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  • Andre

    Andre

    Me había metido en una aplicación de citas por la insistencia de un amigo. Pasé dos meses sin conectar con nada que mi interesara hasta que apareció una piba muy joven que me escribió para proponerme tener un encuentro sexual. No quería rollos, solo sexo. Es más, me aclaró que tenía novio y que necesitaba que los encuentros fueran discretos. Cuando vi la foto, pese a que la cara estaba difuminada, era evidente que era una pendeja muy joven y hermosa. Me pareció que era una joda ¿qué podía querer con un viejo como yo? Pero le mandé un mensaje y me contestó que si, que quería contactarme

    – “¡¡Qué joven que sos!!! ¿En serio querés entablar una relación conmigo?”, le pregunté, sorprendido, a través del chat de la app de citas.

    – “Si papi. Los pibes de mi edad no saben que hacer para que una chica disfrute como debe. ”, preguntó Andre (así era su nick). “Quiero a alguien que tenga experiencia. Vos pusiste que usas juguetes, que conocés el sexo tántrico, que te gusta dominar y a mi me gusta que me dominen, que te encanta mimar y los juegos previos. Espero que todo eso sea real, pero si lo es, bárbaro. Me gustaría pasar un rato en la cama con vos y que me hagas todo eso. ¿No querés estar conmigo?”

    – “Claro que quiero. Solo intentaba estar seguro de lo que vos querías. Pero si, sin duda. Y para resolver tu interés de evitar que nos vean, te propongo lo siguiente. Estaciono mi coche en una avenida, te paso la patente y tengo la puerta destrabada. Vos venís, te metés al coche y nos vamos a un telo. ¿Te parece?”

    – “Uy, que buena idea. Dale. Pasame mejor una foto de tu auto así lo ubico bien. ¿Podés mañana a la tarde? Te paso mi wassap

    Y así fue como tuve la primera cita con Andrea, una joven morocha de 22 añitos que fantaseaba con hombres mayores. Hasta que entró al auto, pensaba que era una joda, o que no era la de las fotos o qué se yo. Me parecía raro que se diera así, tan fácil. Pero resulto todo cierto.

    Era un caramelito joven, de linda figura, muy bonita y agradable. Yo no le había mentido en mi edad y aunque hago ejercicios y me mantengo, estoy pelado y mis 67 años se notan. Pero a ella pareció encantarle lo que vio cuando me conoció en persona. Le pregunté si le parecía bien ir a un hotel que quedaba cerca del Abasto (lugar donde nos habíamos encontrado) y accedió con ganas. Veinte minutos después de la cita, estábamos entrando a una habitación del telo. Ella miró todo y fue a acostarse en la cama.

    Yo abrí un bolso donde llevaba varios elementos y ella miró, curiosa. Saqué una fusta, consoladores, cremas, lubricantes, dildos, pulpitos, esposas de cuero, vendas y ropa.

    – “¿Qué es todo eso?” preguntó curiosa.

    – “Juguetes y elementos para ambientar el sexo. ¿No querías probar cosas nuevas? ¿No me dijiste que te gusta que te dominen?”

    – “Upss, si, pero ¿así, en la primera vez? Tengo que confesarte que use consoladores, pero nada más. “¿Qué es esa ropa?”.

    – “Para que te vistas y para que asumas un rol que te voy a indicar. ¿No te gusta fantasear”.

    – “Si. Me encanta. Me da miedito eso de la fusta, las esposas”.

    – “Todo lo que hagamos va a ser con acuerdo de ambos y solo para dar placer. Si duele, molesta o incomoda, no lo hacemos o no lo usamos.”.

    – “Ok. Probemos”, dijo, con cara de mucha intriga.

    – “Toma esta ropa. Andá al baño y cambiate. Cuando entrés, seguime el juego hasta donde te parezca. Para empezar, me tratas de “señor” con respeto y casi temor. Y, de nuevo, si hago algo que no te va, avisame y listo. ¿Queres jugar?”

    El sí le salió con ganas, se levantó, vino a buscar la ropa, me dio un beso y yo la despedí con un chirlo. Minutos después entraba vestida de colegiala, con una camisa elástica que le marcaba los pechos, una pollera escocesa muy corta, medias ¾ y un moño en el pelo. Estaba para comerla.

    – “¿Cómo está alumna Andrea”, le dije con voz seria y autoritaria ni bien la vi. “La mandaron otra vez a dirección por mala conducta y bajas notas. Vamos a tener que tomar serias medidas con usted. Ya mismo llamo a sus padres para que la vengan a buscar. Desde este momento está expulsada de esta Institución”

    – “No, por favor, señor director”, dijo suplicante y haciendo pucheritos. “Le prometo que voy a portarme bien y a estudiar todas las materias. No llame a mis padres, por favor”

    – “No, no y no. Esas promesas ya las escuché de su parte y nada cambió después. Está decidida su expulsión”

    – “Señor Director”, dijo arrimándose melosa y sensual, “no hay nada que una alumnita cono yo pueda hacer para que la perdonen. Hago lo que usted quiera, lo que sea”

    – “No sé a que se refiere alumna. Ya está todo dicho”

    – “No sea así Director. ¿No hay nada, pero nada que usted quisiera de esta alumna? Yo le doy lo que pida, hago lo que pida. Lo que sea Dire”, me dijo.

    – “Creo que usted se confunde alumna”, le contesté.

    – “No director, no. Solo quiero que me castigue por lo que hice pero no me expulse”, caminó hasta una cómoda y se reclinó, quedando a mi vista su preciosa cola apenas tapada por la blanca bombachita. “Castígueme

    Director, sé que fui una mala alumna, castígueme”

    – “Bueno, veo que está arrepentida. Quizá le aplique un castigo y le dé una nueva oportunidad”

    – “Si director”, me dijo agachándose más. “Castígueme”

    Me acerqué y le dí un chirlo en una de sus nalguitas a lo que dejó escapar un quejido sensual y meloso. Empecé a darle nalgadas y ella se retorcía y gemía. Tanteaba de a poco para no pasarme de lo que ella deseaba. Pero no solo no me ponía límites, sino que se acomodaba para recibir más.

    – “Así Dire, así. Soy una mala nena que merece que la disciplinen. Peguele más fuerte a su alumnita Director, me lo merezco”

    Seguí pegándole mientras sus nalgas se iban poniendo rojas y era evidente que lo disfrutaba a morir. Fui a buscar la fusta y seguí dandole fustazos, esperando que en algún momento me parara, pero solo se acostó sobre la cómoda y me alentó.

    – “Si, así, así. Castigala a tu alumna.”

    Al rato paré y empecé a masajearle la cola. Ella la sacaba más como ofreciendomela. Le metí la mano para tocarle la conchita con los dedos y noté que estaba totalmente mojada. Me acerqué a su oído y le pregunté.

    – “¿Te gusta que te pegue así?”

    – “Me encanta papi, tratame como a una puta”

    La agarré del brazo, la obligué a pararse, saqué mi verga, la agarré del pelo y sin miramientos la lleve de prepo para ponerla de rodillas hasta que tuvo la cara frente a mi chota.

    – “Chupá esa verga putita y hacelo bien. Si no te voy a tener que castigar”

    – “Si dire, lo que diga”, respondió y empezó a mamarme con ganas y deseo. Era evidente que la situación de ser dominada la ponía a mil. Yo la mantuve agarrada del pelo y la llevaba a mi antojo.

    – “Poneme los labios como si besaras que te voy a coger la boca”

    Hizo lo que le indiqué y se aguantó las embestidas de mi pija en su boca, cerrándome los labios de tal manera que parecía una conchita cuando la penetraba. Le empezaron a brotar lágrimas y empecé a hacerlo más lento, le separé la cara y le pregunté

    – “¿Te hace mal?

    – “No papi, soy tu putita y mi boca es para que la cojas toda. ¿Te gusta como te chupo?”

    – “Si, bebé, quiero que la chupes así hasta tragarte mi leche, oíste?”.-

    – “Lo que mi papi diga su putita lo hace” y volvió a tragarse mi chota una y otra vez hasta que estallé llenándole la boca de leche. Se quedó con la pija adentro y la acarició con la lengua y después la fue chupando fuerte hasta dejarla limpia. La sacó y la lamió toda. Me miró con una sonrisa y preguntó:

    – “Estuvo bien tu putita o merece que la castiguen” con la cara reluciente, contenta y feliz.

    – “Estuviste muy bien. Pero igual, si tengo ganas, te voy a dar unos cuantos chirlos más tarde. Ahora vení”.

    – “Cuando quieras papi, me gusta ser tu putita. Me gusta como me tratás, así de fuerte.”.

    La puse de pie y empecé a desvestirla, acariciándola entre medio y dandole chirlitos. Cuando quedó desnuda, le hice dar una vuelta para mirarla bien. Una figura delgada y preciosa, tetitas paradas con unos pezones duros, colita redonda y firme. Y una carita hermosa de nena feliz y satisfecha con ojos de deseo y lujuria. Un manjar. Me saqué la camisa, los zapatos y las medias, me acosté y le ordené que me desvista.

    – “Para que veas que estuviste bien, te voy a dar un premio. Pero tenés que lamer esa pija hasta ponerla dura.”

    Sin decir nada, me sacó los pantalones y el boxer y se dedicó a mamar hasta que logró revivir mi pija. No fue difícil. Ver a esa nena totalmente entregada a mi me calentaba a más no poder.

  • Mi primera vez con mi mamá

    Mi primera vez con mi mamá

    Hola, soy David actualmente tengo 23 años, pero cuando sucedió yo tenía 20 años, por ese tiempo media 1.76 cm con un cuerpo promedio y mi madre tenía 40 años media 1.61cm y tenía algo de peso extra pero que solo aumentaba el tamaño de su pecho y su trasero. Mi padre se divorció de elle hace 10 años por lo que no ha tenido a un hombre en su vida durante ese tiempo.

    Cuando entré a universidad fue el momento que decidí tener sexo con mi madre, no sabía como planteárselo o como decírselo es por eso que fue poco a poco con señales indirectas, por ejemplo: cuando yo tenía una erección no la disimulaba y dejaba que la viera, comencé a vestir con menos ropa, le decía muchas cumplidos, entre otras cosas.

    Pensé que haciendo eso se daría cuenta que quería algo, es por eso que cuando fue mi cumpleaños 20 años le dije que lo quería celebrar con ella en la casa a lo cual ella acepto, entonces al terminar de cenar le dije:

    D: David

    M: Madre

    D: Mamá solo tengo un deseo de cumpleaños y tu eres la única que lo puede cumplir

    M: Espero que no sea algo muy costoso por que no tengo tanto dinero

    D: No te preocupes no es de dinero, lo que quiero es a ti

    M: (No dijo nada por unos segundos solo para después lanzar una sonrisa picarona diciendo) Ya te habías tardado en decírmelo

    D: Espera por que dices tardado???

