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  • Un recuerdo anal en el viaje

    Un recuerdo anal en el viaje

    Nos mudamos de casa para una más alejada de tanto vecino, compramos una de dos pisos con piscina en las afueras de la cuidad, pero a la vez muy central y le mandamos a poner aislante de ruido. La amurallamos toda alrededor para tener sexo con tranquilidad.

    Esa semana me debía de ir por trabajo unos días, pues Matt se fue a hacernos la visita a nuestra dos días antes de irme, cogimos los tres de maravilla, esa noche antes de irme, me cogieron toda la noche y esta el último minuto antes de irme, si estaba en la cocina tenía una verga adentro, si estaba en el baño también, si me estaba organizando estaba uno de los dos adentro, ellos se cercioraron que de ropa interior solo llevara body apretado de látex con las bolas incrustadas para la vagina, un vibrador vaginal para la noche para jugar con ellos, y me pusieron el plug gigante con la cadena, me cogieron mucho analmente y luego me lo pusieron, me puse un body para irme y un vestido encima, me siento muy penetrada por todas partes.

    Esos días fueron interesantes a donde iba me sentía penetrada y excitada por todo lo que tenía. Necesita verga estaba muy caliente.

    Al llegar me dijeron llega a tal parte, te quitas todo y te quedas solo con el plug (obviamente si no me puedo quitar, es tan grande que no hay como ocultarlo en la ropa, o dejarlo por fuera de mi la gente lo notaría, para ser discreto debía estar dentro de mi, bueno realmente muy adentro), era una casa afuera de la cuidad, no había más casas alrededor.

    Salgo del carro y mi esposo me abraza y me besa, me tapa los ojos, me quita el plug, me dice «estás muy abierta analmente, lista para lo que viene», me ata a una mesa y siento varios hombres acariciarme y tocarme, me cogieron en esa mesa muy duro, mientras uno estaba en mi boca, los otros me penetraban y me tocaban, me desataron y quitaron la venda de los ojos eran los cuatro de la vez pasada, les dije «los deseo a todos dentro de mi» me los cogí o folle a todos de todas las maneras, follamos por toda la casa y yo grite mucho.

    Tenía tantas ganas de verga, que me metí esas vergas todo el fin de semana, estaba uno en la piscina caliente iba y me lo metía, está otro en la cocina me lo metía en la boca hasta que se viniera y me tragara su semen, por todas partes fue una locura, esa casa no quedo un solo lugar sin que me penetraran fuertemente en el.

    Fue delicioso.

  • Desenfreno

    Desenfreno

    Se encontraba Juanita acostada en su recamara, estaba triste porque había terminado con su pareja y es que Juan la había sorprendido cuando se había ido con un amigo a tomar un café y a platicar, la verdad es que el amigo hacia algún tiempo la andaba cortejando y ella se había resistido, porque su relación con Juan era buena, pero en esta ocasión debido a una pelea con Juan, ella decidió aceptar la invitación del amigo.

    Y cuando Juan los encaró el amigo trató de defenderla y se liaron a golpes y al ser superado el amigo se fue dejándola con Juan, el cual le reclamo de mal modo por andar engañándolo con otro y ella sin más le dijo que era mejor ahí terminar y se fue a su casa.

    Al enterarse su hermana la fue a acompañar y cuando Juanita le platicó lo sucedido, la hermana le dijo:

    –Mándalos al demonio, vámonos a divertir, anda vístete y vámonos a un antro.

    Así Juanita se arregló y cuando estuvo lista se fue con su hermana a un antro, donde estuvieron bailando y tomando la copa, hasta que su hermana que estuvo bailando con un joven varias veces le dijo que, si se iba o se quedaba, porque ella ya se iba con ese joven.

    Y Juanita decidió quedarse a terminarse su copa y se sentó a su mesa para tomarse otra copa, y cuando estaba sola, se acercó un hombre no muy joven pero bastante bien parecido y la invitó a bailar y ella acepto y estuvieron bailando varias piezas y cuando llegaron a su mesa él le invitó otra copa y ella aceptó y empezaron a platicar, entonces él le dijo que eran tres amigos que los habían enviado de su empresa a hacer unos trabajos en la planta de ahí, y que ya se iban a su lugar de origen, pero que si ella quería la invitaban a terminar la fiesta en su hotel.

    Y Juanita que no se encontraba de humor para estar sola aceptó y se fueron los cuatro al hotel donde se hospedaban todos y llevaron más alcohol, botanas y refrescos y ya ahí pusieron música y empezaron a bailar con Juanita y ella se empezó a calentar con las caricias que le daban los tres amigos cuando bailaban con ella y alguien dijo:

    –Vamos a jugar a la botella y cuando a alguno le toque castigo, que se quite una prenda.

    Si, si estuvieron todos de acuerdo y Juanita que ya estaba muy emocionada también, aceptó y así poco a poco se fueron quedando en paños menores y juanita ya muy caliente y completamente desnuda les dijo cuando le tocó otro castigo:

    –Yo ya no tengo que quitarme, que hago y uno de ellos que también estaba desnudo, le dijo:

    –No te preocupes yo te digo:

    E inmediatamente la abrazó y besándola, le empezó a besar las chiches y a chuparle los pezones, entonces, ella como ya estaba muy excitada no solamente no se resistió, sino que cuando otro de ellos (el segundo) se acercó con la verga bien parada, se la tomo suavemente con las manos y se la empezó a chaquetear y el que la estaba besando le levantó las piernas y le dio varias metidas, el tercero se le acercó por el otro lado y ella sin pensarlo le besó la verga y metiéndosela en la boca mientras el otro se la cogía ella se la chupaba y se la mamaba mientras masturbaba al segundo, y así estuvieron hasta que el que se la estaba cogiendo se vino y cuando esto ocurrió el segundo que no se había venido con el juego de manos, la puso de a perrito y se la cogió, hasta que se vinieron, ella por tercera ocasión y él adentro de ella, y cuando terminaron el tercero, al que se la mamó, ya se había recuperado y abrazándola se la puso encima para cogérsela de palo ensebado, ella ya sin control se volvió a venir, pero siguió cabalgándolo hasta que él se vino también.

    Cansados se durmieron un rato, hasta que el primero, le empezó a meter los dedos en la vagina, y ella al sentirlo abrió las piernas y jalándolo lo beso y le dijo:

    –Si me vas a coger, de una vez porque todavía quiero más.

    Entonces él levantándole una pierna se puso detrás de ella y le metió la verga, cogiéndosela sin que ella pusiera resistencia y cuando el segundo los vio se acercó y jalándola hizo que su compañero se zafara y él le metió su parado miembro teniéndola encima de él y el otro aprovechó para meterle la verga por el culo.

    Juanita al sentir que la penetraban por detrás, gritó de dolor, pero poco a poco lo fue soportando, hasta que lo disfrutó tanto que se vino como nunca por la excitación de tener dos vergas dentro de ella al mismo tiempo.

    Al terminar estos, el primero quiso cogérsela de forma tradicional y ella no tuvo inconveniente de que se la cogiera para aminorar el escozor en el culo, y como aún estaba excitada, se vino otra vez.

    Se durmieron, y cuando despertó estaba sola en el cuarto, pero le habían dejado un recado agradeciéndole por todo el placer que les había dado, y le dejaron una tarjeta por si quería visitarlos algún día.

    Al llegar a su casa, su hermana ya estaba ahí y le preguntó que adonde había pasado la noche y con quien y ella le dijo:

    –Ay manita no te imaginas lo que me sucedió, y le platicó todo lo que había pasado con lujo de detalles.

    A lo que la hermana le dijo:

    –Que cabrona, ¿y no te dio miedo que te hicieran algo malo?

    –Pues (le dijo Juanita) es que como ya estaba medio borracha ni lo pensé.

    –Y su hermana le preguntó, ¿y Juan qué, ni te acordaste de él verdad?

    La verdad no y ya no quiero pensar en él y como ahorita vengo toda super cogida y todavía en las nubes, lo único que quiero es disfrutar de lo vivido y si se me volviera a presentar la oportunidad, pues me la echo, porque no sé cuántas veces me vine, pero fueron muchas y fue delicioso.

  • Las aventuras con el doc

    Las aventuras con el doc

    Hola a todos, mi nombre es D. Y tengo 23 años, soy de Colombia, un pueblo al sur del país, tengo pareja, que es 10 años mayor que yo, llevamos viviendo juntos ya 2 años, soy de muy buen ver, una carita muy linda y un cuerpo muy apetecible (Me lo han dicho más de una vez), mido 1.50 de estatura, piel canela claro, cabello negro y largo, no soy exagerada de adelante ni de atrás, tengo todo en su punto, las tetas son medianas pero bien firmes y paradas, igualmente las nalgas, a pesar de no hacer deporte, mantengo un cuerpo no de avispa, pero tampoco pasada de kilos, por mi estatura y mi cuerpo semidelgado, tengo un peso bajo, lo que ha facilitado hacer muchas cosas en el sexo, cuando así lo han querido hacer, por mi rostro y mi cuerpo, siempre he despertado las miradas de varias personas a lo largo de mi vida, no soy de maquillarme, tampoco de andar con ropas muy provocativas, me gustan mucho los jeans o las sudaderas, realmente una mujer casual, pero ante todo soy muy caliente, disfruto mucho hacer el amor con mi esposo (pareja).

    Actualmente me desempeño como enfermera en un hospital de tamaño medio y es aquí donde empieza la historia que les voy a contar; en mi trabajo conocí a un médico rural, de esos que tienen que hacer una especie de práctica profesional de 1 año de duración, yo llevaba poco tiempo trabajando aquí, él llegó a los pocos meses de que yo llegara, la verdad compaginamos rápidamente y nos hicimos bastante cercanos, es de aclarar que un pueblo como este, no se puede salir con alguien sin esperar que nadie se entere, todo mundo conoce a todo mundo, así que una relación de amantes abierta es imposible y aquí es donde entra una característica muy especial en la relación que llevamos con mi esposo, resulta que él es muy abierto de mente y hasta le gusta que me acueste con otros y le muestre en fotos o vídeos o al menos le cuente con todos los detalles lo que hago (Luego contaré otros relatos, dependiendo de la acogida que tenga este).

    Volviendo al relato en específico, cierto día después varios encuentros que habíamos tenido ya, mi esposo viajó a visitar a su familia (Viven a 3 horas de distancia, viaja cada 20 o 30 días a visitarlos), era un domingo y mi amante (Él no sabe que mi marido es conocedor del romance) cerca a las 12 del medio día me escribió que quería verme.

    Él: Hola amor

    Yo: Hola bebé

    Él: ¿Qué estás haciendo?

    Yo: Descansando, tuve turno de noche así que apenas me despierto ¿Y tú?

    Él: Descansando también, tengo turno nocturno así que tengo que descansar.

    Yo: Me parece excelente que descanses, no todo puede ser trabajo.

    Él: ¿Y si vienes y descansamos junticos?

    Yo: ¿Te parece si bajo a las 3 pm?

    Él: Dale, te espero…

    Mi esposo salió de viaje a la 1pm, es decir que llegaría más o menos a las 4 pm, siendo la 1 pm le escribí para decirle que iba a salir, que iría a verme con mi amante.

    Yo: ¿Amor voy a bajar donde el doc C. Bueno?

    Yo: Te amo

    Cuando él llegó me respondió:

    Yo: Hola bebé, ¿Si fue? Qué rico!!! Quiero vídeo de todo lo que hagan

    Al llegar al apartamento del doc lo primero que hizo fue besarme, ni siquiera habíamos cerrado la puerta y me estaba comiendo a besos, como pude cerré esa puerta y le respondí a sus besos, mientras él agarraba mis nalgas a dos manos, me tocaba las tetas y todo lo que podía por encima de la ropa, estuvimos ahí un par de minutos hasta que me invitó a subir, él arrendaba un pequeño apartamento con un cuarto, una pequeña cocina, lavadero y comedor, al llegar al cuarto saludé a su perro y él se sentó en la cama y me jaló hacia él, quedando yo de pie frente a él, ahí siguió manoseándome por todo lado y empezó a quitarme la ropa lentamente, empezando por mi blusa, mientras la quitaba me besaba el abdomen, el pecho, el cuello y la boca, habiéndome quitado la blusa siguió con el brasier, quedando yo de pie frente a él con mi parte superior totalmente desnuda, ahí fue donde empezó a chuparme las tetas como sólo él lo sabía hacer, de forma suave y delicada, metiendo los pezones completos en su boca y succionándolos como un bebé al que se amamanta, esto realmente me tenía muy caliente, sólo quería que me quitara todo y me hiciera suya como quisiera hacerlo.

    En ese momento me desabrochó el pantalón, me nalgueó y me quitó la tanga (brasilera llevaba en ese momento), me pedía que se la regale como recuerdo y simplemente me reí, me acostó boca arriba en su cama y empezó a hacerme un oral que de solo recordarlo me vuelvo a mojar, fue espectacular, chupaba mi vagina, pasaba su lengua, mordisqueaba mi clítoris, yo simplemente pedía que sólo parara para meterme su miembro hasta lo más profundo de mi ser, finalmente escuchó mis súplicas, se levantó, abrió mis piernas, apuntó su miembro a la entrada de mi pequeña y apretada vagina y de lo mojada que estaba lo hundió fácilmente y hasta el fondo, empezando a sacarlo y meterlo nuevamente de forma suave, hasta que empezó a emocionarse y empezó el más espectacular vaivén, entrando y saliendo con fuerza, llenando toda mi concha con su miembro, empezó a ahorcarme mientras me cogía fuertemente, fue fantástico, estuvo así por unos 10 minutos, hasta que me llenó de su espesa leche, en ese momento nos quedamos acostados descansando un rato, mientras retomaba fuerza para la faena tardía que tendríamos.

    Después de 10 minutos de descanso, empezó a besarme nuevamente, ahí acostados, tuvimos un beso muy apasionado, empezando a tocarme las tetas y las nalgas nuevamente, cuando me doy cuenta, ya está erecto nuevamente y yo más que mojada, con ganas de mucho más, así que me hace voltearme, darle la espalda, mete un par de dedos y me estimula, yo con ganas de que vuelva a metérmelo hasta el fondo y me suba al cielo y así lo hizo, estando de lado, dándole la espalda, empieza a introducir ese trozo de carne que me encanta, lo fue introduciendo lentamente hasta que tocó fondo y esta vez no empezó una aceleración constante, fue inmediata, me cogió del pelo, me haló hacia él y empezó a bombear como poseído, mientras tanto yo entre gemidos intentando articular palabra y diciendo “Eso así, hasta el fondo, dame más, me encanta!!!”, él sabiendo escucharme, chocaba cada vez más fuerte sus testículos con mis nalgas ¡Oh Dios, alcancé el cielo! Y aún faltaba, en esa pose estuvo taladrándome durante 10 minutos más, 10 minutos de gloria, donde sentía que alcanza el cielo y volvía a bajar, mis jugos bañaban cada vez más su miembro, envolviéndolo en gran cantidad de lubricante, lo que hacía cada vez más espectacular la cogida que me estaba dando en ese momento, hasta que sentí que volvió a llenarme de leche mi concha y me hizo llegar a un orgasmo profundo, donde sólo podía gemir y agradecer por tanto placer alcanzado, me abraza y así nos quedamos durante unos 30 minutos.

    Yo pensando que ya había alcanzado el clímax, estando así relajada charlando dándole la espalda, cuando siento que vuelve a crecer y me empieza a besar el cuello, la espalda, la oreja…

    Nuevamente estaba ahí, acostada dándole la espalda, mojándome en exceso por el gran placer que me estaba dando mi amante, no terminaba de asimilar lo que estaba pasando cuando sentí que empezó a introducirlo nuevamente, estando tan mojada no le di batalla alguna, simplemente me volvió a llenar mis entrañas con ese maravilloso miembro, me dio un rato así, me lo sacó y siguió manoseándome todo mi pequeño cuerpo, me tenía realmente a sus pies, se acostó boca arriba e inmediatamente entendí que era mi turno de dar placer, así que sin perder tiempo me subí y me lo introduce lentamente hasta que quedé sentada sobre él, dando comienzo a una cabalgada sin antecedentes por lo bien lubricada y caliente que estaba.

    Empiezo con mis movimientos hacia adelante y hacia atrás, mojando hasta sus testículos con mis jugos, mientras tanto él se entretenía ahorcándome, cogiéndome las tetas, chupándomelas y nalgueándome, simplemente yo estaba en el olimpo sexual, al haberse venido 2 veces ya, demoró bastante en venirse nuevamente, mientras yo disfrutaba con mis movimientos, alternándolos con un sube y baja sin compasión alguna, es ahí cuando me dice “Ponte en 4”, yo sin pensarlo simplemente obedecí como la putica que soy, me puse en 4 al filo de la cama, él se pone detrás de mí, me da un par de buenas nalgadas, apunta y de una sola estocada lo llega al fondo, me coge el pelo y empieza a penetrarme salvajemente en 4.

    Yo sólo atinaba a pedir más y más, porque no quería que esto acabara, fue realmente fuerte, me suelta el pelo y lo premio poniendo mi pecho sobre el colchón, dándole una espectacular vista de mi culo mientras me daba una fuerte penetración vaginal, nuevamente me ordena cambiar de pose, me pone boca arriba, yo nuevamente obedezco y lo recibo encima de mí, abriendo lo que más puedo mis piernas, cuando se recuesta encima yo lo rodeo con mis piernas y mis brazos, recibiendo con gusto ese miembro que tanta dicha me estaba otorgando esa tarde de mucho sexo, mientras pensaba en lo perrita que me había convertido y lo feliz que estaba de serlo, escucho nueva orden y yo simplemente me volteo, ya por la inercia de una sumisa complacida.

    Estando boca abajo me besa la espalda y el cuello, me nalguea nuevamente y vuelve a penetrarme, es una pose que me encanta porque logro sentir que me llegan a lo más profundo de mi ser, es así como después de 3 orgasmos en esa tarde, vuelvo a correrme (No soy de las que hace lluvia dorada, pero si me vine tanto que alcancé a gotear un poco a la sábana), pero esta cogida para mi gusto aún no había terminado, así que simplemente me hala y me pone de pie contra la pared, nuevamente halándome del pelo diciéndome implícitamente que soy su perrita y sólo debo obedecer, y así de pie contra la pared me penetra nuevamente hasta que siendo que me llena por tercera vez de leche, de mi boca sólo alcanzaba a salir un ¡Qué delicia! mientras mis piernas temblorosas a duras penas me tienen en pie, por su mirada supe que la tarde aún no terminaba…

    Después de unos pocos minutos de descanso, empieza a besarme y nuevamente me hace un oral, yo simplemente disfrutaba sabiendo que el 4 round iba a estar aún más largo y para mi fortuna no me equivoqué, estando boca arriba volvió a introducirlo, su ritmo no había bajado, este pobre hombre se nota que llevaba varias semanas sin ser deslechado, pero ahí tenía a su perrita sumisa para que lo consolara, no era sino que me llamara cuando él quisiera yo ya mojada, bajaba a deslecharlo, lo saca y me manosea todo mi cuerpo nuevamente y da la orden de que me suba, sin chistar un solo segundo así lo hago, obedezco y empiezo con el vaivén de mis caderas, pero a este hombre no le gusta una sola pose, así que ordena nuevamente que me ponga en 4, yo lo complazco poniéndome nuevamente de tal forma que dejo a su alcance mi culo y mi concha, nuevamente me da una buena cogida en 4, bastante fuerte, de forma salvaje como para que lo recuerde por muchos días, para finalizar me pide que me acueste boca abajo y después de unos minutos en esa posición vuelve a llenarme, ya eran 4 veces que me llenaba, la vagina ya estaba llena y yo lo disfrutaba como loca, ahí se queda un rato hasta que me dice que debe irse.

    Nos besamos y me paré a vestirme, realmente no quería hacerlo, porque quería que siguiera la tarde y la noche llenándome de leche la concha, siendo su perrita sumisa pero era hora de partir, goteando su leche aún subí a mi hogar, saludando a mi marido de beso con la misma boca que había estado mamando una verga ajena minutos antes, él pidiéndome detalles y yo con la concha goteando y realmente adolorida, después de la faena sentí los estragos de 4 cogidas por más de 2 horas, ardía un poco pero eso simplemente me hacía feliz, porque era el resultado de una maravillosa tarde de sexo con mi amante…

  • Como conocí a mi remordimiento (I)

    Como conocí a mi remordimiento (I)

    Hay un instante en la vida de todos en el que debes tomar una decisión sabiendo que traerá consecuencias impredecibles.

    La mía fue cruzar la línea que separaba la fantasía de la cotidiana realidad, y al dar ese paso añadí el remordimiento a esa mochila que cargamos y que se va llenando con el paso del tiempo.

