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  • Sexo morboso con mis dos hermanos (I)

    Sexo morboso con mis dos hermanos (I)

    Tengo dos hermanos menores, ambos mellizos, tienen 25 años, blancos como la leche, estatura media y muy velludos (se parecen a mí en algunas cosas), nacieron fuera del matrimonio, siempre hemos tenido buena relación, han sido mis mejores amigos, y solemos vernos varias veces a la semana, pues vivimos cerca (mi padre fue tan sinvergüenza que se metió con la recepcionista del hotel en dónde trabajaba); mis padres y su matrimonio fracasado fueron el chisme del año.

    Un sábado, mis hermanos llegaron temprano a mi casa, a las 6:45 am, más o menos, mi mamá había salido a trabajar muy temprano, yo tenía un sueño terrible, pero me tuve que levantar para recibir a mis hermanos que estaban ya en la puerta de la casa tocando como unos desesperados. Salí, los recibí, y lo primero que hicieron después de abrazarme fue irse a la habitación de huéspedes, ya que allí estaba una TV enorme, una computadora y una consola de videojuegos, (eran adictos a los juegos).

    Mauro y Carlos (así se llaman), gracias a su prisa, olvidaron sus celulares en la mesa principal de la sala, yo los tomé de allí y me los llevé a mi cuarto, sabía que ellos no saldrían de la habitación de huéspedes en una o dos horas más o menos; al entrar en mi cuarto, me acosté, comencé a revisar mi celular y los de mis hermanos los coloqué a mi lado, pero, no aguanté la curiosidad y quise desbloquearlos para leer sus conversaciones.

    El celular de Carlos estaba bloqueado, no pude acceder a su interior por ningún medio posible, pero el de Mauro (mi hermano más alegre y pícaro), estaba desbloqueado, y no sólo eso, al acceder a la pantalla, había dejado abierto un chat con Carlos, y según la hora de la conversación, fue a las 2:23 am.

    En las conversaciones claramente se leía el anhelo de Mauro por tener sexo con mi otro hermano; Mauro, le decía que extrañaba el olor de sus testículos cuando llegaba a casa recién terminando de trotar, y que su vello púbico también lo volvía loco, y las respuestas de Carlos eran más secas, como inseguras, podía percibir que él no estaba tan entregado al pecado que estaban cometiendo, sin embargo, lo disfrutaba porque su pene siempre estaba en la boca de Mauro siendo lamido y devorado.

    Seguí leyendo cada palabra de la conversación, estaba muy excitado, y a la vez nervioso y lleno de culpa, una culpa ajena porque yo no estaba pecando, aun así, saber que mis hermanos estaban teniendo sexo a escondidas, me hacía sentir muy culpable.

    Ya a mitad de la conversación, todo se puso más intenso, más morboso, así que me levanté rápido de la cama, y cerré la puerta de mi cuarto con seguro para seguir leyendo tranquilo; me regresé a mi cama, tomé el celular de mi hermano con prisa y seguí leyendo.

    Esto le decía mi hermano Mauro a mi hermano Carlos: «recuerdas cuando estabas de cumpleaños el año pasado, estábamos aburridos, y ya habíamos bebido unos cuantos tragos, me viste con cara de a quién le urge el sexo, y cuando vi esa expresión en tu cara, no dudé en invitarte al terreno abandonado al lado de nuestra casa, lástima no pudimos ir al baño de nuestra casa, pues había demasiados invitados.

    Cuando llegamos allí, todo estaba oscuro, pero tú encendiste la linterna de tu celular, me tomaste por los cabellos y me empujaste hacia abajo poniéndome de rodillas, luego alumbraste hacia tu cintura para que se viera claramente mi rostro mientras yo intentaba sacar tu delicioso pene del mono que tenías puesto.

    Bajé poco a poco la parte superior de tu mono y de tu calzón, hasta que pude ver el abundante vello púbico, estabas tan descuidado, creo que pasaste más de tres meses sin afeitarte, pegué mi nariz de aquella selva negra con restos de pre-seminal fresco, y el olor era tan fuerte, que al principio me dieron ganas de vomitar, pero después comencé a excitarme, era un olor a macho, un olor que volvía loco al poco tiempo, por lo que terminé de bajar tu ropa lo más rápido que pude y salió tu pene casi que disparado del calzón, estaba duro, y el glande cubierto de mucho líquido pre-seminal, tomé tu pene con mi mano derecha, estaba tan hinchado, y me llevé el glande hasta mi nariz para olerlo antes de llevármelo a la boca, olía a macho descuidado, una delicia.

    Me tomé mi tiempo oliéndolo, luego me lo lleve a la boca, pero hice que llegara hasta mi garganta, lo mantuve allí un rato mientras tú gemias y luego comencé a chupar sin parar, como un niño desesperado por tomar su alimento, chupaba y chupaba como un animal, mientras yo sostenía con la palma de mi mano tus testículos que colgaban y estaban tibios, así me mantuve durante un largo rato, hasta que tú hiciste un movimiento brusco, me tomaste de los cabellos y empujaste todo tu pene hasta el fondo de mi garganta, comenzaste a gemir y pude sentir tu semen espeso y caliente salir a chorros dentro de mi, tu pene palpitó como unas 8 veces, y la cantidad de tu semen, estoy seguro, era exagerada, nunca voy a olvidar ese día, fue el día en el que tú y yo tuvimos nuestro primer encuentro sexual, el día en el que nos convertimos en hermanos pecadores…

  • Micaela y sus sobrinos (2): Despertar del deseo

    Micaela y sus sobrinos (2): Despertar del deseo

    Anteriormente:

    Micaela luego de una tarde noche de calor y tragos se encuentra nadando en la pileta con sus sobrinos, al salir queda en una situación extraña para una tía con sus sobrinos.

    Ella entre los dos, sostenida por su mano en el borde del short de Agustín de 19 años, deslizándose unos centímetros por dentro mientras mira hacia el elástico del short de su otro sobrino, Marcos de 21 años, mira hacia allí porque la cabeza de su juvenil glande ha hecho su aparición y brilla ante la tenue luz que proviene de unos focos de bajo consumo del exterior de la casa.

    Ella vestida con una maya enteriza y una remera que con el efecto del agua se transparentó y se le subió exponiendo su cola esbelta de 30 años bien llevados no colabora para que sus sobrinos con hormonas alborotadas saquen su mirada de allí.

    Micaela mordiendo su labio inferior sigue mirando sin pudor ese juvenil glande que la hipnotiza, su mano izquierda ya tiene 3 dedos por dentro del short de su otro adolescente sobrino y no se da cuenta que está a tan solo dos centímetros de tocar el falo del hijo más joven de su cuñada.

    Su mano derecha se posa en el hombro de Marcos y se acerca a él sin soltar el short de Agustín que es arrastrado hacia ella.

    Se acerca al rostro juvenil de Marcos alternando la vista hacia el irrespetuoso glande que asoma del short y los ojos de él, su mano juguetea en el hombro arañando suavemente mientras le sonríe cómplice.

    En ese movimiento también su mano izquierda se mete de más en el short de Agustín y su dedo índice hace contacto con una barra de carne caliente y húmeda.

    Esto hace que Micaela gire su cabeza y mire el joven rostro de Agustín que no sabe qué hacer o decir y tiene rubor en sus mejillas.

    Ese contacto fue suficiente para que un líquido pegajoso que no es agua quede en el dedo índice de Micaela.

    Ella saca su mano por reflejo y lleva su mano rápidamente hacia su cara tratando de cubrirse del error cometido.

    Pero al hacerlo encuentra que su dedo índice brilla por ese líquido preseminal de su poderoso sobrino adolescente.

    Ha llevado su dedo índice a sus labios sin querer y ahora un hilo de ese líquido une su índice con su labio superior.

    Mientras mira a los ojos a Agustín, Micaela abre su boca caliente y su lengua sale para limpiar su dedo de forma inocente y sensual. Ese recorrido de su lengua no culmina con ese dedo sino que pasa por todo el labio superior mostrando que aquello que ha probado le ha gustado.

    En ese momento suena el teléfono de Agustín rompiendo la magia.

    Todos parecen entrar en razón y salen del trance, Agustín nervioso trata de contestar el teléfono temblando, Marcos va a buscar su celular y Micaela también da media vuelta sin saber que hacer.

    Agustín atiende y habla tembloroso, es una videollamada de su madre. Comienza su interlocución interpelando a todos porque llamo a Micaela y a Marcos y no atendieron, tenían respectivos teléfonos en silencio.

    Lo que sigue es que tanto Marcos y Micaela le explican que estaban en la pileta, que hacía calor, que ya atendió Agustín etc. pero no era suficiente para la madre protectora que les pide tanto a Marcos como a Micaela como si fuera una hija más que tenga el celular con sonido.

    Esto la hace enojar y le dice que le manda saludos y que va a ir a prepararle algo de comer para sus hijitos.

    De esa manera se sale de la incómoda situación de estar hablando con alguien indeseable y evitar futuras discusiones con su esposo, que por cierto también había dejado llamadas perdidas.

    Aprovecha entonces el momento para ir dentro de la casa, comenzar a preparar algo para comer aunque no tenía hambre y llama a su esposo.

    Al hablar con él recuerda lo que acababa de ocurrir antes y se pone nerviosa como si él hubiera estado presente.

    Le pregunta cómo se habían portado sus sobrinos y cuenta cosas de los trámites que fueron hacer y sus complicaciones.

    Micaela se va de la conversación, no presta atención, imágenes de la pileta vienen como flashes a su mente, recuerdos de como brillaba el sol en los musculosos y dorados cuerpos de sus sobrinos impactan en su memoria haciéndola sonreír mirando al techo mientras se lleva un dedo a la boca.

    Recuerda una zambullida de Marcos la cual pudo ver como su short se plegó de tal forma que pudo ver su cola firme y parada al introducirse al agua. También viene a su memoria el bulto de Agustín que cuando tomaba sol parecía crecer de forma desproporcionada mientras el agua caía por los costados.

    Va a su cuarto a seguir hablando con su esposo sin escuchar nada de lo que dice y en ese cuarto se saca la remera mojada, y comienza a bajar la malla mientras se mira en el espejo.

    Da media vuelta para ver su cola como quedaba con la maya entre sus nalgas y comienza a sentirse linda, deseada como cuando era más joven.

    Al sacarse la maya por completo observa que sus labios vaginales no brillaban por el agua de la pileta sino de que algo de su interior fluyo y lubrico esas partes como esperando de que pueda ser explorado y que todo lo que se explore sea delicado, se deslice y no tenga restricción para llegar a zonas más profundas, íntimas y prohibidas.

    Ella separa los labios con las yemas de sus dedos y siente electricidad, siente calor, tiene escalofríos y su piel se eriza.

    Sigue jugando con sus dedos y un sonido retumba en su cuarto matrimonial, el sonido de sus dedos con los labios vaginales y sus jugos parecen chapotear de tal forma que cualquiera que estuviera allí sabría que lo que está haciendo es algo sucio, algo mundano, algo perturbador para una señora casada de vida aburrida.

    Tiene una mano en el teléfono y se mira en el espejo desnuda, su otra mano ya es descarada y dos dedos están dentro muy profundo de ella.

    Recuerda que su dedo índice tuvo contacto con el falo juvenil de Agustín y malabarea sosteniendo el teléfono con su cabeza y su hombro mientras lleva nuevamente su dedo índice a su nariz y cierra los ojos.

    Aun siente o cree sentir ese embriagante olor que emana el liquido preseminal de un joven semental lleno de brío.

    Cerrando los ojos parece que recuerda con mayor vividez el tacto, el olor, el gusto y la vista, todos los sentidos se acentúan y recuerda el calor de ese miembro, siente nuevamente el liquido pegándose a su dedo y siente el sabor cuando lo probó, Fue poco, fue apenas unas gotas, pero fue suficiente como para encenderla.

    Su otra mano ya juega entrando y saliendo rápidamente entre sus labios inferiores.

    Jadea, y se escuchan los gemidos que intenta sofocar.

    En ese éxtasis escucha que su esposo dice: “porque no les decis a los sobrinos que se queden esta noche con vos así te cuidan?”

    Su mente que estaba ida imagina en tan solo un microsegundo a ella arrodillada desnuda ante sus dos jóvenes sobrinos mientras se bajan sus shorts lentamente.

    Abre los ojos como si hubiera visto al mismísimo diablo intentando detener sus pensamientos pero ya es tarde.

    Una explosión fluye de su interior, tiene un orgasmo que la hace explotar de placer, de calor, y de frío a la vez.

    Caen sus jugos como chorros entre sus dedos que están dentro de su vulva, comienza a temblar, sus piernas se vencen y se cae de rodillas mientras el teléfono no puede ser sostenido por su cabeza y su hombro y mientras lanza un gemido audible se deja caer agitada, transpirada y extasiada.

    Mientras intenta recuperar el aliento se escucha el teléfono debajo de la cama, su esposo pregunta que es lo que pasó, que fue ese ruido, porque se cayó el teléfono.

    Ella necesita unos segundos para reponerse pero no puede, sigue en éxtasis. Su esposo sigue preguntando que es lo que está pasando.

    Poco a poco se recompone y va desnuda arrastrándose en busca de su teléfono, inventa una excusa de que vio una cucaracha y tiro el celular sin querer por el susto.

    Se despiden diciéndose que se aman y Micaela queda en la alfombra acostada aún temblorosa, húmeda y con los ojos brillantes grandes buscando una justificación de lo que acaba de hacer.

    —————

    Continuará esta historia, ¿qué les va pareciendo? ¿que sugieren que ocurra?

  • El gloryhole

    El gloryhole

    Hola, me presento, me llamo Mike (nombre inventado para proteger mi identidad) y les voy a contar mi experiencia en los gloryhole.

    Esto paso hace unos meses, una tarde salí a caminar porque no tenía nada más que hacer.

