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  • Como conocí a mi remordimiento (II)

    Como conocí a mi remordimiento (II)

    Si llegas hasta aquí tras leer la primera parte de esta confesión, compartiré contigo, anónima/o lector/a, la pequeña gran transformación que ha sufrido mi vida de unos pocos meses hasta ahora.

    Te dejé a punto de darme una ducha, que se me antojó en aquel entonces purificadora, como buscando limpiar mi conciencia a base de jabón con aroma a coco.

    Aún sentía un calor agradable en el interior de mi sexo mientras me terminaba de secar, muy despacio, con una toalla que suavemente acariciaba mi piel, mis curvas, mis pensamientos, paso previo a aplicarme una loción corporal a base de aceites aromáticos. Cara, sí, pero a mi entender viendo los resultados, dinero bien empleado.

    Desde el baño le escuché llegar (a mi marido) y esperé unos segundos esperando que llegase hasta el dormitorio. Salí desnuda, fingiendo sorprenderme al verle allí, buscando su mirada, esperando una reacción por su parte. Se acercó y me besó, si es que a juntar levemente los labios se le puede llamar beso. Me miró algo extrañado, no era la reacción que esperaba, pero me comentó que olía muy bien, otro punto a favor de aquellos aceites esenciales.

    Dudé unos segundos si era conveniente precipitar un acercamiento o si por el contrario era buen momento para evaluar el estado de pasión en el que se encontraba nuestro matrimonio. El resultado no pudo ser más frustrante. Encontré más pasión en los inmóviles cojines que adornaban la cama. Recordaba cuando me sorprendía mientras me vestía, abrazándome por detrás, separando el cabello y besándome en la nuca, tomando mis pechos entre sus manos, empujándome con su cintura hacia las puertas del armario hasta que sentía su miembro crecer entre mis nalgas, cuando me daba la vuelta, se agachaba y hundía su cabeza entre mis piernas, separando mis muslos, ofreciéndome la calidez de su aliento abrazando mi sexo, sacando a pasear una lengua golosa que ansiaba recorrer el interior de mis labios hasta encontrar ese pequeño gran tesoro que yo le escondía. Eran otros tiempos. No esperaba lo mismo, claro, pero sí que esperaba algo. Sería que aquella noche yo me encontraba agitada. Caliente, por qué no decirlo, y esperaba algo de él. Lo que fuese. Me hubiera conformado con que me mirase con deseo. Las noches de sexo divertido, con los años, se habían convertido en monótonas. Habían pasado de ser frecuentes a ser puntuales y, casi sin darnos cuenta, a ser anecdóticas.

    Mi marido no fue mi primer hombre, pero casi, así que mi experiencia sexual no fue muy variada. No fue por falta de oportunidades, eso lo admito, sino por priorizar otros objetivos en esa vida que trataba de abrirse camino en los estudios y que soñaba con cosas que desgraciadamente casi nunca se cumplieron.

    Mi primer contacto con el sexo masculino lo podría catalogar como de voyerismo. Estando en casa de una amiga nos atrevimos a espiar a su hermano a través de la cerradura de la puerta del baño. Éramos 3 o 4 chicas, muy inocentes eso sí, y cuando llegó mi turno me encontré a un chico de unos 20 años saliendo de la ducha, con una mata enorme de pelo oscuro y mojado entre las piernas y un pene que brotaba de aquella selva salvaje y caía flácido, balanceándose al son de sus movimientos mientras salía de la bañera.

    No encontré nada interesante en aquella visión salvo que se quedó grabada en mi mente como la primera polla que observé en vivo.

    Tuve que esperar unos años después para volver a ver otro. Fue en una fiesta en una residencia universitaria. Del chico, ni me acuerdo bien de su cara y mucho menos de su nombre porque nos habíamos conocido aquel día, pero le recuerdo por otra razón.

    Habíamos salido por unas escaleras de emergencia donde no había nadie y llevábamos un buen rato besándonos como si no hubiese otra cosa que hacer en la vida, como si fuesen los últimos besos antes de un apocalipsis. Nos tragábamos nuestra saliva mientras las lenguas se golpeaban como anguilas metidas en un cubo y los labios nos ardían de tanto roce. Llevábamos así ni me acuerdo cuanto cuando sentí que sus manos comenzaban a ascender desde mi cintura hasta mis pechos. Sentí un calor ascendiendo en mi interior y esperé a que aquellas manos torpes hicieran cumbre y, sin embargo, aquel momento no llegaba.

    Decidí ayudarle y tomando su mano la introduje bajo mi blusa, desplacé hacia arriba el sujetador y dejé que sus dedos hiciesen un mapa de mis tetas, que sintiesen mis pezones erguidos y duros, que los apretase. Le sentí acelerarse y las embestidas de su lengua contra la mía se hicieron aún más violentas. Se pegó aún más a mi y sentí la firmeza de su entrepierna haciéndose un hueco a la altura de mi bajo vientre, y mientras sus manos amasaban mis pechos como si fuesen a hacer pan con ellos, mi mano se deslizó desde el costado hasta el botón que cerraba sus vaqueros y con algo de suerte y unos dedos hábiles los conseguí desabrochar a la primera, sin despegar nuestras bocas que ya nos chorreaban por la comisura de los labios.

    Suspiró en una especie de sordo gemido ahogado en el mar que formaban nuestros besos y bajé mi mano introduciéndola bajo su ropa interior a sabiendas de lo que allí encontraría, palpando a ciegas un pene que debía llevar erecto un buen rato. Mis dedos se cerraron sobre aquella masa caliente y palpitante, dura, y me pareció que era enorme. Con la otra mano tiré de su ropa interior hacia abajo e instintivamente me separé de él para ver qué habían pescado aquellas manos vírgenes. Era un pene enorme. Largo y curvado hacia arriba, como haciendo un pequeño arco. Estaba caliente y duro. Entre las sombras de aquel rincón en el que nos habíamos situado acerté a ver su glande, rosado e hinchado.

    Vista con perspectiva, diría que ha sido la polla más grande que he tenido entre mis manos. Bajo su mirada extasiada usé mi otra mano para ayudarme a masajearle mientras pensaba que aquello no iba a caber en mi rosada rajita, primeriza, y aunque no tenía intención de follar aquella noche, por un instante sentí ganas de que aquel chico fuese el primero, y destaco lo de por un instante porque apenas había empezado a acariciarle con mis manos, me miró, me dijo que no podía aguantar más y acto seguido empezó a eyacular. Cuando aquella polla empezó a agitarse mientras descargaba no supe si soltarla o seguir agarrándola para evitar que me pusiese perdida de semen. Opté por seguir agarrándola y acompañándola y me sorprendí de la cantidad de leche que estaba expulsando.

    Al cabo de unos segundos paró aunque yo seguí sosteniendo aquella fuente caliente entre mis manos. Me suplicó que siguiese masajeándole suavemente mientras parecía tener pequeños espasmos. Me había caído leche en la blusa, aunque no me di cuenta en aquel momento, y me chorreaba semen caliente entre los dedos. Sentí por primera vez su viscosidad, su inconfundible olor, y me sentí incapaz de soltarla.

    Aquella noche no follé. Tampoco me corrí porque tras masturbarle la cosa se enfrió un poco y se nos quedó un poco cara de «¿qué estamos haciendo aquí?».

    No me apeteció que me tocase. Lo recuerdo y estoy segura de que la sensación era ésa. Le hubiese vuelto a masturbar si me lo hubiese pedido, pero no me apetecía que me tocase. Nos despedimos un rato después y sólo le volví a ver meses después en una tienda de discos. Iba acompañado. Supuse que sería su novia. Salí de la tienda sin que me viese. Confieso que me he masturbado en ocasiones recordando aquella polla e imaginando que me penetraba y me abría hasta hacerme gritar de placer. Hay situaciones que te llegan en un momento quizás demasiado temprano de la vida, y que seguramente hubiesen tenido otro desarrollo de haber sucedido una década después.

    Aún desnuda en el dormitorio, y ante la indiferencia de mi marido, opté por vestirme y apurar las horas que quedaban de día, esperando que se terminase de consumir el pequeño fuego que había ardido en mi interior un rato antes.

    Aquella noche dormí mal. Mi mente imaginó y mi conciencia empezó a formarse una opinión de mí que no había tenido nunca. Era el remordimiento por algo que no había ni pasado.

  • El probador (madre e hijo)

    El probador (madre e hijo)

    Con el agotamiento habitual de mi reciente sesión de gimnasio, sumado mis 56 años, me dirijo a las duchas para el reparador baño. Mientras el agua corría por mi cuerpo, en mi cabeza daban vueltas mil cosas, el trabajo, el hogar, pero sobre todo mi encuentro hoy, con un compañero de trabajo. Pero más me urgía tomar la decisión de hablar con mi marido para decirle el final de nuestra relación, que él se encargó de destruir hace más o menos año y medio.

    Pero más me carcomía los pensamientos lo que sucedería esta noche en este primer encuentro con Ángel, quien me invito a salir, según dijo, solo tomar algo, pero a mi edad y su edad, sabemos cómo terminaría eso, sumado a la falta de sexo que vengo teniendo.

    Mientras elaboraba ideas, juro que sin darme cuenta, me encontré tocando mi vagina, húmeda, tanto por fuera como por dentro, no pudiendo controlarme, cerré la cortina de nylon y me aboque a la tarea de darme placer tocando mis labios inflamados y estimulando el clítoris, para que, en muy poco tiempo, surgiera ese orgasmo reparador.

    Ya vestida, llame a mi hijo por el móvil para que me acompañe a comprar ropa y luego almorzar juntos, cosa que acepto de buen agrado.

    Nos encontramos en la puerta de un negocio de prendas femeninas, lo veo llegar caminando a paso cansino y tranquilo como es el, con su metro ochenta y cinco de altura y enfundado en su remera que dejaba ver sus bíceps trabajados y bien abultados, como así su hermoso culo de gimnasio y su hermoso bulto, el que se apreciaba debajo de su pantalón deportivo.

    Luego de un fervoroso abrazo y un gran beso que me dejo la mejilla colorada, ingresamos al comercio, debo reconocer que me tuvo paciencia, y mucha, mientras recogía la posible ropa a comprar. Lleve al probador vestidos, pantalones, remeras, medias y hasta zapatos y zapatillas, obvio sin olvidar ropa interior bien sensual, por lo que pudiera surgir esta noche.

    Cada combinación de ropa, lo hacía pasar para buscar su aprobación, fue una hora de tortura para mi hijo, pero estoico, él me decía, esto sí o esto no, hasta que encontramos una combinación muy juvenil e informal, que combinaba con unas zapatillas tipo tenis blancas.

    – Mama, da gracias que sos mi madre, si no te juro me caso con vos, sos hermosa, tenés un cuerpo espectacular y aparte destilas dulzura.

    – Gracias, seguro lo decís porque soy tu madre.

    – No es la realidad, aun con tu edad estas más buena que una de veinte o veinticinco.

    – Hijo, que cosas decís…

    La lisonja hizo que me mojara nuevamente, hacía rato que no recibía comentarios de ese tipo, pero… es mi hijo… ideas locas de mi cabeza, ¿pero no imposibles?

    – Bueno mi bebe, hora me voy a probar ropa interior.

    – Dale ma, yo te digo como te queda.

    – Ahí no, como me vas a ver así.

    – Mama, cuantas veces te he visto…

    Se retiró sin más, comencé a probarme la lencería y nada me conformaba, no me quedo opción, lo llame a Julio.

    Al ingresar al probador sus ojos se agrandaron como huevos fritos al verme con una tanga de hilo dental que se perdía entre mis glúteos y un pequeño trozo de tela que marcaba los labios en mi vagina depilada recientemente, vi como su miembro crecía progresivamente, mi libido se exacerbaba a la par, humedeciendo, visiblemente ese minúsculo retazo de tela mencionado, que la cubría, pero casi nada.

