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  • Mar Sensual: Sandro, el de tierra caliente

    Mar Sensual: Sandro, el de tierra caliente

    Esta historia sucedió cuando tenía 35-36 años, período en el que estaba dejándome envolver por el sexo furtivo, la infidelidad, mi derecho como mujer a tomar decisiones desde mi perspectiva, estaba disfrutando mucho esos momentos. Amaba a mi esposo, cuidaba mi trabajo y mi imagen, era responsable en todas las áreas de mi vida, pero también disfrutaba el sexo fuera de mi relación marital. En la oficina seguían las insinuaciones de parte de compañeros de trabajo y aunque ya había tenido relaciones con varios de ellos, ninguno había sido indiscreto ni generaron situaciones que hubieran despertado dudas sobre mi imagen y mi reputación. Al contrario, seguían pensando que era inalcanzable y seguía siendo la atracción de algunos de ellos, una mujer a la que deseaban. Insisto, no soy Miss Universo, pero soy una mujer atractiva, madre de dos hijos, interesante, fiestera, trabajadora y sensual en el vestir. Estas características son las que llaman la atención de los demás.

    Con una actitud típica, algunos compañeros de trabajo me buscaban para proponerme salir a comer o ir a bailar, pero a muchos los rechacé porque eran el clásico macho vulgar, misógino y chismoso. En algunas ocasiones les señalé y reclamé de manera puntual la forma en cómo se dirigían a mis compañeras, actitud que les incomodaba, por lo que molestos, algunos dejaron de insistir.

    A la oficina, varios meses atrás, había llegado un nuevo jefe que en un principio no tenía relación directa con mi área de trabajo. Ocasionalmente me lo encontraba en el pasillo, pero sin intercambiar nada más que el saludo. Me enteré que era un sangrón que se creía mucho, desde el punto de vista intelectual ya que físicamente no era un Adonis, era un típico nerd. Sin embargo, la dinámica del trabajo me llevó a que en una ocasión tuviera que colaborar con él en un proyecto. Ahí confirmé lo que decían; sin embargo, no le permití manifestar esa actitud hacia mí. Desde el inicio marqué el límite al respecto.

    Al principio él se incomodó, sobre todo porque una mujer le ponía límites en la forma de como dirigirse y poco a poco se fue adaptando y respetando mi forma de ser. Cuando se dio cuenta de que leía el periódico que el mismo consultaba, que escuchaba buena música, que me veía leer libros en mis ratos libres, pero sobre todo cuando se enteró de que tenía una licenciatura, cambió de actitud y comenzó a tener un trato diferente hacia mí. Así, poco a poco nos fuimos conociendo más de cerca. Su nombre era Sandro, casado, con dos hijas pequeñas, de Guerrero, urbanista y le gustaba mucho la política. La mujer que le empezó a interesar era casada con dos hijos muy afable y nada tonta.

    Con el paso del tiempo la relación se fue estrechando debido a que a él lo cambiaron a mi área, pero sin llegar a ser de amistad. En la oficina nadie lo soportaba por sus poses de intelectual, pero como era el jefe lo tenían que aguantar. A mí también me chocaba esa actitud, pero sobre todo cuando manifestaba su idea de lo que debía ser una mujer. Para él, ella tenía que estar en la casa, al cuidado de los hijos y sobre todo ser fiel; decía que ninguna mujer lo merecía, salvo su esposa. En algún momento, con cierto enojo, le comenté que era una lástima tener tantos estudios y pensar así, que por eso se consideraba a los de provincia mojigatos. Este comentario lo molestó y por un tiempo guardo su distancia.

    Para su mala fortuna, necesariamente tenía que trabajar conmigo y soportar mi carácter al cual poco a poco se fue adaptando, modificando su actitud, aunque no la cambio para las demás compañeras. Así, la confianza creció soportándonos mutuamente. Noté que no le era indiferente ya que continuamente lo cachaba, sin que él se diera cuenta, observándome alguna parte de mi cuerpo: mi trasero, mis piernas o mis senos. Al principio eran ocasionales y discretas esas miradas, pero poco a poco fueron más indiscretas y más libidinosas, aunque nunca me llegaron a incomodar ya que aparentemente “no me daba cuenta”. En ocasiones provocaba que se diera su taco de ojo, principalmente para comprobar que tan ciertos eran los principios de moralidad que decía tener. En otros, lo sorprendía al voltear observándome, él reaccionaba con nerviosismo comentado cualquier cosa ante la sorpresa. Como muchos hombres, comprobé con Sandro lo que dice el dicho “cuando una cabeza se calienta la otra deja de pensar”. Eso de la fidelidad a mansalva y demás cosas moralinas eran sólo una pose, ya que lo tenía a punto sin haber hecho mayor cosa.

    Un día me invitó a tomar una copa después del trabajo, dudando acepté. Durante la tarde la plática fue amena y formal, aunque después de unos tragos encima la confianza creció. Sandro se atrevió a decirme que era una mujer guapa y atractiva que muchos compañeros de la oficina me deseaban. Me preguntó que si mi marido no me decía nada al vestir tan coqueta o que si no era celoso al permitirme ir a fiestas y llegar tarde a casa. Ese día fuí al trabajo con una falda corta que me hacía lucir provocativamente mis piernas, por lo que en diferentes momentos lo sorprendí observándolas con deseo. Yo le contesté que como cualquier hombre era celoso, pero que me tenía mucha confianza y sobre todo que éramos adultos y que teníamos la libertad de actuar con responsabilidad. Le dije “mi marido tiene su autoestima muy firme como para andar dudando de los demás”, quien es celoso es aquel que tiene complejos que no puede evitar. El comentario generó en él desconcierto, ya que indirectamente lo estaba criticando. Terminamos la última copa y salimos del lugar. Ya en la calle, pedí un taxi y me despedí de él con beso en la mejilla, no sin antes manifestarme que ojalá se repitieran esos momentos. Le contestó con una sonrisa pícara que también me gustaría repetirlos, que sólo era cuestión de que se diera el momento.

    Durante los siguientes días, Sandro se mostró más amable e interesado por mis cosas. De manera afable manifestaba su interés por platicar de sus gustos musicales, de libros o de hechos noticiosos. Yo me “dejaba querer” y permitía más su acercamiento. El pretexto para platicar conmigo no era la música u otras cosas, su intención era estar cerca para apreciar mis nalgas con mis pantalones ajustados, mis piernas cuando usaba faldas cortas o mis senos con mis blusas escotadas. Además, pude ver en diferentes momentos como él llegaba a su área de trabajo con su miembro parado, ya que se le notaba muy abultado en esa parte del pantalón, incluso noté una vez que después de estar platicando se levantó y al voltear yo discretamente a ver esa parte estaba un poco mojada, como cuando salen gotas de orina o de semen del pene. Se había estado masturbando mentalmente al estar conmigo, hasta humedecerse o venirse, pensé.

    En un principio, me sentí usada; sin embargo, también me excitó el hecho de que un hombre se podía calentar al grado de venirse con el simple hecho de platicar de cosas insulsas, incluso habiendo compañeros presentes. En algún momento me confesó, entre desconsuelo y ansiedad, que no había visto a su esposa desde hacía dos meses y medio, ya que el trabajo le exigía ocuparse los fines de semana, además de que no le gustaría perderlo por cuestiones sentimentales. Si todo iba bien, en un mes volvería a Guerrero para reunirse unos días con su familia. Pensé que tal vez el no haber tenido sexo durante ese tiempo habría provocado que su deseo por mi lo llevó a venirse en el pantalón.

    Un día hubo un convivio en la oficina para celebrar algo. Como siempre, me vestí para la ocasión, coqueta: falda corta, medias de liguero, zapatos altos, lencería y una blusa semitransparente. Llamaba la atención. Hubo comida, bebidas y música. Sandro y su jefe superior de nombre Santiago, quien también mostraba interés por mí, me sentaron entre ellos. Santiago era más vulgar y prepotente que él y mediante bromas un tanto incomodas manifestaba su intención hacia mí. Platicaban de política y demás cosas sin sentido para ese momento, hasta que pusieron música para bailar. A mí me gusta bailar mucho y en cuanto pude, me liberé de ambos cuando alguien me invitó a bailar. Por un buen rato no me senté, ya que no paraban los pretendientes para sacarme. Ocasionalmente volteaba hacia donde estaban Sandro y Santiago, los notaba molestos por no estar con ellos. No me preocupó en lo más mínimo su estado de ánimo y más bien los provoqué de manera discreta moviéndome sensualmente frente a ello.

    Cuando hubo una pausa en la música, regresé a mi lugar y noté que Santiago ya no estaba. Sandro me comentó que lo habían llamado de dirección general a una reunión. Él ya se notaba algo mareado por los tragos que había ingerido. Le pedí que me sirviera un tequila preparado –paloma- y presuroso fue a traerlo. Brindamos y me comentó que bailaba muy bien, que me contoneaba muy sensual llamando la atención de todos. Provocativamente le sugerí bailara conmigo, pero me dijo que no sabía bailar. Tomamos otras dos palomas y me sentí mareada, pero sobre todo excitada por los comentarios picantes que me hacía. Para su mala fortuna, me volvieron a sacar a bailar y yo gustosamente acepté, no sin antes terminarme de un sólo golpe mi tequila. Mientras bailaba, un compañero llamado Alejandro, con quien ya había tenido una aventura, me propuso continuar la fiesta en otro lado. Le respondí que tal vez, preguntado en qué lugar. Me respondió que conocía un sitio sobre Tlalpan, por el metro Chabacano, en donde había buen ambiente, buena música. Le respondí que al terminar la reunión le diría, ya que necesitaba hacer unas llamadas. Usé ese pretexto no para quitarme de encima la invitación, si no para darme tiempo a que tal vez se diera algo con Sandro.

    Regresé y ya tenía otra paloma en mi lugar. Me la tomé de tres tragos, debido a la sed que tenía por estar bailando. Le pedí me preparara otra mientras yo iba al baño. Me arreglé y al regresar Sandro me invitó a brindar de nuevo. Chocamos los vasos y tomé un buen trago. Seguimos platicando y se notaba más tomado, sin llegar a estar borracho. En algún momento, de manera discreta, bajé mi mirada para ver como andaba su “cosa” y noté muy abultado su pantalón, inclusive se delineaba sugerente la forma y el largo de su palo. Al verlo exclamé “hay dios mío” al ver eso, él volteó para preguntarme si había dicho algo, respondiéndole que nada, “es que me pegué con la silla en el pie”.

    En el baño, mientras me arreglaba pensé en lo que haría si Sandro me proponía ir a otro lado. Estaba caliente, por lo que le había visto y por lo coqueta que había estado con Alejandro. Imaginándome mil cosas, salí del baño dispuesta a lo que viniera.

    Sandro me propuso retirarnos de la reunión e ir a un lugar más tranquilo para platicar sin tanto ruido. Dudando si seguir la fiesta con Alejandro o “ir a platicar con él”, discretamente dirigí mi mirada a su bulto, el cual vi totalmente tieso, parado y húmedo. Aunque se me antojaba la verga de Alejandro, excitada por lo que vi decidí probar otro caramelo. Me di cuenta que Alejandro iba al baño, por lo que aproveché el momento para despedirme. Le pedí a Sandro salir después y que me alcanzara en la esquina, para evitar sospechas. Por unos diez minutos, excitada lo esperé en la esquina, tiempo en el que recibí chiflidos y expresiones sucias: “mamacita qué rica estás; sabrosa; ricura te vienes conmigo; entre otras expresiones. Por fin llegó él, dimos unos pasos, un poco tomados, buscamos un taxi, que por la hora y día tardaba en pasar, eran cerca de las seis de la tarde. Estábamos sobre Circuito Interior cuando él me dijo:

    – Me gustaría estar contigo en otro lado.

    – “Sorprendida” por lo directo de la sugerencia, le pregunté que en dónde.

    – Pues en donde esté más tranquilo el ambiente, me respondió él.

    – Caliente y con los tragos encima, le pregunté pícaramente ¿A dónde propones?

    – Pues… tardando Sandro en responderme.

    – Insistí, dime ¿en dónde?

    – Finalmente me dijo: ¿Te gustaría estar a solas conmigo?

    – Haciéndome la tonta, le dije: pues ahora estas a solas conmigo.

    – Si, pero no aquí, en otro lugar. Sacando fuerzas de si y sin pudor, me dijo: sin que te ofendas, me gustaría ir a un hotel contigo.

    – ¡Sandro! Expresé “sorprendida y ofendida”.

    – Te lo pido con todo respeto, es que me atraes mucho y quisiera hacer el amor contigo.

    – Haciéndome la difícil, le dije: sabes que soy casada y que tengo hijos.

    – Ya lo sé, por eso me atraes más. Además, te lo propongo como adultos que somos. Tengo mucha necesidad de estar con alguien, por favor.

    – Pero ¿quién crees que soy? ¿por qué me propones esto? No sé qué piensas de mí.

    – Ya te dije, eres una mujer madura, muy guapa y atractiva. Me atraes y despiertas mis deseos. Si supieras como ando a veces por ti. Perdón, pero me calientas mucho, a veces quisiera tomarte por atrás de tu cintura y pegarme, frotarme para que me sientas. Mostrándome su bulto me dice: ¡Mira cómo está por ti!

