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  • Chupándole el pito a unos jóvenes universitarios

    Chupándole el pito a unos jóvenes universitarios

    Hola, queridos lectores. La siguiente anécdota la he alterado un poco, ya que conocí a los involucrados en una etapa de su vida un poco complicada; sin embargo, en ese entonces ellos y yo la pasamos estupendo y, para concentrarse en lo bueno y dejar de lado lo problemático, no daré muchos más detalles que los que se leen enseguida.

    En esos días, ya de lleno en el travestismo, conocí a un galán de redes sociales con quien me gustaba tener sexting. Yo lo calentaba relatándole mis fantasías, así como mis aventuras, y él me decía cosas calientes sobre cómo sería si nos viéramos para coger:

    -¿Te gusta chupar pitos, corazón?

    -¡Me encanta!, es lo que más me gusta. Cuando estoy con un hombre lo primero que hago es mamarle su pito… En mi despertar sexual, en la prepa, cuando hacíamos fiestas en las que no faltaba el alcohol, ya borracha le pedía a algún chico que me enseñara su verga y solita se la empezaba a mamar. Algunos chicos ya sólo me lo pedían directamente desde el comienzo y yo no me negaba. En una sola noche de parranda pude mamar hasta 7 vergas distintas.

    Un día tuve que meterme a un café internet para hacer un trámite urgente; pagué la hora y el trámite lo terminé en breves 15 minutos, por lo que decidí abrir una sesión de mis redes sociales. Encontré a este amigo, nos saludamos, nos comenzamos a decir cosas lindas, sucias y muy calientes; le recordé lo mucho que me gusta chupar pitos, cómo me gusta que me bajen la cabeza para que se las chupe, cómo se la he chupado a muchos hombres, algunos de ellos nada guapos y nada agradables, pero que, sabiendo de mi debilidad por el sexo oral, me habían convencido de mamárselas sin ningún problema.

    Estábamos metidos en esa conversación ardiente cuando recibí una llamada, relacionada al trámite que había ido a hacer, en la que se me pedía ir a otro lugar con urgencia. Cerré algunas ventanas, pagué mi cuenta y salí de ahí rápido y sin darme cuenta que había dejado mi sesión abierta.

    Al llegar a casa y abrir mi sesión, me encontré con un inbox de una cuenta desconocida. El mensaje decía “Hola, dejaste tu sesión abierta en el café X. Yo la cerré por ti, vi un poco de tu perfil, pero no hice nada más indebido. Disculpa por haber visto tu perfil sin permiso”. Me sentí muy avergonzada y respondí el inbox agradeciéndole a la persona el gesto de avisarme de mi torpeza y de no haber hecho un mal uso de mi cuenta. Un rato después, tuve respuesta a mi agradecimiento por parte del propietario de esa cuenta: un estudiante como del primer o segundo año de la universidad, ni feo ni guapo, un chavo normal. Respondí cordial a todo lo que decía y así mantuvimos una conversación tranquila y amena; me contó que iba a una universidad de paga muy prestigiosa y jugaba básquet en el equipo de su escuela; que le gustaba todo tipo de música y que le gustaba bailar, pero que casi no salía por sus compromisos escolares.

    Yo le conté de mi trabajo, de la música que me gusta, las películas que suelo ver y de qué cosas hacía cuando tenía su edad.

    Llevábamos cerca de 40 minutos charlando cuando se animó a preguntarme si era travesti:

    -Sí lo soy…

    -Es que te ves muy guapa, sí pareces chica natural en tus fotos.

    -Jajaja, gracias. Me halaga que lo digas.

    -Vi tu conversación con Y… ¿es cierto todo eso que le dices?

    -Algunas cosas sí, otras no, ¿por qué?

    -Te voy a decir la verdad: es que vi lo que le decías sobre que te gustaba el sexo oral y mientras lo leía me excité mucho. Quisiera que tú me hicieras sexo oral alguna vez, ¿te animas?

    -Jajaja, pero corazón, estás muy chiquito, además, no es lo mismo ver a una tv en fotos que en persona, a lo mejor ya no te gusto cuando me veas.

    El chico en lugar de responder con palabras me respondió con una foto de su pene erecto, se veía rico, nada fuera de lo común, pero no estaba mal. Luego de eso me dijo: “¿todavía te parezco chiquito?”

    -Jaja, no lo decía por tu tamaño…

    -Ándale, si le dijiste a tu galán que se la chupabas a cualquiera. O dime, ¿no te gusta cómo se me ve? ¿Nunca has chupado una de mi edad?

    Ese comentario me pareció excitante, ya que el chico tenía razón, nunca había chupado una verga así de joven desde que me dedico al travestismo. Pero aun así le seguí diciendo que no, con la intención de ver qué iba contestando.

    -Es que estás muy chiquito, corazón; capaz que te pega tu mamá por andar con señoras como yo…

    -No se va a enterar, en mi casa no hay nadie hasta la noche, nada más estamos mi hermano y yo y cada quien tiene su cuarto, así que no nos interrumpiría.

    -O.K., pero luego, ¿qué tal si por tu edad acabas rápido?, va a ser una visita muy corta.

    -A mí se me para muy rápido otra vez, lo sé porque me masturbo varias veces en poco tiempo.

    -Pero, en lo que se te vuelve a parar, ¿qué hago yo?, necesito algo o alguien para entretenerme…

    -Si quieres invito a un par de amigos.

    Con ese tipo de mensajes acepté la invitación del chico, siempre y cuando invitara a otros dos amigos suyos a su casa, de manera que me chuparía tres vergas universitarias esa tarde. El acuerdo era sólo sexo oral, nada de coger.

    Nos quedamos de ver a una cuadra del ciber donde dejé mi sesión abierta. Para mi sorpresa, el chico llegó con sus amigos conduciendo la camioneta de papá, así que entendí que se trataba de un junior, un chico con buenas posibilidades económicas. En el camino él y sus amigos, otro par de jóvenes de aspecto atlético, compañeros del primero en el equipo de básquet, me iban haciendo la plática acerca de cómo era ser travesti, si me vestía en público, si mis papás lo sabían y cómo habrían tomado la noticia de habérsela dado, etc.

    Al llegar a la casa, una casa lujosa de dos niveles y amplio patio, pedí que me mostraran el baño para cambiarme a mi atuendo de nena (un top gris que cubría un sostén con relleno y unos leggins negros que difícilmente escondían mi tanga, peluca castaña ondulada, muy larga y maquillaje). Al salir del baño, el anfitrión me condujo a su cuarto. Sus amigos iban detrás de mí, diciéndome que se me veía muy bien mi trasero, cumplido que agradecí con un movimiento más exagerado de mis caderas.

    Rumbo al cuarto del chico, se nos apareció otro muchacho:

    -¿Qué onda? (le preguntó mi anfitrión al que, adiviné, era su hermano, un chico que se había quedado boquiabierto al verme).

    -Me asomé por el ruidero que hacen.

    Volteándose a nosotros, el anfitrión les dijo a sus amigos que me enseñaran dónde estaba su cuarto, que nos alcanzaba en un momento, y se quedó en el pasillo con su hermano platicando.

    Llegamos al cuarto; uno de los chicos se acercó a mí de frente y me dijo: “te ves muy guapa, más guapa que varias mujeres que conozco”, me tomó de la mano y se acercó a besarme la mejilla. Le di las gracias por el cumplido y le respondí con un beso en la mejilla también, mientras sentía cómo el otro chico se acercaba por detrás, acariciaba mi cintura y me decía: “se te ven ricas las nalgas”. “¿Te gustan, chico?, ven siéntelas”, tomé su mano y lo jalé hacia mí para que me abrazara por la espalda y me arrimara su pene. Comenzaron a frotarse frenéticamente, el de atrás contra mis nalgas y el de adelante contra mi muslo mientras me besaba el cuello. Yo gemía suavecito entre esos dos chamacos deseosos de mi cuerpo cuando llegó nuestro anfitrión: “¿Ya empezaron sin mí?” Yo lo volteé a ver y le hice una seña de que se acercara; ya cerca nos besamos en la boca mientras los otros dos me manoseaban mis nalgas y, para mi sorpresa, mi pene erecto de la excitación de ser el juguete sexual de esos muchachos.

    Seguía besando al chico cuando comencé con mis manos a buscar los penes de los otros; los acaricié por encima de la ropa brevemente, pero ellos decidieron pronto quitarse los pantalones. Con las vergas descubiertas, empecé a jalarlas mientras mi anfitrión me besaba el cuello, me abrazaba y me sobaba frenéticamente mis nalgas por encima de los leggins. Los otros chicos, con las manos en la cintura y las vergas paradas, se dejaban masturbar por mí y me decían que lo sabía hacer muy rico. Así estuvimos algunos minutos hasta que el anfitrión me dijo “ahora sí, a lo que vienes, puta” y se sacó la verga, pidiendo ser el primero al que se la chupara. “A ver, corazón, trae aquí tu verga, mi vida”, le decía mientras me agachaba a mamar. “Uy, que rica verga, así sin muchos vellos, me gusta cómo sabe, mi vida”. Se la chupaba con mucho deseo y sin dejar de jalar las otras dos, que estaban esperando mi boca, mientras los chicos me decían “eres toda una experta, se ve que sí te gusta mucho la verga”, “sí, corazón, me encanta, y las suyas están más ricas porque son vírgenes, ¿verdad?”, “sí, nadie nos la ha mamado antes”.