    Suelo caminar por dónde no hay gente casi porque no tengo mucha experiencia hablando con ella, por lo general funciona nunca me topo con nadie bueno excepto ese día. Ese día me tope con dos personas sentadas en una banca, estaban hablando de algo pero no podía escuchar así que me acerque más por qué me encanta el chisme jeje.

    Cuando me acerque lo suficiente pude escuchar lo que estaban diciendo, básicamente estaban hablando de un rumor que se había corrido de un local donde había gloryholes decían que si decías la palabra «hoyo en uno» en tal local el que estaba en el mostrador te pidiria que lo acompañaras y te llevaría a un lugar donde había varios baños donde entrabas y habían gloryhole.

    Me quedé serio por un momento incluso me costó creerlo pero como soy curioso decidí probar suerte total si era falso no cambiaría nada así que me fui de allí y me dirigí al local.

    Entre me paseé por los pasillos compré la cena de esa noche y cuando estaba pagando le dije al vendedor «hoyo en uno». Al principio se quedó serio así que supuse que era falso, pero después de unos segundos su mirada cambio a una más juguetona y me dijo «sígueme te llevaré a hacer muchos hoyo en uno».

    Lo seguí detrás de la tienda a unos baños que no estaban a la vista del público y me dijo «que lo disfrutes» y se fue dejándome solo. Me quedé asimilando todo hasta que me decidí a entrar a uno.

    Entre me senté y note que había algo escrito en la pared «toca la pared cuando estés listo» me arme de valor y toque dos veces la pared y unos segundos después apareció una boca en el hoyo, me baje el pantalón y me saque la polla la puse en el hoyo y empezó a chupar como si su vida dependiese de ello.

    No habían pasado ni 5 minutos y yo ya estaba a mi límite así que di un empujón fuerte y me corrí, por el otro lado de la pared se escuchó a alguien jadear, sonaba como una mujer, pero si fuera un hombre no me hubiese importado igual.

    Unos momentos después paso una nota por debajo que decía «deja tus propinas con el vendedor», así lo hice, me subí los pantalones y me fui, pasé con el vendedor y le pagué.

    Después de eso salí de la tienda y claro que volví varios días, pero eso lo voy a contar después.

  • Me sacrifiqué por mi esposo

    Me sacrifiqué por mi esposo

    Mi nombre es Sofía, tengo 56 años vivo en Nicaragua. Soy casada y tengo una hija que la saque del país por su seguridad antes de que comenzara esta historia. Mi esposo trabajaba desde la casa para un periódico y les enviaba los artículos por email.

    Un buen día llego la policía a mi casa y se lo llevaron preso a la estación, ese mismo día fui a preguntar el motivo de la detención y me dijo el comandante de la estación que lo habían arrestado por escribir unos artículos que no les gusto a ciertas personas y que me prepara con un buen abogado porque no iba a ser fácil sacarlo.

    Contrate un abogado pero el juez le había dado18 años de cárcel, pero el abogado logro reducirla a 15 años y fue enviado a una cárcel que quedaba a 6 horas de la ciudad. Un buen día fui a visitarlo pero un oficial de este lugar llamado Carlos tenía 45 años me dijo que no podía verlo pero que me ofrecía unos servicios para que no le pasara nada pero a cambio tenía quedarle una plata o pasar una noche con mi hija, además me dijo que sabía todo de nosotros y otros detalles que no vienen al caso. Ese mismo día hable con una persona que saco a mi hija del país y le dije que no se preocupara que yo me iba a hacer cargo de todo.

    A las 2 semanas volví a esa cárcel y logre ver a mi esposo pero fueron solo 5 minutos y eso con vigilancia me dijo que estaba bien que no me preocupara de ahí camine hacia la oficina de Carlos el oficial que me propuso el trato y le dije que le iba a dar una cierta cantidad de dinero pero el cambio de opinión y me dijo que me ofreciera como su amante, me quede sorprendida con lo que me dijo, le dije que lo iba a pensar me dijo que en mis manos estaba la seguridad de mi esposo.

    A los tres días recibí una llamada de Carlos, me dijo que íbamos a salir a cenar al día siguiente Carlos llego en su auto y me recogió en la casa y me invito a cenar a un buen restaurante donde luego de cenar fuimos a mi casa y sellamos el trato. Ingresamos en la casa y lo lleve a la habitación de huéspedes y ahí me quite el vestido y Carlos también sé que quito la ropa y quedo con el bóxer, así que me senté en la cama nos empezamos a besar y él me quito el brasier y las pantaletas y metió su lengua en mi vagina y empezó a pasarla por todo los labios vaginales y me hacía soltar varios gemidos duro unos minutos.

    Era la primera vez que experimentaba eso y de pronto comencé a tener un orgasmo, luego Carlos se desabotono el pantalón y cayó al suelo y me dijo que se la chupara. Me dio pena decirle que yo nunca había chupado un pene, así que, me le acerqué, lo tomé con la mano; ¡no me cabía!, y eso que estaba aún todo flácido!

    Empecé a jugarlo en mis manos, hasta que sentí que me empujaba la cabeza y entonces, procedí a besarlo, a meterlo en mi boca, tengo que admitir que su pene se veía muy duro y más grande que el de mi esposo. Y comencé a bombear suavemente de vez en cuando la sacaba de su boca y lo acariciaba y besaba el tronco de su verga hasta que me la metió hasta la garganta y me hizo hacer unas arcadas, luego la saco y seguí chupando su verga hasta que no aguanto más y eyaculo en mi cara.

    Luego me puso en cuatro y al entrar su pene hacía mucho que no lo hacía pegue un grito de dolor, pero disfrutaba luego comenzó a moverse rápido mientras apretaba mis senos y me nalgueaba una y otra vez, se agarraba de mis caderas y aumentaba la velocidad de sus penetraciones me estuvo perforando por un largo tiempo, hasta que le dije que ya no podía, que estaba agotada, que ya terminara y él, agarrándome de las caderas una vez más, empezó a bombearme con fuerza, diciéndome que ya se iba a venir. Luego se acostó y dijo móntame, y así lo hice puse su pene en mi ano y comencé a cabalgar, despacio y luego rápido, mientras el empujaba mi cuerpo agarrando mi cintura.

    Luego me abrí de piernas y se tumbó encima de mí y de un solo golpe me la clavó. Ahogué un grito de placer, y me dejé follar por él. Él se agarró mis dos senos y como si fueran un soporte me los agarro con fuerza cada uno con cada una de sus manos y tirando de ellos comenzó un frenético mete y saca de su pene en mi coño, que aun doliéndome muchísimo mis pechos por los tirones que daba de ellos, me hizo subir al infinito de placer.

    Luego bajó su cabeza a mis pechos, pero sin soltarlos de sus manos y continuando apretándomelos y comenzó a chupar y mordisquear con gula. Así estuvo un rato hasta que sacando la cabeza de entre mis tetas y mirándome fijamente al tiempo que me sonreía busco con su boca la mía y nos fundimos en un apasionado beso, Él entonces aumentó la fuerza de sus embestidas y comenzó a arquear su espalda hacia atrás y los músculos de sus nalgas se tensaron. Y explotó dentro de mí, comenzando a depositar toda su leche hirviendo en mi coño. Quedamos abrazados sobre la cama sin aire y agotados del esfuerzo realizado. Luego se levantó y se marchó mientras yo me iba a bañarme.

    Todos los días a partir de esa fecha lo hicimos sin parar, inclusive tuve que comprar y tomar pastillas anticonceptivas para protegerme por si algún accidente pasaba. Una día estaba cabalgando a Carlos en mi cuarto cuando suena mi celular era mi hija le decía a Carlos que parara un momento pero él me metía la verga más duro así que intentaba hablar con mi hija tratando de no gemir luego colgué el teléfono entre gemidos, luego Carlos me abrió las piernas y me la metió de una al principio me dolió pero yo le decía que siguiera que me hacía muy feliz, ni cuando estaba con mi esposo me sentía así.

    Cada día siempre pienso en el riesgo de aquella relación nueva, apasionada, adúltera, excitante, que podría cambiar mi vida para bien o para mal. Carlos me ha propuesto que me divorcie de mi esposo y me mude con él, aun lo pienso todavía amo a mi esposo pero no puedo dejar a Carlos.

  • La mejor forma de despertar

    La mejor forma de despertar

    Cierta noche estábamos viendo unas pelis en televisión, ya habíamos cenado, comimos algunos snacks mientras nos concentrábamos en los filmes. Cuando ya la hora era avanzada decidí quitarme la ropa, ya que mi esposa y yo acostumbramos a dormir totalmente desnudos, ella también se quita la ropa. Primero sacó su franela de algodón azul por encima de su cabeza, para luego quitarse los pantalones cortos que hacían juego con la camisa; en ese punto es que comienza mi tortura, lleva puesto un cachetero de encaje blanco que delinea perfectamente su cintura, y se introduce ligeramente entre sus nalgas, cubriendo únicamente la mitad superior de ambos glúteos.

    ¡Dios, es hermosa!

    Mi esposa tiene una estatura normal, no es demasiado alta ni demasiado baja, tiene cabello rizado (cosa que me encanta), piel blanca aunque no pálida, tiene tetas de un tamaño considerable, para mí son las mejores, no me entran en ambas manos y sus pezones son pequeños, perfectamente ubicados en el centro de una aureola color canela suave, y su cintura reducida justo en medio de su cuerpo generándole una forma de reloj de arena; su espalda recta con una pequeña curvatura en la parte baja es perfecta para darle paso a un par de nalgas grandes y bien formadas; sus piernas tienen muslos de tamaño exquisito, exactamente simétricos, con pantorrillas carnosas. Como lo ven, la mujer perfecta, sin contar su precioso rostro que se embellece con labios jugosos que forman una sonrisa que demarca hoyuelos en sus mejillas gorditas y ruborizadas.

    Volviendo a la historia, tengo a mi esposa acostada a mi lado con un hermoso conjunto de ropa interior de encaje blanco. Me levanto con la excusa de ir al baño solo para verla de frente un segundo más, y allí está ella recostada sobre su espalda viendo la televisión, con sus tetas apenas cubiertas por un encaje casi transparente que permite ver con detalle sus pezones levantados y aparentemente duros, por el frio, supongo; tiene las piernas bien abiertas con las rodillas flexionadas y los pies juntos; me fascina esa posición, puedo observar aquella línea de ensueño que detalla la pepita a través de aquel pequeño trozo de tela, la cual está totalmente depilada, lo que la hace más provocativa.

    Voy al baño a orinar y noto que mi pene ya se estaba empezando a endurecer, por lo que trato de pensar en otra cosa, por supuesto sin éxito, no puedo sacar de mi mente la imagen de mi esposa, sus tetas, sus piernas bien abiertas y aquella pepita depilada entre ellas. Luego de terminar en el baño decido pasar por la cocina para tomar un poco de agua y regresar a la habitación. Al entrar veo aquella hermosa mujer aun en la misma posición frente a la puerta, ya que la cama está ubicada justo allí.

    ⎯Amor, ¿Por qué no has terminado de desvestirte aún? ⎯ Por esta clase de preguntas es que creo que soy un hombre masoquista.

    ⎯Porque estoy esperando que mi marido me desvista.

    ⎯Levántate un segundo, pues.

    Me siento en la cama a su lado. Ella se sienta y me da la espalda para que pueda desbrochar su sujetador, acto que hago felizmente, sin desaprovechar el momento para acariciarle las tetas desde atrás mientras retiro la prenda. Vuelve a acostarse y apoyada en sus pies levanta las caderas indicándome que retire también la parte inferior de su ropa, de frente hacia ella tomo el borde de su cachetero y comienzo a bajárselo, abre las piernas para liberar la parte interna de la prenda y termino de quitársela; paso aquel pedazo de tela por mi nariz antes de arrojarlo por allí en algún lado y acostarme nuevamente.

    La temperatura ha ido subiendo de a poco. Coloco una de mis manos sobre su pecho, sosteniendo una de sus tetas, como si me dispusiera dormir, pero algo me sorprende de repente: sin desviar su mirada de la pantalla de la TV, lleva su mano izquierda hasta mi pene y comienza a moverla lentamente para masturbarme; rápidamente giro un poco mi cuerpo para facilitarle la labor y poder mirar su cara, pero ella sigue sin mirarme, parece estar muy concentrada en la película.

    ⎯¿Por qué tienes el pipe parado? ⎯ Pregunta.

    ⎯Por lo que estás haciendo.

    ⎯Yo no estoy haciendo nada. ⎯ Afirma.

    ⎯Claro que sí, lo estas tocando.

    ⎯¿Y eso que tiene que ver?

    ⎯ Que me excitas, y quiero follarte.

    ⎯¿Sí? ⎯ Pregunta mientras se gira y se coloca frente a mí.

    ⎯Si. ⎯ Contesto esperando haberla convencido.

    Nuevamente se gira, y sin decir nada más, continúa viendo la película. Pensé que no quería aceptar mi proposición, por lo que yo también me coloqué boca arriba a su lado, viendo al techo de la habitación.

    Cuando mis ojos se están cerrando por efecto del sueño, ya estoy adormecido cuando siento que Madelein se sube sobre mí. Dándome la espalda, se inclina hacia adelante permitiéndome ver aquel ostentoso trasero, a lo que respondo poniendo mis manos una en cada una de sus nalgas respectivamente.

    Después de unos segundos de estar en aquella posición, comenzó a mover sus caderas como si folláramos; inmediatamente mi pipe estaba empalado, por lo que tuve que colocarlo hacia arriba, ya que sentía que sus movimientos iban a partirlo. Ella no detuvo su baile sexual sobre mí, ahora rosaba su panocha en mi pene. Separé sus glúteos con ambas manos e introduje mi pulgar derecho en su pepita, y se movía con más intensidad a cada segundo.

    ¡Lo estoy disfrutando! Supongo que después de todo no me dejaran con la calentura esta noche.

