Blog

  • A mi esposa no la importa que la vean desnuda

    A mi esposa no la importa que la vean desnuda

    Mi esposa Lucila y yo llevamos juntos 32 años. Yo tengo 53 años y ella 48.

    Aunque en todo este tiempo hemos follado mucho, desde hace unos 2 años ha bajado mucho nuestra actividad sexual, así que hemos pensado hacer algo para reactivarla.

    En primer lugar Lucila se ha comprado ropa interior muy sexy, bragas y sujetador casi transparentes, tangas, medias de colores, etc.

    En verano, cuando vamos de vacaciones, no suele usar sujetador, se pone camisetas ajustadas o de tirantes, faldas cortas (me pone a 120, porque sé que lleva tanga debajo) o pantalones bien apretados.

    Va muy sexy por la calle.

    El pubis, tanto ella como yo, lo tenemos totalmente depilado, ella con láser, incluso el ano.

    No tiene ni un solo pelo, dejando totalmente a la vista su vulva.

    La verdad, desde que empezamos a hacer esto, nuestra vida sexual ha mejorado bastante.

    El cuerpo de Lucila es el de una chica normal, de 1,68 cm de altura, tetas medianas un poco caídas por la edad y ancha de caderas.

    Tiene un poco de celulitis en el culo y como dije antes, el pubis totalmente depilado.

    Nosotros solemos veranear en Conil (Cádiz), y allí hay varias playas naturistas.

    Este año por primera vez hemos ido a una de ellas y la experiencia ha sido súper excitante al principio y súper natural después.

    Se supone que la gente que va a una playa naturista no lo hace por nada sexual, solo por estar más en contacto con la naturaleza, pero yo no lo podía evitar, me daba mucho morbo.

    Nosotros fuimos a la playa de Los Bateles, que está un poco alejada y no hay mucha gente.

    El primer día que fuimos, nos alejamos un poco de la zona de acceso para estar más resguardados.

    Pusimos la sombrilla y toalla y nos empezamos a desnudar.

    Ella primero se quedó en top less, porque está acostumbrada, lo hace mucho y se encuentra muy a gusto así.

    Se dio un corto paseo para ver como estaba la gente y volvió a nuestro sitio.

    Yo todavía estaba en bañador, esperando a ver que me contaba Lucila.

    A esa hora había poca gente, solo una pareja de entre 30 y 35 años y el resto de más de 50 años.

    En este grupo también estamos nosotros.

    No se fijó mucho para no parecer una mirona, pero por lo que vio, eran gente normal con sus cuerpos normales, nada de tipazos ni cuerpos de modelo.

    Yo, para evitar en la medida de lo posible tener una erección no deseada, me había masturbado un rato antes de ir a la playa.

    Me quité el bañador y Lucila la braguita del bikini y nos quedamos completamente desnudos.

    Yo me senté en la toalla debajo de la sombrilla y ella se fue a la orilla a mojarse los pies.

    No podía evitar excitarme mucho al ver como iba totalmente desnuda por la playa.

    Su culo con celulitis temblaba como un flan cuando andaba, era para mí un espectáculo maravilloso.

    Me llamó para que la acompañara a dar un paseo por la orilla.

    Estuvimos 45 minutos andando desnudos y nos acostumbramos muy pronto a la situación.

    Nos cruzamos con bastantes personas que también paseaban o simplemente estaban en la orilla disfrutando del agua y del sol.

    Gente de todas las edades, mayoritariamente maduras y con cuerpos corrientes.

    Nos sentimos muy bien en el ambiente y disfrutamos mucho estando desnudos y viendo la desnudez de personas de toda clase y condición.

    Se nos quitó el morbo y nos integramos totalmente en ese mundo naturista.

    El resto de las vacaciones seguimos yendo a la misma playa porque hemos entendido que el desnudo es la forma natural de estar y nos sentimos muy a gusto así.

    Hemos conocido a una pareja de Málaga de nuestra edad que viene mucho a esta playa y hemos pasado unos días muy agradables.

    A partir de ahora buscaremos siempre playas naturistas porque nos sentimos mucho más cómodos que en las playas textiles y nos hemos quitado los complejos que podíamos tener con nuestro cuerpo.

    Os recomiendo la práctica del naturismo en los lugares habilitados para ello.

    Si vais a la playa de los Bateles en la primera quincena de julio, por allí estaremos nosotros.

    Lucila tiene el pelo corto, tetas medianas algo caídas, caderas anchas y culo grande con celulitis.

    Yo. 1,74 cm de altura, 80 k de peso, pelo canoso y un poquito de barriga.

    Esos somos nosotros.

    Animaros a hacer naturismo.

  • Picnic en Paris

    Picnic en Paris

    A estas alturas, creo que ya conocéis a Paula. Paula y yo somos amigos de la universidad y por circunstancias de la vida acabamos viviendo en París. Después de romper el hielo y tener nuestro primer encuentro, la relación de follamigos se volvía salvaje. No teníamos problemas en compartir nuestras fantasías y reproducirlas tan fielmente como fuera posible o hasta donde nuestro miedos nos permitían llegar.

    Esta vez, nos reunimos todos los amigos para hacer un picnic a orillas del río Sena. Esta es una práctica muy habitual en Paris cuando hace buen tiempo. Las orillas del río se llenan de gente y nosotros solemos llevar alcohol (sobre todo vino), pan, queso, patatas fritas, hummus… Ese tipo de cosas.

    Yo llegué al sitio, junto con 3 amigos, y empezamos a ocupar un lugar, no muy tarde, empezaron a unirse el resto de amigos, incluida Paula.

    Paula llevaba una especie de vestido oriental, de base blanca, pero con muchas flores rosas, era un poco más largo que el blanco de nuestra primera vez, pero también holgado y por encima de las rodillas. La parte superior del vestido también era holgada y sólo cubría su hombro izquierdo.

    Dos besos en la mejilla es la práctica normal cuando recibes a amigos o gente cercana en Francia y después de repartir unos cuantos besos con los amigos, tocó el turno con Paula.

    Ante este vestido, yo reaccione un poco idiota gritando: «¡Paula!, hoy pareces una geisha, ¿nos vas a mostrar los secretos orientales?»

    Ella sonrió y burlándose de mí respondió delante de todos: «¡Cállate o te daré tu merecido!».

    Nos acercamos, y al dar/recibir el primer beso en la mejilla izquierda ella me susurró al oído: «Hoy estoy hormonal… Acabaremos la noche juntos en mi piso».

    Me puse pálido, Paula me dio un segundo beso cargado de sensualidad en mi mejilla derecha, se mordió los labios rosados y guiñó un ojo.

    No sabía a qué se refería con estar hormonal hoy… Estaba confundido, ¿quería tener un hijo conmigo? ¿Cómo era eso posible? Ella siempre toma anticonceptivos… Yo no quería tener un bebé… Pero el pensamiento de correr el riesgo de eyacular dentro de ella sin protección… Me excitaba.

    Todos nos sentamos en el suelo, yo estaba frente a Paula y podía contemplar sus piernas desnudas hasta la mitad de sus muslos. Como siempre, brindamos mirándonos fijamente a los ojos y Paula lo hizo con una mirada muy muy traviesa.

    Todo el grupo empezó a comer y beber. El alcohol hacía efecto y todos compartíamos una conversación fluida llena de bromas.

    Paula llevaba todo el rato jugando con su teléfono cuando me di cuenta de que tenía un mensaje suyo.

    En la ventana emergente de la pantalla de bloqueo, solo podía ver el siguiente texto: «¿Te gusta lo que ves?»

    Sin que me diera cuenta, ella me estaba observando… Abrí el mensaje y vi una foto que… Tuve que mirarla dos veces para saber lo que era, era una foto hecha desde sus muslos mostrando su tanga rojo, ¡se acababa de tomar la foto mientras estábamos allí sentados!

    Ella estaba muy cachonda… Yo la miré con la boca abierta y los ojos como platos por la sorpresa y ella simplemente sonrió y escribió lo siguiente:

    «Puedo leer en tu cara que te gustó, ¿verdad?»

    No sabía que escribir, ¡claro que me gustaba! Pero quise calentar más la conversación y escribí: «mira como me excitas»

    Presionando mis pantalones contra mi muslo, mostré como mi polla se ponía cada vez más grande.

    Sonrió nuevamente y empezó a jugar con su cabello, tomó el móvil y respondió: «¿todo eso es para mí?»

    Yo estaba un poco agobiado, me estaban entrando sudores, y quería irme a solas con Paula, así que me levanté y les dije a todos: «voy a comprar unas patatas fritas, ¿alguien quiere algo más?» La respuesta fue unánime «¿Pero estas loco? ¡Hay toneladas de comida!»

    Paula rápidamente entendió el mensaje, se levantó del suelo como un resorte y dijo «Buena idea, ¡voy contigo!»

    Fuera de las miradas del grupo y cuando ya estábamos lejos, comencé a acariciar discretamente el trasero de Paula. Como a mí, a ella le encantaba el riesgo de ser descubierta, me miró y sonrió mientras sacudía su trasero.

    En el camino, nos encontramos con unas escaleras, como todo un caballero, la dejé pasar primero. En ese momento agarré firmemente su trasero. Ella hizo un sonido de sorpresa y continúo subiendo moviendo sensualmente sus caderas.

    Ya era completamente de noche y encontramos un pasaje oscuro y alejado de las luces de la calle. Al entrar en el pasaje, tomé su rostro con ambas manos y comencé a besarla locamente mientras ella copiaba mis movimientos.

    Los latidos de nuestros corazones iban muy rápidos pero coordinados, nuestras lenguas jugaban y nuestras manos acariciaban nuestros cuerpos.

    Entre respiraciones agitadas, me tomé un segundo para preguntarle: «¿Qué quisiste decir antes con que hoy estás hormonal? ¿Quieres tener un bebé?».

    En este instante, rompí la sensualidad del momento y lo convertí en diversión. Ella empezó a reírse tan alto que el eco resonaba en ese pequeño y oscuro callejón (un poco como en una película de terror). En ese momento, ella respondió:

    «Vamos a ver Señor ‘No pillo las segundas intenciones’… ¡¡por supuesto que NO quiero tener un bebe!! Estoy tomando pastillas anticonceptivas… ¡Quería decir que llevo caliente y mojada todo el día!» y continuó «¿Te has puesto cachondo por el riesgo de tener un bebé? Mmmm, pensándolo bien… A mí también me excita… ¡¡pero quita ese pensamiento de tu mente ahora mismo!! ¡¡Nunca voy a correr ese riesgo!! «

    Mientras la escuchaba atentamente, ella finalizó: «¿Te gusta el riesgo, ¿verdad?». Y remangándose el vestido, se quitó el tanga rojo y me lo dio diciendo: «Quédatelo, ya me lo devolverás más tarde en casa».

    Cuando empezaba el camino de vuelta, mientras se giraba sonriendo hacia mi, yo le dije: «¡Para!, yo también quiero participar en este juego», así que me bajé el pantalón corto y tratando de mantener para no caerme, me quité el calzoncillo de la pierna izquierda. Seguidamente continue más fácilmente con la derecha.

    Igualmente, se lo di y le dije: «Ahora tenemos un trato» y le guiñé un ojo.

    Después de este breve descanso, ninguno de nosotros llevaba ropa interior, ¡lo cual era muy emocionante! Al llegar con el grupo, la gente preguntó por la comida… Tímidamente conteste que no habíamos encontrado lo que buscábamos. A lo que Paula respondió: «¡Eh! ¡Habla por ti!» Nos sentamos y seguimos bebiendo con el grupo.

    Yo no podía levantar la vista de los muslos de Paula, en cada movimiento que hacía, yo esperaba vislumbrar su coñito bien rasurado.

    Ella lo sabía y me envió otro mensaje: «¿Quieres ver más?».

    Aprovechando mi distracción mientras leía el mensaje e intentaba responderle, discretamente se tomó otra foto, muy similar a la anterior, pero esta vez sin el tanga rojo. Yo la mire con lujuria vocalizando sin voz: «no sabes lo que estás haciendo»

    Luego presioné mis pantalones contra mi muslo una vez más mostrando mi erección. Ella reaccionó aún más cachonda que yo, remango un poco el vestido, hasta casi poder ver su coño, y discretamente señalando mi polla con su dedo índice, lo levantó un poco más, pero lo suficiente, para que sólo yo pudiera ver su coño jugoso mientras indicaba con su dedo donde quería mi polla.

    Yo estaba aterrorizado, sudores fríos recorrían mi cuerpo… Tan solo quería estar a salvo en su apartamento.

    La campana nos salvó cuando la gente del grupo empezó a decir que iba a pasar el último metro y que se iban a casa. Paula y yo teníamos una gran excusa para quedarnos los dos solos, su departamento no estaba lejos de allí y a mí me encantaba caminar por la ciudad. Así que todos salieron casi corriendo para tomar el último metro del día.

    Repentinamente, nos quedamos solos así que comenzamos a caminar hacia su casa. Al subir las escaleras, nuevamente ella fue primero y cuando ya casi estaba arriba comenzó a subirse el vestido mostrándome su culo desnudo. Le di una palmada en el trasero, y aprovechando la sorpresa, la puse contra la pared y comencé a besarla. Los besos eran lentos y sensuales, nuestros labios y lenguas se movían lentamente mientras mis manos estaban en su cintura y las de ella alrededor de mi cuello.

    Aunque el sitio estaba vacío, había bastante iluminación, por lo que continuamos nuestro camino jugando en las esquinas.

    En un momento dado del camino, Paula discretamente puso su mano sobre mi polla dura. Yo siguiendo con el juego, la agarré por detrás presionando mi polla contra su trasero… Y al agarrar sus tetas, me di cuenta que ¡¡no llevaba sujetador!! Entonces le pregunté: «¿eres una chica muy mala al no llevar ni tanga ni sujetador?»

    Y respondió: «ya te dije que hoy estoy hormonal… Prepárate para lo que viene» me dio un beso rápido, para de pronto arremangarse nuevamente el vestido y mostrarme su coño depilado…

    Nos pasamos jugando casi todo el camino a casa, hasta que, pasando por una plaza no muy bien iluminada y llena de árboles, la agarré de la mano izquierda y la llevé a la parte más oscura del parque. Mientras tanto con mi mano izquierda me desabroché el pantalón. Al llegar al sitio mas oscuro, le puse su mano en mi polla a lo que ella reacciono agachándose y empezando a lamer la punta de mi polla… Sin dejarla continuar, la forcé a levantarse y la empujé contra un árbol para comenzar a besarla mientras mi traviesa mano derecha pasaba por debajo del vestido y subía para acariciar su coño ya mojado.

    Ella comenzaba a gemir mientras me miraba a los ojos con una cara muy traviesa, podía sentir en mis dedos un calor ardiente saliendo muy dentro de ella. Igualmente, comencé a tocarle los pechos con la otra mano y a bajarle la parte de arriba de su vestido. En ese momento, empecé a jugar con mi lengua sobre su pezón izquierdo y poniendo bien duro.

    Desafortunadamente, vimos que alguien se acercaba desde lejos y decidimos correr hacia su casa.