    Estaba tan excitada que no noté la puerta abrirse; de pronto, me sobresaltó que me empezaran a acariciar las nalgas, me detuve brevemente y vi al hermano, agachado detrás de mí, acariciándome las nalgas con mirada lujuriosa. “¡Qué rico que te nos uniste! Desde que te vi en el pasillo te me antojaste” Le dije ya muy caliente de verlo transformarse de un ángel en un demonio lujurioso. Le pedí que se bajara el pantalón y al ver su verga enloquecí y se la chupé frenética. En poco tiempo se puso dura y lubricada, entonces le dije “Quiero que tú me la metas”, me bajé los leggins y la tanga y, en cuclillas, le puse las nalgas al chico que también estaba agachado a mi altura; lo ayudé a metérmela ante las miradas morbosas de los otros muchachos y seguí mamando vergas mientras el hermano de mi anfitrión se abría paso entre mis nalgas. Así estuvimos unos 5 minutos hasta que el chico, en medio de su excitación, empezó a empujarme la verga con más ganas y más fuerzas; dejé de mamarle el pito a los otros, me puse en 4 y me dejé coger por este joven amante. Los otros chicos sólo miraban morbosamente mientras yo le decía “así, corazón, ¿te gusta el culo? Es tuyo, papacito, me enloquece tu verga virgen, papá”. Y el chico se vino, gimiendo fuerte, resoplando, entre las risas de los otros que, mientras nos veían coger, se estaban masturbando y estaban listos para expulsarme su leche en la cara.

    Antes de pasar a cambiarme para salir de la casa, aún en atuendo de mujer me despedí de ellos, especialmente del hermano, a quien le di un ardiente beso con el que me lo llevé al baño, para volver a sentir su joven verga en mi culo una vez más.

  • Mi esposa me enseñó (2)

    Mi esposa me enseñó (2)

    No podía creer lo que me estaba pasando, mi esposa acababa de confesarme que alguien más la había besado y manoseado bajo su consentimiento y yo en lugar de estallar de celos tenía una erección inmensa como pocas veces me ha sucedido en la vida. De alguna manera esos ya eran cuernos y me habían crecido hace tiempo sin saberlo. La sensación era de sentimientos encontrados, Por una parte sí sentía celos de enterarme que mi esposa había sido disfrutada por otro macho aunque fuese solamente un beso y toqueteos y por otra hubiera querido ser testigo, mirar como Alexa entregaba su boca y recibía las manos de aquel macho con gusto y excitación… Ahí comencé a volverme loco.

    Mi esposa me masturbó mientras esbozaba una sonrisa burlona, ella se había dado cuenta de que lo que tanto ansiaba estaba a punto de convertirse en realidad. «No puedes mentir papito, estás muy excitado, sé que te calienta saber que tu esposa es muy caliente y necesita otro macho» me dijo con voz dulce mientras se acomodaba sentada sobre mi verga «ahhh siiii» solo atiné a responder mientras mi verga desaparecía entre la hermosa panocha de mi esposa. Ella sabiendo que estaba consiguiendo su fantasía comenzó a moverse deliciosamente como solamente ella sabe hacerlo, moviéndose hacia adelante, hacia atrás, a un lado y a otro lado y re pegando sus tetas en mi cara mientras me decía con voz entrecortada por la excitación «anda papito déjame que te haga cornudo, sabes que tienes una esposa muy caliente y muy puta! Necesito sentir otras vergas de otros machos dentro de mí por favor dame permiso!»

    Alexa sabía lo que hacía, me tenía tan dominado con su forma tan caliente de poseerme que le respondí que sí, que consiguiera un macho de verdad que la cogiera como una puta! En ese momento los dos llegamos a un inmenso orgasmo gimiendo como nunca y caímos rendidos en la cama para después quedar automáticamente dormidos.

    A la mañana siguiente hicimos nuestra vida de manera muy normal sin comentar nada de lo sucedido, aunque Alexa se notaba muy contenta y radiante, yo en realidad estaba avergonzado sin saber si retractarme de mi decisión o continuar el juego. La verdad es que todo esto me estaba poniendo muy caliente tan solo de imaginar a Alexa disfrutando de otro macho.

    Pasó una semana sin mayor novedad hasta que llegó el jueves, Alexa salió temprano a trabajar como siempre pero llegó un poco más tarde de lo normal en la noche. Resulta que llegó con algunas bolsas, muy contenta y sonriente. «Hola querido ya llegué» me dijo con voz muy alegre parecía una adolescente llegando de la escuela. Llegó directo a nuestra recámara, quise alcanzarla pero en el momento en que iba llegando y ya cerró la puerta con seguro. «No papito no puedes entrar, espérame en el sillón que no tardo» me dijo de una manera muy pícara y no tuve más remedio que hacer lo que me decía.

    Cuando salió de la recámara y se dirigió hacia mí, yo quedé petrificado. Resulta que mi esposa había ido de compras y estaba modelando la ropa que se compró, un conjunto de lencería demasiado caliente que consistía en un diminuto bra de encaje y tela transparente que solamente cubría sus pezones, haciendo juego con una diminuta falda que dejaba ver la mitad de sus deliciosas nalgas, su monte de Venus era cubierto únicamente con una micro tanga de color blanco transparente y sus hermosas piernas iban cubiertas con unas finas medias del mismo color y para terminar sus calientes pies calzaban unas hermosas zapatillas abiertas muy altas.

    «¿Qué te parece papito me veo bien?» Me preguntó al tiempo en que yo idiotizado me acercaba para abrazarla, necesitaba cogerla en ese mismo momento! «Espera papito!» Me dijo apresurada mientras con sus manos me tenía alejado de ella «a ropita no es para ti… Bueno si, pero antes la va a estrenar otro macho…».

    Al escuchar eso sentí que el mundo se me venía encima! Seguramente ya tenía con quién ir a coger y ahora yo pasaba a ser el segundo…

    Continuará.

    Gracias por leer, su quieren escribirme este es mi correo [email protected]

    Gracias!

  • La lata en mi culo

    La lata en mi culo

    Luego de mi experiencia anterior donde la chica transexual que contraté llevó a un chico, quedé pensando en lo extraño que fue todo eso y aunque no tuve una experiencia homosexual como tal entre los dos me perforaron el culo con sus dedos y fue muy excitante.

    Llamé de nuevo a la misma chica y le propuse que viniera ella sola pero que se trajera juguetes porque me había gustado la estimulación anal que me había hecho.

    Llegó el día y nos encontramos en un hotel, ella llegó con una carterita y un bolso el cual puso en la cama mientras se fue a duchar, al salir me preguntó que es lo que quería hacer exactamente y yo le respondí que quería que usara mi culo como nunca nadie lo había hecho, me pidió el pago por adelantado y se lo di.

    Me pidió que me desnudara y ella también así lo hizo dejando a la vista sus tetas y su muñeco colgando, abrió el bolso fue sacando una cosa a la vez para ir usándola conmigo, primero me amarró las dos manos al borde de cama dejándome boca arriba, colocó una almohada en mi espalda y con las piernas abiertas y estiradas amarró mis tobillos a cada una de las manos, es decir que quedé boca arriba con las piernas hacia arriba y abiertas con poca posibilidad de movimiento a penas un poco las rodillas.

    Luego de estar atado comenzó a decirme cosas morbosas, calientes y hasta cochinas prometiéndome que luego de terminar conmigo me iba a dejar atado para que viene la gente de limpieza a ayudarme. Yo estaba un poco erecto y me dijo que hasta que no bajara mi erección no podíamos empezar tuve que distraerme un poco hasta que nuevamente mi pene estaba recogido muy flácido y fue cuando de su bolso una cosa de plástico que es como un cinturón de castidad para el pene que lleva un candado y no permite la erección, me lo colocó con mi sutileza y desde ese momento quedé completamente inservible.

    En ese momento comenzaba su juego y se fue primero hacia mi cara besándome mucho hasta que se sentó encima para que le lamiera el culo, era una especie de 69 porque pasaba su lengua por mi pene enjaulado y frotaba suavemente uno de sus dedos por las afueras de mi ano causándome una excitación espectacular, luego se levantó se puso frente a mi culo para comerlo y saborearlo por un largo rato hasta que poco a poco su dedo fue entrando dentro de mi y su lengua se acercaba más hacia mis bolas metiéndoselas en la boca y chupándolas como si fuera un caramelo pero esa sensación era dolorosa porque lo que grité en varias oportunidades que parara hasta que sacó del bolso un plug de goma de tamaño medio no tan grande, untó un poco de lubricante y lo metió entero.

    Yo estaba atado, con el pene enjaulado y con un juguete en mi culo mientras ella se paró para ir sentarse en una silla a hacer una llamada, traté de llamarla y me hacía señales de que hiciera silencio porque estaba en una conversación entonces tuve que esperar mientras mi culo se acostumbraba a la anchura del juguete pero luego se acercó y fue sacando el plug y dijo “ya está casi listo pero aún le falta” no se a que se refería pero supuse que lo quería ver bien abierto y hacerme sufrir, en vez de introducirlo de nuevo sacó del bolso otro implemento era como una bombona para medir la presión arterial pero no la entendía muy bien, el caso es que la introdujo en mi culo y empezó a bombear yo miraba por el espejo como eso cada vez se ponía más gordo y me ensanchaba el hueco del culo, debo confesar que no sentía dolor pero si mucha presión por lo que decidí relajarme mientras ella seguía bombeando, no se cuanto se abrió mi culo pero era mucho más que una pelota de beisbol y así abierto lo dejó con la bombita al máximo mientras se acercó para practicarme sexo oral sentándose frente a mi cara y bombeándome la boca desenfrenadamente tanto que no podía casi respirar y tenía muchas ganas de vomitar pero traté de aguantar y disfrutar el momento de tener un pene en la boca porque es algo verdaderamente rico.

