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  • Confesiones (1): Tienda de abarrotes

    Confesiones (1): Tienda de abarrotes

    Tengo un tienda de abarrotes. Mi esposo e hijo me ayudan en ocasiones, aunque cada quien se presenta cuando quiere. Tengo más de 40 y después de tener a nuestro hijo, nos cuidamos para no tener otro ni por accidente. Cuando mi marido se hizo la vasectomía, supe que era por andar de picaflor porque ambos ya habíamos cumplido 30 y el “niño” ya tenía casi entraba a la universidad, a mí me quedaban apenas unos años de fertilidad y él pensó que iba a creerle que era para no volver a embarazarnos.

    Tras la operación, quiso despistarme y actuamos como cuando éramos novios, lo hicimos al acostarnos y al despertar las primeras semanas. Pero pronto se volvió a apartar de mí, como ya lo había hecho antes de su intervención. Él cree que me está viendo la cara, pero la suya no es la única en el mundo, ni siquiera en la cuadra.

    Para empezar, está don Camilo, un vecino que religiosamente se presenta cada mañana a comprar su periódico y el pan para acompañar su café. Desde que su mujer e hijos lo abandonaron por briago y apostador, acabar en un anexo y tratar de rehacer su vida, comenzó su ritual de compras. Un día especialmente caluroso, en el que yo decidí ponerme vestido y una blusa fresca, pude ver cómo luchaba para separar su mirada de blusa. Lejos de molestarme, aproveché para inclinarme y confirmar que, en efecto, el pobre seguía de cerca cada vez que la tela de mi atuendo se mecía.

    Cada vez que abría, sé que es cuestión de minutos para que llegue sólo hasta que lo veo babear como niño hambriento me acuerdo de abotonar bien mi blusa y le agradezco por hacerme notar mi descuido. Ser coqueta se me da desde niña y es un gusto que pienso seguir dándome mientras la edad y el físico aún me den oportunidad. Mi cintura no es lo que algún día fue, pero mis otros atributos hacen que aún se acentúe lo suficiente para no necesitar una faja. La fruta nos llega fresca y un poco «verde» para que esté en las mejores condiciones, pero todos sabemos que logra su punto más dulce una vez está madura.

    Así pasaron un par de semanas hasta que hace poco, el señor de ausentó y al día siguiente, un niño vino en su nombre a pedirme lo que él siempre se llevaba. Resultó ser que el don se había accidentado y tenía la pata enyesada, así que aquel niño, que vivía en la misma calle, era su nuevo mandadero. Un buen día, en el que mi marido se había quedado en el local, decidí que era momento de ser una buena vecina y le pedí al niño que me dejara acompañarlo a casa del accidentado. Entré con él a la casa, cara al verme entrar a su cuarto fue la de estar viendo un fantasma y de inmediato despidió al menor para invitarme una taza de café.

    Él tenía café servido en su buró, pero a mí me apetecía más un poco de leche. Pobre, me bebí toda la que tenía ahí, acumulada, antes de regresar a la tienda, eso sí, no sin antes despedirme y decirle que marcara al número de la tienda para pedir lo que necesitara de ahora en adelante. Y así lo hizo, él ya sabía que los fines de semana siempre había alguien que me ayudaba y podía quedarse en el local mientras yo iba a llevarle su pedido y hacerle un poco de compañía. Por más que me ofrecía un poco de su pan dulce, yo siempre preferí el virote acompañado de leche. Han pasado un par de semanas y todavía falta para que puedan quitarle el yeso, pero el muy sinvergüenza me dice de vez en cuando que piensa romperse la otra pata cuando sane, aunque ya le dije que nada nos impide compartir una taza de café de vez en cuando.

    Es algo brusco y a veces no es el más refinado al hablar, pero siempre ha sido muy respetuoso conmigo. Dice que sabe algo de costura y podría ayudarme a revisar esos botones que a veces me causan problemas con la blusa, los revisa muy de cerca y sostiene con firmeza la tela sin que me quite la prenda. Yo me la quitaría para que se la quedara y la examinara con calma, pero como tengo que regresar a la tienda al poco rato, pues me la dejo puesta y lo dejo examinarla todo lo que necesite. Necesita cambiar de lentes, porque siempre pega su cara. A veces dice que es el hilo, otras, que es el corte de la blusa, nomás no se decide.

    Sus manos son nudosas, pero son grandes, me pregunté si en realidad serían capaces de hacer trabajos tan minuciosos, así que le pedí que me ayudara primero con un hilo que tenía deshilachándose de mi vestido. Confirmé que sí necesita unos anteojos nuevos, por más que pegara su cara a mi pubis, debajo de la tela, no podía encontrar ese hilo y tuvo que recurrir a tentar con esas yemas. Fue la prueba de fuego me demostró que, aunque rugosos, esos dedos sabían ser delicados todavía, mi ropa no corre peligro. Esa vez, acompañó su café con un poco de miel que extrajo él mismo y de lo mucho que lo disfrutó, llegué a pensar en dejarlo pasar a revisar mi reserva en la trastienda, pero para eso tengo a Fabián.

    El encargado de surtirnos de artículos de limpieza es un joven, tendría apenas unos veintitantos, un poco robustito pero con un buen par de brazos y algo más. Algo le vi desde la primera vez que llegó a sustituir al anterior repartidor, ¿qué era? No sabría decirlo con exactitud, esa forma de caminar, esa mirada llena de algo más que deseo, era hambre. Claro que aproveché en su siguiente vuelta para pedirle que me ayudara a subir unas cajas en la trastienda, tuve que pedirle que sostuviera la mini escalera porque él no sabría dónde tenía que acomodar las cosas y la casualidad hizo que debajo de mi falda (que no era corta pero estaba un poco por encima de lo que debía usarla) no hubiera más que mi piel desnuda y algo… hidratada. Su cara roja sólo me sonrió cuando le di las gracias por ayudarme y pedirle que me hiciera saber si hubiera forma de agradecerle mejor.

    A su siguiente visita, sólo hizo falta decirle que necesitaba ayuda con algo en la trastienda para que sus manos me levantaran la falda y comprobara que aquel descuido mío de dejar las bragas debajo del mostrador se había repetido. Me hinqué para suplicarle que perdonara mi torpeza y que no le contara a nadie, le rogué con tanta insistencia que por accidente, su cinturón se abrió, al igual que el cierre y el resto del pantalón. Bien dicen que la intuición de una mujer es nuestro sexto sentido y finalmente comprobé qué era lo que más me gustaría de ese nuevo repartidor.

    Para cada cerradura hay una llave, tengo una que casi nunca se abre a menos que le meta mano yo misma, tiene su maña. Pero vi que Fabián tiene una llave asombrosa, mágica, diría yo. No es la más grande que he probado, pero es la más ancha hasta la fecha. Ni siquiera pude esperar, en cuanto la vi supe que tenía que hacer la prueba, me hizo ver estrellas mientras la abertura cedía con cada empuje hasta que mi cerradura tuviera la forma de su llave. Siento que la mandíbula se me podría desencajar cuando la veo de cerca, por eso prefiero que disfrute probar sin miedo ese cajón que no cierra cuando necesito ayuda en la bodeguita, lo cual coincide siempre con sus visitas. ¡Qué descuidada soy! Siempre que viene algo les pasa a mis pantaletas, seguramente es porque se manchan cuando pienso que está por llegar. Gracias a Fabián, mis lunes son menos aburridos.

    Obviamente, tampoco voy a dejar de lado a los de los refrescos, las papas y las galletas. Oye, esos pobres vienen siempre apurados y apenas tienen tiempo de descansar por sus rutas. Aunque hay quienes me dejan ya sea al final de la ruta o al inicio, saben que puede haber tráfico o a veces, las cuentas tardan en salir y eso es lo que hace que se entretengan cuando pasan a nuestro local. Yo cuento con ello, por eso siempre tengo despejada el área de descargue para cuando sé que les toca pasar.