    Una vez en la entrada del edificio, le impedí que no encendiera la luz… Seguidamente la empujé contra la pared (sí una vez más) y poniéndome de rodillas, le abrí las piernas, metí la cabeza debajo de su vestido comencé a lamerle su coño caliente. Me encantó lo jugoso que estaba, para nada se lo esperaba, ya que mientras gemía y me agarraba del pelo empezó a correrse en mi lengua… Era un líquido tan delicioso y caliente que no podía dejar de saborearlo…

    Debido a que el piso se llenó de líquido… Decidimos movernos e ir a las escaleras… Le pedí que se sentara allí y abriera bien las piernas, luego directamente fui a jugar con su clítoris. Antes solo lo lamía, pero ahora comencé a introducir mi lengua traviesa dentro. Nuevamente, me agarró del cabello y comenzó a gemir cada vez más fuerte… Cachondo con los gemidos, decidí usar mis dedos para así intentar abrir camino a mi lengua y llegar lo más profundo posible. Ella literalmente no podía dejar de gemir… De alguna manera encontré la manera de introducir una mano por debajo del vestido y llegar a sus grandes pechos para comenzar a jugar con sus pezones…

    Sus gemidos eran tan altos que parecían gritos de dolor… Con miedo a que los vecinos nos descubrieran, me detuve y le dije que continuábamos en su apartamento. Ella acepto y seguimos subiendo las escaleras. Su vestido estaba hecho un desastre, mojado por sus fluidos, algo roto y tan descolocado que llevaba la parte inferior por encima de su cintura y un pecho fuera.

    A mí me gustaba el vestido así, mientras subíamos, podía disfrutar de una muy linda vista de su culo… No podía soportarlo… La agarré por detrás, mi mano izquierda directamente jugando con su coño por el frente mientras que mi mano derecha guiaba mi polla dentro de ella…

    Ella no dijo una sola palabra, solo soltó un gemido profundo, abrió las piernas y se puso en cuatro en las escaleras… Con mis manos en sus caderas, yo intentaba empujar su trasero lo más posible contra mis caderas para introducir mi polla lo más profundo posible. Intenté que cada movimiento fuera más fuerte y profundo que el anterior.

    Mi corazón latía a 1000 latidos por segundo, el de ella también… Podía sentir como la sangre fluía en su coño, mientras ella volvía a gemir desesperadamente y cada vez más fuerte…

    De repente perdí el control y descargué una gran corrida dentro de ella… Suspirando profundamente por el placer…

    Lo que no me esperaba… Es que un fluido caliente empezó a brotar del coño de Paula… No me había dado cuenta que se estaba corriendo por segunda vez…

    Al sacar lentamente mi polla de su cono empezó a caer nuestra mezcla de corridas… La ayude a levantarse y a subir las escaleras dejando un reguero de flujo hasta su apartamento.

    Al entrar, ella se tiró en el suelo medio desnuda. Yo hice lo mismo y ella me besó y afónica me dijo: «Bien hecho, te ganaste tu ropa interior» me la dio y se quedó dormida sobre mi pecho.

  • Hay una confusión en mí

    Hay una confusión en mí

    Hay una confusión en mí, soy un hombre de contextura física normal de principios éticos y morales que gusta de los placeres de la vida a lado de mi esposa, pero les debo confesar que en mi interior existe una mujer deseosa por explorar nuevas aventuras, raro verdad, un hombre deseando ser mujer a la vez; pero así es.

    Hay momentos en que el porcentaje de hormonas femeninas que conforman mi ser, predominan a las hormonas masculinas llevándome a tener una rara transformación, me siento una mujer de un físico no exuberante, que desea ser poseída por un hombre de buenos sentimientos, amoroso y que posea una gran herramienta gruesa y venosa, que satisfaga mis instintos sexuales, a la vez imaginar que sus manos manoseen mis tetas deliciosas.

    Si, así es mi diario vivir bisexual, con esta doble personalidad disfruto a plenitud en mi intimidad con mi hermosa esposa; mi cómplice, mi hombre imaginario que con un dildo grueso y ventoso me hace sentir y venir en orgasmos múltiples.

    Hombre y mujer a la vez eso soy, pero no me acompleja dejando todo tanto atrás, el sexo se hizo para disfrutar en todas sus formas y mucho mejor con la mujer que amas, es confuso pero a veces siento que somos lesbianas mi esposa y yo.

    Todo comenzó en aquella noche de pasión, lujuria y sexo, de ser un hombre que penetra una vagina, ahora gusto de ser penetrado analmente; tan solo con un beso apasionado, poco a poco nuestras prendas de vestir fueron cayendo al piso, quedando totalmente desnudos como Adán y Eva.

    Tan solo con la mirada, disfrutábamos de nuestros sexos listos para copular, solo fue testigo nuestra cama en que ella se recostó boca arriba, y luego de mutuas caricias suaves disfruté de sus redondos senos, su vientre y de masturbar los labios vaginales, a la vez correspondió con una paja en mi pene; seguido crucé su cuerpo con mis rodillas colocando mi pene en su boca, pase mi glande por sus labios como que quisiera pintarlos de un rojo carmesí, ella abro su boca, suavemente saco sublingual para que me hacerme un rico sexo oral.

    Mientras tanto con mis manos hacia atrás manoseaba sus enormes senos blancos, que delicia sentir sus labios húmedos como absorbía mi glande y todo el tronco a la vez, con el vaivén del mete y saca, sentía espasmos musculares como aviso que pronto mi néctar va a fluir, cerraba mis ojos para sentir los espasmos de placer y prepararme para llenar de semen su boca.

    Pero no fue así, corto este gran momento, luego bajo a lamer mis testículos que estaban rojos a punto de reventar y que nervios, porque sentía sus nuevas intensiones de explorar otros campos de acción, como experimentar el beso negro en mi ano; nunca pensé que un hombre disfrutaría de lo prohibido, cerré mis ojos, suspire, sentí el latir de mi corazón, abrí más mis piernas un poco más, para que su boca pueda mamar el monte de Venus recién depilado, entre en éxtasis, sin importar lo que me hiciera, de pronto, me miro, yo le mire, cerré los ojos nuevamente y di el consentimiento para que por primera vez una lengua femenina explore mi ano.

    Lentamente sentí su lengua tibia recorrer mi orificio anal, instante en que me hizo sentir mujer, sacándome un orgasmo rico, mi cuerpo sudaba, pero la acción debía continuar, al sentir el segundo lenguado, me estremecí, arqueando mi columna vertebral, acompañado de un gemido de nena sumisa y de forma involuntaria leve mis manos a mis imaginarios senos, quería más, pensé que aquella lengua era un pene, así pase disfrutando, gimiendo y convirtiendo me en una mujer.

    Desde ese día mis gustos son divididos, hoy uso hilos, tangas, cachetes, como prendas para aumentar en los dos nuestro libido sexual.

  • Infiel por mi culpa. Puta por obligación (42)

    Infiel por mi culpa. Puta por obligación (42)

    Epílogo.

    —Y entonces Rodrigo, ¿me vas a contar al fin, por qué no querías que nos reuniéramos en este bar?

    —Ah, caray, don Camilo, en las que usted me pone. Pues la razón es muy sencilla. En este mismo bar, para solas y solos, un día de agosto, tres años atrás, se reunieron aquí mismo, la que hasta esa época era mi esposa, y su ahora, nueva pareja. Y se suponían que los dos no estaban ni tan solos, ni tan mal acompañados.

    —¿En serio? Me lo hubieras contado y cambiaríamos el lugar. La verdad, escuché la publicidad en un programa de radio donde lo recomendaban, y me causó curiosidad. Ya sabes, es que este es, uno de esos locales con espacios y temáticas sociales, donde la soledad particular se reúne para socializar y así, tener la posibilidad de encontrarse con otras personas en iguales condiciones a las mías. Y por lo visto, a las nuestras. Lo siento mucho. Si prefieres, salimos y vamos a otro lugar.

    —No hay lío. Está superado. Igual, ya estamos aquí y ciertamente, el ambiente es relajado y la música no está para nada mal. Además, veo, que ya pidió para los dos. ¡Salud por su regreso!

    —Salud, amigo mío. ¿Y mi camioneta?

    —Pues bien, arquitecto. Por ahí va andando. ¡Jajaja!

    —¿Y cómo le terminó de ir? ¿Cómo fue que terminó todo con su señora?

    —Hummm, pues refréscame la memoria, Rodrigo. ¿Dónde lo dejamos?

    —Cuando se despidieron en el hotel. Si no estoy mal, por ahí íbamos.

    —A ver, que te cuento. Pues obviamente, tras cerrar la puerta, me descompuse. Fue una sensación horrible, ¿sabes? Cada paso que daba hacia las escaleras de madera, suponían un gran esfuerzo para mis pies. Desde uno de los descansos la vi. Estaba en la esquina de aquel balcón, mirándome. Con su brazo derecho en lo alto, se despedía de mí, moviendo su mano. Pero la otra, la mantenía cubriendo su boca. Estaba llorando, al igual que yo.

    —Claro, eso debió ser difícil de asimilar, para los dos.

    —¡Ni te lo imaginas! ¿Y que más te cuento? Hummm, pues que dejé de mirarla, no soportaba verla así, aunque en realidad yo iba pensando, analizando los pormenores de nuestra conversación.

    —Después de haberlo conocido todo y de revivirlo desde allí, aun sin agradarme haber imaginado cómo lo hacía, cómo se entregaba, y escuchándola hablar de todas sus porquerías, –arrepentida y adolorida, obviamente– pero causándome un dolor inconmensurable, sentía que, a pesar de todo, ella continuaba amándome, y yo, por supuesto, también a ella. —Da un gran sorbo a su jarra de cerveza dorada. Me mira por encima del borde grueso con la espuma rebosante, y después de beber, baja el envase para continuar explicándome lo que vivía en su interior.

    —Contábamos con una pequeña vida, cinco años de risas y juegos, que nos une y lo seguirá haciendo a largo plazo. Y mi deber, y el suyo, por supuesto, era que, como padres, necesitábamos continuar amándolo, estar ahí para él, velando por su bienestar. Nunca nos libraremos de esa misión que nos encomendó el amor que nos unió. No me libraré de ella, ni Mariana de mí. ¿Lo comprendes, no es verdad?

    —Por supuesto, don Camilo.

    —Era claro para mí, que nos sentiríamos vacíos al comienzo, de la misma forma que nos sucedió durante esos siete meses, en los cuales no hicimos tanta falta, pero después… Mmm, eso sería un gran esfuerzo. Mariana sabe que aún la amo, y reconozco que ella, por mí, haría todo lo que estuviera a su alcance por verme feliz. —De nuevo su mano se aferra a la oreja de su jarra, pero no para llevarla a su boca, sino para girarla sobre su eje, con cuidado.

    —Era difícil dejarla allí. No sabía hasta cuándo, y en cuáles otros ojos, podría volver a verme reflejado y lograr sentir la paz que, en su par de topacios, yo la hallé. ¿En cuáles otros brazos, Rodrigo, podría ella sentirse protegida? ¡Mierda! Que hijueputa sensación tan rara sentía en el vientre, y esa opresión en el pecho que no me dejaba respirar. Era un largo trecho para regresarme caminando hasta el hostal, y ese solazo que pegaba tan fuerte aquella mañana, me terminó por acalorar y casi ahogar. Un taxi libre era la solución, para refrescarme y salir corriendo de allí.

    —¡Chao, mi amor! —Cayeron sobre mí, aquellas tres palabras desde el balcón.

    —¡Sabes bien que desearé siempre, que te vaya bien en todo lo que te propongas! —Continúo gritando sin importarle que otros oídos, diferentes a los míos, la escucharan.

    —¡En todo, aunque yo ya no esté más en tu vida! Por favor mi vida, haz tú lo mismo por mí, pero con más fuerza, con todo lo que tengas, porque yo, mi cielo, seré quien de los dos, más lo necesite, ya que estoy dejando partir, al hombre que más amo en este mundo. ¡El amor que tuve a mi lado tantos años! El mejor complemento para mi vida, lo más grande que tuve, y el imposible amor en que, por mis pataletas de niña consentida y las puterías de mujer empoderada, yo lo convertí.

    —Te amaré por siempre, Mariana. –Le respondí gritando. Elevando mi voz hacia aquel balcón. – Y sé que permanecerás conmigo, aunque ya no vuelvas a estar junto a mí. Ojalá puedas dejar de sufrir por mí, pues a pesar de todo lo pasado, todos estos días sin ti, estuve en lo profundo de un pozo en el cual no veía cómo salir. Y dolorosamente, con tus revelaciones y ese gran valor que tuviste para venir y enfrentarme, asistiendo con honorabilidad a tu juicio, esas verdades tuyas que apuñalaban mi alma, contribuyeron, sin embargo, a restarle peso a todas mis dudas y así, permitir que me aferrara a la orilla, y sacar del pozo mi cabeza. —Ahora sí, hace una pausa, y tanto él como yo, al nivel de nuestras cervezas, le restamos otros cuantos mililitros.

    —¡Sabes algo! –Continué confesándole, allí detenido, observándola desde abajo, sin prestarle atención a la cara asombrada de una muchacha que escoba en mano, barría con bastante calma, el pasillo por donde yo debería marchar. – Has levantado el velo de mi oscuridad, y en vez de causarme más daño, has restaurado mi tranquilidad. No fallé contigo, donde creía que lo había hecho. No obstante, Mariana, yo pretendía con ello, odiarte. Hacerlo con todas mis fuerzas, para que fuera más fácil dejarte, pero si no lo pude hacer antes, porque te amaba con el alma, ahora mucho menos te odiaré, porque no te acobardaste y, además, porque aún te sigo amando. Te perdono amor mío, y comprendo que olvidarte será imposible, y por supuesto que todo tu pasado, me seguirá causando pena, y las dudas, permanecerán.

    —Wow! Eso fue toda una declaración de amor. ¿Y su señora que le respondió? O, ¿se quedó callada ante lo que usted le explicó?

    —Obviamente, se estremeció, pero apoyada sobre la baranda de madera con ambas manos, me respondió…

    —¡Nos haremos falta, cielo! Será inevitable. Me echarás de menos, pero yo te extrañaré todavía más. Y, sin embargo, estaremos juntos, porque aun estando separados físicamente, estoy segura, muy segura de que vamos a ver crecer a nuestro Mateo, a tu loquito del alma, y en él, verteremos todo el amor que nos tuvimos, y el nuestro siendo antiguo, persistirá cuando estando a solas, cada uno nos pensemos.

    —Se me atragantaron las palabras, y el llanto, ese que tanto me esforzaba por detener, fluyó libremente. Por lo tanto, no tuve más que hacer, sino agachar la cabeza e irme de aquel hotel, lo más rápido que pude.

    —Esa es la parte más difícil de una despedida, arquitecto. ¡Dígamelo a mí! Querer detenerse, darse la vuelta y regresar, pero a la vez, analizar y determinar que lo mejor es dar el siguiente paso y luego el otro, avanzar y dejar volar.

    —Efectivamente Rodrigo. El caso es que finalmente llegamos con bastante retraso al aeropuerto y…

    —¿Llegamos?

    —Sí, todos. Ya sabes. Se corrió el rumor de mi partida y como decía mi abuela.: «¡En casa chiquita, se escuchan y se huelen todos los pedos!».

    —Mientras terminaba hacer el check-in en el counter de la aerolínea, recordé aquel encargo y salí caminando apurado por los pasillos, para ubicar la tienda más cercana para conseguirlo. Y luego la vi desde lejos, despidiéndose con abrazos y bastante llanto, por parte de Maureen, e igualmente de Kayra. Yo caminaba a espaldas de mi «Brother». A Mariana, entre risas, por alguna de las acostumbradas bromas que suele hacer Eric, se le colorearon las mejillas, y le daba un par de besos por adiós, mientras Pierre le alcanzaba un pañuelo para que secara sus lágrimas. Hasta que ella, al verlo, se abalanzó a los brazos abiertos de William, y tras él, me vio.