    – Le veo el bulto y le digo: ¡Qué bárbaro, andas urgido! Pensativa le respondo: mmmm, no se… ¿No crees que es muy pronto? Mmmmm, me gustaría, pero… no sé cómo seas en la intimidad, ¿Qué vas a pensar de mí? ¿Qué van a decir los demás si se enteran? ¿Y si tu esposa sabe que andas con otra?

    – Te va a gustar y no voy a pensar nada malo de ti, te deseo y me gustaría estar a solas contigo. Nadie se va a enterar, mi mujer está muy lejos y nada va a saber. Se me acercó y me plantó un beso en la boca el cual correspondí sin resistirme, pero retirándome de inmediato y volteando a los lados para ver si no nos habían visto alguien conocido.

    – Tranquilo, aquí no, nos pueden ver; dudando… no sé, “estoy nerviosa”. Me gustaría, pero no se… Mmmm, a dónde iríamos.

    – Hay un hotel a unas cuadras de aquí, vamos.

    – Mmmm… Bueno, está bien vamos.

    Nos dirigimos caminando sobre el circuito en dirección a plaza Galerías y a una cuadra de donde estábamos llegamos al hotel Del bosque. Nerviosos entramos y él pidió una habitación; compró dos paquetes de condones mientras yo me acercaba al elevador para evitar la “pena”. Me sorprendió ver los dos paquetes, preguntándome para qué compraría tantos ¿qué va hacer? Entramos al elevador y en el interior me empezó a besar con desesperación abrazándome hacia su cuerpo. Casi me atraganto con su lengua y sentí la dureza de su palo que se restregaba en mi vagina. Sandor iba con la sangre caliente, le hervía el deseo de cogerme. Nos separamos al detenerse el elevador en el piso seleccionado. Al llegar al cuarto, Sandor no podía introducir correctamente la tarjeta debido a su ansiedad, por lo que la puerta no se abría. Lo tuve que tranquilizar y le pedí la tarjeta, la introduje y se abrió por fin ésta. Entramos y nos instalamos.

    De nuevo Sandro me abrazó y me besó con desesperación. Pegaba su cuerpo al mío, encogiendo un poco mis rodillas para embarrar mejor su palo en mí. Me agarró las nalgas para sobarlas y pegarlas más a su cuerpo. Me abrazaba por el cuello y sentí como subía y bajaba sobando el palo en mi panocha. Excitada por su desesperación, lo besaba entregándole mi lengua para que se la comiera toda. Pegaba mi cintura abriendo ligeramente mis piernas para sentir más rico su bulto. Me estaba dejando fajar muy cachondamente, Sandro se movía más rápido y su cuerpo temblaba. Recordé cuando él se humedeció en la oficina con sólo platicar, pensé que se iba a venir y después tardaría en recuperar el ritmo y me quedaría caliente, por lo que con voz entrecortada y tratándome de separar le sugerí:

    – Pide unos tragos ¿sí?

    – Sandro sacado de onda y tratando de reaccionar me preguntó: perdón ¿Qué dijiste?

    – Que pidas unos tragos.

    – Dudando, ¿Unos tragos? ¿Aquí venden?

    – Supongo que sí, respondí y nos separamos.

    – Fue al teléfono y preguntó si vendían bebidas, pidiendo unas palomas. Sandro se acercó de nuevo a mí y me volvió abrazar diciéndome al oído que rico fajas, que rica estás. Vistes muy sexy.

    – Le respondí gracias, pero lo que pasa es que estás muy caliente.

    – Es que llevo varios meses sin coger y la verdad tengo muchas ganas de hacerlo. Tomándome la mano para ponerla en su bulto, me dijo ¡Mira como ando!

    – Abriendo su mano lo palpé y dije, ¡Qué bárbaro, mira cómo lo tienes de parado y húmedo! ¡Qué cosota se siente! Se ve que andas atrasado.

    – Por eso quería estar contigo aquí, para saciar mis ganas. Tengo muchos deseos de cogerte, estas muy rica y con tu falda corta y esas medias atraes mucho.

    – ¿Sólo me vas a usar para eso verdad? ¿Sólo me quieres para satisfacerte? Me quieres usar sólo para cogerme, le respondí entre indignada y provocativa, piensas que soy qué…

    – Mmmmm, no pienso mal de ti, pues si quiero cogerte, pero no solamente es eso, tú eres diferente. Sabes que te respeto y que me caes bien.

    Me volvió a besar con mucho deseo, mientras le sobaba su miembro sobre el pantalón. Podía sentir lo largo que era su verga y lo cabezona que estaba. Mientras lo besaba, pensé en la cogidota que me iban a dar con esas ganas y ese palo largo y cabezón. Desinhibida por el alcohol y por lo caliente que estaba, el “pudor” que había mostrado al principio había desaparecido. La mujer casada, fiel y respetable ahora actuaba como una hembra en celo a sabiendas de que era pretendida como un objeto para satisfacer los bajos instintos de un compañero de trabajo, que llevaba un buen tiempo sin tener sexo. Este juego me gustaba y me iba dejar llevar por sus deseos. Como con mis otros amantes, actuaría sin pudor y sería una mujer plena que le gusta excitar a los hombres con sensualidad descarada, con frases provocadoras y una actitud obediente, de sumisión a las pretensiones del amante en turno.

    Excitada, apretaba con fuerza ese bulto y metía toda mi lengua en su boca, en señal de total entrega y sumisión. En respuesta, él me desabrochó la blusa para acariciarme mis senos, bajó su boca y los empezó a besar. En su desesperación me hacía ligeros chupetones, mientras yo con la otra mano lo tomaba por los cabellos restregándolo en mis tetas.

    – No me dejes marcas, no me vayas hacer chupetones Sandro.

    – Nada más uno sí, aquí a un lado de tu seno, ¿sí?

    – No, por favor no, si se da cuenta mi marido “me mata”.

    – No se va dar cuenta, lo escondes y ya.

    Me empezó hacer uno y gemí al sentir como Sandro me succionaba mi seno, pero le volví a decir:

    – Hummm, no por favor, no me lo hagas hummm… no, no, aahhgg nooo; mmmm, no me lo hagas aahhh, aayyy nooo; bueno, pero hazlo chiquito, no tan grande, me van a regañar si me lo ven.

    Sin hacer caso a mis suplicas y con mayor deseo Sandro succionaba esa parte de mi teta tratando de formar un moretón con sus labios hasta que tocaron la puerta. Era el mesero que traía el servicio, nos separamos y me dirigí al baño. Él fue a recibir los tragos y despidió al camarero. En el baño observé en el espejo que el chupetón no era tan grande, pero iba a estar muy morado. Sonriendo, y pensando en ello, salí al cuarto en busca de él.

    Sandro tenía en la mano las bebidas y brindamos por el encuentro. Con sendos tragos nos acabamos su contenido. Me volvió a abrazar y me empezó a quitar mi blusa y mi brasier. Y le comencé a quitar el pantalón dejándolo sólo en bóxer. Su palo parado se salía de él y se lo empecé a sobar sin sacárselo, aunque su cabeza sobresalía. Después de haberle quitado el pantalón, se inclinó para besarme los senos. Los mordía y los chupaba ligeramente. Yo finalmente metí debajo del bóxer mi mano y saqué su verga para jalársela. Con los dedos limpié los jugos que había en su cabezota y se los embarré por todo el palo. Empecé a masturbarlo suavemente y después con mucha fuerza, me gusta tenerlos dominados así: sobándoles la verga para que se exciten más y se les pare toda. Sandro gimió al sentir como le jalaba el palo.

    – Que rico me la jalas Mar.

    – ¿Te gusta como te masturbo, sientes rico?

    – Si, que bien lo haces. Me haces sentir bien.

    – Disfrútalo, tienes un palo muy rico.

    Por un tiempo, Sandro dejó que lo masturbara disfrutando como se la jalaba y observándome engolosinada tallar su miembro, se lo apretaba, le limpiaba la cabeza de los jugos que salían, subía y bajaba mi mano por todo el palo, le sobaba sus huevos, como una experta lo hacía disfrutar observándolo a la cara en actitud de sumisión y para observar sus reacciones. Excitado y con los ojos cerrados, mi actuar hizo que sintiera venirse, por lo que reaccionando me preguntó:

    – Quieres que te lo meta ya

    – Seee, ya lo quiero sentir.

    – Pues acuéstate y ábrete, te la voy a meter.

    – Aahhh, seee, pero… hummm… ponte un condón.

    – ¿Qué no te gusta así, sin nada?

    – Me encanta hacerlo sin nada, natural y sentir como se vienen, pero con las ganas que tienes no ve vayas a embarazar si me los hechas, mejor ponte un condón.

    – No te va a pasar nada, lo saco cuando sienta que me vengo.

    – Hummm, no sé, estas tan caliente que mejor no, se te salen y luego…

    – No se me salen, ándale nada más tantito, para sentir como está caliente tu vagina.

    – Bueno, métemelo así, nada más tantito y si sientes que te vienes te sales por favor.

    Ante la respuesta, de inmediato dirigió su miembro a la entrada de mi vagina y levantándome las piernas a sus hombros me la metió de un solo golpe y comenzó a moverse con fuerza. Gemí de placer al sentirla toda adentro:

    – ¡Sandro, ya me la metiste toda, qué bárbaro!

    – Si… siéntela toda, ¿te gusta?

    – Seee…, la tienes muy rica, la siento hasta dentro, la tienes muy caliente.

    – Es para ti, disfrútala Mar, disfrútala.

    – Aahhh, aayyyy, así muévete, así, aahhh que rico lo haces, hummm…

    – Que rica te vez así, con las patas para arriba, que rica estas, ¿te gusta cómo te la meto?

    – Seee, disfrútame como quieras, cógeme rico Sandro. Aayyy que rico chocan tus huevos en mis nalgas, siento tu verga hasta dentro, la siento muy caliente, aahhh, tu cabeza está muy grande y caliente que rica, aayyy que rica la siento.

    Al oír mis palabras, Sandro aceleraba sus movimientos, con fuerza arremetía chocando de manera violenta contra mis nalgas. Con mis piernas en sus hombros, me acariciaba mis senos apretándolos. En ocasiones se sujetaba de mis hombros para tener más apoyo y empujar con más fuerza su palo en mi panocha; me la estaban ensartando muy rico. Él aceleró sus movimientos deteniéndose por momentos para enterrar hasta el fondo su cabeza.

    – Me llega hasta el fondo Sandro, me vas a atravesar con tu palo, aahhgg, aayyy mételo así ricooo, así, la tienes muy larga, así que rico me la metes aahhh…

    – Siéntela toda, disfruta mi palo, siéntelo hasta el fondo.

    – Si la siento, siento que va a estallar aahhh… que caliente la tienes, aahhh, síguete moviendo así…

    Pero esas palabras me hicieron reaccionar. Sentía muy grande y caliente su verga y sus movimientos eran cada vez más intensos, estaba pronto a vaciarse, por lo que ante lo desesperado que lo veía, reaccioné y lo detuve por unos momentos diciéndole:

    – Por favor ponte un condón no te vayas a venir, póntelo;

    – Fuera de si por su excitación, trataba de entender lo que le decía, eh…

    – Ponte un condón sí, le repetí.

    – Pero me voy a salir cuando sienta que voy a terminar.

    – Pero es que estás muy caliente y tal vez no aguantes las ganas de echármelos.

    – Aahhh… reclamó.

    – Por favor, esta vez no. En otra ocasión me los hechas, pero ahora no.

    – Está bien. Tambaleante y de no muy buen agrado, fue a buscar los paquetes que compró y sacó uno para ponérselo lo más rápido que pudo. Al dirigirse hacia mí, ví lo roja que estaba su cabeza a punto de estallar.

    Sandro me volvió a levantar las piernas para ensartármela de nuevo, de un solo golpe me la dejó ir y volvió a retomar el ritmo. Con movimientos rápidos y violentos, golpeaba sus huevos en mis nalgas y arremetía con fuerza, parecía que pronto terminaría.

    – Aayyy Sandro, siento rico, pero me vas atravesar, Aayyy…

    – ¿Te gusta cómo me muevo, te gusta cómo te la meto?

    – Seee, te siento muy caliente, aahhh, siento tu cosa muy grande aayyy que ricooo, aahhh…

    – Qué rica estas, qué ricas están tus nalgas, con razón todos te las ven, todos te desean, quisieran metértela como lo hago yo, quisieran disfrutar metiéndote su verga en tus nalgas, para que la sientas rico. Siéntela rico Mar, siente rico mi verga…

    – Seee, cógetelas tú, cógetelas rico, ahora son tuyas, disfrútalas rico aahhh, así, así…

    – Me voy a venir ya, me voy a venir.

    – Seee, muévete rico, vente ya, muévete rico, aayyy…

    – Aahhhh, aaahhh, me estoy viniendo, aahhh…, ya necesitaba esto, ya necesitaba venirme así…

    – Que rico siento, que rico se mueve tu palo aayyy, muévete más aahhgg seee, siento como salen tus mocos aahhh, siento rico como se mueve tu palo aahhgg…

    – Aahhh, ya me vacié, ya me vine todo.

    Después de unos momentos, Sandro se separó en cuanto terminó de vaciarse, observé su verga y el condón le colgaba de tanto semen que había echado. ¡Que bárbaro, sí que la tenías atrasada! Se dirigió al baño para quitárselo y limpiarse. Momentos después, regresó aún con su palo parado y se recostó al lado de mí. Me dijo que se había venido muy rico, que ya necesitaba sentir esto. Yo, aún no me había venido.