    Una habilidad necesaria en este negocio es saber despachar con rapidez y eficiencia. No tengo tiempo de quejarme del olor a sudor y demás cosas que aderezan esos chiles, el servicio tiene que hacerse en cuestión de minutos o puede afectarles más en su itinerario. Ya sea una cuenta larga o corta, uno tiene que darle la atención que se merece en cada descargue. Yo lo entiendo, su trabajo no siempre es fácil y a veces, hacen falta más de uno para acomodar la mercancía en la trastienda y por algo Dios me dio un par de manos, para ayudar con lo que no me quepa en esta boquita que poco o nada puede decir mientras revisamos cuidadosamente el inventario que entra y sale. Hay quienes me preguntan si necesito ayuda para acomodar algo más allá adentro, pero, como dije, para eso tengo a Fabián.

    Esos muchachos casi nunca duran, los cambian de ruta o se salen de trabajar y aunque algunos pasan a visitar de vez en cuando, siempre he tenido que repetirles que esto es un negocio chiquito y de momento no estamos buscando empleados. Pero a veces no comprenden todas las razones que amablemente les vuelvo a compartir en la trastienda y vuelven a intentar su suerte, a ver si esta vez sí estamos contratando. Ni modo, hay gente que les entra por uno y les sale por el otro, lo bueno es que no me molesta explicarles a detalle, después de todo, muchos son jóvenes y parece que les interesa mucho saber por qué no pueden trabajar conmigo.

    Son algunos de los pequeños pormenores que este oficio tiene para mí. Afortunadamente, mi esposo tiene un empleo estable de lunes a viernes y mi hijo ya se graduó de negocios internacionales. Él es quien más me insiste en que cierre el negocio y deje de trabajar, pero él no entiende que este negocio, aunque sea chiquito, no sólo me da para el gasto sino que también me llena a nivel personal y de maneras que ni él se imagina.

  • Multi encuentro con hombres

    Multi encuentro con hombres

    Las reuniones en este club son fenomenales cargadas de morbo, exhibicionismo y mucho, mucho, sexo. Acuden parejas, gays, travestis y trans y si tienes ganas de estar con varios hombres al mismo tiempo es el lugar ideal.

    Pues bueno era una reunión mañanera por estas fechas de fin de año, llegué con mi pareja (mujer biológica) y ella me dijo literal: “te quiero ver haciendo de todo quiero ver hasta donde eres capaz vestida de mujer”.

    Llegamos y luego me fui al baño a cambiarme, me gusta hacer eso porque así no me ven en mi plan de hombre.

    Minivestido con aberturas, obvio nada debajo y me puse mis plataformas de teibolera, y obvio llamó la atención porque alcanzó los dos metros de estatura.

    Cuando salí del baño hacía la sala vi a mi pareja platicando con el anfitrión y tres hombres de cosas irrelevantes. Éramos pocos, pero me di cuenta que yo era la única travesti, se lo hice saber y solo me dijo al oído que mejor momento no iba a haber, y eso me excitó demasiado.

    De la nada ella misma les pidió que me sacaran a bailar y pues como van, luego me empecé a besar con los tres, me manoseaban me metían mano, dedo, yo me volteaba uno a uno para disfrutarlos, me tuve que quitar las sandalias porque les quedaba muy alta, luego de eso ya pude sentir sus vergas en mi espalda y cuando quedábamos de frente literal nos dábamos espadazos.

    El más atrevido me empezó a estimular el culito el cual ya estaba bastante estimulado.

    Me quitaron el vestido y quedé encuerada con la verga super parada, uno que otro también me la probó y eso terminó de prenderme.

    Les pedí que se pusieran el condón para que ya me empezaran a coger.

    Le pedí a mi pareja checara que todo estuviera digamos lo más higiénicamente posible porque las enfermedades entre los gays están a la orden.

    Por el momento tan cachondo perdí la noción del tiempo, me cogieron como cuatro horas seguidas, hubo uno el mas atrevido que me cogió como tres veces, mi esposa me platicó que hasta salió del departamento a comprar Viagra para seguir cogiendo. No les voy a decir que tenían una vergotas o que eran súper venudas porque no, eran de normales a pequeñas, pero duraban un chorro y eran súper lechosas.

    En momento dado mi pareja les pidió que intentáramos un doble anal, y se pusieron de acuerdo entre dos de ellos y sopas, y vaya que se logró, es una delicia sentir dos miembros en el culito, se necesita mucho lubricante y entusiasmo, recuerdo que primero me senté en uno de los hombre, el me ayudó a acomodarme y luego me elevó las piernas, mi pareja le dijo al otro hombre cómo acomodarse y sobres que momento tan cachondo, yo me vine como dos veces no sé cómo y trataba de decirles porque los iba a manchar. Luego se turnaban hasta que todos me cogieron, yo nada más veía cómo entraban más hombres al cuartito y mi pareja les decía que se fueran a lavar las manos y se pusieran los condones y a cogerme.

    Yo creo lo hice con unos cinco hombres, pero en total me han de haber echado unos quince palos jaja.

    Como a las dos de la tarde el organizador nos dijo que ya se iba a acabar. Después de cuatro horas yo olía a puro semen, saliva y sudor súper delicioso, el cuartito estaba repleto de condones usados, sus envolturas tiradas hasta pena medio por todo el basurero jeje.

    Se despidieron poco a poco y mi pareja me tomó foto de mi ano el cual estaba súper abierto y dilatado.

    Desde ese día mi perspectiva cambió.

    Recuerda que me puedes escribir a [email protected].

  • La vecina rica del 2 (capítulo 1)

    La vecina rica del 2 (capítulo 1)

    Thais es una señora de alrededor de unos 40 años la cual vive en el lote para ser específicos en la casa no. 2, no tiene un gran cuerpo ya que sus senos no son muy grandes, más bien casi pequeños y su culo no es tan grande pero con pans es de un tamaño apropiado, la cual cree que su familia es rica pero en realidad no es así, hay veces en las cuales es mala copa pero se sabe que por boca de todos que es una puta ya que al menos con la mayoría de jóvenes que hay en el lote, ella ha tenido algunos encuentros con ellos pero lo que nunca había experimentado es con un joven, virgen. Al menos su marido cree que no había estado con nadie más que él.

    Por lo que ya había pasado unos dos días desde la borrachera que tuvo con su amiga Herí y estuvo pensando pero hoy llegaría con su marido con ganas de intimar, al entrar en la habitación empezó a coquetear con su marido mientras lo besaba en la comisura de sus labios y en su cuello esto hizo que a su marido se le diera una erección y entonces ella le dijo:

    — métemela. 

    Se sacó su verga por lo que Thais, se sentó sobre ella, con unos movimientos de cintura subía y baja, ella gemía pero quería más, su esposo controlaba su respiración mientras el también gemía con intensidad pero cuando menos se lo imagino se corrió antes, se podría decir que el marido gimió con un cerdo al expulsar toda su leche dentro de su mujer, ella la saco y la empezó a mamar mientras le decía:

    — vamos papi dame un poco más.

    Marido — ¡Deja de molestar vieja, tengo trabajo mañana!

    Thais — Es tu única obligación y ni complacerme puedes.

    Marido — ¿A dónde vas? 

    Thais — voy a limpiarme, crees que se va a lavar sola ya que no quisiste hacerlo.

    Es así que paso al baño para limpiarse con un trapo mojado pero cuando terminó bajo a la sala y de una caja que estaba oculta en una pequeña habitación similar a un cuarto de blancos, saco un vibrador, no vio la hora para acostarse en el sillón mientras pensaba: “¿Con quién fantasearé hoy?”. En eso recordó a ese chico al cual todos lo conocían como… El cual no tenía muchas cualidades pero no era un secreto que no tenía novia por lo que, empezó a masajear sus pechos mientras de su voz salía un: —oh, si… Que rico… También con su saliva humectaba las coronas de sus pezones mientras entre gemidos no paraba de decir ese nombre hasta que lubrico su vagina para encender el vibrador, primero pasarlo por sus labios externos, con esa vibración paso por su clítoris hasta que se vino pero no estaba satisfecha hasta que de poco a poco se la metió hasta que se adentro en su raja, hasta que lanzo otro grito el cual anunciaba un punto lleno de éxtasis lo que la sentía con ansias de seguir pero con la necesidad de probar con él.

