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  • La mansión de don Pedro

    La mansión de don Pedro

    D. Pedro, mi amo, acaba de entrar en el gran hall de la parte principal de la hacienda. Viene desnudo y sudoroso de la zona de entrenamiento de esclavas como cada día. Son las 9 de la noche y espera su cena. Se marcha rápidamente al baño del fondo del pasillo y un gesto con el dedo me pone en marcha.

    Soy Alina, una de las dos sirvientas personales del amo. Katia y yo, hermanas, fuimos compradas hace 4 años en nuestro pueblo del Cáucaso, donde las familias tenían que recurrir a aligerar la prole que no podían cuidar ni sostener económicamente.

    Sin más mundo que la pequeña aldea y las altas montañas, recién cumplidos los 18 años nos acicalaron como mejor pudieron y nos entregaron a unos hombres de aspecto y lenguaje extraño.

    De un viaje en jeep por los caminos intrincados hasta llegar a un pequeño aeropuerto donde fuimos trasladadas en avioneta con los ojos vendados y atadas las manos a la espalda con fuertes cuerdas hasta está hacienda que ahora cuidamos y servimos para don Pedro, nuestro amo.

    D. Pedro hacia 5 años que había creado su negocio de entrenamientos de esclavas exclusivo y necesitaba las suyas propias para que le sirvieran y complacieran y moldeadas a su gusto.

    Sigo inmediatamente a d. Pedro al ver su gesto, colocándome tras él a medio metro de distancia. Desnuda, completamente rapada y depilada, sin vello en parte alguna, con el collar ancho de metal forrado de cuero negro del que pende una argolla delantera y con una placa indicando mi nombre en ella.

    Espalda recta, mostrando las pequeñas y puntiagudas tetas con sus aros dorados en mis perforados pezones sonrosados, las manos con las muñequeras de cuero negro a la espalda, cogidas a los antebrazos y caminando con pasos cortos mientras suenan las pequeñas campanillas de las tobilleras de cuero a juego con las manos.

    D. Pedro abre el grifo y se introduce en la bañera quedándose de pie. Está sudoroso y tiene la polla dura.

    Entro en la bañera y comienzo a lavarle de arriba a abajo con la esponja no sin antes lamer sus depilados huevos y su dura y larga polla en señal de obediencia.

    D. Pedro me deja hacer. Sin palabras, absorto en sus pensamientos de los que sale sólo para darme una seca bofetada o nalguearme duro el culo si considera que no hago adecuadamente mi tarea.

    Me he llevado dos hostias que casi me sacan de la bañera por no lavar y enjabonar su polla con cuidado.

    No hay tiempo ni queja alguna. Está terminantemente prohibido quejarse delante del amo.

    Con las mejillas ardiendo, termino. Mi amo sale de la bañera y se acicala mientras yo espero mojada y dentro de la bañera a sus órdenes. Estirada, firme… marcando tetas y mirada al suelo.

    Sécate y ayuda a Katia con la cena. Hoy la serviréis en el patio, hace buen tiempo. Se marcha. Desnudo, limpio y descansado. Está en su casa.

    Me enjabono y limpio lo mejor que puedo, me seco rápidamente, no se puede servir tarde la cena o visitaríamos de inmediato al grueso árbol del patio donde seríamos disciplinadas con el flagelo por el amo. Dando gracias por ser educadas debidamente y flageladas de arriba a abajo, con más o menos dureza según el humor de ese momento, permaneceriamos casi desmayadas y suspendidas de la gruesa rama del castaño hasta que d. Pedro lo estimara. Ya habíamos probado la disciplina y nos había quedado muy claro.

    D. Pedro se sienta cómodamente en su sillón y va recibiendo la cena. Es frugal, algo de carne, verdura y fruta. Para beber, agua. Mi amo sólo bebé whisky si está negociando y muy someramente.

    Katia se inclina ante él mientras come, se introduce con su cabeza entre sus piernas y le lame los huevos con las manos en la espalda y de rodillas durante toda la cena. Es su tarea cuando el amo se alimenta. Debe mantener su polla bien dura y empinada por si le apetece usarnos. Generalmente no lo hace (ya está bien satisfecho con las esclavas que entrena).

    Katia recibe una seca bofetada que la tira al suelo. Rápidamente se levanta y lame con rapidez los huevos sin la menor queja. Su mejilla se enciende y se le saltan las lágrimas. Su amo le señala el árbol y advierte: ponle ganas. Katia responde un «sí señor» alto y claro y acelera su lengua y chupa sus huevos. D. Pedro termina. Ambas recogemos rápido y apartamos las sobras para nuestros cuencos. Enseguida aparecemos delante del Amo para comerlas y beber el agua que nuestro Amo quiera darnos en el otro cuenco que llevamos. De rodillas. Sin usar las manos, delante de él , cenamos y 10 minutos después recogemos y nos vamos a la cocina donde lavamos y limpiamos para dejarla recogida.

    Son las 10 de la noche cuando terminamos. Acudimos rápidamente a su presencia y nos colocamos erguidas y firmes. De pie. Esperando órdenes.

    D. Pedro descansa un poco y luego se levanta.

    Katia a dormir, Alina, sígueme con la bolsa de entrenamiento. Katia se marcha con un «sí señor» y yo tomo la pesada bolsa con la herramientas de entrenamiento y me la coloco al hombro.

    Se levanta y se dirige hacia la caseta de enfrente. A cierta distancia y solitaria. Trago saliva. La caseta sirve para recepcionar a las aspirantes de esclavas.

    Aún la recuerdo con angustia porque fue el primer lugar donde nuestro amo comenzó a educarnos.

    La bolsa es pesada. Se me clava en los hombros. No digo nada. Aguanto y al llegar la gruesa puerta es abierta y entramos.

    Me flaquean las piernas. Una mujer madura, de unos 40 años está desnuda boca arriba en el centro. Abierta completamente de brazos y piernas en el frío suelo. No hay cadenas, ni cuerdas. Pero no se mueve. (No lo hará porque ha sido azotada, pinzada y follada salvajemente por mi amo durante varias horas bien atada a un potro que está en el fondo del habitáculo).

    Pienso en mi cuerpo de 18 años, estirado hasta la inmovilización completa y manoseado, azotado y usado sin piedad y sin poder evitarlo mientras la voz de d. Pedro me explicaba las «normas de la casa» y me dejaba bien claro quién mandaba.

    La mujer llora en silencio y tirita de frío, pero no se mueve. D. Pedro se agacha y se coloca a su lado. La acaricia despacio desde la espalda a las nalgas y le dice: de rodillas Marga.

    La mujer, menuda y con grandes tetas y negros pezones. Delgada y de anchas caderas y largas piernas da un salto y se pone de rodillas azorada. Mi amo le ata las manos a la espalda con esposas metálicas y luego le toma del cabello para arrastrarla hasta un cepo de madera donde le traba la cabeza por el cuello. Rapa y depila a Marga, mañana entrará en la Escuela y debe ir bien preparada.

    Suelto la pesada bolsa y extraigo tijeras, jabón y maquinilla. La mujer mira a mi amo negando con la cabeza. Yo comienzo. Le separo ampliamente las piernas para dejarla bien expuesto su coño y comienzo a depilarla.

    D. Pedro le introduce su larga y dura polla en la boca y le ordena chuparla para que no se queje. Marga llora desconsolada y una vara de bambú en sus tetas y un hábil retorcimiento de pezones hacen el deseado efecto. La cuarentona se introduce bien la polla hasta los huevos y chupa aceleradamente mientras es depilada coño y axilas.

    Le toca el turno al hermoso cabello negro. Antes de que tome un mechón de su pelo Marga es azotada duro en su culo. La orden es clara en boca de mi amo: nada de quejas.

    Agarrotada y con el rostro lleno de lágrimas de dolor y rabia contenida, la mujer es rapada con la máquina eléctrica que hábilmente uso desde hace tiempo. Su cabello queda en el suelo.

    D. Pedro acaricia las partes depiladas y rapadas y sonrie. Marga llora en silencio amargamente y humillada y no puede ver lo que hace mi amo. Sólo su alarido desgarrador cuando el hierro marca su culo con la las siglas de la escuela EDP que dejan una marca visible y roja mientras la cuarentona se retuerce y aúlla.

    Bien, dice mi amo. Dejémosla descansar. Mañana comienza su entrenamiento.

    Me levanto y tomo la polla de mi amo. Sé lo que viene ahora. Me toca pajearle para llenar la cara y las tetas de Marga de semen de su nuevo Amo.

    Lo hago, con ganas y rápido. El semen se vierte al poco tiempo en sus ojos, mejilla, cabeza y tetas. Lo esparzo como el amo me ha enseñado.

    Marga se pone roja de vergüenza y rompe a llorar en silencio cuando escucha que pasará allí la noche y se aquella manera.

    D. Pedro me ordena guardar todo y coger el bolso. Salimos dejando a aquella cuarentona dolorida, humillada y follada. Es su primer día y debe saber quién manda. Es lo que dice mi amo mientras regresamos. Yo afirmó con la cabeza sin atreverme a hablar nada. Aún tengo que hacer mi tarea antes de acostarme. Hoy es lunes y toca depilar el pubis de mi Amo ya que le gusta tener polla y huevos bien depilados para sus hembras. A mi me ha asignado la tarea que debo llevar a cabo casa lunes y miércoles. Luego debo comprobar si es correcto con una prolongada mamada y lamida de huevos para que mi amo esté contento.

    He terminado de comer su polla y sus huevos. Me ha acariciado la rapada cabeza y con una suave nalgada me ha enviado a la cama.

    Tranquilizada, le he besado la punta de la polla y me he marchado a mi cuarto. Mañana habrá tarea pues mi a amo ya está completo para entrenar a sus 6 esclavas con la cuarentona de la caseta.

    NI una más, sólo 6 y durante 6 meses. Son sus reglas.

  • Invitados a una fiesta swinger (parte 5 – final)

    Invitados a una fiesta swinger (parte 5 – final)

    En las partes anteriores, nos invitan a una fiesta swinger, pagada por un excéntrico que iba a usar los videos allí rodados para hacer una film más largo, comienzan los intercambios y las performances más extremas en pos de lograr la mayor atención de las cámaras.

    En la parte cuatro encontramos una habitación reservada (la habitación del placer).

    En esta quinta parte ella se entrega totalmente, al placer.

    Ella estaba atada de pies, con una barra (spreader) para abrirle las piernas arriba de un cubo forrado en cuero y látex que estaba en el medio de la habitación. Las dos chicas que nos habían acompañado y ayudado le estaban haciendo un doble fisting, un puño en la vagina y otro en el ano, la cámara, se movía de un lado al otro para captar primeros planos, a ella se le notaba el éxtasis en su cara, lo disfrutaba al máximo, pero en unos breves minutos tuvo un fuerte orgasmo, enloqueció y tenía fuertes espasmos que parecían convulsiones, las chicas se asustaron porque sus esfínteres les apretaban fuertemente las manos y ninguna de ellas las sacó de allí.

    Ella respiraba fuerte aún, su culo y vulva aún se contraían y abrían espasmódicamente y ellas intentaron sacar sus manos pero le causó dolor, tanto que gritó y las detuvo.

    Intentaron de a una pero cada vez que una hacía fuerza para sacar la mano ella gemía y se contraía, y en ese forcejeo comenzó a jadear de nuevo, iba a tener un segundo orgasmo, ella jadeaba con un agudo quejido, gritaba y se contraía todo su abdomen, inmediatamente aflojaba, le costó un par de minutos y volvió a explotar.

    Esta vez sí, aprovechando el tercer o cuarto espasmo ambas sacaron sus manos, primero una y luego la otra, luego ella aflojó y se relajó por completo.

    Pasaron los minutos y entre los tres la ayudamos, a bajar de allí, estaba como en el aire y dijo.

    -Uff, que intenso! No se si no fue el más intenso de mi vida.

    Las dos chicas ya estaban jugando con la máquina de follar, una estaba en cuatro y retrocedía hacia el dildo, la otra buscaba el botón de encendido.

    -En el control remoto, le dije:

    Ella giró el botón y comenzó lentamente el vaivén, la cabeza gigante del dildo tocaba la vulva cada vez que iba hacia adelante, y ella retrocedió más, en la siguiente embestida el dildo zafó de su vulva y le recorrió la raya del culo, y la otra lo detuvo, apoyó la cabeza en el agujero y lo encendió nuevamente, la penetró como hasta la mitad en la primer embestida, ella se sorprendió pero no se quejó, el dildo era realmente grande, tenía más de cinco centímetros de diámetro.

    Les pregunté si iban a usar el lugar que estábamos dejando y fascinadas con la máquina de follar dijeron que no. Ellas iban a intentar un fisting más tarde, con la experiencia que habían tenido recién, mi mujer estaba aún sentada sobre el altar, no paraba de decirme

    -Es muy fuerte lo que sentí, parecía que me iba a partir al medio y cuando tuve el orgasmo, pensé que me moría, hasta perdí el conocimiento creo, porque no sabía ni donde estaba ni por qué sentía tanto placer.

    -Vamos a la habitación? Comamos unas frutas y tomemos una ducha. Le dije.

    Cuando despertamos, ya era media tarde.

    De vuelta del baño ella me dijo:

    -Tengo miedo de que la concha me quede así de grande y no sienta más, dijo y gesticulaba con las manos () como un aguacate de tamaño

    Insistí que con descanso, y ejercicios en casa volvería todo al tamaño normal. Ambos estábamos cansados del ajetreo. Un paso por el baño, una buena higiene y ya en la cama le ayudé a pasarse una crema reparadora y humectante en sus abusados y maltrechos agujeros, el dolor abdominal posterior a fisting ya había desaparecido. Su vulva lucía, unos labios oscuros grandes y dilatados, cuando se acostó boca abajo para recibir un masaje de mis manos, entre los labios se veía un agujero grande y alargado. El ano había dejado de ser un agujero rojo sin forma y había retomado la forma de esfínter, pero se notaba aún laxo, ya no le iba a costar abrirse a nuevas experiencias.

