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  • Confieso, fuerzo el sexo duro con papá (padre e hija)

    Confieso, fuerzo el sexo duro con papá (padre e hija)

    Yo me confieso, siendo heterosexual y sexualmente activa, tenía una fantasía con mi padre, la que por fin pude llevar a cabo, y lo hice tal cual lo había imaginado, me confieso, soy adicta al sexo.

    Todo comenzó leyendo por casualidad un artículo que me llamo la atención sobre el bondage o BDSM. Soy de mente abierta, con todos los puntos relativos al sexo bien claros, pero aún no he incursionado en esa área, salvo alguna nalgada recibida de buen agrado.

    Mis aguzados oídos, me permiten escuchar las sesiones sexuales de mis padres, como así sus conversaciones, por ese motivo, se todo lo que mi madre le niega a nivel sexual. Madre aburrida en cuanto al sexo se refiere, que desaprovecha el atributo que tiene mi padre entre sus piernas (lo he visto por el ojo de la cerradura tanto en el baño y en su cuarto) grande, cabezón y lleno de venas, de solo acordarme me hace agua la vagina.

    Con mis veintitrés años prácticamente recién cumplidos me propuse llevar a cabo esa fantasía recurrente en mi cerebro, sexo con papa.

    Fui con mi humanidad a un shop de sexo y adquirí algún que otro artículo para la práctica, sogas, esposas de juguete, antifaz, inmovilizador de piernas y alguna fusta tipo látigo con forma de corazón para que me dejara marcado mi bello y gran culo con esa forma. Así “armada” comencé con el plan denominado… cógetelo a papa.

    Fue mucho más sencillo de lo que yo pensaba, pase días y días pensando cómo podía tener entre mis piernas su gran atributo, desgraciadamente no me tocaron parejas bien dotados, si, me hacían disfrutar mucho, pero quería probar algo verdaderamente grande, desmitificar el concepto de que prefieren las féminas, grande, o chica y bien usada.

    Tuve la suerte un día que mi madre viajo a rosario por un inconveniente familiar y estaría fuera de casa por tres o cuatro días, buena posibilidad para intentar ¿no?

    Según había visto en varios videos, acondicione la habitación, hasta puse unas lámparas color rojo para darle un aspecto más sensual (o eso creo).

    Esposas colgadas de ambas puntas del cabezal de mi cama, cepos en la parte de los pies, una soga que colgaba del techo bajando a ras de pared y una mesa con el cepo separador de piernas, lubricantes y fusta y unas esposas de cuero forradas con seda. Como estaba dispuesta a todo me introduje en el ano un juego de bolas de Kegel, palpitando algo que no sabía cómo resultaría, pero de seguro cuando las estaba poniendo tuve que agarrar mi consolador para masturbarme… por suerte soy así, me excita mucho todo lo que estimule mi cuerpo haciendo que mi vagina destile sus fluidos. Luego de tremendo orgasmo, le preparo la cena que me había pedido mi papa, previo a dejar la puerta de mi cuarto apenas abierta y con las luces rojas prendidas para que le pique el bichito de la curiosidad.

    Al llegar a casa, siguió con su rutina habitual, me saludo, fue a su cuarto, (intentó ver dentro de mi habitación) tomo su ropa, se fue a bañar, salió y cenamos, la comida la regamos con bastante vino (parte del plan) y luego como también es habitual en él, me ayudo como hace con mama, a lavar los elementos usados.

    Cosa que me sorprendió, es que tuvo un par de roces conmigo, que yo no los busque, ni tendrían que haber pasado pues la cocina es amplia, dejándome sentir en mi redondo culo la dureza del miembro (vamos por buen camino)

    Nos sentamos en el sillón a ver una película, pasó su brazo por detrás de mi cuello y lo colgó de mi hombro, yo rodee su cintura con mi pequeño brazo y así abrazados vimos la película con otros vasos de vino por medio. Durante la duración del film “sin querer” rozó varias veces mi teta derecha haciendo que mi pezón se ponga duro y mi entrepierna se humedeciera. Pude ver como su pantalón se abultaba a la altura del cierre, lo que hacía mojar mucho más mi vagina, se me escapo algún suspiro que otro.

    – Que pasa hija

    – Nada papa, es que al no estar mama (remarcando esa frase) tuve que hacer de ella y no estoy acostumbrada a realizar todos los quehaceres juntos. Pero es lindo hacer de mama, me gusta ocupar su sitio. También te tengo todito para mí.

    – Siempre me tenés para vos mi vida, sabes muy bien que voy a estar todo lo que dios me de vida para vos y para lo que necesites.

    – ¿Para todo? ¿Sin excepciones?

    – Si mi cielo, para todo y sin excepciones.

    – Sin excepciones… susurre.

    Terminada la peli y la última copa, fuimos camino a nuestros cuartos, al pasar por el mío me dijo.

    – Me pica la intriga, que es esa luz roja de tu habitación.

    – (Haciéndome la distraída) nada pa, una remodelación que hice, vi un par de videos y me gustó, sabes de mi afición por lo gótico y lo dark.

    – ¿puedo ver?

    – No se papa me da pudor que lo veas.

    – Hija soy tu padre.

    – Y yo tu hija, por eso.

    Dijo permiso e ingreso a la habitación quedando paralizado al verla.

    – Te dije papa.

    – Pero hija, ¿sabes que es todo esto?

    – Si papa pero me gusto la onda. (no sé si trago el cuento) sabes que soy medio rara, y hacer que se vea así me encanto.

    – ¿Sabes para que sirve y como se usa?

    – Solo lo he visto en los videos y actualmente no tendría con quien usarlos jajaja. Pero es solo decoración. (vi como su entrepierna se abultaba más).

    Firme pero suave me tomo de mis brazo atrayéndome hacia él, abrió su boca mientras esperaba mi reacción, sus ojos negros me miraban fijamente y con un brillo especial. Le correspondí acercando mi rostro para besarnos apasionadamente a la vez que sus hábiles manos daban cuenta de mis tetas apretándolas, haciendo que mis pezones se endurecieran más y las areolas en toda su extensión se encrespara.

    Quise hacer lo mismo con su pene y me aplico una bofetada, que no dolió para nada, más bien una simulación, fue solo como si la empujara, tomándome del pelo dejo claro los roles que íbamos a asumir cada uno. Literalmente fue arrancando mi ropa, sin romperla, hasta dejarme desnuda por completo. Me llevo al borde de la cama y me puso las esposas de cuero, las que ato a la soga que pendía del techo dejándome de cara a la pared, con los brazos elevados y mis pies que apenas tocaban el piso. Inmovilizo mis piernas con el cepo y cubriendo mi ojos con el antifaz ciego, dejándome ahora si, a total merced de sus instintos.

    Por los ruidos supe que se quitaba la ropa y a cada prenda me daba unas palmadas con la fusta de corazón, no dolía para nada, el golpecito imprevisto me excitaba cada vez más, podía sentir el líquido que salía de mi vagina cayendo por mis piernas.

    Siento el calor de su aliento acercarse a mi nuca y recorriendo mi espalda hasta mi culo, puso sus manos en mi cadera y con la boca fue sacando las bolas de Kegel, una a una y lentamente.

    – Mira que habías sido puerca, no me había dado cuenta de la mujer que te habías convertido, siempre fantasee con vos, no así pero me vi varias veces haciéndote el amor.

    – Si papa soy tuya, te voy a dar todo lo que quieras y mama te niega, acá estoy toda para vos.

    Siguió sacando las últimas dos que quedaban y nuevamente el calor que salía de su boca, ahora en el esfínter anal, siento como la lengua quiere progresar al interior, me relajo para que no le cueste, rodeaba ese agujero con una habilidad increíble, introduciendo la lengua y uno o dos dedos en forma alternada, de manera súbita se detuvo, lo sentí alejarse y regresar con esos pasos tan conocidos por mí, sentí un frio en mis glúteos y en el orificio, sus dedos se introducían con facilidad, no creo haga falta decir que fue a consecuencia del lubricante. Sentí la presión de esa cabeza hacer fuerza para entrar por ahí, le costó un poco, creo que mi grito cuando estaba adentro lo hizo detener.

    – No pares, me gusta, duele pero me estas matando del placer.

    Hizo lo que le pedí, siguió, despacio pero constante hasta que entro todo, sentí una sensación algo extraña en la parte interior de mi abdomen, ¿será por lo largo? Nunca tuve uno de ese tamaño dentro, los que me habían tocado, no me hacían ni doler ni sentir el placer que siento.

    Me bombeaba el culo con mucha calma, sus testículos me golpeaban haciendo un ruido muy particular. Comenzó a gemir y me di cuenta que me iba a llenar de semen, pero no, la saco, dándome vuelta me desato, como si fuera una pluma me levanto en el aire para depositarme en la cama fijándome de pies y manos con las esposas, aun con el cepo puesto.

