bien en mi boca, me gusta oírla suspirar, sentir que gime suave, mientras que mi corazón palpita a mil de la adrenalina, mientras con mi mano le voy acariciando sus nalgas por encima de la falda, puedo notar como ella comienza a agitarse.

    -Qué me quieres hacer? Qué te gustaría hacerme hijo?

    Me preguntó mi madrastra, esa forma y tono en como me lo decía solo hizo que me mojara aún más. Le dije que quiero probarle ese rico culo enorme que tiene, así que la tomé de los brazos y se los puse en la cocina mientras yo me pongo a sus espaldas.

    Comencé a subirle la falda, ella tuvo que ayudarme a hacerlo con sus manos hasta que rebotaron y salieron esas dos enormes nalgas a mi vista, mi respiración se cortaba y mi boca se secaba de la calentura que sentía. Un rico tangas negro metido en el culo podía verle, junto a esas blancas y paradas nalgas con varices, rápido me puse de rodillas y comenzaba a estrujarme con mi cara.

    Dale besitos y…

    -Muérdeme hijo, pásale esa lengua a mi tanguita y pon tu nariz en medio para que me puedas oler todita.

    Me decía mi madrastra, yo del placer y el morbo jugueteaba con mis labios y mi lengua en sus nalgas, dejándoselas bien besuqueadas, le pedí que se abriera el culo con las dos manos y ese rico aroma a su orto me causó una semi sensación orgásmica, le corrí el tanga hacia un lado y mi lengua entraba dentro de su cola, con un sucio y delicioso sabor, mis manos temblaban de placer al tiempo que se las agarraba y les apretaba esas nalgas, sentir y saborear ese orto arrugado y marroncito me provocaba unas ganas de estar dentro de ella como nunca antes.

    -Quiero sentirte dentro de mí, dentro de mi cola, párate, ponte de pie -me decía ella.

    Yo me pare y mi verga la presione dentro de sus nalgas con mucha saliva, intentando que entrara en su cola ella se agachó un poco más y se escupió dos dedos, se los metió en el orto y se le dilato un poco más, luego se llevó esos dos dedos a la boca, para posteriormente llenarlos de saliva y tocarse su propio clítoris.

    Poco a poco mi verga comenzaba a entrar, sentía que iba a explotar de placer, su orto arrugado y marrón se sentía muy mojado ahora pero estaba apretado, ella se succionaba y contraía sus músculos del ano, entonces toda la cabeza entró.

    -Qué rico tener tu verga en mi cola hijo -me decía mi madrastra.

    Yo muy caliente me movía rápido hacia adelante intentando meterlo más adentro, notaba cómo le dolía pero lo disfrutaba, muévete fuerte, quiero que me dejes la cola abierta, me seguía diciendo ella, al tiempo que mis manos se fueron a su blusa por debajo, y le agarré firme sus tetas, sentirlas todas caídas y un tanto arrugadas me causaba mucho más placer, sus pezones estaban muy duros, apenas me creía tenerlos en mis manos.

    Ella toda empinada hacia atrás y yo dándole duro me hacía escuchar el rico sonido del choque de sus enormes nalgas en mis caderas, una de mis manos se fue a su cabello, se lo tiré hacia atrás mientras le mordía el cuello.

    -eso hijo, así es como se coje un culo maduro, muévete fuerte, así de rico, sigue, sigue hijo, que placer escuchar mis nalgas como te chocan -me empezaba a decir mi madrastra.

    De pronto ya no daba más del placer, mi respiración estaba muy agitada, mi verga muy adentro de su ano y muy apretada, mi leche quería salir a chorros, me acerque a su oído y le dije que quería correrme en su boca.

    -Claro que sí hijo, ve sacándome tu verga despacio para darme vuelta y probar el rico sabor de mi culito y tu verga para que te vengas en mi lengua y mi boca -me dijo mi madrastra.

    A medida que mi verga salía, su expresión era de algo de dolor y placer, ella continuaba tocando su clítoris, notaba que estaba muy mojada. Una vez que salió todo, vi su enorme culo abierto, dilatado y rico, como un desesperado me agache a lamer todo ese agujero y meter por dentro mi lengua y moverla, disfrutarme del rico sabor de su culo madurito y el rico y morboso aroma de éste.

    Rápidamente ella se dio vuelta y nos dimos un beso con lenguas.

    -mmm que rico sabe mi culo a través de tu lengua hijo, te gusta?

    -Claro que sí -le respondí al tiempo que le subía toda la blusa y comenzaba a bajar con mi boca y succionar esos ricos pezones marroncitos, me los metí todos a la boca y se los escupí.

    A medida que yo me seguía pajeando, me di un tiempo de lamer su clítoris de rodillas, su conchita estaba muy mojada, un poco velluda, corriéndole el tanga hacia un lado me estrujaba con mi cara, sentía lo mojada que estaba, y el rico sabor de sus fluidos en mi lengua, ese aroma a concha madura me enloquecía de placer, mi lengua entraba y se la besuqueaba como si fuera su propia boca, ella me agarraba de la cabeza con sus manos y cerraba los ojos.

    Mi verga ya iba a explotar y le pedí que se agachara rápido, ella se puso de rodillas, yo me pare y comenzó a chuparme la verga muy vigorosamente.

    -Dame leche hijo, quiero sentir tu lechita caliente en mi boca, dámela, déjamela en toda mi lengua.

    En ese momento mi verga explotó de placer, un chorro de leche salió y comencé a correrme en toda su boca, su lengua, y su cara, ella iba tragándose al tiempo, lo mucho de leche que me iba saliendo.

    -Eso hijo que rica leche y con el rico sabor de mi culo mezclado, sigue así, me la voy a tragar todita, que delicia tu leche calentita -me decía.

    Ella seguía esperando toda la leche hasta que me vacío por completo, con sus dedos se los pasaba por la cara buscando más rastros de mi leche para meterlos a su boca y tragarse todo sin dejar rastros.

    De pronto sus manos se fueron a su conchita y comenzó a tocarse muy rápido, cerró sus ojos y comenzó a venirse de una manera muy deliciosa y morbosa.

    -ayy que rico, ayy sí, qué placer, uyy qué rico imaginarte dentro de mí, hijo.