    La cena transcurrió con normalidad, en general todas las parejas hablaban en cierta privacidad. Con el transcurso del fin de semana muchos habíamos roto tabúes, algunas chicas se habían liberado, como mi mujer, y no se los demás pero yo había disfrutado de ver a mi mujer tan activa. De parte nuestra habíamos dado lo máximo para ganarnos la paga.

    La cena fue copiosa, con abundante alcohol, los anfitriones agradecieron mesa por mesa la cantidad de material fílmico que iban a tener y comentaron que tal vez se armaban más de una película porno con ellos. Agradeció las performances que había visto de algunas chicas y de algunos tipos, yo había estado más preocupado en que mi mujer pudiera hacer buenas performances que en buscar una chica para yo tener una buena. Y eso se vería reflejado en los pagos seguramente. Esa noche dormimos toda la noche, es más, al día siguiente cuando nos levantamos el equipo de limpieza ya estaba en la casa, teníamos una carta por debajo de la puerta con el horario de salida y con la fecha en que nos harían el depósito, y el link de donde podríamos descargar la película una vez fuera publicada, además de los backstage.

    Salimos de la habitación y ya no había nadie de los participantes, algunos de limpieza nos miraron irnos, ambos recién levantados después de dormir casi 10 horas, yo con las piernas doloridas de algún esfuerzo que hice en alguna postura y mi mujer además de la cara de dormida y un dolor en las piernas había vuelto la molestia abdominal y un leve dolor al intentar apretar el ano.

    Pasaron los días, todo volvió a la normalidad, llegó el pago y fue más que interesante, ella aparecía más de ocho veces en el video final, su vulva y culo follados por todos, chorreando semen, dilatados, con puños metidos adentro y sus caras de orgasmos ficticios y reales. Yo estaba en muy pocas, había cosas más interesantes para poner en la película, lo que importa es la plata que hicimos en un fin de semana y pasándolo a lo grande.

    Y ahí vinieron las preguntas

    -Lo haríamos de nuevo? Si

    -Con la misma gente? No

    -En el mismo lugar? Da lo mismo

    -Y si hacemos de esto un oficio?…

    ¿Por qué no?

  • Mi prima (1): mostrándome sus fotos desnuda

    Mi prima (1): mostrándome sus fotos desnuda

    Qué tal a todos los lectores, después de unos meses ausente quiero seguir con mis confesiones. Les recuerdo que lo que les cuento es totalmente real así es que comenzaré este exquisito relato. Prepárense y pónganse cómodos.

    Mi prima Andrea y yo, ella de 2 años menos que yo siempre me dieron la tarea de cuidarla pues es la única mujer entre los primos, yo el mayor. Siempre fue así desde niños por lo que siempre tuve buena relación con ella y nos contábamos de todo, en la primaria, en secundaria, novios, cuando estaba en sus días, eh incluso las discusiones de sus padres y a pesar de que la escuela nos separó por estudiar en diferentes escuelas siempre la vi con respecto, aunque una que otra vez mientras se agachaba veía su pezón asomarse, me sentía un poco culpable pues era mi prima, hasta que llegó el momento en que me contó de un chico que le gustaba y que era 2 años mayor que ella, o sea de mi edad.

    Mi prima me confesó que le gustaba mucho el chico y que buscaría llamar la atención de él, para mi era normal esa charla. Un día llego diciéndome que ya andaba con este fulano y que la había invitado a salir ese fin de semana, yo solo le pedí que se cuidara y que no fuera tonta, que pensara bien las cosas pues ya teníamos 18 años y yo 20. Ella siempre me decía en donde estaría y cuanto tardaría pues era una niña de casa. Justo en esta semana noté que mi prima estaba un poco más callada de lo normal, le pregunté en varias ocasiones que como le había ido en su cita y sólo me decía que bien que gracias por preguntar hasta qué días después me dijo que quería platicar conmigo y así fue, estuvimos platicando un rato acerca del tema.

    Para mi sorpresa mi prima me dijo que su novio le había propuesto algunas cosas que ella no aceptó y de inmediato cortó con esa relación yo me quedé sorprendido por lo que ella me había contado, le pregunto cosas íntimas acerca de sus novios y de sus experiencias en el tema del “sexo”, ella se sintió incómoda.

    Después de algunas semanas hablando de lo mismo me contaba cada vez más hasta que me dijo que el chavo le había pedido fotos intimas, ella se negó. Pero que ese tema le había dado muchas vueltas en la cabeza y que quería hacerlo, pero no con el chavo. Si no conmigo. Yo me quedé extrañado y sorprendido pues mi prima quería mostrarme fotos intimas a mi, según ella por la confianza que tenemos.

    En verdad no pude decir nada pues me quedé congelado por su propuesta, y sin dormir solo me quedé pensando en lo que ella me había dicho. Al siguiente día ella me preguntó de nuevo y solo le dije que porque quería que yo viera esas fotos, me dijo que porque no confiaba en nadie más y que si eso lo haría en alguna ocasión con quien fuera su novio pues que quería quitarse la pena conmigo.

    Sin decir nada ella sacó su teléfono y me dijo mira, ya me saque una. Una foto no bien tomada pero era mi prima frente al espejo enseñando las tetas, yo me quedé boquiabierto y sin decir nada, mis ojos estaban secos de no parpadear. Le dije Wow ¿en serio eres tú? Me dijo, pues si. Mi prima es de aproximadamente 1.70 morenita clara, tiene muy buen cuerpo. Fue la única foto que me mostró pero me quedé pensando en esa foto por varios días, hasta que me dijo que quería decirme más. Me confesó que no era todo lo que había sucedido en aquella cita y que estaba muy inquieta y ya no podía guardarlo más, y que yo era el único con quien podría confiar.

    Andrea: quiero explicarte bien todo, porque a medias ni siquiera me entiendes.

    Yo: pues no sé bien qué es todo, pero dale, soy todo oídos.

    Andrea: solo promete que esto se queda entre nosotros.

    Yo: pues claro tonta, dime cuándo eh contado tus cosas, y valla que te se varias.

    Andrea: bueno es que, hay varias cosas que me están dejando sin dormir, y ya no puedo más. y es que Oscar (el chavo con el que duró 1 mes ) no solo me pidió lo de las fotos. Me dijo que le gustaban otras cosas y quiero decírtelas.

    Me pidió fotos, pero nunca le había mostrado fotos a nadie y tú eres el primer chico que ve mis tetas aunque sea en foto. Y quiero quitarme la pena contigo, discúlpame si no es de tu agrado este tema, si quieres lo dejo a un lado.

    (Yo en mi interior luchaba con la moral pero me ganó el morbo).

    Yo: Prima, tú sabes que yo estoy para ayudarte y apoyarte, y si tú te sientes más segura y confía así, pues claro, además así yo me siento más tranquilo de que no andas regando tus fotos.

    Andrea: Gracias primo, sabía que podría contar contigo.

    Después de esa pequeña charla, me dijo que ya tenía unas cuantas fotos en su celular a lo cual me dijo que me las iba a mostrar pero un día que no pueda ver nadie más y es que ese día estábamos justo en el patio de casa y pasaba su mamá y mi papá que son hermanos. Así fue como acordamos vernos 2 días después en el horario donde sabíamos que no había nadie en casa más que mi abuela que nos dejaba estar sin preocupación.

    A decir verdad yo no sabía si estaba haciendo bien pues yo también soy de una familia que me inculcó el respeto a mi familia, a mi prima y a las mujeres en general. Y a pesar de que yo ya había tenido algunas novias para entonces, solo una de ellas me había mandado un par de fotos desnuda a esa edad no tenía experiencia en el tema y en el sexo tampoco, pero el morbo fue el que gano esta batalla y llegó el día y la hora que la abuela nos sirvió la comida platicando de una y mil cosas mi prima susurro -ahorita nos vemos en el patio- sentí un choque eléctrico el en pecho y le dije que si.

    Después de comer yo ya estaba ansioso por el momento. Mi prima me envío mensaje – nos vemos en el patio- y ahí voy, ella traía un pans de color gris delgadito no tan ajustado, y una blusa blanca. La vi sentada en una banca viendo a la calle, y con adrenalina llegué a ella.

    Andrea: qué pasó primo, ya estás listo?

    Yo: pues la verdad no se, mejor dime, tú estás segura?

    Andrea: pues ya lo habíamos platicado y prepare algo especial para ti, y quiero ver tu reacción así es que te mostraré solo unas y poco a poco me dices qué tal, va?

    Yo: órale.

    Sacó su celular, y me mostró la misma foto mal tomada que me había mostrado, pero después me mostró otra, oooh pooor Dios, mi prima completamente desnuda en una selfie, enfocando su cuerpo apuntando el teléfono desde arriba hacia abajo dejándome ver todo su cuerpo, traía un brasserie negro y un calzón del mismo color con una rosa adornando su vagina.

    Andrea: mira, está me la saque cuando regresando de la escuela, traía mi falda y mi blusa del colegio.

    Justo en ese momento comencé a sentirme caliente y no pude evitar sentir ese cosquilleo en la verga.

    Después me mostró otra, mi prima en la misma posición con un bralette de color blanco que hacía notar ligeramente sus pezones y un calzón del mismo color con resortes de color rosa.

    Andrea: está fue del sábado que nos fuimos a ver mi abuelito, traía un pantalón de mezclilla negro y una sudadera blanca.

    Después me mostró una última donde traía una blusa blanca y un calzón de color verde claro.

    Andrea: esta fue de ayer primo, traía una falda de mezclilla y una blusa blanca, cuando llegue a casa solo me quite el bra para que se viera sensual y así me tome la foto para ti. Ya son todas que piensas?

    Yo estaba con la verga inflada y contemplando las fotos, algo que me éxito mucho fue que me contara que traía puesto ese día, le dije que si eran todas pues quería más, sabía que me iba a masturbar pensando en esas fotos.

    Yo: estaban bien y te ves muy bien pero esas fotos son muy “normales” creo que puedes verte mucho mejor si muestras algo más.

    Andrea: más?

    Yo: si prima, a ver cómo te lo digo… usas tangas?

    Andrea: pues si tengo 2 pero solo las he ocupado 2 veces pues aun no me acostumbro, no estoy segura, creo que es ropa de prostitutas.

    Yo: qué? Cómo puedes creer eso. Una chica en ropa diminuta es de lo más sexy, ademas, dime algo, te masturbas?

    Ella se puso totalmente roja y me dijo que no, pero era obvio que si, así es que traté de sacarle la verdad, y le dije que era normal, para que tomara más confianza le dije que yo ya lo había hecho, tratando de ser “inocente” en el tema de la masturbación igual que ella. Ella abrió los ojos grandes y volteó a verme así es que le hice una propuesta.

    Le dije que se sacara mas fotitos y que al día siguiente me las mostrara pero que se sacara muchas, muchas, muchas fotos y así poder tener más que ver, y darle un mejor punto de vista, y así le contaría más de cómo me masturbaba. Ella acepto y al día siguiente nos vimos en el patio nuevamente, ahí estábamos, los dos y yo viendo las fotos de mi prima, me dio su celular y vi las distintas fotos que se había sacado, nooo maaameees se veía de locura, varías fotitos con las tangas que ella me dijo, una en top blanco con los pezones parados y una tanga blanca con puntos rojos, una selfie de frente, y de espada también haciendo relucir sus nalgas, y su espalda.

    Otra donde estaba frente al espejo mostrando su cuerpo sin brasiere y con una tanga negra con corazones blancos era tan sexy verle las tetas a mi prima al aire, capturadas en una foto, y ver esa “v” de su vagina, fotos con selfie de espalda que uuuf levantaba sus nalgas para lucir la tanga que se le veía increíble, esta ultima foto me voló la cabeza pues esa tanga se le veía increíblemente sexy, un par de fotos más frente al espejo, se le salían un poco los pelos de la vagina ya que no estaba rasurada así le dije que al menos se los cortara ella me dijo que si lo había pensado pero que nunca lo había hecho, así es que esperaría a que le diera mi punto de vista. No pude más y le dije a mi prima que estaba muy buena, que era una lástima no poder hacer nada pues éramos primos, ella me dijo que también lo lamentaba, pero ese fue el inicio de un juego entre mi prima y yo, juegos muy excitantes y llenos de morbo.

    Después de esas fotos le preguntaba qué ropa llevaba puesta y ella me decía, eh incluso cuando se compraba ropa interior nueva me decía y me mostraba fotos. Era realmente delicioso saber que mi prima hacía eso conmigo, en ocasiones y cuando no nos veía nadie se bajaba un poco el pantalón para que me diera cuenta de lo que traía puesto. Y esto aún no acaba.

    Este relato lo dividiré en varias partes ya que es una historia muy larga y de varios etapas que tengo para contarles, así es que esperen la siguiente parte. Podría decir que fueron mis inicios en lo voyeur y lo que me ha llevado a exhibir a mi esposa, y mostrar fotos de ella a desconocidos. Si han leído mis relatos pasados sabrán de lo que hablo. Saludos lectores, espero sus comentarios. Ah y si hay alguna chica entre los lectores por favor escríbanme.

    [email protected].