    Siento su aliento en mi vagina, la lengua recorría todo el contorno de los labios exteriores, ya inflamados, como con el agujero de mi culo comenzó el juego de meter, sacar lengua, meter sacar dedo y dedos, lo que corono un gran orgasmo totalmente explosivo fue la estimulación del ardiente clítoris, al grito de…

    – Cógeme ya pedazo de hijo de puta (se me escapo)

    – ¿Eso es lo que querés?

    – Si por favor.

    – Va a tener que aguantar, estoy saboreando tu orgasmo.

    Se sentía como chupaba y disfrutaba de ese jugo, jugo que me hizo probar cuando me beso.

    Me hizo desearlo por largo rato, tenía ganas de tenerlo dentro ya, jugando con su lengua y rodeando la vagina con su pene mi excitación crecía, pero lo quería dentro.

    Cuando se cansó de hacerme desear subió sobre mí y de una sola estocada toda la extensión de ese gran miembro se perdió en la profundidad de mi cueva y… otro orgasmo. Gemíamos y gritábamos ambos, me dio un par de bofetadas, y llegamos ambos al momento culmine con una gran descarga, desbordaba manchando todo y haciendo un ruido delicioso.

    En este punto no podía creer la resistencia sexual de mi padre, pues me quito las esposas, tomo el cepo alzándolo para atar una mano en cada tobillo, quede en una posición como si mis piernas estuvieran en sus hombros, tomo una esposa y fijo el cepo de piernas a la cabecera de la cama, dejando expuestos mis dos agujeros.

    – Ahora voy a terminar lo que empecé.

    En esa posición le quedo extremadamente cómodo para que nuevamente pueda ingresar por la puerta de atrás, iba y venía haciéndome sentir quien mandaba, esta vez tardo un poco más pero acabo nuevamente una cantidad impresionante de semen, que se hizo sentir en mis entrañas.

    Se retiró dejándome atada a la cama, posterior a sacarme quitar el antifaz, la luz de la luna que entraba por la semi abierta ventana bañaba el cuerpo de ese hombre que me había transportado a lugares que aun, yo no conocía. Lo vi retirarse con su gran miembro pendiendo entre sus piernas, su rostro destilaba felicidad.

    Regreso con dos vasos de jugo, me desato invitándome a sentarme al borde del colchón, me alcanzo un vaso, brindamos y bebimos.

    Incorporándome sentí como todo el semen se deslizaba por mis piernas, algunas gotas descansaron en el piso, me arrodille frente a sus piernas, las que abrió para facilitarme el acceso, su fláccido pene entro en mi boca, el que sentía crecer de a poco llenando cada espacio de ella.

    Suspiraba, gruñía y gemía al compás de la mamada que le estaba dando, lo masturbaba muy lentamente a la vez que lamia su glande, alternando el ritmo mi boca emulaba una vagina, me costaba tenerla dentro por su tamaño, succionaba variando entre otras cosa como chuparla masturbarlo o lamerlo, la cuestión es que me interesaba saber sus reacciones para poder aplicar lo que más le gustaba, siempre mirándolo a los ojos con mi mejor cara de gozadora. Sentí que se hinchaba más y empezaba a palpitar, me prepare para lo que quería, probar su semen, lo tome suavemente de los testículos para masajearlos y de pronto mi boca se inundó de su líquido espeso y viscoso, con un sabor entre ácido y dulzón, me costó tragarlo todo pero juro, no desperdicie ni un sola gota de ese néctar que me ofrecía.

    – Gracias papa, me cumpliste mi fantasía.

    – Vos la mía.

    – Debo ser sincera, esto comenzó desde que escuchaba como mama te negaba ciertas cosas relativas al sexo y mi cabeza, en ese punto, comenzó a decirme que no te lo merecías.

    – Gracias hija, esta es la primera vez que le soy infiel a tu madre, mil veces lo pensé para salir del sexo tradicional, pero nunca lo hice.

    – Si papa, lo sé, por eso mi fantasía la quise llevar a la realidad, debido a que quería cumplir la tuya.

    – (llorando) Nuevamente gracias, no quería irme de este mundo sin probar este tipo de cosas, gracias por permitírmelo, solo lo imaginaba mientras veía alguna película.

    – Bueno pa, ya sabes que podes contar conmigo cuando quieras, relatarme tus fantasías y entre los dos ver si las podemos llevar cabo, siempre y desde hoy, que me hiciste conocer un hombre de verdad no voy tener dentro mío a nadie.

    Hasta aquí fue este relato de lo llevado cabo, la historia no termina, descubrimos que era real la frase “juntos son dinamita” de la película de Bud Spencer y Terence Hill.

    Da para más, si quieren que relate otras de las llevadas a la realidad, comenten en la casilla de comentarios. Gracias por leerme.

    ******************

    Nota del autor: el presente es un relato realizado a pedido de una de las lectoras de CuentoRelatos, que me ha enviado varias partes más. Se omitieron los nombres también a su pedido.

  • Iniciando a mi esposa

    Iniciando a mi esposa

    Hola soy nuevo en la elaboración de relatos, pero muy antiguo en la lectura de los mismos.

    La introducción la trataré de hacer lo más simple y rápida posible para iniciar este primer relato.

    Primero que nada, les tengo que decir que todo lo que escribiré en este y posiblemente en otros es 100% real, solo cambiaré los nombres de los protagonistas.

    Ella es muy bien parecida, bajita 1.59 muy delgadita 42 Kg. unas tetitas de niña divinas y un culo redondo espectacular que no le puedes quitar la vista de encima.

    Ella es muy coqueta por naturaleza y le gusta vestir muy provocativa sin pasar a ser vulgar, al contrario, ella es como decimos en México extremadamente fresa. Pero para deleite de todos las fresas suelen ser las más putas.

    Llevamos 22 años de casados y poco a poco he ido sacando esa puta que siempre llevó adentro.

    Todo empezó el primer día que la invité a mi departamento en CDMX. cuando entró lo primero que le puse en la tele fue una película porno, no pudo ni chistar, para cuando acordó ya me la estaba fajando. Cuando le quité los pantalones vi su tanga de V.S. (tanga alta y grande) se la despojé y la empecé a dedear, ella se vino muchas veces. Cabe mencionar un par de cosas; ella era virgen y poco usada y aun usaba pelos en la pepa.

    Al acabar esa sesión le dije 2 cosas muy claras.

    1.- De ahora en adelante solo yo te compraré tu ropa interior.

    2.- Dese mañana tu pepa tiene que estar siempre depilada totalmente.

    Ella no puso objeción alguna, pero la depilada si le molestó al principio porque decía que era de putas; y le comenté, eso es lo que siempre has sido sin darte cuenta, una puta en toda su palabra.

    Cabe mencionar que todo esto sucedió al tercer día de ser novios.

    Ella a la que llamaré (P) es de Puebla Capital, y yo al que llamare (G) soy de Monterrey, pero en esos momentos radicaba en CDMX. Lo cuál por obvias razones hacía una relación de larga distancia.

    Como ya había comentado P era y llego al matrimonio virgen. Aunque no estuvimos mucho tiempo de novios, solo 1 año 7 meses, respeté esa decisión de que llegara virgen de la pepa, pero no me iba a quedar quieto todo ese tiempo, por lo cual se lo intercambié por su hermoso culo y boca. Que puta es…

    Continuará.

  • Sexo con un obrero

    Sexo con un obrero

    Mi historia empieza en marzo de 2015, en ese tiempo tenía 24 años. El sexo y la homosexualidad eran un tabú en mi familia al día de hoy, en parte porque provengo de una familia demasiado religiosa y practicante y esos actos de lujuria y lascivia son considerados inmundos sin más ni menos.

    Había tenido experiencias con chicos de mi edad, pero esto es algo que considero mi primera experiencia gay en todo su esplendor.

    Soy alguien macizo, no tan gordo ni musculoso, pero tampoco demasiado flaco, cabello oscuro, ojos marrones, tez blanca tirando a colorado.

    Desde que tengo uso de razón me gustaron los hombres. Me calentaba mucho ver torsos desnudos y lampiños. Me excitaba mucho también ver hombres mayores desnudos.

    Empecé Viendo pornografía gay, y aunque en mi familia muchos saben que me he involucrado en cosas gays, la mayoría prefiere fingir demencia.

    Yendo al punto, en el día en que me voy a enfocar es en una noche calurosa de noviembre, siempre fui reservado en cuanto a mis gustos, pero por alguna razón, en esa obra se me ocurrió decirlo abiertamente, grande fue mi sorpresa cuando descubrí que el decirlo me abriría la puerta a todo tipo de insinuaciones sexuales por parte de mis compañeros. Muchos me agarraron aprecio y me llevaba bien con la mayoría.