    Esto no es en sí ni un «relato», ni un «cuento». Ni siquiera entraría en la categoría de «historias». Es simplemente una confesión anónima en la que espero liberarme de esa carga.

    Soy una mujer que ha superado hace poco esa barrera psicológica de los 50, trabajadora, discreta, alegre… y casada. Sí, casada desde hace mucho, y no me arrepiento. Tenemos una vida tranquila y serena. No me atrevería a llamarla rutinaria porque no sería justo, pero sí podría afirmar que vivimos del calor de unas brasas que hace tiempo que dejaron de arder pero que reconfortan cuando te acercas a ellas.

    Aunque estoy segura del anonimato, no dejo de tener la sensación de que las personas más cercanas a mí podrían identificarme, así que permíteme omitir detalles y quédate con que me dedico al sector comercial. Un equipo de ventas a mi cargo y la responsabilidad de cumplir los objetivos del departamento, así que mantengo un equilibrio entre ser «compi» para mi equipo pero sin dejar de ser la «jefa» que debe tomar las decisiones, a veces difíciles.

    Siempre fue así hasta el pasado verano.

    Todo comenzó como una anécdota. Habíamos parado a desayunar durante una jornada de visitas a clientes. Ese día llevaba a 3 comerciales a los que estaba formando. Dos chicas y un chico jóvenes en busca de un primer contacto laboral. Ellas habían salido a fumar y nos habíamos quedado en la mesa apurando el café. Nos reíamos mientras le contaba anécdotas vividas cuando me interrumpió para ir al servicio.

    Al poco terminé mi taza y fui a ponerme en pie y girarme para acercarme a la barra a pagar. No me había dado cuenta pero Marcos (de acuerdo, no es ese su nombre real) había llegado por mi espalda hasta la mesa, y en el movimiento de girarme restregué mi mano derecha por su entrepierna. Llevaba un pantalón fino de algodón así que con el dorso de la mano pude sentir por un breve instante el bulto que escondía bajo su cintura.

    Debió ser un segundo apenas, pero nos quedamos mirándonos a muy poca distancia mientras trataba de excusarme quitándole importancia al asunto.

    Al regresar de pagar, observé que había colocado su carpeta a modo de escudo y me sorprendí imaginando que tal vez tuviese una erección. No soy una mujer, digamos, exuberante, pero décadas atrás me consideraba una chica que estaba bien, y aunque parte de esos atributos aún los conservaba, echaba de menos aquel impulso y esa sed de poseerme que mi marido mostraba hacia mí al verme desnuda. En ese momento no fui consciente, pero algo en mí había hecho click.

    El resto de las visitas del día estuve algo ausente porque no dejaba de pensar en aquella carpeta, en aquel roce fugaz, en la posibilidad de haber provocado esa reacción. Y me sentí bien imaginándolo.

    En el coche incluso le busqué con la mirada a través del retrovisor y le encontré observándome. Me dio vergüenza. Le doblaba ampliamente la edad y, además, trabajaba bajo mi mando, pero mi mente no dejaba de darle vueltas a las infinitas e irreales situaciones a las que tal vez, o no, desearía dejarme arrastrar.

    Al despedirnos aquel día me pareció que se sonrojaba, o tal vez esté involuntariamente redefiniendo ese recuerdo. De lo que sí estoy segura es de no haberle dicho nada.

    Llegué a casa deseando que mi marido aún no hubiese regresado porque necesitaba un tiempo a solas para asimilar lo que estaba sintiendo.

    Me desvestí frente al espejo del baño en lugar de hacerlo como de costumbre en la habitación. Quería ponerme en el lado de otra persona que estuviese viendo como me quitaba la ropa. No era la misma que cuando tenía 30 años, pero qué coño, ninguna lo somos. Me convencí de que no estaba tan mal al fin y al cabo.

    Mis pechos, que en algún momento desee que fuesen más grandes, se mantenían relativamente firmes gracias a no tener que soportar un gran peso que hiciese que se cumpliese la ley de la gravedad. Un poco de barriguita se podría pensar que desluciría un poco el aspecto general, pero una debe aceptarse tal y como es, y gustarse, y yo me sentía bien con mis curvas imperfectas.

    Bajé la mirada mientras deslizaba suavemente mi mano por mi vientre. Siempre he sido un poco maniática con el vello del pubis así que desde hace mucho, ingles brasileñas o depilado. Mi marido apreciaba mucho ese aspecto íntimo, aunque bien es cierto que ya tampoco se sorprendía al verme llegar del salón de estética.

    Me miré de una manera diferente al resto de días. Me estaba viendo a través de los ojos de otra persona y me gusté. Me imaginé que era Marcos quien me estaba observando allí, de pie en el baño, desnuda, y de inmediato sentí ese cosquilleo por dentro. Deseé que estuviese allí. Realmente no pensaba en él en concreto porque tampoco es que Marcos fuese un chico al que te pararías a mirar 2 veces. Marcos era la proyección de un deseo que había surgido de repente, un deseo que sentía curiosidad por explorar.

    Me senté al borde de la bañera, separé las piernas y mientras mis dedos separaban suavemente mis labios, acariciando la vulva, cerré los ojos y dejé que mis dedos jugasen a recorrerme hasta que me sentí lo suficientemente mojada como para dejar que se fuesen introduciendo en mi.

    Tras un rato que se me hizo corto, temblaron mis piernas, se agitó mi bajo vientre y me corrí en la que sería la primera de las muchas veces que me he corrido desde entonces, y te voy adelantando que la gran mayoría de esos orgasmos los he tenido con él, con Marcos, disfrutando y a la vez sintiendo ese remordimiento que me acompaña desde aquel entonces.

    Tal vez este ataque de sinceridad acabe aquí, o tal vez me decida a seguir contando todo lo que sucedió a partir de ese día. Estoy confundida y soy primeriza en este tipo de situaciones, pero también sé que necesito compartir esto con alguien que no me juzgue, porque fue así como conocí a mi remordimiento.

  • Feliz cumpleaños (3 y final)

    Feliz cumpleaños (3 y final)

    Llevábamos más de 2 años de la relación a 3, y todo fluía muy bien. El sexo era bueno, muy bueno. En más de una ocasión, pasábamos semanas enteras juntos, en nuestra casa, o en la de Noelia. Teníamos una buena colección de videos íntimos. Habíamos empezado a hacer cosas en el mundo del bondage y la sumisión, e incluso participamos los 3 en algún taller de ataduras en una comunidad cercana, donde conocimos algún trío mas como el nuestro. La colección de videos, marcó un cambio en la relación, el día que Noe, le dijo a mi mujer que quería hablar con los 2, que era muy importante.

    Quedamos después del trabajo cerca de su casa en una cafetería.

    Se le veía nerviosa, porque no paraba de mordisquearse el labio inferior.

    -No se cómo deciros esto, así que voy directa al grano, dijo con la voz entrecortada, después de saludarnos, a mi hermano le ha dado por hacer reformas en la cabaña, y encontró varios USB con fotos y videos, ya sabéis de quien. Se presentó en mi casa con ellos y me dijo que no sabía que era tan guarra y caliente, y que quería participar en nuestros encuentros, que a mí me tenía ganas desde siempre, y que tú, Lara, le pones muy cachondo. Si no aceptamos, dijo que colgaría los videos en la red

    -Maldito hijo de puta, vocifere presa de la ira, como se atreve!!!

    -Debimos guardarlos mejor, fueron las palabras de una afligida Lara

    -Que vamos a hacer? Dije

    -Creo que deberíamos hablar los 3 con él, pero veo pocas opciones, dijo Noelia

    Quedamos en verlo el fin de semana en la cabaña, que es donde se quedaba, para hablar con él, ajenos por completo a lo que iba a suceder allí.

    Serian las 2 de la tare cuando llegamos a la casa. El 4×4 de Abel, estaba fuera. Noelia se bajo delante y entro. La seguimos dentro. Había pintado y decorado la cabaña de manera muy rústica y a la vez moderna, pues pensaba pasar allí largas temporadas tras prejubilarse con 49 años de su empresa por una enfermedad crónica en las rodillas. Nos esperaba con unas copas en la mesa. Al entrar miro descaradamente a mi mujer y soltó:

    -Joder! En vivo estas mucho mejor aun, y mi hermanita no se queda atrás, eh cabron? Dijo mirándome a mi

    -Te parecen maneras de hablarles? Voy a hacer que te tragues tus palabras, dije abalanzándome sobre él, pero las chicas me pararon

    -Tranquilo semental, solo quiero un poco de lo que tu disfrutas, nada mas, jajaja

    -Basta ya, dijo Noelia, que quieres de nosotros?

    -Un fin de semana entero follando, tu puedes quedar o marchar, como veas, me dijo, pero con mis reglas y mis juegos

    -A que te refieres? Pregunto Noelia

    -A pasarlo bien, venir y veréis, dijo guiándonos al antiguo sótano. Al encender la luz, apareció una sala, con varias butacas de piel, una barra de bar completa, y al fondo una cruz, un potro y una cama grande con correas en las 4 esquinas. Además en una de las paredes multitud de parafernalia BDSM. Quedamos perplejos mirándonos los 3 y mirándole a el

    -He visto que las damas se dejan hacer casi de todo, solo quiero probarlas un fin de semana, si no queréis repetir, se acabó, os devuelvo los USB, os juro que no hay copias

    -Déjanos hablarlo los 3, dijimos casi al unísono

    -Por supuesto, estoy arriba

    Tras un rato, llegamos a la conclusión de que no teníamos muchas opciones. Si los videos salían a la luz, algún conocido podía verlos, y sería el fin de nuestra vida social y familiar. He de reconocer que la idea, en cierta manera me excitaba, pero no el que alguien pudiera follarse a mi mujer, y menos delante de mío. Acordamos poner condiciones y subimos

    Hablo Lara en nombre de los 3.

    -Aceptamos, con reglas. Nada que deje marcas o daños permanentes, si decimos no, es no, y Miguel estará y participará. Además lo vamos a grabar también. Si después tu rompes tu palabra, tu video también saldrá a la luz

    -Acepto, dijo sin pensar. Coger una copa, brindemos, y vamos ya

    Tomamos las copas de un trago y bajamos al sótano. Lara y Noelia fueron a la cama y comenzaron a desnudarse una a la otra, como tantas veces hacían solo para mí. Abel no les quitaba ojo mientras se desnudaba. Tenía una buena polla, no muy larga, pero bastante gruesa y circundada. Estaba algo relleno y sin depilar, pero tenía unos brazos fuertes. Terminé de desnudarme y fuimos con ellas. He de reconocer que a Abel se le veía cortado, asi que tome la iniciativa.

    -Ven, le dije a Lara, acompañándola desnuda a la cruz.

    La inmovilice en ella, de espalda a la sala, con las piernas muy separas, expuesta e indefensa. Le vende los ojos.

    Del otro lado de la cruz, y frente a ella, dispuse a Noe de igual manera. Abel fue directo a su hermana por detrás y comenzó a acariciar y pasar sus manos por todo su cuerpo, haciendo hincapié en apretarle los pezones y juguetear con los piercing. Deslizo una de las manos a la entrepierna y comenzó a masturbarla lentamente, introduciendo a su vez un dedo en la vagina. Noelia busco la boca de Lara y comenzaron a besarse, excitada, comenzaba a jadear. El bdsm siempre me llamo la atención, y tenía la oportunidad de ponerlo en práctica gracias al chantaje de Abel, y pese a mi reticencia inicial, la situación me ponía de lo mas cachondo. Mientras Abel se ponía a un lado de la cruz, y ya empezaba a tocar también a Lara, me detuve en la mesilla con los “juguetes”. Tome unas mordazas, una con bola y otra que era para mantener la boca muy abierta.

    Cogi también unas pinzas para pezones unidas entre si por una cadena y una fusta. Coloque las mordazas, dejando la de que mantenía la boca abierta a Lara, y les puse ls pinzas de los pezones a ambas, entrelazando las cadenas, de manera que si una se separaba tiraba de los pezones de la otra. Me coloque a un lado, acaricie suavemente el culo de Noe, y seguidamente descargue la fusta sobre ella. Se sorprendió con el golpe y un ligero grito salió de su tapada boca. Hice lo mismo con Lara. Después de un rato, sus pechos brillaban por el sudor y la saliva que salía de sus bocas al no las poder cerrar. El juego me cansaba un poco. Abel me sugirió llevarlas a la cama, quería follar. Yo también.

    Con las manos esposadas a la espalda las llevamos a ella. Una frente a la otra, de rodillas, y con la cabeza contra el colchón, Abel tomo a Lara por las caderas, froto su polla en su húmedo ya coño, y la penetro de golpe, hasta el fondo. Un ahogado gemido salió de su boca. Yo iba a follarme a Noe, pero al ver a mi mujer siendo follada duro a cuatro patas, inmovilizada y privada de visión, con la boca obscenamente abierta con la mordaza, me situé frente a ella y le metí mi miembro hasta la garganta. Los envites que recibía por detrás, hacían que entrara la mía muy adentro, ahogándola en cada embestida y salivando de manera exagerada. Estuvimos un rato así hasta que Abel empezó a jadear fuertemente

    -Dios!!! Me voy a correr!! Me voy a correr!! Quita, me dijo, quiero que lo trague todo

    Me separe, para dejarle la boca libre, y casi sin darle tiempo a metérsela en ella, empezó a correrse abundantemente. Un chorro fue casi directo a la cara de mi mujer, pero el resto fue dentro de su garganta, pues el grueso pene de Abel estaba en su boca hasta el fondo, dejándola casi sin aliento

    Yo rodee a Noe, que estaba expectante, lubrique su culo un poco, y comencé a follarmela por detrás con fuerza. No estaba prestando a tención más que a mi propio placer, por primera vez en mi vida. Estaba desatado. Tarde muy poco en correrme dentro del culo de Noe. Cuando la saque, su esfínter permaneció dilatado y rojo, palpitante, expulsando un ligero hilo de semen fuera. Abel había quitado la mordaza a Lara, y esta se afanaba en limpiar con la lengua el pene de este, erecto como al principio, y más grueso, si cabe. Nos miramos e intercambiamos posturas, mi polla también seguía, para mi asombro, dura como una piedra. Abel se dirigió al maltrecho culo de su hermana, y yo a la boca de mi mujer, que recibió con una leve sonrisa mi polla en ella. Se afanó en chupármela, y aunque sin manos le resultaba complicado, hacia maravillas. Le tome la cabeza por el pelo, y comencé a follarle la boca un poco más duro, como lo había hecho Abel minutos antes. Un jadeo fuerte de Noe me hizo levantar la cabeza para ver como su hermano hundía su gruesa polla en ella sin piedad. Una mano tiraba de su pelo, recogido en una coleta, hacia atrás, y la otra jugueteaba con uno de sus pezones, atrapado por la tenacilla, estirándole y retorciéndolo.

    -Coloca a tu mujer ahí, me dijo, señalando el poste de la cama, átala de espaldas a el

    Asentí con la cabeza y la puse como me indico. El se tumbo en el suelo, muy cerca de ella.

    -Trae a Noe, ayúdala y suéltale las manos, me dijo.

    La coloque sobre el, que introdujo su polla dentro de su coño fácilmente dado lo mojada que estaba. La dirigió hacia delante exponiendo su culo, y adiviné sus intenciones. Me arrodille detrás y volví a taladrárselo. En esa posición, el coño de Lara le quedaba justo a la altura de la boca, por lo que moví su cabeza para que empezara a comérselo. Apoyo una mano en el pecho de su hermano y con 2 dedos de la otra penetro a su amiga mientras le lamia golosa el clítoris. Lara con lo excitada que estaba no tardó en correrse, pero Noe siguió haciéndolo y le arranco un segundo orgasmo seguido.

    -Me voy a correr dentro tuyo!, dijo Abel, mirando a Noe, a quien había despojado de la venda

    -Yo también me corro, dije

    -Y yo, correros cabrones, correros, me estáis matando de placer! Ahhh grito Noe fuera de si

    Un chorro de abundante semen salió de mí dentro de su culo, seguido de otros dos, mientras la aferraba con fuerza de las caderas

    Aaaghh!! Mascullo Abel, Dios, que ganas te tenía!! Dijo mientras se corría también dentro de su hermana.

    Noelia se dejo caer sobre él y yo saque mi polla, aun chorreando, de su culo. Desate a Lara y le quite la venda, se arrodillo a mis pies y comenzó a chupármela una vez más para recoger todos los fluidos que en ella había. Mi polla seguía dura como una piedra, no sabía que estaba pasando, me sentía como un chaval de 15 años.

    -Extasis en sus copas, y en las nuestras además, Viagra, jeje masculló Abel, que estaba recibiendo también una mamada de su hermana La fiesta tenía que durar, no crees??? Me dijo

    -No es la primera vez que me pasa, dije esbozando una sonrisa

    -El plato principal, para el final, dijo Abel, mirando a Lara, postrada a mis pies

    Levantó a su hermana y la ató en el potro, boca abajo, como si estuviera montando a caballo. Metió un consolador de buen tamaño en su coño, y otro, mas pequeño, en el culo. Le puso la mordaza con la bola y pinzas en los pezones, con pesos, que estiraban de forma grotesca estos hacia el suelo. Conecto los consoladores a un ritmo intermitente, que hicieron jadear a Noe, y la dejo allí, mientras se dirigía a nuestra posición. Lara seguía de rodillas. Abel se puso a mi lado, y Lara, mecánicamente, empezó a alternar en su boca las dos pollas que frente a ella se encontraban. He de reconocer, que hace unas mamadas tremendas.

    Me senté en el borde de la cama, y Lara se inclinó para seguir chupándome la polla, dejando sus agujeros expuestos a Abel, que no tardo en metérsela en el coño. Escupió un par de veces en su culo, esparciendo la saliva con los dedos, e introduciéndolos en el culo, que los aceptaba sin demasiada resistencia. Lara estaba excitada y no lo ocultaba. Abel saco su miembro del coño, volvió a escupir en él, y presionó este en el culo de mi mujer, que se abrió para él. El glande traspaso el esfínter, y poco a poco la metió entera. Mientras yo, la aferraba por el cuello, disfrutando de una mamada tremenda. Abel comenzó a moverse rítmicamente, cada vez más fuerte, y yo solté su cabeza, para dejarles a ellos todo el trabajo. Abel empezó a alternar sus 2 agujeros, follandola con fuerza, mientras sus manos apretaban sus tetas bamboleantes y retorciendo sus pezones. Lara estaba en éxtasis, jadeando y sudando. Era una visión excitante y turbadora, ver a mi mujer empalada por detrás, disfrutando como una loca, mientras me hacia una deliciosa mamada, y mi amante, atada enfrente en un potro, con dos consoladores dentro, gimiendo y jadeando sin parar.

    Abel se separó y se dispuso a mi lado, en la cama.

    -Te toca, me dijo

    Ocupé mi posición detrás de Lara y se la metí sin esfuerzo en el culo, mientras ella sustituía mi polla en su boca por la de Abel. Comencé a darle por el culo, con fuerza, y también alterné sus agujeros, mientras masajeaba su clítoris con una mano, y con la otra cogía una de sus tetas. Abel la cogía con fuerza del cuello, y le enterraba su polla en la boca hasta las bolas, manteniéndose unos instantes así, cada vez que la sacaba, Lara tomaba una bocanada de aire, entre nauseas y tos, pero lejos de quejarse, dijo:

    -Seguir cabrones, no paréis, follarme duro, me voy a correr otra vez

    Yo no daba crédito. Estaba desatada y desinhibida como nunca, efecto de las drogas, supuse. Abel se recostó en la cama, y acerco a Lara sobre él, que se montó a horcajadas

    -No, la corrigió, date la vuelta

    Se giró de espaldas a él, y la empaló por su dilatado culo, sin ningún tipo de problema. Tiró de ella hacia atrás, apoyando las manos en la cama y dejándome un expuesto y desafiante, enrojecido coño, abierto, esperándome. Como pude, con una rodilla en la cama, entre sus piernas, y un pie en el suelo, me acomodé entre ellos y mi erecta y ya morada polla, encontró fácilmente el coño de Lara y se perdió dentro de ella. Abel desde detrás, se aferraba con fuerza a sus tetas, que estaban enrojecidas y con marcas de sus manos. De vez en cuando abofeteaba una con fuerza o le retorcía un pezón. Era una postura algo incómoda pero la penetración era profunda y placentera. Después de unos minutos así, Lara estalló en un nuevo orgasmo

    -Joder, SI!! Si!! Si!! Me corro cabrones Ahh!!! Ahh!! Ahh!!!!

