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  • Sin bragas en la aldea (3): Empotrada por el hijo

    Sin bragas en la aldea (3): Empotrada por el hijo

    Saludos, me llamo Daniela y para no tener que poner de nuevo la parrafada en mi primera historia me describí físicamente, así podéis imaginar a la pequeña punk morbosa que os escribe. En este relato voy a contar como siguieron mis travesuras en el pequeño pueblo de Torre Val de San Pedro en él que me hospede 10 días que se convirtieron en toda una experiencia. Tras los hechos narrados anteriormente.

    No os voy a mentir, no hubo cura milagrosa (lo de los polvos mágicos, solo funcionan en los cuentos de hadas jajaja). Tras dejarme otros cuantos hielos envueltos en la toalla, ahí estaba yo despatarrada todavía oliendo a sexo y sudor. Como pude acerque la silla y puse la pierna de nueva en alto y desnuda, y me quedé dormida durante una hora, despertándome medio-zombie. Por lo que para despejarme, pues me puse a jugar al Stray (un juego muy simpático futurista sobre un gato buscando volver con su familia). Y todo ello todavía desnuda, ya que la calefacción estaba a buena temperatura y yo tres cuartos de lo mismo. Y francamente, si puedo estar desnuda en mi casa prefiero estarlo y más si es en casa alquilada.

    Así pasaron un par de horas, donde tuve que ir a la pata-coja dos veces para coger de nuevo hielos y volver a ponerme en posición, aunque ya sentada. Aunque me sentía algo más aliviada, no me atreví a poner el pie en el suelo. No sea que la liase de verdad, prefería intentarlo a última hora para ver si podía. Suponía que si no iba yo, él vendría a casa. Intentaba no pensar en lo de la noche, que si no iba a acabar de nuevo tocándome y prefería darlo todo.

    Pero no era plan ir oliendo a semen, por lo que me fui a la bañera… que estaba en el piso de arriba. Por lo que tuve que ir muy despacito para no caerme por las escaleras (sí, tenía que habérselo dicho a Víctor, lo sé…) Y como mal pude conseguí ducharme sin apoyar el pie gracias a que puse un taburete de plástico y pude sentarme. Me note mucho más relajada y pensé que no era plan de ir con la misma ropa de todo el día o que quizás estaría bien llevar algo especial, si llegara el caso de que de todas formas tuviera venir él.

    Tras secarme e ir con mucho cuidado a mi habitación, me dirigí donde tenía la maleta (la había dejado a un lado de la habitación, abierta) y saqué una camiseta negra muy repegada, una falda corta de color rojo borgoña, unas medias de rejilla, un tanga minúsculo negro (aunque por un momento pensé en ir sin nada… creía que el hombre merecía un recuerdo mío y se me ocurrió ese). En principio pensé en vestirme por completo. Pero al final, pensando que a lo mejor no podía ir allí, no me puse la camiseta, sino que la llevé conmigo abajo.

    Al llegar de nuevo al comedor, está vez intentando apoyarme un poco, me di cuenta de que había estado pasando horas sin cerrar por completo las cortinas… El pensamiento sobre esto me calentó bastante y mi tanga termino poniéndose húmedo. Aunque caliente por la idea, al final cerré las cortinas y fui a tomarme algo del frigorífico para no andar pensando en lo de siempre e intentar despejarme.

    Entonces llamaron a la puerta, me quedé muy sorprendida y miré al reloj. Las siete de la tarde, ni de coña había terminado de trabajar Víctor… aunque algún pensamiento intrusivo referente a quien estaba hablando por teléfono con Víctor y él presentándose en la casa con intenciones no muy pías, se me metió en la cabeza. Pero decidí no hacerme ilusiones y no pensar con lo de abajo. Por lo que me puse la camiseta y fui a abrir. Pero la puerta empezó a abrirse y me quede algo helada.

    Pero para alivió mío, era la mujer que me había alquilado la casa. La llamaré María. Aunque nuestro trato había sido por teléfono mayormente, ya me había encontrado con ella cuando me dio las llaves de la casa (vino aposta desde Segovia a entregármelas en mano). La buena mujer ronda los cuarenta y muchos, y está algo entrada en carnes. Su ropa no la hacía destacar (físicamente hablando). Si se cuidase un poco no diría que no levantaría el animo a más de uno. Aunque su mirada es bonita y me gusta mucho su sonrisa. También es simpatiquísima y de voz dulce que me hacía sentir muy tranquila. Además, su pelo rizado caía por sus hombros y bueno… su busto me hizo pensar en que muchos hombres no le tenían que mirar precisamente a los ojos. Ya entonces pensé, seguro que trabaja de cara al público. Y no me equivocaba. Porqué además de su trabajo en Segovia, tenía también el único bar del pueblo los fines de semana. Allí pude verle en su salsa, certificar lo del busto y conocí más partes de ella… pero ya eso lo contaré en otro momento.

    Le pregunté que hacía por allí y ella me dijo que iba a recoger unas cosas de la cochera. Que me había mandado unos mensajes hacía un rato y no le había contestado, por lo que tomo que no estaba. Y necesitaba esas cosas si o si. Tengo que reconocer que había dejado el móvil en mi habitación por la mañana cargando y en silencio… por lo que no podía contradecirla. Aunque claro, también me molesto un poco bastante que hubiera entrado sin mi permiso mientras no estaba. Pero ya os digo que la mujer es un amor y no pude quejarme tras sus muchas disculpas.

    Por lo que empezamos a hablar de como me estaba yendo en el pueblo, donde había ido, con quien me había encontrado… y cuando le comenté mi amistad con Víctor y Mario, quizás el tono como lo dije o algo me tuvo que descubrir, ya que me preguntó juguetonamente si me había vestido así por ellos. Al principio no dije nada y al final me reí un poco y le pregunte siguiéndole el juego: – ¿Y por qué debería vestirme así para ellos?

    María que ya había sacado las cosas que necesitaba de la cochera se sentó en la butaca y me dijo:- Cielo, que una ha vivido aquí y el señor Víctor ha tenido roces con la mayoría de las señoras del pueblo en sus tiempos más mozos y Mario hasta que salió de aquí, pizca de lo mismo.-Su mirada se volvió ligeramente soñadora, para luego comentar algo jocosa:- Que la pobre … descanse en la gloria y la ex de Mario tenían buenos cuernos las pobres… aunque no es que ellas fuesen precisamente angelitos jajaja Qué hay unos cuantos amigotes suyos que tampoco te los pierdas de vista. Si vienes al bar el viernes o las tardes-noches del fin de semana ahí tendrás a todos.

    Supongo que esperaba que me escandalizara un poco, pero teniendo en cuenta el tamaño de la aldea y lo perdida que está hasta comprendía que se dedicaran a eso. Por lo que comente divertida: -Esto lo conoces de oídas ¿o por experiencia? Y de ser el segundo caso, de uno de ellos o de ambos…-

    María se ríe: – Oyeee… creo que casi prefiero dejarte con la duda. Y se lo preguntas a ellos…- Pensándolo un poco me dijo:- Aunque si ves que te superan… siempre puedes contactarme.- Entonces no pude más que unirme a las risas. Dudé un poco en comentarle lo que había pasado, pensé que la siguiente vez… al fin al cabo estaría en el bar ¿No? Ya había pasado un rato y temía que al final nos pillara Víctor a las dos en la casa, pero María se terminó yendo tras darme dos besos de despedida.

    Entre una cosa y otra casi era la hora de cenar y andaba que me subía por las paredes. Además aunque doliéndome un poco podía plantar el pie, pero dudaba si podría llegar a la casa de Víctor. Y sí sería buena idea hacerlo. Al fin al cabo, esto había surgido, pero mi plan seguía siendo salir de rutas y distraer mi mente, aunque mi parte viciosa me decía que entre una cosa y otra iba a terminar más tiempo horizontal que vertical en esa aldea.

    Me bajé el móvil y lo dejé en el comedor, a mano por si volvían a hacerme una llamada o similar. No quería nuevas visitas sorpresa, por lo que estuve entre jugando a la Play y mirando por si en cualquier momento hubiera otro mensaje o similar. Pero al final no hubo nada.

    Ya eran las ocho y media y era noche cerrada. Aunque me lo había prohibido, estaba tan cachonda que tuve que tocarme sentada en uno de los sillones cercanos a la puerta de entrada, esperando que llegara… Con la falda levantada y el tanga a un lado, acariciándome con dos dedos, que al poco tiempo fueron tres, que terminaron introduciéndose en mi coño necesitado. Mientras recordaba la charla con María. Y cuando estaba a punto de tener un orgasmo bien fuerte llamaron a la puerta.

    Pensé de perdidos al río, sin pensarlo me quité la camiseta y con el tanga todavía retirado me puse de pie, levantando mi falda con una mano y abriendo la puerta con la otra. Necesitaba una polla ya. Pero en vez de mi amante de casi setenta años, me encontré que estaba Mario en la puerta, con una bolsita de la farmacia donde tenía una caja de pomada para hacer masaje para aliviar el dolor. Se veía que venía del trabajo, ni se había duchado.

    Un silencio se impuso entre los dos, mirándole con la puerta entre abierta y él observando como me encontraba en ese momento. La mirada de él me decía que en cuanto entrase me iba a follar como un animal necesitado y me di cuenta de como cierta parte de su cuerpo reaccionaba a lo que veía. Di unos pasos atrás y abrí mi coño con dos dedos sin dejar que la falda lo tapara. Sonreí ligeramente para luego ponerme de espaldas y alce mi falda para que viera mi culo y le comente: -¿Esto era lo que te interesaba cuando salía al campo?

    Mario mientras entraba dentro y cerraba la puerta con un portazo, con una voz ligeramente atona, que evidenciaba que iba a ser la calma antes del vendaval me dijo: – Ya veo que mi padre no tenía que preocuparse… Estás bien… Pero que muy bien, pequeña puta- Mientras empezaba a quitar la correa y a bajarse los pantalones. El corazón me iba a cien y espere apoyada en el quicio de la puerta de la cocina a ver como se desnudaba de la parte de abajo

    La polla que se descubrió cuando se bajo los pantalones se parecía a la de su padre, quizás algo menos ancha, pero si más larga, aunque la pelambrera era más negrea que blanca. Creo que en ese momento trague algo de saliva, con lo mojada que estaba en ese momento sabía que me entraría sin problemas. No sé que me dio en ese momento, pero me apoye sobre la mesa de espaldas a él, abriéndome de piernas para que pudiera darme en esa posición o lo que le viniera en gana, solo necesitaba sentir algo dentro de mi.

    Me abrí con las manos mi sexo… aunque todo hay que decir que si hubiera querido coger mi culo no creo que hubiera puesto muchas pegas. Miré hacía delante sin preocuparme y frívola dije: -Estoy cogiendo frío…- Ni siquiera puede terminar la frase para burlarme cuando Mario recorrió el espacio que nos separaba, puso su polla en mi entrada y me la clavo… no hay otro término para decirlo. De tenerla en la entrada hasta casi notarla hasta el fondo. Pegué un grito que pronto se convirtió en gemidos de placer mientras me jodía bien duro.

    Ya sabía que significaba, había pasado un día de mierda en su trabajo y quería desquitarse. Nada mejor que el cuerpo de una veinteañera respondona que le había estado zorreando durante días.- Sí, joder, mira que lo tienes estrecho zorra… ufff Ahora ya no te ríes tanto.- Cosas similares salían de su boca, mientras que nunca mejor dicho, me usaba para desahogarse.

    Aunque para que mentir, yo andaba igual. Aunque sabía que una cosa así terminaba pronto y conmigo insatisfecha. Tenía que enfriarle. Por lo que grite con mi voz más perra y ligeramente lastimosa: – Follame la boca, lléname tu garganta de tu polla. Mi hombre…

    Mario al principio parecía que no iba a ceder, que iba a joderme hasta correrse como un animal. Escuchaba el chapoteo de mi coño muy mojado mientras su polla entraba y salía de mi, notaba los azotes que me daba de vez en cuando «aleccionándome por zorra». Pero finalmente cedió y retirándose un poco me dejo espacio.

    Me levanté de la mesa y me giré con algo de dificultad para verle. Tenía perlas de sudor bajando por su frente y su camisa tenía la zona de las axilas manchada. Su mirada era bastante sucia y respiraba con cierta dificultad. Me pegué a su pecho, mientras me deslizaba hacía abajo, para terminar de rodillas frente a él. Mario me grito imperioso y casi pensé que me iba a dar un guantazo por la mirada que me dedico: – Cómemela ya, joder…

    Sabiendo que le gustaría, dije muy sumisa: – Lo hago, mi hombre. -No me fui por las ramas empecé a meterme la polla en la boca como si fuera un helado, jugando con ella con mi lengua mientras acariciaba sus pelotas (bastante grandes, por cierto). Creí que me iba a marcar el ritmo, pero me dejo hacer, eso si, no le di descanso, excepto para comerle en cierto momento las bolas. Lo que le agrado bastante.

    -Arriba putita- Me levanté lo más rápido (tuve que apoyarme un poco en la mesa) y nos quedamos así cara a cara, con él mirándome desde arriba. No sé que me dio, salte y me puse como un koala, agarrándome con las piernas y los brazos mientras busque con mi boca, su boca. Porqué me pudo poner en la mesa, sino nos habríamos caído. Nos morreamos un buen rato mientras acariciaba mi culo y yo intentaba arañar su espalda a través de la tela.

    Tras un rato me abrí de piernas y con un mano guíe su polla de nuevo a mi entrada. Entendió la indirecta me empezó a darme de nuevo, mientras yo me tiraba hacía atrás y gemía mirándole con placer. Agarrándome de la cintura volvió a darme fuerte. Aunque se notaba que ya no estaba enfadado, sino movido más por el deseo. Fueron un rato de buscarnos las manos o la boca, de decirnos guarradas mientras sonreíamos.

    Entonces se separó de mí y viéndole las intenciones le dije un No, que le hizo parar un momento. Pero antes de que preguntase. Me bajé de la mesa y volví a arrodillarme para comerle la polla, mientras jugaba con sus huevos, no tuve que esperar mucho a que su semen empezará a llenarme la garganta, aunque el capullo saco su polla de mi boca y repartió parte de él por mi cara. Suerte que había cerrado los ojos.

    Él se río, me acaricio el cabello como si fuera una niña pequeña y me dijo: – Lo siento, pero tenía que hacerlo. Estuve fantaseando con eso desde que te vi con esa cara de niña puta que tienes. Bufff ha sido brutal Dani.- Tras tragar el semen que tenía en la garganta, me levante y fui al baño de la planta baja para verme en el espejo.

    Mientras veía mi reflejo no pude más que reírme ¡Qué pintas! Fui al comedor para coger mi móvil y pude escuchar como Mario, tras ponerse los pantalones, abría el frigorífico. Antes de que preguntase le dije: – Tomate una cerveza a mi salud. – Y con la cerveza en la mano él me miro desde fuera y me dijo:- ¿Qué haces?- Me reí un momento antes de hacerme el selfie: – Para recordar…- Hice el símbolo de victoria mientras saque mi lengua.

    Divertido Mario me sonrío, para luego beber la cerveza pensativo y mirando el móvil, ya eran casi las nueve y media dijo: – Bufff Dani, mueve ese culo, que nos vamos a cenar con mi padre. Me dijo que te recogiera para cenar los tres en su casa… -Por un momento, se quedo en silencio y me miro, quizás le había salido la vena sentimental, no sé. – Me caes bien, pero sabes que los dos vamos a tomar Viagra y vamos a darte por lo menos hasta las dos de la madrugada ¿No?

    Mientras estaba en esas me limpiaba un poco y volvía a colocarme la ropa, está vez con la camiseta también, como si nada hubiera pasado… excepto por la excitación que se me notaba de lejos y el olor a sexo que despedía… claro. Sin responder a lo último, me dirigí a la puerta de la calle y la abrí: – Ya estás tardando…

    A lo qué el sonrío divertido para ir a donde estaba su coche (enfrente de mi puerta, no es que haya muchos coches precisamente), abrirme la puerta del copiloto. Y me preguntó de nuevo: – ¿Preparada? – A lo que con una sonrisa viciosa y meneando el culo me senté en el asiento mientras le dije: – ¿A ser la zorra de dos generaciones?… Solo después de la cena. – De nuevo me sentía cachonda y con ganas de más.

  • Anal épico con mi exprofesora de español

    Anal épico con mi exprofesora de español

    La siguiente historia ocurrió un caluroso día de agosto que terminó mojado por muchas razones. No hace falta decir que cualquier día es bueno para follar y eso fue exactamente lo que acabó ocurriendo entre mi colega una profesora de español y yo un joven profesor apenas ingresado en el sistema educativo.

    Cuando me gradué de profesor de educación física una de las cosas a las que más temor le tenía era que llegado el caso de mi nombramiento en un colegio tendría que vivir alquilado junto con otros docentes. Me nombraron en la misma escuela a la que fui durante mi secundaria. A simple vista resultaba estupendo, y si a eso le sumábamos que tendría que quedarme a vivir durante un año o dos en una casa en compañía de dos profesoras quienes me ayudarían en el proceso de adaptación para hacerlo más fácil todo era perfecto.

    El problema era que las cosas adquirirían una connotación diferente cuando me enteré de que las profesoras con las que viviría serían mi antigua profesora de Ciencias Naturales y mi profesora de español de la secundaria. Nada mal dirían algunos. El problema es que durante mi adolescencia había sentido cierta atracción sexual hacia ellas sobre todo hacia la de español, pero aquella etapa había pasado y con ellas las ganas también se habían disipado. Yo que estaba tan acostumbrado a vivir solo y a llevar cierta libertad en mi vida tendría que adoctrinarme a las reglas, pues sabía de antemano que la profesora Kenia (la de ciencias) era muy estricta. Por su parte, la profesora Delys era un amor en el trato (deseaba averiguar si en la cama también lo era). Ese era uno de mis pensamientos que logré contener durante gran parte del año.

    La profesora Kenia era delgada y su cintura era comparada muchas veces en forma de halago con la de una muñeca barbie sin llegar exagerar porque lo cierto es que también tenía un buen trasero.

    La profesora Delys, por otro lado, era una mujer galana de gran porte y medida en cada uno de sus atributos. Algo que despertaba mi interés sexual cada que la veía sumado a su trato amoroso era algo me hacía desearla durante las noches e imaginar fantasías que algún día deseaba poder hacer realidad y como no podría estar más cerca de lo que estaba de poder hacerlas realidad. Era cuestión de tiempo para que acabara cayendo en la tentación y, por ende, follandonos como si de dos animales salvajes se tratara.

    Durante los fines de semana ellas ponían rumbo hacia sus hogares lejanos para visitar a sus familiares. Como no había podido despojarme del todo de mis malas costumbres y hábitos todavía. Era precisamente en esos días en los que yo aprovechaba para ver porno y disfrutar. En una ocasión que regresaron antes de lo esperado casi me encuentran con el objeto en la mano. Afortunadamente logré venirme antes de que llegarán y argumenté que estaba dándome una ducha.

    Lo evité e hice un gran esfuerzo por controlarme durante el transcurso del año, pero las fantasías y el porno ya no lograban calmarme por lo que…

    Para finales de agosto cuando ya casi culminando el segundo trimestre del año académico suele organizarse una eucaristía en honor a los estudiantes y a la que por lo general, suelen asistir algunos profesores. Ese día un viernes que había tenido una mañana caluroso dejaba caer una gran lluvia. Posteriormente cuando pasó lo más fuerte decidimos salir de la escuela para ir a la iglesia junto con el estudiantado. Durante el camino la profesora Kenia nos comentó que acompañaría a los estudiantes a la misa y que una vez terminada pondría viaje hacia su tierra. La profesora Delys argumentó que no iba a poder asistir a la eucaristía debido a que no se sentía muy bien y que tampoco la esperara después de salir de la eucaristía ya que no viajaría ese fin de semana para visitar a sus familiares.

    Ella se dirigió hacia la casa que quedaba a unos metros de la iglesia mientras que la profesora Kenia siguió con los estudiantes hacia el interior de la iglesia. En ese momento yo aproveché para perderme entre la multitud de estudiantes y me escondí detrás de unos arbustos. Luego cuando hubieron entrado todos me dirigí rápidamente hacia la casa.

    Al llegar sigilosamente ingresé, una vez adentro pude notar un gran silencio así que supuse que no estaba bañándose. Enseguida me dirigí a la cocina donde estaba el botiquín de medicinas. Luego al pasar delante de su habitación vi que la puerta estaba semiabierta por lo que cuidadosamente la abrí de manera que pudiera observar a través de la rendija.

    La profesora Delys se estaba desvistiendo, probablemente iría a bañarse. Contemplé durante unos segundos y pude observar como la muy… No traía puesto panty sino un hilo dental de tul color rosado. Sin duda eso terminó de templar mi polla que había estado esperando todo este tiempo pues yo no había dejado de pensar en ese culo. El mismo que la eucaristía me había puesto en bandeja de plata. Me quité la ropa y comencé a frotar mi verga mientras la miraba a través de la abertura. Luego de un momento noté que se disponía a salir del cuarto para ir al baño, así que me retiré. A todo esto, ella hacía de cuentas que yo estaba en la iglesia por lo que pensaba que en la casa no se encontraba absolutamente nadie a parte de ella.

    En ese momento se me ocurrió la brillante idea de ir a mi habitación, allí tenía un pasamontañas negro que había utilizado durante una fiesta de Halloween. Me haría pasar por un delincuente escondiéndome en el baño. Y así hice, al momento en el que ella corrió la cortina yo estaba totalmente desnudo y con la verga templada, al ver a un hombre desnudo y con pasamontañas se sorprendió y en el susto se le cayó la toalla, olvidándose de ella corrió hacia la puerta y se dirigió a la cocina. Aquella escena me recordó a las películas de terror en las que la víctima corre por su vida y el asesino camina siempre despacio y al final termina clavándole el cuchillo a su víctima. Al llegar a la cocina ella tomó un cuchillo pero antes de que intentara hacer algo se lo quité, luego me acerqué a ella y deslicé mi mano por toda su espalda hasta llegar a sus nalgas. Fue entonces cuando comenzó a gimotear y me dijo:

    —¿Qué quieres de mí? Toma las joyas, hay dinero en la habitación de…

    —Me temo que el dinero no podrá calmar mi deseo — le dije.

    —Oh, por favor no me hagas daño —suplicó ella—. Solté una leve carcajada y la volteé acercando mis labios a su oído y le susurré:

    —Soy yo profesora Delys… al fin podemos hacer nuestro deseo realidad.

    —Oh, esto no está bien, esto no es…

    La tensión bajó y su cuerpo se fue relajando a medida que comencé a besarle el cuello, y a deslizar mis labios bajando por su espalda hasta llegar a colocar mi cara justo a la altura de su culo.

    Ella se volteó y me tomó de la polla y me llevó a la sala. Allí continúe besándola apasionadamente su piel blanca con algunos lunares que me excitaban cada vez más, por lo glorioso del momento. Cuántos jóvenes no soñaban con cogerse a su profesora de secundaria y tener una relación ya de adultos.

    Ella solo gimoteaba mientras disfrutaba de mis labios recorriendo su piel hasta que llegado el momento era hora de preparar la entrada al paraíso. Ella se inclinó sobre el sofá y abrió sus nalgas para dar entrada a mi lengua. Comencé a besar su culo y a meterle la lengua en su ojete repitiendo el proceso durante varios minutos, cuando lo vi listo y me disponía a introducir mi verga ella no lo tenía tan claro por lo que me dijo que hace unos días le había llegado un lubricante anal de leche. Me dijo que estaba en la habitación por lo que fui a buscarlo enseguida. Le coloqué la boquilla del lubricante en el culo para llenárselo pero pronto su culo comenzó a escupir. En realidad era un lubricante muy similar al semen hecho a base de leche de coco y agua. Le volví a meter la boquilla en el culo, pero esta vez no deje que escupiera sino que le metí mi verga ella apretó su culo mientras que yo estaba encantado ya que podía sentir el interior de su culo húmedo y esa sustancia blanca lo hacía todo más placentero.

    Era incapaz de pensar, la sangre se me había bajado de la cabeza hacia la otra pero solo que esta última no pensaba. Bueno, sí pensaba pero en venirme en el culo de la profe Delys.