    Particularmente había un grupo de hermanos muy machos, los cuales se me había ocurrido inocentemente hacerle insinuaciones sexuales, sin saber que había empezado a generarse en ellos un deseo enorme por poseerme. En ese grupo de 5 hermanos uno más degenerado que el otro, había dos que particularmente llamaban mi atención. Uno muy guarro en su vocabulario que prácticamente me decía que iba coger conmigo, que no tendría ningún problema si yo aceptaba. Y otro de unos ojos verdes agua hermosos, no era particularmente atractivo, estaba medio excedido de peso, él era el más serio, obviamente no tendría ninguna oportunidad de que nada pasara, pero de un momento a otro el rumor que me gustaban los hombres empezó a correr y llegó a sus oídos.

    Mi hermana tenía un bar donde nos reunimos a tomar todos los viernes sin excepción. Resultó que entre insinuación e insinuación otro compañero hace de mediador y sugiere que si querríamos coger, que lo hiciéramos que él no diría nada a nadie.

    En broma le dije al chico con el que al final término pasando todo que iba al baño, si él quería que pasará algo que sólo me siguiera. No esperaba que lo hiciera, pero me siguió. Se puso a mis órdenes y me pregunto que qué quería que haga, le dije que se siente para yo chupársela. Pero me agarró un ataque de risa y le termine diciendo que me daba vergüenza.

    La verdad es que tenía más nervios que vergüenza por ser mi primera vez con un macho real, a todo esto, era el baño de un bar donde estaba pasando todo. Quedaba al fondo de un pasillo y había una puerta que llevaba directo ahí. Con lo cual también nos estábamos arriesgando a que mi hermana nos viera o algún cliente, porque el bar estaba lleno ese día. Por gracia y obra de Dios nadie nos vio.

    Entramos 23 al baño y 23:55 h recién estábamos saliendo, literal nos matamos en el baño.

    El bajó su pantalón, no del todo para subírselo rápido por si alguien quería entrar. Empecé a manosearlo ahí abajo, me dijo empezá… Y empecé. Al instante se puso duro como un hierro. Empecé a succionar, pero debido a mi inexperiencia y los nervios se la mordí un poco, él con incomodidad dijo «seguí, pero no me la muerdas» trate de mejorar y lentamente empecé a sentir unos leves gemidos de placer.

    Había mejorado la performance debido a su sugerencia. Lamí sus huevos y para mi sorpresa estaban totalmente afeitados fue la Gloria ese detalle. Empecé a masajear, a chupar con más ritmo, por momentos él me pegaba vergazos en la cara y para mi sorpresa era lo que en Argentina le llamamos «larguero», no acababa nunca, no le bajó la erección en ningún momento, yo pensaba es imposible siendo hetero (al final resultó que tenía experiencia con otros putitos, pero eso es otra historia) después de un rato largo de chupar y chupar en un momento tuvimos que interrumpir porque se sintió como que iba a pasar alguien.

    Resultó ser falsa alarma, y él con una voz agitada me pregunta «¿seguimos?» – respondí si, obvio. Después de todo era un hecho inesperado el que se daba y no me lo iba a perder por nada. Me dice que quería la cola (refiriéndose al culo) me causaba gracia, porque hacia guarradas, pero era correcto para hablar de cosas sexuales. Me di la vuelta, empezó a buscar mi ano con su verga y empezó a taladrar entró con dificultad porque hasta ese momento no había tenido sexo con alguien mayor y estaba bastante apretado.

    Me empezó a dar más fuerte y en un momento tuve que sugerirle que bajara el ritmo porque me dolía. A lo que él hizo caso. Él fue muy caballero y complaciente conmigo, eso me gustó. Entre chupada y cogida lo que llamamos Pete y cola acá, estuvimos bastante tiempo. Ya para terminar al momento de acabar le pregunté si ya estaba. Él dijo si. Y me subí el pantalón. Me pregunto si me había gustado y le dije que me encantó. Después me llevó en moto hasta mi casa y juro por Dios que cogía como animal, el culo me quedo dos días dolorido. Creo que fue la mejor experiencia de sexo al momento, decir que no volvió a pasar nada más con él, si entablamos amistad pero nada sexual. Si con otros familiares de él: su hermano y sobrino… Pero es otra historia

  • La chica colágeno

    La chica colágeno

    Hola amigos. Para los que no me conocen, les comento que me dedico a ser instructor deportivo, me destaco por mi experiencia para dar clases, pero sin un cuerpo esbelto, eso sí mido 1.80 metros, término medio con kilos de más, pero mi tamaño lo recompensa.

    En una de esas noches navegando en las redes sociales de pronto entra un mensaje de alguien preguntando por las clases, y con gusto cedí toda la información. Sin embargo, conforme íbamos conversando, la chica me pregunta si yo soy el entrenador tal y cual describiéndome, a lo que asentí pero ya me pareció algo rara la pregunta. De repente la chica se suelta y me dice que no quería hablar conmigo porque le parecía atractivo y quería quedar conmigo. Yo con un poco de suspicacia le comento mi situación sentimental para evitar confusiones a lo que me comenta que eso no le importa ya que lo que necesita es experiencia. Bueno esa noche chateamos cada vez más hot la conversación y entre la charla me llegaban fotos provocadoras y me fui animando poco a poco a buscar un momento para verla.

    Al cabo de un par de días consigo una excusa para salir de casa rápido para buscarla y dar una vuelta, así hablar en persona de lo que se quiere y evitar malos entendidos porque de verdad tengo mi relación con mi esposa estable (con falta de sexo, pero creo que es algo normal en las parejas cuando tienen hijos). Cuando se sube a mi carro me confiesa que tiene 21 años y pues que desea vivir experiencias con gente mayor a ella, yo le dije que bueno, pero con la condición de la discreción, etc…

    Ese día estaba vestida con un short deportivo cómo de algodón, un sweater también de la misma tela, unos lentes que le daban un aire de malvada y usaba aparatos en los dientes. Al cabo de dos minutos ya estaba mamándome el pene dentro del carro, yo manejando y ella saboreando mi palo, escena que me hizo acordar de mis andanzas de jóvenes con las noviecitas que llevaba para el motel y mientras llegábamos estaban mamando pene.

    Que delicia cómo se lo comía, levantó la colita en su asiento y se puso de rodillas mientras seguía mamando. Aproveche de meter mi mano en su short y sorpresa no tenía nada abajo. Que rica rajita se sentía, depiladita y un culo prominente, le metí un par de dedos y empezó a gemir cómo loca mientras se lo tragaba mas. La cogía con mis dedos mientras ella chapaba cómo una experta, no aguante más y me vine en su boca. Ella sin más se tragó todo limpiando mi pene y se sentó de nuevo en su asiento, agarro mi mano y se la metió dentro del sweater invitándome a agarrar sus tetas, pequeñas pero con un pezón de un dedo de ancho.

    Tuve que detener el auto en una zona poco iluminada para poder continuar, empecé a mamarle las tetas, esa mujer se retorcía de placer y me pedía que se las mordiera, que la chupara toda.

    con la otra mano empecé a masturbarla, metí mi mano y sentí de nuevo esa totona joven, depiladita, cerradita con ganas de verga. Le metí dedo, me la cogí con las manos hasta hacerla acabar y llenarme de líquidos, baje y empecé a lamerle la totona, vaya sorpresa me lleve, esa cuca rosadita que me estaba comiendo. Le di un par de lengüetazos y me halo por los cabellos para comerme la boca, nos dimos besos por un par de minutos y luego caí en cuenta que debía volver.

    La dejé cerca de su casa, fui a limpiar la escena del delito y luego llegué a mi casa.

    Este fue el primer encuentro con mi colágeno. Escriban si quieren la segunda parte y lo que hicimos en un motel.

    Saludos

  • Llegué a ella por su novio (parte 2)

    Llegué a ella por su novio (parte 2)

    Bueno, pero mojame mucho, hace mucho que no hago nada por ahí. ¿No te metés los dedos cuando te pajeás? ¿Cómo sabés que me pajeo así? Porque es obvio que querés demostrarle otra cosa a tu novia y que la cojés pero te gustarían más cosas y por ahora no te animás, así que te descargás en la soledad pensando en pijas ¿o me equivoco?

    La sonrisa esta vez fue más grande y sólo me dijo dale, cógeme, pero mirá que una cosa es un dedo mío en una paja y otra esa pija grande que tenés. ¿Te parece grande? Siiiii, bueno, si, me lo han dicho pero pensé que era compromiso, en vos creo, eso lo puso en otro lugar en la relación y parece que lo convenció de darme un lugar especial.

