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  • Experimentar mi bisexualidad al máximo

    Experimentar mi bisexualidad al máximo

    ¡Hola Mundo!

    Les habla Beatriz, antes de comenzar con mi aventura quisiera contarles un poco de mí, tengo 25 años, mido 1.59, tengo cuerpo atlético, definido por el ejercicio, soy castaña clara con el cabello a la altura de los hombros, soy blanca bronceada, tengo pechos promedio 34B con pezones un poco obscuras y puntiagudos a cualquier excitación, mi culo es mediano paradito y tengo las piernas definidas por el ejercicio y obvio depilada de pies a cabeza. Después de este breve contexto de mí los pondré al tanto.

    Con Rafa llevamos 2 años de relación en donde fuimos muy abiertos sexualmente comenzamos desde el principio de nuestra relación a probar nuestras fantasías y descubrir que nos gustaba, comenzamos desde grabarnos, tener sexo con gente en la casa y hasta el momento el límite llegó al enterarse mí de bisexualidad. Aclaro que desde un año antes de conocerlo mi lado bisexual había salido a la luz, pero nunca había tenido oportunidad de probarlo, pero todo esto cambió a raíz de conocer a Rafa el al enterarse mi interés por probar estar con alguien de mi mismo sexo comenzó a darme esa apertura, obvio mi intención no era compartir a mi novio si no que él me compartiera con otra chica nada más.

    El pasar del tiempo y su insistencia una noche de sexo me orilló a preguntarle «Ok, si pudieras escoger a la chica ¿a quien escogerías?», en su mirada vi como se empezó a imaginar todos los escenarios posibles y en menos de un minuto surgió el nombre «Rocio».

    Rocio era una de sus mejores amigas, una chica joven de mi misma edad, piel morena, cabello castaño arriba de los hombros, cuerpo muy bien trabajado por el gimnasio y muy dominante, para mis inicios bisexuales era alguien ideal para guiarme en este mundo.

    Después de unos segundos entre mí excitación e imaginación surgió una respuesta «Va, pero tiene que pensar que será una aventura», Rafa dispuesto a todo con tal de verme con una mujer acepto mi condición. Empecé a formular el plan ideal para irme acercando a Rocio, vi la oportunidad ideal en un viaje que Rafa tendría con sus amigos a una ciudad algo retirada de la nuestra en donde obvio iría Rocio.

    La fecha llegó y decidí llegar separada de mi novio para que interactuara a solas con Rocio, llegué al punto donde nos citaron para subir al camión y para mi sorpresa ya estaba Rocio con su maleta, ropa cómoda que resultaba definiendo cada rasgo de cuerpo, una blusa de tirantes blanca y un short de licra que mostraba nada más que sus hermosas piernas. Yo acordé a mi plan decidí mostrarme un poco más reservada con una blusa de tirantes y unos leggins negros que dejaban ver un poco de mi tanga por las orillas.

    Al llegar la saludo de beso en la mejilla sintiendo su aroma y empezando a desearla, le sonrió y le preguntó «Lista para el viaje?» a lo cual ella me responde «Claro, solo que no sé con quién me pondrán en el camión para saber si iré cómoda» a lo que no dudé en aprovechar la oportunidad «Si quieres podemos ir juntas, digo si tú quieres igual» ella responde si no iría con Rafa mi novio lo cual decido contrarrestar restándole importancia «No, así él irá más cómodo» me responde con una risa y comenzamos a platicar de cosas sin relevancia.

    Al subir al camión obscuro aprovechó el momento y la tomó de la mano con el justificante de no caerme lo cual ella acepta sujetándome hasta ella entrar en el asiento, acomodo mis cosas arriba de nosotras dejando de frente a ella mi abdomen bronceado que se traslucía a mi blusa, tome asiento y me acerque a ella para sonreírle demostrando mi emoción por el viaje ella me devolvió la sonrisa y tomó de mi mano.

    El viaje comenzó de noche así que gran parte estuvimos dormidas pero durante la madrugaba vi que ella temblaba por el frío del clima por lo que decidí tomar una cobija de mi mochila y decir «Oye si quieres nos tapemos juntas» ella sonríe algo apenada pero acepta decidimos cruzar nuestras piernas para entrar en el espacio yo aproveché para darle un breve masaje por los muslos tan perfectos y ella me tomó de las piernas mientras dormida a mi sorpresa fue que ese simple contacto me erizo las piernas durante toda la noche.

    A la mañana siguiente llegamos a la ciudad y nos dirigimos al hotel ya que sería un viaje de fin de semana el día estaba destinado para aprovechar al máximo así que en cuanto llegamos al hotel decido continuar mi plan con Rocio comenzando mi labor de convencimiento para que fuéramos compañeras de cuerpo, sin mucha dificultad ella accedió ya que el viaje en grupo sería chicas con chicas y chicos con chicos.

    Al recibir nuestra llave decido subir sola con Rocio, ella me sonríe aceptando el gran plan de amigas que tendremos durante el viaje, al entrar a la habitación Rocio entra primero y se tira en la cama, yo dejo mi maleta por un lado y decido quitarme la blusa quedando en top «Discúlpame amiga que ya moría por quitarme la blusa» responde con una risa viendo mi cuerpo seguido de un «Me bañaré antes de salir» sin perder la oportunidad y curiosidad decido empezar mi plan «Ammm ¿te puedo acompañar? Digo para ahorrar agua» ella solo fue algo nerviosa pero asiente con un poco de duda pero aceptando una ducha de amigas.

    Ella entra a la ducha y mi imaginación comienza a volar de imagen ese cuerpo tan perfecto sin nada que lo cubra pero decido esperar a que ella esté dentro para entrar. Escuchó la regadera atenta y empiezo a quitarme la ropa para entrar sin nada, al entrar soy recibida con una sonrisa y su mano extendida lista para sujetarme para entrar a la ducha, yo respondo con una sonrisa y sujeto su mano mientras mis ojos quedan fascinados en su figura que para mí sorpresa estaba totalmente depilada pero lo que más me llamó la atención fue ver esos hermosos pechos redondos firmes y pezones listos para besar.

    La ducha no pasó a más de ese jugueteo de miradas que me volvió loca, sabía que esa noche tenía que finalizar mi plan ya que al medio día del día siguiente nos regresaríamos. Finalizada la ducha procedimos a cambiarnos y disfrutar de la ciudad sin mucho acercamiento íntimo ya que era un viaje grupal así que no pasó más. Llegada la noche regresamos al hotel juntas dispuestas a cenar y pasar una noche de chicas. Buscamos un Starbucks cerca del hotel para ir a comprar algo pero antes decidimos ponernos algo más cómodo, salí de la habitación con un short a media nalga y la blusa de tirantes con la que viaje pero esta vez sin colocarme brasier, ella vestía a la par mío con un short de mezclilla a ras de su hermoso trasero y una blusa blanca con un top deportivo debajo.

    Tomamos nuestras carteras y decidimos bajar, al caminar por la calle entre el silencio y el frío decidimos tomarnos la mano para sentir esa presencia de ir juntas, no tardamos mucho en la calle ya que la cafetería estaba a 2 cuadras pero en todo el recorrido no nos soltamos la mano.

    Al regreso al hotel Rocio pasa al baño y yo procedo a quitarme la blusa para ponerme un top deportivo para dormir y quitarme el short ya que yo dormía siempre así, para mi sorpresa al salir del baño veo a Rocio igual con su top deportivo negro y debajo solo su tanga de encaje blanca, reímos al vernos y ahora yo soy la que extiende la mano a lo que ella responde sonriendo y tomando mi mano para abrazarme, su cuerpo en ropa interior me hizo sentir sus pezones rozando con los míos mientras nuestros cuerpos se separaban.

    La cena pasó sin más que risas y coqueteos con la mirada, terminando procedimos a acomodarnos para dormir juntas, Rocio quitó las sábanas mientras yo quitaba lo demás de la cena. Rocio apagó la luz mientras yo me metía en la cama, nuestros cuerpo traicionaron nuestra mente y al estar juntas en la cama se pegaron para dormir uno cerca del otro. Entre la oscuridad y el nervio ninguna de las dos distinguía si estábamos dándonos la espalda y estábamos de frente a lo que Rocio respondió buscando mi mano y al encontrarla nuestros cuerpo se acomodaron para nuestra sorpresa estábamos de frente quedando nuestros labios a ras de los de la otra.

    Decidí probar suerte y le di un beso corto a lo que ella respondió con una sonrisa y un beso más largo y apasionado mientras nuestros cuerpo se abrazaban, el beso continuaba de manera extensa mientras sus manos comenzaban a bajar hacia mis muslos y mis manos tocaban su mejilla. Al sentir sus manos en mi trasero decido parar el momento, moverme hacia el costado de la cama y prender la lámpara, Rocio algo asombrada ve como regreso cerca de ella mientras coloco de nuevo sus manos en mi trasero, ella solo sonríe y continúa el beso.

    Sus manos invaden mi tanga mientras siento como su mano empieza a rozar mi vagina ya empapada a lo que ella me responde con un «Creo que mejor quitaré esto» y procede a bajar lentamente mi tanga mientras yo me devuelvo a sus labios con una sonrisa. Decido subirme sobre ella para quitarme el top y que me tuviera completamente desnuda mientras ella solo sonríe y disfruta de mi figura. Comienza a recorrer mi cuerpo con las manos hasta llegar a mis labios e ingresas dos de sus dedos para que los lamiera hasta dejarlos lubricados.

    Después de eso me tumba alado de ella para incorporarse y bajar a mi vagina, ese primer beso a mi parte más intimida estréseme mi cuerpo mientras se va convirtiendo en lamidas y sus dedos empiezan a jugar con mi clítoris, mi cuerpo solo se estréseme y comienza un ir y venir de gemidos míos. La noción del tiempo se pierde para mí en ese momento y solo recuerdo que se detuvo se paró frente a mí y comenzó a quitarse toda la ropa mientras yo me incorporaba como podía para sentarme en la base de la cama, ver ese cuerpo perfecto frente a mi me volvió loca ella me sonreía en señal de deseo y comencé a probar esos pechos tan ricos con una mano jugaba el pecho derecho mientras el izquierdo era devorado por mi lengua. Empecé a escuchar una agitación única seguida de un movimiento ligero de ella dirigiéndose a mis labios para besarme y tumbarme de nuevo.

    Esta vez ella subió a la cama y se giró frente a mí dejándome ver ese trasero perfecto mientras su espalda se arqueaba para comerme la vagina, frente a mí tenía una vagina perfecta depilada y lista para mi, nerviosa veo como una pequeña gota está en la punta de su clítoris de la excitación su cuerpo dejo salir esa gota la cual rompió mis nervios y guio mi boca para comerme esa vagina con deseo y desesperación. Los gemidos por parte de ella no se hicieron esperar seguidos de un delicioso orgasmo que motivo mi deseo.

    Ella rendida durante el sexo procedió a girarse y besarme para probar mis labios llenos de su lujuria. Instantes después ella tomó fuerza a abrió mis piernas para poder cruzar las suyas, una escena nunca antes vista se mostró en mis ojos y al más mínimo roce de su vagina con la mía estremeció mi cuerpo levantándome quedando frente a ella con las piernas cruzadas. Esto unió aún más nuestras vaginas impulsadas por el ir y venir de nuestra cadera nos llevó a gemir en sintonía con la otra hasta que llegamos a un orgasmo juntas.

    Después de quedarnos unos minutos tiradas con las piernas cruzadas nos incorporamos para por fin descansar, por la mañana Rocio me despertó con un beso y desayuno en la cama por parte del hotel, ella se incorporó para aventarme mi top y ella colocarse el suyo, tomó ambas tangas y procedió a pasarme la mía a lo que decidí extender mi mano y tomar la tanga de encaje blanco de ella diciendo «Este será mi recuerdo» a lo que ella solo respondió colocándose mi tanga y dándome un beso.

    El viaje terminó y al llegar a la casa le aventé la tanga a mi novio mientras en mi cabeza solo pensaba que esto sería el inicio de mi bisexualidad.

    Este sería el relato de mi primer encuentro, espero les guste y si desean saber más de mis aventuras me encantaría contarlas. Leeré todos sus comentarios y los responderé.

  • Introducción al diario de mi vida

    Introducción al diario de mi vida

    Estamos acostumbrados a escuchar historias de personas que han alcanzado logros en sus vidas que fueron soñados, proyectados o ideados desde la infancia; todo eso, aún si fuera cierto, es pura casualidad. Cuantos han soñado con ser bomberos y se convierten en contadores, cuántos desean ser taxistas y resultan ser astronautas. La vida no se diseña en un paso, es el resultado de deseos, destrezas propias, oportunidades, accidentes y suerte. Yo no quería proféticamente ser lo que soy, yo descubrí ser lo que soy por una gran cantidad de cosas que me fueron sucediendo. Y eso sirve para todos, una es lo que es y una vez reconocido eso sólo queda aceptarse y vivir o rechazarse y ser un zombie. Yo lo admití y eso cambio mi vida.

    Yo era una mujer en un cuerpo masculino y cuando las señales se acumularon indicándome esa realidad la adopté con pasión. Junto con esa transformación primordial apareció en mí la vocación de cortesana, para la cual poseía unas destrezas ocultas.

    Nunca más apropiado para esta parte, para este libro, para esta historia que el título “Introducción”, dado de que todo se trata de eso. De introducir, meter, empotrar, clavar, penetrar y finalmente llenar. Es la tarea cúlmine y predominante de una cortesana, y así me gusta reconocerme.

    Las cortesanas formamos parte de una antigua legión de asistentes de dioses y reyes. Siempre estábamos cuando se nos requería y siempre cumplíamos con los mandatos y encargues que nos confiaban. Sin embargo, no deben confundir servicio con sirviente, subalterna, sierva, o criada. Muy por el contrario, al servir éramos servidas, al secundar nos primeriaban, al alquilarnos nos pagaban, al cortejarnos nosotras seducíamos, y al consentirnos nos regalaban el poder. Aún hoy con duques, príncipes y monarcas desaparecidos continuamos nuestra seductora labor. Seguimos siendo las hijas de la alegría.

    Servimos a los dioses, a los emperadores, a los monarcas y al estado. Fuimos sagradas en los templos, mantenidas en las cortes, empleadas del estado, objeto de impuestos, víctimas de persecuciones, pero siempre tan necesarias que nos rogaban volver.

    Fuimos Sacerdotisas del Amor Divino, Rameras contribuyentes de las arcas del estado, las Hijas de la Alegría, las Ocas de Winchester, Belles Folles, Hermanitas del Pecar, Esclavas del Serrallo, Muchachas de Jade; más coloquialmente putas, zorras, cerdas, furcias, meretrices, busconas, mancebas, prostitutas, rameras, pero imprescindibles.

    Somos las dueñas de la geografía del amor. Conocemos de penínsulas enormes que adecuamos a nuestras bahías anchas y profundas; ofrecemos montes y colinas a quienes sepan apreciar su sabor; abrimos los confines del mundo a quienes se aventuren a penetrar su misterio. Tragamos todo como un huracán y aun así sembramos felicidad por donde pasamos.

    Por supuesto que no se nace cortesana, hay que aprenderlo, estudiar, practicar hasta dominar el arte. No es sólo el cuerpo voluptuoso, sanguíneo, ardiente lo que se necesita pues como toda herramienta hay que saber darle uso, lubricarlo, afinarlo, balancearlo antes de largarlo a rodar en la calle.

    Pulir la mente también es necesario. No se puede ser puta con culpa, no se puede coger bien sin imaginación. Siempre hay que estar preparada. La palabra es tan excitante como el cuerpo, ni que hablar si dispones de varias lenguas. Conocer de arte, música, danza era antes fundamental, como creo que hoy será útil saber de juegos de video, comics o deportes. Todo es instrumento de seducción y placer.

    Se puede ser cortesana por dinero, por poder, por venganza, por aburrimiento, por miles de motivos, yo lo soy por placer. Mi libido eligió la vida de Cortesana, es necesidad de disfrutar del sexo siempre y en toda oportunidad. El sexo es el centro de mi vida y he venido a esta tierra provista de una libido inmensa, así que todo lo que leerán se basa en eso sexo y en cantidad.

    Claro que en mi caso todo eso debió ser precedido de una transformación fundamental y deseada profundamente por mí. Abandonar las exigencias de vida que todo varón debe soportar para integrarme en las pretensiones de una mujer. Esa transformación resultó para mí muy significativa y primordial, aunque debo reconocer que menos traumática de lo que se puede sospechar. A partir de allí todo se encaminó en mi vida.

    No quiero faltar al respeto a mis compañeras de viaje al menoscabar el impacto personal del cambio, sólo que para mí resultó menos doloroso. Por supuesto que llevó trabajo de transformación física, material, social y tuve que recurrir al apoyo psicológico, pero esas tareas que todas sabemos titánicas las emprendí con una voluntad llena de entusiasmo y convencida que el logro que el cambio final me proporcionaría era fundamental para seguir viviendo. Sí así de grave es. Para quienes no saben lo que se sufre cuando se vive en un cuerpo físico y social que no responde a las reclamaciones de la personalidad y el alma, tengan en cuenta que es un sufrimiento fatal.

