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  • Mística

    Mística

    Suena el teléfono, me pregunto ¿Quién será? Saco el dispositivo celular de mi bolsillo y veo en la pantalla refleja el nombre de María, una buena amiga de trabajo.

    Yo: ¡Halo! –Contesto.

    María: Como estas, buen día, disculpa ¿me puedes venir a ver a mi casa? -Ella responde, con un tono de voz muy agudo.

    Yo: Claro, en seguida salgo. –Contesto, despidiéndome rápidamente de ella.

    Tome mi chaqueta, seguidamente me puse en camino hacia el lugar citado, con la incógnita mental de saber que le acontece a María, por la preocupación delatada en ella me imagine que debía ser algo muy comprometedor.

    No tarde mucho en llegar a su casa, al tocar el timbre se abrió la puerta ¡oh sorpresa! María se encontraba frente a mí con un aspecto muy demacrado.

    Antes de continuar con esta narración, debo indicar que María es una chica jovial, de 22 años de edad, de contextura delgada y alta a la vez, dueña de un color azabache perpetuo en su piel, hereditario de su raza afrodescendiente; cuyo rostro angelical es cubierto por una larga cabellera muy rizada, de una mirada risueña que emerge de aquellos ojos grandes y saltones. Siempre sonriente con aquellos labios carnudos llenos de insinuación a ser besados; y, a pesar de su vestimenta acorde a su figura, se podida distinguir que en su pecho se formaba unos senos grandes y redondos, cuyos pezones puntiagudos pretendían romper la tela que los cubría. Más en parte inferior, como buen explorador se divisaba un vientre plano, del mismo que nacía su cintura de avispa y sus sobresalientes caderas; este detalle peculiar se puede corroborar cuando María vestía con ropa deportiva camisetas al cuerpo y licras, ahí se observaba que era dueña de una vagina muy definida, y que su ropa de preferencia era los hilo, pequeños triángulos de tela que cubrían descaradamente su sexualidad.

    Yo: – Amiga que te paso.

    María: – Amigo, te he llamado porque sé que solo tú me puedes ayudar, tengo una dolencia inexplicable, siento que mi vida se va, ya me examino el medico supuestamente es una infección, me tome las medicinas sin tener resultados, pero adicional a todo esto, tengo pesadillas que alguien me toca y me posee siento todo su peso encima de mi cuerpo, eso me asfixia.

    Yo: – Tranquila amiga, relájate, con el poco conocimiento que tengo veré que puedo hacer.

    María estaba al corriente del conocimiento en ciencias ocultas que poseía, sugiriéndole que nos dirijamos a su habitación para conversar un poco más detallado el tema; a paso que daba sentía la energía negativa emitida desde le interior de su espíritu; en estos casos es mejor analizar el comportamiento y el actuar de la persona, para definir si es solamente energía o un estado de posesión maléfica; en esos momentos María llevaba puesta como vestimenta una camiseta y short transparente, a simple vista sin ropa interior; por el cual se podía observar una parte de su anatomía femenina como la espalda, nalgas y muslos, además frontalmente, se lograba apreciar el esplendor de sus senos y su zona púbica. A pesar de estar enferma, su cuerpo se movía rítmicamente al son de la lujuria, incitando a desviar la razón de estar ahí; no me imagine pensar todo esto, ya que María la consideraba una amiga o hermana, pero en estas circunstancias deje a un lado todo esto.

    Sabes, he visto en ti un espíritu maligno poseso en tu cuerpo, ¿hay solución?, si la hay, pero es un poco comprometedora, dependerá de ti si aceptas o no:

    María: ¿Cuál es? Ya no aguanto más esta dolencia.

    Yo: Mira, te respeto mucho, somos amigos, hay que canalizar tu energía, pero en tu cuerpo totalmente desnudo.

    María: ¡Que! Creo que estas abusando de la situación

    Yo: No quiero abusar, solo ayudar, el proceso debe ser así, por que la desnude significa la pereza, si no quieres no hay problema, yo me retiro

    María: Espera, es que te considero mi amigo, te confieso no me he desnudado frente a un hombre (por un momento pensé que María era aún pura y casta)

    Yo: Espero que no confundas las cosas, solo quiero ayudar.

    María: ¿Espera, puede ser en ropa interior? (como si no se diera cuenta que por la transparencia de su vestimenta he visto mas de lo que esperaba)

    Yo: A la pregunta me quedo pensando (Era válida la petición, pero era la única oportunidad de verla desnuda a María, así que aproveche) Mira el proceso es así, lo tomas o lo dejas.

    María: No me queda más, acepto, pero por favor no divulgues lo que va a pasar aquí y dime lo que necesitas para la sanación.

    Yo: necesito tabaco, alcohol e hiervas de monte. Apaga las luces, cierra ventanas de esta manera crearemos un ambiente de conexión con lo desconocido.

    Larga fue la espera y es así, que de pronto del interior del baño, se observa la silueta de María tratando de cubrir su desnudes con una sábana blanca, que era traslucida a la luz de una vela encendida que sostenía su mano derecha; con pasos desequilibrados avanzaba hacia mi buscando sanación a su malestar; se frenó, bajo su cabeza en señal de no querer continuar.

    Yo: -Tranquila, acércate, olvídate de tu desnudez, deja que fluya la pureza de tu ser, desde tu cabeza a tu intimidad.

    María: – ¡No puedo, ningún hombre me ha visto así!

    Yo: – Deja caer lentamente la sabana que llevas puesta, deja ver tu belleza – (ordene por segunda vez). Para que la luz de la vela cauterice lo negativo de tu cuerpo, ya que hace tiempos un hombre al cual no le cumpliste de entregarle tu virginidad, te maldijo; aquel hombre es casado y su esposa se enteró.

    La clave fue manifestar esta aclaración, para que esta doncella de ébano dejara caer la sabana al suelo, quedando su cuerpo como Dios le trajo al mundo, mis ojos disfrutaron de lujuria extrema al ver a María en esas circunstancias, que afirmo todo el morbo que ella me causaba en soledad; era perfecta en todo su anatomía como las mismas ninfas detalladas en las novelas griegas, sus pezones respingones cubiertos de una aureola redondas parecían como fresas en chocolate desando ser saboreados, anclados en unos senos firmes y carnudos que a cualquier movimiento se movían como olas del mar. En mi mente decía: que hermosa cintura de avispa del cual nace un vientre lleno de placer, cuyo final es una vagina rasurada como una concha abierta, sus labios vaginales mayores y menores eran los anunciantes del capullo llamado clítoris.

    Empecé la limpia energética, frotando las hiervas por su cuerpo conjugado con el humo de un cigarrillo, mis ojos disfrutaron de este momento y mis manos de forma reservada tocaban su piel, tratando de evitar tener contacto con sus senos y vagina, ya que se me produjo una erección; creo que el frote de las hiervas le causo un leve placer a María, ya que empezó a dar pequeños movimientos libidos acompañados con gemidos poco sonoros. Al ver que contraía su pelvis y nalgas a la vez, acerque mi boca a su oído como queriendo besarla, le ordene que abra sus piernas; no se opuso, abrió hasta dejar ver los que sus labios vaginales escondían, los cuales estaban húmedos goteantes del néctar femenino, un líquido viscoso y transparente que provenían de su manantial.

    Aproveché esta ocasión ubicándome tras de su espalda, era ahora o nunca, bote las hiervas y el cigarrillo para atravesar con mis manos su cintura, que erótico momento cuando con mis manos pude palpar aquel vientre deseado; al ver que no se opuso, como un rayo me desvestí dejando a flote mi pene erecto, me coloque nuevamente en la misma posición, solo que esta vez mi miembro viril se encontraba en la mitad de sus nalgas, a esto María se arqueo y dejo escapar su primer gemido. Con más confianza, una de mis manos fue directamente en busca de sus senos para jugar con sus pezones que ya estaban firmes de la excitación, a esto besaba su cuello, orejas y espalda, a la vez empujaba mi pene tratando de perforar sus nalgas; a esta acción, María colaboro abriendo más sus piernas y su espalda arqueo hacia adelante tratando de que sus nalgas broten y sea más factible la penetración. Empuje con más fuerza mi pene abriendo camino un poco en su cavidad vaginal, ella se estremeció y grito, puso una de sus manos para que no continuase, pero se incorporó nuevamente.

    Para preparar mejor el camino, mis manos se posesionaron de su vagina, acariciándole suavemente su vulva, labios y clítoris que se encontraban súper mojas de líquidos femeninos, el olor a su sexo me sedujo y al ritmo de sus gemidos que eran muy excitantes, fui lentamente introduciendo mis dos dedos en su orificio vaginal, hasta que llegué a un obstáculo que me impedida seguir perforando, ahí comprobé que María virgen.

    A tal descubrimiento no sabía qué hacer, si continuar o dejar ahí, era mi amiga y creo que llegué hasta el límite, en segundos de tiempo decidí que debo continuar; y sin pensar dos veces con fuerzas rompí aquel impedimento introduciendo todo mi miembro en su estrecha vagina.

    María pego un grito que fue silenciado con suaves besos en el cuello, tocando sus senos y diciéndole a su oído que es una mujer muy sexy y hermosa; resulto este cortejo, espere un poco sin sacar el miembro de la vagina desvirgada y suavemente empecé a sacar y meter mi pene, hasta que maría cogió también el ritmo y ayudo con suaves movimientos de cintura.

    María disfrutaba gemía y sentía dolor a la vez, hasta que dijo me orino, respondiendo que no era eso, si no que estaba por terminar, mientras continuaba con almete y saca de mi miembro yo también sentía que mi pene quería estallar, hasta que sin pensar le llene de semen su vagina seguidamente ella termino con orgasmos múltiples tirándose de forma repentina al piso, ahí reposo abierta las pierna dejando al descubierto y en todo su esplendor su vagina recién desvirgada, de la cual empezó a salir una mezcla de líquidos sexuales, semen y sangre de acompañado a olor a sexo.

    Luego de esto no hubo cruce de palabras se fue al baño, se escuchó la ducha y yo me vestí saliendo sin despedirme y avergonzado por lo que hice. No hablamos por un tiempo, pero me alegre al verla de lejos que recupero su salud y todo su ánimo por seguir viviendo y disfrutando de los placeres de la vida, por terceras personas me entere que luego de mi proceso místico y erótico a la vez María sano, proporcionándole méritos a su médico tratante y no a mí.

    Queridas lectoras y lectores espero que sea de su agrado esta pequeña historia.

  • Una maestra que me enseñó mucho

    Una maestra que me enseñó mucho

    A la edad de 24 años decidí prepararme para unas oposiciones. Busqué una academia y me informé de cómo es el temario y del horario de las clases. El temario se dividía en tres materias, que las impartían tres docentes, una maestra y dos maestros, para ser exactos. A la maestra la llamaremos Julia, para proteger su intimidad.

    En clase éramos veinte alumnos. Pero cuando Julia daba sus clases posaba su mirada en mí continuamente, como si yo fuera el único alumno de la clase. Estaba claro que me estaba haciendo ojitos. Pero, ¿cómo abordarla? En el despacho de profesores era imposible pillarla sola, siempre había algún maestro pululando por allí.

    Julia era toda una señora. Yo nunca la vi en vaqueros y camiseta. Siempre iba con blusas, falda-pantalón, faldas plisadas, pantalones de tela cara, etc. O sea, nada que ver conmigo. Yo era y sigo siendo más de sport, estilo informal. Por eso mismo me sorprendió su interés en mí.

    Sus continuas miradas hacia mi persona curiosamente no me ponían nervioso, más bien me sentía alagado.

    Tenía que planear la forma de comunicarme con ella a solas para poder aclarar el asunto. Entonces tomé la decisión de, como una vez por semana nos hacían un examen de seguimiento, pues cuando nos lo pusiera Julia, yo entre las preguntas 7 y 8 (para que pasara desapercibido y no se notara tanto por si algún fisgón se fijaba), anoté mi número de teléfono con esta pequeña nota “Tu mirada me derrite, Julia. Llámame y hablamos de nuestros respectivos sentimientos”.

    En 1997, que fue cuando ocurrió esto, aun no existía el WhatsApp y los teléfonos móviles eran auténticos zapatófonos como los que utilizaba Mortadelo.

    Fueron días de espera insufribles. Sentía taquicardias. Por momentos me arrepentía de lo que había hecho. ¿Y si todo era fruto de mi imaginación? ¡Qué vergüenza! Si no me llamaba estaba dispuesto a cambiar de academia. No había más remedio. ¿Cómo presentarme en clase después de hacer este ridículo tan espantoso?

    ¿Ya había corregido mi examen o todavía lo tenía en el montón de “Pendientes”? Un mar de dudas me invadía. Temía que me fuera a dar un infarto en cualquier momento de lo nervioso que estaba.

    Al tercer día de espera suena el teléfono. Era un número desconocido. Un sudor frío me empezó a recorrer por la frente. ¿Era ella? ¿Me llamaba para decirme lo guapo que soy o para echarme la mayor bronca de mi vida?

    Con manos temblorosas descolgué el teléfono y contesté con un tímido “¿Diga?”. Era ella.

    –Hola Jonathan, ¿cómo estás? Tuviste una buena idea con lo de apuntar tu teléfono en el examen. Yo soy una mujer casada y esta ciudad es demasiado pequeña. Los chismes corren como la pólvora y yo tengo una reputación que cuidar. ¿Cómo hacemos para quedar y hablar tranquilamente?

    –¿Conoces la cafetería Siracusa? –le comenté–. Está en las afueras de la ciudad y no es muy concurrida. No creo que haya riesgo de que nos vea algún conocido.

    Ella accedió a quedar en ese lugar al día siguiente a las 11 de la mañana.

    Después de pasarme casi la noche en vela, me puse en marcha y llegué a la susodicha cafetería a las 10:45 h. Es un local de dos pisos. Le pedí un café al camarero y subí al piso de arriba, que era más reservado y nos protegería del bullicio. Había un ventanal que daba a la calle por el cual podría observar la llegada de Julia.

    A los pocos minutos la veo cruzar la calle. Iba con abrigo, blusa azul, falda-pantalón color caqui y zapatos de tacón de aguja. Llevaba el pelo suelto que le llegaba hasta cerca de la mitad de la cintura. Rubia y con los labios pintados de un rojo intenso era toda una Freyja de lo hermosa que estaba.

    Yo iba con tenis, vaqueros rotos y camiseta. No pegábamos ni con cola ¿Qué podría haber visto en mí? Yo a su lado parecía más un gigoló.

    La llamé al móvil para avisarle de que estaba en el segundo piso, que subiera. La oí en la barra pedir su consumición y después escuché el taconeo de sus zapatos en las escaleras. Aparece en el rellano, se me acerca, nos damos dos besos e intento romper el hielo diciéndole:

    –¿Qué tal mi examen? ¿Saqué buena nota?

    Ella suelta una carcajada y me contesta:

    –Fue el mejor examen que corregí nunca. Me alegró la vida.

    Después de este comienzo todo fluyó como el agua.

    Hablamos de diferentes temas, pero sobre todo de nosotros, de nuestros sentimientos.

    Ideamos un lugar de encuentros porque lo de vernos en el coche podría valer como solución circunstancial, pero había que indagar otra forma de vernos.

    Entonces pensé en un motel que hay a 15 km de la ciudad, que prácticamente es un picadero para amantes. Los empleados son la discreción personificada.

    Quedé en recogerla al día siguiente sobre las 10 de la mañana para luego ir juntos al motel.

    Al despedirnos le pedí un piquito aprovechando que no había nadie en el segundo piso. Se me acercó y noté el contacto de sus labios con los míos. Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Del piquito pasamos a un beso con lengua y de este a un beso de tornillo. Su lengua jugueteó con la mía durante un inolvidable espacio de tiempo.

    Hasta ese momento nunca había tenido una relación con una mujer casada y debo reconocer que es mucho más emocionante. No puedes lucirte en público con ella, pasear tan tranquilo a su lado, ir al cine o a bailar. Hay que verse a escondidas, caminar unos metros por detrás de ella para no levantar sospechas, besarla solo en privado. Es una experiencia que da mucho más morbo. La fruta prohibida incita y empuja a quebrantar la norma.

    Yo no soy alto, 1,67m. Ella con tacones me saca unos centímetros, pero yo no entiendo a los hombres que rechazan a una mujer por ser más alta que ellos. Será un problema de autoestima.

    A veces quedamos en una ciudad cercana y allí actuamos con más libertad. Nos abrazamos por la calle y comemos en restaurantes.

    De noche estuve ansioso esperando la hora de ir a recogerla.

    “¡Qué mañana tan agradable pasé a su lado en aquella cafetería!”, pensaba.

    Por fin llegó el alba. Me ducho y salgo disparado a buscarla.

    Ya de camino al motel, los dos tortolitos íbamos expectantes y felices. De vez en cuando poso mi mano sobre sus muslos y se los acaricio. Ella me mira de soslayo y sonríe.

    El motel era un conjunto de barracones adosados al estilo del de la película de Psicosis de Alfred Hitchcock. Menos mal que eran las 11 de la mañana y no las 11 de la noche, que si no, allí no me quedo. La recepcionista nos dio el compartimento nº 13. Yo no soy supersticioso y nada me iba a estropear el encuentro.

    Nada más entrar en la habitación comenzamos a besarnos con locura al mismo tiempo que nos desnudamos mutuamente.

    Julia tenía unos pechos preciosos, como quesos de tetilla. No les di ni un segundo de descanso hasta tenerlos bien relamidos y chupeteados.

    Ella llevaba unas medias de cristal a juego con unos ligueros negros que me encendieron tanto la libido, que no le permití que se los sacara.

    A Julia le encanta la postura a cuatro patas, pero antes decidimos practicar la tradicional, la del misionero. Empecé a un ritmo muy lento, un mete-saca cada dos segundos. Para ir poco a poco acelerando a un mete-saca por segundo, dos mete-sacas por segundo… hasta por fin llegar a tres mete-sacas por segundo. En alguna ocasión aceleré a cuatro mete-sacas por segundo, pero tuve que volver al ritmo precedente por lo agotador del esfuerzo.

    Julia tenía los ojos entornados y la boca entreabierta. Jadeaba sin descanso. Yo, mientras, le besaba todo el rostro y el cuello, el cual mordía a modo de vampiro.

    Pronto le invadió un orgasmo enloquecedor y entonces fue ella la que me mordió el cuello a mí, como si quisiera arrancarme un pedazo de carne.

    Decidimos pasar a su postura preferida.

    Julia se colocó a cuatro patas y yo, agarrándola bien por la cintura, le di la caña que se merecía y que su marido no le daba (según me contó después). En algunas ocasiones la sujetaba por sus hombros para entrar con más ímpetu en sus entrañas. Como Julia llevaba el pelo suelto y no podía ver la cara de vicio que ponía, a veces se lo recogía con mis manos a modo de coleta y como si fueran las riendas de un caballo tiraba hacia atrás, con delicadeza. Ella me miraba sonriente y me decía:

    –Dame duro, cariño, sin compasión. Esta yegua necesita que la monten bien. Sin cortesías.

    Intenté aguantar todo lo que pude, manteniendo la mente en blanco o repasando la tabla de multiplicar, para no correrme aún. Pero al fin, me corrí dentro de su coño hasta dejarla bien saciada de lefa. Ella tuvo casi al mismo tiempo que yo una explosión de éxtasis, que la dejó tumbada boca abajo en la cama por espacio de un minuto, sin decir palabra y resoplando.

    Fue el primero de tantos encuentros que tuvimos a lo largo del año y medio que duró el curso.

    El examen lo aprobé, pero como era concurso-oposición no saqué plaza al no llegar al corte necesario. Pero no fue un tiempo perdido.

    Sin embargo, al terminar el curso la cosa se fue enfriando poco a poco.

    Lo que la motivaba era el tenerme como alumno y ella hacer de maestra mala. Pero al dejar yo la academia, esa situación provocativa y morbosa terminó.

    Seguro que conquistó el corazón de otro alumno en el siguiente curso. El cual tendría el privilegio de aprender las maravillas que me enseñó a mí.

  • La amiga de mi ex novio

    La amiga de mi ex novio

    Tenía 18 años y estaba en mi último año de la secundaria, cuando lo conocí a mi ex. Fede era un chico simpático y buena onda. Nuestra relación duró relativamente poco, aproximadamente 9 meses, en esos meses conocí a su familia y a su mejor amiga Eliana.

    A ella la conocí en su cumpleaños, él cumplía años en un día de primavera donde hizo mucho calor. El realizó una fiesta en su casa, con la familia y allegados donde me presentó como su novia.

    Ella llego con sus padres. Y cuando la vi me puse celosa de mi novio en ese momento. Una chica blanca, de altura 1,70. Con su pelo de color rojo natural, ojos de color verdes claros, labios carnosos y pechos hermosos. Traía un vestido corto tipo strapless que le quedaba pegado al cuerpo.

    Lo miré a mi ex en ese momento y le dije:

    S: ¿Ella es tu amiga?

    Imaginándome intimidad entre ellos por lo hermosa que se veía y teniendo un poco de celos por la amiga que tenía.

    F: Si, pero es como mi hermana.

    En ese momento nos saludamos y nos presentamos. Me pareció muy agradable y simpática. Además de hermosa. después de las 12 de la noche los padres y los familiares se fueron, quedando los amigos de mi ex y yo.

    Como no había muchas chicas en la fiesta me quedé hablando con ella, y me contó que lo conocía a Fede, desde que tenían 5 años que eran amigos porque sus padres son amigos desde la universidad. Y Fede, es el hermano que nunca tuvo, ya que ella es hija única. Cuando termino la fiesta ambas nos sentimos muy unidas. Como amigas nos pasamos los teléfonos.

    Pasaron los meses, yo termine mi relación con Fede, pero la comunicación con ella no terminó, es más empezamos a salir juntas. Una noche salimos a un bar y mientras estábamos consumidas por el alcohol, ella me confianza que es bisexual, que se estaba viendo con una chica hace tiempo, y que estaba triste porque esa relación había terminado. Y yo sorprendida, siempre había tenido curiosidad de que se sentía estar con una mujer, porque miraba porno lésbico. Y le pregunté:

    J: ¿qué se siente estar con una chica?

    E: ¿por qué querés probar?

    Me quedé muda… y ruborizada

    E: ¿siempre es mejor con una amiga?

    Y mi timidez o vergüenza me hicieron decir que no, aunque me moría de ganas de probarla.

    Paso el tiempo, yo la dejé de ver. Entre la universidad y trabajo, tenía el tiempo siempre ocupado con alguna tarea. Además de que me fui a vivir sola.

    Una noche me llega un mensaje al celular de ella:

    E: ¡¡amiga!!

    ¿No nos vemos más?

    ¿Queres que nos veamos?

    J: estoy ocupada con miles de cosas, pero estoy viviendo sola, ¿querés pasarte un rato?

    E: ¡claro!, pasame la dirección que voy a verte.

    En 10 minutos escuche el timbre de mi departamento y estaba hermosa como siempre, con una remera diminuta que resaltaba su figura, y unos leggins donde se podría apreciar sus hermosas caderas y piernas. En ese entonces tenía en sus manos 2 botellas de vino y una pizza. Y le dije.

    J: ¿Viniste preparada?

    E: ¡claro!, quería verte! Con una hermosa sonrisa en la cara.

    En cuanto entró a mi casa, la miré de arriba abajo y no me pude contener. Y la besé, y le mordí los labios ella sorprendida me miró y se alejó, pero luego me siguió con otro beso. En ese momento no me había dado cuenta, pero ella me deseaba tanto como yo a ella. No sentamos en el sillón, mientras nos besábamos nos sacamos la ropa, porque el calor nos invadía a ambas, y ella me empezó a tocar la vagina mientras yo se la tocaba a ella, mientras besaba esos hermosos pechos redondeados y hermosos que tiene, (que tanto había deseado), bien erectos, solos mordía y se los besaba, mientras ella me tocaba. Y los gemidos de placer… me empezaron a salir de mi cuerpo y con más rapidez ella me tocaba hasta que mis jugos salieron y me hizo terminar.

    Luego yo la llevé a mi habitación y allí la hice poner en cuatro. arriba de la cama donde la empecé a besar su vagina, de arriba abajo y cada vez con más velocidad, mientras le chupaba con ganas y mordía un poquito, ella gemía y me decía… ¡me encanta!, seguí así, con vos agitada de placer, y le empecé a meter los dedos, y se mojaba cada vez más, hasta que acabo en mi boca, sentí, todos esos jugos en mis labios.

    Ella se subió encima de mí y me dijo, abrime las piernas y empezamos hacer unas tijeras deliciosas, mientras yo le tocaba las tetas y se las pellizcaba, ella me manejaba en las tijeras como la diosa que es. Me daba tan fuerte con sus movimientos de vagina con vagina, estaban tan mojada que me hizo acabar de nuevo.

    Esa noche fue hermosa, estuvimos toda la noche haciéndolo.

    Después de esa noche de placer, somos amigas con derecho.

  • Mi esposa me enseñó (6)

    Mi esposa me enseñó (6)

    Eran las 3:45 de la mañana cuando me despertó el ruido de un coche, me apresuré a mirar por la ventana y era ella con su amante. De inmediato tuve una tremenda erección al mirar bien y darme cuenta que ella estaba chupando su verga, su cabeza subía y bajaba aumentando el ritmo, él estaba recostado en su asiento con las manos en la cabeza de mi esposa.

    De inmediato comencé a masturbarme mirando aquella perversa imagen, a los pocos instantes tuve un intenso orgasmo, cabe mencionar que para ese entonces ya me había hecho por lo menos 7 masturbaciones así que estaba adolorido.

