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  • Sin querer se dio

    Sin querer se dio

    Al final del día, un calor intenso acompañaba nuestra conversación entablada con Édison, un amigo de buena edad, 52 años para ser exactos, de características físicas peculiares alto, robusto y de buen parecer su personalidad; una buena actitud definía sus características cualitativas predominando la seriedad, el respeto y profesionalismo al hablar de negocios y de noticias de importancia. La inclemencia del sol no cedía, es por esta razón que decidimos tomar algún refresco en sector turístico que quedaba alejado de la ciudad en la que nos encontrábamos, subimos a su vehículo, nos sentamos y cruzamos el cinturón de seguridad por nuestro pecho para poner en marcha contemplando por las ventanas los paisaje tropicales de la serranía; ni por idea pensé que en este corto viaje, minutos más tarde acarrearía consecuencias comprometedoras que marcaría en mi vida la forma de disfrutar el placer entre hombres.

    Llegamos al lugar de destino, en donde una agradable chica dueña de un cuerpo de finas curvas femeninas nos dio la bienvenida, atendió nuestro pedido y trayéndonos refrescantes jugos de fruta, nuevamente se dio el intercambio de palabras de temas sin importancia, a la vez de forma disimulada observamos tan inigualable belleza de aquella jovencita; – esta buena- manifestó Edison, a lo que conteste que –sí, es verdad, tiene una finura en sus curvas-, frase que nos hizo reír a los dos; al salir de aquel lugar no sin antes agradecer y elogiar aquella chica, decidimos verificar una obra en construcción cerca del camino sin importar que la noche nos abrigo en su misteriosa oscuridad.

    Estacionarnos el vehículo, nos quedamos estáticos sin decir ninguna palabra, el silencio invadió el momento, no sé qué nos pasa, pero de forma involuntaria giramos nuestras pupilas quedando fijas el uno para el otro; el calor aumento de la nada, sentí mi corazón acelerar el ritmo cardiaco por lo cerca de su rostro al mío y a la vez sentía como una de sus manos posaba sobre mi pierna izquierda y la otra en mi cuello que dulcemente comenzó a masajear. No puede responder, mi cuerpo se bloqueó; cuando sus labios rosaron los míos convirtiéndose en un beso prohibido, no respondía, solo sentía que mi cuerpo disfrutaba el momento ya que comencé a tener espasmos de excitación.

    Con lujuria besaba mis labios y mi cuello, cerca de mi oído se escuchaba su respirar como si estuviese en la misma gloria, sentía su disfrute sexual sin importar que fuera hombre como él; sus caricias tiernas estremecieron cada centímetro de mi piel y sus dedos juguetones desabotonaron camisa, dejando al descubierto mi pecho, no me importo la vergüenza y acepte mi destino libremente, solamente me quedo, cerrar los ojos y llegar al éxtasis. Mi cuerpo reacciono con espasmos musculares, movimientos de caderas y haciendo gestos de querer experimentar algo más prohibido; por la posición del asiento del vehículo me sentía incomodo e involuntariamente con una de mis manos active la palanca de reclinación para mejor comodidad. Edison aprovecho de esta situación para besar y acaricias mis tetillas, acciones que activo mis hormonas femeninas que estaban ocultas, retorciéndome como toda una mujer deseosa, gemí muy profundo ¡ah!, ¡ah! ¡ah! sin parar de gozar.

    Me acomodé para dar más apertura a la situación y él se alejó instantáneamente, ¡Pensé que todo termino ahí, no sabía si yo seguir o que hacer!; se le sentía cansado por su acelerado respirar, tomo un pequeño descanso reparador, aflojo su correa, abrió el cierre d y dejo caer su pantalón hasta sus rodillas, dejando descubierto su miembro viril cubierto por un bóxer de color blanco. A esto, él se frotaba delicadamente su hombría, no lo podía creer lo que estaba sucediendo, pero no podía darme para atrás porque permití desde un comienzo; como un premio a su victoria seductora, desliza su bóxer dejando libre su pene muy erecto cubierto de vello púbico sin recortar de la cual sobresalía sus testículos arrugados de un tamaño prominente, con un tono dominante me dice ¿quieres ?, pregunta que me deja perplejo y excitado, sintiendo en el interior de mi pantalón que mi pene erecto emanando fluidos pre seminales.

    Y sin más decir, sus manos se apoderaron de mi cabeza realizando una acción de empujar hacia bajo con la finalidad de que mi boca se direccionara hacia su pene en cuya uretra ya se visualizaba gotas de líquido viscoso transparente surcar por la mitad de su glande; mi corazón y cuerpo quiso oponerse, pero no se pudo; su pene ya rozaba mis labios apretados sin querer dar paso a mi cavidad bucal. Sus fluidos mojaron mis labios como miel al pan, el cual emanaba un olor indescriptible pero que altero mis neuronas; abrí mi boca, saqué mi lengua todo lo que pude, y recorrí aquel tronco de carne venoso de arriba hacia debajo, de un extremo al otro; me empezó a gustar, alteraban mis sentidos, deje a un lado mi hombría y todo tabú, solo quería disfrutar de este placer prohibido.

    Pensé que era el momento de saborear por completo, abrí mis labios lubricados de saliva por el primer juego de mi lengua y lentamente introduje todo su glande rojo y cabezón, a continuación, su tronco, terminando en aquella selva de vello púbico; Edison, al ver esta acción, libero mi cabeza de sus manos, de pronto comencé a sacar y meter su penen en mi boca, mientras sus manos recorrían mi piel y en especial mis tetillas. Me sentía otra persona, era tan grande la excitación que me llevo a conocer el éxtasis, porque en momentos electrizantes me sentía una mujer voluptuosa de senos y grandes caderas, de una vagina deseosa de poseída por aquel hombre que profanaba mi cuerpo; me centre en este papel muy bien, que no me di cuenta cuando viene la gran explosión de semen en toda mi boca, seguida de dos más de menos proporción; fue mucho el fluido que me trague, lo que se pudo, otra parte sentía en las paredes de mi garganta, y el resto en las comisuras de mi boca, tenía un sabor a vitamina blanco y muy espeso, a esto me dio unos espasmos, sintiendo una pequeña explosión de líquidos dentro de mi pantalón.

    Así es amigos mi historia, de cómo descubrí cosas maravillosas y que el sexo en todas sus variaciones, es para disfrutar y no criticar. Espero que sea de su agrado esta pequeña historia.

  • La flor impura

    La flor impura

    Me ofreció su flor no tan pura pero muy suave, tibia y apenas humedecida.

    Recostada en la cama abre sus piernas, yo de rodillas bajo a besar el fruto.

    Abro mi boca grande para besarla y saborearla, su voz me guía. Asiii!

    Separo sus pétalos con mis dedos y con la lengua plana rozo apenas su nectario.

    Siento los movimientos de su vientre como queriendo despegar para comenzar su vuelo.

    Sigo muy lento sus instrucciones que me sumergen en un único pensamiento.

    Solo quiero darle placer.

    Hoy disfruta ella ya tendré tiempo yo luego de que explote.

    Saboreando esa flor cada vez más jugosa rodeo la entrada haciendo círculos.

    Mi nariz también acaricia el punto justo que la hace planear como ala delta.

    ¡Vuela flor impura!

    Recorriendo su canoa de proa a popa como el viento acaricia las velas de un velero en ceñida sumerjo mi lengua blanda buscando el fondo para poder habitarla y navego muy suavemente.

    Ya inundad abandono la canoa en busca de otros lares subo apenas rozando con mis labios su vientre hasta llegar al pirsin que tiene en su ombligo, mis manos no pueden dejar de acariciar sus lindos pechos, del tamaño justo para el pezón que los habita.

    Ahora mi boca se encarga de sus melones mientras, mi índice y mayor ocupan su argolla.

    Con las piernas abiertas y su concha mirando al cielo ella implora. Poneme la pija por favor!! Y un gemido ahogado reclama el castigo de mi garrote.

    Enfundando el fierro golpeo la entrada floral con la cabeza a punto de explotar (escribo ahora sentado en mi pc este archivo oculto con el pantalón abultado recordando cada detalle) penetro lentamente hasta el fondo, se pone de costado y quedo arrodillado en la cama ensartándola de perfil y con embestidas controladas trato de estirar nuestro tiempo buscando inyacular, una vez logrado esto puedo estirar la acción por varias horas.

    Sus gemidos incitan mi acción voraz, pasando por varias posiciones y la acción sigue lentamente por un largo rato.

    Yo con la pija máximo mirando al techo, ella queda en 4 patas con su cola mirándome y con sus piernas apenas separadas puedo observar su tesoro bien guardado en esa posición toma un poco de lubrícate y me embadurna la verga y pajea con esmero. Me sumerjo nuevamente en su flor impura y desde esta posición puedo recorrer todo su suelo pélvico.

    Mi trozo brilla y ella trepa de espaldas y empieza a moverse como una serpiente, su contorneo me lleva al límite y no puedo dejar de ver como dibujan las vértebras de su columna una “s” en movimiento.

    Ella sigue cabalgando de espaldas y sigo con vista fija en el tatuaje sobre su cintura bajo la mirada al centro de la escena, el encastre es perfecto y todavía tengo tronco para seguir perforando. Su cola no es grande pero su cintura es muy fina y me invita a agarrarla para clavarla más profundo.

    Por varias semanas quedo dando vueltas en mi cabeza el aroma de esa flor impura deseando un nuevo encuentro. Imagino que su deliciosa flor impura cabalgue mi boca.

  • Caminata que terminó en clavada

    Caminata que terminó en clavada

    En mis años de universidad estaban comenzando a ser famosos los trabajos en grupo, y en la clase de laboratorio me asignaron a una compañera y amiga, la cual llamaremos Yani la cual hasta la fecha fuera de coincidir en clase y en algunas actividades nuestra relación no iba mas allá. Ella era bajita, de tez morena, tetas pequeñas pero paraditas, nalgas redondas y apretables.

    Comenzamos a trabajar en nuestro proyecto, el cual teníamos 1 mes para terminar. Terminamos todo la investigación y montaje del proyecto en 2 semanas y comenzamos a organizarnos y a practicar la presentación oral, pero mientras mas se acercaba la fecha de presentar mas nerviosa ella se ponía y más se equivocaba en la práctica, a lo que decido sentarme con ella y preguntarle que le sucedía y ella me indica que tiene pánico a hablar frente a los demás que desde pequeña le pasaba. Yo le digo que buscando método de relajación la ayudaría por ejemplo a mi cuando ando nervioso me encanta irme a algún bosque y caminar y meterme al rio entre otras cosas. Ella me indica que le gusta la idea que se la podría tener esa experiencia conmigo, a lo que le respondo que no habría problema y quedamos en ir al otro día.