  • Un buen amante y su atrevida clienta

    Un buen amante y su atrevida clienta

    Aún no he conocido a los padres de mi ya novia, a pesar de que vive con ellos y he visitado su casa varias veces. Me da miedo imaginar cómo reaccionarían al saber de mi existencia, pues soy atractivo, pero no de la manera convencional. Soy muy moreno, de 1.80, musculoso y atlético, con rostro guapo pero con facciones masculinas, si no cuidó mi forma de vestir cualquiera cambiaría de acera si me viera de noche… o de día. Además, como mencioné anteriormente vivimos en una ciudad muy polarizada, mis orígenes humildes son más que evidentes incluso por mi forma de hablar.

    Ella es todo lo contrario; ponle sombrero y traje, cualquiera la confunde con un nomo de jardín. Cara y ojos redondos que inspiran confianza, cabello largo y ondulado. Pero sobre todo, unas tetas de infarto.

    El día que conocí a su familia, estaba planeando salir junto con ella. Era una sorpresa, pero había reservado una habitación en un hotel cerca de la playa para dentro de dos días. Ella estudia en la universidad y sus vacaciones también se acercaban, por lo que ella me había contado, estaba claro que no tenía planes.

    Para mi sorpresa, mi suegro estaba en casa. Era un hombre algo bajito (aunque no tanto como ella) muy amable y gracioso. Ella hacía todo lo posible para que él y yo interactuemos, incluso lo convenció de que se masajeara junto a ella, aunque sólo estaba yo. Mis ganas de tirarme por un precipicio aumentaban a medida que iba notando a mi suegro sospechar.

    Casi la podía ver con su sonrisa malévola en cuanto me daba la vuelta, en bata parecía un pequeño pingüino festejando su victoria silenciosamente. Logró su cometido. Su padre y su novio se llevan bien.

    Empecé con mi suegro. Parecía muy agradecido, pero tuvo que irse a cambiar porque tenía un asunto pendiente. Quedé a solas con ella.

    La regañé por exponerme a esa situación sin estar listo, pero le valió un pepino.

    Cállate y ven, que es mi turno -dijo acercándome hacia ella, rodeando mis caderas con sus piernas-

    Noté que no traía nada debajo, y de inmediato me puse duro. La miré a los ojos y me acerqué lentamente para besarla, pero de repente, me alejó.

    Miro hacia atrás y está mi suegro ya vestido, mirándonos fijamente. Sonrió y siguió su camino.

    Nos pillaron -comenté con una risa nerviosa-

    Tranquilo, ya te lo ganaste. Le agradas.

    Me alegró escuchar eso y fui a corroborar si se había ido. En cuanto le di luz verde, me tomó de la mano y me llevó hasta su habitación. Sacó de un cajón una bala vibradora y se desnudó. Se puso de rodillas frente a mí y me la empezó a chupar.

    Siento sus mojados labios deslizarse en la punta de mi verga mientras sostiene la base con su mano, con la otra usa en sí misma el vibrador.

    Dejó de chupármela y se levantó, poniéndose de puntillas para alcanzar mi boca. Duramos un rato dándonos un rico beso.

    -No sé si te das cuenta pero… -soltó una pequeña risa burlona-

    -Ya sé, ya sé -mis últimas palabras antes de que me callara empujando mi cabeza hacia sus ricos pechos-

    Empecé a rodear las aureolas con mi lengua mientras manoseaba sus tetas.

    Ella ya estaba temblando y eso me ponía más caliente. Comencé a chupar y besar delicadamente sus pezones sensibles.

    De un momento a otro ella me empujó y quedé acostado con mi verga erecta e intuía lo que haría.

    Se puso encima de mí y empezó a frotar sus labios vaginales con mi verga. Se sentía increíblemente bien, no sólo su coño mojado, sino la vibración del juguete que continuaba usando.

    Mi mente estaba en las nubes gracias a sus ricos fluidos que inundaban el tronco de mi verga. Se notaba que ella estaba aún mas excitada por sus gemidos, gestos, la forma en la que movía su cadera… cuando comenzó a moverse cada vez más rápido y perder el control de su cuerpo, era evidente que estaba llegando al clímax.

    La acosté encima de la cama. Usé el juguete en sus pezones y nos sumergimos en un beso pasional. Fui bajando hasta su cuello, luego a sus tetas. Ahí se me ocurrió usar mi lengua con el juguete y sus gemidos me confirmaron que fue buena idea, los cuales se intensificaron cuando bajé a su panocha combinando mis lamidas, besos y chupones con la vibración.

    Tomó mi cabeza con ambas manos, empujando mi cara hacia el paraíso al tiempo que sus gritos llenaban la habitación.

    Una vez terminó su cuerpo sudoroso y sus jadeos incesantes me indicaban que ella necesitaba un descanso. Fue un rato de deliciosas caricias y ricos besos, que terminaron con ella masturbándome con ambas manos.

    Besaba mi cuello y fue bajando por mi pecho, abdomen, hasta llegar a donde ambos ansiábamos. Sus mamadas eran incluso más ricas que la vez pasada. Empezó a utilizar el vibrador alrededor de la punta, mientras la lamia y besaba. Se sentía jodidamente exquisito.

    No aguantaba más y descargué todo mi semen en sus preciosos labios. Ella exprimió y tragó hasta la última gota.

    ¿Te gustó? -preguntó aún con mi verga en su mano-

    Aprendiste del mejor

    La abracé fuerte y nos besamos y acariciamos un buen rato. Nuestro momento se vio interrumpido por el sonido de la puerta principal abriéndose.

    Ambos nos apresuramos a vestirnos. Justo cuando ambos habíamos terminado de vestirnos tocan la puerta y suena la voz de una mujer que parecía estar por sus 50’s.

    Mi novia con toda la calma del mundo se dirigió a la puerta. Yo no podía creer lo confiada que estaba en una situación tan comprometedora.

    Ya es hora de que conozcas a mi madre -sonrió mientras abría la puerta-

    Continuará…

  • La vecina con un pasado oscuro

    La vecina con un pasado oscuro

    Espero que les guste mi primer relato, prometo no contar de más, ni menos. Esto paso hace ya varios años y creo que muchos van a encontrar muy excitante todo lo que paso. Tengo muchas historias como estas, así que, si les gusta, agreguen este relato dentro de sus favoritos, comenzamos…

    Todo comenzó cuando tenía unos 22 años, siempre fui muy tímido para las cosas sexuales, pero no puedo negar que me gusta el sexo, a pesar de no ser virgen, ya que desde pequeño tuve relaciones incestuosas, nunca tuve tanto sexo con otras chicas que no fueran mis familiares. Hasta que un día estaba en la terraza de mi casa y de pronto vi a la vecina que estaba en traje de baño en la piscina. Nunca antes la vi con aquellos ojos, y seguramente fue porque tenía muchos meses sin tener sexo o masturbarme, ese día podía ver cada gota de agua que bajaba por su espalda hasta llegar a esas hermosas nalgas que ella tenía.

    Hasta aquí quiero llegar para hacer un pequeño paréntesis y contarles algunos detalles de mi vecina, que solo les contare su primer nombre, ella se llamaba Mabel. Mabel era una mujer hermosa, tenía lindo cuerpo, pero sobre todo era muy amable, siempre pasaba en la calle y nos saludaba a toda mi familia, pero una vez, escuche rumores de que ella, en su trabajo, tenía un secreto oscuro, ella trabajaba en una institución publica del gobierno, donde tenía muchos contactos con abogados y jueces, y ella, según los rumores, tenía una doble vida.

    Por eso era que se podía pagar sus lujos gastos, auto nuevo del año, su casa era casi una mansión. Nunca entendí como una abogada podía costear todo esos lujos, hasta que escuche esos rumores, así que, como buen informático que soy, me puse a buscar incansablemente toda la info sobre ese tipo de «servicios» hasta que logre encontrarla en un famoso libro «negro», donde estaban todas las chicas más vip del país.

    Ahora continuo mi relato, volviendo al presente, Mabel ya había dejado esa vida, de echo ella incluso se casó con un colombiano, nadie podía creer que ella formalizara su vida de esa manera, pero ese día algo en mi cambio, yo quería tener ese hermoso culo entre mis manos, así que comencé a planear mi gran y efectivo plan.

    La idea era ver como podía hacer para localizarla de una forma anónima, y mostrarle todas las pruebas que tenia de su vida pasada. Y así fue como logre contactarla por medio de correo electrónico, ella quedo asustada al punto que siempre me contestaba con respuestas que yo esperaba, poco a poco le fui indicando que, si ella no hacia lo que yo quería, publicaría todas las fotos, nombres y hasta videos que tenia de ella, cuestiones que ella por miedo a perder a su marido no quería que se hicieran públicas.

    Fue cuando un día le pedí que ella tenía que enviarme un video masturbándose y quería que mencionara mi nombre cuando terminara, así fue como ella poco a poco comenzó a ser mi sumisa. Ella pensaba que yo estaba en otro país, jamás se imaginaba que estaba al lado mismo de su casa. Hasta que un día ya no aguante más y le dije que la quería ver en un hotel, quedamos el fin de semana en vernos, y ella no quería, pero le mostré que, si no hacia todo lo que yo quería, ella la pasaría muy mal, incluso hasta en su trabajo.

    Y así fue cuando llego el gran día, la estaba esperando con los brazos abiertos y cuando ella me vio, se quedó totalmente sorprendida, no podía creerlo, ella me dijo que, si estaba loco, pero le dije que solo deseaba poder coger duro con ella… Fue cuando note que ella cambio de actitud y se hizo la sumisa, diciendo que solo por esa noche seria suya y que podía hacerle lo que yo quería…

    Bueno, y si quieren saber que paso esa noche, dejen sus comentarios y se los hago saber, todos los detalles, en una segunda entrega. Los leo atentamente.

  • Por fin nos encontramos

    Por fin nos encontramos

    Llegaste, vestías un pantalón negro muy ajustado y una blusa blanca semi transparente que dejaba ver tu ropa interior, pero tenías una chamarra de mezclilla negra que se te veía genial, tenías el pelo recogido en una colita de caballo que se te veía muy sexi.

    Nos dimos un beso y un abrazo fuerte te tome de la mano y nos fuimos a sentar en una banca, te pregunté si desayunaste y me dijiste que no, que tenías hambre y me dijiste que querías tacos, lo que me pareció buena idea, nos levantamos y yo te seguí a dónde los tacos te abrace y así caminamos, luego de desayunar me dijiste que conocías un hotel muy chido y yo solo te dije «vamos», llegamos a un hotel que por fuera no me pareció nada fuera de lo normal, pero al entrar al cuarto me alegro mucho, tenía jacuzzi, luces de neón y una cama muy cómoda, además de tener sillón del amor…

    Entramos y te dije «por fin juntos» y asentiste con la cabeza, comenzaste a quitarte la chamarra, pero te detuve y te dije «espera, lo quiero hacer yo»…

    Te quite la chamarra y al hacerlo me puse detrás de ti y vi tu lindo trasero, no me aguante las ganas y te di una nalgadita, te tome de la cintura y volteaste la cara para darnos un beso muy rico, durante el beso te fuiste dando vuelta lentamente hasta quedar de frente a mi y aproveché para desabotonar tu blusa, nos seguíamos besando y deslice tu blusa lentamente hasta el suelo, te abrace un poco para sentir el calor de tu piel, sin dejar de besarnos desabroché tu bra y lo baje lentamente y tú agarraste mi cabeza y la hiciste para abajo pidiendo que te las chupe, yo bajé lentamente besando tu cuello mientras mis manos agarraban tus bubis, chupe una y luego la otra y al final le di una mordidita que hizo que se te erizará la piel, seguí bajando hasta quedar de rodillas frente a ti, desabroché tu pantalón y lo baje lentamente mientras besaba cada pedazo de piel expuesta, acariciabas tus piernas hasta quedar solamente en una tanga de color blanco en encaje que se te veía deliciosa, pase mi lengua por tu panocha aún con la tanga puesta, para después irla quitando lentamente con mis dientes hasta llegar a tus tobillos, acerque mi cara a tu panochita y tú me jalaste con tus manos muy fuerte contra ella y yo buscaba tu clítoris con mi lengua hasta encontrarlo y abriste las piernas y me dejaste saborear el rico jugo de tu sexo…

    Luego de lamer por un rato me puse de pie y tú me quitaste la playera como desesperada y me aventaste a la cama, desabrochaste y pantalón y bajaste mi bóxer buscando mi pene que ya estaba bien erecto, lo tomaste con la mano y luego de besar mi glande con tus labios lo lamiste desde la base hasta la punta para luego meterlo a tu boca y chuparlo como se chupa una paleta helada, acariciabas mis huevos mientras yo te observaba y cuando dabas unas lengüeteadas en la cabecita volteaste a ver mi cara con una mirada muy caliente y llena de placer, mientras yo me mordía los labios de placer…

    Me quitaste por completo el pantalón y te sentaste en mi cara para hacer un 69 que mientras nos chupamos nuestros sexos yo acariciaba tus bubis que se salían por los lados, te pellizcaba los pezones que ya estaban bien duros y trataba de agarrarlas por completo con las manos y apretarlas, luego agarre de las nalgas y te las abría para que mi lengua entrara más profundo en tu panocha y poder disfrutar de tu jugo. Tu tratabas de meter toda mi verga en tu boca mientras gemías y pujabas cada vez que mi lengua y mis labios jugaban con tu clítoris, yo creo que ya sentías que te venías, porque me pediste que te metiera la verga, te puse a la orilla de la cama y yo de pie me puse tus piernas en mis hombros y jugué con tu clítoris con mi verga un momento luego la fui metiendo lentamente hasta el fondo y luego me moví muy rápido viendo cómo entraba y salía mi verga de tu panocha y a la vez como se movían tus bubis al ritmo de mis embestidas, tus gemidos aumentaron y luego se convirtieron en gritos ahogados por la falta de aire y puede sentir como se mojaba toda tu colita con el líquido que salía de tu panocha mientras jadeabas y jalabas aire por la boca, tus manos agarrando la sabana apretabas los dientes y cerrabas los ojos mientras algunas gotas de sudor recorrían tu frente…

