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  • La estocada final

    La estocada final

    Hola de nuevo. Esto ocurrió en mi primer año de universidad. Estudié Ingeniería Industrial, por lo cual no había muchas mujeres estudiando mi carrera, y las que había tampoco destacaban en exceso. Pero había cierta muchacha que, si llamaba mi atención, se llamaba Andrea. Andrea era una chica rubia, con ojos verdes, no estaba delgada pero tampoco gorda, y de tetas y culo no estaba mal.

    La primera vez que interactuamos fue de casualidad, ya que eran los primeros días, no tenía amigos en clase, y decidí juntarme con unos chavales que justamente eran amigos suyos, entonces hicimos algo de piña. Después de ese día, yo me quedé con su cara y decidí hacer un poco de «stalkeo» para encontrarla en Instagram. No fue difícil encontrarla, ya que no tenía un nombre extraño, y ahí comenzó la operación. Comencé reaccionándole a las historias para romper el hielo, y posteriormente intentando conversar algo.

    Reaccionaba bien, las conversaciones parecían fluir, y un día decidí pedirle el teléfono para hablar mejor por WhatsApp. Por clase la veía muy de vez en cuando, ya que abandonó varias asignaturas y no coincidíamos en ningún grupo de prácticas, así que tuve que avanzar vía WhatsApp. Hablábamos la gran mayoría de los días durante todo el curso, pero la gran mayoría de las veces que intentaba quedar con ella me daba largas, y las veces que quedamos tampoco paso nada especial. Nos lo pasábamos bien, nos reíamos, pero no se la veía receptiva, no parecía querer algo conmigo. Y así fue pasando el curso, sin pena ni gloria respecto a este tema, y llegó el verano. Como cada verano, yo solía ir a las fiestas de pueblo que me enterara que hubiese cerca, y ese año justamente coincidió que planeamos ir al pueblo de Andrea. Yo tenía la esperanza de verla (e intentar dar la estocada final) y se lo comenté por WhatsApp para saber si iba a estar o no.

    ”Si, allí estaré. Vente y nos tomamos algo tú y yo, que ya tengo ganas de verte” -me contestó ella. Finalmente fuimos a la fiesta, y por el camino les estuve comentando a mis amigos la situación que tenía entre manos: que yo a esa fiesta iba a ver si resolvía el tema, y que iba a estar un tanto ausente. Llegamos y allí me encontré con ella. Llevaba una falda negra a juego con una blusa de ese mismo color, esa noche estaba imponente. La saludé con 2 besos, y nos estuvimos tomando unas cervezas en la tasca mientras conversábamos.

    El tiempo fue pasando, el número de botellines que nos bebimos no paraba de aumentar y el alcohol empezaba a subírsenos a la cabeza. Llegó un punto que nos empezamos a mirar muy fijamente mientras hablábamos

    Andrea: ¿Qué pasa, Marcos, que me miras de esa manera?

    Marcos: Puff, es que estaba fijándome en lo guapa que estás hoy, y me he quedado atontado

    Andrea: Jajaja, que tío, oye

    Marcos: Y ya metidos en harina, realmente hoy he venido a esta fiesta por ti, porque… No sé cómo decirte.

    En ese momento Andrea se lanzó a mi boca, y yo la seguí, uniéndonos en un beso de esos que parecen eternos. “No tienes nada más que decirme”-dijo Andrea al acabar, agarrándome de mano con dirección a su casa. Al llegar a su casa me di cuenta de la situación tan a mi favor que se había formado: era la noche de la fiesta del pueblo, por tanto, su familia probablemente seguiría en la fiesta al menos unas horas más en las cuáles Andrea y yo tendríamos la casa sola para “la estocada final”.

    Nada más llegar a su casa no perdimos el tiempo: fuimos directamente a su habitación y allí no empezamos a desvestir mientras nos besábamos. Ella se quitó la blusa y la falda, quedando en ropa interior. Yo a ese punto ya me había quitado la camiseta y estaba desnudo de cintura para arriba, y con esa visión de frente yo no me pude resistir. La tiré contra la cama de forma brusca y comencé a besar cada centímetro de su piel descendiendo desde su boca dirección a su coño. Pasé por su cuello, posteriormente llegué a sus senos, donde tras haberle quitado el sujetador me dediqué a sobarlos y a chupar sus pezones, luego llegué a su ombligo, donde tenía un piercing que me excitaba cada vez que lo veía, y estuve un tiempo dándole vueltas a esa zona. Mónica gemía cada vez que le daba una chupada, y finalmente decidí que era el momento de bajar del todo. Le bajé las bragas de un tirón, y me sumergí en su coño. Ella gemía cada vez con más fuerza hasta que llegó a su clímax.

    Acto seguido, ella se levantó y comenzó a desabrochar mi pantalón. Después de todo esto, yo ya tenía mi polla como una piedra de dura y en posición de ataque, por lo que, al ser liberada, salió disparada casi impactando en la cara de Andrea. Se ató bien la coleta, me empezó a masturbar y de vez en cuando le daba algunas chupadas, pero no se la veía muy ducha en ese arte, por tanto, le dije:

    -“Déjalo reina, vamos al turrón”

    Ella soltó una risita, dejó mi pene y se puso en cuatro en la cama mientras movía el culo. Yo entendí lo que quería, por lo que fui a buscar mi cartera (que era donde traía los preservativos por si la situación lo requería), pero al ver esto Andrea me frenó:

    Andrea: Marcos, ¿qué haces?

    Marcos: Pues por el material de protección, que no tenía intenciones de ser padre aún

    Andrea: JAJA, que chaval, tu por eso no te preocupes, que tomo la píldora.

    Marcos: Ah vale, no sabía, esperemos que no me pegues nada entonces jaja

    Andrea: Jaja que puto subnormal, ven aquí anda, que te voy a dar la noche de tu vida.

    Me puse detrás de ella, le introduje mi miembro y comenzó el mete-saca. Empecé lento y fui subiendo gradualmente la velocidad, a la vez que decidí agarrarla de la coleta. Así estuvimos un rato hasta que estaba a punto de correrme y le dije de cambiar de posición para seguir un rato más. Le dije que si nos poníamos en cucharita, y a ella pareció gustarle la idea. Me puse detrás de ella y empecé a bombearla a la vez que ponía mis manos en sus tetas. Los dos gritábamos sin ningún tipo de filtro, ya que no había nadie en casa, y no había nadie que nos pudiera oír. Tras un rato dándole, yo ya estaba por correrme y se lo susurré al oído mientras gemía:

    Marcos: Mónica, me voy a correr

    Andrea: Mmmmm, repite eso, papi.

    Marcos: Me voy a correr, mami

    Andrea: Mmmmm…

    Marcos: ¿Dónde te lo echo?

    Andrea: Échamelo adentro, papi

    En ese momento, mi polla estalló y me corrí en su coño. Ella gimió fuerte, y creo que se corrió también. Tras esto, nos limpiamos, me vestí y me despedí de ella con un beso, yendo en la busca de mis amigos.

    Tras esto, tuvimos algún que otro encuentro más, pero eso es otra historia…

  • Mi marido me ofrece como regalo de cumpleaños

    Mi marido me ofrece como regalo de cumpleaños

    Nadie sabe cómo van a salir las cosas.

    Tengo varios años de casada con mi marido; como toda pareja, tenemos nuestros días buenos y malos; pero sexualmente, creía que no nos faltaba nada. El único problema es que él es muy dependiente de sus amigos; esto provocó lo que voy a contar.

    Cierta ocasión, el llegó a casa con uno de sus amigos; me dijo que era su cumpleaños y que estaba festejándolo. Se tomarían un par de cervezas y se iría a su casa. Se quedaron en la sala viendo un partido y platicando, yo me subí a mi habitación. En un momento, bajé por agua y vi que hablaban en voz baja. De repente, mi marido me dijo que si no quería tomarme un trago con ellos; pude ver de reojo que ponía algo en el trago que me ofrecía. Le dije que sí y me acerqué a ellos. Sin que lo notaran, cambié mi vaso por el de mi marido.

    Nos terminamos los tragos y le dije que me iría a mi cuarto; después de unos minutos, baje y su amigo trataba de despertarlo.

    Le pregunté que había pasado. Me contestó que se había quedado dormido. Le reclamé que yo había visto que le pusieron algo a mi bebida; en su borrachera me dijo que él le había prometido que yo sería su regalo de cumpleaños; que le daría permiso de cogerme con condón y que yo nunca me daría cuenta; también me dijo que él había usado a su esposa en su cumpleaños.

    Le dije que lo atara al sillón; el obedeció.

    Lo desperté. Cuando estuvo despierto, me vio sentada con su amigo.

    – Me dice que yo soy su regalo de cumpleaños. Ya se lo prometiste, vamos a cumplirlo. -le dije mientras me quitaba la bata de dormir.

    Estaba yo completamente desnuda enfrente de su amigo, me hinqué, le saqué la verga y la empecé a chupar. Su amigo se revolvió de placer al sentir mi boca alrededor de su falo. Tenía una verga mas grande que mi marido; eso hizo que me empezara a mojar.

    Líquido salía de su punta, lo chupe con deleite; tenía un sabor distinto al de mi marido, me gustó.

    Me senté a horcajadas sobre el falo y me lo enterré de un golpe; el bufó de placer, yo gemí de placer. Mi marido gritaba que se pusiera el condón; lo volteé a ver y le dije que un regalo de cumpleaños se daba completo. Su amigo me manoseaba las nalgas y me chupaba los pezones, excitándose y excitándome. El primer orgasmo me llegó y mi cuerpo tembló de placer; mi vagina se contraía con los espasmos y lo hacían gemir de placer a él.

    Me puso en el suelo, se quitó la ropa por completo y me siguió cogiendo. Mi marido se revolvía mientras veía como su amigo disfrutaba de mi cuerpo. Me cogió de diferentes maneras enfrente de mi esposo; me provocó múltiples orgasmos.

    Dijo que estaba por venirse; mi esposo le gritó que se saliera, que no terminara adentro de mí; lo agarré de las nalgas y lo apreté a mi cuerpo.

    – Acábame adentro, échame tu leche adentro para que me venga otra vez. -le dije mientras me convulsionaba de placer.

    Al oír lo que le dije, se enterró hasta el fondo y gruñó como un animal; se vació en lo más profundo de mi vagina, pude sentir su verga palpitar mientras escupía su leche; perdí la cuenta de los chorros que me inyectaba; al sentir su semilla ardiendo, me volví a venir sin poder controlar mis piernas.

    Se salió de mi, se vistió y se fue sin decir palabra. Me levanté del suelo, la leche escurría por mis piernas.