    Me levante temprano y la fui a recoger a su hospedaje, desayunamos juntos y nos fuimos para el bosque mas cercano a comenzar la caminata, le aconseje que durante la travesía no se hablaría de nada del trabajo, a lo que estuvo de acuerdo. Llegamos y comenzamos a caminar hasta que llegamos a un rio que estaba vacío, entendemos que era lo normal ya que era día de semana y la mayoría de las personas estaban trabajando.

    Yo decido meterme al rio a lo que ella me indica que le gustaría hacerlo pero que no trajo traje de baño, a lo que yo le digo (inicialmente en broma) que cual era su inseguridad que se metiera en ropa interior que no había mas nadie. Ella se quedó pensativa unos minutos y para mi sorpresa se quitó la ropa quedándose solamente en panti y bracier, los cuales para ir de caminata eran muy provocativos, transparentes y de poco uso para hacer ejercicios. Ver ese cuerpo semidesnudo me hizo fijarme en ella como nunca antes me causo una erección muy notable, por la cual decidí mantener un poco de distancia para intentar que no se diera cuenta en lo que fracase ya que ella se dio cuenta y se sonrojo un poco, no me dijo nada en el momento, para la note un poco mas pensativa y algo distante.

    Cuando terminamos en el rio ella me dijo que no tenía ropa adicional ni con que secarse a lo que yo le doy una camisa adicional siempre que llevo y un pantalón corto, ella se quita la ropa interior frente a mi y esa vez no pude disimular que la observaba, y mas cuando tenía todo depilado, era algo que decía cómeme, a lo que ella al darse cuenta me dice:

    Ella: ¿te gusta lo que ves?

    Yo: estoy que me lo como sin pensarlo dos veces

    A lo que ella con una sonrisa tímida me responde:

    Ella: no crees que te estas tardando desde que me metí al agua

    Esas palabras dieron el paso a que me la acercara a mi tomándola del brazo y comenzamos a besarnos mientras con la mano le jugaba con su clítoris, a lo que ella comenzó a gemir suavemente pero la respiración se le cortaba, ella busco en mi pantalón y saco mi pene y comenzó a acariciarlo y masturbarlo, así estuvimos unos minutos hasta que no puede más y yo decidí acostarla en el suelo y comenzar a darle una buena mamada, la cual entiendo fue la mejor de su vida ya que dijo múltiples veces “jamás me habían hecho sentir algo tan rico, no pares por favor” yo seguí hasta que tuvo si primer orgasmo, luego ella me dijo que no solo ella iba a disfrutar y ella se puso a darme una mamada de agradecimiento a mi que casi me deja seco al venirme en su boca.

    Ella pensó que ya habíamos terminado cuando le digo mi amor eso solo era calentamiento, y le pido que se ponga en cuatro agarrara de una roca que había cerca y se la metí de una y comencé penetrarla suavemente marcando cada entrada y salida, metiéndoselo completo ella aprovechando que estábamos solos gritaba y gemía cuanto podía y tuvo su segundo orgasmo.

    Luego me dice acuéstate y se me trepo encima y comenzó a mover esa cintura como movimiento circulares mientras nos besábamos y le comía los senos, hasta que no pude aguantar mas y me vine dentro de ella (ya que ella no quiso salirse) y ella tuvo su tercer orgasmo, ahí recostó su cuerpo encima de mi y nos besamos apasionadamente un buen rato, hasta que recuperamos el aliento, se puso la ropa que le preste para poner a secar su ropa en el carro de camino a su apartamento, me dio las gracias por ayudarlas a desestresarse, de camino a su apartamento continuamos jugándonos el uno con el otro (ella me masturbaba o me daba sexo oral, yo la acariciaba le jugaba con los pechos o su clítoris).

    Al llegar nos dimos un beso y quedamos en seguir apoyándonos a liberar el estrés continuamente.

    Desde ese día en adelante comenzaron nuestras aventuras en casi todos los rincones de la universidad y alrededores, luego les contare más, si desean.

  • El inicio de una bonita relación de follamigos

    El inicio de una bonita relación de follamigos

    En mi primer relato aquí, me gustaría contaros una historia real, aunque endulzada para convertirla en relato. Los nombres, ciudades, han podido ser modificados para preservar la intimidad de los participantes

    Lo que os voy a contar sucedió cuando yo vivía en Paris. Paris es una ciudad maravillosa para vivir cuando eres joven y/o soltero. Es una ciudad llena de actividades, oportunidades y ¡super emocionante!

    Al acabar mis estudios, era un joven repleto de energía y tiempo para pasar con los amigos. Todos los días después del trabajo nos reuníamos e íbamos a tomar algo, a cenar, a fiestas.

    Este día era un poco diferente, había sido festivo y muchas personas hacían puente, por lo que parte del grupo estaba fuera de la capital. Era finales de otoño o principios del invierno, los días era lluviosos, fríos y la luz natural desaparecía muy temprano. En estas circunstancias, Paula y yo decidimos hacer un plan diferente y reunirnos en su apartamento para cenar y tomar vino (una práctica muy común en Francia).

    Paula y yo somos amigos de la Universidad, ella es una chica muy simpática, guapa y rellenita (sin estar gorda), pero lo que más destaca en ella son sus voluptuosas tetas.

    Como es habitual en mí, llegue a su casa puntual y con 2 botellas de vino. Ella abrió la puerta con una gran sonrisa y haciendo bromas, como también es habitual en ella. La única diferencia, era que esta vez llevaba un vestido blanco, escotado, ajustado en la parte superior, marcando sus grandes pechos. La parte inferior era holgada y le cubría, más o menos, hasta la mitad del muslo. Como de costumbre, llevaba maquillaje y el pinta labios iba a juego con sus unas rojas. Cuando me dio 2 besos en las mejillas, desprendía un olor muy agradable a champú de frutas.

    Al girarse… descubrí la «semi-sorpresa»… mientras ella me guiaba hacia la cocina, noté que a través del vestido se trasparentaba su ropa interior negra… No sé por qué, pero esta situación me puso muy cachondo… La razón, por la que la llamo «semi-sorpresa», es que esta no era la primera vez que veía su ropa interior. En clase, en la biblioteca… no habían sido pocas las veces que ya había visto el hilo de su tanga sobresaliendo por encima de los jeans mientras estaba sentada o agachada. Pero esta vez era diferente… y no podía encontrar la razón… en ese momento, un pensamiento me vino a la cabeza… ¿de qué color será su sujetador?

    Entramos a la pequeña cocina del apartamento. Era una cocina abierta con un sofá al lado de la puerta a su dormitorio. Ella ya había preparado algunos platos con embutidos, queso y pan. En una mesa pequeña al lado del sofá, había 2 copas de vino vacías, un par de platos vacíos y 2 botellas de vino adicionales.

    Llevamos la comida a la mesa, nos servimos el vino blanco y mirándonos a los ojos brindamos. En Francia esto es muy típico, hay una especie de superstición, que dice algo así como si no brindas mirando a los ojos no follarás en mucho tiempo. Por este motivo, todo el mundo respeta el rito.

    No era el mejor vino de nuestras vidas, pero para 2 jóvenes iniciando su vida laboral era más que aceptable.

    A la vez que comíamos y bebíamos, íbamos hablando y confesando nuestros secretos más profundos. Cuanto más alcohol bebíamos, más salvajes eran las confesiones. Paula no es una chica tímida, además nos conocemos desde hace años. Por este motivo, yo ya conocía algún dato íntimo que ella me había confesado con anterioridad. Por ejemplo, yo sabía que a ella le gustaba tener sus partes íntimas completamente depiladas, también sabía que tomaba pastillas anticonceptivas.

    Pero esta vez, la combinación de alcohol, confianza e intimidad, le hizo confesó algo nuevo:

    – «¿Sabes qué? Un amigo de mi pequeño pueblo tiene novia y llegaron a un acuerdo para tener una persona con quien practicar sexo fuera de la relación sin que la otra parte se enoje. Bueno… ¡este chico me eligió a mí!” Paula me decía emocionada.

    Mi respuesta a su frase fue:

    –“¿Pero que me estás contando? ¿Es broma? ¿Cómo reaccionaste cuando te lo conto?

    Paula continuó:

    –“¡Por supuesto que acepté! Tengo una mentalidad abierta con el sexo, y si su chica acepta… ¡mucho mejor!” mientras se reía casi a carcajadas

    Atónito, le contesté:

    –»Ahora que lo dices, creo que es un buen negocio… ¡a mí también me gustaría poder tener una folla amiga!».

    Mi cerebro, bajo los efectos del alcohol, comenzó a reflexionar sobre la frase que acababa de decir… No podía creer que esas palabras hubieran salido de mi boca. Pero ya era demasiado tarde, el mensaje ya había llegado a sus oídos.

    Ella no dejo pasar la oportunidad y dijo:

    –“¡Mentiroso!, con lo guapo que tú eres… siempre tenías a las chicas más populares de la universidad a tus pies!”

    A su frase no le faltaba verdad, siempre había sido un chico alto y guapo, pero… también muy tímido. Además nunca se me había dado bien captar los dobles sentidos…

    En este momento, intente zanjar el tema diciendo:

    –»Paula, creo que soy virgen otra vez… hace mucho que no estoy con una mujer, me siento inseguro… necesito estar con alguien que me vuelva enseñe como si fuera un joven estudiante”

    Paula, no se lo creyó y concluyó:

    –»Claro claro…»

    Seguimos comiendo y bebiendo, hablando de temas irrelevantes. Cuando abrimos la tercera botella, decidimos poner un poco de música latina y bailar. A los dos nos encantaba esa música, solíamos bailarla juntos cuando salíamos de noche con amigos.

    Haciendo referencia a la inexperiencia declarada anteriormente, Paula dijo:

    –“¡Ven conmigo profesor! ¡y muéstrame cómo se mueven las caderas!“

    Mirándola fijamente y con cara de póquer le respondí:

    –“En serio Paula… Mi virginidad volvió a crecer” y le guiñé un ojo al final de la frase.

    A lo que ella contesto:

    –“Entonces… hoy yo seré tu maestra…”

    Empezamos a bailar… sus dos brazos rodeando mi cuello… situé mis manos (bastante grandes y fuertes) en sus caderas. Moviéndonos al ritmo de la música. Girando a la izquierda, a la derecha mientras su falda haciendo círculos en el aire. De repente, coloque mis manos justo por encima de su culo, empujándola contra mis caderas, mientras la miraba profundamente a los ojos.