    Así que dicho esto se fue girando para dejarme el culo abierto hacia mí. Dame suave me dijo, mojalo, no, yo no lo voy a mojar, lo vas a mojar vos porque de seguro tenés la pija casi por acabarse ¿no? Jaja la puta madre ¿cómo sabés eso? Sólo tengo que sentirte, estás hecha una puta chorreando leche para que te cojan, así que mojate vos la entrada de tu culo con todo eso que tenés. Prepará el culo ese para mí, dale.

    Las órdenes lo excitaban mucho, porque cada vez que le ordenaba o le hablaba firme o mal, aceleraba sus actos y respiración. Así que en un minuto estaba toda la entrada del culo brillando de su propia casi leche, así que lo tomé de la cintura y hundí mi pija, también muy mojada, en el culo que de verdad, me pareció bastante sin uso, así que probablemente fuera como él me contó, su doble vida, solamente la marcaba su dedo en algunas pajas.

    Cuando lo cogí sentí que me lo iba a poder coger toda la vida después de ese momento, su entrega fue total y este seguramente iba a ser una de sus situaciones más importantes de su vida. Así que ahí estaba yo cogiéndome ese culo con poco uso mientras la otra persona llegaba al éxtasis con mis palabras, dale, coge putita, abrite todo ese culo para mí, ¿te gusta mi carne dentro de vos?

    Él sólo se quejaba y decía que sí a cada rato, después empezó a decir me encanta, me encanta, me voy a acabar sin tocarme la pija ¡no lo puedo creer! Si dale no te toqués la verga puto de mierda acabate toda como la hembra que sos. Terminé de decir eso y vi en el piso que empezaban a caer resto de su leche y a colgar de su pija lo que aún no caía, sus manos, como yo le dije, no se tocaban nada, sólo apretaban una almohada que estaba en el sofá.

    Todo eso me excitó mucho a mí y entonces le dije que se diera vuelta y me la mamara hasta la última gota, sólo cerré los ojos y esperé a sentir su lengua, no necesitó ni chupar, todo salió derecho a su boca y él, desesperado como si estuviera tomando agua en un desierto, esperaba todo mi semen para beberlo con una voracidad que nunca había visto.

    Acabé y me recosté en el sillón, él aflojando un poco su excitación pareció caer en la cuenta del tiempo y de su sexualidad y se paró tan apurado como queriendo olvidar o que yo olvidara mejor dicho lo que había pasado.

    Leyó de nuevo su celular, puso cara de que había un problema mínimo, así que le agarré el celular, leí que por whatsapp la novia le decía que se había demorado mucho. Entonces sólo puse ya voy amor, es que me demoré un poco con el último cliente, nos quedamos hablando es macanudo, un día que vuelva a trabajar acá me acompañás ¿querés?

    Nooo, no le pongas eso me dijo. Dale putita, tráela así te cojo a tu novia para tenerla contenta y que no te joda tanto pidiéndote lo que vos no tenés ganas de darle. Su rostro se hizo serio, no sé cuál de todas las cosas lo preocupó, si es que le quería coger la novia, si es que yo sabía que a él no le interesaba mucho cogerla, que le agarara el celular y hablara directamente con ella. ¿qué? Le pregunté. Nada, me ponés nervioso. Dale andá a llevarle la leche en tu boca a ella, así ya me la empiezo cogiendo desde ahora.

    Pensé que se iba a enojar y a pararme el carro, pero sólo se sonrió y me dijo, pero me vas a dejar de coger a mí, me tengo que buscar otro. Ahí el que me reí fui yo, mirá por dónde venía tu mirada rara, no tengas miedo putita, te dije que a partir de hoy sos mi hembra, lo que pasa que mi hembra no puede tener una mujer para coger, por eso me la voy a coger yo y vos de vez en cuando la entretenés para que ella no desconfíe ¿te parece?

    Contrario a lo que pensé, eso que le dije pareció aliviarlo y me dijo después de respirar hondo, ojalá que se pueda hacer eso. Aún no salía de mi asombro cuando llegó un nuevo mensaje y él sonrió, mirá lo que me escribió ¡que bueno! La respuesta era un sí largo con muchas íes, que marcaban su alegría y después le puso, me encantaría acompañarte amor. Yo ya dueño de la situación le saqué de nuevo el celular de las manos y le puse, bueno amor, me encanta que me acompañes, este cliente es muy simpático, te vas a sentir bien con él.

    Es algo galán me parece con las mujeres pero en vos puedo confiar ¿no? La respuesta inmediata fue ¿tenés fotos de tu cliente? Hija de puta dijo él mientras sonreía. Y yo trascribí eso, hija de puta ¿mirás otros hombres? No amor, pero vos me decís que él mira mujeres y me invitás, yo sólo me apronto para saber lo que voy a ver. Qué ganas de coger a cualquiera tiene tu novia, creo que llegué justo a tiempo, besame la pija un poco más mientras le termino de escribir, bajó enseguida y se puso a lamerme todo, limpiándome de nuevo lo que de su culo me había quedado. ¿qué le vas a escribir? Nada, sólo le puse que ya estaba saliendo para ahí y que hablaba con ella en vivo, que iba con ganas de cogerla y de chuparla toda así que tenés mucho para hacer.

    Para el fin de semana tráela y ya vamos viendo en cuánto te la puedo coger, pero me parece que voy a demorar un poco más que contigo. Me miró aliviado y sonriente mientras no soltaba mi pija de la boca.

  • Realidad

    Realidad

    Según estudios realizados por la universidad de Sydney Australia, el tener relaciones sexuales con mayor frecuencia activa las hormonas de la felicidad y hormona de la juventud.

    Estudios realizados en 10,000 personas, femeninas y masculinos durante los años 2017 al 2021, concluyen en que a mayor actividad sexual existe una mayor segregación hormonal, activando así las hormonas de la felicidad y el rejuvenecimiento, dando mayor resultados en quien realiza la actividad de movimiento o activo.

    Estudio también concluyó que la actividad sexual y movimiento de determinada área o zona erógena incrementa el músculo, logrando así un incremento de glúteos u otra zona específica según la actividad sexual practicada. 

    Reporte de conclusiones de la investigación en universidad de Sidney no fueron publicadas por evitar un colapso en la industria cosmética.

    Sydney, october 2022

    Dr. Chris  Brown

  • Mi mamá es mi novia a escondidas de papá

    Mi mamá es mi novia a escondidas de papá

    Manuel se miraba al espejo mientras se afeitaba cuidadosamente.

    Detrás de la cortina floreada su esposa Marcela, una hermosa mujer de unos 39 años se bañaba.

    Siempre tuvo un cuerpo deslumbrante, buenas caderas con un culo redondo y paradito. Y sus tetas no se quedaban atrás, bastante grandes, apenas caídas.

    Su cabello castaño caía hasta la cintura y lo cuidaba tan bien como el resto de su cuerpo.

    Sin embargo, Manuel no tenía el más mínimo interés en el cuerpo de su esposa, a sus 54 años ya poco le interesaba el sexo.

    Tenían un hijo en común, Marcos de 18 años, era lo único que los unía.

    Marcos se llevaba bien con su madre, cosas que Manuel agradecía ya que le permitía que se esposa no estuviera tan pendiente de él.

    A Marcela no parecía importarle ya el tener intimidad, parece que la pobre mujer se había resignado a masturbarse cuando dormía su marido o cuando sentía la necesidad.

    Marcela soltó un gemido de placer que no disimulo para nada, su marido ni siquiera se inmuto ante el sonido.

    “¿Te estas masturbando?”

    Marcela agitada respondió a su marido.

    “Sabes que me gusta tocarme, ahhh, cuando estoy tomando un baño”

    Siguieron los sonidos de placer de Marcela.

    “¿Lo viste a Marcos?, no estaba en su habitación”

    Un segundo de silencio.

    “Creo, ahhh que rico, creo que se fue a la casa de su amigo Pato”

    Manuel termino de afeitarse.

    “Por casualidad ¿no me deje la crema para después de afeitar ahí?, ¿puedo ver?”

    “Nooo, quiero decir acá no está querido. Seguro se te termino y la tire eso es todo”

    A Manuel le llamo la atención que su esposa le gritara, nunca lo hacía.

    “¿Estas bien?, o acaso te da vergüenza que tu esposo te vea desnuda”

    “No es eso querido, es que me estoy metiendo un pepino y bueno, eso si me da vergüenza, cosas de mujeres”

    Su marido pareció entenderlo, tampoco es que le interesara mucho que hacía su mujer para satisfacerse.

    Manuel salió del baño mientras su esposa se seguía autosatisfaciendo.