    Mientras platicábamos le agarré el palo para volverlo a poner firme; sin embargo, grande fue mi sorpresa al encontrarlo parado y duro como cuando se lo sobé la primera vez:

    – ¡Qué bárbaro Sandor, mira como lo tienes, parado y duro; ¡tu cabeza está hinchada y muy roja, caliente! En verdad que estás muy caliente, le decía esto mientras lo masturbaba, acariciándole cada parte de él.

    – Si Mar, la verdad ya tenía ganas de estar con una mujer para venirme. Ya necesitaba a alguien para coger, estaba muy ganoso.

    – Te creo, lo noté en la oficina, desde un día que platicábamos y vi que traías el pantalón mojado, ¿No me digas que te viniste?

    – Si, andaba caliente. Te confieso que ese día te vi llegar al trabajo temprano con tu falda corta y cuando ibas subiendo las escaleras, pude ver tus piernas y parte de tus nalgas, tus medias de liguero y tu tanga. Mientras platicábamos, recordé ese momento y me imaginaba cómo serías en la cama, que tan fogosa podrías ser.

    – Ah que canijo eres, ¿no que me respetabas?

    – Ja, ja, ja… Perdóname, pero es que no puedes pasar desapercibida cuando vistes así. La verdad es que llamas la atención y es inevitable voltearte a ver. Quizá tú no te has dado cuenta, pero muchos te voltean a ver tus caderas cuando pasas, los he visto, inclusive me han comentado: Has visto, ¡Qué rica vino Mar!

    – No seas mentiroso, no exageres.

    – En serio, por qué crees que me caliento. Te vez muy rica y la verdad que en mi caso me excitas y me caliento.

    – Qué bárbaro, tu palo sigue caliente y no se ha bajado, sigue firme, ¿Siempre eres así?

    – Si, la verdad es que soy muy caliente y tarda mi miembro en dormirse, pero tú no te quedas atrás, se ve que eres fogosa, muy cachonda.

    – Pues si, me gusta coger, se siente muy rico cuando tienes un orgasmo, me libero, siento que pierdo toda conciencia y me siento volar. ¿Qué tal si me lo vuelves hacer?

    – Con gusto, de echo toda esta plática me volvió a poner cachondo y te lo iba a proponer.

    Sandro me pidió subirme en su palo para que lo cabalgara. Gustosa me monté, pero antes le pedí que se pusiera un condón. Un poco molesto aceptó, pero me dijo que se lo pusiera yo. Me dirigí al buró y traje uno, rompí la envoltura, me subí a la cama y agarrándole la verga, empecé a desenrollar el condón sobre su palo. También lo veía sugerentemente mientras se lo ponía. Con su palo cubierto, le tomé el palo y lo coloqué en la entrada de mi vagina y de un sentón me dejé caer permitiendo que todo ese palo se metiera.

    – Aahhh, que rico se siente, que rico palo tienes.

    – Pues cómetelo todo, muévete rico.

    – Seee, lo siento hasta dentro, que rico siento aahhgg, que rico la tienes, aahhh, que rico…

    – Que bárbara Mar, que rico te comes mi palo y que ricos sentones te das. Aahhh, muérdemelo así muérdemelo, aahhh qué bárbara…

    – Aahhh que rica la tienes, que rica verga tienes, siento que me atraviesas, aayyy siento tu cabezota caliente hasta el fondo; Estoy sintiendo muy rico, aayyy que rico la paras, aahhh, ¿Te gusta cómo te lo hago?

    – Si, estás moviendo muy cachonda tus nalgas, que rico las meneas, aahhh mamacita, que rico me lo haces, cómetela toda, cómetela toda mi verga…

    Aceleré mis movimientos, sentándome con fuerza sobre el palo de Sandro, sentía que estaba a punto de venirse otra vez. Comencé a gemir más fuerte ya que estaba a punto de venirme también:

    – Aayyy, que rico estoy sintiendo, aahhh, que rico me coges, seee, see aayyy, seee, me estoy viniendo, me estoy viniendo cabrón, aayyy que rico palo me estoy echando, aahhh ya me hiciste venir cabrón, aahhh…seeeee, que ricooo…

    – Disfrútala toda, siente toda mi verga, cómetela, vente rico.

    – Aayyy cabrón, que rico me vine, que rico me la metiste, muévete, muévete más, aahhh, que rico siento tu cabezota, que rica verga tienes, aahhh, a seee, aahhgg.

    – Me voy a venir otra vez Mar, que rico te mueves, que rico mueves tus nalgas, que rico aprietas mi cabeza, me vengo, me vengo, eres una caliente Mar, aahhh, aahhh.

    – Seee, así, vente rico Sandro, siente como te la muerdo, vacíate rico aahhh, siento como los echas, aahhh, siente mis nalgas.

    – Que rico culo tienes, que rico lo mueves, ya me vacié otra vez, que bárbara eres, aahhhh, que rico coges, que rico coges, aahhh.

    Enterrando su palo en mis nalgas Sandro echaba las últimas gotas de semen, yo disfrutaba con mucho placer encajarle mis nalgas en su verga y como se la mordía. Terminaba de meneárselas, tratando de exprimirle al máximo su palo. Ambos habíamos terminado casi al mismo tiempo. Momentos después, me incliné y le di un beso cachondo en la boca y me desmonté. De nuevo su miembro aún parado con el condón lleno de semen.

    – Mira nada más, cuanto aún tenías adentro, que bárbaro ¿De dónde sacas tanto?

    – Es que la tenía atrasada, pero además tu coges muy rico, te entregas de una manera que hace que me excite más, me imagino muchas cosas, no te imaginaba así, por eso cuando termino me sale todo esto.

    – Pues se ve, pero además tú también eres muy caliente, y te excitas mucho.

    Sandro se incorporó y se dirigió al baño a quitarse el condón y limpiarse. Yo también fui, abrí la regadera para ducharme y quitarme todo el sudor y refrescarse. Sandro hizo lo mismo y juntos nos bañamos. Mientras nos enjabonábamos, nos besamos y le limpiaba su palo que aún permanecía firme. Terminamos y salimos a recostarnos. Él me sugirió pedir otros tragos y yo asentí. Por un rato permanecimos platicando sobre lo que estaban haciendo y le pedí que fuera discreto para evitar cualquier problema. Él me contestó que no me preocupara que no diría nada, que respetaría ese momento y que nadie se enteraría.

    Por un rato estuvimos platicando de cosas y le pregunté que porqué había dicho que no me imaginaba así, que a qué se refería. Él me respondió que pensaba que me gustaba coger, pero con una actitud más reservada, que no pensó que fuera tan caliente. Le encantó mi actitud para disfrutar el sexo, desinhibida, de entrega total, de coger como si no hubiera cogido hace mucho tiempo. Me sorprendió tu sensualidad y tu atrevimiento para disfrutar de mi palo, de cómo gimes y gritas cuando la tienes adentro. De cómo me masturbas y me dices de cosas. En eso, tocaron a la puerta y él salió a recibir los tragos. Regresó a la cama y brindamos de nuevo por ese momento, él se recostó junto a mí. Permanecimos así, hasta que se volteó frente a mí y le comencé a acariciar su verga. En silencio y sin hacer nada, Sandro se dejaba disfrutar y poco a poco se le fue parando de nuevo. Se volteó también y me comenzó a besar.

    Sus besos no eran tiernos, sino llenos de deseo, me quería comer toda. Nuestras lenguas se enlazaban, entraban y salían simulando un coito bucal. Yo le jalaba excitada la verga, le sobaba la cabeza embarrándole el líquido pre-eyaculatorio en todo el palo, le sobaba sus huevos, le apretaba su miembro con mucha ansiedad, con el deseo ponerlo a punto lo más rápido posible. Él jadeaba al sentir como le manipulaba su palo, el cual pronto se puso duro y totalmente parado. Al sentirlo así, aceleré mis movimientos con fuerza recorriendo toda su verga. Él se separó y se inclinó para chuparme mis senos. Los mordía con cierta intensidad, pero con suavidad. Succionaba mis pezones y los lamía con lascividad. Comenzó a succionar mis senos para hacerme chupetones, pero yo le decía que no, que no me marcara, porque se va a dar cuenta mi marido.

    – No Sandor, no me dejes moretones, me van a regañar, aaaaah… Ya me hiciste uno.

    – No te preocupes, no se van a notar, se te van a marcar poquito, decía esto mientras me chupeteaba.

    – Aaaaah, no ya no me los hagas, se me van a notar, le decía mientras excitada lo seguía masturbando con fuerza y mucha pasión.

    – Sandro sentía como a pesar de mi resistencia me dejaba chupetear, le acariciaba la cabeza con la otra mano, apretándola contra mi seno. Me hizo otros cinco chupetones grandes y morados, como si quisiera dejar su marca en el trofeo que ahora tenía en sus manos. ¿Te gusta cómo te chupo tus senos, sientes rico mamacita?

    – Seee, aahhh, siento rico, pero no me dejes marcada por favor, decía suplicante, pero sin mucha insistencia, aahhh se siente rico. ¿A ti te gusta cómo te jalo el palo, te gusta cómo te la acaricio?

    – Si, sabes masturbar muy rico, ¿En dónde aprendiste preciosa? ¿Siempre la jalas así, siempre se los haces así?

    – Ya vez, así se lo hago a mi esposo, así se la jalo cuando estoy cogiendo con él. “A nadie se lo he hecho así”.

    – No te creo, se ve que te gusta coger tienes experiencia, pero sigue masturbándome. Qué rico has de coger con él, me da envidia, aahhh que rico me tienes agarrada la verga.

    Me incliné y le comencé a besar el cuello con la intención de hacerle también un chupetón. Se lo hice sin que él protestara e incluso me pidió que le hiciera uno grande en su tetilla. Gustosa y sin dejar de acariciar su palo lo comencé a chupar, por unos minutos me quedé pegada succionando el pecho de él hasta casi dejarlo sangrado. El moretón era grande y de un rojo intenso. Con una sonrisa maliciosa volvió a besarlo en la boca y le pedí que me la volviera a meter.

    – ¿Métemela otra vez si, mira como la tienes?

    – Por supuesto, te la voy a meter otra vez, voltéate, ponte en cuatro, te voy a coger así.

    – Seeei, así me gusta mucho, seee.

    Me volteé obediente, poniéndose en esa posición, me encanta que me cojan de a perrito, me siento sucia, como si me dominaran, como si fuera una prostituta que se ofrece para que la usen, sumisa para que me penetren y se vacíen en mí, para que sacien sus deseos de poseer a una hembra a la que sólo le echen los mocos. Él me pidió que me colocara en la orilla de la cama. Así y sin ponerse un condón me acomodó su verga en la entrada de la vagina y de un sólo golpe me la metió toda.

    – Aahhh, ya me la metiste toda, que rico palo tienes, aahhh, que rico…

    – Te gusta así, te gusta que te la metan así Mar.

    – Seee, así me gusta, me gusta que me cojan por atrás, aahhh, muévete, muévete fuerte Sandro.

    – See te la voy a meter toda Mar, siéntela, disfruta de mi palo.

    Sandro comenzó a meter su verga con fuerza, agarrándome las nalgas para sujetarme mejor. Me embestía golpeando mis nalgas en cada arremetida. Sentía como me atravesaba mi vagina ese palo, sentía como sus huevos chocaban en mis nalgas. Ambos nos veíamos en el gran espejo ubicado frente a la cama, disfrutando morbosamente de esa posición. Hipnotizados, ambos nos veíamos mientras me cogía en esa posición: él empujando con fuerza y agarrando sus nalgas; yo, de manera sumisa, empujaba y meneaba mis nalgas para sentir más adentro su verga.

    – ¡Qué rico me la estás metiendo así Sandro, esta mucho que me la metan así… que me monten por atrás me gusta mucho! Aayyy me la entierras toda aahhh. ¿A ti te gusta, te gusta cómo te las muevo? ¿Te gusta cómo me veo así?

    – Siii, estas muy rica, las mueves muy rico, muy sabroso. Así me imaginé que las moverías en la cama, así… Te ves vez muy cachonda en esta posición, te vez muy excitante, te vez muy… aahhhh que rico las mueves, aahhhh…

    – ¿Qué me ibas a decir, eehhh? ¿Cómo me vez así…?

    – Mar, no me hagas decir cosas, me calientas mucho.

    – Dime Sandro, dímelo ¿Sí? Dime como me vez… aahhhh

    – Te vez como una perra en celo, así te vez con tus nalgas paradas, ansiosa de que te la metan, pidiendo que te monten. Así te vez, así se ve muy rico tu trasero, pidiendo palo.