    M: Acaso desde prepa no usabas mis sostenes y bragas para divertirte y que los dejabas llenos y la facilidad que tenías para agarrarlos o cuando estaban más mojados u olorosos de lo normal siempre fui yo o desde que entraste a universidad y te dejaba verme con menos ropa de normal

    D: Si perdón por eso, pero tu tampoco dijiste algo pero entonces si podemos hacer lo que quiero???

    M: Hoy voy a ser toda tuya, tu solo di que hacer

    D: Ok esta bien me voy a meter a bañar y en 20 minutos voy a tu cuarto

    Yo por esos momentos no sabía que estaba pasando si era real si era solo una broma pero de algo estaba seguro ya solo quedaba intentarlo.

    D: (Entre al cuarto de mi madre) Listo ya estoy

    Ella se encontraba en un lado de la cama sentada con un brasier y sus bragas de encaje que hacían juego

    M: Bien siéntate a un lado, es importante que lo que va a suceder no se lo puedes contar a nadie o hacer referencias de esto nunca lo entiendes???

    D: Si esta bien a nadie

    M: Entonces porque no empezamos por lo básico que son las caricias y los besos

    Yo no era un experto en dar besos o tocar a las mujeres es por eso que mi mamá tomó la iniciativa y empezó a darme besos en los cachetes, labios, boca, abdomen, comenzaba a poner sus manos en mi paquete que ya se encontraba durisimo yo por mi parte al igual que ella la bese en la boca y le quite su sujetador para comenzar a chupar sus pezones y poner mi mano por fuera de su calzón esto duro unos minutos cuando le baje las bragas y yo me baje mi bóxer y e acosté en la cama boca arriba.

    D: Vamos a hacer el 69

    Ella puso su vagina arriba de mi boca y su boca arriba de mi pene y empezamos a chupar lo que le correspondía a cada quien, yo solo podía pensar en todas las veces que use sus bragas el olor y el sabor eran muy parecidos yo me sentía en las nubes por fin estaba cumpliendo mi sueño, después de 4 minutos aproximado me detuve y le dije

    D: Ahora quiero sentirte

    M: Esta bien que quieres hacer

    D: Quiero intentar varias posiciones pero para empezar la del misionero

    Fue cuando ella se acostó boca arriba en la cama y abrió algo sus piernas para dejarme toda su grandeza

    D: Oye tienes un condón o voy a mi cuarto???

    M: No pasa nada cuando te tuve me quitaron mi útero por lo que no puede pasar nada

    Escuchar eso me dejo aún más feliz no necesitaba un condón, seria contacto directo, entonces me pues por encima de ella nos besamos y se la metí primero la puntita para ver que pasaba cuando mi madre soltó un leve gemido y le de dije que la metería toda a lo que solo asintió, deje caer más peso para poder meterla toda y a lo que gimió aun más fuerte y comencé a realizar el movimiento atrás/adelante mientras nos veíamos a los ojos y nos besabamos a lo que dure unos 5 minutos en esa posición y le dije que ya quería cambiar, a lo que me envolvió con sus piernas mi espalda baja y no me dejó despejarme de ella.

    M: No me dejes por favor quiero sentir más de ti

    D: Yo jamas te abandonaré te lo prometo

    Me soltó y por fin me pude despegar de ella, terminamos algo cansados ya que ella tenía bastantes años sin hacerlo y yo nunca, le dije algo más relajado quiero que me montes, me puse boca arriba y ella se levantó y me dio la espalda y se sentó en mi pene, yo tenía toda la vista de ese enorme trasero y toda su espalda y empezó a moverse de arriba/abajo a los que después de un tiempos se volteo y me dio todos sus pechos y su cara y también se movía arriba/abajo y parecía ser lo que más disfruto porque era con el que más gemia.

    Y ya para terminar la última posición fue el perrito se puso de cuatro en la orilla de la cama y yo de pie a lo que de una hasta el fondo y ella solo retumbó con mis manos alternaba entre su trasero o el pelo y yo con el adelante/atrás hasta que le dije me voy a venir, saque mi pene le di la vuelta y me vine en su cara, saco la lengua y metió algunos a su boca.

    M: Ven no me vas a dar un beso

    Me acerque y le di todo un beso y por primera vez probando mi semen después de eso nos limpiamos y nos fuimos cada quien a su baños a bañarse, para el día siguiente no mencionamos nada de lo ocurrido pero a la semana siguiente volvimos a tener sexo y así continúa hasta la actualidad.

  • En pandemia Juan y su hermana se hacen mas cercanos

    En pandemia Juan y su hermana se hacen mas cercanos

    Esto paso durante la época de pandemia.

    Juan estaba sentado en el sofá jugando con su ps4 mientras que tenía que soportar a su hermana Sofia atravesando sus piernas por encima de él.

    Sus piernas eran lindas y suaves y olían bien, el problema no eran las piernas sino su vestido floreado.

    Era muy corto y cada vez que se movía Juan tenía una perfecta y detallada vista de la ropa interior de su hermana.

    Era una bombacha rosa con diseño de gatos, a Juan le divirtió pensar que una Universitaria de 21 años llevara esa ropa.

    Seguramente se estuviera mensajeando con su novio Eduardo, porque tenía cara de feliz cumpleaños.

    Juan ya conocía la rutina y como terminaba, mientras tanto su madre pelaba papas en la cocina para el almuerzo y escuchaba la radio.

    Sofia movió las piernas y se relamió los labios con la lengua, era la señal de que estaban teniendo sexo escrito.

    Sofia miro en dirección a la cocina para ver que mamá estuviera ocupada y mientras con una mano mandaba mensaje con la otra tomó su bombacha rosa y deslizo la tela un poco a la izquierda, lo suficiente para que su delicada vagina quedara expuesta.

    Juan estaba nervioso, el corazón le iba a mil por hora, pero no reusó la oferta de su hermana.

    Apoyo el mando a un costado, junto el dedo índice y corazón y se los introdujo en la vagina de Sofia, esta hizo un pequeño gemido de placer cuando los sintió.

    Comenzó a masturbarla, los dedos se deslizaban bien ya que estaba bastante húmeda. Para la suerte de Juan desde esa posición tenía una clara vista de la cocina y aunque su madre decidiera aparecer le daría el tiempo suficiente a sacar los dedos de Sofia sin que se enterara.

    Mientras el ruido de la tele tapaba los gemidos y el ruido de flujo acuoso que hacía una vagina bien mojada.

    Juan empezó a estimular el clítoris con el dedo pulgar mientras le colaba los otros dos. Lo movía en círculos, sabía que eso le encantaba a su hermana.

    Si algo había aprendido en pandemia bien era el uso de zoom y la forma de estimular la concha de una mujer con los dedos.

    Juan no tardo en sentir el pie de Sofia sobre su miembro erecto, ella lo miro un segundo sonriendo y siguió respondiendo mensajes.

    Juan nunca pensó que una mujer pudiera ser tan buena estimulando el pene de un hombre con el pie, pero su hermana definitivamente era excepcional.

    “Si, que rico, seguí con ese ritmo que ya estoy por correrme”

    Como le gustaba a Juan darle placer a su hermana y que esta le hiciera saber que lo estaba haciendo bien.

    Se esforzó al máximo con los dedos, como si de una competencia se tratara. Imagino a mujeres acostadas en reposeras en la playa y a hombres metiéndoles los dedos mientras un juez preguntaba quién sería la primera en correrse a chorros.

    Las piernas de Sofia comenzaron a temblar y Juan sintió el calor en sus dedos junto con el líquido caliente.

    Estaba tan concentrado que olvido por completo vigilar la cocina, cuando miro su madre estaba allí parada, su rostro estaba serio y sin mirarlo a los ojos le dijo que ya estaba la comida y se fue para empezar a servir los platos.

    Juan fue al baño algo avergonzado, pero antes de lavarse los dedos, los olio, le encantaba el olor de los flujos de Sofia y luego los degusto.

    Le encantaba esos jueguitos prohibidos que tenían entre ellos, y el riesgo que eso conllevaba.

    Los juegos habían empezado luego de mas de 6 meses encerrados y con abstinencia de sexo. Primero con pequeñas bromas y luego cosas más calientes.

    Debía tener una buena excusa cuando confrontara a su madre, pero algo se le ocurriría.

    Cuando llego la tardecita, su madre lo llamo a su habitación para conversar seriamente.

    “Quiero que te sientes, me mires y me digas honestamente que le estabas haciendo a tu hermana, prometo no enojarme”

    Juan le conto lo que hacía sin omitir ningún detalle, pero le sorprendió mas la naturalidad con que su madre tomaba todo el asunto.

    “Quiero que me prometas hijo que…”

    Juan la interrumpió para decirle que ya sabía que hay ciertas cosas que no se debe hacer entre familiares, y le prometió que no volvería a tocarle un pelo a Sofia por mas que esta lo provocara.

    “Esa costumbre de interrumpir, no. Quiero que me prometas que esos jueguitos que tenés con tu hermana los límites a las horas que tu padre no esté en la casa. Es un hombre de mente cerrada y seguro no lo va a tomar bien”

    Juan no podía creer lo que estaba escuchando de su madre.

    “Mamá ¿no te molesta que tus hijos se manoseen a escondidas?”

    Su madre puso una sonrisa antes de hablar.

    “Es amor de hermanos, mientras se cuiden esta todo bien, si supieras las cosas que pasaban en mi familia en el campo. Es algo lindo lo que tienen, disfrútenlo que son jóvenes. Eso sí, vas a limpiar el enchastre que dejo tu hermana en el sofá”

    A Juan se le había puesto la verga dura ahora que sabía que su madre consentía las cosas obscenas que hacía con Sofia.

    “Tu hermana se estaba por entrar a bañar, ¿Por qué no la sorprendes?, entras y la ayudas a enjabonarse el cuerpo, yo voy a dormir un rato”

    Cuando Juan cerró la puerta del cuarto de sus padres se sintió muy afortunado por la madre que tenía.

    Juan se acercó a la puerta del baño y sintió como se abría el agua de la ducha, a su mente vino la imagen de su hermana desnuda. Golpeo la puerta despacio.

    “¿Puedo pasar?”

    Un momento de silencio luego la vos de Sofia dando el consentimiento.

    Sofia estaba de espaldas, el agua caía por su delicado cuerpo y hacia brillar sus hermosas nalgas redondas.

    “¿Vas a decir algo o solo quedarte ahí parado mirando a tu hermana bañarse?

    Juan tomo valor y hablo.