    “¿Un pepino mamá? Se te hubiese ocurrido algo mejor para inventarte, papá podría haber abierto la cortina y vernos cogiendo”

    Marcela era mala inventando excusas, además no pensaba que su esposo iba a entrar a afeitarse, menos mal que golpeo y le dio tiempo a cerrar la cortina.

    “No te burles de tu madre, ahora seguime cogiendo que ya me estoy por correr y además quiero sentir tu lechita caliente dentro”

    A Marcos le encantaba cogerse a su mamá en la ducha de parada, ver como el agua caía por su cuerpo maduro. Su padre era un estúpido por desperdiciar semejante hembra.

    Mientras pensaba en eso, empezó a eyacular, dejando el interior de su madre lleno como ella pidió.

    Se besaron, a Marcela la calentaba lo rápido que su hijo había pasado de ser inexperto a dar unos besos franceses de película porno.

    El baño era el lugar mas seguro para coger de la casa cuando su marido estaba. Sino tenían sexo en cualquier parte, la cocina, el comedor, incluso una vez cogieron en la reposera del patio.

    Marcela había encontrado la llama de la pasión que se apago con su marido, en su hijo de 18 años.

    Le encantaba como la miraba, como si de la diosa griega afrodita se tratara, contemplando cada palmo de su cuerpo y sus curvas.

    María cerro los ojos, disfrutando como el semen de su hijo comenzaba a salir por el lugar donde lo dio a luz, bajando lentamente por sus piernas.

    Marcos la contemplaba en silencio, amaba verla hacer eso, sentir su leche saliendo.

    Marcela se limpió la concha, mientras su hijo se vestía y se iba despacio a su cuarto sin hacer ruido. Tenía que esperar un rato, mientras le daba tiempo a que su pelo se seque, sino parecería sospechoso.

    Dos días mas tarde Marcos invito a su madre a merendar a un lindo lugar, estaba ganando buena plata como ayudante de cocina.

    Cuando su mamá se sentó, Marcos le tomo las manos como si de una pareja se tratará y le pregunto que tal le parecía el lugar.

    “Es hermoso hijo, no recuerdo la última vez que fui a un lugar así”

    Marcos sonrió y le dio un suave beso en los labios.

    Marcela miro preocupada a todos lados, para luego devolverle una mirada severa.

    “Tranquila, estamos muy lejos de casa para que alguien nos pueda reconocer, además hay una tienda a la que me gustaría ir después”

    La intriga de Marcela era demasiada.

    Merendaron y fueron a pasear por las tiendas tomados de la mano.

    Hasta que llegaron donde Marcos quería, un pequeño sex shop. La cara de su madre estaba entre aterrada y completamente excitada, su marido nunca la hubiese llevado a un lugar como ese en la vida.

    Era llevar el nivel de perversión a otro nivel, se le empezó a mojar la tela de la tanga blanca.

    “¿Entramos mi amor?”

    Beso a su hijo de una manera completamente salvaje y agarrándolo del brazo lo arrastro al interior de la tienda.

    Miraron consoladores de todos los tamaños, formas y colores, muñecas sexuales y hasta accesorios menos convencionales.

    Marcela agarro un collar rojo con tachas negras.

    “Podría ponérmelo y me paseas desnuda como perrita por la casa”

    La cara perpleja de su hijo era tan linda, amaba lo inocente que podía llegar a ser. Su mamá ciertamente era mas pervertida de lo que él pensaba.

    Marcos apareció con un plug anal plateado con un corazón, seguro estuvo un buen rato debatiendo si mostrárselo o no.

    “Me encanta amor, siempre quise uno de estos, sirve un montón para ir dilatando el ano y disfrutar mejor del sexo”

    Marcela se acercó al oído de su hijo.

    “Además hijo ¿sabías que una mujer puede pasar varias horas del día con un plug metido?, podría llevarlo al trabajo y hacerlo menos aburrido, muchas mujeres lo hacen”

    Marcela se acercó a un estante y tomo dos lociones.

    “Pero, además, necesitamos un buen lubricante, ¿te gusta mas sabor frutilla o chocolate?”

    El muchacho del mostrador, un joven de no mas de 25 años, escuchaba completamente caliente la conversación de Marcela y Marcos. Quizás sentía un poco de envidia que él tuviera a una pareja tan lasciva.

    “Trajes, que te parece un traje, puede ser de enfermera, mmmm, quizás colegiala no se”

    Marcela miró al joven de la caja.

    “¿Me veo muy grande para usar un traje de colegiala?”

    La cara de sorpresa del vendedor ante la pregunta.

    “Es broma, vamos mi amor, veamos esos trajes eróticos”

    Salieron de la tienda luego de comprar varias cosas, Marcos no veía la hora de empezar a usar esos juguetes sexuales con su fogosa madre.

    Se sentaron en un parque cercano bastante lindo, no había nadie cerca por lo que Marcela aprovecho para cumplir una de sus más profundas fantasías.

    “Mira que no venga nadie hijo”

    Marcela estaba usando un hermoso vestido blanco, despego el culo del asiento apenas unos centímetros, se subió el vestido y se quitó la tanga en un rápido movimiento.

    Se la dio a Marcos, quien por instinto se la llevo a la nariz para darle una buena olfateada.

    Marcela le abrió la cremallera del pantalón, y le saco la verga.

    Enseguida se erecto y Marcela se sentó en el regazo de su hijo, bajando lentamente, enterrándose la verga en toda su mojada vagina.

    “Siempre quise coger en un lugar público, me masturbaba largas noches con esta fantasía. Obvio que tu papá nunca me la cumplió, es irónico que su semilla terminara dándome mas placer que el progenitor”

    Marcos la tomo da la cadera, y haciendo movimientos pélvicos empezó a cogérsela, tomándola por sorpresa a la madre haciendo que suelte un fuerte gemido de placer.

    “Me encanta la química que tenemos en la cama, no podría haber pedido a nadie mejor para que fuera mi madre. Sos una mujer hermosa y te mereces disfrutar plenamente del sexo, yo te voy a hacer realidad tus fantasías”

    Siguieron cogiendo, cada vez más intenso y coordinado.

    Todo era perfecto, hasta que escucharon ruidos detrás de los arbustos y apareció un oficial de policía.

    “Disculpen, ¿está todo bien?, espero que no estén haciendo nada indecoroso”

    Mamá miro al oficial, y sin perder tiempo tomo su cartera.

    “Para nada oficial, estábamos sentados contemplando el hermoso lago, mi hijo es muy sentimental con su madre, acá están los documentos de ambos para que corrobore el parentesco”

    El policía le hecho un rápido vistazo a los DNI, pidió disculpas por la confusión y se retiró algo avergonzado.

    El corazón de Marcos iba a mil, la adrenalina de casi ser descubiertos.

    “Mamá eso fue muy arriesgado, creo que no fue tan buena idea después de todo”

    Marcela le dio un pico en los labios.

    “Puede ser, pero, ¿Quién se corrió cuando dije que éramos madre e hijo? Igual creo que nos corrimos al mismo tiempo, menos mal que el oficial se fue sino se iba a empezar a sentir el olor a semen y flujo, mas en un lugar abierto”

    Marcos estaba por levantarse cuando su mamá le pidió que se quedaran un poquito mas así, que quería sentir la verga dentro más tiempo.

    Comprobaron que no hubiera nadie a la vista.

    Rápidamente Marcela se puso un apósito femenino y la tanga para contener el semen, y se fueron a buscar el auto sonriendo de forma cómplice.

  • Como conocí a mi remordimiento (III)

    Como conocí a mi remordimiento (III)

    Llegado este punto entenderás, querida amiga/o, un poco más mi situación. Tal vez hayas pasado por lo mismo, o lo estés viviendo en este momento, tal y como me sucede a mí, y lo cierto es que si tuviera que definir las semanas siguientes no podría decir que fueron buenas.

    Enfrentarme cada día a su presencia me llenaba de sentimientos encontrados: Ansiedad, expectación, incertidumbre, excitación…

    Me estaba creando una escena en mi cabeza que posiblemente fuese irreal, pero aquel día en la cafetería sentí algo que me había hecho feliz durante un instante. No era por él, por Marcos, te comenté anteriormente, sino por haberme sentido mujer, con mayúsculas, de nuevo. Aquel roce y su posterior excitación disimulada tras la carpeta me recordó que aún podía sentir el cosquilleo del deseo y, por supuesto, fue la emoción de imaginar si durante aquella erección aquel muchacho había llegado a fantasear conmigo.