    – Seee, así me siento, por eso me gusta que me la metan por atrás. Me gusta que me cojan así, sumisa para que un me domine hasta que se venga, que me agarre las nalgas sabroso. Aahhh, que rico me la metes, que rico chocan tus huevos en mis nalgas. Métemela más fuerte, métela duro, muévete así, aayyy que rico me coges Sandro, aayyy, así fuerte, métela toda, másss…

    – Pues aquí esta tu macho que te la está metiendo por atrás, siente mi palo, cómetelo todo, te la estoy metiendo toda, siéntela, aahhh…

    – Qué rico me estas cogiendo, que rico me la metes, dame fuerte, métemela toda con fuerza, así, así, cógeme así, aayyy que palo tienes, siento tu cabezota que me atraviesa, aahhh dame más, dámela toda, hasta dentro cabrón, me estás haciendo venir, aayyy cabrón, aayyy me hiciste venir otra vez cabrón, aahhh me estoy viniendo con tu vergota, muévete más, así… Qué rico palo, que rico palo me echo, aahhh…

    Al oír estas palabras, Sandro se excitó más. Sus movimientos se aceleraron y me agarró con fuerza las nalgas dejándolas marcadas con leves rasguños. Arremetía con fuerza para meter su verga en mi hoyo, lo que me hacía gemir con intensidad, gritaba por momentos, golosa del placer que sentía. Él no aguantaría más, sus movimientos eran más intensos y bufaba de excitación. Yo me dejaba disfrutar y había olvidado que Sandor me la había metido sin condón. Fuera de mí, golosa movía en círculo mis nalgas y me empinaba para recibir mejor su palo. Él aceleró con fuerza sus movimientos y gimiendo se salió instantes antes de venirse para vaciarse en mis nalgas.

    – Aahhh, me vengo, me vengo, aahhh, que rico me hiciste venir, que rico mueves las nalgas, que rica te vez así, como una perra que hizo venir a su macho.

    – Aayyy, seee es lo que quería hummm. Así quería hacerte venir, sentir calientes tus mocos, que me embarraras las nalgas con tu semen. Échamelos todos Sandro, échamelos todos, aahhh, que rico te viniste Sandro, disfrútame así, así me gusta que me cojan, así me gusta verme, empinada con la verga atrás, aahhh…

    – Ya me vacié otra vez, ya terminé, aahhh…

    – Seee, me echaste muchos, me dejaste empapadas las nalgas de tanto semen que echaste.

    Separándose de mí y dejándome el culo y la espalda embarrados de mocos, se acostó a un lado recuperando el aliento. Yo permanecí boca abajo por un rato, reponiéndome de la cogida que me dieron. Rato después, nos dirigimos al baño para limpiar nuestros cuerpos. Al pararme, sentí un cosquilleo al escurrir los mocos de Sandro por mis piernas.

    Regresamos a la cama y nos recostamos un rato más. Eran cerca de las nueve de la noche, llevábamos cerca de tres horas en ese cuarto platicando cachondamente y cogiendo con intensidad, parecía que él quería más. Tres palos él y dos yo eran el resultado de la batalla en ese momento. Sin embargo, le dije que era hora de irnos, comentario que no le agradó. Haciendo un vano esfuerzo por convencerme de quedarme un rato más, me “hice la difícil” y le dije que mejor en otra ocasión pasaríamos más tiempo. Resignado, pero satisfecho, aceptó y ambos nos vestimos para salir del hotel. Nerviosa de que me vieran salir de ese lugar, a pesar de la oscuridad, aceleré el paso para alejarnos y tomar un taxi. Lo tomamos sobre circuito y nos dirigimos a Chapultepec, donde se bajó él. Durante el trayecto no hubo mayor comentario y antes de llegar se despidió con un beso cachondo en mi boca. Minutos después, llegué gustosa y contenta de estar en casa con mis hijos y con mi marido.

    De esta forma, concluyó un primer episodio, de muchos otros que más adelante contaré. Sandro fue mi amante de planta por un buen tiempo, sin dejar de tener aventurillas con mis demás amiguitos.

  • Como comenzó todo con mi pareja hace 20 años

    Como comenzó todo con mi pareja hace 20 años

    Bueno a continuación les escribo un pequeño relato de como comenzó todo con la que en ese tiempo se convirtió en mi esposa, lo que les voy a relatar sucedió hace 19 años, en esa época ella contaba con 18 años y estaba cursando el grado 11, resulta que yo vivía solo y ella por problemas personales quiso irse de la casa y se fue a vivir conmigo.

    Entre los dos todo muy normal y como pareja nos entendíamos muy bien, algo que me llamo mucho la atención y me agrado mucho era lo picara que era ya que le gustaba provocar y sentirse deseada, le gustaba usar la falda muy corta y a veces me pedía que la dejara irse sin ropa interior, al principio no fue fácil, pero me arriesgue y no me arrepiento de eso porque desde ese momento comenzó un juego muy apetecido por muchos, y lo mejor era cuando salía del colegio y me comentaba todo lo que había visto y me contaba lo que le había sucedido.

    Esas tardes eran de mucho sexo y muy placenteras, me contaba que subiendo las escaleras se daba cuenta como la espiaban, que al sentarse en la silla dejaba ver más de la cuenta y hasta con amigas se iban al baño y hablaban de esas locuras.

    Todo esto me dio pie a seguir cada vez más y cada día me daba cuenta que dejar que mi novia se exhibiera, provocara a mas muchachos, y se sintiera mucho más deseada era muy placentero, y lo mejor es que solo estaba para mi en la intimidad.

    Los días pasaban y cada vez se arriesgaba mucho más, íbamos a centros comerciales y le compraba ropa muy chiquita, hilos casi imperceptibles, mini faldas muy cortas, vestiditos cortos, escotados y a veces medio transparentes.

    Ya los juegos pasaban a irse adelante sola para yo poder ver lo que ella mostraba y ver quién y cómo la miraban, cuando se agachaba sin pudor, cuando subía las escaleras, y una de las cosas que más me gusto en esa época fue como provocaba a los vendedores de zapatos cuando ella iba a probarse zapatos o botas y al alzar la pierna o separarlas para que le abrocharan los zapatos o se los ayudaran a colocar dejaba ver sus hilos pequeños o cuando no se ponía nada dejaba ver todo su esplendor. Lógicamente cuando llegábamos a la casa lo hacíamos muy rico hablando de todo lo sucedido y lo que le gustaba y lo que no.

    Para no cansarlos lo dejaré hasta acá y pronto seguirán los relatos hasta que lleguemos a la actualidad.

    Esperamos sus comentarios.

  • Feliz cumpleaños

    Feliz cumpleaños

    Me presentaré un poco para entrar en situación. Somos una pareja mas cerca de los 50 que de los 40, pero muy bien conservados. Hacemos mucho deporte y cuidamos mucho la alimentación entre semana, aunque el finde si toca salirse un poco de la dieta, lo hacemos, y aunque no somos de salir mucho, nos tomamos nuestros vinitos y cervezas de vez en cuando, y si se tercia una copa, pues también.

    Lara, mi mujer, es bajita, apenas 1,60, pelo castaño claro y largo, 48 kg, una 85c de busto y estrecha cintura, aunque algo ancha de cadera, pero a pesar de su complejo por ello, a mí, su culo, me vuelve loco, aun después de 20 años de matrimonio. Yo me llamo Miguel, mido 1,85, ando sobre 80 kg, rapado y constitución atlética, pero no definido, pero vamos, que no me cuelgan las carnes.

    En el aspecto íntimo, sin caer en la monotonía, los hijos y la vida laboral, han hecho que los encuentro sean muy esporádicos, aunque disfrutamos cada uno al máximo. Pero si es cierto, que yo necesito mas, en diversidad y mas en número de veces, hemos pasado más de un mes sin hacerlo. Yo que soy consumidor asiduo de porno, y fan de la dominación y el BDSM, lo paso francamente mal, hasta el punto de pesar incluso en la infidelidad, pero jamás le haría eso al amor de mi vida; mi anterior pareja me fue infiel, y se sufre mucho.

    Hecha la presentación paso a relatar un hecho que cambio nuestra vida para siempre. El trabajo de mi mujer en un centro comercial muy conocido, del cual no voy a decir el nombre, hace que tenga muchas amigas dentro del entorno laboral. Esta relación va mas allá del comercio, y es raro el finde que no hay un cumpleaños, un santo, cualquier excusa para quedar fuera de la tienda. De entre todas, la mejor amiga de Lara, se llama Noelia, Noe como le gusta a ella. Es algo mayor que nosotros, unos 4 años, y muy simpática. A pesar de la edad, alguna vez que coincidimos en verano, piscina y playa, esta delgada y mantiene un bonito cuerpo, además de ser súper simpática, pero nunca me llamó la atención sexualmente, como alguna otra compañera, más joven. Noe lleva separada años, y nunca le conocimos pareja, y nunca mencionó nada al respecto. Su ex, que le pego en alguna ocasión y le hizo la vida imposible, hizo que no volviera a plantearse mantener una relación más allá de un polvo esporádico para calmar el deseo, y como dice ella, sus juguetes, jamás la defraudan.

    Este finde tocaba cumple, el suyo, y decidió celebrarlo en una cabaña que tiene rehabilitada en su pueblo, que habitualmente comparte con su hermano, cazador, que es quien mas la usa, pero que llevaba unas semanas fuera por trabajo y no se le esperaba. La tarde paso entre cervezas y risas, regalos, música y bailes, y poco a poco la gente fue marchando. Eran mas de las 11 de la noche cuando terminamos e ayudarla a recoger, y dada la hora, y que no teníamos a los hijos en casa, nos propuso pasar la noche allí, y marchar por la mañana tranquilamente. Aceptamos de buen grado, y saco los licores y las cartas para matar el rato. Caímos en la cuenta de que no llevábamos ropa para dormir, pero la calidez de la cabaña y la chimenea de leña, invitaban a dormir sin nada. Varias rondas de chupitos después, el alcohol ya empezaba a hace efecto, y las conversaciones fueron subiendo de tono, además el calor de la chimenea nos tenía con poca ropa. Lara sudaba y estaba colorada, y Noe le invito a quitar el jersey que llevaba

    -No llevo nada debajo, solo el sujetador, respondió mi mujer

    Noe y yo nos miramos y nos reímos. Lara cayó en la cuenta de cuantas veces le habría visto desnuda su compañera, y por supuesto su marido, por lo que procedió a quitárselo.

    Llevaba un sujetador negro, con algo de encaje y pushup que elevaba sus tetas y le daba una forma muy sugerente

    Noe, me miro, miro a Lara, y mientras se quitaba el suyo, dijo:

    -Espero que no os importe

    No llevaba nada debajo, y dejo sus bonitas tetas a la vista. De un buen tamaño, una 95 como poco, algo caídas ya, pero muy sugerentes, dada la edad. Además sendos piercing traspasaban sus pezones, y otro su ombligo, este ya lo conocía, pero la visión, me excitó sin darme cuenta. Me sorprendí por ello. Pero mas me sorprendió el comentario de Lara, mirando su amiga y señalando mi paquete:

    -A mi no, y a Miguel creo que mas bien le gusta, jajaja

    En condiciones normales me hubiese ruborizado, pero entre el alcohol, y el calor de la chimenea no se notó.

    -Sabéis qué? Dijo Lara, a la mierda, y se quitó el suyo

    Yo no daba crédito, y menos aun cuando Noe, se le acerco y mientras le desabrochaba el pantalón, dijo:

    -Estamos en familia, no? Poneros cómodos de una vez coño! Y se lo quito dejándole solo el pequeño tanga que llevaba

    Noe hizo lo mismo y quedo de igual manera. Yo estaba absorto con la imagen de las 2 mujeres medio desnudas y la erección plena en mi pantalón ya era incluso molesta. Las dos mujeres se miraron y con una sonrisa pícara vinieron hacia mi.

    Mi mujer se arrodillo para desabrocharme el pantalón mientras Noe me quitaba la camiseta. Mi polla, completamente tiesa, como hacía tiempo que no veía, asomaba por encima del calzoncillo, y Lara, lamio el glande que deseaba salir y liberarse, mientras me los bajaba también, dejándome completamente libre. Me estremecí cuando Noe tomo uno de mis pezones en la boca y lo mordisqueo. Quise mirar a mi mujer para pedir su aprobación, pero comenzó a hacerme una mamada increíble, tragándose toda mi polla hasta notar su garganta, lo que le provocaba alguna arcada y salivar bastante.

    Lentamente, Noe fue descendiendo, lamiendo todo mi pecho, hasta ponerse de rodillas junto a su compañera y amiga, esperando que esta le permitiese compartir mi polla. Lara abrió los ojos un momento, saco mi verga de su boca muy despacio, roja y brillante de su saliva y mis fluidos, y se la acerco a la boca, que abrió golosamente para comenzar a chupármela también. No la introducía tan adentro, pero tenía una técnica impecable.

    En un momento dado, tenía ambas bocas en mi tronco, una a cada lado, lamiendo desde mi escroto a mi glande, terminando allí ambas en un profundo beso, y aquella imagen me ponía mas cachondo de lo que estaba aún. Mi polla parecía que iba a estallar de un momento a otro. Noe ayudo a Lara a tumbarse en el suelo, sobre una mullida alfombra de pelo, cerca de la chimenea y le quito el tanga, dejando su depilado pubis a la vista, mientras ella hizo lo mismo con el suyo.

    Se puso a horcajadas sobre ella, y descendió su cabeza a su entre pierna, para comenzar a lamer sus labios mientras con una mano descubría su clítoris y un dedo jugueteaba con el. Lara se estremeció de placer e instintivamente levanto la cabeza para comenzar a lamer el coño de su amiga. Me acerque por detrás e introduje mi polla en el coño empapado de Noe, mientras mi mujer alternaba su lengua entre su coño y mis hinchados huevos. Ambas mujeres comenzaron a jadear mas fuerte;

    -Me corro, me corro, no paréis, no paréis, seguir así, ah, ah, ah, ahhh dijo entre espasmos Noelia, mientras Lara, hacia lo mismo bajo mi, presa del cunnilingus que estaba recibiendo por primera vez de boca de una mujer.