    Me acerqué a mi marido, abrí mi vagina; un borbotón de semen salió.

    – El día que quieras volvemos a dar otro regalo. -le dije mientras lo desataba.

    Camine a mi habitación, recordando lo que había sucedido. Ese olor de sexo me estaba excitando otra vez…

  • Noche de sexo con una clienta

    Noche de sexo con una clienta

    Tengo 25 años, trabajo como camarero en un restaurante, un día llegó una clienta de aproximadamente unos 45 años que al verla me dejó fascinado… Era una mujer de cabello castaño, aproximadamente una altura de 1.70 cm. Un rostro que no demostraba su edad, tez blanca, cintura delgada sus pechos eran redondos no muy grandes, pero bien puestos en su lugar aun así se notaban bastante, muslos grueso y unas nalgas firmes y levantadas… Ese día ella lucía un top negro con tirantes con un pronunciado escote con el cual se podía admirar sus bellos senos sostenidos por un sostén negro de lencería, un pantalón de cuero ajustado del cual por detrás se le marcaba su ropa interior, un cachetero que al parecer cubría solo la mitad de su trasero.

    Yo quedé enloquecido al ver semejante mujer ya era algo tarde y esa mujer me tenía muy caliente, ella se fue del restaurante, yo terminé mi trabajo y salí también de hay más sin embargo me topé con ella en el ascensor.

    –Oye muchas gracias por tu atención… –dijo ella

    –No te preocupes fue un placer… Además una mujer como tu merece un trato especial.

    Ella se sonrojó en ese momento yo le pregunté si quería tomar un trago conmigo y ella accedió.

    Llegamos a un bar que se encontraba cerca del negocio donde tomamos una cerveza y comenzamos a hablar.

    Ella me dijo:

    –Vaya que me diste un trato especial… Al parecer no parabas de mirarme.

    –La verdad es que me pareciste muy atractiva… –dije esperando cualquier cosa.– Seguro que su esposo goza mucho de su compañía.

    –La verdad es que soy soltera

    Yo le respondí:

    –Eso me parece perfecto… –lanzándome a sus labios, dónde nos besamos con mucha pasión.

    Yo coloqué mi mano en su rodilla, lentamente la subía por su pierna hasta que llegué a su trasero, ella me detuvo y me dijo:

    –Espera vamos a otro lugar… –mientras buscaba algo en su bolso mi instinto me guío a mirar su espalda, degustar su postura sentada, su ropa interior comenzaba a asomarse.

    Al salir notamos que no teníamos transporte, pero nuestras ganas por hacer el amor nos podía, así que yo le sugerí que nos fuéramos al restaurante hay estaríamos solos.

    Íbamos caminando yo admiraba sus pechos botar mientras caminaba cuando entramos cerramos la puerta

    Ella me llevo hasta una mesa donde nos besábamos desenfrenadamente, yo besaba su cuello, acariciaba sus nalgas, comencé a desnudarla comenzando con su top dónde mire sus senos brillantes por el sudor, después si pantalón dónde por fin pude sentir sus nalgas en su máxima plenitud, ella se puso de rodillas saco mi miembro y comenzó a hacer un increíble sexo oral… Ufff esa mujer era una experta. Después la coloqué de espaldas arrinconada contra la pared donde le devolví el sexo oral… Era increíble yo lamía su sexo mientras tenía sus nalgas en mi cara.

    Después la coloqué en una mesa sin miedo a nada comencé a penetrarla mientras ella se movía solté su sostén sus pechos quedaron en la misma posición.

    Yo la agarro del cabello mientras nos movíamos, ambos gemíamos por el increíble placer que se sentía. Después ella me sentó en la silla ella se montó sobre mi.

    Mientras me cabalgaba sus pechos botaban en mi rostro y yo trataba de atraparlos con mi boca… No aguantamos más y casi al mismo tiempo nos acabamos entre gemidos de placer… Después nos fuimos a un hotel donde hicimos el amor toda la noche.

    Después de eso no volví a saber de ella, pero fue una experiencia increíble.

  • El recuerdo de Saddy

    El recuerdo de Saddy

    Saddy no quería quedarse así. Su cabeza le hervía envuelta en una nube de alcohol, llena de oscuridad, ganas de singar y sudor. No se dio cuenta siquiera de cuando empezó a jugar con sus tetas y acariciarse en las entrepiernas. Se le vino a la mente rápido como mamó pinga esa noche y se la singaron en el sofá diciéndole cochinadas. Cada vez estaba más caliente cuando el volvió. Se quedó parado a su lado con el cansancio en el rostro mirándola como se masturbaba. A ella le gustaba mucho su cama nueva. Tenía una altura perfecta que le dejaba la boca a la altura de las portañuelas. A ella le encantaba masturbarse. Le gustaba mucho como la miraban cuando lo hacía, y como lo daba todo. Le tiro en la cara su mirada más felina y retadora llena de ron, mientras del bollo le chorreaba la saliva.

    Cerro los ojos. Recordó cómo llegaron esa noche, jamoneándole las nalgas, jugando entre risas para que no la encuerara en la calle y metiéndole la mano entre los muslos mientras abría la puerta de su casa. Cerraron poniendo la botella en el piso y entre una ola de ron y mareo ella le puso contra la puerta y se le echó encima cogiéndole la boca. Le dio la espalda después y poniendo las manos hacia atrás en la puerta, empezó a restregarle el culo contra su cuerpo. Al ritmo de la música en su cabeza, y otra ola de alcohol que le robaba la vista, Saddy se contorsionó suavemente sintiendo la tranca dura contra sus nalgas, mientras se echaba hacia adelante con los ojos cerrados abriendo la boca en su delirio y buscando con su lengua una pinga como la que sentía en su trasero.

    Con un tirón del pelo la atrajo hacia él. Ella lanzó una exclamación y él le tapo fuerte la boca con una mano mientras la agarraba del pelo con la otra. Escucharon en silencio varias voces acercarse por la acera. Saddy respirando por la nariz y riéndose metió las manos entre los dos zafándole el pantalón y sacándole el miembro. Sobándoselo y mirándole a la cara con una sonrisa le dijo en desafío: «Quiero pinga. Dale. Ábrele la puerta a esos negros para que me cojan por atrás» «Ja, No sí, So singá!” Él le jaló el pelo hacia abajo y ella entre risas calló de rodillas sin poder poner resistencia, mareada en una bruma de ron. Sintió la tranca grande y gorda que le pasaban por toda la cara. «Mámame la pinga» le dijo cuando él cuando la escupió, y enseguida ella empezó a lamerla y chuparla sin preámbulos. «Mamamela así, chupamela… tragatela» le ordenaba y ella obedecía con gusto. Él lanzó un largo suspiro echando la cabeza atrás cuando ella se la metió toda hasta el fondo.

    A Saddy le gustaban esas reacciones cuando la tenía en la boca. Pero más le gustaba provocarlos: “Mira, en mi cartera esta la llave de la calle. Cógela y…” Su respuesta fue inmediata: Agarrándola fuerte por el pelo le hundió la pinga en la boca, y atrayéndola hacia él, se inclinó y le descargó dos fuertes nalgadas en todo el culo. Ella dio un fuerte alarido que se tradujo en un estertor y un mar de saliva que le salpicó por la boca cuando la pinga le entró hasta la garganta. Saddy se excitaba mucho cuando la trataban duro y algo dentro de ella reconoció que había dado con uno bueno. Sabía que su grito tenía que haberse escuchado en la acera, y las nalgadas a media cuadra, pero eso no importaba ya. Ahora no podía respirar. Él le había empujado el pene hasta lo más profundo de la faringe y le agarraba fuerte la cabeza con ambas manos. “Suéltame, no puedo respirar” Trató de decir luchando con las manos mientras él se negaba a soltarla.

    Trató de mirarlo a los ojos mientras se mareaba y le colgaban ya los brazos a los costados por la falta de oxígeno. “Todavía quieres unos negros para que te cojan el culo??” Le pregunto mirándola entre una niebla de alcohol y desprecio. Mientras se le nublaba la mente, perdió toda motricidad de la boca y el resto del cuerpo. En ese punto Saddy era un juguete sexual sin voluntad. Al sentir ya la suavidad de su boca él le embistió la pinga en la garganta varias veces tirándole del pelo con todas sus fuerzas y soltándola antes de que se desmallara ya. Saddy recuperó el aliento entre toces, con la cara embarrada de saliva y lágrimas por el esfuerzo. “Hay coño, por poco me ahogas!” protestó mientras se quitaba la saliva con las manos y con torpeza se embarraba mas la cara.

    El con los ojos inyectados en alcohol la miró como un lunático. “Te dije que dejaras de mamármela?” Ella lo vio zafarse el cinto. Una corriente de excitación le corrió por el cuerpo y rápidamente se la agarro con una mano pajeándolo, y sin parar abrió toda la boca y se lanzó sobre su pinga mamándosela como una loca. El la agarró por el pelo mientras se la chupaba con fuerza y se la hacía tragar hasta el fondo. “Me encanta esa mirada de puta enferma. Es para mí?” le preguntó él. Era una pregunta retórica. Saddy no se detuvo para contestar, ya no iba a resistirse más y se lo quería dejar claro. Con un ágil movimiento se zafó arriba el vestido sacándose las tetas sin parar de mamársela. Entonces mientras se la tragaba de nuevo de un tirón, abrió las rodillas acariciándose los muslos cuando se arqueó como una gata, y con ambas manos se subió el vestido para que le viera sus nalgas blancas y como la tanga negra se le perdía en la raja del culo. Ella estaba ya muy caliente y él también.

    Con dulzura él le metió los dedos entre el pelo y Saddy se la tragó más gustosa. Bajó las manos siguiendo su cuello buscando la espalda. Las manos la acariciaban sin detenerse buscando el sur y ella podía sentir claramente como le clavaba la mirada en el culo. Rápidamente pensó una forma de hacerle cambiar de idea. «Dame leche, papi» le dijo. Dispuso más saliva, se empapó la boca, y sacando la lengua lo más que pudo empezó a tragársela suave y profundo. Agarrándole por las caderas comenzó a empalarse en su pinga por la boca. Notó el cambio al momento. Lo sintió dudar. Tambalearse entre agarrarle ese culo macizo y cogérselo con todas las fuerzas y el descontrol del alcohol; o seguir disfrutando la gloriosa y dulce garganta que le regalaba sin descanso entre ríos de saliva.