    Me dijo que me pusiera el pasamontañas que eso la excitaba más y la hacía humedecerse. Aumenté el ritmo y mi polla comenzó a impactar con fuerza su culo.

    —Oh, sí Miggy (Era como me decía cariñosamente) dame más duro… —suplicaba ella mientras gemía—. Pronto te haré venir…vas a correrte dentro mí —agregó ella.

    A todo esto ella no sabía que me había tomado una pastilla de viagra cuando ingresé a la casa, por lo que cuando se lo dije pegó el grito en el cielo. Me dijo que tuviera piedad de su culo. Fue decir eso y yo volver a aumentar el ritmo, estuvimos así durante varios minutos intercambiando momentos de intensa penetración con otros de ritmo lento.

    Procedí a sacarlo y su culo volvió a escupir leche, por lo que le introduje nuevamente la boquilla en el culo para llenárselo de esa leche de coco. Como no quería dejarlo respirar le metí mi verga otra vez, pero en esta ocasión con la certeza de que pronto llegaría el estallido final en el que las estrellas parecen bajar hasta las profundidades.

    Ella también lo presentía pues luego de que le acomodé su culo sobre el brazo del sofá me dijo:

    —Quiero que me des con todas tus fuerzas… jamás olvidarás esta cogida te voy a deslechar como nunca te lo han hecho en tu…ohh

    Oh, sí eres todo un hijo de… ¿A cuántas te has follado así?… ohhh sí.

    Mientras que yo seguía taladrando ese culo, por el que sentía una profunda adoración hasta el punto de haberme obsesionado y…

    Ella apretó su culo y se volvía más estrecho y esa humedad me volvía loco. Yo también aumente el ritmo. Mis testículos comenzaron a rebotar con cada impacto que daba en su culo. Mi sensación era como la de un guerrero de la antigua Grecia que después de tanto luchar con su espada acaricia la gloria de la victoria. Entre tanto yo acariciaba la épica de la corrida y el éxtasis del momento cumbre. Y en esas oleadas de calor sumidos en la pasión habíamos perdido noción del tiempo y de lo que había sido de la misa y de la profe Kenia y solo pensábamos en seguir follando hasta venirnos. Hasta que finalmente, salió el primero, el segundo, el tercero y por último, el cuarto cañonazo de leche. Todos adentro de su culo. Yo caí rendido sobre el sofá como el último guerrero en pie. La profesora Delys sonreía mientras su culo comenzaba a escupir toda la leche que había en su interior saliéndole un gran chorro de leche. Mientras que yo débil tirado en el sofá vitoreaba mi gloria. Cuando en ese momento aparece la profesora Kenia, un último chorro salpicó uno de sus zapatos. Me levanté como pude y corrí hacia la puerta trasera, pero estaba cerrada. Acorralado no me quedó más remedio que revelar mi rostro quitándome el pasamontañas.

    Comprendí entonces que todo se había tratado de una trampa. Desde allí en adelante tendría que hacer todo lo que ellas quisiesen o por el contrario presentarían como miembros del comité de disciplina una denuncia por conducta inadecuadas al ministerio de educación.

    Tiempo después descubrí que la profesora Kenia mantenía un consolador realista con leche incluida para la eyaculación en su habitación. Quien la veía con un carácter tan estricto pero bajo ese carácter escondía la adicción de su culo al consolador. Con el tiempo me tocó reemplazar ese consolador con uno de verdad…

  • El hilo dental de mi madre (segunda parte)

    El hilo dental de mi madre (segunda parte)

    Para conocer el contexto, deberán leer la primera parte:

    “El hilo dental de mi madre (Primera parte)”

    Después de haber estado con mi madre, que nos duchamos y no sucedió nada mas ese día, ella retomó sus actividades y se fue para su casa, yo retomé también las mías que las tenía un poco abandonadas por estar pensando en mi madre, todo tiene que volver a la normalidad en algún momento así no queramos o no nos guste.

    Salí con algunas chicas, me enseñaron sus tangas, algunas utilizaban solamente cachetero o calzón grande, lo cual no me molestaba, pero al estar con ellas hacía falta esa chispa y morbo que hubo con mi mamá, me costaba asumir que lo sucedido con ella fue algo pasajero y circunstancial, que debía ser agradecido y afortunado por haber tenido esa experiencia que ningún otro hombre tiene o ha pensado en tener, por ende, me estaba mentalizando de que no iba a ser posible repetir con ella.

    Continuamos en contacto por whatsapp y teléfono pero no se hacía ningún comentario sobre la experiencia, incluso, meses después volvió para estar en mi casa un fin de semana debido a que mi padre viajaba por negocios, ella seguía vistiéndose de manera sugestiva con sus enterizos o ropa con algo de transparencia, y se le seguía notando sus tanguitas, incluso se le salía ligeramente por los lados cuando usaba falda y escote, pero, no me atrevía a dar ningún paso como la vez anterior, supuse que se molestaría y la poca o escasa relación que habíamos retomado se dañaría y no podría volver a verla con sus tangas.

    Pensé en invitarla a salir de nuevo, pero decidí hacerlo con unas compañeras del trabajo, supuse que mi madre podría incomodarse o asumir que le iba a volver a pedir que me enseñara sus calzones, estaba con bastante contradicción y contrariedad en esos días. Con mis compañeras no sucedió ni sucedería nada, hablábamos de cosas triviales, del trabajo, de los jefes, de los clientes, hasta de eventos paranormales, sobre sexo también pero de una manera muy general y sin insinuarnos nada, hasta de tangas y juguetes sexuales pero de ahí no pasaba.

    Debido a que hace varios años vivo solo, vale aclarar que esto sucede en la ciudad de Villavicencio – Colombia, desconozco como se llevan mis padres en lo marital o sexual, si el la satisface o no, o si es ella la que se rehúsa, no tenía idea. Cuando iba a la casa de ellos, no podía dejar de ver el tendedero del patio, sus tanguitas de todos los colores y diseños, con triángulo, solo hilo, rojas, amarillas, negras, anchas, estrechas, era un festín y terminaba muy parolo o empalmado, entraba a su habitación cuando no estaba y en los cajones encontraba sus tangas limpias, hilos, medias veldas, calzones o pantaletas francesas, brasieres, top, etc., había un cajón que tenía llave, no era posible abrirlo, a lo mejor tenía secretos tales como videos, ligueros, disfraces, consoladores, no sé, pero me generaba bastante curiosidad, me masturbé con varias de sus tangas limpias y sucias pero sin echarles mi semen encima.

    Si le podemos llamar siguiente nivel a esta historia, sucedió un día que fui a la casa de mis padres, tenía un compromiso laboral a pocas cuadras pero en el camino lo aplazaron debido a que los clientes tuvieron retraso en sus vuelos, entonces, se me ocurrió estarme donde mis papás mientras llegaba la hora, allí todavía tenía una habitación para mi uso, la idea era recostarme un poco y relajarme.

    Cuando iba a tocar el timbre pude ver desde la ventana que estaba mi madre y otra persona, me asomé con disimulo y era su amiga Luisa, ella es de contextura media, estatura normal, cabello rizado, pelinegra, de busto grande y natural, de cola normal, no tiene cara de top model o reina de belleza, pero es muy atractiva, hasta donde sabía ellas habían estudiado juntas en la universidad y llevaban bastante tiempo sin tener contacto, recuerdo lo «caliente» que era Luisa cuando venía a casa de mis padres a hacer trabajos con mi madre, se desabrochaba su pantalón un poco y se le veía sus calzones blancos y ligeramente su vello, a lo mejor nos tenía confianza pero eso me calentaba bastante.

    Ella fue la musa de mis pajas en la juventud, si me masturbé 1000 veces en la vida, pensando en ella lo hice 600 veces, es normal que uno a esa edad además de tener las hormonas activas también tenga muchos temores, yo tengo hoy día 35 años y ella 46, cada una se graduó, a luisa le salió trabajo rápidamente y tuvimos que irnos una temporada para otra ciudad debido a una situación económica y personal desfavorable, desde ahí perdieron comunicación y ni mas, no había redes sociales ni algún otro medio para ubicar personas como ahora, con el tiempo cuando salió Facebook yo la agregué y mi madre también, pero jamás le escribí ni intenté persuadirla para vernos o hacer algo, le daba me gusta a algunas de sus fotos, tiene esposo y dos hijos. Ya habiendo ilustrado de manera suficiente a Luisa y mi contexto, procedo a manifestar lo que sucedió ese día.

    Era tal mi asombro por volver a ver o tener cerca a Luisa que de inmediato comencé a imaginarme como invitarla a salir, pedirle que me enseñara sus calzones, confesarle que me masturbé por ella muchas veces y que me gustaba mucho por mas que hubiese pasado bastantes años, pero, jamás imaginé en mi caliente y pervertida mente que ella y mi madre eran las que iban a tener dicha cercanía. Recuerdo que en una situación de urgencia hace varios años yo tuve que ir a esa casa y me dieron unas llaves las cuales olvidé devolver y tampoco me las pidieron, además de la puerta principal también había del garaje, no se porqué se me ocurrió entrar por allá de manera sigilosa, no sospechaba que ellas pudieran tener sexo, solamente quería escuchar de que hablaban, aún quedaban varias horas para mi compromiso, abrí el garaje suavemente, me quité los zapatos y comencé a acercarme a la sala, hay unas escaleras de acceso y al lado las que conducen al segundo piso, logré llegar allí y desde el balcón escucharlas, lo que escuché me quitó el aire, como si me hubiese electrocutado o quizás tenido el mejor orgasmo del mundo, una sensación indescriptible.

    Luisa: No te imaginas las ganas que te tengo y además quiero que pruebes algo delicioso, estoy segura que te quedará gustando

    Madre: No sé que tanto me quede gustando

    Luisa: Lo que te voy a hacer es lamerte el ano, meterte un dedo o mas y que nos metamos un consolador doble, lo he hecho y me lo han hecho otras mujeres incluso mi esposo, me han penetrado con un arnés, dirás que soy sucia, pervertida, no importa, lo que si te puedo decir es que soy una mujer demasiado caliente y no dejaré de serlo, cada vez quiero probar otras cosas, el tono de su voz o la manera en que lo decía me tenía muy caliente.

    Madre: Solamente he probado el sexo vaginal y oral con hombres, jamás me he metido nada por la cola, ni siquiera mi esposo me lo ha planteado

    Si llegaron a ese punto, significa que ya venían hablando hace varios días, meses o años y que las cosas se fueron dando de a poco, no creo que en la primera visita Luisa de inmediato le hubiese propuesto eso a mi madre.

    Luisa: Ya estuve con una amiga, con una sobrina, incluso con una chica que encontré en la app.

    Madre: eres lesbiana ahora? Y tu esposo?

    Luisa: sigo amando a mi esposo, en eso no hay duda alguna, con el también disfruto del sexo, pero, en medio de mi calentura también me gusta disfrutar de una mujer, no tengo interés en que sean mis novias o tener alguna relación que genere compromiso, solamente disfrutar del buen sexo, pasé del vaginal u oral que es lo mas normal y probé el anal, ir a fiestas swinger, que dos hombres o mas me hagan suya, lo mismo varias mujeres o entre los dos, incluso, deseo que un joven o una jovencita del colegio me hagan lo mismo.

    Yo continuaba atento a la conversación, obviamente estaba muy empalmado y a la expectativa si sucedía algo mas. Acordaron verse el viernes de la siguiente semana en esa casa para tener toda la comodidad y libertad, no quisieron ir a un motel debido a que no querían encontrarse quizás con algún conocido, mi padre tenía que ir por trabajo a otra ciudad y se demoraría 4 días, en mi caso, yo estaba pensando en solicitar un día compensatorio debido a que fui jurado en las elecciones, la idea era ver como llegaba ese día a espiarlas debido a que tenía llaves y entraría de manera sigilosa por el garaje, Luisa le recomendó a mi madre ver videos sobre sexo anal entre lesbianas para que fuese aprendiendo, en el transcurso de la semana le haría llegar algunos. En la empresa me dieron el día libre y decidí no hacer otras actividades o cancelar algunos pendientes, estaba enfocado solamente en ese día, en ver a mi madre teniendo sexo con otra mujer, toda la semana estuve pensando en eso y no se imaginan la gran cantidad de pajas que me hice, llegué a pensar que iba a quedar seco, que mi semen se iba a acabar, me imaginaba a mi madre y luisa gozando, chorreando, la una lamiendole el ano a la otra, que utilizaban algún arnés y que yo me les unía.

    No sé si mi madre estaba totalmente segura de lo que iba a hacer, por lo cual, decidí tantearla o picarle la lengua como dicen en mi país cuando quieres saber algo sin ser tan directo, pasé por su casa días antes del viernes y en la sala encontré unos dvd, supuse que eran los de lesbianas teniendo sexo anal, como tenía mi laptop a la mano y unidad extraíble, decidí verlos y efectivamente eran sobre ese tema, pero me parecieron quizas simples o normales, a lo mejor luisa no sabía tanto de tecnología, por lo cual se me ocurrió descargar unos que fuesen mas calientes y dejarlos en la sala para que mi madre los viera, sin que se diera cuenta que yo se los había traido, significa que ya había visto los que le trajo Luisa.

    Ese día almorzamos juntos y le comenté que había visto a dos amigas del trabajo teniendo sexo en el baño, que había quedado muy sorprendido pero decidí no interrumpirlas, ella se sobresaltó un poco y dijo que era algo bastante fuerte y que habría el riesgo de que otra persona al verlas las hubiese chantajeado, esto no fue verdad, lo hice para ver como reaccionaba, le dije que el viernes en la tarde quería que salieramos a comer un helado o ver una pelicula en el centro comercial, esperaba que me dijera que no, pero no que me diera detalles, me habló de luisa, que había vuelto después de muchos años y que ese día iban a salir juntas, le dije si las podía alcanzar y unirmeles a la conversación, me dijo que no o que probablemente a las 6 o 18 horas, se iban a ver a las 2 o 14 horas.

    Entonces, a manera de broma le dije cuidado y terminan como mis amigas las del trabajo, que yo vaya y las vea en eso, le dio risa y dijo que solamente iban a conversar, le pregunté si eran novias, pensé que había metido la pata con una pregunta tan directa como esa, pero volvió a reirse y contestó que eran solamente amigas. Nos despedimos, no se por qué pero ese día la abracé y ella correspondió a mi abrazo, no es muy comun que lo hagamos pero en mi exitación consideré normal hacerlo, procedí a descargar videos de orgías y lesbianas haciendo sexo anal de todas las maneras, con maduras, con jovencitas, en español, brasileñas, japonesas, etc, entré con cuidado por el garaje esa misma noche y los dejé en la sala al lado de su dvd, al día siguiente volví a entrar por la noche y se notaba que los había movido, o sea, también los vio, quizás le tuvo que parecer extraño ese material nuevo, como llegó o por donde entró.

    Llegó por fín el gran día, llegué sin hacer ruido y ya estaba con Luisa en la sala, subí al segundo piso

    Luisa: te aseguraste que no va a venir nadie ni nos van a interrumpir?

    Madre: Si, nadie viene, incluso apagaré mi teléfono, mi esposo está de viaje no creo que me llame en este momento, quizás en la noche, mi hijo no vive acá y en este momento debe estar trabajando (o sea yo), mi otro hijo también está trabajando y poco viene por acá, le dí el día libre a la empleada del servicio, unos pedidos o paquetes ya los reclamé en la sede principal, todo lo tengo planeado para que nadie venga a molestarnos, si al caso vendrán los testigos de jehova, pero en ese momento estaremos en la habitación, casi me rio cuando mencionaron a los testigos, los cuales son muy impertinentes e incomodos.

    Luisa: Quiero que disfrutes este momento de la misma manera en que yo lo haré o mejor, no te voy a forzar a nada, si te queda o no gustando, es tu decisión, pero no puedes seguir así, tienes que disfrutar tu cuerpo y el de otras personas.

    Luisa de inmediato besó a mi madre y ella correspondió, duraron así varios minutos en su intercambio de lengua y saliva, mientras tanto se tocaban las tetas y las piernas, los gemidos eran inevitables, decidieron irse para la habitación la cual queda en el segundo piso o nivel, iban de la mano y yo logré esconderme en la mia, entraron y no cerraron la puerta, entonces, podía verlas.

    Se despojaron de sus ropas, mi madre tenía un conjunto de brasier e hilo dental azul con abertura en la mitad, a lo mejor le meterían el arnés, Luisa tenía un brasier de color negro y una tanga verde chiquita que resaltaba sus lindas nalgas, se quitaron sus sostenes y se abrazaron, chocaron sus tetas entre si hasta gemir, luisa, quien era la que llevaba la iniciativa le bajó el hilo a mi madre y comenzó a abrirle el culo, acarició su ano y le echó un gel lubricante que tenía, le ordenó que se colocara en 4 patas o perrito, luisa comenzó a lamer su ano, metía su lengua y luego uno y hasta 3 dedos,

    Madre. Oohhh siii que ricooo, nunca me habían dado por ahi, lamelooo, lamelooo maldita putaaaa, me vas a hacer estallar

    Luisa: te dije que lo ibas a disfrutar, después de esto te va a gustar el sexo anal, ya no tienes que rogarle a tu marido, cuando te volví a ver de inmediato me fijé en ti Consuelo (así se llama mi madre)

    Madre: Ahhh, uf, me voy a venir, me voy a venir, no no no, no puedo mas

    Luisa: Dame juguito, putaaa, te voy a partir ese culo

    Mi madre a la vez se masturbaba y tuvo dos orgasmos, uno de ellos fue con squirt y empapó la cara de luisa, ella se lamió sus dedos y se besaron.

    Luisa: Ahora es tu turno

    Pensé que mi madre sentiría asco o impresión, pero estaba equivocado, colocó su nariz dentro del culo de luisa y comenzó a oler, luego, metió su lengua en lo cual estuvo al menos 5 minutos.

    Luisa: ooh siii, dame mas, lame, lame mi culote, te gusta?

    Madre: Si, si si, se siente tan rico esto, uele a sexo, uele a hembra

    Luisa: meteme los deditos, dale y bombeame

    Mi madre me tió dos dedos y comenzó a restregarlos en el culo de luisa, al cual le entraba hasta una mano completa, toda una maestra en el anal

    Luisa: ah ahhh dameee dameee, estoy que me vengooo, oh ohhh que ricooo que deliciaaa, matameee

    Madre: que culito tan rico tienes

    Se me hacía raro que no pasaran al sexo vaginal u oral, a lo mejor el objetivo era solamente lo anal.

    Luisa tuvo su orgasmo con squirt pero con menos liquido que mi madre y procedieron a meterse un consolador doble en sus culos, ver esa escena la verdad me pareció arte, placer, y todo lo bueno que tiene el mundo, bombeaban y bombeaban hasta que tuvieron sus orgasmos, la sabana de esa cama tenía jugos de las dos y no le cabía más.

    Se relajaron un poco, decidieron ir a bañarse, no pude ver lo que pudieron haber hecho pero quizas no sucedió nada, salieron en toalla y Luisa le dijo que aún tenía algo mas, y tal como lo supuse, había traido un arnés.

    Luisa fue al baño se lo colocó

    Luisa: consuelo, esta era la sorpresa que te tenía

    Madre: que cosa tan grande, si sabía que eso existía, pero jamás que iba a usar o tener uno dentro

    Luisa: Preparate que te voy a meter mi verga

    Luisa Le aplicó de nuevo lubricante, mi madre se puso en 4 patas y luisa comenzó a darle por el culo, primero suave y luego rapido

    Madre: Me duelo mucho luisa, dame pasito

    Luisa: Después de unos minutos vas a ver como te queda gustando y me pedirás más

    Luisa se ensañó con mi madre, pareciera que la fuese a reventar, hasta pensé en salir y pedirle que parara, pero sería dañar ese momento de oro, así yo no participara estaba gozando viendo a mi madre con otra chica, y esto daba pie a que en algún momento yo terminara follando con Luisa, con mi madre o con ambas a la vez.

    Madre. Ohh siiii, mi niña dameee dameee dameee por el culooo, está que arde mi culooo, que delicia, comeme el culo, es tuyooo, te amo luisaaa

    Luisa: Consuelo, yo tambien la amo y mucho, no se imagina las ganas que le traia desde que volví a verla, verle ese culo tan lindo y grande con ese hilo dental me trae loca desde entonces, eres una cochina, una exhibicionista, te gusta exhibirte para que te morboseen.

    Por lo visto Luisa también andaba loca por el culo y los hilos de mi madre.

    Madre. No, solamente que me gusta disfrutar de lucir mi cuerpo y que otros lo vean, no es una licencia para que vengan y me coman, bueno, sucedió hace algunos meses con mi hijo.

    Luisa: con tu hijo Javier? Estás loca?

    Madre: me vienes a decir loca cuando estamos haciendo locuras y tu haz hecho mas que yo

    Luisa: Bueno, si, cuentame que sucedió

    Mientras mi mamá le decía, Luisa suavizó la penetrada o disminuyó la velocidad

    Madre: Salimos a bailar, yo llevé un vestido enterizo negro, no tenía intención alguna de provocar a mi hijo, pero, a lo mejor el quedó tan encantado con su madre que ese día terminé mostrandole el hijo dental que traía, tocó mi culo, el hilo, por poco y me lo quita, pero no le dije nada, la verdad me gustó sentirme deseada, pero sabía que era mi hijo y no debía suceder algo más, al otro día jugamos a strip poker, mamé su verga, me tragué su leche, pero no hubo penetración, no se lo habría permitido.

    Gracias a eso pude saber que pensaba mi mamá de lo acontecido en la primera parte.

    Luisa: guauuu, y yo pensaba que la única caliente era yo.

    Estaba esperando a ver si Luisa planteaba o proponía algo más, no se, un trio entre ella, mi madre y yo, pero no, a lo mejor yo no estaba en el radar o deseos de ella ni de mi madre.

    Mi madre tuvo un orgasmo y Luisa también, ver gozar esas dos hembras era algo único, hermoso, tan bueno como ganarse la lotería, no se.

    Posterior a eso, hicieron otras posturas como las tijeras, el 69, y ahi si se lamieron sus vaginas sin referirse a ellas, el punto central era el sexo anal, lo demás no tenía importancia, se vinieron de nuevo a la vez y quedaron acostadas sin energías, se besaron de nuevo, yo también tuve mi propio orgasmo, me vine como nunca, fue el mejor de mi vida, creí que iba a desmayarme o perder el conocimiento, sentí que una fuerza de otro mundo recorrió mi cuerpo, recordé rapidamente desde la pirmera hasta la ultima escena, desde lo anal hasta el 69 y que hubiesen hablado de mi.

    Se ducharon de nuevo, se vistieron, bajaron al primer piso, mi madre le dijo a Luisa que le había gustado pero que le diera tiempo, era algo totalmente nuevo para ella y necesitaba asimilarlo, que no la llamara ni le escribiera en los siguientes días, que mi madre la contactaría de nuevo, Luisa aceptó.

    Luisa: No te preocupes amor, te entiendo perfectamente, hay chicas que incluso no vuelven a llamar ni a escribir, no estoy para forzar a nadie y menos cuando tienen esposos e hijos o una imagen que cuidar, espero que podamos repetir esto en algún momento, y si no se repite, que sigamos siendo amigas, lo sucedido debería ser algo para unir y no para alejar, no solo quería que vieras lo caliente que soy sino hacerte gozar y disfrutarme. Si te queda gustando, con unas amigas bisexuales, curiosas y dos que son lesbianas tenemos un club de orgías de chicas, vamos a la casa de alguna de ellas, nos aseguramos que sus esposos o hijos no estén ese día o alquilamos alguna finca campestre en las afueras de la ciudad, algunas usan como coartada viajes de trabajo o visitas a familiares lejanos.

    Se nota que Luisa es pervertida, además de lamer y penetrar anos, dar y que le den, también es una experta en mentiras o inventar las situaciones mas reforzadas para que a estas mujeres no las sorprendan sus hijos o maridos.

    Madre: Orgías? Como? Varias chicas a la vez? Como hiciste? Es algún grupo de redes sociales o lograste convocar a todas las chicas con las que haz tenido sexo?