    Yo no podía mas y note que me iba a correr también, di dos empellones mas muy profundos y saque rápidamente mi polla, soltando varios chorros de semen entre los labios rojos y abiertos de Noe, que se deslizaban a la boca de mi mujer, que trataba de poder tragárselo todo, aunque parte resbalo hacia su pecho. Noe se dio la vuelta y comenzó a lamer todo el semen que Lara no había podido tragar y también se afano en limpiar mi polla, que lejos de bajarse como de costumbre, seguía tiesa y roja, desafiante a mi edad y a la gravedad. La mamada de Noe, hizo que luciera de nuevo en forma, limpia y venosa lista para seguir.

    Las dos amigas se incorporaron poco a poco, y entre sonrisas picaras Noe exclamo:

    -Menos mal que solo le puse media pitufa en la copa, jejeje

    -Te dije que Miguel no necesitaba nada, o casi nada, dijo Lara

    -Ya lo veo, ya, es todo en hombre, habrá que aprovecharlo, venir, nos dijo, guiándonos al sofá

    De un baúl, saco un arnés, con un consolador negro, de buen tamaño, que colocó a la cintura de Lara. Noe se arrodillo en el sofá, con sus tetas sobre el respaldo y separo sus piernas.

    -Ven, indico a Lara, que se acercó, con el consolador en la mano y guio dentro del húmedo coño de Noe.

    Yo me acerqué a mi mujer por detrás, y le metí mi polla dentro sin ningún esfuerzo. Comenzamos a follar los 3 a la vez, la situación era muy excitante y yo estaba cachondísimo, sobre todo de ver a mi mujer tan entregada, complaciente y deseosa de dar y recibir placer.

    Estuvimos en esa postura más de 10 minutos jadeando y sudando, entregados a la lujuria y el place sin medida, cuando mi mujer entre suspiros y jadeos acertó a decir:

    -No aguanto más! Me corro otra vez, Dios, me corro, me corro!

    -Y yo, yo también, sigue no pares no pares, ah, ah, ah! Grito Noe

    Yo ni quiera fui capaz de decir nada y con una especie de gruñido, solté el primer chorro de leche dentro de mi mujer

    -Ahhh!!! Salió de mi garganta, casi ahogado

    Al ver que Lara había terminado, salí de ella y me puse en el sofá, entre las dos, donde varios chorros más salieron directos a sus caras y pelo. Terminé de correrme dentro de la boca de Noe, que había cogido mi verga entre los labios, mientras Lara lamia lo que esta dejaba fuera de su boca, golosamente.

    Cuando terminaron se fundieron en un profundo beso, que luego compartieron conmigo

    Noelia, nos cogió de la mano a los dos y nos fuimos al baño, a disfrutar de una reparadora ducha antes de irnos a ¿dormir?

    Continuará.

  • La vara y la criada

    La vara y la criada

    El ama de llaves caminó con determinación por los pasillos del caserón vestida con un traje negro, su rostro reflejando el rictus serio de quién considera al orden un dios. Tras ella, cabizbaja y nerviosa, moviéndose con sigilo como quien considera hacer ruido una ofensa, con poco o nada de entusiasmo, se dejaba llevar una de las criadas.

    Acababan de reñirla y, por añadidura, se había llevado un bofetón. La pálida mejilla, ahora colorada, escocía, pero las duras palabras y la humillación dolían más. De alguna manera había aguantado la compostura y pese a todo lo que sentía, in extremis, había logrado mantener sus ojos azules secos.

    – Vamos a ver a Don Luis. Responde a lo que se te pregunte y obedece. Tu situación laboral en esta casa depende de ello. – Espetó la de negro golpeando con los nudillos la puerta de una habitación ante la que se habían detenido tan solo unos segundos antes.

    La muchacha levantó la cabeza con toda la calma que logró reunir y respondió en algo que parecía más susurro que voz.

    – Sí señora.

    Instantes después, la voz ronca y grave del dueño se dejó oir, algo atenuada, tras la puerta.

    – Adelante, está abierto.

    La mujer que comandaba la expedición giró el picaporte y entró seguida de la joven.

    Don Luis, que se encontraba sentado leyendo un libro, levantó la vista, se quitó los anteojos y observó a la joven criada, mirándola de arriba a abajo. Luego, miró a la mujer de mayor edad y aguardó la pertinente explicación.

    – Siento molestarle Don Luis, pero la señora, como usted sabe, se encuentra en cama, recuperándose de un catarro y necesitamos que alguien imponga disciplina.

    El caballero asintió y dirigiéndose esta vez a la joven, preguntó.

    – ¿Qué tenéis que decir al respecto?

    La criada, bajando la vista para mostrarse humilde, expuso el motivo por el que estaba allí.

    – … no fue mi intención señor, le pido disculpas. – añadió a su confesión levantando la mirada y pidiendo con sus ojos, algo de compasión.

    Don Luis no mostró compasión.

    – Traed la vara. – ordenó dirigiéndose al ama de llaves.

    – ¿Cómo os llamáis? – preguntó a la sirvienta mientras esperaba.

    – Yo, señor, yo me llamo Laura.

    La mujer volvió con el instrumento de castigo y se lo entregó al dueño del caserón. Posteriormente pidió a la criada que se inclinara, subió sus faldas y desatando las enaguas dejó sus tiernas y pálidas nalgas al aire, expuestas a la vergüenza y humillación.

    Poco después, Don Luis descargó el primero de muchos azotes.

    ……..

    La puerta se abrió y Laura, con las lágrimas todavía resbalando por sus encendidas mejillas, salió de la habitación en dirección a su cuarto. El ama de llaves, generosamente, le había concedido una hora de reposo antes de volver a sus quehaceres.

  • El baile nos llevó a enamorarnos (parte 2)

    El baile nos llevó a enamorarnos (parte 2)

    ¡Hola a todos!

    Antes de continuar con este relato me gustaría agradecer a las personas que se tomaron el tiempo de valorar mi primer relato y por supuesto a quienes dejaron un comentario. En esta segunda entrega encontraras como poco a poco vamos avanzando en esta relación incestuosa junto a mi madre. Espero que la disfrutes tanto como yo al vivirla, y tanto como yo al vivirla y recordarla en cada palabra acá escrita.

    **********************

    La relación en casa debido a que papá vivía con nosotros era de lo más tranquila, pero en cada mirada que cruzábamos ella y yo, se sentía el amor que ambos queríamos expresar. Era como si dijéramos muchas cosas en solo un cruce de miradas, como si nos transportáramos una vez más a esa noche de baile en la que por fin confesamos nuestros más íntimos deseos.

    Lo único que pasaba en casa era al momento de despedirnos por las mañanas dado que yo no contaba con un auto propio aun, papá me llevaba en su auto hacía la universidad. Yo siempre demoraba unos 5 minutos más en los cuales él ya estaba dentro del auto esperándome. En esos cinco minutos levantaba mi mochila de la universidad me acercaba a la cocina que era donde ella se encontraba por las mañanas, la tomaba de la cintura y nos dábamos un pequeño beso, nos miramos a los ojos y antes de decir adiós, ambos nos decíamos “Te amo mi vida”.

    Al llegar el día jueves, por la noche papa nos preguntó si íbamos a ir al club a bailar a lo que ambos respondimos que sí, que no nos lo perderíamos por nada, a lo que papá respondió:

    – Perfecto, yo me iré de viaje por unos días y regresaré hasta el próximo martes.

    – Y mi madre únicamente respondió

    Gracias, espero que te vaya muy bien y conduce con cuidado, aca te esperamos.

    Mi mente solo podía darle gracias a la justicia divina, por apoyarme y dejarme pasar un fin de semana con la persona de la cual yo estoy profundamente enamorado “Mi madre”. Y por mi mente se me cruzaron algunas palabras que mencionó mi madre la última vez “Me gustaría que tomáramos todo con calma, pues me siento enamorada como una niña”. Entonces de ser así tenía que enamorarla como si una relación de adolescentes o novios primerizos se tratase, por lo que pensé en invitarla al cine el viernes por la tarde.

    El viernes por la mañana no tenía clases y papá se había ido de viaje temprano por la mañana. Yo aunque no tenía clases, tenía que ir a la universidad a recoger unas notas que un Licenciado había dejado sobre un trabajo para finalizar el semestre. Por la mañana a eso de las 9 mientras nos encontrábamos desayunando tomados de la mano sin decir nada como buen principiante que ve a los ojos a la mujer que le gusta y de la que está enamorado, me armé de valor y le dije.

    – Paula amor, desde hace días he estado pensando y me gustaría invitarte a salir, qué te parece si vamos al cine hoy por la tarde. ¿Crees que te den permiso en casa para salir? (Mientras reía un poco).

    – Thomas, mi vida claro que quiero salir contigo, y por lo de conseguir permiso tu no te preocupes, contigo siempre tendré permiso de salir.

    – Perfecto amor, paso por ti a las 2.

    – Claro mi vida, estaré esperando impaciente por ti.

    Me puse de pie, la abracé y le volví a dar un beso en la boca, fue uno de esos picos largos que sin ser muy calientes, te dejan con la respiración agitada y me despedí de ella. Mientras estaba en la universidad no podía dejar de pensar en que haríamos esa tarde, sabes? Es de esas veces en las que se te ocurren mil planes pero ninguno suena perfecto, ni sabía qué películas estaban en el cine en ese momento y me puse a revisar en mi celular la cartelera. Y al fin encontré la mejor opción, era una película que un amigo me había recomendado hace mucho, ya se había estrenado hace unos cuantos años, pero por alguna razón la estaban re estrenando, la película es “Interestelar”.

    Mi día en la universidad pasó sin nada relevante que contar, excepto por el trabajo de fin de curso, que era más difícil de lo que esperaba, pero creo que si me dedicaba lo suficiente podría llegar a sacar una nota completa. Llegué a casa y grité para avisar que había llegado, Paula (mi madre) estaba tomando una ducha y gritó diciendo que se estaba arreglando. Yo dejé mi mochila sobre un sillón, subí a mi habitación a tomar una ducha también y a arreglarme.

    Me rasure y algo que siempre hacemos la mayor parte de hombres de mi edad (aun que una parte nos diga que no vamos a tener sexo) es rasurarnos nuestra parte intima. Me vestí algo casual, con un pantalón de vestir color beige y una camisa color verde musgo. No muy elegante, pues sabía que mi madre aunque se viste de manera elegante, para esta ocasión que iríamos al cine se pondría algo elegante casual.

    Baje a esperarla a nuestra sala y me senté en el sillón a ver mi celular, cuando la vi bajar, era imposible no quedarme como idiota viéndola de pies a cabeza. Ella vestía un pantalón negro de una tela que para ser honesto no sé como se llama, pero da la apariencia de ser cuero, esto lo combinaba con una blusa con un escote algo pronunciado y que deja su espalda descubierta de color blanco y unos tacones no demasiado altos pero que le ayudaban a resaltar sus piernas y caderas.

    – Cuando bajó solo pude decir:

    – Wow! Paula, luces hermosa, gracias por aceptar salir conmigo.

    – Thom, tú también luces, espectacular. Creo que hoy todas estarán celosas de verme contigo.

    – Lo mismo digo Pau, todos van a querer robarme a tan espectacular mujer. ¿Nos vamos amor?

    – Por suerte para ti, soy solo tuya y nadie me va a quitar a mi hombre.

    Acto seguido la tomó de la cintura y nos dimos un beso, pero esta vez sí caliente, hubo lengua, mi pene empezó a crecer dentro de mis pantalones que por la tela se notaba demasiado. Ella al notarlo me abrazó más fuerte e incluso escuché un pequeño gemido, ella bajó sus manos por mi cintura y las acercó un poco a mi cinturón, por mi lado yo empecé a bajar un poco más mis manos casi hasta tocar sus nalgas.

    Nuevamente ella tomó el control y se separó diciendo:

    – Perdoname Tom, a veces no puedo controlarme contigo, me siento toda una mujer contigo. Y me dan ganas de apresurar todo, pero es mejor que lo tomemos despacio para no arruinar nada.

    – No Pau no tienes que disculparte, yo tampoco puedo controlarme, disculpame tu a mi. Creo que es mejor que nos vayamos.

    – Si amor, vamos que nos espera un largo día y no creas que nos perderemos de nuestra noche en el club eh?

    – Por nada me lo perdería amor, quien quisiera perderse una noche de baile con tan hermosa mujer.

    Y sin más que hablar, la tomé de la mano y nos dirigimos al garaje en donde le abrí la puerta del auto, y ella subió. Fue un deleite verla subir de una manera tan sensual en la cual no perdí ni un instante para apreciar todos sus atributos, su espalda descubierta, su culo parado, grande y redondo, y sus tonificadas piernas junto a sus pies únicamente cubiertos por las cintas para amarrar los tacones.

    Obviamente escogí el cine más alejado de la ciudad, para evitar que algún conocido nos llegase a ver y arruinar nuestro momento, se lo dije al ir en el auto y ella agradeció mi forma de pensar. El centro comercial queda muy cerca del club del baile así que matamos dos pájaros de un tiro por la cercanía. En el centro comercial ambos íbamos de la mano, y todos los hombres volteaban a ver a mi madre, es que te lo juro es un bombón por donde la veas a sus 38 años es un mujeron, una completa milf.