    Era verano y lo cierto es que el calor y la sensación de que muchos estaban ya disfrutando de sus vacaciones no acompañaba a la hora de encarar los compromisos laborales de cada día. De aquellos tres aprendices quedaron sólo dos al cabo de unos días. Una de las chicas decidió dejarlo y eso me planteó la duda sobre si Eva, que aguantaba y se le veía muy interesada en continuar, al verse sin su amiga, se acercaría a Marcos. A esos extremos llegaba mi ansiedad. Más tarde supe que Eva tenía pareja, otra chica, y me alegré. Me alegré por ella, que tenía pareja, me alegré por la suerte de su amiga a la que vi en un par de ocasiones mientras la esperaba a la salida, ya que Eva era una chica bastante mona, y claro está, me alegré por mí.

    Yo seguía enviándole pequeñas señales intentando encontrar una reacción positiva. Miradas, sonrisas… me maquillaba y buscaba ponerme el conjunto que mejor me sentara, el que más escote ofrecía a la vista. Trataba de reconducir hacia lo personal conversaciones que manteníamos cuando nos encontrábamos solos. Era una locura, sí, pero dentro de mi cordura sabía que aquello había que llevarlo de una manera sutil, despacio, sopesando cada paso para no dar un traspiés y echarlo todo a perder, o peor aún, para no meter la pata y acabar descubriendo que todo era fruto de mi mente, de mis hormonas revolucionadas, de las rutinas de la vida.

    Y en eso estaba cuando un día, con el café de media mañana, nos ofrecieron un cuadrito de chocolate negro junto al sobre de azúcar. Marcos lo guardó en su bolsillo. Yo esperé a que Eva saliese a fumar, cosa que seguía a rajatabla cada vez que parábamos a reponer fuerzas, y aún no se ni cómo, le comenté armándome de valor que el chocolate era considerado el sustituto del sexo. Me miró y le sonreí. Percibí una leve sonrisa y algo de sonrojo. Antes de que abriese la boca volví a la carga y le ofrecí el mío, por si necesitaba una dosis extra, que él era joven y necesitaría seguramente más chocolate para cubrir sus necesidades. Reímos. Le seguí mirando a los ojos. Me contestó algo así como que entonces iba a tener que acercarse a la barra a comprar chocolatinas.

    Volvimos a reír y aquello lo interpreté como un «adelante». Se inició una conversación en la que salió a relucir que tenía novia pero que trabajaba a casi 1000 km de allí así que «se veían poco», dijo sonriendo y dejando entrever que follaba en contadas ocasiones. Reímos y le dije que yo estaba casada, obviamente habría visto mi anillo, pero que tenía la despensa llena de tabletas. Volvimos a reír y aunque lo deseaba, me pilló de improviso. Me dijo que no se podía creer que acostándome todos los días con mi pareja necesitase comprar tanto chocolate, porque le parecía que era una mujer atractiva. Nos quedamos en silencio… mirándonos. Pasaron unos segundos en los que no sabía cómo reaccionar. A través de las ventanas vi a Eva acercarse a la puerta y le dije que debíamos marcharnos ya.

    El corazón se me salía del pecho. Se me había acelerado el pulso y ya ni pensaba en las dos visitas que quedaban.

    Antes de entrar al coche, dije que tenía que volver un momento a la cafetería y aproveché para llamar a los clientes y excusarme porque no iba a poder pasar hoy. Al salir, les dije a los chicos que me habían llamado para cancelar la visita así que, siendo verano… podíamos hacer una excepción y acabar el día allí mismo, y que les acercaba a casa o les dejaba donde quisieran. Marcos me miraba y yo, nerviosa, solo trataba de encontrar la excusa para poder dejar a Eva primero y quedarme a solas con él. No hizo falta. Eva me pidió si la podía acercar a un centro comercial que estaba cerca porque iba a mirar unas cosas y luego ya le irían a recoger allí. Se me hizo la luz.

    En lugar de dejarla en la puerta les comenté que iba a entrar en el parking subterráneo un momento porque tenía que pasar por un cajero a sacar dinero. Nos bajamos las dos. Le dije a Marcos que esperase en el coche, que no tardaba. Cuando vi a Eva alejarse, busqué el directorio tratando de encontrar un supermercado o una farmacia. Tenía intención de comprar preservativos… por si acaso, y mientras buscaba en la lista me asaltó el remordimiento, la sensación de culpa, de estar a punto de dar un salto al vacío sin vuelta atrás. Me asusté y decidí volver. Marcos seguía en el coche. Mientras me acercaba me asaltaba la duda sobre si había sido sólo una conversación picante de adultos, sin ninguna otra intención por su parte más allá de halagarme.

    Entré en el coche, decidida a salir de allí, dejar a Marcos en algún sitio y volver a casa. Estaba a punto de abrocharme el cinturón cuando Marcos puso su mano en mi nuca, acercó mi cabeza hacia la suya y me besó, y yo no hice nada por impedirlo. Primero suavemente, hasta que mi lengua decidió explorar su boca y fue allí cuando el beso se hizo intenso, salvaje, y mientras agitábamos nuestras cabezas, tomó mi mano y la posó en su entrepierna. Estaba excitándose. Dejé escapar un leve gemido que se ahogó en su boca y aquello pareció espolearle aún más. Apretó mi mano para que sintiese como su erección iba creciendo bajo el pantalón. Recuerdo apretarle y suspirar. Me separé de sus labios y le ayudé a desabrochar el pantalón. Antes, miré alrededor. No había nadie. La oscuridad del parking jugaba a nuestro favor. Levantó un poco la cadera sobre el asiento y deslizó su pantalón y su ropa interior, dejando a la vista un pene erecto, no muy largo, pero sí grueso, maravilloso. Me giré un poco en mi asiento y lo agarré con mi mano.

    Lo sentí caliente, carnoso, palpitante… y deseé sentirlo en mi boca, probar su sabor, porque era el sabor de un pene distinto. Desde que nos casamos no había vuelto a tener esa sensación de descubrimiento, esa excitación por lo nuevo, y por supuesto hacía mucho que las erecciones de mi marido, que me lleva ocho años, habían dejado de ser aquellas erecciones firmes de cuando nos conocimos. Era algo normal y siempre lo acepté así, pero allí me encontraba yo, agarrando su polla, sintiéndola bajo mis dedos, recorriendo su esplendorosa firmeza de veinteañero. Agaché la cabeza y lo introduje en mi boca.

    Marcos me debió agarrar del pelo porque sin darme cuenta estaba acompañando mi cabeza, empujándola para que me lo tragase. Era especialmente grueso y me costaba mover la lengua dentro de la boca. Salivaba mucho y sentía como se empapaba un ligero vello púbico que seguramente se mantenía a base de algún tipo de depiladora. Dejé de chupar y le pedí que vigilase por si se acercaba alguien y que me avisase si se iba a correr. Marcos me pidió que no parase.

    Aumenté el ritmo y sentí como acompañaba el movimiento empujando con su cadera. Yo quería gemir, pero con la boca llena apenas se escapaba un leve sonido entrecortado por el movimiento. En ocasiones sentía sus huevos contra mi barbilla y notaba como sus caderas se agitaban más rápidamente. Me estaba follando la boca. Me llenaba. Me preguntaba cómo sería sentirle dentro de mí.

    Empecé a sentir en la boca el sabor de unos fluidos que ya empezaban a avisar de lo que estaba a punto de llegar. Marcos empezaba a respirar entrecortado y todo aquello me excitaba sobremanera. Comenzó a moverse más deprisa si cabe y me avisó de que no aguantaría mucho más. Levanté la cabeza y seguí masajeándole. Tenía la polla llena de saliva y mi mano se deslizaba como si se hubiese untado aceite. Acerqué mis labios a los suyos y le besé. Le susurré si quería correrse en mi boca y me dijo que llevaba tiempo sin masturbarse. Me calentó mucho esa confesión y me di cuenta de que no habíamos preparado nada. No tenía pañuelos de papel a mano así que me volví a acercar a su polla, le pedí que se corriese, la introduje levemente en mi boca y empecé a sentir como descargaba. La sentía bombear mientras se me llenaba la boca mezclada con mi propia saliva.

    Tragué como pude mientras seguía derramándose y su cuerpo se agitaba. Durante el tiempo que estuvo corriéndose tragué varias veces y aun así, cuando sentí que ya había concluido, tuve que girarme, abrir la puerta y escupir lo que me quedaba dentro. Sentía en la boca el sabor y el olor de su semen. Hacía muchísimo tiempo que no sentía eso.

    Marcos trató de disculparse al verme escupir, pensando que me había incomodado y me reí. Le respondí que no estaba acostumbrada a comer chocolate «con leche» pero que me había parecido muy rico. Volvimos a reír ambos.