    Pude darme cuenta qué se había corrido y que sus dedos quedaron llenos de sus fluidos, fue un auténtico espectáculo verla acabar y verle su carita arrodillada.

    Una vez que acabamos por completo, se volvió a poner de pie, nos besamos muy rico unos minutos, compartiendo parte de mi propia leche y el sabor de su orto con nuestras salivas, ella volvió a acomodarse su falda y su blusa y yo me puse la toalla para irme al cuarto a ponerme la ropa, quedamos muy agitados.

    -Hijo ya se hace tarde, tu papá podría llegar en cualquier momento, es mejor que cada uno siga en lo suyo -me decía mi madrastra.

    Yo le sonreí y le dije que había sido mi mayor fantasía hecha realidad, ella me dijo que se volvía a sentir una mujer deseable y que quería que volviéramos a hacerlo en otro momento después de las vacaciones cuando llegaran, y así fue como sucedió, pero ese relato lo dejaré para otro momento.

  • Arrimones en el transporte público

    Arrimones en el transporte público

    Bastantes años atrás cuando salí del colegio empecé a trabajar y a estudiar la universidad, debido a esto usaba mucho el transporte público en mi día a día, esto sucedió aproximadamente entre mis 19 a 25 años de edad, después de los primeros meses de acostumbrarme a la rutina empecé a darme cuenta de que tipo de mujeres usaban los buses de transporte público en cada diferente horario, desde madres que iban siempre apuradas hasta trabajadoras de bancos o tiendas departamentales, cada una con su estilo único de vestir el cual llegue a tener ciertas preferencias.

    Tanto en la mañana antes de entrar al trabajo como al salir de él con dirección a la universidad eran horas pico de tráfico y también en los servicios de buses iban completamente saturados, con espacio para apenas moverse empecé a pegarme a chicas que se me hacían atractivas, al principio me les pegaba con disimulo desde atrás para sobarme contra ellas, con el tiempo mi perversión fue aumentando y cada vez me animaba a más cosas, hasta que llego uno de mis días más placenteros en un bus, era un miércoles, recuerdo que el día era bastante lluvioso y el tráfico estaba peor de lo normal.

    En una estación se subió una chica que iba saliendo de su jornada de trabajo, esta era morena clara, delgada, poco pecho y poca nalga, pelo liso, una cola en el pelo y su uniforme de tienda departamental, intento moverse a un lugar donde no tuviera que moverse mucho cuando otras personas tuvieras que bajar y de inmediato puse mi mirada en ella, a como pude muy lento por la cantidad de personas me logre colocar justo detrás de ella, me llegaba un olor agradable de su loción y escuchaba música con un dispositivo MP3 muy famoso en esa época, ya que el tránsito estaba parcialmente paralizado me empecé a pegar a ella, en esa entonces una técnica bastante usada que tenía era meter la mano en la bolsa de mi pantalón y desde ahí tocarla, esto me ayudaba a que no fuera tan obvio para otras personas que pudieran ver y si ella se daba la vuelta que no viera mi mano directamente tocándola, a lo que empecé dando pequeños topes, eran unas nalgas pequeñas, piel suave y no se sentía aún muy usado ese cuerpo, casi de inmediato tuve una erección al sentir su cuerpo, con la respiración agitada seguí haciéndolo a lo que ella no volteaba a ver, parecía estar más concentrada en la música que en lo que pasaba dentro del bus.

    Cada vez antes de tocarla volteaba a ver para asegurarme o tratar de evitar que alguien más se diera cuenta de lo que hacía, todos estaban desesperados por la lentitud en la que se movía el bus, a lo que aproveche a pegarme completamente a ella, oliendo su pelo y colocando mi mano directamente sobre su nalga izquierda y dándole un leve agarrón de nalga, a lo cual ella volteó a ver un poco asustada, ese agarrón de nalga si lo había sentido, pero de a poco regreso su vista hacia el frente, estando muy excitado se me hacía difícil el poder dejar de tocarla, mi mano hacía movimientos circulares sobre su nalga izquierda, a lo cual ella intentaba moverse para evitar el contacto, pero era casi imposible moverse dentro de ese autobús.

    Las personas estaban estresadas y con un empujón ponían una mala cara así que no tenía opción a menos que decidiera gritarme ahí y hacer un show lo cual imagino que por vergüenza no lo hizo, al ver que no haría algo de lo que me pudiera arrepentir saque mi mano de la bolsa del pantalón para ponérsela directamente sobre su nalga siendo únicamente la tela de su pantalón y calzón lo que separaba mi mano de su desnuda nalga, con mis dedos empecé a recorrer los bordes de su calzón que se marcaban de manera perfecta en ese pantalón de tela tallado, mi respiración se hacía agitada y tenía mi cabeza casi sobre su hombro donde ella podía sentir perfectamente mi erección contra ella, mi mano que recorría su cuerpo y lo agitado que me tenía ya en ese punto.

    Importándome poco su reacción ya en esos momentos empecé a llevar mis dedos al centro de sus nalgas, con mis dedos pellizcaba su calzón y lo jalaba junto con su pantalón, cada vez que lo hacía sentía como me palpitaba el miembro de lo caliente que estaba, ella solo pegaba un pequeño brinco cada vez que lo hacía, ella no dejaba de voltear a ver con la intención de que en algún momento parara, pero al ver que nadie se daba cuenta y aun así si lo hacía dudosamente harían algo para defenderla, así que continúe hasta llevar mi mano izquierda entre sus piernas, que con dificultad logre abrir, con mi mano empecé a acariciar entre sus piernas, sintiendo perfectamente su vagina, tenía unos labios vaginales gruesísimos que se sentían perfectamente, los empecé acariciar con movimientos hacia adelante y sobando con fuerza hacia atrás, vi como ella se quedó quieta y agacho su vista hacia abajo, veía como se agarraba del pasamanos con fuerza, había llegado a su punto débil, esa vagina se empezó a mojar de a poco hasta que llego un punto donde ella separó sus piernas para que le pudiera acariciar de mejor forma, sentía mojado mi bóxer por dentro del pantalón y moría de ganas de penetrarla ahí mismo, delante de todos sin importarme que dijeran, sin perder la oportunidad empecé a acariciarla más y sentía como más y más ese pantalón se humedecía.