    Por otra parte, mi cambio fue muy acelerado, lo acepté de inmediato y tuve todo lo que deseaba muy pronto. En pocos días salía a la calle vestida de mujer para ir de compras, tomar el té, cenar o ir a bailar. En cuanto al sexo creo haber hecho un curso acelerado, muy probablemente por no negarme a nada en respuesta a mi deseo siempre desbocado de tener más y más sexo de manera incontenible.

    Pasado el cambio, en mi vida sólo ha habido dos pasiones el sexo y la educación. No me ha ido mal en ninguna de ellas, o al menos creo que sería muy ambiciosa si pidiera mejores resultados. Así como tengo el don de enseñar para el beneplácito de miles de estudiantes, también tengo una imaginativa libido para el placer de miles de amantes.

    Mi existencia siempre ha transcurrido a través de díadas. Primero de varón a mujer, la más compleja e indecisa. Y superada esa, la del aula y la cama, mucho más agradable y encantadora.

    Una advertencia no hay aquí más que sexo, la historia de la transición menos agitada y encarada con más circunspección podrán leerla en otra de mis publicaciones.

    Antes de que se pregunten si todo lo que leerán es cierto, les diré que hay mucho de cierto y algo de fantasía literaria, decidan ustedes en qué parte prefieren creer.

    Pero dejemos esta excesiva y fastidiosa charla para que pueda contar las aventuras sexuales de esta puta profesora que se creó a sí misma.

  • La casa de la playa (parte 3)

    La casa de la playa (parte 3)

    Al llegar los tres de vuelta a la casa, mi novio ya estaba esperándonos, sentado plácidamente frente a la piscina; con actitud relajada, una cerveza en la mano y un grado de ebriedad visiblemente más alto que el de cualquiera de nosotros. Pensativo y reflexivo, escuchando en silencio la animada música que provenía de una radio portátil que habíamos llevado. Sin pestañear fijó su inquisitiva mirada sobre su traviesa novia.

    Resultaba obvio que, desde su cómoda posición, había podido ver todo nuestro ‘inocente’ jugueteo en el agua. ¡¿Quién sabe que sucios y pervertidos pensamientos habrían pasado por su mente en ese momento; al verme llegar riendo alegremente, con mi cuerpo escasamente cubierto por un sugestivo y diminuto bikini; acompañada de dos de sus empleados, que exhibían orgullosos sus atléticos y musculosos torsos?! Afortunadamente para mí, él era mucho más orgulloso.

    —¿Te divertiste linda? —preguntó dirigiéndose hacia mí con sarcasmo; como si fuera posible que de alguna manera mi rostro no reflejase ese hecho.

    —Claro que sí amor —respondí francamente sin preocuparme por tener algo que ocultar, sentándome en sus piernas para regalarle un tierno beso en los labios.

    Pedro y Pablo tomaron asiento frente a mi novio en lo que yo iba a la cocina para traerles algo que beber. Al parecer durante el tiempo que habíamos estado jugando en la playa, mi novio había tenido tiempo de inspeccionar el trabajo realizado por los chicos y había quedado satisfecho. O al menos fue lo que dijo, porque él realmente no es un arquitecto o ingeniero.

    —Gran trabajo —comentó mi novio—, me salvaron de una bronca enorme; de no ser por ustedes, ¡no sé qué diantres hubiera hecho en éste remoto lugar! —agradeció muy a su estilo.

    —No se fije patrón —dijo Pedro—, trabajo es trabajo y uno siempre debe agradecer que éste no falte —agregó muy filosóficamente, antes de brindar con la cerveza que yo recién le había traído.

    Todos levantamos nuestras bebidas respondiendo al brindis de Pedro; gracias a ellos, la casa se lograría entregar en la fecha indicada, por lo que mi novio estaba visiblemente de buen humor. Eso era algo por lo que yo debería buscar la manera de agradecerles personalmente a los chicos.

    Después de unos cuantos tragos, mi novio se levantó de su asiento para ir a la cocina en busca de algo más que beber. Oportunidad que yo aproveché para seguir jugueteando con mis nuevos amigos.

    —Hicieron muy buen trabajo chicos, parece que se ganaron un bono extra —dije con voz traviesa, mientras que muy sugestivamente con mi mano libre jalaba hacia abajo el top que cubría mis senos; dando la impresión de querer desnudarme frente a ellos.

    —¿Y quién nos lo va a dar? —preguntó en forma retórica Pedro abriendo los ojos y fijándolos sobre mi busto—. ¿Usted o el patrón?

    —Mi novio, si así lo prefieres —respondí riendo en tono de broma, poniendo en duda su virilidad.

    Pedro reaccionó ofendido por mi respuesta, en lo que Pablo reía discretamente a causa de la broma que le estaba jugando a su amigo. ¡Cielos, yo realmente la estaba pasando muy bien divirtiéndome con los chicos!

    Lamentablemente ellos ya no tenían un motivo para seguir ahí. Si quería seguir pasándola bien, era imperativo que encontrara la manera de que ellos permanecieran en la casa hasta el día siguiente.

    En caso de conseguir que ambos chicos pernotaran ahí en la casa una vez más y mi predecible novio se emborrachara como la noche anterior; ésta vez estaba dispuesta a dejarlo profundamente dormido en mi recamara en lo que yo me escurría hasta la habitación de ellos; y una vez ahí, dejarme hacer por ambos lo que se les antojara. Ese era mi plan… un muy buen plan.

    —¡Cariño! —llamó mi novio desde la cocina.

    —Enseguida voy amor —respondí de inmediato, temerosa de que él se hubiera dado cuenta de mis intenciones con sus empleados.

    Entré a la cocina para averiguar que necesitaba mi novio, sólo esperaba que él no estuviera molesto por la prolongada estadía de los chicos y pretendiera despacharlos sin darme oportunidad de llevar a cabo mi perfecto plan.

    —Parece que necesitaremos más alcohol —comentó mi novio con una sonrisa irónica, señalando el refrigerador con la puerta abierta.

    Lo bueno de beber en el caluroso clima de la playa en el verano, es que el alcohol no se te sube a la cabeza tan rápido. Por otra parte, lo malo de beber en esas mismas condiciones es que el alcohol nunca es suficiente; sobre todo si tienes invitados sorpresa. Al parecer, mi plan para gozar de una salvaje noche con los chicos no era tan perfecto como yo pensaba; había que buscar la forma de corregir la situación.

    —¿Quieres que pregunte a los chicos si nos harían el favor de ir a buscar más bebidas? —pregunté a mi novio con voz dulce, ofreciendo solucionar ese pequeño inconveniente que yo misma había provocado.

    —No hace falta, yo iré por ellas —respondió sin vacilar—. Además, necesito comprar otras cosas, tú quédate y échales un ojo; no vaya a ser que se acaben alguna otra cosa, además me parece que tú y ellos ya se hicieron buenos amigos —agregó en tono de broma disimulando su desconfianza.

    Por supuesto que estaba totalmente de acuerdo, con la sugerencia de mi novio, de quedarme en casa sola con ese par de hermosos chicos para echarles un ojo. Es más, gustosa les echaría mi cuerpo entero sobre ellos a la menor provocación mientras él estuviera ausente. Gracias al cielo, mi plan no sólo se había corregido, ¡se había mejorado!

    —Como tú digas amor —asentí sumisamente a los deseos de mi novio sin objetar. ¿Por qué habría de hacerlo?

    Tan pronto mi novio se marchó en la camioneta regresé con los chicos al área de la piscina, y sin decir una palabra me lancé dentro de ella, sujetando mis rodillas para crear una espontánea bomba de agua, la cual alcanzó a empapar a los chicos sentados en la orilla. Una vez conseguido mi objetivo salí a la superficie sonriendo divertida después de haber efectuado mi pequeña travesura. Los chicos limpiaban sus rostros del agua que había alcanzado a salpicarlos, mientras sonreían sorprendidos, un poco fríos, casi forzados.

    Resultaba obvio que ambos, especialmente Pedro, continuaban un poco molestos por la broma que más temprano les había jugado en la playa; lo cual era perfectamente entendible considerando la excitación o ‘calentura’ que les había provocado en primera instancia, sin darles una oportunidad de desahogarse. ¿Quién podía culparlos?

    Además, recién había puesto en duda la virilidad de Pedro, quizás en broma, pero yo estaba consciente que a los hombres no les gusta que bromeen con eso; sobre todo si se trata de machos alfa como Pedro.

    Por consiguiente, creí conveniente mantener una actitud un poco más sumisa para intentar limar asperezas. Pues como en ese momento ignoraba cuanto tiempo más podría disfrutar de su compañía, esperaba que en caso de que decidieran retirarse prematuramente a sus hogares al menos no fuera por mi causa.

    —¿Qué no se van a meter al agua? —pregunté animándolos a acompañarme en la piscina para aprovechar el tiempo que estaría ausente mi novio.

    Pedro se levantó rápidamente sin decir una palabra, aceptando la invitación que él sabía bien que llegaría. Clavó la mirada en mí con actitud soberbia y retadora; mientras desabotonaba orgulloso su camisa, exhibiendo su abdomen perfectamente marcado. Sus ademanes, sus gestos y su lenguaje corporal me indicaban que deseaba con todo su ser la oportunidad de una revancha. La conseguiría.

    —¡Ahora vas a ver perra! —amenazó apretando los dientes con actitud desafiante, desabrochando su pantalón desesperado por quedar únicamente en ropa interior.

    Para ser sincera, se veía imponente, un perfecto adonis, de mirada penetrante y cabello enmarañado que coronaba un cuerpo joven y atlético; y lo más importante, muy bien dotado; el enorme miembro que se alcanzaba a vislumbrar bajo esos desgastados calzoncillos negros no dejaba duda de ello. Sonreí fascinada.

    Una vez que se pudo librar de sus ropas las hizo a un lado para dar un par de pasos hacia atrás en lo que Pablo, siempre segundo, de igual manera se ponía de pie para desvestirse. Aspiró fuerte para inflar sus pulmones con aire preparándose para zambullirse en el agua; y sin más contratiempo emprendió la corta carrera hacia a la piscina, consiguiendo suficiente impulso para efectuar un exagerado salto mortal con un giro hacia atrás.

    Pedro cayó junto a mí, con tan fuerte impacto, que provocó que una gran ola de agua golpeara contra mi cabeza dejándome temporalmente ciega. Un par de segundos después, él emergió unos metros más atrás con una mezquina sonrisa de satisfacción en su rostro. Algo había cambiado en él; o mejor aún, mostraba quien realmente era.

    Pedro nadó esos escasos metros hasta colocarse detrás de mí, y con una actitud dominante me sujetó ambos brazos por la espalda colocándome enfrente de él; y utilizándome como una especie de escudo humano para protegerse de lo que estaba por venir. ¡Su robusto amigo Pablo!

    —¡Vamos cabrón, te toca mojar a ésta perra! —gritó fuerte invitando a su amigo, quien recién terminaba de desvestirse, a repetir su afrenta contra mí.

    Pablo, quién era tan fornido como discreto, presumía una mejor y más desarrollada musculatura producto de su trabajo duro. Bíceps más fuertes, espalda amplia, pecho más ancho, piernas fuertes y unas pompas redondas y grandes. Y al igual que su amigo, un enorme bulto en su entre pierna. ¡Cuánta suerte tenía! Imposible evitar sonreír una vez más.

    El chico dio unos pasos hacia atrás buscando tomar impulso; cerró fuerte los puños al flexionar sus bíceps para darse valor, a la vez que nos indicaba que nos deberíamos preparar para recibir su embestida. Con pesados pasos inició su corta carrera para terminar apoyándose en el borde de la piscina antes de saltar. Mis ojos se abrieron enormes admirando su físico venir a toda velocidad en dirección hacia mí, encontrándome yo completamente indefensa sin que hubiese algo que pudiera detenerlo.

    Su salto no fue tan espectacular como el de Pedro; cayendo justo enfrente de mí. Pero gracias a que era más fornido y pesado, la cantidad de agua que consiguió desplazar definitivamente fue mucho mayor. La ola generada golpeó nuevamente contra mi rostro, provocándome incluso tragar un poco de la clorada agua.

    Pablo emergió sonriente satisfecho por su hazaña, en lo que yo tosía tratando de expulsar el agua que había ingerido, mientras que Pedro me mantenía sujeta por la espalda. En ese momento comprendí, que mi castigo distaba mucho de haber terminado.

    —¡Vamos Pablo, enseñémosle a ésta perra quien manda! —exclamó Pedro riendo burlón sentenciando mi destino a corto plazo.

    Pablo me sujetó por enfrente en lo que Pedro se sumergía tras de mí, hasta bajar la cabeza por debajo de mis glúteos y pasarla por entre mis piernas. Apoyando mis muslos en sus hombros se puso en pie, levantándome fácilmente sobre el nivel del agua. Sentada sobre sus hombros a manera de caballito, por un segundo me sentí en las nubes… quizás menos.

    Sin previo aviso, Pedro se dejó caer de espalda, arrastrándome con él. El impacto contra el agua fue fuerte, sobre todo por lo inesperado; pero extrañamente, me gustó. Me gustaba la actitud dominante y ruda de ese chico. Me gustaba el hecho de que me estuviera viendo como un objeto el cual le pertenecía; como un simple juguete de su propiedad con el que podía hacer o deshacer cualquier cosa que se le antojara. Si ese iba ser mi castigo, lo aceptaría gustosa.

    Lejos de lamentarme por la tortura de la que era objeto salí a la superficie riendo divertida, y también escupiendo un poco de agua. Pedro, todavía con una sonrisa maliciosa, estiró su mano para alcanzar mi pie y jalarme hacia él; dispuesto a continuar con mi suplicio.

    —Ves que a ésta perra le gusta que la maltraten —dijo Pedro, dirigiéndose a su amigo—, es tu turno.

    Si el semblante de Pedro reflejaba su crueldad y enojo; el de Pablo por el contrario lucía irreflexivo, libre de emociones, de hielo, como si no creyera que yo fuese realmente un ser humano. Supuse que, de acuerdo con su personalidad, cada uno de ellos tenía su forma particular de verme y torturarme.

    Pablo se acercó hasta a mí y me sujetó por los hombros para girar mi cuerpo quedando él detrás. Se sumergió completamente en el agua para levantarme, al igual que segundos antes lo hubiese hecho su amigo; introdujo su cabeza por entre mis muslos, levantándome sobre sus hombros con suma facilidad.

    Nuevamente me encontré a casi un metro sobre la superficie del agua, en espera de mi castigo. Pero lejos de acobardarme levanté ambos brazos en señal de victoria, indicando a Pablo que me castigara sin piedad. El fornido chico se dejó venir de espalda con violencia, utilizando todo su peso como impulso.

    Mi cuerpo recibió todo el impacto directo contra el agua sin que yo hiciera nada por tratar de protegerme; después de todo, ese no era el punto. Si los chicos deseaban castigarme sólo por diversión así sería; yo estaba más que dispuesta a soportarlo con valor.

    Salí a la superficie un poco más adolorida, pero sonriente; con el cuerpo ligeramente adormecido por el fuerte golpe. Los chicos me miraban divertidos, pero ansiosos por continuar sometiéndome cruelmente, yo no les iba decir que no.

    —¡Trae a esa perra de mierda para acá! —ordenó Pedro riendo burlón.

    Pablo obedeció y entre los dos me sacaron de la piscina por los escalones de acceso, dando la vuelta por la orilla hasta el otro extremo; obedeciéndolos yo en silencio con actitud sumisa. Pedro se colocó frente a mí mirándome fríamente a los ojos, quedando Pablo a mis espaldas. No sabía lo que ellos tenían en mente, pero lo que si sabía es que yo no pensaba resistirme.

    —Levántala —ordenó Pedro sin inmutarse.

    Pablo me sujetó por la cintura, alzándome fácilmente en lo que Pedro metió sus manos por entre mis muslos para colocarlos sobre sus hombros, de tal forma que su rostro se apoyaba directo en mi vientre, quizás un poco más abajo; mientras colocaba sus manos bajo mis glúteos para equilibrarme precariamente en lo alto.

    ¡Cielos, no podría creer lo que los chicos estaban planeando para castigarme! ¿A caso no preferían disfrutar de mi cuerpo? ¿O es qué simplemente no se les había ocurrido? Justo ahí, suspendida a casi dos metros sobre la superficie del agua, comencé a pensar que más me valdría sugerirles yo misma que me ultrajaran. Sólo que no lo pensé rápidamente.

    Pedro giró hacia la piscina, conmigo montada en sus hombros. Apoyando sus pies en el borde, Inclinó levemente su cuerpo hacia adelante; mientras yo nerviosa me sujetaba de su cabeza presionándola contra mi vientre en lo que nos proyectábamos en caída libre. La velocidad de impacto fue mucho mayor.

    Ambos golpeamos contra la superficie del agua violentamente, yo por estar en lo alto me lleve la peor parte; él con su rostro clavado en mi vagina obviamente la mejor. El ardor de la fricción a causa del impacto invadió mi cuerpo, dejándolo completamente adormecido. No podía creer lo que les estaba permitiendo a los chicos hacer conmigo. Si el objetivo de ellos era asegurarse que yo no volviera a jugarles una broma pesada, creía haberlo entendido. Sin embargo, todavía faltaba que Pablo reafirmara su punto.

