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  • ¡Una verdadera deidad a la que adorar y venerar!

    ¡Una verdadera deidad a la que adorar y venerar!

    Todas las noches tengo la obligación,

    aunque sería mejor decir la necesidad,

    de adorarte y venerarte.

    Durante tres horas repaso todo tu cuerpo,

    desde esa hermosa y perfumada melena rubia

    hasta la punta de los dedos de tus excelsos pies.

     

    Sumergir mi rostro en tu linda cabellera,

    paladear y oler esa inmensidad dorada

    es como adentrarse en el océano.

    Te beso la frente.

    Lamo y saboreo tus párpados, orejas, nuca, cuello,

    mejillas, boca.

    Envuelvo con mis labios tu respingona nariz.

    Te suenas tres veces dentro

    usando mi boca a modo de Kleenex.

    Yo recojo tu moquillo,

    lo paladeo y lo trago como néctar producido por la diosa que eres.

     

    Sigo bajando por tu cuerpo de escándalo.

    ¡Esos hombros!

     

    Más abajo me encuentro con tus turgentes pechos.

    Unas deliciosas peras con sus delicados pezones.

    La Ley de la Gravedad no impera en estas majestuosas tetas.

    Las masajeo, beso y chupeteo.

     

    No me olvido de tus sensuales brazos y tus finas manos.

    ¡Esos deditos no me canso de chuparlos!

     

    Sigo bajando y allí están el ombligo y tu vientre plano.

    ¡Qué delicia para mis sentidos!

     

    Te das la vuelta y me encuentro con una espalda en la que podría pasarme días enteros,

    masajeando y saboreando cada centímetro,

    palpando con mi lengua cada uno de los discos de tu columna vertebral.

     

    Más abajo ¡Qué me encuentro!

    Dos medias lunas, dos panes ¡Vaya culazo!

    Amaso aquellas carnes con pasión.

    Acerco mi cara y mordisqueo y saboreo aquellos panes exquisitos.

    Con mis manos separo las dos orillas que ocultan el misterioso agujero negro.

    ¡Lo lamo y succiono!

    Lamo también el surco interior en toda su longitud,

    desde el perineo hasta casi la cintura,

    bien en profundidad y con gran devoción.

     

    Te vuelves a dar la vuelta y me encuentro con el Monte de Venus.

    ¡Aunque lo de monte es un decir!

    Solo unas finas líneas de bello púbico

    a modo de grafía asiática adornan el pubis.

    Me zambullo en aquella almeja rosada

    a la que morreo incansablemente

    hasta provocarte tus dos orgasmos de rigor.

     

    Seguí bajando y descubro unos muslos y

    pantorrillas esculpidas por muchas horas de gym.

    Acordándome de que en público tengo que

    reprimir mis impulsos de besar y lamer tus largas y musculosas piernas

    cuando las luces con una sexy minifalda,

    ahora en privado nada me frena,

    sacio mi hambre y me las como enteras.

     

    Y ya llegados a tus pies

    me postro ante ellos.

    Me tumbo en el suelo a modo de fiel felpudo.

    Espero a que poses tus pies de forma alterna sobre mi rostro.

    Chupeteo cada dedito y lamo las plantas

    provocándote cosquillitas y haciéndote reír.

     

    Tres cortas pero intensas horas diarias venerando y adorando a

    una verdadera deidad a la cual no me canso de complacer.

    ¡Porque tú lo vales!

  • El viejito en la residencia

    El viejito en la residencia

    Frente al espejo estaba don Javier con su mejor traje, ultimando los retoques para estar impoluto. A sus setenta y tres años se conservaba delgado y, aunque su metro ochenta ya empujaba a encorvarse, se resistía a caminar como un viejo, pese a no separarse nunca de su elegante bastón de ébano con empuñadura de plata. Había sido este el último regalo que había recibido de sus repelentes hijos, que no dudaron en enviarlo a una residencia en cuanto lo creyeron oportuno. Y allí, aunque no le quedó más remedio que asumirlo, pronto encontró una motivación: Elena, la enfermera asistente de su zona, con la que ya había tenido algunas conversaciones.

    Esa tarde, cuando entró en la sala donde era la fiesta de la residencia, muchas miradas se centraron en él. Era inevitable, su elegante aspecto dejaba entrever que había sido un hombre que se había cuidado, de una vida en apariencia solvente, muy distanciado del resto. Él siguió caminando hacia la mesa donde se había montado un pequeño picnic, sin prestar atención a las miradas, aunque consciente de ellas y orgulloso por saberse distinto. Con la mirada recorrió el local buscando a Elena, pero no la vio. Ella, con sus treinta años recién cumplidos, su elegancia natural, acompañada de su simpatía y alegre solvencia para salir airosa de situaciones tensas, se le había metido en la cabeza como si fuera un chico de quince años. La recorría con la mirada cuando ella pasaba con el disimulo necesario para no ser visto, pero sabía que ella no era ingenua, que se sabía deseada por él. El tiempo pasaba y don Javier empezaba a aburrirse, las conversaciones le resultaban inocuas, superficiales, y se negaba a comportarse como un viejo más. A él la vida aún le quemaba. Tomó un canapé cuando una mano le dio un par de golpecitos en el hombro.

    –Que elegante se ha puesto usted, ¿se casa? –Preguntó Elena sonriente.

    Don Javier tragó y bebió un poco de agua. Después la miró.

    –Eso depende de ti –le respondió con serenidad.

    Elena sonrió, en el fondo le agradaba sentirse deseada por él.

    –Yo sólo me casaré con alguien que sepa bailar bien –dijo coqueta antes de girarse y caminar en dirección opuesta.

    Javier la observó caminar, adoraba ese culo, que parecía jugar con la gravedad cuando ella caminaba. Mantuvo la vigilancia un rato, viendo como la sacaban a bailar, como repartía simpatía y comprensión allá por donde pasaba. Su sonrisa ancha y jovial, su pelo largo, su mirada coqueta, que cada cierto tiempo intercambiaba con él, hacían la delicias de todas las fantasías previstas por Javier.

    El tiempo pasaba y Javier comenzaba a aburrirse, entendía que Elena tenía una misión, estaba trabajando y, como sus compañeras, debía estar atenta a todos y todas. El ánimo se le cayó al suelo a Javier, que se levantó y puso paso hacia la puerta. Antes de llegar Elena le cortó el paso.

    –¿Se puede saber a dónde va? –Le preguntó.

    –A mi habitación, he conseguido aburrirme. –Respondió Javier un tanto afligido.

    –De eso nada, debe bailar primero conmigo, no me gustan los hombres tristes.

    –Estás demasiado solicitada, Elena, y es normal, lo entiendo, así que no quiero que faltes a tus responsabilidades.

    –No sea tonto, estoy esperando que me saque a bailar, ¿o no sabe?

    Javier sonrió y la cogió de la mano para llevarla a bailar. Cuando llegaron a la zona él dejó su bastón y puso sus manos en las caderas de ella. Empezaron a bailar. Javier desplegó sus artes y giraba a Elena sin perder el ritmo, demostrando su saber hacer.

    –Vaya –dijo Elena– es usted buen bailarín.

    –Un buen aficionado toda la vida –respondió Javier orgulloso.

    Cuando acabó la canción sonó otra más lenta y pausada, y Javier no perdió la oportunidad de agarrarla y pegarla a su cuerpo con decisión.

    –¡Uy, qué ímpetu! –Exclamó sorprendida Elena.

    –Me gusta llevar la voz cantante –aclaró él.

    Mientras bailaban una semibalada, él bajó su mano lentamente por detrás de ella hasta llegar a su culo, pero Elena, sin decir nada, le cogió la mano para ponerla de nuevo en su cadera. Javier no se resignó, y repitió el gesto algunas veces, siempre con el mismo resultado.

    –Ya veo por qué le gusta el baile, ya –exclamó ella.

    –Bailar es hacer el amor vestidos –aclaró Javier.

    –Menudo galán está usted hecho.

    El baile terminó y todos volvieron a sus habitaciones. Javier se despidió de Elena.

    –¿Tienes vuelta de reconocimiento? –Quiso saber.

    –Sí, me toca su zona.

    –Genial, me gustará volver a verte.

    –¿Ya me echa de menos? –Preguntó coqueta.

    –Sí, además, después de hacer el amor debemos compartir un cigarrillo.

    –Sabe que no se puede fumar aquí.

    –Uno imaginario, hay que reposar el orgasmo.

    Elena sonrió pero no dijo nada. Javier fue a su habitación.

    Una vez en la habitación se puso el pijama, el más elegante que tenía, de una tela fina que parecía seda, y se sentó en el sillón que tenía junto a la cama con un libro. El tiempo pasaba pero Elena no aparecía. Inevitablemente el sueño se apoderó de Javier, que quedó dormido con el libro sobre su abdomen.

    De pronto sintió un movimiento y despertó sobresaltado. Elena le había quitado el libro de encima.

    –¡Ah! Eres tú. –Acertó a decir Javier.

    –¿Quién si no? Vamos, métase en la cama, que aquí termina mi recorrido y estoy agotada –dijo estirando las sábanas de la cama.

    –Espera –inquirió Javier– quédate un ratito.

    –¿Para qué, no ha tenido bastante con tocarme el culo?

    –No, la verdad, ansío tocarlo bien, incluso besarlo. Quisiera adorarlo.

    –También poeta, qué buen partido es usted –ironizó Elena.

    –Por favor.

    Ambos se miraron fijamente.

    –Por favor, ¿qué? –Quiso saber Elena.

    –Déjame adorar tu culo, sé que suena vulgar, y quizá lo sea, pero siento la imperiosa necesidad de hacerlo.

    Elena se colocó frente a él con los brazos en jarras sin decir nada.

    –Por favor –suplicó Javier– es un deseo profundo, tanta belleza me está volviendo loco.

    Elena seguía frente a él sin decir nada, en su cara se podía ver una gran duda.

    –Está usted muy loco, Javier – e espetó.

    –No digo que no, pero eres tú quien me pone así, no puedo evitarlo.

    Se miraron fijamente un buen rato hasta que Elena giró la mirada a la cama contigua, donde el compañero de habitación dormía placenteramente, con el aparato auditivo sobre la mesita. Después paseó su mirada por la habitación como quien busca algo donde asirse. Javier, inquieto, no le quitaba ojo de encima. Elena volvió a mirarlo, esta vez con una mirada seria, distinta a todas las que recordaba Javier. Sin decir nada se giró, dejando su culo frente a la cara de Javier.

    Ella empezó a subir la bata despacio ante la atenta mirada de Javier, que no daba crédito. Detuvo la bata justo antes de que empezaran a verse sus nalgas unos segundos, generando tensión. Después retomó la subida lentamente, mostrando muy despacio. Cuando la bata estaba ya en sus caderas se inclinó ligeramente hacia delante, haciendo que su culo se acercara un poco más a la cara de Javier. Él sintió un espinazo que le recorrió la columna. Entonces puso las manos en las nalgas, suave, como quien reconoce el terreno.

    Después acercó su cara y pegó su mejilla derecha a la nalga izquierda de Elena, sintiendo el calor de su piel. Se frotó así unos segundos hasta que se separó y apretó fuerte ambas nalgas, separándolas y metiendo la cara en medio. Pasó la lengua y escuchó un gemido que le hizo sentirse mejor aún. Se separó y llenó de mordiscos pequeños aquel maravilloso culo. Mordía y lamía como un hambriento ante un manjar. Entonces Elena se separó y se bajó la bata.

    –Bueno –dijo– ya está bien.

    –No –inquirió Javier– estaba gozando.

    –Ya lo creo que estaba gozando, es usted un golfo. Vamos, métase en la cama.

    –No voy a poder dormir.

    –Coja el libro, se le pasará.

    Javier obedeció y se metió en la cama. Elena lo arropó y él sacó la mano de debajo de las sábanas y la introdujo bajo la bata. Lo hizo rápido, con maestría, tanto es así que ella no tuvo tiempo de reaccionar.

    –Por favor, Javier, ya está bien por hoy –quiso aclarar Elena.

    –Perdona mi ansia –dijo Javier con voz sinuosa– pero no me cansaré jamás.

    Elena dejó que le tocara el culo otra vez, permaneciendo a su lado. Acercó su mano a la mejilla de Javier, que se giró hacia ella para besársela sin dejar de manosearle el culo. Javier bajó la mano por el muslo de Elena y la coló entre sus rodillas, para ir subiendo poco a poco, acariciando la cara interna de sus torneados muslos. Ella, con su mano derecha, acariciaba el cuello de Javier.

    Él siguió subiendo poco a poco hasta llegar al preciado triángulo y sentir la humedad de su coño en sus dedos. Elena volvió a suspirar cuando sintió cómo el dedo índice de Javier, que hábilmente había apartado el tanga, iba y venía entre sus labios vaginales. Ella bajó despacio la mano por el pecho de él, y se detuvo en el abdomen cuando sintió que el dedo de Javier se introducía en ella. Lanzó un gemido casi celestial a los oídos de Javier, que no se detuvo. La miraba fijamente apreciando el placer en su rostro, deleitándose con sus gestos.

    Por su parte, Elena retomó la marcha de su mano y bajó hasta el bulto de Javier. Se sorprendió al notar que tenía una erección muy potente, digna de un chaval. Le bajó los pantalones y dejó al descubierto aquella sana y vieja polla, que tenía el aspecto de algo que está a punto de estallar. Sorprendida por la presencia de aquel falo imponente, se llevó la mano a la boca y se la lamió. Después la llevo a la polla de Javier y empezó a masturbarlo. Javier estaba en una nube, su sueño se estaba haciendo realidad y saboreaba cada gesto, cada expresión. Ella, mientras lo masturbaba con su mano derecha, llevó la izquierda a la cara de él, lo acariciaba cariñosamente mientras subía y bajaba su polla, y sentía sus dedos dentro de ella.

