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  • Mi primer anal con un maduro

    Mi primer anal con un maduro

    Hola, soy Anitha, tengo 30 años de edad, mido 1,70, contextura flaquita, color blanquita y mi panocha rosadita, senos pequeños, cintura delgada, piernas término medio y un buen trasero.

    Bueno empezaré con mi relato.

    Todo comenzó una noche cuando yo trabajaba de vendedora ambulante de café en mi pueblo, eran aproximadamente las 9 de la noche, cuando vi llegar un auto, él se detiene y prosigo a atenderle, el me compro un café lo pago y se fue. A la siguiente noche volvió a llegar y esa noche también era mi turno así que lo vi que el llego y volví y me acerque para atenderle nuevamente, él pensó a hacerme la charla y yo pues le seguí la corriente y pues me pareció una persona muy gentil y amable.

    El me pidió mi número de teléfono y pues yo accedí a dárselo ya que me pareció una buena persona, para esa fecha yo solo tenía 19 años. Pasaron los días y seguimos hablando, nos hicimos buenos amigos, nos contábamos todo sobre nuestro día y nuestras vidas, él era un hombre ya mayor para mi, pues para esa fecha tenía 40 años, era moreno, alto y contextura ancha, él estaba casado y tenía 2 hijos. Bueno seguimos hablando tanto hasta un término que me dijo, que yo le gustaba mucho y que quería tener relaciones sexuales conmigo, a lo cual le dije que no, (la verdad no me llamaba a la atención para eso).

    El me siguió insistiendo y yo lo rechazaba. La verdad yo era muy promiscua en ese tiempo, pero él no me gustaba en lo absoluto. Seguimos hablando como amigos, hasta un término que mi abuela se enfermó, ella sufre de migraña, y yo vivía con ella, y pues lo que trabajaba no me alcanzaba para sus pastillas, así que le comenté que estaba en apuros de dinero y que no sabía como hacer para poder comprar los medicamentos, así que el me propuso darme dinero a cambio de acostarme con él, y la verdad yo no quería, pero me vi tan necesitada de dinero que accedí.

    Me dijo te daré 20 dólares a cambio de 4 horas de sexo, le dije que estaba bien, me dio el dinero de una vez para que comprara el medicamento y a la siguiente noche nos veríamos. Al siguiente día por la noche, el mando un taxi a recogerme a donde yo trabajaba, el cual me llevaría a un hotel de otro pueblo cercano, cuando me bajo del taxi él me estaba esperando afuera, y le dijo al portero ella entra conmigo y sale conmigo.

    Seguimos caminando hacia la habitación, entramos, cerró la puerta, me ofreció un trago y me dijo relájate, todo va a estar bien. Yo estaba un poco asustada pues no sabía que pasaría, me dijo quítate toda la ropa y me modelas. De una vez accedí a quitarme todas las prendas y empecé a caminar a su lado de una manera provocativa. Después me dijo siéntate en la cama, me senté, cuando él se empieza a desnudar, cuando se quitó todo y se bajó el bóxer me arrepentí, tenía un pene demasiado enorme sabía que me iba a lastimar, era un miembro de aproximadamente 23 cm de largo y un poco grueso.

    Se puso delante de mi, mi cara estaba al frente de ese pene enorme, me agarro del cabello y me dijo abre la boca y lo metió de un solo jalón a la garganta, la verdad me dolió la garganta y casi me hace vomitar, y yo solo pensaba en lo hinchada que me iba a dejar mi panocha. Luego él se coloca el condón, me acuesta y él se pone arriba de mi, yo no había lubricado nada pues yo en vez de estar excitada estaba era aterrorizada, pone la cabeza de su miembro en la entrada de mi panocha e intenta meterlo, pero la verdad nunca había estado con un hombre tan dotado, así que no quería entrar, hasta que le dio un fuerte empujón y entró.

    Yo solo di un fuerte grito mientras sentía que se me desgarraba todo y el solo dijo, ufff que apretada estas así es que me gusta, y el en vez de ir suave me empieza a dar con todo, yo ya no aguantaba más a lo que procedí a decirle que me dejara subir encima de él, pues así yo tendría el control y solo entraría hasta un cierto punto, y si el accedió y así fue solo me metía la mitad y ahí si empecé a lubricar y a excitarme.

    Luego él me dijo, ponte de perrito que quiero ver como se te abren esas nalgas yo ya estaba muy cachonda, y me puse de una vez, él lo metió entero, sentí una fuerte punzada en el vientre, pero yo ya estaba mojada, así que entro sin problema. Me estuvo dando un buen rato así en esa posición hasta que lo saco y me dijo, que rico ano me lo quiero comer, de una vez le dije NO de un solo grito, ya que yo era virgen por ahí nunca me lo habían hecho y con ese gran miembro me iba a destrozar.

    El de una respondió cállate que todas las mujeres lo hacen y además para eso te pago. Yo intente escabullirme y él se acostó sobre mi dejándome inmóvil, se sacó el condón, le echo solo un poco de saliva y lo metió de un solo jalón. Sentí un dolor inmenso que jamás había pasado en mi vida, yo solo pegaba gritos de dolor y me dijo cállate o te tapo la boca con cinta, me puso una almohada para que la mordiera y soportara el dolor. Pasaron unos dos minutos, pero la verdad para mi fueron horas, ya que las arremetidas eran muy duras, le suplicaba que parara pero no me hizo caso.

    El exclamó me quiero venir así, y si ya estaba jadeando de placer, cuando me dijo arrodíllate. Solo alcance a cerrar los ojos cuando empecé a sentir sus chorros de semen caer en toda mi cara, él se tiró sobre la cama y yo fui al baño a limpiarme, y al pasar un poco de papel por mi ano sentía un ardor horrible y el papel todo sangrado, la verdad mu panocha estaba roja hinchada y satisfecha. Me había dado la mejor culeada de mi vida, pero mi ano no.

    Salí del baño y me vestí, y él igual, salimos me monto a su carro, y me llevo a mi trabajo, antes de bajarme me dijo solo pasaron 2 horas así que me debes 2 horas mas. Me baje del coche y me fui a trabajar.

    Las siguientes 2 horas se los contaré en otro relato.

  • Los4: Sus inicios

    Los4: Sus inicios

    Me llamo Andrés (seudónimo, al igual que el resto de componentes) y soy el que va a escribir por “Los4”. Voy a contar historias que nos han ocurrido a dos parejas, bien juntas o por separado. Espero que os gusten y disfrutéis.

    Empezaré presentándonos. Primero Andrea, mi pareja. Española, más bien alta, delgada pero con las curvas justas, un culito que es el deleite de todos los que la ven en bikini o con ropa ajustada y unas tetitas pequeñitas, con un tamaño justo, coronadas por un pezón que sobresale mucho y que siempre va marcando sin sujetador o sujetador deportivo, su areola es pequeña. Muy viciosa y exhibicionista. Le encanta ir calentando a la gente.

    Milena es la otra chica de Los4. Colombiana, muy distinta a Andrea. Color de piel más oscuro, algo más baja y con muchas más curvas. Las tetas son muy grandes y siempre con escote, todo el mundo se vuelve loco con él. No tan viciosa como Andrea pero si muy caliente. Necesita sexo a todas horas. Se me olvidaba decir que Andrea es bisexual y Milena, aunque le gusta el juego con chicas, no lo es tanto.

    Ahora los chicos. Miguel, pareja de Milena, español, fofisano, aunque algo pasado de kilos es atractivo y atrae a las chicas. Rabo de tamaño medio tirando a grande, 16 cm y bastante grueso. Más de una vez tiene problemas con las penetraciones. Le encanta el papel de cornudo, Milena necesita mucho sexo y a él no le importa compartirla con otros chicos, ya sean uno o varios.

    Y, por fin, yo, Andrés, pareja de Andrea. También español (no lo digo por nada, es por contraponer a Milena, con otras costumbres, sobre todo sexuales, mucho más caliente y fogosa que nosotros tres). Me cuido bastante, hago deporte, alto y con buen cuerpo. Mi rabo también mide 16 cm, pero de un ancho normal. No destaca por el tamaño, pero pequeña tampoco es. Muy vicioso y, entrado en fiesta, algo heteroflexible.

    Este va a ser el primero de muchos relatos y voy a empezar por cómo nos conocimos los 4. Ambas parejas teníamos una cuenta en Twitter y empezamos a reaccionar a las aportaciones de los otros, mandarnos mensajes… Hasta que un día decidimos conocernos. Quedamos en ir a un pub liberal, pues el ambiente ayudaría.

    Las chicas iban espectaculares, ambas con faldas cortas ajustadas y por arriba Millena con un súper escote que dejaba poco a la imaginación y Andrea una camiseta ajustada marcando sus pezones. Nosotros, más normales, como la mayoría de los hombres.

    Al saludarnos los besos fueron muy cercanos a los labios con un ligero abrazo que ya nos hizo entrar en calos, al notar nuestros cuerpos. Tomamos unas copas y empezamos a charlar amigablemente. Ya habíamos hablado mucho por mensajes y nos conocíamos bastante bien. Rápido empezamos a lanzarnos piropos, a hablar de sexo abiertamente. Ellas más picaronas que nosotros. Cada uno estaba sentado al lado de su pareja y pronto empezamos a tocarnos, meternos mano, calentarnos unos frente a otros. Hasta que Milena agarró a Miguel y se fue para uno de los reservados, nosotros les seguimos.

    Nada más entrar nos empezamos a besar y tocar, por parejas. Milena empezó a desnudar a Miguel y al llegar a su polla, ya tiesa, se arrodilló y empezó a comerla, pero más que dedicárselo a Miguel, nos la dedicaba a nosotros. La cogía en sus manos y nos miraba, se la llevaba a la boca sin dejar de mirarnos. Con su anchura era complicado metérsela entera, pero sí que se metía buena parte de la polla en su boca. Andrea hizo lo mismo, me desnudo y mi polla tiesa se puso a la altura de su boca. Como si fuera una competición, me la mamaba mirando a Miguel y Milena. Lo hacía más despacio, se la metía y sacaba con deleite, con esa cara de vicio que tiene. Cada vez más hasta que se la metió entera en la boca, quedándose así unos segundos. Casi me corro, tuve que parar la situación para calmarnos un poco.

    Ahora les tocaba a ellas, ummmm, que placer ver sus cuerpos desnudos. Tan distintos y tan excitantes a la vez. Seguíamos con nuestras parejas. Yo acariciaba y comía a Andrea y Miguel a Milena, intercambiando las miradas. Recorríamos cada rincón de sus cuerpos, al llegar a las tetas empezaron a sonar los primeros gemidos. Sobre todo Andrea, que los tiene mucho más sensibles. Mientras la comía le empecé a meter un par de dedos, guau, como entraban, estaba muy mojada por lo que decidí bajar a comer su sabroso coñito. Miguel hizo lo mismo y en cuestión de segundos oímos a Milena alcanzar su primer orgasmo. Se puso a cuatro patas y Miguel empezó a follársela muy fuerte, ella empezó a tener orgasmos casi de forma continua. Andrea se puso igual, a cuatro patas, al lado de nuestros nuevos amigos. Se la metí en el coñito, entró con mucha facilidad, ella gemía más despacio, pero lo disfrutaba, aunque pronto cambió de agujerito, es su debilidad, le encanta el anal. El 90% de las veces se corre mientras le follo ese agujerito. Aceleré el ritmo hasta que nos corrimos a la vez, echándoselo por la espalda mientras que Andrea se tocaba el clítoris. Eso ayudó a acabar a Miguel, dentro de Milena. Nos recuperamos un poco y salimos a la zona de sillones del local.

