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  • La primera vez de Rosa

    La primera vez de Rosa

    Hola, me llamo Carmen y este es mi primer relato y espero les guste, más adelante iré publicando más.

    Desde los 18 años que me declaré formalmente lesbiana y he vivido sola una gran parte de mi vida, por mi alcoba han entrado y salido muchas mujeres pero hoy les contaré sobre Rosa la única mujer de la cual me he enamorado completamente y en su momento lo llegué a dar todo por estar a su lado.

    Rosa y yo nos conocimos trabajando juntas, ella era una morena de pelo castaño de aproximadamente 1.65 de estatura y algo gordita como me gustan a mi, para ese entonces ella tenía 38; ella es de esa clase de mujeres que les gusta tener la atención de los demás por su bello cuerpo y su inteligencia que deja boquiabierto a más de uno. Desde el primer momento que comenzamos a hablar hubo una muy buena química como jamás la había tenido con absolutamente ninguna chica antes, siempre esperaba la hora del almuerzo para hablar con ella y así irla conociendo cada vez.

    En nuestras largas conversaciones hablábamos de política, religión, deportes, de absolutamente todo y aprovechábamos de chismear sobre lo que ocurría en el trabajo, cada día que transcurría nos íbamos volviendo muy buenas amigas y mi sentimientos por ella iban cada día iban creciendo, al punto que siempre que cobraba le obsequiaba chocolates y rosas; algo que a ella al inicio le parecía raro hasta que después con la frecuencia de los regalos empezó a ver normal.

    Un vienes en nuestra hora del almuerzo le pedí que fuéramos a una tienda por departamento que estaba muy cerca del trabajo para comprar algo de ropa interior ya que con tanto trabajo llegaba bastante exhausta del trabajo y casi no me daba tiempo de lavar mi ropa. Al entrar una hermosa joven muy amablemente nos atendió, y nos preguntó en qué podía ayudarnos a lo cual yo le respondí que estábamos buscando algo de ropa interior para mí. La chica muy atenta nos dirigió a la zona donde está la ropa interior y empezamos a ver, le pedí a Rosa que me ayudara a escoger algo bonito y se puso a buscar.

    Enseguida vi una tanga que me encanto demasiado y era de mi talla, para mí es algo difícil encontrar algo que me guste y que me quede ya que al sufrir de sobrepeso se limitan algunos diseños yo soy algo selectiva con mi ropa ya que si compró algo es porque me encanta. Cuando busco a Rosa para mostrarle la tanga ya ella venía con unos modelos que tan bien estaban bien lindos, después de pagar le pregunté a Rosa si le había gustado mis selecciones y me dijo que si, que me vería demasiado sexy, lo cual me sorprendió bastante ya que era la primera vez que mi amiga me decía algo así, mientras caminábamos a nuestro lugar de trabajo empecé a acariciar su mano sutilmente y ella simplemente sonreía y pude notar como poco a poco su vellos se erizaban con cada caricia, le pregunté si podíamos caminar tomadas de la mano hasta la entrada del trabajo, lo cual accedió algo nerviosa.

    Al llegar al trabajo ella se fue a su oficina y yo empecé a hacer mi recorrido correspondiente por las instalaciones para chequear que todo estuviera en orden, durante las próximas horas no nos perdíamos de vista, algo muy poco común ya que suelo ser muy enfocada con mi trabajo pero esa vez era diferente. Al salir le pregunté si me quería acompañar a comer unas hamburguesas ya que tenía bastante hambre por el largo turno y me dice: ¡Claro que sí mi amor! Eso era algo demasiado raro en Rosa, ya que era la primera vez que me llamaba mi amor.

    Pedimos un taxi y mientras íbamos en la ruta ella se me acerca y me pregunta: ¿Carmen te puedo hacer una pregunta? Yo: claro cielo dime. ¿Tú eres lesbiana cierto? Me quedé en estado de shock, ya que era la primera vez que me hacía tal pregunta, siempre solíamos hablar de sexo pero jamás me había preguntado sobre mi sexualidad, yo muy nerviosa le respondo que si, que siempre me habían gustado las mujeres y jamás había estado con un chico. Ella lentamente se me acerca y me susurra al oído- porque no vamos a tu casa y hablamos más del tema. Eso me calentó bastante y enseguida le dije al taxista que mejor nos llevará a mi casa.

    Al llegar ella tomo mi mano fuertemente y entrando sin encender las luces ni nada se abalanzó sobre mi y me dio un beso, yo le seguí y empecé a besarla con mucha pasión la tomé por sus nalgas y le dije: no sabes cuántas veces había soñado con este momento, a lo que ella responde: yo también, siempre supe que eras lesbiana, y poco a poco me empezaste a gustar.

    No le quise preguntar sobre su sexualidad para no dañar el momento, al llegar a mi habitación le desabotone la camisa y empecé a besarla por todo el cuello, ella no dejaba de besarme y noté como empezó a gemir fuertemente, nos desnudamos y pude ver una vagina algo velludita pero muy gordita y rica, la cual empecé a lamer sin parar y mientras lo hacía ella colocaba sus pies sobre mis hombros, era exquisito ver cómo temblaba y como me hundía mi cabeza en su vagina y me pedía que no me detuviera, sus fluidos eran dulce néctar para mí, al cabo de un momento me acerco a sus tetas y empecé a lamerlas y Dios que pezones más más ricos y duros, eran divinos y a ella le encantaba podía verlo en su mirada, después de disfrutar de sus tetas le di la vuelta busque mi arnés para colocármelo y empecé a penetrarla, sus gemidos eran muy fuertes, eran una maravilla de mujer, se movía como ninguna, y a mi me encantaba complacerla.

    Después de penetrarla me quite el arnés y pícaramente le dije: ahora te toca a ti, le acerque mi coño a su boca y empezó a lamerlo como jamás me lo habían hecho antes, era algo inexperta pero sabía cómo producirme placer, yo empecé a temblar como loca era demasiado rico, jamás me habían lamido como lo estaba haciendo rosa esa vez, ella subió hasta mi pecho y empezó a jugar con mis pezones y lamerlos mientras hablábamos.

    Me comentó que hacia un par de días había dejado a su marido porque le descubrió unos mensajes con una chica, también me comentó que ella era bisexual pero que jamás había pasado de unos besos con una chica, me sentí súper feliz de ser su primera vez, ella no sabía que había pasado, que solo se dejó llevar, pero que desde que estábamos en la tienda no dejaba de imaginarse estar conmigo. Nos arropamos y dormimos juntas como novias, esa sería la primera de tantas noches a su lado…

  • A las putas se las trae al motel

    A las putas se las trae al motel

    Hoy traigo un capítulo más de la serie con mi mejor amiga. Se trata de otro encuentro en el que ella y yo decidimos ir a un lugar que nunca habíamos visitado juntos.

    Lunes 12 de noviembre 4.45 pm. Ya en casa después del trabajo, reviso mi teléfono celular y tenía un mensaje que no había leído de mi mejor amiga.

    3:58 p. m. – Amiguito ¿te puedo hacer una propuesta indecente?

    4:45 p. m. – Sip, ahhh ya leo esto 47 minutos tarde, y solo marca una palomita, no tienes señal, deja te llamo.

    Al no aparecerme con señal por WhatsApp, le marco a su celular y se da esta conversación:

    – Ella: Bueno, amiguiii.

    – Hola ¿como estás?

    – Bien, ¿leíste mi mensaje?

    – Si lo leí pero creo ya es tarde, ¿o aún tienes tiempo de hacerme esa propuesta indecorosa? Jajaja.

    – ¡Claro!, jejeje. ¿nos podemos ver?

    – Por supuesto que si, ¿a que hora?

    – Solo déjame llevar unas cosas y quedo libre, ¿te parece bien 6:30?

    – Si, me parece perfecto, ahí nos vemos en tu casa.

    – No, no se va a poder ahí, están en casa unos albañiles haciendo unos trabajos así que por esta vez ahí no. Tu dime si nos vamos al rancho de tu amigo o a otro lugar.

    – Mmm, ¿quieres ir a un motel?

    – Si, por mi no hay problema.

    – Okey, tengo poco dinero, pero si me alcanza para el cuarto. ¿Pasas por mi o paso por ti?, si quieres manejo tu coche para que en la entrada al motel no te vea a ti el que cobra jajaja.

    – Nooo, a lo mejor el coche tiene GPS y me vaya a preguntar mi jefa que hacía estacionada dentro de un motel jajaja. Pasa por mi en el estacionamiento de Soriana (supermercado), ahí dejamos mi coche y nos vamos en el tuyo.

    – Okey tienes razón, nos vamos en el mío.

    Pasé por ella y nos dirigimos al motel más cercano, entramos a la habitación y me dijo querer ponerse el babydoll con tanga color verde que a veces usaba en nuestros encuentros. Se lo puso, y no sé por qué pero ese día se veía nalgonsísima, más que nunca, así que aproveché como cada vez que nos veíamos, le pedí me modelara la prenda mientras yo le tomaba muchas fotos y videos de distintos ángulos, sus nalgas se le veían impresionantes, muy blancas y muy grandes, partidas a la mitad por la tanga. La pequeña sesión fotográfica se desarrollaba en una atmósfera súper cachonda y caliente, porque no saben el morbo que causa el tener a esa mujer que siempre, por años respetaste como si fuera de tu familia, y ahora tenerla ahí, a ella, a tu mejor amiga posándote y modelándote como toda una puta caliente en el cuarto de un motel.

    – Yo: ¿Cuánto tiempo tenemos?

    – Una hora, y no te preocupes por el dinero del cuarto, ahorita te coopero con la mitad.

    – Gracias, es que si ando bien quebrado, pero era ahorita o ahorita, así me gaste el dinero que no tengo, si no cuando te vuelvo a ver.

    – Si, como dices, era ahorita o si no iba a pasar otros veinte días, así que vamos a darle al cuerpo alegría Macarena.

    – Jajaja ¡va! Mámamela tantito pues.

    – Ya ni necesitas (mamada) ya estás listo, ya la traes bien parada.

    – Tu mámamela tantito, solo quiero verte haciéndolo, tantito nada más, ¡¡es que me encantas!!, ¿si se nota verdad?

    – Si, si se nota.

    – Okey, ya, ya con eso, solo era tantito, pásame los condones.

    – ¿Qué dicen? “condones aroma y sabor choco-menta”, wow, a ver si es cierto, te ayudo a ponértelo.

    Y comenzó a colocarme el condón con su boca, lo bajó hasta la mitad y lo completó con sus dedos.

    – Yo: ¿Cómo quieres que te coja?

    – Sentaditos en la orilla de la cama los dos, yo sentada arriba y frente a ti.

    – Muy bien, siéntate, vamos a cogerte.

    – A ver espera, hace unos días estaba viendo una porno y me gustó como se ve así que no le quiten la tanga, que solo la hagan para un lado y así se la cojan.

    – ¿Lo quieres así?, va, hagamos para un lado la tanga, y siéntate arriba de mi, tu acomódate hasta que estés a gusto, aquí la protagonista de la porno eres tú.

    – Si, listo.

    Y me comenzó a cabalgar con un ritmo lento, despacio, rico, con sus ojos cerrados, pero con cara de deseo.

    – Yo: Mira nada más que tetas tan ricas tienes, mmm y así saben, mmmm deliciosas, ¿te gusta montarme?

    – Ahh si, me gusta montarme en mi macho.

    – ¿y sientes rico puta?

    – Siiii, me encanta.

    – ¿Qué te encanta?

    – Sentir esto mmmm.

    – Que rico, ¿verdad?

    – Si, si me gusta, mucho ahh.

    Seguía cabalgando, con un ritmo y respiración cada vez más rápida, su rostro enrojecido y con la cara de estar ya muy caliente.

    – Yo: Ya quería venir a un motel contigo.

    – ¿Si?

    – Si, porque me encanta ir a cogerte a tu casa, pero a las putas se les trae al motel.

    – Claro, si exacto.

    – ¿Qué eres de mi?

    – Tu puta.

    Mientras me montaba le daba unas chupadotas a sus tetas, y de lo caliente que estaba ya ni sentía las nalgadas que yo le daba.

    – Ella: Estoy muy lubricada mmm.

    – ¿Si?, ¿te gusta montarme?

    – Si mmm, abrázame, bésame las tetas.

    – ¡vente puta!

    – Ya casi ahh.

    – Estas bien bonita, haces unas caritas muy bonitas

    – Gracias ahh. Cambiemos, mámamela y méteme el dedo.

    La acosté boca arriba, metí mi cabeza entre sus piernas y de inmediato le metí el dedo índice buscándole el punto “G”, mientras mi lengua y labios se apoderaban muy suavemente de su pequeño clítoris.

    – Ahh que rico, ¿me sabe a chocolate?

    – Si, huele a ti, sabe a ti y al condón, a chocomenta.

    – Ahh ya me voy a venir, dale besitos, dale besitos, uhhhh.

    Y explotó en un jadeante orgasmo que le hizo estirar las piernas y arquear la espalda, terminó exhausta, y como siempre, al culminar con su orgasmo comenzó a carcajearse y me pidió un minuto para recuperarse.

    Habiendo ella descansado un poco, me dijo que seguía yo, y estando así, acostada sobre la cama y yo encima de ella, puse sus piernas sobre mis hombros y comencé a bombearla.

    – ¿Te gusta puta?, ¿sientes rico?

    – Ahh, si, sigue así, muy rico.

    – La gente que nos conoce ni sabe que ahorita te tengo bien ensartada metiéndote toda la verga como te gusta.

    – Es nuestro secreto, y por eso te busco, por discreto.

    – ¿Y te gusta ser mi puta?

    – Claro, si no no te buscaría.

    Mi pelvis chocaba contra sus nalgas, el sonido producido me excitaba demasiado, ya estaba casi listo para terminar, pero cerraba mis ojos y trataba de concentrarme pensando en otra cosa para durar un poco más, pero estaba a mil, ya no aguantaba, así que mejor le pedí que se hincara y me la mamara, no tardaría mucho en acabar.