    Se paró, sacó la bombita de mi culo y se colocó un guante de látex y sin previo aviso empuño su mano y haciendo presión en mi culo intentó meterla completa causándome un dolor desgarrador y un profundo calambre en todo mi cuerpo sobre todo en las piernas pero aunque lo intentó varias veces no pudo entrar, puso mucho aceite y empezó a meter y sacar 3 o 4 dedos diciéndome que eso era lo que yo merecía por marica, con la otra mano me tocaba la cabeza del pene que quería salir de esa jaula pero no podía porque simplemente estaba tan preso como yo, fue tocando mis bolas y mi glande mientras seguía metiendo sus dedos en el culo hasta que me hizo eyacular a cuenta gotas sin una erección a plenitud por la jaula, esto me provocó fuerte dolor en los testículos y en el mismo mene, se acercó para saborear mi leche y sacó sus dedos de mi culo, se quitó el guante y busco en la mesa una lata de cerveza que yo había dejado por la mitad, vació lo que quedaba en la lata dentro de mi culo que estaba muy abierto y me metió la lata dentro de mi dejando casi la mitad por fuera , ahí la dejó mientras se acercó nuevamente hacia mi cara para masturbarse dándome golpes en mi boca con su pene y botar sobre mi cara mucha leche espesa y caliente que me chorreaba a lo largo y ancho de mi rostro.

    Seguidamente se levantó y se fue a duchar mientras yo le pedía que por favor me soltara pero solo sonreía, salió del baño me quitó la jaula y recogió todos sus juguetes, me dijo que me regalaba las cuerditas y que si quería la llamara de nuevo con mucho gusto me atendería.

    Le grité varias veces ya con miedo y rabia que me soltara y que me sacara la lata del culo pero simplemente se fue.

    Quedé atado en la cama de un hotel con una lata de cerveza metida en el culo y la cara llena de leche sin posibilidad ni siquiera de pedir ayuda pero sospeché que alguien vendría porque eso fue lo que ella dijo al principio del encuentro, esperé y como a los 15 minutos tocaron la puerta y grité que por favor pasaran, presumo que ella aviso a las chicas de mantenimiento que me fueran a rescatar.

    Entraron dos chicas de mantenimiento y al ver semejante escena solo se rieron moderadamente y decidieron ayudarme, yo me lo tomé relajado y bromeaba con ellas pero estaba muy apenado, me soltaron pero cuando intenté sacarme la lata del culo no podía, mi culo se había cerrado y la lata por el medio estaba un poco arrugada y más delgada que los bordes, empecé a desesperarme y con mucha pena le dije a las chicas que me ayudaran que yo les pagaría pero que por favor que me ayudaran. Pues una de las señoras me indicó que me pusiera en 4 patas y así hice, con ayuda de un poco de jabón y agua fueron moviendo la lata hasta que salió y gracias a dios no me hizo daño, sin muchas explicaciones les di algo de dinero y se fueron.

    Me dolía mucho el culo con tantas cosas que entraron dentro mi y el medio fisting que me hizo la transexual pero de verdad estuvo genial, lo único malo fue la vergüenza que acababa de pasar decidí irme del hotel inmediatamente.

  • Mi esposa, mi cuñada, un trío perfecto

    Mi esposa, mi cuñada, un trío perfecto

    Recordando un poco, llevo casado cuatro años, mi esposa y yo tenemos 34 años y la hermana de mi esposa tiene 41 años y una hija de 22. Ambas, mi esposa y mi cuñada son muy guapas, buenas piernas, buenas colas, pero lo que más me gusta de las dos es que tienen senos grandes. Mi cuñada por su lado está bien conservada para su edad, y lo mejor de todo, es divorciada. Hasta ahora por cosas del destino con mi cuñada he tenido sexo por tres ocasiones; no se podría decir que hicimos el amor porque lo nuestro es más deseo y lujuria. Ahora contaré cómo fue la mejor nueva experiencia que nos pasó, para lo cual sería bueno que lean nuestro anterior encuentro.

    Pasó una semana desde que nos fuimos al matrimonio del sobrino de mi esposa, esa noche mi esposa no pudo quedarse porque tenía turno en el hospital. Justo al siguiente sábado, como mi esposa estaba triste por no disfrutar de la fiesta como sabemos hacerlo, entonces organizamos una salida a la discoteca, nos fuimos los dos y dos amigas de mi esposa con sus novios. Luego nos fuimos los seis al nuestro departamento, terminamos una botella de tequila pero para la segunda ya se fueron y nos quedamos los dos. Ya desanimados íbamos a dejar todo y dormir, cuando vimos que llegaba mi cuñada a su departamento (junto al nuestro). La invitamos a pasar y nos contaba que se había ido de farra con las amigas ya que su hija se fue de viaje, pero nada, las amigas más aburridas y que por eso volvía temprano, para ella temprano y ya eran como las 11pm.

    Mi esposa ya entonada decía que se había quedado picada de la anterior fiesta, y convenció a mi cuñada Camila que nos acompañara para acabar la botella de tequila. Eso sí, para los tragos mi esposa no da mucho. En fin, ya íbamos por media botella, bailamos, cantamos, todo entre los tres. Y por último ya nos quedamos sentados en el sofá y nos pusimos a contar de todo.

    Para hacerlo corto, las preguntas y respuestas iban subiendo de tono hasta que llegó una que fue la chispa para el resto de la noche:

    Camila: a ver hermanita, tú compartirías a Mati (Yo)? para una noche de sexo con otra mujer?

    Esposita: no, claro que no, o depende.

    Camila: ¿de qué o cuando sí lo compartirías?

    Esposita: si es que yo estoy presente.

    Camila: estás hablando de un trío?

    Esposita: no, o sea no sé.

    Le llegó el turno a Camila y mi esposa fue directa.

    Esposita: a ver Camila, tú has hecho un trío?

    Camila: sí, un par de veces, una con otra chica y una con dos hombres.

    Esa respuesta le dejó son más preguntas a mi esposa. Por un lado creo que le llegó a su orgullo, pues siempre me decía que su hermana es más cohibida, y que tiene pensamientos más de una persona mayor por cómo cuida a su hija. Ante el silencio Camila arremetió.

    Camila: dime hermanita, soportarías ver a Mati con otra chica teniendo sexo justo en frente de ti?, y más aún, contigo también?

    Esposita: creo que no, pero en todo caso quisiera que fuera alguien que no conozcamos.

    Camila: por qué alguien desconocido, o sea que tus amigas están descartadas, yo descartada (con un gesto de sentirse despreciada).

    Esposita: sí, totalmente, luego se enamoran y se van.

    Camila: o sea que ese es el único obstáculo, entonces si es seguro que no se enamoran sí lo harías?

    Esposita: ahí sí, puede que sí.

    Camila: en todas estas, no le hemos preguntado a Mati si él estaría dispuesto.

    Esposita: es hombre, que no va a querer.

    Todos nos quedamos mirando y reíamos, luego se veía que mi esposa quedaba muy pensativa. A lo que de la nada preguntó.

    Esposita: ya Camila, en serio, has estado en tríos?, a ver cuéntanos cómo es para ver si te creemos.

    Camila: no es obligado que me crean, pero debes estar bien seguro con tu pareja de hacerlo, ya luego las cosas se dan en ese momento.

    Esposita: ya, cuenta mala; bueno piénsalo mientras vuelvo del baño.

    Mi esposa se fue al baño y mientras ella se fue le dije a Camila que si es enserio, y me dijo que no, que quería ponerle sal a la conversación y que quería ver cómo reacciona mi esposa. Yo le dije que me puso bien caliente, y rápidamente me acerque y la besé mientras metí mi mano dentro de su blusa para tocar sus senos, le saqué un seno y lo chupé un momento hasta que escuché que mi esposa cerraba abría la puerta del baño y me puse en mi sitio. Ahora se fue Camila al baño. Igual, con mi esposa aprovechamos para darnos unos besos bien calientes, como ella estaba con vestido solo le bajé el escote para poder chupar sus tetas, y por abajo meter los dedos en su vagina, mientras ella pasaba su mano por encima de mi pene que estaba bien duro.

    Cuando Camila volvió mi esposa insistió que le diga cómo es que hizo un trío. Mi cuñadita más astuta dijo que eso no se cuenta, que eso sale en el momento, que todas las parejas son distintas.

    Esposita: ya, a ver, entonces hagamos que nosotros vamos a hacer un trío. Cómo empezarías.

    Camila: yo no empezaría, la pareja es la que tiene el control.