    —¿Camilo? ¿¡Qué haces tú por acá!?

    —Recordé que a Mateo le hacen falta algunos crayones, y también le conseguí este set de marcadores con punta pincel. Se parecen mucho a los que usas. De seguro que se pondrá muy feliz. —Le respondí y se los enseñé. Ella estiró su mano para recibirlos, pero no se los entregué y los guardé dentro de mi mochila Wayuu.

    —Entonces, arquitecto, finalmente me hizo caso.

    —Por supuesto. Ese es el segundo mejor consejo que me has dado, Rodrigo. Luego Mariana, se dio cuenta de que a mis espaldas llevaba colgado un morral de cuero marrón, y me preguntó…

    —¿Y esto que contiene?

    —Unas pocas cosas. Algo de ropa y dos pares de zapatos. —La saqué de su duda.

    —¿Vas a regresar conmigo? ¿En serio me has perdonado y volverás? —Asentí y Mariana me apercolló el cuello, y sin mediar una sola palabra, me besó. Fue un besito en realidad, con sus labios estirados como pico de pato.

    —A su oído derecho, rozando su candonga de oro, acerqué mis labios, pero no fue para besárselo.

    —Tienes mi perdón, Mariana. –Le cuchicheé. – Cometiste errores, te confiaste y yo también. Así que la culpa es compartida. Los dos la cagamos. Desdibujar el pasado no será posible, eso lo tenemos muy claro los dos. Quizás con el tiempo, nuestras nuevas vidas nos permitan, en tu caso, podrías esparcir encima de ese lienzo, algunos colores nuevos, y en la mía, edificar sobre ese sótano, algunas estructuras con espacios amplios, nuevos y ventilados. ¿Vamos? —Terminé por decirle, pues la agente de inmigración nos sonreía con amabilidad, y a la vez aleteaba con el brazo, gentilmente apurándonos para cruzar la puerta de seguridad.

    —Me despedí rápidamente de todos, asegurándoles que regresaría, unas dos o tres semanas después, especialmente de Maureen, que no paraba de llorar. ¡Celebraremos la navidad juntos! —Le prometí.

    —Como hiciste para conseg…

    —¡William! Ya sabes qué mi Bro, tiene bastantes amigos y algunos de ellos le deben pagos al banco. —Le respondí sin ocultarle mi sonrisa de satisfacción y despidiéndonos a lo lejos de nuestros amigos. ¡De mi otra familia!

    —Salud, por la amistad. Arquitecto. —Y bebemos a la par de nuestras jarras de cerveza, dejando limpio el fondo.

    —¡Salud!

    —Y así, mi querido amigo continuamos caminando hacia la sala VIP. ¿Tienes cigarrillos? Los míos se me olvidaron. Debí dejarlos olvidados en el bolsillo de la otra chaqueta.

    —¡Vamos! Acomodémonos en aquella mesita en la terraza, al lado de esas dos cuchi-barbies. Quien quita que, aparte de echar humo como dos locomotoras, hagamos amistades. —Y después de reírnos, nos acomodamos en una mesita para dos. ¡Para dos compinches descorazonados!

    —Ya sentados en la sala VIP, esperando por la llamada para abordar, ella colocó su mano derecha sobre mi rodilla y me dijo…

    —¡Te agradeceré toda mi vida, por la felicidad con la que me la llenaste! Me enseñaste que, en la vida, lo que te propongas se puede lograr. Aunque aquel éxito que esperas, se te demore un tiempo, quizás más de lo pensado. Y que, para poder vivirla al máximo, existen amplias y llanas praderas florecidas, fraccionadas todas por caminos distintos que te llevan de aquí para allá, como los retorcidos hilos de este lazo rojo que me colocaste. Pero tan comunes y sin gracia, –igualmente me advertiste– que llegan a cansar hasta el aburrimiento.

    —Que existen también otros terrenos más allá en el horizonte, divertidos si te gusta explorar. Verás cómo, –me dijiste– se va inclinando el terreno hasta que te encuentras de frente con paredes de infranqueables acantilados o te ves de pronto caminando al borde de peligrosos desfiladeros, tras dejar atrás esas tupidas laderas, adornadas con altos cedros, robustos nogales y bienolientes eucaliptos.

    —Y con sus variados caminos hacia arriba, la adrenalina de la aventura nos irá llevando hacia sus hermosas y desconocidas alturas, haciéndonos olvidar del ocre en sus espigas, los amarillos girasoles y también del violeta de las petunias, de la plácida llanura ya pisada. Según tu experiencia de caminante, detenerse momentos antes de dar el siguiente paso, para poder admirar con sensatez desde su cima, nuestra vida en perspectiva y tomar la decisión de avanzar o regresar.

    —Pero yo en su momento no le di la debida importancia a tus recomendaciones, y dejé simplemente a tus palabras, empolvarse en algún apartado estante de mi mente, sucumbiendo al ego de mi autosuficiencia y mis prisas por demostrarte de lo que era capaz de conseguir… ¡Sin tus cuidados!

    —Ya en el segundo llamado para abordar, secándose el llanto con dos pañuelos faciales, concluyó su íntima disertación, diciéndome…

    —Ahora que reconozco ante ti, amor mío, mis desaciertos y las putadas que realicé, y tú de mala manera de enterarte, asimismo creo que también debo pedirte perdón porque recién te marchaste, te aborrecí. Es que… Cielo, me mirabas con un odio terrible, tú nunca antes… jamás me habías mirado así. ¡Sí! Lo sé, lo sé. Me lo tenía merecido, pero hubiera preferido que gritaras, me insultaras y me dejaras con palabras bien claras tus sensaciones esa noche, a que me castigaras con tu silencio. Y te detesté más que nada por eso, por esa mirada llena de desprecio.

    —¿Me odiaste, Melissa? Hummm, ya veo. Es el colmo que, a pesar de todo, sabiendo tu muy bien la verdad, tuviera yo que cargar, aparte de la mía, igualmente tu cruz.

    —¿Odio? No, mi amor. ¡Jamás he querido destruirte o desearte el mal! ¿Rencor? Sí, mi vida. Porque me envenenaba interiormente al ver que tú, no reaccionabas como yo lo suponía. De pronto fue una mezcla de los dos, si te soy sincera. Es difícil de explicar. Me sentía sola y derrotada. No dijiste nada de nada. No sabía con seguridad a qué atenerme, aunque por tu distanciamiento repentino y ese silencio eterno en el que vivimos los últimos días, yo… Busqué un culpable. Al ver y sentir que te había perdido, qué ya no me amabas, yo necesitaba en esos momentos encontrar en ti algo malo, un punto obscuro para culparte, y en tu amor una fisura de dónde agarrarme para escalar y salir bien librada del lodazal donde me había hundido.

    —¿Qué ya no te amaba? Es que, a ver, Melissa. Amar no es solo demostrar con palabras y actos, obsequios o cariñosas miradas, no. Amarte también involucraba para mí, el saber callar y esperar a que tú actuaras con la sapiencia de siempre y me hablaras con confianza, aunque hubieses estado tan perdida. Ten la plena seguridad de que yo, amándote como lo he hecho desde que te conocí, podría quizás lograr entender lo que sentías o mejor… lo que ansiabas probar. ¿Lo hiciste? ¡No! ¿Cierto? Tú, conociéndome tanto tiempo y, sin embargo, me sacaste de tu vida, para dejar entrar en ella a más de un extraño.

    —¿Odiarte? Ok, quedamos en no mentir. Pues bien, lo intenté. Pero te juro que no logré conseguirlo. Rencor por supuesto. Decepción, eso sí, lo sentí. ¿Pero detestar a la mujer que me obsequió durante un buen tiempo, su felicidad en mis años, el sol de sus días en mis mañanas y la complicidad de sus tardes, alargando mis noches, cooperando entre ambos, cuerpo a cuerpo para disfrutar de un provechoso sexo, o simplemente arrullar mis sueños en tu despierta realidad, y, sobre todo, ¿concebir a nuestro pequeño Mateo? No Mariana, aborrecerte, no pude y tratarte mal, eso jamás.

    —Pero, pues por eso mismo estoy aquí, no me pediste explicaciones, y yo estaba confundida, completamente en shock ante lo sucedido. Nunca lo pensé, no creí que fuera a terminar todo así. No quise herirte, aunque dentro de mí cada día no dejaba de reflexionar en que lo hacía. Sí, fui una traidora, me convertí en otra mujer buscándome problemas sin necesidad, rompiendo de paso con todo, rompiéndote a ti, a nuestro matrimonio, tirando por la borda tantos años de felicidad. Dejando sin su padre a nuestro hijo por mi puta culpa. Perdóname, por favor perdóname si puedes.

    —«El rostro divertido de la infidelidad, pierde su encanto y las sonrisas, cuando al doblar la esquina de la cotidianidad, se encuentra de frente con la cara tradicional de la costumbre».

    —¿Qué? ¿Cómo?

    —No, nada. Solo es una frase que le escuché a Rodrigo, y que acabo de recordar.

    —Ah, bueno. Yo… La verdad que no sé cómo explicártelo, mi amor. Lo que hice y lo que desordené, mi cambio, las mentiras, mi gozo y asimismo mi dolor… Todo, cariño mío, tiene una explicación. Durante toda mi vida lo tuve todo y, sin embargo, dentro de mí, faltaba algo.

    —Bueno, no es tan así. En realidad, no es que hiciera falta, pues estaba allí escondido, aguardando el momento para salir expulsado al exterior. Desde pequeña siempre haciendo caso a mis padres, a mis hermanos mayores y a mi abuela también. Yo, la niña de la casa, la hermanita menor a quien proteger. ¿Proteger de que quién o de qué? Me preguntaba a solas muchas veces y de ellos escuchaba, casi en coro… ¡De los hombres, mi princesa, los hombres malos! ¿Hombres malos? Entonces… ¿Mi padre y mis hermanos eran de esos seres de los que me debería cuidar y defender? Pero sí de ellos solo recibía amor, ternura, juegos y una esmerada protección, en serio no comprendía.

    —Mi padre se mostraba enamorado de mi madre y estaba más que segura de que mi abuelo había amado siempre a mi abuela. ¿Entonces cuál era su temor? Muchas preguntas revoloteando en mi cabeza, como enredos tenían mis cabellos y que en las noches mi padre cariñosamente se encargaba de deshacer antes de que su princesita se fuera a dormir.

    —Y no, no arquees tus cejas ni frunzas el ceño. Mi padre nunca abuso de mí ni se propasó en sus caricias fraternas. Por supuesto, mis hermanos tampoco. Siempre me respetaron y era por eso que no comprendía por qué mi madre y mi abuela se esforzaban tanto por cuidarme de los hombres.

    —Ser buena niña, muy respetuosa y educada, comportándome como una casta doncella. Por nada del mundo podía pelear con mis hermanos o los otros niños como ellos si lo hacían. Nada de decir malas palabras como escuchaba a veces de mis hermanos. ¡Siéntate bien, estira la falda, cubre las rodillas y cruza bien las piernas! ¡No te agaches así que se te van a ver los calzones! ¡No juegues a la pelota, lo tuyo son las muñecas! No era tan libre de ser como yo quería, era como tener voz, pero no podía expresar mis pensamientos, ya te digo que, de los sentimientos, ni hablar.

    —Me espantaban con sus cuidados tan exagerados, no me dejaban ser como sentía que tendría que ser. Y, sin embargo, fueron pasando los años y dejé que me formaran a su semejanza y mis ganas, mis derechos de vivir como pensaba, fueron quedando olvidados en lo profundo de mi inconsciente.

    —No me dejaron de pequeña socializar, ni como yo quería ni con quienes me agradaba estar. Jugar con los niños al futbol era un problema grave, pues podrían lastimarme con la pelota en mis pechos, o si con mis amigos en la calle nos daba por jugar a las escondidas americanas podría sentir cosas en mi cuerpo indebidas a esa edad, y en navidad de lejitos con mis primos en los aguinaldos, pues con un beso robado peligraba la pureza que se resguardaba en medio de mis piernas. Pero en sus reuniones de adultos, si me urgían a acercarme a los hijos de sus amistades y que mis padres creían que me harían ser mejor persona, rodearme de gente decente y educada, sin reflexionar en mis gustos o aficiones, sin tomar en cuenta mi opinión.

    —Pero yo tan solo quería ser mejor mujer, sin temores, sin odios y sin complejos. Solo ser yo, vivir mi vida, conocer, aprender y descubrir. ¡Saber defenderme por mí misma! Les hice caso, les cedí mis derechos, mi individualidad, y continué siendo el tesorito de la abuela, y la delicada princesita de papá y mamá.

    —Amor mío, me olvidé de mí misma. ¿Me entiendes? Me formaron con los años como otra persona y de mis gustos, mis preferencias, todas las dudas existenciales de mi propia forma de entender la vida cuando era niña, las oculté por darles la razón. ¿Por qué esto sí y por qué aquello está mal? Y entre más oculta querían que estuviera de ese mal, la intriga y la curiosidad por conocer y saber, palpitaba fuerte dentro de mí.

    —Finalmente, les hice caso y me conformé con ser una mujer como las demás, una persona común y similar, para encajar en la sociedad. «Haz esto mi niña y no hagas aquello que no está bien visto en una señorita», me aconsejaban mi madre, mi abuela, las maestras, y por supuesto unas que otras, que se consideraba mis grandes amigas. Esa fue la norma, la invariable constante a seguir en mi vida, según mi moral educación.

    —Y la pequeña mujer que pensaba diferente, sentía distinto y quería jugar a lo que ante los ojos de los demás estaba mal visto, se perdió en mi inconsciente con los años y despacio la dejé morir. Simplemente la olvidé… ¡O eso es lo que yo creía!

    —Años y años alejándome los unos y los otros del mal, pero… ¿Y si el mal estaba ya dentro de mí? Me cuidaban de los demás, todos… Incluido tú. Pero cariño mío… ¿Quién carajos me cuidaba de los oscuros deseos del demonio que habitaba en mí?

    —Te traicioné, claro que sí, y aunque te suene esto a una excusa barata, te fui infiel a medias. ¿Por qué, te preguntarás? Pues porque siendo verdad qué ofrecí mi cuerpo, nunca entregué mi corazón. Ese siempre ha sido tuyo, a pesar de que no te lo parezca. Te comprendo. ¡En serio! Me costó a mí, varios días descifrar el enigma del porqué hice lo que hice, despedazando nuestro matrimonio, destrozando tu confianza en mí y clavando un puñal o varios, en tu corazón. Mandé a la mierda lo que ya tenía, lo que construimos con los años… ¡Nuestra unión!

    —Así que comprendo que me pongas esa cara de asombro y me obsequies esa sonrisa despectiva por respuesta a lo que te he comentado. Lo tengo bien merecido Camilo, descuida.

    —Pero en serio mi amor, no fue el sexo con otros lo atrayente, aunque para ti, como hombre y esposo, eso lo consideres tan fundamental. Para mí ese sexo solo fue una consecuencia física a los sentimientos que yo, embriagada por ese novedoso poder que sentí, al poder defenderme sola de los hombres malos, fui constituyendo para mí y para, esa otra mujer en mi interior. Fue el poder de decidir qué decir y hacer, el cómo, el cuándo y él con quién. El dulce sabor de la sensación de tener yo, poder sobre mi vida y con ella, usar para mi beneficio y con las armas que por mi cuerpo disponía, para incidir en la de los demás.