    – Mámamela como solo tu lo sabes hacer, ya no tardo en venirme, yo te aviso.

    – Okey va.

    Como ya estaba próximo al orgasmo, solo me puse a disfrutar viéndola como me la mamaba.

    – Ya, ya, ya me vengo, híncate, te los voy a echar en la cara, solo cierra tus ojos.

    Y ahí me tienen, masturbándome con la mano derecha de pie y frente a ella, con las piernas temblorosas, la vista nublada sintiendo las deliciosas cosquillas y hormigueo del orgasmo. Acabé, fue riquísimo como siempre.

    – Yo: Antes de lavarte la cara vete en el espejo.

    – Jajaja, estoy embarrada, me quedó una nariz mutante.

    – Mutante, pero te ves hermosa jajaja.

    Me dio la mitad del costo del hotel, y nos regresamos al supermercado por su coche.

    – Yo: ¡Gracias!

    – No, al contrario, gracias a ti por atender mi llamado, ya lo necesitaba.

    – Mañana nos mensajeamos.

    – Sale, te quiero, te amo y te adoro amigui.

    Nos despedimos delante de la gente con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo como siempre, como los mejores amigos del mundo.

  • Infiel de autobús

    Infiel de autobús

    Voy rumbo al trabajo y como todas las mañanas hay mucha gente en fila para subir al autobús, ya no alcancé asiento y me fui de pie apretujada por tantas personas, frente a mi quedó un asiento doble donde estaba sentada una pareja, ella pegada a la ventana y el en el asiento que da al pasillo, él va dormido abrazando una mochila y ella dormida con su cabeza recostada en el hombro de él.

    Debo admitir que amanecí un poco cachonda hoy y el vaivén del autobús junto con lo apretujada hacían que mi vagina rosara el hombro de aquel caballero, eso poco a poco me fue calentando y mi pantaleta empezaba a humedecerse, al cabo de un rato no pude evitar el descaro y buscando mas placer empecé a frotar con más fuerza mi vagina sobre su hombro, pero me excedí, con el último roce aquel caballero se despertó.

    El caballero volteó a mirarme y no sé si se me veía lo caliente o lo intuyó, pero hizo como que se sobaba el hombro y dejo su mano ahí con los dedos estirados, sin más acepte el obsequio y clave mi entrepierna en sus dedos, el empezó a acariciar discretamente sobre mi falda, poco tiempo bastó para que mi pantaleta se humedeciera mucho más, podía sentir mi vagina escurrir.

    Poco antes de llegar a uno de los parabus retiro su mano y despertó a la dama que lo acompañaba, le dijo que ya casi llegaba a dónde se tenía que bajar, en cuanto freno el autobús ella y casi toda la gente se bajaron, solo quedamos unos pocos que vamos hasta la terminal.

    Una vez que arrancó el autobús de nuevo pido permiso para pasar a ocupar el asiento que ocupaba aquella dama hace unos momentos, en cuanto mis nalgas tomaron el puesto aquel acomedido caballero se dispuso a terminar el trabajo.

    Paso su brazo derecho sobre mi cuello y metió su mano bajo mi blusa y brasier, acariciaba mi pezón suavemente mientras que con su mano izquierda bajo mi falda hizo a un lado mi pantaleta para introducir sus dedos. Estaba tan mojada que sus dedos entraron sin obstáculo alguno, con tres dedos masajeaba el interior de mi vagina mientras que con el pulgar rosaba mi clítoris, mientras lo hacía, se acercó a mi oído y me dijo:

    -Eres toda una puta, tienes suerte de que haya quedado gente en el autobús si no ahorita mismo te haría tragar verga hasta vaciarme en tu boca.

    Cuando terminó de decirme eso perdí la noción, no pude evitar estremecerme de placer, sentía los espasmos muy intensos en mi vagina y acabe bañándole toda la mano de mis fluidos a aquel caballero.

    Una vez recobre el sentido devolví la cortesía, con la mochila tape un poco y baje el broche de su pantalón, empecé a sobarle la verga por encima del calzón que también estaba ya muy húmedo y le dije:

    -Tienes muy mala suerte, si solo hubiéramos quedado nosotros en el autobús, ahorita te estaría arrancando la verga a mamadas hasta que te vinieras en mi cara.

    No soporto más, se vino ahí dentro, un poco de su lechita alcanzó a traspasar el calzón y mi mano quedó un poco batida, lo miré a los ojos y empecé a chuparme los dedos con sus restos de semen, aquel caballero quedó pasmado.

  • Un tropezón con final feliz (6)

    Un tropezón con final feliz (6)

    Comenzaba un nuevo día y ambos se levantaron de la cama dispuestos a aprovecharlo, se asearon y tomaron café en la cafetería del hotel. Eduardo puso su tarjeta al lado de la taza de Cristina y le guiño un ojo.

    -¿Tú no te vienes?

    -No, yo te esperaré aquí, confío en ti, ya sabes mi talla. La fiesta comenzaba a las 9 de la noche, así que tenían todo el día para prepararse. Cristina cogió la tarjeta y le dio un beso en la mejilla, se encaminó a la salida.

    Media hora después, Cristina estaba en la tienda viendo las cosas que necesitaba cuando notó un cosquilleo en su coño, Eduardo le había dicho que se pusiera el pequeño vibrador y el conjunto de ropa interior de color rosa. Sonó el móvil, Cristina lo cogió al ver que era una llamada de Eduardo.

    -Hola zorra, voy a provocarte un orgasmo. No dijo nada más, colgó. Se lo dijo con una voz serena, segura de lo que decía, a ella la excitó oírlo. De repente la potencia del juguete aumentó de potencia, Cristina se encogió un poco y no pudo evitar dejar salir un pequeño gemido. No se atrevía a tener un orgasmo en público, ella sola y a la vista de todas las personas que estaban en la tienda, buscó a la dependienta y le pidió por favor que dónde estaba el baño, la dependienta le dio la llave y le indicó el lugar. Cristina se dirigió rápidamente, entró y se sentó en la taza, echó su cuerpo hacia atrás y puso una mano en la pared, sentía las vibraciones del juguete y como un orgasmo inesperado y sorpresivo se abría camino entre sus muslos, sentía su coño mojado y se tocó los pechos con una mano, la otra intentaba tocar su clítoris, la intensidad subía y bajaba, pensaba en Eduardo tocando el mando a distancia como si fuera su clítoris y eso la excitaba más, no pudo más y se dejó llevar, se corrió moviéndose en su asiento, poco a poco la intensidad disminuía como si él la estuviera viendo y lo supiera, se quedó un rato recuperándose, paulatinamente recuperó la compostura y salió, devolvió la llave y siguió comprando lo que le faltaba, salió a la calle y respiró hondo, se encontraba satisfecha y decidió dar un pequeño paseo ella sola. Al cabo de un rato volvía a sonar su teléfono.

    -Hola zorra, ¿todo bien?

    -Todo bien amo.

    -¿Lo tienes todo?

    -Sí, estaba dando un pequeño paseo para recuperarme, ¿quieres que vaya ya?

    -No, no, pero si quiero que compres unas cosas y luego cojas un taxi dependiendo de donde estés, y vayas a la dirección que te he puesto en el whatsapp, nos vemos a las 14 h en el restaurante que te he indicado, se puntual o te castigaré.

    -Sí amo, así lo haré. Eduardo cortó la llamada y Cristina se quedó pensando en lo que le había dicho, sobre todo en lo de que la castigaría, no sabía qué hacer, la idea de que la castigara le gustaba, ser azotada y follada la excitaba, le gustaba ser su esclava, pero tal vez se lo dijo para que fuera puntual porque tenía otros planes, de repente se acordó que tenía una lista de cosas que comprar que le había dicho, miró el móvil y se puso en marcha. Lo tenía todo y le daba tiempo de pasar por el hotel y dejar las cosas, llegó a la puerta del restaurante a las 14 h en punto, entró y lo buscó, no lo vio, se sorprendió, la dirección era correcta y la hora la que le había dicho, preguntó por la reserva a nombre de Eduardo y la acompañaron a la mesa, allí encontró un pequeño ramo de rosas y una bolsita de papel con una pequeña caja de cartón en su interior junto a una nota, olió las flores y aspiró su aroma, cogió la nota y la leyó. Ves al aseo y cámbiate la ropa interior, la cajita contenía un conjunto de color rojo. Ella obedeció, su señor estaba jugando con ella toda la mañana y eso le gustaba, no estaba con ella pero tampoco se sentía sola, en el baño se desnudó y se cambió de ropa interior, una vez arreglada volvió a la mesa, Eduardo apareció cinco minutos después, la besó y se sentó, pidieron la comida. Eduardo le pidió que se lo contara todo.

    El la escuchaba con atención, disfrutando del relato. Tras la comida volvieron al hotel y descansaron, cuando llegó la hora de arreglarse se pusieron a ello, ya estaban listos y Eduardo llamó a recepción pidiendo un taxi, al cabo de unos minutos sonaba el teléfono de la habitación.

    -El taxi está en la puerta señor.

    -Vale gracias. El carruaje nos espera Justine. Ella sonrió y bajaron a la calle, subieron al coche y le dijeron la dirección al taxista.

    -Por cierto Justine, estás muy hermosa.

    -Gracias señor marqués. El taxi los llevó a su destino, pagaron y bajaron, la puerta del local estaba bastante concurrida, personajes de todas las épocas y disfraces de todas las clases iban entrando en el edificio, se pusieron a la cola y pagaron su entrada, una vez dentro se mezclaron con la gente, camareros y camareras vestidos del Medievo pasaban con bandejas de bebida y comida, una música de orquesta amenizaba la fiesta, Eduardo cogió dos copas y le ofreció una a Cristina que hizo una pequeña reverencia , se terminaron la copa y salieron a bailar, el tema era lento y cada uno se agarró al otro.

    La velada transcurría de manera agradable, Eduardo se había fijado en una pareja de una edad similar a la de ellos y que también parecían estar solos igual que ellos, estaban sentados en una de las mesas que daban al lado de la pista, se acercaron a ellos sin que Cristina se diera cuenta de lo que ocurría.

    -Hola, ¿podemos sentarnos con vosotros? No hay ninguna mesa libre al lado de la pista. El hombre contestó que sí. Se presentaron, eran Claudia y Ricardo.

    -Yo soy Cristina. Eduardo hizo una señal a una camarera que se acercó.

    -Yo invito, ¿qué os apetece? ¿Os gusta el cava?

    -Sí contestó Ricardo.

    -Ya lo ha oído señorita, una botella de cava y cuatro copas. Le dio su tarjeta. La camarera se alejó.

    -¿Vuestros disfraces son de?

    – Yo voy de Julio César.

    -Yo de Cornelia.

    – Que apropiado, Cornelia fue la primera mujer de Julio César, dijo Cristina.

    -¿Y vosotros vais de? Preguntó Ricardo.

    -Yo de Justine.

    -Yo del marqués de Sade, ella es mi obra maestra. Cristina no pudo evitar una pequeña sonrisa. Claudia lo miró a los ojos y Eduardo percibió un pequeño destello.

    -Pues si no recuerdo mal… Justine fue de las primeras obras del marqués, comentó Ricardo.

    -¡Correcto! Añadió Eduardo. La camarera llegó con la botella y las copas y las dejó en la mesa.

    -Si me permitís, sois mis invitados. Dijo Eduardo, Cristina lo observaba con admiración de cómo su señor manejaba la situación.

    -¡Por favor! Dijo Ricardo. Eduardo sirvió y preguntó, ¿por qué brindamos?

    -Por una feliz noche en compañía de nuevos amigos. Dijo Claudia que añadió. – ¿Sois de aquí?

    -No, somos turistas. Dijo Eduardo que volvía a ver el destello en la mirada de Claudia.

    -¿Vosotros sí?

    -Sí, somos toledanos. Apuntó Ricardo.

    Entre bromas e intercambio de información se terminaron la botella.

    -¿Permitirme a mí que ahora os invitemos nosotros?

    -Como tú has dicho antes, ¡por favor! En esta ocasión fue un camarero quien trajo la segunda botella. Tras el primer sorbo Eduardo preguntó.

    -¿Bailamos? Las mujeres contestaron que sí a la vez, se miraron y se rieron. Ricardo dijo que él era un pato bailando, que le gustaba más mirar, lo dijo mirando a Eduardo y guiñándole un ojo. Eduardo sacó primero a Cristina que se sintió alagada, pues pensaba que sacaría a Claudia primero, pero su señor sabía cómo tratarla. Bailaron un tema y al finalizar él la acompañó de nuevo a la mesa, le ofreció la mano a Claudia que salió encantada de poder bailar, la música seguía siendo lenta, pero eso no le importó a ninguno de los dos. Cristina y Ricardo hablaban de trivialidades, Cristina observó cómo Ricardo no dejaba de mirar a la pareja de baile. Pensó, será celoso, espero que no porque conociendo a mi amo. Cuando se terminó la canción, Ricardo hizo mención de volver con los demás, pero Claudia le cogió de la mano y le dijo.

    -Por favor, una más, quiero aprovechar que eres mi nueva pareja.

    -Claro Cornelia, como vos deseéis. Claudia le sonrió. Bailaron dos temas más, mientras bailaban le dijo a Eduardo.

    -Me encanta bailar, es una lástima que mi marido sea un torpón, con lo liberal que es para otras cosas. Esto último lo dijo mirando a Eduardo a la cara.

    -Me alegra oír eso, nosotros también lo somos, ¿y tú? Porque sin ti la mesa está coja.

    -A mí también me gustan los juegos y probar cosas señor marqués, se podría decir que soy una niña traviesa. En esta ocasión fue Eduardo quien la miró a los ojos. Volvieron a la mesa y Ricardo los recibió con una sonrisa al igual que Cristina.