    Caminamos al cine y entramos a la función, no había muchas personas dentro de la sala y nosotros nos encontrábamos en la parte alta de la sala, puedo decir que la sala era grande y nada mas había unas 8 parejas más aparte de nosotros. Al comenzar la función ella se reclinó sobre mi hombro y yo la abracé. Cada cuanto nos dábamos un beso fugaz, hubo un momento en el que ella me beso apasionadamente con lengua y todo, se puso de pie y se sentó sobre mis piernas dándome la espalda, y poniendo su culo sobre mi pene, el cual desde hace mucho ya estaba muy parado.

    Ella empezó a hacer movimientos de adelante hacia atrás, yo la sujetaba de la cintura y con la otra mano deslizaba mi mano desde su nuca hasta la parte baja de su espalda para terminar en su cadera. Yo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no correrme en los pantalones en ese mismo instante, ella de alguna forma se percató que la película estaba por terminar giró su cabeza y dijo:

    – Thom, amor estoy muy excitada creo que vamos a tener que apresurar las cosas, contigo no me puedo controlar. Esta noche será tuya, únicamente quiero que terminemos la tarde que planeamos para aumentar nuestra libido.

    – Pau, gracias por poder controlarte aunque sea un poco, no sabes las ganas que tengo de quitarte la ropa y saborear todo tu cuerpo. Ve como me tienes (tomé su mano y la puse sobre mi pene)

    – Amor, no me hagas esto, aumenta mas mi excitación y mi deseo por ti se incrementa, te prometo que en un futuro hasta haremos el amor en el cine. Siente como estoy yo por ti. (Tomo mi mano y la puso sobre su vagina)

    – Mami se siente hirviendo, siento tu pantalón muy húmedo, es por mi, en serio serás mi mujer?

    – Seré toda tuya amor y de nadie más. Estoy así de húmeda por ti, por ahora calmemonos amor ya tendremos tiempo esta noche y hasta que tu padre vuelva para expresar nuestro amor.

    – Claro Paula, creo que será lo mejor te amo.

    – Yo también te amo cariño.

    Aunque fue algo de unos 10 minutos puedo decirte que se sintió eterno, cuando estas realmente excitado y casi al punto de no poder controlarte es cuando realmente se detiene el tiempo.

    Al terminar la película nos dimos un último beso pero esta vez fue uno corto pues las luces estaban encendidas y no queríamos llamar la atención. Al terminar la película eran más o menos las 6 de la tarde por lo cual aún teníamos tiempo para ir a cenar después a bailar, justo como lo había planeado estando en la universidad a excepción de que esa noche haríamos el amor seguramente, eso fue lo único que no estaba entre mis planes, pero obviamente si en mis deseos.

    *********************

    Muchas gracias nuevamente, por leer esta segunda parte. Creeme que aún falta mucho por contar, dado que mi madre y yo hasta la fecha de hoy continuamos como pareja. No todo ha sido color de rosas, pero mas adelante iré contando como se fue dando todo hasta el momento de crear una relación muy fuerte, tal y como se supone que deberían de ser todos al llamarse marido y mujer.

  • En las bibliotecas también se folla

    En las bibliotecas también se folla

    Para mí una biblioteca es como un templo sagrado. Suelo ir tres días a la semana y me paso unas cuatro horas allí cada vez que voy.

    Leo y estudio mejor allí que en casa, al haber un agradable silencio. También me encanta el olor a libros que se genera en esos lugares.

    Hace diez años, cuando yo tenía 40 años, me ocurrió una experiencia digna de contar.

    Yo suelo sentarme siempre en el mismo lugar, como animal de costumbres que soy. Parece que una chica tenía la misma costumbre que yo, pues también siempre se sentaba enfrente de mí.

    La mayoría de las veces venía sola, a excepción de días contados en que lo hacía acompañada de una amiga.

    Tenía 18 años y estaba estudiando en la universidad el primer curso de la carrera de Derecho.

    De tanto coincidir en la misma mesa ya nos saludábamos, aún sin conocernos siquiera. Con el tiempo descubrí que se llamaba Susana.

    Cuando venía acompañada de su amiga solían hablar en susurros. Que dos chicas monas hablen en susurros es algo que me excita mucho. También me pone a tono cuando mastican chicle con la boca abierta o cuando chupan una piruleta (dejándoles la lengua de color rojo o azul, dependiendo del sabor). Pues todo este espectáculo lo vivía yo a unos centímetros de distancia. Experimentaba un placer sin igual.

    Tenían pinta de modositas. De haber estudiado en un colegio de monjas. Y ya se sabe que de estos centros salen la mayoría de las chicas con un deseo sexual desbordado. Será por la educación tan represiva que les inculcan.

    Susana tiene el pelo castaño y liso hasta los hombros. Las facciones de su cara le dan un aire aniñado, con un toque de chispa maliciosa. Tiene un cuerpazo diez. Viste muy a la moda. Es algo pija.

    Al tener, con el pasar del tiempo, más confianza llegamos al acuerdo de vigilar mutuamente nuestras pertenencias cada vez que uno de nosotros se iba a tomar café.

    El caso es que un día me animé a proponerle que si, sobre las 11 de la mañana, le apetecía tomar algo en una cafetería, yo la invitaba. Susana aceptó.

    Ya en la cafetería me comentó sus planes a corto y medio plazo y que quería especializarse en Derecho Penal. Tenía las ideas muy claras y la cabeza perfectamente asentada.

    Fui notando que ella buscaba en mí algo más que una amistad con la que tomar un café y tener unas charlas. Lo de sentarse siempre enfrente de mí no era pura casualidad.

    Entonces me animé a llevar la conversación a terrenos más personales, íntimos y eróticos.

    Le pregunté si tenía novio, me dijo que sí, pero que no se cerraba a conocer gente más interesante, que le aportara más. Y me soltó jocosamente:

    –La verdad es que tú estás muy bien para ser un cuarentón.

    –Muchas gracias Susana por el halago. Tú sí que estás para mojar pan. Eres muy hermosa –le contesté.

    Con el transcurrir de la amena conversación me fui animando y me tomé la licencia de preguntarle por alguna de sus fantasías sexuales.

    –Empieza tú primero –me contestó ella.

    –Pues la mía sería hacerlo en un ascensor. De noche, cuando todos los vecinos están durmiendo, mi chica y yo montaríamos en el primer piso y durante todo el trayecto (hasta llegar al décimo-quinto piso), nos amaríamos con locura. El ascensor iría subiendo y bajando hasta que nosotros llegáramos al orgasmo o hasta que nos pillara algún vecino. Sería como una ruleta rusa –y me eché a reír.

    –No está mal –confirmó–. Pues la mía sería hacerlo en una biblioteca. En el templo de la cultura y la sapiencia no estaría mal, tampoco, practicar un poco de sexo, ¿no crees?

    A mí no se me ocurrió otra contestación que decirle que esa fantasía la podría llevar a la práctica, con mi colaboración, en ese mismo día si le apetecía. Ella me había lanzado el anzuelo y yo se lo recogí a gusto. Se puso un poco colorada, no esperaba que yo fuera tan directo y le cogiera al vuelo su insinuante propuesta.

    –¿Hoy? No sé… –contestó titubeando.

    Fui acercándome poco a poco a su rostro y le doy un pequeño y suave beso en los labios. Me arriesgué a que me hiciera la cobra, pero no me la hizo, todo lo contrario. Abrió su boca y sacó su lengüita juguetona dándome a entender que quería más. Y lo tuvo.

    Volvemos a la biblioteca y decidimos meternos en los baños de chicas para poder echarnos un buen polvo, ya que nos habíamos puesto muy cachondos en la cafetería. Después, ya más tranquilos, seguiríamos estudiando.

    Primero entró ella para comprobar que no había moros en la costa y a una señal suya, entraría yo.

    Nos fijamos en la hoja que había en la puerta y nos informamos de que la limpiadora pasa cada hora a hacer su ronda. Miramos el reloj y nos damos cuenta de que solo tenemos 45 minutos de plazo para disfrutar de nuestra fantasía sexual.

    Nos cerramos en uno de los diez baños individuales que hay y comienzo a besarle cada centímetro de su rostro. Ella me palpa la entrepierna y me dice:

    –Quiero toda esta butifarra dentro de mí. Me has encendido en la cafetería con tus besos húmedos y tu lengua picarona y ahora tienes que apagarme el fuego que me abrasa y no me deja estudiar. Me ponen mucho los maduritos. Sabéis cómo satisfacer a una mujer, no como los niñatos de mi clase.

    –No te vas a arrepentir de perder una mañana de estudios, Susana. Vas a experimentar sensaciones que nunca viviste ni vivirás –le aseveré.

    Entonces ella, sentándose sobre la tapa del váter se bajó los pantalones y me dijo que deseaba que le hiciera una buena comida de coño.

    A simple vista se le notaban las bragas humedecidas. Le palpé la tela y efectivamente estaban empapadas.

    Le bajé las bragas y me encuentro con el mayor y más grato de los tesoros con los que un hombre se puede topar: un chochito rosado totalmente depilado a láser y en el pubis un pequeño conejito tatuado señalando con uno de sus dedos hacia abajo como diciendo “Aquí está la cueva en donde encontrarás el elixir de la eterna juventud”.

    ¡Cómo engañan estas chicas de familia bien!

    Me acerco, le separo los labios vaginales con mis dos dedos pulgares y meto mi nariz en toda su raja. Inspiro fuerte para disfrutar de aquella fragancia de hembra en celo. Le hago cosquillitas con la punta de mi nariz por cada centímetro de su vulva. Hundo mi cara todo lo que puedo en aquella cueva de la felicidad. Saco mi rostro todo mojado, como si lo hubiera metido en una fuente. Acerco mi nariz a su clítoris y jugueteo con él. Le masturbo su botón de oro con mi nariz. Aquel botoncito es la llave al Paraíso de los Orgasmos.

    Cambio mi nariz por mi lengua. Lamo toda su raja, de abajo a arriba. La almeja le brilla por lo chorretosa que está. Yo lamo y lamo con la intención de secársela pero consigo el efecto contrario. Cuanto más lamo y chupo más se le humedece. Me bebo sus caldos como si fueran un Rioja.

    Ella me pide entre jadeos que me la folle, que quiere sentir mi verga bien adentro. Que ya basta de cosquillitas con la nariz y la lengua. Que quiere una buena barra de hierro bien caliente dentro de su coño. Quiere sentir que la parten en dos. Sus deseos son órdenes para mí.

    Sin cambiarla de postura, me acerco a ella y me la empotro. Está tan lubricada y excitada que ya no me paro a joderla a fuego lento, le doy duro.

    De vez en cuando entra una mujer en los baños para mear. Mientras hay gente en el interior del servicio tenemos que guardar silencio, aunque la follada no se interrumpe.

    A mí me daba mucho morbo estar montando a una yegua de 18 años en un compartimento y que en el de al lado estuviera una mujer con su solitaria lluvia dorada y su sonido de chorreo característico. Yo estaba tan cachondo en esos momentos que me hubiera tragado toda aquella orina aún sin conocer si su propietaria estaría de buen ver o no. Susana estaba disfrutando con la situación. Por fin había cumplido su gran sueño de follar en la biblioteca.

    Tres emboladas por segundo clavándosela bien adentro y con ímpetu durante diez minutos fueron suficientes para hacer que se corriera como una cerda.

    Me yergo y me pongo frente a ella, me sacudo la polla con fuerza. Me hago una fantástica gayola mientras observo los gestos de viciosa insaciable que pone para provocarme el clímax.

    De vez en cuando se me acerca y me chupetea la punta del nabo para lubricármelo un poco. Y vuelve a sus gestos lascivos. Saca la lengua, se relame, pone los ojos en blanco. Me dice guarradas del tipo “Descarga tus huevos sobre la cara de esta golfa”, Lléname todo el pelo de pringue”, “Quiero oler, paladear, saborear y tragar toda la lechada que te sobra en los cojones”.

    Yo me la machaco a buen ritmo, cada vez con más furia. Disfruto de sus muecas y frases provocadoras. Me sigue diciendo cochinadas del estilo “Yo seré tu puta y tú mi papichulo”, “En los colegios de monjas nos enseñan que una mujer debe ser una dama en la calle, una señora en su casa y una puta en la cama”.

    Esta última frase activó mi volcán interno. Ya no pude más y comencé a expulsar mi particular lava y a eyacular por todo su rostro.

    Dirigí unas descargas sobre su pelo y el resto se lo fui repartiendo por toda la cara y cuello. Llevaba una semana sin descargar porque estuve muy liado con el trabajo y la cantidad de lefa fue tan grande, que le dejé toda la cara embadurnada. Estaba irreconocible.

    –Joder, ¡vaya plasta me has dejado por la cara y en la ropa! Voy a oler a semen toda la mañana –comentó, excitada.

    Mientras se lavaba la cara y se arreglaba un poco me dio las gracias por ayudarle a poner en práctica una de sus fantasías. Pero tenía más y quería darles vida conmigo.

    El tiempo que duró nuestra relación extramatrimonial, pues los dos teníamos pareja, fuimos haciendo realidad algunas de sus fantasías y también de las mías.

  • ¿Qué se siente que tu hermano te use para su placer?

    ¿Qué se siente que tu hermano te use para su placer?