    Su boca hacia un buen trabajo porque lo sintió retorcerse y apretarle duro la carne en la espalda. “Que rico mamas so puta!” le dijo. Saddy ahogó un quejido de dolor y con un suspiro sumiso le dijo: «Llename la cara de leche» y reanudo el movimiento sin parar. Pero las manos continuaron bajando suavemente. Las sintió acariciándola y metiendo los dedos entre su piel y su tanga negra. Sus dedos le agarraron el culo. Tenía las rodillas muy separadas y ahora sentía como las manos que le apretaban las nalgas, tiraban de sus carnes blancas con fuerza y le abrían el culo por completo. Saddy insistió más y esta vez se la chupo más rápido. Desconsolada sintió como unos dedos se deslizaron en la raja del culo y le invadían el ano.

    Con rapidez le sujetó con fuerza las muñecas con las manos y sin sacársela de la boca hizo con la cabeza un vigoroso gesto de negación: Era la última carta que tenía. Entregado el mensaje, reanudo su labor con suavidad pero no le soltó las manos. Derrotado, él las levanto suavemente entrecruzándolas en la cintura de ella y lanzando una boconada de resignación mientras sentía como su boca le acariciaba el glande. Fuera de peligro Saddy le acaricio las manos con las suyas y esta vez le dio unos besos con suavidad chupándole el pene con ternura y pasándole la lengua por el glande mientras le miraba a los ojos con otro mensaje: “Todavía soy tu perra y puedes hacerme muchas cosas”. Él le cruzó con suavidad las manos subiéndoselas por la espalda. “Es ahora!” se dio cuenta Saddy. El sexo despechado, vengativo, y furioso.

    Usando su cinto él le amarró las manos en la espalda con firmeza. Lo había visto zafárselo y no le había quitado la vista de encima. Sabía lo que iba a pasar. Él la aló de rodillas por el pelo poniéndola de espaldas contra la puerta de la calle. La cogió firme por el cuello mientras se inclinaba. La cabeza le explotaba de excitación. “Voy a llenarte la boca de leche, y te voy a dar una tranca que te vas a desmayar”. “Tú no sabes lo que yo aguanto o no”. “Sé que no me aguantas la pinga en el culo, soputa!”. “Eso tampoco lo vas a saber, maricón!” Él le escupió con fuerza en la cara y antes de que Saddy pudiese exclamar, le metió la pinga por la boca abierta. Rápidamente comenzó a embestírsela con fuerza en la boca como si se la estuviera singando contra la pared. “Que boca tienes, puta!”. Saddy tenía los pezones como piedras. Sin poder usar sus manos, y atormentada contra la puerta, se tragaba sin una queja cada embestida y se humedecía la boca cada vez que él le pasaba la pinga por toda la cara o le daba con ella en la lengua.

    De nuevo se acercaban voces por la acera. “Párate!” Le obligo cogiéndola por el cuello. Saddy se puso sobre sus piernas y rápidamente él le tiro duro del pelo hacia atrás obligándola a mirar para el techo. «Quiero más. Dame pinga» le dijo ella. “Ven para acá” Empezó a caminar insegura y desorientada solo mirando el techo y los ojos de él. “Me encantan tus tetas, me encanta tu culo” dijo mientras la toqueteaba. Saddy se movía nerviosa y perdida con la boca abierta “Estoy al ganarme otra escupía” pensó, cuando le llegó una inevitable en toda la cara que el hizo cerrar los ojos con un quejido de sorpresa. Él la tiro con brusquedad en el sofá, le empinó el culo y le dio 4 soberanos azotes en las nalgas ahogando sus gritos hundiéndole la cabeza en el sofá. Le tiro de nuevo del pelo arrodillándola para mirarle la cara. Cuando cogió aire de nuevo, Saddy tenía las nalgas al rojo vivo y estaba completamente desorientada en la oscuridad. Los ojos entrecerrados por el alcohol, la boca abierta buscando aire, y la cara roja con el maquillaje corrido por la saliva y las escupías en la cara. “Algo que decir?” le pregunto él susurrándole justo en la boca mientras la olía con avidez. Saddy perdida por el alcohol escupió un poco de saliva que le corrió sin fuerzas por el mentón entre los pelos de gatos. Cerró los ojos y sacudió la cabeza despacio. “Todo perfecto!” le dijo escupiendo de nuevo «Síngame». La giró entonces contra la pared, poniéndole la cabeza en el espaldar, las rodillas abiertas en el sofá, y las nalgas hacia sí.

    Despacio y tomándose un minuto le subió otra vez el vestido, descubriendo de nuevo sus muslos coronados con su culo grande y acariciándola con las manos. Ella lo miraba hacer por el costado escupiendo todavía pelos y respirando mareada mientras le jamoneaban las nalgas. «Cuando termine contigo vas a lamentar no haberme dado el culo» le dijo él. Saddy no atinaba a nada. Tenía la cara descansando en el espaldar y tomó conciencia entonces de que estaba llena de pelos de gatos por todo el vientre hasta la cara empegostada. Pero no pudo llevar la idea más lejos. Un profundo lengüetazo en el culo lanzo un escalofrió por su espalda. Echándole a un lado la tanga él comenzó a mamarle el culo despacio durante un rato, mientras sus manos le apretaban las piernas subiendo despacio por sus muslos gruesos y hundiendo la cara en sus nalgas. Saddy se relajaba y se mojaba sin control “Ay, …ay, …ay” sollozaba con los ojos cerrados, con un lengüetazo tras otro. Tenía las nalgas y el culo completamente abiertos sin resistencia alguna, sintiendo su lengua deleitándose con el.

    La única atención dulce que estaba teniendo con ella en la noche e iba a terminar mal. “Hijo de puta… ahhh… si me mete un dedo me rompo”. Saddy sentía como le apretaba las nalgas y le abría las carnes para meterle la lengua. «Ayy, pero porqué me quieres dar por el culo?» Le dijo ella en un quejido. Súbitamente él se levantó y fue hasta la puerta. Ella lo miro allí escuchar la calle en silencio. Se desvistió rápido, recogió la botella del piso y volvió desnudo tomando ron. “Mira eso que culo más rico tienes. Toma!” le ordenó poniéndole la botella en la boca. Era inminente que le partieran el culo y ella no iba a hacer nada. Saddy le miro la pinga gruesa entre temerosa y excitada. Abrió grande la boca y trago dos buches de ron que le quemaron el alma y se le fueron como un ciclón para la cabeza. Él se puso tras ella y para su sorpresa comenzó a metérsela por la tota. Saddy se sintió de pronto confundida y traicionada empinando el culo en una insinuación desesperada, mientras la pinga gorda que la rellenaba con gusto la calentaba poco a poco.

    Ella lo miraba de lado, callada y amarrada como estaba. Lo veía hacer, acariciándole el pelo y las tetas, recorriendo su carne blanca con la mirada, disfrutando de la vista metiéndole y sacándole la pinga despacio. Sus ojos se encontraron. Ella estaba roja del placer creciente, pero lo miró seria sin que un suspiro saliera de su cuerpo. “Que te pasa, no te gusta?” le pregunto mientras le embistió 3 pingazos duros. Ella los resistió conteniendo el aliento y sin mostrar placer. “Querías que te cogiera el culo. Dímelo” Ella viró el rostro contra la pared y cerró los ojos excitada: “Aquí viene!” Una galleta le dio en la cara “Dímelo!”. “Siií!”. El empezó a signársela más rápido, ella bufando enterró la cara en el espaldar. “Pídemelo!” le dijo agarrándole las nalgas y metiéndole la pinga más duro. Ella cerró la boca con fuerza contrayéndose toda. Quería aguantar solo un poco más. “Pídemelo!” Le ordeno el levantándola por el pelo y apretándole una teta con otra mano “Hay! Siii!”. “Pídemelo!!”. “Ahh! Cógemelo”. Arqueándola con fuerza por el pelo con las dos manos y haciéndola mirar el techo le ordenó “Pídemelo de nuevo!!”. “Cógemelo! Cógeme el culo!!” le dijo Saddy excitada “Perra!” le respondió escupiéndola de nuevo y restregándosela por toda la cara. “Menéate” le ordeno él obligándola a mover las nalgas.

    Ella obedeció al tiempo que él empezó a singársela más rápido cogiéndola de las caderas. «Ay…» Saddy con la cara chorreandole saliva, comenzó a excitarse rápidamente mientras la rellenaban a toda velocidad. Así contra la pared forsejeó pidiéndole que la soltara. “No, porque eres mi perra, puta” El siguió ahora encajándosela más duro sin parar, mientras ella con exclamaciones ahogadas por las nalgadas, no paraba de moverse abriendo sus muslos y sus nalgas ofreciéndose completa para él. “Sucia! Dime que eres mi perra! Dímelo!” Le ordeno de nuevo clavándosela sin descanso. Saddy con las nalgas rojas y estremecida por cada embestida balbuceó ahogada. “Yo Soy tu perra! Soy tu perra sucia! Me gusta que me escupas. Métemela, métemela duro! Me gusta sucio!”.

    Él le dio dos nalgadas con la derecha y le agarro la nalga con firmeza. “Toma puta!!” le dijo. Saddy estaba ardiendo de gusto cuándo le puso la otra mano arriba de las nalgas, y le empujó el pulgar izquierdo por el culo, lento pero sin detenerse hasta la misma base. Ella sintiendo la espuela cerró los ojos y abrió la boca en un grito ahogado. Después, pasado el momento inicial, Saddy respiraba con la boca abierta relajando el vientre enseguida para recibir la gruesa espuela en el ano. Él le metió el pulgar varias veces seguidas, leyendo siempre su cara. Ella seguía concentrada con los ojos cerrados y respirando por la boca abierta mientras su pulso se acompasaba y dejaba caer los hombros relajados y sentía el pulgar moverse en su culo sin resistirse. «Saca la lengua como una perra» le ordeno.

    Ella obedeció sacándola, jadeando, y lamiendo su saliva. «Ay me gusta. Sigue. Quiero más» Saddy ya no tenía barreras. Estaba abierta a todo. «Métemela, métemela, anda». “Así… así… Ves que no era tan dificil?» Aprobó él. «Pero será en otro momento” le dijo soltándole el culo y singándosela de nuevo con saña. La liberación al tiempo que empezaron a clavársela duro y sin parar mandó un terremoto por todo el cuerpo de Saddy pero abruptamente él la tiro al piso y poniéndole la cabeza en el sofá, con la obsesión de llenarla de leche, empezó a metérsela sin parar en la boca como a una muñeca inflable.