    —¡Vamos perra, una vez más! —sentenció Pedro sujetándome por una pierna, como si quisiera prevenir que yo escapara. No me encontraba en condiciones de eso.

    Pedro me empujó hasta la orilla donde se encontraba Pablo, para que este me sacara a la superficie colocándome de pie frente a él. Yo lo mire a los ojos sonriendo tontamente. Sin pensarlo mucho, él se agachó frente a mí para pasar su brazo izquierdo por entre mis muslos, sin esperar la ayuda de su amigo, no la necesitaba, era suficientemente capaz de manejar mi peso.

    —¡Vamos cabrón, tú puedes! —alentó Pedro; mientras Pablo pasaba también su brazo derecho por entre mis muslos sujetándose fuertemente a mis glúteos.

    Pablo miraba hacia arriba apoyando su mentón en mi vientre. Respiró profundo, preparándose a erguirse conmigo sobre sus anchos hombros. Al igual que con Pedro, me sujeté fuertemente a su cabeza presionándola contra mi vientre para no caerme.

    Sin ningún problema, Pablo se puso en pie soportando su peso y el mío combinados, dio un paso al frente, listo para lanzarse al agua. Aún con mi cuerpo adormecido encontré suficiente valor para soltar su cabeza y, una vez más, levantar los brazos en señal de victoria; suponiendo que ésta vez me debería doler menos. Estaba equivocada.

    De nueva cuenta, el mayor peso de Pablo jugó en mi contra, consiguiendo ambos una mayor cantidad de inercia que tenía que ser disipada de alguna manera. ¿Dónde más terminaría esa cantidad de energía, si no era en mi pequeño y frágil cuerpo? Recibí de lleno el impacto provocando que el ardor que ya sentía se incrementara exponencialmente.

    Para ser sincera, extrañamente toda ésta tortura me gustaba, me excitaba. ¿Cuándo mi novio se atrevería a maltratarme de ésta manera sólo por diversión? Obvio nunca. Como los chicos tenían claro que tal vez nunca volveríamos a vernos, no se esforzaban en reprimir sus más profundos y perversos deseos. ¡Me encantaba!

    Reponiéndome del golpe nadé lentamente flotando adolorida hacia a la orilla; donde se encontraba Pedro quien era el verdugo a cargo. Antes de que pudiera yo llegar él saltó ágilmente a la piscina para acortar el camino, quedando yo flotando en medio de los dos chicos.

    —¿Qué pasa perra? —preguntó Pedro, en forma retórica—. ¿Quieres más?

    La lógica dictaba que respondiera ‘no’. Que suplicara de rodillas llorando por su perdón; que prometiera que nunca más volvería a faltarles el respeto jugándoles alguna pesada broma; que me refugiara en la seguridad de mi habitación.

    Pero justo cuando estuve a punto de responder una duda me invadió: ¿Cuándo volvería a tener la oportunidad de ser sometida tan deliciosamente por dos hermosos y viriles chicos? Así que, olvidando la lógica por el momento, con un movimiento de cabeza asentí que ‘sí’.

    Pedro me miró sonriente, de pie enfrente de mí, satisfecho con mi respuesta. Y con actitud dominante me sujetó por el cabello para jalarme hacia él; y sin previo aviso me sumergió en el agua sujetándome por la nuca salvajemente con ambas manos como si tratara de asfixiarme.

    Esos primeros segundos me parecieron eternos. Yo pataleaba en el agua desconcertada, cerrando fuerte la boca para retener el escaso aire que me quedaba, sujetándome de sus brazos para intentar liberarme. Y justo cuando empezaba a entrar en pánico, un leve golpeteo en mi rostro me hizo entender el nombre de éste nuevo juego.

    Primero fue un golpe en mi mejilla derecha, luego otro en la izquierda; uno más en medio de mi rostro. No sé exactamente cuántos golpes recibí antes de que pudiera descifrar el ritmo de la cadera de Pedro, quien utilizaba el enorme miembro bajo su calzoncillo para abofetearme en la cara. Entonces comprendí perfectamente que no era que él estuviera tratando de asfixiar, sino todo lo contrario, me estaba ofreciendo su miembro para jugar. ¡Tenía que aceptarlo!

    Lo sentí golpear en mi mejilla duro como un garrote, pasando frente a mi rostro de lado a lado. Si anteriormente había sentido curiosidad por el tamaño del miembro de aquel chico, éste era el momento de averiguarlo; comparándolo indirectamente contra la proporción de mi rostro.

    Que extraño es el tiempo. Cuando algo no lo disfrutas te parece eterno; pero si le agarras el gusto se vuelve tan fugaz. Las embestidas de la cadera de Pedro duraron unos segundos más hasta que él recordó que yo necesitaba respirar, ¡por poco yo también lo olvidaba!, permitiéndome entonces emerger sonriente enfrente de él.

    —¿Te gustó? —preguntó Pedro, jalándome por el cabello cruelmente para mantener mi cabeza sobre el agua.

    —Sí… sí… sí… —respondí eufórica tartamudeando, rompiendo el silencio que mantenía desde que mi novio se había marchado.

    —De acuerdo —concedió Pedro sonriente, satisfecho por mi sumisión.

    Ésta vez no me agarrarían desprevenida. Respiré profundo para llenar mis pulmones de aire, antes de que Pedro volviera a sumergir mi cabeza sujetándome por la nuca. Y tal como lo esperaba (o deseaba), una vez más él comenzó con sus embestidas de cadera contra mi rostro; utilizando su ahora más erecto miembro como bastón de castigo. Afortunadamente podía contener más tiempo la respiración, por lo que podía apreciar su gran miembro mucho mejor. Cuando este golpeó en mi nariz, ¡juro que casi pude oler su aroma bajo el agua! Estaba en un éxtasis total.

    Obvio, Pablo justo a lado, era el único que estaba en posición de deleitarse con la escena antes sus ojos, masturbándose frenéticamente (espero). Parecía dar la impresión de que Pedro estaba follándome salvajemente por la boca estando yo bajo el agua. Por eso es perfectamente entendible que cuando su amigo me permitió emerger nuevamente estuviera ansioso por participar.

    —¡Mi turno! —gritó Pablo deseoso por unirse a la diversión.

    “¡Por fin, ya era hora que Pablo mostrara un poco de iniciativa!”, pensé en mi interior. Pedro me sujetó por el brazo para hacerme girar sobre el agua y de esa manera empujarme en dirección de su amigo. Sin desaprovechar la oportunidad para darme una nalgada en los glúteos, alcanzando a introducir algunos de sus dedos en la unión de ellos. ¡Caramba, a Pedro no se le pasaba nada!

    Pablo me recibió más que sonriente, desesperado por reproducir para Pedro, la escena que él antes había estado disfrutando. Yo conociendo la rutina, una vez más, aspiré aire tan fuerte como pude; tomando esto el fornido chico como señal para empezar. Pablo me sumergió sujetándome por los hombros y sin más preámbulos comenzó a embestirme con su cadera.

    La excitación de Pablo era tal, que su miembro se encontraba completamente erecto, proyectándose bajo su calzoncillo. Éste golpeó repetidamente en mi rostro sin contemplación, casi clavándose en mi ojo; con un ritmo un poco más lento que el de Pedro que me permitía apreciar su gran tamaño con un mínimo de error. Su bulto me golpeó en la frente, en la nariz, en mis labios; si no fuera por la necesidad de mantener la boca cerrada para evitar que escapara el aire, fácilmente su miembro hubiese entrado en mi boca con todo y el calzoncillo gris de por medio.

    A ciegas, me era imposible determinar cuál de los dos chicos tenía el miembro más grande y grueso; pero una cosa era segura: cualquiera de los dos era mucho mayor que el de mi novio, quien yo suponía no tardaría en regresar. Si mi plan era poder seguir disfrutando de los miembros de estos dos chicos, necesitaba pensar en una forma de poder aprovechar mejor el tiempo que me quedaba.

    Casi un minuto después Pablo me permitió emerger a respirar. Su rostro se encontraba extasiado; era obvio que lo había disfrutado más que Pedro y yo. Quizás siendo un chico tan reprimido, jamás imaginó lo que el destino tenía preparado para él. Para ser honesta, creo que yo tampoco lo pude prevenir.

    Dirigí la mirada hacia Pedro, buscando su aprobación con mi desempeño. Su mano derecha dentro de su calzoncillo me hizo saber que así era, masturbándose enérgicamente mientras babeaba observándonos. ¡Cielos, ambos chicos eran patéticos! Este era el momento ideal para que yo volviera a tomar el control de la situación.

    Sonreí pícaramente a Pedro, invitándole a unírsenos en la diversión. Bastó un simple movimiento de mis ojos para indicar a Pedro que se pusiera justo detrás de mí. Sin pensarlo dos veces, el atlético chico, tomó posición entre mis piernas detrás de mis glúteos, sujetándome por la cadera. Yo me sujeté a la cintura de Pablo, introduciendo mis dedos en la cintilla de su calzoncillo, antes de levantar la mirada para indicarle que ahora él tendría el control total de toda la diversión. Él sería el único responsable de determinar cuándo iniciar y cuando parar; su amigo y yo nos someteríamos a su decisión.

    Ni siquiera me molesté en tomar aire. No importaba cuanto tiempo los chicos quisieran mantenerme bajo el agua, estaba segura de que lo soportaría. Toda la excitación que experimentaba en ese momento hacía que el riesgo inherente valiera la pena.

    Pablo sonrió en silencio aceptando la encomienda que le había sido asignada, y sin más demora, me sumergió brutalmente en el agua sujetando mi cabeza nuevamente por la nuca; para inmediatamente después abalanzarse con su cadera contra mi rostro con una actitud tan dominante y perversa, que no le había visto en todo el día.

    Su miembro, aún erecto, era empleado para restregar una y otra vez su inmunda ropa interior contra la delicada piel de mis mejillas; alternando su ángulo de ataque de un lado a otro. Primero por la izquierda, luego por la derecha, sin olvidar pasar por debajo de mi nariz; permitiéndome apreciar, aunque fuera sólo con la imaginación, ese rancio olor de macho que tanto me excitaba. Exquisito.

    De Pedro obviamente no me podía quejar, su carácter fuerte había sido más que probado durante todo el día, por lo que estaba más que segura que no me decepcionaría. Sujetándome firmemente por la cintura con ambas manos, empujaba su pelvis contra mi cuerpo con violencia; soportando como un verdadero hombre, el dolor auto infringido cuando su miembro se doblaba angustiosamente sobre sí mismo, al momento de chocar con la unión inferior de mis glúteos.

    Con cada una de sus certeras y fuertes embestidas intentaba hacer un leve giro; como si él creyera que utilizando su duro miembro a manera de tornillo conseguiría perforar la delicada tela de mi diminuta prenda. Quizás no estaba tan errado, pues con cada estocada conseguía introducir su filosa daga más profundamente dentro de mi alma, aún que fuera sólo de manera superficial.

    Yo me sujetaba fuerte a la cintura de Pablo, tratando de mantenerme sumergida; mientras intentaba a toda costa evitar que mi cuerpo ingrávido, se doblara por la mitad en cada ocasión que las poderosas acometidas de los chicos coincidían sobre mi ser. La sensación que me invadía era indescriptible. El sentirse deseada con locura por dos atléticos jóvenes y saber que, por esos escasos segundos, en su mente no había espacio para nada que no se relacionara con mi cuerpo y las innumerables formas en que podían gozar con él a su antojo, habían disparado mi excitación a mil. ¡Definitivamente no quería que esto terminara!

    Completamente enajenada de la realidad, en mi propio y exclusivo mundo de fantasía, a mis pensamientos llegó el ineludible y siempre odioso hábito de comparación; para intentar determinar cuál de mis dos flanqueadores había sido mejor bendecido por la madre naturaleza, anatómicamente hablando. Por enfrente tenía a Pablo, abofeteándome en el rostro sin parar, con ese enorme bulto frontal. Y por detrás tenía a Pedro empalándome continuamente con su filosa y larga estaca. Simplemente imposible decidirme por uno de los dos. Me sentía en el paraíso.

    Unos cuantos minutos después, casi por casualidad, recordé lo imprescindible que es para un hermoso y sensual organismo como el mío volver a respirar. ¡Estaba tan absorta, gozando sin control que lo había olvidado una vez más! ¡Definitivamente estaba como poseída!

    Pero no era solamente la necesidad de subir a tomar aire lo que me hacía recordar la superficie, sino también el viejo hábito de jadear emitiendo algún sordo sonido que yo tenía por costumbre realizar durante el acto de copular; lo cual resultaba un poco difícil dado las circunstancias especiales de aquel momento. Nunca mi garganta había tenido que silenciar tantos gritos y gemidos de placer como en esa ocasión.

    Sin embargo, yo no pensaba acobardarme tan fácilmente, sino todo lo contrario, estaba deseosa de encontrar la forma de prolongar ésta situación al máximo. Y entonces, providencialmente, pude recordar donde tenía puestas ambas manos. ¡Exacto! ¡En la cintilla del calzoncillo de Pablo!

    Una idea había llegado a mi mente ofreciendo una ingeniosa solución a mi dilema. Sólo tenía que halar un poco hacia abajo la prenda interior del fornido chico y ésta se deslizaría por sus muslos gracias a su enérgico movimiento de cadera; y de esa manera yo estaría en posición de poder disfrutar de su enorme miembro sin intermediario. Sin embargo, justo antes de animarme a desnudarlo una duda me detuvo.

    ¿Cómo se sentiría Pedro al verme desnudar a su amigo enfrente de él? ¿A caso no iba a desear que yo hiciera lo mismo por él? Lo último que yo quería es que Pedro se pusiera celoso y terminara abruptamente con nuestra excitante coreografía en progreso; ¡la verdad la estaba disfrutando demasiado! Desafortunadamente, por él estar ubicado en mi ‘otro extremo’, no había manera humana posible de desnudarlo al mismo tiempo que a Pablo; por lo que si llegaba a desear el mismo trato tendría que esperar por su turno.

    En una fracción de segundo el riesgo fue sopesado y aceptado, tenía mucho que ganar y poco que perder; ¡había que aprovecharlo! Sin nada más que pudiera yo hacer; implore al cielo para que le otorgara a Pedro, la paciencia suficiente para esperar a que yo me pudiera ocupar de él.

    Sincronizando hábilmente mis manos con el rítmico movimiento de cadera de Pablo, jalé ligeramente hacia mí la cintilla de su íntima prenda tan precisamente, que con un sólo movimiento pude bajarla hasta sus rodillas sin interrumpir su frenético vaivén. ¡Fue algo mágico!

    De un instante a otro, mis mejillas ya no eran restregadas con esa desgastada tela gris; sino más bien eran acariciadas con la firme y tersa piel que cubría su miembro desde la punta de su enorme cabeza, hasta donde el grueso tallo se unía con dos grandes bolas peludas.

    En efecto, sin la presión de su ropa interior impidiendo su erección podía apreciar perfectamente como su miembro se extendía cuan largo era; cubriendo toda la longitud de mi rostro sin problema. Era divertido intentar calcular su tamaño al momento que una de esas ásperas bolas golpeaba en mis labios, mientras la punta de su glande acariciaba el lóbulo de mi oreja. ¡Sublime!

    Pero si había algo que me había dejado impresionada, era el tamaño de sus testículos; se sentían gigantescos cada vez que ese par de bolas golpeaba contra mi rostro. Como dos enormes albóndigas de carne recién cocidas, tiernas y carnosas.

    Claro está, que previamente yo había tenido la oportunidad de sentir las bolas de un hombre en mi cara; y no me refiero a bolas minúsculas como las de mi novio; hablo de las bolas de un hombre de verdad, de esas que te provocan morder y lamer por horas, mientras los gruesos cabellos con que están cubiertas se pegan a tu paladar.

    Posiblemente la falta de gravedad permitía a sus testículos flotar e inflarse sin colapsar, y esa era la razón por la que daban la impresión de ser más grandes de lo que realmente eran. No lo sé, no soy científica; lo único que me importaba era poder disfrutar un poco más de lo que Pablo tenía para ofrecer.

    Y lo mejor de todo era que ninguno de los chicos había alterado su ritmo, ¡ni siquiera una fracción de tiempo! Ambos continuaban sin inmutarse, lanzando sus duros y enormes miembros contra un magnifico objeto de deseo entre ellos, ¡como si nada hubiese pasado!

    Mis preocupaciones previas habían sido en vano, no podía estar más complacida. Quizás mi maniobra había sido tan eficiente que Pedro no la hubiese notado, por haberla yo realizado bajo el agua; o tal vez era sólo que él tenía los ojos cerrados en ese preciso momento. Pero una cosa era más que segura: no había manera de que a Pablo le hubiera podido pasar desapercibido. Sus acciones posteriores no dejaron ninguna duda de ello.

    Sin previo aviso, Pablo fijó como objetivo mis bien cerrados labios; plantando la cabeza de su pene sobre ellos sin pretender despegarlo hasta conseguir abrirlos. Intentando utilizar su miembro como si se tratase de una gruesa barra de metal, la cual fungiendo de palanca podría ser utilizada para abrir un cofre del tesoro. Imposible evitar sonreír con lo desesperado de sus actos, ¡patético!