    -¿Has disfrutado querida Cornelia?

    ¡Sí mi César! Bebieron y Eduardo sacó a las dos mujeres a la vez, se colocó en medio y bailaron, las mujeres se cogieron a él, Cristina por detrás y Claudia por delante, Ricardo se sirvió un poco de cava y los veía bailar; dos temas y volvieron a la mesa. La segunda botella tocaba a su fin. Eduardo ofreció su hotel para seguir con la fiesta. Ricardo y Claudia aceptaron. Se levantaron y salieron del local, Ricardo y Claudia iban un poco adelantados, Eduardo habló con Cristina diciéndole algo en voz baja, ella lo miró y asintió. En la calle le hicieron una seña a un taxi que se acercaba, se detuvo y subieron los cuatro, Ricardo prefirió subir delante y Eduardo se colocó entre las dos mujeres, el taxista puso rumbo al hotel, una vez dentro Eduardo los invitó a tomar una copa en el piano bar que tenía en el hotel. Pidieron cuatro copas de cava y bebían tranquilos observados de reojo por la gente al ir disfrazados. Eduardo se levantó y se acercó al pianista, le dijo algo en voz baja, le dejo unos billetes y volvió a la mesa, cogió la mano de Claudia y mirando a Ricardo le dijo.

    -¿Te importa César?

    -No, en absoluto, ya te he dicho que me gusta mirar.

    -¡Gracias o César! La música que tocaba el pianista era parecida a la de la fiesta pero un poco más alegre, lo suficiente para bailar separados, bailaron varias canciones y de vez en cuando iban a la mesa y daban un trago, Cristina observó como Ricardo cogía por el brazo una de la veces que Claudia se acercó a la mesa a beber y la besó en la boca, también vio como cruzaban algunas frases y finalmente Ricardo asentía, Claudia volvió a la pequeña pista y continuó bailando, Cristina hacía lo mismo cuando Eduardo la cogió y la besó en la boca varios segundos, luego se separó y se fue con Ricardo a beber. Las chicas continuaron bailando y de vez en cuando intercambiaban alguna frase.

    -Discúlpame un segundo, voy a pedir algo de beber para la habitación, ¿O ya es muy tarde para vosotros? Dijo Eduardo.

    -Me parece perfecto, la hora es ideal para seguir aquí o arriba, creo que te puedo dejar dirigir.

    -Es mi especialidad, la palabra clave para parar es rojo.

    -Perfecto, me gusta ese color. Eduardo se ausentaba cuando las chicas volvían a la mesa.

    -Eduardo ha ido a pedir bebida para seguir en la habitación. Dijo Ricardo.

    -¡Estupendo, no tengo nada de sueño! ¿Y tú Cristina?

    -Yo estoy como tú Claudia, dispuesta a seguir disfrutando la noche, además, es nuestra última noche en la ciudad, mañana nos volvemos.

    -¡Qué lástima! Dijo Ricardo, con lo que hay para ver. Eduardo apareció y se sentó, el camarero traía cuatro copas más detrás de él.

    -¿De qué hablabais?

    -De lo que hay por ver de la ciudad. Dijo Cristina.

    -Estoy de acuerdo. Contestó Eduardo mirando sutilmente el escote de Claudia, ella se percató y se movió con cierto disimulo. -¿Quieres bailar una más Claudia?

    -¡Desde luego! Salieron a la pista y bailaron dos canciones. Eduardo devolvió a Claudia a Ricardo que la cogió por la mano mientras ella se sentaba y lo besaba.

    -Me gustaría bailar con mi obra maestra una vez más. Dijo Eduardo tendiéndole la mano a Cristina. Ella se la cogió y la besó, mi señor estaré encantada. Bailaron y Eduardo le hizo una seña al pianista para que tocara algo más lento. Abrazados y besándose bailaban bajo las miradas de sus nuevos amigos que estaban cogidos de la mano, también se besaron. Cuando se terminó el tema que estaba tocando el pianista le aplaudieron y Eduardo se acercó con ella para felicitarle por la selección de temas que había tocado.

    -Te presento a Justine maestro.

    -¡Encantada señorita! Cristina le devolvió el saludo.

    -Ahora nos vamos, pero me gustaría salir del local oyendo blue moon.

    -Contar con ello señor marqués de Sade.

    -¡Sois conocido en todas partes mi señor! Dijo Cristina un poco sorprendida. Eduardo le guiñó un ojo y la cogió de la mano en dirección a la mesa.

    -¿Nos vamos?

    -¡Sí! Dijo Claudia mientras Ricardo asentía. Cuando se abrió la puerta del ascensor entraron primero las mujeres, Eduardo dijo.

    -Vos primero, sois el emperador.

    -Pero tú eres al anfitrión marqués, hoy diriges tú. Las mujeres se miraron y pusieron una mueca en sus rostros. El cava estaba en la habitación en una cubitera, las copas listas para llenar.

    -Justine.

    -¿Sí? Señor marqués.

    -Sirve unas copas a nuestros invitados mientras yo pongo un poco de música.

    -¡Enseguida señor! Cristina obedecía mientras Claudia y Ricardo observaban complacidos por la escena, parecía de teatro. Cristina ofreció las copas, cuando todos tenían la suya, Eduardo ofreció un brindis.

    -¡Por la diversión! Todos brindaron, Eduardo les ofreció salir al balcón a Claudia y Ricardo.

    -¿Justine no nos acompaña? Preguntó Claudia.

    -No, en esta ocasión no, ella tiene que hacer una cosa. Eduardo cerró la hoja de cristal y le dijo a Ricardo. –Me has dicho que te gusta mirar, espero que te guste, tocó el cristal y Cristina comenzó a bailar ella sola, la música era lenta y sensual, Eduardo se sentó en medio de la pareja. Cristina bailaba y empezó a acariciar su cuerpo, tanto Ricardo como Claudia la observaban con deleite, Cristina comenzó a desnudarse, primero el gorro, después el delantal, el corpiño, la falda, los pololos y la blusa, lentamente se iba quedando sin ropa, solo le quedaba la ropa interior que Eduardo le había dicho que se pusiera la negra, se tocaba los pechos y después bajó sus manos hasta su coño al ritmo de la música, siguió bailando hasta que se quitó la última prenda.

    Ricardo no perdía detalle, estaba disfrutando del striptease, Eduardo se acercó a Ricardo y le preguntó.

    -¿Te gusta lo que ves?

    -¡Ya lo cero! Eduardo le cogió la mano a Claudia que se la apretó sin decir nada. Cuando Cristina se quedó sin ropa continuó bailando, Eduardo entró en el salón se dirigió a la habitación y volvió con el látigo, colocó apoyada en el sofá a Cristina y la acarició con él varias veces. Eduardo le hizo una señal con el pulgar hacia arriba o hacia abajo a César. Este sin mirar a Claudia señaló hacia abajo, el marqués azotó a Justine varias veces en la espalda y en su culo, Cristina en su papel gemía y contraía su cuerpo a cada latigazo. Eduardo se detuvo e invitó a Claudia que se quedó un poco parada, no se lo esperaba, Eduardo le insistió y ella entró en el salón, miró a Ricardo y vio en sus ojos el deseo, lo imaginó empalmándose ante lo que estaba viendo.

    -¿Alguna vez has azotado a una mujer?

    -Ni a una mujer ni a un hombre.

    -Pues hoy será tu primera vez. Le ofreció el látigo que ella cogió, se lo pasó por la espalda y el culo como había visto a hacer a Eduardo y luego azotó a Cristina. Lo hizo muy suave.

    -Dale más fuerte. Claudia hizo caso y Cristina gimió.

    -Bien, otra vez. Claudia repitió con más confianza, Cristina se retorcía mientras su blanca piel se sonrojaba. Ricardo se tocaba la polla en su asiento. Claudia azotó varias veces a Cristina hasta que Eduardo levantó la mano.

    -Ahora acaríciala. Claudia pasaba la mano por la espalda de Cristina con delicadeza, luego acarició su culo.

    -Toca su coño. Le dijo Eduardo. Claudia obedecía y tocó el húmedo coño de su compañera que ya estaba mojado, llegó hasta su clítoris y Cristina gemía como una perra en celo, Claudia se excitaba al oírla, al tocarla, al obedecer. Eduardo volvió a levantar la mano y ella se detuvo, cogió a Cristina y la bajó del sofá, la besó en la boca y le dijo algo al oído que solo escuchó ella. Se dio la vuelta y se acercó a Claudia, comenzó a desnudarla mientras Eduardo servía más cava para todos. Ricardo le dio las gracias y bebió, las mujeres estaban a lo suyo, Claudia se dejaba hacer y Cristina disfrutaba de la situación, nunca había desnudado a una mujer, cuando le quitó las bragas del conjunto azul de encaje y la tuvo desnuda ante ella comenzó a besarla, primero en la boca, luego en los pechos y su mano bajó al coño de Claudia que separó las piernas, Cristina metió dos dedos y se los ofreció a su señor que los chupó.

    -Ahora bésame. Cristina lo besó.

    -Ahora tú Claudia. Claudia obedeció, lo besó.

    -Ahora besarme las dos. Ambas mujeres se acercaron y comenzaron a besarlo, las tres lenguas jugaban entre ellas ante la deleitada mirada de Ricardo.

    -¿Quieres sentir el látigo? Le preguntó Eduardo a Claudia. Ella estaba excitada y sin pensar dijo que sí. Eduardo la puso en el sofá inclinada con su culo mirando a su marido, la acarició con el látigo, después puso a Cristina al lado de Claudia en la misma posición, acariciaba a las dos mujeres sin azotarlas, pasaba el látigo por sus coños y por las espaldas de las dos, se detuvo y se volvió hacia Ricardo, se lo ofreció y este negó con la cabeza, lo señaló a él para que siguiera. Eduardo azotó primero a Cristina, segundos después azotó a Claudia, aunque el latigazo fue suave, Claudia gimió y cogió la mano de su compañera con fuerza. Eduardo volvió a azotar a Cristina y seguido a Claudia, lo hizo varias veces, la piel de Claudia era más morena que la de Cristina pero aun así se empezaban a notar las marcas. Cristina besaba en la boca a Claudia que empezaba a relajarse y sentir con más placer lo que le estaban haciendo. Eduardo se detuvo y le dio la vuelta al sofá, se colocó delante de las mujeres y las besó en la boca a las dos, sacó su polla y se la ofreció, las dos a la vez se pusieron a chupársela con avidez, un poco después Eduardo se separó de sus bocas.

    -¿Alguna ha estado con otra mujer alguna vez? Las dos movieron la cabeza negándolo.

    -¿Te lo dije o no?

    -Sí, tenías toda la razón, sabe cómo llevar la situación.

    -Pues bien, empieza tú Cristina comiéndole el coño en el sofá, pero primero beber un poco de cava. Las dos cogieron sus copas y bebieron, Claudia miró a su marido, no era la primera vez que ella follaba con otro hombre y él miraba desde el armario, escondido como si no estuviera en la casa y ella le pusiera los cuernos, eso a sus amantes les gustaba mucho más, y a él le daba más morbo todavía al verlos actuar libremente follándose a su mujer, pero Eduardo era un maestro, nada que ver con los otros polvos que su mujer había echado, le estaba ofreciendo todo un espectáculo y con dos mujeres a la vez. Eduardo cuando las mujeres dejaron las copas sobre la mesa les dijo.

    -Primero salir al balcón y besar a Ricardo en la boca, le decís que es de mi parte y que os de un azote en el culo. Claudia y Cristina se cogieron de la mano para obedecer a Eduardo.

    Ricardo las vio acercarse, tenía la polla en la mano pero no hizo nada, las mujeres le transmitieron el mensaje y lo besaron, después ambas le ofrecieron sus culos, Ricardo les dio un azote a cada una, Cristina le pidió otro más fuerte. Ricardo lo hizo y le dio otro a su mujer, satisfecho les dijo que le dieran las gracias al señor marqués.

    -Claudia.

    -¿Sí?

    -¿Te ha dolido mucho cuando te han azotado?

    -La verdad es que no, ha sido muy delicado con la intensidad del látigo.

    -¿Y te ha gustado?

    -Yo diría que sí, ha sido una experiencia nueva.

    -¿Yo podré hacerlo algún día?

    -Si te portas como un niño bueno es posible que te deje, mantén el contacto con Eduardo y hablaremos, ¿y tú estás disfrutando de la puta de tu mujer?

    -Mucho cariño, mucho, le pediré el teléfono al marqués. Claudia lo beso de nuevo y volvió al salón.

    De vuelta al sofá Claudia se acostó y Cristina comenzó a lamer su coño. Eduardo le cogió los brazos por el lateral del sofá y los pasó por una silla, le puso las esposas y le vendó los ojos. Claudia como anteriormente había experimentado Cristina, se sintió prisionera de una lengua que le estaba dando placer, su compañera nunca se había comido un coño, pero Eduardo le había enseñado en los días que estaban juntos a ser más atrevida de lo que ella era antes de conocerlo. Claudia gemía y se retorcía en el sofá, Eduardo le apretaba los hermosos pezones de sus pechos, aumentaba la intensidad al mismo tiempo que su primer orgasmo llegaba, terminó corriéndose en la boca de Cristina que siguió lamiendo hasta que Claudia cerró las piernas. Eduardo espero unos segundos y la liberó.

    -Es tu turno Claudia. Cristina se acomodó y Eduardo la ató y le tapó los ojos, Eduardo había cogido el látigo le pasó a Claudia por el culo varias veces, luego lo hizo por la espalda, miró a Ricardo y este asintió. Claudia sentía como era azotada mientras se comía el coño de su nueva amiga, aunque terminaba de correrse, volvió a excitarse, Eduardo dejó el látigo y se sacó la polla, se la metió a Claudia hasta el fondo y comenzó a follarla, ella intentaba comerse el coño de Cristina que ya se agitaba en su posición, Claudia sentía toda la polla de Eduardo en su interior y la disfrutaba, Ricardo contemplaba la escena mientras se masturbaba, Eduardo lo veía todo y lo llamó.