    —Pero también amor, debes saber que siempre, siempre, yo fui consciente de que tú ya te habías ganado con creces mi corazón y era sentimentalmente, exclusiva de ti. Inaudito e incomprensible, pero es la pura verdad.

    —Y antes de responderle algo, Rodrigo, debí plantearme si realmente podría olvidarlo todo, convivir y juntos, intentar superarlo. Pero… ¿Sabríamos cómo hacerlo? ¿Tendría la fortaleza suficiente para asumir sus razones y justificarle esos motivos? ¿Llegó a sentirse fuertemente atraída por ese hijo de puta, siete mujeres o por esa diva de telenovelas? ¿Continuaría pensando en ellos? O simple y llanamente… ¿Su mayor deseo de sentirse poderosa y verse deseada por todo el mundo, se le había colmado, y a pesar de cómo me lo ha dicho, la sentiría nuevamente plena conmigo y satisfecha a mi lado sexualmente, sin requerir de nuevas sensaciones para su vida?

    —Y me visualicé en un futuro, viviendo a su lado nuevamente, desconfiando a diario. ¿Lo resistiría?, o sería mejor… ¿Vivir nuestras vidas amigablemente separadas? Sí, esa era la cuestión por definir, mi querido amigo. No debería existir más para ella, aunque insistiera en seguir imaginándome, a su lado.

    —Supongo que te quedaras con nosotros un tiempo, mientras encuentras un sitio para ti. O si prefieres, podemos buscar una casa nueva, o un apartamento en otro barrio para que nadie de nuestro pasado, pueda llegar a incomodarnos nuevamente, sobre todo, ese par de estúpidos malparidos. —Me interrumpió los pensamientos.

    —Por Eduardo no te preocupes. Milton me hizo el favor de averiguar por esos dos personajes, y él, lleva cuatro meses recluido en una institución para la salud mental. Al parecer, Fadia se encargó de dejarlo por allá, para que superase una esquizofrenia paranoica. No tiene autorizadas las visitas, salvo que sea un familiar en primer grado de consanguinidad. Ella vendió todo y se marchó, suponemos que con su dichosa prima. Se fue sin dejar rastro. Lo abandono y desapareció. —Le comenté la situación y nos pusimos de pie para hacer la fila de ingreso.

    —¿Y tus antiguas amistades? —La presioné un poco y sin dudarlo un segundo me respondió…

    —Cómo te relaté, jamás revelé mi verdadera identidad. Nadie nunca tuvo mi número telefónico personal, ninguno de quienes me seguían en las redes sociales, conoció mi perfil verdadero. ¡Ni él, ni ella! He llevado todo este tiempo desde que te marchaste, sin necesitar saber nada de ellos. Eso te lo puedo jurar por la memoria de mi padre. —Me contestó tajantemente, y luego, con curiosa serenidad, Mariana me preguntó…

    —¿Hummm, y que silla te dieron? —Me preguntó Mariana al avanzar hacia la puerta del avión.

    —No lo sé. ¡Ésta! –Y le enseñé el pase de abordar. – Supongo que, a lo último, en la cola del avión.

    —¡Que lastima! Yo estoy en…

    —Lo imagino. En primera clase. ¿No? —La interrumpí.

    —Me miró un tanto triste, y tras saludar cortésmente al sobrecargo e ingresar a la cabina, y antes de separarnos, se me acercó y al oído me preguntó…

    —Cielo… ¿Crees que pueda cambiar?

    —No lo sé, pero más te vale que lo intentes y que este viaje de regreso para los dos, no se convierta en otro error. —Me tomó por el antebrazo y pegadita a mí, me dijo en voz baja…

    —Jajaja, no cielo, no me refería a eso, sino a mi ubicación en el avión.

    —No lo creo, todo está full. Estuve de suerte al conseguir cupo. Igual podemos aprovechar para descansar un poco. No he dormido nada, y al igual que tú, se me están cerrando los ojos.

    —Ok. Está bien. Pero cielo… Quiero que entiendas mi amor, que nada estaba mal en ti y que no fue tu culpa. No era que te faltara nada o estuviese yo hastiada contigo; no me fallabas ni emocional ni económicamente. Siempre me sentí segura y con un futuro prometedor a tu lado. Que, si te fui infiel, fue por un deseo reprimido, algo infantil al comienzo. Luego… Luego yo me descubrí deseando más, obteniendo un egoísta beneficio adicional. ¡Más fuerza! Mi cielo. Una poderosa sensación de dominio se fue apropiando de la mujer que conociste, la que tu tanto amabas y cuidabas, pero surgió de mi interior tan de repente, esa diosa oculta que yo mantuve por años en el olvido, que no alcancé a dimensionar el daño que te causaría, a ti y a mí, a nuestro matrimonio.

    —Una señora con dos pequeños, y tres trolleys de mano, nos interrumpieron por unos segundos, mientras pasaban por en medio de los dos, buscando más adelante sus respectivos asientos.

    —Y sí, cariño, no miento al decirte que disfruté de ese poder adicional, al tener a alguien más que al igual que tú, se fue enamorando de mí. Bueno… ¡De esa otra yo! Pero además has de saber, que, así como gozaba espiritualmente, lo sufría por igual, pues yo te seguía amando. Mi amor has sido siempre tú, aunque esta blanca rosa tuya, por la pasión transmutara a roja y sin desconfianza de tu parte, al dejarme tomar día tras día por el tallo, por pura vanidad, yo te clavara estúpidamente mil espinas.

    —Ya estábamos incomodando demasiado, y el sobrecargo tenía la clara intención de interrumpirnos, cuando sonó su teléfono. Dudó unas centésimas de segundo, pero finalmente tomó la llamada y respondió sin darme la espalda, por lo cual pude escuchar toda la conversación.

    —… ¿Aló? Holaaa. ¿Julián? ¡Julián, casi no te escucho!

    —… ¿Cómo? ¿Que donde estoy? Pues… En el aeropuerto.

    —… ¿Que qué?… No, no señor. No estoy en El Dorado… Estoy en… En el aeropuerto de El Hato, en Curazao. Y no. No he revisado los mensajes en el móvil. ¿Por qué preguntas?

    —… Después te lo explico. Mejor dime, ¿qué es lo que sucede con Mamá?

    —… Nooo, nooo. ¡Mierda! Yo… Cuando esté en Bogotá, voy a arreglar algunas cosas y dejaré a Mateo con… Con su papá.

    —… ¡Que sí, que sí! Voy a darme toda la prisa del mundo. Tan pronto tenga todo listo, te doy los datos del vuelo. Ok. Y dile a mi mamita que la amo mucho. ¡Que mantenga la esperanza, pues estoy segura de que Dios la va a sacar a delante de todo esto! Ok. Un beso, hermanito.

    —De nuevo en sus ojitos azules, el llanto comenzó a manar. No tuvo que mencionarme nada. Lo intuí de inmediato. Al verla desconsolada la abracé, y simplemente le dije que todo saldría bien. Ya lo había decidido tras la conversación que tú y yo sostuvimos, mientras llegaba en taxi a la cabaña, y al parecer el destino también colocaba su granito de arena para que yo regresara a encontrarme con Mateo para cuidarlo mientras su mamá, debería velar por la abuelita Panchita.

    —Mi cliente y amigo, da dos tragos largos a su jarra de cerveza, y tanto la suya como la mía, quedan al mismo nivel.

    —No te alcanzas a imaginar la felicidad de Mateo cuando nos vio llegar juntos a la casa. No le habíamos dicho nada para que fuera una sorpresa. Esa misma noche instalamos su pequeña tienda de campaña, con los coloridos planetas estampados, en mitad de la sala y dormí junto a mi pequeño loquito, arruchándome a su cuerpecito, con medio cuerpo mío fuera, y arropándome muy bien los pies, pues sentía frío, a pesar de tenerlos casi pegados a la chimenea encendida.

    —Al otro día Mariana hizo los trámites necesarios y consiguió vuelo para Dallas, a media tarde. La acompañamos al aeropuerto, Iryna, Natasha, y Mateo todo el tiempo cargado en sus brazos. Ahora estoy solo con mi hijo en la casa, esperando que mejore la salud de mi suegra, y así, Mariana pueda regresar lo más pronto posible, ojalá antes de fin de año, para finiquitar en enero próximo, –cuando abran los juzgados– nuestro divorcio, y así poderme ir a trabajar a Qingdao. Tienen un proyecto enorme entre manos, para trabajar con los contenedores marítimos, y adecuarlos para construir un innovador escenario deportivo.

    —Hummm, Qué vaina con ese problema del cáncer. Ojalá su suegra se recupere pronto y pueda regresar su señora para solucionar ese tema tan aburridor. Es una lástima que se terminen, así las cosas, pero es una sabia decisión. A usted le va a ir bien por allá en China, se lo aseguro. Y por su señora no se preocupe arquitecto, ella sabe defenderse solita. ¡Estará bien!

    —Lo sé, Rodrigo, lo sé. Mariana ya me demostró que no es tan frágil como una flor.

    —Ajá, por supuesto. Ella es tan delicada como una bomba nuclear. ¡Jajaja!

    —¿Pedimos la otra? ¿O tiene afán?

    —Pues que te dijera Rodrigo… ¡Pidamos la última, qué carajos! Igual, Mateo está con sus primitos, su tía y mi mamá.

    —¿Necesita que lo lleve más tarde a su casa?

    —No gracias. ¡Traje el Audi!

    —¿Vea pues, hasta que por fin se lo prestaron? ¡Jajaja!

    —Ja-ja-ja-ja. Muy gracioso.

    -Fin-

    … «Si uno de vosotros juzga a la esposa infiel, que pese también en la balanza el corazón del marido, y mida su propia alma con cuidado.»

    Gibran Khalil Gibran – El profeta.

    Todos los derechos reservados.

    Queda prohibida su reproducción parcial o total.

    Bogotá – Colombia.

    Noviembre 20 del 2021

  • Mar Sensual: Entre abogados me vea (tercera parte)

    Mar Sensual: Entre abogados me vea (tercera parte)

    Nos sentamos y de inmediato pega su pierna a la mía, frotándose suavemente en ella. Me sirve otra copa y le digo que ya no, que ya fue suficiente, estoy algo tomada. Le comento que ya son cerca de las doce y que ya me tengo que ir.

    – Ya es tarde licenciado, ya son más de las doce, es hora de irme.

    – Esta bien, nos tomamos la última y nos vamos, ¿le parece?

    – Ok, pero es la última, me siento muy mareada. Ya llevamos más de media botella más lo que tomamos en la oficina. Me llena la copa y brindamos. No me la tomo toda, sólo le doy un sorbo.

    – Oiga, me gusta su forma de ser: abierta, liberada, sensual, de buena figura, madura, ufff, como para robársela, ¿O no?

    – Hahaha… que cosas dice licenciado, ¿cómo cree? Ya estoy aquí y tarde, no se puede pedir más ¿o sí? Sugerente le pregunto ¿A dónde me robaría? Poniendo su mano en mi pierna me dice…

    – A donde pudiera admirar la lencería que trae puesta, se ve interesante.

    – ¡Licenciado, quite su mano de ahí! Súbala por favor; Gracias por sus palabras. Sin hacerme caso, aprieta suavemente mi pierna con su mano y la acaricia con sus dedos. ¿qué hace licenciado?

    – Trato de averiguar lo delicado de la lencería de sus medias. Qué rico se siente, mmm, qué suavecitas están. Si supiera cómo me tiene, ufff…

    – No siga licenciado, por favor quite su mano, lo pueden ver, no se confunda por favor, suelte mi pierna. Mmmm, Mejor brindemos. Sin quitar su mano de mi pierna, con la otra mano toma su copa y chocamos las copas, ¡Salud!

    – Perdón, pero se siente muy suavecita su pierna con esas medias, mmmm; además, no me confundo, simplemente disfruto el momento con usted, en la adultes de nuestros actos, nada más. Es un privilegio estar con usted disfrutando la noche.

    – Agradezco el comentario y haciéndome la tonta, resuelta a algo más le pregunto: Oiga, ¿por qué me dice que cómo lo tengo? ¿A qué se refiere? Sorprendida por su atrevimiento, siento como mete su mano por debajo de mi falda sin dejar de acariciar, por lo que cierro mis piernas y dejo escapar un ligero gemido, hummm… No licenciado, nooo, por favor no, saque su mano, no me comprometa, mmmm…

    – Quiere ver cómo me tiene, ¿Le gustaría ver?

    – Hahaha lo estoy viendo, normal, Mmm ¿no?.

    – No, me refiero a otra cosa. Se separa de la mesa y me muestra el gran bulto que se le ha formado. Mire, así me tiene.

    – Aayyy, mmmm, ¿Qué es eso? ¡Qué bárbaro licenciado! Siéntese, sea discreto, por favor.

    – Bueno perdón, pero ¡Así me tiene, permítame! Me toma la mano y la pone sobre su bulto. Sienta como está. Con su mano hace que se la apriete por unos segundos.

    – Aahhh ¡Qué bárbaro, cómo está! Quito la mano rápidamente y le digo: mejor ya vámonos licenciado.

    – Bailemos esta y nos vamos, voy pidiendo la cuenta.

    Me sacó a bailar otra calmada. De inmediato me abrazó por la cintura y me pegó a él; intentando mantener un poco de pudor, trato de separarme y le digo que por favor guarde las apariencias. Sin hacerme caso, se mueve cadenciosamente pegado a mí, frotándose provocadoramente.

    – No licenciado, por favor no, no está bien, mmm sepárese un poco, no sea tan evidente.

    – ¿No disfruta lo que siente? ¿Le gusta? Siente rico?

    – Pero no se pegue tanto, no sea goloso…

    Mi resistencia resulta vana, caliente como está insiste, se pega fogosamente a mi, no lo puedo detener. Para ese momento las circunstancias me atrapan y termino por ceder ante sus intenciones. Sumida en mi calentura, paso mis brazos por su cuello pegando mi cuerpo al suyo. Entregada, me dejo ir y comienzo a frotarme yo también, sentía muy duro y caliente su miembro, mis senos también se frotaban en su pecho. Me sentía muy excitada, caliente.

    Nuestras mejillas estaban casi juntas y eso permitía escuchar nuestra respiración entrecortada, nuestras bocas están cercanas y de manera repentina me da un beso en la comisura de mis labios, lo que me hace suspirar. Siento que baja sus manos a mis caderas, agarra mis nalgas y me pega con ansiedad a él, restregándose con intensidad en mi vagina, yo correspondo y lo dejo que se faje rico conmigo. La pista llena de gente bailando y la tenue luz de neón hacía difícil ver lo que hacíamos. Acerca su boca a mi oído y me dice:

    – ¿Se va dejar robar?

    – Hahaha no, ¿cómo creé? ya es tarde licenciado y no sería correcto.

    – ¿Me va a dejar así? pega su cuerpo al mío para sentir la dureza de su miembro

    – Aayyy licenciado, mmmm nooo, hummm no se pegue tanto, mmmm…

    – ¿No lo está disfrutando? ¿No te gusta lo que sientes?

    – Hahaha si, pero no está bien, no es correcto mmmm, ¿qué va a pensar de mí?

    Con la cadencia de la canción que bailamos pega su mejilla a la mía y repentinamente me planta un beso, su lengua busca la mía, sorprendida me resisto un momento pero termino por corresponder y sumisa también ofrezco mi lengua buscando la suya. Me besa frenéticamente y sus manos me aprietan más mis nalgas. Estuvimos cachondeándonos así hasta que acabó la canción. Me estaba comportando como una descarada, caliente y sumisa. Regresamos a la mesa, tomamos de un jalón el resto de nuestras copas, pagó la cuenta, se trae la botella y salimos del lugar, eran pasadas de la una de la mañana. Antes de salir me vuelve a preguntar:

    – Entonces ¿Si me la robo un rato más?