    Saqué mi dedo de su interior que ya estaba bien mojado, sus jugos destilaban hasta mojar mi miembro incluso mi abdomen. Traté de guiar mi pene para que entrara en su coñito, pero con sus movimientos no me lo permitió, insistí un par de veces más pero el resultado seguía siendo el mismo, por lo que me di por vencido.

    De repente dejó de moverse y sin mediar palabras se bajó de sobre mí, se acostó a mi lado nuevamente, pero esta vez dándome la espalda; espere un momento allí con mi erección, y al ver que no se movía me levante para ver su rostro y estaba completamente dormida.

    ¡Rayos! Se durmió y me dejó con la calentura a mil, no podía ni recostarme boca abajo por la erección de mi pene; tuve que quedarme un buen rato viendo al techo, me levanté a orinar una vez más y regresé a la cama. No podía dormir, estuve allí dando vueltas repetidas veces durante un par de horas, hasta que logré quedarme dormido, no sé ni que hora de la madrugada era.

    La mañana siguiente Madelein despertó primero que yo y trata de despertarme de forma muy dulce: comienza con tomar mi pene en su mano y comenzar a masturbarme otra vez; yo pensé que era un sueño, pero no, era real; rápidamente ya mi erección era increíble nuevamente, supongo que por la calentura sin concluir de la noche anterior. Al ver el tamaño de ese pedazo de carne en su mano, sin dejar de masturbarme, Madelein se acerca a mi

    oído:

    ⎯¿Por qué amaneciste con el pipe así de parado?

    Pero no obtuvo respuesta, aunque ya estaba despierto decidí fingir que aun dormía.

    Mi esposa decidió subir el nivel, se puso a cuatro patas a mi lado y comenzó a chuparme la polla como una diosa. Con una mano la sostenía mientras me da una mamada descomunal y con la otra mano se masajea el clítoris en forma circular dándose placer también a sí misma.

    ¡Que rico! Mi chica me estaba dando una indefinible mamada para despertarme, pero yo decidía aparentar estar dormido, pero no pude hacerlo durante tanto tiempo, ya los movimientos de mi cintura eran involuntarios e

    incontrolables. Lo estaba disfrutando.

    ⎯¿Quién te enseñó a chuparla así, ¿eh?

    No dejé que me contestara, le sostuve la cabeza para que no dejara de propinarme aquel inmenso placer que me estaba dando con su boquita.

    ⎯Sí amor… Que rico… Comete ese pipe así… Ese es tuyo… Comételo…

    Solté su cabeza para dirigir mi mano a su panocha, que aún estaba siendo estimulada, introduje dos de mis dedos en ella sin ningún esfuerzo, estaba tan mojada que los jugos de su pepita chorreaban a lo largo de sus muslos hasta sus rodillas, estaba literalmente empapada.

    Después de unos minutos comenzó a moverse, sacando mis dedos de su interior, pero rápidamente se colocó nuevamente en cuatro, pero ahora con su pepita frente a mi rostro. Se lo que quiere, y no la hice esperar rápidamente

    empecé a lamerle el clítoris y la entrada de su cuca.

    ¡Que delicioso! El olor y el sabor de aquella conchita es lo mejor que existe en este mundo.

    Ella inclinó su cuerpo dejando que sus enormes tetas reposaran sobre mi abdomen mientras su boca iba en busca de mi pito para un segundo round. Aquello era un exquisito 69 matutino. Sus caderas bailaban sobre mi rostro facilitándome el trabajo de darle placer con mi lengua en su sexo.

    ⎯Me encanta esta pepita amor, esta buenísima. ⎯ Decía yo, entre lamidas. ⎯ Y me encanta como me la chupas.

    Para darle más placer, si es que eso era posible, introduje dos de mis dedos nuevamente en su panocha sin dejar de comérmela, y empecé a meterlos y sacarlos de su interior al mismo ritmo que ella me estaba chupando la polla. La escuchaba jadear…

    ⎯Ah… Uhmm… Ahh… ⎯ Nunca dejó de saborear y succionar mi falo.

    Es una sensación indescriptible, el placer que siento lamiendo el clítoris de mi esposa e introduciendo mis dedos en su panocha mientras ella me masturba con una de sus manos al mismo tiempo que succiona el glande de mi polla.

    ¡Es increíble! ¡Voy a explotar de placer!

    ⎯Voy a llegar amor. ⎯ Le digo y aumento la velocidad de los lametazos que le estoy propinando.

    En ese momento se nublo mi mente, fui transportado por el placer a otro mundo, estallé en un inmenso orgasmo, como nunca lo había hecho.

    Madelein se estremecía, jadeaba, sus piernas flaquearon y dejó caer su cuerpo sobre mí presionando con fuerza su húmedo sexo contra mi rostro, como si quisiera que mi lengua la penetrara con más profundidad, pero ya era imposible llegar más adentro; en ese instante noté que los dos alcanzamos el éxtasis al mismo tiempo, teniendo orgasmos simultáneos. Yo disfruté de todos los líquidos afrodisiacos producidos por ese orgasmo y me los tragué todos; y ella también se tragó la leche generada por mi placer.

    Un par de minutos después, ella todavía temblaba al sentir mi aliento en la pepita, se bajó de sobre mí y se acostó recostada en mi pecho.

    ⎯Nunca me había gustado tanto que me despertaras. ⎯ Bromeo acariciando su cabello, y ella se ríe.

    ⎯Claro, de eso estoy segura, aunque a mí también me gusto.

    Permanecimos acostados un rato más, abrazándonos y luego nos levantamos para emprender las labores de todos los días.

  • Miroslava, infiel por culpa de sus amigas

    Miroslava, infiel por culpa de sus amigas

    Miroslava es una chica de 20 años, de 1.55 de estatura, de piel blanca, cuerpo delgado, cabello negro y largo, pechos medianos pero suficientes para atraer las miradas de los chicos de su universidad y algunos vecinos, suele vestirse de negro, usa lentes y es introvertida.

    Un día normal en la universidad a la hora de la salida se reúne con sus dos amigas Blanca y Luisa, eran las 8 pm ya que ellas estudian en el turno de la tarde. Ese día era cumpleaños de Luisa, la chica más extrovertida del grupo.

    Luisa: como sabrán chicas el día de hoy cumplo 19 años y quiero festejarlo a lo grande, que les parece si vamos a un table dance para mujeres.

    Blanca: ¿estás hablando en serio Luisa?, ¿existen esos lugares?, ¿que yo sepa solo hay para hombres no?

    Luisa: ay amiga jajaja claro que existen, estuve investigando y solo hay tres en la ciudad, tú qué opinas Miros.

    Miroslava: emm ay no sé, no creo que sea buena idea.

    Luisa: Miros por favor no seas aguafiestas, es mi cumple y quiero pasarla con ustedes, no sean así.

    Miros y Blanca se quedan viendo unos segundos.

    Blanca: ok está bien, estaría chido ver unos cuantos machos encuerados jajaja, solo deja aviso a mis papás que voy a salir con ustedes por tu cumple, les voy a inventar algo.

    Miroslava: emm ay no se…

    Luisa: vamos Miros un rato nada más, te prometo que te vas a divertir mucho jejeje.

    Miroslava: no sé, acuérdate que tengo novio y jamás le he sido infiel.

    Luisa: pero no le vas a ser infiel, solo vas a ver unos cuantos machos bailar jaja.

    Miroslava: pero van a estar desnudos, para mi eso ya es ser infiel.

    Luisa: Miros por favor no seas así es mi cumple y quiero que vayas, Mauricio no se tiene que enterar.

    Miroslava pone cara de preocupación.

    Luisa: ¿Miros, vas a dejar a tu amiga plantada en su cumpleaños?

    Miroslava: no no, para nada… Ok está bien… vamos.

    Luisa: si yupi, vamos amigas.

    Las tres toman un transporte que las deja en la esquina del lugar, llegan y entran y el guardia de seguridad les pide sus identificaciones, una vez adentro lo primero que ven es muchos asientos al rededor con mesas, una pista de baile con escalones para que los bailarines suban a bailar y alrededor de la pista de baile una barra con silla donde hay varias mujeres sentadas tomando y unos cuantos hombres también y por supuesto música a todo volumen.

    Luisa: wow, esta genial el lugar ¿no creen?

    Blanca: si eh, y muy animado también.

    Vamos a sentarnos en la barra, diría Luisa emocionada.

    Las tres caminan y se sientan en la barra, Luisa y Blanca se ven emocionadas, pero Miroslava está muy nerviosa, es su primera vez en un lugar así, ella no suele salir mucho, solo con su novio, pero si no es con él prefiere quedarse en casa.

    Blanca: anímate Miros, solo mira el lugar, mira los manjares que tenemos al rededor, mira a este chico bailando enfrente de nosotras.

    Justo ese mismo chico se quita la parte de abajo de su atuendo y deja ver su miembro, las tres chicas quedan impresionadas al ver lo grande que es, inclusive Miroslava no puede creerlo, el bailarín baja la mirada y observa a Miroslava y le sonríe, Miros al verlo le sonríe, pero baja la mirada por pena, el chico sigue bailando.

    Después de unas dos horas y dos cubetas y media de cervezas, unos cuantos chicos ya se les habían acercado para conversar, Luisa decide irse a un baile privado con un chico mientras que Blanca se queda platicando con otro y Miroslava por penosa se queda sola.

    Pasan unos minutos y el mismo chico que le sonrió en la pista de baile se le acerca a Miroslava y se sienta al lado suyo.

    Bailarín: Hola nena ¿qué tal?

    Miroslava: Hola… bien gracias… ¿y tú? Diría tímidamente Miroslava.

    Bailarín: Bien bien aquí viendo que sale, te ves muy joven eh jejeje, que edad tienes princesa.

    Miroslava: 20 años

    Bailarín: wow en serio, ¿es tu primera vez en un lugar así?

    Miroslava: si, lo que pasa es que es cumpleaños de una amiga y pues por eso venimos aquí.

    Bailarín: Oh ya, supongo que es la que se fue a un baile privado verdad jejeje.

    Miroslava: si ella

    Bailarín: Oh ya, y hablando de baile privado, ¿no te gustaría a ti irte a uno? la verdad es que te vi y me llamaste mucho la atención, que dices, te aseguro que no te arrepentirás, soy muy complaciente jeje.

    Miroslava: Ay no sé, es que…

    Bailarín: ándale, no te arrepentirás, te lo aseguro.

    Miroslava: no sé, es que tengo novio, como te digo solo vine por mi amiga.

    Blanca escucha la conversación y se voltea hacia ellos.

    Blanca: Miros, esta es una oportunidad que no te puedes perder, anímate no seas tímida solo míralo, esta buenísimo.

    El chico solo se ríe.

    Blanca: ándale, yo lo pago para que veas.

    Miroslava: no no no como crees, ya se lo pagaste a Luisa.

    Blanca: ¿me vas a rechazar la propuesta? Es una gran oportunidad Miros, anda toma, ve a la barra y págalo. El Bailarín le toma la mano a Miroslava.

    Bailarín: ahí está, tu amiga está dispuesta a pagarte el baile solo para que te diviertas, anda, vamos.

    Miroslava: Ok, vamos. Dice algo temerosa.

    Llegan a la barra y Miros paga un baile de tres canciones, el chico la toma de la mano y la sube al área de bailes privados.

    Llegan y lo primero que ven es a Luisa saliendo de la cabina abrochándose su blusa y ajustándose la falda, Luisa los ve y le sonríe a Miros de una manera pícara, Miros solo sonríe con mucha pena y llegan a la cabina.

    Bailarín: siéntate por favor.

    Miros se sienta, el bailarín entra también a la cabina y cierra la cortina.

    Estas lista? Pregunta el bailarín.

    Miroslava: s… si…

    Bailarín: vamos, no seas tímida, bueno ahorita yo creo que se te quita jaja.

    El bailarín empieza a bailarle sensualmente a Miroslava, ella muy nerviosa y sin saber que hacer solo observa.

    Al notar eso el bailarín se pone de espaldas hacia Miros, toma las manos de ella y se las empieza a pasar por su cuerpo sudado, Miros muy nerviosa solo baja su mirada y deja que el chico continúe.

    El chico se voltea y continúa con las manos de Miros hasta que en un momento baja suavemente las manos y las coloca en su miembro que estaría muy erecto, Miros al sentir eso sube la mirada y ve como sus manos están sujetando el miembro por encima de la tanga, Miros solo ve nerviosa.

    Bailarín: ¿te gusta nena? te gusta cómo se siente? Así me tienes preciosa.

    Miros solo ve al bailarín muy nerviosa.

    Bailarín: te voy a dar un premio hermosa.

    El chico se baja la tanga lentamente hasta quitársela por completo y queda expuesto su enorme miembro, Miros solo lo ve impresionada, el bailarín lo mueve de un lado a otro.

    Bailarín: ¿es muy grande verdad? esa cara me dice que opinas lo mismo, ¿quieres saber cuánto mide?

    Miros muy nerviosa no dice nada.

    Bailarín: me mide 25 cm, si ,lo sé, es enorme jejeje y estaba pensando, no sé que opines, que te parece si hacemos algo nuevo, que te parece si jugamos un rato, solo que no le digas a nadie ¿ok?

    Miroslava iba con un vestido negro de tirantes que le llegaba antes de la rodillas, tiene unas piernas muy bonitas y presumibles y como mencioné al principio sus pechos atraían las miradas de los hombres incluyendo al bailarín.

    Bailarín: Oh por cierto no me e presentado, me llamo Nicolás, mucho gusto pero me puedes llamar Nico y tu si no mal recuerdo eres Miros no? O Miroslava jejeje, muy bonito nombre la verdad, me gusta bastante, te puedo llamar por tu nombre?

    Miroslava: s…si. Diría muy nerviosa.

    Nicolás: perfecto, bueno, me gustaría empezar a jugar.