    Luisa: Es más lo último, en mi vida he estado con más de 20 mujeres distintas una o varias veces, con algunas no volví a tener contacto como te decía y decidí no forzarlas o proponerles ser parte del grupo, otras viven en el exterior o ciudades lejanas, algunas viven muy sometidas a sus parejas y no es fácil que salgan de la casa, hay privadas de la libertad o en la carcel y otras que les perdí el rastro totalmente, entonces, es un grupo no tan grande, somos 6 chicas

    Madre: todas de tu edad o mayores?

    Luisa: Las 5 chicas son Natalia, de 45 años, alta, gordita, se viste de manera recatada, con esposo y una hija, tiene un negocio en el centro de la ciudad, le gusta mas dar en vez de que le den, digamos que es activa, ella le da muy duro a las otras chicas y a mi con el arnés. Leidy tiene 40, bajita, no tan gorda, ojos cafés, es pasiva, le gusta que le den y duro además que le laman la vagina, con novio y sin hijos, trabaja en una empresa de confecciones. Marcela, tiene 46, estatura normal, cabello negro, casada, 3 hijos, trabaja en una entidad del gobierno, más activa que pasiva. Alejandra, 52 años, es la mayor de todas, separada, con un hijo de 20 años, no tan alta, cabello rizado, le gusta lucir su cuerpo, utiliza faldas, escotes y tangas como las tuyas, es activa y le gusta lamer vagina, es quien mejor lo hace, ellas son las chicas bisexuales.

    Las que dicen ser lesbianas o bisexuales pero mas inclinadas hacia las mujeres o que solamente tienen sexo con chicas ultimamente son Daniela de 19 años, flaca, estatura normal, utiliza gafas, cabello negro liso, ojos verdes, estudiante universitaria de zootecnia, por la forma en vestirse no parece que fuese lesbiana, se ve muy femenina, es activa su especialidad es lamer culo, tetas y meter dedos en todos los agujeros, ella te hace llegar al punto G, y la otra chica es Maira, nada de femenina, se viste como hombre, es alta, gorda, no hace ejercicio, come como marrana o como si se fuese a acabar la comida del mundo, pero hace muy bien el papel tanto de activa como de pasiva, al inicio tenía algo de resistencia al sexo anal pero luego le fue gustando y se lo hace a sus amigas.

    Estaba de nuevo excitado, de todas las chicas fue Danielita la que me dejó sorprendido y pensativo, tenía que ver como estar en las orgías si es que mi madre aceptaba y verla, se nota que está muy buena, en ese morbo también quería ver que tan macho o ruda era Maira.

    Luisa: que te parece si hacemos alguna «reunión» en tu casa

    Madre: Si, habría que ver que mi esposo no esté y que mis hijos no vayan a estar

    Definitivamente mi madre aceptaba unirse a este club sin decir explicitamente que si pero aceptaba una reunión u orgía, mi pene se iba a salir de nuevo del pantalón y quería pajearme, si verla con Luisa y por el culo fue un momento de oro, una orgía sería un momento de diamante, safiro y esmeralda a la vez, ya me imaginaba ver a mi madre siendo follada y sometida por esas chicas y ella sometiendolas a ellas, lamiendo sus chochos, sus anos, corriéndose, usando el arnés, dildos, bolas chinas, si me hacen escoger entre ver esa orgía o ir a un partido del mundial de futbol o la final de la champions league, me quedo con la orgía donde esté mi mamá.

    Luisa: voy a conseguir mas videos, los que te dejé están en calidad baja, no me había fijado en eso

    Madre: Había otros y de buena calidad, no recuerdo que me los hayas entregado pero ahi están

    Luisa: Cuales? Que raro

    Madre: Mira, estos son

    Los vieron, sin duda la calidad era de cine, a lo mejor la excitación que tenían les hizo dejar de pensar como habían llegado esos videos allí, les gustó mucho uno de la actriz porno Nina Mercedez, no era de anal pero si de un trio que hace con unas chicas muy lindas y otro donde se vienen en su boca de manera abundante.

    Se despidieron, mi madre se fue para la habitación y yo salí de la casa, Luisa acababa de irse en su camioneta, miré el reloj y había pasado varias horas pero no eran las 6 o las 18 sino las 4 o las 16 horas, volví y toqué el timbre, mi madre tardó un poco en bajar, la saludé y ella me abrazó efusivamente, a lo mejor contenta por lo sucedido, entré, tomamos café, conversamos, los videos ya no estaban, obvio los había guardado o cambiado de lugar, salimos al cine, cenamos salchipapas con queso derretido, no sucedió nada mas, pero no se me podía olvidar que mi madre había acabado de culear con su amiga Luisa y por el ano, volví a mi casa y tuve que pajearme dos veces más, estoy seguro que jamás podré sacarme esas escenas de mi mente y que ya había otro nivel del cual probablemente no voy a estar exento, mi pervertida mente ya tendrá tiempo para planear como estar cerca de las dos y en alguna de sus orgías.

    Espero que hayan disfrutado la segunda parte, traten de no masturbarse mucho o terminaran secos, jajaja.

    En la tercera parte, por fin la orgía y en un lugar distinto a la casa, fue en una casa de campo o recreo, pero no fue la primera que tenían, me fue dificil y casi imposible saber cuando se reunían, donde, cómo, etc, mi madre es muy reservada con ese tema, Luisa tampoco venía mucho ni coincidía conmigo, quizás para no levantar sospechas, tampoco pude encontrarme con Luisa en otro momento, muy pervertida y escurridiza ella.

  • Travesti en celo (vol. 2)

    Travesti en celo (vol. 2)

    Era el día tres de fiebre, mi cuerpo estaba muy ansioso, no pude ir a trabajar, me quedé en casa ese día porque amanecí mojada otra vez, me fui a ver al espejo y estaba muy sonrojada, mi anito seguía dilatado, estaba bien gomoso, me metí dos dedos y entraron con mucha facilidad, tenía que hacer algo al respecto, mi apetito anal era más intenso de lo normal aquella semana.

    Me decía para mí misma, Milka ya va a pasar tranquila, veamos qué podemos hacer hoy al respecto. Tomé un buen desayuno, me alimenté de mucho jugo de frutas y cereales, comí un sándwich de pollo desmenuzado muy rico y comencé a ver pelis porno de machos con vergas enormes, negras, venosas, con glandes brillantes y suculentos, no fue buena idea, me retorcía y sentía muchas ganitas.

    Para tranquilizarme un poco me duché con agua fría, fue refrescante, salí de la ducha y noté que mis pezoncitos de travesti estaban paraditos, estaban erectos, mirándome al espejo dejé caer un poco de saliva a cada pezón y comencé a sobarlos, a pellizcarlos, a estrujarlos, ufff que delicioso fue.

    Como ya no había vuelta atrás cogí mi agenda antigua y comencé a llamar a algunos amigos, pasaron como cuarenta minutos y nada, no tuve éxito, todos ocupados, no me contestaban, solamente mi amigo Ignacio me contestó y me dijo que podría por la noche, a golpe de las 8pm, y eran las 11am, era un desastre, ya todo estaba perdido ese día.

    Bueno, me dije, veré algo de tele para despejarme un poco y nada de penes ni porno. Pero no pude, entré a un foro y me apareció un aviso publicitario de una sexshop que decía: “Hey sissy, lleva el pack mariquita por sólo $150” así que ví en qué consistía el bendito pack y era nada menos que un par de nipple suckers, un vibrador de goma tipo bala con una larga colita, parecía un espermatozoide, y un dildo realista de 30cm de largo y 6.5cm de grosor, era una delicia en verdad, me puse más caliente y se me hizo agua el culito, los pezones de inmediato se me pusieron duritos y mi pinguita de travesti botó una gotita.

    Cogí el teléfono y llamé de inmediato, es una emergencia señor por favor, pagaré con PayPal, envíeme el pack mariquita para masturbarme right now please. Me respondieron muy amablemente y me indicaron que me enviarían un delivery boy.

    En verdad les digo que fueron muy eficientes, llegaron en una hora y etregaron todo el pack mariquita en una caja bien discreta, el muchacho muy educado y me dijo que lo disfrute, volteé a mirarlo apenas cerraba la puerta y le guiñé un ojo, cerré fuerte y corrí a abrir el paquete. Los chupones para los pezones estaban grosos, me encantaron.

    Me pegué una ducha, me desnudé entera pero bien maquilladita porque iba a grabarme con mi celular y verme en un espejo grande que tenía en la salita para mayor excitación. Me coloqué primero los chupones en los pezones, los ajusté y sentí riquísimo como me succionaban, se comenzaron a alargar un poquito y me excitó mucho, mi pinguita estaba sin erección pero ya estaba mojadita, observaba un hilito de líquido preseminal desciendo a mi alfombra, mi anito seguía bien dilatado, como es común cuando estoy en celo, es increíble como me comí entero el vibrador, era como una antenita rosada que salía de mi culito, pero la bala en el interior aún estaba apagada, procedí a encenderla con un control remoto y me estremecí con todas las velocidades, era como si quisiera entrar más al fondo y mi ano se retorcía, sentía mis paredes anales que aguantaban vibraciones de una manera riquísima.

    Me ví en el espejo y era un espectáculo, mi rostro cambia mucho cuando estoy así de cachonda, jadeaba y gemía como una puta, me estaba dando mucho placer en el ano y pezones, no tocaba mi micropene pero sentía como salía más y más líquido preseminal, uff estaba gozando bastante. ¡Quiero un pene por favor, necesito pene! Grité, no me pude contener a pesar de estar solita. Fue cuando fijé la mirada en mi dildo nuevo, era enorme, eran 30cm que tenía que comerme con mi cuevita caliente. Lo hunté con lubricante, lo chupé unos diez minutos como una zorra y lo coloqué en el piso con la ventosa bien fijada, me senté encima y manteniendo el vibrador metido en el ano.

    Ufff fue delicioso ver cómo me entraba, me lo fui comiendo poco a poco, el glande era grueso, poco a poco fui introduciéndomelo, mi cara era de puro placer, gemí porque estaba en verdad grande y luego prendí la vibración ¡aaaay más!!! Que ricooo, fue delicioso sentir la vibración en el fondo de mi recto, el consolador en un mete y saca frenético de inmediato, mis pezones paraditos bien succionados, larguitos, imaginaba que dos negros me los chupaban y otro me penetraba, y mi pinguita sin pararse, sólo goteando mucho, estaba sacando la lengua de placer, gemía, gritaba, me sentía en la gloria, sentía que en cualquier momento tendría un orgasmo anal de travesti puta.

    Estuve cabalgando como unos treinta minutos, ya eran como las 5pm y en eso tocan el timbre, oh por dios! No puede ser! Si no espero a nadie! Me levanté rápidamente sin sacar el dildo, apagué la vibración y me puse una toalla para tapar mis limoncitos y fue a atender la puerta. ¿Quién toca? Soy yo, Ignacio, decidí venir rápido Milka, abre la puerta vamos. Oh por Dios!!! Dudé un momento pero abrí la puerta, pasa le dije. Ohhh veo que ya empezaste sin mí, dijo. Mira, le dije, tengo necesidades, somos amigos y esperaba que vinieses rápido, ahora te esperas porque estoy en plena sesión masturbatoria. No hay problema nena, me sentaré a verte mientras terminas.

    Fuimos a la sala, me desnudé de nuevo e Ignacio se alegró de verme con mis chupones de pezones puestos, la antenita rosada saliendo de mi culito y la base del consolador solamente a la vista, me lo había comido todo entero.

    Me senté en el piso y comencé a cabalgar, Ignacio no aguantó la excitación al verme tan putita y se desnudó de inmediato en el sillón, se paró y se me acercó con el pene erecto directo hacia mi boquita, no me pude contener, se la comencé a chupar delicioso, quería un hombre y estaba gozando mucho así, pasaron como unos treinta minutos más, Ignacio se corrió en mi boquita con ese pene delicioso gureso medio curvo hacia arriba y de 17cm, me dio como medio litro de leche creo, estaba caliente y muy espesita, fue delicioso, dejé caer todo de mi boquita mirándolo fijamente a los ojos, cabalgué fuerte unos diez minutos más y mi ano no aguantó, me desfondé toda, llegué al orgasmo anal sin tocarme, mi penecito botó lechita en cuatro chorros al piso, me quité las pezoneras y comencé a sobar mis limoncitos como loca, seguía chupando el pene de Ignacio muy intensamente y expulsé aquel dildo enorme lentamente, al final salió entero y con un poquito de caca sólo en el glande.

    Eres una travesti muy cochina Milka, me dijo Ignacio, la chupas como una diosa y ese ano, no puedo creer que ese ano tuyo se coma semejante pene de goma, es enorme!!! Y encima grueso, mira cómo te ha quedado el ano putita, parece un socavón profundo, debes ponerte enema antes puerca. Yo sólo solté risas y un pedo apuntando esta vez a su cara, le dije cállate y anda báñate Igna, no me fastidies porque sabes cómo soy jijiji.

    Fue increíble en verdad cómo gocé, tenía esperma en la boca todavía, mi lechita en el piso, el dildo expulsado de mi culo estaba en el piso y el ano lo sentía boquiabierto, estaba bien satisfecha, me recosté en la alfombra y pedí agua a gritos a Ignacio, por favor nene trae agua, necesito hidratación para el segundo round en un par de horas.

    Aquel día fue brutal, Ignacio se quedó toda la noche conmigo, me dio más leche a la media noche, después vimos una peli en Netflix, vimos una de suspenso, a las 5am me desperté siendo penetrada salvajemente nuevamente por él y encima me metió el vibrador antena, aaaah! que ricooo! Me hizo delirar nuevamente antes de irse a eso de las 7am.

    A las 8am estaba mirándome frente al espejo con mi cara de zorra, el maquillaje todo corrido, tenía semen en toda la cara, mis pezones estaban largos e irritados, mi ano era literalmente un agujero negro del espacio sideral abriéndose y cerrándose cada segundo sin detenerse, el tercer día estaba cerrado, aún me faltan dos días para ir cerrando esta fase tan extraña que me aqueja pero que entiendo me termina convirtiendo en una travesti total. La sensación de vibración y penetración paralela fue deliciosa, estaba lista para una doble penetración anal con los pezones succionados a la vez, tenía que aprovechar el nivel de dilatación al que estaba llegando, la naturaleza me estaba dando una señal, quizás ya estaba lista para complacer a dos machos bien dotados y sentirlos en mi interior, cada vez me gustaba más la leche también, fue un momento de meditación y preparación para más adelante, entender mejor mi naturaleza de travesti.

    Besos, espero os haya gustado mis amores! Muac!

  • Desvelo

    Desvelo

    Palpo a ciegas el lugar dónde debe estar tu cuerpo, solo encuentro las dunas que has dejado en la sabana al levantarte, aún es de madrugada la luz del alumbrado público irrumpe en la habitación, siento deseos de orinar.

    A ciegas camino al baño pasó por la sala estás sentado en el sofá mirando el televisor, Soy una gata para tus sentidos, solo adviertes mi presencia al escuchar el chorro que expulsó de mi vulva en el retrate, te asomas por detrás de tu hombro para sonreír con complicidad, consigo abrir un ojo para verte, dejo resbalar las bragas de mis tobillos, la fría ráfaga de la madrugada endurece mis pezones.

    En el torbellino de agua se van restos de semen y orina deslizo un trozo de papel por mis labios aún sensibles de haberte tenido dentro; caminas desnudo hasta donde estoy, vibran tus músculos con cada uno de tus pasos tu miembro flácido pero suculento cuelga entre tus piernas, el vello que cubre tu pecho y baja por tu ombligo cubriendo tu pubis me hace pensar en ti como un ser mitológico un centauro… Torso de hombre y piernas de macho me seduce tanto esa parte salvaje de ti.

    Cuando te tengo cerca no resisto engulló tu verga suave, y mis mamadas la endurecen dentro de mí boca, tu glande golpea mi lengua en el sabor añejo de tu semen percibo restos de mis jugos, sé que te gusta verme chupar la verga así desde abajo y ver la sumisión en mis ojos mientras con una mano acaricio mi hendidura con la otra juego con las nueces dentro de tu escroto, comienzas a jadear la bestia que está en ti domina al hombre.

    —móntame centauro —te digo— y me pongo a gatas sobre la alfombra mí vagina palpita por ti, subes a horcajadas y tú verga endurecida entra pero no en mi concha ansiosa, buscas mi pequeño orificio que al sentir el empuje se contrae pero eso no te detiene empujas más fuerte y firme como un sable y entras casi completo aiii no puedo evitar ese quejido bombeas con frenesí siento tu aliento babeante en mi oreja inclinas mi cabeza hasta el piso —ábrete las nalgas —ordenas— y yo obedezco sumisamente tu polla entra y sale completa siento ganas de evacuar mi esfínter te quiere expulsar pero el grueso tronco abarca mi ano solo escuchó el golpeteo de tu cuerpo no duraras mucho lo presiento tus embestidas son rápidas, profundas sales de mi y te pones de pie, por instinto tocó mi ano está dilatado me llena de lujuria sentir como se abre y cierra como la boca de un pez fuera del agua, mi pequeño y dilatado orificio se contrae buscando tu verga.

    Me llevas de la mano al sofá, nunca tu metro ochenta me había parecido tan imponente a mi uno cincuenta de estatura, te sientas y me haces sentar sobre ti dándote la espalda, besas mis hombros mientras tus manos pasan por debajo de mis corvas mis pies están al aire me levantas con una facilidad que me hace sentir livianamente sexy —acomódala— me dices jadeante mientras tomo con la mano tu virilidad y coloco el glande en mi esfínter, entras y me comienzas a subir y bajar dando sentones sobre tu polla esta durísima pienso en lo excitante que es que me la metas así… Resbalar sobre tu tronco mis nalgas rebotando sobre tus muslos. Me subes y bajas más y más y más rápido una y otra vez.

    Tengo libres las manos me acaricio el clítoris el orgasmo está a flor de piel cierro los ojos imaginando las venas de tu miembro repletas de semen caliente eso me excita al éxtasis aaaah mis gemidos se armonizan con tus jadeos me bajas y subes más rápido con mayor fuerza, se expande tu verga dentro de mí, tus bolas endurecen mojadas por mis jugos no puedes mas, lo sé, lo siento inexplicablemente en el roce de la carne, explotas el chorro caliente invade mi ano mi vulva estalla al sentir como me inundas, como me colmas, como me preñas el orgasmo salpica tus muslos, mis pezones se endurecen dolorosamente mi espalda se arquea y en esa contorsión al sentirte aun dentro el placer me sacude en ligeros espasmos que me fatigan, la madrugada se vuelve mañana y el sol me encuentra empalada por ti mi gigante, mi centauro amante.

  • Mamá nos mandó a terapia a mi hermana y a mi (parte 2)

    Mamá nos mandó a terapia a mi hermana y a mi (parte 2)

    María no podía creer lo que sus ojos estaban presenciando.

    Estaba sentada en su el sillón de su oficina como siempre.

    Frente a ella Agustina estaba sentada en el regazo de Ariel, llevaba una remera azul y nada por debajo de la cintura.

    En esa posición, de espaldas a María, podía apreciar perfectamente el culo de Agustina y como entraba y salía la verga de su concha.

    El ritmo de las embestidas aumentaba junto con los gemidos de placer que escapaban de la garganta de Agustina. Sus nalgas rebotaban y empapaban de flujo el pene erecto de su hermano.

    El corazón de María se aceleraba, nunca había pensado en la idea de que ver a otros cogiendo la pudiera excitar tanto.

    Sabía el riesgo que corría, mas por el hecho que su oficina estaba muy cerca de la sala de espera, unos ruidos así podrían oírse y meterla en problemas.

    Si embargo allí se encontraba, viendo como una pervertida mientras jugaba con su lapicera estimulándose el clítoris por encima de su ropa interior.

    De golpe sintió los golpes en la puerta, habían sido descubiertos.

    “Puedo escuchar gemidos, ¿Qué están haciendo mis hijos ahí adentro?, conteste”

    Los golpes se sincronizaban con los ruidos que hacia el culo de Agustina cada vez que chocaba con las piernas de Ariel.

    “Abra, que clase de psicóloga es usted, abra la puerta ahora”

    Un ruido fuerte se escuchó, seguido de una luz blanca y María abrió los ojos.

    Estaba acostada en la cama, las gotas de agua golpeaban la ventana de su departamento junto con los ruidos de truenos.

    No necesitaba tocarse para saber que estaba completamente húmeda y excitada.

    Tenía los pezones erectos y la respiración pesada. Levo su mano a su entrepierna, la metió en su tanga rosa y la saco apreciando sus dedos húmedos.

    Movió sus dedos y vio como el hilo de flujo transparente se estiraba, se lo acerco a su nariz, olía a flujo normal.

    Miro la hora, eran las 6:40, decidió levantarse y pegarse un baño para intentar quitarse la calentura.

    Mientras el agua caliente caía por su cuerpo desnudo María trataba de calmar su mente, normalmente ayudaba, pero hoy era más difícil.

    No podía quitarse de la mente la sensación de culpa.

    Se supone que los psicólogos están para resolver los problemas de sus pacientes. El incesto definitivamente está mal, así es como tiene que ser y como dictamina la sociedad.

    Aun así, era un amor puro y con consentimiento de ambos. Las preguntas aparecían en la mente de María como las gotas de agua que se pegaban a los azulejos del baño.

    ¿Ya habrán cruzado la línea y tenido relaciones?

    ¿Cómo se sentirá ser tocada, besada y acaricida por alguien que no se supone que debería hacerlo?

    ¿Realmente está mal el incesto?

    María no pudo sopórtalo y comenzó a masturbarse, colándose los dedos, disfrutando que el ruido del agua caliente cubría sus gemidos.

    Al carajo todo pensó, al carajo con la sociedad y al carajo con su trabajo.

    Se permitió dejar volar su mente a las fantasías más profundas y prohibidas, mientras su cuerpo se retorcía de placer y sus piernas temblaban mientras tenía un orgasmo.

    Mas tarde desayuno y a las 9 ya se encontraba en su consultorio para atender a su primer paciente.

    A las 4 de la tarde entro Ariel y Agustina a su consultorio, esta vez Agustina llevaba una blusa amarilla y un pantalón largo oscuro.

    Se sentaron un poco apartados el uno del otro, y a María se le vino a la mente el sueño de la mañana, a lo que un poco de rubor apareció en su rostro.

    “Bueno que tal los trato la semana, de que quieren hablar hoy”

    Ariel fue quien comenzó a hablar.

    “Pues la verdad una semana normal, mamá está un poco mas relajada ahora que comenzamos la terapia. Tuvimos una charla mas calmada con ella y le dijimos que estuvo mal lo que hicimos y que íbamos a tratar de enmendarlo”

    María la había notado de mejor humor a la madre cuando la saludo en la sala de espera. La hacía sentir mas culpable por el sueño húmedo que había tenido.

    “Voy a hacerles una pregunta y quiero en la medida que traten de ser lo mas honestos que puedan conmigo, ¿ya tuvieron relaciones sexuales entre ustedes?”

    Los ojos de Agustina se iluminaron como un árbol de navidad.

    “Solo sexo oral mutuo y rozamiento de nuestros genitales. El día que mamá me encontró con la verga de Ariel en la boca, habíamos decidido que íbamos a hacerlo, con las medidas de protección adecuadas obviamente”

    Agustina hizo una pausa, antes de continuar.

    “Yo sé que el incesto está mal y que la sociedad no lo ve bien, pero, ¿está mal disfrutar de la sexualidad?, creo que hay cosas mas enfermas que dos adultos mayores de edad dándose placer mutuamente. No vamos a casarnos entre nosotros, solamente coger”

    Agustina se acercó a Ariel y comenzó a besarlo, fue un beso de lengua obsceno. Cuando sus labios se separaron los ojos de Agustina se dirigieron a María.

    “Yo sé que en el fondo a vos también te gusta esto, como nos dijiste en la primera sesión, estamos en confianza. Ahora yo voy a hacerte una pregunta y espero tu sinceridad María, ¿te tocaste pensando en nosotros?”

    María estaba completamente fuera de sí, era incapaz de dar una respuesta a una pregunta tan simple.

    “Como se supone que llevemos una vida normal si la psicóloga que nos atiende es una sucia cerdita. Pero está bien, todas las mujeres somos sucias y putas, por eso el sexo es tan divertido”

    María tenía que decir algo, su reputación se desplomaba con cada segundo que pasaba.