    A la mañana siguiente se encontró con su amiga en su auto y platicaron: 

    Herí — hola oye ya te lo cogiste 

    Thais — no pero me masturbe pensando en el.

    Herí — creo que deberías empezar en una estrategia

    Thais — como si tuvieras una 

    Herí — ¿Y qué dirías si ya la tengo?

    Eso a ella la impactó pero dentro de si pensaba en como hacer para acercarse lo suficiente para llevar a cabo lo que pretendía hacer. 

    Un día su hija la más chica cumpliría años por lo que la familia organizaría una fiesta por lo que ella bebió en toda la celebración pero estaba lo suficientemente consciente para hacer algunas cosas como el ir a la tienda por más cerveza, cuando terminó de pasar a la tienda vio que el chico venía de regreso y le pregunto que si no quería estar a la pachanga, el joven se sintió extrañado de las palabras que ella expresaba ya que dicho placer nunca lo había tenido, él estaba arreglando ya que regresaba de una salida pero se dijo: “estas cosas no suceden muy a menudo”.

    Le aviso a su madre por teléfono y se quedó, una cosa si era segura al momento de llegar muchos invitados se sorprendieron al verlo pero en la mayoría de las conversaciones lo anexaban a convivir, algunas cosas como partir el pastel inicio a las 10, los familiares y unos invitados se retiraban a las 10:30. Él se quedó tantito más hasta ayudó a recoger la basura, a doblar las sillas del evento, quitarle los manteles de las mesas para que al día de mañana se quiten las demás cosas, por lo que todos al menos en la casa de la festejada ya estaban dormidos excepto ella la cual tenía puesta una bata de baño pero al dejarla caer se describía que estaba completamente desnuda, el joven se quedó anonadado al verla ella se acercó a él, lo toco justo en su entrepierna, mientras le decía:

    — quiero que me cojas.

    Por lo que pasaron a la sala donde el chico agarro uno de los manteles, lo extendió sobre el suelo, ella lo besaba de formas muy apasionadas, mientras de a poco a poco lo iba desnudando hasta que al retirarle el calzón, se encontró con una verga de aproximadamente 14 cm lo cual no es mucho pero se veía que tenía grosor, pero ya en esos momentos solo quería mamarla como si fuera una paleta helada. 

    — lo haces tan genial.

    Pero antes de que ella pudiera hacer algo, la agarro de la cabeza y la hacía que subiera y que bajara, hasta que se vino encima pero como buena puta se tragó sus mecos y se la limpió. Es cuando ella noto que estaba mojada.

    — ¿Tienes condones? 

    Thais — no hacen falta yo me operé de mi última hija por lo que no los necesitamos.

    Ella se puso en la posición de perrito y es cuando entro su polla dentro de su panocha es en ese momento en el que explotó, cada vez que entraba y salía, la hacían gemir como no lo hizo nunca, apresar de haber estado con otros vecinos, esto era diferente no había duda que ese muchacho era especial, mientras era penetrada, recargaba su pensó en ella mientras besaba su cuello y sus manos la manoseaba, apretaban sus pechos y también unos pellizcos en las aureolas de sus pezones, esto hizo que se corriera y en otra pasaba para que sus dedos tocaran su vagina lo que provocó otro orgasmo, el cual hizo que el chico sacará su verga y recibiera su corrida, para recostarse en el suelo.

    Mientras ella lo miraba con una pequeña sonrisa pícara al ver que la polla de el aún no se venía agotada, por lo que utilizo la vaquerita invertida, ella, por lo que se sentó, pero a pesar que quería su cadera ya no le daba para más pero hizo un esfuerzo al subir y bajar con ese culito que no era pronunciado pero si se movía rico la vieja sobre todo al mover su cadera cada que bombeaba dentro, hasta se vino otra vez la vecina, pero está vez ella se corrió en el, pero estado la verga dentro de ella, el la agarro se echó para atrás con ella encima mientras se la cogía, en la posición del cangrejo, mientras seguía masajeando los senos de la vecina, para decirle: 

    — ya me voy a correr.

    Thais — está bien. 

    El muchacho se para y se corre en su cara mientras abría la boca al recibir esa lefa caliente.

    Thais — me gustó mucho por ser tu primera vez, no ha estado mal

    — muchas gracias creo que debo irme ya.

    Thais — ándale. Pero ten whatsapp para hablarte cada vez que se pueda.

    Fue así que Thais disfruto de una experiencia nunca antes vista.

    En el siguiente capítulo quien quieres que se la cojan.

    A) Herí.

    B) La licenciada chófer.

    C) La Bruja.

    D) La vecina del niño con voz de niña.

    E) La hija mayor de Thais.

  • Laura, experiencias sexuales

    Laura, experiencias sexuales

    Me llamo Laura. Soy una chica más bien delgada, con el pelo corto de color pelirrojo y suelo llevar puestas gafas negras de pasta. He probado con las lentillas, pero me molestan, así que me quedo con las gafas. Además, no me quedan mal, y una amiga me ha confesado que me hacen más sexy. La verdad es que no sé si concederle demasiada credibilidad al comentario, sobre todo teniendo en cuenta que tuvo lugar en un bar con música a eso de las dos de la mañana y que mi amiga estaba con ese puntito que da el alcohol.

    Yo no bebo, una copa y voy que me mato. Tengo otras aficiones, por ejemplo el sexo. He probado eso de besar a otras mujeres, incluso una vez, con una compañera gordita y super cariñosa, practique eso que los angloparlantes llaman «humping». El caso es que mi compañera se apoyó de rodillas en la cama con el amplio y temblón culete al aire y yo, sin sujetador y sin quitarme los vaqueros, comencé a chocar mis partes contra su trasero, como si estuviese penetrándola por detrás. Se puso como loca, gimiendo, pidiendo más y más y luego, sujetándome la cabeza y dándome un beso con lengua con mucha saliva.

    La experiencia no estuvo mal, pero no me llenó del todo.

    Una semana después conocí a Antonio. Cuando me besó sentí algo especial, su boca sabía muy bien, era algo adictivo. Me pasé gran parte de la noche pensando en él, en su beso, en su cuerpo y en como sería sentirle dentro.

    A la tercera, llegó la oportunidad, hicimos el amor. Metió su pene en mi vagina y la sensación fue maravillosa.

    Paso una semana, yo no podía pensar en otra cosa. No soy de las que se masturban con frecuencia y sin embargo, me encontré a mi misma, recién salida de la ducha, frotando mi sexo contra una almohada mientras pensaba en él. Incluso en el trabajo, sentada en el retrete, mientras orinaba y dejaba escapar algún pedo, me toqué y acabé cerrando y abriendo el agujero del culo con la vista nublada y mis dedos empapados de deseo.

    El jueves tuvimos una nueva cita. Estaba nerviosa, con muchas ganas de experimentar sus caricias, pero, de algún modo, logré controlarme y hablar con coherencia. Antonio es bastante culto y su voz, atractiva de por sí, se combina con una facilidad de palabra que hace que la conversación fluya. En ese momento, aquel jueves, tuve deseos de besarle y jugar con su lengua, a lo mejor en el intercambio de fluidos se me pegaba algo de su dicción.

    – ¿Te gustan los azotes? – preguntó de repente.

    Tomada por sorpresa me costó unos minutos reaccionar. Él, consciente de la situación, tomo la palabra y con la seguridad que le caracterizaba, expuso sus fantasías.

    No quedamos en nada concreto, pero en mi interior sabía que, algún día, tendría que probar eso y satisfacer su fetiche aunque solo fuese por miedo a perderle.

    La ocasión se presentó una semana después. Le invité a cenar, pero, sin querer, olvidé por un momento que tenía la pasta en el horno y se quemó el gratinado. Con la cara colorada le ofrecí mil disculpas, pero él, durante un instante sonrió. Luego, con rostro serio, dijo.