    “¿Puedo ponerte jabón en la espalda?, mamá duerme, recién pase por su cuarto a comprobarlo”

    Sofia no respondió, sin embargo, se agacho para agarrar el jabón, haciendo que Juan pueda ver bien la raya de su vagina.

    Se lo dio y se corrió hacia un lado el pelo para dejar despejada la espalda. Juan comenzó a frotarle el jabón.

    Juan enjabonaba bien la espalda de Sofia, recorriendo cada centímetro de la piel de su hermana, cuando esta comenzó a hablar.

    “¿Te acordas cuando te pregunte si alguna vez te habías masturbado pensando en mí?, me acuerdo que te pusiste rojo como un tomate y me diste un rotundo no como respuesta”

    Cuando Juan llego con el jabón hasta la raya del culo de Sofia se detuvo, esperando el consentimiento de ella.

    “Dale tontito, seguime enjabonando”

    Respiro profundo y comenzó a masajear sus glúteos con el jabón dejándole el orto bien enjabonado, cuando sus dedos rozaban su concha Sofia se agitaba.

    La mano de Juan estaba tan resbaladiza que accidentalmente uno de sus dedos termino metido en el ano de su hermana.

    Sofia soltó un fuerte gemido, cuando sintió deslizarse el dedo de Juan en su culo.

    Frotándose el clítoris mientras su hermano le pajeaba el culito.

    “¿Sabes que me calienta? Que a mi novio nunca lo deje que me haga nada obsceno por el culo. Pero me encanta que vos me lo toques, me lo chupes, incluso que me lo masturbes. Me re excita, saber que es de tu propiedad y solo para vos que sos mi hermano”

    Sofia gemía cada vez mas fuerte mientras sentía el dedo de Juan entrando y saliendo.

    Tomo con sus manos los cachetes de su culo y los separo.

    “No aguanto más, necesito que me metas la verga y me rellenes el asterisco de leche”

    Juan se escupió la pija y la apoyo en la entrada, al hacer un poco de presión el glande empezó a introducirse en la cavidad anal.

    No quería ser brusco, por lo que a medida que introducía el resto de su pene le preguntaba a Sofia si estaba bien.

    Luego de un rato de embestidas suaves Juan empezó a bombear el culo de su hermana mas confiado, sobre todo cuando ella mismo empezó a pedírselo.

    Sofia había olvidado por completo la discreción, apoyaba su cara y sus tetas en los fríos azulejos del baño, mientras su hermano le taladraba constantemente el culo de forma deliciosa.

    El agua de la ducha tapaba apenas los gemidos de places de Sofia, pero no le importaban.

    El sexo continuó sentado en la tapa del inodoro, donde Juan podía manosear los pechos de Sofia y besarse apasionadamente, como recién casados en su primera noche de bodas.

    La carga de semen no se hizo esperar, llenando por completo el culo de Sofia.

    Ambos agitados, escucharon el ruido de la puerta que se abría y su padre que llegaba a la casa.

    Juan salió apurado a su cuarto y Sofia se vistió y se puso la tanga y el pantalón.

    Cuando por fin bajo y saludo a su padre, pensó que él no sabia que el semen de su hijo estaba saliendo en ese momento lentamente del culo de su hija, y eso le daba un placer y un morbo que jamás había experimentado.

    Sofia pensó que, si hacia se sentía el sexo entre hermanos, podría llegar a volverse adicta.

    Otro poco de semen caliente empezó a salir y Sofia sonrió, ideas sucias invadían su mente, debía anotarlas antes de que se le olviden.

  • Confesiones (2): Chofer

    Confesiones (2): Chofer

    Me pasó hace un rato. Yo tenía unos 23, 24…

    Trabajaba en una agencia de seguridad privada, me echó la mano un compa. La paga era buena y que los turnos eran fijos, nada de rolar ni cambios de días de descanso. La jornada sí era de 12 horas, pero siempre teníamos wifi en las casetas o si no, el teléfono que nos daban en la empresa tenía plan ilimitado.

    Primero estuve en una placita de locales, nunca pasó nada. Luego, me mandaron llamar para contarme que iba a cambiar de locación y ahora iba a trabajar en una casa. Yo creí que se referían a una caseta de fraccionamiento, resultó que era una caseta para poder entrar a la casa.

    No era una mansión, estaba en un fraccionamiento, acá, bien elegante, de esos donde la gente compra terreno y construyen a su bola. El terreno era grande, pero había más grandes en esa zona, ninguna colindaba con la del vecino, ni que fueran de interés social. Tenía muros gruesos, cosa que no todas las otras casas tenían y dentro, había unos diez metros de patio y jardín alrededor de la casa, de dos plantas y terraza. La alberca atrás era chica, cabrían unas 10 o 12 personas dentro cuando hacían sus fiestas. Yo me espanté cuando vi árboles frutales, creí que eran… acá… ya sabes, de esos… al principio pensé que en cualquier momento iba a ver un tigre o algo así.

    Nunca supe a qué se dedicaban, pero de que cagaban dinero, cagaban dinero. Dicen que me recomendaron porque nunca había robado nada y, parece ser que eso era raro en esta chamba. No esperaba que me recibieran, pero la señora de la casa pidió verme junto a la jefa de limpieza. Habrá tenido unos cuarenta y tantos, porque sus hijos estaban ya huevuditos, pero se conservaba re bien, la condenada. Era delgada y con los tacones estaba de mi vuelo (yo mido 1.81), era de piel morena pero llevaba el pelo de rojo. Estaba sentada con las piernas cruzadas, meciendo un pie en el aire. Parecía una leona, siempre tenía esa mirada de estar a cargo de todo, no sólo conmigo, con todos, hasta las visitas… incluso su propia madre.

    Entre semana, todo estaba bien muerto. Pero los fines de semana, se armaban las pedas bestiales y lo pesado era revisar la gente que entraba, tomar capturas de los carros, las placas y cuantas caras pudiera al ingresar y al salir. Se la mamaban, muchas veces me iba y la música todavía seguía sonando (no por nada las casas alrededor estaban vacías). Mi principal trabajo era echarle el ojo a la gente que se viera sospechosa, me tocó reportar gente que hacía destrozos por andar de borrachos y hubo una señora que quiso chingarse una estatua, la que armaron ese día. La echaron a patadas y nunca regresó, luego me enteré que era un familiar del esposo.

    Y pues ya, pinche trabajo culero. Llevaba unos 4 meses y ya quería pedir que me volvieran a cuidar una tienda o un supermercado, algo más tranqui. Pero justo entonces, me mandaron hablar los dueños. La señora me dijo que no me fuera a la mañana siguiente y cuando llegó mi relevo, esperamos en la cocina a que se levantara su esposo.

    Claro que le había echado el ojo, tenía un culazo y unas tetotas que le gustaba andar mostrando. Le gustaba usar vestidos con la espalda descubierta y para sus fiestas, siempre eran entallados y con escotazos que se veían claramente desde las cámaras, todo le rebotaba cuando caminaba. Rara vez sonería y si lo hacía, era para aplacar, a esa le gustaba intimidar y que le temieran. Tenía dos hijos varones, a los que conocía sólo por las cámaras, uno porque ya vivía solo y los visitaba algunos fines de semana y al otro, que era el que armaba pedas, estaba estudiando en la universidad. Por mis horarios, nunca me tocaba verlos llegar o salir. Y el esposo era un caso aparte, si seguían casados era seguro por apariencias, porque siempre que los veía juntos llevaba una cara de haber olido un pedo ajeno.

    Mientras esperaba, la señora llevaba una bata y un camisón de seda. Iba descalza y estaba viendo su celular en lo que se dignaba en presentarse el marido, de nuevo, sentada con las piernas cruzadas y el pie en el aire, como acostumbraba. Como siempre, la jefa de mucamas nos hacía tercia y por órdenes de la dueña me sirvió café y galletas. Pasó un buen rato, estábamos los tres en silencio, a excepción de los sonidos de su teléfono, hasta que se desesperó y me dijo que querían que fuera su chofer personal.

    Yo escuché eso y estaba a punto de decirle que ni de pedo, si de por sí era bien incómodo estar ahí con ella sin decir nada, ni quería imaginarme lo que sería andar aguantándola todo el día. Vio mi cara de seguro y me soltó lo que iba a ganar, dije que sí. Viendo que ya no era necesario esperar a su esposo, me dijo que me fuera, me dieron dos días de descanso para aclimatarme al nuevo horario.

    Fue bien pesado los primeros días. Apenas y me dirigía la palabra para decirme a dónde ir, era o al club o a alguna tienda o café. Lo bueno era que muchas veces me decía que ya no me necesitaba ese día y que me podía ir temprano, eso y que un día, cuando me preguntó qué me estaba pareciendo la chamba, le confesé que lo único que no me gustaba era usar ese uniforme ridículo. Dijo que a ella también le parecía feo, “anticuado” y esa misma tarde, me dijo que la acompañara a una tienda, me escogió atuendos para usar en la semana, mandaron llamar al sastre y me tomó medidas. Aquello era algo nuevo para mí y después de una semana, se consumó mi experiencia Pretty Woman.

    Pasaron los meses y poco a poco, se le iba soltando la lengua conmigo para quejarse sobre sus amistades o familiares. Pero una noche, me marcó en la madrugada y me ordenó que pasara a recogerla. Estaba hasta el culo, tenían una de sus fiestas y su marido dizque la intentaba convencer de no irse, pero no dio un paso fuera de la casa y al verla tambalearse por los peldaños del jardín principal, bajé para ayudarla a llegar a la camioneta. Me ordenó irnos a toda velocidad, pero por más que le preguntaba a dónde, sólo me decía que nos fuéramos de la casa. Conduje sin rumbo, le ofrecía dejarla en algún hotel, pero ella decía que no, tampoco quise ir a un parque o sitio público porque pensé que un carro así llamaría la atención de malandros. Se la pasó mentando madres a la familia del señor y por primera vez, la escuché insultarlo. De pendejo y pocos huevos no lo bajó… hasta que se quebró.

    Íbamos por el libramiento y se me ocurrió tomar la carretera. Ella chillaba y gritaba mientras aventaba lo que tenía a la mano a las ventanas, eso sí, nunca dirigió su ira hacia mí. Para cuando se empezó a calmar y preguntó dónde estábamos, le dije que estábamos en la carretera y ya casi llegábamos a la siguiente ciudad. Ni se sorprendió, ni me preguntó a dónde íbamos. Llegamos al sitio que no podía sacarme de la cabeza, el mirador al que iba cuando estaba en secundaria. Me bajé y me dirigí al barandal desde donde se veían las luces de la ciudad y esperé a que ella bajara a acompañarme. Lancé un grito que me salió del pecho, como lo hacía cuando era morro y después de hacerlo unas veces más, ella se animó a hacerlo también. Éramos dos perros aullando en el cerro, pero yo sabía que aquello era lo que podría aplacarla al fin.

