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  • Lunes

    Lunes

    Se termina el día laboral y comienza la rebatiña por las regaderas, uniformes de enfermera van quedando detrás de nuestros presurosos pasos.

    Hoy mi compañera más cercana de ducha es Rosario, la enfermera en jefe de la cocina, siempre vistiendo pulcramente el uniforme.

    El cubre bocas solo deja ver sus ojos claros de largas pestañas, bajo el uniforme se adivinan sus formas anchas, su figura me recuerda a mi profesora de danza folclórica en la secundaria la maestra Cristina, tenía el mismo tipo de cuerpo que Rosario, cintura estrecha y piernas gruesas que terminaban en pequeños pies, pero Rosario a diferencia de la maestra Cristina tenía un tono pálido que le daba la apariencia de yeso o mármol.

    La conozco hace años y la saludo con cordialidad cada vez que la encuentro, pero este calor de lunes o la ducha que relaja los cuerpos hacen que la vea con detenimiento, su cabello libre de la cofia me parece más largo al estar húmedo con tenues hilos de plata que se confunden con mechones mas oscuros, es tan largo que le llega justamente hasta donde comienza la curvatura de las caderas y comienzan las nalgas.

    Lleva puestas bragas clásicas de algodón y me doy a la tarea de adivinar o mejor dicho fantasear que debe tener un abundante pelaje. Comienzo a preguntarme mentalmente —desde que quedó viuda será ella misma quien se dará placer.

    Me entra antojo por su boca, por la flacidez de su vientre por el grueso de sus muslos y si me inclinara ahora mismo para lamer como cachorrita su vulva hasta que chorros de orgasmo me embriaguen, y si frotara mi coño depilado contra el suyo para hacer que su vello despida la fragancia de la hembra en celo y que en cada roce nuestros clítoris se electricen…

    Y si está tarde de lunes Rosario y yo nos follamos aquí mismo hasta que me salga el demonio de dentro y ella expulsé la savia contenida de estos años de soledad.

  • La conocí en una entrevista

    La conocí en una entrevista

    Esta historia me sucedió hace un par de años, tuve una cita de entrevista de trabajo, quería cambiar de trabajo y me había contactado una empresa de una marca de ropa y tenis deportivos ampliamente conocida, sus operaciones y oficinas administrativas se ubican en un parque industrial a las afueras de la ciudad. Por lo que ese día me fui lo más presentable posible, ya saben muy formal de traje y corbata, aunque el código de vestimenta en esta ciudad no es como en la ciudad de México, pero debía dar una buena imagen de mi a quien me entrevistara. Tome una gran bocanada de aire para entrar a las instalaciones, pase por una gran área que básicamente era el patio de carga y descarga de los trailers que transportan toda la mercancía y los camiones que la distribuyen en las tiendas departamentales de la ciudad y otras ciudades cercanas de la región del bajío.

    Llegué hasta las oficinas, donde había una recepción, atendida por una chica recepcionista, la cual me indicó que tomara asiento en la sala de espera y que enseguida llegaría la persona que me atendería. Mientras esperaba me distraje en el celular, mirando algún relato de esta nuestra página preferida para relajarme previo a la entrevista de trabajo. No pasó demasiado tiempo, cuando se escucharon unos pasos femeninos, no le tome mucha importancia porque estaba absorto a mi lectura, cuando se escuchó una voz femenina saludando a todos, por educación levanté la vista devolviendo el saludo mientras la dueña de esos pasos avanzaba hasta la recepción para indicar el motivo de su visita y luego se dirigió a la misma sala donde yo me encontraba esperando.

    Una vez que la vi pasar frente a mí, la pude admirar tratando de no ser evidente el poco o mucho impacto que me causara, pude notar su vestimenta hasta ese momento pensé, que podría ser alguna proveedora o agente de ventas por su arreglo personal, solo me dedique por unos pocos segundos a escanear esa bella figura para guardarla en mi archivo fotográfico mental, ella muy coqueta solo sonrió al verme (por cortesía muy probablemente) tomó el sillón del lado derecho a donde yo estaba, con un breve intercambio de miradas y sonrisas, ella segura de la impresión que causaba con los hombres y yo un poco apenado tratando de no demostrar nada fuera de lugar, seguí con mi lectura tratando de no desviar el motivo de mi estadía en ese lugar y de vez en cuando solo levantando mi mirada para captar algunas partes de su hermoso cuerpo.

    A unos pocos minutos de su llegada, se hizo presente una persona que la conocía y que trabajaba ahí, supongo que fue quien le dio el aviso de la vacante (Hasta este momento supe que iba a entrevista), esta persona la saludo y le preguntaba lo básico de cortesía que como estaba ella (a mi parecer sobraba decir que estaba sabrosa y buena), de donde venía y si no le fue complicado llegar (sin querer escuche que vivía en la ciudad por el rumbo de donde estaba mi actual trabajo en ese momento), en fin lo básico que pude escuchar de su pequeña plática hasta que llegaron por mi para la entrevista, por educación me despedí de la chica que ya estaba sola esperando su llamado a entrevista. Ella respondió con un hasta luego y me fui tras la persona que me aplicaría la entrevista.

    La entrevista transcurrió como siempre, las preguntas básicas y generales, conocimientos, pretensiones económicas, etc. No recuerdo cuanto tiempo me llevó en la entrevista la cual salía poco a poco como la exhalación de la gran bocanada de aire que había tomado al inicio de mi trayecto hacia esa cita. Ya saben una vez terminada la entrevista pues el clásico “vamos a evaluar a más candidatos y en caso de ser el seleccionado te estaremos marcando”, con eso salí por donde mismo entre, en la sala ya no vi a la chica hermosa que también iba a entrevista, no le di importancia porque supuse que estaría en su entrevista. Tome esa leve experiencia como una grata experiencia visual del momento y hasta ahí.

    Aborde mi auto, y reflexionando un poco la sesión de la entrevista y la grata imagen de ella, poniendo en una balanza su presencia había sido lo mejor en ese lugar, me hubiera gustado volver a verla afuera, intente hacer un poco de tiempo para ver si ella salía después de mi. Algo dentro de mí deseaba verla de nuevo aunque ya he comentado anteriormente que no soy del tipo de hombres aventados o acosadores, solo quería verle por última vez y admirarla mejor sin tanta discreción y pudor.

    Pasaron unos cinco minutos y me resigne a que no la volvería a ver mas, en este momento les voy a dar un poco de detalles de más o menos como la recuerdo ese día que la vi entrar a la sala de las oficinas, por su plática con su amigo supe que iba a entrevista por lo que iba con cierta producción que atraía las miradas de todo hombre que se le cruzara en su camino, llevaba unas zapatillas rojas de tacón alto, unos jeans azules pegados a sus piernas, bastante entallado que enmarcan unas bonitas piernas y cadera, con una blusa casi del mismo color de sus zapatillas, esta blusa embarrada en su fino talle que hacía resaltar su pecho con un generoso escote donde se le apreciaba el nacimiento de tan hermoso par de tetas, a la vez tratando de combinar outfit llevaba un saco que hacía juego con el resto de su vestimenta y que servía para que de vez en cuando tapara ese gran escote, ella es de piel blanca, cabello castaño oscuro, unos ojos expresivos y una boca de labios anchos.

    Toda ella era muy coqueta, sexy, salvaje y hasta un poco vulgar. estatura aproximada de 1.65 y con un buen porte que le ayudaba a su edad y bonita figura de la cual destacaba su pecho de buen tamaño, cintura breve y una cadera que remataba con unas nalgas naturales de buenas proporciones y acorde con todo su bello cuerpo.

    Resignado a no verla más encendí el auto y vi que adelante estaba la parada de autobuses, había un pequeño grupo de gente esperando el transporte público, al ser una zona industrial y a las afueras de la ciudad el flujo de transporte público es deficiente por lo que el transporte tarda en pasar, estaba a punto de darme vuelta para salir de la zona e irme de ahí, pero como si algo me incitará a pasar por la parada, quizá podría estar alguien que pudiera conocer, así que conduje despacio hacía la parada de transporte público y pude notar la bella silueta de la princesa a rescatar, era ella, la chica que había visto en la sala de la empresa.

    Pase en el auto y nuestras miradas se cruzaron, no supe que hacer, como les comento no soy del tipo aventado, seguí derecho mi camino y mientras mi sentido frío me reclamaba internamente por haber hecho eso, moría de pena y vergüenza por haber ido a verla una vez más (aunque solo fue unos pocos segundos), haber cruzado miradas y era obvio al menos para ella, que lo había hecho por lo cautivador de ese hermoso cuerpo, a la vez mi parte lujuriosa y caliente me decía que debía dar vuelta y regresar por ella, avancé unos 50 metros con un conflicto entre el bien y el mal, me regrese para pasar por el mismo lugar deteniendo el auto frente a ella, venciendo los prejuicios (del que dirán las otras personas al rechazarme o ella misma).

    Baje el vidrio del copiloto y le pregunté si iba para el centro (ya había escuchado que vivía por mi ruta) tratando de ser lo más firme posible como si la conociera de mucho tiempo, a lo cual ella me respondió que sí. subió al auto y me agradeció el que le ayudara a salir de la zona industrial, ya que según lo que me comentó es que ya llevaba varios minutos y cuando ella llegó el transporte se acaba de ir.

    “Hola, soy Eduardo” (Mi pseudónimo en mis relatos) le digo una vez que aborda el auto, ella me extiende la mano diciendo “Gracias, soy Yesenia o Yesi” (por discreción omito su nombre real). Durante el trayecto del viaje lo hice con la menos prisa posible para poder saber más de ella, fueron aproximadamente 30 minutos que hice hasta la ciudad tratando de alargar lo más que pude para poder platicar con ella y conocernos un poco más, me comento que era originaria de un pueblo cercano, en el estado de Hidalgo, justamente de una de las ciudades que es emblemática por su rica barbacoa de borrego y donde no hay las mismas oportunidades de empleo, así que tuvo que migrar hacia esta ciudad del Bajío Mexicano que tiene mayor crecimiento, rentaba una casa en compañía de otras amigas que estaban casi en la misma situación.

    Me platicó que había estado trabajando de edecán o promotora de productos ya que no había conseguido trabajo de lo que había estudiado estaba en una racha de vacas flacas ya que no tenía para pagar algunos servicios y a veces ni para comer, vi mi oportunidad de invitarla a comer y seguir conociéndonos, ella aceptó la invitación que le hice y para no causar una mala impresión fuimos a una plaza del camino a la zona de comida rápida. Por mi parte tenía el pretexto de estar ocupado en una entrevista, por lo que no tenía hora de regreso.

    En la plática me acordé de un gran amigo que tiene un puesto en una empresa y que quizá podría ayudarla y conociendo lo morboso y caliente que es mínimo se iba a agasajar visualmente con ella, le propuse presentarle a mi amigo Alberto con la idea de que quizá él tuviera alguna plaza en la empresa donde trabajaba o con algún conocido de él debido a su posición en la empresa. Les comentare que tengo un gran defecto y este es que siempre estoy dispuesto a ayudar a una princesa en problemas, algunas veces poniendo en peligro mi integridad, y esta ocasión una princesa necesitaba ayuda.

    Mientras ella comía y platicamos, no paré de admirar los atributos de mi bella invitada, al término de la reunión la llevé a su casa y hasta ahí quedó ese día. Después le comenté a mi amigo acerca de Yesi, le expliqué su situación y que la verdad estaba muy “Encamable” que tenía unas tetas de infarto, joven y con ganas de trabajar. El me comentó que si le gustaría conocerla en otra ocasión y confirmar si era verdad lo que yo describí de ella, acordamos una cita con ella un par de días después.

    El día de la reunión fuimos por ella a unas calles de su casa, era la segunda vez que la veía y nuevamente traía un atuendo acorde a su edad (23 años ella y nosotros fácil le doblamos la edad) revelando nuevamente un escote divino donde se apreciaba un par de blancas tetas bastante llamativas que por cierto tenían un distintivo muy particular, un lunar en la teta de la derecha que dependiendo el tipo de escote ella se encargaba de lucirlo muy bien, antes de que ella subiera al auto, Alberto me dijo que estaba muy rica Yesi y que me había quedado un poco corto en describirla, ella abordó el auto y los presente a ellos, yendo rumbo a un restaurante pequeño para tomar algo mientras platicábamos con Yesi y ahí ella explicó lo mismo que ya a mi me había dicho su experiencia laboral etc.

    Alberto quedó tan impactado con los atributos de ella que antes de despedirnos le soltó la invitación al cine esa tarde, lo cual ella se negó delante de mí, diciendo que no podía porque tenía ya un compromiso con sus amigas. La fuimos a dejar cerca de su casa y ya solos mi amigo y yo, me dice que estaba bien buena Yesi, que se le había antojado mucho cogérsela (claro a quien no), me pregunto si no habría problema que la pretendiera, le dije que no había problema ya que no era nada mío y de mi parte no podría salir con ella por tener mi agenda llena por cuestiones familiares, pero que si él podía y ella le daba oportunidad yo no tendría ningún inconveniente.

    Esa misma tarde/noche Alberto me manda mensajes por whatsapp con unas fotos de una chica desnuda, el ángulo de las fotos era desde atrás de una chica que estaba sobre una cama alborotada y ella en cuatro (en un motel después me dice) y él desde atrás ensartándola y el reflejo de ambos se ve en en fondo de la imagen en un espejo de la cabecera, la chica de las fotos y que estaba en 4 era Yesi. El muy cabrón se la estaba cogiendo esa tarde, no puedo mentir diciendo que no sentí raro, tal vez celos, o decepción porque hubiera preferido ser yo el que disfrutará de esa hermosa chica.

    Esa noche (un par de horas más tarde de las fotos) me marca Alberto por teléfono un poco alterado y preocupado, preguntándome qué onda con Yesi que si la conocía yo bien, continuando a contándome cómo sucedieron las cosas, él me dice que después de que nos despedimos en la tarde, él la llamó a Yesi y le volvió a insistir para invitarla a salir, a lo cual ella le dijo que sí aceptaba la invitación y que no quiso aceptar delante de mí (por “cortesía”, “pudor” o que se yo), le dijo “Si está bien, no acepte hace un momento porque estaba Lalo ahí (refiriéndose a mi presencia)”. Eso me extraño debido a que ella no era nada mío ni teníamos una relación cercana hasta ese día.

    Me dice Alberto que cuando bajo a una tienda de conveniencia para comprar unas bebidas y disfrutaron de un par, le pregunto que cual película quería ver, o que si prefería ir a otro lugar, a lo que según él, ella respondió que mejor fueran a «otro lugar», por lo que la llevó a un motel, me describió algunos detalles de su cita y del cuerpo de Yesi que invitaba al pecado, él se había enamorado de la piel suave y tersa de aquella joven chica, al parecer ya habían pasado el tiempo antes de tener en cama a una chica joven. Me refirió que todo iba bien, disfrutó acariciando el cuerpo de Yesi, se la cogió y él empezó a tomar fotos sin que ella “se diera cuenta”, pero de repente Yesi lo vio con teléfono en mano sacando fotos siendo empalada desde atrás.

    Ella estaba empinada sobre la cama recibiendo la verga de Alberto desde atrás, y la cabecera de la cama y en general el cuarto contaba con varios espejos, en un momento ella levanta la cara y mira hacia el espejo de la cabecera y la luz del flash del teléfono le deslumbra la cara (es ahí donde me doy cuenta que era Yesi), a partir de ese momento ella se puso en modo tóxico, le exige que borrara esas fotos y lo empezó a amenazar con demandar por andar tomando fotos de ella, y que sí no le daba dinero entonces iba a hacer un escándalo.

    Lo divertido o raro para ambos (Alberto y yo) es que aparte ella amenazó a Alberto con acusarlo conmigo. “le voy a decir a Lalo” le dijo ella que me iba a decir su mal actuar de Alberto. Yo me quedé desconcertado un poco por la situación y que me involucra en algo de lo cual yo no tenía idea, por lo que él terminó dándole una cierta cantidad de dinero para que ella se calmara y retirara su modo tóxico.

    Mi conclusión es que ella se dio cuenta que esa iba a ser la única manera de obtener patrocinio por parte de Alberto, ya que el es un Don Juan pero poco espléndido ya que como aquí decimos, el no es de disparar ni en defensa propia (o como le digan ustedes a alguien que no es generoso para soltar un poco de dinero aunque sea para beneficio propio) por lo que ella vio la oportunidad para cobrar el “servicio prestado” ya que lo que que Alberto tiene de perro y morboso también lo tiene de “poco desprendido económicamente” ja ja, en fin que no me quedo de otra más que tomarlo como algo gracioso ya que el galán había sido “estafado”.

    Esa noche después de esa aventura pensé que perdería la amistad de Yesi por lo sucedido con Alberto. Pero para mi sorpresa al otro día recibí mensajes de ella por medio de whatsapp como si nada de lo que Alberto me contó hubiera pasado, ella no mencionó nada ni yo le dije nada de lo que sabía por parte de Alberto. (No creo que ella fuera tan ingenua para no intuir que Alberto me lo diría), debía tener cautela porque no quería ningún problema tóxico de su parte o meterme en problemas con mi esposa y familia, ya que ella sabía que yo estaba casado. A diferencia de Alberto, por su temperamento de Don Juan y Pica Flor, su esposa le había pedido el divorcio por lo que no tenía ningún problema de esa índole con una pareja estable.

    Aun sabiendo esta historia de terror, pero después de ver las imágenes de Yesi, admirando su hermoso cuerpo desnudo, no puedo negar que pensar en esas ricas tetas, se me antojaba poder mamar sus pezones, que mi boca se llenara de ese hermoso par de tetas, hacer mía aquella mujercita tan sensual que incitaba al pecado me ponía caliente y no pensaba quitar el dedo del renglón.

    Hay una segunda parte de este relato, donde detallo lo que sucedió entre Yesi y yo pocos días después de lo que sucedió con Alberto, espero que esta primera parte sirva de introducción y tengan contexto de todo lo sucedido, con esta hermosa tetona.

  • Lily, una flor deseosa de placer

    Lily, una flor deseosa de placer

    Estoy casado con Lily desde hace 5 años, diría 5 felices años, pero aún no estoy seguro si ese sentimiento de celos y placer, provocado por los hechos que a continuación narraré, sea totalmente satisfactorio. Empiezo por contarles que a la fecha de los hechos narrados mi esposa Lily tenía 38 años, yo soy mayor con 1 año. Mi mujer físicamente mide 1.60m, piel blanca, rostro muy bello, en especial sus ojos negros muy grandes, fuentes de picardía y sensualidad. Lily trabaja en una oficina de la empresa privada en el sector de industrial, ella es secretaria de gerencia, a su alrededor trabajan otras personas entre vendedores, técnicos, contadoras y personal de limpieza y seguridad.

    Bien, he descrito el ambiente en el que mi mujer se desempeña, en el cual he indicado existe un sector de personal de ventas, entre ellos un par de tipos llamados Rolo y Pepe, sujetos muy lanzados, como buenos vendedores poseen muy buenas habilidades de socialización y gran sentido del humor. Mi esposa por su lado es una pequeña estrella que brilla con mucha fuerza en ese lugar, igualmente de gran sentido del humor, aunque posee cierta picardía tiene un aire de ingenuidad que enamora.