    – Has quemado la cena, como castigo hoy no habrá sexo.

    Sin pensarlo protesté, le dije que eso no era justo que…

    – Mira, pareces una cría. Hoy no hay sexo porque estoy enfadado contigo y si tenemos sexo, bueno, no te trataría como una dama.

    Mi rostro, por algún motivo, se ruborizó aún más. Mentiría si dijese que no estaba nerviosa, que aquel tipo no me daba algo de miedo en ese momento. Sabía que sus manos, sus músculos, su fuerza podía someterme en cualquier momento y poseerme con una rudeza salvaje y sin embargo, por nada del mundo hubiese querido estar en otro sitio que no fuera allí, con él.

    Pensé en él y me mojé.

    – Voy a cambiarme de bragas. – dije en voz alta.

    El replicó.

    – Eres una guarrilla. Mejor me voy antes de que esto se vaya de las manos.

    – Espera, déjame cambiarme y hablamos.

    Me cambié de bragas en la habitación poniéndome en su lugar un tanga. Fui a ponerme el pantalón, pero desistí. En su lugar me quité la camiseta quedándome en ropa interior, calcetines y gafas.

    Salí.

    El me miró de arriba a abajo con deseo.

    Caminé de manera sensual hacia la cocina, abrí un cajón y saqué una cuchara de madera y ofreciéndosela dije.

    – He sido una chica mala, ¿me das unos azotes?

    En un instante, moviéndose con rapidez, me tumbó sobre su rodilla y comenzó a azotarme en las nalgas con la cuchara. Los golpes escocían y mientras mis glúteos cogían color protesté moviéndome para tratar sin éxito de evitar los impactos.

    Cuando me soltó, había pasado poco más de un minuto.

    Le miré con rabia mientras frotaba mi trasero encendido.

    Él se acercó y me retiró las gafas, luego, sujetando mi cabeza con firmeza y delicadeza a un tiempo, me besó en los labios con pasión.

    Abrí la boca y dejé que nuestras lenguas se encontrasen.

    Luego, de alguna manera, me arrodillé, bajé la cremallera de sus pantalones, liberé el miembro y lo metí en mi boca, chupándolo con ansia. Lo saqué, tosí, chupé y besé la punta y volví a meterlo en la boca, la saliva resbalando por la comisura de mis labios.

    Pronto me encontré boca abajo sobre la cama, sin tanga. Antonio metió su pene de golpe, envistiéndome. Me mordí el labio para evitar gritar. Me dio un azote en la nalga derecha y volvió a penetrarme, dejando caer el peso de su cuerpo sobre el mío. Una oleada de placer recorrió mi cuerpo y no tardé en alcanzar el orgasmo.

  • Mi amiga me ayuda a ganar dinero prostituyéndome

    Mi amiga me ayuda a ganar dinero prostituyéndome

    Estaba nerviosa, y algo asustada por lo que estaba por hacer.

    Camila mi amiga me miro.

    “¿Qué te dije sobre ponerte nerviosa antes de coger?, va a salir todo bien, vos seguime la corriente y cuando salgamos del hotel vas a tener la billetera llena de dinero”.

    Mire la hora en mi celular y tome valor.

    “Tenes razón, soy una boluda de 23 años a punto de cogerme un tipo por dinero, no sé porque estoy nerviosa”

    Camila me pego en la cabeza con la mano.

    “Vos fuiste la que me pregunto de donde sacaba las cosas que tengo, bueno te lo dije y fue tu idea venir, además cuando veas al tipo este se te va a mojar la concha, esta mas fuerte que el vinagre”

    La mire todavía algo nerviosa y Cami me encajo un beso, fue un beso intenso y con lengua, de esos que me gustaba que me diera.

    “Acodarte que yo estoy acá con vos, cuando quieras parar me decís y listo, sigo yo. Además, una pelirroja y una morocha como vos en el mismo cuarto con el cuerpo que tenemos, el tipo nos va a amar”

    Sonreí cuando dijo eso, era cierto teníamos unas tetas y un culo envidiable, en parte por todo el ejercicio que hacíamos. Esa tarde Cami llevaba una calza negra y una camisa color lila y yo una bermuda de jean y una remera escotada en v.

    “No te ves tan puta como quería, pero bueno. Por lo menos ¿traes puesta la lencería que te regale el mes pasado?”

    Asentí con la cabeza como una chica buena, era un conjunto de tanga y corpiño rojo con encajes super atrevido.

    Me lo regalo por mi cumpleaños junto con la mejor tijereteada de mi joven vida.

    Camila golpeo la puerta y cuando le dijeron que pase entro, en la cama estaba sentado un hombre de unos 50 largos de contextura musculosa completamente desnudo. Llevaba un antifaz negro, supongo que para proteger su identidad.

    Yo decidí llevar unos lentes oscuros para tapar parte de mi cara, aunque Caro era mas atrevida e iba a cara lavada.

    Mi mirada se centró en su miembro, era increíblemente grande y estaba super erecto, nunca había visto una verga tan perfecta antes. Todos los chicos con los que me acosté tenían una verga promedio y algo fea ya sea de paso.

    Me pregunte si su sabor sería igual de increíble que su tamaño y como dijo Cami se me empezó a mojar la vagina.

    Parecía un tipo de familia que saciaba su frustración acostándose con mujeres jóvenes, por el traje colgado en una percha sería oficinista.

    Cami se acercó y le dio un beso mientras hacía un striptease sensual, como probablemente al tipo le gustara.

    Mientras él jugaba con las tetas de Cami y se las chupaba me arrodillé y fui gateando hasta su entrepierna.

    Una mano grande y fuerte tomo mi pelo y comenzó a acariciarlo, eso me prendió bastante. Olfateé su miembro, como una gata en celo, olía increíblemente bien y decidí probarlo.

    Comencé lamiendo sus bolas mientras lo pajeaba con la mano para luego chuparle el tronco y comenzar a jugar con mi lengua en su glande.

    Sabía tal como olía, de seguro llevaba una dieta equilibrada como todos los tipos de guita.

    Así jugué un buen rato hasta que me la engullí entera, tratando de no hacer arcadas cada vez que rozaba mi campanilla, realmente era un pene enorme.

    Me forzaba para llevarlo hasta el fondo y sentía como violaba mi garganta, me encantaba, sacaba a relucir mi lado mas masoquista. Me preguntaba si había mas cosas ocultas que podría descubrir en el cuarto de este hotel.

    La mano me tomo fuerte del pelo y comenzó a metérmela en la boca, con cada envestida aumentaba la velocidad. Algunas lágrimas asomaron en mis ojos con la presión de su enorme verga en mi boca, cuando sentí como palpitaba y soltaba una enorme carga.

    Fue un sabor agridulce, sentía el semen caliente pegándose a las paredes de mi garganta y deslizándose hacia mi estómago. Nunca había probado el semen, ahora lo estaba haciendo sin consentimiento.

    Mis piernas temblaban cuando él decidió soltar mi cabeza, un poco de semen se deslizaba por la abertura de mi boca hacia mi mentón.

    La alfombra del piso del telo completamente mojada, salía liquido de mi concha como pis, pero no era pis, sino que ese tipo ahí sentado había logrado con una chupada de pija que tuviera un squirt.

    Camila me miraba super feliz, me levanto y me quito el pantalón y la tanga, para arrojársela al tipo. Mientras la olía empezamos a besarnos y darnos placer lésbico.

    Camila saco un dildo plateado, y mientras me chupaba el ano comenzó a introducírmelo de a poco, jugando con mi culito.

    Mientras lo hacía podía ver como la verga del señor se volvía a poner dura.

    Temblaba ante la idea de saber como me iba a destrozar el culo semejante verga, pero a la vez estaba super excitada y expectante.

    Me puse en cuatro en la cama, a la espera del intruso.

    Cuando la pija fue entrando sentí que me iba a morir, pero luego ese dolor se fue transformando en placer, al menos el tipo era mas delicado que con el pete.

    Mi culo se lo agradeció, fue despacio agarrando el ritmo de a poco.