    Poco después escuché Cómo entraba mi esposa a la casa al tiempo que el coche se alejaba. Me hice el dormido, Alexa sigilosamente llegó hasta mí y susurrando para despertarme me dijo: «hola cariño ya llegué ¿Cómo está mi cornudito? Qué bien se te ven esos cuernitos cariño» hice como que despertaba y pregunté ¿qué hora es? Alexa me dijo ¡qué importa, vengo feliz y muy adolorida cariño Fer es un toro! ¿Quieres que te cuente o ya tienes mucho sueño?» Apresuradamente le dije cuéntamelo todo…

    Alexa con sonrisa pícara y satisfecha me dijo: «ay cariño! ¿Tanto te calienta saber cómo se cogieron a tu esposita? ¿Te gusta que tu esposa sea una putita? Mmmmm que rico!

    «Pues mira: salí del trabajo y fui a su camioneta como me lo indicó, apenas me subí y comenzó a besarme muy intensamente mmmm… Sus manos se apoderaron inmediatamente de mis nalgas apretándome fuerte hacia él, después empezó a meterme la mano bajo el vestido, tiene unas manos muy fuertes y me metió dos dedos de una sola vez, yo grité cariño me dolió mucho, aunque estaba ya muy mojada, él me dijo que aguantara que todavía no empezaba.»

    Yo sentí una mezcla de celos y calentura descomunal tan solo de imaginar la escena, Alexa se estaba entregando a Fer con mi consentimiento y lo estaba disfrutando mucho. Al ver mi cara de asombro, Alexa tomó mi verga y comenzó a masturbarme suavemente, me hablaba despacito y de frente asegurándose de que yo percibiera su aliento, olía muy fuerte a sexo, al semen que recién había sacado de su amante, no puedo explicarlo realmente, pero me gustó mucho.

    «Mira cómo te pones papito de saber que te he estrenado como cornudo! No puedes negarlo más, te gusta que tu esposa sea una puta y te ponga los cuernos con un macho de verdad» me dijo acercando su boca a la mía y me dio un largo beso, su lengua llenó completamente mi boca, juro que pude sentir lo espeso del semen de Fer en la lengua de mi esposa y me puse más caliente que nunca. Alexa se dio cuenta y me dijo: «mmmmm cornudito creo que te gusta mi sabor, ¿No es así? Acabo de chuparle el pene a Fer… ¿No es delicioso? Anda admítelo no sientas pena a mí me fascina»

    No pude más y estallé en un nuevo orgasmo gritando «¡sí cariño, me gusta mucho!» No podía creer lo que había salido de mis labios, Alexa se veía contenta y satisfecha con lo que había escuchado. Introduje mis dedos en su hermosa panocha, me di cuenta que no llevaba la tanga y tampoco las medias, su vagina estaba inundada de semen de Fer, ella tomó mi mano y la sacó diciendo: «no papito ahora no que vengo muy adolorida, te prometo que mañana seré para ti» tomo mis dedos y los introdujo en mi boca, pude sentir el semen de Fer combinado con los jugos de ella y no sé por qué, pero me gustó demasiado.

    Ella se tumbó al lado mío a descansar, yo hice lo mismo esperando que al otro día terminara de contarme.

    Continuará.

    Espero que les esté gustando este relato 100% real, espero sus comentarios [email protected]

    Gracias

  • Mamá nos mandó a terapia a mi hermana y a mi

    Mamá nos mandó a terapia a mi hermana y a mi

    El reloj en la pared del consultorio marcaba las 14:27 de la tarde.

    Mi hermana Agustina y yo estábamos sentados en un sofá naranja frente a la psicóloga, con la que nos había sacado turno nuestra madre.

    La psicóloga llevaba un suéter blanco tejido y una calza clara, sostenía un anotador y una lapicera de marca.

    Era rubia, de ojos claros y facciones de no mas de 38 años de edad, con una piel clara y bien cuidada y unos lentes finos.

    Nos miraba de vez en cuando, alternando entre mi hermana y yo.

    Agustina se tocaba las manos, de manera rápida y nerviosa, o llevaba sus dedos a su pelo negro y jugando con el mismo.

    Llevaba una remera oscura y una falda roja que apenas cubría sus rodillas mostrando unas piernas bien tonificadas a las que era difícil no prestar atención.

    En cuanto a mí, simplemente estaba con una remera verde con un estampado de una playa y un pantalón deportivo simple gris.

    Ni Agus ni yo sabíamos que decir para romper el silencio, simplemente estábamos esperando que la profesional hable o comience a hacer preguntas.

    “Bueno me presento, mi nombre es María, ante todo quiero que sepan que dentro de estas 4 paredes son libres de expresar lo que quieran y nadie va a juzgarlos”

    Agus hizo una mueca de desaprobación antes esas palabras, pero María al parecer ignoro eso.

    Ante el silencio María continúo hablando.

    “Bueno, ¿saben por qué se encuentran hoy acá?, o quieren contarme un poco de sus vidas así los voy conociendo”

    Decidí que al mal tiempo darle paso así que procedí a presentarme de la manera más educada posible.

    “Me llamo Ariel, tengo 25 años y actualmente estoy desempleado y estudiando ingeniería en la UTN (Universidad Tecnológica Nacional). Estoy acá porque, bueno supongo que mi mamá le habrá dicho algo al respecto”

    María anoto algo en la libreta y me miró fijamente.

    “Su madre pudo haberme dicho algunas cosas, pero lo que me interesa es escuchar su versión de lo que ustedes me quieran contar”

    María miro a Agus antes de volver a hablar.

    “¿Te gustaría compartir algo con nosotros?, no están obligados a hablar de cosas que no quieran, normalmente una terapia lleva de meses a años”

    Agustina sonrió antes de dirigirle la palabra a la psicóloga.

    “Ma llamo Agustina, tengo 22 años y estoy acá porque mi mamá me descubrió chupándole la verga a mi hermano en el baño. ¿Quiere que le haga una demostración en el consultorio?”

    María notaba el odio en los ojos de Agustina, pero también miedo y desconcierto.

    “Directo al asunto, pero está bien sacar las cosas que uno tiene reprimidas adentro, para eso funcionan las sesiones de terapia. De vuelta, estoy acá para escucharlos, así que siéntanse libres de soltarse”

    Agus pareció un poco mas aliviada después de escuchar esas palabras y adopto una pose menos agresiva y más receptiva.

    “Quiero que me cuenten una historia, no importa cual de los dos comience, de cómo empezó todo”

    Me arme de valor y empecé a relatar mi versión de los hechos.

    “Todo empezó hace un año aproximadamente, en la fiesta de cumpleaños de la prima Ramona, todos los años siempre vamos a su quinta en Moreno. Tiene una pileta enorme donde pasamos una semana”

    Agustina continúo acotando algo.

    “Siempre mamá nos vigila cuando estamos en la pileta, puedo ver sus ojos en mi nuca contantemente, es un poco molesto”

    María pareció interesada en esa parte y le pregunto porque pensaba que hacía eso.

    “Porque tiene miedo que empecemos a hacer cosas sucias entre primos o con mi hermano, me lo pregunto varias veces, es por eso que la cerradura del baño esta tapada con pale higiénico.”

    María anoto algo más en el anotador.

    “Fue tal el acoso que comencé a tener sueños raros, sueños donde me besaba con mi hermano a escondidas de nuestra madre y al despertar me sentía sucia.

    Empecé a buscar en internet y vi que muchas personas mantenían en secreto relaciones entre hermanos, incluso había pornografía sobre eso”

    Hubo una pequeña pausa, luego seguí hablando yo.

    “Estábamos en el agua y Agus sentada en el borde de la pileta, hasta ahí todo era normal. Lo que ella no había notado era que la tanga del biquini se le había corrido y se le podía ver todo. Sentí una especie de vergüenza y deseo, no era capaz de apartar la mirada, hasta que Agus se dio cuenta y avergonzada se ajusto la prenda y se fue de la pileta. No nos hablamos en los dos días que siguieron hasta que volvimos a casa”

    Se sentía bien hablar las cosas, Agus parecía sentirse de la misma manera cuando retomo la historia.

    “Como en la casa poco podemos hablar sin la supervisión de mamá, solemos conversar durante la noche desde la computadora de cada uno. Por suerte nuestra madre es un cero a la izquierda en cuanto a tecnología. Le dije a Ariel que no estaba enfadada por lo que había pasado, para que se quede tranquilo. Luego mientras hablábamos me anime a confesarle que había encontrado un foro de incesto. Estaba aterrada de como podía reaccionar, pero por alguna razón se lo tomo bien y me pidió que le pase el link de la página.

    Nos lo tomamos a broma al principio, buscábamos historias graciosas o interesantes y las comentábamos, incluso decíamos que si mamá nos encontraba haciendo eso seguro nos desheredaba”

    María movió un poco las piernas y se lubrico los labios con la lengua, Agustina lo noto, las mujeres son mas receptivas a esos pequeños detalles, saben cuando una mujer da signos de excitación, y se percató que la psicóloga se estaba calentando con la historia.

    Se pregunto si la humedad ya había mojado su ropa interior y comenzó a imaginarse chupándole la verga a su hermano entre las dos, preguntándose si la psicóloga sería buena petera.

    Con la voz medio agitada María pregunto qué paso luego.

    Agus con una vos un poco más sensual siguió hablando.

    “Los días pasaban y las conversaciones subían más y más de tono, comencé a tocarme mientras platicábamos sobre incesto y tenía la sospecha que Ariel hacía lo mismo. Un día estaba tan caliente que directamente le pregunte si quería ver como me masturbaba, la respuesta tardo, pero luego Ariel me dijo que si, pero si no le molestaba que se toque mientras veía”

    La psicóloga trago saliva y tomo un poco de agua para disimular.

    “Me senté y enfoque la cámara para enfocar bien mi vagina y que se vea como entraban y salían los dedos, recuerdo que fue uno de los mejores orgasmos que tuve, saque los dedos todos mojados y se los mostré antes de metérmelos en la boca de esta forma”

    Agus se metió dos dedos en la boca y los chupo mirando directo a María.

    La psicóloga quería dejar de mirar, pero había algo en la sensualidad de Agus que no te permitía hacerlo. Decidió cortar la sesión por ese día y quedaron en verse la siguiente semana.

    Afuera su madre esperaba con el ceño fruncido, y María le dijo que estaban haciendo progresos y que de a poco las cosas iban a volver a la normalidad.

    Al llegar la noche se volvieron a conectar para hablar.

    “¿vos crees que mamá se tragó eso de que estábamos haciendo progresos?”

    “No sé, pero la que seguro no lo hizo fue la psicóloga”

    Ariel tardo un poco en preguntar el por qué.

    “Cuando salimos, pude ver mejor a María y adivina que, quedo completamente caliente con nuestra historia. Estaba tan húmeda la trolita que el flujito le mojo el pantalón, pude ver una pequeña aureola oscura a la altura de los labios de la concha. Me parece que nos vamos a divertir jugando a la terapia hermanito”

    Continuará.

  • Viaje astral

    Viaje astral

    El viejo chamán pronunció un par de frases en un idioma precolombino y blandió su humeante antorcha por encima de nuestras cabezas formando una vaporosa nube oscura. Arrojando con su otra mano incienso al aire, el cual no olía como yo recordaba debería oler el incienso.

    Dijo un par de frases más y procedió a bendecir a los turistas que nos encontrábamos a su alrededor formando un círculo en la proximidad de la cima de la Sierra Quemada, una cumbre montañosa ubicada en la cordillera de la sierra madre occidental. Formación geológica del centro de México que se considera sagrada por algunas comunidades indígenas.

    Casi dos horas de trayecto a caballo para estar veinte minutos en una ceremonia mística de origen dudoso era mucho más de lo que mi trasero era capaz de soportar. Y todavía faltaba el regreso.

    Real de Catorce un pueblo mágico ubicado en una región del altiplano de México fue una próspera comunidad minera durante la época colonial. Cayó en decadencia después de que la mina principal se inundó y al ser inviable la extracción del mineral de plata la mayor parte de sus habitantes abandonaron el pueblo. Siendo actualmente el turismo la fuente de ingresos de sus pocos lugareños.

    Las principales atracciones de Real de Catorce son su iglesia, el Cerro Quemado, el pueblo fantasma y el túnel del Ogarrio, el cual une al pueblo con el resto del estado mediante un túnel de 2,300 metros. Además se pueden hacer algunos recorridos en la sierra ya sea a pie, en caballo o en vehículos todo terreno.

    Al acercarse nuestro aniversario y teniendo un par de días libres y poco presupuesto mi novia Leslie y yo decidimos visitar la comunidad de Real de Catorce. Salimos desde nuestra ciudad de residencia en el norte de México, un viernes durante las vacaciones de primavera, para realizar el viaje de 5 horas al que sería nuestro destino ese fin de semana.

    Somos una pareja joven con 24 años cada uno. Graduados ambos de la Universidad de arquitectura, por lo que nos apasiona conocer la historia y arquitectura de la época colonial de nuestro país.

    Leslie es una chica muy hermosa, de tez blanca, cabello rubio, ojos claros y una esbelta figura gracias a su dedicación al gimnasio. Con un par de firmes y voluptuosos senos al frente y un trasero redondo y respingado que provoca querer tener sexo con ella todo el día. En fin el tipo de chica que te hace voltear a verla otra vez al pasar junto a ti. Yo no estoy tan mal, pues también soy aficionado al gimnasio y a los deportes al aire libre.

    Cruzamos por el famoso túnel después del mediodía. Dado que el pueblo Real de Catorce se fundó en el año 1777 esta ciudad no fue diseñada para automóviles, por lo que se debe conducir con cuidado siguiendo las indicaciones para evitar quedar atascado. Las calles no sólo son reducidas y empedradas sino también muy irregulares por lo que es mejor utilizar un vehículo con tracción integral. Desafortunadamente no era el caso de mi pequeño vehículo inglés.

    —Ese último estuvo grande —dije a mi novia después de pasar un bache y dirigirnos al hotel.

    Como la mayoría de los hoteles de Real de Catorce son antiguas casonas acondicionadas como hoteles, los cuartos suelen ser bastante espaciosos, con gruesos muros y un estilo colonial encantador. Mi novia y yo escogimos uno que tenía un patio interior, con dos niveles en la orilla del pueblo.

    Llegamos primero al hotel para registrarnos y dejar nuestro equipaje para evitar perder la reserva; pues sabíamos que la mayoría de las excursiones por la sierra se pueden extender por causa de las aglomeraciones del turismo de temporada.

    A pesar de tener una reserva para dos personas la habitación que nos asignaron era bastante grande. Una enorme cama matrimonial al centro con una elegante cabecera de madera tallada, enfrente de la cama había dos sillones individuales con una mesita de centro en medio de ellos y en una esquina un pequeño escritorio de caoba con una silla tallada a mano que nos transportaba a los inicios del siglo pasado.

    No tenía televisor pero no importaba, esto ayudaba a crear un ambiente más auténtico y tradicional. El cuarto de baño también era bastante grande a pesar de no tener tina de baño; agua caliente era lo único que ocupábamos. Y una ventana a lado del escritorio que daba a la calle por donde se podía ver el amanecer sobre las colinas.

    Dejamos las maletas en el hotel y nos dirigimos a la entrada del pueblo para buscar algún paseo que pudiéramos hacer por la sierra a esa hora. Nuestra intención era ir primero al pueblo fantasma, pero al ser la opción favorita de los turistas había una espera de 4 horas, sin garantía de realizarlo.

    Nuestra siguiente opción era un paseo por la Sierra Quemada la cual incluía un ritual de purificación, por llamarlo de algún modo, que era realizado por un chamán de la comunidad huichol, los antiguos moradores de la sierra.

    —Buenos días güerita, ¿quieres montarte en mi caballo? —preguntó un chico de los que ofrecían los paseos a mi novia, al ella llamar su atención.

    A pesar de Leslie llevar puesto, por causa de las bajas temperaturas, un abrigo azul que le llegaba ligeramente arriba de las rodillas su porte y elegancia eran difícil de pasar desapercibidos, pues su cabellera rubia contrastaba con el color de su abrigo.

    Ella se había puesto una blusa blanca de botones, tipo sastre, pensando en el momento de tomarse las clásicas fotografías de recuerdo que lamentablemente no podía lucir; pues aún con el sol en todo lo alto las heladas ráfagas de viento calaban hasta los huesos.

    Un pantalón vaquero ajustado al cuerpo hacían lucir sus piernas largas y delgadas por debajo de su abrigo; y unos botines negros le daban un poco más de altura a su esbelta figura. Definitivamente era fácil saber por que el chico se había dirigido a ella y no a mí en una primera instancia; en fin, cuando tienes como novia una mujer tan hermosa es algo a lo que te acostumbras rápidamente.

    —Buenas tardes —saludó ella—. ¿Adónde van?

    —Vamos a la Sierra Quemada a un ritual de purificación. Tengo dos lugares disponibles, ¿les interesa? —dijo un chico de tez bronceada bajo un sombrero de vaquero al acercarse a mi novia, mostrando una sonrisa blanca que contrastaba con su tono de piel.

    Yo la verdad no estaba muy convencido con la parte del ritual místico del paseo, ya que esto lo hacía demorar más, por lo que pregunté si había alguna opción sin el ritual.

    —Lo lamento, lo que sucede es que el Cerro de la Quemada se considera sagrado por los huicholes —dijo el chico al darme a entender que la única razón por la que el paseo era posible, era por un acuerdo entre el gobierno federal y la comunidad indígena para preservar sus tradiciones—. A ellos se les da una parte del costo del paseo, es como un impuesto, para preservar sus tradiciones —explicó el chico amablemente.

    Aunque pudiera ser que yo no creyera en rituales de purificación y chamanes, si creía en la deuda histórica que teníamos con las comunidades indígenas por lo que acepté realizar el paseo bajo esas condiciones.

    Dado lo fuerte del sol el paseo no iniciaba sino hasta las 4 de la tarde, eran unas dos horas de camino en caballo hasta la Sierra Quemada, tendríamos una media hora para explorar los alrededores de la sierra celebrando el ritual después de la puesta del sol y regresando al pueblo al finalizar éste.

    Intercambiamos teléfonos con el guía para que él nos avisara al momento justo en que saldríamos. En lo que partíamos Leslie y yo tuvimos tiempo para comer en una pequeña fonda y curiosear por el pueblo hasta que recibimos el mensaje del chico para volver al punto de partida.

    —Este caballo es para usted señorita, es el más manso que tengo —dijo el chico a mi novia al momento de asignar los caballos.

    —Gracias —dijo ella en lo que el chico la ayudaba a subir; ofreciendo su rodilla para que ella apoyara su botín negro a manera de banquito—. ¿Cómo se llama?

    “Es obvio que le den el mejor caballo a Leslie, si cada hombre que la ve se la quiere coger”, pensé en mi interior al suponer que, por ser mi novia de las mujeres más atractivas del grupo, el chico quisiera quedar bien con ella a cambio de una buena propina.

    —Se llama Pinto señorita —respondió el chico quien no era muy original para asignar nombre a sus caballos, pues Pinto era blanco con manchas oscuras.

    Siendo franco el trayecto fue bastante tortuoso para mis posaderas, además éste no fue en línea recta ya que la idea del paseo era también conocer los alrededores de la sierra. Entre guías y turistas nuestro grupo se componía de unas 30 personas, todos a caballo. También es posible hacer el trayecto a pie, pero dado la altura de la sierra y la falta de señalizaciones, al considerarse tierra sagrada, no es una actividad recomendable para turistas.

    Los caballos tienen buena memoria, por lo que no es necesario que los guiemos, ellos saben a donde van y como regresar. Fuera de algún resbalón debido a piedras sueltas en el camino el traslado fue bastante agradable. Un consejo, no olviden su chaqueta o abrigo aun cuando el sol brille en lo alto, no querrán pasar penurias como le ocurrió a uno de los turistas.

    Como los caballos se mueven en fila sólo los guías pueden avanzar o retroceder cuando un caballo no sigue el ritmo de la caravana. Yo iba detrás de Leslie por lo que pude ver cuando el chico se emparejó con el caballo de ella.

    —¿Qué tal el caballo? ¿Se porta bien? —preguntó el chico a mi novia siendo amable.

    —Si, tenías razón, Pinto es muy tranquilo y muy bien portado —respondió ella como si montar a caballo fuera algo habitual.

    —Lo mejor para usted güerita —dijo el chico, levantándose ligeramente el sombrero en señal de cortesía sacándole una sonrisa antes de continuar guiando la caravana. Al menos él se portaba como un caballero.

    Por causa de las subidas y bajadas de la sierra hicimos más de una hora y media en llegar al lugar donde se realizaría el ritual. Estaba desesperado por bajar de mi caballo y estirar un poco las piernas.

    Como los caballos no pueden subir hasta la cumbre debido a lo agreste de la vereda, tuvimos que dejarlos en una orilla de la cima para después continuar a pie en la última parte del trayecto.

    Antes de comenzar a subir, Leslie quiso tomarse una fotografía sobre su caballo, con la sierra montañosa de fondo, pues era seguro que al regresar de la cima el sol ya se hubiera puesto haciendo imposible capturar ese paisaje.

    —Si quiere le presto mi sombrero señorita —dijo el chico quitándose el sombrero y sacudiéndole el polvo con un par de manotazos—. Le aseguró que no tengo piojos —agregó a manera de broma.

    El guía realmente estaba siendo muy amable con mi novia, gesto que a ella apareció agradarle.

    —Gracias, puedes llamarme Leslie.

    En lo que tomábamos algunas fotos tuvimos tiempo para presentarnos. Resulta que nuestro guía se llamaba Gabriel, tenía 21 años y vivía en un municipio cercano realizando diferentes oficios. Como su familia siempre había tenido caballos él era un experto jinete.

    Hacía un par de años que un amigo lo había invitado a ayudarlo a dirigir las excursiones de turistas durante la temporada alta; y ya que el dinero nunca sobra continuó haciéndolo hasta ese día.

    Aunque el chico no era muy alto, su porte y complexión robusta lo hacía lucir como un auténtico vaquero. Camisa a cuadros, chaqueta aborregada y unos pantalones vaqueros, y sin faltar, las botas con espuelas y el sombrero. Atuendo que utilizaba para dar un aspecto más rústico y auténtico a su imagen durante los paseos, pues él realmente era un chico de ciudad; si en ese momento lucía una tez bronceada es por haber realizado diversos paseos a caballo durante todo el día.

    Las fotografías quedaron sorprendentes, pues el distintivo sombrero negro del chico le dieron a mi novia la imagen de una sofisticada vaquera con la sierra montañosa de fondo.

    —Gracias Gabriel —dijo mi novia al regresarle al chico su sombrero.

    A pesar de Leslie y yo tener una buena condición física no estábamos habituados a la altura de aquel lugar, por lo que nos costó algo de trabajo. Al final todo el grupo llegó a la cumbre donde, sin excepción, cada uno de nosotros aprovechó para tomar la mejor fotografía del paseo, levantando los brazos en señal de victoria. ¡Tal parecía que habíamos conquistado la montaña más alta del mundo!

    Poco antes de la 6 de la tarde llegó el chamán en compañía de dos asistentes o aprendices, no conozco la terminología correcta, con ayuda de un mechero encendieron una fogata y quemaron algunos manojos de plantas que llevaban consigo. Incluyendo el famoso peyote, planta sagrada para los huicholes.

    Acomodaron a todos los turistas alrededor de un círculo de piedras y el chaman levantó una antorcha que agitaba con su mano para esparcir sus bendiciones místicas mientras seguía cantando.

    A los más valientes nos invitó a aspirar un poco del humo del peyote, una minúscula dosis que tenía un efecto más psicológico que físico. Su olor no era muy diferente al de cualquier planta, al menos para mí, por lo que además de causarme náuseas no sentí ningún efecto.

    —El peyote puede ser fumado o masticado. Algunos reaccionan más rápido al humo otros prefieren masticarlo —dijo Gabriel a mi novia al explicar cual era la mejor forma de sentir sus efectos.

    Según el chamán el principal efecto del peyote es el provocar a quien lo consume visiones del más allá, viajes astrales es como los suelen nombrar, los cuales tienen diferente significado dependiendo de lo que se vea y quien lo vea. Esto debido a que el peyote tiene el efecto de agudizar los sentidos y así poder percibir una realidad que con la percepción tradicional sería imposible.

    —Pueden ser mensajes o recuerdos de otra vida —explicó el chamán otorgándole a sus palabras un efecto dramático, casi teatral.

    Aunque el ritual parecía sencillo fue una experiencia interesante el conocer como los antiguos moradores de la sierra veneraban a sus deidades.

    —Esta planta tiene propiedades mágicas, úsenlo sabiamente —dijo el chamán al entregar un trozo de peyote a mi novia como ‘regalo’; Seguramente también impresionado por su belleza.

    Debido a que el peyote tiene ciertas propiedades alucinógenas durante mucho tiempo se le atribuyó poderes curativos, al punto de que la gente cosechaba esta planta indiscriminadamente hasta casi llevarla a su extinción por tener un tiempo de maduración muy largo, hasta diez años.

    Razón por la que actualmente ésta prohibido su comercialización. Claro, siempre se puede conseguir un poco de ésta de la comunidad indígena de la sierra, a quienes por respeto a sus costumbres y cultura se les concede un permiso especial para usarla en sus rituales.

    —Gracias —dijo ella después de pagar un precio simbólico por el exótico souvenir.

    El sol se ocultó en lo que regresamos al pueblo, por lo que el viaje fue bastante terrorífico al ser sorprendidos por los sonidos emitidos por las criaturas nocturnas a medida que descendíamos. Previsoramente los guías llevaban linternas principalmente para tranquilizar a los turistas, los caballos ya estaban habituados a ese tipo de recorrido.