    – Ay licenciado, qué cosas dice, ya es tarde y no es correcto que ande a estas horas fuera y así de tomada, arrastrando la palabras le pido, por favor lléveme a casa.

    – No me deje así, no se va a arrepentir, le aseguro que le va a gustar.

    – Hahaha, no, le repito que ya es tarde, mejor para otra ocasión, ya me tengo que ir licenciado.

    – No lo deje así, no sea mala. Me toma la mano y la pone en su bulto. Mire como está.

    – Aayyy sea discreto, nooo mmmm qué cosa trae ahí, mmm no se ¿Y a dónde me quiere llevar?

    – Ya le dije, a donde pueda apreciar mejor su outfit, eso que realza su figura, a un lugar más íntimo ¿Sí, nos vamos?

    – Mmmm, híjole, no sé; mmmm qué va pensar de mi, no licenciado, no creo que sea correcto.

    – Lo correcto es dejarnos llevar por el deseo, por nuestras emociones. Me vuelve a besar lascivamente, con voracidad me introduce su lengua, no hay ternura en él.

    – Mmmm ok está bien licenciado, pero sólo un rato, por favor.

    – Yuju, qué bien, la vamos a pasar bien.

    Subimos al coche y cuadras adelante se estaciona en una calle oscura. Sin decir nada, me voltea a ver, me abraza y me besa intensamente. Baja su mano y la mete bajo mi falda buscando mi entrepierna, gimo al sentir sus dedos hurgando en mi vagina, se da cuenta que tengo puestas unas bragas abiertas, a lo que expresa, uummm qué rico, qué rico. Abro las piernas para facilitarle la labor. La puta infiel que soy a veces se deja ser, sin culpas ni prejuicios, decidí tener una gran noche de sexo. Dejo que se atasque acariciando mi cuerpo, no me resisto. Me pone mi mano en su bulto, me pide se lo acaricie, le busco su miembro, se lo aprieto sobre el pantalón; tiene una verga grande y gorda.

    Con ansiedad le bajo el cierre, meto la mano para sacársela y la encuentro muy húmeda, babosa y caliente. Con el palo afuera lo empiezo a masturbar. Mis piernas están totalmente abiertas, me introduce dos dedos en mi vagina, metiéndolos y sacándolos, arrancándome gemidos intensos. En un intento de cordura, miro a mi alrededor para checar que no haya problemas. Baja su cabeza y besa mis senos, lame mis pezones y succiona haciéndome un chupetón.

    – No licenciado, no me deje marcas, no me haga chupetones, no por favor, no me comprometa, ya me hizo uno muy grande. Pero en lugar de detenerse me hace otro y dos más. No, hummm no me los haga aahhh…

    – Perdón, pero me tienes muy caliente; además, te gusta que te los hagan, ¿verdad?, disfrutas cuando te los hacen.

    – Seee, pero ya no me haga, si se da cuenta mi marido me mata. Se separa y deja de hacérmelos. Suspirando me dice: qué rico me masturbas, me la jalas muy rico aahhh.

    – Apretándosela con fuerza y acelerando el movimiento de mi mano, le pregunto ¿Le gusta, le gusta licenciado cómo se la jalo? Qué rica la tiene, qué rica mmm… gruesa, larga, cabezona, qué vergotaaa, mmm…

    – Seee, si me gusta. ¿Qué tengo rico, dime qué tengo rico?

    – Mmm… su verga licenciado, tiene una verga muy rica aahh, grande, cabezona y gruesa aahhh, ¡Qué rica vergaaa! Su secretaria la ha disfrutar rico ¿no? También se la anda cogiendo ¿verdad? con esta vergota.

    – Pues disfrutala, disfrutala como quieras, es toda tuya. ¿Te gustaría mamármela? Chúpamela.

    – No se, no me siento segura que tal si nos ven, si pasa una patrulla, nos metemos en problemas.

    – No nos ven, está muy oscuro, anda chúpamela, mámamela rico.

    – Bueno, pero cuide. Me inclino y empiezo a lamer su cabeza con mi lengua, le chupo sus jugos los cuales despiden un olor almizclero y me da un poco de asco, pero mi calentura me impulsa y me la meto toda en mi boca, no me cabe glup, glup, ooaakc, siento que me ahogo. Mmm, que rica verga hummm, glup, glup, ooaakc, ooaakc aahhh… Él agarra mi cabeza y empuja tratando de meterla toda. Ooaakkcc, no me cabe, la tiene muy grande ooaakc, me ahoga glup, glup, ooaakc… Por unos cinco minutos le estuve mamando la verga. Un poco cansada por la posición, me levanto y le pido que mejor nos vayamos.

    – ¿Nos vamos a otro lugar a terminar esto?

    – ¿A otro lugar? pensé que solo quería esto ¿A qué otro lugar quiere ir?

    – A un hotel, vamos a un hotel, ahí dsifrutas esto como quieras.

    – Pero, ya es muy tarde; además, que va a pensar de mi. Soy una mujer casada, decente y seria, no vaya pensar mal.

    – Para nada, pienso que eres una mujer respetable, pero que también una mujer que le gusta disfrutar el momento de manera plena, sin inhibiciones; una mujer sensual y sexual, abierta y fogosa. Vamos, te va a gustar, te lo aseguro.

    – Reflexiono unos momentos y no me reconocía, me conflictuaba mi actitud lujuriosa, mi comportamiento ligero, tan fácil me dejaba usar por alguien que apenas conocía; pero lo tomada que estaba y la excitación por hacer lo prohibido, me hicieron seguir el juego. Está bien vamos, pero ¿a qué hotel iríamos? ¿A donde le gustaría llevarme?

    – Conozco uno en la Doctores, es un hotel swinger ¿Te gustaría ir?

    – ¿Swinger? ¿Quiere intercambiarme?

    – No, si no quieres no, lo disfrutamos sólo nosotros.

    – Mmm, esta bien vamos.

    – Muy bien, no esta lejos. Mientras, me la puedes ir mamando.

    – Ok, pero cuide que no nos vean. Me inclino y se la empiezo a chupar ansiosa, con mucho deseo. Estoy excitada, el alcohol hizo su papel y estoy muy caliente. Sin más, me devoro esa verga con mi boca.

    De repente, siento que detiene el coche. Recupero la posición y le pregunto ¿qué pasa? Veo a mi alrededor y observo que hay un Oxxo a unos metros de distancia. Hay gente esperando comprar cosas.

    – ¿Podrías comprar un refresco de toronja en el Oxxo, por favor?

    – ¿Yo? Pero, estoy desaliñada y con la ropa arrugada.

    – Arreglate; te ves bien, coqueta, sexy. Es rápido.

    – Esta bien. Me arreglo y salgo en dirección al Oxxo.

    Intuyo que el licenciado me quiere lucir. Me dirijo a la tienda acomodándome la ropa. Decido subirme un poco la falda y dejo desabotonada mi blusa provocativamente. Hay fila para comprar y gente alrededor, por la hora la mayoría son hombres y siento su mirada lasiva sobre de mi, escucho algunos comentarios. Tratando de guardar la vertical y no tambalear por lo tomada y caliente que estoy, espero. No dejo de sentir la mirada de los demás sobre de mi. Escucho decir “esta guapa esa puta, se ve rica…”.

    Me atienden, tardan unos minutos mientras doy la espalda a los demás mostrando mis nalgas paradas enfundadas en la falda corta. Recibo el refresco y el cambio, tambaleante regreso al carro, pero se me cae una moneda. Me inclino para recogerla y muestro plenas mis piernas, se ven mis medias de liguero. Alguien me chifla y otro me dice ¡mamacita! Apresuro el paso y me subo al coche. El licenciado me dice “¡Qué rica escena!”, seguimos hacia el hotel, llegamos pronto, estaba cerca. El licenciado acomodó el coche y fuimos a la recepción, pidió un cuarto. Vi a varias parejas, como seis, en el hall del hotel, las mujeres vestían provocadoras, muy eróticas, con ropas de colores brillantes, entalladas, algunos vestidos transparentes, faldas muy cortas. Tomamos el elevador para ir al cuarto, una pareja nos alcanza y sube con nosotros, nos preguntan el número de la habitación que tenemos, el licenciado les dice el 309. Llegamos al piso, salimos y la pareja nos dice que ellos estarán en el 408 y se despiden. Nos encontramos a dos parejas platicando en el pasillo, las mujeres lucían igual, muy provocativas.

    Nos saludan cordialmente. Entramos al cuarto y él toma unos vasos desechables para servir el tequila. De un trago lo bebemos todo. De inmediato el licenciado me abraza por la cintura y me besa con ansiedad. Su lengua orada mi boca con delirio, buscando la mia, baja sus manos a mis nalgas y me pega a su miembro y se empieza a frotar. Me levanta la falda, baja su mirada y al ver mi ropa interior exclama:

    – Guauuu mamacita, que rica te vez, muy sensual, muy erótica, muy, muy…

    – ¿Muy que licenciado, muy qué? dígame.

    – Te vez… muy puta, te vez muy puta mamacita.

    – ¿Sí, le parece? ¿Así me ve?

    – Con todo respeto, así te imagino.

    – Pero, no lo… mmmm, ¿le gusta la idea de que lo fuera?

    – Si, me gustaría que lo fueras.

    – Pues tráteme así licenciado, tráteme así, para eso me trajo aquí, para hacerme lo que quiera, para tratarme como su puta aahhh…

    – Si putita, te voy a tratar así, vas ha ser mi puta de hoy en adelante, te voy a coger como una golfa.

    – Seee, cójame así, métame su verga ya licenciado, métamela ya.

    Se separa de mi, se desabrocha el pantalón y cae al piso junto con su boxer. Su verga luce totalmente parada, grande, gruesa, cabezona, babosa. Me pega a la pared, cerca de la puerta del cuarto, me voltea y coloca su verga en la entrada de mi vagina. De un solo golpe me la deja ir hasta el fondo, haciéndome gemir de placer.

    – Haaa, que rico se siente, que rica la tiene, métamela duro hasta el fondo, la quiero sentir toda, así, aahhh, que rico me la está metiendo aahhh, hummm, aayyy qué rico.

    – ¿Te gusta que te la meta así, te gusta como te la meto?

    – Seee, deme duro por atrás, deme duro con su vergota, así licenciado, así, aahhgg, seee cójame así. Deme de nalgadas, deme de nalgadas, gócelas como quiera, gócelas hahaha…

    – Si puta, te nalgueo como una puta, toma, toma, aahh… plaf, plaf, plaf…

    – Seee, aauuch, Aahhh que rico me nalguea, que rico me esta cogiendo licenciado… soy su puta, cójame como una puta. Me gusta que me metan la verga así, métamela como a una puta, aahhgg…

    En eso estaba, cuando de pronto suena mi celular, era mi marido, había olvidado avisarle. Eran pasadas las dos de la mañana, dos y media, no contesto. Vuelve a sonar el celular y el licenciado me pide contestar, pero le digo que no. Sin dejar de bombearme me insiste que conteste, a lo cual accedo:

    – Hola mi vida, si ya es tarde. Perdón, es que se me olvidó avisarte aahhh; si, vine con unas amigas a bailar por un cumpleaños de ellas; si, me invitaron y vine auchhh; es que estoy en el baño y me empujaron; si, todo bien, me la estoy pasando muuuy bien, hummm, no todo muuuy bien mmm, ya me cansé de bailar. Sin dejarme de bombear, el licenciado me da un par de nalgadas que mi marido escucha: alguien aplaudió por eso; si, no te preocupes, me la estoy pasando bien, hummm, si llego un poco más tarde, si me llevan, aahhh es que voy bajando unas escaleras; hablo así porque me tomé unos tequilas y estoy algo tomada, huummm, si pero todo bién; si, te digo que llego más tarde, no te preocupes, aahhh yo también te quiero mi vida, si besos amor aayyy, bye.

    – Eres una cabrona, eres una puta, sin problema le pones los cuernos a tu marido, toma cabrona, toma, así me gustas, así… Cachonda y cogelona, eres toda una puta, aahhh, qué ricas nalgas tienes putita…

    – Seee, me gusta ponerle los cuernos a mi marido, aayyy seee me gusta dar las nalgas, me gusta que me cojan, me gusta andar de puta aahhgg deme fuerte así deme duro plaf, plaf, plaf aayyy. Deme duro, deme duro con su vergota licenciado, plaf, plaf, plaf, así nalguéeme, así, que rica vergaaa, haaa… Ante la intensidad de la cogida que me estaban dando, seguramente mis gemidos y lo que decía se escuchan por el pasillo del hotel.

    – Quieres más verga, quieres más verga, La quieres sentir toda puta, ¿Si? ¿Quieres sentirla de verdad, toda?

    – Seee licenciado, deme más verga, deme su vergota, démela toda, todaaa aayyy, aahhgg. De pronto, me saca su palo y lo coloca en la entrada de mi ano, empuja duro y entra la cabeza. Quise zafarme, pero me tenía bien sujeta de mi cintura, no pude. Aayyy no licenciado, por ahí nooo, aayyy no, sáquela, sáquela nooo, me duele aayyy nooo, por ahí no, me duele aauuu, aayyy nooo.

    – Déjate putita, la querías sentir toda ¿no? Aflójate, plaf, plaf, plaf, te va gustar por tu culito ¡qué rico lo tienes, apretadito puta, qué rico! Te voy a meter toda la verga por tu culo cabrona…

    – No licenciado, la tiene muy grande, nooo aayyy, me duele aahhgg, sáquela por favor sáquela, la tiene muy guresa no me cabe aayyy nooo, no la meta, no la meta aahhgg, por favor no me cabe, aahhgg. Mis súplicas eran inútiles, empujó más y entró la mitad de su verga, me hizo gritar de dolor, aayyy nooo, no me cabe su verga, la tiene muy grande aahhgg, aayyy no la meta más.

    Empezó a meter y sacar su verga, primero suave y luego más rápido, me hacía gemir de dolor. Por unos minutos estuvo nalgueándome y bombeándome por el culo, de repente empujó más queriendo meterla toda; entró un tanto más. Grité diciendo que no, pero eso lo excitaba más, aceleró sus movimientos, metía su verga con fuerza.

    – Aayyy no por favor, no la meta más licenciado, gritaba pidiéndole que no me la metiera más aayyy ya no, sáquela, tiene muy grande su verga no me cabe, por favor ya no.

    – Cómo no puta, ya te entró más de la mitad toma plaf, plaf, plaf… si la aguantas cabrona. Venías a esto, para que te diera una buena cogida, venías a que te rompiera el culo no puta, aahhh que rico culo tienes puta, plaf, plaf, plaf.

    A pesar del dolor que sentía, empecé a responder a sus embestidas, a sentir un cierto placer, instintivamente paré más mis nalgas para facilitarle su penetración, gemía de dolor pero también de placer. El licenciado empezó a bufar, parecía que iba a terminar.