    Sin embargo, yo no podía complacerlo, no en ese momento; sabía que tan pronto mis labios se despegaran escaparía la última bocanada de aire que mantenía en mi interior. De hecho, mi vientre prácticamente había desaparecido dentro de mi tórax buscando exprimir cada molécula de oxígeno en mis pulmones. Si lograba salir viva de ésta situación habría tiempo para complacencias más específicas.

    Estaba tan embelesada con el grandioso falo frente a mí, que casi me olvido por completo de Pedro, quien no cejaba en sus fuertes embestidas contra mis glúteos, ¡que ingrata! El sentido básico de justicia exigía que debiese tener para él la misma cortesía que estaba teniendo con Pablo; además, estaba el hecho de que aún me sentía mucho más atraída hacia él.

    Los tres seguíamos gozando como locos sin que ninguno de los tres quisiera parar, pero claro eso tenía que suceder tarde o temprano. En determinado momento, Pablo se detuvo bruscamente y con un fuerte jalón de cabello me llevó a la superficie permitiéndome respirar nuevamente. De no ser por él, no sé qué hubiera pasado.

    Mi boca se abrió tan pronto mi cabeza salió del agua, aspirando profundamente desesperada; emitiendo un sonido ronco al momento que el aire fresco se habría paso, entrando rápidamente por mi garganta hasta llegar a mis pulmones. ¡No podía creer el tiempo que había permanecido sin respirar bajo el agua de la piscina! Definitivamente el cuerpo humano es capaz de realizar grandes hazañas con la correcta motivación.

    Los chicos reían perversamente viéndome jadear penosamente en medio de ellos tratando de recuperar el aliento después de semejante proeza física. Por poco me desmayo al sentir el cambio de la presión que era ejercida sobre mi cuerpo. ¡Cielos, mi rostro debería estar morado!

    —¡Pendeja, casi te ahogas, pero la rica sobada que te pusimos nadie te la quita! —comentó Pedro a modo de broma, riendo abiertamente sin una pizca de compasión.

    El comentario de Pedro me hizo un poco de gracia, como si él realmente creyera que valía la pena que yo arriesgara mi salud con tal de dejarme sodomizar por ellos dos; lo cual había sido completamente cierto. Por supuesto, el que yo reconociera ese hecho abiertamente era algo muy diferente.

    —He tenido mejores —respondí con sarcasmo, esforzándome por reír entre jadeos antes de recobrar la compostura.

    —Si eso es cierto, estoy seguro de que no fue con el pendejo de tu novio —refutó Pedro, continuando con su broma, sin estar errado del todo.

    —Obvio no —respondí tajantemente dándole la razón.

    Pedro continúo riendo abiertamente en medio de la piscina, satisfecho con mi reveladora respuesta, pues ahora sabía que yo no tenía problema en ser le infiel a mi novio; hasta que un sutil movimiento de Pablo le quitó la sonrisa de su rostro.

    —¡¿Qué?! —exclamó Pedro abriendo sus ojos tan grandes como pudo, al momento de ver volar los calzoncillos de Pablo hacia fuera de la piscina.

    Pedro estaba completamente atónito, no podía creer que él no hubiese notado antes que, su tímido amigo, estuviera frotando la piel de su inmundo miembro directamente contra mi rostro, ¡justo enfrente de él! Pero lejos de molestarse, sonrió ingenuamente burlándose de su propia inocencia.

    Yo sonreí pícaramente, encogiendo los hombros en señal de culpabilidad, sin decir una palabra antes de regresar a flotar suavemente sobre la superficie del agua enfrente de él. Sujetándome a su cintura para ofrecerle amablemente repetir lo que recién le había permitido a su amigo.

    —¡En verdad que eres una gran puta! —exclamó Pedro acariciando mi rostro con una sonrisa de lujuria en sus labios.

    Gracias al cielo, Pedro no se había molestado o puesto celoso porque yo hubiese sido demasiado ‘amable’ con su amigo. A estas alturas, creo que él ya entendía bien la manera tan pesada en que me gustaba jugar con los hombres a mi alrededor.

    Antes de que él pudiera reaccionar, introduje mis dedos en la cintilla de su calzoncillo; al igual que lo había hecho con Pablo sólo que, en ésta ocasión, planeaba bajárselos inmediatamente tan pronto me sumergieran en el agua. Lo jalé levemente hacia mí, como si pretendiera mirar lo que el atlético chico escondía bajo su ropa.

    A mis espaldas, Pablo callado y sumiso como siempre, se aprestó a tomar su nueva posición entre mis piernas justo detrás de mis glúteos; masajeando su miembro con ambas manos, impaciente por tomar su rol en el segundo acto de nuestra divertida puesta teatral.

    —¡Ahora vas a ver lo que es bueno, pinche puta de mierda! —amenazó Pedro sujetando mi cabeza por la nuca, con la actitud dominante que lo caracterizaba.

    Aspiré aire tan profundamente como pude, previniendo que pasaría más tiempo bajo el agua que en las ocasiones anteriores. Pedro me sumergió brutalmente sin darme tiempo a terminar, provocando incluso que tragara un poco de la clorada agua de la piscina, ocasionando que mi garganta colapsara. Pero no había tiempo para arrepentirse, si quería seguir gozando con la anatomía de esos hermosos chicos había que actuar rápido.

    Inmediatamente jalé el calzoncillo de Pedro hacia abajo llegando hasta sus muslos, dejando su miembro justo frente a mí, preparándome para ser embestida sin piedad. Sin embargo, esto no ocurrió de inmediato. Extrañamente Pedro se dio el lujo de quitarse su sucia prenda, levantando un pie a la vez. Para al final colocarla en mi rostro, utilizando sus dedos para intentar introducirla entre mis sellados labios.

    ¡Demonios, no podía creer lo que él estaba haciendo! ¡Yo queriendo aprovechar el poco tiempo que me quedaba estando a solas con los chicos y el muy idiota desperdiciándolo! ¿O acaso ahora Pedro me negaría su miembro como castigo por haber dado preferencia a Pablo? No importaba cual fuera la causa de su irracional comportamiento, sólo podía implorar al cielo que el chico recapacitara para el beneficio de ambos. ¡Demonios!

    Al ver que su calzoncillo no se mantenía en mis labios, Pedro comenzó a restregarlo lentamente por todo mi rostro, como si pretendiera limpiarlo con ellos; mientras yo seguía sujetada a su cintura, esforzándome por retener la respiración completamente furiosa. ¡No lo podía creer, todo mi esfuerzo para nada!

    Estando molesta a rabiar, recordé a Pablo, quien desde un inicio no había parado en sus embestidas contra mi cuerpo. Gracias al cielo, al menos Pablo si estaba dándole la seriedad al asunto aprovechando el escaso tiempo que nos quedaba; arremetiendo con su cadera contra mis glúteos tratando de hundir mi tanga lo más profundo entre ellos, claro está, valiéndose de su duro y enorme miembro para ello. Este chico se merecía un premio, aún no sabía si se lo daría o no, pero absolutamente se lo merecía.

    Consolada, en el hecho de que al menos para uno de los chicos yo seguía siendo un objeto de deseo, comencé a pensar una alternativa para poder sentir el miembro y los testículos de Pedro en mi rostro; y de esa forma responder la pregunta de cuál de los dos chicos estaba mejor dotado por la naturaleza.

    Después de todo, ahí estaba el miembro de Pedro, justo frente a mí, al alcance de mi mano. Sólo tenía que hacer un poco de fuerza en los brazos y mi cuerpo saldría proyectado contra su cadera, resolviendo la incógnita que me tenía completamente intrigada.

    Sin embargo, sabía bien que al hacer esto, estaría castigando indirectamente a Pablo al negarle mi trasero por unos pocos segundos, después de que él había sido el único que me estaba haciendo gozar en ese momento. Lo que me parecía algo ingrato de mi parte y un poco injusto para él.

    Con mis pulmones carentes de oxígeno de nueva cuenta, y el reloj corriendo sin parar, tuve que sopesar el costo beneficio una vez más. La decisión había sido tomada, no había marcha atrás. Tan pronto Pedro retiró sus calzoncillos de mi rostro se presentó una ventana de oportunidad, ¡había que aprovecharla! Pero justo antes de lanzarme al abordaje, sentí ese anhelado y duro miembro golpeando fuertemente contra mi rostro tomándome totalmente por sorpresa.

    Aliviada, agradecí al cielo el que el chico delante de mí hubiese recobrado la razón, dejando de lado sus absurdos juegos; para a continuación, entregarme completamente a gozar siendo acribillada por aquellos bien dotados chicos. Su miembro se sentía duro y enorme; y al igual que Pablo intentó utilizarlo a manera de palanca para abrir mis labios clavando su glande entre ellos repetidamente.

    Si tan sólo lo hubiese intentado antes, yo hubiera estado en condiciones de complacerlo. En ese momento mi abdomen se había refugiado nuevamente entre mis costillas. No podía darme el lujo de desperdiciar mi última bocanada de aire. Lamentaba ser ruda, pero quizás esa sería la única forma en que el chico aprendería a ser más dedicado en sus deberes.

    Al no conseguir lo que deseaba, Pedro comenzó a frotar su miembro contra mi rostro lenta y deliciosamente. Tomándose el tiempo de colocar sus enormes testículos bajo mi nariz. Puedo jurar que incluso sentí el grueso y áspero cabello púbico atorarse entre mis labios. Y en ese preciso instante, pude resolver la importante interrogante.

    Ciertamente ambos chicos estaban muy bien dotados; y cualquier chica estaría feliz de tener la oportunidad de gozar fornicando con uno de ellos. Y aunque una primeriza podría no notar ninguna diferencia en la longitud o grosor de sus miembros, un ojo bien experimentado (como el mío), sí era capaz de detectar esa sutil diferencia. La cual puede llegar a ser muy importante en la cama, o cualquier otro lugar en el que se pueda fornicar.

    Pero como siempre, tarde o temprano todo lo bueno tiene que terminar, o al menos ponerse en pausa. Estando yo todavía semi sumergida bajo el agua, con la adrenalina a tope, esforzándome por exprimir las últimas moléculas de aire en mi sistema y los chapoteos y gemidos de placer de los chicos a mi alrededor; en determinado momento alcancé a escuchar perfectamente el motor de la camioneta de mi novio, deteniendo su marcha al estacionarse frente a la casa. El tiempo se nos había acabado. ¡Demonios!

  • La tía de mis primos (parte I)

    La tía de mis primos (parte I)

    Esta historia es ficticia y está basada en una de mis tantas fantasías con la tía de mis primos.

    Todo empezó un fin de semana en la casa de playa de mis primos. Yo tenía 21 años y recuerdo todo como si fuera ayer: mis papás me dijeron que el fin de semana irían a la playa con mis tíos, lo que automáticamente significaba que podría organizar una fiesta con mis amigos en su ausencia. Pero luego de enterarme que Katy también iría, me olvidé de cualquier posible fiesta. Mis papás no podían creer que yo acepté acompañarlos a pesar de que no habría nadie de mi edad con quien convivir (mis primos eran bastante menores que yo). Pero la oportunidad se presentó y yo era un hombre con una misión: reencontrarme con ese olor tan excitante, ya que el calzón cachetero de Katy había perdido su magia y, luego de muchos intentos fallidos, nunca volví a encontrar un calzón usado por Katy en la canasta de ropa sucia de su casa. Así que cuando mis papás me preguntaron si los acompañaría, sin pensarlo dije que sí.

    Katy es la hermana de mi tía política. A pesar de no ser familia, siempre la consideré como mi tía, pues mis tíos siempre la invitaban a ella y a su esposo a todos sus eventos. En esos eventos descubrí que Katy era una MILF. 42 años, piel morena clara, pelo castaño hasta los hombros, ojos cafés, estatura baja-media, caderas anchas, buena curvatura, y pechos naturales. Para muchas personas Katy no sería la típica MILF, pero para mí siempre fue un 10 de 10. Así que ni loco dejaría pasar la posibilidad de verla en traje de baño y oler lo que sea que ella usara en esa ocasión.

    El sábado, mis papás me hicieron madrugar para así poder llegar a la playa antes del mediodía. Siempre odié madrugar, pero en esa oportunidad no puse ni un «pero». No podía esperar a llegar. En el carro de ida ni hablé con mis papás. Me puse mis audífonos, fingí estar dormido, y no dejé de fantasear con los panties de Katy. En una ocasión que entré a su closet, descubrí una tanga tejida color celeste, y un calzón rojo con puntos blancos compuesto por dos partes conectadas a través de unos aros de madera (imaginar que esos aros se pegaban a su piel me excitaba tanto). No había cosa que deseara más que una de esas prendas usadas por Katy. Aunque más adelante me reencontré con esas prendas, lo que sucedió ese fin de semana superó cualquier fantasía.

    La casa de mis tíos está ubicada en uno de los residenciales más exclusivos de una playa de Guatemala. La casa tiene 7-8 cuartos, piscina, un amplio jardín, y un «rancho» con un comedor para más de 20 personas y múltiples espacios para convivir (un bar, salas, y hamacas). La estética de la casa nunca me gustó mucho, pero luego de ese fin de semana, no hay día que no piense en ella y lo que allí comenzó.

    Cuando por fin llegamos a la casa, todos ya estaban allí. Al entrar, inmediatamente vi que Katy tenía puesta una calzoneta color corinto de cuerpo completo. Fue la primera vez que le vi las piernas. A pesar de que tenía puesta una camisa y no pude verla bien, sentí una urgencia por masturbarme que nunca antes había experimentado. No lo pude hacer porque mis papás de pidieron que por favor saludara a todos los presentes y que conviviera con mis primos al llegar. Desde que llegamos, estuve esperando la oportunidad perfecta para «atacar».

    En la piscina, mi primo me contó que todos (incluyendo a Katy) habían llegado el día anterior desde temprano, lo que aumentaba las posibilidades de que, en alguna parte de la casa, un panty usado por Katy estaría esperando por mí. Con mucha discreción, averigüé en qué cuarto había dormido Katy. No podía controlar la erección que tenía. Decidí que me iría a masturbar al primer baño que encontrara. De la nada, la ocasión perfecta se presentó. Escuché a mi tía decir «ya está servido el almuerzo, a comer». Para mi suerte, el almuerzo estaba servido en el rancho, a unos 10 metros de la piscina y lejos de la casa.

    Cuando vi que todos estaban en el rancho, grité «ahora vuelvo, empiecen sin mí». Era la oportunidad perfecta. Entré a la casa lo más rápido que pude. Memoricé que Katy había dormido en el cuarto del fondo de la izquierda. Entré al cuarto y me dirigí al baño. Antes de entrar al baño, había un corredor con un closet. Allí, en una de las estanterías, había un maletín rojo. Asumí que era de Katy y lo abrí sin pensar. Lamentablemente, el único calzón que había estaba limpio. «Tiene que haber otro» pensé, así que me dirigí hacia el baño. Al entrar, se me detuvo el corazón. En el grifo de la regadera estaba colgado un calzón gris de encaje. Al agarrarlo, sentí que estaba húmedo, pero no me importó. Me llevé el calzón a la cara, pero no olí otra cosa que no fuera jabón. No lo podía creer. Tanto tiempo esperando este momento para irme con las manos vacías.

    Luego, volteé a ver el colgador de toallas y vi una calzoneta negra de cuerpo completo. Toqué el traje de baño y lo sentí húmedo; asumí que también estaría limpio y decidí abortar la misión. Estaba a punto de salir del baño cuando mi propia curiosidad me exigió regresar a probar suerte con el traje de baño. Lo tomé de la parte inferior, estiré la tela lo más que pude e inhalé con todas mis fuerzas. ¡BINGO! Después de tanto tiempo, por fin me pude reencontrar con ese olor tan peculiar y excitante. Mi erección fue automática.

    Me bajé los pantalones de inmediato. Una necesidad de masturbarme me invadió por completo. Me sorprendí del tamaño que tenía mi pene. Estaba más grande que nunca y la punta estaba cubierta de líquido pre-eyaculatorio. Me llevé la calzoneta a la cara con la mano derecha y empecé a masturbarme con la izquierda. Inhalaba como un desquiciado, mientras me imaginaba la vagina de Katy reposar ese pedazo de tela que yo tenía en mis manos. Eyaculé en cuestión de segundos. No me pude resistir a tan excitante olor. No tuve ni tiempo de ver dónde había acabado. Debió ser por todos lados puesto que tenía la mano repleta de semen.

    Inmediatamente, pensé en llevarme la calzoneta a mi cuarto, pero sería demasiado obvio. Luego, al ver que mi erección continuaba y que mi cuerpo me pedía más, continué frotando mi pene. Esta vez, empecé a succionar con mi boca para intentar probar a Katy. Mientras tomaba aire y de forma involuntaria empecé a gemir, diciendo en voz baja, «que rico, Katy, que rico». No puedo describir el olor. No se compara con las otras MILFs que he podido oler. Lo que más me excitó era que el olor era extremadamente potente, como si Katy hubiera usado el traje de baño por días. Perdí la noción del tiempo y me olvidé de que tenía que ir a almorzar con mi familia.