    Esa fue la palabra mágica, a mi esposa siempre le gusta tener el control, y creo que le gustó mucho la idea de tener el control sobre mi, sobre Camila, sobre lo que pasaría esa noche, y más con los tragos que tenía encima y lo cachonda que se puso luego de los besos que nos dimos, simplemente vino haci mi y comenzó a besarme, suavemente y poco a poco fue más apasionada. A ratos miraba a su hermana como diciendo que ella es la que manda. Seguimos con los besos, empezamos a tocarnos, yo pasaba mis manos por sus senos, por sus piernas y ella frotaba el pantalón encima de mi pene.

    Esposita: y luego qué Camila?

    A lo que mi cuñadita se acercó, se sentó al lado mío dejándome en la mitad de las dos, y con una mano tomó mi cara y la giró hacia ella y me besó. Con su mano en mi cara nos besamos hasta el momento de que empezamos a usar la lengua. Justo en ese momento ella me giró hacia mi esposa, como diciendo que es su turno. Mi esposa sin pensarlo me besó, ahora si desde el comienzo fue apasionada, con su lengua buscaba jugar con la mía. Mientras sus manos estaban tocando mi pene, aún sin atreverse a bajar la bragueta. De nuevo fue el turno de Camila, esta vez a más de besarla puse mi mano sobre sus senos, apretándolos. Tomé la mano de Camila y la puse sobre mi pene, al lado de la mano de mi esposa que estaba indecisa.

    Como mi esposa estaba al lado de mi mano más hábil, fui pasando por debajo de su vestido hasta llegar a su vagina y empecé a meterle los dedos, esto mientras dejaba de besarla y volvía con Camila. A ella le saqué un seno y empecé a chuparlo y enseguida volví con mi esposa y le bajé todo el escote, dejando al descubierto sus dos hermosos senos, y los empecé a chupar. Para entonces mi pene ya estaba bien duro.

    yo: mi amor (a mi esposa), saca mi verga del pantalón, que ya quiere salir.

    Mi esposa bajó el cierre del pantalón, y sacó mi pene, empezó a masturbarme. Volví hacia mi cuñada, rápidamente le saqué la blusa y la dejé con el sostén pero con los dos senos fuera, y ahora era su turno de que yo los chupara. Mientras mi esposa me masturbaba con sus dos manos. Cogí la mano de Camila y la puse cerca de mi pene, esperando que mi esposa le ceda el turno, y así fue. Ahora Camila tenía mi verga en sus manos y mi esposa miraba como su hermana me masturbaba.

    Ya quería que me chuparan la verga, así que me paré en frente de las dos y me bajé el pantalón. Dejando al descubierto mi pene erecto.

    Esposita: no pues, ahora qué desea el afortunado. Las dos hermanas se reían.

    Yo: mi amor, lo que te gusta hacer.

    Me acerqué y mi esposa tomó mi verga y se la metió en la boca, comenzó a darme una mamada como si estuviera enseñando a su hermana cómo se hace, me daba besos, lo lamía y me chupeteaba los huevos. Me moví un poco más hacia la mitad de las dos, es cuando mi esposa le dice «qué sigue» a Camila. Ahora Camila comenzó a chuparme el pene, ella despacio, tanteando a ver hasta dónde puede meterlo, como si nunca lo hubiese hecho. Entonces recordaba que hace una semana me dió una mamada igual que su hermana. Poco a poco fue liberándose y me lo chupaba hasta el fondo.

    Que rico fue ver como una a una iban turnándose para chuparme la verga, ambas con las tetas fuera. A eso le dije a Camila que se quitara la licra que llevaba puesta. Y a mi esposa le quité el vestido y las dos quedaron solo con sus tangas. Me arrodillé para poder chuparle las tetas a las dos. Que rico tener esas cuatro tetas grandes, blanquitas, las de mi esposa son más redonditas y paraditas, con los pezones pequeños, las de mi cuñada un poco más flácidas pero más grandes y con los pezones grandes.

    Las dos se pararon y los tres abrazados me iba de lado a lado besándolas, en los labios, en las tetas, mientras ellas con sus manos jugaban con mi pene. Tenía que tener cuidado en que mi esposa no perdiera la seguridad de que es ella la que tenía el control, así que al oido le dije «dime amor, quien empieza», a lo que me dijo que ella va primero.

    Acosté a mi esposa en el sofá, le abrí las piernas y se la mandé toda, estaba mi pene hinchado de las mamadas que sentí cómo fui abriendo la vagina, a lo que mi esposa dio un suspiro:

    Esposita: mi amor, tu verga está más gruesa.

    Mientras le metía mi verga a mi esposa mi cuñada estaba al lado mío, la besaba y miraba como mi esposa nos miraba con lujuria. Le chupaba las tetas a Camila, y le metía los dedos en su vagina.

    Era hora de Camila, ella se acostó en la misma posición que mi esposa, saqué mi pene de mi esposa y fui directo a la vagina de Camila, ambas apretaditas. Luego mi esposa se puso de pie y nos besábamos:

    Yo: ¿te gusta mi amor?

    Esposita: si, veo que le tenías bastante ganas a mi hermana.

    Yo: no amor, pero ahorita no podemos echarnos para atrás. Las quiero a las dos en cuatro.

    Puse a Camila y a mi esposa en cuatro, fue una vista hermosa ver esos dos culos que tanto deseo. Empecé con mi esposa y luego con mi cuñada, así fui alternando hasta que no pude más y le mandé toda mi leche a mi esposa.

    Nos acostamos los tres en el sofá, cansados y con ganas de más. Nos cobijamos y no podía dejar pasar la oportunidad y seguí besando las tetas de ambas. Nos tomamos unas dos copas más de tequila y mi esposa no dio más y se durmió.

    Camila se quedó aún despierta y la llevé a la habitación y de nuevo me dio una mamada bien ensalivada.

    Camila: no creí que llegara el día en que lo hiciéramos en la cama donde duermes con mi hermana.

    Yo: hoy es el día, tenemos que aprovecharlo.

    En resumen, nos pegamos una buena cogida con mi cuñada mientras mi esposa dormía.

    Después Camila se vistió y se fue y yo me fui a dormir junto a mi esposa. Al día siguiente mi esposa estuvo un poco rara al despertarse. Me preguntó por Camila:

    Esposita: y Camila? ¿A qué hora se fue?

    Yo: se fue cuando terminamos la botella y te quedaste dormida.

    Esposita: no hicieron nada más?

    Yo: no, se fue y yo me vine a dormir contigo.

    Mi esposa estuvo un poco reservada hasta que llegó Camila y los tres hablamos de lo que pasó. Mi esposa se quedó tranquila, dijo que era por los tragos, y que se quedará así. El resto de la semana ya se le fue bajando la reserva y me empezó a preguntar que cómo fue, qué sentí, y cosas así. Y más que nada que si lo volvería a hacer. En mi mente rogaba que se repitiera, pero le dije que fue un desliz de los tres.

    Pero no me imaginé qué ese mismo fin de semana se iba a repetir, pero eso lo contaré en la siguiente ocasión.

  • El collar de mi sumisa (parte III)

    El collar de mi sumisa (parte III)

    Desde ese día, el collar marcaba nuestra relación. Había días en que no se lo ponía. Teníamos sexo, pero no era lo mismo. Lo disfrutábamos igual, pero no era la hembra caliente y hambrienta de sexo que cuando tenía el collar. Jamás cuestioné su derecho a elegir ponérselo o no. Me daba muchos días de sumisa como para quejarme y creo que a ella le permitía saber y reafirmar que era un juego.

    Y cuando aceptaba ser mi sumisa, se entregaba entera. Me aceptaba todos los juegos, látigos, juguetes anales, vaginales, broches para los pezones, todo. Se abría al placer sin retaceos. Yo iba tirando delicadamente de sus límites para que se asuma totalmente como hembra. Un día, teniendo sexo anal con ella arriba mío, le dije

    – “¿Te gusta tener mi pija dentro de tu cola?.

    – “Si papi, ya lo sabes”

    – “Decímelo”

    – “¿Qué querés que te diga?

    – “Que te gusta tener mi pija en tu culito”

    – “Me gusta papi”.

    – “No, decilo todo”.

    – “Me gusta tener tu pija en mi culito”, dijo entre susurros y avergonzada.

    – “Repetilo fuerte”. Le dije y me obedeció

    – “¿Sos tan putita que te gusta que te hagan el orto?”

    – “ Si papi”

    – “Decímelo, todo”

    – “Soy tan putita de mi dueño, que me gusta tener su pija en mi cola. ¿Así te gusta?

    – “Si, así me gusta. Que te asumas como mi putita, sin pudor. ¿Te gusta hacerlo”

    – “Si, te juro que si. Pero me cuesta. Es como si estuviera trasgrediendo lo permitido”

    – “Pero ahora, me estás mirando mientras te estoy cogiendo la colita. Y no se te nota molesta ni descontenta”

    – “Ya lo sé. Pero me cuesta. Jugar de esta manera me permite hacerlo más fácil”

    – “Y los chirlos te ayudan”

    – “Si, me ayudan a soltarme”.

    – “Entonces ponete de espaldas a mi y mientras te hago la cola te doy chirlitos”

    – “Ay, ay, ay, ¿quién me manda a hablar”, dijo, pero cumplió sin demora mi orden y hasta acomodó la cola para que le pueda pegar en las nalgas.