    –Por favor, no pares ahora –inquirió Elena.

    Javier obedeció rigurosamente, y no sólo no paró, sino que aceleró un poco el movimiento, notando llegar el orgasmo de su más preciada enfermera. Tardó poco en estallar, enseguida sintió un estremecimiento y apoyó su mano izquierda sobre el pecho de él, con los ojos cerrados y agachando la cabeza, sintió como el orgasmo la invadía como un oleaje salvaje. Javier ralentizó el movimiento hasta parar, pero llevó su mano al culo de ella y lo agarró con fuerza. Ella, al sentirlo, aceleró el ritmo de su mano. Volvió a acariciarle la mejilla.

    –Vamos, Javier, le toca a usted –le dijo.

    Javier apretaba el culo como si fuera su último asidero, envuelto en una tensión lujuriosa que lo inundaba de placer. Elena, consciente de su estado, siguió pajeando su polla sin tregua hasta que sintió como se estremecía. Sintió la dureza máxima en su mano, estaba a punto de estallar. Javier empezó a correrse entre espasmos, mientras Elena regulaba la velocidad de su mano para iniciar el descenso. Paró y se miró la mano llena de semen. Fue al baño y volvió con varias servilletas de papel. Lo limpió y le colocó bien el pijama. Lo arropó y acercó su cara a la de él.

    –Es usted un viejo verde, Javier –le susurró.

    –Es tu culpa, yo era un ser calmo hasta que te vi.

    Ella lo besó en los labios y después se irguió. Le colocó la mano en el paquete y lo miró.

    –Dime que vas a dormir a gusto –le exigió.

    –En la gloria, garantizado.

    Elena sonrió y le lanzó un beso al aire. Se giró y salió de la habitación.

  • Sin bragas en la aldea (2): Follada en el sofá

    Sin bragas en la aldea (2): Follada en el sofá

    Saludos, me llamo Daniela y para no tener que poner de nuevo la parrafada en mi primera historia me describí físicamente, así podéis imaginar a la pequeña punk morbosa que os escribe. En este relato voy a contar como siguieron mis travesuras en el pequeño pueblo de Torre Val de San Pedro en él que me hospedé 10 días que se convirtieron en toda una experiencia.

    Retornamos al momento que Víctor (un hombre bastante mayor, pero muy apañado y morboso) me trajo desde el camino al pueblo, tras yo haciendo la ruta a pie, terminé haciéndome daño en el pie y llegamos a tener un pequeño juego intimo que me puso verdaderamente cachonda.

    Tras quitarme de encima del capo de la furgoneta con el culo al aire y mis leggins por los tobillos. Me subí los leggins, ya que como comenté en el anterior relato no llevaba bragas, y por eso tardó poco en que la zona de mi sexo quedará mojada. Y con un poco de ayuda de Víctor pude sentarme en el asiento del conductor… Es entonces cuando el tobillo, ya enfriado empezó a dolerme de verdad. Por lo que mi cara en cierto momento reflejo el dolor, cuando lo apoye en el suelo de la furgoneta.

    Algo preocupado Víctor me dijo: –A ver si es que te has hecho daño de verdad… Anda, cuando llegues a casas, te ponte hielo y a las malas hay una farmacia para que te de alguna crema o algo. Si todavía no baja, pues ya te llevo yo a Segovia…

    Quitándole hierro al asunto me reí: –Que caballeroso… No creo que llegué a esos extremos. Aunque creo, que lo que tú quieres es meterme mano mientras voy contigo al hospital.

    A lo que Víctor divertido me dedico una mirada muy ardiente: –Entre otras cosas, zorrita. –Echando una mirada a la zona mojada por mi excitación, volvió a mirarme, para luego a arrancar la furgoneta e ir hacia adelante.–  Mira que te has corrido con gusto y todavía con ganas de más.

    Yo coqueta le saque la lengua y le sonreí. Lo que complació bastante a Víctor, por la forma que miraba de vez en cuando a pesar de estar conduciendo. El trayecto fue “tranquilo” aunque hubo un momento que me metió mano por encima de la ropa y tuve que decirle: –Oye, deja algo para por la noche –A lo que prometió– Me parece que mañana no vas a levantarte hasta bien tarde…

    Qué situación… estaba jodidamente cachonda y me divertía explorar hasta donde podía llegar en mi perversión. La casa que había alquilado estaba entre la salida del pueblo y los chalets… No me había dado cuenta hasta ese momento que le estaba indicando donde me hospedaba. Buf, algunas ideas perversas se me metieron en la cabeza, sobre su hijo y él introduciéndose por la noche en mi casa sin ser invitados. Mis pobres Leggins estaban chorreando y no de sudor precisamente.

    Al llegar a la casa, Víctor me dijo que esperase y me ayudo a bajar, yendo un poco a la pata coja apoyada en él conseguí llegar a la puerta, que abrí y pudimos entrar. Lo mejor sin duda era sentir el calor de la calefacción de la casa. Todo hay que decir que apenas llevaba nada cuando estaba a solas en ella. Víctor como todo un caballero termino por llevarme al comedor donde pude echarme ligeramente en el sofá, con mi pierna dolorida sobre una silla para no tener que apoyarla.

    Antes de seguir relatando. Voy a describir un poco la casa que había alquilado. La casa era moderna comparada con los edificios de alrededor, aunque al ser más pequeña pues me salió más barata la estancia. En la entrada se encontraban un par de sillones y un cofre inmenso, que no sé qué hacía ahí, ya que al abrirlo por curiosidad estaba vacío. En esa sala hay cuatro puertas. Una de ellas lleva a la cochera, donde había dejado mi coche. Aunque todo hay que decir que estaba el pobre bastante apretado, había una cantidad de trastos importante.

    Luego está un pequeño cuarto de baño consistente en el WC y un lavamanos con espejo. Al lado daba a la cocina, que estaba bastante completa y se podía comer allí con tranquilidad… Aunque al final terminaba llevando mi comida a la televisión para ver algún capítulo o similar mientras comía. Una cosa que me gustaba era el inmenso pato trasero, donde tenían puesto columpios, una piscina (verde rana) y varios árboles, que yo creo que se regaban por las lluvias que recibe el lugar, no es que estuvieran muy cuidados. El comedor es muy amplio (y algo hortera), allí es donde tenía mi play 5 con el juego Stray esperando a ser jugado, aunque he de decir a su favor que también es cómodo y espacioso. Arriba hay dos habitaciones para dormir, una para niños y otra de matrimonio. Evidentemente me acople en la cama de matrimonio, muy espaciosa y resistente como pude comprobar más adelante. Además de un cuarto de baño con su ducha y bañera (la cual aproveché bastante).

    Sigamos, cuando ya andábamos dentro me llevo a la sala de estar y fue a la cocina a coger algo de hielo para envolverlo con una toalla. Qué se moviera como Pedro por su casa me hizo enarcar la oreja, pero que podía decir, agradecí un montón tener la pierna en alto y tener el hielo para que se bajara la inflamación.

    Cuando me puso la toalla alrededor de mi tobillo, ya sentí algo más de alivio. Víctor se interesó por si me seguía doliendo tanto, a lo que solo pude sonreír y restarle importancia. Que diferencia, mi ex me habría dejado en la puerta cojeando y se iría si acaso con un par de besos –Descansa un poco ¿Tienes algo preparado para comer? –Algo aturdida por no haberme encontrado en esta situación antes, le conteste que sí tenía comida que no necesitaba ser preparada, solo calentada y listo. Sí, para mi sorpresa me preparó. Podía oírle cacharrear en la cocina.

    Viendo esto, imagine que debería agradecerle de alguna forma, y volví a sentirme bastante cachonda… ¿Y si me encuentra desnuda a la vuelta? Me vino a la cabeza y ni corta ni perezosa me empecé a quitar el top deportivo, dejando libres mis pechos pequeños pero firmes y haciendo un esfuerzo me baje los leggins. Que poco a poco pude sacarlos sin que me rozará demasiado el tobillo y dejarlos en el suelo. A ver si lo animaba a quedarse. El sonido del microondas me informo que estaba a punto de volver y desde la cocina me pregunto si quería algo de beber y le dije que una cerveza y que cogiera una él también.

    La espera hizo aún más morboso el asunto, por lo que tuve que hacer un esfuerzo para no tocarme allí mismo. Ver mi reflejo en el televisor me hizo sonreír. Cuando volvió prácticamente me encontraba desnuda, excepto los calcetines, que decidí no quitarme, ya bastante tuve con el leggins. Al principio venía hablando, pero se quedó callado de pie en la entrada echándome una mirada de arriba abajo, mientras que le dedicaba una mirada en plan “jédeme toda”. Víctor dio un silbido y proclamo: –Hostias que buena estas… –Sin dejar de observarme dejó la comida y las bebidas en la mesa cercana y pude comprobar como su amiguito, poco a poco se iba animando.

    Por un momento creí que se bajaría los pantalones para follarme ahí mismo, ya que su mano toco de nuevo su cinturón, pero al final se pensó otra cosa y dijo sonriendo: –Tienes unos bonitos tatuajes… –Se acerco, con sus dedos rozó mis pezones que ya estaban duros. Al notar su dureza empezó a acariciarlos, lo que me hizo suspirar:– Ya veo que soy bienvenido. –Le miré directamente a los ojos y mordí mis labios.

    Fue entonces cuando sus manos callosas sopesaron mis pechos y yo me deje hacer, ronroneando de placer le comente: –Más que bienvenido… me gustas como me tratas y eso me enciende aún más. Quédate… –se agacho un momento para besar mis pequeños pechos y jugar con ellos con su lengua, lo que hizo que arqueará ligeramente la espalda por el gusto. Entonces una de sus manos acaricio mi raja, ya húmeda. Arriba y abajo, y busco mi boca con su boca y empezamos a morrearnos con nuestras lenguas jugando dentro de mi boca, mientras que seguía rozándome.

    Tras un momento largo que me supo a poco, se retiró de mi boca, y metió sus dos dedos en mi coño de una tacada. Para luego sacarlos lo que me hizo mirarle sorprendida… Hasta que los acerco a mi rostro y comprendí lo que quería. Acerqué mi boca y los lamí con ganas, jugando con mi lengua alrededor de sus dedos. Me estaba encantando el “juego”. Víctor entonces con una voz muy excitada me dijo: –Tengo cosas que hacer, pero creo que puedo dedicar algo de tiempo a una linda zorra como tú. Antes de ponerme a comer… pero lo de esta noche no se cancela… que lo sepas.

    Excitado se alejó de mí un momento mientras se bajaba los pantalones, dejándolos en el suelo junto a sus calzoncillos. Su polla ya estaba en lo alto dispuesta a cumplir su función rodeada de esa mata de pelo blanco. Cierta parte de mí seguía sin creerse que me la iba a meter alguien de la edad de mi abuelo. Siempre había tenido fantasías con maduros, pero… hacerlas realidad, no me veía capaz. Ahora ya no podía echarme a atrás… Pude notar que a Víctor le encantaba como le estaba mirando su miembro por lo que empezó a masturbarse ligeramente para mantenerse caliente. En mi caso lo estaba consiguiendo.

    Sin decir una palabra me abrí de piernas, invitadora, para que pudiera ver mi coño rasurado y le fuera más fácil entrar… Eso si, con mi pierna “mala” apoyada todavía en la silla. Se tumbo encima mía, podía notar su peso contra mi cuerpo, teniendo en cuenta lo pequeño que es, me tapaba entera. Su polla se situó cerca de mi entrada húmeda, y lo empezó a colocar para empezar a follarme. Cuando sentí como ya estaba en mi entrada, me dijo: –¿Lista para ser jodida, Daniela?

    Con su cara encima le mire y le pregunte entre gemidos: –Sí… aunque una pregunta antes, si fuera tu nieta y te buscase las cosquillas también me darías polla? –Entonces me metió su polla que mi coño algo estrecho apretó con ganas, ya lo había notado en mi boca, pero cuando me la metió dentro, supe lo que era ser jodida por una polla gruesa de verdad. Empezó a darme rítmicamente, su respiración estaba muy alterada y tras un rato rodeo mis hombros para juntar nuestras caras y mantener el ritmo de la follada mientras me sacaba algún beso.

    Fue entonces cuando me contesto, tal como esperaba que lo hiciera: –¿Te parece suficiente esa respuesta? Nieta mía. –Dijo eso cuando apretó con fuerza en mi interior y gemí como una perra, eso me había puesto a cien, abrí la boca mientras me daba para gemir y decirle cosas llevada por mi excitación. Digamos que el «jódeme como la puta que soy», «soy tu perra» y «solo jédeme cabrón» fueron alguna de las expresiones que salieron de mi boca, para ser contestadas con «me encantas puta», «que coño tienes zorra…» y «¿Te gusta la polla de un hombre de verdad, zorra?». Todo hay que decir que hubo momentos que inevitablemente hacían que mi pie malo se apoyara, pero no me arrepiento… menuda follada me estuvo dando.

    Los minutos pasaban y mi coño palpitaba del gusto, de vez en cuando me mordía la oreja, besaba mi cuello, buscaba mi boca o acariciaba mis pezones. Todo hay que decir que me sofocaba un poco tener el peso del hombre encima, pero sentirle dentro de mi merecía ese esfuerzo. Víctor estaba aguantando como un campeón, a pesar de que yo estaba a punto de tener mi primer orgasmo fuerte de verdad. –Está… llegando. –Le anuncié entre gemidos. Por un momento me di cuenta de que las cortinas estaban abiertas, pero y una mierda iba a hacer que Víctor se levantará en ese momento. Con mi pierna buena le atraje hacía mí, mientras aprisione su polla mientras tenía el fuerte orgasmo. Busque su boca mientras que la sensación eléctrica recorría mi cuerpo.