    -¡Ricardo ven! El entró en el salón y se acercó a él. –Si vas a correrte, hazlo en la cara de Cristina. Ricardo asintió y se puso encima de ella mientras Eduardo se follaba a su mujer. Ricardo estaba disfrutando más que ningún polvo que había visto de su mujer con otro, al final todos eran algo monótonos, pero hoy estaba disfrutando de lo lindo. Claudia también estaba disfrutando, tenía una polla dentro de su coño, se lo estaba comiendo a una mujer que era una fantasía recurrente en ella cuando se masturbaba, tenía a su marido a la vista a punto de correrse sobre la cara de otra mujer y esa imagen ayudaba a que se excitara más. Cristina estaba a punto del primer orgasmo de la noche y teniendo una experiencia inimaginable para ella, otro hombre estaba a punto de derramar su leche sobre su cara y su verdadero amo, ese hombre que la había convertido en su puta esclava lo permitía, a una mujer comiéndole el coño, gemía y se retorcía de placer. El más tranquilo era Eduardo, consciente de todo lo que estaba ocurriendo, dirigiendo como el director dirige a sus actores, él ya había estado con dos mujeres en más de una ocasión, pero nunca lo había hecho con un cornudo delante que también se dejaba llevar, parecía también un sumiso a las órdenes de él, parecía buena persona pero era todo lo contrario de lo que era él, seguía follándose a Claudia y pensando en todas esas cosas, cuando Ricardo se corría en la cara de Cristina.

    Cristina sintió la cálida leche de Ricardo por su cara y eso provocó que su orgasmo inundara su cuerpo, gimió y lo dijo.

    -¡Me corro amo! ¡¡Me corroo!! A Claudia oírla le dio el punto que le faltaba para correrse.

    -¡Yo también me corro! Dijo. Eduardo se apartó de ella, era el único que no se había corrido, Ricardo lo miró, Cristina no podía ver nada, y Claudia le preguntó.

    -¿He hecho algo mal Eduardo?

    -No pequeña, solo que no he terminado con vosotros, ¿os queréis marchar o seguir aquí? Ricardo dijo.

    -Por mí seguir pero lo que diga ella. Claudia dijo.

    -Yo quiero seguir, me gusta lo que me haces a mí y a mi marido. Eduardo se acercó y la besó en los pezones, se volvió y le dijo a Ricardo que volviera al balcón hasta que lo llamara de nuevo, Ricardo obedeció y Cristina que no veía nada de lo que ocurría, pero lo podía oír todo. Pensó sonriendo y feliz, que ya habían caído en las garras de su amo.

    -Claudia, sirve un poco de cava a todos. Otra sierva de mi amo pensó Cristina al oír eso. Con el cava servido Eduardo le dijo.

    –Ahora lame la cara de mi esclava y bésala. Claudia obedecía y ambas mujeres compartían el semen de Ricardo mientras sus lenguas se entrelazaban, cuando terminó lo miró. Eduardo le dijo que la liberara y ella así lo hizo.

    Eduardo casi sin dar tregua, les pidió a las mujeres que se sentaran en el sofá, que se abrieran de piernas y se masturbaran para Ricardo y para él, les dejó un consolador que tenían que compartir, salió al balcón y se sentó junto a su compañero con una copa en la mano.

    -Vamos a disfrutar un poco más.

    -Encantado y gracias por hacerme participar, ha sido muy agradable participar a mi manera, me gusta hacerlo así pero tú me has hecho sentirme uno más y te lo agradezco.

    -No hay nada que agradecer, soy yo quien debería agradecerte que me dejes follarme a tu mujer, es una buena zorra.

    Las mujeres comenzaron a tocarse el coño y a pasarse el consolador la una a la otra, la temperatura de sus cuerpos aumentaba gradualmente mientras eran observadas, sus coños emanaban deliciosos fluidos que lubricaban sus labios vaginales. Eduardo mantenía la calma pero a Ricardo ya se le había puesto dura y se la tocaba.

    -No te corras todavía. Le dijo.

    -De acuerdo. Dejó de tocarse.

    Cristina más acostumbrada a ser la puta de su amo y al hecho de que ya la había hecho vivir situaciones similares, comenzó a gemir más fuerte, su cuerpo se movía al compás, sus dedos entraban en su coño y frotaban su clítoris, miró al balcón y los vio allí contemplándolas, se excitaba más y más y fue la primera en correrse.

    ¡Me corro amo! ¡¡Me corroo!!

    Claudia estaba a punto, tenía el consolador dentro de su cuerpo, Cristina le acariciaba los pechos y la besaba por la cara y el cuello, Claudia no pudo más y enseguida se corrió.

    -¡Me corro! ¡¡Me corro!! Eduardo se levantó y entró en el salón, las acarició y las besó mirando a Ricardo que seguía empalmado pero sin tocase la polla. Bebieron y se recuperaron. Claudia aprovechó que Eduardo le llevaba la botella a Ricardo para servirle para preguntarle a Cristina.

    -¿Puedo preguntarte una cosa?

    -¡Claro!

    -¿Por qué le dices amo cuando te corres?

    -En primer lugar porque yo soy su esclava y él es mi amo, en segundo lugar es porque a él le gusta que se lo diga.

    -¿Lleváis mucho juntos?

    -¡Qué va! Una semana más o menos, pero en esa semana ha hecho que me corras más veces que en los últimos años y me ha cambiado totalmente de forma de ser.

    -La verdad es que se nota que sabe lo que hace, yo he hecho esta noche cosas que no imaginaba que haría.

    -A eso me refiero, ¿y con tu marido qué tal?

    -Con Ricardo bien, nos llevamos muy bien, a él le gusta mirar cómo me follo a otros hombres, hemos adaptado el armario para que pueda observar con comodidad, no sale del armario hasta que se han ido, a veces follamos y yo me quedo relajada hasta la siguiente vez, pero no me gusta repetir hombres porque no busco otra relación, Ricardo me trata bien y somos felices, pero esta noche me siento bien, no soy yo la que dirige, solo tengo que disfrutar, la verdad es que me siento como una auténtica…

    -¿Zorra?

    -¡Sí! Eso, me siento como una zorra y un poco esclava. Dijo sonriendo. Eduardo que había estado hablando con Ricardo, entró y se sirvió un poco más de cava, bebió y les dijo.

    -Bebed que seguimos. Ellas se miraron y se sonrieron.

    -Claudia.

    -Dime.

    -¿Alguna vez te la han metido por el culo?

    -No.

    -Pues yo lo voy a hacer, te voy a meter mi polla y tal vez me corra en él. Claudia sintió un escalofrío de placer.

    -Como tú digas amo. Eduardo miró a Cristina que sonrió. Se colocó entre las dos mujeres y comenzó a besarlas y a tocarlas, ellas le devolvían los besos y acariciaban su cuerpo, tocaban su polla y se besaban entre ellas. Eduardo hizo que se agacharan para que se la chuparan, cada vez una se la iba metiendo en la boca y se la pasaban a la otra, cuando Eduardo decidió que ya estaba bien las levantó y las apoyó contra la puerta del balcón de cara a Ricardo que lo veía todo con agrado. Primero se la metió a Cristina que gemía al sentirla dentro y ser enculada, tras unos envites Eduardo se salió y le metió el consolador, Cristina quedó con las piernas separadas y apoyada contra el cristal. Con Claudia se agachó y comenzó a comerle el culo, ella nunca había experimentado un beso negro, pero le gustaba sentir la cálida lengua de su nuevo amo, se estaba excitando y de manera rápida, gemía y su mirada se cruzaba con la de Ricardo que guardaba silencio mientras se tocaba. Eduardo con una mano sacaba y metía el consolador en el culo de Cristina. Las dos gemían de placer cuando Eduardo se levantó y comenzó a meter la polla con una buena dosis de vaselina en el culo de Claudia, esta dio un grito pero aguantó el envite, Eduardo metía la punta y la sacaba, el culo de Claudia se iba dilatando por momentos, volvió a coger la mano de Cristina como buscando un apoyo. Eduardo siguió entrando poco a poco hasta que se detuvo, aguantó así unos segundos para que su ano se acostumbrara, sacó la polla y volvió al beso negro, Claudia gemía, Eduardo volvió a meter la punta que en esta ocasión encontró menos resistencia, se la metía y la sacaba como preparando el terreno, Claudia gemía cada vez con mayor intensidad, Eduardo jugó con el consolador de Cristina para excitarla mientras su polla seguía en el culo de Claudia, dejó el consolador y se centró en Claudia, ya no se detuvo, siguió follándosela, ella gemía y apretaba la mano de su compañera, de repente dijo.

    ¡Me corro amo! ¡¡Me corroo amo!! Eduardo la cogió por las caderas hasta que le llegó el orgasmo, Claudia sentía la leche caliente inundando su desvirgado culo, pero satisfecha por la experiencia, luego cogió a Cristina y desde atrás la masturbó, no tardó en correrse y decir las mismas palabras que terminaba de decir Claudia. Ricardo por su parte ya que había corrido al ver a su mujer retorcerse contra el cristal mientras era enculada por otro hombre. Eduardo le hizo una señal para que entrara.

    -Cristina y Claudia, limpiar la polla de Ricardo. Cristina sabía lo que quería decir, mientras Claudia parecía buscar algún trapo o papel. Cristina la cogió de la mano y se agacharon delante de Ricardo dispuestas a limpiarle la leche de la polla y la mano con sus bocas. Eduardo se sentó y se lió un cigarro, se sentó fuera con la copa, la agradable noche invitaba a ser disfrutada, los demás con sus copas le siguieron una vez finalizada la limpieza, Claudia también se lió un cigarro, fumaron, bebieron y hablaron mientras se recuperaban. Ricardo dijo.

    -Me gustaría intercambiar los números de teléfono si no te importa Eduardo.

    -No, no me importa.

    -¿Y el tuyo Cristina?

    -De momento mejor que no, más adelante ya veremos. Dijo Eduardo antes de que Cristina dijera nada. Ella se sorprendió pero reconocía que era su puta y esclava y que él seguía decidiendo por los dos, además no había cerrado la puerta de manera definitiva. Ricardo lo aceptó. Claudia tenía el número de Eduardo que era lo que realmente quería, pensó que Cristina iría en el lote.

    -Quiero que me comáis la polla sin prisas. Ricardo, ¿podrías traer el látigo?

    -¡Claro! Las dos mujeres se colocaron delante de Eduardo y comenzaron acariciando sus muslos, poco a poco pasaron las lenguas hasta llegar a su polla. Tanto una como la otra se esmeraban en darle placer.

    -Ricardo, azótalas con delicadeza. Ricardo que lo estaba deseando hacer con su mujer cuando estuvieran solos, ahora tenía a dos mujeres para hacerlo, sintió como su miembro se endurecía de nuevo. Ellas seguían con lo suyo aunque sentían el látigo en sus cuerpos. Ricardo lo hacía suave como le había dicho Eduardo, el primero se lo dio a su mujer que arqueó un poco la espalda. Ricardo la azotó de nuevo antes de hacérselo a Cristina. La polla de Eduardo ya estaba dura y ellas seguían jugando con ella. Cogió a Claudia y se la sentó encima para follarla, le dijo a Cristina que la besara y tocara sus pechos, un poco después cambió de mujer. Ricardo seguía azotándolas con delicadeza mientras se tocaba, estuvieron un rato así hasta que Eduardo sitió que se corría, las puso de rodillas y se corrió en sus caras, Ricardo no pudo aguantar más y Eduardo lo puso delante de las mujeres mientras eyaculaba.

    -Chuparos. Dijo Eduardo. Las mujeres obedecieron mientras se abrazaban, se lamían ante la mirada de los dos hombres. Ellas habían disfrutado pero no se habían corrido. Eduardo entró en el salón y cogió el pequeño vibrador y se lo metió a Claudia en el coño, le explicó a Ricardo cómo funcionaba y este lo puso en marcha, Eduardo le indicó a Ricardo que fuera al salón con él, se sentaron en el sofá a observar, a Cristina le había dicho que la acariciara y que después sería su turno.

    Sentados observaron como Claudia notaba el cosquilleo y se movía de manera sensual contra Cristina que la acariciaba sabedora de lo que estaba sintiendo su compañera.

    -Dale más potencia. Dijo Eduardo. Ricardo obedeció y lo puso al máximo. Claudia se retorcía en los brazos de Cristina hasta que no pudo más.

    -¡Me corro! ¡¡Me corroo!! Se paró y miró a Cristina que le sonreía.

    -¿Conocías este juguete?

    -No, había oído hablar de él pero nunca lo había probado.

    -Me toca. Dijo Cristina, Claudia se lo sacó y se lo ofreció, Cristina se lo puso. Eduardo le dijo a Ricardo que lo pusiera en marcha a media potencia. Cristina soltó un gemido y Claudia la acarició, la abrazaba y la besaba.

    -Súbelo al máximo. Ricardo así lo hizo. Ahora era Cristina la que se retorcía en los brazos de Claudia, sus gemidos eran cada vez más fuertes. ¡Me corro amo! ¡¡Me corro!! Las dos se quedaron abrazadas recuperándose del momento que habían pasado, unos segundos después, Eduardo les hizo una señal para que entraran, las dos se colocaron delante de él. Eduardo metió primero los dedos en el coño de Cristina, se los mojó bien y los chupó, después hizo lo mismo en el coño de Claudia, lo hizo varias veces, pasando de una a otra.

    -Sentaros y serviros una copa. Claudia sirvió a Cristina y ofreció el cava a los hombres. –Espero que lo hayáis disfrutado.

    -¡Ha sido increíble! No esperaba nada de esto la verdad, me has sorprendido agradablemente. Dijo Ricardo.

    -Pues yo que solo esperaba un polvo y poco más, no veas cómo me he quedado. Dijo Claudia. Cristina sonreía.