    Al son de la música, Paula comenzó a ponerse en cuclillas, bajando lentamente, hasta el punto de casi caer de rodillas. Incluso en esa situación, ella no perdió ni el contacto visual ni su cara de traviesa. A la subida, decidió pararse un segundo a la altura de mi cintura… y sacando la lengua simulo que lamia la punta de mi polla. Luego continuo subiendo para terminar llevándose la mano a la boca como diciendo… ¡ups! ¡Lo siento!

    Ahora era mi turno… continuando bailando la giré. Mi mano sobre su vientre haciendo que su culo frotase contra mi polla, que en ese momento estaba empezando a endurecerse.

    Ambas caderas sincronizadas, moviéndose juntas, mi cabeza, sobre su hombro izquierdo, al lado de la suya.

    Mientras mi mano izquierda se movía de arriba a abajo, pude sentir que ella llevaba un sostén y al bajar también sentí con mis dedos su ropa interior.

    La volví a girar hacia mí, y esta vez fui yo quien comenzó a bajar y bajar, deslizando mis manos sobre su cuerpo. Desde su cintura hasta sus piernas desnudas, pasando por sus caderas, glúteos, muslos… mientras simulaba la mirada picante que ella hizo unos minutos atrás.

    Una vez llegué abajo, comencé a subir… piernas, muslos, pero… al llegar al inicio del vestido, decidí continuar por debajo de la falda… en ese momento ella cerró los ojos, levantó la cabeza y flexiono las rodillas abriendo sus muslos lo suficiente como para que mis manos avanzaran unos 5 cm hacia arriba.

    Luego abrió la boca y mientras suspiraba de placer, levanto las manos como pidiendo que le quitara por completo el vestido blanco. Debo admitir que la presión me pudo, y me conforme con agarrar con fuerza su culo casi desnudo.

    Entonces, abrió los ojos mirándome fijamente se mordió los labios rojos a la vez que suspiraba. Luego bajó sus brazos colocándolos sobre mi culo, y comenzó a mover fuertemente sus caderas restregándose contra mí…

    En ese momento me di cuenta de que ambos queríamos lo mismo esa noche, así que emparejé sus movimientos agarrando su trasero con firmeza le seguí el juego simulando que estábamos teniendo sexo…

    Seguidamente, ella deslizó sus manos debajo de mi camiseta y comenzó a quitármela mientras acariciaba suavemente mi piel… inmediatamente mis manos soltaron su trasero y se elevaron para facilitarle la tarea. Luego comenzó a besar mi pecho y a lamer mis pezones sensualmente.

    Bajando mis manos nuevamente, esta vez tomé el coraje que antes me falto, y comencé a quitarle el vestido blanco dejando al descubierto un sexy sujetador negro a juego con su tanga.

    En ese momento, Paula comenzó a bailar sola, en ropa interior y con los ojos cerrados, disfrutando del momento y sintiendo la música. Yo, mientras la miraba, me desabroché el botón, bajé la cremallera y… usando la gravedad, dejé caer mis pantalones.

    Los dos en ropa interior, yo con una más que notoria erección. Entonces, ella me señaló con su dedo índice y me dijo que me acercara mientras se giraba y me daba la espalda. Yo obedecí, me acerqué y le mordí el lado izquierdo del cuello. Mis brazos la envolvían como un pulpo, mi polla, muy dura, pegaba contra su culo, el pulgar de mi mano izquierda enganchado en el hilo del tanga, y finalmente mi mano derecha agarrando su gran teta derecha… Todo esto mientras ella continuaba con los ojos cerrados mirando hacia arriba y con una respiración forzada.

    No podría decir qué me pasaba, pero en ese momento mi mente empezó a pensar que no podía tener sexo con Paula. Somos amigos desde la universidad y no quisiera arruinar la situación por una noche loca… así que la alejé de mí y me senté en el sofá con las manos en la cara. Paula rápidamente se acercó a mí preguntándome qué había pasado. Le expliqué mi dilema y con mucha calma y una gran sonrisa ella respondió:

    –»Entiendo tus preocupaciones y estoy feliz de que lo saques ahora… debes saber que yo veo esto solo como sexo y se separarlo completamente de nuestra amistad. Si tu quisieras, podríamos ser fácilmente folla amigos y al mismo tiempo tener sexo con terceras personas o incluso mantener este secreto mientras tenemos un novio o una novia formal. Mi única condición, es que seamos transparentes e informarnos cuando tengamos sexo con terceras personas, ¡no quiero terminar con una ETS! Así que dime, ¿continuamos?»

    Mi respuesta fue obviamente:

    –»¡Si quiero!», le guiñé un ojo y continué

    –»Sabes que eres increíble? Pero sospecho que tus palabras quieren decir que estás tan cachonda como yo, ¿verdad?»

    Ella sonrió y dijo:

    –»¡Volvamos al tema! ¡Hoy seré tu maestra de twerking!».

    Ahora, sin limitaciones, volvimos exactamente a la misma situación de antes, yo agarrando su teta derecha mientras mi mano izquierda inspeccionaba su cuerpo. Pude sentir como su pezón derecho se endurecía al mismo tiempo que abría las piernas para dejar paso para que mi mano izquierda acariciar su tanga. Me excitaba sentir en mis dedos largos el calor y la humedad saliendo de su coño.

    Nuestros corazones latían muy rápido, lo que significa que estábamos a 100. Prueba de ello fue que empezó a mover su trasero haciendo twerking sobre mi polla. Mi pene parecía una roca en ese momento… disfrutando de su trasero en mi polla, Pero yo quería más… así que la solté, di un paso atrás y me quité el calzoncillo. Ella, se puso mirando a la pared, apoyo ambas manos mientras hacía twerking con su trasero. Nuevamente me acerqué ella y le puse mi polla entre sus piernas, cerca de su coño, pudiendo sentir los movimientos de twerking en él.

    Al poco se dio cuenta de que yo ya no llevaba ropa interior y me dijo

    –»no vayas tan rápido alumno! Acuéstate en la alfombra!»

    Yo accedí, ella se sentó sobre mi polla y se puso a restregar su coño con mi gran pene. Mis manos, colocadas en sus caderas ayudando al movimiento.

    Con esa escena, ella acercó su boca a la mía y comenzamos a besarnos. Mientras gemía, le introduje mi lengua y comencé a jugar con la suya. Aprovechando que ella estaba recostada sobre mí, le desabroché el cierre del sujetador… a lo que ella reacciono volvió a la posición de montar para… ¡¡quitarse completamente el sujetador y liberar sus preciosas tetas!!

    Fue todo un poco extraño, era la primera vez en mi vida que tenía unas tetas tan increíbles frente a mí, ¡y eran todas para mí! No sabía que hacer, quería agarrarlos, jugar con sus pezones, lamerlos… ¡¡TODO!!

    Ella me dejaba actuar… abrió la boca, cerró los ojos, cruzó sus manos atrás en el cuello y continuó moviendo sus caderas montándome. Entonces, agarré sus tetas firmemente y mientras jugaba con sus pezones poniéndolos bien duros.

    Poco a poco, comencé a levantarme y sentarme en el suelo, acercando sus pezones a mi boca… dejé a mi lengua traviesa jugar con ellos. Podía notar que le encantaba porque agarró la cabeza y la apretó fuertemente contra sus senos mientras gemía y susurraba:

    –»Por favor… continúa!!!»

    Lamentablemente, yo no tenía donde apoyar la espada por lo que estaba bastante incómodo. Aguanté todo lo que pude hasta que… mientras nuestras lenguas jugaban, busqué el sofá con la mano y me senté en él… no sin antes poner mis manos en sus caderas y bajar el tanga hasta el suelo. No parábamos de besarnos y ella se sentó sobre mí para continuar frotando su clítoris contra mi dura polla.

    Ella acomodó mi polla entre sus labios húmedos, haciéndome sentir al máximo sus sacudidas. ¡Era algo formidable! y por momentos pude sentir la humedad y el calor de su vagina en la punta de mi polla. Me excitaba cada vez que medio centímetro de la punta de mi pene penetraba para… de repente… salir otra vez.

    Aunque era lo que yo más deseaba, fui sorprendido cuando, en una de esas veces que mi polla golpeaba para entrar en su vagina… La humedad de su coño hizo que mi dura polla se deslizara muy fácilmente dentro de ella. Pude sentir un gran calor alrededor de mi polla. Una sensación muy placentera tanto para mí como para ella ya que empezó a gemir.

    Tomé aire y le dije:

    –»Ahora no escaparás».

    Ella respondió entrecortadamente:

    –»Acaba lo que has empezado».

    Sentada sobre mí, Paula intentaba abrir las piernas para acomodar el máximo de mi polla en su interior. Elevando mis caderas y con mis manos sobre las de ella, la empujaba contra mí, pudiendo sentir como la punta de mi polla tocaba la parte superior de su útero o algo similar. Mis manos agarrando sus tetas, mis labios con los de ella sintiendo su respiración, los dos gimiendo, mientras ella susurraba:

    –»Estaba deseando esto desde que te conocí…»

    Le respondí:

    –»Yo también soñé con ello muchas noches».

    La besaba, le mordía el cuello, jugaba con sus pezones… Mis caderas seguían erguidas para obligarla a meter el máximo de mi polla dentro de ella…

    De repente, Paula empezó a gemir más fuerte, a respirar más fuerte y a moverse más agresivamente. Ella gritó:

    –»No pares ahora, estoy a punto, estoy a punto de…» y cuando gemía tan alto que yo sentía miedo de los vecinos, note como un jugo muy caliente envolvía mi pene y caía en mis piernas saliendo de su coño. Una sensación tan placentera que automáticamente hizo que corriera dentro de ella. No fue un orgasmo corto, si no que mi polla estuvo echando esperma dentro de ella durante segundos, mientras sentía los músculos de su pelvis apretando mi polla, chupando todo el semen…

    Abrazándome, apoyó la cabeza en mi hombro mientras temblaba con respiración entrecortada. Le devolví el abrazo y la besé en la cabeza.

    Pálida y aun temblorosa me miró profundamente a los ojos y dijo:

    –»¡¡Gracias, voy a ser la envidia de la Uni!! Pero… aún podemos practicar mucho más» Ella sonrió, me besó, respiró hondo y apoyó la cabeza en mi hombro otra vez. Mientras tanto, mi polla volvió a su estado normal saliendo de dentro y dejando caer la mezcla de nuestros fluidos gotear sobre el sofá…

    Fue corto, pero el primero de muchos otros…

  • Me presento

    Me presento

    Bueno, pues me presento ante todos ustedes. Mi nombre es Carla tengo 30 años y vivo en la ciudad de México.