    No hubo en ese momento, ningún segundo de dudas, nuestras manos buscaron esos objetos de deseo, nuestras bocas se unieron. Le baje un poco el pantalón junto con su bóxer permitiendo liberar el gran miembro que escondía julio entre sus piernas, el tanga cayó al piso, me dio bruscamente la vuelta haciéndome inclinar, con una mano tomo mi cintura y con la libre tapo mi boca para introducir de un solo empujón todo ese cuerpo venoso, largo y grueso que se perdió con facilidad dentro de la encharcada vagina; con vehementes empujones me hacía sentir su presencia en el interior, sentí como se inflamaba más ahí dentro, palpitando la inminente llegada del semen que impactaría en mis entrañas, primero acabo Julio, al sentir ese semen caliente, mi organismo no dudo e hizo lo suyo, haciéndole saber a mi hijo que mi orgasmo fue intenso, cuando mi boca se abrió en forma descomunal prodigándole una mordida a sus dedos.

    Apenas terminábamos de vestirnos cuando la vendedora se asomó y con una mirada cómplice al ver nuestros cuerpos agitados y el rubor en el rostro dijo en tono pícaro.

    – ¿Terminaron? ¿Ya se probó la ropa?

    Tomando el tanga y el corpiño, dijo entre risitas y oliendo la prenda.

    – ¿Lleva esta no?

    Luego de pagar salimos tomados de la mano sin pronunciar palabra, algún beso que otro perdido por ahí, me hizo caer en la cuenta que no fue un sueño.

    Coronamos el mediodía con el almuerzo prometido hablando de cosas rutinarias, sin mencionar nada de lo sucedido debido a la cercanía de la gente que estaba en mesas contiguas.

    Debo reconocer, cada vez que Julio rozaba mi mano con la suya mi vagina volvía a palpitar, creo que se lo hice saber cada vez que mis ojos se ponían casi blancos de la excitación que me producía su cercanía y esa mirada esmeralda penetrante que tiene.

    Subimos al vehículo y tomamos la salida del estacionamiento, el rumbo no era el que yo había hecho tantas veces, dio vueltas en varias esquina y tomo por una avenida por la que no transitamos muchas cuadras, pues en el primer letrero de hotel alojamiento giro a la derecha y estaciono en la cochera de una de las tantas habitaciones, justo la numero sesenta y nueve, (los vicios), más que sorprendida estaba excitada, mi vagina destilaba fluidos y, hasta humedecieron la entrepierna de mi pantalón y nuevamente su gran verga estaba en alto, orgullosa, gallarda. No quise perder la oportunidad, de un tirón baje un poco el pantalón y me zambullí para engullirla, cosa que me costó, nunca había tenido dentro de mi boca algo tan grande, lo escuche gemir por primera vez, sentir el sabor de su liquido pre seminal en mis papilas me hizo mojar aún más, pasaba mi lengua de su cabeza hasta sus testículos y volvía a introducirla, no con menos dificultad. Ya mi excitación era tal que la necesitaba dentro de mí, nos apresuramos a descender del vehículo para ingresar a esa habitación que sería testigo de nuestro consentido incesto.

    Casi arrancándome la remera y el corpiño, fue besándome el cuello, bajando de a poco por mis laterales y abdomen, lo que hacía poner a mi piel totalmente erizada, que habilidad tuvo para desnudarme por completo y hundir su mano en mi chorreante entrepierna, me tomo de allí y mi espalda depositándome en la cama, sin dejar de besar mi piel se fue acercando a la entrada de la vagina, para comenzar a hurgar en ella con su lengua.

    – Por favor Julio, que placer me estás dando, hacía tiempo que no sentía esto que pasa por mi cuerpo y mi mente ahora.

    – Me alegro mama, disfruta al máximo.

    Lo dijo sin separarse mucho de mi concha ardiente, su aliento cálido al hablar justo ahí, me provoco un orgasmo muy intenso, que por más que lo hubiera querido ocultar no lo podría haber hecho, creo que mis gritos se deben haber escuchado en varios cuartos contiguos.

    No podía creer que la verga de mi hijo me estaba dando un placer que no lo había experimentado en mis años de actividad sexual.

    Ya tenía unas ganas irrefrenables que me cogiera, se lo hice saber dejo de chupar mi concha y siguió por mis tetas, estaba feliz viendo la boca de julio succionar mis pezones, a la vez que su miembro hacia presión en la entrada, colabore abriendo más las piernas para que pueda entrar toda, sentí un poco de dolor mezclado con placer cuando se perdió toda en el interior

    Gimiendo y nuevamente gritando le pedí…

    – Cógeme duro mi amor, dale duro, quiero recuperar todo el tiempo que perdí, lléname las entrañas de tu semen, haceme sentir quien es mi hombre.

    Comenzó con las embestidas duras, esas que a mí me gustan, sentí nuevamente la sensación del probador, su verga se comenzó a hinchar más, y con solo saber lo que vendría tuve otro orgasmo tremendo, casi al mismo tiempo que él, mi vagina se deshacía en contracciones y succionaba el miembro de mi hijo querido como queriendo exprimir hasta la última gota de su hirviente semen.

    Tuvimos sexo hasta bien entrada la noche, solo nos faltó el anal, no me animé, aún, porque después probamos todas las posiciones que conocíamos.

    A la salida del hotel y rumbo a su departamento, le pedí que se detuviera, cosa que hizo enseguida, tome mi móvil y le marque a Ángel.

    – Hola Ángel, debo pedirte disculpas, esta noche no voy a poder salir con vos, me surgieron unos temas muy importantes con mi hijo, ya resolvimos dos, espero que en el transcurso de la noche podamos seguir resolviendo.

    – Obvio mama, que sin dudas vamos a seguir resolviendo.

    Nos mirábamos y reíamos en silencio como dos adolescentes.

    – No te hagas problema, espero que los puedan solucionar, hay tiempo, queda pendiente la salida.

    Colgué y nos fuimos a su departamento para “resolver” varios temas durante toda la noche.

    Al otro día antes de irme, me dijo.

    – Ma, fijate en la boleta de compra de las prendas, al reverso.

    En la parte trasera decía con letra muy prolija.

    “Sofía, (un número de móvil) cuando gusten…”

    Pero esa, esa es otra historia.

  • Mar Sensual: Sandro, el de tierra caliente (2)

    Mar Sensual: Sandro, el de tierra caliente (2)

    Desperté el sábado con un poco de cruda moral, a pesar de mi total conciencia sobre lo que había hecho la noche anterior; aunque, también al recordar lo bien que disfruté del sexo con Sandro, me hizo superar ese sentimiento. Comprobé que su pensamiento mocho respecto a la mujer quedaba de lado a la hora de coger. Su juventud, la herramienta que tiene y su falta de sexo me hicieron disfrutar muy rico esa noche; además de ser un caliente, se ve que no coge con su esposa como lo hizo conmigo. Seguiría con el juego hasta donde se pueda.

    El lunes llegué temprano, como siempre, a la oficina, no había llegado aún nadie. Me instalé y revisaba concentrada los mensajes de mi celular, cuando de repente sentí unas manos tocar mis hombros, me asusto, era Sandro. Me dio un beso en la mejilla y lo quiso terminar en mi boca. Me separé y le dije que no, que nos podrían ver. Fue a la puerta la cerró y dijo asunto arreglado.

    -A esta hora no hay nadie llegan más tarde, tenemos 10-15 minutos para nosotros.

    -Si, pero no me gustaría que nos vieran a así y sospecharan. Se acercó y me calló plantándome un beso lascivo en la boca, el cual correspondí. Me agarró mis nalgas con sus manos y me pegó a su pelvis, sentí su palo completamente parado y duro.

    -Mira cómo me dejaste, así me tienes, muy caliente. Se empezó a restregar en mí, cachondamente mientras me devoraba con sus besos.

    -Mmmm qué rica está: dura y caliente, sabrosa. Correpondí restregándome también yo.

    -¿Qué te gustaria hacerle? ¿Te la comerías?

    -Seee, pero no se puede. Aquí no, nos pueden cachar.

    -Ándale, una mamadita rápida, para bajarme lo caliente. Me decía eso mientras me fajaba descaradamente.

    -Mmmm qué rica verga tienes Sandro, que rica; me gustaría, pero mejor ya vete, podría entrar alguien.

    -No, aún no. Déjame disfrutarte un rato más, ¿si?

    -No, ya no, te digo que nos pueden cachar, ya vete y cúbrete eso, se ve húmedo tu pantalón.

    -Bueno está bien, qué mala, voy al baño.

    -Si, limpia esa parte.

    -No, voy a terminar hahaha… ¿no vienes?

    -Estás loco.

    A partir de ese momento Sandro no dejaba de buscarme para cachondear. Iba a mi oficina y me restregaba su palo en mi espalda, mis hombros, mi codo o masajeándome mis senos; a veces, me paraba y se ponía detrás de mí y se sobaba con mis nalgas calentándose mucho, situación que en ocasiones lo hacía venírse en su pantalón. Era obvio que me usaba sólo para satisfacer sus deseos y fantasías, para ser su amante perfecta, su puta complaciente. Buscaba el momento para cachondearme en la oficina, me gustaba su morbo, su calentura sin freno, pero también situación que me preocupaba porque nos podrían sorprender. Mi “complacencia” lo tenía dominado, su aparente moralidad y machismo cedieron ante sexo furtivo, casual, infiel conmigo. Un día que yo tenía mucho trabajo, me quedé más tarde a terminarlo, no se escuchaba ruido, pensé que ya todos se habían ido, estaba a punto de terminar cuando apareció Sandro:

    -¿Y ahora tú? Me espantaste, ¿Qué haces aquí?

    -Esperandote mujer, ando caliente.

    -Hahahaha cuándo no. ¿Y?

    -No sé, venía a ver si se podía…

    -Si se podía qué…

    -Pues ayudarme a bajarme la calentura que tengo.

    -Ya te dije que estás loco, aquí nos pueden ver.

    -Ya se fueron todos, ya no hay nadie. Me tienes muy caliente desde que llegaste en la mañana, con tus pantalones ajustados que muestran tus algas paradas y tu blusa semitransparente que deja ver tu brasier de lencería. Varios me han comentado que te ves muy rica, te tienen ganas.

    -Hahaha, no exageres, vengo normal. Lo que pasa que estas caliente por tu juguetito nuevo, ¿no? ¿Y quién me trae ganas?

    -Tal vez, el licenciado, Armando, Toño… Me pongo celoso cuando dicen que estás bien buena, que se ve que eres una señora muy cachonda, que te quieren coger.

    -No exageres, cómo crees.

    -En serio, pero bueno, ¿me ayudas?

    -Ya es tarde y mi marido ya va a llegar viene por mí.

    -Anda, en lo que llega.

    -¿Seguro que no hay nadie?

    -En este piso no, los polis están hasta la entrada.

    -¿Y qué quieres que haga?

    -Que me des una mamadita, mira como la tengo.

    -Mmmm, está toda parada, rica. Bueno.

    Él estaba sentado en un sillón frente a mí, me acerqué y me incliné de rodillas. Le sobé el miembro por unos momentos, le bajé el cierre y desabotoné su pantalón, hurgué en su boxer para sacarle el palo, lo tenía bien parado, caliente y baboso. Con la lengua le limpié los jugos de su cabeza, luego se la chupé y me metí su palo hasta donde me cupo, no me entró toda ya que la tiene grande y gruesa. Me toma de la cabeza y empuja hacia abajo mientras sube su verga, sentía que me ahogaba:

    -Ooaack, glup, glup, ooaack no me cabe toda, me ahogas.

    -Intenta comertela toda.