    Nicolás toma de las manos a Miroslava y la levanta del sofá con suavidad, procede a sentarse y de la cintura jala con suavidad a Miroslava y la coloca encima de el, su pene erecto queda debajo del vestido de Miros y roza con la ropa interior de Miroslava.

    Nicolás: sientes eso, es mi amigo que quiere jugar un rato.

    Miros: Nico… creo que esto no puede pasar…

    Nico: Vamos preciosa, no me digas que no quieres por favor.

    Nico acaricia las piernas de Miros suavemente y va levantando su vestido al mismo tiempo hasta que se alcanza a ver su miembro y la ropa interior de Miros.

    Nico: wow, bonitos calzones.

    Miros: Nico…

    Nico toma su pene y empieza a golpear con suavidad la parte íntima de Miros por encima de su calzón.

    Miros: Ay Nico, no por favor. Dice Miros con timidez.

    Nico: Vamos, no te hagas la difícil Miros, vamos a aprovechar esta oportunidad, te aseguro que no te arrepentirás.

    Nico hace hacia un lado el calzón de Miros y empieza a rozar su pene con la vagina de Miros.

    Nico: wow, depilada como me gustan.

    Miros solo siente como el pene de Nico roza con su vagina hasta que Nico empuja su pene y este entra en la vagina de Miros.

    Miros solo se tapa la boca al sentir el enorme pene de Nico dentro de ella, Nico toma de la cintura a Miros y la empieza a mover de adelante hacia atrás, Miros siente mucho placer y quiere gemir pero se tapa la boca para no hacerlo.

    Nico: que apretadita estás nena, seguro que tu novio no te da mantenimiento, Miros no dice nada, solo siente el pene de Nico dentro de ella.

    Nico mueve la cintura de Miros con más velocidad, los ojos de ella se cierran por el placer que siente, hace su cabeza hacia atrás y recarga sus manos en las piernas de Nico.

    Nico: lo ves, sabía que te iba a gustar.

    Nico levanta el vestido de Miros hasta quitárselo completamente, le desabrocha el bra y sus hermosos senos quedan expuestos y por último, para no perder el tiempo, Nico rompe el calzón de Miros para así quitárselo y que quede completamente desnuda.

    Nico: wow, eres una diosa.

    Nico pasa sus manos por el cuerpo de Miros, toma sus pechos, los aprieta, chupa sus pezones mientras que Miros disfruta ya rendida.

    Nico carga a Miros y la acuesta en el sofá, se coloca encima de ella y la penetra de golpe, Miros gime fuerte pero Nico le tapa la boca para que no los oigan.

    Nico empieza a cogerse a Miros muy fuerte, ella solo se aguanta las ganas de gemir, abraza a Nico y le aprieta la espalda con sus uñas, Nico solo sigue follándola duro.

    Nico: no tenemos mucho tiempo, si nos tardamos más se van a dar cuenta.

    Miros solo asiente con la cabeza, rodea con sus piernas la cintura de Nico y aprieta.

    Se escucharían los aplausos dentro de la cabina, Nico estaría embistiendo a Miros muy fuerte, mientras ella no puede mas, comienza a gemir, eso excita más a Nico, ya sin importar nada continua embistiendo a Miros, aprieta sus tetas con fuerza, besa su cuello, ella solo disfruta del momento, gimiendo de placer, apretando la espalda de Nico con sus uñas, hasta que de repente siente como Nico descarga su semen caliente dentro de ella, Miros al sentir eso grita muy fuerte, Nico sigue descargando semen como si fuera una manguera de bomberos, Miros jamás había sentido tanto placer en su vida, ni con su novio, se aprieta las tetas en lo que Nico termina de venirse dentro de ella.

    Nico: wow, para que haya sido un polvo rápido lo disfruté mucho.

    Miros solo se queda acostada con las piernas abiertas y goteando semen de su vagina, sus piernas tiemblan.

    Nico: bueno nena, espero que lo hayas disfrutado, ya me tengo que bajar si no me van a regañar jeje, rápido, vístete y nos bajamos.

    Miros asiente con su cabeza, se pone el bra y el vestido, recuerda que Nico rompió su calzón y lo deja ahí y se bajan.

    Nico: muchas gracias nena, espero verte pronto.

    Miros: Igualmente Nico, muchas gracias.

    Miros sonríe y se va con Luisa y Blanca, sus piernas aún estarían temblando un poco.

    Blanca: ¿que pasó Miros, porque tardaste tanto?

    Miros: bueno pues…

    Miros no sabría que decir, estaría muy nerviosa.

    Luisa: aaahh, ya veo lo que pasó eh jejeje, la pasaste muy bien supongo.

    Miros: Pues… si… la verdad si…

    Luisa: si si, entiendo entiendo jejeje, niña sucia jajaja.

    Miros: No no… no se de que hablas jejeje.

    Luisa: si si, lo que tu digas Miros jajaja, bueno ya vámonos que ya es muy tarde.

    Las tres chicas salen y se encuentran a Nicolás en la entrada del estacionamiento fumando, este le sonríe a Miros y le hace una seña con la mirada y moviendo su cabeza hacia un lado para que lo acompañe.

    Miros: denme un momento chicas.

    Miros va con Nico al fondo del estacionamiento en una parte donde casi no hay luz, Nico la toma y la besa apasionadamente, Miros corresponde el beso de igual manera mientras Nico baja su mano y empieza a dedear a Miros, Miros se deja dedear y así están por unos cinco minutos, besándose y Nico dedeando a Miros, hasta que Nico saca sus dedos de la vagina de Miros, estos salen con semen de el ya que Miros no ha podido limpiarse y recordemos que no trae bragas ya que Nico las rompió.

    Nico se da cuenta de que sus dedos tienen semen y los mete en la boca de Miros, ella saborea los dedos y el semen de Nico muy feliz, terminan y se dan un último beso.

    Nico: me la pase muy bien contigo Miros, espero poder verte de nuevo.

    Miros: claro que si, yo también quiero eso.

    Nico: anota mi número. Nico le dicta su número de teléfono y Miros lo guarda en su celular, después de eso Nico se mete y Miros sale con sus amigas.

    Luisa: parece que no habían terminado jajaja.

    Miros: bueno… ehhh…

    Blanca: Tranquila mujer, con que no te enamores de él no pasa nada.

    Miros: si… claro que si…

    Luisa: ya llegaron por nosotras, vámonos.

    Las tres chicas se suben al auto y se van.

    Miroslava iba muy despreocupada pensando en Nico y en todo lo que pasó, sin pensar en que traía la semilla de el dentro de ella.

    Pasaron los meses y Miroslava se empezó a sentir mal, recordó lo que pasó con Nicolás y se hizo una prueba de embarazo, desgraciadamente para ella esta salió positiva y Miros se quería morir, sus amigas la apoyaron pero cuando se lo contó a su novio este la dejó inmediatamente, su familia al enterarse de que el bebé no era de su ex novio la corrieron de su casa y no le hablaron por unos meses, Miros tuvo que vivir por ese tiempo con Luisa hasta que su familia se arrepintió y le pidió que volviera a casa, la apoyaron y el bebé nació.

    Después de todo esto Miroslava tuvo el valor de decírselo a Nicolás, este al enterarse no supo que hacer y no le respondió, pero después de unos días de pensarlo le contestó y ahora Nicolás apoya económicamente a Miroslava, no están juntos, ya que los dos decidieron que lo mejor era eso porque si la familia de Miroslava se entera de que ella se embarazó de un trabajador de un club nocturno reaccionarían de muy mala manera, pero eso sí, no pierden el tiempo y de vez en cuando se ven para… ya saben que.

    Fin.

  • A mi amigo gay le gusto (parte 1)

    A mi amigo gay le gusto (parte 1)

    Conocí a este chico porque le compré un video juego para la ps4. Él era algo tímido, usaba lentes y su piel era morena, cabello negro y un poco gordito, tenía 20 años. Lo bueno es que fue muy amable y rápidamente hice amistad con él, días después me invito a jugar a su casa y le dije que sí, ya en su casa noté un par de cosas raras, primero como que se me quedaba viendo mucho a los labios y la otra cosa es que como que me decía que yo era muy guapo y que de seguro tenía muchas chicas y yo solo decía que ojalá, porque ya llevaba tiempo soltero.

    La cosa es que platicando me preguntaba cosas, salió el tema de que él era virgen, y que no le gustaba eso, que se deprimía mucho por eso, y yo intentaba consolarlo, le decía qué solo fuera paciente que ya llegaría amiguen con quien fuera feliz y pudiera hacer cositas jaja.

    Y bueno, así pasó un tiempo como dos meses en los que fuimos teniendo una amistad más fuerte y a veces yo iba a su casa y a veces el venía a la mía.

    Un día estábamos acostados en su cama jugando y le dije que me sentía muy cansado y que me iba a quedar dormido, entonces él me dijo que estaba bien y que si no me enojaba si dormía conmigo, le dije que no tenía por qué tener miedo y que no pasaba nada, se recostó sobre mi pecho y lo abracé, entonces me miró a los ojos y me dijo que no me enojara pero que ya no aguantaba más y me tenía que decir que yo le gustaba.

    En el momento no supe que decir, pero ya lo suponía, solamente le dije que yo no era gay y que no me gustaba pero que podíamos seguir siendo amigos, entonces se puso muy triste y quiso levantarse e irse pero lo detuve y lo abracé, le dije que nada cambiaría entre nosotros y que apreciaba mucho su amistad. Él lloró y me dijo que estaba bien, que ya estaba acostumbrado a ser rechazado y que no dejaría de ser mi amigo.

    Me sentí fatal por él, y le dije que durmiera y lo abracé una vez más. Dormimos unos 30 minutos y desperté porque me dijo que ya sabía que no era gay pero que si no me enojaba si hacía algo que le daba mucha curiosidad, yo dudé por unos segundos pero me puse a pensar en que si la chica que me gusta me rechazara me encantaría que me diera permiso para besarla o tocarla como premio de consolación.

    Entonces le dije que sí, que tenía mi permiso para hacer lo que quería, entonces sentí que su mano empezó a recorrer mi estómago en círculos y bajo con dirección a mi entrepierna, sentí que me estaba sobando la verga con la mano encima del pantalón y me excité demasiado, entonces tomé su mano y la metí dentro de mi pantalón por debajo de mi ropa interior, cuando tocó mi verga quiso retirar su mano pero lo detuve, y le dije que no me dejara así, que por favor continuara, entonces rodeó mi verga con su mano y la sujetó firmemente, yo abrí la boca soltando un leve gemido de placer, y él me empezó a besar, yo estaba extasiado porque me besaba con mucha ternura mientras tenía mi verga atrapada con su mano y había empezando a masturbarme, como pude me desabotoné el pantalón y dejé mi pito al descubierto para él, entonces me masturbó más fuerte y rápido y le dije que no tan fuerte por favor, que me estaba lastimando un poco, me pidió perdón y bajó su mirada hacia mi pito, no me pude contener y quise probar si se atrevería a mamármela, entonces empuje su cabeza hacia mi verga y él se resistió un poco pero finalmente cedió.

    Sentí la calidez y humedad del interior de su boca en mi verga y con mi mano establecí el ritmo en el que mi pito debía entrar y salir de su boca, empujándolo y dejando que se retirara un poco para volver a empujarlo al interior de su boca.

    Estaba convirtiendo a mi amigo en toda una putita, y la situación me excitaba mucho, así que quise tomar mi papel de macho y le daba nalgadas mientras le clavaba la verga a tope en la garganta y sentía el reflejo qué le causaba mi verga al topar con su garganta y cada vez que le pasaba presionaba más fuerte su cabeza contra mi pelvis durante unos segundos y le decía que aguantara la verga, el sólo intentaba hacer contacto visual conmigo y asentía sumisamente.

    Así lo tuve hasta que sentí que me venía, así que lo volví a presionar fuerte contra mi pelvis y le eche los mecos en la garganta, le dije que no le iba a sacar la verga hasta que se los pasara, él lo hizo y así lo dejé hasta que mi verga perdió rigidez, se la saque y le pregunté que si le había gustado y él tímidamente me susurró qué sí.

    Próximamente segunda parte.

  • Me llenaron el culo de semen (3)

    Me llenaron el culo de semen (3)

    Mi hermana Tania abrió la puerta y nos encontró en la sala completamente desnudas. Ariadna estaba en cuclillas con la verga del chico adentro del ano, mientras yo le acariciaba la verga con mis dedos de los pies.

    Todas volteamos a ver a mi hermana y ella sólo gritó: “¡Paola!”. Me levanté rápido y le dije: “No es lo que parece”. Y Tania me dijo: “¿No es lo que parece? ¿O sea que ese chico no le está metiendo la verga a tu amiga por el culo y tú no lo estabas masturbando con tus pies?”.

    Mafer se acercó para explicarle todo a mi hermana, y le dijo que todo se trataba de un ritual de purificación. Pero mientras Mafer le explicaba a mi hermana Tania, Ariadna seguía dándose sentones en la verga del chico y gimiendo como puta. Tania estaba escuchando la explicación de Mafer, pero no podía dejar de ver cómo penetraban a mi amiga.

    De pronto el chico dijo que se iba a venir y yo corrí para cambiar de lugar con Ariadna. Ella se levantó, yo tomé su lugar, me senté sobre su verga y dejé que se viniera adentro de mi culo. Mi hermana se quedó sin palabras. Se levantó y se fue.

    Al día siguiente volvieron a mi casa Mafer, su hijo y Ariadna para repetir el ritual. Comenzamos a desnudarnos y antes de comenzar Tania volvió a llegar. Entró a la sala y me dijo: “Hermanita, yo sé que esto es importante para ti. Tal vez no lo entiendo, pero eres mi hermana y quiero ayudarte en este viaje. Sólo dime qué debo hacer y yo lo hago”. Entonces le preguntamos a Mafer qué debíamos hacer.