    Recordó cuando volvían del concierto. Ella no se quería dejar toquetear en la calle y la amenazó entre risas con dejarla ahí para que los negros que venían detrás le cogieran el culo y le llenaran la cara de leche. Saddy se excitaba sin parar de tocarse, cuando lo sintió sentarse a su lado, acariciándole el pelo sin dejar de mirarla hacer. Ella le acaricio el rabo con una mano, abriendo la boca, mientras sentía como le paraba la pinga. Pensó un segundo en sacar un consolador para acelerar las cosas, pero en su “humilde experiencia” la idea le pareció peligrosa. No sabía en qué hueco terminaría en las manos de él (o sea, si sabía!), y ya le había dicho que no lo iba a hacer. Abrió los ojos y lo vio acariciarse la pinga con la mano “Perros… te acaban de conocer y ya quieren cogerte el culo”.

    Se acordó de una relación larga que había tenido, y la noche del cumpleaños de él. Llevaban un mes de relación e invitaron a un par de amigos a comer. Saddy pasó la tarde cocinando y ajetreada de un lado para otro hasta que llegaron las visitas. Por eso recordaba la ropa que tenía esa noche porque no se había cambiado. En camiseta negra, y un sacachispas de mezclilla muy usado cenó y brindó con todos. Recordaba cuando en la sobremesa empezaron a tomar, y los temas de conversación saltaron de un lado a otro hasta caer en su ropa. Con algunos tragos en la cabeza empezó a hablar de los beneficios de la prenda y de cómo la usaba para manipular a su novio cuando quería pedirle algo; y se levantó por la cocina explicándoles cómo se encajaba mas el short y se ponía a ajetrear para que él le viera las nalgas. Saddy sentía todas las miradas clavadas en ella cuando hablaba.

    Entre risas se ajustaba el short enseñando los cachetes mientras explica como empinaba el culo o habría las piernas al buscar cualquier cosa. Ella sentía como todo el mundo disfrutaba de la historia excepto él, que empezaba a mirarla turbio. Después pusieron música mientras bebían y ella bailó con todos hasta que él fue al patio a buscar agua y no volvió. Ella salió entonces y se lo encontró recostado al fregadero, con el cubo de agua lleno y bien molesto. Discutieron un rato sobre su exhibicionismo, pero la cosa fue aplacándose poco a poco hasta que uno de sus amigos salió a preguntar si estaban bien. Cuando vio que el aire estaba denso disimuló y volvió adentro. Él entonces la atrajo hacia sí y la besó largo en la boca con toda la furia contenida mientras la cogía por el pelo.

    Saddy sintió un corrientazo cuando le devolvió el beso abrasándolo, y con las manos de él acariciándole las nalgas. De pronto él le agarró el short , y tirando de él se lo encajó más dejándola casi con el culo al aire. Ella noto que estaba muy molesto, pero sobre excitado y con el pene bien duro. “Oye me estas encuerando” El sin hacerle caso se sacó el pene y la hizo cogérsela con una mano. “No se va a ver nada que no le hayas enseñado a todo el mundo ya” La agarró por el pelo y el cuello, y ahorcandola, la atrajo hacia si besándola de nuevo. Saddy con los tragos en la cabeza y las nalgas afuera se movió con torpeza bajo la pobre luz del patio. Mientras le chupaba la lengua en un beso profundo y la ahorcaban, le sobaba la pinga de arriba abajo. “No, que va a salir alguien de nuevo…”. Le dijo apretándole el rabo y pajeándolo por instinto a punto de desmayarse, mientras sentía casi ya el sabor del pre seminal en los labios. “Aquí no va a salir más nadie ni pinga” le dijo él al tiempo que la ponía de rodillas por el pelo de un tirón y le empujaba toda la pinga en la boca.

    Ella solo atinó a poner las manos en sus muslos para nada. La agarró por la cabeza y con ambas manos la alaba hacia él clavándosela con fuerza hasta la garganta. «Mama puta» Entre salivazos Saddy mamaba tragandosela toda. En un momento, recordando donde estaban, trato de detenerlo con las manos y sintió 3 cortas galletas en la mejilla izquierda “Dale, enséñame el culo” Un chispazo en su cabeza la hizo excitarse intensamente. Sin parar de mirarlo, y sin poder sacársela de la boca, se encajó más el short en el culo con las dos manos sacándose más las nalgas. Él le echó la cabeza hacia atrás, le puso el miembro encima de la lengua, y le dejó caer una escupida para mojárselo más que la salpico en la boca. Entonces le pasó el pene por toda la cara, embarrandola de saliva. Saddy tenía un calentón ya muy fuerte. Se tragó la pinga con toda la saliva agarrándola con una mano, mamando frenéticamente y arqueándose para enseñarle bien el culo como a él le gustaba.

    Ella la chupaba pajeándosela duro. «Trágatela» le dijo él empujándosela en la boca. De pronto se detuvo. “Saca la lengua” Ella lo miró “Saca más la lengua, puta” le dijo dándole una galleta. Saddy tenía la cara roja y aunque tenía la pinga en la garganta obedeció con un esfuerzo y empujo como pudo la lengua hacia afuera. Entonces sintió como se la metía aún más adentro. “No la metas” le dijo él cuando la sintió hacerlo en un acto reflejo. Ella obedeció sacando la lengua de nuevo y sintiendo como le empalaba la garganta. Él se la metió y se la saco despacio mirándola someterse y por último la volvió a meter hasta el fondo y se la dejo ahí agarrándola por la cabeza. “Mírame!” le ordenó. Respirando por la nariz con dificultad, con la boca empalada, le obedeció con los ojos aguados por el esfuerzo. “Tú no eres la puta de ellos para estar enseñándoles el culo” Babeando y semi ahogada ella lo miraba a los ojos. “Levántate” Le dijo sacándosela de la boca y halándola por el pelo.

    Saddy se paró arreglándose el pelo, tosiendo y tragando con dificultad. Tenía la camiseta chorreada de saliva y los pezones que querían romperla. Él la empujó contra la meseta del fregadero, la abrazo por la espalda agarrándole las tetas y comiéndole el cuello. Saddy tenía la cabeza hirviendo y la cara roja cuando sintió su tranca gruesa contra las nalgas y entre suspiros se la agarro firme sobándosela de nuevo de una punta a la otra. Él le desabrochó el short y le metió una mano bajo el ombligo palpando la piel suave y afeitada. La agarró por la garganta con la otra mano, y siguió más adentro metiéndole los dedos y descubriendo su bollo empapado, mientras ella excitada no paraba de pajearlo. De pronto le tapó la boca y le descargo dos duras nalgadas que la hicieron rugir ahogada. De un tirón le bajo un poco el short y la empujo por la cabeza cuando le ordenó alejándose: “Enséñame el culo.” Ella dejó caer el short, abrió las piernas y lo obedeció. Empezó a apretarse las nalgas y a levantárselas para que las viera moverse, sintiendo como sus ojos le recorrían el culo y las piernas mientras tomaba cerveza. “Esto es lo que te gusta hijo de puta” aprobó Saddy recostandose de vientre y apretando y abriéndose las nalgas con las manos. Puso la cara en la meseta mirándolo mientras se acercaba. “Que?” – le pregunto él – “No me vas a pedir nada?”. «Mámame el bollo así»

    Saddy se volvió bocabajo en la cama. Sin dejar de masturbarse empezó a acariciarse las nalgas con la otra mano. Él estaba sentado a su lado con la pinga completamente dura y moviéndosela lentamente. Ella encogió las piernas de rodillas empinando el culo en el aire como aquella vez, y comenzó a masajearse el ano en círculos con los dedos. Él se paró masturbándose y poniéndole el pene en la cara. Saddy cerró los ojos, y en una invitación para chupársela, entreabrió la boca mostrando su lengua. Sintió como se la deslizaba suave entre sus labios mientras ella se metía con delicadeza un dedo en el ano. Comenzó a mamar su pinga caliente, saboreándola despacio, y sollozando cuando movía su dedo. La respiración se le aceleraba recordando lo de aquella noche, mientras el dedo le entraba hasta el fondo y su pinga le llenaba la boca.

    Ella lo sintió pegársele y agarrarla por la camiseta cuando se la puso por detrás. “No! Aquí no. Ahora no!” Saddy se resistió incorporándose cuando él le agarro por el pelo y le puso la cara en la meseta. “Quieta!” Le dijo al tiempo que le empujaba la cabeza en el culo sin preámbulos. Saddy se arqueó quejándose por la torpeza de la envestida tratando de alejarlo con las manos. “Quieta!!” le repitió él, esta vez metiéndosela hasta la mitad. “Ay no, no…!” ella apoyó las manos en el muro sintiendo lo inevitable. “Abre las piernas” le dijo el agarrándola por la cintura. “No… no papi…, papi estamos en el patio. Nos van a ver” “Ábrelas!” Le dijo entre dientes con una bofetada. Desconcertada y clavada como estaba sin remedio, le obedeció y abrió más sus muslos como quería. Él le abrió con fuerza las nalgas y sin dejar de mirárselas, se la fue empujando lenta y sádicamente. Saddy trato de relajarse y entre quejidos fue aceptándola toda.

    Sintió cada pulgada de carne que le metía en el culo, cada una más gruesa que la otra, hasta tenerla toda adentro. “Ay… ay… me vas a partir” Le dijo ella cuando la agarraba por el pelo y le empujaba contra la meseta con la cintura, metiéndosela toda hasta la raíz. “Tú sabes que me gusta encularte cuando me provocas así” le dijo el sacándosela un poco y metiéndosela de nuevo un par de veces. Entre quejidos y envestidas Saddy comenzó a excitarse. El sexo anal nunca era su favorito, pero algo dentro de su cabeza empezaba a explotar. La conciencia de que estaba desnuda en el patio y le estaban cogiendo el culo, y que los amigos de él pudieran escucharla gritar, le fue disparando un frenesí de sexo rabioso. “Ay… Ay… “empezó a gemir mientras la enculaban “Apúrate papi, apúrate…“. Él la cogió de nuevo por la cintura empujándosela mas rápido, sintiendo como se relajaba y empezaba a disfrutarlo. “Papi me van a ver… ay…! ay coño…! me van a ver dándote el culo aquí” Él la agarro duro por el cuello sin dejar de metérsela “Que salgan! Que te miren el culo ahora y vean como le gusta mi pinga”.