    Me fui moviendo cada vez más lento para que disfrutaras el momento y sintieras con mayor claridad, hasta que me detuve y me recosté a tu lado a chupar tus bubis, luego de un rato te subiste en mi y moviendo tu colita de una manera tan suave pero firme a la vez, con excelente control de tu cadera te novias en círculo, de arriba abajo y de frente hacia atrás mientras tus bubis rebotaban en mi cara y mis manos en tus nalgas acompañado de tus gemidos y pujidos no pude con todo eso, la excitación llegó al máximo, y descargue mi leche en tu panocha mientras cerraba los ojos y me mordía los labios y mis uñas se agarraron con fuerza a tus nalgas y mi cuerpo se tensó por completo…

    Aún jadeabas cuánto de bajaste de mi y mi leche salió de tu panocha acompañado de tus jugos escurriendo por tus piernas, te acostaste junto a mi y te abrace y te bese mientras veía tu linda cara y tus hermosos ojos en lo que nos recuperamos un poco…

    Después de un rato me levanté y fui al baño, llene el jacuzzi de agua caliente y te invite a acompañarme, así entramos los dos y nos relajamos un rato con las burbujas, estábamos sentados uno junto al otro, así que te abrace con una mano por encima del hombro y te agarraba una bubi mientras platicábamos, luego de un rato platicando sentí como tú mano agarraba mi pito y después de masturbarlo un poco comenzó a ponerse duro otra vez, te solté la bubi y metí mi mano para frotar tu panocha y juguetear con tu clítoris, nos pusimos rojos de la cara y no precisamente por lo caliente del agua, llegué a creer que eran nuestros cuerpos los que calentaban el agua, el baño se llenó de vapor y la luz se hizo más tenue, entonces tú te subiste en mi dentro del agua y con tu mano cogiste mi pene erecto y lo metiste a tu panocha bajando despacio hasta tenerla completamente dentro, tus bubis quedaban fuera del agua y era un espectáculo hermoso ver cómo se movían al compás del agua siguiendo tus movimientos de sube y baja, te abrace y nos besamos apasionadamente y tus movimientos se hicieron más lentos, pero sentía como tú panocha se apretaba fuerte contra mi verga que ya estaba completamente dura y así estuvimos un buen rato, tu me abrazabas fuerte y yo sentía tus bubis apretadas en mi pecho, cada vez más fuerte y cada vez más rápido, pujabas y me apretabas más, gemías y podía sentir lo más profundo de tu panocha con mi verga, yo sentía que me venía, ya no podía aguantar más, todo lo que estaba sintiendo me excitaba mucho y no sé si era el destino o nos conectamos tan perfecto que los dos casi al mismo tiempo nos venimos, entre jadeos y pujidos de los dos, abrasados con mucha fuerza en el agua caliente y las burbujas por segunda vez llene tu panocha de leche y sin salirte de mi verga te recostaste en mi pecho y mientras te abrazaba te bese la frente.

    Luego de un rato salimos del agua, nos sacamos y nos fuimos a la cama, estábamos tan exhaustos que nos pusimos de cucharita y yo abrazándote y agarrando una de tus bubis nos quedamos dormidos…

    No sé cuánto tiempo paso, pero al despertar estabas frente a mi solo viendo mi cara, me sorprendí, pero casi de inmediato retome el control, tu tenías una mirada coqueta y con una sonrisa en los labios me dijiste «ahora quiero ser tu perrita» te levantaste y fuiste derecho al sillón del amor, te pusiste en cuarto y moviendo tus nalgas en dirección a dónde yo estaba me decías «ven, te gusta mi culo?».

    Con tu mano frotabas y abriste tu panocha para que pudiera verla, me puse de pie y me coloque frente a tu cara, te ofrecí mi verga para que la chuparas, la tomaste solo con tu boca y le dabas unas chupaditas bien ricas, lo que hizo que se parara otra vez y así como estaba de mojada con tu saliva me puse detrás y te la metí de un solo golpe, hasta el fondo, me movía muy fuerte y muy rápido, tus nalgas rebotaban en mi, con las manos abrí tus nalgas y puede ver tu culito, lo toque con la mano y me encantó ver cómo lo apretabas cada que lo rosaba con los dedos, moje mi dedo pulgar con mi saliva y sin dejar de cogerte lo fui metiendo lentamente en tu culito y bombeando cada vez más aprisa y más fuerte, mientras con la otra mano te daba nalgadas hasta dejar tus pompitas rojas y pude sentir como tú culito se apretaba cuando tuviste un orgasmo…

    Saque mi dedo lentamente y tú culito se quedó abierto y luego se fue cerrando lentamente mientras tú puchita se movía y sacaba líquido de dentro de ella, luego te di la vuelta y te acomode para esta vez cogerme tus tetas, puse mi verga en medio y con tus manos las apretabas, vi tu cara de satisfacción cuando salto mi leche hacia tu cara mientras yo gemía de placer, con tu lengua tratabas de alcanzar mi leche en tu cara y con mi lengua la tome para llevarla a tu boca, chupabas mi lengua tomando toda mi leche…

    Ya era algo tarde, anochecía y era el tiempo de regresar, a los dos nos esperaban, tomamos una ducha juntos, nos vestimos y salimos, pedí un taxi para ti y luego uno para mí, iniciaba mi viaje de regreso a León, Guanajuato, pero me sentía incompleto porque mi corazón se quedó contigo.

  • Confesiones (4): Puta

    Confesiones (4): Puta

    ¿En qué momento lo decidí? ¿Fue acaso cuando pude pagar la inscripción y el primer año de la carrera de mi hijo? ¿Fue cuando terminé de pagar mis deudas? ¿Fue cuando pudimos mudarnos de esa inmunda vecindad? ¿Fue cuando renuncié a mi otro trabajo? ¿Cuándo fui consiguiendo mejores clientes? ¿O quizás cuando vi todo el dinero que había conseguido en menos de 30 minutos?

    ¿Fue porque necesitaba el dinero? ¿O fue por los rumores falsos de que era una trepadora y sólo quería demostrarles a esas viejas chismosas lo lejos que sería capaz de llegar si de verdad hiciera la mitad de lo que decían de mí?

    Yo trabajaba en ventas, era buena en lo que hacía y el bono que me ganaba era gracias a mi labor de vendedora. Pero las viejas chismosas de la oficina se la pasaban creyendo que era por andar de trepadora con nuestro gerente. Él era un viejo, flaco, canoso y estaba quedándose calvo, pero eso no le impedía andar de rabo verde con todas las niñas que entraban de recepcionistas y terminaban renunciando por su acoso. Y claro, cuando se le iba la carne fresca, volteaba a verme. Ahora me cuido más, pero en ese entonces tenía rollitos en la barriga, los muslos se me desbordaban de la falda y pues bueno, ¿qué te puedo decir? Mis tetas ya eran grandes desde antes de dar a luz.

    Pobres viejas ilusas, ya ni se molestaban en ser discretas con sus comentarios, nunca les di el gusto de rebatirles nada, yo sólo pasaba y les sonreía cuando nos topábamos en los pasillos o juntas. Como dije, si me ganaba bonos de ventas, era porque era competente. Y si no les rebatía nada sobre andar cogiéndome a nuestro jefe era porque lo hacía con el que le sigue.

    El jefe regional nos visitaba en la oficina cada trimestre, era alguien más joven que el decrépito aquél. Era amable, con clase y muy detallista con todos en la plantilla. El anciano dijo que yo actuara como su asistente durante su visita y lejos de tenerme como su secretaria, estuvimos platicando de la situación general de la empresa hasta ya altas horas de la noche. Se ofreció a llevarme a casa y como no era feo ni nada, acepté (cosa que ni loca hubiera aceptado del pasita aquél).

    Me dejó afuera del edificio, vivíamos en una especie de vecindad, en un cuarto donde la cocina y el baño eran de uso compartido. Ni me di cuenta del shock que fue para ese hombre verme entrar a ese lugar, en un barrio todo sucio y feo. De hecho, me acuerdo que hasta le dije que se fuera por una ruta distinta a la que le marcaba el GPS para que no pasara por una calle peligrosa. Pero aquello era parte de mi día a día, ya me habían asaltado antes y por desgracia, estábamos acostumbrados a ese estilo de vida.

    Al día siguiente, fue preguntándome por mi sueldo y lo que acostumbraba a ganar, del precio de las rentas en la ciudad y, discretamente, dándome a entender que era mejor salirme de ese lugar. ¡Que si lo sabía yo! Tenía más de una deuda sobre mí y el dinero se iba entre avanzarle a esas cuentas, la renta, la comida y la escuela de mi hijo. No teníamos mucho, pero lo poco que teníamos era de buena calidad, a la mala fui entendiendo que lo barato sale caro y la ropa que compraba sí era costosa, pero al menos no se desbarataba al mes de usarla. Supongo que aquello era contrastante para ese sujeto, con quien salí a comer y de vuelta en la oficina, se ofreció a llevarme a casa nuevamente.

    Salimos a tiempo esa vez, me regodeé al ver la cara de las viejas chismosas mientras nos dirigíamos al coche y pude ver que no dejaron de vernos cuando nos fuimos. Él se dio cuenta y platicamos al respecto, le dije que a mí no me importaba lo que otras dijeran, porque sabía que jamás en la vida iba a andar de zorra con alguien como mi jefe. Entre broma y broma, terminé admitiendo que era por el físico y no por la acción, logró hacer que le dijera que sí pensaría en tener sexo con alguien menos cateado. Eso sí, sólo si el dinero valiera la pena la vergüenza.

    El tercer día era el último en que él se iba a quedar, ya no nos quedaba nada de revisar en realidad, así que me dijo que podríamos darle seguimiento a alguno de mis clientes para estudiar mi forma de dirigirme a la gente y ver si podríamos replicarla en los cursos de capacitación. Eso fue lo que dijo, pero cuando todos mis clientes me dijeron que era mejor vernos otro día, él sólo dijo que saliéramos. Llegamos a un restaurante y comimos, él le había dicho a mi jefe que íbamos a hacer lo que originalmente había dicho, pero nos la pasamos horas platicando de cosas ajenas al trabajo, reímos y hasta me hizo brindar con él por haber terminado todos los pendientes antes de tiempo.

    A ver, no era tonta, pero una tiene que hacerse la despistada. Claro que veía cómo me miraba y cómo sus ojos le brillaron al decirle, entre bromas, que tendría que salir a la calle a venderme para ganar más dinero si no nos subían los sueldos. Reímos y bromeamos de la cantidad por la que estaría dispuesta a aceptar, no pensaba salirle barata a nadie y se le dibujó una sonrisa. Cuando me dijo que tenía que ir por unas cosas al hotel donde se estaba hospedando, ya me las olía.

    Él era más joven, pero todavía unos años mayor que yo, era apuesto, moreno, bien peinado y olía rico. Lejos de pensar en su puesto, genuinamente me agradó pasar tiempo con él, pero no estaba segura de dejar que la cosa escalara. Todavía en recepción, le dije que lo esperaba abajo y él insistió en que lo ayudara. No soltó mi mano mientras estábamos en el elevador, mi corazón estaba acelerándose, no habíamos dicho nada directamente, pero sabía lo que iba a pasar. Llegamos a su habitación, no había nada más que su maleta y su laptop. Sacó su cartera y vi como iban saliendo de ella los billetes de mil, nunca los había visto. Uno a uno, cayeron sobre la cama, era la cantidad que había dicho en el restaurante. Los tomó y los puso en mi mano, estaba temblando.

    —Para que no tenga que salir a la calle.

    Mis rodillas me traicionaron y caí al suelo. Estaba llorando, no podía creerlo, quería mentirme a mí misma y decirme que aquello había sido una broma inocente, que todavía tenía oportunidad de decir que no e irme. Pero, ¡vamos! ¿A quién quería engañar?

    Él se sacó el miembro, dijo que se lo chupara. La última vez que había tenido intimidad había sido con el padre de mi hijo, habían pasado años de eso, pero, como dicen, lo bien aprendido nunca se olvida. Pidió que me desvistiera y me sentara en su regazo, me comió las tetas con hambre, pobrecillo, debió estar aguantándose las ganas todos esos días. Sentí su carne penetrarme y creí que me estaba dando un ataque de pánico, pero pronto caí en cuenta de que casi había tenido un orgasmo tan sólo por habérmela metido. Era todo, era lo que estaba haciendo, con quién lo estaba haciendo, dónde estábamos y, sobre todo, el motivo.

    Ser una madre soltera te enajena un poco de tu rol como mujer, dejas de pensar en ti, en tu vida, tus sueños y aspiraciones; todo para enfocarte en el bien de tu hijo. Había olvidado la sensación de una mano adulta sobre mi piel desnuda, el aroma de la intimidad y sobre todo, lo mucho que me gusta tener una verga dura dentro de mí.

    Me puso en cuatro, me dijo que me girara para hacerla de misionero y la sacó para venirse sobre mi vientre. Creí que eso sería todo, pero él quería hacer valer su dinero y lo hizo. Se empezó a desvestir y le ayudé con mi boca a mantenerse firme mientras lo hacía. Me recostó y se puso a comerme de nuevo las tetas, parecía un bebé, excepto que éste subió para besarme como todo un hombre. Aquello hizo que de nuevo estuviera a punto de llegar al clímax y no pude evitar usar mi mano para que esta vez no se me escapara.