    Nos volteamos a ver y por primera vez, la escuché reírse. Le dio un ataque o algo así, porque no paró por un buen rato, se llevó las manos a la barriga y le acerqué un pañuelo para limpiarse las lágrimas y mocos. Cuando al fin recuperó la compostura, dijo que volviéramos, estuvo callada todo el trayecto, la puerta siempre se abría sin necesidad de detenernos y ella entró a la casa sin decir nada más.

    A la mañana siguiente, me presenté a la hora que se me requería siempre y esperé dentro del vehículo hasta mediodía. Ella salió con una especie de mochila de viaje y en cuanto cerró la puerta al subirse, sólo me dijo “vamos allá”. La miré por el retrovisor y antes de que pudiera preguntarle nada, me sonrió. Se me puso la piel chinita, al chile, hasta se me paró un poquito, era bien raro verla sonreír así, sin que intentara amedrentar. Nos pusimos en marcha y, de nuevo, hicimos el recorrido en silencio.

    Llegamos al sitio, era horrible verlo de día, no era más que un baldío. Esperé a que ella bajara, pero sólo se quedó sentada y eso me puso de nervios, no quería verla directamente, sólo veía su pie balancearse. Después de un rato, dijo que la llevara a una plaza o algo así que yo conociera en aquella ciudad, ya que ella no se ubicaba. Decidí llevarla a (…), que era la plaza más fresona, ni modo de llevarla a donde yo me paseaba de morro. Al llegar, dijo que la acompañara. Estacioné la camioneta cerca de donde estaba el guardia y le di su Sor Juana para que me la cuidara bien, en eso, la señora se agarró a mi brazo y nos pusimos a pasear. Al llegar al cine, dijo que entráramos y empezó a recargar la cabeza en mi hombro, compramos los boletos para la función que ya estaba empezando y cuando pensé en pasar a la dulcería ella me jaló para que fuéramos directo a la sala. Ni bien cruzamos la puerta sentí que me agarró entre las piernas, como no había dejado de embarrarme las tetas todo el paseo pues ya la traía bien dura y en vez de sentarnos donde nos tocaba, fuimos a la última fila.

    Esa yo ya me la sabía, así que nos llevé lo más lejos posible de las 4 o 5 personas más que había en la sala. Me senté y luego, luego me abrí el cierre, ella sólo se quedó viéndomela. Me la zangoloteé mientras veía cómo sus ojos la seguían con la mirada, subí y bajé la mano unas veces hasta que por fin se animó a agarrarla. Lo hacía muy mal, con fuerza y lentamente. Me encomendé a la Patrona y probé mi suerte al poner mi mano sobre una de sus tetas. Nos vimos, ella no se detuvo y su mirada ya no era la de esa sargento que mantenía a todos a raya, parecía una morra que no sabía qué hacer.

    Agarré su mano y le mostré cómo hacer mejor la chamba mientras seguía amasando esas lolas que ya se habían salido del vestido, primero una y luego otra. Estaba haciéndolo cada vez mejor, tanto que cerré los ojos y ni bien lo hice, tuve que volver a abrirlos por lo que sentí. Su boca estaba caliente y su lengua estaba haciendo círculos sobre la punta de mi verga. La muy puta no sabía hacer chaquetas pero sabía mamarla bien rico, me vine luego, luego.

    Escupió mis mecos, hizo mucho ruido y un par de cabezas giraron a vernos. Le acomodé el vestido y supe que lo mejor era irnos de esa sala en chinga. Ya en el pasillo, la vi despeinada y con la cara bien roja. Con la mano le señalé otra sala y ella asintió. También estaba casi vacía, pero había alguien en la última fila, así que nos acomodamos en medio, de nuevo, lo más lejos posible de todos los demás. Ella se abanicaba con una mano y sujetaba la mía con la otra, cuando al fin nos vimos, me echó una sonrisa nerviosa y se aseguró de que viera que abrió las piernas cuando me soltó los dedos. Al buen entendedor, pocas palabras.

    Fue mi turno de devolverle el favor, ella se sobaba las tetas mientras se tapaba la boca, entendió que teníamos que guardar silencio. Cuando por fin le temblaron las piernas, me encajó las garras en el brazo y se mordió el labio, clavándome la mirada como si quisiera gritar. Cuando al fin se volvió a acomodar el vestido, la llevé de la mano y salimos de la sala, no sin recibir un chiflido del sujeto en la última fila, seguro se dio cuenta de lo que hicimos.

    Ella se aferraba a mí y le temblaban las piernas al bajar los escalones. La llevé a la zona de comida y fui a llevarle una ensalada del lugar en el que yo sabía que comía a veces. Yo nomás me compré una bebida, sentí que si comía algo iba a vomitar. Al terminar de comer ella, me dijo que regresáramos a la camioneta, pero en vez de volvernos para la casa, fue indicándome por dónde me tenía que ir, siguiendo las instrucciones del GPS en su teléfono.

    Terminamos frente a una casa enrome, era una puta mansión. Me dijo que estacionara frente al portón y detrás de nosotros apareció una mujer que reconocía de algunas fiestas. Bajó a saludarla y tras unas palabras de ánimo de su amiga, recibió las llaves y activó el portón automático al volver a subirse. Una vez dentro, bajó y me dijo que la acompañara nuevamente. No había un alma más en esa casona, ella usó el baño y mientras, yo veía un poco de todo, eso sí, sin tocar nada. Luego escuché que ella me hablaba, pero desde el piso de arriba y la encontré por su voz.

    Estaba echada sobre la cama, ya se había quitado los tacones y me echó una mirada de cordero a medio morir al tiempo que le daba palmadas al colchón. Me puse en cuatro encima de ella, me le quedé viendo apenas unos segundos antes de empezar a quitarle el vestido y comerle esas tetotas que siempre le rebotaban debajo de la tela y que quería que todos le viéramos. Ella me pasaba las manos por debajo de la camisa en la espalda y de repente, se puso encima de mí. Fue abriéndola como rabiosa, uno o dos botones salieron disparados y fue encajándome los dedos (no se dejaba crecer las uñas) en el pecho y la panza y me sacó la verga del pantalón.

    ¡Güey! Esa ruca la mama como si le pagaran, chupa para sacarte el alma y mientras, con las manos termina de bajarme el pantalón. Ya cuando me la dejó bien dura, que se quita el vestido y vi sus calzones, todos mojados, volando hacia el piso. Se la ensartó pero no hasta el fondo, me cae que con ese carácter debió andar así de malcogida por un buen rato, estaba bien estrecha al principio, pero bien mojadita, la cabrona. Creo que quiso montarme y hacerse la dominante, empezó a montarme bien lento y sí se sentía rico, pero yo andaba al mil y la agarré de las caderas. ¡Uf! Se puso más apretadita, pero me lancé y que se la meto más y más al fondo. Ella bufaba como toro, con voz gruesa, como que se aguantaba las ganas.

    Ya cuando se la pude meter entera fue que la empecé a bombear como se debe. Los huevos me dolían, pero le daba hasta el fondo. La acosté de lado y me puse esa piernota al hombro mientras le seguíamos haciendo para que sonara como perro tomando agua. Sus melones se sacudían, sus nalgas se sacudían, pero yo quería oírla gemir. Le pellizqué un pezón y me quitó de un manotazo… y que le doy una nalgada de castigo, ahí era. Le cambiaba la voz cuando gemía tuve que parar para no venirme. La puse boca abajo y seguí azotándola un rato hasta ver ese culazo todo rojo y metérsela de nuevo.

    Estaba gritando al final, eso era lo que quería oír. Y me vine dentro. Ella se tocó la panocha un rato mientras le daba mis últimas estocadas y luego se quedó blandita, blandita.

    Cuando se despertó yo estaba en la sala, había un partido de la Champions y me quedé esperando. Seguía encuerada y yo estaba vestido, me había cambiado la camisa con el repuesto que siempre llevaba en la cajuela. Dijo que si quería algo de comer o beber era libre de agarrar lo que quisiera, resulta que esa casa era de ella, pero estaba a nombre de otra persona, que la mantenía limpia (cosas de ricos, supongo) y de la que ya ni siquiera se acordaba. Bebimos cerveza, comimos botana, vimos el partido y repetimos la hazaña en el cuarto. Nos quedamos dormidos y a la mañana siguiente, después del mañanero y salir a desayunar a un Sanborns, la llevé de vuelta a casa con su familia.

    Sí, volvimos a hacerlo en aquella casa otras veces. Nunca nos tratamos como amantes, ni nos besábamos ni nos agarrábamos de la mano, nada de eso; si a lo mucho, llegamos a quedarnos dormidos en la misma cama tras la fechoría. Hasta la fecha, yo todo eso lo sentí como parte de la chamba.

    ¿Qué hubiera hecho si le decía que no? Claro que me la cogía y me gustaba, pero también creía que estaba a nada de cometer un error que me costara el trabajo… o la vida.

    Mira, un día la caché viendo las noticias mientras hablaban de una mujer que habían encontrado muerta en la carretera. Yo conocía a esa mujer, se veía con ella a veces cuando salía, nunca fue a la casa (ni a la otra). La sonrisa de la señora mientras el presentador en la tele decía que la policía investigaba a la pareja de la occisa es algo que no se me borra de la cabeza.

    Como al año y medio de trabajar ahí, ella pidió el divorcio. Si un amigo se tardó meses en que su vieja firmara, estos dos, según sé, se la llevaron años. Desde que entablaron la demanda, me despidieron, ella dijo que no iba a darle armas a su exmarido y aparte de la liquidación que me dieron, un día me visitó la jefa de limpieza en mi casa. Nada más me entregó un sobre con un fajote de dinero y se fue. De inmediato me cambié de casa, de teléfono y busqué jale de otra cosa que no tuviera que ver con seguridad ni nada de eso. Me fui a donde nadie me conociera y hasta la fecha, todavía no sé si me alegraría o me daría miedo si ella me llegase a encontrar.

  • Fantasía sexual en navidad

    Fantasía sexual en navidad

    Qué cosa fea que es la navidad. Y va más allá de no tener a mis padres para que me complazcan en todos mis caprichos. Siempre me pareció una festividad insulsa. Por eso cada año trato de rebuscármelas para pasarla en algún lugar alejado, sola. Este año, no tuve suerte. Caí en una reunión con parientes lejanos, amigos y conocidos de mi prima. Gente alegre y desinteresada, preocupada simplemente en celebrar el nacimiento del niño Jesús.