    -Mmm, glup, glup, ooaack, ooaack no me cabe, aah ooaack, la tienes muy grande, pero no me hacía caso seguía empujando, tratándola de meterla toda en mi boca.

    -Ooaack, cof cof cof, glup ooaack…

    Por unos cinco minutos así estuvimos hasta que no aguantó y termino por venirse en mi boca y mi cara, expulsó mucho semen. En eso sonó mi celular, era mi esposo, ya me estaba esperando. Me fui al baño a limpiarme, afortunadamente no manché mi ropa. Regresé por mis cosas y Sandro me esperaba, me dio un beso y nos despedimos. Al saludar a mi esposo, me dijo que olía un poco rara, le dije que no, que era el perfume que me puse. Asintió y partimos a casa. Iba caliente, le empecé a agarrar su miembro mientras conducía, le bajé el cierre y se lo saqué, me incliné y se lo empecé a mamar durante el trayecto, quería que me echara sus mocos. Decidió detenerse en una de las calles por las que íbamos:

    -Qué rico me la estas mamando mi vida. ¿Por qué estás caliente?

    -Nada más, quería mamar tu verga, échame tus mocos, ¿Sí?

    -¿Ya querías verga? ¿te gusta mamarla rico putita? ¿te embarro la cara de mocos?

    -Seee, me gusta mamar la verga, si no vienes se la hubiera mamado a otro, seee embarrame de semen mi cara como si fuera tu puta;

    -¿Ya se la has mamado a otros? Te has tragado otras leches puta? ¿Cuántas te has comido?

    -No, no me he comido ninguna mi vida, pero me gustaría probar otras vergas, para ver a que saben, ¿Me darías permiso de andar de puta comiendo vergas mi vida? ¿Si me dejas?

    -Si mi vida cómete todas las vergas que quieras, anda de puta probando vergas, haz que te embarren de mocos toda, toda putita, aahhh, que rico la mamas, que rico.

    -Seee eso voy hacer, una puta para ti mi vida, para que me metan su verga, vergotas calientes aahhh…

    -Aahhh qué rico me la estás mamando, me vas hacer venir, aahhh, qué rica la chupas, que rico, ahí te van mis mocos puta, ahí te van, cómetelos todos aahhh…

    Mi marido me los empezó a echar, me llenó la boca de semen, me embarró la cara con los que no me tragué. Le calentó los comentarios sobre la fantasía de andar de puta por ahí, si se imaginara. Me limpié y retomamos el camino a casa, sin más comentarios.

    Durante los siguientes días el comportamiento de Sandro hacia mi siguió siendo el mismo, me usaba para satisfacer sus calenturas: los arrimones, sus manoseos, sus pláticas morbosas, sus cachondeos eran cotidianos. Aunque pudieran ser incomodos, me calentaba esa actitud sexual infiel, saber que alrededor de mi lugar de trabajo había compañeros concentrados en sus labores mientras que yo me prestaba al faje furtivo, al cachondeo morboso e incluso a coger en la oficina o en el archivo. Sandro era muy temperamental, siempre andaba con el palo parado. La segunda vez que fuimos al hotel a coger, quince días después, él iba muy caliente. Me dijo que si íbamos temprano porque tendría una junta importante después, que si no me importaba que fuera solo un rato, como una hora. Le dije que lo dejáramos para otra ocasión, pero él insistió; además, bienes muy guapa para dejar pasar la oportunidad. Yo ba vestida con una falda corta, medias de silicón, zapatos de tacón, una blusa semitransparente, me veía sexy.

    Tomamos un taxi y nos dirigimos al hotel. De inmediato, en cuanto entramos al cuarto me empezó a devorar a besos, manoseaba descaradamente mi cuerpo y me decía palabras soeces. De repente me colocó frente a una pared, recargada con las manos arriba dándole la espalda, se bajo el cierre para sacarse la verga, me subió la falda e hizo a un lado mi tanga, la colocó a la entrada de mi vagina y de un golpe me metió el palo hasta el fondo, me hizo gritar:

    -Aayyy Sandro, ¿qué haces? Me duele aahhh, no te pusiste condón.

    -Así te quiero coger, sin más.

    -Aahhh seee, cógeme así, métemela toda dame duro, aayyy así aahhgg, dame duro con tu verga, pero no te vayas a venir dentro de mi, me puedes embarazar, ¿eh?

    -Tú disfrútala, gozala así, ¿No te gusta? Plaf, plaf, plaf, me comenzó a nalguear, plaf plaf, plaf…

    -Seee así me encanta, que me la metan pelona, aahhgg qué rico, qué rico me coges, con tu vergota, qué rico me la metes aayyy, seee así, hummm dame duro, dame duro, aahhh gózame rico, como quieras aahhgg, pero por favor no me los aahhgg…

    -Toma, toma, cómete toda mi verga. Si te gozo como, como…

    -¿Cómo qué, cómo qué? Dime como qué, fuerte…

    -Te cojo como una puta, como a una puta te estoy metiendo la verga, plaf, plaf, plaf, plaf…

    -Seee soy una puta, seee soy tu puta, cógeme así como a una puta Sandro aahhgg, dame así aayyy, seee nalguéame, nalguéame como a una puta, dame duro cabrón aahhh, aayyy, seee…

    -Goza mi verga, si te nalguéo rico golfa, toma toma plaf goza mi verga puta, ahí te van todos hasta el fondo.

    -¡Sandro! Aahhgg, nooo hummm, sácala aahhh, nooo…

    Sandro aceleró sus movimientos, gozaba mis nalgas con mucho placer, con un deseo morboso y perverso. A pesar de mis reclamos, me contagió su actitud; le paraba las nalgas en entrega tal, sumisa y a su total voluntad. Me sujetó de los hombros y me la metió hasta el fondo, sorprendida sentí cuando se empezó a vaciarse, se estaba viniendo. Sus mocos calientes horadaban mis entrañas, llenaban mi panocha, sentía como su leche quemaba mi vagina. Excitada, fuera de mi, le movía las nalgas deseosa, ganosa de que me llenara de leche sin importarme nada, de sentirme abusada, usada para satisfacer su morbosa calentura. Después de unos minutos dejó de bombearme, con su reparación entrecortada se quedó recargado en mi, sentía como su verga respingaba expulsando las últimas gotas de mocos.

    -¡Sandro, me echaste tus mocos, me llenaste toda!

    -Si, tenía muchas ganas de venirme así en ti, de que te los comieras todos, que sintieras mi leche caliente en tu panocha, se ve que disfrutas mucho recibir los mocos dentro de ti, ¿o no?

    -Seee, me encanta, ¡eres un cabrón!

    -¿Entonces?

    -Es que me puedes embarazar.

    -No te preocupes, no pasa nada, disfrútala.

    -Seee, lo disfruté, me excitó mucho sentir tus mocos calientes en mi panocha.

    -Eres una caliente, una puta bien hecha.

    Relajado, se salio de mí con su palo aún erecto, lleno de semen. Me quedé unos segundos recargada en la pared recobrando el aliento con las nalgas expuestas y paradas, con las piernas abiertas. Empecé a sentir cómo sus mocos salían de mi vagina y escurrían por mis piernas ensuciando mis medias. Me sentía muy excitada, usada, puta en la pared de este cuarto de un hotel de paso. Me dirigí al baño, me limpié y fui de nuevo con él. Me besó y acarició mi cuerpo desesperadamente. Me empezó a fajar lascivamente, sentía su palo totalmente parado rosando mi vagina encima de mi falda. Me pidió que se la chupara.

    -¡Sandro, estás muy caliente! ¿Por qué?

    -aahhh que rico me la mamas, aahhh. Desde que te vi llegar en la mañana me calenté. Me daban ganas de ir a tu oficina y cogerte así como ahorita. Además, otra vez, cuando platicaba con algunos compañeros decían que te les antojas, que venías vestida muy sexy, que se imaginaban que eras una goloza para coger, aahhh así…

    -¿quiénes te dijeron eso? no me cabe toda, la tienes muy grande aahhh, ¿Quiénes te lo dijeron?

    -Algunos, los conoces pero no te voy a decir. Me puse celoso pero no podía decir nada aayyy qué rico. Pero me calento saber que te desean, que te quieren coger.

    -Mmm rico aahhh, glup, glup, glup, ¿te gustaría que me cogieran, que me metieran su verga? Glup, glup, ooaacckk, que se las mamara como te la mamo a ti, así de rico, mmm ¿te gustaría? ooaacckk

    -Nooo sólo te quiero coger yo aahhh, que rico me la chupas, qué rico aahhh, me vas hacer venir otra vez puta aahhh, qué rica boca, qué rico la mamas.

    -Mmmm ¿te gusta como te la mamo? Imagíname mamando otras vergas, que me la metan como tú, que me vieras cómo lo hago, ¿lo disfrutarías, te excitaría? Aahhh que rica verga tienes no la metas toda no me cabe, ooaacckk aahhh, ¿te quieres venir? ¿en mi boca?

    -Nooo, yo sólo quiero ser tu cabrón, el que sólo te la meta, además de tu marido y seee, que rica mamada me estás dando aahhh, qué rica boca aayyy, te los quiero echar todos, aahhh, calientes para que te los tragues aahhgg, ahí te van puta, ahí te van cabrona aahhh.

    Sandro tomó mi cabeza y empujó su verga haciendo que me atragantara al sujetarme para impedir que me la sacara, sentí como los borbotones de semen caliente me llenaban la boca, me echó todos sus mocos en mi boca, gran parte de ellos me los tragué, pero otro tanto se salieron de mi boca manchando mi blusa. Empujando su verga en mi boca sentí como las últimas gotas de semen escurrían por mi lengua, hasta que se vació por completo, me sacó su verga. Satisfecho, se recostó en la cama, yo tomé unos pañuelos para limpiarme la boca y mi blusa. Sandro era un garañón, su verga permanecía erecta con rastros de los mocos que me echó, yo aún no me había venido, por lo que decidí montarme y cabalgarlo. De un sentón me clavé su palo, hasta el fondo, gemí al sentir un poco de dolor, comencé a darme de sentones en el, sentía como esa vergota perforaba mi panocha, arrancándome gritos de placer. Por momentos le meneaba las nalgas “mordiéndole” su verga con mi panocha, él me sujetaba mis nalgas para enterrarmelas más, me empezó a nalguear. Después de unos cinco minutos de montarlo me pidió que me pusiera en cuatro, de a perrito. Gustosa me puse en esa posición y él de inmediato colocó su palo en la entrada de mi vagina, me sujetó de las caderas y me lo dejó ir de un solo golpe, hasta el fondo…

    -Aayyy cabrón, qué palo tan rico tienes, que verga tan rica. Ya me la dejaste ir toda aahhh…

    -¿Te gusta esta posición? ¿Te gusta que te cojan así?

    -Seee me encanta, me gusta que me monten por atrás, que me la metan duro hasta el fondo, que me nalgueen sabroso. Así me gusta aahhh, toda hasta el fondo aayyy, que piensen que se están cogiendo a una golfa, aahhgg muévete más rápido más así qué rico me montas, qué rico, aayyy así nalguéame plaf, plaf, plaf, plaf, dame duro, hummm…

    -Qué caliente eres Mar, andas urgida de un buen palo, ¿no? Para que te den una buena cogida, como a una puta.