    Abel en ese momento, hizo ademan de quitarla de encima, yo me retiré a punto de correrme, Empujó a Lara de rodillas al suelo, se puso en pie frente a ella a mi lado, y un chorro de semen impacto en su cara, Lara abrió la boca para recibir el resto, mi descarga fue directa a su cara también. Ella tomo las dos pollas con las manos, y comenzó a chuparlas y lamerlas, hasta dejarlas completamente limpias, pero ya relajadas, y al menos en mi caso, dolorida.

    Lara tenía la cara cubierta de semen y sudor, que le arrollaba por el cuello hasta el pecho. El rímel corrido y el pelo alborotado y sucio. Se tumbó en la cama, agotada. Abel había soltado a su hermana y la acompañaba también a la cama, se tumbó junto a Lara, hechas un ovillo y se durmieron. Yo subí a beber y darme una ducha. Abel subió conmigo.

    -No había follado a si en la vida, me dijo

    -Ya, yo tampoco, lo reconozco, pero, al menos para ti, esta ha sido la primera y única con nosotros

    -Bueno, hay 2 personas abajo que tendrán algo que decir

    -Eso es cierto, pero, al menos de una, conozco la respuesta

    -Ya veremos

    Bajamos, y acompañamos a las mujeres que descansaban ya, profundamente dormidas.

    Al día siguiente y después de asearnos y desayunar algo, rompió el hielo Noe.

    -Lo de ayer fue increíble, tardaré en olvidarlo, dijo

    -La verdad que sí, una locura, dijo Lara

    -No hay porque olvidarlo, yo repito cuando queráis, dijo Abel

    -Eso no era lo hablado, dije yo. Aunque estuvo muy bien, Una vez y se acabó, respondí

    -Yo, he de reconocer, que desde siempre, me sentí muy atraída por ti, me tocaba mirándote, de pequeña en casa. Y te desee siempre. No me importaría, dijo Noe

    -Como experiencia estuvo bien, pero fue bajo un chantaje, para mi, se acabo, dijo Lara

    -Estoy con mi mujer, para mí también, respondí, satisfecho con lo que Lara respondió. Si esto hubiese surgido de manera espontanea, habría estado muy bien, Noe, como fue lo nuestro, pero así, no

    -Pues temo que esto sea el fin de lo nuestro entonces, si mi hermano está dispuesto a quedarse conmigo

    -Por supuesto, lo he querido siempre, pero no me atrevía decírtelo por miedo a tu reacción

    -Noe, lo nuestro no tiene por que acabar así, hemos disfrutado mucho los tres, y podemos seguir haciéndolo, dijo Lara, con lagrimas en los ojos

    -No cielo, he deseado mucho esto, y si él no tiene cabida, yo tampoco

    -Pues lo siento, nos despedimos aquí, dijo Lara

    Fuimos a recoger nuestras cosas, y apenados nos despedimos de Noe, que nos entregó el pendrive con las grabaciones del chantaje, y también la tarjeta de este fin de semana. Lara tomo los 2 y los arrojó a la chimenea. Hicimos el viaje de vuelta casi sin hablar. El lunes, en el trabajo, Noelia presento una petición de excedencia y no volvimos a saber nada de ellos.

    Nosotros empezamos a frecuentar locales de intercambio y a ir a fiestas swinger, y en una de estas nos encontramos a unos viejos amigo de la adolescencia, que llevaban más de 25 años juntos también, Jaime y Julia. Ese día no paso nada, porque nos fuimos directos a un reservado a hablar y ponernos al día de todo lo pasado en este tiempo sin saber de nosotros. Quedamos en vernos el siguiente fin de semana en su casa, pero eso, es otra historia.

  • Primera vez de infiel

    Primera vez de infiel

    Bien había ya trabajado diez años en ventas repartiendo «con el cariño de siempre», había cogido con casadas, viudas, vírgenes en fin una cantidad de hermosas mujeres. Pero a los 33 años encontré a mi esposa y decidí dejar mi promiscuidad, viví así unos cuatro años y había rechazado aventuras con mujeres que descaradamente se me insinuaba, un amigo me comentó oye «ser casado no es ser castrado» y defendía mi estado comentando que era feliz casado y con lo que vivía con mi esposa era suficiente. Un día por mejorar económicamente acepte pasar a las rutas nocturnas, y mi amigó al despedirme me comentó «hasta aquí llego tu fidelidad» me reí sin darle importancia.

    Cuando llegue al turno de la noche, cómo todo cambio llegué nervioso y con ganas de aprender y hacer mi trabajo lo mejor posible, era totalmente diferente como había trabajado antes y las tiendas qué atendía, en su mayoría siempre eran empleados los líderes y supervisores solo se aparecían de vez en cuando, traía la zona de Cuautitlán y hacía mi trabajo lo más rápido para salir de esa zona ya que es un poco pesada en cuestión de delincuencia, por azares del destino en la compañía hubo cambios y me cambiaron a la zona de Texcoco, mis primeras noches fue de conocer a la gente y presentarme ya pasadas unas semanas había confianza con todos.

    Ya en confianza llegaba y con algunos cenaba o yo ponía el pan y ellos el café en ese tiempo había unas trabajadoras que al verlas me excitaban y yo trataba de ocultar eso ante ellas, en una tienda se dio cambió de personal y el líder me comentó » ayudarlas por favor son nuevas» eran dos mujeres una cómo de 55 años y otra de 35 años, la mayor se llamaba Jimena y la segunda Carmen, seguí trabajando normal pero cuando llegaba a esa tienda luego me preguntaban por dudas que tenían y les ayudaba.

    Una noche al llegar Carmen me preguntó sobre cómo sacaba su inventario y le indique pero me comentó «pase y ayúdeme por favor» pase y me percaté que olía a recién bañada y un perfume tenue pero de olor fresco agradable, al acercarme a la computadora se quedó enfrente y solo se hizo un poco de lado, cuando empecé a teclear ella se acercó más y de repente me restregó su redondo trasero a mi cuerpo, casi por instinto mi pene se puso duro, pero decidí dejar que lo sintiera, ella soltó un «mmm» leve; termine de sacar su inventario y se lo entregue a lo que me dio las gracias y salí a la camioneta para surtir el pedido y aplacar mi excitación ya que al salir puse atención en Carmen y tenía un cuerpo atractivo pero sus redondas caderas coronaban un hermoso culo.

    Ese día surtí y salí normal pero cachondo. A la siguiente visita llegué a la tienda y busque con mis ojos a Carmen ahí estaba acomodando mercancía y a pesar de la bata se visualizaba su hermoso culo, me saludó y me comentó «esperé tantito voy por unos cambios suyos» le agradecí saludé a la otra empleada y fui a mi mueble para checar y levantar pedido, en eso llegó Carmen y acercándose más de la cuenta me entregó unos cambios, al darse la vuelta me roso mi brazo con sus tetas y mi pene volvió a reaccionar ese día terminé de surtir y me fuí excitado nuevamente.

    En la siguiente visita Carmen estaba atendiendo en caja y su compañera estaba entrando y saliendo de la cámara fría, cuando le comenté a Carmen «regreso con tú pedido»; ella me pidió que me acercará, me acerque por dónde me recibían y me comentó abriéndose la bata y dejándome ver sus tetas cubiertas por un lindo brasier de media copa «Don que le haría a mis chiches», contesté «si quieres saber acompáñame a la camioneta, me di media vuelta y salí a la camioneta, unos segundos después tocó la puerta y le abrí dándole la mano para que subiera, ya no hubo palabras la abrace y le di un beso en la boca a lo que ella respondió inmediatamente metiendo su lengua en mi boca.

    Empecé por estrujar sus tetas, le desabotone, la bata y su brasier no pudo contener lo duro que se pusieron sus pezones dejándolos ver, termine bajándolo el brasier para poner mis labios en sus pezones, le dije «hoy tus chiches van a ser amadas plenamente y tú te vas a convertir en mi puta de cada tercer día, ella con voz entrecortada me contestó» si hazme tu puta Papi» la bese atrás de los óvulos de sus oídos y suspiraba, mientras mis manos empezaron a meterse por su pantalón para llegar hasta su vagina ya húmeda y peluda, eso me excitó más.

    Carmen jadeaba y decía «si papi haz conmigo lo que quieras soy tuya», le metí un dedo a su vagina y sentí cómo escurría saque mi mano de su pantalón y me metí mi dedo a mi boca le dije» que rico sabes cielo», contesto ella «ya méteme tu verga quiero sentirla dentro de mi» le desabroché el pantalón y bajando dejo ver su tanga ya mojada, la recargue sobre unas charolas entre la estantería de la camioneta dejándome tener una visión plena de su hermoso culo.

    Baje su tanga y su vagina peluda dejaba ver sus gotas que escurría, le dije «primero cielo vas a saber lo que es una buena mamada, hasta que me llenes mi boca de ti voy a dejar de mamarte», seguido hundí mi boca en su vagina, saque mi lengua hundiéndola en esa cueva que fluía de líquidos sin cesar, me lengua acariciaba su botoncito para después ponerse tensa soltar un grito y venirse plenamente en mi boca.

    Volteo y me dijo «ni mi marido me ha hecho venirme así, cógeme papi» pedía me baje el pantalón y saque mi verga, le un unos llegues primero sin introducir todo y volvió a decir «ya cógeme» de un golpe le dejé ir mi verga, resbalando sin problema y sintiendo su cálida vagina, le saque la verga y acostando me yo le dije» ahora enséñame lo puta que eres», se sentó ensartando toda mi verga en su vagina, empezó de arriba a abajo pero después empezó a moverse como en círculos, sentí el cielo y más cuando su vagina se apretó, y me empecé a sentir sus fluidos, seguido yo sentí mi verga dura y estalle en un gran orgasmo, nos abrazamos un momento y volvimos a darnos un beso.

    Al terminar bajo de la camioneta para que pudiera yo surtir no sin antes decirme «soy tu puta papi y cada tercer día quiero que me cojas». Después de eso cada tercer día me la cogía y viví unos momentos que les seguiré platicando más adelante.

  • Disfrutando la verga del medio hermano de mi esposo

    Disfrutando la verga del medio hermano de mi esposo

    Mi esposo tiene una hermana y un hermano de padre y madre. Desde antes de casarnos sabía que tenía, además, un medio hermano, sólo de padre, unos años mayor que ellos, que su papá había tenido muy joven. Lo conocía por llamadas y desde que hubo, por videollamadas. Tenía muchos años viviendo en Estados Unidos, donde no había logrado regularizar sus papeles, lo que le impedía volver a Perú.

    Por varios años, en las reuniones familiares de la familia de mi esposo, había unos minutos de videollamada con él. Su parecido con mi suegro era impresionante, definitivamente más que un hijo parecía un clon y todos lo comentaban riéndose durante las videollamadas. A inicios del 2023 logró regularizar sus papeles migratorios, le dieron la residencia y podía ya entrar y salir de Estados Unidos sin problemas.

    Decidió venir a pasar las navidades 2023 en Lima, con su familia. Su esposa e hijos aún no han logrado regularizar y finalmente vino solo.

    Llegó el 15 de diciembre muy temprano por la mañana a Lima. Fuimos todos a recibirlo al aeropuerto. Desde que lo vi en persona me di cuenta que el parecido en las video llamadas con mi suegro se quedaba corto. En persona era, literalmente, un clon. Con 20 años menos, pero realmente idéntico. Eso me calentó pues mi suegro me ha hecho disfrutar completamente del sexo. Imaginar alguien igual y más joven fue muy morboso para mí.

    Bailamos durante el almuerzo de recepción y sentí que su forma de ser era la misma que la de mi suegro. Aventado, sin pelos en la lengua. Directo a sus objetivos. Me dijo “cuñadita, eres tal como te describe mi papá”. No me dijo “mi hermano” o “tu esposo”. Dijo “mi papá”. Me quedó muy claro que su papá, mi suegro, le había hablado de nuestros encuentros. Mientras bailábamos, en algún momento cruce miradas con mi suegro y, quizás mi conciencia o imaginación, quizás realidad, sentí su mirada cómplice.

    Sabía que su hijo mayor era con distancia su favorito. Todos en la familia lo tenían claro, tampoco se hacían rollos pues el “consentimiento” extremo de mi suegro habían hecho de él una persona con pocas perspectivas en Perú. Sin profesión, sin ningún talento especial, no le iba bien acá y tuvo que emigrar. Sus tres hermanos eran profesionales y bastante exitosos, con un nivel económico muy bueno.

    En Estados Unidos no le iba mal, pero tampoco era el “empresario exitoso”, ejemplo del migrante que hizo el sueño americano. Por 15 años había sido ilegal y tras mucho tiempo podía al fin tener la tranquilidad de la residencia y la posibilidad de volver a Lima. Sin embargo, su seguridad era absoluta, no tenía ni el éxito ni el dinero de sus hermanos, pero me quedó claro que quería poseer a la esposa de uno de ellos.

    En ese momento lo decidí. Sería suya.

    Unas tres o cuatro piezas después volvimos a bailar. Y fue directo, me dijo “cuñadita quiero estar a solas contigo”. Le dije que me escribiera al WhatsApp, tenía mi número, estaba en el grupo familiar, pero nunca habíamos hablado directamente. Esa tarde noche no me escribió. Volvimos a bailar algunas veces, se dedicó a tomar con sus hermanos, primos, amigos y me dediqué a jugar con mis hijos.

    Al día siguiente, a media mañana me escribió. Me dijo que necesitaba verme, que quería verme, que deseaba estar a solas conmigo. No me dijo que quería cogerme, pero era tan obvio todo, tan directo y sin rollos que estaba entregada. Mi esposo trabajaba ese día. Por la tarde podía salir algunas horas, dejando a mis niños en casa con la señora de la limpieza. Tomé la decisión de verlo ese mismo día.

    Coordinamos encontrarnos en un café discreto en Miraflores, había ido allí con mi suegro y sabía que era realmente tranquilo y sin moros en la costa. Desde allí nos fuimos a un hotel al que también había ido con mi suegro.

    Con la mayor frescura, en recepción, delante de los que allí estaban me dijo “cuñadita no tengo soles, ¿pagas tu?”. Más que molestarme o incomodarme, me calentó más aún.

    En la habitación nos desnudamos, sin besos de preámbulo. Desnudos ya pude ver su verga, hasta en ello igual a su padre, una verga vigorosa y tentadora, grande, muy grande, hasta dormida completamente flácida como la tenía en ese momento. Me miró y me dijo “se que te gusta, ven y despiértala”. Se acostó, boca arriba, me arrodillé a su costado y comencé a chupársela con todas mis ganas, con las ansias y el morbo contenido. En segundos estaba erecta, dura, gruesa, larga, como la de su papá.

    “Se nota que te gusta cuñadita” me dijo y si, como me gustaba su verga. Sin pedirle ni decirle, me levanté y me senté sobre él. Acomodé su verga en mi concha y bajé rápidamente hasta sentirla toda adentro. No pude evitar un fuerte gemido que seguro escucharon a los lados y en el pasillo. Empecé a moverme frenéticamente hasta tener un primer orgasmo. Él no hacía nada, solo me miraba suciamente y me hacía sentir, sin palabras, que era una puta, que era la esposa de su hermano, su cuñada siendo infiel.

    Luego del primer orgasmo decidí cambiar de posición y le dije “hazme tu perra”. Me acomodé como tal y se puso detrás de mí.

    Tuve otro orgasmo y sudaba de placer, estaba desaforada. Me empujo y quedé boca abajo. Con el culo al aire. En ese momento mencionó a su papá por primera vez “este culito me recomendó papá”. No dijo más. Cerré los ojos y sentí como untaba mi culito con saliva con sus dedos. Luego lo sentí ponerse encima mío. Sentí sus palabras al oído “cuñadita, te vas a comer toda mi verga en el culo” y poco a poco lo sentí entrar. Fue despacito, centímetro a centímetro. Como si me cuidara. Como si fuese una virgen anal. Pero no, no era eso, iba disfrutando cada centímetro. Hasta que tuve toda su gruesa y larga verga dentro.

    Y se volvió loco. Empezó a moverse con violencia casi salvaje. La sacaba toda y la volvía a meter. Se movía rítmicamente o sin ritmo, salvajemente en todos los casos. Sentí que no pensaba en mí, que solo me usaba, que solo me disfrutaba. Yo gemía y hablaba, gritaba, palabras de placer o de puta en celo. Escuche aplausos en un cuarto vecino. Él seguía y seguía, tuve varios orgasmos hasta que la sacó, me dio vuelta con violencia y eyaculó en mi cara.

    Sentí el olor y el sabor de culo de su verga. Quedé muerta sobre la cama. Se duchó y me dijo que me de prisa. Que teníamos un lonche donde mis suegros. No llegamos juntos.

  • Mañana de cardio

    Mañana de cardio

    Miércoles, 9 am

    Aproveché que tenía un par de horas antes de ir a clase para ir al gimnasio, por lo que llegué, me cambié, corrí un rato en la cinta y entre en la zona de musculación.

    A esas horas, el gimnasio al que voy suele estar más o menos vacío, ya que es pequeño, no hay muchos socios y los que hay suelen ir más a la tarde (la gran mayoría de los días que voy a esas horas o estoy solo o hay algún paisano entrenando).

    Pero ese día coincidió, que en aquella sala había dos chicas entrenando juntas. Parecían bastantes pequeñas, no creo que tuvieran más de 18 años, y se las veía bastante buenas, fruto del gimnasio. Estaban escuchando música y cuándo acababan la serie se ponían como a bailotear levemente frente al espejo de la sala.

    Yo estaba al otro lado de la sala y las observaba. Tras un rato, mientras yo hacía mis ejercicios crucé miradas con una de ellas, tras lo cual retiro la mirada rápidamente y se echó unas risas con su amiga. Yo también me reí, ya que supuse que a esa chica le había interesado de alguna forma, pero no le di importancia.

    No hubo más eventos destacables durante todo el entrenamiento, y cuándo acabé, me marché a duchar dejándolas allí.

    Me estaba enjabonando el cuerpo cuándo de repente, noté como unas manos recorrían mi pecho. Cuando me volví para ver que estaba pasando, reconocí a la chica con la que había cruzado miradas previamente, la cual se había colado en el vestuario de hombres y allí la tenía abrazada a mi espalda como Dios la trajo al mundo.

    “Había pensado que podíamos ducharnos juntos, y así ahorramos agua”-me susurró ella al oído, mientras bajaba su mano dirección a mi entrepierna, tras lo cual, agarró mi pene y lo estuvo masturbando.

    Me di la vuelta y le di un profundo beso, a la par que agarraba sus nalgas con fuerza mientras que ella seguía trabajando en mi pene. Al acabar el beso, se arrodillo y se dispuso a chupar mi pene. Chupaba que daba gusto, me costó un montón no correrme.

    Tras un rato, se puso en pie y me indico que me tumbara en el suelo de la ducha, y se sentó encima de mi abdomen. Me besó, mientras agarraba mi pene y lo apuntaba a la entrada de su coño. Cuando lo colocó, se sentó encima soltando un pequeño gemido y comenzó a cabalgarme.

    Puso sus manos en mi abdomen y gemía bajito, ya que no era plan de que nos oyeran follar en todo el gimnasio. Me estaba follando a un ritmo monstruoso, tanto que a los pocos minutos yo ya estaba a punto de correrme. Iba a abrir la boca para avisarla, pero a la primera sílaba me puso la mano en la boca y me dijo.

    -Cállate.

    Entre lo cachondo que estaba y lo sensual que me pareció como le dijo, me corrí en ese mismo instante, tras lo cual ella gimió un poco más alto y volvió a apoyar sus manos en mi pecho.

    Tras unos segundos se levantó, me dijo adiós pícaramente y se marchó, dejándome allí empantanado. Acabé de ducharme, me vestí y me marché, intentando procesar lo que acababa de pasar.

  • Puerta trasera

    Puerta trasera

    Era un martes por la tarde en un café de moda, donde había quedado de verme con algunas de mis antiguas compañeras de la universidad. Mis amigas y yo tratábamos de mantener el hábito de reunirnos al menos una vez cada quince días para no perder el contacto; aunque por supuesto con el tiempo esto era cada vez más difícil. De manera que el grupo original de hasta diez amigas en este tipo de reuniones, se fue reduciendo a cinco o menos.

    En esa ocasión en particular éramos sólo tres: Silvia, Paty y yo. Aunque las tres estábamos casadas todavía no teníamos hijos lo cual, como es de esperarse, es un factor determinante a la hora de hacer espacio en el calendario para este tipo de actividades sociales.