    Y así, de a poco, se fue soltando, fue disfrutando del sexo, mientras nuestra vida en pareja trascurría cada vez más gratamente. Nadie de los que nos conocía hubiera podido sospechar que esa pareja de tan buen trato mutuo, de tanto cariño demostrado en público, al llegar a la intimidad se transformaran en un amo y una sumisa.

    – “¿Qué fantasía tenés ganas de realizar? O con la que fantaseas, pero no te animás”.

    – “Vos me cumpliste varias, tengo que reconocer. Ser la putita de alguien, los chirlos en la cola, que me ates, todo era parte de una fantasía que no pensaba realizar jamás”

    – “Bien, me alegro. Pero ¿cuál te falta concretar?

    – “No sé, es una fantasía, pero no sé si quiero llevarla a la realidad”

    – “¿Cuál es putita?

    – “Un trío. Dos hombres conmigo. Pero no que me penetren los dos. Eso no. Por ejemplo estar con vos y que otro hombre, que me guste, mire y, a lo sumo, me acaricie”

    – “¿Y por qué no querés llevarlo a la realidad?”

    – “¡¡No!!”, dijo con cara de susto, “puedo ser putita para vos, pero no podría para nadie más. Me moriría de vergüenza”.

    – “Y si te tapás la cara y nadie sabe quién sos. Es más, nos tapamos los dos”

    – “¿Y cómo se podría hacer?

    Esa pregunta ya había abierto el camino. Implicaba el deseo de hacerlo, pero sin saber como.

    – “Yo me encargo. Tengo un amigo swinger y puedo lograr que lo arregle. Nadie sabría nuestras identidades y las reglas las establecemos con claridad antes de hacerlo”

    – “No sé, me da miedo”

    – “De qué? Sólo vas a coger conmigo y el otro va a mirar, a lo sumo masturbarse y, como mucho, acariciarte hasta donde vos permitas y quieras”.

    – “No sé si me animo”

    – “No te vas a animar, me vas a obedecer. Vas a ir con el collar y vas a seguir mis órdenes. Y yo me encargo de cuidar a mi putita y que todo le sea placentero. ¿o no lo hago siempre?

    – “Si, siempre. Pero no sé si me animo”

    – “Vos vas ir donde te diga y vas a hacer lo que te diga. Y si algo no te gusta, ya sabes = chocolate”

    – “¿Estás seguro?”

    – “Totalmente”

    Esa tarde, llamé a Nestor y le conté la situación, la fantasía, los detalles, las exigencias. Me dijo que iba a averiguar. Dos semanas después, me dijo que tenía un “voyeur” que estaba encantado con la propuesta, joven, elegante, buen físico. Lo único que pedía era usar máscara él también. Arreglamos las formas, el lugar, el día y la hora.

    Le dije a Julia que íbamos a cenar en un lugar exclusivo y sofisticado, pero era necesario que vaya con el collar puesto. No sé si se imaginó algo, pero no preguntó. Cuando llegamos a la casona, nos dieron una máscara a cada uno y nos guiaron a una habitación con una mesa. Cuando terminamos de comer, la llevé al sofá y empecé a besarla y acariciarla, mientras la iba desnudando. Cuando solo le quedaba la tanguita, golpearon a la puerta. Abrí y dejé entrar al muchacho mientras Julia lo miraba con asombro y bastante temor.

    – “Te presento a Perseo”, le dije y dirigiéndome a él, le presenté a Venus (Julia) y a Zeus (yo). “Tenés que obedecer a Venus”, le aclaré. “Esta es su fantasía”

    Volví al sofá y seguí acariciándola, pero estaba tensa.

    – “Putita, esto es para vos, todo para vos. Ahora, arrodillate frente a mi y dame una buena mamada para que Perseo te vea”

    Se bajó y empezó a mamarla, pero no se soltaba. La levanté de un brazo, la hice reclinar sobre el sofá y empecé a darle chirlos.

    – “No levantés la cabeza”, le ordené, mientras seguía con los chirlos y los intercalaba con masajes y lamidas en su culo y su vagina.

    – “¿Qué sos vos?

    – “Tu putita”, dijo bajito

    – “No te escucho”, le dije mientras le daba un chirlo

    – “Tu putita”, dijo más fuerte.

    – “Perseo no te escucha”, le dije, con otro chirlo

    – “Tu putita”, dijo en voz alta

    La levanté y la puse frente a mi mirándola a los ojos.

    – “Ahora Perseo sabe que sos una putita. Mostrale como chupa la pija mi putita” y la empuje para que se arrodille.

    La mamada empezó lento y titubeante, pero de a poco se fue soltando y lo hizo con ganas. Le fue entrando la calentura y cuando levantó la vista, sus ojos mostraban deseo y la excitación de saberse vista por otro. Lo estaba empezando a gozar.

    – “Querés que Perseo te dé un chirlo”

    – “Uno”, dijo suave

    Perseo se acercó y le dio una palmada en la nalga. Ella siguió chupándome. Le hice una seña y el muchacho le dio otra y otra más mientras la mamada se iba tornando caliente y más vigorosa. Mediante mis señas, el muchacho siguió dándole suaves chirlos hasta que le indiqué que pare. La levanté a Julia y la puse arrodillada en el sofá y apoyada en el respaldo.

    – “¿Querés que te penetre?

    – “Sí”, contestó rápidamente.

    – “¿Y querés que Perseo mire?

    – “Si”, dijo más bajo y lentamente. Ante ello le di un chirlo.

    – “Perseo no te escucha, Pedile perdón y decile que puede mirar cuando te penetro. Decile todo”.

    – “Perdón Perseo. Mi amo me va a penetrar y me gustaría que miraras como lo hace” y dándose vuelta preguntó “¿Está bien así, papi?

    – “Muy bien. Tenes que saber que ahora sos mi putita y la putita de Perseo, aunque él tenga límites que yo no tengo. ¿Entendés’”

    – Si papi”

    – “Ahora sé una buena putita, ponete como te dije y hacenos disfrutar a los dos”

    Se acomodó en la posición que le había indicado, me ofreció su conchita mientras lo miraba con deseo y lujuria a Perseo. Yo la penetré desde atrás y le dije a Perseo que se acerque ella, para que lo mire.

    – “ ¿Querés que se masturbe para vos?

    – “No sé”, dijo despacio. Nuevo chirlo

    – “Sé una buena putita para Perseo. Pedile perdón y decile fuerte que querés que haga”

    – “Perdón Perseo. Quiero ver como te masturbas mientras mi amo me coge”

    Yo la cogía despacio, penetrándola lentamente hasta el fondo, pero ella estaba abstraída mirando al muchacho masturbarse y se iba calentando.

    – “Perseo merece un mejor trato. Decile que se acerque y masturbalo vos”.

    – “No sé papi”

    Le di un chirlo y otro más.

    – “Te acabo de dar una orden putita. ¿No pensas obedecerme”, le dije mientras le hacía señas al muchacho que se acercara.

    – “Estirá la mano y acaricialo”

    Con temor, estiró una mano y tomó el miembro de Perseo.

    – “Pajealo, como la buena putita que sos“, le dije, mientras le daba un chirlo.

    -”Si papi”, dijo, mientras lo empezaba a masturbar.

    Volví a penetrarla fuerte y sentí como se iba calentando. Lo masturbaba a Perseo y estaba absorta, gozando de ser cogida a la par que sentía como se calentaba el pibe y lo veía llegar. Cuando lo vio acabar me pidió

    . “Fuerte papi, haceme fuerte”. A la tercera embestida acabó, abrazándose al respaldo.

    – “¿Te gustó ser putita para los dos?”

    – “Mucho”

    – “Queres que Perseo vea como te hago la colita?

    – “Si”

    – “Pedíselo”

    Se lo pidió, ya sin vergüenza, claramente. Mientras le iba penetrando el culito, su mirada estaba fija en el muchacho, el cual, a la vez, la comía con los ojos. Y así estuvo hasta que acabó con un largo gemido.

    – “Sentate y masturbame. Haceme acabar y tragate mi leche, para que Perseo te disfrute. Es más, invitalo a que te mire”

    – “Perseo, mirame como le chupo la pija a mi amo y me como toda la lechita” y agregó por su cuenta “ y dame chirlitos suaves mientras lo hago”

    – “¿Y le vas a dejar que te toque las tetas y te bese la espalda?”

    – “Si papi”, dijo, ya pasada de calentura. Me masturbó y, cuando acabé, hizo entrar todo mi semen en su boca. Lo saboreo y, mirando a Perseo, lo tragó entero.

    – “Ahora acostate, dale las gracias a Perseo y, cerrando los ojos, dejalo que te acaricie toda”

    Así lo hizo y Perseo empezó por acariciarla toda, le metió mano en todos lados y suavecito, se bajó a lamerla. Ella reaccionó en seguida, pero yo la abracé y la besé mientras le decía al oído “Disfrutá putita, ¿no te gusta? No contestó, pero no se movió. Le acaricié las tetas mientras el muchacho le comía la conchita y ella se quedaba quietita, mientras lo hacía, hasta que empezó a contorsionarse, a jadear y terminó acabando con un gemido…

    -” Ahora, acaricialo vos, todo. Y después, dale un beso de despedida”.

    – “¿Qué tipo de beso?

    – “El que vos quieras”

    Cumplió mis ordenes, le acarició todo el cuerpo sin que ella mostrara desagrado alguno sino placer y disfrute. Al terminar, Perseo le dio un beso de lengua que ella correspondió y lo saludó al irse. Después vino a sentarse a mi lado en el sillón.