    -Seee, me gusta que me cojan así, pararles las nalgas y que se las coman todas, que me digan de cosas mientras se las cogen aayyy…

    De repente siento que Sandro me saca el palo, lo toma con la mano y lo coloca en la entrada de mi culo. Antes de que reaccione, empuja su verga rápidamente entrando su cabeza, al sentirla así grito de dolor …

    -Nooo, ¿qué haces Sandro, por ahí no? Aayyy no, me duele, sácala la tienes muy grande, nooo por ahí no, por favor, me duele aahhgg nooo, ya no la metas más, nooo…

    -Otro poquito Mar, disfruta mi verga por ahí, te va a gustar aahhhh, plaf, plaf, plaf, plaf, aflofa el chiquito Mar, aflójalo, plaf, plaf, plaf, plaf

    -Nooo aayyy por favor no, me duele aahhgg nooooo, no la metas más, la tienes muy grande aahhh ya no, despacio, despacio aayyy aahhgg nooo, qué verga aahhh despacio, ya no la metas más…

    -Ya entro la mitad, plaf, plaf, plaf, plaf eres mi puta ¿no? Compláceme por ahí putita, se ve que te gusta también por ahí. ¿A poco no te la han metido por el culo? Ahí te va toda cabrona. Sandro empujo su verga entrando toda. Empezó a meterla y a sacarla, no le importaban mis súplicas de que ya no la metiera más. Toma mi verga puta plaf, plaf, plaf, tómala toda. Te está gustando verdad, ya aflojó, plaf, plaf, plaf, plaf.

    -Nooo, ya no, la tienes muy grande aayyy, aahhgg tu verga esta grande y gruesa aayyy. Si me la han metido, pero siempre me ha dolido, aahhh que verga despacio, despacio aayyy aahhgg eres un cabrón, eres un cabrón, que verga tienes aahhh, seee aayyy… Sandro aceleró sus movimientos arrancandome gemidos de dolor-placer que seguramente se escuchaban en los demás cuartos, parecía que iba a terminar. Diez minutos de tortura placentera hicieron que terminara, pero en lugar de vaciarse en mi culo, sacó su verga y la enterró en mi panocha, bramando de placer.

    -Aahhh ahí te va de nuevo mi leche cabrona, qué buen culo tienes, que buenas nalgas puta plaf, plaf, plaf, plaf, aahhh toma todos mis mocos en tu panocha putona aahhh, tómalos todos aunque quedes preñada puta aahhh plaf, plaf, plaf…

    Sandro me volvió a llenar de semen mi panocha, sus mocos calientes se impregnaban en mi interior dejándome una sensación perversa de haber sido usada para satisfacer sus instintos carnales. Se separó de mi y me dijo que ya se tenía que ir, que ya se le había hecho tarde, que por favor me arreglara rápido. Pensé: este cabrón me uso como una puta, me trajo al hotel sólo para sentirse bien él, para llenarme de semen, para cogerme morbosamente como a una puta. Yo no me había venido, pero me sentía satisfecha de haber complacido a mi cabrón quién me llenó de semen sin haber estado protegida, sabía de los riesgos que eso implicaba. El placer de sentir como su verga vibra al expulsa su semen es para mi una sensación exquisita y más cuando los expulsan dentro de mi, uufff me hacen venir. El no era un hombre sensato, en cierto momento recordé sus palabras, era un macho mojigato, posesivo; si supiera que ya había tenido y tenía aventuras con algunos de los compañeros que decía, ha. Así, insatisfecha llena de semen salí del hotel rumbo a mi casa, caliente y deseosa de más sexo, esperaba bajar mi ganas con mi esposo.

  • La compañera de mi hermano

    La compañera de mi hermano

    Esto pasó hace bastante tiempo, la experiencia con ella se dio más o menos así.

    Mi hermano llegó el viernes con tres compañeros de la universidad, se dirigieron a la mesa para hacer algún trabajo, baje a saludarlos, -hola, buena tarde-, -hola,- contestaron, fui por un vaso de agua y regrese al cuarto; más tarde me llamó mi hermano para comer de la pizza que pidieron, al terminar llevamos los platos a la cocina, la compañera de mi hermano se ofreció a lavarlos, -no te molestes, yo lo hago-, le dije, se quedó viéndome, con esa linda sonrisa, que había mostrado desde que nos saludamos; ellos continuaron con su tarea, así que subí a mi cuarto; más tarde, cuando anochecía, se empezaron a ir, baje de nuevo, quedaban un chico y la chica; el chico se despidió y salió.

    En ese momento mi hermano subió a cambiarse, iría ver a su novia y seguro se quedaría allá, al bajar me pidió que la acompañara a su casa, porque se le hacía tarde, ello dijo, -yo me voy-, -te acompaño-, -gracias-, -me cambio y te llevo- subi al cuarto, mi hermano salió.

    Cuando baje, ella estaba en la sala, -listo, te llevo de una vez-, -es muy temprano, más al rato-, -pero, si tienes algo que hacer?, -de una vez-, -no, esta bien-, le dije y me acomode en el sillón junta a ella; estuvimos platicando un buen rato, -qué estudias, dónde y otras cosas que salieron en la plática.

    Es bonita, cara ovalada, ojos grandes, cabello a los hombres y muy delgada, algunos dirían que flaca; senos redondos, no muy grandes, pero notorios, nalgas marcadas, buen cuerpo, le gusta correr todos los días temprano, mencionó

    -se nota, te ves muy bien-, -gracias, te parece-, -si- entonces puse la mano en su pierna, se sonrió e hizo lo mismo, acaricie su pierna recorriendo su muslo, me acerqué un poco más, para besarla, ella apretaba mi pierna con su mano, puse mi mano sobre la suya, se la tomé y la coloqué en mi entrepierna, sintió mi pene y empezó a tocarme por encima del pantalón, le puse de nuevo la mano, le acaricie todo el muslo y busque su entrepierna, mientras ella seguía, nos besamos agitadamente, acaricie sus senos, apretándolos, deseando abrir su blusa, desabotonarla, para meter sus pequeños senos en la boca, chuparlos, lamerlos, morderlos, ella abrió su blusa y los tomé; suspiraba y gemía mientras me daba gusto comiendo sus senos y le ponía la mano en entre sus piernas.

    Seguimos un momento así, me hinque frente a ella para bajarle el pantalón, se lo aflojó y lo jale, sus delgadas piernas quedaron descubiertas, una tanga blanca cubría su vientre, puse los dedos para sentir su rajada, estaba bien mojada, me excitó mucho sentir y frote con delicadeza, mientras le miraba la cara, hice de lado su tanga y acerqué la boca, para lamer y probar su deliciosa vagina, pase la lengua una otra vez, le abrí los labios, la metí entre ellos, penetre su vagina, cogiéndola con la lengua, jadeaba fuerte, metí un dedo, luego dos, sacándolos y metiéndolos rápidamente, hasta que empapó mi mano, puse mi boca, para probar sus deliciosos líquidos, chupe y lamí todo, le pase la lengua en todo su vientre sin parar.

    Luego me puse de pie para bajarme el pantalón, me desabroche, para quitármelo, quede en calzones, se acercó, sobó mi pene, lo sacó y empezó a masturbarme, lo hizo unos instantes, para luego lamerlo todo y meterlo en su boca, sentía delicioso cómo lo hacía, tomé su cabeza, mientras ella me daba tan rica mamada; ya la tenía bien dura, así que puse su espalda en el respaldo del sillón, tome sus piernas, le dije agárralas y le puse el pene a la entrada de su vagina, se lo pasé por los labios varias veces, desde su culo hasta su clítoris.

    Gemía muy fuerte, estábamos solos en la casa, así que no importaba; ¡mételo, mételo ya decía!, puse la cabeza en su entrada y empecé a penetrarla, poco a poco la metí toda, empecé a moverme, la embestí despacio y luego más rápido cada vez; la tenía agarrada de las pantorrillas y empujaba duro contra su vientre, estaba bien mojada, ¡dame más, dale duro! Repetía fuerte, más me excitaba y lo hice lo más fuerte que podía, paré un momento, la puse de rodillas, apoyando sus brazos en el respaldo, para tenerla de nalgas, las abrí y lo metí de nuevo en su deliciosa vagina, cogíamos muy rico, ella seguía gimiendo y diciendo ¡así, cógeme duro, dame más!

    Seguimos unos momentos, se vino una vez más y cuando estaba por venirme, se la saque y le eche el semen en su espalda y nalgas, se paró junto a mi, nos besamos; vamos a bañarnos, tomamos la ropa y subimos a mi cuarto, nos bañamos, nos masturbamos mutuamente un poco, salimos y empezamos a tocarnos, chupe sus senos, la dedee, ella agarro mi pene, poco a poco se me puso duro otra vez, me recosté en la cama con las piernas colgadas y ella sobre mi y se metió mi pene de nuevo, la veía de espaldas, subían y bajaban sus nalgas, primero lento y luego más rápido, hasta que le dije -me vengo.

    Se paró y se lo metió en la boca, no tarde mucho en venirme en su boca y siguió mamando y se lo tragó todo, me quede quieto un instante, luego me paré y la acosté, fui a sus piernas, las abrí y mamé de nuevo su vagina, hasta que se vino en mi boca; luego tuvimos que bañarnos otra vez; nos vestimos y la acompañe a su casa, le dije -quiero verte de nuevo-, -si, yo también-, le pregunté cuando lo había hecho por primera vez, me contó, con un novio en la prepa.

    Llegamos a su casa, nos besamos y quedamos de vernos la siguiente semana, iría por ella a la escuela para hacer algo nuevamente.

  • Un párroco blasfemo, sacrílego y muy lascivo

    Un párroco blasfemo, sacrílego y muy lascivo

    En mi juventud era raro que en mi círculo más íntimo de amistades hubiera personas que no compartiesen mis inquietudes políticas, filosóficas, gustos musicales, etc.

    Rompía la norma un colega, al que conocía desde la infancia, que aunque era todo lo contrario a mí, manteníamos el contacto.

    Juan, que así se llama el colega, no era parte de mis pandillas de juerga de los findes, ya que no era trasnochador. Nuestros encuentros eran más de tardeo y terraceo.

    Él es un ferviente católico y conservador en política. Yo soy todo lo contrario. Soy materialista filosófico, o sea ateo, y muy progresista en política.

    Con Juan suelo entablar largos debates, charlas muy placenteras. Mantenemos la conversación dentro del respeto y la cordialidad.

    Él para darle más consistencia a sus argumentos recurre a citas de San Agustín, Tomás de Aquino y René Descartes. Yo para rebatirlo, realzo mis argumentos con citas de Jean Meslier, Barón de Holbach y Friedrich Nietzsche, entre otros.

    Juan disfruta mucho con nuestras discusiones porque le dan la oportunidad de expresar sus pensamientos y desarrollarlos, aunque sea con alguien que no los comparta. La mayoría de sus colegas universitarios no están muy interesados en la filosofía o la teología y enseguida le ponen excusas para no tener que aguantarle la chapa. Por mi parte, agradezco el tener un conversador enfrente que no repita lo mismo que yo, que difiera, porque eso me estimula a exprimirme más la sesera y a buscar buenos argumentos con los que intentar rebatirlo.

    Él compaginaba los estudios con el cargo de sacristán en una parroquia. También hacía las labores de jardinería y recadero en la casa parroquial donde vivía el nuevo sacerdote. Este era un hombre de unos 40 años, casi obeso y con una alopecia incipiente. Vino a sustituir a Don Genaro, el cura de toda la vida, que por fin decidió retirarse a la edad de 82 años.

    El nuevo sacerdote, que se llamaba Don Antonio, solo estaría de forma interina, mientras no mandaran al que se quedaría de forma definitiva.

    Juan, una tarde de las que reservábamos para nuestras divagaciones filosóficas, de repente, cambió de tema para hacerme partícipe de sus malas impresiones respecto al nuevo sacerdote. Los escasos tres meses que Don Antonio llevaba ya en la parroquia le estaban dejando a Juan una sensación de fuerte decepción.

    Os transcribo, de boca del propio Juan, la confidencia que me hizo hace ya mucho tiempo y que yo comparto encantado con vosotros.