    Cuando acabe, le miré y sonreí. Le iba a decir que había sido genial, pero fue entonces cuando empezó a joderme a toda hostia. mi cabeza se estiro hacía atrás por el placer que me estaba volviendo a dar mi viejo cabrón, cuando entonces sonó su móvil de los pantalones. Lo que me desconcentro. Víctor siguió un rato, pero al final pidiéndome perdón me dijo que era importante.

    Abatida le dije: –Vaya, lo lamento, quería que tú también te corrieras. Tenemos lo de esta noche, de todas formas. –En tanto Víctor sin dejar de estar dentro de mí agarro el pantalón y saco el móvil entonces sonriendo me dijo: –Sujeta el móvil y mantenlo pegado a mi oreja. –Al principio no comprendí, pero entonces me reí:– Eres muy perverso…

    Descolgándolo me lo paso y empezó a hablar algo relacionado con su negocio y las vacas… No es que me enterase de mucho porqué Víctor volvió a darme caña mientras hablaba, como podía mantenía el móvil pegado a su oreja, aunque no es que fuera fácil. Tampoco lo era mantenerme en silencio, especialmente porque sin prisa pero sin pausa, su polla entraba y salía de mi coño. Aunque tampoco a él le estaba resultando sencillo que no se le notará.

    Tanto es así, que todavía conmigo debajo, pude escuchar la voz del hombre con quien hablaba que le preguntaba si estaba follando o algo. Entonces casi me reí pero me tape la boca, pero entonces para indicarme lo contrario empezó a joderme con dureza y me guiño el ojo.

    Por lo que abrí la boca y dije fuerte, tanto para Víctor como para que se enterará el que estaba al otro lado de la línea: –Córrete encima de mí, joder –Pude escuchar como le decía a Víctor «Cabrón con suerte, esa suena a jovencita». Quizás por la situación, quizás por el ritmo que había llevado, pude notar como su miembro empezó a palpitar dentro de mí y poco después la saco de mi coño y masturbándose empezó a correrse encima de mí, mientras que acariciaba yo mi coño. Tras eso cogió el móvil de mi mano y le contesto: –Si, Antonio, ahora estoy libre… –y con su otra mano rebaño el semen de encima mía para ofrecérmelo de entre sus dos dedos. Lo lamí con deseo, mientras el siguió conversando durante un tiempo sin apenas referencias a lo que había pasado, mientras yo me limpiaba el semen que faltaba de igual forma.

    Poco después terminó la conversación y me dijo: –Me estás obligando a hacer locuras ¿Contenta? –Mandándole un beso desde mi posición de echada le contesté:– Mucho, la verdad…» –En ese momento deseé con todas mis fuerzas que mi tobillo estuviera mejor y demostrarle lo juguetona que puedo ser.

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    Espero que os sigan interesando mis experiencias y que también leáis mis otros relatos más fantásticos. Un beso enorme y si queréis comentar tengo disponible también mi mail.

  • Gran escuela de hostelería (parte 10)

    Gran escuela de hostelería (parte 10)

    Estamos los dos sentados en el suelo jadeando y sudados, oímos un golpe en el comedor y nos levantamos corriendo, nos vestimos y salimos como si nada.

    Al salir al comedor vemos a Carlota, que se había dormido en el sofá, que ahora está en el suelo, nos miramos y nos echamos a reír, Nico me abraza la cintura y me conduce a su habitación.

    Me besa de nuevo pero esta vez lo freno.

    – No sé si estoy haciendo bien, Nico, – se me vuelven a llenar los ojos de lágrimas- está muy reciente lo de Roel y quizás debería ir más despacio.

    – Pero Lexa, solo ha sido sexo, no te estoy pidiendo ser novios.

    – Lo sé, pero mi cabeza no está ni con Roel ni contigo, mi cabeza está en otro, Nico. Le hice mucho daño a Roel y no quiero que eso vuelva a ocurrir, me siento fatal cada vez que recuerdo esas sesiones de sexo que deberían haber sido íntimas y entre nosotros y mi cabeza estaba con otro. No sé si me explico, pero no quiero que se me vuelva a repetir esta historia, y quiero ser sincera. – Nico me abraza mientras y empiezo a sollozar pegada a su pecho.

    – Te has explicado muy bien Lexa, mira, yo no puedo cambiar que tu cabeza esté con otro, pero si te puedo asegurar que no me importa, si no quieres no habrá más sexo entre nosotros y se quedará en una anécdota. Pero te digo que este polvo que hemos echado, es de los mejores, sino el mejor, que he echado. Y te aseguro que no quiero nada más allá, te aprecio como amiga, pero yo tampoco estoy en un punto en el que necesite una relación. Y si te sirve de consuelo, yo cuando lo hago pienso en Anna Kendrick, me pone que lo flipas. – Me echo a reír, ha conseguido sacarme del bucle de culpabilidad en el que me había metido.

    – Gracias Nico, me sirve mucho de consuelo, ojalá un día consigas echar un polvo con Anna Kendrick, pero seguro que no lo hará lo que yo. – Los dos rompemos a reír.

    Cuando se nos pasa el ataque de risa le cojo la cara y lo beso con ternura y agradecimiento por su comprensión, el responde de igual modo. Volvemos a desnudarnos, lo empujo a la cama y vuelvo a probar esa hermosa erección, pero entonces Nico se incorpora y me coge la mano, me cierra la mano dejando el dedo índice levantado y me susurra al oido:

    – Quiero esto dentro mi mientras me la comes.

    – Nunca he hecho eso…

    – No te preocupes, lo harás bien. – me dedica una sonrisa pícara y a mi esto me resulta muy excitante, así que me pongo a ello.

    Mientras masajeo su erección con la mano izquierda, me chupo el dedo índice de la mano derecha y lo lubrico bien, empiezo a masajear la entrada a su culo y poco a poco empiezo a introducir el dedo. Nico se tensa y se incorpora para mirarme, nuestras miradas se cruzan, hace un gesto de aprobación y empiezo a meter y sacar el dedo, cuando se me hace más fácil el movimiento, me meto su erección en mi boca y empiezo a subir y bajar, mientras mi dedo entra y sale de su interior, noto un pequeño abultamiento dentro de él y me centro en ese punto, noto a Nico agitado, pero no dice que pare, así que sigo, y sin hacer más, se corre dentro mi boca, suelta tanto semen que me cuesta tragar, pero lo consigo.

    Cuando saco su erección de mi boca me doy cuenta de que Nico esta tumbado hiperventilando me tumbo sobre el, le doy un beso y le pregunto si está bien.

    – Ha sido fantástico Lexa, es mi primer masaje prostático y ha sido una pasada. Me habían metido el dedo antes, pero has encontrado el punto que nadie había encontrado. – lo miro con cara de orgullo, mi primera vez y he conseguido que se corra solo masajeándole la próstata, estoy encantada. – Déjame corresponderte.

    Me saca de encima con delicadeza, se incorpora y del cajón saca como una especie de micro, le da a un interruptor y se oye un leve zumbido. Nico me besa se dispone entre mis piernas y dirige esa especie de micro hacia mis pezones. ¡Uf! Es un vibrador y el mínimo contacto con los pezones hace que me moje, le va dado toquecitos a mis pezones y cada uno de ellos hace que se me tense el cuerpo.

    – ¿Estas bien? – Asiento con la cabeza – Esto va ser muy intenso, creo que te gustara, pero si quieres que pare, solo tienes que decirlo. – Vuelvo a asentir, no tengo fuerza para sacar voz.

    Nico sigue haciendo lo mismo pero está vez va viajando por mi vientre y llega a mi clítoris, mi cuerpo se descontrola y Nico cambia la posición, me hace incorporarme y sentarme al borde de la cama, él se sienta tras de mi me pega a su cuerpo y me pone mis piernas sobre las suyas, estoy totalmente expuesta y vulnerable. Con un brazo me sujeta por la cintura y con la otra mano vuelve a coger el vibrador y empieza a torturarme.

    Cuando intento cerrar las piernas, el levanta las suyas y me sujeta con más fuerza, mi cuerpo convulsiona, no tengo fuerza para gemir siquiera, tengo un orgasmo tras otro, mi sexo no para de chorrear y noto como la polla de Nico cada vez se pone más dura y empuja en mi espalda. Finalmente Nico se apiada de mí y deja la tortura de los orgasmos, me tumba sobre la cama se pone encima mío y entonces comprendo que quiere hacer la postura del misionero, lo paro poniéndole la mano en el pecho y le digo:

    – Yo nunca hago esta postura, creo que debe ser con alguien que realmente quieres, creo que es una postura muy íntima.

    – Cierra los ojos e imagina que soy el hombre que deseas, te prometo que lo disfrutarás igual, como si fuera el quien lo hiciera. Pero no te voy a obligar a nada… – Asiento con la cabeza, se me ha hecho un nudo en la garganta.

    Nico me besa y yo cierro los ojos y me vienen imágenes del sueño que tuve con Jorge, mi imaginación echa a volar.

    Sus grandes manos recorren mi cuerpo, se entretienen en mis pechos, continúan su recorrido hasta mi sexo, Jorge me mira a los ojos y me hace un gesto para pedir permiso, asiento y empiezo a notar su gran miembro dentro de mi, cuando entra por completo se tumba sobre mi y besa, enredo mis dedos en su pelo mientras lleva un ritmo perfecto metiendo y sacando, haciendo un movimiento circular. Empieza a acelerar, hunde su cabeza tras mi hombro, me muerde la oreja, yo llevo mis manos bajo sus brazos y los envuelvo hasta sus hombros, con las piernas envuelvo su cuerpo y cuando deja de morderme la oreja, me mira a los ojos fijamente y es nuestra perdición, caemos en un orgasmo simultáneo, voy a gemir pero lo ahoga con su lengua entrando en mi boca. Caemos los dos exhaustos y el sueño se nos lleva.

  • ¿Dónde están mis calzones?

    ¿Dónde están mis calzones?

    Una parte muy controversial del fetiche por las panties, es precisamente el saber que hacer con ellas una vez que las tenemos en nuestras manos.

    Para muchos resulta un gusto raro e incluso una aberración. Pero lo mismo podrían pensar muchos de la gente que tiene un fetiche por los pies, o incluso por las medias o los tacones, pero ¡qué diablos! Cada quien tiene su propio gusto.

    Para un fetichista de calzones, poseer una prenda de alguien que te gusta, es como tener esa conexión divina que te acerca de manera muy especial a dicha persona. Decir que “robar” un calzón está bien o que no es un delito, es hacerse tonto. Pero en descargo, decir que lo que buscas es solo descubrir y si acaso tomar prestada una prenda tan pequeña, quizá pueda salvar el dilema moral.

    Así amigos y amigas, les cuento que mis primeros calzones de mujer obtenidos vinieron precisamente de mi cuñada, la cual por vivir en la misma casa me daba acceso a cuando se podía, y que estaba yo solo, hurgar en su cajón. Fue así que descubrí que esos bikinis unidos por una tira solamente eran llamados tipo G-string. Y que los que usaban mis tías, o eran tipo faja, o de esas llamadas carpas de circo por lo grandes y a la cintura que eran tan poco sexys.

    En cualquier caso el tenerlos en mis manos era una delicia por sentir la sedosidad del nylon o la delicadeza y transparencia que tenían en sus materiales. Seda, encaje, dibujos, tantas cosas sutiles que resaltan la belleza e intimidad de quien las usa, así como el erotismo que emana.

    Como era el caso de mi prima Ely, la cual además de tener un trasero hermoso y enorme, usaba calzones sexys pero grandes por su gran culo. Por lo que imagino que para compensar, compraba prendas transparentes.

    Recuerdo a Melanie, que como tenía un buen trabajo, compraba lencería fina y de marca, que imagino la hacía lucir hermosa. Ella tenía una costumbre, que era de tallar con el jabón del baño en la zona de la entre pierna, por lo que sus panties siempre tenían jabón y muchos vellos púbicos pegados.

    Ahora analizando me imagino que de pronto ella hacía esto por higiene, y un poco para disimular que se masturbaba mucho.

    Todas estas prendas de familiares jamás me quedé con una. Con la primera que me quedé, fue un bikini colgado en el tendedero de una vecina de mis tíos a quienes visitaba mucho. Era un bikini blanco, muy sexy, ignoro la marca, pero era de un blanco brilloso. La primera sensación al tenerlo en mis manos, fue de entrar en la intimidad de esa sexy dama. Saber que solo ella y su marido sabían lo que vestía bajo su ropa, y que yo aún sin verla ya estaba tocando su calzón, recorriendo con mis dedos la tela que tocaba sus nalgas, y mejor aún, el puente que tocaba sus labios vaginales. La de secretos que sabía ese calzón. Las veces que se humedeció mientras esperaba a ser desprendido para entrar al combate del amor. O cuantas veces se mojó si su dueña por naturaleza se calentaba ante una escena de sexo, o un comentario cachondo que solo su mente y su rica panochita podían saber, pero que invariablemente su calzón recibía en la forma de pequeñas secreciones que dejarían parte de su esencia sensual, al igual que las manchas de orina que dejaba ahí mientras encerrada entre cuatro paredes, solo ella y su calzón a las rodillas presenciaban actos tan íntimos y privados.

    Desde ese momento mi obsesión por checar los tendederos donde quiera que andaba, se volvió prioridad.

    Sentir esa íntima proximidad, lo mismo a una mujer que me encantaba y conocía, o incluso a una mujer cuya identidad y figura yo desconocía, y que a pesar de eso ya sabía algo de ella que mucha gente a su rededor jamás imaginaría.