    «Clack». El sonido de la cerradura me devolvió a la realidad. Sentí pánico; alguien me iba a descubrir. En eso, ese alguien tocó la puerta y preguntó, «¿hay alguien allí?» No sabía que hacer. En una mano mi pene y en la otra la calzoneta. Ambos llenos de semen. No sé cómo, pero la calzoneta estaba atravesada por una línea vertical de semen. Empecé a entrar en pánico. ¿Qué pasa si es el esposo de Katy? ¿Qué pasa si es ella? ¿Le dirían a todos lo que me descubrieron haciendo? Como pude, respondí con una voz titubeante «ahora salgo».

    Asumí que lo peor pasaría y que me tocaría vivir el momento más vergonzoso de mi vida. Sin limpiarme, me subí la calzoneta y abrí la puerta. Al salir, estaba Katy de pie esperando entrar al baño. Me vio con cara de extrañada pues ella sabía que yo no tenía nada que estar haciendo en «su» baño. Sin hacer contacto visual y con una voz quebrada, le dije «perdón». No escuché si ella dijo algo o no. Salí corriendo como pude.

    Llegué al rancho donde estaban todos. Estaba temblando y con las palpitaciones muy elevadas. Me serví lo primero que encontré de comida y me senté en la mesa con mis primos. Al día de hoy, no recuerdo qué comí. Sólo pensaba en el episodio que, según yo, estaba por desatarse. Sin embargo, empezaron a pasar los minutos y no había señales de Katy. Desde mi silla podía ver la puerta corrediza de donde emergería Katy. Intenté distraerme integrándome a la conversación de Pokemon que mis primos estaban teniendo. Justo cuando iba a explicar por qué siempre elegía a «Charmander» como mi Pokemon inicial en el videojuego, vi a Katy caminar hacia nosotros. Me quedé paralizado. Bajé la mirada esperando lo peor y sin poder articular cualquier «defensa» para mi comportamiento.

    En ese momento me percaté que Katy tenía puesto el traje de baño negro con el que yo me acababa de masturbar. Mi nerviosismo aumentó cuando recordé que ni siquiera tuve la decencia de regresarlo al lugar donde lo encontré; lo dejé tirado en el suelo luego de intentar devorarlo. «Mierda. Seguro se lo puso para enseñarle a todos lo que hice con su traje de baño y avergonzarme aún más» pensaba en mi interior. Pero nada ocurrió. Katy se sentó al lado de su esposo como si nada y comenzó a comer. Cada vez que podía la veía de reojo, pero ella estaba de lo más tranquila, ni me volteaba a ver. Transcurrió todo el almuerzo sin que pasase nada. Al terminar de comer, me levanté de mi silla y dije que iría a hacer una siesta. Recogí mi plato rápidamente y me dirigí a la cocina sin hacer contacto visual con nadie.

    Mi estrategia sería sencilla: evitar a toda costa a Katy y pretender que nada había ocurrido. Al entrar a la cocina, puse mi plato en el lavaplatos y escuché «le dejé un regalito en su baño». Volteé y era ella. Nunca en mi vida la había visto tan hermosa como esa vez. Tenía una sonrisa traviesa y no tenía puesta una camiseta sobre su traje de baño, como lo hizo en todo momento hasta antes de descubrirme. Sus pezones estaban duros como una roca y parecía que iban a reventar la tela. Estábamos solos los dos. «No sabe lo que me excitó ver lo que le hizo a mi calzoneta. Por lo visto le encantó mi olor» me dijo con una voz suave mientras se acercaba a mí.

    «Quiero que me coja toda y que me deje como dejó esta calzoneta» me dijo mientras se señalaba el traje de baño negro. Yo me quedé paralizado. No pude responder. Tiene que ser un sueño en el que estoy delirando de excitación, pensé. Pero Katy me recordó que todo era muy real. «Tenía años de no tocarme a mí misma, y hoy no me pude resistir» me dijo al oído. «Aquí todo el mundo se duerme temprano. Lo espero en el rancho a las 2 de la mañana para que pueda oler y probar todo lo que quiera de forma directa. Pero para mientras, espero que le guste su regalo», sentenció lanzándome un guiño.

    Yo tenía una erección que dejaba en ridículo a la erección que tenía cuando me reencontré con el olor de Katy antes ese día. Yo estaba sin palabras. En eso ella se acercó a mí, volteó a ver a todos lados para asegurarse que no había nadie alrededor y me agarró el pene con su mano derecha. Con el pulgar haciendo movimientos circulares, bruscos pero pausados, me masajeó unas cuantas veces la punta. «Así lo quiero más noche. No diga nada y actúe normal» dijo mientras se volteaba. Yo no podía parar de admirar ese culo redondo y perfecto; estaba hipnotizado.

    Entonces, realicé que ella me había dejado algo en el cuarto donde yo dormiría. Cómo hizo para saber que «mi cuarto» estaba en la esquina opuesta del suyo es algo que nunca supe. Corrí como loco al cuarto donde dormiría esa noche y me encerré en el baño. Lo primero que noté al entrar fue mi regalo: la calzoneta color corinto que Katy estaba usando ese día cuando llegamos. Estaba sobre el lavamanos y al revés, esperándome. Cuando la tomé vi que el pedazo donde va la vagina estaba manchado por un fluido viscoso entre blanco y amarillo. El olor era espectacular; tan potente que todo el baño olía a Katy.

    Me senté en el inodoro, saqué mi pene, puse la calzoneta sobre mi cara reclinada, y empecé a tocarme como si no hubiera mañana. Como era de esperarse, acabé en cuestión de segundos. Pero no me importó, seguí jugando conmigo mismo mientras me llevaba la calzoneta a la cara. Sin pensarlo lamí todo sin cesar. Si el olor es espectacular e indescriptible, el sabor es lo mejor que me ha pasado en la vida. Sólo con pensar que Katy se masturbó con ese traje de baño y que lo dejó empapado para mí, me hacía acabar inmediatamente. Terminé viniéndome en el piso como tres veces seguidas.

    Luego empecé a escuchar que alguien gritaba mi nombre, pero yo quería quedarme allí para siempre rodeado de ese olor que me vuelve loco. Limpié todo como pude y salí. Lo primero que hice fue esconder el traje de baño en mi maleta. Decidí salir para ver a mi musa y apreciar lo que más tarde sería mío. Cada vez que la veía me invadían unas ganas de tenerla completamente desnuda frente a mí para poder hacerle de todo. Mientras analizaba cada detalle de su cuerpo, concluí que mi deseo sexual sería aún mayor si descubría que ella tenía la vagina sin rasurar y las areolas cafés y grandes. El olor y sabor estaban garantizados.

    Pasaron las horas, cenamos, y uno por uno se fueron todos a dormir. Yo, en la primera oportunidad que tuve, a eso de las 9 y media de la noche, me despedí de todos para “irme a dormir”. No hice otra cosa que masturbarme con Katy y su calzoneta color corinto. Puse más de 10 alarmas desde la 1 y media hasta las dos de la mañana por si me quedaba dormido. Pero mis ganas de tener a Katy eran tantas que me mantuve despierto todo el tiempo.

    Inspirado por algunos videos pornográficos favoritos (en los que alguien se coge a la mamá de su amigo u otra madura) decidí que iba a ser yo quien tomaría el control de la situación. Si Katy me sorprendió en la cocina después del almuerzo, yo la sorprendería el doble. Decidí que le hablaría sucio y que le confesaría que llevaba años queriendo probarla, así como mi fascinación por esa tanga tejida color celeste y ese calzón rojo con blanco con los que tanto ansiaba masturbarme. No iba a guardar absolutamente nada; “sin filtros” me dije a mí mismo. Tenía que demostrarle que era mi musa y que estaba dispuesto a ser su esclavo sexual. Pero al mismo tiempo, decidí que iba a “jugar” con ella; no me iba a lanzar como desesperado hacia su vagina, sino que iba a tomar las cosas con calma para que ella fuese quien me pidiese más. En fin, nada como el poder de una primera buena impresión, pensé.

    Salí hacia el rancho a la 1:50. Como había predicho Katy, no había nadie despierto. Estaba todo apagado, a excepción de una luz que alumbraba el camino hacia el rancho. Llegué al rancho y me senté en un sillón a esperarla. Con el celular en la mano esperando a que dieran las 2, mi corazón estaba a punto de explotar. Era la 1:59 am cuando vi una sombra salir de la casa en dirección al rancho.

    Sabía que era ella, puesto que memoricé su forma de caminar durante toda la tarde. La vi entrar al rancho y dijo con una voz muy callada, “pensé que no iba a venir”. En ese momento, un ímpetu sexual que nunca había experimentado se apoderó de mí. No dije nada. La tomé de la mano y la llevé al sillón más lejano que había. Ella tenía puesto un pijama muy sexy: un short bastante corto y una camisa de tirantes. Era evidente que no tenía puesto nada debajo, sus pezones grandes la delataban.

    Antes de que se sentara en el sillón, la jalé hacia mí para que sintiera la erección que tenía en mis pantalones. “Como me pidió, me la voy a coger toda y la voy a embarrar en semen. Espero que esté preparada para sentir cosas que su esposo jamás le ha hecho sentir” le dije al oído mientras le presentaba a mi lengua. “Que rico, por favor” fue su respuesta.

    Nos comenzamos a besar apasionadamente durante unos 5 minutos. En ese tiempo le comencé a sobar las tetas. Ella intentó desvestirse, pero la detuve. “Eso lo hago yo” le dije. Le quité la camisa y vi las mejores tetas que he visto en mi vida. Grandes, naturales, con areolas grandes y cafés. Empecé a replicar el movimiento circular que ella me había hecho en el pene antes ese día usando mis dedos pulgares en sus pezones. Sus tetas eran suavecitas pero sus pezones estaban durísimos. Empezó a gemir. Luego comencé a besarla entre las tetas mientras sostenía cada una con mis manos. Poco a poco, tomaba turnos para besar sus ricos pezones. Comencé a lamerlos detenidamente. “Así, siga así, por favor” me decía. Empecé a morder suavemente y a succionar. Sus respiraciones aumentaron y mientras gemía decía “hmm, que rico, no pare”.

    Bajé lentamente mi mano derecha hacia la fuente de mis mayores deseos sexuales. Cuando pasé mi dedo medio sobre su short me di cuenta de que estaba completamente húmedo. Regresé a besarla en la boca y cuando menos sintió, la empujé para que se acostara en el sillón. Me vio sorprendida pero fascinada. Me acerqué a su oído y le susurré, “hace años le robé un calzón cachetero y descubrí el olor más rico y excitante del mundo. Desde ese entonces no hay cosa que desee más que lo que estoy a punto de hacer”. Empecé a besarla en el cuello mientras me dirigía hacia abajo. Sus respiraciones y gemidos incrementaron.

    Ella tenía las piernas completamente abiertas. Yo agarré la parte posterior de sus muslos y comencé a besarle el ombligo. Su olor se empezaba a asomar. “Soy toda suya. Hágame lo que quiera” me dijo. Me hice un poco para atrás en un intento de apreciar el panorama y pude ver cómo el short estaba partido por una franja vertical que dividía sus inflamados labios vaginales. Puse mis manos en sus caderas e introduje mis dedos dentro del elástico de su short. Ella levantó un poco su cuerpo para que yo pudiera remover rápidamente ese pedazo de tela que yo quería arrancarle. El olor de Katy se hacía cada vez más presente y yo comencé a excitarme como nunca. Empecé a ver un poco más debajo de su ombligo cuando me dijo “solo le advierto que no me he rasurado en mucho tiempo”. “Mejor”, respondí.

    Continuará…

  • Irene y sus primos (parte 2)

    Irene y sus primos (parte 2)

    Desde esa noche con Julián en la vieja estación, inventamos mil maniobras para encontrarnos a solas y fui aprendiendo con mi primo las artes sexuales. ¡¡Me encantaba coger!! Ya sé, no soy boluda, a cualquiera le gusta, pero en mi caso, era una adicción terrible. Aprendí a chupar bien una pija, lamiéndola, dandole toques con la lengüita en la cabeza (me encantaba sentirla vibrar), a pasar de cálidas mamadas hasta chuparla fuerte como bombilla de mate, a masturbarlo mientras le apretaba suavemente las bolas y la lamía, a mostrarle mi boca llena antes de tragar la leche. Aprendí distintas posiciones, acostados, sentada sobre él, de pie. Todo me parecía fantástico y no entendía porqué algo tan lindo estaba tan prohibido. ¡¡Qué mierda tenían las monjas en la cabeza haciéndonos dar temor de hacer esto tan bonito y placentero!!

    Una noche salí con mis tres primos y fuimos los cuatro a hacer un fogón al lado de la laguna. Era un día de semana y a esa hora no había ni un alma. Llevamos salchichitas para calentar en la fogata y una salsa donde mojarlas, papitas, chizitos y dos gaseosas. Pero Roque (otro de mis primos) sacó dos botellas de vino y una de ginebra y empezaron a pasarlas en ronda. Yo no quería desentonar y le daba traguitos pequeños. Pero entre jodas, chistes, cargadas y bromas, me fui entonando sin darme cuenta.

    Pedro (mi tercer primo) se levantó y empezó a sacarse la ropa. “Voy a nadar”, dijo, se quedó en boxer y se metió al agua. Los otros dos empezaron a imitarlo. “Vamos primita, vení”. Yo estaba entre la vergüenza, las ganas, la curda y la excitación de verles los tres bultos que se marcaban en sus boxers. Pero no me animaba. Los tres vinieron, empezaron a joderme, a animarme, a decirme que me deje de joder, que eramos todos primos y terminaron logrando que me saque el vestido y vaya con ellos.

    En el agua, ellos empezaron a empujarse, a mojarse y a joder como siempre hacían. Pero de pronto, Roque y Pedro me agarraron entre los dos, uno de los pies y otro de las manos, me bambolearon y me tiraron al agua. Nuevamente me agarraron entre dos y yo intentaba desasirme. Mientras eso pasaba yo sentía el roce de sus manos en mi cuerpo, en mis tetas, en mi cola. En un momento Pedro me abrazó y Roque empezó a darme chirlos porque decía que era una mala primita que no quería jugar. Después vinieron los tres y me abrazaron, me pidieron disculpas y me llevaron en andas al fogón. Pero el roce de sus manos tomándome de la cola, sus brazos musculosos abrazándome y verlos desnudos (junto a mi incipiente borrachera) me hizo mirarlos distintos.

    Los tres estaban buenos, eran atléticos, musculosos, con las colitas duras y unos bultos prominentes. Estuvimos un rato pasando la botella de ginebra hasta que se terminó. Yo estaba bastante “alegre” por decir poco y mi libido me hacía malas jugadas con esos tres machos a mi alrededor. Además, todos me trataban como una reina, me cuidaban y me atendían.

    – “Vamos a jugar a la botellita ¿quieren? dijo Roque, agitando la botella vacía.

    Y empezamos a joder, primero con cosas tontas hasta que le tocó a Pedro y ante la disyuntiva de verdad o consecuencia, dijo verdad. Roque le dijo que era lo que estaba pensando y Pedro me miró y dijo

    – “En lo hermosa que está la primita. ¡¡Dios!! que mujercita, está para comérsela”.

    Yo me sonrojé pero, al mirarlo vi crecer el bulto de su boxer y eso me alarmó, me hizo sentir deseada y me calentó, todo a la vez. Recién ahí caí que estaba en bombacha y corpiño, mojada y que se me veía mucho. Quise levantarme pero me tropecé. Julián vino a abrazarme y me dijo que me quede tranquila. Siguieron con el jueguito y me tocó a mi. Por temor a que me pregunten algo que deje en evidencia lo mío con Julián, elegí consecuencia. Y Pedro, al que le había tocado el culo de la botella me dijo que tenía que darle un beso a Roque “Pero un beso de verdad, primita, no de nenes”.

    Intenté levantarme pero estaba muy mareada. Roque vino, me ayudó a levantarme, me abrazó y me dio un beso, metiéndome la lengua y disfrutando mi boca mientras sus manos acariciaban mi espalda. Mientras lo hacía, sentía su dureza contra mi panza y mis tetas contra su pecho musculoso. Me senté sin decir nada, pero no puedo negar que el abrazo, la sensación de su piel contra mí y su miembro duro no me disgustaron para nada. ¡¡Estás borracha boluda!!, me dije. ¡¡Pará!! Pero no me sentía capaz de parar.

    Después le tocó a Roque, que eligió verdad y Julián le preguntó ¿que es lo que más ganas tenés de hacer ahora?

    – “Acariciar a la hermosura de nuestra prima”.

    – “Wow primita, hay otro acá que te tiene ganas”, dijo riendo Pedro y todos me hicieron bromas y me aplaudían. “Sos la reina de belleza para nosotros. ¿no te gusta?”

    Cuando me volvió a tocar a mí, dije verdad y Roque me preguntó si mis primos me gustaban, si no me tentaba verlos así, semidesnudos. Me puse colorada a más no poder y me aclararon que tenía que decir la verdad. En realidad mi cara ya lo había dicho todo.

    – “Me parece que a nuestra primita le gustaría que la mimemos un poco, ¿no?”, dijo Roque levantándose y viniendo hacia mi y Pedro lo siguió.