    Con mi mano en una manera reducida intentaba rasgar su pantalón para poder meter mis dedos en su vagina, pero no tenía éxito alguno, después de un rato y de sentir su pantalón completamente mojado me asusté un poco, ya que vi que ella se movió y empezó a buscar entre su bolsa, no me di cuenta de que fue lo que saco, pero si vi perfectamente que llevo su mano a su entre pierna, después de unos instantes volvió a colocar lo que fuera que sacara de su bolsa de regreso, volví a pegarme a ella para seguir acariciándola y que sorpresa la que me lleve ella con algo de su bolsa había rasgado su pantalón, tenía expuesto su calzón que estaba empapado al cual rápidamente hice a un lado y empecé a masturbarla con mis dedos en esa deliciosa vagina.

    Estaba completamente húmeda y muy caliente por dentro, tenía dos dedos dentro de ella y sentía como la mano se llenaba de sus fluidos, ella movía su cabeza de un lado a otro, tratando de contenerse y se le veía agitada ya, yo solo deseaba depositar mi semen dentro de ella, pero no dejaba de masturbarla, rápido y duro dentro de su vagina con mis dedos, hasta que sentí como con su mano derecha la puso detrás de ella y me sobaba como podía el pene dentro del pantalón, nos estábamos masturbando de una manera extraña en un bus, 2 desconocidos entre muchos más desconocidos, sentía como esa pequeña mano con uñas largas me acariciaba sobre el pantalón, a como pudo me bajo la bragueta del pantalón y metió su mano buscando mi pene el cual encontró de manera muy fácil, nos masturbamos hasta que cada uno llego a su clímax y yo eyacule sobre su mano, ella sacó despacio su mano de mi pantalón y se limpió mi semen en su pantalón, ya habiendo pasado el clímax me sentía nervioso, ya que no sabía si las demás personas se habían dado cuenta oh no, mientras cerraba la bragueta de mi pantalón me di cuenta de que hacía unos 10 minutos había pasado la estación donde debía bajarme a lo cual me empecé a mover para poder bajarme y tomar un taxi a la universidad, dando por concluida mi experiencia más deliciosa en un bus de servicio público en mi país.

  • El collar de mi sumisa (parte II)

    El collar de mi sumisa (parte II)

    “Si, podes pasar, pero gateando. Y así, gateando y con la cabeza baja, vení hasta donde estoy” le respondí mientras me sentaba al borde de la cama. Ya me había quitado la ropa y solo tenía un bóxer.

    Cuando llegó hasta mí, la tomé por el aro que tenía el collar y la hice acercarse entre mis piernas

    – “Cerrá los ojos y levantá la cabeza”

    Ella respondió a mis órdenes. Yo saqué mi miembro, ya erecto y le ordené que le pase la lengua, como si fuera un helado.

    – “Todo putita, lamelo todo. Ahora anda a la puntita y meté la cabeza en tu boca”.

    Mientras lo lamía y hacía lo que yo le indicaba, la iba filmando en un video.

    – “Sin abrir los ojos, levantá la cabeza hacia mi mientras lo seguís chupando”, le ordené y, después de un rato le dije que abriera los ojos.

    – “No, no”, me dijo, “no me filmes”

    – “¿Por qué? Quiero pajearme con vos cuando no estés. Te quiero mía aunque no estés acá. Sabes que no lo voy a compartir con nadie. Mirate como chupas la pija”, le dije, mostrándole el video.

    – “Que cara de puta que tengo”, dijo

    – “Si, porque sos mi puta y tenés la cara de putita para tu amo. ¿Querés filmarme cuando te chupo yo?

    – “No, no me gusta, papi. ¿Puede ser que no lo hagamos. Puede ser sin fotos ni videos?

    – Por supuesto. Pero entonces, cuando esté caliente, vas a tener que venir a solucionarlo en persona, ya que no te voy a tener filmada. Pero antes de borrarlo, vení”, le dije sentándola al lado mío en la cama. “Mirá que linda hembra que sos cuando me chupas con ganas. ¿Te gusta?”

    – “No sé, me da vergüenza”

    – “¿Te da vergüenza ser mi putita”

    – “Un poco si y a la vez me gusta”, contestó. “Me siento muy puta y a la vez disfruto de ser muy puta, es como que quiero y no quiero ¿me entendés?”

    – “Por supuesto que te entiendo. Alguna vez llegaremos a filmarnos, o no. Pero puta, para mí, vas a seguir siendo. Y muy puta. Y yo te voy a dar todos los mimos que necesites y todos los orgasmos que quieras tener. ¿Ahora anda a ponerte de vuelta donde estabas y seguí chupándola, pero mirame cuando lo hagas y dedicame la mirada que me cuente como disfrutas lo que haces”

    – “Si papi”, dijo bajando al piso, donde se sentó y, tomando con la mano mi miembro, empezó a lamerlo y chuparlo mientras me miraba con ojos de satisfacción y gozo.

    – “Si seguís así, vas a comer lechita bebé”

    – “Damela toda papi. Dale toda la leche a tu putita”, me dijo y volvió a lamerla y chuparla.

    Cuando no daba más, le empujé la cabeza para metérsela hasta el fondo, mientras acababa en su boca. Ella tragó mi semen y siguió chupándola un largo rato.

    – “Que linda acabada papi. Me llenaste la boquita de leche”, dijo mientras subía a la cama. “Ahora descansá que yo voy a traerte algo para tomar. Descansá que después te quiero dentro de mi conchita”. Me dio un beso y me fui durmiendo mientras ella salía del cuarto.

    Lo próximo que sentí es que me estaban masturbando y lamiendo la pija. Cuando me desperté, ella se estaba subiendo sobre mi, dándome la espalda y metiéndosela toda en su vagina. Mientras, con voz cómplice me decía.

    – “Papi, me parece que hice lío. Manché todo el piso. ¿Vas a perdonarla a tu nena?”, mientras se iba acostando sobre mis piernas dejando todas sus nalgas expuestas.