    Lo peor de la navidad, a mi entender, es el calor y la humedad. Además, creo que en la mayoría de las que viví, llovió. Me encanta la lluvia, pero cuando viene en noches de amontonamiento de gente, no me cabe. Este año fue muy molesta, debido a que la idea era pasarla al aire libre, pero el clima nos obligó a encerrarnos en un lugar pequeño y feo. ¿Alguien quiere pensar en el puto Papá Noel con ese traje grueso y horrible? Solo yo pensé en él, al parecer.

    En un momento en el que la tormenta había mermado, poco después de la medianoche, todos salieron al patio a contemplar la casi nula actividad de fuegos artificiales. Aproveché para ir a la cocina y empinarme una botella de champagne que alguien había dejado junto al arbolito. Cuando estaba casi por terminarla, apareció él. Su típico traje rojo, la barba y el pelo blanco. Noté sorpresa en su mirada al verme ahí. Pero duró apenas unos segundos, ya que de inmediato dejó su bolsa roja en el piso y avanzó lentamente hacia mí. Me quitó la botella y la apoyó en la mesa. Agarró una de mis manos y la guio hacia su entrepierna. Lo que había ahí me hizo volver a creer en la navidad.

    De rodillas, como frente a un objeto sagrado de gran devoción, su pija se veía increíble. Era como contemplar una docena de objetos milagrosos dispuestos solo para mí. La gloria estaba ahí, simplemente tenía que tomarla. Lo hice de manera desesperada, atragantándome desde la primera envestida. La piel suave y tensa adentro de mi boca presagiaba una explosión apocalíptica por la que estaba dispuesta a inmolarme. El rose de sus muslos con mis tetas desnudas encendían un fuego abrazador que aumentaba mi desesperación. Quería comer, chupar, hacer que esa pija desaparezca adentro mío para siempre.

    Mi boca ya no me alcanzaba para llegar al placer que necesitaba, por eso opté por poner su pija entre mis tetas y obligarlo a que me las coja. Era grande y gruesa, por lo que se sentía perfecta. La punta me daba suaves y rítmicos golpecitos en el mentón, cosa que me hacía reír. Mientras tanto, llevé una de mis manos hacia mi concha, descubriendo que estaba totalmente empapada. Le pedí por favor que me la chupara. Me senté sobre la mesada de la cocina, separé las piernas y hundí su cabeza en mi bosque encantado. La magia sucedió de inmediato. Una explosión gigante hizo que me sacudiera mientras millares de estrellas se posaban adentro de mis ojos. Su lengua experta llevaba el placer a niveles infinitos, pocas veces conocidos. Si venía del frio Polo Norte, no había ningún indicio, ya que todo entre nuestros cuerpos se incendiaba.

    De repente, después de hacerme acabar al menos tres veces solamente con la magia de sus labios, se separó de mí y por primera vez pude contemplarlo en su esplendor. Su cuerpo moreno, atlético y tallado, distaba bastante de la imagen que nos venden del tipo de los regalos. Dudé acerca de todo lo que estaba sucediendo, pero al ver su traje rojo tirado en el suelo junto a mi ropa, volví a la realidad. Bajé de un salto de la mesada y lo llevé al living. De un empujón lo senté en un sillón individual y me senté en su falda, cumpliendo el sueño de todo niño, aunque en un contexto totalmente diferente y +18.

    Su pija contra mis muslos era una daga al rojo vivo que necesitaba que me apuñale cuanto antes. Abandoné mi posición inicial y me senté frente a él. Nadie tuvo que hacer nada. Su pija entró directamente en mi concha, como si sus destinos hubiesen estado escritos incluso desde antes del nacimiento del mismísimo Jesucristo. Comencé a cabalgarlo salvajemente desde el primer instante, a pesar de notar que era imposible que esa tremenda pija entrara por completo adentro mía. Dolía, pero me encantaba. Perdí la noción del tiempo y del espacio, hasta que una gran explosión de semen me hizo acudirme por completo hasta perder el sentido.

    Voces, risas y ruido de copas chocando entre sí me devolvieron a la realidad. Recostada en el sillón, con la botella de champagne vacía entre las piernas y el estúpido árbol de navidad parpadeando sin sentido, volví a recordar lo mucho que odio la navidad. Fui a reencontrarme con los demás participantes del festejo, los saludé, sonreí falsamente y antes de las doce y media ya estaba en la cama, dispuesta a regalarme la paja navideña de cada año.

    *****************

    ¡Feliz Navidad a todos! Extrañaba mucho escribir, publicar y estar en contacto con ustedes. Por eso, a pesar de mi retiro voluntario, decidí volver por un ratito con este especial de navidad. ¡Ojalá les guste! Gracias por los mensajes de apoyo durante todo este año. Ojalá en 2024 volvamos a encontrarnos más seguido.

  • ¡Buscando un sirviente dócil y servil!

    ¡Buscando un sirviente dócil y servil!

    Mi mujer y yo anuncio pusimos buscando mancebo,

    que tuviera poca fortuna y ningún ego.

    Sería más fácil así someterlo a nuestros designios,

    ¡Gigolós muy promiscuos y nada dignos!

     

    Un Decálogo tenemos que es tan sagrado,

    que todo maromo cumplir debe, sin menoscabo.

    ¿Quieren saber cuál es, en qué consiste?

    Si desea ser nuestro esclavo no se despiste.

     

    Primer Mandamiento sería alabarnos mucho,

    tenernos bien complacidos, ser un buen puto.

    El Segundo consistiría en ser mamporrero,

    lamernos bien la entrepierna, como un buen perro.

     

    Atragantarte con los fluidos comiendo almeja,

    mientras pelas mi vaina. Joder, ¡qué tiesa!

    Chuparle los pies a mi esposa sería el Tercero,

    saborear juanetes y ampollas, tragarte el sebo.

     

    Deglutir nuestra saliva y moco sería el Cuarto,

    de correrme y orinar en tu boca nunca me harto.

    Mi esposa que viendo el hecho me imitaría,

    y tú, que tragaderas tienes, te empacharías.

     

    Dejar que te rompiera el culo sería el Quinto,

    mi mujer disfruta viendo cuán te la hinco.

    Luego ella con un dildo haría el gesto,

    de ser un macho cabrío y te endiña el Sexto.

     

    El Séptimo sería hacer labores de chacha,

    ¡que nunca sobran manos para arreglar la casa!

    Hacernos la compra podría ser el Octavo,

    ¡que con tanto gastar en putos no hay ni un centavo!

     

    Lamerle el calzado a mi esposa sería el Noveno,

    pues, al pisar fuerte en los charcos se pone bueno.

    Y ya el Décimo para acabar y con un broche,

    no sería más que, sin reproches… volvieras esta noche.

  • Un mañanero bien caliente

    Un mañanero bien caliente

    Hoy os contaré una experiencia sexual que tuve hace días y que la verdad destaca por tener tanto masturbación como… Bueno, no os hago spoiler jajaja. Os pongo en contexto, mi novia y yo dormimos juntas los fines de semana y muchas veces me levanto antes y para cada mañana siempre viene bien animarse, ¿y qué mejor forma que masturbarme?

    Eran las 8 de la mañana, estaba tumbada al lado de mi novia que seguía dormida: rubia con una piel muy blanquecina y de cuerpo esbelto. Me puse a ver el móvil e inconscientemente empecé a tocarme la vulva por encima: pasaba los dedos sobre los labios, los abría, me daba golpecitos en el coño, acariciaba el clítoris, hacía movimientos redondos con los dos dedos, etc. Todo ello mientras metía la mano debajo de la braga, a su vez con la otra mano sujetaba el móvil viendo tiktok y tal.

    Decidí pasar al siguiente nivel ya que tanto juego me había puesto caliente. Me quité la camiseta y la braga (que es lo único que llevaba). Ya totalmente desnuda, tumbada me abrí de piernas, metí mis dedos en la boca y procedí a introducírmelos en el coñito, empezando el famoso movimiento del «ven ven» dentro. Movía los dedos muy lentamente disfrutando del proceso mientras tenía la otra mano ocupada estrujando uno de mis pezones los cuales ya estaban duros.

    El hecho de masturbarme al lado de una persona que estaba dormida al lado de mi me ponía aún más cachonda, aumenté de ritmo y cambié a un movimiento más violento: sacaba y metía los dedos de la vagina rápidamente los cuales se deslizaban sin ningún problema dentro de mi coño pues lo tenía muy húmedo y líquido, se podía escuchar el sonido de mi vagina mojada en toda la habitación, también mis suspiros que terminaron siendo jadeos y gemidos muy tímidos y aguantados para no terminar despertando a mi novia, acabé con un orgasmo acompañado de un pequeño squirt más un grito agudo por mi parte, pero yo quería más.

    Tras descansar unos breves minutos abrí el cajón de noche de mi pareja para utilizar uno de sus juguetes sexuales: un pene de goma de unos 19cm de largo. Lo que me gustaba de ese juguete no era solo lo largo que era sino también lo grueso, no sabría decir con exactitud la medida exacta pero metérmelo entero en la boca se me hacía complicado.

    Seguí tumbada y para lubricar el juguete decidí practicarle una mamada: empecé con unos besos tímidos y unas lamidas para después proceder con dicha mamada, me lo iba metiendo en la boca y sentía cómo se me complicaba más aguantar una arcada conforme lo iba metiendo dentro de mi sintiendo a la vez el glande de silicona tocar el final de mi cavidad bucal, cuando estaba casi entera dentro de mi aguantaba unos segundos y me la sacaba para poder volver a hacer el mismo procedimiento cada vez más rápido, empujaba y sacaba la polla lo que producía el sonido de «gogogo».

    Terminé bañando la polla de muchísima saliva, la suficiente para que pudiese metérmela sin muchos problemas: acaricié mis labios con el glande del juguete y me lo fui metiendo poco a poco hasta llegar a su final. Para más satisfacción decidí ponerme un video porno lésbico. Con una mano sujetaba el móvil mientras que con la otra me follaba a mi misma con la polla de goma: me la metía cada vez más rápido y a su vez ralentizaba el ritmo para luego aumentarlo de nuevo. Los gemidos de las actrices más el sonido de mi húmeda vagina me prendían tanto que empecé a soltar gemidos más altos que la anterior vez para culminar en otro orgasmo.

    Tras esto podría concluir con mi mañana, pero decidí hacer algo más, dejé el pene y el móvil a un lado, le quité la manta a mi novia, me puse encima de ella y empecé a besarla pronunciando su nombre. Además de besar sus carnosos labios también lamía su cara y besaba el cuello, le quité parte del pijama dejando sus pequeños pechos al descubierto para poder estrujar y morder sus pezones.