    Quejándose y excitándose por la cogida Saddy se recostó más poniendo la cara en la meseta. Relajando el vientre, sintió como su ano ya se resistía menos, mientras se la daban toda hasta el fondo. Se abrió las nalgas con las manos y se soltó su lengua bien sucia sin pensar, para volverlo loco. “Ay… apúrate. Ay… Me gusta tu pinga papi…, me gusta tu pinga! Ay métemela, métemela. Ay… Mira… mira… que abierta estoy, papi. Hechamela toda, lléname el culo de leche, papi” Él la agarró por el pelo y retorciéndole la camiseta con la otra mano empezó a metérsela mas rápido. Sin dejar de abrirse las nalgas, los quejidos de Saddy, intermitentes entre una embestida y otra, se escuchaban cada vez más altos. “Dame por culo… agh… ay, rico… dámela rico… agh… dame, dame por culo” Él la cogió por los antebrazos clavándola con fuerza, y atrayéndola hacia él le haló por el pelo y agarrándole las tetas. Ella le agarro la cabeza y empezó a contonearse comiéndole la boca y sintiendo la pinga bien adentro “Ay… dame mas, dame mas! Métemela, métemela, cógeme el culito”.

    Él la puso contra la meseta nuevamente sujetándola por la camiseta y vaciándole la cerveza por la espalda y en las nalgas. “Muévete!” le ordenó. Ella comenzó a menearse removiéndosela en el culo y aullando de gusto, mientras la cerveza le empapaba el vientre y le chorreaba mojándola toda entre los muslos. Él con la enguatada recogida le tiro los brazos desnudos a ambos lados de su cabeza agarrándose de la tubería del agua. Saddy con la respiración entrecortada y el pulso agitado por la violencia, movía la cintura enculándose ella misma despacio entre quejidos de placer. “Quien es mi puta?” le preguntó al oído. “Yo soy tu puta… yo soy tu puta… ay, dame por culo. Dame duro. Ayyy… me gusta cómo me das por el culo” le dijo ella desencadenada chupándole el brazo, pasándole la lengua entre los tribales y mordiendolo. “Ahorcate y métetela toda ahora” le ordenó.

    Ella se apoyó con una mano en la pared, se apretó duro el cuello con la otra, y empezó a empujar su cuerpo hacia atrás con fuerza una y otra vez. Él miraba como se estremecía su piel blanca empapada en cerveza, empalándose sin parar y suspirando de gusto. Saddy sentía la cara roja por el esfuerzo, la asfixia y la excitación de clavársela ella misma. Abrió los ojos y lo vio mirándole a la cara. “Te gusta perra?” “Ay siii… ay… ay me encanta” le respondió ahogada y sintiéndose explotar. “Ayy, llename de leche” le dijo. De pronto se separó de ella sentándose en una silla al otro lado del patio. “Ahora no” Le dijo él “Ven y mámamela. Quiero verte las marcas en las nalgas cuando me mamas la pinga” Saddy excitada lo miró desconcertada “No!” “Ven o los llamo” Ella lo miró fijamente unos segundos, pensando “tú vas a saber quién soy yo”. Se quitó la camiseta y cogió el cubo de agua atravesando el patio desnuda hasta donde estaba el.

    Saddy se dio vuelta boca arriba en la cama. Se volvió sobre si misma sin sacársela de la boca. Él le acarició los senos, mientras le llenaba la boca con el pene, y los recuerdos la empapaban frenéticamente en una tormenta de lujuria. Sin parar de chuparla se introdujo unos dedos en el ano y se dejó caer sobre ellos, metiéndoselos lo más profundo que podía.

    Se paró a horcajadas encima de su miembro y le saco la enguatada oscura que tenía puesta. “Diles que salgan.” Le dijo agitada y mirándolo a los ojos “Que?!” ”No querías que te pidiera algo?” Saddy se puso la enguatada negra en la cabeza, cruzó las mangas por la cara, se amordazó la boca y las anudó detrás. “Llámalos!” Le dijo. Cogió con un gesto el cubo de agua y se lo vertió en la cabeza despacio enchumbando la enguatada y empapándose entera. Respirando con dificultad, mordiendo la tela empapada, y sin poder ver nada; lo agarro por la nuca, se agacho poniéndose con la otra mano la pinga en el culo y se la metió de nuevo hasta el fondo con cuidado. “Agh…!” vociferó clavándole las uñas en los trapecios. La sensación ahora era mucho más intensa, con esa pinga empalándola y sintiendo como la llenaba. «Síngame! Llámalos para que vean como me partes en dos».

    Sin poder ver nada sintió de pronto una tremenda bofetada seguida de dos fuertes nalgadas en la izquierda. Gritó, solo para sentir una mano atenazándole la boca y otra cogiéndola por la cabeza. «Puta» El le dio dos fuertes tirones contra su pecho. Saddy vociferó a todo pulmón amordazada con la boca llena de la tela empapada. Encajada hasta el fondo y desorientada, empezó a moverse poco a poco. Él le agarró las manos a la espalda con la derecha mientras con la otra le acaricio el muslo hasta las nalgas, apretándole la carne y abriéndole el culo después con las dos manos. Vendada como estaba, Saddy fue excitándose cada vez más sintiendo los azotes que le daba en el trasero, cuando escuchó los pasos y las voces acercarse a sus espaldas. Pudo sentir sus miradas lujuriosas recorriéndola desnuda mirándole las nalgas rojas entre comentarios bien subidos mientras ambos la rodeaban.

    No podía ver nada y no paraba de moverse arriba y abajo dejándose caer sobre él. Estaban bebiendo y mirándola mientras se enculaba en el patio de su casa y no podía verlos. Saddy se calentaba cada vez más aunque la pinga se la sentía ya en el alma. Comenzó a meneársela más moviéndose hacia delante y hacia atrás, gimiendo sin contenerse, mas exitada y empinando y sacando las nalgas en un mar de provocación, mientras los comentarios se hacían más sucios. Alguien la cogió por atrás por el pelo y le tiro de la cabeza en todas direcciones y ella no se resistió. Que vieran que ella podía con todo. Una mano le acarició una teta, otra le acarició el vientre buscándole el bollo. Entre quejidos le azotaron duro las nalgas haciendo comentarios soeces y finalmente uno de ellos le pego una cerveza fría en la raja del culo y ella se estremeció con un grito. Riéndose le levantaron con cuidado la enguatada sacando solo sus labios y le pusieron la botella para que bebiera. Ella arqueo el cuerpo hacia atrás apoyando los brazos en los muslos de él y poniendo la boca en alto para dar un espectáculo como los que le gustaban.

    Los murmullos de aprobación saltaron cuando le metieron el pico de la botella en la boca como si la quisieran entubar. Arqueada como estaba Saddy empezó a menearse suavemente con las tetas muy duras y los muslos bien abiertos. Sabía que desde donde él estaba, podia verle ahora la raja abierta, y como le entraba la pinga por el culo hasta el fondo. Así, dando cintura despacio y el ano completamente traspasado, se enculaba mientras tragaba sin una queja un buche de cerveza tras otro, bajándola en un momento. Cuando se la bebió toda la sujetaron por la nuca y empezaron a vaciarle otra en la cabeza. Mientras boqueaba por respirar, tosiendo con la tela pegada en la cara sentía la cerveza, la saliva, y la verguenza correrle todas por las tetas. Mareada y ciega en un baño de lujuria los escuchó llamarla perra y puta con comentarios embarrados de deseo mientras le apretaban las carnes. El dolor ya se había ido. Saddy quería ya que la pusieran en cuatro y la ataran, para que todos le dieran por el culo e hicieran lo que quisieran con ella hasta que acabaran.

    Una mano le metió tres dedos en la boca hasta la garganta provocandole una arqueada y sacándole las lagrimas, y otra se deslizó por su vientre metiéndole todos los dedos en el bollo. Con un sollozo se removió invadida por todas partes, solo para que la exploraran y se las metían aún más adentro. Saddy sentia como la violaban con fuerza mientras le decian puta y sucia de todas las formas habidas. De pronto la fatiga empezaba a hacerle mella. La bebida se le fué rapido para la cabeza y no la dejaba resistirse lo suficiente. Sabía que estaba perdiendo el control ahora entre tres animales, pero solo quería venirse de una vez aunque acabaran con ella. “Ayy quiero pinga. Dame pinga!” le bufó a él agarrándose de su cuello y tociendo. Él respondió pasando los brazos bajo sus carnes blancas levantándole las piernas. “Agárrenla por los brazos” dijo mientras ella se echaba hacia atrás. Sintió dos brazos que le pasaban por debajo de los hombros cuando él tirando de sus muslos la empezó a embestir con fuerza. «Grita soputa!» Con cada embate Saddy gemía de satisfacción sin poder contenerse “Agh… ayy sii.. siii… te dije… que no me la metieras aquí… que nos iban a ver dándome por el culo… me están mirando papi, agh… Agh… Sigue… sigue! Llénamelo, llénamelo, agh… agh..! Párteme el culo papi!” Tirando las manos hacia los lados tocando a los dos hombres les acariciaba y les tiraba del cinto inconsciente, Saddy pedía mas y mas. «Quieres leche de pinga, perra?» “Sí. La leche le gusta más que la cerveza, a esta puta” dijo él cuándo empezó a darle más duro.

    Con los muslos abiertos y las piernas en alto, cada embestida por el culo la hacía perder resistencia mientras ella seguía pidiendo sexo y leche sin ningún filtro. «Así… así… Ay coño, parteme el culo, parteme el culo!» Saddy sentía sus carnes blancas y sus nalgas rojas rebotar contra él mientras su cuerpo se estremecía de la pinga que le daban. «Lléname de leche papi… Ay…! Ay! Échamela toda adentro, en la boca, en la cara, donde quieras.» La cabeza le colgaba ya hacia atrás sin fuerzas, sintiendo como la saliva y la cerveza le corrian por la cara. Cuando los escuchó abrirse las portañuelas, agarró una tranca pajeándola con muchas ganas de mamar otra pinga, y alguien empezó a meterle de nuevo todos los dedos en el toto. Entre voces entendió que él no los iba a dejar follársela y uno dijo “Pues va a ser la mejor paja de mi vida” «Hechacela toda» dijo él.

    Ella gritó cuando le apretaron el cuello y enpezaron a ahorcarla. “Te vamos a hacer un cake de tres leches” le dijeron entre más cosas muy sucias, “Me vengo” dijo él de pronto apretándole la carne con fuerza al tiempo que ella empezaba a temblar con un torrente de asfixia y placer cuando el semen la inundó por detrás. «Ayy, ayy… hechenme la leche arriba» exclamó desfalleciendo. Con el corazón agitado, sintió un chorro caliente cayéndole por todas las tetas. El otro la sujetó por la nuca, le descubrió los labios de nuevo y sin quitarle la venda, le puso el pene en la boca y sintió como se la inundaba de semen. Saddy se la chupó y tragó, toda la leche que pudo. “Límpiamela a mí también” escuchó cuando le giraron la cabeza hacia el otro lado. Desfallecida como estaba solo atinó a abrir la boca de nuevo cuando se la metieron y pasarle la lengua por todo el glande. «Mamamela» le ordenaron, y lo dejó agarrarla del pelo y recrearse con su boca. Los labios le temblaban de satisfaccion cuando le succionó la leche que le quedaba, sintiendo como la pinga caliente le entraba y salia de la boca.