    Apenas estaba recuperándome, todavía estaba temblando cuando volví a sentir su fierro ardiente y creo que aquello me ocasionó un segundo orgasmo, menos intenso pero era como si viera estrellas al cerrar los ojos. Lo hicimos una vez más y él se fue a bañar.

    Ese momento a solas, en el que me vi al espejo desde el tocador, toda despeinada, sudada, embarrada en leche de nuevo en el ombligo… pero con una sonrisa nadie iba a poder borrarme. Fue mi turno de limpiarme y al salir, él me acercó el bolso. Los billetes estaban ahí, a la vista de cualquier trabajador del hotel que pudo haber entrado y él me dijo que los guardara bien.

    Volvimos a la oficina, había secado mi cabello en el hotel y él se veía igual de arreglado que como salimos. Sólo fue a dejarme y despedirse.

    De ahí en adelante, él nos visitó dos veces más (antes de que yo renunciara), mismas en las que se repitieron mis visitas al hotel y fui agarrándole gusto a todo eso. Fui reconsiderando mis opciones, hacía la misma cantidad de dinero en una hora que en todo un mes con todo y bono. Francamente, había poco que pensar en ese sentido, el problema fue encontrar clientes dispuestos a pagar bien.

    Un segundo teléfono y un par de anuncios en clasificados fue lo único que hizo falta para comenzar. Con el tiempo, me di cuenta de que había entrado por la puerta ancha y tras ajustar mis tarifas, fui perdiéndole el miedo y el asco a clientes raros.

    Ni golpes ni anal, esas eran mis condiciones. Bueno, eso y usar condón (casi me dio un infarto cuando me caí en cuenta de que no lo había usado la primera vez). También me tocó rechazar a un par de personas, algunos por su físico, otros por su olor y hubo uno al que había visto un par de veces en la tienda de conveniencia que había cerca de la oficina, no podía darme el lujo de que me reconociera. Desde que lo vi de lejos, me retiré y le llamé para cancelar. Todo era en efectivo y aunque guardaba el pago antes de hacer nada, nunca recibí dinero antes de entrar en la habitación.

    No pasó mucho antes de que pagara mis deudas y así, por fin, pude buscar una casa para mudarnos. Era un lugar cerca de la escuela de mi hijo, lejos de ser perfecta, pero al menos ya no teníamos que compartir baño ni nada. Renuncié a mi trabajo y le dejé mi número personal por si mi primer cliente quisiera buscarme de nuevo, lo cual hizo.

    Con el tiempo, fui conociendo mejores clientes y hasta uno me ofreció grabar videos para Internet, pero el riesgo de ser reconocida es demasiado alto. Con la llegada de los smartphones, me dio pavor pensar en que alguien pudiera grabar o tomarme fotos, así que añadí la regla de guardar los celulares en un cajón.

    Varios años han pasado, la demanda a veces sube y a veces, escasea y ahí fue que empecé a aficionarme a la cocina. Ahora me era más fácil estar en casa para mi hijo y en un parpadeo, ya estábamos en un mejor hogar y él está por empezar su carrera en robótica o algo así. Todo esto gracias a este oficio en el cual me ha permitido tener más buenas experiencias que malas. Supongo que algún día podré dejarlo, o tal vez sea de esas señoras que sigan ejerciendo hasta en el geriátrico, quién sabe.

    No creo que algún día me sinceraré con mi hijo, pero algo que me queda claro es que no tendrá derecho a ofenderse en caso de que algún día lo llamen “hijo de puta”, después de todo, ahora lo es.

  • Un retiro espiritual budista muy carnal

    Un retiro espiritual budista muy carnal

    Hace cinco años, a la edad de 45 años, decidí hacer un retiro de un mes en un templo budista.

    No soy nada espiritual, ni místico ni nada que se le parezca. Simplemente buscaba un lugar apacible y tranquilo donde poder desconectar del mundanal ruido y bajar mis niveles de estrés y ansiedad.

    No era temporada estival así que no había muchas personas, unas cincuenta.

    Había monjes y monjas. Todos llevaban el pelo muy corto, casi rapado en algunos casos. Hay mujeres a las que les queda muy bien una imagen a lo Sinéad O’Connor de cuando era joven. Y este era el caso de Catherine, una de las monjas que nos impartían cursos de meditación.

    Catherine no era española sino de Escocia. Hablaba el español con un marcado acento anglosajón. Era alta, 1,76 m, con ojos azules. Llevaba el cráneo rapado al cero, pero se intuía que su pelo era de color rubio. De lo delgada que estaba, por una dieta muy estricta que se imponía, se la veía escuálida. Pero era muy atractiva y hermosa de cara.

    Monjes y monjas que hacían las veces de monitores eran 15. El resto de las 35 personas éramos visitantes que por diferentes razones queríamos pasar allí una temporada.

    Había un sinfín de casetas esparcidas por la finca (esta calculo que tendría 5 ha. de extensión).

    Eran como bungalós de 35 m², de uso individual, con baño y duchas incluidos. En estas casetas se hacen retiros de semanas, meses e incluso años. En el recinto con su respectivo templo tienes todas tus necesidades básicas cubiertas, pero no esperes grandes comodidades ni lujos. Mi bungaló era el nº 53.

    Había un programa de eventos a seguir. En una sala grande el monje que dirigía el templo y el resto del conglomerado, nos hablaba de la historia de Buda y los diferentes budismos que existen; nos enseñaba algo de doctrina; y también nos refería de las ventajas de la alimentación vegana. Entre otras charlas.

    La monja a la que le tocó estar con nuestro grupo fue precisamente Catherine. Ella nos iba instruyendo en todo lo referente a logística. Por ejemplo, el templo estaba a una altitud tan importante que no había conexión a internet y ni siquiera línea telefónica. Los teléfonos los teníamos para sacar fotos y grabar videos, era lo único que podías hacer con ellos.

    En las clases de meditación que nos impartía Catherine, yo disfrutaba mucho. Me encantaba oírla dar instrucciones con ese acento tan peculiar. Y cuando nos daba yoga, con sus posturitas de rigor, yo no podía evitar que se me pusiera morcillona. En vez de relajarme en sus clases, que ese era el objetivo, salía excitado y empalmado como un mulo.

    En una de las excursiones que hacíamos para recoger setas y otros comestibles, Catherine tropezó, y si no es por mí que la sujeto por la cintura, se hubiera roto la crisma contra el suelo empedrado. Yo, aprovechando la ocasión, le apreté bien de la cintura y le magreé un poco el bajo vientre y la espalda. Ella se dio cuenta de mis intenciones y ruborizándose, se puso un poco colorada. Cuando los compañeros del grupo le preguntaban del porqué de su rojez facial, ella se lo achacaba al susto.

    Después de este suceso, durante un tiempo Catherine se mostraba distante y esquiva conmigo. Pero yo sabía que le gustaba, si no, me hubiera delatado el mismo día de mi atrevimiento. Solo era aturdimiento y timidez lo que la movía a evitarme, no había resentimiento.

    Una noche de luna llena y muy estrellada, yo me encontraba a unos metros de mi caseta tumbado sobre el césped, contemplando el firmamento mientras reflexionaba sobre mi vida. En esto que escucho unos pasos detrás de mí, alguien me toca en la espalda, me doy la vuelta. Era Catherine.

    –¿Qué haces aquí tan solitario? –me pregunta.

    –Contemplando el firmamento y disfrutando de los sonidos nocturnos que nos proporciona la naturaleza. ¡Qué envidia vivir así todo el año! –le contesto, al mismo tiempo que observo que se me acerca y se sienta a mi lado.

    Me comenta que la vida allí es muy dura, sobre todo en invierno. Pero eso sí, aunque los preceptos del budismo theravada son muy estrictos, en su comunidad son más liberales, algo hippies, y practican un tipo de budismo mahayana sui géneris, sin muchas restricciones ni normas.

    Al mismo tiempo que hablamos no puedo reprimir acariciarle un brazo, hacía relente y lo tenía frío. Decidimos entrar en mi caseta, le preparo un té y seguimos charlando de nuestras vivencias del pasado y de nuestros planes de futuro.

    En esto que ya no puedo retrasar más besar sus carnosos labios y me acerco para besárselos. Pero se me adelanta, y sacando su lengua me lame los míos. La abrazo, le acaricio desde la nuca hasta la cintura toda la espalda. Ella no deja de besarme y lamerme el rostro. Me mordisquea las orejas y me dice en susurros:

    –Estoy deseando sentirte dentro. Que abras mis carnes con tu férreo y cálido miembro.

    Nos apresuramos a desprendernos de los cuatro harapos que nos cubren las pieles. De pie, como estábamos, le levanto una pierna con mi mano y ella se introduce mi polla en su acaparadora y húmeda almeja. Entra bien, muy suave. Estamos en esta posición un buen rato, hasta que Catherine decide engancharse de mi cuello. Con sus piernas hace otro tanto abrazando con sus muslos y pantorrillas mi cintura. Yo la sujeto a la altura de sus cachas apretándola contra mi vientre. La subo unos 17 cm y la Ley de la Gravedad hace el resto del trabajo bajándola, cayendo sobre mi rabo con fuerza hasta que mi huevos le hacen de tope. Una y otra vez repetimos esta operación. Mis brazos resisten bien el peso de su escuálido cuerpo.

    Disfruto de la visión que me ofrece su cabalgada. Noto que comienza a sudar, su cráneo rapado brilla y algunas gotas de sudor empiezan a caerle por la frente. Pegada a mí como una lapa a su roca, restregaba sus tetas y vientre por mi torso. A mí también el sudor me comienza a resbalar por la espalda.

    –Me excita mucho que me monten así. Yo enlazada a mi macho mientras la gravedad me facilita unas embestidas bien fuertes y profundas. ¡Me corro, cariño! ¡Joder! –parloteaba Catherine, entre jadeos y gemidos cada vez más intensos.

    La fui bajando poco a poco de su particular tiovivo, con cuidado, porque aún estaba extasiada, ensimismada, gozando de los últimos estertores del visceral orgasmo que acababa de sentir.

    La tumbo en el catre y en la postura del misionero me la sigo follando. Ella vuelve a rodear mi cintura con sus piernas, a modo de tenazas, apretando sus pies contra mis nalgas para que no pueda desengancharme (es algo que no tengo pensado hacer, precisamente).

    La perforo una y otra vez a buen ritmo. Observo la cara de lascivia que pone, es vicio en estado puro. Vuelve a decir que se corre y me pega un bocado en la barbilla que casi me la corta con sus incisivos dientes.

    Nos desenganchamos, esta vez sí, y me pongo de pie. Ella de rodillas ante mi verga espera impaciente los chorros de la vida. Yo la sujeto por el cráneo, a la altura del cogote, y le acerco su rostro a mi nabo. Este comienza ya a babear un poco de agüilla.

    Catherine le pega un par de chupetazos en la punta y al instante salen los ocho disparos de esperma que ya no pude contener más. Ella se carcajea mientras le embadurno la cara y el cráneo de lefa.

    Después, con mis manos, le extiendo la lechada a modo de mascarilla facial y de crece pelo, por toda la cara y cabeza.

    Una hora después tenía la última clase de meditación del día. Catherine me dijo que la daría con toda la cara y cuero cabelludo brillantes por mi esperma, que no se ducharía. Además, según ella, el olor a semen es el mejor perfume que se pueda echar una hembra encima. Es natural al 100%.

  • La casa de la playa (parte 2)

    La casa de la playa (parte 2)

    Me desperté temprano al día siguiente como a las 9 de la mañana, cuando escuché algo de ruido que provenía de la zona de la piscina. Me puse de pie y, cubriendo mi cuerpo desnudo únicamente con una corta bata que se ataba por la cintura, salí de la habitación para investigar el origen de la perturbación de mi sueño; dejando a mi novio todavía profundamente dormido.

    Al salir al área de la piscina pude descubrir la causa de aquel alboroto; se trataba de mis acechadores nocturnos, Pedro y Pablo. Quienes se habían levantado temprano para finalizar sus tareas y retirarse cobardemente sin darme la cara después de su atrevimiento de la noche anterior. O al menos eso era lo que ellos planeaban, porque de ninguna manera yo iba a permitir que su delito quedara impune. De una u otra manera iban a pagar por eso.

    —Buenos días chicos —saludé amablemente sin detenerme a pensar en lo provocativo de mi atuendo.

    —Buenos días señora —respondieron al unísono un poco nerviosos, al saberse culpables de su osadía.

    —¿Qué hacen tan temprano? —pregunté haciéndome la tonta, sin molestarme en cerrar el escote de mi bata por el que se asomaban mis hermosos senos.

    —Sólo… estamos terminando de recoger… la herramienta… para retirarnos señora —respondió tartamudeando Pedro, quien parecía ser el líder de los dos, al verme de cerca tan provocativamente ‘vestida’.

    —¿Y ya desayunaron? —pregunté conociendo de ante mano su respuesta.

    —Aún no señora, comeremos cuando lleguemos a nuestras casas —respondió Pedro.

    —De ninguna manera, déjenme les preparo algo para que al menos se vayan almorzados —ofrecí hábilmente para tener la oportunidad de pasar un poco más de tiempo con ellos en lo que formulaba mi venganza.

    —No se moleste señora, no es necesario —dijo Pedro rechazando mi oferta.

    —No es molestia, lo hago con gusto —finalicé entrando a la casa sin dar oportunidad a que se negaran nuevamente.

    Pedro y Pablo se sentaron en la mesa de la cocina nerviosos y sorprendidos en lo que yo les preparaba el desayuno; ataviada únicamente con mi corta y provocativa bata, ¡cielos, ni siquiera estaba usando sandalias!