    Ella se despertaba poco a poco entre risas y suspiros. Le quité por entero el pijama y las bragas, ya casi completamente desnuda, abrí sus piernas y empecé a lamer su coño para lubricarlo, ella se removía en la cama con los ojos cerrados: lamía sus labios, los besaba, jugaba con su clítoris e incluso llegaba a meter parte de mi lengua dentro de ella, podía sentir como sus fluidos vaginales se mezclaban con mis babas y escuchaba cómo sus suspiros se iban transformando en gemidos.

    Ya completamente lubricada, me tumbé al lado de ella y metí mis dedos dentro de su vagina para empezar a dedearla suavemente, ella aún con los ojos cerrados se dejaba mover al ritmo que iba metiendo y sacando los dedos, yo iba aumentando de ritmo y en respuesta ella me agarró el brazo apretando cada vez más fuerte, alcanzó por fin el orgasmo gimiendo y dejando mojada mi mano.

    Puse mis dedos sobre sus labios para que ella comenzase a lamerlos, así de mientras abrió los ojos y con su cara sonrojada se reía y tocaba su coño por encima. Se puso encima de mi para intercambiar besos y juguetear entre nosotras: frotaba su cuerpo con el mío, me mordía la nariz, me besaba el cuello, me lamía las orejas (algo que me encantaba) y de mientras yo la agarraba el culo, la azotaba suavemente o pasaba mi mano por su cara. Fue un momento muy romántico he de decir (más romántico que otros relatos que he contado jajaja).

    Tras un rato así ella se levantó, cruzó sus piernas con las mías y sentó su conejito sobre el mío para después frotarlo suavemente. Nuestros labios inferiores se besaban e intercambiaban fluidos vaginales mientras nosotras aumentábamos el ritmo de nuestros empujones de una a otra. Sentía su coñito frotarse cada vez más fuerte contra el mío, la cama chirriaba con cada empujón y ella jadeaba mientras se apoyaba sobre mis tetas, yo estrujaba las suyas y las azotaba por placer y pasión acabando nuestra tijera en un orgasmo al unísono soltando gemidos cada una con la voz ahogada y un pequeño squirt de ambas, a ella le temblaban las piernas y el cuerpo, yo disfrutaba verla así mientras pasaba mis dedos por sus labios ya que después de un orgasmo su coño se ponía más sensible y eso hacía que temblase más y se riera.

    Yo estaba agotada y mi novia también, pero quería terminar nuestro mañanero de otra forma: tumbé a mi novia boca arriba, agarré el dildo que había usado y se lo empecé a pasar por sus labios de la boca para luego metérselo y hacerle garganta profunda, el dildo aún seguía mojado con mis fluidos por lo que seguía lubricado. Su cara era preciosa, estaba toda mojada y sonrojada y su boca estaba ocupada con el dildo que le venía muy grande. Le metía un par de veces el dildo hasta el fondo de su boca para luego sacarlo lleno de babas y azotar su cara con él y finalmente se lo metí por el coño.

    La masturbé con su dildo mojado con mis fluidos y sus babas, no era difícil introducirlo y tampoco lo era sacarlo, se deslizaba sin problema alguno y sonaba a muy mojado por lo que yo aumentaba el ritmo y masturbaba a mi chica con la intensidad que ella quería para que durase un buen rato. De mientras yo la besaba y ella me estrujaba las tetas (ella está obsesionada con eso jajaja). Después de un rato así le llegó su último orgasmo y el más húmedo, yo bajé a su coño y le chupé los labios mientras ella temblaba y cerraba las piernas con mi cabeza en medio y sus manos sobre mi cabeza.

    Después de todo eso nos seguimos besando y jugueteando por un buen rato hasta que decidimos recoger las cosas, echar a lavar las sábanas y darnos una ducha juntas. Sin duda fue una experiencia muy buena a recordar. Besos para todos y todas, os quiero.

  • ¿Quién es el depredador y quién es la presa? (parte 1)

    ¿Quién es el depredador y quién es la presa? (parte 1)

    Eran las 7 de la mañana, como eventualmente tenía una erección matutina, el pico de mi testosterona estaba en su punto más álgido, después de varios días sin poder descargar mis ganas, me sentía como un animal salvaje con un instinto desbordante de tomar, someter, embestir… follar.

    Así que procedí a hundirme en mis fantasías más perversas, lo agarre y empecé a mover mi mano de arriba hacia abajo, realmente estaba muy duro, mis bolas las sentía más grandes de lo usual sabía que saldría como un caudal, pero unos pequeños toques a mi puerta me desconectaron, esperaba que hubiera sido mi imaginación pero unos segundos toques confirmaron que si eran para mí habitación, aunque actualmente me tocaba vivir con más personas en una casa no solía conocer a todas las personas que allí vivían, las personas iban y venían así que no me daba la tarea de dialogar.

    rápidamente guarde mi verga en una sudadera e intenté que se quedará quieta con el resorte de la misma, como sobresalía me tocó colocarme una camisa para disimular ya que si era la señora que me arrendaba no quería que viese porque me había tardado en responder, procedí a abrir la puerta, pero para mí sorpresa era una nueva inquilina.

    vi que se trasteo hace poco, 20 años en promedio, cabello negro por debajo de los hombros, facciones delicadas, estaba en una pijama ceñida que se podía ver cada silueta su cuerpo, era delgada, cintura pequeña pero con caderas bien marcadas, senos pequeños pero firmes y piernas delgadas pero parecían muy suaves, era pequeña media 1,50 más o menos (yo mido 1,90), se veía que a duras penas le quedaba el short, se veía que le quedaba pequeño, se marcaba su entrepierna y se asomaba levemente una tanga roja de un lado.

    me imaginé instintivamente que se le debía ver parte de las nalgas, algo que me enloquece, intenté ver todo en un instante y de forma disimulada fingiendo que aún estaba un poco dormido.

    Me dijo con voz suave – Hola, ¿cómo estás? Mira es que no conozco a nadie en la casa y al parecer todos se fueron, necesito comprar unas cosas para el desayuno, pero solo aceptan efectivo y tengo todo el dinero en mi tarjeta, ¿me podrías prestar yo ahora retiro y te devuelvo?

    Me pareció una pregunta sospechosa, pero como vivía allí y no era una suma importante acepte en prestarle, igual no es como si no la fuera a volver a ver – Si dale, ya lo traigo.

    En ese momento me dirigí a sacar un fondo que tenía escondido encima de mi armario, pero para mí sorpresa ella había pasado a mi cuarto y como me tocó alzar los brazos se me había subido la camiseta, note que ella alcanzó a ver la cabeza de mi verga porque se ruborizo y de una voltio la mirada.

    evidentemente también me dio pena pero ambos fingimos que no pasó nada aunque evidentemente pasó, le di el dinero, me dio las gracias y se fue rápidamente, estaba apenado pero no pude evitar mirar cuando se fue, efectivamente sus nalgas se salían un poco de ese short, nalgas redondas y firmes.

    me sentía aún más excitado por lo que sucedió así que volví a hacer lo que me habían interrumpido, coloque un buen video, audífonos y lubricante para hacer mi cometido, mientras estaba tocándome me era inevitable no pensar en la nueva inquilina, cerré mis ojos y me imaginé como me la cogía, como embestiría aquellas nalgas, pero en eso sentí un viento que golpeaba mis huevos, fastidiado abrí los ojos y ella estaba allí, su rostro ya no era tierno, sino que despedía mucha lujuria.

    había abierto la puerta para espiarme, no sabía que decir, estaba con mi polla en una mano y la otra en mis huevos, procedí a quedarme quieto sintiendo que si no me movía no me podría ver, instinto idiota mío.

    Cerró la puerta y se fue directo a mi como si un depredador hubiera escogido su presa, voltio mi computador y vio que estaba viendo porno, quitó mi audífono y me dijo suavemente al oído:

    – Llevo semanas viéndote, como llegas sin camisa mientras subes las escaleras y entras, oh y también por si no lo sabías puedo escuchar cuando pones porno sin audífonos, las paredes son muy delgadas, al parecer por lo que ves te gustan las mujeres bajitas y delgadas, y como pude observar con esa mirada prófuga cuando me fui de aquí mientras mirabas mis nalgas y como palpita tu verga al verme, ¿estarías pensando en mí? ¿En cómo me cogerías con esta verga?

    Me reí y de forma pícara respondí:

    – Tal vez… Tal vez vi tus hermosas siluetas, tal vez vi tus nalgas cuando saliste y me imaginé como sería tenerlas en mis manos, abrirlas y hundir mi cara, tal vez estaba tocándome mientras fantaseaba con todo lo que quería hacerte y en como mataría por verte en 4 abriéndome ese culo tuyo y pidiendo que te penetre o cargándote mientras te la inserto toda y no puedes parar de gemir. Pero dime y tú, ¿tal vez también echaste una mirada prófuga y en eso viste como mi verga salía de mis pantalones? ¿Tal vez te carcome la mente los deseos latentes porque te folle y por eso abriste la puerta de mi cuarto y estás aquí viendo mi verga, queriendo tomarla entre tus manos?

    Proseguí a besarle el cuello mientras acercaba su mano a mi polla, mientras le decía que no tuviera miedo que el no mordía y sentí su mano firme al cogerlo por la base.

  • Bautizando el culo de mi casera Ramira

    Bautizando el culo de mi casera Ramira

    Trabajé como gerente de ventas de una farmacéutica, pero después de mi divorcio perdí muchas cosas, entre ellas mi trabajo y mi casa. Así que sólo me quedó un auto con el cual me dediqué a chambear de Uber. Vivía donde podía y a veces hasta en mi auto.

    Pero quiso mi buena suerte conocer a una señora madura rubia, chaparrita, de tetas no tan grandes pero deliciosas y unos muy bien torneados muslos. Sus vecinos y clientes le llamaban Ramira, pues era el nombre que tenía su negocio de venta de comida a domicilio y gracias a una amistad en común, ella me rentó un cuarto en su departamento para tener una entrada de dinero más. La señora nunca dormía ahí, sino en casa de su mamá con su hija, solo utilizaba la cocina del departamento para preparar la comida de su negocio o para recibir alguna amistad en su sala, pues aún estaba amueblado y de esa manera no le causaba molestias a su mamá. Por eso casi siempre la veía en fachas, con el cabello amarrado y sin maquillar, por lo que casi no se notaba la voluptuosidad que escondía su suculento cuerpo.

    Hasta que un día quiso el destino que conociera la ricura de aquella madura. Llegué por la noche al departamento coincidiendo con que ella iba saliendo muy maquillada, con el cabello suelto, un rico perfume floral y dentro de un vestido sin tirantes, de tela semitransparente por cuyo escote dejaba adivinar un rico busto; muy entallado en la cadera y sobre todo corto porque dejaba ver un par de piernas cubiertas por unas sensuales pantimedias naturales y con un par de sandalias de plataforma, que se sujetaban muy sexi en sus tobillos. Sorprendido le lancé un piropo, diciéndole que dónde había escondido a la señora Ramira.