    -¿Nos llamarás cuando vuelvas a Toledo? Preguntó Ricardo.

    -No hace falta que venga o vengamos a Toledo, con el coche hoy no hay distancias y menos para disfrutar de un fin de semana o un puente.

    -¡Cierto! Dijo Claudia que ya buscaba en su cabeza el próximo puente. Eduardo miró el reloj y comentó.

    -Cuando nos terminemos el cava nos despedimos, os pido un taxi y ya hablamos.

    -De acuerdo. Dijo Ricardo. Que sirvió lo que quedaba en la botella, bebieron y hablaron de la experiencia que habían pasado, había sido toda una sorpresa para tres de ellos el probar cosas que no había ni imaginado en sus sueños más húmedos. Eduardo sin ser pedante ni presumido, reconocía que no era nuevo para él ante la mirada de reconocimiento de sus acompañantes. Claudia y Ricardo se pusieron sus túnicas y los detalles, entre besos y abrazos, se despidieron en la puerta de la habitación, el taxi esperaba en la puerta del hotel.

    -¡Llámanos! Dijo Claudia marchándose y dándole el último beso en los labios a Eduardo.

    -¡Lo haré! Contesto Eduardo que cerró la puerta cuando subieron al ascensor. Él y Cristina se quedaron solos.

    -¿Cómo has dado con ellos mi señor?

    -Pues con pequeños detalles que iba observando al principio y luego con alguna frase que surgía aquí y allá.

    -Eres todo un cazador y me encanta como eres amo, ¿los llamarás?

    -Puede que sí, ¿te gustaría que lo hiciera?

    -¡Sí! Pero sobretodo que me llames a mí, eso me gustaría más.

    -Eso será seguro zorra mía. Ella se acomodó en sus brazos apretando Su cuerpo contra él. Se acostaron y un rato después de unos besos se durmieron.

  • Aguas calientes

    Aguas calientes

    Era un día frio de invierno. Las nubes no dejaban ver el sol y el ambiente gélido no invitaba a salir de casa. Llevaba unos días sin salir de casa, estaba triste por la rotura con mi ya expareja.

    Sacando fuerzas de no sé donde decidí salir de casa, iría a caminar por el monte. De repente se me ocurrió que podría ir a bañarme a unas termas que conocía. No estaban cerca de casa, tendría que conducir unos 100km y andar una hora, pero merecía la pena.

    Preparé mi mochila y salí. Al llegar a la zona aparqué mi coche y empecé a andar. El aire era frío pero la belleza del bosque helado era embriagadora. Caminé monte arriba, en dirección a las termas. Tenía claro que con ese día estaría solo en las termas. Es lo que quería, no tenía ganas de encontrarme a nadie. Seguí la senda hasta llegar al punto donde tenía que desviarme para bajar por la ladera hasta llegar al punto de las aguas calientes.

    Empecé a bajar la ladera, cruzando el bosque por un camino poco frecuentado. Cuando ya estaba por llegar escuché un ruido que provenía de las termas. De repente me quedé quieto. ¡Mierda! Pasó por mi cabeza. Quería estar solo y había alguien. Sin hacer ruido me escondí detrás de la maleza para ver quien se estaba bañando.

    Por mi sorpresa había una chica sola. Estaba desnuda. Estirada dentro del agua. La veía perfectamente desde mi escondrijo. Me quedé helado mirándola. Era como una ninfa bañándose en medio del bosque. Tenía los ojos cerrados y intuía un cierto movimiento que se reflejaba entre las aguas. Sus bonitos pechos entraban y salían del agua dejándome deleitar con ellos. De repente sentí como mi polla empezaba a palpitar. No me lo podía creer, se estaba masturbando.

    Poco a poco empezaba a tocarse mas rápido, podía sentir como gemía. Cada vez me estaba poniendo mas y mas caliente. Ella, sin percatarse que la estaba observando seguía tocándose, podía intuir que se estaba metiendo los dedos en el coño, cada vez se doblaba mas para poder llegar mas adentro. Esto hacía que su cuerpo saliera del agua y así podía ver mejor sus enormes pechos. Mi mano empezó a sobar mi polla a través de mi bolsillo. Hacía mucho frío, pero me sentía súper caliente. De repente ella hizo un paso atrás y salió completamente del agua, dejándome deleitar de su cuerpo perfecto. Su vello púbico goteaba del agua de las termas, todo su cuerpo humeaba del calor de su cuerpo. Era una imagen espectacular. Se posó sobre una piedra y con las piernas abiertas me mostró todo su coño. Enseguida se puso tres dedos y empezó a masturbarse muy rápido, mientras que con la otra mano se acariciaba los pechos. En pocos segundos un chorro salió de su coño acompañado de un gran gemido que se dispersó por todo el bosque. Al oír ese grito una explosión emanó de mi. Me había corrido sin ni siquiera tocarme.

    Poco a poco ella volvió a meterse en el agua, con una cara de éxtasis preciosa. No sabía que hacer, ahora el silencio invadía el bosque, si me movía me oiría. Si me quedaba quieto me helaría.

    Esperé unos minutos y al final me decidí. Iría hacia ella como si no hubiera visto nada. Haría como si acabara de llegar. Al fin y al cabo, después de caminar hacia allá no podía volver sin bañarme.

    Me armé de valor y me acerqué. Como si no hubiera visto nada caminé hacia las termas y me hice el sorprendido al verla. Ella también se sorprendió.

    -Hola. Le dije. -Veo que hemos tenido la misma idea! Le dije para romper el hielo.

    -Hola. Me contestó. Mirándome con cierto estupor. Podía ver que en su mente estaba intentando ver si la había visto masturbarse o había terminado justo a tiempo para que no la descubriera.

    -Te importa si me baño yo también? Le dije. -Claro, tranquilo, el monte es de todos. Me dijo, con una sonrisa.

    Me desnudé y me metí en el agua. La poza no era muy grande. Me senté frente a ella para evitar tocarla, y que no se sintiera invadida. -Me llamo Paula. Me dijo. -Cómo te llamas? – Me llamo Jan. Seguro que no te molesta, que me bañe contigo. Le dije para ser educado. -No tranquilo, siempre está bien tener compañía y poder charlar con alguien.

    Poco a poco empezamos a hablar, de donde éramos, del trabajo… Su mirada me absorbía, y solo podía dejar de mirarla a los ojos cunado por algún movimiento le salía un pecho del agua. Ella lo notaba, pero no decía nada. Solo una pequeña sonrisa se dibujaba en su cara. Tenía que concentrarme mucho para evitar que mi polla se pusiera dura. De vez en cuando su pierna rozaba con la mía y mi timidez hacía que moviera cada vez mas a un lado de la poza, en una zona donde el agua no cubría mucho. Esto hacía que mi pene sobresaliera del agua y ella pudiera ver como la tenía medio erecta. No sabía que hacer, si no quería que me la viera en ese estado tenía que acercarme y rozar nuestras piernas, pero me daba mucho reparo, pero por otro lado no quería tener una erección visible.

    Ella vio que no sabía como ponerme y me dijo que me acercara, que si tenía medio cuerpo fuera del agua me quedaría helado. Me cogió de la mano y me atrajo hasta ella, se abrió de piernas para encajarlas con las mías. Con ese movimiento su pierna rozo mi polla, que sin previo aviso se puso durísima. Ella lo noto enseguida y no pudo evitar desviar su mirada hacia ella. La estuvo mirando un rato a través del agua y después me miro a los ojos. Sin decir una palabra empezó a sobar mi polla con su pierna, no dejaba de mirarme a los ojos, mientras su cara empezaba a mostrar su excitación. Al principio me quedé quieto. No sabía que hacer. Entonces ella me agarro mi pie y lo condujo hacia su vagina. Moviéndomelo empezó a masturbarse con mi pie. Yo estaba durísimo, y ella empezaba a gemir. Poco a poco los movimientos eran mas rápidos. Sus gemidos mas fuertes. Sin decir nada, se levantó deleitándome de su cuerpo, se dio la vuelta y se sentó entre mis piernas.

    Mi polla quedó atrapa entre su culo y mi abdomen. Mis manos, sin quererlo la abrazaron masajeándole los pechos. Mis impulsos me llevaron a besarla en el cuello y esto hizo que empezara a mover su culo masturbándome de una manera sutil. Ella embriagada por mis besos me agarró una mano y la llevó hacia su coño. Empezamos a masturbarle los dos, yo le acariciaba el clítoris mientras ella se metía los dedos en el coño. Cada vez íbamos mas rápido. En un momento ella me agarro la mano y me introdujo mis dedos dentro de ella, mientras su mano buscaba mi polla. Empecé a masturbarla muy rápido y de repente note como se corría dentro del agua. Sus fluidos eran aun mas calientes que el agua. Se quedó en un estado de éxtasis durante unos minutos, no podía moverse ni decir nada.

    Poco a poco empezó a recobrarse, se giró mirándome a los ojos y me dijo. -Me gustaría ponerme tu polla en la boca, me dejas?. Yo, sin decir nada, me levanté sacando mi cuerpo del agua. Mi polla quedó enfrente de su cara. Sin usar sus manos empezó a besarme la punta, primero fueron besos suaves, con pequeños lametazos que cada vez eran mas largos. Buscaba mis huevos con la boca y mi polla se refregaba por toda su cara. Cada vez se la metía mas adentro hasta llegar a metérsela toda. La succionaba como nunca me la habían hecho. Así estuvo un buen rato, sus manos agarrándome el culo, apretándome fuerte cada vez que mi glande tocaba su campanilla.

    Casi estuve a punto de correrme en su boca, pero ella lo notó y paró en seco, y mirándome me dijo.-No quiero que te corras aun. Ya se que ye corriste antes mirándome. Me quedé pasmado, me había visto y no me dijo nada. Me volví a estirar en el agua, con una erección terrible, y ella se montó encima. Sus fluidos hicieron que la penetrara de golpe, lo que le produjo un intenso grito de placer. Una vez acostumbrada a polla dentro de ella empezó a moverse, sus pechos saltaban enfrente de mi cara y no podía sino chuparlos y sobarlos con mis manos, mientras ella no paraba de saltar sobre mi con una mano apoyada en mi vientre y la otra acariciando su clítoris. Al poco su cara empezó a mostrar que otro orgasmo estaba a punto de inundarla y de repente se levantó y un enorme chorro salió de su coño mojándome todo mi pecho. Sus espasmos no paraban mientras pequeños chorros no paraban de salir.

    Le puse las manos en su culo y la acerqué hacia mi. Quería saborear sus flujos. Metí mi lengua en su coño, deleitándome de su sabor exquisito. Ella estaba en éxtasis, no paraba de moverse en mi boca, movía su pelvis para que alternara mis lametazos entre su clítoris y su vagina. Y otra vez se corrió en mi boca, dejándome beber todo su néctar. Era delicioso. Se quedó sentada encima de pecho recobrando el aire mientras no podía dejar de admirar ese cuerpo perfecto en medio del bosque. Note como su piel se erguía por culpa del frío y la acompañé para que se metiera otra vez dentro del agua. Nos abrazamos juntando nuestros pechos y empezamos a besarnos suavemente. Mi erección era terrible y no podía evitar mover mi cintura para rozar mi polla contra su vientre.

    Ella se dejaba mientras no dejaba de besarme. Al rato se acercó a mi oído y me dijo, quiero que te corras dentro de mi, quiero sentir tu semen dentro de mi, quiero notar como explotas dentro de mi. Mi polla reaccionó al instante, con un fuerte calambrazo que ella notó y me sonrió a la vez que su mano lo envolvía masturbándome suavemente. Poco a poco se giró sin dejar de agarrarlo con su mano. Una vez de espaldas a mi lo guio hacia ella. Mi sorpresa fue cuando en vez de buscar su coño lo guio hacia su culo y suavemente, con pequeños movimientos empezó a metérselo sin poder dejar de gemir. Una vez entró toda empezó a moverse cada vez mas rápido. No podía creérmelo, estaba súper apretado y con lo caliente que estaba constando aguantar.

    Mis dedos dentro de coño notaban como mi polla entraba y salía de ese estrecho agujero. Al final, sus embates, hicieron que corriera. Un enrome chorro invadió su culo, haciendo que los dos tuviéramos un orgasmo al mismo tiempo. Nos quedamos inmóviles por mucho rato, los dos abrazados dentro del agua. Mi polla poco a poco empezó a perder la erección y al final salió de su culo. Ella se giró y abrazándome me dio un beso infinito.

    Ese día fue el principio de una gran amistad.

  • Blancanieves y los siete vergones

    Blancanieves y los siete vergones

    Lucrecia, una profesora de danza, daba un taller en una casona antigua, en medio de un valle en la provincia de Córdoba.

    Mientras ella desarrollaba su tarea todos los martes, un grupo de personas talle baja realizaban diferentes tareas de mantención, carpintería, plomería, herrería, pintura y todo lo concerniente a la fontanería.

    Ella era una mujer alta curvilínea de grandes pechos y con una mala costumbre, según sus compañeras, de no utilizar ropa interior bajo su guardapolvo blanco, que era su traje de trabajo.

    En ciertas ocasiones y según la luz del día, se transparentaba ese guardapolvo mas que otras veces, se sentaba debajo de un árbol para refrescarse en los días de calor, flexionaba y extendía sus piernas, con toda la necesidad de sentir la brisa en su vulva suave humedad y prolijamente rasurada, un día se le ocurrió girar su cuerpo hacia el lugar donde los hombres pequeños realizaban sus tareas habituales, cerraba los ojos, porque de alguna forma sentía vergüenza de un deseo que empezaba a fortalecerse semana a semana.

    Los hombres eran siete, y ellos estaban seguros de que esa profesora tenía un extraño deseo relacionado con su condición, ser devotee es algo que tarde o temprano se nota y mucho…

    Lucrecia no sabía que le ocurría, hasta que Octavio, uno de los siete, sé acerca uno de esos días donde ella hacía esa especie de ritual donde les mostraba la conchita.