    Mafer nos explicó que tanto Ariadna como yo y ahora Tania debíamos participar en el mismo acto: “Paola, tú te vas a sentar sobre el pene de mi hijo y vas a dejar que otra vez te lo meta por completo mientras tú subes y bajas. Tú, Tania, vas a utilizar tus pies para acariciar la base de su pene mientras penetra a tu hermana. Y mientras tanto, tú Ariadna vas a dejar que mi hijo te chupe las tetas hasta que te salga leche, como señal de que el universo lo está nutriendo de energía.”

    Todas tomamos nuestro lugar y empezamos. Yo me puse en cuclillas sobre la verga del hijo de Mafer, me abrí las nalgas con las manos y dejé que me la metiera por el ano. Tania mi hermana lo empezó a masturbar con sus dedos de los pies mientras yo me daba de sentones en la verga. Y Ariadna le acercó sus tetas a la cara y el hijo de Mafer se las empezó a chupar. Entonces Mafer le hizo una indicación a mi hermana: “Si mi hijo te avisa que se va a venir, usa tus dedos de los pies para apretarle la verga muy fuerte para bloquear el flujo de semen y no dejar que salga”.

    Y así lo hizo Tania, cada vez que el chico se iba a venir, Tania le agarraba la verga entre sus dedos de los pies y se la apretaba con mucha fuerza para que el semen no saliera. Lo hizo unas 4 o 5 veces. Pero la última vez, se vino con tanta fuerza que los dedos de Tania no pudieron bloquear el flujo de esperma y finalmente me eyaculó adentro del culo.

    Pero en ese momento algo pasó conmigo, y se despertó en mí un deseo insaciable porque me llenaran el culo con más y más leche. Pero no se lo dije a nadie. Esa noche no pude dormir por las ganas tan intensas de que me penetraran el ano y me botaran leche adentro. Así que le llamé a mi mejor amigo y le dije que tenía una emergencia.

    Cuando llegó a mi casa, abrió la puerta y me encontró en el sillón completamente desnuda, en cuatro, abriéndome las nalgas con las manos y con el culo tan dilatado que se me veían hasta las entrañas. Y sólo le dije: “Lléname de tu leche papi. Esta perrita quiere tu verga hasta adentro.” Mi amigo no lo pensó dos veces, y se acercó para metérmela. Me la empezó a meter con mucha fuerza y cuando se iba a venir me la sacó del culo, pero le dije: “¡No, no me la saques! Quiero que acabes adentro.” Le agarré la verga, me la metí de nuevo al culo y dejé que me aventara todos sus mecos adentro.

    Pero algo no estaba bien. Mi deseo por tener leche adentro del culo no paró. Era como si mi culo tuviera una sed insaciable de semen. Entonces no se me ocurrió hacer otra cosa y le dije a mi amigo: “Llama a todos tus amigos, quiero que hoy todos me llenen de su leche”.

    Continuará…

  • Un mal día (2 de 6)

    Un mal día (2 de 6)

    Parte 1: «Un mal día (1 de 6)»

    Parte II

    Media hora más tarde, Dua Lipa comenzó a cantar Don´t start now como todas las mañanas a las 7 en punto. Yo seguía de bruces, desnuda sobre el colchón. Solo abrí un ojo para mirar la ventana. Una intensa cortina de agua corría por el lado exterior del cristal.

    —Mierda… Tengo que salir con tiempo. El tránsito va a estar fatal.

    Cuando silencié el celular vi que tenía un mensaje de audio de Emiliano de hacía 10 minutos:

    —Hola, Vero. Cuando estaba saliendo de casa Alberto me dijo que había tenido que cortar el agua de todos los departamentos “A”, porque la vecina del 7º está con una pérdida. Y parece que es del caño principal que baja del tanque. Yo me bañé temprano y no tuve problemas, pero fíjate…

    —¡Mierda! ¡Justo hoy!

    … Me estoy por meter al quirófano. No voy a estar disponible hasta el mediodía. Suerte con la entrevista. Tenés un inglés que me calienta un montón. Te quiero, nena. ¡Ah! Te dejé la llave del auto en la mesa de la cocina.

    Tiré el celular sobre la cama sin evaluar siquiera en responderle y salté literalmente hacia el baño. No podía perder un solo segundo más. Me metí en la bañera y moví el control del monocomando hacia la izquierda. Inmediatamente comenzó a salir un hilo de agua que fue menguando hasta extinguirse definitivamente. Lo volví todo hacia la derecha, dispuesta a usar solo la fría, pero no hubo ninguna respuesta. Me quedé desnuda, con la boca abierta, mirando la flor de la ducha durante diez segundos con la esperanza de que el agua se apiadara de mí y comenzara a fluir como todas las mañanas, pero no sucedió. La impotencia inicial fue cediendo lugar a la desesperación. Ya fuera de la bañera, me afirmé sobre la bacha para encontrar un punto de apoyo y le hablé a mí propio reflejo.

    —Tenés que pensar en algo, Vero. Tenés que pensar en algo YA…

    La primera opción era vestirme y salir así, pringosa como estaba. No había ninguna posibilidad de no llegar a la entrevista. Me miré al espejo. En la mejilla izquierda, desde el mentón hasta la ceja, tenía una línea transparente que me tensaba la piel como una especie de cola vinílica. Repasando cómo se habían sucedido los hechos de aquella mañana, me toqué la nuca y pude palpar un mechón de pelo completamente tieso. Luego, la base de la espalda y el culo. Allí todavía había restos de semen fresco que al mínimo contacto se me adhirió entre los dedos. También me toqué abajo… Pude ver mi propia mueca de asco a través del espejo: Era un enchastre. Como una desquiciada comencé a frotarme la mano con la toalla, como si eso pudiera reemplazar una buena ducha, pero ni siquiera lograba quitarme el pringue de los dedos. Necesitaba agua. Ahí solté las primeras lágrimas del día. Todas de impotencia por no haber detenido a Emiliano a tiempo; por no tener agua justo aquel día clave de mi vida.

    —¡Basta! —Le dije a mi reflejo —Tenés que pensar, Vero. ¡Pensar!

    Volví al cuarto, tomé el celular y busqué entre los contactos el número de Alberto, el encargado.

    —Hola, ¿Alberto? Soy Verónica del décimo.

    —Sí, señorita Verónica. Buen día. ¿Qué necesita?

    —Agua necesito, Alberto. AGUA.

    —Tuvimos que cortar, señorita, todos los departamentos “A” del edificio están sin agua. La señora Adela del 7º “A” tiene el departamento inundando. Parece que es el caño que baja del tanque. Estamos esperando al plomero y al arquitecto.

    No me interesaba para nada la vieja del séptimo, ni nada de lo que hubiera pasado con el puto caño. Solo necesitaba una solución.

    —Pero, Alberto… Usted entiende que me tengo que bañar; ¡Que tengo una reunión de trabajo en menos de dos horas!

    —Se le dije al Doctor cuando salió esta mañana temprano, señorita. ¿No tiene ningún conocido en el departamento “B”? En su piso está este chico… Ulises, ¿lo conoce?

    —¿El vecino? ¿Él tiene agua?

    —Claro, todos los departamentos “B” tienen agua. Es otro tanque.

    Conocía a mi vecino del “B” solo de cruzarlo en el palier o en el ascensor. Se había mudado al edificio pocos días después que yo. En uno de esos encuentros fortuitos me contó que los padres le habían puesto un departamento en la capital para que estudie y le habían regalado un auto para que se maneje. Vivía solo y no trabajaba. Todo servido en bandeja tenía el nene. En los 10 pisos que nos separaban hasta planta baja me dijo también que estudiaba sistemas. Que no conocía a nadie y solo salía para cursar. Con Emi lo llamábamos “el nerd” del “B”.

    Le agradecí a Alberto y corté la llamada. No había chance de ponerme a recorrer la mitad del edificio con mi aspecto de puta trasnochada, consultando a cada vecino si me podía prestar la ducha. El nerd parecía una opción posible.

    Ya tenía preparado todo el outfit para la entrevista desde hacía dos días. Una pollera tubo negra hasta arriba de las rodillas y una blusa verde oliva abotonada, con un escote sobrio. Era tranqui, pero destacaba bien la cintura y el pecho en sus proporcionadas formas naturales. Algo elegante y sexy, y bien de verano. Puse todo en un bolso, junto a un par de sandalias negras de cuero. Con 1,72 de estatura, no necesitaba la incomodidad de los tacos. Saqué una toalla de adentro del placard y también la metí en el bolso. ¿Qué más? Miré la hora, eran las 7.20 de la mañana.

    —¡Mierda! Se está haciendo tarde…

    ¡El maquillaje! Fui al baño y agarré una bolsa de nylon. Metí el brillo labial y el rímel. También saqué el champú y la crema enjuague de la bañera. Todo fue a parar al bolso. ¡La ropa interior! Elegí del primer cajón un conjunto blanco, no me convenció del todo, así que lo dejé sobre la cama para ver si se me ocurría otra opción. Allí estaba mi celular. Al verlo se me ocurrió que sería mejor mandarle un mensaje al chico para anticiparle la situación. Tomé el teléfono, busqué su número en el grupo de vecinos del edificio y le escribí: “Hola Ulises. Soy Vero, tu vecina del A. ¿Estás en casa? Tengo un problema y necesito pedirte un favor.”

    Volví a tirar el celular sobre la cama y me vestí con el pantalón deportivo que solía usar cuando me quedaba en casa y una remera negra. No hacía falta perder tiempo con la ropa interior. Solo había que actuar, y rápido.

    Volví a chequear el celular pero todavía no había respuesta. De hecho, ni siquiera lo había leído. Eran las 7.25… ¿Y si estaba durmiendo? O peor… ¿Y si ni siquiera estaba en casa?

    La última pregunta me hizo correr un frío helado por la espalda.

    —Tranquila, Vero. —Respiré profundo una, dos, tres veces… y volví a mirar el celular: Ulises no estaba en línea—. No hay tiempo. Hay que actuar —Agarré el bolso, las llaves de casa y salí del departamento.

    Toqué el timbre y esperé. Debajo de la letra “B”, sobre la puerta, estaba la mirilla. La observaba con atención esperando ver algún reflejo que indicara movimientos del otro lado; nada. La impaciencia me estaba abordando. Suspiré y me volví a tocar los restos de semen seco de la mejilla como para confirmar que seguían allí y que el baño no era una opción negociable. Volví a presionar el pulsador del timbre. Esta vez lo sostuve con más insistencia. Desde el palier se podía escuchar el sonido agudo de la chicharra. ¿Si estaba durmiendo? ¿Lo escucharía desde su cuarto? ¿Sería suficiente como para despertarlo? Evité pensar en la siguiente pregunta.

    Me colgué el bolso sobre el hombro y volví a presionar el pulsador con las dos manos, como si la mayor presión se transformara mágicamente en más decibeles. Todavía mantenía las dos manos sobre el timbre cuando mi visión se nubló. Los ojos se me llenaron de lágrimas. ¿Cuánto más tiempo iba a insistir? Liberé finalmente el pulsador y el silencio invadió el palier. ¿Y si Ulises no había pasado la noche allí? ¿Esa era mi última carta? ¿El sacrificio de estos últimos seis años dependía íntegramente de un vecino desconocido? ¿Tan frágil era todo al final? Las lágrimas se deslizaban por mis mejillas por segunda vez en la mañana… y todavía no eran las 8am.

    —No me puede estar pasando esto… No voy a llegar.

    Entonces se me ocurrió que quizás podría llamar al Sr. Iriarte para poner alguna excusa y posponer la entrevista. Eso implicaba dilapidar una imagen construida durante semanas basada en la responsabilidad, pero no había otra posibilidad. Le diría algo sobre la lluvia… Sin pensar más tanteé en los bolsillos del jogging para buscar el celular. No estaba allí. Lo había dejado olvidado sobre la cama.

    —¡MIERDAAA!

    Giré 180 grados sobre mis pies mientras orientaba la llave hacia la cerradura de casa cuando escuché el picaporte de mi vecino y el sonido de la puerta del departamento “B” abriéndose.

    —¿Pasó algo?— Articuló mi vecino con el esfuerzo propio de alguien que lleva mucho tiempo sin usar la voz.

    Cuando volví nuevamente sobre mis pies, un chico de 19 años, que parecía de 15, me observaba incrédulo desde el umbral de su departamento. Tenía los pelos rubios largos todos revueltos y vestía unos boxers negros elastizados como única prenda. El torso descubierto era blanco, flaco y desgarbado. Igual que sus piernas.

    Me abalancé sobre Ulises y lo abracé como si se tratara de un amigo al que no veía desde hacía tiempo. En apenas un segundo, al sentir la tibieza de su cuerpo desnudo contra el mío, recapacité sobre lo desmedido de mi reacción.

    —Perdón… Perdón por reaccionar así. Perdón por despertarte tan temprano. Soy Verónica, tu vecina.

    —Sí, Verónica, te conozco…

    —Claro… Somos vecinos, jaja…

    —¿Estás bien?

    Entonces noté que el chico me observaba detenidamente el lado izquierdo de la cara. El lado manchado… ¡Dios… Qué vergüenza! Muy en el fondo de mi mente sentí un odio irracional hacia mi novio. Pero no había tiempo para eso.

    —Tengo un problema y necesito pedirte ayuda.

    —¿Ajá…? —Ulises se rascó la cabeza en un gesto de intentar prestar atención.

    —Tengo que estar en Retiro a las 9 para una entrevista de trabajo muy importante, ¡La más importante de mi vida! Y me levanté con el pie izquierdo —Obviamente, me salteé la conducta abusiva de Emiliano y el orgasmo frustrado de la primera mañana, y fui directo al grano—: Me cortaron el agua y necesito bañarme para ir presentable a la entrevista.