    – Aagghhh, hummm aayyy, me duele, seee, aahhh, seee me duele nooo, aayyy seee, aahhh qué vergota, es usted un cabrón licenciado un cabrón aahhh, aagghh gritaba de placer, me estaba viniendo, aayyy que verga, que vergota tiene, aahhh, seee cabrón ya me hizo venir aayyy

    – Te dije que te iba a gustar puta, aahhh hummm que rico culo tienes, que ricas nalgas tienes cabrona, aahhh te voy a echar los mocos en tu culo, tómalos puta aahhh, ahí te van aahhhh…

    – Seee, aayyy que ricos mocos me echa aahhgg hummm, que rica verga que rica, aahhh es un cabrón, es un cabrón licenciado aagghhh… mocos calientes, me está echando muchos mocos aahhgg, ¡Qué rico! Aahhh qué cabrón…

    Siguió metiéndola unos segundos más, bramaba de la excitación, bombeaba queriendo metérmela toda. Sentí muchos mocos calientes. Se recargó en mi reposando, yo seguía gimiendo de placer. Me la sacó y permanecí con las nalgas paradas unos momentos para recuperarme. Se metió al baño, sacó papel para limpiarse su miembro que permanecía erecto. Me lo pasa y me limpio los mocos que me empezaban a escurrir por mis piernas. Camino hacia la cama temblorosa, adolorida para descansar.

    Él va a las ventanas para abrirlas y corrió las cortinas. Pude ver que el cuarto daba al interior, se veían los cuartos de los otros pisos (supongo que desde ahí nuestro cuarto se podía ver hasta el interior) y también tenía vista a la calle. El licenciado seguía caliente con la verga parada. Se acerca a mi, me toma de la mano y me lleva a una de las ventanas que da al interior. Me coloca de frente, el se pone atrás y me empieza a fajar. Se restriega en mis nalgas y desabotona mi blusa para sobarme mis tetas. Yo veo hacia afuera y observo las ventanas de los otros cuartos, no hay nadie en ellas.

    Continúa fajándome y momentos después aparecen dos parejas que desde sus cuartos nos observan. Trato de meterme, pero él me dice que permanezca así. Después, nos colocamos de lado y comienza a besarme las tetas, vuelve a hacerme chupetones. Yo no protesto y observo como nos ven las personas desde sus cuartos. Me baja las copas de mi brasier y mis senos se exponen moreteados, me abre la blusa sin sacarla de la falda y vuelve a poner de frente a la ventana Me dice que me quede así, mostrando mis tetas en la ventana.

    Continuará.

  • Un tropezón con final feliz (5)

    Un tropezón con final feliz (5)

    Cuando llevaban sobre una hora en la carretera, Eduardo paró en un área de servicio, se dirigieron a los baños, él entró detrás de ella en el de mujeres, la suerte les acompañó al no haber nadie, ella no sabía que estaba pasando, entró en un aseo y orinó, cuando salía Eduardo la empujó hacia adentro y cerró la puerta, el espacio era demasiado pequeño para dos cuerpos de su tamaño, pero eso no le importó a Eduardo, la besó contra la pared y le dio la vuelta, le bajó las bragas hasta la rodilla y comenzó a tocar su coño, ella se dejó llevar por su señor, toda aquella situación le daba morbo a Cristina, nunca habría hecho una locura de ese tipo con su difunto marido, pero Eduardo no dejaba de sorprenderla, no le preguntaba, solo decidía y ella como una buena esclava sumisa obedecía y se dejaba hacer.

    Estaba disfrutando de la mano de Eduardo cuando tocaron a la puerta, la respiración de Cristina se detuvo igual que sus músculos, Eduardo le susurró al oído, tranquila solo di que está ocupado, ella hizo lo que le había dicho y con voz entrecortada por los nervios lo dijo, Eduardo continuó con la masturbación y ella más excitada por la situación que acababa de ocurrir no tardó en correrse, Eduardo se chupó los dedos y le dijo al oído.

    -Me gusta el sabor de mi puta. Ella sintió una corriente de placer recorrer su cuerpo al oírlo. –Ahora salgamos con calma. Primero salió ella y detrás él, pidieron un café y se sentaron en una mesa.

    -Te echaré mucho de menos mi señor cuando no estés.

    -Olvídate de eso por ahora y disfruta los orgasmos que vendrán en estos días zorrita.

    -¡Lo haré! Pagaron el café y continuaron el viaje, llegaron a Toledo y el GPS les condujo al hotel, se inscribieron en recepción y con la llave se dirigieron a la habitación, Eduardo había escogido el piso más alto. Una vez dentro, él le dijo que se desnudara, ella dejó la maleta y obedeció, él también se quitó la ropa y cogiéndola de la mano la llevó a la ducha, graduó la temperatura del agua y entraron. Él la enjabonó y le pasó el gel para que ella le hiciera lo mismo, se abrazaron, se tocaron y se besaron, en un asiento de mármol que salía de la pared él se sentó y se puso a Cristina de cara sentada en su polla, follaron un poco hasta que él la levantó y le dio la vuelta, el agua caía pero la ducha era lo suficientemente grande para que no se mojaran, él le metió la polla en la boca y ella la chupó, después la apoyó en el banco y le dio unos azotes, Cristina disfrutaba de ser su esclava, tras los azotes se la metió en el culo, el orgasmo de ambos se acercaba y Eduardo la levantó y debajo del agua continuó follándola, el jabón caía por sus cuerpos, Cristina, apoyada en la pared sentía el agua y un orgasmo que se abría camino.

    -¡Me corro mi señor! ¡¡Me corroo amo!! Eduardo la ignoró como otras veces y cogiéndola por el pelo continuó hasta que a él también le llegó su clímax, continuaron debajo del agua un rato más. Después, con un albornoz cada uno, abrieron las maletas.

    -Cuando lo tengas todo organizado, arréglate y baja al restaurante, coge una mesa y espérame.

    -Sí mi señor.

    Cuando Eduardo entró en el comedor, ella estaba sentada en una mesa, al verlo le dedicó una sonrisa, él se acercaba lentamente, ella se movió en la silla contenta como una perra que ve a su amo, él se colocó a su lado le levantó la barbilla y besó sus labios, se sentó y le hizo una señal al camarero.

    -¿Qué desean tomar para beber? Mientras ven la carta

    -Tomaremos vino blanco pero que no sea seco, perdona ¿Cómo te llamas?

    -Mi nombre es Luis.

    -¡Vaya! Que coincidencia. Eduardo pronunció esas palabras mirándola a ella. Cristina se sonrojó al recordar su peculiar relación con Luis.

    -¿Perdón señor?

    -No, nada, una simple casualidad con el último camarero que nos sirvió.

    Comieron y bebieron hasta los postres, tranquilos, conversando.

    -¿Sabes amo que no llevo bragas?

    -Me parece perfecto. Dijo con la calma que le caracterizaba, a continuación añadió. – El café lo tomaremos en la cafetería del hotel.

    -Como tú digas mi señor. Pidieron dos cafés y dos copas, la cafetería no estaba muy concurrida y Eduardo le pidió que se metiera dos dedos en el coño y se los pusiera en su boca. Ella miró a derecha e izquierda e hizo lo que le habían ordenado con disimulo, el morbo a ser descubierta la excitaba, mojó bien sus dedos como pudo y se los puso en la boca a su señor que los lamió.

    -Hazlo otra vez. Ella volvió a mirar a ambos lados y sentándose en la punta del sillón se metió los dedos, los mojó bien y se los puso de nuevo en la boca a Eduardo.

    -Nos vamos a la habitación. Qué bien sonaba eso en los oídos de Cristina que imaginaba otro polvo de su amo. Le dieron el último sorbo al café y se levantaron, él la cogió de la mano con firmeza, casi tirando de ella, a Cristina le gustó esa sensación, era su puta y podía hacer con ella lo que quisiera. Una vez dentro de la habitación, Eduardo la puso apoyada en el respaldo del sofá y le bajó la falda, su culo desnudo quedó a disposición de él, cogió el látigo y se lo pasó por su blanco trasero varias veces, de repente un latigazo no muy fuerte hizo que Cristina gimiera, otro más fuerte y gimió más alto, varios latigazos sonrojaron la piel de su culo. Ella aguantaba como una esclava que no podía hacer nada, solo gemir cada vez que el látigo tocaba su piel. Eduardo sacó el móvil y le hizo varias fotos, ella no se percató del detalle. La levantó y la colocó de rodillas.

    -Abre la boca y saca la lengua.

    En esa posición le hizo más fotos, ahora ella sí que se dio cuenta de lo que estaba haciendo, le dio varios guantazos y volvió a fotografiarla, se sacó la polla y la puso en la boca de su esclava y continuó haciendo fotos mientras ella se la chupaba. Se detuvo y la sentó en el sillón.

    -Tócate el coño. Ella obedecía excitada por esa sesión de fotos que le estaba haciendo su amo. A medida que se excitaba, él le hacía fotos a su cara.

    -Detente. Le dijo en un momento y le ofreció un consolador. Ella lo introdujo en su mojado coño y continuó tocándose, sus gemidos iban en aumento al igual que los movimientos de su cuerpo.

    -¡Me corro amo! ¡¡Me corroo amo!!

    Cuando terminó de correrse, el se acercó y sacó su polla de nuevo para que se la chupara, ella había aprendido que le gustaba que le hiciera una garganta profunda, que se la metiera toda en la boca y que le chupara los huevos, se había convertido en una buena alumna chupando polla, esta vez se la chupó hasta el final, pero él se separo un poco para correrse en su cara, ella sintió como los chorros de semen le caían en la cara y en el pelo, cuando terminó de correrse le hizo más fotos.

    -Recógelo con los dedos y métetelo en la boca. Ella obedecía mientras era fotografiada. Cuando terminó de lamerse los dedos, Eduardo se sentó en el sofá y le dijo que se sentara a su lado, le enseñó las fotos despacio, una a una para que las viera bien, ella apoyada en el hombro de su señor las miraba y no podía evitar sentir un cosquilleo en su interior. Era la primera vez que se veía a sí misma en una sesión porno pensó, le gustó ver sobretodo su expresión mientras se corría, se atrevió a preguntar.

    -Amo, ¿Qué vas a hacer con estas fotos?

    -Ahora te las pasaré a ti para que las tengas y luego las guardaré para masturbarme cuando esté en mi casa pensando en ti.

    Eso le gustó a ella, que lo imaginó haciéndolo. Le dio un beso en la mejilla y continuó a su lado.

    Aunque habían tomado café, no pudieron evitar quedarse adormilados durante un rato. Cuando se espabilaron se vistieron y salieron a dar una vuelta por la ciudad, Toledo tenía mucho que ofrecer, pero Eduardo tenía claro dónde ir, llegaron a una plaza amplia y la cruzaron para introducirse en una de las calles que desembocaban en ella, a unos cincuenta metros entraron en un sex shop, Eduardo le dijo que esperara en la calle, entró y buscó lo que quería, no tardó en salir con una bolsita, la cogió de la mano y continuaron con el paseo, una rato después entraron en una cafetería y tras sentarse y pedir, Eduardo le ofreció la bolsita del sex shop y le dijo.

    -Quiero que vayas al aseo y te pongas esto. Cristina intrigada por qué sería eso, cogió la bolsa y le sonrió.

    -Como tú digas mi señor. Al cabo de un rato Cristina salía y se sentaba en su silla. Eduardo cogió la bolsa y sacó el manual, instaló la aplicación y desde su móvil toco el control remoto, Cristina dio un saltito en su silla al notar como el juguete que le había comprado se ponía en marcha, una suave vibración la estimulaba.

    -Este juguete se puede accionar desde donde yo esté, sea donde sea.

    -¿De verdad? ¿Incluso desde tu ciudad?

    -Correcto.

    -¡Madre mía! No sabía que existían estas cosas.

    -Pues ya ves, así es. Cuando esté en mi casa y quiera que te corras, te llamaré y tú te lo pondrás estés donde estés.

    Ella lo imaginaba y se excitaba al oírlo y también porque el pequeño artefacto estaba haciendo su trabajo, se acomodó en la silla mientras el placer inundaba por su cuerpo.

    -Eso quiere decir que lo tendrás que llevar en el bolso para cuando yo te llame.

    -¡Cuenta con ello mi amo!

    -Ahora dame un beso en la boca y vuelve al aseo, quiero hacer una prueba. Cristina obedeció, lo besó y se dirigió al baño, entró en un aseo y cerró la puerta, notaba como la intensidad aumentaba y con ello el placer que le producía, apoyó ambas manos en la pared y separó las piernas como si la estuvieran follando. Eduardo desde su mesa aumentó la potencia al máximo imaginándosela. Cristina no tardó nada en llegar al orgasmo, inconscientemente dijo en voz baja, me corro amo, me corroo. Un par de minutos después salía del baño y se dirigió a la mesa sonriendo.

    -¿Qué tal funciona?

    -¡De maravilla!

    -Espero que te guste el recuerdo toledano que te llevas de esta ciudad.

    -¡Me encanta! Mucho mejor que cualquier suvenir típico. Salieron de la cafetería y Eduardo llamó a un taxi, le pidió que diera una vuelta por la ciudad, Cristina seguía con el vibrador en su coño, al cabo de unos minutos Eduardo sacó el móvil y le dio al inicio de la aplicación, Cristina volvió a notar cómo se ponía en marcha su regalo mientras el taxista les iba diciendo por donde pasaban. Poco a poco el placer comenzaba a dominar el cuerpo de Cristina, Eduardo lo había notado y delante de ella aumentó la intensidad, el taxista notó como Cristina se acomodaba en su asiento e ignoraba todo lo del exterior, intentaba mantener la compostura pero empezaba a ser una batalla perdida, él siguió hablando y mirando de reojo a la mujer como se entregaba a un placer que él no sabía de dónde venía.

    En un semáforo en rojo, Cristina levantó la mirada y coincidió con el taxista que se la aguanto, ella se mordió el labio inferior y miró a su amo. Eduardo como si no fuera con él la cosa, le acarició el pelo. El morbo se adueñó del cuerpo de Cristina, volvía a sentirse la puta de su amo que en esta ocasión la exhibía ante un desconocido. Su cuerpo no podía más, de su coño fluían jugos de placer, todo le daba igual, si Eduardo quería eso, ella se lo iba a dar, se lo había dicho, sería más puta, más zorra, más esclava para él. El taxista al inicio de la situación quitó la música y hablaba con voz más pausada, como si quisiera oír a aquella mujer disfrutar de lo que le estuviera pasando. Cristina acercó su cabeza a la de Eduardo y le dijo casi al oído, pero no pudo evitar que el taxista la oyera.

    -¡Me corro mi amo! Eduardo le dio más potencia y ella se retorció en el asiento.

    -¡¡Me corroo!! El taxista sin darse apenas cuenta se había empalmado.

    La ruta continuó mientras Eduardo la besaba en la boca.

    -Pare aquí mismo. Dijo.

    El taxi se detuvo y Eduardo le pagó la carrera, bajaron despidiéndose y el taxista continuó detenido mientras veía como aquella mujer se alejaba cogida del brazo de su hombre. Nunca sabré su nombre, pero tampoco la olvidaré pensó el taxista.

    -Parece que tu nuevo juguete funciona bien, ¿verdad zorra?

    -Sí amo. Se limitó a contestar Cristina seguía recuperándose del excitante orgasmo que había tenido. Pasearon sin saber dónde estaban, esa parte de la ciudad no la conocían, caminaban sin prisas, degustando el momento y la compañía del otro, al cabo de un rato Eduardo decidió que volverían al centro y que buscarían un lugar para cenar. Encontraron un lugar bastante concurrido y entraron, una pareja se levantaba de la mesa y ellos aprovecharon para sentarse. Eduardo se acercó a la barra para decirle al camarero que estaban allí y que les limpiara la mesa, mientras esperaba, una mujer se le acercó y se puso a hablar con él. Cristina los miraba y esa imagen le produjo cierta sensación que le sorprendió, tenía celos, pensó que sería una tontería tener celos de una desconocida, pero también pensó que eso mismo era ella hace tan solo unos días para él, para su amo, su señor, Eduardo era un hombre atractivo y aunque peinaba canas, seguía teniendo esa atracción para las mujeres maduras de un hombre seguro de sí mismo, la mujer seguía hablando con Eduardo que finalmente se despidió y volvió a la mesa, ella no dijo nada de todo lo que había pensado.