    Ariel no podía creer lo fácil que le resultaba a Agustina controlar la situación, empezaba a preguntarse quien estaba analizando a quien.

    “Quiero que te saques la verga del pantalón y comiences a tocarte lentamente”

    Ariel lo hizo, le calentaba recibir órdenes de su hermana, ser el sumiso en la relación.

    Agustina se arrodillo, y se acercó a escasos centímetros de la pija de su hermano.

    El aliento de Agustina sobre su piel enseguida hizo que se le ponga dura.

    “Ultima chance de sinceridad, de esta pregunta depende si confió o no en vos, ¿Qué te gustaría que haga ahora María?”

    Los labios de María se abrieron para conjugar palabras, que salieron de lo profundo de su mente.

    “Llévatela a la boca y chúpala como la trola que sos, quiero ver que tan buena sos peteando a tu hermano”

    No podía creer lo que acababa de decir, sin embargo, una sonrisa cómplice se dibujo en los labios de Agustina.

    Agustina llevo el pene de Ariel a su boca y se lo trago entero, comenzando a chupárselo de una forma increíble mientras su hermano disfrutaba con los ojos cerrados”

    No sabía que la calentaba más, saber que eran hermanos, que estaban haciéndolo en frente de ella sin pudor o que era en el sillón de su consultorio donde se estaba consumando el acto. O quizás era una combinación de las tres cosas, lo que estaba claro era que los jugos que mojaban su tanga roja y caían por su muslo no mentían.

    María se bajó el pantalón y la tanga y comenzó a masturbarse, se sentía bien dejar salir su lado mas sucio.

    Con su mano derecha se colaba los dedos y con su otra mano masajeabas sus senos y pellizcaba sus pezones.

    Se levanto y se acerco a ver como Agustina tragaba y tragaba de forma insaciable. Era increíble como esa pendeja había podido ver su lado más oculto, pero ella también era buena analizando gente.

    Hizo algo que ni ella podía creer, tomo la cabeza de Agustina por los pelos y la redirigió hacia su entrepierna mojada, hundiéndola en su vagina.

    “Si tan buena sos chupando poronga, vamos a ver como lo haces con una vagina trolita”

    Poco tardo en sentir como la lengua y boca de Agustina comenzaban a succionar su clítoris y lamer su flujo de los labios, se notaba que no era su inexperta en el campo.

    Ariel veía la escena lésbica mientras se masturbaba.

    La sinceridad comenzaba a aflorar en el cuerpo de María.

    “Si, me masturbé pensando en ustedes, hoy a la mañana mientras me duchaba lo hice y me corrí tres veces y se sintió increíblemente bien.

    Soy la peor psicóloga, una puta que se calienta con el sexo incestuoso cuando tendría que ser más profesional lo admito”

    Una ves dicho eso, María se sintió bien después de mucho tiempo mientras veía como se corría en la boca de Agustina y esta se tomaba todos los chorritos de flujo que le salían de la concha.

    A su vez los chorros de semen de Ariel ensuciaban sus piernas, el suelo y partes del sillón de la sala.

    El tiempo de sesión se estaba por terminar y aun tenía paciente que atender.

    María se vistió y Ariel guardo su pene en el pantalón, luego le pidió toallitas húmedas para limpiar el desastre.

    Antes de que se vayan y con manos un poco temblorosas María le dio a Agustina una tarjetita donde había anotado apurada la dirección de su casa.

    “Me gustaría que vengan a visitarme”

    Agustina se acercó, tenía la esencia de un hombre y una mujer en su boca y le dio un profundo beso a María.

    “Nos encantaría visitarte un día de estos, el sábado lo tenemos libre si no lo tenes ocupado”

    María asintió con la cabeza sonrojada y Agustina y Ariel abandonaron el consultorio.

    No tendría que esperar una semana, iban a tener una sesión mas intensa dentro de poco.

    Continuará…

  • Nuestros primeros brasileros

    Nuestros primeros brasileros

    Un relato basado en una historia real.

    Somos una pareja mexicana en nuestros 30 con demasiadas aventuras que contar, y esta es la primera vez que haré el intento.

    Mi señora Javi es un bombazo, heterocuriosa, de personalidad amable, muy inteligente y realmente tiene una alegría que contagia al ambiente.

    Con 30 años es la definición de una diosa, mide 1.62, cabello castaño claro largo, ojos color almendra, unos labios gruesos que invitan a la perversión, piel blanca y delicada. Siempre arreglada, con uñas largas de colores, pestañas retocadas y dientes perfectos.

    Muy fitness por el deporte y el gimnasio, con un par de senos DD que se juntan al medio, una cintura delgada con un piercing en el ombligo y unas piernas tonificadas muy fuertes… y sobre eso para coronar, tiene la mejor cola del universo. Siempre le dicen que debe ser brasilera o colombiana, porque realmente tiene un culo de infarto, grande y apretado, por lo que ya se imaginaran, como se da vuelta la gente al pasar.

    Yo soy heterosexual, moreno, pelo negro y ojos verdes (que siempre me los complementan), 170, simpático, coqueto, exitoso profesionalmente y harto gimnasio.

    Como matrimonio llevábamos años queriendo experimentar, ella siempre un tanto mas tradicional por lo que ha sido mi trabajo ir de apoco buscando, encontrando y exacerbando su puti personalidad que si bien está algo oculta, es muy intensa. Por lo que siempre la incito a que use ropa atrevida, sea coqueta y se atreva a disfrutar sin miedos.

    Y dentro de estas aventuras es que conocimos a nuestra pareja de amigos brasileros; B y Sandra.

    Ambos en sus 40, fuimos sus primeros.

    B muy simpático alegre, pelo castaño y buen físico, Sandra todo lo que uno espera de una MILF brasilera; pelo castaño, ojos café oscuro de mirada lasciva, labios gruesos carnosos, y cuerpo muy voluptuoso con un par de tetas de infarto que saludaban desde un marcado escote de su vestido rojo, y por supuesto un culo que le hacía honores a su nacionalidad.

    Nos conocimos por una app de citas y si bien ellos eran muy precavidos ya que nunca habían hecho nada con otras personas y estaban fuera de su país, nos logramos poner de acuerdo e ir a un restaurant.

    Luego de las introducciones pertinentes y la timidez inicial, bastaron un par de copas para que salieran chispas. Los 4 tuvimos química inmediatamente. Mi señora Javi no paraba de coquetear y se le notaba en los ojos las ganas de tocar, desvestir y probar a B, si tan solo no hubiésemos estado en un lugar público, hubiese rogado para que se la cogieran.

    Mientras que por mi lado hubo una atracción inmediata con Sandra, se podía sentir en el aire, me acariciaba la mano mientras me miraba con la cara mas insinuante que puedan imaginar.

    Nos trasladamos a nuestro departamento para seguir la noche. Preparamos un par de tragos y Javi ya caliente por toda la situación y para hacer sentir comoda a Sandra la comenzó a besar y tocar como si no hubiese mañana. Esta era la primera experiencia lésbica de Sandra.

    Dejamos a las chicas divertirse mientras miramos embobados con B. A lo que de apoco se fueron sacando la ropa y se acercaron hacia el sillón donde estábamos…

    Para sorpresa de ambos, Javi se dirigió a B, y Sandra hacia mi, en completa complicidad…

    Ambos nos sacamos la ropa y quedamos sentados con las vergas a punto de explotar.

    Rápidamente mi esposa comenzó a recorrerle le polla a B como una verdadera actriz porno. En ese momento supe que ella había sido poseída por el demonio de la calentura, y ya poco importaba lo que yo pudiera decir u opinar… pero para mi beneficio no hay nada que me caliente mas, que ver a mi esposa siendo una verdadera putita.

    Sandra no se quedó atrás, y recorrió mi polla con habilidad, haciéndome sentir maravillas con su lengua y sus carnosos labios.

    Luego de hacer un esfuerzo de no corrernos, casi en sincronía, ambas parejas invertimos roles; y enhorabuena, ya que algo que me tenía muerto de ganas era recorrer cada centímetro de Sandra con mi boca.

    Sus tetas eran un exquisito manjar, y mientras las saboreaba, ella al oído me susurraba calientes e indescifrables palabras en portugués.

    El verdadero deleite vino a la hora de saborear su conchita, estaba depilada y completamente empapada en sus jugos. Esto, sumado a la calentura de escuchar como mi Javi gemía con las caricias, besos y lengua de B en su cuerpo, me instaron a comerme la concha de Sandra como poseído. Siempre he disfrutado de dar sexo oral a las mujeres y puedo decir que soy bastante habilidoso, por lo que luego de unos minutos Sandra se contorsionaba en lo que fue su primer orgasmo de la noche… unos minutos mas tarde mi esposa Javi disfrutaba del mismo hechizo con B.

    Siempre habíamos tenido intercambios en la misma habitación, pero esta vez mi putita tomó la iniciativa y se llevó a B a nuestra habitación para follarselo en privado, lo que me puso cachondisimo.

    Por mi parte con Sandra nos dimos un festín. Follamos primero de perrito en el sillón.

    Ella completamente empapada, cedió ante mis brazos.

    Por un minuto me detuve con mi polla tiesa, a admirar tremenda escena;

    Ahí tenía a Sandra, una fiera brasilera, voluptuosa y candente, con un culo de infarto completamente ofrecida ante mi y rogándome que la penetrara.

    Su vagina era perfecta, pero quise hacerla sufrir, por lo que puse la cabeza de mi verga en la entrada de su conchita y lentamente me deslizaba un poquito adentro y luego salía, solo para que me rogara que la cogiera. Finalmente la penetré lentamente despacio y fuerte al son de sus gemidos, y ella con una de sus manos aprovechaba de acariciar mis testículos.

    Mientras nosotros follabamos, nos deleitábamos además escuchábamos los gemidos de mi esposa Javi y B en la habitación de al lado. El morbo de eso nos dio combustible para estar follando hasta perder la noción del tiempo.

    Finalmente nos juntamos los 4, nos vestimos y despedimos.

    Mi señora luego me contó como B la cogió sin parar, disfrutando de su gruesa polla y pidiéndole que se corriera en sus tetas.

    Este fue el inicio de una serie de encuentros que repetimos, pero quedaran para un siguiente relato…

    Esperamos ambos leer sus comentarios, ¡gracias por leernos!

  • Fantasía en la cordillera: se hizo realidad

    Fantasía en la cordillera: se hizo realidad

    Hola lectores de CuentoRelatos, los saludo, en esta ocasión les traigo una nueva confesión, en mi primer relato les conté sobre un sueño que tuve, de cómo fantaseé con Martina teniendo sexo en la cordillera, y saben, pasó, lo hicimos realidad.

    Coordinamos para ir hacer un tracking a la cordillera y de vuelta quedarnos un rato a la orilla de un rio camino a Santiago. Pero las cosas no resultaron como planeamos por culpa de las lluvias de días anteriores.

    Regresamos por el camino de vuelta a Santiago y nos quedamos en el sector del manzano, es un lugar turístico de la zona muy visitado por santiaguinos.

    Aprovechamos tomar algunas fotos, Martina se veía hermosa, vestía un pantalón colorido ajustado a su cuerpo, haciendo ver sus nalgas muy exquisitas, una chaqueta fucsia que combinaba con su cabello rojizo, y de fondo la cordillera.

    Buscamos un lugar para instalar la tienda a la orilla del rio, lo que nos costó ya que el viento era muy fuerte, entre Martina y yo batallamos hasta por fin encontrar el lugar correcto para instalarla.

    Disfrutamos un poco en el rio, nos seguimos tomando fotos entre las rocas, el lugar era fantástico, solo naturaleza y montañas y alguno que otro visitante cerca del rio. Habíamos comprado cervezas.

    Ya casi al atardecer, un poco mareados por las cervezas y ya con menos personas alrededor, Martina me dice –y si aprovechamos ahora- capté enseguida lo que quería decir.

    Entramos a la tienda, cerramos la entrada y ya fuera de la vista de todos, nos fundimos en un beso, deseaba comerle los labios, Martina me bajó la pantaloneta y el bóxer al mismo tiempo y mi verga erecta salió a la luz.

    Se abalanzó con su boca sobre ella, ver como se la tragaba toda, era muy excitante, mi verga desaparecía en su boca cada vez que la engullía hasta el fondo, Me la chupaba tan delicioso Martina que no escuchaba nada fuera de la tienda, solo sentía su boca lamiendo mi verga. Luego de esa mamada vi sus tetas exquisitas, me dirigí a ellas, saboreaba sus pezones cafés entre mis labios –siempre me ha parecido muy erótico los pezones morenos-.

    Se quitó su traje de baño, abrió sus piernas y se montó sobre mí, con sus manos guio mi verga hasta su vagina, hasta poder encontrar el camino, mi verga se abrió paso entre los labios de su panocha hasta poder penetrarla.

    Se sentía tan suave su vagina, agarraba sus nalgas mientras subía y bajaba sobre mi pene y mi cara se perdía entre sus tetas. Sentir sus nalgas entre mis manos mientras la penetraba me excitaba mucho más, sentir como como caían sobre mi pelvis en cada sentón que se daba sobre mi miembro hasta tenerlo bien adentro, se sentía tan delicioso.

    Luego nos dimos vuelta, Martina se tumbó sobre su espalda, me puse detrás de ella y tomándola de cada uno de sus tobillos separé sus piernas, frente a mi estaba toda su panocha de color moreno, se veía brillante del lubricante que ya empezaba a brotar de su interior.

    Con mi boca me abalancé sobre ella, lamiendo y chupando cada milímetro de ese manjar que me ofrecía Martina entre sus piernas, saboreando esos labios carnosos de su sexo, después toma mi pene entre su mano se lo pone ella misma en la entrada de su vagina y después de untar algo de saliva en mi glande, la empujo toda dentro de ella.

    Sentía como sus labios se abrían al entrar una y otra vez mi verga dentro de ella, desde arriba veía su cara de gozo mientras mi pelvis se movía en cada penetración, me salgo y Martina me vuelve a tomar el pene y esta vez me lo apunta más abajo de su vagina.

    -lo quieres por el chiquito, eso quieres- le murmuro para que no escuchen fuera de la tienda-

    Esta vez echo más saliva en mi glande, lo pongo justo en la entrada de su ano, y lentamente me voy introduciendo, cuando la cabeza está ya dentro, en un movimiento rápido se la meto toda adentro.

    -escucho un “Aughh”, un gemido de dolor, pero a la vez de placer, le pregunto si le duele un poco, Martina no me responde. Por lo que prosigo bombeando mi verga dentro de su culo, se siente tan apretadito –siento cada contracción de su ano sobre mi verga- sentir como su culo se abre en cada embestida de mi pene es un placer indescriptible.

    -quieres que te llene el culo de leche- le digo mientras no paro de penetrar su culo apretadito.

    -sí, llénamelo, me responde Martina. Acelero mis movimientos, la penetro más rápido una y otra vez, queriéndole romper ese culo en cada penetración, hasta que siento que el clímax se aproxima y no aguanto más y mi semen se derrama dentro de su ano, dejando en cada eyaculación toda mi leche dentro de ella.

    Quedamos tendidos un rato en la tienda, descansando un poco de esta oleada de placer. Recogimos la tienda y tomamos una micro de regreso a Santiago, nos quedamos cerca de una estación de metro, ya era las 9 de la noche, pero aún no habíamos terminado.

    Llegamos a un motel cercano para seguir lo que empezó en la cordillera. Entramos a la habitación, no era lujosa pero espaciosa y limpia. Me di una ducha para limpiarme un poco del sol y la arena de la cordillera, me recosté en la cama mientras Martina hacía lo mismo.

    Cuando la veo salir desnuda del baño, su silueta a contraluz, veo la curva de sus tetas y sus nalgas, lucía hermosa. Se mete a la cama me toma el pene en sus manos para luego agacharse y meter mi verga en su boca, pasaba su lengua por debajo, desde la base hasta la cabeza, haciendo que mi erección crezca.

    Siento como su lengua pasa por mis bolas, las lame, las chupa, juguetea con ellas en su boca, para luego volver a meter mi pene en su boca y mamarlo de forma deliciosa.

    Ya era mi turno, me bajo de la cama, la tomo de tus tobillos y la halo al borde de la cama, por dos segundos la admiro acostada, desnuda, Abro mi boca queriendo tragarme toda su vulva, saboreando sus labios húmedos.

    Me encanta el olor y sabor de su panocha, paso mi lengua por su clítoris, noto lo rosado que está –el olor de Martina se ha vuelto un afrodisiaco para mí- mordisqueo un poco los labios de su vagina, untando toda mi boca de sus ricos fluidos de placer.

    Después de disfrutar de los deliciosos sabores de su sexo, me pongo de pies, paso mi verga sobre su sexo para lubricarme un poco de sus fluidos y la penetro suavemente hasta dejar correr todo mi pene dentro de ella, primero suave, hasta luego sentir mis bolas golpear sus nalgas.

    En ese momento sus pies estaban a la altura de mi cara, -y me provocó hacer algo que nunca había hecho, pero que me pareció rico hacerlo- Comencé a besar sus pies, a mordisquear y chupar el dedo pulgar de su pie, sin dejarla de penetrar, lamía su pie y metía y sacaba sus dedos en mi boca.

    Le di vuelta, Martina se acomodó en cuatro, aun en el borde de la cama, dejando ese tremendo culo a mi disposición, se me hizo agua la boca solo de ver sus nalgas frente mío. Por lo que no desaproveché oportunidad de abrir sus nalgas y meter mi lengua entre ellas, respirar entre ellas y sentir su delicioso aroma.

    Por unos minutos recorrí con mi lengua cada milímetro de su culo, lamí ese estrecho resquicio entre sus nalgas, saboreando su chiquito con placer.

    Después de disfrutar del sabor y aroma de su culo, eché un poco de saliva en mi verga, la pase entre los labios de su panocha, hasta encontrar la entrada del placer, y se la metí toda adentro, al sentir sus nalgas chocar con mi pelvis, empecé a darle cada vez más fuerte, el sonido de su culo al chocar en cada embestida se escuchaba muy delicioso.

    Empecé a darle nalgadas en cada embestida que le daba, el sonido de los azotes en sus nalgas mezclado con los gemidos de Martina eran una sinfonía para mí, veía como su panocha se tragaba mi verga cada vez que se la metía. Así estuvimos un rato, disfrutando de su culo en cuatro.

    Me recosté en la cama, Martina me volvió a dar una mamada muy rica, solo que esta vez mientras sentía como su dedo acariciaba la entrada de mi ano, para luego introducirlo poco a poco dentro de mi culo.-es algo nuevo que ya habíamos experimentado- al principio movía su dentro de mi culo lento, al comienzo un poco incómodo, pero luego la sensación fue cambiando a placentero.

    Martina metía más su dedo y esta vez con un ritmo más rápido y profundo, creo que lo disfrutaba tanto como yo.

    Después de un momento de disfrutar del dedo de Martina dentro de mi culo, Martina se recostó a mi lado para luego hacerme una paja y derramar mi leche entre sus dedos. Y quedarnos un rato descansado y escuchando algo de música.

    Después de un paseo bien rico, pasé a dejarla su casa – hay que ser caballero siempre- y pasar a la mía a descansar. Espero les haya gustado esta confesión, de como un sueño se hizo realidad. Nos vemos pronto.

  • Un intercambio de parejas peculiar

    Un intercambio de parejas peculiar

    Carla y Alberto son un matrimonio cuarentón con 15 años de convivencia a sus espaldas. Su vida sexual se está resintiendo por la rutina y la falta de ideas nuevas.

    Decidieron un día practicar un intercambio sexual con otra pareja para darle algo de chispa a la vida y sobre todo a su alcoba.

    El problema es que siempre que contactan con alguien, y ya van tres, o a ella no le gusta el chico o a él no le pone la chica. Es difícil llegar a un acuerdo.

    Pero un día contactaron con un matrimonio que, este sí, les convenció a los dos. Se llamaban Lucía y Alex y parecían una encarnación de la Barbie y el Ken de lo elegantes y atractivos que eran.

    Carla y Alberto, sin llegar al nivel de top model de sus convidados, tampoco se quedaban atrás. Carla es pelirroja, con pelo largo y unos ojos verdes maravillosos. Es de altura media. Alberto se machaca el cuerpo en el gimnasio para no abandonarse y acabar con un aspecto como el de la mayoría de compañeros de trabajo, que parecen sus padres.

    Se sentaron los cuatro en una terraza y comenzaron a charlar e indagar en sus gustos e inquietudes. Cuando Alberto elogió los encantos y la belleza de Lucía, ella enseguida le atajó diciéndole:

    –Pero hay un peaje antes, para poder catar mi cuerpo. Y es que el hombre que quiera disfrutar de mí, primero debe romperle el culo a mi marido. Y lo mismo pasa al revés. La mujer que quiera probar a mi marido, primero debe comerme la almeja, como entrante. Somos bisex.

    Carla y Alberto no sabían qué contestar. Ellos son heteros, pero estaban tan ilusionados con esta pareja que de entrada no rechazaron la propuesta de forma rotunda. Prefirieron pedirles unos días para reflexionar.

    Al llegar a casa, Carla y Alberto tuvieron una charla extensa e intensa. Estuvieron hasta bien entrada la madrugada sopesando los pros y los contras de ese intercambio de parejas tan peculiar que les habían propuesto. No lo esperaban y ni siquiera se les había pasado por la cabeza abrirse a la bisexualidad.

    Alberto era el más reacio a aceptar el pacto. Pero ante la actitud de Carla, a la que veía muy entusiasmada y con gran determinación a que en esta ocasión sí cuajara la cita, él prefirió resignarse y plegarse a la decisión de su chica. Carla se puso muy contenta con la respuesta de su marido y al día siguiente a primera hora llamó a Lucía y la informó de lo acordado.

    En la conversación telefónica, le comentó a Lucía que su marido aceptaba con la condición de que con Alex adoptaría el papel de activo y nunca el de pasivo. Lucía aceptó esa cláusula comentándole que justamente Alex, cuando está con ella o con otra mujer adopta un rol masculino muy marcado, pero cuando está con un hombre prefiere el rol de hembra y que su macho no le haga felaciones ni se deje sodomizar. “Alex para esas funciones nos tiene a nosotras”, le comentó.

    Quedaron entonces para el sábado próximo. Irían a cenar, al teatro y después al piso de Lucía y Alex, que es más amplio y tiene jacuzzi.

    Llegó el día y se encontraron en una calle céntrica y de importantes marcas comerciales.

    Ellos iban con chaqueta americana, camisa sin corbata y pantalón de tergal, muy de formal. Carla y Lucía llevaban unos vestidos de noche muy sofisticados que les llegaban a los tobillos.

    Al verse se saludaron y besaron. Al principio, a medida que paseaban por las calles, al no tener aún mucha confianza, cada chico abrazaba y besaba a su chica. Pero según iban entrando en calor, se fueron soltando y de repente, Alex abraza y besa a Carla mientras pasean, como si fuera su pareja. Alberto hace otro tanto con Lucía.

    Alberto miraba de soslayo a su mujer, se estaba dando el lote con Alex, unos morreos salvajes y provocadores. Alberto comienza a sentir que su miembro viril está reaccionando con rapidez al espectáculo que le están ofreciendo. Él hacía otro tanto con Lucía, le lamía las orejas y el cuello con tanta efusividad que Alex y Carla sonrieron entre ellos al observarlos, con una mirada cómplice. Luego Carla se acercó a Lucía y cogiéndola de la mano caminaron un buen trecho y de vez en cuando se besaban, dándose mucha lengua.

    Cenaron de maravilla en el restaurante escogido por Lucía, mientras charlaban de temas de actualidad y de sus vidas y gustos.

    Ya en la butaca del teatro, mientras disfrutaban de la obra, se pusieron las botas los cuatro, magreándose mutuamente. Alex se atrevió, con el anonimato que proporcionaba la oscuridad, a masajearle por fuera del pantalón el paquete a Alberto. A este nunca un hombre le había magreado la entrepierna y experimentó una sensación extraña. Al principio sintió cierta incomodidad, pero para su sorpresa, a medida que iban pasando los minutos se fue excitando y la polla se le puso morcillona.

    Se iban acariciando y besando los cuatros, barajándose entre ellos aleatoriamente. En ocasiones Carla besaba a Alex mientras le sobaba el paquete y en otras hacía lo mismo con su mujer. Lucía también intercalaba sus caricias y besos con Alberto y con Carla. Incluso en algún momento de gran excitación, Alberto se atrevió a pegarle algún piquito a Alex, seguido de un tímido lengüetazo.