    —¿Qué fue eso? —pregunté nervioso a mi novia al escuchar un extraño sonido emitido por alguna bestia que nos acechaba desde su escondite.

    —Sólo es un ratón de campo —dijo Gabriel sin inmutarse, mientras cabalgaba como escolta personal de mi novia.

    —Sólo un ratón, ya lo sabía —comenté simulando no tener miedo a los ratones y a casi cualquier otra criatura silvestre.

    Durante nuestro regreso Gabriel nos comentó que anteriormente había turistas que realizaban sus propias excursiones durante la noche para poder probar las propiedades místicas del peyote en rituales clandestinos.

    —Eran hippies que sólo venían a drogarse a la luz de la luna. ¿Se imaginan gente drogada, en la oscuridad, sin tener idea de donde se encuentran? Eso no terminaba bien —comentó el chico.

    Por esa razón el gobierno prohibió subir a la sierra durante la noche. Aun así era difícil evitar que cada cierto tiempo un grupo de imprudentes aventureros lo intentara de nuevo.

    Llegamos al pueblo y después de entregar los caballos nos despedimos de Gabriel. Leslie y yo caminábamos rumbo a nuestro coche cuando ella me pidió que le tomara una fotografía con el chico que había sido nuestro guía durante la excursión a caballo, aprovechando que estábamos en la plaza principal.

    —De acuerdo si eso quieres —accedí sin darle importancia, suponiendo que era porque el chico lucía como un auténtico vaquero.

    Le hice un ademán al chico para llamar su atención en lo que mi novia buscaba un lugar donde la fotografía luciera mejor. Viéndolo bien el chico si era algo atractivo. Tez bronceada, cabello negro, ojos claros y hombros anchos lo hacían destacar con sus botas y sombrero; quizás era por eso que mi novia había querido tomarse una fotografía con él como acompañante.

    —Será un honor —dijo el chico aceptando posar junto a mi novia.

    Gabriel caminó hacia donde se encontraba ella, quien apresurada desabrochaba su abrigo.

    —No quiero salir con la misma ropa en todas las fotos —dijo ella entregándome su abrigo para que lo cuidara en lo que ella posaba junto al chico.

    —Lo que tú digas amor —dije de manera burlona pues la temperatura en el pueblo desciende rápidamente al ocultarse el sol.

    La acción de Leslie no me sorprendió, pues en algunos otros viajes ella había hecho lo mismo para poder conseguir imágenes mas variadas. Lo que llamó mi atención es que disimuladamente desabotonó los dos botones superiores de su blusa, generando un pronunciado escote que dibujó una sonrisa de lascivia en el rostro del chico al clavar sus ojos en el pecho de mi novia.

    —¿La puedo abrazar? —preguntó el chico extendiendo su brazo izquierdo.

    —Sí, claro —respondió mi novia permitiéndole al chico pasar el brazo por su espalda y sujetarla por la cintura; haciendo ella lo mismo con él.

    Hice una señal para que sonrieran y comencé a tomar las fotografías; casi todas fueron del mismo estilo, pues la iluminación y el escenario no permitían hacer variantes. Además mi novia comenzó a sentir el frío en su cuerpo; al punto que sus pezones se pusieron lo suficientemente duros para hacerse notar por debajo de la blusa.

    —¿Qué piensan hacer esta noche? —preguntó el chico en lo que mi novia se colocaba nuevamente su abrigo tan rápido que olvidó abotonar su blusa.

    —Creo que iremos a cenar primero y luego buscaremos un lugar donde beber —respondí sujetando a mi novia por la cintura.

    —Si están interesados en un bar les puedo recomendar uno —dijo el chico al darnos las indicaciones para un bar que él solía frecuentar.

    —Gracias, creo que así lo haremos —dije yo.

    —Tienen mi teléfono, si ocupan que les eche la mano no duden en hablarme. Qué tengan buena noche —dijo el chico antes de despedirse; estrechando la mano conmigo y dándole un beso en la mejilla a mi novia.

    Por ser temporada alta fue complicado conseguir un lugar donde cenar; al final entramos en una pequeña fonda. Aunque la comida estuvo excelente, pues después de una excursión de cuatro horas teníamos mucha hambre, tuvimos ganas de ir a un bar a beber unos tragos antes de dormir.

    Decidimos ir al que nos recomendó Gabriel pues nos había dicho que era un lugar mucho más tradicional que los que preferían los turistas; además de ser más económico.

    —¿Qué te parece si invitamos a Gabriel a beber una copa con nosotros? —preguntó mi novia en lo que nos dirigíamos al coche—. Así no parecemos unos turistas.

    —Si eso quieres amor, lo podemos invitar —respondí a mi novia una vez más sin darle importancia a su solicitud, pues ella siempre ha sido una persona muy amigable.

    Leslie le envió un mensaje al chico informándole que iríamos al bar que nos había recomendado y preguntándole si le gustaría beber una copa con nosotros. No pasaron ni cinco segundos en lo que él respondió afirmativamente.

    Nos subimos al coche para acercarnos al bar el cual no estaba muy lejos. Leslie, quien todavía traía consigo el regalo del chamán lo guardó en la guantera para evitar perderlo pues pensaba beber más de una copa.

    Cómo el bar no tiene estacionamiento dejé el coche en una calle aledaña; en lo que caminamos al bar, Gabriel ya se encontraba esperando por nosotros en la puerta, ya sin sus espuelas pero todavía con su sombrero. Supuse correctamente que moverse a pie en ese pueblo a veces era mucho más sencillo.

    —Buenas noches, encantado de verlos de nuevo —dijo el chico antes de saludar nuevamente a mi novia con un beso.

    —Qué bueno que viniste —dijo ella sonriendo y dejando ver un brillo en sus ojos por que el chico hubiera podido acompañarnos.

    El bar preferido de Gabriel estaba lejos de ser un establecimiento de lujo. Básicamente era un pasillo largo con una sola entrada, una barra larga del lado izquierdo y del otro lado mesas altas, nos sentaron en una de las mesas altas y pedimos una ronda de cervezas y nos pusimos a conversar.

    Obviamente Gabriel, con sus innumerables anécdotas se llevó la noche, pues en comparación con sus aventuras como jinete nuestras vidas eran bastante aburridas. Su imagen ruda de vaquero contrastaba con su manera de hablar tan citadina y casual, la cual quedaba a tono con una sonrisa amistosa que tenía cautivada a Leslie; quien no paraba de reír por la forma en que el relataba sus historias, tendiendo a exagerar. Ella había hecho buena química con el chico.

    —Y pasé toda la noche sin cerrar los ojos, con mi carabina al hombro —dijo el chico al finalizar un relato en el que supuestamente él se había perdido en el desierto por haber salido a cabalgar estando ebrio. Historia donde el había sido acechado por alguna presencia maligna o quizás un ratón de campo.

    —No puede ser, yo me hubiera orinado de miedo —dijo mi novia sin dejar de reír al escuchar la exagerada historia.

    Después de haber bebido un par de cervezas el chico se excusó para ir al sanitario. Al quedarnos solos Leslie enmudeció inmediatamente; mientras jugaba con sus dedos, tamborileando sobre la mesa.

    —¿Qué sucede amor? —pregunté al notarla un poco ansiosa, pensando que quizás ya estuviera cansada y quisiera ir a dormir.

    Ésta no era la primera vez que compartíamos una copa con un desconocido en un bar. Debido al carácter alegre y cordial que ambos teníamos nunca representó un problema hacer nuevos amigos cuando asistíamos a este tipo de establecimientos para presenciar un evento deportivo, o sólo pasar el rato.

    Claro, el tener una buena apariencia siempre jugaba a nuestro favor para esto de conocer personas; si acaso sólo éramos cautos con quien nos sentábamos a compartir una copa, teniendo como regla principal no dar demasiada información personal con quien acabábamos de conocer por razones de seguridad.

    Pero esto era diferente, yo estaba seguro que a Leslie le agradaba el chico, sino fuera así, ¿por qué habría ella de haberse tomado tantas fotografías con él hacía un momento y haber insistido en invitarlo a beber una copa? Aun así no estaba de más preguntar.

    —Nada, es sólo que; no sé como decirlo —respondió ella siendo vaga.

    —¿Te sientes incomoda con Gabriel?

    —No, claro que no, me parece un chico bastante agradable y divertido —respondió ella—. ¿Y a ti que te parece?

    —Opinó igual, es muy divertido y me parece que podríamos ser buenos amigos si viviera en nuestra ciudad —respondí yo de manera casual.

    —La verdad, yo prefiero que no viva en nuestra ciudad —comentó ella con una sonrisa que me dejó confundido.

    El comentario de Leslie no podía ser más contradictorio. Por un lado decía que le agradaba el chico y por el otro no quería que estuviera cerca de nosotros. Por un momento creí haber escuchado mal.

    —No entiendo.

    Leslie se mordió los labios para evitar reír, cambiando la posición de sus piernas al cruzarlas de un lado a otro, de tal manera que pensé que ella tenía ganas de ir a orinar al verla retorcerse sobre su silla.

    —Quiero decirte algo, pero no sé como lo vayas a tomar.

    “¡Cielos, debería ser algo serio lo que mi novia tenía que decirme!”, pensé en ese momento, pues desde que nos comprometimos en una relación formal, ésta era la primera vez que la veía dudar antes de confesarme algo. Ni siquiera en la ocasión en la que me confesó haber chocado mi coche la había visto tan nerviosa.

    —Dime amor, sabes que yo siempre te escucho.

    —Verás amor, me agradó mucho Gabriel, me gustaría ver si podemos invitarlo al hotel. ¿Cómo ves?

    Casi escupo la cerveza que tenía en mi boca al escuchar a mi novia decir eso. Ni en un millón de años hubiera considerado la posibilidad de que ella quisiera invitar a un desconocido a nuestra habitación de hotel.

    —¿Y para qué? —pregunté aclarando mi garganta con un par de golpes de pecho, solicitando que fuera mucho más específica para evitar malos entendidos.

    —Pues para… pasar la noche con él —confesó ella tímidamente dejándome helado.

    Según Leslie, desde la vez que habíamos visto una película pornográfica en nuestro departamento, una película donde se veía a una chica muy parecida a ella teniendo sexo con dos hombres, se había quedado con la duda de que se sentiría estar en esa situación.

    Al principio pensó en convencerme para que invitáramos a un amigo a nuestra cama y así sacarse la ‘espinita’ de ese oscuro deseo. Y aunque ambos teníamos amigos que a ella le parecían lo suficientemente atractivos para realizar un trío con nosotros, después de considerar las alternativas llegó a la conclusión que si llegaba a convencerme lo mejor sería hacerlo con un desconocido, alguien a quien frecuentáramos poco para reducir al mínimo la posibilidad de crear un lazo más allá del sexo físico.

    —La verdad desde que vimos esa película porno me quedé con las ganas de probar; y pues prefiero que sea con alguien que no sea de nuestra ciudad, que no veamos mucho. Tú sabes para evitar chismes.

    No la podía culpar por haberse quedado con esa ‘espinita’ ya que, en primer lugar, yo era el que la había convencido de ver películas para adulto como medio para hacer más interesante nuestra vida sexual. Sin embargo, una cosa era tener una fantasía después de haber visto una escena de sexo y otra muy distinta era la realidad, por lo que tenía que asegurarme de lo que ella me estaba pidiendo.

    —¿Estás segura de lo que quieres hacer? —pregunté a mi novia esperando que recapacitara sobre lo que acababa de solicitarme, pues nunca antes habíamos tocado el tema de tener sexo con otras personas. Mira que yo también voy a querer coger contigo esta noche y no me gustaría que a la hora de la verdad te eches para atrás y ambos quedemos en ridículo con el chico.

    Leslie apretó los labios dirigiendo la mirada hacia la parte de atrás del bar, por donde había desaparecido Gabriel; era muy obvio que sentía tantos nervios como ganas de tener sexo con aquel extraño con aspecto de vaquero.

    —La verdad si tengo muchas ganas de hacerlo —respondió con una voz entrecortada que reflejaba la mezcla de emociones que la atormentaban—; y pues yo sí creo que podré cogerme a los dos —agregó con valor dándome entender que ya había considerado el esfuerzo físico que su fantasía implicaba.

    —Como tú digas amor, si eso quieres eso haremos —asentí accediendo a sus deseos sin sopesar las consecuencias de lo que haríamos debido al alcohol que corría por nuestras venas—, pero al menos recuerda ocultar tu cartera, no vaya a ser que nos robe lo poco que tenemos —agregué a modo de broma al recordarle que no conocíamos realmente al hombre con el que ella quería tener sexo.

    De todas las cosas que pensé que Leslie pudiera desear para nuestro aniversario jamás me pasó por la mente la posibilidad de que ella deseara participar en un trío. Lo bueno es que al menos esto era mucho más barato que lo que yo tenía planeado. Ahora sólo faltaba decidir quien se lo propondría a Gabriel.

    —¿Se lo pides tú? —pregunté en lo que daba un último trago a mi bebida.

    —La verdad me da mucha pena, preferiría que le preguntes tú amor.

    Como Leslie nunca antes había tenido sexo con dos hombres, al menos hasta esa noche, era lógico que no supiera como reaccionar en esa situación; por supuesto yo tampoco, por lo que sugerí que actuáramos de la manera más natural para que Gabriel tampoco sospechara que sería la primera vez que nosotros hacíamos éste tipo de cosas.

    —Sólo le preguntamos si quiere acompañarnos al hotel a continuar la fiesta y que él decida —sugerí para evitar proponerle realizar un trío con nosotros en un lugar público.

    —Me parece bien, que él se imagine lo que quiera, ya en la habitación intentaré seducirlo —concordó mi novia suponiendo que así se sentiría menos presionada.

    Antes de que regresara Gabriel pedí otra ronda de cervezas suponiendo que estando ebrio sería más fácil de convencerlo a acompañarnos al hotel.

    —¿Y que planes tienen para mañana? —preguntó el chico sentado nuevamente frente a nosotros.

    —Teníamos planeado ir a un paseo en cuatrimotos, pero todo depende de a que hora nos despertemos porque hay que salir temprano para eso —respondí.

    —Sí es verdad, esos paseos salen a las siete de la mañana, por lo que si tenían planeado continuar bebiendo no se los recomiendo —comentó el chico como si quisiera persuadirnos de realizar ese paseo—. Andar con resaca en ese tipo de vehículos es muy peligroso.

    —Bueno entonces creo que seguiremos bebiendo —concluí después de escuchar el consejo del chico—. ¿Hay otro bar por aquí? —pregunté dando entender que si no era necesario despertarnos temprano era mejor continuar la fiesta en algún otro lugar ya que ese era un poco aburrido.

    —La verdad los bares aquí son más o menos iguales, a menos que quieran que vayamos a beber a su hotel —dijo el chico dirigiendo una sonrisa indiscreta a mi novia, al sugerir la posibilidad de pasar la noche con nosotros.

    ¡Perfecto! El chico había caído en nuestra trampa o nosotros en la de él, no lo sé. Lo que si sabía es que la fantasía de mi novia, de realizar un trío sexual esa noche estaba más próxima de hacerse realidad.

    —¿A donde vas tú cuando quieres divertirte? —preguntó mi novia, estirando su pie por debajo de la mesa para tocar al chico en la pierna ‘accidentalmente’.

    Gabriel reaccionó de manera positiva con una sonrisa a ese pequeño gesto de mi novia y dando un gran trago a su tarro de cerveza se tomó su tiempo antes de responderle.

    —Cuando salgo a beber con mis amigos preferimos ir en camioneta hasta el mirador u otra colina. Pero cuando salgo con una chica hermosa, como tú, no hay mejor lugar para divertirse que el cementerio —comentó él bajando la voz, pues era de esperarse que beber en un lugar de reposo eterno se considerara profano.

    —¡¿El cementerio?! —exclamó mi novia sorprendida.

    Según Gabriel, no había experiencia más excitante que seducir a una chica sobre la loza de una tumba abandonada, pues lo macabro del lugar hacía que cualquier chica se arrojara a sus brazos al menor sonido.

    —Si lo piensan bien, hacerlo sobre una fría lápida, es un tributo a la vida de quien yace en la tumba —comentó de manera burlona.

    Ignoro si lo que comentaba Gabriel era cierto o sólo se encontraba bromeando a causa del alcohol, de cualquier forma él era el guía turístico, habría que tomarlo en cuenta.

    —¿Qué te parece amor, te gustaría que lo hiciéramos al aire libre bajo la luz de la luna? —pregunté a mi novia de manera burlona su opinión sobre tener sexo sobre una tumba abandonada.

    —Por supuesto que no, ni aunque me pagaran por eso —respondió ella de manera tajante.

    —Bueno entonces supongo que tendremos que continuar la fiesta en el hotel, ¿quieres acompañarnos? —pregunté al chico de la manera más natural posible, como si se tratase de cualquier asunto sin importancia.

    —Claro, me encantaría, sólo permítanme ir a recoger mi mochila —respondió el sin dudarlo.

    Leslie intentó ocultar detrás de su bebida la sonrisa que se dibujó en sus labios al escuchar la respuesta de Gabriel, derramando un poco de cerveza al inclinar su tarro prematuramente.

    —De acuerdo, tú ve por tu mochila en lo que yo pagó la cuenta —dije en lo que ayudaba a mi novia a limpiar la cerveza de su ropa con una servilleta.

    El chico salió del bar dejando a mi novia y a mí compartiendo en silencio miradas de complicidad. Ni ella ni yo teníamos idea de que decir en ese momento. Confiábamos en que algún día la tendríamos, cuando en el futuro recordáramos esa noche de manera anecdótica.

    Ya fuera del bar esperamos por Gabriel quien había ido a recoger su mochila, la cual había dejado encargada con sus amigos, y supongo que también, por la reacción de ellos, a presumirles los planes que él tenía para esa noche.

    Leslie se volteó hacia mí en el momento que esos chicos bromeaban de forma soez y vulgar, su rostro me indicaba que había sido presa del morbo de la situación. Por un lado sentía vergüenza por lo que esos chicos estarían pensando de ella, pero por otro lado sabía que en pocos minutos se haría realidad su fantasía de tener sexo con dos hombres por primera vez; por lo que era difícil saber si estaba avergonzada o ansiosa.

    “¡Qué suerte tienes cabrón, te vas a coger a esa puta que se ve que está bien buena!”, se escuchó exclamar con envidia a uno de los amigos de Gabriel en lo que un escalofrió corrió por el cuerpo de mi novia sacándome una espontánea sonrisa burlona; ella sola se había puesto en esa situación por lo que le tocaba aguantar cualquier calificativo que esos desconocidos le pusieran.

    Aunque en ningún momento habíamos dicho tácitamente a Gabriel que deseábamos realizar un trío con él esa noche, al parecer, él y todos sus amigos ya lo intuían.

    —¿Nerviosa? —pregunté de manera insensible al ver como sus ojos brillaban bajo la luz de las lámparas.

    —Sí —confesó ella acercando su cuerpo hacia mí para que la abrazara de manera protectora.

    “¿Y el pendejo de su novio va estar viendo mientras te la coges?”, se escuchó otra voz preguntar provocando que ahora Leslie se riera de mí por el calificativo con que yo había sido bautizado.

    Entre risas y comentarios subidos de tono Gabriel se despidió de sus amigos y caminó hacia nosotros, con la actitud de un afortunado participante de un concurso luego de informarle que tiene que ir a recoger su premio.

    —Listo amigos —dijo el chico abrazando a mi novia para que ella se sintiera protegida al ser escoltada por los dos hombres que la harían suya esa noche.

    Nos pusimos en camino a buscar nuestro coche, mientras a lo lejos todavía se escuchaban algunas de las voces de los amigos de Gabriel rompiendo la monotonía de la plaza, en lo que nosotros hacíamos oídos sordos.

    —¿Qué te decían tus amigos? —pregunté sólo por molestar a mi novia, pues yo había escuchado claramente la forma en que ellos habían estado hablando tanto de ella como de mí.

    —No nada, sólo que esperaban que yo la pasara bien y que me divirtiera —respondió él siendo amable, a lo que mi novia y yo respondimos con una risa burlona al saber que mentía.

    Con mi novia en medio caminamos los tres abrazados como alegres parroquianos; dando la vuelta en la esquina para encontrar nuestro coche.

    Abrí la puerta posterior para que Gabriel pudiera colocar su mochila en el portaequipaje. Como nuestro coche era de cuatro plazas pero con sólo dos puertas era lógico que el chico pasara primero para colocarse en el asiento de atrás.

    —Entra amor —dije a mi novia quien me miró extrañada colocándose en el asiento del copiloto.

    —¿Entro por la otra puerta? —preguntó el chico.

    —No, tú vas en las piernas de Leslie —respondí invitándolo a subir—, así podemos ir todos conversando sin tener que voltear; ¿si es que no te molesta ir en sus piernas? —pregunté divertido.

    Leslie y Gabriel cruzaron la mirada sorprendidos por lo que yo acababa de decir pues mi sugerencia les parecía algo extraña.

    ¡Cómo podía mi novia quejarse cuando yo estaba consintiendo que ella tuviera sexo con ese chico!, por lo que tuvo que acatar mi sugerencia sin protestar. En cuanto a Gabriel el alcohol en su sangre lo hizo tomar mi sugerencia de buen humor; de cualquier forma como el hotel estaba a unas pocas calles no estarían incómodos por mucho tiempo.

    —No, claro que no —respondió el chico entrando en el auto con gusto.

    ¡No tienen idea de lo divertido que fue ver a Leslie y Gabriel hacer acrobacias para acomodarse en el asiento del copiloto del pequeño coche europeo! ¡Parecía que estaban jugando Twister!

    Quizás lo más conveniente hubiese sido que mi novia se hubiese sentado en el regazo del chico si la idea era ir sentados los tres al frente; pero aceptémoslo, eso no hubiera sido tan divertido. Cerré la puerta del copiloto y me subí al auto.

    Como el cinturón de seguridad no podía abarcar a los dos, Leslie tuvo que abrazar a Gabriel en lo que él se colgaba del cuello de ella. La posición que él tenía era tan incómoda que tuvo que pasar los pies por encima del divisor de asientos colocando sus botas vaqueras sobre mi propio regazo.

    —¿Es la primera vez que secuestran a un joven apuesto? —preguntó el chico en modo de broma.

    —Estamos practicando —respondió mi novia riendo divertida dándole una palmada en la pierna del chico para después dejar su mano ahí; seguramente imaginando posiciones más incomodas en las que ella y ‘su vaquero’ podrían colocarse esa misma noche.

    Tal parecía que Leslie estaba comenzando a disfrutar el tener un poco de contacto con el atractivo guía turístico. Ese iba ser su día de suerte; o para ser más exacto, la noche de su vida.

    —Te prometo que la próxima vez rentaremos un coche con cajuela para que vayas más cómodo —comenté al seguir jugando con la idea del secuestro.

    —Te lo agradecería, aunque mejor les aviso que no creo que nadie pague mucho por mi rescate.

    —No te preocupes cariño, ya veremos como nos cobramos —dijo mi novia acompañando su eufemismo con una sonrisa que reflejaba las ganas que tenía de tener sexo con aquel fornido vaquero.

    Encendí el coche para dirigirnos al hotel. Como la mayoría de las calles no fueron hechas pensando en vehículos de motor no siempre es posible regresar por donde vienes por lo que tuve que dar vuelta un par de calles más adelante.

    —Quisiera que mis amigos me vieran ahora —comentó el chico en voz baja al no poder creer la buena suerte que tenía.

    Probablemente para ese momento, en que él estaba sentado sobre las piernas de mi novia, abrazados mutuamente, ya se hubiera hecho una idea de la razón por la que lo invitamos a nuestra habitación de hotel. De no ser así, él no era el chico indicado para que mi novia consumara su fantasía de participar en un trío.

    —Eso tiene arreglo —dije yo corrigiendo el rumbo para pasar una vez más por la esquina de la plaza donde se encontraban los amigos del chico.

    El rostro de Leslie se puso pálido presa del terror de volver hacer el objetivo de los comentarios de mal gusto del grupo de amigos de Gabriel; quitó su mano de la pierna del chico y la puso en mi hombro, como si intentara suplicarme en silencio que no pasara por ahí. “Tonta, no puedes obtener placer sin pagar por él”, pensé en mi interior al dar vuelta a la plaza.

    Como en el momento que pasamos a lado de los amigos de Gabriel, él estaba sentado en el lado opuesto del coche tuve que accionar el claxon con la clara intención de llamar su atención; sacándolos de sus asuntos con el característico sonido agudo de este tipo de vehículos.

    Debido a la falta de luz y al no saber que ese vehículo era el nuestro los chicos reaccionaron de manera agresiva por haberlos asustado. Fue sólo hasta que Gabriel, bajando la ventanilla de su lado y sujetando el toldo, asomó casi por completo su torso para saludar a sus amigos, muy a su estilo.

    —¡Hasta mañana cabrones! —exclamó de manera vulgar. Saludo, al que sus amigos respondieron con el mismo estilo.

    “¡Ojala amanezcas sin riñones, pinche puto!”, o, “¡yo tengo la verga más grande!”, fue la clase de comentarios con que aquellos desconocidos nos despidieron en lo que nuestro pequeño coche se perdía en las empedradas calles, no sin antes regresarles el saludo con un nuevo toque de claxon. Todos reímos.

    —Te pasas —dijo mi novia entre risas golpeándome en el hombro en lo que el chico volvía a sentarse en sus piernas.

    Como el hotel no tenía estacionamiento debería dejar el coche en una pensión un poco más adelante, por lo que bajé a Leslie y Gabriel en la puerta del hotel; además la habitación era para dos personas, era mejor entrar por separado para no llamar la atención. En lo que el chico fue a tomar su mochila del portaequipaje tuve tiempo de hacerle una rápida pregunta a mi novia.