    Su mirada volvió sobre mi rostro pero además giró levemente hacia mi cabello, como si hubiese detectado algo extraño. De ningún modo iba a darle explicaciones o excusas sobre aquello.

    —¿Querés usar mi baño? —preguntó, intentando ir al grano.

    —Exacto. NECESITO bañarme. Acá tengo la ropa, la tolla, todo… hasta el champú — Y le mostré el bolso— Solo necesito una ducha con agua. ¿Podrá ser?

    Me miró de arriba a abajo con una parsimonia irritante dado mi estado de ansiedad.

    —Claro. Pasá. —dijo finalmente él semidormido y sin pantalones. Y me abrió paso a su departamento.

    —Acá está el baño. Deme un minuto que me lavo los dientes y te dejo.

    —Claro, Gracias.

    Ulises entró a su cuarto sacó unas cosas de allí y luego se encerró en el baño. Cada segundo que pasaba era una eternidad. Necesitaba saber la hora pero no tenía reloj y me había dejado el celu olvidado en casa.

    —¡Disculpame! —Le grité desde el otro lado de la puerta— ¿Me podrás decir la hora?

    —No tengo acá. Fijate en la compu, en mi cuarto.

    Nunca había entrado a un departamento “B” pero sabía que eran más chicos que los “A”. Ahora lo comprobaba. Solo tenía un cuarto en lugar de los dos del ala “A”. De todos modos se me antojó demasiado para un adolescente solo. De hecho, comparado con mi vieja residencia estudiantil, era un lujo.

    Entré al cuarto. Ulises tenía armado allí su bunker con una cama pequeña debajo de la ventana; frente a la puerta, ocupando la centralidad del cuarto, estaba la computadora con dos monitores de gran tamaño y una butaca estilo gamer. El escritorio donde estaban los monitores estaba atiborrado de cosas en un desorden total. A simple vista se veía un teclado iluminado con luces de colores, un mouse, comics, un desodorante en aerosol, auriculares gigantes, una caja de pizza abierta con dos porciones resecas, un cuaderno de espirales, un cepillo de pelo lleno de cabellos rubios, una caja abierta de pañuelos de papel, un casco se Darth Vader en miniatura que parecía ser una lámpara led, un lapicero lleno de biromes y marcadores, una botella gigante de coca cola destapada y a medio consumir, y miles de cosas más de menor tamaño.

    Los monitores estaban oscuros pero solo bastó mover levente el mouse para que resplandecieran dos imágenes de comic estilo japonés. El reloj de la barra de tareas marcaba las 7:56. En un día normal nunca habría demorado menos de media hora desde casa hasta el estacionamiento de la Compañía. No podía tardarme más de 15 minutos en subirme al auto para estar tranquila. ¡Necesitaba meterme en esa maldita ducha de una buena vez! Volví en dirección al baño. La puerta seguía cerrada y no se escuchaba ruido de agua corriendo. Le di dos pequeños golpes con el nudillo tratando de disimular mi creciente ansiedad.

    —Ulises, estoy realmente muy apurada, ¿podrías… —Pero la puerta se abrió y el crio me abrió paso.

    —Listo. Ya podés pasar.

    —¡Gracias! Te prometo que termino en seguida. Estoy super apurada.

    Cerré la puerta sin darle tiempo a responder. Del otro lado escuché que decía algo así como que si necesitaba algo, él iba a estar en el cuarto.

    —¡Gracias! —grité, mientras rebuscaba en el bolso los potes de champú y enjuague, y la toalla.

    En menos de diez segundos me había quitado las únicas dos prendas que traía. Solo hice una pausa para hacer el primer pis de la mañana que, con todo el apurón, lo venía postergando demasiado. El chorro me pareció interminable, pero liberar la vejiga me regaló unos hermosos segundos de alivio. Dejé caer las últimas gotas y salté del inodoro para entrar directo al box de ducha. El agua salía tibia, abundante y con mucha potencia. Tomé el jabón que había en la jabonera y comencé a frotarlo con fuerza entre mis nalgas. Con el culo lleno de espuma pensé en lo mucho que debía agradecerle a Ulises el tremendo favor que me estaba haciendo. Quizá le compraría algún regalo de agradecimiento cuando tuviera tiempo de pensar en ello. Fregué mi sexo con la mano enjabonada para quitar la amalgama de semen, flujo y orina mientras el agua caliente impactaba directo sobre mi cabeza y mi espalda buscando quitar los restos de esperma reseco.

    No tenía forma de calcularlo con certeza pero creo que tres minutos después ya estaba cerrando el grifo. Me sequé el cuerpo en velocidad récord dentro del box y envolví mi cabello con el toallón, estilo turbante. Todo estaba saliendo según lo planeado.

    Salí de la ducha y volví inmediatamente sobre el bolso que había arrojado sobre el lavabo. Metí las dos manos y revolví una vez… dos veces… tres… Nada. No estaba la ropa interior.

    —¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! —Repetí entre dientes mientras una imagen del conjunto blanco sobre la cama me invadía la mente—. Me olvidé de meterla en el bolso.

    Empecé a hiperventilar. ¿Cuáles eran mis opciones? ¿Vestirme sin ropa interior y volver a casa para volver a desvestirme, ponerme la bombacha y el corpiño, y volver a vestirme? ¿Cuánto me llevaría todo eso? Además tenía que cepillarme y maquillarme… No era opción. ¿Ir a la entrevista sin ropa interior? Incómodo… Además, la blusa verde de gaza me iba a delatar… Y no quería quedar como una puta con mi futuro jefe. Otra vez sin opciones…

    Excepto que…

    —¡Uliseees! —llamé en un tono casi imperativo. Aguardé unos pocos segundos mientras miraba mi turbante improvisado a través del espejo del botiquín. Me imaginé a mi vecino enajenado en algún jueguito con sus auriculares puestos y volví a llamar aún más fuerte—: ¡ULISEEES!

    —Si… ¿Pasó algo? —preguntó preocupado mientras abría completamente la puerta del baño.

    Giré sobresaltada sobre mí misma intentando cubrir mi cuerpo desnudo con mis propias manos. No podía creer lo ridícula y vergonzosa que resultaba toda aquella situación. Quedé de espaldas a la puerta y a mi vecino, con una mano abierta intentando taparme el culo y con el otro brazo cruzado sobre las tetas.

    —Lo siento. —dijo. Pero no se movió de allí ni un milímetro ni cerró la puerta. Solo desvió su mirada de mi cuerpo hacia la pared. Por un segundo pensé que el adolescente se había sentido intimidado por lo incómoda de la situación, Pero un segundo más tarde me di cuenta que tenía su vista clavada en mi sexo que se reflejaba brillante, depilado y completamente descubierto a través del espejo. Inmediatamente giré sobre mis pies y me abalancé sobre la puerta para cerrarla. A Ulises no le quedó más opción que dar un paso atrás para que no le rompiera la nariz de un portazo. Después de tres segundos de silencio en el que solo pensé en no desviarme de mi objetivo, volví a abrir la puerta apenas unos centímetros para continuar con el plan. Allí estaba el adolescente entre inseguro y excitado. Todavía seguía en calzones. No quise detener mi atención en la evidente erección que llevaba debajo.

    —Perdón, pero… Escuché gritos y pensé que te había pasado algo. —se justificó, mientras llevaba sus dos manos a la entrepierna y desviaba su mirada de la mía.

    —Si hay una mujer en el baño, no viene mal llamar primero, ¿no? —dije en tono de reprimenda indulgente.

    —Sí. Lo siento, yo…

    —Ya está. Es tu casa; es tu baño; y me estás haciendo un gran favor. Te lo agradezco. Pero necesito que hagas algo más por mí. —Entonces le tendí las llaves de mi departamento por la puerta entreabierta. Él las tomó y me miró desconcertado. —Me olvidé algo en casa… Mi ropa interior. Está sobre la cama. Entrás al departamento; pasando el comedor está el pasillo. Al fondo a la derecha, está mi cuarto. ¿Podrás hacerlo lo más rápido posible?

    —Claro, Verónica. Ya mismo.

    Y desapareció de mi vista con un movimiento torpe. Un momento después escuché la puerta del departamento cerrarse. Respiré hondo y me maldije por lo raro e incómodo que se estaba tornando todo aquello. Pero no había tiempo para eso. Tenía que ocuparme de mi cabello. Esta vez no hizo falta revisar el bolso. Estaba segura que no había agarrado el cepillo.

    —¡No podés ser tan boluda, Verónica! —Me grité a mí misma. Pero a mi memoria volvió el escritorio desordenado de mi anfitrión. Allí había uno, junto al casco del puto Darth Vader.

    Salí del baño a toda máquina, así en pelotas como estaba, sabiendo que tenía unos segundos de soledad. Allí estaba el cepillo. Lo arrebaté con torpeza para volver al espejo del baño cuando por accidente empujé la butaca, esta giró sobre su eje e impactó sobre el borde del escritorio. Los monitores se encendieron de golpe y por un momento el mundo se detuvo a mi alrededor. El cepillo simplemente se desplomó de mi mano porque mis dedos ya no ofrecían resistencia. No podía ser cierto lo que estaba viendo. La pantalla de la derecha mostraba una imagen perfecta, en alta definición y en tiempo real del box en el que me había duchado hacía algunos minutos. La de la izquierda también mostraba una imagen del mismo baño, pero desde un ángulo extraño, como si estuviesen filmando desde el suelo. Se veía gran parte del techo y de la pared.

    Había una parte del mi cerebro que solo quería seguir adelante. Quería recuperar el cepillo del suelo y volver al baño para llegar a la maldita entrevista. Pero la otra parte de mi cerebro se apoderó de mí. Me abalancé sobre el escritorio y puse mi mano sobre el mouse. El cursor estaba sobre el monitor de la derecha. Fui hasta el borde inferior. A la izquierda había un punto rojo junto a la palabra “Live”. Pegado, un timer que marcaba 5 minutos, 32 segundos, 33, 34, 35…

    Deslicé el cursor hacia la barra de reproducción y di click en el inicio. El reloj se volvió a cero pero nada nuevo apareció en la imagen. Adelanté 30 segundos y nada, pero cuando estaba a punto de volver a deslizar la barra, me veo a mí misma entrando al box de ducha.

    —No puede ser… ¡Este pervertido hijo de puta me estuvo espiando todo el tiempo!

    Era obvio desde el comienzo, pero hasta que no vi mi propia imagen completamente desnuda en la pantalla no quise creerlo. No podía creerlo. Me llevé las manos a la boca. No podía dejar de mirarme a través del monitor fregándome el culo y la vulva frenéticamente, mientras mis pechos subían y bajaban acompasados. Luego giré y la cámara me captó desde atrás mientras me lavaba la cabeza. Veía como la espuma caía por mi espada, mi cola y mis piernas y… y no lo podía creer. No daba crédito a semejante nivel de exposición… de violación a mi intimidad. Pero lo peor siempre se hacía esperar. ¿Era posible que siempre hubiera algo peor esperando aquella mañana?

    Repetí la operación con el monitor de la izquierda, el que enfocaba el baño desde abajo, como si la cámara se hubiese tumbado. Llevé el contador a cero y la luz roja de “live” se apagó. Esta vez no hubo que esperar nada. A los 5 segundos entré en cuadro. Todavía llevada puesto el jogging y la remera negra. La cámara me tomaba en un ángulo inclinado desde abajo. Yo estaba de espadas removiendo el interior del bolso. Cuando encontré lo que necesitaba me quité la ropa a velocidad récord. Si el plano de mi cuerpo desnudo, enfocado desde aquel ángulo bajo, me resultaba realmente obsceno, no pude evitar sentir asco con lo que vino después. Mi culo se acercó a la cámara hasta completar todo el cuadro. El perverso hijo de puta de mi vecino había puesto una cámara escondida dentro del inodoro. No quise ver, pero no pude evitarlo. Todo mi sexo estaba expuesto. Mis labios mayores, abiertos, chorreaban un líquido blanquecino y viscoso. Mis labios menores temblaban levemente durante la salida violenta de la orina. Mientras descargaba mi vejiga, el propio reflejo muscular del suelo pélvico provocaba que mi ano se dilatara y contrajera en pulsos irregulares. Y todo eso podía apreciarse en detalle a través de la imagen en alta definición. Fue entonces que tuve que contener una arcada.

    En ese momento escuché la puerta del departamento. Ulises estaba de vuelta y yo completamente desnuda en su cuarto. No sabía qué hacer. Ya no tenía tiempo de volver al baño, pero además volver al baño no era opción. De ningún modo iba a volver para continuar con el espectáculo. Entonces cerré la puerta, le eché llave y me dejé caer de espaldas sobre ella. ¿Qué debía hacer?

    Del otro lado, podía sentir sus pasos acercarse en silencio.

    Mi mente estaba perdida y mis ojos no se podían apartar del monitor de la izquierda donde mis labios menores en primer plano aun goteaban orina y semen.

    —¿Verónica? ¡Acá tengo tus cosas! —anunció desde el otro lado de la puerta, con tono de querer ser el empleado del mes. Pero no recibió respuesta.

    Tocó la puerta del cuarto.

    —¿Estás acá? —Era una pregunta obvia. ¿Dónde más iba a estar?

    Cuando me levanté del inodoro y toda mi intimidad salió de escena, una voz habló en mi cabeza. Era mi propia voz:

    —No te olvides del objetivo. Estás acá por un objetivo. No la cagues ahora, por favor, todavía hay tiempo.

    El reloj del monitor marcaba las 8:05. ¡Había perdido unos minutos preciosos! Pero todavía no era irreversible. El plan llegó a mi cabeza en un segundo y sin perder más tiempo se lo hice saber a los gritos.

    —¡Quiero que metas toda mi ropa en el bolso, incluido lo que fuiste a buscar. Lo dejes al lado de esta puerta y te encierres en el baño! ¡NO TE QUIERO VER CUANDO SALGA, PAJERO, HIJO DE PUTA!