    Estuvimos un rato comentando lo mucho que nos gustó el follar mientras la otra pareja lo hacía a nuestro lado. Ver los cuerpos desnudos, oírnos, sentir como los otros alcanzan el orgasmo…

    Fue Milena, y su calentura, la que dijo de ir al cuarto oscuro. Entramos y nos pusimos a bailar todavía vestidos. Los cuatro juntos, más que bailar era tocar, sobar, rozar, besar… y empezar a desnudarnos. Por fin desnudos los cuatro cuerpos éramos uno, excepto Miguel, que no le va lo de tocar a los chicos, y yo que le respeté, jeje, todo era un montón de manos tocando al resto. Nosotros acariciábamos a las chicas, por primera vez a la de la otra pareja y ellas a nosotros y entre ellas. Nos besábamos y acariciábamos. Que placer tocar las maravillosas tetas de Milena. Yo sabía que Andrea también estaba recibiendo el mismo tratamiento por su forma de gemir. Tiene las tetas súper sensibles. Fuimos bajando, mi polla fue agarrada por una mano, no sabía cuál, pero por la forma de hacerlo sabía que no era Andrea. Las chicas intercambiaron las pollas de sus chicos, pajeándonos suavemente.

    Nosotros hicimos lo mismo, empezamos a meter mano a la otra chica. Me gustaba el nuevo coñito que estaba tocando, mucho más mojado que el de Andrea, con un clítoris más abultado. Que calentura de mujer, al poco rato se estaba retorciendo en un nuevo orgasmo que la dejó con las piernas temblando. Se apartó un poco para descansar y, entonces, me puse por detrás de Andrea. Miguel se puso por delante, sin penetrar pero con su polla a la entrada del coñito de Andrea y yo por detrás, pegado a su culo. Creo que Miguel estaba tan excitado que le daba lo mismo que nuestras pollas se tocaran al movernos. Nos centramos en Andrea, con nuestras manos, nuestras bocas, nuestras pollas frotándose con su coñito y su culo, hasta que se corrió quedándose abrazada a nosotros para no caerse. Al igual que Milena, se apartó.

    Allí estábamos, en la oscuridad completa, Miguel y yo con las pollas bien duras a punto de reventar. Nos acercamos a donde estaban las chicas, el cuarto era oscuro, pero pequeño, no fue difícil, con alguna indicación, saber dónde estaban. Las chicas empezaron a hacernos una mamada. Era la boca de Milena la que me comía, Andrea lo hace de otra manera. Se la metía y sacaba más rápido y se ayudaba con su mano, me pajeaba cuando estaba fuera. Que forma de chupar, guau, succionaba mi rabo con ansia. Yo tenía que concentrarme para disfrutar sin llegar a correrme, era complicado. Aguanté un poco, hasta que por mis gemidos notó que me iba a correr, se la sacó de la boca y, por la inclinación, supuse que estaba dirigiendo mis chorros a sus tetas, luego me enteré que es el lugar donde más le gusta recibir la leche, aunque no le molesta el sabor y también le encanta recibirla en la boca.

    Degustó los restos de mi corrida, llevándosela de nuevo a la boca esta vez lo hacía más despacio, aunque succionaba con mayor fuerza aún. Luego Andrea me contó lo que disfrutó de la polla de Miguel, tan ancha. Intento lamer por fuera, luego ir metiendo poco a poco y le fue imposible metérsela del todo dentro de su boca, cosa que le encanta. Su forma de chuparla es más pausada, aunque lo hace de una forma que es difícil aguantar mucho, eso es lo que le pasó a Miguel, también por la calentura que llevábamos. Avisó de su corrida, pero Andrea no se apartó. Después del anal, lo que más le gusta es saborear una buena corrida, por lo visto la de Miguel no era de mucha cantidad, pero si muy densa, no sale disparada como la mía. Miguel y Andrea disfrutaron de la corrida. Nos recompusimos y, antes de salir, Andrea me besó, aún con restos de la corrida de Miguel, sabe que me encanta que lo haga, lo vemos muy cochino y vicioso a la vez.

    Esa noche ya no hicimos más, era tarde y estábamos cansados. Eso sí, comentamos que nos había encantado y que nos gustaría repetir. Cosa que iré contando en posteriores relatos.

  • Le fui infiel a mi novia mientras estaba internado

    Le fui infiel a mi novia mientras estaba internado

    Me llamo Adrián, tengo actualmente 28 años y hace 4 años que estoy en pareja con Mónica, una hermosa chica de 26 años.

    Nos conocimos durante unas vacaciones familiares en San Clemente, costa argentina, y enseguida pegamos onda.

    Ella era bastante tímida respecto de su cuerpo, no le gustaba la playa y siempre iba vestida con ropa poco reveladora.

    La voy a describir un poco, Mónica mide 1,63, tiene el cabello oscuro revuelto con bucles y la piel trigueña con rasgos delicados. Es delgada, sus pechos son de tamaño promedio y tiene una cadera con un culo respingón y firme, como una manzanita como se suele decir en mi país.

    Al principio no note lo celosa que podía ser, fulminando con la mirada reprochadora a todas las mujeres que se vestían con bikinis de dos piezas y mas si estas eran micro bikinis.

    En ese momento solo tenía ojos para ella, salíamos a tomar helado, caminar por la peatonal o jugábamos al tejo en la playa.

    Nos pasamos los números al terminar las vacaciones, ambos éramos de la ciudad de Buenos Aires, yo de Caballito y ella de Ramos Mejía.

    Después del primer año de ser novios, comenzaron los celos a tomar fuerza, quizás porque ella era muy insegura con su cuerpo. Cada mujer que se cruzaba en nuestro camino era una posible zorra roba novios, y eso de a poco fue haciendo que la relación se fuera desgastando.

    Yo estaba cursando la universidad y todo el tiempo recibía mensajes de Mónica, diciéndome que no olvide que está lleno de mujeres fáciles a las que les gusta abrirse de piernas al primer muchacho lindo que ven.

    A pesar de todo yo la amaba y lo sigo haciendo, aunque eso me fue enfermando y en consecuencia a la edad de 27 años termine internado ya que empecé a alimentarme poco y mal porque todo el tiempo estaba nervioso de que me dejara por algún celo estúpido.

    Fue ahí cuando conocí a Andrea, una enfermera de 33 años que hacía guardia a la noche durante los 15 días que estuve internado en un hospital de Capital.

    Era delgada, de facciones delicadas y cabellera pelirroja lisa que le llegaba hasta la cola, y unos pechos grandes que hacía notar con su uniforme escotado. Lo primero que note fue que no llevaba brasier, haciendo que sus rosados pezones se trasparentaran en su camisa blanca.

    Era ultra femenina, siempre bien arreglada y maquillada, usaba un pintalabios rojo carmesí que resaltaba sus labios carnosos.

    Cada vez que se acercaba a cambiarme el suero, podía sentir el aroma del acondicionador de su pelo, su perfume y la forma sensual como caminaba.

    Andrea era amable, siempre quería levantarme el ánimo, diciéndome que un chico tan joven debería alimentarse mejor y ser más alegre.

    Por las noches poco o casi nada pasaba después de medianoche, así que Andrea se armaba el mate, y venía a charlar conmigo un rato, antes de que el deber la volviera a llamar.

    Y antes de darme cuenta comencé a contarle mis problemas de pareja y volvernos mas cercanos.

    Fue en la 8va noche cuando Andrea me conto que ella también tuvo un novio enfermo de los celos y que eso era algo que a la larga terminaba por romper la relación.

    Pasaron varias noches hasta que Andrea me dijo que hacía mucho no se sentía tan cómoda hablando con un chico.

    Ella me confeso que entendía los celos de mi novia ya que en palabras de ella yo era un joven muy amable y lindo, y que podría tener a cualquier mujer que quisiera.

    Me reí diciendo que solo lo decía por compromiso y porque le caía bien.

    Andrea me contemplo por un instante, vacilante, antes de proseguir.

    Comenzó a recorrer mi brazo derecho con su delicada mano, acariciándolo con sus suaves dedos. Me dijo que tenía brazos fuertes y que eso les encantaba a las mujeres.

    Y con estas manos, hizo una pequeña pausa mordiendo levemente su labio inferior de un modo super sexy, se me ocurren varias ideas, todas indecentes.

    Estaba tan molesto, tanto esfuerzo por ser el mejor novio y aun así Mónica no dejaba de hostigarme y hacerme sentir miserable.

    Estaba muy caliente, tenía la verga como un roble, sin contar conque desde la internación que no me masturbaba.

    Note como sus pezones iban creciendo debajo de la tela del uniforme, mientras su respiración se volvía más pesada.

    Le dije como pude que no tendría que serle infiel a mi novia, por mas que muchas veces lo pensara.

    Ella no tiene porque enterarse fueron sus palabras, tomó mi mano, previamente había bajado un poco su pantalón, y la condujo a su zona intima, llevaba una tanga negra con encajes.

    Estamos juntos en esto, tu secreto es mi secreto, quiero que sientas lo mojada que estoy, hacia rato que no estaba así por ningún hombre.

    Mi corazón se aceleró al sentir el contacto con la tela de su tanga, casi como si fuera la primera vez que lo hacía, y los ojos de Andre se deleitaron cuando corrí la fina tela que separaban mis dedos de su sexo.

    Mis dedos no tardaron en penetrarla, su interior estaba cálido y completamente mojado. Comencé a jugar con mis dedos mientras ella se retorcía de placer y acariciaba sus pechos.

    Así, seguí así, colame los dedos que me encanta, me decía entre gemidos ahogados, aprovecha que la guardia hoy está casi vacía y no nos va a molestar nadie.

    Cuando los saques estaban empapados de flujo, quería saborearlo, sentir como era el sabor de otra mujer que no fuera mi novia. Ese morbo era completamente nuevo para mí, casi como si descubriera un nuevo fetiche oculto hasta ese momento.

    Andrea tomo mi mano dubitativa y la introdujo amablemente en mi boca.

    Por esta noche soy toda tuya y estoy feliz de complacerte en lo que me pidas. Solo tenés que armarte de valor para decirme tus deseos.

    Ahí murió mi último intento de fidelidad.

    La tomé por el cuello y conduje su cabeza hasta mi pantalón, ni siquiera yo sabía que tenía un lado tan salvaje. Sin embargo, lejos de asustarse Andrea comenzó a oler y besar mi miembro por encima del pantalón, algo me decía que era de esas mujeres a las que les gustaba ser sometidas.

    Baje mi pantalón y mi verga salió como un resorte, golpeando de lleno la boca de Andrea, quien soltó un leve grito de excitación.

    Sus ojos depravados comían mi pene con la mirada, esperando la orden de su amo para poder saborearlo.