    Estábamos conversando amenamente de cosas sin importancia (sobre todo de las amigas ausentes), con un delicioso cóctel en mano para hacer más amena nuestra reunión. Sin perder la oportunidad de coquetear traviesamente con un guapo y joven mesero que se encontraba atendiendo nuestra mesa esa tarde. Compitiendo entre nosotras, tan sólo para divertirnos, por quien de las tres le debería resultar más atractiva.

    —¿Vieron cómo me sonrió? —preguntó Silvia en forma retórica con cierto aire de vanidad, haciendo referencia al joven mesero—, creo que le gusté.

    —Alucinas, tú piensas que todos los hombres quieren tener algo contigo —comentó Paty en tono de broma, haciendo burla de nuestra presumida amiga—. Lo único que quiere es que esta vez sí le dejemos propina —agregó con un poco de sarcasmo.

    —Bueno, no sería la primera vez que le pago a un hombre por una buena cogida —agregó Silvia de forma desvergonzada, desatando las risas de las tres.

    De todo nuestro grupo de amigas, Silvia siempre fue la más desenfrenada en lo que respecta a las relaciones con el sexo opuesto. Sus aventuras dentro de la alcoba (y muchas otras fuera de ella), durante nuestra época de colegialas eran épicas en todo el instituto donde estudiábamos.

    Amante de las emociones fuertes, se había acostumbrado a salir con dos o más chicos a la vez; volviéndose adicta a esa dosis de adrenalina que le provocaba el riesgo de que sus pretendientes se enteraran de sus ‘aventuras’ paralelas.

    Para Silvia una noche de ‘sexo casual’ con algún hombre no significaba más que eso, una sola noche. No existía motivo porque el que debiera haber consecuencias o repercusiones, más allá de placer físico que pudiera disfrutar con su amante en turno. Aunque por supuesto, si el nivel de placer experimentado hubiese sido realmente alto, siempre cabría la posibilidad de que le apeteciera repetir la experiencia.

    Como era de esperarse, su fama de mujer fácil le ocasionó algunos conflictos con otras compañeras de la generación; quienes veían en ella una amenaza para la estabilidad de sus propias relaciones de pareja.

    Sin embargo, aún con este inconveniente debo confesar que en varias ocasiones llegué a sentir envidia de mi amiga y sus aventuras; no sólo debido a que me hubiese parecido atractivo alguno de sus amantes, sino también por su valor y firmeza ante las críticas que pudieran hacer de su persona.

    “Si te critican por coger, coge más duro”, era la frase de batalla que Silvia solía pronunciar (más como promesa que como amenaza), cada que se enteraba de algún comentario mal intencionado de una de sus detractoras. Si ese era el precio que ella debía pagar por la libertad de disfrutar de su sexualidad, estaba más que dispuesta a hacerlo.

    Pero eso había sido hace más de tres años, ahora con dos años de casada, ella se consideraba a sí misma toda una dama respetable. Aunque eso no le impedía coquetear con algún chico que le pareciera atractivo; sobre todo si Juan, su esposo, no estaba presente.

    Paty, por el contrario, era un poco más conservadora en cuanto a las relaciones de pareja. El típico caso de la chica que se casa con su primer novio al terminar sus estudios, perdiéndose la oportunidad de conocer a otros hombres con quien poder compartir su juventud y sexualidad. Pero que, en una gran muestra de tolerancia, lejos de juzgar a sus amigas aceptaba sin prejuicios los puntos de vista diferentes al suyo.

    Para mujeres como Paty, desde mi particular punto de vista, es inevitable que tarde o temprano durante su vida de casadas lleguen a preguntarse si hicieron realmente lo correcto al casarse tan prematuramente. O si por el contrario se perdieron de alguna etapa importante en sus vidas en su afán de alcanzar una fantasía romántica.

    Yo por mi parte, me veía a mí misma en un punto medio entre mis dos amigas. Asidua a las fiestas y bares, como muchas otras chicas durante mi etapa de soltera; pero que definitivamente no me metería en la cama con cualquier chico. Para mí, era sumamente importante haber conocido bien a mi pareja antes de tener intimidad. Quizás un poco idealista en cuestiones de amor y sexo, pero sin considerarme una mojigata anticuada.

    Claro está, todo ese idealismo romántico casi siempre desaparece tan pronto se seca la tinta en el acta de matrimonio. Razón por la que es perfectamente normal, que algunas personas o parejas cambien sus hábitos y costumbres después de casarse. Tal parecía ser el caso de éstas tres chicas y sus respectivos maridos.

    —No tienes que decirlo, eso ya lo sabemos —dijo Paty en tono de burla, haciendo referencia al último comentario de Silvia, donde sugirió haber pagado por sexo en el pasado—. Como en la despedida de soltera de tu prima en el club de desnudistas.

    —Como olvidarlo —comenté yo, con una sonrisa sarcástica en mis labios—, donde se cogió a uno de los bailarines en un privado. Lo malo fue que nosotros se lo pagamos —agregué continuando con la broma trayendo a colación el hecho de que, en aquella ocasión, Silvia nos había pedido dinero prestado para poder pagar el erótico ‘baile’ del atlético danzante con quién ella había tenido sexo.

    —Y hoy es fecha que no nos ha pagado aún —agregó Paty, haciéndome segunda en la broma acerca de aquella indiscreción de nuestra ‘loca’ amiga.

    —No recuerdo que hubiese sido así —dijo Silvia dando un sorbo a su bebida, tratando inútilmente de ignorar nuestras burlas.

    —Si se llega a ir con el mesero, mínimo que esta vez ella pague la propina sola —sentencié sin dejar de reír.

    Como era de esperarse en este tipo de reuniones entre antiguas amigas de juerga con unas cuantas copas de más el tema principal es siempre el sexo; con quién lo hicimos y con quien nos hubiese gustado hacerlo, utilizando como excusa el recordar los viejos tiempos durante el último año en la universidad. Situación ideal para desahogar nuestros deseos más íntimos y posibles fantasías frustradas.

    —¿Recuerdan al chico guapo de la biblioteca? Aquel que andaba tras de Paty —preguntó Silvia haciendo un fútil intento por desviar de su persona la conversación actual—. ¿Por qué no te lo cogiste amiga?

    —¡Como crees! —respondió Paty con pudor—, en ese tiempo ya estaba de novia con Miguel.

    —Amiga desde que yo te conozco, ya salías con Miguel en plan de novios —comenté con exageración, bromeando por el largo noviazgo de Paty.

    —Casi se casó el mismo día que la bautizaron —dijo Silvia en tono de broma, haciendo también burla de Paty; quizás buscando un poco de revancha de la broma previa.

    —No exageren; nos hicimos novios un año antes de graduarnos —intentó aclarar Paty, molesta por ser ella ahora el centro de las bromas.

    —¡Claro que no! —refutó Silvia levantando la voz para contradecir a Paty—, ¿recuerdan cuando fuimos de paseo a las cabañas del lago en el tercer año de estudios? Tú no fuiste porque Miguel no te dio permiso de ir sola —acusó sin bajar el tono de voz.

    —Eso es verdad —concordé dándole la razón a Silvia.

    —De acuerdo —asintió Paty, dándose por vencida al tratar de negar lo prolongado de su noviazgo—, es que tuve mucha suerte con mi primer novio —agregó con una sonrisa de satisfacción, haciendo referencia a lo supuestamente bien dotado, anatómicamente hablando, que estaba su esposo.

    Es perfectamente normal que entre amigas de confianza se presuman unas a otras las bendiciones que la vida les ha otorgado, por más superficiales que puedan estas parecer. Una buena figura, un cabello sedoso, una casa hermosa o un gran empleo salen casi siempre a relucir a la menor oportunidad. Y en el caso de Paty, el famoso miembro de su esposo; el cual sólo tenía el placer de conocer por ‘boca’ de su propietaria, literalmente.

    “¡No me entraba completo!”, aún escuchó resonar esas palabras en mis oídos al recordar la ocasión que Paty nos narró la odisea que vivió el día que le practicó por primera vez sexo oral a su, en aquel entonces, novio Miguel; dando a entender que el miembro viril de su pareja era de un tamaño tan considerable que simplemente no consiguió introducírselo completamente en la boca.

    “Exageras”, fue la respuesta que le dieron sus amigas, incluyéndome. Obvio que le pedimos una fotografía como evidencia de lo que ella nos contaba, pero la muy santurrona se negó; más por miedo a que alguna de nosotras intentara robarle a su novio que por modestia.

    —No importa que tan grande lo tenga —argumentó Silvia, fastidiada por la supuesta buena suerte de Paty—, a veces es bueno probar algo nuevo, sólo para combatir la monotonía. Y sobre todo cuando se trata de sexo, ¿a poco sus esposos nunca les han pedido que los complazcan con practicar alguna fantasía en la cama? —preguntó pícaramente en voz baja.

    La pregunta de Silvia no pudo ser más oportuna, pues el siguiente fin de semana sería el cumpleaños de mi esposo; y aun que originalmente yo le había sugerido salir a cenar y beber unas copas para celebrar, él me había pedido que hiciéramos algo un poco diferente para salir de la rutina de nuestra vida de pareja.

    —¿Quiere llevarte a un motel? —preguntó Silvia sorprendida, después de que les confié los deseos de mi esposo—. ¿Qué clase de motel? —preguntó ahora, más por morbo que por curiosidad.

    —A alguno de los que están por la carretera antes de salir a la autopista; no lo sé con exactitud, los que frecuentan las parejas que no están casadas, los amantes —expliqué a mis amigas la extraña solicitud de mi esposo para su cumpleaños.

    Silvia y Paty intercambiaron miradas, mientras una sutil sonrisa de complicidad se dibujaba en sus rostros antes de apresurarse a levantar sus copas para dar un sorbo más, echando a volar su imaginación acerca de los posibles inconvenientes que atravesaba mi relación de pareja.

    —¿Por qué se ríen? —pregunté intrigada por lo que ellas estarían imaginando.

    —Amiga, ¿no es obvio? —dijo Silvia, con una sonrisa sarcástica—, tu esposo ha caído en la monotonía sexual y busca una forma de salir de ella. ¿Segura que no te pidió algo más? —preguntó como si ya conociera la respuesta.

    —Bueno, creo que puede haber algo más… —confesé tímidamente sintiéndome acorralada por mis dos amigas.

    Y de hecho sí que lo había, ¡una muy grande! No habían pasado ni dos semanas desde la última ocasión en que mi esposo me había solicitado tener sexo anal. Por supuesto que no era la primera vez que me solicitaba que lo complaciera con tal acto, pero sí la ocasión en que más vehementemente lo había hecho; prácticamente me lo había suplicado llorando.

    Sin embargo, en mis complejos, para mí eso era tema tabú. Algo que no podía ser de ninguna manera placentero para mí, y por el contrario sí de muchos riesgos; pues en mí rígida manera de pensar, simplemente ‘aquello’ no era para eso.

    —Así que de eso se trata —dijo Silvia sonriendo burlona después de escuchar el complementario deseo de mi esposo—, te quiere meter la verga por detrás. Pues será mejor que te vayas preparando para no sentarte en una semana querida —agregó antes de soltar una sonora carcajada que contagió a Paty.

    Yo reí nerviosa, fingiendo no sentirme aludida por la broma. Pero por más que me esforzara, era obvio que la posibilidad de ser penetrada analmente por mi esposo me incomodaba en gran manera. Aún antes de hacerlo.

    —Los hombres son tan predecibles —declaró Silvia sonriente, antes de dar un nuevo sorbo a su copa.

    Según mi experta amiga, el plan de mi esposo era llevarme a un sitio lejos de nuestro hogar, fuera de mi zona de confort, un territorio neutral por decirlo de alguna manera. Un lugar donde yo me sintiera cómoda de expresarme libremente y sin inhibiciones. Donde él me pudiera seducir y embriagar fácilmente. Y justo ahí…

    —¡Darte bien duro por el culo! —exclamó Silvia bruscamente soltando otra fuerte carcajada, olvidando por un segundo el lugar donde nos encontrábamos.

    Imposible tener una conversación seria con este par de amigas. Pero en algo tenía razón, al no tratarse de nuestro hogar el lugar donde suponía que mi marido quería satisfacer sus impúdicos deseos, habría mayor posibilidad de que yo lo relacionara con un ocasional juego de rol, un evento de una única vez en lugar de algo que se fuera a ser habitual en nuestra relación.

    —Preocúpate cuando no te lo pida querida —dijo Silvia levantando una ceja como gesto de gran sabiduría mundana—, porque las amantes normalmente no les niegan nada a los hombres con el propósito de engancharlos —concluyó.

    —Odio decirlo, pero tiene toda la razón —concordó Paty con lo comentado por Silvia—, es mejor que complazcas a tu marido de vez en cuando para que se le quite la curiosidad y no ande buscando en otro lado quien le haga el ‘favor’.

    Las palabras de mis amigas permearon en mi subconsciente. ¿A caso tendrían algo de razón, y estaría yo indirectamente propiciando una infidelidad de mi esposo al negarle sexo anal? Pues si mi esposo deseaba tan vehementemente cumplir su fantasía sexual, era seguro que no la quitaría de su mente hasta que la hubiese realizado, aunque fuera con otra mujer. Definitivamente eso sería algo que yo no podía permitir que sucediera.

    Con todo, lo bueno es que él recién me había pedido que lo complaciera por ‘detrás’, lo cual me indicaba que nadie más le estaba haciendo el dichoso ‘favor’, al menos no aún. Todavía tenía una oportunidad de complacerlo en ese aspecto y demostrarle de paso, que aún tenía algunas sorpresas que enseñarle en la cama.

    —¿Y duele mucho por atrás? —pregunté preocupada, considerando la idea de finalmente ceder a los deseos sexuales de mi esposo.

    —Querida, somos mujeres, el sexo siempre nos duele la primera vez —respondió Silvia con sarcasmo—. Pero ya te irás acostumbrando amiga.

    Silvia pasó a explicar, en voz baja por supuesto pues recién recordó que nos encontrábamos en un lugar público, la importancia de la lubricación y un buen ángulo de penetración para semejante faena. Según ella, si yo no tenía una buena lubricación el dolor se incrementaría exponencialmente, pudiendo llegar incluso a ocasionarme un desgarre en la abertura del esfínter.

    Todo esto me hizo sudar frío, pues no era algo a lo que yo estaba acostumbrada. Para mí el acto sexual debería ser un momento de expresión de amor puro entre dos personas que se aman profundamente, la definición romántica del sexo. La idea de provocar o dejar que te provocarán alguna clase de dolor físico intencionalmente, era para mí otro de tantos temas tabú, que relacionaba con la práctica del sadomasoquismo. ¿Sabía a ciencia cierta en que me estaba metiendo? O, mejor dicho, ¿sabía lo que me iban a meter y por dónde?

    —Pero tranquila amiga —continuó Silvia—, si lo hacen correctamente, comenzarás a gozar desde la primera vez que lo practiques.

    Continuando con su tutorial Silvia me explicó que es necesario que mi esposo y yo tomáramos las cosas con calma, tratáramos de no acelerarnos, ni ponernos nerviosos. Por lógica, una buena higiene antes de empezar ayuda a crear la atmósfera y sentirte confortable y confiada.

    —Utiliza una lavativa o agua caliente, para tu aseo personal previo al encuentro; una crema con una dulce fragancia ayudará a humectar y suavizar la piel—recomendó Silvia, incitándome a tomar notas mentales.

    Como en otras situaciones, el viaje resulta ser mejor que el destino, por lo que ella sugirió que mi esposo me estimulara primeramente con un masaje alrededor de mi orificio de entrada. Haciendo círculos lentamente con sus dedos por todo mi anillo exterior; para después introducirme primero un dedo y luego dos, y de esa manera conseguir progresivamente estimular la dilatación de mi ano.

    Mis ojos se abrieron grandes como un par de platos mientras veía como Silvia utilizaba sus manos para ilustrar su explicación de la mejor manera. Cerrando el pulgar y el dedo índice de la mano izquierda para hacer un círculo, que se abría cada vez más, al simular ser acariciado por los dedos de su mano derecha. ¡Por un segundo me sentí excitada!

    —Se siente como un pequeño cosquilleo, que sube por toda tu espalda desde tu coxis hasta la nuca —comentó Silvia, antes de ser invadida por un ligero espasmo, excitada por su propia explicación.

    ¡Cielo santo!, me sentía como la primera vez que iba tener sexo con un hombre con aquella extraña sensación de sentir ‘mariposas en el estómago’; ante la expectativa de entregar tu virginidad a quien una piensa que amará por siempre, ansiosa y nerviosa a la vez. Pero con un grado de curiosidad que despertaron en mi interior los más oscuros deseos carnales que hasta ese momento ignoraba que tenía.

    —Bueno, eso sí me lo ha hecho antes —repliqué, haciendo referencia al masaje anal, riendo nerviosamente antes de dar un trago a mi cóctel buscando recobrar la compostura—, sólo que no le hallé el gusto.

    —Es porque tú sabías perfectamente que no iba a suceder, pero ahora las cosas serán diferentes —dijo Silvia—; tu no tendrás el control de nada y no hay nada más excitante que perder el control en la cama, y no estoy hablando del control del televisor —agregó en tono de broma, desatando una vez más las risas de todas, necesarias para romper la tensión que se estaba generando en nuestra mesa.

    Yo reía nerviosamente mientras Silvia continuaba explicando la posición que mi cuerpo debería adoptar durante la penetración. Según ella, lo mejor era arrodillarme sobre la cama y colocar una almohada entre mis piernas pegada a mí vientre; inclinando mi torso hacia el frente, hasta recargar mi rostro sobre las sábanas. Y de esta forma dejar mi trasero al aire con el mejor ángulo de entrada posible.

    —¡Estarás completamente indefensa! —bromeó Silvia con sarcasmo—. Pero es la mejor posición para reducir el dolor de ser penetrada la primera vez.

    —Eso es verdad —asintió Paty, concordando una vez más con la extensa explicación de Silvia, pero con un ligero tono irónico en su voz—, pero al final todo depende de que tan grande y gruesa tenga la verga tu pareja. No es lo mismo pasar una hebra de hilo por el ojo de una aguja, a querer pasar una soga —sentenció riendo con actitud burlona.

    Esa última aportación de Paty a la conversación fue tomada de mala manera por Silvia, quien vio en el comentario cierta dosis de presunción de nuestra amiga. Como si tratara de restregarnos en la cara el ‘gigantesco’ miembro de su esposo; lo que, viéndolo en retrospectiva, no sonaba tan mal después de todo.

    —¡Otra vez con eso! —exclamó Silvia torciendo la boca al golpear la mesa—. Creo que ya es tiempo de que nos des alguna prueba —desafió a Paty con un tono retador en su voz que sólo podía significar una cosa.

    —¿De qué tipo de pruebas hablas? —preguntó ingenuamente Paty frunciendo el ceño.

    —¡Fotos! —exigió Silvia molesta.

    —¡Estás loca! —respondió Paty rechazando con firmeza la solicitud de su inquisidora.

    Yo me encontraba todavía atónita por la explicación de Silvia acerca del tema en cuestión, por lo que me resultó imposible sopesar lo inapropiado de sus exigencias hacia Paty; y estando con algunas copas de más…

    —Vamos, que estamos entre amigas —dije incitando a Paty, con actitud pícara, para que le pidiera a su esposo una foto de su miembro—, prometemos no hacer ninguna burla de sus partes.

    —Yo no prometo nada —aclaró Silvia mezquinamente.

    —No lo sé —dudó Paty teniendo válidos motivos para no realizar lo que le estábamos pidiendo—, tendría que llamar a Miguel y pedirle una foto de su pene, le parecerá algo raro.

    —Quizás le parezca un poco raro, pero a los hombres les gusta siempre alardear acerca de su pene —dije yo tratando de persuadir a Paty.

    —¿Qué nunca llevas fotos de tu esposo desnudo en tu teléfono? —preguntó Silvia con incredulidad—. Si te hace sentir más cómoda, les muestro primero una foto de Juan —agregó desvergonzadamente.

    Silvia sacó su teléfono y procedió a activarlo, tratando de encontrar algunas fotografías de índole personal que compartir con nosotras. Después de haberlas localizado nos las mostró sin ningún pudor, olvidando una vez más que nos encontrábamos en un lugar público.

    Según Silvia, las imágenes eran de una sesión de sexo de hacía un par de semanas, en la que ella y Juan habían bebido de más en un bar de la localidad. Animados por el alcohol, ellos aprovecharon para encerrarse en el sanitario de caballeros, y con esa escasa privacidad ella practicarle un ‘rapidín’ oral a su esposo. Por lo que la imagen mostraba el miembro de Juan visto desde arriba, desde el punto de vista de Silvia.