    Estaba a punto de echar mano al bolso para buscar pañuelos cuando sentí su mano situarse bajo mi falda, entre mis muslos. Le miré, aún con restos de semen bajo mi boca. Separé lo que pude las piernas y sentí como sus dedos trataban de introducirse en mis braguitas, apartándolas. Ahí si que no pude contenerme y suspiré tras lo cual dejé salir un pequeño gemido de placer, pero puse mi mano sobre la suya, deteniéndole, y le dije que no podíamos follar allí, que aparte de que podía aparecer alguien en cualquier momento, yo necesitaba estar más mojada. Ya no tenía su edad, y aunque en aquel momento me sentía muy caliente, tuve que decirle que si me penetraba así posiblemente no lo iba a sentir como algo placentero. Le dije que necesitaba algún tipo de lubricante íntimo, y en aquel momento y por un instante me volví a sentir la mujer que era, una que había pasado los cincuenta. Bajé la mirada y sentí como apartaba su mano de mi, pero solo para introducirse el dedo índice y corazón en la boca, chuparlos bien, y volver a acercarlos hasta mis muslos.

    Aquello volvió a infundirme confianza y cuando sentí como los introducía poco a poco en mi sexo, me pegué al sillón y tuve que ponerme la mano en la boca para no gemir. Volví a abrir las piernas lo que el asiento del conductor me permitía y me deslicé un poco hacia abajo. Pensaba que así tendría más fácil el acceso a mí, y no me equivocaba puesto que sus dedos se hundieron un poco más. Tuve que volver a taparme la boca, pero empezaron a brotar pequeños gritos cuando sentí sus dedos moverse dentro de mi. Aunque al principio había sentido un poco la falta de lubricación natural, lo cierto es que cuando empezó a juguetear con ellos dentro de mi me fui sintiendo más mojada, más cómoda, y más segura de que aquellos dedos iban a hacer que me corriese.

    Empezó a moverlos también de adelante hacia atrás, al principio muy despacio y poco a poco ganando velocidad e intensidad. Yo ya no ocultaba mi placer y jadeaba y gemía apenas tapándome con el antebrazo. Trataba de poner en práctica un ejercicio que hacía tiempo que ponía en práctica para buscar no perder fortaleza ni tensión en el interior de la vagina, pero me veía incapaz de contraer a voluntad ningún músculo. El cuerpo tan solo me pedía tratar de mover la cintura para facilitar las acometidas de sus dedos. Me agarré los pechos y los estrujé mientras sentía las sacudidas de su mano rozando el interior de mis muslos y chocando contra mis labios. Marcos de vez en cuando sacaba los dedos y se los metía en la boca, cosa que me excitaba muchísimo. En esos momentos yo soltaba mis pechos y me apartaba las braguitas para que pudiese volver a mi sin demora.

    No se cuanto tiempo estuvo así hasta que retiró parcialmente los dedos y comenzó a masajear suavemente mi clítoris, que a esas alturas debía estar ya muy hinchado porque la sensación que me dio es la de que me partía en dos de placer. Mientras me masajeaba desde el interior con el dedo corazón, con el pulgar acariciaba con suavidad alrededor de los pliegues de mis labios. Sentía como se contraían y tensaban los músculos de mi vientre, como me bajaba un calor intenso. Me apretaba fuertemente los pechos, pellizcaba mis pezones, y nada de eso calmaba el deseo de que me arrancase la ropa y me penetrase hasta hacerme gritar sin tener que taparme la boca, sin ocultar el placer que me estaba dando.

    No puedo explicarlo porque fue algo muy extraño. No me había sucedido antes y tampoco se ha vuelto a repetir, pero tuve la sensación de que unas décimas de segundo antes de tener el orgasmo mi mente desconectó de mi cuerpo, como si se alejase, o fuese ajena a la parte física de mi, y sucedió apenas antes de empezar a temblar mientras me corría como no recordaba haberlo hecho nunca.

    Temblaron mis piernas mientras mis muslos se cerraban en torno a su mano. Se agitó mi cuerpo. Apreté mis pechos deseando arrancarme la ropa y posiblemente grité. Era gritona antes… y pensaba que ya lo había olvidado.

    Fue maravilloso, y cuando se me pasó… se sentí tremendamente culpable.

    Escribo hoy, a punto de cerrar el año, y mientras lo hago se me pone la piel de gallina al recordar aquel día.

    Disfruten de la vida, todas y todos.

  • Una maravillosa noche con un bailarín erótico

    Una maravillosa noche con un bailarín erótico

    Esto sucedió un fin de semana que estaba en casa sin saber muy bien que hacer. Luego recordé el club nocturno de mi amiga Dalila que se llamaba pasiones, en ese lugar ella tenía a los mejores bailarines eróticos que brindaban un espectáculo digno de admirar uno y otra vez.

    Llegue al lugar y luego ingrese, una potente música me embargo apenas entré y 4 atractivos chicos ya estaban bailando en el escenario, solo estaban vestidos con tangas doradas.

    Mi amiga me vio y se acercó a mí:

    -Hola Denis que gusto que me da verte por aquí.

    -Hola Dalila, estaba aburrida y vine a pasar un buen rato.

    -Aquí lo vas a pasar maravilloso, tengo cuartos para reservar por si quieres ir con alguno de los bailarines.

    -No sabía que tenía esa opción.

    -Pero claro que la tienes solo que ahí ya tienes que poner un poco de dinero.

    -¿Cuánto?

    -Seis mil pesos, puedes estar todo el tiempo que vos quieras y con el que más te guste- el escuchar esto me alegro la noche porque todos eran muy atractivos, saque mi billetera de la cartera y se lo di a Dalila.

    -Cuando elijas uno avísame quien es y yo te lo envió al cuarto, tu dormitorio del placer será el número 12- me dio un beso en la mejilla y se fue.

    El espectáculo seguía en todo su esplendor, pasaron unos minutos y un bailarín nuevo subió al escenario. En el momento que nos vimos hicimos un leve contacto visual, en mi opinión era el más atractivo de todos, tenía un cuerpo atlético y musculoso como un jugador de futbol, su cabello era color caoba y le llegaba hasta la espalda, sus ojos eran de color miel y tenía un poquito de barba, subió al escenario solo con una camisa roja, se la quito en un ardiente movimiento y me la arrojo a mí, las demás mujeres empezaron a gritar muy fuerte.

    El bailarín hizo un movimiento con su abdomen que ocasionó el grito de varias mujeres, luego se dio la vuelta y pude admirar sus nalgas masculinas bien firmes y redondas, cuando estuvo nuevamente al frente del escenario pude verle su miembro que ya se estaba empezando a levantar, después de unos segundos empezó a bailar como lo hacían sus compañeros y con cada movimiento su pene amenazaba con salirse de su tanga.

    En un momento todos los bailarines detuvieron su baile y se bajaron sus tangas a la altura de la pelvis para mostrar un poquito de más lo que hizo que ya me empezara a excitar.

    Luego todos se bajaron del escenario y fueron a las distintas mesas a hacerle un baile a las mujeres, el más atractivo que yo había mirado se acercó a mí y se subió encima de mí para empezar a moverse y ahí fue cuando aproveché a tocarle sus abdominales, bajé mi mano y le toqué el miembro por arriba de su tanga, el no paro de frotarse contra mí en ningún momento.

    Cuando se puso de pie lo que hizo fue ponerme su miembro en mi rostro y empezar a moverse, yo solo podía sentir esa gran pija frotándose en mi cara y esto me encantaba hasta me dieron ganas de chuparle la verga ahí mismo.

    Pasaron unos minutos y él junto con el resto de los bailarines se fueron detrás del escenario. Corrí a hablar con mi amiga Dalila.

    -Ya he elegido- le dije.

    -Muy bien ¿a cuál deseas que te mande a la habitación?

    Le di la descripción del bailarín a mi amiga y ella me respondió:

    -Muy buena elección, ese muchacho se llama Francisco, tiene 25 años y es mi mejor bailarín, las clientas pagan mucho por él.

    -Es el hombre más atractivo que he visto.

    -Y su miembro es una delicia, en cinco minutos él va a ir a reunirse contigo, mientras tanto tú ve a la habitación a esperarlo- fue su respuesta final.

    Ingrese al cuarto que era bastante grande, con sus paredes en tono pastel, un televisor en el centro, había una mini heladera con gaseosas y la cama de dos plazas se notaba que era suave y cómoda, la cama ideal para hacer el amor con el hombre elegido.

    Luego de cinco minutos llegó él diciéndome:-Hola me llamo Francisco y estoy aquí para cumplir todas tus fantasías, hermosa mujer.

    -Hola mi nombre es Denis y en este momento mi mayor fantasía eres tú- le respondí y después él se acercó lentamente a mí, me tomo de las caderas y se apoderó de mi boca al mismo tiempo que bajo sus manos para manosear mis nalgas.