    Te dije que mi novio era muy celoso, y en parte es porque soy una cerdita pervertida adicta al sexo, y decía que era la mejor petera que conocía. Por eso era temeroso a que me vaya con otro que me diera más placer.

    Considérate afortunado, no le hago un pete a cualquiera, a diferencia de lo que creía el estúpido de mi ex.

    En pocos segundos mi verga se perdió en su boca, eran una garganta profunda en toda regla. Un pulso eléctrico recorrió todo mi tronco nervioso.

    En un instante el placer se apodero de mi cuerpo mientras podía escuchar los gorgoteos de una garganta siendo violada incansablemente por un pene de 18 cm de largo y 6 de grosor.

    Su lengua bailaba dentro de mi boca, estimulando mi glande de maneras asombrosas, debía concentrarme solo para evitar correrme.

    La sacaba llena de baba solo para volver a tragarla, mientras sus ojos color café me poseían, casi como si pudiera ver dentro de mi alma.

    Mi novia no se animaba a verme mientras me la chupaba, sin embargo, Andrea lo hacía sin pudor alguno.

    Luego de un rato, que se sintió una eternidad de placer, sentí como iba a liberar todo mi estrés acumulado por días.

    Quise apartarla por vergüenza, después de decirle, pero Andrea estaba dispuesta a que acabé en su boca, otra cosa que nunca había tenido el placer de hacer, y era uno de mis deseos.

    Ver a una mujer arrodillada mientras chorros de semen caían en su boca y cara.

    Dámela toda, quiero tu lechita calentita en mi boca, quiero saborearla toda como no lo hace la frígida de tu novia.

    Esas palabras fueron el detonante, el semen comenzó a brotar a borbotones, nunca había eyaculado tanto en la vida. Los chorros de semen pronto cubrieron la boca y la cara de Andrea y ella lo disfrutaba como si de crema batida se tratara.

    Tomo el excedente de su cara y lo llevo a su boca para tragarlo, era lo mas excitante que me estaba pasando.

    Andrea viendo que mi verga aún no se bajaba, se acercó a la ventana para ver que no viniera nadie por el pasillo y se quitó la tanga y el pantalón.

    Llevo ambas manos a sus nalgas y se las abrió mostrándome su ano y su vagina.

    Que me decís, ¿vamos a dejarlo acá o llevarlo hasta el final?

    Continuará.

  • Sexo público en Paris

    Sexo público en Paris

    Hoy mi relato trata sobre Isabelle (Isa). Isa es una amiga en común de la Universidad que vino a visitarnos a Paula y a mí. Isa es una chica muy simpática, muy amiga de Paula que se alojó en casa de Paula como invitada. Si tuviera que describirla diría que es una chica guapa, delgada sin curvas pero con buen cuerpo, medianamente alta y rubia de ojos azules.

    Como visitante de la capital francesa, le preparamos un tour en bicicleta para descubrir los monumentos más emblemáticos de la capital. El día trascurrió sin contratiempos, fue muy soleado y cálido. Después de todo un día de turismo, a eso de las 7 pm nos retiramos a nuestros apartamentos a darnos una ducha, y descansar un poco para salir a las 22 h con el resto del grupo de amigos de fiesta.

    A las 22 h, Paula, Isa, el resto de personas y yo nos reunimos en la estación de metro de Châtelet para tomar unas copas antes de ir a la discoteca. El grupo estaba un poco dividido, yo bebiendo con parte del grupo de amigos, hablando de temas de trabajo, mientras que Paula e Isa estaban solas cotilleando. Para ser sincero, no estaba acostumbrado a esta situación, Paula no había intentado acercarse a mí ese día! De todas formas, pensé que todo estaba bien y que solo era porque ella estaba cuidando a Isa.

    Después de varias rondas de alcohol, me empezaba a sentir un poco afectado y me di cuenta de que Isa parecía disfrutar mientras me miraba fijamente hablando con Paula. Yo comencé a hacer lo mismo, pero pronto Paula se acercó pidiéndome salir a un lugar más tranquilo con ella. Como ya estaba acostumbrado a este tipo de peticiones por parte de Paula, me puse rápidamente cachondo tratando de averiguar lo que ella me iba a proponer hoy: «Hoy estoy en uno de esos días del mes en los que no me siento muy bien… Después de todo un día fuera de casa, tengo bastante dolor de estómago y dolor de cabeza… lo siento, pero tengo que irme a casa a descansar para mañana seguir visitando la ciudad con Isa. Pero antes de irme… me gustaría sorprenderte…”

    Entonces yo la interrumpí: «Paula, yo ya sabía que tenías una sorpresa guardada para mí, ¡me estaba poniendo cachondo solo tratando de descubrirlo!».

    Tapándome la boca, Paula continuó hablando: «Sabes que tenemos una relación de follamigos abierta, ¿verdad? Hoy estuve charlando con Isa, y la puse bastante cachonda contándole cosas que solo yo conozco sobre ti… ahora lo único que quiere es follarte esta noche»

    Me quedé sin palabras, sólo podía balbucear: «Pero, pero… ¡Paula!»

    Paula solamente me guiñó un ojo, me dio un beso en la boca y al irse me dijo: «¡¡No olvides que la semana que viene estaré hormonal!!… ¡¡Buena suerte esta noche!! » mientras desaparecía entre la multitud de la calle…

    Me quede solo intentando asimilar lo que acababa de decirme. Después de un par de minutos reflexionando fuera, entré al bar. Allí estaba Isa, mirándome fijamente junto a la barra, visiblemente borracha y rodeada de chicos. Isa llevaba sandalias y una minifalda amarilla (que cubría solamente ¼ de sus muslos) y una camiseta blanca ajustada de tirantes. Para ser honesto, después de las palabras de Paula y el alcohol, comencé a ver a Isa de otra manera. Isa es una chica hermosa y nadie en su sano juicio lo pondría en duda, pero por varias circunstancias (básicamente nunca estuvimos solteros al mismo tiempo) nunca había pensado en ella como ahora.

    Ambos estábamos un poco borrachos y al ver que yo me acercaba, ella se escapó del grupo de chicos que la rodeaban. Yo tenía la intención de hablar, pero ella me abrazó fuertemente y me besó acaloradamente introduciendo su lengua en mi boca. Seguidamente me dijo: «Gracias por salvarme».

    Yo estaba en shock, sin apenas reaccionar, me cogió de la mano y me llevo fuera. Allí estaba el resto del grupo, al parecer nos estaban buscando para decirnos: «vamos a la discoteca, si llegamos tarde la cola será enorme». El viaje era muy complicado si se tomaba el metro, por lo que el grupo decidió caminar unos 20 minutos hasta el lugar.

    Por el camino Isa y yo íbamos hablando de temas poco relevantes, viajes comunes, gente en común… También me pidió disculpas por haberme besado, justificándose de la siguiente manera, mientras se tocaba el cabello: «Cuando estoy borracha libero mis instintos y hago cosas que no soy lo suficientemente valiente a hacer cuando estoy sobria»

    Creo que me puse muy colorado… así que intente cambiar de tema diciendo que era triste que Paula no pudiera estar con nosotros como en la universidad. A este comentario, Isa respondió: «Me siento mal… quizás debería estar en casa cuidando a Paula pero… hace mucho que no salimos juntos, así que me decline por disfrutar de París contigo» y me guiñó un ojo mientras me tocaba el brazo.

    Por una vez en mi vida, entendí el doble sentido y rápidamente le pregunté a Isa: «Si Paula está en casa durmiendo, ¿dónde piensas dormir hoy?».

    Mordiéndose el labio, Isa respondió: «¿Quién sabe? Pero puede que hoy necesite un hueco en tu cama»

    ¡Estaba en racha! así que contraataqué: «Las ropas no están permitidas en mi apartamento, así que…»

    Isa se echó a reír solo diciendo: «eso es lo que a ti te gustaría…»

    Con la conversación, nos habíamos distanciado mucho del grupo, en aquel momento estábamos cruzando la «Ile de la Cité», una isla sobre el río Sena donde hay un lugar muy bonito con vistas a la torre Eiffel. Siempre me gustó este lugar porque está aislado y por la noche solo hay árboles y pocas luces.

    Entonces le dije a Isa que bajara las escaleras para ver la preciosa vista de la torre Eiffel, ella automáticamente empezó a hacer bromas: «mmmm, ¿qué quieres hacerme ahí los dos solos alejados de la vista de los demás?»

    Me reí y le dije: «Nada que no vayas a disfrutar» automáticamente, Isa empezó a bajar las escaleras.

    Una vez abajo, nos acercándonos al borde de la Isla… Isa estaba maravillada con las vistas de la torre. Todo estaba a oscuras y tan solo nos iluminaban las luces de la luna, la torre Eiffel y los barcos que navegaban.

    Mientras Isa no paraba de expresar lo romántico que era el lugar, rompió a llorar diciendo: «¿Por qué ningún hombre quiere relacionarse conmigo?» y siguió llorando… «Paul estaba celoso de mi éxito laboral, así que quiso romper conmigo. Peter… bueno no todos lo saben, pero una noche quedo conmigo con la excusa de que estaba soltero, follamos y ¡todo era mentira!»

    Sorprendido, le pregunté: «¿Que Peter?, ¿nuestro compañero?, ¿en serio?».

    Yo estaba apoyado contra una pared, Isa se acercó a mi para abrazarla y consolarla. Mirándola a los ojos le dije: «Isa escucha atentamente, ¡eres una mujer de éxito! los hombres de mentalidad antigua no son capaces a soportar que seas mejor que ellos. No te preocupes, la persona adecuada acabará entrando en tu vida y sabrá hacerte muy feliz»

    Mirándome fijamente, Isa respondió: «Gracias por estas palabras, ¿realmente lo crees?»

    Le respondí: «Estoy seguro, eres increíble, guapa, simpática y muy sexy».

    Mientras le hablaba, Isa me miraba profundamente a los ojos, y al terminar mi frase, ella continuó: «Es una lástima que vivamos tan lejos el uno del otro» Aprovechando que la estaba abrazando, me agarro la cabeza y comenzo a besarme nuevamente…

    Ambos estábamos muy borrachos y contábamos con la aprobación de Paula, así que sin miedo nos derretimos en un beso apasionado. Movimientos lentos, sus brazos alrededor de mi cuello, mis manos en su espalda, jugando con nuestras lenguas…

    Podía sentir que Isa dejaba de llorar y disfrutaba del momento… Seguidamente, nuestras manos comenzaron a explorar nuestros cuerpos… mis manos bajaron hasta su culo, apretándolo sobre su faldita mientras ella acariciaba sensualmente mi rostro…

    La verdad, que tanto yo como ella estábamos disfrutando al máximo. Estábamos en París, la ciudad del amor con una vista increíble a su monumento más icónico, torre Eiffel.

    Isa era también consciente de la situación y dijo «Este es de largo el lugar más romántico al que me trajo un hombre» y continuó besándome mientras metía sus manos debajo de mi camiseta, acariciando mi espalda, mi cintura, mi pecho…

    Yo no perdía el tiempo y mientras le lamia y mordía su fino cuello, ubicaba mi mano derecha en sus muslos y la desplace suavemente hacia arriba… a medida que le iba subiendo la falda, ella separaba sus piernas facilitándome el camino. Al llegar a su coño, empecé a acariciarlo por encima del tanga, notando como empezaba a ponerse húmedo y caliente. Finalmente, termine la maniobra apretándole bien el culo y sin soltárselo.