    Con el primer chirlo se sacudió, mientras recibía el segundo y el tercero

    – “Esto es por ser desprolija. ¿Vas a tener más cuidado?”

    – “Si papi, perdoname.

    Mientras le seguía propinando chirlos le dije “pero igual, tengo que corregirte, vos sabés que te mereces el castigo, ¿no putita?”

    – “Si papi, lo sé. Se buenito conmigo, No me pegues tanto”

    – “¿Te duelen?

    – “Si papi, mucho”, dijo mientras se retorcía de goce

    – “Pero igual te voy a seguir pegando, hasta que aprendas”

    – “Si papi, Me voy a portar bien, te juro”, dijo y acabó con un orgasmo que la obligó a encogerse sobre si misma. Me abrazó las piernas y, después de un rato, me dijo “te quiero papi, gracias”

    La atraje hacia mí, para que se acueste a mi lado, le di un largo beso y le pregunté “¿qué sos?”

    – “Tu putita”, respondió

    – “Te gusta ser mi putita”

    – “Mucho papi, mucho”, mientras se acurrucaba entre mis brazos.

    – “Pero tu papi no acabó. ¿no querés hacerme acabar?

    – “Si papi, de la forma que quieras”

    – “Ponete boca abajo”

    Obedeció, sumisa, le di un par de chirlos en la cola, me subí sobre ella y puse la punta de mi pija en su culito.

    – “Despacio papi, hace mucho que no se abre. El último fuiste vos y eso fue hace mucho”

    – “No te preocupes, nunca te haría doler. Vos solamente dejate llevar. Cerrá los ojos y pensá en lo putita que vas a ser para mí de ahora en más”.

    Suave y delicadamente fui introduciendo la cabeza, mientras ella emitía un gemido. Esperé un rato y lentamente y sin forzar, mi pija fue entrando hasta estar toda dentro. La abracé, le di unos besos y comencé a moverme lentamente.

    – “¿Te duele putita”

    – “No papi, solo fue un momentito al principio. Pero ahora no. Movete despacito un rato, por favor”

    – “Por supuesto bebe. Me encanta cogerte el culito. ¿Te sentís muy putita cuando te penetro por la cola”

    – “Si, mucho”

    – “Y te gusta”

    – “Me gusta poder ser tu putita y complacerte. Y también me da un poco de vergüenza. Pero cuando ya está dentro y te empezas a mover, me calienta”

    – “Me parece bien porque quiero que disfrutemos juntos ese culito hermoso. Porque te lo voy a coger muy seguido Y ahora agarrate de las sábanas porque te voy a coger fuerte”

    Y empecé a meterlo y sacarlo con fuerza mientras ella se apretaba contra las sábanas y mordía la almohada, hasta que estalló en un orgasmo y me hizo acabar a mí.

    – “Que precioso que es tu culito amor”, le dije mientras salía de adentro de ella, me ponía a su lado, le daba un chirlito suave y la abrazaba. “Sos muy bonita cuando te convertís en mi putita. ¿Lo disfrutaste?”

    – “Mucho, mucho”, dijo con una sonrisa y me dio un beso. “Me tengo que ir, no pensaba estar tanto con vos”

    – “Andá, pero mañana te espero. Acá tenés la llave. Guardá todo en la caja y, cuando vuelvas, si querés, ya sabés donde está tu collar”

    – “Si papi. ¿Y si no quiero ponérmelo?”

    – “No lo hagas. Vos sabrás”

    – “Chau, mi amo”, me dijo, dándome un beso.

    Continuará

  • Mi esposa me enseñó

    Mi esposa me enseñó

    Hola. Me presento. Mi nombre es Gabriel y soy nuevo en esto de escribir vivencias o cuentos. Hace poco entré buscando (como todos creo) un poco de excitación y satisfacción, leí unos cuantos relatos y vaya que me sirvió.

    Soy maduro, tengo 50 años, alguna vez estuve casado con una hermosa y demasiado fogosa mujer quien me enseñó campos del sexo que no conocía, me enseñó el placer de sentirme cornudo, el placer de mirar sin participar, pero sobre todo me enseñó a disfrutar de un hombre… Sí, de un hombre.

    Alexa es una mujer muy atractiva, su cuerpo sin ser voluptuoso, llama las miradas de los hombres morbosos y hasta de las mujeres. Posee ese encanto de llamar la atención donde quiera que se pare, ella es más bien bajita 1.52 metros, cada centímetro de su cuerpo es una llama ardiente buscando satisfacción. Sus tetas pequeñas pero bien firmes y redondas se coronan con sus pezones de aureola rosada y cuando está excitada no hay manera de esconderlo, ya que sus pezones se ponen duros y resaltan de entre sus ropas, que dicho sea de paso son pequeñas y muy delgadas (a ella le encanta que la miren). Su cintura es delgada muy bien formada de curvas que invitan a posar las manos sobre ella. Sus nalgas son más bien breves pero muy firmes y levantadas que dejan imaginar su culo redondo y desesperadamente perfecto que cuando se encuentra caliente despide un aroma de diosa del sexo. Sus muslos bien torneados hacen juego con sus pantorrillas de corredora para terminar en dos hermosos pies sumamente calientes y excitantes que siempre van calzados con tacones altos y descubiertos.

    Yo pues, un hombre más que normal con un poco de panza que a veces no me deja mirar mi pene mediano o más bien debo decir chico, debo confesar que yo nunca fui suficiente para ella, nunca pude llenarla y siempre terminaba lengüeteando su insaciable vagina hasta conseguir de ella algo que parecía ser un orgasmo, aunque estoy seguro que siempre fue actuado y debo agradecer esa consideración que siempre me tuvo, pero siempre supe que ella necesitaba un hombre de verdad o más bien muchos.

    Contrario a lo que he leído en varios relatos donde el hombre siempre es quien trata de convencer a su mujer de coger con algún desconocido, ella siempre era quien me planteaba la posibilidad, cuando estábamos en la cama ya muy calientes siempre me decía que imaginara cómo sería que alguien más estuviera entre nosotros, «¿Te imaginas que alguien más estuviera cogiéndome aquí frente a ti?». Me decía con voz sumamente excitada dándome a entender que de verdad lo necesitaba.