    – “¿Lo disfrutaste?”

    – “Mucho más de lo que me imaginaba. Gracias papi”

  • Con la prima de mi ex

    Con la prima de mi ex

    Hola, les comparto el siguiente relato. Resulta que por allá de los 2013 tuve una novia que en una ocasión realizó una fiesta donde invito a familiares y amigos, fue donde me presento a una de sus primas, toda esa noche estuve platicando con la prima, a la primera me pareció muy bonita, buen cuerpo, conectamos muy rápido, con el tiempo creció mucho la amistad, nos hicimos buenos amigos, al terminar la relación con esa novia nuestra amistad continuo.

    Pasando 1 año comenzó toda la novela, resulta que comenzamos a salir como «amigos», la describo un poco, ella no es alta, güerita, buen cuerpo, culoncita, buenas piernas, como 5 años menor que yo, salíamos pero después de un tiempo dejamos de hablarnos… al reaparecer en mi vida como 2 o 3 años después resulta que estuvo casada un tiempo pero no le fue bien, total me volvió a buscar, platicamos, pasaron los días, comenzaron las indirectas, hasta llegar a lo sexual, comenzamos a cachondear recuerdo que me enviaba fotos de su panochita, en tanguita, en hilos, riquísima que se veía, con ganas de lamerle y meterle la verga.

    Cierto día llegó de sorpresa a mi trabajo, era la primera vez que la veía después de muchísimos años, la vi tan bonita, recordé esos días en los que estuve enamorado de ella, que me gustaba y deseaba tanto, iba con un vestido, se veía hermosa, nos fuimos a la casa, estuvimos platicando por buen rato, mientras tanto yo solo pensaba en cómo cogérmela alch le tenía tantas ganas aparte llevaba yo tiempo sin coger, así que en una de esas me le acerque y sin decir mas comencé a besarla, en sus labios, en su cuello, le agarraba sus tetas, cosa que la fue excitando y poniendo bien cachonda,

    Me dice: -Vamos a tu cama

    Yo: Estás segura de esto? Por qué una vez en la cama ya no hay marcha atrás! Ella asintió con la cabeza.

    La lleve a mi habitación, comencé a besarla nuevamente, comencé bajando los tirantes de su vestido, acariciarle todo el cuerpo, besaba sus hombros le agarraba las nalgas, se las abría, podía sentir la entrada de su culito rico, ufff estaba yo enloquecido, le quite toda la ropa, por fin cumpliría mi fantasía de cogerme a la prima sabrosa jaja, le levanté una pierna y comencé a pasar mi lengua por toda su panochita que rico sabía, ella solo cerraba los ojos y gemía, así estuve lamiendo, metiendo 1, 2, hasta 3 dedos, besaba sus tetas, mordía suavemente sus pezones, acariciaba su clítoris con mis dedos hasta que comenzó a temblar de placer,

    Ella: Me vengo, me vengo, no mames que rico, nunca había sentido todo esto, me haces venir rico.

    La acosté en la cama, la abrí de piernas y comencé a pasarle la cabeza de la verga por su vagina ya toda sensible, me suplicaba -Ya métela, quiero verga, por favor!!! Y de una se la metí con mucha fuerza solo gemía y eso me prendía mas y así comencé el mete saca, sacaba toda la verga y se la volvía a meter con fuerza, la puse de lado, levantando una pierna y se la seguía metiendo, la puse en 4, a cabalgar, estuvimos cogiendo como por más de 4 horas, me dice, -coges bien rico, mejor me hubiera casado contigo, me tuvieras en chinga todos los días.

    Ella: Que rica verga tienes amor, esta grande y gruesa, me llena toda, me haces venir rico una y otra vez!

    Yo: Todos los días te dejaría bien cogidita, llena de leche!

    Ella: Quiero mamártela y comerme la leche, que rico coges cabrón!! Quiero que me llenes de leche, no te vayas a salir, vente a dentro, embarázame, quiero tener hijos contigo. y me abrazaba con sus piernotas muy fuerte para que no me saliera.

    Y así estuvimos hasta que ya no pude más y le llene su rica panochita de mi leche, fue tanto el deseo que los dos terminamos al mismo tiempo. Quedamos recostados buen rato, descansando, a partir de esa vez cogíamos cada que se podía por casi 3 años, hicimos de todo, me mamaba la verga me venía en su boca y se los comía, hacíamos el 69 le lamía su panochita y su culito rico uff.

    Como siempre se aceptan comentarios, no soy escritor profesional pero vamos mejorando, gracias.

  • La primera vez con la mujer de tez blanca

    La primera vez con la mujer de tez blanca

    Hola a todos, espero estén bien, continuaré con mis relatos porque ya tiene bastante tiempo que no lo hago, pero esta vez no les platicaré de la ingeniera, quiero platicarles de otra hermosa mujer que me encanta y que a la fecha aún sigo viéndola ocasionalmente.

    A ella le llamaremos Karla, madre separada con dos hijas, actualmente una de 15 y otra de 11 años, es más grande de edad que yo, aproximadamente 10 años, la conozco ya de mucho tiempo atrás, más de 10 años porque trabaja en otra empresa que tiene mucha relación con la empresa donde trabajo y hubo un par de meses que trabajó con nosotros, me gustaba mucho en ese entonces y me sigue gustando ahora, físicamente mide 1.60 m., de piel blanca, se pinta el cabello de colores rubios claros y la verdad le queda muy bien, pero lo que mas me gusta de ella son sus senos, son abundantes sin llegar a la exageración, pero cuando se pone blusas o camisetas de tirantes se le ven deliciosos.

    Le platicaré la primera vez con ella, todo comenzó en una plática nocturna por whatsapp, comenzamos a platicar normal y las cosas se fueron subiendo de tono, al grado que empecé a enviarle fotos de mi verga erecta, me excita mucho hacer eso y ella me dijo que le gustó lo que vio, ella también me envió un par de fotos de sus senos que hasta ese momento no conocía pero pude ver sus pezones de color café claro, estaba acostada por lo cual no se veía mucho el tamaño, pero se veían deliciosos, esa noche me masturbé con esas fotos y ella sabía que lo hacía, también le excitó mucho y me dijo que también lo hacía, terminé corriéndome en mi pecho y fue abundante, le envié fotografía de eso y a ella le encantó, me dijo que si algún día quería podría hacerlo sobre sus senos, eso definitivamente me prendió más y solo pude decirle que estaba dispuesto cuando ella quisiera, acordando vernos en un par de días, pero no quería ir a un motel, mejor vernos en un departamento que tiene con algunas cosas, así que yo accedí de inmediato.

    Llegó el día de vernos y ella me dijo que llegaría antes porque tenía que arreglar el lugar ya que tenía rato que no iba y de seguro habría mucho polvo, yo llegué como las 10 am al sitio y le mandé mensaje, pero por alguna razón no le llegaban, como a los 5 min de esperar me marcó al celular y me pregunta si no iba a ir, si me había arrepentido, le dije que no, que estaba afuera pero no le llegaban mis mensajes, me dijo: ya bajo a abrirte.

    Bajó y me abrió una pequeña puerta que daba a la calle, lo que ni me dijo es que en ese lugar rentaban mas cuartos y había mas gente, así que solo subimos a su departamento, entré primero y llegando cerró la puerta, me pidió disculpas por como estaba el lugar pero ya tenía rato que ella no iba y por la cercanía de la calle entraba mucho polvo, acomodó un sillón de dos plazas con una sábana encima, frente a él dos colchonetas con otras sábanas encima igual y una pequeña mesa improvisada, nos sentamos en el sillón y ambos estábamos nerviosos, me dijo si quería ver una película para empezar pero yo la tomé de la nuca con una mano y la besé, con la otra la acerqué de la cintura y ella me correspondió, entre los besos alcancé a decirle que no quería perder el tiempo con películas, si ella estaba de acuerdo y solo contestó con un si moviendo la cabeza.

    Comencé a besarle el cuello mientras mis manos bajaron a su cintura, nos separamos para que ella se quitara una playera que llevaba y dejándome ver por primera vez en vivo sus senos dentro de su sostén, eran abundantes, blancos y blandos, se veían hermosos y apetecibles, sin esperar más se quitó los tenis y el pantalón de mezclilla, definitivamente estaba hermosa esa mujer, me quité la ropa también y ella se quedó solo en lencería de color rojo que resaltaba de su piel blanca.

    Alcancé a decirle que estaba hermosa y la empecé a besar nuevamente, pero ahora nos acostamos en las colchonetas, besaba su boca, su cuello, sus senos aún con el sostén y comencé a acariciar con una mano sus senos, su abdomen y bajé a su vulva sobre su panti, después metí la mano debajo y pude ver que estaba completamente depilada y sumamente mojada, eso me prendió más y ya tenía una buena erección, ella me dijo que le gustaba lo que veía y lo empezó a acariciar por encima del bóxer y alcanzó a decirme que le gustaba mas como se sentía y que lo quería sentir dentro.