    No creí que estar cómoda en la casa me llevaría a lo que sucedió.

    Tengo 19 años voy a la universidad, tengo un cuerpo esbelto y me gusta mostrarlo; vivo con mis padres y mi hermano de 18 años en la Ciudad de México.

    Mis padres trabajan y mi hermano y yo estamos solos en la casa casi todo el día. Cuando regreso de la universidad, me gusta quitarme el bra y ponerme mi pijama de satén de 2 piezas, un ligero top de tirantes y un short que apenas me cubre mis nalgas. 

    Así ando en la casa, limpiando, cocinando, comiendo, viendo tv, haciendo mi tarea, etc.; mi hermano se pone unas chanclas, short y una camiseta; lo hemos hecho desde niños.

    Cierta ocasión, descubrí a mi hermano viéndome, tratando de descubrir que oculta mi escueta ropa.

    Le dije que no estuviera molestándome; me contestó que esa ropa me quedaba bien. Al poco rato, se me acercó por la espalda y empezó a hacerme cosquillas; estábamos jugando; pero, él aprovechaba para tocarme los pechos, las piernas y las nalgas; no le dije nada porque me gustaba el roce de sus manos en mi cuerpo; durante el juego, pude notar su falo completamente erecto, el short apenas podía contener su excitación.

    A partir de ese momento, no me quitaba la mirada de encima y aprovechaba cualquier situación para tocarme o rozarme; a mi me excitaba pensar si se masturbaría pensando en mi.

    Una noche, estaba yo durmiendo en mi cuarto, cuando sentí que alguien me tapaba la boca.

    – No te muevas, ni hagas ruido. Estas muy rica; solo quiero eyacular y quiero usar tu cuerpo para hacerlo.- me decía mientras se subía sobre mi.

    Yo estaba boca abajo, él se subió a mi espalda y no me dejaba mover. Con una mano me tapaba la boca y con la otra bajaba mi short y mi panty, dejando mis nalgas a su merced. Se bajó el short, su verga se acomodó en la raja de mis nalgas. Yo tenía un frasco de crema en mi mesa de noche, lo tomó y lo untó en toda la raja de mis nalgas; al encontrar la entrada de mi culo, metió su dedo embarrado de crema; el dedo entró limpiamente haciéndome gemir.

    Movía el dedo en círculos, dilatando la entrada, preparándola para su verga. Sacó su dedo y embarró su falo con la crema.

    – Si cooperas, solo será el culo y no te desvirgare. Ya te dije solo quiero eyacular.- me decía mientras acomodaba la cabeza en la entrada.

    Empujó su verga, metiéndola dentro de mi; sentía que me partía en dos; pero, me estaba excitando sentirlo dentro de mi. Empecé a gemir, mis ojos estaban en blanco; él resollaba en mi oído, disfrutando me mi cuerpo. El bombeo era delicioso; por instinto, pare mis nalgas para recibirlo más adentro. 

    Su mano buscó mi clítoris, me masturbaba mientras me cogia. No tarde mucho en venirme, mi jugo salió a borbotones, mojando mi cama; el bombeo provocaba que saliera más jugo.

    – Me voy a venir dentro de ti. Te voy a dejar mi leche dentro.- me decía; la verga se ensanchó y él se enterró hasta el fondo y se quedó quieto.

    El palpitar de su falo dentro de mi, me estaba volviendo loca; sentía yo delicioso.

    Su leche ardiente quemaba mis entrañas, provocándome otro orgasmo; mordí la almohada para no gritar.

    Me dejo su falo adentro hasta que mi culo lo expulsó totalmente flácido.

    Puso su mano en la entrada de mi culo, evitando que la leche saliera.

    – Absorbe bien mi leche, deja que se relaje con la leche dentro.

    Mi respiración era entrecortada, nunca me había venido de esa forma cuando me masturbaba.

    Él salió sin decir palabra.

    Ya me tocará abusar de él…

  • Un amigo le da trabajo a mi madre

    Un amigo le da trabajo a mi madre

    Me llamo Mauricio tengo 27 años, la protagonista de esta historia es mi madre Carmen de 56 años, a pesar de su edad aún conserva buena su figura aparenta menos edad, mi madre había quedado viuda hacia 3 meses y había perdido su empleo así que contacte a un amigo llamado Carlos quien tiene 35 años, ahora ex amigo que vive en Chicago (Estados unidos) y le pedí que si nos podía ayudar. A la hora me llamo y me dijo que él trabajaba en una agencia de limpieza a casas y le podía hacer el cruce a mi madre para que trabajara ahí que él nos prestaba la plata para irnos y luego le pagábamos cuando estuviéramos trabajando. a las 2 semanas llegamos y ya teníamos un departamento donde vivir. A los días empezamos a trabajar mi madre limpiando casas y yo trabajaba en las bodegas de un supermercado.

    A las semanas de estar trabajando mi madre comenzó a cambiar mucho se maquillaba un poco más y me decía que le tocaba trabajar unas horas extras tres veces a la semana. Un buen día llegue temprano a casa y al entrar mire unos zapatos que estaban afuera al lado de la entrada entonces camine sin hacer ruido por delante de la puerta de la habitación de mi madre, la cual tenía la puerta medio abierta. y para mi sorpresa estaba mi madre estaba desnuda a 4 patas sobre la cama y detrás estaba Carlos, mi amigo con su polla enterrada por completo en el culo de mi madre, Carlos estaba embistiendo con fuerza en el culo de mi madre hasta que me vio y se paró en seco, casi tan sorprendido al verme como yo al ver que mi amigo estaba enculando a mi madre. No te pares cielo, sigue dándome duro».

    Mi madre no se percató de mi presencia hasta que viendo que Carlos no seguía dándola por el culo, miro hacia atrás y pudo verme allí, afuera de la puerta. Al ver eso salí a tomar aire y Pensar además me fui directo a un bar cercano, donde almorcé, sin poder quitarme de la cabeza el espectáculo que acababa de ver. Estaba furioso por una parte, me sentía defraudado por ambos, ya que consideraba a mi madre una mujer ejemplar y aunque sabía que mi amigo era un poco golfo, imaginaba que el acostarse con la madre de un amigo era un límite que ni él mismo traspasaría.

    Un fin de semana se estaba duchando mi madre así que aproveche y cuando cogí su teléfono y busque las conversaciones que tenía mi madre con Carlos y todo parecía normal, hasta que me metí a su galería, tenía un par de videos y encontré dos videos mientras terminaba mi madre de ducharse aproveche y los envié a mi celular para verlos después, en el primero se ve a mi madre. Cuando se arrodilla estaban en un cuarto con un espejo al fondo y abre el pantalón de Carlos para ser recibida por un golpe de la polla dura de éste, mi madre estaba con boca abierta por su tamaño, por Dios que grande es decía mi madre y se será mejor cuando la pruebes le decía Carlos. Mi madre le respondió que nunca había hecho una mamada, ni a su marido. Carlos seguidamente le decía a mi madre que iba a aprender y que sólo iba a chupar la suya que ahora sólo chupara la cabeza.

    Mi mamá se metió el glande y empezó a succionar mal primero pero poco a poco con más ganas, la polla de Carlos estaba brillando por toda la baba de mi madre y ella ya tenía casi la mitad de la polla dentro

    – Ahhh mmmm siii así así que bien lo hace Carmen, sabía que le faltaba polla. Carlos era un desgraciado no podía creer lo que le hacía a mi madre. Carlos se inclinó sin sacarle la polla y se dedicó a follar más el coño de mi madre con sus dedos. Wau Carmen estás muy húmeda, ya sabía yo que te gustaría. Seguidamente Manuel tenía a mi madre por la cabeza y follaba fuertemente su boca y podía escuchar los sonidos mientras entraba y salía la polla. Carlos le preguntaba a mi madre le gustaba su polla grande se la saco y mi madre respondió ah si nunca vi una como tuya. Ahí se cortó el video

    En el segundo video mi madre en cuatro y el bombeándola por atrás y ella más excitada diciendo Ahhh!!!… Despaciooo! Despaciooo!! Ah!!! Carlos… la tienes bien grande ooooo Carlos que gustazo ooooo la tienes más grande que mi marido durante unos minutos. Luego ella le dijo que si tenía condón pero él dijo que le gustaba al pelo porque la primera vez sí lo hizo pero ella entonces le dijo que se corriera Afuera y el acepto. Después le dijo que se abriera de piernas y la bombeo por largo rato.

    Días después me vine a enterar que mi madre había tomado a Carlos como su amante y la confronte me dijo que hablaríamos en la cena. Un día que estamos cenando me conto que con Carlos había experimentado muchas cosas que con mi padre no, que con Carlos había conocido que era tener relaciones en la cocina, en el baño, en la sala, en el comedor, ese día como era fin de semana, mi madre me dijo que me fuera para mi pieza que Carlos venia y se iba a quedar ese fin de semana. Esa noche dejaron la puerta cerrada, pero tal como sonaba el cabecero contra la pared, puedo asegurar que mi madre estaba recibiendo su follada, tal como ella había pedido. ¿Te gusta cómo te follo, Carmen? Eres mi puta a partir de ahora. Sii, me encanta como me follas con tu polla. Ahhh, ufff… gemía mi madre. Los gritos esa noche fueron de escándalo, era imposible conciliar el sueño. Salí de mi habitación afuera, necesitaba aire y tranquilizarme.

    A la mañana siguiente me desperté algo mareado, me levante y Carlos ya no estaba, desayune y me fui a trabajar.

    Al mes rente un nuevo departamento para vivir y me fui de la casa y le pague mi parte de la plata que nos había prestado. Mi madre se mudó con Carlos y siguen juntos.

  • Sexo con mi esposa madura

    Sexo con mi esposa madura

    A mi esposa y a mí nos gusta hacerlo en sitios distintos a la cama, para salir de la rutina. Anoche lo hicimos en el sofá de la sala de estar. Yo la espero desnudo en el sofá, mientras ella va a la habitación a ponerse ropa sexi.

    Mientras espero me acaricio la verga para ponerla a tono, al poco tiempo vuelve con un camisón negro corto y semi-transparente, bajo el cual se ven sus preciosas tetas, algo caídas y con el pezón duro y un tanga de color rojo.

    Wow, me levanto y me acerco a ella.

    Nos abrazamos y le bajo un poco el camisón para dejar una de sus tetas al aire. Me pongo a chupar el pezón con ansia, mientras con la otra mano le acaricio la otra teta. Ella lleva su mano a mi verga y me la acaricia despacio para que no me corra.

    Le beso el cuello y se lo chupo mientras mis manos cogen su culo con fuerza. La quito el camisón y el tanga y se queda desnuda entera, la siento en el sofá y le abro las piernas. Allí está, delante de mis ojos su chochito totalmente depilado. Le abro los labios para poder ver bien su vulva y su vagina.

    Maravilloso.

    Me pongo a chupárselo entero, le hago lamidas desde el ano hasta el clítoris, metiendo un poco la lengua en su vagina. Así estoy un rato hasta que su coño se moja totalmente.

    Con mi cara chorreando de esos líquidos me pongo a besarla en la boca para que ella pruebe también su flujo vaginal. Nos besamos como locos, nuestras bocas abiertas y nuestras lenguas cruzándose y metiéndose en la boca del otro.

    Con mi mano le acaricio el clítoris y Lucila jadea como una puta. Yo ya estoy como un burro, no puedo más, le pido hacer un 69 y nos colocamos en posición, yo me pongo arriba y ella abajo.

    Levanta bien las piernas y pone en mi cara su ano y su vulva, y le meto la punta de mi polla en su boca y hago movimientos como si la estuviera follando. Con la lengua le lamo bien el clítoris y la vulva. Yo me corrí en su boca enseguida, pero continué comiéndole el chochito.

    Como yo ya había terminado, saqué los juguetes para ella, un succionador de clítoris y un consolador, mientras seguía masturbándose con el dedo.

    Se puso a cuatro patas y colocó el succionador sobre el clítoris y yo le metía el consolador en su vagina por detrás. Se movía y jadeaba como una puta. Llegó enseguida al primer orgasmo, pero continuó masturbándose esperando correrse otra vez, mientras yo seguía metiéndole el consolador por detrás.

    Al rato pegó un grito de placer y movió el culo con fuerza buscando la penetración hasta el fondo del consolador.

    Siguió gritando unos segundos más mientras sus movimientos iban siendo cada vez más suaves y cadenciosos. Saqué el consolador de su chocho y se lo puse en la boca para que lo chupara.

    Y así terminamos anoche.

    ¿Para otro día se apunta alguien?

  • Fantasías de mujer (3)

    Fantasías de mujer (3)

    Este relato incluye maduras, lesbianismo, transexuales y, siempre, sexo duro. No es imprescindible leer los relatos anteriores de la serie, pero lo recomiendo.

    Como relaté anteriormente soy Carmen, una “Milf” calentona, tengo buen tipo para mis cuarenta y cinco años, más bien “rellenos” en mi culo y tetas. En mi primer relato os anticipé que estoy casada y tengo un hijo. Mi marido, Javier, viaja con frecuencia y tenemos una vida sexual normal, más bien rutinaria. Nuestro hijo, Andrea, es un joven guapo de 18 años de pelo largo y genero fluido al que hemos permitido que se exprese como quiera, incluso de su gusto por la ropa femenina.