    Al principio la idea me provocaba celos y ella siempre me decía que no me preocupara que era solo sexo y ella me amaba profundamente a mí y siempre cuando llegábamos al orgasmo terminaba con la misma pregunta «¿Te gustaría papito? ¿Algún día me darás permiso? Tal era su calentura cuando me lo decía que comencé a cambiar de opinión y de repente le decía que lo iba a pensar pero la realidad era que tan solo pensarlo me provocaba una tremenda erección imaginando la escena, mirando como por fin mi esposa disfrutaba con un macho de verdad.

    Una noche, mientras cogíamos le dije que si… Ella con voz nerviosa y extrañada me dijo «¿Sí qué papi? … Quiero que alguien más te coja, le dije con tono serio y mirándola a los ojos, esos ojos que no escondían la felicidad al escuchar mis palabras, se abalanzó sobre mí y me llenó de besos, tomó mi verga y la metió a su boca al instante, en señal de agradecimiento me hizo la mejor mamada de mi vida, no le costó trabajo, ella es realmente una experta.

    Cuando terminamos, ella aún relamiendo sus labios de mi semen y yo respirando fuerte le pregunté si tenía un prospecto… Presa de la emoción, Alexa no midió sus palabras y me dijo «¡Ay papi, tienes una esposa muy caliente! ¡Claro que tengo prospectos! Desde los nuevos hasta los que desde hace mucho todavía hacen su lucha» eso me hizo pensar que yo ya era cornudo de hace mucho y no lo sabía, le pregunté entonces ¿Y con ninguno has tenido algo en todo este tiempo? Nerviosa y dándose cuenta que habló de más me dijo «Nooo papito! Bueno… Solo un beso, pero hace mucho» ¿Sólo eso? Le pregunté con tono incrédulo y celoso pero la verdad de solo imaginar estaba ya muy caliente, no sé por qué. Ella: «Bueno me besó y lo dejé que me manoseara un poquito, sólo un poquito» Uff eso me puso a mil. Ella muy lista se acercó a mi y tocando mi verga me dijo » mmm papi! Parece que te gusta ¡Mira como te pusiste! Avergonzado sólo bajé la mirada.

    Continuará…

    Espero les guste y si gustan escribirme mi correo es: [email protected].

    Recibo sus comentarios y opiniones. Gracias.

  • Descubriendo la doble penetración

    Descubriendo la doble penetración

    Hola otra vez queridos lectores. En esta ocasión vengo a contarles cómo fue mi primer acercamiento con la doble penetración.

    Cómo ya les he contado, desde que empecé mi despertar sexual siempre me han llamado la atención los tríos HMH. El primer video porno que vi fue un trio y desde ese momento tuve la fantasía de follar con dos hombres a la vez. Sin embargo, la primera experiencia que tuve con la doble penetración fue estando completamente sola…

    Como les conté en un relato anterior, cuando compré mi segundo vibrador, compré al mismo tiempo condones y lubricante. Ya se imaginarán para qué.

    Era verano, mis padres y mi hermano se fueron a pasar el fin de semana a la casa del pueblo con mis abuelos. Yo me quedé en casa con la excusa de que era el cumpleaños de mi mejor amigo. Tenía ya bastante tiempo con una idea en la cabeza, pero no había tenido la oportunidad de tener la casa para mí sola. El viernes en la noche cuando por fin me quedé sola decidí que era el momento de probar la doble penetración.

    Decidí poner un audio-relato, últimamente me excitan más los audios que los vídeos, elegí uno en el que dos hombres se follaban a una mujer (para estar acorde con el momento). Saqué de mi escondite los dos vibradores junto con los condones y el lubricante. Estaba súper caliente, podía sentir ya la humedad de mis bragas sin siquiera haber empezado a tocarme.

    Me desnudé al completo y me tumbé boca arriba en la cama. Estaba chorreando, lleve una mano a mi clítoris y empecé a tocarme. Con la otra mano tomé uno de mis vibradores, lo restregué por mi coño para lubricarlo y empecé a follarme a mi misma.

    Dejé el vibrador en mi coño a la velocidad más baja y empecé a trabajar en mi culo. Me mojé el dedo índice con los jugos que chorreaban de mi coño y lo deslicé hasta mi ano. Hacia círculos con el dedo e iba presionando poco a poco. Tomé el lubricante y embadurné mis dedos y mi culo. Empecé metiendo el dedo índice, sentí como los músculos iban cediendo poco a poco dando paso a mi dedo. Era una sensación extraña, pero para nada desagradable.

    Cuando sentí que había dilatado un poco, puse más lubricante en mi ano y añadí otro dedo. Al principio me molestó un poco, me ardía el culo. Dejé los dedos dentro para ir acostumbrándome y con la otra mano jugaba con mi clítoris. Tenía la respiración agitada, y pequeños gemidos escapaban de mi boca. Necesitaba correrme, pero no estaba dispuesta a hacerlo hasta no tener los dos vibradores dentro de mi. Quería que el primer orgasmo de la noche fuese follándome mis dos agujeros al mismo tiempo.

    Repetí el proceso con un último dedo y decidí que era el momento de meter el vibrador. Saqué un condón de la caja y se lo puse al vibrador. Eché más lubricante en mi ano y embadurné también el juguete.

    Saqué el vibrador de mi coño por un momento ,puse la punta del otro en mi ano, me relajé lo más que pude y presioné. Se me escapó un gemido cuando entró la cabeza del juguete. Esperé un momento para acostumbrarme a la sensación. Y empujé lo que quedaba de juguete hasta que lo tuve completamente dentro. Como le comenté antes, era una sensación muy rara, pero no en el mal sentido.

    Esperé unos minutos para acostumbrarme a la invasión y empecé a follarme el culo. Con la otra mano tomé el otro vibrador y lo metí en mi coño. Por fin había cumplido (de alguna forma) la fantasía de estar empalada por delante y por detrás.

    Sabía que no iba a aguantar mucho más, necesitaba correr urgentemente. Así que empecé a follarme con ambos vibradores al mismo tiempo. Encontré el ritmo perfecto, cuando entraba en mi vagina, salía de mi culo y viceversa, además cuando movía el vibrador del coño me rozaba con la mano el clítoris. El placer iba en aumento, ya ni siquiera prestaba atención al audio que estaba escuchando.