    Él le dice:

    -Hola Lucrecia

    Ella lo saluda, le pregunta su nombre y su edad y él le responde agregando, tengo 24 años y mi pija tiene el mismo número de centímetros.

    Ella, lejos de ofenderse, siente un cosquilleo en los pezones, cierra los ojos, moja sus labios y sin que nadie en la casa lo note, se abre el guardapolvo y Octavio comienza a lamerlos y succionarlos…

    Él le dice:

    – Que gran perra sos

    Chupa, lame, agarra esas tetas y se sumerge en ellos, se electa y ella lo masturba.

    Octavio se corre, corre la verga y le dice que si quiere lechita, el sábado siguiente venga a la casona vestida de Blanca Nieves tipo media noche y entre por la ventana.

    Ella desesperada le chupa la pija y él le insiste con que le dará leche el sábado, ella se levanta y se va.

    El sábado Lucrecia cumple y entra vestida de Blanca Nieves, todo estaba oscuro, y ella dice el nombre del hombrecillo, Octavio aparece completamente desnudo y ella se abalanzó inmediatamente sobre su gran pija dura, él le coge la boca y e le pide taparle los ojos, ella accede.

    Inmediatamente van apareciendo uno a uno los otros hombrecillos y Octavio les hace seña que se pajeen cerca de Lucrecia.

    Luego él la pone en cuatro y mientras le hace el culo le pregunta en medio de la cogida, si le gustaría chupar pijas mientras él la coge, ella gritando le dice, si hijo de puta, quiero todas las pijas de tu grupo, Octavio le insiste, Lucrecia se quita la venda y ve a los otros seis con pijas paradas de todos los tamaños enormes y se enloquece.

    En pocos segundos cada uno se ocupó de cogerla por todos lados, ella tenía bocas, huevos, pijas, dedos, lenguas por todo su cuerpo.

    La llevan a la mesa y todos la hacen gozar, Lucrecia les pide que se le suban y tres le metan pijas en la boca y los otro cuatro que se ocupen de su concha y culo.

    Doble y triple penetración, el culo se dilataba y le meterían de a dos vergas, Lucrecia nunca pensó en sentir tanto placer.

    Octavio dirigía la gang bang, y Lucrecia deseaba ser bañada de leche.

    Se ponen de acuerdo y comienzan a acabar por todo el cuerpo de Lucrecia, un bukkake perfecto…

    Desde ese día Lucrecia sería Blanca Nieves cada quince días en la casona del valle de Córdoba…

  • Mi esposa me enseñó (5)

    Mi esposa me enseñó (5)

    Hoy era el día, hoy mi esposa iba a entregar su cuerpo entero a otro macho que, dispuesto y feliz la esperaba con una verga mucho pero mucho mayor que la mía. Alexa había comprado ropa para la ocasión, sabía que era la oportunidad que buscaba, disfrutar de un macho de verdad que la hiciera gritar de placer y la dejara satisfecha como nunca lo había sido conmigo. Esta situación me sacaba un cúmulo de sentimientos, por un lado sentía celos de que mi mujer iba a ser disfrutada por otro macho pero por otro lado yo estaba sumamente excitado tan solo de pensar e imaginar cómo ese gran trozo de carne que había visto en el celular de mi esposa se abría paso en su muy caliente vagina y sabía que en determinado momento le iba a ofrecer el culo, a mí no me dejaba nunca entrar por allí pero yo sé que le fascina.

    Transcurrió la mañana entera sin tener noticias de ella, cuando de repente recibo un mensaje, era ella… Apresurado me dispongo a leerlo y en él decía: «hola cariño Cómo estás? Te cuento que ya vino Fer a entregar unas cosas a la empresa, me dijo que me veía hermosa, pero sobre todo muy putita… Ay cariño no aguanté y le mostré mi tanguita y le dije que la había comprado para él, se le notaba su bulto enorme sobre el pantalón y sabes dejé que me tocara, pasó sus dedos sobre mi panocha muy mojada y me dijo que así le gustaba muy putita, se llevó los dedos a la boca y me dijo que me esperaba en la esquina en su camioneta a la hora de la salida.»

    Al leer su mensaje no aguanté más y tuve que masturbarme muy fuerte ya que estaba tan caliente que solo aguanté unos pocos minutos. Tenía sentimiento de culpa, pero era mayor mi calentura de pensar que esa noche mi esposa se convertiría en la puta de alguien más.

    Así transcurrió el día sin más noticias, a la hora de la salida me envió un mensaje: «ya voy de salida cariño, estoy muy caliente y mojada, prepárate porque te van a crecer los hermosos cuernitos» solo atiné a responderle que fuera con cuidado.

    Sumamente ansioso me tumbé en el sillón a ver pornografía de cornudos, necesitaba justificar mis decisiones. Pensé que más tarde tendría mensajes de ella, pero no fue así, así que me fui a la cama a descansar un poco.

    Cosa imposible, no dejaba de pensar en la forma en que se estaban cogiendo a mi esposa, las posiciones que le gustan a ella y las posiciones en la que su macho la pondría. En mi mente llegaba la cara de ella, sumamente caliente disfrutando a su macho, tragando ese gran pedazo de carne entre sus labios y su lengua, ahhh era tan excitante imaginar! Escuchaba su voz pedir más y más!

    Quería saberlo todo en el momento, pero no tuve más remedio que esperar hasta el día siguiente, ya eran las 2:30 de la mañana y yo debía descansar.

    Continuará

    Gracias por leer, si les está gustando por favor háganmelo saber [email protected]

    Gracias

  • Familia ardiente (parte 2)

    Familia ardiente (parte 2)

    Para entender mejor este relato deben leer el anterior porque esta es la segunda parte.

    Mi hermano me dio una última embestida mientras eyaculaba una buena cantidad de semen en mi interior.

    Yo di un último gemido y nos volvimos a besar como es nuestra costumbre después de hacer el amor.

    Seguimos con nuestros besos hasta que nos dimos cuenta de que los demás integrantes de mi familia estaban en nuestra habitación.

    -¿Desde cuándo están aquí?- pregunto Martín.

    -El tiempo suficiente para ver sus besos con intercambio de lengua- responde mi hermana Violeta.

    -La próxima vez toquen la puerta antes, mi novia y yo necesitamos privacidad- le contesta mi hermano.

    -A ustedes dos les encanta que estemos aquí- dice mi hermana Azul mientras se ríe junto con Violeta.

    Mi padre interviene y dice: -Vamos a pasar una hermosa tarde en familia como la vez anterior ¿quieren?

    Todos respondemos que si y los demás se van quitando sus ropas.

    Mi padre sienta a mi madre en su verga y la empieza a embestir.

    Las tetas de ella comienzan a moverse, mi hermana Azul y yo nos apresuramos por agarrar uno de sus senos para empezar a chuparlo.

    Mi hermana Violeta se abre de piernas y en unos segundos tiene la verga de Martín clavada en su vulva, él toma con ambas manos sus pechos y la penetra con salvajismo.

    Los gemidos de mi madre y de mi hermana llenan por completo la habitación.

    Martín está cumpliendo su fantasía sexual de coger a otra de sus hermanas y yo me alegro mucho de ver lo feliz que lo está haciendo esto.

    Estoy pensando en todas estas cosas mientras el hermoso y suave seno de mi madre está en mi boca, me concentro en lamberlo una y otra vez para deleitarme.

    Las embestidas de mi padre aumentan mucho de velocidad y el pecho de mi bonita madre empieza a moverse mucho más rápido contra mi boca.

    Violeta aprieta las piernas enredándolas en la cintura de Martín y él ya le está dando las últimas embestidas porque se le nota por la rapidez con que se mueve su miembro dentro de la concha de Violeta.

    Luego de unos minutos sucedió lo de la vez anterior y mi hermano junto con Anselmo eyaculan los dos al mismo tiempo.

    Mi hermana Azul se pone en cuatro parando bien alto su culo y le hace una seña a Martín, en la toma de la cintura y en una sola embestida le penetra el culo.

    Yo me siento a horcajadas sobre mi padre y él me clava de la misma manera que lo hizo con mi madre, me empieza a dar embestidas y Violeta se sienta en el rostro de Anselmo para que le chupe su vulva.

    Mi madre se pone frente a Violeta y empiezan a besarse con mucha lengua mientras se acarician los senos la una con la otra.

    Miro hacia el costado y veo a Martín penetrando muy salvajemente a Azul por su trasero, el cuerpo de ella se estremece por el placer y el sexo duro al tiempo que sus nalgas se ponen completamente rojas por las fuertes nalgadas que le da mi hermano.

    Mi padre está teniendo una doble estimulación porque yo estoy saltando sobre su miembro y Violeta mueve su concha sobre su rostro y él le manda cada vez más lengua, disfruta mucho chupando la vagina de su hija y cogiéndose a otra Violeta dio su último gemido y todos sus fluidos fueron a parar dentro de la boca de mi padre, él se los trago todo con una gran satisfacción, mi hermana también le dio un último a mi madre Mar.

    Anselmo con una última embestida más eyaculo dentro de mí.

    Nosotros no fuimos los únicos que terminamos porque mi hermana Azul tenía el agujero de su culo bien abierto y dentro de él había una gran cantidad de semen perteneciente a Martín.

    Y yo soy consciente de que dentro de mi vulva tengo el semen mezclado de mi hermano y de mi papá.

    Anselmo y Martín murmuran algo entre ellos, por las expresiones de sus rostros me doy cuenta de que se viene algo de lo más ardiente.

    Mi padre se sienta con su verga bien dura apuntando hacia arriba y mi hermano se sienta a horcajadas encima de él, pero dándole la espalda, esta ya es la segunda vez que papá penetra a mi novio y a ambos parece gustarle mucho esto.

    -Amor, ven a sentarte encima de mi pija, mirando hacia mí- me dijo Martín, yo le obedecí y recién ahí me di cuenta de lo que estaban haciendo, aquí en esta situación nadie se iba a quedar sin ser penetrado, mi padre lo penetraría a él y mi novio haría lo mismo conmigo al mismo tiempo de sentir las embestidas de papá.

    Empezamos con esta práctica tan rica que nunca había experimentado y a los minutos puedo decirles que me ha encantado.

    Mientras yo estaba experimentando la doble penetración, mis hermanas se dedicaban a mi mamá.

    Azul estaba encima de nuestra madre frotando su vulva contra la de ella y Violeta se masturbaba con sus propios dedos.

    Fue tan delicioso, en esta posición donde me encontraba podía sentir todo, sentía los músculos en tensión seguidos de los movimientos de mi padre y luego también las embestidas de Martín que ya conozco de memoria.

    Azul está saltando encima de mi madre y sus conchas van en perfecta sintonía están fundiéndose en una perfecta unión cada vez más apasionada y Violeta se sigue deleitando con su masturbación.

    Unos minutos después ya todos habíamos terminado y estábamos satisfechos con nuestra tarde de sexo familiar.

    Los miembros de mi familia se retiraron a sus respectivos dormitorios, solo quedamos Martín y yo en nuestra habitación.

    Él me abrazo y me dio un beso en mis labios.

    -Tengo una fantasía por cumplir, quería que sea solo contigo- me confesó.

    -¿Cuál es esa fantasía mi amor?- le pregunto.

    -Quiero que me metas un dedo en mi trasero- respondió él tímidamente.

    -Te la voy a cumplir- fue mi respuesta.

    Se acostó, yo le tomé su verga con ambas de mis manos, empecé a pasarle la lengua en todo el largo y luego me la metí entera en mi boca para saborearla.

    Libere una de mis manos para llegar al agujero de su culo y cuando encontré su entrada no lo dude y le metí mi dedo bien en el fondo mientras seguía chupando su miembro.

    Se estremeció de placer al sentir mi dedo jugando dentro de su trasero, era otra de las fantasías que él estaba cumpliendo.

    Seguí jugando con mi dedo adentro hasta que sentí su humedad y lo retire, me mire el dedo y me di cuenta de que había sacado semen del culo de Martín.

    -Es de papá- me aseguró, yo me lleve el dedo a la boca y lo lambí dejándomelo limpio.

    Lo volví a besar en su boca, en segundos nuestro beso fue apasionado y luego me acosté junto con él apoyando mi cabeza en su pecho. Me sentí feliz por tener un buen novio y por mi maravillosa familia.

  • Ni un rastro de vergüenza

    Ni un rastro de vergüenza

    La ironía de la vida quiso que al mismo tiempo que se elevaban las banderas del feminismo con el fanatismo propio de todo lo que efervesce, se pupularizara entre las mujeres un libro, que luego sería película, cuyo argumento principal fuera la dominación. De alguna forma este choque de frentes de vientos fríos y calientes, provocaría en la cabeza de Vanessa lo que ella experimentaría luego como su propio ciclón sexual.

    Su despertar sexual fue en realidad lento, mas tarde culparía a su novio de pervertir lo que ella llamaba «su cerebro de frutillas», pero lo cierto es que desde adolescente cada día al desvestirse no podía evitar quedarse un buen rato frente al espejo admirando el contraste entre su delgada cintura y sus prominentes pechos. No tardó en descubrir que no era la única que quedaba como hipnotizada con su este contraste y le empezó a divertir la reacción que su cuerpo provocaba en los hombres de todas las edades.

    Criada en una familia de clase media, educada y conservadora, llevó su vestimenta al máximo que esa realidad le permitía y su guardarropa se convirtió en un sin fin de tops escotados, que dejaban ver su ombligo por debajo y por arriba un tatuaje de una pequeña iguana clavado en un pecho, imposible de ignorar, que sonrojaba a todos menos a ella.

    Su entorno hizo que sus primeros novios fueran devotos de la iglesia para quienes el sexo prematrimonial estaba prohibido. A medida que pasaba el tiempo de pareja, esta prohibición se iba haciendo mas laxa en la moral de estos muchachos que simplemente no podían evitar probar un poco de la manzana a punto caramelo que tenían enfrente.