    —¿Cuánto tiempo necesitas?

    Al ser ésta la primera vez que mi novia tendría sexo con un desconocido decidí no presionarla y sujetarme a sus deseos; si ella deseaba tener sexo sólo con Gabriel, lo acataría con estoicismo, sin reprocharle nada.

    De cualquier forma si le iba bien con el chico, y ella continuaba con ganas de que hiciéramos un trío con él, la noche era larga y aún nos quedaba un día más en aquel pueblo.

    —No sé, una hora para empezar —ella respondió sin tener una idea de cual era su plan para seducirlo—. ¿Pero sí vas a querer participar o quieres que me lo coja yo sola? —preguntó sorprendida por mi actitud tan moderna y permisiva.

    —Haremos lo que tu quieras amor, pero dime rápido —dije yo urgiendo a tomar una decisión al momento que el chico cerró la portezuela posterior del coche.

    —Una hora para tener chance de conocernos y hacer algo sólo él y yo; ya luego tú te nos unes.

    —De acuerdo —acepté, despidiéndome de ella con un rápido beso, como prueba de que yo no tendría problema con lo que ella y el chico hicieran esa noche.

    Aun cuando frente a Leslie me esforcé por mostrar un temple de acero por dentro me estaba muriendo de curiosidad por saber lo que, ella y el atractivo guía de turistas, harían en cuanto cerraran la puerta tras de ellos. Conduje el coche hasta la pensión dispuesto a esperar hasta que se cumpliera el plazo solicitado por mi novia. No fue fácil.

    Mi mente, inquieta, comenzó a imaginar múltiples escenarios respecto a lo que podría estar ocurriendo en ese momento en nuestra habitación.

    “Quizás se eche para atrás”, pensé al suponer que por ser esa la primera vez que mi novia tendría sexo con un chico que acababa de conocer terminara arrepintiéndose. “Pendejo”, dije a mi mismo al considerar que ella debió haberse armado de mucho valor tan sólo para proponerme lo que estábamos haciendo, por lo que lo mejor que ella podría hacer sería aprovechar la oportunidad que yo le había otorgado.

    “De cualquier forma si llegara a ocurrir que ella se arrepintiera, creo que sería lógico que me enviara un mensaje a mi teléfono para decirme que ya podía ir a la habitación”, razoné mientras veía como el reloj de mi teléfono tardaba más tiempo de lo usual en avanzar.

    Sin embargo los pensamientos que más atormentaron mi mente fueron los relacionados con la posibilidad de que ellos ya estuvieran desnudos sobre la cama teniendo sexo.

    “Leslie es una chica muy hermosa y la verdad está bien buena, el chico sería un pendejo si no aprovecha para cogérsela”, pensé justificando que el chico simplemente saltaría sobre ella y la desnudaría para tener sexo en nuestra cama, ”espero que al menos se la coja bien duro para que se le quiten las ganas a esa puta de ponerme los cuernos”, deseé aceptando que de ahora en adelante había muchas posibilidades de que yo terminara siendo la pareja sumisa de mi novia.

    “¿Quién dará el primer paso?”, pensé intentando recordar como había sido la primera vez que mi novia y yo habíamos tenido sexo.

    Si mi memoria no me fallaba debió haber sido después de que ambos asistimos a una fiesta durante nuestro último año en la Universidad de Arquitectura. Para ese entonces ya nos conocíamos pero dado que ella tenía un novio y yo varias parejas esporádicas, nunca se dio la oportunidad de que tuviéramos una cita, porque definitivamente me parecía una chica muy atractiva desde tiempo atrás.

    Recuerdo que a esa fiesta ella asistió en compañía de unas amigas, al yo notar la ausencia del que era su novio me atreví a abordarla; aun cuando yo había asistido a la fiesta con una amiga con la que solía tener sexo. Mi amiga lo entendería, después de todo ella tampoco era exclusiva mía.

    —Hola, ¿y tu novio? —pregunté a Leslie al cruzarme con ella ‘accidentalmente’ en aquella fiesta.

    —Hola, mi novio no pudo venir —respondió tímidamente.

    Le invité una copa y estuvimos conversando acerca de lo que haríamos después de graduarnos, pues aquel era nuestro último año. Conversando nos enteramos de que ambos teníamos interés en estudiar una maestría combinándola con un empleo en un despacho de diseño arquitectónico. Antes de que terminara la noche le volvía a preguntar por su novio y me confesó haber terminado con él un par de semanas antes.

    —Eso es algo común entre las parejas que terminan la Universidad, el cambio les asusta —comenté yo al darle a entender que mientras, ella y su novio, estudiaban era fácil mantener una relación por pasar la mayor parte del tiempo juntos—; el problema aparece cuando ya no pueden convivir diario por causa del mundo laboral pues la desconfianza aparece.

    Ella aceptó mi argumento como válido y terminamos teniendo una cita; la cual si incluyó sexo, mucho sexo, pues ella ya tenía un par de semanas en abstinencia y yo le tenía muchas ganas.

    En realidad quedé sorprendido, pues yo tenía la idea de que Leslie debería ser una chica seria y recatada en la intimidad cosa que no fue así.

    Por carecer de recursos para un motel tuvimos que utilizar la habitación de un amigo mío en los dormitorios de la Universidad, la cual solía prestarme mientras él trabajaba para yo tener un encuentro con alguna chica. Primera sorpresa, ella no se negó a ir ahí.

    Tan pronto cerramos la puerta comenzamos a comernos a besos en lo que, con nuestros dos pares de manos, intentábamos a ciegas despojarnos de la ropa mutuamente. En cuestión de segundos nos encontramos desnudos en medio de la habitación deseosos de fornicar.

    Ella se arrodilló ante mí y tal se tratara de una mujerzuela comenzó a lamer mi miembro dulcemente, como si fuera la golosina favorita de su niñez. Yo no me había rasurado en aquella ocasión, pues no esperaba que practicáramos sexo oral en una primera cita, por lo que supuse que la abstinencia había elevado su libido. Ni siquiera el murmullo del otro lado de la puerta del dormitorio la hizo contenerse ante la posibilidad de que fuera abierta por un curioso.

    Cuando mi miembro se tornó rígido ella se enfocó en mis testículos, los cuales colgaban en medio de una maraña de bello púbico. Sentir su tibia y húmeda lengua masajear cada una de mis bolas, peinando esos gruesos cabellos fue una sensación casi celestial que puso mi corazón a latir a mil por hora. Ella era realmente muy hábil con su lengua. ¡Me había sacado la lotería sin comprar boleto!

    De pronto estando ahí sentado en mi auto, pasada la medianoche, en casi completa oscuridad y recordando aquella memorable primera cita con Leslie, algo en mi entrepierna comenzó a llamar mi atención. Se trataba de mi pene que excitado por las remembranzas del pasado comenzó a pulsar repetidamente contra las paredes que lo aprisionaban.

    Instintivamente bajé mi mano a mi entrepierna para acariciar el bulto que reflejaba lo excitado que me encontraba; intentando acomodarlo a lo largo de mi muslo para que éste pudiera extenderse más fácilmente.

    Una a una vinieron a mí las imágenes que representaban las ocasiones que más placer creía haber disfrutado con mi novia. Como en la primera vez que festejamos su cumpleaños, o la primera vez que celebramos el mío. Todas esas ocasiones en que terminamos fornicando como si fuéramos animales.

    Estaba yo completamente sumergido en mis recuerdos que casi sin darme cuenta una imagen mental se plantó en mi psiquis. La imagen de mi hermosa novia de rodillas frente a un chico que habíamos conocido ese mismo día.

    ¡Mierda! Aunque por un lado me agradaba traer a mi mente esos gratos recuerdos por el otro lado, el saber que mi novia, así como me había practicado sexo oral en nuestra primera cita, podría estar teniendo la misma cortesía con Gabriel me puso ansioso.

    Extrañamente esa imagen que en otro momento podría haberme hecho enfurecer no vino sola. Como si se tratara de una reacción en cadena una escena tras otra de Leslie teniendo sexo con Gabriel fueron proyectadas en mi mente, con una clase de nitidez que rivalizaban con el mejor sistema de cine.

    “Seguro ese cabrón la tiene de rodillas frente a él mamándole la verga”, pensé acomodando mi propio miembro bajo mi ropa, “después la pondrá de perrito sobre la cama, eso nos gusta a los hombres, para terminar con las piernas de Leslie en sus hombros penetrándola sobre la cama”.

    Yo parecía un guionista de cine para adultos al maquinar como ese par de adúlteros deberían estar disfrutando sin mí.

    “Lo bueno es que no lo volveremos a ver”, razoné una vez más al recordar que esto sólo había sido una aventura de mi novia aprovechando que estábamos de vacaciones. ¿O no? ¿Sería que después de esa noche existiera la posibilidad de que ella quedara prendada del chico?

    La duda me carcomía por dentro mientras seguía creando hipotéticos escenarios; pero curiosamente a mi entrepierna parecía no importarle, pidiéndome a gritos que lo dejara salir para terminar con su tortura.

    ¡Jamás en la vida hubiese pensado que Leslie y yo podríamos estar festejando nuestro aniversario con ella teniendo sexo con otro hombre! Estaba muy excitado y lleno de morbo por lo que terminé cediendo a lo que mi miembro me exigía.

    Bajé la cremallera de mi pantalón y un misil salió disparado de mi entrepierna formando un perfecto ángulo recto con mis muslos, quedé impactado. ¡Mierda, mi pene lucía enorme, mucho más grande de lo normal! Desde que tenía uso de memoria no recordaba haberlo visto en tales dimensiones; era probable que al igual que a mí la curiosidad y el morbo le hubieran ganado.

    Pero no sólo mi miembro había sufrido tremenda metamorfosis; mis testículos los cuales estaban cubiertos con una maraña de cabello se habían hinchados de tal forma que hacía imposible que mi pene se inclinara al frente. Quedé petrificado al observar ese único ojo acuoso en la punta de mi glande mirándome inquisitivamente.

    —¿Así que te gustaría que Leslie nos ponga los cuernos a ambos? —pregunté al que suponía mi miembro, aun cuando no estaba seguro de reconocer a ese monstruo.

    Él pulsó en respuesta, dejándome claro que le daba igual con quien Leslie estuviera fornicando mientras el pudiera gozar con ese hecho.

    —Éstas loco, mira que si el chico está bien dotado puede que Leslie nos deje a ambos —comenté intentando razonar con él mientras usaba mi mano izquierda para acariciarlo.

    Él volvió a pulsar.

    —¿No crees que Gabriel esté mejor dotado que tú? Quizás tengas razón, pues no recuerdo haberte visto como estás ahora mismo —dije al reconocer que esa noche mi pene se veía realmente impresionante.

    Con dos pulsaciones más mi miembro respondió de forma altanera, no tener miedo de batirse en duelo con cualquier cosa que Gabriel pudiera tener en medio de las piernas.

    —Si tú lo dices —dije concediendo a mi miembro eso último—. Pero entonces, ¿qué quieres hacer?

    Sin dudarlo mi miembro me confesó que deseaba seguir disfrutando con las imágenes de Leslie teniendo sexo con el guía de turistas; pulsando repetidamente en dirección a la guantera enfrente del asiento del copiloto, donde se encontraba guardado el tubérculo alucinógeno.

    —De acuerdo, pero después no me culpes si algo sale mal —concedí cediendo a sus deseos. Mi pene estaba a cargo esa noche; como la mayor parte del tiempo para todos los hombres.

    Abrí la guantera y extraje el fruto místico que hubimos traído como recuerdo de la Sierra Quemada. Yo no estaba muy convencido de sus propiedades mágicas, pero mi miembro si lo estaba, por lo que procedí a probarlo.

    Utilizando las uñas para tomar un pequeño gajo y llevármelo a la boca, masticándolo a pesar de su amargo sabor. Gracias al alcohol que aún corría por mis venas mi escepticismo había bajado considerablemente, por lo que de inmediato comencé a divagar.

    Sujeté mi miembro por el tallo y con delicadeza comencé a frotarlo, de abajo hacia arriba, de arriba a abajo, lentamente, mientras trataba de transportarnos mediante un viaje astral hacia la habitación del hotel; como nos hubiera enseñado aquel viejo chamán en la sierra quemada.

    Sumergido en un estado onírico pude verme a mi mismo dentro del auto, con los pantalones abajo acariciando mi pene con una mano y en la otra un trozo de peyote. Tal cual un omnisciente ser era capaz de verme a mí mismo dentro del coche desde cualquier ángulo de visión, sin que el metal de la carrocería o el techo representara obstáculo. Me sentía como un ingrávido fantasma. ¡No lo podía creer!

    Éste inesperado poder era justo lo que necesitaba en ese momento para ver lo que Leslie y Gabriel estaban haciendo en mi ausencia. Definitivamente tenía que agradecerle mucho a ese viejo chamán, al que de manera errónea en un principio considere un charlatán.

    Abandonando mi cuerpo en la oscuridad de la noche mi consciencia se dirigió hacia la entrada del hotel, flotando sobre la calle empedrada mientras era cegado por los faros de un coche muy similar al mío.

    “¡Mierda!”, pensé al reconocer tanto al chófer que conducía el coche como a la pareja que bajaba de éste. “Somos nosotros”. Al parecer las propiedades del tubérculo no se limitaban a permitirme abandonar mi cuerpo, también mi propio tiempo.

    El coche pasó bajo mi yo incorpóreo en lo que Leslie y Gabriel entraban al hotel, riendo divertidos. Tal parecían una pareja de enamorados por la forma en que el chico la abrazaba por la cintura con la excusa de evitar que ella tropezara por estar ebria. Ella no se opuso.

    Entré tras ellos y vi como Leslie con un ademán saludó al chico que hacía guardia en la recepción. Quien al darse cuenta de que mi novia regresaba al hotel con un hombre diferente al que había llegado con ella esa mañana no pudo evitar sonreír. Siendo yo incapaz de descifrar si esa sonrisa era una burla hacia ella, por su comportamiento promiscuo, o hacia mí por ser un ‘perfecto cornudo’.

    Leslie y Gabriel subieron por las escaleras procurando no hacer ruido para no despertar a los otros huéspedes. Ella se veía nerviosa, pero alegre por saber que por primera vez en dos años tendría sexo con otro hombre diferente a mí. La expresión en su rostro no dejaba dudas de lo que sentía al intentar abrir la puerta de la habitación.

    —¡Qué tonta! —exclamó entre risas al dejar caer la llave justo frente a la puerta.

    —Yo lo hago linda —dijo el chico tomándola llave.

    Gabriel abrió la puerta he invitó a pasar a mi novia al colocar nuevamente la mano en la cintura de ella. La puerta se cerró, pero no importó, en mi estado actual yo era capaz de atravesarla sólo con desearlo.

    El chico dejó su mochila en la silla frente al escritorio en lo que mi novia se despojaba de su abrigo, revelando que su blusa seguía sin abotonar, doblándolo y colocándolo en uno de los sillones.

    —¿Tú novio irá a tardar? —preguntó el chico al quitarse la chaqueta fijando la mirada en el pronunciado escote de mi novia.

    —Sí —respondió ella con un insólito tartamudeo al pronunciar un monosilábico—. Tardará un poco.

    La respiración de mi novia se aceleró de inmediato, subiendo y bajando su pecho a medida que ella desabotonaba los botones de su blusa quedando sólo con un sostén rosa sobre su torso.

    —Perfecto —dijo el chico quien sin pensarlo dos veces se sacó las prendas con que cubría su torso.

    Una camisa a cuadros y una camiseta negra volaron por la habitación antes de que Gabriel se sentara sobre uno de los brazos del sillón para poder quitarse las botas. Por el esfuerzo que le tomó descalzarse probablemente sería la única vez que se arrepintiera de usarlas.

    Recordando mi consejo con un puntapié disimuladamente mi novia empujó su cartera debajo de la cama; pues no conocía bien al chico después de todo.

    Leslie ya estaba en ropa interior cuando el chico aún se preparaba para quitarse los pantalones, por lo que acomedidamente dio un paso hacia él y procedió ayudarlo con el cinturón. Sus labios se sellaron sin mediar palabra en lo que dos pares de manos luchaban por bajar los pantalones vaqueros del chico.

    “¡Mierda, se ve que le tenías ganas, pinche puta!”, exclamé desde mi plano dimensional viendo como ella sujetaba el tirador de la cremallera para jalar hacia abajo. Sus manos acariciaron sólo por un instante la entrepierna del chico para apreciar el tamaño del miembro de quien sería su amante aquella noche.

    Una sonrisa de lujuria se dibujó en los labios de Leslie al calcular mentalmente las dimensiones de aquel pedazo de carne. “No podría haber escogido mejor”, pensó ella; al parecer también yo podía leer la mente de terceros.

    Corriendo contra reloj mi novia se arrodilló enfrente de Gabriel y con un brusco tirón le bajo los pantalones hasta las rodillas, quedando con el rostro frente a la bragueta de unos calzoncillos de un color muy percudido.

    En otras circunstancias el olor que emanaba de esa entrepierna hubiera sido un obstáculo para que él pudiera copular con Leslie, pues después de una jornada de más de 18 horas, la mayoría de ellas arriba de un caballo, el hedor en sus partes nobles era lo suficientemente fuerte para alcanzarme en mi plano astral. De eso no me advirtió el chamán. Pero en ese momento, en que mi novia tenía su libido en el punto más alto, no le importó en lo absoluto.

    Pasó su mano izquierda por debajo del bulto del chico y traviesamente amenazó con morderlo al tirar un mordisco al aire antes de levantarla mirada; para que su invitado tuviera una idea de la noche de placer que le esperaba.

    —Eres toda una zorra —dijo llevando la mano izquierda a la mejilla de mi novia. Ella rio.

    Leslie posó su mentón en la entrepierna de Gabriel dejándose acariciar con la áspera mano de un vaquero mientras sus manos buscaban la cintilla del calzoncillo. Con un nuevo tirón hacia abajo mi novia liberó el pene que se ocultaba bajo esa inmunda prenda; saltando éste como si fuera un resorte golpeándola en la cara. Ambos rieron por la jocosa escena.

    El pene de Gabriel si bien no era tan grande como el mío si estaba muy duro y caliente. Un tronco de color rojizo oscuro nacía en una selva de gruesos cabellos púbicos, proyectándose hacia el rostro de mi novia con una cabeza morada en forma de hongo.

    La nariz de mi novia recorrió la longitud total de aquel duro miembro hasta casi aspirar por sus fosas nasales algunos de los gruesos y inmundos cabellos. Aspirándolos como si se trataran de una fina fragancia europea.

    —Se ve que te gusta la verga —dijo él con actitud burlona.

    “No es obvio pendejo”, respondí desde mi posición privilegiada al ver como mi novia tomando el control del miembro de su amante se autoflageló dándose un par de golpecitos en el rostro.

    ¡En mi vida Leslie jamás había hecho eso con mi pene! De ahora en adelante tendría que exigirle la misma atención para conmigo.

    Sin pedir autorización a su dueño mi novia lamió toda la extensión de aquel miembro viril. Humedeciendo y peinando con su lengua los cabellos que ocultaban su base, creando con ellos unas venas negras que lo recorrían a semejanza de enredaderas.

    —¡Ah, que delicia! —exclamó el chico al momento que la lengua de mi novia pasaba por su glande—. Sigue así zorra, sigue así —ordenó sujetándola por las orejas la para evitar que retrocediera.

    Ella devoraba el miembro de él como si su vida dependiera de que tan bien lo hacía, como si no hubiera un mañana. Introduciéndose de a poco el glande en su boca para después avanzar y retroceder con esa tranca clavado en medio de su rostro, de manera que una serie de arcadas se dejaron ver en su cuerpo al glande golpear en lo profundo de su garganta.

    —¡Que rico! —exclamó nuevamente el chico marcando el ritmo que el deseaba con su mano en la nuca de mi novia.

    Un líquido blanco comenzó a burbujear por las comisuras de los labios de mi novia; una mezcla entre sus fluidos y los fluidos de su amante; encontrando su camino a la alfombra al deslizarse por su barbilla y saltar al vacío.

    La habitación se saturó con los inteligibles sonidos que más parecían el bramar de animales cuando se encuentran en celo que a los sonidos producidos por un hombre y una mujer en la intimidad. Gabriel era el que más lo disfrutaba, así lo indicaba su ronco jadeo.

    Unos minutos después, cuando mi novia sintió el anhelo de tener ese ardiente y enorme tronco en sus entrañas, ella extrajo de su boca el miembro del chico totalmente lubricado, escurriendo una sustancia pegajosa y trasparente que conectaba a través del aire su rostro a la entrepierna de su amante por casi treinta centímetros. Ambos rieron al ver la fugaz y endeble estructura que a semejaba una tirolesa que habíamos visto ese día.

    Leslie se puso en pie y con un diestro movimiento de sus manos desabrochó su sostén quedando con sus hermosos senos al aire, para inmediatamente hacer lo mismo con su tanga. Un par de patadas de Gabriel bastaron para deshacerse de su pantalón y calzoncillo.

    Ambos quedaron desnudos al frente de la cama, fusionando sus cuerpos una vez más al unir sus labios. Las manos de Gabriel se deslizaron por toda la espalda de mi novia hasta encontrarse en sus glúteos; sujetándolos al cerrar los puños por un segundo antes de buscar la raja donde sus redondos y firmes atributos se unían.

    Las manos de Leslie no dejaban de frotar el miembro de Gabriel, como si temiera que al dejar de hacerlo éste perdiera su rigidez.

    —¡Ahora sí pinche puta, vas a saber lo que es una buena verga! —exclamó el chico de manera altanera y vulgar al girar a mi novia hacia la cama y empujarla bruscamente quedando ella en cuatro patas sobre ésta.

    Una perversa sonrisa se dibujó en los labios de mi novia. Había esperado por éste momento durante todo el día, desde que aquel hosco hombre de campo le preguntó si le gustaría montarse sobre su caballo.

    —¡Tú cabalgaste mi caballo, ahora yo te voy a cabalgar a ti, pinche puta! —sentenció el jinete.

    Utilizando sus rodillas Gabriel abrió las piernas de mi novia y situó su cadera justo detrás de los glúteos de ella, de manera que su miembro pasó justo bajo la vulva de mi novia. Un escalofrío se apoderó de ella al momento que el sexo de ese chico hizo contacto con el suyo.

    —¿Qué pasa? ¿No es lo que querías? —preguntó en forma retórica al ver la reacción de mi novia—. ¡Pues ahora te la vas a comer toda! —sentenció.

    Puso su mano izquierda en la cadera de Leslie y con la derecha guío su miembro hasta la entrada de la vagina de ella, dibujando un par de círculos antes de empujar la cabeza de su glande dentro del sexo de ella provocándole gemir no de dolor sino de placer.

    —¿Te gusta, verdad? Pues ahora vas a gozar como la puta que eres.

    Gabriel estiró la mano derecha para sujetar el cabello de mi novia y así jalar de su cabeza hacia atrás, como haría con una briosa yegua, y en esa posición comenzó a realizar fuertes empujes de cadera, utilizando su duro miembro para penetrar cada vez más la vagina de mi novia.

    El vientre de mi novia se escondía dentro de sus costillas al tiempo que su espalda se arqueaba al ser su trasero embestido con violencia por aquel rudo vaquero. Sólo faltaban las botas y el sombrero para que el chico realmente la estuviera cabalgando.

    ¡La imagen era totalmente bizarra! Por el semblante del chico daba la impresión de que realmente estuviera montando una yegua durante sus paseos guiados por la sierra, mientras que mi novia, en su papel de bestia de carga, se limitaba a gemir de placer al sentir como su jinete la incitaba a seguir ‘cabalgando’ con una reata en el interior de su vagina.

    La baja temperatura de la noche fue insuficiente para evitar que el cuerpo de mi novia brillara con cientos de gotas de sudor al haber aumentado su temperatura corporal; mientras que con su boca babeaba de placer al sentir por primera vez desde que nos conocimos lo que era estar con otro hombre que no fuera yo.

    Si Leslie y Gabriel estaban al borde del orgasmo yo me encontraba casi igual, con un extraño sentimiento de placer, mezcla de morbo y excitación al ver como la que era mi pareja estaba siendo penetrada por otro hombre. La experiencia era sublime.

    Como si se tratara de una yegua en una carrera de velocidad, Gabriel aumentó la frecuencia de sus embestidas, soltando una que otra nalgada en el glúteo de mi novia al estar bien compenetrado con su papel de vaquero.

    El rostro de mi novia lo decía todo, ella había alcanzado el orgasmo mucho antes que nosotros. Intentó inclinarse sobre la cama pero su jinete se lo impidió jalándola por el cabello de mala manera. ¡El la estaba domando como un verdadero vaquero!

    Unos minutos después, cuando ya le fue imposible al chico contener sus emociones, terminó eyaculando dentro de las entrañas de mi novia con tan potente chorro de su ‘leche’ que hizo que la vagina de ella goteara profusamente. “Qué suerte que ella estuviera tomando la píldora”, pensé disfrutando de la morbosa escena.

    Con un ronco jadeo y visiblemente agotado el chico se dejó caer sobre el sofá a sus espaldas, e instintivamente buscó su teléfono en el bolsillo de su chaqueta; en lo que mi novia se revolcaba de placer sobre la cama.

    —Estuvo increíble —dijo ella con una voz entrecortada sin poder ocultar la sonrisa de satisfacción en su rostro.

    Gabriel no dijo nada, seguía esforzándose por recuperar el aliento en lo que leía los mensajes en su teléfono.

    —¿Qué sucede cariño? —preguntó mi novia intrigada.

    —Sólo es un amigo, preguntando donde estoy. Permíteme responderle.