    Aunque la historia de Silvia parecía excitante, las imágenes distaban mucho de serlo. Era fácil suponer que la inusual situación en que las imágenes habían sido capturadas, había repercutido en la nitidez y calidad de las mismas. Una escasa iluminación y un mal ángulo de la cámara ocasionaban que el miembro de Juan no se pudiera apreciar correctamente. Con un poco de imaginación, se podía distinguir que su tamaño debería ser ligeramente superior al promedio, nada porque jactarse en lo absoluto.

    —“Creo que mejor pediré otra copa” —dije con una sonrisa mordaz, despreciando la imagen que Silvia nos compartía.

    Mi aparentemente inocente comentario no había sido al azar, sino todo lo contrario, tenía toda la mala intención de traer a colación un ingenioso juego de palabras que mis amigas y yo solíamos utilizar como una especie de código cifrado; en cada ocasión que algún chico ‘poco atractivo’ se nos acercaba para coquetear en algún bar o club nocturno.

    Tal frase era utilizada en dos contextos diferentes. El primero, en el que dábamos a entender que rechazaríamos cortésmente a nuestro pretendiente con la esperanza de conseguir ‘algo mejor’ antes de que terminara la noche; y el segundo, el cual era un poco más atrevido, implicando que deberíamos estar muy ebrias para considerar la posibilidad de fornicar con nuestro actual ‘galán’.

    Aun cuando intentó tapar su boca, Paty no pudo evitar dejar escapar una pequeña carcajada al recordar las innumerables ocasiones, en que ella había atestiguado como sus amigas libraban una situación utilizando ese mensaje en código. Siendo ella una santurrona consumada, yo no podía recordar alguna ocasión en que ella hubiese utilizado esa frase, a no ser que fuera para realizar una parodia de sus amigas.

    —Aquí tengo otra foto —dijo Silvia al percibir la desilusión en nuestros rostros, mientras contemplábamos las imágenes de su más reciente aventura—, aquí se ve un poco mejor.

    La nueva imagen era un poco más antigua y había sido tomada en su casa, posiblemente en su recámara. En ella se podía apreciar el miembro de Juan muy bien iluminado por lo que su tamaño se podía apreciar mejor; pero igual distaba mucho de ser algo que presumir, por lo que Paty y yo intercambiamos miradas de decepción.

    —Yo ya les mostré, ahora es su turno —desafió Silvia dirigiéndose hacia mí, molesta por nuestra apatía y actitud burlona.

    ¡Mierda! “Si hubiese sabido que Silvia me pediría lo mismo que a Paty, no hubiera hecho broma de los atributos de Juan”, pensé en mi interior. Sin embargo, casualmente yo tenía en mi teléfono algunas fotografías del miembro de mi esposo, las cuales él me había enviado a modo de broma en una ocasión que él había salido de viaje de negocios hacía un par de meses. Según él, para que no me sintiera sola durante su ausencia.

    —De acuerdo —accedí a la presión de Silvia, tomando mi teléfono de la mesa para mostrarles esas íntimas imágenes.

    Silvia me arrebató mi teléfono, ansiosa por juzgar los dotes de mi pareja. Creo conveniente aclarar en este momento que, anatómicamente hablando, mi esposo tampoco tenía mucho de que presumir; si había accedido a la petición de mi amiga era única y exclusivamente en el espíritu de una ‘sana’ convivencia.

    La imagen que les mostré a mis amigas era un acercamiento en primer plano del miembro de mi esposo. Aparentemente él la había tomado desnudo de frente al espejo, por lo que estando completamente erecto en dirección de la gravedad se apreciaba ligeramente más largo que el de Juan.

    —Creo que he visto mejores —dijo Silvia con desdén en modo de broma, después de haber analizado la imagen en mi teléfono antes de cedérselo a Paty.

    —¡No seas ridícula!, si prácticamente pudiera ser el hermano gemelo de Juan —refuté molesta, tratando de alegar que nuestros esposos tenían miembros muy similares.

    —¡Claro que no, el de Juan es más grande! —alegó Silvia con vehemencia, captando la atención de algunos comensales a nuestro alrededor.

    —No discutan chicas, que somos amigas —dijo Paty intentando apaciguar la inverosímil discusión.

    —Tú mejor no opines, que todavía no nos has mostrado ninguna foto de tu esposo —acusó Silvia molesta.

    —Eso es verdad, tú todavía no nos muestras ninguna foto —concordé haciendo un mismo frente contra nuestra recatada amiga.

    Después de que Silvia y yo instigamos a Paty, ella se sintió obligada a ausentarse unos minutos para llamar a su esposo y conseguir una evidencia, en forma de una fotografía, del magnífico miembro de su hombre. Evidencia irrefutable que nos dejó a ambas con la boca abierta… ¡Y babeando!

    Ignoro la forma en la que Paty le solicitó la fotografía a su esposo, pero debió haberlo hecho de una forma muy convincente, porque él se había esmerado mucho en la calidad de la misma. ¡Su miembro se veía realmente impresionante!

    La imagen había sido tomada de perfil, de tal forma que su enorme miembro, largo y ancho, estaba en ángulo recto con sus piernas. Su glande en forma de un hongo de color rojo y morado, simulaba ser la cabeza de un pesado ariete, duro y rígido dispuesto a derribar cualquier obstáculo que se interpusiera en el camino de su afortunado dueño.

    Como Miguel estaba depilado en la zona de sus genitales; podía apreciarse perfectamente bajo el tallo de su miembro como sus dos enormes bolas colgaban majestuosas, una a lado de la otra como dos grandes naranjas. ¡Ahora podía entender claramente porque Paty decía que había tenido mucha suerte con su primer novio!

    —¡Amiga, que guardadito lo tenías! —exclamó Silvia, abriendo los ojos como un par de enormes platos, al tiempo que se mordía los labios tratando de contener sus lascivos instintos.

    —¡Cuidado! —advirtió Paty—. Te recuerdo que puedes ver, pero no tocar —agregó con una actitud amenazante, muy rara en ella, dejando bien claro quién era la dueña de semejante espécimen.

    Yo estaba estupefacta, completamente paralizada al grado que ni siquiera podía parpadear, maravillada por el enorme miembro del esposo de Paty. Por un lado, sentía un poco de envidia, por tener ella la oportunidad de disfrutar las veces que quisiera de buen sexo con ese gran pedazo de carne; pero, por otro lado, me sentía aliviada de no tener que ser penetrada por el ano con ese mismo miembro.

    —¿Como hiciste para meterte eso por atrás sin que te doliera? —pregunté sorprendida después de unos segundos de examinar minuciosamente la imagen que Paty nos compartía; ansiosa por recibir un gran consejo, suponiendo que la calidad del consejo debería ser proporcional al tamaño del asunto por el que indagaba.

    Paty desvió la mirada al escuchar mi pregunta y se mordió los labios un poco apenada, tratando de ocultarse detrás de su cóctel para evitar responder; cosa que no conseguiría, pues era claro que una ‘espinita’ clavada en su ser la obligaba a hacerlo.

    —La verdad es que… no lo he hecho —confesó con voz baja antes de beber un sorbo más de su copa.

    —¡¿Como?! —exclamó Silvia sorprendida—, tienes ‘eso’ en tu casa todas las noches y no le has sacado partido, me has decepcionado amiga —sentenció Silvia riendo burlona, fingiendo desencanto por lo confesado por Paty.

    Con semblante serio, Paty pasó a relatarnos lo angustioso que había sido la ocasión en que ella y su esposo habían intentado tener sexo anal por primera y única vez. Según ella, su genética la había hecho propensa a las hemorroides; por lo que cuando Miguel penetró su esfínter en esa ocasión, le causó pequeñas hemorragias que convirtieron la experiencia en un total calvario por el que incluso terminaron en el hospital.

    —Mi doctor prácticamente nos prohibió volver a realizarlo como pareja —confesó Paty con los ojos vidriosos al relatarnos su triste experiencia.

    Aunque no habían sido sus palabras exactas, el mensaje del doctor había sido bastante claro: si Paty y Miguel querían practicar el sexo anal, sería mejor que lo hicieran cada uno por su cuenta en lugar de como pareja.

    Entre líneas, a Paty le sugirió buscar un hombre con un miembro de tamaño menor al promedio con quien el riesgo de producir una lesión interna en el colon sería mínimo. Por otro lado, a su esposo le sugirió buscar una mujer con un esfínter lo suficientemente elástico para ajustarse a su enorme miembro, preferentemente una mujer más joven. ¡Definitivamente un diagnóstico médico muy extraño!

    —¡Por favor amiga, tienes que hacerlo sino por ti, hazlo por las que queremos hacerlo y no podemos! —urgió Paty con un semblante ridículamente serio, dando la debida importancia a un asunto que hasta ese momento yo consideraba banal.

    —Si te va bien, quizás enviemos a Miguel contigo para que se lo hagas —interrumpió Silvia haciendo una pesada broma acerca de la desdicha de nuestra amiga.

    Por fortuna, Paty estaba tan concentrada en su propio infierno que ignoró la broma de mal gusto de Silvia. Es decir, tenía que ser eso, o quizás era que ella no lo tomó como una broma, sino como un presagio de lo que estaría dispuesta a hacer con tal de complacer a su esposo.

    ¡Cielo santo, no podía creer la clase de presión que caía sobre mis hombros! Ser penetrada analmente ya no se trataba sólo de mí, de mis miedos y complejos, ahora tenía otro significado; uno más profundo (en todos los sentidos). Ahora se trataba de mostrar empatía y solidaridad con mi mismo género. De ser un modelo para seguir, ¡una verdadera heroína!

    De acuerdo, quizás exageraba un poco, pero una cosa era más que segura: mi esposo tendría que ser quien más feliz estuviera con mi nueva perspectiva respecto al tema. Sin embargo, pensé que sería mejor no ponerlo al tanto hasta el día de su cumpleaños, de esa forma la sorpresa sería mucho mayor para él.

    Pasaron los días y el aniversario de mi esposo llegó; como lo habíamos planeado salimos primero a cenar y beber unas copas para después dirigirnos al motel. Como él aún ignoraba mi cambio de pensar respecto al sexo anal se había asegurado de que yo ingiriera bastante alcohol; anticipándose a las posibles objeciones que pudiera yo tener. Traviesamente decidí seguirle el juego bebiendo sin control.

    Tan pronto entramos en la pequeña y mal iluminada habitación del motel, él comenzó a besarme en los labios con lujuria, deseando comerme a besos. Mientras que con sus manos desabrochaba los botones de mi vestido, ansioso por desnudarme como si se tratase de la primera vez que hacíamos el amor.

    —¡Te quiero coger como nunca perra! —exclamó mi esposo entre dientes, bien adentrado en su papel de un macho dominante que se encuentra con una ramera en un motel de mala muerte.

    —Cógeme como tú quieras —cedí sumisamente a sus deseos, en lo que sus labios recorrían mi cuerpo desde mi cuello hasta mis ahora desnudos senos.

    Mi esposo sonrió complacido por mis palabras y procedió a desnudarme completamente dejando que mi vestido se deslizara hasta mis pies; sólo para después con un fuerte empujón arrojarme a la cama en lo que él se desnudaba. Al terminar, se arrojó sobre mí colocando su erecto miembro justo bajo mi vagina.

    —Quiero darte por el culo —dijo mi esposo con voz muy baja directamente en mi oído, como si estuviera predispuesto a que me negara. ¡Pobre ingenuo!

    —¡Sí, dame por el culo papi! —exclamé tomándolo por sorpresa.

    La respiración de mi esposo se paró junto con su corazón, ¡casi puedo jurar que la saliva que escurría de sus labios quedó congelada en el espacio y el tiempo, en el momento que escuchó mi respuesta! Pobre, eran tantas las ocasiones en que yo me había negado a sus deseos, que por más que él me hubiese embriagado esa noche, jamás se hubiera imaginado que yo cedería al primer intento.

    —¡Cógeme por el culo bebe! —repetí mi exigencia para desterrar cualquier asomo de duda que mi esposo pudiera tener en la mente.

    —¿De verdad? —preguntó él con incredulidad una vez que hubo recuperado el aliento.

    —Así es, cógeme por el culo como siempre lo has deseado, como si no existiera un mañana —cité de manera cursi en mi papel de prostituta complaciente.

    Los ojos de mi esposo se iluminaron como dos estrellas que titilan en la noche, al tiempo que una sonrisa se dibujaba en sus labios, extasiado por lo que estaba por suceder; por aquellos perversos placeres que hacía tiempo estaba ansioso de disfrutar con mi cuerpo.

    Cambiando diametralmente su semblante, mi esposo se puso de pie junto a la cama y sujetando su erecto miembro comenzó a blandirlo hacia mí, soberbio y orgulloso. Como si al tratarse yo de su presa, intentara atraerme hacia una peligrosa trampa con una suculenta carnada.

    —¡Ven aquí perra! —ordenó mi esposo, recuperando su rol de hombre dominante.

    Sumisamente giré mi cuerpo para, poniéndome en cuatro patas, gatear seductoramente hasta él y olfatear su viril miembro. Claro que podía haberlo engullido inmediatamente hasta que se perdiera en mi garganta; pero sabía que mi esposo no quería perderse la oportunidad de abofetearme en el rostro con su miembro, mientras yo fingía intentar atraparlo entre mis labios.

    —¡Eres una perra muy mala! —exclamó mi esposo pasando su pene por mi rostro de lado a lado—¿Y sabes lo que les pasa a las perras malas? —preguntó en forma retórica.

    Yo enmudecí, pues sabía que el hombre que estaba enfrente de mí no necesitaba que respondiera pregunta alguna, igual haría conmigo lo que a él se le antojara; como yo imaginaba debería de ser siempre para un verdadero hombre, aquellos que no sólo saben lo que quieren, sino que también conocen los medios para conseguirlo. Al menos por esa noche, le estaba regalando a mi esposo la oportunidad de adoptar esa identidad. ¡Que afortunado resultó ser él de tener una mujer tan generosa como yo!

    —¡Les caen a palos! —sentenció mi esposo con una risa burlona al momento que golpeaba mi rostro con su pene.

    Una vez que mi esposo detuvo su pene frente a mí, con la punta de mi lengua comencé a acariciar su glande, lenta y sugestivamente, desesperada por introducirlo en mi boca y de esa forma utilizar hábilmente mi saliva para lubricarlo mientras mi esposo cerraba los ojos entregándose completamente a mis caricias.

    Aunque, siguiendo el consejo de Silvia, yo había traído en mi bolso un aromático aceite lubricante, en ese momento no tenía el valor para romper la atmósfera que yo misma me había esforzado en crear; por lo que era mejor que me fuese preparando para lo que viniera.

    —Así es perra, chúpamelo así —murmuró mi esposo entre roncos sonidos guturales echando su cabeza hacia atrás.

    Como había mencionado con anterioridad, ciertamente el miembro de mi esposo era algo que estaba muy lejos de poder presumir. Pero sus bramidos animales y orgásmico jadeo me fueron contagiando de poco su frenesí carnal; a tal grado que podía predecir con gran exactitud, su reacción antes de que siquiera lo llegara a tocar.

    En determinado momento, mi esposo bajó la guardia y flexionó sus rodillas para apoyarse sobre la cama sin quitar su vista del techo. Justo ahí, vi mi oportunidad para engullir de una buena vez todo su miembro, el cual pasó sin ningún problema por mi paladar hasta golpear mi garganta.

    Sin pensarlo dos veces, comencé a producir toda la saliva que pudiera para asegurarme de impregnar cada centímetro de esa dura estaca, que en pocos minutos sería utilizado para yo ser empalada. Inevitablemente una espesa espuma blanca de saliva y semen empezó a escurrir por las comisuras de mi boca.

    —Estás hambrienta —concluyó mi esposo, sonriendo sarcásticamente, al notar la voracidad con que devoraba su miembro—, mira como lo has dejado —agregó sacando su pene de mi boca para exhibirlo frente a mí, totalmente cubierto de una pegajosa sustancia blanquecina.

    Yo sonreí en lo que olfateaba el miembro de mi marido una vez más, satisfecha por haber conseguido mi objetivo de lubricarlo completamente; ¡sin que él lo hubiese llegado a sospechar! Definitivamente, me estaba gustando demasiado este juego.

    —Llegó tu hora —sentenció mi esposo dando un paso hacia atrás, en lo que me instaba a ponerme de pie sujetándome sólo por la barbilla.

    Una vez frente a él, mi esposo giró mi cuerpo bruscamente y de un empujón me arrojó nuevamente sobre la cama; sólo que ésta vez me dejé caer boca abajo apoyando mi rostro sobre las sábanas y levantando mi cadera para dejar mi trasero al aire.

    —Hasta parece que ya lo has hecho antes —dijo mi esposo en tono de broma, ignorando el tutorial que una semana antes había recibido acerca del tema.

    Mi esposo se inclinó hacia mí para olfatear como un vulgar perro el aroma que se desprendía de mi trasero; el cual, siguiendo los consejos de mis amigas, yo previamente había aseado con una lavativa de un dulce aroma.

    —Hueles a rosas —suspiró mi esposo, abriendo sus fosas nasales para llenar con esa suave fragancia sus pulmones.

    Una vez que se hubo embriagado de mi aroma, él colocó su mano izquierda firmemente en mi cadera y, sin previo aviso, soltó una fuerte nalgada en mi glúteo derecho con su mano libre.

    —¿Dime si ya te han cogido por el culo, pinche puta?

    —No —respondí tímidamente, ignorando el vulgar adjetivo utilizado por mi marido.

    —¡Más fuerte, que no te oigo puta! —exigió repitiendo ese léxico tan extraño en él.

    —¡No, nunca! —exclamé casi gritando

    El momento de la verdad había llegado. En pocos segundos mi esposo me penetraría por el ano con su miembro por primera vez en mi vida. ¿Como sería? ¿Me dolería o lo disfrutaría? Yo estaba tan nerviosa, que sólo podía pensar en la almohada que me faltaba; la que mi amiga Silvia me había aconsejado debería colocar entre mis piernas para ayudarme a mantener una correcta posición durante la pervertida faena.

    “Ésta va por ti, Paty”, pensé en mi interior; dedicando mi valiente acto a mi querida y sufrida amiga; como si se tratase de un matador de toros que ofrece su futuro triunfo sobre una indomable bestia a uno de sus leales fanáticos.

    Repentinamente, tal como lo había predicho mi amiga Silvia, un escalofrío invadió mi cuerpo recorriendo toda mi columna desde el coxis hasta la nuca. ¡Era la fría y húmeda cabeza del pene de mi esposo haciendo círculos alrededor de mi esfínter! ¡Había llegado al punto de no retorno!

    —¡Ay! —exclamé espontáneamente, más por los nervios que me invadían, que porque me molestara realmente.

    —¡Silencio puta de mierda! —exigió mi marido soltando otra nalgada en mi glúteo derecho, bien compenetrado en su papel de macho dominante.

    Instintivamente, cerré fuerte mis ojos y me mordí los labios para evitar producir vocablo alguno que arruinara la magia de tan sublime acontecimiento entre nosotros dos.

    —Así me gusta, perra… —elogió mi esposo, genuinamente satisfecho por mi sumisión.

    De a poco, los círculos que eran dibujados alrededor de mi ano fueron cerrándose hacia el centro; como si mi esposo intentara taladrarme girando su miembro a manera de un tornillo. Fue inútil, yo estaba tan nerviosa por la penetración anal, que inconscientemente me resultaba imposible relajarme para conseguir dilatar mi esfínter; por lo que el pene de mi esposo terminaba doblándose en medio de mis glúteos dolorosamente; los graves gemidos que vociferaba así me lo hacían saber.

    Preocupada por no poder abrir mi pequeño orificio y provocar involuntariamente un desastre en nuestra relación de pareja comencé a pensar en mi interior: “¿cómo diantres habría hecho Paty para meterse la enorme verga de Miguel por el culo, la única vez que había tenido sexo anal?”.

    ¡Simplemente no encontraba una explicación!, si Paty había conseguido introducirse por el ano, aunque fuera por unos pocos segundos, el enorme tronco de Miguel, por lógica yo no debería tener ningún problema para hacer lo mismo con el miembro de tamaño ‘promedio’ de mi esposo.

    Sin previo aviso, la respuesta que estaba buscando llegó providencialmente de la forma más insospechada. ¡Ahora yo estaba completamente excitada!, y no se debía al miembro de mi esposo escarbando en la entrada de mi ano; ¡era debido al recuerdo del enorme y venoso miembro de Miguel!