    Pues, Jonathan, escucha. Un día que estaba por los jardines de la iglesia, cerca del cementerio, llegó una mujer de estas que van de señoronas, con sus abrigos de visón. Tenía unos 50 años. Me pregunta por Don Antonio. Le digo que está en la sacristía haciendo unas gestiones. La mujer se dirige al lugar. Unos minutos más tarde sale Don Antonio y me dice:

    –Voy a confesar a Doña Eulalia. No nos molestes en todo ese tiempo.

    –Muy bien. Yo seguiré con la poda –le contesto.

    Después de terminar de podar las enredaderas empecé a cortar el césped.

    El caso es que llevaba casi media hora inmerso en mis faenas cuando me percato de que Doña Eulalia todavía no había abandonado la iglesia. Era mucho tiempo para una confesión. Así que, decido entrar en la iglesia, de forma sigilosa, porque la intuición me decía que algo raro estaba pasando. Observo que la puerta de la sacristía está cerrada. Me tomo la licencia de pegar la oreja en dicha puerta. Se oyen unos cantos gregorianos que salen de una minicadena. Pero lo escandaloso es que por debajo de estos cantos se escuchaban, no sin cierta dificultad, unos gemidos y jadeos de fondo. Decido salir de la iglesia a paso ligero por miedo a ser pillado y vuelvo al trabajo.

    Al cabo de unos 10 minutos veo salir a Doña Eulalia de la iglesia, algo acalorada y despeinada. Se iba colocando bien el abrigo y se despide con un “Adiós, mozo”.

    A partir de ese momento me empiezo a dar cuenta de que estoy sirviendo a un cura que rompía el molde de los que había conocido anteriormente. Pero el asombro no había llegado a su culmen.

    Un domingo en una Homilía no se le ocurre mejor idea que elogiar al Papa Alejandro VI y al Marqués de Sade. La mayoría de los feligreses son de escasa o nula educación y no sabían nada de la trayectoria de estos dos personajes históricos. Solo se quedaron con el dato de que eran un Papa y un Marqués y eso les sirvió para no tener que indagar más. Pero yo, que sí conocía sus biografías y obras, me horroricé de que un párroco los mencionase y halagase desde el púlpito.

    Don Antonio tenía unas reuniones los martes y viernes de 20 h a 23 h, en la casa parroquial, con la directora de todos los catequistas de la comarca y con la presidenta de la Asociación de Amas de Casa Católicas. Decía que eran para planificar las actividades pastorales. A esas horas ya no estaba el servicio, que suele plegar a las 19 h.

    Yo, después de todo lo que iba descubriendo y a medida que iba conociendo al personaje, me temía que aquellas reuniones eran para todo menos para hablar de temas parroquiales.

    Como tenía una copia de la llave de su casa (para llevarle la compra cuatro veces por semana y para otros menesteres), decidí una noche allegarme por allí, bien pasadas las 21 h, para dar un cierto margen de tiempo.

    Desde fuera se veía luz en el salón. Abrí la puerta con mucho cuidado para no hacer ruido, me descalzo y me acerco a gatas hasta el umbral del salón. Me sentía protegido por la oscuridad del pasillo.

    No por esperado me causó menos conmoción. Tuve que santiguarme tres veces ante lo que estaba viendo. No me lo podía creer.

    Postrada en un sofá estaba la directora de catequistas, semidesnuda. En una de sus manos tenía un crucifijo, de aspas redondeadas, el cual se introducía por el coño y con el que se follaba así misma, a buen ritmo.

    En medio de la sala estaba a cuatro patas la presidenta de la Asociación. Don Antonio sujetándola por detrás le zumbaba bien el conejo mientras le zurraba el trasero, en ocasiones, con las palmas de las manos.

    Tenía algo que le envolvía la base del pene. Fijándome bien me di cuenta de que era un Rosario de plata. Con cada embestida este chocaba con fuerza en la vulva de la presidenta y hacía el característico sonido metálico.

    Aquellas personas de mentes perversas, que tenían a su cargo la formación moral de nuestros niños y el cuidado de nuestros ancianos, veían en lo sacrílego un motivo para el regocijo y el deleite.

    Descubrí que a Don Antonio también le excitaba blasfemar, pues cada vez que abría la boca soltaba perlas como “Me cago en Dios y en la guarra que lo parió”. Y esta era de las más suaves.

    Cuando Don Antonio estaba a punto de correrse la sacó del coño y sacudiéndosela unas tres o cuatros veces, comenzó a eyacular y a llenarle las nalgas de semen a la presidenta. Esta también, unos minutos antes, había tenido un orgasmo que la hizo chillar como una perra en celo.

    La directora, al ver el espectáculo que tenía delante, aceleró su particular follada con el crucifijo y se corrió emitiendo un alarido tan fino, que casi me daña los tímpanos.

    Se tomaron un piscolabis y unas copichuelas mientras recuperaban fuerzas.

    Sus conversaciones giraban sobre la ingenuidad del populacho y de lo fácil que es manipularlo para que sirva dócilmente a los intereses del Trono y del Altar… y por supuesto, de los poderes fácticos como el Capital, la Banca y la nobleza.

    A medida que seguían haciendo escarnio del pueblo llano se iban poniendo a tono.

    Don Antonio se sentó en un sofá. La directora se montó encima y comenzó a cabalgarlo, mientras lo besaba con pasión. La presidenta de vez en cuando le sacaba la polla y se la chupaba un rato antes de volver a meterla dentro del chumino de su compañera de juergas. Don Antonio iba cambiando de jinete alternativamente, pero esta vez quiso correrse en el chochito de la directora.

    Antes de que salieran del salón para ir a la cocina o al cuarto de baño, decidí que ya había visto bastante y que sería mejor marcharse, para no poner en riesgo la operación por causa del exceso de curiosidad… y también de morbo, porqué no decirlo.

    No perdí la fe aunque me cuesta cada día más creer en la jerarquía eclesial.

    Esto me contó mi colega Juan hace prácticamente 30 años. Por suerte para él, aquel sacerdote a los pocos meses se fue, dejando el puesto al que llegó de forma definitiva. De hecho, aún continúa allí a día de hoy.

    Juan me llamó hace unos meses para informarme de que Don Antonio había fallecido a la edad de 74 años.

    No se me ocurrió otra cosa que expresar un “¡Que Belcebú lo tenga en su Gloria!”.

  • Llegué a ella por su novio

    Llegué a ella por su novio

    Como hombre creo reconocer cuando alguien de mi sexo es gay o tiene inclinaciones homosexuales, me pasó con esta persona que fue a casa por un trabajo muy puntual. La charla siempre fue amena y yo me dediqué a observar el esfuerzo que hacía para disimular que era gay, algo que me parecía divertido, supuse que siendo homosexual es difícil mostrarse tal cual es debido a muchos conceptos que tiene la gente.

    A mí me pareció un buen muchacho, más o menos 6 años más joven que yo y si bien no había tenido experiencias sexuales con gente de mi mismo sexo, me pareció algo no descartable en ese momento. Antes de irse sonó un mensaje en su celular y al mirarlo me dijo, bueno, me tengo que ir, mi novia me espera en casa. Ah ¿tenés novia? le dije, supongo que mi asombro fue obvio porque enseguida él pareció excusarse. Si, hace poco tiempo estamos, me parece una buena mujer y es macanuda, si claro contesté, es lo que se puede buscar en las relaciones de hoy, primero ser buena gente que es lo que nos permite confiar y eso, es lo más importante. ¡Tal cual! me dijo, eso es lo mejor. Bueno, andá entonces, nos vemos en algún otro momento, me quedo con tu contacto por algún otro trabajo.

    Cuando nos fuimos a saludar calculo que la energía generada en la charla y mientras él trabajaba en casa generaron algo que él al apartarse dijo casi para sus adentros Uff! ¿Qué pasó? Le pregunté. No nada, es que yo además de trabajar en eso hago trabajos con energías y sentí ganas de algo con todo lo que había acá. ¿Eh? Dije haciéndome el desentendido. Nada nada, es algo que me lo guardo, no, no, no te guardes nada ¿qué te pasó? Y ahí buscando en mis ojos confianza y sintiendo complicidad en mi mirada agachó la cabeza y dijo, es que sentí algo sexual muy fuerte pero…

    Enseguida sentí que era el momento para hacer cosas con él y aprovechando el momento saqué mi verga para afuera y le dije, dale chupala. Se ve que estaba esperando ese momento porque no terminó de ver mi pija cuando se tiró sobre ella con la boca abierta y chupando más que la cabeza, en su desesperación sentía que se la quería meter toda en la boca y la ternura con la que me acariciaba las bolas me daba la sensación que no era sólo sexo para él, sino que era una oportunidad para tratar con cariño a la persona que al fin lo dejaba mostrarse tal como era.

    Me aproveché de esa situación para someterlo, algo que me imaginé en su papel de gay recién declarado estaba dispuesto a disfrutar. Ay que rico la chupás putita, sentí la emoción en su boca al sentirse tratado así, por lo que decidí continuar. Si, si, chupamela toda y bien, hasta hacerme acabar en tu boca así le llevás en la lengua a tu novia la leche a tu macho, porque a partir de ahora vas a ser mi hembra ¿sabías?

    Todo eso lo enloqueció tanto que gemía de placer de sólo besarme, después desesperado me pasaba la lengua por toda la pija hasta masajearme las bolas.

    Estaba realmente muy excitado con su nueva función, era una mezcla de que nunca hubiera dado ese paso y puro placer sexual. De seguro ya había estado con otro hombre, pero se ve que era la primera vez que se la jugaba con alguien que no conociera tanto, imaginé que tal vez había hecho algo con alguien tan gay como él pero que no se había animado aún a ser definitivamente la hembra de alguien.

    Mientras pensaba en todo eso y sentía sus chupetones en plena excitación casi me acabo, así que se la saqué de golpe porque antes al menos quería cogerle el culo, ya que estaba, no sabía si se iba a animar a algo más, la novia podía jugar un papel importante porque evidentemente quería mantener su pantalla.

    Así que le dije, pará trolita, no te vas de acá sin tener ese culo abierto, ¿se lo abrís a tu novia? No, me contestó enseguida. Aaah pero entonces tenemos mucho para hacer, y ¿cómo coge tu novia? El silencio y una cara de indiferente antes de decirme, bien, me dijo mucho más que lo duradero de su respuesta. Ah impecable, apuntame con tu cola que te voy a hacer mi mujer no sólo por la boca. No por favor, dejalo así yo te la chupo te acabás y ya está, ahora me voy a ver a mi novia. ¿y? ¿te importó bajar a chuparme todo cuando en un ratito vas a estar con ella?

    Bajó la cabeza sonriendo, como si se hubiera dado cuenta que el paso más importante, declararse bisexual o gay ante alguien ya lo había dado.

    Continuará…

  • Por fin me cojo a mi tía Rebeca

    Por fin me cojo a mi tía Rebeca

    Hoy les contaré cómo me comí a mi tía Rebeca.

    Todo empezó un domingo en la mañana, iba a ir con unos amigos a entrenar en mi bicicleta, por lo general siempre hacemos rutas largas y en esta ruta a mitad de camino vivía mi tía Rebeca, 1.50 de estatura, cabello crespo, ojos cafés claros, una piel blanca, senos grandes, cintura delgadita y un culo bien redondo. Siempre había quería cogérmela, siempre había querido penetrarla con mi verga y escucharla gemir.

    Ese día a mitad de camino me pinche y me tocó pasar cerca de su casa, así que aproveche mientras me arreglaban la bicicleta pasar y visitarla, toque la puerta y al abrirla me recibió en pijama la cual era con una blusa delgada y muy escotada y unos shorts, sus piernas se veían muy jugosas así que me decidí a qué es día me la tenía que coger sea como sea.

    Yo: Hola tía, buenos días como amanece.