    Gabriel marcó a su amigo y comenzó a conversar con él aprovechando para presumirle su aventura de esa noche con mi novia. Su amigo pareció no muy convencido de lo que le contaban, pues como he comentado nuestro guía tenía una tendencia a exagerar sus historias.

    —¡¿Cuándo te he mentido cabrón?! Te digo que estoy en un hotel con la güerita —dijo el chico en su teléfono—. La güerita que fue esta tarde con nosotros al ritual de Cerro Quemado, ¡pendejo! ¡La que estaba bien buena!

    Leslie observaba divertida como su amante discutía por teléfono tratando de convencer a su amigo.

    —¿Qué pasa, tu amigo no te cree que estás conmigo? —preguntó mi novia riendo divertida.

    —No, no me cree ese cabrón.

    —Pásame el teléfono, quizás yo pueda convencerlo —dijo ella gateando sobre la cama para acercarse a su amante.

    Gabriel entregó su teléfono a Leslie, quien con actitud juguetona se puso a conversar con quien estuviera del otro lado de la línea telefónica.

    —Hola cariño, ¿cómo que no le crees a Gabriel? Leslie rodó sobre la cama de manera que quedó de espalda sobre ésta; con la cabeza hacia atrás al estar justo en el borde, haciendo contacto visual con Gabriel.

    —Sí, aquí hemos estado en el hotel divirtiéndonos toda la noche; él me ha estado cogiendo bien rico. Gabriel tiene una verga riquísima, muy grande y gorda, me gusta más que la de mi novio; es más, creo que ahorita se la voy a volver a chupar otra vez —dijo de manera traviesa y pícara.

    Gabriel sonrió orgulloso al escuchar como alababan su pene y comenzó a masajearlo, intentando que éste se volviera erguir; mientras veía divertido como Leslie seguía conversando con su amigo.

    —¿Por qué escogí a Gabriel? La verdad tenía ganas de cogerme un vaquero desde hace tiempo, y cuando lo vi en el pueblo me gustó mucho. Cada vez que lo veía golpeando con el látigo a su caballo, me lo imaginaba montado sobre mí, domándome como si fuera su yegua. Así que engañé a mi novio haciéndole creer que quería hacer un trío con él y con Gabriel. Cuando llegamos al hotel le pedí que me diera tiempo de coger primero con Gabriel en solitario y eso hice; ahora ya no sé si hablarle a mi novio o seguir cogiendo sólo con mi vaquero porque la verdad me gustó tanto su verga, bien grande y gorda, que ya no quiero probar otra esta noche —confesó mi novia con una perversa sonrisa.

    ¡No lo podía creer! ¡Yo había sido un total pendejo al creerme el cuento de Leslie de que ella tenía la fantasía de hacer un trío conmigo y con otro hombre! Y para colmo ella estaba tan orgullosa de haberme engañado que hasta se lo confesaba a un desconocido.

    —¿Qué si tengo ganas de hacer un trío contigo y con Gabriel? Pudiera ser, pero primero tendrías que convencerme; ¿tienes una verga tan gorda y rica como la de Gabriel? —dijo ella al teléfono riendo pícaramente.

    Leslie pidió al chico que le enviara una fotografía de su pene para que ella evaluara si valía la pena tener sexo con él. El chico del otro lado de la línea, nada tonto, exigió primero una foto de mi novia desnuda para estar seguro de que no era una broma.

    —Te enviaré algo mejor que eso cariño —dijo mi novia antes de terminar la llamada.

    Leslie le ordenó a Gabriel que se pusiera de rodillas enfrente de la cama de manera que su pene quedara justo al alcance de sus labios, ofreciéndole dar una sesión de sexo oral en esa posición con su rostro invertido.

    Gabriel hizo exactamente lo que le indicaron y con ayuda de su teléfono no sólo tomó un par de fotografías de su pene dentro de la boca de mi novia; sino también un video donde se podía apreciar el perfecto cuerpo desnudo de mi novia tendido sobre la cama mientras le practicaba sexo oral.

    Ellos enviaron los archivos al amigo y en lo que esperaban la respuesta Gabriel se dejó caer sobre el cuerpo de mi novia clavando su lengua en el sexo de ella; creando un placentero 69; el cual no disfrutaron lo suficiente, pues un par de minutos después llegó la respuesta del amigo de Gabriel. Ambos rieron al ver la imagen que el amigo había enviado.

    —¡Pendejo! Seguro se la estuvo jalando con las fotos que le enviamos —dijo Gabriel de manera burlona al ver la imagen del pene completamente erecto de su amigo.

    —Pues no se ve nada mal, dile que venga al hotel, pero tiene que ser rápido antes de que venga mi novio —dijo mi novia en lo que alcanzaba su propio teléfono.

    —¿No tienes miedo de que tu novio llegue y te encuentre cogiendo con dos hombres? —preguntó Gabriel al ver como mi novia revisaba su teléfono.

    —Claro que no, tengo años poniéndole el cuerno con mi ex-novio sin que él se de cuenta —respondió ella descaradamente al aceptar que tenía tiempo engañándome—. No tengo ningún mensaje de él, seguro se quedó dormido el pendejo. Si llega primero que tu amigo lo mandaré a comprar cerveza u otra tontería mientras me los cojo a ustedes —agregó al haber fraguado un plan de contingencia en caso de que yo llegara antes de lo previsto.

    Gabriel marcó a su amigo y procedió a darle instrucciones para que se les uniera. Al parecer después de todo mi novia si cumpliría su fantasía de estar en un trío con dos hombres; con el bono adicional de que serían dos auténticos vaqueros.

    “¡Qué pinche suerte tiene esa gran puta!”, maldecí mientras veía a Leslie y Gabriel acercarse a la ventana, estando completamente desnudos, para ver al amigo de nuestro guía correr por las oscuras y empedradas calles del pueblo.

    —¡Mira, allá está! Casi se cae el pendejo —comentó riendo Gabriel al ver a su amigo dar un traspié y perder su sombrero.

    —¡Qué felicidad! ¡Me voy a coger a dos vaqueros! —exclamó mi novia bailando y saltando frente a la ventana.

    La actitud de mi novia era bastante imprudente, como si deseara que algún afortunado vecino no sólo la viera desnuda a través de la ventana, sino que la deseara. Eso no ocurriría, Real de Catorce es un pueblo fantasma después de todo.

    Leslie le hizo señas al chico que corría por el callejón. Al ser su habitación la única con la luz encendida a esa hora de la noche, además de ser la única con un hombre y una mujer desnudos frente a la ventana, el amigo de Gabriel, quien se llamaba Felipe, pudo reconocerlos fácilmente.

    —¡Qué emoción! —dijo mi novia caminando hacia la puerta para recibir a su invitado.

    Sin hacer ruido Felipe entró a la recepción del hotel y subió por las escaleras, lo que utilizando unas pesadas botas vaqueras no fue fácil. Aún con esto llegó a la habitación donde esperaban por él.

    —Bienvenido cariño —dijo mi novia abriendo la puerta antes de que el chico pudiera tocar.

    Felipe no podría haber tenido un mejor recibimiento a la fiesta que había organizado mi novia. ¡Qué podía ser mejor que ser recibido por una atractiva y voluptuosa rubia desnuda!

    —Haber si la próxima vez me crees cabrón —dijo Gabriel al saludar a Felipe.

    —Los vi por la ventana que estaban encuerados, espero no haber llegado tarde —dijo Felipe en lo que comenzaba a desvestirse.

    —Por supuesto que llegaste a tiempo, si la fiesta apenas comienza —dijo mi novia después de saludar a Felipe con un beso y ayudarlo a desvestirse

    El amigo de nuestro guía tampoco era un galán de telenovela. También de tez blanca y de la misma altura que Gabriel, quizás sólo un poco más corpulento; nada de que alardear. Pero su actitud altanera y soberbia, la de un verdadero macho, fue lo que conquistó a mi novia de inmediato.

    En lo que las manos de Leslie desabrochaban el cinturón y los pantalones del chico ella puso sus condiciones para realizar el trío que tanto había anhelado.

    —Haré y me dejaré hacer todo lo que ustedes quieran, siempre y cuando se dejen el sombrero y las botas puestas —prometió ella—. ¡Yo quiero coger con dos vaqueros!

    La petición de mi novia no sólo era extraña sino también divertida. Deseaba tanto hacer un trío con dos vaqueros que inconscientemente pensaba que éste no valdría si los chicos no tenían puestas sus botas y sombreros mientras fornicaban con ella. Ambos aceptaron.

    Gabriel se puso sus botas en lo que Leslie y Felipe terminaban de desvestir al chico; aprovechando ella para acariciar el nuevo órgano sexual masculino que tenía a su disposición. Al final los dos chicos quedaron desnudos frente a mi novia vistiendo únicamente sus botas y sombreros. La imagen era completamente grotesca y cómica, ella lo disfrutó.

    —¡Que guapos! —dijo mi novia mordiéndose los labios al saborear ese par de duros penes que colgaban de la entrepierna de los chicos—. Qué mal que no trajiste tu látigo me hubiera gustado que me acariciaras con esa dura vara —agregó ella al jugar con la idea de que ellos realmente la montaran como si fuera una yegua.

    —¿Quién dijo que no? —preguntó Gabriel alcanzando su mochila.

    El chico abrió su mochila y sacó de ella no sólo la vara de madera forrara en cuero con la que incitaba a su caballo a galopar, sino también dos pares de espuelas, uno de los cuales se lo entregó a Felipe.

    Gabriel hizo azotar la vara en la palma de su mano izquierda de modo que ésta provocó un estruendo que saturó la habitación. Por fortuna estos hoteles tenían muros anchos, por lo que estaba garantizado que no molestarían a los demás huéspedes.

    —¡Sí! —exclamó mi novia feliz al ver que su vaquero venía con todos los accesorios necesarios para realizar su fantasía.

    Después de saltar de gusto Leslie giró su cuerpo y ofreció su trasero a Gabriel para que el chico la azotara con el chicote.

    —Ni sentí nada, dame más fuerte —dijo mi novia después de que el chico apenas la hubiera acariciado con la vara en su mano.

    Nuevamente el chico azotó el glúteo derecho de mi novia aplicando un poco más de fuerza, aun así no se comparó a la energía empleada cuando impactó su propia mano.

    —¿Qué no tienes huevos? ¡Dame más fuerte cabrón! —exigió ella de manera retadora que el chico la azotara con más fuerza, empleando un lenguaje vulgar que no recordaba haberle escuchado.

    Ofendido por las palabras de mi novia Gabriel volvió a azotar el glúteo de ella empleando una cantidad de energía que incluso superó la utilizada cuando azotó su mano.

    —¡Ay! —exclamó mi novia mordiéndose los labios para evitar maldecir. Ella no quería parecer débil ante los chicos.

    Leslie cayó de rodillas en lo que frotaba la zona donde Gabriel la había azotado. Aunque sus hermosos ojos mostraron un brillo de dolor, la sonrisa de lujuria en sus labios revelaba que esa noche ella deseaba ser maltratada por ese par de desconocidos.

    —¿Qué, te dolió zorra? —preguntó Gabriel con una sonrisa sarcástica.

    —Sí, pero me gustó —respondió ella—. Ahora tú —dijo ella pidiéndole a Felipe que ahora él la azotara en su otro glúteo.

    Felipe le pidió el chicote a su amigo y utilizando las dos manos la dobló por en medio formando una “U” invertida. Colocó sus manos escasa distancia del trasero de mi novia en lo que ella abría los ojos grandes, como dos enormes platos, al conjurar lo que estaba por suceder. El chico soltó un extremo de la vara de manera que ésta al recobrar su forma lineal impactó en el glúteo izquierdo de mi novia; provocando una clase de estruendo que volvió a saturar la habitación.

    Los chicos rieron insensibles en lo que mi novia caía de rodillas al no poder soportar el dolor que ese último azote le había infligido en su delicado cuerpo. Sin embargo, orgullosa, siguió manteniendo la sonrisa en sus labios.

    Leslie quedó de espaldas acostada sobre la alfombra en lo que Felipe, ya con las espuelas puestas, colocó su bota derecha sobre su vientre; de manera que la filosa espuela de acero brillante estaba justo sobre su vagina y la punta con casquillo en medio de sus dos senos.

    —¿Aguantas? —preguntó el chico desafiante.

    Mi novia entendió claramente lo que el chico pretendía hacer. Él quería apoyar todo su peso corporal sobre su vientre; probando así si ella realmente estaba dispuesta a dejarse hacer todo lo que ellos quisieran. Ella no se retractaría.

    —Sí.

    Felipe sonrió complacido con la actitud sumisa de mi novia y cambiando su centro de gravedad despegó el pie izquierdo de la alfombra, apoyando todo su peso sobre el plano abdomen de mi novia.

    El hermoso rostro de mi novia se desfiguró por el esfuerzo que se encontraba realizando. ¡Era una verdadera tortura! Por fortuna Felipe no era muy bueno manteniendo el equilibrio y ella si era una adicta al gimnasio, por lo que el chico terminó por colocar nuevamente sus pies en la alfombra.

    —Te dije que es una putita bien portada —dijo Gabriel en lo que colocaba cada una de sus botas a lado de la cabeza de mi novia; de manera que su miembro quedaba justo sobre su rostro.

    —Ya vi que ésta puta si se va dejar hacer todo lo que queramos —dijo Felipe en lo que alcanzaba su teléfono para tomar una foto de mi novia tendida a sus pies. Nuevamente el chico colocó su pie derecho sobre el vientre de Leslie y procedió a tomar una foto con ella bajo su pesada bota, colocando la punta en medio de sus dos senos, en lo que mi novia proyectó la lengua fuera de su boca para lamer la asquerosa suela del calzado de trabajo de aquel vaquero, sacandole una sonrisa que se esforzó en ocultar para no abandonar su papel de hosco hombre de campo.

    —Arriba cabrona —ordenó Felipe después de hacer presión con su bota sobre el abdomen de mi novia.

    Leslie se puso de rodillas de manera que su rostro quedó justo a la altura del miembro de Felipe, quien parecía ahora ser el macho dominante, y sin esperar una invitación comenzó a practicarle sexo oral al chico. Engullendo ese grueso pene completamente de modo que su labio inferior llegaban a tocarlo en el par de testículos.

    Felipe gemía de placer al sentir la húmeda y cálida cavidad bucal de mi novia; en lo que Gabriel, celoso por la atención que su amigo recibía, golpeó con su miembro en la mejilla de mi novia haciendo que ella lo sujetara con su mano derecha para masturbarlo gentilmente.

    De pronto mi novia se vio obligada a alternar su boca entre los miembros de aquellos dos amigos, sus dos vaqueros, quienes orgullosos y soberbios blandían sus sombreros a semejanza de lo que hace un jinete cuando monta una indómita yegua.

    —Vamos putita, déjame ver esa cara de puta que tienes —ordenó Felipe, deteniendo el frenesí de mi novia sobre sus partes nobles, para tomarle una fotografía con su miembro duro completamente cubierto de saliva a lado del rostro de ella.

    —Tómala bien, que se vea bien su cara de puta para que nadie dude que es ella —dijo Gabriel colocando su pene al otro lado del rostro de mi novia.

    Ignoro lo que ese par de pervertidos pensaría hacer con esas fotografías que le tomaron a Leslie. Si mi intuición no me fallaba debería ser algo muy perverso y humillante. Sin importar lo que fuera ella lo había aceptado con gusto, su rostro sonriente en medio de los miembros erectos de esos chicos así lo dejaban ver; ese era el precio que tendría que pagar por hacer realidad su fantasía. Y por lo visto lo haría con gusto

    —¡Arriba puta de mierda! —exclamó Felipe jalando a mi novia por el cabello para ponerla en pie.

    Felipe agarró a Leslie por las orejas y colocando el rostro de ella frente a su entrepierna le clavó su duro miembro en la boca a la primera embestida; de tal manera que su pene pasó por toda la garganta de ella golpeando en su laringe.

    El cuerpo de mi novia reaccionó violentamente intentando expulsar, mediante el reflejo del vómito, el intruso en su garganta. No lo consiguió, por el contrario éste retrocedía y avanzaba cada vez más rápido, cada vez más profundo provocando que su torso fuera invadido por una serie de arcadas que le impedía respirar.

    —Así me gusta las putas —dijo Felipe con sarcasmo—, que sean dóciles como una yegua.

    —Espera que yo también quiero darle verga a esta puta —dijo Gabriel en lo que colocaba su duro pene detrás del trasero de mi novia.

    Gabriel sujetó a Leslie por la cintura y con un fuerte empujón penetró nuevamente en su vagina con su miembro. Ajustando el ritmo de sus embestidas para coincidir con las de su amigo de manera que la columna de mi novia, emulando un acordeón, se extendía y se contraía en cada ocasión que ellos embestían contra su cuerpo. ¡Mi novia estaba siendo sometida vilmente y me encantaba!

    “¡Así amigos denle duro a esa gran puta!”, pensé mientras observaba como esos dos chicos hacían lo que querían con el delicado cuerpo de mi novia.

    Pasaron casi 5 minutos y los chicos intercambiaron los orificios que penetraban, haciendo girar el cuerpo de Leslie para que su boca fuera perforada ahora por la dura verga de Gabriel y su vagina empalada con la de Felipe.

    —Te la dejé bien flojita —dijo Gabriel a su amigo refiriéndose a la vagina de mi novia.

    Obvio los cambios de posición no siempre eran tan coordinados, pues las pesadas y rudas botas de los chicos terminaban casi siempre sobre los pequeños pies de mi novia quien valiente soportaba el dolor de ser machucada en los dedos con tal de complacer a sus dos hombres, a sus dos machos.

    Así estuvieron ese par de degenerados y sucios vaqueros disfrutando del cuerpo de mi novia por casi 10 minutos, intercambiando posiciones a voluntad, hasta que a Felipe le dieron ganas de probar otra cosa.

    —Ya me cansé, ven para acá putita —ordenó Felipe al extraer su lubricado miembro de la boca de mi novia y recostándose en la cama detrás de él.

    Felipe se arrastró hacia atrás utilizando los codos arrugando las gruesas sábanas; su sombrero de vaquero botó de su cabeza como un corcho al recostarse sobre la cama.

    Leslie humedeció sus labios al ver el pene de Felipe apuntando hacia el techo, a semejanza de un asta bandera, jadeó un par de veces más por aún tener el miembro de Gabriel adentro de su vagina. Sólo después de que el chico la soltara ella subiría a la cama.

    —Permíteme cariño —dijo ella alcanzando el sombrero de Felipe para utilizarlo en lo que ella se montaba sobre el chico—, si tú no lo usas… —agregó sin completar la frase.

    De un salto Gabriel subió a la cama, aún con sus sucias botas puestas, situándose a lado izquierdo de Leslie en lo que ella se sentaba sobre la cadera de Felipe, introduciendo el pene del chico en lo profundo de su vagina.

    —¡Vamos pinche puta de mierda! —exclamó Felipe al ordenar a mi novia que iniciara su ‘cabalgata’ sobre él dándole una palmada en el muslo.

    Leslie descendió sobre la cadera de Felipe, de modo que ambos emitieron un gemido de placer al unir sus sexos. Una involuntaria expresión que causó los celos de Gabriel quien una vez más se sintió relegado.

    —¿Y yo qué? —preguntó Gabriel poniendo su miembro enfrente de la boca de mi novia invitándola a engullirlo.

    «Amigo, ya somos dos a los que esa puta nos puso el cuerno esta noche», pensé al verlo blandir su miembro enérgicamente enfrente del rostro de mi novia, salpicándola con la mezcla de fluidos que lo cubrían completamente.

    Leslie no pudo evitar sonreír al posar orgullosa para un público imaginario, el cuál debería estar situado dónde mi incorpóreo ser se encontraba, con el sombrero puesto sobre su cabeza al haber tomado ahora ella el papel de una valiente vaquera dispuesta a montar a una briosa bestia: un duro y enorme pene como nunca había disfrutado en su vida.

    «Sonríe linda», murmuré yo como único espectador de tan erótico espectáculo. Ella sonrió, no sé si por voluntad propia o por yo tener la capacidad de comunicarme a través del espacio y el tiempo con ella e influir en sus acciones. Era mi primer Viaje Astral.

    —Ven aquí cariño —dijo ella antes de que el miembro de Gabriel se perdiera en el interior de su garganta.

    Como si se tratase de una perfecta máquina diseñada para provocar las imágenes más sensuales y morbosas los tres cuerpos comenzaron a oscilar frente a mis ojos, con mi novia ascendiendo y descendiendo sobre el miembro de Felipe mientras su boca y lengua se encargaban del pene y testículos de Gabriel procurando no desatender a ninguno. Cada uno sincronizado con el movimiento del otro. Sin adelantarse o retrasarse. ¡Hasta jadeaban y gemían al unísono con el chasquido de las espuelas como música de fondo!

    Al ver la coordinación con que Gabriel y Felipe disfrutaban del cuerpo de Leslie fue fácil deducir que no era la primera vez que compartían a una mujer. Llegué a esta conclusión no sólo al ver como los dos sabían bien como debían ubicarse para tener sus duros miembros viriles al alcance de la fémina en medio de ellos, sino también porque ellos ignoraran el hecho de que los fluidos de otro hombre salpicaran sus cuerpos accidentalmente.

    Así estuvieron por varios minutos los amantes de Leslie, a veces siendo cabalgados por ella, otras veces recibiendo sexo oral, intercambiando posición sobre la cama cada que se les antojaba probar el orificio que el otro chico poseía en ese momento; mientras yo no daba crédito a la clase de puta que ella había resultado ser.

    No era queja sino todo lo contrario, era un extraño placer malsano que me avergonzaba sentir, pero no tanto como para desviar la mirada saliendo del trance.

    Era una especie de admiración por el hecho de saber que ella había sido capaz de domar a dos rudos hombres de campo; a dos auténticos vaqueros. “¡Vamos amor, tú puedes!”, exclamé animándola a seguir fornicando con ese par de chicos hasta desfallecer.

    Gabriel y Felipe pusieron a Leslie en cuatro patas sobre la cama. Felipe se arrodilló enfrente de ella introduciéndole su pene en la boca de un golpe; Gabriel hizo lo mismo en su trasero. Y con un intercambio de miradas entre ellos comenzaron a embestir nuevamente el sensual cuerpo entre ellos; firme y enérgicamente, al punto que la columna de mi novia casi se partía en dos al sentir como dos hombres de unos 90 kilogramos arremetían contra ella.

    Una nueva y memorable imagen estaba frente a mí, la de mi novia en cuatro patas siendo empalada por los miembros de dos chicos, quienes no llevaban nada puesto a excepción de sus botas, mientras ella lucía un sombrero de vaquero sobre su cabeza.

    “¡Mierda, esta cabrona si está echando el resto!”, pensé al ver como ella aguantaba las cargas de esos dos chicos sin inmutarse. “De haber sabido que era así de puta, hace mucho que hubiésemos hecho un trío con alguno de nuestros amigos”.

    —¡Arriba perra que viene lo bueno! —ordenó Felipe después de extraer su miembro completamente lubricado con la saliva de mi novia.

    Felipe sujetó la pierna izquierda de mi novia por debajo de la rodilla para abrirle las piernas en modo de compás, de manera que ella quedó frente a él en un sólo pie y en esa posición colocó la cabeza de su miembro en la entrada de la vagina de ella.

    —¡Órale cabrón, vamos a enseñarle a esta puta lo que es una buena cabalgata! —ordenó el chico a su amigo.

    Gabriel tomó a mi novia por la cintura y con la ayuda de Felipe la sostuvieron en el aire, de modo que los pies de mi novia no tocaban el suelo, y en esa posición acomodó su enorme glande en la entrada del ano de mi novia. ¡Estaban planeando darle una doble penetración con sus duros miembros!

    Leslie reía nerviosa, pues parecía que ella nunca había sido penetrada analmente. Aunque a estas alturas tampoco me sorprendería que fuera mentira y que ella fuera una completa viciosa en cuestiones de sexo.

    Con un intercambio de mirada Felipe y Gabriel comenzaron a levantar suavemente el cuerpo de mi novia para después dejarlo caer sobre sus duros miembros de manera que con cada ascenso y su consecuente descenso penetraban un poco más el cuerpo de ella.

    —¡Ay! —exclamó mi novia al sentirse empalada por ese par de degenerados.

    —Silencio puta —ordenó el chico frente a ella.

    En un momento dado los gemidos de agonía de mi novia fueron remplazados por gemidos de placer; los cuales saturaron la habitación en su totalidad a medida que los chicos que la sostenían aceleraban su ritmo. Era seguro que no era la primera vez que aquellos dos hombres disfrutaban de una mujer al mismo tiempo; pero también era seguro que nunca habían tenido una chica tan bella para tal cosa, así lo dejaban ver sus palabras.

    —¡Qué buena está esta puta! —exclamó Felipe—. Hay que darle mucha verga para que se vaya bien cogida del pueblo.

    —¡Qué se va ir! Después de la cogida de esta noche se va querer quedar con nosotros para que le demos verga todas las noches —comentó Gabriel de manera soberbia y altanera.

    El cuerpo de Leslie fue invadido por una serie de espasmos al escuchar como esos chicos planeaban fornicar con ella de todas las maneras posibles. Era obvio que ya había alcanzado el orgasmo vaginal y anal.

    Los chicos por su parte seguían dando lo ‘mejor’ de sí, escupiendo y maldiciendo a mi novia mientras profanaban su cuerpo como un par de degenerados.

    —¡Vamos puta, sigue sonriendo! —exclamó Felipe cruelmente al ver como el rostro de mi novia se desfiguraba debido al nivel de éxtasis que estaba alcanzando.