    Físicamente soy lo que llaman petite. Mido 1.55, calzo del 2 ½, tengo piel blanca, cabello negro y ojos color avellana. Tengo un culo no muy grande, pero proporcional a mi pequeño cuerpo y unos pequeños limones por pechos pero que a muchos de mis amantes les gustan.

    Mi pareja se llama Manuel, 30 años, cuerpo regular, moreno, cabello quebrado negro y un miembro de 16 cm promedio, pero muy cumplidor.

    En el sexo soy muy abierta, me gusta de todas formas y en todas las posiciones, con mi pareja y con algunos amantes aprendí a utilizar mis piecitos debido a sus fetiches y he aprendido a disfrutar con ellos también.

    Puedo estar tanto con hombres o con mujeres y no tengo problemas con los maduros.

    Con respecto a experiencias y relatos pues tengo muchos, algunos buenos otros no tanto, experiencias increíbles y algunas que no fueron tanto de mi agrado pero que he aprendido a superar e incluso comienzo a disfrutar.

    Pero bueno, estaré subiendo algunos relatos y espero que me apoyen con sus comentarios y con solicitudes para que tengan material se sobra.

  • Compensando a un pasajero

    Compensando a un pasajero

    Este es mi primer relato, como fue la primera vez que engañaba a mi esposo. Trabajo en el aeropuerto de Bogotá hace algunos años abordando pasajeros al avión o realizándoles el check-in para pasar a salas.

    Ese viernes el aeropuerto de Bogotá estuvo cerrado por mal tiempo gran parte de la mañana, por lo que a lo largo del día se presentaron demoras en todos los vuelos. Como siempre, los pasajeros estaban molestos por la afectación de sus itinerarios y muchos de ellos se volvieron groseros e incluso violentos con el personal de la aerolínea. Un pasajero que llegó de Pereira pero que su destino era Buenos Aires, no logró hacer la conexión y tuvo que quedarse esa noche en Bogotá y yo terminé haciéndole grata su demora.

    Ese día, mi trabajo era ubicar a todas las personas que venían en conexión y que por los retrasos no habían podido abordar sus siguientes aviones, asignarles alimentación y para los casos más extremos hotel por esa noche. .Recuerdo que ese día me insultaron y trataron mal como si fuese yo la responsable del caos, incluso habían intentado agredirme físicamente. Pedí a mi supervisor un tiempo para tomar aire y quitarme el estrés que tenía, ya que estaba a punto de perder los estribos y tratar mal a uno que otro. Me fui a la cafetería, compre algo de comer y me dirigía a una zona solo para trabajadores. Había caminado algunos metros cuando un pasajero me empujo (sin intención según él) y tiro mi café al piso.

    Avergonzado trató de disculparse y darme explicaciones, pero de lo cabreada que estaba ni le puse atención. Se ofreció a pagar mi café y como no, tenía que pagarlo, así que regresó conmigo a la cafetería. Mientras esperábamos la orden me contó que se llamaba Sebastián y de la urgencia que tenía, debía estar en Buenos Aires al día siguiente, casi lloraba diciéndome lo que pasaría de no llegar a tiempo, de la cantidad de dinero que perdería y por solucionar cosas del trabajo espero hasta última hora.

    Me dio tanto pesar con él que le quise ayudar a conseguir un vuelo lo más pronto posible. Ese día no había más vuelos para Buenos aires en ninguna compañía, tendría que esperar 2 días para viajar con la misma que venía. Le dije que lo mejor que podía hacer era hacerle una devolución del tiquete, pero que tendría que comprar uno en otra aerolínea que saliera al día siguiente, y que yo podría conseguirle el hotel para esa noche. Hizo sus cálculos y así podría llegar a su compromiso a tiempo, así que termine mi café y le pedí que me entregara el pasaporte y me esperara en la cafetería. Fui e hice el manejo que debía hacer y regresé para entregarle la documentación.

    Al llegar a la cafetería Sebastián no se encontraba, mire por encima a ver si lo veía en algún lado pero no estaba. Mi tiempo libre estaba por acabar así que tampoco podía sentarme a esperarlo. Decidí quedarme con sus documentos en lugar de entregarlos a objetos perdidos, ya que él podría llegar a acercarse a buscarme. No pasó, terminó mi turno y Sebastián no aparecía, así que me puse a averiguar sus datos de contacto en el sistema.

    Lo llame y cuando contestó dijo que una compañera mía lo había llamado con otros pasajeros para llevarlo al hotel y había olvidado que yo tenía el pasaporte. Me pidió que lo esperará, pero le dije que me dejaría el transporte que me llevaría a casa, a lo que se ofreció a pagar lo que valiera el taxi del aeropuerto a mi casa. Eso me sonó interesante, ya que de tomar el transporte podría durar hasta hora y media para llegar a casa, pero en taxi podría llegar en 30 minutos así que acepte. Cuando llegó me había llevado un detalle en agradecimiento por ayudarle a obtener el reembolso de su tiquete y regresarle el pasaporte. Me invitó a comer algo y como yo ya no tenía afán y si mucha hambre le acepté.

    Nos sentamos a hablar y se comenzó a pasar el tiempo, yo había olvidado el estrés y que mi esposo estaba en casa. Sebastián tenía una conversación tan interesante que poco a poco me llevo a querer seguir hablando. Terminamos de cenar y me invitó a tomarnos algo, en un lugar menos costoso que el aeropuerto. En 3 segundos calcule lo que podría decirle a mi esposo sobre la llegada tarde y acepté. Nos dirigimos a una zona de rumba cercana al aeropuerto y por su puesto al hotel. Tomamos un par de tragos y reímos, por el volumen de la música teníamos que hablarnos de cerca al oído, lo que hizo que empezara el roce físico entre nosotros. De repente, intentó besarme, el alcohol comenzaba a hacer su efecto, le evite el beso de una manera no muy contundente que él notó, me tomó con sus dedos pulgar e índice de mi barbilla y me giró nuevamente la cara hacia él, allí ya no lo esquivé.

    Me había empezado a excitar solo con su charla, así que cuando me besó comencé a sentir húmeda mi entrepierna. Me propuso acompañarlo al hotel y sin dudar fui con él. Entramos a la habitación, sobre la cama tenía su ropa en desorden, pero apenas cerró la puerta me arrinconó contra la pared, puso una mano sobre mi vientre, como para evitar que me moviera, y la otra mano me cogia de la muñeca contra la pared. Duro unos pocos segundos recorriendo con sus ojos mi cara, lo veía como me observaba los labios, los ojos, luego pasaba a mi cuello. Con la mano que tenía en mi abdomen paso a recorrer mi mejilla izquierda muy suavemente con su pulgar, luego el lóbulo de mi oído.

    El no decir nada y solo concentrarse en mirarme me volvía loca, me excitaba imaginar que estaría pensando. Con suavidad pero con firmeza giro mi cara para un costado, me miraba el cuello y sentí como sus ojos bajaban poco a poco hasta ubicarse en mis tetas. Aun no me tocaba de manera sexual, pero ya me tenía tan excitada que era lo único que quería. Se acercó a mí oído y me dijo: «te voy a cobrar lo que tu aerolínea me está haciendo perder» y sin más metió los dedos de ambas manos por entre el espacio que dejaban los botones de mi camisa, de un solo tirón la abrió y siguió su recorrido invasivo con sus ojos, apenas rozaba con la yema de sus dedos pulgares la textura de mi sostén, de repente, nuevamente de manera violenta lo arrancó, había pasado un par de años sin que mis pezones duros sintieran la mirada de un hombre que no fuera mi esposo y me encantaba esa sensación.

    Inmediatamente puso su mano izquierda sobre una de mis tetas y comenzó a besarme el cuello, me mordía la oreja y pellizcaba los pezones. Comenzó a bajar con sus labios lentamente, llegó a mis tetas, les dio una mirada más y procedió a besarlas. Pasaba su lengua por la aureola, por los pezones, mientras con sus manos había empezado a buscar el cierre de mi pantalón. Sin mayor problema lo abrió y bajó la cremallera, apenas lo que daba el espacio suficiente para meter su mano.

    Aún sin hacerlo siguió su camino con la boca buscando mi abdomen y cuando estuvo arrodillado comenzó a bajar mi pantalón hasta que esté cayó al suelo y lo sacó totalmente mientras me pegaba uno que otro mordisco en las piernas y me dejaba solo el hilo. Se levantó y yo le quite la camiseta que tenía, él se desabrocho el pantalón, lo dejó caer junto con sus bóxer. En ese momento vi su pene erecto cómo estaba tan excitado que salía una pequeña gota de él. Nuevamente de manera violenta me giro dejando mi cara contra la pared, me abrazo desde atrás y puso ambas manos sobre mis tetas, instintivamente levanté mi culo, buscando aquella verga que sin más posó entre mis nalgas.

    Comencé el movimiento propio para masturbarlo con mis cachetes mientras él me repetía «Qué buen culo tienes», tan solo unos segundos después su mano derecha bajo a buscar mi clítoris mientras la otra se encargaba de ambos senos. Corrió el hilo para un lado y comenzó a masturbarme de manera tan firme qué se notaba que sabía lo que hacía. Mis gemidos eran cada vez más fuertes y más seguidos, eché mi cabeza para atrás y la apoyé sobre su hombro mientras él me apretaba el cuello con una mano y me llevaba al cielo masturbándome con la otra. Lleve mi mano para atrás y le cogí el pene, lo comencé a masturbar, estaba húmedo de las gotas de semen que por excitación le habían salido. No me dejó hacerlo mucho tiempo y retiro mi mano, bajó mis pantys y apuntó con su arma desde atrás a la entrada de mi vagina.

    Basto un pequeño empujón y que yo levantara mi trasero para clavarme toda su verga, su mano dejó mi clítoris y se puso nuevamente sobre mis tetas mientras comenzaba su vaivén. Entraba y salida de mí de una forma tan deliciosa que si él hubiera querido terminar así yo no lo hubiera detenido. Unos orgasmos después me llevó a la cama y me puso en cuatro, volvió a acomodarse para continuar con su tarea, yo ya gemía como una puta, le pedía más, de vez en cuando soltaba mis caderas que tenía bien agarradas para darme una nalgada, mi esposo nunca lo había hecho y ahí descubrí que me encantaba qué me nalguearan.