    Por supuesto que tocarme, con mi miembro bien erecto en una mano, y en otra la sensual prenda, era todo un ritual de sensaciones deliciosas. No me gustaba descargar mi semen en esas prendas, porque hubiera sido como contaminarlas. Eso lo reservaba para cuando podía jugar con una prenda del cajón de la chica en turno, y cuando sabía que eventualmente ella tomaría esa pantie y se la colocaría, culminando así la unión de su intimidad con mi semilla, en un acto secreto que solo yo sabía que existía.

    A partir de esa primera vez, ya no pude parar. Subía a los edificios y ubicaba de inmediato aquellos lugares donde había prendas que me interesaban.

    A diferencia de otros que también se obsesionaban con brasieres, en mi caso solo me interesaban los calzones de chicas fueran lindas o feas.

    Mis propias vecinas no se salvaron. La de la casa de atrás que nunca la conocí personalmente, hasta la de al lado que solo tenía un bikini, el cual resaltaba de las muchas pantaletas aseñoradas de corte completo y tan poco sexys, y mismo que finalmente fue mío. Aunque tristemente debo decir que la dueña jamás lo substituyó por otro calzón así de sexy, pues solo compraba pantaletas a la cintura, y que curiosamente los fines de semana aparecía en el tendedero ahí, llamativo, de color rosa, esperando a que un día me animara y estirara la mano para tomarlo y llevarlo conmigo.

    Otro par de vecinas, como decimos en México, del tipo gordibuenas, colgaban sus panties al frente de su casa, convirtiéndose en la tentación para mi, que un día decidí tomar una de esas prendas. Eran de algodón, de colores pastel y con un elástico de otro color muy delgado.

    A donde iban dichas prendas a parar?

    A mi cuarto, a ser escondidas dentro de un sofá, el cual tenía un hoyo en una orilla, en donde las fui coleccionando a lo largo del tiempo.

    Esta obsesión tan rara, llega a convertirse en un problema, y en mi caso aunque tuve pocas piezas de colección, llegó un momento en que me fue imposible seguirlas guardando.

    Con el tiempo, me tuve que deshacer de mi colección, la cual revisaba poco, pero cuando lo hacía era excitante recordar a esas personas. Luego me mude de casa de mis padres, con el tiempo me casé, y muy esporádicamente tuve oportunidad de obtener más trofeos, mismos que conservaba solo un corto tiempo ya que no era fácil esconderlos.

    Sí llegué a quedarme con alguna tanga o calzón de alguna amante que tuve, e incluso alguna la mezclé entre las de mi mujer, sin que esta lo notara. Lo cual fue excitante pues al notar que las usaba, me calentaba mucho recordando y teniendo unas sesiones muy calientes de sexo con mi esposa.

    Hoy día, me resulta complicado pues mis actividades me limitan mucho, aunque el deseo de hurgar y buscar de pronto vuelve a aparecer. Sobre todo cuando tenemos visitas, ya que generalmente al estar en mi casa, no soy yo quien está entrando a una casa ajena a buscar tesoros. Más bien, los tesoros llegan al cuarto de huéspedes de mi casa. Y ahí, vuelve ese gusanito de abrir sus maletas, buscar su ropa interior, y con suerte su bolsa de la ropa sucia.

    Sí amigos. La ropa interior sucia, requeriría de un tema completo por sí solo. Pues baste decir que ahí es donde la imaginación se convierte en realidad. Y con todos los sentidos, se llega a tener una proximidad inigualable que es sublime e maravillosa.

    Bueno amigos con esto termino, en próximos textos narraré aventuras que sean más del gusto de todos, aquellos que comparten este fetiche. Hasta la otra!

  • Iniciando a nuestros hijos mellizos (II)

    Iniciando a nuestros hijos mellizos (II)

    Después de esa noche de viernes, Myriam y yo nos volvimos más cómplices de nuestras fantasías secretas, al día siguiente nos levantamos tarde casi a medio día, bajamos y encontramos a nuestros hijos en la sala ambos muy relajados jugando Fornite en la consola de PlayStation.

    “¡Hasta que deciden salir de su cueva!” Nos reclamó mi hija sin mirarnos y sin soltar el control del juego.

    “Sandra. ¿No escuchaste ruidos extraños anoche?

    “Si, parecía pelea de gatos”

    “Deberían de cambiar de colchón chicos todo el vecindario se dio cuenta” Enrique al igual que su hermana opino sin dejar de jugar y sin voltear siquiera a vernos.

    “Si los había escuchado anteriormente, pero anoche si tuvieron una buena fiesta. ¿Estaban solos o invitaron a sus amiguitos pervertidos?” Continuo inflexible mi hija al parecer disfrutaba burlarse de nosotros.

    Mi esposa y yo los saludamos con la mano sin contestar y nos dirigimos a la cocina a preparar el desayuno, antes de desaparecer note que mi hija vestía ropa cómoda e informal de fin de semana; short de mezclilla muy corto mostrando unos muslos largos y musculosos producto de la gimnasia y una blusa suelta que caía sobre sus generosos senos que heredó de su madre. Jamás me había llamado la atención su forma de vestir, no así… como ahora la veía .Enrique aún estaba en pijama y ese sería su uniforme todo el sábado (incluso el domingo si no tenía actividades).

    “Ahora hay que aguantar a esos bribones que se mofen de nosotros” Dijo mi mujer mientras freía tocino y mezclaba unos huevos para un omelette.

    “Jajaja vamos mujer, me he reído con sus burlas, habrá que soportarlos nos han descubierto, me gusta esta nueva apertura, todos somos adultos” respondí sirviendo 2 tazas de café.

    Desayunamos y nos preparamos para ir mi mujer y yo a hacer algunas compras a un centro comercial cercano, por el momento ni ella ni yo tocamos el tema de lo que hablamos en la noche, nuestra hija tenía un compromiso de un evento de su academia de gimnasia y Enrique recibiría a unos amigos para pasar la tarde jugando en la consola.

    Al momento de salir llegaron por nuestra hija otra chica y su novio así como un chico que nos presentó y no conocíamos, los saludamos y nos fuimos a nuestras actividades. Mi mujer y yo vestíamos ropa deportiva, por mi parte un pants completo y mi esposa un traje de licra pegado a su cuerpo, aún conservaba una linda figura, grandes senos y un culo amplio y respingado por las horas de gimnasio. Desde que entramos al ambiente swinger nos preocupamos por vernos bien en las reuniones. Disfrutaba mucho verla desnuda caminando en las orgias de varias parejas y sobre todo su manera desenvuelta de tratar y convivir. Nuestra preferencia siempre fueron las orgias de más de 2 parejas y el intercambio, nunca exploramos otra variante como los tríos ya sean con otra mujer u otro hombre.

    De regreso a casa mientras conducía decidí abordar el tema pendiente.

    “¿Qué te parece si le llamo a Juan para confirmar nuestra asistencia a la fiesta en su casa?”

    “Si, es la tercera vez que nos invitan a alguna reunión y no asistimos a las anteriores, ambos sabemos que fue por lo que nos confesaron, y bueno sería la oportunidad de tratar el tema. ¿No crees?”

    “Perfecto sabía que aceptarías, desde anoche no dejo de pensar en ello y te confieso que me he sentido especialmente cachondo todo el día” Le confesé

    “Me pasa lo mismo, por momentos me siento mal, pero ver a los chicos burlarse de nosotros y que estén enterados de nuestro excitante estilo de vida, incremento mi calentura”

    Sin duda toda la situación aumento nuestra libido, mi mujer sin pedirme permiso me abrió la cremallera del pantalón y mientras conducía empezó a jugar y chupar mi pene, hacía muchos años que no hacía algo así.

    “Ufff gracias. ¡Eres la mejor esposa!“ Agradecí y le metí una mano entre sus nalgas hurgando en su vagina, le introduje un dedo y estaba muy mojada.

    Detuve el auto y mientras mi mujer me daba una de las mejores mamadas de la historia marque a Juan.

    “Hola amigo, para confirmar si aún hay lugar, queremos asistir a la reunión”

    “¡Qué bien! Estábamos preocupados de que ya no quisieran participar con nosotros después de tantos años, si fue por lo que les confesamos, prometo no tocar el tema, no es para todos, le dará mucho gusto a Martha”

    “Ya platicaremos han sucedido algunas situaciones que queremos compartirles y tienen que ver con ese tema. ¿Nos vemos entonces?”

    “8 pm, vendrán otras 2 parejas, será un noche inolvidable”

    Fue inevitable, me vine nuevamente en la boca de mi mujer.

    Eran casi las 5 de la tarde cuando llegamos a casa, entramos dejamos las compras, saludamos a Enrique y sus amigos, subimos a arreglarnos. Para abreviar tiempo nos duchamos juntos, mi mujer a pesar de tantos años de casados siempre es un afrodisiaco el solo hecho de tenerla junto a mi desnuda bañándose me erecto nuevamente además el ingrediente de que ahora no solo éramos cómplices en nuestra escena liberal sino además la excitación del tema que trataríamos con nuestros amigos nos tenían constantemente excitados. Después de unos besos apasionados y tocarnos mi esposa me devolvió a la realidad.

    “Amor, creo que sexo tendremos de sobra en unas horas, debemos apurarnos quiero estrenar el vestido sexy y liguero que me compraste”

    “En esta ocasión te quiero pedir algo” Le dije muy excitado.

    “¿Ahora?

    “Si, que no te pongas el saco encima del vestido hasta que lleguemos a la puerta de salida, que bajes con tu vestido sexy para que te vean Enrique y sus amigos”

    “¿¡QUE!? Siempre he salido con el saco o me pongo la ropa en el lugar de la reunión, no solo esta Enrique también están sus amigos”

    “No importa, quiero ver la reacción de Enrique ante la situación, el hecho que estén sus amigos y que el imagine a donde vamos lo hace más excitante” Mi erección era constante, me desconocía a mí mismo.

    Mi mujer no contesto nada a mi petición. Siempre disfruto mucho ver como se arregla para las reuniones ya sea para ver a otra pareja, asistir a un club o mis favoritas; orgias en casa de alguno de nuestros amigos que viven ya solos como Juan y Martha, el solo hecho de recordarlos imagine como serian esas reuniones con sus dos hijos, a los que conocimos solo en una ocasión en uno de los aniversarios de boda de la pareja en donde obviamente fue una reunión normal, recuerdo a dos jóvenes que asistieron con sus respectivas parejas e hijos. La hija de nuestros amigos era una rubia alta, muy delgada del tipo modelo de portada, según recordaba tenía 2 hijos y un esposo muy apuesto de raza negra, el contraste era muy llamativo. Por otro lado recuerdo vagamente a su hijo un joven con las características de Enrique solo un poco mayor que también asistió con su esposa una joven de bellas formas y baja estatura, igualmente iban con una pequeñita que su abuelo Juan mostraba orgulloso.

    “¿Nos vamos amor?” me pregunto mi mujer colocándose sus zapatillas altas, se veía imponente con un vestido entallado arriba de las rodillas, el liguero en su interior hacía resaltar su culo, Los senos amenazaban con salírseles con lo escotado del vestido. La simple pregunta «¿Nos vamos, amor?» encerraba en sí misma la promesa de una noche excitante.

    Caminamos hacia la escalera llevaba el abrigo en una mano pensé que se lo pondría antes de bajar, el bullicio de los chicos jugando y bromeando me llego de golpe, era inevitable pasar frente a ellos, mi mujer bajo uno a uno los escalones, el sonido de sus zapatillas contra la madera hizo voltear a los 3 chicos, mi mujer siguió adelante hasta bajar sin cubrirse con el abrigo.

    “Se portan bien chicos, no se vayan a acabar el whisky de papa” Les solicito mi esposa enviándole un beso de despedida a nuestro hijo.

    Mi mujer se veía realmente muy sexy y puta, ondulaba su cuerpo al caminar, igualmente me despedí con la mano de los chicos que se comían con la mirada a Myriam.

    “Enrique, llegaremos un poco tarde, me envías mensaje cuando llegue tu hermana” Le pedí

    “Di…viértanse papa” Era evidente su desconcierto además que sabía a dónde íbamos.

    Antes de salir de casa mi mujer se colocó el abrigo no era necesario informar al vecindario que la ama de casa, madre de familia ejemplar y abogada exitosa, salía algunos fines de semana con su esposo a orgias. Mi esposa era mi cómplice de vida, cada día la amaba más.

    “Gracias mi amor, fue muy divertido y…excitante” La excitación me estaba ahogando, ver la cara de mi hijo y además que sus amigos vieran a su mama como jamás la habían visto era otro nivel de lujuria y perversión.

    “jijiji sii, fue divertido, eso será una lección para Enrique, la pensara para volver a burlarse de nosotros” mi esposa no paraba de reír dentro del auto enfilándonos a la reunión.

    Nos recibieron en la puerta Martha y Juan, ellos son la pareja más experimentada que conocemos en nuestro círculo de amigos, rondan los 50 años (nosotros los 43), muy buenos anfitriones. Nos presentaron a una de las parejas que se iniciaba en una orgia como tal a la otra pareja ya la conocíamos.

    La pareja novata eran más jóvenes que el resto, estaban aún en sus tempranos treinta, era normal el nerviosismo de su primera vez en grupo, ellos habían sido invitados por la otra pareja asistente; Tomas y Linda, una pareja que teníamos muchas ganas de volver a ver ya que nos encantaron cuando coincidimos en una visita a un club swinger pero no tuvimos oportunidad esa ocasión de participar con ellos, sin embargo al final de la velada pasamos momentos muy agradables, quedamos en volver a vernos, en esta tarde todos los astros se alineaban para todos los propósitos.