    Mi propio cuerpo ya no lo podía soportar, enviándome calambres desde el interior de mi coche con origen en un plano inferior de la realidad; pero no podía permitirle eyacular antes que los amantes de mi novia. Nunca me lo perdonaría.

    Un par de minutos después, cuando el rostro de Gabriel y Felipe comenzaron a dar muestras de ceder a sus propios calambres orgásmicos, súbitamente detuvieron sus penetraciones contra el cuerpo de mi novia. Extrajeron sus penes de la vagina y ano de ella, la colocaron de rodillas en medio de ellos y la obligaron a abrir la boca justo bajo la punta de sus glandes.

    Y sin ninguna otra advertencia ellos procedieron a eyacular directamente sobre su lindo rostro, trazando una línea blanca con cada potente chorro de su ‘leche’; ‘leche’ que mi novia con la ayuda de su lengua se esforzó en recolectar en su boca. ¡Nunca había visto tal cantidad de semen sobre el rostro de mi novia! Era una imagen erótica y grotesca a la vez.

    La habitación se llenó con el olor característico del semen fresco mientras mi novia, golosa, limpiaba con su lengua los miembros ahora flácidos de los chicos; removiendo cualquier rastro de aquella sustancia blanca y pegajosa.

    Visiblemente agotado Gabriel se dejó caer sobre el sillón detrás de él, en lo que Felipe hacía lo mismo sobre la cama; mientras que Leslie dio un par de vueltas sobre la cama antes de ponerse en pie para ir a buscar su teléfono. Desafortunadamente, aún con todos los poderes omniscientes que me habían sido otorgados esa noche, no pude alcanzar a ver lo que mi novia hizo con su teléfono.

    Estaba yo enajenado disfrutando de las más perversas y vulgares imágenes que aquel exótico alucinógeno me permitía observar, cuando un metálico y sintético sonido rompió el silencio de la noche. Era mi teléfono inteligente vibrando dentro del bolsillo interior de mi chaqueta.

    “Todo fue un sueño”, supuse al salir de mi trance encontrándome a mi mismo en el interior de mi coche con mis manos cubiertas con una sustancia cálida y pegajosa de un olor familiar. Mi ojo izquierdo lagrimaba la misma sustancia por lo que encendí la luz del espejo de vanidad para revisarlo.

    ¡Mierda y más mierda! Mi rostro estaba completamente salpicado por la sustancia que había sido disparada por mi pene, mi semen, blanco y espeso, habiéndolo salpicado con hilillos que seguían la gravedad. Era casi como si un mismo pintor hubiera utilizado la misma inspiración para dibujar esa noche sobre el rostro de mi novia y el mío con la misma clase de tinta. “¡Imposible!”, pensé.

    Después de limpiar mi rostro de aquella viscosa sustancia tomé mi teléfono y procedí a leer el mensaje recibido que tenía como remitente mi novia.

    “Una hora más”, escribió ella. ¡Diantres! Al parecer una hora no había sido suficiente para que ella quedara satisfecha de fornicar con el que había sido nuestro guía de turista en aquel Pueblo Mágico. En fin no habría nada que yo pudiera hacer en ese momento.

    Satisfecho de un placer morboso e incapaz de invocar una vez más el poder místico que me llevara a la habitación del hotel en mis alucinaciones, guardé el resto del peyote en la guantera, me acomodé en el asiento y me dejé caer en un profundo sueño.

    Eran casi las 3 de la mañana cuando desperté abruptamente al ser incapaz de soportar la baja temperatura de aquel altiplano. Bajé del coche y me dirigí al hotel. En aquella hora no había nadie en la recepción. Subí las escaleras, utilizando mi propia llave para abrir la puerta y entré a la habitación en total oscuridad.

    Leslie y Gabriel dormían profundamente, por lo que supuse que el tercer chico solamente había existido en mi desvarío. El grave ronquido de mi corneador era todo lo que se escuchaba a esa hora de la madrugada. Por fortuna la cama era grande, lo suficiente para dar cabida a los tres, por lo que después de desvestirme me acosté a lado de mi novia.

    Gabriel fue el primero en despertar, pues su reloj biológico estaba programado para levantarse antes de que saliera el sol. Entró al baño a darse una ducha en lo que Leslie y yo nos despabilábamos.

    —Buen día preciosa —dije a mi novia al jalar su cuerpo desnudo bajo las sábanas hacia mí. Ella tenía un olor agrio, el olor a semen.

    —Buen día amor.

    No quise preguntarle a Leslie como la había pasado con Gabriel, ni preguntarle porque no me había enviado el mensaje para que me uniera a ellos y así poder realizar su fantasía de estar con dos chicos en un trío; no era el momento indicado para tocar el tema con el chico aseándose en el cuarto de baño.

    Además, en el fondo yo sabía que nada que ella pudiera haber hecho superaría a la ficción que, mi inquieta mente, había creado para mí en el tiempo que ella había estado con ese chico. Un beso en los labios era lo único que tenía cabida en ese momento.

    Gabriel se despidió, besando a Leslie en la mejilla obviamente, dejándonos para que pudiéramos arreglarnos para bajar a desayunar; prometiendo reunirse con nosotros en el bar cuando terminara su jornada. El chico tenía ganas de volver a repetir la fiesta con Leslie; yo sólo esperaba que esta vez si me invitaran.

    —No recuerdo donde dejé mi cartera —dijo mi novia antes de que bajáramos al comedor.

    —La pateaste debajo de la cama, amor —respondí en lo que el rostro de mi novia y el mío se tornaron pálidos.

  • La historia de mis primeros cuernos

    La historia de mis primeros cuernos

    Este relato que contare, es parte de mi vida, una breve historia de la infidelidad de mi esposa y su confección, mis primeros cuernos y el de como lo acepté, pero sobre todo de como lo disfrute, tratare de ser breve en el contexto y presentación del relato.

    Mi nombre es Pedro, un hombre de 46 años, 1.82. m. de estatura, moreno claro, de complexión esbelta pues me mantengo en forma, casado por segunda vez con Isabel, una mujer de 38 años, de 1.65 m. de estatura, pelo castaño obscuro, abajo del hombro, piel tersa y clara, ojos color miel, labios pequeños, cuerpo esbelto bien formado, senos copa 36 C, una cintura estrecha, rematada en unas caderas amplias y unas nalgas paraditas y deliciosas.

    Hace un par de años mi vida matrimonial se había tornado difícil, ya que mi esposa era una mujer muy celosa, siempre inventando supuestas aventuras mías, jamás comprobadas, pero eso nos traía muchas discusiones que terminaban siempre en una reconciliación y un sexo maravilloso, fue difícil mantenernos estables pues cada vez era mas tedioso, hasta que un día decidí darnos un tiempo para ver si todo podía seguir o de una vez por todas terminar con ello, para ella esta decisión fue en su parecer una manifestación de su sentir, pues lo tomo como una verdad de mi supuesta infidelidad, dos meses después la busque.

    En un principio fue tenso, platicamos sobre lo sucedido y los motivos que lo causaron, solo que de una manera abierta y dispuestos a escuchar, todo se torno agradable en un momento ya con calma le di a conocer mi intención de dejar todo atrás y retomar lo bello de nuestra relación, ella un poco cohibida, me dice que antes de tomar una decisión teníamos que hablar de cierto tema que quizá pueda cambiar mi manera de pensar, por lo que nos dirigimos a la recamara para estar en completa privacidad y escuchar lo que tenía que decirme.

    Isabel – Esto que tengo que contarte, quizá cambie todo lo que sabes y piensas de mí, así como la decisión que puedas tomar, pero si en verdad quieres regresar a casa, debes de saberlo.

    Yo – Muy bien, es bueno saberlo, te escucho, me da un poco de miedo, pero prometo no tomar juicio hasta escuchar todo lo que tienes que contar.

    Nos sentamos al borde de la cama y ella comenzó a decir – el día que te fuiste, la verdad que yo me quede muy mal, pues di por sentado que era verdad tu infidelidad, estaba muy dolida y me prometí dejarte y comenzar mi vida de nuevo, hace más o menos un mes, por la tarde salí como siempre a pasear a Browny (nuestra mascota), de regreso a casa, pase a la tienda de la esquina, fuera de la tienda estaban dos chavos de los que siempre se reúnen a tomar sus cervezas, no le di importancia, ya al salir uno de ellos me abordo y me pregunto sobre el perro, me dijo que el tenia una perrita que quería cruzar, quería saber si me interesaba, ya que era de la misma raza, fue muy breve, le di mi numero de teléfono, para que me avisara cuando su perrita entrara en celo y me fui. Por la noche recibí un mensaje, que decía -“buenas noches, la agregue a mis contactos para estar en comunicación para lo de la cruza, me llamo Santiago, que pase una linda noche.”, le agradecí con un “buenas noches, seguimos en contacto, gracias.”

    Días después me mando imágenes de su perrita, no le di mucha importancia, pero cada vez eran más frecuentes sus mensajes saludando, en uno de esos días me llego una imagen de él, en el gimnasio, mostrando su torso, como después de hacer ejercicio, pero la elimino y se disculpó diciendo que se había equivocado de persona, mi curiosidad me gano y lo busque por Facebook, tenia muchas publicaciones donde se veía ejercitándose.

    Yo – Vamos al grano, ¿paso algo más?

    Isabel – ¡Tranquilo, para ser honesta si, paso algo! eso es lo que te quiero confesar, tuve un encuentro con él.

    Yo – ¿Como que paso algo? Se especifica.

    Isabel – Tuve sexo con él, fue solo una vez, pero paso.

    Me quede pasmado, no sabia que decir, una extraña sensación recorría mi cuerpo, un cosquilleo en el abdomen y un calor en mi cuerpo se apoderaron de mí, respire profundo, tratando de contener cualquier impulso, respire profundo para relajarme, esa sensación de adrenalina corriendo por mi ser, me decía que tenía que saber más, tome aire nuevamente y le dije.

    Yo – Ok. Muy bien, me tomas por sorpresa, en verdad que no me esperaba esto.

    Isabel – Para mi es importante que lo sepas, no quiero cometer el error de ocultarlo, la verdad siempre sale a la luz.

    Yo – Muy bien, para poder entenderlo tendrás que ser más explícita, ¿qué tanto paso?, ¿hasta qué punto llegaron?, quiero saberlo todo.

    Isabel – Después del día de la imagen, me mostré con un poco de interés por él, así que ya no respondí tan cortante a los mensajes, una tarde estábamos mensajeando y le propuse vernos, el de inmediato lo acepto, así que paso por mi a eso de las 8 de la noche para ir a tomar un café y platicar, era muy agradable su conversación, así que se nos fue el tiempo, hay fue donde vi una oportunidad para vengarme por cada una de las infidelidades que me habías hecho, por lo que le dije, vamos a dar una vuelta por la ciudad, tiene rato que no lo hago.

    Santiago – Me parece bien, quieres ir a algún lugar en específico.

    Isabel – No, solo a pasear por las calles, salimos del café, nos montamos en el coche y pasamos por un auto servicio, compramos unos tragos y nos dispusimos a pasear, seguíamos platicando ya con un poco mas de confianza, le conté por lo que estaba pasando y de todo lo que yo creía que me habías hecho, el solo me escucho, cuando terminé de desahogarme, solo le dije, hoy quiero dejar todo eso en mi pasado, pasamos por un Motel de las afueras y le propuse entrar, era mi coraje el que me incitaba a la venganza.

    En ese momento de la confección, mi cuerpo no me respondía, por más que quería controlarlo, no podía, sentía un temblor recorriéndome y una excitación tremenda que se reflejaba entre mis piernas, sin que yo quisiera, serré mis ojos y me recosté, quizás así ella no lo notaria, ya que quería que continuara con su relato, no era coraje, de eso estaba seguro, me estaba excitando como nunca antes, que equivocado estaba ya que ella de inmediato se percato de todo lo que yo estaba sintiendo en ese momento, me puso su mano sobre mi verga y la comenzó a masajear.

    Isabel – ¡Mira nada mas como te pusiste! Estas muy excitado, ¿Quieres saber que mas paso? ¿Quieres que siga contando?

    Yo – ¡Si! Quiero saberlo todo.

    Isabel – ¿Me prometes no enojarte? ¡Te puedo contar todo lo que me hizo!

    Yo – Es una promesa, no me enojare, solo quiero que no omitas detalle.

    Isabel – ¿No te importa que tu esposa haya sido una Puta? ¿Qué otro hombre haya probado lo que es tuyo?

    Yo – No me importa, solo quiero escucharlo de ti.

    Isabel – Muy bien, relájate que ya te cuento todo, pero primero deja te libero.

    Me libero el cinturón, desabrocho el botón de mi pantalón, bajo el zíper y tomando con ambas manos pantalón y bóxer los jalo con fuerza, dejándome desnudo de la cintura para abajo, mi verga salto de su prisión mostrándose total mente erecta, se recostó a mi lado y con la mano derecha me comenzó a masajear de forma lenta y cuidadosa mi verga y huevos mientras me susurraba al oído.

    Isabel – “Espero y lo disfrutes tanto como lo disfrute yo.” Entramos a la habitación del Motel, me dirigí al baño a refrescarme un poco, los tragos que habíamos tomado hasta ese momento comenzaban a hacer efecto, dentro de mí ya no había duda de lo que iba a hacer, al salir, Santiago me esperaba de pie a un costado de la cama, estiro su mano y yo le di la mía, me jalo a su lado y me abrazo por la cintura, se inclinó un poco y me comenzó a besar tiernamente, despacio y sin prisa, sus manos subieron a mi espalda, la recorrieron y bajaron directas a mis nalgas, rosándolas poco a poco, las volvió a subir pero ahora por los costados, rodeando mis brazos y llegando a mis bubis, para ese momento yo comencé a sentir la excitación del momento, me olvide por completo de ti y me deje llevar por el momento, me desabotono la blusa y la saco, dejándome en brasier, me besaba el cuello y no dejaba de masajear mis tetas, de manera diestra me desabrocho el brasier y libero mis melones, con su lengua recorrido mis pezones, sacándome un gemido de satisfacción, sabia como hacerlo yo solo podía acariciarlo sobre la ropa, baje mi mano a su pantalón y logre sentir su verga dura, antes de que pudiera hacer algo más, me empujo sobre la cama, sin dejar de besarme y lamer mis tetas, me desabrocho el pantalón y lo quito, junto con mi pantaleta, hay estaba yo, ya totalmente desnuda, a su merced, entregada totalmente a el y a lo que quisiera hacer con migo, disfrutando de lo lindo, comenzó a bajar sobre mi abdomen recorriéndolo con la lengua, parando de vez en vez para exhalar su aliento cálido, me abrió las piernas y se dispuso a saborear mi conchita ya húmeda por la sensación que experimentaba.

    Yo – Es muy excitante amor, no pares de contar.

    Isabel – Nunca pensé que fueras a disfrutar esto, tenía miedo de contártelo.

    Yo – Deja eso para después, por ahora solo quiero saber más.

    Isabel – Ya lo veo, estas temblando, creo que estas a punto de terminar.

    Yo – Ya por favor, sigue contando, no me dejes así.

    Ella no dejaba de masajearme la verga y los huevos, de vez en vez rosaba mi ano con un dedo, yo temblaba con ello.

    Isabel – La excitación me tenía al borde, yo lo tenia tomado de la cabeza y arqueaba mi cintura para que no parara de mamarme, lamia y succionaba mi clítoris y mis labios vaginales de forma alternada, era deliciosa la sensación, de pronto se incorporó y comenzó a despojarse de su ropa, en pocos segundos ya estaba desnudo delante de mí, verlo así me calentó aún más, ver su cuerpo atlético y su verga erecta apuntando al cielo, me hiso desearlo aún más, sin pensarlo lo jale del brazo a la cama lo volteé boca arriba y me dirigí de inmediato a su verga, era larga mas o menos gruesa para su tamaño, no se cuanto le media, pero si que era en verdad mucho mas grande que la tuya, una cabeza rosada, amplia, su tronco venoso, un verdadero manjar, la quería disfrutar al máximo, me baje directo a mamarla, el me acomodo de tal forma que pudiera seguir dándome placer a mí, dándonos un 69 fenomenal, yo intentaba meterme la verga totalmente en mi boca pero no podía hacerlo sin sentir arcadas de lo grande que era, mientras el no dejaba de mamarme y meterme sus dedos en mi raja y ya húmedos los pasaba por mi agujero del ano, metiendo un dedo en el y dos en mi raja, fue tan placentero que en ese momento tuve mi primer orgasmo intenso, mojándolo con mis fluidos todo su rostro, el ambiente ya olía a sexo salvaje, intensó y apasionado.

    Yo – ¿Qué más paso?, ¿Cuenta? No pares.

    No pude aguantar más, y en una sacudida total de mi cuerpo explote, vaciando mis testículos de forma intensa, lanzaba chorros de semen al aire, cayendo por todos lados, Isabel, no dejaba de jalarme la verga y apretarla, cuando disminuyo la venida, me metió un dedo en el orificio del culo, comenzó a limpiar con la boca la venida, dándome una mamada, lo cual aumentaba la sensación, una vez terminada la limpieza, me saco el dedo de un jalón provocándome un ligero dolor, me beso apasionadamente, el sabor de mi semen en sus labios era delicioso, asido dulzón, aun después de la venida, no dejo de acariciar mi verga.

    Isabel – Que rico te viniste, pero esto aún no termina, falta lo mejor.

    Yo – Perdóname amor, ya no aguantaba, pero quiero seguir escuchándote.

    Isabel – Si amor, la puta de tu esposa aún estaba por descubrir la gloria.

    Yo – que delicia, como no estuve hay para ser testigo de todo.

    Isabel – ¡Ya habrá oportunidad si así lo quieres, por el momento sigue escuchando!, Después de mi choreada, me recostó nuevamente en la cama, abrió mis piernas, arrodillado frente a mí, apunto su verga hacia mi raja, me rozo con la cabeza de su verga de arriba abajo y sin previo aviso, me la clavo por completo de una sola embestida, era sorprendente sentir cada centímetro dentro, gruesa, palpitante y caliente, grite, gemí la aprete, no podía dejarla escapar, era deliciosa, así como la estaba apretando fue sacándola poco a poco, solo me dejo la cabeza dentro, se detuvo y volvió a clavarla igual, a partir de ahí fue un mete y saca salvaje, su pelvis chocaba con la mía en cada embestida feroz, me abalance sobre el y lo abrace fuerte, su cadera seguía en movimiento, no paraba, le rasguñaba la espalda cada vez que me penetraba, yo gritaba de la sensación que sentía, me estaba cogiendo un semental verdadero, estuvimos así por un buen rato, no sé cuánto, el disminuía las envestidas por el esfuerzo que hacía de mantener el ritmo, con dificultad logre girarlo y recostarlo en la cama, serré sus piernas y me monte sobre él, apunte con dificultad su verga y de un centón me clave nuevamente ese delicioso pedazo de carne, comencé a cabalgarlo de arriba abajo y después en círculos, me estaba partiendo en dos eso lo sentía, me tomo por la cintura y me comenzó a ayudar a mantener el ritmo, no aguante mas y vino mi segundo orgasmo, era electrizante, mi cuerpo temblaba por completo, me deje caer sobre su pecho, pero el no paro, me levanto un poco y me seguía penetrando, hasta que de pronto convulsionó en una venida extraordinaria, rugía como león, de su corrida me lleno mi vagina de su leche, nos quedamos así por un largo rato, yo aun con su verga dentro.

    Yo – Que buena cogida te dio, así como lo cuentas siento que jamás hice algo igual con Tigo.

    Isabel – No es momento de comparar amor, tú también me haces sentir la gloria.

    Yo – Bueno, ¿Después de eso que más paso?

    Isabel – Caímos rendidos, jadeando por el esfuerzo, nos abrazamos y descansamos un buen rato, le agradecí por ayudarme a vengarme de ti, no quería dejarlo, pero tenia que regresar a casa, no sé, en verdad que ya después de la excitación me sentía culpable, si es verdad que lo había disfrutado, pero aun así la culpabilidad me comenzó a atacar, decidí dejarlo así, ya habría una nueva oportunidad de disfrutar más, si es que así se presentaba.

    Yo – ¿Lo dejaste así? ¿Solo así?

    Isabel – No, le invente que no había pedido permiso, que mi hermana estaba esperándome y que no quería preocuparla, que tenía que regresar a casa, que, si quería volver a disfrutar de eso, tenia que llevarme a casa en ese momento.

    Yo – ¿Él te creyó todo eso?

    Isabel – pues no se si lo creyó o no, pero me abrazo tiernamente y me dijo que estaba bien, que lo había disfrutado y no quería que tuviera problemas, que ya habría oportunidad de más.

    Yo – Bueno por lo menos era comprensible.

    Isabel – Pues eso mismo me hizo pensar a mí. Ya que habíamos disfrutando del momento, con bromas y comentarios mutuos, nos cambiamos para salir, ¡Que buenas tetas tienes!, ¡Qué buena verga te cargas!, ¡Tienes un culo hermoso, ¡Estas más vergón que mi marido!, ¡Espero la hayas disfrutado!, cosas así.

    Durante todo ese tiempo después de mi venida, ella seguía acariciándome la verga, esta ya estaba recobrando su fuerza.

    Yo – ¿Entonces te trajo a la casa?

    Isabel – Si, pero una vez en el coche, me dijo, no me puedes dejar así, yo quería un poco más, ¿Qué te parece si en el camino me das una mamada? A lo que yo le dije que estaba bien pero que ya nos fuéramos, el se desabrocho el pantalón y saco su verga ya erecta, así que me incliné entre el y el volante, me introduje ese falo nuevamente en la boca y el echo a andar el motor, así salimos del Motel, el conducía muy despacio, pero no me importo pues el sabor de su verga me encanto, su leche y mis fluidos eran deliciosos, llegamos a la casa no sé cuánto tiempo después, él se aparcó en frente poro como aun no se venia yo continue, hasta que por fin quizá ya que se concentro el lo que hacíamos, me volvió a llenar la boca de semen, me la trague toda su corrida y lo deje totalmente limpio, me baje del coche y el se fue, así sin despedirse, me quede cabreada, pero en fin eso era lo que quería, que me dejara en mi casa y se fuera.

    Mi verga para ese momento ya estaba nuevamente erecta, no le dije nada más, la jale a mi lado, la bese, acaricie y le hice el amor, era el hombre más feliz de la tierra, era mi amor, con quien estaba, la mujer de mi vida, el ser humano mas maravilloso que pudiera encontrar, después de todo lo confesado, no me quedaba duda del amor que sentía por ella, esa es la historia de mis cuernos.

  • Inesperado encuentro (padre e hija)

    Inesperado encuentro (padre e hija)

    A modo introductorio les cuento.

    La influencia que ha generado en mí los efectos de la gran deshumanización de esta sociedad que no es para nada solidaria, me llevo a tener una vida un tanto solitaria. ¿Me podría comparar con algún animal? Si totalmente, algunos de ellos, disfrutan de la compañía de su manada, otros de preferencia, la soledad y la paz con la compañía de sí mismos, este último soy yo, un hibrido entre ser humano y un oso.

    Supe ser un tipo alegre, rodeado siempre de bellas muchachas que me brindaban su amor y su cuerpo.

    Pero… siempre hay un pero, llego un día que, no sé exactamente cuándo ni dónde, desapareció esa alegría mencionada, llegado al punto que al hacer algún chiste o hacer una broma me decían.

    – Que tipo alegre que sos Luis.

    – No mi querido amigo, permíteme una corrección, Luis no es un tipo alegre, Luis, es solamente cómico.

    Con mis veintidós años, llego una situación que colmo de alegría mi vida, llego a ella, Ana, la mujer más maravillosa que haya conocido ser humano, su figura monumental adornada con los atributos propios de una mujer, dos tetas perfectamente talladas en su pecho que hacían ver mas fina la silueta de su cintura, que finalizaba en un parado, duro y movedizo culo haciendo voltear las miradas a su paso.

    Nuestra vida sexual era lo más parecido a la perfección, en broma le decía que habíamos inspirado al Hindú Vatsiaiana para escribir su obra más importante, el Kama Sutra.

    Probamos el sexo de todas las formas posibles, hasta inventando las nuestras. Conocimos todo sobre nosotros dos, olores, sabores, orificios, hasta los lugares más recónditos o accesibles para tocar y hacer estallar nuestra vehemente carrera de sexo inagotable.

    Aunque, aún no estábamos preparados, llego ese día que la gran mayoría de las parejas añoran, venia una niña o un niño a nuestra vida, con la consiguiente alegría que eso nos produjo.

    El embarazo fue totalmente normal, nosotros seguíamos con nuestras sesiones de sexo, más moderadas, pero no dejamos de disfrutarlo a pleno como era habitual en nosotros.

    Llego el día del parto, Ana entro tranquila al quirófano para recibir a Anabela. Al poco tiempo se escuchó el llanto de la nueva vida que había llegado a nuestro hogar. Al ver que se demoraban en salir intentamos preguntar, pero todo el mundo corría como locos, agitados, sudorosos, no había gritos, solo palabras ininteligibles y más corridas; hasta que luego de casi una hora y media salió el Medico, con Anabela en brazos, la cara del profesional no auguraba nada bueno, nos informó que Ana, mi Ana, ya no estaba en este mundo.

    Una afección poco frecuente del embarazo, pero que pone en riesgo la vida. Provoco la descomposición de los glóbulos rojos de la sangre. Mi Ana fue quien estuvo dentro de la estadística de mortalidad.

    Las primeras semanas fueron duras, pero me las arregle con Anabela, con ayuda de mis suegros y mis padres.

    Dicho sea de paso, mis suegros me responsabilizaban a mí de lo sucedido.