    Aprovechando lo atrevido y poco práctico de mi atuendo, no dudé en tomar las poses más incómodas y reveladoras para ofrecerles la mejor vista de mis bien torneadas piernas y mi redondo y firme trasero.

    Valiéndome del reflejo de los anaqueles de la cocina pude captar perfectamente como ambos chicos bromeaban entre sí; mientras se sujetaban la entrepierna excitados por la inesperada escena ante sus ojos.

    Siguiendo con mi perverso juego, al momento de servirles el desayuno en sus platos me aseguré de inclinar traviesamente mi torso frente a ellos, para que pudieran echar un buen vistazo, a través de mi bata, a mis hermosos y voluptuosos senos. Claro está, sin olvidar mis buenos modales.

    —Avísenme, si se les antoja algo más —pregunté pícaramente en doble sentido, con la maliciosa intención de excitarlos aún más.

    Los chicos se miraron a los ojos entre ellos, antes de sonreír descaradamente en complicidad; pues creo que todos los que nos encontrábamos en ese momento en la cocina, sabíamos perfectamente que era lo que en realidad se les antojaba para desayunar.

    Después de asegurarme que mis invitados tenían todo lo que necesitaban, decidí acompañarlos con una taza de café; ¡bebiéndolo de la manera más provocativa posible!

    Apoyando mis pies en una silla me subí en la encimera barra desayunador para sentarme encima de ella y, cruzando las piernas, regalarles a mis invitados sentados frente a mí una inmejorable vista de ellas. El granito de la barra realmente se sentía muy fría, pero valió la pena por la reacción de los chicos.

    Ambos casi se asfixian, atragantándose con la comida intentando no mirarme de frente; y así hubiera sido de no ser por un sorbo de jugo y unos cuantos golpes de pecho. Ambos juntaron sus rodillas tratando inútilmente de ocultar su excitación. Yo estaba en mi papel de femme fatal y lo estaba gozando.

    —¿Les gusta nadar? —pregunté para hacer un poco de conversación antes de dar un sorbo a mi taza de café.

    —Claro que sí, yo soy muy buen nadador —respondió Pedro alardeando.

    —¿Quisieran ir a nadar conmigo un rato antes de que se marchen? —pregunté con voz dulce, casi suplicando.

    —¿No se molestará su esposo? —preguntó Pedro preocupado, recordando las pesadas bromas que mi novio había pronunciado el día anterior al sorprenderlos espiándome mientras yo nadaba en la piscina.

    —Él no es mi esposo, sólo somos amigos —dije para aclarar la situación—; y además él se encuentra tan borracho que no se levantará hasta después de mediodía.

    Los chicos volvieron a sonreír entre ellos, incrédulos por la situación que la vida les estaba poniendo frente a ellos. Después de todo, “¿cuando volverían a tener la oportunidad de nadar con una mujer tan hermosa como yo?”. ¡Santo cielo, estaba comenzando a pensar igual que mi novio!

    —¿Qué dicen? ¿No dejarán que una linda chica vaya a nadar sola? —insistí endulzando mi voz coquetamente.

    —Si no hay problema con el señor, cuente con nosotros —aceptó Pedro en nombre de ambos.

    —Perfecto, espérenme a fuera —respondí.

    Regresé a la habitación para buscar una toalla y un traje de baño suficientemente atrevido para exhibir mi cuerpo descaradamente enfrente de los chicos; terminé escogiendo un diminuto bikini amarillo que dejaba muy poco a la imaginación. Me lo puse rápidamente, sin notar que mi novio había despertado, alertado por mi ruidoso escape.

    —¿A dónde vas? —preguntó somnoliento entre dos bostezos.

    —Con los chicos a nadar un rato a la playa —respondí desvergonzadamente, tirando mi bata al piso para que él constatara la forma atrevida en que pensaba exhibirme delante de aquellos dos jóvenes.

    Él sonrió resignado, aceptando mi respuesta. No le quedaba ponerse celoso en ese momento, después del espectáculo que me había hecho regalarles a Pedro y Pablo la noche anterior.

    —De acuerdo, que te diviertas preciosa —comentó él, antes de dejar caer nuevamente su cabeza en la almohada para intentar volverse a dormir—, pero no demasiado —agregó conociendo perfectamente como me gustaba jugar con los hombres; y obvio, recordando algunas de mis aventuras pasadas.

    Tomé una toalla grande que tenía especialmente para la playa, y salí de la habitación dejando a mi novio seguir con su muy necesario descanso.

    Antes de unirme a los chicos decidí detenerme en la cocina, para tomar unas bebidas con que refrescarnos después de nadar. No tenía más que agua y cerveza; obvio opté por las cervezas, razonando que sería más fácil desquitarme de ellos si los agarraba ebrios. Las coloqué dentro de una pequeña heladera de mano, junto a algo de hielo y otros bocadillos. Al salir al patio los chicos ya me estaban esperando junto a la piscina.

    Está demás describir la cara de idiotas que pusieron tan pronto me vieron. La expresión en sus rostros al ver mí bien torneada anatomía, apenas cubierta con el pequeño bikini amarillo no tenía precio. Sus ojos se abrieron grandes como un par de platos; quedando ambos mudos con la boca abierta.

    Claro está, yo estaba consciente que la noche anterior este par de sin vergüenzas nos habían estado espiando a mi novio y a mí mientras fornicábamos en la piscina; pero eso había sido en penumbras, casi a oscuras. En ese momento yo estaba justo enfrente de ellos. ¡En vivo y a todo color! Mi venganza iba viento en popa.

    —¿Listos? —pregunté fingiendo no notar el impacto que les había causado.

    —Sí, claro que sí —respondieron ambos casi babeando por mi escultural cuerpo, como si fueran un par de hambrientos perros callejeros frente a los cuales se blande un buen filete premium.

    Entregué la toalla a Pedro y la heladera a Pablo, y sujetándolos a ambos por el antebrazo procedimos a caminar rumbo a la playa. El trayecto era corto pero aun así, poniendo de pretexto lo accidentado del camino al descender a la playa, aproveché para abrazarme a ambos a la menor oportunidad. Estaba dispuesta a todo con tal de cobrar venganza; de ser necesario, les iba a restregar mi trasero en la cara para que aprendieran a no andar de fisgones.

    —¿Dónde colocamos las cosas señora? —preguntó tímidamente Pablo.

    —No me digas señora, que me siento vieja —protesté riendo para darles confianza.

    Escogimos un sitio sobre la blanca arena; donde no llegaban las olas del mar para colocar la toalla y la heladera. Como los chicos originalmente sólo habían venido a la casa a finalizar los trabajos de remodelación, no venían preparados para meterse al mar, prácticamente vestían la misma ropa del día anterior. Pero aun así los animé a darse un chapuzón conmigo.

    —¿Me acompañan? —pregunté coquetamente dándoles la espalda para que se deleitaran con mi escultural figura.

    Sin esperar respuesta me metí al mar, el cual se encontraba en calma con olas moderadas. Pedro, quien resultó ser el más extrovertido, fue el primero que comenzó a desabotonar su camisa para acompañarme. Pablo que era un poco más tímido, siempre volteaba a ver la reacción de su amigo antes de actuar.

    Por ser temprano en la mañana el agua estaba un poco fría por lo que mis pezones se pusieron duros casi de inmediato. Me sumergí hasta el fondo para acostumbrar mi cuerpo a la temperatura del agua; cuando volví a la superficie no podía creer lo que venía hacia mí.

    La perfecta anatomía de un par de bellos y jóvenes chicos, saltando en el agua como si fueran un par de niños juguetones. ¡Vistiendo únicamente calzoncillos! La suerte me sonreía.

    Pedro, quien era un poco más alto y espigado, tenía un abdomen bien marcado y atractivo, manos grandes y una sonrisa encantadora; por su parte Pablo quien era un poco más fornido tenía los bíceps más grandes y una espalda más ancha que la de su amigo, definitivamente el trabajo físico que tanto despreciaba mi novio tenía sus beneficios.

    Los chicos llegaron hasta donde yo estaba y de un clavado se sumergieron para aclimatar sus cuerpos a la temperatura del agua; tomándose su tiempo para poder observar libremente mi hermosa anatomía desde abajo antes de salir a la superficie sonrientes junto a mí.

    Como sus ropas no estaban hechas para nadar, me permitían vislumbrar lo que ocultaban bajo ella. Dos gruesos y grandes bultos se marcaron bajos sus calzoncillos, dándome una idea de lo excitados que ambos se encontraban. Tenía que encontrar la manera de mantenerlos así.

    —¿Quieren jugar a capturar la bandera? —pregunté inocentemente, como si creyera que se podían negar.

    Pedro y Pablo cruzaron sus miradas totalmente desconcertados, tratando de adivinar lo que yo tenía en mente. ¡Estábamos en una solitaria playa, semi desnudos, adentro del mar! ¿De dónde sacaríamos una bandera que capturar? Pobres, no sabían lo que les esperaba.

    —De acuerdo —asintió Pedro—, ¿pero que usamos de bandera? —preguntó juguetón mirándome directamente a los ojos, con una sonrisa que me hacía suponer lo que él intuía.

    —Permítanme un minuto —solicité tiempo a los chicos para corregir ese pequeño inconveniente, con algo igualmente pequeño.

    Me sumergí hasta el cuello y con ambas manos, maniobré el top de mi bikini hasta desabrocharlo, dejando mis voluptuosos senos flotando libremente bajo el agua ante los incrédulos ojos de los chicos. Levanté mi brazo derecho sobre la cabeza agitando victoriosa la diminuta prenda como la presunta bandera a capturar; mientras que, con mi brazo izquierdo, simulaba cubrir mis senos con modestia (obvio sin esforzarme mucho).

    —Cuenten hasta 10 —ordené.

    Sin esperar respuesta, me lancé a nadar tan rápido como me fue posible lejos de los chicos; sin detenerme a pensar que, con cada brazada, mis senos quedaban al descubierto sobre la línea del agua. No llevaba dirección ni rumbo, mi único objetivo era darles a mis perseguidores una presa ‘no tan fácil’ de atrapar. Aunque en el fondo de mi ser, ansiaba que me capturaran rápidamente.

    Dudo mucho que los chicos hayan contado hasta 10. Repentinamente fui flanqueada por dos ‘depredadores’, uno a cada lado; quienes tirando fuertes manotazos contra mi cuerpo, trataban de alcanzar a su presa. La situación era tan erótica; el estar nadando casi desnuda con dos bellos chicos junto a mí, mientras nuestros cuerpos se frotaban accidentalmente, o premeditadamente, con cada brazada. ¡La sensación era indescriptible!

    Pedro fue quien primero me quitó el top de la mano para después celebrar burlón, agitándolo sobre su cabeza bailando ahí en medio del mar. Sólo para finalizar su festejo, simulando utilizar mi prenda para cubrir sus senos de manera simpática.

    —Se te ve mejor que a mí —dije entre risas bromeando con la celebración de Pedro al intentar vestir mi prenda.

    Me encontraba casi exhausta, por el esfuerzo físico que me había costado nadar huyendo de mis cazadores. Con cada jadeo de mi respiración, mis senos se asomaban casi por encima del agua, acción que tenía a los chicos sin parpadear, embelesados con la perfección de mi cuerpo. ¡Me encantaba!

    —Hagámoslo otra vez —sugerí una vez que recuperé el aliento—. Pero ésta vez tienen que contar hasta 20 sin hacer trampa —exigí.

    Sabía bien que ninguno de ellos iba querer ser la presa, por lo que le pedí a Pedro que me regresara el top. Él me lo dio sin objetar, pues esa pequeña prenda era lo último que le interesaba de mí. Comencé a nadar lentamente hacia atrás para asegurarme que los chicos no hicieran trampa. Cuando estuve a una distancia de unos 10 metros, giré mi cuerpo y comencé a nadar nuevamente con todas mis fuerzas.

    La ventaja extra que me habían dado no fue de gran ayuda, pues unos cuantos segundos después, ya tenía a Pedro nadando junto a mí; restregando su cuerpo contra el mío simulando intentar sujetar mi top, pero sin perder la oportunidad de tocar mis senos con su codo en el proceso. Una vez más, Pedro había sido el indiscutible ganador. Y la siguiente vez también… y luego una vez más.

    La situación ya se estaba volviendo muy predecible. Yo tratando de escapar nadando a toda velocidad y Pedro siendo el primero en alcanzarme; sólo para terminar restregándole a Pablo su victoria en la cara, no sin antes haberse dado gusto frotando su cuerpo con el mío. Definitivamente Pedro era quien estaba gozando más con nuestro jueguito, por lo que empecé a sentirme mal por Pablo, ¡el pobre chico no había ganado una! Tenía que equilibrar las cosas.

    Una vez más le pedí a los chicos que contaran en lo que yo me alejaba de ellos; cuando finalizaron de contar se zambulleron para comenzar a nadar a toda velocidad tratando de alcanzarme. Sólo que esta vez, yo nadé en la dirección en la que venía Pablo, para darle un poco de ventaja. Pedro se pasó de largo junto a mí sin darse cuenta; mientras que Pablo quien nadaba más lento, visiblemente resignado a perder una vez más se llevó la sorpresa de su vida al topar su cabeza bajo el agua, ¡contra mis senos desnudos!

    Pablo se quedó mudo (aunque pensándolo bien, hasta ese momento él no había hablado mucho), sorprendido por nuestro súbito encuentro; yo me abracé a él sonriente, frotando mi pecho contra el suyo. Él me sujetó por la cintura, al tiempo que una hermosa sonrisa se dibujaba en sus labios entendiendo finalmente la broma que le había jugado a su amigo.

    Unos segundos después, Pedro paró de nadar atónito por no haberme alcanzado aún. Volteó la vista hacia atrás, hacia donde nosotros nos encontrábamos, sólo para observar con envidia como festejábamos abrazados la primera victoria de Pablo.