    La velada inicialmente transcurrió como todas las reuniones de nuestros amigos, risas, bromas, música, algunos platillos y ensaladas, bebidas, platicas diversas incluso de nuestras familias y ocupaciones, de nuestros hijos, planes de viaje… En algún momento Martha y Juan sugirieron organizar algunos juegos subidos de tono que nos fue despojando de alguna ropa y no falto el tradicional desfile de pasarela de nuestras esposas mientras los maridos las animábamos desde la barra.

    “Ya saben el ritual chicos, la pareja principiante del grupo debe elegir a quien le gustaría besar, pueden incluso decidir que sea entre ellos” Martha era la que siempre definía los juegos y las reglas.

    Eligieron a Tomas y Linda intercambiando besos profundos y húmedos, se les unieron Martha y Juan besando a las dos parejas, nosotros no íbamos a quedarnos de espectadores solo que mi esposa adora la polla de Juan y ella fue directa a bajarle los calzoncillos e hincada entre las tres parejas inicio una mamada profunda mientras seguían besándose y acariciándose todos de pie. Me acerque y de inmediato busque a Linda y en consecuencia Tomas su esposo se unió a Juan para que mi esposa les mamara a los dos alternadamente, no es común que ella tenga dos miembros a la vez para mamar y menos que lo hiciera con esa pasión y desespero, de hecho era la segunda ocasión que la había visto en esa situación, definitivamente tanto mi mujer como yo estábamos evolucionando a un nuevo esquema de fantasía y atrevimientos. La orgia se generalizo, la nueva pareja no tuvo ningún problema en soltarse e integrarse, durante casi 3 horas intercambiamos parejas e hicimos diferentes formatos de interacción, tríos, cuartetos, mi esposa rompió su récord para una noche; copulo con los 4 hombres y a todos nos mamo o masturbo y al final la esposa principiante recibió el semen de los 4 en pecho y cara como pacto de leche e integración a la cofradía. Así eran nuestras reuniones.

    Cerca de la media noche la reunión término, en algún momento de la velada le comente a Juan que nos gustaría tener una plática con ellos. Así es que al despedir a las otras dos parejas, salimos al jardín a tomar aire fresco de la noche y continuar brindando.

    “De las mejores reuniones sin duda, que bueno que asistieron ya teníamos ganas de algo así, siempre iniciar a una pareja es muy excitante” Comento Juan mientras nos serbia nuevas bebidas

    “También nosotros estábamos muy emocionados desde que supimos que la estaban organizando e invitaban parejas en el grupo” Le respondió mi esposa que ya estaba nuevamente vestida y se veían muy sexy con la pierna cruzada, no parecía que una hora antes la había visto ser penetrada de perrito por el joven esposo de la pareja iniciante mientras le mamaba la polla a Tomas.

    “Y bien, que es lo que quieren comentar con nosotros, estamos muy intrigados” pregunto Martha

    “Ustedes son la pareja en quien más confiamos ya que somos cómplices de varios años en la escena swinger y tanto mi esposo como yo estamos muy sorprendidos de la confesión que nos hicieron de que participan con sus hijos, necesitamos saber si es verdad o solo fue una broma porque queremos confesarles algo y también consultarles” Mi esposa siempre ha sido muy directa, otra cualidad que le admiro.

    “¿No se volverán a alejar? Porque ese fue el motivo lo sabemos, el día que lo confesamos fue un poco por el calor de la bebida y la euforia de la reunión que sostuvimos, quisimos dar un paso más en compartir algo tan íntimo ya que con nadie más lo podríamos hacer” Se soltó Juan

    “Entonces es real” Concluí

    “Tan real que hace dos semanas estuvieron en casa y nos reunimos después de algunos meses de no hacerlo, ya no es tan sencillo de hecho fue una reunión a media tarde ya que tenían que regresar con sus familias, siempre hemos sido muy unidos” Continuo Juan

    “¿Desde cuándo iniciaron o como iniciaron? Pregunto mi esposa

    “Como iniciamos es una larga historia, ¿están dispuestos a escucharla?… siempre hemos sido una pareja muy liberal, tenemos en el swinger casi 20 Años desde que nuestros hijos eran unos bebes, y como ya lo saben en un tiempo fuimos nudistas y cuando ellos eran adolescentes nos acompañaron en algunas ocasiones a un campo nudista familiar, aunque no había propiamente morbo en andar desnudos junto a otras familias, de alguna forma se despertó en nosotros al ver sus bellos cuerpos la inquietud de integrarlos a la cama solo que eso sucedió varios años después, de alguna manera circunstancial y natural, al enseñarles abiertamente el cómo cuidarse y disfrutar su sexualidad, no solo les dimos consejos sino que les permitíamos vernos copular una vez que cumplieron los 18, la primera en vernos fue nuestra hija y posteriormente nuestro hijo al cumplir también sus 18, y al final ya siendo mayores de edad al irnos a la cama nos pedían vernos hacer el amor estando los dos juntos, era muy excitante, incluso les sugerimos desnudarse y tocarse sus propios cuerpos mientras nos veían, después sospecharon que éramos pareja swinger por nuestras constantes salidas en las noches o ausencias de fines de semana, además de visitarnos parejas siempre vestidos de forma muy sexual, hasta que una buena tarde tuvimos una plática de adultos ambos ya pasaban de 21 años y les confesamos que nos veíamos con otras parejas y asistimos a reuniones temáticas sexuales, mi hija tiene el mismo libido que yo y era quien más nos preguntaba sobre nuestros encuentros, me pidió si le podíamos mostrar algún material o si tomábamos fotos o videos de nuestros encuentros, en realidad es algo que no hacemos, pero por complacerla y ver su reacción decidimos filmar una reunión con otra pareja y les mostramos de que se trataba, esa noche fue muy excitante, nos llenaron de preguntas y terminamos dándoles otra función a nuestros hijos en esta ocasión les sugerimos tocarse entre ellos algo que nunca habían hecho y a partir de esa noche fue una práctica recurrente, el ver sus jóvenes y firmes cuerpos al lado nuestro tocándose hasta llegar al orgasmo era un ingrediente superior a todo lo vivido.

    Nuestros hijos ya tenían una vida sexual activa con sus respectivas parejas fijas u ocasionales, incluso mi hija estaba próxima a casarse pero nos confesaron que nada era tan excitante como vernos a nosotros y tocarse entre ellos. Nuestra hija se casó a los 25 años y previo a su boda decidimos hacer una despedida por última vez permitiéndoles estar juntos y vernos en acción. Esa noche todo se salió de control, tomamos algunas bebidas y les mostramos otra filmación de uno de nuestros encuentros grupales con otras 5 parejas, ver a su madre con más de un hombre a la vez fue impactante, subimos a la alcoba y cuando nos veían hacer el amor, era tanta la calentura que en algún momento vimos a nuestros hijos en un intenso 69, la visión fue hipnótica, nos acercamos y fue inevitable ayudar a mi hijo a lamer la vulva rosada de mi princesa y Martha ayudar a nuestro hija a mamar a nuestro hijo, habíamos traspasado lo inevitable, mi hija se montó sobre mí y mi esposa hizo lo propio con mi hijo…esa fue la primera vez” Concluyo notablemente excitado Juan, seguramente el recuerdo lo afecto como a nosotros escucharlo, hubo uno o dos minutos de silencio.

    “Nuestra hija se casó, fue una linda boda, al inicio teníamos algún prejuicio ya que como saben su esposo es de raza negra y viene de otro país, llego de intercambio a la universidad, se conocieron, se enamoraron y bueno nos daba algo de temor que se fueran del país además de que nuestra hija es rubia nos sorprendió su decisión, sin embargo su esposo es un excelente padre y muy buen marido” continuo Martha

    “¿Cuánto tiempo paso para que se volvieran a reunir con…sus hijos después de la iniciación?” A mi esposa le interesaba poco la parte de la boda y familiar, necesitaba más información de sus reuniones, me sorprendió su pregunta.

    “Seguimos con nuestra vida swinger, nuestro hijo al ya no estar su hermana en casa se alejó un poco y un día se fue de vacaciones a centro américa y en su viaje conoció a su actual esposa en Costa Rica, después de algunas gestiones decidió también casarse, a los pocos meses que lo hizo nuestra hija, nos pidió de regalo una fiesta como la que tuvimos previo a la boda de su hermana, así es que en esa ocasión sostuvimos un trio con nuestro chico, fue algo hermoso. Hacerle el amor a su mama en compañía de su padre fue muy excitante, tanto que todo un fin de semana Martha nos atendió sexualmente, nuestro hijo es muy depravado, nos pidió que miráramos películas xxx y repitiéramos las escenas con su mama, llego un punto en donde tuve que poner un límite ya que quería que le hiciéramos doble penetración…” Juan disfrutaba contarnos se notaba en su rostro la excitación, mi mujer se mordía los labios síntoma inequívoco de calentura.

    “Y… ¿lo hicieron? “ pregunto Myriam

    “No en esa ocasión. Al poco tiempo nuestro hijo se casó. Afortunadamente nuestros dos hijos viven en nuestra misma ciudad, pensamos que nunca más se repetirían nuestros encuentros y por nuestra parte era fantasía secreta cumplida, nos visitaban con sus parejas, prácticamente ambos estaban recién casados, en ocasiones venían a pasar algún domingo, nos reuníamos con cierta regularidad para convivencia familiar, tanto nuestra nuera como nuestro yerno son excelentes personas.” Continúo Juan

    “Entiendo que se repitió… ¿y cómo fue?” Pregunte

    “Con el primero fue con nuestro hijo, su esposa e hijos se fueron a Costa Rica a pasar una navidad, por motivos de trabajo no los pudo acompañar, nos sorprendió que decidió quedarse en su habitación de toda la vida, fue muy directo, nos dijo que nos extrañaba sexualmente que era muy feliz con su matrimonio pero que necesitaba volver a estar con nosotros, y así pasamos una semana en donde prácticamente diario le hacíamos el amor a Martha incluso cuando yo me ausentaba aprovechaban para hacerlo, era común que mientras yo veía televisión ellos copulaban a un lado mío. ¿Recuerdan que les comente que mi hijo tiene su lado depravado?

    “Si… ¿En qué sentido?” Pregunte

    “Bien, empezó a usar palabras sucias con su mama, le preguntaba si le gustaba como se lo hacía, que si le gustaría tener más vergas mientras él se la metía, o que si le gustaría que le echaran la leche varios hombres, que a él le gustaría verla así etc.…Ya me lo había comentado Martha que cuando se quedaron solos uso ese lenguaje, pero ya no le importo usarlo en mi presencia. Les confieso que me sorprendió y me molesto escucharlo ustedes saben que no acostumbro usar un mal lenguaje, a pesar de mi vida libertina me considero un caballero y trato a las mujeres con mucho respeto más tratándose que ella es su madre, como reprimenda le sugería que moderara su lenguaje que no le gustaría que a su joven esposa le llamaran de esa forma, su respuesta me confirmo su nivel de depravación; “me encantaría verla a ella con dos o tres vergas , una en cada orificio y que al final la llenen de leche” acto seguido soltó un chorro de semen en los pechos de su mama”

    “¡Wow! Sin palabras…imagino como se sintieron, es algo fuerte. Como lo tomaste Martha? Pregunto mi esposa

    “Pregúntale a Juan, porque enseguida se desnudó y prácticamente me violo” Contesto Martha

    “En sexualidad no hay normas realmente, me excito mucho escucharlo no sabía hasta donde lo habíamos afectado pero la carga sexual de sus palabras y el hecho de ver a su mama con semen en sus senos, su vagina hinchada de días de sexo, la fantasía que tenia de ver a mi nuera en situaciones sexuales ocasiono el único racionamiento animal que se me ocurrió; penetrar a mi esposa que al igual que yo tuvo uno de sus mejores orgasmos”

    “Esa misma noche tuvimos una plática muy abierta con nuestro hijo y nos confesó que le gustaría mucho entrar al mundo swinger como nosotros pero que era imposible que su esposa aceptara por ello recurría a las fantasías, que le gustaría asistir a un club swinger y acompañarnos haciéndose pasar por un desconocido entre nosotros y que le encantaría que nos volviéramos a reunir y estuviera su hermana, obviamente tratamos de aconsejarlo y de apoyarlo que igualmente era excitante la idea de que alguna vez nos acompañara, le pregunte si no le afectaría ver a su mama con alguien más que no fuera yo, ya que una cosa era la fantasía y otra la realidad, dijo que era una fantasía recurrente imaginar a su madre con otros hombres al igual que a su esposa, nos comentó que ya había hablado con su hermana sobre el tema. Que le confeso que opinaba igual que el, si le gustaría volver a tener otra reunión entre los cuatro, era muy feliz también con su esposo pero le aburría un poco la vida tradicional de matrimonio.

    Al cabo de unos meses hubo la oportunidad de que nuestra hija pasara unos días con nosotros por el mismo motivo del viaje de su esposo a su país, aun no nacían ninguno de nuestros nietos. Esa fue la oportunidad, nuestros hijos ya habían hablado y estaban decididos a que nos reuniéramos sexualmente los cuatro. Sin más preámbulo una vez que se enteró que su hermana estaba en casa llego un sábado en la tarde, comimos, bebimos y nos subimos a la habitación a tener el mejor sexo que existe, con nuestros hijos, sin ningún prejuicio, todos adultos y con vida sexual de casados, primero nuestros hijos follaron como conejos frente a nuestros ojos para después yo hacerlo con mi hija que había embarnecido con el matrimonio mientras mi hijo follaba con su madre sacándole varios orgasmos, para nuestra hija fue una novedad escuchar a su hermano decir obscenidades “¿te encanta la verga verdad mama?”. Mi hija se limitaba a sonreír mientras recibía mis estocadas. “Papa…! Hay que hacer gozar a estas putas!”.