    Notaba distantes a los padres de Ana, en algo raro andaban, los sentí lejanos. El tiempo me dio la razón, cuando Anabela había cumplido los dos meses de vida, se la llevaron a pasear y tomar sol, según me dijeron. Hasta el día de hoy no sé nada de mis suegros ni mi hija, habían desaparecido de la faz de la tierra, es como si se los hubiera tragado, la busque junto a la policía por todos lados y nada.

    Es por eso que hoy a mis cincuenta y cuatro años, soy ese oso solitario que deambula casi sin rumbo, con la esperanza de encontrar algún día a Anabela.

    Faltaba un mes para mi cumpleaños número cincuenta y cinco y me dije.

    – Luis, ¿qué te parece un festejo de cumpleaños a la distancia?

    Me pareció bien mi propuesta, así que me organice un viaje de festejo a Bariloche, que bien merecido me lo tenía.

    Compre el pasaje de avión y partí rumbo a mi destino, llegando dos días antes de la fecha que conmemoraba mi natalicio.

    A mi llegada la localidad de San Carlos de Bariloche estaba que explotaba de turistas, me aloje en un hotel de la calle cuaglia, disponía de cinco pisos, asignándome una habitación en ese último, amplia luminosa por su gran ventanal, una cama de plaza y media y lo más imponente, la vista que tenía hacia el lago Nahuel Huapi con sus quinientos cincuenta kilómetros cuadrados. El primer día recorrí un poco por la zona, el centro cívico y alguna fábrica de chocolates, para luego cenar e ir a dormir y estar bien fresco al otro día.

    Al día siguiente fui a conocer un poco más de la hermosa localidad y organizar bien un plan para los siguientes días y sobre todo el día de mañana, en que cumplo los años.

    Llego el momento, hoy es mi fecha, me prepare para salir a algún boliche o confitería en busca de alguna compañía para finalizar el momento. Preguntando me enviaron a uno que se llama Grisú, ahí había también mujeres solas que quizás quisieran compañía.

    Sentado en una silla baja, junto a una mesa haciendo juego, observo que una chica de aproximadamente treinta a cuarenta años me miraba insistentemente, debo aclarar que estaba hermosa, rolliza, pero con unos pechos alucinantes, su culo resaltaba por el vestido ajustado que calzaba, una cabellera brillante cayendo por ambos hombros descubiertos y dos faroles que parecían celestes desde lejos, hago un movimiento de cabeza saludando y dando a entender que me había dado cuenta, levanto la copa de un Martini dulce que estaba bebiendo haciendo señas que se acerque, dejó la barra y con un andar totalmente sensual se acercó muy lentamente moviendo sus caderas de forma espectacular.

    – Hola buenas noches, mi nombre es Luis.

    – Buenas noches, podes llamarme Abe.

    – Que deseas tomar.

    – Lo mismo por favor.

    – ¿Sos de acá?

    – No, ando de paseo, estoy festejando atrasado mi cumpleaños.

    – Qué casualidad, hoy es el mío, ¿has venido sola?

    – Feliz cumpleaños, lamentablemente sola, retrase el festejo pues falleció mi mama el día antes de mi cumple.

    – Cuanto lo lamento, y tu papa.

    – Falleció hace tiempo.

    – Bueno si querés compañía, ofrezco la mía.

    – Pero como no, sí señor, se acepta gracias.

    Tomamos un par de copas más, ninguno de los dos había cenado, la invite y fuimos a un restaurante, donde comimos y bebimos en abundancia, muy rápido entramos en confianza, puedo decir… como si nos conociéramos de toda la vida.

    Esta demás decir que la invite a mi habitación del hotel.

    – No Luis, perdóname pero no, si querés podemos ir a la cabaña en que estoy.

    – Bueno, yo no tengo problemas.

    Fuimos caminando por la orilla del lago viendo las pequeñas ondas en el agua y como se reflejaba la luz de la luna, nos detuvimos mirándonos frente a frente, confirmando el azul de sus ojos, las bocas muy lentamente se acercaron para sellar ese pacto tácito de sexo que habíamos hecho al invitarnos mutuamente a compartir un espacio en común.

    Llegados a la cabaña, sin alcanzar casi a abrir la puerta, retomamos ese beso candente, ardoroso, que nació a la vera del lago. Fuimos así hasta la cama, donde, comenzamos suavemente a despojarnos de la ropa que nos cubría, ambos quedamos totalmente desnudos, en su entrepierna se veían unos vellos rizados muy prolijamente recortados que protegían la brillante vagina. Mi miembro estaba duro y palpitante.

    – Déjame a mí y me encargo de calmarlo.

    Dijo mientras se sentaba en el borde del lecho introduciéndolo en su boca exquisita de labios finos pero carnosos, elevo sus ojos mirando mi cara, ¿Qué me recordaba esa mirada? Su lengua iba y venía por toda la extensión del pene, que por momentos se perdía casi en su totalidad en el interior, mientras que sacando la lengua, trataba de tocar los testículos, dejaba que saliera y con la mano me masturbaba muy delicadamente.

    Le pedí que me dejara a mí ahora, tomándola por los hombros se puso de pie, queriendo retribuirle mi excitación pudo más, elevándola, cruzo sus piernas sobre mis caderas, el pene presuroso se deslizo al interior de la vagina totalmente húmeda. Como en una película, camine hacia la pared apoyando su espalda en ella, sus brazos rodearon mi cuello.

    – Ahora si dale duro por favor, lo necesito.

    No me hice rogar, y juro, no me la cogí, le hice verdaderamente el amor, hacía rato que no sentía la sensación de hacer el amor, siempre había tenido relaciones para el desfogue y nada más, esta vez era distinto, le hacia el amor. Ella lo presentía, por eso correspondía a la situación.

    Al poco tiempo comenzó con gemidos suaves que fueron en aumento junto con la vehemencia de mis embestidas, hasta que esbozo un gemido gutural, largo, sentido, acompañado de un gran suspiro y unas palabras tan dulces que nunca voy a olvidar.

    – Acabo Luis, que felicidad me estás dando.

    Su vagina se puso más húmeda aun, la deposite en el piso cara a la pared, sus manos se apoyaron en ella, tomo la distancia de sus brazos y puso el culo en pompa, la penetre por detrás, esta vez con más violencia para bombear y disfrutar de ese sexo épico, no aguante mucho y comencé con mi descarga seminal sin parar de moverme, al sentirla, ella meneó sus caderas en justa sincronía a mi ir y venir, tanto, que parecía pactada. Al terminar yo de gemir, nuevamente lo hizo ella alcanzando un nuevo orgasmo. Saque el miembro de la cálida cueva del placer, tomándola de la mano fuimos hacia la cama, mientras el líquido que ella había sacado de mi interior corría por sus muslos tímidamente hacia el piso.

    Pasamos haciendo el amor hasta el amanecer, de todas las formas que se nos ocurrió. Cuando la luz del sol comenzaba a brillar con más fuerza en el cenit y empezó a entrar por la ventana, nos detuvimos para observarlo abrazados.

    Luego dormimos un rato.

    Al despertar, desayuno mediante, me pidió que quería conocerme más, le conté la historia de mi vida, ella, no quiso relatarme la suya en profundidad, solo escuchaba atentamente.

    Volvió a consolarme como la noche anterior, haciendo cosas que nunca se me habrían ocurrido en vida de mi Ana, a esta edad seguía aprendiendo cosas relativas al sexo. Me dejo tan exhausto que volví a dormir.

    Luego de una semana a puro sexo, llego la noche anterior al retorno, que decir de la despedida, aunque habíamos quedado en seguir viéndonos cuando estuviéramos en nuestras respectivas casas. Esa noche fue mágica, desde la muerte de Ana que no vivía el sexo como estos días.

    Ya en la habitación del hotel, me dijo.

    – Por ser la despedida, hoy va a ser inolvidable.

    Desnudándose de forma muy sexy, me invito para que la imite. Se arrodillo frente a mí para tener esa sesión de sexo oral que tan hábilmente hace, para beber por primera vez el semen que salió de mi interior. Haciendo luego lo mismo y perdiéndome entre sus piernas para literalmente, libar esos labios vaginales deseables que destilaban sus propios jugos, sabrosos por cierto, sobre todo cuando tenía un orgasmo y se mezclaba con la lubricación abundante que destilaba.

    – Ahora Luis, vas a seguir mis instrucciones.

    Acto seguido, con un pañuelo de seda que había traído en su cuello, ciño mis manos a la espalda haciéndome recostar, se posiciono con la entrepierna sobre mi cara para que siguiera chupando su sexo. Me sorprendió gratamente cuando se levantó unos centímetros llevando su pelvis hacia adelante y ubicando su orificio anal cerca de mi boca, me hizo la invitación a saborearlo. La lengua, aunque cansada de la sesión que acabábamos de realizar, comenzó la exploración anal rodeando todo el esfínter, con pequeñas introducciones de la punta, haciendo arrancar gemidos con cada penetración, el hermoso y recóndito agujero palpitaba, pedía ser penetrado. Se paró de repente ayudándome para que hiciera lo mismo, tomo del bolsito que había llevado, un frasco de lubricante, abrió de par en par las ventanas de la cálida habitación, por suerte no hacia frio extremo, me baño el miembro en el resbaladizo líquido, pasando su mano desde la punta hasta su final, con un baile sensual, tal como es ella, se pasó el líquido por sus tetas, vagina y ano.

    Haciendo un alto en este último, se entretuvo con él un rato, para darse vuelta y dejarme observar su “show” como espectador privilegiado, pasaba aceite, y, uno a uno, introducía sus dedos, del menor al mayor, para, en etapas subsiguientes meter dos, luego tres, hasta introducir casi toda la extensión de sus cinco dedos. Se apoyó con sus brazos en la baranda del balcón, su cabeza entre ellos, y así formando una L perfecta con su culo hacia mí, La invitación estaba hecha, me acerque lentamente y apoye la punta de mi verga en ese agujero, que ahora apreciaba a plena luz, rosado y palpitante, para ir ejerciendo presión, debido la cantidad de aceite se resbalaba y mis manos no podían hacer nada, a lo que ella misma, dejando la cabeza apoyada en la baranda, tiro sus manos hacia atrás y abrió sus glúteos, lo que me facilito la tarea, ya bien encaminado siento una pequeña presión hacia afuera que ejercía contra mi pene, y se perdió dentro de ese canal hermoso y apretado, para moverse con desesperación, lo mismo que ella, pegaba embestidas hacia mi cuerpo y lo movía en círculos, solo retumbaba en la habitación el golpeteo de mis testículos contra su vagina; con una de sus manos masajeaba su clítoris a modo de acelerar su clímax.

    Al momento de llegar a su orgasmo, empezó con sus gemidos y suspiros que había comenzado a conocer y me prepare para tratar de llegar juntos a ese momento; creo que debe haber sido pensamiento de ambos, pues llegamos juntos a ese deseado y celestial intercambio de fluidos cuando mi semen impacto en sus vísceras.

    Luego de un reparador baño, nos dormimos hasta el día siguiente, que sería nuestra despedida.

    Al despertar, me encontré solo en mi cama pensando si todo había sido un sueño, la busque por la pequeña habitación y no estaba, solo me dejo una carta sobre la mesa.

    · Querido Luis, los días que hemos pasado han sido de maravilla, nunca pensé hacer un festejo de cumpleaños de semejante magnitud, con una persona que me transporto al séptimo cielo, haciéndome sentir cosas que nunca antes había sentido, tanto en lo sexual como en lo personal. Perdón por haberme retirado así, pero creo fue lo mejor, no me gustan las despedidas, tal vez por recuerdos, que no tengo, pero me han contado, de mi niñez. Espero que al finalizar de leer la presente, quieras seguir viéndome y hasta tal vez llegar a algo más, yo estoy dispuesta, estuve mucho tiempo en el extranjero, en un país, donde lo que hicimos no estaba mal visto.

    Muchos amigos en común, me han contado mucho de tu vida sexual y no han mentido, también de la gran persona que sos y como cierta gente me ha mentido a lo largo de mi vida.

    Para finalizar, no reparaste en mi fecha de cumpleaños, debería ser conocida por vos, pero bueno, no solo una única persona nace un día. Debo aclararte que no te conocía, pero al relatarme tú historia caí enseguida en la cuenta de quien eras.

    Yo también te busque por años.

    Te amo ANABELA.

    P-D. Si aún te interesa la propuesta, mi teléfono y dirección están dentro de tu billetera en un sobre, vos tenés la decisión, abrirlo o tirarlo cerrado. Sé que es fuerte lo que sucedió, pero si recibo tu llamado sé que nuestra vida va a cambiar, tengo tantas cosas para contarte y vivir a tu lado.

    Sin poder creerlo todavía, mi hija es toda una mujer, pero… hice el amor con mi hija, la tristeza me invadió de repente, en realidad fueron sentimientos muy encontrados, por un lado no podía salir del asombro, por el otro recree las sesiones de sexo con mi Ana.

    Fui feliz nuevamente, no puedo decir que no me perdono, pues no sabía quién era, pero fue doloroso enterarme, mas sabiendo que ella se dio cuenta y siguió adelante.

    Ya de regreso, realice el llamado, el día del encuentro fue muy emocionante, nos reencontramos como padre e hija y sin una gota de duda, también como amantes. Llevamos viviendo juntos hace tres años y con muchos miedos, debido a que estamos esperando una niña. Me parece estar recuperando esa alegría que supe tener.

  • Las mucamas

    Las mucamas

    Federico es un chico de 21 años, forma parte de una familia de clase media, su padre es empresario y su madre abogada. Tienen un buen pasar económico y son gente de muy bajo perfil.

    El chico no quiso ser ni abogado ni empresario, dejó la carrera de abogacía para dedicarse de lleno al fútbol, su pasión. Desea convertirse algún día en un jugador de primera división, tener mucha fama, mujeres y dinero. Lástima que su padre no compartía su filosofía de vida y al enterarse que abandonó la universidad lo echó de casa.

    Entonces se mudó con su abuela, Doña Blanca, una anciana de 85 años que vive en una casona y tiene dos empleadas domésticas asistiendola.

    De más está decir que Fede era el nieto consentido y su abuela feliz de que viva con ella en su solitaria casona.

    Allí conoció a Elsa y Perla, las mucamas. Elsa era una señora ya mayor que acompañó a Doña Blanca desde muchísimos años. La otra mujer, Perla, una rubia divina de 54 años, soltera, esbelta, de ojitos claros y con un flequillo cubriéndole la frente. Una veterana hermosa.

    Era algo antipática, pero de entrada captó toda la atención del chico. Lo primero que le llamó la atención fue un sugestivo tatuaje de una tarántula sobre su hombro izquierdo, además de un culito bien parado nada despreciable para una mujer de su edad. No era un culo rimbombante ni mucho menos lo tenía como una vedette de un teatro de revistas, más bien era acorde con su silueta pero tenía cierta redondez y buena forma.

    El chico era muy habitué del porno. Miraba videos en su celular todo el tiempo y le agarró un gustito especial a los de sexo con maduras, los miraba con los auriculares puestos tirado en su cama y se olvidaba del mundo.

    Un día la mujer de cabellos rubios abrió la puerta de su habitación para hacer sus tareas de aseo habitual y lo pilló haciéndose tremenda pajota mientras miraba esas cosas chanchas en el celular. La mujer se asustó al ver tal escena, abrió grande los ojos, tapó su boca y pidió perdón dando un portazo y retirándose.

    Fede tenía escasos 21 años, un cuerpo atlético debido a su afición al deporte, un chico muy lindo de cabellos rubios agradable rostro y la naturaleza lo dotó con una verga de considerable tamaño.

    La mucama un tanto se entusiasmó con el chico, si bien era algo esquiva en su forma de ser ahora no tenía dramas de exhibirse adelante de él, se le agachaba poniéndose en cuatro simulando hacer limpieza y usaba unos shortcitos de jean muy metidos que al estar en esa postura le marcaban culo y concha.

    Doña Blanca le daba libertad a su personal, podían trabajar cómodas y vestirse a su manera, en ese sentido no les exigía formalidad ni nada de eso, tanto sería que Perla andaba con esos shortcitos minúsculos y descalza y sus pies también le despertaron cierto fetiche al pibe.

    Ya Fede veía sus videos porno en el celular y se pajeaba pensando en Perla, esa rubia inalcanzable.

    Una vez Perla estaba en plena ducha cuando Fede la espiaba detrás de esa puerta entreabierta, era la primera vez que la veía desnuda y esa señora de 54 años tenía un cuerpo espectacular.

    No le bastó con tocarse por sobre el short de baño, tuvo que sacarla afuera y comenzó a amasarsela mientras la miraba embobado.

    Perla se percató y lo descubrió en plena masturbación, el chico tenía una erección más que importante por verla desnuda y mojada.

    –Degenerado!!– le gritó toda enjabonada, tenía los pezones en punta como timbres, su abdomen era por demás plano y adornaba su blanca piel otro tatuaje debajo del ombligo cubriéndole el vientre hasta terminar en su conchita toda depilada.

    El pidió perdón, se subió la malla y con tal erección indisimulable se alejó.

    La veterana haciéndose la ofendida quedó tentada. Desde hace mucho tiempo se hacía coger por muchachos más jóvenes que ella, deliverys, el cajero del supermercado, el cadete de la verduleria y algún que otro ocasional y Fede además de ser el nieto de su patrona era un chico muy lindo y para cumplir con sus requisitos tenía un condimento extra: era pijudo. Sin dudas podría sacarle alguna utilidad.

    Salió de ese vaporoso baño y con una toalla en la cabeza envolviendo su blonda cabellera golpeó la puerta de la habitación del nieto de Doña Blanca.

    –Pendejo maleducado vos y yo tenemos que hablar – le dijo ofuscada. –Te espero en mi habitación ésta noche– Sentenció y se fue ofendida.

    Fede asistió a lo pactado cuando su abuela ya dormía, golpeó temeroso la puerta de la mucama rubia y ella lo esperaba acostada con un corto camisón negro y leyendo un libro.

    –Pendejito cochino, así que te hacés la paja espiandome… Es una falta de respeto se lo voy a contar a tu abuela!–

    Fede trató de hacerla cambiar de parecer y le ofreció una suma de dinero a cambio de su silencio, ella se puso de pie, dejó el libro en la cama y con una mano en la cintura se le acercó frunciendo la frente más furiosa que de costumbre.

    –Mas vale que me vas a dar toda esa plata….y además te vas a desnudar y me vas a mostrar como te haces la paja cuando me espiás…Dale!!! Que esperás? A ver si sos tan machito!–

    Perla se quitó el camisón, quedando sin nada abajo, Fede al verla así levantó temperatura, ella le bajó la malla color salmón y la pija del muchacho saltó como un resorte. Perla embobada no perdió tiempo y agachada se llevó toda esa carne dura a la boca.

    Se tiraron a esa pequeña camita de una plaza y el muchacho la penetró con ganas, ella se dejaba y gemía muy fuerte, tanto que su joven amante tuvo que tomarla del cuello y taparle la boca como asfixiandola, fue la primera vez que alguien le hizo esa práctica en una relación sexual y Perla ya colorada por la falta de oxígeno le pidió que la descomprima. Fede exausto sacó su pijota y derramó todo su leche sobre el tatuaje que tenía la milf sobre su vientre.

    Ella quedó fascinada por la performance sexual de Fede, ya no estaba enojada y le dijo que por la plata no había problema, pero de ahora en más se la iba a tener que coger siempre que ella tenga ganas. El aceptó más que contento.

    El asunto es que la milf tenía muchas ganas y todas las noches cuando Doña Blanca se dormía Fede entraba a la habitación de la rubia y esa camita de una plaza se movía y mucho. Perla era una vampiresa que en vez de alimentarse de sangre se nutría con la lechita de Federico.

    Pasaron los días y charlando con su abuela la notó triste, pasa que Elsa su ama de llaves y compañera de toda la vida le planteó que ya estaba en edad de jubilarse y quería pasar sus días junto a sus hijos y nietos. La doña lo aceptó pero la apenaba quien iba a ocupar ese lugar, ya que Perla no era de su entera confianza para que ocupe ese puesto.

    Entonces Elsa buscó a alguien de su total confianza y ese fin de semana en su mesa familiar charló con su sobrina Ingrid.

    La chica tras una y mil recomendaciones aceptó la propuesta de su tía y el lunes a primera hora se presentó en la casona.

    Fede y la abuela desayunaban cuando Elsa y su sobrina Ingrid llegaron. Fede quedó boquiabierto al ver a la chica, una morocha divina de 30 años, flaca, alta, digamos 1.77 de estatura, pelo lacio natural y de color negro azabache, tenía una cintura de 60 centímetros tal vez, de tetas era pequeña pero coronaba con unas piernazas macizas sin una sola celulitis, 93 centímetros de caderas y un culazo impresionante redondo y grande.

    Desde que llegó Ingrid ha sido bien aceptada por su futura patrona, ya que notó una bondad y buen trato para con ella y ese buen trato fue retribuido desde el primer momento. Su trabajo iba a consistir en que se ocupe de la señora que se movilizaba en silla de ruedas, la saque a pasear y estar con ella todo el tiempo.

    La doña la llamaba «Mi Pocahontas» debido al parecido físico con el de la protagonista de aquella película de Disney. Ingrid adoptó contenta su nuevo apodo y se sentía hasta halagada.

    La jornada laboral de Ingrid culminaba a las 15 horas. Una vez concluida su actividad procedía a cambiarse, se ponia ropa cómoda de gimnasio y se iba a ejercitar su cuerpo.

    Fede religiosamente la veía día a día partir, todos los días Ingrid usaba una calza nueva superando a la que tal vez se puso el día anterior. Cargaba su ropa sucia en una mochila y se subía a su bicicleta mountain bike rodado 29 y posaba todo ese culazo en ese mínimo asiento que se le metía bien dentro de un modo casi pornográfico.

    El muchacho quedaba excitado al verla irse y casi siempre terminaba descargándose a manos.

    Perla andaba celosa tras la irrupción de la morena Pocahontas en la casa. Le hizo una escena a Fede reprochandole que desde que esa intrusa llegó el ya no la tocaba. Si bien sus encamadas eran frecuentes lo notaba un tanto ido y desconcertado. Y en parte era así, Fede andaba caliente por la mucamita de 30 años, ya se hacía la paja por ella y con Perla simplemente descargaba todas esas ganas contenidas, pero a decir verdad la chica descendiente de pueblos aborígenes ni lo registraba.

    Después de poner las ropas a lavar Perla entró a ducharse y el muchacho quedó con la pija dura tras ver a Ingrid con una calza negra larga hasta los tobillos posarse en su bici e irse pedaleando con el contorno de la tanga toda marcadita atrás.

    Pensó y se preguntó a si mismo… por qué descargar toda mi lefa en el piso si tengo una nodriza que está más que dispuesta a recibirla toda siempre?

    Entró al baño y la mucama rubia se pasaba el jabón por las nalgas y piernas, estaba de espaldas y el chico sin mediar palabras se le acercó y se la hizo entrar toda. Se la sacó de la concha y se la metió en el culo por primera vez y Perla lo recibió gustosa, ya el enojo se le pasó y gemía complacida. Ese chico la volvía loca.

    Por la noche fue ella quien quedó con ganas de pija, entró a la habitación del nieto de su patrona y le pidió que se la coja por el culo otra vez. Encontraba mucho placer en el sexo anal y era buena maestra con Fede que se nutría de experiencia con su cuerpo.

    Volviendo a Ingrid, se convirtió en la persona ideal de Doña Blanca, era «la nena», la mimada y malcriada de la anciana. Ingrid se desvivía por su patrona y la llevaba al shopping, al mercado, a la plaza y estaban todo el día juntas. El tema es que la muchacha culminaba su jornada a las 15 horas y la señora quedaba prácticamente sola. Entonces una siesta habló con Pocahontas tratando de convencerla que se quede a tiempo completo en la casa, es decir, que sea una empleada cama adentro.

    Lo pensó un par de días y aceptó, pero con la condición de que le dé permiso para asistir todos los días al gym y que pueda salir en caso de algún trámite personal. Doña Blanca aceptó y de tan contenta que estaba hasta le triplicó el sueldo en señal de gratitud.

    Día lunes comienzo de semana la morocha iniciaba su primer día siendo empleada a tiempo completo, ella pidió instalarse en la habitación del fondo de la casa. Para llegar había que atravesar un verde cesped y a la derecha de la piscina se vislumbraba la pequeña habitación. Federico personalmente se ocupó de acondicionar ese lugar pedido por ella y la ayudó con la mudanza.

    La doña más que feliz y él también con la presencia de la morocha en la casa las 24 horas.

    Un día caluroso Fede la sacó al patio trasero a su abuela, fueron a orillas de la piscina y disfrutaron del verde césped. Y como ya ese sector de la casa lo ocupaba la mucama en una soga colgaba sus ropas lavadas secándose al sol. Un repentino viento del sur sopló y revoleó algunas prendas de la chica, entre ellas una tanga color café con leche que vino a parar a los pies de la señora. Fede la alzó y atesoró esa bombacha colaless de la mucamita, y por tener esa ropa interior femenina en sus manos tuvo una natural e impensada erección.

    Pocahontas volvía de la cocina con una jarra de jugo de naranja y dos vasos de vidrio asentados sobre una bandeja, cuando la señora le comentó lo del accionar del viento para con su ropa y se detuvo en el detalle de su ropa interior:

    –Nena no te molesta usar una bombacha así de pequeña? Se te debe meter toda en el culo esa riendita!– sentenció.

    Ella tomó sonrojada la diminuta prenda que le pasó el chico y bajando la mirada la llevó a su habitación. Federico regañó a su abuela por tal desubicado comentario y la llevó de nuevo a la casa.

    La chica pobrecita quedó con mucha vergüenza, Fede buscó el momento para hablarle y estando ella sola le pidió perdón por ese mal momento.