    Aquel bailarín erótico tan atractivo era un experto en dar apasionados besos con lengua y suave mordida a la vez, me sorprendió cuando luego de unos segundos me agarro fuertemente de ambas nalgas y me levanto, yo enrede mis piernas alrededor de su cintura y ambos caímos a la cama.

    El término quedando encima de mí, empezó a darme besos en el cuello al tiempo que iba desnudándome.

    Al cabo de unos segundos ya estaba desnuda ante él y más que dispuesta a entregarme a ese hombre.

    El no dejo ni una sola parte de mi cuerpo sin besar, eso hizo que me excitara muchísimo más y mi vagina empezó a ponerse húmeda, cuando Francisco bajo hacia mi pelvis para estimularme se dio cuenta con una sola mirada que ya el deseo estaba haciendo efecto en mí, en una sola oportunidad él ya había introducido tres de sus dedos dentro de mí.

    Me empezaron a temblar las piernas de tanto placer, mi vagina cada vez se humedecía más y él me masturbaba más fuerte con sus dedos dentro que hacía que tocase bien hasta el fondo de mi sexo.

    Cuando saco sus dedos húmedos sentí una sensación de vacío en mi interior, con la mano que me había masturbado tomo uno de mis senos y lo empezó a masajear deteniéndose en los pezones para luego volver a empezar y con la otra mano que le quedaba libre me volvió a masturbar mi vulva, pero esta vez metió cuatro de sus dedos, de esta manera me hizo una doble estimulación la cual disfrute demasiado y se hizo más rica aún cuando empezaron los besos y nuestras lenguas se unieron.

    Pasaron unos minutos hasta que el dejo de besarme y se metió mi pecho a la boca para dejarlo lleno de saliva y cuando saco sus cuatro dedos de mi vagina la sabana de la cama quedó completamente mojada.

    Con ambas de sus manos tomo mis tetas y las chupo a cada una escupiendo abundante saliva en cada una de ellas para después volver a chuparlas.

    Se quitó su ropa interior y me empezó a besar mientras frotaba su verga contra mi vulva que ya quería abrirse para recibir aquel pene el cual tanto deseaba, luego de unos minutos de ese juego previo me dio vuelta y me penetro por mi trasero al mismo tiempo que me apretaba los senos y me embestía primero suave y luego duro.

    Necesitaba tanto hacer el amor con un hombre con la energía de Francisco que cada vez que sus grandes testículos chocaban contra el agujero de mi culo era la gloria para mí además estaba siendo deliciosamente penetrada con su verga dentro y él me daba embestidas cada vez más fuerte y luego de unos segundos las empezó a combinar con unas nalgadas.

    Cambiamos de posición, en esta ocasión yo quedé acostada por completo encima de él, luego me senté a horcajadas dándole la espalda y empecé a moverme hacia delante con su verga adentro mío, Francisco me puso sus manos en mi abdomen y luego me acarició los senos.

    Me empecé a moverme cada vez más rápido hasta que lo hice eyacular, cuando las primeras gotas de semen empezaron a salir yo me libere de su verga y toda su leche termino en mi abdomen, tetas y un poco en mi rostro porque su verga era muy larga y quedo apuntando hacia arriba en el momento de la eyaculación.

    Me acosté en la cama y Francisco me alcanzo una gaseosa de la mini heladera.

    -Aquí tienes, hermosa, ya que te hice perder muchos líquidos esta noche.

    -Gracias por dejarme tan satisfecha, lo necesitaba.

    -Es parte de mi trabajo.

    -¿Y te gusta esta parte de tu trabajo?

    -Me encanta- respondió él con una gran sonrisa.

  • Andre (parte 2)

    Andre (parte 2)

    – “Poné tus manos para adelante”, le dije a lo cual hizo caso. Le puse unas esposas de cuero con velcro, la hice acostar boca arriba y le até las manos al respaldo. Acto seguido le puse una venda ciega. Ella me dejaba hacer.

    Una vez que estuvo así acostada, atada y vendada, empecé a masajearla y acariciarla largo tiempo y, de vez en cuando sobaba sus pechos, pasaba los dedos por su entrepierna o acariciaba su cola. Todo esto lo matizaba con algunos chirlos, besitos, chupadas de sus pezones, lamiditas en su clítoris. Ella se iba calentando evidentemente y me lo demostraba con sus contorsiones, gemidos y suspiros.

    La obligué a darse vuelta, poniéndola de espalda, le propiné varios chirlos repartidos en sus nalgas para después empezar a jugar en su culito con un dildo de esferas lubricado. Una por una fueron entrando las esferas en su cola y le daba dos chirlos por cada una que se comía. Sus gemidos me incitaban a seguir de modo que, cuando todas las esferas estaban en su colita, la di vuelta y empecé a trabajar su clítoris con un vibrador mientras cada tanto le pasaba la lengua. Rato después se contorsionó en un orgasmo, solo acompañado con unos espasmos silenciosos.

    Esperé que se repusiera para continuar acariciándola, apoyando el vibrador contra el dildo anal mientras le lamía su preciosa conchita. Dejé el aparatito para empezar a acariciar su vagina con mis dedos mientras lamía su clítoris y le daba chuponcitos. Su segundo orgasmo lo sentí cuando levantó su pelvis para acercar más aún su conchita a mi boca y empezó a jadear y gemir. Le saqué la venda, le solté las manos y la hice sentar en la cama y me senté a su lado.

    – “Subite a horcajadas sobre mí y poné mi pija en tu conchita”

    Ella hizo caso y fue bajando para que la penetre por completo. Una vez que estuvo toda dentro de ella, se abrazó a mi y empezó a moverse suavemente mientras la tomaba de su colita y la llevaba para acompasar nuestros movimientos. Así estuvimos un rato hasta que sentí que se iba calentando. De a poco la llevé a realizar movimientos más largos y fuertes, saliendo y entrando de su interior y moviéndola en vaivén sobre mí.

    – “Así papi, así. Llevame así suavecito hasta acabar. Me encanta”, me dijo entre suspiros.

    – “Me encanta cogerte así, putita, toda pegada a mí, sintiendo tus tetas contra mí, calentita y flojita, gozando mi pija.”

    – “Si papi, toda para vos y toda tu pija para mí. Me encanta”

    Así estuvimos calculo que diez minutos más hasta que se abrazó y se pegó a mi para que la penetre hasta el fondo y empezó a moverse en espasmos mientras apoyaba su cabeza en mi hombro. Creo que estuvo así dos o tres minutos hasta que se aflojó toda, levantó su cabeza y me dio un beso profundo, sensual y cálido. La ayudé a acostarse, la moví para ponerla boca abajo y le dije:

    – “Quedate así quietita mientras disfruto tu hermoso culito”

    Ella solo sonrió y se acomodó, abrazando la almohada y dejándome mientras le sacaba suave y despacito el dildo, me acomodaba sobre ella y le ponía la punta de mi pija en la entrada de su colita. Muy despacio y esperando que solito se fuera abriendo, terminé de penetrar ese culito, al cual le tenía muchas ganas. Cuando ya estaba hasta el fondo, empecé a moverme despacito y, al rato, ella de a poco me iba acompañando.

    – “Abrazate a la almohada putita, que te voy a coger el culito con ganas”

    Se abrazó más fuerte a la almohada y me dedicó una sonrisa. Empecé a sacar y poner mi pija en su cola y me fui calentando hasta olvidarme de ella y cogerla violentamente hasta acabar y derrumbarme. Creo que acabó conmigo, pero ni siquiera estoy seguro.

    – “Me encantó papi”, me dijo, “pero dejame respirar que me ahogas”

    Me acosté a su lado, la traje contra mí y se acurrucó poniendo su cabeza sobre mi pecho.

    – “Sos una putita hermosa. Me encanta como coges”

    – “Y a mi me encantas vos papi y como me tratás. ¿Me vas a seguir cogiendo?”

    – “De ahora en más vas a ser mi putita de los viernes. Pero eso no quita que te llame alguna noche y te diga lo que tenés que hacer. Te vas a masturbar para mi siguiendo mis órdenes. ¿entendiste?”.

    – “Si papi. Pero ¿y si estoy con mi novio?”.

    – “No me atendes y listo. Pero por cada vez que no me atendes vas a tener castigos a cumplir cuando nos veamos. Para algo sos mi putita”

    – “Si. Y vos sos el papi que me coge. Tenía razón al elegirte. Nunca me trataron así en la cama. ¿Me vas a enseñar mas cosas?”

    – “Por supuesto bebé. Muchas cosas más, muchos juguetitos mas para mi nena.”

    Y así empezó la relación con mi joven putita.