    Sin más me lo quité y le quité a ella toda la lencería, pude ver sus pezones que eran un poquito largos y con lo excitada estaban erectos, los metí en mi boca y estuve así comiendo un rato mientras que con la otra mano le acariciaba su vulva, estaba muy mojada y le pregunté si podía comerla, ella me dijo que si y comencé, su sabor era agradable y comencé a meter mi lengua de vez en cuando a su vagina, estaba caliente y se sentía como se mojaba más, ella me tomaba del cabello y me movía a su ritmo hasta que me dijo, ven, quiero tenerte dentro, solo obedecí, subí y ella abrió sus piernas, puse mi verga en su entrada y lo metí despacio.

    Ella empezó a gemir y me decía que se sentía delicioso como la iba abriendo, se lo metí hasta el fondo, hasta que mi verga desapareció completamente dentro de ella y mis huevos atrancaban, así se la dejé un instante y ella me besaba la boca, el cuello y con sus piernas me acercaba más a ella, emitía gemidos y me dijo: dame, cógeme, quiero sentir como me coges, yo obedecí y comencé a meter y sacarla a diferentes ritmos y de vez en cuando cambiaba la posición en que la penetraba, ella gemía y eso me excitaba demasiado, veía como sus senos se movían cada vez que la penetraba y era delicioso.

    Empecé a sentir como se mojaba más y más y sobre todo lo caliente que se sentía por dentro, le dije que cambiáramos de posición con la intención de no correrme luego, se puso en cuatro sobre las colchonetas y poniendo sus senos y recostando su cabeza en el sillón, en esa posición la penetré hasta el fondo de un solo golpe, estaba muy húmeda y no costó llegar hasta el fondo, ella nuevamente volvió a gemir y respiraba más rápido, empezábamos a sudar y se notaba, las sábanas se mezclaban con sudor y nuestros jugos.

    En cuatro la seguí penetrando un rato y acariciaba sus senos con ambas manos, la tomaba de las caderas y la jalaba hacia mi para penetrarla mas duro, que delicia era sentirla así, se sentía lo caliente que estaba y no solo ella, me tenía al full y sumamente excitado por tenerla así para mí, nuevamente tuve que cambiar de posición para no correrme y le dije que quería que ella estuviera arriba, ella aceptó y cambiamos, me senté en el sillón y ella se subió a mí, con su mano acomodó mi verga en su entrada y se sentó de un solo golpe, así se quedó un momento y me besó la boca, comenzó a moverse de adelante hacia atrás con mi verga dentro.

    Ella gemía y a mi se me salió decirle que desde que la conocí me gustó mucho y nunca pensé que me hiciera caso, ella me dijo que lo disfrutara y que en ocasiones se me notaba que la veía, que no eran miradas de amigos y que a ella le gustaba eso, que valió la pena aceptarme la invitación a vernos y que lo estaba disfrutando bastante, eso me excitó mucho y le dije que quería correrme en sus senos, ella solo aumentó el ritmo y me dijo “dame tu leche en mi vagina, en mis senos te podrás correr después cuantas veces quieras”.

    Dicho esto solo pude gemir y correrme dentro de ella, se sentía tan caliente estar dentro de ella vaciándome y ella también se corrió al mismo tiempo, así nos quedamos un par de minutos que yo me vaciara completamente y ambos repusiéramos fuerzas, después ella se paró y yo me salí de su vagina, pude ver como salía un poco de mi leche de ella y la vi irse al baño desnuda, no lo podía creer, me cogí a una hermosa y carismática mujer, después de que regresó me pidió que nos acostáramos en las colchonetas, que le había dado mucho sueño, así que accedí y mientras ella estaba recostada de espaldas yo le acariciaba el cabello y la espalda, bajando hasta sus nalgas, después de eso y de descansar un rato lo volvimos a hacer otras dos veces que fueron muy similares, después les platico como un par de semanas después cumplió mi fantasía de verla de vestido con un escote prominente y poder cogérmela así.

    Saludos amigos, espero les haya gustado y está mi correo de contacto por si gustan mandar mensaje.

  • El cantante cristiano

    El cantante cristiano

    En las sombras del estrellato, la figura enigmática de Jacobo resaltaba por una virtuosidad inigualable. Este prodigio de la música cristiana, con su voz suave como la seda y sus emotivas letras, había conseguido captar la devoción de miles. Sin embargo, una extrañeza se filtraba a través de su aureola angelical, una peculiaridad que atrajo la mirada astuta de Alberto Franco, un curtido periodista.

    Alberto, experto en descifrar patrones, había detectado un detalle intrigante: la ausencia de Jacobo en los escenarios durante las noches de luna llena. Aquellas pocas veces que osaba presentarse con la luna llena en el firmamento, siempre era en lugares cerrados, sin ninguna posibilidad de ver el cielo. A pesar de la hilaridad que le producía la idea de un cantante cristiano licántropo, no pudo resistirse a desentrañar el misterio.

    La trama se espesó cuando, durante su investigación, Alberto vislumbró una chispa de algo prohibido. Un encuentro secreto entre Jacobo y Gustin, un popular reguetonero conocido por su galantería y las conquistas femeninas que lo rodeaban. Su interacción, marcada por miradas que revelaban más que palabras y gestos cariñosos, era una señal innegable de un amor oculto.

    Abandonando su investigación inicial, Alberto se abocó a recopilar evidencias de este romance entre ambos hombres. Cuando estuvo seguro de tener suficiente material para encender un escándalo, la codicia lo invadió. Decidió tomar el camino del chantaje, citando a ambos artistas a un encuentro privado en casa de Jacobo.

    En la reunión, mientras la adrenalina se vertía en el aire denso, Alberto les mostró las pruebas de su amor y exigió una suma exorbitante de dinero a cambio de su silencio. Jacobo y Gustín, atrapados en la red de Alberto, se sintieron indefensos.

    Pero en aquel momento de desesperación, a Jacobo se le cruzó una idea terrible. Con lágrimas bordeando sus ojos por lo que estaba ocurriendo y por lo que estaba a punto de ocurrir, caminó hacia la ventana y corrió las cortinas revelando la presencia radiante de la luna llena.

    En un acto de transformación aterradora, el hombre que Alberto había creído conocer se convirtió en un enorme y salvaje lobo.

    Bajo la mirada estupefacta de Gustín, Jacobo se abalanzó sobre Alberto, y en una explosión de furia animal, terminó con la vida del chantajista. Sus secretos, por ahora, estaban a salvo.

    Gustín, aun recuperándose del shock, miraba al hombre que amaba, ahora un ser temible, pero también una víctima de su propia naturaleza.

    El aullido desgarrador de Jacobo inundó la noche, un lamento cargado de una mezcla agridulce de amor, miedo y alivio. La luna llena era testigo de un sentimiento incomprendido, un horror inimaginable y una sinfonía de secretos que resonaban con el eco del aullido de un lobo, dando lugar a una trama de terror, amor y suspenso en la que la melodía de la vida de Jacobo alcanzaba un crescendo siniestro.

    Espero que te haya gustado este nuevo relato corto. Nos vemos en el siguiente relato.

  • Mi admirador el superdotado

    Mi admirador el superdotado

    Recibí un mensaje muy chocante de mi amiga Vanesa. Vanesa y yo nos habremos visto tres o cuatro veces como mucho, siempre con otras amigas. De modo que, aunque me cae bien, somos conocidas más que amigas y jamás nos hemos contado muchas cosas íntimas. La verdad: no recordaba haberle dado mi número. Además, ella anda por los 30 y pico, y está en una onda distinta a las cincuentonas como yo. Lo único que sabemos la una de la otra es nuestra filiación swinger.

    Recuerdo que una de las veces vino acompañada por un chico no muy atractivo al que nos presentó como su amante preferido, a lo que él respondió poniendo cara de circunstancias: nos quedó claro a todas que el chico acababa de enterarse allí mismo de que Vanesa tenía otros amantes. La verdad es que nos echamos unas risas con la ocurrencia de Vanesa.

    Por eso me sorprendió tanto su mensaje, en donde adjuntaba una foto con una escena verdaderamente íntima, y acompañada por este texto: «Buenas tardes. Mi amigo quedó muy impresionado contigo y te nombra a menudo, así que he pensado que, si a ti también te gusta, podéis quedar. Nuestra relación no tiene compromisos, así que puedes decidir sin manías. Te dejo su contacto por si te apetece».

    Me pareció un mensaje demasiado serio y formal, pero pensé que ese debe ser el estilo de Vanesa. Lo cual contrastaba con la foto, que es esta, en la que se la veía perfectamente, en primer plano, arrodillada ante su amigo y engullendo con dificultad el gran pene del chico.

    Quedé impresionada por el tamaño del amigo. No recuerdo haber estado con alguien tan dotado, la verdad sea dicha. Como podéis comprender, sentí enseguida el pinchazo de la curiosidad y la tentación ante una oportunidad tan inesperada.

    Jamás me había ocurrido nada semejante. Más bien al contrario: las veces en las que me había gustado el amante de una amiga mía, ella se había preocupado mucho de no compartirlo con nadie más.

    Sin embargo también me di cuenta de que el chico podía lesionarme si se descuidaba, y en función de las preferencias que tuviera (muchos chicos piden el anal con tanta insistencia que una, al final, termina por acceder, ya se sabe…). Por todo eso decidí llamar a mi amiga Cris, mujer swinger con una experiencia muy larga, muy atrevida y lanzada, y le pedí que me acompañase en el encuentro con el chico superdotado. Entre las dos será más llevadero y más divertido, le dije. Cris no tardó ni un minuto en responderme: ¡Cuenta conmigo!