    Resulta que, en su trabajo, en ocasiones especiales como Día del Trabajador o Navidad y Fin de Año o alguna fecha digna de celebración organizan una pequeña fiesta en algún restaurante o bar aledaño. En la mayoría de esas celebraciones los jefes suelen invitar a las parejas de sus empleados, es así como en uno de esos programas conocí a este par de tipos y al resto del personal. No negaré que aquellos individuos me cayeron bien, son muy sociables y se convierten en el alma de la fiesta.

    En una de estas salidas, nos encontramos en una discoteca karaoke, y tragos y canciones venían en un ambiente realmente muy cálido y de camaradería. Prácticamente se armaron dos grupos, uno de los compañeros de trabajo y otro de los esposos y esposas. Y se dio una especie de duelo de cantantes entre ambos grupos, gran noche en ese aspecto, vi que existía gran amistad entre ellos. También pude darme cuenta que existía cierta complicidad entre mi mujer, Lily, y su compañero Rolo, soy muy observador, veía como se miraban y disimuladamente se lanzaban indirectas como:

    – Cantaría esta canción (Voy a llenarte toda de José José) pero mejor no porque no te lo mereces jajaja, o

    – Esta es buena (Mujeres Divinas de Vicente Fernández), pero en singular mejor jajaja

    Bueno, no le di gran importancia a eso y me concentré en disfrutar la velada cantando y bebiendo con mi grupo. El hecho relevante sucedido en esta velada fue cuando por un momento perdí de vista a Lily y Rolo y aproveché para levantarme a orinar al baño y en el camino encontré a mi mujer arrimada contra la pared y al frente estaba Rolo diciéndolo no se qué pero ambos se reían disimuladamente. Pasé y les dije:

    ¿A qué hora cantaron que no los escuché?, Obviamente una pregunta sin sentido solamente para no pasar en silencio por ahí, un intento de mostrar cierta habilidad social y camaradería. Ni siquiera recuerdo que me respondieron.

    Terminó la noche, nos retiramos como a las 2 de la madrugada, cada quien en su vehículo con su cónyuge.

    Desde ese día, no volví a ver con los mismos ojos a mi mujer, me di cuenta que era una mujer muy sensual y provocativa. En el fondo me enorgullecía de tenerla conmigo.

    Pasó el tiempo y estos muchachos del trabajo (entre 7 u 8 hombres) empezaron a organizar salidas de deporte en un parque cercano los viernes de 6 a 8 de la mañana, luego se retiraban a su oficina. Me invitaban y la pasábamos muy bien, terminábamos muy sudados y ellos iban a sus casas a ducharse, yo a la mía a lo mismo. Obviamente mi esposa salía a ala hora normal a su trabajo y allá continuaban la jornada hasta las 6 de la tarde, hora en la que salía y a veces yo la recogía o venía por su cuenta a casa.

    Ahora empieza lo chido. Así pasaban los meses, entre salidas esporádicas a fiestas y mañanas deportivas, hasta que un domingo, mi esposa había ido a comprar en la esquina y olvidó su celular y lo tenía desbloqueado, y veo un mensaje que pude leer porque la muy ingenua no lo configuró para ocultar su contenido en la alerta. Era este Rolo que le decía:

    – No te olvides este viernes hay deporte y me voy a lesionar de nuevo.

    Esto me hiso recordar que uno de aquellos viernes que salimos al parque, este tipo dijo lesionarse jugando futbol y salió del juego, se quedó sentado observándonos, pero al terminar el juego, es decir cerca de las 8, ya no estaba. No le di importancia, seguramente se fue a bañar a su casa en vista que ya no podía jugar. Pero este mensaje me hizo abrir los ojos, juntar cabos: las coqueterías que observaba entre ellos y la escapada que se dio este tipo aquel viernes, y claro mi esposa no estaba ahí, se suponía que debía estar en casa preparándose para salir a su trabajo. Se supone.

    No soy tonto y me imaginé lo peor, ambos se encontraron aquel viernes antes de entrar a trabajar. Y me temblaban las manos al pensar ¿en dónde? y ¿para qué? Así que armé mi estrategia. No iba a ir ese viernes, inventé que me siento fatal y no me puedo levantar de la cama, seguramente me cayó mal la cena de la noche anterior. Mis intenciones eran espiarlos

    Llegó el día, en efecto dije esa mentira y me quedé en casa. Pero para mi sorpresa mi esposa se comportó de lo más normal y salió a la hora de siempre, yo pensaba que saldría mas temprano con algún pretexto, pero con la intención de encontrarse con Rolo. Pues no, salió temprano como para llegar a las 9 como todos los días. Y claro la seguí de todas maneras, ella siempre tomaba un bus, esta vez fue un taxi, las cosas andaban mal. La seguí en mi vehículo con distancia prudente para que no me vea. La muy bandida se bajó a dos cuadras de la oficina, a las 8:30. Enseguida se subió en un auto negro, claro el auto de Rolo, lo divisé a la distancia ahí sentado en cortos. Los seguí con la misma cautela de antes, llegaron a una casa ubicada a 10 calles de su trabajo, pero no parqueó adentro sino afuera de la casa, supongo para salir rápido, sería una parada de paso. Se bajaron ambos e ingresaron en esta casa.

    Me estacioné en la siguiente esquina y salí apresurado a ver si podía descubrir algo. Era una casa independiente con cerramiento de bloque, me sentía tan alterado por la situación que no dudé en treparme cual ladrón para averiguar qué estaba pasando. Logré escabullirme hacia la parte trasera de la casa, había un pequeño jardín, para mi suerte una ventana abierta que daba al interior de la sala de este lugar.

    Ahí estaban, besuqueándose cual dos adolescentes, de forma desaforada, se comían las bocas. Un sentimiento de celos me invadió, estaba a nada de romper esa ventana, entrar y no sé qué más, sin embargo, también sentía mucha excitación asexual al ver esa escena, la misma excitación que sentí cuando los vi conversando camino al baño aquel dia en el karaoke. Se empezaron a desvestir muy rápido y lo primero que hizo mi mujer al ver sin calzoncillos a Rolo fue lanzarse sobre su verga a comérsela con la boca, ella arrodillada y él de pie sosteniéndole la cabeza mientras le daba una mamada de película porno. La muy perra le comía hasta las bolas, con una ansiedad como si eso le calmaba sus deseos más escondidos y prohibidos. La excitación de lo prohibido.

    A continuación, Rolo la levantó y la besó de nuevo, terminó de sacarle en sostén para comerse sus deliciosos senos blancos, al mismo tiempo le sacaba su tanga, dejándola totalmente desnuda, como solo yo debía verla. Seguidamente se dió vuelta y la besaba desde atrás, su nuca, sus orejas y con su mano derecha le pasaba la mano por su vagina semi depilada. El muy hp levanta la mano y le indica sus dedos como diciéndole lo mojada que está la muy cerda. No alcanzaba a escuchar, pero veía como se reían. Ni bien le indicó sus dedos, la inclinó sobre el sofá y la penetró, estaban haciendo filo de cama este par de infieles, y sin condón lo peor. Ahí los tenía, frente a mi, viendo como bombeaban a mi mujer y su cara roja de excitación al recibir placer prohibido.

    Así estuvieron como 5 minutos, después la tumbó sobre la alfombra para continuar el misionero, se veía como mi mujer disfrutaba la penetración, lo abrazaba con sus piernas como pidiendo más fuerte, 5 minutos más así hasta que el muy infeliz terminó, si, se deslechó adentro. La llenó toda al final de cuentas. Veo como saca su pene embarrado de semen y flujo de mi mujer y se limpia con unos paños húmedos que ya tenían preparados.

    Claro, no era la primera vez que lo hacían. Terminó la faena, mientras ambos se limpiaban, salí de ese lugar sin capacidad de reacción, quería acabar con ambos, pero la excitación me ganó. A lo lejos, como a las 9 veo que salen como si nada, suben al auto y se movilizan. No los seguí, me quedé sentado en mi auto procesando lo acontecido. Diez minutos después llamo a la oficina solo para escuchar su voz:

    – Buenos días, Empresas Imperio le saluda, habla con Liliana. ¿En qué le puedo ayudar?

    Colgué.

    Aquí no termina la historia, continuaremos…

  • Descubriendo nuestra sexualidad (hermana – hermana)

    Descubriendo nuestra sexualidad (hermana – hermana)

    Mi historia, más bien, nuestra historia, comienza con nuestro despertar sexual, ese épico momento en que se deja de ser adolescente para ser adulto, nuestros cambios corporales, la sociedad que nos erotiza continuamente.

    Nuestra familia, culturalmente es de raíces híper católicas, las cuales nos reprimen en todo momento, sobre todo en el tema que hoy me atrevo, o mejor dicho nos atrevemos a relatar pues como hermanas mellizas, hacemos todo, o casi todo en dupla.

    Como he dicho somos mellizas, a pesar que somos iguales, en algunas cosas nos diferenciamos, yo soy un poco más abierta a leer o ver alguna película sobre sexo y poner en práctica ciertas actividades sexuales, aunque aún ninguna tuvimos sexo.

    Habíamos comprado, ambas, algunos artículos en sex shop para autosatisfacernos, lo hacíamos a escondidas una de la otra ¿temor? ¿Pudor? ¿Vergüenza? Vaya uno a saber pero fue un acuerdo tácito, ninguna de las dos sabia cuando la otra lo hacía, ni cuando, como o donde, obvio era de suponer donde, pues cada una tenía su habitación.

    Todo comenzó por que en realidad somos dos personas que nos hemos excedido con el peso, no tenemos una obesidad extrema, pero con el estereotipo que impone esta sociedad, los chicos de nuestra edad pasan a nuestro lado como si no existiéramos, como si solo estuvieran en el mundo las que tienen diez kilos menos que nosotras, (no saben lo que se pierden)

    Aprovechando para hacer unas reparaciones en las piezas, nuestros padres hicieron un viaje de “segunda luna de miel”, mandándonos a un mono ambiente que otrora fuera la oficina de mi mama (abogada). Lo acondicionamos provisoriamente con algunas cosas para habitarlo hasta la finalización de la obra en casa.

    Cierta noche, luego de bañarme, me coloque un plug anal con la intención de masturbarme cuando mi hermana se durmiera, aclaro que dentro de mis fantasías esta la del sexo anal.

    Pasado un rato, la respiración de pichi, se hizo más superficial, interpretando que ya estaba dormida, comencé con mi tarea, acariciando mis tetas y generando leves pellizcos a mis pezones me fui excitando de a poco, mi mano diestra fue bajando a mí ya, humedecida vagina, dedo medio y anular juntos, iban y venían desde el plug hasta el clítoris, que al tocarlo, me daba una especie de corriente que recorría todo mi cuerpo, de mi boca escapaban suspiros y pequeños gemidos, perdí esos dos dedos inquietos en la profundidad de mi vagina a la vez que con la base de la misma mano seguía estimulando el capullo de clítoris, lo que arranco un tremendo orgasmo y un grito de placer, el que tuve que reprimir por la cercanía de mi hermana.

    Jadeando muy agitada, siento unas manos que recorren mis tetas y abdomen, para, agiles y presurosas, tomar posesión de mi sexo ardiente, sorprendida, pero a gusto la deje hacer, estire mi mano a su sexo encharcado de jugos, se acercó a mi rostro para perdernos en un beso de lengua que nunca había experimentado, esa novedad que entro por mi boca, juro, me hizo temblar hasta los pies.

    Me quiso tocar el esfínter anal y se encontró con el plug, muy delicadamente lo saco de mi agujero, diciendo solamente…

    – Fuera con esto, experimentemos con lo que viene, hace rato lo vengo pensando.

    Su boca dejo de hablar cuando entro en contacto con mis palpitantes labios vaginales, su lengua hablo por ella.

    La fui llevando con mis manos hasta quedar en una posición para hacer esa famosa postura llamada sesenta y nueve, por primera vez probaría otro sabor de jugos vaginales que no fueran los míos, debo decir que su sabor agridulce me encanto y me llevo a un nivel de excitación tal que explote en tremendo orgasmo, mis gritos que hacían eco en todo el pequeño ambiente, la llevaron al mismo fin, pudiendo experimentar también el sabroso contenido de su orgasmo.

    Saliendo de la cama fue hasta su bolso para sacar un arnés, del cual pendía un pene, ni muy grande ni muy pequeño, se lo puso al instante y sin dudarlo, tal cual lo había visto en las películas, me puse en cuatro, apoyando la cabeza en la almohada y arqueando la espalda para que mi gran culo regordete se ofreciera a lo más parecido a lo que sería mi primera vez. Se arrodillo detrás de mí, apunto el consolador a la entrada de la vagina y muy delicadamente con pequeños empujones lo fue perdiendo en el interior, miles de estrellas cruzaron delante de mis ojos, sensaciones indescriptibles pasaron por mi mente, no era lo mismo que meterme yo misma un pene de goma, no tardo mucho con sus movimientos que, con un grito descomunal descargue todo el orgasmo contenido.

    Mi hermana sabiendo mi fantasía, lo saco y lo apunto al esfínter anal y sin dudarlo ejerció presión constante introduciéndolo de un solo empujón, si, grite, pero no por el dolor que de hecho fue poco, sino por la alegría de todo lo que nos estaba pasando.

    Mientras bombeaba mi culo, diría casi con desesperación, me masajeaba el clítoris, cuando presintió que estaba por acabar nuevamente, metió uno, dos o tres dedos, no sabría decirlo, dentro de mi vagina, teniendo otra acabada de película, que me hizo temblar las piernas cayendo de panza sobre las blancas sabanas.

    Saco lentamente el consolador de mi agujero, me abrazo, me beso y dijo con la voz más tierna que nunca le escuche.

    – Te amo, ahora me toca disfrutar a mí.

    – Y lo vas a hacer, esto me encanta, espero que a vos también.

    A pesar de la inexperiencia que tenía en esto del lesbianismo, tome referencias de las pelis que había visto, subió encima de mi cuerpo y puso su vagina en mi pelvis, comenzamos a mover nuestras caderas a ritmo frotando el clítoris contra mi pelvis totalmente depilada, tuvo un furioso orgasmo, casi con desesperación, me coloco el arnés diciéndome.

    – Yo también quiero de él…

    Repitiendo la escena, pero con diferentes actrices el aparato se puso en funcionamiento.

    Si me preguntan ¿Cómo te sentiste con la experiencia? Respondo.

    – Me sentí bien, muy bien, sin pena, sin culpa alguna, aprendí a conocer a fondo mi cuerpo y lo guarra que puedo ser en la cama y sorprendida, pues a mi hermana no la tenía en esa faceta.

    Vale la aclaración, que hoy en día, ambas tenemos novio, pero nuestros encuentros de “hermanas” se siguen dando, aprendiendo cada día, mucho más.

  • Bonnie Parker

    Bonnie Parker

    Eran alrededor de las 8 de la noche un 31 de octubre, en la víspera de la Noche de Brujas. Yo me encontraba en mi departamento arreglándome para asistir, junto con mi novio Alberto, a una fiesta de disfraces que se realizaría en un conocido bar de la localidad un par de horas más tarde.

    Como cualquier chica profesionista y moderna de 23 años, trataba de aprovechar los años que aún me quedaban de soltería para salir ocasionalmente con mis amigos a divertirme. Aunque con un noviazgo formal de casi un año era cada vez más difícil, a causa de los compromisos que conlleva estar en una relación con una persona en especial.

    No me mal interpreten, la relación con mi novio ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida. Él ha sido para mí el hombre con que toda la vida soñé; un joven profesionista que no sólo es atractivo y atlético, sino también con fuertes valores morales inculcados desde su niñez por una familia de firmes convicciones religiosas.

    Son estos valores los que han hecho de él un hombre de bien, responsable, honesto y trabajador. Una persona que sabe que para salir adelante en la vida no hay caminos fáciles, sino que hay que trabajar duro para alcanzar los objetivos que uno se propone. Cualidades que no pasaron desapercibidas para la institución financiera en la que labora por lo que ha progresado rápidamente en el ámbito profesional.

    Con buena apariencia y un gran carisma no faltaban las mal intencionadas bromas de mis amigas, y uno que otro amigo gay, amagando con ‘robármelo’ para quedarse con él. Y esos comentarios no son para tomarse a la ligera, pues siendo Alberto aficionado a la natación y otros deportes siempre se mantiene en buena condición física.

    Sin embargo, nada de eso fue por lo que me enamoré de él. Fue su actitud tan atenta y cortés, siempre pendiente de mis necesidades y sentimientos desde el día que nos conocimos, lo que me hizo caer profundamente enamorada al grado de no poder imaginar ya mi vida sin él.

    Siendo un romántico idealista, dedica especial atención a aquellos detalles que sabe que son de mi agrado, intentando que cada momento que pasamos juntos sea tan memorable como sea posible. Consiguiendo con esto que no sólo visualice un futuro a su lado, sino que lo anhele. Definitivamente un hombre con el que toda chica ‘sueña’.

    Aunque claro, hay veces que los sueños pierden un poco de su encanto cuando se materializan. Por ejemplo, digamos que a hay algunas ocasiones en las que me gustaría que fuera un poco menos formal y conservador; sobre todo en la intimidad, si entienden a que me refiero.

    Por haber tenido una marcada formación moral desde su niñez, Alberto está habituado a tratar a las mujeres con sumo respeto y consideración, sin importar la situación y circunstancias en las que se encuentre; lo cual es lo ideal y nunca podría reprocharle.

    Es sólo que una mujer, con cierto grado ‘saludable’ de vanidad respecto a su apariencia y atractivo físico, le gusta pensar que vuelve locos a los hombres sólo con su presencia. Más aun cuando consiente de los atributos físicos que ella posee, no duda en vestir provocativamente para utilizarlos sin ningún escrúpulo consiguiendo la atención de uno o más chicos a su alrededor.

    El coquetear cuando mi novio no estaba presente; un viejo hábito que no desapareció automáticamente cuando colocaron un anillo en mi dedo. A tal grado que en varias ocasiones llegué a provocar, ‘inocentemente’, rencillas entre algunos chicos que se enfrascaban en una discusión por determinar quién tenía el derecho a acceder a la minúscula posibilidad de llevarme a la cama (o cualquier otro lugar donde se pueda tener intimidad).

    Y justo ahí es donde está el pequeño detalle en mi relación con Alberto, uno muy importante para ser precisos. Sobre todo si una, habiendo ya cumplido con la cuota ‘mínima’ de novios y amantes, tiende a caer en las siempre odiosas comparaciones.

    Ni Alberto ni yo éramos vírgenes cuando nos comprometimos en un noviazgo formal; por lo que me resulta imposible evitar recordar con algo más que nostalgia alguno de los chicos con los que había estado antes de él. Especialmente los más salvajes y rudos.

    Y aunque estaba plenamente consciente de los motivos por los que todas aquellas relaciones habían fracasado; de vez en cuando, con la ayuda de algún ‘sintético amante’, me atrapaba a mí misma añorando en la privacidad de mi alcoba la forma en que alguno de esos chicos me había hecho suya en todos los sentidos.