    La penetración era el límite imposible de cruzar, todo lo demás, terreno por explorar. Quizás por este motivo, el ímpetu que se hubiera resuelto con unos minutos de coito, se distribuía en horas de manoseo, cada vez mas caliente.

    Su semana se dividía en dos partes, de lunes a viernes se encerraba a estudiar para la facultad y el fin de semana la pasaba en casa de los padres de su novio, donde cada vez se llegaba un poco mas lejos.

    Ambos descubrieron que podían alcanzar un estado similar a la embriaguez, donde poco importaban las consecuencias. Pronto fue habitual para ella encontrarse semidesnuda sentada sobre una erección con sus pechos al aire enfrentados a la boca de su novio que no paraba de besarlos y de besarla a ella por horas. Del otro lado de la puerta de la habitación, sostenida solo por un parlante que la flanqueaba, el resto de la familia continuaba su vida yendo y viniendo en sus quehaceres, solo llamándolos para ir a comer.

    Era tal la calentura, que en los viajes en coche para devolverla a su casa, el manoseo seguía hasta el estacionamiento mismo de los edificios donde ella vivía. Su novio no podía creer con que naturalidad ella se subía la remera y dejaba sus pechos al aire cubiertos solo por una camperita de jean entreabierta que nadie hacia nada por poner en su lugar.

    Ella nunca pedía nada, nunca avanzaba, pero aceptaba y permitía todo.

    El desarrollo de su exploración sexual estuvo determinada por la velocidad con la que su novio podía deshacerse de su extrema moralidad. Afortunadamente para ambos, no se quemó ninguna etapa, y se pasaron por todas las estaciones.

    Gracias es este ejercicio rutinario, ella aprendió a acabar ante la mayor variedad de estímulos, pero su novio solía contenerse y acabar luego, solo en su casa. Llegado un punto, esto no se pudo sostener mas sin que se haga sumamente visible el mar humor que le provocaba.

    En su jugueteo constante, él le hablaba y preguntaba sobre sus preferencias, ella contestaba poco y tras mucha insistencia, pero sus respuestas eran una mina de oro. Llegó el día en que su novio le pregunto si le gustaría ver su leche. Ella respondió con una sonrisa. Me encantaría. Minutos mas tarde sintió por primera vez el olor y la tibia sensación de este nuevo líquido que miraba de cerca con curiosidad, desplazándose lentamente por su mano, la misma con la cual había hecho el trabajo para extraerlo.

    Cada paso que daban era un escalón sobre el cual se paraban para alcanzar el siguiente nivel en una escalera de la que nunca se bajaron.

    Hacer que su novio acabara fue a partir de ese día una tarea habitual, y todas las partes de su cuerpo fueron a su turno experimentando esta tibieza. Claramente ella estaba mentalmente preparada para hacer todo antes de que él se animara a pedírselo. Llegó el día en que éste le preguntó si le podía acabar en la cara. Ella solo asintió y se dejó conducir al baño, bajo la tapa del inodoro, se sentó y puso sus labios en trompita como indicando donde le gustaría recibir la acabada. Sus ojos verdes no dejaron de mirar a su novio hasta que este descargo todo lo que tenía. Una vez terminado, dejo que la leche bajara por su mentón y goteara hasta el piso. Ofreció el resto de su cara para que su novio limpiara lo que aún no había salido, y luego este abandonó el baño para que ella se limpiara.

    Ella se levantó y se miró en el espejo, de la misma forma que otras veces se quedaba admirando su figura, esta vez concentró su mirada en su carita de nena buena que a todos agradaba, pero que esta vez repetía una imagen que ya había visto en algún video porno que le había mostrado su novio, nunca se había pensado a ella misma como una puta y de repente esa palabra la calentó como nunca había llegado a imaginar y la leche aun tibia en su cara depositada sobre sus labios, recorriendo su pera hasta colgar por su mentón para acabar goteando en sus tetas, le provocó una sensación que no podía comparar con ninguna otra que haya sentido antes. Se quedó un buen rato mirándose al espejo sin moverse, orgullosa de lo que había logrado hacer, de su capacidad de calentar y de calentarse al ser enchastrada.

    Se limpió un poco de la leche con el dorso de la mano, pero solo para luego con esa misma mano desabrochar el botón de sus jeans y empezar al masturbarse el clítoris sin dejar de mirarse toda sucia en el espejo ni por un segundo hasta terminar de acabar con la mayor intensidad con la que jamás lo había logrado. Luego de eso limpió todo bien y se fue a sentar a la mesa con el resto de la familia de su novio que la estaba esperando para comer.

    El siguiente paso se dio sin que ninguno de los dos lo buscara. Los viajes en coche, sobre todos los nocturnos eran de un intenso toqueteo. Pronto la ropa comenzaba a incomodar por lo que él se abría la bragueta para dejar su miembro más expuesto a las caricias y ella se dejaba levantar la remara por encima de su busto para que él hiciera lo propio. Esta forma de viajar fue siendo cada vez mas habitual sin intentar ninguna provocación adicional más que la de darse placer. Una noche detienen el coche el semáforo y su novio aprovecha el impás para inclinarse sobre ella y chupar sus pechos.

    En ese momento se detiene a su lado un colectivo apenas separado unos metros. Una de las personas que viajaba en el colectivo se encontraba mirando en dirección al coche y observa la situación. Una oleada de adrenalina y temor invadió el cuerpo del novio de Vanessa, pero un impulso aun mayor hizo que continuara con la tarea de darle placer, con la mirada puesta en los distintos pasajeros que uno a uno descubrían atónitos la escena pornográfica que se estaba desarrollando en vivo y en directo a su lado. Vanessa, con sus tetas duras, paradas y brillosas por la baba de su novio se da cuenta de esta situación cuando ya no había nadie en el colectivo que no tuviera clavada su mirada sobre ellas.

    La situación continuó todo lo que duró la luz en rojo. Luego de eso, el coche retomo su avance dejando atrás al colectivo, y sus pasajeros con una nueva anécdota para contar. Este episodio fue como una droga, como heroína, se sentían hinchados de calentura, envalentonados, electrizados. Fueron a tomar un helado y no podían dejar de hablar de eso y de sonreír. Ninguno de los dos lo dijo esa noche, pero sabían que no iban a dejar que esa fuera la última vez.

    Al tiempo Vanessa se recibió en la facu y se fue a vivir con una amiga a un departamento en medio de la cuidad. Era un dos ambientes con patio por estar ubicado en planta baja. Los fines de semana su compañera de cuarto se iba a visitar a su familia por lo que Vanessa invitaba a su novio a quedarse. Estaban en el sillón, cada vez mas desnudos, cada vez mas calientes, el episodio del colectivo aun en sus cabezas.

    Ella, como siempre, no iba a proponer nada. Por suerte. su novio se anima después de mucho dudar y le dice: ¿me acompañas al patio? Ella contesta: ¿al patio? El asiente con la cabeza y la agarra de la mano, sale primero apenas con un calzoncillo y remera, ella en bombacha y remera corta. Frente al patio varios edificios con decenas de ventanas con sus luces encendidas, con potenciales espectadores. Se empiezan a besar, el la da vuelta y la enfrenta a las ventanas, le levanta la remera para que se puedan ver sus tetas. Ella cree que él se la quiere sacar por lo que termina sola el trabajo.

    Él se pone a mil. Saca la pija y se le empieza a frotar por la espalda y el culo mientras acaricia, con manos llenas de saliva, sus pechos totalmente expuestos. Chupame la pija, le dice con el corazón golpeando a mil. El esperaba que Vanessa aprovechara la oportunidad para darse vuelta, dar la espalda a los edificios y practicarle sexo oral arrodillada sobre el. Por el contrario, Vanessa se ubica y lo ubica a el perpendicular a los edificios, como si el patio fuera un escenario, de manera que quedara bien dibujada la silueta de un hombre con el pito erecto y una puta inclinándose sobre él con las tetas descubiertas, metiéndose la pija en la boca y sacándola infinitas veces.

    Lo que más le sorprendía era que en estas situaciones Vanessa se ponía en lo que él llamaba, modo cámara lenta. Nada la apuraba, no tenía prisa por salir del patio, por evitar que la miraran, que alguien les gritara algo, les sacara fotos o los filmara. Vanessa solo se concentraba en la pija y disfrutaba cada lengüetazo que le pasaba, cada beso de puta que le daba, como si no hubiera nadie más, como si no importara nada mas. Era su novio el que tenía que hacer un esfuerzo por concentrarse en la situación, el sí temía todo lo otro, y eso amenazaba con volverlo flácido. Pero era la habilidad de Vanessa y su actitud de puta la que lo sostenía duro y en su lugar y lo llevaba felizmente hasta su final.

    Ella siempre fue la mas sexual de los dos, la que siempre buscaba los besos, el era más retraído, pero una vez que se encendía tomaba el control de la situación como si la hubiera provocado.

    Una tarde de paseo por el parque rosedal, charlando ambos de cosas que charlan las parejas, Vanessa apoya su mano sobre la bragueta del pantalón de él y lo empieza a acariciar. Era pleno mediodía, las familias iban y venían, pasaban por su lado, el gesto era tan normal y su actitud tan indiferente que nadie parecía notarlo, la erección no tardó en abultarse y las palabras se trababan antes de llegar a la boca de su novio que no sabía que correspondía hacer en esa situación totalmente inesperada. El momento habrá durado 5 minutos, varios años mas tarde volvería a hacer lo mismo en un aeropuerto justo al momento del embarque.

    Las pocas veces que Vanessa tomaba la iniciativa eran así de arriesgadas. La segunda vez fue en un vuelo nocturno de 9hs. era el momento en que apagaban las luces y todos dormían, ella simplemente le bajo los pantalones a su novio y se la empezó a chupar como si no hubiera nadie. El la detuvo y ella se incorporó en su asiento. Todos dormían y su familia que volaba con ellos estaba solo unos asientos mas atrás. El lo pensó mejor, cuantas veces voy a tener esta oportunidad? Le hizo un mínimo gesto y ella entendió perfectamente, volvió a poner su boca entre sus piernas y siguió chupando hasta el final. Ella nunca mostró pudor a mostrarse y jamás se negó a desvestirse en ninguno de los lugares y las situaciones en las que su novio se lo pidió.

    Esta actitud de Vanessa le planteaba un desafío, cual era el siguiente paso? El sentía que no podía desaprovechar su suerte, tenía que avanzar lo que fuera necesario hasta encontrar el punto en el que ella finalmente dijera que no, pero no parecía haberlo.

  • Mar Sensual: Entre abogados me vea (cuarta y última parte)

    Mar Sensual: Entre abogados me vea (cuarta y última parte)

    Él va por más tequila y brindamos de nuevo tomándolo hasta el fondo. Me voltea de nuevo y me abraza acariciando mis tetas frente a los demás. Frota su palo totalmente parado en mis nalgas, se excita al ver que somos observados. Yo me dejo hacer, respondo a sus instintos, me está resultando excitante ser exhibida, ser expuesta a los deseos de los demás.

    – ¿Le gusta exhibirme licenciado?

    – Si, me gusta que vean la puta que traigo, que la deseen, que se la quieran coger. ¿Te gusta a ti?

    – Me gusta ser deseada, me excita que me quieran coger.

    – ¿Te gustaría que te cogiera otro ahorita, que otro cabrón venga y te coja?

    – ¿Ahorita, pero ¿quién?

    – Eso no importa, ¿Te gustaría?

    – Mmm, no sé, tal vez me gustaría.

    – Así me gustas, que no te limites, que goces rico, que seas mi puta entera.

    – Seee, quiero ser su puta licenciado, su puta.

    – Tan seria que te veías, pero eres bien puta, una rica puta.

    – Para eso estoy aquí para que me haga lo que quiera licenciado, para ser su puta y usted el cabrón que me anda cogiendo, cogiéndose a su putona.

    Me siguió fajando frente a la ventana, después se separó, pero me pidió que permaneciera ahí. Nos tomamos lo que quedaba en la botella, brindamos hasta el fondo. Si seguía tomando iba a terminar muy borracha, pero era más mi calentura que me valió madres seguir tomando. Toda esta situación me excitaba, estaba dispuesta a llevar el momento hasta donde se pudiera, me prende encenderlos al máximo, provocar sus bajos instintos, despertarles el morbo por lo ajeno, ser la puta que deseen y se quieran coger. Se vuelve a separar de mí, espérame aquí. Coloque mis brazos en el dintel de la ventana y me inclino haciendo que mis tetas cuelguen. Escucho que el licenciado llama a recepción pidiendo unos tragos. Pensé en ya no tomar más, sino cómo iba llegar a mi casa. Él regresa y continúa con la faena, fajándome con ansiedad. Minutos después, llaman a la puerta, eran los tragos que había pedido.

    – Recíbelos, ¿sí?

    – ¿Yo? Pero…

    – Si, pero ponte sexy

    – Mmm… ¿Cómo?

    – Así: el licenciado me sube la falda hasta hacerla mini, me desabotona la blusa, me baja las copas de mi brasier y me abrocha un botón. Me acomoda el resto de la ropa. Uummm que rica te vez, así, ve a recibir las bebidas.

    – Bueno, me dirijo a la puerta tambaleante, la abro y el mesero al verme se me queda viendo de arriba abajo, me devora con la mirada. Tomo las bebidas y le pregunto ¿Cuánto es? Me dice la cantidad y le pido me espere. Sin cerrar la puerta, le doy la espalda y camino sexy. El licenciado me da el dinero, pero me pregunta:

    – ¿Te gustaría mamársela?

    – ¿A quién, al mesero? Mmm, no sé, tal vez.

    – Ándale es parte del juego.

    – Bueno, ya veré.

    – Bueno está bien, págale, pero dale su propina.

    – Regreso con el dinero exacto, pensando en la propina.