    Aún continuaba con la lengua afuera, jugando con ella mientras le pasaban dos penes por los labios. Se sentia en otra vida cuando la hacian mamar así, y de los labios y las tetas le chorreaban leche, cerveza y saliva. Mientras, sentía como de su culo relleno chorreaba el semen caliente, y se contraía apretando el pene de él con las palpitaciones de su corazón.

    Con una exclamación Saddy se arqueó en la cama masturbándose con frenesí con una mano. Los dedos de su otra mano le invadían el culo con fuerza mientras se venía entre temblores. Él le sujetó la cabeza de lado cogiéndola del pelo y le echó su leche chorreándole toda la mejilla. Sudando entre palpitaciones Saddy lo miró, chupándosela con delicadeza cuando se la puso en la boca. Sus ojos se cruzaron con su mirada lujuriosa, observándola desnuda mamando con toda la cara llena de leche y desprecio. Sin dejar de mirarlo Saddy abrió la boca sacando la lengua y poniéndola debajo de su glande. “Espero que esto empiece ahora”

    The End

  • Mi novia calza un buen rabo

    Mi novia calza un buen rabo

    La Cartuja es una cafetería con mucho pedigrí y glamour. De esas que tienen como hilo musical a los grandes del Jazz.

    Luis acude todas las mañanas a tomarse su café y su zumo natural de naranja mientras hojea las páginas de la prensa del día.

    Es un hombre de mediana edad y de costumbres fijas. Ni su reciente divorcio ha conseguido que abandonara su rutina diaria.

    A dos mesas de distancia se encuentra una chica de unos treinta y pocos años, de melena morena ondulada, con las facciones más propias de una diosa como Venus, Cibeles o Atenea. Un cuerpo bien modelado y que daba a intuir una altura alrededor de 1,78 m, aunque también es verdad que llevaba unos tacones de 8 cm.

    Vestía con gran elegancia un vestido ajustado haciéndole una silueta de sirena.

    Se la veía culta, pues en su mesa tenía un ejemplar de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

    Mientras desayunaba observaba las noticias que emitía la televisión.

    Ellos dos se cruzaron las miradas en varias ocasiones. Luis le obsequió con un cordial saludo acompañado de una sonrisa. Saludo y sonrisa correspondidos por ella.

    Él sacó coraje de debajo de las piedras y levantándose, se dirigió hacia ella.

    –Buenos días. Veo que tiene buen gusto literario –dijo Luis señalando al libro.

    –Gracias. Jane Austen, junto a Virginia Woolf y Mary Shelley son mis tres autoras preferidas. Siéntese en mi mesa si no tiene inconveniente. Con una buena conversación el desayuno se hace más ameno.

    Luis a medida que transcurría la conversación iba quedando más embelesado de Jennifer, que así se llamaba la chica.

    Hablaban de literatura, política, filosofía, deporte, Historia, astrofísica, en fin, de un montón de temas. Él se quedaba pasmado de ella. ¡Qué agradable su compañía! ¡Y con qué voz dulce y melosa hablaba!

    –¿Te apetece ir al teatro este sábado? –le preguntó Luis.

    –Me encantaría. Pero debo informarte de una cosa. Porque no quiero numeritos desagradables después. Yo soy una chica trans.

    Luis se quedó un poco descolocado. Pero Jennifer era tan hermosa, con un rostro angelical tan sublime, que enseguida superó cualquier duda que pudiera surgirle. Pero se preguntaba para sus adentros, si era una chica trans con vagina o con pene.

    No se atrevía a exponérselo, por miedo a meter la pata y echar todo por tierra. Pero se le reflejó tanto en la cara que Jennifer se dio cuenta y con una sonrisa cómplice, lo sacó del atolladero diciéndole:

    –Soy una chica trans y mantengo mi pene. Entiendo que quieras una buena amistad conmigo, pero nada más.

    –Te equivocas Jennifer. Si quisieras ser mi novia, formalizar una relación estable conmigo, me harías la persona más feliz del mundo –le atajó Luis.

    Él era consciente de que el “mercado” estaba muy mal. Abundan las chonis con serrín en la cabeza por su barriada. La convivencia con chicas cis tampoco era una balsa de aceite. Jennifer era toda una hembra de la cabeza a los pies, de físico y de mente. A Luis lo tenía hipnotizado con su erudición, oratoria, su elegancia, cultura y belleza.

    Jennifer vivía cerca de la cafetería y lo invitó a ir a su casa para tomar un vermut y prestarle algún libro.

    Paseando por la calle, Luis no desmerecía tampoco a su lado, a pesar de la diferencia de edad. Es un hombre clásico a lo que a moda se refiere, pero juvenil y esbelto en el aspecto.

    Ya en el interior del apartamento, mientras Jennifer preparaba los vermús, Luis hojeaba algunos libros de la amplia biblioteca del salón.

    Brindaron, bebieron y a él le faltó tiempo para lanzarse a besarla y acariciar el rostro tan fino y perfumado de su amada Jennifer.

    Se dirigieron a la habitación y comenzaron a desnudarse mutuamente, con una cierta ritualidad calculada.

    Ya desnudos, Luis no pudo evitar experimentar una cierta herida en su masculinidad al comprobar que su chica poseía un pene más largo y grueso que el suyo.

    Jennifer lo tumbó sobre el colchón de su cama de un empujón y se abalanzó sobre él, para comerle la polla con furia.

    Cuando ya la tenía bien lubricada, se colocó en cuclillas sobre la cara de Luis para que le comiera bien el ojete y se lo lubricara también.

    A los pocos minutos, Jennifer estaba tan cachonda que no esperó más y se empotró, en tres fuertes empellones, toda la verga de Luis en el interior de su culo.

    A medida que marcaba el ritmo, sus grandes y turgentes pechos iban bamboleando a ritmo suelto. Otro tanto le ocurría a su polla, que daba la impresión de cobrar vida propia y ponerse a bailar.

    Pasado un cuarto de hora, Luis ya no pudo más y comenzó a correrse dentro del culazo de aquella morena.

    Ella se desenganchó, acercó su trasero a la cara de Luis y le dijo:

    –Trágate todo lo que salga de él, que es tu lechada. Por mi parte, mi interior está muy reluciente.

    Efectivamente, a los pocos segundos comenzaron a salir unos chorrillos de esperma de su ano que le resbalaron por la cara a Luis y otros que le entraron en su boca.

    Él no hacía más que relamerse y chupar el orificio anal de Jennifer hasta dejárselo bien limpito.

    –Bueno, ahora me toca a mí, ¿no? –prosiguió Jennifer.

    –Ah, no. Por ahí sí que no paso. El precinto anal de mi trasero seguirá sin romperse. Eso es una línea roja –se apresuró a decir Luis.

    –Me conformo con que me la comas –le respondió Jennifer.

    Luis tenía muy claro que era hetero, los penes no le iban. Pero estaba muy ilusionado con Jennifer y no quería perderla. Así que, a eso sí que accedió.

    Se puso de rodillas ante su amada y comenzó a introducirse aquel falo, poco a poco, por la garganta. Ella lo agarró por la nuca y de un empurrón se la metió toda dentro.

    –Trágatela toda, maricón. No recules –le dijo con actitud chulesca.

    Luis comenzó a tomar conciencia de lo mal que lo pasan algunas mujeres cuando se ven forzadas por sus machos a hacer gargantas profundas. Él tuvo dos o tres arcadas y las correspondientes babas que eran el efecto de aquellas causas. Se le iban escurriendo por la comisura de los labios y por el tronco del falo hasta acabar respectivamente en su barbilla y en el escroto de ella en formas de carámbanos o estalactitas de hielo.

    Ella se follaba la garganta de Luis a buen ritmo, hasta que al poco tiempo comenzó a eyacular.

    No hace falta decir que Luis se fue tragando cada una de las descargas de su chica hasta la última, dejándole el rabo bien higienizado.

    Se pegaron una buena ducha, se arreglaron y salieron a cenar a un restaurante de lujo, para celebrar su enlace sentimental.

  • El lote de la pasión 0: introducción hacia el placer

    El lote de la pasión 0: introducción hacia el placer

    Capítulo 0: Las vecinas del lote.

    La mayoría de las infidelidades suceden dentro del lugar del que se vive por ejemplo en un apartamento es más probable que sucedan estas cosas, ahora bien dentro de los lotes no se diga esto comenzó un día donde dos vecinas una llamada Herí y Thais, salieron a beber pero estás no lo hacen en la casa de ninguna pero por suerte afuera de su lote están unas canchas con unas bancas así que salieron ahí mientras tomaban, conversaban sobre los quienes ya habían tenido relaciones sexuales ya que si bien no eran putas era un secreto a voces que si lo eran pero entre la conversación se dieron cuenta que al menos entre los hijos de los quienes habían sido los primeros nunca se les había ocurrido el ya que se podría decir que tenía una naturaleza inocente pero recordaron el viejo dicho: «entre más penoso el niño, es el más pervertido» es entonces que decidieron hacer una carrera para ver quién se las cogía primero.

    En eso dentro del lote en la casa 22 dos vecinas hablaban sobre las que estaban debiendo.

    Aleida — si te soy honesta el que tengan intimidad con alguien que podrían ser sus hijos se me hace algo asqueroso.

    Alma — bueno yo que me jactaba de nunca ponerle el cuerno a mi amiga con su marido yo creo que lo único que puedo decir que lo haría con quién yo sé que no lo vaya a estar comentado creo que con el de la vecina del 47.

    Aleida — ¡¿Qué cosas dices?!

    Alma — si te lo pones a pensar él es joven, mayor de edad, virgen, reservado y cuya novia es inexistente, pero por eso podría afirmar que sea gay, pero aceptaría el reto de comérmelo para convertirlo.

    Aleida — no cabe duda que desde que te separaste de ese fulano tienes la mente conchambroza.

    En la casa del número 34 hay una vecina la cual era bruja.

    Edith — muy bien mi encantamiento está casi terminando, solo necito el esperma de un joven virgen pero dentro de esto dónde lo encontraré. — su bola mágica le dice del chavo que ya hemos comentado — de qué forma debería hacerlo, creo que la mejor forma sería infiltrandome y hacer lo que una mujer tiene que hacer para conseguir acción.