    Iba siguiendo el ritmo que yo le marcaba, hasta que yo misma empecé a mover las caderas para que me dé más duro.

    Me empecé a colar los dedos mientras Camila se tocaba delante mío.

    “¿Te gusta puta como te rompen el orto?”

    “Me encanta, me encanta verte colarte los dedos mientras me hacen la cola, es la mejor decisión que tome en toda mi jodida vida”

    En lo mejor que estaba recibiendo pija sonó el teléfono de la mesa de luz, y cuando vi la foto de quien estaba llamando casi se me cae el mundo.

    Era la foto de mi mamá, acaso el tipo al que le chupe la pija y me estaba cogiendo el culo como cajón que no cierra ¿era mi papá?

    Una mezcla de culpa invadió mi mente junto con ¿algo más? Acaso sentía morbo por la situación que estaba pasando.

    Me salí de su verga y cortando el teléfono lo acosté boca arriba y me subí encima de mi papá comenzado a cabalgarlo.

    Me acerque suavemente a su oído y le susurre si le gustaba como lo montaba su amada hijita.

    Pude notar su cara de sorpresa, pero mas como su pene se ponía mucho más duro. La manzana no cae muy lejos del árbol se suele decir.

    Camila me miraba sorprendida de como había tomado la iniciativa y se acercó para que le empiece a chupar las tetas, cosa que hice con gusto.

    Luego de cabalgar y que me destroce el ano, seguramente iba a dolerme el culo al sentarme como una semana, mi papá decidió metérsela a Camila mi amiga.

    Ahora consciente de que mi padre se estaba cogiendo a mi mejor amiga me calentaba más la idea.

    Puse mi vagina en la cara de Cami y se la llené de flujos, tirándole todos los chorritos en la boca.

    Camila los tragaba mientras le bombeaban la concha frenéticamente.

    “Dame bien rico, cógeme como la trolita que soy”

    Ni en mis mas locas fantasías podía imaginar un escenario más perfecto.

    Una idea sucia se cruzó por mi cabeza.

    Si sabía que papá cogía tan bien y tenía un pene tan rico me lo hubiese tirado hace rato. Ahora que conocía su secretito se terminó eso de regatearle dinero a su hijita.

    Cuando papá estuvo a punto de correrse, nos arrodillamos para recibir su lluvia de lechita caliente directo en la cara.

    Era increíble la cantidad de semen que puede almacenar un hombre adulto, no tardamos en estar bañadas en su flujo viscoso y blanco.

    Nos miramos y nos reímos de lo puta que nos veíamos y comenzamos a lamernos entre nosotras.

    Cuando terminamos nos vestimos y papá nos pagó, me sorprendí cuando vi la cantidad de dinero que nos dio.

    Mas tarde en casa ya completamente calmada y acostada en la cama me sentí un poco culpable por mamá.

    Y también algo enojada, el mismo hombre tacaño que no quería darme dinero para salir se gastaba la plata en mujeres de la edad de su hija.

    ¿Y si se cogía mujeres de la edad de su hija porque tenía la fantasía de hacérselo a ella?

    Era un enfermo si pensaba así seguramente. Pero si soy honesta yo también seguí con su jueguito incluso sabiendo que era mi papá.

    Leve mi mano a mi entrepierna y me metí los dedos, cuando los retire estaban empapados en flujo.

    Supongo que no era quien para decir nada, era igual de pervertida que él.

    Decidí ir mas lejos y le mandé a papá la foto de mis dedos, diciéndole que me sentía confundida por lo que había pasado, pero también excitada.

    Unos corazones aparecieron, lo tenía en el bolsillo.

    “No te preocupes papi, tu secreto está bien guardado conmigo, eso si, la próxima vez que te sientas con ganas de gastar dinero en una puta cualquiera podés recurrir al bombón de tu hija, esta vagina está disponible para vos las 24 horas”

    Y le mande una foto de mi concha bien abierta y mojada para acentuar mi punto.

    “Me voy a pegar una duchita y mamá me dijo que se va a quedar en casa de los abuelos unas dos horas mas ¿me querés acompañar papi?”

    Me desnudé y fui hasta el baño cuando lo vi aparecer con la pija bien dura.

    Abrí la ducha y entre, no paso mucho cuando mi papá hizo lo mismo entrando y cerrando las cortinas. Los aplausos no tardaron en oírse seguidos de mis gemidos.

    Algo me decía que iba a ser un verano bastante caliente.

  • El olor de sus calcetines sucios me hizo enamorarme

    El olor de sus calcetines sucios me hizo enamorarme

    Cuando llegué a mi nuevo trabajo, conocí a uno de mis colegas, bastante guapo, e inmediatamente congeniamos. A los dos o tres días de estar en la nueva oficina me di cuenta de que no sólo era hetero, sino que tenía esposa y un hijo. Sin embargo, eso no importó, pues nos llevábamos muy bien, salíamos por unas cervezas de vez en cuando, yo conocí a su familia y él conoció a un novio que tuve después. Se convirtió en una de esas amistades que son difíciles de encontrar.

    Aproximadamente dos años después, él consiguió un trabajo diferente, en otra ciudad, por lo que se fue y no nos vimos por un tiempo, aunque seguíamos conversando muy seguido, casi todos los días. En una de esas pláticas nos dimos cuenta de que ambos íbamos a coincidir en un congreso, en una ciudad diferente; nos dio mucho gusto poder vernos nuevamente y, hablando sobre el tema de los gastos, decidimos compartir una habitación en el mismo hotel.

    Cuando llegamos a esta ciudad, mi vuelo llegó cuatro horas más temprano, por lo que me dirigí al hotel, solicité la habitación y la recepcionista me preguntó si prefería una cama matrimonial o dos individuales. Hasta ese momento ni siquiera se me había pasado por la cabeza que podíamos dormir juntos, pues no veía en él algo más allá de la amistad; sin embargo, cuando me hicieron esa pregunta, el morbo me invadió y sin pensarlo pedí una cama matrimonial, pensando que a mi amigo simplemente le diría que no habían reservado la habitación correcta y esa era la única disponible. Al final esa mentira no fue necesaria, pues él no hizo ningún comentario al respecto.

    Hacia el mediodía él llegó, salimos a comer, a ponernos al día y a conocer un poco la ciudad; luego volvimos al hotel, pues debíamos terminar algunos pendientes de nuestros respectivos trabajos. Cuando por la noche regresamos a la habitación, él dijo que se iba a bañar y se encerró en el baño. Al salir lo hizo en ropa interior, aún mojado por el baño. He visto a muchos amigos en bóxers o en otras prendas más provocadoras y no me generan excitación, por lo que no supe por qué después de algunos años de conocernos súbitamente lo empezaba a ver con una mirada de deseo. Disimuladamente me fijé en todo su cuerpo: medía alrededor de 1.75, un poco más alto que yo, de tez blanca, pero quemada por el sol, con su barba larga, pero bien alineada, unos tatuajes a color de símbolos extraños en los brazos, que resaltaban muy bien con su tono de piel, si bien su complexión era media, tenía una pancita prominente que le daba un raro toque sexy, además de un bulto que si bien no era exagerado, dejaba adivinar el contorno de su miembro y unos glúteos redondos que se marcaban por debajo de su brief negro.

    De pronto me vi ahí, en la misma cama en la que él se iba a acostar, justo a mi lado, y mi mente se puso a volar… en cinco minutos me imaginé varios escenarios en los que no terminábamos cogiendo, pero sí teniendo intimidad. Me imaginé entonces que él me decía que había escuchado que los gays hacían buen sexo oral y que yo le ayudaba a averiguarlo; visualicé también una fantasía en la que en la noche, ya dormidos, él me abrazaba y acercaba su cuerpo al mío y yo sentía su verga erecta muy pegada a mis nalgas. Mi erección se puso aún más dura cuando se acostó junto a mí, aún en sus briefs negros, y me di cuenta de que así iba a dormir. Se quedó acostado, mirando la televisión y en algún momento flexionó una de las piernas, y cruzó la otra, apoyándose en la rodilla. Hasta ese momento no me había fijado tanto en sus piernas. Si bien no eran musculosas, las tenía bien definidas, con un vello que lo hacía verse muy masculino y, mientras las contemplaba, cayó mi vista al pie de la pierna que tenía cruzada. Nunca he considerado tener un fetiche con los pies, pero cuando lo vi, inmediatamente me dieron ganas de acercarme y pasarle la lengua por toda la planta, para terminar chupando cada uno de sus dedos, pasar luego a besar y lamer sus piernas y terminar con su verga en mi boca, con sólo su delgado bóxer interponiéndose entre mi lengua y su erección.