    Cuando estaba por correrse se detuvo, me levanto y me pidió que me hiciera encima de él, así lo hice, tomé su pene y lo lleve hacia la entrada de mi vagina y simplemente me deje caer. Comencé a cabalgarlo suavemente y él se sujetaba de mi cadera, yo sabía que estaba por terminar, así que cualquier movimiento, por suave que se hiciera, pronto haría qué me llenará de su esperma. Hice algo que a mí me encanta, pero a mi esposo no, subí y baje tan lentamente que quería alargar lo más posible ese instante después del punto de no retorno mientras él posaba sus manos en mis senos y pude ver la cara que hacía mientras de su miembro empezaban a salir sus chorros de semen. Yo sentía dentro de mí como salía cada uno de sus disparos y poco a poco dejaban de caber dentro de mí, creo que no había terminado de eyacular por completo cuando ya había empezado escurrir sobre él, al terminar me quedé unos instantes sobre mi amante mientras recuperábamos el aliento.

    Me sentí una puta realmente cuando me negué a quedarme más tiempo, le pedí que me diera lo del taxi y me fui, aun sintiendo que me escurría su semen entre las piernas. Cuando llegue a casa mi esposo se despertó y me preguntó él porque llegaba tan tarde, yo le dije simplemente con tono de rabia que la operación había estado muy fea, que me habían tratado mal y que no había podido salir hasta acomodar unos pasajeros que habían perdido sus conexiones, que estaba estresada y solo quería bañarme y dormir.

    Los días siguientes sentía un cargo de conciencia tenaz por haber traicionado a mi esposo. No es que nunca hubiera sido infiel antes, pero cuando conocí a Andrés no pensé volver a caer en la tentación.

  • La muerte de mi cuñado nos unió (hermano-hermana)

    La muerte de mi cuñado nos unió (hermano-hermana)

    Como otras tantas veces recibo un e-mail.

    -Hola Luisfa, he leído tus relatos y a sabiendas que vas a poder organizarlo, quisiera que relates lo que me ha sucedido si es que no tienes inconveniente.

    -Hola Thomas no hay inconveniente, como siempre tengo la costumbre, primero lo escribo luego te lo envío y si estás de acuerdo lo subo a la página.

    -Buenísimo gracias.

    Hecho los pasos de rigor, paso a publicar el relato.

    Con mucho sacrificio y años de estudio he finalizado una de las partes más complicadas de mi carrera como médico, el título de especialista, hoy puedo decir orgullosamente que soy médico traumatólogo.

    Las horas de estudio me habían quitado muchas cosas, entre ellas una que relegue durante toda la carrera, tener una pareja estable.

    Lo que me sucedió fue en una circunstancia fea para el entorno familiar, un grave accidente automovilístico arrebato la vida de mi cuñado y su madre, dejando herida a mi hermana y un amigo de ellos.

    Estando de guardia en el hospital general, pasada menos de la mitad de mi turno, recibo el alerta de una persona herida, voy hacia la sala de triage (lugar donde se califican los ingresantes para derivarlos al servicio correspondiente) encontrándome con los oscuros cabellos de mi hermana, mechados con manchas escarlata que habían dejado la sangre del incidente. Tratando de guardar la compostura me aboque a evaluar la situación, siendo como resultado una fractura de fémur (hueso de la parte superior de la pierna). Indico que la lleven al quirófano.

    Luego de resolver la fractura en forma quirúrgica, la llevan a la sala para su recuperación con un yeso desde la cadera hasta el tobillo.

    En días subsiguientes y de haberme relatado lo del accidente, la psicóloga de la institución le comunico la muerte de su esposo, yo como familiar, ya que tampoco debía atenderla, no quería comunicarle el deceso de la persona con la cual se había casado hacia un año.

    Luego de haber pasado la crisis inicial, iniciamos una recuperación de pre alta, así podía llevarla a mi casa para tenerla más controlada y contenida, ya que aquí, ahora quedo sola al igual que yo ya que nuestros padres están a muchísimos kilómetros de distancia siendo muy viejitos para semejante viaje, una vez recuperada iríamos allá. No les habíamos dicho nada de lo grave para no angustiarlos, pero como dije, al llegar y viéndola bien, el impacto de lo ocurrido sería menor para dos personas de su edad, puesto que le habíamos contado una versión minimizando los pormenores.

    Ya instalados en casa, en una pieza, que le podríamos decir de huéspedes, le arme su cuarto tratando de darle el toque femenino y las comodidades que necesitaba.

    Le ofrecí la contratación de una persona para su cuidado, higiene y confort.

    -No Ricardo, para que entrar en gastos, sos mi hermano, si no tenés inconvenientes yo me arreglo sola para algunas cosas, el resto me ayudas vos, si es que no podes o querés.

    -Como no voy a estar para mi mejor hermana.

    -¡¡¡Soy tu única hermana!!!

    -Por eso…

    Ambos reímos como cuando éramos niños.

    La siguiente quincena, transcurrió con normalidad, hacía los quehaceres del hogar y atendía a Soledad, ayudando con su higiene personal hasta donde su pudor permitía.

    Llegado el momento de sacar el yeso que la inmovilizaba, me tome un mes de licencia que me adeudaban para apoyar en la rehabilitación.

    Estaría demás decir que el yeso se lo saque en casa.

    Ya liberada de lo que ella denominaba su “prisión” inmediatamente le iniciamos el proceso, su pierna había quedado más delgada, Soledad tiene un físico privilegiado debido a su actuación en el equipo de hockey de la universidad, deporte que practicaba de pequeña.

    Un culo descomunal, unas piernas bien modeladas, sus pechos totalmente deseables y había sacado el rostro de nuestra madre, muy bonita, su pie aceitunada hacia contraste con el negro del pelo y el azabache de sus ojos. En cambio yo, no digo que no me mantengo en forma, pero saque la genética de mi padre, un sirio libanes llegado a la Argentina allá por el taitantos, no tan alto, algo panzón (no tanto) y en mi cabeza unas incipientes entradas que vaticinan la calvicie.

    A los tres días de iniciada la rehabilitación casera, ya deambulaba, un poco, dolorida pero daba unos pasos, a lo que me pregunto si y se podía bañar en la ducha, afirmé su inquietud, me abrazó dándome un beso enorme largo y duradero que me dejo la mejilla colorada.

    -Cuando quieras te ayudo Sole.

    -Dale Ricardo, ¿te parece bien después de cenar?

    -Si fantástico así podes descansar bien.

    Así hicimos, luego de la cena, le acondicione el baño que tanto deseaba, agua a temperatura y los elementos de higiene a mano.

    -Sole ya podes venir.

    Despacito se acercó al baño, e ingresando me agradeció.

    -¿Te ayudo en algo?

    -Por ahora no, cualquier cosa te aviso.

    -Listo, quedo escuchando.

    Se sentía el caer del agua sobre su cuerpo y su voz cantando algo bajito, debo reconocer que canta lindo por no haber estudiado nunca canto.

    -Ricardo podes venir por favor.

    -Si corazón en que te ayudo.

    -Dos cosas, si me podes enjabonar la espalda y luego si podrías sacarme esto… (señalando los bellos púbicos que habían crecido bastante)

    -Si como no.

    Debo aclarar que, durante todo el proceso ya la había visto desnuda varias veces, donde fue perdiendo el pudor y la vergüenza ante mí presencia.

    Jabonando su espalda pase mi mano por los glúteos duros y parados, los que estiro hacia atrás al sentirlas pasar por su turgencia, lo mío fue instintivo, deje perder el jabón entre ellos y con mis dedos circunde el orificio anal, dejo escapar un suspiro de su boca, ninguno de los dos dijo absolutamente nada, solo nos miramos con una mirada cómplice.

    -¿Te rasuro acá o en la cama?

    -(Casi susurrando) en la cama.

    -Bien, secate y anda yendo para allá mientras preparo las cosas.

    Obediente hizo lo que le sugerí, mientras preparaba los elementos despacio fue hacia la pieza, totalmente desnuda, acostándose boca arriba.

    -Cuantos trastornos hermanito.

    -Cállate pavota, soy tu hermano, vos hubieras hecho lo mismo por mí. ¿Preparada?

    -Listo mi rey.

    Primero le rebaje con máquina de cortar pelo, su vibración también la hizo suspirar en varias oportunidades, sobre todo cuando pasaba por la zona del clítoris. Observe en varias ocasiones salir por el medio de los labios vaginales un goteo viscoso casi transparente.

    Con una brocha, hice espuma de afeitar con jabón, y comencé a pasarla por todo el bello que quedaba, tanto fue el roce que en un momento suspiro, gimió y me dijo.

    -Perdón Richard, mucho tiempo.

    Hice caso omiso a sus palabras y continué rasurando, creo que también se dio cuenta de mi gran erección, no soy de madera.

    Luego de un orgasmo más, termine con la tarea, ya descaradamente y a mano limpia lave y seque la vagina que aún se encontraba destilando fluidos, la excitación pudo más que cualquier cosa, acercando lentamente mi boca a su piel, le bese el ombligo y toda la zona circundante, para ir bajando hacia su breva deseosa, a puro gemido, no dijo nada, solo suspiraba acariciándome el pelo, en ningún momento puso resistencia, ni siquiera cuando empecé a sacarme los pantalones y ropa interior para quedarme desnudo, con mi pene endurecido, palpitante, ya deseoso de sexo. Mi boca se acercó lentamente a la entrepierna recién depilada, iba a sentir por primera vez el sabor de mi hermana, deje mi lengua suave para poder recorrer toda la extensión de la zona. Sin mucho esfuerzo esos labios carnosos se abrieron para dar paso a mi objetivo, saborear ese jugo agridulce proveniente de su interior. Una vez saciado y extasiado de él, dedique mi tiempo, que fue muy corto, a su clítoris erecto y duro, su orgasmo fue tan intenso que roció mi rostro en toda su extensión.

    Mientras soledad jadeaba aún, la ubique de costado, teniendo en cuenta la pierna lastimada, que quedo arriba, puso su culo en pompa y de costado la penetre, introduciendo todo mi falo sin mucho esfuerzo debido a su lubricación, los movimiento de ida y vuelta eran acompasados con su ir y venir de cadera, el interior de la vagina me apretaba el miembro, por un momento me dijo que me detenga y la deje toda adentro. Contraía rítmicamente los músculos de la base pélvica aprisionando mi miembro, manteniéndolo cautivo de su son, la sensación fue indescriptible, pues entre la estrechez vaginal y su “juego” no hizo falta que me mueva, la sensación de la eyaculación inminente comenzó inmediatamente, cuando sentí que no podía aguantar Salí de su interior introduciendo el pene en su boca para realizar la descarga seminal que recibió de buen gusto, sin desperdiciar una sola gota, sintiendo ambos sabores, los propios y los míos.

    La expresión fue unísona.

    -¡¡¡Te amo!!!

    -Ricardo, no sabes cuánto tiempo espere este momento.

    -Te confieso que nunca pensé en llegar a esto, pero si me ponía celoso cuando te miraban y el día que te casaste sentí morir.