    En un rápido movimiento monto a su mama sobre de él y me pidió que se la metiera por al ano estaba obsesionado por hacerle doble penetración a su madre algo que jamás habíamos practicado en el ambiente swinger. Le pregunte a Martha si le cumplíamos la fantasía a su hijo y accedió pero que lo hiciera con mucho cuidado, nuestra hija estaba absorta viendo como partíamos en dos a su madre que poco a poco fue accediendo y aceptando ambas trancas hasta que recibió por completo mi miembro en su ano mientras su hijo la penetraba hasta el fondo por la vagina. “sigues tu hermanita, aprovecha y vas a gozar como la puta de nuestra madre” Nuestra hija se integró acariciando nuestros testículos o metiendo en el orificio correspondiente de su madre el miembro que amenazara con salirse, así estuvimos unos minutos Martha estaba encantada ensartándose. “Hermana chúpanos las pelotas”.

    Nuestra hija obediente se puso atrás de mí ensalivando mis bolas y pasando incluso la lengua por mi ano, era delicioso. Mi hijo seguía hablando obscenidades y dando órdenes, parecía un loco desquiciado, mientras penetrábamos simultáneamente a su mama se desarrolló la siguiente platica entre ellos: “¿Hermana si te coge lo suficiente tu esposo?… ¿Es verdad lo que dicen que la tienen grande?”… “Si, la tiene enorme y es muy bueno en la cama, pero esto que hacemos con papa y mama lo supera todo”…”Me gustaría que tu esposo se la meta a nuestra madre mientras papa y yo te la metemos en tu concha y por el culo…no sería excitante que viera tu marido lo puta que eres?…”No lo sé me gustaría primero probar que se siente”…

    Al parecer nuestra hija había trabajado ya su anito con su marido ya que al salirme del ano de su mama se montó de frente a mí en la polla de su hermano introduciéndoselo por el ano, la invitación de su vulva abierta era demasiado tentadora, me limpie el miembro con una toalla húmeda y se la metí de golpe, rápidamente nuestra hija se vino a chorros ante el embate al unísono en ambos orificios. Sus convulsiones me hicieron venirme fuertemente dentro de su vagina, mi hijo empezó a temblar señal que vacío su leche dentro del culo de su hermana, ahí nos quedamos unos minutos dentro de ella, mis testículos rozando y pegados a los de mi hijo y nuestros miembros semi erectos respirando dentro de los orificios de mi bella hija”

    “wow…wow! ¡Que memoria y que nivel de detalle!” Mi esposa aplaudió, y en verdad que lo que acabábamos de escuchar de viva voz de Juan nos dejó sin palabras, por otro lado yo estaba excitadísimo.

    “Y así inicio todo, ya pasaron 4 años desde esa vez, hemos evolucionado hoy en día nuestros hijos son más depravados y sexosos, siguen afortunadamente casados, nuestro hijo aún tiene la fantasía de involucrar a su esposa y ella le sigue la corriente a nivel de fantasía según nos cuenta y nuestra hija confirma que ama a su esposo, ya hemos adquirido madurez y aunque nuestras reuniones son más esporádicas cada vez son mejores, y bueno nuestros hijos tienen una última fantasía por cumplir”

    “¿C…cuál es? Pregunte excitadísimo

    “El participar con nosotros en el ambiente swinger y que invitemos a otra pareja por ello pensamos en ustedes e ir avanzando a mas en este excitante mundo lo cual a nosotros nos excitaría muchísimo llegar a eso. ¿Qué les parece la historia y la propuesta?”

    “Precisamente estamos atravesando por algo inicial con nuestros hijos, algo que sucedió ayer, ellos ya saben que somos swingers es por ello que venimos a pedirles consejo, su historia es súper excitante, el que nuestros hijos nos lo preguntaran en cierta forma nos excito” les confesé

    “Primero contesten nuestra propuesta, les gustaría participar con nosotros y que incluyamos a nuestros hijos?”

    Continúa en Parte 3.

  • Le mostré fotos y videos de mi esposa a un taxista

    Le mostré fotos y videos de mi esposa a un taxista

    En esta ocasión les contaré lo que me sucedió con un taxista en la Ciudad de México, cómo ustedes saben mis relatos son reales, te recomiendo prepares tu espacio y te pongas cómodo.

    En alguna ocasión de temporada de calor en la Ciudad de México tuve que ir a hacer la recolección de un pedido a las bodegas del centro de la ciudad. Decidí irme en transporte público ya que el tráfico en la Ciudad es exagerado. Siempre en donde ande me pone bien el hecho de ver a la chicas en mallones, vestidos, faldas o que se les marque su ropa interior me vuelve loco, todo lo sensual en una mujer es de infarto para mí.

    Así es que en esta ocasión viajando en el metro de la Ciudad de México y viendo en mi alrededor vi una chica con un vestido de color café que no era tan corto y tampoco ajustado pero al observar bien me di cuenta que sus nalgas se le marcaban muy bien en su vestido, eso me despertó esa sensación tan agradable en mi y ya no le quite la mirada se acomodó un par de ocasiones y solo le veía su rico trasero marcado en la tela de su vestido.

    Mi sorpresa fue que se bajó en la misma estación que tenía que salir yo también, camine lento sin llamar la atención hasta que subió las escaleras yo unos escalones tras de ella subí wow sus piernas se le venían sumamente sensuales y el juego de su vestido al caminar hacía que se le viera riquísimo ese pequeño pedazo de tela de encaje que se asomaba bajo su falda no sabría decirles si era calzón bóxer pero era de encaje, imagínense la situación y ese trozo de tela atrapado entre sus nalgas marcando la redondea de su trasero era realmente rico.

    Esa situación me puso cachondo a lo cual ya solo pensaba en ese momento.

    Al llegar a mostrador para recoger mis cosas una chica de cabello chino me recibió. Vestía de pantalón liso de mezclilla color azul de tela delgada blusa blanca que transparentaba su brasserie, la chica se me hizo muy sensual ya que al darme la espalda solo le veía el culo una ricura que marcaba el calzón muy discretamente en su pantalón, eso aumentó mis ganas yo ya sentía la verga despierta, y sin erección ya la sentía gorda. Me deleité con esa chica.

    Al salir de ahí me dispuse a pedir taxi de aplicación ya que las cajas no eran pesadas pero si estorbosas. La aplicación tenía poca disponibilidad de carros a lo cual hice un par de paradas a taxis normales hasta que un Tsuru se detuvo. Al decirle el destino al chofer acepto sin problema y comenzamos una charla de lo más normal . Ernesto de 30 años, con novia a punto de casarse y en finales para terminar una carrera, un tipo delgado, moreno claro que trabajaba en taxi desde hace 3 años justo para acomplejar sus pagos de universidad.

    Mientras la charla estaba en curso yo veía las chicas que pasaban en la calle, solo observaba mientras charlábamos. Yo le conté también cosas ordinarias esas cosas que se platican comúnmente, pero me llego un pensamiento a la mente que comenzó a cambiar el curso de la charla

    Yo: oye neto, y no te han pasado cosas extrañas, raras o fuera de lo común aquí en el taxi?

    El: mmm si algunas.

    Ernesto comenzó a contarme acerca de un asalto y personas que olvidan dinero o celulares, cuando no quieren pagar etc. Etc. Pero yo quería saber algo más.

    Yo: y nunca has llevado así a chavas medio ebrias?

    El: si carnal. (Sentí que no me quería contar pero tenía que lograr que me contara.)

    Yo: y en donde o cómo fue?

    Ernesto comenzó a contarme cómo fue esa noche pero a grandes rasgos, nada de detalles, pero mis preguntas eran más precisas, cosas como: en donde las recogiste? A dónde las llevaste? Las recibieron en casa? Y que iban hablando? Si iban muy mal? El propósito era que me contara y comenzar con ese tema.

    Me contó que las recogió en Acoxpa (una de tantas zonas de antros y bares en la Ciudad de México) eran 2 chicas me contó, una llevaba un vestido no tan corto y no tan ajustado pero traía un escote en la espalda eso le hizo notar que no traía brasserie y su falda con los movimientos que hacía se le subía y pudo ver que una tela de encaje negro cubría su concha, al momento de subir al carro abrió las piernas y pudo ver esa delicia sin tener cuidado alguno de taparse o disimular pues de las dos chicas esta era la que iba más ebria.

    La otra chica vestía un legging de cuero totalmente liso el cual hacía que resaltara una tanga de encaje, esa tanga adornaba Perfecto el culo y la figura de esta chica, una blusa que traía un resorte a la altura de la cintura y unas telas sueltas desde los hombros hasta su estómago hacían mostrar que tampoco traía brasserie y al subir al carro la tela traviesa hacía salir esos pechos varías ocasiones tubo que acomodarse la tela de la blusa porque al querer acomodar a su amiga sus pechos se salían y pude ver sus pezones tiernitos por varias ocasiones.

    Las chicas iban a la misma dirección la chica del leggins hablaba por teléfono a su hermano para que ayudaran a bajar a su amiga ya que está ya estaba perdida por el alcohol y ella no podría sola, al llegar al destino ya estaba esperando el chico el cual ayudó a su hermana a bajar (la chica de leggins) ella al momento de bajar de auto pude ver cómo su tanga de color azul de encaje salía de su leggins de cuero, mientras se tapaba el pecho con las telas de su blusa, así se dispusieron los dos a bajar a la amiga que no podría con su alma, la chica del leggins al agacharse podía disfrutar de sus pechos y también su de figura y su tanga saliendo de su leggins.

    El chico se dio cuenta pero no me decía nada, mientras bajaban a la chica del vestido el chavo la abrazo y fácilmente levantó su vestido hasta mas arriba de la cintura, traía una tanga deliciosa, de enfrente era de encaje negro y de la parte de atrás era de color gris, el color se iba haciendo más claro hasta llegar a la “v” de la parte de atrás totalmente blanco esa tanga era una exquisites lúcida por esa chica. El chavo así se la llevó hasta que logro sostenerla de pie y su amiga acomodarle el vestido. Me pago el chavo y me dijo que me había echado un buen taco de ojo. Me dio las gracias y me fui. ( todo eso me lo contó el taxista)

    Yo estaba atento a lo que me contaba así es que me dispuse a cumplir con mi cometido ya para entonces estábamos a la mitad del camino ya que era un trayecto de casi 2 horas.

    Yo: Woow, que perrón carnal, te sucedió algo muy chido. Y después de ahí?

    El: la verdad estaba bien prendido carnal me paré unas calles adelante y me hice una chaqueta.

    Yo: no ma, entonces si fue una buena noche.

    El: es la única vez que me ha pasado algo así carnal, y la verdad no puedo contárselo a mi chica porque me colgaría pero cada de que me acuerdo me hago unas ricas jaladas en honor de esas dos chicas.

    Yo: pues hoy podría ser un día como esos, digo, ya que estamos en este tema se me ocurre presentarte a mi esposa.

    El: como, vamos a pasar por ella? No entiendo.

    Yo: no, no pasaremos por nadie, solo me gustaría que la conocieras.

    Mientras tanto yo sacaba mi celular y con el brillo al 100 puse la foto de mi esposa, una selfie desde arriba hacia abajo en el baño de su trabajo con una blusa blanca desabotonada, su pantalón abajo y con un calzón tipo atigrado de color café con negro, resaltando su culo y mandando un beso a la cámara, (esa foto me la había mandado a mi un día de la semana) le dejé el celular frente a él por unos segundos mientras manejaba.

    El: a no mames, ella es tu esposa? Se ve bien.

    Yo: si carnal, es ella. Si quieres puedo mostrarte más.

    El: si we, va.

    Yo: pero me dijiste que tenías chava, que te párese si me muestras algo de ella, solo muéstrame así como yo lo hice.

    El: pero tu chica si esta chida y la neta no tengo muchas fotos de la mía.

    Yo: pues que te párese me enseñas lo que tienes y yo igual, te late?

    El: pues chingue su madre.

    El saco su teléfono y me enseñó fotos donde está su chica en fiestas con él y fotos “normales de ella” la verdad no se veía mal, pero le pedí fotos de ella encuerada o mastranzo de mas, abrió una carpeta escondida en su teléfono y me enseñó las fotos que ahí guardaba, me quedé con la boca abierta cuando vi fotos de su chica empinada, masturbándose, de sus tetas, en calzones, en tanga mostrando su culo, abierta de patas mostrando su concha depilada, el me dio su teléfono para que las vea con calma, la verdad para ese entonces ya tenía la verdad totalmente erecta al ver esas fotos.

    De pronto me encontré con un video el cual por supuesto abrí, mi sorpresa fue que estaba vinculado el audio con el estéreo de su carro, se escuchó fuerte los gemidos de su chica mientras él la grababa en 4 y metiéndole la verga, ella se masturbaba mientras él se la metía y se la sacaba. Vi que de inmediato el comenzó a agarrarse la verga pues fue muy excitante escuchar esos gemidos a todo volumen mientras íbamos en el carro.

    Yo le di también mi teléfono para que fuera viendo pero él iba manejando así es que le dije que se estacionara para que pudiera ver con detenimiento, el sin pensarlo se detuvo y pudo ver toda la galería completa de los fotos que tengo de mi esposa, fotos y videos de todo tipo.

    Por mencionar algunas, unas fotitos donde está en la cama acostada boca abajo viendo su teléfono en calzones de todo tipo, (esas se las saco sin que se dé cuenta) calzones de todos colores negros, rojos, blancos, color crema, de figuritas etc., de encaje, tangas de todo colores sus calzones metidos en la cola, y fotos donde ella posa para mi, amarrada, con los ojos vendados, mientras se baña, y fotos que me envía mientras estoy de viaje o ella en el trabajo, un video de 1 minuto donde está en la oficina de trabajo y comienza a grabar a su alrededor y después la cámara la pone abajo del escritorio abre las pierdes y bajo su falda se ve su calzón verde con puntos grises que me gusta mucho abre las piernas y se frota por encima de su calzón y después se graba ella y me manda un beso.