    Casi sincrónicamente con mi mano derecha, mi mano izquierda agarró sus tetas y comencé a jugar con sus pezones.

    Nuestros corazones aumentaban los latidos, mi polla ya estaba muy dura cuando Isa comenzó a lamerme debajo de la camiseta… haciéndome un chupetón al lado del pezón izquierdo. Seguidamente me desabrochó el pantalón corto y con mucha delicadeza, introdujo su mano, y deslizándola por mis caderas, llego hasta mi gran polla para sacudirla lentamente.

    Estábamos disfrutando tremendamente del momento, Isa gemía bajito mientras mi mano derecha comenzaba a apartar su tanga y acariciar su coño húmedo. Al introducir mi dedo, me pude hacer una idea de cuan cachonda estaba… Sus fluidos goteaban deslizándose por sus piernas para luego caer al suelo…

    Era la hora punta y la torre Eiffel iniciaba su espectáculo de luces, algo parecido a un inmenso árbol de Navidad con millones de luces parpadeando.

    Era algo que Isa debía contemplar, así que le dije: «Tienes que ver esto», me senté en el escalón, la giré para que mirase a la torre y la senté en mi regazo mientras 2 de mis dedos seguían penetrando profundamente su coño.

    Mientras gemía, ella acariciaba mi polla dura diciendo: «¡Me encanta!»

    No tenía claro si se estaba refiriendo al espectáculo de luces o a nuestro «juego»… Solo sé que desplazó su tanga a un lado y buscando mi pene lo introdujo en su coñito caliente de golpe.

    Comenzamos a follar mientras contemplábamos el espectáculo de luces De la Torre.

    Era una sensación indescriptible…

    Todo en silencio y los únicos sonidos eran nuestros gemidos y el sonido que hacía su coño extremadamente mojado mientras montaba mi polla.

    Mientras la penetraba, mi mano izquierda jugaba por la parte delantera de su coño, y la derecha jugaba con sus pezones duritos.

    Intentaba darle todo placer que estaba a mi alcance mientras elevaba mis caderas para introducir toda mi polla dentro de ella.

    No pasó mucho tiempo hasta que Isa empezó a gemir locamente y a correrse sobre mis piernas dejando un gran charco en el suelo.

    Su corrido me pescó desprevenido… Era tan increíble lo que estábamos haciendo, que forcé un poco y acabé descargando todo mi esperma bien profundo en su coño… cada gota de esperma que salía de mi polla, era como un orgasmo individual. Me daba tanto placer que no podía para de gritar…

    Isa, de alguna manera lo podía sentir y no paraba de cabalgar aunque ya hubiera acabado mientras sincronizábamos sus fuertes gemidos com mis gritos de placer.

    Al terminar el espectáculo de luces, Isa se levantó se ajustó el tanga correctamente y dejó que una abundante cantidad de semen continuase deslizándose por sus muslos.

    Entonces giró su rostro hacia mí, me besó y dijo: «Gracias, este fue, es y será el mejor espectáculo de mi vida. Siempre lo recordaré como el mejor polvo de mi vida. ¡Sigamos en casa!». y me guiñó un ojo.

    Camino de casa, compartimos besos y caricias en la noche calurosa. Al entrar al edificio, Isa se quitó el tanga mojado e impregnado de semen y lo arrojó dentro de los cubos de basura al lado de las escaleras. Podía ver como había todavía gotas deslizándose por sus piernas y cayendo sobre la alfombra.

    Luego empezó a subir las escaleras mientras yo aprovechaba a darle un mordisco desprevenido en su culo desnudo.

    Isa continuaba subiendo las escaleras… mientras se quitaba la camiseta, para después arrojármela.

    Entonces me espero, y jugando me dio un beso para automáticamente subir corriendo por las escalera mientras se quitaba, muy sensualmente, el sujetador y lo dejaba en el suelo descubriendo sus pequeñas pero bonitas tetas.

    Yo estaba muy cachondo por la situación, solo quedaba un piso y su faldita… Mientras recogía su sujetador del piso, ella me miró fijamente y moviendo sensualmente su trasero, comenzó a bajar su falda a cada paso que daba.

    Al llegar al tercer piso completamente desnuda, dejó su falda en el pomo de la puerta a mi apartamento.

    Isa estaba completamente desnuda… pero yo me quede mirando su bonito coño con una fina y sexy línea de pelo…

    Cuando llegué al tercer piso, ella dijo completamente desnuda: «¡¡Bienvenidos al Moulin Rouge!!» y con muy mal acento francés continuó «¡Voulez, vous couchez avec moi, ce soir!»

    Sonreí y la besé.

    Mientras abría la puerta del departamento, ella me recordó: «¡¡me dijiste que en tu departamento estaba prohibida la ropa!, así que aquí te espero!!»

    Rápidamente, me quite la camiseta, me desabroché el short y le dije: «Sé lo que buscas…» Abrí la ventana y le mostré la vista a la calle… colocándola contra la barandilla me puse de rodillas a lamerle su rico coño, saboreando el líquido caliente que aún salía de ella.

    Mientras le abría las piernas, ella me agarró la cabeza por el pelo y suspiraba. Yo comencé a introducir mi traviesa lengua muy dentro y ella presionaba mi cabeza contra su coño. Parecía que no llegaba lo suficientemente profundo para ella: «Esto es genial para calentar pero quiero sentir tu gran polla llenando mi coño otra vez».

    Entonces me senté en la cama, Isa frente a mí, agarró mi polla dura y se sentó en ella sin pensárselo dos veces.

    Intenté elevar mis caderas para darle el máximo y sentir como la punta de mi polla se movía dentro de ella.

    Todavía recuerdo cómo mi punta chocaba contra las paredes del útero como el badajo de una campana. Isa estaba completamente salvaje mientras me mordía el labio.

    No podía dejar de agarrar y golpear su trasero muy fuerte, poniéndose rojo.

    Gimiendo y gimiendo, mis manos fuertes ayudaban al movimiento de sus caderas sobre mi polla mientras yo le hacía chupetones alrededor de su cuello y pezones.

    Estaba a punto de correrme, y así se lo hice saber. En ese momento, ella dio un salto eléctrico, para sacarse la polla de sus entrañas y ponerse de rodillas a chuparla con mucha pasión y ganas. En pocos segundos, mi liquido caliente salía de mí y acababa en su boca… Todavía recuerdo su cara de emoción mientras tragaba y limpiaba todo el semen de mi polla… parecía que le habían hecho el mejor regalo de su vida!!

    Acostándose sobre mí y respirando hondo, se burló de mi diciendo: «¿Me mudo a París o tú te mudas a mi ciudad?» para al poco caer dormida.

  • Una mañana de footing muy especial

    Una mañana de footing muy especial

    Como todas las mañanas, Tomás salió de su casa para dar unas vueltas corriendo por unas pistas de tierra que hay cerca de su urbanización y que la parcelaria creó para dividir unas fincas en forma rectangular muy similares en tamaño. Daban la imagen de un laberinto por el que es fácil perderse si no lo conoces lo suficiente.

    A los lejos observó la silueta de una chica haciendo estiramientos para empezar a correr también. Era alta, de 1,70 m, delgada, pelirroja y con el pelo recogido en una coleta, y no aparentaba tener más de 18 años.

    Tomás, que ya era un cuarentón, casado y con dos hijos, no le dio la menor importancia. Era una chica fitness más de tantas con las que se cruza a diario. La saludó al encontrarse con ella y siguió su ruta. Pero notó algo inquietante en la mirada de la chica, algo que le despertó sus instintos sexuales dormidos a esa hora de la mañana. La chica lo miró con deseo, Tomás lo tenía claro, su radar nunca le falla.

    El caso es que pasado ya un tiempo, como una hora, se la vuelve a cruzar en una de las pistas. Ella venía corriendo, sudorosa. Lo para y le dice:

    —Perdona que te interrumpa pero es que me olvidé de traer bebida y tengo mucha sed. ¿Te importa si bebo un poco de tu botella?

    —¡Qué me va a importar, mujer! —contestó Tomás—. Cógela tú misma de la mochila. Como por aquí no suele haber fuentes suelo traer una botella de litro y medio aunque sea incómodo para hacer footing. Tú no eres de por aquí, ¿no? No te tengo visto por estas pistas. Yo vivo aquí cerca.

    —No. Yo vivo en la otra punta de la ciudad y soy más de gimnasio, pero esta vez me apeteció más correr por zonas de monte.

    La chica desabrochó la mochila que Tomás tenía colgando de su espalda, sacó la botella y le pegó unos cuantos tragos.

    —El gimnasio me gusta más en invierno pero en plena primavera prefiero el aire puro que me ofrece este bosque –prosiguió Tomás—. Por cierto, yo me llamo Tomás, ¿y tú cómo te llamas?

    —Yo me llamo Elizabeth, encantada.

    La chica le metió la botella en la mochila, se la abrochó y le volvió a decir:

    —Muchas gracias por tu hospitalidad. Si me cruzo contigo otra vez te volveré a molestar, si no te importa, Tomás.

    —Tranquila, Elizabeth. No te cortes en pedirme más agua. Yo todavía voy a correr por espacio de una hora más.

    Se despidieron y cada uno siguió su camino. Pero Tomás se notaba muy excitado. Le sacaba el doble de edad a la chica, se sentía avergonzado por ello, pero su excitación sexual era superior y no le dejaba reflexionar con frialdad. Estaba deseando encontrarla otra vez pero no la veía por ninguna de las pistas. Corría y corría por todos los lados. Tomás tenía la ventaja de conocer todo aquel laberinto como su palma de la mano y hacía cálculos de por dónde Elizabeth podría estar y se dirigía hacia allí, pero sin éxito.

    Después de una insufrible búsqueda, de repente, se la encuentra tumbada en el suelo, cerca de un árbol, haciendo abdominales. Tomás la saluda y le pregunta en tono jocoso si quiere más agua.

    —Sí, por favor. Llegaste en el momento oportuno. Ya no podía más. Espera que acabe esta serie de abdominales y me bebo la botella de un trago –y soltó una carcajada.

    Elizabeth iba muy sexy. Llevaba unos tenis blancos altos a juego con unos calcetines del mismo color. Un pantaloncito corto ajustado de color azul y una camiseta rosa, que de lo sudada que estaba, dejaba entrever un sujetador muy sensual.

    Para no enfriar, Tomás empezó a hacer flexiones, abdominales y estiramientos. Mientras hablaban, él se fijaba en las posturitas que practicaba Elizabeth, que Tomás no dudaba de que ella las exageraba de forma sensual para provocarle.

    A medida que cogían confianza ella no hacía más que picarlo diciéndole que él ya no tenía edad para tanto deporte, que se pierde potencia y resistencia. Que la fuerza y la masa muscular menguan y otras cosas por el estilo, hasta que Tomás explotó diciéndole:

    —Perdona pero yo todavía me siento como un chaval de 25 años, y en algunos aspectos incluso he mejorado con creces –y le sonrió picaronamente.

    —¿En algunos aspectos? Jajaja. ¿A qué te refieres machoman?