    Primero hubo silencio. Después…

    —Verónica, yo… —Le temblaba la voz—. No tenías que ver lo de…

    —¡Pero lo vi, pervertido de mierda! ¡Te voy a denunciar a la policía por acoso! ¡Por violación a la intimidad! ¡Vas a ir preso!

    —No… no tenías que entrar a mi cuarto… yo… —Estoy segura que pude escuchar su congoja, como si estuviera conteniendo el llanto. —No quise ofenderte, de verdad…

    —¡No tengo tiempo para tus mariconadas de pendejo pajero! ¡Dajame el bolso del otro lado de la puerta con la ropa y la llave de mi casa y encerrate en el baño a hacerte la paja!

    —¿La… la llave? No la traje.

    —¡¿Cómo que no la trajiste?! ¡No te hagas el boludo que me tengo que ir ya mismo!

    —No la tengo. La dejé en tu casa… En la mesa.

    —¡¿CÓMO QUE LA DEJASTE EN MI CASA?!! ¡¿Y TE FUISTE Y CERRASTE LA PUERTA!?

    La respuesta monosílaba fue un susurro pero llegó clara a mis oídos como una trompada de knock out:

    —Sí…

    Dejé deslizar mi espalda desnuda sobre la puerta hasta que el culo me detuvo contra el frío del porcelanato. Me agarré la cabeza, me arranqué la toalla que tenía enrollada y la tiré con violencia contra los monitores:

    —¡AAAAH…!— Grité con impotencia.

    No podía entrar a casa. No podía recuperar mi teléfono, ni mi billetera con los documentos, las tarjetas y el efectivo. ¡No podía usar el auto porque las llaves estaban en casa! ¿Podía tomar un taxi? ¿Iba a conseguir un auto en pleno diluvio universal? Y si lo conseguía, a pesar de la suerte que se había empeñado en acompañarme desde temprano, ¿cómo iba a pagarlo? Avisarle a Iriarte que no iba a llegar en horario a la entrevista era una mala estrategia. No poder llamarlo en absoluto, era mucho peor.

    —Ahora sí que la cagaste, pendejo. La cagaste definitivamente.

    Podría haber hecho cualquier cosa: llorar; salir y golpear al pelotudo de mi vecino hasta matarlo; romperle la computadora y todo lo que tenía en esa habitación asquerosa. Pero vi el cepillo tirado en el piso, lo tenía muy cerca de la mano. Entonces lo levanté y empecé a cepillar mi brillante, larga y lacia cabellera negra.

    Habrían pasado dos minutos cuando Ulises preguntó:

    —¿Estás… bien?

    No esperaba que abriera la puerta, pero lo hice. Mucho menos esperaba verme allí parada, completamente desnuda, pero allí estaba. Lo miré a los ojos. Bajó la vista pero no pudo ir mucho más allá de mis pechos. Allí la detuvo.

    —Pedime un Uber. ¡Ya!

    —Ok

    Yo recuperé mi bolso y volví a cerrar la puerta en su cara. La puerta de su propio cuarto.

    Estuve peinada y vestida en tiempo récord. El maquillaje quedaría para otro momento. Salí del cuarto. Ulises seguía frente a la puerta, en calzones y parado en el mismo lugar.

    —Puedo explicarte lo del baño… Yo…

    —Ni se te ocurra decir una palabra sobre eso. Ya vas a tener tiempo de hablar con mi abogado. ¿Pediste el auto?

    —Sí. Dice que llega en 50 minutos.

    Imposible. Iba a tener que buscar un taxi en la calle, en pleno diluvio. En un barrio residencial en el que, de por sí, no solían pasar muchos taxis. No me importaba nada. Había llegado hasta allí a pesar de todo. No me iba a detener ahora.

    Encaré hacia la salida del departamento de mi vecino sin despedirme ni darle las gracias por los servicios prestados. Tomé el picaporte para salir al palier y en ese momento vi algo que se me reveló como la luz al final del túnel. Sin pensarlo dos veces, tomé el llavero que colgaba junto a la puerta que decía “Toyota” y salí del departamento.

    Entré al ascensor y presioné el botón para ir directo al estacionamiento. Actuaba por instinto. Sí, estaba dispuesta a robarme un auto porque el objetivo más importante de mi vida estaba a punto de desmoronarse. Durante el descenso terminé de arreglar mi cabello frente al espejo del ascensor. Luego me miré a mí misma y me gusté. Me gustaba esa mujer decidida. Dispuesta a todo para cumplir sus sueño. Esa mujer que siempre fui.

    —Voy a torcer mi suerte. —me dije, muy segura de mí.

    Cuando el ascensor se detuvo seguía sonriendo.

    ¿Qué más podría salir mal?

  • Cumplí mi fantasía sexual, follar con mi joven vecino

    Cumplí mi fantasía sexual, follar con mi joven vecino

    Hola chicos, mi nombre es Candela, soy una mujer de 42 años, quiero contarles que logré follar con mi joven vecino. En la fecha que me decidí a escribir este relato erótico, estaba pasando por un proceso de separación, mi marido y yo teníamos muchos problemas de pareja. Les pido que no me juzguen por mi accionar, para empezar, debo de reconocer que soy muy coqueta a la hora de vestir, me agrada mucho llamar la atención en los sitios a donde voy, visto con vaqueros apretados, faldas cortas y zapatos de tacones, blusas con escote que siempre dejan ver mis medianos pechos, pantalones cortos en verano y ropa muy pegada a mi cuerpo. Debo de confesar que es uno de mis pasatiempos favoritos, me gusta ser el centro de atención, aunque sea, en la cafetería de la esquina de mi piso.

    Hasta este momento no le había sido infiel a mi marido, siempre había mantenido una conducta intachable sobre mi persona, sé que muchas de mis amigas me mantenían a raya de sus maridos, pero la verdad es que ninguno de ellos me excitaba como para una aventura sexual. La mayoría de ellos, gorditos, calvos o fumando todo el tiempo. Sé también que mi elegancia a la hora de vestir, me volvía algo desafiante para muchos caballeros, alguien que tratase de acercarse por motivos de querer ligar conmigo, lo llevaba claro, le mostraba el anillo sagrado y daban media vuelta. Pero yo disfrutaba de estos intentos, me levantaban los ánimos, estos intentos hacían crecer mi ego y me alentaban a seguir desarrollando nuevas maneras de vestir. Era lo único que me hacía disfrutar en este sentido.

    En mis mejores épocas, yo me corría a mares, me venía hasta tres veces, disfrutaba mucho del sexo, me encantaba cuando mi marido me llenaba el coño con su polla gorda y erecta. Probamos el sexo anal y fue una de las cosas que más disfrutamos, vivimos una fase diferente, leímos mucho sobre este tema, vimos muchos videos, buscamos en internet, hablamos sobre si hacerlo o no. Me preparaba incluso para que mi marido me follase por detrás, me compré una maquinilla de esas para limpiar mi zona anal. Cuando mi marido me follaba el culo, era otra sensación, no he de negar que al principio, costo un poco que su dura verga entrase por esta parte de mi cuerpo, pero las caricias, las cremas y dilatando mejor mi esfínter, ayudaron mucho a que disfrutásemos mejor de esta práctica sexual. Siempre que me follaba el culo, me excitaba mucho, creo que el solo saber que me penetraría por el ano, ya me ponía súper cachonda. Tenía más ganas de que me cogiera, el hacia todo lo posible para seguirme el ritmo, pero me complacía, me encantaba comerle la polla antes de que se corra, me tragaba toda su leche, eso lo disfrutábamos mucho.

    Mi vida sexual, paso a un sitio alejado de la realidad a la que estaba acostumbrada. Las relaciones sexuales con mi marido, eran cada vez más alejadas, los orgasmos ya no los disfrutaba como antes, el tiempo amigos pasa y, va calmando las cosas. Esta espiral de locas emociones, salvajes y llenas de mucha actividad sexual, duraron casi 1 año. Las noches de sexo eran cada vez menos, mis orgasmos ya no los disfrutaba como antes, sus repentinas eyaculaciones me dejaban casi siempre insatisfecha, sus eyaculaciones ya no tenían esa abundancia, a la que estaba acostumbrada a recibir en mi boca. Ya no quería follarme el culo como lo hacía antes, llegaba muy cansado a casa y casi siempre sin apetito sexual, y raro. Las cosas habían cambiado, estaba claro, pero siempre debe haber un cambio a mejor, bueno en su caso sí que lo fue, una chica de 25 años. Ese fue el cambio para el cabron de mi marido.

    Esta situación me dejó muy mal parada, ya que asumí que tanta lealtad y comprensión no me había beneficiado en mucho, bueno es cierto que mantener una conciencia tranquila por las noches es maravilloso. Eso es algo que agradezco día a día, pero dejando de lado todo lo demás ¿Que pasará conmigo a partir de ahora? ¿Encontraré otro hombre igual? ¿Volveré a sentirme deseada por algún hombre? Mi depresión fue tal, que ya no quise volver a vestirme de forma espectacular, los reproches a mí misma, la pena, la decepción, la tristeza y todas estas tonterías se arremolinaban en mi cabeza, pensé en pedir explicaciones, pero mi orgullo me lo impedía. Asumiría este fracaso y saldría adelante ¿Pero cómo? Cual sería mi primer paso para salir de este enorme agujero, en el que me había sumergido su traición.

    No voy a negarlo, busqué ayuda psicológica para salir de esta situación. La encontré y me ayudó muchísimo, dejé atrás este episodio y salí de la miseria en la que me estaba hundiendo. Recobré la cordura y mis ganas por remontar, me propuse muchas metas, que aunque no era un año nuevo, porque estábamos a mitad de año, pero borré todo lo malo que había pasado y empecé de cero. Recobré mis antiguas costumbres, no hay nada que reconforte más, que ir de compras y probártelo todo. Aunque ahora con unos kilos de más, pero nada que no podamos corregir, dejar las harinas y la comida chatarra bastarían para terminar con estos michelines. Estaba decidida a resurgir, a mejorar, a salir adelante por mí misma.

    Mi primera misión en lo sexual, era volver a follar, pero follar como aquellos tiempos, volver a correrme de la manera que lo hacía antes, correrme a mares. Ahora que sabía que ya no habría marcha atrás, me apetecía mucho dejar que los hombres, me demuestren sus más atrevidas intenciones. Un mes y nada, algo no funcionaba, que mal la pasé, nada interesante, ninguno me llenaba de expectativas, todos buscaban una sola cosa, acostarse conmigo, pero sin hacer mayor esfuerzo. Se pensaban que con una copa, ya me tendrían de rodillas, haciéndoles una mamada. No, las cosas no funcionan así, será acaso que estaba tan cerrada en la fidelidad, en una relación sana, que acaso me costaba abrirme un poco a la aventura y dejarme llevar por los acontecimientos. Pero es que tampoco quería convertirme en un depósito, donde descarguen sus ganas y sentirme usada. Quería experiencias nuevas, sí, pero que costo debía de pagar por eso.

    Dejé que mis ansias se calmasen un poco, averigüe mucho en internet, me inscribí a páginas para buscar parejas, quede en varias ocasiones para tener citas a ciegas, pero no había morbo, yo buscaba algo diferente, mis expectativas estaban por encima de una charla agradable, o una copa de vino rosado. Mi cuerpo pedía libertad para hacer cosas diferentes, probarme a mí misma que podría enloquecer a quien yo quisiera, creo que los tiros van por ahí. Esta loca búsqueda por algo diferente, hizo que me interesase en un chaval de mi bloque. 1.75 metros de altura, deportista, súper amable, simpático, pero lo más importante, 22 años de edad. Era perfecto para mí, para mis ganas, para complacer mis deseos sexuales, quería follar con mi joven vecino. Estaba claro que yo le gustaba, siempre me acompañaba a subir las bolsas de la compra, siempre atento, casi siempre esperando que yo saliese de mi piso, para acompañarme por cualquier excusa hasta la estación de metro.

    Ya que lo tenía a mano, más aun saber que a mí, me ponía algo cachondilla cuando lo veía en pantalones de hacer deporte, sobre todo si le quedaban apretados. Esto provocaba que yo misma me mordiese los labios, que bien se veía en estos pantalones. Me gustaba ver ese paquete que se marcaba en su entrepierna, me ponía cachonda, se me hacía agua la boca. Empezamos a frecuentarnos más seguido en la calle, en los rellanos del edificio, en la pastelería, será por algún motivo que nuestra amistad tomó un rumbo diferente, nuestras miradas jugaban, nuestros cuerpos se rozaban con mucha confianza. Me gustaba tontear con este chico, mi espíritu sexual tomaba fuerzas. Fantaseaba con desnudarlo, llevarlo a mi cama, mis ganas por follar a mi joven vecino, crecían a diario. Siempre le dejaba una invitación para que subiese a mi piso, pero su timidez le frenaba. Tampoco quería forzarlo a nada que no quisiese, pero para eso estaba yo, creo que tomaré la iniciativa, ¡que morbo!

    Una noche de fin de semana, sobre las 10pm ocurrió aquella visita, llegó por invitación mía. El, quería saber algo de inglés, le comenté que yo sabía inglés a nivel profesional, me contó que estaba algo atascado en este curso, y que si podría ayudarle un poco. Mis intenciones estaban claras con este chico, solo esperar que el las entendiese y que se animara a seguirme el rollo. Para esta ocasión me había vestido un poco sexy la verdad, no era la típica vecina, o la profesora de gafitas, bueno ya saben mi manera de vestir. Llevaba una bata de seda con estampados de flores rojas y negras, esta batilla la estaba estrenando, ya que siempre había usado colores enteros. Dentro de ella, mi cuerpo llevaba unas medias con liguero de color negro, una braguita muy pequeñita de color negra y un sujetador a juego. La bata me quedaba muy justa, lo suficiente como para que cada vez que me agachase, se vieran los elásticos de fino encaje de las medias y parte de las ligas que subían hasta mi liguero.