    -Bueno pero ahora estamos juntos y quiero aprovechar para agradecerte todo el cuidado que me brindaste.

    -Te mereces eso y mucho más.

    Esa noche dormimos juntos muy abrazados, hicimos el amor dos veces más. No veo la hora de comenzar con algún método anticonceptivo para poder bañar sus entrañas con mi semen, cosa que le dije.

    -No hay problemas, yo también quiero sentirte dentro, mientras tanto podes depositarlo por donde no nacen los niños. (me guiño un ojo) pero hoy no, pues el movimiento me hizo doler un poco la pierna.

    En días subsiguientes todo transcurrió con normalidad, del tema ni se habló, ya había una sonrisa en su rostro y de poco retomaba el ritmo normal, igualmente yo.

    Una semana antes de reintegrarme al trabajo del hospital, Salí a hacer el mercado y un poco de calle, le compre algunas prendas para que se sintiera un poco mejor. Llegue a la hora de la cena, pensando en encargar un delivery, pero Soledad ya tenía la cena pronta, una genio la enana. Luego de cenar y los baños de rigor, nos fuimos a la cama habiendo programado su primer paseo para el día de mañana.

    Aproximadamente a media hora de habernos acostado escucho que me llama, salgo para su cuarto pensando que le habrá pasado. Al entrar me la encuentro desnuda, con su mano derecha da pequeños golpecitos en el colchón como diciendo veni aquí, me acerco sentándome a su lado, se incorpora abrazando mi cuello fusionando nuestros labios en un dulce beso, beso que transmite mucho amor.

    Su beso fue muy tradicional rozando nuestros tibios labios, su intensidad fue creciendo muy lentamente, me sorprendió pasando su lengua, muy suavemente por el contorno de mi boca para irla introduciendo muy sutilmente, la excitación se estaba haciendo sentir, comenzó a bucear con ella en el mar de mi cavidad bucal.

    Teníamos algo inconcluso y hoy lo iba a culminar…

    Nos practicamos sexo oral mutuamente, la primera en tener un orgasmo fue ella (me sorprende la capacidad de terminar rápidamente que tiene). Me posicione para lo que tenía pensado, aunque tenía más libertad de movimiento, aún seguía con alguna limitación que no le permitía disfrutar de lo que vendría, tomándola de la mano la ayude a pararse y fuimos hasta la mesa, recline su torso sobre la tabla dejando expuesto su sexo a mi voluntad como así también su orificio anal, arrodillado en el duro piso, frente mi rostro estaba el plato fuerte, continué lo que había empezado en la cama, pasando mi lengua desde el clítoris hasta el esfínter anal, cada vez que daba toques con la punta de mi lengua, era un suspiro y un estremecimiento de su cuerpo, no puedo expresar las sensaciones que sentía Soledad cuando comencé a, literal, chupar su hermoso agujero que luego de un rato comenzó a palpitar, parecía tirar besos.

    Ambas manos de mi querida hermana buscaron sus nalgas, abriéndolas, lo que me permitió un acceso casi total a su intimidad.

    -Metela ya Ricardo por favor, quiero sentirla adentro y quiero que bañes mis entrañas con tu leche.

    -Si hermanita querida, tu deseo es una orden para mí.

    Posicione mi verga en ese agujero hermoso, le costaba entrar, metí mis dedos en su vagina para humedecer la zona con su fluido, ayude con un poco de saliva, volví a la carga empujando un poco más fuerte, hasta que entro la cabeza.

    -Si hermoso si, así, duele pero seguí, quiero sentir más ese hermoso dolor, toda hasta el fondo, no tengas pena, el dolor me excita.

    -Pero te voy a hacer daño.

    -Cállate y coge boludo, no escuchas lo que te digo.

    Salive un poco más la piel de mi verga y empuje de una vez, entro hasta que los testículos hicieron tope.

    -Sí que rico que hermoso dolor, cógeme duro.

    Ahí empecé en un frenesí de ida y vuelta, entrando y saliendo de ese culo hermoso, ella se movía haciendo círculos, cuando yo bajaba la intensidad ella iba de atrás hacia adelante marcando un nuevo ritmo más rápido y duro.

    -Soledad me voy, termino, te lleno ese culo hermoso de leche.

    -Si dale lo espero.

    No creo haber terminado nunca con tanta intensidad, mi semen caliente impacto en las vísceras de mi querida hermana, no sé si fue causa o efecto, antes o durante, la cuestión que los dos nos fundimos en un solo grito de placer, Sami tuvo un squirt intenso con chorros intermitentes que se fusionaban con las palpitaciones de mi pene cada vez que salía el semen por la uretra.

    Caí rendido sobre su espalda, mi verga aun palpitaba en el interior, jadeando juntos intento darse vuelta para besarme, pero no pudo, aún estaba limitada para ese movimiento, por lo que decidí salir de su interior para incorporarla y si, frente a frente poder besarnos.

    En el baño sentándose en el inodoro, descargó la simiente que hacia un rato le había entregado.

    Abrazados en la cama, dormimos, creo que enseguida.

    Pasado un tiempo, ya casi repuesta totalmente, viajamos para informar a nuestros padres, los que con gran sabiduría supieron asimilar la noticia de la desgracia ocurrida.

    En el viaje de regreso, de casi dos días, paramos en unos moteles a descansar y entregarnos al placer el mismo que nos esperaba en nuestra vida futura como hermanos pareja.

  • Sin bragas en una aldea perdida

    Sin bragas en una aldea perdida

    Hola a todos, me llamo Daniela, soy una chica española de la zona de la Mancha de 23 años cumplidos en enero. Estoy soltera desde hace unos meses, tras pasarlo muy mal intentando reflotar lo que se debería haber ido a pique hace años y tras varios intentos de imbéciles de aprovecharse de la situación para “cazarme”. Volví con mis padres para poder permitirme salir adelante.

    Respecto a relaciones y sexo. Me he propuesto ser yo la que lleve las riendas, por lo que estoy realizando mis fantasías más ocultas o simplemente dejarme llevar por el momento. Quizás siente la cabeza, pero por ahora… a disfrutar.

    Comprendo que querréis conocerme un poco físicamente, aunque solo sea para imaginarme. Me describo como una mujer de piel blanca, cabello corto tintado rojo fuego, lo que hace destacar aún más mis pecas. 1.55 metros de altura, peso 50 kilos, culo generoso, pero sin ser gordo, buena cintura y busto pequeño pero bien formado. Junto a ojos azules, manos pequeñas, voz dulce y labios suaves… Y muchos tatuajes de mis videojuegos o sagas literarias favoritas, junto a ropa un poco punk. Siempre me echan menos edad de la que tengo y soy algo tomboy jajaja, aunque como veréis eso no cambia mis apetitos para nada.

    Tras esta pequeña presentación, voy a hablaros de una de mis experiencias dentro de una de mis escapadas. Espero que os guste.

    Había pasado un mes desde mi cumpleaños y me sentía bastante choff. Era mi primer cumpleaños sin mi novio, ya sabéis, novios desde el colegio, mi primera vez, el chico de mi vida… bla bla bla. Todo muy Disney, vaya. Había dejado prácticamente de lado a mis amigas a partir de los 20 años y me relacionaba más con sus amigos… que se aprovecharon cuando acabe con él, aunque esa es otra historia. En fin, de haber sido una persona social a quedarme prácticamente sola, solo saliendo con la gente del trabajo y con los amigos de hobbies. Al principio lo lleve mal, pero luego, pues me dio por hacer escapadas.

    O sea, irme al quinto coño, sin que nadie me conociera y hacer lo que me diera la gana sin presiones de ninguna parte. Y como me gusta hacer senderismo y perderme por la montaña, pues decidí ir a una pequeña aldea de Castilla y León pegada a Madrid, Torre Val de San Pedro. Era económico y no había mucho barullo, por lo que encantada.

    Durante unos diez días tras las fiestas de navidad (las cuales pase currando), pues alquile una pequeña casita a un precio bastante moderado. Es un sitio bonito, casas antiguas de piedra (junto a horrores más modernos, por desgracia), muy pocos habitantes que van prácticamente a su bola. El pueblo se encuentra entre montes, rodeado de espesura en la que perderse, campos para las vacas y un pequeño riachuelo que baja desde las montañas que cruza el pueblo. Y lo mejor muchas rutas para caminar o montar en bicicleta, desconectando de todo. Nada demasiado llamativo, pero con encanto. Eso si, agradecí que la nevera fuera grande y pudiera comprar todo lo que necesitaba… no hay ni un supermercado y doy gracias que al menos venía el panadero. Eso si, había un bar… donde tuve una aventurilla. Un lugar que a pesar de contar con Internet era como estar en una estampa del S.XX

    Y yo destacaba un montón. Aunque era normal, la edad media pasaba los 50 y estaba claro que este lugar es más para volver en verano para escapar del calor y visitar a los abuelos que otra cosa. Un poco triste. Y al darme un poco igual el que dirán, pues iba con ropa de deporte bastante repegada para poder moverme mejor durante mis paseos andando o en bici (leggins, ropa para montar en bici etc.) o con mi ropa de guerra, con chupa, tops y pantalones cortos (suerte que no soy friolera), fuese por el pueblo o por los alrededores.

    No era gilipollas, y ya sabía que las mujeres me ponían de vuelta y media, mientras que los hombres… digamos que me calibraban. Para que voy a mentir, eso me ponía bastante caliente. Sentirme observada e imaginar lo que podrían hacerme si se diera el caso.

    A algunos ya los tenía calados, especialmente a un padre e hijo (el hijo debía ser cuarentón y el padre en los sesenta), que llamaré Víctor y Mario, para mantener su anonimato, que son los protagonistas de esta historia. Mario, el hijo, se había divorciado hacía 10 años y tenía a su hijo solo los findes de semana, un adolescente que había salido a los hombres de la casa (como descubrí el finde que estuve en la aldea.

    Mario me sacaba dos cabezas, de hombros anchos, algo de barriga, sonrisa avispada, fuerte aunque sin ir al gimnasio y… bueno, llegaremos a eso), tiene un chalet a las afueras del pueblo e iba y venía a Segovia cada día por trabajo. En tanto el padre, Víctor, vivía en una de las casas antiguas, se había quedado viudo hace más de 5 años, era algo más bajo que su hijo pero más alto que yo, completamente calvo, con arrugas en la cara y una pequeña cicatriz en la mejilla, manos callosas de trabajar, más barrigón que el hijo y siempre le pillaba con ropa de trabajar, iba y venía en una pequeña furgoneta para cuidar a los animales y me lo cruzaba varias veces al día.