    La verdad es que Tomás se mantenía bien en forma. Era alto, delgado y marcaba un poco de tableta en el abdomen. Intentaba llevar la conversación por el lado sexual y se tiró a la piscina con esta declaración:

    —Pues me refiero a que si quieres comprobar si un cuarentón sirve o no sirve para complacer y no dejar a medias a una chica como tú podemos adentrarnos en el bosque. Seguro que será una experiencia inolvidable para los dos… y sobre todo para ti.

    —La verdad es que me pones mucho, pero estoy muy sudada y no lo veo adecuado hacerlo en estas circunstancias.

    —Todo lo contrario, Elizabeth. ¿Ves como tienes mucho que aprender de un senior? Si yo soy experto es justamente en hacer cunnilingus y cuanto más sudada esté esa zona más sabor a salado tendrá. Más sabor a mar. Será como degustar una almeja de verdad.

    La chica no pudo contener una carcajada y reconoció que, la verdad, podrían pasar un buen rato y comprobar si era todo de boquilla o era un auténtico experto “culinario”.

    Se adentraron en el bosque. Como era tan temprano, todavía había mucha niebla, no se veía casi nada a cinco metros. Tomás conocía de un refugio para pescadores que había a 300 metros y se dirigieron hacia allá.

    Por el camino se iban besando y acariciando. Él le lamia las orejas y el cuello mientras ella le masajeaba la entrepierna para comprobar si tenía un buen paquete, cosa que comprobó afirmativamente, al notar que la verga estaba inhiesta en todo su esplendor y era de un tamaño superior a la media.

    Al llegar al refugio lo primero que hizo Tomás fue encender un pequeño fuego, cerca del cual pusieron la ropa sudada, para que se secara un poco.

    Al quedarse desnudos, uno frente al otro, se abrazaron y besaron con pasión desenfrenada. Tomás le masajeaba y besaba los pechos y con su lengua puntiaguda jugueteaba con los pezones de la chica.

    Al cabo de un buen rato de estar de pie besándose y magreándose mutuamente, él decidió tumbarse en el suelo sobre unos restos de paja. Entonces, Elizabeth, sin pensárselo dos veces, se colocó en cuclillas sobre su cara apoyando las manos sobre el torso de él.

    Al principio dejaba su vulva a unos tres centímetros de distancia del rostro de Tomás, para obligarle a sacar la lengua todo lo que pudiera. Él, con mucho gusto, estiraba su lengua al máximo y se la pasaba por sus labios vaginales de forma relampagueante, con la idea de causarle cosquillas y excitación al mismo tiempo. Como ella estaba totalmente depilada le facilitaba el trabajo muchísimo.

    Elizabeth observaba con mucho morbo la verga de su ocasional amante, que más parecía un mástil que un vulgar pene de lo larga, recta, gruesa y dura que la tenía el senior en esos momentos. Ella alargó una mano y la empezó a sobar, comprobando que estaba tan dura como una barra de hierro, pero a diferencia de esta, el miembro viril de su chico palpitaba como si tuviera un corazón propio. La midió estirando su palma de la mano todo lo que pudo, y no consiguió abarcarla entera, quedando el glande y dos dedos de pene sin cubrir. Ella acercó su cara al pene y después de soltarle un importante salivazo, con su mano se lo fue extendiendo por todo el miembro y testículos hasta dejarlos bien brillantes y lubricados.

    Elizabeth estaba en el Séptimo Cielo con el cunnilingus tan completo que le estaba proporcionando Tomás. Él no se limitaba solamente a lamerle la vulva, sino que, también como buen experto en la materia, le lamía el orificio anal. Pubis, perineo y trasero (con ojete y raja incluidos), Tomás se los estaba dejando tan limpios y frescos como si Elizabeth estuviera usando un auténtico bidet.

    Por fin, ella decidió bajar el cuerpo y aplastar su pubis con toda su fuerza contra el rostro de Tomás. Elizabeth empezó por hacer movimientos de cadera hacia adelante y hacia atrás. A los pocos minutos cambió por movimientos circulares de pelvis. Estos dos movimientos, hacia adelante y hacia atrás y en círculos, los iba intercalando cada pocos minutos. Tomás a su vez, no daba abasto entre lamer, chupar, mordisquear y succionar los labios mayores y menores de la vulva, el clítoris, las profundidades de la vagina, el perineo, el ojete anal y la raja del trasero. Gracias a los jugos vaginales que soltaba a raudales Elizabeth, a Tomás no se le secaba la boca y la lengua no se le convertía en papel de lija. Saboreaba aquellos caldos como si fueran champagne de las mejores bodegas. A veces dejaba la lengua inmóvil en posición vertical, al modo de micro-pene, para que ella con sus movimientos de cadera se fuera dando gusto a sí misma. Otras veces, sobre todo cuando Elizabeth se enfocaba en posicionar el ojete sobre la boca de Tomás, dándole un corto respiro a su coño, él prefería dejar la lengua en forma plana y horizontal para lamer bien en profundidad y en toda su longitud la raja que dividía el hermoso trasero de Elizabeth, aprovechando sus movimientos de adelante y atrás.

    Elizabeth hacía un buen rato que se había soltado la coleta y el pelo alborotado le cubría casi toda la cara. De repente puso los ojos en blanco y mordiéndose los labios intentó ahogar un ligero chillido. Se quedó quieta. Unas ligeras convulsiones corporales, palpitaciones en el clítoris y un buen chorreo de jugos sobre la boca de Tomás le hicieron comprender que la chica había tenido un orgasmo.

    A los pocos minutos incorporó el cuerpo unos centímetros, lo suficiente para poder descargar sobre la cara de Tomás un buen chorro de orina que él intentó beber en buenas cantidades. Elizabeth una vez caídas las últimas gotas de su oro líquido, aplastó otra vez su pubis sobre el rostro de Tomás para que siguiera lamiendo hasta alcanzar su segundo orgasmo.

    Esta vez ella inclinó el cuerpo hacia adelante para poder lamer, chupetear y morrear la cabecita rosada del pollón de su amante. Aquel rabo con sus respectivos cojones entaban empapados de una ingente cantidad de saliva que Elizabeth fue escupiéndoles a lo largo de la sesión de sexo. Con las manos iba masajeando y embadurnando con aquel líquido pegajoso y espumoso aquellos huevos y aquella polla que brillaban como si fueran de mármol.

    Elizabeth empezó a gemir fuerte, lo que significaba que el segundo orgasmo estaba cerca. Tomás no dejaba de hacer su trabajo. Esta vez al estar ella inclinada hacia adelante, él no sentía tanta presión sobre su cara de la entrepierna de Elizabeth y pudo trabajársela con más autonomía. Los morreos que Tomás les daba a los labios vaginales, intentando que su lengua llegara hasta el mismísimo útero, consiguieron que Elizabeth estallara en un nuevo orgasmo. Esta vez para reprimir los chillidos se metió buena parte del rabo de su amante en la boca apretando con los dientes parte del tronco del miembro viril.

    Una vez que los espasmos corporales y las palpitaciones del clítoris fueron menguando, Elizabeth decidió ir bajando su pubis hasta la altura de la polla de su hombre para follárselo. Pero la sorpresa de Tomás fue grande al comprobar que Elizabeth estaba dirigiendo el falo por el ojete y no en el coño. Lubricación no les faltaba en sus partes a ninguno de los dos, eso era obvio, cosa que se comprobó de sobras al ver cómo se introdujo aquel cacho de mástil por el ano de una sola estocada.

    Elizabeth se reclinó hacia atrás apoyando sus brazos sobre el pecho de Tomás. Los pies los colocó sobre los muslos de su chico y comenzó una cabalgada de locura. No era una follada en donde en el fuelle, propiamente dicho, casi no se distingue el cacho de polla que entra y sale. En esta cabalgada Elizabeth introducía y sacaba los 21 centímetros de rabo eréctil de su amante casi al completo, desde la base hasta verse parte del glande rosado. El charco de saliva pegajosa y espumosa que se había formado en la base del falo y en los testículos hacían el característico sonido de chapoteo en una charca. En ocasiones se formaban hilillos de saliva que colgaban del perineo de la chica hasta que se rompían pasados unos segundos.

    A este ritmo salvaje de emboladas por la puerta falsa de la chica no pudo aguantar mucho más de diez minutos Tomás y enseguida soltó un gemido que resonó en buena parte del bosque. Elizabeth no bajó el ritmo por ello y siguió con su mete-saca mientras la verga de su hombre siguiera con cierta dureza hasta que, por puras leyes de la física, cuando empezó aquel mástil inhiesto a mostrar cierta flacidez, por sí mismo abandonó la cueva anal y Elizabeth tuvo que cejar en su empeño de seguir bombeando aquella picha que cada vez estaba más flácida y arrugada.

    —¿Qué te parecí como amante? Este cuarentón te hizo sudar más que con el footing, ¿eh? —le soltó Tomás.

    —El lavado de bajos fue espectacular. Pero no aguantaste mucho en la follada. No me diste tiempo ni a pasármela del culo al coño para obtener mi tercer orgasmo –le espetó Elizabeth con aires de triunfadora.

    Al ponerse de pie ella, Tomás observó que del orificio anal le empezaba a salir semen a borbotones que le iba cayendo por los muslos dejándole regueros de esperma que le llegaban hasta las pantorrillas. Elizabeth ni se inmutó y ni hizo tampoco ademán de limpiárselos. Se vistieron, se besaron, se intercambiaron los teléfonos y quedaron en verse otro día para seguir amándose como duendecillos del bosque.

  • Mi esposa me enseñó (3)

    Mi esposa me enseñó (3)

    ¿Entonces ya tienes con quién coger? Le pregunté con una mezcla de temor y excitación por su respuesta. «Sí papito y le prometí que sería suya el sábado, es un adonis, se me antoja demasiado. Solo que me hizo prometerle que no cogería con mi esposo hasta después de haberme entregado a él… Y se lo prometí»

    «Pero cariño yo te necesito ahora» dije en tono suplicante, estaba ya tan caliente que no podía más. El tan solo enterarme de que alguien más iba a disfrutar a mi esposa me ponía a mil y más escucharlo de la boca de ella misma. «No papito, tendrás que esperar yo di mi palabra y debo cumplirla. Si quieres puedo sacar tu lechita con mis manos» me dijo al momento que introducía sus perversas manos a mi bóxer y comenzó a acariciar mi pequeña verga de una manera hasta tierna.

    «¡Mmmmm papito cómo te pusiste! Ya no lo puedes esconder más te calienta mucho el hecho de que se van a coger a tu esposa no es así? Anda papito dímelo! «Ahhh sí amor me calienta mucho que otro macho te va a meter la verga!!» Le dije ya sin esconder mi excitación, eso la calentó mucho y me dijo en tono caliente «ahhh qué bien portadito cariño te ganaste mi boquita» entonces introdujo mi verga a su boquita experta, esto nunca representó reto alguno para ella, este pequeño trozo de carne desaparecía en su boca sin dificultad alguna. «Dime quién es» le dije en tono serio que más bien sonó suplicante.