    En la casa 46 existe una vecina la cual es concubina cree que su pareja la engaña pero en uno de los cuartos la ventana tiene una visión perfecta al comedor de la otra casa en dónde ocasiones ha visto al chico que se me menciono, dónde se masturba, ella dejaba un celular grabando todo mientras el se divierte para al tener el material para sus noches de pasión en eso ella quiere tenerlo.

    Ellas no son las únicas que desean algo más de intimidad si no que en eso consistirá cada episodio una mujer diferente con problemas diferentes en la villa de la lujuria.

  • Una aplicación puede cambiar tu manera de sentir el sexo

    Una aplicación puede cambiar tu manera de sentir el sexo

    A veces tengo la necesidad de experimentar cosas nuevas para no caer en la rutina de una relación. Sin embargo, nunca imaginé lo que podía suceder.

    Soy casada, con una relación estable de 15 años. Amo a mi marido y nuestra vida íntima está bien; tratamos de probar cosas distintas y nos va bien.

    Ambos trabajamos y no tenemos hijos. Tengo necesidad de viajar por mi trabajo y cuando regreso, gozamos de una noche de sexo salvaje.

    Cierta ocasión, tuve necesidad de viajar por unos días fuera de la ciudad; estaba en mi cuarto de hotel, viendo páginas para adultos y encontré una categoría donde la gente narraba sus experiencias con la aplicación en citas de una sola vez. Empecé a imaginarme como sería una noche de sexo con un desconocido.

    Bajé la aplicación, puse mis datos y a los pocos minutos, varios candidatos aparecieron, pidiendo una solicitud de amistad. Contesté los que me parecieron más atractivos, diciendo que sólo buscaba una noche de placer; aparecieron aún más. Escogí el que me pareció más guapo y quedamos en un bar.

    Llegué al lugar, ya estaba esperándome; era muy parecido a las fotos del sitio, nos pusimos a charlar. Después de un par de tragos, me sugirió ir a un lugar más privado. Al salir, pude notar que no quitaba los ojos de mi trasero y mis piernas, el vestido que yo traía no dejaba casi nada a la imaginación.

    Llegamos a su hotel, al tomar el elevador, se abalanzó sobre mi, besándome y recorriendo sus manos por todo mi cuerpo; sus labios chupaban y mordían delicadamente mi cuello excitándome lentamente.

    Al llegar a la habitación, me ofreció una copa; empecé a tomarla y el escarceo continuó. Comencé a sentirme mareada y por un momento ya no supe de mi.

    A los pocos minutos, desperté sobre la cama, atada de pies y manos de las esquinas, no podía moverme y estaba solo con mi bra y mi panty. Un hombre mayor pasado de peso había echado mi panty a un lado y me chupaba mi vagina; lo hacía con maestría y me humedecía rápidamente, recogiendo con su lengua todo lo que salía de mi. A pesar de excitarme tanto, cuando estaba a punto del orgasmo, de detenía y no me dejaba llegar. Eso lo hizo varias veces, mi respiración estaba muy agitada y mi cuerpo exigía ya el orgasmo.

    Aquel muchacho entró a la habitación.

    – Mi tío no consigue muchas citas y de esta manera, yo le ayudo a conseguirlas; pero tú te me antojas mucho y también quiero disfrutarte.- me decía mientras se quitaba la ropa.

    El saber que iba a ser “violada” por 2 hombres comenzó a excitarme. El hombre mayor se quitó su trusa y un falo grueso y largo salió, aún no estaba erecto y me pareció gigantesco; el muchacho terminó de desnudarse, su verga era grande y no se comparaba con la del otro.

    El anciano se subió a la cama y puso su verga cerca de mi boca, una gran gota de líquido empezaba a asomarse en la punta; el muchacho retomó el sexo oral en mi vagina, concentrándose en mi clítoris, sentí un escalofrío cuando su lengua golpeteaba rápidamente, luego siguió chupando y libando solo el clítoris, en un momento de excitación, yo quería que me mordiera para sentir aún más. El anciano me tomó de la cabeza y acercó más su verga a mi boca. Lo que sentía me hizo abrirla y recibir ese gran cilindro de carne caliente; movía la cabeza adelante y atrás, mi lengua jugueteaba con la gran cabeza, líquido salía más y más, con un sabor muy fuerte, de hombre que necesitaba que una hembra le sacara todo lo acumulado.

    La verga crecía con cada movimiento de mi cabeza, llegó un punto en que yo no abarcaba ni lo grueso, ni lo largo; él empujaba, queriendo meterse todo, la cabeza de la verga traspasó mi garganta; él resopló con satisfacción, sabiendo que me había desvirgado la garganta, yo tenía arcadas, pero las trataba de controlar, sintiendo toda mi boca llena de verga cómo nunca lo había sentido. Saliva y líquido salieron cuando el enorme falo abandonó mi boca, pude ver líquido aun saliendo.

    Mi cabeza daba vueltas, teniendo la urgente necesidad del orgasmo que hasta ese momento, me habían negado. El anciano bajo un poco mi bra, dejando al descubierto un pezón erecto y necesitado de atención; su lengua comenzó el trabajo; metió todo en pezón dentro de su boca y comenzó a succionar como si quisiera sacar algo; sus dientes encontraron el pezón y lentamente apretaba, provocando un dolor delicioso; su mano había atrapado el otro seno y lo masajeaba excitándome aún más. Sus dientes apretaban más, dolía y el muchacho había atrapado el clítoris y ahora lo mordía firme, pero delicadamente.

    Yo estaba en el éxtasis total; necesitaba sentir un falo dentro de mí; mi vagina chorreaba y el jugo anegaba todo, mi recto estaba lleno de mi propio jugo.

    Me desataron, yo no me podía mover de la excitación y el cansancio. El muchacho se acostó sobre la cama y me ayudó a montarme sobre su verga; me la iba metiendo lentamente, hacia yo la sintiera toda, cada centímetro, cada vena; la cabeza abriendo mi vagina a pesar de estar completamente dilatada. Cuando tuve la verga completamente dentro de mi, sentía mi vagina completamente llena y me lastimaba que aún necesitaba mas espacio para entrar más; comenzó a hacer su verga palpitar, como si estuviera a punto de eyacular; al sentir esas palpitaciones, comencé a temblar, no podía controlar mi cuerpo, un orgasmo enorme me llegó, largo, intenso; como nunca lo había tenido.

    Caí exhausta sobre su pecho, con su verga dentro de mi, saboreando el orgasmo y dejando mi trasero al descubierto; el anciano acomodó su falo en mi entrada y comenzó a empujar; nunca había aceptado el sexo anal, era virgen y ese monstruo me estaba abriendo. El muchacho me sostuvo para evitar que me moviera; el anciano se enterraba despacio; para no lastimarme tanto y para gozar el apretón de un culo virgen.

    Yo pujaba para expulsar ese tubo de carne ardiendo que me partía en 2; el bufaba de placer al invadirme poco a poco; su sudor caía en mi espalda por el esfuerzo y la excitación. En un momento, algo dentro de mi le impidió seguir avanzando, sólo empujó un poco más, sentí que algo se rompió dentro de mí.

    – Está virgen ya es mía… y está muy apretada y rica.- dijo el anciano con satisfacción.

    Se quedaron quietos un momento para gozar de lo apretado de mis orificios; yo sentía las 2 unirse dentro de mi. El bombeo comenzó lento; a pesar del dolor, otro orgasmo empezó a llegar. El sonido de sus gemidos de placer me excitaba aún más; nunca 2 hombres habían gozado de mi cuerpo de esta manera; éramos 3 animales gozando del sexo.

    El primero en terminar fue el anciano; su verga se hinchó expandiendo mi recto haciéndome gritar, se enterró hasta el fondo para depositar su semilla y sentí su leche derramarse dentro de mi estómago; ardiendo, quemando mis entrañas. El muchacho seguía con el bombeo; el bombeo y las palpitaciones del anciano me provocaron otro orgasmo. Cuando terminó, se salió lentamente, disfrutando de mi agujero recién estrenado; un poco de leche salió de mi, cayendo en la verga que aún me penetraba; al sentir el líquido caliente, el muchacho bufo, se enterró hasta el fondo y terminó dentro de mi.

    Siguieron usándome por varias horas, perdí la cuenta de mis orgasmos y sus venidas; mis orificios estaban adoloridos pero yo me sentía satisfecha.

    No se como mi marido podrá hacerme venir de la misma manera alguna vez.

  • Voyeur y fetichismo

    Voyeur y fetichismo

    Hubo una época en mi vida en la que no sabía que me excitaba más. Si ver a una mujer desnuda, o solo verla en calzones. Creo que por mi fetiche por la ropa interior, seguramente me gustaba más lo segundo.

    Lamentablemente en mi época no era común la tecnología que ayuda a ver e incluso grabar tantas cosas. Así que me tuve que conformar a intentar mirar haciendo uso del famoso espejo, y no puedo negar el gusto y emoción que sentía cuando tenía la suerte de admirar por una fracción de segundo un par de nalgas redondas, enfundadas en alguna delicada prenda que las embelleciera más. Claro que uno va por más, y fue ahí donde comencé a tener la osadía de querer espiar en situaciones más íntimas como son cuando la chica va al baño.

    Claro que esto era mucho más arriesgado al poder ser descubierto por la chica en cuestión, o por alguien aledaño.

    Aun así recuerdo una ocasión en que al asomarme por la parte baja de un baño de mujeres en una tienda, pude ver a una señora bajándose sus pantimedias y calzones para sentarse. Ella no me vio, pero su hijo me vio directo a la cara. No pasó nada, pero fue algo no solo sorprendente sino hasta jocoso.

    Pocas veces tuve la osadía, pero sí recuerdo otra ocasión en que mirando por la terraza de mi apartamento, vi acostada completamente desnuda a mi vecina, con su pelambre apuntando hacia mi, mientras su esposo caminaba a la ventana para cerrar las cortinas.

    En otra ocasión, en ese mismo departamento, y con esos mismos vecinos, me tocó encontrar la entrada a su departamento entre abierta. Como esos departamentos eran estudios, desde la puerta de entrada uno podía ver el departamento entero hasta su terraza, pasando por el comedor y la cama como si fuera un cuarto de hotel. Y en esas, se me ocurre empujar la puerta pensando que no había nadie, y cual va siendo mi sorpresa que ahí estaban mi vecino y su esposa, teniendo sexo.

    Aprovechando la penumbra, me quedé quieto observando, y me encantó lo que vi. Pues estaba ella montada sobre el marido, ella delgada, como de 170, piel blanca, cabello largo a la cintura, y brincando furiosamente sobre la verga de mi vecino. El en momentos estiraba sus manos para magrear los pechos medianos de su esposa, o para tomarla de la cintura y empujarle su verga con más fuerza. Fueron unos minutos, porque imagino que notaron mi presencia, ya que ella de pronto se quedó muy quieta como sorprendida. Yo no me quise quedar a ver que pasaba y salí de inmediato. Recuerdo que yo usaba barba en ese tiempo, y hasta me la quité de los nervios de que me fueran a relacionar con el evento.