    Salieron del teatro con un calentón espectacular.

    Al llegar al apartamento de Lucía y Alex, se prepararon unos gin tonics y se fueron directos al jacuzzi. Se despelotaron en un santiamén.

    Carla y Alberto tenían bien trabajados sus cuerpos, pero Lucía y Alex eran como dos dioses del Olimpo. Parecían esculturas talladas por el mismísimo Miguel Ángel.

    Se metieron en el jacuzzi y la salsa estaba servida. La bacanal de lengüetazos por aquí y por allá; las caricias y besos por todas partes y en todas direcciones; y las frases y expresiones subidas de tono, los pusieron como motos.

    Hasta que, por fin, Lucía aconsejó a Alberto a que se tumbara sobre una tarima. Ella se sentó sobre él, se enchufó su aparato y comenzó a cabalgarlo. Alex, por detrás, se le acercó y se la endiñó por el culo a su mujer.

    ¡Y ya estaba el sándwich formado!

    Carla estuvo discurriendo de qué manera podía acoplarse a aquel trío. Y comenzó a lamerle la espalda a Alex y a Lucía alternándose cada poco.

    Entonces Lucía le dice:

    –Carla, en ese armario hay diferentes consoladores con sus respectivos correajes. Coge el que más te guste y aprovechando que mi marido tiene el culo en pompa fóllatelo.

    No perdió el tiempo Carla y se fue a por su juguete. Como no podía ser de otra manera, escogió el más largo y gordo. Se lo colocó y allá fue a por su presa.

    Se acercó por la espalda a Alex (que se estaba trajinando a su esposa por el culo mientras Alberto le daba lo suyo por el coño), y lentamente se la fue introduciendo en el culazo macizo y bien trabajado a base de sentadillas de su amante de turno.

    ¡Y ya estaba el sándwich doble formado!

    En esta postura estuvieron un buen rato, hasta que, Lucía con un chillido agudo y profundo (como si fuera un cerdo el día de San Martín), explosionó en un orgasmo intenso y estremecedor, con fuertes espasmos.

    Decidieron cambiar de postura y en esta ocasión, Alberto se sentó en un amplio y confortable sofá. Alex se sentó sobre él dándole la espalda y empalándose la estaca de Alberto por el ano (el cual ya lo tenía bien ensanchado gracias a Carla) y comenzó a follar como un poseso.

    Encima de Alex se coloca Carla sentada en la misma posición que este, pero a diferencia de él, ella se mete la polla de su amante en el conejo. Y cabalga con furia un buen rato.

    ¡Y ya está el castillo de tres pisos formado!

    A esto que Lucía se acerca y comienza a hacer el papel de mamporrera lamiendo la polla de sus dos machos a medida que entran y salen de sus respectivos orificios. Y cuando alguna de ellas se sale, ella la vuelve a introducir guiándole el camino. Pero ansiosa de comerle la almeja a Carla, decide desenganchar a su marido del coño de esta y acoplarlo en el trasero. Así quedaría el coño libre, para comérselo bien.

    Alberto con tanto peso sobre él prácticamente no se movía. Carla tampoco se movía ya que estaba extasiada experimentando uno de los mejores cunnilingus de su vida. Así que le tocaba remar a Alex. Cuando empujaba hacia arriba, taladraba el precioso trasero de Carla y cuando reculaba, curiosamente el efecto era encularse bien adentro de sus entrañas el inhiesto mástil de su amante macho.

    Cuando Lucía notó que Carla estaba a punto de correrse, desacopló a su marido del culo de esta y volvió a introducirlo en el coño, para que se lo follara fuerte y que Carla experimentase un enloquecedor orgasmo. Así fue. A los pocos minutos Carla soltó un alarido que se tuvo que escuchar en todo el edificio, de lo profundo y alto que fue.

    Se desengancharon todos. Entonces Alberto se volvió a acostar en la tarima. Sobre él se recostó Lucía para practicar un 69. A los costados de Alberto se posicionaron Carla y Alex, acercando sus caras a la de Lucía para observar de cerca la mamada que le estaba proporcionando a su amante. Lucía sujetaba el miembro viril con fuerza y de repente se saca la polla de la boca y la dirige a su marido. Alex la engulle hasta la campanilla de un solo bocado intentando introducirse todo el rabo de Alberto en su garganta, pero no lo consigue. Entonces Lucía le dice:

    –No seas tan ansioso, cariño. Empieza muy despacio y ve subiendo el ritmo poco a poco. Ya verás como te entra bien. Ya tendrás tiempo de comerte con furia el rabo de mi macho hasta que se vacíe todito en ti, hasta la última gota.

    Lucía era quien llevaba la batuta, nunca mejor dicho, y pasaba de forma alterna el falo de Alberto por la boca de Carla, de Alex y por la suya propia.

    Lucía, cada vez que se sacaba la verga de su boca, hacía el característico sonido de descorche de botella provocando sendas carcajadas entre sus “comensales” ocasionales.

    Alex lo intentó, pero no le salía tan bien. Lucía era una experta descorchando pollas y degustando coños.

    Cuando se corrió Alberto, los tres “comensales” se apresuraron a acaparar la mayor cantidad de leche posible para sus boquitas, al mejor estilo del juego del tragabolas.

    Después le siguió el juego contrario, llamado swapping, que consiste en ir pasándose el esperma de boca en boca entre Carla, Lucía y Alex. Hicieron varias rondas hasta que al final, Alex decidió acabar con el juego y tragárselo todo.

    Ahora le toca el turno a Alex. Se recuesta sobre la tarima y Carla y Lucía comienzan a manducar de forma consecutiva aquel falo. Alberto se sienta en un sofá cercano para disfrutar del espectáculo y observar cómo su mujer saborea con ganas aquella caña de crema.

    Lucía le enseña la técnica del descorche, para que se oiga el característico sonido ¡Splok!

    Se la chupetean y se la succionan en la punta. Hasta que, al fin, a los pocos minutos Alex grita que ya no puede más y comienza a descargar su lechada sobre la cara de sus dos jacas. Ellas vuelven a jugar al tragabolas y al swapping, hasta que esta vez es Carla la que decide tragarse toda la cosecha espermática de su macho ocasional.

    Aprovecharon el resto de la velada para compartir impresiones mientras se tomaban unas copas. Quedaron tan contentos los cuatro que se convirtieron en una relación más estable y duradera.

    Por fin Carla y Alberto encontraron la horma de su zapato y dejaron de tener una vida monótona e insulsa.

  • Pesca deportiva

    Pesca deportiva

    Era un día caluroso del mes de agosto, una semana después de que terminara la temporada de vacaciones de verano; cuando mi hermosa novia y yo quisimos aprovechar para disfrutar de un fin de semana en la playa de una conocida isla del sur de Texas. Destino vacacional obligatorio para muchos habitantes del norte de México.

    Un viaje de sólo tres horas por carretera desde nuestra ciudad de residencia lo hacen el sitio ideal para disfrutar del sol, la arena y el mar. Y si preferentemente lo visitas en temporada baja puede resultar en unas vacaciones bastante económicas; lo que resulta muy conveniente cuando se cuenta con un presupuesto modesto por no decir limitado.

    No era la primera vez que mi novia Leslie y yo visitamos la pequeña isla de forma alargada, de hecho, tenemos varios años visitándola. Primero con nuestras respectivas familias, otras ya formalizados como pareja e incluso en algunas ocasiones cada quién por su cuenta con amigos; por lo que la conocemos bastante bien.

    Llegamos al hotel después del mediodía, nos registramos rápidamente para subir a nuestra habitación y descansar un poco antes de bajar a la playa. Tan pronto entramos a nuestro cuarto nos olvidamos del cansancio; nos desnudamos inmediatamente y nos metimos a la cama, ansiosos por hacer el amor después del corto viaje por carretera.

    Aunque el sexo siempre ha sido bueno entre nosotros, después de dos años de relación resulta necesario ser algo creativo para no caer en la rutina. Razón por lo que llevábamos por algún tiempo, el divertido hábito de fantasear durante el sexo tratando de excitarnos mutuamente hasta alcanzar el orgasmo. Lo cual siempre resulta muy efectivo.

    Claro está, en algunas de nuestras eróticas fantasías empleábamos el juego de rol fingiendo ser otras personas; casi siempre alguien famoso como una estrella de cine o deportista al que debíamos intentar seducir o dejar que nos sedujera como parte de la fantasía.

    Pero de vez en cuando preferíamos adoptar una personalidad un poco más mundana. El clásico plomero o mecánico que ayudaba a la bella y sensual damisela en aprietos en la ausencia de su incauta pareja; lo cual además de ser sumamente excitante también resulta ser una fantasía con muchas más posibilidades de realizarse, por la relativa facilidad con que nos podríamos topar con uno de esos personajes.

    Esa clase de fantasías resultaban ser una gran herramienta para permitirnos suponer a ambos como deberíamos reaccionar, hipotéticamente hablando, en semejantes circunstancias en caso de que nos apeteciera consumarla. Por ejemplo, si en mi papel de amante yo le preguntaba a mi novia “¿si tenía algún problema con engañar a su pareja?”; entre los dos intentábamos discernir cual podría ser la respuesta más asertiva para que el acto sexual se concretara.

    “No te preocupes por mi novio”, o, “a él le gusta verme hacerlo con otro hombre”, eran casi siempre las respuestas que mi novia daba en automático cuando se le planteaba la posibilidad de engañarme; razonando que, con este tipo de respuesta, sería más sencillo persuadir al posible amante de mi novia de ayudarnos a realizar nuestra fantasía.

    Aunque resultaba imposible prever todos los distintos escenarios que se podrían presentar, algo en lo que ambos estábamos completamente de acuerdo era que sí realmente deseábamos materializar una de esas fantasías, deberíamos actuar de la forma más natural posible, ¡incluso entre nosotros! Por lo que estaría estrictamente prohibido que en esas circunstancias nos cuestionáramos uno al otro sobre lo sensato y prudente de nuestras acciones.

    Cualquier malentendido que pudiera haber surgido se tendría que dejar para después, garantizando de esta forma que al menos uno de los dos disfrutara de la consumación de nuestra fantasía. Algo con lo que mi novia estaba más que contenta, pues la libraba de la responsabilidad de preguntar mi opinión, en caso de que se le llegara a presentar la oportunidad de tener una aventura con otro hombre.

    Un par de días antes a propósito de este viaje, habíamos jugado con la idea de que mi novia tuviera un encuentro sexual con un atractivo millonario durante esas cortas vacaciones, preferentemente estando yo presente; situación que estábamos seguros nos provocaría mucho morbo y excitación a ambos. Ese erótico y aparentemente inocente juego de rol me dejaría con una espinita clavada en lo profundo de mi subconsciente; una que no desaparecería fácilmente.

    Después de tener una sesión de sexo un poco apresurada, decidimos descansar un par de horas en lo que bajaba un poco el sol antes de salir a la playa. Una vez que nos habíamos recuperado nos pusimos nuestros trajes de baño. ¡Leslie se veía espectacular!

    Un diminuto bikini de color rojo resaltaba su escultural figura, exhibiendo generosamente sus hermosos senos bajo su rizada cabellera rubia; al tiempo que sus glúteos eran resaltados sensualmente con el corte a la cadera de su tanga.

    Antes de salir de la habitación Leslie tomó una blusa turquesa de botones, para cubrirse con modestia durante el corto trayecto a la playa. Salimos de la habitación caminando abrazados hasta la puerta del ascensor; al entrar en el reducido espacio de éste nos encontramos con una dama mayor, la cual saludamos cortésmente antes de que nos advirtiera acerca del calor que se sentía en el exterior.

    —¡Oh guys, the beach is so hot! —comentó amigablemente la dama con su marcado acento texano.

    —Thank you for told us —agradecimos sonriendo mi novia y yo, antes de mirarnos a los ojos divertidos por su innecesaria advertencia; pues su observación acerca del clima era algo que resultaba obvio para cualquiera.

    El ascensor se detuvo en el vestíbulo, un piso antes del nuestro, y la dama se despidió educadamente de nosotros antes de salir; deseándonos que tuviéramos un buen día quedando nosotros solos en el interior del ascensor.

    —Que señora tan observadora —dije a Leslie con un semblante un poco serio, una vez que se cerró la puerta del ascensor.

    —¿Por qué dices eso? —preguntó mi novia intrigada por mi espontánea aseveración.

    —Apenas te vio unos segundos y eso le bastó para decir: ‘this bitch is so hot’ —comenté en tono de broma, haciendo alusión a las posibles palabras homófonas del lenguaje, con el que supuestamente la dama indicaría que mi novia era “una perra muy caliente”.

    Lejos de molestarse, Leslie tomó mi comentario de muy buen humor, echando la cabeza hacia atrás al soltar una pequeña carcajada aceptando la broma; sólo para que un segundo después soltara un ligero codazo en mi costado en señal de protesta.

    —No sé por qué lo diría —dijo Leslie con voz sensual, simulando abrir el escote de su blusa traviesamente, al tirar por las solapas de su blusa con sus manos hacia ambos lados.

    —Algo te ha de saber de la última vez que viniste con tus amigas —acusé a mi novia, continuando con la broma, jugando con la posibilidad de que ella me hubiera sido infiel la ocasión anterior en que ella estuvo en la isla.

    —Ya tengo fama —presumió mi novia sonriente, con actitud vanidosa y altanera.

    Excitado por su pícara respuesta, tomé a Leslie por la cintura y le planté un enorme beso en los labios; beso que no terminó hasta que el ascensor volvió a abrir sus puertas en el nivel de la piscina. Salimos tomados de la mano de muy buen humor, riendo abiertamente y con muchas ganas de seguir divirtiéndonos.

    Habíamos seleccionado un hotel en el extremo retirado de la isla, buscando tener la mayor privacidad posible y ahorrar unos cuantos pesos, o para ser más exactos dólares. Por ser temporada baja el hotel estaba casi desocupado; sólo algunas parejas mayores se encontraban hospedadas en ese momento, prácticamente sin ningún niño alrededor a causa del recién iniciado ciclo escolar.

    Decidimos ir primero por un par de copas al bar junto a la piscina. Como Leslie parecía ser la mujer más atractiva en el área de inmediato captó la atención del único barista. Un joven y apuesto chico de ascendencia latina al igual que nosotros; quien se aprestó a atendernos amablemente sin perder la oportunidad de echar un rápido vistazo a los encantos de mi novia bajo su blusa, muy disimuladamente en el momento que nos atendía. Algo innecesario desde mi punto de vista, considerando que tarde o temprano mi novia tendría que despojarse de su blusa a escasos metros frente a él.

    Agradecimos al barista y tomamos nuestras copas para ir a sentarnos en un par de tumbonas frente a la piscina. Después de realizar un pequeño brindis en honor a nuestras merecidas vacaciones, Leslie se quitó la blusa exhibiendo su hermosa silueta para deleite no sólo del barista, sino de todos los hombres presentes; y quizás de alguna que otra chica, ¿quién puede saberlo?

    Un par de sorbos más de nuestras bebidas y decidimos entrar a refrescarnos a la piscina. Con lo cálido del ambiente el agua se sentía deliciosa, y como había pocos huéspedes teníamos la piscina casi exclusivamente para nosotros. Animado por el alcohol, me aventuré echar mano a los encantos de mi novia bajo la tranquilidad del agua.

    Sujeté a Leslie por la cintura trayéndola hacia mí para fundirnos en un apasionado beso antes de sumergirnos bajo el agua, hundiéndonos rápidamente como si fuéramos una pesada plomada. Oportunidad que aproveché para masajear con lujuria los glúteos y senos de mi novia fuera de la vista de los posibles curiosos a nuestro alrededor.

    De vez en cuando, cargaba a Leslie con mis brazos levantándola por encima del nivel del agua, simulando estar salvándola de morir ahogada; sólo para dejarla caer casi inmediatamente fingiendo un agotamiento repentino y proceder a hundirme nuevamente abrazado a ella, repitiendo el ciclo malicioso de mis caricias submarinas.

    Después de pasar un rato jugueteando alegremente en la piscina, Leslie y yo comenzamos a sentirnos un poco incómodos a causa de la atención que involuntariamente habíamos capturado. Por lo que decidimos que era momento de ir al mar, a continuar con nuestra erótica actividad subacuática.

    Al salir del agua Leslie se veía espectacular. La humedad en su piel aprovechaba que la luz solar era reflejara por miles de pequeñas gotas que hacían que su curvilínea silueta brillara en todo su esplendor; justo en el momento en que levantó los brazos para recogerse el cabello y exprimirlo detrás de su nuca, echando su pecho al frente para presumir sus bien formados senos.

    Muy probablemente esa espontánea acción de mi novia quitó el aliento a más de uno de los caballeros que se encontraban observando. Dimos el último trago a nuestras bebidas y procedimos a realizar la corta caminata sobre la blanca arena.

    Al igual que la piscina, la playa estaba casi desocupada; sólo unas cuantas personas diseminadas por la orilla, unas pocas más adentro del mar y a lo lejos un par de aficionados a la pesca con caña, probando suerte en medio del mar. Si lo que buscábamos era tener privacidad definitivamente habíamos venido en la mejor época del año.

    El agua en la orilla se encontraba un poco turbia a causa de la arena; por lo que decidimos entrar un poco más adentro para buscar agua más cristalina; específicamente donde se encontraban ubicados el par de pescadores. Ellos se encontraban a una distancia de unos 60 metros de pie sobre lo que debería ser un rompeolas artificial; de tal forma que el agua les llegaba a las rodillas.

    La función de un rompeolas es la de garantizar olas moderadas para los huéspedes del hotel durante las agrestes mareas altas. Pero como se creaba una caleta entre el rompeolas y la playa esto ocasionaba que el agua no fluyera libremente; ésta era la razón por la que el agua se encontrara tan turbia en la orilla, pues no permitía que el sedimento se recogiera durante las mareas bajas.

    Nadamos hasta el rompeolas y nos ubicamos a la derecha de los pescadores; guardando una distancia prudente entre nosotros y ellos para no interferir con su actividad. Estando más cerca pudimos notar que ambos hombres eran americanos, de cabello rubio y piel bronceada por el sol, como de unos 50 años cada uno. Ataviados con los atuendos propios de unos pescadores profesionales: visera con señuelos, chaleco repleto de bolsos y una mochila térmica en sus hombros. Posiblemente se trataba de residentes de algún poblado cercano.

    —¡Good afternoon! —saludaron los gringos al tiempo que levantaban la mano para hacer un ademán.

    Nosotros regresamos el saludo para no parecer groseros con ellos; pero, aunque los gringos se mostraron cordiales y amistosos a pesar de nuestra presencia, decidimos mantener nuestra posición retirada para no asustar a sus posibles presas.

    Como era de esperarse, el agua del otro lado del rompeolas era mucho más cristalina que en la playa, por lo que Leslie y yo nos aventuramos a nadar unos cuantos metros mar adentro, para disfrutar de las suaves olas que rompían contra la barrera artificial.

    Una vez que conseguimos cierta distancia nos abrazábamos para flotar libremente, permitiendo que las olas nos llevaran de nuevo hasta el talud; mientras nos fundíamos en otro apasionado beso que no terminaba hasta que nuestros pies tocaban la base del rompeolas. Sólo para volver a nadar buscando repetir nuestra romántica deriva una y otra vez ante los ojos de dos desconocidos.

    ¡Todo parecía perfecto! Sol de media tarde, un clima agradable y un mar de agua tibia con la mujer más hermosa y sensual en kilómetros. “¿Qué más podía pedir?”, pensé en mi interior, satisfecho con mi buena suerte; la respuesta no se encontraba muy lejos.

    Antes de que el sol se ocultara uno de los pescadores se retiró, posiblemente cansado a causa de su larga jornada, pues ellos llevaban ahí más tiempo que nosotros; se despidió de su amigo y prosiguió a nadar hacia la playa, dejando a el otro hombre continuar completamente solo con su pesca. O eso es lo que pensé que pasaría.

    Unos minutos después, Leslie y yo nos sentamos en el rompeolas para descansar un poco, después de haber estado nadando por casi una hora. Cuando el gringo que continuaba pescando se dio cuenta de esto, recogió el sedal de su caña, se ajustó su mochila térmica y caminó hacia nosotros con actitud amistosa.

    —¡Hola, amigos! —saludó nuevamente el gringo en nuestro idioma, obviamente al haberse percatado que nosotros hablábamos español.

    —¡Hola, buenas tardes! —saludamos Leslie y yo, casi al mismo tiempo.

    —¿How are you my friends? —preguntó el gringo con una gran sonrisa blanca en su rostro bronceado por el sol.

    —Muy bien gracias —respondí yo— ¿Y usted como le fue de pesca, ya consiguió su cena? —agregué bromeando.

    —¡Oh, no, no! —negó el gringo moviendo la cabeza de un lado a otro—. This it is just my hobby, catch one fish and let it go —explicó señalando el anzuelo vacío de su caña de pescar.

    Claro que nosotros sabíamos de qué se trataba la ‘pesca deportiva’, y aunque ésta era una afición que no compartíamos con aquel hombre, en el espíritu de la tolerancia y amistad entre nuestras naciones no objetamos nada; después de todo, nosotros tampoco éramos vegetarianos.

    —¿Y entonces que lleva ahí? —preguntó Leslie con curiosidad, señalando a la mochila térmica del gringo; donde nosotros suponíamos inicialmente que guardaba sus presas.

    —Oh honey, this is just my magic tonic for the heat of day —respondió sonriendo con actitud divertida, dejándonos completamente intrigados con su extraña respuesta.

    El gringo al darse cuenta de que no lo habíamos comprendido del todo, procedió a abrir la mochila para mostrarnos el interior de ésta; la cual entre otras cosas contenía una botella de agua a medio beber y varias latas de cerveza, todas vacías con excepción de una.

    —¡Ya entendí, para el calor! —exclamó Leslie, esbozando una pequeña sonrisa.

    Ahora sí que lo habíamos comprendido todo. La mochila térmica no era para mantener frescos los peces que hubiera conseguido atrapar, si no para mantener frías las latas de cerveza; y de esa forma combatir las altas temperaturas de ese caluroso día.

    —¿Y no tienes una para mí? —preguntó Leslie con actitud divertida.

    Como es lógico, está prohibido beber en la playa, con mucha más razón donde nos encontrábamos, sobre el rompeolas adentro del mar. El gringo sonrió por la actitud traviesa de Leslie y, después de verificar que no hubiese nadie observando desde la orilla, se paró detrás de nosotros y procedió a sacar su última lata de cerveza para ofrecérsela a mi novia.

    —Enjoy it, dear —dijo el gringo, después de abrir la lata de cerveza y pasársela a mi novia.

    Leslie tomó la bebida agradeciendo el gesto de nuestro nuevo amigo, giró la cabeza hacia mí para dedicarme su clásica sonrisa traviesa antes de beber de la lata. Una vez que dio un gran trago a la amarga bebida, no pudo evitar hacer un gesto de desagrado causando la risa del gringo.

    Aunque esa no era el tipo de bebida que mi novia toma habitualmente, ella estaba consiente que tenía que beber un poco más para no parecer grosera; después de todo, el gringo le había cedido su última cerveza gentilmente. Por lo que volvió a llevar la lata a sus labios para dar otro gran trago, soportando una vez más el amargo sabor de una bebida casi tibia.

    Leslie terminó haciendo más gestos de desagrado que al principio, asqueada por el sabor de la fermentada bebida, volviendo a causar la risa del gringo. Era imposible que mi novia siguiera bebiendo de la lata, por lo que recurrió a mí para que terminara de beberla por ella.

    —¿Gustas un poco amor? —preguntó mi novia, pasándome la lata de cerveza sin esperar mi respuesta. Era obvio que no había sido de su agrado.

    John, que era como se llamaba el gringo, se retiró un par de pasos para volver a realizar un intento de pesca; mientras trataba de impresionar a mi novia, relatando sus hazañas ‘deportivas’ de aquel día en particular; y dándonos de paso una rápida explicación de la correcta técnica de pesca con ‘mosca’, la cual era artificial.