    Sentí como los músculos de mi coño se tensaban, y tenía la sensación de querer expulsar algo por el ano. Arqueaba la espalda y retorcía los dedos de los pies. Sabía que estaba cerca, así que aumenté el ritmo, cada vez me follaba más fuerte y más duro. Finalmente se me escapó el gemido más fuerte que había soltado al tiempo que el orgasmo más fuerte de mi vida hasta ese momento me recorría. Mis piernas temblaban y las sábanas quedaron empapadas de mi corrida.

    Ese fue mi primer acercamiento con la doble penetración.

  • Mi fantasía es verte con otro en la cama

    Mi fantasía es verte con otro en la cama

    Recibí un mail de Arturo desde CDMX solicitando le ayude con un relato, luego del intercambio de mensajes les entrego lo que surgió del pedido por el hermano mexicano.

    El hecho de que una persona tenga una fantasía sexual no presume necesariamente que desee llevarla a la práctica. No es mi caso, tengo una fantasía y quisiera realizarla.

    Se dice que el varón es el que más fantasías tiene, pero de diferentes formas, aunque, varones y mujeres fantasean por igual.

    Estoy casado con Fernanda, con sus cuarenta y dos años, que no contrastan para nada con mis cincuenta y siete, llevamos una vida sexual muy activa.

    Es la mujer más exquisita que jamás conocí. Chaparrita ella, cabello negro, unos ojos curiosos que te observan al introducir la verga entre sus carnosos labios. Tetas término medio y un culo perfecto y grande, combo que hace de ella una morena increíble. Cuando vamos por la banqueta se nota en las miradas masculinas brotar el deseo por ella. Por mi cabeza pasa la idea que únicamente yo me excito con ella, pero al regresar a casa y hacer el amor luego de ese paseo cuasi exhibicionista, con ligeras ropas y transparencias, ambos estamos muy calientes y tenemos ese sexo desenfrenado.

    ¿Cómo nace mi fantasía?

    Simple, así tal cual he relatado, a raíz de las miradas ajenas.

    ¿Cuál es mi fantasía?

    Aunque parezca loco, quiero ver a mi esposa teniendo sexo con otro hombre. Quién lo diría, a mi edad querer andar de mirón, pero el haberme excitado tanto y tantas veces al saber que la gente la desea, me hizo tomar la decisión de proponérselo.

    Luego de una noche de paseo y buen sexo le digo.

    – Fernanda, te quiero hacer una pregunta, espero no te enojes, pero aparte de las fantasías que ya realizamos, ¿te quedo alguna pendiente?

    – Creo que no, Arturo, siempre me dejas satisfecha sexualmente y lo que hemos querido, lo hemos realizado, ¿Por qué me preguntas? ¿Por qué no debo enojarme?

    – Porque tengo una que me ha surgido hace un tiempo, desde que presto atención cuando paseamos, veo cómo te observan con deseo y se babean por vos.

    – Bien y el punto es…

    – Que me gustaría verte hacer el amor con otro hombre.

    – ¿Pero estás loco?

    – No, pero siempre hemos hablado y te hago la propuesta, no tenés que decidir ahora mismo y tenés la posibilidad de decir si, o decir no. Desde que me di cuenta de lo que generas en la calle y también me percate que te diste cuenta vos también, porque cuando regresamos estas muchísimo más excitada y caliente que habitualmente.

    Poniéndose colorada y habiéndose visto descubierta.

    – Bien lo voy a pensar, pero no te afirmo nada.

    Pasaron los días y note que al salir de paseo mi esposa salía vestida distinta, más transparencias, vestidos o polleras excesivamente cortos, casi dejaban ver la ropa interior y cuanto más transparente más se animaba, inclusive una vez pude ver a través de la transparencia que venía sin interiores, dejando el pensamiento de quien la miraba al libre albedrio.

    Seguía siendo recurrente las sesiones de sexo extraordinario luego de esos sucesos y a mí me ponía a mil.

    Pasados escasos dos meses, vino un primo hermano de Fernanda que había emigrado de la Ciudad de México hacia Londres, pues como ingeniero en informática había conseguido una chamba en la empresa I.B.M. para nada naco y había hecho mucha lana.

    Lo recibimos en casa, invitando a que se quede con nosotros, preparando una habitación para él, lo que acepto enseguida.

    Durante la semana se la paso visitando gente que hacía rato no veía, por eso quedamos en cenar el día sábado.

    Llegado el día, preparamos para comer, chiles rellenos acompañados con arroz y tortilla. Para tomar, bien tradicional, unas chelas bohemia.

    Luego de cenar y hablar de su vida en el exterior, continuamos con las cheves, que corrían como agua, ya medios mareados por el alcohol, decidimos ir a dormir, me retiro al baño a fin de orinar quedando los primos hablando en el sillón.

    A mi regreso me encuentro con una escena que me fascino, Raúl acariciaba el brazo de mi vieja, nos miramos a los ojos y reconocí de volada esa mirada, sin que él se diera cuenta, me guiño un ojo entendí de inmediato.

    Me quedo al margen de la escena dispuesto a esperar que se cumpliera mi fantasía sentado en un sillón individual casi en frente de ellos.

    Sus caricias fueron subiendo de tono acercando sus rostros comenzaron a besarse apasionadamente, las manos de Raúl se posaron en los pechos de mi vieja masajeándolos con dulzura, dejo deslizar una de sus manos hacia las piernas desnudas rozando con la punta de sus dedos, subía de a poco, hacia solamente nuestra, hasta hoy, zona de placer.

    Su ágil mano recorrió todo el contorno de su hilo, que cubría la zona a ser vulnerada por primera vez, por otra verga que no era la mía.

    La cara de Fernanda, se iba transformando a medida que las caricias aumentaban, dándome cuenta que había llegado a destino cuando su boca se abrió y dejo escapar un gemido, Raúl se apresuró a desnudar a mi vieja, haciendo lo mismo el mientras la besaba. Mi verga ya tiesa quería escapar del pantalón, evento que me llevo a hacer lo mismo, quedar desnudo.