    Varias veces, en mi trabajo, compañeras me llevaban papeles, o me visitaban en la oficina para ver algún dato. Un buen día descubrí que un CD-Rom era el espejo perfecto para ver debajo de las faldas.

    Fue así como descubrí que la esposa de mi patrón usaba tangas con colores fosforescentes, los cuales resaltaban mucho pues ella era delgada y muy morena de piel. Sin embargo esa misma delgadez permitía que visto desde abajo, tuviera una panorámica de su entrepierna incluida su vulva y su culo completo. Y es que ella invariablemente siempre usaba minifaldas voladas.

    La secretaria del contralor, era una mujer rubia de un cuerpo mediano, con unas piernas de campeonato, y un trasero redondo y esponjoso. Vistas desde abajo se veían sus piernas super torneadas y apetitosas. Usaba bikinis normales, pero muchos de sus calzones estaban llenos de hoyos, lo cual me daba risa.

    La de recursos humanos, era curiosa. Cuando tenía novio, siempre usaba tanguitas de todos tipos. Cuando no tenía novio, se ponía pantimedias con faja.

    Y por último, no faltaba la chica acomedida que se subía la tanga por arriba de la cadera de su pantalón, dando todo un espectáculo de su ropa interior del día.

    A propósito de esta tendencia durante un tiempo, de mostrar las famosas colas de ballena, recuerdo una compañera contadora, morena ella, con carita de Barbie, alta como de un metro ochenta, poco pecho, pero unas caderas y nalgas fenomenales, la chica era super tímida. Pero le encantaba vestir sexy, y ir al gimnasio. En una pequeña fiesta en mi casa, cuando estaba casado con mi segunda esposa, recuerdo estar sentado junto a ella en la barra de un pequeño bar que tenía.

    Al momento que ella se estiró, se le subió la tanga por encima de la cadera de sus jeans super entallados. La vista fue maravillosa, pero no tanto como la sensación que tuve cuando ella por instinto pasó su mano hacia atrás en un intento infructuoso de no mostrar su tanga de encaje. En ese momento y mientras volvía a sentarse bien, volteó y me vio mirando su tanga embelesado. Yo solo sonreí, y ella apenada solo emitió un pequeño quejido como de uy! Se me vio la tanga. No dijimos nada más, pero fue muy cachonda la situación.

    Situación igual me pasó con Bertha, la cual en un cumpleaños al querer tomar pastel servido en una mesa, se estiró mostrando la colita de ballena, de su tanga negra. A Bertha en una fiesta, me toco tener cerca de mi, recuerdo traía un mini vestido rojo, y en algún momento nos tomamos de la cintura, donde yo aproveché a sentir su cadera y su tanga de hilo, pasando mis dedos una y otra vez, disfrutando de la sensación.

    Muchas amigas mías y de mi esposa me mostraron sin querer sus sexys tangas, como Vero, que vestía recatada, pero usaba solo tangas de hilo, y no se cuidaba cuando abría sus piernas. A ella me tocó revisar su bote de ropa sucia, y todas sus tangas tenían el puente lleno de flujo. Olga, una hermosa rusa, me tenía mucha confianza y me dio llaves de su casa. Ella usaba tanguitas de Victoria secrets, y le encantaba tener dildos en su baño. Pero mi mejor premio fue una vez que descubrí un álbum con fotos de ella en lencería y bikinis, pues había sido modelo.

    Como podrán leer, la vida de un voyeur, con fetiche por la ropa interior se puede resumir en pequeños flshasos, que sin importar el número siempre resultan muy emocionantes y satisfactorios. Muchas veces se lleva uno sorpresas, como descubrir que la santurrona y recatada usa tanguitas y ligueros, o que la más buenota y sensual solo usa chones de abuelita.

    En cualquier caso es emocionante tener prueba de la intimidad de una dama, y en ocasiones esto abre la puerta para saber como seducirla.

    En otro relato les contaré sobre el uso de tecnología y el voyeur. Saludos.

  • Me presto a un desconocido

    Me presto a un desconocido

    De nuevo su amiga Gaby, tetona, caderona y con unas piernas sexys, no saben de mi muchas cosas como que me encanta que me metan la verga, pero poco a poco les platicare de mí y de los juegos que en algún momento tuvimos mi pareja yo, por lo pronto iniciaré con que mi pareja me presto a un desconocido con el que cachondeaba por una página de citas e intercambiamos números de teléfono, para que él me cogiera en mi propia casa para el después llegar y cogerme con salvajismo.

    Todo comenzó una mañana que amanecí muy caliente y planee mandarle mensaje al desconocido para que me cogiera después de que mi pareja se fuera al trabajo, le mande mensajito, me metí a bañar y salí en pura bata y le avise que ya estaba lista para él.

    Cuando el llego le abrí la puerta y el fijo su mirada directo a mis tetas que estaban saliendo de mi bata, sin más se hinco y las empezó a chupar, chupaba mis pezones salvajemente, lo invite rápidamente a que pasáramos al cuarto de visitas, y me aventó a la cama el miedo recorrió mi cuerpo porque no sabía que pasaría estaba sola con un desconocido, pero estaba demasiado caliente como para pensar en más.

    Estaba recostada y el me abrió las piernas y con sus dedos empezó a tocarme mi clítoris al mismo tiempo que estaba escupiendo mi panocha para masturbarme pasaron unos segundos y ya estaba sacando su verga para metérmela. Estaba tan caliente que se me hizo eterno cuando se estaba poniendo el condón, la veía larga más larga qué la de mi pareja yo solo pensaba en que quería que me destrozara mi panochita.

    Escupió y metió de golpe su rica verga en mí, y empezó a bombear con fuerza y me preguntaba – ¿te gusta putita? – ¿eso querías, verga? Y yo como perra en celo solo respondía qué si, y me daba con más fuerza y dureza, sentía como su verga topaba y me destrozaba con cada penetrada.

    Me levanto de la cama y me llevo a empinarme a una mesa de centro que tenemos en la sala, me empine y me abrió las nalgas, me escupió y me metió su verga por mi panocha, mientras su dedo lo metía en mi culo deseoso de verga, las bombeadas cada vez eran más duras y más dolorosas, pero deliciosas tan deliciosas qué me hizo venir una y otra vez como una perra, le pedía que me la metiera por el culo, me levanto salvajemente del cabello y me llevo a la cama y me decía – Suplícame zorra qué te la meta por el culo – Dime puta que quieres mi verga en tu culo- a lo que le respondí – Soy tu puta méteme tu verga en mi culo, la necesito.

    Me empino en la cama y me escupió el culo y de una sola penetrada me la metió toda, pegue un grito sentí como abría y destrozaba mi culo, me bombeaba una y otra vez, era un dolor delicioso que me hizo venirme a chorros, las penetradas se intensificaron hasta que sentí como su verga punzaba en mi ano, sentía que me ardía demasiado, pero a la vez sentía delicioso, saco su verga de mí, se quitó el condón y me hinco para que chupara su verga lacia para limpiarle toda su lechita. Todavía me masturbo con el video que grabo de lo que me hizo.

    Se que mi ex pareja aún se masturba con esos videos de todos los encuentros que tuve con los hombres que me presto.

    Próximamente habrá relatos de cada vez que recibí verga y de cómo mi ex pareja me castigaba. Y de como ahora soy una puta que le gusta que le metan la verga desconocidos.

    Gracias por leerme dejen sus ricos comentarios.

  • Me masturbé con los calzones de mi suegra

    Me masturbé con los calzones de mi suegra

    Mi suegra me excita mucho, es una mujer un poco más grande de edad que la mía obviamente, pero tiene un bonito cuerpo, todo natural, unas tetas grandes y bien posicionadas, un culo mediano pegándole a grande, cuando la conocí no me llamo la atención, pero poco a poco con el tiempo la fui viendo más seguido, hasta que un día me pidió que le ayudara con unas cosas y fui tras ella, en el trayecto vi a su trasero y me llamo mucho la atención, cómo se movía al caminar, a ella le gusta ponerse ropa cómoda, casi siempre trae mayones y se le marca su trasero y su calzón, desde ese momento no dejo de pensar en ella y cada que puedo le dedico una paja, en algunas ocasiones le tomo foto a su culo y voy corriendo al baño exclusivamente a masturbarme mientras veo la foto de su culote.

    Un día mi esposa y yo fuimos a su casa y en un momento mientras ellas salieron a comprar decidí buscar su ropa usada pero no la encontré y regresaron demasiado pronto, en otra ocasión volvió a pasar lo mismo y nada, como tres veces más y no encontraba nada, para mí era un tesoro anhelado, hasta que un día encontré por lo menos su cajón de ropa interior limpia, sin dudarlo tome varias bragas y las olí aunque no me llegaba su esencia pude tener por primera vez su ropa interior en mis manos así que saque mi verga y comencé a masturbarme con sus calzones hasta que sacie mis más bajos instintos, obviamente no me vine en ellos en ese momento, pero sabía que lo haría en algún momento.

    Pero aún me faltaba la joya de la corona encontrar su ropa interior usada y seguí intentando hasta que un día pasé a su baño y vi algo que me alegro el día, ahí estaba un calzón de mi suegra lo tome en mis manos y rápidamente lo olí y me llegó un poco de su fragancia, inmediatamente saque mi verga y comencé a masturbarme con ese delicioso regalo de mi suegra hasta venirme.

    Por fin lo había logrado pero faltaba algo más ya que no era tan fuerte su esencia, así que paso el tiempo y cierto día fuimos de visita nuevamente y al pasar para ir al baño antes de entrar vi un cesto de ropa sucia y lo primero que estaba hasta arriba eran unos calzoncitos de mi suegra, inmediatamente los tome y me metí al baño y para mí suerte esos eran los calzones de mi suegra que siempre había soñado, estaban húmedos todavía de dónde pone su rica vagina, todavía lo recuerdo y me la vuelvo a jalar pensando en esos calzones con su rica y deliciosa esencia, en ese momento aspiré toda su fragancia y le di una pequeña probada de lengua a ese calzoncito y siempre que veo a mi suegra recuerdo ese momento y le sigo viendo el culo ya que a veces se le transparenta su calzón que tanto me excita, espero encontrar más calzones recientes de ella y seguir contando más y mejores anécdotas, por el momento gracias por leer y espero escribir pronto…