    Ella sacó mi pedacito de su boca y con una sonrisa me dijo «se llama Fer papito, es alto y muy fuerte, es proveedor de la empresa para la que trabajo y ya me traía ganas desde hace años… Quedé con él para mañana. «Ahhh papito ya necesito que me coja!!! Me urge!!» Al escuchar sus palabras exploté en un orgasmo muy fuerte en el que sentí que le llenaba la boca a Alexa, pero la verdad es que solo fue un pequeño sorbo para su boquita… De verdad necesitaba un macho real (pensé para mí justificándome por el deseo inmenso de ser cornudo)

    Intenté tocarla, retribuir el placer que recién me había dado pero ella con voz muy excitada y mi semen en la boca me dijo «no papito discúlpame, estoy muy caliente pero quiero guardar está calentura para Fer… Discúlpame» y se levantó para tomar una ducha.

    Sumamente confundido me fui a la cama, poco después llegó ella y me dio un beso de buenas noches «recuerda papi que mañana me voy con Fer así que llegaré tarde» me dijo con voz dulce como quien le habla a un hijo… Está bien pero me tienes que tener informada de todos los detalles solo eso te pido. «Sí cariño yo te cuento todo» respondió y nos quedamos dormidos.

    Continuará…

    Ojalá les esté gustando mi relato, es 100% real. Si gustan comentar a mi correo los recibo con gusto [email protected]

    Saludos.

  • Nuevo hogar, nuevas experiencias

    Nuevo hogar, nuevas experiencias

    Hola amigos de CuentoRelatos, perdón por la demora es solo que entre mis responsabilidades de los quehaceres del hogar y encontrar la forma de contarles de como empezaron mis experiencias a un nuevo mundo de experiencias y liberación me ha tomado un tiempo para actualizar.

    Así que he querido empezar con unas situaciones que hasta el momento han resultado fundamentales en mi vida para dar pie a este nuevo mundo de experiencias y sensaciones que empecé a experimentar (recalco que no soy una relatora experta, sino que siento tanto la necesidad y el deseo de compartir mis experiencias vividas y por ende las describo por como mi memoria me va recordando).

    Entre mis primeras experiencias en nuestro nuevo hogar en el residencial resultó que en un fin de semana que mi marido se encontraba en casa decidimos salir de paseo a un centro comercial no muy lejos del residencial. Para la ocasión yo opté por vestir unos jeans entallados a la cadera combinándolos con una blusa negra de satín con tirantes y unos botines de tacón; ya en la parada abordamos un taxi y fue en el trayecto donde me percate que quizá iba un tanto escotada puesto que note que sin pudor alguno el chofer del taxi no perdía oportunidad de dirigir su mirada a mis pechos a través del espejo retrovisor.

    Tal acto en su momento me incomodó y para mayor de mis males al llegar a nuestro destino y cuando mi marido se bajó del taxi y buscando en su cartera el dinero para pagar el viaje, el taxista sin reparo alguno dirigiéndose a mi exclamo “linda, cuando desee un viaje no dude en llamarme” dándome su tarjeta de contacto. No sé porque en ese instante solo alcance a asentir y tomando dicha tarjeta para guardarla en mi bolso solo alcance a decirle se lo agradezco.

    Debo decir que todo el trascurso en el centro comercial no dejaba de venirme a la mente la experiencia del taxista y su mirada morbosa, aunque debo decir que ya estando en el centro comercial esa experiencia me sirvió para darme cuenta de como ciertas miradas van dirigidas a ciertas partes específicas de nuestro cuerpo que tienden a llamar la atención, en fin para no alargar más esta parte del relato solo diré que esta experiencia sirvió para darme cuenta de cómo se llega a ser de cierta forma objeto de deseo; pero lo que me aconteció días después si escaló rápidamente en mi nivel de sorpresa.

    Resulta que como ya comenté nos cambiamos a un fraccionamiento/residencial nuevo y como tal hay ciertos detalles en las casas que no se prevén a la hora de adquirirlas, resultó que en nuestra casa una de las llaves del baño estaba fallando así que entre platicas y frecuentando a los vecinos una de ellas me comento que entre los residentes se encontraba un inquilino ya retirado del ámbito laboral pero que en su tiempo se dedicó al mantenimiento a edificios, eso sí me recalcó que en su trato era medio vulgar, pero que si era bueno en su oficio, así que me lo recomendó para resolver mi problema.

    Entonces me indicó en cual casa localizarlo y ya con dicha referencia una mañana fui a solicitar sus servicios, Raymundo se llamaba el señor(don Ray lo conocen por la zona) así que fui a verlo para explicarle mi problema al cual asentó que si podía revisarlo el mismo día así que le indiqué la casa en la cual vivía. Debo decir y que como era de mañana y opte por ir a verlo después de ir a hacer mis ejercicios matutinos en una unidad deportiva que se encuentra en los alrededores de la unidad habitacional me encontraba vestida con unos leggins negros y una sudadera deportiva al retirarme pude sentir como se quedó de pie en su entrada y tal cual me comía con los ojos.

    Sin mas al llegar a mi casa decidí tomar un baño y justo al salir de la regadera llamaron a la puerta y sin tomarme el tiempo ni el pensar para cambiarme abrí la puerta solo cubierta con una toalla pues considere que debía ser don Ray el cual al ver tal imagen abrió los ojos como platos, yo al darme cuenta de dicha situación solo asentí a indicarle el lugar del desperfecto lo más rápido posible así que lo guie al baño e inmediatamente después me dirigí a mi habitación a vestirme.

    Después de unos minutos de serenarme y una vez cambiada tras haber digerido tal suceso acontecido en mi entrada quise ver cuanto había avanzado don Ray. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que había estado hurgando en el cesto de ropa sucia y se había hecho con mi ropa íntima la cual tenía con una mano frotándola en su rostro mientras con la otra mano y por encima del pantalón se frotaba su miembro, por un instante me quede estática e impactada por la escena que estaba viendo.

    Y después de unos minutos de observar dicha escena no pude hacer mas que retroceder unos paso y después de perder de vista dicha escena solo atine a decir “don Ray como va” para después entrar al baño a lo cual él ya se encontraba moviéndole torpemente a la llave en cuestión, pero resultaba más que obvia la intrusión al cesto de ropa sucia.

    P.D. Cabe recalcar dos cosas, la primera es que después de que don Ray termino su labor con la llave del baño fui a revisar el cesto de la ropa y me encontré con que faltaba mi ropa íntima, imagino que como resultado de la sorpresa de oírme hablar y dirigirme al baño su primer reflejo fue guardarla en la bolsa de su pantalón. Y la segunda es que esa noche no pude conciliar el sueño debido a esa imagen en mi mente de don Ray oliendo mis prendas íntimas y sobándose su miembro debido a ellas. A lo cual empezaba a despertar en mis ciertas sensaciones hasta ese momento desconocidas para mí, pero que al pasar de los días y experiencias seguirían creciendo en mi interior.

  • Carla: invita a un ex profesor y a su lavandero

    Carla: invita a un ex profesor y a su lavandero

    109% real. Solamente se ha puesto el nombre de Juan al dueño de la lavandería (o lavadero como decimos en Uruguay) y al profesor lo llamaré simplemente con el nombre, o mote, de Profe, o El Profe.

    Hace tiempo que Carla, en busca de un veterano que sea una variante, anda con ganas de invitar al dueño del lavadero donde siempre lleva a lavar su lencería y ropa. Obviamente, él, que es el que recibe a los clientes muchas veces ha visto manchas que no dejan lugar a dudas en las prendas que le lleva.

    Finalmente, aprovechando que volví de un largo viaje con muchas ganas, y que ella en ese tiempo estuvo solamente con tío, padre, medio hermano y Pedro, el de la estancia, decidimos aprovechar el viaje que emprendió otra vez a Argentina mi esposa con sus amigas.

    La idea es aprovechar a fondo esos 15 días libres para realizar un par de fantasías y también una reunión de negocios con el padre y nuestras amigas íntimas.

    La cuestión es que Carla había acumulado en este tiempo bastante ropa y decidió hacer el intento.

    Entró, le entregó la bolsa de ropa, y él, que siempre intercala algún chiste, le dijo: —Me tengo que poner guantes? – Y… quizás! Pero tengo un problema. Necesito todo para mañana y que me lo entreguen a mediodía pues tengo que prepararme para una reunión social y no puedo venir a retirar…

    —No se preocupe! Dejo a alguien a cargo y yo mismo le llevo todo.

    Carla pensó “caíste!”, y le agradeció y le dejó la dirección del apartamento, que previamente nos habíamos asegurado con Luis.

    En paralelo, durante mi ausencia, un día en el shopping que frecuenta se cruzó con quien que, cuando ella era estudiante de traductorado, era su profesor de cierta asignatura, otro que siempre la miraba y volvía a mirar con evidente interés pero sin pasar ningún límite ni atreverse a nada.

    Carla pensó, y pensó bien, que juntarlo con dueño del lavadero llevaría a un interesante encuentro, con dos señores mayores, seguramente faltos de sexo y sobrados de leche.

    Conversando en el shopping, café mediante con el ex profesor, le sugirió que quizás sería bueno encontrarse algún día a charlar mas detenidamente de “aquella época”, a lo que él accedió inmediatamente e intercambiaron números de teléfono.

    Para simplificar los llamaremos Juan al dueño del lavadero y El Profe, al ex profesor. .

    Obviamente ninguno sabía de la existencia del otro y mucho menos sabían lo que les esperaba.

    Quedamos que yo llegaría cuando ya estuvieran los invitados.

    Llegó primero Juan, preguntando si el encargue llegaba a tiempo, y por supuesto la respuesta fue que si y hubo invitación a que se quedara a comer alguna cosita liviana con Carla. Nada de alcohol, porque Juan debería conducir.

    Comenzaron una charla bien humorada y pícara, que de a poco fue subiendo de tono, con el clima sexy ayudado por la vestimenta informalísima de Carla: descalza y con apenas un enterito tipo mameluco, jardinero o carpintero como quieran llamarlo de esos que son muy sueltos, abiertos al costado del torso y con una pechera rectangular, en este caso, dos talles mas de lo correcto ja ja, a cada ratito se veía o vislumbraba algo.

    Juan se fue atreviendo a preguntar como llevaba tanta ropa al lavadero, “a veces con signos evidentes de actividad especial”, risas de Carla, y confesión de que “soy así”, y mi pareja, Sergio, es muy liberal… —Ufff dijo Juan, debo confesarte y espero que no te moleste, que una vez me toqué con unas medias tuyas”. -Molestarme? Es un cumplido y lo agradezco!

    En eso llegó El Profe, citado un par de días antes a recordar viejos tiempos (no tan viejos) y a comer algo.

    Presentación de Juan al Profe, y continuación de charla y picadita.

    Según me contó Carla después, ella se inclinaba a cada ocasión y mostraba todo lo posible. Juan ya estaba caliente y el Profe se empezó a excitar. Aprovechó Carla a poner picante a la conversación e hizo notar al Profe que Juan era dueño del lavadero donde lleva su ropa, y que una vez “había incurrido en un desliz”.

    —También yo, y otros en la facultad, dijo el profesor… éramos como tres que soñábamos con Carla y otra chica, María, y nos imaginábamos, como diré, pasándoselas por las caras. Eran tan lindas! Pero siempre nos contuvimos!