    Seamos claros, anatómicamente hablando no tenía ningún motivo por el cual quejarme de Alberto; ya que como lo he mencionado, él siempre ha sido un fanático del acondicionamiento físico y la vida sana. Lo cual no sólo le da una buena apariencia, sino también le permite prolongar el sexo por más tiempo. Y si a eso añadimos que la madre naturaleza había sido generosa con él, habiéndolo dotado con un miembro acorde a su ‘talla’, tenía motivos más que suficientes para sentirme agradecida de tenerlo a mi lado (o arriba o abajo).

    Sin embargo, el físico no siempre lo es todo. Y es que como olvidar aquellas desenfrenadas noches de verano en las que un amanecer me sorprendió en la playa, entregándome a algún pasajero amorío sin tener que preocuparme por la arena que se introducía en cada rincón de mi cuerpo o ser atrapada infraganti por algún madrugador bañista. O los días de campo en los que, embriagándome con algún amigo, terminábamos nadando desnudos en el lago a la luz de la luna.

    O las épicas ‘noches de chicas’, en las que vistiendo muy provocativamente salía a divertirme con mis amigas a algún bar o club; sólo para terminar compitiendo entre nosotras, por ver quien era capaz de seducir primero a un afortunado extraño en el cuarto de servicio antes de que la noche terminara. Casi siempre resultando yo como ganadora, obviamente.

    Si a Alberto le daba pena incluso cuando en el cine aparecía una escena con algo de ‘pornografía ligera’; el proponerle algo así de excitante como el sexo en un lugar público, o esperar a que él me lo propusiera no pasaba por mi cabeza ni en un millón de años. Para él, el sexo tenía que ser algo más ‘privado’ e íntimo; ¡Que locura! ¿Verdad?

    Bueno, quizás esa debería ser la forma correcta de ver el sexo en pareja, no lo sé con exactitud; pero lo que sí sé es que una vez que se ha probado el champagne la cerveza sabe a orina (lo cual no significa que por tomar champagne no volvería a tomar cerveza, u orina; en cualquiera de los dos casos depende del contexto).

    “Te amo tanto linda” o “eres la más hermosa mi amor”, son el tipo de frases con la que Alberto suele halagarme durante nuestras sesiones de sexo. Y aunque en una primera instancia parece ser que es lo que una mujer desea escuchar cuando se está entregando físicamente a un hombre, con el tiempo pueden perder su significado a causa de la repetición.

    Muy diferente a las emociones que los chicos más salvajes con los que había estado llegaron a provocar en mí, cuando alababan mi femineidad con un lenguaje más vernáculo. “Te voy a coger puta”, o, “ya sé que te gusta la verga”, eran la clase de poesía que me volvía loca cuando de sexo se trataba durante mi época de soltera. Y si a eso le agregaban un par de ‘firmes caricias’ podrían conseguir que llegara al orgasmo en un santiamén.

    Aunque no lo decía abiertamente, sabía que Alberto tampoco veía con buenos ojos la forma de vestir tan reveladora que solía utilizar las ocasiones que salíamos a divertirnos con nuestros amigos. Teniendo que tranquilizarlo dando le a entender que me gustaba vestir así exclusivamente para él; ocultándole el hecho de lo mucho que me fascinaba robar las miradas de deseo de otros hombres apenas él me descuidara por un segundo.

    Aun cuando era cierto que mi época de travesuras universitarias ya había terminado; no consideraba que fuera el caso de mi vida sexual, el cual yo esperaba que debía incrementarse justamente por tener una pareja estable. Y aunque en teoría eso parecía ser, pues prácticamente todos los fines de semana desde el viernes hasta el domingo Alberto se quedaba a dormir en mi departamento; debido a su carácter serio (por no decir aburrido), la monotonía en la cama se hizo presente rápidamente.

    Algunas de mis mejores amigas, conscientes del predicamento en que me encontraba, me sugirieron utilizar lencería temática para estimular el juego del rol previo al sexo. Y aunque yo consideraba que era muy pronto en mi relación para recurrir a este tipo de estrategias, en un buen día mi armario se encontró lleno de todo tipo de atrevidos y reveladores conjuntos de lencería.

    Una cariñosa enfermera, una dura policía o una pervertida diablita tomaron turnos para presentarse en mi habitación a seducir o torturar a mi novio según fuera el caso; salvando nuestra relación tan pronto la puerta se cerraba detrás de él.

    Me encantaba ‘complacer’ a Alberto atándolo a una silla para evitar que usara sus manos; mientras lo torturaba con un provocativo baile sobre su regazo enfundada en mi lencería roja escarlata de diablita. “¿Quién se ha portado mal?”, solía susurrar a su oído, consciente de lo perturbador que podía ser para él ese malévolo y sensual personaje a causa de su formación religiosa. Pero en lugar de reprochármelo, el bulto en su entre pierna consentía mi seductor sacrilegio.

    Sin embargo, el problema de tener que ser yo la que siempre tomara la iniciativa en la intimidad se mantuvo; pues al tener que hacerme cargo de nuestros juegos daba como resultado que yo tenía que establecer cuando iniciaba y cuando terminaba, restándole emoción al juego de rol.

    Por lo que las remembranzas anecdóticas de mis pasadas aventuras sexuales siguieron regresando a mí, más frecuentemente que al principio. Pues resulta difícil remplazar el grado de excitación que el juego de la seducción me provocaba, justamente cuando era yo a quien se debía seducir. Más aún, si quien te debía seducir era un atractivo y perfecto extraño.

    En mi caso era precisamente ese jugueteo, previo al consentimiento del acto sexual, lo que más expectativa me generaba durante mi etapa de ‘cazadora’ profesional que simulaba ser una presa. El lanzar una aparentemente inofensiva sonrisa a algún desprevenido y atractivo chico, sólo para ver su reacción fue una adicción muy difícil de superar (si hubiera sido superada).

    Ni que decir cuando la incauta presa se atrevía a romper el hielo, acortando la distancia para saludar intentando ser amistoso; y una debería calcular en una fracción de segundo (muchas veces estando ebria), la respuesta correcta para mantener la atención del chico sin parecer desesperada. ¡Si pudiera escribir un libro explicando la fórmula para determinar esa respuesta, me haría acreedora a un premio Nobel!

    Eran todas esas inéditas aventuras, cada una más emocionante y excitante que la anterior, las que me hacían recordar con melancolía mi vida antes de Alberto. Quien a pesar de ser un hombre con el que toda chica ‘sueña’, en algunas ocasiones lo que una necesita es precisamente no soñar, sino mantenerse despierta toda la noche.

    Veámoslo de esta forma a propósito del día de brujas, día en que se suelen consumir grandes cantidades de azúcar a manera de golosinas de todas formas, colores y sabores. Algunas muy dulces, unas saladas, otras ácidas y picantes. De ser como yo, posiblemente les gusten combinar algunas de ellas y metérselas a la boca para experimentar nuevas sensaciones en su paladar.

    Sin embargo, si sólo pudieras escoger un tipo de golosina en particular para comer durante todo ese día, ¿cuál sería? Difícil elección, ¿verdad?

    Y es que, ¿cuál es el sentido de tener la facultad de experimentar una parte tan importante de tu ser como es la sexualidad, sino puedes llegar al límite de ésta; cuando de hecho se tiene la capacidad física para hacerlo? ¿Qué malévolo ente cósmico, peor que cualquier bruja o psicópata, gozaría con otorgarte la más deliciosa de las golosinas del universo, y no permitirte más que imaginar su sabor sin siquiera llegar a quitar su envoltura? Ningún escritor de Hollywood sería capaz de crear un villano así de perverso, desde mi punto de vista.

    Hablando de villanos, no se imagina la clase de bronca que pasé para convencer a Alberto de asistir una fiesta de disfraces donde según él, exagerando, se venera a la maldad y la oscuridad. Y es que habiendo sido educado en una familia muy religiosa celebrar esta fecha en particular no era algo habitual para él.

    Maquillarse o utilizar una máscara para parecer un ser diabólico u otra clase de espectro quedó descartado desde antes de que accediera a acompañarme a la fiesta (de lo contrario yo hubiera asistido sola). Pero dado que uno de los requisitos para acceder al bar donde se realizaría la fiesta, era ir disfrazado de un personaje que inspirara temor tuve que ponerme a buscar algo que él pudiera utilizar sin perturbar su consciencia.

    Sólo después de que hubo rechazado una docena de opciones encontramos una que no sólo resultaba económica, por no tener que invertir mucho en ella, sino que además podíamos utilizar ambos complementando nuestros disfraces como pareja. Tal opción no podía ser otra que la pareja de bandidos más famosos de la historia: Bonnie y Clyde.

    Víctimas de la Gran Depresión económica de principios del siglo pasado Bonnie Parker y Clyde Barrow, una pareja de jóvenes de veinte y un años, se hicieron famosos asaltando bancos en toda la zona de Texas y estados vecinos. Terminando estos robos frecuentemente en grandes balaceras contra la policía. La carrera criminal de ésta sórdida pareja de enamorados fue tan prolífica, que llegaron a ser considerados enemigos públicos número uno; un extraño honor que comparten con el también famoso jefe de la mafia Al Capone.

    Después de una serie de atracos la policía intentando atraparlos distribuyó un juego de fotografías que le había confiscado a la pareja en una redada, con la intención de que fueran denunciados por quien llegara a reconocerlos.

    Irónicamente en esas icónicas imágenes, ambos lucían tan elegantes, valientes y atractivos que captaron la atención del público de forma positiva convirtiéndose en celebridades instantáneamente; pues veían en la inusual pareja una especie de antihéroes que luchaban contra el corrupto sistema bancario.

    Aun cuando la pareja fue considerada por la sociedad como una clase de Robin Hood modernos, su carrera delictiva terminó trágicamente más al estilo de ‘Romeo y Julieta’; muriendo acribillados a sangre fría por la policía en una emboscada.

    Pero ni más de cien balas que atravesaron sus cuerpos pudieron terminar con la leyenda de un amor que venció a la muerte y al tiempo; pues al día de hoy, casi cien años después, no se puede decir Bonnie sin decir Clyde.

    Ese fue justo el argumento que utilicé para convencer a Alberto de asistir a la citada fiesta caracterizando a la proscrita pareja. La idea no era venerar su efímera carrera criminal, sino más bien celebrar un amor que pasó a la eternidad; ignorando el devaluado “hasta que la muerte los separe”.

    Por otro lado ‘disfrazarse’ como esta pareja era relativamente simple; pues prácticamente se reducía a que Alberto utilizará un traje cruzado con un sombrero para lucir como Clyde. Y siendo que por su trabajo Alberto habitualmente viste de traje y corbata no le estaría pidiendo que hiciera nada fuera de lo normal.

    El atuendo de Bonnie tampoco era muy complicado pues se trataba sólo de un vestido recto a la altura de la rodilla, preferentemente ceñido al cuerpo, complementándolo con una coqueta boina sobre la cabeza. Si acaso lo único que me molestaba de mi disfraz era que no daba mucha oportunidad de lucir mis encantos; pues al parecer Bonnie era una chica bastante recatada, pero con una ametralladora Thompson bajo el brazo.

    Alberto no sólo aceptó la idea de buena gana, sino que se ofreció a conseguir algo de material de utilería para complementar nuestros disfraces: armas de juguete y billetes falsos. Motivo por lo que me aventuré a pronosticar que pasaríamos una agradable velada en aquel bar caracterizando a la peligrosa pareja.

    Como yo no sabía mucho de armas de aquella época, o de cualquier otra, Alberto se ofreció para conseguir algunas que pudiéramos combinar con nuestros atuendos; lo cual me sorprendió, pues en el tiempo que llevamos de novios nunca lo había visto entusiasmarse tanto con el hecho de utilizar un disfraz, ya que como lo he mencionado su carácter es principalmente serio y formal.

    Yo por mi parte me encargué no sólo del vestuario, sino también de los accesorios que podría haber utilizado la singular pareja. Para Alberto conseguí un elegante reloj de cadena el cual había sido de mi abuelo, y aunque no contaba con más valor que el sentimental seguía marcando la hora con exactitud.

    Para mí conseguí algo de bisutería con perlas, de fantasía naturalmente, lo que yo suponía sería la moda en aquellos días. Collares, pulseras y aretes; además de media docena de boinas de distinto color para combinar con los diferentes vestidos que me habían prestado mis amigas.

    Cualquiera pensaría, con sólo ver los diferentes conjuntos sobre mi cama, que me estaba preparando para mudarme a los años treinta del siglo pasado. Al fin de cuentas, interpretar a la criminal más famosa de esa época no podía dejarse a la ligera vistiendo lo primero que encontrara. “Había que estar a la altura”, pensé justificando mi vanidad.

    Estaba en mi habitación probándome por enésima vez uno de los atuendos preliminares sin decidirme del todo, cuando escuché Alberto tocar a la puerta antes de entrar a mi departamento.

    —Hola cariño ¿dónde estás? —preguntó mi novio desde el recibidor.

    —Aquí amor —respondí invitándolo a pasar a mi dormitorio y así conocer su opinión acerca de mi apariencia.

    —Te ves muy hermosa amor —dijo Alberto tan pronto entró a la habitación y me vio usando uno de los vestidos que, a pesar de ser muy conservador, resaltaba muy bien mi silueta gracias a su corte ajustado al cuerpo— y sin necesidad de enseñar de más —agregó recordándome las innumerables veces en que se había sentido incomodo cuando yo vestía algo un poco más revelador.

    —No te hagas ilusiones amor y vayas a creer que de ahora en adelante voy a vestir como una monja —aclaré rápidamente con una sonrisa, para dejar claro que tan pronto pudiera regresaría a mi estilo de vestir habitual; el que solía utilizar para presumir mis encantos.

    —Sabes que me encanta como vistes; y más cuando no lo haces —dijo pícaramente haciendo referencia a lo mucho que le gustaba ver mi cuerpo desnudo en la intimidad.

    Quizás se trataba sólo de eso, de su egoísmo básico como hombre y querer a su mujer sólo para él, lo que lo impulsaba ponerse celoso cuando al salir a divertirnos me veía vestir de forma por demás provocativa y sensual.

    Sin embargo, esa actitud estaba bien en otros tiempos cuando las mujeres normalmente no trabajaban y su única ocupación era su familia y su hogar. Por lo que era perfectamente normal que las esposas dedicaran su vida entera a complacer a sus esposos; dejando sus necesidades y objetivos de lado.

    En la actualidad, cuando el mundo moderno exige un esfuerzo equitativo en todas las parejas, no sólo es justo que una mujer tenga derecho a mantener sus propias amistades después de casarse sino es necesario; pues si una quiere progresar en cada ámbito de la vida, tiene que aprender a socializar tanto con hombres como mujeres.

    Si en nuestros días hay demasiados hombres que no alcanzan a comprender esto, imaginen lo que le tocó vivir a la pobre de Bonnie en su tiempo. ¿Cuánto valor requirió acumular para atreverse a ir en contra de los convencionalismos y estigmas sociales de su época al elegir su inverosímil ‘profesión’? Fue precisamente esa actitud valiente y revolucionaria lo que la impulsó a luchar por sus ‘objetivos’, convirtiéndose en una de las primeras precursoras del feminismo contemporáneo sin pretenderlo.

    Afortunadamente, mi novio Alberto era plenamente consciente de lo importante que es para una mujer en la actualidad mantener su individualidad, aun cuando se está en una relación formal. Era sólo que sus patrones de conducta aprendidos en su formación no eran los mismos que los míos; pues desde mi punto de vista, una mujer tiene todo el derecho de vestir como ella quiera. Desde el primer momento en que Alberto se fijó en mí aceptó este hecho tácitamente, aunque él no lo supiera.

    —Tendrás que esperar para eso —respondí matando las ansias de mi novio por ver mi cuerpo desnudo; pues en ese momento necesitaba precisamente lo contrario, decidir con que cubrirlo.

    Que extrañas resultamos ser algunas mujeres. La primera vez que vi a Alberto su atractiva y atlética apariencia me cautivó al grado que estaba dispuesta a desnudarme tan sólo para llamar su atención. Cuando me enteré de lo serio y respetuoso que era él con las mujeres, por un momento llegué a pensar que no era el hombre para mí. Pero en lugar de desanimarme lo tomé como un desafío, prometiéndome a mí misma que aquel chico caería a mis pies de una u otra forma.

    Sólo después de una serie de coqueteos y algunas citas en las que llegué a conocerlo mejor, fue que aprendí a valorarlo no sólo como hombre, sino también como persona. Terminando profundamente enamorados uno del otro.

    Sin embargo, ahora que él era completamente mío no tenía ningún apuro en premiarlo físicamente; él tenía que esperar sin protestar a que yo decidiera cuando debería ser nuestro tiempo de pareja. Injusto, lo sé.

    —Eres tan mala como ‘Bonnie’ —respondió mi novio a modo de broma, al escuchar mi negativa a mostrarle mi cuerpo; en lo que abría una bolsa de plástico que traía en la mano.

    Alberto vació el contenido de la bolsa sobre la cama para mostrarme los accesorios que había conseguido. Un par de pistolas de juguete, una escopeta de aire, varios fajos de billetes falsos y el más curioso de los accesorios; un pequeño costal con el símbolo de dinero impreso en el costado repleto con monedas falsas de algún juego de mesa.

    Imposible evitar sonreír al ver los curiosos obsequios que había conseguido mi novio para complementar nuestros disfraces.

    Si yo me sentía agradecida con Alberto al ver el ‘botín’ que él había conseguido para mí; imagínense como se sintió la dulce Bonnie cuando su amante Clyde hizo lo mismo, pero con dinero de verdad. “Que envidia”, pensé.

    —Permíteme —dije yo tomando la pistola de juguete y el pequeño costal de dinero para simular que acababa de asaltar un banco—. ¿Cómo me veo? —pregunté al posar soplando el cañón de la ‘humeante’ arma.

    —Luces tan hermosa como peligrosa —respondió mi novio, apelando a mi vanidad como era su costumbre.

    Yo sonreí al escuchar los halagos de mi novio, para inmediatamente después cambiar de pose, soltando el costal de dinero y sujetar mi arma con ambas manos apuntando hacia su corazón.

    “Si el piensa que soy peligrosa, aún no ha visto nada”, pensé tontamente para mí; pues realmente había muchas cosas que no le conté que había hecho, otras más que seguía haciendo y muchas más que esperaba hacer sin que se enterara.

    —No puedes darme en el corazón dos veces —dijo mi novio con una sonrisa en su rostro; aludiendo a lo enamorado que estaba de mí.

    Ese último comentario de mi novio me hizo soltar una fuerte carcajada, provocándome bajar el arma y cerrar los ojos al echar la cabeza hacia atrás. Momento que Alberto aprovechó para acercarse a mí y ‘desarmarme’ al sujetarme por la cintura y besarme en el cuello.

    —Tranquilo primor, que mi novio Clyde llegará en cualquier momento —dije en tono de broma, al empezar a asumir mi papel como la peligrosa pero sensual criminal.

    —Tiene razón señorita, no queremos hacer enojar a su novio —dijo Alberto siguiéndome la corriente para continuar con la broma—. Es mejor que me vaya antes de que regrese —agregó antes de salir de la habitación rápidamente.