    -He pedido una botella de vino y algunas tapas.

    -¡Me parece estupendo! Él no decía nada de la mujer, no entendía por qué se había puesto así, aunque su relación era puramente sexual, no podía evitar sentir algo más por aquel hombre que la había cambiado.

    El camarero llegó y les preparó la mesa, trajo lo que habían pedido y los dejó para atender a otros clientes. Sin saber por qué, a Cristina le salió decir.

    -Amo, ¿quieres que tu esclava haga algo para ti?

    -No, ahora mismo no.

    -¿Estás seguro? Eduardo la miró a los ojos.

    -¿Ocurre algo? Y quiero la verdad. Cristina desvió la mirada hacia la mesa, cogió su copa y bebió un trago.

    -Es una tontería amo.

    -No importa, cuéntamela.

    -Pues antes te he visto hablando con una mujer en la barra y me he puesto celosa. Él la miró y sonrió.

    -¿En serio zorra? ¿Estás celosa porque he hablado con una mujer? Y de qué crees que hemos hablado para ponerte así.

    -No lo sé, no he podido evitarlo amo.

    -Reconozco que me gusta un poco que estés así, pero lo nuestro es puramente sexual, cuando yo me vaya, cada uno seguirá con su vida, independientemente de que yo te llame algún día, ¿de acuerdo?

    -De acuerdo, lo sé, ya te dije que era una tontería.

    -Esa mujer se ha acercado a mí para decirme que le recordaba mucho a su hermano y qué si era de allí porque no me había visto nunca. Yo le he dicho que era un turista y que estaba pasando unos días con mi amante y que tenía lo que necesitaba sexualmente hablando.

    -Gracia mi señor por contármelo.

    -No pasa nada, pero esta noche serás azotada por tu comportamiento.

    -Lo que tú quieras amo. Dijo Cristina contenta por las palabras de Eduardo, ella le daba todo lo que él necesitaba y lo hacía encantada. Se terminaron la botella de vino y cogieron un taxi para volver al hotel.

    Eduardo pidió otra botella de vino para la habitación. Una vez abierta él sirvió dos copas, Cristina había bebido más de lo que solía beber y su estado era de cierta embriaguez, pero aun así cogió la copa y bebió un buen trago. Eduardo le pidió que se desnudara y se apoyara de cara contra la pared, volvió de la habitación con el pequeño látigo y las esposas, se las puso y le levantó los brazos, también le puso el antifaz en los ojos para que no pudiera ver, le separó las piernas y dejándola así se preparó un cigarro, ella sintió el olor mientras esperaba el castigo, sintió el látigo al pasárselo por la espalda, ella sintió un escalofrío de placer, sabía que había sido mala y que merecía un castigo, pero antes del primer latigazo, sintió como el pequeño juguete que seguía en su coño, se ponía en marcha, acto seguido lo notó, el látigo azotó su blanco y redondeado culo, los azotes eran espaciados y la azotaba de la espalda al culo, el vibrador iba haciendo su trabajo y ella con lo que había bebido estaba en una nube, uno tras otro el látigo la azotaba y su coño se lubricaba con los fluidos que emanaban de él. Eduardo la estaba castigando como había dicho por ser una puta celosa y ella lo disfrutaba, el orgasmo se abría camino entre sus piernas, ella gemía a cada azote que sentía en su cuerpo desnudo, el vello de su cuerpo se erizaba y ella se pegaba más a la pared.

    Eduardo aumentó la fuerza con la que la azotaba consciente de que su esclava estaba cerca de llegar al clímax, Cristina se retorcía, su culo y espalda ya habían cogido el color rosado producido por el látigo, pero Eduardo continuó castigando a su puta esclava.

    Cristina llegaba al orgasmo cerrando los muslos, pegada y retorciéndose contra la pared gimiendo en voz alta, el alcohol había hecho que se le olvidara decir lo que su amo quería oír. Cuando terminó de correrse, Eduardo la azotó un par de veces más con cierta dureza, se detuvo y le dio la vuelta, le quitó las esposas y se las puso por la espalda.

    -Ahora zorra te vas a arrodillar y te voy a dar unos guantazos por no decir lo que me tenías que decir, serán diez y tú los irás contando en voz alta y me darás las gracias, ¿queda claro puta?

    -Sí amo. Cristina se arrodilló y esperó el primer guantazo, seguía sin ver nada, solo podía sentir y oír a su amo.

    Eduardo le dio el primero de los diez y ella le dijo.

    -Uno, gracias amo. Le dio el segundo y ella siguió contando.

    -Dos, gracias señor. Así esta llegar a los diez, su mejilla estaba sonrosada tras los guantazos, sintió como la levantaba con cierta rudeza y la conducía no sabía a dónde.

    -Arrodíllate. Ella obedeció, sin saber dónde estaba.

    -Abre la boca. De repente sintió como la polla de Eduardo entraba en su boca.

    -¡Chupa! Ella comenzó a chupar y a tragarse la polla de su amo, sentía como se iba endureciendo por momentos. Eduardo la cogía por el pelo y la separaba de su polla o se la metía hasta el fondo de aquella boca que no tenía nada que ver a cuando la conoció. Mientras se la follaba por la boca, Cristina sintió como el pequeño vibrador se ponía en marcha a máxima potencia

    -¡Me corro puta! ¡¡Me corroo!! El semen de Eduardo caía por los pechos de Cristina que lo disfrutaba feliz de tener a su amo otra vez para ella sola. De repente, casi a punto de tener un nuevo orgasmo, sintió como la meaba e inconscientemente abrió la boca. Eduardo la meaba por todas partes, su orina salía a borbotones de la boca de Cristina que no pudo evitar beber algo de ella. Eduardo terminó y acto seguido Cristina lo dijo.

    -¡Me corro amo! ¡¡Me corroo!! Cristina sucumbió y se dejó caer en el suelo, esposada y con los ojos vendados se sintió feliz, por un lado por correrse dos veces y por otro por haber hecho lo que su amo había querido. Eduardo guardaba silencio mientras le daba unas caladas al cigarro que se acababa de hacer.

    -Estás en la ducha zorra, ahora te quitaré las esposas, el vibrador y te darás una ducha, solo cuando termines te podrás quitar la venda. Cristina se sintió liberada y a tientas cogió el gel y abrió el grifo, la sensación del agua cayendo por su cuerpo la reconfortó, el agua le devolvió el control que el alcohol le había quitado, estuvo bastante rato sintiendo el agua caer sobre su piel y pensando en lo que había sucedido, había perdido la cuenta de las veces que se había corrido en los últimos días, y de las maneras en cómo habían sido, no sabría elegir una, había sido una esclava, una puta, una zorra y todas por separado o juntas le habían gustado, Eduardo tenía un gran abanico de maneras de hacerla correrse, pensó en la monótona vida matrimonial que había llevado en ese aspecto, también pensó en que si Eduardo se quedara para siempre, si su coño podría aguantar aquel ritmo de polvos, sonrió para sí misma. Cuando finalmente decidió salir, se quitó la venda de sus ojos, cogió el albornoz y descalza y con el pelo mojado salió del dormitorio, Eduardo estaba en el balcón con una copa de vino.

    -Ya estoy duchada mi señor y lista para cumplir sus deseos. Eduardo la miró y la cogió de la mano.

    -Me alegra oír eso, sírvete una copa y siéntate a mi lado, hoy hace una buena noche. Cristina se sentó con su copa a su lado, Eduardo le ofreció la suya para brindar.

    -¿Por qué brindamos mi señor?

    – Por aquel afortunado tropezón que hizo que llegáramos hasta aquí.

    -¡Me parece perfecto!

    -Mañana es nuestro último día en Toledo y he visto unos carteles de una fiesta de disfraces, el tema es libre, solo hay que llevar antifaz.

    -¡Cómo en Venecia!

    -Sí, así que mañana irás a una tienda de disfraces y te comprarás uno y otro para mí.

    -¿Y de qué quieres que me lo compre?

    -Quiero que vayas de Justine la doncella del marqués y que te hagas dos coletas.

    -¿Y tú de qué irás?

    -Yo iré del marqués de Sade, coge mi tarjeta y cárgalo en mi cuenta. Cristina pensó que eran unos disfraces muy adecuados para ellos y el tipo de relación que había entre ellos, de joven había leído la novela del marqués y recordaba que había tenido ciertas fantasías, incluso había llegado a masturbarse, pero nunca puso en práctica ninguna de las cosas que se mencionaban en la obra.

    Continuaron hablando de los detalles hasta que el vino se terminó, Eduardo se levantó y la besó en la boca, le mordió el labio y le dijo que se iba a dormir, que viniera cuando quisiera. Cristina decidió quedarse un poco más.

  • El Caimán, un charcutero de putas

    El Caimán, un charcutero de putas

    Lalo preparaba diferentes utensilios de cocina como si fuera una “mise en place” y yo llegaba enfundada en ropas negras ajustadas con tacones de 18 cm símil serpiente, él me iba desvistiendo poco a poco hasta dejarme completamente desnuda excepto las bragas y los tacones.

    Yo quedaba parada en el medio de la cocina, luz tenue, música suave y enseguida me iba a dar cuenta de cuál eran las intenciones de él, tanto con los utensilios como cada uno de los productos finamente elegidos para la ocasión.

    Lalo tenía gustos excéntricos, todo en él lo era, pero tenía un vacío extraordinario del goce en sus genitales, simplemente necesitaba descubrir a una hembra que lo sacara de su eje y le mostrara realmente, que era lo exquisito…

    Me decía cerca del oído, agáchate sin doblar las rodillas, baja el torso, abrir las piernas y sostenete de la mesada, él me recorría, me olía absolutamente cada parte, olfateaba mi vulva con su nariz sin sacarme las bragas, hundía la nariz y lentamente sentía como me humedecía y con su lengua corría los bordes de tan fina prenda, para lamer mi conchita putona…

    Lentamente iba agarrando cada uno de los utensilios de cocina y muy despacio los introducía en mi vagina mientras lamia sin sacar las bragas, tenía el cuidado de no romperlas y de poder correrla para saciar más bajos instintos y fetiches…

    Preparaba diferentes dips, unas cremas con el ph correcto para que no me causara ningún daño y con pequeñas espátulas preparaba uno de sus más grandes goces, que no era más ni nada menos que colocarme diferentes alimentos tanto en el culo, como en la conchita, para poder lamerlos con mucha suavidad y con la presión necesaria.

    Me sacó las bragas y empezaba su juego, había un adminículo que me encantada, de textura suave y lisa, un material frío que absorbía el calor de mi vulva a medida que lo iba introduciendo, era el palillo de un mortero de mármol y mientras me practicaba uno de los sexos orales más ricos de mi vida, introducía el mortero y me sostenía fuerte de las piernas para que yo no me moviera.

    Cuando lograba que mis eyaculaciones lo bañen por completo, tanto en su cara, labios y barba, giraba mi cuerpo me sentaba en la mesada de cocina y con otras cremas me acariciaba los pezones y el clítoris y chupaba y absorbida cada uno de los productos que iba poniendo mientras yo gozaba gemía vibraba temblaba.

    Cuando finalmente dejaba de consumir todo lo que había preparado y puesto sobre mi cuerpo, se desnudaba y dejaba sus zapatos de cocinero, se agarraba la verga, me la mostraba, era gorda, rosa, dura venosa cabezona y sobre todo largaba muchísima leche que era lo que más puta me ponía…

    Se acercaba, abría mis labios vaginales y me acariciaba con esa verga dura y apenas introducía la punta para que yo le pidiera por favor que me penetrara completa, con esa necesidad de sentir sus huevos en la base de mi concha golpeando sobre mi culo caliente sediento de pija, lentamente me penetraba e intercalaba dedos pija y mortero.

    Me sostenía fuerte de las caderas, él era fornido, parecía un gorila espalda palteada, hacía ruidos guturales como una bestia, en ese momento no era un hombre, era un animal salvaje caliente hambriento de mí.

    Sus manos eran potentes, fuertes, me sostenía de los glúteos y con toda su verga dentro, movía sus caderas me hacía casi desmayar de los orgasmos, me mordía el cuello, con una mano apretada mis pechos, lamia y mordida los pezones, los escupía, se los pasaba por la barba, los dejaba rojo y en ese momento tenía enfundado en un forro texturado, un cantimpalo grueso, gordo, grande, duro y me lo empezaba a meter en la concha y me decía después lo vamos a comer juntos…

    Me chupaba el clítoris y mi iba metiendo el cantimpalo hasta donde podía, ya tenía preparado cerveza negra fría y una tabla de quesos esperando por ese cantimpalo que me había cogido hace instantes.

    Tenía claro que me calentaba muchísimo todo eso, me tenía del cuello, acercaba su cuerpo enorme hacía que mis piernas, lo abrace y con una mano potente me metí el cantimpalo y lo sacaba y cuando volví a acabar lo dejaba en la cocina, le sacaba el forro y mientras yo tomaba un poco de descanso, lo cortaba en finas fetas para después los dos desnudos comer y degustar de todos los placeres…

    Lalo grababa sin que yo me diera cuenta, todo esto, su charcutero preferido El Caimán, era un tipo rudo que le preparaba cantimpalos en forma de vergas, solo para que me coja con ellos.

    Cuando me enteré, El Caimán sería mi nuevo y exquisito macho sexual para ser cogida con sus productos…

  • Mostrándole a mi novia quien soy

    Mostrándole a mi novia quien soy

    Después de mi divorcio he pasado reconstruyendo mi vida pero sin dejar de lado mis aventuras, en estos momentos tengo una nueva pareja y hemos compenetrado muy bien sexualmente, luego que empezamos a salir fui claro con ella y le conté mi fijación con las chicas transexuales y solo un par de aventuras con ellas sin darle muchos detalles de todo lo que he vivido.

    Ella era de mente abierta y con experiencias sexuales con sus parejas anteriores, pues convencí para tener un encuentro y su respuesta fue negativa porque ella puede entender que me guste pero no tengo que forzarla a ella y lógicamente hacerlo a sus espaldas sería una infidelidad, entonces le propuse que estuviera como cuckold o cornuda solo viendo, esa idea tuvo más aceptación y cedió para acompañarme.

    El día llegó y estábamos esperando a la chica, nos pusimos algo caliente le dije que me fuera estimulando el ano, cosa que siempre hacíamos en la intimidad.

    Yo estaba acostado con sus deditos femeninos metidos en mi culo cuando tocaron la puerta, ella se paró para abrir y la chica entró presentándose como Penny, se inclinó hacia la cama y me saludó con un beso muy largo y apasionado mientras mi novia se sentó en un sofá que había en la habitación.

    Ella llevó su mano a mi pene mientras me besaba pero poco a fue acercando sus dedos a mi culo, me masturbó un buen rato mientras besaba todo mi cuerpo y me fue volteando hasta ponerme en 4 patas, en esa posición metía y sacaba sus dedos de mi culo mientras conversaba con mi novia y la invitaba a unirse pero entre risas y bromas ella se negó rotundamente. Mi novia le siguió el juego y dijo a Penny que ella solo vino para verme gritar como una puta y que si yo no gritaba pues me abandonaría para siempre.