    -Ahhh que degeneraditos! A María nunca mas la vi después de los cursos. Y se imaginaban eso? Tremendo, éramos super serias!

    —Y sí, pero bueno, ha llegado el momento de pedir disculpas hasta por lo que no fue!

    Desde la cocina, Carla me había avisado que todo estaba en orden, y llegué yo .

    -Buenas tardes…

    -Hola amor! Te presento al profesor NN. Y a Juan, aunque a Juan ya alguna vez lo has visto.

    Nos saludamos y Juan dijo: Debería irme, pues creo que ustedes tienen una reunión, Carla me lo dijo.

    -Es con ustedes la reunión, Juan, para conocernos un poco contigo y rememorar cosas con mi profesor.

    Fijate Sergio como me han encontrado, impresentable, me doy una duchita rápida y me visto de gente, no así, a medio vestir y tené cuidado Sergio que esta gente me resultaron medio degeneraditos.

    Se fue y aproveché a comer algo yo y a charlar de cualquier cosa.

    Quince minutos y vuelve Carla de diosa. Duchada, pelo mojado, stilettos negros, medias negras, que yo conozco y son de las de puño elastizado bordado, vestido mini. Plateado elastizado sin breteles.

    Se sentó a mi lado y directamente preguntó: Te contaron algo éstos sinvergüenzas degeneraditos de como piensan o pensaron en mí?

    -De ti no pueden haber pensado nada malo!

    -Te cuento…el señor Juan, se ha tocado con unas medias mías, que había llevado al lavadero. Y el Profe, junto a otros se imaginaba que me pasaban por la cara ya te imaginas qué!

    -A ver si entiendo bien, dije. Descalzate y parate entre nosotros. Lo hizo.

    Me paré, levanté un poquito el vestido y bajé una de las medias, se la saqué y volvió a calzarse.

    Saque mi pija y la frotaba con la media… decís que él hizo eso?

    -Sííí, eso me dijo!

    -Arrodillate… Lo hizo. Le refregué la pija en la cara. – Y esto es lo que te dijo el profesor que se imaginaban?

    -Sí, yo le entendí eso.

    Los invitados rojos como tomates no sabían que hacer.

    -Sacate la otra media y dásela a Juan, quiero verlo. Y usted Profe, pásele la poronga por la cara!

    Mientras Carla se sacaba la segunda media y se la dio a Juan, ellos se miraban atónitos. Finalmente Juan se bajó los pantalones y bóxer y con la media comenzó a pajearse.

    El Profe lo siguió y acercó su verga, todavía blanda a la cara de Carla, sin tocarla.

    -Qué pasa? Lo soñabas y no te animás? Dijo Carla abandonando el tratamiento de Ud. Al Profe.

    Le agarró la pija y comenzó a refregársela por la cara, mientras Juan seguía pajeándose lentamente con la media.

    Quise activar la acción y me desnudé. Carla me interpretó y dijo “desnudos o se van” y se puso de pie.

    Hay un momento en la vida en el que hay que decidirse, y esta no era una decisión difícil, estando ya de pija parada era obvio que se quedarían.

    Lo que siguió, es lo que nos gusta…ella parada en el centro los tipos en bolas y yo la desvisto de a poco, bajando el vestido lentamente. Mientras tanto le voy lamiendo las mejillas frotadas de pija.

    Surge un hermoso corpiño blanco, de crochet, que deja escapar los pezones por un orificio en el centro de cada copa, sigo bajando el vestido y, oh sorpresa! Nada de nada, solamente los pelitos.

    —Putita atrevida se anima a decir el Profe, y tanto que te respetábamos!

    —Divina, fue lo único que dijo Juan.

    Tira el vestido y le desprendo el ganchito trasero del corpiño, después de acariciarle unos segundos los pezones que escapaban por los orificios de la copa de crochet. Corpiño sin breteles, simplemente lo dejo caer y queda Carla hermosa, desnuda, solamente sus tacos altos y sus pelitos ja ja.

    Los invitados de pija dura.

    En un momento ella toma una mano de cada uno de ellos y los pone a acariciarle una teta cada uno mientras va refregando mi pija con su culo.

    No contenta con eso, atrae al profesor y comienza a besarlo de lengua. Alterna con Juan, mas besos de lengua.

    Caricias, besos y el refregarse en mi pija, duran un rato.

    Cuando los tiene desesperados, los aparta, les pide que se arrodillen y, ella en cuatro, les da pequeñas chupadas y lengüetazos a las vergas, mientras yo le refriego la pija en los labios de la concha, ya húmeda, y, por las dudas, le dejo caer mi saliva bien espesa en el culo, previamente se había hecho enemas, por las dudas je je.

    Paró de chuparlos un momento y se fue corriendo al dormitorio, y mientras nos decía: No quiero que se acaben en la alfombra!

    La seguimos, encantados.

    Se puso en cuatro al borde de la cama, y el profe ganó la posición como dirían los relatores de fútbol, colocándose atrás.

    Juan se fue al otro lado de la cama para posicionarse que lo pudiera seguir chupando, y yo de costado le acariciaba las tetas y miraba al Profe.

    En vez de metérsela, empezó el también a pasársela por los labios de la concha, arriba y abajo, arriba y abajo, haciendo que los labios se fueran abriendo y que su pija comenzara a mojarse con los fluidos de Carla. A veces le frotaba hasta los pelitos, a veces se insinuaba en el culo.

    -Metémela! Un poco pidió y un poco ordenó Carla.

    Fue decir eso y zás, se la metió de una, a fondo, sin problemas pues no la tiene grande. Y comenzó un bombeo tan frenético como breve. Cuestión de dos minutos y el Profe arqueó la espalda y casi detuvo su ritmo de bombeo dejando escapar un enorme suspiro. Señal inequívoca de eyaculación, sumado al “Que chorro” de Carla.

    -Amor, me llenó y chorrea verdad?

    -Sí, chorrea, le dije, viendo como el profesor retomaba el bombeo y de pronto la sacaba y se la apoyaba en el culo, pero la verga, cubierta de leche se ablandaba y no entró.

    -Después, Profe, dijo Carla, venga que se la limpio y mientras tanto Juan me la pone.

    Dicho y hecho, en un momento Juan se la estaba clavando en cucharita, se la metió muy despacio, pero fácilmente dado toda la leche que había en esa concha. Con la verga adentro y Juan dando juego, Carla se prendió a limpiar la verga del profesor, como siempre hasta dejarla reluciente. Y ahí desalojé al Profe del frente de Carla, me acosté frente a ella y empecé a empujar para metérsela. Sin drama ninguno entró y nos encontramos en una doble vaginal, una mas, a Carla. Sentir el roce de las pijas adentro, precipitó la acabada de Juan, que al acabar instintivamente la sacó y se la dio en la boca a limpiar.

    Acabé yo también y dediqué unos largos segundos a contemplar como manaba leche de mi Carla, me aguanté para no ponerme a limpiarla, pero recogí leche con los dedos y se los di a chupar.

    —Admirable cuan puta resultó mi alumna!

    —Y yo entiendo por que me llega tanta ropa al lavadero! Dijo Juan, al tiempo que horrorizado miraba la hora y dijo que debía irse pues nunca dejaba tanto tiempo solo el comercio.

    Apenas se lavó y se vistió para irse, lo acompañé desnudo a la puerta y nos despedimos con un: Hasta cualquier momento!

    Volví al dormitorio y vi que Carla y el Profe se duchaban. Fui a otro baño a ducharme y los dejé jugar tranquilos. En diez minutos salí en bóxer para estar fresco, sin pudor alguno y me fui al living. Vi que Carla se asomó desnuda y me dijo, ya voy, y el Profe se queda un rato a conversar y quiero proponerle algo.

    Enseguida salió él, ya vestido y Carla dijo desde adentro: Me visto y voy!

    Nos quedamos conversando, mejor dicho yo oía y él hablaba de la sorpresa que se había llevado y de su infinito goce.

    Y aparece Carla…

    -Viste amor? Con el apuro de estos señores ni pude concretar lo que siempre me gusta de ponerme de novia en el primer encuentro! Por eso lo hice ahora!

    Zapatos blancos, ligas, solamente ligas, sin medias, blancas, muy ajustadas para resaltar aún mas el culo, adornadas con una cinta de seda y moño cada liga.

    Una hermosa micro tanga blanca, blanco satinado, mínimo triangulito delante, dejando ver la tira de pelitos, hilo en el culo, que se bifurca al salir de la raya, y va a atarse en cada cadera, con los hilos que vienen del frente.

    Como siempre, corpiño nupcial fetiche, blanco inmaculado de apenas media copa, resaltando hermosamente las tetas. Y el toque, a la cabeza, tiara de cristalitos con velo atrás que cae a media espalda.

    —Y yo que te esperaba de jean y camisa… para despedirme y dejarlos.

    -Simplemente quise que vieras como suelo vestirme en un primer encuentro al que le doy importancia. Te gusta?

    —Me encanta, mas bien me enloquece!

    -Ademas, quería proponerte algo, pero si se hace que lo hagamos bien.

    —Díganme! Estoy seguro ya lo habrán hablado entre ustedes, un rayo de esperanza de repetir le iluminó los ojos.

    -Me contaste que en realidad, cuando yo era tu alumna, fantaseabas junto a otros dos profesores conversando acerca de pasarme la pija por la cara. Podrías ubicarlos?

    —Claro que sí, aún ejercemos el profesorado los tres.

    -Te animas a invitarlos a reunirnos, con sorpresa incluida, diciéndoles que me viste casualmente en el shopping y absolutamente nada mas? No pueden saber que ya hubo sexo. Y claro, si te gustó lo de hoy y quieres hacerlo.

    —Que buena idea! Claro que si.

    -Pero dejemos pasar al menos 10 o 15 días, te quiero cargado como hoy, como gocé esa acabada! Se sintió como un río tibio que me inundaba!

    —Bien, debería irme, tendrán cosas que hacer.

    Se paró, y como era de esperar al pararse se vió que estaba nuevamente excitado por el tenor de la conversación y la posibilidad de volver a tener a Carla.

    -Profe! No podés irte así, esperá a que se te pase! Dijo Carla avanzando hacia él y tocándole la entrepierna…La tiene durísima Sergio.

    -Para mi que debe esperar, o será que no descargó bien…

    -Pero si me llenó de leche!

    —Vengo de larga abstinencia, problemas conyugales…

    -Bueno, esperas un rato a ver si se te pasa. Ni soñar salir así a la calle.

    Nos sentamos los tres nuevamente, nosotros frente a él, y comencé a acariciar a Carla, diciéndole: Que hermosa novia! Que bien te queda esta ropita. Y Carla: por favor Sergio! Así no se le va a bajar al profe!

    -Y bueno, quizás deba descargar…

    -Te parece?

    -Estoy seguro, verdad Profe?

    —Sí, Sergio, por favor…y ni esperó respuesta y se desvistió nuevamente, mostrando que estaba casi completamente erecto.

    -Me parece amor que le falta un poquito aún, hoy no pudo ponerla en la cola.