    El comentario de mi novio me dejó desconcertada, pero dado que él todavía no se había puesto el atuendo que le había escogido para interpretar a Clyde, supuse que iría a cambiarse a la otra habitación para regresar ya caracterizando al famoso criminal. Sin embargo, para mí sorpresa lo escuché salir del departamento al cerrar la puerta tras de él.

    —¡Idiota! —exclamé al deducir que posiblemente había olvidado algo en el coche; dejando el asunto de lado para dedicarme a hacer los últimos arreglos de mi atuendo.

    Después de autoconvencerme de que lo que vestía en ese momento era lo que se había ajustado mejor a mi cuerpo, pase a seleccionar la bolsa, boina y demás accesorios que completarían mi disfraz. Estaba probándome los aretes cuando escuché que alguien golpeaba la puerta de mi departamento.

    —Adelante, está abierto —grité invitando a pasar a quien supuse debería ser Carlos, el apuesto vecino del departamento de a lado, debido a que mi novio tiene llave.

    No sería la primera vez que mi amigo llegaba a mi departamento sin invitación, ya que tenemos una amistad de varios años, prácticamente desde que me mudé al edificio; lo único fuera de lo normal es que él también suele entrar cuando la puerta está sin cerrojo. Y aunque siempre me ha parecido un chico muy apuesto y simpático, por el hecho de tener una novia muy celosa, nuestra relación no ha llegado más allá de coqueteos ‘inocentes’ (este término es relativo, ya sabrán porque), compartiendo una ocasional copa a altas horas de la noche en su departamento o el mío.

    “Háblame cuando se vaya”, solía decirle a Carlos a modo de broma, sugiriendo que no dudada en llamarme cuando su novia se marchara para vernos a escondidas. A su vez, él respondía a mi hipotética propuesta con humorísticas frases como, “pero no vuelvas a dejar tus calzones en el piso”; insinuando que yo me desnudaría al estar en su departamento (lo cual era probable).

    Tener un ‘mejor amigo’ varón viviendo tan cerca de una, tiene sus ventajas aparte de las ocasionales bromas que nos gestábamos uno al otro. Pues sabes que cuentas con alguien a quien recurrir cuando ocurre alguna emergencia en tu hogar que precise ser reparada; o si sólo necesitas conversar de algo que te sucede y no puedes hablar con nadie más.

    A cambio yo le otorgaba a Carlos no sólo mi amistad, sino también acceso total a mi departamento aun cuando yo no me encontrara. La confianza que le tenía era tal que ya me había visto desnuda en más de una ocasión.

    Entre ambos habíamos mantenido la costumbre de compartir una copa, por no decir cerveza, una vez a la semana cuando nuestras parejas no estaban con la excusa de no beber solos como un vulgar alcohólico. Oportunidad que aprovechábamos para ponernos al corriente de lo acontecido esa semana.

    Nos encantaba acurrucarnos en el sillón bebiendo un capuchino; mientras veíamos una película hasta que a ambos nos ganaba el sueño, sólo para terminar compartiendo la cama del departamento en que nos encontráramos. Claro, siempre teniendo cuidado de no ser atrapados por nuestras respectivas parejas; aunque a decir verdad, creo que esa latente posibilidad era lo que lo hacía tan divertido y excitante.

    Imposible no sentir celos cuando Carlos me contaba la forma tan excitante en que solía seducir a su novia; intentando siempre sorprenderla con detalles creativos y atrevidos.

    “Esa puta no lo merece”, pensaba al escuchar a mi amigo contarme como había seducido a su novia en la ducha en casa de sus suegros, o cuando le regaló un consolador una vez que tuvo que salir de viaje de improviso para que ella no lo extrañara.

    Limitándome a sonreír por no poder lidiar con la envidia que me provocaba que su novia si tuviera como novio a un chico tan espontáneo. Sentimiento que en otras ocasiones le tocaba experimentar a mi amigo.

    En una ocasión en la que Alberto vino de visita la noche que acostumbraba recibir a Carlos, mi amigo no quiso quedarse sin compartir nuestra tradicional cerveza de mitad de semana. Por lo que esperó hasta que mi novio entrara al ascensor, cuando ya iba de salida, para cruzar el angosto corredor desde su departamento hasta el mío, ¡vistiendo únicamente calzoncillos!

    ¡No se imaginan la sorpresa que me causó al verlo entrar por la puerta semidesnudo, casi a media noche! Excusándose en el hecho de que ya estaba por irse a dormir justo cuando mi novio se marchó. Lo cual, en lugar de incomodarme, por el riesgo de que mi novio pudiera regresar atrapándome con un hombre vistiendo sólo calzoncillos en mi departamento, me agradó; pues, aunque Carlos no tiene un físico tan trabajado como el de Alberto aun así me sigue pareciendo un hombre bastante atractivo debido a lo fornido y alto que él es.

    Como ya era muy tarde para ver una película o beber una cerveza, le ofrecí a Carlos que se quedase a dormir en mi cama como compensación por su paciencia; y aunque nuestra relación era principalmente platónica, en esa ocasión las caricias bajo las sábanas estuvieron permitidas.

    Obvio yo no podía esperar una semana para regresarle a Carlos la cortesía de su peculiar visita; por lo que, a la noche siguiente, cuando su celosa y pretenciosa novia se marchó ya estaba lista para presentarme en el departamento de mi amigo, ¡vistiendo únicamente ropa interior!

    Como Carlos había puesto el cerrojo de su puerta, tuve que tocar y esperar a que me abriera simulando ser su novia que regresaba por algo que hubiera olvidado. Huelga decir la agradable sorpresa que se llevó mi amigo, al momento que abrió la puerta y me vio vistiendo únicamente mi delicada lencería rosa. La lujuria en su rostro así lo confirmó.

    “Con permiso”, dije yo abriéndome camino al interior de su departamento, antes de que me sorprendiera algún otro vecino, sin esperar por una invitación formal a pasar (dada las circunstancias no creo que la necesitara en absoluto). ¿Qué clase de hombre le negaría la entrada una atractiva chica a su departamento de soltero estando ella semidesnuda? ¡Tendría que estar ciego!

    Después de aceptar beber un par de cervezas para darle oportunidad a Carlos de recrearse la pupila con mi hermosa anatomía; él me desafió no sólo a que esa noche durmiera en su cama, lo cual yo ya estaba más que dispuesta a hacer como en otras ocasiones, sino que además lo hiciera ¡completamente desnuda!

    A penas terminó de retarme, coloqué sobre la mesa la botella vacía que tenía en la mano para remover de mis hombros los tirantes del sujetador, ¡lenta y sugestivamente! Como una señal clara de aceptación al reto que él había invocado. Y dándole la espalda, me dirigí hacia el dormitorio en lo que deslizaba mi delicada prenda superior desde mi torso hasta mis pies, dejándola caer en el camino.

    La prenda inferior me la quité ya en el dormitorio sin encender la luz, justo frente a la cama; y completamente desnuda me metí bajo las sábanas en espera de mi osado y atrevido compañero de juerga. ¡Súper excitada y ebria! ¡Qué afortunado resultó ser mi amigo esa noche! ¿No creen?

    Carlos se desvistió en la penumbra de la habitación mientras yo lo observaba con curiosidad. Hasta ese momento yo sólo lo había visto en traje de baño cuando ambos coincidíamos en la piscina del complejo habitacional. Donde el agua fría remarcaba por unos segundos el bulto en su entrepierna antes de que éste se retrayera a causa de la baja en su temperatura corporal; por lo que mi curiosidad por conocer la talla de su miembro estaba más que justificada.

    Ya estando desnudo Carlos amagó, jugueteando un par de ocasiones, con saltar a la cama para caer justo sobre mí.

    “¡Alto!”, grité entre risas, asustada por su falsa amenaza en lo que levantaba las sábanas para invitarlo a meterse debajo de ellas de una forma menos violenta.

    Ya los dos en la cama, bajo los influjos del alcohol, nos abrazamos cariñosamente como en otras muchas ocasiones; sólo que ésta vez el contacto de nuestros cuerpos desnudos ocasionaba que cada caricia que nos regalábamos, por más sutil que ésta fuera, hiciera que nuestra piel ardiera de deseo. Especialmente, cuando nuestros órganos sexuales estaban involucrados.

    Al final, esa noche no hicimos nada más aparte de dormir abrazados con brazos y piernas; haciendo un esfuerzo extraordinario por ignorar cada sensación que se producía alrededor de nuestras zonas erógenas. Supongo que en el fondo ambos teníamos el mismo temor de perder nuestra gran amistad por una sola noche de pasión, por más tentador que la oportunidad se nos presentara.

    Sin embargo, eso no evitó que al día siguiente disfrutáramos de tomar una ducha juntos antes de partir a nuestros trabajos. Viéndonos forzados a utilizar ambos pares de manos para hacer rendir la única barra de jabón de que disponíamos; enjabonando mutuamente cada rincón de nuestros cuerpos. ¡Juró que nunca en la vida me había sentido tan limpia (o sucia, depende de cómo lo cuente)!

    Después de esa excitante ocasión Carlos y yo no desaprovechamos cada oportunidad para desnudarnos uno en frente del otro. Me hacía temblar de emoción cada vez que mi vecino entraba a mi departamento blandiendo por el frente su erecto miembro, lo que por lógica significaba que debería haberse estado masturbando pensando en mí. Por mi parte yo hacía lo mismo, pero dado que Carlos siempre ponía cerrojo a su puerta tenía que esperar algunos segundos en el corredor, ¡totalmente desnuda! ¿Se imaginan?

    En retrospectiva quizás todo ese jugueteo con Carlos, y otros de mis amigos, eran lo que habían ocasionado que mi relación con Alberto hubiese caído tan rápidamente en la monotonía; pero deben de entender que la mayoría de esas amistades las había formado desde antes de conocer a mi novio, y es sumamente difícil cambiar los alcances de una amistad cuando no hay un motivo real para hacerlo.

    Por ejemplo, me resultaba casi imposible sopesar en lo prudente y sensato de desnudarme en frente de uno de mis amigos, cuando éste ya me hubiera visto desnuda con anterioridad; pues sí mi cuerpo y nuestra amistad no habían cambiado, ¿por qué debería actuar de una forma diferente con ellos?

    Y siendo que mi amistad con Carlos había comenzado antes de siquiera conocer a Alberto, no tenía problemas en mantener los mismos términos de ésta, ya que ambos disfrutábamos de los beneficios de contar con esa relación tan cercana.

    Aunque no lo crean, hasta ese momento yo siempre le había sido fiel a Alberto. Sin embargo, como extrañaba las inesperadas llamadas por teléfono de algún amigo durante mi época de soltería (o de noviazgos pasajeros), para proponerme asistir a una improvisada fiesta o pijamada solamente como excusa para poder intimar conmigo.

    Siendo sincera, en realidad no extrañaba a una persona en especial por como me hubiera tratado o por lo que yo hubiese hecho con ella en la cama. Extrañaba la impredecibilidad de mi vida y la adictiva adrenalina que la espontaneidad me provocaba. La incertidumbre de iniciar una divertida velada sin saber a ciencia cierta donde te sorprendería el amanecer o con quién, era insustituible.

    Por razones obvias, desde que me involucré con Alberto en una relación formal, tales escapadas fueron disminuyendo con el tiempo; por lo que Carlos llegó a ocupar buena parte de ese vacío emocional que me invadía.

    Aun así, el recuerdo indeleble de las aventuras y travesuras que viví previo a mi relación actual, me provocaba un ataque de melancolía que me hacía dudar sobre los beneficios de sumergirme en la predecible monotonía del matrimonio. Por más perfecta que ésta pudiera parecer desde el exterior.

    ¿No sería esa la razón principal por la que la mujer en que se basaba mi personaje para esa noche prefirió seguir una vida de riesgos y peligros, que eventualmente la llevaron a su fin, en lugar del matrimonio tradicional de su época?

    ¿Quizás Bonnie, al verse forzada por su familia y la sociedad a la que pertenecía a elegir entre una larga vida de intrascendente rutina, o una más fugaz de emocionantes y frenéticas aventuras prefirió ésta última?

    De ser ésta la verdadera razón detrás de sus acciones tenía suficientes motivos para creer que mi vida tenía ciertos paralelismos con la de la infortunada Bonnie; dejando de lado su carrera criminal, claro está. Aunque la verdad, un poco de dinero extra no me caería mal.

    Obvio que Carlos estaba al tanto de mis planes con Alberto para esa noche, pero debido a cuestiones de tiempo, no había tenido la oportunidad de modelarle los diferentes atuendos que había conseguido. Por lo que pensé que no habría mejor ocasión para eso que ese preciso momento; pues pasando esa noche difícilmente yo volvería a utilizarlo. Más aún que contaba con todos los accesorios que Alberto tan gentilmente había conseguido.

    Por lo que volví a tomar mi pistola de juguete, los fajos de billetes y el pequeño costal con el símbolo de dinero; y procedí a caminar hacia el recibidor dispuesta a sorprender a Carlos tan pronto entrara al departamento. Para mi sorpresa la única respuesta que tuve a mi invitación fue otra serie de golpes en mi puerta, más fuertes que en la anterior.

    “¿Quién podrá ser?”, pensé cuando mi invitación a entrar a mi departamento fue ignorada. Tanto Alberto y Carlos tienen pase directo a mi departamento, por lo que llegué a pensar que podría tratarse de la impertinente administradora del edificio solicitando alguna nueva cuota de mantenimiento.

    —¡Ya voy! —grité a quien desesperadamente estuviera llamando por tercera vez a mi puerta.

    Me detuve por un segundo para dejar sobre la mesa la utilería que traía en las manos, para no tener que dar explicaciones a quién suponía debería ser la amargosa administradora; la cual solía aparecerse con alguna queja de mis vecinos.

    Sólo por precaución, atiné a echar un vistazo por la mirilla de la puerta aun cuando en el décimo piso es improbable que se aparezca una delincuente como la que yo intentaba interpretar en ese momento.

    ¡Cual fue mi sorpresa al vislumbrar que tal impertinencia no era ocasionada por un maleante sino todo lo contrario, por una figura de autoridad! ¡Un policía!

    Parpadeé un par de veces tratando de despabilarme sin conseguirlo de lo que yo suponía un sueño lúcido, pero no el policía seguía ahí de pie del otro lado de la puerta.

    Y no se trataba de cualquier policía, sino uno bastante atractivo de presencia imponente con un físico atlético y bastante alto. Perfectamente uniformado con su camisa y pantalón azul marino ajustados a su anatomía, y sobre su cabeza una gorra de visera engalanada con distintivos dorados que lo hacía lucir como un oficial de alto rango.

    Unos lentes negros ocultaban el brillo de un par de ojos que yo creía conocer bien; mientras sus grandes bíceps hacían lucir mal a las mangas cortas de la camisa de su uniforme, dando la impresión de que estaban a punto de reventar bajo la presión de sus músculos.

    “No puede ser, es demasiado alto”, razoné en mi interior tratando de adivinar la identidad de mi inesperada visita al echar un nuevo vistazo.

    ¡Santo cielo! ¡No daba crédito a lo que mis ojos veían! Justo cuando me quejaba de la falta de espontaneidad en mi vida, ésta me premiaba con una de tantas fantasías con las que yo había soñado: un atractivo y fuerte policía estaba por irrumpir en mi departamento. “Gracias al cielo”, pensé creyendo merecerlo (aunque no supiera exactamente debido a qué).

    Parpadeé un par de veces más intentando enfocar mejor la silueta del otro lado de la puerta, deleitándome la pupila un poco más con la imagen de aquel fornido ‘hombre de la ley’. “Si hubiera sabido que así se realizan los arrestos, hace mucho tiempo que hubiese cometido un delito”, pensé tontamente, bromeando para mí misma.

    —¡Abran, es la policía! —ordenó con autoridad el ‘supuesto oficial’; dándome la señal de que el juego estaba por comenzar.

    Riendo descaradamente estuve a punto de ceder a la petición de quien me había resultado bastante familiar; pero alcancé a contenerme y entonces me pregunté: ¿Qué haría Bonnie Parker en semejantes circunstancias? La respuesta llegó sin demora.

    —¡Largo de aquí, maldito perro! —grité fuerte olvidando por un segundo que mis vecinos podrían escuchar mis insultos; ese no era momento para preocuparme por ellos y sus impertinentes y válidos reclamos, este era el momento de enajenarme en mi propia fantasía erótica-romántica.

    Después de haber improvisado vociferando algunos improperios, inteligentemente me alejé de la puerta previniendo lo que estaba por suceder; aquello que tantas veces había visto solamente en películas de acción. Al más puro estilo de un serial policíaco de televisión la puerta fue abierta con una patada (no sin que antes yo hubiese quitado el cerrojo), como un gran gesto dramático.

    —¡Policía! —anunció con voz fuerte el intruso una vez que la puerta fue abierta.

    La puerta golpeó contra la pared haciendo resonar toda la habitación con un estruendo. “¡Santo cielo!”, pensé al ver la impresionante figura de aquel hombre, ya sin la distorsión de la mirilla de cristal de la puerta, alcanzando a ver algunos detalles que no había notado en el primer vistazo.

    Unas pesadas botas negras resolvieron el enigma del excedente en altura que había calculado en un primer vistazo. Y en su cinturón todos los pertrechos necesarios para desempeñar su oficio: una radio, una linterna, un recipiente de gas pimienta y un revólver que lucía más real que el que yo había dejado sobre la mesa. Además de un enorme garrote en su cintura que hizo correr mi mente a mil por horas; suponiéndolo un efectivo consolador. Y no podía faltar un juego de esposas de acero reluciente y brillante; listas para someter a quien osara oponer resistencia.

    ¡Vaya ni siquiera mi uniforme de policía sensual estaba también equipado como la del oficial que acababa de patear mi puerta!

    Estuve a punto de dibujar una sonrisa en mis labios, como preludio a lo que vaticinaba sería un excitante juego de rol sexual; pero no, tenía que contenerme a causa del recio personaje que interpretaba. ¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de interpretar a la bella y mortal Bonnie Parker? No lo sabía, la tenía que aprovechar.

    Instintivamente di un paso hacia atrás, levantando las manos a la altura de mi cabeza ‘pretendiendo’ entregarme sin oponer resistencia a quien estaba dispuesto a arrestarme.

    —Estoy desarmada oficial —dije con voz débil mostrándome ‘indefensa’.

    —¿Bonnie Parker? — preguntó con voz grave y ronca el hombre apretando la mandíbula.

    —Puede ser, ¿quién pregunta? —respondí con voz suave y una ligera sonrisa dando otro paso hacia atrás en dirección de mi arma.

    El oficial sonrió maliciosamente al escuchar mi respuesta y giró sobre sus pies para cerrar la puerta detrás de él. “Seguro no tiene orden de registro”, pensé al ver una ligera oportunidad para tomar mi arma. Tan pronto él se descuidó corrí hacia la mesa en medio del departamento, donde se encontraba mi revólver.

    —¡Quieta muñeca! —ordenó el hombre al alcanzarme por detrás; sujetándome por la cintura con ambos brazos un segundo antes de alcanzar mi objetivo.