    Ella algo apenada me dijo que saldría a bailar con su novio, qué pasaría en su carro por ella, así que se apresuró a bajar las escaleras del edificio, llevando su bolso y un saco negro en una mano mientras que con la otra tomaba el barandal para no caer. Me quedé mirando como bajaba las escaleras mostrando aquellas piernas tan suculentas que se veían aún más torneadas por aquellas pantimedias, mientras sus tacones de aguja sonaban eróticamente sobre los escalones.

    Mi miembro se puso duro pero no me quedó de otra que irme a dormir al cuarto sin imaginar que mi suerte cambiaría en unas horas. Cómo a eso de las dos de la madrugada del día siguiente un ruido me despertó, alguien trataba de entrar en el departamento, pero no podía, así que me levanté y al ver por la mirilla me di cuenta que era mi casera que al parecer no podía meter la llave en la cerradura de la puerta, así que me apresuré a abrirle. Cuando entró me percaté que la madura venía un poco mareada, con su saco negro puesto y además con los ojos llorosos.

    Ella me dio las gracias y me pidió que me fuera a dormir pues no quería molestarme más. Le dije que sí pero que antes pasaría al baño, pensando en que mi verga se desinflamaría después de orinar. Cuando salí, la señora Ramira estaba sentada en la mesa del pequeño comedor, ya sin el saco, mostrando unos hombros sensuales con pecas y dejando traslucir sus pechos voluptuosos por la tela del vestido. Estaba tratando de servirse un poco de vodka en un vaso de cristal, derramándolo, así que yo muy atentamente me apresuré a ayudarla a limpiar la mesa. Pensé que me volvería a pedir que me fuera a dormir, pero por el contrario me pidió que me sentara a la mesa y brindáramos juntos. Yo de forma atrevida, le pregunté sobre lo qué le había pasado.

    Ella me contó sin pudor que su novio la había estado manoseando en el antro, calentándola demasiado, tanto que pensó que después de aquello irían a coger a casa de su novio. De pronto él recibió una llamada en el celular, hablando por algunos minutos con alguien, para después decirle que le había surgido un imprevisto y que tenía que regresar a su casa y que a ella la mandaría en un taxi a casa de su mamá. Ella le reclamó, diciéndole que se había vestido tan sensualmente para esa ocasión y ahora le salía con esas pendejadas. Cuando subió al taxi le dijo al novio que ya encontraría a alguien con quien disfrutar esa noche.

    Ella empezó a llorar asegurando que seguramente su novio ya tenía otra. Para quedar bien con ella, le dije que él era un pendejo, que cómo podía dejar ir a ese monumento de mujer que tenía enfrente. Mientras decía eso, servía otro trago de vodka para cada uno. Ella apenada se limpió las lágrimas y me dio las gracias.

    Ese piropo la hizo entrar en confianza, así que me pidió que prendiera el estéreo de la sala y pusiera algo de música para que bailara con ella. Así que, cuando sonó la música, y empezó el baile, la tomé por la cintura, viendo lo sensual que se veía contoneándose dentro de aquel vestido, con sus pantimedias y sus sandalias de plataforma. Yo aprovechaba cada giro del baile para tocar disimuladamente sus tetas sobre la tela transparente y pegar mi miembro endurecido en sus nalgas y caderas.

    En eso estábamos, cuando aproveché el calor del alcohol y el baile para jalarla por la cintura y besarla en la boca. Ella sorprendida trató primero de separarse de mí, diciéndome que eso no estaba bien, girándose para tratar de sentarse en uno de los sillones de la sala, lo que aproveché para tomarla por la espalda y poner mis manos toscas en sus senos y empezar a lamer su cuello y sus hombros, mientras le decía que, si así estaba mejor.

    Ella soltando un gemido de placer y con una sonrisita me dijo que sí, que así estaba mejor, luego sin previo aviso baje el escote de su vestido, quedando al aire un par de senos voluptuosos con los pezones ya todos duros. Entonces puse mis manos sobre la blanca piel de sus senos y empecé a apretar suavemente una y otra vez los rubios pezones de la señora Ramira, mientras lamía y daba pequeños mordiscos en los hombros y espalda llenos de pecas de la sabrosa madura.

    Tanto ajetreo hizo que la mujer tropezara con los tacones, cayendo de nalgas sobre el sillón. Yo aproveché para agacharme sobre su pecho, prenderme de sus blancos senos con mi boca y empezar a chupar sus pezones, dándoles pequeños mordiscos en la punta, mientras ella gemía de placer. Pensé que trataría de quitarme de su pecho sin embargo, me pidió que se los succionará más fuerte, así que introduje uno de los voluptuosos pechos de la madura en mi boca, mientras que con mi lengua le acariciaba la punta de su pezón. Luego tomé ambos pechos con mis grandes manos y apretujándolos entre ellos, metí ambos pezones en mi boca.

    La música continuaba sonando, por lo que los ricos gemidos de la madura no se escucharían fuera del departamento, mientras yo seguía amamantándome en sus pezones. Entonces aproveché para subirle el vestido y descubrir que por en medio de las suculentas piernas de la madura, las pantimedias ya estaban mojadas de líquido vaginal. Yo más que excitado, empecé a masturbarla con mis manos por encima de las pantimedias, mientras seguía prendido a sus hermosos senos.

    Ella se recostó sobre el sillón, lo que me dejo claro que quería que le chupara su vagina, así que me recosté sobre su cadera y comencé a besar y lamer la vagina de mi casera por encima de las pantimedias, mientras colocaba los muslos de la mujer sobre mis hombros. Así, mientras mi boca masturbaba la vagina de aquel mujerón, yo acariciaba con mucha lujuria una y otra vez las piernas en pantimedias de la madura. Ella gemía un poco más fuerte, colocando sus delicadas y blancas manos en los pezones mojados por mi saliva.

    De pronto tomó mis manos y las puso sobre sus tetas para que los dos acariciáramos al mismo tiempo sus voluptuosos pezones, mientras yo seguía con el sexo oral. En eso estábamos cuando volví a colocar mis manos hasta su vagina, pero esta vez para hacer un agujero por en medio de las pantimedias. Ella al ver lo que intentaba me pidió que no las rompiera pues eran un regalo de su novio. Yo le respondí que después le compraría otras, mientras con mis dedos las rasgaba para descubrir lo que tanto deseaba.

    Cuando por fin logré mi objetivo, quedo al descubierto una tanga de encaje color blanco. Baje mi boca hasta su vagina para chuparla por encima de aquella sexi prenda. ¡Qué rico olor salía de su vagina! Era una mezcla de sexo y perfume. No pude contenerme, así que con mis manos hice a un lado la tanga para poder deleitarme con los jugos de su vagina al natural.

    Su pubis se notaba recién rasurado, su vagina muy mojada y de un color rosita en su interior. Parecía un tierno duraznito, listo para ser devorado. Introduje mi lengua en su vagina, lo que hizo que la madura gimiera otra vez de placer. Mi lengua recorría desde el culo hasta el clítoris de la madura mientras ella se tapaba la boca con una de sus manos para no dejar escapar sus gemidos, no fuera a ser que los vecinos de los otros departamentos la escucharan, a pesar de la música.

    Luego, empecé a succionar su clítoris, mientras volvía a acariciar sus pezones con mis manos. Estaba tan caliente que empecé a lamer su culo, al mismo tiempo que bajaba mis manos hacia su cadera, estimulando con una su clítoris e introduciendo los dedos de la otra en su vagina, cual consolador. Los gritos ahogados de la señora Ramira me excitaron aún más, así que no me pude contener, y me puse de pie sacando mi grueso y babeante miembro del pantalón, para después alzar sus piernas sobre mi pecho y poder penetrar su pequeña vagina. A pesar de que ya estaba más que húmeda, tuve cierta dificultad para penetrar su bello cuerpo, mientras que ella volvía a contener un grito de dolor y placer.

    Mi verga entraba y salía del cuerpo de mi casera, rozando el interior de su vagina, a la vez que se ponía más gruesa, sobre todo por la excitación que me causaba sentir en mis manos, la sedosa lycra que cubría aquellas voluptuosas piernas. Mis grandes manos apretaban cada uno de sus delicados pies sobre aquellas sexis cintas que los mantenía sujetos a sus sandalias de plataforma. Luego, las deslizaba hacia sus tobillos, pantorrillas y muslos. ¡Qué maravillosa sensación!

    Tomé sus piernas entre mis brazos, para besar y morder los sensuales pies de mi casera, mientras observaba como a través de la ajustada licra, los pequeños dedos pintados de barniz rojo que salían de la punta de las sandalias de plataforma, se estiraban y contraían con placer al ritmo que indicaba mi miembro endurecido dentro de su cuerpo. Pensé en terminar dentro de ella, pero quería más, así que saqué mi miembro de su vagina, tomándola por las manos, para incorporarla, darle un abrazo y un beso profundo en la boca, compartiéndole un poco de su líquido sexual.

    En ese momento le dije al oído que ahora le tocaba chupármela. Ella obedeció sin chistar. Me senté sobre el sillón y ahora la madura se arrodilló sobre el tapete de la sala, mientras tomaba mi verga todo abultada y llena de los jugos de ambos, sosteniéndola con sus blancas y delicadas manos, que se veían más sexis con los anillos y pulseras que tenía puestos. Se veía que apenas le alcanzaban para poder sostener tamaño pedazo de carne endurecida. Empezó por chuparme cada uno de mis testículos, para después subir con la punta de su lengua por todo su grueso tronco, hasta llegar a la punta y empezar a besar mi glande con sus labios, como si de un bilé se tratar.

    Después, la introdujo en su boca mientras al mismo tiempo que me masturbaba con sus manos. Parecía que no le cabía toda, pues sus cachetes se inflaban cada vez que mi glande chocaba en el interior de su boca. Luego sacándosela de la boca, empezó a restregar la punta enrojecida de mi verga en cada uno de sus duros pezones, para después colocarla entre sus senos para frotarla una y otra vez.

    Ella me decía que llegara en sus pechos y su boca, pero yo quería terminar dentro de ella, así que puse de pie a la rubia, tomándola por la cintura y besando su delicado cuello, mientras la arrastraba hacia la mesa, donde aún estaban los vasos y la botella de vodka. En eso, prácticamente le arranqué el vestido de un tirón, dejando al descubierto su rubio y sensual cuerpo, solo cubierto por las pantimedias y los tacones, para después inclinar su torso boca abajo sobre la mesa, lo que me permitió deleitarme con sus nalgotas blancas y apretadas por las pantimedias.