    Estaba demasiado caliente, así que tuve que obligarme a salir de mi trance y mis fantasías. Teniendo todo el cuidado para que no se notara que la tenía durísima, dije que iba a ducharme y al igual que él, fui a encerrarme al baño, con la intención de masturbarme. Resulta que en el baño había dejado su toalla mojada tirada en el suelo, los vellos recortados de su barba en el lavabo y sus tenis en el suelo. «Típico hetero», pensé, cuando reparé que de sus tenis sobresalían sus calcetines sucios. La idea fue inmediata: se me vinieron a la mente sus piernas cruzadas y sus pies delgados, con dedos bonitos y rápidamente me incliné para sacar uno de los calcetines. Era blanco, con unas figuritas de cactus verdes, estaban algo acartonados y un poco sudados. Sin saber y sin detenerme a pensar por qué, eso me prendió a tope, así que por instinto, pues ni siquiera estaba pensando bien lo que hacía con la tremenda excitación, me acerqué el calcetín a la nariz. Tenía un olor fuerte, como si los hubiera usado para correr un maratón o como si no se los hubiera cambiado en tres días. Lo acerqué nuevamente y esta vez inhalé profundamente, hasta sentir que el olor invadía todo mi cuerpo. Rápidamente me bajé el pantalón y el bóxer, con la intención de masturbarme, aunque primero me aseguré de que la puerta estaba cerrada con seguro y encendí la regadera, para que no me escuchara si hacía algún ruido extraño.

    Recargué la espalda sobre una de las paredes del cuarto de baño y por tercera vez acerqué su media sucia a mi cara, esta vez sin retirarla. Luego, tomé el otro calcetín y mientras inhalaba bien profundo ese olor a hombre, tomé el otro con mi mano derecha y lo usé para comenzar a masturbarme, despacio, sin ninguna prisa, sintiendo cómo la tela suave, un poco húmeda por el sudor, rozaba mi verga que no podía estar más firme. Estuve así por varios minutos, respirando ese aroma, sintiéndolo llegar cada vez más profundamente, invadiendo mis sentidos, e imaginando toda clase de cosas: que él entraba al baño y me descubría, lo cual le excitaba, comenzábamos besándonos y luego él terminaba cogiéndome; o bien, que le lamía todo el cuerpo, especialmente sus pies y esa verga que, en mi imaginación no era tan grande, pero sí muy estética, con unos huevos proporcionados, y que terminaba viniéndose en mi boca, mientras yo terminaba al mismo tiempo, fantaseé incluso con llevarme sus calcetines, para olerlos cada vez que pensara en él. Tras varios minutos empecé a tener esa sensación característica previa al orgasmo, así que intenté inhalar más profundamente todavía y que ese olor agrio a sudor se quedara impregnado en mí. Mientras en mi mente le pasaba la punta de la lengua por casa uno de los dedos de sus pies, terminé echando cuatro enormes cargas de semen sobre el suelo del baño, haciendo todo lo posible por no gemir muy fuerte. Había tenido muchas experiencias sexuales diversas, pero esa, solo en el baño, con la ayuda de unos calcetines sucios y la imaginación, fue una de las mejores.

    Finalmente coloqué los calcetines donde estaban, me duché, me cambié y salí del baño a acostarme junto a él, también en ropa interior, como él. Naturalmente no ocurrió nada esa noche, pero no pude dormir muy bien, de saber que lo tenía ahí tan cerca, a solo unos centímetros y no podía hacer nada al respecto. En algunos momentos durante las tres noches que pasamos juntos, nuestras pieles se rozaron por unos momentos, yo de manera disimulada buscaba esos roces, lográndolos en algunas ocasiones, para sentir el calor de su cuerpo, que me causaba una sensación de ternura, de tranquilidad, más que una excitación sexual. Fue esta sensación la que me hizo darme cuenta de que esa experiencia burda con sus olores corporales no fue más que el inicio para enamorarme de mi mejor amigo.

  • Arriba de la mesa

    Arriba de la mesa

    Conocí a este chico en Facebook pareja, era alto, con el pelo castaño, una exquisita espalda ancha y ojos penetrantes también bastante carismático… por mi parte soy pequeña, rellenita ojos grande con cabello castaño claro con tono de miel.

    Ya iban varias citas sin tener sexo, pero yo ya tenía tantas ganas que no me podía controlar muy bien. Está vez lo invité a mi casa preparé una rica pasta con salsa blanco, entre el vino blanco y la buena conversación pasó el tiempo muy rápido haciéndose tarde, así que le ofrecí quedarse en mi casa, respondió con una sonrisa y un beso, al oído le dije que la estadía no sería gratis mientras le daba una sonrisa picarona, le pedí que esperara mientras iba a buscar unas cosas, entre eso llevé una venda para los ojos, una soga y unos juguetitos… volví y le pregunté si le podía vendar los ojos, me dijo que sí y tras hacerlo lo amarré en la silla, quedó totalmente inmovilizado.

    Rápidamente saqué lo que estaba en la mesa para poder subirme después. Me dirigí hacia a él y le saqué la venda, vio que estaba completamente desnuda, lo besé y me dirigí hacia la mesa, abrí bien mis piernas para compensar a masturbarme frente a él, sus ojos brillaban y se iba notando como se le ponía de dura, yo jugaba con mis vagina y pezones mientras soltaba leves gemidos mientras lo miraba atentamente a sus ojos y él ya estaba entrando en desesperación.

    Estaba sacando un pequeño dildo y me lo iba a introducir en la vagina cuando siento que me grita «NOOO!! Quiero ser yo quien te penetre primero», lo mire y aleje el dildo para acercarme a él, me senté encima de él, estaba tan duro que las ganas apenas me las aguantaba, pero lo hice.

    Me empecé a masturbar encima de él, literalmente gemía y tiritaba encima de su pene era tanta la excitación que tuve un orgasmo encima de él, mientras él me miraba con deseo, lo uno que quería era estar dentro de mi, lo bese y le dije «te soltaré, pero pórtate bien», bajé y empecé a desatarlo, apena siento un poco de movilidad se desató solo, me tomó de la nuca y me sentó nuevamente encima de el con las piernas abiertas, pero ahora él era quien me masturbaría, pero antes juego con mis pezones y los lamía con tanto énfasis que yo sentía algo tan exquisito que hasta mi cuerpo reaccionaba como él quería, empezó a golpear tiernamente mis senos para después bajar por mi abdomen hasta mi vagina y cuando introdujo sus dedos en la entrenada sintió lo empapada que mi vagina estaba y me dijo «eso será para mi pene» solo como un poco de fluidos y empezó a masajear mi clítoris mientras me seguía lamiendo mis senos.

    Después de un momento le pedí que me la metiera, él me tomó y me sentó mirándolo hacia él para empezar a penetrar mi apretada vagina, su cara de placer era algo tan hermoso al momento de meterme solo la punta, que con gusto me la metí de golpe, gemí fuerte porque su pene era grande a pesar de estar demasiado humeada se sintió fuerte, en ese momento él se volvió loco, como mis caderas y me movía como él quería, aumentando el ritmo, hasta que en un momento me corrí, no sé cómo, no sentí el escalofrío previo pero me corrí con su verga adentro y él lo supo me tomó para penetrarme más fuerte sentía que no acababa ese orgasmo el me besaba y comía las tetas como desesperado mientras yo tenía otro orgasmo hasta el momento en que se corrió, sé corrió dentro de mi vagina adolorida y llena de espasmo, lo sacaba y metía suavemente mientras yo le decía que la dejara adentro y se lo apretaba, para poder sacarle hasta la única gota de semen.