    Me quise levantar, pero Julián me tenía fuertemente abrazada y empezó a acariciarme y a besarme el cuello, me dio vuelta la cara y me dio un beso de lengua. Al rato, sentí una mano acariciando mi pecho y jugando en mi pezón. Dije varias veces ¡¡No!! y quise soltarme, pero Julián me abrazó más aún, mientras sentía unas manos que recorrían mi cuerpo, bocas que me besaban y frases de todo tipo halagando mi belleza. Yo sabía que tenía que parar pero, la verdad, me encantaban esas caricias. Pensaba en esos bultos duros en sus calzones, sentía mis tetas siendo acariciadas y besadas, una mano que me acariciaba la conchita. La calentura, la curda y todos los mimos pudieron más y en pocos instantes me sentí desnuda y mimada por mis primitos.

    Sin darme tiempo ni a pensar, me acostaron sobre una lona y mientras uno me besaba, otro lamía mis pezones y otro mi conchita y unos dedos incursionaron dentro mío. Por dentro me decía que eso estaba mal, que era una puta cualquiera, que no tenía que dejar que sigan. Pero mi cuerpo quería más, todo era divino. Sentía caricias, gozaba las lamidas, pensaba en sus pijas duras. Julián fue el primero en subirse arriba mío y penetrarme, mientras los otros dos me acariciaban y me hablaban.

    – “Sos hermosa primita y queremos que disfrutes con nosotros. Te vamos a a hacer gozar como nunca”.

    Sentí que tomaban mis manos y me las ponían sobre las dos pijas duras de mis primos arrodillados a mi lado, a las cuales aferré y empecé a acariciar. Roque me puso la cabeza de lado y puso su pija enfrente mio. La puta de mi boca se fue de lleno a chuparla. Me encantaba. Julián seguía cogiéndome y Pedro me hizo girar para su lado y me puse a chuparle la pija a él. En un momento, cambiaron Pedro y Julián y después pasó a cogerme Roque. Yo disfrutaba ser cogida y tener dos pijas para chupar

    – “Así primita, vas a ser la putita de tus primos. Chupas hermoso guachita!”, sentí que me dijo uno de ellos y me sentí orgullosa de saber como mamárselas. De golpe, me pusieron en cuatro y sentí una píja penetrándome, no sabía de quien era y, en realidad, a esta altura no me importaba. Pedro se puso delante y me dio a mamar su miembro, no me hice rogar. Mientras, sentía unas manos masajeando mis tetas.

    Fuimos cambiando de posturas y de pijas en mi concha y mi boca. Me sentía en el cielo, todo era placer. En un momento, Pedro se acostó, me pusieron arriba de él a caballito y me penetró para luego abrazarme y hacerme acostar sobre él mientras los otros me acariciaban la espalda y me besaban en el cuello. En ese momento sentí que mi culito empezaba a ser lamido, después visitado por un dedo juguetón. ¡¡No!! llegué a gritar, por la cola no. Pero una mano me tapó la boca mientras sentía una pija que suave y de a poco, me iba abriendo el ojete.

    – “Te vamos a culear toda primita, como a una buena hembra. ¿No querés se nuestra putita?

    De pronto toda una pija se metió en mi culo y se quedó ahí quietita mientras yo jadeaba y sentía por primera vez dos hombres dentro mío. Me esperaron hasta que mi cuerpo se amoldó y fui aflojándome mientras mis primos me decían lo linda que era, el hermoso culo que tenía y lo delicioso que era cogerme. De a poco los dos que me penetraban fueron moviéndose despacito y volví a sentir toda la calentura y a gozar esos dos machos en mi interior. El que quedó fuera, me tomó de los pelos y me hizo levantar la cabeza (creo que fue Roque) y me empezó a coger la boca.

    Yo estaba en las nubes, apenas podía respirar pero me sentía una diosa, entregada a mis primitos. El primero que acabó fue el que me cogía la boca llenándomela de leche, la saborée y la tragué. Al rato, Julián me empezó a culear fuerte y rápido y acabo en mi culito. Pedro salió de adentro mío y se levantó, empezó a pajearse y me ordenó que me ponga de rodillas a lo que hice caso. Mientras mis primos me rodeaban y miraban.

    – “Mostranos como sos de putita para tus primos”, dijo Roque.

    – “Abrí la boquita para que te la llene de leche”, agregó Pedro.

    – “Y después tragala, para que te veamos”.- pidió Julián.

    Yo sonreí y abrí mi boca, Mientras Roque y Julián se pusieron de rodillas a cada lado mío y me acariciaban las tetas, Pedro me acabó poniendo toda su leche en mi boquita y yo se la cghupé bien para no perderme una gota. Los tres me dijeron . – “Tragala toda primita”, los miré, me tragué todo y les mostré la boca vacía y sonreí.

    – “Sos la putita más hermosa que hay primita, vení”, me dijo Julián.

    – “Y sos nuestra putita”, aclaró Roque.

    Julián se sentó contra un tronco, me puso de espaldas contra él, Pedro se acostó sobre mi pubis y Roque sobre mis muslos. Me sentía mucha más satisfecha, contenta, deseada, y feliz que avergonzada. Tenía a esos tres machos jóvenes, hermosos y pijudos totalmente para mí. Me habían hecho acabar varias veces pero, sobre todo, había sentido una sensación de poder que todavía me llenaba. Era la reina en mi pequeño mundo.

    – “Primita, te queremos coger mucho. ¿te gustó que te agarremos entre los tres? Porque pensamos seguir cogiéndote y haciéndote gozar. ¿Qué decís, si o no?”.

    Mi mente dijo que no, estoy segura, pero de mi boca salió un sensual y rotundo sí mientras sonreía y sentía las manos de los tres acariciarme toda. Me besaron y me contarón todo lo lindo que se sentía cogerme y lo hermosa que era. Mi pobre autoestima en temas sexuales ascendió hasta las nubes. Esas vacaciones fueron a puro sexo, no había descanso. Entre los tres tramaban todas las formas para poder cogerme a la hora que sea. Se turnaban en distraer a mis viejos para que yo disfrute con alguno de ellos, a veces con dos y en raras ocasiones, cuando podíamos escaparnos, con los tres. Y yo estaba absolutamente encantada y caliente en forma constante. Era la putita de mis primos y disfrutaba de serlo. Compraron píldoras anticonceptivas para que tome y empezaron a cogerme sin forro y a llenarme de leche por todos lados.

    No quería que el verano termine, pero todo llega a su fin. Veía nueve meses de soledad por delante sin mis primos y sus pijas hermosas y empecé a desesperarme. Roque trajo la solución.

    – “Primita, venite a La Plata, a la Universidad. Que tus viejos te banquen una pensión y nosotros buscamos la forma que sigamos juntos”.

    Mis padres no querían saber nada. Pero usé todas las artes de nena consentida. Hablé de mi futuro, de mis estudios, de no querer enterrarme en este pueblo, de tener un título, de progresar. Cuando todo eso no bastó, les dije que si no iba a La Plata, me iba a Lincoln a trabajar con mi tía (que siempre me daba los gustos y en la familia se la consideraba “ligerita”). Eso terminó con sus negativas. Ir con la tía de Lincoln, en la mente de mis viejos, era exponerme a la perdición y el vicio. Pobres, me creían aún virgen e inocente.

  • Mi sobrina viene para hacer un posgrado (tío-sobrina)

    Mi sobrina viene para hacer un posgrado (tío-sobrina)

    Me llego un mail pidiendo si podía contar su historia, hice un cambio de contexto, nombres y sobre todo respetando su pedido no poner el intercambio de correos.

    Generacionalmente soy de la década de los sesenta, mi andar ya es cansino, mi pelo perdió color y mi cabeza carece de gran parte de él. Me considero un joven-viejo, pues todavía juego futbol o paddle, obvio a mi ritmo pero estoy activo, mi físico, según el Médico, es privilegiado, aun me mantengo en muy buena forma.

    Suelo rodearme de jóvenes, ellos me inyectan la vitalidad y ganas de continuar, aún sigo aprendiendo muchas cosas.

    Vamos al grano. Pasados los cincuenta años, me han quedado varias cosas en el tintero, algunas que he anotado en una lista ya tache, pues las pude realizar, pero quedan todavía, sobre todo sobre sexo.

    Cierto día recibo una llamada de mi hermano pidiendo si podía recibir a mi sobrina Ángela en casa.

    – Hola hermano, ¿cómo va todo?

    – Bien querido, que gusto escuchar tu voz.

    – Igualmente, de aquí te mandan saludos la familia.

    – Te agradezco y les agradezco.

    – Te resumo pues ando con poco tiempo, ya que vivís solo te quería pedir un favor, si podrías recibir a Ángela por un par de meses, necesita ir para allá pues está terminando un posgrado y andamos cortos de divisas como para alquilar.

    – Si hermano, como no voy a recibir a mi primera sobrina.

    – Gracias bro, te lo agradezco infinitamente.

    – ¿Cuándo llegaría?

    – A más tardar el próximo lunes.

    – Bien tengo tiempo de acomodar un poco una habitación para que este cómoda.

    – Gracias Raúl te mando un gran abrazo.

    – Otro para ustedes.

    Dispongo de una semana para acomodar todo, así que me puse manos a la obra, aunque soy ordenado, casa de viudo tiene siempre cositas para hacer, hombres… dijera alguna vez mi madre.

    Pasada la semana, estaba haciendo una última revisión cuando sonó el timbre, al tiempo que llega un mensaje diciendo “tío estoy en la puerta”. Abro la puerta y quede totalmente sorprendido, en que belleza de mujer se había convertido mi sobrina. Se arrojó a mis brazos abrazando mi cuello y me aplico un gran beso en la mejilla dejándola rojiza.

    La ayudo a entrar su valija y bolsos para ubicarlos en la habitación.

    – Que hermosa habitación tío, gracias por recibirme.

    – La acondicione especialmente para vos, quiero que tu estadía sea muy cómoda.

    – Gracias, gracias, gracias, (me dijo dándome otro beso)

    Tardo un rato en acomodarse, salió y me pidió permiso para darse una ducha.

    – Dos cosas Ángela, primero, decime Raúl y segundo mi casa es tu casa, no pidas permiso manejate tranqui. Mientras te bañas preparo algo para picar mientras llega la cena, te espero en el jardín.

    En la mesita había unos fiambres, pan y gaseosa, los estoy acomodando cuando la veo llegar, mis ojos no dan crédito a lo que ven, sale por la puerta balcón una hermosura de mujer, camiseta larga, calculo que aproximadamente quince centímetros por debajo la zona candente femenina. Los pechos medianos que se movían le dictaron a mi imaginación que no tenía corpiño y su culo me mostraba firmeza y redondez, piernas blancas y hermosas. Calculo que se dio cuenta de mi sorpresa pues esbozo una media sonrisa que me dejo observar sus blancos dientes.

    Arranque la conversación para no quedar descolgado.

    – Contame cómo anda la Psicóloga de la familia.

    – Bien Tío, perdón, Raúl, acá me ves, casualmente vengo para hacer un posgrado, quiero ver si puedo progresar un poco más, ahora quiero formarme en Psicología pediátrica y adolescencia. Ya tengo uno en sexología y quisiera combinarlas, pues la problemática sexual de las dos etapas es bastante álgida.

    – Calculo que con los tiempos que corren debe ser complicado.

    Hablamos mucho durante largo tiempo sobre el tema, mis ojos se me iban cada vez que se movía en el sillón, pues me dejaba ver su entrepierna mostrándome fugazmente los vellos que parecían estar prolijamente cortados, obvio mi masculinidad jugo su pasada, mi miembro se puso duro en varias oportunidades, creo se dio cuenta, pero disimulo bien.

    Habrá pasado, cálculo que un mes y medio entre charlas de jardín y en la cena, me contaba de esos problemas que acogen a sus futuros pequeños pacientes y como influía la familia en ellos, los abusadores, maltratadores y la disfuncionalidad de las familias modernas, ya sea por las relaciones abiertas, familias ensambladas, etc.

    Siempre con esa ropa sugerente que me excitaba cada día con más intensidad haciéndome ir más habitualmente que lo normal al baño para masturbarme.

    Cierta noche calurosa, cenando en el jardín me pregunto.

    – Raúl, te molesto con una pregunta indiscreta, ¿Qué es esa lista que hay en la heladera?

    – Es una lista de pendientes, cosas que me hubiera gustado llevar a cabo y no pude o no quise, valla uno a saber.

    – Que interesante, y hay algunas cosas que son siglas, ¿Qué quieren decir?

    – No lo puedo decir.

    – Tan malas son que hasta te pusiste colorado jajaja

    – No, es que…

    – Está bien Raúl no digas nada, (haciendo como que lloraba) te perdono que no me cuentes, jajaja. Te molesta si me pongo más cómoda, hace demasiado calor.

    – No para nada, póngase cómoda nomas.

    Esperaba que se levante y valla al dormitorio para cambiarse, pero no… ahí mismo se sacó el remerón y las calzas cortas que traía quedando en ropa interior solamente, quede absorto.

    – Opa Raúl que pasa, acaso no has visto en la playa a mujeres en malla la diferencia de con la ropa interior es el valor, el resto es lo mismo.

    – Tiene lógica lo que decís, es que…

    – Me doy cuenta, tu amigo no piensa lo mismo. (mirando mi entrepierna) Es una reacción normal, tanto en hombres como en mujeres, la diferencia es que a ustedes se les nota y a nosotras se nos moja.

    Lo decía con una soltura que nunca había experimentado. Se levantó, camino hacia mí y yo estaba petrificado en la silla si saber qué hacer ni decir.

    – A ver déjame pensar que se puede hacer con esto.

    Me tomo del miembro y lo masajeo con delicadeza, se agacho entre mis piernas bajándome la malla que traía puesta, su boca se acercó y comenzando a lamer cual helado empezó una mamada que termino siendo espectacular, se lo llevo al interior de la boca y con una suavidad inusitada recorría desde la punta hasta el final entrando y saliendo de esa cavidad, por momentos lo apretaba con la lengua hacia arriba, repitiendo sistemáticamente los movimientos, no duro mucho esa sensación que me estaba brindando pues descargue todo mi semen en su interior, tragando hasta la última gota, me miro nuevamente. Esa media sonrisa pícara que dibujaba, su boca se acercó a la mía y señalo un poco que había quedado en la comisura labial, entendí enseguida, quería que yo mismo probara mis fluidos, no me hice rogar, pase la legua por sus labios limpiando el resto para fundirnos en un beso, acerque mi mano a su vagina, solo me dejo apreciar nada más que la humedad reinante, corrió mi mano, la mire con cara de sorpresa y me disparo.

    – Después Tío Raúl, después.

    Pasamos unos minutos sin hablar, nuestras miradas cómplices se cruzaban, el timbre sonó, debía ser la cena que habíamos encargado, me acomode la ropa y fui a recibirla.

    Al regresar ya estaba la mesa acomodada para cenar, Ángela, ahora totalmente desnuda tomo la cena de mis manos para depositarla sobre la mesa la vez que me invitaba para que haga lo mismo, no me lo tuvo que decir dos veces y quede en traje de Adán casi al instante, así cenamos viendo nuestra desnudez.

    Durante la misma, del tema ni se habló, parecía lo más normal del mundo.

    Lo aclaro pero no hace falta, toda la cena mi miembro estuvo duro como una piedra, solo observar la fémina que compartía mi cena y los recuerdos de la gran mamada, hacía que estuviera así.

    Luego de una frugal cena y bastante vino de por medio, se retiró a traer un postre que ella misma había preparado, la vi andar de espaldas, su culo se meneaba sensualmente hacia ambos lados. Al venir pude observar en todo su esplendor su delantera espectacular y como mi visión no me fallo anteriormente, confirme sus vellos pubianos perfecta y prolijamente recortados decorando tan hermosa vista.

    Dejo el postre en la mesa acercándose a mí, me dijo que primero quería otro postre, abriendo sus piernas se ubicó sobre mi miembro para dejarse caer lentamente, su cavidad totalmente lubricada no opuso resistencia para que mis centímetros de pene ingresen fácilmente, viendo como abría la boca de placer a medida que sentía la presencia en el interior, cuando ya no pudo ingresar más me dijo gracias y comenzó la cabalgata, muy suave y lenta, sus gemidos se alzaban a viva voz hasta su orgasmo el cual lo expreso con un gran ahhhh y contracciones vaginales, ya mi excitación estaba en un umbral muy elevado, me levante de la silla con mi miembro aun dentro y la deposite sobre la mesa para, ahora sí, llenarla de mi semen retenido.

    Sus piernas se cruzaron en mi cadera y vigorosamente me llevo hacia ella, con mi mano temblorosa acerque el miembro a la entrada muy lentamente, ella, al parecer no quería despacio, con sus piernas me empujo más fuerte para que mi enardecido miembro desapareciera dentro, fue ahí donde mis movimientos se hicieron casi animales, por los gesto de su rostro me di cuenta que le gustaba duro, mis recuerdos me llevaron a la lista en la heladera, debía tachar CUP. (Cogerme una pendeja) Luego de dos estrepitosos orgasmos que tuvo, llego mi turno.