    En otras circunstancias yo hubiera tomado esa orden más que como un simple halago, como una invitación a intimar para ser precisos, pero dada las circunstancias no podía darme tiempo para pensar en placer carnal. Al ver frustrado mi intento por tomar mi arma, tendría que persuadirlo para que me dejará ir de otra forma.

    —Tengo dinero, mucho dinero; todo será tuyo si me dejas ir —ofrecí al oficial haciendo referencia al pequeño costal con el símbolo de dinero sobre la mesa.

    —¿Crees que me puedes sobornar con unas monedas perra?

    ¿Perra? No lo podía creer, pasé de ser una muñeca a una perra en menos de 5 segundos. Al parecer convencerlo de que me soltara no sería tan fácil como yo esperaba. ¿Pero que otro recurso podría tener una criminal como yo además de armas y dinero?

    —Si esto no es suficiente en mi habitación tengo más —repetí mi oferta recordando los fajos de billetes que me había dejado mi novio ‘Clyde’ minutos antes.

    —¡Dije silencio! —ordenó nuevamente el incorruptible hombre de la ley —¿En verdad crees que puedes comprar con tu dinero manchado de sangre?

    “¡Mierda!, de todos los policías del mundo me tenía que tocar el único que no era corrupto”, pensé lamentándome por mi mala suerte; pues no sería la primera vez que Clyde y yo utilizábamos dinero para librarnos de la justicia.

    El oficial soltó mi cintura para empujarme violentamente sobre la mesa, sujetándome por los hombros para evitar que tomara mi arma a escasos centímetros de mi rostro.

    Utilizando la fuerza de su musculoso cuerpo sujetó cada una de mis muñecas para doblar mis brazos detrás de mi espalda y poder someterme con una sola mano; utilizando la mano libre para extraer las esposas de su cinturón.

    Una vez que me colocó las esposas, en un bizarro gesto de soberbia acercó su cadera a mis glúteos colocando su duro miembro en medio de mis magníficos atributos; mientras dejaba caer todo su peso sobre mí al apoyar una mano en mi espalda. “Solo un sádico gozaría con frotar sus órganos sexuales contra una indefensa mujer”, pensé en mi interior presa del miedo.

    —Central, tengo a la sospechosa en custodia, procedo a registrarla —dijo el oficial claramente, al utilizar la radio que llevaba en su cinturón para comunicarse con sus superiores.

    “Registrarme, la oportunidad perfecta del hombre para manosear mi hermoso cuerpo con la excusa de buscar armas, ¿cómo podría él dejarla pasar?”, continué pensando angustiada por lo que estaba por suceder.

    El oficial colocó la radio a lado de mi rostro, permitiendo que alcanzara a escuchar el ininteligible ruido blanco que este emitía como música de fondo para su bajeza. Lentamente comenzó a palpar mi cuerpo con ambas manos, bajando desde el cuello hacia la espalda, como si realmente pensara que podría esconder un arma bajo mi ajustado atuendo. Absurdo.

    —¡Que bien se siente! —exclamó con lujuria al deslizar sus manos por los costados de mi torso y tocar mis senos.

    Apreté los labios tratando de ignorar el ultraje del que era objeto; pero mi propio cuerpo me traicionaba provocando que emitiera un leve pero inconfundible quejido de placer al ser estimulada por las duras manos de aquel hombre.

    —Sé que te gusta, perra —dijo continuando con su ‘protocolo’ de arresto.

    El oficial deslizó sus manos por mi abdomen hasta llegar a mis glúteos, separó su cadera de ellos para deleitarse con su firmeza y volumen a medida que los apretaba con sus manos descaradamente.

    Una vez que hubo satisfecho sus crapulosos deseos con mis glúteos, comenzó a deslizar de nuevo sus manos por mis muslos levantándome la falda sin haber necesidad; para palpar mi piel directamente con sus ásperas manos. Intentando separar mis piernas a medida que subían por el interior de ellas.

    ¡Imposible contener el escalofrío que se apoderó de todo mi ser, al sentir sus impúdicas caricias en mi entrepierna!

    —¿Ves que sí te gusta? —preguntó en forma retórica jalándome por las muñecas para levantar mi torso de la mesa y colocarme frente a él.

    “¿Sería acaso que ese rudo oficial ya había saciado sus infames deseos con mi cuerpo?”, que ingenua me vi al pensar así.

    Antes de que pudiera recuperar la vertical, me empujó fuerte contra la pared detrás mío, provocando que mi cabeza golpeara contra a ella en un movimiento de látigo al encontrarme maniatada por la espalda.

    Sin que pudiera yo reaccionar a causa de la contusión que me había provocado, comenzó a acariciar mis senos por enfrente con ambas manos; apretándolos fuertes, como si los quisiera hacer reventar entre sus dedos.

    La fuerte jaqueca que se apropió de mi cabeza, provocándome cerrar los ojos, impidió que notara como sus manos desabotonaba mi delicada blusa buscando dejar expuestos frente a sus ojos mis hermosos y voluptuosos senos.

    Sólo después de unos minutos, en lo que recobraba la consciencia, pude percibir como ese infame ‘hombre de la ley’ se deleitaba con mi cuerpo sin ningún reparo. ¡Esto no podía continuar así!

    —¡Maldito, hijo de puta! —grité iracunda contra el hombre que saciaba sus impúdicos deseos conmigo— ¡Cuando Clyde se entere de esto te matará como a un perro! —amenacé tratando de amedrentarlo con la violenta ira de mi ausente amante y cómplice.

    —¡Silencio perra! —respondió el rudo ‘oficial’ al abofetearme el rostro fuertemente con el dorso de su mano; demostrando lo molesto que estaba por mi actitud desafiante.

    Yo guardé silencio tan pronto sentía el ardor que su violenta ‘amonestación’ me había dejado; en lo que mis ojos se inundaban de lágrimas a causa de la rabia que se apoderaba de mí.

    “Si tan sólo Clyde estuviera aquí, él le haría ver a este cabrón su negra suerte llenándolo de agujeros”, pensé tontamente; bien compenetrada con mi papel como la novia del enemigo público número uno. ¡Santo cielo, debería ser nominada para un premio Oscar por mi gran actuación!

    Sin embargo, había un problema con ese último pensamiento que mi mente había sugerido, por más perfecto que fuera el guion que pretendiera estar siguiendo. Pues las imágenes que recordaba haber visto de la delincuente más buscada del país, distaban mucho de sólo mostrar una atractiva chica veinteañera con buen gusto al vestir, y más que cuestionable gusto para los chicos.

    En la mayoría de las fotografías que la policía distribuyó para fomentar la denuncia de la pareja de fugitivos; Bonnie aparecía portando un arma de fuego en sus manos, ¡con total naturalidad! Como si fuera algo perfectamente normal para ella. Esto sin duda era prueba de que Bonnie era más que sólo una chica que tomó decisiones incorrectas por el motivo correcto, su amor por Clyde; sino más bien que se trataba de una mujer de carácter fuerte y dominante, una chica acostumbrada a vivir en peligro. Una mujer de ‘armas tomar’, literalmente.

    En pocas palabras, en base a esas fotografías, era fácil suponer que Bonnie no sería el tipo de chica que suplicaría por su vida al sentirse amenazada por un misero polizonte sino todo lo contrario; lo desafiaría con arrogancia a cumplir sus amenazas para vencerlo en su mismo juego, sin importar los riesgos que sus acciones tuvieran.

    Definitivamente el tipo de chica que siempre habría querido ser; muy lejos de las poses de niña tonta o ingenua que solía adoptar cuando intentaba conquistar algún chico. Como cuando pretendes que no sabes cambiar un neumático para ahorrarte tener que ensuciar tu perfecto atuendo; y terminas perdiendo más tiempo del necesario por aceptar la ayuda de un caballeroso pero incompetente pretendiente.

    Por suerte para mí esa noche, tendría la oportunidad de vivir en carne propia como debería haber sido la vida de esta famosa y peligrosa delincuente. Obvio estaba consciente que esto no sería gratis, habría que pagar un precio ‘razonable’ por ésta invaluable experiencia de inmersión teatral.

    —No serías tan valiente si mi novio Clyde estuviera aquí —repetí lo dicho anteriormente con una sonrisa burlona en mis labios, recuperándome de la bofetada que acababa de recibir, poniendo en duda la hombría de mi captor.

    —¡Dije silencio! Mi mejor amigo fue asesinado por ustedes —dijo el hombre con rabia en su voz.

    “¡Oh, mierda!”, volví a pensar. Era lógico que este era un asunto personal más que oficial; esa era la verdadera razón por la que aquel oficial había rechazado mi ‘jugosa’ oferta monetaria a cambio de dejarme libre.

    Durante nuestros asaltos, Clyde y yo habíamos escapado en tantas ocasiones a ‘punta de pistola’ que era de esperarse que habíamos acabado con la vida de más de un despreciable polizonte. “Se lo merecen por pendejos”, así tranquilizábamos nuestra consciencia al argumentar que, si alguien era tan tonto para arriesgar su vida por los bienes materiales de un tercero, se merecía lo que le sucediera.

    Aún recuerdo, como si hubiese sido ayer, la vez que ‘silencié’ a un par de esos cabrones con mi propia escopeta mientras suplicaban por sus vidas en Grapevine. Lejos de sentir pena por ellos estaba segura de que lo volvería hacer sin dudar; pues quien se atrevía a interponerse en el camino de mi amado Clyde y yo no merecía misericordia. Sin embargo, estaba consciente de que algún día la vida me cobraría todas mis acciones. ¡Rogué al cielo porque ese día no hubiese llegado aún!

    —Recuerdo a tu amigo —mentí con una sonrisa burlona en mis labios, pues eran tantos los oficiales que habían caído anónimamente por nuestras balas que era imposible recordarlos a todos—. ¡Chilló como un puerco al suplicar por su vida! —agregué ampliando mi sonrisa y fijando la vista en los lentes negros de quien me tenía prisionera.

    ¡Estúpida! ¿Como era posible que me burlara de esa manera tan ruin del mejor amigo del hombre que acababa de abofetearme? ¿A caso Bonnie, quien parecía se había apoderado de mi voluntad, pretendía hacerlo enfurecer aún más para demostrarle de paso que estaba muy lejos de sentirse intimidada por él?

    Si ese fuese el caso, quizás sería mejor para mí que me deslindara de las acciones de esta famosa delincuente, poniéndome de rodillas para suplicar perdón, antes de que ella llegara a provocar una reacción mucho más violenta del fornido y robusto oficial.

    Sin embargo, era un hecho que Bonnie Parker tenía mucha más experiencia que yo en este tipo de situaciones extremas; por lo que supuse que ella debería tener un plan para escapar, quizás debería confiar en ella un poco más.

    Al fin de cuentas, ella no estaría en esta situación si no fuera por mí, ya que yo era quien la había invocado para que esta noche fuera inolvidable (lo cual hasta el momento había funcionado); por lo que me sentí obligada a otorgarle un voto de confianza. Las dos estábamos en esto, no la podía abandonar ahora. ¡Escapábamos las dos, o ninguna lo haría!

    —¿Te crees que eres muy valiente? —preguntó el oficial sujetándome por la garganta dificultándome respirar.

    —Más que tú sí, perro —respondió Bonnie por ambas, sin dejar de sonreír a pesar de ambas estar siendo estranguladas.

    —Veamos si es cierto —sentenció el oficial removiendo de su rostro los anteojos negros para arrojarlos a la mesa, cayendo junto a su radio.

    Después de soltar mi cuello, el oficial dio un paso hacia atrás permitiéndome ver como extraía lentamente de su cinturón el duro garrote de policía; cruel instrumento de tortura ideado para someter a sus prisioneros a garrotazo ‘limpio’. Una vez que lo extrajo, comenzó a blandearlo con la mano derecha, golpeando en repetidas ocasiones la palma de su mano izquierda. Indicándome que estaba más que dispuesto a utilizarlo para reprendernos.

    Por escasos segundos, no hubo otro sonido en la habitación que el chasquido provocado por el resonar de la madera en la piel de su mano. Una vez que su amenaza quedó clara, el oficial extendió su brazo al frente colocando el extremo de su garrote en medio de mi pecho; presionando con fuerza contra mi esternón para mantenerme pegada a la pared detrás mío.

    ¡Estaba que me moría de miedo! La posibilidad de que aquel hombre, utilizara esa fría y dura herramienta de tortura para golpearme estando yo indefensa me aterraba. Sin embargo Bonnie, acostumbrada a vivir en peligro a diferencia de mí, se mantuvo con actitud serena dando la cara por ambas.

    Con un sutil movimiento de ojos, Bonnie retó al oficial a que en lugar de utilizar el garrote para torturarnos lo empleara para abrir nuestra blusa sin usar las manos. ¿A caso él sería tan ingenuo para caer en la trampa?

    —¿Eso quieres? —preguntó el oficial en forma retórica dibujando una sonrisa de lujuria en su rostro; sólo que, a diferencia de la anterior, ésta había sido inducida por nosotras.

    Sin pronunciar una palabra Bonnie respondió a la inverosímil pregunta del oficial con sólo mantener la mirada fija, dando nuestro consentimiento. ¡Qué gran muestra del lenguaje no verbal de parte de ella! Definitivamente tenía mucho que aprender de mi nueva mejor amiga.

    Aceptando el reto, el oficial utilizó el extremo de su garrote para abrir las solapas de la blusa; al tiempo que aprovechaba para ‘palpar’ mis senos presionándolos con el extremo de éste. El hombre perdió la mirada en mi busto a medida que veía como este se hundía en cada zona que presionaba con firmeza; buscando no sólo abrir la blusa, sino también bajar mi sostén.

    Como si fuera un calzador, el oficial empleó el garrote para introducirlo entre la piel de mi pecho izquierdo y la tela de mi sostén, intentando hacer palanca para expulsarlo hacia afuera; al tiempo que mordía su labio inferior con lujuria y sus ojos se abrían como un par de enormes platos, ávido por ver mi torso desnudo.

    Después de varios intentos, jalando mi sostén hacia abajo consiguió su objetivo al soltar un suspiro de satisfacción; maravillado por poder contemplar mi perfecto seno. Firme y voluptuoso. Casi babeando y sin dejar de morder su labio ahora utilizó su duro garrote para dibujar círculos alrededor de mi seno; justo en la zona de mi erizado pezón.

    Por supuesto que dolía un poco. El busto de una mujer fue creado para ser tratado con delicadeza y ternura y no con un duro y frío palo de madera. Pero dado que nosotras estábamos guiando los movimientos de aquel hombre no me podía quejar… no del todo.

    Una vez que hubo probado la firmeza de mi seno izquierdo dirigió su atención hacia el derecho; el cual todavía se encontraba parcialmente cubierto por mi sostén. Exponerlo a sus ojos fue más sencillo, bastó un sólo tirón justo en la unión de las copas para que este se asomara al exterior; provocando que el oficial instintiva e inconscientemente deslizara su mano izquierda hasta su peligrosa ‘arma’.

    No, no habló de la Beretta 9 milímetros semi automática con cargador de 11 tiros que llevaba en su cinturón. Habló de una de mayor calibre y mucho más potente (al parecer por el bulto que se había formado en su entrepierna). Su pene.

    El oficial siguió jugando con mis senos, pasando de uno a otro con la dura extensión de su cuerpo en que se había convertido su garrote. Mientras que con su mano izquierda masajeaba descaradamente su otro ‘garrote’, uno que a pesar de no ser de madera y caucho era igual de largo y rígido.

    Era divertido contemplar en primera fila como aquel alto y fornido hombre, era reducido a algo menos que una inquieta marioneta; hipnotizado por la perfecta belleza del cuerpo femenino. Mientras Bonnie y yo lo observábamos sin mostrar expresión alguna. ¡Bien hecho amiga!

    En ese momento comprendí el plan original de Bonnie. La idea no era escapar de ese bruto oficial, sino enfrentarlo con valor y someterlo a nuestra voluntad sin que él lo sospechara (básicamente lo que yo solía hacer todos los días con los hombres que conocía).

    No importaba si ambas perecíamos aquel fatídico día, al menos lo haríamos juntas con la frente en alto sin dar un paso atrás, ¡sin acobardarnos! “Será un privilegio morir a tu lado amiga”, pensé aceptando cualquiera que llegase hacer el resultado de su plan.

    Con un guiño de ojo y humedeciendo mis labios con la punta de mi lengua Bonnie indicó al oficial su siguiente tarea; la cual él aceptó con gusto.

    Olvidándose de mis senos, el oficial pasó a dirigir su duro garrote hacia mi rostro, acariciando mi mejilla con éste de una forma por demás perversa. “Mantengamos la mirada”, sugerí a Bonnie, consciente plenamente de lo estimulante que es para un hombre ver una mujer a los ojos mientras la sodomiza.

    El oficial mordió su labio nuevamente, mientras me observaba proyectar mi propia lengua para alcanzar a saborear la fría madera que acariciaba mis mejillas. Imaginando el hombre, posiblemente, con que parte de su cuerpo remplazar su bastón.

    Haciendo una sustitución mental, el oficial despegó de mi rostro el garrote y lo colocó en posición vertical justo a la altura de su cintura; simulando que se trataba de su propio miembro erecto. Invitándome a darle una demostración de lo que era capaz de hacer.

    ¡Tantas veces había recibido tan irresistible invitación de parte de algún afortunado chico, que me resultaba imposible negarme a una más! Sin embargo, antes de ponerme de rodillas, como era mi costumbre, decidí consultar a Bonnie; pues ella era quien realmente estaba al mando ahora.

    —¡Así me gusta! —exclamó el oficial apretando los dientes; una vez que me arrodillé ante él y comencé a lamer su enorme garrote de arriba abajo. Lentamente.

    Utilizando sólo los músculos de mis muslos, me elevaba y descendía procurando pulir con mi lengua cada centímetro de la ahora cálida madera; como si se tratase del más dulce bastón de caramelo que hubiese probado en mi vida. Todo esto sin perder detalle del frenético magreo que el hombre frente a mí regalaba a su propio pene bajo el pantalón.

    Sin darme cuenta, me encontré a mí misma atrapada en un éxtasis de lascivia que provocó que comenzara a salivar excesivamente; ocasionando que cubriera con una espuma blanca el duro objeto de mis deseos. ¡Juro que nunca me había sentido así de excitada!

    ¡Oh mierda!, pensé al acelerar el subir y bajar de mi lengua por toda la longitud de aquel macizo palo de madera. Entré en pánico; pues conociéndome bien, sabía que en poco tiempo está acción ya no sería suficiente para satisfacer mis instintos. Tendría que pensar en algo pronto para saciar mi repentino libido. Para mi fortuna Bonnie era capaz de escuchar mis pensamientos.

    —Necesito algo más grande —susurró Bonnie después de hacerme despegar los labios del artificial miembro viril.

    ¡Increíble jugada de parte de Bonnie! Toda mujer sabe que no hay hombre en la tierra (al menos no uno heterosexual), que no crea que posee el miembro más grande de entre todos ellos. Era de esperarse lo que quien estaba frente a mí me ofrecería.

    Al igual que sus lentes, el oficial arrojó su garrote sobre la mesa, golpeando ruidosamente sobre ésta antes de rodar hasta el piso; saturando la hasta ahora silenciosa habitación con su sonido.