  • Un día perfecto en el spa

    Un día perfecto en el spa

    Mi mejor amiga me había recomendado el spa llamado (el paraíso), según ella era atendido por hombres muy guapos que te hacían sentir la gloria misma cuando una necesitaba relajarse, decidí ir un día en el cual había salido agotada de mi trabajo.

    Estacione mi auto en el estacionamiento que había al frente del local, lo supe distinguir fácilmente porque era un gran edificio pintado de color celeste, con puertas de vidrio y arriba en un fondo blanco decía: el paraíso.

    Ingrese al local y una suave música en inglés me recibió, había varios chicos caminando solo con un bóxer puesto, todos eran guapos.

    Me dirigí hacia el que estaba en mostrador que era un atractivo chico con lentes que tenía una sonrisa encantadora.

    -Buenas tardes, hermosa, bienvenida al spa el paraíso.

    -Buenas tardes- le respondí.

    -¿Qué tratamiento le gustaría?- me pregunto extendiendo un folleto hacia mí.

    -Quiero algo que me relaje.

    -Tenemos el tratamiento perfecto para usted ¿le parece bien el jacuzzi con burbujas y espuma? También le daremos un bonito masaje.

    -Está bien, eso es lo que quiero.

    -Serian cuatro mil quinientos pesos.

    -Aquí tiene- le dije dándole mi tarjeta.

    Él extendió mi tarjeta por un aparato y luego me dijo que ya estaba todo listo.

    -Pase por esa puerta y la van a atender- me señaló una gran puerta de madera color azul.

    Cuando ingrese a ese cuarto me quede asombrada por el tamaño del jacuzzi, era simplemente hermoso y un chico se encontraba preparándolo, cuando levanto la vista y me vio vino hacia mí y me dijo:-Hola señorita.

    -Hola.

    -Póngase cómoda y disfrute de su estadía ¿tiene bikini o quiere que le dé una?

    -No he traído.

    -No hay problema ¿cuál es su talle?

    -105.

    -Perfecto, espéreme aquí que ya regreso.

    Cuando regreso me di cuenta de que era muy atractivo como todos los que trabajan en este spa, estaba con su torso desnudo, tenía buenos músculos y solo tenía un bóxer blanco.

    Su cabello era oscuro con un poco de rubio platinado, tenía ojos azules y piel blanca.

    Me dio un conjunto de bikini de color negro con corazones dorados, la tanga era de hilo y apenas tenía suficiente tela para cubrirme los senos.

    Él me dirigió hacia un probador y yo decidí cambiarme para finalmente salir.

    Luego de unos minutos decidí salir, mire hacia el jacuzzi y descubrí que ya estaba repleto de espuma y sales, el atractivo muchacho me tendió su mano yo se la tome y me sentó en sus piernas cuando ya estuvimos los dos dentro del agua.

    Me empezó a acariciar mis brazos y luego me hizo unas caricias en la nuca, eso hizo que me relajase por completo.

    Le enrede mis brazos en su cuello y él me acaricio mi cintura con ambas manos.

    -¿Cómo te llamas?- le pregunté.

    -Me llamo Leonardo y estoy aquí para hacer todo lo que tú me pidas para que te relajes por completo.

    -Un placer conocerte mi nombre es Carla.

    -El placer es mío- fue su respuesta y me dio un beso en la comisura de mi labio.

    Me senté de espaldas a él siguiendo todavía apoyada en sus fuertes piernas, me ubique en esta posición para que él me pudiese tocar mejor, al cabo de unos minutos mis pezones se pusieron duros y mis senos luchaban por salir de la tela del sostén.

    -Leonardo, quiero que me desates la parte superior de mi bikini- le dije.

    Hizo lo que le pedí y mis pechos quedaron liberados.

    -Haceme un suave masaje en mis pechos con tus bonitas manos- esta fue mi petición.

    Sentir sus manos explorando lentamente mis senos fue muy relajante para mí, todo el agotamiento causado por mi trabajo se había esfumado y la excitación tomo el primer lugar en mis emociones.

    Fue tanta mi relación que hasta apoye mi cabeza en su hombro y nos empezamos a dar besos con intercambio de lengua mezclados con mis gemidos.

    -Recorre mi cuerpo con tus manos y quitame mi tanga- le pedí. Leonardo empezó a hacer un lento camino de descenso hasta que llego a la zona de mi vulva y mi braga desapareció en cuestión de segundos, él no hizo nada más hasta que yo le pedí otra cosa.

    -Tócame y mete tus dedos- le supliqué.

    -No dejes de tocarme, sigue, por favor- le dije a Leonardo mientras él abría mi sexo y acariciaba mi clítoris con su dedo antes de meterlo, el agua junto con sus dedos tenía un muy buen efecto relajante en mi vagina que hacía que me olvidase del mundo exterior.

    -Tócame más rápido, mete tus otros dedos bien al fondo- así lo hizo y me empezó a acariciar mi vulva con toda la velocidad que le fue posible, yo me frotaba contra su mano para que el contacto sea más profundo y directo.

    Cada vez abría más las piernas cuando él me penetraba con sus otros dedos que estaban fuera de mi concha, finalmente termino metiéndome sus cinco dedos y yo alcancé el punto máximo de mi placer eyaculando en su mano.

    -Quítate tu bóxer quiero ver esa verga- le hice este pedido y en unos segundos su pija estaba completamente desnuda bajo el agua.

    Me senté a horcajadas sobre él y le puse mis senos en su rostro para que él los pudiese disfrutar con su lengua.

    Sentí su nariz en el espacio entre mis dos tetas y luego fueron sus lambidas mezcladas con saliva las que predominaron. Su pene salió disparado hacia mi trasero y me penetro haciendo que yo diera un salto de sorpresa, después empecé a mover el culo hacia delante y atrás.

    Leonardo agarro mis dos nalgas y me ayudo a saltar cada vez más rápido.

    Me dio una última embestida antes de salir del agua completamente mojados los dos, se veía tan ardiente y atractivo que me daban ganas de hacerlo con el todo lo que quedaba de la tarde.

    Nos acostamos en el suelo de la habitación al lado del jacuzzi, yo le puse mis manos en su espalda y Leonardo coloco sus manos en mi cintura, siguió penetrándome unos cuantos minutos más hasta que por fin eyaculo.

    Yo di un último suspiro y le dediqué una sonrisa.

    -¿Relajada?- me pregunto con un pícaro tono en su voz.

    -Sí, estoy bastante relajada ahora, todo gracias a ti- le respondí volviéndolo a besar apasionadamente.

    Finalmente él me lambió las últimas gotas de agua que quedaban en mi cuerpo y cuando termino de hacer esta práctica tan excitante me puso en cuatro y volvimos a hacer el amor, tomábamos un descanso y seguíamos hasta que el spa cerro sus puertas.

    Cuando salí de ese maravilloso local me prometí a mi misma que volvería siempre que pudiese.

  • Recordando

    Recordando

    Era una mañana nublada y hacia bastante frío, no era un buen día para mí, ya que por el clima no pude trabajar y me dirigía a mí casa cuando nos encontramos por casualidad, nos saludamos de beso como era costumbre, solo que está vez el abrazo duro un poco más, pude sentir tus bubis apretadas contra mi pecho y despertó en mi la lujuria, puede ver qué tus pezones estaban erectos y pensé que tal vez tú lo habías disfrutando tanto como yo…

    Me dijiste que te daba gusto verme, que estabas sola porque toda tu familia se había marchado a otro estado a celebrar las fiestas y que tú habías podido ir por ti trabajo, que estabas sola y necesitabas compañía, te invité a comer y me dijiste que si pero antes querías ir a tu casa a tomar un baño y arreglarte un poco, te propuse vernos en dos horas, pero me dijiste que no, que mejor te acompañará a tu casa y de ahí nos fuéramos, te dije que si y fuimos en mi carro…

    Llegamos a tu casa y nos sentamos en la sala, me ofreciste un café, lo que acepté gustoso, te sentaste junto a mi y platicamos de todo y de nada, pero, la plática se fue poniendo caliente, pusiste tu mano en mi pierna y yo te abrace y nuestros labios se buscaron, fue un beso suave pero, lleno de pasión, al terminar te dije «ya extrañaba esto, nadie besa tan rico como tú», me encantó tu reacción, me besaste con mucha fuerza y al final me mordiste el labio inferior muy fuerte, tanto que casi me quito, pero con una mano me tomaste del cuello y con la otra comenzaste a acariciar mi pene sobre el pantalón y empecé a acostumbrarme al dolor y el placer que sentía me hizo olvidarlo por completo.