    En cada intento que realizaba el gringo él primero recogía todo el sedal girando el tambor del carrete, luego quitaba el seguro para que el sedal pudiera salir libremente antes de levantar el brazo atrás de su cabeza con el propósito de tomar impulso. Con un movimiento de látigo de su brazo, blandía la caña de atrás hacia delante saliendo disparado el anzuelo junto con el señuelo y el flotador. Según la fuerza que le imprimía al movimiento de su brazo, era la cantidad extra de sedal que se liberaba del carrete alcanzando entre 8 y 10 metros hasta que el anzuelo se hundía en el mar; marcando el flotador el punto donde se había hundido.

    Lentamente, el gringo comenzaba a recoger el sedal, girando el tambor del carrete una vez más. Con cada vuelta, el flotador avanzaba sobre la superficie del agua y el anzuelo bajo ésta, llamando la atención de los peces que se encontraran en su camino. Una vez que un pez se hubiese enganchado en el anzuelo, éste tiraría del sedal hacia atrás desesperado luchando por su vida; indicando al pescador que había atrapado algo. Sonaba algo cruel, pero ni Leslie, ni yo realizamos ningún comentario; por el contrario, escuchamos al gringo atentamente fingiendo interés.

    El viejo hombre tranquilizaba su conciencia explicándonos, que los peces que él capturaba y liberaba tenían mayor oportunidad de tener una vida más larga; ya que como él argumentaba contrario a los humanos “los animales no suelen cometer el mismo error dos veces”, algo en lo que era imposible contradecirlo. Después de varios intentos fallidos, finalmente un pez se enganchó en el anzuelo, desatando el entusiasmo del gringo.

    —¡I got one, I got the big one! —exclamó el gringo alegre por no haber quedado en ridículo ante nosotros; después de su tediosa explicación de técnicas de pesca.

    —¡Mira amor, atrapó uno! —dijo mi novia contagiada por el entusiasmo de nuestro amigo, mientras yo seguía esforzándome por terminar de beber la amarga y tibia cerveza.

    Sin ninguna prisa, el gringo comenzó a recoger el sedal, explicando minuciosamente cada giro del carrete que efectuaba; poniéndole algo de suspenso a la situación. “Esto no podía ser más aburrido”, pensé en mi interior, desesperado por saber que tan grande era el pez que se había enganchado.

    El gringo recogía el sedal lentamente, avanzando primero con tres giros al tambor del carrete, sólo para después realizar un giro en sentido opuesto; para como él explicaba, cansar a la presa antes de sacarla del mar y así evitar tener que luchar con ella fuera del agua. ¡Cualquiera pensaría que había atrapado un tiburón blanco!

    Mi novia escuchaba con atención la explicación de el hombre; mientras observaba embelesada, la supuesta lucha entre el hombre y la bestia; nunca hubiese podido imaginar que ella pudiera tener algún interés en aquella cruel afición. Todo esto me hizo suponer, que quizás aquel viejo lobo de mar sabía más de pesca de lo que yo creía.

    Unos minutos después de tener al pez luchando por su vida, el flotador quedó justo bajo la caña, enfrente de aquel hombre. Poniendo toda la emoción posible al momento, el gringo solicitó un redoble de tambores antes de sacar del agua a su presa con un fuerte tirón.

    —¡Here is the monster! —exclamó el gringo orgulloso, echando su cuerpo hacia atrás; simulando estar realizando un gran esfuerzo físico.

    Frente a él, un pequeño pez de color gris brillante quedó suspendido enganchado por la garganta al frío y rígido anzuelo; agitando vigorosamente sus escasos 15 cm de longitud, tratando de liberarse de ese gancho de acero inoxidable. Supongo que el gringo, gracias a los tirones en el sedal ya tenía una idea del tamaño del pez que había capturado, y por eso había exagerado su hazaña con actitud casi cómica.

    Leslie observaba sorprendida con sus hermosos ojos verde esmeralda abiertos como un par de enormes platos; maravillada por la hazaña del improvisado y valiente ‘héroe’; sin detenerse a pensar en el dolor que seguramente le influía a su pequeña e indefensa presa.

    —¿Do you want to let it go, honey? —preguntó el gringo a mi novia, cediéndole el honor de perdonar la vida a la presa que ‘tanto esfuerzo’ le había costado capturar.

    Sin pensarlo mucho, Leslie aceptó la oferta; lentamente se sumergió en el agua y se deslizó cautelosamente hasta quedar bajo la caña del gringo; quien la observaba de pie sobre el rompeolas, con una actitud soberbia y orgullosa. Mi novia juntó ambas manos justo por debajo de la diminuta presa, la cual ya daba señales de fatiga deteniendo abruptamente su fútil esfuerzo por liberarse.

    El gringo colocó el mango de la caña entre sus muslos debajo de su escroto, para sujetarla firmemente con sus extremidades inferiores; en lo que utilizaba sus manos para liberar al pequeño pez de el infame anzuelo clavado en el interior de su garganta. Fue una bizarra imagen que puso a volar mi imaginación, pues daba la impresión de que aquel perfecto extraño estuviera sacudiendo su erecto pene, ¡sobre el rostro de mi amada novia!

    El gringo sujetó la cabeza del pez con sus ásperas y rudas manos; utilizando su mano izquierda para forzarlo a abrir la boca al máximo y de esa manera, extraer el anzuelo por la boca con un brusco movimiento de su mano derecha. Imposible saber que tanto sufrimiento experimentaba aquella pequeña y desvalida criatura.

    —It’s yours —dijo el gringo colocando con delicadeza el pez en las manos de mi novia, quien sonreía nerviosa.

    En lugar de que mi novia liberara inmediatamente al asustado pez en el agua, a escasos centímetros bajo sus manos, decidió fríamente tomarse su tiempo para contemplarlo con detenimiento, sin tomar en cuenta los lastimosos jadeos del pez al intentar respirar. Embriagada por esa extraña sensación que provoca la droga más adictiva que se conoce: el poder.

    —¡Mira amor, que lindo es! —exclamó mi novia, abriendo los ojos maravillada por los brillantes colores sobre el dorso del agonizante pez.

    El pez se movía débilmente, golpeando su cola contra la palma de la mano que lo mantenía cautivo, implorando a su custodia ser regresado al agua por piedad. Pero Leslie, impávida, se limitaba a seguir observándolo sin que las silenciosas súplicas la hicieran sentir un mínimo de empatía por el sufrimiento de su prisionero.

    —It is rainbow fish —explicó el gringo haciendo referencia a esa especie de pez—, they are very common here.

    Mi novia volteaba a ver al gringo ocasionalmente fingiendo escucharlo; mientras él detalladamente explicaba como distinguir a este tipo de peces en particular de otros peces de la zona.

    —¿Quieres volver al agua amiguito? —preguntó mi novia al pez con una voz tan dulce como cruel.

    ¡No lo podía creer! ¿Qué clase de pregunte era esa? ¿Acaso ella esperaba que el pez respondiera que no quería ser liberado? ¡Que prefería quedarse en sus manos y morir asfixiado! Yo observaba impotente, o al menos eso quería creer, esperando a que mi novia terminara con la tortura de aquel desafortunado ser vivo; sin entender cuál era el sentido de prolongar su sufrimiento.

    Unos segundos después, mi novia se preparó para liberarlo. Bajó su rostro hasta sus manos, simulando darle un tierno beso de despedida antes de dejarlo ir, mientras yo observaba desesperado preguntándome: “¿Por qué demonios no lo libera de una buena vez?”, perturbado por la extensa y cruel tortura del pequeño pez.

    —¡Que tengas un buen día amiguito! —exclamó Leslie, bajando sus manos al agua; sonriendo soberbia por haber controlado por unos segundos el destino de aquel desdichado.

    Tan pronto el pez sintió la fresca agua del mar alrededor de su pequeño cuerpo providencialmente recobró las energías, que segundos antes lo habían abandonado y se alejó nadando desesperado por huir de su hermosa y perversa captora.

    Aliviado recuperé el aliento que hasta ese momento había retenido voluntariamente. Ha decir verdad, creo que contuve tanto tiempo la respiración como aquel desafortunado pez. Como si espiritualmente ambos estuviéramos conectados, permitiéndome compartir no sólo su sufrimiento, sino también su deseo de venganza; mientras veía como mi novia y el gringo reían divertidos, haciendo burla de la justificada huida de su víctima.

    —Look how it swing —dijo el gringo, señalando al rastro que el pez dejaba sobre el agua durante su fuga.

    Definitivamente yo ya no podía permanecer indiferente ante esa muestra de injusticia y crueldad sobre aquel inocente ser viviente; tenía que hacer algo para dar una lección a ese par de demonios, sin importar que uno de ellos tuviera una sensual y escultural figura entallada en un diminuto bikini rojo.

    En ese momento no sabía exactamente qué haría, pero sin lugar a duda tendría que ser algo sumamente perverso y humillante, el principio básico de justicia y equilibro del universo así lo exigía. Y súbitamente, la respuesta llegó a mi mente; si mi novia y el gringo habían osado utilizar la ‘pesca deportiva’ como instrumento de tortura, yo utilizaría esa misma técnica para cobrar venganza. ¡Justicia poética en todo su esplendor!

    —¿Por qué no lo intentas tú preciosa? —sugerí a mi novia secamente, llevando la lata de cerveza a mis labios sin esperar una respuesta.

    Simulando no dar importancia al acto de crueldad del que acababa de ser testigo, sutilmente había sugerido a mi novia que intentara ella misma capturar una nueva presa; para que, de esa manera, siguiera experimentando esa intoxicante sensación de soberbia y poder que la tenía extasiada.

    Hubiese querido ver el rostro de mi novia para observar su reacción al escuchar la inusual sugerencia; pero mi papel en ese preciso momento exigía que me mostrara frío e indiferente, dando la impresión de estar completamente de acuerdo con lo que acababa de presenciar, por lo que procedí nuevamente a pegar mis labios a la lata que tenía en la mano.

    —¿Puedo intentarlo? —preguntó Leslie al gringo, con una voz dulce y suave desde su posición a los pies del hombre, casi suplicando que le diera la oportunidad de capturar a otra desafortunada presa.

    No pude evitar sonreír al escuchar a mi hermosa novia, pedir una oportunidad a su nuevo ‘mejor amigo’ para practicar su misma afición. Por primera vez en aquel día, inocentemente ella había mordido el anzuelo que yo había lanzado. Ni siquiera el sabor amargo de cerveza tibia podría evitar que mis labios dibujaran una sonrisa mezquina.

    —¡Of course honey! —respondió el gringo, extendiendo su mano derecha amablemente para ayudar a mi novia a salir del agua.

    Leslie tomó la mano del gringo y salió del agua para ponerse de pie sobre el rompeolas luciendo su escultural figura para beneplácito del hombre; quien no tuvo reparo en mostrar su admiración por el cuerpo semi desnudo de mi novia, abriendo los ojos maravillado por su extraordinaria belleza.

    —¡You are really hot! —exclamó el gringo, sin molestarse en ocultar la sonrisa de lujuria en su rostro.

    —Gracias —agradeció mi novia, volteando la mirada hacia mí para dedicarme un fugaz guiño de ojo, como si tratase de decirme algo.

    El gringo pasó a indicar a mi novia como tenía que sujetar la caña para lanzar el anzuelo. De acuerdo con su explicación el anzuelo, el flotador y la carnada sintética tenían que ser lanzados con fuerza para que éstos tiraran del sedal enrollado en el carrete. Entre más fuerte los lanzara, más sedal sería desenrollado consiguiendo así una distancia mayor, con lo que habría más probabilidades que la carnada fuera vista por alguna presa al ser enrollada, provocando que ésta se enganchara en el anzuelo al intentar devorarla. En ese momento no pude distinguir, si el gringo realmente estaba explicando su técnica de pesca o la mía propia.

    El primer intento de mi novia por lanzar el anzuelo fue un auténtico fiasco. Enredándose el sedal en su brazo al momento de blandir la caña hacia el frente débilmente. Afortunadamente, sin que la filosa punta del anzuelo se incrustara en su suave piel. Todos reímos por su patético intento.

    —¡No te rías! —amenazó mi novia bromeando—, ‘que es mi primera vez’ —agregó excusándose en el doble sentido de esa frase.

    —Dont worry honey. if ‘it’s your first time, I will be so kindy with you’ —comentó el gringo también en doble sentido habiendo captado la broma; dando a entender que él sería amable con mi novia en caso de que ella accediera a tener sexo con él.

    Leslie, sonrió nerviosa doblándose por el vientre, al escuchar la inesperada y pícara oferta del gringo; golpeándolo en la entrepierna con sus firmes glúteos accidental o premeditadamente, era imposible de saber. Mi novia dirigió la mirada hacia mí, buscando leer mi reacción, pero no la encontró; debido a que inteligentemente, yo había decidido soltar algo más de sedal para confundir a mis dos presas.

    Con la excusa de bajar mi temperatura corporal, después de unos minutos al sol, me sumergí nuevamente en el agua dándole la espalda a mi novia. “No necesitaste ayuda para torturar un pez, pues no me necesitas para salir de ésta”, razoné en mi interior olvidándome de la lata de cerveza, la cual abandoné sobre el rompeolas.

    Obvio, al darse cuenta el gringo que disponía de algo de espacio y privacidad, decidió aprovechar la oportunidad situándose detrás de Leslie con el pretexto de instruirla mejor. Colocó su mano izquierda en la cintura de mi novia, justo sobre el nudo que sostenía la tanga a su cadera; mientras que con su mano derecha sujetó el codo del brazo derecho de ella, que era el que utilizaba para sujetar la caña.

    Como si se tratase de un maestro titiritero manejando una simple marioneta, el gringo asumió el control de los movimientos del delicado cuerpo de mi novia. Pretendiendo querer conseguir el perfecto lanzamiento del anzuelo la jalaba por el brazo hacia atrás, haciendo que mi novia recargara su espalda desnuda en el bronceado y velludo pecho de su instructor; mientras mantenía la mano izquierda bien firme en la cintura de ella.

    Posición que el gringo mantenía por sólo unos segundos, antes de invertir los vectores de fuerza, provocando que mi novia impulsara su torso hacia el frente, a la vez que arrimaba la cadera a la suya descaradamente. Una lección de pesca que está de más decir, que el gringo efectuó más de una vez, ¡muy lentamente!; disfrutando del casual contacto entre sus ásperas manos y la suave y delicada piel de mi novia, junto con el inevitable choque de caderas.

    Yo continué nadando un par de metros lejos del talud, fingiendo no notar esos ‘accidentales’ roces, dando oportunidad a que estos subieran de tono. “Apuesto a que al viejo ya se le paró”, pensé nuevamente en mi interior, al ver por el rabillo de mi ojo los toqueteos entre mi novia y el gringo.

    Esa curiosidad por saber si el gringo estaba teniendo una erección mientras instruía a mi novia en la correcta técnica de pesca, tuvo el mismo excitante efecto en mí. Al sentir en mi entrepierna como mi miembro crecía sin control bajo mi bañador, luchando arduamente por librarse de la presión que la tela ejercía sobre él. Sonreí tontamente, burlándome de mi mismo por la absurda situación.

    Después del ‘intensivo’ curso de pesca deportiva que el gringo impartió a mi novia; llego el momento de que ella efectuara su examen final. El gringo quitó las manos del cuerpo de ella dando un paso hacia atrás, dándole espacio para efectuar su lanzamiento.

    —¡Mira amor! —gritó mi novia tratando de llamar mi atención a su nuevo intento.

    Yo volteé hacia donde Leslie se encontraba, de pie sobre el rompeolas exhibiendo orgullosa su escultural figura. Pero en lugar de enfocar mis ojos en su técnica de lanzamiento, los dirigí hacia su cadera la cual desde mi posición cubría la entrepierna del gringo; pues mi prioridad en ese preciso momento era saber si el gringo había mordido el sensual anzuelo frente a él ocasionándole una erección.

    Mi novia inclinó levemente su torso hacia atrás, buscando tomar impulso para su lanzamiento; y con un rápido movimiento de látigo de su brazo proyectó su cuerpo hacia enfrente, permitiéndome un fugaz vistazo a la entrepierna del gringo, la cual él sujetaba sospechosamente con ambas manos tratando de estrangular algo bajo su pantalón. ¡Su rígido y, por lo visto, enorme miembro! Yo sonreí complacido, la primera víctima había mordido en anzuelo faltaba una más.

    Leslie estaba eufórica; aparentemente su último lanzamiento había sido mejor que el anterior, o al menos eso fue lo que supuse ya que no lo pude presenciar. Viendo a mi novia saltar de alegría sobre el rompeolas, provocando que sus senos rebotaran animosamente, deduje que era el momento de que yo lanzara mi propio anzuelo para continuar con la pesca.

    Pero justo en el instante en que nuestras miradas se cruzaron, Leslie volvió a dedicarme su pícaro guiño de ojo, dándome a entender que estaba de acuerdo con lo que estaba sucediendo; haciéndome recordar nuestro juego de rol de hacía sólo un par de días.

    Aquel erótico juego en el que ensayábamos como reaccionaríamos en el hipotético caso de que ella recibiera una propuesta de algún millonario durante nuestros días de vacaciones. Por increíble que parezca, ¡parecía ser que todo estaba saliendo como lo habíamos anticipado! Exceptuando por lo del millonario, claro está.

    Y dado que por acuerdo mutuo nos habíamos prohibido en tales circunstancias hablar del asunto en lo que se desarrollaban los eventos; por lo pronto sólo podía observar, sin interferir, para ver qué tan exacta había sido nuestra predicción.

    Sin previo aviso una descarga eléctrica corrió por toda mi columna, desde la parte baja de mi nuca hasta la última vértebra de mi coxis dejándome completamente paralizado; al tiempo que una inesperada duda se plantaba en mi mente: “¿Quién de nosotros dos era realmente la presa que había mordido el anzuelo tan ingenuamente?”.

    El entusiasmo de Leslie hizo que se apresurada a recoger el anzuelo, girando demasiado rápido el tambor del carrete a tal grado que resultaba imposible que algún pez cayera en la trampa. Pero poco importó, pues mi novia se había vuelto una experta en la mecánica de pescar, por lo que no tuvo inconveniente en intentarlo nuevamente casi de inmediato.

    —Now, you are an expert, dear —dijo el gringo alabando la recién aprendida técnica de mi novia.

    —Gracias, es que tuve un gran maestro —respondió ella regresando el cumplido coquetamente.

    La puesta del sol permitió sólo un par más de infructuosos intentos de mi novia por atrapar algo. Pero eso era lo de menos, ella realmente había disfrutado las lecciones del gringo y el examen práctico.

    —Creo que ya sé que regalarte para tu cumpleaños amor —dije con una sonrisa, haciendo referencia a la nueva afición de mi novia.

    —Más te vale amor, porque pienso volver exclusivamente para seguir pescando con John —prometió mi novia al momento de regresar la caña al gringo.

    —It will great —dijo el gringo, satisfecho por la promesa de mi novia—. I will be glade to show you a little bit —ofreció gentilmente.

    —Me parece bien, ¿pero qué les parece si por el momento vamos al bar a beber algo? —pregunté, accediendo a las futuras clases particulares de pesca que mi novia recibiría a las que se referían.

    John recogió la lata que flotaba a la deriva, guardando la evidencia de su delito en su mochila, en lo que los tres cruzábamos el rompeolas al ponernos a nadar rumbo a la playa; antes de que la penumbra nos cubriera por completo. Por estar un poco cansados, el trayecto nos tomó más tiempo y energía de lo previsto.

    Al llegar a la playa nos dirigimos al bar junto a la piscina; Leslie y el gringo se sentaron en la barra en lo que yo iba a recoger la ropa que habíamos dejado en las tumbonas. Yo no tuve ningún inconveniente en ponerme mi camisa para protegerme de la briza de la noche; pero entregarle la blusa a mi novia para que se cubriera era algo totalmente distinto.

    El que Leslie utilizara su blusa para cubrirse parecía ser algo trivial, pero no lo era. Si ella me solicitaba la delicada prenda para usarla, significaba que no se sentía cómoda con seguir mostrando su cuerpo semi desnudo delante del gringo; por lo tanto, el juego de rol que previamente habíamos ensayado no avanzaría más.

    Pero si, por el contrario, ella estaba de acuerdo en continuar exhibiendo sus encantos delante de aquel hombre, significaba que mejor debía prepararme para lo que estaba por venir porque esta noche estaba lejos de terminar.

    Al momento de unirme a ellos en la barra del bar, noté como Leslie estaba sentada con las piernas cruzadas de frente al gringo, sin ningún reparo en lo poco que su diminuto bikini rojo cubría su cuerpo; regalándole una gran vista de su anatomía. Después de todo estábamos de vacaciones en la playa, ¿qué otra cosa podría vestir mi novia en esa situación?

    Ella se encontraba charlando tan amenamente con el gringo, que ni siquiera se percataba de las furtivas miradas con las que nuestro ya conocido barista, aprovechaba para deleitar sus ojos apreciando los atributos de mi novia en primer plano al momento de servir nuestras bebidas.

    Coloqué las sandalias de mi novia bajo sus pies, para que estuvieran a su alcance cuando ella nuevamente se pusiera en pie. Pero inteligentemente, decidí colocar su blusa en el respaldo de la silla donde ella estaba sentada, dejando a mi novia toda la responsabilidad de decidir el curso de nuestra futura anécdota.

    —Gracias amor —agradeció mi novia, simulando dar un beso al aire sin perder contacto visual con el gringo.

    Tomamos nuestras bebidas y nos dispusimos a brindar por la nueva amistad que había surgido en aquel día. Leslie con su elegante copa de cóctel, y el gringo y yo con un par de tarros de cerveza fría.

    —¡Cheers! —brindamos los tres antes de beber un gran sorbo de nuestras respectivas bebidas; el caluroso clima así lo ameritaba.

    Como el cóctel de Leslie tenía una gran cantidad de hielo molido, este le provocó un sorpresivo escalofrío que hizo titilar todo su hermoso cuerpo sorpresivamente. Ese era el momento de la verdad respecto a la posibilidad de materializar nuestra fantasía. ¡Todo se decidiría con el siguiente movimiento de mi novia!

    Si por un lado mi novia tomaba su blusa para cubrirse, las posibilidades de poner en marcha nuestra fantasía disminuirían considerablemente. Pero si por el otro lado, ella prefería seguir tolerando la fresca brisa de la noche y su helada bebida, vistiendo un diminuto bikini rojo que dejaba poco a la imaginación; eso significaba que esa noche íbamos por todo.

    ¿Qué escogería ella? La respuesta llegó sin demora.

    Leslie encogió su cabeza entre los hombros como un auto reflejo, provocado por el repentino descenso en su temperatura corporal al haber ingerido algo del hielo de su bebida. Sonriendo nerviosa dirigió su mirada hacia mí, como si conociendo de antemano lo que yo estaba pensando intentara responderme sólo con su mirada: “tranquilo cariño, que vamos hasta el final”.

    Quizás teníamos prohibido hablar explícitamente de nuestra fantasía, pero el lenguaje corporal de mi novia no pudo haber sido más claro.

    —¿It’s frozen, honey? —preguntó el gringo sonriente al ver la reacción de mi novia, después de haber bebido de su cóctel.

    —Of course not. It’s perfect —respondió mi novia sonriendo traviesamente; sin dejar lugar a dudas que no tenía ningún inconveniente en tolerar el frío corporal, con tal de seguir haciéndola de carnada para atrapar una presa mucho más grande.

    Por su parte el gringo tampoco perdía detalle del hermoso cuerpo en frente suyo; por lo que supuse que Leslie debería no sólo haberlo notado, sino también haberlo tomado en cuenta al escoger seguir exhibiéndose ante él.

    Yo sonreí satisfecho al escuchar la respuesta de mi novia; pues en ese momento me quedó claro, que ella tenía tantas ganas como yo de realizar la fantasía que tan diligentemente habíamos ensayado un par de días atrás. Espontáneamente abracé a Leslie para aminorar, aunque fuera por un segundo, el frío que su semi desnudo cuerpo pudiese estar experimentando.

    —¡Por una buena pesca! —exclamé, levantando mi tarro en alto para brindar nuevamente, sin estar completamente seguro si mi novia o el gringo entendían el eufemismo.

    —¡Cheers! —brindamos todos antes de dar un nuevo sorbo a nuestras bebidas.