    Ya los tres en traje de Adán y Eva retomamos nuestras posiciones y tareas.

    Fernanda se sentó en el sillón a piernas abiertas, tomándolas por debajo de sus rodillas para elevarlas en una, poco sutil, invitación para comenzar la acción.

    Raúl, ese hombre que estaba bien padre, con su metro ochenta aproximadamente, se arrodillo frente a la depilada vagina acercando su rostro a ella. Algo podía observar, pero no en detalle, lo que me daba más morbo, Fernanda me miraba de reojo, con media sonrisa dibujada en su rostro. Por momentos, cuando la lengua de Raúl tocaba ciertos puntos de su vagina, que destilaba jugos a montones, esa sonrisa se transformaba en una boca abierta que gemía, mientras tanto yo, con mi mano comenzaba sin haberlo pensado con una lenta, pero deliciosa chaqueta, mi miembro se encontraba duro como, creo, nunca estuvo, la neta me lo estaba pasando de puta madre.

    La cosa se estaba poniendo cada vez más chida, puse unas rolas lentas para completar el ambientazo generado.

    Creo que les llegó la hora de echar la pasión, ambos dirigieron su mirada hacia mi buscando aprobación, con unos leves movimientos de cabeza asentí.

    Raúl le pidió que se arrodille en el sillón, Fernanda obedeció presurosa tomándose con ambas manos del respaldar poniendo su culo en pompa y apertura de piernas para dejar expuesto su sexo al miembro que pendía de la entrepierna de su amante, duro y apuntando a su objetivo. Siguió besando esa vagina por un rato más, arrancando a mi vieja un ¿segundo, tercer? Orgasmo, ya he perdido la cuenta. Se incorporó, apuntó su arma a la entrada de la chorreante vagina y de un solo empujón hizo que se perdiera en su interior, logrando que un grito de placer escapara de la boca de Fernanda.

    Sus hermosas tetas iban de adelante hacia atrás cual badajo de campana, Raúl con movimientos de vaivén entraba y salía de “mi” vagina, esa que hace años vengo disfrutando, hacía rebotar sus testículos en la entrepierna con un ruido hermoso y excitante. Fernanda ya extasiada hacia que su cadera se moviera en círculos y hacia ambos lados, por momentos leves elevadas y bajadas de ese gran culo que tiene, me detuve a escucharlos y era un solo gemido, mi paja ya era más violenta, mi esperma me urgía y pedía salir, se lo permití, con varios chorros salió de la uretra con gran fuerza, impactando contra una silla, jadeante observe como la eventual pareja también llegaba al orgasmo con Fernanda mirándome a los ojos y una gran sonrisa en su rostro, Raúl saco su gran verga de la vagina, que dejaba ver como escurría el semen por sus muslos. Aun duro ese miembro lo coloco en el esfínter anal, Fernanda se dio vuelta diciéndole.

    – Ahí sí que no, ese es de mi marido solamente.

    Chupando el miembro, se lo limpio de las gotas que aun salían.

    Al rato ya aseado y vestido, Raúl quiso hablar de lo sucedido, no lo dejamos, diciendo que lo que sucedió, solo sucedió y listo, sin entrar en mayores detalles.

    Sin volver a repetirse la experiencia, a la semana nuestro invitado retorno a su chamba, mientras duro su estadía no se habló del tema, solo que al despedirse le agradecimos el momento que pasamos esa noche.

    Siempre tuve claro que Fernanda no iba a no iba a buscar a nadie, tendría que ser yo, tenía que encontrar ese alguien que se lo propusiera, para poder hacer realidad mi fantasía.

    Por suerte apareció quien pudo llevarla a cabo, lo bueno que surgió sin pensarlo, el factor sorpresa de esa noche fue mucho más excitante, convenimos en no realizarla más, aunque ella no sabía que yo había grabado todo con el móvil, y a veces lo veíamos para elevar nuestro morbo.

    ¿Que si me sentí mal? No para nada, al principio un poco de incomodidad saber que la experiencia podía ser muy chida y mi inseguridad podría jugarme en contra, pero como confío plenamente en ella, me dio tranquilidad y pude disfrutar de mi fantasía, esa misma fantasía que le transmití y fue recibida de buen agrado.

    – Arturo, gracias por arrastrarme a tu locura linda, fue lindo y excitante sentirme deseada, sentí un poco de pena por vos, pero al verte con esa cara de felicidad también me tranquilice, te amo tanto que amarte mucho es poco.

    – Gracias a vos mi vida.

    – Algún día, tal vez, yo también te voy a sorprender…

    Se desvistió y con su móvil comenzó a sacarse fotos frente al gran espejo de la sala, quería obsequiármelas para que siempre la tuviera presente, para que explicar cómo termino la historia, solo digo que casi rompemos la cama.

  • Mi güerita Ingrid conoce a mi macho negro

    Mi güerita Ingrid conoce a mi macho negro

    Ingrid pasaba mucho tiempo en casa ya después de hacerse amante de mi esposo y mío, eso estaba resultando muy caliente y excitante, a veces yo salía con Tony mi macho negro y ellos se quedaban en casa a coger como si fueran una pareja caliente recién casada.

    La curiosidad de Ingrid iba en aumento, cada vez que regresaba de salir con mi macho negro, ah mirada era de lujuria y me preguntaba todo lo que habíamos hecho…quería que le diera detalles de como me cogía.

    Una ocasión, al estar haciendo un trio con mi marido y ella, mientras él la penetraba encima de ella, me acerqué y le dije al oído:

    -Te gustaría ser penetrada también por mi macho negro?

    Su respuesta fue un sí! rotundo mientras gemía aumentando los movimientos de su cadera para ensartarse más la verga de mi marido seguramente imaginando lo que sería sentir la verga enorme de Tony.

    Ingrid sabía que la verga de Tony era enorme, le había mostrado ya muchas fotos de nosotros juntos y algunos vídeos.

    Gimiendo intensamente, mi marido la penetró profundo y ella subió las caderas para recibirlo adentro, se había hecho ya una costumbre entre ellos que mi marido se viniera dentro de su vagina y ella recibía su semen con lujuria siempre.