    La cosa es que desde el primer día, pues hubo buen rollo con ellos. Yo les veía al salir en mis paseos y saludaba, el padre me dedicaba algún piropo subido de tono, yo se lo agradecía sacándole la lengua o meneando más el culo y a la vuelta para la comida me paraba a hablar un rato con él con bastantes indirectas y a la cena eran los dos hombres quienes me daban la charla, muchas veces con salidas de tono, que aceptaba y reía. Como he dicho, era un pueblo que no pensaba volver en un principio, por lo que me daba bastante igual lo que pensasen.

    Así pasaron los tres primeros días, conmigo de paseos, algo de relax en la casa desconectada del mundo, jugando alguna partida a la consola y preparándome la comida. Una monotonía que agradecía. El cuarto fue más accidentado (para bien). Tras ducharme y ponerme unos leggins rojos bastante llamativos y un top deportivo (estaba haciendo un calor impropio de esa época del año), no me había puesto ropa interior abajo, en parte por comodidad en parte porque quería dar que hablar a los lugareños. Había decidido seguir el riachuelo andando y me había preparado algo de comer por si no podía volver a la casa.

    Eran ya las 12 de la mañana, me había ido a dormir muy tarde y me había levantado ídem, por lo que el sol pegaba bien fuerte y no había viento, por lo que ignore la tentación de llevar una chaqueta. Salí de la casa y baje por la calle de adoquines hacia uno de los caminos que salían del pueblo, en este caso siguiendo el río hacía el exterior. El pueblo estaba vacío, la gente que tenía que trabajar se había ido ya hace tiempo y los que quedaban andaban en el bar o dentro de sus casas. Por lo que la primera parte fue solitaria, mientras que dejaba las casas atrás y caminaba a buena velocidad por el camino.

    Llevaba un buen trecho por el camino, como había llovido hace unos días y con el paso de los coches había parte que solo quedaban piedras y gravilla. En una zona me dio por acercarme al río y tuve un despiste, por lo que di un mal paso. Pronto me encontré sentada en una piedra del camino, viendo el pueblo a lo lejos y dándome un masaje para ver si se me pasaba el dolor. En tanto que veo la furgoneta de Víctor viniendo hacia el pueblo y al verme se para. Recuerdo la cara que me puso, salió del coche y ni me miro a los ojos, sino a mis leggins, mirando mis piernas, sin disimular ni nada. Eso si no falto el paripé: –Daniela ¿Estás bien, chiquilla? ¿Qué te ha pasado?

    Sonriendo le dije y me abrí un poco de piernas para ver hacía donde se dirigía su mirada: –Un mal paso, me he doblado un poco el pie, pero en cuanto se me pase un poco vuelvo al pueblo. No te preocupes.

    Víctor negó con la cabeza, mirándome está vez preocupado de verdad y me ofreció la mano: –Anda, sube a la furgoneta y te llevo para allá.

    Me apoye en su mano y me levanto como si nada, un poco a la pata coja me puse a su lado y él me ofreció muy amablemente acompañarme a la puerta del copiloto… Eso si, descaradamente tocando mi culo, por como me miraba creía que iba a gritarle o algo, pero yo solamente sonreí y le di las gracias.

    Lo que hizo que se quedara meditabundo cuando se sentó a mi lado y me dijo sin rodeos: –¿Tú me estás buscando las cosquillas, no? Puede que pase los 70 años, pero sigo pudiendo domar bien a las potras.

    A eso me reí con ganas y le sonreí mientras ponía una voz de zorra que le dejo boquiabierto.: –Si que eres directo Víctor ¿Te vas a aprovechar de mi en este estado? –Francamente apostaba que todo era de boquilla, y quería burlarme un poquito. Pero entonces sin aviso metió su mano bajo mis leggins y sorprendida ni cerré las piernas. –Pero si vas sin bragas… joder, eres toda una putita. –Sus manos callosas empezaron a darme placer con unas caricias cuanto menos descuidadas pero la situación me ponía tanto que ya había empezado a mojarme en cuanto entré en el coche.

    Pasaron unos minutos con él jodiéndome el coño con dos dedos y nosotros dos en silencio mirándonos uno a otro, roto de vez en cuando por un gemido mío. Cuando me llego el orgasmo arquee mi espalda por el placer y grite un “que gusto, joder” y el retiro los dedos de mi coño para preguntarme con sorna: –¿Ya no te duele tanto el pie? –La verdad es que tras el rato dándome placer el pie fue a mejor.

    Riéndome le comente: –Tus dedos que me han aliviado… Aunque mira que eres … Voy a mear, que no me atrevía a decírtelo por si parabas… –Abrí la puerta y apoye el pie, seguía doliéndome un poco, por lo que cojee hacía fuera del camino, cuando escuche como Víctor salía y le pregunte: –¿Qué quieres?

    Se puso a mi lado y dijo con seriedad sin dejar de observarme con ojos ardientes: –A ver si te van a meter el hocico algún jabalí mientras meas, me voy a quedar a tu lado para que no te pase nada.

    Contoneando el culo, me retire unos pasos y me baje los leggins para que pudiera vérmelo por completo, y sin decir más me puse en posición para mear sin mirarle. La situación me estaba poniendo muy perra, aunque quise pincharle un poco: –Sabes que podrías ser mi abuelo… ya tienes una edad para estar con jovencitas. –Escuche como se desabrochaba los pantalones y se acercaba a mí. Cuando me gire tenía sus calzoncillos a la vista y sus piernas fuertes y peludas. Mire hacia arriba con vicio y baje lo único que protegía su polla de mí. –Te estas aprovechando de que llevo una semana sin tener sexo…

    Callé al ver la polla, no es que fuese muy larga, más bien en la media, pero era muy gruesa, dude por un momento que pudiera entrarme en la boca, olía a sudor por el trabajo, aunque su olor penetrante me estaba poniendo aún más guarra. Por lo que empecé a acariciarla en esa incómoda posición, sin dejar de mirarle a la cara.

    Víctor se río, mientras acariciaba mi pelo: –Sabía que eras una zorra desde el mismo momento que te vi. Ese pelo tan rojo y los tatuajes… –Empecé a lamer su punta, para luego girar mi lengua acariciándola. Me centré en darle placer mientras que me decía guarrerías que me ponían aún más cachonda, tanto que tuve que empezar a masturbarme, allí en medio del camino.

    Tras un rato, fue el quien empezó a dirigir, cogió mi cabeza y la presiono contra su sexo, por lo que feliz empecé a tragarme su polla, aunque con cierta dificultad por su grosor, todo hay que decir que acallo mis gemidos –Como mamás… tienes experiencia. Zorra. –le mire y le guiñe un ojo– Joder, que malo me estás poniendo, niña. –eso último lo dijo entre gemidos. Sin aviso, presiono mi cabeza para descargar su leche en mi garganta, la note caliente deslizándose en mi interior y cuando me soltó, le pedí la mano para poder levantarme– ¿Te ha gustado? –Él asintió sin dejar de mirarme, mientras me quitaba los leggins, aunque me enfrío diciendo mientras se ponía rojo de vergüenza: –Daniela, a no ser que pase un rato no voy a poder… ya sabes. En mi casa tengo viagra, pero aquí, pues eso…

    Pero me moví hacía la furgoneta y me apoye en el capo, me abrí de piernas para que pudiera ver bien lo que se perdía y le dije: –Tienes lengua o manos ¿No? Ya tendremos momentos para eso. –Se río y me dio un fuerte azote en el culo: –Joder, que guarra eres… –Pero se arrodillo y empezó a lamer mi coño, acariciando mi clítoris para que lo sintiera más. Su lengua sabía donde estimular y empecé a gemir como loca, ya que no había nadie alrededor y francamente en ese momento me importaba una mierda. Su nombre se escapaba de mis labios mientras no paraba de darme placer, especialmente cuando dos de sus dedos empezaron a penetrarme alternando sus lengua con ellos. Tuve varios orgasmos, pero el final fue especialmente brutal, tuve que quedarme ahí tumbada en el capo para recuperar un poco el aliento.

    Víctor se levantó y me acaricio el culo: –Anda, te llevo a casa… Tengo cosas que hacer después de comer, pero tras la cena, no vas a dormir mucho, zorrita.

    Girándome mordiendo mis labios coincidí: –Eso espero. –Desde ese momento supe que los días que me quedaban en el pequeño pueblo, iban a ser entretenidos, como poco.

    Es una experiencia personal y ya ha pasado un tiempo. Espero que os haya resultado excitante y que pidáis más. En cualquier caso, gracias por leerme, muchos besos.

  • Dedos en mi ano (parte 1)

    Dedos en mi ano (parte 1)

    Mi novia siempre ha tenido el deseo de meter sus dedos en mi ano y se le cumplió su deseo, ¿comó pasó? Ahora se los cuento.

    Mi novia me comenta que en dos día había una fiesta y que estábamos invitados yo le pregunté de quién era la fiesta y ella me dijo que era de una amiga y le dije que estaba bien que no había ninguna tipo de problema ella se fue a dormir y yo me quedé haciendo unas cosas de la universidad.

    Me doy cuenta que si teléfono estaba desbloqueado y que la amiga le estaba enviando muchos mensajes, me dio curiosidad así que me fui a opciones y desactivé la confirmación de lectura para que la amiga no se diera cuenta que se había visto el mensaje, lo que leí me dejó asombrado le hago un pequeño resumen.

    Mi chica le había dicho que ella tenía ganas de meterme un dedo en el ano mientras me practicaba una mamada así yo sentir mas placer y acabar en abundancia en su boca, que no sabía cómo decirme a miedo a mi respuesta y la amiga le dijo bueno tráelo a mi fiesta lo emborrachamos para que tú hagas lo que quieras hacer. Después de leer eso apague su celular y continúe con mis cosas pero con esa duda en mi mente de lo que me quería hacer.

    Llegó el día de la fiesta, fuimos y yo planee hacerme pasar por borracho a ver si es verdad que ella lo iba hacer. Llegamos a la casa de la fiesta.

    Ella estaba muy caliente y comenzamos a besarnos y desnudarnos, comenzamos a tener sexo durante 30 minutos, después me dijo déjame sacarte el semen con mi boca, se puso en posición y me comenzó a dar su mejor mamada, poco a poco me quería subir las piernas para que mi ano quedará expuesto para proceder a meterme un dedo pero como que se le hacía incómodo así que subió y me beso con sabor a mi verga y me dice:

    –¿Me dejas lamerte el culo? Me gustaría mucho hacerlo mientras te masturbo y le dije que si.