    —¡For the most beatiful fisher! —exclamó ahora el gringo, levantando su tarro para proponer un nuevo brindis en honor a mi hermosa novia.

    Ese último brindis fue demasiado predecible desde mi punto de vista, considerando que además no había otra mujer presente en el bar. ¿A quién más podría haberle dedicado el brindis si no era a ella? Por fortuna para el gringo no nos encontrábamos ahí por su originalidad, sino más bien por ‘deporte’.

    Sin darme cuenta comencé a sentir como un bulto crecía bajo mi bañador. Gracias al cielo se trataba de mi pene y no de otra cosa. Que como si se tratase de un infame delator daba a conocer abiertamente mi sentir respecto a la actual situación en la que me encontraba, auto flagelándose dolorosamente debajo de mi ropa.

    Utilizando como excusa la cerveza que acababa de ingerir aproveché para retirarme al sanitario, el cual estaba ubicado del otro lado de la piscina, y en total privacidad liberar un poco la presión que crecía sin control bajo la tela de mi bañador.

    Tan pronto entre al sanitario, el cual se encontraba completamente vacío y casi a oscuras, me dirigí a unos de los mingitorios y desesperado me bajé el bañador; saliendo proyectado mi completamente erecto miembro. ¡No podía creer el grado de erección que había alcanzado mi pene, estaba irreconocible! ¡Lucía bestial!

    Ni un millón de juegos de rol que Leslie y yo hubiésemos podido practicar en nuestra alcoba, o fuera de ella, me hubieran podido preparar para el grado de excitación del que gozaba en ese inmundo y mal iluminado cuarto de servicio. Yo estaba totalmente fascinado por el tamaño que mi miembro había alcanzado, lo único que lamentaba es que mi novia no estuviera presente para verlo en todo su esplendor.

    “Debí traer mi teléfono”, pensé para mí, lamentándome no poder tomar una foto de mi pene que poder compartir con mi novia; lucía tan extraño y tan familiar a la vez, estaba seguro de que Leslie jamás lo creería. Me dispuse a orinar tratando de reducir la inflamación del enorme miembro que yo estaba empezando a desconocer; pero la hinchazón de éste era tal, que mi orina solamente podía ser expelida gota a gota.

    Después de casi cinco minutos de estar de pie frente al mingitorio, esforzándome inútilmente por orinar, comencé a aceptar que sólo había una forma de disminuir la hinchazón que invadía mi pene en ese momento, ¡tendría que estimular la eyaculación yo mismo!

    No es que la masturbación fuera algo ajeno a mí en aquel tiempo; de hecho, está comprobado que aún los hombres con una pareja sexual estable se siguen masturbando en el transcurso de la relación. Lo que sucedía era que desde que Leslie era mi novia normalmente ella era la que se hacía cargo de esta íntima tarea, y al no poder ella ‘echarme una mano’ en ese momento, tendría que arreglármelas yo solo.

    Aprovechando que nadie más estaba presente en el cuarto sanitario, me dirigí hacia uno de los cubículos con el bañador en las rodillas, pues no deseaba volver a oprimir con la ropa mi erecto miembro; prácticamente caminé como un ridículo pingüino, ¡debí haberme visto patético!

    Buscando la mayor privacidad para lo que estaba a punto de realizar entré a uno de los cubículos, específicamente el que estaba al fondo. Cerré la puerta tras de mí, me puse de pie frente al excusado y con más calma comencé a frotar mi miembro lentamente, disfrutando sin ningún pudor de toda su extensión; estando bien consciente de que no había garantía de que volviera a verlo en ese estado, ¡tenía que aprovechar esa oportunidad!

    “¿Qué haría Leslie?”, me pregunté tratando de adivinar la manera en que mi novia me masturbaría; mientras que, con mi mano derecha, seguía acariciando minuciosamente cada centímetro de mi propio miembro. Desde la base del tallo donde colgaban mis, por en esa ocasión, también enormes bolas hasta la punta de mi glande la cual remataba en una gran cabeza rojinegra; seguramente producto de la saturación de la sangre que lo invadía.

    “¡Oh cielos!”, murmuraba absorto poseído por una excitación que jamás antes había experimentado; al tiempo que mi mano comenzaba a sentir el presemen que utilicé para lubricar toda la zona de contacto entre ella y mi miembro, disminuyendo la fricción que el roce de la auto estimulación me provocaba.

    Mis lúdicas caricias eran acompañadas con imágenes mentales del cuerpo desnudo de mi novia; el cual como es obvio yo conocía perfectamente. Sus voluptuosos y hermosos senos, y sus bien redondos y firmes glúteos, eran los atributos físicos de Leslie a los que dedicaba la mayoría de mis pensamientos; al menos al principio.

    Muy sutilmente, como bandidos en la noche, se fueron introduciendo en mi mente las últimas imágenes que tenía de mi novia; sentada cómodamente en la barra del bar exhibiendo sin ningún tipo de pudor su escasamente cubierta anatomía, frente a un desconocido que le podía doblar la edad.

    Pero esa imagen no llegó sola, también estaba la remembranza de aquel erótico juego de rol que habíamos realizado días antes; en el que Leslie y yo fantaseábamos con la posibilidad de que ella me fuera infiel con un hombre mayor, preferentemente un millonario. Pero dado las circunstancias actuales no podíamos darnos el lujo de ponernos muy exigentes.

    “¡Oh cielos santo!”, exclamé una vez más implorando que aquella excitación que experimentaba no terminara, sino por el contrario, hubiese alguna forma de poder aumentarla y así poder seguir gozando crapulosamente de mi desvarío. Y para mi sorpresa, mis súplicas fueron contestadas de la forma más inverosímil posible.

    Repentinamente, la puerta del cuarto sanitario fue abierta dejando pasar al interior al menos dos personas interrumpiendo mi placentera actividad. Se trataba de dos hombres, posiblemente uno de los huéspedes del hotel y algún miembro del personal; que se disponían a orinar en los mingitorios frente a mi cubículo.

    —¿Qué tal la noche? —preguntó el huésped en español, tratando de hacer conversación con el empleado del hotel en lo que orinaban uno a lado del otro.

    —Muy tranquilo señor, hay pocas personas por ser temporada baja —respondió el empleado educadamente.

    —Sí, ya vi que sólo hay una chica en el bar —dijo el huésped refiriéndose a Leslie.

    —Así es, ella es la única chica hoy —confirmó el empleado lo dicho por su compañero de mingitorio.

    —Al menos tú la puedes ver de cerca, yo no me puedo ni acercar con ese viejo rabo verde que está con ella —dijo el huésped, en tono de queja refiriéndose al gringo que en ese momento acompañaba a mi novia—. Dime, ¿esa puta está tan buena de cerca como se ve de lejos?

    Por el curso que llevaba la conversación, supuse que el empleado debería ser uno de los meseros del bar, o posiblemente el barista que nos estaba atendiendo. ¿Quién sino uno de ellos, podía acercarse a mi novia como para apreciar su escultural cuerpo?

    —Pues la verdad… —respondió el empleado, dudando por un segundo si estaba bien traspasar la frontera de formalidad entre un empleado y un huésped— ¡está buenísima la puta esa! —remató obscenamente mandando al carajo la formalidad.

    —¡Seguro que has pasado toda la noche echándole el ojo a esa gran puta cabrón! —acusó el huésped al empleado, con una sonora carcajada.

    —¡Me he pasado toda la noche limpiando la barra frente a ella para poder ver las tetas de esa puta! —confesó el barista riendo desvergonzadamente.

    —¿Y le vistes las tetas cabrón? —preguntó ahora el huésped morbosamente.

    —¡Claro que se las he visto! —exclamó orgulloso el barista, presumiendo su indiscreción—. ¡Si esa gran puta enseña todo cada que se acomoda el bikini!

    No podía creer la forma tan soez en que el barista se estaba expresando de mi novia. “¡Definitivamente no habría propina para él!”, pensé en mi interior molesto por sus palabras. Pero, por otra parte, el gran pedazo de carne entre mis manos aprobaba lo dicho por el chico; haciéndome saber con un intermitente pulso en mi entre pierna que deseaba escuchar un poco más.

    —Pero ese viejo con quien está es el que se va a dar gusto toda la noche con esa puta —dijo el barista suspirando resignado—. ¡Seguro que hoy sí se la va a coger!

    —¿Cómo, no viene con el viejo? —preguntó el huésped extrañado, seguramente suponiendo que mi novia era una especie de acompañante, por no decir prostituta.

    —¡Qué va! —exclamó el barista, burlándose de la pregunta del huésped—. ¡Esa puta llegó con un pendejo que ni se ha de imaginar que ésta noche le van a poner los cuernos!

    En otras circunstancias, yo podría haberme sentido un poco ofendido por lo dicho por el barista. Pero la realidad es que él no podía estar más errado; ya que no era el gringo el que iba a ‘pescar’ a mi novia, éramos Leslie y yo quienes ‘pescaríamos’ al gringo, lo descamaríamos y lo exhibiríamos como trofeo esa misma noche. ¡Pobre ingenuo!

    Yo sonreí en la privacidad de mi cubículo, burlándome en mi interior de la ingenuidad del empleado del hotel. “¡¿Quién realmente era el pendejo?!”, deseaba gritarle para dejarlo en ridículo frente al huésped que orinaba a su lado. Y lo hubiese hecho, si no fuera porque mi miembro seguía pulsando frente a mí; rítmica y angustiosamente a punto de reventar. Muy probablemente, la morbosa charla en el exterior lo había excitado aún más. Comencé a sudar frío.

    Incapaz de reducir la inflamación de mi miembro, me puse a pensar en métodos alternativos para controlarlo. ¡Como deseaba tener un poco del hielo de la bebida de mi novia, para ponerlo en mi pene! “Eso seguro bajaría mi excitación”, pensé tontamente.

    Pero no era momento para entrar en pánico, necesitaba que Leslie me ayudara a regresar a la normalidad, después de todo mi miembro era su responsabilidad. Casi alucinando por la falta de sangre en mi cerebro, decidí que tan pronto esos dos hombres salieran del cuarto de servicio regresaría con mi novia y el gringo; aún con el miembro de fuera.

    Unos segundos después, mientras el huésped y el barista seguían haciendo bromas obscenas acerca de mi novia, escuché como abrían el grifo del lavabo para lavarse las manos antes de salir del cuarto.

    —Pues sí ese viejo no puede darle batalla a esa puta, ¡le voy a ofrecer mi ayuda para a cogérsela! —dijo el huésped groseramente con una falsa carcajada; haciendo alusión a que el gringo, debido a su edad, podría tener algún tipo de disfunción eréctil que le impidiera satisfacer a mi novia en la cama o en cualquier otro lugar donde ella quisiera fornicar.

    —¡Para cogerse a esa puta, yo también me ofrezco de voluntario! —dijo el barista, fingiendo también una carcajada.

    Después de que ambos hombres se hubieron secado las manos, salieron del cuarto sanitario entre risas fingidas y chistes malos en doble sentido; dejándome con una terrible excitación, mucho más grande que con la que había entrado minutos antes. ¡Irónico!

    Lentamente, volví a subirme el bañador, teniendo sumo cuidado de no lastimar el enorme y pulsante apéndice que colgaba de mi entrepierna. Quizás sólo era mi imaginación, pero juro que me faltaba el aire.

    Como pude, caminé hasta el bar, cruzando toda el área de la piscina preocupado de que alguno de los otros huéspedes notara mi vergonzoso predicamento. En retrospectiva, creo que debí haber cortado camino cruzando la piscina a nado para que la fría agua me ayudara a controlar mi excitación. Pero entiendan que en eso momento la sangre no llegaba a mi cabeza, al menos no a la que utilizo para pensar.

    Al llegar al bar noté como mi novia y el gringo reían eufóricos, bromeando amenamente de cosas sin importancia. Él había movido su silla para estar más cerca de mi novia, prácticamente la pierna de Leslie estaba bajo el escroto de aquel hombre; quién disimuladamente, apoyaba su mano izquierda en la rodilla de mi novia con la excusa de estar ligeramente ebrio.

    Y como si esa imagen no fuera lo suficientemente morbosa, para aumentar mí ya de por sí exagerada excitación, detrás de ellos se encontraba el atrevido barista; que, de acuerdo con sus propias palabras, por enésima vez limpiaba con una servilleta la barra a lado de mi novia con el propósito de apreciar sus encantos de cerca.

    Leslie y el gringo estaban tan absortos en su íntima conversación, que ni siquiera notaron mi tortuoso caminar mientras fingía tener una pierna acalambrada. Al estar yo incapacitado para sentarme, decidí quedarme de pie detrás de mi novia, en lo que alcanzaba un nuevo tarro de cerveza que gentilmente habían ordenado para mí. Después de todo, una cerveza fría podía tener el mismo efecto que una ducha fría en las condiciones en que me encontraba.

    —Amor, John nos invita a continuar la fiesta en su habitación —dijo mi novia animosamente, girando su bello rostro al darse cuenta de que yo había regresado.

    Al parecer durante mi ausencia mi novia y el gringo ya habían hecho planes para continuar divirtiéndose; la única duda que tenía es que tanto me habían considerado en esos planes. Sin embargo, “¡cómo decirle que no a esa gran puta!”, pensé en mi interior, contagiado por la obscena conversación que había escuchado entre el barista y el incógnito huésped.

    —Me parece una gran idea —asentí sonriente al desprender mis labios de mi bebida—, pero creo que primero necesitamos beber algo más fuerte —sentencié sin preguntar la opinión de mis compañeros de juerga.

    Con mirada retadora volteé a ver al barista, quién no paraba de limpiar la superficie de la barra a lado de Leslie; con los ojos bien abiertos como un par de enormes platos, ávido por no perder detalle de la escurridiza anatomía de mi novia.

    —¡Amigo, sírvenos una ronda de tequila! —ordené con autoridad sin quitar la sonrisa de mi rostro.

    Como es bien sabido, el tequila no sólo es la bebida tradicional por excelencia de México, sino también una de las que cuentan con un grado más alto de alcohol. Y es igualmente bien conocido que el alcohol tiene la mala reputación de provocar flacidez en los hombres; lo cual podía recibir con agrado en ese momento.

    ¡Nadie que no haya pasado, por una erección tan descomunal como la que yo estaba experimentando, pueden culparme por haber pensado en eso! Tenía que intentar lo que fuera, con tal de terminar con esos calambres que carcomían mi entrepierna.

    —¡Bravo amigo! —dijo el gringo, contento con la idea de que todos nos embriagáramos un poco más, sobre todo la hermosa chica frente a él.

    —¡Ahora sí vas a tomar como un verdadero macho mexicano! —desafió Leslie al gringo, con su clásica sonrisa pícara.

    —¡Yeah, I want to be a mexican macho! —respondió el gringo sin amedrentarse por el reto de mi novia.

    Amablemente el barista colocó tres pequeños vasos junto con unas rodajas de limas y un pequeño salero enfrente de nosotros; y se dispuso a llenar los vasos hasta el borde con el tequila de mayor grado de alcohol que tenía disponible. Era obvio que él también estaba conforme con que a mi novia se le subieran las copas, después de todo entre más ebria ella estuviera más desinhibida debería tornarse.

    —Tú me enseñaste a pescar, yo te voy a enseñar a beber tequila como un macho mexicano —ofreció mi novia, sin saber si realmente era necesario explicar al gringo la forma correcta de beber tequila.

    Leslie tomó una rodaja de lima con su mano izquierda, y esperó a que el gringo hiciera lo mismo; lentamente sacó su lengua para lamer el dorso de su mano, tan sugestivamente que causó que el gringo se despabilara moviendo la cabeza de un lado a otro tratando de recuperar la compostura.

    —¡Wow, It was so hottest! —exclamó el gringo sorprendido por la forma tan sugestiva, en que mi novia había lamido el dorso de su mano; posiblemente imaginando que ella podía estar lamiendo alguna parte del cuerpo de él.

    —¡Por favor, ponte serio! —exigió mi novia golpeando al gringo en la rodilla con su mano derecha.

    —I try, but it is impossible with a hot girl like you —excusó el gringo riendo descaradamente; causando que mi novia lo volviera a golpear.

    Pero el gringo no era el único que había sido sorprendido por la actitud sensual y traviesa de mi novia. Del otro lado de la barra el barista había contenido la respiración por completo; incrédulo por la erótica escena que acababa de presenciar a menos de un metro frente a él.

    Sus manos, que hace unos segundos se apoyaban sobre la superficie de la barra, desaparecieron sigilosamente. El espejo detrás de él, me permitió confirmar lo que yo ya intuía; que el barista frotaba su miembro obscenamente a menos de un metro de mi novia.

    “¡No que eras muy hombre, pendejo!”, pensé mientras sonreía victorioso, recordando como hacía unos minutos en el cuarto sanitario de manera afrentosa, el barista se había ofrecido para fornicar con mi novia. “¡Ni si quiera puedes controlar tu verga, cabrón!”, acusé en mi mente, olvidando por completo que yo estaba en la misma situación o quizás peor.

    “¡Confórmate con jalarte la verga imaginando que estas con mi novia, porque eres un pendejo si crees que te podrás coger a Leslie esta noche!”, sentencié en mi interior molesto.

    Sin esperar a que mi novia terminara de dar su tutorial, tome mi vaso de tequila para, valientemente, beberlo de un sólo trago sin siquiera pestañear; conteniendo fácilmente cualquier reflejo facial que me pudiera provocar. Esto fue fácil, considerando todo lo que había sufrido a causa de mi voluntarioso miembro.

    Continuando con su lección de cómo beber tequila, Leslie esparció un poco de sal sobre la zona de la mano que había humedecido con su lengua; de tal forma, que la sal se pegó a su mano. Sujetó su vaso de tequila con la mano derecha para prepararse a beberlo. El gringo hizo lo propio, imitando la acción de mi novia.

    Rápidamente, Leslie lamió primero la sal de su mano izquierda y procedió a dar un gran trago al vaso de tequila, bebiéndolo casi hasta al final para después chupar el cítrico que sostenía en su otra mano; desencadenando en su rostro una serie de gestos faciales, debido al ardor que la fuerte bebida provocaba en su garganta y el agrio sabor de la lima en su paladar.

    Para no quedarse atrás, el gringo hizo lo mismo, bebiendo el vaso de tequila hasta el fondo. Ansioso por comportarse como un verdadero ‘macho’ mexicano frente a mi novia. Las muecas en su rostro no se hicieron esperar, causando toda clase de graciosos gestos, que por lo rosado que se había tornado su tez capturó la atención de todos los presentes.

    El atuendo del gringo y lo fuerte de la bebida, hizo que su temperatura corporal se elevara rápidamente; viéndose obligado a despojarse de su chaleco y desabotonar su camisa, exhibiendo ante mi novia sin ningún tipo de vergüenza, su abultada barriga y flácidos senos de un hombre mayor. Ciertamente su anatomía distaba mucho de ser perfecta.

    Leslie lo observó divertida haciendo burla, de los diferentes tonos en el color de su piel debido al bronceado provocado por la exposición a los rayos del sol. Mientras el gringo aceptaba las bromas sin ofenderse de muy buen humor, simulando jugar con su abultada barriga y sus caídos senos.

    —My boobs are bigger than yours, honey —presumió el gringo en tono de broma, sujetando sus propios senos con ambas manos, animado por el alcohol.

    —Sí, son más grandes que los míos —concedió mi novia continuando con la broma; al pretender abrir el sostén de su bikini para comprobar el tamaño de sus senos, riendo alegremente.

    Una vez que mi novia paró de reír colocó su vaso nuevamente sobre la barra cruzando miradas con el barista, quien al parecer seguía excitado, dado la posición de sus inquietas manos.

    —¡Vuelve a llenarlo! —exigió mi novia olvidando sus modales.

    El barista no tuvo otra opción, más que dejar de masturbarse para llenar nuevamente los vasos con tequila. Sin embargo, tan pronto los llenó, volvió a bajar sus manos para continuar masajeando su miembro en total clandestinidad. En el fondo lo envidiaba, pues aunque los dos estábamos en la misma situación con nuestros miembros tiesos como palos, él mínimo podía acariciarlo para apaciguar sus ansias.

    Una vez más volví a vaciar mi vaso de tequila directamente en mi garganta, buscando que el alcohol me ayudara a ignorar la parálisis fálica que me acongojaba. Fue inútil, mi pene seguía duro como una roca. Angustiado, por un momento llegue a pensar que sería mejor que me fuera yo solo a masturbarme a la habitación; dejando a mi novia la total responsabilidad de realizar nuestra fantasía con el gringo. “Después ella me compartirá los detalles”, pensé.

    —¡Cheers! —dijo mi novia sonriente, antes de volver a beber su tequila en el modo tradicional.

    —¡Cheers! — repitió el gringo, siguiéndole el paso.

    Ese último trago los golpeó a los dos con más fuerza. Ya no sólo eran los gestos faciales de mi novia y el gringo de los que se apoderaba, sino también de su sentido del equilibrio. Leslie se recargó hacia el frente hasta apoyar su mano izquierda en el muslo del afortunado juerguista, quién también se agachó sobre ella abrazándola con su mano libre; y aprovechando esa cercanía para murmurarle directamente en el oído.

    De pie detrás de la silla de mi novia no alcanzaba a escuchar lo que el hombre le decía; sin embargo, tenía mi propio espectáculo, pues aún con la vista borrosa podía ver como el barista no soltaba el bulto bajo sus ropas, manoseándose a sí mismos con mayor intensidad. Una vez que el gringo hubo hablado, Leslie asintió con su cabeza accediendo sumisamente a cualquiera que hubiese sido la petición del hombre; sin parar de reír en lo que recobraba su compostura.

    —Amor… quiere que… vayamos a su habitación de una vez —dijo mi novia girando su rostro hacia mí; con voz entre cortada debido al alcohol.

    —Como ustedes quieran —respondí a mi hermosa novia, siendo condescendiente a su petición—. ¿Quieres… que los acompañe… o prefieres ir tu sola? —pregunté ahora yo, tratando de escaparme cobardemente para ir a masturbarme a nuestra propia habitación.

    Por el alcohol, no recuerdo el nivel de volumen en que yo estaba hablando en ese preciso momento. Pero dada la expresión en los rostros del gringo y el barista, supongo que debió haber sido lo suficientemente alto como para que ambos escucharan lo que yo acababa de insinuar a Leslie.

    El barista abrió los ojos como dos enormes platos, incrédulo por lo que yo estaba dispuesto a conceder. Después de todo, ¿qué hombre en su ‘sano juicio’ estaría dispuesto permitir que su novia, bajo los influjos del alcohol, acompañara a un desconocido a su habitación del hotel?

    El gringo, por el contrario, sonrió visiblemente entusiasmado por mi actitud relajada y complaciente para con ellos. Obviamente no se esperaba esa respuesta de mi parte, ¡ni en un millón de años! Entusiasmado, se apresuró pedir otra ronda de tequila, sin esperar a que mi novia respondiera o, mejor dicho, anticipando su respuesta.

    —Anothers drinks, please —solicitó el gringo al barista alegremente, golpeando la barra.

    Francamente hablando, aunque el gringo podría estar muy agradecido conmigo, en realidad yo había hecho esa extraña sugerencia pensando solamente en mí; pues yo no sabía cuánto tiempo tendría que pasar para eyacular en caso de acompañarlos, lo que sentía me urgía realizar. Mi condición era tal que, aunque deseaba con todo mi ser presenciar la culminación de nuestro erótico juego de rol en tercera dimensión, estaba dispuesto a esperar a una próxima ocasión.

    —¿Estas… seguro? —preguntó mi novia cabeceando a punto de romper nuestro mutuo acuerdo de no preguntar la opinión del otro respecto a consumar una fantasía; formulado específicamente para este tipo de circunstancias.

    —Si amor, muy seguro, tengo un pequeño asunto que arreglar —respondí bromeando, en doble sentido refiriéndome a mi erecto pene—. Bueno ni tan pequeño —agregué riendo.

    Sin entender mi broma, Leslie tomó el vaso de tequila que acababa de llenar el atónito barista, y sin tener nada más que objetar lo levantó en alto para acompañar un nuevo brindis propuesto por el más que feliz gringo.

    —¡Cheers! —brindó ella sonriente.