    Yo había colocado mi top en sus dientes, para que él moviera la cabeza simulando ser un tiburón que desgarraba salvajemente a su presa; al tiempo que él me sujetaba firmemente por la cintura. Mientras yo saltaba alegremente a su lado; logrando en cada salto sacar completamente mis senos por encima del agua y estrellarlos en el rostro del nuevo ganador.

    Todo este festejo en frente de los ojos de Pedro, quien lucía visiblemente celoso y molesto; no podía creer que hubiese perdido por primera vez.

    —Eso no fue justo —protestó Pedro nadando hacia nosotros de mal humor.

    —Claro que sí, Pablo ganó esta vez —refuté tomando mi top de la boca de Pablo y arrojándolo frente a Pedro.

    Yo me encontraba muy cansada para seguir con el mismo juego; y al parecer por lo que podía percibir creciendo bajo los calzoncillos de Pablo, a él le gustaba que yo estuviera abrazada flotando a su lado con mis senos desnudos. Claro está, Pedro tenía otros planes.

    —Si lo quieres, ven por el —retó Pedro tomando mi top y levantándolo muy alto, sobre su cabeza, molesto por la broma.

    Créanme, lo último que quería era ese pedazo de tela de 30 dólares. Sin embargo, había algo en la actitud dominante y ruda de aquel chico frente a mí que me hacía sentirme atraída inconscientemente hacia él. Me recordaba sutilmente a la soberbia y prepotencia de mi novio, sólo que con mucho mejor cuerpo. Lo deseaba.

    Sin esperar a que me lo dijera dos veces, me liberé de los brazos de Pablo y tan ingenuamente como un pez me dispuse a caer en las redes de Pedro. Él levantaba su brazo en alto para obligarme a saltar apoyándome en sus hombros, obviamente golpeando su rostro con mis senos en cada salto. Cada vez que estaba a punto de alcanzar mi top, él me sujetaba por la cintura introduciendo sus largos dedos por los costados de mi tanga, jalándome hacia abajo con la intención de desnudarme. La escena era súper erótica y excitante.

    Entre risas y toqueteos el provocativo juego con Pedro se prolongaba alegremente, dejando al tímido Pablo en su papel de observador una vez más.

    “Es un caso perdido ese chico”, pensé. Ahí estaba junto a nosotros a escasos metros en el agua, con una atractiva chica semi desnuda al alcance de su mano; no había nada que le impidiera unirse a la diversión. ¿O acaso esperaba una invitación? Si así era yo no se la iba dar. ¡Estaba muy ocupada divirtiéndome con Pedro!

    Durante esos ardientes minutos pude recordar porque me había fijado en un hombre como mi novio, soberbio y altanero. Definitivamente yo prefería un chico que no sólo me deseara con locura si no que mi hiciera totalmente suya, que me poseyera, que fuera mi dueño, que gozara maltratándome sólo por placer. En ese preciso momento Pedro era quien había tomado el lugar de mi novio; con altas probabilidades de satisfacer mi necesidad de ser sometida vilmente por un verdadero hombre.

    Por otro lado, chicos como Pablo están condenados de por vida a ser solamente un pasivo observador más de quienes por derecho son auténticos ganadores. Tendría suerte si yo llegaba a recordar su nombre.

    Yo continuaba saltando una y otra vez, proyectando mis senos contra el rostro de Pedro, quien a esas alturas ponía más empeño en bajarme la tanga, que en evitar que alcanzara mi top. En un momento dado después de varios intentos, lo que tenía que pasar pasó y mi tanga se deslizó hasta la mitad de mis muslos.

    Nuestras miradas se cruzaron por un segundo antes de estallar en una sonora carcajada echando la cabeza hacia atrás, divertidos con el atrevimiento de Pedro. Así es como se debe comportar un verdadero hombre con una mujer; sin dudas ni disculpas, sin detenerse a pensar en lo apropiado de sus actos. Si un hombre quiere asegurarse que una mujer disfrute sexualmente con él, es indispensable que él sea primero quien satisfaga sus necesidades con ella. Para ese momento, Pedro había decretado que él tenía derecho a eso y mucho más.

    Ya no me importaba el top en su mano, de hecho, nunca me importó; sólo era el pretexto para poder tener un poco de diversión y excitante contacto cuerpo a cuerpo. Estando Pedro con la guardia baja, le arrebaté el top de la mano y lo arrojé hacia Pablo con desprecio para que se consolara sólo con eso. “Aquel día él ya no obtendría nada más de mí”, sentencié.

    Pablo, tan ingenuo como era, tomó mi top flotando frente a él y nadó hacia nosotros esperando participar de la diversión que hasta ese momento se había auto negado. “¡Demasiado tarde idiota!”, pensé, pues yo ya había definido los roles de la relación.

    Me entregó la prenda en la mano, la cual tomé con absoluta indiferencia antes de volver a soltar, junto con Pedro, una nueva carcajada burlándonos de la condescendencia de su amigo. Pablo observaba sonriendo sin entender su situación, ¡había que aclarársela! Hice una ‘pelota’ con mi top y con todas mis fuerzas la arrojé lejos nuevamente.

    —Tráela como un perro —ordené riendo con desprecio.

    Pablo obedeció sumisamente trayendo mi top con los dientes, como perro faldero; en lo que Pedro y yo nos abrazábamos flotando sobre las olas, con los torsos desnudos, burlándonos abiertamente de su amigo. Ni siquiera me apuraba subir nuevamente mi tanga, la cual seguían descendiendo por mis piernas.

    —¡Qué pendejo! —exclamé riendo, burlándome de lo condescendencia de Pablo.

    —¡Así es, un verdadero pendejo! —asintió Pedro.

    Ese insultó pronunciado inocentemente por los labios de Pedro me hizo recordar una vez más, las actitudes y malos modales de mi novio quien yo suponía debía seguir dormido profundamente en la casa. Me encantaba su habla sucia y obscena, específicamente en la intimidad cuando nos encontrábamos fornicando. Y en ese momento yo deseaba que Pedro me insultara de esa manera.

    Me provocaba que fornicara conmigo ahí mismo en medio del mar, frente a los ojos de su pasivo amigo; pero había un pequeño inconveniente.

    No estaba segura si Pedro realmente se atrevería a hacerlo o, sí por el contrario, se cohibiría; o aún más importante, si Pablo se fuese a conformar con ser sólo un espectador o llegaría a armarse de valor para unírsenos en un trío.

    Pero de lo qué si estaba segura, es que si conseguía poner a ambos chicos ebrios era más probable que Pedro se desinhibiera y Pablo se sometiera.

    Por consiguiente, le ordené a Pablo, en su papel de mi sumiso esclavo personal, ir por la pequeña heladera hasta la playa; trayéndola de regreso hasta nosotros para que pudiéramos beber una cerveza con la excusa de combatir la deshidratación provocada por el calor del sol.

    Como la heladera era de plástico hueco la pudimos usar como una especie de mesita flotante, tan sólo para apoyar nuestras bebidas en lo que nos refrescábamos un poco bebiendo alegremente en medio del mar (olvidándonos por un rato de la ecología). El vaivén de las olas provocó que los efectos del alcohol se intensificaran más rápido de lo normal, al grado que los tres nos desinhibimos casi de inmediato.

    —Es usted muy hermosa señora —dijo Pedro cortésmente, con una pícara sonrisa en su rostro.

    —Ya les dije que no me hablen de usted, que me hacen sentir vieja —exigí a ambos—. Diríjanse a mí como si fuera alguna de sus amigas o su novia —sugerí sonriendo coquetamente con un guiño de ojo.

    —De acuerdo, si tú insistes —asintió Pedro—. ¡Sólo quería decirte que estás bien buena! —exclamó riendo descaradamente.

    Casi expulso la cerveza por mi nariz al escuchar tan profunda y desenfadada declaración de amor; mientras mis nuevos amigos reían divertidos por mí espontánea reacción. Contuve la risa solamente por hacer honor a mí palabra; acababa de darles pie a tratarme con toda la confianza del mundo, ahora no podía echarme para atrás exigiendo respeto.

    —¿Así es cómo se les declaran a las chicas aquí en su pueblo? —pregunté riendo divertida, en lo que el fermentado líquido escurría sugestivamente por mi cuerpo hasta mezclarse en el mar.

    —Algo así —respondió nuevamente Pedro, siendo todavía el único de los dos chicos en animarse a hablar.

    —¿En serio? ¿Qué más me dirías, si en lugar de mí, se tratase de una de tus amiguitas? —pregunté desafiándolo a utilizar conmigo sus mejores frases de conquistador.

    Pedro sonrió, aceptando el reto, hizo una pequeña pausa no porque ocupara pensar mucho en su respuesta, sino más bien porque quería disfrutar lo excitante del momento.

    —¡Estás como para cogerte todo el día! —exclamó vulgarmente al final con una amplia sonrisa de satisfacción; era obvio que lo estaba gozando bastante.

    No pude evitar reír abiertamente con lo atrevido de la nueva declaración de Pedro. Definitivamente tenía una forma de ser tan franca y honesta que me encantaba. Por el contrario, Pablo callado como siempre, se limitaba a observarnos; más específicamente a mí, riendo por la singular conversación.

    —¿Y tú, bello? —pregunté dirigiéndome a Pablo, tratando de incluirlo en la ardiente plática— ¿Cómo me conquistarías?

    Pablo sonrió nervioso, con unos ojos que reflejaban esa timidez que yo tanto detestaba en un hombre. De hecho, era sólo por ser amable que le había desafiado a responder la misma pregunta; era claro que perdía mi tiempo con este chico. Con esa actitud tan esquiva no dudaba que aún fuera virgen, deduje en mi interior.

    —¡Quiero darte duro por el culo! —exclamó Pablo soezmente, completamente desinhibido por el alcohol.

    Tan pronto escuché la obscena propuesta de Pablo, solté una carcajada abiertamente echando la cabeza hacia atrás; borrando de mi mente la imagen que toda la mañana me había formado de aquel supuesto tímido chico. Pues con esa contundente declaración había superado fácilmente a su amigo. Ya no me era posible ocultar la emoción que me provocaba tener a estos dos hermosos chicos haciendo lo que se me antojaba.

    Si mis matemáticas no fallaban, obviamente era mejor tener a dos machos a mi disposición en lugar de uno sólo; pues significaba más diversión y placer para mí. Las cosas no podían salir mejor, o ¿tal vez sí?

    —Vamos a ver si es verdad que ustedes dos, son tan conquistadores como presumen —dije yo, sonriendo nerviosa por lo excitante de la situación—, ¿cómo convencerían a una linda chica como yo, algo ebria, para que se animara a realizar un trío con ustedes dos? —pregunté ahora yo pícaramente, subiendo el tono de la conversación… sólo un poco más.

    Los chicos cruzaron sus miradas, con una sonrisa de complicidad, poniéndose de acuerdo sólo con gestos e ininteligibles susurros. Conspirando maliciosamente entre ellos, para asegurarse de dar una respuesta que me complaciera; con la esperanza de que tal idea se materializara inmediatamente en aquellas inverosímiles circunstancias.

    Una vez que se hubieron puesto de acuerdo, ambos dirigieron su mirada hacía mí, sonrieron con malicia; cambiando sus semblantes de dos amables y gentiles chicos a un par de auténticos locos degenerados. Observándome en silencio, dejándome intrigada premeditadamente, casi a punto de exigirles que revelaran sus pensamientos. Pero justo antes de que les pudiera reclamar…

    —¡Pinche pendeja, puta de mierda; ponte en cuatro para darte verga! —exclamaron ambos a grito abierto, con una perversa mirada de satisfacción en sus ojos.

    A pesar de estar nadando en las cálidas olas del mar, las vulgares palabras de los chicos me cayeron como un balde de agua fría dejándome con la boca abierta. Confundida entre si debiera sentir terror o excitación; una extraña sensación que estaba segura nunca había experimentado hasta ese día. Me encontraba tan excitada que casi me ganaba la necesidad de orinar que, después de haber bebido tanta cerveza, era lógico que experimentaba; afortunadamente en esa ocasión mi bikini era color amarillo.

    —¡Cielo santo! ¿Cuántas chicas se han dejado coger con esa frase tan dulce? —pregunté riendo sarcásticamente.

    —Más de las que puedas imaginar —respondió Pedro, fanfarroneando.

    La lasciva expresión en el rostro de los chicos, y lo que sus calzoncillos intentaban ocultar lo decía todo; se encontraban realmente muy excitados con la situación. La escena ya no sólo era erótica, ahora había también una alta dosis de morbo flotando en el agua junto a nosotros. El momento ideal para consumar mi perversa venganza.

    Aunque realmente la estaba pasando muy bien, divirtiendo con las bromas y ocurrencias de Pedro y Pablo, fingí estar un poco cansada; por lo que sugerí realizar un último juego antes de salir del mar. Tomé nuevamente el top de mi bikini y les indiqué a los chicos que jugaríamos a capturar la bandera una última vez, pero con la pequeña diferencia que esta vez tendría un premio para el ganador.

    —¿Cuál es el premio? —preguntaron ambos chicos abriendo sus ojos grandes a más no poder, brillando de lujuria.

    —Mi bikini —respondí desvergonzadamente sin dejar de sonreír.

    Tan pronto escucharon mi oferta, los chicos se entusiasmaron y comenzaron a chapotear de emoción. ¡No daban crédito a lo que acababa de ofrecerles!

    Quién sabe que miles de cosas se habrán imaginado que podrían hacer conmigo frente a ellos, en aquella solitaria playa, ¡totalmente desnuda! Pues si yo estaba renunciando voluntariamente a mi derecho de privacidad, por consiguiente, no debería haber demasiadas cosas a las cuales me pudiera yo negar.