    Introduje todo el grueso de mi miembro por en medio del agujero que había hecho antes en la lycra, pero ahora no buscaba la humedad de su vagina, sino intentaba entrar directo en el culo de la señora Ramira. La madura al notar lo que intentaba hacer, me dijo que por ahí no, que su pequeño ano aún era virgen, al mismo tiempo que trataba de levantarse, lo que ya no logró pues la mitad de mi verga ya había entrado en su cuerpo.

    Yo sentía como se apretujaba dentro de aquel pequeño orificio. Luego tomé las caderas de la hermosa rubia para poder entrar y salir a gusto de ella y sus pantimedias, mientras veía su blanca espalda llena de pecas reclinada sobre la mesa y sus manos sujetándola fuertemente. Con tanta intensidad me la cogía, que casi tiramos los vasos y la botella de vodka que habían quedado en la mesa. Así que tomé la botella con una de mis manos, le di un trago y después vacié un poco de la bebida sobre las nalgas de la señora Ramira, diciéndole que su culo ya había sido bautizado, por ser su primera vez

    Arrojé la botella casi vacía sobre uno de los sillones para después empezar a nalguearla con una mano mientras que con la otra jalaba su cabello rubio. ¡Que rico sentía mi miembro dentro del culo caliente y virgen de mi casera! También noté como sus piernas ahora estaban sobre las puntas de sus delicados pies, pues sus tacones de aguja ya no tocaban el piso, además que sus deditos envueltos en esas ajustadas pantimedias volvían a estirarse y contraerse al compás con que entraba y salía mi miembro de su cuerpo.

    Tan hinchado y endurecido estaba el tronco de mi miembro, que ya no podía deslizarse en el interior del ano de la madura, por lo que cuando quise sacarlo para derramar mi semen en las pantimedias de la señora Ramira, mi miembro no logró salir, vaciándose dentro de la rica madura. Cuando mi miembro se desinflamó, todavía logré cubrir con algo de mi semen y los jugos de ella, las pantimedias que cubrían sus bellas nalgas, mientras ambos jadeábamos de cansancio.

    Ella aún se quedó unos momentos con el torso recostado sobre la mesa, mientras sus piernas en tacones temblaban. Yo me senté en una silla mientras mi miembro se ponía flácido cubierto de los líquido vaginal y anal de la mi bella casera. Ella se levantó de la mesa y solo atinó, con algo de pena, a tomar su vestido. Su cara estaba roja de placer y de excitación. Rápidamente entró al baño para tomar una ducha, mientras yo me quedaba dormido.

    Creo que la madura al salir del baño se fue directo a casa de su mamá, sin despedirse, pues estaba yo tan cansado que no escuché cuando se fue, despertando unas horas después para bañarme y comenzar el trabajo. Yo seguí rentando un mes más la recámara del departamento, en las que aproveché para comerse a mi casera otras tantas veces, aunque seguramente que, el ya no tan pequeño culo de la señora Ramira, no volvió a sentir lo mismo que la primera y memorable vez que perdió su virginidad con mi verga.

  • ¿Y tú que me harías? (parte 1)

    ¿Y tú que me harías? (parte 1)

    Solo me dijo «Que me harías».

    Hola me presento este es mi primer relato soy un hombre maduro de 53 años bastante conservado físico normal 1.70 de altura, 85 k, cabello corto castaño, ojos marrones, como quien diría una persona normal como cualquiera este es mi primer relato me anime ya que siempre leo y me gusta sus experiencias también.

    Soy encargado en un comercio, tengo una compañera de trabajo llamada Silvia 10 años menor que yo, trabajamos juntos hace 8 años aproximadamente lo suficiente con para que ambos conozcamos muchos de nuestros secretos e intimidades.

    Con el tiempo que llevamos trabajando juntos muchas veces las charlas se vuelven con doble sentido, pero nunca paso de ahí ambos somos casados quizás por eso siempre nos detuvimos ahí, más de una vez nos hemos ido algo prendido fuego a nuestras casas.

    Un día hubo una marcha de protesta el cual hizo que todos los comercios de la zona tuviéramos que bajar las persianas por precaución ya que iba a durar todo el día, lo hicimos con la intención de cerrar e irnos temprano a nuestras casas, ya habíamos dejado todo preparado para el día siguiente cuando empezamos a escuchar gritos y corridas, decidimos que mejor era esperar hasta que todo se calme, le dije que llamara a su esposo para que este se quedara tranquilo que cuando podíamos salir yo la alcanzaba hasta su casa.

    El tiempo transcurría y ya no sabíamos de que más hablar, le dije voy a la cocina quieres que te haga algo, en eso me dice y tú que me harías…

    Ese silencio fue como una señal para mí que no podía dejar pasar la oportunidad que estaba esperando así que la dije ven conmigo Silvia y te muestro, ella se rio, pero note que su mirada se ilumino con picardía.

    Mientras estaba en la cocina que Silvia viniera se me cruzaba por la cabeza un montón de cosas, pero también pensaba, y si solo era mi imaginación y metía la pata.

    Fueron cinco minutos eternos hasta que vino Silvia, parecían una eternidad a esas alturas, mis nervios seguían a full como si fuera un principiante

    En eso escucho aquí estoy ¿y ahora qué?

    Cuando escuche eso trague saliva y me di vuelta ya no había marcha atrás era ahora o nunca, la mire fijo a los ojos por un momento y recorrí con mi mirada todo su cuerpo de arriba abajo, note que se había desabrochado dos botones de su camisa los cuales dejaban ver la silueta de su escote, me acerque bien a ella mi cara bien cerca de la de ella y le di un beso en su boca para ver su reacción, fue ahí que me correspondió el beso con más pasión que el mío, sus labios estaban muy calientes igual que nosotros dos.

    El beso fue muy apasionado en eso me alejo la miro a los ojos y le pregunto

    Estas segura?

    Ella me mira y me da otro beso aún más caliente, mi calentura en esos momentos ya estaba a mil, empiezo a acariciarle toda su espalda presionándola más hacia a mi para que sintiera mi erección, me agarra de la espalda ella también y me empuja más hacia a ella demostrando que la quería bien adentro, ambos estábamos que hervíamos le saque su camisa de su pantalón para acariciar su piel que en ese momento se erizo al sentir el contacto de mis manos, su piel era muy suave estaba perfumada muy sutilmente y eso me excitaba aún más.

    En ese momento ambos nos empezamos a despojar de nuestras camisas uno al otro con torpeza y rapidez tenía un sostén de encaje blanco que hacía que sus tenas redondas de buen tamaño estuvieran bien paradas a simple vista, le quedaba muy sexy pero el cual se lo saque para contemplar lo linda que eran sus tetas bien blancas con unas pequeñas aureolas oscuras y unos pezones bien parados ya a esas alturas, los apretaba con mis manos mientras ella se movía disfrutando de mis masajes.

    Me agache para lamerlos tenían una suavidad inigualables, ya sentía como su respiración se entrecortaba podía ver como se mordía el labio para aguantar sus gemidos para que no nos escucharan pero era imposible estábamos solos, mientras estaba chupando y disfrutando de sus ricas tetas con mi otra mano me encargue de desabrochar el pantalón y dejarlo caer al suelo, podía ya sentir el aroma a sexo que emitían sus fluidos, su tanga se veía húmeda al tocarla por sobre su tela ella pego un salto, estaba muy excitada, como yo le baje su tanga y me ayudo a sacársela, todo eso mientras me estaba agachando.

    Puse mis labios por encima de su pubis y lentamente fui bajando abrí un poco sus piernas y comencé a comerme esa deliciosa concha totalmente depilada (no queria que ese momento terminara nunca) el solo roce de mi lengua hizo que largara un gemido, ya a esas alturas no los podía contener más, pude sentir como tuvo su primer orgasmo con el solo sentir la punta de mi lengua en ese momento agarro fuerte mi cabeza y me empujaba con fuerza para que mi lengua ingresara a lo más profundo de su interior mmmmm sus fluidos iban brotando cada vez más calientes y yo los disfrutaba mucho, era un placer para mí el solo hecho de escuchar sus gemidos uno tras otro.

    -ahhh siii asiii quiero mas no pares -me decía, el cual no era tampoco mi intención

    Aunque yo tampoco aguantaba más mi erección, estaba que explotaba aun con el pantalón puesto.

    Cuando se recompuso un poco me hizo levantar me puso frente a ella y me beso para tragarse sus líquidos el cual ambos disfrutábamos.

    Mis manos seguían acariciando todo su cuerpo, ella se separó y me dijo espera ahora te toca a ti también disfrutar y empezó a mover su cuerpo refregándolo contra el mío, me desabrocho el pantalón ahí mismo sentí un poco de alivio, me miro y dijo vaya vaya tu amigo parece que tampoco aguanta ya, me bajo de una mi pantalón y mis bóxer a la vez y ahí sentí un alivio de verdad lo agarra con sus manos y empieza a acariciarlo me sentía en la gloria con Silvia la deseaba hace mucho y al parecer ella también.

    Me vuelve a dar un beso y me dice ahora vuelvo y empezó a besar mi cuello y bajando lentamente besándome y acariciándome todo mi cuerpo hasta llegar a mi pene erecto y dura como una piedra a esas alturas, lo beso en la punta mientras me miraba tenía una cara de puta terrible a esas alturas mmmm que rico se sentía, que placer empezaba a darme, jugaba con su lengua como toda una experta lo saboreaba, poco a poco se lo iba tragando mientras con su mano acariciaba y apretaba mis huevos con fuerza.

    Ufff que sensación tan indescriptible.

    En un momento se lo trago por completo por unos segundo, me miro y me guiño un ojo hasta que se escuchó una arcada, se lo saco y un hilo de baba unía su lengua con mi pene, lo escupió y se lo volvió a meter todo de un solo saque otra vez, así estuvo varias veces, esa fue una sensación maravillosa verla desde donde yo estaba.

    Yo estaba tan pero tan caliente que la agarre de la nuca con ambas manos y le cogí su boca acelerando el movimiento el cual ella no se oponía, en eso ya estaba por venirme le dije y la muy puta no se lo saco de su boca, eso me puso más a mil y no aguante más, nunca pensé que podía salir tanto semen con una sola mamada, pero lo disfrute, ella se tragó hasta la última gota con cara de placer se levantó se paró frente a mí y nos besamos con mucha lujuria esta vez.

    Los dos estábamos cansados y excitados a las vez y teníamos más ganas de seguir y así lo hicimos.

    Pero eso se los cuento la próxima, no los quiero que se haga tan largo el relato, aparte lo cuento y me acuerdo otra vez todo lo vivido.

    Si les gusto pueden decírmelo y les cuento como siguió.