    Le comencé a acariciar las piernas, jugaba con el lazo de adorno de las ligas. Le saqué el corpiño y comencé a lamerle los pezones, que saltaron al toque, erectos. El profe comenzó a acariciar su miembro, suavemente y yo incrementé la apuesta, llevando a Carla bien cerca de él y comencé a acariciar sus pelitos, luego mis dedos se internaron debajo del micro triángulo de la tanga, mientras hice caer mi bóxer y refregué apenas su raya del culo con mi verga.

    -Profe, Sergio me está poniendo re caliente, venga, y con sus manos le puso las tetas en bandeja, apretadas, saltonas, y el Profe se abalanzó a chuparlas.

    Un rato de chupárselas y estaba la verga como piedra. Yo ya le había sacado la tanga, y él le refregaba la verga en los labios de la concha.

    De pronto Carla dio dos pasos y dobló su cuerpo sobre el posa brazos del sofá, ofreciendo toda su intimidad a la vista y a la lengua del profesor.

    Se deleitó lamiendo aquella concha en la cual había vuelto a escurrir leche, y siguió hasta lamerle y lamerle el culo, un dedo entró apenas, lo siguió lamiendo y le pasé un pote de gel…untó el orificio generosamente y lo mismo su glande.

    —Esta vez no fallo, dijo.

    -Adelante! Dije.

    Le pasaba la cabeza de la pija por el esfínter, como jugando, hasta que respiró hondo, apoyo la cabeza al culito y empujó. Ésta vez estaba bien dura y comenzó a entrar, un hermoso espectáculo que yo gozaba bien de cerca. Metida a fondo, oyendo los ahhh de Carla, que aunque no es fanática del anal, lo gozó, pero con un pedido especial: No me acabes ahí , dámela en la concha.

    Unos bombazos más y la verga salió, con un plop! Característico de los culos apretados.

    Una innecesaria pasada de toallita antibacterial, y a metérsela de nuevo sobre una sábana que extendí sobre la alfombra. Nuevamente, igual que con Juan, cucharita de él y doble vaginal, conmigo de frente, besándonos.

    El profesor resultó mas morboso que Juan, pues, re excitado acabó primero, que lindo se siente cuando el otro acaba; y se quedó adentro, bombeando junto a mi hasta que acabé y seguimos un poco mas. carla ésta vez deliraba y acabó ella también.

    Nos chupó las porongas para escurrirlas bien y la besamos los dos sin drama. Y luego de una sesión de caricias, algo que ha ido incorporando, un beso negro de despedida.

    Con el profesor comenzando a pensar en irse, le dijo “dame un ratito los huevos”… y se los comenzó a chupar, yendo rápidamente hacia atrás y dándole una lamida y punteada de película! El profesor terminó retorciéndose de goce.

    Nos duchamos los tres, con abundante besuqueo bajo la ducha.

    La despedida fue reafirmando el plan para traer a los otros colegas de Profe.

    Pero antes, justo hoy domingo toca cumplir un pedido muy especial conjunto del papá, que no es sexo con él.

  • Arrimón a una milf

    Arrimón a una milf

    Hola, me llamo Eduardo y hoy les quiero contar cómo disfruté uno de los arrimones más ricos que he tenido en toda mi vida.

    Todo empezó está tarde cuando iba para mí trabajo, vivo al sur de la ciudad y trabajo en el centro de ella así que me demoro siempre como una hora siempre hacia mi trabajo, siempre trato de irme muy bien vestido para atraer a las milfs que se suben al transporte público y así poder arrimarles mi verga (por lo general si eres guapo y bien vestido ellas llegan solitas a acomodarse en mi verga).

    Ya se había llenado el Transmilenio y en la estación de Ricaurte se subió una milf de piel blanca, algo baja, con una cara de muñeca y un culo delicioso se notaba que le gustaba mucha la verga.

    Iba con una amiga y la milf se puse en enfrente de mi dejándome todo ese culo al frente de mi verga, siempre miro que nadie me vea para acomodarme la verga y que ellas las sientan mejor así que miré que como estaba lleno no era tan difícil (aunque su amiga estaba al lado) me pude acomodar muy bien la verga y en esas el Transmilenio hace una parada que hace que ella se venga hacia mi sintiéndola toda en su culo.

    Vi que le gustaba así que la deje así quieta y me fui pegando a ella para que la pudiera sentir más y más, ella correspondió y empezó a moverse de lado a lado y yo empecé a ponerme más y más duro, de vez en cuando se corría y luego se volvió con más fuerza.

    Paso un rato y yo seguía arrimándosela y ella estaba más pegada a mí y me atreví a colocar mi mano en sus cintura, admito que me coloque un poco nervioso al ponerle mi mano en la cintura ya que había mucha gente y me podía ver, pero sin embargo a ella pareció gustarle porque puso su mano encima de la mía para apretar más su cintura y yo ya estaba como roca, esa milf estaba re contenta con lo que estaba sintiendo en su gran culo…

    Antes de bajarme noté que otra señora me estaba mirando como le tomaba la cintura y me puse nervioso así que solo seguí arrimándosela a la milf y ya faltando una estación decidí manosearle con mis grandes manos ese culazo delicioso que tenía… Fue una de las mejores milfs que se lo he arrimado.

  • Con mi lector Brian

    Con mi lector Brian

    Hace unos meses empecé a dialogar con uno de mis lectores mexicanos, él se llama Brian y tiene 27 años, yo soy de Argentina como muchos de ustedes ya saben y me llamo Ana.

    Pensé que no tendría oportunidad de ir a México hasta que me llego una oferta inesperada de mi facultad, me han ofrecido irme a estudiar durante unos meses en otro país, mi universidad se hace cargo de mi pasaje y de mis gastos, cuando supe de esa oportunidad dije inmediatamente que si y elegí ir al país de Brian.

    Hoy me preparé mis cosas y decidí ir hasta el aeropuerto de Buenos Aires a tomar un avión lo más pronto posible para llegar hasta él.

    Dentro de unas horas mi avión se detuvo en el aeropuerto de México, ya era de noche cuando llegue, pero él estaba esperándome, era más atractivo que en sus fotografías, tiene el pelo negro en cantidad abundante, las facciones de su rostro son las más hermosas que he visto, vestía un pantalón rojo y una remera negra con una chaqueta de cuero.

    Me dedico una gran sonrisa apenas me vio.

    Fui corriendo hacia él y me lancé en sus brazos, Brian me tomo de la cintura y me hizo dar vueltas mientras me daba numerosos besos.

    -Mi hermosa escritora, no puedo creer que estés aquí- me dijo tomando mi rostro con sus cálidas manos.

    -Sin embargo, estoy aquí contigo y en este mismo instante soy feliz- le respondí, él no pudo resistir más y junto sus labios con los míos, pasaron unos segundos y nos empezamos a besar apasionadamente, las manos de Brian estaban masajeando mis nalgas en público, no importaba quienes nos vieran solo existíamos nosotros.

    Cuando nos separamos le di otro beso rápido.

    -Ven, vamos a mi casa- dijo tomando mi mano.

    En unos minutos ya habíamos llegado a su casa, yo me saque mi abrigo y nos volvimos a besar.

    -Debería enseñarte la casa, pero no puedo parar de besarte- me dijo Brian.

    Yo le di un último beso y luego hicimos el recorrido por toda su bonita casa hasta que llegamos a su habitación que era increíble, las paredes estaban pintadas de rojo, tenía un televisor grande que quedaba enfrente de la cama, en un rincón tenía un escritorio con carpetas y un mueble para los libros.

    Me fije en la cama que tenía sabanas azules, era una cama muy grande de dos plazas.

    -Tu habitación es hermosa- le dije.

    -No tan hermosa como tú- me respondió tomándome de la cintura y luego poniendo sus manos en mis nalgas, comenzamos a besarnos otra vez.

    Brian me acarició todo mi cuerpo, sus manos estaban en todos lados y cada vez que me hacía una caricia me quitaba una prenda de ropa, él me hacía sentir la mujer más sensual del mundo por la manera en que me miraba y me desnudaba, luego se fue quitando sus ropas el mismo y ambos quedamos desnudos.

    Luego Brian se acostó en el suelo de su habitación y me dijo:-Siéntate con las piernas bien abiertas sobre mi rostro, te quiero hacer un delicioso sexo oral- hice lo que me pidió y posicione mi vagina en el centro de su boca, empecé a moverme y él me penetro con su lengua muy profundamente haciendo que yo suelte un gemido, pues, en esta posición iba a sentir mejor las lambidas.

    En la posición donde me encontraba podía sentir la profundidad de sus lambidas, y también sentía cuando esa lengua entraba y salía de mi vulva para seguir haciendo movimientos circulares, apreté más mis piernas y él puso ambas manos en mi cadera.

    Se sentía tan rico frotar mi concha contra su rostro, fue tan delicioso que me hizo eyacular en unos minutos.

    Luego del sexo oral que él me ha brindado, es mi turno de darle una buena estimulación.

    Me puse encima de él y le di besos con lengua en su cuello, seguí hasta la zona de su pecho donde deposité más besos y le acaricie su bonito vello masculino con mis dedos, fui bajando lentamente hasta llegar a la zona de su pelvis, ahí fue donde comencé a lamber hasta llegar a la cabeza de su miembro grueso y metérmelo todo entero en mi boca para poder acariciarlo con mis manos.

    Le recorrí todo su pene con las caricias sensuales de mi lengua, primero bien lento y mirándolos a sus ojos, luego cada vez más fuerte hasta que él me tomó la cabeza y con su pelvis empezó a embestirme la boca para acompañar mejor mi ritmo del oral.

    Cuando él estaba a punto de eyacular no le permití hacer eso, me senté a horcajadas sobre Brian y me clave su miembro en mi vulva para empezar a saltar.

    Él me agarro de las caderas y así nos empezamos a unir.

    Esa bonita habitación pronto se convirtió en un paraíso para mí, donde solo existían nuestros gemidos, los besos húmedos que yo le daba mientras él me penetraba, solo existían sensaciones eróticas y la unión de nuestros sexos que encajaban perfectamente bien, su miembro dentro de mi apretada vulva se sentía exquisito.

    Pasaron un par de minutos más y cambiamos de posición.

    Brian me levanto del suelo con mucha delicadeza y me puso contra la pared.

    Puso una de sus manos detrás de mi nuca, yo enrede mis piernas en su cintura y luego muy suavemente me empezó a penetrar, yo mire hacia el frente de la otra pared y vi que había un espejo.

    -Quiero ver tu cara de placer cuando eyacule dentro de ti- me susurro en el oído, luego empezó con las embestidas rápidas.

    Duramos un par de minutos en esta posición, él no tardo en eyacular porque era muy estimulante todo, la penetración contra la pared se sentía bien profunda. Finalmente Brian tenía razón y pudo ver mi rostro cuando sentí su semen caliente en mi interior.

    Nos acostamos en la cama, Brian me abrazo y yo sentí una paz absoluta e sus brazos.

    -No vallas a tu hotel mañana.

    -Es el que me asignaron de la facultad- le respondí mirándolo a los ojos.

    -Quédate en mi casa durante estos cuatro meses que estés estudiando, quiero pasar muchos momentos lindos contigo.

    -Está bien, mañana voy a hacer una llamada y lo arreglaré, vamos a construir muchos recuerdos juntos- le dije mientras lo tomaba de la mano.

    Correo: [email protected].