    Me puso en 4 y procedió a pasarme la lengua lentamente de arriba a abajo y tratar de meter su lengua en mi culo yo estaba a punto de correrme cuando siento que su dedo está entrando lentamente y hace mínimos movimientos así duro 5 minutos los cuales fueron los mejores después lo saco y pensé que todo se había acabado ahí pero no.

    Lo que sigue se lo contaré en la segunda parte.

  • La amiga de mi hermana, competencia de mi “coño”

    La amiga de mi hermana, competencia de mi “coño”

    Desde la primera vez que mi pene tocó esa baranda de madera esmaltada, esos 8 centímetros de anchura, se convirtieron en mi coño único y personal en donde eyacular. Noche tras noche, iba a esa baranda, me desprendía de mis ropas, y empezaba el vaivén arriba y abajo frotando mi miembro hasta sentir desfallecerme cuando me corría. Poco a poco para mí se volvió una especie de «mujer» a la que servir eyaculando todas las madrugadas, sin excepción.

    Hasta que una noche, ya con todas las ganas del mundo, y urgido sin vacilo, salí de mi habitación completamente desnudo en dirección hacia mi «mujer», sin esperar la sorpresa que me daría, a pocos metros antes de llegar a mi «amada». Era la amiga de mi hermana, dormía plácidamente en uno de los sillones a escasos metros de la baranda, sin lugar a dudas me sentiría y vería si intentaba hacer algo cerca de ella. Sabía que no podían descubrirme, sino todo acabaría. Algo olvidadizo de las cosas, olvide que esa noche, sus amigas se habían quedado a dormir en la casa, pero una de ellas llegó tarde, y le dieron uno de los sofás para que duerma. Tenía que ser mi día de mala suerte, no podría esa noche correrme sin chistar como normalmente lo hacía.

    Pero, cuando estaba a punto de retirarme del lugar, la amiga de mi hermana se despertó y se sentó en el mueble, supe que no me daría tiempo a salir de ahí a tiempo, ya que escucharía mis pasos, así que solo atine a esconderme debajo de la mesa, esperando que no prendiera alguna luz y me viera. Estuvo unos segundos más sentada en el sofá, luego se quitó la frazada que tenía encima, y se levantó, caminó con dirección al baño, pasando por el costado de la mesa, por un momento pensé que me había visto, pero siguió de largo.

    Sin embargo, algo me sorprendió cuando paso por donde estaba, y es que por lo que pude ver, no llevaba pantalones, solo una bata, y por lo que alcancé a ver, no llevaba ropa interior. Eso quería decir que tenía su coño al aire. Por alguna razón que no comprendí, mi miembro se puso erecto de solo pensar en ello. Se me pasó por la cabeza esa noche cambiar de coño para eyacular, pero sabía que eso iba a ser imposible, pues si lo intentaba, lo más probable es que me rechace y todo se acabaría. Así que decidí esperar.

    Ella regresó al sofá, por el camino antes de llegar a este, se quitó la bata y la lanzó al suelo, casi justo delante de mi, quizá porque estaba con algo de sueño no se percató. Razón que se agacha a recoger la bata, permitiéndome verle todo su coño desnudo, tenía unas piernas hermosas, una figura que me descolocó de mis casillas por un momento. Una vez más se me pasó por la mente usar su coño, pero si lo hacía, estaba seguro que máximo iba a lograr hacerlo una vez, porque ella me rechazaría. Por lo que, una vez más, decidí esperar.

    Ella se levantó junto con la bata en una de sus manos, para luego sentarse y proceder a echarse en el sofá. Pensé que se dormiría lo que me daría tiempo a regresar a mi habitación. Pero en su lugar, comencé a escuchar cómo es que comenzaba a gemir. Lo que estaba pasando, es que se estaba masturbando. Yo, no lo podía creer. Yo desnudo con mi miembro a mil, a dos metros de ella completamente desnudo. Y ella en el sofá, también desnuda, seguramente abierta de piernas, dedeándose, masturbándose pensando en que alguien debía penetrarla. Yo podría hacerlo. Claro que sí. Pero ella no sabía eso, y menos que yo estaba cerca.

    Traté de no moverme mucho, y cuando sentí que no hacía ruido, decidí salir a observar si es que se había quedado dormida. En efecto así había sido, se había quedado dormida con las piernas abiertas, su coño se notaba mojado por lo que era obvio que se había corrido. Traté de levantarme despacio, pero no pude no hacer algún pequeño ruido, ruido que fue suficiente para que ella se despertara un poco, y en esa desesperación, logré alcanzar, no sé de dónde, una toalla, que logré colocar en mi cintura. Ella abrió los ojos rápidamente, yo tenía la toalla semi puesta en la cintura, ella al verme y verse desnuda abierta de pierna, me lanzó una almohada pequeña, lo que provocó que la toalla que tenía puesta, se caiga al suelo, dejando al descubierto mis genitales y mi obvia erección, y, pese a que era de noche, se notaban claramente.

    Tuve que tomar la iniciativa ante su asombro y sus ojos abiertos de la sorpresa a más no poder, pero también de la vergüenza, intentó levantarse, pero en vez de eso se resbalo levemente con su cuerpo lo que hizo que sin querer sus piernas se volvieran a abrir mostrando de nuevo su arrecho coño. Yo le dije: ¿Qué haces? – ¿Qué haces tú así, y aquí?, me respondió. Estoy yendo a bañarme, ya son casi las 5 de la mañana (no eran las 5 am, apenas eran la 1, pero tuve que convencerla, para que no gritase o sospechase) Me dijo: ¡No le digas a nadie! ¡Por favor! La miré con una cara de incredulidad.

    Ella me respondió temerosa y con mucha vergüenza, algo que marcaría el inicio de algo «grande». ¡Hago lo que quieras! Esas palabras me abrieron la posibilidad, sabía que si no aprovechaba. No habría otra oportunidad. Antes de que me dijera algo, había logrado recoger mi toalla, y taparme un poco. Razón por la que cuando ella me dijo que haría cualquier cosa, yo la vi con ojos picaros. Y le lancé mi toalla en la cara. Ella se sorprendió un poco, pero entre lo que se daba cuenta de lo que le había hecho, acerqué mi cuerpo a ella, y cerca de su oído le dije: ¿Lo que sea?

    Posicioné mi pene en la entrada de su coño, y como si fuese un profesional, introduje mi pene dentro de ella, el cual para nada era virgen, pero se compensó con sus leves gemidos, y un leve si, que duró unos cuantos segundos. Ya la tenía engrapada a mí, pese a que era mi primera vez con una mujer de verdad, hice como si lo hiciera a menudo.

    Mientras me la follaba, vi al frente nuestro uno de los espejos de la sala, el cual daba directo desde esa posición, a la escalera. ¿Le estaba siendo infiel a mi «coño»? Solo sabía que este era otro coño dispuesto a bien recibirme. Seguí en el vaivén por casi 10 minutos, los mejores de mi vida, mi pene por fin estaba en una vagina de verdad, follando una mujer de verdad, pensando en dejarla preñada perdí la consciencia por segundos, segundo que fueron suficientes para sin lugar a dudas, avizorar una gran corrida. Ella pudo sentirlo, pues mi pene comenzaba a latir de más, quiso quitarme, pero mi cuerpo era más grande, y evitó que eso sucediera.

    Cuando estaba a punto de correrme, suavemente le dije al oído. ¡Aún no son ni las 2 de la mañana! Ella se dio rápidamente cuenta de lo que pasaba, con un ¡Qué! Pero nada ya pudo hacer pues mi cuerpo sobre el de ella le impedía moverse, y mis brazos sujetaban su cabeza a tal punto que solo le permitieron dar un pequeño gemido de placer cuando mi carga de semen salió directo a sus ovarios llenándole el útero por completo. La abracé fuertemente, aún con mi pene dentro de ella, como el sofá era ancho, aproveché y me acosté junto a ella, al punto que hicimos cucharita. Me quedé con ella unas horas, luego me levanté, la besé en la frente, y le di las buenas noches. Ella me miró con cara de niña asustada, y se encogió a seguir durmiendo.

    A la mañana siguiente, salí a la sala. Ella estaba allí con mi hermana y el resto de sus amigas. Nos miramos unos segundos, y luego ella se fue con mi hermana, a su día de chicas. Era obvio que le había dado su madrugada de leche en su útero. Y como claramente era de esperar, a diferencia de las corridas que le daba a mi baranda, estas no hacían que quedara encinta. Sin embargo, la amiga de mi hermana si lo hizo. Al mes, mi hermana me hizo saber que su amiga iba a ser mamá. Razón suficiente para contactarle y decirle si debía hacer algo, pero ella me negó que fuera mío, me dijo que ya estaba embarazada para cuando ella lo hizo conmigo. Eso de alguna forma me rompió el corazón, y aunque fuera mentira, era claro que ella no me quería.

    Como si fuese un esposo infiel, volví esa noche al filo de mi baranda, y tras despojarme de mis ropas, completamente desnudo la acaricié suavemente, posicioné mi pene sobre ella, y procedí a darle sube y baja en vaivén tantas veces me fue posible frotar mi trozo de carne, hasta que sentí como estaba a punto de eyacular, apresuré mis movimientos y procedí a soltar chorro tras chorro de leche, que terminaron rebalsando mi prepucio, al punto que toda mi esperma se esparció en «ella». Concluyendo cuando acerqué mis labios a ella y le dije: ¡Es a ti, a la única a la que quiero dejar preñada, y la única, como es que ya te lo he dicho, mediante la cual perder mis preciadas gónadas de tanto darte sin parar!

    Esa vez, plena noche sin luna, totalmente en la oscuridad, procedí aún desnudo, a subir 3 peldaños hacia arriba, me situé de nuevo sobre mi baranda, pero «en el aire», enrollé mis piernas debajo de ella, así como mis brazos, quedando yo sobre la baranda desnudo, y abrazado a mi «amada». Mi rostro lo coloqué de lado, quedando abrazado a «ella». Vi la hora en el reloj de la sala, y eran las 2 am, decidí cerrar los ojos, incluso si eso significaba que me descubriesen, por la presión a los minutos sentí volverme a correr. Me quedé dormido por cerca de 2 horas, pues cuando abrí los ojos, eran las 4:12 am, Me sorprendió no haberme caído. Miré a todos lados, seguía calmado y oscuro. Decidí que era hora de dejar a mi «mujer» descansar tranquila, sino nuestro amor podía ser descubierto, y se acabaría. Bese a mi amada, en la misma zona donde me había corrido horas antes, y como buen amante, simule comerle el coño.

    No me arrepiento de nada, de nada en absoluto, ella será la única a la que amaré tanto, y sobre la única en la que me correré el resto de mis días.