    Yo veía cómo se agarraba la verga y me daba sus comentarios, le mostré más videos y fotos, literalmente el vio toda mi galería prohibida guardada en este teléfono. Para finalizar le enseñe un video de casi 30 minutos pero le dije que ese lo iríamos viendo en el camino, así nos dispusimos a retomar el camino, me pidió que vinculara el audio con su estéreo y así lo hice y comenzamos a ver el videíto a todo volumen.

    Yo amarre a mi chica de las manos en una argolla que puse especialmente para eso, sus manos atadas hacia arriba y las piernas atadas y abiertas y ojos vendados. Mi esposa con una tanga de color rosa de esas que se amarran de los lados, luciendo un vestido de color rojo con blanco. Claro que ese video lo grabé después de una salidita donde esa tanguita rosa se transparentaba, puse música de fondo.

    Comenzaba a tocarla en lugares donde ella no se lo esperaba, las piernas, los brazos, le pellizcaba sus pezones y la besaba. Poco a poco me acercaba a su concha cuando pasaba mi mano por su vagina gemía y respiraba más lento, poco a poco le subía su vestido hasta dejarlo a la mitad de sus nalgas, yo me iba quitando la ropa y comenzaba a besarla de sus piernas, después subía hacia su vagina con un besito y después sus pechos, le subía más el vestido hasta la cintura y sus piernas abiertas acerqué mi cara a su vagina para olerla fresca y con ganas, ya se notaba que la tela estaba húmeda, así es que le di unas nalgaditas y unas chupaditas a sus nalgas ella gemía rico.

    Después le subí mas su vestido y le besaba su abdomen y le acariciaba sus piernas y sus nalgas, después subía más su vestido hasta sus pechos sin descubrir sus pezones, comencé a besarle los pechos mientras le daba nalgaditas, con mi boca termine de subirle el vestido hasta el cuello y le besaba sus pezones, mi mano jugaba con su concha mojada, ella gemía y gemía a tal grado de retorcerse y decirme que no aguantaba, mis dedos estaban empapados y no podía dejar de comerme esos ricos pezones, mi mano no dejaba de jugar con su concha hasta que ella dio un gemido que hizo que le temblaran las piernas solo movía su cadera pues estaba amarrada de pies y manos, sus gemidos seguían y seguían.

    Mi lengua no dejaba de saborear su pezones y volvió a gemir como pocas veces lo hace, hasta que sentí como exploto en mi mano, su respiración era como de infarto y no podría sostenerse de pie, agarre la cámara de mi celular y le grabé la concha pero sus líquidos escurrían por sus piernas y el piso estaba manchado literalmente ese orgasmo dejo a mi esposa escurriendo.

    El video no lo terminamos de verlo pero Alfredo iba frotándose la verga, cuando ya estábamos muy cerca de llegar guarde mi teléfono y Ernesto solo me decía lo buena que estaba mi esposa y que se la quería coger, que la pasábamos muy rico, quería ver todo el video porque hacía falta mucho pero ya habíamos llegado al destino, así es que me despedí de él y me agradeció por el buen rato, solo le dije que se desquitara con su esposa porque yo la traía en la mente.

    Esa tarde al llegar a casa volví a hacer lo mismo del video con mi esposa recordando todo lo que me decía Ernesto y recordando un video en especial de la chica de Ernesto en donde se estaba masturbando en 4 mientras Ernesto se la cogia, cada gemido de mi esposa me recordaba lo sucedido esa tarde.

    Comenten para animarme a escribir más, [email protected].

  • La profesora dominante (2)

    La profesora dominante (2)

    Esa noche llegue a casa muy pensativa, temía que todo esto se me saliera de control, la verdad nunca había hecho nada así, nunca había jugado así con nadie ni me había atrevido a ser dominante con alguien pero a la vez mi corazón latía con más fuerza cuando lo hacía, era como una adrenalina, pero a la vez tenía miedo de perder mi trabajo, no solo porque alguien nos encontrara, sino porque también la esposa del director podía enterarse o peor aún él podría perder los estribos y yo perdería el control, la verdad no sabría qué hacer si se me rebelara o cometiera una imprudencia, por un momento pensé en su pobre esposa pero se me paso rápido al desnudarme, acostarme y empezar a jugar con mis pechos y mi vagina recordando como sometí a mi jefe y todo lo que pensaba hacerle.

    Al día siguiente empecé dando clases con normalidad, aunque en mi mente esperaba cualquier cosa, al punto que iba preparada, iba con otro vestido un tanto holgado, zapatos sexys y con un buen escote, la verdad ya estaba metida en mi propio juego y no podía parar.

    En el receso lo vi y trató de ignorarme, pero como siempre usé mis habilidades de seducción, cruzaba mis piernas constantemente, acariciaba mis piernas suavemente y lentamente asegurándome que me viera lo cual hacia con disimulo, yo trataba igualmente de verlo disimuladamente hasta que de pronto se me acercó y sabía que me pediría otra reunión, aunque eso ya me estaba poniendo en duda ya que todos sospecharían tanta “reunión”, cuando por fin se acercó me saludo cordialmente

    -Profesora Alexa, espero se encuentre bien, sé que esto puede ser tedioso, pero necesito que nos reunamos antes de la salida de lecciones, debemos hablar nuevamente de su vestimenta, parece que todos siguen quejándose sobre ello. La espero en mi oficina.

    Y se retiró dejándome ahí casi sin dejarme responder. Así que llegó la hora de la reunión, cuando llegue esperaba ver a mis compañeras y compañeros reunidos pero lo que me topé fue al director mirándome seriamente recostado a su escritorio. Me senté como de costumbre mirándolo pícaramente pero aun así el seguía serio, de pronto comenzó a hablar

    -Señorita Alexa, lamento mucho tener que pasar por esto, pero he recibido más quejas sobre su manera de vestir y la verdad ya no sé cómo “apaciguar las aguas”, parece que voy a tener que pedirle nuevamente que medite sobre mi petición.

    Sabía muy bien que quería manipularme así que decidí llevar el juego a otro nivel y para eso venia preparada, puse cara de tristeza y lo vi a los ojos haciendo una mueca de niña buena así que le dije:

    -Pero señor usted ¿qué piensa de mi vestimenta? Acaso ¿no le agrada el vestido que ando hoy? (mientras lo subía un poco) o acaso ¿le parece que no me veo bien? -mientras abría mis piernas y mostraba que no llevaba ropa interior mostrando mi vagina ya húmeda.

    El pobre hombre se puso blanco, me levanté, me puse en frente de él, le acaricie su rostro e hice un ademan de bajar su cabeza, él ya sabía que debía hacer, bajo, abrí mis piernas mientras él se aferraba a mis piernas y las mordía, las chupaba, y yo tomaba su pelo con fuerza, sin pensarlo más lo tomé con fuerza y lo llevé a mi vagina, deseaba sentir una lengua entrando en mí y probando mi clítoris y así lo hizo, el desgraciado sabia como hacer bien un oral, lo estaba disfrutando y él también porque no se detenía, tomaba mis nalgas y las abría mientras chupaba desesperando, la verdad estaba demasiado excitada y ahora necesitaba atarlo más a mí, lo aparte y tome su corbata, me puse de cuatro en el sofá y le dije “CHUPA” sin decir nada comenzó a probarme todo, desde mi vagina hasta mi culo, nunca nadie me había hecho algo así pero la verdad ya ni pensaba solo me estaba dejando llevar por mis instintos, tomaba su cabeza con más fuerza y hacia mis caderas hacia atrás, quería tener un orgasmo lo más pronto posible, ya no soportaba, pero quería retrasar lo inevitable, así que lo aparté le dije:

    -Quítate el pantalón

    El muy inocente se los quito tan tapido como pudo, creía que lo dejaría tener sexo conmigo pero no, quería jugar y aún faltaban cosas por hacer, entonces le ordene masturbase frente a mí y así lo hizo de rodillas ante mí, mientras yo me acariciaba y abría mi vagina para que él la viera como me humedecía manchando el sofá, él se masturbaba lentamente, quería que sufriera y supiera que no sería tan fácil así que le hice señas para que se acercara pero eso si le ordene no detenerse, que siguiera masturbándose. Cuando estaba a la altura de mi vagina tomé su cabeza y le dije:

    -Has que me venga en tu boca o es que ¿ya no quieres probar mis jugos?

    Sin decir ni una palabra continúo masturbándose mientras me chupaba, en ese momento perdí la cabeza y comencé a pensar en cómo él llegaría y con su boca llena de mis jugos besaría a su esposa, eso me mató y terminé mojando toda su cara y su pelo, en ningún momento cerro su boca, me incorporé y él estando de rodillas le di la orden de besar así a su esposa nuevamente como el otro día, me vestí y me fui.

    La verdad me sentía increíble, ser dominante y ante mi jefe era algo excitante, me calentaba más que cualquier encuentro sexual que tuve en mi vida. Así que decidí seguir con el juego, pero ahora llevarlo a otro nivel, quiero controlarlo y ver hasta dónde llega esto, me daba ansiedad ir a trabajar, nunca antes había deseado tanto ir cada día al instituto desde que inicie con este juego y ahora deseo más que nunca ver al director de rodillas.

    Al día siguiente cuando vi al director le sostuve la mirada y él estaba con vergüenza, sabía que ahora yo debía llevar las riendas, así que en receso tomé la decisión, entre a su oficina, cerré la puerta, se quedó de piedra verme entrar a esa hora, lo miré con firmeza y le dije:

    -De rodillas

    Tímidamente lo hizo, subí mi falda (no andaba ropa interior) tome su cabeza y la hundí en mi vagina, sentía su lengua entrar y como le costaba respirar, estaba como una perra en celo, el morbo de la situación me podía más, lo levanté, de arriba lo empujé en su silla, le ordené que abriera las piernas y quitándome un tacón y quedando con mi pie solo cubierto por mi pantimedia lo puse en su entrepierna, podía sentir su bulto, era un pene común pero eso no me importaba, solo quería torturarlo, que supiera que de ahora en adelante haría lo que yo quisiera, así que presionando con mi pierna sobre su pene y moviendo abajo, viendo como su cara se ponía roja y sus ojos casi hablaban por sí mismos le dije:

    -¿Harás lo que yo te pida?

    -Si, lo haré (con voz temblorosa)

    -¿si, que?

    -Si señorita

    -Así me gusta, ven quiero que me limpies (un poco de mis jugos bajaba por mi muslo).

    Y así lo hizo, se puso nuevamente de rodillas y empezó a limpiarme. En ese momento sonó la alarma del recreo, me acomodé y le dije:

    -Nos vemos en la salida, quiero que estes desnudo para cuando yo llegue

    Me fui a dar lecciones con mi andar más seguro que nunca, no sé qué me pasaba, pero esa no era yo, lo estaba disfrutando, tanto que en toda la clase no sabía cómo limpiar mis jugos que seguían cayendo por mi muslo, cada vez recordaba todo y me ponía peor, deseaba tanto masturbarme, tanto que fui al baño de profesores y terminé mojando hasta la puerta.

    Al llegar la hora de salida tomé mi laptop para que los que pasaran por mi aula vieran que yo trabajaba y por eso no me iba, no quería que sospecharan nada, cuando al fin vi que todos se fueron y luego de cerciorarme que el carro del director seguía allí, fui directo a la dirección, quería correr, pero al llegar baje mi paso, no quería que notara ni entusiasmo, al abrir la puerta estaba el director en su escritorio desnudo, me paré frente a él y le dije:

    -¡vaya! Si que eres obediente, eso me gusta

    Él solo asintió con la cabeza, estaba dispuesto a todo, tome pañuelo negro lo puse alrededor de sus ojos y le ordene que esperara, mientras tanto ponía un trípode compacto en el cual puse mi celular a grabar. Cuando estuve lista me subí la falda y le ordene que chupara como el perrito que era mientras yo estaba sentada en el sofá con las piernas bien abiertas y así escuche su respiración acelerada y sentía su pene palpitar supe que era el momento de avanzar, así que le pregunté:

    -¿hiciste lo que te pedí ayer?

    Paró de chupar y se quedó pensativo.

    -¿de-de-de qué hablas?

    -¿Recuerdas lo que te pedí luego de que me limpiaras la vagina con tu boca?

    -Si, me pediste que cuando llegara besara a mi esposa

    -¿y lo hiciste?

    Agachó su cabeza y respondió:

    -Sí, pero fue un beso corto

    -Bueno supongo que no fui muy específica del como debías besarla ¡vamos continúa chupando! Supongo que ahora no debo explicarte que debes besarla apasionadamente ¿verdad?

    -No señorita

    -Así me gusta

    Cuando me cansé de sentir su lengua en mi vagina le ordené acostarse en el piso, su pene estaba duro como un tronco así que seguí acariciándolo con mi pierna, saque mis pechos y apretaba mis pezones, estaba deseosa de tener un orgasmo, pero aún no quería terminar, me puse encima de él como si lo fuera a cabalgar.

    -¿deseas penetrarme?

    -Si-si-si

    Lo hizo, pude ver como su pene crecía con cada lamida que me daba así que con bajé una de mis piernas y comencé tocarlo mientras él continuaba con su ardua labor, cuando acercaba mi vagina a su pene, que sintiera como mis jugos lo mojaban invitándolo a entrar y acercaba mis pezones a su boca sin que pudiera meterlos del todo.

    -¿Cuándo fue la última vez que se la metiste a tu esposa?

    -La semana pasada

    -¿Le hiciste un oral?

    -No-no, casi nunca lo hago

    Sentí corte que me dijera eso, sabía que él era el típico hombre que solo se procuraba placer así mismo y ahora aquí lo tengo, sometido a mi voluntad

    -¡eres un cerdo! ¿lo sabias?