    Le doy el importe y espera la propina. Caliente como estaba, se me ocurre abrirme más la blusa mostrándole mis tetas moreteadas y con mi mano le agarro su miembro sobre el pantalón. Se lo sobo por unos minutos hasta que se le para, siento dura su verga. Me volteo y me empino mostrándole mis nalgas, el mesero se acerca, deja su charola recargada en la pared y me las acaricia, al principio con temor y después con mucha lascivia. Se inclina y me las besa, las muerde, me las chupetea. Me las abre y chupa mi panocha, me lame el culo, me mete su lengua en él; me arranca un gemido y sigue explorando con su lengua. De repente se para, se baja su bragueta y se saca su miembro, era grande y gordo. Se acerca y lo coloca en la entrada de mi panocha, la empuja y de un solo golpe me la mete toda. Desesperado, me sujeta de las nalgas, se mueve rápido y con fuerza, me la mete duro hasta el fondo. Me hace gemir, tomada de las nalgas me bombea con ansiedad, se oye como mis nalgas chocan con sus huevos, me comienza a nalguear y a enterrármela extasiado. Momentos después, de repente, me abraza y sume hasta el fondo su verga, se está viniendo, me echa muchos mocos, gimiendo se vacía todo, yo grito de placer al sentir sus mocos calientes en el fondo de mi panocha. Permanece unos momentos enterrando su verga y se separa. Con un par de nalgadas me da las gracias y se retira. Cierro la puerta, con las piernas temblorosas regreso con el Licenciado y le digo listo.

    – Mmm, qué rica propina le diste, así me gustas, puta completa, sin inhibiciones

    – ¿Le gustó licenciado, le gustó que su puta diera las nalgas a un desconocido? Para eso me trajo aquí ¿verdad?, para ser la puta que desea, para que le cumpla sus fantasías, para que sea mi cabrón.

    – Seee, así me gustas, que seas una golfa, que seas mi golfa…

    – Volvemos a brindar, he tomado demasiado, no sé cómo terminaré.

    Mi excitación y mi embriaguez me han hecho hacer lo que he hecho, no me reconozco, pero estoy caliente y me dejo llevar, ni un recato de moralidad ni de culpa, como hembra en celo busco satisfacer mis instintos voluntariamente, quiero coger y ser usada. El licenciado me pide que me recueste, me abre las piernas, explora con sus dedos mi vagina introduce dos dedos, los mete y los saca con fuerza, con desesperación y me hacer gemir con delirio, al mismo tiempo que con su lengua complementa mi placer. Me la abre y me da lengüetazos, la chupa, me hace gemir. Introduce su lengua buscando llegar al fondo, gimo con intensidad. Suena mi celular, es mi marido, son pasadas las cuatro de la mañana. El licenciado me lo pasa y me pide que conteste mientras sigue mamándome la panocha.

    – Bueno, hola mi amor, ah si ya es tarde; pasamos a tomar un café, es que nos pasamos de copas, hummm, y estamos platicando; si aquí por la Roma, aahhh si por ahí; ¿Estabas dormido o estás viendo la tele? Aahhgg échale mujuuu. ¿Cenaste, pizza? Mmm qué rico ¿Me guardaste un pedazo? te digo que se me subió por eso hablo así. El licenciado me sigue metiendo dos dedos hasta el fondo, me muerdo los labios para no gritar. Los mete y saca con ansiedad. Seee, estoy bien, mujuuu, aahhh si llego. Aahhgg, si como una media hora seee, ahhaaa, mmm ricooo, es que me estoy comiendo un pastelito, seee termino y voy para allá, uhhhuuu, está para chuparse los dedos mmm, perdón mi vida, te digo es que estoy medio tomada, aahhgg seee, todo bien, besos mi vida te cuelgo, te quierooo…

    – Así, puta así, qué puta eres…

    – Seee, soy su puta, aahhgg qué rico me mama mi panocha muy rico, como una puta, aayyy así, rico…

    En eso estábamos, cuando tocan de nuevo a la puerta. Nos miramos extrañados y me pide que la abra. Pensando que quizá era el mesero que venía por más “propina”, me acomodé la ropa de la misma forma de la vez anterior. Abro y veo que es una pareja la que tocó, de edad madura, ella enfundada en un vestido corto entallado semitransparente, de color verde limón, escotado y abierto de las piernas de ambos lados, que dejaba ver provocativamente su lencería. Su pareja venía vestido de manera casual, medio obeso, no tan agraciado físicamente. Me saludan y preguntan si pueden pasar; el licenciado grita desde el fondo, “si pasen”. Ambos pasan y amables me saludan de beso en la mejilla, ella muy cerca de mi boca.

    En el cuarto hay una mesa y nos acomodamos en ella. Brindamos celebrando la reunión y comenzamos a platicar brevemente sobre los cuatro, para después hablar sobre sexo; pero más que palabras pasamos a la acción. El tipo bajó su mano y comenzó a acariciarme la pierna mientras hablaba, la mete por debajo de la falda y hurga mi vagina. Ella muestra provocativamente los senos al licenciado, baja la mano y le acaricia su miembro. Yo abro las piernas para facilitarle la acción al desconocido, quien introduce dos dedos en mi vagina lo que me hace soltar un gemido ligero. En respuesta yo bajo mi mano y le acaricio su bulto por encima del pantalón; se lo aprieto y pronto está totalmente parado, tiene un palo grande, muy grande y grueso, trago saliva al sentirlo.

    Excitada, le bajo el cierre y lo saco, lo empiezo a masturbar, mientras él mete y saca sus dedos de mi panocha. El licenciado me pide que se la mame, lo cual hago al momento. Me separo de la mesa y me inclino para mamarle la verga, le chupo la cabeza y me da un poco de asco ya que huele a ese olor que se queda después de tener sexo. Iba a retirar mi boca de ahí, pero el tipo me toma la cabeza y me la empuja para meter su verga en mi boca. Me entra la mitad, empuja su pelvis queriendo meterla toda. Me atraganto, pero sigue empujando, casi me provoca vomitar. Me suelta un poco y le lamo su glande, le lamo sus jugos, se la succiono lo que hace que gima y me diga “¡qué rico mamas! Observo como el licenciado besa los senos de la mujer, los devora con ansiedad. Después de un rato de estarle mamando la verga, el cuate me pide levantarme y me lleva a la ventana en donde el licenciado me estuvo fajando. Me pone de frente y se coloca detrás de mí, me levanta la cadera y me sube la falda; veo que se masturba unos momentos y me lo coloca en la entrada de mi vagina, empuja con fuerza y mete la mitad de su palo; espera unos segundos y me lo mete todo, arrancándome un gemido:

    – Aahhgg, hummm, aayyy…

    – ¿Te lastime?

    – La tienes muy grande

    – ¿No te gusta, te la saco?

    – Nooo, déjela, está rica aahhh, muévete, hummm… el cuate se empieza a mover con fuerza, lo mete y lo saca en forma dura.

    – ¿Así te gusta, así te gusta que te la meta? ¿Te gusta mi verga?

    – Seee, así, así métemela, aayyy tienes una verga muy rica aahhgg la tienes muy grande, rica verga, aayyy dame duro, aahhh, seee… Al escuchar eso comienza a darme de nalgadas,

    – ¿Te gusta que vean cómo te la meto, cómo te cogen? Plaf, plaf, plaf… ¿Te gusta exhibirte, te gusta la verga?

    – Seee, me gusta que me vean cogiendo, aayyy que rica verga aahhgg, me gusta la verga rica, dame así, métela duro, hummm, aayyy, qué vergota tienes, que verga…

    – ¿Te gusta mi verga puta, la disfrutas? ¿Te gusta coger como una puta? Plaf, plaf, plaf ¡Qué ricas nalgas tienes puta, qué ricas! Plaf, plaf, plaf…

    – Seee, me gusta tu verga aahhgg, la tienes rica aayyy; cógeme como tu quieras, aahhh aayyy, ricooo, hazme tu puta, cógeme así… como una puta, aahhgg…

    Por unos diez minutos el cuate me estuvo bombeando duro, con mucha ansiedad, no dejaba de nalguearme ni de decirme adjetivos soeces. Yo gemía intensamente al sentir esa vergota dentro de mi y más cuando de un golpe me la dejaba unos momentos metiéndola hasta el fondo. Una pareja nos observaba desde otro cuarto y hacían lo mismo, sólo que ambos estaban desnudos. Busqué al licenciado para ver que hacía y vi que le metía la verga a la chava de este cuate, patas pa’rriba también diciéndole de cosas. Ella gritaba de placer. En un momento, me saca el palo y lo coloca en la entrada del ano. Me pregunta que si me gusta anal:

    – ¿Te gusta que te den por el chiquito?

    – Nooo, la tienes muy grande y cabezona, me vas a lastimar. Mientras le decía eso, empujó para meter la cabeza de su verga, nooo aayyy nooo, la tienes muy grande, aayyy… empujó más y me entró toda la cabeza; nooo, no, no, no, me duele aayyy, sácala sácala aahhgg. Empuja otra vez y me entra otro tanto, aahhgg nooo, aayyy ya no, sácala, me duele gritaba,

    – Aayyy qué, aguanta mi verga putita, lo tienes apretadito, ahorita lo aflojamos: plaf, plaf, plaf, siente mi verga puta, hasta ahí te la voy a meter, plaf plaf plaf, aguantala puta, ¡qué ricas nalgas tienes culona, sabrosas! plaf plaf plaf…

    – Aahhgg, la tienes muy grande, aayyy sácala, hummm aahhh, hasta ahí no la metas más aayyy, me duele aahhh, la tienes muy grande cabrón, tienes la verga muy grande, me lastima aahhh, hasta ahí hasta ahi, si hasta ahí aahhh, mmmm seee rico, no la metas más hummm, así, así, empiezo a sentir rico, pero no la metas más cabrón, aahhh, seee, estoy sintiendo rico aayyy, dame así dame así; qué verga tienes cabrón, que verga aahhh, seee, aahhgg…

    – ¿Te gustó mi verga en el culo puta, te gustó? Siéntela, disfrútala putita, aahhh lo tienes apretadito, rico plaf, plaf, plaf, plaf…

    – Seee me gusta, pero no lo metas toda, así así dame, aahhh tienes rica tu verga rica, estoy sintiendo rico cabrón, hasta ahí hasta ahí aahhgg me partes, así hasta ahí aayyy, qué vergota tienes, rica, cabezona, me abres le culo, así dame aayyy… nalguéame, dame más, aayyy nalguéame asi, así, aayyy…

    De repente empecé a sentir un cosquilleo en el culo, gemía intensamente, me iba a venir. Por su excitación el cuate aceleró sus movimientos y me la dejo ir toda, sentí como su verga entró toda hasta el fondo, lo que me hizo gritar e hizo que me viniera intensamente:

    – Aayyy cabrón, me la metiste toda cabrón aayyy, me rompes el culo aahhgg, la siento toda adentro aayyy, me duele aahhgg, sácala, saca tu verga, aayyy, me partes el culo, siento toda tu vergota adentro aayyy, me duele, me duele… aahhh, qué verga, qué verga tengo adentro aayyy, hummm, aahhgg,

    – ¿Quieres que te la saque, te la saco?

    – Mmmm, aayyy me duele pero no me la saques, aahhgg dame duro cabrón, aayyy así dame, así métemela, hasta el fondo aayyy, hummm, cómete mi culo aayyy, así cógeme, muévete así aayyy, asi hasta el fondo cabrón aahhgg, qué rico palo mételo todo, me estas haciendo venir cabrón, qué verga tan rica tienes aayyy que verga tan rica cabrón, aahhgg seee que rico estoy sintiendo, échame tus mocos cabrón, échamelos dame de tu leche cabrón aayyy, dáme tus mocos, aahhgg, aayyy cabrón que verga tan rica tienes, que verga tan rica aahhh, ya me hiciste venir, que ricooo, aayyy me la metiste toda seee, aayyy… así. De repente me la saca y me pide que me incline y me volteé, me pone su verga en la cara:

    – Ahí te van mis mocos puta aahhh que rico, que rico culo tienes puta, apretadito rico, aahhh, ahí van mis mocos aahhh, ahí te van calientes, disfrútalos puta aahhh…

    – Seee, échalos cabrón, embárrame con tu semen caliente, échalos todos, échalos…

    El cuate agarró su verga y la dirigió a mi cara, se empezó a venir, eyaculó mucha leche, era tanta su excitación que me embarró además de la cara, mi cabello y mis tetas, bramando se estaba vaciando todo, sacó muchos mocos de lo excitado que estaba, terminé con mucha leche encima. Al mismo tiempo, estaba term el licenciado en el culo de la chava quien también gritaba de placer, diciendo frases como: le están partiendo el culo a tu puta, le están echando todos los mocos, que rico se cogen a tu puta… gritaba a su pareja, entre otras expresiones de placer. Permanecemos en nuestras posiciones unos momentos; con movimientos lentos nos separamos y tratamos de recobrar el aliento.

    Me sentía toda embarrada, llena de mocos. Me dirigí al baño para asearme, me vi en el espejo llena de semen en mi cara y mi cabello, mis pechos estaban llenos de chupetones. Tomé papel y traté de limpiarme el semen que tenía en el cabello, la cara, mis pechos, mi ropa, hice lo que pude. Arreglaba mi vestimenta, cuando entró el cuate que me cogió y al verme chupeteada, se acerca e inclina la cabeza para hacerme dos chupetones más en mis tetas, luego besa mi boca. Le acaricié su palo el cuál permanecía aún firme, parado pidiendo más; me besó cachondamente, metiéndome un dedo en mi vagina, le dije que ya era tarde, que ya me tenía que ir, le pregunté la hora y me dijo que eran las 5:30 de la mañana, borracha y excitada como estaba le dije que era tardísimo, que mi marido me esperaba. Me dijo que si la persona con la que estaba no era mi marido, le dije que no. Con cara de sorprendido, se río pícaramente.