    Penny empezó a envestir fuertemente sus dedos en mi culo mientras tocaba mis bolas y mi pene, mi novia me pedía gritar y así lo hacía con mucho furor y muy excitado como toda una marica pero pude notar que ella estaba disfrutando de todo este acto morboso, Penny no se cansaba de masturbarme y ni la ropa se había quitado, yo quería verla desnuda y mamarle su pene pero en el fondo me daba vergüenza hacerlo delante de mi novia pero la curiosidad pudo más que yo y metí la mano por debajo de su falda para tocar sus bolas y su pene mientras ella seguía tocando mi culo ya no se con cuantos dedos hasta que con la otra mano tomó mi pene y lo masturbó hasta que me hizo acabar mientras yo gritaba como una puta loca por la excitación y contorsionándome como lo haría una mujer cuando tiene un orgasmo porque Penny tomaba mi leche con sus manos y la metía dentro de mi culo su desperdiciar una gota mientras no paraba de meter sus dedos.

    Penny se desnudó se montó encima y mientras me besaba el cuello y colocaba su pene en la puerta de mi culo me preguntó que si mi novia era celosa, le dije que no pero nuevamente me preguntó lo mismo mientras iba empujando, iba entrando su pene y me estaba doliendo pero dije un poco más fuerte “ella no es celosa”, empujó completamente con toda su furia y grité fuertemente por el dolor pero ya no había vuelta atrás me estaban follando delante de mi nueva novia y sin preservativo.

    Penny no tenía el pene tan grande como otras pero se movía a un ritmo bastante brusco y me causaba algo de dolor, mi novia me pedía que gritara duro y que llorara si me dolía porque al parecer eso le excitaba entonces yo colaboré ante esa situación dejándome llevar por la situación y exagerando un poco con gritos y gemidos hasta que Penny de un momento a otro lo sacó para eyacular en mis nalgas.

    Desde ese día mi novia me empezó a decir mariquita chillona.

  • Sorprendido mientras tenía sexo con otro travesti

    Sorprendido mientras tenía sexo con otro travesti

    Hace algunos años 10 aproximadamente, pasé a visitar a una amiga travesti, Brenda, a la que conocí y veía frecuentemente para cogérmela y por ella conocí a otras, entre ellas a Nicole, que vivía en el cuarto de al lado en una casa tipo vecindad, donde después supe que vivían en este caso vivían ahí varios travestis, dos por habitación (siempre me fascinó el sexo anal y que me la mamen) y hasta ese día siempre activo.

    Pues como les decía buscaba a Brenda o a Nicole, (ya que andaba bien caliente con ganas de cogérmelas) que por cierto tiene las piernas y trasero más rico que he cogido. Pase sus cuartos cerrado, al caminar hacia la calle decepcionado por no encontrarlas, me llamo la atención y me hablaron un par de travestis delgadas con unos labios que se me antojaba me la mamaran, me preguntaron a quien buscaba de principio no les quise decir, insistieron al ver que no les dije nada pues si buscas a la Brenda o la Nicole me dicen nosotras te podemos atender no estamos tan nalgonas o piernudas como Nicole pero la amamos bien.

    Disculpen me hice como que no oí repitieron a lo que le dije las iré a buscar en dónde trabajan, ay que malo no te vas a arrepentir con nosotras también gozarás les dije pues ustedes son dos y no quiero poner o hacer sentir mal a una al escoger a la otra agradezco su disposición me voy no tardan en llegar a su trabajo eran como las 8 pm insistiendo me dicen un trío nos das a las 2 y gozamos los tres y tanto $, dije bueno a lo mejor no las encuentro y me iré con ganas.

    Entre al entrar, soy Kathy y yo Valeria, me desvistieron ambas y ellas a la vez nos quitamos la ropa los tres nos besamos y agarre sus nalgas a ambas mientras besaba sus pechos su cuello acaban de bañarse (apagaron la luz y cerraron las ventanas y cortinas oscuras por cierto y gruesas) olían rico en eso Kathy se arrodilló y me dio un delicioso oral mientras yo besaba a Valeria que era la más atractiva aunque Kathy tenía piernas largas como me seduce eso, agarre sus nalgas se puso de rodillas y me dieron una felación ambas las puse en cuatro lamí sus anos y me las cogí ,a Kathy primero alterne con Valeria y regrese con Kathy estaba súper excitada con sus piernas a los hombros la nombre rico.

    Mientras eso paso Valeria mame se culo y eso prendió a Kathy que termina y no quiso más coger se salió (al estar apagada la luz y cortina no nos dimos cuenta dejo entre abierta la puerta y pudo entrar alguien vernos o algo más como paso minutos más tarde) y me quedé cogiendo por casi una hora con Valeria cambiando de posición cada rato pero yo no podía venirme no así Valeria que se vino por lo menos tres veces y ella gemía sin importar la oyeran y se quejaran los vecinos.

    Seguí cogiendo y cuando estando boca abajo recostada Valeria no nos percatamos nos veía Alexa (una transexual de piernas largas y bonitas y Labios carnosos que cuando la conocí en la habitación de Brenda y había visto junto a Nicole se me antojo cogérmela cosa que no se daba) y menos se tocaba y todo mientras cogíamos mucho menos se había untado lubricante y vaselina bastante mientras me cogia a Valeria ella tenía a la vista mi trasero (que debo decir es bastante bonito) exhibiendo mi culo se acerca y antes de darnos cuenta deja caer lubricante y sope de vaselina pensé por lo excitado y que llovía afuera y todo oscuro gotera.

    Cuál fue mi sorpresa cuando aprovechando el entorno oscuro y caliente de la cogida a Valeria (debo mencionar que me encanta las mujeres y practicar sexo anal y si es hombre o travesti o mujer no pasa nada eso sí hasta ese momento solo activo) me penetró y desfloro mi hasta ese momento virgen ano me cogió e hicimos un tren sexual el me cogia y yo a Valeria lo cual la volvió a prender ella se movía con eso impidió me zafara a lo que con su voz un poco ronca, pensé es hombre no travesti, disfruta Valeria lo está gozando ella ya te iba pedir pararas y ahora te pide más goza.

    Valeria sus movimientos hacían profunda las penetraciones de Alexa girando de lado y para el otro cogiéndome a Valeria y Alexa a mi culito, yo ya gozaba y no quería parará lo mismo Valeria, luego nos sentamos yo en el pene de Alexa y Valeria en el mío así alcanzo una hora después Valeria me dijo te goce nadie me cogió como tú pero dos horas ya me voy.

    Alexa seguía disfrutando de mi me decía si quieres paramos yo le pedí no me agarraste descuidado y ahora lo gozo y no quiero pasar la noche contigo me puso de patitas al hombro me dijo que rico culo mientras masturbo que pito tan rico por eso aquellas te ven y se emociona (Brenda y Nicole) ahora también esas dos (Kathy y Valeria) bueno pero ellas no van a gozar este culo que es mío y cosas así que rico apretaba pues me desvirgaste lo cual se percató cuando nos sentamos en ella y me dice no durare tanto me acordé traía en mi pantalón un pastilla de viagra le di una y me cogió toda la noche en muchas posiciones.

    Antes de irme me la cogí lo disfruté tanto como su verga pero esa la goce y di mi virginidad anal.

    Después de eso fui por años a verla pero solo como activo y aunque cada vez al irme me prometía me volvería a coger no se dio incluso fue tanto que me dio la ilusión de gozar esa verga que termine dando mi culo a mi en ese entonces novia travesti Anahí Michel y antes mucho antes a otra travesti físicamente igual a Alexa hasta en su cuarto dormía que ella me dio mi segunda cogida que por cierto goce más porque está vez yo lo deseaba Natalí como se llamaba me hizo gozar pero esas son otras historias nunca olvide ni deje de desear ser nuevamente de Alexa y aunque probé después su sabroso pito solo se lo mame hasta hace 18 días se me hizo y lo goce pero esa y cuando le di mi culo a Brenda son otras historias espero les guste.

    Oscar

  • Mi suegra mi otra mujer y fantasía realizada

    Mi suegra mi otra mujer y fantasía realizada

    Lo que voy a contar a continuación fue una fantasía hecha realidad con mi suegra Angélica.

    Más o menos a la edad de 28 años, yo pasaba una etapa dura con mi esposa, mi suegra vivía junto con nosotros, teníamos nuestro primer hijo que en ese entonces tenía 5 años.

    Fue entonces cuando mi esposa y mi hijo viajaron a Estados Unidos porque ella tenía familia allá.

    Esa fue la primera vez que nos quedamos solos en la casa con mi suegra.

    Voy a describir a mi suegra como una mujer de aproximadamente 52 años en ese entonces, tenía unos pechos muy grandes, un trasero muy bien conservado para su edad, alta, piel trigueña clara.

    Como mi esposa no estaba, la primer semana fue muy dura porque por las noches solo pensaba en coger.

    Mi suegra pasaba durante el día en su negocio, y ya por la tarde llegaba a la casa.

    La segunda semana fue la decisiva para tomar mi decisión.

    Por las noches a veces yo me quedaba en bóxer, en la sala viendo alguna película porno. A veces mi suegra salía de su cuarto para ir al baño y yo solo la observaba pasar.

    Salía con un camisón que le cubría desde el cuello hasta las rodillas pero tenía un defecto, las tetas como las tenía muy grandes casi se le salían por los lados!

    Mi suegra era una mujer muy cómica y a veces me decía cosas en doble sentido.

    Por ejemplo a veces me decía: «aquí le traigo la torta para cenar» y se ponía a reír porque sabía que no llevaba nada.

    Yo por mi parte después de una semana de no coger, le había comentado a ella que a lo mejor iba a buscar alguna prostituta porque yo no aguantaba más.

    A lo que ella me decía: «no se preocupe ya le van a dar su torta» y luego se sonreía.

    Una de esas noches que estaba viendo películas porno, ella salió como de costumbre como a la medianoche, entró al baño a orinar y luego regresó a su cuarto.

    Ya era la medianoche cuando yo decidí ir al baño también a orinar, pero cuando salí, por el reflejo de la luz del baño, me di cuenta que la puerta del cuarto de mi suegra estaba abierta.

    Me dio curiosidad y decidí entrar a su cuarto y en mucho cuidado para no despertarla lo cerré. Ella estaba bien dormida, hasta roncaba.

    Mi corazón estaba muy acelerado y tenía la verga bien parada.

    Con un poco de valor metí mi mano debajo de su sábana y me di cuenta que no tenía el camisón de dormir, se había ido a la cama completamente desnuda!! así pude sentir su piel arriba de la rodilla hasta la cadera, en ese momento solo se movió un poco pero no se despertó.

    Luego deslicé mi mano hacia arriba para tocar sus pechos, pude sentir su pezón del pecho izquierdo, creo que se había hecho la dormida porque sí lo toqué muy rico pero aun así solo se acomodó.

    Inmediatamente saqué mi mano, me bajé el bóxer y empecé a tocarme la verga!

    Así que una vez más volví a meter mi mano debajo de las sábanas, tocando su rodilla y subí despacito hasta tocar su peluda vagina.

    Allí fue cuando perdí la razón y el sentido, con mi mano estaba tocando su excitante monte de venus!! Saqué mi mano y me huele los dedos con los que había tocado eso tan rico!

    Eso había explotado mi mente y no había marcha atrás!

    Como estaba muy dormida, levanté la sábana para dejarla descubierta, de un brinco me subí a la cama y agarré sus dos piernas para abrirlas, fue cuando ella se despertó de golpe y empezó a forcejear, ya que la tenía completamente abierta solo me puse en posición de misionero para terminar de abrir sus piernas con mis piernas y agarrar sus brazos para que no se siguiera moviendo.

    Fue cuando ella empezó a llorar, como yo estaba encima podía escuchar sus lloriqueos,

    Mientras tanto yo le pasaba mi verga bien dura por encima de su raja muy peluda! Pasaba mi verga de arriba hacia abajo sin penetrarla, ella seguía llorando y dejó de luchar, así que le agarré sus enormes tetas! Ya no aguantaba más así que la penetré con mucha fuerza, la abracé muy fuerte y la seguí penetrando mientras ella seguía llorando.

    Así pasaron como dos largos minutos, digo largos porque muchas cosas empezaron a pasar por mi cabeza, como el hecho que ella dijera lo que había sucedido esa noche que prácticamente la violé.

    Yo ya estaba a punto de sacar mi verga e irme a mi cuarto a dormir pensando qué iba a decir después.

    Al principio su vagina estaba completamente seca y por eso me costó penetrarla, pero luego después de esos dos minutos pude sentir cómo se humedecía mucho, pude sentir como esos chorros vaginales corrían por mis huevos, fue cuando entonces ella aún con lágrimas en su rostro, digo lágrima porque yo le toqué el rostro para saber si en verdad estaba llorando.

    Fue allí que ella empezó a culear y me abrazó también muy fuerte, no sé si lo hizo para hacerme acabar y que la dejara en paz pero no me decía ni una palabra, solo me besaba el cuello y me pegaba apretones con su peluda vagina.

    Esa noche yo tuve alrededor de 30 minutos de placer con mi suegra, solo fue en posición de misionero Pero al final ambos nos abrazamos muy fuerte, y cuando ya acabé, solo me levanté y me regresé a mi cuarto para dormir.

    Al día siguiente no hablamos ni una palabra de lo que había pasado la noche anterior.

    Mi sorpresa fue que cuando yo me fui a dormir a mi cuarto, mi suegra llegó a buscarme completamente desnuda para que siguiéramos cogiendo como en la noche anterior.

    Ya la siguiente noche la disfruté a plenitud, pude disfrutar de sus enormes pechos, le mamaba sus hermosos pezones suaves color rosa!

    Esta vez ya no estaba llorando sino que me pedía que le diera más, se aferraba a mi espalda mientras la penetraba una y otra vez! Me pegó una muy buena mamada de verga que ni mi mujer me mamaba de esa manera! Luego yo le besaba el cuello, y le dije que quería acabar así que ella se dio la vuelta y se puso en cuatro.

    Con una mano agarré su cabello largo y con la otra agarraba uno de sus pechos enormes que se mecían de adelante hacia atrás en cada embestida que le daba a su hermosa y muy peluda vagina, uno cachetes vaginales muy ricos por cierto!

    Mientras le jalaba el pelo y la embestía con mi pene muy duro, yo le decía: Angelica! quiero que digas que yo soy tu marido! Así que así lo hizo, y empezó a gritar que yo era su marido, que yo era el dueño de su rica torta peluda!!

    Así pasamos la segunda semana hasta que en la tercera semana regresó mi esposa con mi hijo de su viaje.

    Desde ese entonces mi suegra era mi mujer también, nunca ella comentó nada con mi esposa.

    Así mi suegra y yo teníamos relaciones ocasionales cada vez que podíamos que eran por lo menos tres a cuatro veces por semana.

    En más de alguna vez para mi cumpleaños tuve relaciones con mi esposa y luego más tarde tomaba a mi suegra por mujer y la llenaba de mi leche que tanto le encantaba.

    Actualmente mi suegra falleció a la edad de 72 años, y fue ya a la edad de 70 la última vez que yo la tomé por mujer y que le mamé los pechos y que mi leche corría fuera de su peluda y canosa raja.

    Este secreto que estoy compartiendo con ustedes Angelica se lo llevó hasta la tumba y yo lo comparto hoy con todos ustedes.

    Si les gusto me dicen y les cuento alguna de las aventuras sexuales que tuvimos después de eso.