    Por lo menos logró romper el hielo y ella se iba soltando de a poco tras ese acercamiento.

    Pasaron los días y la mucama Pocahontas ya era parte de la familia, tanta era la adoración de su jefa que hasta un poco más la mudaba junto a ella en su habitación. Tenía total libertad de acción y hasta ocupaba el baño de los patrones, era la consentida de la casa y Perla la otra empleada moría de envidia.

    Un miércoles llegando la hora de ir al gym, la morocha de rasgos indígenas entró a ducharse, y como estaba apurada porque la clase iba a comenzar salió apresurada tanto que olvidó recoger la ropa sucia que se quitó tras usarla todo el día.

    Federico que volvía de su entrenamiento de fútbol entró al baño buscando una ducha refrescante, para ese entonces la mucama ya se fué y su abuela miraba la novela en su pieza. Tal vez sin querer desvió su atención al piso y notó la musculosa, un par de medias cortas, un jean prelavado y una tanga colaless blanca toda enrolladita adentro de ese jean que tan ajustado ella usaba.

    Hizo algo impensado, primero agarró las medias, sintió ese olor a transpiración propios de los pies, hizo lo mismo con el pantalón y por último llevó a sus narices aquella minúscula tanga blanca.

    Sentir esos olores tan íntimos de la morena treintañera le produjo tal excitación que con una mano sostenía la pequeña prenda de la empleada doméstica y con la otra se bajó el pantalón dejando su miembro al aire que buscaba salir desesperadamente. Oler esa colaless blanca le dió una vitalidad fenomenal, es como que se despertó de un eterno letargo y sin sacarla de su nariz se masturbó y acabó como en sus tiempos de adolescente. Se sintió más que bien y tras ese potente orgasmo quedó como loco con los olores de la mucamita.

    Al día siguiente quiso repetir la hazaña. Quería toparse con esa tanga color café con leche que tuvo entre sus manos aquel día de fuerte viento. El tema es que la chica fue mas cuidadosa y esta vez juntó sus prendas usadas. Fue directo al lavarropas con la intención de encontrar esa bombachita usada allí, pero antes de irse ella lo encendió y el nieto de Doña Blanca ya lo encontró en marcha. Se quedó con las ganas.

    Pero tal vez en dos horas volvería del gym, y entraría a bañarse de seguro, y ahí tendría su oportunidad.

    Y así fue, tal como lo pensó, Ingrid volvió y después de pasar por la habitación de su patrona se dirigió a ducharse. Fede que estaba hecho un onanista voyeur de sus tangas aguardó afuera con una paciencia oriental y cuando ella cerró la ducha golpeó la puerta del baño simulando urgencia por ocuparlo. La chica se vistió a las apuradas y le dejó el lugar, y por supuesto no le dió tiempo a que saque toda esa ropa transpirada en su tarde de gimnasio. El plan le salió a la perfección.

    Para desgracia no fue la ropa interior que el deseaba ver, escarbó adentro de la calza negra y se encontró con una tanga color rosa con un pequeño moño adornando la parte de adelante. Era una tela muy liviana y la notó húmeda por demás.

    Estaba como loco sintiendo ese aroma íntimo de Ingrid, desenrolló la bombachita y apuntandola hacia la luz comprobó que era minúscula y más en la parte de atrás. La olfateó con locura y recordó las palabras de su abuela aquel día: «Se te debe meter todo en el culo esa riendita». Se pajeó como nunca y bocanadas de semen quedaron esparcidas en el piso. Limpió todo, simuló apretar el botón del inodoro y dejando la tanga de Pocahontas dónde originalmente la encontró salió del baño.

    Esa noche quedó con ganas de seguir sacándose leche. Perla tenía el fin de semana libre así que su primera opción de desahogo no pudo ser. Entonces recurrió a Pilar, su noviecita con quién estaban peleados. Tras varios mensajes de Whatsapp la chica fue cediendo y acordaron verse en un lugar.

    Pilar era una chica muy linda, pelo lacio, piel blanca, una carita con rasgos bien definidos y muchas pecas en sus mejillas y hombros. Era bajita de estatura y tenía un gran culo, la apodaban «frasco chico» y «Araña Galponera».

    Las peleas con Fede eran constantes y ella le decía que el solo la buscaba para «Eso», en referencia a que solo la quería para coger.

    Y si… Fede se enloquecía con el culo de su novia Pilar y en sus encamadas siempre le pedía que le entregue la cola, tenían sexo anal solamente y ella se sentía usada.

    Pasó a buscarla, fueron a bailar con un grupo de amigos, bebieron mucho y luego de separarse del resto buscaron intimidad y terminaron la noche en el departamento de Pilar. Se fueron desnudando y la deseó como nunca. Con Perla se hizo de experiencia así que se aprovechó de su novia algo ebria y se la cogió con ganas.

    Ella lo quería en su concha y así fué, pero después la puso en cuatro y otra vez sexo anal. La pobre Pilar lo vaticinó: Fede la quería sólo para eso.

    Después del sexo las cosas terminaron mal, ella le dijo que seguía siendo el mismo nenito inmaduro de siempre y el se vistió y se fué.

    Sábado por la mañana Perla no estaba, tenía el fin de semana libre. Eso significaba que a la morocha le tocaría hacer todo el trabajo en la casa. Fede recién llegaba después de pasar la noche en el departamento de Pilar y se lo veía con una tremenda resaca. Ya eran como las 8 de la mañana por lo que decidió quedarse despierto para ayudar a Ingrid y a su abuela. Desayunaron los tres juntos y al terminar ayudó a la chica a lavar los utensilios. Risas cómplices entre los dos y miradas mutuas que la vieja muy sagaz ya lo notó desde que compartían la mesa. En el fondo le gustaba ese incipiente acercamiento de su nieto y la nena, la chica era su adoración y el muchacho su nieto preferido y tal vez la chica le sacaba algunos años de diferencia pero eso no era problema.

    Le dijo la Doña a su mucama que se ponga cómoda para trabajar, y la nena así lo hizo: fue a su habitación a cambiarse y optó por una remerita blanca con detalles fluorescentes unos crocs azules y una calza de algodón color gris claro apretadita que la hacía ver cómo si no tuviera nada abajo, era una segunda piel.

    Fueron al mercado a comprar frutas los tres. Ni bien entraron Fede notó como a los trabajadores y changarines se le iban los ojos por la chica, ella sin problemas se agachaba poniéndose en cuclillas o bien cuando veía alguna fruta o verdura con buen precio en algún puesto se detenía a observar inclinandose sin flexionar las rodillas sacando culo a más no poder. Lo hacía tal vez sin intención pero ese cuerpazo no pasaba desapercibido en ese ambiente ocupado mayormente por hombres. Después empujaba la silla de ruedas de la señora y caminaba lento e inclinada y otra vez sacaba culo haciéndose notar por dónde pasaba. El chico la seguía de atrás y mirando ese orto exibirse tan sensual y escuchando a esos rudos hombres de modales brutos decirle cosas atrevidas a Pocahontas le provocó tal excitación que se le fue poniendo duro el pene por todo lo vivido. Tuvo que taparlo con las bolsas cargadas de las compras para disimular la carpa que tenía debajo del pantalón.

    Volvieron a la casona, ingresaron la camioneta y mientas Federico se ocupaba de bajar y llevarla adentro a la abuela, Ingrid sacaba del baúl las bolsas de las compras. El joven volvió en su ayuda y la vió medio cuerpo metida en el vehículo, inclinada y dejando ese redondo culo en pompa. Otra vez se le puso dura la pija al ver a la empleada doméstica mostrando el orto con esa calza gris claro y el contorno de la tanga se le marcaba muy bien.

    Ya las ganas de cogerla eran insoportables, el tema era como abordarla y cuándo.

    –Fede me vas a gastar la cola de tanto mirarmela!– le dijo Ingrid ya jugada.

    Ella movió el balón primero, dió el puntapié inicial.

    No le dió tiempo a respuesta alguna pues el no esperó esa reacción de la tímida muchacha, pasa que la convivencia y estar todo el día en la casa juntos alimentó el deseo sexual de ambos, tarde o temprano se iban a mirar era inevitable. La situación se prestaba para el juego y a pesar de ser nueve años mayor que él eso poco importaba.

    La chica se puso a limpiar el piso, Fede se sentó a ver una serie en Netflix pero más prestaba atención a ese cuerpazo. Ella entró en calor y se hizo un nudo en la remera dejando su panza al aire adornada por un piercing color plata que le atravesaba el ombligo, aunque lo mejor era verla de atrás, Ingrid tenía la cola grande y al verla cuasi agachada a Fede se le fue parando el pene.

    Ella lo pescó mirándola y le empezó a gustar, se agachaba más y sabía que lo calentaba.

    –Que mirás– se le escuchó decirle.

    –No podes tener esa cola tan perfecta!– respondió él que ya no disimulaba la erección, ese culazo entangado y esa calza gris le puso la pija dura y grande como la de un caballo.

    –Se puede saber por qué me miras tanto la cola?–

    –No te enojes Ingrid… pasa que… no sé cómo decirte, es que quiero que me muestres la tanga–

    –Quee?? Vos te escuchas lo que me estás pidiendo?

    –Es que me gustas demasiado, estás buenísima, me re gustas–

    –En serio?, y por qué debería de mostrarte la tanga?–

    –Porque tenés terrible cola, es perfecta… Y me mata como tu bombachita se te mete toda atrás–

    Ante el No rotundo de Pocahontas que se veía venir recalculó su estrategia.

    –Esta bien, soy un desubicado me hago cargo…pero te pido que me respondas… con un Sí o con un No: Es la color café con leche que se te voló del tendal aquella vez?–

    La indiecita quedó muda y pensó antes de responder

    –Y si ya me la viste en el patio que ganas con vermela ahora?–

    Era un sí encubierto, ya estaba compenetrada en el juego morboso.

    –Dale, no seas mala… vertela puesta ahora sería mil veces mejor que aquel día en el patio–.

    –Pendejito degenerado…. dale vení… Rápido que si nos pilla tu abuela me muero de la vergüenza – lo esperaba ya de espaldas.

    Fede se acercó de atrás fijando la mirada en el culo de Pocahontas. Ella rogando que no irrumpa Doña Blanca y los vea así tan calientes a los dos posó las manos en sus caderas, bajándose la calza, tiró suavemente como haciendo un streaptease y asomó el elástico de esa prendita tan deseada por el chico.

    Y sí… era la color marroncita de aquel día…

    Más lentamente se iba bajando la calzita, poniendo suspenso y jugando con su presa. Quedaron sus nalgas ya semidescubiertas, meneaba ese culo simulando que la prenda gris ponía resistencia a despegarse de su piel y con un tirón más brusco se la bajó toda al fin hasta la altura de los muslos.

    Fede miraba petrificado, la tanguita era pequeña… o bien ella tenía el culo muy gordo, redondo y voluminoso. Se la enterraba tremendamente en la zanja.

    De mirarsela se bajó el pantalón y su pijota quedó al aire, se masturbó mirando a la chica y poniéndola más dura se fue acercando más y se la apoyó bien al medio de esas redondeces.

    –Fede!– dijo enérgicamente tanto que la Nona lo escuchó.

    –Guarda eso por favor– le suplicó pero ya se la vió toda. Era grande eso que le colgaba entre las piernas al chico.

    Se subió la calza de prisa y le dijo Basta por hoy.

    Llegó a la sala la abuela y para ese entonces el volvió a sentarse y ella siguió fregando el piso.

    –Nena que te está haciendo este chico–

    –Noo nada señora, estábamos jugando nada más– respondió ella acalorada–.

    –Dejá eso querida y andá a pegarte una ducha…ya trabajaste mucho hoy.

    –Uff si, gracias Doña Blanca–

    Junto todo y se fué. Fede la seguía con la vista.

    La chica fue hasta el depósito a dejar el balde y demás elementos de limpieza, si bien imaginó que ya todo terminó estaba equivocada. De repente cuando volcaba el agua sucia en un piletón de cemento, Fede se posó de sus caderas y empezó a fregarse por su gran culo.

    –Fede estás loco, salí!!– fue lo único que atinó a decir… Pero el ya sacó su pijota enorme y se la apoyaba por completo desde atrás.

    Con los movimientos pélvicos de Fede sobre su cuerpo se empezó a mojar, llevaba días sin hacer el amor y bueno…el estímulo físico y las ganas hicieron lo suyo, mientras el chico le bajó la calza y corriendole la tanga intentó puntearle el ojete.

    –Por la cola no quiero– le dijo al casi inexperto de Federico que tal vez intentó hacerle lo mismo que le hacía a su noviecita o a Perla últimamente.

    Ella se inclinó más y dejó que le vea sus hinchados labios que permanecían haciendo bulto debajo de esa telita color marrón y con sus manitos se la bajó para que su amante apunte su verga ahí.

    Pocahontas aferró sus manos al borde del piletón, cerró sus ojos negros esperando ser embestida, Fede no pudo esperar y se la hizo entrar toda.

    Se la daba fuerte y ella gemía contenida, si bien le gustaba… y mucho… no podía disfrutar al cien por ciento porque la anciana merodeaba por la casa. Eso sí, con el grosor y el tamaño del pene de Fede la cremita blanca de su conchita le empapó íntegro el tronco del joven amante.

    En el constante movimiento se le salió aunque el tenía por objetivo ese orto gigante, se agachó y le abrió los cachetes y notó un agujerito muy cerrado. No era como el de Pilar que ya lo tenía un tanto abierto y comparado con el de Perla era un ojete virgen, puesto que la veterana rubia lo tenía por demás dilatado dando la impresión que hasta le habrán enterado dos vergas juntas.

    Separó las redondas nalgas de la morocha y acercó su cara al cerrado asterisco, estuvo tan pero tan cerca que le contó cuántas rayitas rodeaban su apretado ano. Estaba más que loco de examinarla así.

    –Tanto me la vas a mirar? –Dijo Ingrid mientras se dedeaba la concha.

    –Pendejito degenerado, mirá las cosas que me hacés hacer, mirámela bien porque va a ser la primera y última vez–.

    Se inclinó más y con ambas manos le separó los cachetes de un modo que la conchita se le abrió como una flor y el ojete parecía respirar porque lo contraía y soltaba, cual boca de pez cuando sale del agua.

    Abrirse la cola de ese modo ante el nieto de su patrona la hizo sentir muy chancha, estaba muy excitada. Nunca se sintió así de liberada, tanto que hasta se olvidó que tenía un marido.

    Fede le metió un par de dedos en su húmeda florcita, esa vulva estaba por demás mojada y sus fluidos chorreaban y ya alcanzaban sus muslos.

    No aguantó más y le volvió a meter la pija en la concha que estando así de lubricada entró fácil. Gimió gustosa al recibir esas embestidas desde atrás.

    Ingrid tenía un marido apodado El Enano, y para hacer honor a su apodo tenía una pija corta y cuando se le paraba quedaba en forma de banana. Si bien se acostumbró a la verga de su marido ahora estaba descubriendo una nueva, la de Fede le ganaba en tamaño y grosor y además de ser cabezona el pibe se la cogía con ganas.

    –Asi así pendejo degenerado–

    –No podés tener una pija tan grande– le decía ya toda enflujada de nuevo.

    Y cuando estaban en lo mejor, escucharon a la abuela llamarla –Ingrid nena adónde estás?–

    Más inoportuna no podía ser la vieja! Fede se la sacó y por el alboroto derramó toda su leche sobre las nalgotas de la mucama, su abundante leche se chorreó por el asterisco y otro lechazo final le saltó a la altura de su conchita abierta. Ella asustada se subió la tanga y la calza gris con el nerviosismo de ser descubierta y ni hubo tiempo de limpiarse.

    La bombachita colaless se le ensució completa, su conchita quedó bien cogida, pegoteada y caliente. El chico hizo lo mismo y se apartó simulando estar ayudándola a acomodar las cosas.

    Tal vez la abuela se dió cuenta de todo, no era ninguna tonta. Ellos por su parte quedaron con esa intriga y no sabían cómo actuar, quedaron en evidencia por ser pescados in fraganti y su nerviosismo los delataba.

    Veremos que pasará con Perla, Pilar y el marido de Ingrid, cómo jugarán sus roles.

    En cuanto a Fede se dió el gusto de cogerse a Ingrid, no pudo hacerle la cola pero estuvo así de cerca eso quedó pendiente y la morocha disfrutó esa cogida a las apuradas y obviamente quedó con ganas de seguir.

    Fué la primera vez que le fué infiel a su marido y al igual que Perla le gustó en demasía las cosas que le hizo ese pendejo atrevido.

    Que pasará con ellos no lo sé, tal vez sigan haciéndolo a escondidas o ya con el consentimiento de Doña Blanca pero eso ya será materia de una segunda parte.

  • Sole y su psicólogo

    Sole y su psicólogo

    Sole mando el típico mensaje, estoy abajo. A veces con la ilusión de una respuesta diferente, pero siempre obligándose a ser respetuosa y consciente de los protocolos.

    Bajo dame cinco, respuesta seca, pero exacta.

    Ella sabía los límites que debía respetar y un poco la entristecía pensar, que Raúl nunca lograría conocer ese lado de ella. Quizás es el que a ella más le gustaba, porque era en el que se sentía más cómoda. Ese costado suyo un poco más salvaje y visceral. Sensual, coqueto, bastante pícaro y sin prejuicios de ningún tipo. Ella solía pensar en lo mucho que podrían reír, compartir e incluso disfrutarse si pudiese conocer a esa Soledad. Pero también pensaba en lo mucho que podría perder si se dejaba llevar. ¿Qué pasaría si él la rechazaba? ¿Qué sentiría, si eso desencadenara en alejarse para siempre de su vida por la sola vergüenza al rechazo? Que le costaría más llevar en su alma: el dolor del desprecio o el abismo inmenso que le causaría su ausencia. Era demasiada carga, por lo que se mantenía a raya, en cada sesión y cada uno de los mensajes post encuentro. Busquemos soluciones a mis problemas más profundos y enmarañados, no a mis deseos más terrenales, solía pensar.

    Hubo un día en particular que para ella fue más tortuoso de lo habitual, la remera casual gris, un poco ceñida al cuerpo, alimentaba su deseo y pensamientos más salvajes. Casualmente, ese día él decidió sumarle unas miradas a sus análisis, que un poco la desconcentraban del meollo de sus pensamientos. Ladeando levemente su cabeza, mirándola sobre ese par de lentes que tanto le favorecían al color de sus ojos. Por lo que le tocó hacer un gran esfuerzo por no saltar en busca de sus brazos y los besos que, ella soñaba, serían de novela romántica.

    En otro él admiro con bastante entusiasmo la remera deportiva que ella, inocentemente por desconocimiento de su equipo favorito, llevaba puesta. En ese momento él la recorrió entera, para su total vergüenza, sin faltarle el respeto, sin siquiera tocarle un pelo. Por lo que su cabeza un poco voló, a pensar en una película porno. Esperando el momento del desmadre. Pero ella respiro profundo y lo dejo pasar. Varias veces, luego de eso, fantaseo con volver a llevarla. Solo para ver su reacción, para intentar despertar en él algún tipo de respuesta. Pero seguía prevaleciendo en ella una fuerza más grande, la de su presencia cotidiana.

    Después de varios meses de tratamiento eran muchas las historias que recordaba como memorables. Algunas bastante entrañables, incluso. Las salidas de esas consultas eran amándolo, psicológicamente hablando. Pero también estaban las otras, de las que salía odiándolo. Porque costaba la verdad punzante que enfrentaba en sus palabras.

    De todos modos, había una que, de recordar, no podía más que aplaudirse. No sabía del todo como había logrado formular la pregunta, por mensaje, por supuesto. Ya que no sabía si estaba preparada para la repuesta en vivo y en directo. ¿Es usted casado? Muy bien disfrazado en un chiste. La respuesta demoro. No fue instantánea. Dándole el tiempo necesario para esperar las dos posibles respuestas lógicas. Como para prepararse ante cualquiera de ellas. Por algún lado de su cabeza buscaba el sí. Sentía la necesidad de esa barrera. Lejos de eso la respuesta fue un poco confusa, pero su cabeza la transformo en un si inmediato.

    Raúl nunca cruzo un límite, jamás dejo el profesionalismo de lado, quizás alguna vez, solo con un juego de palabras, tonto y sin sentido. Pero no más que eso. Soledad jamás podría afirmar que él tiro un solo leño al fuego de sus deseos.

    Hasta que un bendecido día, ella iba fresca, risueña, intentando no darle alas a esos pajaritos que se le iban de vez en cuando. Ese viernes en particular todo fue diferente. Cruzando la puerta Raúl pretendió concentrarse en sus ojos, pero dos pezones alborotados le chiflaron con violencia, aunque ella no reparó en ese detalle, quizás fue su inconsciente quien así lo planeo. Torpemente acercó un poco una silla, con la pregunta:

    – ¿Tomas algo?

    – ¡Con algo frío estoy joya!, respondió con una sonrisa inocente, pero a la vez un poco pícara, le hubiese encantado contestar otra cosa.

    Ella no llegó a sentarse. Él dio una gran zancada, se paró muy cerca, la miro a los ojos por unos segundos, la tomó de la nuca con un brazo, de la cintura con el otro; la trajo hacia él. La besó. Con el desenfreno que un náufrago bebe agua dulce. Con las ansias de un niño abriendo un regalo. Esta vez en la cabeza de Raúl, habían ganado los pájaros. Solo lo separaba del cuerpo de Sole, el vestido y el tímido desempeñó hasta el momento. Ella estaba un poco inmóvil y retraída. No podía creerlo. Estaba pasando, realmente esto estaba sucediendo; y para su total sorpresa, ella se había mantenido casi estoica hasta ese momento. Sin embargo, lo decidido en una fracción de segundo, se dejaría llevar por lo que fuera que pasará y a donde sea que eso la llevará. Mentalmente ya había sucedido en su cabeza tantas veces, para terminar, dándose cuenta que en vivo y en directo era mucho mejor.

    Ninguno de los dos se percató en qué momento los lentes volaron por el aire. La larga y gran mesa que solía separarlos en cada encuentro, seria hoy el altar en el que ambos consumarían un deseo recíproco y acalorado. Raúl se encargó de sacar el vestido con precisión quirúrgica y mucha paciencia. La alzó, recostándola sobre ese altar, para recorrer cada centímetro de su cuerpo con mil besos y caricias protectoras, que comenzaron a hacerla temblar un poco. Ella disfrutando en total silencio y con un poco de miedo de pensar que ese momento se fuera acabar. El exploró cada rincón, cual bosque virgen e inhóspito. Cada diferente extensión de su piel hacía que ella comenzara a gemir de una manera diferente. Comenzaba a sentir la imperiosa necesidad de sentirlo dentro suyo. A lo que él susurro a su oído:

    -Tranquila, paciencia, nadie nos apura…

    Sus palabras fueron néctar en sus papilas gustativas. Quería más.

    Despacio, pero muy decidido el bajo por su vientre hasta encontrarse con su entrepierna, la cual disfruto con su lengua, con sus ojos, con sus dedos y nuevamente con su lengua. Se encontraba muy extasiado disfrutando el regalo visual que le brindaba cada una de sus micro convulsiones, sin dejarla llegar al éxtasis extremo. Respirando profundo y obligándola a que mirara cada uno de los actos que cometía. Ella se percató que él tenía pensado, cada uno de los lugares en el departamento en los que la haría explotar, quizás él también lo había repasado, varias veces en su cabeza.

    La respiración se volvía cada vez más entrecortada para los dos, por lo que, de su boca, salió un entrecortado:

    – Co je me ya…

    – Todavía no me lo pides con suficiente fuerza

    Bajándole las piernas de la mesa y dándole una violenta vuelta a todo su cuerpo tembloroso y completamente desnudo, comenzó a acariciar sus muslos. Dándole pequeñas nalgadas. Tomándola del cabello, con un poco de fuerza, le pregunto:

    – Qué quieres que haga?

    – Quiero que me cojas

    – No lo estas pidiendo con ganas

    Las nalgadas comenzaban a ser más enérgicas y sonoras en el departamento. Sus pezones duros chocaban contra la mesa excitándola aún más. Su miembro erecto solo rozaba sus piernas.

    Sintiéndose débil, pero vigorizada por la situación, logró zafarse de los brazos que la apresaban. Pudiendo revertir la situación. Raúl término sobre la mesa, con su componente por lo alto. Como mástil de bandera. Soledad no lo resistió y saltó sobre él. En solo dos movimientos ella lo consiguió, su sexo albergo al de Raúl. Y en un rítmico jadeo los dos comenzaron a danzar a un ritmo bastante rápido, besándose apasionadamente. Recorriéndose con las manos. Acariciando esos pezones tan firmes que pedían ser succionados, retorcido y un poco mordidos. Parecía que Raúl conocía los compases exactos, para respirar, para empujar y para acompaña con la energía adecuada. Se encontraba atento a cada urgente necesidad desprendida de la complexión de Soledad. Su virilidad masculina la hacían sentirse tan estimulada como extasiada. Sintiendo el calor cada vez más agonizante en todo su cuerpo, bullía, estaba a punto de estallar.

    Comenzó a sentirlo, estaba llegando el orgasmo más grande que había sentido hasta ese momento, acercándose al final de ese maravilloso espectáculo para sus sentidos cerro sus ojos. Necesitaba disfrutarlo sin que nada la interrumpiese. Al terminar con el estallido más grande que recordaba, debía abrir sus ojos, debía verlo… saber cómo estaba él después de sus gritos y ademanes. Quería abrirlos, lo intentaba y no podía. Luego de luchar unos segundos lo entendió todo. Esta sería la seguidilla de «atenciones en el consultorio de su psicólogo».