    Entonces el rudo oficial comenzó a desabrochar el primero de sus dos cinturones; el que contenía su equipo táctico lenta y sugestivamente y, a diferencia de su garrote, lo colocó con delicadeza sobre la mesa; evitando que su arma se accionara por error.

    Inmediatamente después, él continuó con su sensual exhibición desabrochando su otro cinturón, el que ajustaba su pantalón a la cintura; tirando de el a través de las presillas para exhibir toda su longitud como preludio de lo que estaba por mostrarme.

    Al desabotonar su pantalón fue más rápido, así como al bajar su cremallera. Obviamente, la presión que su ropa ejercía sobre su enorme miembro erecto instaba a el hombre a desnudarse lo más rápido posible.

    Mis ojos se abrieron como un par de enormes platos a medida que el oficial bajó sus ropas, exhibiendo ante mí el más efectivo de sus instrumentos de tortura (o de placer, según sea el caso); en efecto, su otro ‘garrote’ el que no era de madera y caucho, pero quizás más duro y letal.

    De pronto toda la habitación se inundó con la fragancia inconfundible de las ‘partes nobles’ de un hombre. Quizás no concordaba del todo con sus violentos métodos policíacos, pero él era un hombre al fin, ese aroma me lo recordaba.

    El oficial blandeó amenazante su ‘garrote’ frente a mí, dispuesto a usarlo sin piedad; mientras mis ojos lo seguían de un lado a otro con ansiedad. ¿Han tenido esa extraña sensación de desesperación, al saber que algo malo está por suceder y no saben si rogar para que no ocurra, o rogar para que ocurra lo más rápido posible? Justo así me sentí por unos escasos segundos.

    Sin previo aviso, el oficial atestó un fuerte golpe en mi rostro con su nuevo ‘garrote’ intentando rompernos a Bonnie y a mí; pero no lo conseguiría, no sin que diéramos pelea. Si él estaba dispuesto a utilizar su mejor arma contra nosotras era menester pagarle con la misma ‘moneda’.

    Lejos de retroceder contra el despliegue de esta nueva arma, me armé de valor y en nombre de ambas alcancé a acariciar el duro ‘garrote’ con mis labios sujetándolo firmemente con un tierno beso. El ‘arma’ más infalible que una mujer segura de su sensualidad posee contra la brutalidad de un hombre.

    El oficial dibujó una sonrisa de lujuria en su rostro al tiempo que su garganta profería un leve quejido de placer, cuando llegó a sentir la tibieza de mis labios en su erecto miembro; cerrando los ojos y dirigiendo su mirada hacia el techo.

    Como hubiese hecho con su anterior arma, bajo la supervisión de Bonnie, continué degustándola de arriba a abajo empleando mi lengua hábilmente; distrayéndolo de la razón principal por la que se encontraba en mi departamento. Mi objetivo era claro, había conseguido despojarlo de sus armas sin mover un dedo, en poco tiempo conseguiría despojarlo de su voluntad; no importaba hasta donde tuviera que llegar.

    Aunque, por otro lado, debo reconocer que la calidad y tamaño de la actual ‘herramienta’ de tortura del oficial facilitó mucho mi labor, por lo que no tuve ningún reparo en continuar con la encomienda por unos minutos más (era mi fantasía después de todo).

    Por lo que en cuestión de segundos conseguí que toda la longitud del nuevo ‘garrote’ se viera cubierta ya no sólo con mi propia saliva, sino también con el de una sustancia blanquecina, viscosa y de dulce sabor que salía de su punta escurriendo hasta ser recogida por mi lengua. ¡Delicioso!

    Por un momento llegué a sentirme un poco apenada conmigo misma. ¿Cómo era posible que comenzara a sentirme cómoda con la actual situación, en la que era vilmente sometida por un hombre que apenas conocía? “Bueno, no será la primera vez”, pensé en mi interior tranquilizándome a mí misma.

    En un instante dado, justo cuando lamía la húmeda punta del nuevo ‘garrote’, un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando un fugaz vistazo al pecho de mi captor me permitió conocer el nombre escrito en su placa de identificación: Hammer.

    ¡Mierda! Era de esperarse que el oficial asignado a irrumpir en mi departamento no podía ser otro que el peor enemigo de Bonnie y Clyde. Aquel que cobardemente en una emboscada había acabado con sus cortas vidas. ¿Cómo tomaría Bonnie el estar frente a frente con tan despreciable hombre? (esto en sentido figurado, porque realmente no estábamos frente a frente).

    —¡Cobarde! ¡Hijo de puta! —grité incitada por Bonnie, una vez que ella hubo reconocido al cabrón que había sido asignado a arrestarla.

    Como si hubiese estado esperando la súbita reacción de Bonnie, el oficial sonrió soberbio y mezquino dispuesto a olvidar los buenos modales y castigar brutalmente a sus cautivas tomando el control total de mi cuerpo.

    Aún con los pantalones en las rodillas él levantó su pierna derecha para colocar su pie en mi hombro, estando yo indefensa con las manos esposadas en la espalda, y hacerme perder el balance al empujarme hacia el piso con su pesada bota policíaca.

    De pronto, me encontré en el piso cegada por la luz de las lámparas, totalmente indefensa y retorciéndome de dolor al haber caído con todo mi peso sobre mis propios brazos. “¡Mierda!”, pensé en mi interior al presagiar lo que estaba por suceder: ¡esa bruta bestia estaba a punto de abusar de mí!

    Para mi fortuna al menos no tendría que afrontar ésta espantosa pesadilla sola, pues contaba con una buena amiga a mi lado; una que no se acobardaba ante nada. “¡Que pase lo que tenga que pasar!”, pensé aceptando mi destino con valor.

    Sin nada que pudiera yo hacer, el oficial se arrodilló entre mis piernas para inclinarse sobre mí y saciar sus impúdicos deseos con mi cuerpo. Probando con sus labios mis perfectos senos; no dejando pasar la oportunidad de mordisquearlos con lujuria. Dedicando especial atención a mis puntiagudos pezones, sujetándolos con sus dientes para estirar de ellos con malicia; provocando una extraña sensación de excitación y adrenalina que me hizo dudar un poco sobre lo correcto acerca de mis sentimientos.

    “No le des a este perro el placer de sentirte humillada, disfrútalo como si realmente lo desearas”. ¿Qué era lo que acababa de decir Bonnie? ¿A caso había sugerido que lo mejor que podía hacer en esas circunstancias era fingir que deseaba tener sexo con un perfecto desconocido? Aunque su idea me pareció un poco descabellada al principio, tampoco me encontraba en condiciones de cuestionar la experiencia de la criminal más buscada por el FBI. Gracias al cielo, yo tenía un poco de experiencia realizando lo que ella sugería.

    Obedeciendo ciegamente la orden de Bonnie cerré mis ojos y me mordí los labios ‘simulando’, ante el hombre que me sometía, contener un grito de placer al sentir esas excitantes caricias en mi torso. ¿Cuánto tiempo más podría ‘fingir’ estar fingiendo? No lo sabía.

    Sin previo aviso, una de sus callosas manos abandonó mi torso para hacerse presente en una de mis piernas bajo mi falda; pretendiendo con indecentes caricias buscar un camino hasta mi entrepierna, hasta mi tanga. Lo conseguiría.

    —¡Mierda! —exclamé al sentir esa ruda mano por dentro de mi delicada prenda interior.

    —¡Silencio perra, sabes que te gusta! —ordenó el oficial como si leyera mi mente.

    Ignorando mi falsa protesta él continuó explorando mis partes íntimas con sus largos dedos; acariciando con su dedo índice la abertura de mi vagina. Introduciéndolo dentro de mí, sólo para hacer traviesamente el gesto de jalar de mi clítoris como si se tratara del gatillo de su propia arma.

    “¡Santo cielo!”, pensé una vez que el oficial hubo simulado haber vaciado la pistola dentro de mi vagina, provocando una serie de involuntarios temblores que se apoderaron de mi cuerpo. ¡Juraría que una pistola tipo Beretta no tenía tantas balas!

    Él sonrió satisfecho por mi espontánea reacción, olvidando por un segundo que su propósito original era hacerme pasar un mal rato.

    Con un rápido movimiento el oficial metió ambas manos bajo mi falda; llevándolas hasta mi cadera para poder sujetar la cintilla de mi tanga y jalar de ella hacia abajo, hasta mis tobillos, con la clara intención de despejar el camino para efectuar la máxima afrenta que puede sufrir una mujer a manos de un hombre.

    Una vez más cerré los ojos y apreté los labios anticipando lo inevitable. Y un segundo después lo sentí justo en la entrada de mi vagina.

    Exacto, su duro y enorme ‘garrote’ golpeaba contra mi ‘puerta’ pretendiendo entrar a la fuerza; al igual que aquel hombre hubiera conseguido entrar sin mi consentimiento en mi departamento sólo unos minutos antes.

    Me encontraba totalmente indefensa, y no debido a las esposas que sujetaban mis manos por la espalda, sino porque yo había fantaseado por tanto tiempo con vivir un momento así de excitante que simplemente no lo podía desaprovechar. ¡¿Cómo poder resistirme a algo que en el fondo yo estaba deseando?!

    “Mi mejor amiga lo entenderá”, pensé un segundo antes de perder el control de mi cuerpo a causa de la excitación que me invadía, cediendo a las más oscuras fantasías que esa noche se materializarían en la habitación: ¡las mías!

    Una vez más el oficial pateó a mi puerta entrando tan violentamente, con su ‘garrote’ desenfundado, que me fue imposible contener mis gritos ante tal muestra de abuso policíaco.

    —¡Mierda! —exclamé antes de que el oficial cubriera mi boca con una de sus manos, previniendo poner en alerta a los vecinos.

    Sujetándome por el brazo con su mano libre, el oficial comenzó a introducir su ‘garrote’ dentro de mí; lenta y firmemente, alcanzando cada rincón de mi interior. Como si pretendiera llegar hasta lo más profundo de mis entrañas con cada nueva embestida.

    Me encontraba totalmente aturdida; confundida en cómo debería sentirme en mi interior. Desdichada o afortunada; pues tenía la impresión de que este no era el primer allanamiento que perpetuaba aquel hombre, dada su eficacia en el manejo de su ‘arma’.

    Estaba tan excitada a causa de su ‘ataque’, que me era imposible controlar los reflejos de mi cuerpo mientras estaba siendo asfixiada. Irónico.

    Unos minutos después de soportar con valor estar siendo sodomizada en mi interior por aquel tosco hombre; sin misericordia realizó una serie de disparos directamente a mi alma hasta vaciar su ‘arma’, haciendo arder mis entrañas por dentro.

    Y justo en ese momento ya no pude soportar y me ‘quebré’, entregándome a disfrutar del más excitante orgasmo que haya experimentado hasta ese día.

    —¡Santo cielo! —exclamé en silencio pidiendo perdón por haber gozado con mi supuesta tortura y haberle fallado a mi amiga.

    “No te preocupes, no importa lo que este perro te haya hecho, nadie volverá a saber de él”, sentenció Bonnie consolándome en lo que Hammer extraía su ahora ‘flácida arma’ de mi interior antes de erguirse para dirigirse a la mesa todavía con los pantalones abajo caminando ridículamente como un pingüino.

    Entonces lo entendí claramente. Ciertamente aquel supuesto ‘hombre de la ley’ no sólo, no había conseguido hacerse tan famoso como él esperaba acabando con las vidas de Bonnie y Clyde; sino que irónicamente había creado una leyenda muy superior a la suya. No en balde cuarenta mil personas asistirían al funeral de la insólita pareja.

    De igual manera, todo éste odio que había intentado desquitar al abusar de mí había sido completamente en vano; pues Bonnie había tenido el placer de restregarle en la cara su relativo anonimato una vez más, al recordarle quien de los dos era una auténtica leyenda viviente. Mi humillación había valido la pena.

    Aún con calambres en los codos y los brazos, a causa de haber soportado sobre ellos el peso de mi captor y el mío propio, intenté levantarme para recargarme en la pared y tomar un respiro. Por fin la humillación y vejación que había tenido que sufrir junto con mi compañera de fantasía, la valiente Bonnie, había terminado. ¿O no?

    —Aquí oficial Hammer informando que la sospechosa continúa resistiéndose al arresto; —dijo el rudo oficial después de tomar su radio con un tono burlón en su voz; observando el desvalido cuerpo de su víctima con actitud soberbia y perversa—. ¡Solicito refuerzos de inmediato, repito, solicito refuerzos de inmediato! —enfatizó.

    “¿Qué era lo que acababa de escuchar decir a mi hosco victimario?”, me pregunté a mi misma fijando mi vista en el rostro desencajado de aquel ‘desconocido’. “¿A caso aquel hombre, que pensaba yo conocer bien, sería capaz de haber invitado a algunos de sus amigos a nuestro inocente juego de rol? ¿O sus palabras en la radio, que parecía ser de juguete, no serían más que un simple blofeó?”

    Justo cuando creía que todo este suplicio había terminado, la última comunicación por radio de aquel rudo hombre me sugería lo contrario. ¿Cuánta maldad era capaz de contener en su alma?

    ‘Mierda’, pensé tan pronto el oficial terminó de hablar; sin decidirme del todo en cuanto si debía temer o desear que su amenaza fuera real. Pero en lugar de lamentarme por el nuevo ‘peligro’ que se asomaba sobre mí cabeza, suspiré profundamente y me puse a pensar lo que hubiese hecho mi actual heroína en semejantes circunstancias.

    —¡Espero que sean suficientes, hijo de puta! —exclamé con un tono desafiante, intentando escupir cada palabra al maldito que acababa de ‘ultrajarnos’; dejándole bien claro que, a pesar de haber sufrido semejante humillación, mi orgullo había permanecido completamente intacto; estando más que dispuesta a enfrentar con valor a cualquier hombre que entrara por la puerta de mi departamento.

    Él sonrió satisfecho por mi altanera respuesta; pues era lógico que no esperara menos de la mujer que había enfrentado a más de mil policías en diferentes balaceras saliendo siempre avante hasta ese día. ¿Lo conseguiría otra vez? Sólo el tiempo lo diría.

    Definitivamente las mejores cosas de la vida, muy especialmente cuando se trata de sexo, son las que no te esperas. Aquellas que debido a su espontaneidad revitalizan tu vida al igual que una bocanada de oxígeno en el tóxico smog de la rutina.

    ¿Qué más podía pedir aparte de una buena sesión de sexo salvaje para comenzar la noche de brujas? Afortunadamente para mí, como para casi todo el mundo, cuando se trata de placer sexual la respuesta fue, es y será siempre ‘más sexo’.

    —Entendido equipo Bravo, vamos en camino, cambio y fuera —sentenció una voz de eléctrico acento a través de la radio que hasta hace un instante yo imaginaba de juguete; provocándome un extraño escalofrío que recorrió todo mi cuerpo desde la nuca hasta la punta de mi pie, al tiempo que una inesperada sonrisa revelaba mis más profundos y íntimos deseos.

    Sin ningún tipo de vergüenza cerré mis ojos para entregarme a soñar por un instante con el complemento de mi fantasía, sin la certeza total de que ésta se llegara a consumar. Sin mortificarme en disimular esa sonrisa que no era del todo actuada, pues a final de cuentas en ese momento quien habitaba mi cuerpo no era yo sino Bonnie, la chica que no le tenía miedo a nada.

  • Noche de perversión anal

    Noche de perversión anal

    Eran las diez de la noche y Rodolfo estaba desnudo esperándome tendido en una cama redonda de un hotel tres estrellas de una zona muy tranquila de la ciudad, con escaso ruido, iluminación tenue con lámparas pequeñas, música de los años setenta que me hacía recordar aquellas películas de Ron Jeremy, actor de ese cine porno memorable, el primer pene del cual me enamoré; también había un buen aroma, una fragancia muy agradable. Yo estaba mirándolo a escondidas desde la puerta entreabierta del baño, estaba preparándome, dándome los últimos retoques para que me haga suya en el ring de las cuatro perillas.

    Mi culito estaba bien depilado y muy perfumado, sentía mis nalgas bien suaves y firmes, grandes y redondas, siempre fui culona y eso me encantaba, es parte de mis rasgos naturales. Ahí estaba yo, una travesti veinteañera aún sin concluir el entrenamiento anal en el cual estaba muy comprometida para ser toda una sissy entregada al sexo. Pero decidida a ser perforada aquella noche por ese gladiador enorme de pene grueso y venoso, se me hacía agua la boca y el ano de sólo imaginarlo montándome duro. Ya tenía que salir, no podía esperar más, estaba lista, mis piernas me temblaban un poco. Mi babydoll rojo, mis labios muy bien pintados, mis ojos delineados con pestañas largas, mucha sombra en los párpados, hilo dental en el culo, ligas rojas de encaje en muslos y brazos, aretes dorados largos, un collar dorado con una medalla que decía “Fuck my Ass” y tacos aguja negros, todo era parte de mi arsenal de seducción para aquella noche maravillosa de primavera.

    Di aquel paso decisivo y final, salí del baño muy sensual y perfumada, mi macho al abrir mi culito sólo sentiría olor a rosas silvestres, al besar mis labios sentiría menta, mi cuello y brazos a fragancia de Carolina Herrera, mis piernas y mis pies con las uñitas bien pintadas de carmesí a aromas cítricos, estaba muy cuidadosamente perfumadita. Coloqué en mi micropene también una liguita de encaje muy pequeña de color rosa y trataría de que no se erecte para nada, estaba decidida a que el placer fuera sólo anal aquella noche. Si llegaba al clímax tendría que ser por el culo, ese era mi objetivo.

    Me acerqué a Rodolfo, él reaccionó bastante bien, lo noté en sus ojos, saltó de la cama al verme y me dijo ¡Wow! qué linda estás Milka, ven aquí preciosa y me nalgueó, noté que su pene se paró de inmediato, en minutos más ya estaba emanando líquido preseminal, fue lindo verlo así. Me dijo cosas ricas al oído, cosas que siempre soñé que me digan, fue muy tierno, recuerdo algo de eso, algo como, nena que hermoso cuerpo, me encanta que seas así de culoncita y que rico hueles, y ese clítoris tan pequeñito que tienes, esas bolitas casi ni se ven, eres toda una nena, oh Dios mío esos pezones que ricos!!!, ven aquí para chuparlos.

    Fue ahí cuando comenzó a llevarme a la gloria, primero me chupó intensamente ambos pezones, me frotaba uno y luego me chupaba el otro y viceversa, fue delicioso. Después me dio un beso francés de película con lengua obvio, y procedió a hacer a un lado mi hilo dental del culo, que tenía bien metido entre mis nalgas, y buscar con su dedo medio mi agujerito, lo introdujo suavemente y hurgó dentro de mí como buscando algo, (¡¡¡felizmente no encontró nada!!! Jijiji) después me lo sacó y me lo metió a la boca para que lo chupe, después me besó y así me tuvo un buen rato, estaba excitándome mucho, ya estaba goteando de la calentura que me provocaba, y me encantaba sentir el sabor de mi recto.