    Sin que yo me hubiera dado cuenta, el vívido recuerdo de la fotografía del pene del esposo de Paty, la que detenidamente yo había examinado, regresaba una y otra vez a mi pensamiento. ¡Y es que como olvidar aquel gran pedazo de carne rojinegro, grueso y largo que terminaba en una enorme cabeza de hongo! Como deseaba tenerlo frente a mí en ese preciso momento y mordisquear, golosa, las enormes albóndigas que Miguel tenía por testículos. ¡Delicioso!

    Poseída por esa indecente y prohibida fantasía, inconscientemente introduje una de mis manos en mi vagina humedeciéndose ésta de inmediato con mis propios fluidos; alcanzando a comprobar lo mojada que me encontraba, apenas un segundo antes que un nuevo cosquilleó se plantara de forma furtiva en lo profundo de mi colon. ¡Exacto!, se trataba del miembro de mi esposo que exitosamente había conseguido introducirse poco a poco a través de mi ano.

    —Así me gusta perra, flojita y cooperando —susurró mi esposo complacido por el involuntario reflejo de dilatar la entrada de mi esfínter; ignorando que de hecho esto debería de ser agradecido a uno de sus mejores amigos.

    Con el miembro de mi esposo casi totalmente enterrado en mi trasero, comencé a fantasear traviesamente con el esposo de mi amiga y su enorme miembro. Resultaba imposible evitar las odiosas comparaciones; pero, si un pene de tamaño promedio como el de mi esposo, era capaz de provocarme ese delicioso cosquilleo en lo profundo de mis entrañas, ¿qué clase de sensaciones podría experimentar si en lugar de mi esposo fuera Miguel quien me estuviera empalando por el ano?

    —¡Mierda! —exclamé presa de un involuntario espasmo que recorrió todo mi ser, al sentir el primer empujón de mi esposo por detrás una vez que hubo conseguido introducir todo su miembro.

    —¡Silencio puta! —ordenó mi esposo con autoridad, creyendo equivocadamente que los reflejos de mi cuerpo se debían exclusivamente a sus acciones. No había ninguna necesidad de corregirlo.

    A un ritmo semi lento, mi esposo comenzó a embestir mi cuerpo proyectando su cadera contra mis glúteos con firmeza. Mientras que, con mis dedos hundidos en lo profundo de mi vagina, alcanzaba a percibir como avanzaba y retrocedía el pene de mi esposo detrás de la pared de mi útero; tratando de calcular empíricamente, el grado en que esa presión interna podría ser incrementada por un intruso de mayor tamaño como el de Miguel.

    Extasiada, ignoraba la fricción que aquellas inmundas sábanas de motel me provocaban al frotarse contra mi rostro; al tiempo que las mismas eran humedecidas por mi saliva, creando una pegajosa mezcla de flujos corporales que se impregnaba en mi mejilla. ¿Quién podría saber a cuantas personas se podría identificar si se analizara el ADN contenido en aquella repugnante mezcolanza?

    —¡Oh cielos! —exclamó mi esposo a medida que su miembro era oprimido por mi apretado colon.

    Aunque como he mencionado mi marido no tenía mucho que presumir, anatómicamente hablando, desde esta nueva perspectiva daba la impresión de ser gigantesco, la sensación era indescriptible, placentera y morbosa. “¿Como era posible que no lo hubiéramos intentado antes?”, me recriminé a mí misma sin conseguir darme una explicación.

    Poseída por el placer que me provocaba esa nueva sensación, comencé a acariciar mi clítoris lenta y deliciosamente en la entrada de mi vagina; dibujando círculos con las puntas de mis dedos consiguiendo incrementar mi excitación, a tal grado que los espasmos ya no sólo se limitaban a mi colon, sino más bien se dejaban sentir por toda la zona de mi abdomen, provocándome una descarga de endorfinas que nunca antes había experimentado.

    —¡Oh mierda, que rico culo tienes puta!

    Si yo estaba excitada con ésta nueva perspectiva del placer sexual que podría decir de mi esposo; que no dejaba de gemir y maldecir, preso de un estado de enajenación que hacía mucho tiempo no le veía durante nuestras secciones de sexo. ¡Era como un niño en una confitería!

    —¡Mierda, ya no aguanto! —amenazó mi esposo entre jadeos indicándome que estaba a punto de conseguir llegar al orgasmo.

    Tratando de alcanzar a mi esposo, incrementé el ritmo con que mis dedos masajeaban mi vagina frenéticamente, alternando entre mi punto G y la pared posterior de mi útero, ansiosa no sólo por conseguir el orgasmo, sino también por percibir con el tacto el momento exacto en que mi esposo eyaculara su semen dentro de mí.

    —¡Ya! —exclamó él con un grito antes de venirse en mis entrañas.

    Como si estuviéramos sincronizados, yo alcancé mi clímax casi al mismo tiempo en que el miembro de mi esposo disparó un chorro de leche dentro de mí, a manera de un cañón que retrocedía para cargar nuevamente dejando sentir un fuerte culatazo. ¡Tres cañonazos logré percibir perfectamente antes de entregarme al éxtasis!

    —¡Oh mierda! —exclamó mi esposo extrayendo su miembro de mi colon, antes de dejarse caer a mi lado.

    Yo me tendí a lado de él, desdoblando mi espalda adormecida por la inusual posición mientras exhalaba extasiada. No recordaba la última vez en que ambos habíamos alcanzado el orgasmo con tanta facilidad, ¡vaya, ni siquiera habíamos quitado los cubre camas! Era obvio que el salir de la rutina para experimentar algo diferente había sido de mucha ayuda para alcanzar el clímax.

    Los dos nos arrastramos de espalda sobre la cama para meternos bajo las sábanas y fundirnos en un tierno abrazo, en lo que nos recuperábamos después de tan placentera actividad; pues ambos estábamos conscientes de que esa noche estaba muy lejos de terminar. ¡Gracias al cielo, así sería!

    —¡Espera a que los muchachos se enteren! —exclamó mi esposo sin pena; riendo orgullosamente y tomándome por sorpresa.

    ¡No lo podía creer! Acababa de permitirle desvirgar mi ano, y lo primero que se le ocurría era fanfarronear acerca del hecho con sus amigos. La actitud de mi esposo era totalmente reprobable, como si en lugar de un hombre maduro se tratase de un pequeño niño que, después de recibir un obsequio de sus padres, su primer instinto es mostrárselos a sus amigos; sea para presumirlo o compartirlo con ellos, no lo sabía a ciencia cierta en ese momento. Que infantiles pueden ser los hombres.

    —¡Claro que no vas a decir nada! —reaccioné con enojo regañándolo por lo inapropiado de sus intenciones, olvidándome que ese día se trataba de su cumpleaños—. ¡Lo que pasó aquí, de aquí no sale! —ordené con autoridad.

    —¡Amor, pero es que los chicos se burlan de mí porque saben que todavía no te había cogido por atrás! —suplicó mi esposo con ojos de perrito regañado esperando conmoverme.

    —¡Si se burlan de ti, no son tus amigos! —sentencié recriminando el comportamiento hostil de los esposos de mis amigas para con él.

    Mi latente instinto maternal, hizo que respondiera al último comentario de mi esposo sin detenerme a pensar en el contenido de el mismo. Como mujer y futura madre, en ese momento me preocupaba más el maltrato psicológico del que mi esposo pudiera ser objeto que su misma indiscreción.

    Unos cuantos segundos después, una vez que me detuve a pensar en lo que acababa de escuchar decir a mi esposo, una duda llegó a mi mente: ¡¿cómo diantres sabían los metiches de sus amigos lo que yo hacía o dejaba de hacer en la cama?! Claro que conocía la respuesta, pero eso no evitaría que indagara un poco más.

    —¿Y ellos cómo se enteraron de que nunca me habías cogido por el culo? —pregunté molesta.

    Si mi esposo fuera más inteligente, debería haberse mantenido callado en ese mismo punto y limitarse a disculparse aprovechando que era su cumpleaños, pero es bien sabido que los hombres no pueden pensar correctamente después de tener sexo, o antes de tener sexo, y mucho menos mientras lo están teniendo; por lo que de nueva cuenta mi esposo cometió el error de hablar de más, tratando inútilmente de apaciguar una situación que sólo podía empeorar.

    Él tragó saliva, tomándose su tiempo para calmar sus nervios, antes de comenzar a contarme como en una ocasión él y los otros chicos, los esposos de mis amigas, después de haber bebido unas copas de más, habían estado calificando los dotes físicos de sus parejas; para decidir quién de ellos tenía la esposa más delgada, de más bello rostro, mejor busto, etcétera. En general en todas las categorías había habido decisiones divididas; pero en la importante categoría de mejor trasero la decisión había sido unánime, resultando yo como la poseedora del mejor y más antojable culo.

    Los chicos felicitaron con envidia a mi esposo por tener la oportunidad de disfrutar de mi valorado atributo todas las noches; ¡pero el muy idiota, cometió el error de confesarles que yo nunca le había permitido nada por ahí! Después de eso, en cada ocasión que podían, los esposos de mis amigas hacían mofa de él con bromas de muy mal gusto: “que si él no podía ellos lo hacían con gusto por él”, “que si no me daba por detrás era un desperdicio de culo”, o “que seguramente alguien ya me estaba dando por ahí” y cosas por el estilo.

    Obviamente, después de escuchar la explicación de mi esposo mi primera reacción fue la de sentirme indignada. “¿Qué clase de enfermos se dedica a calificar los atributos físicos de sus cónyuges?”, pensé en mi interior iracunda. Pero una vez más, después de pensarlo unos segundos, recordé que unos días atrás mis amigas y yo habíamos hecho exactamente el mismo reprobable acto, ¡hasta con fotografías!

    En mi mente resonaba las bromas que en forma burlona hice al referirme a los miembros de sus esposos, en la última ocasión que me había reunido con mis amigas. ¿Cómo era posible que ahora me sintiera ofendida por algo que yo también había realizado? ¡Que hipócrita resulté ser! Me sentía muy avergonzada de mí misma; por suerte, mi esposo hasta ese momento ignoraba este hecho.

    —De acuerdo cariño, puedes contarles a tus amigos si así lo deseas —concedí tratando de limpiar mi consciencia.

    —¿En serio amor? —preguntó mi esposo sorprendido de nueva cuenta, saliendo de debajo de las sábanas para ir a buscar su teléfono y tomarme la palabra, antes de que yo pudiera cambiar de opinión.

    Sin esperar a que yo respondiera, él bajó de la cama para tomar su teléfono, el cual junto con su ropa seguía en el piso de la habitación. De pie desnudo a lado de la cama, con su flácido miembro escurriendo una sustancia blanquecina y pegajosa procedió a teclear un corto mensaje; tiempo que yo aproveché para tomar mi propio teléfono, y después de haber revisado que no había nada que requiriera mi atención, colocarlo en la mesita de noche a mi lado.

    —¿Qué escribes amor? —pregunté con una más que justificada curiosidad morbosa; después de todo, sabía que el mensaje se trataba de mí.

    “Misión cumplida”, fue el vago, pero conciso mensaje de texto que mi esposo envió a sus amigos, colocando de inmediato su teléfono en la mesita a lado suyo, sin esperar por una confirmación de recibido. Resultaba obvio que él había compartido el plan del motel con sus amigos mucho antes que con su esposa.

    Aunque como mujer por un lado tenía todo el derecho de sentirme ofendida, por la manera en que mi esposo y sus amigos habían estado calificando a sus parejas como si se tratase de una competencia de ganado; por otro lado, al haber resultado yo favorecida por su veredicto me hacía sentir sumamente halagada y deseada; aumentando mi autoestima y vanidad en gran manera.

    Y éste hecho no era para menos pues ahora sabía que para todos los amigos de mi esposo, dentro de los que también se encontraba Miguel, yo les resultaba suficientemente atractiva como para considerar engañar a sus esposas teniendo una aventura conmigo. Y dado que el enorme miembro del esposo de Paty también me había dejado bastante impresionada, esa era una información de gran valor para mí.

    Si recordaba bien mis lecciones de álgebra: si un pene de tamaño promedio me había hecho gozar como loca esa misma noche; por regla de tres simple un pene de mayor tamaño me haría gozar como nunca en la vida. ¿Y dónde yo podría encontrar un pene con esas características? ¡Exacto, en uno de los receptores del mensaje que recién había convenido enviar!

    Tan pronto mi esposo entró nuevamente en la cama me abracé a él con fuerza y comencé a besarlo con lujuria; ignorando la húmeda y pegajosa sensación que sentía en mis piernas al momento que su agotado miembro se frotaba contra la blanca piel de mi abdomen.

    En otras circunstancias, yo hubiese forzado a mi marido a que primero fuera a asear su cuerpo antes de regresar conmigo a la cama. Pero debido a que la habitación en la que nos encontrábamos no se trataba de nuestro hogar, la higiene y asepsia paso a segundo plano. ¡Qué gran idea había tenido mi esposo al llevarme a ese sucio motel de carretera!

    Conociendo bien a mi pareja, sabía que tendría que esperar al menos unos quince minutos antes de que él volviera conseguir una erección. Razón por la que comencé a buscar con mis manos su pegajoso miembro para ayudarlo a acelerar el proceso y de esa manera reducir el ‘tiempo muerto’ en la cama. Pero justo cuando comencé a instimular su pegajoso pene con mi mano, un sintético sonido rompió el silencio a nuestro alrededor.

    —Es mi teléfono —dijo mi esposo, deteniendo abruptamente sus caricias y amagando con soltar a su esposa, para ir a atender el impertinente dispositivo de comunicación.

    Una vez más, mi reacción estaba muy lejos de ser la habitual para con mi esposo. En nuestro hogar, el sólo hecho de que él hiciera una pausa mientras hacíamos el amor al escuchar su teléfono sonar, hubiesen provocado que yo automáticamente disparara una serie de recriminaciones hacia él; molesta por su falta de concentración en la intimidad.

    Pero en esta ocasión era muy diferente, mi esposo tenía tanta curiosidad como yo, por saber lo que sus amigos habían respondido al enterarse que por fin me había penetrado por el ano. Y claro está, como después de todo se trataba de su cumpleaños, tenía la excusa perfecta para permitirle revisar su teléfono.

    —¿No vas a atender amor? —pregunté con una sonrisa pícara—. Quizás sea un mensaje de felicitación por tu cumpleaños —agregué inteligentemente, tratando de disimular que yo estaba tan ansiosa como él, por saber cómo habían respondido sus amigos.

    —Estoy muy seguro de que es un mensaje de felicitación, sólo que no por mi cumpleaños —dijo él, sonriendo sarcásticamente sin caer en mi trampa.

    ¡Mierda, que vergüenza!, mi esposo había adivinado mis reales intenciones, por saber que habían opinado sus amigos de que por fin hubiésemos practicado sexo anal. Me sentía profundamente avergonzada y expuesta, no había nada que pudiera hacer, excepto…

    —¡Grosero! —exclamé riendo antes de golpearlo con mi almohada, con la actitud traviesa y juguetona de una chica de 16 años, que no puede aceptar que ha sido atrapada infraganti en su propio juego.

    Lo siguiente que recuerdo es que se desató una torpe batalla por ver quién de los dos tomaba el teléfono de mi esposo. Yo me lancé tratando de pasar sobre él, aprovechando que le había cubierto el rostro con mi almohada, en lo que él sujetaba mis brazos para evitar que alcanzara mi objetivo; mientras el teléfono seguía vibrando sobre la mesita de noche incitándonos a forcejear un poco más. Un par de revolcones después, mi esposo resultó triunfador tomando su teléfono en lo que yo me sujetaba a su espalda, intentando alcanzar a leer las respuestas que sus amigos habían enviado.

    “Eres mi héroe” o “ya eres un verdadero macho”, fueron el tipo de frases con las que respondieron la mayoría de los miembros de ese exclusivo grupo social al que pertenecía mi esposo; alabando su supuesta hombría de líder alfa de la manada.

    Tales mensajes fueron recibidos por mi esposo con una amplia sonrisa de orgullo y soberbia; pues por esa ocasión sentía la genuina admiración y real envidia de todo el grupo. ¡Solo el cielo sabe el grado de vanidad que mi esposo llego a experimentar!

    Pero no todo fueron mensajes de elogios. Algunos chicos un poco más osados, hicieron algo más que sólo alabarlo, solicitando a mi esposo que compartiera el objeto de su dicha con ellos. “Yo también quiero” y “ahora me toca a mí”, fue como un par de sus amigos insinuaban sutilmente que mi esposo les permitiera fornicar conmigo. Como una broma del destino, en ninguno de los dos casos se trataba de alguien por el que yo me sintiera atraída sino todo lo contrario, se trataba de dos hombres mayores los cuales me causaban repulsión por su actitud misógina.

    “Par de viejos pervertidos”, estuve a punto de exclamar al leer ese par de mensajes. Sin embargo, me contuve, pues deseaba saber qué opinaba de nuestra experiencia el esposo de Paty, Miguel, quien hasta ese momento brillaba por su ausencia en el grupo de amigos de mi esposo. Así que por el momento decidí no sólo tolerar este tipo de insinuaciones, sino también incitarlos.

    —Diles que lo voy a pensar, amor —insinué traviesamente a mi esposo que respondiera a sus amigos, abriendo la posibilidad de que yo estaba dispuesta a consentir fornicar con algunos de ellos.

    Mi próximo movimiento ya estaba planeado; si yo era capaz de conseguir mantener el interés de los amigos de mi esposo en mí vida sexual, muy probablemente Miguel también revelaría su pensar tarde o temprano; más aún, considerando que yo tenía la ventaja de conocer de primera mano, las ganas que él tenía de practicar el sexo anal, información que pensaba utilizar a mi favor inescrupulosamente.

    Por otro lado, por supuesto que estaba consiente que se avecinaba una lluvia de mensajes de lo más grosero y vulgar de todos los miembros del grupo, pero la oportunidad de saber qué opinaba Miguel respecto a la posibilidad de fornicar conmigo hacía que esto valiera la pena. Era un riesgo muy bien calculado de mi parte. Claro, primero había que convencer a mi esposo de que me siguiera el juego.

    —¿Hablas en serio? —preguntó mi esposo incrédulo, abriendo sus dos ojos negros tan grandes como pudo.

    —Como crees amor —respondí dándole a entender que sólo se trataba de una broma que quería que le jugáramos a sus amigos—, sólo quiero ver que se pongan como locos.

    —Ya lo creo que se pondrán como locos, si todos creen que tienes un culo riquísimo —dijo mi esposo entre risas, accediendo a realizar la ‘supuesta’ broma que yo le acababa de proponer.

    Con su último comentario, mi esposo confirmó lo que yo ya suponía: el hecho de que, para todos los hombres de su grupo de amigos, yo era quién tenía el mejor y más antojable trasero. Ya sólo faltaba saber la opinión de Miguel directamente de él, sin intermediarios.

    “Mi esposa dice que lo va a pensar”, escribió mi esposo en su teléfono, compartiendo el mensaje con todos los miembros de su grupo de amigos. Ingenuamente, mi esposo había sido el primero en caer en mi trampa.

    —¡Se van a poner como locos! —exclamó él entre risas, colocando su teléfono devuelta en la mesita de noche; anticipando la avalancha de respuestas que estaba por llegar.

    Mi esposo y yo nos abrazamos riendo divertidos intentando ocultarnos con las sábanas; como un par de chiquillos que en completa complicidad se ocultan de sus padres después de realizar una de sus travesuras. No pasó un minuto antes de que un familiar sonido electrónico comenzara a sonar repetidamente, la alerta de mensaje recibido del teléfono de mi esposo.

    —Déjalo que siga sonando —ordené a mi esposo riendo con falsa modestia, pues las ansias por saber si Miguel había respondido a mi indirecta me comían por dentro. Más específicamente por mi ano.

    —Quieren saber en qué cuarto estamos —razonó mi esposo antes de soltar una carcajada, reconociendo lo que yo ya sospechaba; qué sus amigos conocían el plan del motel antes que yo.

    —Pues que toquen en todas las puertas hasta que nos encuentren —dije yo riendo, poseída por el morbo de mi propia broma.

    Toda esa excitación que nos invadía había traído otros beneficios; entre mis piernas algo comenzaba a crecer sin control. Se trataba del miembro de mi esposo, ese pene de tamaño promedio, el cual no podía haber escogido momento mejor para recuperarse.

    Torpemente mi esposo intentó colocarse sobre mí, para intentar penetrar en mi vagina; besando locamente mi cuello con una clase de libido que no le recordaba. Mientras yo me mordía los labios tratando de adivinar lo que no sólo Miguel, sino más bien todos los miembros del grupo, estarían respondiendo cada vez que el teléfono vibraba justo a mi lado.

    ¡Mierda! Como me hubiese gustado tomar ese animoso teléfono e introducirlo profundo en mi vagina, y de esa forma sentir que era fornicada por todos esos pervertidos. Sin embargo, en ese preciso momento tenía a mi esposo dentro de mí, penetrándome con mayor intensidad cada que una nueva alerta de mensaje era recibida.