    Tía: Hola mijo, y ese milagro que se acuerda de su tía, me tenía toda olvida pa, siga mijo y le preparo algo de comida

    Yo: Gracias tía, Ud. siempre toda hermosa conmigo (Ella siempre me ha tratado con mucho cariño y coqueteo, una que otra se me ha insinuado pero no he podido hacer nada por qué lo hace delante de mi abuela y me da pena que nos pillen)

    ¿Y mis primas tía, como han estado, como les ha ido en el estudio, dónde andan ?

    Tía: María dónde el novio esa ya ni viene por acá, yo me la paso sola en esta casa por qué ni María ni Camila están ya en la casa ni nada

    Yo: Ayyy tía y Ud. no tiene su noviecito por ahí que la saque a darse sus vueltica o sus bailaditas por ahí tía? Vea que ud es una mujer muy hermosa que todavía aguanta mucho…

    Tía: Jajaja así te parece que aún aguanto mucho? Ya estoy vieja y no tengo el cuerpo de antes

    Yo: Disque vieja tía Ud. está es muy buena, está como el vino entre más años más rica jejeje además a muchos nos gustan mayores…

    Tía: Así?? A ti te gustan mayores? Para que te enseñen o que jajaja?

    Yo: Claro tía la experiencia de estar con una madura debe ser muy deliciosa, yo solo he estado con mujeres de mi edad pero pues yo tengo un problema y muchas no les gusta jajaja

    Tía: Y eso? Algo grave o algún problema con tu ya sabes ( Y me miró el paquete, que por cierto ya estaba medio erecto)

    Yo: No!!! Nada de eso, funciona demasiado bien yo diría que es el problema, ayyy tía me da pena hablar esto con Ud. pero es que yo me demoro mucho, siempre me demoro 30 o 40 minutos para venirme y algunas mujeres se cansan muy rápido o se vienen antes que yo o simplemente no les gustan mucho tiempo…

    Tía: En serio? Que daría yo por unos minutos de placer, pero ya a esta edad quien la va a mirar a una… Bueno mijo te dejo me voy a bañar y ya regreso, quedas como en tu casa, puedes ir a mi habitación a ver televisión o poner lo que tú quieras

    Me fui a su habitación a colocar algo de televisión haber que había cuando me percaté de que había dejado su ropa lista en la cama, tenía sus tanguitas y brasieres así que no pude evitar cogerlos y masturbarme con ellos, era un conjunto negro y olían tan deliciosa que solo pensaba en cogérmela y meterle mi verga, tan emocionado estaba que no me di cuenta cuando entro y me vio jalándome con su brasieres.

    Tia: Que estás haciendo… Que cosa tienes ese es mi brasier?

    Yo: Ayyy tía lo siento, perdón no pude evitarlo… La verdad es que siempre he querido cogérmela, Ud es una mujer muy atractiva y está muy buena y cada vez que la veo se me pone así de dura mire…

    Me quite el brassier y se la mostré toda, me acerque hasta ella y tome su mano y la puse en toda mi verga para que sintiera lo duro que estaba.

    Tía: Ayyy Eduardo… Que dura esta… Uf que ganas de…

    Yo: De que tía?? Hágalo tranquila esto quedará entre Ud. y yo…. Vamos tía aprovechemos que me por fin estamos solitos Ud. y yo toda la tarde y podemos hacerlo todo el tiempo que Ud. quiera…

    Tía: Que ganas de chupártelo papi se siente tan rico tenerlo en mi manos (como se acababa de salir de bañar dejo caer su toalla y se agachó solita a comer)

    Seguro que quedara entre los dos Eduardo, nadie se puede enterar de esto…

    Yo: Tranquila tía, disfrutemos tía (abrió esa boquita y se puso a mamarme la verga).

    Empezó con una de las mejores mamadas que me han hecho, (se notaba que le hacía falta una verga en su boca por qué lo chupaba como si no hubiera un mañana). Le tome su cabello para ver cómo se la comía lentamente, como le daba lametazos y chupaba mis bolas con tanta delicia que me excitaba demasiado… La pare un poco y la empecé a besar y manosearla todaaa, desde su cuello, sus hombros, su pecho, sus senos, su cintura bien pegada a mi verga para que la sintiera toda, sus nalgas bien redondas que cabían perfectamente en mis grande manos.

    La puse en la cama y empecé a darle en 4 gemía delicioso y solo pedía más y más, la tuve así por un rato y luego la puse encima de mi y ella empezó a cabalgar como toda una vaquera, quería su leche fuera como fuera.

    Hicimos muchas posiciones más durante 1 hora completa, después me vine en sus senos y cara y la deje descansar un rato mientras respiramos y volvíamos a darle, perdí la cuenta de cuántas veces me la cogí ese día… Y desde ese día nos vemos ocasionalmente para coger.

  • Mi lugar en la familia: A los pies de mi cama

    Mi lugar en la familia: A los pies de mi cama

    Ha pasado un tiempo ya desde mis otros relatos. Sea los que describo las aventuras de la albina cazadora de monstruos o mis confesiones sobre lo que pasó en la aldea. Y es que francamente he tenido un tiempo muy difícil por varios asuntos, por lo que estaba sin ganas, demasiado atareada o en otros ocios. Pero uno de ellos tocó profundamente a mi familia y ha hecho que mi status quo cambie para siempre. Aunque esta vez de forma feliz.

    Pero para quien no me conozca me voy a presentar de nuevo. Me llamo Daniela, soy una chica española de la zona de la Mancha de 24 años a cumplir en enero. Estoy en una situación particular en cuanto a tener pareja, peculiar, aunque me imagino que os lo imaginareis al ver la sección donde he publicado el relato. Pero vamos que ahora no busco nada… porque es que no lo necesito por lo que voy a narrar.

    Comprendo que querréis conocerme un poco físicamente, aunque solo sea para imaginarme. Me describo como una mujer de piel blanca, cabello corto de color negro (le gusta sin tintar a… misterio jajaja), lo que hace destacar aún más mis pecas. 1.55 metros de altura, peso 50 kilos, culo generoso, pero sin ser gordo, buena cintura y busto pequeño, pero bien formado. Junto a ojos azules, manos pequeñas, voz dulce y labios suaves… Y muchos tatuajes de mis videojuegos o sagas literarias favoritas, junto a ropa un poco punk. Siempre me echan menos edad de la que tengo y soy algo tomboy jajaja, aunque como veréis eso no cambia mis apetitos para nada.

    Respecto a relaciones y sexo. Tras dejarme mi novio había pensado en llevar las riendas de mi sexualidad. Y hasta hace unos meses así había sido. He tenido ese viaje salvaje en Castilla y León, varias escapadas y travesuras… Pero me han domesticado, no dista que no lo haga cada día más o menos jajaja. Aunque dando prioridad a sus caprichos. Como él mismo “donde hay capitán no manda marinero”.

    Por supuesto no os voy a contar toda la relación pormenorizada, sino digamos el primer roce verdaderamente serio que tuvimos. Pero antes de nada para comprender mi situación comento un poco.

    Este año mi madre falleció. Un accidente paseando por el pueblo. Podría haberle pasado a cualquiera, un conductor que iba demasiado deprisa y demasiado despistado. La muerte fue instantánea… o al menos eso nos dijeron para consolarnos. Pero no funciono demasiado. En el entierro junto a mi abuelo y mis tíos, hermanos de mi padre, con los que mi padre se llevaba regular, aunque con nosotros mucho mejor (aunque estas navidades se han semireconcilidado gracias a una servidora jajaja. Eso es otro tema), solo había amigos y conocidos. Por lo que mi padre fue quien lo llevo peor.

    Fue una etapa muy gris, donde no solo lo pasamos mal de forma emocional, sino también profesionalmente. Ya que toda la familia nuclear comíamos de la empresa de mi padre, por lo que estuvimos tirando como pudimos mi hermano y yo mientras que mi padre que amaba de todo corazón a mi madre se quedaba solo en su casa, sin ganas de salir, ni de hacer nada.

    Y francamente, los amigos de mi padre nos fallaron cuando más se le necesitaba y los de mi madre, le ponían nervioso a mi padre por las continuas menciones a lo buena que era. En fin, una depresión de caballo que no tenía fin. Mi padre encerrado en su casa y los dos hermanos en dos pisos aparte… pero comiendo de lo que nos da la empresa, que estaba yendo mal por la mala atención, tanto es así que tuvimos que vender un piso a finales de verano. Teniendo que mudarme a la casa de mi padre. Lo que facilito que cayera en sus redes. Todo hay que decirlo.

    Fueron unos meses muy duros, sin ganas apenas de hacer nada… También tuve el escarceo con mi hermano, que me hizo comerme la cabeza durante mucho tiempo. Aunque ahora me da gracia que actuase así, ya que luego digamos que hemos llegado a un acuerdo para rascarnos las cosquillas. Pero eso en otro momento.

    Ya que desde hace tres semanas he aceptado mi papel en la familia, como la mujer de mi padre. No solo como ya imagináis en la cama, sino románticamente hablando. Y ha aceptado que su princesa también le gusta ser un poco salvaje, como han comprobado los invitados que hemos tenido esta navidad. Ahora me he convertido en el desahogo de mis otros familiares.

    Por supuesto, ha sido un largo camino hasta que he llegado a esta conclusión. Pidiendo consejo con muchos llamándome loca, comidas de cabeza diciéndome que todo era mi culpa, nervios por posibles embarazos, pero también sintiéndome mejor que nunca con alguien (además de conmigo misma) y con mucho sexo guarro.

    La cosa es que termine atendiendo a mi padre junto a mi hermano, o sea, iba a prepararle la comida cuando me tocaba el turno, obligarle a salir de la cama, limpiar la casa, hablar con él para distraerle, ver alguna película de las que le gustan o jugar algún juego de mesa junto con intentos de que volviera al trabajo con poco resultado al principio.

    Entonces paso lo de mi hermano y empecé a ser consciente de que mis familiares no eran solo eso… sino hombres. Por lo que empecé a rallarme la cabeza. Y note que había signos de que se estaba empezando a comportar de forma digamos muy cariñosa. Abrazos muy largos, piropos cuando antes le costaba decirme alguna cosa bonita, cogerme de la cintura y similares.

    Aunque claro… ese tiempo era pleno verano y no soy de las que van muy tapaditas precisamente. Por lo que muchas veces iba a ver a mi padre tras ponerme lo primero que pillaba y la mayoría de mi ropa, digamos que permiten ver gran parte de mi persona. También se juntó que estaba yo en una época con una cachondez de aupa, por lo que a veces me masturbaba en su baño, cuando iba a visitarle o en la habitación que tengo en esa casa de cuando vivía allí, cuando nos turnábamos para dormirnos cuando paso una época bien jodida (gracias al psiquiatra y al trabajo de la psicóloga, se centró un poco).

    Por mucho tiempo creí que no se enteraba de mis pequeñas guarradas, por lo que yo tan contenta desahogándome, mientras que mi padre resistiendo para no excederse (me lo confesó él más adelante).

    Por lo que un día, ya a mitad de septiembre en esos días donde todavía hacia un calor de la hostia, me fui tan ufana a la casa familiar, con mis pantalones cortos holgados, que dejaban ver mis bragas con un gran Pikachu sonriente si te ponías debajo de mí, un brasier deportivo y una camisa de Link peleando con Ganon tapando lo anterior.

    En el finde solo iba medio día, por lo que esta vez comió un plato preparado por si mismo… y yo limpie el desastre que había hecho en la cocina. Como de costumbre andaba con lo mínimo, una camisa blanca repegada a su cuerpo y sus calzoncillos y con una sonrisa cansada se sentó en una de las sillas de la cocina para hablar conmigo mientras seguía limpiando

    Desde que había pasado lo de mi hermano, pues empecé a calibrar la herramienta de mi padre, por lo que intentaba no mirar directamente, pero a veces se me escapaba alguna miradilla, cuando creía que no se daba cuenta y recién levantado de su “siesta”. Pues andaba con tienda de campaña, vaya.