    De modo que, ni cortas ni perezosas, nos citamos con el chico (se llama Charli) en mi casa, aprovechando un mediodía en el que mi marido tenía reuniones de trabajo hasta la noche.

    Nada más llegar, Cris se desnudó por completo y se quedó con teléfono en la mano al tiempo que me decía:

    -De eso vamos a sacar un reportaje genial, ya verás.

    Yo me puse el corsé rojo y negro que me había comprado para la ocasión, que no solo esconde un poco mi barriga si no que me realza los pechos

    Charli llegó puntual a la hora pactada. Hombre corto de palabras, se quedó en pelotas enseguida y ya estaba completamente a punto: su pene descomunal palpitaba con deseo apuntando sin disimulo a mi entrepierna, que enseguida le ofrecí.

    Al cabo de un rato de gozar y sufrir a partes iguales su miembro enorme en mi vagina, le pedí a Cris que me relevase en la tarea de atender a Charli, pero para mi asombro ella declinó la oferta y me dijo que se lo estaba pasando muy bien sacando fotos y tocándose. Charli no perdió el tiempo y en pocos minutos me pidió el ano.

    Creo que jamás he dado unos alaridos tan contundentes como los que pegué entonces, e incluso entonces le insistí a Cris con una súplica sincera:

    -¡Ponte tú!

    -Te estoy sacando una fotos geniales, querida, aguanta un poco más.

    Cuando Charli terminó (en mi cara, por supuesto), se vistió y se largó tan parco de palabras como había llegado. Una vez solas Cris y yo, le recriminé su falta de empatía, y fue entonces cuando comprendí todo lo que había sucedido. Me lo explicó sin tapujos:

    -Querida, te voy a contar algo que debes saber: yo ya pasé por eso y no quería repetir. Debes saber que fue Charli quién te mandó el mensaje, haciéndose pasar por Vanesa. Charli nos mandó el mismo mensaje a todas, ya que por lo visto Vanesa le permitió escribirnos a nuestros números. La pobre Vanesa no puede más con el pollón del chico y pretende que se lo quede otra. Al tío le van las maduritas como tú y yo. Se lo ha hecho con Lali y con Marga, con Berta y con Montse. Que yo sepa, y seguro que con las demás también. La mayoría de las chicas que conoce le tienen miedo por su tamaño y no quieren repetir, así que el pobre tiene que buscarse siempre a nuevas mujeres… ya lo ves: tener un pene muy grande no es una suerte. Lo que no entiendo es como Vanesa sigue con él…

    Me quedé perpleja ante todo eso, al tiempo que sentía escozores varios. Le pedí a Laura las fotos y le mandé una de ellas a Vanesa, imitando su estilo educado y formal:

    «Buenas tardes, Vanesa. Como puedes ver, tu amigo quedó encantado conmigo y me estampó su regalito de fin de fiesta. No dudes en ponerme en contacto con tus futuros amigos.»

  • Sexo en la habitación del hotel en un viaje de estudios

    Sexo en la habitación del hotel en un viaje de estudios

    Esto que les voy a relatar ha sucedido cuando yo tenía 18 años.

    Había ido a un viaje de estudios a exponer sobre la enfermedad de diabetes, viajaba con un grupo de estudiantes de mi misma edad, en ese grupo estaba Genaro: un atractivo chico de ojos azules, cabello marrón oscuro y de baja estatura, con el cual me había dado unos cuantos besos muy ardientes intercambiando mucha lengua.

    Cuando llegamos al hotel era de noche, todos nos dirigimos a nuestras habitaciones individuales para irnos a dormir.

    Cuando entre a la mía recorrí la habitación entera con mi vista, pues, era muy grande, tenía una cama de dos plazas con sábanas blancas, una mesa de luz con una lámpara, un televisor al frente de la cama y una ventana donde tenía vista directa hacia la playa.

    Me acosté y luego me dormí profundamente hasta que sentí que alguien se deslizó suavemente entre mis sabanas, sentí que me abrazaba por la cintura y me besaba en las mejillas.

    Me di vuelta y lo vi a Genaro acostado conmigo.

    -¿Por qué entraste aquí?- le pregunté.

    -Porque quiero hacerte mía- me respondió tranquilamente.

    -¿Qué hora son?- le dije esto para cambiar de tema.

    -Las tres de la madrugada.

    -Estás loco por estar conmigo aquí a altas horas de la noche.

    -Estoy loco por ti- me respondió, se acostó encima de mí y me empezó a besar con esa manera tan ardiente que tenía el de darme los numerosos besos que compartíamos todos los días, ustedes imaginen que cuando caminábamos juntos nos dábamos besos en cada esquina.

    Se separó de mi boca para poder chuparme el cuello, me acarició lentamente hasta llegar a la altura de mis senos, los acaricio con sus dedos hasta que pudo desprender los botones de mi camisón y mis pechos quedaron liberados para él.

    Mis pezones se endurecieron al instante de haber recibido el primer contacto de su lengua contra mis pechos, él ya me había tocado mucho antes, pero nunca como esta vez, en esta ocasión todo era tan delicioso que se me hacía imposible no gemir.

    Había esperado tanto tiempo para hacer el amor con Genaro, con ese atractivo chico que me volvía loca de amor, que me robaba el aliento con sus hermosos ojos azules, ahora él me estaba haciendo todo lo que yo había soñado de una manera muy erótica, pasaron unos minutos y sentí que él iba bajando con besos húmedos hasta que llego a la altura de mi vulva, paso su lengua por arriba de mi vagina y un escalofrío de placer se apoderó de mí, él agarró mis dos muslos, me los separo, abrió mi vagina con sus dedos y enterró su lengua haciendo que yo lo tomara de la cabeza.

    Estaba sintiendo tanto placer que quería cerrar las piernas, mi humedad ya era abundante y sin embargo Genaro seguía lambiendo mi vulva con total frenesí, él estaba disfrutando como nunca, era la primera vez que me chupaba la concha y yo quería mucho más, ya lo quería tener adentro mío.

    Empecé a hacer movimientos con mis caderas, mi pelvis quedó más apretada contra su boca, él me agarró fuertemente de mis muslos y siguió con el sexo oral unos minutos más hasta que yo eyacule.

    Se quitó su bóxer rojo y pude ver su pene blanco y largo, su erección le llegaba casi hasta el ombligo.

    -Mira lo que tengo para ti ¿lo quieres?- me dijo.

    -Si- le respondí con una de mis sonrisas más sensuales.

    Me tomo de la cintura y me coloco de costado, yo eleve una de mis piernas, con una sola embestida me penetro por atrás, luego siguieron unos deliciosos besos con lengua a mi cuello hasta que uní mi lengua con la suya otra vez al mismo tiempo que disfrutaba de unas salvajes embestidas.

    Luego de unos minutos se ve que Genaro consideró que quería que yo le salte encima de su verga, me tomo de la cintura nuevamente y me puso a horcajadas sobre él, primero me moví hacia adelante, frotándome con su miembro y luego me penetro, me acosté por completo sobre mi compañero, él tomó mis nalgas y acelero sus embestidas al tiempo que yo seguía moviendo bien rico mi trasero.

    Lo que siguieron después fueron unos minutos verdaderamente intensos, pues, ambos nos estábamos moviendo a un ritmo que se podría considerar salvaje por la intensidad que le estábamos dando, él me decía entre gemidos que le encantaba mi trasero y lo bien que la estaba pasando, yo no podía hablar del placer que recorría todo mi cuerpo, hasta que llego la eyaculación de él y nos relajamos por completo.

    Quede acostada encima de Genaro con mi rostro a centímetros del suyo y nos volvimos a besar, esta vez con más intimidad.

    Luego él me puso en cuatro y me dijo: -Aún tengo algo de semen para el precioso agujero de tu culo- yo me emocione al escuchar esas bellas palabras y me abrí el trasero para que él pudiera ingresar con su hábil miembro.

    Cuando ya me penetro, empezó a hacer sus embestidas, pero con la diferencia que me tomo del cabello con mucha sensualidad y luego sí que se vino lo salvaje de hacer el amor con él, pero como a mí me encanta el sexo duro no me arrepentí en ningún momento mientras sentía que su miembro entraba y salía por mi trasero.

    Me sorprendió lo mucho que duro, a pesar del cansancio este muchacho tenía mucha energía, él tenía razón, quedaba un poco de semen y fue directo al agujero de mi culo cuando eyaculo.

    Se acostó a mi lado y en ese momento empezó a llover, en realidad era un diluvio de esos potentes.

    -¿Qué hora son?- le pregunte.

    -Las cuatro de la madrugada, tuvimos una hora de sexo delicioso- me respondió Genaro.

    -La mejor hora de mi vida.

    -¿Quieres salir a ver la lluvia?- me pregunto.

    Nos tomamos de la mano y salimos por una puerta que daba hacia una pequeña terraza.

    Cuando salimos al exterior la lluvia nos empapó.

    Él me abrazó por detrás y pude sentir su miembro, ya que estábamos desnudos observando la lluvia.

    El abrazo tenía mucha intimidad, ya que tenía ambas de sus manos entrelazadas en mi abdomen y yo puse mi cabeza en sus hombros mientras la lluvia caía encima de nuestros cuerpos desnudos.