    Se quedó en silencio lo tome de su cara y lo escupí mientras movía mis caderas como si estuviera siendo penetrada, podía sentir la tensión en su cuerpo deseando poder penetrarme, pero quería jugar con él, así que empecé a moverme más rápido casi al punto de ser penetrada, acerque mis pechos a su boca mientras le decía:

    -¿Qué harás por mí?

    -Lo que desees, te lo prometo

    -Entonces quiero que hoy cuando llegues beses a tu esposa, luego de eso quiero que la pongas de rodillas, le metas tu pene en su boquita, quiero que pruebe mis jugos y luego de eso la pondrás de cuatro y quiero que le hagas el mejor oral que hayas hecho jamás, cuando sientas que no puede más penétrala con fuerza tanta que gritara tu nombre, quiero que lo grabes y me traigas la prueba.

    Se quedo en silencio, pensando así que sabía que tenía que meter presión.

    -Por lo que veo no harás lo que sea por mi

    -Claro que si te lo prometo lo haré

    En ese momento me clave su pene hasta el fondo para dejarlo lleno de mi diciéndole al oído:

    -Ahora si ya estas lleno de mis jugos para que tu esposa también los pruebe

    Me incorpore y poniéndome de cuclillas le ordene que abriera la boca, comencé a masturbarme, sin mucho esfuerzo solté toda la presión acumulada, jure que me desmayaría. Luego de reponerme me puse mi ropa, tomé mi celular sin que él lo viera y me despedí no sin antes recordarle lo que debía hacer.

    Continuará…

  • Jota, mi empotrador

    Jota, mi empotrador

    Mi marido Luis se marcha a Madrid por cosas del trabajo, así que me encuentro sola en casa durante tres días, con todo el tiempo para mi. En las primeras horas de soledad me propongo leer, ver pelis pendientes y gestionar las cosas de la casa que tengo un poco dejadas. Incluso me hago una lista de propósitos, todos muy de ama de casa.

    Pero justo cuando mi marido se marcha yo me tumbo en el sofá, en busca de un rato de silencio y me quedo medio adormecida. Siento de repente que estoy cachonda y, sin saber cómo, se me vienen a la mente imágenes de mi amigo Jota, uno de mis empotradores preferidos. Me doy cuenta de que llevo tiempo sin verle y, a la vez, recuerdo el placer que me ha dado.

    Busco el teléfono y me pongo a mirar las fotos que me hizo mi marido cuando Jota me empotraba la última vez. No tardo en encontrarlas: están en una carpeta que confeccionó Luis con su esmero habitual para esas cosas. La carpeta se titula «Maite y Jota, jueves tarde». Mi marido es muy detallista con esas cosas y monta unos álbumes muy cuidados. Cada nueva foto que desfila en mi pantalla me pone más y más caliente. Veo los primero planos de su pene entrando en mi boca, en mi vagina y en mi culo. Veo las nalgadas que me regala, las posturas que me impone, como me pone en cuatro…

    De repente me veo tumbada en el sofá y casi desnuda, con una mano en mi entrepierna y la otra buscando el teléfono. Casi sin pensarlo me doy cuenta de que estoy llamando a Jota incluso antes de saber lo que voy a decirle. Jota tiene el teléfono apagado y le dejo un mensaje: «Estoy sola las dos próximas noches y me gustaría…». Dejo la frase así, en los puntos suspensivos.

    Unos minutos más tarde Jota me manda el enlace a un vídeo porno y me dice que hoy no puede, pero que mañana sí vendrá a mi casa. Y que, de mientras, me puedo masturbar mirando el vídeo. Me pongo a ver el vídeo con ganas: dos hombres aparecen por arte de magia en el dormitorio de una joven que duerme con ropa sexy y la penetran por todas partes. Tardo un rato en descubrir que mi amigo Jota es uno de los dos actores. No me extraña nada descubrir que le han fichado para esas películas, y recuerdo que algo me había dicho él sobre sus pinitos en la industria del porno. Cuando me doy cuenta me fijo mucho más y me excita ver ese pene de Jota tan gordo metido en el culo de la actriz, y sabiendo que es el mismo pene que entró en el mío meses atrás. Me enorgullezco de haber sido follada por un profesional del sexo.

    Quedamos al día siguiente a las siete de la tarde.

    A las seis y media, sin embargo, Jota ya ha llegado. Le recibo de rodillas tras la puerta del piso. Llevo medias y ligueros, un corsé transparente y un collar de terciopelo negro. Con Jota me siento sumisa y se lo demuestro así. Él ha tenido la misma idea: aparece sin pantalones blandiendo su pene erecto delante de mi cara.

    Y a las siete menos cuarto me tiene brincando encima de su pene como una loca, con mis ropitas sexis deslavazadas, una teta al aire y mis nalgas enrojecidas por sus azotes, que me marcan el ritmo severo.

    A los pocos minutos de empezar, Jota ya me ha advertido de que hoy me va a cruzar la cara con sus chorros de esperma y la verdad es que yo los espero, aunque se de sobras que tardará mucho en dármelos. Jota insiste mucho en mi culo, creo que solo le gusta el sexo anal por lo que voy viendo. A veces me duele un montón pero a la vez me da un placer distinto. Jota es muy duro cuando me agarra por las caderas, me usa y y le escucho jadear, y eso me da mucho placer.

    Si ahora mismo me pidiese si me puede mear encima le diría que sí, pero Jota sigue percutiendo mi ano a punto de estallar.

    No tardaré mucho en suplicarle que se corra, aunque me gusta que aguante tanto tiempo y me dé tanto placer. Pero de repente Jota me pide que me tumbe delante de él y le presente la cara.

    Jota me regala varios chorretones. Pierdo la cuenta. Luego se ducha y se va, antes de decirle que se puede quedar a dormir. Me saco unos selfies y me quedo admirada por lo abundante de su corrida. Sin perder un segundo, se los mando a mi marido para que disfrute des de Madrid.

  • ¿Qué es ser un o una PGG?

    ¿Qué es ser un o una PGG?

    Son unas siglas que engloban a tres categorías. En muy raras ocasiones una misma persona engloba las tres al mismo tiempo. Es posible que alguien desarrolle una o dos de las cualidades, pero insisto, las tres al mismo tiempo en una sola persona no es tan corriente como se suele pensar.

    Pues empecemos entonces, sin más preámbulos.

    La P, como muchos habrán intuido significa Puto, Puta y define a la persona que recibe unos emolumentos por practicar sexo.

    La primera G, significa Golfo, Golfa y define a la persona que disfruta del sexo sin más.

    La segunda G, significa Guarro, Guarra y define a la persona a la que le gustan las cerdadas y cochinadas del tipo: beber saliva, semen, orina y lamer traseros.

    Son tres conceptos que se pueden combinar o desarrollar por separado, pero tampoco es obligatorio ni tan corriente tener la cualidad de obtener los tres.

    Prostitutas que no disfrutan del sexo y que no practican cochinadas son la mayoría. Lo hacen para conseguir dinero para sobrevivir y punto. Y golfas que no cobran ni practican guarradas, lo mismo. Las combinaciones son muchas.

    Antes de comenzar este relato quisiera aclarar que aunque lo escribo en primera persona porque me parece más adecuado, no es autobiográfico. Pero sí es la vivencia de un amigo que abriéndome su corazón y confiando en mi discreción, me la contó. Yo, pensando que sería un buena historia para compartirla con vosotros la transcribo aquí cambiando los nombres, por supuesto.

    Pues adelante con ella entonces.

    Por ejemplo, yo me considero GG, soy golfo y guarro. También consideraba a mi mujer en esta categoría. Pero resulta que hace unas semanas un compañero de trabajo me comentó que había visto salir de un piso de citas a mi mujer. O sea, que es una PGG.

    ¿Este compañero solo la vio salir o estuvo con ella?

    Por cierto, me llamo Anthony, que no me había presentado.

    Sara, mi mujer, no tenía necesidad económica para tener que prostituirse. Yo estaba convencido de que su depravación sexual se estaba intensificando, estaba sintiendo la necesidad de ir un paso más allá.

    Somos una pareja abierta pero no hay que ser un lince para darse cuenta de que por cada relación que el hombre pueda conseguir, su esposa le llevará una ventaja como mínimo de 25 o 30 conquistas.

    Somos un matrimonio de mediana edad, con más de veinte años de convivencia a las espaldas y si no fuera porque hace diez años decidimos abrir la pareja, esta se hubiera roto hace tiempo.

    Aunque algunas personas cercanas me comentan que la ruptura sería lo mejor, no saben lo que dicen.

    Mi mujer es un bellezón que no tiene nada que envidiarle a Claudia Schiffer.

    Le encanta vestir con trajes de chaqueta y pantalón o chaqueta y falda corta. Es muy elegante y tiene mucha clase. Su media melena negra, sus gafas de pasta y su rostro con un discreto maquillaje, le dan un toque muy intelectual.

    La expresión PGG se le ocurrió a ella cuando hace diez años me comentó que en la despedida de soltera de su amiga Lourdes, el boy que habían contratado las compañeras se extralimitó en sus funciones de animador.

    Eran cinco chicas contando a la novia.

    El boy, el típico chico de gimnasio con mucha musculatura y tableta en el abdomen, comenzó a bailar al ritmo de la música. Poco a poco se fue sacando la ropa hasta quedarse en bolas. Ahí debería acabar la función. Pero al celebrarse la fiesta en una casa particular el desmadre estaba asegurado.

    Eran cinco mujeres independientes, con carrera, empoderadas, elegantes y atractivas que estaban dispuestas a no dejar salir entero de allí a aquel pobre boy.

    –¿A dónde vas guapetón? Todavía no ha acabado la fiesta –le espetó Lourdes, la novia y anfitriona de la fiesta.

    –Mis servicios eran hacer un striptease y ya terminé. Así que, si no les importa… –comentó el ingenuo boy.

    Entonces fue ahí cuando Sara, mi esposa, se sacó de la manga la famosa expresión diciendo:

    –Mira majo, has entrado en esta casa como go go, bailarín de striptease o como modelo publicitario, pero vas a salir como un Puto-Golfo-Guarro. O sea, como un PGG. Te vamos a hacer un hombre de verdad.

    Las amigas se echaron a reír por la ocurrencia de mi esposa y comenzaron a desnudarse al grito de “Te vamos a convertir en un PGG”, “Te vamos a convertir en un PGG”.

    El chico, ya resignado, se sentó sobre un sofá, bebió algo de un vaso que había cerca y comenzó a magrearse su miembro viril que seguía tan inhiesto como en el baile.

    No perdió ni un ápice de vigor aquel falo, ni siquiera durante la charla con las chicas.

    El boy miraba con atención los cuerpos esculturales de las cinco mujeres que se estaban despelotando para darle la mejor lección de su vida.

    Lourdes, como protagonista del evento, se decidió a ser la primera en montar al chaval y sentándose sobre él dándole la espalda, se enchufó sin muchos miramientos aquel rabo largo y grueso en la entrada de su vulva y con dos meneos de cadera se lo engulló hasta los cojones, chocando pubis contra pubis.

    Mientras Lourdes se follaba a aquel maromo, mi mujer y las otras tres amigas aplaudían y animaban a su anfitriona para que llegara hasta el final.

    Las cinco amigas se fueron turnando a medida que cada una de ellas conquistaba su orgasmo. Mi mujer se subió la tercera sobre aquel potro. Notó que de la uretra del chico salían unas gotitas de semen y que del coño de la amiga que la precedió también se escurrían ciertos restos de esperma.

    El chico se había corrido, no cabía duda.

    Pero él la tranquilizó diciéndole que se había tomado una pastilla vigorizante y que aunque haya eyaculado, la robustez de su polla estaba asegurada.

    Sara lo cabalgó durante unos veinte minutos y pudo comprobar en carnes propias, nunca mejor dicho, que la verga seguía tan vigorosa como cuando Lourdes, la primera en trajinárselo, comenzó.

    Sara se corrió y dejó el lugar a la siguiente.

    Cuando la quinta y última amiga se montó en aquella atracción, a los pocos minutos el boy volvió a eyacular, pero su picha siguió sin perder potencia en todo el tiempo que la amiga subía y bajaba por aquel falo palpitante, hasta que la mujer llegó a su éxtasis.

    Una vez que las cinco amigas habían conseguido sus respectivos orgasmos dejaron que el chico se vistiera y se fuera… pero su pollón seguía estando erguido como un mástil.

    Casi una hora y media de folleteo, dos eyaculaciones y el chico seguía como al principio ¡Qué maravilla la química!

    A partir de ese momento comenzamos Sara y yo a abrir la pareja.

    Mi mujer había descubierto un mundo nuevo y lleno de emociones excitantes.

    Pero volviendo al presente, efectivamente, tenía una charla pendiente con mi esposa.

    La charla se produjo y confirmó mis sospechas.

    Había dado un paso más en su depravación sexual. Pasó a una nueva pantalla, más oscura y misteriosa.

    Descubrió que hacerlo con desconocidos, muchos de ellos feos y fofos, en citas a ciegas, le excitaba muchísimo. Más incluso que hacerlo con chicos atractivos y esbeltos. Y si encima le pagaban por ello, pues unos cuantos orgasmos intensísimos los tenía asegurados sin el menor esfuerzo de lo cachonda que se ponía.

    No era capaz, ni tampoco tenía mucho interés, en controlar su libido.

    Así que, Sara decidió que por lo menos una vez por semana iría a una casa de citas para tirarse a todo lo que entrara por la puerta de su alcoba, tuviera el aspecto físico que tuviera. Y como buena PGG que intentaba ser, les exprimiría a los hombres hasta la última gota de esperma que tuvieran en sus cojones y hasta el último billete que tuvieran guardado en su cartera.