    Había pedido cita con mi esteticien de confianza. Raquel es una chica joven de nuestro barrio que tiene un pequeño negocio de depilación y masajes compartido con Lydia, una chica “trans” venezolana. Nos conocemos de hace bastante tiempo y fue ella la que me animó, y ahora estoy encantada, de realizarme una depilación integral. Acudí a la cita y, con la confianza que nos tenemos, me desnudé completamente para la rutina de la depilación que ella hacía eficazmente, empezando por piernas, brazos y acabando en mi sexo y culo. Cuando llegó al final y abría las piernas para facilitarle el acceso a todas partes me comentó:

    – Oye Carmen, no sé si te has dado cuenta, pero tienes la vagina (la chica es muy fina) y el culo totalmente irritados.

    – Ya lo sé querida, si yo te contara cómo he acabado así…

    – Pues cuéntame si no es indiscreción.

    No sabía si contarle lo sucedido hace dos días con mi compañera Sara y con nuestros amigos Fidel y John o mentirle y contar una versión más “light”. Ella es una chica joven, moderna, y por las confidencias que nos hemos hecho con el tiempo, sé que ha tenido diversas relaciones aunque nunca hemos llegado a entrar en detalle; además no estoy segura de la imagen que tiene de mí, yo soy mayor que ella, una madura, e imagino que pensara que llevo una vida recatada con poca o ninguna vida sexual. Ella es alta, más que yo, atlética aunque no delgada, se ve que los masajes la hacen estar en forma, tiene un culo duro y unas tetas bien puestas que, seguro, no necesitan sostén.

    Intenté decirle que la irritación y dilatación de mi coño y culo era producto de una noche tórrida con Javier, mi esposo, pero no coló.

    – Así que Javier te ha follado como nunca, si yo creía que vosotros ya solo echabais los polvos normales de un matrimonio maduro.

    Eso me envalentonó, que crean estas niñatas que, como ya hemos cumplido los cuarenta, no sabemos lo que es el sexo me jodió así que le dije la verdad.

    – Tienes razón, no quería contarlo, pero te pido discreción, solo faltaría que se divulgasen mis aventuras.

    – No te preocupes, de mí no saldrá nada, si yo te contara la cantidad de anécdotas que me cuentan, no te lo creerías. Además te voy a dar una crema especial con aloe vera en toda esa zona que te calme la irritación.

    Las manos de Raquel y la dichosa cremita, además de calmar, me estaban poniendo muy caliente. Según le detallaba cómo me había comido las pollas de mis dos amigos y las había compartido con mi amiga Sara, la doble penetración que me habían hecho y como mi amiga me comía el culo lleno de lefa de las corridas, las manos de Raquel me sobaban más profundamente el culo el coño; sus manos y el relato me estaban poniendo a mil, mi coño chorreaba y a ella se le notaba cada vez más su calentura.

    – Joder Carmen, ahora comprendo cómo te han dejado el culo y el coño así. No puedo imaginar cómo te han podido caber dos pollas a la vez y. además, del tamaño que me cuentas.

    – Aaaah, siii, sigue guapa, que me estás poniendo muy caliente. No pares por favor, jódeme el culo y el coño con tus dedos.

    Me di la vuelta en la camilla, me puse en cuatro y me abrí el culo y el coño para facilitarle el acceso a mi sexo.

    – Raquel no me dejes así que estoy muy caliente cómemelo todo.

    – Aaah, asíii, dame palmadas en el culo que me ponen muy caliente. Fóllame con tus dedos.

    – Mmmmm, mami puta, cómo te abres, se nota que te gusta joder.

    – Másss, dame másss que me corro.

    Raquel alternaba las palmadas en mi culo con las penetraciones con sus dedos en mi coño y culo. Según me jodía más le contaba detalles de mis sesiones sexuales.

    – Ooooh que bien jodes putita, se te nota la experiencia.

    – Pues es mi primera vez con una mami tan puta como tú.

    – Sabes, después de que Sara me comiera el culo lleno de lefa y que me metiera su lengua hasta el fondo, estaba tan caliente que me mee toda encima de ella mientras la puta de ella no paraba de comérmelo todo.

    – Pero que perras estáis hechas, me has puesto el coño a mil; anda bájate de la camilla y vamos a un cuarto que tenemos al fondo que quiero que jodamos igual.

    Me bajé de la camilla y me puse una bata, Raquel me llevó a un cuarto que debían tener para descansar con una cama en la que me tumbé mientras ella se quitaba la camiseta y el pantalón de algodón.

    – Mira perra cómo me has puesto el coño (le bajaban los caldos por las piernas). Lo tenía precioso, todo depilado y con un par de piercing en los labios. Desnuda es espectacular, con un cuerpo que da envidia de verlo con un culo y unas tetas bien puestas.

    – Qué guapa eres Raquel, ven, ponme el coño en la boca que te lo coma.

    Se sentó sobre mi cara y mientras yo lamía despacio su coño que parecía un rio ella no paraba de masturbarse y sobarse las tetas.

    – Aaaah puta, me has puesto muy caliente, pero qué zorra eres, asíii, no pares.

    – Me lo vas a comer todo perra, mira cómo me abro el culo y el coño para que me metas la lengua.

    – Mmmmm qué rico tienes el coño, zorra, cómo estás de caliente

    Era delicioso este coño tan joven, y qué duro tenía el culo la muy puta de ella, cuando se lo agarraba lo tenía como una piedra y tan suave.

    – Aaaah puta me corrooo

    Después de una buena corrida que me dejó toda la cara pringada se echó a mi lado mamando mis tetas y poniéndome los pezones durísimos.

    – Aaaah, mamona, chúpame la leche de los pezones puta.

    La mamona de ella sobaba mis tetas como si no hubiera un mañana, a mí me estaba poniendo como una burra y ahora estaba deseando que fuera mi turno de comerme el chocho.

    De repente apareció Lydia en la puerta.

    – Vaya mamis pues sí que tienen una buena fiesta. Menos mal que estamos solas y ya he despedido a la última clienta.

    – Pasa Lydia que esta perra me ha puesto a mil; yo creía que era toda una puta y al lado de ella parezco un santa.

    – Santa tú, pedazo de putón, si ves una polla o un coño y se te hace la boca agua, anda contarme lo que ha pasado que me estáis poniendo recaliente.

    Lydia se desnudó en un pis-pas, tenía un cuerpo depilado y cuidado, con unas tetas y un culo de buen tamaño no sé si producto de la cirugía o de su genética caribeña igual que su piel morena y con un ligero brillo, como si se hubiera dado aceite. Además tenía una polla de buen tamaño sin ser descomunal, muy apetecible, larga y, sobre todo, gorda. Raquel le resumió parte de mi relato:

    – Esta puta ha tenido una orgía espectacular con dos hombres negros que la han jodido por todas partes, mira cómo le han dejado su culo y su coño (me lo abría para que se viera todo). Le han hecho una doble penetración, la han llenado el culo y el coño con su lefa y la puta de su amiga Sara, además de comerse la corrida de los negros chupándole el culo y el coño, se ha meado encima de ella mientras le comía todo.

    – Joder mami sí que eres una perrota, y nosotras creíamos que éramos calientes, mira cómo me habéis puesto la polla, zorras. Chupármela que hoy nos vamos a superar.

    Lydia se puso a nuestro lado y Raquel y yo nos lanzamos a chupársela, yo primero le hice los honores metiéndomela hasta el fondo (con ésta sí que podía) mientras Raquel, por detrás, le abrió su culo gordito y le metía con frenesí la lengua.

    – Aaaah putas, cómo chupáis, méteme la lengua en el culo Raquel que la puta de tu amiga se está tragando mi polla.

    Raquel y yo parecíamos un volcán de lo calientes que estábamos, nuestras manos y lenguas se juntaban sobándole el culo, los huevos y la polla. Cuando pasé a chuparle los cojones a Lydia nuestras lenguas se enredaban, cambiamos de postura, ellas pasaron a hacer un 69 con Raquel encima. Era mi turno de disfrutar del culo de Raquel mientras Lydia le chupaba su chorreante coño. Le metí le lengua hasta donde podía, le abrí el culo con las manos y se lo jodía con los dedos.

    – Aaaah Carmen, puta jódeme el culo, méteme la lengua.

    – Que rico culazo, plas! plas!, te gusta que te den zorra.

    – Siii dame cachetadas que em gusta.

    En una repisa vi un bote de lubricante y me embadurné la mano, iba a probar hasta donde se le dilataba el culo a esta puta. Poco a poco, primero los dedos y luego mi mano iban despareciendo en su culo, Lydia que lo estaba viendo en primera fila exclamó:

    – Pero qué haces puta, le vas a romper el culo.

    – Aaaah, no pares por favor, rómpeme el culo, jódeme como te hacían los negros.

    Viendo que Raquel lo aceptaba bien, despacio iba introduciendo más dedos en ese culazo y añadía más lubricante hasta que, después de relajarlo un poco, le di el empujón final y entró la mano entera en su culo.

    – Aaaah, pero qué me haces puta, me has metido la mano entera.

    Despacio fui girando la mano y añadiendo un movimiento de vaivén, Raquel elevó más su grupa y se abrió el culo más con las manos olvidándose de Lydia y de su polla, ésta abandonó el 69 que practicaba y se puso tras mi espalda agarrándome las tetas, tirando de mis pezones y pegando su polla a mi culo.

    – Pero que mami más puta eres, zorra. Eres una madura calentona, no había visto el culo de Raquel tan abierto nunca.

    – Aaaah, sí soy una madura putona, tírame de los pezones mientras enculo a esta zorra.

    Lydia hizo más que tirar de mis pezones, les empezó a dar cachetadas, también en mi culo y en mi cara; eso me puso a mil, estaba cada vez más cachonda y sin darme cuenta, centrada en mi placer, olvidé que a Raquel le clavaba, cada vez más a fondo, mi mano en el culo.

    – Aaaah, para puta que no puedo más, me estás rompiendo el culo.

    – Lydia exclamó: para zorra que la vas a romper, ahora te voy a enseñar a ti.

    Saqué mi mano del culo de Raquel, era increíble, nunca había visto un ano tan dilatado, cayó extenuada a un lado después de haberse corrido infinidad de veces, bajo ella había un charco de sus líquidos. De rodillas chupé la polla de Lydia con gula mientras ella no paraba de darme cachetadas, aproveché y como tenía los dedos pringados del fisting a Raquel y le metí un par de dedos en culo.

    – Puta, te gusta que te peguen eh, cuanto más te doy más me chupas la polla.

    – Aaaaah me estás poniendo muy caliente zorra te voy a llenar de lefa esa boca de madura viciosa que tienes.

    – Mmmmm, no podía decir nada, su polla la tenía clavada hasta el fondo mientras mis dedos, ahora cuatro, follaban su culo sin descanso, eso no impedía que me diera cachetadas que cada vez me ponían más caliente.

    – Aaaaah puta, cómo me jodes el culo, cabrona… me corrooo puta, trágatelo todo, mamona, hasta el fondo.

    Sus descargas llenaron mi boca, noté a Raquel a mi lado cómo cogía mi cara y poniéndola de lado me morreaba y disfrutaba conmigo de la corrida de Lydia.

    – Chúpame puta, comete la leche de esta perra.

    Le cogí la cara a Raquel, le abrí la boca y dejé caer todos los restos de la corrida de Lydia, nos morreábamos como perras, nos tirábamos de los pezones que los teníamos de punta; Lydia, recuperada se incorporó a nuestro morreo chupando lo poco que quedaba.

    Me sentía toda una perra, ahora quería probar conmigo el tratamiento que le había dado a Raquel, me puse en cuatro abriéndome el culo y el coño y las anime a darme duro.

    – Vamos perras joderme con los dedos, rompérmelo todo.

    Raquel se untó la mano derecha con el lubricante y poco a poco me fue metiendo la mano en el culo; Lydia todavía no se había recuperado pero se puso delante mío y empezó a darme cachetadas en la cara y en las tetas.

    – Toma perra, te voy a dar duro, te gusta que te peguen mientras te follan puta.

    – Siii dame zorra, pégame mientras tu puta me encula.

    Estaba enloquecida, mi culo que ya estaba dilatado se estiró hasta donde yo jamás había creído, me dolía igual que las cachetadas de Lydia pero el placer era increíble, me corría sin parar.

    – Aaaah me corrooo putas, reventadme.

    – Lydía me puso su polla delante de la boca y me exigió: abre esa boca de zorra madura que tienes.

    – Aaaah me meo puta, tómalo todo.

    Un largo chorro de pis impacto en mi boca abierta que intentaba tragar y, a la vez, chupar la polla de Lydia, tarea imposible. Raquel me sacó la mano del culo y me quedé tirada en el suelo agotada por los orgasmos. Raquel se puso en cuclillas sobre mi boca y me exigió:

    – Abre la boca zorra que ahora me toca a mí.

    – Saqué la lengua para comerme ese coño y ese culo que me ofrecía cuando un largo chorro de pis impactó contra mi cara.

    – Toma, puta, cerda.

    – Estaba enajenada, cuando Raquel terminó de mearse en mi cara le agarre de la cintura para que se agachase más y pudiera chuparle todo su coño y culo mojados.

    – Pero qué puta eres Carmen. Aaaah y que bien chupas, me corro otra vez aaaah.

    Acabamos agotadas, menos mal que tenían un baño y pudimos adecentarnos. Me despedí con un beso prometiendo repetir pronto.

    Continuará.