    Por lo que a veces me daba la vuelta para hablar con él, usualmente discutiendo de la última película que había visto o de como cuando estuviera mejor nos iríamos de viaje. Ese era el tema que nunca cesaba, porque cada vez decía un sitio distinto con planes diferentes. Y a veces, se me escapaba una mirada, que como digo en aquel momento no follaba tanto.

    Y él creía yo en mi inocencia que lo único que quería era compañía. Así estuvimos un rato, yo solazándonos de las vistas sin cerciorarnos que el otro lo hacía. Hasta que tuve que recoger algo del suelo. Con un culo como el mío y con la ropa amplia pero corta, pues digamos que se alza la parte del pantalón y vio una panorámica demasiado buena de mis bragas y el muy cenizo dijo sin hablar a nadie:- ¿Pikachu?- Era una serie que veía conmigo cuando era niña, por lo que se sabía el nombre.

    Claro toda roja me levante y casi me dejo el cráneo porque me resbale, enfadada le dije:- ¡Papá! Joer, no seas niño chico- Este entre risas se disculpó- Perdona Dani, es que me ha hecho gracia- pero si bien se estaba amagando su miembro poco a poco, había vuelto a ponerse terso. Yo volví a limpiar los platos y a no mirarle, mientras que él se fue al comedor. Mientras tenía el corazón a cien y la visión de su miembro solo tapado por sus calzoncillos en mi mente

    Por lo que tras terminar de dejar todo preparado para la cena, fui con él. Y en general, no hubo mucho que reseñar, quizás alguna palmada en la pierna cuando me quería señalar que me fijara en algún momento de sus viejas películas de Filmin. Su miembro se había relajado… y yo lo hice en cierto momento de la tarde en el cuarto de baño, eso si, leyendo un relato erótico.

    Incluso acercándose la hora de cenar seguía con sus calzoncillos con el aroma de que no se había duchado (es que mi hermano pasa de todo y no le obligaba…), sin cambiárselos por lo que le regañe. Y finalmente acepto ducharse y dejo la ropa afuera que recogí para llevarla a la lavandería… Lo peor es que el aroma… en fin, me revoluciono un poco.

    Por lo que volví alterada al comedor a esperar que se terminará de duchar y se pusiera algo. Al pasar al lado del baño, ya había parado y ahora se estaba secando… o más bien, como el mismo me confeso se estaba haciendo tremenda paja. Pero bueno…

    La cena fue bien, aunque algún comentario o roce con mi pierna se le escapo, siempre con disculpas, aunque con una sonrisa pilla. Jugamos a chorrijuegos de mesa durante un tiempo antes de que quisiera irse a dormir junto un par de cervezas…, puede que algunas más. Pero él estaba de buen humor y me alegraba. Pero el cansancio empezó a poderme, ya que había estado haciendo senderismo por los alrededores del pueblo por la mañana y francamente me encontraba un poco derrotada. Por lo que le dije que me iría también a dormir a dormir, quizás un poco mareada.

    Él seguía durmiendo en su cama de matrimonio (es muy cómoda, por experiencia) y yo en mi pequeña habitación donde me miraban mis juguetes de entonces y las piezas de merchadising que había dejado “castigadas”, que si no tenía mil trastos en mi piso. De muebles en realidad tenía una estantería hasta los topes, un armario ídem, un pequeño escritorio y mi cama que no me viene pequeña, porque yo también lo soy.

    Como hacía calor, pero aun así es septiembre me desnudé entera, menos mis bragas y me puse una sábana muy fina encima, más por si refrescaba de madrugada que por el frio que hacía. Habíamos apagado recientemente la calefacción. Apague la luz e intente dormirme. Usualmente soy de sueño rápido y que pueden caer bombas a mi lado pero que no me entero. Lo cual se agradece muchas veces. Pero hoy estaba algo nerviosa y la bebida me afecto un poco, por lo que me desvelé.

    Me puse el móvil y me distraje durante un rato, e intenté dormirme… pero nada. También leí un poco un libro y probe otros métodos, pero ya había pasado una hora y miraba el techo de la habitación. Por lo que empecé a pensar en lo que paso en el fregadero y me imagine que en vez de mi padre era algún otro hombre… por lo que empecé a acariciar mis labios inferiores, poco a poco, mientras replanteaba en mi cabeza la situación, aunque el subconsciente hacía que viera a mi padre de vez en cuando, lo que alargo los tocamientos al “enfriarme”, aunque más bien intentando decirle a mi cabeza, que eso no estaba bien. Los tocamientos aumentaron de ritmo e incluso un dedo entro dentro de mi.

    Entonces escuche los pasos por el pasillo, mi padre se habría levantado a beber agua. Yo cerré los ojos para intentar dormirme y paré de masturbarme sintiéndome una niña. Cuando escuche que mi padre se había detenido enfrente de mi habitación. Así paso un tiempo, asustada pensando que habría oído mis gemidos, hice aspavientos de que estaba dormida. Entonces, la puerta se abrió, yo miré a quien entraba con la rendija del ojo.

    Solo podía ver su figura, pero evidentemente era mi padre. Se acercó a mi sigilosamente, pensando que quizás se le había subido un poco y quería gastarme una broma, me dispuse a ser yo quien le sorprendiera… Hasta que con suavidad empezó a retirar la sábana de encima de mí y me quede helada… Tendría que haberle dicho algo en ese momento, supongo, pero mi reacción fue esa. De indefensión.

    Pronto note que todo mi cuerpo estaba al aire. Podía escucharle su respiración ligeramente acelerada y el ligero olor a su sudor. Y poco después escuche el sonido inconfundible de que se estaba pajeando… mirándome. No quería decirle nada por una mezcla de miedo, sorpresa, pensar que se moriría de la vergüenza y… que la situación en ese momento me ponía un poco bastante.

    Entonces una de sus manos sin dejar de tocarse, empezó a acariciar mis muslos. Como suelo ser alguien que hace ejercicio, siempre los tengo bastante duros, y notar su tacto recorriéndolos, me hizo sentirme rara, especialmente según se acercaba más y más a la zona de mi monte de Venus, mi corazón palpitaba, mientras que a veces me sorprendía teniendo que respirar.

    Su mano empezó a tocarme en mi sexo de forma grosera, pero andaba muy sensible, por lo que empecé a respirar fuerte, lo que hizo que se retirase, un momento, antes de volver cuando me “relaje”. Si antes había sido por encima de la ropa, ahora retiró las bragas y pude notar el frío en mis bajos, que pronto fueron cubiertos por su mano. Por un momento se sorprendió y paró, me imagino que al notar que andaba ya mojada.

    Pero se envalentono de nuevo, empezó acariciarme con dos dedos abriendo mis labios y tocando mi sexo, ya era demasiado por lo que hice que me removía en sueños y me puse de lado, ocultando mi sexo. Parece que cedió de intentar más por ahí.

    No dista que después sentí su aliento en mis pechos y como su lengua me dio un par de lametones muy ligeros en los pezones, antes de rozarlos con la mano libre. Por como suspiraba, parecía que estaba llegando al orgasmo. Creí que se iría entonces al baño a descargar.

    Pero fue una esperanza vana y note como se ponía sobre la cama. Al lado de mi cara, y el evidente olor a polla ¡Ahí tenía el miembro de mi padre al lado de mi boca! Pronto mis labios rozaron algo, que ya me imaginaba que era. Escuche como suspiraba, mientras que como tenía un poco la boca abierta toque con la punta de la lengua su miembro, mientras que lo introdujo un poco. Notar su sabor y como lo rodeaba con mis labios… bufff me hizo ponerme mucho.

    Solo fue un momento, pero me pareció una eternidad, ya que satisfecho se separó de mí. Sus pasos se alejaron e intento no hacer ruido mientras cerraba la puerta, sin conseguirlo demasiado. Con lo cachonda que iba a punto estuve de decir que se quedará. Pero mi mente racional se impuso y se intentó calmar diciendo que el alcohol le había afectado más por la medicación… Lo mejor es que a la mañana siguiente estaba de un gran humor y no hizo nada extraño.

    Y esa fue mi primera experiencia con quien ahora me está esperando en la cama. Ya que estoy escribiendo esto de madrugada. Por lo demás estoy super ilusionada y feliz. Aunque confesarlo me ayuda a aliviarme el poco complejo de culpa que tengo. Espero que podáis comprenderme. Si queréis comentar siempre os contestaré. Gracias por leerme.

  • Despedida sexual con mi hermano

    Despedida sexual con mi hermano

    Bueno todo comenzó cuando en la casa de mi papá se fueron de viaje, cabe recalcar que yo no vivo en esa casa. Pero siempre visito ahí ya que vivo muy cerca. En esos días solo mi medio hermano mayor iba a quedar y solo, él vive en la parte de arriba, fueron como 3 días en los cuales el estaba solo.

    Él es un hombre de 43 años, blanco, bello, encuerpadito, muy pulcro, y con pocos vello en su pecho, es muy sexy, y muy solitario y misterioso.

    Me dejan la tarde de ir a darle de comer a las mascotas y así darle vuelta a la casa (ver qué todo estuviera bien).

    Llegó un día como a eso de las 6:30 pm día sábado, mi medio hermano está arriba solo, escuchado música ya se había bebido unos tragos el solo, total que el me escucha llegar y al rato baja en toalla recién bañado, y me saluda, pero estaba un poco cariñoso de lo normal y es raro en él, me dice…

    ¿Qué harás ahorita? Yo le contestó ¡Nada, estaré un rato, en mi casa no hay nadie y así aprovecho de ver cómo está todo acá!

    Él me dice, que suba y lo acompañe un rato y voy, (el me da mucho morbo, no sé porque) subí y el igual, estaba así si franela y con solo el paño muy sexi la verdad. Me da trago y tomo, y luego él me dice, que pase al cuarto y veamos algo, y paso y el me comienza a preguntar por una prima que tuvo algo con el (mi prima, es solo mi prima, no de él). Yo le contesto y todo, y él me dice «tengo ganas de verme con ella pero no sé» en ese momento se le cae el paño y quedó desnudo! Yo me le quedó viendo y me da un cosquilleo en el cuerpo, y se quedó sin el paño y el voltea y tranca la puerta y me dice ¿Quieres saber que hacía yo con ella? Y no le contesto y solo lo veo atónito y él llega y se pone enfrente de mí…

    La tenía dura y rosada y me arrodilló y me la metió en la boca y comencé a chupar, sentía demasiado rico, de una vez me excite, y el comenzó a gemir sutilmente, yo tocaba sus testículos y le chupaba su glande y más gemía, luego se acostó y seguí chupando, y me dijo que me quitara el shorts, busco un condón y me dijo que si era mi primera vez y le dije que si. Coloco lubricante y me lo metió poco a poco la sentía dura y él me tomaba por mi cintura.

    Comenzó a follarme poco a poco y cada vez aumentaba el ritmo, me veía a través del espejo como me cogia, y más me excitaba verlo a él comenzaba a sudar ligeramente, y luego lo hicimos de misionero y uff tocar su pecho era lo mejor, olerlo, agarrar sus brazos que rico…

    Así hasta que me preño, comenzó a darme duro, y me apretó y gemía, y me terminó adentro, mientras yo acariciaba su pecho, luego le quite el condón y se lo chupe un rato más, estuve unos minutos acostado en su pecho. Luego me llevo en su carro a mi casa y me dijo (lo que pasó solo lo sabremos tú y yo) y yo le dije que pensaba igual. Luego al mes se fue del país, extraño esa fantasía ojalá cumplirla algún día.

  • Mi novia me era infiel a escondidas y terminó embarazada

    Mi novia me era infiel a escondidas y terminó embarazada

    Esta es la última experiencia que tuve con mi novia María, la cuál es real, grabé todo lo que me contó y pues ahora lo estoy relatando mientras escucho la grabación. Si leyeron mi relato anterior saben cómo es mi novia María y su amigo de la universidad Cristian con el cual le cumplí la fantasía e hicimos nuestro primer trío.