    Me encantaba está mujer, era deliciosa y su color de piel me echaba tanto! Rosado Y delicado, sus labios vaginales eran abultados y se abrían ampliamente cuando estaba caliente

    Después de tener sexo con mi marido, se acercó a mí y me preguntó:

    -Que tienes en mente?, me vas a ofrecer a tu macho negro?

    -¿Quieres que te ofrezca a Tony para que te la meta? Le pregunté curiosa…

    -La verdad? Sí dijo ella sonriendo, desde hace tiempo tengo ese deseo pero no te había dicho porque estoy contenta con ustedes dos y no quiero echarlo a perder.

    -Por nosotros no te preocupes, dijo mi marido abrazándola por detrás y poniéndole la verga erecta de nuevo entre sus nalgas paraditas, cógetelo y disfrútalo, ya regresaras a casa y te cogeremos entre los dos de nuevo,

    Dijo mi esposo frotando su pene en el ano de Ingrid y ella excitada contestó:

    -Lo haré pero siempre regresaré con Uds., son mi pareja favorita y quiero estar mucho tiempo con Uds.

    Se puso en cuatro en la cama y parando sus preciosas nalguitas le dijo a mi marido:

    -Ven! Dame por el ano! Cómo una muestra de agradecimiento para Uds. dos que cada día me gustan más…solo una vez me han dado por ahí y no fue mi ex, dámela!

    Me hizo señas para que me acostara frente a ella para mamarme la raja velluda mientras mi esposo le daba por el ano.

    Mi marido rápidamente se acomodó entre sus preciosas nalgas rosadas y frotó su verga en la raja de Ingrid para lubricarla, le puso el glande en el ano y le dijo a Ingrid:

    -¿La quieres? Ven por ella!

    Se quedó inmóvil mientras Íngrid empezó a echarse para atrás recibiendo el pene erecto de mi esposo en el culo

    Lentamente se lo metió y cuando sintió que ya lo tenía todo adentro empezó a moverse como nunca le había visto girar las caderas apretando la verga con su ano y gimiendo al mismo tiempo cachondamente.

    -Mmmmm, gemía, dame más! ¡Dame más! Metemelaaa! Decía Ingrid sintiendo el placer de tener una verga bien adentro del ano, se agachó y empezó a mamarme la vagina con lujuria, su lengua entraba y salía intensamente de mi velluda raja mientras yo le acariciaba su preciosa cara recibiendo el placer con deseo intenso.

    Mi marido la tomó de las caderas y empezó a meterle la verga en el ano con velocidad anticipando su orgasmo y ella al darse cuenta que se iba a venir, volteó a verlo y le dedicó una mirada de mujer caliente que solo pocas hembras tienen.

    Al sentir el semen caliente de mi esposo llenarle el ano dio un grito intenso y se dejó caer en la cama mientras tú me venía solo de ver esa escena caliente que acababan de tener ellos.

    Al día siguiente llamé a Tony y le platiqué de mis planes con Ingrid y aceptó gustoso.

    -¿Sabe ella qué quieres que la embarace?, me preguntó Tony

    -no, dejaré que sea ella quien te lo pida como me pasó a mi, seguro después de probarte deseara tener un hijo tuyo también, estoy segura.

    -Ok, sabes que para mí no hay problema, cuando nos vemos?

    -¡El viernes! Pasamos por ti ok?

    -Ok morenita piernuda, los espero en la tarde.

    Le pedí a Ingrid se pusiera un conjunto que me gusta mucho como se le ve. Vestido negro con la espalda descubierta y medias negras y zapatillas altas completaban su atuendo que la hacía verse más cachonda aún si eso era posible.

    Ella estaba muy contenta y excitada por lo que pasaría más tarde y mi marido y yo nos miramos en complicidad, yo vestía una falda azul marino muy chiquita y blusa blanca transparente sin bra como era mi costumbre con zapatillas altas de tacón de alfiler.

    Salimos los tres muy contentos rumbo al departamento de Tony, la idea era ir a una reunión swinger y de ahí regresar al departamento de Tony ya calientes a dejar que se cogiera a Ingrid por primera vez.

    Llegamos por él y los ojos de Ingrid se iluminaron cuando apareció mi macho negro en la puerta del coche, se subió y salimos rumbo a la reunión más que contentos.

    Al entrar a la reunión, yo iba de la mano de Tony y mi esposo llevaba abrazada a Ingrid muy orgulloso de su güerita bellísima.

    Entramos y de inmediato las miradas se centraron en nosotros, fuimos a sentarnos a sillón semi redondo y empezamos a platicar entre risas y miradas de excitación de nosotras hacia nuestros hombres de la noche.

    Tony inmediatamente sacó a bailar a Ingrid mientras mi esposo y yo empezábamos a fajar descaradamente frente a los demás presentes.

    Cuando me fui cuenta, Tony estaba abrazando y acariciando las nalgas de Ingrid descaradamente en medio de todos y se estaban besando dándose la lengua intensamente.

    Poco después regresaron a sentarse abrazados ya y vi que Ingrid estaba ruborizada, estaba roja de pena de dejar que la acariciara tan descaradamente Tony frente a los demás swingers ahí reunidos.

    Entonces Tony se la soltó descaradamente:

    -¿Quieres que te la meta? Pregunto admirando el bello cuerpo de Ingrid y su carita preciosa…

    -Sí, quiero que me la metas como se la metes a Mariela y la haces gozar tanto.

    Yo pensé que enviaste ese momento nos levantaríamos para irnos de regreso al departamento de Tony pero me sorprendió el cuando le pregunto a Ingrid:

    -Quieres ir a mi departamento o prefieres quedarte aquí y que nos vean los demás mientras te poseo?

    Ingrid no contestó pero se puso de pie y empezó a bailarle a Tony cachondamente mientras se desnudaba.

    Mi marido y yo nos quedamos sorprendidos porque pensamos que ella preferiría irse de regreso al departamento pero le ganó la calentura de exponerse ante todos los presentes.

    Continuará.

    Las demás parejas, al darse cuenta de lo que venía, empezaron a acercarse y Tony se paró, tomó de la mano a Ingrid y se la llevó a una de las camas que estaban al fondo de la suite donde estábamos en la reunión…