    Un dilema me afligía. Por un lado, quería seguir gozando con mi esposo, aún con su pene promedio, pero completamente real en mi interior. Y por otro lado deseaba que mi esposo terminara para revisar su teléfono y comprobar si Miguel, y su enorme miembro, tenía tantas ganas de fornicar conmigo como yo con él; eso era hasta ese momento sólo una fantasía.

    Sin poder controlarme, una serie de espasmos invadieron mi cuerpo obligándome a arquear la espalda aún con el peso de mi esposo encima. Él lo tomó como una señal de que yo estaba a punto de llegar a mi clímax, por lo que procedió a aumentar el ritmo de sus embestidas empapándose de sudor en el proceso. Unos segundos después, el morbo de la situación traicionó a mi esposo y alcanzó el orgasmo sin que yo lo hubiese podido alcanzar.

    —¡Mierda! —gritó mi esposo soltando un potente chorro de semen en mi interior.

    Completamente exhausto se dejó caer sobre mí, aún con su pene en mi interior; removiendo de un tirón la húmeda sábana que cubría nuestros entrelazados y sudorosos cuerpos desnudos; en lo que se esforzaba afanosamente por comerme a besos prendiéndose a mi cuello.

    —¡Eso fue grandioso! —exclamó mi esposo orgulloso entre jadeos, completamente extasiado.

    —Me cogiste como nunca amor —mentí, intentando no destruir la ilusión de mi esposo de que me había provocado otro orgasmo.

    Sin haber podido desahogar mi libido de mujer, decidí concentrarme en como leer los mensajes en el teléfono. Comencé a morder los labios de mi esposo al tiempo que acariciaba su espalda, intentando que deslizara su cuerpo lentamente a mi derecha y de esa manera, quitarlo del camino hacia su teléfono, el cual no paraba de vibrar.

    —¿Quieres ver que han respondido? —preguntó mi esposo apoyándose en su brazo izquierdo; sonriendo burlón al haber descubierto mis intenciones una vez más.

    No sé exactamente qué fue lo que pasó, pero ya no me sentía avergonzada por haber quedado expuesta ante mi esposo; ya no existía ninguna duda o temor porque él se diera cuenta del grado de excitación, que la sola idea de saber lo que sus amigos opinaban de mi cuerpo me provocaba.

    Quiero creer que era tanto el morbo que ambos estábamos experimentando en ese momento, que simplemente hicimos a un lado cualquier otra emoción humana normal. ¡Súper erótico!

    —¡Sí! —respondí cerrando los ojos y frotando mi nariz contra la suya, sonriendo complacida porque mi esposo comprendiera y aceptara mis morbosos deseos.

    —El teléfono está de tu lado amor, alcánzalo.

    ¡Él no tenía que decírmelo dos veces! Inmediatamente estiré mi brazo izquierdo y alcancé el teléfono de mi esposo prácticamente sin ver; trayéndolo rápidamente hacia mí y colocándolo entre mis senos, careciendo sorpresivamente del valor para averiguar si Miguel había respondido.

    Por unos segundos se sintió tan grandioso tener ese pequeño y frío aparato electrónico en mi pecho vibrando sin parar. ¡Erotismo puro! Como me hubiese gustado concretar mi fantasía e introducirlo en mi vagina y no volverlo a extraer hasta que se agotara la batería; pero pensándolo bien, quizás eso hubiese arruinado la garantía.

    Era un poco absurdo. Momentos antes me moría por leer la opinión de los amigos de mi esposo, y segundos después carecía del valor para leerlos. Una extraña sensación de morbo y adrenalina se había apoderado de todos mis sentidos.

    —Yo lo hago amor —dijo mi esposo gentilmente, intuyendo el dilema en que me encontraba.

    Para mi fortuna mi esposo tomó su teléfono de en medio de mis senos alcanzando a rozar accidentalmente con su antebrazo uno de mis, en ese momento, duros pezones; provocándome un involuntario espasmo que se apoderó con malicia de mi cuerpo.

    “¡Santo cielo!”, pensé a medida que leía los mensajes que mi esposo hacía avanzar en su teléfono cronológicamente, muy lentamente, para asegurarse de que no me perdiera ni uno sólo de los atrevidos comentarios de sus amigos. ¡No podía creer la clase de vulgaridades que habían sido capaces de escribir conmigo como protagonista de sus fantasías! Me encantaba.

    “Ya sabíamos que era bien puta”, o, “desde aquí se ve que le encanta la verga”, fueron el tipo de contenido que ellos incluían en sus mensajes. Algunos más subidos de tono que otros, pero casi siempre dentro del mismo contexto; donde sin utilizar eufemismos, absolutamente todos expresaban sus deseos de fornicar conmigo.

    Mi esposo y yo nos abrazábamos mutuamente en total complicidad; riendo eufóricos a medida que cada nuevo mensaje que leíamos superaba al anterior con aquella ingeniosa poesía prosaica.

    —Se ve que tienen muchas ganas de coger contigo amor —dijo mi esposo, riendo altanero; orgulloso por ser la envidia de su grupo de amigos.

    “Pobre ingenuo”, pensé en mi interior, sintiendo algo de lástima por él. Si tan sólo supiera que yo sentía las mismas ganas de ser penetrada por uno de ellos, Miguel para ser exactos; quién para mi mala suerte seguía sin mostrar señales de vida en el grupo. Me sentía completamente desilusionada.

    “Quizás se encuentre dormido a lado de su esposa”, fue lo primero que llegué a pensar al buscar con la vista infructuosamente en el teléfono de mi esposo un mensaje proveniente de él. “Después de todo ya casi era media noche”, razoné tratando de encontrar una explicación lógica para su ausencia.

    —Pues diles que por lo pronto se tendrán que masturbar —ordené a mi esposo que les respondiera a sus amigos; dando a entender que no me apetecía fornicar con ninguno de ellos, lo cual era en parte verdad.

    —¡Oh!, eso es cruel —lamentó mi esposo mordiéndose los labios con un semblante ligeramente serio.

    El seco comentario de mi esposo me dejó estupefacta. Como si mostrando empatía para con sus amigos, se sintiera desilusionado por mi fría reacción hacia las necesidades biológicas de ellos. Sería acaso que muy en su interior, él también atesoraba la fantasía de verme tener sexo con otro hombre; y quizás, su recién consumada petición de que practicáramos el sexo anal era el inicio de un nuevo despertar sexual en nuestra vida de pareja. Eso era algo que me urgía tener que averiguar.

    —‘Por lo pronto’ —agregué sugestivamente; consiguiendo que el rostro de mi esposo cambiara su semblante casi de inmediato, iluminándose con una insospechada sonrisa de aprobación que despejó todas mis dudas.

    En efecto, parecía que a mi esposo también le excitaba la idea de verme tener sexo con otro hombre; eso era algo que tenía que aprovechar a mi favor.

    Tan pronto hube concretado de leer la expresión en su rostro, en un instante pasaron por mi mente una infinidad de hombres con los que imaginé podría satisfacer su fantasía; siendo para fines prácticos el primero en la lista Miguel. Sólo el cielo sabe que otras fantasías sexuales tenía mi esposo en mente; en ese momento sólo podía rezar por qué, preferentemente, todas me incluyeran a mí. ¡Estaba excitada!

    “Mi esposa dice que ‘por ahora’ se tendrán que masturbar”, escribió mi esposo en su teléfono enfatizando el ‘por ahora’ en el mensaje; tomándose un segundo para pedir mi aprobación antes de enviarlo a sus amigos.

    —¡Se van a encabronar! —dijo mi esposo riendo burlón, después de enviar el corto mensaje.

    ¡Y estaba en lo cierto! Las reacciones de los miembros del grupo no se dejaron esperar, obvio eran puras quejas y reproches que hacían ver su inconformidad con mi desprecio por sus necesidades, o necedades, actuales. No vi necesidad de seguir leyendo esa clase de mensajes. Pero justo cuando iba a solicitar a mi esposo que hiciera el teléfono a un lado para volver a entregarnos a la pasión; un nuevo mensaje captó mi atención.

    “No sean cabrones, la justicia básica exige una foto para que ahora yo pueda juzgar a tu esposa de modo imparcial”, fue el contenido del último mensaje que apareció en el teléfono; con el que uno de sus amigos exigía, aparentemente molesto, que les compartiéramos una imagen de lo que esa noche nos encontrábamos realizando en ese motel de mala muerte.

    Siendo el remitente de tan enérgica demanda alguien al que yo conocía bien, quizás demasiado bien gracias a la última reunión con mis amigas. Se trataba de Juan, el esposo de Silvia, quien aparentemente estaba al tanto de lo que mis amigas y yo habíamos estado conversando una semana atrás.

    —Amor, ¿porque Juan está pidiendo que les compartamos una foto? —preguntó mi esposo intrigado, por la actitud demandante de su amigo.

    Atrapada en mi propio juego, no tuve más opción que contarle a mi esposo, las bromas que había hecho cuando Silvia nos mostró las imágenes del miembro de su marido. Mortificada porque mi propio esposo no entendiera mi sentido del humor; pues en ese momento ignoraba que opinaría él al enterarse que su esposa estuviera intercambiando fotos de los penes de otros hombres. Para mi buena fortuna, él lo tomó de buena manera.

    —¡Pues claro que está enfadado! —exclamó mi esposo riendo abiertamente—. Le diste donde más le duele, en su ego, cuando despreciaste su verga —agregó sin dejar de reír.

    —¡Yo no tengo la culpa de que haya nacido con tan mala suerte! —excusé mis acciones en la herencia genética, declarándome inocente del hecho de que el miembro de Juan fuera de un tamaño promedio.

    Obviamente, no iba decirle a mi esposo que yo había argumentado que él y Juan tenía miembros muy similares. Eso por lo pronto sería mejor que lo mantuviera en secreto; implorando al cielo que no llegara a enterarse por el quejoso. Razón por la que decidí que lo mejor, era otorgar al demandante lo que exigía lo más pronto posible.

    —¿Qué te parece si le enviamos la foto para que me perdone amor? —pregunté traviesamente a mi esposo con voz dulce, pegando mis labios a los suyos.

    —¿Estás segura cariño? —preguntó ahora él sonriendo maliciosamente, tan sólo para confirmar mi decisión.

    Le expliqué a mi esposo que yo no tenía ningún inconveniente con realizar lo que Juan nos solicitaba, siempre y cuando en la imagen que les compartiéramos no apareciera mi rostro, siendo de ésta forma casi imposible que se le llegara a dar un mal uso. Y como el tema de esa noche, el que al parecer todos nuestros amigos conocían y comentaban, era el que mi esposo y yo practicáramos el sexo anal; pues no había ningún problema con compartirles una imagen adhoc al tema.

    Una vez que las especificaciones de la imagen que capturaríamos fueron establecidas, inmediatamente retomé la posición con la que mi esposo me había penetrado analmente minutos antes. Incitándolo a que se colocara de rodillas detrás de mí para, utilizando su teléfono, capturar la dichosa fotografía.

    —Sonríe —bromeó mi esposo haciéndose el gracioso, mientras apuntaba la cámara directamente a mi ano.

    —¡Ya toma la maldita foto! —ordené molesta, sin que su broma me pareciera graciosa.

    Dado que mi esposo nunca había sido un experto en fotografía; se vio en la necesidad de tener que hacer varios ajustes a la iluminación automática y otros parámetros de la cámara para conseguir una imagen con buena iluminación.

    —¡Listo amor! —exclamó mi esposo victorioso, después de varios intentos, una vez que consiguió capturar la imagen perfecta.

    La imagen era de mi ano, un anillo oscuro rodeado por un círculo rosado sobre un fondo de piel blanca. Nunca en mi vida había visto mi ano con esa nitidez y resolución, para ser un simple aficionado a la fotografía, mi esposo realmente se había lucido. Una obra de arte digna de estar en museo (hay museos para todo).

    Pero la mejor parte era que como la imagen había sido tomada a pocos centímetros de distancia del objetivo a capturar; no había ningún punto de referencia que revelara la identidad de la hermosa y sensual modelo por lo que no tenía absolutamente nada de qué preocuparme.

    —Envíala —consentí dando mi aprobación sin pensarlo mucho, preocupada porque a estas alturas Juan ya estuviera hablando de más.

    Tan pronto mi esposo envió la imagen se dejó caer a mi lado sobre la cama, abrazándome fuerte y besándome completamente excitado, después de haber realizado nuestra ‘inocente’ travesura. Su miembro, el cual se había recuperado más rápido de lo normal, comenzó a abrirse paso en medio de mis piernas intentando introducirse nuevamente en mi vagina.

    Sin embargo, como era de esperarse, antes de que mi esposo y yo pudiéramos entregarnos al frenesí carnal que debería corresponder a esa noche de aniversario; un sin fin de nuevos mensajes ya nos esperaba en su impertinente teléfono clamando por ser atendidos.

    “Que delicia”, o, “que rico culo” fueron el tipo de mensajes que, en ésta ocasión, empezamos a leer en el teléfono de mi esposo sin que nos causara sorpresa.

    Pero un mensaje en particular llamó una vez más mi atención: “ahora una foto donde te la coges por el culo”, decía el mensaje de uno de los vulgares e inmaduros amigos de mi esposo; exigiendo que la siguiente imagen mostrara una penetración anal cruda.

    A estas alturas ya no podíamos echarnos para atrás. El momento de intimidad que tan meticulosamente mi esposo había planeado por varios meses tener conmigo, se había transformado en una especie de actividad social en tiempo real del siglo 21. La cual gustosos compartíamos con nuestros amigos sin ninguna clase de pudor.

    —¿Qué opinas amor? —preguntó mi esposo sonriendo traviesamente. ¿Cómo podría decirle que no?

    —¡De acuerdo, pero que tu verga salga bien grande! —respondí exigiendo que mi esposo pusiera su ‘mejor cara’; pues si esa imagen se la enviaríamos a nuestros amigos a manera de tarjeta de navidad, tendríamos que esmerarnos un poco más para salir lo más presentable posible. Detallista y vanidosa hasta el fin.

    Aunque, por un lado, realmente me preocupaba que alguien que llegara ver la imagen, pudiera hacer mofa del miembro de mi esposo; por otro lado, estaba el hecho de que si, valiéndonos de algún truco fotográfico, yo podía mostrar a Miguel una imagen de mi ano siendo penetrado por un miembro ‘relativamente grande’, el mensaje de que yo estaba dispuesta a incluir el sexo anal en mi vida sexual estaría suficientemente claro. ¡Miguel tendría que ser un verdadero idiota para no entender la indirecta!

    —Como tú digas amor —respondió mi esposo sumisamente; arrodillándose sobre la cama, en lo que comenzaba a frotar su miembro enérgicamente intentando incrementar su erección como nunca en la vida.

    Yo me arrodillé frente a mi esposo, y utilizando mi lengua logré acariciar la punta de su pene, para ayudarlo a estimularlo y de paso aprovechar para lubricarlo con mi saliva una vez más. Él complacido estiró su mano libre hasta alcanzar mis senos y sin dejar de masturbarse comenzó a jugar con ellos. Unos minutos después, nuestra tarea estaba hecha. Su pene lucía grande como pocas veces, ¡impresionante!

    —¡Ya no aguanto amor, ahora o nunca! —exclamó mi esposo, angustiado por no poder contenerse más tiempo.

    Al recibir su señal, inmediatamente giré mi cuerpo e incliné mi torso al frente como la primera vez que me había penetrado y, sujetando mis glúteos con cada una de mis manos, intenté separarlos tanto como me fue posible.

    —Aquí va —anunció mi esposo su embestida.

    De repente, mi cuerpo fue atacado con una fuerte y profunda estocada que se abrió camino con suma facilidad en lo profundo de mis entrañas. Gracias al cielo, la lubricación había funcionado perfectamente.

    —¡Ay! —exclamé dolorosamente al momento que la cadera de mi esposo chocó en mi trasero.

    —¡Qué rico! —dijo él suspirando, excitado al sentir la pared intestinal de mi colon apretando su miembro.

    —Toma la foto rápido —ordené a mi esposo, previniendo que pudiera eyacular antes de tiempo.

    Con sumo cuidado, mi esposo se echó para atrás, extrayendo su miembro unos centímetros de mi ano, buscando conseguir el mejor ángulo para la imagen; y en esa posición comenzó a sacar fotografías, tantas como pudo contener su eyaculación.

    —¡No puedo más! —exclamó mi esposo antes de alcanzar su clímax en mi interior.

    En una fracción de segundo sentí una extraña sensación en mi abdomen, como si algún intruso me estuviera haciéndome cosquillas por dentro. Era el semen de mi esposo que saliendo disparado como un potente chorro de fluido corporal chocaba con la pared de mi intestino, desatando un involuntario reflejo en mi interior. ¡Sublime!

    Nuevamente nos dejamos caer sobre la cama, uno a lado del otro, jadeando de placer. Mientras que, con la mirada borrosa, intentábamos seleccionar en el teléfono de mi esposo una nueva fotografía que compartir con sus amigos.

    —Enviemos ésta —decidí sin pensarlo mucho, un poco fastidiada.

    —De acuerdo —asintió mi esposo con la respiración entrecortada, enviándola inmediatamente.

    En lo que mi esposo colocaba nuevamente el teléfono en la mesa de su lado, yo me entregué completamente a fantasear en el impacto que ésta nueva imagen causaría en el esposo de Paty. ¿Entendería la indirecta?

    Me resultaba imposible dejar de pensar en él y su enorme miembro. “¡Cielos, como deseaba que Miguel ocupara el lugar de mi esposo en la cama y así conseguir probar la hipótesis de que ‘el tamaño si importa’!”, pensé en mi interior antes de recordar un conocido refrán: “ten cuidado con lo que deseas, porque puede…”.

    Sin que lo estuviese yo esperando, el teléfono volvió a romper el silencio de la habitación; sólo que en esta ocasión no se trataba del teléfono de mi esposo, exigiendo ser atendido. No, esta vez se trataba de mi propio teléfono vibrando repetidamente sobre el taburete a lado mío; con dos mensajes urgentes de mis amigas Silvia y Paty; las cuales al parecer ya se habían enterado de lo que yo estaba realizando esa noche con mi esposo en el motel.

    “Te dije que te iba gustar”, fue el mensaje que me envió Silvia, jactándose de su gran sabiduría acerca del sexo anal. El otro mensaje, el de Paty, parecía más urgente. “¿Puedes hablar?”, era el mensaje que acababa de enviar mi amiga solicitándome que me comunicara con ella. Un escalofrío corrió por mi cuerpo una vez más sin una razón lógica pues sabía que Paty no podía haber leído mi mente toda esa noche; de igual manera esperando lo peor procedí a llamarla para salir de dudas.

    —Hola —saludé a mi amiga.

    —Hola, ¿cómo estás amiga? —saludó tontamente Paty riendo nerviosa.

    —¿Qué puede ser tan urgente? Sabes que estoy con mi esposo en el motel —pregunté curiosa con un tono de molestia.

    —Justo por eso te llamo —enfatizó ella.

    Conversando con Paty, pude darme cuenta de que, al parecer los amigos de mi esposo, no eran los únicos que estaban al tanto de mi vida sexual esa noche en especial. Tanto Juan como Miguel, habían cometido la indiscreción de compartir las privadas conversaciones y las íntimas imágenes con sus respectivas esposas (lo cual era de esperarse).

    Lo cual realmente no me sorprendió, pues yo deseaba permear en la psiquis de Miguel la posibilidad de practicar el sexo anal conmigo. El que los amigos de mi esposo se comportaran como ‘unas auténticas viejas chismosas’ era un daño colateral solamente.

    Pero en el caso de Miguel, me intrigaba que él nunca hubiera comentado nada en el grupo de amigos de mi esposo, y sin embargo si se lo hubiera comentado a su esposa; lo cual no me parecía normal, por lo que decidí indagar un poco más.

    —Si es para avisarme de lo que están hablando nuestros esposos no me sorprende, ya sé que los hombres son unos chismosos; no tenías que hablarme para eso —dije dando a entender a Paty que no me mortificaba que mi trasero estuviera en boca de todos… literalmente.

    —No, ¿cómo crees?, no te hablo para eso —aclaró Paty.

    Lo siguiente que dijo mi amiga me dejó con la boca abierta, ¡no daba crédito a lo que mis oídos escuchaban! Al parecer todo este asunto del sexo anal que se había estado compartiendo en el grupo de amigos de mi esposo; había afectado tan profundamente a Miguel, que él le había rogado a Paty que me hablara para preguntarme si él podía unírsenos a mi esposo y a mí para formar un trío, ¡esa misma noche!