    Pasamos un largo momento de morbo, me llegó a meter hasta dos de sus dedos, y eran gruesos, sentí que estaba bien dilatada ya, le susurré papacito quiero pinga por el culo por favor, necesito que me perfores, abre mi cuevita, dámela toda por favor. ¡No se diga más! Me dijo y me desnudó entera, sólo me quedé con mis tacos puestos, me tiró a la cama y me pidió que le chupe un poco el pene. En realidad, era bien grande y grueso, el glande estaba brillante y goteando, se lo succioné todo por un rato, lo miraba a los ojos con cara de zorra y le decía que rico está y chupé y chupé ese fierro caliente hasta que esté al máximo, me tragué un montón de su líquido preseminal, el cual estaba exquisito, me gusta mucho.

    Rodo me puso en cuatro y comenzó a chuparme el ano, fue muy rico sentir su lengua, ufff ya estás abierta lindura, procedo a metértela de una vez mejor, toma!!! Ahhh! Ufff nooo ayyy me duele papi!!! Aaaaah! Ay que rico, así dame, dame más, quiero más pinga hasta el fondo, métela toda, mi ano quiere más así así, me dio una embestida que me hizo ver estrellas y luego la gloria, fue una penetración profunda, así me encanta, me hizo suya. Comenzó a darme duro en varias poses, en cuatro, al hombro, contra la pared, me estuvo bombeando duro, yo también lo cabalgué bastante, me encantaba verme en el espejo de la habitación cómo me penetraba, literalmente mi ano se estaba comiendo esa verga, era una penetración perfecta, un mete y saca terrible, sus huevos rebotaban duro y mi pinguita goteaba bastante pero sin erección, lo estaba logrando, el placer anal era muy intenso y estaba a punto de llegar al tan añorado orgasmo anal que quería. Rodo me estuvo culeando salvajemente como un par de horas en varias poses, el ano ya lo tenía bien abierto, lo notaba, además sonaba riquísimo, se notaba que ya estaba al máximo, me estaba desfondando.

    Me puso de cabeza con el culo levantado y con mis piernas arriba, me dio una taladrada final que finalmente me hizo sentir riquísimo, era una mezcla de querer hacer pis y caca a la vez y no me pude contener, sentí que el pene de Rodolfo entró como más al fondo y me tocó algo en mi interior que mi hizo eyacular de inmediato, mi pinguita de travesti se puso semi erecta pero literalmente me escupió tres chorros de leche directamente en mi cara, el tercero me cayó en mi boquita porque reaccioné gritando y abrí la boca justo en ese momento, mi anito comenzó a tener contracciones porque Rodo gritó de placer ¡Ay zorrita que ricooo, qué hace este culo tuyo mi amor, me está tragando el peneee aaah! Comenzó a bombear más duro y lo sacó, comenzó a frotárselo para acabar y me hizo arrodillar para recibir toda su carga en la boca. Me reincorporé y le dije ¡Dame papi, dámela toda en la boca ahhhh!, la quiero toda, caliente y espesa, así la quie… Arggg ñamiii ahhh uff, aaaargh! Uf me la dio toda, pero le salió bastante, tuve que escupir un poquito, siempre mirándolo a los ojos como toda una perra que soy, fue delicioso.

    Pasamos la noche juntitos, la habitación olía a semen, tuvimos que abrir la ventana. Me veía en el espejo y el culo me quedó bastante adolorido, observaba un agujero negro profundo, al parecer me bombeó bastante mi macho aquella noche, estuve como dos días sin poder sentarme. Antes de dormir le chupé nuevamente ese pene hermoso para dejarlo bien limpio sin nada de leche, hasta que perdió erección y nos quedamos dormidos. En la madrugada nuevamente me sodomizó así toda adolorida, mi ano estaba ya irritado pero la excitación pudo más y esta vez me llenó de leche abundante, fue muy rico ver salir ese néctar lentamente de mi agujero de placer.

    Temprano nos duchamos, Rodolfo se fue a trabajar fuera de la ciudad y yo me quedé viendo televisión por un par de horas más, recuerdo aquella noche como si fuera ayer, fue mi primer orgasmo 100% anal. Comenzaba a evolucionar mi condición de travesti, ya no había vuelta atrás, se dibujó una sonrisa en mi rostro aquella mañana recordando lo sucedido y en mi culo se dibujó una rayita un poco más grande, mi asspussy estaba creciendo, fui sodomizada riquísimo y me gustó mucho. Simplemente hizo que aumente mi apetito anal, cada vez se volvía más intenso.

  • Primeras aventuras consentidas

    Primeras aventuras consentidas

    Bueno siguiendo con el relato anterior, les sigo contando que en el colegio ella seguía con su forma de vestir, se dejaba ver, se exhibía con quienes le gustaban y a veces con profesores cuando necesitaba subir alguna nota, según lo que me contaba recibió muchas propuestas, las cuales siempre me contaba y nunca aceptaba pues no lo necesitaba pues lo que quería era vivir nuevas experiencias, pero al ritmo conmigo.

    Ese año que estuvimos así fue muy rico pues fue mucho lo vivido y mucho lo que disfrutamos los dos, y me imagino que muchos de sus compañeros también disfrutaron de la visión que les dejaba su compañera, ya finalizando el año organizaron una fiesta de despedida en la casa de uno de los compañeros, ella duro más de una semana pensando en que ponerse y al final decidimos ir a comprar algo para estrenar ese día, algo muy sexy y que no dejara mucho a la imaginación. Escogió una minifalda de jean de pliegues muy corta y voladita a los lados, cosa que fácilmente se le subía, compro una blusa cortica ombliguera de tiras, una chaqueta cortica de jean y unas botas negras hasta abajo de la rodilla.

    La deje ir sola en un principio para que ella disfrutara un rato y como vivíamos muy cerca le dije que yo llegaba más tarde, cuando llegue casi a medianoche ella ya estaba prendidita y muy alegre, estaba rodeada de varios compañeros de ella que no hacían sino bailar con ella, y aprovechar cualquier movimiento fuerte para verle su pequeñísima ropa interior ya que se colocó un hilo muy pequeñito de color fucsia que así que se le viera muy sexy y no se le escondiera por las sombras o la oscuridad del lugar.

    Cuando me vio salto de una a abrazarme, a besarme y me llevo a un rincón de la sala donde no habían muchos compañeros para contarme todo lo que había hecho y lo que le habían dicho, en resumidas cuentas la habían manoseado un poco con disimulo al bailar, algunos compañeros que se hacían mas de la cuenta los borrachos aprovechaban la condición para tocarle las piernas casi hasta arriba y uno se había atrevido a darle un pico en la comisura de los labios, me dijo que estaba muy excitada y que quería que la llevará a la casa para terminar lo nuestro. Le dije que como acababa de llegar no era conveniente irnos pues pensarían que yo era el que me la quería llevar y no la quería dejar disfrutar con sus compañeros, entonces decidimos seguir y volvimos a la mesa donde estaban los otros compañeros, ella siguió bailando con todos y ya varios estaban borrachos y el trago se estaba acabando, así que le dije al dueño de la casa que si me lo permitía que yo podía traer algo más de tomar si querían que siguiera la fiesta, entonces me dijo que claro y fui a comprar 3 botellas más de lo que estaban tomando.

    Ya pasadas las 3 de la mañana mi novia en ese tiempo, estaba ya muy prendida casi borracha pero sin perder el conocimiento ni el comportamiento, algunos ya se habían ido y otros ya estaban dormidos, ya se estaba acabando la última botella de las que lleve cuando tuve que ir al baño, al regresar me di cuenta que un amigo de ella estaba abrazada a ella y disimuladamente le estaba rozando un seno y con la otra le tenía agarrada una pierna, no les dije nada y cuando llegue y me senté él se paró y se fue al baño, ella me abrazo y al oído me dijo que ese era el amigo que le había dado un pico casi en los labios, y que mientras me fui al baño le había dado un gran beso en la boca y la había manoseado, pero que a ella no le molesto pues al contrario la había excitado y se le había ocurrido cumplir una fantasía que tenía hace rato así que si yo quería y aceptaba la podíamos realizar.

    La fantasía era estar con otra persona mientras yo la veía sin que me vieran a mí, así que la propuesta me dejo excitado y pensativo pues era la primera vez que tocábamos un tema de fantasías, la propuesta era la siguiente, que mientras se acababa la botella yo me hiciera el borracho y ella le pediría ayuda para llevarme hasta la casa, así nadie sospecharía de la salida de los 3, además el amigo vivía cerca también. Me dijo que quería verla haciendo y yo le contesté que me dijera mejor que quería hacer y ver hasta donde podíamos llegar, me sorprendió que me dijo que ella quería que cuando llegáramos a la casa me acostaran en la cama y yo me quedara como dormido, ella con la intención de ir abrirle la puerta se iba con él y era casi seguro que él la iba a querer besar otra vez y ya estando a solas pues se quería dejar llevar y que si yo se lo permitía quería hacerlo con el amigo en la sala, la idea me pareció algo loca pero me excitó demasiado así que le dije que de una lo hiciera pero que se protegiera, así que así siguió el plan hasta que se acabó la botella y me hice el que casi no podía ni pararme.

    Entonces como yo era un poco más grande que él me trato de ayudar con mi novia y no pudieron entonces llamaron a otro de los amigos de ellos y entre los 3 me ayudaron a parar, se las puse un poco difícil para que se viera real, pero cuando salimos trate de recomponerme un poco para que el otro amigo se devolviera, pero cuál fue mi sorpresa cuando mi novia me dijo que ella se sentía mareada porque el frio le había caído mal así que seguimos los 4, pero el segundo amigo me ayudaba a mí y el primero le ayudaba a ella y sin ningún pudor la llevaba abrazada cogiéndole un seno completo. Cuando entramos abrí la puerta y entramos, pero a mi novia la dejaron en el sofá de la sala y a mí me llevaron hasta el cuarto. Cuando se fueron del cuarto medio cerraron la puerta y se fueron para la sala, la imaginación de lo que iba a pasar me excitó demasiado y me pare inmediatamente sin hacer ruido para tratar de ver lo que pasaba afuera.

    Me hice en una esquina donde no me podían ver pero yo los escuchaba y los veía muy bien, el primer amigo le dijo al otro que se la iba a comer ya que toda la noche lo tuvo antojado y que ya la había tocado toda entonces el otro le dijo que le ayudaba a desvestirla porque la quería ver desnuda y que se iba y la dejaba con él, ambos la empezaron a desnudar, le quitaron la chaqueta y la blusa y aparecieron ese par de senos hermosos, el segundo se puso a besarle los senos mientras el otro le quitaba las botas y le bajaba la falda, en ese momento ella se recompuso y les dijo que estaban haciendo, así que el segundo se asustó y le paso la mano por encima del hilo y se despidió dándole otro beso en el seno y se fue, el primer amigo le dijo que lo tenía párolo y que quería comérsela así que mi novia le dijo que donde estaba yo y él le respondió que había caído dormido en la cama entonces ella lo agarró del cuello y lo beso fuertemente, en ese momento ella le dijo que también tenía ganas pero que si tenía condones así que el chino saco un condón de la billetera y se lo mostro, ella se alegró y empezó a desvestirlo con mucha torpeza, así que él se terminó de desvestir, le quito el hilo y le empezó a bajar a su entrepierna, en ese momento casi estallo de la excitación, nunca pensé que eso lo podía excitar tanto a uno, saber y ver a su pareja acostándose con otro sabiendo que uno le dio permiso.

    Después de ese momento él se puso el condón y solo se escuchaban jadeos y gemidos de ambos, ella llego dos veces casi seguidas y él le cambio de posiciones varias veces hasta que se vino y quedaron exhaustos los dos, ella le dio un beso en la boca y le dijo que se fuera que no quería que lo vieran salir más tarde de allá y que me fueran con chismes a mí, así que se vistió y se fue.

    Ella casi no se podía parar de lo borrachita que había quedado y de los exhausta que la habían dejado, así que baje rápido para ayudarla y llevarla a la habitación, tan pronto como llegamos como ya estaba desnuda se acostó en la cama y me dijo hazme el amor que quiero ahora sentirte a ti y dime si te gusto lo que hicimos, la verdad no termino de decirlo cuando yo ya la estaba penetrando y lo hicimos hasta el amanecer, cuando terminamos quedamos dormidos hasta pasado el mediodía.

    En un principio pensé que todo había sido cuestión de tragos, pero después de desayunar hablamos nuevamente del tema y me dijo que si me había gustado que teníamos que hacer más cosas así.

    Pero eso será en un próximo relato, espero les haya gustado y esperamos sus comentarios.

  • Feliz cumpleaños (2)

    Feliz cumpleaños (2)

    Mientras nos metíamos en la ducha los tres, retiré un poco a Lara para preguntarle:

    -¿Qué es esto? ¿Y qué es lo de la pitufa? ¿Me habéis dado Viagra?

    -Amor, era una sorpresa. Sé que no te cuido lo suficiente, se de tus fantasías eróticas y lo que ves en internet, y el otro día, cuando salimos a cenar las chicas, se lo comenté a Noe, que tenía miedo perderte por no darte todo el sexo que quisieras, y ella me sugirió probar algo nuevo, porque además le pones mucho. He de confesar que la idea de verte follar con otra no me agradaba, pero con ella, es distinto, es como de la familia, y accedí. Lo de la Viagra fue sugerencia suya, tenía miedo quedar a medias, pero le dije que tu cumplirías, jejeje, pero no imaginé cuanto

    -Lo cierto es que se os veía muy compenetradas, como si lo hubierais ensayado ya

    -En absoluto, llevamos días viendo videos. Y creo que se nos da bien, ¿no?

    -De maravilla!!

    -Dejaros de chismorrear y venir aquí! Dijo Noe desde la ducha, el agua esta perfecta

    Nos metimos en la ducha con ella, y mientras nos enjabonábamos entre risas y bromas, la cosa empezó a subir de tono. Lara frotaba con una esponja las tetas de Noe, que con la mano llena de espuma limpiaba, mi cada vez más dura polla. Se fundieron en un beso profundo. Noe soltó mi rabo y sus manos rodearon a Lara, agarrando su culo y abriéndolo, masajeándolo con fuerza. Lara sujetaba su cabeza con pasión mientras la besaba profundamente. Mi mujer siempre había dicho que le daban reparo las lesbianas, y verla en esa morbosa escena me ponía muy cachondo. Me acerque por detrás a ella y frote mi polla entre sus abiertas nalgas, mientras Noe las abría y cerraba, dándome un placer tremendo.

    Me indicó con la cabeza el estante de los geles, y había un bote de aceite hidratante. Lo tome y eché un buen chorro en el culo de Lara que Noe se ocupó de extender bien por todo el, introduciendo levemente un dedo dentro para lubricar el interior. Yo me puse un poco en mi polla e hice lo mismo. Volví a acercarla al culo de mi mujer y Noe la tomo para guiarla hacia su agujero, con su ayuda y presionando, poco a poco mi glande traspaso la barrera del esfínter de Lara y se coló dentro de ella, arrancando un leve quejido de su boca, ahogado por la lengua de Noelia.

    Esperé unos segundos a que el culo se adaptara a su visitante y continué empujando mi verga dentro suyo, hasta enterrarla por completo. Era la primera vez que mi polla entraba ahí, y me sorprendió, por una parte la disponibilidad de Lara por primera vez en nuestra relación a ser sodomizada, pues lo mas a lo que había llegado alguna vez, fue a un furtivo dedo, y por otro lado, a lo fácil que había sido penetrarla por completo por su virgen culo. Gocé unos instantes de tener mi polla enterrada en tan deseado culo, y comencé a bombear lentamente.

    A cada movimiento, un jadeo salía de la boca de Lara, le estaba gustando. Rodeé su cintura con mi brazo derecho, y comencé a acariciarle el clítoris, mientras mi mano libre, tomaba por detrás el culo de Noe, y uno de mis dedos buscaba su interior, lo cual resulto fácil, por todo el lubricante que tenía en ellos. Estuvimos unos minutos así, hasta que empecé a notar que la estrechez de aquel culo, iba a hacer que me corriera en breve. Como si me leyera el pensamiento, en ese mismo instante, mi mujer dijo:

    -Vamos fuera de ducha, me estáis poniendo muy cachonda

    Nos secamos un poco y fuimos a la cama. Noelia se tumbó boca arriba y yo me arrodille dispuesto a darle placer con mi lengua, mientras mi mujer, acomodaba su ardiente conejito en su boca, dispuesta a recibir placer de nuevo de su, hasta entonces, mejor amiga, hoy convertida en amante. Después de unos minutos, Lara se giro, quedando ellas en postura de 69, dándose placer mutuo con bocas y manos, y yo empecé a alternar mi polla entre el coño de Noe y la boca de Lara. El cuarto era un torbellino de lujuria, y los jadeos y resoplidos de los tres se entremezclaban. Lara comenzó a gritar más fuerte que se corría:

    -¡Me corro, me corro! ¡¡No puedo más!! Aghhh!! aghhh!! Y estallo en la cara de Noelia, como si se hubiera meado

    Noe a su vez, excitada al máximo al ver como su amiga se corría y follada por mí, mientras Lara le lamia el clítoris afanosamente, se vino también en un nuevo orgasmo. Yo no podía mas ya, comencé a bombear con fuerza el coño de Noelia, varias veces, y cuando sentí que me venía, la saqué, tomé a mi mujer por el pelo, y le enterré mi polla hasta la garganta, soltando varios chorros de semen dentro ella, que se afanó en tragar para no ahogarse. La mantuve así unos segundos hasta que terminé. Le solté la cabeza y rápidamente se dio la vuelta para fundirse en un profundo morreo con Noe, que tenía la cara chorreando de sudor y los flujos de mi mujer, que ahora, también compartía los míos con ella.

    Me tumbe al lado de ellas. Noelia pasó por encima mía y se puso a un lado,

    Lara al otro, descendieron besando mi pecho y besándose entre ellas hasta mi más que exprimida polla y comenzaron a chuparla para retirar los restos de semen que aun salían de ella, y así, nos quedamos dormidos los 3, hasta bien entrada la tarde.

    Al despertar, nos aseamos, vestimos y recogimos para volver a casa. Nuestra vida había dado un giro trascendental. Pero aún no sabíamos hasta que punto. Esa relación de 3 que empezaba, marcaría el resto de nuestra vida hasta el día de hoy, pasados ya 2 años de aquel cumpleaños. Al menos una vez a la semana, quedamos los 3 para follar, el sexo con mi mujer es como al principio, no diario, pero varias veces por semana, y alguna vez, solo con Noelia, con Lara de espectadora, o grabando nuestros encuentros, mientras se masturba o usa algún consolador o juguete, que hemos ido incorporando al juego. Lo que no imaginamos ninguno de los 3, es que alguna de esas grabaciones para “consumo propio”, iban a ser vistas por otros ojos, ajenos, en cierta medida, a nuestro trío, y eso cambiaría el rumbo de las cosas, otra vez.

    Pero eso, es otra historia.