    – Dale Raúl, no lo contengas y siento como se hincho y como palpita en mi interior, descarga todo, lléname toda, quiero sentirte en mi interior.

    No termino de decirlo que explote como hacía rato no terminaba, sentía cada pulso de mi eyaculación como se comprimía contra las paredes de esa juvenil vagina que me recibía de buen agrado. Caí exhausto sobre su vientre, nuestra agitación era constante y sensual.

    Al separarme de ella pude observar como el líquido que había inyectado salía del interior suavemente para terminar sobre el verde pasto, que ahora brillaba en ese sector.

    A continuación fue hasta el baño pidiendo que sirviera el postre. Al regresar lo degustamos hablando de lo bien que la venimos pasando hasta ahora, ella me dijo que esperaba más.

    – Raúl, te pido un favor, ¿me podrás sacar unas fotos?

    – Como no mi princesa, dame el móvil.

    Tome entre mis mano el móvil, automáticamente empezó a posar, una tras otra eran las fotos, le tome desde varios ángulos, e hice hincapié en las que me quedaría yo. Un primerísimo plano de su desnudo culo, tan cerca que se podía observar hasta el más mínimo detalle, otra tomándose sus tetas, otra haciendo “el cangrejo” ofreciendo su vagina en todo su esplendor y en un plano muy cercano, que hasta pude captar sus fluidos humedeciendo sus labios, quedo apoyada en una sola mano, mientras la otra se deslizo por su abdomen hasta el clítoris, masturbándose introdujo dos dedos, los sacaba y llevaba a su boca, sabiendo que todo estaba siendo registrado.

    – ¿Primer plano vaginal?

    No se hizo de rogar, se recostó en el pasto llevando ambas manos a la vagina, abriendo bien las piernas, hizo lo propio con los labios vaginales.

    A esta altura ya estaba duro nuevamente, dejando el móvil la tome de los brazos para llevarla a la cama, cosa que no ocurrió, al llegar cerca del sillón grande de la sala nos tumbamos en él.

    Ángela se sentó en mi rostro, ese olor delicioso me invadió la nariz, casi no podía respirar pero me posicione para poder chupar su clítoris, el que comenzó a ponerse duro avisando que el orgasmo estaba también invitado a la fiesta, sin dudar ni un segundo humedecí mis dedos con los fluidos de la vagina y los introduje en su hermoso, blanco y delicado culo, teniendo, según me conto después, el mejor orgasmo de su vida.

    Se levantó sentándose en mi verga y mirando hacia mis pies, me pidió que le salivara el culo, no me imagine cogerme ese culo hermoso y menos ver la manera en que se comía lentamente, y en primer plano, el miembro hasta perderse en las profundidades anales.

    Debo reconocer que me cabalgo tan bien que casi no lo puedo disfrutar, pues en pocos minutos explote en su interior.

    Levantándose y en silencio me tomo de la mano y me llevo al baño, abrió a ducha y me dijo.

    – Trae el móvil, y abrí la cámara.

    Sin dudarlo lo traje.

    – Este va a ser el mejor recuerdo que te voy a dejar.

    Agachándose hacia adelante dejo el culo en pompa, vi cómo se abría ese agujero muy de a poco para observar como salía lentamente mi semen.

    No me perdí ninguna foto de ese momento, las tengo en mi móvil y en mi retina.

    El resto de la estadía de Ángela, la pasamos cogiendo de maneras que ni conocía, fotos de por medio, hasta un par de videos, con uno especialmente que me vuelve loco, ese primerísimo plano de mi verga entrando en el culo de Ángela.

    Debo reconocer que en algún momento me sentí mal por mi hermano, pensaba que había defraudado su confianza, pero mi Psicóloga personal (Ángela) me lo hizo entender, seria nuestro secreto y como había descripto Freud: el pensaba que los hombres, la especie Homo Sapiens, habían construido la cultura y la civilización privándose de satisfacer poderosos deseos. Y ella no estaba dispuesta a privarse de nada, la vida es muy corta, me dijo.

    – Ángela, nadie me ha hecho disfrutar como vos, tu culo elevado a la perfección, tu vagina siempre húmeda, suave y dispuesta, invitando potencialmente al pecado me vuelve loco.

    – Gracias Raúl, vos no te vas en zaga, a pesar de tu edad estas a la altura de la circunstancia, lo que vengo disfrutando y gozando este tiempo nunca lo había sentido.

    – Lástima que ya tenés que regresar.

    – Eso lo estaba pensando, por ahí buscar un trabajo por aquí. Y si no tenés inconveniente, podes “acogerme” un tiempo más.

    – Por supuesto que sí.

    Esta dura la mano laboralmente hablando, hace un año que estamos tratando de conseguirle un empleo, estamos a punto de uno que me prometió un amigo.

    Ángela viene una vez por mes a ver cómo van “las peticiones” laborales, se queda una semana, en la cual ni salimos de la casa, solo para hacer mandados. Mientras ella no está, me consuelo con el video y las fotos, esperemos que consiga empleo pronto, tal vez pueda tachar la última sigla de la lista.

    HUTCDP… (Hacer un trio con dos pendejas)

    Roma vedere e dopo morire…

  • Sexo morboso con mis dos hermanos (II)

    Sexo morboso con mis dos hermanos (II)

    Cuando terminé de leer esa parte del chat, ya estaba a punto de eyacular, fue demasiado morbo para mi, así que tiré a un lado el celular de mi hermano, me quité el jean que cargaba puesto y mi calzón, luego, sentado en la cama, comencé a masturbarme mientras recordaba las conversaciones; no pasaron ni 3 minutos cuando yo ya estaba teniendo un orgasmo, mi semen salió disparado hasta mi cara, y gran parte de mi camisa también quedó hecha un desastre, fue increíble eyacular con tanto placer y con la imagen de mis hermanos en mi cabeza teniendo sexo a escondidas.

    Me limpié rápido con la misma camisa y la guardé en la cesta de ropa sucia, me puse mi ropa, ordené un poco, y salí de mi cuarto para dirigirme hasta la habitación de huéspedes; de manera descuidada abrí la puerta, no quise tocar, y cuando la abrí, estaba mi hermano Mauro de rodillas, lamiendo los testículos de mi hermano Carlos, se asustaron muchísimo al verme, no pudieron moverse ni hablar, sólo se quedaron totalmente paralizados mientras yo los observaba, y no pude evitar tener nuevamente una erección.

    Mis hermanos estaban tan asustados, y yo tan sorprendido, sin embargo, tuve que tomar la iniciativa y decirles: «vamos a hablar, ésto quedará entre nosotros, jamás se puede saber», ambos seguían mudos, pero al rato, me acerqué a ellos, los tres nos sentamos en el mueble y comenzamos a hablar sobre lo sucedido, así pasamos más de una hora hablando, planeando cosas y siendo sinceros entre nosotros.

    Después de todo lo sucedido y de haber conversado de manera tan abierta, los miedos y las preocupaciones quedaron a un lado, siempre fuimos muy amigos, los mejores hermanos, con nuestros defectos, sí, pero muy unidos.

    Mauro, a penas terminamos de hablar, me tomó de la mano, se me quedó mirando y me dijo: «hermano, tú me gustas, y también le gustas a Carlos», se me hizo un nudo en la garganta y le respondí: «yo los quiero a los dos, mucho, esto es extraño y difícil de manejar»… Sin aviso, Marcos me besó en la boca, mientras que Carlos aprovechó para lamer mi oreja y apretar una de mis piernas con su mano, yo no sabía que hacer, me sentía mal pero al mismo tiempo tenía una tensión sexual incontrolable y deseaba con muchas ganas hacer el amor con mis hermanos.

    No sé cómo salió esto de mi boca, pero les dije: «vamos a desnudarnos, quiero masturbarme con ustedes, pero, por favor, no hablemos, esto es complicado para mí, sólo tengamos sexo y en su momento podremos organizar nuestras mentes y nuestros sentimientos». Al escucharme, los dos aceptaron, Carlos sonrió, y Mauro sólo dijo: «está bien, te comprendo». Todos comenzamos a quitarnos la ropa, hasta que el suelo quedó cubierto de medias, de calzones, de camisas, entre otras cosas, por primera vez haría un trío y con mis hermanos más amados.

    Cuando ya todos estábamos desnudos, tomé la iniciativa y le agarré la mano a Carlos, pero el tomó mi pene y lo empezó a masturbar, mientras se acercaba a mi, me besaba uno de mis brazos, y al llegar a mi cara, metió su lengua en mi boca, al mismo tiempo mi hermano Mauro nos abrazó a ambos y acercó su cabeza hacia la de nosotros, y también metió su lengua, los tres comenzamos a besarnos al mismo tiempo y a llenarnos de saliva toda la cara, parecíamos caníbales queriendo devorarnos; se me antojó darles sexo oral, así que aproveché, bajé hasta sus cinturas, mientras ellos se quedaron besándose, tomé sus dos hermosos penes y comencé a chuparlos de arriba a abajo, un rato uno y un rato otro, ambos estaban velludos, pero más el de Carlos, se notaba que lo tenía así para complacer a Mauro cuando tenían sus encuentros sexuales.

    Mientras olía y chupaba los penes de mis hermanos, ellos seguían abrazados y besándose, hasta que Carlos dijo: «vamos al mueble, rápido, que se me sale la leche y quiero que nuestro hermano la sienta en su cara». Yo no respondí a eso, pero no me causó molestia, estaba tan excitado que podía hacer lo que sea, y sentir el semen de mi hermano en la cara era algo que seguramente me llevaría al cielo del placer. Mi hermano Mauro y yo nos sentamos en el mueble, mientras que mi hermano Carlos se quedó parado en frente de nosotros masturbándose, cuando comienza a gemir, se acerca a mi cara y aprieta el tronco de su pene para que el semen salga con presión, escucho como su respiración se agita, y comienza a salir su semen chocando con mi cara, casi me deja ciego, pero mi hermano Mauro que estaba a mi lado, me pasó la lengua por toda la cara y se tragó el semen de Carlos, lo que le provocó casi al instante tener un orgasmo, se volteó completamente hacia mi mientras estaba limpiando el semen de mi cara y eyaculó en mis piernas.

    Cuando ambos terminaron, se pusieron en frente de mi, metieron sus penes flácidos en mi boca y yo seguí masturbándome mientras se los chupaba, tampoco aguanté tanta excitación y morbo, así que eyaculé con sus penes en mi boca; no sé cómo pude eyacular tanto semen si antes de descubrirlos ya me había masturbado leyendo sus chats, pero sucedió, y fue riquísimo.

    Al terminar, ambos se sentaron a mi lado, me tomaron de la mano, y me comenzaron a besar en las mejillas, no dijeron nada más, sólo se quedaron un buen rato tomándome de la mano y haciéndome cariño. Desde ese día, fuimos aún más inseparables, y cada vez que podíamos teníamos sexo entre los tres. Al transcurrir unos meses, nos volvimos tan íntimos que terminamos formalizando una relación poliamorosa, a escondidas de los demás, pero terminamos siendo tres hermanos enamorados y sedientos de sexo.

  • Micaela y sus sobrinos (3): Seducción y cocina

    Micaela y sus sobrinos (3): Seducción y cocina

    Anteriormente:

    Micaela tiene recuerdos de lo que vio, sintió y probó en la pileta. Interrumpida por la llamada de la madre de sus sobrinos, ella va a hablar con su esposo.

    No presta atención a nada de lo que él le cuenta, sino que en lugar de eso recuerda e imagina situaciones que la llevan a masturbarse de manera sucia, perversa como nunca antes.

    Luego de unos minutos desnuda, transpirada y agitada, decide levantarse de la alfombra que la había recibido tras el poderoso orgasmo que tuvo.

    Se reincorpora tratando de pensar que todo lo que hizo fue producto de una fantasía simplemente, pero que lejos de la realidad se encuentra, como para justificarse y no sentirse perversa.

    Se para frente al cajón de ropa interior y mientras elige alguna prenda se dice a sí misma que debería bañarse antes de ponerse alguna prenda íntima.

    Por alguna razón piensa eso mientras tiene una diminuta tanga de encaje rojo en su mano, sus ojos brillan grandes mientras mira al espejo y al verse a sí misma a los ojos sonríe.

    Deja la prenda en la cama y va en busca de una bata, y al sostenerla con sus manos ve que es muy grande, parece una sábana blanca.

    Va entonces al cajón especial que tiene para su esposo, y allí saca una bata con transparencias, que es más corta que las tradicionales, solo se puede ceñir con su cinto y queda bastante suelto y abierto a la vez que se entalla en su cintura.

    Es de color bordó, de raso, con puntillas de un bordó mas intenso. Decide que esa es la única prenda que usará esa noche.

    Se la prueba y duda en salir así hacia el comedor, es corto, no se pueden hacer muchos movimientos por el vuelo y claramente no es una bata de dormir estándar.

    Al acercarse a la puerta duda y al tomar el picaporte se queda quieta un segundo de más, transpira, se agita, tiembla y algo la empuja a salir hacia su comedor.

    Allí se encuentra con la escena de sus dos sobrinos esperando en la cocina parados, ya entraron las cosas que estaban afuera y la miran como si hubieran estado allí esperando todo el tiempo que Micaela estuvo encerrada en su cuarto.

    Marcos, el mayor, rompe el silencio diciendo de que ya se hizo muy tarde y que se pedirían un uber para regresar a su casa.

    Agustín hace un paneo de arriba a abajo de su tía y no dice nada.

    Micaela les dice que ya es tan tarde que convendría que se queden esa noche, ya que al otro día podrían aprovechar nuevamente la pileta desde temprano.

    Lo dice mientras pasa desfilando entre medio de ellos y se dirige a la cocina propiamente dicha para ver qué puede preparar para comer.

    Agustín le pregunta si se puede dar una ducha, a lo que Micaela asiente diciéndole que vaya tranquilo, que cuando salga tendría algo para comer.

    El hermano menor entonces se va hacia el baño y Marcos se queda junto a Micaela para ayudar a preparar algo para comer.

    Ella saca las verduras necesarias y la tabla para cortarlas. Al cortarlas produce un movimiento tal que la bata se abre en cada corte, dejando a la vista de costado sus tetas escondidas.

    Marcos Ayuda lavando algunas verduras y no puede evitar mirar hacia el costado, puede ver como debajo de esa suave tela bordo estan esas tetas de su tía, puede ver el pezón desde el costado

    Ella sabe que intenta de mirar de reojo, que inventa movimientos para poder ver algo más. Es más alto que ella y por eso puede ver desde ese ángulo la redondez de los senos de su tía.

    Ella en medio de su tarea le pide a Marcos que busque una sartén que está en un cajón inferior.

    Marcos obedece y corre la puerta corrediza que guarda los bártulos de la cocina, agachado busca lo que pidió Micaela teniendo las piernas de su tía muy cerca, al sacar una de las sartenes le pregunta a su tía si es la indicada, ella le indica que no lo es, que es otra que está en el fondo.

    Desde esa posición Marcos pudo ver hacia arriba el recorrido de las piernas de su tía, pudo ver la redondez de las nalgas como en la pileta, seguía buscando y Micaela que sin mirar notaba la mirada de su sobrino decide darle libertad girando un poco dándole la espalda, o la cola, con la excusa de lavar un cuchillo.

    Se toma el tiempo para lavarlo, ella no sabe si estará su sobrino mirando o no, pero el solo hecho de imaginarselo la hace estremecer. Escucha ruidos de ollas y sartenes y ansía que tarde un poco más en hallar la indicada.

    Micaela se inclina un poco más como si necesitara lavar el cuchillo más profundo en la bacha, así su bata de raso se levanta enseñandole no solo las nalgas sino que se puede notar que entre ellas no hay ropa interior.

    Está en la oscuridad, no se puede ver bien, pero claro está que no lleva nada. Micaela lava una y otra vez el mismo cuchillo hasta que Marcos le toca el hombro mostrándole la sartén.

    No sabe bien si pudo ver su desnudez así que al tomar la sartén aprovecha a mirar el short aún húmedo de su sobrino, está con un bulto prominente, no sabe si es por mera juventud o porque pudo apreciar a su tía en lugares prohibidos.

    Siguen cocinando y hay roces de manera disimulada entre Marcos y Micaela hasta que se escucha el grito de Agustín desde el baño, diciendo que no tenía toalla para secarse, ya que la que usaron en la pileta estaba toda mojada.

    Micaela no lo piensa dos veces y deja la cocina en manos de Marcos mientras se dirige a buscar una toalla para Agustín.

    Al buscarla va al baño contoneándose como si alguien la estuviera observando. Al llegar al baño cuando está por tocar la puerta, Agustín la abre sin saber que su tía estaba allí.

    El juvenil musculoso y dorado cuerpo de su sobrino se le aparece a Micaela que lo observa de arriba a abajo de forma delicada.

    Le alcanza la toalla y antes que logre tomarla la suelta para que caiga al suelo.

    Así Agustín desnudo se agacha a buscar la toalla y en ese recorrido también puede ver el largo de las piernas de su tía hasta el punto donde se unen, y allí en esa oscuridad prohibida de la unión de sus piernas parece divisar que no hay ropa interior, que hay una silueta de labios maduros que se traslucen por la posición.