    A decir verdad, creo que a ellos realmente no les importaba mucho saber quién de los dos me quitaría esta vez mi top de la mano tanto como la situación resultante. Tenían suficientes razones para sentirse seguros y confiados de que sólo tendrían que alcanzarme una vez más para que sus fantasías se hicieran realidad. Pobres ingenuos.

    Estando todos de acuerdo en las reglas de la competencia nos dispusimos a jugar. Pedí a los chicos que contaran una vez más hasta 20, en lo que me separaba de ellos unos 10 metros, para tomar un poco de ventaja extra. Ellos se encontraban todavía mareados por los efectos del alcohol, pero sumamente ansiosos por empezar. Como dos hambrientos tiburones que olfatean la sangre de su indefensa presa; prestos a devorarla.

    Un segundo antes de que los chicos terminaran de contar, arrojé con todas mis fuerzas mi top frente a ellos para distraerlos. Ellos se paralizaron por un segundo quedando perplejos, totalmente confundidos; antes de lanzarse a nadar peleando torpemente entre sí, compitiendo por ser el primero en alcanzar mi maltratada prenda. Mientras yo furtivamente me zambullía en el agua para escapar.

    Los chicos alcanzaron mi top casi al mismo tiempo, sólo para enfrascarse en una fuerte y brutal batalla por retenerlo; negándose a ceder la oportunidad de ser el último campeón de aquella singular competencia. Creyendo equivocadamente que el vencedor tendría algún tipo de prebenda especial de mi parte.

    Cuando finalmente surgió un ganador (supongo), éste vio frustrado su intento de efectuar nuevamente su espontáneo baile de la victoria al haberme perdido de vista. Ambos giraban sus cabezas desesperados tratando de localizarme entre las olas, confundidos por mi engaño. Cuando al fin me divisaron saliendo a respirar, entendieron perfectamente que el juego había cambiado. ¡Ahora era la caza de la ‘zorra’!

    Sin detenerse a tomar aire, ambos comenzaron a nadar como locos nuevamente en la dirección en que yo me encontraba, suponiendo acertadamente, que la bandera que tendrían que capturar en esta ocasión, ¡era mi tanga! Ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder al otro la oportunidad de remover esa última prenda de mi cuerpo; desnudándome personalmente.

    Yo sonreí complacida y orgullosa, regodeándome mezquinamente en mi vanidad; tratando de mantener una posición estática a pesar de las olas, flotando sobre el agua; había conseguido sacar casi 30 metros de distancia entre ellos, era un riesgo muy bien calculado de mi parte. Me sentía bastante confiada en conseguir mi objetivo.

    Los chicos combatían codo a codo sin dar tregua. En toda la mañana no había visto a Pablo nadar con tanta enjundia; consciente de que no importaba cuantas veces hubiese sido superado por su amigo más temprano en aquella mañana, ésta podría ser su redención. Pedro por su parte no aflojaba el paso, demostrando que un verdadero hombre tiene que ganarse con su esfuerzo todo lo que desea. Su orgullo estaba en juego.

    Yo agitaba los brazos sobre mi cabeza haciendo señas, para que ambos ajustaran el rumbo, desviado por las encrespadas olas. Con cada brazada, la distancia entre nosotros se acortaba y ninguno de los dos daba señas de ceder; 20 metros, 15, 10, 5… me zambullí nuevamente bajo las olas, despistándolos una vez más. ¡Definitivamente, esta zorra no iba ser presa fácil!

    Cuando Pedro y Pablo se percataron de mi nueva fuga, se detuvieron repentinamente; se encontraban realmente muy cansados los pobres chicos, fatigados, exhaustos, respirando con dificultad. Un par de segundos de descanso solamente en lo que tomaban el tan necesario aire y me ubicaban bajo las aguas. Cuando por fin lo consiguieron entraron en pánico; pues yo salí a la superficie a 10 metros de distancia, nadando en dirección a la playa.

    Al darse cuenta de esto, los chicos inmediatamente se pusieron nuevamente a nadar tras de mí como un par de auténticos demonios; desesperados tratando de darme alcance, pues ahora tenían claro que si no me capturaban antes de salir del mar perderían su oportunidad de verme totalmente desnuda. ¡No lo podían permitir!

    Fue una carrera mortal. Los tres nos esforzamos por nadar lo más rápido que pudimos como si nuestra vida dependiera de ello, los chicos motivados lascivamente por el premio que les había prometido; yo por el dulce placer malsano de negárselos. Al final, como lo había calculado con anticipación, sólo hubo una ganadora.

    Con escasa ventaja llegué a la playa, gateando afanosamente sobre la blanca arena, doblándome de risa con actitud divertida y perversa. Crucé los brazos con falsa modestia, intentando cubrir mis senos de los ávidos ojos de Pedro y Pablo; que agotados y frustrados se tiraban sobre la arena tras de mí, sin un ápice de fuerzas para siquiera protestar. Mi venganza había sido bien planeada y ejecutada.

    Con nuestras escasas ropas nuevamente en nuestros cuerpos, nos recostamos a descansar, apretujados en la única toalla disponible; rozando mi húmeda y delicada piel contra dos atléticos y juveniles cuerpos de hombres, todavía excitada por nuestros ardientes juegos.

    Hubiésemos querido seguir jugando los tres semi desnudos dentro del mar, pero el sol de mediodía ya nos comenzaba a calar en la piel; además ahora realmente ya me encontraba muy cansada, por lo que después de que recuperamos la heladera y mi top indiqué a los chicos que era momento de regresar, pues posiblemente mi novio ya estuviese despierto.

  • Mi güerita Ingrid conoce a mi macho negro (final)

    Mi güerita Ingrid conoce a mi macho negro (final)

    Ingrid caminó desnuda orgullosa de su cuerpo y del macho que iba abrazando y que la iba a poseer en frente de todos…

    Casi todas las parejas que asistían a la reunión eran ya conocidos de nosotros, yo había intimado con todos los hombres de la reunión ya anteriormente y con casi todas las mujeres también ahí presentes.

    Una pareja se acercó a nosotros mientras Ingrid y Tony se acomodaban en la cama y Tony se desnudaba.

    Fernando, el esposo de la pareja amiga se acercó y me dió la mano para ayudarme a ponerme de pie y me abrazo fuertemente mientras me besaba dándome su lengua que recibí caliente ya y mientras me ayudaba a desnudarme también me comentó:

    -Veo que trajiste a la güera a ofrecerla con tu macho negro, aprovecharé para cogerte mientras porque sabes bien que desde siempre te deseo como loco Marielita…

    -Pues que bien, le contesté volteando a ver a mi marido que sabía tenía ya una erección por verme deseada por otro y a punto de tener relaciones íntimas una vez más frente a él.

    Eso nos unía más siempre:

    Ofrecerme y tener sexo con otros mientras mi marido me veía ser penetraba por otra verga y verme gozar hasta tener orgasmos era nuestro placer mutuo, desde hacía tiempo ya, él había entendido que mi deseo por tener relaciones con otros era muy fuerte pero mi amor era y sería siempre para el solamente.

    Viendo que la esposa de mi amigo y mi marido se encaminaban junto a nosotros hacia la cama donde estaban Ingrid y Tony me sentí una hembra afortunada.

    Era un sueño todo lo que vivía casi a diario desde que mi esposo y yo nos aceptamos como una pareja swinger; más bien, un matrimonio cuckold.

    Yo era principalmente la que tenía relaciones casi a diario con diferentes hombres y tenía 3 amantes de planta ya.

    Mi marido se había acostumbrado ya a verme salir con alguno de ellos y regresar a la casa bien cogida por ambos lados, a veces Balam se quedaba en la casa y mi esposo me dejaba pasar la noche con él en la recámara mientras él se iba a escucharme coger desde la recámara de los niños o me veía coger con él mientras se masturbaba.

    Otras veces, cuando salía con Israel, era generalmente algo de trabajo primero y siempre terminábamos en un motel cogiendo hasta el amanecer.

    Pero cuando salía con Tony…

    Con el era diferente, si me pedía que me quedara con él el fin de semana o los días que él deseara, lo hacía sin parpadear y le hablaba a mi esposo para avisarle que no llegaría a casa.

    Llegamos a la cama y Tony estaba ya desnudo con la verga negra erecta a tope mientras Ingrid le besaba el cuerpo y lo acariciaba casi con religiosidad…

    Lentamente, Tony subió a la cama y empezó a acomodarse sobre la güerita que dócilmente se acostó abriendo sus piernas al máximo y con devoción tomó el tolete negro de Tony y lo vió con lujuria mientras decía:

    -He deseado este momento desde que Mariela me enseñó tu foto, quiero que me cojas frente a los presentes y que quede el recuerdo de la primera vez que me penetra un hombre negro guapo y vergon como tú.

    Las mujeres de la reunión estaban hipnotizadas por la enorme verga negra que estaba erecta frente a ellas a punto de penetrar a mi güera y justo cuando Tony puso la cabeza de su pene en los labios de la vagina rosada de Íngrid, Fernando metió su verga en mi raja velluda poniéndome de perrito junto a ellos.

    Gimiendo y volteando a ver a mi esposo, le pregunté: ¿te gusta vernos así? (Refiriéndome y mi y la güerita que consideraba ya parte de la ecuación de pareja).

    -Sí, contestó casi inaudible mientras la esposa de Fernando le sacaba la verga y empezaba a masturbarlo lentamente detrás de él dejándolo observar la escena.

    Fernando me tomó de las caderas fuertemente y empezó a penetrarme intensamente mientras Tony empezó a meterle la verga negra a Ingrid que gemía y tenía una cara de éxtasis.

    El silencio de los demás era casi religioso, todos estábamos atentos a ellos y solo se oía mis caderas moviéndose a ritmo frenético junto con Fernando mientras el pene de Tony iba entrando centímetro a centímetro en esa belleza de vagina rosada de Ingrid.

    Extendí una mano para acariciar su bellísimo rostro y ella volteó a verme con una mirada llena de lujuria sintiendo la verga entrarle profundo.

    Su mano me bajo la mía y la puso sobre su teta, entendí que quería ser acariciada mientras la penetraban y me acerque un poco más a ellos y empecé a tocar sus senos mientras ella tomó de la caderas a Tony y se dejó ensartar completamente por él.

    Los gemidos de Ingrid se confundían con los míos que no puede evitar empezar a emitir cuando Fernando conociéndome muy bien ya empezó a pellizcarme los pezones con rudeza.

    Tony empezó a bombear su verga negra profundo dentro de Ingrid y ella lo recibía caliente.

    Se movieron como una pareja de enamorados excitados porque todos los veían con atención.

    Volteando a ver a mi esposo mientras esto pasaba, vi su mirada pegada en Ingrid y lentamente cambió hacia mi.

    Ambos hicimos contacto visual justo cuando Fernando empujó profundo su verga dentro de mí y sentí claramente como empezaba a llevarme la velluda vagina de su semen.

    Pasé mi lengua por los labios sabiendo que esto era solo el principio de la noche para nosotros y entonces escuché a Tony.

    Estaba penetrando con furia esa raja virgen de negros y empezó a venirse mientras mi güera gimió tremendo sintiendo el semen de un hombre negro entrar en su vagina por primera vez.

    Varios hombres se acercaron inmediatamente después hacia ambos y empezaron a acariciar a Ingrid esperando ser los siguientes en cogerla, pero ella, caliente que estaba por Tony, les agradeció y prometió regresar después a dejarse coger por ellos pero esa noche solo Jesús lo haría con su macho negro.

    Volteó a verme cachondamente y dijo:

    -Marie, ahora entiendo todo, ¡está buenísimo Tony! ¡Y le sale mucha leche caliente!

    -¿Verdad que si? Le contesté volteando a ver a Tony mientras le preguntaba con la mirada: ¿estuvo bien ella?

    Tony volteó a la güera para ponerla en cuatro mientras me decía:

    -¡Tu mujer está riquísima y coge muy bien!

    Sonriendo satisfecha por saberlo, me acosté boca arriba y subí mis piernas ofreciéndole el ano a Fernando diciéndole:

    -Ven, hoy es tu día de suerte, ¡dame por atrás!

    Mi esposo casi salta de su lugar pero lo detuve con la mirada, te sorprende que le ofrezca mi ano a Fer?

    -¡Ven cabrón! ¡Acércate y observa cómo me mete la verga por el culo! ¡Sabes bien que en estas reuniones soy la puta de todos!

    Varios hombres se acercaron inmediatamente después de que dije eso y empezaron a acariciar mi cuerpo desnudo mientras se masturbaban y Fernando se aplicaba a meterme su verga en el ano.

    Mi marido veía como hipnotizado como me entraba con trabajos su verga y me di cuenta que él también se estaba masturbando con tremenda erección por verme ofrecerme tan descaradamente a los machos ahí reunidos…

    Terminó la reunión horas más tarde, Tony y la güera cogieron 4 veces pero no por el ano, ella decidió dárselo pero en privado y yo terminé bien cogida también por ambos lados.

    De regresó a casa, después de dejar a Tony, Ingrid se me acercó y me dijo al oído:

    -Me excito mucho la noche, creo que hasta estoy pensando hacer lo mismo que tú:

    -Dejarme embarazar por Tony… ¿crees que debería?

    Sonriendo sabiendo que esa era la consecuencia lógica después d probar un macho negro le dije:

    -¡Si quieres ser como yo y dejar que todo mundo sepa que te penetró un negro y se vino dentro de ti, hazlo!

    -Yo estoy feliz de que todo mundo sepa que se vino en mi y me dejó preñada estando casada!