    Sin el protocolo de la sal y la lima, los tres bebimos el último vaso de tequila hasta la última gota, soltando una fuerte carcajada al final. Una vez que nos repusimos de los efectos inmediatos que la ardiente bebida nos había provocado, el gringo dio instrucciones al barista para que cargaran la cuenta a su nombre y llevaran la botella a su habitación donde continuaría la fiesta con mi novia.

    Resulta que John, o el gringo, era residente de un pueblo del centro de Texas. Y como muchos otros residentes del interior del estado, gustaba de tener una propiedad en la isla para vacacionar los fines de semana. En el caso de John, él tenía un tiempo compartido en el hotel, el cual le permitía disponer de una habitación varias semanas al año. Y aunque normalmente se hacía acompañar por su esposa, en esa ocasión había decidido viajar sólo para practicar la dichosa pesca deportiva.

    —¿Seguro… no quieres acompañarnos? —preguntó una vez más mi novia, con un grado más alto de ebriedad; en lo que bajaba los pies para buscar sus sandalias tanteando el suelo a ciegas.

    —Seguro amor —respondí, sujetando su rostro con ambas manos para darle un tierno beso en la frente—. Diviértete preciosa —agregué aceptando tácitamente que esa noche tenía mi permiso ‘no solicitado’ para hacer y deshacer lo que se le antojara.

    —De acuerdo… —asintió mi novia satisfecha con mi condescendencia—. No me esperes… despierto —sentenció con una pícara sonrisa, dando a entender que no pensaba regresar hasta el amanecer.

    ¡Esa última frase de mi novia disparó los latidos de mi corazón a mil! No podría creer el grado de excitación que la idea de que mi novia me fuera infiel con un desconocido me podía provocar. En un segundo, el efecto disuasorio que los litros de alcohol pudieron haber tenido en la rigidez de mi pene, habían desaparecido con esa corta frase pronunciada por Leslie. Mi miembro estaba a punto de explotar.

    ¡Cómo deseaba bajarme el bañador para dejar a mi pene al aire libre y así terminar con mi tortura! ¡Pero todavía no era el momento! Primero tenía que esperar a que mi novia y el gringo se marcharan a la habitación de él; pues no quería parecer grosero o mal educado.

    —Nos vemos… amor… —dijo Leslie al despedirse, abrazándose al gringo para no caer al caminar.

    —Adiós amigo —dijo el gringo secamente, asiendo a mi novia fuertemente por la cintura sin poder quitar la sonrisa de felicidad que se había apoderado de su rostro.

    Entre tumbos, la alegre pareja salió caminando rumbo al ascensor, sin que ninguno de los dos recordara tomar la blusa de mi novia del respaldo de la silla. “No tiene ningún sentido”, pensé recapacitando en lo fútil que sería la acción de postergar su partida para entregarles la prenda color turquesa; suponiendo, sin temor a equivocarme que tan pronto llegaran a la habitación el gringo se encargaría de desnudar a Leslie.

    Incapaz de caminar en ese momento a causa del enorme tronco entre mis ropas, decidí sentarme a beber otra cerveza antes de retirarme a mi habitación; bajo la mirada curiosa del desconcertado barista.

    —Su novia es muy hermosa —dijo el chico, con una pícara sonrisa, tratando de romper el hielo al momento de servirme un nuevo tarro de cerveza.

    —Gracias, pero esa puta no es mi novia —mentí ingeniosamente, para evitar tener que dar explicaciones de lo que acababa de suceder—, sólo es una amiga.

    —Oh, disculpé señor, me quedé con la impresión de que ustedes eran pareja, cuando los observé esta tarde jugando en la piscina —dijo el barista, confesando que nos había estado espiando horas antes, mientras Leslie y yo jugueteábamos cariñosamente en el agua.

    —No te disculpes amigo, para mí es un honor que me vean con una mujer tan hermosa como ella; además antes de bajar a la piscina me la estuve cogiendo en la habitación —dije con un tono de presunción antes de dar un nuevo trago a mi cerveza.

    —Qué suerte tiene señor, como me gustaría cogerme a una mujer así de buena como su amiga —dijo el barista suspirando con envidia.

    “¡Qué clase de pendejo es este tipo, si piensa que puede cogerse a Leslie, no que era muy hombre!”, pensé burlándome en mi interior de aquel humilde chico; el mismo que momentos antes, muy seguro de sí mismo, había estado fanfarroneando en el cuarto sanitario con la absurda posibilidad de fornicar con mi novia.

    —¡Llegaste tarde amigo, ese pinche gringo rosado te la ganó! —sentencié riendo en tono de broma, dando otro gran trago a mi cerveza.

    Apenas coloqué nuevamente mi tarro en la barra, cuando otro de los empleados, un mozo, se acercó al barista a preguntar por un pedido para una de las habitaciones. Supuse que se trataba de la habitación del gringo, pues hacía tiempo que no había escuchado sonar el teléfono para solicitar alguna bebida.

    —Claro, ésta es la botella —dijo el barista, entregando a su colega la botella de tequila de la que habíamos estado bebiendo junto con otro par de vasos limpios, unos gajos de limas y un pequeño salero, necesarios para beber el tequila de la manera tradicional.

    El empleado paso a colocar las cosas en la bandeja de servicio, la que utilizaban para llevar los pedidos a las habitaciones de los huéspedes, cubriéndolas con una brillante tapa de acero inoxidable en forma de domo. Pero antes de que el empleado partiera rumbo a la habitación del gringo, el barista se dirigió hacia mí con una curiosa pregunta.

    —¿Algún recado para su amiga? —preguntó el barista con una sonrisa burlona, antes de despachar a su compañero.

    Por lo visto, el barista trataba de hacer burla de mi condición de cornudo frente a su compañero sólo por diversión, aprovechando que yo estaba un poco ebrio. Él estaba jugando sucio, obvio yo no pensaba concedérselo tan fácilmente.

    —¡Sí! —respondí maliciosamente, en lo que tomaba la blusa de mi novia del respaldo de la silla para colocarla en la bandeja de servicio—, ¡dile que se le olvidó esto y exige que te den una buena propina! —agregué riendo burlón, sin amedrentarme por la broma que el barista intentaba hacer a mis costillas.

    Ambos empleados rieron abiertamente aceptando la broma con que les acababa de responder; con toda la naturalidad del mundo el mozo introdujo la blusa de mi novia bajo la cubierta de la bandeja; y se apresuró a retirarse para realizar la entrega, en lo que el barista seguía riendo frente a mí, incrédulo por la inverosímil situación. Mientras yo, sin inmutarme, continuaba bebiendo mi cerveza.

    —Disculpe la pregunta señor —interrumpió el barista desenfadadamente—, ¿cree usted, que un muchacho como yo, tuviera alguna oportunidad de coger con su amiga? —preguntó descaradamente tomándome por sorpresa.

    ¡Como era posible que me hubiese hecho semejante pregunta! Quizás confiado en que yo no me encontraba en mis cinco sentidos, se había envalentonado para derribar todas las barreras de la formalidad huésped-empleado.

    —Existen dos formas de cogerse a una puta como mi novia —respondí bajo los efectos del alcohol, olvidando que minutos antes había negado que Leslie era mi novia—: ¡con una gran cartera o una gran verga! —sentencié burlón, suponiendo que él no contaba con ninguna de las dos.

    El chico rio echando la cabeza hacia atrás complacido por mi indecente respuesta; y arrojó bruscamente el trapo con el que, una vez más, estaba limpiando la barra frente a mí.

    —Pues entonces, ¡creo que sí tengo oportunidad de cogerme a su novia! —presumió el chico dando un paso hacia atrás, para que yo pudiera apreciar como sujetaba con ambas manos el bulto en su entrepierna con actitud altanera; dando a entender que él estaba muy bien dotado, anatómicamente hablando—. Sólo necesito que me ayude para estar a solas con ella —agregó desvergonzadamente, tomando ventaja de mis propias palabras.

    Yo solté una fuerte carcajada al presenciar la bipolaridad de aquel chico. Por un lado, fanfarroneaba ser todo un semental y un segundo después solicitaba mi ayuda para conseguir fornicar con una mujer. ¡Era tan patético!

    Yo no pensaba desaprovechar la oportunidad para divertirme a costa del barista; después de todo, él también había intentado hacer burla de mí persona momentos antes. Y si para eso podía utilizar a Leslie como carnada mucho mejor; al fin y al cabo, ¡era un fin de semana de pesca deportiva!

    —¿Y qué tal si en lugar de ayudarte para que te encuentres a solas con mi novia, prefiero quedarme para presenciar cómo te la coges? —pregunté con un tono de voz pícaro y pervertido, que hasta ese momento solía utilizar exclusivamente en la intimidad con mi novia durante nuestros eróticos juegos de rol.

    —Pues yo no tendría ningún problema con eso, señor. Estoy muy seguro de que usted disfrutaría ver cómo me cojo bien duro a la puta de su novia —dijo el barista muy confiado en su virilidad, provocando que ambos soltáramos una muy fuerte carcajada.

    Me agradaba la actitud fanfarrona y obscena con que este chico se expresaba para solicitar mi ayuda. La manera en que bromeaba con la posibilidad de fornicar con Leslie, a quien no tenía reparo de calificar de puta a la menor oportunidad, era muy simpática y morbosa.

    —Me parece perfecto —asentí, dando a entender que estaba completamente de acuerdo en cerrar el trato; en el cual yo me comprometía a ayudarlo para que pudiera tener sexo con mi novia, siempre y cuando yo consiguiera un ‘asiento en primera fila’ para tal evento.

    Toda esta erótica platica había puesto nuevamente mi miembro a punto de explotar; tal pareciera que esa noche ninguna cantidad de alcohol en la sangre, lograría disminuir la imponente erección que se había apoderado de mis ‘partes nobles’. ¡Estaba súper excitado!

    Sin que lo pudiera yo prevenir, una nueva fantasía se plantó en mi mente: ¡la oportunidad de presenciar como este animoso chico fornicaba con mi novia en frente de mí! Algo que sin lugar a duda me permitiría disfrutar de una gran dosis de morbo; después de todo, mi novia no tenía por qué ser la única que se estuviera divirtiendo en ese momento.

    Antes de que el barista y yo pudiéramos continuar con nuestra excitante conversación, el mozo que hace un momento se había llevado la botella de tequila junto con la blusa de mi novia a la habitación del gringo regresó con una sonrisa mordaz en su rostro. Colocó la bandeja de servicio con la tapa sobre la barra frente al barista para después susurrarle algo directamente en el oído.

    El barista forzó una sonrisa, acompañándola con un gesto de incredulidad, al escuchar lo que su compañero le había dicho en secreto. Se inclinó hacia la bandeja, levantando la tapa levemente hacia él con el objetivo de echar un vistazo a lo que se ocultaba bajo ella.

    Una vez que el chico hubo satisfecho su curiosidad, de forma brusca dejó caer la tapa de metal mientras reía abiertamente, doblándose de risa por la mitad al contraer su vientre; mientras yo lo observaba desconcertado por su inusitada reacción.

    Después que el barista recobró la compostura limpió las lágrimas de sus ojos para chocar los puños con su compañero en actitud de complicidad, e indicarle que se podía retirar. Inmediatamente después clavó sus ojos en los míos empujando la bandeja hacía mí con actitud burlona.

    —Aquí hay una entrega para usted señor —dijo el barista en tono de broma, dibujando una perversa sonrisa en sus labios.

    Ansioso por averiguar cuanto antes a que se debía la abrupta reacción del chico, levanté la tapa de acero inoxidable sin más preámbulo, dejando al descubierto lo que se ocultaba bajo ella. Una vez que pude distinguir lo que se escondía en su interior, solté una fuerte carcajada echando la cabeza hacia atrás bruscamente perdiendo el equilibrio casi hasta el punto de caer de espalda.

    Se trataba de la misma prenda que yo había enviado a Leslie, su blusa turquesa; ¡junto con su diminuto bikini rojo! ¡No daba crédito a lo que mis ojos veían, la ropa de mi novia servida en una fina bandeja plateada, como si se tratase de algún delicioso postre! Si en algún momento yo había tenido alguna duda de que tan lejos había llegado mi novia con el gringo eso había quedado atrás. Ahora no había ninguna duda de que mi novia se encontraba completamente desnuda en la habitación de aquel hombre; y como es de suponerse, no hay muchas opciones a la hora de imaginar como pudieran estar divirtiéndose.

    Pero eso no era todo lo que la bandeja de servicio revelaba. En la charola, junto a la ropa de mi novia, también se encontraba la tarjeta de seguridad que abría la puerta de habitación del gringo, donde me imaginaba ella estaba gozando con el hombre. Esto sólo podía significar una cosa. ¡Una invitación al portador para unirse a ellos en la diversión!

    Quizás mi novia al momento de recibir su blusa supo inmediatamente que yo debí habérsela enviado. Y jugándome una broma decidió retornarla junto con su traje de baño y la tarjeta de seguridad; para hacerme saber que en ese preciso momento no necesitaba estar vestida, pero que si quería unirme a ellos era bienvenido. O quizás el gringo, por ser un hombre mayor, no era capaz de darle suficiente batalla en la cama; y ésta era la forma en que ella estaba solicitando refuerzos para que alguien la satisficiera.

    Desafortunadamente para mí en ese momento no podía aceptar tal invitación. Pero si ella quería otro compañero de fiesta para continuar divirtiéndose en la habitación del gringo, era mi deber conseguírselo. Afortunadamente sabía dónde encontrarlo.

    —Querías una oportunidad para coger con mi novia, pues aquí está —dije con actitud generosa tomando la tarjeta del gringo y arrojándola en dirección del barista, quien la atrapó en el aire sin dificultad.

    —¿Es en serio? —preguntó el barista sin dar crédito a mi oferta.

    —¿Te la quieres coger o no? —pregunté molesto por esa repentina actitud de duda.

    —Sí, claro que sí —respondió al reconsiderarlo.

    ¡No podía creer lo que yo acababa de realizar! Había otorgado a este humilde chico la oportunidad de fornicar con una mujer, que en otras circunstancias estaría totalmente fuera de su alcance: mi hermosa novia Leslie. Si hubiera un premio Nobel a la generosidad seguro yo sería el ganador.

    Una vez más el nivel de morbo en el ambiente se incrementó, provocando que mi miembro volviera pulsar, desesperado por liberarse de mis opresoras ropas. Ya no lo podía soportar, tenía que ir a mi habitación para masturbarme inmediatamente; ya no tenía tiempo para seguir divirtiéndome a costa del barista.

    —Perfecto, sólo quiero pedirte que primero me hagas un pequeño favor —condicioné mi oferta.

    —Lo que usted quiera señor —respondió el barista sin pensar.

    “Pobre imbécil”, pensé, seguro estaba tan desesperado por ir a fornicar con mi novia que yo pudiera haberle pedido cualquier cosa y él hubiera aceptado sin dudar. Para su fortuna yo sólo tenía una cosa en mente.

    —Que me lleves primero a mi habitación, estoy tan ebrio que no creo que pueda caminar —mentí hábilmente, para no confesar que el tronco en mi entrepierna me impedía caminar con normalidad.

    —Por supuesto —aceptó el chico.

    El barista hizo una llamada telefónica para pedir a un compañero que lo cubriera. Abandonó la barra, y colocando mi brazo izquierdo por encima de sus hombros me ayudó a caminar hacia mi habitación, ante la vista de los escasos juerguistas que presenciaban extrañados la escena; quizás no tanto, pues debe ser normal que uno que otro trasnochador se pasé de copas durante sus vacaciones.

    El camino a mi habitación fue bastante tortuoso, incapaz de flexionar correctamente los muslos arrastraba la pierna derecha, donde mi miembro se encontraba pegado como una inerte viga que no daba señales de ceder; crujiendo dolorosamente a medida que ambos avanzábamos. Afortunadamente había un ascensor para subir hasta la habitación.

    Con la baja ocupación y el procedimiento de rotación de habitaciones del hotel; era de esperarse que la habitación del gringo y la mía se encontraran en el mismo piso, a un par de puertas de distancia de hecho.

    —¡Suerte que ambas habitaciones están en el mismo piso! —dijo el barista imprudentemente en tono de una sosa broma.

    “Sí, que suerte”, pensé sin responder con una mueca de angustia, esforzándome por ocultar mi erección.

    Ignorando el comentario del chico, pasamos junto a la habitación donde se suponía que Leslie y el gringo se encontraba fornicando. Quizás fue sólo mi inquieta imaginación; pero casi puedo jurar que alcancé a escuchar el inconfundible jadeo que mi novia acostumbraba emitir durante el sexo.

    ¡Como me hubiese gustado detenerme para echar un vistazo!, después de todo teníamos la llave de seguridad. Pero no, en ese momento me urgía llegar a mi propia habitación.

    Entregué mi tarjeta al barista para que abriera la puerta de la habitación; ya ha dentro, él prácticamente me arrojó sobre la cama sin detenerse a encender las luces; desesperado por salir corriendo para unirse a mi novia y el gringo. Tampoco era como que yo planeara demorarlo más; tan pronto cerró la puerta tras de sí, baje mi bañador hasta las rodillas bruscamente.

    —¡Mierda, carajo! —maldecí al sentir el áspero roce de la tela de mi bañador sobre la sensible piel de mi miembro.

    Un sudor frío cubrió mi frente en lo que mordía mis labios y cerraba los ojos tratando de conseguir que la habitación dejara de girar a mi alrededor. Mientras esperaba, a que ese sorpresivo dolor, producto de mi imprudencia, pasara.

    —¡Oh, gracias al cielo, gracias al cielo! —agradecí repetidamente, una vez que el dolor se fue atenuando hasta casi extinguirse.

    Abrí los ojos y dirigí la mirada hacia mi pulsante miembro. A pesar de estar en total oscuridad, alcanzaba a apreciar fácilmente el grueso morro en que se había transformado; tal pareciera que yo había tomado alguna droga para potenciar la erección, lo cual no era el caso. ¡Estaba impresionante!

    Con pequeñas patadas removí el bañador de mis piernas; mientras desabotonaba torpemente mi camisa, para terminar desnudo sobre la cama en la más íntima privacidad; dispuesto a gozar con una auto estimulación que me provocara el más sublimé de los orgasmos. Mi caprichoso miembro así lo exigía.

    Como es bien sabido, la masturbación más que un acto físico es un acto mental. Por lo que, para un mejor resultado, hay que valerse de las imágenes eróticas más excitante que uno tenga a su disposición para ésta tarea. Afortunadamente yo tenía material bastante fresco para ésta morbosa labor: ¡la imagen mental de mi novia fornicando con dos desconocidos a un par de habitaciones de distancia! Eso debería bastar.

    Hacía rato que la punta de mi glande había estado escupiendo líquido preseminal, el cual no tuve ningún reparo en usar como lubricante para reducir la fricción entre mi pene y mis manos. Lentamente comencé a frotar mi miembro con mi mano derecha, mientras que con la izquierda acariciaba mis también enormes bolas jadeando de placer.

    La sensación sobre la piel expuesta de mi enorme pene a medida que mi mano subía y bajaba impregnándolo todo de esa viscosa sustancia era excepcional. El olor de mi propio semen hizo simbiosis con las imágenes más inverosímiles que mi cerebro era capaz de concebir: mi hermosa novia siendo fornicada por dos hombres a la vez, uno joven y otro mayor. ¡El placer era descomunal!

    Todo este erotismo ocasionó que mi miembro creciera a su punto máximo. “¡Como me gustaría que Leslie viera mi miembro en este momento!”, suspire resignado. Y de improviso una idea llegó a mi mente, “¿por qué no tomar una fotografía?”. ¡Eureka!, la solución a mi predicamento estaba justo al lado de mi cama, sobre la mesa de noche para ser más exacto: mi teléfono inteligente.

    Detuve por un momento mis caricias en lo que alcanzaba mi teléfono. Abrí la aplicación de la cámara fotográfica y me dispuse a capturar la mejor imagen posible de mi miembro para después compartirla con mi novia. Como me encontraba totalmente a oscuras, encendí la linterna de mi dispositivo electrónico para iluminar mi miembro, en lo que utilizaba mi mano izquierda para mantenerlo erguido sujetándolo por las bolas.

    A la luz de mi teléfono yo mismo no daba crédito de la apariencia de mi pene; es decir, sabía que tenía que tratarse de mi propio miembro, mi compañero de mil batallas, pero es que simplemente no lo podía reconocer. Como si se tratase de la versión fálica del Dr. Jekyll and Mr. Hyde.

    Pero justo antes de que pudiera accionar la cámara para capturar la imagen del ‘monstruo’, fui interrumpido por un mensaje que llegó a mi teléfono de un remitente desconocido. “¿Quién demonios podría ser tan inoportuno?”, pensé en lo que abría, más por inercia que por curiosidad, el mensaje que carecía de cualquier tipo de texto pero que venía con una imagen adjunta.

    —¡Oh mierda! —exclamé al ver la imagen que acompañaba al inexistente texto

    ¡No podía creer lo que veían mis ojos! ¡Se trataba de la imagen más erótica y morbosa que había visto en mi vida! ¡Tomada hacía un par de segundos, a escasos metros de donde yo me encontraba!

    Una fotografía de alta resolución que mostraba a una hermosa y joven mujer acompañada por dos hombres mayores, ¡completamente desnudos fornicando sobre la cama! Se trataba de mi hermosa novia Leslie y los dos pescadores que habíamos conocido ese día sobre el rompeolas.

    En la imagen se podía ver a John, tendido sobre su cama, sujetando la cintura de mi novia quien se encontraba montando su cadera cual jinete que monta un semental. Mientras que el otro pescador abrazaba a mi novia por la espalda aparentando estar penetrándola analmente.

    Al parecer, John había olvidado mencionar que su compañero de pesca, el otro gringo, compartía la habitación con él ese fin de semana. Probablemente, la excitación que le habíamos provocado con nuestro erótico juego lo había hecho obviar las necesidades de su viejo amigo. O más probablemente quizás habíamos sido nosotros los que habíamos mordido, cual ingenuos peces, su experimentado ‘anzuelo’.

    No importaba cuál hubiese sido la causa real de la omisión del gringo, el resultado había hecho que valiera la pena; la sonrisa en el rostro de la chica en la imagen que había recibido permitía saber lo mucho que ella estaba gozando en ese momento. Lucía tan hermosa y perversa a la vez. ¡Me fascinaba!

    La escultural y sensual anatomía de Leslie, contrastaba con las enormes barrigas de aquellos dos hombres mayores. Pero este sustancial contraste era lo que daba a la imagen ese toque extra de morbo y perversión. Mucho mejor que si en ella hubiera aparecido el joven barista sustituyendo a cualquiera de los dos hombres; quien, al juzgar por el enfoque, ángulo y perspectiva de la imagen, debió haber sido el encargado de tomarla.

    ¡Pobre chico!, pensé compadeciéndome del barista, quién por lo visto, tendría que esperar su turno para fornicar con mi novia, hasta que ese par de viejos ‘rabos verdes’ quedaran satisfechos. “En fin, ese no es mi problema”, pensé.

    Como si mi miembro hubiese estado esperando el recién recibido mensaje, rompiendo la gravedad un potente chorro de esperma fue disparado directamente hacia el techo salpicando toda el área a su alrededor al no contar con la energía para poder alcanzar su objetivo. Sólo para terminar desinflamándose después de casi dos horas de excitación, al momento que una descarga de placer orgásmico era desencadenada por todo mi inerte cuerpo.

    —¡Oh, mierda! —exclamé confundido entre el placer y la agonía que experimentaba.

    Por un lado, había alcanzado el más sublime y elevado orgasmo del que tenía memoria. Y por el otro lado, había perdido la oportunidad de capturar la perfecta imagen del más escurridizo de los monstruos; oportunidad que no estaba seguro de que volviera a presentarse a corto plazo.

    Frustrado solté el teléfono para poder limpiar el semen que había caído sobre mi torso. Recogiendo con las yemas de mis dedos unas pocas gotas que colocaría en la punta de mi lengua, ansioso para deducir si el sabor de mi leche había sufrido también de algún tipo de metamorfosis similar a la que mi miembro había experimentado segundos antes. ¡Juró que su sabor era celestial!

    Resignado y sin nada más que pudiera hacer al respecto, me dispuse a responder cortésmente al mensaje enviado por mi novia y sus dos nuevos mejores amigos a escasas dos puertas de distancia, con la única frase que se me ocurrió en ese momento: “Buena pesca”.