    Mi mano busco tu pecho, tan suave y rico que se siente, tus pezones ya estaban erectos, los frotaba con mis dedos y en eso me soltaste y me preguntaste «Te dolió?» Te dije «si, mucho» y con una mirada coqueta me dijiste «entonces ven a mí cama y hazme el amor tan duro que me duela»…

    Me tomaste de la mano y me llevaste a tu dormitorio, corriste las cortinas cerraste la puerta y apagaste la luz, quedando todo en penumbras y me dijiste «no me he depilado y me da mucha pena que veas mi cuerpo desnudo» yo te dije «eso a mí no me importa, pero si te sientes más cómoda así lo haremos»…

    Me acerque a ti y te di un beso cortito mientras mis manos desabotonaban tu blusa, la repite rápidamente y luego tú bra dejando tus bubis al aire, las tomé con las dos manos y les di unas chupaditas y una mordidita a una y dejaste salir de tu boca un pequeño gemido de placer, baje el cierre de tu falda y la gravedad hizo el resto cayendo al piso a tus pies, me puse de rodillas y te puse de espaldas. Baje tus chones y mientras la hacía besaba tus nalgas y les daba pequeñas mordiditas mientras acariciaba tus piernas, te diste vuelta y te inclinaste a quitarme la playera, me puse de pie y desabroché mi cinturón y luego el pantalón, tu bajaste mis chones hasta quedar tu cara a la altura de mi verga parada, la tomaste con la mano y besaste la cabecita, luego la levantaste y tú lengua la recorrió desde la base hasta la punta para luego meterla en tu boca succionando y ensalivándola mientras con tu mano acariciabas mis huevos…

    Te puse de pie y te lance a la cama, levanté tus piernas y con la lengua frote tu clítoris, tu panocha ya escurría de lo excitada que estabas, metí un dedo en ella sin dejar de chupar y comencé a meterlo y sacarlo mientras con mis dientes aprisioné tu clítoris mientras con la lengua jugueteaba con el dentro de mi boca, con tus manos agarraste la colcha y la apretabas y jalabas mientras gemías de placer, mi dedo salió de tu panocha y con la lengua recorrí el camino desde tu culito hasta tu clítoris varias veces lentamente haciéndote sentir muy rico…

    Entonces mi boca se prendió de tu panocha nuevamente, pero mi dedo que aún estaba húmedo entro en tu culito y me pediste que por favor lo moviera lento y así lo hice, metí mi lengua en tu panocha lo más profundo que pude moviéndola dentro mientras mi dedo entraba y salía de tu culito, tú te retorcías de placer hasta que con un grito apagado llegaste al orgasmo mientras jadeando me pediste que siguiera un poco más hasta que dejaste de moverte solté de mi boca tu panocha y saque mi dedo lentamente y se quedó tu culito abierto, al verte así tan vulnerable, acerque mi Verga que estabas palpitante de las ganas que me daban, pero tú reaccionaste y me dijiste «espera así no, yo te digo cuando», con una seña me pediste que me recostara en la cama y yo te obedecí…

    Te pusiste entre mis piernas y mamaste mi verga una vez más, pero solo un poco, luego te subiste en mi apuntando mi verga a tu panocha con la mano, que con lo lubricada que estabas de tu panocha entro fácil y hasta el fondo, pude ver cómo apretaste los dientes al tocar fondo, te acomodaste y te hiciste hacía del frente y al mismo tiempo que empezaste a moverte me dijiste «comete mis tetas, quiero sentir tu boca y como las aprietas», eso es algo que a mí me encanta…

    Con mi boca chupaba y mordida tus pezones mientras con las manos abría tus nalgas y acariciaba tu culito, trataba de meter un dedo, pero no podía por tu movimiento tan desenfrenado que hacías…

    Gemías y me decías «que rica verga, me encanta».

    Tu respiración era agitada y tú sudor caía en mi pecho, te acerque a mi boca y nos dimos un beso súper apasionado y me mordiste una vez más mientras te venías en mi verga, temblando y teniendo espasmos repetidamente me soltaste del labio y me dijiste «eres un hijo de la chingada, ve como me pones» te saliste y mientras lo hacías puede sentir un chorro de líquido saliendo de tu panocha que cayó en mi pelvis y en mi pancita, mientras lo tomabas con tu mano me dijiste «pero ahora es mi turno de hacerte temblar» te lo embarraste en el culito, tomaste, mi verga y la fuiste metiendo poco a poco mientras tus ojos veían directo a mí cara, como tratando de ver mi expresión en la oscuridad de tu cuarto…

    Subías y bajabas lentamente y yo podía ver cuán difícil era para ti, porque cada vez que entraba toda gemías y apretabas los ojos, aún que era muy rico para mí lo que estaba sintiendo a mi lo que más me gusta es hacer sentir rico y no quería que sufrieras, así que mejor te dije que te pusieras en cuarto y al salirte vi la expresión aliviada en tu cara…

    Te pusiste en cuarto al borde de la cama, te abrí las piernas y me puse en medio de ti y te la metí por la panocha que aún estaba caliente, inflamada y muy bien lubricada, te tome de la cintura y te la metía muy fuerte, empujando lo más fuerte y rápido que podía, sentía como tus nalgas rebotaban en mi pelvis y te di una nalgada esperando que no te molestará, pero tú me dijiste «dame más fuerte, tratarme como a una cualquiera, hoy quiero ser tu puta» así que puse mi mano izquierda en medio metiendo un poco mi dedo pulgar en tu culito mientras con la mano derecha te nalgueaba un poco más fuerte sin dejar de bombear tu panocha fuertemente, era tan diferente y tan placentero lo que sentía que sentí que estaba a punto de venirme y te dije «me voy a venir» y tú inmediatamente te saliste y diste vuelta para chupar y masturbarme haciéndome venir en tu boca, tragando hasta la última gota de mi verga, mientras yo jadeaba y gemía con la respiración agitada, poco a poco fui perdiendo la erección, me recosté en la cama y tú pusiste tu cabeza en mi pecho mientras te abrazaba cansados en la oscuridad…

    Después de un rato nos levantamos y fuimos al baño, tu primero y yo te seguí, te propuse darnos un baño, aún que te negaste al principio aceptaste y por primera vez me dejaste ver tu cuerpo desnudo con luz encendida…

    Nos vestimos y nos despedimos, era el tiempo de regresar, solo me preocupaba que decir porque mi labio estaba roto, pero algo se me ocurrirá

    Moraleja, nunca te quejes de un día malo, se puede convertir en el mejor sexo de tu vida…

    FIN

  • Dueño

    Dueño

    Fueron tus brazos de león indomable los que tomaron mis ancas de gacela.

    Fue el filo de tus dientes en mi cuello mientras en un vaivén erótico y mortal te abrías paso entre la suavidad de mis nalgas.

    Fue tu cuerpo de potro en celo donde me hiciste cabalgar hasta la última gota de tus fuerzas.

    Esa noche la recuerdas cuando me diste a beber los secretos del placer fui tu pequeña y sumisa gatita.

    Pasando mi lengua por la dureza de tu carne.

    Fuiste mi hombre amante y grité tu nombre hasta que no supe si era amor o deseo lo que habías inyectado en mí.

    Eres el dueño de los deseos de mi cuerpo solo pídelo y voy desnuda para complacerte.