    Micaela da media vuelta y desfila para que su sobrino más joven pueda apreciar esas nalgas desnudas.

    En el camino se encuentra con Marcos que dice que él se daría una ducha también para aprovechar antes de que esté lista la cena.

    Cuando Marcos le pide una toalla, ella dice que se la alcanzará después, porque Agustín estaría en el cuarto de ella cambiandose

    Pasan unos minutos y Agustín sale del cuarto ya limpio, con una remera y un pantalón seco. Micaela recuerda la toalla para Marcos y va en busca de ella.

    En el cuarto encuentra la toalla que usó Agustín y encima de ella su short, ese que ella tocó por dentro.

    Allí se detiene a observar con detalle la parte que calzaba su miembro y sus bolas, ve esa tela de toalla que absorbe la humedad de sus partes nobles.

    Pasa su dedo índice nuevamente por esa zona del short de Agustín como esperando encontrar algún resto de lo que había probado al borde de la pileta. No puede distinguir si es agua o sus fluidos masculinos por lo que se lleva la prenda a su nariz para olerlo, y entre el cloro parece distinguir ese olor amoníaco masculino provocando que sus pezones se pongan en punta.

    Deja la prenda y se va hacia el baño para dar la toalla a Marcos, allí iba a dejarlo en el piso pero decide hacer algo más peligroso.

    Abre la puerta del baño con suavidad y allí se encuentra con la mampara transparente empañada mostrando igualmente la figura de Marcos.

    Esta enjabonándose y ella lo puede ver clarito, puede ver su cuerpo desnudo aún a pesar de los vapores y el vidrio empañado.

    Se detiene Marcos a enjabonarse su miembro que parece estar creciente.

    Micaela puede ver la silueta de un pedazo de carne bastante grande, mucho más que la de su esposo, este es más ancho, grande y se bambolea amenazante.

    Sus bolas grandes también se mueven como cencerros y más cuando Marcos con su mano comienza a lavarse con detenimiento y subiendo y bajando por su tronco.

    Micaela observa y ve como su sobrino hace lo que todo joven que está caliente hace. Ella quisiera verlo de frente, en forma nítida, pero es lo que le permite ver de incógnito y sabe que eso la está erotizando.

    Su sobrino se chasquea con fuerza su poderoso mástil y mientras se apoya en la mampara se siente un bramido y la poderosa eyaculación de un joven brioso lleno de esperma.

    Micaela ve como chorros salen y se deslizan por la mampara.

    Deja la toalla dentro y cierra la puerta esta vez con fuerza, para que su sobrino sepa que ella ha estado presente en ese momento de éxtasis.

    Micaela vuelve a la cocina y Agustín espera para servir la comida a la orden de ella.

    Se escucha la puerta del baño abrirse, es Marcos con su toalla ceñida a la cintura que va raudamente al cuarto para cambiarse.

    Tras unos minutos se sientan a la mesa los sobrinos y Micaela va en busca de un vino para beber juntos.

    Ella misma lo descorcha en frente de sus sobrinos que ya están sentados y les sirve a cada uno sin preguntarles si quieren, ellos en ese gesto ven los senos desnudos de su tía por el movimiento de la sexy bata de raso bordó.

    Ella sigue caminando alrededor de la mesa como una chica de cartel de un ring de box y una vez sentados comienzan a comer.

    Micaela entonces comienza la cena con un:

    “Coman, pero no se llenen, porque después hay postre”.

  • La ropa de mi prima me hace puta de mi tío

    La ropa de mi prima me hace puta de mi tío

    Hola, tengo 22 años, soy un chico un poco bajo a comparación de los demás y una complexión común, era hetero, pero con cierta curiosidad a los hombres y fue está experiencia que me ayudó a definir.

    Mi prima llevaba poco que se había casado y por lo mismo ahora vivía con su esposo y al limpiar su viejo cuarto encontró mucha ropa vieja que ya no le quedaba y mi tío un día me llamo para que lo ayudara a organizar y remodelar el viejo cuarto.

    Llegando el día y estando ahí menciono que si tenía suerte podía regalarme algo de la ropa mientras me daba una caja de la cual saque un vestido rojo pegado, le dije que se había equivocado, soltó una pequeña risa, dijo que igual me lo regalaba para dárselo a mi novia junto con algunos calzados, me dio curiosidad ver qué el vestido era de mi talla así que lo tome y junto con unos tacones plateados y me fui al baño, mi tío se quedó acomodando las cosas y poco después toque la puerta.

    Me volteo a ver mientras estaba luciendo el vestido anteriormente de su hija, yo no tenía problemas con usar ropa de chica pues mi hermana me usaba mucho para modelar su ropa y aprendí a andar en tacones por lo mismo, mi tío se acercó y acaricio la cintura mientras decía «eres igualito a mi hija… mi sexy y rica hija».

    Cuando dijo eso no entendí a la primera hasta que le dio un apretón a mis nalgas, me sonroje viéndolo y tomo mi barbilla para darme un rudo beso donde su lengua acaricio la mía dentro de mi boca, se separó y dijo «voy a cogerte todo amor» mientras se sacaba su playera y pantalón, se me hacía muy raro verlo así y mi mente aún no procesaba del todo que estaba pasando.

    Se quedó en boxers y sento en su cama donde había más ropa de mi prima, seguía sin reaccionar del todo y tomo de nuevo mis caderas para sentarme en él, en su entrepierna y erección que iba creciendo, atacó mi cuello dándome varios besos y chupetones, apoye mis rodillas en la cama y él de tanto apretar mis nalgas termino subiendo mi vestido, estaba avergonzado hasta que me empezó a besar la boca y estaba caliente.

    Nos besamos un rato hasta que se separó a tomar aire y abrió sus puras haciéndome bajar hasta estar de rodillas frente a él, no espero ni un segundo y con su mano empezó a frotar mi rostro en su erección, me dijo que le quitara el boxer y lo hice, salió su verga extra dura de golpe y mi rostro la tocó de inmediato por su mano que me empujo y presiono en él.

    Me sonroje mucho de como su verga inundaba mi boca y penetraba mi garganta, te iba arcadas pero eso parecía excitarle más pues me hacía moverme mojando toda su verga mientras él masturbaba el resto, todo eso me causo una rápida y vergonzosa erección que noto y me dio una nalgada por eso, tenía el vestido a la mitad de mi cintura y mi boca escurría saliva mientras me frotaba en todo el tronco para lamerlo.

    El sabor ya me estaba gustando y me movía más por mi cuenta, sentía que el olor había penetrado mi mente, estaba chupando sus bolas cuando se levantó y dijo «quieta mami, te voy a complacer» me quedé en 4 esperando y poco después una de sus manos se apoyo en mi espalda y la otra fue a mi culo, senti 2 dedos con lubricante tocando mi ano y como los frotaba.

    Sus dedos se sentían bien así y me estaba relajando cuando los empezó a meter y abri de nuevo los ojos, lo mire y el abrió mis nalgas hasta meter sus dedos por completo, pegue mi rostro a la cama y él movía sus dedos follandome cada vez más rápido y sentía como tocaba mi punto G que me excitaba a cada segundo que pasaba.

    Empecé a gemir de forma tierna y sudar en cada embestida de sus dedos que estaban abriendo mi culo, mordí un poco la cama y los saco de golpe, siguió acariciando mi culo unos segundos hasta que tomo mis nalgas con ambas manos y su verga se empezó a frotar entre ellas mientras él vaciaba parte del lubricante en su verga.

    Aún tomando mis nalgas puso la punta en mi entrada y empujó suave, el lubricante de ambos ayudo mucho pero aún así la punta siguió abriendo mi culo por dentro, bajaba la cabeza entre más entraba y él lo hacía lento y poniendo más lubricante, la llegó a meter toda y yo sentía el culo ardiendo, lo mire y él bajo la mano para masturbar mi pene.

    Apoye mi cabeza en la cama y empezaron las embestidas, primero fue suave pero a cada una iba aumentando la velocidad, no me podía contener y mis gemidos que sonaban femeninos salían fuerte de mi boca, cualquiera cerca de esa zona podía escucharme gemir, lo miraba y él tocaba mi espalda, cintura y culo, pronto empezó a darme nalgadas dejando mis nalgas muy rojas.

    Más allá del pequeño ardor en mi culo se sentía bastante bien ser penetrado, lo miraba mientras acariciaba toda mi espalda y mis pies se movían haciendo deslumbrar los tacones que llevaba, en cada empujon sentía mi culo abrirse, lo voltee a ver y era la primera vez que veía a otro hombre desnudo así y eso me excito haciéndome sentir una chica.

    Noto que lo miraba y bajo, nos besamos mientras él acariciaba mi rostro y mi culo se relajo en el beso pero se apretó rápido cuando aumento sus caderas y puso mas rojas mis nalgas por las embestidas. Mis gemidos eran altamente femeninos y no paraba de sudar y jadear, podía ver el rostro de placer de mi tío estar dentro de mi, no sabia que le gustaban los hombres pero lo noté rápido por su forma de coger.

    No sé cuánto tiempo estuvo penetrando mi culo pero fue un buen rato hasta que se quedó presionando unos segundos y de ahí la saco toda para después levantarse y subir a la cama, me levanté a verlo y sentí todo mi ano abierto así que rápido me abrí las nalgas y él con una pequeña risa me ayudó a subirme, me senté en él y arqueado un poco la espalda volvió a meter su verga en mi culo, moviéndome suave.

    La primera verga que tenía en mi vida y ya la estaba montando, mis sentones eran lentos y un tanto torpes, trataba de moverme como las chicas en el porno pero a cada centímetro que entraba mi mente se desconectaba más de mi, mi tío ansioso llevo sus manos a mi cintura y luego a mis caderas presionando hasta meterlo todo, grite de placer como una chica gimiendo muy duro y sentí mi pene muy caliente mientras empezaba a masturbarlo.

    Mientras trataba de sentir de nuevo mi culo él no perdió el tiempo y tomando de nuevo mis caderas me hizo saltar rápido en su verga, gimiendo constantemente y con mi culo lo más caliente que podía, puse mis manos en su estómago mientras en todo mi rostro mostraba cuánto disfrutaba su verga y el sexo con él, cerré mis ojos y rápido sentí como engancho mi pene en su mano para volver a masturbarme.

    Llevo su pulgar a mi boca y se lo chupe para que al sacarlo estuviera lleno de saliva, lo llevo a mi glande y frotó en círculos, me sentía muy sensible así que, a palabras de él, poco después de volver a masturbarme yo tenía los ojos cerrados y apretando, lleve mis manos en su pecho y apretando y rasguñando un poco mi pene soltó su carga de semen.

    Cuando sentí el semen salir abrí los ojos y pude ver cómo mi pene soltaba mucho semen sobre el cuerpo desnudo de mi tio, el cual no aguanto más y con unos empujones más se quedó presionando y palpitando dentro de mi, su verga palpitaba bastante y puse mi mano sobre la suya abriendo mis nalgas, los orgasmos de ambos fueron largos y bien cargados y para cuando el acabo de quedó acostado unos segundos y después se sentó a abrazarme.

    Nos besamos más y el movió sus manos por todo mi cuerpo hasta llegar a mis pies donde me quitó los tacones, me pregunto si me había gustado a lo cual le dije que si y que era mi primera vez con un hombre, se puso un poco nervioso y se disculpo pero lo interrumpi diciendo cuánto me había gustado, me ayudó a sacar su verga y me acosté en la cama, vi como tomo su teléfono y apretó mis nalgas tomándole fotos a mi ano abierto, me pareció sexy así que lo apreté un poco sacando un poco de semen.

    No se ni como pero caí dormido y cuando desperté el estaba acostado conmigo. Desde ahí llevamos una relación muy rica con la cual descubrí mi gusto a los hombres y actualmente soy bisexual y me gusta vestirme de chica así que cuando voy a su casa me pongo linda para verlo, la mayoría de veces termina en sexo pero así nos gusta jeje. Muchísimas gracias por leer y espero que esté sexo gay se las ponga dura o húmeda, chao.

  • Sexo en casa y sexo en la oficina (dos relatos cortos)

    Sexo en casa y sexo en la oficina (dos relatos cortos)

    Luis se despertó con el ruido de tacones procedente del piso de arriba. A su lado, todavía en brazos de Morfeo, estaba Ana, tumbada boca arriba. Luis contempló su rostro y observó como su tripa, enfundada en una camiseta blanca de tirantes, subía y bajaba siguiendo el ritmo de la respiración. La noche anterior, después de cenar, entre besos, se habían apresurado a ir a la habitación. La ropa estorbaba y consiguieron, en tiempo récord, desnudarse. Luego hubo caricias y sexo.

    Luis deslizó la mano bajo los calzoncillos y se tocó el pene. Conocía a Ana desde hacía bastante tiempo, le gustaba su sonrisa traviesa, su voz de terciopelo y sobre todo, le gustaba esa intimidad, esa cercanía y calor que transmitía haciéndole sentirse único.

    – ¿Estás dormida? – preguntó alzando la voz.

    La mujer entreabrió los ojos y durante un segundo sus labios dibujaron un gesto de enfado, gesto que pronto dejó paso a una sonrisa mientras trataba, sin éxito, de sonar disgustada con el involuntario despertar.

    Ana se estiró dejando ver sus sobacos libres de vello. Luego se rascó la barriguita distraídamente. Luis se inclinó sobre ella y la beso.

    – Hagamos el amor. – dijo.

    – Déjame ir al baño primero. – respondió la chica comenzando a levantarse.

    – No te vayas. Dame al menos un besito más. – dijo el hombre tirando del brazo de su amada y volviéndola a tumbar sobre la cama.

    Luis se puso sobre ella y la besó mientras deslizaba su mano bajo las bragas y jugaba con los pelos que crecían en su sexo.

    – ¿Luis? – protestó la joven notando la presión en su vejiga llena.

    – ¿Qué? – dijo él.

    – tengo que ir ya o…

    – Esta bien, pero no tardes.

    Ana se levantó de la cama y contrajo el trasero. Luego, con pasos cortos pero rápidos, ligeramente encorvada para evitar que se la escapase el pis, se dirigió al baño. Abrió la puerta, entró en el aseo y la cerró.

    Precediendo al ruido de la puerta sonó el característico sonido de un pedo.

    Luis se bajó los calzoncillos, agarró su miembro y comenzó a masturbarse pensando en Ana, en su culete y en la ventosidad que acababa de oír.

    *******************

    Julia apartó la vista del monitor, se levantó de la silla y caminó sobre sus zapatos de tacón hacia la habitación dónde estaba la fotocopiadora. Aquella tarde llevaba puestos unos vaqueros ajustados y una camiseta gris con rayas horizontales. Su rostro no era de los más bonitos, pero el pelo corto de color rojo natural, las gafas y un lunar sobre el labio, la convertían en una mujer atractiva.

    En ese momento, Pedro levantó la vista del informe y se fijó en su compañera, en su trasero de perfil bajo, en el subir y bajar de sus generosas nalgas. Tomo al azar un documento y se levantó de su sitio.

    Entró en la habitación y cerró la puerta.

    – Para no molestar a los demás con el ruido de la máquina. – dijo dirigiéndose a su compañera.

    Luego se acercó más a ella. Podía oler el perfume de su piel.

    – ¿Qué fotocopias? – le preguntó.

    Ella le miró a los ojos, luego al documento que llevaba en la mano y respondió con otra pregunta.

    -¿Y tú, vienes a fotocopiar o a qué?

    Pedro dijo.

    – Me permites… las gafas – y retiró las gafas de su colega.

    – Sin gafas no veo bien los botones…

    – Yo pensaba en otra cosa.

    Julia tragó saliva mientras le miraba.

    Él la tomó por la cintura y acercándose a su rostro la beso.

    Ella respondió con pasión abriendo la boca y recibiendo la lengua del varón.

    Pedro recolocó su mano apretando la nalga de su compañera.

    – Nos van a pillar – dijo ella cuando despegaron sus bocas.

    – Yo creo que no. Será rápido.

    – ¿El qué? – respondió la aludida

    – El sexo.

    Julia enrojeció pero no dijo nada y se desabrochó los vaqueros, se dio media vuelta y se apoyó contra la impresora.

    – Date prisa. No me apetece que nos descubran aquí.

    Pedro se quitó el cinturón y bajándose los calzoncillos dejo libre a su miembro.

    Julia se volvió, miró, se mordió el labio y volvió a apoyarse dando la espalda al que la iba a penetrar.

    El hombre bajó los pantalones y las bragas de su compañera dejando a la vista un culo y una rajita de lo más golosos.

    Una corriente de aire acarició, durante un instante, el trasero desnudo de la mujer.

    Pedro colocó el pene en posición de entrada y empujó contrayendo su propio trasero.

    La empleada se mordió el puño para no gemir.

    El varón cogió ritmo y la tomo una y otra vez.

    El acto, intenso, duró poco más de un minuto.

    Se vistieron rápidamente.

    – Es tu turno. – dijo Pedro invitando a que su compañera hiciese las fotocopias.

    Poco después entró María.

    – ¿Todavía estáis aquí?

    Pedro y Julia se miraron. Había faltado muy poco para que les pillasen.

    María vio que acababan de empezar con las fotocopias, allí había algo que no encajaba, pero no dijo nada.