    —¿Hablas en serio, tu esposo me quiere coger por el culo ésta misma noche? —pregunté en voz alta fingiendo estar sorprendida para despabilar a mi esposo quien yacía fatigado a mi lado.

    —Exacto —confirmó Paty—, pero sólo si ustedes dos están de acuerdo.

    —Tendré que preguntar primero a mi esposo, recuerda que es su cumpleaños —aclaré a mi amiga.

    —Sí es verdad, pregúntale primero —dijo Paty riendo nerviosa por la posible negativa.

    Giré mi rostro hacia mi esposo, quien ya lucía despierto y visiblemente intrigado por la conversación que estaba teniendo por teléfono.

    —Parece que las imágenes que les compartimos a tus amigos los excitaron más de lo que esperábamos —dije con una sonrisa maliciosa.

    —Dime ya, ¿quién es el cabrón que te quiere coger por el culo? —preguntó al no haber entendido de quien estábamos hablando, pero sí su petición.

    —El único que no comentó nada en el grupo, ‘tu gran amigo’ Miguel —dije sonriendo, enfatizando la frase ‘tu gran amigo’ al intentar usar una técnica de programación neurolingüística para manipularlo.

    —¡Pero sí ese cabrón tiene un enorme ‘pitón’ como verga! —exclamó mi esposo riendo burlón por la dificultad que representaría para mí la singular hazaña.

    Era de esperarse que mi esposo estuviera enterado del tamaño del miembro de Miguel; después de todo eso es algo que a todos los hombres les gusta presumir. Sus burlas estaban más que justificadas, pues recién yo estaba descubriendo el placer del sexo anal y ya estaba dispuesta a aventurarme a un nuevo desafío.

    —¡Qué listo salió Miguel! —exclamó mi esposo riendo, continuando con su broma—. Como a su esposa Paty no se la puede coger por el culo, quiere cogerte a ti a nombre de ella.

    Un punto a favor de Miguel: no sólo había compartido con mi esposo el tamaño monstruoso de su miembro, también le había confesado las dificultades de alcoba que pasaba actualmente con su pareja. Al parecer mi esposo y Miguel eran tan buenos amigos como para compartir sus problemas sexuales. Imploré al cielo porque también compartieran sus ‘juguetes’.

    —¿En serio tiene un pene tan grande como para que no me entre por detrás? —pregunté fingiendo ignorancia.

    —Es enorme, ¿segura que te lo quieres coger por el culo? —preguntó mi esposo, sonriendo burlón como si me estuviera retando—. Te va a doler —advirtió.

    —Yo sólo aceptaré si tú estás de acuerdo —respondí con voz dulce, dejando en claro que mi esposo tenía la última palabra respecto al asunto.

    Inteligentemente pasé toda la responsabilidad a mi esposo de decidir si aceptábamos o no la propuesta de Miguel. Después de todo, razoné en mi interior que como mi esposo conocía el problema de Miguel y Paty directamente de él, podía suponer que entre ellos hubiesen hablado previamente de la posibilidad de realizar un trío ellos dos conmigo; y así saciar de una vez por todas las necesidades del esposo de mi amiga, quedando él en deuda para siempre con mi propio esposo.

    —Eso me gustaría verlo —confesó mi esposo, revelando su más íntima fantasía; la de verme fornicar con otro hombre frente a sus ojos.

    ¡No lo podía creer, mi plan había salido mejor de lo que esperaba! No solamente contaba con la venia de mi amiga y mi esposo para fornicar con Miguel esa misma noche; además daba la impresión de que yo estuviera haciéndoles un favor a los tres.

    Ahora sólo restaba enviar el número de habitación a Miguel y esperar a que llegara al motel. Pero antes era necesario que dejara algo bien claro.

    —De acuerdo amor —acepté sonriendo inocentemente, intentando ocultar mis emociones—, pero sólo porque es tu cumpleaños.

  • Carla: la broma a los albañiles, Richard cómplice

    Carla: la broma a los albañiles, Richard cómplice

    100 % veraz. ¡Gracias a nuestro amigo Madurocomplice por la idea! La idea, brillante para divertirnos, fue del amigo “Madurocomplice”. Si bien no es prudente realizarla con él, nos autorizó a usar la idea, gesto que se agradece.

    Brevemente. Excitar a los compañeros de trabajo de alguien, con Carla llegando al lugar de trabajo de un conocido que sea “cómplice” y reprocharle que no la está cogiendo lo suficiente, exhibirse levemente y levantar a uno de los compañeros del cómplice. Nosotros agregamos un toque mas de diversión, que ya les relataremos.

    El cómplice fue Richard, el albañil que vive en la pensión, ya lo conocen y saben de la pensión a través de otros relatos.

    Se planificó la sesión de reproches para un día a la hora de descanso, 12 al mediodía, en la obra donde Richard trabaja actualmente. Siempre algunos albañiles salen y se sientan en la vereda y otros quedan dentro del perímetro de la obra, en el comedor.

    Para impresionar, llevamos la camioneta importante. Y como el día era caluroso, presagio de los varios días de lluvia o llovizna que nos han perseguido, Carla se fue vestida bien livianita. Sandalias de taco bien alto, mini short de jean de tiro cortísimo bien metido a la raya del culo y top de crochet, blanco, sin nada debajo y corto bien por encima del ombligo, casi dejando ver la parte baja de los senos, obviamente sin corpiño.

    Ostensiblemente paramos la camioneta frente a la obra, para que Carla ostentara “nivel y clase” (recordemos que al final todo era diversión). Se bajó, y honestamente impresionaba con su ropita.

    Se dirigió a los que estaban sentados en la vereda y delicadamente saludó y preguntó -Aquí trabaja Richard? Lo pueden llamar?

    Uno de ellos, mas resuelto, el resto miraban como en otro mundo, se oarø y dijo: —Ya lo llamo, de parte de quien? -De Carla.

    Desapareció, Carla se aseguró de dar un giro, supuestamente para hacerme una seña, en realidad para que la admiraran.

    El albañil volvió y se presentó como Dani, y dijo que ya vendría Richard. Carla quedó conversando con él, le hacía gestos de morderse el labio y le sonreía.

    Aparece Richard, con el libreto bien estudiado, y le pregunta a Carla que hace allí.

    Carla finge enojo, y le dice: Que hago aquí? Buscarte, a ver por que me dijiste que esta semana no podemos coger! Me muero de ganas y el señor no puede!

    —Es que está mi mujer, vino del interior.

    -No me importa, ella es como yo? Te hace las cosas que te hago? Te deja hacer lo que me hacés? Y te negás!? Que atrevido. Donde vas a conseguir alguien fina y de clase?

    Sabés que? Me consigo otro que me coja a gusto…vos podrías Dani? Te gustaría tenerme? No te importaría mi pareja? Es el que está en la camioneta.

    —Ehhh sí , sí, señora, me gusta mucho desde que bajó de la camioneta.

    -Entonces hecho! Ya mi pareja, Sergio te va a comentar algo. Y a vos Richard, no quiero verte!

    —Pero, pero…

    -Pero nada, adiós.

    Pasó entre los albañiles, ya parados para seguir el escándalo, y se subió al vehículo.

    Yo bajé, le di una tarjeta del laboratorio a Dani y le dije, andá y que te hagan análisis, me lo cobran a mi, queremos estar seguros porque le gusta besar…una guía sin decirle todo.

    Ni lo miré a Richard, y le dije a Dani: -En dos días venimos a buscarte en el horario de salida.

    Nos fuimos, muertos de risa, y comentando que debíamos haber llegado mas temprano para hacer un escándalo mas largo.

    De noche llamó Carla a Richard y ajustaron detalles para dos días después y comentaron lo bien que salió todo.

    Llegado el día, tal como varios días de esa semana, gris, con lluvias de a ratos, un día horrible.

    Día horrible pero ideal al fin y al cabo. Con Carla habíamos planificado que fuera muy escotada y con vestido provocativo, pero cambiamos el plan. Con lloviznas de a ratos, se podía llevar una trench, y debajo de la trench… sorpresa!

    Pasamos por el apartamento, para ver que todo estuviera en orden. Le dijimos al portero P que vendría Richard y que entrara cuando llegara, que la puerta del apartamento estaría abierta. El portero, P que ya ha cogido a Carla junto con el chico del delivery, encantado de colaborar.

    Nos fuimos a la obra, habiendo chequeado en el teléfono en mensaje de nuestro laboratorio de confianza de que todo estaba bien con Dani, importantísimo a la hora del disfrute. Llegamos a eso de las 17.10 h, y ya había algunos saliendo y otros conversando en la salida, evidentemente esperando los acontecimientos.

    Un poco de caras de decepción al ver a Carla bajarse de bitas y trench. Preguntó por Dani y un señor un poco mayor le dijo que había dejado dicho que ya venía, se estaba duchando.

    —De verdad se va con ustedes?

    -Sí, no quiero saber mas de Richard.

    —Richard se fue exactamente a la hora, seguro no quiso estar.

    -Y ustedes no se van?

    —Es que queríamos verla, la verdad, pero la lluvia nos ha quitado la posibilidad de verla tan linda como hace dos días, disculpe mi sinceridad.

    -Ah entiendo. Gracias por gustarles un poquito.

    —Mucho! Dijo el señor, y otros afirmaron sí, sí.

    -Podemos ir detrás del portón de la obra? Antes de que venga Dani.

    —Sí, sí.

    Entraron. -Así que les molesta que viniera de trench?

    —Teníamos esperanzas de verla tan linda como hace dos días.

    -Verme así? Y se desata el cinturón y abre la trench…

    Debajo de la trench, solamente lencería de diseño, hecha por la modista de Carla.

    En el marco de un corpiño al que se le retiró la copa, tela de red de 1×1 cm, que dejaba ver todo y los pezones escapaban a través de la red.

    Abajo una micro tanga, por llamarle de alguna manera. Un triángulo de red que solamente cubre los labios de la concha, pero en este caso, la red de 1.5 por 1.5 cm, para que se viera claramente la vulva, la parte superior de la tanga llegaba justo encima del clítoris, dejando libre la hermosa y cuidada tira de pelos por encima de la concha. La tanga sostenida por dos hilos que subían hasta encima de cada cadera y se ataban a los dos hilos que venían desde el trasero.

    El trasero solamente tenía un hilo que subía entre los dos hemisferios por así llamarlos y que se bifurcaba al salir de la raya para que los dos se unirán a los de la parte delantera.

    Carla se sacó la trench, giró, y se mostró prácticamente desnuda. Los pezones erguidos y saliendo de la red del corpiño, la concha visible al frente, el culo, hermoso apenas partido por un hilo.

    Un suspiro generalizado salió de los presentes, y Carla se vistió justo a tiempo cuando apareció Dani.

    Saludamos y nos fuimos, entre aplausos y silbidos de admiración.

    Se subieron Carla y Dani al asiento trasero, y yo me deleitaba viendo por el retrovisor como Carla tomó la iniciativa, con pequeñas caricias, besos a las mejillas de Dani, un poco tímido la dejaba hacer, con alguna caricia a las piernas de ella, que se cuidaba de que no le abriera la trench.

    Llegamos al apartamento, subimos al piso 9 y yo tuve el cuidado de dejar la puerta sin llave.

    Dani no sabía si mirar y admirar mas a Carla, el panorama a través de las ventanas o el interior del apartamento.

    Carla lo acompañó en una recorrida de un par de minutos, y vinieron a la sala y Dani y yo nos sentamos en sendos sofás individuales. Carla permanecía de pie. Se situó entre los dos y me dijo: -Por favor amor, creo que Dani quiere ver mi ropa. Me levanté, la puse de frente a Dani y ella giró su cabeza hacia mi, nos besamos de lengua y con el mentón de ella chorreando saliva, abrí su trench y se la retiré. Dani solamente dijo Ahhh.

    Siempre desde atrás de Carla le acaricié las tetas, le acaricié la concha con un dedo ensalivado. Ella gemía. Lo siguiente, ante los ojos desorbitados de Dani fue sacarle el corpiño y desatarle la tanga, hice girar el cuerpo de ella, y de a poco retiré de entre sus glúteos el hilo que aún sostenía la tanga, que dejé caer al piso .

    -Mientras saco las botas, Dani se desviste dijo Carla, y se sentó en el sofá.

    Ella se sacaba las botas, de piernas bien abiertas, tomándose su tiempo para bajar el cierre. Mientras tanto yo le acariciaba los pechos, y Dani quedó desnudo, para deleite de Carla.

    Una pija normal o un poquito mas, pero muy dura y curvada hacia arriba. Pero bien curvada, no de las rectas que apuntan hacia arriba, sino curvada, y dos huevos bien colgantes, todo ello afeitado recientemente, seguramente para este día especial .

    Al sacarse las botas, las piernas bien abiertas, la concha quedaba totalmente a la vista, bien mojada… ”Fue ver esa pija y me mojé” confesaría Carla.

    Directamente ella sugirió ir al dormitorio y allá marchamos, ella colgada del brazo que Dani dejó caer y Dani acariciándole el culo , mientras con la otra mano se tocaba la pija.

    Fue llegar a la cama y tirarse Carla boca arriba, con él metido entre sus piernas a chupar concha. Aun así, alcanzó a decir: “Mañana no me van a creer” ja ja. Chupaba con deleite, y Carla lo guio a quedar en 69, para ella disfrutar chupando y lamiendo esa poronga con forma de cimitarra. Como siempre, una especialidad de Carla, le dio algunos lengüetazos al ano de Dani, y lo enloqueció lamiendo y chupando esa pija curva, “que se siente sensacional contra el paladar”.

    Llegó un momento en que Dani interrumpía sus chupadas para tomar aire y gemir, signo de que debía ponerla. Carla se lo pidió, y él me miró como esperando que le alcanzara un forro. Habiendo visto sus impecables análisis, le hice seña de que no habría forro. Se sonrió y puso las piernas de Carla sobre sus hombros, con la pija a reventar de dura.

    La restregaba contra los labios vaginales y de a poco la fue metiendo, mientras yo le chupaba las tetas a mi amor.

    De a pico la fue metiendo toda, Carla disfrutaba cada centímetro, y él empezó a tomar ritmo hasta llegar a un vaivén frenético, que rápidamente terminó en un Ahhhh de Dani y un Sííí de Carla, que disfrutó los primeros chorros de semen de la tarde.

    Increíblemente, o no tanto, Dani ni la sacó. Siguió con su pija dura, batiendo el semen dentro de Carla y ésta, recordando lo convenido, le pidió para montarlo y seguir. Yo, discretamente, aunque Dani estaba absorto en Carla, salí del dormitorio y le envié un mensaje a Richard, diciéndole: “Subí y entrá”. Así lo hizo y yo llegué a oír un pequeño ruido de la puerta del apartamento al cerrarse.

    Sabía que Richard se desnudaría y esperaría una seña para entrar al dormitorio. Mientras tanto oía todo desde fuera del dormitorio. Yo disfrutaba de ver las caderas de Carla subiendo y bajando con la pija adentro mientras Dani le chupaba las tetas y a veces le acariciaba el clítoris, o se besaban entrelazando las lenguas.

    En ningún momento su erección decayó, y cuando me pareció oportuno, me asomé a la puerta de la habitación y le hice seña a Richard de entrar.

    Lo que vio fue el hermoso culo de Carla subiendo y bajando, la pija de Dani cubierta de semen batido que entraba y salía de la concha. En ese momento, sin cesar en sus movimientos Carla giró su cabeza hacia la puerta y dijo: “Entrá Richard, me olvidé de decirle a Dani que te perdoné” y a Dani: ‘Sabés divino? Lo perdoné pero no te preocupes estoy gozando en grande” . Ahí Richard se acercó y puso su pija en la boca de Carla, mientras le acariciaba el culo; y ella seguía con sus movimientos sobre Dani.

    Finalmente Dani no pudo mas y acabó, entre quejidos, y Carla, chorreando leche se salió de él hasta que fue el turno de Richard de terminarle en la boca.

    Posterior limpieza oral de miembro para Dani y Carla se masajeaba los pechos con el semen que aún escurría de su concha.

    Fue mi turno de una breve penetración mientras Richard le contaba a Dani que Carla lo había perdonado esa mañana y que habían decidido que vendría un breve rato a festejar y sorprender a Dani.

    Tal como convenido, en cuanto le acabé a Carla, Richard se duchó rápidamente y se despidió mientras Dani y yo nos dábamos un banquete de besos de lengua y al culo de Carla, acariciándola de arriba a abajo además.

    Nos fuimos a duchar los tres, la acariciamos abundantemente bajo el agua, y la dejamos terminar de arreglarse, nos secamos y nos fuimos a refrescarnos en el living, tomando jugos para rehidratar por toda la transpiración incurrida.

    Conversábamos de todo un poco cuando reaparece Carla, de chinelas de taco alto, tanga hilo blanca mínima, y babydoll blanco, transparente cortísimo y solamente prendido con un broche entre los pechos.

    Carla se sentó a mi lado, y mientras conversábamos con Dani acerca del supuesto perdón a Richard, le dijimos que si quería, podía sumarse a nuestro de elenco de amigos.

    Él aceptó encantado, eufórico además de haber podido acabarle adentro, lo cual como es obvio le encantó.

    En un arranque de sinceridad, dijo que además quería repetir pues le había faltado algo que quizás fuera posible y se diera en un nuevo encuentro.

    Carla, aunque lo imaginaba, lo interrogó: “Y que te faltó hacer?”

    —Disculpe, pero ya que pregunta, si no se ofenden, me quedó pendiente besarte la cola, me dio vergüenza besársela y chuparle el culo a una señora tan fina, de alta clase…

    -Bueno pero ya te vas no? Dijo Carla parándose, y lucía fresca y hermosa.

    —Sí sí, dijo Dani, y se paró, con evidentes signos de erección.

    -Sergio, te parece que puede salir así a la calle?

    -Amor, no puede ir así ni al ascensor, la tiene dura de vuelta, dije y la besé de lengua. Comencé a acariciarle el culo y le saqué la tanga.

    -Le quieres trabajar el culo con o sin babydoll? pregunté.

    —Ufff gracias dijo Dani, se sacó el bóxer y se arrodilló detrás de Carla, que ya estaba arrodillada en el sofá.

    Comenzó un lamido de los glúteos que fue derivando al ano. Allí se dedicó varios minutos a lamerlo y puntearlo con la lengua. Ocasionalmente me dejaba el lugar y yo le trabajaba el esfínter a lengua y dedo, mientras iba dilatando.

    De ahí a aplicarle gel en el orificio y pasarle el pote a Dani para que se untara la verga, no pasaron mas que minutos.

    -En cuatro dijo Carla, y se puso en posición.

    Dani se posicionó, y Carla le dijo: “Suave por favor”, anticipando que sería difícil meterla por la curvatura.

    Dani se afirmó bien y mientras yo separaba los hermosos glúteos de Carla, vi como apoyaba la cabeza de la verga en el esfínter pre dilatado, y se apoyaba en él.

    Lentamente entró la cabeza, Carla emitió un leve quejido y Dani se detuvo, nuevo empuje y nuevo quejido, pero ya estaba casi la mitad adentro.

    Lentamente, Dani sacó todo menos la cabeza y comenzó un pequeño vaivén, aprovechando que a cada salida, yo le untaba un poco mas de gel en el tronco de la pija.

    Cuando vio que Carla ya lo aceptaba, de golpe la metió toda, hasta los huevos.

    -Ayyy sííí exclamó, dame! Dame!

    Y él no se hizo rogar, le daba bomba como si no se hubiera echado ya dos grandes polvos. Entraba y salía con entusiasmo, incluso llegó a sacársela del todo y meterla de nuevo.

    -Divino! Divino! Como la siento! Me raspa por dentro!

    Y de pronto , fue evidente que él se había vaciado de nuevo, un anillo blanco en la base de la pija denotaba que había acabado.

    La sacó y le pasé toallitas a ambos para sacarse los restos de leche. Cero drama, pues Carla siempre se hace enemas por las dudas, y nunca hubo problemas.

    -Ayyyy Daniel como me has cogido y como he disfrutado! Por supuesto vamos a repetir en el futuro.

    Y se lo llevó nuevamente a la ducha.

    Volvieron, él vestido y ella desnuda, resplandeciente, hermosa con el cabello mojado.

    Le regaló la tanga que usó cuando lo fuimos a buscar y le pidió que la colgara en la obra, como prueba de la cogida.

    Así terminó esta divertida aventura de falsas peleas, con la adquisición de un nuevo y excelente amigo.

    Lo siguiente, ya vendrá el relato, fue la primera orgía de fin de año. Con muy buenos resultados en todo sentido.