    Aquella tarde antes de que llegara este chaval, no sé por qué, pero me había masturbado en mi habitación. Imaginé como podría follar a mi joven vecino y en esa loca obsesión por como haría las cosas, intenté bajar un poco la ansiedad que sentía por él. Estando en mi cama, me froté suavemente el coño por encima de mis bragas, unas caricias suaves. Pero todo mi cuerpo se excitó cuando uno de mis dedos, intencionalmente entro en mi vagina. La humedad que tenía por dentro, el fuerte olor que desprendía mi vagina, las convulsiones que me causaron aquel inocente dedo, llevaron a más cosas. Me acaricié el coño un buen rato, me quité las bragas completamente húmedas, mi excitación hizo que las oliese, que saboree mis propios fluidos vaginales, el olor era tan fuerte y penetrante que me parecía irreconocible. Este agradable olor salía de dentro de mí, eran mis aromas, lo disfruté, creo que me corrí dos veces.

    Mi cuerpo jadeante por el placer que me había dado, mis sábanas algo húmedas por los líquidos que salían de mi coño. Estas sensaciones las tenía olvidadas, pero ya me sentía satisfecha, me sentía relajada, este pequeño frotamiento en mi coño, me dio la seguridad para salir en busca de más cosas. La verdad es que hasta ahora no me había tocado de esta manera, no se me había ocurrido intentar esta manera tan tranquila de quitarme las ganas por follar. Sé que tampoco es la mejor manera de satisfacción, porque son cosas diferentes, sensaciones diferentes, pero para salir del paso y más aun no tener reproches por hacer algo que no esté bien, ayudaba en algo. Me sentía mejor, estaba relajada, tenía lucidez para pensar mejor las cosas y sentirme más segura, bueno eso pensé yo.

    Como decía líneas arriba, mi joven vecino había llegado, en cierta forma me sentía aliviada sexualmente, ahora tenía la duda de cómo convencerlo de mis intenciones. Creo que me había descrito anteriormente con la ropa que llevaba puesta. Me sentía muy puta aquella noche, pero también con ganas de no sentirme rechazada por este joven. La noche empezó con un cuaderno de inglés, intentando entender el verbo to be, creo yo lo más básico. Había detalles a los que no había prestado atención, por estar inmerso en otras cosas, pero nada más. Ahora mi atención estaba en este joven, ya que estábamos en la sala, sentados en el mismo sofá, mirando hacia la ventana que da a la calle. Realicé un cruce de piernas algo inesperado, yo quería que toda su atención estuviera en mí, se empalme viéndome en estas medias sexys, que la verdad, me quedaban de maravilla.

    Sus preguntas sobre el tema empezaron, yo cada vez entendía menos de lo que me decía, solo me fijaba en aquel paquete que se le marcaba entre las piernas. Ese enorme bulto que se apreciaba, más aun si yo me pegaba a su cuerpo, puedo asegurar que estaba excitado y la estrechez del pantalón deportivo le incomodaba mucho. Por mi parte me paraba a cada momento, para que él pudiese acomodarse el paquete. Pero siempre, mi atenta mirada en lo que hacía, en cómo se acomodaba aquel bulto, como lograba mantener su miembro en esos pantaloncillos tan apretados. Mis idas y vueltas a la cocina, por una y otra cosa estaban haciendo su trabajo, ya que en cada parada, me acomodaba el vestido de seda, y es que por la manera de sentarme, se me subía siempre. Me pidió permiso para ir al baño, sabía que lo tenía pillado por mí, yo sabía que los pequeños actos de excitación, estaban surgiendo efecto.

    En el baño, había algo mío, la braguita que me había quitado momentos antes, yo la había dejado a propósito sobre la tapa del wáter. Sería imposible que no la viese, pero más aún, que no se atreviera a hurgar en ella. Estaba claro, que yo sabía la forma en que la había dejado, la doblé en tres partes, quería saber, si había picado en la trampa. Minutos después, de salir del baño, entré yo, ahora sabía que la había visto. Parecerá raro, pero me excitó imaginar que la había olido, que a lo mejor, había saboreado mis fluidos. Me turbó la mente, saber que podría habérsela metido entre sus pantalones y habérsela frotado en su verga erecta. Me encendió mucho esta loca idea, que me froté un poco más el coño, con esta braga sucia, imaginando que su pene, había pasado por esta prenda.

    La noche estaba avanzando, y las ganas por sentirlo dentro de mí, aumentaban. Al volver al salón, lo vi tapándose con un cojín, el libro encima y él, algo acalorado. Me sorprendí mucho, pero seguro que sería una reacción, a la excitación que ya tenía en su cuerpo. Le pregunté si deseaba beber algo, me respondió tímidamente con un sí. ¡Pues venga!, vamos a la cocina, que no quiero ensuciar el salón, esto fue algo cruel de mi parte, lo sé, pero necesitaba ver ese paquete en movimiento. Yo salí por delante de él, eso sí, mis caderas las moví de manera sensual, incluso me agaché, para recoger pelusas del suelo, que más daban esas cosas. Quería verlo empalmado al llegar a la cocina, mirarlo y disfrutar de este momento.

    Sus pasos no demoraron y me siguió, ya en la cocina, todo fue más sencillo. Estábamos los dos, frente a frente, yo pegada a la cocina y él recostado en la nevera, intentando ocultar su erección. Ya no habrían más tonteos, creo que iríamos a por todas. El vaso con agua estaba en mis manos, le pedí que se acercara para que lo tomase, caminó como pudo, una mano mía alejó el vaso y lo dejé en la encimera. Ya lo tenía a mi lado, mi cuerpo temblaba, mi garganta casi reseca por sentir su presencia, su altura me intimidó en aquel momento. Escalofríos recorrían mi delgado cuerpo. Sus palabras hicieron reaccionar mi distraída mente, yo solo esperaba una cosa. Se acercó muy cerca a mis labios y me susurró que si podría besarme. Esto me dejó sin aliento, no le respondí, mis labios besaron los suyos. Mis brazos intentaron rodear aquella enorme espalda, sus brazos apretujaron mi cuerpo. Creí que me doblaría o que me quebraría la espalda con sus fuertes brazos.

    Los besos y caricias prosiguieron varios minutos, ninguno se atrevía a ir un poco más allá de eso. Mis manos lo guiaron hacia el sofá, donde minutos antes habíamos estado intentando resolver una tarea sin llegar a nada. Lo tumbé en el sofá, me levanté la bata de seda y me subí sobre sus piernas, abrí aquella prenda dejando al descubierto mis partes más íntimas, cubiertas aun con la lencería que me había puesto antes. Sus labios se sumergieron entre mis pechos, sus manos recorrían mis caderas, mis piernas, mi espalda, no teníamos prisa en nada. Sus manos recorrían mis caderas por debajo de aquella prenda de seda, sus dedos jugaban en el portaligas que llevaba en mi cintura, sus dedos acariciaban las tiras de mis bragas, las ligas que sujetaban mis medias. Este tipo de lencería le fascinaba, siempre las acariciaba y volvía a cada momento a estas prendas.

    Quitarme el sujetador y liberar mis pechos, era una señal de mis ganas por follar con mi joven vecino en este momento. Las ganas en mi interior me empujaban a querer ser penetrada por este joven. Sus dedos rozando mi húmedo coño, que otra vez se había inundado de fluidos vaginales, sus dedos cada vez más cerca de mi húmeda vagina, hacían explotar emociones tan vibrantes en mi interior, que solo me hacían gemir, arañar el sofá y sentirme deseada. Mi húmedo coño, rozando por encima de sus pantalones, intentando sentir su gran paquete, que ahora lo podía sentir palpitando entre mis piernas. Todo esto era tan placentero, tan jodidamente sexual, que solo era cuestión de tiempo para estar desnudos y follar como dos locos.

    Su pantalón, en algún momento de esta acalorada pasión de besos y caricias, terminó en el suelo, sus calzoncillos también, por fin, tenía ante mi asombrada mirada, su verga. Esta, era más grande que todas, las que hasta ahora me había llevado a la boca, no sabía por dónde empezar, la quería tener en mi boca, pero el solo mirarla me asustaba un poco. El temor al atragantamiento, esto no fue más que una simple pausa, la tomé con ambas manos y aun así no lograba cubrirla. Intenté meter toda su verga en mi boca, pero solo podía cubrir la cabeza de tremenda vergota, mi entusiasmo por devorar esta cosa me animaba a seguir intentándolo. Sus manos guiaban mi cabeza y arcada tras arcada, logré introducir de a pocos esta verga en mi boca.

    Mi boca no dejaba de salivar, sus manos guiando mi cabeza, mis pechos rebotando contra mi cuerpo, esto era realmente delicioso. Después de tiempo, sentir una verga en mi boca, pero lo más sorprendente era que no me la podía comer entera, como solía hacerlo. Esta vez sí que me llevó algo de tiempo adaptarme a esta nueva verga. Este chaval, ya quería follarme el coño, y sus ganas se notaban, ya que me insistía para que dejara de mamarle la verga y empecemos a follar. Le pedí un poco más de tiempo, esto no era todos los días y a mí me estaba poniendo muy cachonda, yo creo que mi boca se sentía poseída por mamar aquella vergota. Sus manos levantaron mi cuerpo, me tiró en el sofá, me corrió la braga y empezó a lamerme el coño.

    La braguita nada podía cubrir, era un diminuto triángulo que estaba de adorno. Su lengua se introducía tan delicioso en mi coño, que solo los espasmos y gemidos resonaban en toda la habitación, su lengua jugando en todo mi coño, sus manos acariciando mis pechos. Los líquidos de mi dilatado coño eran un manantial abundante de sabores, él lo disfrutaba ya que solo escuchaba el sorbeteo de su boca jugando en mi coño. Esto era más de lo que podía resistir, si seguía así me correría otra vez, se lo hice saber para que decidiera, si me follaba ahora o quería que me corriese en su cara. Se levantó de un gran salto, me levantó las piernas y me quita las bragas, los ligueros seguían puestos, lo que hacía más sexy esta penetración.

    De un solo empujón se metió dentro de mí, un fuerte dolor me estrelló los ojos al punto de soltar alguna lágrima, se lo hice saber, para que tuviese cuidado. Retiró su verga y ahora poco a poco fue metiéndomela toda, mis ojos se abrían y cerraban, mi cuerpo tembloroso en cada penetrada que me regalaba, mis gemidos pausados. Mis manos sobre su vientre para evitar algún posible empujón sin previo aviso, quería disfrutar de todo su miembro en mi interior y poco a poco se fue metiendo dentro de mi coño. Aun así logramos acomodarnos, mi coño empapado por tanto placer, su verga dentro, follando despacio y poco a poco subiendo el ritmo, esto me ponía los pelos de punta, la follada que me estaban dando y lo bien que lo disfrutaba. Esto estaba sucediendo en plena sala, yo piernas arriba y el dentro de mí.

    Sus constantes penetradas me enloquecían, me sentía más húmeda, hacía que mis deseos, porque estuviera dentro de mí no acabaran. Las ganas, por volver a correrme me asechaban cada vez más, sus penetradas, los gestos en su carita, su vientre plano y fibroso me ponían muy cachonda. Debía de resistir un poco más, aunque con tanto placer era difícil, un fuerte chorro de líquido, salió de mi coño sin previo aviso. Esta, era una de esas pocas veces que me corría de esta manera, un chorro más y mi cuerpo convulsionando, su cara de sorpresa, ante tanto líquido que salía y golpeaba contra su vientre. La sorpresa fue también para mí, ya que como lo digo, era la primera vez que me corría a chorros de esta manera.

    Mis manos intentando contener estos líquidos, pero todo era en vano. Unos fuertes gritos de placer estremecieron este salón, un inmenso orgasmo atrapó mi cuerpo y dejó al descubierto mi deseo por follar con mi joven vecino. Yo jadeando, intentando recobrar la cordura, mis manos acariciando su verga, su mirada centrada en cada movimiento de mi cuerpo. Guíe su verga erecta hacia mi coño, esto volvía a ponerme cachonda. ¿Acaso, habían más ganas dentro de mí? ¿Acaso me volvería a correr? Volví a tener su verga dentro de mi coño, empezamos nuevamente un juego erótico de penetración, pero este sofá estaba muy mojado. Lo llevé a mi habitación, mis piernas temblorosas por tanta actividad, lograron pasar aquella puerta que casi no se abría.

    Me coloqué a cuatro patitas y dejé que me follara desde atrás, me tomó de las nalgas, pero ahora, sabiendo que debía de follarme despacio. Introducía parte de su verga, la sacaba y la golpeaba contra mi clítoris, sabía dónde lo tenía. Suavemente calculaba cada golpe, para que fuese despacio, jugaba en esa zona, me enloquecía. Metía su verga y este juego me ponía cachonda, no metía toda su verga, pero lo poco que me introducía, lo sacaba y jugaba con mi clítoris. Las palmadas sobre mis nalgas eran limpias, sin prisas pero bien calculadas. Su verga se fue metiendo de a pocos dentro de mi vagina, hasta que ya no salió más. La dejó dentro de mí, el dolor-placer me parecía interminable. Me moví más fuerte, más rápido, tomé posición de su verga, yo estaba húmeda y chorreando otra vez. Dejé y aproveché este vaivén que teníamos para hacer que se corriese. Creo que aguantó lo más que pudo, ya que sin previo aviso se corrió dentro de mí.

    Después de este polvazo, que nos dimos en mi habitación, debo confesar, que lo volvimos a hacer en más de una oportunidad, nos volvimos amantes sexuales. Disfrutamos de nuestros cuerpos, nuestros sexos, nuestras ganas por follar eran diarias. Dejamos nuestros fluidos en algunos sitios inadecuados, que ahora que los recuerdo, hemos tenido suerte que no nos pillasen por estar tan excitados y no medir las consecuencias.