    Hacer un trío con su amigo Cristian era algo riesgoso porque podría gustarle más como él lo hacía que conmigo y pues me di cuenta que fue así. Me excitaba ver a mi novia coger con otro, pero no sabía que ella me era infiel con Cristian a escondidas, sin decirme absolutamente nada.

    Un día estábamos en mi casa mi novia y yo, últimamente la veía mucho en su celular cuando estaba conmigo y me dio intriga saber que tanto hacía. Esperé la oportunidad cuando decidió ir a tomar un baño dejó su celular con música yo no soy de revisar sus cosas ella lo sabe aunque nos sabíamos las claves porque teníamos confianza. Por lo visto no había nada hasta que llegó un mensaje de Telegram y vi que era Cristian el amigo de su universidad. Vaya, había fotos de mi novia en tanga mostrando sus nalgas y conversaciones pervertidas. Yo no sabía nada de esto, pero eso no era todo. En las conversaciones decían cosas como:

    – Que rica estas María esas nalgas están buenas. Decía Cristian

    – Tu pene es el mejor que he visto y probado, me encanta. Mi novia le escribía.

    – Le decimos a tu novio para volverlo hacer y así nos quitamos las ganas.

    – Mejor no le digamos nada. Ven mañana a mi casa que no hay nadie y hacemos cosas. Decía María.

    – Me gusta, entonces mañana estoy ahí. Concluyó Cristian.

    Pude ver fotos donde mi novia le chupaba la verga a Cristian. Incluso videos en el carro de Cristian que le mamaba su pene y lo masturbaba. Me di cuenta que hasta me mentía de quedarse con sus amigas haciendo deberes o yendo a comer cuando realmente se veía y quedaba con Cristian. Me molestó el hecho de que nunca me dijo nada y peor aún me mentía, quizás si lo hablábamos hubiera sido diferente e incluso podía acceder a esto, pero no, estaba teniendo sexo a escondidas con su amigo.

    Luego de unos días no aguanté más y hablamos de lo que había visto, ya sentía que no era lo mismo y decidí terminar con la relación. Aun así no perdimos contacto del todo y después de tiempo de haber terminado, le escribí para saber de ella, la extrañaba, tuvimos una conversación un poco caliente, sabíamos que todavía nos deseábamos. Quería verla y si había la oportunidad, hacer algo más, quedamos en vernos en su casa como antes lo hacíamos. La vi y estaba buenísima, nos sentamos hablar y me dice:

    – Andrés tengo que contarte algo.

    – Yo le digo: dime María que pasó?

    – Es algo que nadie sabe pero pasó y no sé que hacer.

    – Pero dime, para ver qué te puedo ayudar o que! Le insistí.

    – Ok, te voy a contar todo para que sepas cada detalle. Agrego María.

    Yo estaba ansioso no sabía que era, por lo visto era algo malo para ella, pero cuando me dijo que tenía que ver con Cristian me entró un poco de coraje y celos, pero la iba a escuchar. Empezó a contarme de la siguiente manera:

    – Como ya sabes yo te era infiel con Cristian porque no te decía nada que teníamos sexo de vez en cuando. No te voy a mentir me gustaba como lo hacía él y me excitaba el hecho de saber que le era infiel a mi novio con mi amigo.

    – Cuántas veces lo hiciste con él? Le pregunté

    – Después del trío que hicimos lo hice unas cuatro veces. Pero más era tocarnos y sexo oral. Déjame seguir contándote agrego María.

    – Un día le envié fotos en tanga a Cristian y el videos haciéndose una paja, me gustaba mucho como se lo hacía, nunca dejaba de decirme que le envié fotos de mis nalgas y lo loco que estaba por romperme el culo. Me propuso ese mismo día saltarnos las clases para ir a un motel y disfrutar buen tiempo sin que nadie nos moleste. Yo excitada al ver su pene grande y grueso le dije Cristian quisiera sentir tu pene que me estés dando en mi culito pero tengo miedo de que mi novio se moleste un poco si se entera. Al final me convenció y nos veríamos en la tarde en la universidad, le dije que traiga condones que yo no tenía.

    Yo solo la escuchaba aunque primero con un poco de coraje pero ahora mi verga se empezaba a poner dura por lo que me estaba contando. Cómo fue te gustó lo que hicieron? Agregué.

    Me siguió contando María:..

    – Llegamos al motel y ni bien entramos nos agarramos a besos, le agarré su pene, mientras él no perdía tiempo en manosearme mi culo, me bajo el pantalón, el se bajó el suyo y siempre le gustaba excitarme poniéndome su pene duro entre mis nalgas y moverse, que rico era, se lo quería chupar, me puse de rodillas y empecé como una loca a meterme ese rico pene en mi boca, estaba muy mojado, me daba nalgadas muy fuerte que le decía que pare porque mi novio me podría ver las marcas. Me decía que ya se venía, así que lo chupe más fuerte y se corrió en mi boca, el no me dejó hasta tragarme su leche caliente, era la primera vez que me tragaba el semen, estaba delicioso.

    Cabe recalcar que mi novia María antes era una chica tímida, siempre lo hicimos con condón, solo una vez fue sin nada y tampoco se cuidaba porque no era de estar cogiendo a cada rato o ser adicta al sexo, pero aceptó que ahora era más sexual y le gustaba ser caliente.

    María continuo relatando cada cosa que hacían y le decía Cristian:..

    Después de una buena chupada de pene y desnudo totalmente volvió a restregarse en mis nalgas yo con mi calzón todo mojado, de nuevo se le estaba parando y poniendo duro mientras me dijo él:

    – María me gustas mucho, quiero que seas mía, quiero que esas nalgas ricas sean para mí…

    – También me gustas y quiero que tu pene sea mío, le respondí.

    – Termina con tu novio y verás que te romperé el culo siempre que quieras. Dijo Cristian.

    No le respondí eso, lo único que salió de mi boca fue:

    – Hazme tuya Cristian… Me bajé el calzón, me abrí las nalgas y le pedí que me metiera su pene, sin antes decirle que se ponga un condón.

    – Se me olvidaron en el carro. Dijo Cristian. Ya no puedo esperar así que te doy por el culo.

    – Ok hazlo por mí culito! Luego los vas a ver.

    Me puso saliva con sus dedos, la punta de su pene estaba en mi ano, poco a poco empezaba a entrar su tremenda cosa.

    – Métela despacio, me duele mucho, tu pene es muy grueso. Supliqué.

    – Ya está a la mitad, aguanta que si entra todo.

    – Quiero que me rompas mis nalgas. Dije.

    Creo que lo que le dije lo excitó al punto de que con un jalón en mi caderas la terminó metiendo por completo. Era un dolor muy rico, me puse en cuatro para que me cogiera, mis nalgas chocaban con sus bolas de lo fuerte que me daba, metió sus dedos en mi vagina y gritaba de placer, estaba disfrutando como me masturbaba y la tremenda cogida por el culo.

    – Que rica estás María, como me encanta que me des tus nalgas. Dijo entre jadeos.

    – Cristian mételo adelante quiero sentirlo sin condón y cuando estés por terminar te vienes afuera. Dije toda caliente

    No perdió tiempo me la sacó del culo, me dolía y sentía lo abierto que quedaba mi ano, aún en cuatro y sin pensarlo fue directo a penetrarme mi vagina con dificultad porque no entraba, se paró me dio la vuelta, se colocó encima mío y yo con las piernas bien abiertas vi como entraba todo su pene en mi vagina, lo metía y lo sacaba, cada vez me cogía más duro hasta que me dijo algo con lo que perdí el control:

    -Que rica puta e infiel eres, mientras tu novio trabaja yo estoy haciéndote mía con una rica cogida.

    Luego de eso nunca pensé escucharme decir estas cosas, ni a ti te lo había dicho.

    – Mi amor sígueme cogiendo más duro no pares, soy tu puta y toda tuya, quiero que te corras, hazme un hijo no me importa, quiero tu leche en mí. Dije entre gemidos y totalmente excitada.

    – Ay María me vengo, ya no resisto!

    En ese momento de verdad no me importó en lo absoluto nada, dejé que se viniera adentro, sentí como una gran cantidad de semen entraba en mi vagina, mientras todavía me tenía penetrada lo besé en la boca y le dije:

    – Es la primera vez que siento tanto semen, te amo Cristian, que rico pene me he comido.

    – Y para mí es la mejor corrida que he tenido. Dijo Cristian todo exhausto.

    Nos separamos, nos quedamos en la cama tirados de la tremenda cogida que habíamos tenido, dándonos besos en la boca. Ya se estaba haciendo tarde así que decidí irme a bañar para irnos. Cuando de pronto Cristian entra a la ducha, me abraza, siento su paquete sin dudar se lo acaricio y ya estaba dura otra vez. Me metió sus dedos de lo más rico en mi vagina y disfrutaba de placer, por un rato estuvo así hasta qué:

    – Cristian para, siento que me voy a orinar, no muy rápido. Dije gimiendo.

    Él con más ganas lo hacía, que gran orgasmo y corrida tuve en sus dedos, salía gran cantidad de un líquido de mi vagina y era la primera vez que me sucedía. No perdió tiempo en meterme su pene de nuevo, está vez entró rápido, me estaba volviendo a coger.

    – Te la quiero chupar, me gusta tenerlo en mi boca.

    Me arrodillé y empecé a mamarle ese pene tan rico que por más que trataba de metérmelo hasta el fondo, no entraba completamente, llegaba a mi garganta y me atragantaba. Sus fluidos era lo mejor y los tenía por toda mi boca.

    Cristian me levantó, me puso contra la pared de la ducha bruscamente, me dio unas nalgadas muy duro, me abrió las nalgas y metió su pene, empezó a cogerme muy pero muy duro.

    – No voy a desaprovechar esta oportunidad de estar contigo a solas y no hacerte mía las veces que quiera. Me dijo.

    – Culeame pero ya no te vengas adentro por favor. Dije mientras me daba de lo más rico.

    – Me vengo mi amor! Decía acelerando la respiración.

    – Sácalo Cristian, adentro ya no.

    – Lo siento bebé, tarde no aguanté.

    Volví a sentirme llena de semen por mi vagina que cuando lo iba sacando, sentí como chorreó un poco, me pidió que le limpie con la boca y le chupe lo que quedaba de su corrida.

    Al final nos terminamos de bañar juntos, salimos, me fue a dejar a la universidad, antes de despedirnos me dijo lo rico que la habíamos pasado, que lo volvería a repetir porque le gustaba y quería que seamos algo más. Sinceramente le dije que también me gustaba pero no quería seguir haciéndote estas cosas escondidas de mi novio… Nos despedimos con un largo beso en la boca. Terminó el relato mi ex novia María…

    Después de haber escuchado la versión de ella, estaba excitadísimo sí, pero a la vez no podía creer que se la había cogido algunas veces su amigo e incluso se le vino adentro. Me quedé frío cuando me dijo:

    – Y ahora Andrés estoy embarazada de Cristian, llevo dos meses ya! Cuando le dije el aceptó que era de él y me dijo que se haría responsable del bebé.

    Yo me quedé sin palabras, solo pensando que cuando aún éramos novios quedó embarazada de su amigo y estaba seguro que era de él porque nosotros siempre lo hacíamos con condón. La chica tímida que conocí, quedó preñada de su amigo por un día de calentura. Por suerte Cristian dijo que era suyo y no le puso peros a María negándolo.

    Hoy en día mi ex María tiene un poco más de seis meses de embarazo, tengo entendido que estuvo de novio con Cristian, no sé ahora, lo que si se es que terminará siendo una mamá joven y al final decidió si tener un hijo con Cristian «su amigo».