  • Las experiencias del deseo

    Las experiencias del deseo

    En la casa habían dicho que iban a verse con sus amigos de la Universidad, pero esa era la excusa para salir a un hotel agradable y pasar tiempo juntos. El marido le pedía que, durante sus encuentros sexuales, le contara de sus experiencias pasadas, mientras más detalles le diera le resultaba mejor: cómo se besaban, cómo se fajaban, qué fue lo que pensó o qué sintió. Ella le contaba partes, algunos detalles, pero contar todo le daba pena, temía que el juego se saliera de control y que las cosas llegaran a donde ya no hubiera un punto de retorno. Ella generalmente accedía cuando lo veía excitado, pero era según sintiera las cosas. “Eres raro” le había dicho ella. Los demás no podrían comprenderlo, pero las cosas eran así.

    Algunas situaciones que contaba le eran divertidas, como el novio que no sabía besar y la llenaba de saliva que se escurría de la boca para caer en el piso; el que se súper excitó y ya quería encuerarse; la vez que estuvo con el guapo al que se no le pudo parar por lo borracho que estaba, eso aunque ella le frotó su pito.

    Para ella el contar sus experiencias le hacía sentirse libre de secretos y la llevaban a hacer más revelaciones, también porque le gustaba contar cosas sexosas, pero principalmente era para ver cómo se excitaba su marido y sentir cómo el líquido preseminal la mojaba, así como disfrutar el aumento del tamaño y grosor del pene. El marido se convertía en un bestia excitada, con una erección poderosa, lleno de ganas y ella en una mujer que disfrutaba liberarse al confesar, para luego verse sometida y cogida en esas circunstancias.

    Había una cuestión particular, en casi todos los fajes le tocaban las chichis, el trasero, pero no la vagina. El hoyito y su pubis se frotaban con el pito de alguien, después al llegar a casa, en la comodidad y seguridad de su cama, ella se tocaba y tenía orgasmos muy intensos y ricos. Fajar era como coger, pero con ropa. Esos encuentros la excitaban, la llenaban de experiencias, pero no eran peligrosas, sino divertidas, emocionantes. Eran un juego con mucha excitación.

    En algunas ocasiones le platicó a su marido que se fajó con otros cuando empezaron de novios, pero no hubo reclamos del marido, por el contrario, él le pedía más detalles de esas historias. Ella accedía para verlo excitarse, ver cómo los celos lo convertían en un macho y el sexo se daba con rudeza, insultos y pasión.

    En una ocasión ella le relató que al inicio, cuando se hicieron novios, se besó y fajó con otro, con un vecino que le gustaba: “No había nadie en casa de su mamá. Primero nos besamos, luego se sentó en una silla y me coloqué sobre él, me movía y apretaba muy fuerte mi trasero mientras chupaba mis pezones, estaba todo mojado en su pantalón y hasta me hizo un chupetón que escondí con el maquillaje para que no te dieras cuenta; su pene se sentía grande y caliente, cuando lo sentí sobre el pantalón me dieron ganas de que me cogiera, me lo pidió, pero yo sólo quería fajar. En un momento me sujetó los brazos por detrás de la espalda, era un hombre fuerte, me sometió y me pegó en el rostro una bofetada, jalo mi cabello mientras me chupaba y mordisqueaba los pezones, quería meterlo pero le dije que la siguiente vez que estuviéramos juntos. La cachetada me sacó un poco de onda y me puso a la defensiva, aunque me calentó el que me jalara el cabello, dijo que lo haría despacio para que no me doliera, pero tuvo que aceptar que ese día no pasaría nada. Al llegar a mi casa toqué mi botoncito con el dedo medio mientras pensaba en su rostro, decía su nombre y me imaginaba su pito grande y en cómo me sometió, me llamó después para que nos acostáramos, pero no quise”. Él le pedía más detalles presa de la excitación: “¿Por qué no quisiste coger con él?” Ella le respondió: “Sólo quería ver su cara de excitación mientras me frotaba mi hoyito con su pito, sentir su aliento en mi cuello, su lengua suave en mis pezones, sus manos grandes y fuertes apretándome las nalgas, el jalón de cabello y sentir su barba acariciando mis senos. Me rogó después que fuera a su casa, que me quería coger, pero no quise y me tocaba mientras oía sus mensajes sobre cómo me lo haría”.

    En la segunda ocasión la esposa le relató que se trató de un compañero de uni que le gustaba mucho. “Esa ocasión te dije que luego te alcanzaba en la reunión y me quedé con él en uno de los salones de la universidad que estaban desocupados. Nos besamos con muchas ganas, fueron besos suaves y ricos, poco a poco, las cosas se pusieron más intensas. Me besó el cuello y me abrazó, pero yo quería más y me baje el top. El abrió los ojos sorprendido. Le puse mis chichis en sus manos y luego se las pase a mi trasero para que me acariciara la colita. Le toque y frote su pito por encima de la ropa y él se sobresaltó, me gustó que me besara el vientre y la cintura. Terminamos todos llenos de gis porque estábamos recargados sobre el pizarrón.

    Lo que me gustó fue ponerlo caliente, excitarlo, ver su carita de niño bueno y rico llena de ganas, sentir como me restregaba su pito en mi vientre. Me ponía de puntitas para bajarme, frotarme sobre su pene y sentir rico. Él quería que se lo chupara, se bajó el cierre, luego el pantalón y me lo enseño, lo tenía blanco, largo, delgado y con su cabecita rosa, nunca había visto uno blanco, se lo agarre y lo acomode sobre el hoyito y las licras, se le puso colorada la cabecita de su pito con los arrimones, me gustó la sensación, luego me lo metí en la boca, sabía un poco dulce. Él se retorció de placer, me gustó su reacción y me lo metí fuerte en la boca, apreté la boca y los labios, lo jale por las caderas, esta vez lo chupe con ganas y se lo jalé con energía. Al día siguiente me dolía el pubis de tanto frotamiento, también me habló varias veces, quería cogerme antes de irse a estudiar a otro país, pero eso de ‘pisa y corre’ o de ‘entrada por salida’ no me convenció.

    Hasta me escribió una vez que estaba contigo y traté de no ponerme nerviosa porque él sólo me quería coger y ya, nada de relación. Me gustaba escribirle y provocarlo un poco”. Él le preguntó: “¿Por qué no hiciste que eyaculara?” Ella le respondió: “No quería que se manchara mi top y mi ropa, había que ir a la fiesta con tus amigos y sus novias. Me dio miedo llegar oliendo a semen y que me olieran las persinadas de tus amigas, además de que lo que me gusta es calentarlos, desesperarlos, sentir sus ganas de meterlo, de cogerme, el sentir su pito hinchado y su torpeza mientras la punta de pito se frota en mi hoyito”.

    El tercero fue un compañero de trabajo. “Era un chaka vulgar, ventajoso y muy perro, pero me gustaba”. Las palabras que sus amigas le decían eran: “si no es para casarse con él, sólo para divertirse”. Las canciones que ponía el compañero chaka en la oficina la calentaban porque eran muy vulgares: “te pongo en cuatro y te lo mamo”. Era de los que abrazaba a las compañeras, las cargaba y ahí les daba arrimones. En una fiesta se dieron las cosas. Una de mis compañeras ligó y se fue dejándome sola. Él se ofreció a llevarme en su auto y me hice la tomada. En el estacionamiento me abrazo por la espalda, me beso el cuello, se restregó entre mis nalgas. Entramos al asiento trasero, me beso las chichis mientras tocaba mi hoyito con la mano. Fue de los pocos a los que se los permití. Se sacó el pito, lo tenía largo, quería penetrarme de a perrito y sentí como lo intentaba, subió mi falda, pero agarré mis calzones y no se lo permití, sentí sus acometidas en el ano que cerré y no me pudo penetrar, le decía que parara, me dio miedo, pero me gusto su desesperación, me jalaba de la cadera con ganas, ‘enchuecaba’ su boca de lo excitado. Me decía que estaba muy rica, que hacía que se le parara muy duro y que lo dejara meterlo. Me senté para que no me penetrara, se la empezó a jalar, sin avisarme eyaculo, me los echo entre las chichis, fue muy rápido, quería que lo tocara, me agarro la mano para estimularlo y hacer que se le parara, pero no quise, estaba lleno de semen y yo quería limpiarme, lo hice con algunas toallitas húmedas que traía, no quise más para que se quedará con las ganas de cogerme”.

    Cada que la esposa contaba alguna cosa del pasado el marido lamía su vagina, tocaba y chupaba sus pezones, le restregaba el clítoris con la punta del pene. Ella pedía que la penetrara, incluso se doblaba para que se le abrieran las nalgas, pero el marido se detenía y no la penetraba para que ella continuará con alguna nueva historia.

    Él quería escucharla: “Lo que te voy a contar fue cuando salí de la prepa, hicimos una fiesta en casa de mi primo con sus amigos y mis amigas. En la fiesta bailamos, tomamos y al final escogimos para fajar porque no cogíamos. A mí me tocó compartir un cuarto con dos camas. En una de ellas estaba una de mis amigas, que estaba bien chichona. Ella ligó con mi primo. Yo estaba con mi novio de allá. Él era un muchacho decente, cristiano. Una vez quise que me besara mis chichis, pero no quiso, pero a mi me gustaba provocarlo, calentarlo y excitarlo. Apagamos la luz, aunque se alcanzaba a ver. Nos quitamos la ropa y nos quedamos en calzones. Me subí sobre mi novio y me restregué sobre su pito. Mi amiga también estaba sobre mi primo y podía ver como le agarraba sus chichis, se las chupaba y eso me calentó, así como escuchar sus gemidos. Sentía toda húmeda mi colita y el pito de mi novio. Con las frotadas se le empezó a bajar el calzón, pero a mi no. Podía ver a mi amiga y mi primo fajar mientras sentía el pito en mi hoyito y eso me calentó mucho. Mi novio empezó a decir bajito: ‘para, para’ después lo dijo más fuerte. Al final lo gritaba mientras sus amigos que estaban en la sala le decían entre risas, que parecía que lo estaban matando. Con los gritos mi primo volteó a verme mientras chupaba las chichotas, siempre me tuvo ganas, se ponía celoso cuando me veía con otros. Yo empecé a frotar más fuerte y verlo. Él no me quitaba la mirada. Mi novio se vino y me dejó toda embarrada de semen. Mi primo me veía con celos, pero también con deseo. Al final nos reímos mucho, después mi novio me dijo que era la primera vez que estaba así con una mujer”.

    El marido rodea a su pene con el puño, evita que ella se lo meta de un golpe, mientras dice excitada: “¡Ya cógeme, ya métemelo!”, pero él le pide que se lo frote. Ella se sube y recorre con su vagina el pene, cómo está muy húmeda se frotan y su clítoris hinchado siente el placer de la fricción. El marido le aprieta las nalgas y le chupa los pezones mientras ella de manera frenética se frota hasta venirse con temblores en el vientre y gemidos de placer.

  • Madura y divorciada, orgullosa de mí misma (2)

    Madura y divorciada, orgullosa de mí misma (2)

    Lo bueno que tiene este mundillo en el que ya me he acostumbrado a estar y en el que me muevo como pez en el agua es que una vez que comienzas a estar en él todo es mucho más fácil y viene rodado. Es como si tuviéramos algo en la cara que hace que todos los que estamos en la misma onda nos reconozcamos si dudar. Estamos a finales de enero, hacía un par de semanas que había regresado de Barcelona y tener mis primeras experiencias en compañía de Luis y Ana y estaba que no aguantaba más, no sabía como hacerlo sin llamar la atención en mi entorno, pero necesitaba sexo lo antes posible.

    La ciudad en la que vivo está dentro del Camino de Santiago, vivo a escaso cien metros del albergue de peregrinos en un edificio antiguo de tres alturas y la mía es la única vivienda ocupada todos los días de año; el resto han sido reconvertidos en apartamentos turísticos y siendo algo que me molestaba en principio y contra lo que luché para que no llegaran a hacerse se ha convertido en el mejor aliado para tener una vida al abrigo de indiscreciones vecinales. Sexualmente muy activa apenas sin darme cuenta me hice adicta a ver porno y me masturbo con mucha frecuencia. Bueno, realmente todos los días no menos de dos o tres veces.

    Bueno, a finales de aquel mes de enero, venía con las bolsas del supermercado y me paró un hombre extranjero para preguntarme si estaba cerca el supermercado. Era complicado indicarle, mi casa estaba al lado y tras dejar las bolsas en la misma le acompañé un par de manzanas para mejor indicarle. Finalmente decidí acompañarle a la puerta del super y de regreso entramos en un bar para tomar una cerveza. Era alemán algo más joven que yo de 53 años y me resultó atractivo, no sé decir lo que me ocurrió, pero durante un instante por mi cabeza pasó el pensamiento o la idea de que si se me insinuaba no iba a decirle que no.

    No hizo falta, posiblemente y sin ser consciente de ello alargué la conversación hasta pasadas las diez y media; el albergue municipal cierra sus puertas a las diez y no hay posibilidad de entrar… Le dije que viniera a casa. Aunque mi invitado tenía una actitud extremadamente correcta los dos sabíamos lo que iba a ocurrir, la cuestión estaba en quien de los dos iba a dar el primer paso. Le invité a ducharse, dejé toallas en el cuarto de baño y le señalé la puerta… El azar nos solucionó todo a ambos. No había reparado en que tenía en el baño dos magníficas pollas de látex que había lavado tras jugar largo rato con ellas; las vi al entrar con él en el baño para indicarle donde estaban las cosas… Me sonrojé sinceramente, pero él, encantador, quitó hierro al asunto haciendo un comentario que en principio no entendí muy bien.

    Supongo que a partir de ese instante él ya tuvo más claro lo que iba a ocurrir, de hecho, lo normal en su situación es salir del cuarto de baño con la ropa puesta y él salió con un albornoz que le había prestado y que en tiempos fue de mi ex. Volví a disculparme por el espectáculo de las pollas de látex y volvió a quitar hierro al asunto. De hecho, dijo que también él realizaba juegos solitarios y ahí vino lo que realmente terminó por ponerme como una perra en celo. Riendo le dije que bueno, suponía que se masturbaba como la mayoría de los hombres, pero… Y señalé a las pollas que acababa de sacar del baño y él, con toda naturalidad del mundo asintió. Dijo que era bisexual, que lo habitual en él era tener relaciones con mujeres pero si un hombre se le insinuaba y le atraía no tenía prejuicios en tener sexo con él y si, si alguna vez se masturbaba a solas en su casa viendo porno también jugaba con juguetes como los que yo tenía… Fue tan natural con sus explicaciones que casi inmediatamente comencé a mojar, nos miramos a los ojos sonriéndonos y metí la mano bajo el albornoz tocando una polla que ya estaba muy dura.

    Yo estaba sobré el en un 69 en el que no solo estaba lamiendo mi raja y succionando mi pepita sino todo mi culo, hizo que girase mi cuerpo y me sentase sobre el mientras su polla rozaba mi vulva envolviéndome en calambres que recorrían mi espalda, estaba pensando en que su polla era demasiado grande y casi sin sentirlo noté como se deslizaba dentro hasta que mi pelvis rozaba su vientre, estaba hasta el fondo y sujetándome con sus manos por mis caderas comenzó a guiarme en un acompasado va y viene… Me volvía loca de placer, me echó de lado y colocando una de mis piernas en su hombro continuó jodiéndome en otra posición para luego ponerme a cuatro patas y follarme desde atrás haciendo chocar su pelvis contra mis nalgas… Ni sabía las veces que me había corrido ya.

    Salió de mí y me tumbó boca arriba, me comió el coño hasta hacerme correr de nuevo y frotó su cuerpo restregándolo contra el mío, se sentó sobre mis pecho y comenzó a jugar con su polla pasándolas por mi cara y mis labios… La rodeé con ellos, otra vez se la mamaba casi con gula, comenzó a masturbarse y dijo que se iba a correr en mi cara… Volví a rodearla con mis labios y a mamarla casi desesperadamente… La primera descarga se estrelló en mi paladar, luego salió de mi boca y escupió otras tres o cuatro veces llenando mi cara de esperma, es imposible describir como me excitaba eso.

    El hecho de que se tomara su tiempo en recuperarse no impidió que continuamente jugara, manoseara y besara o lamiera cualquier parte de mi cuerpo manteniéndome en un continuo estado de excitación. Tampoco eran solo sus caricias, continuamente me hablaba y sus palabras me excitaban tanto como sus manos y su lengua. Me hacía propuestas imposibles, acompañarle a su regreso Alemania donde podría estar el tiempo que quisiera con toda libertad para estar con quien quisiera que sin embargo proporcionaban infinitos y excitantes ideas en mi mente, me excité penetrándole con una polla de látex mientras mamaba su polla y observaba como ésta evolucionaba, me sugirió que cuando volviera a penetrarme la dejara dentro de él porque le retrasaba el orgasmo y eso era algo que a mí me beneficiaría…

    En poco más de media hora otra vez estaba duro como al principio, no paraba de hablar, dudé unos segundos antes de aceptar su proposición de follarme a pelo y correrse dentro de mi… ¡Dios mío! Tardó una eternidad en correrse la segunda vez; mantuvo un incesante, rítmico en incansable mete-saca casi una hora hasta hacerme perder el control de los orgasmos que llevaba; a tientas encontró la segunda polla de látex que antes había estado en el lavabo y la metió en mi culo… ¡joder! Los dos teníamos el culo ocupado y a su vez su polla entraba y salía de mi coño en un mete-saca de film porno… Noté como se tensaba su cuerpo empujando más fuerte dentro de y pidiéndome que sacara la polla de látex de él…

    Entonces le sentí vaciarse dentro de mí con un grito ahogado, agarrándome fuerte a sus nalgas le apreté contra mí como si tratara de que no terminara de salir, me corrí, me corrí como hacía mucho tiempo y creí que todo había acabado… Paso unos minutos lamiendo mi cuello, mi cara, mis pechos, mi vientre… Fue deslizándose y noté como su lengua recorría cada pliegue de mi coño al tiempo que trataba de succionar mi clítoris y su lengua limpiaba cada gota de mis jugos y su semen… Volví a correrme la número no sé qué.

    Rainer había puesto el despertador muy temprano, su intención era salir al camino antes de las siete de la mañana, me desperté con él y fuimos a la cocina a prepararle un café y unas tostadas, me había apuntado en una nota su dirección y teléfono.

    Hizo que me apoyara con las manos sobre la encimara y volvió a meterse dentro de mí. ¡Dios mío! Ahora me estaba follando fuerte, con sus manos unas veces agarrando mis caderas y otras mis pechos entraba y salía de mí con fuerza haciendo sonar nuestros cuerpos al chocar, usó mermelada de fresa, la puso en mi culo y con un dedo la fue introduciendo un poco, luego se agachó y lamió mi culo metiendo su lengua todo lo adentro que pudo, pensé que eso era todo pero… Volvió a poner mermelada y se acercó a su polla… Muy despacio fue empujando hasta estar totalmente dentro y volvió a moverse adentro y afuera esta ve mucho más despacio, estuvo dentro de mi ano al menos diez minutos, salió y volvió a meterla en mi coño y ahora de nuevo me daba con fuerza… Siete u ocho minutos después sentí como se vaciaba dentro de mi, aguantó dentro masturbándome con sus dedos hasta que su polla flácida fue saliendo despacio, cruzaba mis piernas como tratando de parar sus dedos porque no podía soportar tanto placer… Me besó en el cuello, en la nuca, cogió sus cosas y emprendió otra etapa del camino.